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Capítulo 10

búsqueda de un lugar par con los hombres; pero esta circula-


ción se realiza no sólo arrastrando las tensiones, las limitacio- LA MUJER DE LA ILUSION
nes y los obstáculos del doble posicionamiento sino también las
dificultades subjetivas de Ja autonomía; en tal sentido, la des-
igualdad de oportunidades y logros es muy marcada.
Curiosamente, el espejismo de la credencial un.iversitaria 31
afrja a las mujeres de un.a con.ciencia crítica de su situación. La
falta de esa conciencia crítica las lleva a naturalizar este estado
de cosas, encontrando limitaciones importantes para inventar
estrategias que reviertan su condición.
Entonces, más allá d.e las limitaciones objetivas que el ejer-
cicio de sus prácticas en el mundo público y en el mundo pri-
vado imprime a las actividades de las mujeres, pueden obser- Poder e Imaginario Social'
varse limitaciones que operan desde su subjetividad. Estas "ci-
catrices" de la subordinación, sin bien son mayores o menores La cuestión de lo imaginario social en tanto universo de._
según el estilo de profesionalización logrado, en el Grupo I no significaciones que insettuye1n1na·soc11Jdad~es it1separa1Jl~A~l­
desaparecen sino que se mantienen en determinadas áreas, problema del- poder?. La historia de.1os repartos del poder, la
aunque sin inundar el conjunto de su profesionalización. distribución de sus jerarquías,. las prácticas y los. sistemas de
De todo lo expuesto, una última reflexión: aquella que per- val.ores que ha legitimado como los lazos sociales que genera en
mite cuestionar ciertos supuestos evolucionistas -Ja noción de diferentes estructuras materiales, ocupan un Jugar central en
pr9greso lineal- para el análisis de la historia social de las el cuadro de la vida social .
. mujeres. Si las disciplinas sociales han encontrado importantes difi-
cultades al intentar teorías unitarias y sistemáticas de tan
complejo fenómeno y de su funcionamiento en las sociedades,
las dificultades no son menores cuando su indagación se focaliza
en conjuntos humanos de escala restringida como grupos, fa.
milias, instituciones. Sin embargo, la mirada microffsica puede
considerarse un instrumento que ha permitido un avance
sustantivo en estas cuestiones.
' Ubicar Ja naturaleza social de poder supone interrogar so-
bre la inscripción de sus dispositivo.s no sólo en la organización
'1$ de una sociedad y sus instituciones sino también su inscripción
en la subjetividad de hombres y mujeres; supone, por ejemplo,

l. Los dos primeros puntos de este capítulO forman parte de la Introduc-


ción de Las mujeres en la inzaginación colectiva, A. 11. Fernández (comp.),
Buenos Aires, Paidós, 1992. ,
2. Mari,.....E., "El poder y el imaginario social'', La Ciudad Futura N2 11 1
Buenos Aires, junio 1988.
31. Bonder, Gloria, ob. cit.
239
238
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indagar cómo operan en tal registro las techologías sociales de ginario social interpela a las emociones, voluntades, sentÍ;nieri- -, ..
manipulación de los deseos, temores, esperanzas, anhelos, tos; sus rituales promueven las formas que adquirirán los com-
amenazas, etcétera.3 \ portamientos de agresión, de temor, de amor, de seducción que
§i el_J?Q<!.§l:G...~8-filÍ'l. Spinoza, es la capacidad de afecta_ren son las formas como el deseo se anuda al poder. Tal vez sería
mayor grado que se es.al'eétado, y éste puede pensarse tant() más apropiado decir que son las formas como los deseos se anu-
para situaciones de macro como de micropoderes, pensar el poder dan a los poderes, de manera de desustancializar ambos concep-
como dispositivo permite articular cuestiones genern.les.c!e.stJ tos y aludir con más propiedad a la multiplicidad de los focos
ejercicio (carácter social de su estructura, modos como_Qp_gr-ª, deseantes y de poderes que pueden entrar en juego en una situa-
tácticas y estrategias que ponen en acto_ los _grl1J:>()S__ g11e lg ción dada. Suministra esquemas repetitivos, crea marcos de pre-
controlan) con análisis más particularizados o más puntuales ceptos y pone en conexión regularidades de los comportamientos
sin perder de vista sus ramificaciones en el conjunto del universo con los fines y las metas del poder; la función del imaginario
social. Es·ae-cfr que la incorporación de una mirada microfísica' social es "fundir y cincelar las llaves de los cuerpos para el acceso
del poder permite abrir visibilidad a estrategias específicas de a la ley, y la continuidad y reproducción del poder".
un microcampo, pero también exige el análisis de las conjuncio-
nes, de las articulaciones, de las complicidades y mediaciones,
entre macropoderes y micropoderes. Si se recurre a la diferenciación que establece Castoriadís
Si los actos de fuerza producen poder, a partir de allí el entre imaginario social efectivo (instituido) e imaginario social
discurso del orden y el imaginario social consolidan las condi- radical o instituyente,• puede inforirse que las connotaciones
ciones reproductivas del poder producido; es decir, garantizan que da E. Mari del imaginario social pertenecerían a las signi-
la continuidad del poder conquistado o instituido. Discurso del ficaciones imaginarias que consolidan lo instituido y, en tanto
orden e imaginario social én realidad transforman la fuerza en tal, anudan los deseos al poder; en esta dimensión, los universos
·verdadero poc!er en tanto cohesionan las tensiones sociales y de significaciones imaginarias sociales operan como organiza-
aseguran la presencia del poder aun cuando la fuerza está dores de sentido de los actos humanos, estableciendo las líneas
ausente. de demarcación de lo lícito y lo ilícito, de lo permitido y lo
Los dispositivos de poder exigen como condición del funcio- prohibido, de lo bello y lo feo.
namiento y la reproducción del poder no sólo sistemas de le- Sílo imaginario efectivo es lo que mantiene unida una so-
gitimación, enunciados, normativas y reglas de justificación, ciedad, entonces queda abierta la cuestión histórica por exce-
sanci()J1!lS .<l.e.J.ªLcPnd~ deseables (discursos del orden) lencia: la génesis de sentido; es decir, la producción de nuevos
sinó también prácticas extradiscurs1vas; necesítaQe soportes sistemas de significación o, dicho de otra manera, la. transfor-
mitológicos, emblemas, rituales que hablen a las pasiones y, en mación, en el plano de las significaciones, de una sociedad. Una
·consecuencia, disciplinen los cuerpos. Este universo de signifi- de las características más profundas de lo simbólico -dice
ca,ci_ortéÍI (Imaginario-So.ciªlLhl!fe .!llli'..::ªJ_p.fü!e:r 11:1§1.rche pravo: Castoriadis- es su relativa indeterminación; se diferencia en
cando que los miembros de una-sociedad "enlacen·y·aaecüen. este aspecto de los planteos estructuralistas que ubican el sen-
.~us·deseos"Jilplll.!ec::y-que·susinstituciones se-1nscnl:la:nen·-;;¡ tido como combinatoria de signos.
espíritu de los hombres y mujeres; hace que "los conscientes e ¿Qué inventa UJHLso.ciedad cuando se instituye como tal?
inconscientes se pongan en fila". 5 Más que a la razón, el ima- Inventa significaciones; estas prod~lo1ws de sentido,· de sen-
~riao-oijjañiiiadór, Ílo estan·para re.presentar otra cosa sino que
3. 1Jad, B., ob. cit. ~

4. Foucault, M., La niicrofisica del poder, Barcelona, La Piqueta, 1980. ¡.


6. Casto1iadis, C., J.,a instituc.ión imaginaria de la sociedad, Barcelona,
5. 1"1ari, E., ob. cit. Tusquets, 1983.

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estos esquemas organizadores son condición de representabilidad caverna, es necesario que las cosas, el mundo, sean imagen de
de aquello que esa sociedad puede darse. Lo que mantiene unida otra cosa.
a una sociedad es su institución, dice Castoriadis, es decir, el En la expresión "imaginario social", lo imaginario remite a
proceso por el cual la. sociedad se instituye como totalidad; las otro orden de sentido: ya no como imagen de, sino como capa-
normas, los valores y el lenguaje instituidos no son sólo he- cidad imaginante, como invención o creación incesante social-
rramientas o procedimientos para hacer frente a las cosas sino histórica-psíquica de figuras, formas, imágenes; én síntesis,
más bien son los instrumentos para hacerlas; en particular, producción de significacio1:1e.s__co!.e_cti11as.-.
para hacer individuos. Se alude aquí a la construcción que, a · · Una sociedad es también un sistema de interpretación del
partir de la materia prima humana, da forma a los individuos mundo. Es decir, de construcción, creación, invención de su pro-
de una sociedad, a los hombres y las mujeres en quienes se pio mundo. En tanto tal, puede percibir como peligro cualquier
fraguan tanto las instituciones como sus mecanismos de perpe- desmentida a su sistema de interpretación del mundo; estas si-
tuación.; De conformidad con sus formas, la institución produce tuaciones suelen ser vividas como ataques a su identidad y las
individuos quienes, a su vez, están en condiciones de reproducir diferencias son entonces imaginadas como amenazantes.
la institución de la sociedad. En tal sentido, la institución de la Cuando las diferencias se instituyen como peligro, puede
sociedad está hecha de múltiples instituciones particulares que, decirse que el principio de conservación de esa sociedad es
funcionando en coherencia, hacen que, aun en crisis, una so- conservación de sus "atributos arbitrarios" y específicos, o sea,
ciedad sea esa misma sociedad. es conservación de sus significaciones imaginarias sociales. Por
La urdimbre inmensamente compleja de significaciones orien- lo tanto, las transformaciones de sentido lo instituyen y operan
ta y dirige toda la vida de los individuos concretos que siempre con la resistencia de aquello consagrado, instituido,
corporalmente constituyen una sociedad. Dios, dioses, polis, que hasta tanto no sea trastrocado actúa como regímenes de
ciudadanos, esclavos, nación, Estado, dinero, tabú, virtud, verdad.
hombre, mujer, padre, hijo hoy son los que son en virtud de las No hay sociedad sin mito, pero lo esencia1para Castoriadis
significaciones imaginarias sociales que los hacen ser. Estas no es, como quiere el estructuralismo, que la sociedad organi-
significaciones son imaginarias porque están dadas por crea- za el mundo lógicamente por medio del mito. El mito es para
ción o invención, es decir, no corresponden a elementos es- este autor un modo por el cual la sociedad catectiza como
trictamente reales, y son sociales porque sólo existen, siendo
objeto de participación de un ente colectivo o anónimo.
' significación el mundo y su vida en este mundo; de otra ma-
nera, sus "individuos" estarían privados de sentido. Los mitos
Es importante distinguir la noc;ón de imaginario social -el que una sociedad instituye son cristalizaciones de significa-
uso en ~lla de la palabra imaginario- de la noción de "imagi- ción que operan como organizadores de sentido en el accionar,
nario" en psicoanálisis. Dentro de esta teoría, la acepción de pensar y sentir de Jos hombres y las mujeres que conforman
imaginario refiere a lo especular, imagen de, imagen reflejada, ' esa sociedad, sustentando a su vez la orientación y la legiti-
reflejo.-La idea de lo imaginario, como la imagen en el espejo j' midad de sus instituciones.
o en la mirada del otro, es tributaria de aquella acepción de lo Pero lo histórico-social no crea o inventa de una sola vez y
ilusorio como ficción;ª en tal sentido, para Castoriadis trae como ( para siempre significaciones imaginarias; el desorden social se
rémora una ontología por la cual, desde Ja famosa platónica ''\ despliega cuando aparecen nuevos organizadores de sentido;
así, por ejemplo, en el desmoronamiento del mundo romano .
7. Castoriadis, C., Los dotninios del honibre: las- encJ·ucijadas del laberin·
\ tardío apareció un nuevo principio unificador, el cristianismo, i
io, Gedisz., Barcelona, 1988. J, que crea o ·inventa nuevas significaciones imaginarias. ·
8. Fernández, A. M.. 1 "Lo ilusorio en Jos grupos", Seminario Cáte!lra TeoH 1
r.fa y Técnica <le Grupos, Facultad de Psicología, UBA, Buenos Aires, 1989.

242 243
~1
Plantea Castoriadis: El conjunto de significaciones que lo im·i . .' ;-' . .
tituye con la modernidad en 1.e lacion . . con ¡ '¡;¡nnno
f:in ·r .
F•xial ·tns-
en lo cotidiano de esta instit · · . ·3 · 11 13 " ' enctim,1
Lo misn10 cabe decir del movimiento de mujeres, del movi- ~ . . uc1_on y sostiene lns nue\'n_g,· fonn l;t
que lo publico Y lo privado adquieren con la 11 --' ·a ·d d ·'.-
miento de los jóvenes y, a pesar de su extre1na confusíón, del
mitan · t o de a t n'b uc10nes
. do e1 conJun · ' lvucm1 a • ·¡ elt-
prescr'ipc'i
movimiento ecológico. Todos ellos ponen en tela de juicio sig- . . 1 . ' , ones \" pro iibi.
nificaciones in1aginarias centrales de la sociedad instituida y c10nes de lo femenmo Y o masculmo en ese periodo· histórico
al 1nismo tiempo crean algo. El 1novimiento de mujeres tiende
Son tres los mitos muy enlazados entre si aunque e :
. 1 . d d on narra1I·
a destruir la idea de una relación jerárquica entre los sexos, vas particu anza as para ca a uno. Son el mito de la 1111 •
madre, e1 mito · 'd a d erotica
· d e l a paswi · · femenina y el del IJ~r·
' ·. an
expresa la lucha de los individnos de sexo femenino para al-
canzar su autonomía y, como las relaciones entre los sexos son románlico. En su .conjunt~ Y par~icularíza.damente darán for~~
nncleares en toda sociedad, el movimiento afecta toda la vida al i:i:1verso d.e s1gmficac10nes :magmarias que instituyen Ja
social .·Y sus repercusiones resultan incalculables. Lo mis.roo fanuha y que mventan lo femenmo y lo masculino de Ja moder-
ocurre en. lo que se refiere al cambio de las relaciones entre nidad, haciendo posible a su vez la institución de un espacio
generaciones. Y al mismo tiempo mujeres y jóvenes (y por lo público "racionalizado" y un espacio privado "sentimentalizado"
tanto también hombres y padres) se ven obligados a continuar Producen las narrativas que configuran los circuitos de circula'.
viviendo de otra manera,· a hacer, a buscar, a·crear algo. Verdad ción para unos y de enclaustramiento para otras, el grado y tipo
es que lo que hacen permanece necesariamente integrado en de escolarización "necesario" para cada género, etc. Autonomías
el sistema mientras el sistema existe. Pero al mismo tiempo y heteronomías, actividades y pasividades, libertades y tutelajes
el sistema es socavado en sus puntos esenciales de sostén: en ·' y aún más organizan las formas de conyugalidad propias de un
las formas concretas de dominación y en la idea misma de
dominación. 9 período histórico determinado.
Por lo tanto, tales mitos (imaginario efectivo o instituido)
constituyen piezas clave en el disciplinamiento de una socie-
dad. Permiten que "conscientes o inconscientes se pongan en
En suma, no combaten -por lo menos de forma directa- fila anudando sus deseos al poder";'º apelan así a las pasiones;
un orden económico sino un orden de significación. Por otra estimúlan y promueven las formas propias de los comporta-
parte expresan la configuración paulatina y despareja de. nue- mientos y posicionamientos en relación con la agresión, el te-
vas significaciones imaginarias sociales. que si se instituyen mor, el amor y a la seducción, que serían las formas como los
pueden configurar nuevos organizadores de sentido de lo feme- deseos se anudan a los poderes.
nino y lo masculino, de las relaciones entre generaciones, con la La "institución" de la familia moderna y su continuidad es
naturaleza, etcétera. posible no sólo por las condiciones materiales económicas que la
Es decir que los nuevos organizadores de sentido y las prác- producen sino por la eficacia simbólica de sus mitologías, em-
ticas sociales que los hacen posibles refieren a lo imaginario blemas y rituales que la sostienen y reproducen.
social no instituido, radical, instituyente siempre, utópico a veces, En tal sentido es importante diferenciar, pero también ar-
que da cuenta de las existencia de deseos que no se anudan al ticular, un orden de determinaciones y un orden de significacio-
poder, que desordenan las prácticas, desdisciplinan los cuerpos, nes.'' La institución de una sociedad y las significaciones incor-
deslegitiman sus instituciones y, en algún momento, instituyen poradas a ella se despliegan en ambas dimensiones en forma
nueva sociedad. indisociable.

9. Castoriadis, C., ob. cit.


.·¡

10. Mari, E., ob, cit.
11. Castoriadis, C., ob. cit.

244 245
.._,::'

J,os mitos sociales; violencia y eficacia dos es que, en tanto sus principios son establecidos como uní-
versales, es decir para todos los hombres y las mujeres, denie-
A partir de los criterios generales planteados por Castoriadis gan las estrategias biopolíticas que, bueno ,es reconocerlo, ope-
con respecto a la noción de imaginario social,' se intentará en ran de forma muy diferente según las clases sociales o grupos
este apartado puntualizar algunos mecanismos a través de los :¡ étnicos o culturales que conforman una sociedad. Por ejemplo,
cuales los mitos sociales logran su eficacia en el disciplinamiento una mujer de sectores populares debe dejar muchas veces des-
social y, en consecuencia, en la legitimación y el orden de las atendidos a sus hijos para salir a trabajar, frente a un Estado
instituciones que involucran. o empresa que al mismo tiempo que ponen en discurso la
En primer 1ugar, operan por la repetición insistente de sus sacralización de la maternidad no ofrecen guarderías ni ningún
narrativas:' Esta repetición tiene como característica primordial tipo de protección para esos hijos.
que se gestiona a través de formas reticulares y difusas, pro- Por otra parte, operan por deslizamientos de sentido que
duciendo ,discursos que con pequeñas variaciones de vuelven equivalentes cuestiones muy disímiles. En el mito Mujer
enunciabilidad, según los focos institucionales, sostienen al = Madre, no es lo mismo decir "para ser madre se necesita ser
infinito una misma trama argumental. Repetición argumental mujer", que "para ser mujer se necesita ser madre"; sin embargo,
y múltiples focos en la gestión de sus enunciados crean los esta ecuación de gran eficacia simbólica en nuestra cultura ha
caminos de su eficacia simbólica. Así, "discursos científico¡¡, vuelto equivalentes ambos términos de la ecuación.
políticos, religiosos, jurídicos, medíos de-·comunicación, social, Asimismo instituyen exaltaciones y negaciones articuladas:
escuelas, novelas, cine, teatro, artes plásticas producen y repro- , 'sus narrativas pondrán un acento superlativo sobre ciertos as-
ducen los argumentos que instituyen, por ejemplo, lo femenino pectos de una realidad y denegarán o invisibilizarán otros, que
y lo masculino en nuestra sociedad. al no ser objeto de enunciación quedarán como inexistente8.)Es
En segundo lugar, se instituyen como universos de signifi- decir que en un mismo acto semántico delimitan superla-
caciones de formas molares, totalizadoras, esencialistas qúe tivamente sus visibles y vuelven inexistente por denegado,
estipulan no sólo lo que debe ser una mujer o un hombre sino innominado, todo posicionamiento o práctica que desdiga algún
lo que es. En tal sentido, esta voluntad totalizadora opera aspecto del,mito. Invisibilizan, por lo tanto, toda contradicción
violencia simbólica ya que no da lugar, se apropia, tritura, posible entre la realidad y el mito.
invisibíliza las diferencias de sentido, la diversidad de prácticas Estas cristalizaciones de sentido, los mitos sociales, al ins-
y posicionamientos subjetivos de los actores sociales; homogeiniza tituir un "real", pero vivido por los actores sociales c0mo lá
y, por lo tanto, violenta lo diverso. realidad objetiva, organizan las formas de los lazos sociales, es
Esta invisibilización de lo diverso no sólo deja sin lugar a Ja decir que institucionalizan tanto las relaciones materiales como
singularidad sino que, a través de estos discursos molares, las subjetivas de las personas. Por lo tanto/prescriben de forma
universalistas, se invisibiliza el proceso sociohistórico de su explícita e implícita cómo deben ser desde lo'o-contratos laborales
construcción y aparece como realidades naturales y ahistóricas hasta las relaciones sentimentales entre géneros sexuales; son,
-y por ló tanto inmodificables- aquello que es producto, efec- por ende, una verdadera fuerza material del campo social.
to de su eficacia. En tanto construyen "un real", que se presen- En tanto organizadores de sentido, los mitos sociales se-
ta como la realidad objetiva,¡organizah desde la "fuerza de la inscriben en una dimensión sociohistórica de gran relevancia:
evidencia", la "evidencia de los-hechos", regímenes de verdad de la produceión de los sistemas de significación que hacen posible
gran poder de sanción o enjuiciamiento de cualquier práctica, la producción de consensos de una sociedad. De tal forma;-í~e­
pensamiento o sentimiento que transgreda, dude o cuestione neran los anclajes económicos, sociales, políticos, simbóljcos,
sus verdades. pero tambié'n eróticos y subjetivos de los actores sociales en las
Otra de laS características de lo totalizador de sus enuncia- instituciones, haciendo posible el disciplinamiento y poli-

246 247
ciamiento de la sociedad. He aqµí otra vez, al decir de Gramsci,
la "astucia de la hegemonía'', esa capacidad de los grupos de conscientemente formas de resistencia, de contraviolencia y
poder de presentar, al conjunto de la sociedad, sus intereses contrapoder, siempre en el marco de reladones generales de
corporativos como de interés general. subordinación material, subjetiva y erótica en que se encuen-
tra. Desde allí es que tendrán lugar los sistemas de pactos y
alianzas, las confrontaciones sutiles o abiertas que caracterizan
En síntesis, en estilos narrativos que recurren persis- los avatares de cada historia conyugal y familiar.
tentemente a la naturalización y a la atemporalidad, los mitos La necesidad de colocar la cuestión política en el marco de
sociales obtienen su eficacia simbólica a través de la repetición- la vida privada no privatiza, no intimiza su análisis; por el
insistencia de sus tramas argumentales, que se multiplican en contrario, posiciona esta dimensión política de lo privado como
innumerables focos del tejido social. parte de estrategias más globales por las cuales se produce y
A través de enunciaciones totalizadoras y totalizantes, reproduce un particular ordenamiento de lo privado y lo públi-
deslizamientos de sentido, producción de invisibles (exaltaciones co. Público racionalizado-privado sentimentalizado, piezas cla-
y negaciones concomitantes) y eliminación de contradicciones, ve en el ordenamiento de lo social moderno. Al mismo tiempo
gestionan su violencia simbólica. que desde este enfoque se amplía la noción de la política, más
Los "tres prdenes imaginarios de la familia burguesa": la allá de la polis, se abre como espacio de indagación la dimen-
mujer-madre, la pasividad erótica femenina y el amor román- sión política en la producción de subjetividades.
tico instituyen la l~gitimación de prácticas determinadas de
poder masculino, a través de la figura social del marido que
posiciona en dependencia económica, subjetiva y erótica a la La fragilización de las mujeres
esposa y articula un relativo contrapoder femenino a través de
la figura social de la madre. 1. El erotismo de mujeres y hombres se constituye no sólo
El poder del marido instituye la heteronomía de la esposa; desde los posicionamientos psicosexuales de cada uno sino desde
las mujeres, ya sea en tanto tales o en tanto madres, configuran un conjunto de significaciones imaginarias sociales. Los cuerpos
sus estrategias de resistencia y contrapoder que fisuran la de ambos géneros no sólo sostienen la constitución de la dife-
hegemonía masculina y han hecho posibles diferentes formas rencia sexual sino que también soportan-sostienen los mitos =~
de prácticas instituyentes y producciones de sentido que des- sociales de lo femenino y Jo masculino; éstos configuran desde ~ "-''

dicen, cuando no son reapropiadas por los procesos hegemónicos, la imaginarización de sus respectivas anatomías hasta las·
la narrativa de estas mitologías. imágenes y prácticas de sí desde donde juegan su "identidad"
Los -tipos y grados de violencia fisica y simbólica varían sexual.
considerablemente en cad.a pacto sexual entre hombres y mu- En lo que respecta a las mujeres, la jerarquización de su
jeres, po,r lo que cualquier generalización en tal sentido correría lugar maternal ha privilegiado su aspecto reproductor en de-
el riesgo de totalizaciones apresuradas. Pero lo que sí puede trimento de su erotismo. Al mismo tiempo, hombres y mujeres
afirmarse es que la violencia para sostener tal poder se produce li.an imaginado el lugar del placer sexual de las mujeres más
siempre a través de múltiples, difusas y permanentes estrategias, como acompañante que como protagonista en la puesta en
de allí qué pueda afirmarse que la violencia es necesaria y no 1 escena del encuentro sexual. Esto es parte importantísima de
contingente en las relaciones entre Jos géneros. la construcción de la Mujer de la Ilusión, esencia femenina,
1 más madre que mujer, más objeto que sujeto erótico, más pa-
De todas formas, los procesos de violentamiento no produ-
cen sometimientos masivos; cada mujer se inscribe en cierto siva que activa, más partenaire que protagonista.
grado de sometimiento pero también organiza consciente o in- Si bien en la actualidad se atraviesa un momento de gran-
des cambios sociales respecto del lugar erótico de las mujeres, ,·¡;

248
249 ·1;,,.,.
,,,:,;'~,, '.

1~
parecería que dichos cambios sociales operan a una ver- La cultura musulmana, ante la amenaza de una autonomía
tiginosidad muy contrapuesta con la lentitud de los procesos erótica de sus mujeres, instituye prácticas rituales de mutila-
subjetivos de sus actores/as. ción clitorídea; la cultura occidental obtiene similares efeétos a
Seguramente es en esta diferencia entre tiempo social-his- través de estrategias y dispositivos que no por simbólicos son
tórico y tiempo subjetivo que se inscriben algunas líneas de Ja menos violentos. Destrucciones o mutilaciones operan desde la
producción de erotismo sintomatizado de tantas mujeres.e En violencia física directa sobre las mujeres infibuladas del Medio
este juego de transacciones sintomáticas, de avances y retro- Oriente. En cambio, para las mujeres occidentales se ha inven-
cesos, de transformaciones y resistencias, se crean algunas tado una anatomía imaginaria castrada.
condiciones de desnaturalización de esa sexualidad femenina Este es uno de los ejemplos más elocuentes de la eficacia
imaginada -particularmente con la modernidad- como pa- de la violencia simbólica en tanto apropiación de sentido. Una
siva. significación imaginaria colectiva que actúa como organizador
Hombres y mujeres fundan sus prácticas eróticas en un de sentido logra, al igual que el cuchillo ritual musulmán, que
perpetuo baile de disfraz. El uno, máscara ilusoria y comple- muchas mujeres occidentales actúen, piensen y sientan como
mentaria del otro ... Parece ser que este juego de ilusiones sí no tuvieran clítoris. (Tal vez habría que decir que no actúan
complementarias se funda desde un mito: la llave del erotismo ni piensan ni sienten como si lo tuvieran.) Otras, aunque in-
de la mujer está "en manos" del hombre. Virilidad puesta en cluyen dicha zona en sus prácticas placenteras, construyen
escena desde juegos de asalto y conquista. Virginidad que ha- una imagen de sí mismas como réplica castrada del varón.
brá que quebrar de una vez. Virilidad sostenida por una cierta Aquí no puede ignorarse que el psicoanálisis es hoy uno de
distracción de Ja mujer respecto de sus signos corporales de Jos dispositivos de pasivización, en tanto sus narrativas sobre
excitación, de una cierta amnesia de sus juegos autoeróticos. La la sexuación femenina otorgan categoría de universales -ya no
feminidad así fundada opera como garante de Ja virilidad en naturales, pero sí inconscientes- a aquello que en realidad es
· ese juego ilusorio que ambos reproducen cada vez que el deseo precipitado de complejos procesos de violenta.miento histórico
los convoca .. : del erotismo de las mujeres.
En realidad, el pasaje hacia el. "cambio de zona" ha cons-
tituido uno de los principales soportes de la monogamia uni-
lateral; tiene, por lo tanto, gran importancia estratégica en
2. ¿Cómo se constituye ese estilo de erotismo "típicamente" la reproducción de la familia patriarcal, siendo sin duda. una
femenino? de sus consecuencias la "pasividad" femenina. Pero, así plan-
Freud supuso que el clítoris cedería su finísima sensibilidad teada la cuestión habrá que repensar críticamente esta no-
·" la v¡¡gina. En fa economía de los cuerpos esto no es así; en ción de pasividad como característica de la feminidad -y por
Jo tanto un rasgo universal de la "normalidad"-. Sería más
cuantQ,,a la significación, allí la cuestión es más compleja por
cuanto la institución de ]as significaciones de una y otra zona pertinente hablar de pasivización como efecto de la violencia ;¡
depende.de un complejo entramado de significaciones ya dadas simbólico-institucional sobre el erotismo de las mujeres en el
1l
por la cultura y de efectos de sentido instituidos desde la sin- patriarcado; desde allí sería entonces posible analizar sus
gularida(i de las prácticas de sí de cada sujeto. marcas en la producción de la subjetividad y el erotismo de
Que 1.lna mujer o muchas mujeres "cedan total o parcialmente tantas mujeres gestadas en ese régimen social.
su sensibilidad" -'Y con ella su significación- a la vagina es A tal efecto, seria de gran utilidad la indagación genealógica
algo que el psicoanálisis en vez de normativizar hubiera debido de las categorías "pasivo-activo"; una reflexión sobre cómo,
interrogar en tanto efecto de violencia sobre el erotismo de cuándo y por qué se originaron y cómo se significaron en di-
tales mujeres. ferentes tiempos históricos permitiría quebrar el hábito de

250 251
--&/:'.-
..... ;~·

pensar dichas categorías como ahistóricas y universales y, ttl res opera como principal sostén de la familia monogámica. Al·
mismo tiempo, encontrar los puentes entre sus narrativas mismo tiempo, hace posible el despliegue de un tipo particular
teóricas y los dispositivos político-sociales que sostienen. de erotismo masculino en clave fálica, que en nuestra cultura
Como se señaló en el capítulo 7, activo y pasivo -en lo que suele considerárselo como la esencia de lo masculino.
respecta a las prácticas eróticas no está en sus orígenes referi- Si una mujer no organiza su imagen de sí como "ser de
do a los géneros sexuales- demarca relaciones de poder: domi- otro", como pasiva, si no cree que el placer se lo genera ese
nador/dominado/a. La ecuación dominador = activo, dominado/ hombre, ¿por qué mantiene una fidelidad más allá de.Ja pasión?
a = pasivo/a es reemplazada por varón = activo, mujer = pasiva ¿Por qué es fiel si sabe que no lo serán con ella? Esta fidelidad,
cuando históricamente se consolida la moral sexual heterosexual una vez que la pasión ya no implica fuertemente los cuerpos,
y conyugal. Esta se sostendrá produciendo durante dos mil años suele ser, hasta ahora, una actitud mucho más frecuente en las
diferentes discursos que dan cuenta de las características esen- mujeres que en los hombres de nuestro medio. Entonces, un
ciales de la pasividad femenina y la actividad masculina; ras-
gos que serán explicados con fundamentos divinos, biológicos, ' mito -la pasividad erótica de las mujeres- que forma parte de
los dispositivos de sostén de una institución: la familia.
psíquicos, según el dispositivo productor de discursos más ca- • Con respecto a la segunda afirmación -la pasividad feme-
racterístico .de cada momento históiico. Cambiarán así las nina sostiene la activldad masculina- se plantean algunas
argumentaciones según las estrategias biopolíticas en que se preguntas: ¿por qué los hombres que organizan su erotismo
inscriban tanto los discursos como las instituciones religiosas, desde esta forma particular de "ser activos" presentan tantas
culturales o.científicas que tengan la principal responsabilidad restricciones en la exploración placentera de su propio cuerpo?
de producir los consensos del control social en cada forma his- \ ¿En qué amenaza a su virilidad la actividad de ella?
tórica de gobernabi!ídad. Este estilo pasivo supone que ella sólo se excita "en manos"
Sin duda han trabajado bien; si quedara alguna duda de su de él. La clitorectomía simbólica _:_esto es, la ignorancia por
eficacia, bastaría .con considerar lo impensable-invisible que parte de muchas mujeres de la excitabilidad de la zona clitorídea,
resulta -aún hoy_:_ atribuir una dimensión política a los lugares de cómo estimularla, la inhibición y/o el desconocimiento de
pasivo-activo de la puesta en juego del "encuentro" erótico. prácticas autoeróticas, de su posibilidad de orgasmos múltiples,
Hasta ahora, aquello que se presenta como un erotismo fe- la sanción como "inmaduro" de todo orgasmo producido ,con pres-
menino sólo da cuenta del exilio de las mujeres de su cuerpo cindencia de genitales masculinos- es una pieza fundamental
erótico; en ese sentido, el tan mentado "goce místico" 12 de las de la pasivización erótica de las mujeres.
mujeres no es otra cosa que el precipitado histórico de dicho Un erotismo que estereotipa los lugares pasivo y activo en
exilio:· mujeres y hombres respectivamente necesita de mujeres que
El hecho de que hombres y mujeres hayan pensado que el se posicianen de una manera heterónoma, esto es que depen-
erotismo de estas últimas es "naturalmente" pasivo no es me- dan de las iniciativas de su compañero, para iniciar y desple-
ramente una narrativa ni concierne stricto sensu a los juegos gar sus juegos eróticos, que él descubra, adivine e induzca
privados del placer.
Esta cuestión se inscribe en una serie de complejas articu- placer en ella.
Necesita de mujeres cuyo placer erótico siga el ritmo del
laciones; en principio, pueden señalarse dos: parte de las na- erotismo masculino, que al estar en nuestra cultura tal) estr)ic-
rrativas que la cultura instituye como el erotismo de las muje- turada en clave fálica aleja, exilia, a tantas mujeres del des-
cubrimiento de sus potencialidades de placer.
¿Hay un erotismo propio de las mujeres? Si lo hay, pocas
tiene el espacio "político" para desplegarlo. Es decir, pocas lo-
12. Lacan, J., Senlinaire Encare, París, Eq. du Seuil, 1975.

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gran un partenaire dispuesto a explorar y disfrutar, por ejem- ambos, garantiza un poder, un plus de goce para el varón en
plo, los placeres de su propia pasividad. cuestión frente al cual él mismo abandona, exilia, el juego in- ·
Como podrá observarse, alrededor de esta zona del cuerpo finito de sus placeres. ·
de las mujeres se juega algo muy diferente de una discusión Como ya se sabe, el estilo de erotismo "típicamente" feme-
anatómica. ¿Qué cuestión política se juega alrededor de este nino suele ser complementario de un estilo de erotismo "típi-
"pene inconspicuo", como lo llamaba Freud? Más allá de que camente" masculino. Esta complementariedad no da cuenta más
Freud nunca pudo pensar la economía deseante propia de esta que de ciertas consecuencias que el disciplinamiento de los cuer-
zona sino que sólo pudo "verlo" como versión mínima del pene, pos de hombres y mujeres ha producido en el plano de las
¿por qué se volverá tan amenazante en la cultura musulmana estereotipias de género.
que deben cortarlo? ¿Por qué en la cultura occidental en este Podría pensarse que un hombre reprimido sexualmente es
último siglo se ha sostenido la sanción de inmadurez para el aquel que tiene dificultades de erección, eyaculación precoz o ·
placer que de él se obtenga? retardada, desgano sexual, etc.; sin duda éstas son formas que
Sin duda, las significaciones colectivas son imaginarias. Sí, cuando se vuelven frecuentes o estables, es decir, cuando se
pero no azarosas. Mientras en los primeros tiempos de la mo- transforman en síntomas, merecen la consulta a un especialista.
dernidad el placer sexual de las mujeres no era digno de ser Pero pueden encontrarse formas mucho más encubiertas de
tenido en cuenta, mientras el eje de la unión conyugal no tuvo inhibición del erotismo; son aquellos varones que paradójica-
como uno de sus principales referentes el erotismo de ambos mente tienen más y variadas relaciones sexuales. Esta gran
integrantes de Ja pareja, estas cuestiones no alcanzaban un productividad en las prácticas sexuales -cuando se organizan
nivel de preocupación moral o científica. en .clave fálica- suele disimular, aun para el caballero en cues-
En el mundo musulmán la infibulación es uno de Jos ritua- tión, sus restricciones eróticas.
· 1es estratégicos que hacen posible nada menos que la existencia ¿Qué se entiende por erotismo en clave fálica? Un hombre
del harén. 13 El gran señor sostiene su virilidad sobre mujeres que está "siempre listo'', que confunde o no diferencia los signos
enclaustradas, clitorotomizadas y vigiladas por eunucos. Cuán- físicos visibles de la excitación con !a pasión sexual. Ese profundo
ta gente sacrificada para que algún señor puede sentirse posee- deseo de un otro -otra a quien yo complete... por un instan-
dor de nna virilidad sin límites. te ... y que me complete ... por un instante.
¿Y en Occidente? ¿Qué sostiene la no existencia o las desca- Los signos físicos son, sin duda, condición necesaria, pero no
lificaciones de dicha zona, tanto en las prácticas eróticas, en las suficiente, para la pasión, clímax del erotismo. Muchos varones
significaciones o en la producción "científica"? ¿Qué se evita con pasan por la vida acumulando experiencias sexuales, cada vez
_estas estrategias? ¿Qué se deniega con estos mecanismos de Jo más experiencias, todas las posibles; cada vez más mujeres,
imagir¡ario social? También aquí la pasivización de las mujeres pero la pasión no llega. Sólo han tenido "relaciones sexuales";
sostieñe un tipo de virilidad masculina; garantiza un protago- sólo han tenido aproximacíones con el otro sexo, basadas en la
nismo erótico de los varones en tanto hace posible que el "en- excitación sexual. Suelen ser, la mayoría de las veces, relaciones
cuentro" erótico entre un hombre y una mujer se despliegue al que -más allá de la gimnasia desplegada- dejan en ellos,
ritmo monofásico de una particular forma -fálica- del placer. frecuentemente, sensaciones de vacío, de soledad o indiferencia
Ni él ni ella se encontrarán de este modo con la potencialidad, frente a su partenaire -sea ésta su mujer de toda la vida o la
por ejemplo, de orgasmos múltiples de ella. Habrá un solo or- más excitante jovencita; sea una mujer a la que se ama o una
gasmo "compartido" que si bien limita muchos placeres para compañera ocasional.
Son vafias las estrategias que un varón puede emplear -sin
13. Fernández, A. l\1. y Sikos, G., La fobia al placer femenino, Ed. CEl\1,
proponérselo- para no implicarse. Porque de eso se trata. En
Buenos Aires, 1980. · primer lugar, él dirige la acción. Semejante responsabilidad

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"'-"·"'--"
conspira contra el abandono necesario para que el erotismo marido sobre la esposa- 14 sólo puede sostenerse a través de ú:n:
apasionado advenga. Por otra parte, como es coqueto, y le proceso histórico-social de producción de una particular forma
importa mucho la opinión que ella tenga de él en cada de subjetividad, la pasividad femenina, por la cual la mujer se
performance, estará más atento a buscar los placeres de ella, aliena de la propiedad y exploración de su cuerpo, registro de
distrayéndose de los propios, confiando en la estimulación que sus deseos, búsqueda activa de sus placeres, etcétera.
le produce percibir cómo ella se excita con las habilidades que Si bien cada vez en más arnplios sectores sociales el acceso
él sabe poner en juego; confiando también en que su propio a las tecnologías anticonceptivas ha revertido sustancialmen-
placer estará en la penetración y eyaculación posterior; sin duda, te la alienación de su propio cuerpo como cuerpo reproductor
ésta llegará, pero algo falta en esa descarga. -aunque no se subestime su importancia-, no podría afirmar-
También, y en la misma línea, su partenaire es registrada se lo mismo en lo que respecta a la heteronomía del cuerpo
como el objeto de sus juegos, cosa que no está nada mal; el erótico femenino, donde su pasivización sostiene, aún hoy, tan-
problema radica en que si ella busca invertir la situación -por to la "actividad" del erotismo masculino como la conyugalidad
un ratito-- posicionarlo a él como objeto de las búsquedas y monogámica unilateral.
juegos de ella, como él es gentil, la deja, pero se pone tenso, no Este mantenimiento de la pasivización del erotismo de las
se.abandona, algo lo inquieta; no puede dejar de dirigir. Dirigir: mujeres se inscribe en un circuito más amplio de la produc-
ejercicio de un poder que genera tal plus de goce que hace · ción histórica de su subjetividad, uno de cuyos anclajes prin·
perder a quien lo ejerce el camino de su propia pasión. cipales es justamente la conyugalidad, lazo social para el cual
Los "beneficios" de estas restricciones son principalmente tal subjetividad se configura -aún en la actualidad- sobre la
dos: el ya mencionado plus de goce del ejercicio de poder -en pl"emisa de otra desigualdad, ya que habrá de celebrarse entre
el sentido de capacidad de afectar al otro más de lo que uno es un sujeto que despliega tanto su relación con el mundo como
afectado- y la garantía de que podrá entrar y salir cuantas su relación consigo mismo, desde una posición, ser de sí,•• y
veces quiera sin quedar implicado, es decir, sin el "compromiso" otro sujeto que estructura sus relaciones desde otra posición,
que la pasión generá en el enlace de los cuerpos, sin la intimidad ser de otro.
que la complicidad de la entrega sin reparos instituye. Este "ser de otro", desde donde las mujeres se posicionan,
El postergar tantas cuestiones en función del ejercicio del es -hasta ahora- la única posibilidad de sostener tal contrato
poder, el vivir como amenazante ser objeto de los juegos de ella, conyugal. Y es exactamente en este punto donde opera el mito
el pensarse atrapado si el cuerpo de una mujer lo implica, son del amor romántico.
también marcas que los mandatos culturales han dejado en las Una consecuencia esperable de la institución dicotómica de
subjetividades y en los cuerpos de los varones. un público racionalizado y un privado sentimentalizado es que
quienes habitan el privado y estructuran sus vidas en código
sentimental terigan una especial facilidad para vivir y soñar
historias ¡le amor. Esto en sí no tendría nada de preocupante;
3. La conyugalidad, más allá de las diversas _características aquello que merece ser subrayado en este punto no es la existen-
que ha adoptado a lo largo de la historia de Occidente, ha sido cia de historias de amor sino la presencia de .una subjetividad
secularmente la forma instituida del control de la sexualidad organizada en élave sentimental -por lo tanto fragilizada-, donde
de las mujeres. No sólo, como señ_aló Engels, para controlar su
descendencia legítima, sino para producir su propia percepción 14. Stol}:e, Verena, "Los trabajos de las mujeres", en Sociedad, subordie
de inferioridad. Una pieza clave en la gestión de sus fragilidades nación y feniinismo, tomo III, Bogotái Magdalena León, 1982.
ha sido la pasivización de su erotismo. Debe pensarse que el 15. En el sentido estilístico y político dado por los griegos al "dominio
matrimonio monogámico -esto es, el derecho exclusivo del de sí".

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junto a Jos sentimientos amorosos que unen a un hombre y a una En realidad, ella espera algo, que pasados los primeros tiem-
mujer se van instituyendo posiciones de poder que generalmente pos de la pasión, difícilmente llegará: una palabra, un gesto,
desfavorecen a las mujeres, en tanto los pactos y contratos que una mirada anhelante a través de la cual él confirme y
celebran los géneros se realizan entre actores no simétricos po- reconfirme a cada instante ese amor, y la confirme. Pero, en el
líticamente. vacío de palabra, de gesto, de mirada, el colapso. -- ·
Si esta afirmación pudiera ser materia de discµsión cuando ¿Por qué esa espera angustiosa? ¿Por qué esa búsqueda
se habla de µna pareja constituida, los procesos actuales de azarosa de señales de amor, que por otra parte -hay que re-
divorcio ponen en evidencia el costado brutal que el mito conocer- son generalmente escatimadas? ¿Por qué cuando tales
invisibiliza. El despojo económico que muchas mujeres obtienen signos del amor no llegan se producen verdaderos derrumbes
en estos pleitos, el desentendimiento económico y afectivo que narcisistas en gran número de mujeres?
muchos hombres despliegan en relación con la crianza cotidiana Confluyen aquí muchas cuestiones enlazadas. Para aislar una
de los hijos no hacen más que poner en evidencia cuestiones -tal vez no la más importante, pero sin duda significativa-,
que, si bien estaban presentes en el matrimonio antes de disol- señalaremos que en tantc muchos varones pueden organizar su "
verse, eran encubiertas por un plus de implicación de sus ex sexualidad en clave fálica y por lo tanto circulan por diversos y
inujeres. 16 a veces simultáneos objetos eróticos y/o amorosos, esta entrada
El mito del amor romántico -como todo mito- exalta al- y salida de enlaces eróticos diferentes no pone en juego su valo-
gunas cuestiones y deniega otras. Se intenta problematizar aquí" ración personal" ya que son los otros hombres, y no las mujeres,
la invisibilización que se produce en el proceso donde para que los que les otorgan sus reconocimientos narcisistas.
el ideal amoroso se realice en algo, es necesaria la fragilización Pero en el caso de tantas mujeres, el hombre en cuestión no
de la subjetividad de las mujeres. es sólo su objeto amoroso sino también quien suministra sus
Antes de avanzar en este punto, es pertinente distinguir esa reconocimientos; por lo tanto, al quedar unidas ambas instancias,
maravillosa enajenación y dependencia mutua que suele ser el ellas permanecen aisladas en enlaces subjetivos en fuerte de-
amor, de los procesos de apropiación y violentamiento de género pendencia. Esto suele dificultar su circulación por objetos eróticos
que el mito deniega. simultáneos, y el pánico frente al abandono guiará muchas de
Esta subjetividad en clave sentimental -presente aun en sus conductas insensatas. 19 Si él no la mira, mira a otra, la
muchas mujeres con independencia económica o protagonismo abandona para siempre o por un instante, se pierde mucho más
público- crea condiciones para un tipo particular de depen- que un objeto de amor, está en juego su valoración, su reco-
dencia. por la cual ella espera tal vez demasiadas cosas del nocimiento, su narcisismo. Y en el vacío de palabra, de gesto,
amor de un hombre. En ese deseo desesperado de reconocí- de mirada, el colapso.
" miento vive angustiada, se deprime, sufre todo tipo de enfer- Frente a estas "realidades" suelen inferirse características
medades psicosomáticas. 17 Si es "moderna" ostentará algún de la condición femenina. El problema es de qué condición fe-
amante, pero nada evitará ese estar siempre al borde de un menina hablamos. Suele pensarse la existencia de algo inhe-
ataque de nervios. rente al ser femenino, a universales edípico-estructurales por
los cuales "la mujer" queda envuelta en esta búsqueda en su
deseo de reconocimiento, más que en el reconocimiento del deseo.
Si el criterio es descriptivo puede decirse que muchas muje-
16. Plus de implicación que generalmente deben incrementar después del
divorcio.
17. Giberti, E., "'Mujer, enfermedad y violencia en medicina", en La mujer 18. Más bien la estimula.
Y la violencia ini1isible, Giberti, E. y Fernández, A.M. (comps.), Buenos Aires, 19. Por ejemplo, subordinar al pacto de la pareja su desarrollo en el
Sudan1ericana 1 1989. ~ mundo público.

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res podrían "reconocerse" en esta narratfva, pero si el criterio
· ..
patrimoniales ni la gestión económica, pero sí sobre los "bienes
es causaJ-jnterpretativo es importante hacer una advertencia .. simbólicos" de los hijos, en tanto productora de sentido, nomi-
No otorgar al ser aquello que es el precipitado de una histórica nadora de sus actos y sentimientos, productora de mandatos y
y pertinaz fragilización, aquello que es el resultado político del deudas que por simbólicas no serán menos opresivas. La fami-
desconocimiento. ¿Por qué algo tan obvio como que si histórica- lia nuclear "necesita" de una figura sobreinvestida de la Madre,
mente se nos ha desconocido, denegado, invisibilizado, necesa- a Ja cual pagarán fuertes tributos no sólo las mujeres, sino
riamente habremos de buscar -con avidez, a veces incluso in- también los hijos y el marido. Pasividad erótica en la
sensatamente- un reconocimiento que no llega? conyugalidad, balanceada no sólo con histerias y diversas
De todas formas queda una pregunta abierta; ¿por qué las sintomatologías y rechazos sexuales. Balanceada con prácticas
mujeres seguimos esperando tal reconocimiento de quienes maternales que no pueden ni quieren escapar de un sospechoso
pareciera que no pueden otorgarlo? plus de actividad.
Tal vez la ilusión de que el amor de un hombre puede re-
dimir los exilios y destierros sea uno de los resortes a través de
los cuales el mito del amor romántico mantiene su eficacia -
y su violencia- simbólica. 4. Hay una relación intrínseca entre la pasivización de la
actividad erótica de las mujeres y ciertas formas de abnegación
maternas. Granoff y Perrier han señalado al respecto que la
Desde la modernidad, el discurso de la naturaleza femeni- maternidad sería la perversión femenina propiamente dicha.
na, los mitos mujer = madre, de la pasividad sexual de las Luego de afirmar que en las mujeres no puede identificarse Ja
mujeres (con su correlato necesario, la doble moral sexual) y el presencia de perversiones al estilo del fetichismo en los hom-
. discurso heroico del amor moderno, trabajó eficaz y productiva- bres, dicen:
mente, gestando sus significaciones imaginarias sociales para
garantizar el claustro hogareño de la mujer burguesa y la pro-
ducción de la fragilización de dichas mujeres en el "ser de otro". E:s cierto que, en tanto ausente o imaginario, tal como es
Tales operadores también gestaron dos cuestiones que, si bien aprehendido el fantasma, el hijo podrá ser uno de los elemen-
complejizan el análisis, permiten eludir planteas maniqueos. tos significativos centrales de la neurosis maternal. Pero en la
La primera es que las contradicciones producidas por Ja medida que también es objeto real manipulable, se presta de
tensiól:) entre los discursos liberales e igualitarios de la moder- modo único a la vertiente perversa de las aptitudes femeni·
nidad, y las instituciones, las prácticas y los valores del enclaus- nas. 21
. tramiento y la desigualdad femeninos crearon las condiciones
para '11!.s importantes transformaciones en las exposiciones de
género que se pueden observar ya comenzado el siglo XX. Si hay una relación intrínseca entre manipulación y prácti-
La segunda es que el mismo proceso de sentimeptalizacíón ca perversa, ¿por qué son los hijos y no los hombres los objetos
del espacio privado familiar otorgó una forma de poder a la erótic.os que las mujeres tienen "al alcance de la mano"? ¿Por
mujer-madre. 20 ¿Qué poder? Obviamente, no sobr_e los bienes qué estos autores señalan la ausencia de perversiones al estilo
fetichista en las mujeres?
20. Schmukler, B., "Familia y dominación patriarcal en el capitalismo",
en Sociedad, s.ubordinación y feminismo, Vol. III, Bogotá, 1'1agdalena León, 21. Granoff, W. y Perrier, F., El problema de la perversión en la mujer,
1982.
Barcelona, Grijalbo, 1980. La bastardilla me pertenece.

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Con independencia de toda consideración moral, para 5. ¿Cómo se producen individuos fragilizados? Sin duda; a
instituirse como sujeto de alguna perversión hay que posi- través de múltiples focos de fragilización, en innumerables plie-
cionarse, en primer lugar, como sujeto. Las mujeres en nuestra gues del plano social. En la actualidad, en la fragilización de
cultura en tanto con mayor frecuencia se posicionan -o son las mujeres pueden localizarse estrategias centrales en esta
posicionadas- más como objeto que como sujeto erótico no cuestión ya no sólo en las discriminaciones en el mundo públi·
constituirían "verdaderas" perversiones, salvo la maternidad. co, denunciadas incansablemente por los movimientos feminis·
¿Por qué algo tan sacralizado en esa misma cultura como la tas, sino también en las instituciones del mundo privado, en la
maternidad constituiría para estos autores una perversión típi- privacía, en la intimidad amorosa de los enlaces y desenlaces
camente femenina? La razón de esta posibilidad estaría dada con el otro género.
en lo manipulable y en Jo real del objeto hijo/a. En rigor de
verdad, el maternaje es la única práctica social-erótico-amorosa.
donde Ja Mujer-Madre puede instituir prácticas eróticas activo- La trilogía Mujer =Madre, mito del amor romántico y de la
manipuladoras sin condena moral. pasividad erótica femenina, inscrita en un particular ordena·
miento dicotómico de lo público y lo privado, ha hecho posible
Es interesante observar que en la base del plus de activismo la construcción histórica de una forma de subjetividad "propia"
característico, por ejemplo de la sobreprotección materna, estos de las mujeres entre cuyos rasgos se ha mencionado un posicio·
autores señalarían un rasgo perverso. En igual sentido, si se namiento "ser de otro" en detrimento de un "ser de sí" que
toma como referente el trabajo clínico con mujeres, puede ob- vuelve posible su fragilización a través de diversas formas de
servarse una frecuente correlación en la que aquellas madres tutelajes objetivos y subjetivos.
"excesivamente madres", sobreprotectoras, en un uso arbitrario Es necesario señalar una vez más que esta forma de sub·
· de su posesión de los hijos/as, suelen ser mujeres que presentan jetividad no es algo inherente a un ser femenino sino que
· un tipo de erotismo en el que predomina el franco rechazo o la constituye el precipitado histórico de su lugar subordinado en
evitación disimulada de prácticas eróticas con su compañero: la sociedad. En tal sentido es que en capítulos anteriores se ha
negarse, buscar excusas, aceptar relaciones sin excitarse; sue- otorgado a la cuestión de la producción de subjetividad una
len expresar que no las atrae la vida sexual, y suelen decir dimensión política.
también que nunca o rara vez obtienen orgasmos en prácticas Esta mujer ilusoria, pero más real que las mujeres, crea
de penetración peniana. condiciones para un doble movimiento; por un lado coarta, pone
Obviamente, tanto ellas como sus maridos y lamentable- diversos techos al movimiento histórico de autonomización
.. mente con frecuencia sus psicoanalistas, suelen considerar es- económica, simbólica, erótica y subjetiva de las mujeres que lo
tos ra§gos como la evidencia de una patología sexual. Serían intentan, pero, por otro lado, el malestar de estas interdicciones
mujeres sexualmente inmaduras, o infantiles." Es interesante produce el fermento revulsivo indispensable para inventar esa
aquí observar cuánto del exilio erótico de las mujeres se silen- imaginación radical, instituyente de aquellos deseos que, al no
cia en esta particular nomenclatura . Cuántos dolores se silencian anudarse al poder, imprimen en cada gesto cotidiano las
para mantener la casa en orden. microviolencias necesarias de esta transformación social.

22. Dio·Bleichmar, E., El feminismo espontáneo de la histeria, Madrid,


Adotraf, 1985. -

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