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UNIDAD II.

DESARROLLO HUMANO
2.1 Teorías de la personalidad
2.1.2 Teoría psicoafectivas (Freud, Jung y Fromm)
2.1.2.1 Freud
Todos los seres humanos estamos conformados por emociones, sentimientos, motivaciones,
intereses, actitudes, habilidades. Adaptarnos al mundo que nos rodea por medio de estas
características definimos nuestra forma de ser.
La personalidad estará determinada en cómo se integran todos estos elementos en cada uno de
nosotros. La complejidad del concepto hace que se analice desde diferentes teorías.
A continuación estudiaremos a tres personajes que proponen su teoría referente a la
personalidad.
Freud elaboró dos esquemas explicativos del aparato psíquico. Dichos esquemas no son
opuestos sino complementarios; uno ayuda a comprender al otro y viceversa:
a) Descriptivo: cómo está estructurado.
b) Dinámico: cómo funciona y cómo se moviliza.

Esquema 2.1 Primer esquema del aparato

Freud llegó a la conclusión de que la consciencia del ser humano sólo constituye una parte
pequeña de la mente humana; y plantea una división de los diferentes niveles de conciencia:
Llamamos consciente a las representaciones
mentales que provienen del exterior; es decir, a las
imágenes mentales de lo que percibimos de la
realidad. La conciencia es como la corteza del
aparato psíquico; es el aspecto del mismo que está
en "directo contacto con el mundo exterior.
Pero, por debajo de la conciencia, se hallan
otras representaciones que no están actualmente
en ella: las representaciones inconscientes, que
están presentes pero latentes, es decir, no
directamente manifiestas.
Llamamos preconsciente a las ideas latentes
que pueden volver a la conciencia cuando resulte
necesario. La experiencia nos demuestra que,
cuando percibimos un suceso que ocurre en el exterior, somos conscientes de lo que percibimos;
posteriormente, dicha representación desaparece de la conciencia para convertirse en un recuerdo.
Cuando el suceso desaparece de la consciencia, pasa al preconsciente, para formar parte de los
recuerdos que son necesarios y útiles para la integración social y la conducta.
En cambio, llamarnos inconsciente, a las ideas o experiencias latentes que no pueden volver a
la conciencia por vía directa, o a voluntad. Estas representaciones latentes, pueden ser débiles o
pueden ser fuertes y eficaces, hasta el punto de determinar nuestra conducta. .

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Así, el preconsciente, puede volver a la conciencia, voluntaria o involuntariamente, mientras que
el inconsciente no puede volver a la conciencia, no se muestra directamente a nuestro conocimiento,
manifestándose por otras vías; por ejemplo, el sueño, la fantasía o los actos fallidos.
La barrera que impide el paso de lo inconsciente a llama censura, la cual, está constituida por
una primera censura que separa lo inconsciente de lo preconsciente; pe una segunda censura que
regula el paso de las del preconsciente a la conciencia. De esta forma la separa, es decir, impide el
paso, mientras que la o bien, permite el paso de las representaciones o necesario.)
La conciencia funciona como adaptadora al medio ambiente tiende a defenderse y a impedir el
paso de que la perturben, regulando la aparición de éstas.
Es importante destacar que la censura no es resultado de un acto consciente sino que es el
producto de un proceso inconsciente, como la represión. Nadie olvida a voluntad, sino porque resulta
conveniente para lograr la adaptación al medio.
Según Freud, la personalidad está integrada por tres sistemas: Ello (id). Yo (Ego) y Superyó
(Superego), cada uno en constante pugna e intentando dominar o gobernar la personalidad del
individuo. Su ponía que, cuando la persona está mentalmente sana, estos tres elementos se hallan
en equilibrio, mientras que en las personas desequilibradas los sistemas están en desacuerdo.
Estas tres áreas no se presentan aisladas y ordenadas entre sí, por el contrario; se mezclan e
interactúan.
A continuación definiremos cada sistema:
1. El Ello: representa el
inconsciente reprimido. Es la
naturaleza instintiva y está
gobernado por el principio del
place. Las tendencias
instintivas exigen satisfacción,
no reconocen lógica alguna y
son netamente activas.
La vida psíquica del recién
nacido es totalmente
inconsciente. El bebé no
razona y exige satisfacción de
sus tendencias buscando
aquello que le brinda placer,
como el alimento, el calor del cuerpo de la madre o de quien está a su cuidado, el afecto. Es
decir, en el comienzo, la vida psíquica está regida por el Ello, la fuerza vital e instintiva que
gobierna el
Ello y dirige la conducta hacia el placer se denomina libido.
A medida que el bebé crece y se desarrolla, se va conectando e integrando al mundo, por
lo que sufre un proceso de adaptación a la realidad del medio ambiente. Es decir, va
transformando su £Ho al Yo.
2. El Yo: tiene como función transmitir la realidad, incorporar las percepciones del mundo
exterior al sujeto, y reprimir los accesos del Ello, destituyendo el principio del placer por el
principio de realidad, lo que asegura más éxito en la integración al mundo social.
El Yo tiende a la síntesis de los contenidos que recibe del medio, los ordena y organiza,
unifica los procesos anímicos. Necesita este alto grado de organización para rendir y cumplir
su función; domina y controla los instintos (impulsos del Ello) para integrarlos al sistema total.

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Pero el Yo es débil de sí mismo, todas sus energías le son prestadas por los impulsos
vitales del Ello, .que guía los intereses, del sujeto. Para controlar mejor el Ello, necesita tener
el tercer elemento constitutivo de la vida psíquica: el Superyó.
3. El Superyó: representa el vigilante de los actos del sujeto. Es el ideal moral qué todos
tenemos de dentro y que se ha formado en nosotros por la educación que nos dieron
nuestros padres y por la influencia social en general. Es lo que indica lo que debe ser el ideal
al que el Yo debe tender, y colabora con él para reprimir impulsos del Ello que no se adecue
a ese ideal.

Interacción del Ello, Yo y Superyó


El Ello trata de satisfacer las pulsiones biológicas básicas; el Superyó se esfuerza por imponer
metas altamente perfeccionistas y moralistas. De esta forma, el Ello y el Superyó son poco realistas
e irracionales, de maneras separadas, pero en competencia. El conductor representa al Yo y es
responsable de hacer los ajustes, mientras el Ello y el Superyó luchan entre sí. El Yo trata de
encontrar un camino central aceptable entre esas dos fuerzas divergentes.
El psicoanálisis se constituye, así, en una teoría explicativa de la personalidad como el resultado
del juego que se establezca entre el Yo, en el Superyó y el Ello. Esta escuela psicológica da
fundamental importancia a los cinco primeros años de la vida humana. Son éstos los años en qué el
niño vive en más estrecha unión con el grupo familiar. Es durante este periodo cuando se consolidan
los cimientos de la personalidad.

La explicación y la dinámica de la personalidad

Esquema 2.4 Gráfico de las series

1. Los factores constitutivos (hereditarios y congénitos) inciden sobre las primeras


experiencias infantiles.
2. Las experiencias de los primeros años de vida y los factores constitutivos conforman la
base de la personalidad.
3. La disposición es el núcleo afectivo, base para la vida adulta.
4. Los factores actuales o situaciones presentes desencadenan la disposición básica y, a su
vez, revierten sobre ellas.
5. Los efectos o conductas ante las situaciones presentes son determinados, por un lado, por
la disposición para la acción, y por otro, por las características de tas situaciones mismas.
A su vez, los efectos inciden sobre las dos anteriores, pero no pueden modificar el pasado.
De allí la fundamental importancia de los primeros años de vida, que siguen influyendo
sobre la personalidad adulta.
Dicha personalidad se manifiesta a través de un sistema de conductas que interactúan
dinámicamente entre sí:

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a) Unas, naturales o espontáneas, presociales (Ello);
b) Otras, censuradoras y represoras (Superyó);
c) Significantes y socializadas (Yo).

2.1.2.2 Jung
Jung descubrió que es posible definir a las personas como orientadas al interior o bien al exterior.
El introvertido se siente más a sus anchas en el mundo interior de la reflexión y los sentimientos,
mientras que el extravertido prefiere el mundo de los objetos y la con los demás.
Los introvertidos ven el mundo de acuerdo con el modo en que los afecta; en cambio, los
extravenados se ocupan más de su propio impacto sobre el mundo.
Jung opinaba que la mente está constituida por el Yo (la mente consciente), el inconsciente
personal (material reprimido u olvidado) y el inconsciente colectivo (la parte de la mente derivada de
los recuerdos ancestrales). El inconsciente colectivo está formado por arquetipos, ideas
emocionalmente cargadas que unen los conceptos universales a la experiencia individual, pueden
ser descritos como símbolos de temas comunes que se encuentran a lo largo de generaciones y en
todas las partes del mundo. Según Jung, poseemos muchos arquetipos con los que hemos nacido y
que influyen en nuestra conducta.

El inconciente
Jung enfatiza en que, debido a su propia naturaleza, no es posible conocer el inconsciente y por
ello se le debe describir en relación con la conciencia, que no tiene límites desde el punto de vista
teórico Jung divide el inconsciente en personal y colectivo.

1. El inconscente personal
El contenido del inconsciente personal se remonta al pasado del individuo, se compone de
recuerdos que son dolorosos y han sido reprimidos junto con los que, debido a su irrelevancia,
simplemente se eliminan de la conciencia. Asimismo, este inconsciente contiene partes de la
personalidad que nunca han aflorado en la conciencia.

2. El Inconsciente colectivo
El inconsciente colectivo es el concepto más innovador y controvertido de la psicología jungiana.
Jung lo define como el centro de todo el material psíquico que no se origina en la experiencia
personal. Su contenido y sus imágenes parecen compartidos con gente de todas épocas y todas las
culturas.
Postula que la mente del recién nacido posee ya una estructura que determina y conforma el
crecimiento y la interacción ulterior con el entorno. En esencia, esta estructura básica es la misma en
todos los pequeños. Aunque maduremos en forma diferente y nos transformemos en personas
singulares, el inconsciente colectivo es común a todos y por ende, es uno.
Los arquetipos son tendencia, predisposiciones heredadas para responder al mundo de formas
determinadas. Son imágenes primordiales o representaciones de las energías intuitivas del
inconsciente colectivo.
Según Jung, los arquetipos son elementos de estructuración en el inconsciente que dieron origen
a las imágenes arquetípicas que dominan tanto a las fantasías individuales como a las mitologías de
toda una cultura. Presentan una especie de disposición a producir una y otra vez las mismas o
similares ideas míticas.
Los arquetipos son partes de la vida misma, imágenes que se conectan de manera integral con la
vida de la persona por medio de las emociones.

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Cada una de las grandes estructuras de la personalidad es también un arquetipo. Dichas
estructuras son el Yo, la persona, la sombra, el ánima (en los varones), el ánimus (en las mujeres) y
el self.
Los arquetipos mismos son formas sin contenido propio que sirven para organizar a canalizar el
material psicológico.
Los arquetipos conforman la infraestructura deja psique: El contenido de la psique de cada
persona, al igual que sus experiencias, es único e irrepetible; sin embargo, las pautas generales, en
las que encuadran estas experiencias están determinadas por parámetros universales y principios
generadores, o arquetipos; los arquetipos del inconsciente son manifestaciones de los órganos del
cuerpo y sus poderes, y tienen una raíz biológica.

El Yo
El Yo ocupa un lugar central en la conciencia y es uno de los arquetipos más importantes de la
personalidad. Proporciona un sentido de coherencia y dirección en la vida consciente. Se opone a
cualquier cosa que amenace la conciencia, convenciéndonos de que debemos planificar y analizar
nuestras experiencias.
El Yo jungiano proviene del inconsciente y reúne diversas experiencias y recuerdos, con lo cual
establece la división entre consciente e inconsciente. No hay elementos inconscientes en el Yo, sólo
un contenido consciente derivado de la experiencia personal. Se nos induce a creer que el Yo es el
elemento central de la psique, con lo cual pasamos por alto la otra mitad de la psique, el
inconsciente.

Esquema 2.5 El consciente y el inconsciente.

La persona
Es la apariencia que ofrecemos al mundo. Se trata del personaje que actuamos y con el cual nos
relacionamos con los demás. La persona comprende los papeles sociales, y nuestro estilo individual
de expresarnos. El término persona proviene del latín y significa "máscara" o "rostro falso".
Jung llamaba a la persona el "arquetipo de la conformidad". Entre sus funciones positivas,
protege al Yo y la psique de diversas fuerzas y actitudes sociales que intentan imponérseles.
Además, la persona es un valioso instrumento de comunicación.
Cuando el Yo se identifica con la persona, el individuo cree que es lo que aparenta. Según Jung,
siempre terminamos por desechar esta identificación, dando así lugar al proceso de
autodescubrimiento o individuación.

La sombra
La sombra es una forma arquetípica en la que se relegan los materiales que han sido reprimidos
en la conciencia; su contenido comprende las tendencias, los deseos, los recuerdos y las

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experiencias que son rechazados por ser incompatibles con la persona y contrarios a las normas y
los ideales sociales. La sombra contiene todas las tendencias negativas que se quisieran vedar,
como los instintos animales y características, tanto positivas como negativas, que no pudieron
desarrollarse plenamente.
La sombra se torna peligrosa cuanto menos se le reconoce. En estos casos, se tiende a
proyectar las características no deseadas sobre los demás o a dejarse dominar por la sombra sin
percatarse de ello. Las imágenes del mal, el diablo y el concepto del pecado original son aspectos
del arquetipo de la sombra.
Cada parte reprimida de la sombra representa una parte de nosotros mismos. En la medida en
qué mantenemos estos materiales en la esfera del inconsciente, nos imponemos límites a nosotros
mismos: Cuando la sombra se torna consciente, recuperamos partes antes reprimidas de la
personalidad.
Asimismo, la sombra no es una mera fuerza negativa de la psique, se trata de un almacén de
numerosas energías; instintivas, de espontaneidad y de vitalidad, así como de una importante fuente
de energías creativas. Al igual que todos los arquetipos, la sombra tiene por origen el inconsciente
colectivo y brinda acceso a una buena parte del valioso material inconsciente que es rechazado por
el Yo y la persona.

Ánima y ánimus
Jung postuló una estructura inconsciente que actúa como complemento de la persona, a la cual
decidió en llamar ánima en los varones y ánimus en las mujeres. Esta estructura psíquica básica
sirve como centro de todo el material psicológico que no se adapta a la imagen consciente del
individuo como hombre o mujer. Así, en la medida en que una mujer se autodefine en términos
femeninos, su ánimus contendrá las tendencias y experiencias no reconocidas que haya definido
como masculinas.
Para la mujer, el proceso del desarrollo psicológico el establecimiento de un diálogo entre el Yo y
el ánimus. Éste podría estar dominado de manera patológica por la identificación con ciertas
imágenes arquetípicas.
Al principio, el ánimus o el ánima parece ser una personalidad totalmente separada; pero a
medida que se reconoce su influencia sobre el sujeto, el ánimus asume el papel de enlace entre el
consciente y el inconsciente hasta que gradualmente se integra al Self.
Mientras el ánima o ánimus permanezca en estado inconsciente, esto es, no aceptado como
parte del Self, se proyectará al exterior sobre las personas del sexo opuesto.

El self
Es el arquetipo de la personalidad más importante y al mismo tiempo, el más difícil de entender.
Para Jung, es el arquetipo central, el del orden psicológico y la totalidad de la personalidad; de la
unión del consciente y del inconsciente que incorpora el equilibrio y la armonía de los elementos
antitéticos de la psique. El Self dirige de manera integrada al funcionamiento de todo el aparato
psíquico. Según jung, el consciente y el inconsciente no se oponen necesariamente, sino que se
completan para dar lugar a una totalidad, a la cual denominamos Self. Jung no descubrió el
arquetipo del self sino hasta después de haber estudiado las otras estructuras de la personalidad.
El Self no sólo es el centró sino también toda la circunferencia que comprende tanto el consciente
corría el inconsciente; es el centro de esta totalidad, así como el Yo ocupa el centro de la conciencia.

2.1.2.3 Fromm

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La teoría de Fromm es una combinación de Freud y Marx, ya que Freud enfatizó sobre el
inconsciente, los impulsos biológicos, la represión y demás. En otras palabras, Freud postuló que
nuestro carácter estaba determinado por la Biología. Por otro lado, Marx consideraba a las personas
como determinados por su sociedad y aún más por sus sistemas económicos.
Fromm añadió a estos dos sistemas deterministas algo bastante extraño a ellos: la idea de la
libertad. Él animaba a las personas a trascender los determinismos que Freud y Marx les atribuían.
Fromm hace de la libertad la característica central de la naturaleza humana.
La libertad es algo difícil de logra y cuando la tenemos nos inclinamos a huir de ella. Fromm
describe tres vías a través de las cuales escapamos de la libertad:
1. Autoritarismo: buscamos evitar la libertad al fusionarnos con otros, volviéndonos parte de
un sistema autoritario como la sociedad de la Edad Media. Hay dos formas de acercarse a
estas posturas, una es someterse al poder de los otros, volviéndose pasivo y complaciente, y
la otra es convirtiéndose uno mismo en un autoritario.
2. Destructividad: los autoritarios viven una dolorosa existencia, en cierto sentido,
eliminándose a sí mismos: ¿si no existe un Yo mismo, cómo algo puede hacerme daño?
Pero otros responden al dolor volviéndolo en contra del mundo: si destruyo al mundo, ¿cómo
puede hacerme daño? En este escape de la libertad da cuenta de la podredumbre
indiscriminada de la vida (brutalidad, vandalismo, humillación, crimen, terrorismo, etcétera).
3. Conformidad autómata: los autoritarios se escapan de su propia persecución a través de
una jerarquía autoritaria. Pero nuestra sociedad enfatiza la igualdad. Hay menos jerarquía en
la que esconderse que lo que parece (aunque muchas personas las mantienen y otras no).
Por ejemplo, cuando me visto en la mañana, ¡hay tantas decisiones que tomar! Pero sólo
necesito ver TV que, como un horóscopo, me dirá rápida y efectivamente qué hacer. Si me
veo como..., si hablo como.., si pienso como..., si siento como..., cualquier otro de mi
sociedad, entonces pasaré inadvertido; desapareceré en medio de la gente y no tendré la
necesidad de plantearme mi libertad o asumir cualquier responsabilidad. Es la contraparte
horizontal del autoritarismo. .
La persona que utiliza la conformidad autónoma es como un camaleón social, asume el color de
su ambiente, ya que se ve como el resto de los demás, y no tiene que sentirse solo. Desde luego no
está solo, pero tampoco es él mismo. El conformista autómata experimenta una división entre sus
genuinos sentimientos y los disfraces que presenta el mundo.
Escoger la forma en la que escapamos de la libertad tiene que ver bastante que ver con el tipo de
familias en las que crecemos. Fromm describe dos tipos de familias, las no productivas y
simbióticas.
1. Familias simbióticas: la simbiosis es la relación estrecha entre dos organismos que no
pueden vivir el uno sin el otro. En una familia simbiótica, algunos no pueden desarrollar
completamente sus personalidades por sí mismos.
2. Este pensador discrepa con Freud en lo que se refiere al papel del sexo en la vida del
hombre. No es frustración sexual, según él, nuestro mayor problema, sino simplemente el
hecho de que somos seres humanos. De acuerdo con Fromm las mismas cualidades que
nos hacen humanos, nos presentan también dificultades y problemas.
3. Ser humano significa tener una constitución específica, necesidades y problemas
específicos por resolver. No nos parecemos a ningún otro ser vivo del mundo, no estamos
ligados a la naturaleza por instintos. Necesitamos depender de nuestra facultad de razonar
correctamente para desarrollar habilidades y amar productivamente como medio mejor para
resolverlos problemas inherentes al ser humano. Si no satisfacemos nuestras necesidades
humanas, apropiadamente, o morimos o nos volvemos locos.

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Las cinco necesidades de humanas según Fromm
1. De relación
2. De trascendencia
3. De arraigo
4. De identidad
5. De marco de referencia

Relaciones
El sentimiento de sociedad y aislamiento es común, según Fromm, a todos los humanos. El
único medio de superar este sentimiento está en alguna forma de relación con los demás.
Pero no toda forma de relación proporcionará felicidad. En efecto, la sumisión y el dominio son
formas de relación, pero éstas son perjudiciales para el hombre. Éste debería utilizar su capacidad
para amar productivamente al relacionase con los demás. Hay varias formas de amor productivo; el
amor materno, el amor de de los padres, el amor erótico, el amor fraterno y el amor de sí mismo. El
amar productivo es la única forma de superar el sentimiento de soledad y aislamiento común a todo
el mundo.

Trascendencia
Relacionarse con el mundo en una forma pasiva es contrario a la naturaleza del hombre. Aunque
existan grandes diferencias entre las personas, todo el mundo posee la capacidad para conocer y
adquirir habilidades. Si esta capacidad no se utiliza o se utiliza incorrectamente, el desarrollo y el
funcionamiento de la personalidad resultan perjudicados. Debido a que el hombre no es guiado por
sus instintos, ha de resolver sus problemas con sus propios recursos, incluidos los del medio cultural
en el que vive. El hombre y cada persona individual han de crear su propio mundo.

Sentimiento de identidad
Fromm está de acuerdo con Erikson en cuanto a la necesidad de identidad. Podemos pensar
también en las necesidades de aprecio, de Maslow. Todo el mundo experimenta la necesidad de
identificar su lugar en el mundo.

Arraigo
El deseo de arraigo puede interpretarse como una necesidad de vínculos significativos con los
alrededores inmediatos del individuo y con su pasado. Pueden pensarse aquí en las necesidades de
afiliación y aceptación de Maslow. El individuo ha de ser parte de su comunidad, de su trabajo y de
su escuela. El hombre necesita tradiciones, costumbres y ritos que representan cosas o creencias
que son más importantes que el individuo. En un mundo rápidamente cambiante, la necesidad de
arraigo se hace sentir poderosamente.

Marca dé referencia
Cada persona tiene la necesidad de conferir un sentido a su vida y de comprender su mundo.
Fromm cree que inclusive una visión incorrecta del mundo es preferible a la ausencia de toda visión.
Encontrarse en un estado de caos y confusión es sumamente desalentador para la mayoría de la
gente.

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