Вы находитесь на странице: 1из 40

Criminología del

desarrollo
Alfonso Serrano Maíllo
PID_00183828
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 Criminología del desarrollo

Los textos e imágenes publicados en esta obra están sujetos –excepto que se indique lo contrario– a una licencia de
Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada (BY-NC-ND) v.3.0 España de Creative Commons. Podéis copiarlos, distribuirlos
y transmitirlos públicamente siempre que citéis el autor y la fuente (FUOC. Fundación para la Universitat Oberta de Catalunya),
no hagáis de ellos un uso comercial y ni obra derivada. La licencia completa se puede consultar en http://creativecommons.org/
licenses/by-nc-nd/3.0/es/legalcode.es
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 Criminología del desarrollo

Índice

Introducción............................................................................................... 5

Objetivos....................................................................................................... 6

1. La importancia del factor edad en la criminología................. 7

2. La propuesta del desarrollo de comportamientos


antisociales limitados a la adolescencia y persistentes a lo
largo del curso de la vida................................................................ 13

3. La teoría del control social informal dependiente de la


edad........................................................................................................ 16
3.1. Una teoría del control social en el marco de la criminología
del curso de la vida ..................................................................... 16
3.2. Elementos básicos de la teoría .................................................... 16
3.3. Evaluación ................................................................................... 19

4. Teorías integradas del desarrollo y del curso de la vida


(DLC)...................................................................................................... 21

5. La teoría integrada y cognitiva del potencial antisocial


(ICAP)..................................................................................................... 25

6. El modelo integrado y del desarrollo de la propensión


antisocial.............................................................................................. 29

Resumen....................................................................................................... 33

Ejercicios de autoevaluación.................................................................. 35

Solucionario................................................................................................ 37

Glosario........................................................................................................ 38

Bibliografía................................................................................................. 39
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 5 Criminología del desarrollo

Introducción

Tanto "la estabilidad como el cambio están presentes a lo largo del curso de la vida, y [...]
necesitamos explicar ambos".

Sampson y Laub, 1993, pág. 17.

La mayoría de las teorías criminológicas clásicas, al menos tal y como fueron


presentadas originariamente, tenían un carácter estático. Dicho con otras pa-
labras, evocaban causas o procesos que, una vez establecidos, mantenían sus
efectos a lo largo de la vida de las personas. Las investigaciones de Gottfredson,
Hindelang y Hirschi plantearon, sin embargo, el reto de explicar la curva de
la edad: cómo a partir de una determinada edad la mayoría de los delincuen-
tes abandonaban sus carreras delictivas. La propuesta de estos teóricos, que se
encuentran entre los más importantes de la historia de la disciplina, mantuvo
el rechazo de cambios en las vidas de las personas.

Sin embargo, muchos autores reclamaron que, por ejemplo, eventos de las vi-
das de las personas pueden operar cambios decisivos en sus trayectorias vita-
les, incluyendo sus carreras delictivas.

En las siguientes páginas revisaremos este interesante debate y algunas de las


más importantes teorías criminológicas que tratan de explicar la curva de la
edad y que consideran que las vidas de las personas son flexibles. Ello se cono-
ce como criminología del desarrollo o del curso de la vida y representa uno de
los desarrollos teóricos, unidos a los impresionantes estudios empíricos longi-
tudinales contemporáneos, más apasionantes e influyentes de la actualidad.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 6 Criminología del desarrollo

Objetivos

En los materiales didácticos de esta asignatura, el estudiante encontrará las


herramientas básicas para alcanzar los objetivos siguientes:

1. Comprender la relevancia de la edad para la criminología y tanto a nivel


teórico como respecto a la predicción, el control y prevención del delito,
etc.

2. Familiarizarse con algunas de las más importantes teorías del desarrollo y


del curso de la vida contemporáneas.

3. Entender la relevancia y especificidades de los estudios longitudinales


frente a los transversales.

4. Adquirir las herramientas y el vocabulario como para comprender y eva-


luar propuestas teóricas dinámicas y estáticas.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 7 Criminología del desarrollo

1. La importancia del factor edad en la criminología

Después del sexo, la edad es el correlato más sólido del delito.

Se sabe desde los inicios de lo que hoy consideramos criminología científica Lectura recomendada
que los adolescentes son responsables de un número desproporcionado de de-
Alfonso Serrano Maíllo
litos y que según se van haciendo mayores van cometiendo, como grupo, más (2011). El problema de las con-
y más; así como que, a partir de un determinado momento, los grupos de eda- tingencias en la teoría del auto-
control. Un test de la teoría ge-
des cometen cada vez menos actos criminales, al menos a nivel agregado. Esto neral del delito. Madrid: Edi-
torial Dykinson. Me remito
es, que existe, a este nivel agregado como mínimo, una correlación primero
a mi obra para más detalles
positiva y después negativa entre estas dos variables. Hay mucha evidencia y para las citas bibliográfi-
cas pertinentes, aquí omiti-
recogida en épocas, lugares y contextos muy heterogéneos que confirman esta das por la naturaleza de estos
correlación, o, lo que es prácticamente lo mismo, la curva de la edad. materiales.

Las pruebas, por lo que se refiere a España, tanto en la actualidad como en


épocas precedentes, también parecen claras. A continuación, la figura�1 distri-
buye visualmente el número de detenciones por edades en términos relativos:
número total de detenciones por cada 1.000 miembros de cada grupo de edad
de residentes en España para el 2006. Como se ve, reflejan�de�modo�muy�ní-
tido�la�curva�de�la�edad. Como puede apreciarse, los jóvenes de ambos sexos
de 14 años −recuérdese que ésta es la edad mínima de la responsabilidad penal
en España, según la llamada Ley Penal del Menor− son protagonistas de un
volumen reseñable de detenciones.

A partir de esa edad los grupos de jóvenes experimentan cada vez más deten-
ciones en términos relativos, y de hecho, se produce un aumento constante y
vertiginoso hasta alcanzar una determinada edad, en nuestro caso, los 18-19
años. A partir de este momento, los grupos de edad sufren cada vez menos y
menos detenciones de modo continuado hasta llegar un momento en el que
las mismas son absolutamente excepcionales. Se trata en realidad de un patrón
muy bien conocido desde hace más de un siglo y reconocido en numerosas
investigaciones descriptivas comparadas.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 8 Criminología del desarrollo

Figura 1. Arrestos por cada 1000 habitantes (2006)

Fuente: Serrano Maíllo (2011).

En efecto, como vemos, si se distribuyen gráficamente los delitos según la


edad de sus autores (con datos relativos), nos encontramos con la curva�de
la�edad: una curva con forma de punta de flecha −de letra jota invertida o
de tipi o tienda de los indios norteamericanos, como prefiere informalmente
Robert Sampson. La curva comienza a ascender vertiginosamente desde eda-
des tempranas y a partir de los 18 o 19 años comienza a descender también
marcadamente.

Existen consideraciones�metodológicas sobre la curva, así como dudas sobre


su generalidad −en relación con algunas formas delictivas, como los llamados
delitos�de�cuello�blanco o con algunos grupos sociales, como es el caso de
las mujeres.

En términos globales, eso sí, la evidencia que la respalda es sólida.

1) En general, existen factores que tienden a sobreestimar la forma de la curva. Ejemplo

Por ejemplo, que los jóvenes


2) Así como factores que tienden a subestimarla. tienden a pasar mucho tiempo
junto a otros compañeros de
edades semejantes y en ocasio-
Este gráfico asume una relación entre arresto y comisión efectiva de un hecho nes uno delinque pero son va-
rios los arrestados.
delictivo. Aunque estos datos oficiales muy probablemente están más sesgados
que los delitos conocidos por la policía, son el primer dato (oficial) en el que
se puede conocer la edad del presunto infractor. Ejemplo

Como, por ejemplo, que en


Métodos alternativos para correlacionar delincuencia y edad igualdad de circunstancias las
probabilidades de que un jo-
La relación entre delincuencia y edad se puede explorar igualmente mediante métodos ven sea detenido son menores
alternativos, distintos de los oficiales, como es el caso de los estudios de autoinforme que las de un adulto.
y las encuestas de victimación −aunque también cuentan con sus propias dificultades
metodológicas.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 9 Criminología del desarrollo

De igual manera, tampoco es pacífica la interpretación de la curva de la edad Ejemplo


y de la correlación entre edad y delito.
Puesto que la curva utiliza da-
tos agregados, no tiene por
Ninguna teoría tradicional es coherente con la curva de la edad. Por ello, la qué coincidir con las tenden-
cias de los delincuentes a nivel
teoría criminológica a nivel individual ha estado en las últimas casi dos déca- individual −aunque éste podría
ser el caso.
das determinada por este hecho.

Finalmente, puede añadirse algo más: Observación

Así, algunos de los esfuerzos


teóricos más importantes de
El mismo patrón de la curva de la edad es aplicable a otros comporta- todo este tiempo han tratado
de ofrecer explicaciones, no
mientos relacionados con él, pero distintos del delito. sólo, por supuesto, de la cri-
minalidad, ¡sino también de la
propia curva de la edad!

La curva de la edad conlleva muchas y decisivas consecuencias. No en vano y


como vemos, el debate sobre la misma y sus complejidades, sobre todo durante
los años ochenta del siglo pasado, ha sido uno de los más importantes de toda
la historia de la criminología.

1) Las teorías�tradicionales�podrían�no�ser�compatibles�con�la�curva�de�la
edad. En palabras de Gottfredson y Hirschi (1983):

"hay razones para creer que los esfuerzos para explicar el efecto de la edad con las varia-
bles teóricas y empíricas actualmente disponibles en Criminología están destinados al
fracaso".

Piénsese por ejemplo en la teoría de la asociación diferencial/aprendizaje en sus versio-


nes más ortodoxas. Si el proceso de exposición diferencial a definiciones favorables a
la infracción de las normas es una causa nuclear a nivel individual del delito, según se
cometan más delitos, lo más probable es que estos procesos diferenciales continúen e
incluso se vean intensificados. Así, quien delinque suele pasar más tiempo con indivi-
duos de características similares a las suyas, sobre todo si es detenido y no digamos ya
si ingresa en un centro de privación de libertad. ¿Cómo puede explicarse, en el marco
de esta tesis sobre la criminalidad, el efecto de desistimiento que se observa a partir de
una determinada edad? Esta teoría, igual que muchas otras, hace un buen trabajo para
explicar la parte ascendente de la curva de la edad, pero no así la descendente.

Habiendo dicho esto, es menester conceder que:

a) En primer lugar, algunas de las teorías a que me vengo refiriendo, como


la recién mencionada de la asociación diferencial entre ellas, se limitan a la
delincuencia juvenil, con lo que no deberían ser criticadas con lo expuesto.

b) En segundo lugar, como era de esperar, los teóricos más destacados han
recogido el guante lanzado por Gottfredson y Hirschi y han tratado de ofrecer
una explicación a la curva de la edad desde la óptica de sus enfoques, esto es,
hacer compatibles sus propuestas teóricas con este hecho conocido sobre el
delito.

En efecto, como vamos a ver, existen intentos de explicación como los de


Sampson y Laub o Moffitt.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 10 Criminología del desarrollo

2) La curva de la edad, como es fácil observar y he venido repitiendo, responde


a�una�naturaleza�agregada. Esto quiere decir que está compuesta por la suma
de todas las trayectorias, carreras criminales o curvas de la edad individuales
−incluyendo las constituidas por una sola infracción−, de modo que aquella
podría estar ocultando una gran heterogeneidad a nivel de individuos o de
grupos.

Dicho con otras palabras, se discute si también todos los criminales individua-
les tienden a seguir en términos generales esta trayectoria primero ascendente
y luego, con el paso del tiempo, descendente.

¿Es la curva (agregada) de la edad, tal y como la observamos, consecuencia de


que todas las curvas individuales adoptan una forma muy semejante, o bien el
resultado de agregar curvas que son distintas entre sí para individuos o grupos
pero que, al sumarse todas, arrojan el ya familiar gráfico?

Este debate es bien conocido en la disciplina y lleva a nuestro alrededor casi


tres décadas. Para Gottfredson y Hirschi (1990), en una audaz propuesta, una
vez alcanzado un pico, todos los individuos tienden a delinquir menos con el
paso del tiempo. Incluso los delincuentes más activos delinquen menos según
se hacen mayores, a partir de un determinado momento y su trayectoria se
ajusta a la curva de la edad. Esta postura, sin embargo, no sugiere que la curva
de la edad sea exactamente igual para todas las trayectorias individuales, pero
sí aproximadamente; esto es, admite ciertas diferencias, por ejemplo, en la
edad de máxima actividad criminal y en la de desistencia. Otros autores son de
un parecer distinto. Si la evidencia para la forma de la curva de la edad a nivel
agregado es, como se ha señalado, clara, para el individual probablemente
puede calificarse de mixta −aunque sí parece que todos delinquen menos con
el tiempo.

3) Otra importante consecuencia de nuestra curva es que algunos�correlatos


del�delito�pueden�depender�de�la�edad. Aunque puede pensarse en muchos y
variados ejemplos que incluyen la clase social o la inteligencia, uno que viene
enseguida a la mente es el de los correlatos de naturaleza biológica. La idea es
que variables de este tipo sólo correlacionarían con el delito y la criminalidad
después de la adolescencia, pero no durante la misma debido a que en ella la
comisión de delitos se encuentra muy extendida.

4) La curva de la edad tiene también serias implicaciones para los predictores


del�delito�y�la�criminalidad�y�para�el�inconveniente�de�los�falsos�positi-
vos. Puesto que muchos predictores son sencillamente correlatos, a muchos
de ellos pueden extenderse las consideraciones del párrafo anterior. Pero en un
sentido estricto un predictor o un factor de riesgo debería servir para ayudar a
predecir el comportamiento criminal en el futuro, o dicho de otro modo, para
valorar el riesgo a nivel individual −o al menos de grupo.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 11 Criminología del desarrollo

Puesto que la mayoría o incluso todos los criminales delinquen menos con el
paso del tiempo por razones que, en el mejor de los casos, no son bien conoci-
das, entonces la predicción tenderá�a�sobreestimar el número de individuos
que delinquirán en el futuro.

Dicho con otras palabras, el problema de esta función predictora son los falsos
positivos: sujetos de los que se predice su continuidad delictiva pero que en
realidad desisten o incluso terminan sus carreras criminales.

5) Por último, aunque siempre sin ánimo de exhaustividad, los programas


de control y prevención del delito a nivel individual corren el riesgo, si no
controlan rigurosamente la edad, de confundir�los�efectos�del�desistimiento
espontáneo�debido�al�paso�del�tiempo�con�los�efectos�del�programa de que
se trate. Como hemos venido repitiendo, con los años al menos la mayoría
delinque menos, de modo que cualquier tratamiento de delincuentes de una
cierta edad, por tosco que sea, tenderá a observar que, a posteriori, este grupo
delinque menos.

Hasta donde ello es un efecto del tratamiento o de la edad, o bien de cualquier


otro proceso, es algo que debe preocupar al evaluador concienzudo −pero que
difícilmente podrá responderse sin un diseño adecuado que permita aislar el
efecto del tratamiento. Esto se traduce en que la evaluación de un programa
de control y prevención del delito al nivel de los individuos debe ser muy
riguroso y, desde luego, tener en cuenta el paso del tiempo.

¿Qué�es,�pues,�la�criminología�del�desarrollo�o�del�curso�de�la�vida? Prácti- Teoría del autocontrol


camente todas las teorías criminológicas tradicionales son estáticas por natu-
Un factor latente llamado au-
raleza y no toman en cuenta el factor tiempo. tocontrol bajo queda fijado a
una edad temprana y marca la
tendencia de una persona du-
rante el resto de su vida, inde-
El enfoque�del�curso�de�la�vida en las ciencias humanas sostiene que pendientemente de su edad
o de eventuales cambios que
es un grave error ignorar los efectos del paso del tiempo, tanto por los pueda experimentar a lo largo
de su vida. El paso del tiem-
cambios que el aumento mismo de la edad ocasiona en las propias per- po o la edad de las personas
desempeña un papel modesto.
sonas como por los cambios estructurales que se pueden producir du-
rante la vida de las mismas.

La perspectiva del curso de la vida propone que no es suficiente con estudiar


los factores que aparecen muy pronto en la vida de las personas y que influ-
yen en el comportamiento humano, sino que es también menester seguir a
las personas a lo largo de sus vidas estudiando cómo diversos acontecimientos
pueden provocar cambios en sus estilos de comportamiento. Se trata, enton-
ces, de un planteamiento dinámico.

La perspectiva del curso de la vida propone el estudio de trayectorias. En efecto,


las personas siguen especies de caminos a lo largo de su vida.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 12 Criminología del desarrollo

Ejemplo

Desde un punto de vista profesional, por ejemplo, una persona a lo largo de su vida,
primero asistirá al colegio, luego podrá continuar sus estudios de formación profesional,
universitarios, etc., a continuación comenzará a trabajar pero en una fase prácticamente
de aprendizaje, logrará instalarse como profesional autónomo y, por último, se jubilará.

Esto puede constituir la trayectoria profesional de una persona. Dentro de las Ejemplo
trayectorias se producen períodos críticos que se denominan transiciones, y
Por ejemplo, los exámenes de
que pueden tener una duración relativamente corta. acceso a un determinado cen-
tro de estudios o el primer tra-
bajo.
En estas situaciones se pueden producir momentos�decisivos (turning points)
que desembocan en un cambio: se abandonan los estudios, se cambia de tra-
bajo, etc. El enfoque del curso de la vida propone seguir en las ciencias hu-
manas este planteamiento dinámico, estudiar estos patrones de la vida de las
personas con sus episodios de continuidad y, a menudo también, de cambio
(Sampson y Laub, 1993). En el terreno de la criminología se propone aplicar
todo este esquema al estudio de la criminalidad y el delito.

El curso de la vida

En tiempos recientes, esta perspectiva del curso de la vida ha tratado de integrarse con
variables biológicas y psicológicas o con teorías criminológicas tradicionales como las del
aprendizaje, la frustración o, sobre todo, el control social.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 13 Criminología del desarrollo

2. La propuesta del desarrollo de comportamientos


antisociales limitados a la adolescencia y
persistentes a lo largo del curso de la vida

La teoría de Moffitt (1993) es una de las más conocidas dentro de este paradig-
ma de la criminología del desarrollo. La autora toma como punto de partida de
su trabajo la sólida correlación que existe entre edad y delito y las dificultades
que existen para explicar de manera satisfactoria la ya mencionada curva de
la edad. A continuación propone distinguir entre:

1)�Delincuentes cuya actividad delictiva se limita a su adolescencia.

2)�Delincuentes�persistentes, que delinquen a�lo�largo�de�su�vida.

Esta autora insiste expresamente en que se trata de una taxonomía de dos tipos
cualitativamente diferentes de personas cuyos actos delictivos responden a ex-
plicaciones etiológicas distintas: las�causas�de�la�delincuencia�son�distintas.

Las de los que dejan de delinquir al final de su adolescencia tenderán a ser


próximas y específicas de este período, mientras que las del otro grupo se ubi-
can en sus infancias; como los propios nombres señalan, los primeros dejan de
delinquir con el paso del tiempo, mientras que el cambio en los otros es difícil.

Como se ve, con esta propuesta la curva de la edad cobra pleno sentido. Una
gran mayoría de sujetos sólo delinque mientras dura su adolescencia, y por
este motivo la curva de la edad encuentra su moda hacia la edad de veinte
años. A partir de esta edad, la curva desciende vertiginosamente puesto que
este primer grupo comienza a desistir y terminar su carrera delictiva y sólo van
quedando quienes delinquen a lo largo de todo el curso de su vida.

La clave de la curva, pues, se encontraría en que hay�relativamente�más�per-


sonas�delinquiendo�en�esas�edades, no en que un cierto número de sujetos
sean especialmente activos hacia los veinte años.

Pero la propuesta de esta autora se inscribe de lleno en la criminología�del


desarrollo en el sentido de que reconoce que las tendencias delictivas no que-
dan fijadas de forma más o menos determinista, o sea, de una vez por todas en
los primeros años o incluso en el nacimiento, sino que acontecimientos de la
vida de las personas son decisivos para las carreras delictivas. Aunque para esta
autora las posibilidades de cambio no son tan abiertas como para otros autores
como Laub y Sampson (1993) y los delincuentes que tienden a ser persistentes
es difícil que cambien, la posibilidad�de�cambio también está presente a lo
largo de la vida de los criminales.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 14 Criminología del desarrollo

Como decimos, la criminalidad responde a un proceso y tiene causas distintas


en cada uno de los dos tipos que describe Moffitt.

El origen de la criminalidad de los delincuentes persistentes tiene una


naturaleza�neuropsicológica.

La evidencia empírica apunta en la dirección de que mínimas anomalías bio-


lógicas que se han encontrado pueden ser reflejo de problemas neuronales
ocultos, o sea, que todavía no han sido observados. El desarrollo neuronal du-
rante el embarazo puede verse alterado por muy diversas razones entre las que
se incluyen el uso de drogas por la madre, una mala alimentación del feto o
la exposición a agentes tóxicos antes o después del nacimiento.

Por neuropsicológico la autora entiende estructuras anatómicas y procesos fi-


siológicos en el sistema nervioso que pueden influir en características psicoló-
gicas tales como el temperamento, el desarrollo del comportamiento, las ha-
bilidades cognitivas o las tres a la vez.

Niños y niñas con estas características tienden a verse envueltos en supuestos


como los que siguen:

1) Pueden interaccionar negativamente con los padres, los cuales pueden a su


vez modificar sus estilos de crianza o educación.

2) Pueden tender a definir ambientes, gestos, etc. equívocos como intentos de


agresión o desprecio, y a reaccionar en consecuencia, o sea de manera agresiva.

3) Pueden tender a relacionarse con jóvenes semejantes a ellos y por lo tanto


problemáticos, o a ubicarse en ambientes criminógenos (Moffitt, 1993).

En determinados�ambientes estas tendencias e interacciones pueden empeo-


rar todavía más: éste sería el caso de hogares, escuelas o barrios desfavorecidos
en los que las respuestas al comportamiento de los niños sean contraprodu-
centes. Por el contrario, en ambientes favorables las tendencias pueden suavi-
zarse. Como se puede observar, la clave entonces del comportamiento desvia-
do y delictivo de estos chicos y chicas no se encuentra tanto en las disfuncio-
nes neuropsicológicas que aparecían en primer lugar, como en las consecuen-
cias acumulativas de tipo negativo que van experimentando:

"A lo largo del tiempo, las� consecuencias de los problemas de personalidad y de los
problemas académicos del joven que se�van�acumulando van reduciendo las opciones
para el cambio. Esta teoría [...] enfatiza el constante�proceso�de�recíproca�interacción
entre rasgos personales y reacciones ambientales a los mismos" (Moffitt, 1993, negrita
añadida).
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 15 Criminología del desarrollo

De este modo, estos individuos tienden a comenzar a delinquir antes en el


tiempo y también a mantener una continuidad en su comportamiento anti-
social. La autora concluye dudando que nos encontremos ante sujetos con
psicopatologías.

La gran mayoría de quienes delinquen en su adolescencia dejan de hacerlo,


como ya sabemos. Estos sujetos, en la terminología de Moffitt, limitan su cri-
minalidad a su adolescencia, y este es el patrón más común de los jóvenes que
delinquen. La causa del comportamiento desviado y delictivo de estos jóvenes
no tiene nada que ver con disfunciones neuropsicológicas, sino que responde
a un proceso de mimetismo.

El mimetismo consiste en copiar, imitar un comportamiento que proporciona


recursos valiosos: estos jóvenes, entonces, imitan el comportamiento delictivo
que ven en otros porque ello les proporciona algo valioso para ellos como es
el "estatus adulto, con su consiguiente poder y privilegio" (Moffitt, 1993).

Aquí la autora recurre al conocido argumento de que, con la modernización,


los jóvenes han visto cómo su paso al estatus adulto o maduro de la sociedad se
ha ido retrasando más y más, y algunos de ellos encuentran en la delincuencia
un acceso más rápido a algunos de sus beneficios. Naturalmente, procesos de
reforzamiento de la delincuencia también pueden desempeñar ahora algún
papel: cada acto desviado o delictivo significa una reafirmación de la indepen-
dencia personal del joven, y por lo tanto, tiende a reforzar el comportamiento.

Con el paso del tiempo y en el momento de alcanzar la madurez en la sociedad,


la tendencia es a abandonar los comportamientos desviados y delictivos.

Ello es una consecuencia lógica de que ya no precisan de los mismos para


alcanzar lo que desean; más aún, lo que antes se veía como ventajoso ahora
pasa a verse como perjudicial en cuanto que puede poner en peligro aspectos
relacionados con su estatus. Puesto que no ha acumulado la pesada carga de
desventajas de los delincuentes permanentes, no tienen mayores dificultades
para abandonar el delito e incorporarse a la vida adulta.

La autora incluye en su trabajo una serie de hipótesis que pueden utilizarse


para testar su teoría o teorías. Esto representa posiblemente una de las causas
por las que la teoría ha tenido una acogida tan favorable en la doctrina crimi-
nológica.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 16 Criminología del desarrollo

3. La teoría del control social informal dependiente de


la edad

3.1. Una teoría del control social en el marco de la criminología


del curso de la vida

Debido a su profundidad teórica y a la calidad de la investigación empírica


que la acompaña, quizá el esfuerzo más conocido y prestigioso ha sido el re-
presentado por la teoría del control social informal dependiente de la edad de
Laub�y�Sampson, trabajo que ha tenido una influencia abrumadora.

Es importante advertir que, pese a su carácter dinámico, se trata de una teoría


del control social.

En efecto, parte de la base de que una tendencia natural al delito se frena


cuando existen vínculos con la sociedad.

Aquí se puede ver la influencia de Hirschi, que en el fondo es mucho mayor


de lo que a menudo se piensa. Sin embargo, Sampson y Laub consideran que
es posible crear vínculos a lo largo de la vida de las personas incluso en el caso
de delincuentes. Puede que les cueste más que a quienes no han delinquido,
pero pueden. Ello significaría un abandono de la carrera criminal o al menos
un descenso en los delitos que se cometen.

3.2. Elementos básicos de la teoría

Para Laub y Sampson, las personas se abstienen de delinquir sobre todo cuando
se encuentran vinculadas a instituciones sociales. Esta vinculación hace que
se ejerza un control social informal sobre los sujetos: cuanto más débiles sean
los vínculos de un individuo con otros individuos y con instituciones sociales,
más probable será que delinca (Sampson y Laub, 1993).

Naturalmente, no sólo el informal, sino que también el control social formal


es relevante. Hasta aquí la teoría viene a coincidir con las tesis tradicionales
del control y se inscribe en el paradigma sociológico. Ahora bien, este control
social depende�de�la�edad de las personas.

John Laub

John Laub es catedrático de Criminología en la Universidad de Maryland. En la actualidad


es el director de una de las instituciones estadounidenses más importantes, el Instituto
Nacional de Justicia, por nominación del presidente Obama y confirmado por el Senado.
Sus libros más importantes, escritos junto a Robert Sampson, son Crime in the making
(1993) y Shared beginnings, divergent lives (2003). Ha sido estudiante de Michael Hindelang
y de Travis Hirschi.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 17 Criminología del desarrollo

1) Durante la infancia y la adolescencia, las instituciones determinantes para


el control social de los individuos son la familia, la escuela, el grupo de pares,
y el sistema de administración de justicia juvenil.

2) En el caso de los jóvenes adultos, nos encontramos con otras instituciones


de enseñanza superior o profesional, el trabajo y el matrimonio.

3) Por último, en la edad adulta, las instituciones de control críticas son el


trabajo, el matrimonio, la paternidad o maternidad, la inversión en la comu-
nidad y el sistema de administración de justicia (Sampson y Laub, 1993).

Los autores incorporan asimismo el concepto de capital�social, que también


ejerce, junto a los controles sociales propiamente dichos, una función de con-
trol de la delincuencia. A lo largo de la vida de las personas, estas llevan a
cabo una serie de inversiones de naturaleza social: unas amistades, un buen
trabajo, etc.

El delito podría poner en peligro este capital social, motivo por el cual un
capital social sólido tenderá a prevenir la delincuencia a nivel individual.

Laub y Sampson (2003) insisten en otorgar a la familia y a la socialización que


tiene lugar en su seno un papel preponderante en el nacimiento y consolida-
ción de los vínculos sociales que previenen�la�delincuencia. También man-
tienen que la escuela es importante.

A la vez, los autores incorporan a su teoría variables�de�naturaleza�estruc- Ejemplo


tural, las cuales ejercen una influencia indirecta en los sujetos, sobre todo a
La pobreza y la desventaja so-
través de la educación en la familia y la escuela. cioeconómica tienen el efecto
de que la educación que tie-
ne lugar en la familia –y en la
En consonancia con la perspectiva del curso de la vida, Laub y Sampson (1993; escuela– se ve perjudicada, lo
cual a su vez favorece indirec-
2003) hacen especial hincapié en la necesidad de estudiar�a�la�vez los patrones tamente la aparición de com-
portamientos desviados y de-
de continuidad�y�de�cambio en las carreras delictivas de los criminales. lictivos (1993; 2003).

Aunque es probable que existan diferencias individuales importantes, para la


teoría del control social informal dependiente de la edad, la continuidad de- Observación

lictiva se explica principalmente porque los criminales se ven envueltos en Esto es importantísimo porque
desde hace poco más de dos
una especie de círculo� vicioso que les hace cada vez más difícil escapar de
décadas se había venido pres-
una carrera delictiva. tando una cierta atención a la
continuidad, pero muy escasa
al cambio.

El delito no sólo es ocasionado por un control social débil, sino que a


la vez lo debilita más todavía.

Se produce, entonces, una interacción recíproca entre control social y delito.


El delito conlleva una acumulación�de�desventajas (Sampson y Laub, 1993):
produce un alejamiento de la familia, dificulta tener una buena formación,
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 18 Criminología del desarrollo

menoscaba las posibilidades de encontrar un buen trabajo, etc. La situación


personal es cada vez peor y los vínculos sociales se debilitan con cada delito.
De este modo, quien se ve inmerso en el delito tiene grandes dificultades,
cada vez mayores, para salir del mismo, motivo por el cual existe la consabida
continuidad entre delincuencia juvenil y criminalidad adulta en el sentido
que hemos señalado. También por este motivo en los criminales se concentran
asimismo otros problemas sociales: el fracaso en la educación, dificultades en
el trabajo, problemas familiares, comportamientos desviados... En la vida de
estos sujetos se van acumulando las desventajas y los problemas.

Para Gottfredson y Hirschi (1990) y otros muchos autores, la continuidad de


los criminales es prácticamente irremediable. No importa repetir que esta con-
tinuidad se entiende desde un punto de vista relativo: lo que se mantienen son
las diferencias entre individuos en la tendencia a delinquir, pero no siempre
se sigue delinquiendo al mismo ritmo, sino que se produce el ya familiar para
nosotros descenso a partir de la edad de veinte o pocos años más. La teoría
del control social informal dependiente de la edad pone un especial énfasis
en que existen�posibilidades�reales�de�cambio en los criminales: es posible
que estos encuentren en su trayectoria delictiva un momento decisivo que les
aparte del delito.

Coherentemente con una teoría del control social, esto tendrá lugar cuando
el delincuente entre en contacto con instituciones sociales que le vinculen
sólidamente y le alejen del delito (1993; 2003).

Por este motivo se insiste tanto en la necesidad, algo paradójica si se quiere, de


estudiar a la vez continuidad y cambio: existe una tendencia a la continuidad
en el ámbito de la criminalidad, pero también existen posibilidades claras de
cambio.

Los defensores de esta teoría señalan tres instituciones sociales fundamentales


que pueden favorecer este cambio crítico:

1)�El�trabajo.

2)�El�matrimonio.

3) El ingreso en el�ejército (1993; 2003).

Cuando un individuo entra en contacto con una de estas instituciones se crean


una serie de vínculos con la sociedad que actúan como controles y que pueden
hacerle abandonar su carrera delictiva.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 19 Criminología del desarrollo

Ahora bien, consistentemente con el marco teórico, no se trata simplemente Ejemplo


de encontrar un trabajo, casarse o ingresar en el ejército, sino que la clave está
Por ejemplo, porque le gusta
en que uno se�sienta�vinculado. el trabajo o bien porque siente
cariño hacia la esposa o el es-
poso.
3.3. Evaluación

Uno de los problemas fundamentales de las ciencias humanas y sociales es el


representado por la falta de observaciones, de datos�empíricos�de�calidad. A
menudo, los tests de hipótesis tienen que recurrir a datos con graves problemas
de distinta naturaleza. Naturalmente, esto dificulta la confianza que puede
depositarse en las conclusiones de los estudios.

El matrimonio formado por Eleanor�y�Sheldon�Glueck ha sido responsable de algunas


de las investigaciones más importantes de la historia de la criminología. Para uno de
sus estudios más importantes recopilaron muchísima información y de gran calidad so-
bre quinientos jóvenes internados en instituciones correccionales de Massachusetts y de
otros quinientos que no habían delinquido, pero que compartían con los primeros mu-
chas características. Se trataba de establecer dos grupos, uno de delincuentes y otro de no
delincuentes, para estudiar factores que pudieran estar relacionados con el delito.

Laub y Sampson recuperaron los datos originales con que habían trabajado
los Glueck y pudieron reanalizarlos y utilizarlos para testar su propia teoría del
control social informal dependiente de la edad (1993). Los autores concluyen
que:

"Este nivel de detalle y el ámbito de las fuentes de información encontrados en el estudio


de los Glueck posiblemente nunca volverá a repetirse, dados los estándares contemporá-
neos de investigación y de protección en temas humanos" (1993).

Laub y Sampson, pues, tuvieron a su disposición un magnífico set de datos


empíricos para testar su teoría. Además fueron exquisitos a la hora de analizar-
los, recurriendo a los instrumentos metodológicos de análisis más avanzados
y tomando todas las precauciones imaginables para evitar conclusiones equi-
vocadas. Por todo ello, su investigación ha constituido uno de los principales
hitos de la criminología de los últimos quince años. Su investigación propor-
cionó un gran�apoyo�empírico para la teoría. Entre los principales hallazgos,
en esta línea, destacan los siguientes:

1) Coherentemente con su teoría del control social informal, procesos que


tienen lugar en la familia desempeñan un papel importantísimo en la delin-
cuencia, incluyendo variables como el alcoholismo o la criminalidad de los
padres. Los factores estructurales no influyen en el delito directamente, sino
a través del efecto que tienen en la familia.

2) No puede minusvalorarse el papel de la escuela y, sobre todo, el del apego


a padres delincuentes.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 20 Criminología del desarrollo

3) Pese a que existe una tendencia a la continuidad entre la delincuencia in-


fantil y adulta, es posible el cambio cuando se crean vínculos sociales como
un trabajo estable y un apego a la esposa o esposo (1993).
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 21 Criminología del desarrollo

4. Teorías integradas del desarrollo y del curso de la


vida (DLC)

En un intento de aunar la perspectiva dinámica y la idea de que la integración


es una metodología teórica prometedora –y ya hemos visto ambos enfoques−,
Farrington ha propuesto la categoría de las teorías integradas del desarrollo
y del curso de la vida (DLC) (2006a). Su propia teoría, que revisaremos más
abajo, se ubica en este grupo. Como vamos a ver también enseguida, el mismo
autor sugiere que un conjunto de teorías formarían parte del mismo.

La criminología del DLC se ocupa, según Farrington, de tres cuestiones básicas


(Farrington, 2005b, pág. 1):

1) El estudio del desarrollo de la criminalidad y el comportamiento antisocial.

2) Los factores de riesgo, así como los factores protectores, que variarán según
las distintas edades.

3) Los efectos de los eventos que tienen lugar a lo largo de la vida de las perso-
nas y que pueden ser el origen de cambios en las trayectorias de los individuos.

Veamos con un poco más de detenimiento cada uno de estos objetivos. El pri- La observación
mer punto hace referencia a la función más importante de la criminología,
Para el lector de las presentes
como es el estudio de la criminalidad y los comportamientos desviados. Sin unidades, el estudio consiste
embargo, el estudio, que es un término impreciso, puede tomar diversas mo- en lo fundamental, en ofrecer
y testar explicaciones en térmi-
dalidades. nos causales de la criminalidad
y el delito. Esto es lo que se es-
pera de una teoría.
Como veremos más abajo, Farrington no rechaza esta perspectiva, pero parece
sentirse más cómodo en el paradigma�de�los�factores�de�riesgo –que, no debe
olvidarse, no ofrecen explicaciones ni mecanismos.

En segundo lugar, al hablar del estudio del desarrollo y de los efectos de even-
tos, Farrington está reclamando la perspectiva� dinámica en la explicación
de la criminalidad a nivel individual. Esta es la idea de que los sujetos no se
encuentran determinados por variables que quedan establecidas muy pronto
en sus vidas, sino que en sus biografías se pueden producir cambios.

Ejemplo

Farrington mantiene que ciertos eventos como el matrimonio pueden hacer que alguien
abandone una carrera criminal que de otro modo continuaría; o bien que distintos con-
juntos de factores de riesgo ejercen su influencia en momentos distintos biográficos, esto
es, dependiendo de la edad en que se encuentre el protagonista.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 22 Criminología del desarrollo

En realidad, esta es una visión relativamente maximalista de la perspectiva


dinámica que no todas las teorías que Farrington sitúa en la criminología del
DLC cumplen. Verbigracia, en el caso de la teoría de Moffitt (1993) –que es
una teoría del desarrollo con todas las letras− parece que eventos posteriores
tienen una influencia mínima en las carreras criminales: los delincuentes cró-
nicos, así, tenderán a continuar cometiendo delitos a causa de los déficits de
tipo neurológico, etc., que aparecen durante su infancia; los cuales incluso
autoseleccionan al sujeto para que no experimente los eventos que algunos
autores relacionan con la desistencia, como es el caso del matrimonio. Desde
este punto de vista, entonces, conviene distinguir entre una criminología del
desarrollo y una criminología del curso de la vida (Sampson y Laub, 2005),
siendo el caso que la segunda es la que hace hincapié en la efectiva posibilidad
de cambios en cada carrera criminal producidos por experiencias o eventos.
La propuesta de la DLC reconoce esta importante distinción teórica (Farring-
ton, 2005a, pág. 254 y 255; el mismo, 2006b, pág. 349-353), pero entonces
siembra dudas sobre que se trate de una categoría homogénea –algo que se
rechaza aquí.

En línea con un amplia parte de la literatura, Farrington (2005b, pág. 1-2) in-
siste en que las teorías tradicionales tenían un carácter estático, es decir, que
no concedían un rol al cambio en el sentido antes referido –lo cual se ha con-
vertido casi en un lugar común, aunque a menudo se mencionan sólo teorías
relativamente antiguas y referidas únicamente a la delincuencia juvenil.

Desde un punto de vista histórico, Farrington (2005b, pág. 3) reclama algunos


potenciales puntos de partida de la criminología DLC. Los más importantes
de los que aún no han sido mencionados –como el estudio de los factores de
riesgo o de los cambios a lo largo del curso de la vida− son el paradigma de las
carreras criminales y los estudios longitudinales.

El enfoque de las carreras�criminales tiene un carácter marcadamente


empírico y es, por lo tanto, compatible con distintas perspectivas teó-
ricas.

Igual que una persona sigue una trayectoria a lo largo de su vida y en determi-
nados aspectos de la misma, y a eso se le denomina una carrera, por ejemplo,
profesional; también un delincuente puede seguir unas pautas y eso puede ser
una carrera criminal. Así se habla del número y ritmo de los delitos, su grave-
dad, sus modalidades, la edad de inicio, la duración, etc. También puede haber
algunos delincuentes especialmente activos, o delincuentes de carrera.

El enfoque de las carreras criminales encuentra su origen en la idea de que un


pequeño grupo de delincuentes es responsable de un porcentaje despropor-
cionado de los delitos que se cometen en una comunidad.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 23 Criminología del desarrollo

(1)
Este planteamiento puede ser coherente con la siguiente propuesta de política Hoy en día puede considerarse
abandonada.
criminal: si fuera posible identificar a dichos individuos a una edad tempra-
na e impedir que delinquieran y evitar que prosiguieran sus carreras delicti-
vas, entonces el delito de una comunidad cualquiera disminuiría significativa-
mente. Esta política criminal se conoce como incapacitación o inocuización
selectiva1.

La metodología tradicional en el estudio de la criminalidad a nivel individual


consiste en tomar una muestra de individuos y someterlos a algún tipo de
recogida de información.

Por ejemplo, se les administraba un cuestionario de autoinforme con la finalidad de me-


dir variables criminológicamente relevantes. Esta recogida de información se realizaba
una única vez y se refería, en general, a datos sobre el estado del individuo en el momento
de la recogida de datos.

Estos estudios se denominan transversales en cuanto que sugieren un corte


unitario y han sido tradicionalmente los más habituales en la disciplina.

Los estudios�longitudinales, por el contrario, deben recabar información so-


bre distintos momentos de la vida de las personas. Como es fácil de compren-
der, la lógica de los mismos procede del reconocimiento de que factores dis-
tintos pueden ejercer una influencia diferencial en momentos diferentes de la
vida de las personas, de modo que información recogida, digamos, a los 14
años puede ser escasamente relevante cuando la misma persona tiene 25 años;
y que ciertos eventos tales como el matrimonio o encontrar un empleo pue-
den operar cambios en las vidas de las personas. La criminología del DLC y, en
realidad, otros paradigmas insisten, por su propia naturaleza, en la naturaleza
de los estudios longitudinales.

Antes de continuar es menester realizar dos aclaraciones sobre los estudios


longitudinales.

• En primer lugar, algunos de estos estudios tienen un carácter retrospectivo.


Esto es que solamente interrogan una vez en el tiempo, pero lo hacen sobre
cuestiones que tuvieron lugar en épocas pretéritas. Por ejemplo, pueden
incluir cuestiones sobre los amigos que uno tenía en su infancia. Aunque
estudios de este tipo son útiles en criminología, en propiedad, los estudios
longitudinales más ortodoxos deben realizar mediciones distintas en mo-
mentos temporales también diferentes. A tal fin, aunque existen diseños
distintos, se toma una muestra de personas (a la que se denomina panel)
y se la sigue a lo largo de su vida hasta cierta edad y se la interroga cada
cierto periodo de tiempo, por ejemplo, cada cuatro años. Esta estrategia
puede observar cambios intraindividuales y, no importa repetirlo, puede
identificar alteraciones en las trayectorias de los protagonistas. En sentido
estricto, estos son los estudios longitudinales en sentido propio.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 24 Criminología del desarrollo

• Una segunda aclaración es que algunos investigadores denominan longi-


tudinales a estudios que poco tienen que ver con la metodología o con
la lógica antes mencionada. En efecto, cuanto la muestra interrogada es
independiente y distinta cada vez –esto es que lo que hay son estudios di-
ferentes (estudios transversales repetidos), aunque existan medidas repe-
tidas−, no hay en ello nada longitudinal en ningún sentido significativo
del término.

Farrington mantiene que los importantes estudios longitudinales de los últi-


mos veinte años han acumulado una gran cantidad de hechos conocidos so-
bre el delito y que es preciso organizar y explicar toda esa información. Una
de las funciones de la criminología del DLC sería precisamente esa.

Aquí vamos a revisar dos teorías que Farrington incluye en su clasificación: la


teoría�integrada�y�cognitiva�del�potencial�antisocial y la de la propensión
antisocial.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 25 Criminología del desarrollo

5. La teoría integrada y cognitiva del potencial


antisocial (ICAP)

Uno de los investigadores más conocidos de la criminología contemporánea,


David�Farrington, ha propuesto lo que denomina la teoría integrada y cog-
nitiva del potencial antisocial, que también se conoce por sus siglas en inglés:
ICAP. La misma se ubica de modo decidido en las también por él denominadas
teorías integradas del desarrollo y del curso de la vida.

En efecto, no sólo "Integra ideas de muchas otras teorías", sino que también
aspira a explicar el cambio en la delincuencia a distintas edades (Farrinton,
2005a, pág. 76-77).

Farrington también considera que una teoría no debe limitarse al porqué al-
gunas personas se convierten en delincuentes (esto es, a las tendencias indi-
viduales), sino que deben también incluir explicaciones de por�qué algunas
personas cometen delitos (es decir, eventos criminales). La�criminología�trata
de�explicar�el�delito,�que�es�un�evento. Sin embargo, realiza esta misión en
términos de individuos con una tendencia a cometer delitos. Dicho de otro
modo, la mayoría de las teorías se refieren a personas con ciertas tendencias
individuales producidas, por ejemplo, por un determinado proceso de apren-
dizaje, un autocontrol bajo o una situación de frustración e ira; pero no se
detienen a explicar hechos delictivos concretos, como el atraco al banco "Di-
videndos" de Zamora. Es cierto que existen algunas teorías específicas que se
acercan a esta meta, como las teorías de la oportunidad, pero hasta ahora la
integración de unas y otras teorías no ha sido satisfactoria. En realidad, hay
quien opina que esta integración no es posible porque ambas constelaciones
de teorías se refieren a lo mismo, aunque desde perspectivas distintas (Serrano
Maíllo, 2009); pero evidentemente éste no es el caso de Farrington.

Lamentablemente, también aquí nuestro autor parece proponer más un pro-


grama de investigación que una teoría sobre "¿Por qué algunas personas co-
meten delitos?". Así, prácticamente se limita a sugerir que:

"la comisión de delitos depende en parte del individuo, en parte en la situación y sin duda
en parte en la interacción del individuo con la situación" (Farrington, 2005a, pág. 73).

El elemento central de la teoría ICAP es el potencial�antisocial. El mismo re-


presenta una tendencia a la comisión de delitos. Dicha tendencia, sin embar-
go, no exige que se cometan delitos, sino que ello depende de procesos cog-
nitivos, fundamentalmente procesos de pensamiento y de toma de decisiones
(Farrington, 2005a: 76).
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 26 Criminología del desarrollo

Farrington concede una gran atención a los factores de riesgo –algo que, por
cierto, representa una constante en su carrera. Como vamos a ver, más que
una teoría en sentido estricto –en el sentido de ofrecer explicaciones causales−,
la ICAP se ubica en el paradigma de los factores de riesgo. Veamos, con esta
advertencia en mente, el planteamiento de la ICAP.

Como se adelantó, el núcleo de la teoría es el potencial�antisocial. Este tiene


en realidad una doble dimensión: una a largo plazo y otra a corto plazo.

• El potencial antisocial a largo�plazo se refiere a tendencias diferenciales


entre sujetos a la comisión de delitos que son persistentes a lo largo del
tiempo;

• a corto�plazo, por el contrario, se refiere a situaciones en las que un indi-


viduo, que de modo típico tiene una cierta tendencia a delinquir, se en-
cuentra en disposición de delinquir.

Por lo tanto, a corto plazo el marco de referencia es el individuo mismo: no


se trata de diferencias entre individuos, sino respecto al mismo sujeto, esto
es en comparación con otras situaciones en las que no tiene ese potencial a
corto plazo.

El potencial� antisocial� a� largo� plazo se encuentra influenciado por varios


factores:

1) Individuos con buenas vinculaciones hacia sus padres, cuando estos son
prosociales.

2) Que han tenido un proceso�de�socialización�correcto, esto es, que han


visto reconocidas y recompensadas sus buenas acciones y castigadas las malas
o desviadas.

3) Que se encuentran escasamente influenciadas por modelos�antisociales,


como los procedentes de padres, hermanos o pares delincuentes.

4) Que son bajos en impulsividad.

Tenderán a delinquir menos debido a que, como acaba de decirse, su potencial


a largo plazo es menor.

Farrington añade o al menos abre la puerta, a ulteriores factores o conjuntos


de factores que tendrían un impacto en el potencial antisocial a largo plazo.
Así, menciona la energía y la capacidad para el comportamiento antisocial;
ciertos eventos que puede experimentar un individuo, como el matrimonio,
la separación, el cambio de barrio; elementos de naturaleza biológica; el barrio
o comunidad en que uno reside, etc.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 27 Criminología del desarrollo

Cada uno de los elementos –o quizá conjuntos de elementos− que influyen


en el potencial antisocial a largo plazo se encuentra a su vez influenciado por
una serie de factores.

Verbigracia, la socialización de un niño o una niña será más difícil cuando las familias
se encuentren rotas o cuando tengan elevados niveles de ansiedad; y la exposición a
modelos antisociales será también más probable cuando las personas con las que uno
tenga que relacionarse más a menudo hayan delinquido, lo cual, al margen de la familia,
puede ocurrir en determinados barrios con altas tasas de criminalidad o incluso en ciertas
escuelas o colegios donde haya muchos niños problemáticos.

El potencial antisocial a largo plazo, como se ha dicho, distingue a unos indi-


viduos de otros. En efecto, algunas personas tienen una tendencia más marca-
da que otras hacia la comisión de delitos. Sin embargo, incluso individuos con
potenciales antisociales elevados no están continuamente delinquiendo e in-
cluso pueden abstenerse de ello durante periodos más o menos largos. Cuando
un individuo se encuentra en una situación en la que el delito es una opción
para él, se habla de potencial�antisocial�a�corto�plazo.

El potencial antisocial a corto plazo depende fundamentalmente de:

1) Factores que afectan a la energía�criminal, como estados de ánimo tales


como encontrarse aburrido, enfadado o frustrado; haber consumido drogas o
alcohol, o encontrarse en compañía de otros jóvenes.

2) La presencia�de�oportunidades, ya sean objetos o personas que pueden


victimizarse. A su vez, la presencia de oportunidades se encuentra influenciada
en la teoría ICAP por las actividades rutinarias.

Cuanto existe un potencial antisocial a corto plazo en un sujeto, es posible,


pues, que este cometa un hecho delictivo. Ello depende de procesos�cogniti-
vos.

Dicho con otras palabras, este individuo llevará a cabo algún tipo de evalua-
ción de la situación y finalmente tomará una decisión. Farrington hipotetiza
que en este proceso el individuo puede tomar en cuenta los costes y beneficios
que espera obtener o las alternativas que tiene a su disposición (Farrington,
2005a, págs.. 77-80 y 83-88).

Como puede observarse, Farrington ofrece un planteamiento propio del enfo-


que de los factores�de�riesgo. Dicho de otro modo, no explica por qué hay
personas que delinquen ni por qué se comenten delitos. Recuérdese que una
explicación exige mencionar el mecanismo�causal por el que algo se produce.
Enumerar un conjunto de factores de riesgo –incluso de causas− no equivale
a esta decisiva función explicativa que cumplen las teorías.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 28 Criminología del desarrollo

Sin embargo, el autor parece muy consciente de ello y parece proponer un plan
de investigación que supere un planteamiento puramente de factores de riesgo
y que se preocupe también de la oferta de mecanismos (2005a, págs. 81-82).

Aparte de este planteamiento general, Farrington abre la puerta a que modelos


distintos sean precisos para modelos de delitos diferentes; para tipos de delin-
cuentes heterogéneos; para momentos particulares de las carreras criminales
tales como el inicio o la reincidencia o persistencia; o bien para elementos
concretos de aquellas, como la agravación, la desistencia, etc.; o para edades
distintas (2005a: 77, 79, 83-84 y 89). Dicho de otro modo, el modelo básico
que propone podría verse complementado con otros paralelos.

Finalmente, Farrington, cuyos intereses en criminología son muy amplios,


también considera que su enfoque es relevante para la prevención�del�delito.
De nuevo, sin embargo, parece reclamar el enfoque de los factores de riesgo.
Así, escribe que:

"la idea básica es muy simple [...] identificar los factores de riesgo fundamentales de
la criminalidad e implementar métodos de prevención diseñados para contrarrestar-
los" (2005a, págs. 78-79).

Por supuesto, enseguida se detiene a aclarar que primero habría que separar
factores que simplemente predicen el delito (los factores de riesgo en sentido
estricto) de las causas genuinas, en las que habría que centrarse si se aspira a
ser eficaz (79).
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 29 Criminología del desarrollo

6. El modelo integrado y del desarrollo de la


propensión antisocial

Un modelo de origen psicológico es el propuesto por Lahey�y�Waldman. El


mismo reclama el paradigma del desarrollo en dos sentidos.

• Primero porque se tiene un carácter dinámico que se extiende de la infan-


cia a la adolescencia;
• el segundo, porque propone la diferenciación entre trayectorias de la de-
lincuencia, las cuales pueden incluso tener una relevancia causal.

En realidad, esta última consideración debe matizarse, ya que estos investi-


gadores no creen que puedan identificarse trayectorias discretas, sino que se
trataría más bien de un continuo; dicho de otro modo, que hay muchísimas
trayectorias diferentes y no un número determinado como en la propuesta de
Moffitt (1993), por ejemplo.

El modelo también reclama la integración de constructos de modelos pre-


existentes, aunque los autores consideran que la clave de su propuesta reside
en el modelo del aprendizaje social –algo que, como se entenderá más adelan-
te, es discutible.

El modelo considera que la delincuencia juvenil forma parte de un sín-


drome�más�amplio de comportamientos problemáticos.

Los autores incluyen entre los mismos conductas desviadas leves que no son
punibles, así como desórdenes del comportamiento y, al menos para algunos
jóvenes, problemas de salud mental que han sido definidos desde la psicolo-
gía y que a menudo reciben una atención mucho menor en criminología. En
realidad, la criminología mayoritaria parte de la base de que la gran mayoría
de los criminales no son, en conjunto, distinguibles desde un punto de vista
psiquiátrico o psicológico. Dicho con otras palabras, que los delincuentes�son
normales�desde�estas�perspectivas (Gottfredson y Hirschi, 1990). Estos com-
portamientos y problemas comparten, según Lahey y sus colegas, parte de sus
influencias causales.

El modelo de la propensión antisocial considera que los problemas del com-


portamiento encuentran su origen fundamentalmente en el temperamento
del� niño y en sus habilidades� cognitivas (Lahey y Waldman, 2003, págs.
82-84).
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 30 Criminología del desarrollo

1) El temperamento en particular se encuentra conformado por tres dimen-


siones independientes: la prosocialidad, el atrevimiento y la emocionalidad
negativa –los autores parecen conceder, como vamos a ver, un especial peso a
este último elemento. Estas dimensiones parecen extraídas, mediante análisis
factoriales exploratorios y confirmatorios sucesivos, a partir de una escala de
medición que es aplicada a niños y adolescentes –en concreto, la Escala de dis-
posición en la infancia y adolescencia (CADS)−, esto es inductivamente, más
que de cualquier elaboración teórica (véase, Lahey y Waldman, 2003, pág. 81;
los mismos, 200, pág. 20).

• La prosocialidad se refiere a la preocupación por los sentimientos de los


demás, o sea "compartir y ayudar de modo espontáneo" (Lahey y Wald-
man, 2005, pág. 21).

• El atrevimiento es el gusto por la aventura y las actividades que conllevan


un riesgo y los autores lo relacionan con un concepto bien conocido en
criminología como es la búsqueda de sensaciones.

• Finalmente, la emocionalidad�negativa se da en individuos que experi-


mentan con una cierta frecuencia o de modo desproporcionado a las cir-
cunstancias emociones negativas. Los autores se refieren a emociones ne-
gativas en general, sin especificar ninguna en concreto como podría ser el
caso de la ira (véase, Agnew, 1992). En particular escriben que la emocio-
nalidad negativa "mide una tendencia general a reaccionar a situaciones
con emociones negativas" (Lahey y Waldman, 2005, pág. 22).

Se hipotetiza que estas dimensiones se encuentran relacionadas en el sentido


de que un individuo con unos factores criminógenos en una de ellas tenderá
a tenerlos también en las demás.

2) El segundo gran constructo del modelo son las habilidades�cognitivas, en


particular las habilidades verbales o el lento desarrollo del lenguaje. Es muy
importante que los autores utilizan a menudo el término inteligencia (Lahey y
Waldman, 2005, págs. 28, 30 y 31) y conceden que:

"Un abanico de constructos ha sido utilizado para referirse a déficits cognitivos asociados
con problemas de conducta, incluyendo la inteligencia verbal [...] No está claro en la
actualidad qué constructo o constructos con más defensibles" (Lahey y Waldman, 2005,
pág. 23).

Con ello, pues, parecen recuperar una idea bien conocida en criminología,
como es que los delincuentes podrían tener un cierto déficit�en�la�inteligencia
verbal (Serrano Maíllo, 2003).

Lahey y sus colegas conceden una gran relevancia a las influencias�genéticas.


En particular insisten en que existe una omnipresencia de interacciones entre
elementos genéticos y el ambiente. En concreto sugieren –de nuevo de manera
inductiva, esto es, a partir de investigaciones empíricas−, en primer lugar, que
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 31 Criminología del desarrollo

cada uno de los elementos de su teoría tiene detrás componentes genéticos


(esto es, en interacción con el ambiente), y que el efecto de esta carga genética
sobre el delito está mediada por aquellos, o sea, que no existe un efecto directo
de los elementos genéticos sobre el delito y los restantes comportamientos
problemáticos.

Lahey y sus colegas ofrecen una amplia revisión de la investigación en la ma-


teria, así como interesantes taxonomías y diferenciaciones. Más difícil, sin em-
bargo, es ofrecer ejemplos concretos de tales interacciones. Esto es importante
ya que la afirmación de que unas ciertas combinaciones de genes en interac-
ción con una cierta serie de ambientes genera algo es difícilmente refutable y,
por lo tanto, difícilmente considerable científico. Dicho de modo más senci-
llo, eso y nada es lo mismo.

Un ejemplo que proponen, siguiendo el trabajo de Caspi y otros, es que un alelo del
gen que controla los niveles de monoamino-oxidasa (la conocida MAO) constituye un
factor de riesgo cuando se asocia con maltrato durante la infancia (Lahey y Waldman,
2005, pág. 25). Este es un buen ejemplo de una interacción en sentido estricto, si bien
la investigación biológica en criminología tiende a asumir que será difícil que genes o
alelos aislados tengan una influencia significativa en el comportamiento criminal, sino
en todo caso conjuntos o combinaciones de ellos (Serrano Maíllo, 2003).

Las influencias genéticas

La investigación procedente de la psicología insiste en las influencias genéticas en el


comportamiento criminal y, de hecho, ha provocado un notable cambio en la disciplina.
Hay bastante evidencia que respalda dicha conclusión, aunque el debate se centra en si
esas influencias son mínimas o si son importantes. Lahey y sus colegas se sitúan en esta
segunda línea. Estos autores, sin embargo, son muy cuidadosos para excluir influencias
genéticas en las diferencias étnico-raciales que se observan en la participación en ciertos
delitos (Lahey y Waldman, 2003, pág. 101; los mismos, 2005, pág. 36). Esta advertencia
es oportuna, aunque puede resultar difícil de compatibilizar con un modelo que insiste
constantemente en interacciones entre influencias genéticas y el ambiente y, sin ir más
lejos, les concede un rol determinante en las diferencias en razón de género.

Cada uno de los conceptos antes mencionados se encuentra relacionado de


modo causal con el delito y otros comportamientos problemáticos a través de
una serie de mecanismos. Veámoslos brevemente.

1) La prosocialidad hace que un niño que sea alto en esta variable responda Ejemplo
de modo conforme a las normas ante una influencia ambiental determinada.
Lahey y sus colegas mencionan
Aquí se pronostica una interacción genotipo-ambiente. que el hecho de que un niño
se ponga triste o llore puede
favorecer o evitar que otro le
2) Una misma acción puede ser atractiva o no dependiendo del grado de atre- quite algo dependiendo de la
prosocialidad de este último.
vimiento del niño. Según la vea de un modo u otro, naturalmente, más pro-
bable es que se incurra en la misma o no.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 32 Criminología del desarrollo

3) Los individuos que tienen una emocionalidad negativa tenderán a sentirse Ejemplo
frustrados e incómodos por las normas que les imponen otros, de modo que
Para los niños altos en atrevi-
harán todo lo posible por evitar cumplir dichas normas. A la vez y debido a miento, hacer novillos es una
sus reacciones, sus relaciones con otros se pondrán en peligro, con la probable experiencia excitante y, por lo
tanto, tenderán a participar en
consecuencia de que se aíslen de influencias favorables al respeto de las nor- la misma; por el contrario, los
niños bajos en esa misma va-
mas. Incluso pueden generarse relaciones negativas con los padres, que cada riable lo verán como algo ne-
gativo y tenderán a abstener-
vez estarán más desorientados y actuarán peor ante las reacciones de los hijos. se de hacerlo. A la vez, este ti-
po de actividades puede poner
en contacto a jóvenes con ten-
4) Por último y siempre siguiendo a Lahey y sus colegas, los niños que tienen dencias similares.
habilidades cognitivas pobres –piénsese en la inteligencia en general o en la
inteligencia verbal en particular−, exhibirán problemas para comprender las
normas, para comprender las consecuencias de la infracción de las normas
y para advertir las alternativas de acción que tienen disponibles. Otra forma
más indirecta en que las habilidades cognitivas pueden desplegar su rol es a
través de las notas en el colegio. Por ejemplo, nuestros autores conceden un
papel muy importante a las habilidades cognitivas a la hora de explicar las
diferencias en las tendencias antisociales de hombres y mujeres, esto es en
razón del sexo. En concreto, escriben que:

"los chicos se quedan detrás de las chicas, de media, en el desarrollo de la comunica-


ción mediante el lenguaje durante los cruciales años en que son niños pequeños (toddler
years)" (Lahey y Waldman, 2005, pág. 34).

Otra diferencia importante que añaden es que las niñas tendrían más elevados
niveles de empatía y de sentimientos de culpabilidad que los niños.

Lahey y Waldman no sólo ofrecen una serie de hipótesis testables para evaluar
su teoría, sino que también ofrecen algunos criterios relativos a su utilidad
práctica.

Las hipótesis que proponen, al menos en sus trabajos más conocidos, sin em-
bargo, se encuentran lejos de ser especialmente cruciales. Por ejemplo, escri-
ben que "hipotetizamos que habilidades cognitivas pobres y un lento desa-
rrollo del lenguaje también incrementan el riesgo de problemas de conduc-
ta" (Lahey y Waldman, 2005, pág. 23), lo cual, así dicho, parece compatible
con una generalidad de enfoques y teorías en Criminología; o bien que "tes-
taremos la hipótesis de que los componentes disposicionales y cognitivo-lin-
güísticos de la propensión median las influencias genéticas sobre los proble-
mas de conducta" (37), lo que no parece esencial para su teoría, que podría
conceder efectos directos sin alterar nada decisivo de la misma. Cosas seme-
jantes pueden decirse de otras propuestas.

Por lo que se refiere a la utilidad práctica, el modelo aspira a "predecir el desa-


rrollo futuro de los problemas de conducta" y a "informar sobre la investiga-
ción sobre la prevención y quizá sobre la intervención" (37-38).
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 33 Criminología del desarrollo

Resumen

En las páginas precedentes hemos estudiado la importancia del factor edad


en la criminología. Tanto es así, que muchas teorías clásicas no se consideran
compatibles con la misma y la teoría criminológica de los últimos veinte años
se ha visto muy influenciada por este hallazgo y sus importantes consecuen-
cias.

En esta línea, hemos estudiado la propuesta del desarrollo de comportamien-


tos antisociales limitados a la adolescencia y persistentes a lo largo del curso
de la vida (Moffitt); la teoría del control social informal dependiente de la
edad (Sampson y Laub); la teoría integrada del potencial antisocial cognitivo
(ICAP) (Farrington), y el modelo integrado y del desarrollo de la propensión
antisocial (Lahey y Waldman).

Estas importantes teorías están especialmente relacionadas con poderosos es-


tudios longitudinales que todavía se encuentran en curso.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 35 Criminología del desarrollo

Ejercicios de autoevaluación
1. El correlato más fuerte del delito es...

a)�la edad.
b)�la educación.
c)�el sexo.
d)�la clase social.

2. La curva de la edad tiene una seria consecuencia para la predicción del delito y la crimi-
nalidad, que consiste en...

a)�los falsos positivos.


b)�los falsos negativos.
c)�la autoselección.
d)�la regresión a la media.

3. La curva de la edad...

a)�es igual para cada persona individual. Por eso uno incurre en más comportamientos arries-
gados cuando es joven que cuando es adulto.
b)�sólo es válida para los delincuentes crónicos.
c)� no puede pretenderse que sea igual para todo el mundo. En realidad encierra muchas
trayectorias distintas para grupos diferentes.
d)�La evidencia empírica no es definitiva.

4. Una de las dos clases de delincuentes según Moffitt son...

a)�los delincuentes crónicos.


b)�los delincuentes limitados a los delitos patrimoniales.
c)�los delincuentes persistentes.
d)�los delincuentes de carrera.

5. Según Sampson y Laub, ¿cuál de las siguientes instituciones influyen durante la infancia
y la adolescencia?:

a)�La escuela.
b)�La familia.
c)�El Sistema de administración de justicia.
d)�Las tres anteriores.

6. ¿Cuál es la relación de la teoría del control social informal dependiente de la edad y la


teoría del etiquetamiento?:

a)�Existe una influencia de la segunda sobre la primera al hipotetizarse una interacción entre
control social y delito, en el sentido de que el delito conlleva una acumulación de desven-
tajas.
b)�No se ha estudiado en detalle esta relación.
c)�Como en el caso de Hirschi y otros teóricos del control social, el etiquetamiento no desem-
peña ningún rol en la teoría y, en realidad, son incompatibles entre sí.
d)�La teoría del etiquetamiento ha sido abandonada hace tiempo en criminología.

7. ¿Cuál de las siguientes instituciones pueden influir en que un individuo desista de su


carrera delictiva, según Sampson y Laub?:

a)�La entrada en el ejército.


b)�El cumplimiento de una pena de prisión.
c)�Políticas de tolerancia cero en la violencia machista.
d)�Un golpe delictivo de gran éxito.

8. ¿Cuáles de las siguientes teorías podrían formar parte de las DLC propuesta por Farring-
ton?:

a)�La teoría de Moffitt.


b)�La teoría de Sampson y Laub.
c)�La teoría de Wikström.
d)�Las tres anteriores, entre otras.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 36 Criminología del desarrollo

9. En la teoría integrada del potencial antisocial de Farrington, ¿qué aspecto predomina más?:

a)�La oferta de explicaciones en términos causales.


b)�Es más bien un programa de investigación.
c)�Es simplemente un listado de factores de riesgo.
d)�Realmente es una teoría del control social.

10. En el modelo integrado y del desarrollo de la propensión antisocial de Lahey y Waldman,


¿qué dimensión pertenece al temperamento?:

a)�Los déficits cognitivos.


b)�La inteligencia.
c)�La emocionalidad negativa.
d)�La vinculación a pares.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 37 Criminología del desarrollo

Solucionario
Ejercicios de autoevaluación

1.�c

2.�a

3.�d

4.�c

5.�d

6.�a

7.�a

8.�d

9.�b

10.�c
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 38 Criminología del desarrollo

Glosario
carrera criminal  f  Conjunto de delitos y sus características que conforman la historia
delictiva de un sujeto.

curva de la edad  f  entrada.

desistimiento  m  En criminología, cuando la carrera criminal de un sujeto desciende en


términos de frecuencia y gravedad de modo sustancial, aunque todavía pueda incurrir en
algún delito menor. No termina completamente su carrera criminal, pero sí desciende su
intensidad.

falsos positivos  m pl  En general, cualquier objeto o individuo del que se predice de modo
equivocado un determinado estado o comportamiento. En nuestro contexto, sujetos que se
predice erróneamente que van a reincidir en el futuro.

mimetismo  m  Proceso de imitación que, según Moffitt, lleva a delinquir a algunos jóvenes
con el fin de que les proporcione algo valioso, como el estatus de un adulto.

terminación  f  Cuando un sujeto ya no volverá a delinquir y termina así su carrera crimi-


nal.

transición  f  Periodo crítico que puede producir cambios en una carrera criminal o, más
en general, en el curso de una vida.
CC-BY-NC-ND • PID_00183828 39 Criminología del desarrollo

Bibliografía
Agnew, R. (1992). "Foundation for a general strain theory of crime and delinquency". Cri-
minology (núm. 30).

Farrington, D. (2005a). "The integrated cognitive antisocial potential (ICAP) theory". En:
D. P. Farrington (ed.). Advances in criminological theory– Integrated developmental and life-course
theories of offending (núm. 14, págs. 73-92). New Brunswick, NJ y Londres: Transaction Pu-
blishers.

– (2005b). "Introduction to integrated developmental and life-course theories of offending".


En: D. P. Farrington (ed.). Advances in criminological theory, Integrated developmental and li-
fe-course theories of offending (núm. 14, págs. 1-14). New Brunswick, NJ y Londres: Transaction
Publishers.

– (2006a). "Criminología del desarrollo y del curso de la vida". En: F. Bueno Arús y otros (dirs.)
J. L. Guzmán Dálbora; A. Serrano Maíllo (eds.). Derecho penal y Criminología como fundamento
de la Política criminal. Estudios en homenaje al profesor Alfonso Serrano Gómez (págs. 239-266).
Madrid: Dykinson.

– (2006b). "Building developmental and life-course theories of offending". En: F. T. Cullen


y otros (eds.). Advances in criminological theory Taking stock. The status of criminological theory
(núm. 15, págs. 335-364). New Brunswick, NJ y Londres: Transaction Publishers.

Gottfredson, M. R.; Hirschi, T. (1990). A general theory of crime. Stanford, Ca.: Stanford
University Press.

Hirschi, T.; Gottfredson, M. R. (1983). "Age and the explanation of crime". AJS (núm. 89).

Lahey, B. B.; Waldman, I. D. (2003). "A developmental propensity model of the origins of
conduct problems during childhood and adolescence". En: B. B. Lahey y otros (eds.). Causes
of conduct disorder and juvenile delinquency (págs. 76-117). Nueva York y Londres: The Guilford
Press.

– (2005). "A developmental model of the propensity to offend during childhood and ado-
lescence". En: D. P. Farrington (ed.). Advances in criminological theory, Integrated developmen-
tal and life-course theories of offending (núm. 14, págs. 15-50). New Brunswick, NJ y Londres:
Transaction Publishers.

Laub, J. H.; Sampson, R. J. (2003). Shared beginnings, divergent lives: delinquent boys to age
70. Harvard, Mass. y Londres: Harvard University Press.

Moffitt, T. E. 1993. "Adolescence-limited and life-course-persistent antisocial behavior: a


developmental taxonomy". PR (núm. 100).

Sampson, R. J. y Laub, J. H. (1993). Crime in the making. Pathways and turning points through
life. Cambridge, Mass. y Londres: Harvard University Press.

– (2005). "A life-course view of the development of crime". En: R. J. Sampson; J. H. Laub (eds.).
The Annals of the American Academy of Political and Social science, Developmental Criminology
and its discontents: trajectories of crime from childhood to old age (núm. 602).

Serrano Maíllo, A. (2003). "La posición de las variables biológicas en la teoría criminológica
contemporánea". En: C. M. Romeo Casabona (ed.). Características biológicas, personalidad y
delincuencia. Granada: Comares.

– (2009). Oportunidad y delito. Una metateoría sobre la motivación y la oportunidad como descrip-
ciones de los delitos como eventos. Madrid: Dykinson.

– (2011). El problema de las contingencias en la teoría del autocontrol. Un test de la teoría general
delito. Madrid: Dykinson.