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MES DE MARZO

CONSAGRADO A

S A N JOSÉ)
COMO ABOGADO PARA ALCANZAR
UNA BUENA MUERTE

MA D R I D
A P O S T O L A D O D E LA P R E N S A
SAN BERNARDO, NÚM. /
1926
CON LICENCIA ECLESIÁSTICA

Tipografía Católica; dan Bernardo, 7.—Madrid.


INVOCACIONES
Jesús, José y M aría, os doy el co­
razón y el alm a mía.
Jesús, José y M aría, asistidm e en
la últim a agonía.
Jesús, José y M aría, m uera yo en
paz en vuestra compañía.
(Pío VII, 28 de abril de 1807. 100 días de
indulgencia por cada Jaculatoria, 300 por
las tres.)
ÍNDICE
P á g i.

I n t r o d u c c i ó n ................................................................ 9

Modo de hacer con fruto esta devoción. 11


Mes de Marzo consagrado a San José... 16
Los Siete Domingos en honor del Santo
Patriarca........................................... 163
Novena en honor de San José............... 172
Triduo en honor de San José.. . . . . . . . . 189
Oficio piadoso del Patriarca San José.. 191
Letanías de San José............................. 199
Preces dirigidas al Santo para obtener
una buena muerte............................ 201
Misa en honor del Santo......... ............. 208
INTRODUCCIÓN

En este sencillo Mes de Mwizo he­


mos procurado reu n ir todas aquellas
prácticas que nos han parecido más
a propósito p ara celebrarlo digna­
mente. Hemos tenido especial empeño
en hacer algo serio y como prepara­
torio para obtener del Santo una bue­
na m uerte, mezclando las devociones
con la meditación. P a ra estas últim as
nos hemos-servido de los autores clá­
sicos en la m ateria, pues sería pueril
pensar que nosotros lo habíamos de
hacer mejor.
iii '\ff\ff\ii j/uTi^jTW^if í t f 1/ A T O F

MODO DE HACER CON FRUTO EL MES DE


MARZO EN HONOR DE SAN JOSÉ

De rodillas ante una imagen del


Santo, y, si puede ser, en la iglesia,
con el Santísimo Sacram ento expues­
to, empezaremos diciendo:
Benditos y alabados sean el Santísi
mo Sacram ento del A ltar, la P u rísi­
ma e Inm aculada Virgen M aría y el
Glorioso P a tria rc a San José. Así sea.
P or la señal, etc.
ORACION PARA TODOS LOS DIAS
Poderosísimo patrón del linaje h u ­
mano, am paro de pecadores, seguro
refugio de las alm as, eficaz auxilio de
los afligidos y dulce consuelo de des­
amparados. José gloriosísimo, el úl
timo instante de mi vida ha de llegar
sin remedio, y mi alma, sin duda, ha
de agonizar terriblem ente acongoja­
da ron la representación de mi mala
vida y de mis muchas culpas*; el paso
12 M ES DK SAN JO S É

a. la eternidad ha de serme sumam en­


te espantoso ; el demonio, mi común
enemigo, me ha de com batir con todo
el poder de su infierno, a fin de que yo
pierda eternam ente a mi Dios ; mis
fuerzas, en lo n a tu ra l, han de ser n in ­
gunas ; yo no he de tener en lo huma -
no quien me a y u d e ; desde ahora,
pues, p ara entonces te invoco, P adre
m ío ; a tu patrocinio me acojo, asíste­
me en aquel trance para que yo ’ño
falte en la fe, en la esperanza, ni en
la caridad. Cuando tú m oriste, tu
H ijo y mi Dios, tu Esposa y mi Se­
ñora, ahuyentaron los demonios, para
que no se atreviesen a com batir tu
espíritu. P o r esrtos favores, y por los
que en vida te hicieron, te pido que
ahuyentes tú a estos mis enemigos, y
acabe yo la vida en paz amando a J e ­
sús, a M aría y a. ti, José mío, para
alcanzar lo cual te consagro este Mes
de Marzo.

DESPUES DE LA MEDITACION DIARIA

P a ra obtener del Santo P a tria rc a


las gracias que en este mes le pedimos,
rezaremos siete veces el Padrenuestro,
Avemaria y (¡-loria P a tri, en memoria
M ES D E SAN J O S ¿ 13

de los siete dolores y gozos que sintió


cu esta vida.

I
Viendo encinta a til Esposa,
divino A tlante,
tu dolor volvió en gozo
la voz del ángel.
(San Mateo, í.)
Padrenuestro, Avemaria y Gloria.

II
Cuando a C risto naciendo
viste ta n ¡K>bre,
te alegró verle en tan tas
adoraciones.
(San Mateo.)
Padrenuestro, Avemaria y Gloria.

III
A 'Jesús cuando viste
circuncidarle,
Con su nombre tu pena,
pudo tem plarse.
(San Lucas, i.J
Padrenuestro, Avemaria y Gloria.
14 MES DU SAN JO S É

IV
Si sentiste el presagio
de m orir C risto,
Os dió gozo el anuncio
de redimirnos.
(San Lucas, 2 .)
Padrenuestro, Avemaria y Gloria.

y
Porque Herodes a Cristo
quiso prenderle,
en E gipto guardarle
supiste alegre.
( I s a í a s , ii) . 1
Padrenuestro, Avemaria y Gloria.

VI
Si al volver a Ju d ea
tuviste susto,
Nazaret fué el alcázar
de tu refugio.
( S a n M a t e o , 9.)
Padrenuestro, Avemaria y Gloria.

V II
Si os causó gran tristeza
perdido Cristo,
M BS D B SAN JO S É '5

al hallarle fue el gozo


más excesivo.
(San Lucas, i.)
Padrenuestro, Avemaria y Gloria.
Cada, uno pida ahora a San José lo
que necesite y le convenga;
ORACION FINAL A SAN JOSE

Gloriosísimo P a tria rc a José, fidelí­


simo esposo de M aría y padre de «Je­
sús : En unión del am or con que el
Eterno Padre encomendó su amado
Hijo Jesucristo y la Sagrada Virgen
María a vuestro cuidado, yo me en tre­
go a \o s desde hoy por todos los días
de mi vida, y singularm ente encomien­
do mi alm a y cuerpo a vuestra custo­
dia en el trance de la muerte. A vos
elijo por mi prim er P atrón después de
María S a n tísim a ; en vos pongo mi
consuelo y esperanza,. para que todas
mis cosas se dirijan por vuestros mé­
ritos, todas m is obras se dispongan
conforme a la voluntad divina ; y os
suplico me recibáis por Vuestro perpe­
tuo siervo, p ara que siempre os sirva,
y logne con vuestra intercesión la g ra ­
cia de Jesús y la protección de Ma­
ría. Amén.
DIA 1

Excelencias de la fam ilia de San José.


(Luc. 1.)
Si amáis a San José y deseáis rendir­
le vuestros homenajes, comenzad desde
el prim er dia del mes que le está consa­
grado, a conocerle más y más. Así le
am aréis como él se merece y podréis
ofrecerle un culto digno y oraciones
más humildes y confiadas. *
Procurad conocer la perfección de su
naturaleza. Según las palabras del san­
to Evangelio, que son las que hemos
de m editar, San José es, después d$
su Esposa inm aculada, la c ria tu ra m ás
perfecta que Dios ha dado a la tie rra .
Jacob engendró a José, dice el E van­
gelio.
La raza privilegiada de la cual nació
San José, semejante a la más bella y
pura de las flores, era el tronco máa
antiguo, más derecho y m ás vigoroso
de su pueblo. El reúne en sus perfec­
ciones todas las virtudes de sus ascen­
dientes (¡ne habían sido durante varios
I
D ÍA PR IM E R O ‘7

siglo® una raza de P atriarcas. L a lon­


gevidad, la vida, a la vez de pastores y
de reyes, la piedad, todo, en una pala­
bra, liace reconocer en los antepasados
de San José los caracteres que forman
del hombre el padre y el rey de la Crea­
ción. Su larga vida contem plativa les
daba una ciencia profunda de las obras
de Dios. Veían a Dios a través de sus
ol ras y contemplaban sin cesar el Sér
infinito, el Creador del cielo y de la
tierra, P adre misericordioso, Juez ple­
no de justicia. Puede, en verdad, de­
cirse. que el espíritu de adoración y de
piedad residía en ellos.
A estas virtudes de rafea, cada uno de
loe P a tria rc a s añadía una virtud per­
sonal. Adán, el espíritu de penitencia ;
Enós, el culto público de Dios ; He-
noch, las virtudes predilectas del Se­
ñor : la hnmildad y la generosidad ;
Noé, la ju s tic ia ; Abraham, la f e ;
Isaac, la pureza ; Jacob, la constancia.
Sin duda, en medio de los desórdenes y
de los crímenes del mundo, antes del
Diluvio, los hijos de Dios debieron
afligir más de una vez el corazón de
su Padre celestial. Después del D ilu­
vio, la raza de los P a tria rc a » estuvo
exenta de todo reproche. Lloraban en
l8 M BS D E SAN JO S É

presencia, de Dios y aceptaban las en­


fermedades y la m uerte como venidas
de su mano. E ste castigo, por una
parte, y algunos siglos después la cau­
tividad de Egipto, fueron p ara los
descendientes de Adán y Abraham el
beneficio de una expiación que les era
necesaria.
•Esta purificación completaba la san
gre fu tu ra de San José ante la sangre
real. A Io b reyes les es preciso el va­
lor, el am or del pueblo, ju n to a la devo­
ción, junto a l sacrificio, el celo del rei­
no de Dios y de su ley, la paciencia, la
prudencia, la solicitud del bien común,
la magnificencia, la grandeza del alma
y el am or a la justicia.
Todos los reyes descendientes de D a­
vid no practicaron perfectamente cada
una de estas virtudes. Pero ¿ quién ha
arrancado a su corazón culpable los ge­
midos desgarradores de David? Y
¿ quién poseía en ta n alto grado el am or
de Dios, el sentim iento de sus benefi­
cios, el celo de su gloria, el respeto a
su autoridad, el reconocimiento, el he­
roísmo, el am or del pueblo y la p a­
ciencia?
Al esplendor del t^ono debían suceder
la pobreza y la oscuridad, a fin de que
D ÍA PR IM B R O

esta sangre bendita se enriqueciese to ­


davía con nuevas virtudes y se perfec­
cionare aún má-s la raza de la cual
había de nacer José. S ufrir con pacien­
cia, am ar el trabajo, el deber, la fam i­
lia, someterse a la voluntad de Dios,
callar a n te la injusticia de los hombres,
no conocer la envidia, g uardar las m a­
nos puras de los bienes y de la sangre
de los otros, servir a su país, dar siem­
pre buen ejem plo: he aquí las virtudes
de los pobres y de los ignorantes, las
nuevas virtudes practicadas por la raza
p atriarcal y real que debía tra e r la sa­
lud del mundo. E lla las practicó en c ir­
cunstancias excepcionales. Los males de
la p a tria fueron numerosos durante es-'
te p eríodo: sin embargo, las m iradas
y la esperanza del pueblo de Dios no
se fijan sobre ninguno de los descen­
dientes de David. D urante más de tres
siglos, la raza, de David lleva sobre su
corazón el peso de una p a tria ruinosa.
E sta ruina se precipitó sobre los abue­
los de San José, y no solamente sobre
la patria, sino tam bién sobre su fam i­
lia'. San José tuvo que dejar su pue­
blo y ganarse el pan como un obrero
cualquiera. La perfección de su belle­
za. corporal, la perfección aún mayor
20 M ES DE SAN JO S É

de su bella alm a, sus virtudes, sus


cualidades, nadie las veía.. Semje-
jante a la lám para del santuario
en la noche y en un templo desierto, él
brillaba sólo delante de Dios. Sin em­
bargo, ninguno de los P a triarcas ha­
bía amado a Dios ta n perfectamente
como é l ; ninguno había gobernado su
fam ilia ni su pueblo como él gobernaba
su co razó n ; ninguno de los reyes de
Judá había sentido el celo de la glo­
r ia de Dios y el amor a la> p a tria con
la intensidad de San José ; ninguno de
sus antepasados había guardado la p u ­
reza virginal como é l ; ninguno había
observado la ley de Dios como é l ; nin
guno tan humilde, dulce, silencioso y
paciente, como él.
¡Oh, José! ¡Yo me regocijo'con el
pensamiento de vuestra s a n tid a d ! Os
felic*it;> por hab; ros amado y favorecido
Dios en ta n alto grado. Espero firme­
mente que os veré un día en el cielo,
al lado de María., vuestra Esposa ; al
lado de Jesús, que fué llamado hijo
vuestro. ¡ Oh, qué júbilo poder contem­
p lar las maray illas que Dios ha opera­
do en v o s! Entonces mis pálidas ideas
de vuestra perfección y de vuestra glo­
ria serán ilum inadas por la verdad :
DÍA PRIMERO 21
4

entonces uniré mi voz a la de la celes­


tial milicia. ¡ Oh, santo mío! P o r vues­
tra s plegarias obtenednos de la divina
misericordia la dicha inmerecida de ve­
ros en el cielo.

EJEMPLO

Exito favorable en los estudios, obtenido


por intercesión de San José.
Un Joven solicitaba de Dios cierta mer*
ccd que iba unida al buen éxito de sus
estudios,' pero por mucho que oraba no lo
conseguía. Llegó a sus manos un librito
fiel P. Huguet acerca de los Dolores y Go­
zos de San José, y el Joven acudió al
Santo con este obsequio, para conseguir
su protección. Durante un mes rezó las
oraciones que el libro contenía, pero no
hallaba la solución deseada. Sin desani­
marse, comenzó otro mes, y nada. Parecía
que el Santo se desentendía de él, o que­
ría probar su constancia. Unió a las ora­
ciones cotidianas del libro una súplica a
la Virgen para que sus oraciones fueran
más eficaces. Al íin un día se deshicieron
todos los obstáculos y se vencieron todas
las dificultades, y, colmado de felicidad,
aquel joven pudo decir a los que le rodea­
ban, lo mismo que en otro tiemno el pue­
22 MBS DB SAN JO S É

blo de Sichar a la Samaritana: aAhora creo


en la eficacia del auxilio de San José, no
por lo que me dijisteis en otro tiempo, sino
por lo que he visto yo, por lo que he oído
y por lo que yo mismo he experimentado.»

D IA 2
Dignidad de San José.
Quizás piense alguno tener una idea
completa de la perfección de San José.
No ; el resumen precedente no se apro­
xim a siquiera a la realidad. E s una re ­
gla general seguida por la Sabiduría
infinita, nos asegura San B em ardino
de Sena, el dar con abundancia a los
hombres destinados a cualquier fun­
ción las gracias necesarias p a ra llenar
sus deberes. Dios escogió a San José
p a ra ser el esposo de M aría.' Procurad
comprender el tesoro de gracia supues
to por una cosa tan única.
No nos detendremos en buscar com­
paraciones que nos ayuden a penetrar
en el santuario de los dones del casto
esposo de la Madre de Dios. .Este frío
de la tie rra no sabría comprenderlo,
pero los siglos no vieron ni verán nada
semejante ; lo que la tie rra no sabría
hacer, el cielo lo hará. ¡ A rriba los co­
D ÍA SEG UN DO 23

razones! H asta los cielos, y h asta loe


cielos de los cielos, porque no se­
rán los elegidos ni las jerarquías a n ­
gélicas loe que podrán instruim os,
sino que será la Santísim a Trinidad.
En el seno del Dios Todopoderoso
no tuvo otro esposo M aría que el E s­
píritu Santo, procedente del P adre y
del Hijo.
Pueden distinguirse dos puntos en
la tercera Persona de la Santísim a
Trinidad : su vida divina, eterna, y su
misión en el tiempo. Su misión nos
ayudará más tard e a comprender la
función asignada a San José en la
Iglesia. A hora sus relaciones con las
otras dos Personas divinas nos reve­
larán el puesto de J osé en la Sagra­
da Fam ilia, y, por consecuencia, una
parte de sus gracias. Destinado a vi­
vir con la Virgen Inm aculada, se le
asignó el prim er lugar en el seno de
la Santa- Fam ilia, y José tenía que
ser muy parecido a la Virgen M aría y
a su Divino Hijo. El es la raíz de
Jesé, y María es el tallo coronado dé­
la flor divina, del Niño de Belén.
¿H ay mayor alabanza que d ar a San
José?
D urante tre in ta años su corazón
24 M US DE SAN JO SÉ

humilde y generoso lia. recibido las


efusiones del Sagrado Corazón de J e ­
sús y del Corazón Purísim o de Ma­
ría. Sin su fidelidad, ¿hubiera sido
posible su vida a l lado de la Trinidad
terrestre? ¡ Ah, qué abismos de san­
tid ad nos descubre esta verdad en el
alm a del bienaventurado José!
El E spíritu Santo procede del Padre
y del H ijo como de. un solo prin-
cfipio. Parece que ninguna analogía
puede hallarse con San José, cuyo
nacimiento, según el orden del tiempo,
es muy an terio r a l de la Madre de
Dios. Pero hay un orden superior al
del tiempo, y es el orden de los divi­
nos decretos. E n el pensamiento de
Dios, el fin fué la E n carn ació n ;
los medios más inm ediatos para, ese
fin son la m aternidad divina y la pre­
sencia de José dentro de la Sagrada
Fam ilia en calidad de esposo de Ma­
ría. Y el esposo de la Madre de Díom
debió ser tal. que. hablando de él a
Jesús, pudo tfecir M a ría : «Tu padre
y yo.»
P o t fin. la tercera Pei*sona de la
Santísim a T rinidad es el beso del
am or recíproco del Padre y del Hijo,
el lazo de su unión etern;^.
O IA SKG UND O 25

Luego de su m uerte, el Señor co­


mienza su vida pública y, por consi­
guiente, se separa de su Madre. He­
cho misterioso que no puede ser sino
gloriosísimo p ara San José. El amor
recíproco de la M adre y del H ijo no
se a lte ra por ningún acontecimiento.
A pesar de esto, la vida en común ce­
sa con la p artida del P adre putativo.
La lengua hum ana no sabría expre­
sar las riquezas y las perfecciones de
vuestro corazón, de esposo, ¡oh, José!
Qué los ángeles las canten, que Ma­
ría las proclam e: de nosotros recibid
el silencio, este silencio ¿respetuoso,
qme es tam bién una alabanza.
¡ Oh, S eñ o r! Ob suplicamos que nos
ayudéis por los m éritos del esposo de
vuestra divina M adre a obtener una
candad perfecta, Vos, que vivís y rei­
náis por los siglos de los siglos.
Amén.

EJEMPLO

U11 joven de Lyon, de vida muy edifican­


te cuando niño, hasta el punto de creer
sus padres que abrazaría la vida reli­
giosa, fué cambiando insensiblemente por
efecto de una mala compañía, y des­
26 M BS DB SAN JO S É

oyendo la voz de su piadosa madre, qui­


so, cual otro hijo pródigo, marchar de su
casa a conocer otros mundos. Con estas
locas ideas desapareció un dia del lado de
su familia, sin que hubiese medio de dar
con él. Acudieron a San José en aquel
trance, pidiéndole les iluminase para con­
seguir la vuelta de su hijo, y que toma­
se bajo su protección a aquel desgraciado
para que no pereciese. Mientras tanto, el
referido jovéñ; envuelto en toda clase de
vicios y hastiado de los placeres, empezó
a sentir vivos sentimientos de amargura
por su mal proceder. Deseando saber de
sus padres, determinó valerse de persona
de su confianza que le ayudase a encon­
trar la reconciliación de su familia. Y su­
cedió que, estando pensando en esto, re­
cibió carta de sus padres, que, llenos de
dolor, le suplicaban que volviese a su lado
y que sería bien recibido. Como tenía
buen corazón, se sintió mudado por com­
pleto Interiormente, volviendo a casa de
sus padres para empezar una nueva vida,
digna- de sn primitivo fervor.
DIA 3
JoBé, guardián de la Sagrada Familia.

El corazón de San José era el tem ­


plo donde el E spíritu Santo habitaba,
no solamente a la m anera como habi­
ta en el alm a de los justos, sino de
modo especial, como convenía a un
miembro de la Sagrada Fam ilia. So­
bre todo, el E sp íritu Santo puso en
el corazón de San José, por medio de
la Virgen M aría, un am or de esposo
que era como una imagen, una repro­
ducción creada de su propio am or hacia
la Virgen Inm aculada.
José, el hombre fiel, respondió a la-
acción del E spíritu Santo y su am or
hacia la Esposa virginal crecía y se
perfeccionaba sin cesar, hasta llegar
a form ar con E lla un solo corazón.
Sin embargo, el Verbo Eterno había
pronunciado sus prilnerua palabras
humanas : había dado a nuestro glorio­
so Santo el dulce nombre de padre.
Vos sólo. ¡ oh, San José !, os creisteis
siempre indigno de este honor, de
este júbilo. É l Todopoderoso, que quiso
daros el títu lo incomunicable de pa^
28 M iS DK SAN JO S É

<lre de una Persona divina, envió su


E sp íritu a vuestro corazón porque le
encontró capaz de am ar a semejanza
suya a su Divino H ijo. Asi, el mismo
E spíritu, que representabais visible­
mente cerca de Muría, era ante Jesús
una digna imagen del P adre celes­
tial. «La virtud del Muy A lto os cubri­
rá con su nombre», dijo el ángel a
M aría. E sta virtud -cubrió y llenó
también el alm a de San José. Consi­
deremos, pues, la perfección de san­
to por la cual hizo de padre con J e ­
sús.
En la Trinidad terrestre, San José
es el más oculto de las tres Perso­
nas : no se le oye hablar ni se le ve
o b r a r : es Jesús, es M aría, quienes
nos dicen las virtudes y la santidad
de José. Sin embargo, él es la provi­
dencia de la Sagrada F a m ilia ; él es
el jefe, el que ejecuta las órdenes
que Dios le transm ite sobre su Esposa
e Hijo. A su lado Jesús aprenderá
las lecciones prim eras de esa obedien­
cia que le llevará hasta el Calvario,
hasta la m uerte en la cruz. E l go­
bierna, pero i con cuánto am or y res­
peto ! El se d a cuenta de la perfec­
ción que es necesaria para cum plir
d ía t e r c e r o 29

fidelísiinamente la voluntad de Diots,


que le había establecido como jefe de
la Sagrada Fam ilia.
Un poco de reflexión nos m ostrará
que para ser durante tre in ta años tan
perfecto en el ejercicio de la autoridad
y de la práctica de la hum ildad, es ne­
cesario que el E spíritu Santo comuni­
case a José en toda su plenitud la g ra ­
cia de gobernar, y San José, siempre
dueño de sí mismo y-de todos los mo­
vimientos de su alm a, supo responder
a, esta gracia extraordinaria con toda
perfección. ¿ Respondemos así nosotnos
a las inspiraciones de Dios y al fin
para que estamos en esta vida?
José, como el P a^re Celestial, vivía
una vida toda interior, es decir, una
vida oculta en medio del mundo, con­
sagrada únicam ente al am or y al ser­
vicio de Jesús y M aría, lío engendró
un hijo igual a él, pero por la continua
contemplación y el continuo am or del
H ijo de Dios, su alm a la. imagen
de Jesucristo. Su hum ildad hacía pa­
sar por el corazón purísimo de Ma­
ría, Esposa del E spíritu Santo, todos
los sentimientos suyos hacia el Hijo
de Dios, que él llamaba su hijo..
; Oh, .Tose bienaventurado! Vos go­
30 MUS DJJ SAN JO S É

za^teis de Dios en, esta vida, y verda­


deram ente erais digno de ello. Escu­
chad por medio de Jesús, vuestro hijo,
y de M aría, vuestra Esposa, la ora­
ción que os dirige la Iglesia.
A Vos recurrim os en nuestra* t r i ­
bulaciones, bienaventurado San José,
y después de haber implorado el so­
corro de vuestra Santísim a Esposa,
solicitamos con confianza vuestra pro­
tección.
Proteged, ángel guardián de la Sa­
grada Familia-, la raza elegida por
Je su c ris to : preservadnos, ¡ oh, padre
am antísim o!, del error y del pecado*:
sed nos propicio y asistidnos en todas
las tribulaciones del alm a y del cuer­
po, y cuando lleguemos a la hora de
la. m uerte, no nos abandonéis!
Defended la S anta Iglesia de la
herejía y otros errores, y, en fin, no
nos neguéis vuestra protección, a fin
de que sostenidos por vuestros ejem­
plos y socorros, vivamos santam ente y
después de m orir gocemos de la bea­
titud en el rielo. Amén.
DÍA T E R C E R O 31
EJEMPLO

En el año 1831 vomitó el Vesubio tal di­


luvio de fuego y cenizas, que, como un rio
que, sale de madre, cubrió las comarcas
vecinas, en particular el sitio llamado
«La Torre del Griego». En este lugar vivía
una mujer llamada Camila, muy devota
d‘3 San José. Viendo ésta el peligro que le
amenazaba, cogió a un sobrimto con guien
estaba y salió huyendo; mas a los pocos
pasQs se vió cercada de las llamas sin en­
contrar otra salida <iue la de echarse al
mar, por si nadando podía salvarse. En
aquella angustia, dudando si pasar por
encima de las llamas o tirarse al agua,
abandonó al niño, poniéndolo en manos
de su Santo Protector, diciéndole: «San
José, yo os encomiendo a vuestro Josefi-
to, salvadle.» Dichas estas palabras, y no
habiendo tiempo que perder, salta atreví,
da hacia el mar. El salto fuá de los más
felices, pues en vez de hundirse en las
olas, dió con su cuerpo en un banco de
arena sin hacerse daño. Levantóse ansio­
sa de ver a su sobrino desde allí, y obser­
vó que la llamaban por su nombre. Esta
voz era la de aquél, que venía a ella lleno
<Je alei?ría. «]Oh, Dios mío!—exclamó, es­
trechándole entre sus brazos—. ¿Quién te
ha hecho cruzar por encima de las ceni­
zas y del fuego?» El niño respondió, con
32 M ES D E S a n josá

sonrisa: «San José, a quien me encomen­


daste, me cogió de la mano y me trae a
este sitio.» Al instante la devota Camila,
llorando de alegría, se puso de rodillas
para dar gracias a su bendito protector
por los dos milagros que acababa de ha­
cer a la vez: el uno preservando a su so­
brino de las llamas que iban a abrasar­
le, y el otro librándola a ella de las olas,
en donde naturalmente debía haber cal­
do y quedado sumergida.

D IA 4

La prueba de San José.

San José, según hemos visto, había


recibido todas la» gracias convenien­
tes a mi celestial misión. Pero, a pe­
sar de esto, su humildad ocultaba, a
sus ojos sn maravillosa' perfección ;
él ignoraba su vocación, en virtud de
la cual había sido colmado de gracias.
El sabía únicam ente que era el espo­
so, designado por Dios, de la Virgen
m ás pura de I s r a e l: m alm a sentía
por esto un reconocimiento inmenso
hacia el Señor.
Pero lo que él ignoraba le va a ser
D ÍA CUARTO 33

revelado: la sublim idad de las g ra ­


cias de M aría, su Concepción inm acu­
lada, el m ilagro del E sp íritu Santo,
que hace de E lla la Madre de Jesús y
la puerta del cielo (1) ; la parte, en fin,
que él mismo había de tener en el
cumplimiento de los designios de la
misericordia y del am or infinito.
¿Cómo se le hará esta revelación? ¿JEn
qué momento? ¿ E n qué circunstan­
cias?... M ientras que su alm a está
abism ada por el dolor y su corazón
torturado por la más cruel de las a n ­
gustias. ¡ El d o lo r! ¡ C uántas cosas
aprende el que quiere su frir con Je su ­
cristo y poseer su alm a en la pacien­
cia ! ; Quizás este dolor era necesario
para preparar el corazón de José a
las gracias inefables que habían de
inundarlo! ¿Quién conoce las exigen­
cias de la Pureza. In fin ita? Es cierto
que Ior favores di\inos Ron ordinaria­
mente precedidos de una purificación
dolorosa proporcionada a estos m is­

il) El nacimiento de Cristo sucedió de


esta manera: Estaindo desposada su Ma­
dre, María, con José, se halló que había
concebido en su seno por obra del Espíritu
Santo. (Mat. I.)
M«8 de Marzo. 3
34 M BS D E SAN JO S É

moti favores. Quizás el dolor, que for­


tifica y engrandece el alm a, era nece­
sario a San José a fin de que pudiera
recibir, sin rendirse, el júbilo celeste
de que su alm a iba a llenarse. Quizá#
p ara que m ejor comprendiese los mis­
terios dolorosos de n u estra redención,
que estaba destinado a ver, y las
agonías que nuestra salud harían su­
frir a l H ijo y a la Madre. Quizás, en
fin, servirían p ara preparar su corazón
a recibir con más perfección las prue­
ba® y las persecuciones que habían de
caer sobre la Sagrada Fam ilia. Los
secretos de la divina sabiduría no nos
pertenecen ; nunca podremos pene­
t r a r en los fines de nn solo acto divi­
no ni comprender toda la bondad que
lo guia. Dichosa el alm a que se aban­
d o n a a ella sin reserva, y que nunca
inquiere la razón de su conducta.
E sta alm a, a ejemplo de San José,
está siempre silenciosa, no tr a ta de
com unicar sus penas a un mundo que
por su frivolidad no las comprende­
ría : ella no pierde tiem po en pronun­
ciar palabras inútiles n i en lan zar re ­
proches in ju s to s : sólo desea ser ig­
norada p ara m ejor com unicar su a l­
ma con Dios. ¿Ella guarda su dolor en
DÍA CUARTO 35

el silencio, esperando el momento de


las resoluciones prudentes, dignas de
ella misma y de Dios, que la prueba.
E n las circunstancias en que se en­
contraba San José, era preciso un
dominio y u n a santidad muy g ran ­
des p a ra no salirse de esta línea de
conducta.
M aría, ¿n o vería toda esta pena in ­
terior de San José? Su silencio se
explica fácilm ente. E lla no era dueña
del secreto del Rey del Cielo, no tenía
permiso p a ra revelarlo, y a pesar de
su compasión hacia su esposo, no po­
día hablar, pues su obediencia era
perfecta. E l dolor de San José pene­
tró en el alm a de M aría más profun­
dam ente que en el de su mismo espo­
so, pues am aba la Virgen a San posé
como no podía él comprender.
¿C uánto tiem po plugo al Señor la ­
cerar con ta n cruel dolor a estas dos
alm as, las m ás queridas de su cora­
zón entre todas las criaturas? Lo igno-
noramos. Sólo sabemos que San José
resolvió h u ir de la compañía de Ma­
ría y que Ella leyó en el rostro de San
José esta decisión extrem a. ,Es verda­
deram ente un espectáculo divino el
que estas dos alm as ta n santas sean
36 M ES D E SAN JO S É

presas de un dolor de esta clase y que


este mismo dolor sirva p a ra lleyarlos
a mayor perfección.
¡Oh, José!, cuántas m aravillas se
entrevén en vos desde los prim eros
días de vuestra entrada en la Sagrar
da Fam ilia.
Y cuanto más penetra mi alm a en
vuestra vida, tan to más se apodera
de mí la confusión y la vergüenza,
comparando vuestros ejemplos de hu­
mildad, paciencia y generosidad, con
mis faltas cotidianas de soberbia, ira
y egoísmo. ¿Qué son mis pruebas
com paradas con las to rtu ra s que su­
frió vuestro inocente corazón? Y mien­
tra s que el dolor os eleva, a mí me
abate y entristece.
jO h. gran Santo!, no os olvidéis de
m í : no miréis mi m iseria y atended
a los méritos de vuestro Jesús. Obte­
nedme, en recuerdo de vuestras an ­
gustias. la gracia de conducirme cris­
tianam ente en las pruebas que Dios
mo envíe, a"fin de que mi vida glorifi­
que al Señor p a ra que E l tenga m i­
sericordia de mi alm a a la hora de la
m uerte. Amén.
DÍA CU ARTO 37

EJEMPLO

Un abogado del Parlamento del Delfi-


nado, que se hallaba en Lyon durante la
peste de 1638, vió a uno de sus hijos ataca­
do de aquel mal pestilencial, con todas las
señales de muerte próxima. Este caballe­
ro era muy devoto de San José, y a él acu-
dió en aquel trance, prometiéndole, si vol­
vía la salud a su hijo, acudir durante
nueve días seguidos a su iglesia y oír
Misa y encender algunas velas en su ho­
nor: además, colocar en ella un exvoto
con Tina inscripción que recordase el be­
neficio recibido por su intercesión. Los
médicos, cuando fueron a visitar ál enfer­
mo y vieron el estado tan deplorable en
que se encontraba, dispusieron que inme­
diatamente fuese llevado al lazareto, di­
ciendo que no le quedaban más que dos
horas de vida. La orden de los médicos
fué ejecutada; pero apenas llegó al laza­
reto el joven, cuando se sintió repentina­
mente curado. El padre, reconocido a su
glorioso bienhechor, cumplió al instante
el voto que había hecho.
DIA 5

Varón justo.

Así explica este pasaje San B ernar­


do, fundado en la tra d ic ió n :
«En el fondo del corazón herido de
José, el E sp íritu Santo adm ira y nos
invita a adm irar con E l un sufrim ien­
to tan vivo y resignado a la vez, que
excita la adm iración del cielo y de la
tierra. Este noble sufrim iento nacía
de su am or por la justicia. La p rác ti­
ca de esta justicia e ra quizás más
difícil que la ral mu, y la plena pose­
sión de sí mismo.
Ser justó es dar a cada uno lo que
le es debido. ¿Cómo respondería en
este momento a Dios, que le había
entregado m ilagrosamente a M aría
por Esposa? ¿Qué conducta exigía de
él mismo su propia dignidad? La ley,
con sus prescripciones, le m arcaba el
camino que debía seguir, ffero su am or
a la justicia le defendía de estos pen­
samientos. ¿D ebería someterse él a
estai Lev dada por Dios, y, sin em bar­
go, cruel e in ju sta en aquellas cir-
D ÍA Q U IN TO 39

eunstancias? ¿Qué podría él decir


a M aría (1), si e ra la pureza sin tacha
y la santidad eminente? E l hecho evi­
dente y a la vez m isterioso que él
observaba en María., le consternaba, y
sin embargo sentíase inclinado por el
E spíritu Santo a am arla cada día
más. ¿ E ra justo este amor? ¿Y no
«tria injusto tam bién d ejar de am ar
a la más amable, la más p u ra y la
más san ta de las criaturas? ¡ Qué sen­
timiento» tan opuestos, qué lucha en
las tin ie b la s!
' Reflexionemos. P o r la gloria de Ma­
ría y por sn propia gloria, José te ­
nía el pensam iento de lib ra r a su
Esposa de las manos de los hombres.
La virtud de su Esposa perm anecía
indiscutible en el alm a del P a tr ia r c a ;
sólo ru m aternidad era m isteriosa.
Dios no le había hablado, el ángel no
había sido añu enviado. E ste silencio
de Dios y de su Esposa le parecía que
le marcaba, cuál había, de ser su volun­
tad y su deber. Alejarse de M aría,
privarse de ad m irar e im itar sus vir­

il) José, su esposo, siendo como era


justo, y no queriendo infamarla, determi­
nó dejarla secretamjente. (Mat. I.)
40 M ES D E SAN JO S É

tudes, ¡ cuán doloroso era para, su cora­


zón y qué pérdida p a ra su vida espi­
ritu a l! No se consideraba digno de
habitar cerca de Ella, n i de ser testigo
del m isterio que M aría llevaba en su
seno. E n esta* incertidum bres y a n ­
gustias, él aceptaba la prueba que
Dios le enviaba y sufría en silencio,
considerándolo como un deber sagra­
do. Y el Señor no se apresuraba a
enviarle el ángel ni ordenaba a Ma­
ría revelar la verdad, ¿ P o r qué? ¿No
sería p a ra que San José adquiriese
en esta d u ra prueba el valor y las vir
tudes todas que debía reu n ir el elegi­
do por Dios p a ra velar por M aría y
su divino Hijo?
Cuán adm irable es, ¡ oh, glorioso San
José!, vuestro am or por la ju sti­
cia ! ¡ Cuán digno de elogio vuestro
tem or de ofender a Dios, violando este
secreto por u n a determinación pre­
cipitada ! j Qué bella esta gravedad
p atriarcal que os hace ser dueño de
vos mismo, sumiso al Señor en lo más
recio de la tem pestad!
He aquí el verdadero dominio de sí
mismo, la sujeción absoluta a Dios.
Mi corazón goza a l contem plar tanta,
perfección y se hum illa considerando
DÍA QU INTO

mi flaqueza en las pruebas que Dios


me envía. Un gesto, una palabra, im ­
prudente, un capricho no satisfecho,
me im pacientan y abaten. ¿Qué sería
de mi alm a, tan poco acostum brada
al vencimiento propio, en u n a prueba
como la del Santo P atria rc a ?
¡ Oh, San J o s é !, interceded en fa ­
vor m ió ; obtenedme que el amor a la
justicia modere en todas las circuns­
tancias de mi vida los impulsos del
corazón, dirija mis pensamientos, mis
acciones y mis palabras. Amén.

EJEMPLO

Un estudiante estaba reducido a no po­


der seguir sus Estudios por causa de su
mala salud. El catedrático le aconsejó quo
hiciese una Novena en honor de San José,
y el estudiante resolvió hacerla, con fir­
me esperanza de sanar. Pero apenas la
comenzó, cuando se encontró mucho peor
que antes, de modo que le fué forzoso
guardar cama. Viéndose en este estado,
en vez de desmayar, dijo con confianza:
«Tanto mejor; con esto se verá más mani­
fiesto el poder de San José.» Y, efectiva­
mente, así fué, porque al fin de la Nove­
na se encontró perfectamente sano y con
fuerzas para volver a emprender sus es­
' 42 M ES D E SAN JO S É

tudios, y poder seguir a sus condiscípu­


los. Poco tiempo después, habiéndole avi­
sado su hermana que estaba enferma, le
respondió que él sabía un remedio espe­
cífico que la curaría; que no tenia más
que invocar p. San José, y que el que ha
bía curado al hermano curarla también a
la hermana.

D IA 6

El consuelo.
Dice el Evangelio, que estando J cmpí
con este pensamiento, se le apareció
en sueños un ángel, que le d ijo : «No
temas, José, hijo de David, en rete­
ner a M aría por Esposa, porque obra
es del E sp íritu Santo lo que Ella ha
concebido.» (Mat. I.) Rayo es éste de
luz sobrenatural qué disipa las duda»
terribles que agitaban su alm a, cam ­
biando en alegría el dolor y en venera­
ción la sospecha.. E l alm a llena de fe
y p u ra de José no dudó un solo mo­
mento de la verdad de esta revela­
ción : por el contrario, un bálsamo
dulcísimo penetró en su corazón, y su
prim er movimiento fué una acción de
gracia® fervienfte y tie rn a al P adre
D( A SEX TO 43

Eterno. Su hum ildad, ya profunda, hí-


zose m ayor, y aunque se reconocía in ­
digno de vivir cerca de su inmaculada
Esposa, prometió velar por E lla y por
el H ijo qne le iba a ser dado.
Ahora b ie n : ¿ qué ángel fué el que
llevó ta n g ra ta nueva a José? No se
sabe con certeza. Quizás fué San Ga­
briel, el ángel de la ¿Encarnación :
quizás San Miguel, el protector de la
Iglesia, el destructor de los planes de
Satanás ; quizás San Rafael, el guía
de Tobías... ; desde luego debió ser un
ángel de la prim era jerarquía. Cier­
tam ente que la devoción a San José
no estriba en cuál fuere el emisario
de Dios, sino en su santidad y p er­
fección.
En cuanto a las palabras del ángel,
son dignas del que las profirió y de
aquel a quien iban dirigidas. Breve­
mente son indicados los m isterios de
la Encam ación y de la. Redención.
Con una delicadeza infinita, el men­
sajero celestial, apoyándose en la pro­
fecía de Isaías, proclamó la virginidad
de la Madre de Dios y la divinidad del
Hijo de M aría. Las operaciones divi­
nas, cualquiera que sea la form a qué
place a. Dios darlas, producen el efecto
44 MBS DB SAN JO S É .

hacia el cual las encaminó su volun­


tad. Quiso El que José conociese to ­
do el m isterio de su am or hacia los
hombres, y la p arte que habían de to ­
m ar en el cumplimiento de él su E s­
posa y él mismo. José, en sueños, reci­
be la comunicación del ángel, y al des­
p e rta r siente la certeza absoluta de
qile lo revelado es el m isterio que h as­
ta entonces desconoció. José se había
m ostrado servidor perfecto y hom­
bre justo por excelencia durante la
tormenta.. La tentación a tra íd a por
su justicia y su perfección misma ha-
bría sido grande, pero también lo era
la recompensa dada a su fidelidad.
Dios no se deja vencer en generosi­
dad. Si había herido a José, E l mis­
mo le enviaba la m edicina; si había
cargado de tribulación a la criatura,
ésta no pudo encontrar un premio
más digno y grande, un bien semejan­
te al que acababa de recibir.
¡Glorioso P a tria rc a ! Vuestros hijos
proclamamos con júbilo que este bien
lo habéis merecido por vuestra fideli­
dad y paciencia. Nosotros queremos
im itaros sufriendo con longanimidad
los dolores que Dios se digne m andar­
nos, pero como somos déhiles e in ­
D ÍA SEX TO 45

constantes, os pedimos vuestra pro­


tección p a ra que, agradando a Dios
en esta vida, merezcamos, como voa,
el premio eterno en la bienaventuran­
za. Amén.

EJEMPLO

Un anciano que vivía én un pueblo cer­


ca de Lyon, en Francia, habiendo sido
atacado de la peste que desoló aquella ciu­
dad en el año de 1633, preguntó al señor
cura si no habría, fuera de los remedios
humanos, algún otro medio de salvarle la
vida. Y el cura le respondió: «No tiene us­
ted más que hacer voto de celebrar todos
los años la fiesta de San José, confesando
y comulgapdo, y de prepararse en lo . su­
cesivo para ella, haciendo una Novena,
en la que rezará usted siete Padrenues­
tros y siete Avemarias, invocando otras
tantas veces los sagrados nombres de Je­
sús, María y José.» El buen anciano hizo
el voto que se le propuso, y al instante
desapareció la peste con todos sus sín­
tomas.
DIA 7

José, esposo de M aría.


Después de la aparición y de las pa­
labras del ángel, José se tranquilizó
y recibió a su Esposa. (Mat. I.) Su co­
razón se desbordaba en diversos sen­
tim ientos, de alegría, dulzura, paz,
confianza y respeto hacia su Esposa.
¡ Qué grande y gloriosa aparece M a­
r ía a los ojos de San José, no sola­
mente como Santa, sino como Madre
del Mesías, como la Virgen cuyo H ijo
Emmanuel, había sido vaticinado por
los profetas, y cuyo esposo había de
ser él mismo. Y, a su vez, ¡ cuán reco­
nocida quedaría M aría a San José
por su noble y magnánimo corazón!
Así, la am arga prueba estrechó más
íntim am ente los dos corazones. Y
esta era la intención de D io s : m ani­
festar la m utua virtud y santidad de
ambos, y u n ir sus corazones en esti
ma y amor. E l m atrim onio había de
ser, sobre todo, una alianza y fusión
de alm as y voluntades.
Celebróse la boda en el tem plo de
Jerusalén pocos día* después. En
D ÍA SEPTIM O 47

verdad, era un m atrim onio contraído


«delante de Dios», sobre todo por las
soberanas virtudes y sentim ientos que
acompañaron a su celebración. Todo
era aquí sencillo, m origerado y san­
tísimo, expresión de virtud, de mo­
destia, pureza, y de piadosos senti­
mientos. E l cielo y los ángeles c an ta­
ban de júbilo, y el gozo que anim aba
los esposos era el mismo E spíritu
Santo. E ra un m atrim onio delante de
Dios y delante del templo, porque el
fin de esta, unión conyugal pertenecía
a Dios y a l templo, símbolo de la ben­
dición y del reino de Dios y del Hom­
bre-Dios que iba a venir.
I>e esta m anera, pues, obtuvo San
José a su querida Esposa M aría. El
enlace de ambos fué realm ente obra
de la divina Providencia, que bajo
todos aspectos se proponía por este
medio fines grandes y trascendenta­
les. E l m atrim onio fué, según la per­
suasión d e la Iglesia y de todos los
Santos Padres, un m atrim onio real y
verdadero. San José es, en efecto, el
esposo de María, y el padre legal de
Jesucristo. El Salvador le pertenecía
como hijo legal.
E ste m atrim onio es la últim a pre-
'4 8 MKS DB SAN JO S É

punición p ara la en trad a visible de


Jesús en este mundo. La casa de D a­
vid, derruida, es levantada de nuevo y
puede venir con honor a ella el eterno
Señor, el heredero de todas las pro­
mesas. E l m isterio de la divina E n ­
carnación, que por sabias m iras de
Dios no debe m anifestarse todavía,
es custodiado en las sombras d.e un
enlace m atrim onial ordinario, y ben­
dice a todo el m atrim onio con honra
y prerrogativas de gracia. M aría, con
este casam iento y con todas las c ir­
cunstancias con que se efectuó, reci­
bió en San José un esclarecido e irre ­
cusable testigo de su virginidad, un
apoyo firm e- y afectuoso, un conseje­
ro fiel, am paro y consuelo en su a r ­
dua misión. T a n to Kel estado de virgi­
nidad como el de m atrim onio tienen
en M aría y José un modelo y un po­
deroso protector. Sus m utuos tra b a ­
jos, cuidados y contrariedades de la
vida, recibieron desde este día valor
e im portancia p ara todo el reino de
Dios y entraron a la p a rte en la vida
del Hombre-Dios como elementos co­
operadores p ara la redención del
mundo.
Por fin, ¿qué ventajas le reportó
d ía s é p tim o 49

este m atrim onio a San José? Le oca­


sionó la inefable dicha del tra to in ti­
mo y diario con M aría, y m ás tarde
con Jesús, y le aseguró el respeto,
obediencia, am or y g ratitu d de toda
la fam ilia de quien era cabeza; ¡ qué
hombre ta n dichoso es, pues, San
José! En todo Israel no le hubo más
dichoso- y honrado.
A todos nos enseña este casam iento
que el estado del m atrim onio es un
estado de vida en sí santo y ordenado
por* Dios, y que los buenos m atrim o­
nios son realmente ajustados en el
cielo y pueden producir bendiciones
inenarrables en el mundo y en la Igle­
sia de Dios. Nos enseña cómo la divi­
n a Providencia obra sabia y eficaz­
mente en todos los trances y a través
de todas las dificultades, y que no
podemos hacer cosa mejor que, im i­
tando a San José, arrojarnos llenos
de confianza en los brazos de Dios.
Amén.
EJEMPLO
El venerable Gaspar Bono, de la Orden
de los Mínimos, tenía tierna devoción a
San José, y no cesaba de conversar en es­
píritu con la Santa Familia en la casa de
M<s de Marzo. 4
M BS D B SAN JO S É

Nuzaret: así es que tenía continuamente


en el corazón y en los labios estos nom­
bres sagrados: «Jesús, Maris, José». Estos
tres nombres eran para él como tres pa­
nales de miel, y así no es de extrañar que
no saliesen de su boca más que palabras
de la más suave devoción. En efecto, era
cosa bien agradable oír a este buen reli­
gioso, ora preguntase, ora respondiese,
empezar siempre con los nombres de Je­
sús, María y José. Estando ya cerca de su
última hora, quiso que los religiosos que
le asistian le repitiesen continuamente es­
tos nombres sagrados, para suavizar, con
esta melodía celestial, los dolores de la
agonía y angustias de la muerte. Y en
uno de los instantes en que pronunciaba
«Jesús, José y María» expiró apacible­
mente.

D IA 8

C a m in o de Belén.—El Nacimiento
de Jesús.
San Crisóstomo. señalando la ra p i­
dez con que los distintos hechos se su­
ceden en la vida de San José, asegu­
ra que ésta es una disposición de la
divina Providencia respecto de los
Santos.
DÍA OCTAVO 5 ‘

H abía llegado el tiempo en que Ma­


ría debía d ar su H ijo al mundo, y
por entonces se publicó un edicto
de Augusto, emperador de Boma, se­
gún el cual todos los reinos som eti­
dos a su cetro, entre ellos la Judea,
con sus moradores, debían ser empa­
dronados. La orden de em padrona­
miento de la Ju d ea fué llevada a cabo
por Herodes, procediendo, según a n ti­
gua costumbre, por tribus, linajes y
fam ilias, de modo que cada cabeza de
familia, p ara inscribirse, debía ir al
lugar de donde procedía su linaje. ¿El
adicto despertó mucha irritación en el
pueblo, mas José y M aría obedecie­
ron con resignación y paciencia, pues
sabían que todo viene de Dios y que el
Salvador había de venir al mundo en
Belén (1) ; y así, se pusieron en camino
hacia esta ciudad ambos esposos, te ­
niéndose que inscribir tam bién M aría,
por ser h ija única.
Se dirigían presurosos por todos los
caminos las antiguas fam ilias, ta l \ez
con aparato y haciendo valer su clase
y posición, hacia su ciudad natal. La
época del año era. el invierno y Diciem­
52 M ES D E SA N. J O S ¿

bre, cuando, por lo regular, en la tie ­


r ra de Prom isión sopla un viento im­
petuoso y caen grandes 11u ñ a s.
M aría y José cam inaban lentam en­
te, modestos, recogidos y llevando con
paciencia todas las inclemencias del
tiempo y de los hombres. M aría iba bien
cubierta sobre la cabalgadura y José
la conducía solícito y cuidadoso. El
camino duraba unos tres días y me­
dio, y al caer de la tarde del último
día, José y M aría llegaban a Belén,
encaminándose al albergue de- los fo­
rasteros. El albergue estaba ya ocu­
pado a su lle g a d a ; así que los dos es­
posos tuvieron que pasar adelante,
hasta que encontraron en las afueras
de la ciudad una m orada a. m anera
de cueva, que servía de establo. Aquí
se arreglaron lo m ejor que pudieron
para pasar la noche. Apena el cora­
zón pensar la m orada que tuvieron en
las circunstancias en que se encontra­
ba. la Virgen, porque estaba p ara dar
a luz ; y además porque M aría y José
pertenecían a la más esclarecida es­
tirp e de Belén, eran las personas más
cantas, los padres del Mesías, a quien
pertenecía Israel y el mundo entero, y
este Mesías tiene ahora que nacer ig-
D ÍA OCTAVO 53

iiorado y desconocido en un lugar


agreste y abandonado, como si fuera
un sér sin importancia^
En tanto, llegó la noche, y d u ran te
ella vino a esta tie rra la luz del m un­
do. M aría dió a luz a su unigénito
Hijo en un éxtasis de anhelo y amor,
y, como la fe nos enseña, sin dolor ni
quebranto ninguno de su virginidad.
Después de haber cumplido con El
los primeros deberes de m adre, llamó
a San -José; éste acudió y vió por
primera, vez el rostro de Aquel a quien
anhela m irar toda la Creación. Se
arrodilló con M aría, y antes que le m an­
d a n como padre, le adoró como a su
Dios, con una fe, un respeto y un am or
de que sólo su santo corazón era ca­
paz. Olvidó todas las tribuJaciones
con la vista, del Niño-Dios, de quien
él tenía que ser en este mundo con­
suelo. padre y todas las cosas.
Sólo una peña le aquejaba: la indig­
na mansión en que su Dios aparecía
por prim era vez en la tie rra , y no
poder él ofrecerle en aquel momento
más que su am or y su corazón. Reco­
noció también en este instante toda
su obligación para con este Niño y se
ofreció enteram ente a cum plirla. El
54 M ES DK SAN JO SÉ

debía sostener a M aría en sus cuida­


dos durante la juventud de Jesús. Con
la m irada y con el prim er abrazo del
Divino Niño, fue José revestido de
una santidad toda p u ra y adm irable.
¡Oh, José! Vos, que sentisteis vues­
t r a alm a, vuestra vida entera en pose­
sión de estas realidades divinas, y pu­
disteis expansionar los ím petus de a d ­
miración, reconocimiento, am or y bon­
dad..., obtenednos la bendición del Hijo
y la protección de la Madre. Alcan­
zadnos que nuestros dolores, soporta­
dos con- fe y resignación, merezcan ser
cambiados, como los vuestros, en gozo
y alegría . Rogad, sobre todo, para, que
alcancemos una buena m uerte, y libres
de las tra b a s de este mundo gocemos
por toda la eternidad de la visión de
Dios. Amén.
EJEMPLO

Un gentilhombre veneciano había toma­


do la piadosa costumbre de rezar todos los
días ante una imagen de San José algu­
nas oraciones; pero, por lo demás, pare­
cía ocuparse muy poco de las prácticas
esenciales de la Religión, y de la obser­
vancia de la Ley de Dios. Habiendo caído
gravemente enfermo, se temió mucho, tan­
DÍA O CTAV O

to por su salud corporal corno espiritual.


Por su buena dicha, vino a su socorro un
médico celestial, San José, en el tiempo en
que se desesperaba de su salud. El enfer­
mo vió con sus ojos entrar en la habita­
ción una persona perfectamente parecida
a la Imagen que él acostumbraba a salu­
dar todos los días. Este aspecto inesperu-
Jo, como si fuera un rayo de sol que pe­
netrara en un lugar oscuro, disipó en
un instante las tinieblas de su ceguedad,
y vió clara y distintamente todos los pe­
cados que había cometido por tan largo
tiempo, y esta vista fué acompañada del
más vivo dolor de todos ellos, e hizo una
confesión con abundantes lágrimas. Pero
la gracia más singular qüe le dispensó su
Protector fué que en el momento preciso
en que el sacerdote concluía la fórmula
de ln absolución, entregó su alma en ma­
nos de su Criador; y se puede creer que
el mismo San José la acompañaría' hasta
los pies del Soberano Juez para defender­
la, si aun fuese necesario.

DrA 9

Pobreza de Jesús, M aríá y José.


; Oh, pobreza, de Jesús. María y J o s é !
M ientras que loe habitantes de Belén,
56 M BS D E SAN J O s £

m ieutras que los pecadores indignos


de que la tie rra les sustente, se en­
tregan a un dulce sueño en cómodas
habitaciones, Jesús no tiene por casa
más que el antro de una ro ca ; lugar
oscuro, incómodo y malsano, que ni
aun tiene cerrada su e n tra d a al frío
y a los vientos. ¡ Gran Dios! ¡ Qué ano­
nadam iento ! ¡U n Dios nace en un
sitio que poco antes ha servido de re ­
fugio p a ra los anim ales!... ¡Jesús, el
pobre Jesús, ni aun tiene una casa, que
encontraría fácilmente el m ás pobre
m endigo!... Un pesebre de piedra en
que comen los animales, y un poco de
paja que se les ha quitado, es el lecho
en que descansan sus delicados miem­
bros. María., pobre como Jesús, se des­
nuda en parte p ara cubrir su cuerpo
aterido de frío. ¡ A h !, esta, es la, prim e­
ra vez que siente no tener alguna cosa
más para poder dar a su divino Hijo.
P o r su parte, si Ella padece, padece
con alegría ; pero ver padecer a J e ­
sús... Y vos, ¡oh, José!, ¿sois tam bién
pobre? ¡ Ah, sí! José no tiene más que
lágrim as y suspiros que ofrecerle ; es
pobre..., el fruto de su trab ajo se ha
concluido. ¡ Ah !, ¡si a l menos alguna
mano or.ritativa viniera a traerle a l­
DÍA N O VENO 57
guna cosa que comer, porque ya hace
tiempo que no lia tomado nada! Pero
es menester que su pobreza le haga su­
frir ; es m enester que estas palabras,
que parece están escritas por todas
partes en aquel tris te recinto, puedan
dirigirse a Jesús, como tam bién a Ma­
ría y a José : « Bienaventurados los po­
bres, porque de ellos es el reino de los
cielos». E l que h a de e sta r con Jesús,
tiene que ser p o b re ; no se tiene a J e ­
sús de balde ; y con El, ¿ qué nos puede
faltar? 11
Dios da a aquellos que am a lo mejor
y más precioso: ahora bien, ¿qué ha
dado a M aría y a José, que son las dos
criaturas que más ama? No les envía,
riquezas, antes bien las reduce a la in ­
digencia : luego la pobreza real, o al
menos la espiritual, es preferible a to ­
los los bienes terrenos. Así nos dice
el Apóstol, que «los que quieren ser
ricos, caen en la tentación y en los la ­
zos del demonio ; son agitados con mil
vanos deseos, inútiles y perjudiciales,
que precipitan a los hombres en la per­
dición y condenación» (1). ¡Oh, bendi
to San José! No perm itáis que se pe-

(1) Tim., 8, 9.
MES DE SAN JOSÉ

gue jam ás mi corazón a los bienes te ­


rrenos, que hacen perder de vista los
bienes celestiales, que nunca se pier­
den. Si soy rico, concededme la gra­
cia de que os im ite en el am or de la
pobreza, desprendiendo mi corazón de
mis bienes, y estando dispuesto p ara
perderlos sin pena y sin aflicción, si
así Dios lo dispusiere. Si soy pobre,
al menos me parezco a vos en e s to ;
pero no perm itáis que sea de aquello®
pobres ricos que no suspiran más que
por los bienes de fortuna, y que les
parece que no pueden ser felices sino
en el seno de la abundancia.

EJEMPLO

Cierta persona tuvo la desgracia de na­


cer de padres poco cristianos. Los ejem­
plos de que fué testigo durante su niñez
contribuyeron en gran manera a hacerla se­
guir el mismo camino; pero el Señor, que
había puesto los ojos en aquellá alma, salió
a su encuentro, como hiciera con San Pa­
blo en otro tiempo, y le hizo sentir de­
sabrimiento en aquel género de vida, y
gusto en las lecturas y Vidas de Santos,
hasta el punto de querer abandonar su
casa y acogerse al seno de la vida religio-
o ía noveno 59

sa; mas cuando lo quería hacer <sentía


al instante gran repugnancia. Acogióse a
San José, y entonces pareció oír una voz
interior que le decía que para entrar en
el claustro tenía primero que entrar por
otra puerta. No encontraba explicación de
esto, y .consultando el caso con una reli­
giosa de gfan virtud, le dijo ésta: «He pen­
sado muchas veces en ti, y siempre me
ocurría una cosa que no me atrevía a pre­
guntarte; pero hoy no sé por qué tengo
més ánimo para hacerlo: ¿Tú sabes sí es­
tás bautizada?; porque [es tanto el abando­
no en que te han tenido siempre en mate­
ria de Religión!... Si pudiéramos averiguar­
lo...» Entonces se dirigieron a un sacerdo­
te, que hizo varias diligencias; pero todas
inútiles, pues no se encontraba libro que
contuviese su fe de bautismo. El sacerdo­
te dió cuenta a los superiores eclesiásti­
cos, y resolvieron se bautizase la joven.
Tenía treinta y ocho afios, y gracias a San
José pudo entrar religiosa. En reconoci­
miento al favor recibido de San José, aña­
dió al nombre de María, que le habían
puesto, el de Josefa. Desde aquel momen­
to su vida fué una no interrumpida ca­
dena de favores que le otorgaba su San­
to Protector.
DIA 10

Adoración de los pastores.

L a santa y dichosa noche en que J e ­


sús vino al mundo, tuvieron San José
y la Virgen una segunda sorpresa y
alegría. Apenas habían Hecho al Salva­
dor el prim er homenaje, cuando se oye­
ron a la puerta de la g ru ta pasos y *o
ces de hombres que pretendían en trar.
E ran los santos pastores, que por m an­
dato de los ángeles habían venido a
ver y a adorar al Niño. Aunque ¿Jesús
tuviese junto a Sí dos adoradores en
espíritu y verdad ; y aunque los actos
de am or de los corazones abrasados de
M aría y de José supliesen las adoracio­
nes de todos los hombres, sin em bar­
go, su Corazón estaba sediento de ver
a sus pies aquellos hombres que El
amaba tanto. P a ra ftsto les envía un
espíritu angélico, pero encargándole
que escoja, sus primeros adoradores
pntro los pobres. El ángel se dirige a
unos pastores y lt's anuncia el Salva­
dor que arab a de nacerles, Aquel mis­
mo que estaban esperando hacía ta n ­
tos años. Ciertos do su nacim iento por
D ÍA D ÉCIM O ÓI

lii palabra del ángel, y por una luz bri­


llante que los rodea e ilum ina sus en­
tendimientos, a l mismo tiempo que en­
ciende en am or divino su» corazones,
parten al instante, y, acelerando el
paso, bien pronto están en la g r u t a ;
entran en ella, y ven a un lado a Ma­
ría con los ojos fijos en su divino Hijo,
que m ira atentam ente a su Madre, y
a otro a José sumerjgido en una pro­
funda meditación de este m isterio ado­
rable ; y ven tam bién a Jesús en me­
dio de ellos. La vista de este hermoso
Niño los llena de dulce alegría. ¿El Sal­
vador; que am a ¿i las alm as sencillas,
los ilum ina interiorm ente ; al momen­
to se postran, lo adoran y ofrecen a l­
gunos pequeños dones. ¡ Qué alegría
para M aría y José al ver que no son
ellos solos los que adoran y aman a
Jesús! Así, la amorosa M aría y el ben­
dito José, mirándolos como hijos adop­
tivos. los acogieron benignamente.
José los lleva junto a Jesús para que
lo vean y contemplen, y les refiere to ­
das las circunstancias de esta noche
tan trabajosa y feliz al mismo tiempo.
M aría quiere también hacerles ver que
los am a ; tom a a Jesús y le presenta a
aquellos pobres pastores : éstos besan
62 MES DB SAN JOSÉ

sus pies y m is manos, y en seguida se


retiran rebosando alegría y llenos de
amor por Jesús, María y José.
Entremos también nosotros en este
establo; encontraremos en él a José y
María, que nos llevarán a Jesús; pero
será a condición que pongamos todo
nuestro esfuerzo en hacer conocer y
amar a Jesús por todos los medios que
podamos. Si tenemos la dicha de co­
nocer y amar al Salvador, no dejemos
que arda este fuego solamente en nues­
tros corazones ; más hagamos que los
de nuestros hermanos ardan también
con las mismas llamas. Gocémonos
cuando vemos que Jesús es conocido,
amado y adorado; aflijámonos, por el
contraído, cuando viéremos que hay
cristianos que no le aman. ¡ A h !, re­
guemos, roguemos por ellos ; ofrezca­
mos a Jesús alguna mortificación para
que los convierta; demos buen ejem­
plo, y con esto podremos conseguir
que algunos conozcan y amen a Jesús.
¿Excitemos con nuestros avisos a las
personas que conocemos, para que le
amen y sirvan fielmente. Hablemos
siempre de Dios en nuestras conversa­
ciones y visitas : o al menos, tomemos
la resolución, en honor de San José,
DÍA DÉCIMO 63

de decir en ellas alguna palabra edi­


ficante.

EJEMPLO

L r niño de ocho años de edad se fué


con un mozo de su casa, a quien su amo
envió a podar un roble. Mientras el mozo
subía al árbol, el muchacho coge el hacha
y, queriendo dar con ella en el árbol, de
un solo golpe se partió el dedo pulgar,
quedándole' unido solamente por una tirita
de piel, y fracturó el índice en tres partes.
Lo llevaron bañado en sangre a su madre,
la cual, vivamente afectada a la vista de
las heridas, exclamó: «Poderoso San José,
Si vos 110 os compadecéis de mi hijo, que­
dará mutilado por toda la vida». Fué lla­
mado el médico, quien expresó los más
serios temores. «Estos dedos—di jo-^no vol­
verán a tener movimiento, o a lo menos ei
muchacho no podrá servirse de ellos*. Sin
embargo, hizo la cura. Mas jcuá,l fué su
sorpresa cuando, al cabo de unos días, los
encontró casi del todo curados! Hoy los
tiene perfectamente buenos y se sirve de
ellos como si no le hubiese sucedido nada
Unicamente le han quedado unas cica­
trices, evidentes testimonios de Ja grave­
dad de las heridas y de la protección de
San José.
DIA 11

Circuncisión del Salvador.


«Le pondrás por nombre Jesús, que
quiere decir Salvador, porque El ha de
librar a su pueblo de sus pecados.» Así
continuó el ángel hablando a José.
No basta a Jesús nacer pobre en un
establo para enseñarnos; no. le basta
ofrecerse len el pesebre como victima,
para aplacar el enojo de su Padre ;
sino que quiere, además, derramar su
sangre para hacer ver el amor que tie­
ne a los hombres. El amor verdadero
y fuerte no. se contenta con deseos;
sino que es necesario, para un corazón
que ama, hacer grandes cosas por el
objeto amado; ni queda verdadera­
mente satisfecho mientras puede pade­
cer alguna cosa por El. El Corazón de
Jesús no se ha podido contentar sino
derramando su sangre por loa hom­
bres. Así, le vemos someterse a umi ce­
remonia humillante y dolorosa: humi­
llante, pues que le ha confundido con
los pecadores; dolorosa. porque su
sangre corrió bajo el cuchillo de la
Circuncisión. ¡Oh, hombres!, parece
d ía once 65

decirnos. ¡;Ved ahí mi sangre, vedla


corr/er, ved cuánto os amo! Recoged
las gotas que caen y mezclad mi san­
gre con la vuestra para aplacar la ira
de mi Padre. José me pone el nombre
de Jesús. ¡ Ah, *ed cuán caro me
cuesta.! ¡ Cuán dulce debe ser este nom­
bre para vosotros!, pues que todas las
veces que lo pronunciéis, os traiga a la
memoria todo lo que he hecho por sal­
varos a vosotros, desgraciados, que sin
Mí estabais perdidos sin remedio. ¡ Ah,
qué dichoso soy de poderos salvar y
probaros con eso lo mucho que os amo!
Amadme también vosotros, y las prue­
bas de vuestro amor sean ftis obras,
padeciendo algo por Mí.
La mortificación, ora sea la volun­
taria que uno se impone a sí mismo,
ora la involuntaria que se sufre con
paciencia es la sal que conserva la
virtud, reanima la fe y aviva la cari­
dad. Si, pues, nos hallamos animados
del fervor, seamos mortificados para
conservarnos en este estado ; si, por el
contrario, nos hallamos tibios y des­
mayados en el camino de la virtud,
mortifiquémonos y recobraremos el
fervor. Por lo demás, ¿cómo puede ser
uno puro y casto si no es mortificado?
Mea da Marzo.
66 MBS DB SAN JOSÉ

Eso es imposible. ¿Cómo también po­


der hacer algún progreso en el ejerci­
cio de Ir oración si no sabemos pade­
cer nada, si no sabemos vencemos a
nosotros mismos, si queremos conten­
tarnos en todo? Óin duda qué se podrá
rezar, hacer algunas reflexiones; pe­
ro hacer progresos en' la oración, reci­
bir las luces extraordinarias del Espí­
ritu Santo, eso es imposible, como
lo asegura Santa Teresa. Probemos,
pues, a Jesús, que le amamos ; peío
no nos contentemos con deseos ; éstos
son buenos, es verdad, pero no son
más que flores, y si no llegan a dar
fruto, es necesario confesar que val­
drían bien poca cosa. ¡Oh, Jesús!,
vuestras palabras y ejemplos me ense­
ñan lo que debo de hacer ;. pero sólo
pertenece a vuestra gracia mover mi
corazón y darme fuerza para obrar.
; 0 h, José!, obtened la gracia de la
mortificación a este vuestro hijo, que
la desea con ansia. Amén.

EJEMPLO

De la milagrosa conservación de una


imagen de San José que se halla en la Ca­
pilla del Asilo de Huérfanos de San Vi-
DÍA ONCE 07

cerne de Paúl, en cierta ciudad, y del cas­


tigo de un sacrilego que trató de derri­
barla, se cuenta el siguiente relato: Era
el período más fuerte del terror. Cualquiera
cosa que recordase el culto católico se des­
trozaba y arrojaba por tierra. Cierto dia
uno de estos fogosos terroristas, como pa­
sara por la calle de Santa Eulalia, repa­
ró en la imagen de lían José que se en­
cuentra en la puerta. Al verla púsose fu­
rioso, y amenazando a la Imagen, prome­
tió echarla a tierra en unión de sus com­
pañeros al día siguiente, a la una de la
tarde. Los vecinos que oyeron las amena­
zas no dudaron de su audacia.
Aquella noche, que debía ser la víspera
del derribo, despotricó contra la imagen,
pidiendo hombres que le ayudasen a de­
rribar aquel signo de superstición. Ape­
nas le fué concedido por la Astimmea,
cuando el blasfemo empezó a dar gritos
espantosos, retorciéndose en convulsiones
horribles. Lleváronle a su caga, donde per­
maneció en aquel estado miserable hasta
la una de la tarde, hora indicada para el
derribo de San José, en que murió, dejan­
do a todos, aun4 a los mismos revoluciona­
rios, persuadidos de que aquello era un cas­
tigo del cielo; de modo que nadie se atre­
vió a derribar la imagen, y así quedó ésta
a salvo de la tormenta y ha llegado hasta
nuestros días.
68 MES DE SAN JOSÉ

D IA 12
Presentación de Jesús en el templo.

Dice el Evangelio, que llevaron bus


padres a Jesús a Jerusalén para pre­
sentarle en el templo.
.'Jesús, aunque niño, hubiera querido
poder derramar su sangre hasta la úl­
tima gota por la salud y amor de los
hombres; hubiera deseado que ya en
aquel tiempo los verdugos le hubie­
ran puesto en la cruz, para consumar
la grande obra de la Redención, pero
según los designios de su Padre, aún
no había llegado ese’ momento. Para
suplir a esto, quiso someterse, junta*
mente con su Madre (porque cuando
se trata de sacrificio jamás se separa
Esta de su Hijo), a una ceremonia en
la que se ofrecería, a su Eterno Padre
como víctima para reemplazar todos
los sacrificios que le habían figurado
hasta entonces.
María toma, pues, a Jesús entre sus
brazos, y José la acompaña, yendo l^s
dos de Belén a Jerusalén tan recogi­
dos que nada puede distraerlos, y así
se dirigen al templo. Pero ¡ qué es¡>e<:-
DÍA DOCH 69

táculo! Jesús, en los brazos de Mar


rla, como en un altar virginal, se ofre­
ce al Señor en sacrificio por los pe­
cados del mundo. A l mismo tiempo,
todos los que asisten a esta ceremonia,
se hallan en un estado de inmolación.
Simeón, aquel venerable anciano, hace
allí con José el sacrificio de su vida ;
Ana, kb profetisa, está extenuada con
las vigilias y ayunos ; y María, oyen­
do de Simeón que una espada de do­
lor atravesará su alma*, ¿no parece es­
tar ya bajo el cuchillo del sacriticador?
Y yo la veo hacer a Dios el sacrificio
de todas las alegrías que se prometía
tener en compañía de su divino Hijo.
Desde aquel momento, la espada pene­
tró el corazón de María y de José, y
toda su vida estarán llenos de amar­
gura y de dolor. ¡Oh, María! ¡Oh,
José! ¿Qué sentisteis entonces en
vuestros inocentes corazones?
El ittismo Jesús que se ofreció en el
templo, es el que se ofrece en sacrifi­
cio en la Misa.; ¿ asistimos nosotros a
ella con las disposiciones que tenían
María y José al presentar al Salvador
en el templo? Y, en primer lugar, ¿con
qué recogimiento entramos en nuestras
iglesias? ¿ Es de extrañar que estemos
70 MES DE SAN JOSÉ

tan poco recogidos en ellas, pues en­


tramos con el espíritu lleno de una
multitud de objetos exteriores que no
procuramos desechar de nosotros? En
segundo lugar, ¿ es muy viva nuestra
fe? ¿Pensamos que el mismo Jesús,
Rey de la Gloria, es el que baja, de los
cielos a la voz del sacerdote; que es
el Cordero de Dios el que se inmolai en­
tre sus manos? ¿ Pensamos que el al­
tar viene a ser un nuevo Calvario, en
donde su sangre corre de uuevo por la
remisión de los pecados? ¿Que enton­
ces rodean el lugar del sacrificio mul­
titud de ángeles que, penetrados del
más profundo respeto, se humillan en
la presencia, del Rey de los reyes? ¡ Ah !,
si nuestra fe fuera más vi\a, nuestro
espíritu estaría más recogido y ten­
dríamos más compostura. Imitemos,
pues, la piedad y fervor de José y de
María. La caridad infinita de Jesús le
hace bajar a nuestros altares para
ofrecerse como víctima por nosotros y
encerrarse, como cautivo, en nuestros
tabernáculos. Viene a presentarnos su
corazón adorable, tesoro de gracias
para enriquecemos, y hacemos ver lo
mucho que nos ama. ¿Y no le amare­
mos nosotros? Dejémonos cautivar de
DÍA DOCE 7 1
bu amor, y El abrirá sus manos para
derramar sus bendiciones sobre nues­
tra alma. ¡ Olí, M aría! ¡ Olí, José!,
concededme la gracia de imitaros, y
que en lo sucesivo, cuando asista al
santo sacrificio de la Misa, me repre­
sente que estáis a mi lado.

EJEMPLO

Un periódico de Turín roflere el caso si­


guiente: «Una buena mujer del pueblo te­
nía una hija que daba malos ejemplos a
sus hermanas. Afligidísima estaba la ma­
dre, y siempre que entraba en la iglesia
se arrodillaba ante la imagen de San José
para pedirle por la conversión de su hija.
Un día tuvo, la inspiración siguiente: Com­
pró una estampa lindísima de San José y
la introdujo en uno de los libros noveles­
cos que aquella mala hija tenía, aunque
pidiendo al mismo tiempo a San José lu
perdonase por el lugar en que lo dejaba,
y mirase )a intención con que lo hacía.
Volvió la hija y tomó el libro para leer, y
cuál fué su asombro al encontrar aquella
estampa tan linda de San José. «|Cosa ra­
ra!—exclamó—. ¿Quién habrá puesto aquí
esta estampa?- ¡No sé qué hacer con ella!»
A todo esto, la miraba con atención, y co­
mo le pareció tan bonita, no se cansaba
72 MES DE SAN JOSÉ

de contemplarla. Después leyó lo que de­


cía en el reverso, tornó a mirar a la Ima­
gen, y después..., después se echó a llo­
rar, tiró el libro y se sintió tocada viva­
mente de la gracia y completamente con­
vertida.»

D IA 13

Adoración de los Magos.


Después de la presentación de Jesús
en el templo, San José, con María y el
Ñiño, se volvieron a Belén.
Llevaban aquí algún tiempo, cuando
unos sabios extranjeros que denota­
ban ser de estirpe real, llegaron a Je-
rusalén y preguntaron dónde había
nacido el Bey de los Judíos. Asegura­
ban haber visto su estrella en Orien­
te y querían adorarle. Esta noticia,
completamente ignorada en Jerusaién,
puso en conmoción a HerodeB y al pue­
blo. lltrodes, con disimulo, trató de
enterarse de todo lo concerniente al
lugar del nacimiento, fecha y punto
donde tenía su residencia la Sagrada
Familia. LTna vez conocido cuanto de­
seaba, dijo a los Magos el lugar del
nacimiento y lee encargó que buscasen
DÍA TRECE 73

al Niño y que a su vuelta le dijeran bí


le habían encontrado, pues, deseaba él
también adorarle. Fueron los Magos a
Belén, y encontraron la morada del
Niño, que les fué indicada por la es­
trella que les anunció su nacimieuto.
Cuando San José supo su llegada, los
recibió con su cortesía habitual, in­
vitándoles a que viesen al divino In­
fante. Penetraron en la estancia don­
de -estaba la Virgen con su Ilijo en
brazos, y al ter al Niño-Dios se pos-’
traron ante El, y llenos de fe, reve­
rencia y humildad, le adoraron, ofre­
ciéndose con cuanto poseían. Pasado
un rato, durante el cual desahogaron
sus corazonlb en la presencia de aijnel
hermoso Niño, le ofrecieron los pre­
sentes que llevaban : entre otros, ha­
bía tres hermosos cofres que contenían
oro, incienso y mirra, que indicaban
los sentimientos de fe, amor y adora­
ción de que estaban llenas sus almas, a
la vez que simbolizaban la divinidad
del Niño, su realeza y su misión de Re­
dentor. JE1 Niño agradeció la adora­
ción y los dones de los Magos, pagán­
doles con innumerables gracias para
ellos *y para sus pueblos. Los Reyes, en
esta época, eran gentiles, pero más
74 MhS DE SAN JOSÉ

tarde se hicieron cristianos e introdu­


jeron la fe en sus países. Con pena se
separaron de aquella encantadora mo­
rada donde residía el Rey del cielo, y
con el corazón lleno de gratitud }
amor.
La vuelta a, su país no la hicieron por,
Jerusaléii, como Herodes lee había pe­
dido, porque durante la noche recibie-
rou en sueños la indicación de Dios
de que volvieran por otro camino, pues
Merodea pensaba matar al Niño.
María y José se alegraron infinita­
mente con la visita de los Magos, pues
éste era un gran honor, sobre todo
para María y su Hijo. De este modo
había recibido ya el niño la adoración
de los pobres, representados por los
pastores, y ahora la de la realeza, en
la. i>ersona de los Reyes.
La adoración de los Magoe nos en­
seña : Trímero, que ante Dios deben
humillarse, no sólo los pobres, sino
también los poderosos, pues en su pre­
sencia toda criatura es igualmente
polvo y nada. Segundo, la fidelidad a
las inspiraciones de Dios, viejndo cómo
los Reyes, una vez oído el llamamien­
to divino, nó vacilan en seguirle, y
esto no -de cualquier manera, sino con
DÍA TBECB 75

toda perfección. ¿ Seguimos asi nos­


otros los impulsos de la gracia y las
inspiraciones del cielo? 3 Ah, no! Por
desgracia, nos hacemos los sordos la
»mayoría de las veces, y si alguna vez
respondemos, ¡ de cuánta tibieza tiene
que reprocharnos la conciencia!
¡ Oh, Santo muy amado ! Obtenednos
de Dios la gracia de comprender y se­
guir su voz, de ser fieles como vos y
los Beyes a sus llamamientos. ¡ Rogad
por nosotros, a tíu de que obtengamos
la dicha de alcanzar la perfección en
esta vida y la salvación eterna en la
otra! Amén.

EJEMPLO

Es sabido cuánto tuvieron que sufrir los


establecimientos religiosos en el Piamonte
y er* Saboya a mediados del siglo pasado.
A consecuencia de estas pruebas,, se hallo
con grandes dificultades una casa religio­
sa el año 1855. La caia de la Hermana
Ecónoma estaba casi vacía. Pero lo que
más aumentaba la aflicción de las monjas
era una deuda de 2.000 pesetas, y no sa­
bían por dónde procurarse dinero para
pagarla. ¿Qué hacer? Pues muy sencillo:
acudir al Padre nutricio del Salvador, re­
curso de los indigentes. Faltaban ocho días
76 MKS DB SAN JOSÉ

para el vencimiento del plazo. Comenzaron


una Novena a San José. Hiciéronla con
fervor y confianza, y litigado el día se pre­
sentó el acreedor al cobro. La Hermana
Ecónoma no había .recibido nada; pero te­
nia mucha fe en que al terminar la No­
vena podrían pagar. Por tanto, rogó ai
acreedor que volviese a la hora en que
hubiesen terminado los rezos. San José
premió aquella coflanza. Un desconocido
se presentó en el convento aquella tarde
y entregó a la monja tesorera la cantidad
precisa. Desde entonces Ja devoción a San
José, que ya era grande, se hizo mucho
mayor en aquella piadosa comunidad.

D IA 14

Un ángel avisa a José por la noche el


peligro que corre el Niño.
No eHtará Jesús mucho tiempo sin
ser perseguido, y María y José lo se­
rán con El. Estando unidos a Jesús,
participarán de sus trabajas, pero
también participarán de su gloria.
Herodes, el cruel Herodes, manda qui­
tar la vida a todos los niños de dos
años abajo, a fin de que el nuevo Rey
de los Judíos no se le pueda escapar.
DÍA CATORCE 77

¿Qué vais a hacer, ¡oh, José!, para li­


brarlo de su crueldad? Lleno de con­
fianza en la Procidencia, que jamáa le
ha faltado, ni' aun sabe lo que se tra­
ma contra Jesús. Como Dios vela so­
bre los que confían en El, viene al so­
corro de José en el tiempo oportuno,
enviándole un ángel para advertirle
por la noche el peligro a que está ex­
puesto Jesús. 'Pero ¿ por qué no se pre­
senta el ángel a José por el día? Porque
quiere honrar y hacer conocer por este
medio la grandeza de su fe ; pues para
creer los misterios que le anuncian,
no tiene necesidad de ver con sus ojos
los embajadores celestiales resplande­
cientes de luz y de gloria. ¡ Qué ejem­
plo no nos da el Santo, en este caso, de
la fidelidad con que debemos ejecutar
las órdenes del cielo! ¿Y qué hubiera
sucedido si hubiera querido examinar,
esperar, diferir Ja ejecución de las vo­
luntades del Señor? ¡Jesús! ¿Qué hu­
biera sido de Tos? Poro, acostumbra­
do José a oír la voz de Dios y a eje­
cutarla, parece decir con su silencio,
como Samuel: «Vedme aquí, Señor ;
mandadme lo que queráis, y al instan­
te seréis obedecido; sea cual fuere
vuestra voluntad, yo la adoro ; y me
78 MSS DE SAN JOSÉ

tendré por muy dichoso en que queráis


manifestármela.» ¡ Oh, bendito San
•Tose!, alcanzadme la docilidad de
vuestro corazón.
Dios hace conocer su voluntad a los
hombres, aun a aquellos que no quie­
ren oír su voz ; pero no a. todos de la
misma manera. A loe unos se la hace
conocer valiéndose de una inspifación
secreta de su gracia que obra fuerte­
mente en sus corazones ; a otros, per­
siguiéndolos continuamente con dar­
dos de su amor ; otras veces, poniendo
en sus almas una amargura y descon­
tento que no les deja descansar hasta
que se han rendido a El ; otras veces,
es en una lectura, instrucción o con­
versación. vEi> efecto, ¿cuántas veces
no habremos oído en el fondo de nues­
tro corazón una voz que nos decía:
«Yo quiero todo tu corazón»? ¡Y nos­
otros hemos cerrado los oídos, hemos
endurecido nuestro corazón! ¡Cuántas
veces nos hemos sentido inclinados a
practicar la virtud y servir fielm ente
al Señor! Pero nos hemos visto dete­
nidos, aquí poT un hilo, a.llá por una
cadena que no hemos querido romper:
v Dios no ha podido alcanza r* la vic­
toria. ¡ Ah, Dios mío! , yo me he opues­
O ÍA CATOKCB 79

to a V os; yo me he atrevido a ser


más fuerte que Vos. ¡Ah, Señor!, yo
detesto mi vida pasada y os pido per­
dón de haber resistido tantas veces a
vuestra amorosa, voluntad. Dignaos vol­
ver a hablar a mi corazón, y seréis obe
decido. Sí, sigamos fielmente las ins­
piraciones de ia gracia, pues a esta
fidelidad deben todos los'Santos su sal
voción, como San Ignacio, San Agus-
tín, San Pablo, San Antonio, Santa
María Magdalena, San Francisco de
Borja y San Francisco Javier. Por e¡
contrario, los réprobos no se han con­
denado sino por haber resistido a la
gracia ; si están en los abismos, es por
no haberse aprovechado de las gracia*
que Dios lee dió. Si, pues, el día de
hoy, ¡oh, San José!, el ángel habla a
mi corazón, alcanzadme tan fuerte y
poderosa gracia, que triunfe para siem­
pre de mi obstinación.

EJEMPLO

En 1648 vivía en Nápoles un esclavo sumn


mente adherido a su religión. Inútiles hu­
bieran sido los esfuerzos que su amo hacía
por convertirle al catolicismo, si no acu­
8o MES DB SAN JOSÉ

diera, como acudió, a la que es Madre de


Misericordia. Esta gran Señora tomó ni
causa por suya, y en la noche del día de
la Asunción se apareció entre sueños ai
esclavo, a quien llamó por su nombre:
«Abel, Abel, despierta y escucha*. A esta
voz despertó, y vi ó en medio de una bri­
llante luz a la Reina del cielo, tal como
se la pintaba y presentaba su amo, para
convertirle. Iba acompañada de un ancia
no que llevaba un vaso de agua. Dirigien­
do la Señora a Abel la palabra, le dijo: «Yo
soy María, cuya imagen te han enseñado
muchas veces, y el que ves a mi lado es
mi esposo José. Yo quiero que te hagas
cristiano y te llames José». El esclavo se
negó, diciéndole que le pidiera otra cosa
en que la pudiera complacer, pero que
en esa, no. Entonces la Virgen, tocándole
los hombros, repitió: «Vamos, ^Abel, hazte
cristiano». El moro se rindió por comple­
to, abráfeó la Religión católica y ofreció
llamarse José. A continuación tomó María
el vaso que tenía José en la mano, y de­
rramando el agua sobre la cabeza de Abel,
le dijo: «Asi hará el sacerdote cuando te
bautice», y diciendo esto, desapareció. ‘ Al
día siguiente contó Abel a su amo todo
lo que había pasado, y éste, aprovechan­
do la oportunidad, llamó al instante al sa
cerdote, que bautizó a Abel y le puso por
nombre José.»
DÍA QUINCE 8l

D IA 15

Obediencia de la Sagrada Familia.

El ángel aparece en sueños a José y


le dice: «Levántate, toma al Niño y
a su Madre, huye a Egipto y perma­
nece allí hasta que te avise, porque
Herodes le busca para matarle».
Estas palabras son bien cortas y
precisas, pero ¿a qué dificultades no
está expuesta su ejecución? ¿Cuántos
obstáculos no se hubieran presentado
a un corazón menos obediente que el
de José? En primer lugar, esta orden
se le comunica por la noche, mandán­
dole que parta a-1 instante. ¿Por qué
no esperar siquiera a que amanezca?
No hay nada preparado para tan largo
viaje, y sin embargo, sería necesario
llevar algunas provisiones, porque ha­
brá que pasar por un país desierto, en
donde nó hay posadas ni habitaciones,
en donde ni aun se encuentra un ár­
bol para ponerse al abrigo de los ar­
dores del sol. ¡ Qué viaje para un
niño tan tierno y 1111:1 madre tan deli­
cada! ¿Por qué ir a Egipto? ¿No hay
algiin país más cercano, a donde po-
Mea de Marzo.
82 MES DE SAN JO S Í

derse retirar? ¿Por qué ir a tierru de


idólatras? ¡ A cuántos peligros no es­
tará expuesto en medio de ellos! ¿No-
es esto evitar un peligro para caer en
otro? ¿No podría Dios herir al prín­
cipe cruel que ha dado tales órdenes,
o al menos cubrir con su protección y
hacer invisible al objeto de sus pes­
quisas? En fin, ¿cuánto tiempo habrá
que estar allí? ¿Por qué no decirlo?
Asi hubiéramos razonado nosotros;
asi razonamos siempre; pero José no
hace esto ; antes al contrario,* sin re­
plicar una sola palabra, se levanta, se
acerca a Jesús y María, y los encuen­
tra a ambos durmiendo con apacible
y cT&lce sueño.
¡ Oh, Maríál ¡ Oh, Jesús! Vuestro
sueño es la admiración de los hombres,
y un hermoso espejo de la pureza, y
tranquilidad de vuestra alma. José los
despierta y comunica a María las órde­
nes del cielo. La inocente María, obe­
diente como su esposo, se levanta., toma
a Jesús entre sus brazos, estrecha su
tesoro contra su corazón, y se pone en
camino con José. ¡ Oh, pronta y ciega
obediencia, cuán hermosa eres! ; Qué
dulzuras y encantos encierras!
Obedecemos nosotros de la misma
DÍA QUINCB 83

manera? ¿No tenemos que replicar a


los que mandan, «cuando sus órdenes
no nos agradan? ¡A li!, entonces sa­
lamos muy bien presentar y aun exa­
gerar las dificultades que existen, y
aun muchas veces las encontramos en
donde no las hay. Faltos de véijdíidera
fe, temblamos obedecer, como si no
estuviera escrito: «El varón obedien­
te alcanzará victoria». ¿ Qué?, el ejem­
plo do José y de María, y el de Jesús,
que fué obediente hasta la muerte, y
muerte de cruz, ¿no condena nuestra
conducta? Pensemos, pues, una y otra
vez en Aquel que contra Sí mismo su­
f r i ó tal contradicción por los pecado­
res, para 4 ue no nos fatiguemos desfa­
lleciendo en nuestros corazones. Que
aún no hemos derramado nuestra san­
gre por haber obedecido. Aún no nos
han puesto a semejante prueba., y nos
hemos olvidado de la consolación que
signe a esta obediencia. ¡ (Ib. José!, al­
canzadme la gracia de que obedezca
prontamente a mis superiores, que ocu­
pan el lugar de Dios. Renunciemos a
nuestra propia voluntad, que es la que
puebla el infierno. «Quitadla^dice un
Santo— , y no habrá infierno» ; como,
por el contrario, la obediencia es la
84 MBS DB SAN JOSÉ

que puebla el cielo. Haced, ¡oh, glo­


rioso Santo!, que vuestros hijos imi­
ten vuestra obediencia.

EJEMPLO

San José salva la vida a Sania Teresa y


sus compañeras en un viaje.

En un viaje que hizo Santa Teresa cou


varias religiosas, para ir a fundar un Mo­
nasterio, que llamaron de San José, ia*
libró el Santo de una muerte cierta. Suce­
dió que el carretero se extravió, y fué u
parar a unos precipicios, donde ios caba­
llos iban a piecipitar el carro, santa Te­
resa, que vió a su compañeras asustadas
por el peligro que las amenazaba, les di­
jo: «Hijas, el único medio que tenemos para
escapar de la muerte, es acudir a nues­
tro Padre San José, implorando su asis­
tencia». Las religiosas ast lo hicieron, y al
instante se oyó una voz que salía del fon­
do del abismo, que decía: «Deteneos, dete­
neos; si dais un raso más, perecéis todas».
A esta voz se pararon los caballos. Los re­
ligiosas miraban de dónde salía la voz y
preguntaban al mismo tiempo por qué si­
tio podían volver. La voz les indicó el si­
tio, que, al parecer, no era menos peli­
groso.. Sin embargo, obedecieron, hallán­
dose en seguida en buen camino. Enton­
DÍA DIECISÉIS 85

ces el carretero se puso a buscar por to­


das partes a la persona que tan buen ser­
vicio había hecho, para darle las gracias,
en nombre de Jas religiosas y en el suyo;
pero tuvo que volverse sin haber visto
persona viviente por aquel paraje. Enton­
ces Santa Teresa, que había conocido a
quién debían aviso tan importante, dijo:
«En vano andan buscando al que nos lia
librado de la muerte: nuestro libertador 110
es otro que nuestro padre -San José».

DIA. 10
José se pone en camino para Egipto con
Jesús y María.

Heredes se hallaba en tan continua


agitación, que nada podía sosegarle:
los remordimientos que le causan sus
crueles órdenes, hacen más triste y
congojosa su situación ; los habitantes
fie Jerusalén se hallan consternados:
la sangre de los inocentes corre por
todas partea; sus padres se vén opri­
midos del más profundo dolor, y las
madres derraman. torrentes de lágri­
mas. Jesús duerme tranquilamente al
lado de su madre en su casita... José
parte con María y su divino Hijo.
86 MBS DE SAN JOSÉ

Después de haber salido de la Judea,


toman el camino de Egipto con el ma­
yor silencio y con muy pobre equipa­
je. Todo, al parecer, debía inquietar­
los, pero los corazones de José y de
María gozan de la más profunda paz,
porque llevan consigo a Jesús, que en­
dulza sus amarguras convirtiéndolas en
verdaderas delicias. Llega el momento
de comer..., y apenas tienen qué... ;
llega la noche, ¿y en dónde hospedar­
se? Ni aun siquiera se halla un árbol
donde abrigarse. José se separa un poco
del camino. María le sigue, toma a Je­
sús eutre sus brazos, le reclina en su
seno para que descanse... Jesús ciei*ra
los ojos, María duerme... José los cubre
con su manto, y queda velando a su
lado ; fija sus ojos en Jesús, y su co­
razón queda inundado de celestiales
consolaciones. ¡ Oh, ángeles santos!,
\enid aquí y admiraos del estado en
que se hallan Jesús, María y José. Sé
levantan por la mañana, y José toma
a su vez el precioso depósito, lo estre
cha en su corazón, y se- olvida bien
pronto de todas las fatigas del viaje ;
sólo Jesús le ocupa; con Jesús se pa­
san días serenos, porque es un sol que
disipa todas las nieblas de tristeza.
*■ d ía d ie c is é is 87

¡Oh, dichoso José! ¡Oh, dichosa Ma­


ría!, sólo Jesús es vuestra felicidad.
También nosotros somos viajeros:
algunas veces nuestro camino está sem­
brado de espinas que nos punzan, de
escollos que nos hacen temblar, de ma­
los pasos que nos abaten. Pero Dios
nos ha preparado para estos casos los
socorros y alivios que nos son nece­
sarios. Algunas veces comulgamos, y
entonces, como José, y aun míis que
él, estamos con. Jesús. Desde nuestro
corazón, en donde descansa, nos forti­
fica, nos alienta, hace correr la vida
por nuestras venas, produce y hace
crecer las virtudes, nos consuela y di­
sipa las tinieblas que rodean nuestra
alma, enjuga nuestras lágrimas y nos
colma de alegría. Entonces exclama­
mos y decimos: nada temo, pues Je­
sús está conmigo. Ya no vivo yo, sino
Jesús vive en mí. Aprovechemos el
tiempo^ que dedicamos a dar gracias
después de la comunión, pues es el más
precioso de la vida. Hablemos a Jesús
como un pobre a un rico, como un en­
fermo a su médico, como un hijo a su
padre, como un hermano a su herma­
no, como un amigo a su amigo. Abrá­
mosle nuestro corazón, y lo llenará de
88 MBS DB SAN JOSÉ ' 4

sus riquezas. Si sufrimos, si sentimos


los rigores de la pobreza, vayamos a
Jesús, para que sea nuestro sustento y
nuestra, consolación. Si algunas veces
nuestro lecho está demasiado duro,
pensemos en el sueño que tomaron Je­
sús y María sobre la dura tierra: pon­
gamos también a Jesús sobre nuestro
corazón, y El velará, con San tJosé,
mientras nosotros dormimos. ¡ Dios
mÍQ!, qué bondad la vuestra en habe­
ros dado por alimento a vuestros hijos
en esta tierra de destierro, en esta tris­
te peregrinación. Por todas partes os
encontramos, ¡ oh, Pan de los Angeles!,
hecho pan de los hombres. En nuestra
mano está el recihiros. ¿ Por qué no lo
hacemos má-s a menudo y con más fer-
V O i'?

EJEMPLO

San José, abogado de la buena muerte.

Un vicario de Munster (Westphalia) se


hallaba durmiendo, cuando oyó llamar a
la puerta. Era un desconocido, el cual le
avisó que fuese a la casa que le indicó, pa­
ra llevar los últimos Sacramentos a una
señora anciana. Al momento se puso en
camino el sacerdote. Llegó a la* casa y
DÍA DIECISÉIS 89

encontró al hijo de la señora, que salió a


abrirle. «¡Cómo es eso!—exclamó el hijo—.
iQué extraordinaria visita! ¿Quién está
aquí enfermo?» «¿Qué es esto?—contestó el
sacerdote—. ¿No me han llamado ustedes
para que administre los Sacramentos a su
Madre?» «No, señor. Mi madre acaba de su­
bir a sus habitaciones y "está perfectamen­
te. Yo no sé lo que esto significa.» El vica­
rio empezó a creer que aquello había sido
una chanza. «Sin embargo—le dijo el hi­
jo—; quién sabe si Dios le envía a usted, y
en efecto, se habrá puesto enferma de re­
pente!» Subió corriendo en busca de su
madre, y la encontró sumamente indispues­
ta: «|Ah, hijo mío—le dijo—, qué dicha es
verte; ya no tenía fuerzas para pedir au­
xilio. Di que venga un sacerdote en seguí,
da para que pueda confesarme.» Subió « i
vicario y después de haberle dado el San­
to Viático, le preguntó si era devoto de al­
gún Santo a quien hubiese pedido la gra­
cia de no morir sin Sacramentos. «Siem­
pre he rogado a S¡tn José—dijo la enfer­
ma—que me consiguiese esta gracia.» En­
tonces comprendió el vicario que el Santo
Patriarca había intervenido en este hecho.
DIA 17
«¡José!* ve a la tierra de Israel.»
¿Cuánto tiempo duró el destierro
de la Sagrada. Familia en Egipto?
Dios no se lo reveló claramente a .José,
pues sólo le dijo por medio del ángel:
•«Levántate, toma al Niño y a la Ma­
dre, huye a Egipto y peramnece allí
hasta que yo te diga ; Herodes busca
al niño para matarle». ¡ Qué cruel re­
velación ! ¡ Qué poco pudieron gozar de
la paz y alegría que desde el nacimien­
to del Niño disfrutaban! Como ve­
mos, Dios no señala tiempo, y José
no preguntó tampoco: obedeció y mar­
chó con la, Virgen y el Niño. ¡ Cuántas
cosas que nos parecen importantes y
sin las cuales no nos decidimos a obe­
decer, no sirven en realidad más que
para satisfacer nuestra, vanidad, esta
concupiscencia de los ojos, como la ca­
lifica San Juan, que sirve sólo para
hacemos perder de vista la única cosa
necesaria: Dios y nuestra salud eter­
na! José no pregunta nada al ángel.
Contentémonos con la ignorancia, co­
mo se contentó él, y aprendamos en
esta meditación las virtudes que la
DÍA DIECISIETE 9»

Sagrada Familia practicó en el destie­


rro y cómo con ellas glorificaron al Se­
ñor. Y eso que nuestros pobres relatos
no pueden expresar toda la realidad de
sus sufrimientos y de su perfección.
Meditemos, por ejemplo el dolor de
José viendo el culto divino prostituido
con los ídolos, mientras que nadie se
postraba ante el Hijo de Dios y de su
Santa Madre: éste era un suplicio de
todos los días, en los que San José se
esforzaba en tributar el culto de su
caridad y su adoración hacia los com­
pañeros de su destierro.
El tiempo pasaba. El furor Bangui
nario que durante algún tiempo había
llenado de infanticidios la Judea y Je
itusalén, había ya cedido. El Niño, que
causó la cólera de Herodes. había juz­
gado al tirano y pronunciado sobre éJ
la sentencia eterna. JS1 ángel mensaje­
ro de Dios se apareció a José y le
d ijo : «Coged al Niño y a su Madre y
volved a la tierra de Israel, pues han
muerto ya los que atentaban a la vida
del Niño».
Con tranquila alegría recibió José
esta orden, y dando gracias a Dios y
a todos cuantos en Egipto les favore­
cieron, salieron de aquel asilo. Deseaba
92 MBS D£ SAN JOSÉ

San José quedarse a vivir en Belén y


sólo el temor de Arquelao le hacía du­
dar. Dios, como siempre, vino en su
ayuda, diciéndole por boca del ángel
que fuera a residir a Nazaret con Ma­
ría y el Niño. Continuó, pues, su ca­
mino hacia este último punto, donde
crecería y practicaría, todas las virtu­
des el divino Infante. Este había cre­
cido ; los brazos de María y de José
eran débiles y no podían llevarle con­
tinuamente en sus brazos; así que to­
dos pasarían angustias y fatigas en el
camino, pero al fin volvieron a ver el
país natal. La Galilea apareció a sus
ojos con sus paisajes variados y siem­
pre hermosos, que más que nunca, lle­
naron sus almas de regocijo.
José, nuestro Patriarca, se nos pre­
senta como modelo acabado de sumi­
sión a la voluntad de Dios. Cierta­
mente, él amaba Nazaret, él amaba el
silencio y la oscuridad de su santa
casa, él amaba los recuerdos sagrados
que aquel pueblo tenía para «ellos, él
amaba a todosf sus habitantes... Y sin
embargo, no eran éstos los motivos
por los que él había fijado allí sm re­
sidencia, : él lo hacía así persuadido
nne así lo quería Dios.
DÍA DIECISIETE 93

Este mismo pensamiento debía im­


pulsar nuestras acciones: puesto que
somos criados por Dios, a El sólo per­
tenecemos, y por tanto tiene el dere­
cho de exigimos una adoración per­
fecta, una obediencia absoluta. La
Santísima Virgen poseía esta ciencia
desde el mismo instante de su Concep­
ción Inmaculada-. Nada podía sor­
prender a la sierra del Señor ni alte­
rar su adoración ni su amorosa su­
misión a la voluntad de Dios. A su
lado, José acabó de aprender esta vir­
tud y la practicaba con una perfec­
ción admirable. ¡Oh, José! ¡Enseñad­
nos a cumplirla! Las consecuencias del
pecado original se manifiestan en el
amor excesivo hacia nosotros mismos.
Este amor, desórden supremo y causa,
de todos los demás, nos hace preferir
nuestro capricho a la voluntad de
Dios y a Dios mismo. ¿ Quién nos ayu­
dará a destruir nuestro egoísmo, sino
vos, San José? Dios no nos pide una
victoria completa, sino sólo el esfuer­
zo y la perseverancia en el combate.
Que vuestra piedad, ¡oh, generoso
Patriarca!, me obtenga esta gracia
tan importante.
94 MES DB SAN JOSÉ

EJEMPLO

La medalla de San José.

Una persoga virtuosa puede ejercer sa­


ludable influjo sobre sus hermanos, si lo­
gra tener- su confianza. He aquí un hecho
reciente, rigurosamente histórico, del cual
solamente nos reservaremos citar los nom­
bres. Un capitán de Infantería que desea­
ba ascender pronto al grado de subinten­
dente militar, se presentó a los exámenes
después de una seria preparación. Pero
con grande pena se vió desaprobado con
el número 15 en una serie que no debía
comprender más de seis plazas. Humillado
por el fracaso, se desanimó completamen­
te y renunció a presentarse de nuevo. Una
hermana suya, monja muy piadosa y de
elevadas condiciones de espíritu, le escri­
bió animándole y remitiéndole una meda-
lllta de San José. Le decía que insistiese y
tuviese valor, confiando en el angélico es­
poso de María. El buen militar se conmo­
vió por la piadosa exhortación de su her­
mana, a quien quería muclio. Se puso la
medalla de San José y esperó nuevo exa­
men, invocando muchas veces al Santo.
Poco tiempo después se presentó un con­
curso. Acudió a él nuestro militar, muy
confiado en su .protección; y no sólo consi­
guió plaza, sino que .tuvo el honor de ser
DÍA DIECIOCHO 95

el número uno. Lleno de agradecimiento


a su protector, prometió no despojarse
nunca de la medalla, ser fiel al Santo e in­
vocarle todos los días de su vida.

D IA 18
Pérdida del Niño Jesús.

Había en Galilea numerosas fami­


lias de israelitas fieles que subían a
Jerusalén para celebrar la fiesta de la
Pascua. Acercábase ésta, y al efecto se
prepararon los caminos y posadas, dis­
poniéndose todo para celebrar con fe
y esplendor la fiesta principal de la
Alianza. De todas las aldeas y ciuda­
des partían numerosos grupos de pe­
regrinos, y los calles resonaban con
los salmos de la peregrinación. La obli­
gación de acudir al templo se acercaba
ya para el Niño Jesús, pues acababa
de cumplir los doce años y desde.esta
edad empezaba el deber de ayunar y
de asistir en Jerusalén a. las fiestas
principales.
Fué, pues, Jesús con sus padres y
otros parientes a celebrar la Pascua.
¡ Con qué fervor y alegría la celebraría
96 MES DE IA.N JOSÉ '

la Sagrada Familia, y cómo darían


gracias a Dios por la libertad del pue­
blo de Israel del poder de loe egipcios!
Asistieron a todos los actos señalados
para la celebración de la Pascua: co­
mieron el cordero pascual, fueron al
templo a presenciar el gran sacrificio,
al que no debían faltar los hombres, y
por último estuvieron presentes a la
ceremonia de segar la primera gavilla
de cebada, después de lo cual se la lle­
vaba al templo para ofrecerla en sa­
crificio y quemarla al día siguiente.
Concluida esta, ceremonia., los peregri­
nos podían emprender el regreso a sus
hogares. Así lo hicieron José y Ma­
ría, en compañía de otros muchos. A
la. caída de la tarde llegaron al pri­
mer punto de parada y allí echaron de
menos al Niño*. Iban María, y José
tranquilos, pensando que el Ñiño se
habría separado un poco de ellos, pero
que iría en la compañía de otros pa­
rientes. ¡ Y cuál sería su dolor cuaja­
do. después de preguntar a todos, vie­
ron que se Tes había perdido! ¡ Qué no­
che de tristeza y de angustias! Ño bien
amaneció salieron ambos esposos e¡n
dilección de Jerusalén, y por el cami­
no iban preguntando a cuantos eneon-
DÍA D1BCIOCHO 97

traban, acrecentándose cada vez más


su pena, pues nadie les daba razón del
Niño. ¿Qué había sido de él? ¿Dón­
de estaba? ¿Cómo podremos compren­
der nosotros su dolor? Sufrían, no sólo
con dolor de padres, sino con el amor
infinito a su Dios y con la resixmsabi-
lidad que ante el Eterno-Padre tenían
contraída. Pero en medio de tan acerbo
sufrimiento estaban resignados y su­
misos ante tan dura prueba, j Qué
tríete terminaba para ellos la fiesta de
la Pascua, que empezaron tan legres!
I)e este modo pasaron aquel día y la
noche, hasta que en la tarde del día
siguiente, no sabiendo ya donde bus­
carle, se fueron al templo. Y, ¡oh,
asombro!, no bien entraron en él, vie­
ron al Niño sentado entre los docto­
res de la ley, que proponían cuestio­
nes sobre las cuales todos los presen­
tes podían hacer preguntas. Allí se
sentó Jesús, y asombró con sus sabias
preguntas y respuestas a todos aque­
llos doctores. No se sabe sobre qué
versaron las enseñanzas del Salvador,
pero creen casi todos los autores sería
sobre la venida del Mesías. Después
de las primeras manifestaciones de
cariño entre El y sus padres, la Vir-
Mee de Marzo.
98 MES DK SAN JOsá

gen le dijo: «Ilijo, ¿por qué nos has


hecho esto? Tu padre y yo te hemos
buscado con dolor...» líl Salvador la
respondió : «¿ No sabíais que debo ocu­
parme de las cosas de mi Padre ?r
Mientras María, con su ternura de
madre, le hacía estos dulces reproches,
José callaba, viendo en aquel suceso el
principió de la vocación de Jesús. ¡ Qué
honor para el Santo Patriarca ser pa­
dre de tal H ijo!
Aprendamos en esta hermosa medi­
tación a seguir siempre y sin pérdida
de tiempo la voz de Dios/y pidamos a
San José nos ayude él a comprenderla
y perseverar en ella hasta el fin.

EJEMPLO

La últim a Misa del P. La Salle.

Atacado por la enfermedad que le Uevó


al sepulcro, el bienaventurado fundador de
la Congregación de Hermanos de las Es­
cuelas Cristianas bacía esfuerzos inaudi­
tos para sobreponerse a sus dolores. A me­
dida que iba aumentando el desfallecimien­
to de su cuerpo, crecía la alegría de su
alma. «Espero—decía—que pronto me ha­
bré librado de Egipto para ser introduci-'
do en la tierra de promisión.» Se acerca­
DÍA DlfcClOCHO 99

ba la fiesta de San José. Su devoción par­


ticular a este Santtf le inspiraba un ar­
diente deseo de poder celebrar la Santa Mi­
sa aquel día en honor del Santo; mas su
estado de postración llegaba hasta el ex­
tremo de no atreverse a esperar tal gra­
cia si no era por un milagro. Sin embargo
de no haberla pedido al Santo, éste se la
concedió. La víspera de San José, a eso
de las diez de la noche, sinti'ó que se le
aplacaban los dolores y que recuperaba
luerzas. Sorprendido de aquél cambio im­
previsto, pensó que era un sueño y no dijo
nada. Pero por la mañana bien vió que no
era sueño ni Ilusión, sino realidad, y que
se hallaba en estado de levantarse. Grande
fué el júbilo de poder cumplir esta su de­
voción. Todos en la casa bendijeron al Se­
ñor y creían que era un milagro del To­
dopoderoso. Efectivamente, así era, mas
no duradero, como sus hermanos al prin­
cipio creyeron, sino como un obsequio qué
San José le hacía antes de partir de este
mundo; el que dijese en su fiesta la últi­
ma Mlsá. Y asi fué, pues pocos días des­
pués se presentó la dolencia con todos los
caracteres más ’ alarmantes, muriendo en
pocas horas. En Ja ágonla Junló £us ma­
nos y dirigió al cielo una mirada llena de
amor y confianza.
DIA 19
José cuida de la Infancia de Jesús.

El que es guardián de su Señor será


glorificado. Dios dispone todas las co­
sas para sus fines ; por eso da a sus
criaturas las cualidades necesarias pa­
ra llenar el fin que se ha propuesto al
criarlas. Así vemos que ha llenado al
sol de luz y de calor y lo ha coronado
de resplandor y de gloria, porque de­
bía ser como el ojo de la naturaleza y
la imagen de la majestad de Di oh,
porque debía con sus rayos dar a la
' tierra su ornamento, y comunicarla su
vida y fecundidad: José, destinado
para ser el guardián de la infancia de
Jesús, debió ser adornado, por razón
de esta gloriosa prerrogativa, de to­
das las virtudes. ¡ Qué pureza, no debió
tener para tocarle con sus manos y lle­
varlo en sus brazos! ¡Qué humildad
para no ensoberbecerse de tan glorio
so destino! Ejerce su autoridad ¡-obre
el Rey de reyes y Dominador-de do­
minadores; lo conduce y lo sustenta,
y parece que Jesús no tiene noluntad
más que para someterla a la de José.
D ÍA DIECINUEVE 101

¿Cuál será, pues, su gloria en el cie­


lo y cuál su poder? José fué el padre
nutricio de Jesús y el esposo de
Marías 'Ahora bien ; estos gloriosos tí­
tulos que le daban en la tierra tan
grande autoridad no se han perdido en
el cielo: antes ai contrario, allí tie­
nen todo el brillo imaginable y le dan
un crédito poderosísimo para con el
Rey de reyes y la Reina de los ángeles,
de modo que no hay favor alguno que
no pueda conseguir. Además, como
dice Santa Teresa., Dios le ha hecho su
plenipotenciario, tesorero general y ad­
ministrador de todas sus gracias. Así,
San Bernardo, contemplando las pre­
rrogativas y gloria de San José, excla­
ma : «Este es el sienvo fiel y prudente
que Nuestro Señor ha establecido so­
bre su familia, para ser el sostén y
consuelo de su Madre, su padre nutri­
cio y digno cooperador en la ejecución
de sus designios misericordiosos sobre
la tierra...» ¡ Qué dicha para él, no so­
lamente ver a Jesucristo, sino tam­
bién oírle, tenerlo en sus brazos y lle­
varlo de un lugar a otro, acariciarlo,
abrazarlo, alimentarlo! ¡ Oh, prodigio
de elevación! Oh, dignidad incompa­
rable !, exclama el devoto Gersón, ha­
102 MK5 DE SAN JO SÉ

blando con San José. La madre de


Dios, la Reina del cielo os llama su
esposo ; el Verbo hecho carne os llama
su padre y os obedece. ¡ Oh, Jesús! ¡ Oh,
María! ¡Oh, José!, que hacéis en
la tierra una gloriosa trinidad, en la
que pone' todas sus complacencias la
augusta Trinidad del cielo. ¿Qué co­
sa se puede imaginar en la tierra tan
grande, tan buena y excelente como
ésta ? .
José, esposo de María. Dios tenía en
el mundo un precioso depósito que
nunca perdía, de vista. Este depó-ito
era la pura e inmaculada Virgen Ma­
ría. El mismo Dios se había' encarga­
do de velar por Ella todo el tiempoi que
permaneció en el templo; pero al sa­
lir de aquel santo lugar, ¿quién se
atreverá a encabarse de un tal depó­
sito? ¿Quién podrá suceder en cierto
modo al mismo Dios? Este será. José,
amante apasionado de la santa virgi­
nidad ; él será encargado de conservar
bajo el velo del matrimonio virginal
toda la brillante belleza de esta her­
mosa. azucena, en la que descansa Dios
con tanta complacencia. ¡Oh, José!
¡ Qué glorioso empleo os ha confiado
el Todopoderoso! ¡ Oh, felicísimo San
DÍA DIHCINUHVE 103

José! Yo os constituyo en este día por


guardián de la pureza de mi alma y de
mi cuerpo, y os confío este precioso de­
pósito, que prefiero a todos los bienes
y tesoros de la tierra. Vengo, pues, en
este día. a poner a vuestro* pies los
afectos de mi corazón, y repetiros con
los ángeles y santos: ¡ Viva el digno
esposo dé María! ¡V iva la azucena de
la virginidad, inseparablemente unida
a la Rosa Mística, a la Rosa incorrup­
tible! ; Ah!, castísimo y felicísimo es­
poso, obtenedme la gracia que os pido
de imitar vuestro amor por la pure­
za ; obtenedme la fuerza de vencer las
tentaciones, de que fuisteis preserva­
do, ya por razón del privilegio de
vuestra elección, ya por vuestras su­
blimes virtudes. Amén.

EJEMPLO

Es una gracia especial morir el dia de la


fiesta de San José. Este favor lo consiguió
la joven María Francisca Tolouse. Sufría
con santa resignación una enfermedad que
la iba consumiendo lentamente. Día y no
che, para distraerla, leíanle piadosas lectu­
ras acerca de los sufrimientos y del cie­
lo. Ella repetid a menudo: «Dios mío, quie
104 MBS DB SAN JOSÓ

10 todo lo que Vos queráis.» La vigilia de


la fiesta de San José, su confesor le dijo:
«Mañana es un gran día: ¿querríais morir
en él?» .«Ojalá; pero si I^ios quiere que su­
fra más, me resigno a su voluntad.» Al día
siguiente los dolores eran tan intensos,
que le hicieron exclamar: «San José, ¡cuán
dichosa serla si vinieseis a buscarme esta,
noche 1» Se le hizo la recomendación del
alma: besaba con frecuencia un crucifijo
con indulgencia plenaria para la hora de
la muerte, y al llegar la noche dijo a uno
de los circunstantes: «Roguemos el uno por
el otro»; y luego añadió: «Cuando esté en
el cielo, rogar? por todos». Al decir esto,
expiró, cumpliéndose su deseo de morir el
mismo día de San Jo6é.

D IA 20

V id a de San José después de Pascua


hasta su muerte.

Después de esta fiesta de Pascua,


memorable y dolorosísima, brilló la
pura y alegre claridad del sol de la
paz y de la. dicha en la vida de San
José. Es esta claridad del sol la. llama­
da vida oculta en Nazaret. I » que el
Evangelio narra del divino Salvador
OÍA VJUNTE io 5

I>ei*tenece también a San José. Vamos


a reunir aquí algunos rasgos para que
nofi formemos una idea del Santo du­
rante su vida oculta..
Nazaret, el reducido teatro de esta
vida, está graciosamente asentado y
como escondido a lo largo de un peque­
ño vaJle, en las alturas al norte de la
planicie de Esdrelón. -Sus c&sas se
hallan diséminadas en pintoresco des­
orden por la pendiente de la montaña.
El paisaje no presenta cumbres eleva­
das ni fantásticos bosques. Nazaret es
el aislamiento y la apacible gravedad,
y por lo tanto el reflejo fiel de la vida
ordinaria., como correspondía, al mis­
terio de la. vida oculta. JEn una casa
modesta y en este pueblecillo pasó San
José los dichosos años de la vida oculta
con Jesús y María.
Ante todo, dice la Sagrada Escritu­
ra que loe padres de. Jesús, como ya
hemos visto, iban todos los años a Je­
rusalén por la fiesta de la Pascua (1).
Esto indica la vida de piedad y oración
que San José practicaba con su fami­
lia. Las oraciones de casa se completa­
ban con el culto en las sinagogas. En

(1) Lucas. 2, 42.


106 MES DB SAN JOSÉ

éstas se reunían todos los judíos en


los días y horas convenidos para orar,
y la Sagrada Familia haría lo que to­
dos. En toda aldea había una sinago­
ga, en la que, algún tanto elevado so­
bre el suelo, había una especie de coro
con nichos cubiertos para la Sagrada
Escritura y con asientos de honor para
los doctores de la ley y para los lecto­
res. A llí se leía y declaraba la Sagrar
da Escritura, allí se oraba en común y
se pedía la venida del Mesías. Por la
noche se reunía la familia a la luz de
un candelero para orar juntos, presi­
diendo el padre. Así nos podemos fi­
gurar, sin temor de equivocarnos, c6mo
San José por la noche, después del tra­
bajo del día, tomaría ál Salvador,
cuando niño, en su regazo y le iría di­
ciendo los lugares de la Escritura y las
oraciones ; cómo le llevaría a 1a. sina-
goga y juntamente con él cantaría los
salmos.
Se dice además en la Escritura re­
petidas veces, que San José era arte­
sano o carpintero (1). Así, pues, la
vida que San José llevaba con su fa­
milia estaba consagrada al "trabajo.

(1) Mat. 13, 55.—Marc., 6, 3.


DÍA VK1NTE 107

Mientras la Madre del Salvador cui­


daba de los quehaceres domésticos,
San José trabajaba en su taller y se
dedicaba a su oficio. En esta familia
no había lugar para el ocio e indolen­
cia asiáticas. Nadie en la casa quería
comer jl pan que no hubiese ganado
formalmente. Bien temprano, tan pron­
to como la edad y las fuerzas se lo per­
mitieron, comenzó el Salvador a ayu­
dar a su padre en el trabajo. Y enton­
ces comenzó para San José la época
feliz de los años de maestro, puesto
que él inició al Salvador en el trabajo,
que éra una rama de su misión de
Dios-Hombre. ¡ Qué dicha tan celestial
el trabajar teniendo a su lado al divi-
do aprendiz, enseñándole y dirigién­
dole! ¡ Cómo no rebosaría sn corazón
en adoración, reverencia, amor y ale­
gría, cuando pusiese su ancha mano
de hombre sobre la tierna del Niño!
*En la adolescencia del Salvador se
encarece muy expresivamente que de
niño y de joven estuvo continuamente
sujeto a sus padres. No podemos tam­
poco figuramos otra cosa, sino que
obedecía de tan buena gana y corres­
pondía con tal prontitud y gozo su to
dos los deseos y disposiciones, como si
10 8 M ES D K SAN JO S É

en nada encontrase mayor alegría.


Esto nos hace comprender cuán sabio,
suave, tranquilo y paternal sería el
gobierno que San José ejerció en la
Sagrada Familia. Además, San José
mandaba humildemente. ¿ Quién era
de mejor corazón que José? ¡ Y man­
daba a un Dios y a una. Madre de
Dios! Nadie puede mejor mandar que
el que mejor obedece, y José era hom­
bre de perfecta obediencia y sumisión
a Dios. De esta suerte, dominaba la
tranquilidad, la paz, el contento, la
unión, la alegría y el amor en su pe­
queño y glorioso reino, como en un
cielo de paz y goteo, gracias a la pru­
dencia y humilde caridad del padre de
familia que la gobernaba.
¿Cumplimos así nosotros los deberes
de nuestro estado? ¿Procuramos con
la dulzura de nuestros mandatos, si
tenemos autoridad para ello, conservar
la paz y el respeto en la familia? ¿ Obe­
decemos a nuestros superiores? ¿Aca­
tamos todas las disposiciones de Dios?
No. ; Qué lejoR estamos de ello! Ani­
mémonos en este mes de Marzo a imi­
tar a San José en todas sus virtudes, y
muy especialmente en la caridad hacia
los que nos rodeen. Amemos aun a
DÍA TK1NTB 109
nuestros mismos enemigos, que don­
de hay amor, allí hay paz y alegría-.

EJEMPLO
El bienaventurado Perboyre, misionero
.martirizado en China, tenía gran conlian-
za eti San José. Recomendaba 1S devoción
al Santo Patriarca, y cuando quería hacer
un regalo, generalmente daba un tratadito
o su Mes, y así propagaba la devoción a
que era tan afecto. Un misionero que pasó
el noviciado bajo la dirección de Perboy­
re, dice de éste: «Aunque la suavidad de
su carácter era inalterable, casi íué severo
conmigo una vez a propósito de San José.
Había yo leído en el «Manual de Ordenan­
dos» unas hermosas letanías en honor de
este Santo, en las cuales se le aplicaban
palabras de lá Sagrada Escritura. Y como
me pareciese que se aplicaban a San José
palabras que sólo podían referirse a Nues­
tro Señor, lo manifesté asi.' El Padre pen­
só que yo me proponía menguar la glo­
ria de este Santo y tomó su defensa, justi­
ficando los títulos gloriosos que se le dSTi
en las letanías, ensalzando sus virtudes y
exponiendo los privilegios particulares con
que el Señor le había favorecido. Hnblabu
con tal fuego y animación, que comprendí
perfectamente cuánto amaba a San José.
Nos exhortaba a que le invocásemos con
no MBS DB SAN JOSÉ

entera confianza. «ITE AD JOSEPH: id a


José», nos decía. Y lo mismo que Santu
Teresa, tenia la mayor confianza en la in
ñuencia de este Santo para con Dios.

D IA 21
M u erte de San José.

La vida de San José fué la más her­


mosa de todas las vidas: bu muerte
fué, por consiguiente, la más hermosa
de todas las muertes. «Había andado
siempre en la inocencia de su corazón
en medio de su casa» (Salmo 109, 2). Y
esta inocencia le hizo gustar en los
últimos momentos toda su dulzura. La
brillante azucena de su pureza, que ha­
bía conservado tan cuidadosamente y
que la vista de Jesús y de María habían
hermoseado con un brillo virginal y
angélico, pareció entonces en todo su
esplendor. Sus eminentes virtudes,
cultivadas a< la sombra de una profun­
da humildad y en el silencio, formaban
una corona brillante de méritos. Su
corazón, unido siempre con Dios, y ocu­
pándose con Jesús, hablaba aún en
aquellos últimos momentos al corazón
del Salvador. Las penas y pesadumbres
D ÍA VEINTIUNO I i 1

que había padecido con tanta resigna­


ción ; las persecuciones, las burlas e
insultos soportados coi? tanta pacien­
cia ; en fin, hasta sus dolores se con­
vertían en alegría dulcísima y pura,
según aquellas palabras de Jesús:
«Vuestra tristeza se convertirá en gozo
y nadie ofi la podrá quitar.» Jesús le
enseña el cielo abierto, y la recompen­
sa abundante que le espera, o más
bien, le hace ver la gloria que ha pro­
curado a Dios con sus virtudes ejerci­
tadas en la oscuridad. En fin, José ha
vivido con Jesús y M aría: los ha ama'
do, y en este momento muere con Je­
sús y María. ¡ Oh, qué hermosa vida!
¡ Oh, qué dichosa muerte! La una es
efecto de la otra: «Muere con la muer-
té de los justos.»
Como es la vida es la muerte: esta
máxima es verdadera generalmente ha­
blando. Sin embargo, esto no quiere
decir que después de una vida criminal
no se pueda esperar más que una muer­
te infeliz y desgraciada; porque,
¿ quién podrá Bondear las misericordias
infinitas de nuestro Dios? ¿Quién po­
drá contar las gracias que concede a
los moribundos para ganarlos al me­
nos en aquella hora fatal? Ved al buen
112' MBS DB SAN JOSÉ

ladrón ; escuchad las palabras que le


dirige Jesucristo : «En este día estarás
conmigo en el Paraíso.» Pero ¿se po­
drá contar con demasiada confianza
sobre semejante favor? ¿ Y no podría
detener el curso de las gracias del Se­
ñor o hacerlas inútiles una muerte re­
pentina e imprevista? ¿ No es más pru­
dente vivir como un santo, para morir
como un santo? Por esto nos dice la
Escritura que «el joven no se separará
t u su vejez del camino que siguió en*su
juventud». De lo que se infiere que se
puede decir con verdad que la. muerte,
por lo oixiinario, es el eco de 1a vida.
De modo que si la vida ha hecho
resonar estas palabras: pecado, ma­
las confesiones, sacrilegios, olvido de
Dios* amor del mundo y de sus malos
placereR, tibieza, indiferencia, ¿qué re­
petirá el eco. qué responderá la muer­
te? ¡Reprobación, perdición eterna,
condenación! Si. j>or el contrario, nues­
tra vida ha sido semejante a la de
José ; si al menos hemos vuelto a to­
mar el buen camino después de nues­
tros extravíos, nuestra muertí1 será,
como, la suya, y después de haber vi­
vido en el amor de Jesús, de María v
í’ e José, tendremos la dicha de morir
DÍA VEINTIUNO 113

en Iob braaosi y en el amor de Jesús,


María y José.

EJEMPLO

Una involuntaria oración recompensada.

Este cuso recuerda la milagrosa conver­


sión de M. Hatisbone, en Roma, a conse­
cuencia de haber recitado con bastante in­
diferencia el Acordaos a María Santísi­
ma. La bondad de San José es tan grande,
que se ha dignado escuchar alguna vez á
quien le invoca maquinalmente y sin in­
tención de obtener gracia alguna.
Habla en Turln un joven sin ningún sen­
timiento religioso. Fué a comprar tabaco
en un estanco, y se puso a leer el papel en
que venía envuelto: era una súplica a San
José pará obtener la gracia de una buena
muerte. Esta oración, que apenas compren­
día, le interesó tanto y le llegó tan al alma,
que la leyó repetidas veces. Quien le acom­
pañaba, movido por curiosidad, quiso co­
ger el papel para ver lo que contenía:
pero él lo escondió. .Cuando se quedó solo
la leyó de nuevo, y encontrando en su
lectura una dulzura Inefable, procuró
aprendérsela de memoria, y la recitaba,
aunque sin parar en ella su atención. San
losé no fué insensible. Movió el corazón
dei Joven, el cual fué a presentarse a un
Mea de Marzo. 8
114 MBS DB SAN JOSÉ

sacerdote, que le instruyó y ayudó a vol­


ver a Dios, en cuyo servicio perseveró has
ta la muerte.

D IA 22

Fin del hombre (1 ).

El hombre ha sido creado para Ala­


bar, reverenciar y servir a su Dios, y
por este camino salvar su alma, según
lo que San Pablo dijo a los romanos:
«Tenéis por fruto la santificación y
por ^in la vida eterna», que es decir:
El olanco y el fin de vuestras obras en
esta vida es servir a Dios con pureza
y santidad, y el fin último a que se
ordenan es alcanzar la vida, esterna.

(1) En las meditaciones precedentes he­


mos contemplado a San José paso a pasj
hasta el fin de sus días. Ahora, para ter­
minar el mes, nos ha parecido conveniente
poner a continuación un novenario de me­
ditaciones a propósito para preparar núes
tra alma a una buena muerte. Nada se ha
escrito sobre esto comparable a lo del Pa­
dre Lapuente, y a él hemos acudido para
escribir lo que sigue.
DÍA VEINTIDÓS 115

Sobre esta verdad ha de formar el


entendimiento sus discursos para sa­
car'a luz lo que está encerrado en ella ;
ponderando quién me crió y ordenó
para este fin, y por qué causa; cuán
soberano fin sea éste, cuán mal le he
pretendido en la vida pasada, y cuán
a peligro he estado dé perderle; tiuán
graves daños se me seguirán si le pier­
do y cuán grandes bienes si le alcanzo ;
y cómo es razón que de hoy más le
pretenda para alcanzarle. Con cada
una de estas consideraciones moveré la
voluntad a los afectos y actos que ella
pide, de esta manera.
Lo primero, he de ponderar cómo la
infinita majestad de Dios, que no tiene
necesidad de sus criaturas, no por mis
merecimientos, sino por sola su bon­
dad, me crió a su imagen y semejanza,
no para que viviese a mis anchuras,
siguiendo mis antojos, ni para que
buscase honras o dignidades, riquezas
o regalos o alguna otrn cosa criada,
sino para que le reverenciase y alaba­
se, para que le amase y obedeciese en
este» vida mortal, y después alcanzase
la vida eterna. Y aunque bastara dar­
me por fin el que mi naturaleza, pedía,
no se contentó Dios con esto, sino por
1 16 MBS DS SAN JOSÉ

sola su misericordia me ordenó y le­


vantó a otro fin más alto y soberano,
quo es verle claramente y gozarle y ser
bienaventurado como lo son los ánge­
les, y como lo es el mismo Dios, con­
forme a lo que dijo San Juan: «Sere­
mos en la gloria semejantes a Dios,
porqtie le veremos como El es». ¡ Oh, ca­
ridad inmensa de nuestro soberano
Dios! ¿ Qué es eRtc, Señor, que ha­
céis? •¿ A una« criatura tan miserable
como el gusanillo del hombre levantáis
a un fin tan alto como es veros cla­
ramente en vuestra gloria? ¿Por ven­
tura no estaba yo obligado a serviros
le balde como esclavo? Pues ¿por qué
me señaláis tan esclarecido galardón?
Bendita sea vuestra infinita misericor­
dia y os alaben los ángeles por esta
soberana merced. ¿Qué os daré yo,
Señor, por tan grande beneficio? Yo
me ofrezco de serviros toda mi vida de
balde, sin pretender otro interés más
que serviros, porque servir a Dios es
reinar. Y pues sois mi primer princi
pió y mi último fin< dad luego princi­
pio a mi nueva vida, y ayudadme con
vuestra gracia para que alcance el
último fin de ella. Amén.
Después ponderaré cuán mal he pre­
DÍA VEINTIDÓS 117

tendido este fin en la vida pasada, vi­


viendo como si fuera criado, no para
servir a Dios, sino para servir' a mis
gustos, y buscar honras, regalos y ri­
quezas, haciendo por esta causa innu
merables pecados, como si el lin de mi
vocación hubiera sido, no la santidad,
sino la inmundicia ; no la libertad de
espíritu, sino la libertad de carne. ¡ Oh,
miserable de mí, cuán ciego y errado
he andado en lo que más me importa­
ba saber! ¡ Oh, cuán ingrato he sido a
quien me crió para tan alto fin, y cuán
mal he correspondido a quien tanto
bien me hizo! ¡ Oh, Criador mío, quién
nunca te hubiere ofendido! Perdona,
Seño^, mis yerros, por quien Tú eres,
y ayúdame a salir de ellos para que
enderece lo restante de mi vida con­
forme al fin para que me la has dado.
Luego podré considerar los daños
grandes que se me seguirán si pierdo
este fin, pues no hay mayor pérdida
que perder el alma, perder la divina
gracia, perder la paz y alegría de la
conciencia, y perder la bienaventuran­
za, con lo cual anda junta la eterna
condenación y la pérdida del mismo
Dios. Pues ¿qué me aprovechará ga­
na^ todo el mundo si pierdo mi alma,
1 1 8 M BS D B SAN JOSÉ

y pierdo a Dios, en cuya comparación


el mundo es nada?
A l contrario, si alcanzo este fin, al­
canzo la posesión del mismo Dios, sal­
varé mi alma, tendré paz y a leg ré de
corazón, seré amparado de la divina
Providencia, hallaré quietnd y descan­
so perpetuo, como le hallan todas las
cosas en su fin y centro. Pues siendo
esto así, como es, anímate, ; oh, alma
mía!, a buscar el fin para que Dios te
crió, y pon en esto todos tus cuidador,
pues no ha.y cosa que más te importe.
Conviértete a Dios, que es tu descan­
to, porque fuera, de El todo es tormen­
to. Si sirves a Dios, ¿ qué más quieres?
Si tienes a Dios, ¿ qué más buscas? Si
Dios es tu posesión, ¿qué te falta?
Dale gusto en pretenderle, y confía de
alcanzarle, porque ama a sus criatu­
ras, y gusta de que alcancen el fin
para que las crió. ¡ Oh, Dios infinito,
centro de mi alma, conviérteme a Ti
para que descanse, pues me hiciste
para Ti, y mi corazón está inquieto
hasta que llegue a T i ! ¡ Oh, Padre Eter­
no, pueR me criaste para que te amar
se como hijo, dame gracia por quien
Tú ere«, para que te ame como a Pa­
dre! ¡Oh, Hijo unigénito del Padre, y
D ÍA v e i n t i d ó s 119

Redentor del mundo, pues me criaste y


redimiste para que te obedeciese y te
imitase, ayúdame para que siempre te
obedezca y en todo te imite! ¡ Oh, Es­
píritu Santísimo, pues por tu bondad
me criaste para que fuese santo, con­
cédeme que lo sea para gloria tuya!
; Oh, ángeles del cielo ; oh, Santos bie­
naventurados, que habéis alcanzado el
fin para que fuisteis criados! Supli­
cad a ese Señor de quien gozáis, que
yo también le alcance, subiendo a go­
zar de El en vuestra compañía por to­
dos lote siglos. Amén.

EJEM PLO

E l V. Pedro Catton, célebre tanto por su


talento como p or sus virtudes religiosas,
fué uno de los m ás celosos servidores de
San José. En todos sus -sermones-, pláticas
o discursos, nunca dejaba de intercalar
algo en honor del Santo Patriarca, exten­
diendo su devoción por doquiera. Con su
incesante solicitud, logró erigir junto a la
plaza de Béllecour, en Lyon, el primer
templo dedicado a San José, y en sus mu­
ros se ven suspendidos numerosos y ricos
exvotos, ¿jue recuerdan los señalados fa­
vores y m ilagros obtenidos por intercesión
del Santo Patriarca. Se asegura, dice el
12 0 MBS DK SA N JOSÉ

P. Patrignani, que en su últim a en íernu -


dad se le apareció la Santísima Virgen,
p ara asistirle en la hora postrera, comu
testimonio de gratitud m aternal por la sin­
cera devoción que siempre había profesa­
do a su incom parable esposo. U n a muerte
tan apacible como santa fué el galardón
d e r c e lo que ese fervoroso religioso m ani­
festara durante su vida en honrar al esfor­
zado Protector de los moribundos.

D IA 23
De la muchedumbre de los pecados y de
su gravedad por ser muchos y contra­
rios a la razón.

El primer punto es traer a la memo­


ria la muchedumbre de pecados que
he cometido en toda la vida pasada ;
para lo cual tengo de discurrir por to­
das las edades de ella, y por tocios los
lugares donde he vivido y por los ofi­
cios y ocupaciones que he tenido, mi­
rando lo que he faltado en cada uno de
los siete pecados que comúnmente lla­
man mortales, y en cada uno de los
mandamientos de la ley de Diqp y de su
Iglesia, y en cada una de las leyes y
reglas de mi estado y oficio.
DÍA VEINTITRÉS 121

En habiendo traído a la memoria es­


tos pecados, haré de ellos en la orar
ción una humilde confesión delante de
Dios, .acusándome, como Daniel, de
todos ellos, siquiera de los más prin­
cipales, hiriendo, como el publicano,
mis pechos, diciendo : Acúsome, Señor,
que pequé delante de Ti en. la sober­
bia, presumiendo de m$ Tainamente,
hablando palabras jactanciosas, des­
preciando a mis prójimos, rebeléndo-
me contra Ti, etc. Y a este modo pro­
seguiré la acusación en todos los siete
pecados mortales, o por los diez man­
damientos.
Después que hubiere confesado los
pecados que conozco, tengo de creer
que hay otros muchos que no conozco,
a los cuales llama David pecados ocul­
tos ; pero no son ocultoR a Dios, que
me ha de juzgar y castigar por ellos,
y esto me ha de tener cuidadoso y afli­
gido. Estos pecados me son ocultos,
por una de tres causas: o porque me
olvidé ya de ellos, o porque eran muy
sutiles, como soberbias interiores,
juicios temerarios, siniestras intencio­
nes, negligencias y omisiones ; o por­
que los hice con alguna ignorancia y
error, o por ilusión del demonio, pen­
122 M ES DE SAN JOSÉ

sando que hacía servicio a Dioei; y


juntando los pecados que conozco con
los que no conozco, puedo creer, que
hacen una muchedumbre innumerable,
y que son más que los cabellos de la
cabeza, como dijo David, y más que
las arenas de la mar, como dijo el
rey Manasés.
Aún tengo de añadir otra circuns­
tancia, que agrava mucho mis peca­
dos, que es la reincidencia en unos
mismos, después que Dios me los ha
perdonado, una vez y muchas ; andan­
do como en porfía con Dios, yo a pe­
car y El a perdonarme, y yo a tomar
de nuevo a pecar, como si no me hu­
biera perdonado, imitando, como dice
el Apóstol San Pedro, al perro que
<*>me lo que vomitó, y al puerco que
se torna a revolcar en el cieno de que
«e lavó. Por lo cual merecía que Dios
me vomitara de Sí para siempre, y me
sumiera en el lodazal del infierno, de­
jándome atado de pies y manos en po­
der de los verdugos infernales, como lo
hizo con el siervo desagradecido, que
le debía diez mil talentos y después de
perdonado le tornó a ofender. Pero,
con todo esto, fiado en la~ infinita pa­
ciencia y misericordia de Dios, tengo
DÍA VEINTITRÉS *2 3

otra vez -de volverme a El de veras y


postrado a sus pies, decirle: Señor,
ten paciencia conmigo, y yo con tu
ayuda te pagaré toda la deuda de mis
pecados, y si esta vez me perdonas no
solveré más a ellos.
De todo esto sacaré grande admira^
<;ión de la paciencia que ha tenido
Dios en sufrirme, porque nim, injuria
o dos, quienquiera las sufre; pero
tantas y taxi repetidas, y tan varias y
con tanta protervia., ¿quién las puede
sufrir sino Dios?
Verdaderamente, Dios mío, menes­
ter ha sido paciencia infinita como la
vuestra para sufrir una infinidad de
injnrias como las mías ; pero, pues no
os habéis cansado de sufrirme, tened
por bien de perdonarme.

EJEMPLO

Un joven llam ado Ernesto fué atacado


do una tisis que" lentamente lo conduela
al sepulcro. Sobrellevó con gran resigna­
ción sus padecimientos e hizo generoso
ofrecimiento de su vida. En sus últimos
momentos experimentó los efectos del p a­
trocinio de San José, a cuya Asociación
pertenecía. Próxim o a entregar su alm a a
Dios, quiso el demonio hacer la última
124 MKS DB SAN JOSÉ

prueba, a fin de conquistarle p ara si; perc


el joven, lleno de confianza en Dios y en
el que es P ro tector de los Agon izan tes, el
Glorioso San José, cobró bríos p ara gritar
con toda su fuerza: «¡Márchate de aquí,
Satanás!; márchate, no seré tuyo», y des­
pués empezó a decir en alta voz una tier­
na oración, que terminó con estas palabras:
«¡Oh, Dios m ío, recibidme en vuestro santo
paraíso! ¡Que vuestra voluntad se cumpla!»
Después se dirigió a Jesús, a M aría y n
José y a su Santo A n gel custodio; pronun­
ció algunas palabras, y dijo £ un compa­
ñero que le asistía: «Pediré mucho p or la
Asociación de San José». Momentos después
empezaba su agonía, que fu é lenta y tran­
quila. Su m adre le acercó el crucifijo, que
besó con ternura, sácó la mano pará a p re ­
tarlo -contra sus labios y se d u rm ió con
el sueño de los justos el mes de Diciembre
de 1838.

D IA 24
D e l a g r a v e d a d d e l p e c a d o , p o r l a v ile z a
d e l h o m b r e q u e o fe n d e a D i o s y p o r l a
n a d a q u e tie n e d e s u c o s e c h a .

Lo primero, he de considerar lo que


soy cuanto al cuerpo, ponderando
cómo mi origen es todo, y mi fin p ¡?
polvo; mi carne es flor y heno que
D ía v e in t ic u a t r o

presto se marchita, y mi vida es un


soplo y vapor, que presto se pasa ; y
con ser tan breve, está llena, como
dice Job, de muchas miserias y nece­
sidades, de hambre, frío, dolor, enfer­
medades, pobrezas y peligros de muer­
te, sin’ tener seguro un solo día de
vida ni de descanso ni de salud ; de
tal manera-, que no es posible librarme
de estas miserias por mis fuerzas, si
no es que Dios Nnestrto Señor, con su
protección y providencia m© ampare y
libre de ellas. Pues ¿qué mayor locu­
ra puede ser, que un hombre tan nece­
sitado y miserable se atreva a ofen­
der a su único remediador y protector? ;
¿ y. qué desvarío puede ser mayor que
siendo la carne polvo y ceniza y un
muladar hediondo y un enjambre de
gusanos y la misma podredumbre, pre­
suma injuriar al Supremo Espíritu de
inmensa- majestad ante quien tiemblan
las potestades y los demás espíritus
bienaventurados? ¡Oh, tierra, y ceniza,
cómo te ensoberbeces contra. Dios! ¡ Oh,
vaso de barro, cómo contradices a tu
Hacedor! ¡ Oh, carne miserable, si tan­
to temes al hombre, que te puede qui­
tar la vida temporal, sin hacerte otro
mayor daño, ¿cómo no tiemblas de
I2Ó MBS DB SAN JOSÉ

Dios, que también te puede quitar la


vida, eterna y echarte en el fuego dei
infierno?
Lo segundo, consideraré lo que so}
cuanto al alma, ponderando) cómo he
sido criado de nada, y de mi cosecha
soy nada, nada valgo, nada- puedo y
nada merezco, y luego me convertiría
en nada, si Dios continuamente no me
conservase ; ni podría hacer cosa algu­
na si Dios continuamente no me ayu­
dase. Demás de esto, he sido conce­
bido en pecado y con inclinación a
pecar ; por el desorden de mis apetitos
y pasiones, vivo sujeto a infinitas mi­
serias dt ignorancias y errores, rodea­
do de innumerables tentaciones dentro
y fuera de mí, por enemigos visibles
e invisibles que de todas partes me
cercan ; y por la flaqueza de mi libre
albedrío he consentido y consiento en
ellos, cometiendo muchos pecados, por
los cuales vengo a ser menos que
nada: porque menos mal es no ser,
que pecar, y mejor me sería no haber
sido, que ser condenado.
Y si esto es lo que soy, muy peor es
lo que puedo ser por mi grande muta­
bilidad y flaqueza, porque por los mo­
vimientos interiores que siento a in­
O ÍA VEINTICUATRO 127

numerables pecados, de infidelidades,


blasfemias, iras y carnalidades, saco
que a todos estos pecados estoy sujeto
y caería en ellos si Dios me dejase
de siTmano; y por lo que hacen y han
hecho todos los pecadores del mundo,
puedo colegir lo qué yo haría dejado a
mi libertad. Porque, como dice San
Agustín, no hay pecado que haga un
hombre, que no pueda hacer otro hom­
bre. Y así, me tengo de imaginar como
una fuente de todos los pecados que
hay en el mundo, y como un perro
muerto y hediondo que pone asco el
mirarlo. Por todo lo cual me tengo de
despreciar y juzgarme po<r ser digno
de ser despreciado de todos.
Riendo, pues, esto así, ¿a dónde más
puede llegar mi desvarío, que de mi
propia voluntad ofender a la majestad
de Dios? Si soy nada de mi cosecha,
¿ cómo me atrevo a ofender aJ que
es el mismo Sér? Y ¿por qué me apo­
co tanto, que me hago menos que la
nada, indigno del sér que tengo? Si
estoy sujeto a tantas desventuras
como me pueden venir por mi alma,
¿cómo no aplaco al que puede librar­
me de aellas? ¡ Oh, Dios de mi alma,
mirad por e lla ; pues la criasteis de la
128 MBS D B SAN JOSÉ

nada, sacadla de esta nada que es el


pecado y juntadla con Vos, para que
por Vos tenga sér y vida y gracia, y
alcance el ser bienaventurado de la
gloria. Amén. "

EJEM PLO

En el refugio de la Cruz Roja, de Lyon,


se hallaba un veterano del prim er Imperio
que había estado en la gu erra de España,
tomando parte en los inñnitos sacrilegios
que desolaron el país. No podía oír hablar
de sacerdotes, y menos de religiosos, a los
que aborrecía frenéticamente.
E ra hom bre perverso y sin principio al'
guno religioso. Dios, en su misericordia,
había dado a este hombre una angelical
criatura, joven piadosa que lloraba secre­
tamente al v er' a su padre en tan deplora­
bles disposiciones. Suplicaba a Dios por la
conversión de 9u padre, y pedía a sus am i­
gas intercediesen también cerca del Señor
y de su Santísim a M adre. Ocurrió por en­
tonces que una de estas personas, fiel sir­
viente de San José, de la Orden Tercera de
M aría, tuvo la feliz Inspiración de entre­
g a r a todas las Herm anas de la Congrega­
ción un ejem plar de la devoción de Los
Siete Doffiingos, suplicando que tuvieran a
bien rogar todas a Snn José por aquel hom­
bre desgraciado. En tanto, la h ija de ést^
DÍA VEINTICINCO 12 9

redoblaba sus instancias cerca de Jesús.


M aría y José. Dejóse vencer Dios por aque­
lla perseverancia. Y el pecador impío sin­
tióse vivamente tocado de la gracia, ha-,
c¡endose la luz en su espíritu. Se confesó
con grandes muestras de contrición. Hací.
cuarenta j cinco años que estaba alejado
de los Sacramentos. Su hija tuvo la gran
dicha de acom pañarle a la Santa Mesa
el dia de Nuestra Señora del Amparo, en
1862.

D IA 25
De las propiedades de la muerte.
La primera propiedad de la muerte
es ser certísima, sin que ninguno se
pueda escapar de ella en el tiempo que
Dios tiene determinado.
En lo cual se ha de ponderar, lo pri­
mero, que Dios Nuestro Señor, desde
su eternidad, tiene determinadoü los
años de nuestra vida, y señalado el
mes, el día y la hora en qne cada uno
ha de morir, sin que sea posible, como
dice Job, pasar de él un punto, ni hay
rey que pueda añadirse a sí o a otro
un momento de vida sobre lo que Dios
ha determinado. Y así como entré en
el mundo el día que Dios quiso, y no
Mea de Marzo. %
130 M ES D S SAN JOSÉ

antes, así también saldré de él el día


que Dios quisiere, y na después. Para
que entienda que cualquier día que
Vivo le recibo de gracia.; pues pudiera
Nuestro Señor haberme señalado pla­
zos de vida más cortos, como señaló
a otros que murieron en el vientre de
sus madres, o en su niñez. Y pues mi
vida está tan colgada de Dios, justo
es gastar todo el tiempo de ella en
servicio de quien me la da, teniendo
por sumo desagradecimiento emplear
un solo momento en ofenderle.
Lo segundo, he de ponderar que Dios
Nuestro Señor, en este su decreto,
acortó o alargó los dias que podían vi-
vir algunos hombre», según su natural
complexión, por los secretos tiñes de
su soberana Providencia.; porque a
unos, por sus oraciones o de otros San­
tos, alarga los días de la ^ida, como
al rey Ezequías añadió quince años,
porque con lágrimas se lo pidió, y lo
mismo ha sucedido en los difuntos que
milagrosamente han resucitado. A
otros acorta los días de la. vida por
uno de dos fines: o por su salvación,
arrebatándoles, como dice el Sabio, en
su mocedad, antes que la malicia tras­
tornase su juicio y la ficción engañare
DÍA VEINTICINCO •31
su alma, o al contrarío, en castigo de
sus graves pecados, o para atajarles
los pasos, porque no añadiesen otros
mayores.
Otra propiedad de la muerte es que
cuanto al día, lugar y modo, es ocul­
tísima a todos los hombres y manifies­
ta a sólo Dios. En lo cual ponderaré,
lo primero, cómo no podemos sabe* el
día ni la hora en que hemos de morir,
ni el lugar, ni la ocasión ni coyuntuna
en que nós ha de coger la muerte, ni
el modo cómo hemos de morir, si será
con muerte natural, por enfermediid y
por qué género de enfermedad, o si
será con muerte violenta, por fuego o
agua, o a manos de hombres o de fie­
ras, o por algún rayo o teja de algún
tejado, que caiga sobre nosotros. Esto
sólo sabemos, que vendrá de repente
la muerte o la enfermedad y ocasión
de ella, y que cuando uno está más
descuidado le saltea la muerte como
ladrón que viene de noche a escalar
la casa y robar la hacienda; así dice
Cristo Nuestro Señor: «Vendrá el
Hijo del hombre a escalar vuestra
casa», que es el cuerpo, y robar y sa­
car de él el alma y hacer juicio de ella.
Meditaremos los fines que el señor
132 MBS DB SAN JOSÉ

tuvo en esta traza de su Providencia;


es, a saber: para obligarnos a estar
siempre en vela, temiendo esta Lora,
previniéndonos para ella' haciendo pe
nitencia de nuestros pecados, antes
que la muerte nos ataje, y dándonos
prisa a merecer y trabajar,antes que
oe acabe la luz y se muera la candela
de improviso y nos quedemos a oscu­
ras. .Esto concluía Nuestro Señor en
las parábolas que puso de esta mate­
ria. Unas veces decía: \Velad en to
dos los días y en todas las horas, por
que no sabéis el día ni la hora de
vuestra muerte». Otras veces decía:
«Velad, porque no sabéis la hora en
que vuestro Señor ha de venir; y es­
tad aparejados, porque en la hora que
no pensáis, vendrá el Hijo del hombre».
Con estas palabras me exhortaré a raí
mismo a menudo, diciéndome: Ciñe
tu cuerpo con ía mortificación de tus
vicios y pasiones, y toma én tus ma­
nos hachas encendidas de virtudes y
buenas obras, y está siempre en vela
esperando la venida de Cristo, porque
vendrá cuando menos piensas, y la
Iiora que tú tuvieres más olvidada
se’iá quizás la que El tiene señalada :
y si no te halla muy apercibido, has
DÍA VEINTICINCO '33

de hallarte muy burlado. ¡ Oh, pecador


miserable, ten misericordia de tu alma,
procurando aplacar a Dios con la pe­
nitencia, antes que te coja d© repente
tan horrenda miseria.

E JEM PLO

Una joven m uy devota de San José tomó


por costumbre durante su última emerme-
dad 'exclam ar á menudo: «Jesús, José y
M aría, yo os doy el cdrazón y el alma
m ía».
Agravándose la enfermedad, le faltaron
las fuerzas p ara ’orár, pero se sentía m ovi­
d a a rezar la oración de la buena muerte.
Jamás apartaba los ojos de un cuadro de
San José que tenia cerca de Id cama, y
continuamente pronunciaba los nombres
de Jesús, José y M aría, que repitió basta
cinco minutos antes de expirar. Antes di
entrar en el período de agon ía, como le
produjese cansancio estar siempre de un
mismo lado, indicó que deseaba volverse
del otro; pero de repente dijo: «No, no; ya
estoy bien, pues asi puedo v e r a Jesús, M a­
ría y José». M u rió tranquila poco después,
con la sonrisa en los la b :os. Los que la
asistieron en aquel momento, confesaron
no haber sido jam ás testigos de una m uer­
te más edificante, y el etposento quedó co­
‘ 34 MKS DE .SAN JOCÉ

mo em balsam ado de un perfum e de viole­


tas, cosa que notaron con ‘ admiración v a ­
rias personas.

D IA 26
De la9 cosas que causan congoja y aflic­
ción al que está cercano a la muerte.

Consideraré la grande pena y aflic­


ción que me causará la memoria de
todas las cosas pasadas, discurriendo
por las más principales.
Lo primero, me afligirá grandemen­
te la memoria de los pecados pasados
y de todas las libertades, carnalida­
des, venganzas, ambiciones y codicias
que he tenido en el discurso de mi
vida. A más, las tibiezas en el servicio
de Dios, las negligencias y omisiones y
todas las demás culpas, cuando no es­
tán muy lloradas y enmendadas. Ten­
go de imaginar que se hace entonces
de todos mis pecados un ejército como
de toros, leones, tigres y otras fieras
que me despedazan el corazón : o como
un ejército de terribles gusanos que
roen y muerden mi conciencia, sin que
las riquezas ni los deleites de que gocé
sean parte para cerrar sus crueles bo­
O ÍA VEINTISÉIS 135

cas, porque pasado el deleite de' la. cul­


pa, no queda sino el acedía de la pena ;
y después que bebí el vino dulce del
deleite sensual, soy forzado a beber la
amargura de sus heces. Entonces se
cumple lo que dice David : «Me han
cercado dolores de muerte y los arro­
yos de la maldad me han congojado:
dolores de infierno me han cercado
por todas partes, y los lazos de la
muerte me han apretado sin pensar».
¡Oh, qué dolores tan amargos! ¡Oh,
qué arroyos tan furiosos! ; Oh, qué lar
zos tan estrechos serán éstos, de los
cuales ni me podré librar por mis so­
las fuerzas y apenas sabré aprovechar­
me de ellas, porque la amargura de
estos dolores me provocará a descon­
fianza! La furia vehemente de estos
arroyos me turbará el juicio, y la es­
trechura de estos lazos me apretará la
garganta para no pedir perdón de mis
pecados, aprovechándose de todo esto
el demonio para que no salga dé ellos.
¡ Oh, alma mía !, llora y confiesa bien
tus pecados en vida, porque no te in­
quieten ni atormenten en la muerte.
Ño digas: He pecado y ninguna cosa
triste me ha sucedido, porque se pa­
sará presto la. alegría y vendrá de gol-
MES DE SAN JOSÉ

])e Ja tristeza. N o pierdas de todo pan­


to el miedo del pecado que tienes por
perdonado, porque no te retoñezca en
la muerte él pecado que lloraste mal
en la vida. Estos y otros avisos que
apunta el Eclesiástico en su cap. Y, lie
de sacar de esta consideración con áni­
mo de comenzar luego a ponerlos por
obra.
Después ponderaré cómo entonces,
no solamente me atormentará y afli­
girá la memoria, de los pecados, sino
también la pérdida del tiempo que
tuve para negociar un negocio tan
importante como el de mi salvación y
haber dejado pasar muchas ocasiones
que Dios me ofreció para ello. Enton­
ces desearé un día de los muchos que
ahora desperdicio durmiendo, jugar-
do y parlando por entretenerme, y no
se me concederá. Entonces me afligí r i
no haber frecuentado los Santo» Sa­
cramentos ni loa ejercicios de oración,
u,o haber respondido a las divinas ins­
piraciones, ni oído sermones, ni ejer­
citado obras de penitencia, y no haber
dado limosnas a pobres para gn nar
amigos que me reciban en las eternas
moradas, ni haber sido devoto de los
Santos, que en aquel aprieto pueden
DÍA v e i n t i s é i s 137

ser mis valedores y abogados. Enton -


tres liaré grandes propósitos de hacer
lo qne no hice cuando pude, deseando
vivir para cumplirlos,, y quizás todos
serán sin provecho, como los del mi­
serable rey Antíoco, cruel perseguidor
de los hebreos, el cual, estando a la
muerte, aunque hacía grandes prome­
sas y plegarias a Dios, dice la Escri­
tura que oraba estq malvado al Señor,
de quien no había de alcanzar miseri­
cordia ; no porque faltase a Dios mi­
sericordia, sino porque faltaba al mi­
serable la verdadera disposición para
recibirla, porque todos aquellos pro­
pósitos nacían de puro temor servil,
y eran como torcedor para alcanzar
salud, como si pudiera, engañar a Dioe
como engañaba a los hombres.
De estas consideraciones he de sa
car cómo la hora de la muerte es hora
de desengaños, en la cual juzgaré de
todas las cosas diferentemente que
ahora, teniendo, como dice el Eclesiias-
tés, por vanidad lo que antes tenía por
cordura ; y al contrario, teniendo por
cordura lo que antes tenía por vani­
dad. Y .así, la verdadera cordura está
en proponer con eficacia lo que enton­
ces querría haber hecho, y cumplirlo
13 8 M ES DE SAI* JOSÉ

luego; porque ley ordinaria es que


quien vive bien, bien muere, y quien
vive mal, raras veces acierta a morir
bien. Y en especial haré un gran pro­
pósito de no perder punto de tiempo,
ni dejar pasar ocasión de mi aprove­
chamiento, acordándome de lo que dice
el Eclesiástico: N o te prives del buen
día, ni dtijcs pasar partecica del buen
don, aprovechándote de todo, para
gloria del que te lo da.

EJEMPLO

U na persona que había cometido una


enorme culpa contra un voto que naíua ne-
clio, no pudo vencer la vergüenza, que le
cerraba la boca en el tribunal de la peni­
tencia p ara confesarla. Permaneció así al­
gún tiempo en desgracia de Dios, conti­
guam ente atorm entada por los rem ordi­
mientos, de su conciencia. Esta infeliz, veía
muy bien que no podría d eja r de padecer
si no arrancaban la espina que le punzaba,
ni curar, sin descubrir su herida al médi­
co espiritual. Hallándose en tan triste es­
tado, la vino al pensamiento el Invocar a
San José p a ra qué socorriese su flaqueza y
le diese Tuerza p a ra vencer las repugnan­
cias de las que no podía triunfar. Con este
intento rezó por nueve días consecutivos el
DÍA VEINTISIETE 139

himno y oración del Santo. Concluida la


Novena, se sintió con tanta fuerza y valor,
que pudo ir resueltamente a echarse a los
pies de un confesor y descubrirle todo, sin
dificultad alguna. Desde este feliz momen­
to, conñó al Santo el cuidado de su a'Jma,
y tomó la costumbre de traer continua­
mente su im agen durante la noche, para
qüe le sirviese de escudo coptra los malos
sueños. San Jo.só recompensó con gracias
extraordinarias aquella fidelidad, consi­
guiéndole del Señor una gran pureza de
alm a y cuerpo. '

D IA 27

Del juicio particular que se hace del


alma en el instante de la muerte.

En esta meditación se ha de presu­


poner la \erdad de nuestra fe, que ho-
áos los hombres, como dice San Pa­
blo, hemos de ser presentados ante el
tribunal de Cristo, para que cada uno
dé razón de lo que hizo viviendo en
este cuerpo, así der lo bueno como de
lo mata, y este juicio se hace invisi­
blemente después de la muerte, por­
que decreto es de Dios infalible que
todos los hombres mueran, y después
140 M ES UH SAN JOSÉ

se siga el juicio, y como ninguno se


escapa, de. lo primero, tampoco de lo
segundo.
Representémonos las personas que
asisten en este juicio, mirando las ca­
lidades y semblantes de cada una. Es­
tas son, por lo menos, cuatro.
La primera es el alma que lia de ser
juzgada, la cual estará sola, desnuda
de su cuerpo y de todas las cosas visi­
bles, vestida solamente de sus obras,
porque aunque se hallen a la muerte
muchos deudos y amigos y muchas
personas religiosas, pero en el pumo
que sale del cuerpo, ninguno la pus-
de hacer «ompañia ni favorecerla. Tan
sola estará el alma del r(ey como la del
labrador; la del rico como la del po­
bre ; la del letrado, como la del idiota...
A los dos lados del alma, como se
saca de la divina Escritura, estaré n
por lo menos el ángel de la guarda y
el demonio, con diferentes semblantes,
conforme a los barruntos que tienen
de lo que ha de suceder. La cuarta per­
sona es el Juez, que es el mismo Dios ;
el cual ha de hacer este juicio invisi­
blemente, aunque dará señales de su
presencia, imprimiendo terrible mie­
do y horror en el malo y paz y con­
1) A VSIN IISIETB 141

suelo en el bueno. Y como es infinita­


mente sabio, no puede engañarse en
lo que juzga; y como es 'sumamente
bueno, no puede torcer de la justicia ;
y como es todopoderoso, ninguno pue­
de resistir a su sentencia ; y como es
supremo juez, no hay de su tribunal
apelación, y su sentencia siempre es
definitiva e irrevocable; porque como
todo lo que se puede ver en este pleito,
lo ve y comprende en la primera vista,
es superflua la revista.
Ponderando estas cosas, imaginaré
que mi alma está delante del tribu aal
de un tan recto juez, como es Dios
Nuestro Señor, para ser juzgada ; y
un rato considerando mis pecados para
moverme a temor, miraré al Juez in­
dignado contra mí, con un rostro se­
vero y un ánimo inexorable, y miraré
a Satanás, que está a mi lado (fferecho,
muy contento y como victorioso, apli­
cándome a mi lo que dice el real Pro­
feta D avid: Prevalezca el pecador
contra él, y el diablo esté a su maneu
derecha. Cuando fuere juzgado , sálga
condenado, y la oración que hiciere
aumente su pecado. Otro rato, para
moverme a confianza, miraré al Juez
benigno para conmigo, con un rostro
142 MES DE SAN JOSÉ

amoroso y apacible, y al ángel de mi


guarüa a mi lado derecho, alegre [>or
mi victoria, imaginando que está di
cien do en mi favor contra el demonio,
lo que refiere el profeta Zacarías. R e ­
prímate, el Señor, ¡ oh, Satanás ! ; re­
prímate el Señor . ¿ P o r ventura este
púbrecito no es un carbón sacado del
fuetjo para que no se acabase de que­
mar ? Pues ¿qué le quieres? ¡ Oh, justí­
simo Juez y misericordiosísimo Pa­
dre!, confieso que soy carbón negro y
feo, por mis' culpas, y medio abrasado
con el fuego de mis pasiones. Lávame,
Señor, y blanquéame con el agua viva
de tu gracia y con ella mata este fue­
go que me quema, para que el día de
la cuentai el demonio me deje y el án­
gel me ampare: tu misericordia me
reciba y tu justicia me corone. Amén.

EJEM PLO

San Ligorio hallábase cercano a la m uer­


te. Mientras se celebraban M isas por él, en
su cuartó, se le oíá exclam ar: o|Qué de ene­
migos extraños!» Recordáronle la muerte
del Salvador, y le invitaron a que le hi­
ciese la ofrenda de la suya. El Santo, re­
cobrando bus sentidos, alzó las manos, d i­
DÍA VEINTIOCHO 143

rigió los ojos hacia la im agen de la San­


tísima Virgen, y con voz clara recitó el
Avem aria. Sus discípulos, conociendo la
tierna confianza que tenia en el casto es­
poso de M aría Santísima, diéronle a besar
una im agen de San José: tomóla en sus
manos, la contempló algún tiempo, y vol­
viéndose al hermano que le servía, le hizo
esta pregunta: «¿Es San José?» «Sí— res­
pondió el enfermero— ; os San José, a
quien puede encomendarse.» Entonces vió-
sele pronunciar algunas palabras, ñ ja la
vista con complacencia en la imagen de!
digno esposo de M aría. A l cabo de corto
tiempo, durm ióse tranquilamente en los
brazos del Señor, en el momento en que
tocaban el Angelus.

D IA 28
D e lo q u e s u c e d e a l c u e r p o d e s p u é s d e
l a m u e rte .

TTno de los principales provechos


que debemos sacar1 de las meditaciones
de la muerte, es aquel noble ejercicio
de virtud, muy parecido con ella, que
llamamos mortificación ; lo cual no es
otra cosa que una muerte de nuestras
pasiones y aficiones desordenadas, qui­
tándolas la vida que tienen en nos­
144 MBS DK SAN JOSÉ

otros mismos, pix>curando reprimirías


y sepultarlas, hasta que se conviertan
en polvo y nada, al modo que dijo i)a-
y id : Perseguiré a mis enemigos y los
prenderé y no cesaré hasta que desfa­
llezcan ; los desmenuzaré, hasta de­
rribarlos y •ponerla^ debajo de mis
pies.
El primer punto será considerar cuál
quedará mi cuerpo después de muerto,
desamparado ya del alma, ponderan­
do especialmente tres miserias.
La primera, que pierde el uso de sus
miembros y sentidos, sin poder jamás
ver, ni oír, ni hablar, ni meneanse de
un lado, ni gozar de los bienes de esta
vida mortal. Ya no le inmutan las co
sas hermosas, ni las músicas suaves,
ni los olores apacibles, ni los manja­
res sabrosos, ni las cosas blandas;
todo esto es para él como si no fuese,
porque perdió los instrumentos que
tenía para gozar de ello, y le servirá
muy poco todo lo que ha gozado. La
segunda miseria, es quedar descolori­
do, y desfigurado, feo, horrible, yerto,
helado y hediondo,' caminando con
gran priesa a la corrupción. De mo­
do que quien poco antes recreaba la
vista con su hermosura, pone horror
DÍA VBINTÍCCHO >45

con su fealdad. De donde resulta la


tercera miseria, que todos lo dejan
solo en el aposento, en poder de los
que le han de amortajar ; y sus mis­
mos amigos y domésticos, que no ven
la hora de echarle de casa, tienen por
género de piedad negociar esto con
presteza.
De esta consideración sacaré cuán
acertado será en vida hacer de grado
algo de lo que después ha de ser por
fuerza, y sin provecho, tratándome
como muerto al mundo y a todo ló
que es carne y sangre, procurando
imitar la muerte en otras tres cosas
semejantes a las dichas, mortificando
mis sentidos y privándome de los de­
leites de ellos, no solamente de los
ilícitos, sino de algunos lícitos, no ne­
cesarios ; de modo que, como muerto,
no tengo de tener pies, ni manos, ni
ojos, ni oídos, ni gusto, ni ^lengua
pa>ra todo lo que es pecado, o falta
contra la perfección que profeso. Y en
esta razón, las cosas hermosas y .apa­
cibles de esta vida han de ser para
mí como si no fuesen, poniéndolas de­
bajo de mis pies, mirando, como dice
San Gregorio, no a lo que ahora son,
sino a lo que presto serán, pues por
146 M BS » B SAN JOSÉ

más que vistas a la carne de brocado


y seda, carne se queda. ¿ Y qué es
w-rne, sino lieno? ¿ Y qué es su gloria,
sino flor del campo, que con un soplo
se marchita? Finalmente, he de seguir
la. virtud con un ánimo tan generoso,
que, como el muerto no se queja de que
todos huyan de él y le déjen, así no
se me dé nada de que el mundo me
deje, huya de mí y me aborrezca como
;i muerto y crucificado ; antes hu de
tener por dicha lo que dice David :
Los que me miraban, huyeron de mí,
olvidáronme de corazón, como si estu­
viera muerto. F u i semejante a un vaso
quebrado, oyendo muchos desprecios
de los que estaban cabe mí. ¡ Oh, si
muriese en mi corazón, para no sentir
que los hombres me tratasen como
muerto! ¡ Oh, si yo estuviese tan muer­
to y crucificado a todo lo que es mun­
do. que el mundo también me tuviese
por crucificado y muerto! Concédeme,
oh, dulce Jesús, que por la ley de tu
gracia muera a la ley de la culpa., para
vivir a Dios, gustando de estar encla­
vado contigo en tu misma, cruz ; de
modo que ya no viva yo, sino Tú en
mí, por todos los siglos. Amén.

dití'Oteca Nacional de España


DÍA VEINTIOCHO Í47

EJEM PLO

Un señor m uy devoto de San José tenia


la costumbre de celebrar en el día de su
fiesta cada año una M isa solemne en su
honor. Tenía tres hijos, y ocurrió que,
precisamente un año, en el d ía de la fiesta,
murió el m ayor. Acongojóse por tai coin­
cidencia; m as pasó el tiempo, y acercán­
dose la fiesta del Patrocinio, mandó cele­
brar su Misa acostumbrada. ¡Cuál no fué
su desagradable sorpresa al ver poco des­
pués m orir su segundo hijo! Lleno de in­
quietud y pesar, tuvo miedo de m andar ce­
lebrar al año la M isa solemne, sin antes
consultar con algún sacerdote el extraño
caso ocurrido. En este pensamiento medita­
ba una noche, cuando, quedando dormido,'
vló entre sueños un campo con pocos ár­
boles. En dos de ellos había colgados dos
jóvenes. A l lado h ab la un ángel que le di­
jo: «¿Ves esos dos jóvenes? Pues esos hu­
bieran sido tus hijos, si el Señor, por in­
tercesión de San José, de quien eres tan
devoto, no los hubiese trasladado de esta
vida a la eterna, en el tiempo en que eran
aún justos. M as del tercero no temas cosa
desagradable. V iv irá y será obispo. Puedes
m andar celebrar la Misa, como siempre,
sin que por ello tengas que preocuparte».
Despertó el piadoso caballero, y siguiendo

Biblioteca Naoional de Esoaña


148 MBS DB SAN JOSÉ

el consejo del ángel, vió cumplirse todo a


la letra, con gran regocijo suyo y agradeci­
miento al Santo Patriarca.

D IA 29

De los engaños y daños gravísimos que


trae el olvido de la muerte y el modo
como se han de remediar.

Esta meditación fundaré en lo que


Cristo Nuestro Señor dice de un hom­
bre rico, el cual, habiendo cogido co­
piosos frutos de su heredad, echaba tra­
zas, dentro de sí mismo, de ensanchar
sus graneros para recogerlos y guar­
darlos, y, hablando con su alma, le
d ijo : «Alma, muchos bienes tienes
guardados para muchos años; descan­
sa, come, bebe y date al placer». Y lue­
go le dijo D ios: «Necio, esta noche te
pedirán y sacarán el alm a; las cosas
que allegaste ¿cúyas serán?» ,En perso­
na de este rico, tan olvidado de su
muerte, se representa lo que pasa por
lop que tienen semejante olvido, espe­
cialmente cuando son ricos, sanos y
mozos ; lo cual he de aplicar a mí mis­
mo, en la forma que se sigue:
S/Wfoteca N9Gion9f de España
DÍA VEINTINUEVE 149

Lo primero, se lian de considerar


tres grandes engaños que trae consiga
el olvido de la muerte, por razón de
los cuales Dios Nuestro Señor llamó
necio a este rico.
El primer engaño es prometerme
muchos años de vida, y echar tranzas
de lo que tengo de hacer en ellos, como
si esto dependiera solamente de mi vo­
luntad, y no de la de Dios, el cual
quiziá tiene trazado de quitarme la
vida en la misma noche o día en que
pensaba que sería muy larga, y con esto
deshace mis traaas, y descubre cómo
eran muy erradas. Por lo cual me re­
prenderé con las palabras de Santiago
Apóstol, diciéndome: ¿ Cómo te atre­
ves a decir: Mañana iré a tal ciudad,
y estaré allí un año, negociaré y sal-
dré con ganancia, y no sabes lo que
será de ti mañana ? Porque tu vida es
vapor que presto se deshace. M6 s ra­
zón fuera que dijeras: Si Dios quisie­
re y viviere, hw'é ésto o aquéllo ; por­
que, de otra, manera, te hallarás bur­
lado si Dios ha trazado lo contrario..
El segundo engaño es prometerme,
no solamente larga vida, sino asegu­
rarme que tendré salud, fuerzas y con­
tento con los bienes que poseo, y que
M BS DK SAN JOSÉ

ellos también durarán tanto como yo.


<De donde procede que con la obra ex­
horto mi alma y la digo: Descansa,
oome, bebe, date a banquetes y place­
res, que nada te faltará. Lo cual es
gravísimo engaño, porque todo esto
depende de Dios, el cual me, puede qui­
tar los bienes antes que se. me acabe
la vida ; y cuando no los quite, me
puede quitar la salud y fuei*z;us, como
dice el Eclesiastés, de modo que d o
g«oc© de ellos.
El tercer engaño es olvidarme de
proveer lo necesario para la otra vida,
como si no hubiera, más que esta pre­
sente ; y esta fué la más calificada ne­
cedad de este rico, porque habiendo
proveído a su alma de tantos bienes
para pasar esta vida temporal, total­
mente se olvidó de proveerla de los
bienes necesarios paira la vida eterna;
por lo cual es forzoso que la desventu­
rada alma' que en esta miserable vida
comía, bebía y banqueteaba, después
padeciese perpetua hambre y sed y
eterna miseria.
Ponderando estos tres engaños, exa­
minaré si está mi alma engañada con
ellos y la exhortará a lo contrario de
este rico, diciéndola: «Alma mía, no
DÍA VBINTINUEVB

te prometas largos años, porque quizá


acabarás el presente: no te glories
10*0
del día de mañana, porque no sabes lo
que parirá el día que está por venir.
No te des al descanso, sino al trabajo ;
no a comidas y banquetes, sino a ayu­
nos y lágrimas. Ten cuidada de la vida
eterna que te espera,, porqjie después
de la muerte no hay lugar de merecer
el descanso y hartura que ha de durar.
¡Oh, Dios eterno!, líbrame, por tu in­
finita bondad, de estos miserables en­
gaños antes que la. muerte me coia en
ellos. ¡Exhorta Tú mi alma a las obras
que te agradan, para que de hoy más
se aparte de todas las cosas que te
ofenden. Amén.

EJEMPLO

Una V. M adre Carmelita descalza, lla m a ­


da Catalina de Cristo, fué devotísima del
glorioso San José, a quien acudía por el
gran celo que tenia en la propagación de su
Orden. Siempre encontró propicio al Santo
en favorecerla; mas de un modo especial
recompensó sus trabajos en la hora de' la
muerte, pues después de asistiría en ese
trance, la acompañó al cielo. Mientras que
el V. P. F ray Domingo estaba rogando por
152 MBS DE SAN J O S Í

ella, durante su enfermedad, le dijo al P a ­


dre: «Y a es tiempo de alegrarme, pues se me
ha dicho: «Irem os q. la casa del Señor». En
seguida, confortada con los Sacramentos y
pidiendo perdón a sus herm anas religiosas
p or sus m alos ejemplos, puso su pensa­
miento en el cielo y exclam aba: «P a ra mi
ninguna cosa me puede causar m ayor con­
tento que salir de este m undo». A las reli­
giosas que lloraban las consoló, diciéndo-
les que más podría ayudarlas desde el cie­
lo. A poco empozó su agonía, dulce y tran­
quila, y se le hizo la recomendación del
alma, espirando con la sonrisa en su ros­
tro. El virtuoso P. Domingo tuvo un arro­
bamiento, durante el cual pudo contemplar
a la M. Catalina rodeada de una intensa
luz, en com pañía de la Virgen, San José,
San Juan Bautista y su Santa Madre, Tere­
sa de JeSQs, que se dirigían al cielo.

D IA 30

Del infierno, en cuanto a la eternidad de


las penas y a la terribilidad del lugar
y de sus moradores y atormentadores.

Lo primero, se ha de consideral lo
que es infierno, del modo que la fe nos
lo enseña, para que sabiendo su defini­
ción, temblemos de oír su nombre.
DÍA TREINTA 153

lucerno es una cárcel perpetua, llena


de fuego y de innumerables y muy te­
rribles tormentos, para castigar perpe­
tuamente a los que mueren en pecado
mortal. Infierno, otrosí, es un estado
eterno, en el cual Ion pecadores, en
castigo de sus pecados, carecen de to­
dos los bienes que pueden desear para
su contento, y padecen todos los géne­
ros de malee que pueden temer i>ara
su tormento. De suerte que en el in­
fierno se junta la privación de todos
los bienes que en esta vida gozan los
hombres, y en la otra los ángeles ; y
la presencia de todos los males que en
esta vida, afligen a los hombres y en la
otra a los demonios.
Esto puedo ponderar, discurriendo
por todos los males y miserias que pa­
dezco o yeo padecer a otros, aumentán
dolos y eternizándolos con la consi­
deración ; porque todo lo que en esta
vida se padece es poco y dura poco
tiempo, pues tiene fin‘ ; pero lo que se
padece en el infierno, es muchísimo, y
durará por infinita duración, que
compite con la de Dios, porque dura­
rá cuanto Dios durare. Si aquí padez­
co hambre y sed, entenderé que en el
infierno tendré otra hambre incompa­
>54 MBS DB SAN JOSÉ

rablemente mayor, y además de esto,


eterna. Si padezco algún dolor o des­
honra., o pobreza, o tristeza, o falta, de
amibos, etc., todo esto padeceré en el
infierno con tanto exceso, que lo de
acá es como pintado y como un soplo ;
pero lo de allá todo será terribilísimo,
y nunca, «e ha de acabar ; porque des­
pués de haber durado cincuenta mil
años, quedan otros cincuenta mil mi­
llones que pasar, y pasados éstos que­
dan otros y otros sin cuento. Y (ron
haber estado Caín en el infierno más
de cinco mil años, es como si hoy co­
menzara. Y casi dos mil años ha que
el rico avariento arde y pide una gota
de a#ua., y siempre arderá y la desea­
rá. Pues ¿ qué locura es, ¡ oh, alma
m ía!, por no padecer en esta vida tan
pequeños trabajos y tan breves, po­
nerte a peligro de padecer males tan
grandes y tan largos?...
También se han de considerar las
causas y circunstancias de esta eter­
nidad, ponderando cómo cuanto hav
en el infierno es eterno.
Lo primero, el condenado es eterno,
no solamente cnanto al alma, sino
cuanto al cuerpo, porque será in­
mortal ; ni se podrá matar a sí mismo.
DÍA TREINTA 155

ni otro le podrá matar, ni Dios le que­


rrá aniquilar.
Lo segundo, el lugar de la cárcel es
eterno, sin que pueda arruinarse, por­
que la tierra, en cuyo medio está el in­
fierno, durará para siempre. El fuego
también será eterno, porque el soplo
eterno de Dios, como dice el profeta
Isaías, servirá de piedra, azufre, que
le irá conservando, sin tenei* necesi­
dad de otra leña.
Lo tercero, el gusano que allí, muer­
de será eterno, porque las culpas
también lo serán, por cuanto en el in­
fierno no hay perdón de pecados, ni
penitencia verdadera, ni satisfacción
que se acepte, ni la sangre de Josu-
cristo se les aplica. De donde proce­
de que quien quiere morir sin peniten­
cia ríe sus pecados, virtualmente quie­
re permanecer en ellos para siempre,
y que sus pecados sean eternos, y así,
merece que la divina Justicia le cas­
tigue con penas eternas. Pues, ¿cómo,
alma mía, no temes este ser eterno
obligado a miserias eternas? ¿ Cómo
uo te atemoriza este fuego? ¿ Este so­
plo? ¿Este gusano? ¿ Y este decreto
de Dios, inmutable y sempiterno?
Mira que ahora mudará Dios la sen­
156 MES D B SAN JOSÉ

tencia, si tú mudas la vida con la pe­


nitencia. No aguardes a que tu culpa
se haga eterna, porque también lo será
la pena.

EJEM PLO

Entre los varones ilustres de la Compañía


de Jesús, se encuentra el H. Juan' Gran ge,
el cual tuvo como premio a su constancia
en la práctica de obsequiar a San José du­
rante toda su vida, que el Santo Patriarca
viniese a buscarle £ la hora de su muerte.
E ra este H. cocinero; y p ara no tener oca­
sión de perder el recogimiento interior en
su empleo, prefería, a pesar de estar bas­
tante delicado, trab ajar solo en su oficina.
En el invierno de 1834, empezó a perder Sus
fuerzas, cayendo en un estado de extrema
debilidad. Los que le asistían, observaban
que entre sus invocaciones, las m ás frecuen­
tes eran ;il Patrón de los agonizantes, al
glorioso San José. Poco antes de su muerte
vió el H. enfermero que el enfermo te­
nía fijos los ojos en un sitio determinado
del aposento; al mismo tiem po parecía que
su rostro se transform aba. Entonces el en­
ferm ero le preguntó qué m iraba con tanto
interés, a lo que contestó: «San José». «¿Sin
duda viene a buscaros?», d ijo el Hermano
enfermero. «Pronto», replicó el enfermo. A l­
d 'a t r e in t a y uno •57

gunos instantes después dejó de existir,


quedando todos persuadidos de que San
José se lo habla llevado al cielo. Esta dicho­
sa muerte acaeció el 20 de Septiembre
de 1834.

D IA 31
Principales prácticas de devoción a
San José.

Prácticas de cada día .—A l termi­


nar el mes de San José tomaremos la
resolución de rezar cada día una ple­
garia en su honor, que puede ser la
que nos inspire a cada, uno más devo­
ción. Contraeremos el hábito de pro­
nunciar seguidos los nombres de Jesús,
María y José ; estos nombres benditos
serán para nosotros como una espe­
cie de jaculatoria, que podemos repe­
tir varias veces al día, y especialmen­
te en los momentos de tentación o de
peligro, y también cuando queramos
cumplir un deber que costará sacrifi­
cio a nuestro espíritu, a nuestro co­
razón o a nuestros sentidos. Procure­
mos adquirir la costumbre de hacer
tcdos los días, por amor a Nuestro
M£S Dü SAN JO S Í

Señor, y bajo la protección de la San-


tísimai Virgen y de San José, alguiu.s
sacrificios, tanto más agradables a Su
Divina Majestad cuanto más costosos
sean a nuestra sensualidad. Todos, en
la posición y estado en que Dios nos
haya colocado en este mundo, pode­
mos y debemos mortificarnos volunta­
riamente si queremos atraer sobre
nuestras almas la gracia y misericor­
dia del Señor. Cuando, al terminar el
día, nos encontremos con la concien­
cia tranquila y con algún mérito más
.para la otra vida, podemos regocijar­
nos y decir: «No he perdido mi jorna­
da.» Escuchemos al autor de la Im ita ­
ción : «No podréis progresar en la vir­
tud si no os hacéis violencia.» No ol
videmos nunca estas i>alabras tan a
propósito para las almas deseosas de
su aprovechamiento espiritual: pue­
den aplicarse a la adquisición de cada
una de las virtudes cristianas y a to­
das bus situaciones de la vida.
Para cada semana.—Entre las mu­
chas devociones consagradas a San
/José, es una de las más hermosas y {le
mayor provecho espiritual el dedicarle
todos los miércoles, como un homena­
je especial, la Santa Misa. ¡ La Misa!
D ÍA TREIN TA Y UNO 159

«Este ki>1 de los ejercicios espiritua­


les—como la llama San Francisco de
Sales—, centro de la. religión cristiana,
corazón de la devoción, alma de la
piedad, misterio inefable, abismo de
la divina caridad, por cuyo medio
Dios nos comunica sus gracias y fa­
vores.» S í ; oigamos la Misa el miér­
coles en honor de San José, y hada­
mos la comunión espiritual si no te­
nemos la dicha de comulgar realmen­
te. Eu fin, en el transcurso del día
pidamos a San José presente nuestras
buenas acciones a la. Santísima V ir­
gen, y, por su mediación, a su divino
Hijo, para que este supremo Media­
dor las reciba más favorablemente y
haga, aceptarlas al Eterno Padre.
Práctica de cada año .—Todos los
años procuraremos practicar la hermo­
sísima devoción del mes de San José,
dedicando algunos días de este mes
a recogernos interiormente, examinan­
do nuestra, vida. Es el mes de Mar­
zo uno de. los más importantes del
año desde el punto de vista religioso.
Coincide con la Cuaresma y nos sirve
de preparación a la. fiesta de la Tas-
cua. No es preciso que los ejercicios
del mes de San José anulen los de
I 60 MBS DB SAN JOSÉ

Cuaresma’. Debemos asistir a las ora­


ciones de la tarde y a las instruccio­
nes especiales que se nos dirijan en el
templo.
Los ejercicios del Mes de San José
forman como un suplemento de devo­
ción y serán tanto más meritorios y
provechosos a nuestras almas cuanto
más dispuestos nos encontremos a
cumplir los importantísimos deberes
del santo tiempo de Cuaresma. Nada
puede reemplazar a este admirable
conjunto de prácticas religiosas, ser­
mones e instrucciones tomadas de los
Evangelios de cada día o de los mis­
terios cuyo recueido celebra la Iglesia.
Estamos obligados a dar con nues­
tra asiduidad a estos actos religiosos
público ejemplo ; no olvidemos que la
Iglesia es una familia, cuyo jefe es
Clisto, al cual debemos seguir interior
y exteriormente, practicando cuanto
la Iglesia en su nombre nos ordena o
propone.

EJEMPLO

Una niña sorda y muda es curada


por San José .
Era el 26 de Enero de 1857. Una pobreci-
DÍA TREINTA Y UNO l6 l

ta niña fué llevada al Hospital de las re>


ligiosas de San Carlos de Virieux-Pelusin.
A consecuencia de una fuerte caída, había
perdido la niña el movimiento, y todas sus
facultades físicas y m orales estaban p ara­
lizadas. Le fueron prodigados los más so­
lícitos cuidados y al cabo de ocho días
sintió una leve mejoría, que continuó; pero
quedó sorda y muda. Llegó el n n s de San
José, y asistía en unión de otras enfermas
a los piadosos actos. Sus compañeras toma­
ron con empeño interceder con el Sam o
Patriarca p ara que la sanase antes de ter­
m inar su mes. Llegó el último día, cuando
quiso San José d eja r este beneñcio como
recuerdo. Estaban en Látanlas las niñas.
De repente la m uda exclama: «Oh, Dios
mío, yo oigo. ¡¡Y puedo hablarll» A poco
trataba de incorporarse, lo qué hizo sin
gran violencia. Todos los de la casa acu­
dieron a los gritos de sorpresa y alegría
dados por las personas presentes, (jue no
cesaban de exclamar: «iM ilagroI iM ilagro!»

Consagración a San José para el día 31


de cada mes.

¡ Oh, Patriarca. San José!, digno en­


tre todos lo® Santos y ángeles de ser
venerado, amado e invocado, tanto a
causa de vuestros merecimientos como
Mes de Marzo. ti
1Ó2 MBS DK SAN JOSÉ

por el poder de vuestra intercesión


cerca de Dióe.
.En presencia de Jesús, que os ha
obedecido como a padre; de María,
que os ha servido como a esposo, yo
os elijo por mi abogado cerca del uno
y de la otra, por mi protector y mi
padre. Me obligo a no olvidaros nun­
ca, a honraros y a extender vuestro
culto todos los días de mi vida. Os
suplico, ¡oh, mi amadísimo Padre!,
que me recibáis en el número de vues­
tros hijos. Asia'tidme en todas mis ac­
ciones y no me abandonéis en la hora
decisiva de mi ^muerte. Amén.
MODO PRÁCTICO
DE HACER LOS SIETE DOMINGOS
DE SAN JOSÉ

Como son ya muchas las almas pia­


dosas que se dedican a honrar al Pa­
triarca San José con ia tan laudable
como provechosa devoción de los Siete
domingo* consecutivos, y ésto lo ha­
cen, no sólo durante todo el año, sino
más especial y generalmente en los
siete que preceden a su tiesta, 19 de
Marzo, y a la de su Patrocinio, para
que en este libro encuentren los favo­
recidos del Santo todas las principa­
les devociones del mismo, se pone aquí
ésta de los Siete Domingos, y ojalá
se sirvan tantas almas necesitadas y
afligidas, de este medio para alcanzar
de Dios, por intercesión de San José,
el remedio de todos sus trabajos y
necesidades, espirituales y tempora­
les, si tía de ser para mayor gloria
MUS DB SAN JOSÉ

de Dios y salvación- de sus almas.


Amén.

PRIM ER DOMINGO
Hecha la señal de la Cruz y el Acto
de contrición, se dirá el

Ofrecimiento para todos los días.


Quisiera, bienaventurado Patriarca,
no sólo acompañaros en vuestros do­
lores y gozos, sino también tomar par­
te en ellos, para glorificar a Jesús y
a su Santísima Madre, para daros el
honor, amor y culto que os debo, y
para alcanzar el triunfo de la Iglesia
de Jesucristo, de que sois patrono y
protector. Os recomiendo también la
gracia que deseo alcanzar por medio
de esta devoción.
Se pide aquí la gracia o gracias que
cada cual desee alcanzar, haciendo la
pausa dicha, y así se hará todos los do­
mingos.

Primer dolor y gozo.


¡ Oh, esposo purísimo de María San­
tísima, glorioso San José! Así como
fué grande el trabajo y la angustia
SIETE DOMINGOS DI SAN JO SÉ 16 5

de muestro corazón en la perplejidad


de abandonar a vuestra purísima. Es­
posa, así fué inexplicable vuestro
gozo cuando el ángel os reveló el sobe­
rano misterio de la Encarnación.
Por éste vuestro dolor y por éste
vuestro gozo, os rogamos que conso­
léis a nuestra alma ahora y en los úl­
timos dolqres, con la. alegría de una
buena vida y de una santa muerte se­
mejante a la vuestra en medio de Je­
sús y María.
Pater, Ave y la

Oración final para cada uno de los


domingos.
Al ofreceros, Santo bendito, este pe­
queño obsequio, deseo recibir vuestra
bendición y favor, para llevar en mi
memoria, durante la siguiente sema­
na, el dolor y gozo que acabo de medi­
tar, con lo cual alcanzaré, sin duda,
las gracias que os tengo encomenda­
das, paTia aumento de vuestra devoción
y gloria, y para mayor santificación
de mi alma por medio de vuestra, po­
derosa protección. Amén.
Antífona. Tenía Jesús, hijo, según
se pensalía, de José, al empezar su
vida pública, cerca de treinta años.
i6 6 MBS DE SAN J O S ¿

V\ Jesús, José y María..


R. Os doy el corazón y el alma mía.
Oración.
¡ Oh, Dios, que con providencia ine­
fable ob habéis dignado elegir al bien­
aventurado José por esposo de vues­
tra Santa Madre! Os rogamos nos
concedáis que merezcamos tener en
los cielos por intercesor a quiei» en la
tierra veneramos como protector. Se­
ñor, que vivís y reináis por loe siglos
de los siglos. Amén.

SEGUNDO DOMINGO
Hecha la señal de la Cruz y el Acto
de contrición, se dirá el «Ofrecimiento»
(página 164).

Segundo dolor y gozo.


¡Oh, felicísimo Patriarca, glorioso
San José, que fuiste escogido entre to­
dos pana, el oficio de padre putativo
del Verbo humanado! <E1 dolor que
sentiste al \er nacer el Niño Jesús en
tanta, pobreza, se cambió luego en ale­
gría celestial oyendo la armonía an­
gélica y viendo la gloria de aquella
nocbe tan resplandeciente.
SIKTK DOM INGOS DE SAN JOSÉ

Por este vuestro dolor y por este


vuestro gozo, os suplico nos alcancéis
que, después del camino de esta vida,
pasemos a oír las alabanzas de los án­
geles, y a gozar de los resplandores de
la gloria celestial.
Pater, Ave y la oración final (pág. 165),

TERCER DOMINGO
Hecha la señal de la Cruz y el Acto de
contrición se dirá el «Ofrecimiento» (pá­
gin a 164).

Tercer dolor y gozo.


¡ Oh, ejecutor obedientísimo de las
leyes divinas, glorioso San José! La
sangre preciosísima que derramó el
Niño Redentor en la circuncisión, os
traspasó el corazón, pero el nombre
de Jesús os reanimó, llenándoos de
gozo.
Por este vuestro dolor y por este
vuestro gózo, alcanzadnos que, quita­
do de nosotros todo vicio en vida, ex­
piremos gozosos con el santísimo nom­
bre de Jesús en el corazón y en la
boca.
Pater, Ave y la oración final (pág. 165).
i68 MBS D E SAN J O S Í

CUARTO DOMINGO
H echa la señal de la Cruz y el Acto
de contrición, se dirá el «Ofrecimiento»
(página 164).

Cuarto dolor y gozo.


¡ Oh, fidelísimo Santo, que tuviste
parto en los misterios de nuestra Re­
dención, glorioso San José! Si la pro­
fecía de Simeón de lo que habían de
padecer Jesús y María, os causó un
desmayo de muerte, también, os colmó
de un dichoso gozo la predicción de
que de ahí se seguiría la salud y re­
surrección de innumerables almas.
Por este vuestro dolor y por este
vuestro gozo, alcanzadnos que seamos
del número de aquellos que, por los
méritos de Jesús y por la intercesión
de María, han de resucitar gloriosa­
mente. x
Pater, Ave y la oración final (pág. 165).

QUINTO DOMINGO
Hecha la señal de la Cruz y el Acto
de contrición, se dirá el aOfrecimiento»
(página 164).
SIBTE DOMINGOS DB SAN JOSÉ 16 9

Quinto dolor y gozo.


¡ Oh, vigilantísimo Guarda, familiar
íntimo del Hijo de Dios encarnado,
glorioso San José! ¡ Cuánto penasteis
para sustentar y servir al IJijo del
Altísimo, particularmente cuando tu­
visteis que huir a E gipto; pero cuán­
to también gozasteis teniendo siem­
pre con vos al mismo Dios, y viendo
caer a tierra los ídolos de Egipto
Por este vuestro dolor y por este
vuestro gozo, alcanzadnos que, te­
niendo lejos de nosotros al tirano
infernal, y especialmente huyendo de
las ocasiones peligrosas, caiga de nues­
tro corazón todo ídolo de afecto te­
rnero, y, ocupados en servir a Jesús
y a María, para Ellos vivamos sola­
mente y muramos felizmente.
Pater, Ave y la oración final (pág. 165).

SEXTO DOMINGO
Hecha la señal de la Cruz y el Acto
de contrición, se dirá el «Ofrecimiento»
(página 164).

Sexto dolor y gozo.


¡ Oh, ángel de la tierra, glorioso
San JoRé, que os admirasteis viendo al
i? o MK5 DE S VN JO SÉ

Key del cielo sujeto a .vuestras órde­


nes ! Si vuestro consuelo al volverle de
Egipto se enturbió con el temor de
Arquelao, sin embargo, asegurado por
el ángel, habitasteis alegre en Ra­
zaret.
Por este vuestro dolor y por este
vuestro gozo, alcanzadnos que, libre
nuestro corazón de temores nocivos,
gocemos de la paz de la conciencia., y
viviendo seguros con Jesús y María,
Ellos nos asistan en nuestra agonía.
Pater, Ave y la oración final (pág: 165).

SEPTIMO DOMINGO
Hecha la señal de la Cruz y el Acto
de contrición, se dirá el «Ofrecimiento»
(página 164).

Séptimo dolor y gozo.


¡ Ob, ejemplar de toda santidad, glo­
rioso San José! Perdido que hubisteis
sin culpa al Niño Jesús, para mayor
dolor hubisteis de buscarle por ti'es
días, hasta que, con sumo júbilo, go­
zasteis de vuestra vida, hallada en el
templo entre los doctores.
Por este vuestro dolor y por este
SIETE DOM INGOS DB SAN JO SÉ 1 7 I

vuestro gozo, os suplicamos de lo ín­


timo del corazón, que, por vuestra in­
tercesión jamás suceda que nosotros
lardamos a Jesús con culpa grave, y
que, si por desgracia le perdiésemos,
le busquemos con sumo dolor para
bailarle piadoso, particularmente en
nuestra, muerte, a tin de que llegue­
mos a. gozarle en el cielo, y a cántar
allí con vos eternamente sus divinas
misericordias.
Pater, Aye y la oración final (pág. 165).

A D V E R T E NC IA

A los que practiqueri la precedente de­


voción siete domingos seguidos, y en cada
uno, confesados y comulgados, visiten a l­
gún templo u oratorio público, rogando a
Intención de Su Santidad, concedió Pío IX
indulgencia plenaria p ara cada domingo.
Los que no saben leer y viven donde esta
devoción no se hace en público, rezarán
en vez de dichas oraciones siete Padre­
nuestros, Avem arias y G lo ria P a tr i a in­
tención de Su Santidad. -El que no comul­
gue sino en el séptimo domingo, puede g a ­
n ar en él indulgencia plenaria; y en cada
uno de los seis anteriores gan ará 300 días.
NOVENA
EN HONOR DE SAN J O S É

Hecha la señal de la Cruz y el Acto


de contrición, se dirá la siguiente oración
p ara todos los días:

Oración para todos los días.


¡Oh, bienaventurado San José, es­
cogida por el mismo Dios para í¡er
digno esposo y fiel custodio de las
grandezas, gracias y privilegios sin­
gularísimos de la augusta Madre de
Dios, la Inmaculada y siempre Virgen
María, Madre mía amantísima! ¡Oh,
defensor y libertador invicto del Niño
Je«ús, a quien supisteis alimentar con
el pan que ganabais con tanto trabajo
con el sudor de vuest1o rostro! ¡Oh,
potentado divino, que tuvisteis poder
sobre Aquel que era omnipotente, el
cual, no sólo os obedecía,, sino que os
estaba sujeto en todo!... ¡Qué gran­
de, qué admirable aparecéis a mi vis­
NOVENA DE SAN JOSÉ

ta, iluminada, por la f e ! Aquí tenéis


a vuestros pies a este devoto, que os
rinde el humilde homenaje de t$u ala­
banza y amor, y os suplica le alcancéis
del Señor la gracia que os pide en esta
novena, si es para mayor gloria de
Dios, culto vuestro y salvación de mi
alma.
rtec exnos un Padrenuestro, A vem aria y
G lo ria P a ír i, en honor del Santo, p ara que
nos alcance del Señor las graciais que por
su intercesión pedimos en esta novena.

Oración para el día primero. .

¡ Qué relaciones tan honrosas e ínti­


mas tenéis, oh, glorioso San José,
con la Trinidad augusta!... El Eterno
Padre os confió a su amantísimo
Hijo, el Verbo divino hecho hombre,
para que en representación suya, y
como padre adoptivo suyo aquí en la
tierra, estuviese a vuestro cuidado,
obediencia y protección. ¡ Qué desti­
nos tan altos e incomprensibles!
JEJl Hijo de Dios, hecho hombre, se
confió a vuestro amparo, cómo a vi­
gilante y cariñoso padre, elegido a
este fin por su Eterno Padre. ¡ Qué
dignidad tan divina!
«74 MBS J>K SAN JOSÉ

El Espíritu Santo os aió por Esposa


a la Madre de Dios, a la Inmaculada
Virgen María, su amantísima .Espo­
sa. ¡Qué dádiva tan preciosa! ¡Qué
prueba de tan grande am or!
Yo os felicito, Santo mío, por gran­
dezas tan inefables y os suplico la
gracia de ser devoto verdadero vues­
tro hasta la muerte, la de hacer bien
esta novena y la de alcanzar por vues­
tra protección la gracia que os pido
en ella, si son para mayor gloria de
Dios', mayor culto y honor vuestro y
salvación de mi alma. Amén.
Pidam os a l Santo, de rodillas, la gracia
que deseemos alcanzar del Señor, por su
Intercesión, en esta novena.
Se hará la p ausa de un Avem aria, y des­
pués se hará la siguiente súplica al Santo,
que se repetirá todos los días con la ora­
ción íinaL
Acordaos, ¡ oh, castísimo esposo de
la Virgen María y amable protector
mío, San José!, que jamás se ha oído
decir que ninguno haya invocado vues­
tra protección e implorado vuestro so­
corro sirfsfuiber sido consolado. Lle­
no, pues, de confianza en vuestro po­
der, vengo a vuestra presencia y me
encomiendo a vos con todo fervor.
NOVKNA DK SAN 'O S É 17 5

A h !, no desechéis mis súplicas, ¡oh,


padre putativo del Redentor!, antes
bien, acogedlas propicio y dignaos ac­
ceder a ellas piadosamente. Amén.

Oración para terminar todos los días.

Os ofrezco, ¡ oh, glorioso Patriarca !,


esta novena, tan de vuestro agrado y
enriquecida con tantas gracias y fa­
vores como venís concediendo a cuan­
tos la hacen con devoción.
Suplid vos, Santo mío, el fervor y
devoción que me ha faltado, y dadme
desde el cielo vuestra paternal bendi­
ción, y con ella la fidelidad y constan­
cia en seros siempre devoto hasta la
muerte, lo cual apreciaré como prenda
de mi eterna salvación. Amén.
Sea entre todas laa cosas bendito y
alabado, etc.
Ave María, purísima.
Sin pecado concebida.

Oración para él día segundo.


¿Oh, bienaventurado San José! Si
al contemplar ayer vuestra dignidad
y grandeza en las íntimas relaciones
que os unen con las tres divinas Per­
sonas, me \i como obligado a ofrece­
MBS D B SAN Ji>SÉ

ros mi más respetuosa y cordial devo­


ción, obradora de tantos milagros,
¿qué liaré hoy al contemplaros c<wno
esposo de la Santísima Virgen María,
elegido para tan alta dignidad por el
mismo Dios, sino volver a. admirar y
adorar vuestra grandeza, pues como
asposo de la Madre de D io » partici­
páis de todas sus grandezas y dispo­
néis de todas sus riquezas, porque en­
tre esposos todos los bienes son co­
munes?
En vista de tanto poderío, me vuel­
vo a consagrar hoy con más resolución
y firmeza a vuestra devoción, de la
cual, ¿qué otra cosa he de esperar
sino tesoros de gracias en la vida,
consuelos divinos en la muerte y au­
mento de gloria en el cielo?
Hacedlo así, protector de las alma®
espirituales, abogado poderoso de los
moribundos : os lo suplico por vuestra
Esposa inmaculada, que es mi Madre,
y a Ella y a vos sea dada toda gloria,
culto y bendición en el tiempo y en
la eternidad. Amén.

Oración para el día tercero.


Si al consideraros ayer, ¡ oh, glorio­
so Patriarca!, elevado a la alta digni­
NOVENA DE SAN JOSÉ 177

dad de esposo verdadero de la Madre


de Dios, y, como tal, participante y
señor de todas las grandezas y bienes
comunicables de vuestra verdadera
Esposa, confirmé con toda mi alma la
obligación de consagrarme del todo y
para siempre a vuestra ' devoción,
¿qué haré hoy, al considerar vuestra
elección comprobada como divina en
virtud del tradicional milagro de ha­
ber florecido solamente vuestra vara
entre la de muchos que concurrieron,
como vos, al templo de Jerusaléü, as­
pirando al desposorio con la predes­
tinada para ser Madre de Dios? ¡ Ele­
gido por Dios!... ¡Qué virtudes tan
relevantes, qué grandeza tan alta su­
pone en vos esta divina elección!
Pensó Dios en dar una compañera,
una esposa a nuestro primer padre
Adán, y se la dió semejante a. él, como
dice la Escritura santa ; ¿qué había
de hacev Dios, al dar esposo a la M a­
dre de su Hijo, sino dársele semejan­
te a Ella? Tanto más, que no buscaba
Dios la que había de obedecer, como
Eva, sino el que había de ordenar y
mandar, como Adán, y había, de man­
dar a la Emperatriz de cielos y tie­
rra.
i 78 M E S DE SAN JO S Í

; Oh, qué alto estáis, esposo sin se­


gundo ! Os ha hecho Dios semejante,
en lo que podéis ser, de vuestra pri­
vilegiada .Esposa, la augusta Madre
de Dios... Sois poderoso con todo el
poder suyo... Sois rico con todas sus
riquezas. ¡ Ah, y vuestra Esposa es
la tesorera y dispensadora de todaa
las gracias!...
Alcanzadme las que necesito, pode­
roso Santo, para dar culto y gloria a
vuestra Esposa, que es mi Madre, y a
vos, que sois mi padre y protector, y
la de. salvar mi alma.

Oración para él día cuarto.

Otra vez, Santo bendito, quieio con­


siderar vuestra grandeza a la luz que
me da el ser esposo de la Madre de
Dios. ¡ Oh, qué grande oe considero
en la mente divina, desde la eterni­
dad, en el decreto de la restauración
del hombre, caído en el abismo de la
maldad y de la muerte por el pecado
de Adán y rescatado a la gracia y a
la vida por el Redentor divino!
En virtud de este decreto, no hay
duda que el Eterno Padre, al deter­
minar que su H ijo se hiciera hombre
NOVBKA DB SAN JOSá 179

para redimir al mundo, en la misma


su eternidad y decreto, ordenó que
fuera concebido por obra y virtud del
Espíritu Santo en el seno de una vir­
gen y ésta desposada ; y habiendo de
ser tal, hubo de predestinar a San
José para. qu<? fuera el esposo de la
Virgen Madre. Y esta predestinación
del Santo supone que puso Dios en
él los talentos y gracias que le hicie­
ran digno esposo de la Madre de Dios.
¡ Oh, y cuánto tuvo que poner Dios
en San José para hacerle esposo de
la Madre de Dios!... ¡Cuánta sabidu­
ría., cuánta prudencia, discreción y
santidad! Porque si, según los Santos
Padres y Doctores de la Iglesia, cuan­
do da Dios un caj*go e impone deberes
difíciles, da al propio tiempo las gra­
cias suficientes para desempeñarlo y
cumplirlo, conferido a José el honor
y grandeza, de esposo de la Madre de
Dios, ¿cuántos tesoros de gracias ne­
cesitó para hacerse uno con su Espo­
sa en sabiduría, gracia y santidad!
Salve, ¡oh, José!, por la plenitud de
gracia, de sabiduría y poder que ne­
cesitasteis para, ser digno esposo de
la Madre de Dios y para cumplir los
deberes que os impuso. Y ya que tanto
l8 o M BS DB SAN JO SÉ

es vuestro ]>oder, que vuestro rogar


en el cielo es mandar, rogad por mí,
que me glorío de ser devoto vuestro.
i
Oración para el día quinto.

¡ Qué grande me pareció ayer vues­


tra dignidad y grandeza, ¡ oh, glorioso
San José!, al veros concurrir, por
vuestro destino, en la mente divina
cuando el Eterno Padre, en su eter­
nidad, decretó la redención del mun­
do ! ¡ Qué digno de honor y veneración
por vuefetro destino de esposo de la
Virgen Madre de Dios!
^Esposo de la Madre de Dios... ;Y so­
metida a vuestra voluntad la que,
como Madre, ^tenía pendiente de la
suya al Dios Hijo humanado... ¡M is­
teriosa autoridad la vuestra, pues tie­
ne poder para obligar la obediencia
de la Madre de Dios, Reina y Señora
de todo lo criado. ¡ A h ! Bien necesi­
tasteis para cumplir vuestro destino
lo que refieren varios historiadores.
Dicen, que apenas fuisteis elegido
para esposo de la Virgen María, des­
cendió sobre vuestra cabeza una pa­
loma, blanca, símbolo del Espíritu
Santo, que al confirmar vuestra olee-
NOVENA DB SAN JOSÉ l8 l

ción depositó en vuestra preciosa aluja


ios dones y gracias necesarios para
que pudierais cumplir los deberes de
esposo para con Ella, especialmente en
protegerla y librarla de enemigos.
A l Espíritu Santo debisteis la pru­
dencia en no entregarla a los judíos,
los cuales la. hubieron hecho morir,
como llevaron después a la maerte a
su Hijo, ai inocentísimo Jesús... A El
debisteis, y de vos se sirvió, para
ocultar al enemigo común el misterio
de la Encarnación del Verbo ; porque
Luzbel sabía que el Redentor del mun­
do había de nacer de una virgen, pero
que no había de ser desposada. A El
debisteis la incomparable gracia de
daros a tal Esposa, que supo comj)en-
sar los trabajos y afanes, los dolores
y penas que con Ella y por Ella su­
fristeis, convirtiéndolas en deliciosas
gracias en la vida y ahora en la de
la gloria' sin fin. Cuidad de mí, Santo
líeridito, hasta que me llevéis al cielo.

Oración para el día sexto.

; Beudito seáis, esposo de la Virgen


María., padre adoptivo de Jesús, ben­
dito seáis! ¡ Qué felicidad la vuestra
182 MBS DH SAN JOSÉ

en la íntima unión de amor celestial


y divino con la Madre de Dios!...
¡ Qué frutos tan copiosos y celestiales
resultan de esa correspondencia de
amor para vuestra preciosa y bien­
aventurada alma!...
Decía San Ignacio de lx>yola, y así
lo dejó escrito" en su libro de Ejen-
cicios, que el verdadero amor se debe
poner más en las obras que en las pa­
labras, y que el amor es comunicativo,
de tal manera, que los que se aman se
comunican los bienes que tienen y pue­
den, así como ciencia, honores y r i ­
quezas.
Ahora, bien, Santo mío ; si vuestro
amor para, con vuestra Esposa no sólo
fué de palabras y promesas, sino más
bien de realidades y obras, díganlo
vuestros continuos trabajos y sudores
para alimentarla, vuestro caminar y
sufrir para acompañarla y librarla de
enemigos, y aliviar cuantq podíais sus
trabajos, destierros, persecuciones y
penas, porque la amabais con un amor
verdadero; si es cierto que la ofrecis­
teis y disteis siempre cuanto teníais
y pudisteis, y si también lo es que la
Virgen Madre no se deja vencer por
nadie ni en amar, ni en corresponder
NOVJCNA D a SAN JOSÉ

al amor, ni en dar de lo que tiene a


los que ama, teniendo, como tiene,
tanto que dar, ¿qué dádivas reserva­
ría para vos vuestra Esposa, dadora
de todas las gracias? Bendito seáis en
la abundancia de tantos tesónos, y, ¡oh,
Santo mío muy amado!, hazme con tu
protección rico en gracia y gloria.

O tuición para el dia séptimo.

Vengo hoy, Santo mío, a vuestra


presencia a contemplar lo que alcan­
ce mi inteligencia, de la santidad que
os corresponde como esposo de la Ma­
dre de Dios. Y he dicho lo que alcan­
ce, porque ¿quién podrá delinear si­
quiera la anchura, ni la alteza, ni la
profundidad, ni la hermosura, ni el
mérito de vuestra santidad?
¡ A h ! Vuestra santidad es pura, ver­
dadera, perfecta. Se funda en la jus­
ticia santificado antes de nacer, se­
gún creencia general, merecisteis del
mismo Dios el sobrenombre de Justo,
y justo, según el decir de Dios, es
aanto... Y podemos decir que subli­
masteis la justicia, y santidad en la
escuela, para vos siempre abierta, de
la que es el asiento de la sabiduría JT
184 MBS DE SAN JOS¿

Reina de todos los Santos y vuestra


Esposa. En esa escuela estudiasteis y
do esa sapientísima maestra prendis­
teis la. ciencia de los Santos por espa­
cio de treinta años continuos. ¿ A qué
sabiduría y conocimiento de Dios, y
de las cosas celestiales y divinas, y de
las virtudes todas, subirla vuestro en­
tendimiento, y a qué grado de amor
vuestro manso y humilde corazón cora
magisterio tan divino? Y si el maestro
da más al que más ama, y después de
Dios y de su Hijo al que más amó en
el mundo fué a vos, como esposo ; os
dió, sin duda, de la santidad de que
estaba, llena la que cupo en vuestra di­
chosa alma y correspondía a vuestros
altísimos destinos.
¡ Qué santidad la vuestra, olí, José,
esposo de la Madre de Dios, con
la cual tratabais íntimamente!... ¡ Ah !
Si una palabra suya a Isabel la llenó
de gozo y santificó a su hijo... ; si
unas cuantas palabras d© la Virgen,
que ha consignado Dios en la Escri­
tura* Santa, en su cántico del «M agní­
ficat)). meditadas por almas justas,
tanto las han santificado, ¿a qué san­
tidad levantarían 1a vuestra tantas
palabras como brotarían de su purísl-
NOVENA DE SAN JOSÉ

ino corazón para enriquecer el vues­


tro? Recibid mi parabién, mi amor,
mi devoción, y, en retomo, que aumen­
te yo vuestra gloria llevándome vos
a ella.
i Oración .para el día octavo.
Excelsa, es, según lo que se lia di­
cho y mucho más que pudiera, dcM.irse,
la grandeza que, cual antorcha divi­
na, resplandece en San José pcfr >ser
esposo de la Madre de D io s.,¿ A qué
alteza subirá por ser padre de Jesús?
José, padre de Jesús... Así le llama
la Escritura Santa, así los Santos
Bernardo, Agustín, Juan Damasceno,
Andrés Jerosolimitano, Epifanio y
otros. Padre adoptivo de Jesús... P a ­
dre aceptado como tal por Jesús...
; Cuánta grandeza y plenitud de gra­
cia supone este renombre!...
Según Santo Tomás, cuando Dios
da un nombre u oficio a una criatu­
ra, le da también las gracias que ne­
cesita y requiere el tal nombre y ofi­
cio. ¿Y quién podrá pensar siquiera
los talentos y gracias que necesita el
que hubo de ser padre de Jesús?
¡ Qué sabiduría para enseñar! ¡ Qué
prudencia en d irig ir! ¡ Qué santidad
i8 6 M US DE SAN JOSÉ

en ©1 ser!... ¡Qué amor y mutua co­


rrespondencia en amarse, en obede­
cer el Hijo al padre y el padre con
más deber al H ijo!... ¡Qué llena de
misterios está la correspondencia de
amor!... Y la tiene que haber, según
la promesa de Jesús: «Y o amo a los
que me aman...» Y José amaba a Jesús
como padre.
Saludó un día la. Madre de Dios a
su prima Isabel, y estó bastó para,
llenaiise de gozo la madre y quedar
santificado el hijo antes de nacer.
¿Qué de gozo, gracia y santificación
llevarían a José tantas salutaciones,
abramos y ósculos mutuos de amor del
Hijo al padre y del padre al Hijo, es­
pecialmente cuando le llevaba en sus
brazos y le mecía, en ellos? Y si se
tiene en cuenta, que el saludar de Je­
sús, y así el hablar, es infundir do­
nes, y los ósculos y abrazos infunden
en el alma amor, ¡ qué lleno de dones
y amor os considero, oh, padre tau
amante de Jesús!...
Santo mío, de esa. plenitud de gra­
cia y amor comunicadme la que nece­
sito para crecer en vuestra, devoción,
en la, gracia y amor, como prenda de
la gloria.
NOVENA DE SAN JOSÉ 187

Oración para el día noveno.

A l contemplar vuestra justicia y


santidad, ¡ olí, esposo caitísimo de la
Madre de D io s! ; al oír al mismo Dios,
que os apellidai varón justo y os reco­
noce como tal en el único acto de
vuestra, vida en que pudierais haber
dado algún motivo a los fariseos para
mancillar en algo vuestro proceder de
no delatar a vuestra Esposa., y íugí
pensabais hacerlo, porque la consáderai-
bais inocente e ignorabais el incom­
prensible misterio de la Encarnación
del Verbo, no puedo dejar de tributa­
ros un acto de admiración y alabnnza
y el deseo de que seáis glorificado j w
todo y por todos.
¡ A h ! Bien merecisteis, como premio
de vuestra justicia, y prudencia, per-
fectísimas, que descendiera del cielo un
ángel para, aseguraros, en nombre del
Eterno Padre, que el altísimo miste­
rio de la Encarnación del Verbo en
las purísimas entrañas de la. Inma­
culada. y siempre Virgen María, vues­
tra Esposa, era obra del Espíritu San­
to. Admirando vuestra justicia pru­
dentísima y viéndoos d$r a Dios lo
que es de Dios, al prójimo mucho más
i8 8 MAS DK SAN JOSÉ

de lo que le es debido y a vos lo que os


mandaba el Señor, deseoso de imitar
vuestras virtudes, os' suplico, varón
justo y santo, según el sentir de Dios,
me alcancéis la hermosa virtud de la
justicia, para que, practicándola con
la perfección con que vos la practicas­
teis, merezca alcanzar de Dios, por
vuestra intercesión, el ser liel devoto
vuestro hasta el fin de mi v id a : el au­
mento de vuestros verdaderos devo­
tos : las gracias que otf he pedido en
esta novena: la exaltación de la f e :
el triunfo de la Iglesia y del Vicario
de Jesucristo: la unión ‘ en caridad
perfecta del pueblo fiel y cristiano,
baio la dirección de los prelados de
la* Ig lesia: la conversión de Jos here­
jes, cismáticos e infieles : y para, todos
vuestros devotos, la perseverancia final
en la gracia, como prenda seguiu de
nuestra salvación. Amén.
TRIDUO EN HONOR DEL SANTO
PATRIARCA

Hecha la señal de la Cruz y el Acto


de contrición, se dirá:

O R A C IO N
Para los tren días.
Quisiera, bienaventurado Patriarca,
ya. que esta* vez no puedo hacer otra
cosa en vuestro obsequio,, dedicaros,
lleno de fervor y celo, este piadoso
tridup de alabanzas, cultos y súpli
cas, para obligaros, Santo bendito, a
enriquecer mi alma con aquellos dones
y gracias que con tanta frecuencia a l­
canzáis del Señor para, todos aquellos
que os profesan especial devoción, de
los cuales dice vuestra mejor panegi­
rista, Teresa de Jesús, que «con sus
particulares servicios en vuestro ho­
nor, los veía ella aprovechar más y
más en la virtud».
Esta gracia, y la que os pido en este
piadoso triduo, espero alcanzar por
medio de vuestra, poderosa, protección,
190 MBS DE SAN JOSÉ

si lia de ser para gloria de Dios, au­


mento de vuestro culto y devoción,
triunfo de la Iglesia, de que sois es­
pecial protector, y unión íntima de
caridad entre todos los fieles cristia­
nos, para exaltación de la fe y salva­
ción de mi alma. Amén.
Aquí pedirá cadíi uno la gracia que de­
see alcanzar del Señor, por intercesión < el
Santo, en este piadoso triduo.
L a petición se h ará de rodillas y en el
tiempo que se emplea en rezar un Credo.
A continuación se rezará el Oficio (pá­
gina 191), dedpués del cual se dirá la oración
final p ara term inar todos los días; y este
mismo ejercicio se hará los tres días.

O R A C IO N F I N A L
Os of^zco, ¡oh, glorioso Patriarca,!,
este triduo, tan de vuestro agrado y
enriquecido con tantas gracias y fa­
vores como venís concediendo a cuan­
tos le hacen con devoción.
Suplid vos, Santo mío, el fervor y
devoción que me ha faltado, y dadme
desde el cielo vuestra paternal ben­
dición, y con ella la fidelidad y cons­
tancia en seros siempre devoto hasta
la muerte, lo cual apreciaré como
prenda de mi etemn salvación. Amén.
OFICIO PIADOSO

DEL PATRIARCA SAN JOSÉ

Como la devoción al Patriarca San José


va aumentando tanto en la Iglesia de
Dios, especialmente después de haber sido
declarado, por el inmortal Pontífice Pío IX,
protector especial y Patrono de la misma
Iglesia, ha parecido bien poner aquí el si­
guiente breve Oficio, dedicado al Santo,
que muchos devotos1suelen rezar con gran
fruto espiritual todos los días.
Se hará de la siguiente manera:
Hecha la s'efíal de la Cruz se dirá la

O R A C IO N
Para todos los días, especialmente para
el mes de Marzo.

¡ Oh, glorioso Patriarca Sau José!


Yo quisiera, Santo mío, honraros
siempre y tributaros muchas alaban­
zas y a m o r; pero lo deseo más espe-

Büjwbtetiói NetCr.nMÍ óú Esfum'M


192 MBS DB SAN JOSÉ

cialmente en este mes (1 ), en que tan­


to culto recibís de vuestros devotos.
A todos ellos me uao, y también a la
Corte celestial, para que suplan ellos
mi impotencia en alabaros y amaros.
Mas si vos, Santo mío, bendecís mis
plegarias, recibiréis en ellas la gloria
y honor que os debo, como favorecido
vuestro en la vida ; también lo espero
ser en la hora de mi muerte, en la cual
es mi deseo repetir entonces, lleno de
fervor y confianza, en vuestro ampa­
ro, lo que para empezar cada una de
las horas digo ahora.
V. Jesús, José y María.
R. Os doy el corazón y el alma mía.

A M A IT IN E S Y L A U D E S

Hecha la señal de la Cruz y dicho el


F adrenuestro, A vem aria y «G loria Patri»,
se dirá:

V. Jesús, José y María.


R. Os doy el corazón y el alma mía.

(1) En lu g á r de mes, dígase, fuera de


él: día, fiesta, novena, etc.
OFICIO PIADOSO «9 3

Him no

De regia estirpe
fruto divino,
feliz esposo,
de Dios nutricio.
Aguí, a tus plantas,
véme rendido;
mi ruego humilde
oye propicio.

Antífona .—Dios te salve, gloria de


los Patriarcas, luz de la Santa Igle­
sia,, siervo bueno y fiel, a quien dió
en la tierra el Eterno Padre autoridad
de padre y esposo, sobre Jeeús y
María.
V. Buega por nosotros, Patriarca
santo.
R. Para que seamos dignos de las
promesas de Jesucristo.

Oración.

Suplan, ¡oh, Jesús 1, los mereci­


mientos del Patriarca San José, es­
poso querido de vuestra Santísima
Madre, lo que no podemos alcanzar
para que nos concedáis lo que pedi­
mos por su intercesión. Que vivís y
Mes de Marzo. 13
194 MES DE SAN JOSÉ

reináis con el Padre y el Espíritu


Santo por todos los siglos de los si­
glos. Amén.

A P R IM A

V. Jesús, José y María.


R. Os doy el corazón y el alma mía.

Him no

D ejar la Esposa
quieres, jay, tristel,
que a tanta angustia
y a no resistes.
M as b a ja el ángel -
que la disipe,
dándote dulce
gozo indecible.

Antífona .—Dios te salve...


V. Ruega por nosotros..., y la ora­
ción anterior: Suplan, ¡oh, Jesús...».
(Página 193).

A T E R C IA

V. Jesús, José y María.


R. Os doy el corazón y el alma mía.
OFICIO PIADOSO 195

Him no
A Belén vuelas
con la dichosa
feliz consorte
de tus victorias.
A l tierno Niño
besas y adoras,
colmado el pecho
de luz y gloria.
Antífona .—Dios te salve...
V . Buega por nosotros..., y la ora­
ción : «Suplan, ¡oh, Jesús!...» (Pági­
na 193).

A SEXTA
V. Jesús, José y María.
R. Os doy el corazón y ePalma mía.

Him no
Pérfido Herodes,
busca tu prenda;
tú, fugitivo,
lejos la llevas.
* Con Hijo y Madre
sufres mil penas,
hasta que alegre
bonanza vuelva.

Antífona .—Dios te salve..


196 MBS DB SAN JOSÉ

V. Buega por nosotros..., y la ora­


ción : «Suplan, ¡olí, Jesús!...» (P ági­
na 193).

A NONA
V. Jesús, tfosé. y María.
R. Os doy el corazón y el alma mía.

Him no
Muerto el tirano,
dejas a Egipto,
volviendo alegre
con tus queridos.
Y en casa humilde,
sudor continuo
.la sien te baña
pára nutrirlos.

Antífona .—Dios te salve...


Y . Ruega por nosotros..., y la ora-
ción : «Suplan, ¡oh, J esús!...» (Pági­
na 193).

A V IS P E R A S
V. Jesús, José y María.
R. Os doy el corazón y el alma mía.
OFICIO PIADOSO 197

Him no

A l Niflo pierdes
con ansia grande;
tres días fueron,
iay, cuán fatales!
A l fin, al templo
vas a buscarle,
y, joh, Dios, qué gozo
de nuevo hallarle!

Antífona .—Dios te salve...


V. Ruega por nosotros..., y la ora­
ción : «Suplan, ¡oh, Jesús!...» (Pági­
na 193).

A COM PLETAS
V. Jesús, José y María.
R. Os doy el corazón y el alma mía.

Him no
Jesús los brazos
te da, y M aría,
y echado en ellos
dichoso expiras.
P o r tal ventura,
por tal delicia,
logren los fieles
la m ism a dicha.
198 MBS DB SAN JOSÉ

Antífona .—Dios te salve...


V. Ruega por nosotros..., y la ora­
ción : «Suplan, joh, Jesús!...» (Pági­
na 193).

O R A C IO N
Para terminar todos los días el Oficio.

Os ofrezco, ;oh, glorioso Patriarca !,


este Oficio, tan de vuestro agrado, y
enriquecido con tantas gracias y fa­
vores como venís concediendo a cuan­
tos le- rezan con devoción.
■ Suplid, vos, Santo mío, el fervor y
devoción que me ha faltado, y dadme
desde el cielo vuestra paternal bendi­
ción, y con ella la fidelidad y constan­
cia en seros siempre devoto hasta la*
muerte, lo cual apreciaré como pren­
da de mi eterna salvación. Amén.
LETANÍAS DE SAN JOSÉ

Señor, tened piedad de nosotros»


Jesucristo, tened...
Señor, tened...
Jesús, óyenos.
Jesús, escúchanos.
Dios Padre celestial, tened piedad de nosotros,
Dios H ijo Redentor del mundo, tened_piedad
de nosotros.
Dios Espíritu Santo, tened piedad de nosotros
Santísima Trinidad, que sois un Dios, tened
piedad de nosotros.
San José, el más ilustre de los patriarcas,
San José, padre adoptivo del Niño Jesús,
San José, honrado con la presencia del
V erbo hecho carne,
San José, conductor de la Sagrada Fa­
milia,
San José, protector fiel de Jesús y de
María, l

píritu Santo,
San José, imitador de la pureza de los
ángeles,
San José, modelo de humildad y de pa­
ciencia,
San José, imagen perfecta de la vida in­
terior,
200 MBS DB SAN JOSá

San José, ministro de los designios de


Dios,
San José, esposo de la más pura de las
Vírgenes,
San José, que llevasteis en vuestros bra­
zos al H ijo del Padre Eterno,
San José, que participasteis del destie­
rro de Jesús y de María en Egipto,
San José, que tuvisteis la alegría de ha­
llar a Jesús en el templo, I d
San José, a quien quisieron estar sumi- > g
sos el Rey de la Gloria y la Reina de P.
los Cielos, •d
etf
San José, que tuvisteis la dicha de e x ­ fefi
pirar entre los brazos de Jesús y de O
María,
San José, canal por el cual llegan a nos­
otros los favores del cielo,
San José, sostén poderoso de la Iglesia,
San José, protector nuestro,
San José, padre nuestro,
Cordero de Dios que borras los pecados del
mundo, perdonadnos, Señor.
Cordero de D ios que borras los pecados del
mundo,'escuchadnos, Señor.
Cordero de Dios que borras Jos pecados del
mundo, tened piedad de nosotros, Señor.
Jesucristo, óyenos.
Jesucristo, escúchanos.
"f. Ruega por nos, oh, San José.
IJf. Para que seamos dignos de las prom e­
sas de Nuestro Señor Jesucristo.
PRECES DIRIGIDAS AL SANTfi

O R A C IO N
Para obtener una buena m u erte.'
Señor mío Jesucristo, Dios de bon­
dad, Padre de misericordia: me pre­
sento ante Vos con el corazón humi­
llado y contrito y os encomiendo mi
última hora, y lo que después de ella
me espera, poniendo a San José como
mediador entre Vos y mi alma.
Cuando mis pies, perdiendo su mo­
vimiento, me adviertan que mi carrera
en este mundo está próxima a su fin :
Jesús misericordioso, tened compa­
sión de mí.
Cuando mis manos, trémulas y en­
torpecidas, no puedan ya estrechar el
Crucifijo, y a pesar mío lo dejen caer
sobre el lecho de mi dolor : Jesús mise­
ricordioso, tened compasión de mi.
Cuando mis ojos, vidriados y desen­
cajados por el horror de la inminente
muerte, fijen en Vos sus miradas lán­
guidas y moribundas: Jesús misericor­
dioso, tened oompasión de mi.
2 02 MES DE SAN JOSÉ

Cuando mis labios, fríos y convul­


sos, pronuncien por última vez vuestro
adorable nombre: Jesús misericordio­
so, tened compasión de mí.
Cuando mi cara, pálida y amorata r
da, cause lástima y terror a los cir­
cunstantes, y mis cabellos, bañados
con el sudor de la muerte, erizándose
en la cabeza, anuncien que está cer­
cano mi fin : Jesús misericordioso, te­
ned compasión de mí.
Cuando mis oídos, próximos a •ce­
rrarse para siempre a las conversa­
ciones de los hombres, se abran pava
oír de vuestra boca la sentencia irre­
vocable que ha de fijar mi suerte para*
toda la eternidad : Jesús misericordio­
so, tened compasión de mí.
Cuando mi imaginación, agitada de
horrendos fantasmas, me cause mor­
tales congojas, y mi espíritu, pertur­
bado con el temor de vuestra justicia,
por el recueiido de mis iniquidades,
luche con el infernal enemigo, que
quisiera quitarme la esperanza en
vuestra misericordia y precipitarme
en los horrores de la desesperación :
Jesús misericordioso, tened compa­
sión de mi.
Cuando mi corazón, débil y oprimí-
PRfcCBS DIRIGIDAS A L SANTO 2 03

do por el dolor 'de la enfermedad, se


vea sobrecogido por el temor de la
muerte, fatigado y rendido por los es­
fuerzos hechos contra los enemigos de
mi salvación : Jesús misericordioso, te­
ned compasión de mí.
Guando derrame las últimas lágri­
mas, síntomas de mi destrucción, re­
cibidlas, Señor, como un sacrificio de
expiación, a fin de que yo muera como
víctima de penitencia, y en aquel mo­
mento terrible: Jesús misericordioso,
tened compasión de mí.
Cuando mis parientes y amigos,
juntos alrededor de mí, se estremez­
can kl verme y me encomienden a Vos :
Jesús ibiserioordioso, tened compa­
sión de mí.
Cuando, perdido el uso de los senti­
dos, el mundo todo desaparezca de mi
vista, y gima yo entre las angustias de
la última agonía y los afanes de la
muerte: Jesús misericordioso, tened
compasión de mí.
Cuando los últimos suspiros del co­
razón esfuercen al alma para, salir del
cuerpo, aceptadlos, Señor, como hijos
de una santa impaciencia, de ir a Vos,
y entonces: Jesús misericordioso, te­
ned compasión de mí.
204 MBS DB SAN JOSÉ

Cuando mi alma salga para siempre


de este mundo, dejando el cuerpo pá­
lido, frío y sin vida, aceptad la. des­
trucción de él como un homenaje que
rindo a vuestra divina Majestad, y en.
aquella hora : Jesús misericordioso, te­
ned compasión de mí.
En fin, cuando mi alma comparez­
ca ante Vos, y vea por primera vez el
esplendor de vuestra Majestad, no la
arrojéis de vuestra presencia ; dignaos
recibirme en el seno de vuestra mise-'
ricordia para que cante eternamente
vuestras alabanzas, y entonces, aho­
ra y siempre : Jesús misericordioso, te­
ned compasión de mi.

O R A C IO N
Oh, Dios mío, que al condenarnos a
la muerte nos habéis ocultado su mo­
mento y h o ra : haced que, viviendo en
la justicia y santidad todos los días de
mi vida, merezca salir de este mundo
en vuestro santo amor. Por los méri­
tos de nuestro Señor Jesucristo, que
vive y reina con Vos en unidad del Es­
píritu Santo. Amén.
(100 días de indulgencia una vez al día,
y una plenaria al mes confesando, comul­
gando etc.— Pío V II y León X II.)
M ISA DE SAN JOSÉ

Sacerdote. Yo me acercaré al altar


de Dios.
M inistro . A l Dios que llena mi ju ­
ventud de una santa alegría.
8. Júzgame, Señor, y separa mi
ca/usa de la gente mala, y líbrame del
hombre inicuo y engañoso.
M . Porque Vos sólo, Dios mío, sois
jni fortaleza ; ¿ por <jué me habéis
abandonado y por qué camino yo con
Postro triste, cuando me aflige mi
enemigo?
8. Ilumíname con tu luz y enséña­
me con tu verdad ; ellas son las que
me han conducido y me han introdu­
cido en tu santo monte y en tus ta­
bernáculos.
M . Yo me acercaré al altar de
Dios, que llena mi juventud de una
santa alegría.
8. -Cantaré vuestras alabanzas con
el arpa, Dios y Señor mío ; alma mía,
¿ por qué estás triste y me llenas de
turbación?
206 kus ÜK SAN JOSÉ

M . Confía en Dios, porque yo le


rendiré aún nuevas acciones de gra­
cias. E l es la salud y la alegría de mi
semblante; E l es mi Dios.
8. Gloria al Padre, , y a l Hijo, y al
Espíritu Santo.
M . Como era al principo, ahora y
siempre y por. todos los siglos de los
siglos. Amén.
8. Yo me acercaré al altar de Dios.
M . A l Dios que llena mi juventud
de una santa alegría.
8. Nuestro socorro está en el nom­
bre del Señor.
M . Que ha hecho el cielo y la
tierra.
8. (Dice el Y o , pecador.)
M . Dios Todopoderoso tenga mise­
ricordia de ti, y, perdonados tus pe­
cados, te lleve a la vida eterna.
8. Así sea.
(Luego el ministro dice el Y o , pe­
cador.)
8. Dios Todopoderoso tenga mise­
ricordia de vosotros, y, perdonados
vuestros pecados, os lleve a l a . vida
eterna.
M . ‘ Así sea.
S. E l Señor omnipotente y miseri-
MISA DJB SAN JOSÉ 207

cordioBO nos concedí el perdón, abso­


lución y remisión de nuestros pecados.
M . Asi sea.
S. ¡Oh, Dios!, vuélvete a nosotros
y nos darás la vida.
M . Y tu pueblo se alegrará en Ti.
S. Huéstmnos, Sefipr, tu miseri­
cordia.
M . Y danos tu saludable asistencia.
8. Oye, Señor, mi «ración.
M . Y lleguen a Ti inis clamorea.
S. E l Señor sea con vosotros.
M . Y con tu espíritu.
8. Oremos. Señor, te suplicamos
que borres nuestras iniquidades, para
que merezcamos llegar con pureza de
corazón al lugar santísimo <le tu tem­
plo. Por Jesucristo, Nuestro Señor.
Así sea.
Te rogamos, Señor, por los méritos
de tus Santos Cuyas reliquias están
aquí, y de todos los Santos, te dignes
perdonarme todos mis pecados. Así
sea.
Introito.
E l justo florecerá como la palma :
se. multiplicará como el cedro del L í­
bano en la casa del Señor, en los atrios
de la casa de nuestro Dios. Bueno es
208 MES DE SAN JOSÉ

confesar al Señor y cantar tu nom­


bre, Altísimo.
&. Señor, ten piedad de nosotros.
M . Señor, ten piedad de nosotros.
$. Señor, ten piedad de nosotros.
M . Cristo, -ten piedad de nosotros.
S. Cristo, ten piedad de nosotros.
. M . Cristo, ten piedad de nosotros.
S. Señor, ten piedad de nosotros.
M . Señor, ten piedad de nosotros.
S. Señor, tén piedad de nosotros.
G L O R IA a Dios en las alturas, y en
la tierra paz a los hombres de buena
voluntad. Te alabamos, te bendeci­
mos, te adoramos, te glorificamos,
te damos gracias por tu excelsa glo­
ria, Señor Dios, Rey de loe cielos,
Dios Padre, Todopoderoso. Señor Je­
sucristo, H ijo Unigénito, Señor Dios,
Cordero de Dios, H ijo del Padre. Tú,
que borras los pecados del mundo, ten
misericordia de nosotros; Tú, que
borras los pecados del mundo, oye
nuestros ruegos; Tú, que estás senta­
do a la diestra del Padre, ten miseri­
cordia de noBotros. Porque Tú sólp
eres Santo, Tú sólo Señor, Tú sólo
Altísimo, Jesucristo. Junto con el E s­
píritu Santo en la Gloria del Padre.
Así sea.
MISA DiC SAN JOSÉ 209

N. E l Señor sea coa vosotros.


M. Y con tu espirita.

Oración.
Oremos. Señor, te rogamos que sea­
mos ayudados por los méritos del es­
poso de tu Santísima Madre, a fin de
que se nos dé por su intercesión lo que
uo alcanza nuestra posibilidad ; Ü.'ú,
que vives y reinas con Dios Padre, en
unión del Espíritu Santo, Dios par to­
dos los siglos de los siglos.
M . Amén.

Epístola.
Lección del Libro de la Sabiduría.
(Ecle§. 45, 1-6.)—El Amado de Dios
y de los hombres es siempre recor­
dado con bendiciones. Fué levantado
a la gloria de los Santos y ensal­
zado, temblando ante El sus enemi­
gos, y con sus palabras aplacó a
los monstruos. Fué glorificado ante
la vista de los Reyes y presentado al
pueblo, al que mostró su gloria. Fué
santificado en su fe y mansedumbre
y elegido de entre todos los mortales.
Porque le oyó a E l y a su voz y le
arrebató a las nubes. Y le dió E l mis-
Mea de Marzo. 14
210 MES DE SAN JOSJi

mu los mandamientos y la. ley de la


vida y de la disciplina.
M . Demos gracias a Dios.

Gradual.
(Salmo 20 4-6.)— Señor, Tú le col­
maste de dulces bendiciones; pusiste
sobre su cabeza corona de piedras pre­
ciosas. Te pidió vida, y le diste larguei-
za de días por los siglos de los siglos.

Tracto.
(Salmo 111, 1-3.)—-Bienaventurado el
varón que teme al Señor. Desea cum­
plir sus mandamientos exactamente.
En su casa abundan la gloria y las
riquezas; y su justicia permanece
por los siglos de los siglos.
E n tiempo pascual se omiten el Gra­
dual y el Tracto, y se d ic e : Aleluya,
Aleluya. (Ecles. 45, 9.) E l Señor le
amó y le embelleció. Le vistió la estola
de la gloria. (Oseas 14, 6.) E l justo
brotará como el linio y florecerá eter­
namente ante el Señor. Aleluya.

Evangelio.

S . Purificad mi corazón y mía la­


bios, ¡oh, Dios Todopoderoso!, como
MISA DB SAN JOSÉ 21 I

purificasteis los labios del Profeta


Isaías con un carbón encendido ; • }'
dignaos purificarme de tal modo, que
pueda anunciar dignamente vuestro
Evangelio. Por Jesucristo, Nuestro Se­
ñor. Amén. Dadme, Señor, vucfetra
bendición. E l Señor sea en mi corazón
y en mis labios, para que 70 pueda
anunciar dignamente y como conviene
su Santo .Evangelio. Así sea.
E l Señor sea con vosotros. -
M . Y con tu espíritu.
S. Continuación del Santo Evange­
lio según San Mateo (1, 18-21). Estan­
do María, su Madre, desposada con
José, antes que se juntasen, se halló
haber concebido del /Espíritu Santo. Y
José, su marido, como era justo y no
quisiese infamarla, quiso dejarla se­
cretamente. Y pensando en esto, se le
apareció en sueños el lAngel del Señor,
y le d ijo : José, hijo de David, no te­
mas en recibir a María, tu Esposa,
porque lo que en Ella se ha, engendra­
do es obra del Espíritu Santo. D ará a
luz un Hijo, y le llamarás Jesús, por­
que E l salvar# a su pueblo de sus pe­
cados.
M . Alabanza a Ti, ¡ oh, C risto!
21 2 MES DB SAN JOSÉ

Credo.
Croo en un solo Dios Padre Todopo­
deroso, Criador del Cielo y de la
tierra, de todas las cosas visibles
<* invisibles. En un solo Señor Jesu­
cristo, H ijo único de Dios, que nació
del Padre antes de todos los siglos;
Dios de Dios, luz de luz, verdadero
Dios de Dios verdadero ; que no ha
sido criado, sino engendrado ; que es
una misma substancia con el Padre,
y por quien todas las cosas han sido
hechas ; que bajó de los cielos por
nosotros y por nuestra salud ; y se en­
carnó por obra del Espíritu Santo en
las entrañas de María Virgen, y se hizo
Hombre. (Se arrodilla.) Que fué tam­
bién crucificado por nosotros bajo Pon-
cio Pilato, padeció y fué sepultado ;
que resucitó al tercero día, según es
taba anunciado en las Santas Escritu­
ras ; que subió a los cielos, y está sen­
tado a la diestra de Dios P a d re ; que
vendrá de nuevo lleno dé gloria a juz­
gar a los vivo? y a los muertos, y cuyo
reino no tendrá fin. Creo en el Espíri­
tu Santo, Señor vivificador, que pro­
cede del Padre y del H ijo ; que es ado­
rado y glorificado juntamente con el
MI&A UE SAN JOSÉ 213
Padre y el H i j o ; que ha hablado pol­
los profetas. Creo en la Iglesia Católi­
ca y apostólica, una y santa. Confie­
so que hay un solo bautismo que per-
doua todos los pecados. Y espero la re­
surrección de los muertos y la vida
perdurable. Amén.
8. E l Señor sea con vosotros.
M . Y con tu espíritu.

Ofertorio. ,
(Salmo 88, 25.)—Mi verdad y mi mi-'
ricordia sea con él, y su fortaleza es­
tará en mi nombré.
. Ofrenda del pan . — Recibe, Padre
Santo, Dios Todopoderoso y eter­
no, esta hostia inmaculada, que yo, in­
digno siervo tuyo, te ofrezco a Ti, Dios
mío, vivo y verdadero, por mis innu­
merables pecados, ofensas y negligen­
cias ; y por todos los circunstantes, y
también por todos los fieles cristianos
vivos y difuntos, para que a mí y a
ellos sea provechosa para, la salvación
y vida eterna.. Así sea.
Mezcla del agua y del vino.—Oh,
Dios, que de un modo admirable
breaste al hombre en tan noble estado,
y por otra maravilla todavía más es­
tupenda, le reformaste ; concédenos
214 MBS DB SAN JOSÉ

que, por el misterio de esta agua y vino,


tengamos parte en la divinidad de
Aquel que se dignó participar de nues­
tra humanidad, ¡Jesucristo, tu H ijo y
Señor Nuestro, que contigo vive y rei­
na, juntamente con Dios Espíritu San­
to, potr todos los siglos de los siglos.
Así sea.
Ofrenda del vin o .—Te ofrecemos,
Seíion, este cáliz de salud, supli­
cando a tu clemencia que suba hasta
el acatamiento de tu divina Majestad
con olor de suavidad, para nuestra sal­
vación y la de todo el mundo. Así sea.
Ofrenda de sí mismos .—Nos presen
tilmos a Ti, Señor, con espíritu hu­
millado y corazón contrito, a fin de
que nos recibas propicio, y de que nues­
tro sacrificio de tal modo sea hoy
ofrecido en tu presencia que te sea
grato a Ti, Señor Dios.
Invocación del Espíritu Santo .—
Yen, ¡oh Dios santificador, omnipo­
tente y eterno!, y bendice este sa­
crificio preparado para gloria de tu
santo nombre.

«Lavabo».

(Salmo 25.)—Lavaré mis manos en


MISA DB SAN JOSÉ 215

compañía de los inocentes; y rodearé,


Señor, tu altar.
Para oír las voces de tus alabanza»
y proclamar todas tus maravillas.
Señor, yo he amado el esplendor de
tu casa y. el lugar donde reside tu glo­
ria.
No pierdas, Dios mío, mi alma con
la. de los impíos, ni mi vida con la de
los hombres sanguinarios.
Cuyas manos están repletas de ini­
quidades, y cuya diestra está toda
llena, de presentes.
Mas yo he procedido según mi ino­
cencia. ¡ Sálvame, Señor, y apiádate
de m i!
Mis pies no se han apartado del rec­
to sendero, j Oh, Señor!, yo te cantaré
en tus asambleas.
Gloria al Padre...
Oración a la Santísima Trinidad .—
Acepta, ¡ oh, Trinidad, San ta!, esta
oblación, que te ofrecemos en memo­
ria de la Pasión, Resurrección y
Ascensión de Jesucristo, Nuestro Sé-
ñor, y para honra de la bienaven­
turada siempre Virgen María, del
bienaventurado San Juan Bautista y
de los Santos Apóstoles Pedro y P a ­
blo, y de todos los demás Santos, para
21 6 MBS DB SAN JOSÉ

que aquí reciban ellos honra y a nos­


otros nos aproveche para la salvación ;
y se dignen interceder por nosotros en
el cielo aquellos cuya memoria vene­
ramos en la tierra. Por el mismo Je­
sucristo, Nuestro Señor. Así sea.

«Orate fratres».
S. Orad, hermanos, para que mi
saciúficio, que lo es también vuestro,
sea aceptable en el acatamiento de
Dios Padre omnipotente.
M . El Señor reciba de tus manos
este sacrificio para alabanza y gloria
de su santo nombre, para nuestro pro­
vecho, y de toda su Santa Iglesia.
8. Así sea.
Secreta.
Te ofrecemos, Señor, la deuda de
nuestra servidumbre, rogándote su­
plicantes te sirvas afianzar en nos­
otros tus dones por la intercesión del
bienaventurado San José, esposo de
la Madre de tu Hijo, Jesucristo, ya
que, al recurrir su veneranda festivi­
dad, te inmolamos hostias de alabanza.
Por el mismo Señor, que vive y reina
oo*n el Padre y el Espíritu Santo, por
los siglos de los siglos. .Amén.
MISA DK SAN JOSÉ 217

Prefacio.

8. El Señor sea con vosotros.


M. Y con tu espíritu.
8. Arriba los corazones.
M. Los tenemos con el Señor.
/S. Demos gracias a Dios Nuestro
Señor.
M . Digno y justo ea.
8. Verdaderamente, es digno y jus­
to, razonable y saludable, darte gra
cias en todo tiempo y lugar, Señor
Santísimo, Padre Todopoderoso, Dios
Eterno ; y en la festividad del bien­
aventurado San José, magnificarte con
el debido entusiasmo, bendecirte y ala­
barte ; pues diste a la Virgen, Madre
de Dios, un varón y esposo justo, y
pusiste al frente de tu familia, a un
siervo fiel y prudente, a fin de que
cbstodiaise como padre a tu H ijo uni­
génito, Jesucristo, Nuestro Señor, con­
cebido por obra del Espíritu Santo,
por el cual alaban tu Majestad los A n ­
geles, la adoran las Dominaciones y
le tiemblan las Potestades; la cele­
bran unidos en alegría los Cielos, las
Virtudes de los Cielos y los Serafines.
Te rogamos que admitaR nuestras vo­
ces con las de ellos, que, en confesión
218 MES DE SAN JOSÉ

suplicante, dicen: Santo, Santo, San­


to, Señor, Dios de los Ejércitos. Lle­
nos están los cielos y la tien-a de tu
gloria. H osanna en las alturas. Bendi­
to sea el que viene en el nombue del
Señor. Hosanna en las alturas.

Cánon.
¡Oh, Padre clementísimo!, humilde
mente te rogamos y pedimos por me­
diación de tu divino H ijo y Se­
ñor Nuestro, Jesucristo, que te dignes
aceptar y bendecir estos dones, estas
ofrendas y estos sacrificios santos e
inmaculados que te ofrecemos, en pri­
mer lugar por til Santa. Iglesia Cató­
lica, a fin de que te dignes darle la
paz, conservarla;, unificarla y gober­
narla en todo el orbe de la tie rra ;
también te los ofrecemos por tu siervo
el Soberano Pontífice N , y pon nuestro
Prelado N , y por nuestro Rey N , y por
todos los demás que profesan vuestra
santa fe católica y apostólica. Acor­
daos, Señor, de vuestros siervos y sier-
vae N y N, y de todos los circunstan­
tes, cuya fe te es conocida y cuya de
voción es manifiesta, por quienes te
ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen,
este sacrificio de alabanza por sí y por
MISA D S SAN JOSÉ 219

todos los suyos, por la redención de


sus almas y como prenda segura de su
salvación, cumpliendo así los votos que
te han hecho a Ti, Dios Eterno, vivo
y verdadero:
Nos unimos íntimamente y venera­
mos la memoria, no sólo de la gloriosa
siempre Virgen María, Madre de Dios
y Señor Nuestro, Jesucristo, sino tam­
bién la de tus bienaventurados apósto­
les y mártires, Pedro y Pablo, Andrés,
Santiago, Juan, Tomás, Diego, Feli­
pe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo,
Lino, Cleto, Clemente, Sixto. Corne-
lio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono,
Juan y Pablo, Cosme y Damián, y de
todos los demás Santos, po<r cuyos mé­
ritos y ruegos dígnate concedernos tu
protección y auxilio en todas nuestras
necesidades. Por el mismo Cristo,
Nuestro Señor. Así sea.
Dígnate, pues, Señor, aceptar esta
ofrenda quei te presenta toda tu fami­
lia, como homenaje de su dichosa ser­
vidumbre, y, en cambio, concédenos la
paz durante la^ presente vida, líbranos
de la etenja condenación y ha® que
seamos contados en el número de tus
escogidos. Por Jesucristo, Nuestro Se­
ñor. Así sea.
220 M BS DB SAN JOSÉ

¡Oh, D ios!, te suplicamos que te


dignes hacer que esta oblación sea
en todo bendita, aprobada, ratificada,
razonable y agradable a tus ajos, a fin
de que se convierta para nosotros en el
cuerpo y sangre de tu amadísimo Hijo
y Señor Nuestro. Jesucristo.

Consagración y elevación.
E l cual, la víspera de su Pasión,
tomó el pan en sus venerables y sagra­
das manos, y, levantando sus ojos al
cielo, dándote gracias a Ti, ¡oh, Dios!,
que eres su Padre Todopoderoso, lo
bendijo, partió y dió a sus discípulos,
diciendo : «Tomad y comed todos de él,
ÉSTE ES MI CUERPO».

Por modo parecido, concluida la


cena, tomando este preclaro cáliz en
sus santas y venerables manos y dán­
dote igualmente gracias, lo bendijo y
lo dió a sus discípulos, diciendo: «To­
mad y bebed todos de él,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE
del nuevo y eterno Testamento, m is­
terio dq fe, que será derramada por
vosotros y por muchos para el perdón
de los pecados. Todas las veces que
MISA DE SAN JOSÉ 221

hioiereis esto, lo haréis en memoria


//¿ría».
Por tanto, Señor, nosotros, tus sier­
vos, y con nosotros tu pueblo santo, en
memoria de la bienaventurada Pasión
del mismo Jesucristo, tu 11ijo, Nuestro
Señor, y de su resurrección de entre los
muertos, vcomo también de su gloriosa
Ascensión a los cielos, ofrecemos a tu
excelsa Majestad, de entre los dones
que nos has dado, esta Hostia pura,
esta Hostia santa, esta Hostia inma­
culada, el Pan sagrado de la vida eter­
na y el cáliz Je perpetua salvación.
Dígnate poner benignamente tus ojos
sobre estos dones, y aceptarlos, como
te dignaste aceptar los dones que te
ofreció tu siervo el justo Abel, y el
sacrificio de nuestro Patriarca Abra-
ham, y el que te ofreció Melquisedec,
tu sumo sacerdote ; acepta, Señor, este
sacrificio santo, esta Hostia inmacula­
da. Te suplicamos humildemente, ¡oh,
Dios Todopoderoso!, que ordenes sean
presentadas estas ofrendas en tu su­
blime altar, ante el acatamiento de tu
divina Majestad, por las manos de tu
santo ángel, para que todos cuantos,
comulgando en este altar, recibiéremos
el sacrosanto Cuerpo y Sangre de tu
222 MBS DK SAN JOSÉ

Hijo, seamos llenos de todas las ben­


diciones y gracias del cielo. Por el mis­
ino Jesucristo, Señor Nuestro. Así sea.
Acuérdate también, Señor, de tuH
siervos y siervas N y N , que descansa­
ron cobijados por las alas de la fe y
duermen ya el sueño de la paz .
A éstos, Señor, y a todos los que
descansan en Jesucristo, dignaos con­
cederles el lugar del refrigerio, de la
luz y de la paz. Por el mismo Cristo,
Nuestro Señor. Así sea.
Y a nosotros también, que, aunque
pecadores, somos siervos vuestros y es­
peramos en la multitud de vuestras
misericordias, dignaos hacernos parti­
cipantes de la. felicidad eterna, junta­
mente con vuestros santos apóstoles y
mártires, Juan, Esteban, Matías, B er­
nabé, Ignacio, Alejandro, Marcelino,
Pedro, Felicitas, Perpetua, Agueda,
Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia y to­
dos vuestros Santos, en cuya com­
pañía os. pedimos nos recibáis, no por
nuestros méritos, sino por vuestra mi­
sericordia. P or Cristo, Señor Nuestro.
P o r quien, Señor, incesantemente
producís todos estos bienes, los san­
tificáis, los ^vivificáis, los bendecís y
nos los dais.
MISA DE SAN JOSÉ 223

Por el mismo Jesucristo, con E l y en


El, te pertenece todo honor y gloria,
¡ oh, Dios Padre omnipotente!, en uni­
dad del Espíritu Santo.
8. Por loe siglos de los siglos.
. M. Así sea.

«Pater».
Oremos. Instruidos con los precep­
tos saludables del Señor, y, siguien­
do fielmente las enseñanzas divinas
que nos ha prescrito, nos atrevemos a
decir: Padrenuestro, etc#
M. Así sea.
Os suplicamos, Señor, que tengáis a
bien librarnos de todos los males pa­
sados, presentes y futuros, y por la in
tercesión de la bienaventurada siempre
Virgen María, Madre de Dios, de vues­
tros bienaventurados apóstoles Pedro,
Pablo y Andrés y de todos vuestros
Santos, concedednos propicio la. paz
en nuestros días, a fin de que, asisti­
dos de la ayuda de vuestra misericor­
dia, nos conservemos siempre exentos
de todo pecado y libres de toda turba­
ción.
224 MBS D B SAN JOSÉ

Fracción d » la^Hostia.

Por el mismo Jesucristo, Señor Nues­


tro, vuestro Hijo, que siendo Dios vivie
y reina con Vos, en unidad con el E s­
píritu Santo, por todos los siglos de
los siglo».
M . Así sea.
8. La paz del Señor sea siempre cou
vosotros.
M . Y con tu espíritu.
Esta mezcla y consagración dei
Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Je­
sucristo, a rífosotros, cuando la* rieciba-
mos, sírvanos para la vida, eterna. Así
sea.

«Agnus Dei».

Cordero de Dios, que borras los pe


cados del mundo, ten piedad de nos-
otros.
Cordero de Dios, que borras los pe­
cados del mundo, ten piedad de nos­
otros.
Cordero de Dios, que borras los pe­
cados del mundo, danos la paz.
MISA DE SAN JOSÉ 225

Oración para pedir la paz.


¡ Oh, Señor Jesucristo!, que dijisto a
tus apóstoles: «L a paz os dejo, mi paz
os doy», no mires a mis pecados, sino
a la fe de tu Iglesia, y dígnate paci­
ficarla y unificarla conforme a. tu vo­
luntad. Tú, que siendo Dios, vi\es y
minas por los siglos de los siglos. Así
sea.

Comunión del Sacerdote.


Señor Jesús, Hijo de Dios vivo, que
por voluntad del Padre y con la coojte-
ración. del Espíritu Santo disteis la
vida al mundo con vuestra muerte: li­
bradme, pdr este sagrado Cuerpo y
Sangre preciosa, de todos mis pecados
y de cuantos males me riodean o ame­
nazan ; haced que siempre observe fiel­
mente vuestra santa ley, y no permi­
táis que jamás me separe de ‘Vos, que
con el t*adre y el Espíritu Santo vi­
vís y reináis por los siglos de lo » si­
glos. Asi sea.
No agrave, Señor, mi juicio, ni se
convierta en materia de condenación
üi participación de vuestro Cuerpo,
(pie yo, indigno, me atrevo a recibir ;
M u da Marzo. IB
226 MBS DB SAN JOSÉ

sírvame, al contrario, por vuestra bon­


dad, de defensa de alma y cuerpo, y
de remedio saludable para todos mis
males. Vos, que sois Dio«, y que con el
Padre y el Espíritu Santo vivís y rei­
náis porj todos los siglos de los siglos.
Así sea.
Tomaré el pan celestial, e invocaré
el nombre del Señor.
Señor, no soy digno de que entres en
mi pobre morada ; mas di una sola pa­
labra y mi alma será, curada.
E l Cuerpo de Nuestro Señor Jesu­
cristo guarde mi alma para la vida
eterna. A sí sea.
. ¿Cómo corresponderé al Señor por
todas las mercedes que de El he reci­
bido? Tomaré el cáliz de la. salud e in­
vocaré el nombre del Señor. Con ala­
banzas invocaré al Señor y quedaré li­
bre de mis enemigos.
La sangre de Nuestro Señor Jesu­
cristo guarde mi alma para la vida
eterna. Así sea.

Comunión de los fieles.


Yo, pecador, me confieso a Dios, etc.
8. Dios Todopoderoso tenga mise­
ricordia de vosotros, y, perdonados
MISA DE SAN JOSÉ 227

vuestros pecados, os lleve a la vida


eterna..
M . Así sea.
S. El Señor .omnipotente y miseri­
cordioso nos conceda el perdón, abso­
lución y remisión de nuestros pecados?.
M . Así sea.
He aquí el Cordero de Dios.
He aquí el que quinta, los pecados del
mundo.
Señor, no soy digno de que entres en
mi pobre morada., mas di una sola pa­
labra. y mi alma será curada.
El Cuerpo de Nuestro Señor Jesu­
cristo guarde tu alma para la vida
eterna.. Así sea.

Oraciones durante las abluciones.


Haz, Señor, que recibamos con pu­
reza de alma lo que hemos tomado por
la l»oca; y que este don temporal jse
nos trueque en remedio sempiterno.
Vuestro Cuerpo, Señor, que he reci-
Irído, y vuestra Sangre, que he bebido,
se adhieran a mis entrañas, y no per­
mitáis que quede en mí mancha algu­
na- de pecado después de haber sido
alimentado de tan puros y Santos Sa­
cramentos. Concededme esta gracia
228 MES DB SAN JOSÉ

Vo«, que vivís y reináis por los siglos


fie los siglos. Así sea..

Antífona para la Comunión.


( M a t . 1, 20.)—José, hijo de David, no
temas en recibir a María, tu Esposa,
porque lo que en Ella se ha engendra­
do es obra del Espíritu Santo.

Poscomunión.
Senos propicio, misericordioso Se­
ñor, y gu&rda propicio tus dones en
nuestra alma, por la intercesión que
a nuestro favor hace el bienaventura
do confesor José.
8. E l Señoi* sea con vosotros.
M. Y con tu espíritu.

Despedida.

8. I d : la Misa está dicha.


M. Demos gracias a Dios.
Séate agradable, ¡oh, Trinidad San­
ta!, el obsequio de mi tíervidumbre. y
haz que el Sacrificio que acabo de ofre­
cer aunque indigno, a los ojos de tu
Majestad, sea acepto ; y que para mí
y para todos aquellos por quienes lo he
MISA DB SAN JOSÉ 229

ofuecido sen propiciatorio, por tu mi­


sericordia. Por Jesucristo, Nuestro Se­
ñor. Así sea.

Bendición y último Evangelio.

8. Bendígaos Dios Todopoderoso,


Padre, H ijo y Espíritu Santo.
M . Así sea.
8. El Señor sea con vosotros.
M . Y con tu espíritu.
8. Principio del Santo Evangelio
según San Juan (I, 1).
M . Glorificado seas, Señor.
En el principio existía el Verbo, y
el Verbo estaba en Dios, y el ¡Verbo era
Dios. E l estaba en el principio- en
Dios. Por El fueron liechas todas las
cosas, y sin El no se ha hecho cosa, a l­
guna de cuantas fueron hechas ; en El
estaba la vida, y la vida era la luz de
los hombres, y esta luz resplandece en
medio de las tinieblas, y lae tinieblas
no la han recibido.
nv.bo un hombre enviado de Dios que
se llamaba Juan. Este vino como tes­
tigo para dar testimonio de la luz, a*
Un de que, ¡ m u * medio de él, todos cre­
yesen ; no era él la luz,* sino enviado
230 MBS DB SAN JOSÉ

para dar testimonio de Aquel que era


la luz.
El Yerbo era la luz verdadera que
alumbra a todo hombre que viene a
este mundo. En el mundo estaba, y el
mundo fué hecho por E l y, con todo,
el mundo no le conoció. Vino a lo que
era suyo, y los suyos no le recibieron.
Poro El ha dado el ]H>der de ser hechos
hijos de Dios a todos aquellos que creen
en su nombre ; que no han nacido de
la sangre, ni de la voluntad de la car­
ne, ni de la voluntad del hombre, sino
de Dios mismo. (Se arrodilla.) Y E L
V E R B O SE H IZ O C A R N E . Y H A B I
TO E N T R E NOSOTROS, y nosotros
liemos visto su gloria, gloria como del
Unigénito del Padre, estando lleno de
gracia y verdad.
M . Demos gracias a Dios.

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