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FRANCISCO FLECHA ANDRÉS

ANTROPOLOGÍA Y EDUCACIÓN EN EL PENSAMIENTO Y LA OBRA DE JOVELLANOS

FRANCISCO FLECHA ANDRÉS ANTROPOLOGÍA Y EDUCACIÓN EN EL PENSAMIENTO Y LA OBRA DE JOVELLANOS UNIVERSIDAD DE

UNIVERSIDAD DE LEÓN

FRANCISCO FLECHA ANDRÉS

ANTROPOLOGÍA Y EDUCACIÓN EN EL PENSAMIENTO Y LA OBRA DE JOVELLANOS

Segunda Edición Revisada

Universidad de León Servicio de Publicaciones

FRANCISCO FLECHA ANDRÉS

ANTROPOLOGÍA Y EDUCACIÓN EN EL PENSAMIENTO Y LA OBRA DE JOVELLANOS

FRANCISCO FLECHA ANDRÉS ANTROPOLOGÍA Y EDUCACIÓN EN EL PENSAMIENTO Y LA OBRA DE JOVELLANOS UNIVERSIDAD DE

UNIVERSIDAD DE LEÓN

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

8

1. ¿Por qué un tema de Historia del Pensamiento Español?

8

2. ¿Por qué, precisamente, Jovellanos, un pensador ilustrado?

9

3. ¿Por qué, precisamente, el aspecto educativo?

10

CAPíTULO I.

PRECISIONES CONCEPTUALES Y DELIMITACIÓN DEL TEMA

12

1.

ILUSTRACIÓN Y FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN

16

1.1.

Ilustración y Filosofía

16

a. Una nueva figura de filósofo

17

b. Una nueva forma y estructura del filosofar

20

1.2.

Entronque filosófico de la educación ilustrada

21

2.

EL PENSAMIENTO DE JOVELLANOS Y LA ILUSTRACION

25

2.1.

Precisiones en torno a la llamada "Ilustración española"

25

2.2. Jovellanos como

31

2.3. Jovellanos y la educación

34

a. Obras generales sobre la importancia y valor de educación

34

b. Importancia de algunos saberes y disciplinas

35

 

c. Planes de

35

d. Obras de valor o intención didáctica o metodológica

36

e. Informes sobre situación de establecimientos educativos

36

2.4.

Filosofía y Educación en Jovellanos

38

CAPÍTULO II.

ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA EN LA OBRA DE JOVELLANOS

42

1.

EL HOMBRE COMO SER RACIONAL

45

1.1.

La Razón Ilustrada

45

1.2.

La razón experimental

53

a) La necesidad como impulso

56

b) La sensación como fuente de conocimiento

59

c)

La Física como

63

d)

La Metafísica como ilusión

68

1.3.

La razón dinámica

70

a)

El progreso como ley

71

2.

EL HOMBRE COMO SER AUTÓNOMO

81

2.1.

Razón crítica

86

a) Crítica contra la Escolástica

88

b) Critica contra la ignorancia, la superstición y la dominación

97

2.2.

Razón ética

103

3.

EL HOMBRE COMO SER SOCIAL

112

3.1. La naturaleza como patria

113

3.2. El hombre como ciudadano

118

3.3. La sociedad como institución original

121

3.4. La historia como camino social hacia la felicidad y la

126

CAPíTULO

III.

VINCULACIÓN DEL PENSAMIENTO EDUCATIVO CON LA ANTROPOLOGÍA IMPLÍCITA EN LA OBRA DE

JOVELLANOS

129

1.

EDUCACIÓN PARA LA RAZÓN

144

1.1. La experimentación como fuente de conocimiento

147

1.2. La lengua como vehículo de conocimiento y comunicación

149

a) Pensamiento y lenguaje

151

b) Lenguaje y

153

c.

La lengua y la divulgación del

154

2.

UNA EDUCACIÓN PARA LA AUTONOMÍA HUMANA

158

2.1. El saber como fuente de moralidad

162

2.2. La educación como tarea secular

164

3.

UNA EDUCACION PARA LA SOCIEDAD

167

3.1. Educar para convivir

168

3.2. Educar para transformar: las ciencias útiles

172

CAPÍTULO IV.

LOS NUEVOS MÉTODOS E INSTITUCIONES COMO APLICACIÓN NECESARIA DEL PENSAMIENTO

EDUCATIVO Y FILOSÓFICO EN JOVELLANOS

182

1.

ESCUELA DE PRIMERAS LETRAS

185

1.1.

Situación anterior

185

a. El

186

b. Los

189

1.2.

Reformas ilustradas

190

 

1.3.

Aportaciones de Jovellanos

194

2.

ENSEÑANZA NO UNIVERSITARIA

198

2.1.

Situación previa a la expulsión de los

199

a) Las Escuelas de Latinidad

199

b) La educación de la

201

c) Los Seminarios

202

 

2.2.

Reformas ilustradas tras la expulsión de los

203

a) Escuelas de

Latinidad

203

b) Seminarios de

205

c) Seminarios

207

 

2.3.

Aportaciones de Jovellanos

208

a)

Las escuelas de

209

b)

La educación de la

210

c)

Los

seminarios

214

d)

El Real Instituto Asturiano

214

a.

Enseñanza

laica:

217

b.

Enseñanza

pública:

218

c.

Enseñanza rigurosa:

218

d.

Enseñanza

metódica:

219

e.

Enseñanza

incentivada:

220

f.

Enseñanza activa:

221

g.

Enseñanza innovadora:

223

3.

COLEGIOS Y UNIVERSIDADES

223

3.1.

Críticas a la universidad tradicional

224

a. Diversidad de origen, dotación y constituciones

225

b. Rencillas de escuelas, discusiones y

227

c. Relajo de la disciplina y absentismo académico

228

d. Descrédito de los grados

229

e. Situación de dependencia con respecto a los

231

3.2. Los planes de reforma de la monarquía

235

3.3. Aportaciones de Jovellanos

237

4.

LAS SOCIEDADES ECONÓMICAS DE AMIGOS DEL PAÍS

4.1.

Las Sociedades Económicas y la Ilustración

a) Objetivos de las Sociedades

240

b) Destinatarios

243

c) Evolución de las Sociedades en el siglo

246

4.2.

Aportaciones de Jovellanos

248

a) Jovellanos en la Sociedad de Amigos del País de Sevilla

249

b) Jovellanos en la Sociedad Matritense

251

CONCLUSIONES

260

1. Ilustración, Filosofía y

261

2. Jovellanos y la Antropología ilustrada

262

3. La educación como problema

263

4. La educación como problema social y

264

5. Los proyectos y realizaciones educativas como respuesta jovellanista desde los presupuestos antropológicos a

los problemas sociales y políticos

265

6.

La educación en España como problema permanentemente irresuelto

266

INTRODUCCIÓN

Consciente de que la elección de un tema excluye mil otros igualmente atrayentes

y que al optar por uno de ellos se ponen de manifiesto los propios intereses,

afanes, temores o nostalgias del que elige, parece justo comenzar manifestando cuáles han sido los motivos que han empujado al autor a tomar esta decisión concreta, con la esperanza de que tal proceder sirva para un mejor entendimiento de la orientación, limitaciones y sesgos que mas o menos conscientemente se hayan podido introducir en el estudio.

1. ¿Por qué un tema de Historia del Pensamiento Español?

Quizás entre todas esas afirmaciones de claro matiz ideológico sobre el pretendido carácter de los españoles, la menos falsa sea aquella que afirma que

el español, ante su propia realidad cultural, tiende a defender una de estas dos

alternativas radicalmente contrapuestas: O bien se encastilla en la defensa de un casticismo orgulloso y altivo que desprecia lo extranjero sólo por el hecho de serlo; o, por el contrario, desde un profundo desprecio por lo propio, se entrega fanática y acríticamente a cualquier pensador extranjero cuyo trasplante a nuestras tierras –a pesar del fervor derrochado- produce una planta raquítica y

endeble que languidece en los salones de un pequeño grupo marginal de fieles seguidores.

Fruto de estas posturas contrapuestas ha sido, con frecuencia, la identificación de los términos conservador/patriótico e innovador/extranjerizante. Con ello, aunque sea de forma medianamente inconsciente, llega uno a tener la oscura sensación de que se nos ha secuestrado la historia, que nuestro patrimonio cultural nos llega etiquetado de antemano en maniqueas historias de ortodoxos y heterodoxos españoles.

Y no cabe la menor duda de que tal procedimiento, a la largo, es necesariamente

peligroso o, al menos, tan inútil como el intento de marcarle caminos al viento.

Cuando la historia no es suficientemente conocida y asumida se convierte en mitología defendida o atacada de forma dogmática, acrítica. Cuando nos roban

el pasado nos quedamos desvalidos ante el presente y temerosos ante el futuro.

Es, pues, la necesidad crítica de reencontrarse con el propio pasado cultural, sin mediaciones ideológicas, lo que me movió, en su día, a emprender este estudio, consciente, por otra parte, de que tal clarificación no es superflua sino que, tanto como el pasado, se clarificará con ello la época que nos ha tocado vivir.

2. ¿Por qué, precisamente, Jovellanos, un pensador ilustrado?

Se ha elegido la Ilustración por tratarse de una época particularmente atractiva.

Es el momento en que se fragua la mentalidad y la problemática de la historia

contemporánea y difícilmente podrá entenderse el presente si se prescinde de las coordenadas mentales instauradas por la Ilustración. Es la época en la que algunos pensadores españoles, conscientes de la creciente decadencia española y en un esfuerzo de notable patriotismo (a pesar de la peyorativa calificación de

“afrancesados” con la que, a veces, fueron distinguidos por sus contemporáneos),

se empeñaron en la enorme e inconclusa tarea de modernización de España. Es

precisamente esta doble característica de conciencia de la decadencia y necesidad de modernización lo que mantiene todavía hoy fresco y vivo un pensamiento que parece responder –en tantos aspectos- a la problemática actual.

Y puestos a elegir un pensador de la España Ilustrada, ninguno tan paradigmático

como Jovellanos. En ninguno como en él se plantean de forma tan “enciclopédica”

y magistral los grandes temas de la Ilustración: la Política, la Economía, la

Educación, el Derecho, etc. Nunca han podido decir de él, ni siquiera sus enemigos, que se trate de su simple traductor de pensadores extranjeros. A pesar de que ésta era una fácil acusación utilizada contra otros pensadores mucho menos fieles al pensamiento ilustrado.

3. ¿Por qué, precisamente, el aspecto educativo?

En este punto concreto, las razones han sido varias: En primer lugar, porque parece imposible encontrar un aspecto más central en el pensamiento de la Ilustración. Hasta la misma palabra “Ilustración” hace referencia a esa orientación fundamentalmente didáctica. La solución de todos los problemas pasa necesariamente, según este planteamiento, por una elevación de la cultura del pueblo. No se concibe la realización de la utopía ilustrada sino es a través de la educación.

En segundo lugar, si el problema educativo tiene importancia notoria en cualquiera de los pensadores ilustrados, esta importancia es decisiva en Jovellanos, que dedica parte de su dinero, entusiasmo y dedicación a las tareas educativas como miembro de las Sociedades de Amigos del País, como visitador de los Colegios de las Ordenes Militares y, sobre todo, como impulsor de su obra más querida, tanto tiempo acariciada, de la fundación del Real Instituto Asturiano. De todas formas, debe quedar claro que no es Jovellanos un simple realizador de una utopía educativa voluntarista, pero poco madura intelectualmente, sino que late en él una verdadera filosofía de la educación cuya clarificación importa, en este caso, mucho más que la pura descripción de sus realizaciones pedagógicas.

En tercer lugar, me interesa personalmente la cuestión como profesor de Filosofía y Sociología de la Educación en la Facultad de Educación de la Universidad de León, ya que el planteamiento jovellanista supone un momento crucial del paso de la educación de la nobleza al intento de la educación del pueblo, momento de arranque de una problemática educativa que, aún hoy, sigue sin resolverse en tantos aspectos.

Es de destacar, en este sentido, que la frustración de los grandes ideales de este momento esperanzador que fue la Ilustración Española, hizo que, lo que se planteaba como tarea jubilosa, se convirtiese en problema eternamente irresuelto ("el problema de España:, "el problema educativo", "el problema agrario", "el problema industrial"

CAPíTULO I. PRECISIONES CONCEPTUALES Y DELIMITACIÓN DEL TEMA

1. ILUSTRACIÓN Y FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN

1.1. Ilustración y Filosofía

1.2. Entronque filosófico de la educación ilustrada

2. EL PENSAMIENTO DE JOVELLANOS Y LA ILUSTRACIÓN

2.1. Precisiones en torno a la llamada "Ilustración Española"

2.2. Jovellanos como filósofo

2.3. Jovellanos y la educación

2.4. Filosofía y Educación en Jovellanos

Tú de la atroz calumnia el grito infame desmentir puedes: sabes que mis días, partidos entre Minerva y Temis, corrieron inocentes, consagrados

sólo al público bien. Sabes que en ellos sumiso y fiel la religión augusta de nuestros padres, y su culto santo, sin ficción profesé; que fui patrono de la verdad y la virtud, y azote de la mentira, del error y el vicio; que fui de la justicia y de las leyes apoyo y defensor; leal y constante en la amistad; sensible y compasivo

a

los ajenos males; de la pura

y

cándida niñez padre, maestro,

celoso institutor; y de la patria ¡oh cara patria! de tu bien, tu gloria adicto, ciego promotor y amigo.

JOVELLANOS, A Posidonio

1. ILUSTRACIÓN Y FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN

1.1. Ilustración y Filosofía

Al enfrentarse a esta cuestión parece siempre flotar en el ambiente la vieja polémica de si la Ilustración lleva implícita una verdadera filosofía 1 o, por el contrario, es una especie de época de hierro en la que la filosofía dejó paso a los juegos de salón, tan lejanos del clásico estilo académico y se murió entre las bromas cínicas e impías destinadas al regocijo o al escándalo de unos desocupados contertulios 2 .

De todas formas, después del agudo y clásico estudio de Cassirer 3 , no resulta en absoluto arriesgado defender la existencia de una verdadera filosofía de la Ilustración que, lejos de suponer una "difusión" y "trivialización" del pensamiento anterior, supone más bien "una forma totalmente nueva y singular del pensar filosófico" 4 .

1 En algún caso, se han querido hacer sinónimos los términos de "Ilustración" y "Filosofía: "En los sucesivo, los términos 'Ilustración', 'siglo filosófico', 'época filosófica' se emplearán indistintamente, ya que no expresan diferencia terminológica alguna respecto de la Ilustración propiamente tal" VALJAVEC, F. Historia de la Ilustración en Occidente, Madrid Rialp, 1964, pg. 17, nota 1. El mismo Jovellanos utiliza esta misma terminología de "siglo filosófico": "Pudiera, en fin, señalar los varios libros escritos sobre la misma materia en este siglo, que se puede llamar el siglo de la filosofía, por haberse ocupado en cultivarla los mayores hombres de la república de las letras" JOVELLANOS, “Cartas a un catedrático de la Universidad de Salamanca”, en Obras Publicadas e Inéditas, Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1924, tomo L, pg. 360. (En adelante citaremos esta edición de las obras de Jovellanos según la forma usual, con las siglas BAE, seguidas del número del tomo en números romanos y el número de la página en arábigos).

2 En este sentido podría interpretarse la rotunda afirmación de Julián Marías cuando dice: "El siglo de la 'filosofía' deja, en rigor, de hacerla, y se dedica a difundir y propagar las ideas del XVII, naturalmente después de trivializarlas, hacerlas accesibles a las masas y, por tanto, alterarlas en un sentido más profundo" MARIAS, J. El tema del hombre, Madrid, Espasa Calpe, 1968, 4ª ed. pg. 208. Un pensamiento semejante puede encontrase en GALINO, M. A. Tres hombres y un problema. Feijoo, Sarmiento y Jovellanos ante la educación moderna, Madrid, CSIC, 1953: "Una vez más el Settecento se nos revela desprovisto de verdadera originalidad e hijo de la centuria anterior" (pg.66). También insiste en el sentido puramente divulgador del pensamiento Ilustrado: "Ahora se trataba sólo de difundir y desarrollar; un trabajo de propaganda y una tarea de discípulos" (pg. 29).

3 CASSIRER, E. La filosofía de la Ilustración, México, FCE, 1981.

4 CASSIRER, E. Ibídem,

pg. 10.

Los mismos pensadores ilustrados, incluido el mismo Jovellanos, tienen la conciencia de estar viviendo en un siglo filosófico, no sólo porque "se han ocupado en cultivarla los mayores hombres de la república de las letras" 5 , sino porque participan de la profunda convicción de que, por primera vez en la historia, resulta posible explicar los grandes problemas de la naturaleza, el hombre, la realidad histórica o social, la moral o el progreso con el apoyo único y exclusivo de la razón. Y tal es, sin duda, la última esencia del ideal filosófico desde sus mismos orígenes en Grecia.

Desde esta conciencia resulta comprensible la frecuencia con la que hacen aparecer el adjetivo "filosófico" en los títulos de sus obras.

De todos modos, resulta igualmente claro que los ilustrados tienen la conciencia de estar comprometidos con una forma nueva de la tarea filosófica. Y esta novedad se manifiesta en múltiples aspectos: en la figura del filósofo, en la forma y estructura de la actividad filosófica, en los problemas específicos que se plantean y en las relaciones que se establecen con el resto de los saberes.

a. Una nueva figura de filósofo.

No cabe duda de que la Ilustración supone el rechazo visceral de una determinada clase de filósofos, perpetuadores y defensores, según creen los ilustrados de la ignorancia, la intolerancia y la superstición. Se sienten totalmente alejados de "aquellos filosofazos con sus barbazas que les sirven de escobas", como los pintó esperpénticamente el conde de Peñaflorida 6 ; de aquellos que, ensimismados en sus "farragosos escritos" y "trasnochados argumentos", como dice Voltaire "recubren con hoja de plata su escudo de plomo" 7 .

Nada mas distante del pensador ilustrado que esa enorme milicia formada, según Voltaire, por "el envasado luterano, el salvaje calvinista, el orgulloso anglicano, el fanático jansenista, el jesuita que se cree rey incluso en el desierto y en el cadalso,

5 JOVELLANOS, “Cartas a un catedrático de la Universidad de Salamanca” Obra Cit. Ver nota 1

6 MUNIBE IDIAQUEZ, J. conde de PEÑAFLORIDA, Los aldeanos críticos, BAE XV, carta III pg.347:

“trasládese vuestra merced a los tiempos traseros, y vera unos filosofazos con sus barbas que les sirven de escobas; unos ojos que van de camino para el cogote; unas frentes arrugadas, que se extienden hasta media cabeza; unas mejillas hendidas, unos carrillos chupados, unas caras pálidas y macilentas, unos trajes modestos y graves, unos hombretones, en fin, tan respetables, que si se miran aterran, y si hablan echan unos sentenciones que abruman. Verá vuestra merced al uno devanándose los sesos, calculando los varios cuerpos por donde ha trasmigrado su alma; al otro sepultado en sus cualidades ocultas; a este haciéndose pedazos en llorar; aquel riéndose a carcajada tendida; y finalmente, a otros infinitos que cada cual por su lado tira a despreciar y hacer mofa de cuanto el resto de los hombres estima y aprecia”.

7 VOLTAIRE, Diccionario filosófico, Barcelona, Daimo, 1976, tomo II, voz "filósofo", pg.300.

el sorbornista que se figura ser Padre de un concilio y los tontos que dirigen todas esas gentes" 8 .

El mismo Jovellanos parece oponer dos tipos de filósofos, que tienen mucho que ver con la visión estereotipada que los ilustrados tenían del filósofo clásico, como "sabio especulativo", y de la nueva imagen del hombre de letras 9 .

Describe Jovellanos al sabio especulativo como alguien a quien el orgullo le ha convertido en un desterrado en su propio mundo, enemigo y "espantajo" de su propia sociedad 10 . Nada más alejado del talante cortés, amable, compasivo con el que considera debe estar adornado el nuevo hombre de letras 11 .

8 Ibídem.

9 Ciertamente esta caracterización esperpéntica no fue exclusiva de los ilustrados. En una época en la que, como diremos, la mayor parte de las discusiones académicas se reducían a rencillas y descalificaciones entre escuelas, no fueron escasas las descripciones esperpénticas de los nuevos pensadores por parte de sus adversarios. Aunque escrito por un notable ilustrado, el conde de Peñaflorida, vemos aquí su descripción sarcástica de los nuevos filósofos, como la harían sus adversarios:

“Pues ahora eche vuestra merced una miradita por los modernísimos señores. Verá vuestra merced unos hombrecillos como de la mano al codo, sin pelo de barba con unas caritas de diciocheno y unos ojitos que andan bailando contradanzas, vestidos a lo “parisien”, peinados a lo” rinoceron”, o en “ailes de pigeon”, y empolvados como unos ratoncitos de molino; en fin, unos hombrecillos tan alegres y atiteretados, que no mas que vuestra merced los mire, al pasar le embocan una cortesía tan profunda, que no perece sino que han jurado y van a besar la tierra. Pero sígales vuestra merced a sus gabinetes, y allí conocerá mejor la diferencia de estos pobres cuitados a aquellos insignes varones. Verá vuestra merced uno que se encaja en un “tourbillon”, y anda revoloteando en él como figurilla de pólvora; a otro que, metido a agrimensor de los cielos, anda midiendo a varas la distancia que hay del Sol a Venus, de allí a la Tierra, de ésta a la Luna, de la Luna a Júpiter, de aquí a Saturno y de éste a la estrella Sirius; a éste que, cansado de darle bomba a la máquina neumática, agarra el microscopio, y se está muy serio seis o siete horas considerando la patica de una hormiga, los ojos de una mosca, aquel polvo que dejan en los dedos las mariposas, y otras piezas de este calibre; a aquel que, convertido en cordelero, se le va todo el día en dar vueltas y más vueltas a una rueda para electrizar a un globo de vidrio, y sacar por este medio chispas de una barra de fierro. To esto (ya se ve) “ad terrores”; porque sin tanta fatiga y sin tanto aparato lo pudiera lograr en la fragua de cualquiera pobre cerrajero; y así a todos los demás muy ocupados en estas fruslerías: de modo que parece que andan ensayándose en aprender habilidades para salir cada uno por esos mundos de Dios con la linterna mágica al hombro y ganar la vida. Coteje vuestra merced ahora lo que va de estos a aquellos”. MUNIBE IDIAQUEZ, J. conde de PEÑAFLORIDA, Los aldeanos críticos, BAE XV, carta III pg. 374-5.

10 JOVELLANOS, Oración sobre el estudio de la literatura y las ciencias, BAE XLVI, pg. 333:

“Comparemos con este hombre respetable uno de aquellos sabios especulativos, que desdeñando tan precioso talento, deben tal vez a la incierta opinión de sus teorías la entrada a los empleos públicos. Veréis que sus estudios no le inspiran otra pasión que el orgullo, otro sentimiento que el menosprecio, otra afición que el retiro y la soledad; pero al emplear sus talentos, vedle en un país desconocido, en que ni descubre la esfera de su acción, ni la extensión de sus fuerzas, ni atina con los medios de mandar ni con los de hacerse obedecer. Abstracto en sus principios, inflexible en sus máximas, enemigo de la sociedad, insensible a las delicias del trato; si alguna vez los deberes de urbanidad le arrancan de sus nocturnas elucubraciones, aparecerá desaliñado en su porte, embarazado en su trato, taciturno, como si sólo hubiese nacido para ser espantajo de la sociedad y baldón de la sabiduría”.

11 Ibídem:

De cualquier modo, el retrato más perfecto de este nuevo "philosophe" ilustrado es el que nos presenta "L'Enciclopedie" y cuyas características esenciales podrían resumirse en los siguientes rasgos:

Mantiene una actitud reflexiva y critica "sobre lo que acontece".

Reconoce en sí mismo, como única autoridad, la fuerza de la razón que hace de él un ser que "camina en la noche pero precedido de una luz".

Admite que tal fuerza le otorga unas capacidades y le impone unas limitaciones: le permite construir principios a partir de observaciones particulares y, lo que es tan importante como esto, le permite mantener la duda cuando "no tiene motivo propio para juzgar".

Este ejercicio antidogmático de la razón le mantiene ajeno a cualquier disciplina y ortodoxia de sistema, lo que le permite comprender "la opinión que rechaza con el mismo alcance y claridad que entiende la que acepta".

Puesto que la razón le habla de su necesaria inserción en la sociedad "no se considera en exilio en este mundo", sino que pretende disfrutar de la naturaleza y sus bienes y "agradar y ser útil" a sus conciudadanos.

De esta doble dimensión racional y social extrae el filósofo su dimensión moral porque "la idea del hombre inmoral es tan opuesta a la del filósofo como es la del estúpido” 12 .

Con frecuencia se ha repetido que este nombre genérico de "philosophe" debería ser traducido, en el lenguaje actual, por el de "intelectual" mucho más próximo a aquel otro de "hombres de letras" que ellos hacían coincidir con el de "philosophe". Sea como fuere, estos pensadores tienen suficientemente claro que su actividad es estrictamente filosófica. Aunque defiendan, con igual claridad que el objeto y método de la filosofía que profesan tiene muy poco que ver con la filosofía anterior.

“Cortés, amigable, expresivo en sus palabras, ninguno obligará, ninguno persuadirá mejor; cariñoso, tierno, compasivo en sus sentimientos, ninguno será más apto para dirigir y consolar; lleno de amabilidad y dulzura entretendrá, complacerá y conciliará a sus semejantes”

12 Encyclopédie ou Dictionaire raisonné des sciences, des arts et des métiers, "nouvelle impression en facsimilé de la première édition de 1751-1780, Stuttgart-Band-Canstatt, Friedrich Fromann Velag, 1966, voz "philosphe".

12 VOLTAIRE, Diccionario filosófico, O.cit. tomo II, voz "filosofía" pg. 297:

“He peregrinado cerca de cuarenta años por dos o tres rincones del mundo buscando esa piedra filosofal llamada la verdad. He consultado a todos sus adeptos de la Antigüedad, Epicuro y san Agustín, Platón y Malebranche, y estoy tan a ciegas como al principio. Quizá en los crisoles de esos filósofos haya una o dos onzas de oro, pero todo lo demás es residuo, caput mortuum, fango estéril, con el que nada puede hacerse”

b. Una nueva forma y estructura del filosofar.

En una definición exageradamente esquemática, que deberá ser matizada a lo largo de este trabajo podría comenzarse diciendo que la filosofía de la Ilustración se caracteriza por unas ciertas oposiciones y unas ciertas adhesiones: oposición al espíritu de sistema, al ensimismamiento metafísico y a todo genero de intolerancia, dogmatismo, y barbarie; y adhesión y defensa del valor de la razón experimental, critica y básica para comprender y transformar la realidad natural, social y humana. Es, por tanto, una filosofía esencialmente vuelta al mundo con una clara orientación antropológica y en íntimo diálogo con todos aquellos saberes que puedan hacer al hombre más feliz y a los pueblos más prósperos.

Es la suya, o pretende ser, una filosofía que reniega de toda disciplina y ortodoxia connatural a cualquier sistema pretendidamente cerrado y completo. Es este rechazo el que le hace afirmar a Voltaire que a pesar de sus cuarenta años de peregrinación buscando la verdad no ha encontrado en los antiguos sistemas más que "una o dos onzas de oro" 13 y el que le lleva a dudar que haya podido existir un sólo creador de un nuevo sistema que no haya tenido, al final de su vida, la sensación de haber perdido el tiempo 14 .

Es la suya una filosofía que se mantiene en una actitud fundamentalmente crítica, pero, al mismo tiempo, con una dimensión ética y política, como una verdadera cruzada contra la intolerancia, el dogmatismo y la barbarie 15 .

Es la suya una filosofía abierta al mundo, no encastillada en la discusión estéril de sus propios problemas, con su propia jerga; una filosofía, utilizando las palabras de Cassirer que "no se separa de la ciencia natural, de la historia, de la jurisprudencia, de la política, sino que constituye su soplo vivificador, la atmósfera en la que únicamente pueden alentar y vivir" 16 ; una filosofía, en fin, profundamente comprometida con el problema y destino humanos, una verdadera

13 VOLTAIRE, Diccionario filosófico, O.cit. tomo II, voz "filosofía" pg. 297:

“He peregrinado cerca de cuarenta años por dos o tres rincones del mundo buscando esa piedra filosofal llamada la verdad. He consultado a todos sus adeptos de la Antigüedad, Epicuro y san Agustín, Platón y Malebranche, y estoy tan a ciegas como al principio. Quizá en los crisoles de esos filósofos haya una o dos onzas de oro, pero todo lo demás es residuo, caput mortuum, fango estéril, con el que nada puede hacerse”

14 Ibídem, pg. 299.

15 Ibídem, pg. 301:

“Las gentes que no piensan preguntan a menudo a los que piensan para qué ha servido la filosofía y éstas les responden: para destruir en Inglaterra la rabia religiosa que hizo perecer al rey Carlos I en el cadalso; para impedir que en Suecia un arzobispo, con una bula en la mano, hiciera derramar la sangre de la nobleza; para mantener la paz de la religión en Alemania, poniendo en ridículo todas las disputas teológicas, y para extinguir en España las abominables hogueras de la Inquisición”.

16 CASSIRER, E. La filosofía de la Ilustración, O. cit. pg. 11.

antropología, una verdadera propuesta para conseguir, como dice Kant, liberar al hombre de su minoría de edad, romper las viejas tutorías y hacer posible que el hombre se atreva a pensar 17 . Una antropología que parece partir del doble convencimiento de que el mundo sólo se comprende desde el hombre y sólo se transforma desde el hombre, desde la profunda transformación del individuo, en lo que resulta la afirmación más profunda de su especial filosofía de la educación.

Nada, por tanto, más lejos del difundido estereotipo del "philosophe" como hombre frívolo, superficial, enfrascado en cínicos e irreverentes juegos de salón para el regocijo de señoras y escándalo de capellanes. El filósofo ilustrado cumple con su compromiso social aunque cambie su cátedra por el salón o la Academia, el opúsculo por la carta o el cuento, la Suma por el Diccionario o la Enciclopedia.

1.2. Entronque filosófico de la educación ilustrada.

Parece existir una irrefrenable tentación a reducir cualquier sistema filosófico, movimiento cultural o corriente artística a unas simples notas definitorias, a una etiqueta reductora, a algún calificativo que lo resuma y concrete. Quizá se trate del antiguo defecto didáctico de reducir cualquier forma de vida o pensamiento a esquemas fijos y simplificadores. Este defecto se ha producido, una vez más, con la Ilustración; aunque, como advierte Domínguez Ortiz, "como todo movimiento que abarca la integridad de los aspectos vitales, la Ilustración no es susceptible de ser encerrada en una definición precisa" 18 . Y, sin embargo, a pocos movimientos se le han puesto tantas etiquetas definitorias.

Bien es verdad que, de todas estas generalizaciones, quizá no sea la más abusiva aquella que habla de la vocación esencialmente educativa de la Ilustración. Con mucha frecuencia, también en este caso, tienden a considerarse sinónimos los términos referentes al siglo XVIII: "siglo de la razón", "siglo ilustrado", "siglo de la educación". La misma palabra "Ilustración" parece querer hacer referencia directa al objetivo educativo del programa ilustrado.

En el siglo XVIII tuvo lugar, sin duda, una notable eclosión de las instituciones educativas. Nunca hasta entonces se había producido una crítica tan fuerte de las instituciones, saberes y métodos tradicionales, unos intentos tan pormenorizados y

17 KANT, “Que es la Ilustración”, en Filosofía de la Historia, Madrid, Alianza Editorial. 18 DOMINGUEZ ORTIZ, A. Sociedad y Estado en el siglo XVIII, Barcelona, Ariel, 1981, pg. 477.

generalizados de reforma, una búsqueda tan entusiasta de nuevos cauces y experiencias (Academias, Sociedades Económicas, Institutos, Escuelas).

La cuestión educativa ocupa un importante lugar en el pensamiento y la obra de nuestros ilustrados españoles: Campomanes 19 , Olavide 20 , Cabarrús 21 y Jovellanos, por supuesto. Serían innumerables los textos -y ocasión tendremos de entresacar algunos a lo largo de nuestra exposición- en los que podremos apoyarnos para demostrar la importancia concedida por los autores ilustrados a la educación como instrumento primero y fundamental para el progreso individual y social. Basten, como ejemplo significativo, las vibrantes palabras de Jovellanos en la Oración Inaugural con motivo de la apertura del Real Instituto Asturiano, discurso entusiasmado que, según el propio Jovellanos, "sacó algunas lágrimas de ternura" y que él mismo se sintió "muchas veces tentado a reprimirlas" 22 :

"Sin duda que entre cuantos [dones] puede hacer a sus pueblos un monarca justo, ninguno es tan grande, tan provechoso como la ilustración. Si le queréis estimar justamente, pensad en los males que ha desterrado del mundo, y volved un instante los ojos a aquellos infelices pueblos que yacen todavía en su ignorancia primitiva. La tierra no produce para ellos sino malezas y abrojos. Pobres y vagabundos sobre ella, tienen que disputar con las fieras el suelo que pisan, las grutas en que moran y hasta el grosero alimento de que viven y se mantienen. ¿Qué artes acuden, no ya a la satisfacción de sus deseos, sino al socorro de sus necesidades? O condenados a sufrir el continuo estímulo de tan punzantes privaciones, ¿qué esperanzas, qué ideas de resignación y consuelo pueden conservar la paz y tranquilidad de su espíritu? ¿Hay por ventura espectáculo más triste que ver sujeto a la naturaleza el hombre que nació para enseñorearla?" 23 .

19 Son puntos de referencia obligado en este tema: CAMPOMANES, Discurso sobre el fomento de la industria popular, Madrid, Imprenta de Sancha, 1774; ID. Discurso sobre la educación popular de los artesanos y su fomento, Madrid, Imprenta de Sancha, 1775; ID. Apéndice a la educación popular, Madrid, Imprenta de Sancha, 1775.

20 OLAVIDE, Plan de Estudios de 1768 para la Universidad de Sevilla, Barcelona, Ediciones de Cultura Popular, 1969. Sobre la figura de Olavide y su Plan de Estudios son imprescindibles las obras ya clásicas de AGUILAR PIÑAL, F. La Universidad de Sevilla en el siglo XVIII. Estudio sobre la primera reforma universitaria moderna, Sevilla, Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1969; DEFOURNEAUX, M. Pablo de Olavide ou l'afrancesado (1725-1803), París, PUF, 1959.

21 CABARRUS, Cartas sobre los obstáculos que la naturaleza, la opinión y las leyes oponen a la felicidad pública, Vitoria, Imprenta de P. Real, 1808.

22 JOVELLANOS, Diario V, (7 de Enero, martes, 1794), BAE, LXXXV, pg140.

23 JOVELLANOS, Oración inaugural a la apertura del Real Instituto Asturiano, (1794), BAE, XLVI, pg. 318.

A pesar del aliento retórico, apropiado a la ocasión y a la estética de la época, el texto citado tiene un notable interés para lo que se intenta defender: que tal preocupación por la educación responde a una determinada concepción antropológica, extremo al que pocas veces se le ha concedido la importancia que merece.

Influidos, sin duda, por la reiterada afirmación de todos los autores ilustrados sobre el poder casi mágico de la educación y la cultura para promover la prosperidad social 24 y del deber inexcusable del gobierno de dirigirla y promoverla, podría extraerse la falsa conclusión de que el planteamiento educativo de la Ilustración es un asunto que tiene más que ver con la Economía Política que con la Filosofía (o, si se prefiere, con la Antropología Filosófica). La educación parece verse, con frecuencia, como un instrumento útil de transformación social, al servicio de los objetivos políticos de reforma del despotismo Ilustrado 25 . Y, sin duda, esto es verdad, pero también es verdad que todo este afán reformista será totalmente ininteligible si no se comprende suficientemente la concepción antropológica que subyace y da unidad a un proyecto tan omnicomprensivo 26 .

24 Sirva también como ejemplo paradigmático (ya que de este tema se hablará con mayor detenimiento más adelante) la rotunda afirmación con que abre Jovellanos su Memoria sobre educación pública. Ver JOVELLANOS, Memoria sobre educación pública, (1802), BAE XLVI, pgs. 230-231:

“¿Es la instrucción pública el primer origen de la prosperidad social? Sin duda. Esta es una verdad no bien reconocida todavía, o por lo menos, no bien apreciada, pero es una verdad. La razón y la experiencia hablan en su apoyo. Las fuentes de la prosperidad social son muchas; pero todas nacen de un mismo origen, y este origen es la instrucción pública. Ella es la que las descubrió, y a ella todas están subordinadas. La instrucción dirige sus raudales para que corran por varios rumbos a su término; la instrucción remueve los obstáculos que pueden obstruirlos o extraviar sus aguas. Ella es la matriz, el primer manantial que abastece estas fuentes. Abrir todos sus senos, aumentarle, conservarle es el primer objeto de la solicitud de un buen gobierno, es el mejor camino para llegar a la prosperidad. Con la instrucción todo se mejora y florece; sin ella todo decae y se arruina en un estado”.

25 "De aquí que la ilustración, concretamente la enseñanza, sea el punto de partida de lo que llamaremos su programa político. Sólo la instrucción hará viable el vasto programa de reforma de la sociedad" ARTOLA, M. "Estudio Preliminar" a las Obras de D. Gaspar M. de Jovellanos, BAE, LXXXV, pg LV. Esta misma interpretación nos la ofrece Francisco Vial al hablar del planteamiento pedagógico de Condorcet:

“El arte de enseñar a los niños aparece en él como estrechamente ligado al arte de gobernar a los hombres. La ciencia de la educación se convierte en un capítulo de la política, o mejor, como dice Michelet, es toda la política. No pretendemos, ciertamente, que Condorcet haya sido el primero en tratar de este modo las cuestiones pedagógicas. Helvecio, La Chalotais y los parlamentarios de 1762, Turgot y los economistas, el mismo Rousseau habían hablado ya de una instrucción proporcionada por el Estado y entrevisto la relación de la pedagogía con la política”. Ver VIAL, F. Concordet y la educación democrática, Madrid, Ediciones de la Lectura, 1922, pg. 9.

26 Así lo pretende también Artola en el mismo texto citado en la nota anterior: “Para entender el siglo es preciso remontarse a sus concepciones filosóficas y desde éstas obtener, repitiendo un proceso similar al por ellos realizado, sus ideas acerca de la religión, del derecho, de la sociedad, del estado, de la estética, etc.”. ARTOLA, M. Ibídem, pg. XLIX.

El siglo XVIII, siglo de reformas (o, quizás mejor, de planes de reforma) es, sobre todo, como dice Sarrailh, el "siglo que lleva a cabo el redescubrimiento del hombre" 27 . El hombre ilustrado intenta conocer para conocerse, transformar para transformarse, en una auténtica relación dialéctica en la que resulta imposible decidir cuál de las dos actividades es más fundamental. Es un siglo en el que, utilizando las palabras de Cassirer,

"el pensamiento no se afana tanto por metas nuevas, todavía desconocidas, sino que quiere saber a dónde se encamina y pretende perfilar la dirección de la marcha con su propia actividad. Se enfrenta al mundo con la fresca alegría del descubridor y también con su virginal osadía; espera constantemente nuevas revelaciones y, sin embargo, ni su curiosidad ni su avidez intelectual se orientan exclusivamente en este rumbo. Con más hondura y mayor pasión le acucian otros problemas: qué es él mismo, el pensamiento, y de qué es capaz. Siempre retorna, de sus exploraciones descubridoras, destinadas a ensanchar el horizonte de la realidad objetiva, a su punto de partida." 28 .

Sólo desde un planteamiento antropológico, que intente el redescubrimiento del hombre, la restauración de una dignidad humana supuestamente perdida, se comprende la verdadera dimensión del fenómeno educativo. Y no cabe duda de que la Ilustración pretendía eliminar de las conciencias aquel sentimiento de impotencia típico del siglo XVII, y que parecía dimanar de la crisis de la cosmología clásica, que consideraba al hombre como un habitante minúsculo y perdido en un planeta marginal, "abismado en la infinita inmensidad de los espacios" 29 .

Frente a esta supuesta fragilidad, los ilustrados proclaman la grandeza del hombre y el camino para su regeneración que es, una vez más, la cultura; porque sólo la cultura puede desarrollar la razón. Y la razón es lo que distingue al hombre del animal, le transforma, le dignifica y le eleva casi a la perfección de los ángeles, restituyéndole así en el lugar cumbre de la creación que le

27 SARRAILH, J. La España ilustrada de la segunda mitad del siglo XVIII, Madrid, FCE, 1979, pg. 172.

28 CASSIRER, E. La filosofía de la Ilustración, O. cit. pg. 19.

29 Una de las formulaciones más dramáticas y concisas de esta crisis es la que aparece en Pascal:

“Cuando considero la pequeña duración de mi vida, absorbida en la eternidad precedente y siguiente, el pequeño espacio que yo lleno, y aún que yo veo, abismado en la infinita inmensidad de los espacios que yo ignoro y que me ignoran, me espanto y me asombro de verme aquí más bien que allí, porque ahora mejor que entonces ¿Quién me ha puesto allí? ¿Por orden y voluntad de quién este lugar y este tiempo han sido destinados para mí?” PASCAL, Pensamientos, Barcelona, Orbis, 1984, pg. 54. No deja de ser significativo, sin embargo (y así lo señala también J. P. CLEMENT) el hecho de que el nombre o las obras de Pascal no aparezcan citadas ni una sola vez en las obras de Jovellanos. Véase CLEMENT, J. P. Las lecturas de Jovellanos, Oviedo, Instituto de Estudios Asturianos, 1980, pg. 269.

corresponde 30 . Sólo la cultura (cuando se entiende no como el puro y estéril ejercicio de la especulación metafísica, sino como el resultado directo del estudio de las ciencias útiles) permite al hombre el conocimiento y dominio efectivo de la naturaleza, el exterminio de la enfermedad y la pobreza, la consecución de la felicidad y virtud individuales y de la prosperidad y paz sociales.

Por eso los ilustrados dedican un fervor casi sagrado al tema de la educación, que transciende el campo de las puras reformas sociales o políticas para inscribirse en el núcleo mismo del corazón y destino de la humanidad.

2. EL PENSAMIENTO DE JOVELLANOS Y LA ILUSTRACION

2.1. Precisiones en torno a la llamada "Ilustración española"

Uno de los problemas iniciales con que tropieza todo estudio sobre la Ilustración es el de su propia conceptuación y caracterización. No debe olvidarse en ningún momento que la Ilustración es un amplio movimiento cultural, al que ningún aspecto humano le resulta ajeno, que se desarrolla en diversos países europeos, durante un dilatado periodo de tiempo que es (como siempre, quizás) difícil de precisar con exactitud, con connotaciones y variaciones importantes de un país a otro.

Por todo ello, resulta extraordinariamente difícil llegar no sólo a una definición precisa sino, incluso a una caracterización, a unas notas comunes en las que todos los pensadores ilustrados pudieran reconocerse a sí mismos. Lo que si es posible, y conveniente aquí, es realizar algunas precisiones que, aunque ya hayan sido hechas por otros de una forma más extensa y autorizada, nos permitan, sin

30 Pocos textos podrán encontrarse tan paradigmáticos como el que Jovellanos propone en su Oración Inaugural en la apertura del Instituto Asturiano:

“Sin duda que el hombre nació para estudiar la naturaleza. A él sólo fue dado un espíritu capaz de comprender su inmensidad y penetrar sus leyes; y él sólo puede reconocer su orden y sentir su belleza, él sólo entre las criaturas. ¿Hay otro por ventura capaz de abrazar este sistema de unión y de armonía en que están enlazados todos los entes, desde los brillantes escuadrones de estrellas que vagan por el inmenso cielo, hasta el más pequeño átomo de materia que duerme en el corazón de los montes? ¿Hay otra que pueda columbrar en esta armonía, en este orden, en esta grandeza, la mano sapientísima del Criador, o que absorta en la contemplación de tantas maravillas, pueda subir hasta su trono, y entonarle ardientes himnos de gratitud y de alabanza? Ved aquí, amados compatriotas, señalada la vocación, ved aquí indicado el objeto de vuestro estudio”. Ver JOVELLANOS, Oración inaugural del Instituto Asturiano, o. cit., pg. 320.

embargo, centrar nuestro tema en sus términos más precisos y servir, al menos, como una especie de declaración de principios y de puntos de referencia para una adscripción personal.

Nos interesa declarar en primer lugar, como ya lo hizo en su momento Sarrailh con notable precisión 31 , el rechazo al viejo (y todavía vigente) estereotipo de una España diferente y ajena a los problemas y planteamientos dominantes en el resto de Europa, una España ignorante y dogmática, supersticiosa y analfabeta en la que, por un inexplicable misterio, aparecen media docena de hombres verdaderamente cultos que pagan la osadía de su cultura con el desprecio y la persecución 32 .

Es cierto que aunque, según afirma Domínguez Ortiz, la mayor parte de la producción bibliográfica en España en la primera mitad del siglo XVIII estaba constituida por panegíricos, oraciones fúnebres, novenas, sermones, villancicos "alguna morralla jurídica y cosas parecidas" 33 , sin embargo, no quiere esto decir que no hubiera grupos relevantes, aunque minoritarios, abiertos a la discusión y estudio de las nuevas corrientes de pensamiento 34 y que forman un puente, un hilo

31 SARRAILH, J. La España Ilustrada de la segunda mitad del siglo XVIII, o. cit. pgs 11-12.

32 Este viejo prejuicio, difundido en tantos libros de viajes de extranjeros por España, alcanza uno de sus ejemplos más conocidos en la obra de Montesquieu, en la que aparecen los españoles como altivos, arrogantes, enemigos del trabajo, devotos, celosos, dominados por "derviches que no entiende de chanzas y queman a un hombre como coscoja" MONTESQUIEU, Cartas Persas, (1721), (traducción de José Marchena), Madrid, Tecnos, 1986, Cartas XXIX y LXXVIII. Una prueba de que España no estaba tan al margen de lo que se pensaba es, precisamente, la respuesta que tuvo tal interpretación por parte de Cadalso y la enorme polémica provocada cuando Nicolás Masson de Morvilliers, en los volúmenes de la "Geographie" de la Encyclopédie Méthodique, en el artículo sobre España, se pregunta "Que doit-on à l'Espagne? Et depuis deux siècles, depuis quatre, depuis dix, qu'a-t-elle fair por l'Europe?". Puede seguirse esta polémica en el repaso que hace de ella MARIAS, J. "la España posible en tiempos de Carlos III", en Obras, Madrid, Revista de Occidente, 1966, tomo VII, pgs. 301-330

33 DOMÍNGUEZ ORTIZ, A. Sociedad y Estado en el siglo XVIII, O. cit. pg. 104. Aunque también se reconoce en esta obra la existencia de un “retraso de varios decenios” (pg. 476).

34 Afortunadamente, son ya numerosos los estudios (incluso si nos ceñimos a la situación cultural de la primera mitad del siglo XVIII, la época menos estudiada) que han sacado a la luz el trabajo y valor de unos autores y grupos injustamente olvidados: el interés por los avances científicos, puesto de manifiesto por LOPEZ PIÑERO, J. M. La introducción de la ciencia moderna en España, Barcelona, Ariel, 1969; la preocupación por el pensamiento de Gassendi, Descartes, Locke y de la filosofía moderna en general, estudiados por CEÑAL, R. "Emmanuel Maignan: su vida, su obra, su influencia", en Revista de Estudios Políticos, tomo 46 (1952), pgs 111- 146, y sobre todo, "Cartesianismo en España. Notas para su estudio (1650-1750)" en Revista de la Universidad de Oviedo (1945), MINDAN, M. "La filosofía española en la primera mitad del siglo XVIII" en Revista de Filosofía, 46 (1953), pgs. 427-443, QUIROZ, O. La introducción de la filosofía moderna en España, México, El Colegio de México, 1949, RODRIGUEZ ARANDA, L. "La recepción e influjo de la filosofía de Locke", en Revista de Filosofía, 53-54 (1955), ZAMORA, G. "La reforma de los estudios filosóficos en España bajo Carlos III", en Laurentinum, III (1980) pgs.347-375; la labor de la Sociedad Médica de Sevilla o los múltiples trabajos sobre la Universidad de Cervera. Sin olvidar el aquilatado estudio sobre este periodo por parte de ABELLAN, J. L. Historia crítica del pensamiento español, Madrid, Espasa Calpe, 1981, tomo 3 "Del Barroco a la Ilustración".

lógico entre esas pretendidas figuras aisladas que, sin estos nexos, resultan absolutamente incomprensibles 35 .

Un segundo prejuicio, no menos extendido, incluso entre gran parte de los españoles, es que la Ilustración es un producto típicamente extranjero, trasplantado a España y que, como toda planta exótica está condenada a una vida lánguida, capaz solamente de sobrevivir en los tibios salones de una clase media extranjerizante que renuncia, por tanto, a sus valores tradicionales, al patriotismo exigido y otorga su fidelidad a una potencia extranjera y se "afrancesa" 36 .

Esta compleja afirmación necesita ser matizada: ciertamente, los ilustrados son conscientes de la decadencia y atraso de la vida, economía y cultura españolas de su tiempo. Pero también es cierto que su visión dista mucho del catastrofismo y desprecio que demuestran los viajeros extranjeros que recorren España 37 . Jovellanos, o cualquier otro ilustrado pueden lamentarse con tonos más duros, incluso, del atraso, la incultura, la escasez de caminos, etc., pero hay siempre en ellos el íntimo convencimiento de que esos males son fácilmente remediables, que no dependen del degenerado carácter de los españoles, de su falta de capacidad o de entusiasmo. Hay siempre en ellos un patriotismo fundamental (que en el caso de Jovellanos, en concreto, nadie se ha atrevido a negar) y una fe inquebrantable en las potencialidades naturales y personales para devolver a España el sentimiento de su propia dignidad 38 .

35 Esta visión de la existencia de algunas figuras aisladas en un páramo gris y desolado, puede verse en la interpretación que hace Sainz Amor al estudiar al Padre Feijoo:

“En nuestro desvaído siglo XVIII, tan escaso de valores relevantes, tan crítico en la Historia de la Cultura Española, existió una figura prócer, de perfil netamente acusado, que se destaca con trazos vigorosos entre la grisura y vacío del ambiente que le rodea”. SAINZ AMOR, C., Ideas pedagógicas del P. Feijoo, Madrid, CSIC, 1950, pg. 9.

36 Parece especialmente inexacta, por generalizadora, la opinión de Sánchez Albornoz cuando dice que "el afrancesamiento de los hombres del siglo XVIII llegó a borrar en ellos las raíces de lo hispánico" SANCHEZ ALBORNOZ, "Tres fobias de Jovellanos" en Ensayos sobre historia de España, Madrid, siglo XXI, 1980, pg.138.

37 Sirva, como muestra, el comentario sobre España del Marqués de Aubeterre, embajador de la corte de Versalles en Madrid en 1759, según lo trascribe Sarrailh:

“Grave error sería juzgar a España según lo que ocurre en Francia: Las tierras de esta primera monarquía están absolutamente despobladas; no hay en ella ni industria, ni buena fe; casi nada de policía, y poca justicia; las poblaciones son perezosas y poco trabajadoras; en el interior no hay ni caminos, ni canales, ni ríos navegables, pocos carruajes. En una palabra, se puede decir que este país lleva, con relación a todos los demás, dos siglos de retraso cuando menos”. SARRAILH, J. La España Ilustrada de la segunda mitad del siglo XVIII, O. cit. Pg. 20.

38 En honor a la verdad debería decirse que tales potencialidades naturales no fueron nunca negadas ni por los extranjeros más críticos. Su atraso e incultura se atribuye más a la educación que a la incapacidad natural:

"Entendimiento claro y sana razón se encuentra en los españoles, mas no se busque en sus libros" MONTESQUIEU, Cartas Persas, (1721), O. cit. carta LXXXVIII, pg. 117; "los españoles tienen espíritu sublime, penetrante y muy propio para las ciencias abstractas. Pero por desgracia este talento no lo cultivan con buena educación" L'ABBE DE VAYRAC, Etat present de l'Espagne, París, 1716, tomo I. A pesar de este

Y

la solución para esta regeneración consiste, para nuestros Ilustrados, en abrirse

a

las corrientes universales, europeas y terminar con lo que posteriormente Ortega

y

Gasset llamaría "la hermetización de nuestro pueblo", "la tibetanización de

España" 39 . En definitiva, sentirse partícipes de un destino común; el destino común de una humanidad que ha comenzado a tomar conciencia de su fuerza y

autonomía. De todas formas, esto no supone para la mayor parte de ellos la imitación ciega y acrítica de todo lo extranjero. Es más, la pura imitación ciega y acrítica de las maneras, lenguaje y moda extranjeras dio origen a un tipo social objeto de burla y menosprecio: el "petimetre" (petit maitre) 40 .

Frente a una innegable admiración por los adelantos en cuestiones científicas, por las libertades adquiridas, por el progreso alcanzado hay siempre una contundente crítica de los excesos en cuestiones políticas o religiosas. Nada le impide a Jovellanos, por ejemplo, mostrar su desacuerdo con los republicanos franceses:

"temor de que nada produzca sino empeorar la raza humana, la crueldad erigida en sistema, cohonestada con color y formas de justicia, convertida contra los defensores de la libertad" 41 ; nada le impide realizar una crítica despiadada a los integrantes de aquellos a los que supone miembros de una secta feroz y tenebrosa 42 . Aunque tales peligros no le parezcan suficientes para cerrarse a

reconocimiento, y a diferencia de nuestros ilustrados, se trasluce en sus escritos una notable desconfianza de que tal situación pueda cambiar algún día.

39 ORTEGA Y GASSET, J. “La idea de principio en Leibniz”, en Obras Completas, Madrid, Revista de Occidente, tomo VIII, pg. 355.

40 La palabra ya es utilizada a mediados del sigo XVIII por Torres Villarroel, según COROMINAS, Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico, Madrid, Gredos, 1981, tomo 4, pg. 483b. De igual modo podría citarse CADALSO, J. Cartas marruecas, carta XXXV, en la que se hace burla de una carta de Nuño, petrimetre a la moda. El mismo Jovellanos Sátira II "A Arnesto" (verso 198, al final) hace una dura crítica de ese afrancesamiento pedante y superficial, ver JOVELLANOS, BAE XLVI, pg 35, y JOVELLANOS, Obras Completas (Edición crítica de José Miguel Caso González), Oviedo, Centro de Estudios del siglo XVIII, tomo I "Obras literarias", 1984, pgs. 233-235. (En el momento de redactar este trabajo han sido publicados los tres primeros tomos de esta edición, correspondientes a las obras literarias (tomo I), Correspondencia de 1767 a 1794 (tomo II) y correspondencia de 1794 a 1801 (tomo III). Siempre que sea posible seguiremos esta edición de las obras de Jovellanos, a la que nos referiremos, en adelante, con las abreviaturas CAES XVIII, nombre de la colección, seguido del número de tomo en números romanos y del número de página en números arábigos).

41 JOVELLANOS Diario V (24 de Mayo de 1794) BAE LXXXV, pg. 174. Se trata de la reseña de una importante carta de Jovellanos a Alexander Jardine (recogida en JOVELLANOS, Obras Completas. CAES XVIII, tomo II, pgs. 634-639). Es una carta muy interesante en cuanto que matiza extraordinariamente el pensamiento de Jovellanos sobre el sentido del progreso, la libertad, la Inquisición y la Revolución Francesa. En ella manifiesta también su admiración por el sistema democrático inglés y el enérgico rechazo de las persecuciones en Francia entre 1792 y 1794, a las que considera "más feroces, más prolongadas y durables y más innobles" que las de Roma. Estos mismos argumentos, más elaborados quizá, se repiten en una siguiente carta (hoy perdida) a Jardine (3 de junio de 1794) en la que defiende "que nada bueno se puede esperar de las revoluciones en el gobierno" JOVELLANOS, Diario V, Ibídem, pg. 177. Aunque ésta y las siguientes cartas se han perdido, puede seguirse con toda claridad el pensamiento de Jovellanos y el de Jardine a través de las referencias que Jovellanos hace en este mismo Diario.

42 JOVELLANOS, Memoria sobre educación pública, BAE, XLVI, pgs. 254-255:

cualquier influencia extranjera desde el convencimiento de que porque ellos hayan sido "frenéticos" no debemos nosotros convertirnos en estúpidos 43 .

Con todo ello se quiere decir que no hay en nuestros ilustrados esa radical ruptura con el pasado, con la propia tradición, que con frecuencia, se considera injustificadamente como una característica típica del pensamiento ilustrado 44 . El único rechazo frontal es el de todo aquello que se considera como causa del retraso y la pobreza (la escolástica, la rutina, el dogmatismo, la superstición, la ignorancia, etc.) 45 . Hay en nuestros ilustrados un profundo patriotismo que se manifiesta, entre otras muchas cosas, en el afán por conocer el propio país (sus costumbres, su geografía, sus posibilidades económicas, sus obras de arte y sus archivos) 46 , en el afán de encontrar soluciones desde los propios problemas, desde la propia situación vivida porque, utilizando las mismas palabras de Jovellanos,

"El estado moral de las naciones no es uno, sino tan diverso como sus gobiernos. Luego no todas se pueden proponer un mismo término en sus mejoras. Siguiendo el progreso natural de las ideas, cada una

“Una secta feroz y tenebrosa <que> ha pretendido en nuestros días restituir los hombres a su barbarie primitiva, soltar las riendas de todas las pasiones, privarlos de la protección y del auxilio de todos los bienes y consuelos que pueden hallar en su reunión, disolver como ilegítimos los vínculos de toda sociedad y en una palabra, envolver en un caos de absurdos y blasfemias todos los principios de la moral natural, civil y religiosa”.

43 JOVELLANOS, "Carta de Jovellanos a Carlos González de Posada" (1 de junio de 1796), CAES XVIII, tomo III, pg.228; BAE, L, pg. 195:

“¿Acaso porque ellos fueron frenéticos, seremos nosotros estúpidos? Sobre todo ¿seremos tan ruines que no dejemos al hombre honrado e incapaz de faltar a ningún respeto digno de consideración decir con valor y desinterés las verdades útiles y necesarias?”. Sobre la influencia extranjera y la recepción de las obras extranjeras sobre educación puede verse el la Ilustración Española, número extraordinario de la Revista de Educación, 1988, pgs. 133-160.trabajo de ESTEBAN, L. "Las obras Ilustradas" sobre educación y su recepción en España", en La Educación en la Ilustración Española, número extraordinario de la Revista de Educación, 1988, pgs. 133-160.

44 Sería, sin duda, más acertada la opinión de Iris M. Zavala cuando dice que "el siglo XVIII español redescubre a España; es un viaje al interior de la patria para exhumar sus raíces espirituales y sociales" ZAVALA, I. M. "Jovellanos y la poesía burguesa", en Nueva Revista de Filología Hispánica, XVIII, (1965-1966), pg. 59.

45 Estas ideas son defendidas en ABELLAN, J. L. Historia crítica del pensamiento español, O. cit. tomo III, pag 481, y SARRAILH, J. La España ilustrada de la segunda mitad del siglo XVIII, O. cit. pg. 181.

46 Los Diarios de Jovellanos (BAE, LXXXV y LXXXVI) y las cartas de Jovellanos a D. Antonio Ponz (BAE, L, pgs. 271-311; JOVELLANOS, Cartas del viaje de Asturias. Cartas a Ponz. (edición crítica de J. M. CASO), Salinas, Ayalga ediciones, 1981) son un maravilloso testimonio de su insaciable afán por recorrer los caminos de España, analizando detalladamente todo cuanto caía bajo su atenta mirada, desde sus más complejas posibilidades económicas hasta el inefable espectáculo de una tela de araña que cruza el camino. De todas formas sería injusto atribuir este interés por el conocimiento del país a un rasgo específico de su carácter. Más bien, debe ser interpretado como un auténtico convencimiento, convertido en norma metodológica: Así lo recomienda, incluso, a los miembros de la Real Sociedad de Amigos del País de Asturias: "Es preciso conocer el país antes de trabajar en favor de su felicidad". JOVELLANOS, Discurso sobre los medios de promover la felicidad de aquel Principado, BAE, L, pg. 442.

debe buscar la que está más cerca de su Estado para pasar de ella a otra mejor" 47 .

Y es, precisamente, por este respeto a la propia tradición, al propio proceso evolutivo de la sociedad española por lo que los ilustrados españoles han aparecido, a veces, como supuestos representantes de un pensamiento ecléctico y ha llamado la atención, desde una mirada superficial, su moderación y su religiosidad; pareciendo, con ello, que rompían el estereotipo del ilustrado como pensador radical y deísta.

De todas formas, si aceptamos las cuatro notas esenciales que Domínguez Ortiz atribuye a la Ilustración, veremos que nuestros ilustrados caben perfectamente en esa

"Aceptación de la investigación científica y de sus resultados, aún a riesgo de chocar con las opiniones corrientes".

"Lucha contra la superstición y los prejuicios, en especial los que conducen a cualquier forma de opresión e injusticia".

Reconstrucción y reexamen crítico de todas las creencias básicas.

Interés por las obras de reforma económica y social 48 .

47 JOVELLANOS, Carta de Jovellanos a Alexander Jardine, CAES XVIII, tomo II, pg.636.

48 DOMÍNGUEZ ORTIZ, A. Sociedad y Estado en el siglo XVIII español, Barcelona, Ariel, 1981, pg. 477.

2.2. Jovellanos como filósofo 49 .

No deja de ser significativo que uno de los aspectos menos estudiados de la obra de Jovellanos sea, sin duda, el de su pensamiento filosófico y que, en aquellos casos en que se alude a ello, tales afirmaciones vayan teñidas de un notable tono retórico, como quien quiere aludir a la enorme amplitud de sus preocupaciones, lecturas e intereses 50 o, lo que aún es peor, para adscribirle, con un sorprendente sentido patrimonial, a la propia ideología (sea ésta la liberal o la del "Tradicionalismo católico" 51 , hasta hacerle decir a Nocedal:

49 Esta posición en defensa del Jovellanos filósofo, que en el momento de la primera redacción de este trabajo, se presentaba, como se ve, con una notable timidez es hoy en día defendida por los estudiosos que vienen detrás con absoluta valentía y rigor. Tal es el caso de Silverio Sánchez Corredera que, en 2003, defendió su tesis doctoral en la Universidad de Oviedo, Departamento de Filosofía, dirigida por Gustavo Bueno Sánchez, con el título Ética, política y moral en Jovellanos desde la perspectiva del materialismo filosófico y en la que, después de una impresionante revisión y catalogación de las etapas de recepción y proyección de Jovellanos desde el siglo XVIII a nuestros días, afronta decididamente la dimensión filosófica del pensamiento de Jovellanos:

“En el caso de Jovellanos, la filosofía es un resultado de la intensidad metodológica, de la riqueza analítica y de la integración y síntesis que alcanza la teleología de sus ideas más que del hecho de que aparezcan desarrollos especializados a modo de tratados sistemáticos. Jovellanos no escribió ningún tratado filosófico, pero su pensamiento resulta ser sistemático y omniabarcante, porque no se especializa, interesado en todo, y con un pensamiento organizado metodológicamente que se vale de la perspectiva genética o histórica y que propende siempre a un objetivo moral. La filosofía se encuentra en Jovellanos como la sal en el mar, inviste todo su pensamiento de un modo peculiar, aunque sea difícil localizarlo desde parámetros “profesionales” (pg. 593). Ver SÁNCHEZ CORREDERA, S. Jovellanos y el jovellanismo, una perspectiva filosófica, Oviedo, Pentalfa, 2004. Sobre la dimensión filosófica de la obra de Jovellanos, pueden verse, además de la anterior, las extraordinarias tesis doctorales de José Luis Fernández Fernández "La antropología filosófica implícita en la obra de Jovellanos y la proyección sociopolítica de su visión del hombre", Universidad de Comillas, 1986. Editada con el título “Jovellanos: antropología y teoría de la sociedad" por esa Universidad, en 1991; María del Carmen Lara Nieto,"La influencia de la filosofía inglesa en Gaspar Melchor de Jovellanos", Universidad de Granada, 1998; José Manuel Souto Rodríguez, "Filosofía e Ilustración en Jovellanos", Universidad Nacional de Educación a Distancia, UNED, 2002. Editada con el título "Filosofía e Ilustración en Jovellanos:

introducción a su pensamiento" por Editorial Laria, en el año 2011. Una reseña de las tesis realizadas sobre Jovellanos, puede verse en PIÑERA, LM, “Doctorados en Jovellanos”, en La Nueva España, 7.1.2014 Puede consultarse en http://www.lne.es/gijon/2014/01/07/doctorados-jovellanos/1523802.html (Consultado el 8 de abril del 2014)

50 Resulta muy ilustrativa la inscripción que Manuel José Quintana y Juan Nicasio Gallego redactaron para la sepultura de Jovellanos:

"Aquí yace el Excmo. Sr. D. Gaspar Melchor de Jovellanos, magistrado, ministro, padre de la Patria, no menos respetable por sus virtudes que admirable por sus talentos, urbano, recto, íntegro, celoso promotor de la cultura y de todo adelantamiento en su país: literato, orador, poeta, jurisconsulto, filósofo, economista; distinguido en todos los géneros, en muchos eminente: honra principal de España mientras vivió; y eterna gloria de su provincia y de su familia, que consagra a su esclarecida memoria este humilde monumento". Transcrita por NOCEDAL, C. Discurso preliminar en JOVELLANOS, BAE, XLVI, pg. LIV.

51 MENÉNDEZ PELAYO, M. Historia de los heterodoxos españoles, Madrid, BAC, 1978, tomo II, pg. 565.

"Pueden, por consiguiente reírse de él a más y mejor los que se llaman espíritus fuertes, porque, gracias a Dios, no han hallado frase castellana con que darse a conocer: no nos opondremos a que reciban los escritos de Jovellanos con insolentes carcajadas o con burlona y compasiva sonrisa, pero sí nos oponemos a que intenten llevársele a sus filas, aún dado que prueben algún desliz o alguna equivocación propios de la juventud; nos oponemos a que quieran hacer partidario suyo a quien no lo fue nunca, a quien los combatió tenazmente con sus escritos y con sus acciones" 52 .

Por esta razón, a veces, nos sentimos tentados a admitir con Julián Marías que "no está vivo el escritor Jovellanos, no nos engañemos". Es, si queremos, uno de nuestros muertos más ilustres, uno de aquellos que han merecido ser enterrados "en el 'Panteón' -como se llama familiarmente a la tan benemérita como inhospitalaria Biblioteca de Autores Españoles de Rivadeneira- con lápida compuesta, con mediana prosa y no mucha lealtad, por D. Cándido Nocedal" 53 . Y, como tal, nuestro muerto ilustre ha desencadenado esa actitud tan típica en España con respecto a los muertos: glorificar el nombre del difunto, olvidar su obra y utilizar su memoria en el propio provecho, para defender y justificar la propia ideología.

Y si se pregunta cuál puede ser la causa de esta situación inexplicable; (ya que también parece cierta -aunque a simple vista pudiera parecer contradictorio con lo anterior- la opinión de J. M. Caso González cuando dice que "pocos hombres de toda nuestra historia cultural están hoy tan vivos como él: pocos pueden leerse, como él pensando en nuestros problemas de ahora; pocos han tenido una visión tan amplia de los problemas que debió tratar") 54 si se pregunta por la causa de que Jovellanos no tenga lectores sino, a lo sumo, estudiosos 55 , difícilmente podrá encontrarse otra razón explicativa que su mismo carácter moderado. Causa más que suficiente puesto que, como dice Julián Marías, no nos hemos caracterizado los españoles por la moderación "sino por las dos tradiciones de desmesura y

52 NOCEDAL, C. Discurso preliminar, O. cit., pg. LIV. Este mismo tono encendido y esta interpretación claramente ideológica, dispuesta a tomar los textos que reafirman las propias afirmaciones y a disculpar como deslices, debilidades o "tributos exigidos" aquellos otros que no interesa destacar, aparece con total nitidez en la "Vindicación de Jovellanos" realizada por MENENDEZ PELAYO, M. Historia de los heterodoxos españoles, O. cit., pg. 563-572.

53 MARÍAS, J. Los españoles, "Jovellanos: concordia y discordia de España", en Obras, Madrid, Revista de Occidente, 1966, tomo VII, pg. 25.

54 CASO GONZALEZ, J. M. “Ilustración y Neoclasicismo”, en RICO, F. Historia y crítica de la literatura española, Madrid, Ed. Crítica, 1983, tomo IV, pg. 368.

55 MARÍAS, J. Los españoles, O. cit., pg. 25.

extremismo que han pretendido, alternativa o simultáneamente, identificarse con nuestra realidad histórica” 56 .

Una segunda causa de la escasa consideración del pensamiento filosófico de Jovellanos puede ser, igualmente, la extendida tendencia a identificar a los filósofos ilustrados con los enciclopedistas franceses y, más concretamente, con Voltaire, como prototipo. Y, en este sentido, como creemos haber dicho anteriormente, Jovellanos se aparta notablemente del prototipo volteriano y enciclopedista, dejando bien a las claras sus diferencias: No duda en hablar de que una secta de "hombres feroces y blasfemos, buscando sus armas en la naturaleza, se levanta contra el cielo, como los titanes" 57 , "una secta de hombres malvados, que abusando del respetable nombre de la ,filosofía, siempre vano y funesto cuando no está justificado por la virtud, corrompieron la razón y las costumbres de su patria para turbarla y desunirla" 58 .

De todas formas, a pesar de la contundencia de tales afirmaciones (recogidas también por Menéndez Pelayo) 59 , quizá no sea del todo legítimo extraer la conclusión de que Jovellanos no tiene nada que ver con la filosofía ilustrada. Sería más lógico decir que no tiene nada que ver con lo que él considera como los vicios y abusos de unas personas concretas, sin que, por ello se rechacen los principios generales. Por otra parte, no debería olvidarse que este carácter crítico, independiente y negador de cualquier adscripción a un determinado sistema es uno de los rasgos más típicos de la filosofía ilustrada.

Sin querer, pues, entrar en polémicas del viejo estilo, sin manifestar, incluso, si tal filosofía es sensualista o ecléctica o tradicionalista o cualquier otra etiqueta radicalmente inapropiada o inexacta desde la propia perspectiva del autor mismo, tan reacio siempre a dejarse etiquetar o utilizar por unos u otros, sin entrar en demasiadas distinciones queremos analizar (y ello ocupara una buena parte del presente trabajo) la posible existencia, en la obra de Jovellanos, de unos verdaderos planteamientos filosóficos, de una verdadera antropología centrada en torno a las grandes categorías típicamente ilustradas: la racionalidad, la autonomía, la sociabilidad, la felicidad y el progreso 60 , que puedan hacer de Jovellanos "algo así como la figura paradigmática de la Ilustración Española" 61 .

56 Ibídem.

57 JOVELLANOS, Oración inaugural del Instituto Asturiano, BAE, XLVI, pg. 323.

58 JOVELLANOS, Memoria en defensa de la Junta Central, Apéndice XII: "Consulta sobre la convocación de las Cortes por estamentos", BAE, XLVI, pg. 599.

59 MENÉNDEZ PELAYO, M. Historia de los heterodoxos españoles, O.cit., tomo II, pg. 567.

60 Así lo reconoce también Abellán:

2.3. Jovellanos y la educación

No se puede decir que este aspecto del pensamiento de Jovellanos no haya sido estudiado 62 , o que el mismo Jovellanos no haya sido suficientemente explícito en el tratamiento del tema o en cuanto a la importancia que debe concederse a tal fenómeno.

Son muchas y de gran entidad las obras que Jovellanos dedicó a esta cuestión y que podríamos clasificar en los siguientes apartados, ordenando aquellas según la fecha en que fueron escritas:

a. Obras generales sobre la importancia y valor de educación.

1776. "Introducción a un discurso sobre el estudio de la Economía Civil" (BAE

LXXXVII, pgs. 7-17).

1781. "Discurso sobre los medios de promover la felicidad de aquel Principado"

(BAE L, pgs. 438-453).

1794. "Oración inaugural en la apertura del Real Instituto Asturiano" (BAE XLVI,

pgs. 318-326).

1794. "Informe sobre el expediente de Ley Agraria" BAE L, pgs. 79-138).

“La filosofía de Jovellanos se atenía a los principios teóricos generales de la Ilustración: el énfasis en el individuo como elemento primario de la sociedad y ente autónomo en el orden de la realidad, la felicidad como meta final del individuo y de la sociedad, cuya organización se ordenaba a aquel; y la razón como instrumento básico de acción que, mediante una transformación de la sociedad, debía conducir a la felicidad individual”. ABELLÁN, J. L. Historia crítica del pensamiento español, Madrid, Espasa Calpe, 1981, tomo 3, pg. 546.

61 Ibídem, pg. 523.

62 Sobre tal tema, y aunque muchas serán citadas en diferentes momentos de esta exposición, son dignas de tenerse en cuenta: ÁLVAREZ GENDÍN, S. "Jovellanos, didáctico", en Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, 1 (1947), pg. 3-19; BAREÑO, F. Ideas pedagógicas de Jovellanos, Gijón, 1910; CAPITÁN DÍAZ, A. Las teorías educativas de Jovellanos, Granada, Instituto de Ciencias de la Educación, 1979; CASO GONZÁLEZ, J. M. “Jovellanos y la reforma de la enseñanza”. Discurso de ingreso en el Instituto de Estudios Asturianos, leído el 29 de noviembre de 1968 y recogido en CASO GONZÁLEZ, J. M., De Ilustración e Ilustrados, Oviedo, IFES XVIII, 1988; CASO GONZÄLEZ, J. M. El pensamiento pedagógico de Jovellanos y su Real Instituto Asturiano, Oviedo Instituto de Estudios Asturianos, 1980; EMTRAMBASAGUAS, J. "La musa didáctica de Jovellanos", en Revista de la Universidad de Oviedo, 4 (1940), pgs. 5-43; GALINO, M. A. Tres hombres y un problema. Feijoo, Sarmiento y Jovellanos ante la educación moderna, Madrid, CSIC, 1953; GARCIA Y MOLINA-MARTELL, M. Jovellanos y la pública instrucción, Gijón, 1891; GÓMEZ CENTURIÓN, J. Jovellanos y los Colegios de las Ordenes Militares, Madrid, Fortanet, 1913; MOREL-FATIO, A. La satire de Jovellanos contre la mauvaise éducation de la noblesse, Burdeos, 1899; POLT, J. R. M. "Jovellanos y la educación", en El Padre Feijoo y su siglo, Oviedo, Cátedra Feijoo, 1966, tomo I; RÍO ALONSO, F. Ideas pedagógicas de Jovellanos, León 1909.

1796.

"Correspondencia con D. Manuel Godoy" 8BAE LXXXVI, pgs. 193-200).

1797. "Exposición hecha al Príncipe de la Paz como respuesta a los once puntos

sobre instrucción pública, a que se contraía la Real Orden que se le dirigió en 16 de Julio de 1797" 63 .

1802. "Memorias sobre educación pública" (BAE XLVI, pgs. 230-267).

---- "Borrador de un discurso sobre el influjo que tiene la instrucción pública en la prosperidad social" (BAE LXXXVII, pg.330).

b. Importancia de algunos saberes y disciplinas.

1780. "Discurso sobre la necesidad de unir al estudio de la legislación el de nuestra historia y antigüedades" (BAE XLVI, pgs 288-298).

1781. "Discurso sobre la necesidad del estudio de la lengua para comprender el

espíritu de la legislación" (BAE XLVI, pgs. 299-301).

1782. "Discurso sobre la necesidad de cultivar en el Principado el estudio de las

ciencias naturales" (BAE XLVI, pgs. 302-304).

1797. "Oración sobre la necesidad de unir el estudio de la literatura al de las

ciencias" (BAE XLVI, pgs 330-334).

1799. "Oración sobre el estudio de las ciencias naturales" (BAE XLVI, pg.335).

1800. "Discurso sobre el estudio de la geografía histórica" (BAE XLVI, pg. 325).

c. Planes de Estudio.

1790. "Reglamento literario e institucional para llevar a efecto el plan de estudios

del Colegio Imperial de Calatrava" (BAE XLVI, pgs. 169-229).

1793.

"Ordenanza para el Real Instituto Asturiano" (BAE L, pgs 398-420).

1798.

"Plan para la arreglar el estudio de las Universidades" (BAE LXXXVII, pg.

294).

63 Reseñado por SOMOZA, Inventario de un jovellaninsta, con el ord. 360; ARTOLA, M. (ed.) "Índice cronológico de la obra de Jovellanos" en BAE, LXXXVII, pg.461 y en "Memorias pedagógicas", Ibídem, pg.

293.

1798. "Plan para la educación de la nobleza y de las clases pudientes" (BAE

LXXXV, pg. 296).

1809. "Bases para la formación

XLVI, pg. 268).

de un plan general de instrucción pública' (BAE

d. Obras de valor o intención didáctica o metodológica.

1788. "Discurso sobre el lenguaje y estilo propio de un diccionario geográfico"

(BAE XLVI, pgs. 309-310).

1790.

"Carta a un catedrático de la Universidad de Salamanca" (BAE L, pgs 359-

360).

1794.

"Curso de humanidades castellanas" (BAE XLVI, pgs 101-150).

1794.

"Tratado del análisis del discurso" (BAE XLVI, pgs. 150-155).

1794.

"Rudimentos de gramática francesa" (BAE XLVI, pgs. 156-163).

1794.

"Rudimentos de gramática inglesa" (BAE XLVI, pgs.164-168).

1795.

"Carta al Dr. Prado sobre el método de estudiar el Derecho" (BAE L, pg.

145).

1801.

"Instrucción para la formación de un diccionario bable" (BAE L, pg. 205).

1804.

"Apuntamiento sobre el dialecto de Asturias" (BAE XLVI, pgs. 343-349).

1805.

"Instrucción a un joven teólogo sobre el método que debía observar para

perfeccionarse en el estudio de esa ciencia" (BAE XLVI, pg. 277).

e. Informes sobre situación de establecimientos educativos.

1775.

Informe sobre el patronato de las escuelas de Garayo" (BAE L, pg. 247).

1777.

"Informe sobre el estado de la Sociedad Médica de Sevilla y del Estudio

de Medicina en su Universidad" (BAE XLVI, pgs 279-282).

1790-1791. "Informe de la visita de los Colegios de las Ordenes Militares" (BAE LXXXVII, pgs. 160-205).

1794. "Relación de la apertura del Real Instituto Asturiano" (BAE LXXXVII, pgs.

257-258).

1794.

"Noticia del Real Instituto Asturiano" (BAE L, pgs. 379-398).

 

1807.

"Exposición

para

la

restauración

de

los

estudios

en

el

Instituto

y

terminación del nuevo edificio" (BAE LXXXVI, pg. 259) 64 .

De todas formas, no es solamente este volumen de trabajos lo que hace de Jovellanos uno de los personajes más notables en la historia del pensamiento educativo en España, puesto que podríamos entresacar de su inmensa obra un número parecido de escritos sobre otros temas distintos. La auténtica razón es que tal cuestión se va convirtiendo, en su propia evolución ideológica, en el problema central al que todos los demás hacen referencia, como fuente primera y fundamental no sólo del progreso y prosperidad social, sino incluso del perfeccionamiento moral del individuo y de la conquista de su propia felicidad, del cumplimiento de su último destino como hombre, enlazando, en fin, con una auténtica visión antropológica del problema, una complejidad y una riqueza inmensamente mayor de la que tendría bajo su estricta consideración social o política.

64 BAE, LXXXVI, pg. 259. Además de estas obras, SOMOZA, J. (Inventario de un jovellanista, Madrid, 1901) dejó constancia de las siguientes obras de Jovellanos relacionadas con el tema:

Dos planes sobre instrucción pública (338). Conversaciones sobre instrucción pública, considerada en relación con la prosperidad de los Estados

(339).

Plan para la introducción a ciertas obras sobre instrucción pública (340). Un diálogo filosófico acerca del saber estudiar y discurrir (341). Discurso sobre los impedimentos para la instrucción pública (343). Discurso sobre la perfectibilidad de la especie humana y objeto de la instrucción con respecto a ella

(344).

Meditación sobre que el primer objeto de la instrucción pública debe ser la perfección del hombre (346). Apuntamientos para la historia de nuestra instrucción española (347). Apuntamiento sobre la importancia de la educación y acerca de la infancia (349). Además de estas obras en la que se trata de una forma sistemática el tema, pueden encontrarse innumerables referencias, sobre todo al tema del Real Instituto Asturiano, en muchas de sus Cartas y en los Diarios, como señalaremos en su momento.

2.4. Filosofía y Educación en Jovellanos

Podría parecer ( y me gustaría evitarlo) que el presente estudio no es otra cosa que una vuelta más al pensamiento y la práctica educativa de Jovellanos, cuestión estudiadaya con amplitud y sobrado magisterio.

Sobre los aspectos educativos de la obra de Jovellanos, las orientaciones predominantes de los estudios clásicos sobre el tema van en el sentido de manifestar intuiciones y capacidad didáctica de Jovellanos: Álvarez Gendín 65 , Entambasaguas 66 ; los enfoques políticos, en cuanto defensa de un modelo de instrucción pública: García y Molina-Martell 67 ; sus dimensiones y valores estrictamente pedagógicos: Río Alonso 68 , Bareño 69 . Por otra parte, en todos estos casos, el tiempo transcurrido desde la publicación de estas obras hasta hoy hace que sus conclusiones y planteamientos nos parezcan menos vigentes que las mismas obras de Jovellanos.

Mención especial merecen, sin duda alguna los estudios de Caso 72 .

Galino 70 , Polt 71 y

65 ÁLVAREZ GENDÍN, S. "Jovellanos didáctico", en Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, 1 (1947), pgs. 3- 19. Se trata de un breve estudio en el que se hace un recuento de las obras de Jovellanos dedicadas a la educación en sus distintos niveles.

66 ENTRAMBASAGUAS, J. "La musa didáctica de Jovellanos", en Revista de la Universidad de Oviedo, 4 (1940), pgs. 5-43. Con la extensión que permite un discurso, se vierten juicios de valor contra la influencia, considerada nefasta, de la Ilustración y se llega a comparar la invasión napoleónica con las pretensiones de "los rojos".

67 GARCÍA Y MOLINA-MARTELL, M. Jovellanos y la pública instrucción, Gijón, 1891.

68 RÍO ALONSO, F. Ideas pedagógicas de Jovellanos, León, 1909.

69 BAREÑO Y ARROYO, F. Ideas pedagógicas de Jovellanos, Gijón, Imprenta la Fe, 1910.

70 GALINO, M. A. Tres hombres y un problema: Feijoo, Sarmiento y Jovellanos ante la educación moderna, Madrid, CSIC, 1953. También aquí se estudian los aspectos puramente pedagógicos de su pensamiento, aunque ya se reconoce que tal problema está en íntima relación con el núcleo central de su personalidad:

"Nuestro cometido se limita a recoger y fijar el pensamiento pedagógico del vate gijonés, tratando de esclarecer las corrientes ideológicas que lo inspiran. Si por las exigencias peculiares de los objetivos pedagógicos, ello nos enfrenta con el yo más íntimo de Jovellanos y nos obliga a tocar las ideas clave de sus doctrinas, no rehusaremos el encuentro con el núcleo central de esta personalidad. Antes bien; creemos que el estudio de su programa educativo puede contribuir a la comprensión de otros aspectos del gran polígrafo" (pg. 195).

71 POLT, J. H. R. “Jovellanos y la educación”, en El P. Feijoo y su siglo, Universidad de Oviedo, 1966, tomo II, pgs. 315-338.

Sin embargo, creo que el presente trabajo puede ocupar su propio lugar en esa parcela de la investigación jovellanista que intente descubrir la relación entre la antropología implícita en su obra, las implicaciones concretas que tal antropología conlleva en el concepto, alcance y orientaciones de la educación que defiende Jovellanos y las aplicaciones de tal filosofía de la educación en las experiencias y proyectos a los que nuestro autor dedicó la mayor parte de su tiempo y de sus entusiasmos.

No se trata, por tanto, de un simple estudio de Historia de las Instituciones Educativas en el Siglo XVIII español (aunque tenga algo de ello) o de las reformas que, en este campo, realizó Jovellanos. No se trata del análisis de la Teoría educativa implícita en las obras de Jovellanos (aunque también tenga algo de ello), aspecto que ya ha sido estudiado con anterioridad.

Se trata de defender con contundencia que, por debajo de las realizaciones y reformas, que dando consistencia a la teoría educativa, existe en Jovellanos una fuerte y rigurosa Filosofía de la Educación, estructurada bajo la forma de una Antropología Filosófica completa y sistemática, que sirve de justificación, base y sustento de la Teoría de la Educación y de las realizaciones concretas.

La verdadera novedad está en la mirada filosófica, en la consideración, desde la Filosofía, del “corpus” filosófico existente en el pensamiento de Jovellanos que hace que pueda ser considerado no sólo como uno de nuestros grandes reformadores educativos, sino como uno de los máximos representantes de la Filosofía de la Educación entre nosotros

Coherentemente con lo dicho hasta aquí, parece lógico estructurar la exposición en tres grandes bloques:

En el primero se pretende descubrir si existen unos planteamientos antropológicos en Jovellanos que respondan a los grandes presupuestos de la Ilustración: el hombre racional, el hombre como ser autónomo y el hombre como ser social, integrando en estos presupuestos lo que se ha considerado, tantas veces, como las notas fundamentales de la razón ilustrada (carácter experimental, crítico, dinámico y laico).

En el segundo bloque, se pretende descubrir si las teorías educativas de Jovellanos hacen referencia directa a esa concepción antropológica, de forma que pueda

72 CASO, J. M. El pensamiento pedagógico de Jovellanos y su Real Instituto Asturiano, Oviedo, Instituto de Estudios Asturianos, 1980; CASO, J. M. "Jovellanos y la reforma de la enseñanza" en De Ilustración y de Ilustrados, Oviedo, Instituto Feijoo de Estudios del siglo XVIII (antes CES XVIII), 1988, pgs. 225-333. Posteriormente a la redacción de este trabajo, puede verse CASO, J. M. “Un ejemplo de secularización en la enseñanza: El Real Instituto Asturiano”, en La secularización de la cultura española en el Siglo de las Luces, Actas del Congreso de Wolfenbüttel, Wiesbaden, 1992

hablarse de una Filosofía de la Educación cuyos pilares sean: una educación para la razón, una educación para la autonomía, una educación para la convivencia y transformación de la sociedad.

En el tercer bloque se pretende descubrir si en las actividades y proyectos educativos de Jovellanos intentan materializarse estos principios y objetivos generales en prácticas y orientaciones concretas.

CAPÍTULO II. ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA EN LA OBRA DE JOVELLANOS

1. El hombre como ser racional. 1.1 La razón ilustrada.

1.2. La razón experimental.

a) La necesidad como impulso.

b) La sensación como frente de conocimiento.

c) La física como paradigma.

d) La Metafísica como ilusión.

1.3. La razón dinámica.

a) El progreso como ley.

2. El hombre como ser autónomo.

2.1. Razón crítica.

a) Crítica contra la escolástica.

b) Crítica contra la ignorancia, la superstición y la dominación irracional.

2.2. Razón Ética.

3. El hombre como ser social.

3.1. La naturaleza como patria.

3.2. El hombre como ciudadano.

3.3. La sociedad como institución original.

3.4. La historia como camino social hacia la felicidad y la paz.

El hombre, ved aquí el rey de la tierra y el término de vuestros estudios. Vedle colocado en el centro de todas las relaciones que presenta la armonía del universo. El es la única criatura capaz de comprender esta armonía, y de subir por ella hasta el supremo Artífice que la ordenó. Derramado por la superficie del globo, capaz de habitar todos sus climas, dotado de la organización más exquisita y de la forma más augusta, aparece en todas partes destinado a dominar la tierra. Firme y erguido entre los demás seres, su aspecto mismo anuncia su superioridad. Ved cuán excelsa se levanta su frente al empíreo en busca de objetos dignos de su contemplación, y cómo sus ojos penetrantes circundan de un vuelo los dilatados horizontes y las bóvedas celestes. Habla, y todo viviente reconoce la voz de su señor, y viene humilde a su morada para ayudarle y enriquecerle, o tímido se esconde, respetando su imperio. No le resiste el rinoceronte en los umbríos bosques, ni la garza en la sublime región del viento, ni el leviatán en el profundo de los mares. Todo se le rinde; a su albedrío está el planeta en que tiene su morada, y ya le veis penetrar sus abismos, remover sus montes, levantar sus ríos, atravesar sus golfos, ya remontarse a las nubes para colocar su trono entre los cielos y la tierra. Su mano es instrumento admirable de invención, de ejecución, de perfección, capaz de mejorar la naturaleza, de dirigir sus fuerzas, de aumentar y variar y transformar sus producciones, y de someterlas a sus deseos. Su palabra, vínculo inefable de unión y comunicación con su especie, le da la portentosa facultad de analizar y ordenar el pensamiento, pronunciarla al oido, pintarle a los ojos, difundirle de un cabo al otro de la tierra, y transmitirle a las generaciones que no han nacido aún. Sobre todo, su alma; ved aquí el más sublime de los dones con que plugo al Altísimo enriquecer al hombre, y el que corona todos los demás; su alma, destello de la luz increada, purísima emanación de la eterna Sabiduría, sustancia simple, indivisible, inmortal, que anima y esclarece la parte corpórea y perecedera de su ser, y encaramándola sobre toda la naturaleza visible, la acerca y asimila a las supremas inteligencias. Más aguda que la saeta en penetración, más veloz que el rayo en su movimiento, más extendida que los cielos en su comprensión, abraza de una ojeada todos los seres, penetra sus propiedades, sus analogías, sus relaciones, y subiendo hasta la razón de su existencia, ve en ella la gran cadena que los enlaza, y columbra la mano omnipotente que la sostiene."

JOVELLANOS, Discurso sobre el estudio de las Ciencias Naturales.

1. EL HOMBRE COMO SER RACIONAL

1.1. La Razón Ilustrada

En la nueva antropología que pretende elaborar la Ilustración parece aceptarse, como uno de los elementos básicos de partida, la decidida afirmación del hombre como ser racional: la razón es nuestro elemento distintivo con respecto al resto de los seres 1 , el principio de nuestra superioridad y dominio sobre la naturaleza y, como consecuencia, el origen de nuestra responsabilidad frente al resto de los seres naturales 2 .

La razón se convierte, por tanto, en la palabra clave, en el concepto típico, en el anhelo y proyecto radical de toda acción individual, social o política. La razón quiere presentarse, como se verá más adelante, como la fuerza emancipadora frente a las tutelas y cadenas irracionales por las que el hombre y los pueblos se encuentran atados y sometidos a un miserable y culpable estado de minoría de edad, ignorancia y retraso 3 . La razón es la fuerza que nos permite recuperar la grandeza cosmológica perdida, al darnos acceso directo al conocimiento de las grandes leyes y principios por los que se rige la gran máquina del Cosmos.

El siglo XVIII ha sido llamado, por todas estas razones, el siglo de la razón. Pero esta proclamación del primado de la razón no era original: el siglo XVII había sido ya racionalista. Descartes ha sido presentado siempre como el prototipo de filósofo racionalista. Así pues, podríamos preguntarnos con Cassirer por la

1 JOVELLANOS, Memoria sobre educación pública, BAE, XLVI, pg.232: “A él sólo dotó el Supremo Hacedor de razón, o por lo menos de una razón perfectible”.

2 JOVELLANOS, Oración inaugural en la apertura del Real Instituto Asturiano, BAE, XLVI:

"Reconozcamos, pues, que no teniendo otra superioridad que la de nuestra razón, si por ella dominamos en la naturaleza, debemos también dominar según ella" (pg. 318).

3 Este conocido planteamiento de Kant en su ensayo. “¿Qué es la Ilustración? (KANT, Filosofía de la Historia, Madrid, FCE, 1981) será comentado con mayor amplitud al hablar del hombre como ser autónomo.

diferencia específica entre ambos siglos, por aquellos aspectos que nos permiten aplicar al siglo XVIII la designación de Siglo de la Razón o Siglo de la Filosofía, como si se tratase de aspectos que le conceden una cierta singularidad en el gran panorama de la historia del pensamiento occidental 4 . A estas preguntas podríamos añadir otras parecidas por nuestra propia cuenta: ¿se siente la Ilustración heredera de Descartes?, ¿qué aspectos de aquellos planteamientos parecen mantenerse?, ¿puede hablarse de continuidad o debería, más bien, defenderse la existencia de una ruptura radical entre la orientación filosófica de ambos siglos?

En cuanto a la consideración de la figura de Descartes por parte de los principales ilustrados convendría hacer varias matizaciones: Los ilustrados

franceses (Voltaire, y D'Alembert, sobre todo) mantienen frente a la figura y a la significación de Descartes una doble valoración, según se considere su aportación

a la geometría o a la filosofía. Por una parte, se le reconocen un cúmulo de

cualidades naturales imprescindibles para su tarea de transformación de la filosofía y que parecen extraordinariamente próximas a la propia actitud de los pensadores ilustrados (inteligencia, independencia, capacidad reflexiva y crítica

contra los prejuicios comúnmente admitidos) 5 . Pero, sobre todo, se quiere ver en él

la ruptura con los planteamientos escolásticos, el haber conseguido que llegase "la

razón a despuntar un poco en el mundo a través de las tinieblas de la Escuela y los prejuicios de la superstición popular" 6 , haberse atrevido "a enseñar a las buenas cabezas a sacudirse el yugo de la escolástica, de la opinión, de la autoridad; en una palabra, de los prejuicios y de la barbarie y, con esta rebelión cuyos frutos recogemos hoy, ha hecho a la filosofía un servicio más esencial quizá que todos los que ésta debe a los ilustres sucesores de Descartes" 7 .

4 CASSIRER. E. La filosofía de la Ilustración, O. cit., pg. 21: “¿Dónde encontrar esta diferencia específica para el siglo XVIII? Si él se llama a sí mismo el siglo de la razón y de la filosofía ¿dónde reside lo singular y determinante de esta designación?".

5 D'Alambert no duda en reconocer que Descartes estaba dotado de "todo lo que hacía falta para

transformar la faz de la filosofía: una imaginación poderosa, una inteligencia muy consecuente, conocimientos sacados de sí mismo más que de los libros, mucho valor para combatir los prejuicios más generalmente admitidos

y ninguna clase de dependencia que le obligara a tratarlos con miramiento" D'ALEMBERT, Discurso preliminar de

la Enciclopedia, (1751), Buenos Aires, Aguilar, 1974, pg. 100. El mismo Voltaire, mucho más cáustico y quizá,

más simplista en sus juicios sobre Descartes, no deja de reconocer igualmente el poder de su "imaginación viva

y fuerte, que hizo de él un hombre singular tanto en su vida privada como en su manera de razonar" VOLTAIRE, Cartas Filosóficas, (1734), Madrid, Editora Nacional, 1976, carta 14, pg. 118.

6 VOLTAIRE, Ibídem, pg. 119.

7 D'ALEMBERT, Ibídem, pg. 103.

Por si esta aportación pudiera parecer escasa, los ilustrados franceses no dudan en reconocerle otros dos méritos transcendentales: El haber aplicado el álgebra a la Geometría, "una de las ideas más vastas y afortunadas que el intelecto humano haya concebido jamás" 8 y la invención de un nuevo método "que hubiera bastado para inmortalizarlo" 9 .

Sin embargo, estos innegables valores se ven oscurecidos, desde la óptica ilustrada, por los errores en el campo de la metafísica a los que se vio abocado cuando, abandonando la guía de la Geometría, "se entregó al espíritu de sistema", momento a partir del que toda su filosofía se convierte en una "novela ingeniosa" para ignorantes 10 .

Una consideración menos matizada se tuvo de Descartes en el ámbito del pensamiento español. A pesar de que, a veces, se haya querido defender la existencia de un "cartesianismo español" 11 , lo cierto es que, siguiendo la opinión de J. L. Abellán, O. Quiroz-Martínez y L. Martínez Gómez, Descartes nunca tuvo una gran difusión entre nosotros. Como en tantos otros casos, fue más utilizado que leído; fue en muchas ocasiones, "una simple bandera de un movimiento que tiene estrictamente poco de cartesiano" 12 ; fue, sobre todo, la acusación

8 D'ALEMBERT, Ibídem, pg. 101. Voltaire defiende la misma idea cuando dice: "Descartes ha hecho tanto camino desde el punto en que encontró la Geometría hasta el punto en que la llevó, como Newton ha hecho tras de él". VOLTAIRE, Cartas Filosóficas, O. cit., pg. 121.

9 D'ALEMBERT, Ibídem, pg. 102.

10 Sirvan como resumen de esta valoración las mismas palabras de Voltaire:

"Entonces su filosofía no fue más que una novela ingeniosa y todo lo más verosímil para los ignorantes. Se engañó sobre la naturaleza del Alma, sobre las pruebas de la existencia de Dios, sobre la materia, sobre las leyes del movimiento, sobre la naturaleza de la luz; admitió ideas innatas, inventó nuevos elementos, creó un mundo, hizo al hombre a su modo, y se dijo con razón que el hombre de Descartes no es en efecto más que el de Descartes, muy alejado del hombre verdadero. Llevó sus errores metafísicos hasta pretender que dos y dos no hacen cuatro más que porque Dios lo ha querido así. Pero no es decir demasiado afirmar que era estimable incluso en sus desvaríos. Se engañó, pero lo hizo al menos con método y con un espíritu consecuente; destruyó las quimeras absurdas con las que se engañaba a la juventud desde hace dos mil años; enseñó a los hombres de su tiempo a razonar y a servirse contra él mismo de sus armas. Si no pagó con moneda buena, ya es mucho que denunciase la falsa" VOLTAIRE, Cartas Filosóficas, O. cit., pgs. 121-122.

11 Expresión acuñada y defendida con matizaciones por CEÑAL, R. "Cartesianismo en España. Notas para su historia (1650-1750)", en Revista de la Universidad de Oviedo, 1945, pgs. 16-17.

12 ABELLÁN, J. L. y MARTÍNEZ GÓMEZ, L. El pensamiento español. De Séneca a Zubiri, Madrid, UNED, 1977. ABELLÁN, J. L. Historia crítica del pensamiento español, Madrid, Espasa Calpe, 1981, tomo III, pg. 344.

pretendidamente insultante, lanzada por los escolásticos contra aquellos pensadores que, manteniendo una postura crítica frente a la escolástica y una abierta admiración por la ciencia y el pensamiento moderno, eran conocidos despectivamente como "novadores" 13 ; acusación y nombre terribles en un tiempo y en un país en el que el menor atisbo de novedad era considerado por ciertos sectores, cuando menos, como sospechoso. Con todas estas connotaciones eran igualmente etiquetados como "cartesianos" 14 y pertenecientes a la siniestra secta capitaneada por Descartes 15 y en la que se encontraban revueltos, como paradigma de todos los errores, autores tan diversos como Descartes, Newton o Leibniz 16 . Y, lo que resulta más curioso, hasta los mismos pensadores ilustrados españoles, acostumbrados sin duda a esta denominación emblemática citan a veces a todos estos autores como si formaran un grupo compacto, utilizándolos también como puntos de adscripción de una posición ideológica en la que se hace referencia más explícita a lo que se ataca que a lo que positivamente se defiende.

Reconocida, de todas formas, la gratitud debida a Descartes y disculpados, incluso, sus errores como el riesgo inevitable de aquellos pioneros que roturan

QUIROZ MARTÍNEZ, O. V. La introducción de la filosofía

1949.

moderna en España, México El Colegio de México,

13 MINDÁN MANERO, M. "La filosofía española en la primera mitad del siglo XVIII", en Revista de Filosofía, nº 46 (1953), pg. 439:

“La palabra novador, con que suelen llamar a los partidarios de la nueva filosofía, ofende a estos gravemente, seguramente porque con ella se solía designar a los heterodoxos modernos; por eso se defienden contra ella queriendo asegurar que son tan buenos católicos como los escolásticos y que pueden defender la fe con sus teorías quizá con más vigor que los otros con la suya".

14 ABELLÁN, J. L. y MARTÍNEZ GÓMEZ, L. El pensamiento español. De Séneca a Zubiri, Madrid, UNED, 1977, pg. 244: "Se les dio, por lo común, el nombre de "cartesianos", pero esto sólo equivalía al de antiaristotélicos".

15 QUIROZ-MARTÍNEZ, O. V., La introducción de la filosofía moderna en España, México, El Colegio de México, 1949, pg. 145: "En España se tenía una idea siniestra de Descartes, y se le atribuían todas las novedades que aparecían".

16 El P. Isla, hablando de Gómez Pereira dice "que fue el verdadero patriarca de los Descartes, de los Newton, de los Boyles y de los Leibnistzes" (ISLA, J. Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, (1757), BAE, XV, pg. 88. El mismo tono jocoso emplea Javier Munibe de Idiaquez, conde de Peñaflorida cuando replica a Isla en defensa de los filósofos modernos utilizando la misma terminología: "¿Dice vuestra merced que de dónde habrá sacado el buen cura la erudición de que Antonio Gómez Pereira sea el original de los Bacones, de los Gasendis, de los Cartesios, de los Newtones, etc" (MUNIBE, J. Los aldeanos críticos, BAE, XV, pg. 375. Carta III, 18 de Abril de 1758. Se comentarán, de nuevo estos pasajes al hablar de la Física como saber paradigmático de la Ilustración.

nuevas tierras y campos de conocimiento 17 , los pensadores ilustrados (y en esto existe una compartida admiración entre los ilustrados franceses y españoles) se sienten directamente herederos del legado de Locke y Newton.

D'Alembert presenta a Newton en el Discurso preliminar a la Enciclopedia como el genio salvador de la Filosofía y de la Física, que desterró las vagas conjeturas y las sometió al único y eficaz imperio de la experiencia y la geometría 18 . El inmenso mérito de Newton no sólo consistió en haber hecho comprensible el funcionamiento de la inmensa máquina del cielo sino, sobre todo, en haber propuesto el medio para alcanzarlo: la proclamación de la experimentación como camino y método del razonar que demuestra su utilidad en el descubrimiento de las leyes que rigen los espacios infinitos y le devuelve al hombre el sentimiento de su dignidad perdida 19 .

Pero Newton no fue el único, desde la perspectiva de los Ilustrados, que abrió de par en par las puertas de la verdad. Utilizando, una vez más, las palabras de D'Alambert debería decirse que "lo que Newton no se atrevió a hacer, o acaso no pudo hacer, Locke lo emprendió y lo realizó con éxito. Puede decirse que creó la metafísica como Newton había creado la física" 20 . Locke, juntamente con Newton, supone, pues, la plenitud y superación de ese espíritu, de esa nueva manera de filosofar que había comenzado con Descartes y cuya antorcha iluminadora creen los ilustrados haber recibido con la misión casi profética de difundir las luces en medio de tanta oscuridad de rutina, superstición e ignorancia.

17 VOLTAIRE, Cartas Filosóficas, O. cit., pg. 121:

“si se equivocó en algunas cosas, es porque un hombre que descubre nuevas tierras no puede de golpe conocer todas sus propiedades; los que vienen detrás de él y convierten esas tierras en fértiles, le deben al menos el mérito del descubrimiento".

18 D'ALEMBERT, Discurso preliminar a la Enciclopedia, O. cit., pg. 104:

"Apareció Newton en fin, a quien había preparado el camino Huyghens, y dio a la filosofía una forma que parece debe conservar. Este gran genio vio que ya era hora de desterrar de la física las conjeturas y las hipótesis vagas, o al menos de no tenerlas más que en lo que valían y que esta ciencia debía estar únicamente sometida a las experiencias y a la geometría".

19 HULL, L. W. H. Historia y filosofía de la ciencia, Barcelona, Ariel, 1978, pg. 224:

"La mecánica aceptaba la nueva descripción del cosmos más como un estímulo para la acción que como una razón para desesperar. Mostraba cómo a pesar de su insignificancia, los hombres podían aprender a predecir el comportamiento del extraño medio que tanto les impresionaba por su vasta complejidad".

20 D'ALEMBERT, Discurso Preliminar a la Enciclopedia, O. cit., pg. 107. Igualmente podríamos citar el juicio de Voltaire, decidido admirador de Locke: "Cuando tantos razonadores habían hecho la novela del alma, ha venido un sabio, que modestamente ha hecho su historia" VOLTAIRE, Cartas filosóficas, O. cit., pg. 93.

Partiendo de esta múltiple y matizada herencia recibida por la Ilustración pueden extraerse las semejanzas y diferencias entre lo que parece entender por razón el racionalismo del siglo XVII y los ilustrados del XVIII:

Para los grandes sistemas del XVII, la razón es un don gratuito, una posesión específica del hombre que nos da una inmensa seguridad puesto que, incluso en el corazón mismo de la duda, procediendo a una radical introspección, liberándonos del dictado engañoso de los sentidos, utilizando un método deductivo (de probada eficacia en el riguroso mundo de las matemáticas) encontramos en nosotros mismos la luz indudable de las verdades innatas que nos abren el camino hacia la región de las verdades eternas, de las esencias absolutas, hacia "el reino de lo inteligible, de lo suprasensible puro" 21 .

Frente a esta concepción, el siglo XVIII, sin renunciar ni a un sólo ápice en el convencimiento del poder de la razón para explicar y transformar la realidad, para hacer el mundo más comprensible y más habitable, para hacer al hombre

bueno y más feliz. Sin renunciar a nada de ello, difiere

notablemente en el concepto, alcance y método de dirigir la razón humana.

más sabio, más

La razón ilustrada no es tanto (y en ello se sigue también el discurso de Cassirer) un depósito de verdades, de evidencias, no es el cofre escondido en el que se guardan las verdades, sino, sobre todo, una conquista, una tarea, un reto que imprime a nuestra acción una compleja carga de energía, esperanza y riesgo 22 . Es esa energía por la cual el filósofo "camina en la noche pero precedido de una luz" 23 . No supone el hallazgo definitivo de la verdad, el descubrimiento de las verdades eternas, de las esencias absolutas, no nos conduce al reino de lo suprasensible, no nos abre el camino hacia otros mundos, pero nos permite abrigar la esperanza de que podremos conocer el nuestro, de que podremos llegar al descubrimiento de los principios unitarios explicativos de los fenómenos, en apariencia distintos e irreductibles, en el ámbito de la naturaleza, las operaciones psíquicas, el Estado o la sociedad.

21 CASSIRER, E. La filosofía de la Ilustración, O. cit., pg. 28. Todo el capítulo I "La forma de pensamiento en la Época de la Ilustración" es un aquilatado análisis de las diferencias en cuanto al concepto, alcance y método de la razón entre los siglos XVII y XVIII. A él nos remitimos en esta esquemática exposición.

22 Este sería el sentido de la, tantas veces repetida, sentencia de Lessing de que hay que buscar la fuerza de la razón no en la posesión de la verdad, sino en su conquista.

23 DIDEROT y D'ALEMBERT, Encyclopédie, O. cit., voz "philosophe".

Animados, pues, por esta energía y esperanza, los pensadores ilustrados pretenden hacer su camino de forma radicalmente nueva: despojados de cualquier seguridad inicial, de cualquier tutela irracional y empujados por el motor de las necesidades profundamente sentidas, de las inseguridades que atenazan, apoyándose en el único bastón seguro en medio de la noche (la experiencia y la observación), utilizando el método analítico (que ha demostrado su eficacia en el conocimiento de las leyes por las que se rige la compleja máquina del cielo), llegaremos al conocimiento, control, dominio y transformación del mundo natural.

Tras esta exposición introductoria, esquemática y general, sería lógico preguntarnos si Jovellanos, a quien hemos supuesto como paradigma de pensador ilustrado, participa de esta concepción ilustrada de la razón. Sin entrar en demasiados pormenores en este momento, ya que deberán ser objeto de un análisis más detenido en los apartados siguientes, interesa decir que encontramos en sus obras, indiscutiblemente trazados, muchos de estos rasgos característicos:

La razón como facultad específicamente humana 24 .

La razón como facultad, posibilidad y energía 25 .

La razón como capacidad especialmente apta para el conocimiento de la naturaleza, lo que marca su grandeza 26 y sus limitaciones 27 .

24 JOVELLANOS, Oración inaugural a la apertura del Real Instituto Asturiano, (1794), BAE, XLVI, pg. 320:

"Dotados de una razón clara y penetrante, y de un espíritu capaz de remontarse a los altos principios de las ciencias". JOVELLANOS, Memoria sobre educación pública, (1802), BAE XLVI, pg. 232: "A él sólo dotó el Supremo Hacedor de razón, o por lo menos de una razón perfectible".

25 JOVELLANOS, Oración inaugural a la apertura del Real Instituto Asturiano, O.cit., pg. 320:

"Empecemos pues perfeccionando esta razón, cuya excelencia no se cifra tanto en su vigor cuanto en la facultad de adquirirle, no tanto en su perfección cuanto en su perfectibilidad. Débil y tenebrosa mientras se abandona a su natural pereza, se fortifica y extiende en el ejercicio de sus facultades, hasta que remontada sobre la naturaleza, se lanza a la contemplación de las verdades más sublimes y más distantes de ella".

JOVELLANOS, Memoria sobre educación pública, O. cit. pg. 252:

esta facultad no supone

"Esta razón no es un ser, sino una cualidad o facultad de nuestra alma, ( conocimientos, sino disposición para adquirirlos".

)

26 JOVELLANOS, Oración inaugural a la apertura del Real Instituto Asturiano, O. cit. pg. 320:

"Sin duda que el hombre nació para estudiar la naturaleza. A él sólo fue dado un espíritu capaz de comprender su inmensidad y penetrar sus leyes; y él sólo puede reconocer su orden y sentir su belleza, él sólo entre todas las criaturas. ¿Hay otra por ventura capaz de abrazar este sistema de unión y de armonía en que están enlazados todos los entes, desde los brillantes escuadrones de estrellas que vagan por el inmenso cielo, hasta el más pequeño átomo de materia que duerme en el corazón de los montes?".

27 JOVELLANOS, Oración sobre el estudio de las Ciencias Naturales, (1799). BAE XLVI, pg. 337: "La razón os fue dada para alcanzar una parte de ellas <las maravillas de la naturaleza>".

La razón como capacidad perfectible, pero también falible 28 si no se ocupa de objetos adecuados 29 , si no es auxiliada por la instrucción 30 , si no se pone "en comercio" con la naturaleza 31 , si no se utiliza un método basado en "la antorcha de la experiencia y la observación 32 .

Difícilmente podría encontrarse una formulación más concisa y clara de todo este planteamiento que la que presenta Jovellanos en su Elogio de Carlos III, obra en la que se sobrepasa el puro estilo del panegírico inventado por la "tímida antigüedad" para convertirse en un verdadero texto programático de las ideas, proyectos, objetivos y métodos de la Ilustración. Allí, en muy pocas líneas, defiende Jovellanos puntos esenciales:

El hombre nace ignorante y débil.

El

tiempo

y

la

observación

le

conocimientos útiles.

permitieron

la

lenta

conquista

de

Estos conocimientos fueron la causa principal de la supervivencia y multiplicación de la especie humana.

Dios dio al hombre la razón como suplemento a su debilidad.

28 JOVELLANOS, Oración inaugural a la apertura del Real Instituto Asturiano, O. cit. 320:

cuanto en señalaros los riesgos y precipicios

la imaginación

suele engañarla, y las pasiones la extravían a cada paso. ¡Qué de precauciones, qué de apoyos no necesita para seguir constantemente el único camino que guía a la verdad y para no perderse en los infinitos senderos del error!".

29 Tales objetos parecen ser, como ya se dijo anteriormente, y como Jovellanos repite en varias ocasiones, la naturaleza, el hombre y Dios. Pero, sin duda el primero en esta escala de conocimiento es la naturaleza "cuyo conocimiento es el más connatural, el más agradable, el más provechoso y aún necesario al hombre" (JOVELLANOS, Memoria sobre educación pública, O. cit. pg. 251). Pero, en general, el objeto directo y apropiado a la razón humana es el amplio campo de "las cosas que percibimos por los sentidos o deducimos por la reflexión" (JOVELLANOS, Ibídem, pg. 240), en una frase en la que se descubre con toda claridad el influjo directo de Locke, como se dirá más adelante.

30 JOVELLANOS, Ibídem, pg. 231:

"¿No es la instrucción la que desenvuelve las facultades intelectuales y la que aumenta las fuerzas físicas del hombre? Su razón sin ella es una antorcha apagada; con ella alumbra todos los reinos de la naturaleza y descubre sus más ocultos senos, y la somete a su albedrío".

31 JOVELLANOS, Oración sobre el estudio de las Ciencias Naturales, O. cit. pg. 335:

"Mi voz no se ocupará tanto en excitar vuestra aplicación (

)

que están en su orilla, y las oscuras e intrincadas trochas en que podéis extraviaros. (

)

"la naturaleza está muda si no se pone en comercio con la razón".

32 Serían innumerables las citas que podrían traerse aquí, pero tiempo habrá en su momento. Sirva, sobre todo, su largo alegato, analizado más adelante, en JOVELLANOS, Oración sobre el estudio de las Ciencias Naturales, O. cit. pg. 336.

La razón permite, por la observación y el estudio, comprender y dominar la naturaleza, engrandecer al hombre, perfeccionar su razón y sujetar "la felicidad a su albedrío" 33 .

Veamos ahora, de forma más detallada, cómo se plasman y articulan estas características de la razón ilustrada en el pensamiento de Jovellanos para configurar esa antropología y filosofía de la educación que es el objeto último de esta exposición.

1.2. La razón experimental

El enorme entusiasmo que desborda y contagia el siglo XVIII no puede deberse tanto a los grandes hallazgos alcanzados ya que, incluso en este punto, parece existir la conciencia generalizada de encontrarse en los principios de una nueva era gloriosa, en el umbral de los grandes conocimientos. La enorme admiración que los ilustrados sienten por Newton no se basa tanto en sus conquistas, sino en la puerta que nos abre para el conocimiento de la realidad natural a través del uso del método experimental 34 . Solamente por esta vía experimental, la razón desplegará toda su inmensa potencialidad.

Resultaría difícil encontrar en Jovellanos una convicción más firmemente asentada y más ardorosamente defendida que su decidido rechazo del método deductivo (en el estudio de la naturaleza, al menos) y su defensa del método experimental.

33 JOVELLANOS, Elogio de Carlos III, (1788) BAE XLVI, pg. 314:

"El hombre, condenado por la providencia al trabajo, nace ignorante y débil. Sin luces, sin fuerzas, no sabe dónde dirigir sus deseos, dónde aplicar sus brazos. Fue necesario el transcurso de muchos siglos y la reunión de una muchedumbre de observaciones para juntar una escasa suma de conocimientos útiles a la dirección del trabajo y a estas pocas verdades debió el mundo la primera multiplicación de sus habitantes. Sin embargo, el Creador había depositado en el espíritu del hombre un grande suplemento a la debilidad de su constitución. Capaz de comprender a un mismo tiempo la extensión de la tierra, la profundidad de los mares, la altura e inmensidad de los cielos; capaz de penetrar los más escondidos misterios de la naturaleza entregada a su observación, sólo necesitaba estudiarla, reunir, combinar y ordenar sus ideas para sujetar el Universo a su dominio. Cansado al fin de perderse en la oscuridad de las indagaciones metafísicas, que por tantos siglos habían ocupado estérilmente su razón, vuelve hacia si, contempla la naturaleza, crea las ciencias que la tienen por objeto, engrandece su ser, conoce todo el vigor de su espíritu, y sujeta la felicidad a su albedrío".

34 D'ALEMBERT, Discurso preliminar a la Enciclopedia, O. cit., pg. 104:

"Este gran genio vio que ya era hora de desterrar de la física las conjeturas y las hipótesis vagas, o al menos de no tenerlas más que en lo que valían, y que esta ciencia debía estar únicamente sometida a la experiencia y a la Geometría".

En el enardecido discurso que dirige a los alumnos del Real Instituto Asturiano en 1799, para anunciarles el comienzo de los estudios de Ciencias Naturales, "enseñanza que debe ser término de vuestros estudios, que lo ha sido siempre de nuestros deseos, y que lo será un día de la prosperidad y la gloria de nuestro Instituto" 35 , considera que la causa fundamental de los errores y "delirios" sufridos por los antiguos en el campo de la filosofía natural no ha estribado tanto en el objeto como en el método. No se les puede imputar que no estudiasen el Universo, sino que "en vez de consultar los hechos, inventaron hipótesis, sobre las hipótesis levantaron sistemas y desde entonces todo fue sueño e ilusión en la filosofía natural" 36 . Y por este camino delirante entraron los grandes males tradicionales: las estériles disputas de escuela, la defensa a ultranza de los sistemas cerrados, el estancamiento del saber, la cadena interminable de formas universales, cualidades ocultas, esferas cristalinas, etc.; de forma que "mientras el espíritu de partido multiplicaba estas ilusiones y las defendía, la naturaleza, abandonada a las disputas y caprichos de las sectas, parecía haber vuelto al caos tenebroso de donde saliera el primero de los días" 37 .

Fueron muchos, en opinión de Jovellanos, los que se perdieron por estos intrincados cerros, aunque el mayor responsable fue, sin duda, Aristóteles a quien considera, unas líneas más adelante, "menos funesto a la filosofía por sus doctrinas que por sus métodos", explicando a continuación cómo tan funesto método, basado en el ingenioso artificio de las categorías y los silogismos (útiles, en todo caso, para la defensa y comunicación de verdades conocidas, pero no para el descubrimiento de las nuevas), llevó a la filosofía a un fatal extravío que difícilmente podrá ser perdonado por la indulgente sabiduría 38 .

35 JOVELLANOS, Oración sobre el estudio de las Ciencias Naturales, BAE XLVI, pg. 335.

36 JOVELLANOS, Ibídem, pg.336. Este mismo método deductivo no sólo habría contaminado la filosofía natural, sino la misma lógica: Vid. JOVELLANOS, Memoria sobre educación, BAE XLVI, pg. 250:

"En ninguna ciencia hay más palabras vacías de sentido, en ninguna tantas de oscuridad y ambigua significación; y esto prueba que en ninguna hay más errores e ilusiones. La razón es porque en su estudio se ha seguido el método sintético en vez del analítico, que es el único que puede conducir seguramente a la indagación de la verdad, porque se ha creado su nomenclatura antes de determinar las ideas a que se refería, y en fin porque se ha dado todo a la especulación, y nada a la experiencia".

37 JOVELLANOS, Oración sobre el estudio de las Ciencias Naturales, O. cit. pg. 336.

38 JOVELLANOS, Ibídem:

"El método de investigación señalado por Aristóteles extravió la filosofía del sendero de la verdad. Este método era precisamente lo contrario de lo que debió ser, pues que trataba de establecer leyes generales para explicar los fenómenos naturales, cuando sólo de la observación de estos fenómenos podía resultar el descubrimiento de aquellas leyes. Es sin duda muy ingenioso su sistema de categorías y predicamentos, y lo es también el artificio de sus silogismos; pero la aplicación de uno y otro fue equivocada y perniciosa. Su método sintético es admirable para convencer el error, pero no para descubrir la verdad; es admirable

Por otra parte, ha sido lento y penoso el proceso de limpiar los caminos y abrir las puertas, pero también ha habido hombres célebres y esforzados que han caminado por la gloriosa senda iluminada por la antorcha de la experiencia, que roturó en su momento Bacon a quien le corresponde, según Jovellanos, el inmenso mérito de haber quebrantado los cerrojos, vencido al monstruo guardián de las categorías y allanado definitivamente el camino de la sabiduría, poniendo en manos de los hombres las poderosas armas de la duda y la observación 39 .

Además, tal método experimental parece, a los ojos de Jovellanos (y en esto parece observarse, una vez más la influencia de Condillac) 40 el más próximo a la

para comunicarla, pero inútil para inquirirla, y cuando la indulgente sabiduría perdona a este gran filósofo los errores que introdujo en su imperio ¿cómo le perdonará el haber cegado sus caminos y atrancado sus puertas?". Estas mismas ideas ya las había expuesto ante sus alumnos en el mismo acto de inauguración del Real Instituto Asturiano: una prueba más de la importancia fundamental que tienen para Jovellanos tales planteamientos. Decía Jovellanos en aquella solemne ocasión:

"¿Qué progreso no hicieron las Ciencias Naturales? ¿Qué progresos tan portentosos, después que el hombre unió la observación al raciocinio, se sujetó a la experiencia y al cálculo y se acostumbró a caminar continuamente a su lado? Los antiguos filósofos cultivaron también estas ciencias; pero desconfiando de sus sentidos se entregaron del todo a su razón, y la física no fue para ellos más que una ciencia especulativa, eternamente ocupada en el estudio de las propiedades abstractas de la materia. El gran genio de Aristóteles, que tanto ennobleció el espíritu humano, acabó de tiranizarle; y su prodigiosa comprensión, asombrando a los sabios, subyugó a su autoridad los sabios y la sabiduría. ¿Qué de siglos no corrieron en que su solo nombre establecía los dogmas de la física, como los de la dialéctica y ontología. Y si Descartes y Newton, sacudiendo estas cadenas, no hubiesen sometido su doctrina al criterio de la experiencia ¿cuán lejos no vagaría todavía nuestra razón de los umbrales de la naturaleza?". JOVELLANOS, Oración inaugural, BAE XLVI, pg. 321. Aunque en otro lugar se hablará del antiescolasticismo de Jovellanos y de los ilustrados españoles, en general, podría señalarse aquí el modo en que tratan estos pensadores a Aristóteles, haciendo de él una crítica parecida a la que los enciclopedistas franceses hacían de Descartes a quien, por otra parte, nuestros ilustrados (y Jovellanos, como se ve en este mismo texto) consideran como un verdadero liberador y restaurador.

39 JOVELLANOS, Oración sobre el estudio de las Ciencias Naturales, O. cit. pg. 336:

"Él fue quien con intrépida resolución y fuerte brazo quebrantó los cerrojos que tantos esfuerzos y tantos siglos no pudieron descorrer; él fue quien aterró el monstruo de las categorías, y sustituyendo la inducción al silogismo, y el análisis a la síntesis, allanó el camino de la investigación de la verdad y franqueó las avenidas de la sabiduría; él fue quien primero enseñó a dudar, a examinar los hechos y a inquirir en ellos mismos la razón de su existencia y sus fenómenos. Así ató el espíritu a la observación y a la experiencia, así le forzó a estudiar sus resultados y a seguir, comparar y reunir sus analogías; y así, llevándole siempre de los efectos a las causas, le hizo columbrar aquellas sabias, admirables leyes que tan constantemente obedece el universo".

40 Condillac dedica la primera parte de su Lógica a explicar "como la propia naturaleza nos enseña el análisis y cómo, según este método, se explica el origen y la generación, ya de las ideas, ya de las facultades del alma" CONDILLAC, Lógica, (1780). Traducción española de Bernardo María de Calzada, Madrid, Joaquín Ibarra, 1784, pg. 3.

misma estructura y proceso natural del conocimiento humano, quien empujado por un deseo natural de conocer la realidad circundante

"mira en torno de sí otros seres, y no viendo en ellos cosa estable o duradera, se apresura a observar su flujo sucesivo. Entonces cada alteración es para él un fenómeno, en cada fenómeno ve un efecto y en cada efecto busca una causa. Reúne las analogías de los fenómenos particulares y deduce la existencia de causas generales, que erige en leyes" 41 .

Parece, pues querer manifestarse que, a través del método experimental o analítico, no solamente se avanza por la segura senda en el conocimiento de la realidad natural sino que se encuentra una nueva y más profunda dimensión de la razón y de la sabiduría misma que aparece empujada por un nuevo motor (la necesidad), una nueva consideración de las fuentes del conocimiento (la sensación), un nuevo paradigma científico (la Física) y una nueva demarcación del oscuro campo de lo incognoscible (la metafísica). Con estas connotaciones, que analizaremos brevemente a continuación, la razón ilustrada intenta desmarcarse tanto del pensamiento tradicional como de los planteamientos racionalistas del siglo XVII.

a) La necesidad como impulso.

En el mismo centro del concepto ilustrado de razón parece advertirse un indudable carácter pragmático: la razón nos ha sido dada para dominar y transformar la naturaleza, no sólo para contemplarla: la razón es una energía para la acción, no sólo para la contemplación.

Parece, pues, rechazarse el clásico axioma aristotélico de la admiración como origen y motor del pensamiento, el deseo de saber como resultado directo del "placer que nos causan las percepciones de nuestros sentidos" 42 . No es que se niegue la fuerza y empuje de esa supuesta "libido sciendi" (parece, al contrario, que todo ese optimismo renovador de la Ilustración se apoya, precisamente, en este afán de saber considerado como parte irrenunciable de la misma naturaleza

41 JOVELLANOS, Oración sobre el estudio de las Ciencias Naturales, O. cit. pgs. 338-339.

42 Esta es la afirmación decidida con la que Aristóteles abre el Libro Primero de la Metafísica: "Todos los hombres tienen naturalmente el deseo de saber. El placer que nos causan las percepciones de nuestros sentidos son una prueba de esta verdad" ARISTOTELES, Metafísica, Madrid, Espasa Calpe, 1975 (Traducción de Patricio de Azcárate), Libro Primero, I, pg. 11.

humana); lo que, en realidad, se niega es que la poderosa y creadora máquina del pensamiento sea espoleada por la pura curiosidad intelectual.

Esta pura curiosidad, entre desinteresada y orgullosa, es vista por Jovellanos como un auténtico peligro del que quiere prevenir a sus alumnos del Real Instituto Asturiano desde el primer momento, desde la proclamación retórica y entusiasta de la Oración Inaugural. En tal ocasión defiende Jovellanos que la razón nos fue dada para mejorar la existencia propia y la del género humano y, por tanto, el objetivo último del estudio no será nunca alimentar el orgullo, sino socorrer la miseria 43 .

Por esta razón insiste una y otra vez en la necesidad del estudio de la Naturaleza, fuente de todos los bienes necesarios para la felicidad individual y la prosperidad social y termina su argumentación formulando solemnemente el conclusivo deseo de que nunca pierdan sus alumnos de vista este carácter transformador del conocimiento y huyan de las estériles indagaciones que sólo sirven para alimentar la liviana, funesta, presuntuosa y halagüeña pasión de la curiosidad desinteresada que nos amenaza como una auténtica tentación que debe ser evitada 44 .

También en este aspecto la opinión de Jovellanos difiere levemente de la de los Enciclopedistas: D'Alembert concede una notable importancia a la curiosidad:

como consuelo de aquellas verdades necesarias que se nos escapan, como una de

43 JOVELLANOS, Oración inaugural a la apertura del Real Instituto Asturiano, BAE, XLVI, pg. 321:

"Pero guardaos, amados compatriotas, de abusar de este precioso instrumento <la razón>; guardaos de aplicarle a objetos que no sean dignos de su excelencia y de nuestra vocación. No olvidemos jamás que nos fue dado para mejorar nuestra existencia y concurrir al bien del género humano, y que si somos llamados al estudio de la naturaleza, no es para satisfacer nuestro orgullo, sino para socorrer nuestra miseria. ¡Qué! ¿no será en el hombre necia temeridad arrojarse a medir la inmensa extensión de los cielos, sin conocer la tierra que habita y le alimenta?".

44 JOVELLANOS, Ibídem, pg. 322:

"No quiera Dios, amados compatriotas, que perdáis nunca de vista este gran carácter que brilla en las obras de la Naturaleza y señala el fin de vuestro estudio. No quiera Dios que le empleéis en aquellas estériles indagaciones que sólo pueden alimentar una liviana o presuntuosa curiosidad. Desconfiad de esta terrible pasión, tanto más funesta cuanto más halagüeña al espíritu humano; y si alguno de vosotros se hallare tentado a seguir su voz, sepa que la verdad se esconde de los que la buscan con temerario orgullo". En este punto, como en tantos otros, se ve la gran proximidad entre el pensamiento de Jovellanos y el de Condillac, quien defendía que la necesidad no solamente es el verdadero motor del conocimiento sino una auténtica garantía de alcanzar la verdad ya que, aunque apremiados por la urgencia de la necesidad pudiéramos formar un juicio falso, el error será siempre poco duradero puesto que la necesidad persiste y, con ella, la exigencia de juzgar de nuevo. Por el contrario, "la curiosidad ignorante se conforma con todo. Goza de sus errores con una especie de placer; muchas veces se apega a ello porfiadamente, tomando una palabra que nada significa por una respuesta". CONDILLAC, Lógica, O. cit. pg. 13-14.

nuestras más apremiantes necesidades y placeres y como fuente, muchas veces, de aquellos conocimientos que comenzaron aprendiéndose por pura curiosidad y resultaron, en el futuro, de gran utilidad 45 .

De todas formas, todos ellos, Jovellanos y los Enciclopedistas, coinciden en reconocer que el auténtico y más radical motor del conocimiento, lo que le dinamiza, orienta y potencia es el inevitable aguijón de la necesidad al que todos los humanos nacen sujetos 46 . En una reconstrucción crítica de las evidencias más inmediatas que se imponen a nuestro conocimiento D'Alembert, en contraposición al planteamiento cartesiano, defiende que el primer objeto de nuestra experiencia sensible es nuestra propia existencia, el segundo lo constituye la existencia de los objetos exteriores y entre ellos, el más evidente, sin duda, es nuestro propio cuerpo que se nos aparece como sujeto a múltiples necesidades y peligros a los que debemos atender con mucha mayor urgencia que a la satisfacción de los placeres y cuya solución nos empuja a la búsqueda de conocimientos útiles y a la comunicación con nuestros semejantes aquejados, como es fácil suponer, por las mismas necesidades 47 .

Tal evidencia es asumida íntegramente por Jovellanos que no duda en afirmar que

"El hombre nace sujeto a muchas necesidades, y guiado por su instinto a socorrerlas, empieza observando los objetos que le rodean. La experiencia le enseña a distinguirlos y la razón a convertirlos en su provecho. Por eso la observación y la experiencia con las primeras fuentes de los conocimientos humanos"48.

45 D'ALEMBERT, Discurso preliminar a la Enciclopedia, O. cit. pg. 41. Semejante es la opinión de Locke quien, hablando de la curiosidad en los niños, dice:

"la curiosidad en los niños (sobre la cual hemos tenido ocasión de hablar) no es sino el apetito de conocimiento, y por consiguiente, debe ser estimulado, no solamente como un buen signo, sino como el gran instrumento que ha proporcionado la naturaleza para remediar la ignorancia con que nacemos, y sin ese espíritu de investigación seríamos criaturas torpes e inútiles". LOCKE, J. Pensamientos acerca de la educación (1692), Barcelona, Humanitas, 1982, sección XVI, pg. 227.

46 Condillac atribuye a Locke el mérito de haber sido el "que ha señalado que la inquietud causada por la privación de un objeto es el principio de nuestras determinaciones. Pero hace nacer la inquietud del deseo, cuando precisamente ocurre lo contrario". CONDILLAC, Extracto razonado del tratado de las sensaciones, (1754), Barcelona, Orbis, 1984, pg. 117.

47 D'ALAMBERT, Discurso preliminar a la Enciclopedia, O. cit. pgs. 34-37.

48 JOVELLANOS, Memoria sobre educación pública, BAE XLVI, pp. 232.

De todas formas, Jovellanos, como temiendo que tales afirmaciones pudieran ser interpretadas en el sentido de establecer las necesidades naturales como horizonte máximo y absoluto de la razón humana, se apresura a afirmar una y otra vez que a través de este estudio de la Naturaleza el hombre se "levanta al conocimiento del orden general" 49 , "reconoce otro universo más noble y magnífico que el que le habían mostrado los torpes sentidos, poblado de seres más perfectos, gobernado por leyes más sublimes y ordenado a más excelsos e importantes fines" 50 ; con lo que se distancia definitivamente del "hombre salvaje, cuya razón no se elevó sobre sus necesidades naturales" 51 .

b) La sensación como fuente de conocimiento.

En la ingente tarea que se impone la Ilustración de rescatar la razón de las puras especulaciones para aplicarla al conocimiento y transformación de la Naturaleza resultaba imprescindible reconstruir la confianza en la capacidad de los sentidos para conocer el mundo que nos rodea y romper así el círculo mágico en que el pensamiento de Descartes parecía haber encerrado al hombre. Era preciso para ello retomar el viejo adagio aristotélico de que todo conocimiento comenzaba por