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LECTIO DIVINA

Orando con la Palabra de Dios en Familia


INTRODUCCIÓN

¿Qué es la Lectio Divina Orando con la Palabra de Dios en familia?


Es un Ejercicio de Sensibilización para los seminaristas y sus familiares, como preparación a vivir la
Segunda Asamblea del Seminario de Monterrey que tratará, entre otros temas, a la familia y su
relación en la formación sacerdotal.

¿Quiénes están llamados a realizar la Lectio Divina?


Están llamados a realizarla todos los seminaristas y sus familiares convocados a la Segunda
Asamblea del Seminario de Monterrey. Los seminaristas tomarán especial cuidado en preparar esta
Lectio Divina para animarla con sus familiares más cercanos (papás, hermanos), sin que ello no
signifique que pueda realizarla con los demás miembros de su familia ampliada (abuelos, tíos,
primos, etc.).

¿Por qué hacerla en familia?


Porque es urgente orar en familia ya que vivimos en una sociedad que con frecuencia nos empuja a
dar las espaldas a Dios, que rechaza el concepto cristiano de familia y nos transmite diariamente una
avalancha de criterios que no son los de Dios. Así mismo, la fuerza atractiva del entretenimiento
(videojuegos, fiestas, redes sociales, etc.) tantas veces termina por distraernos de lo esencial y, por
otro lado, en muchos de nuestros hogares los medios de comunicación social (la televisión, el
internet, el teléfono, etc.) parecen tener un mayor protagonismo que el diálogo personal y cálido
entre los esposos, entre hermanos y entre padres e hijos. La situación del mundo de hoy, en cierto
sentido, hace aún más urgente la necesidad de rezar en familia. Hacerlo no sólo nos ayuda a
mantenernos firmes en la fe y en las buenas costumbres, sino que también es un excelente medio
para fortalecer los vínculos familiares y centrarlos en lo esencial: en Dios que es amor y fundamento
de todo amor humano. En diversas ocasiones los Papas nos han enseñado que la familia cristiana
es una "iglesia doméstica" y que todo hogar debe ser también un lugar de oración y de
evangelización. El mismo Catecismo de la Iglesia Católica dice en su No. 1666: “El hogar cristiano es
el lugar en que los hijos reciben el primer anuncio de la fe. Por eso la casa familiar es llamada
justamente `Iglesia doméstica´, comunidad de gracia y de oración, escuela de virtudes humanas y de
caridad cristiana”.
Es famosa también la frase muy usada por San Juan Pablo II: “La familia que reza unida, permanece
unida” y que particularmente refiere en el No. 41 de su Carta Apostólica “Rosario de la Virgen María”
diciendo, además: “Contemplando a Jesús, cada uno de sus miembros recupera también la
capacidad de volverse a mirar a los ojos, para comunicar, solidarizarse, perdonarse recíprocamente
y comenzar de nuevo con un pacto de amor renovado por el Espíritu de Dios”. Finalmente, el Papa
Francisco nos recuerda en “Amoris Laetitia” No. 29: “La familia está llamada a compartir la oración
cotidiana, la lectura de la Palabra de Dios y la comunión eucarística para hacer crecer el amor y
convertirse cada vez más en templo donde habita el Espíritu” Definitivamente siempre hay motivos
para rezar en familia. Aprovechemos esta Lectio Divina para hacerlo.
¿Qué es una Lectio Divina?
Ser cristiano significa ser discípulo de Jesús, seguirlo, poner nuestro pie sobre las huellas del
Maestro. La Lectio Divina nos pone en este camino del discipulado pues nos enseña a vivir a la
escucha del Señor con un oído atento y un corazón abierto.
La expresión ”Lectio Divina” puede ser traducida como “Lectura orante”, “Palabra rezada”, “Oración
meditada”, “Lectura de las cosas divinas”,“ Lectura de la Palabra de Dios”, “Lección Divina”, etc.
La Lectio Divina es un camino de vida espiritual al alcance de todos; es un camino de oración y de
peregrinación hacia Dios, practicado por la Iglesia durante siglos y que puede definirse como una
lectura meditada, orada, contemplada, bajo la acción del Espíritu Santo para ser prolongada en la
vida, de forma que guíe nuestro caminar diario. “Lámpara es tu Palabra para mis pasos, luz en mi
sendero” (Sal. 119, 105).
Dicho esto, debemos dejar en claro que no se trata de un estudio de la Palabra de Dios para conocer
más sobre ella. No es un estudio ni una simple lectura, sino una lección de vida y para la vida, un
diálogo con Dios, un encuentro con Él que es Palabra viva.

¿Qué actitudes o disposiciones interiores se requieren para esta Lectio Divina?


Estas actitudes o disposiciones son muy importantes para entrar en este ritmo orante de la Lectio
Divina pues hemos dicho que no consiste solo en leer sino en una actitud o incluso en un estilo de
vida cristiana.
ESCUCHAR
“Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor es uno. Amarás al Señor con todo tu corazón, con
toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Dt. 6,4-5).
Sígnica centrar nuestra atención en Jesús, en su Palabra. Supone una escucha profunda, hacer
silencio, despojarse de todos aquellos ruidos que nos distraen y complican el diálogo son Dios.
DISPONER DEL CORAZÓN
“Tú, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto y
tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará” (Mt 6,6).
Este Ejercicio nos lleva a entrar al corazón, donde está Dios, para hablar con Él. Esto requiere dejar
el miedo al silencio, al recogimiento interior, a la paz y a la intimidad para preparar el corazón con
tiempo y mucha conciencia de lo que haremos y cómo lo haremos.
INVOCAR AL ESPÍRITU SANTO
“Somos débiles, pero el Espíritu viene en nuestra ayuda. No sabemos cómo pedir ni qué pedir, pero
el Espíritu lo pide por nosotros, con gemidos inefables. Y Aquel que penetra los secretos más íntimos
entiende esas aspiraciones del Espíritu, pues el Espíritu quiere conseguir para los santos lo que es
de Dios” (Rm.8,26-27).
La Lectio Divina presupone una invocación del Espíritu Santo, pues sólo Él hace que la Palabra de
Dios cobre vida. Leer la Palabra de Dios sin invocarlo es como si intentáramos leer un libro en la
oscuridad; no podríamos saber lo que este libro nos dice, por más bello que sea.
SER COHERENTES
“Si hoy escuchas su Voz, no endurezcas tu corazón” (Sal. 95).
La Palabra de Dios tiene una misión que cumplir en nuestras vidas y cuando la recibimos con un
corazón de discípulo actúa de una manera “viva y eficaz” y nos cambia y nos convierte. Este
Ejercicio supone entrar en un camino de conversión interior, si no, no es Lectio.
PERSEVERAR
“Dichoso el hombre que…le agrada la ley del Señor, su ley medita día y noche” (Sal. 1a-2).
La perseverancia y la constancia son actitudes clave en la Lectio Divina. Evidentemente este es un
Ejercicio planteado para un fin específico pero si hemos de querer permanecer unidos, hay que orar
unidos y qué mejor que de la mano de la Palabra de Dios que es luz para nuestra familia.
Los cinco pasos de nuestra Lectio Divina. Orando con la Palabra de Dios en familia
Aún y cuanto se proponen estos pasos, la Lectio no es algo rígido o estático, sino que permite
dinamismo y espontaneidad. Los pasos son solamente una orientación, un movimiento de un
momento a otro que bien se puede adaptar según las personas que la realicen.
Para nuestra Lectio Divina, Orando con la Palabra de Dios en familia, hemos distinguido cinco pasos,
más por un aspecto de orden práctico que por otra cosa, de tal modo que esté al alcance de todos.
En esta Tabla se muestra cada uno de ellos con una breve descripción:

TABLA

Los pasos están inspirados en la frase de San Juan de la Cruz, en su libro “Dichos de luz y amor”
que dice: “Busca leyendo y encontrarás meditando; llama orando y se te abrirá
contemplando”.

¿Cómo puede hacerse este Ejercicio?


Ayuda mucho la ambientación que podamos favorecer para llevar a cabo La Lectio Divina. Se puede
poner la Palabra de Dios en un lugar especial de la casa, con el Cirio Pascual familiar o alguna vela.
Puede también utilizarse un Crucifijo o una imagen de Jesús y algún ícono o un signo Mariano que
nos recuerde la actitud con la cual se debe acoger y guardar la Palabra de Dios en el corazón.
Una música suave puede ser utilizada también con discreción, pues en ocasiones ayuda a entrar en
un ambiente de oración que dispone y ablanda el corazón.
Con esto no se trata de manipular el ambiente para conseguir determinados efectos, sino de
favorecer el encuentro con Dios. Todo aquello que nos ayude a disponer el corazón para orar, es
recomendable utilizarlo.
INVOCAR AL ESPÍRITU SANTO
Comienza este momento de oración en familia, invocando al Espíritu Santo. Te proponemos una
sencilla forma de hacerlo, sin embargo, podrías hacerlo de manera espontánea o bien usar alguna
de las oraciones populares dirigidas al Espíritu Santo.
¡Ven Espíritu Santo!
Ven a nuestra vida, a nuestros corazones, a nuestras conciencias, a nuestra familia.
Mueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad para entender lo que el Padre quiere decirnos a través
de su Hijo Jesús, nuestro Maestro. Que su Palabra llegue a toda nuestra vida y se haga vida en
nuestra familia.
Dispón los corazones de quienes nos preparamos para vivir la Segunda Asamblea de nuestro
Seminario.
¡Ven Espíritu Santo, fuente de vida, de luz y santidad!
Amén.

LA PALABRADE DIOS
Hemos elegido para nuestra Lectio Divina el texto de Lucas 2, 40-52 al que de manera tradicional
llamamos: “El niño perdido y hallado en el Templo”. Para nuestro Ejercicio usaremos la traducción de
la Biblia de Jerusalén.

Lectura del Evangelio según San Lucas.


El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.
Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años,
subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó
en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de
camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a
Jerusalén en su busca.
Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros,
escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y
sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: “Hijo, ¿por qué nos
has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando”. Él les dijo: “Y ¿por qué
me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?”. Pero ellos
no comprendieron la respuesta que les dio.
Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas
las cosas en su corazón. Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los
hombres.
Palabra del Señor
1 LEER
“BUSCAR LEYENDO…”
La pregunta que nos orienta al comenzar este paso es:
¿Qué dice en sí mismo el texto bíblico? Y para ello:
a) Lo leemos en voz alta.
b) Lo repasamos una o dos veces con detenimiento.
c) Comprendemos lo que dice, tratándolo de explicar con nuestras propias palabras.
d) Memorizamos o subrayamos alguna frase que llame nuestra atención.

Luego de leerlo las veces que sea necesario, conviene reconstruirlo con ayuda de las siguientes
preguntas. No se trata de responderlas a manera de examen, sino solamente orientar la
comprensión y dar unidad a lo que cada quien recuerde o señale como algo que le llama la atención:
a) ¿A dónde iban los padres de Jesús cada año? ¿Por qué?
b) ¿Qué edad tiene Jesús en este relato?
c) ¿Qué ocurre con Jesús, cuando regresan hacia Jerusalén?
d) ¿Qué hacen sus padres al notar la ausencia de Jesús?
e) ¿Cuánto tiempo tardan en encontrarlo? ¿Dónde estaba?
f) ¿Qué hacía Jesús en el Templo? ¿Cómo reaccionaban quienes lo escuchaban?
g) ¿Qué les dice Jesús a sus padres? ¿Cómo reaccionan ellos ante estas palabras?
h) ¿Dónde guarda María todas estas situaciones?
i) ¿De qué forma iba creciendo Jesús?

2 Meditar
“ENCONTRAR MEDITANDO”

La pregunta que nos orienta al comenzar este paso es: ¿Qué nos dice el Señor por medio de
su Palabra? Y para ello presentamos algunas líneas de reflexión que podrían ayudar para orientar la
meditación y el descubrimiento personal y familiar de lo que nos dice el Señor en su Palabra de cara
a nuestra Asamblea.
No sabemos casi nada de la familia de Nazaret, pero teniendo en cuenta el refrán: "de tal palo, tal
astilla", debemos suponer que fue una familia ideal. Las relaciones que tuvieron entre sí, aunque se
hayan desarrollado en un marco familiar distinto y muy lejano a nuestro tiempo, pueden servirnos
como ejemplo a nosotros, en nuestro propio modelo de familia donde sigue siendo igual de
importante que en aquella época, el desarrollo de la persona y los valores que va adquiriendo con el
paso del tiempo.
Jesús predicó lo que vivió. Si predicó el amor, la entrega, el servicio y el interés por el otro, quiere
decir que primero lo vivió él. El marco familiar es el primer campo de entrenamiento para todo ser
humano. Toda persona nace como proyecto que tiene que ir desarrollándose a lo largo de toda la
vida con la ayuda de los demás.
Hoy en día, la familia sigue siendo el marco privilegiado para el desarrollo de la persona humana,
pero no sólo durante los años de la niñez o juventud, sino que debe ser el campo de entrenamiento
durante todas las etapas de nuestra vida. Sea como hijo, como hermano, como pareja, como padre o
madre e incluso como abuelo, en cada una de esas situaciones la calidad de la relación nos irá
acercando a la plenitud humana, si todo encuentro con el otro lo aprovechamos para manifestar
nuestra capacidad de amar.
El ser humano sólo puede crecer como Jesús a través de sus relaciones con los demás y la familia
es el marco insustituible para esas relaciones profundamente humanas. Los lazos de sangre o de
amor natural deberían ser puntos de apoyo para aprender a salir de nosotros mismos e ir a los
demás con nuestra capacidad de entrega y servicio. Las relaciones familiares tendrían que
enseñarnos a dejar nuestro individualismo y egoísmo. Si en la familia superamos la tentación del
egoísmo, aprenderemos a tratar a todos con la misma humanidad: exigiendo para nosotros cada día
menos y dándonos cada día más.
La familia juega también un papel insustituible en el desarrollo de la personalidad humana y cristiana
del seminarista, así como en su proceso vocacional. Familia y seminarista deben acompañarse
recíprocamente con la oración, el respeto, el testimonio, el buen ejemplo de las virtudes domésticas,
y la ayuda material y espiritual, sobre todo en los momentos de dificultad (cf. PDV 68; SD 214). A
ejemplo de Jesús, que “Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos” los seminaristas deben
mantener su relación con su propia familia, interesándose por ella sin perder el contacto ni
desarraigándose de su contexto sociocultural (cf. OT 3; PDV 68; DFSPMF 33).
En “Amoris Laetitia” el Papa Francisco dice por otro lado que: “Los vínculos familiares son
fundamentales para fortalecer la sana autoestima de los seminaristas. Por ello es importante que las
familias acompañen todo el proceso del seminario y del sacerdocio, ya que ayudan a fortalecerlo de
un modo realista”.

Presentamos ahora, otra manera de llevar a cabo la meditación del texto. Incluso si se dispone de
tiempo podrían hacerse las dos juntas.
De cara a nuestra Asamblea, contemplar la vida de quienes forman la familia de Nazaret nos lleva a
reflexionar sobre nuestra propia familia. Si bien Jesús es el hijo de Dios encarnado, es también un
niño que aprende de las acciones de sus padres y obedece a lo que ellos le piden y mandan.
Hagámonos unas preguntas, como familia, para profundizar más en el texto que hemos leído. Lo
haremos de la mano de cada uno de los versículos. No es necesario contestarlas todas, pero si
ayudará a facilitar la meditación y orientar la reflexión en la relación que existe entre la familia, la
formación sacerdotal, el seminario y nuestra misma situación familiar actual.

Tabla 2
3 Orar
“LLAMAR ORANDO”

La pregunta que nos orienta al comenzar este paso es: ¿Qué le decimos al Señor motivados por su
Palabra? Y para ello:
a) Después de escuchar la Palabra de Dios, es importante dejar hablar al corazón.
b) Podemos hacer una oración espontánea de agradecimiento, de petición, de acción de gracias,
de alabanza, de entrega, etc.
c) También podrían usarse oraciones ya existentes: un Salmo, un Himno o alguna que sea
significativa para la familia.
Es importante aclarar que todo lo que hemos dicho en los pasos anteriores es ya una forma de
oración, pero es aquí cuando tomamos conciencia, más que nunca, de nuestra actitud orante.
Preguntémonos sinceramente: ¿Qué nos hace decir el texto? ¿Qué me enseña José en el pasaje?
¿Qué actitud de María quisiéramos imitar? Ante lo que el Señor nos dice en su Palabra, el Espíritu
Santo hace surgir diversos tipos de oración. San Agustín decía al referirse al Salmo 29: “Siel texto es
oración, orad; si gime, gemid; si alaba, alabad y alegraos; si es un texto de esperanza, esperad; si
expresa temor de Dios, temed”.
Sugerimos que en este momento se dé un espacio para las peticiones o intenciones espontáneas,
de tal modo que se encomiende al Señor a cada miembro de la familia, así como las
distintas angustias y necesidades.
Proponemos para finalizar este paso la siguiente oración que pude dirigir algún miembro de la familia
o hacerla todos juntos:
Señor Jesús, que viviste en familia con María y José. Hoy queremos pedirte por nuestra familia, para
que te hagas presente en ella y seas su Señor y Salvador. Bendícenos, protégenos de todo mal y de
todo peligro; no permitas que nada ni nadie nos haga daño y danos salud. Te necesitamos, Jesús,
entre nosotros. Llena nuestro hogar de tu paz, de tu alegría, de tu cariño.
Derrama tu amor para que sepamos dialogar, entendernos, ayudarnos, para que aprendamos a
acompañarnos y a sostenernos en el camino de la vida. Danos pan y trabajo. Enséñanos a cuidar lo
que tenemos y a compartirlo con los demás.
También queremos darte gracias, Jesús, por cada uno de nosotros y los demás miembros de nuestra
familia; por los momentos lindos que pasamos y por las cosas buenas que tenemos.
María, Madre Buena, tu presencia también nos hace falta. Que no nos falte tu ternura y
tu protección. Jesús, José y María, preciosa comunidad y familia de Nazaret, ayúdennos a vivir en
familia.
Amen.
4 CONTEMPLAR
“ABRIR CONTEMPLANDO”
La pregunta que nos orienta al comenzar este paso es: ¿Qué se ilumina y se convierte en nuestra
vida por su Palabra? Y para ello:
a) Gustemos y saboreemos a Dios en nuestro corazón, dejando que la Palabra de Dios
ilumine nuestra vida.
b) Ayudará mucho que hagamos conciencia y pensemos con cuál de los personajes nos
identificamos o si hemos vivido situaciones similares entre nosotros como familia.
Luego, repitamos internamente la palabra que más nos ha tocado el corazón. Esto ayudará a
descubrir lo que el Espíritu Santo nos quiere comunicar y más hoy a ejemplo de María, que
“conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón”, hagamos lo mismo.
Aquí puede ayudar el usar una música suave que facilite el momento de contemplación e
identificación con el pasaje. Es quizá el momento de mayor paz interior.

5 ACTUAR
“VIVIR AMANDO”
La pregunta que nos orienta al comenzar este paso es: ¿A qué acciones nos invita el Señor? Y para
ello:
a) Nos damos la oportunidad de compartir libremente qué tenemos que cambiar en nuestra vida
familiar a la luz del texto y de qué manera podemos ayudarnos unos a otros a crecer más
como personas, a ejemplo de Jesús, en la vocación que cada quién experimenta como un
llamado para ser felices.
Luego de compartir, sugerimos concluir la Lectio Divina con la oración que propone el Papa
Francisco en “Amoris Laetitia”:
Oración a la Sagrada Familia
Jesús, María y José
En vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.

Santa Familia de Nazaret,


haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas iglesias domésticas.

Santa Familia de Nazaret,


que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.

Santa Familia de Nazaret,


haz tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José, escuchad, acoged nuestra súplica.
Amen.

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