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¡Venga tu Reino!

VIACRUCIS

CON TEXTOS DE SALVIFICI DOLORIS


DE S.S. JUAN PABLO II
INTRODUCCIÓN
Guía: Oremos

Sacerdote:
Padre Santo, mira benigno a quienes junto a Jesús, nuestro
Redentor, nos disponemos a recorrer, paso a paso, el camino
luminoso de la cruz. Por Cristo nuestro Señor.

O bien:

Oh Dios, mira benigno a quienes, junto a Jesús, nos


disponemos a contemplar los misterios de su Pasión;
edúcanos en la escuela del dolor redentor, para que sepamos
descubrir y aceptar nuestra cruz, abrazándonos a ella con
amor. Por Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

I
JESÚS ES CONDENADO A MUERTE
Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector 1:
Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Díjoles Pilato:
«Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra ley». Replicaron
los judíos: «Es que a nosotros no nos está permitido dar
muerte a nadie». Para que se cumpliera la palabra que Jesús
había dicho, significando de qué muerte había de morir.
(Jn 18, 28, 31-32)
Lector 2:
Cristo da respuesta al interrogante sobre el sufrimiento y
sobre el sentido del mismo, no sólo con sus enseñanzas, sino
con el propio sufrimiento.
(Juan Pablo II, «Salvifici Doloris», 18)

Guía: Oremos

Sacerdote:
Padre, ayúdanos a apreciar esta vida como el tiempo que
concedes al cristiano para identificarse con el Cristo paciente
y sangrante; a fin de que por toda la eternidad podamos gozar
y unirnos al Cristo triunfante. Te lo pedimos por el mismo
Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

II
JESÚS ES CARGADO CON LA CRUZ
Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector 1:
Si alguno quiere venir detrás de mí, niéguese a sí mismo,
tome su cruz cada día y sígame.
(Lc 9, 23)

Lector 2:
Cristo, inocente, se carga con los sufrimientos de todos los
hombres porque se carga con los pecados de todos: «Yahvé
cargó sobre El la iniquidad de todos». El pecado de todo
hombre, en su extensión y profundidad, es la verdadera causa
del sufrimiento de Cristo.
(Salvifici Doloris, 17)

Guía: Oremos:

Sacerdote:
Concédenos, Señor, una apertura sencilla a Ti y la luz de la
inteligencia divina, don del Espíritu Santo, que nos haga ver
que detrás de la cruz está Cristo y su amor maravilloso. Por el
mismo Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

III
JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ
Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector 1:
Mi reino no es de este mundo; si de este mundo fuera mi
reino, mis ministros hubieran luchado para que no fuese
entregado, pero mi reino no es de aquí.
(Jn 18, 36)

Lector 2:
Cristo, mediante su propio sufrimiento salvífico, se encuentra
muy dentro de todo sufrimiento humano y puede actuar desde
el interior del mismo con el poder de su espíritu de verdad.
(Salvifici Doloris, 26 )
Guía: Oremos

Sacerdote:
Padre Santo, frente al enemigo de nuestras almas, que se
empeña por tentar al justo en su santidad y al pecador en su
caída, danos la prudencia para vigilar y la fuerza para
resistirle siempre. Por Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

IV
JESÚS ENCUENTRA A SU MADRE
Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector 1:
María guardaba todos estos acontecimientos y los meditaba en
su corazón.
(Lc 2, 19)

Lector 2:
Es ante todo consolador notar que al lado de Cristo, en
primerísimo y muy destacado lugar junto a Él, está siempre su
Madre Santísima, por el testimonio ejemplar que con su vida
entera, da a este particular Evangelio del sufrimiento.
(Salvifici Doloris, 25 )

Guía: Oremos

Sacerdote:
Señor Dios, que nos has dado en María el modelo más
acabado de amor a Jesucristo, fortalécenos para que, como
Ella, no nos ahorremos ningún sufrimiento y participemos
más estrechamente del sacrificio redentor de tu Hijo, que vive
y reina contigo por los siglos de los siglos.

V
JESÚS ES AYUDADO POR
EL CIRENEO A LLEVAR LA CRUZ

Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector 1:
Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no anda en
tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
(Jn 8, 12)

Lector 2:
Buen samaritano es todo hombre que se para junto al
sufrimiento de otro hombre. Esta parada no es curiosidad, sino
disponibilidad. Buen samaritano es todo hombre sensible al
sufrimiento ajeno, el hombre que se conmueve ante la
desgracia del prójimo.

Guía: Oremos

Sacerdote:
Oh Señor Dios omnipotente, concédenos la sabiduría de ver
que lo más hermoso de nuestra vida es esa cruz que forma en
nosotros el encuentro de lo humano con lo divino. Danos la
fuerza necesaria para cargarla con gozo, junto a tu Hijo
Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.
VI
LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS
Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector 1:
Estaba desnudo y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis;
preso, y vinisteis a verme.
( M t 25, 36)

Lector 2:
Cristo dice: «A mí me lo hicisteis». Él mismo es el que en
cada uno experimenta el amor. Él mismo es el que recibe
ayuda. El mismo está presente en quien sufre, porque su
sufrimiento se ha abierto a todo sufrimiento humano.
(Salvifici Doloris, 30)

Guía: Oremos

Sacerdote:
Te pedimos, Señor, la fuerza para ser testigos del nombre de
Cristo con nuestra vida, llevándolo a los hombres en los labios
y en el corazón, para que todos lleguen a experimentar su
amor. Por el mismo Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.
VII
JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ
Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector 1:
Salí del Padre y viene al mundo; de nuevo dejo el mundo y
voy al Padre.
(Jn 16, 28)

Lector 2:
En la cruz Cristo ha alcanzado y realizado con toda plenitud
su misión: cumpliendo la voluntad del Padre se realizó a la
vez a sí mismo. En la debilidad manifestó su poder, y en la
humillación, toda su obra mesiánica.
(Salvifici Doloris, 21)

Guía: Oremos

Sacerdote:
Haznos comprender, Señor, que no nos conquistaremos sin
lucha, y que no edificaremos el Reino sin esfuerzo. Apoyados
en tu gracia, ayúdanos a vivir la verdad de tu mensaje. Por
Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.
VIII
JESÚS CONSUELA A LAS SANTAS MUJERES
Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector 1:
Vuelto a ellas, Jesús dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por
mi; llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros
hijos».
(Lc 23,28)

Lector 2:
Cristo se acercó sobre todo al mundo del sufrimiento humano,
por el hecho de haber asumido este sufrimiento en sí mismo.
(Salvifici Doloris, 16 )

Guía: Oremos

Sacerdote:
Haz, Señor, que te sigamos no por el camino fácil de quienes
te buscan mientras tienen en la boca el sabor del pan y en los
ojos el fulgor de los milagros, sino por el camino de la
renuncia, de la cruz. Tú que vives y reinas por los siglos de
los siglos.

Todos: Amén.
IX
JESÚS CAE POR TERCERA VEZ
Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector 1:
Esto lo he dicho para que tengáis paz en mí; en el mundo
habéis de tener tribulación; pero confiad, yo he vencido al
mundo.
(Jn 16, 33)

Lector 2:
El Redentor ha sufrido en vez del hombre y por el hombre.
Todo hombre tiene su participación en la Redención. Cada
uno está llamado a participar en este sufrimiento, mediante el
cual se ha llevado a cabo la Redención.
(Salvifici Doloris, 19)

Guía: Oremos:

Sacerdote:
Te rogamos, Señor, que la permanencia involuntaria en
nuestras imperfecciones vaya siempre acompañada de un
sincero arrepentimiento, y de un indefectible interés de
superación, pues sabemos que te agrada vernos luchar por
nuestra santificación. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.
X
JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS
Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector 1:
Al que quiera litigar contigo para quitarte la túnica, déjale
también el manto.
(Mt 5, 40)

Lector 2:
Si la cruz ha sido a los ojos de los hombres la expoliación de
Cristo, al mismo tiempo ésta ha sido a los ojos de Dios su
elevación.
(Salvifici Doloris, 22)

Guía: Oremos

Sacerdote:
A veces duele, Señor, nuestro sacrificio, pero por encima de
nuestro dolor resplandece el gozo de sentirse cerca,
guiándonos a la cumbre de tu perfección por duros caminos.
Ayúdanos a alcanzar la cumbre lejana que prometiste cuando
hubiéramos aprendido a morir a nuestra voluntad, a ser todo
tuyos, a ponerte por encima de todas las cosas. Tú que vives y
reinas por los siglos de los siglos.
XI
JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ
Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector 1:
Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es preciso
que sea levantado el Hijo del hombre. Tanto amó Dios al
mundo que le entregó a su Hijo unigénito, para que el que
crea en Él tenga la vida eterna.
(Jn 3, 14-16)

Lector 2:
La pasión de Cristo ha sido unida al amor, a aquel amor de
que Cristo habló a Nicodemo; a aquel amor que crea el bien
por medio del sufrimiento.
(Salvifici Doloris, 18)

Guía: Oremos

Sacerdote:
Padre Santo, te pedimos que nos concedas el anhelo de buscar
la humillación y el silencio olvidándonos de nosotros mismos,
porque no hay vida más fecunda y hermosa que la que se pasa
clavada en la cruz por cumplir tu voluntad. Por Jesucristo
nuestro Señor.
XII
JESÚS MUERE EN LA CRUZ
Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector 1:
Junto a la cruz de Jesús estaban su Madre y la hermana de su
madre, María la de Cleofás y María Magdalena. Jesús, viendo
a su Madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su
Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dice al discípulo:
«Ahí tienes a tu Madre». Y desde aquella hora el discípulo la
recibió en su casa.
(Jn 19, 25-27)

Lector 2:
La subida de María al Calvario, su estar a los pies de Jesús
junto al discípulo amado, fueron una participación del todo
especial en la muerte redentora del Hijo.
(Salvifici Doloris, 25)

Guía: Oremos

Sacerdote:
Señor, contemplando la vida de María, descubrimos cómo tu
voluntad para Ella significó dolor, renuncia, hasta el momento
culminante de la cruz. Concédenos que nuestro amor sea
firme y fiel como el suyo. Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.
XIII
JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ
Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector 1:
Fue también Nicodemo con una mezcla de unas cien libras de
mirra y áloe.
(Jn 19, 39)

Lector 2:
En la cruz de Cristo no sólo se ha cumplido la Redención
mediante el sufrimiento, sino que el mismo sufrimiento
humano ha quedado redimido.
(Salvifici Doloris, 19)

Guía: Oremos

Sacerdote:
Dios todopoderoso, haz que no temamos ser fermento de la
tierra que ha de alimentar la espiga. Aumenta nuestra
confianza de que algún día recompensarás nuestro sacrificio,
mientras ahora gozamos de la dicha de saber menguar y morir
para que Jesucristo viva. Por Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.
XIV
JESÚS ES COLOCADO EN EL SEPULCRO
Sacerdote:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Todos:
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Lector 1:
Había un huerto cerca del sitio donde fue crucificado, y en el
huerto un sepulcro nuevo en el cual nadie aún había sido
depositado. Allí, por estar cerca del monumento, pusieron a
Jesús.
( J n 19, 41-42)

Lector 2:
Cristo ha obrado la Redención completamente y hasta el final;
pero el mismo sufrimiento no lo ha cerrado, sino que ha
quedado abierto a todo sufrimiento humano.
(Salvifici Doloris, 24)

Guía: Oremos

Sacerdote:
Dios, Padre de bondad, danos un afán insaciable, como
hombres del Reino, de ser auténticos seguidores de Cristo
hasta la ignominia de la cruz, salvación para los que creemos
en ella. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.
CONCLUSIÓN

Guía: Oremos

Sacerdote:
Que tu bendición, Señor, descienda con abundancia sobre esta
familia tuya que ha conmemorado la muerte de tu Hijo con la
esperanza de su santa resurrección; venga sobre ella tu
perdón, concédele tu consuelo, acrecienta su fe y consolida en
ella la redención eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.

O bien:

Padre Santo, después de recorrer paso a paso el camino de la


cruz, concédenos la gracia de grabar en nuestra mente y
nuestro corazón la imagen de tu Hijo crucificado en ese acto
supremo de amor con el que ha quebrado la amargura y el
sinsentido del dolor, convirtiéndolo en dulzura y medio
indispensable de salvación y santificación. Que a la constan-
cia del dolor en nuestra vida, sepamos responder con la
constancia del amor, y a la intensidad del sufrimiento, con la
intensidad del ofrecimiento. Por el mismo Cristo nuestro
Señor.

Todos: Amén.