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INTRODUCCION

Desde el punto de vista de la mecánica -rama de la física-, la teoría del hormigón


armado se funda, básicamente, en la distribución de dos tipos de tensiones unitarias,
compresión y tracción, producidas en las estructuras, entre dos materiales de
construcción, respectivamente hormigón y acero que, a pesar de su naturaleza
esencialmente distinta, actúan en forma perfectamente combinada y solidaria.

Frente a la necesidad de protección contra la intemperie, combustibilidad y acción de


los microorganismos, de la madera; y de las dificultades para evitar la corrosión y
deformabilidad ante el fuego, del acero; la aparición del hormigón armado a fines del
siglo XIX representó un extraordinario hallazgo para los estamentos técnicos de
aquella época, que venía a solucionar en forma económica aquellos y otros
problemas en la mayoría de las estructuras donde el factor peso propio no incidiera
en exceso.

La factibilidad del trabajo conjunto y selectivo, de dos materiales tan disímiles, se


debe principalmente a sus dos propiedades fundamentales: ambos tienen el mismo
coeficiente de dilatación por temperatura, y el cemento posee una gran capacidad de
adherencia al acero.

A la vez, dado que el hormigón debe rodear completamente al acero para que se
verifique la total adherencia del mismo, esa propia disposición constructiva necesaria
garantiza la protección del acero contra la corrosión.

En el mencionado esquema de la mecánica, la adecuación de esfuerzos se produce


dado que el hormigón se diseña ubicado para absorber los esfuerzos de compresión
para lo cual es apto, y el acero para los de tracción (en algunos casos el acero
comparte con el hormigón los esfuerzos de tracción).

Seguidamente, y evitando entrar en los cálculos propiamente dichos, describiremos


cómo se aplica el concepto de la teoría en las partes más habituales en que se
subdividen las estructuras y

cómo se poduce la distribución de los esfuerzos mencionada hacia cada uno de los
dos materiales constituyentes.
PRINCIPIOS BASICOS DEL HORMIGON ARMADO

I) Esfuerzos de flexión:

En Fig. 1 observamos una barra de cualquier material homogéneo y suficientemente


elástico, sostenida por dos apoyos: A y B.

En la Fig. 2 vemos la misma barra cargada con una fuerza P y flexionada por efecto
de dicha fuerza. La línea central a (línea neutra), se curva pero mantiene su longitud;
la línea correspondiente al borde superior, b, es más corta (se ha comprimido); y la
línea correspondiente al borde inferior, c, es más larga (se ha estirado, ha sufrido
tracción).
En la Fig. 3 se observa una barra en reposo (sin fuerzas que actúen sobre ella) de la
misma dimensión que las de las figuras anteriores, pero de hormigón armado, donde
el acero se ha colocado en el lugar apropiado para soportar los esfuerzos de
tracción.

Con esa disposición queda para el hormigón la misión tanto de soportar los
esfuerzos de compresión, por encima de la línea neutra (ver Fig. 4, superficie rayada
d), como para rodear al acero a fin de posibilitar su adherencia y evitar su oxidación,
en la zona bajo la línea neutra, como se observa indicado con e en la Fig. 4.

Las losas no son más que vigas muy anchas y se arman de la misma manera,
como se ve en Fig. 5, donde se presenta el ejemplo de una losa apoyada sobre dos
paredes.

Cuando la losa se llena (se hormigona) junto a dos vigas de hormigón sobre las que
se apoya, como en Fig. 6, se aprovecha como superficie de compresión de la viga
(mencionada en Fig. 4 como zona rayada d), al hormigón de las losas que sostiene,
como vemos en la Fig. 7 (zona rayada f), y en Fig. 8 que es el caso de uan losa
pasante.

De esta manera se logra el máximo aprovechamiento del hormigón.

II) Voladizos:

Cuando en una viga o en una losa se dá el caso de un voladizo (balcón) como en la


Fig. 9, que es flexionada por una fuerza P, como en Fig. 10, ocurre exactamente lo
contrario de lo que vimos en la viga Fig 2, pues el borde superior, g, es el que ahora
se alarga (tracción) y el inferior, h, es el que se acorta (comprime), quedando sin
modificación de longitud la línea neutra, i.

En este caso típico de balcones, la armadura de acero, como se deduce, debe ir en


la parte superior, como se observa en Fig. 11.

III) Distribución de esfuerzos de flexión:

Si a nuestra viga cargada con la fuerza P, de la Fig 2, la cortamos como en Fig 12,
podemos suplantar - en sentido figurado - la mitad de la derecha de la viga, con
nuestras manos, empujando con la de arriba y tirando con la de abajo, como vemos
en Fig. 13.
Si el corte de la viga está más cerca del apoyo, como en Fig. 14, podremos intuir
que la fuerza que deberemos hacer con ambas manos es menor, pues el largo del
trozo de viga a sostener es también menor. Esto quiere decir que el esfuerzo de
flexión es máximo en el centro de la luz de la viga y disminuye hacia los extremos.

Como consecuencia, de la cantidad de acero que preveímos para el centro de la


viga, parte está sobrando cuando se llega al apoyo.

IV) Esfuerzos tangenciales:

Si insistimos en incrementar la fuerza P en la viga de Fig. 2, se producirán fisuras y


roturas como las de la Fig. 15, donde las señaladas con j ya fueron solucionadas
con el acero que colocamos en Fig. 3, pero las indicadas con k en Fig. 15, deberán
ser soportadas también con aceros, doblando en forma inclinada hacia arriba (Fig.
16) los que, como vimos en el final del punto III, nos sobran de la flexión en los
extremos de la viga, y con estribos (Fig. 17). De este modo las posibles fisuras
indicadas con en Fig. 18, producidas por los llamados "esfuerzos tangenciales",
quedan absorbidas por el acero (acero doblado y estribos), como se ve en la misma
Fig. 18.
En la Fig. 17 observamos en la parte superior de la viga, 2 hierros indicados con m,
llamados "perchas", que están al solo efecto de sostener los estribos y no cumplen
ninguna función de soportar esfuerzos.

Las losas también llevan parte de sus hierros doblados hacia arriba cuando llegan a
los apoyos con el fin de absorber los esfuerzos tangenciales, pero no requieren de
estribos pues en ellas los esfuerzos tangenciales no son tan importantes como en
las vigas.

V) Vigas continuas:

Cuando una losa o una viga es continua sobre varios apoyos, como en Fig.19, se
produce la deformación que se observa en Fig. 20, donde, en base a lo que vimos
anteriormente deduciremos que las zonas que se estiran (tracción) y necesitan
aceros, son las indicadas con una línea gruesa, y las que se comprimen, son las
zonas rayadas opuestas a las anteriores.
Por eso, la forma final de armar una viga de hormigón, es la de la Fig. 21, donde el
acero va ocupando las distintas posiciones arriba o abajo requeridas,
aprovechándose los tramos inclinados del cambio de posición, para absorber los
"esfuerzos tangenciales". También se indican en Fig. 21 los estribos y los dos hierros
superiores llamados "perchas".

VI) Estática y resistencia de materiales:

Volviendo a la Fig. 2, y si para poder estudiar las fuerzas exteriores hacemos


abstracción de la capacidad de flexionar de la barra (viga) y la consideramos rígida,
tendremos el esquema de la Fig. 22 donde es fácil llegar a la conclusión que la
reacción A o la B valen la mitad de P.

Si suponemos la viga cortada en el centro y la fuerza P dividida en dos como en Fig.


23, veremos en Fig. 24 que se produce un "par de fuerzas" (recordar palanca en
Física) cuyo "Momento" es = P/2 x a, ó A x a, equivalente a una palanca como en
Fig. 25 cuyo Momento es: M = A x a, que es el momento con respecto al punto b.
Este es el ámbito de la "Estática" o de las fuerzas exteriores.

Si volvemos a la Fig. 13 y reemplazamos las manos por un "par de fuerzas" como en Fig. 26,
tendremos también el momento del "par" que será: M = Z x c ó W x c. Este es el ámbito de
la "Resistencia de Materiales" o fuerzas interiores.

El objetivo del cálculo de resistencia del hormigón armado, es que los momentos de
las fuerzas interiores equilibren a los momentos de las fuerzas exteriores.

Si volvemos al "corte transversal" de la Fig. 4 y lo reproducimos en perspectiva como


en la Fig. 27, veremos que el par de fuerzas de Fig. 26 está formado por el esfuerzo
de compresión del hormigón, H, y el de tracción del acero, A, y que ambas fuerzas
son iguales, y que, como dijimos, el momento de su "par" debe equilibrar el momento
de las fuerzas exteriores de Fig. 25.

Si ambas fuerzas de Fig. 27 son iguales, el motivo por el cual la superficie del
hormigón a compresión (rayada) es muy superior a la del acero (los 3 puntitos), es
que la resistencia unitaria del acero (Kg/cm2) es 15 veces superior a la del hormigón.
Entonces, mayor superficie por menor resistencia unitaria (= H) es igual a menor
superficie por mayor resistencia unitaria (= A). Como vimos H = A.

VII) Columnas:

En la Fig. 28 observamos una columna que soporta el peso de una fuerza P; los 4
puntos en las esquinas representan al acero, y la superficie rayada al hormigón.
Toda la carga P se distribuye entre las superficies de ambos materiales, resistiendo
cada superficie en proporción a su resistencia unitaria.

La proporción de la superficie del acero respecto de la del hormigón, está


reglamentada dentro de ciertos límites prefijados.

En la Fig. 29 se observa la armadura de acero solamente, con sus estribos que


tienen por objeto confinar el hormigón, y evitar que se alabeen los hierros verticales
cuando actúa la fuerza P.

Si la columna es esbelta, va a flexionar lateralmente (efecto de pandeo Fig. 30)


mucho antes de que las resistencias unitarias lleguen a su máximo.

En estos casos, los reglamentos establecen que la superficie de la sección


necesaria de la columna debe calcularse con una fuerza P incrementada
ficticiamente en proporción a su esbeltez -según se establece en tablas apropiadas-,
a fin de evitar el efecto del pandeo.
VIII) Bases:

Al llegar las columnas a la tierra firme, se deben trasladar las cargas que soportaba
la sección (superficie) de la columna, a un material (tierra) de una resistencia unitaria
mucho menor. Como consecuencia, la superficie de tierra que debe soportar a
aquella fuerza P debe ser mucho mayor que la superficie de hormigón y acero de la
sección de la columna.

Por ello las bases toman la forma de la Fig. 31.

Como vemos en la Fig. 32, las bases son planas, pero, siguiendo nuestra modalidad,
hemos esquematizado en Fig. 33 la base bajo el efecto de la carga P y también las
pequeñas reacciones de la tierra en forma de múltiples pequeñas flechas, que son
las que producen las deformaciones por flexión que se observan, por lo que la
armadura de acero se coloca en la parte inferior (tracción) como se indica en la Fig.
34, formando una malla cruzada en ambas direcciones.

En la Fig. 35, se ha completado la misma base anterior con los hierros de la columna
(y con sus estribos), que llegan hasta los hierros de la base.