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Lecciones de moda para escritores

¿Cómo se viste un escritor? ¿Se puede decir que la ropa o los accesorios son determinantes en la
personalidad del escritor? ¿Hay alguna prenda de vestir que dé indicios sobre la calidad de la escritura de
quien la porta? Las preguntas en sí suenan ridículas, y si se las hiciera a un escritor consagrado,
seguramente se molestaría por la apariencia anodina del tema. Pero, basándome en la simple observación
de los que se autoproclaman escritores, de los que se hacen llamar críticos literarios, de los aprendices, de
los nuevos autores que entrevistan para llenar las páginas culturales de los periódicos y de los autores
reconocidos que, al parecer, se han ganado (no sé cómo ni dónde) el derecho a usar ropa de diseñador, he
llegado a la conclusión de que el traje sí importa y que en los círculos artísticos o literarios existe un
prejuicio implícito que, a la vez que critica los estereotipos de la sociedad que rechaza, construye su
propio estereotipo de lo que puede usar o no un escritor. Así, por ejemplo, si usted es mujer y quiere
llamarse escritora, tiene que negarse a usar tacones, maquillaje llamativo, joyas de materiales
convencionales, vestidos ajustados y cualquier prenda que automáticamente la inscriba en cualquier otro
círculo social no digno del arte. ¿Por qué? A mi parecer, por simple miedo. Miedo a reconocer que el
objeto que se rechaza tiene su encanto, miedo a que se descubra sin ningún talento y lo único que tenga de
artista o escritor sea la ropa. Por eso, sin intentar hacer un tratado sociológico de la moda y con la
superficialidad que me caracteriza, he recopilado de internet las siguientes lecciones para tener una
apariencia “aceptable” de escritor:

Lección #1: utilizar gafas y una fragancia que huela a nostalgia. Si se decide a usar gafas, sugiero que no
les ponga mucho aumento, porque para ver pedantería intelectual basta con un solo ojo semiabierto. Lo
del perfume no lo podría explicar, ¿acaso la nostalgia huele a mugre? Y necesariamente, ¿todos los
escritores tienen que estar atados a la nostalgia, hasta en el aroma? ¿No pueden oler a humano?

Lección #2: siempre llevar un libro y verse como si “simplemente se hubiera puesto algo”. Es decir, hay
que esforzarse en mostrar una apariencia descuidada. ¿Para qué? Si partimos de la base de que el escritor
es un ser que hace su oficio en solitario, ¿cuál es la necesidad de mostrarle al mundo lo que lee? ¿No será
que esa nostalgia que se le atribuye al escritor es precisamente la de no pertenecer al mundo del que se
autoexpulsó?

Lección #3: usar un peinado desordenado y ropa “no comercial”. Seguramente ir en contra de las marcas
comerciales hará que mejore la capacidad expresiva del lenguaje… No lo sé. En realidad, nunca he
entendido por qué lo intelectual pelea con las estéticas de la moda, si estas nacen de un análisis humano y
social.

Para terminar, solo tengo que decir que me gusta elegir zapatos “Melissa” y ropa de “Naf Naf”, que no
fumo ni tomo tinto, que a veces me pinto los labios, que se me olvida el perfume y que uso pulseras turcas
para el mal de ojo. Con esta descripción tal vez parezca más una secretaria que una escritora, por si acaso,
desde hoy, voy a dejarme de peinar, de pronto puedo hacerle creer a alguien de que escribo de verdad.