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EL PAPEL Y LA TINTA

Estaba una hoja de papel sobre una mesa, junto a otras


hojas iguales a ella, cuando una pluma, bañada en negrisima
tinta, la mancho llenandola de palabras.

¿No podrias haberme ahorrado esta humillacion? Dijo


enojada la hoja de papel a la tinta. Tu negro infernal me ha
arruinado para siempre.

No te he ensuciado. Repuso la tinta. Te he vestido de


palabras. Desde ahora ya no eres una hoja de papel, sino un
mensaje. Custodias el pensamiento del hombre. Te has
convertido en algo precioso.

En efecto, ordenando el despacho, alguien vio aquellas


hojas esparcidas y las junto para arrojarlas al fuego. Pero
reparo en la hoja "sucia" de tinta y la devolvio a su lugar
porque llevaba, bien visible, el mensaje de la palabra.
Luego, arrojo las demas al fuego.

La biblioteca ambulante
(Inicio) Érase una vez una biblioteca ambulante que tenía libros infantiles de
música, terror y otros de juegos.

(Nudo) Vivían en armonía, se mudaban de un lugar a otro hasta que un día


llegó un grupo de personas buscando los libros más antiguos para sacarlos
de la biblioteca y botarlos. Al saber esto los libros, decidieron unirse y luchar
para defenderse de esa idea.

Llegaron a rebelarse, exigiendo que les dejasen juntos y en paz. Las


personas, al ver el nivel de malestar, decidieron deponer su actitud y los
libros, unidos, lograron su meta.

(Desenlace) Continuaron yendo de un lugar a otro por muchos años más y


las personas los cuidaban con respeto y admiración.

La computadora mágica

(Inicio) Había una vez un niño de 10 años, hijo único, llamado Bruno que
recibió, de parte de sus padres, un regalo: Una computadora personal el día
de sus cumpleaños.

La alegría de Bruno fue tal, que agradeció el gesto y comenzó pronto usar la
computadora.

Al paso de los días, la computadora cobró vida propia presentándose a Bruno


con el nombre de Compu. Se desarrolló la amistad hasta convertirse en una
hermandad.
(Nudo) Ocurrió un evento triste cuando el papá de Bruno fue secuestrado.
Esto cambió la armonía en la casa de Bruno y Compu, de manera secreta,
decidió actuar ubicando al padre a través de Internet.

Al encontrar el lugar, Compu informó a Bruno y Bruno notificó a su mamá el


hallazgo. Avisaron a las autoridades y estas hicieron el plan para rescatar al
papá.

(Desenlace) Luego los padres de Bruno le preguntaron cómo hizo esa labor
y él les contó la verdad sobre Compu, quien pidió al grupo familiar
mantener el secreto. Así sus padres, Bruno y Compu vivieron unidos y
fortalecidos por muchos años.

El oro y las ratas


Había una vez un mercader que debió emprender un viaje muy
largo.
Antes de partir, dejó al cuidado de su mejor amigo un cofre lleno de
monedas de oro.
Pasaron unos pocos meses y el viajero regresó a casa de su amigo
a reclamar su cofre. Sin embargo, no se encontraba preparado para
la sorpresa que le aguardaba.
—¡Te tengo muy malas noticias! —exclamó su amigo—. Guardé tu
cofre debajo de mi cama sin saber que tenía ratas en mi habitación.
¿Quieres saber qué pasó exactamente?
—Claro que me interesa saber —replicó el mercader.
—Las ratas entraron al cofre y se comieron las monedas. Tú sabes,
querido amigo, que los roedores son capaces de devorarlo todo.
—¡Qué mala suerte la mía! —dijo el mercader con profunda
tristeza—. He quedado en la ruina por causa de esa plaga.
El mercader sabía muy bien que había sido engañado. Sin
demostrar sospecha, invitó a su mal amigo a cenar en su casa al día
siguiente. Pero al marcharse, entró al establo y se llevó el mejor
caballo que encontró.
Al día siguiente, llegó su amigo a cenar y con disgusto dijo:
—Me encuentro de muy mal humor, pues el día de ayer desapareció
el mejor de mis caballos. Lo busqué por todos lados, pero no pude
encontrarlo.
—¿Acaso tu caballo es de color marrón? —preguntó el mercader
fingiendo preocupación.
—¿Cómo lo sabes? —contestó el mal amigo.
—Por pura casualidad, anoche, después de salir de tu casa, vi volar
una lechuza llevando entre sus patas un caballo marrón.
—¡De ninguna manera! —dijo el amigo muy enojado—. Un ave
ligera no puede alzar el vuelo sujetando un animal tan fornido como
mi caballo.
—Claro que es posible —señaló el mercader—. Si en tu casa las
ratas comen oro, ¿por qué te sorprende que una lechuza se robe tu
caballo?
El mal amigo, muy avergonzado confesó su crimen. Y fue así como
el oro volvió al dueño y el caballo al establo.
Moraleja: No engañes a los demás si no deseas ser engañado.

Juancho el Navegante

(Inicio) Érase una vez un joven llamado Juancho, que tenía un pequeño barco
con el cual hacia viajes trasladando víveres.

(Nudo) En una oportunidad le tocó navegar hacia una isla, pero el trayecto
fue muy difícil porque hubo tormentas y posibilidades de hundimiento.

Al llegar conoció a una tortuga gigante llamada Silvina, quien le ayudó a


calmar su tensión por el viaje y le hizo entender que en la vida siempre tiene
peligros, retos pero también de momentos gratos y agradecimiento.

Juancho escuchó atentamente, agradeció a Silvina y se marchó. Esas


palabras animaron a Juancho a acomodar el barco y cargar víveres, durante
5 días, organizando su regreso a tierra firme.
(Desenlace) Al arribar, Juancho comenzó a compartir más con sus seres
queridos y aprendió a trabajar para vivir.

EL MUÑECO DE NIEVE

Había dejado de nevar y los niños, ansiosos de libertad,


salieron de casa y empezaron a corretear por la blanca y
mullida alfombra recién formada.

La hija del herrero, tomando puñados de nieve con sus


manitas hábiles, se entrego a la tarea de moldearla.

Haré un muñeco como el hermanito que hubiera deseado


tener se dijo.

Le salio un niñito precioso, redondo, con ojos de carbón


y un botón rojo por boca. La pequeña estaba entusiasmada
con su obra y convirtió al muñeco en su inseparable
compañero durante los tristes días de aquel invierno. Le
hablaba, le mimaba...

Pero pronto los días empezaron a ser mas largos y los


rayos de sol mas calidos... El muñeco se fundió sin dejar
mas rastro de su existencia que un charquito con dos
carbones y un botón rojo. La niña lloro con desconsuelo.

Un viejecito, que buscaba en el sol tibieza para su


invierno, le dijo dulcemente: Seca tus lagrimas, bonita, por
que acabas de recibir una gran lección: ahora ya sabes que
no debe ponerse el corazón en cosas perecederas.