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Créditos
Moderadora: Nelshia & Mimi

Traductoras Correctoras
Alixci Clau
Brisamar58 Dabria Rose
chivisil Desiree
Cjuli2516zc Kath
Clau Maye
JandraNda Sttefanye
Kane
Kath
Lauu LR
Maria_clio88
Mimi
Mona 3
Nana.Marie
Patyx
Rosaluce

Recopilación y Revisión
Sttefanye

Diseño
Dabria Rose
Sinopsis
El período de luna de miel para Nathan y Gwen ha terminado, con sus bebés
creciendo y sus carreras corriendo a toda velocidad. Algunos dirían que la
comunicación es la clave para una relación exitosa, pero para un hombre que nunca
tuvo que comunicarse y una mujer que necesita demasiado hacerlo, ¿cómo van a
lograrlo? Los desafíos que enfrentan, el poco tiempo libre que tienen y la atención
de sus hijos causan problemas en sus esfuerzos. ¿Su amor es lo suficientemente
fuerte como para afrontarlo todo o las circunstancias y las fuerzas exteriores los
separarán?

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Capítulo uno
—¡Dillan!
Algo se rompe; suena como el pequeño tren de juguete de Dillan contra la
puerta. Al menos espero que sea su tren de juguete. El pequeño destructor ha roto
más platos de los que poseemos.
—Él está poseído. —Escucho gritar a Nathan y sonrío cuando pequeños pies
martillan sobre el suelo de madera, seguidos por el sonido de pies más grandes. Las
carcajadas de Dillan hacen eco en la gran casa. Bufo—. ¡Está poseído!
—¡Te escuché! —grito desde debajo de las escaleras, aguantándome la risa.
Alzo suavemente a Emily, nuestra hermosa niñita de un año, sacándola de su cuna
y llevándola cargada por las escaleras.
—Mamá —murmura suavemente y descansa su cabeza en mi hombro. Sus
dedos van a su boca y los chupa mientras miramos a Dillan correr por el pasillo, su
pequeño trasero desnudo tembloroso mientras pasa. Su risa es malvada. Sabe
exactamente cuántos problemas está causando. Simplemente adora molestar a su
papi.
—Juro por todo lo que es sagrado… —Nathan se detiene a mi lado y ambos
miramos a Dillan golpear la puerta de la cocina. Él suspira y me da la vuelta en sus
brazos, aplastando a Emily entre nosotros. Ella hace un sonido de incomodidad así 5
que la coloco en el suelo y levanto mi cabeza de nuevo para recibir su beso—. Tienes
que irte.
—Lo sé. —Presiono mis labios sobre los suyos y sonrío cuando siento sus
dedos desplazarse por mi mejilla y hacia mi cabello—. ¿Estarán bien?
—Oh, oh —dice Emily y Nathan se tensa.
—¡Tú pequeño…!
Me giro y aprieto los labios cuando veo a Dillan sosteniendo su parte superior
con las manos, soltando un chorro de pis en la pared al lado de la cocina.
Sale corriendo, riendo como la pequeña molestia loca que es.
—Dillan —regaño—. ¡Ahora papi va a tener que limpiar todo con cloro!
Agarro a Emily antes que pueda gatear hasta el charco y salpicarse en él. Sí,
esto ha pasado antes.
—Pronto estará entrenado en cuanto al uso del sanitario. Sigue perseverando
—le aseguro a Nathan, quien tiene a Dillan sujeto con sus brazos extendidos.
Nathan me mira, así que tomo eso como mi señal para marcharme.
—¡Los amo! —les grito antes de depositar a Emily en el suelo y salir corriendo
de la casa.
Hoy es mi primer día de entrenamiento para ser Chef luego de haber dejado el
Valentine’s apenas hace tres semanas. Solo he trabajado tiempo parcial desde que
Emily cumplió los ocho meses así que sé cuán desafiante va a ser esta nueva
aventura.
Kerim Dal, el chef más importante del Reino Unido va a entrenarme. ¡A MÍ!
Él es un genio culinario. He intentado y probado el noventa por ciento de sus
recetas y colocado mi sello de aprobación en todas menos una extraña creación de
berenjenas a la menta. No era fanática de esa en particular, pero estaba segura que,
si hubiese tenido sentido del gusto para eso, me habría encantado.
Si hubiese podido aplaudir y gritar mientras conduzco, lo estaría haciendo en
este preciso momento.
No es hasta que me estaciono en la parte de afuera del restaurante “Little
Ambrosia” que mis nervios comienzan a manifestarse realmente. La construcción
es elegante, enorme y… ¿dije elegante? Para ser un chef sin entrenamiento,
comenzar aquí es algo surreal. Soy extremadamente afortunada.
Mi teléfono vibra en mi bolsillo, así que lo saco, usando el momento de
distracción para centrarme.
Sasha: Lo tienes.
Mamá: Tráeme las sobras.
Nathan: Te amamos. Yo te amo y estoy muy orgulloso de ti.
A Nathan es el único al que le respondo:
Gwen: Gracias Bob Esponja <3 6
Metiendo de nuevo mi celular en mi bolso, salgo del auto y camino hacia la
entrada. Según las instrucciones que recibí, un uniforme estaría esperándome en el
cuarto de empleados al lado de la cocina.
¿Dónde está la cocina?
El lobby es enorme; las paredes son poco más que puertas de paneles de
vidrio con cortinas de malla recogidas a los lados. Me muevo hacia el primer set
que encabeza la gran habitación. Apesta a dinero. El tema es muy de la realeza y
florido. Sillas de aspecto pesado rodean grandes mesas redondas a su vez rodeadas
por mesas redondas más pequeñas. No hay cabinas aquí, pero sí mesas en las
esquinas, parcialmente escondidas tras divisores de dos metros ofreciendo un poco
de privacidad.
—¡No! —escucho gritos y el fuerte sonido de cacerolas desde el fondo de la
habitación. Diviso la cocina al final de una gran abertura en la pared. Por supuesto,
el personal de cocina estará a la vista. Eso no me pone más nerviosa, para nada—.
No pones batatas y chirivías con el cordero. ¡Es demasiado dulce!
Mis dientes se encuentran con mi labio inferior, y muerden duro. Mis pies de
pronto se sienten débiles. No estoy segura que pueda moverme.
Gwen: Este lugar es legítimamente genial… genial como un billón
de dólares
Sasha: ¿Y Nathan no te ha llevado allí todavía?

Observo mientras dos hombres en uniformes blancos de chef se manotean


frenéticamente gritando en otro idioma mientras una mujer vestida con una
chaqueta de doble capa a juego agita algo en una cacerola sobre una de las muchas
estufas. Mi boca cae abierta cuando el hombre de la izquierda, al cual reconozco
como Kerim Dal, agarra al hombre de la derecha, quien creo que es su chef
ejecutivo y sobrino (gracias Wikipedia), y lo empuja un metro hacia atrás antes de
lanzar otro plato contra la pared. Un plato lleno de comida. ¿Así es como se
comportan cuando el restaurante está lleno?
Ahora estoy asustada.
Como si sintiera mis pensamientos, los ojos de Kerim cortan la zona de
asientos del oscuro restaurante y me encuentra, paralizada, mi bolso sobre un
hombro, y sin duda temblando. Sus ojos se estrechan y le dice algo más al chef
ejecutivo antes de salir a reunirse conmigo a través de un conjunto de puertas
dobles de color gris con un letrero de salida. Una puerta más pequeña en el otro
lado de la abertura tiene la palabra “entrada” impresa sobre ella.
—Tú —grita Kerim dirigiéndose a mí. Tiene al menos doce centímetros de
altura por encima de mí—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Yo… —Retrocedo mientras él continúa acercándose—. Soy Guinevere
—¿Guinevere? —Sus labios, sombreados por una barba estrecha y bien
recortada, se curvan con confusión.
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—Hoy comienzo mi entrenamiento.
—¿Y entraste por la puerta principal?
Mi boca se abre completamente. No estoy segura por qué de pronto soy un
objetivo.
—¿Se supone que no debía?
—¿Qué de…? —Sus ojos casi negros se abren con sorpresa, el contraste hace
que su piel casi del color del caramelo oscuro parezca más oscura—. ¿En serio?
¿Qué chef entra por la puerta principal?
Quiero irme a casa.
—Entras por la cocina, por la puerta trasera, o no entras —responde, su acento
turco ligero, pero aun así notorio. Mis ojos siguen su brazo el cual hace señas hacia
el área de la cocina—. ¿Estoy asumiendo que también estacionaste en el
estacionamiento de clientes?
En este punto, siento que el silencio es la mejor opción.
—Y Nathan me aseguró que eras inteligente… siguiente chiste. Mueve tu
maldito auto y vuelve por la entrada apropiada o lárgate. Y trae tu cerebro contigo.
—Con eso, se gira sobre sus talones y vuelve pisoteando a la cocina.
Creo que puedo llorar.
—Maldito idiota —murmuro en lugar de sollozar como quiero. Salgo del
restaurante por el camino que vine. He tratado con peores que él. Me niego a
derrumbarme. Especialmente en mi primer día—. Puedo con esto.
Me toma un momento, pero cuando finalmente encuentro la entrada secreta
para los autos de los empleados, estaciono en un lugar que espero no sea reservado,
y me dirijo por las grandes puertas dobles de metal. Una de ellas está mantenida
abierta con un extintor de incendios. Conduce a una pequeña área de baldosas
blancas y otro conjunto de puertas dobles.
La puerta de la derecha se abre y el chef ejecutivo, cuyo nombre se me escapa,
pasa como un trueno, lanzando su sombrero al suelo mientras se marcha. Se
detiene en los escalones de piedra que conducen al estacionamiento y grita hacia el
cielo.
—No te preocupes por él. Siempre es así —dice la chica y me hace señas para
que entre a la cocina.
—Llegas siete minutos tarde —grita Kerim sumergiendo su dedo en una salsa
blanca en una cacerola en la estufa antes de chuparlo en su boca—. Mejor, Umut.
—¡Vete a la mierda! —grita el chef ejecutivo y Kerim le pone los ojos en
blanco.
—¿Eres Gwen? —pregunta, sabiendo perfectamente que soy Gwen.
Asiento.
—Bueno. ¡Patience! —grita, y lo primero en que pienso es que me está
diciendo que tenga paciencia, pero luego la mujer que me hizo entrar aparece a mi 8
lado—. Llévala a cambiarse. Muéstrale la cocina. —Invade mi espacio personal y
estrecha sus ojos negros—. Si necesitas decirlo dos veces, no es lo suficientemente
buena para esta cocina.
—Sin presiones entonces —murmuro y sus fosas nasales se dilatan.
—Esta, mi querida niña —su tono es pesado y con desdén—, es la cocina de
los condenados. Este es uno de los restaurantes más concurridos y más costosos en
todo el Reino Unido. La presión es increíble, pero tu novio…
—Prometido —lo corrijo innecesariamente.
—Me aseguró que podrías manejarlo —gruñe, claramente enojado por el
hecho que abriera mi boca para hablar sin su permiso. No puedo evitarlo. Es una
enfermedad.
Antes que pueda responder, Patience, la mujer de treinta y tantos con un
hermoso cabello rubio arena asomándose desde de su sombrero blanco, me jala
hacia una puerta al fondo a la izquierda.
—Este es el cuartel de los empleados al que vamos a tomarnos un momento si
tenemos el tiempo para tomarnos un descanso. —La habitación es acogedora, tiene
un sofá, una cama y dos puertas que indican los sanitarios de damas y caballeros.
Noto una salida de emergencias secundaria y una ventana que permite la entrada
de mucha luz, a pesar que las persianas están abajo—. Rara vez tenemos tiempo de
tomarnos un descanso, así que no te sorprendas si la única vez que ves esta
habitación es para colgar tus cosas cuando llegas.
Coloco mis cosas en el área designada y me despido de mi teléfono.
—Comenzarás con Delphine —me dice Patience—. Ella maneja la despensa.
Hoy aprenderás cómo trabajamos en equipo y cómo van las cosas. Te sugiero te
estudies la despensa ahora, porque si lo echas a perder, no habrá segundas
oportunidades.
—Exactamente —dice Umut, dándome una sonrisa de disculpa—. No es nada
personal. Todos sufrimos así al principio.
—¿Cuántos han venido antes que yo? —pregunto, intentando no tragar con
miedo.
—Demasiados, la mayoría ya entrenados en las cocinas más finas —susurra
Patience, sus ojos verdes claro brillando—. La mayoría de ellos renunciaron antes
que terminara el día. —Me guía hacia la despensa—. Estudia hasta que te llame. No
vamos a complicarte el día.
—Gracias. —Me deja cerca de la pesada puerta de metal que luce mejor
construida que una caja fuerte—. Santa mierda —murmuro entre dientes. ¿En qué
demonios me metí?

La luz del salón está encendida cuando entro en el estacionamiento


residencial justo frente a nuestra casa de tres habitaciones. Por el precio que 9
pagamos por esta pequeña edificación en Londres podríamos haber comprado una
mansión en la frontera o en un pueblo pequeño de Bretaña. Desafortunadamente la
necesidad obliga. Después que la casa de campo se quemó, tuvimos que decidir qué
hacer con la tierra y Nathan necesitaba estar cerca de su negocio recién abierto.
Había prosperado tanto con su línea de joyería que pudo abrir otro en Newcastle.
Londres es el lugar en el que tenemos que estar, y por suerte, todo ha salido
bien, dado que mi nuevo trabajo también es aquí. Si nos hubiésemos quedado en
Skegness donde vive mi mamá, yo no habría tenido esta oportunidad y Nathan
tendría que pasar fuera cinco de las siete noches de la semana.
Veo las cortinas retorcerse en la ventana de la sala y hacer un movimiento.
Espero que Nathan haya tenido un mejor día que yo.
Mis dedos consiguen la cremallera de mi chaqueta y la bajan mientras cruzo la
calle de un solo sentido y preparo mis llaves para abrir la puerta en silencio.
La puerta se abre antes que tenga oportunidad y soy jalada dentro por el
hombre que amo en el lapso de un segundo.
Patea la puerta para cerrarla y me presiona contra ella.
—Cuidado —gimo, mi voz en apenas un susurro. El hecho que no se escuche
ruido significa que los niños están dormidos—. Me duele por todas partes.
Sus ojos castaños encuentran los míos en la débil iluminación y la parte
posterior de sus nudillos acaricia mi mejilla.
—Sé cómo hacerte sentir mejor.
—¿En serio? —Levanto una ceja, escéptica. Si está pensando lo que creo que
está pensando, eso definitivamente no va a hacerme sentir mejor.
Grito cuando me levanta en sus brazos y me lleva a la sala de estar, donde el
aroma de vainilla y cerezas se instala suavemente en el aire.
—¿Qué estás haciendo? —Me río cuando su mano encuentra la lámpara y la
apaga, dejando nada más que luz de las velas iluminando el espacio.
—Cuidándote —afirma y finalmente me pone en el suelo. Se dirige a donde los
cojines del sofá están acomodados en una línea en el suelo, una fina manta y una
toalla enrollada sobre ellos.
—Estoy confundida.
Su sonrisa en respuesta es tan hermosa que todavía, hasta el día de hoy, me
quita el aliento.
—Quítate los zapatos.
—Ummm….
—Solo hazlo —ordena, su tono exasperado, así que rápidamente me quito los
zapatos de cuero negro y flexiono mis tobillos. Sus manos deslizan mi chaqueta por
mis brazos antes de lanzarla al sofá desnudo—. Me encanta esto. —Sus dedos me
hacen cosquillas en el espacio entre mis omoplatos—. Tienes un rastro de vellos
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muy finos. —Sus labios tocan el espacio por el que vagaba su mano. Un escalofrío
me recorre lentamente la columna, retorciendo y girando a lo largo de mis
nervios—. Te hace lucir brillante.
—No, creo que solo es sudor. —Me giro en sus brazos—. No deberías tocarme,
estoy asquerosa.
—Quédate quieta. —Se ríe y levanta mi delgado chaleco por encima de mi
cabeza—. ¿Cómo estuvo tu primer día?
—Difícil —admito, cerrando mis ojos cuando sus manos acarician mis brazos y
me hacen cosquillas en el interior de mis muñecas—. Estoy tan cansada.
—Apuesto a que sí. —Sus labios encuentran mi mandíbula mientras sus
manos desabrochan mi pantalón negro que cae a mis tobillos—. Da un paso afuera.
Doy un paso atrás, poniendo un pequeño espacio entre nosotros. Sus ojos
miran mi cuerpo, un resplandor hambriento en profundidades de un marrón casi
como el chocolate.
—Tu belleza me cautiva —dice, tendiéndome la mano. La tomo y le permito
que me lleve a las almohadas—. Boca abajo.
Cuando estoy cómodamente situada en las almohadas, inmediatamente me
libera de mi sujetador y gotea aceite caliente en mi espalda.
Me río suavemente y me estremezco, aunque pronto detiene esa acción
separando mis muslos y arrodillándose entre ellos después de librarse de su
camiseta y jean.
—Deja de reír.
—Bueno —murmuro, apoyando mi cabeza en los brazos cruzados—. Me
consientes.
—Me parece recordar todos esos días en los que llegaba a casa exhausto del
trabajo y tenías preparado este diseño exacto para mí.
—¿Qué puedo decir? Soy una prometida muy cariñosa. —Sus manos
comienzan a regar el aceite en mi piel. Sonrío cuando siento el cuero de sus
guantes. No los usa a menudo, pero todavía tiene sus desencadenantes, sustancias
pegajosas y granuladas entre ellos. El camino a la recuperación es largo, pero estoy
muy orgullosa de cuán lejos ha llegado—. Eso se siente tan bien.
Sus pulgares cavan profundamente en mi cuello, empujando el aceite
alrededor de la superficie de mi piel, alejando los dolores. Gimo fuerte, incapaz de
contenerlo, y siento que su polla vestida con el bóxer se endurece. Golpea mi muslo
y sonrío contra mi brazo. Me encanta que todavía pueda excitarlo solo por ser yo.
Me hace sentir poderosa y hermosa. Me hace sentir sexy.
—Entonces, ¿fue tan aterrador como esperabas? —Su voz es suave,
mimándome mientras me sumerjo en una ola de relajación.
Murmuro un sí.
—¿Fue bueno contigo? 11
—No hubo tiempo para ser bueno. Desde el segundo en que abrió el
restaurante, fue un caos —murmuro—. Solo le pasé ingredientes a todos y me
familiaricé con la cocina.
—Bien. —Sus manos cavan sendas profundas hasta mis caderas y luego giran
alrededor de mi ombligo antes de regresar—. Te extrañamos.
—¿Tommy usó su orinal?
—Aún no.
Ambos suspiramos. Está resultando muy difícil de entrenar.
—Lo hará cuando esté listo —añade Nathan y espero que tenga razón—. Al
menos se fueron a la cama con bastante facilidad.
—Eso es porque te quedaste atado a la rutina.
—Exactamente. —Sonríe y hace círculos con sus fuertes dedos alrededor de
mis mejillas de mi trasero—. Tienes la piel más lisa.
—Deja de trazar mis rayas de tigre —digo, mientras sus dedos siguen las
estrías en mis caderas.
—Son hermosas.
—Voy a hacerme un bronceado de rocío para cubrirlas.
Su pulida mano conecta con mi mejilla derecha. Grito y me agito mientras la
picadura cosquillea a través de mi piel.
—No harás tal cosa. Además, esas mujeres anaranjadas insisten en conseguir
transferencias a sus pobres esposos.
—Me encanta cómo supones que todos están casados.
—Soy un tipo anticuado. Ahora cállate y déjame frotarte.
—Frota —insisto y cierro los ojos—. Te amo.
—Lo sé —murmura juguetonamente y hace cosquillas en mis costillas.
—¿Me vas a hacer ducharme antes de acostarme?
Oigo la sonrisa en su voz.
—Naturalmente.
Suspirando pesadamente, vuelvo a cerrar los ojos.
—Bueno, no dejes de frotar hasta que no haya un solo espasmo de dolor en mi
cuerpo.
—Sí, señora.
—Me consientes.
—¿Tienes hambre? Ni siquiera pensé en eso.
—No, tengo que probar más comida de la que puedo soportar durante el
trabajo. —Me mojo los labios al recordar—. Es tan bueno. No consigues los
ingredientes de calidad que utilizan en el supermercado local, ¿sabes? 12
Se desliza sobre mi cuerpo y trabaja en mis piernas.
—Quiero besar cada centímetro de ti, pero estás toda aceitada.
Sonriendo, sacudo mi trasero.
—Entonces, solo sigue frotando. Si todavía estoy aceitosa, entonces no has
terminado.
—Sí, señora.
—¿Es retorcido que me encante cuando me llames así?
—Sí. —Sus dedos resbaladizos y cubiertos de cuero se deslizan alrededor de
mi ombligo. Un jadeo se me escapa cuando levanto las caderas unos centímetros y
otra almohada se coloca debajo de mi ingle.
—¿Te importa si lo hacemos a la antigua? —pregunta, su voz juguetona y
profunda. Antes que tenga la oportunidad de responder, lo siento empujando
contra mí, abriendo mis pliegues con los pulgares. Libero un gemido de puro placer
mientras se hunde en mis profundidades. Cada centímetro de él me trae un
hormigueo doloroso al que dudo me acostumbre alguna vez. Sus manos se mueven
de nuevo a mis caderas y frotan los patrones profundos.
Me siento dividida entre dormir con el lento masaje o moverme contra él para
conseguir que se mueva más rápido. Mi cuerpo es un lío de contradicciones.
—He estado esperando toda la noche por esto —admite—. Toda la semana,
incluso.
—¿Han pasado siete días? —pregunto. Normalmente no pasamos de dos, pero
ambos hemos tenido demasiado que hacer esta semana—. Dejaste de moverte.
—Ha sido una semana —me dice como explicación.
—¿Y?
—Y... —Sus caderas se unen a mi culo, enterrando su longitud entera en mí.
Gime; gimo y siento que su longitud se contrae dentro de mí. Está tan cerca de
acabar.
No debería reír, pero esto no ha ocurrido antes.
—Me siento así de bien, ¿eh?
—Lo haces. —Se pierde la broma completamente, o tal vez no y él también
está bromeando—. Ahora deja de hablar; me estás distrayendo.
—¿Cómo puedo distraerte? Estás literalmente enterrado hasta las pelotas.
Su risa vibra a través de su cuerpo y directamente en el mío. Creo que estoy
tan cerca de venirme como él ahora mismo. Qué extraño par hacemos. Empieza a
empujar lentamente y su mano sigue masajeando. Luego, de repente, se encoge y
dice:
—Además, deja de llamarme Bob Esponja.
—Bueno, eso fue algo al azar. —Trato de mirarlo por encima del hombro, pero
su mano empuja mi cabeza hacia la almohada—. Me estás asfixiando. 13
—Te gusta.
No está equivocado. Sus dedos se enredan en mi cabello y tiran bruscamente
hasta que giro la cabeza. Me empujo con las manos.
—Ahora cállate mientras te follo —ordena y aumenta su velocidad. Empujo
hacia atrás para encontrarme con él y cada vez que lo hago, el ardor profundo se
extiende por mis miembros y mi ombligo hasta que baila a lo largo de mi espina
dorsal y pulsa a través de mis venas—. Tienes que llegar allí.
—Estoy ahí.
—Ahora —suplica. Me lo imagino apretando los dientes con fuerza para ganar
alguna apariencia de control.
Como si mi cuerpo estuviera amañado a su mando, me estremezco y mi
vientre se llena de placer. Mi pecho se endurece y me resulta difícil respirar.
—Ugh... —gruñe Nathan, golpeando sus caderas contra las mías tan duro que
probablemente dejará moretones, pero no me importa. Es intenso—. Cristo, te
amo. Me encanta esto. Me encanta hacer esto.
—A mí también. —Sonrío, desplomándome contra la almohada mientras mi
orgasmo se disipa, dejándome sin aliento y saciada. Él se levanta casi de inmediato,
dejando su bóxer en el suelo—. ¿Ducha?
—Es el aceite. Lo siento. Está en todas partes.
—Es algo bueno que te ame. —Me arrastro para levantarme, bostezando de
manera poco atractiva, y lo sigo por el oscuro pasillo hasta la estrecha escalera, la
cual cruje en el cuarto y el décimo escalón.

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Capítulo dos
Balanceo a Dillan en mi cadera mientras los dos miramos a Nathan
intentando alimentar a Emily. Ella es demasiado quisquillosa. No es que no le guste
la comida, más bien es que le gusta comer sola. No creo que Nathan esté listo para
aceptar el hecho de que ella está en una edad en la que, se supone, tenemos que
enseñarla a usar una cuchara.
—Abre —dice en una alegre voz de bebé—. Abre grande. Ahhhhh.
Escucho la cuchara sonar contra la silla de comer y me estremezco.
—Eres traviesa. —Se ríe, todavía usando su voz feliz. Se gira hacia mí, su
sonrisa se ha ido—. Es imposible.
Asiento estando de acuerdo.
—Es tu hija.
—Cabello —dice Dillan y entierra su rostro en mis rizos.
—Amo cuando hace eso. —Es tan cálido, y suave, luce exactamente como
Caleb. Mientras crece es difícil mirarlo, y aunque tengo a Nathan, todavía lucho con
el hecho de que Caleb se esté perdiendo tanta vida. Está perdiéndose a su hijo, y su
hijo se lo está perdiendo a él. Si bien Nathan es un excelente padre, Caleb nunca
tendrá ese nivel de felicidad en su vida.
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—Está obsesionado —puntualiza Nathan—. Adora el cabello.
—Síp —estoy de acuerdo—. Nuestros hijos son raros.
Se levanta, rindiéndose y entregándole el tazón y la cuchara a Emily, quien
hace un desastre en los primeros cinco segundos. Su cabello ligero y fino está
cubierto por el pegote naranja que escogimos para su almuerzo.
—¿Estás ansiosa por tu segundo día?
Arrugo la nariz como forma de mostrarle que estoy sinceramente
aterrorizada.
—No creo estar hecha para la vida en la cocina.
—Todos los trabajos son difíciles al principio. —Se inclina para besar mis
labios y Dillan protesta golpeando su mejilla con una mano rechoncha—. Solo estás
entrenando. Para esta fecha, el año próximo, serás mejor que Kerim. Ya verás.
Lo encuentro tan difícil de creer, pero agradezco todo el apoyo.
—Tu fe en mí es asombrosa.
—Bueno, todavía tenemos tres horas antes de que tengas que irte. —Toma a
Dillan de mis brazos y lo coloca en el suelo. Emily permanece atada en su silla de
comer a mi izquierda, aplastando felizmente los gruesos trozos naranja en su tazón
con las manos—. ¿Qué quieres hacer?
—Bueno, hay muchas cosas que me encantaría hacer, o, lo que es más
importante —doy un paso hacia él, envuelvo mis brazos a su alrededor y meto mis
dedos en los bolsillos traseros de su jean—, me encantaría hacérselo a alguien…
—Eres insaciable —susurra y mis ojos se cierran anticipando el beso que sé
que vendrá. Chupa mi labio inferior—. Ojalá pudiera inclinarte sobre este
mostrador...
Sonriendo, me retiro y levanto una ceja.
—Realmente estás en eso en este momento, ¿no?
—Tiene sus ventajas.
—Simplemente te gusta jalar mi cabello. —Mi boca se abre—. No crees que
Dillan haya visto...
—¡No! —prácticamente grita, horrorizado—. ¡Por supuesto que no nos ha
visto!
—Estaba bromeando —lo calmo, dándome cuenta de mi error. Decir que
Nathan todavía tiene problemas con respecto a su horrible crianza sería un
eufemismo. Estamos trabajando en ello—. Lo siento; eso no fue una buena broma.
Se aleja y sé que el momento ha desaparecido. Solo necesita tiempo.
—Vamos, cariño —le digo suavemente a Emily y desabrocho sus amarres—.
Vamos a limpiarte.
Nathan finge estar buscando algo en la nevera, pero puedo decir que solo
necesita un tiempo a solas.
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—Te amo —digo por encima de mi hombro mientras camino hacia el pasillo.
Dillan nos sigue, agarrando su tren de juguete apretado contra su pecho.
—Te awooo —copia Dillan y le sonrío.
Nathan no responde; solo sigue mirando fijamente a la nevera. Suspirando
pesadamente, llevo a Emily por las escaleras, cerrando la portezuela de seguridad
detrás de mí para evitar que Dillan nos siga y rápidamente la aseo en el lavabo del
baño.
No es hasta que regreso abajo, con una bebé limpia y vestida en mis brazos,
que Nathan finalmente ha recuperado su simpatía. Me besa en el segundo que
puede agarrarme y todo está bien en el mundo.
Así que no somos perfectos. Estamos lidiando con ello lo mejor que podemos.
—Yo también te amo —responde. Tarde, pero responde.
—No tienes que decírmelo. Ya lo sé —le aseguro, y coloco a Emily en el suelo.
Inmediatamente busca a su hermano. Su vínculo amor-odio es hermoso hasta que
uno de ellos está gritando.
—Me gusta decírtelo.
—Me gusta que me lo digas, pero me lo demuestras lo suficiente cada día.
—Eres tan poco necesitada, ¿y te preguntas por qué quiero casarme contigo?
—Sus labios encuentran mi mandíbula—. Dejemos que los niños nos utilicen como
pared de escalar mientras miramos infinidad de coloridos programas de televisión
con loros bailando y títeres.
—Oooh, nuestras vidas son tan emocionantes —me burlo y vamos a la sala de
estar.
—¿Has pensado en la boda? —pregunta Nathan después de enredar su cuerpo
con el mío en el sofá. Emily se trepa en sus piernas y le exige que juegue con ella.
Como siempre, acepta. Su pequeña risita mientras la atrae hacia él y la mordisquea
en el cuello derrite mi corazón.
—Yo, uh... —Me vuelvo a enfocar—. Tengo unos cuantos lugares que quiero
que veamos, pero…
—¿Qué?
—Bueno, en realidad no conocemos a nadie a quién invitar —admito con
solemnidad—. Y no quiero contratar un lugar enorme para una boda pequeña.
—Siempre podríamos huir.
—Mmm... —Es romántico, pero me encanta la idea de planear una boda.
—Las bodas íntimas son más bonitas, ¿no?
Pongo los ojos en blanco.
—En este punto seremos tú, los niños, mi mamá y yo.
—Y Tommy y Sasha. —Sonríe, y yo suelto un gruñido cuando Emily se 17
arrastra hacia mí. Dillan, viendo a su hermana acercarse, se pone inmediatamente
celoso y exige que lo levante—. No te preocupes. —Nathan me acaricia la mejilla
con la nariz—. Todo saldrá bien. Solo date prisa y déjame darte mi apellido.
—Lo haré.
—¿Cuándo? —Su pulgar tira del anillo en mi mano izquierda.
—Déjame concentrarme en el entrenamiento, ¿de acuerdo?
Sonríe, se inclina y me besa la punta de la nariz.
—De acuerdo, tienes razón. Demasiada presión.
—¿Quieres que te haga algo para cenar antes de ir a trabajar? Puedes
calentarlo más tarde.
—Otra razón por la que quiero hacerte mi esposa. —Prácticamente soy
empujada para salir del sofá—. No sé si te has dado cuenta, pero te traje todos los
ingredientes para hacer esa pasta de chile que me encanta.
Me río, veo hacia el cielo y camino hacia la cocina. Espero no perder nunca mi
pasión y amor por la cocina, a pesar de las tensiones que mi nuevo trabajo puede
poner en mí.
—Te volverás más rápida —me tranquilizan mientras rebano una papa.
—Si tú lo dices —balbuceo.
Siento que mi brazo se balancea hacia atrás mientras estoy girando y mi jefe...
el jefe de cocina... está directamente sobre mi rostro.
—¿Qué clase de charla es esta? Si no tienes fe en ti misma, ¿por qué yo debería
tener fe en ti? —Deja un cuchillo al lado de la papa y sus ojos castaños se
entrecierran con molestia—. Corta la maldita cosa y alégrate por ello o sal de mi
maldita cocina.
Lo odio. Dice demasiadas groserías. Ahora entiendo por qué Nathan odia
cuando digo palabrotas. Es un lenguaje tan poco atractivo. Por lo menos tiene los
ojos bonitos y su aliento siempre huele a menta. Si me gritara con un aliento
horrible, ya habría renunciado.
—Tiene un punto —dice Patience, encogiéndose de hombros—. Nos estás
frenando tal como estás.
—Ella es toda una alegría, ¿verdad? —Un joven que se presentó como Sean
sonríe del otro lado de la mesa. Está pelando las papas que estoy cortando, aunque
en realidad es el limpiador designado.
No hago comentarios. No quiero criticar a la gente con la que trabajo en mi
segundo día, o nunca. Simplemente sonrío y me concentro en las papas.
Papas.
Solo papas.
18
Hablando de comenzar desde cero. Estoy tan nerviosa; no quiero estropearlo.
No quiero decepcionar a nadie. Sé que puedo hacerlo mejor.
Quiero decir, sé cómo pelar y cortar una condenada papa. Si estuviera sola,
me daría una bofetada.
—Necesitamos cebollas picadas —grita Kerim cuando termino mi última
papa—. Rápido.
—¡Sí, chef! —grito por el ruido de la cocina e introduzco un trozo de chicle en
mi boca. Un pequeño truco para que tus ojos no lloren es masticar chicle mientras
cortas las cebollas. Aunque cuando agarro el cubo lleno de cebollas, me doy cuenta
que necesito más que masticar chicle en mi arsenal para impedir que mis ojos
lloren. Quiero llorar solo de ver la montaña. Afortunadamente, soy muy buena
picándolas. Sé que puedo hacer esto rápidamente.

Tengo un descanso de quince minutos cuando el restaurante se calma a las


once de la noche. Normalmente llamaría a Nathan, pero tengo la sensación de que
estará durmiendo, así que en su lugar llamo a Sasha para reportarme. Han pasado
varios días desde la última vez que hablamos como se debe. Sé que definitivamente
está despierta porque acaba de actualizar su estado en Facebook hace dos minutos.
—Hola, forastera —me saluda inmediatamente, su tono feliz.
—No tengo mucho tiempo; estoy tomando un descanso. —Tomo mi bebida y
compruebo la hora en mi teléfono. Tengo exactamente seis minutos.
—Me honra haber sido la elegida. —Se ríe un poco—. ¿Qué tal el trabajo?
—Estoy agotada.
—Solo es tu segundo día; lo superarás.
—Uy. —Sonrío—. Gracias por el apoyo.
—De nada. ¿Cómo lo está haciendo Nathan?
—Mejor de lo que esperaba —admito, pensando en el guapo hombre con
quien comparto mi vida—. Me encanta. Es tan bueno conmigo.
—Sí —está de acuerdo—. Hablando de compañeros, creo que Tommy me va a
pedir que me case con él.
Mi mandíbula golpea el suelo.
—¿Estás bromeando?
—No, últimamente ha estado muy nervioso y sigue jugando con algo en su
bolsillo.
Con eso, bufo.
—¿Estás segura de que no está jugando consigo mismo?
—Difícilmente.
—Te necesitamos de nuevo allá adentro —grita Patience a través de las 19
puertas dobles—. ¡Ahora!
Suspirando pesadamente, me levanto.
—Tengo que irme.
—Eso escuché.
—Hablaremos más sobre Tommy y su bolsillo mañana.
—Te quiero, perra.
—Te amo más, imbécil.
Cuelgo y me apresuro. Estaba disfrutando de estar sentada. Estoy tan
cansada.
—Come —demanda Kerim, deslizando un peculiar plato rojo delante de mí—.
No te envenenará.
—Gracias —murmuro, sin mirarle a los ojos mientras tomo un pedazo de
berenjena con mi tenedor y lo pongo en mi lengua. Oh Dios mío. No puedo evitar
gemir. Eso es demasiado bueno.
—¿Te gusta?
—Es asombroso.
Tomo un pedazo de cordero y cebolla y los mastico lentamente para saborear
cada segundo. No me había dado cuenta de cuán hambrienta estaba.
Kerim inclina la cabeza hacia un lado mientras me mira comer y me parece un
poco desconcertante.
—Termínatelo todo. Toma un café. Necesito que te quedes hasta las cuatro.
Parpadeo.
—Pero cerramos a medianoche.
—Sí. —Es todo lo que dice antes de volver a su trabajo. Lo miro fijamente,
preguntándome por qué me está obligando a quedarme tan tarde. Sin embargo, no
discutiré, tan cansada como estoy. Quiero estar aquí. Necesito estar aquí. Tal vez
esta es una prueba para ver si tengo lo que se necesita para lograr estar en su
cocina. Espero que sí. Todo lo que puedo hacer es intentarlo.
—De acuerdo, chef —murmuro y termino mi deliciosa comida.

Llega la medianoche y comienza la limpieza. Más que todo tenemos a alguien


designado para limpiar mientras la noche avanza, pero todos nos lanzamos a la
tarea al final del día. No es hasta que todas las luces están apagadas, excepto la
tenue luz blanca sobre la unidad central, y todo el mundo se ha ido que Kerim
finalmente reaparece de la sala de profesores.
—Ven. —Me señala la gran superficie metálica bajo la luz—. Esta noche te
enseñaré dos cosas. 20
—Bueno.
—Uno, cómo cortar con los ojos cerrados.
Mis ojos se amplían involuntariamente cuando lleva un cuchillo largo y plano
a la mesa seguido de un cubo de zanahorias, papas y puerros.
Cuando rodea la mesa y sostiene una larga bufanda de plata, inmediatamente
doy un paso hacia atrás. Mi rostro sin duda está tan asustado como mi corazón.
Pensamientos interminables de él atándome y mutilándome aparecen en mi mente.
Quiero decir, ¿qué tan bien conocemos a este tipo? Por lo que sabemos, podría
estar cocinando seres humanos en vez de cordero. ¿Si quiera reconocemos el sabor
del cordero?
¿Por qué me estoy preguntando cómo saben los seres humanos?
El mundo se vuelve negro mientras el suave tejido plateado hace cosquillas
sobre el puente de mi nariz.
—¿Quieres que maneje un cuchillo afilado sin ver?
—No inmediatamente; te ayudaré.
Siento su pecho contra mi espalda y todo mi cuerpo se tensa. Nunca he estado
tan cerca de otro ser humano en los últimos dos años, a excepción de Nathan. No
me gusta. Me hace sentir incómoda.
—Relájate. —Sus manos cubren las mías y las guían hasta el cuchillo y la
papa—. Quiero que aprendas los tamaños que requieren nuestras recetas.
—¿Sin la vista?
Su risa sopla aliento contra mi oreja.
—Así aprendí y aprendí rápido.
—Perderé un dedo.
—No, tendrás más cuidado porque...
—No tengo vista. —Termino y dejo salir mi respiración. Sus manos sacuden
las mías sueltas y hacen un trabajo rápido deslizándose a través de la papa—. Las
zanahorias son más fáciles, ya que tenemos la rebanadora, pero todavía tienes que
trabajar con la rebanadora y saber los tamaños.
—Lo tengo.
—Chef —se queja.
—Lo siento —murmuro y se aclara la garganta, un empujón persistente para
que termine como él quiere que lo haga—. Chef. Lo siento, chef.
—Dentro de esta cocina no soy tu amigo. No soy amigo de tu marido. No te
conozco más allá de esta cocina mientras estoy en esta cocina. Así que cuando te
grito —sus manos continúan moviendo la mía, cortando cuidadosamente la papa—,
no es nada personal; todo es profesional. Le digo esto a todo mi personal y lo
mantengo. ¿Lo entiendes?
—Sí, chef. 21
—No habrá argumentos personales que no involucren a esta cocina en un
radio de dos kilómetros de esta cocina.
—S-sí Chef.
—No habrá coqueteo o conversación con otros miembros de esta cocina, a
menos que sea en un descanso, e incluso entonces no se establecerán apegos
personales —gruñe, cortando el último trozo de la papa. Siento su textura suave y
húmeda bajo mis dedos—. No habrá reuniones fuera del trabajo. No quiero drama
en esta cocina. La naturaleza humana nos obliga a actuar como locos cuando
estamos enojados con otro. ¿Lo entiendes?
—Creo que sí. —Quiero aclarar mi garganta y mojar mis labios que se han
secado de los nervios.
Su tono es alto, incrédulo.
—¿Solo crees que lo entiendes?
—No —corrijo rápidamente—. Entiendo, chef.
—Bien, entonces dilo la maldita próxima vez. —Me libera—. Sigue cortando
esos mismos tamaños. Estabas prestando atención, ¿no?
—Difícil no hacerlo cuando está tratando de entrar en mi cuerpo, chef —
comento y su risa en respuesta me sorprende.
—Bueno. Puede haber esperanza para ti todavía. Ahora, corta.

22
Capítulo tres
El sol está brillando en el cielo cuando finalmente llego a casa. Son casi las
cinco de la mañana e incluso a tal hora, el tráfico en Londres puede ser una batalla.
Silenciosa y lentamente desbloqueo la puerta delantera y entro. Está oscuro
salvo por las pequeñas luces en la pared, iluminando tenuemente mi camino.
No puedo recordar un tiempo en que haya llegado a casa con un Nathan
dormido. Es surrealista.
Se ve tan lleno de paz. Casi no me atrevo a desvestirme por si lo despierto,
pero de alguna manera lo hago. Una vez que estoy desnuda, me siento en la cama y
beso su sien. Está acostado bocabajo, sus brazos abrazando la parte inferior de su
almohada. Sus labios apretados en la forma de un corazón torcido. Beso la esquina
y paso mis dedos por su brazo.
Ni un solo gramo de mí recuerda caer dormida. Cuando finalmente despierto
a mediodía del día siguiente, es para encontrar una nota al lado que dice:
“He llevado a los niños a la tienda. No quería despertarte.
Duerme bien; llámame cuando estés levantada. Te extraño.”
xNx
Sonriendo, rápidamente recojo mi cabello y busco mi bolso y teléfono. Mi
23
cuerpo duele mucho del día anterior. Intento enfocarme en el lado positivo… todo
el peso que perderé y el músculo que ganaré.
Desafortunadamente, debido a estar tan malditamente cansada cuando llegué
a casa, no puse mi teléfono a cargar, así que para usarlo tengo que enchufarlo al
cargador. Esto significa que no puedo cocinar y hablar al mismo tiempo y estoy
famélica, pero mi pareja significa más para mí que mi estómago, así que el llamarlo
gana.
Suspiro.
Al segundo en que mi teléfono se enciende, repica. El rostro de mi mamá y su
número iluminan la pantalla. Contemplo colgar, pero le debo una llamada.
—¿Cómo va todo? ¿Es maravilloso? ¿Estás aprendiendo mucho? —parlotea,
apenas haciendo una pausa entre cada pregunta—. He estado intentando llamarte
toda la mañana…
—Estaba durmiendo —explico, sonriendo ante el frenetismo con el que está
hablando—. Llegué tarde anoche; sí, es maravilloso; es duro, pero estoy
aprendiendo.
—¿Necesitas que vaya y me quede por un tiempo? ¿Ayudarte con los niños?
—No, estamos bien. Dejaremos eso para cuando estemos desesperados. —Mi
mamá vendría enseguida, pero solo consigue un tanto de tiempo libre en el trabajo.
Nunca la obligaría a usar su tiempo vacacional si no estuviera desesperada. Somos
afortunados de tenerla.
—Deberías considerar contratar una niñera.
—Nathan está seguro de que puede ocuparse y lo está haciendo fantástico
hasta ahora.
—Hasta ahora —enfatiza las palabras—. Solo es el segundo día.
—Oh, mujer de poca fe. —Mi sonrisa se convierte en un ceño—. No seas tan
negativa.
—Lo siento, no es mi intención. Los extraño, chicos.
Mi sonrisa regresa y así lo hace la suavidad en mi voz.
—También te extrañamos. Emily puede decir “Nana” ahora. Ve tus fotos y
vídeos y su rostro se ilumina.
—Bien. Besa esas regordetas mejillas por mí.
—Lo haré, pero tengo que irme. Necesito llamar a Nathan.
—¿Dónde está?
—En la tienda, lo más probable. Ama llevar a los niños allí. Los clientes los
aman. —Reviso mi teléfono cuando vibra con cada mensaje entrante que he
recibido durante el tiempo que ha estado apagado—. Te llamaré después. Te quiero.
—Adiós, cariño. También te quiero.
La línea se desconecta y no pierdo ni un segundo en llamar a mi único. 24
—Oye, estás viva. —Suena feliz y también sin respiración. Amo el profundo y
ronco sonido de su voz. Despierta mi propia alma.
—Apenas, me duele. —Se ríe ante mi gemido—. Los extraño; ¿dónde están,
chicos?
—Estamos almorzando después de un placentero paseo por Hyde Park.
Oigo a Dillan gritar:
—¡Paloma!
Nathan suspira y me río.
—O era un placentero paseo —murmura muy bajo para que solo yo lo escuche.
—Sabes cuánto ama los pájaros.
—No, no es eso… ¿puedo volver a llamarte?
—¿Qué? ¿Por qué? —Mi corazón empieza a latir con rapidez—. ¿Qué pasa?
—Mi, mmm… mi madre.
Santa mierda. Mi rostro se sonroja con fuego. Estoy tan enojada al saber que
está incluso a ocho kilómetros de mis hijos.
—Más le vale no intentar hablar contigo.
—Por supuesto que no lo hará, pero preferiría que no viera a nuestros hijos.
Te llamaré. —Cuelga antes de poder protestar, no que fuera a hacerlo. Claramente
necesita ambas manos libres para alejar a los niños de esa malvada bruja.
Hablando de sus padres, el juicio de su papá es pronto. Tuvo un ataque al
corazón dos meses después de que casi nos matara y pospusieron el evento, aunque
no ha sido dejado en libertad mientras tanto. No estoy totalmente segura de cómo
ha sido tratado; Nathan odia hablar sobre ello. Lo que sé es que está mirando a una
sentencia de por vida. Solo espero que su influencia en el mundo de los negocios, su
dinero y su falta de antecedentes criminales no influyan en eso.
Ese hombre es un monstruo y merece cada gramo de dolor y castigo que
reciba. Si pudiera personalmente dispararle en el rostro, lo haría.
Su madre no es mejor. Viles monstruos, ese par.
Sin embargo, pensar tan oscuras ideas difícilmente me hace poner mejor. No
debería estar pensando en ellos en absoluto.
Respira profundo.
Nathan no me llama de nuevo y no quiero molestarlo si está acompañando a
los niños, así que me tomo el tiempo a solas para hacer los deberes y tomar una
ducha. Tengo que estar en el trabajo a las cuatro, por suerte no demasiado pronto,
así que tengo tiempo para recuperarme, aunque realmente me gustaría ver a mis
bebés antes de desaparecer por doce horas de nuevo.
Gwen: ¿Están viniendo a casa siquiera? Tengo que irme de nuevo
pronto.
25
Nathan: Estamos en camino. El tráfico es terrible. Beso.
Siempre lo es, pero estoy demasiado asustada de usar el metro sola. Crecí en
una pequeña ciudad y las grandes me asustan. Al momento en que tenga una
oportunidad, me iré de Londres y volveré al campo. Tan horribles como son los
recuerdos que esa casa contenía, fue el primer lugar que alguna vez sentí de verdad
como hogar. Extraño el silencio. Extraño los olores. Extraño cómo se sentía estar
allí con Nathan. Sonrío cuando mi mente invoca un recuerdo de la vez que Nathan
se me declaró en una carta y la evité durante días. Esto entonces desencadena el
recuerdo de la conversación que tuve con Sasha anoche.
Gwen: ¿Te lo ha pedido ya?
Sasha: No ha llegado aún a casa del trabajo.
Gwen: Oh…
Sasha: ¿Debería revisar su bolsillo?
Gwen: ¡Absolutamente no! Deja que lo haga a su manera.
Sin embargo, me sorprende que Tommy no haya mencionado nada. Hablé con
él el pasado viernes. No nos mandamos muchos mensajes estos días; llamamos y
conversamos. Odia mandar mensajes; siente como si fuera demasiado impersonal.
Eso y que no quiere perder tiempo tecleando cuando puede tener lo que necesita
decir en menos de cinco minutos.
Sasha: ¿No husmearías?
Gwen: Nop.
Sasha: Aburrido. ¿Dónde está la emoción en eso?
Poniendo los ojos en blanco, pero con una amplia sonrisa, dejo el teléfono y
voy a la cocina. Necesito comer antes del trabajo. Debido a que dormí hasta tarde,
mi reloj corporal está todo mal. No desayuné hasta el almuerzo y a pesar de que no
tengo hambre aún, no sé a qué hora tendré un descanso en el trabajo y seré capaz
de comer, así que voy a abastecerme con comida energética ahora. Una ensalada de
fruta y un poco de yogur griego deberían servir. Espero.
También tomo un par de analgésicos con mi comida para ayudar con el dolor.
—Siento llegar tan tarde —grita Nathan cuando entra, pero no me preocupa
eso. Solo estoy feliz de verlo y a mis pequeñas linduras.
Dillan corre para saltar sobre mí y de inmediato entierra su rostro en mi
cabello. Nathan equilibra a Emily en su cadera y frota su nariz contra la de él. La
manera en que le sonríe con ojos soñolientos que combinan con los de él, casi me
derrite.
—¿Qué pasó con tu madre? —pregunto, sin querer arruinar este precioso
momento, pero necesito saber.
Se encoge de hombros y sus ojos evitan los míos.
—Nada.
De alguna manera, no le creo.
26
—¿Nada?
—Sí, nada. —Ahora encuentra mis ojos, sus cejas se alzan con indignación—.
Hablo en serio. Tomé a los niños y nos fuimos.
—¿No te vio?
Se encoge de hombros y frota la nariz de Emily. Ella ríe y golpea las mejillas
de él con ambas manos.
—Extrañamos a mami, ¿verdad?
—Sí. —Dillan sonríe, haciéndome sonreír de la misma forma.
—Los amo a todos. —Beso a Nathan firmemente en los labios y luego a mi
pequeña, mientras Dillan se aferra fuertemente a mi cuello, y luego lo beso a él
también—. ¿Han tenido un buen día?
—¡El mejor! Hemos vendido dijes de Forever Connected; solo quedan unos
pocos.
—Se están haciendo muy populares. —Sonrío, orgullosa de él por todos sus
logros.
—Voy a tener que diseñar y hacer unos nuevos. He tenido unas pocas
solicitudes.
—¿Tal vez puedes hacer una competición o algo? ¿Ver si la gente puede
diseñar el suyo propio y el que más te guste, gana todo un brazalete o algo?
—Mmm —tararea pensativamente—. No es mala idea; tendré que hablarlo con
los otros.
—¿Cuán malo es el tráfico?
—Atasco.
Besándolo una vez más, doy un paso atrás y paso mis dedos por el fino cabello
de Emily.
—Debería irme entonces o voy a llegar tarde. ¿Podemos hablar sobre esto más
tarde? —Tomando a nuestra hija de sus brazos y maniobrando a Dillan en los
suyos, compartimos un abrazo de grupo y numerosos besos, y luego estoy en
camino.
Estoy agradecida de tener mañana la noche libre o creo que podría morir.

Como esperaba, el tráfico es loco, pero estoy diez minutos antes de tiempo
cuando finalmente llego al trabajo. El alivio que siento es sustancial. Sin embargo,
podría tener que empezar a tomar el metro; me ahorraría un montón de tiempo y
dinero. ¡Simplemente es tan terrorífico!
—Bien, estás aquí. Prueba esto. —Una cuchara es forzosamente empujada en
mi boca por Kerim. Patience está a su lado, pareciendo esperanzada.
La sopa agria toca mi lengua y no estoy segura de ser una fan. 27

—¿Cómo está? —pregunta Patience.


—Demasiada sal —declaro y Harold, el chef ayudante, aplaude y grita:
—Te lo dije.
—Diablos —sisea Patience, frunciéndome el ceño como si fuera mi culpa que
arruinara el plato.
—La próxima vez ni se te ocurra discutir o estás despedida —le grita Kerim a
ella, lanzando la cuchara sobre el mismo mostrador en el que cortamos las papas a
horas tempranas—. Si digo que es mierda, entonces es mierda.
—Pero…
—No, eres el segundo chef. ¡ME sigues! —grita Kerim, su nariz a un
centímetro de la de ella—. ¿Entiendes?
—Sí, chef —murmura, sus mejillas sonrojándose con humillación.
—Ven. —Kerim agarra mi brazo y me saca por la puerta—. Me seguirás.
Necesitamos ordenar la carne.
—¿Estará bien la cocina sin ti?
—Probablemente no, pero necesitamos ordenar carne. —Medio me arrastra
alrededor del restaurante—. Necesitas aprender los mejores cortes contra los
peores cortes ya que ese será tu trabajo a partir de la próxima semana.
—¿Por qué?
—Porque tienes que aprender la calidad de la carne, la del pescado, debes
saberlo todo.
Mis piernas apenas pueden mantenerse al día con sus largas zancadas.
Nos detenemos en la esquina y dos grandes camionetas tipo cava y sin
etiquetas aparecen a la vista.
Los hombres dentro salen de los asientos del conductor como si llevaran a
cabo un movimiento sincronizado. Casi me río cuando ambos se rascan sus cabezas
al mismo tiempo, aunque la acción termina cuando solo el primer hombre en la
primera camioneta abre la puerta deslizante en el lateral.
Kerim entra primero y luego me lleva junto a él.
Hay bandejas llenas de carnes rojas en la izquierda, todas cuidadosamente
selladas y contenidas, y lo mismo para las carnes blancas a la derecha.
—Necesitamos carne de ganso, cordero, res, pollo y pato —me espeta Kerim—.
¿Ves esto? —Levanta un abultado y pequeño pato—. Esto no es bueno. ¿Por qué?
—Porque… mmm… —No veo imperfecciones.
—Porque no está equilibrado. Hay demasiada grasa.
—Entonces, ¿sin grasa? —inquiero. 28
Pone los ojos en blanco.
—La carne siempre debe tener grasa. La grasa contiene un montón de sabor y
hace que las salsas sepan bien. Necesita estar equilibrado. Siete por ciento de grasa
para el noventa y tres por ciento de carne para los patos. Son demasiado pequeños
para permitir más. —Arroja el pato al contenedor detrás de él—. ¿Me sigues?
—Tiene sentido. —Observo mientras hábilmente toquetea cada bolsa
individual de carne, buscando los mejores cortes, hasta que tiene cuatro bandejas
de plástico llenos de las carnes que necesita. Paga al hombre de la camioneta de un
paquete de dinero metido en el bolsillo del pecho de su chaqueta blanca.
—De acuerdo, ahora el pescado.
—Sinceramente no sé mucho sobre pescado.
Se vuelve para mirarme con fijeza, su rostro una máscara sin expresión. Luego
se gira de nuevo hacia la segunda furgoneta mientras el hombre de la primera lleva
las bandejas hacia el restaurante.
—Entonces te enseñaremos eso también. —Agita su mano y, como antes,
entramos en la segunda camioneta y de inmediato examina la gran cantidad de
pescados dentro. No puedo distinguir una merluza de un róbalo. Esto va a requerir
alguna seria investigación.
—Apestas —insiste Nathan al segundo en que entro en casa. Sujeta su nariz
con sus dedos—. Medio desearía no haberte esperado levantado ahora.
—Lo sé; lo siento. He estado en la pescadería durante la pasada hora
estudiando pescados.
—¿Estudiando pescados? —Suena taponado por ser incapaz de respirar por la
nariz. Empiezo a quitarme la ropa al segundo en que sostiene una bolsa de basura
abierta para mí—. Eso suena… raro.
—No puedo diferenciar entre el bacalao y cualquier otro pescado —admito,
dejando caer mis bragas en el suelo con mis leggings—. Bueno, puedo ahora, pero
antes no.
—Bonito.
—Soy inmune al olor. ¿Estoy horrible?
—Aún te lo haría. —Se inclina para presionar sus labios contra los míos, pero
hace una rápida retirada—. Después de que te hayas duchado.
—Cobarde —grito burlonamente y subo las escaleras. Nathan me sigue de
cerca con una botella de desinfectante en una mano y una esponja en la otra. Si
planea limpiarme con eso, tendremos problemas.
Soy forzada a ducharme tres veces antes de que esté satisfecho y para el final
de la tercera vez, la casa huele a desinfectante y Nathan está dormido en la cama, la
botella de limpiador vacía descansando a su lado en la mesita de noche. 29
Además, mi piel está roja, pero huelo a frambuesas, así que no estoy
totalmente infeliz por ello.
Es una buena cosa que lo ame.

Soy despertada cuando un niño aterriza pesadamente sobre mi estómago.


Suelto un “uf” cuando el aire es sacado. Un lío de rizos castaños cosquillea en mi
nariz y las risitas de Dillan mientras sube por mi cuerpo, hacen de este repentino
despertar el mejor tipo de ello.
—Mami —grita y sube mi párpado.
—¡Oye! —Apartando su mano, nos doy la vuelta y muerdo su regordete y
pequeño hombro.
—Noooo. —Se ríe histéricamente y me aleja.
Obviamente, me detengo cuando es demasiado para él.
—Te quiero.
—Te quiedo —responde y acepta mi beso—. Papi uh-oh.
—¿Papi qué?
—Uh-oooooh. —Frunce el ceño y se revuelve para salir de debajo de mí. Me
siento y observo la habitación vacía.
—Dónde está tu papi, me pregunto —murmuro, saliendo de la cama. Cierro la
puerta del dormitorio para que el pequeño terror no pueda escapar, y rápidamente
me visto—. ¿NATHAN?
No responde, así que levanto a Dillan en mis brazos y doy un paso en el
oscuro pasillo que aún huele a desinfectante.
—¿Nathan?
Puedo oírlo hablar y suena como si procediera de la cocina. No puedo
entender lo que está diciendo.
Cuando entro en la bien iluminada habitación, de inmediato diviso a Emily en
su sillita alta comiendo rodajas de banana. Nathan debe haber dejado a Dillan en
mi habitación e irse. Está de pie en la puerta que dirige a nuestro pequeño jardín
trasero y parece estar atrapado en una profunda conversación. Su tono es tan bajo
que apenas puedo oírlo.
Cuando siente mi presencia, rápidamente espeta:
—Tengo que irme. Ahora. —Y luego cuelga el teléfono.
—¿Qué diablos fue todo eso? —pregunto con brusquedad, sintiéndome
desinformada y un poco nerviosa.
—Nada —responde. Su ceño se frunce, haciendo las líneas en su frente
profundas y preocupantes—. Solo cosas de la tienda. Odio cuando me molestan en
casa. 30
Parpadeo, dudando de su mentira.
—¿Desde cuándo?
—Desde ahora —espeta en respuesta, pero rápidamente se suaviza cuando ve
que me ha molestado—. Lo siento. Es solo que han estado llamando sin parar toda
la mañana y por cosas estúpidas. He estado despierto desde las seis. Dillan me ha
estado volviendo loco, sacando todo de los armarios.
—¿Están rotos los cierres para niños?
—El inteligente y pequeño bastardo descubrió cómo abrirlos. —Soy atraída a
sus brazos y besada lenta y maravillosamente. Tan maravillosamente que olvido
todo lo demás por un momento—. O los mejoramos o lo atamos a su silla. —Un
plato repiquetea en el suelo, pero por fortuna no se rompe.
—Dillan —lo regaño, y lo alejo del peligro inmediato—. Ven, vamos a jugar en
la habitación mientras papi limpia a tu hermana. —Antes de salir por completo, me
vuelvo hacia mi futuro esposo—. ¿Estás seguro de que no quieres contratar una
niñera? No es que no podamos permitírnoslo ahora.
—No, podemos manejar esto —espeta, ofendido por mi sugerencia.
—Bien, lo siento. No dudo de ti. Es solo que no quiero que te excedas con el
trabajo.
—Lo sé, solo… no quiero que sean criados por otras personas. —Sus labios se
tuercen en una mueca.
—Solo tendría que ser por un día o dos a la semana. Solo para darte un
descanso.
—No, ¿de acuerdo? Estamos bien. Ahora, ¿tienes hambre?
Asiento.
—Hambrienta. ¿Tú?
—Igual. ¿Cocino?
—Improvisaré algo de avena y luego podemos ir a la tienda para resolver las
miles de llamadas que al parecer has estado recibiendo.
—No pasa nada. —Me hace un ademán con la mano—. Está resuelto.
Llevemos a los niños a jugar en su lugar.
Asiento en acuerdo.
—Eso ciertamente suena como un mejor plan.
—Me alegra que estés de acuerdo. Me encargaré del bolso de cambio; haz la
avena y discutiremos sobre quién lleva a Dillan y quién a Emily.
—Como nuestra rutina habitual. —Sonrío, riendo un poco—. Amo nuestra
vida —murmura y me aprieta contra su pecho. Meto mi cabeza bajo su barbilla y
pregunto—: ¿Y tú?
—Por supuesto.
31
—¿Eres feliz?
—Un cien mil por ciento.
—Yo también. —Me alejo y alcanzo el armario que guarda la avena.
—Lo sé. —Sonríe con arrogancia antes de azotar mi trasero y salir de la cocina.
Los niños lo siguen de cerca.
Capítulo cuatro
—¡Él todavía no me ha preguntado! —chilla Sasha antes de tener la
oportunidad de decir hola.
—¿Alguna vez pensaste que tal vez estés equivocada y él no va a hacerlo por
ahora?
Hay una larga pausa, donde incluso ha parado de respirar.
—¡MIERDA!
—Cálmate.
Tengo que mantener el teléfono alejado de mi oído para evitar cualquier daño
a largo plazo.
—Probablemente tienes razón, oh Dios mío... ¿y si me está engañando?
Ojos en blanco.
—No te está engañando.
—Pero…
—Sasha…
—Está bien, está bien, pero ¿y si lo está?
—Voy a colgar. 32
—¡No! Está bien, lo siento, dejaré de obsesionarme. Cuéntame de ti. ¿Cómo
están los niños?
Me hundo en mi asiento y apoyo mis pies en la mesita de café.
—Están fabulosos. Dillan usó el inodoro dos veces ayer.
—¿El inodoro?
—Sí, no le gustaba la bacinica, así que le compramos un adaptador de inodoro
para niños y un escalón. Es tan adorable.
—Guácala. —Se ríe—. Solo una madre cursi como tú, podría encontrar lindo el
entrenamiento para ir al baño.
—Lo que sea, ayer fue un buen día.
—¿Y qué sobre hoy?
—Bueno, hemos estado en la tienda toda la mañana así que tuvo que usar
pañales.
—No sé lo qué es eso. —Toma un ruidoso trago de algo—. Me encanta el café.
—A mí también.
—Entonces, ¿cómo piensas que se declarará cuando me proponga
matrimonio?
Y volvemos a eso.
—Pregúntale a él; tal vez te lo diga.
—Eres pésima en esto.
—Adiós, Sasha. —Me río.
—Espera, tal vez tú puedas preguntar...
Cuelgo antes de que pueda terminar. De ninguna manera estoy siendo
arrastrada a su locura. No esta vez.
Kerim: Te necesito en el trabajo ahora mismo. Patience está
enferma.
Mierda.
—¡Nathan! —llamo y un instante después aparece en la puerta.
—¿Sí?
—Tengo que ir al trabajo.
Cierra sus ojos.
—Pero acabamos de dormir a los niños.
—Lo sé, pero necesito hacer una buena impresión.
Él asoma su labio inferior en un mohín.
33
—Lo entiendo. No te preocupes. —Acercándose, extiende su mano y me jala
de mi posición cómoda—. Al menos tuvimos todo el día de ayer y de hoy juntos.
—Exactamente.
Me dejo caer como un peso muerto, sabiendo que me atrapará.
Él gruñe, sosteniéndome bajo los hombros mientras me cuelgo de él como un
fideo sumamente pesado.
—Quizás, tengas que arrastrarme hasta allá.
—Levántate. —Se ríe. Me encanta hacerlo reír. Sin embargo, no me encanta lo
suficiente como para levantarme—. Vamos, Gwen. O vas a trabajar duro o te quedas
y me dejas usar tu cuerpo en deliciosas maneras que me complazcan.
—Ugh, ahora has hecho que ser un adulto sea aún más difícil.
—Simplemente ignóralo. Tienes niños…
—No seas incitador. —Me pongo derecha y le doy un puñetazo en el brazo.
—No estoy seguro de que sea la palabra propicia en este escenario.
Exhalando, estiro mi cuerpo y le frunzo el ceño.
—No me corrijas cuando estoy siendo linda.
—¿Cuándo fuiste linda?
—Vete al diablo. —Sonrío y agarro mi teléfono del sofá.
Gwen: Salgo ahora. Beso
Nathan, que me observó escribir por encima de mi hombro, se queja de
inmediato:
—¿A qué viene el beso? —Su tono apesta a celos y a disgusto.
Inmediatamente lamento mi error y no solo porque mi pareja lo ha señalado y
que eso lo ha hecho sentir incómodo, sino porque acabo de enviarle un beso a mi
jefe.
—Hábito total. Sinceramente no quise enviar eso. —Mis dientes se hunden en
mi labio inferior y es doloroso. Me lo merezco—. ¿Crees que estará extrañado?
—Creo que estará pensando con su polla.
Nathan no está acostumbrado a sentir cosas, a veces puede reaccionar
exageradamente ante situaciones como ésta. No es controlador de modo alguno y
nunca me impide disfrutar, pero cuando se trata de hombres, se pone nervioso. No
puedo culparlo por eso y lo estoy ayudando a superarlo.
—No seas tonto. Kerim es extremadamente... extremadamente estricto en la
regla de ninguna fraternización en el lugar de trabajo. Ni siquiera nos deja
descansar al mismo tiempo.
—Confío en ti. Simplemente no quiero que piense que tiene un chance.
No puedo dejar de reír.
—¿Por causa de una “beso” accidental en un mensaje de texto? 34
—Ve a trabajar —dice, empujándome hacia la puerta—. Antes de que cambie
de opinión.
—Ya voy, ya voy.
Kerim: Date prisa. Tienes veinte minutos.
Qué idiota. ¿Cómo espera que llegue en veinte minutos?

—Oh, ni siquiera estoy bromeando —le gruño a Tommy por teléfono—. Él era
todo, “llegas tarde”. Como... ni siquiera debería estar ahí.
—¡Qué imbécil! Pero tienes mucha suerte de estar ahí.
—¿Y crees que no lo sé? Por eso solo digo, “lo siento, chef. Sí, chef”, como una
tonta sumisa.
—Has estado leyendo esas novelas de látigo y cadenas otra vez, ¿verdad?
—Sí, durante mi descanso en el trabajo. —Pongo los ojos en blanco hacia el
cielo—. Entonces... ¿nada nuevo que añadir aparte de lo habitual?
—¿Nuevo como en qué?
—No lo sé —miento porque estoy buscando información sobre la propuesta—.
Solo preguntaba.
—Nada que no te haya dicho ya. ¿Por qué? ¿Qué pasa? —De repente, suena
aterrado—. Aunque Sasha ha estado actuando rara últimamente.
Oh no.
—¿Sí?
—Sí, la atrapé buscando entre mis bolsillos. Aunque no le dije que la había
visto. ¿Alguna idea de lo que se trata todo eso?
Oh, querido.
Sasha, ¿qué estás haciendo, perra loca?
—Nop, ¿por qué no le preguntas? —El nivel de comunicación de ellos es muy
por debajo de la media.
—Le pregunté qué estaba mal. No dijo nada, y al día siguiente la atrapé
buscando en mis bolsillos. —Se aclara la garganta—. ¿Cree que tengo una aventura?
Porque literalmente no paso tiempo lejos de ella, excluyendo las horas de trabajo.
—Yo uh... me tengo que ir. Creo que Dillan está llorando.
—No uses al mocoso como excusa para escapar de una conversación
incómoda. —Se ríe.
—¿Por qué más lo tuve? —Miro a mis hermosos bebés que están durmiendo
felizmente en el sofá, una delgada manta arrojada sobre los dos—. Y no lo llames
mocoso. Es un ángel. 35
—Si tú lo dices —se mofa. Sé que está bromeando. Le encanta lo travieso que
es Dillan. Él le enseñó casi todo—. Vendré a visitarte pronto con la mujer psicópata
que amo.
—Asegúrate de hacerlo; te extrañamos.
—Cómo corresponde. —Oigo una puerta cerrarse de su lado—. Está en casa.
Me tengo que ir o comprobará mi teléfono después. Hablamos más tarde.
—Hasta más tarde.
Apoyo la cabeza contra la pared, disfrutando de este momento de paz. Me
duele el cuerpo. Me duele el cerebro. No sé cómo la gente trabaja tan duro y lo
disfruta. No he tenido la oportunidad de disfrutar de las cosas que estoy
aprendiendo porque estoy muy cansada.
¿Me metí en esto demasiado rápido?
No. Es solo el comienzo; me acostumbraré. Pronto Kerim me permitirá
cocinar algo. Hasta ahora todo lo que he hecho es cortar, picar, trocear, limpiar y
verlo ordenar cosas para la despensa. Todos tenemos que empezar de cero y,
teniendo en cuenta que estoy entrando en esto a ciegas, sin título universitario bajo
mi manga, es un gran logro simplemente estar ahí y aguantando. Estoy más
sorprendida de que todavía no me hayan despedido. Kerim me odia. Me lo dijo en
dos ocasiones cuando estropeé la longitud de una punta de espárragos. Se suponía
que debía cortarlos todos a la misma longitud y estaba segura de que lo hice, pero
estaba fuera por un milímetro.
En serio.
Un jodido milímetro.
Pero cuando uno trabaja en un restaurante de veinte millones de estrellas,
todo debe ser perfecto y no estoy quejándome al respecto. Ojalá no fuera tan
agresivo. Me da pánico y cuando me entra pánico, cometo más errores.
Como ahora, solo pensar en cómo me asusta, me está haciendo entrar en
pánico.
Dillan se sienta recto, como un suricato asomándose sobre el césped. Me río
de lo repentino de eso y abro mis brazos listos para darle la bienvenida cuando
camina hacia mí.
—Mami.
Me acaricia el cabello que descansa sobre mi hombro. Tuve que cortarlo un
montón, después del incendio, así que no es tan largo como me gustaría, pero le
falta poco. El cabello toma tanto tiempo en crecer.
La puerta de la sala de estar se abre y Nathan asoma la cabeza. Es tan guapo,
especialmente ahora que se ha afeitado y no tiene un montón de barba alrededor de
su boca.
—¿Cuándo es tu próximo día libre?
Me encojo de hombros.
36
—Te lo haré saber.
—Pensé que podríamos pedirle a Jeanine que cuide a los niños. Quiero
llevarte a cenar por la noche.
Hurra.
—¿Noche de cita?
—Si así es como quiere llamarlo.
—¡Yay! —murmuro en voz baja—. Noche de cita.
—Eres adorable.
—Gracias. —Le doy mi sonrisa más cursi y Dillan hace lo mismo, simplemente
para copiarme—. ¿A dónde me estás llevando?
—Aún no he llegado tan lejos. Ya te lo haré saber.
—Oh, ¡emocionante!
Le soplo un beso y me sopla otro de vuelta. No puedo negar el hecho que
somos una pareja enfermizamente dulce. Incluso me resulta nauseabundo lo feliz
que somos a veces. Me preocupa también porque la felicidad como esta no dura
para siempre, de acuerdo con todos los demás en el mundo. Necesitamos ser
infelices más a menudo de modo que cuando una explosión venga, no sea tan
grande.
Estoy siendo tonta.
Este hombre magnífico caminó a través del fuego por mí y eligió morir a mi
lado. ¿Cómo podríamos ser infelices?
—Me estás mirando fijamente. —Frunce el ceño; realmente no le gusta cuando
hago eso.
—No puedo evitarlo.
Alzando una ceja, desaparece de nuevo en el pasillo y un instante después lo
oigo silbar para sí mismo. Es feliz. Lo sabría si no lo fuera.
—Mamá —susurra Emily y veo estirar sus bracitos regordetes mientras sus
piernas se extienden tan altas que los dedos de su pie derecho golpean sus labios.
—¡Emmy! —grita Dillan y se aleja de mí para evitar que su hermanita se caiga
del sofá.
Los amo tanto a ambos.

—¡Sí, chef! —grito por milésima vez en diez minutos.


—Tienes esto, Gwen —me susurra Ahmet al oído mientras pasa. Ahmet es el
nombre del Chef Ejecutivo. Finalmente, conseguimos presentarnos entre las
numerosas discusiones que tiene con Kerim. Pero teniendo en cuenta lo mucho que 37
pelean, parece que no hay cariño perdido entre ellos. Aparentemente son primos,
pero tienen un vínculo fraternal. Es agradable. Puedo entender por qué Kerim
quiere mantener a todos separados. Este lugar, aunque se griten mucho el uno al
otro, es una máquina bien engrasada. Un problema en el engranaje y se partiría en
dos. Cualquier persona puede ver cuánto esfuerzo ha puesto Kerim para crear el
equipo perfecto.
No puedo ser la única persona que meta la pata.
—Bien —me dice Patience cuando deslizo la bandeja de verduras cortadas en
rodajas hacia ella—. Otra semana y te reirás.
Seguro que tiene razón.
—Prepara el pato —grita Kerim y al principio lo ignoro porque no puede estar
hablando conmigo.
—¿Disculpa? —Un pato, en un pequeño plato metálico es prácticamente
arrojado en mi dirección.
—¿Cómo lo prepararías?
Santa mierda. Esto está sucediendo.
El problema es, que nunca he cocinado pato. Como si lo supiera, Kerim viene
a mi lado. El bullicio de la cocina es más fuerte que su voz.
—Solo tienes media hora. Prepáralo como te gusta. Enloquece. Quiero ver de
qué estás hecha.
—Sin presión entonces.
—No entres en pánico; simplemente diviértete. La razón de hacer esto es
porque es lo que amas y supuestamente eres buena en ello. Confía en tus instintos,
tu talento. Si existe, pronto lo sabremos.
Con eso se aleja, dejándome a mí y al pato pelado en medio de la cocina.
Mierda.
Hago trampa y lo mantengo simple. Si tuviera que comer pato, quisiera que la
piel fuera crujiente y salada, el resto partido en pedazos como el queso en tiras.
¿O debo seguir la receta que Kerim ha enseñado a los demás? No estoy
totalmente segura de cuál es la fórmula.
Cuando se ha terminado de cocinar y llega el momento de probarlo, Kerim lo
hace, pero no me da su apreciación aparte del hecho de que no lo escupe. En mi
opinión personal no es terrible. Le vendrían bien algunas papas y salsa.
—Vuelve a cortar y elimina la grasa de esta carne de ternera. Hay demasiado.
Mi error —grita Kerim desde la cocina—. Jamal, lávate las malditas manos antes de
tocar el equipamiento, idiota.
—Sí, chef. —El hombre se lanza con aceite rojo cubriéndolo hasta los codos.
Nunca he manejado tanta carne cruda en mi vida. Hay un chiste sucio ahí en
alguna parte.
38
Capítulo cinco
Nathan se sube al asiento del conductor, con una sonrisa feliz en su rostro.
Flexionando sus manos cubiertas por guantes, me mira y luego golpea con ritmo el
volante.
—¿Estás lista?
—Después de la semana que he tenido, ¿en serio lo preguntas?
Me acerca y coloca sus labios contra mi frente.
—Has trabajado mucho.
—Igual que tú. —Él incansablemente pone mis necesidades antes que las
suyas.
—Estoy acostumbrado y las tiendas lo están haciendo muy bien, estoy
pensando en abrir otra.
Sonriendo, coloco los brazos alrededor de su cuello, inclinándome sobre la
consola para apretar más fuerte.
—¡Eso es increíble! Estoy tan feliz por ti.
—Gracias. —Parece incómodo, no por como lo sostengo, sino por el tema.
Siento como si tuviera algo que decirme. Cuando tengo este sentimiento, por lo
general es correcto. 39
—¿Dónde piensas abrir otra?
Su teléfono nos sorprende a los dos al mismo tiempo que un auto, queriendo
estacionar en el espacio que estamos a punto de desocupar, nos llama la atención
con la bocina.
Busco su teléfono, como es lo normal mientras él conduce. Normalmente
responderé y pediré que devuelvan la llamada. Apenas mis dedos tocan los bordes,
él me lo arrebata y lo deja caer en el espacio hueco de la puerta, debajo de la
tiradera.
¿Qué acaba de suceder?
—Mmm... ¿qué fue todo eso?
—Solo una compañía llamando. Probablemente queriendo ayudarme a
reclamar mi seguro de protección de pagos. —Se ríe, e inmediatamente sé que está
mintiendo—. Nada de qué preocuparse.
Avanza de regreso en el estacionamiento, mirando el auto de Jeanine
mientras pasamos. Tenemos tanta suerte de tenerla a solo una hora de distancia;
siempre está dispuesta a ayudar cuando la necesitamos.
—¿Nada de qué preocuparme? —repito, saboreando sus palabras en mi lengua
y deseando que eliminen mi preocupación.
No quiero ser paranoica, pero solo hay una razón en la que puedo pensar para
que me oculte su teléfono por primera vez en toda nuestra relación y dudo que sea
por una fiesta sorpresa. Si fuera un mensaje de texto, entendería su vacilación de
dejarme verlo, no que yo lo fuera a intentar. Nunca he intentado. Pero porque es
una llamada telefónica, seguramente fue mi madre llamando para hablar de un
secreto que no conozco, ella actuaría de forma natural para no hacerme sospechar.
A menos que sea una llamada del juzgado y no de alguien que conocemos. En
cuyo caso puedo entender su vacilación para permitirme responder a la llamada.
Me duele la cabeza. Nada de esto es correcto.
—Así que, pensé que podíamos ir a comer algo antes de ir a ver esa película de
la que has estado hablando durante meses.
Esto me anima un poco, aunque no lo suficiente para que me emocione por
completo, ya que mi mente es una tormenta de preguntas. No quiero ser el tipo de
mujer que revisa su teléfono, destruyendo su privacidad debido a mi propia
paranoia. Debería confiar en él. Si no puedo confiar en él entonces no debería estar
con él.
—Eso es genial. Me muero de hambre. —Me obligo a sonreír, no porque él la
vea ya que sus ojos están en el camino.
—Bien. —Su mano abandona el volante y encuentra su teléfono en el espacio
hueco. Oigo un pitido mientras lo apaga y el pánico en mi corazón establece una
profunda cicatriz—. Vamos.
—Quiero palomitas de maíz.
40
Él frunce el ceño; tiene tal aversión a ellas.
—Bien.
—Y nachos con queso fundido.
—¿En serio? —Su disgusto me divierte.
—Sí.
—Tu funeral.
Suelto un suspiro y miro por la ventana durante un largo momento.
—¿Quién llamaba?
—Nadie, como dije.
Le doy una mirada de soslayo, esperando que mi incredulidad se proyecte en
él.
—Entonces, ¿por qué apagas el teléfono?
—Porque no quiero que se altere nuestra velada. Apagué el tuyo también.
¿Lo hizo? Lo saco de mi bolso y miro la pantalla negra, que no responde.
—¿Cuándo?
—De regreso a casa.
—¿Qué hay con los niños? ¿Jeanine?
—Estarán bien. Tengo mi teléfono secundario en vibración. —Golpea el pecho
de su chaqueta—. Contra mi corazón.
Mi pánico se disipa cuando reconozco mi ridiculez. No lo hacía para ser
furtivo. Lo estaba haciendo puramente porque no veía nada malo en ello. Estoy
haciendo un problema.
Él caminó a través del fuego por mí. Me recuerdo y dejo que la preocupación
se retire como una manta húmeda de mi piel.
—Lo siento por crearlo. Soy la reina del drama. No tengo ninguna razón para
no confiar en ti. —Coloco mi mano en su muslo y paso mis dedos hasta su
entrepierna. Se estremece y se desplaza en su asiento—. Te lo recompensaré
después.
Durante unos segundos no dice nada. Lo atribuyo al hecho que lo estoy
molestando mientras conduce, definitivamente no es el movimiento más seguro,
así que dejo de tocarlo a través de su pantalón. Su gemido de decepción me hace
reír. La lenta velocidad con que su pene crece a lo largo de su muslo me hace reír
más fuerte.
—Vas a lidiar con esto antes de comer. Sabes que voy a estar duro durante
horas de lo contrario.
—Podría darte una follada furtiva con la mano en el cine si tienes suerte.
—Tan romántica. —Él toma mi mano y la coloca de nuevo en su sólida ingle—.
Ugh, eso se siente genial. 41
—Apenas te estoy tocando.
—Bueno, todavía se siente realmente bien. —Le doy una palmada en el muslo
y cruzo los brazos, sonriendo con malicia cuando sisea entre los dientes y se frota el
muslo con las yemas de los dedos—. A veces me olvido de lo perra que puedes ser.
—No me insultes. Tengo vagina, ¿recuerdas?
—Por favor, no puedes negarme el sexo, aunque quisieras. Soy demasiado
bueno para persuadirte.
No está equivocado.
—Estoy tan feliz que estemos haciendo esto.
—Yo también.
Compartimos una sonrisa.
—Entonces, ¿dónde vamos a comer?
—Hay una tienda de delicatessen abierta a la vuelta de la esquina; solo
tomamos algo rápido. La película comienza en media hora. ¿A menos que quieras
comer después?
—¡Diablos, no! —grito, ante su aborrecible sugerencia—. Entonces no puedo
tener palomitas de maíz.
—Oh, querida —comenta sarcásticamente—. Qué trágico.
—¿Qué pasa contigo y las palomitas de maíz?
—¿Qué pasa contigo y el brócoli?
—El brócoli es vil.
—Eres una chef. No debes odiar el brócoli. Estoy seguro que te desagrade un
vegetal tan básico es contrario a las reglas.
—Buen punto. No le diré a Kerim. —Me estremezco ante la idea que encuentre
algo más para gritarme.
—¿Cómo van las cosas en el trabajo? No hemos tenido oportunidad de hablar
mucho esta semana.
—Genial. —Sé que me quejo mucho, pero mi respuesta es honesta—. Me
encanta, todo, incluso las partes estresantes.
—¿Estás aprendiendo mucho?
—Estoy tratando, aunque es difícil de aprender cuando estás constantemente
atrapado en una zona de la cocina.
Frunce el ceño pensativo.
—¿Tal vez esté esperando que tomes la iniciativa?
Su punto es excelente.
—Intentaré ser audaz.
—Puedes hacerlo. Eres la mejor cocinera que conozco, lo cual es afortunado 42
para mí porque me encanta la comida y me quedé contigo.
Es demasiado dulce.
Nos adentramos en la pequeña tienda de delicatessen y un aroma dulce y
picante flota en el aire. Mientras examinamos los numerosos alimentos frescos,
escucho un grito agudo con voz femenina.
—¿Nathan?
Nathan se pone tenso a mi lado.
—Hola, Millie.
—¿Millie? —pregunto, con una ceja alzada cuando la mujer detrás del
mostrador le envuelve en un abrazo que es demasiado familiar.
Su hermoso cabello rubio plateado está atado en un moño y escondido debajo
de una malla de cabello. Lleva mucho maquillaje.
—No sabía que trabajabas aquí —afirma él, sin hacer ningún esfuerzo por
presentarme después de liberarse de un abrazo incómodo de un solo brazo, el otro
brazo queda tenso a su costado.
—Sí, acabo de empezar el mes pasado. ¿Han sido —suelta la respiración a
través de sus labios— cuatro años?
—Mmm —está de acuerdo y se aclara la garganta.
—¿Qué estás haciendo aquí? ¿Estás ocupado? Termino pronto; sería genial
ponernos al día. —Sus ojos finalmente llegan a mí parada cerca de su costado—.
Oh, lo siento, ¿estás esperando para que te atiendan?
—Estábamos tomando algo rápido para comer antes de ir al cine. —Nathan se
interpone y retrocede para poner algo de distancia entre ellos.
—Oh, me disculpo. No me di cuenta que estaban juntos. Tal vez podamos
ponernos al día en otra ocasión. —Se mueve de regreso atrás del mostrador y estoy
agradecida por el espacio entre ellos. No me gusta la química que fluye aquí; es
demasiado familiar—. Lo siento tanto por Caleb.
—Una tragedia —responde Nathan mientras mi corazón palpita de duelo.
—¿Ves mucho a su hijo? Dejó uno atrás, ¿verdad?
—En realidad... —empiezo, pero Nathan me interrumpe como si ni siquiera
hubiera empezado a hablar.
—Sí. —Me mira—. ¿Sabes lo que quieres?
—Solo un enrollado de ensalada de pollo —digo con ira, sintiéndome frustrada
por ignorarme. Dudo que lo coma todo, ya que no estoy particularmente
hambrienta.
—¿Cuánto tiempo llevan juntos?
—Hace poco más de dos años —le respondo—. Estamos comprometidos.
—Qué adorable. —Sus palabras parecen despreocupadas y sin interés—. 43
¿Cómo está tu madre?
—Bien. —Nathan toma mi mano en la suya—. Tomaré lo mismo que Gwen.
—Seguro. —La otra chica detrás del mostrador se pone a hacer mientras Millie
se encarga del pago.
—Es tan bueno verte de nuevo. —Millie suspira, mirando amorosamente a
Nathan. Sí... jodidamente adorable. Sus ojos son grandes, azules y redondos. Se
parece a Bambi. Me siento casi amenazada. Nunca he estado en una posición con
Nathan donde me haya hecho sentir amenazada.
—Sí. —Nathan me aprieta la mano mientras sus labios tocan mi sien—.
Estamos un poco cortos de tiempo así que...
—Siempre fuiste puntual. —Se ríe y coloca un enrollado envuelto en una bolsa
de plástico—. ¡Oh! —Rápidamente escribe algo en un pedazo de recibo. Cuando se
lo entrega a mi prometido y veo que es su número, me convierto en una mezcla de
rojo de ira y verde de envidia. Especialmente cuando él dobla la estúpida cosa y la
mete en el bolsillo—. Llámame y nos reuniremos. Sería bueno ponernos al día.
—Claro —responde Nathan y toma la bolsa que ella sostiene—. Nos vemos
después.
¿Nos vemos después?
Tal vez estoy siendo irracional, pero ¿puedo matarla?
La mano de Nathan deja la mía y la presiona contra mi espalda mientras me
guía de la tienda.
—Bueno, qué amable de tu parte el presentarme —gruño en el segundo que
cruzamos la calle.
Él parece sorprendido.
—¿A quién?
¿Está bromeando?
—A Millie.
—Oh, lo siento, estaba... conmocionado. —Frunce el ceño y su mano va al
bolsillo de su chaqueta donde está su número de teléfono—. Hace mucho que no la
veo. Luce diferente.
¿Ella se ve diferente?
—Está bien, vas a tener que empezar a explicar o voy a ponerme más
paranoica. ¿Quién era ella?
—Una vieja amiga. —Presiona el botón de sus llaves y el auto se desbloquea.
Subo al asiento del pasajero antes de presionarlo preguntando:
—¿Una vieja amiga?
—Sí, solía estar en el parque cerca de la casa de mis padres cuando éramos
niños. —Sonríe melancólicamente—. Antes, cuando Caleb tenía buenos días y yo no
estaba obligado a quedarme con… —Su oración se apaga, pero sé a qué se refiere—. 44
Ella es la primera chica con quien yo... umm.
—¿Te gustaba? —Mi corazón se estremece de envidia aún más poderosa que
antes.
—Tuve sexo. —Termina honestamente como si me hablara sobre el tiempo.
Mi cuerpo entero se petrifica con pánico y las campanas de alarma suenan en
mi cabeza.
—¿Vas a llamarla?
—No. —Él lleva mi mano a sus labios y besa los nudillos.
La envidia en mi corazón muere un poco.
—¿Por qué no?
Cuando sus ojos llegan a los míos y luego sus labios, la envidia en mí muere
por completo.
—Porque sería totalmente inapropiado. Simplemente no quería rechazarla por
miedo a insultarla o molestarla. Eso habría sido innecesariamente cruel. —Tiene
razón. Por mucho que hubiera querido arrojarla al suelo y reírme en su cara, eso
habría sido cruel. Lo manejó bastante bien, ahora que lo pienso—. Aquí. Deshazte
tú misma si no me crees. —Espero que coloque el número en mi regazo y mi amor
por él se eleva diez veces. Cómo pude dudar de este hombre por un segundo está
más allá de mi comprensión.
Subo por la consola y sofoco su boca y rostro con besos hasta que se ríe y me
empuja de él.
—Te amo.
Él sonríe y me guiña.
—Yo te amo más.
—Sin embargo, ¿por qué no me presentaste? ¿O le dijiste quién era yo para
Caleb y lo que Dillan es para ti?
—¿Y prolongar más la conversación? ¿Para satisfacer la mente curiosa de
alguien que no significa nada para nosotros?
—De acuerdo, deja de ser inteligente. —Cruzo mis brazos sobre mi pecho,
molesta conmigo misma por ser tan petulante. Nathan es tan lógico; nunca actúa
sobre la emoción. Todo lo que hace está tan bien pensado.
—¿Estás molesta?
—No. —Niego y apoyo mi cabeza en su hombro, ignorando la forma en que el
apoyabrazos entre nosotros cava torpemente en mis costillas—. Solo estoy jugando.
—Bien. —Me aprieta el muslo—. ¿Vamos a ver esta película o no?
—¿Por qué sigues hablando? Conduce ya.
—Sí, jefa. —Se ríe y finalmente enciende el motor—. ¡Al cine!
45
—Sí, sí, Bob Esponja.
Pone sus ojos en blanco. Me encanta cuando pone los ojos en blanco.

La película fue mucho más divertida de lo previsto. Tan divertida que incluso
Nathan rió en voz alta en algunas partes. Estaba demasiado distraído por la
película para preocuparse de mi atracón de palomitas, siempre una ventaja.
Sé que tenemos que volver ahora, pero no quiero que esta noche termine. He
necesitado este descanso. Juntos hemos necesitado este descanso.
Cuando salimos del cine al aire frío, Nathan pasa su brazo alrededor de mis
hombros y asiente a un hombre que pasa. Siempre tan educado.
—Espero que los niños hayan dormido bien —digo suavemente.
—Estarán bien.
—Pareces muy seguro.
—Porque Jeanine sabe lo que está haciendo. —Él niega y nos detiene en el
estacionamiento—. Puede que tenga que marcharme por unos días el trece.
Puedo sentir como se está construyendo este momento.
—¿A dónde?
—Essex.
Parpadeo varias veces.
—¿Essex?
—Sí, para abrir una nueva tienda.
—¿Eso solo va a tomar unos días? —Esta es más una pregunta de tanteo. Sé
cuánto tiempo se tarda en encontrar y abrir una nueva tienda. Solo quiero más
información sobre esta repentina aventura.
—No, pero puedo ir y venir. Por ahora solo quiero encontrar un lugar decente
para una nueva tienda.
Frunzo el ceño.
—Parece que has pensado mucho en esto.
—Lo he hecho. Sé que has estado muy ocupada, así que no quería molestarte.
Mi mano descansa contra su pecho.
—Tú nunca me molestas.
—¿Dije molestar? —Se vuelve y me envuelve en fuertes brazos—. Me refería a
la carga.
Pongo mis ojos en blanco tanto como los suyos antes.
—Eres un idiota si piensas que cualquier cosa en tu vida podría cargarme.
—Todavía... —Él descansa su frente contra la mía—. ¿Entonces estás bien con 46
eso?
—Te echaré de menos, pero estoy bien con eso. Aunque no podré conseguir
tiempo libre en el trabajo pronto.
—Lo sé. Voy a llevar a Emily y Jeanine dijo que ella se quedará con Dillan.
—¿Puedes manejar eso?
Él frunce el ceño.
—¿Puedo manejar a mi hija?
Veo que lo he insultado y ahora me siento mal.
—No quise decir eso. Solo quería decir contigo estando ocupado y todo...
—Sabía lo que querías decir. —Se aleja de mí y se frota los ojos—. Vámonos.
Estoy agotado.
Quiero discutir para quedarme un poco más. Sé que tenemos que estar de
vuelta, pero he perdido este tiempo a solas con él. Amo a mis hijos, no los
cambiaría por el mundo, pero también amo a mi pareja y a veces está bien querer
tiempo solos. Espero. ¿Verdad?
—¿Cuánto tiempo has estado pensando en abrir otra tienda? —Sabía que era
una posibilidad, pero me preocupa que esté abarcando más de lo que puede
apretar. Es solo el segundo año. Su joyería lo está haciendo tan bien, pero ¿no lo
hacen todas las cosas nuevas en el principio? No lo sé. No debería estar juzgando;
debería estar animándolo—. ¿Podemos pagarlo?
—Podemos ahora que estás trabajando y el dinero del seguro para la casa está
sentado allí. —Se encoge de hombros y mi temperamento alcanza su máximo.
—Estamos construyendo una casa nueva con ese dinero de la casa,
¿recuerdas?
—Lo haremos. —Su ceño se profundiza y después que sube al auto, golpea la
puerta un poco más fuerte de lo normal—. Ten fe en mí.
—¡Lo hago!
—Suena así.
—Yo solo…
—¿Qué? —Se vuelve hacia mí, la oscuridad y la tenue luz artificial haciendo
que sus ojos brillen peligrosamente.
Me encojo de hombros.
—No lo sé. Solo estoy asustada.
—¿No crees que mis joyas se venderán?
Mi boca cae abierta.
—Ahora solo estás buscando una discusión.
Se vuelve hacia el frente, dándome su perfil. 47
—Bueno, es lo que estás insinuando.
—No, no lo es. —¿Lo es?—. No es lo que quería decir. —Él no habla y me temo
que mi vacilación al apoyarlo ha arruinado la noche así que muerdo la bala, cierro
los ojos y respiro profundo—. Lo siento, de verdad. Eres increíble y creo en todo lo
que haces. Esto es... bueno, no has dicho nada hasta ahora y supongo que no me
gusta estar fuera del círculo con algo tan grande.
—Lo entiendo, pero no estás fuera de círculo.
—Deberíamos haber decidido esto juntos.
—¿Por qué? —Luce incrédulo—. De todos modos, habríamos llegado a la
misma conclusión.
Ah. Es tan frustrante.
—Solo olvídalo. —Ahora yo soy la enojada.
—Estás siendo ridícula.
Me burlo.
—Guinevere...
—Solo detente. Todo lo que dices está empeorando esto.
Ambos mordemos nuestras lenguas y miramos al frente. Realmente espero
que podamos llegar a algún tipo de terreno neutral antes de llegar a casa. Además,
ya me disculpé; ahora es su turno.
No lo hace.
—Hola, Jeanine. —Sonrío cuando la mujer de cabello plateado nos saluda en
el pasillo. Ella me abraza fuerte—. ¿Fueron buenos?
—Fueron maravillosos, como siempre. Directamente de donde salieron. —
Pasamos a la sala de estar y tomo nota inmediata de lo limpio que está. Ella es tan
buena para nosotros—. Dillan también usó su bacinica antes de acostarse.
—Se está volviendo tan bueno en eso. —Sonríe Nathan, luciendo cada parte
del orgulloso padre—. ¿Quieres quedarte a tomar una copa?
—No, lamentablemente tengo que volar. Jen viene con Tyler. —Ella no ha
visto a su hija o nieto por un tiempo debido a su horario agitado. Ahora me siento
mal por pedirle que viniera de esta manera.
—Gracias por cuidarlos. Eres demasiado buena para nosotros. —Abrazo a la
señora con la que tengo un vínculo tan amoroso. Ella ayudó a traer con seguridad a
mi hijo al mundo así que es justo que sea cercana de ella—. Conduce con cuidado.
—Siempre lo hago. —Sonríe, abrazándome de vuelta—. Dale a esos hermosos
ángeles un beso de buenos días por mí. Te llamaré mañana por la noche;
planearemos un almuerzo.
—Suena bien para mí. —Doy un paso atrás y la llevo hasta la puerta. Nathan
sigue muy de cerca, su sonrisa ocultando el hecho que nuestra noche de cita 48
terminó en desastre. Aunque la noche aún no ha terminado, ¿verdad?
Al segundo que se aleja, cerramos la puerta y nos volvemos para mirarnos en
el estrecho pasillo. Está casi oscuro, solo la tenue luz de la sala iluminando nuestros
cuerpos y alrededores.
—No me atrevo a hablar —admite, mientras ambos nos apoyamos contra las
paredes opuestas. Me mira. La sombra de marrón se ve negro, haciéndolo parecer
enojado, aunque su voz esté nivelada—. No quiero molestarte más.
—Siempre tuerces lo que digo.
—No quiero hacerlo —admite suavemente, mirando hacia la puerta—. Es la
forma en que dices las cosas; ellos parecen eso.
—Ya deberías conocerme lo suficientemente bien para saber lo que...
—No lo hagas —espeta, mirándome. Incluso ahora, en este momento,
independientemente de mis sentimientos, él se ve tan completamente guapo—. No
me obligues a creer que necesito leer tu mente. Soy humano y solo hemos estado
juntos un corto período de tiempo. No sé todo lo que piensas y sientes y no quiero
hacerlo. —¿No quiere?—. Me gusta descubrir cosas nuevas sobre ti.
Tal vez he sido injusta.
—No estabas completamente equivocado. No dudo de ti, pero me preocupo.
—Yo también —admite—. Pero necesito que tengas fe. Si pierdes la fe,
entonces lo haré yo.
Ambos exhalamos suspiros pesados. Se tarda unos segundos, pero me
extiende la mano.
—Ven a la cama. Vamos a borrar este disgusto de la mejor manera posible. —
Finalmente sonriendo, coloco mi mano en la suya y paso más allá de él a las
escaleras.
—No podemos.
—¿No puedes qué?
—Borrar esto de la mejor manera posible.
—¿Por qué? —Su mano acaricia y aprieta mi culo mientras subo las escaleras.
—No haces oral.
Siento que mi muslo pica mientras su mano se conecta con el área sensible
debajo de la mejilla de mi culo.
—Descarada.
Es una larga broma recurrente entre los dos. Sabe que no me refiero a hacer
daño o incluso que no puede darme sexo oral. Estoy más que satisfecha con lo que
me da.
Pisando la escalera, siento que las manos de Nathan se deslizan alrededor de
mis caderas y se aferran fuertemente. Sus pasos coinciden con los míos tranquilos y
cuidadosos cuando entramos en nuestro dormitorio y encendemos la luz. 49
Me tiro hacia adelante sobre la cama, agotada a pesar que ha sido una noche
de descanso. Nathan se desploma a mi lado, pero apoya su cabeza en un brazo.
Canturreo felizmente cuando sus dedos trazan un suave patrón en la parte baja de
mi espalda, donde mi top se ha levantado ligeramente, mostrando la carne rosada
por encima de mis jeans.
—El juicio de mi papá es dentro de unos días —dice y cada fibra de mí se
vuelve rígida. ¿Por qué está sacando esto de todos los días?
—Eso es bueno. Ha sido un proceso largo y agotador.
Ruedo sobre mi espalda para poder verlo a los ojos. Parecen indiferentes,
distantes, como siempre lo hacen cuando conversan sobre su familia, lo cual es
muy raro y solo cuando es necesario. Los iris marrones no tienen el brillo que
normalmente tienen. Incluso cuando no están cerca, estas personas parecen
succionar la vida de él.
¿Ver a su mamá ha tenido alguna influencia sobre por qué de repente está
hablando de la única cosa que he estado tratando de conseguir que se abra, ya que
casi morimos ese día? Mi mano se extiende y mis yemas se presionan levemente
contra la cicatriz en su cuello. Se estremece, no porque duela, sino por el doloroso
recuerdo.
—Gracias por salvarme —susurro cuando su mano agarra mi muñeca y
presiona el interior a sus labios.
—Gracias por amarme. —Su voz es una brisa. Sus ojos están cerrados pero la
profundidad de emoción detrás de sus palabras casi trae lágrimas a mis ojos. Siento
mi labio inferior temblar así que agarro su cabello y acerco sus labios a los míos.
Nos reclamamos en un beso profundo, caliente y dulce, suave y tan
jodidamente hermoso que nunca quiero experimentar otro por miedo a perder el
recuerdo de este.
Entonces se acaba y Nathan está rodando sobre su espalda junto a mí. Es mi
turno de apoyarme en un brazo y trazar su antebrazo con las yemas de mis dedos. A
él le encanta cuando hago esto, así que cuando se aleja, con los ojos llenos de
nervios, me siento incómoda.
—Creo que podría ir.
—¿Ir a dónde?
—Al juicio de papá.
Santa mierda.
—No estás bromeando, ¿verdad?
Él niega, los ojos marrones y sin vida me escudriñan por mi reacción.
—Pagamos al abogado una fortuna para que no tuviéramos que ir.
—No. —Se sienta y yo sigo su ejemplo—. Le pagamos una fortuna para que tú
no tuvieras que ir. Fuiste tú a quien él casi mató. 50
—Y tú.
—Pero corrí a la casa después del evento. Ya estabas allí y hay una posibilidad
muy buena que él lo supiera.
No sé qué decir, así que permito que el silencio se extienda.
Libera una respiración pesada así que pongo mi mano en su hombro.
—¿Quieres que vaya contigo?
—No —gruñe, como si la idea de eso es aborrecible—. Dios, no. —De repente
estoy en su regazo, apretada contra su pecho mientras me sostiene como si
estuviéramos de vuelta en ese horrible momento—. Supongo que solo necesito
escuchar la sentencia por mí mismo.
Asiento en comprensión y trato de liberarme. Cuando no me deja, sé que solo
necesita un momento para componerse, así que dejo que lo tenga.
—Tendrá un mínimo de diez años. —Su tono es tan determinado, tan
exigente—. Casi te mató.
Capítulo seis
Desafortunadamente, en la vida real, las cosas no siempre toman el camino
que más queremos. A pesar de que Nathan y yo somos gente realmente buena, a
pesar de que perdimos una casa, a pesar del hecho de que casi morimos, el padre de
Nathan ha quedado en libertad.
—Un buen hombre. —Nathan lanza un vaso y lo veo romperse contra la
pared—. Su primer delito, dijeron. —Nunca lo he visto tan enojado. Se jala el
cabello—. Un accidente. Nuestras vivencias y el accidente casi fatal están nublando
nuestro juicio sobre un buen hombre. El fuego no fue intencional —grita un
informe completo de la audiencia en el tribunal, su tono burlón y disgustado. Sus
ojos son salvajes por la ira y entre cada oración, muestra sus dientes y respira como
si estuviera listo para hiperventilar—. Un maldito ACCIDENTE. —Me estremezco
cuando cierra la puerta del armario después de buscar un nuevo vaso.
—¡Nathan! —grito para detenerlo de destruir otro vaso. Mi mano va a mi boca,
atrapando las lágrimas calientes que no me di cuenta estaban cayendo por mis
mejillas.
—Dijeron que no había motivo y si había un motivo, nunca se les hizo saber.
Oh Dios. Lo observo verter dos dedos de whisky en el vaso.
—Por favor —grito, extendiendo mi mano hacia él—. Ven a mí, Nathan. 51
Déjame cuidarte.
—Yo... —Me mira con los ojos inyectados en sangre—. No puedo hacer esto
ahora mismo.
—¿Qué?
Mira alrededor de la habitación, sus ojos capturando la destrucción que causó.
—Debe haber algo que podamos hacer. —Extiendo mi mano hacia él, aliviada
cuando la toma y me permite enterrar mi rostro en su pecho. Sé que sus ojos están
mirando el desorden que ha hecho, así que acaricio su espalda para tratar de
distraerlo, como una manera de calmarlo. Nunca lo he visto tan enojado. Nunca lo
he sentido temblar tanto.
—Necesitan un motivo...
—No conseguirán uno entre los que les dimos —razono, retrocediendo y
mirándolo a través de mis gruesas pestañas—. Sea cual fuera su motivo, el fuego no
tenía la intención de matarme.
Se aleja de mí.
—Ese no es el punto.
—Ni siquiera creo que se suponía que quemara la casa.
—¿Estás diciendo que no merece ir a prisión? —Su tono se ha profundizado
peligrosamente; sus ojos brillan de ira. Tengo que cuidar lo que diga a
continuación.
—No, estoy diciendo que... puede que tengas que denunciarlo por lo que te
pasó cuando eras un niño. —Muerdo mi labio inferior.
El horror en su rostro, cuando se da cuenta de lo que estoy tratando de decir,
rompe mi corazón.
—No.
—Pero…
—Dije que no.
Se fue en un instante, dejándome fría y deseando su calor. Oigo cerrarse la
puerta principal, sacudiendo la casa con su fuerza. Mi pierna pica por seguirlo, pero
la parte racional de mí sabe que ir tras él ahora no hará nada mejor.
Lágrimas llenan mis ojos y caen por mis mejillas mientras limpio la cocina.
Ha pasado mucho tiempo desde que me abandonó, no mucho tiempo antes de que
Emily naciera. No desde antes de que casi muriéramos en ese horrible incendio.
No me gusta.
Me asusta. Me gusta nuestra relación como es ahora; no quiero que las cosas
cambien. Nathan nos adora. Él nos ama. Lo amamos tanto y no puedo hacerlo sin
él. Está empezando a ser realmente él mismo. Algo grave podría hacerlo retroceder.
Después de recoger los vidrios y deshacerme de eso adecuadamente, me
52
inclino en un costado e inhalo aire pesadamente. Mi cuerpo sigue temblando,
confuso y triste. No sé qué hacer.
Una vez que he barrido los vidrios y aspirado el piso, me deslizo contra la
pared y entierro mi rostro en mis rodillas. No es hasta que oigo a Emily comenzar a
parlotear a través desde el monitor de bebé que recuerdo que realmente tengo
responsabilidades e, independientemente de los sentimientos de Nathan, él
también los tiene.
Gwen: Ven a casa. No voy a hablar más sobre eso. No hoy de todos
modos.
No obtengo respuesta. No esperaba una. Él necesita tiempo y tengo fe de que
regresará mañana. Tiene que; tengo trabajo a la una y él sabe lo mal que me
preocuparé si no lo hace.
Además, no es el único que está enojado y molesto ante esta revelación.
Tuvimos algunas advertencias, el abogado dijo que era una posibilidad. El
padre de Nathan tiene amigos en lugares altos e inversiones en compañías que lo
rescatarán si es necesario. Nathan simplemente se negó a creer que estos
profesionales no verían a través de su padre y sus mentiras.
Casi me dan ganas de reír.
En vez de eso, me dirijo al piso de arriba para revisar a mis bebés y cuando
estoy satisfecha de que no han sido afectados por el drama, me meto a la cama y
envuelvo mis brazos y piernas alrededor de la almohada de Nathan.
El sueño es tan evasivo como el humo entre las yemas de mis dedos. Sé que
está ahí, pero no puedo alcanzarlo.
¿Qué voy a hacer? Quiero estar allí para Nathan y quiero respetar sus deseos,
pero mientras su padre siga libre, nosotros y nuestros hijos nunca estaremos
seguros. Esto tiene que ser resuelto. Su padre tiene que pagar por todo lo que ha
hecho.
Salgo de la cama y tomo una larga y caliente ducha, rezando para que el calor
relaje mis tensos músculos. No lo hace y me subo a la cama, todavía ligeramente
húmeda y con lágrimas en los ojos.
Nada va a traer el sueño, nada más que mi prometido. O el poderoso
agotamiento.
Gwen: Por favor, vuelve a casa.
Una vez más, ninguna respuesta. Lloro mi última lágrima justo cuando el
agotamiento se apodera de mi cuerpo marchito.

—Lo siento mucho. —La cama se mueve y mi cabello es alejado por dedos
fríos, haciendo que mis pesados ojos se abran lo suficiente como para ver su rostro
acercándose al mío—. Perdóname —murmura contra mis labios antes de cubrirme 53
con su cuerpo y envolver su pierna alrededor de la mía para mantenerme en su
lugar. Sus brazos me abrazan apretadamente, casi demasiado apretado. No sé
cuánto tiempo ha pasado desde que finalmente comencé a ir a la deriva. Se siente
como si solo cerré los ojos por un momento antes de que apareciera. No puedo
decir que no estoy aliviada.
—Siempre. —Hallo su garganta y le doy un suave beso debajo de su
mandíbula—. Lamento que esto esté pasando.
Su pecho se desinfla.
—Yo también. Nunca debí haber perdido mi temperamento así. Yo nunca... —
Se inclina hacia atrás y coloca una suave mano en mi mejilla mientras sus ojos
buscan los míos—. Nunca quiero hacerte sentir miedo de mí. Nunca te haría daño.
Lo sabes, ¿verdad?
—Lo sé. —Mi mano descansa sobre la de él—. No tienes que tranquilizarme.
Lo sé. Ojalá no te hubieras ido.
—No me iré de nuevo, yo...
—No. —Mis ojos buscan los suyos en la oscuridad—. Al juicio.
—Yo también. Fue demasiado para soportar. No sé cómo manejar esto.
—Lo superaremos juntos. —Mi mano se presiona contra su hombro con la
suficiente firmeza como para obligarlo a apoyarse sobre su espalda—. Siempre
conseguimos atravesar estas cosas juntos.
Fuertes dedos se enrollan alrededor de mi cuello y un pulgar presiona contra
mi pulso. Siento que me está acercando antes de que sus suaves labios atrapen mi
labio inferior entre ellos.
Sonrío, seguido por un chillido cuando soy rápidamente volteada sobre mi
espalda para que pueda profundizar el beso.
—Eso me hace cosquillas. —Me río de forma violenta cuando me muerde el
cuello y entierra su rostro debajo de mi oreja. Trato de presionar mi hombro a mi
sien para mantenerlo fuera, pero es demasiado fuerte—. Detente —le ruego, ahora
riendo tan histéricamente que apenas puedo recuperar el aliento—. ¡Nathan, los
niños!
Finalmente levanta la cabeza, una sonrisa descarada que brilla en la
oscuridad. Miro sus pupilas dilatarse y sé que está cambiando rápidamente de
juguetón a excitado. Hará cualquier cosa por cambiar la conversación o me hará
olvidarla por completo. Haré cualquier cosa para ayudarlo a sanar, aunque solo sea
por esta noche.
Gimiendo, empuja su lengua más allá de mis hormigueantes labios. Acepto de
buena gana, amando la manera en que sus manos vagan por mis costados,
agarrando mi carne desesperadamente.
—Hueles a melocotones —murmura contra mi pecho antes de meter un pezón
en su boca. Mi espalda se arquea cuando la hermosa y ardiente quemadura que se 54
extiende por mi pecho con cada golpe de su lengua y sus labios.
El calor crea giros y retorcijones en mi vientre e ingle, así que cuando se libera
de su pantalón y se hunde en mí con poca o ninguna advertencia, el alivio que
siento es brutal; el gemido que libero es indomable. Su gemido de contestación solo
ayuda a encender mi placer de una manera que solo él puede.
—Te amo —exclamo en un susurro, acercando de sus caderas con mis manos.
Su pelvis golpea el vértice de mis muslos, empujando suavemente contra mi clítoris
dolorido con cada empuje.
—Gwen —suplica, levantando mi muslo sobre su brazo para poder entrar más
profundo—. Levanta las caderas para mí.
Se eleva sobre su antebrazo mientras su mano jala de mi espalda. Esto es
nuevo. Se siente increíble. Puedo ver estrellas. Mis talones cavan en el colchón
después de que él suelta mi pierna. Cálidos labios buscan los míos. Siento su
respiración jadeante en mi rostro y luego su lengua contra mis labios. Cuando se
empuja con todo dentro de mí hasta la empuñadura, apenas puedo gritar del dolor
que causa en el interior.
—Estoy ahí —le advierto, esperando que esté allí conmigo.
Su gruñido es fuerte y lo siento hincharse, llenándome tan perfectamente. Es
cuando su pene hinchado late con el primer espasmo del orgasmo que lo sigo y me
permito liberar el placer contenido en mi estómago.
—Sí. —Él empuja más fuerte—. Gwen, Dios... no pares.
—No estoy haciendo nada.
Estoy demasiado desorientada y sin fuerzas. Mis entrañas siguen temblando
con deliciosos hormigueos.
Un estremecimiento revolotea a través de mi cuerpo mientras Nathan se
derrumba encima de mí, trayendo nuestros cuerpos contra el colchón. Él rueda al
instante, todavía jadeando por el esfuerzo, pero afortunadamente no me aplasta
bajo su peso. Su cuerpo esculpido y tonificado ciertamente no pesa nada.
—Eso fue increíble —susurra en la habitación oscura y me mantiene apretada
a su lado.
Cuento hacia atrás desde seis en mi cabeza y, cuando llego a uno, él se retira
para tomar su ducha después del sexo. Rodando mi rostro en la almohada, sonrío
ante la rutina de esto. Solía ofenderme, pero ahora no me importa. Pronto lo
seguiré y no lo haría de otra manera. La idea de no ducharme después del sexo es
casi repulsiva para mí ahora que tengo el hábito de hacerlo.
Un pesado aliento me abandona cuando me arrastro hasta sentarme y
finalmente me muevo con dificultad hacia el cuarto de baño donde Nathan ya está
bajo la ducha caliente. Sostiene la puerta abierta y sonríe cuando entro. Es
entonces cuando nos sostenemos bajo el agua caliente, nuestros corazones
acelerados sincronizándose. 55

—Te amo —me dice mientras sus manos resbalosas aprecian cada centímetro
de mi espalda desde el hombro al trasero—. Lo siento.
—Yo también. —Me inclino hacia atrás y le beso la mandíbula—. No me mojes
el cabello o lo lamentarás.
Su ceja se alza desafiante mientras su mano agarra el cabezal de la ducha y la
retuerce así el agua me pega en el rostro.
Idiota.
Capítulo siete
Sasha: El diecinueve de agosto, mi cumpleaños, vamos a ir a
Alton Castle en Windsor y no hay nada que puedas hacer para
escaparte de esto.
Suspiro pesadamente y me muevo a la derecha cuando Emily lanza su cuchara
del desayuno hacia mí. Golpea la pared, salpicando la papilla por todas partes.
—Quizás si no estuvieras mirando tu teléfono habrías sido capaz de evitar eso.
—Nathan limpia la pared mientras yo agarro la cuchara con la mano libre,
respondiendo el mensaje de Sasha con la otra.
Gwen: Eso realmente no suena tan mal.
Sasha: ¡Bien! ¡Estoy muy emocionada!
Sonrío ante el entusiasmo de mi amiga, pero se desvanece rápidamente
cuando noto a Nathan frunciéndome el ceño. Haciendo una mueca, señalo el
teléfono.
—Es Sasha. No podía esperar. —No se ve convencido—. Quiere que vayamos a
Alton Castle para su cumpleaños. —Se ve asqueado—. ¡Será divertido! No he estado
en un parque temático desde antes de Dillan.
Después de unos instantes de deliberación, finalmente espeta:
56
—Bien, pero solo porque pareces muy feliz sobre eso.
—¡Sí! —Sacudo el puño y miro a Dillan en el suelo—. ¡Vamos a ir a unas
grandes atracciones!
—¡Gaaaande ationes! —imita, mirando intencionadamente el tren de juguete
en sus regordetas manitas—. Chu chu. ¡Gaaandes ationes!
Nathan me besa la cien y saca de la trona a su hija vestida con un pañal.
—Sin embargo, nada de perros calientes.
Pongo los ojos en blanco tan rápido que casi los pierdo en mi cabeza.
—Eres tan predecible. Gesticulé esas palabras mientras las decías.
—Los perros calientes no son comida.
Le doy un golpecito en la mejilla de forma cariñosa y condescendiente.
—Cállate.
—Cadate —imita Dillan, haciendo que los dos nos ríamos. Emily se ríe con
nosotros simplemente porque nos estamos riendo.
Amo a mi familia.
—Tengo que irme —digo suavemente, sintiendo el peso de dejarlos descansar
en mi corazón—. Asegúrate de terminar de empacar tus maletas hoy. Básicamente
están hechas, solo cepillos de dientes y más pañales.
Nathan asiente y me sigue hasta la puerta, ambos niños siguiéndonos de
cerca.
—Estará arreglado antes de que vuelvas.
—No quiero que te vayas. —Me apoyo contra la puerta después de abrirla y
Nathan presiona su cuerpo contra el mío—. Solo voy a tener una hora contigo por la
mañana antes de que te vayas.
—Yo te extrañaré más, créeme. —Pone las manos en mis caderas y toca mi
boca con la suya.
—Buenos días —grita nuestro vecino desde el otro lado de la valla mientras
entra a su jardín.
—Buenos días. —Nathan y yo sonreímos mientras me deslizo libremente en el
calor de Nathan. Me inclino hacia él y toco su mejilla con la mía—. Te veo más
tarde.
—Adiós —despide antes de llevar a los niños adentro. Cuando subo dentro del
auto, la puerta principal de mi casa se cierra.
Sé que me había resignado con Nathan dejándome por este viaje, pero nos
hará bien a los dos. Un tiempo separados nos hará más fuertes y las oportunidades
que este viaje podrían traer son demasiado grandes para perdérselas.
57

—Kerim —grito sobre el ruido de la cocina. Se gira rápidamente en su puesto,


echando sal a un pescado en un sartén antes de moverse. Alza el brazo y chasquea
los dedos hacia mí para que lo siga—. ¿Podemos hablar? —Me muevo entre dos
compañeros de trabajo para seguirle el ritmo.
—Afuera —indica y asiente hacia las puertas traseras antes de gritar—:
HAROLD, CÚBREME.
—Sí, chef —responde Harold y sigo a Kerim afuera.
Roba un plato a un lado del camino, y al momento en que salgo me lo
presenta. Y reconozco el olor cremoso de inmediato.
—Esto es hermoso —halaga—. El martes quiero que hagas más como este.
—Claro. —Observo mientras moja un trozo de pan en él antes de ponérmelo
frente a los labios.
—Come.
Abro la boca. No tengo otra opción y mi estómago tampoco protesta, deja salir
un gruñido demandante.
—¿Tienes hambre? —Su acento es fuerte y tiene el ceño fruncido—. Te
prepararé algo.
—No es eso… —Me paso una mano por el cabello para asegurarme de que
todavía está en un moño pulcro—. En realidad, quiero preguntarte si puedo tomar
un día libre el diecinueve de agosto.
Pestañea lentamente y me mira por un largo momento.
—¿Un día libre?
—Sí, es el cumpleaños de mi amiga y vamos a ir a Alton Castle. —No puedo
contener mi emoción.
Sonríe y no puedo recordar que haya sonreído jamás. Es agradable. Me siento
cada vez más cómoda.
—Estoy seguro de arreglárnosla un día sin ti. —Me golpea la nariz con la punta
del dedo—. Ven, vamos a alimentarte antes de que desaparezcas. Mi madre estaría
preocupada por la poca carne que tienes sobre los huesos.
Me río porque eso simplemente tiene sentido.
—Gracias, Kerim, por alimentarme y por esta oportunidad.
La sonrisa que me da está llena de calidez.
—Tomé la decisión correcta. Mereces estar aquí.
Mi sonrisa en respuesta es deslumbrante, no puedo contenerla. Este se está
convirtiendo en un día increíble, a pesar del hecho de que Nathan se esté yendo
mañana. Y con ese pensamiento mi sonrisa se desvanece.
—Así que Alton Castle, nunca he ido. —Kerim estira los brazos por encima de
su cabeza y flexiona los muslos como preparándose para correr. 58
—Yo tampoco, pero siempre he querido ir.
—Espero que te lo pases genial. —Sostiene la puerta abierta de la cocina y me
hace un gesto para que pase primero. Patience me mira desde el otro lado con los
ojos entrecerrados. ¿Cuál es su problema?—. Márcalo en el calendario de mi oficina
o lo olvidaré.
—Sí, chef. —Sonrío y prácticamente corro en esa dirección. ¿Quién habría
supuesto que Kerim es realmente un tipo agradable debajo de todos esos insultos,
gritos y maldiciones que hace?
Sorprendentemente, desde que comencé a trabajar en este fabuloso
restaurante, nunca me he aventurado dentro de la oficina de Kerim. No es nada
espectacular y sin duda le daría urticaria a Nathan por lo desordenada y desastrosa
que está.
Tengo la urgencia de organizar los papeles esparcidos sobre la mesa y el piso,
pero tengo la sensación de que Kerim sabe dónde están las cosas exactamente. Si
toco sus cosas, estaré en graves problemas. No merece la pena.
El calendario cuelga a un lado de la puerta a nivel de los ojos, un bolígrafo
colgando libremente de un trozo de cordón del alambre enrollado en la cima.
Adelantándome un mes, rodeo la fecha correcta con el bolígrafo rojo y escribo mi
nombre y la razón por la ausencia en el pequeño cuadrado.
Cuando termino, encuentro a Kerim trabajando en mi puesto y veo una
chuleta de cordero colocada en el centro del plato. Está un poco más crudo de lo
que me gusta, pero comeré cualquier cosa que me dé. Añade papas y un chorrito de
salsa antes de deslizarlo en mi dirección.
—Come.
Hago lo que me dice, intentando no gemir con cada bocado. Es muy bueno
con la comida.
—¿Bueno?
Asiento.
—La salsa es diferente.
—Demasiados clientes se quejaron de la de menta, así que hice una
alternativa.
—Buen plan. —Estoy sorprendida cuando corta el cordero de mi plato y toma
un bocado.
—Tu esposo —habla con la boca llena, cubriéndose la boca con el dorso de la
mano—, me invitó a cenar, pero como todavía te estoy entrenando, lo rechacé con
educación. Quería decírtelo, para que no te lo tomaras como algo personal.
Nathan no mencionó nada.
—Es mi amigo, sí; pero sabes mi política de socializar. Una vez que estés
entrenada y reúnas los requisitos que necesites, aceptaré gustosamente. Agacha la
cabeza y pregunta—: ¿Lo entiendes?
59
—Por supuesto.
Harold golpea un sartén vacío y cae ruidosamente contra el suelo, esparciendo
agua sucia sobre las baldosas.
—Me ocuparé. —Paso por delante y busco una mopa. Kerim vuelve a modo de
trabajo más rápido de lo que lo dejó.
—¡Jodiste el pescado! —le grita Harold a Patience quien, en honor a su
nombre, tiene la suficiente paciencia para simplemente poner los ojos en blanco y
comenzar de nuevo.
Ella me frunce el ceño en respuesta a mi mirada tranquilizadora. Estaba
intentando mostrarle un frente unido, pero puede ir a joder algún pescado más si
es así como quiere ser.

Si pudiera tirarme al suelo y aferrarme a la pierna de Nathan, lo haría, pero la


gente está mirando y él odiaría el espectáculo. Así que, en cambio, me cuelgo de su
brazo y cubro su mejilla y cuello de besos mientras intenta moverse a su auto. Su
sonrisa me hace saber que disfruta de este tipo de atención.
—Gwen, estaré en casa en unos días.
—Eso es unos días más que ahora, sin embargo —mascullo de forma
petulante.
—Mi Ángel va a estar molesta si la dejo sola un momento más. —Se está
refiriendo a Emily, a la que ha colocado con seguridad en su sillita del auto. Miro a
su alrededor hacia la bebé de ojos brillantes que parece muy feliz de jugar con el
teléfono de su padre. Le gusta aplastarlo contra el brazo de la sillita.
—Estás tan lleno de caca —comento con altivez y me enderezo.
Sonríe, me atrae hacia su cuerpo y estrella sus labios contra los míos.
—Te extrañaré cada segundo que esté lejos.
—Bien.
—Papi. —Dillan tira de la chaqueta de Nathan y Nathan lo toma en sus brazos
para un largo abrazo e inspira profundamente—. Papi tarda mucho. No.
—No, papi no tardará mucho. —Nathan besa la mejilla regordeta de su hijo y
me lo entrega. Me lo coloco sobre la cadera mientras froto la nariz de Nathan con la
mía—. Te llamaré cuando lleguemos.
—Bien.
—Diviértete en el trabajo. —Me aprieta los dedos y se estira a través de la
ventana de pasajeros para recuperar su teléfono de la traviesa bebé. Ahora ella
grita. Me inclino por la ventana y la molesto con más besos, a pesar del hecho de
que ya me había despedido antes de ponerle el cinturón—. Estaremos bien.
Se sube al auto y se gira para enfrentarme. Nos miramos sobre Emily y el
60
hueco entre los asientos delanteros.
—¿Lo prometes?
—Por supuesto. —Me da un guiño y se gira para mirar al frente.
—Te amo. —Me aparto para decirle a Dillan que se despida con la mano.
Segundos después, Nathan se aleja conduciendo, dejándome con una sensación de
vacío e incertidumbre.
—Papi se va. Adiós, adiós. —Dillan continúa despidiéndose de nadie.
Trago, y me sacudo mentalmente y llevo a mi hijo dentro. Jeanine estará
pronto aquí para ocuparse de Dillon mientras trabajo y necesito aprovechar al
máximo el poco tiempo que me queda con mi hijo.

La casa está completamente a oscuras cuando llego pasada la medianoche,


mucho después de lo que esperaba. Jeanine ya debe estar durmiendo. Para apartar
mi mente de la realidad de la vida, me entierro en mi trabajo, trabajando casi hasta
la extenuación. Nunca me he sentido tan agotada, ni he forzado mis límites al
completo. Aunque he impresionado a Kerim y a los demás, por lo que estoy
contenta. No me di cuenta cómo mi cuerpo es capaz de manejar tanto. Me estaré
presionando más a menudo.
Me deslizo en la habitación de mi pequeño con las piernas temblorosas y le
beso la frente. La cama de invitados está colocada en la esquina. Nathan hizo eso
por mí antes de irse, es todo un amor.
Jeanine se queda en nuestra cama cuando viene debido a sus problemas de
espalda. No me importa, aunque es difícil prepararse en la oscuridad y no me
atrevo a encender la luz por miedo a despertar a Dillan. Si solo la habitación de
Emily fuese lo suficientemente grande para una cama extra, pero solo es lo
suficientemente grande para su cuna y los muebles.
Nathan: Los extrañamos.
El teléfono ilumina la habitación como el sol en una lata, así que me pongo la
manta sobre la cabeza y miro el mensaje y las tres llamadas perdidas hasta que mis
ojos se ajustan al casi doloroso brillo. Debería responder, pero no quiero
despertarlo o a Emily. Me lo envió a las nueve, así que ahora debe estar dormido.
Mañana tiene un día ocupado y Nathan siempre es responsable. Le gusta estar bien
descansado antes de un día ajetreado.
En cambio, meto el teléfono bajo la almohada y me estremezco cuando el
edredón suena con fuerza contra la sábana. Voy a estar tan rígida cuando despierte
en la mañana por estar demasiado asustada de moverme durante toda la noche.
No importa.

61
Capítulo ocho
Los pasados días han sido los más largos. Dillan había sufrido sin su padre,
como el niño de papá que es, y he sufrido justo aquí con él. ¿Por qué parezco llegar
a estar afectada con la necesidad de follar cuando Nathan no está aquí para
satisfacerme? Quizás esa es la razón, porque en un día normal, él estaría aquí para
follar. Nunca lo deseo cuando está alrededor.
Desafortunadamente, estoy trabajando cuando regrese en una hora y si mis
cálculos son correctos, basado en nuestra llamada de teléfono esta mañana.
Liberará a Jeanine en sus labores de niñera, ella ha sido increíble.
—Presta atención —grita Kerim tan alto que me pita y zumba el oído derecho
casi dolorosamente.
—¡Lo siento, chef! —Me apresuro asustada, y desafortunadamente en mi
miedo, se me cae el plato de las manos y se estrella contra el suelo con un fuerte
choque. Trozos de loza vuelan por todas partes.
—¡LÍMPIALO! —grita Patience y uno del equipo se pone a trabajar con una
escoba.
—¿Eres jodidamente estúpida? —Kerim desliza otro plato frente a mí antes de
girarse hacia Harold—. Necesitamos otro pato aquí.
—Lo siento —digo dócilmente. Necesito centrar mi mente. 62
Me hace un corte de manga y se aleja airadamente, farfullando en turco.
Puedo imaginar que la traducción no sería muy agradable.
—Oh, genial. Justo lo que necesitamos —masculla Kerim mientras termino de
decorar el plato final y lo deslizo hasta el punto de recogida. De repente, sus dedos
me están agarrando del bíceps y estoy siendo arrastrada hasta la puerta trasera—.
Tienes treinta segundos para tu hola y adiós.
Soy dejada en la zona de salida, sintiéndome nerviosa y molesta por ser
arrastrada repentinamente sin mi permiso.
—¿Acaba de ponerte las manos encima? —profiere la voz de Nathan
peligrosamente. Siento la irritación manando de él y lentamente me giro.
Antes de darle la oportunidad de más preguntas sobre Kerim y su
temperamento, me lanzo hacia el amor de mi vida y hundo el rostro en su cuello.
—Te eché de menos.
Me devuelve el abrazo y me ahueca la nuca con su gran mano.
—Hueles a hiervas y vinagre.
—¿Disculpa? —Echándome hacia atrás, lo miro fijamente—. ¿Ese es el
recibimiento que obtengo?
—Es agradable. No me estoy quejando.
Besándolo firmemente en los labios, me pongo de puntillas y lo sostengo
apretadamente contra mí todo lo que puedo.
—Nunca vas a volver a irte.
Sonríe contra mi boca y luego me saborea con la lengua.
—Gwen —grita fuertemente Karim, haciendo que me estremezca.
—Tengo que irme —susurro y me alejo del hombre que amo. Él entrelaza
nuestros dedos—. No esperes despierto por mí, necesitas dormir.
Asintiendo, me besa de nuevo y me observa volver dentro antes de
encaminarse a su auto.
La sonrisa en mi rostro es tan amplia que mis mejillas están en países
distintos.
—¿Estás centrada ahora? —pregunta Karim con dureza, aunque estoy
demasiado contenta para permitir que su humor me amargue el día—. Bien. Vuelve
al trabajo.
—Sí, chef.
—Y no más visitas.
Mi sonrisa todavía no se mueve. Él me pone los ojos en blanco, pero antes que
se aleje veo sus labios retorcerse. Estoy fuera de la cuerda floja.
Yay.
63

—Recuérdame llevar mi auto a su revisión técnica. Pienso que los radiadores


están rotos. Les lleva mucho más tiempo calentarse de lo que solían, y a veces no
funcionan del todo.
Nathan pestañea, su mirada manteniendo muy poca irritación.
—¿Estás hablando de eso ahora?
—Hemos terminado, así que no cuenta.
—¿Cómo siquiera lo tienes en mente? —Frota sus caderas contra las mías y
me besa en la esquina de la boca.
—Hazte esa pregunta —remarco, apartándolo de mí.
Se ríe mientras se gira de costado y me da una palmada a un lado del muslo.
Cuando me giro, tentada a golpearlo en el rostro por hacer que me pique la piel, me
derrito cuando veo su sonrisa maliciosa. No hay forma que vaya a ser capaz de
marcar ese hermoso rostro.
—Te amo —le digo mientras agarro mi bata y la ato apretadamente bajo mis
pechos—. ¿Ducha?
—¿De verdad me estás haciendo esa pregunta? —Se levanta y sale de la
habitación antes que logre rodear la cama.
Cuando alcanzo la manilla, el sonido del teléfono de Nathan vibrando sobre la
mesilla de noche me hace dar un paso atrás. Me lo llevo a la oreja después de notar
que el número ha sido ocultado.
—¿Hola?
—¿Gwen? —pregunta un hombre, sonando sorprendido.
—Al habla.
—Pensé… ¿Nathan está disponible?
—Justo acaba de meterse en la ducha. —Escucho el agua golpear contra la
cortina de ducha al otro lado del pasillo—. ¿Puedo saber quién llama?
La línea se corta antes que responda, o colgó o se cortó. De cualquier modo,
no puedo llamarlo debido a que ocultó su número.
Qué extraño.
¿Qué clase de persona llama y no se presenta?
Luego una idea me golpea, a pesar del hecho que dudo que el señor Weston,
también conocido como el padre de Nathan, sería tan estúpido como para llamar
en un momento tan delicado.
¿Lo haría?
Algo me dice que él definitivamente lo haría y algo en el fondo me dice que
conozco su voz. Realmente espero que no llame de nuevo. 64
—¿Vas a venir? —Escucho preguntar a Nathan y realmente deseo que no fuese
tan ruidoso mientras los niños están durmiendo.
Para detener su alboroto y también porque necesito sentirme limpia,
finalmente entro en la ducha. Mi mente es una batalla de, ¿debería, no debería? Si
le digo que su padre llamó y estoy equivocada, le estaré causando un pánico
innecesario. Si no se lo digo y lo averigua, estará realmente molesto conmigo.
Se lo diré mañana. No hay necesidad de estropear una noche tan pacífica
cuando no lo he visto desde hace tanto tiempo.
—Entonces, ahora que tenemos un segundo… —Giro el cabezal de la ducha,
así ahora está apuntando más hacia mí. Nathan mueve sus manos enjabonadas por
mi espalda. Siempre sabe justo lo que hacer para provocarme un escalofrío—.
¿Cómo fue tu viaje?
—Satisfactorio. He encontrado una tienda y estoy mirando comprarla en
cuanto pueda.
Molesta que no haya discutido conmigo todo eso, aunque no lo muestro,
simplemente lo abrazo y le digo lo maravilloso que es. Realmente es maravilloso,
solo desearía haber estado un poco más incluida. Supongo que lo estaré una vez
que hayamos conseguido una rutina establecida y pueda tomar tiempo libre del
trabajo para disfrutarlo de verdad con él.
—No estoy seguro de cuándo volveré ya que ambos sabemos la cantidad de
cosas que tenemos sucediendo aquí y necesito revisar la manufacturación de la
nueva línea de dijes Forever Conected.
—Mientras no nos perdamos la fiesta para el cumpleaños de Sasha. Creo que
Tommy se le va a proponer.
—Eso está bien. —Tose un poco y me preocupo que pueda haberse enfermado
durante este tiempo lejos—. Será agradables reunirnos todos de nuevo, ha pasado
un tiempo.
—Sí. —Apago la ducha y salgo. El frío poniéndome inmediatamente la piel de
gallina. Nathan me envuelve con una toalla y me besa la punta de la nariz. Tose de
nuevo inmediatamente en su hombro y llevo la mano a su frente, a pesar de la
humedad de mi palma y su piel, pasa sentir cualquier señal de temperatura. Pone
los ojos en blanco, pero me deja comprobarlo. Sabe lo paranoica que me pongo
cuando alguien enferma. Puedo agradecerle eso a Caleb; su repentina muerte me
ha atormentado para la eternidad. Sé que fue culpa suya, debería habérmelo
contado y no quiero odiarlo por ello, pero creo que una pequeña parte de mí
siempre lo culpará.
—Estoy bien —susurra y me arrincona contra la puerta del baño—. Puedo ver
tu cabeza dándole vueltas al tema, pero estoy bien. Probablemente solo es un
resfriado.
—¿En verano?
—Esto es Inglaterra —señala—. ¿Existe tal cosa?
Buen punto. 65

—¿Te tomaste tus vitaminas?


—Por supuesto.
—Será mejor que no sea contagioso —murmuro, luego me aparto de él y meto
la toalla apretadamente bajo mis axilas.
—Deja de preocuparte. —Sonríe y me frota la mejilla con su nariz.

—Es como un niño —susurro en el teléfono con mi madre.


—Es un hombre, por supuesto que lo es.
—Todo lo que quiere hacer es tumbarse en la cama.
—De nuevo, me remito a mi comentario anterior. —Se ríe y sonrío con ella—.
¿Cómo están mis nietos?
—Están geniales. Eché mucho de menos a Emily. —Observo a mi bebé jugar
alegremente al lado de su hermano.
—¿Por qué no se llevó a Dillan en su lugar?
—Dillan no se habría sentado quieto mientras Nathan trabajaba. Emily es más
manejable.
—Tiene sentido. Necesito ir y verlos a todos.
—¡Por supuesto! —Realmente desearía que pudiese. Se siente como si hubiese
pasado una eternidad desde la última vez que nos vimos—. Aquí siempre eres
bienvenida.
—Tú también, tendremos que planearlo. ¿Qué tal en agosto?
—Bueno, me voy por el cumpleaños de Sasha y luego el trabajo… aparte de
esas dos cosas estoy libre.
—Hablaré con mi jefe de los turnos y te lo haré saber. Ahora ve y comprueba a
tu prometido. Puedo escucharlo quejándose a lo lejos.
Nathan ha estado quejándose como un bebé los últimos veinte minutos. Le
gusta que lo abrace cuando está enfermo, asegura que lo calma. Para ser justos,
disfruto que él me abrace cuando estoy enferma y me gusta sostenerlo. Sentir su
corazón latiéndole en el pecho tranquiliza mi nervioso corazón.
Desafortunadamente, ha caído enfermo en el peor momento, porque tengo a
los niños y en una hora tengo que ir a trabajar. No puedo dejar que ellos lo abracen.
—¿Te levantarás y dejarás de ser tan quejumbroso? —grito hacia las escaleras.
—Solo necesito un abrazo antes que te vayas. —Se suena la nariz y luego sorbe
con fuerza—. ¿Por favor?
—Entonces bajas las escaleras —ordeno y apresuro a mis hijos que vuelvan a
66
la habitación. Son como pequeñas copias regordetas del mío.
—Ugh —farfulla, pero escucho la cama crujir cuando se mueve—. Me siento
fatal.
—Lo sé, cariño —murmuro mientras desciende las escaleras, envuelto en una
manta—. Pero tienes que empezar a ser activo o los niños te matarán.
Asiente y abre la manta para que lo abrace. El calor que está emanando de su
cuerpo es una locura. Me siento sudada antes incluso que rodee su tonificada
cintura con los brazos.
—Eres tan suave —murmura en mi oreja y mordisquea el lóbulo con los
dientes.
—Necesito hacer algo de cenar a los niños. —No deja que me aparte, así que
añado—: ¿A menos que te sientas bien para hacerles la cena? —Sus brazos, manta y
calor me abandonan más rápido que el agua de un grifo. Riendo silenciosamente,
entro en la cocina y saco algunas cosas del refrigerador.
—Contigo trabajando tanto difícilmente llego a probar tu comida. —Nathan
hace un puchero desde la puerta. Me encanta cuando hace pucheros, se ve muy
adorable. Sus mejillas están de un rosa brillante bajo su ligera barba, sin duda la
fiebre es el principal responsable del color. No sucede a menudo que llego a verle
con un poco de barba en su rostro y realmente me gusta—. Deja de mirarme así.
—¿Así cómo?
—Como si quisieses comerme.
Meneo las cejas.
—Quiero comerte.
—Estoy demasiado enfermo hoy, tú, criatura insaciable.
Echo la cabeza hacia atrás con una risa.
—Estás loco.
—También estoy demasiado enfermo para una perversión sexual. A diferencia
de ti. —Se va de la habitación, pasando la mirada por mi cuerpo tan lentamente que
se siente como una caricia. No está equivocado. Soy insaciable en este momento y
la mirada que acaba de darme no ha ayudado en nada mi último caso de excitación.
En todo caso ha echado más leña al fuego.
Para distraerme les preparo una sencilla pasta al horno, y la dejo en el horno
para después. Solo espero que a Emily le guste, es muy mala comiendo en este
momento. Sobrevive únicamente de galletas, frambuesas y leche.
Cuando entro en la habitación, casi lista para trabajar, suspiro felizmente
cuando veo a toda mi familia abrazados juntos bajo un edredón en el sofá. Hay una
especie de programa para niños en la televisión y Nathan y Emily están durmiendo
ligeramente. Me había preguntado por qué estaban tan callados. Dillan está
sentado sobre la cadera de Nathan, entretenido con su programa de televisión, así
que me marcho lenta y silenciosamente de la habitación y cierro la puerta detrás de
mí. 67
Gwen: No quería despertarte o molestar a los pequeños demonios
así que te dejé con un beso en el aire y la cena en el horno. Te amo y
buena suerte, tómalo con calma. Besos.
Tengo la sensación que va a necesitar toda la suerte que pueda conseguir.
Capítulo nueve
Cuando salí del trabajo tuve este sobrecogedor y penetrante aleteo por dentro,
una peculiar molestia de que algo no estaba del todo bien. Al principio pensé que
era porque Nathan estaba enfermo. Ahora he descubierto que era un sexto sentido,
mis instintos advirtiéndome que algo venia hacia mí.
Una mujer que no he visto en años, que no quiero ver de nuevo, está sentada a
unas cuatro mesas de la cocina con un hombre que no reconozco.
La madre de Nathan.
Es muy bonita. No encaja con su fea alma.
Soy sorprendida cuando se inclina alrededor de su compañero y mira a la
cocina.
—¡El coraje que tiene! —jadeo y mis manos se aprietan alrededor de la
zanahoria y el cuchillo con que estoy cortándola.
—¿Coraje de quién? —pregunta Harold, volteando un pescado en una sartén
chisporroteando.
—Nada —murmuro, todavía enojada por el hecho que esa vil mujer acabara de
saludarme y sonreírme. ¡Como si me conociera! ¿Cómo demonio se atreve?
—Cálmate. Vas a cortarte los dedos. —Las manos de Kerim cubren las mías—. 68
¿Me doy cuenta que la viste?
Asiento.
—No dejes que te moleste. No vale la pena. —Kerim no sabe sobre lo que
sucedió a Nathan, pero no tengo dudas que es consciente de la amarga relación con
la perra—. No tenemos tiempo para el drama. Ven. —Me lleva hacia los postres—.
Puedes terminar esto.
Asiento, dejando mi boca cerrada por temor a perder el control y hacer algo
donde no debería. Las ganas de salir y abofetearla, mandar al diablo el trabajo, son
insoportables. Así que me distraigo con los postres.
Desde mi posición en la cocina ya no puedo verla, pero eso no me detiene de
tensarme cada vez que creo oírla reírse. ¿Cómo se atreve a estar alegre cuando su
pobre hijo sufrió tanto tiempo?
—Estos se ven geniales —me halaga Kerim cuando pasa—. Sigue con el buen
trabajo.
Ese pequeño gesto me ha ayudado a sonreír un poco. Aunque solo un poco.
Necesito un descanso para poder llamar a mi prometido y contarlo esto.
¿A qué están jugando sus padres? Primero su padre llama y ahora su mamá
está donde trabajo. ¿Por qué no nos dejan en paz? ¿No han hecho suficiente? ¿Ella
sabe que trabajo aquí? Si esto es intencional, ¿qué quiere?
Patience, aumentando mi incomodidad, decide burlarse de mí sobre la mesa
de metal en donde está ahora preparando platos para entregar. Lo cual es mi
trabajo. Sus ojos brillantes se entrecierran y ahora sé que la amabilidad de Kerim
por mí me ha conseguido una enemiga en esta cocina, lo cual es decepcionante
porque no quiero problemas. Solo quiero trabajar en un ambiente libre de
hostilidad, donde disfrute venir cada día.
—No le prestes atención. —Harold me guiña un ojo cuando pasa. Al menos
ahora sé que no estoy enloqueciendo porque no soy la única que nota su
animosidad en mi contra.
Hay una cosa que la agradezco; sus miradas dramáticas me han distraído por
el tiempo suficiente para casi olvidar a la infame señora Patricia Weston.
Con suerte ya se habrá ido.
Me atrevo a mirar. Solo quiero sacarla de mi cabeza. Ella y ese venenoso
esposo suyo.
Cómo demonio se escapó con lo hizo, simplemente me enferma. Nathan
necesita avanzar. Sé que será difícil, pero eso hombre está caminando libre. ¿Y qué
pasará si algo nos sucede a Nathan o a mí? Ellos tienen dinero. ¡Ganarán la
custodia de nuestros hijos si quieren! ¿Y si su padre es tan vil como su padre antes
que él?
Mi corazón se detiene y lágrimas llenan mis ojos al pensar en mis bebés, mis 69
hermosos bebés, siendo sometidos a una vida tortuosa.
Con las manos temblando y el estómago revuelto, me esfuerzo en mi trabajo,
terminándolo para poder ir a casa y hablar con Nathan. Necesitamos salvaguardar
el futuro de nuestros hijos. Si esta es la única forma de hacerlo, entonces debe
hacerse. Al diablo con sus sentimientos. Me tiene a mí. Lo ayudaré a pasar por esto.
Estaré ahí cada paso del camino.
Desafortunadamente, cuando llegó a casa y veo a mi amado Nathan
acurrucado en nuestra manta, con su brazo alrededor de mi almohada, no puedo
simplemente perturbar su tranquilo descanso para darle tan malas noticias. Mis
revelaciones y preocupaciones pueden esperar hasta que mejore.

—Mmm. —Los brazos de Nathan me rodean y su pecho se presiona en mi


espalda—. Algo huele maravilloso.
—Esa seré yo —bromeo, inclinando mi cabeza para que pueda besar el
delicado espacio bajo mi oreja.
—¿Perfume con aroma a tocino? Me estás mimando. —Lame el espacio que
acaba de besar, dejando un frío cosquilleo y desafortunadamente nada de saliva.
—Asqueroso. —Me río, y limpio el punto con mi manga.
—¡NIAAA! —grita Dillan y hace volar su avión de juguete alrededor de la
cocina y luego regresa al pasillo. Emily sentada en el umbral de la puerta lo mira,
con oso de peluche en mano.
—¿Cómo te sientes hoy?
—Mejor. —Desliza sus manos a mi entrepierna y la acaricia sobre mi pantalón
antes de apretar la suya contra mis nalgas.
Un escalofrío me recorre, pero me deshago de este y me concentro en la
sartén friendo frente a mí.
—Déjame cocinar el almuerzo.
—Puedo ser tu almuerzo —susurra y muerde mi oreja. Mis muslos se
presionan juntos y mis dientes se hunden en mi labio. Lo siento hincharse contra
mí y el dolor hace que quiera colapsar en el suelo y rogarle que me tome. Puede, o
no, que lo haya hecho antes.
—Comida —murmuro, mi energía en un lugar, sin dejarme suficiente para
hablar a un volumen normal.
Suaves labios se mueven por mi nuca mientras una de sus manos toma mi
cabello.
Gimo; no puedo evitarlo. Mis manos dejan la sartén y mi trasero empuja
contra su longitud hinchada.
—Mierda —sisea Nathan cuando el sonido del timbre nos pone alerta a
70
ambos—. Que jodido mal momento.
—No me digas. —Suspiro y me concentro de nuevo en el tocino el cual ahora
está más tostado de lo que planeaba cocinarlo—. ¿Puedes atender?
—Claro que sí, mi lady. —Se inclina juguetonamente y sale caminando de
espaldas de la cocina, casi tropezándose con el oso abandonado de Emily. Puedo
escuchar a Dillan balbuceando con ella en la sala de estar así que sé que están bien.
No hay nada peligroso que puedan agarrar gracias a Nathan y su paranoia cuando
se trata de la seguridad de sus hijos.
—¿Quién era? —grito cuando escucho la puerta cerrarse.
Un suave susurro viene del pasillo y luego escucho su dulce voz gritar:
—¡SORPRESA!
Mi mejor amiga, Sasha, aparece en la entrada de la cocina.
Grito, ella grita, y luego nos abrazamos.
—¡OIGAN! —grita Dillan, infeliz con nuestro ruido.
Nathan niega, su sonrisa emitiendo felicidad mientras carga a su hijo y deja
que Sasha y yo nos saludemos.
—¿Qué haces aquí?
—Quería sorprenderte. Solo vine por unas horas. Tommy tiene una reunión
en un lugar deportivo en alguna parte por allá. —Apunta a la pared del extremo—.
Supuse que podría venir y pasar tiempo contigo.
La abrazo de nuevo.
—Me alegra que lo hicieras.
—Vine con regalos. —Apunta a las bolsas que dejó al entrar y patea
ligeramente una. Se mueve—. Para los niños, no para ti.
—Oh. —Finjo decepción, golpea mi brazo—. Agresiva. —Cuando la veo mirar
por encima de mi hombro a la comida abandonada, sonrío—. ¿Hambre?
—Posiblemente.
—Siéntate, terminaré esto.
—Voy a saludar a Nathan apropiadamente y mis hermosos ahijados. Tú,
prepáranos comida deliciosa.
Desearía haber planeado algo mejor que sándwiches de tocino, aunque el pan
es casero así que no es una completa lastima y sé que Sasha lo disfrutará sin
importar qué. Es una perra codiciosa.
Cuando he servido la comida, Sasha y Nathan toman sus asientos en la
pequeña mesa mientras llevo a los niños a jugar. Ellos ya han comido.
—Nadie hace el tocino como tú —gruñe Sasha y Nathan rápidamente
interviene.
—Ella lo cocina, no lo hace. Los cerdos lo hacen. 71
La mirada en blanco que le da me hace contener una risa con el dorso de mi
mano. Casi me ahogo con el pan en la boca.
—Estoy suponiendo por la falta de anillo, que aún no se declara —comento,
trayendo su rostro a la vida cuando me mira.
—Lo hará. —Suena tan segura que de verdad espero que lo haga. Espero que
ambos estén en el mismo lugar emocional y mentalmente, de lo contrario va a
sufrir mucho.
Estoy siendo pesimista.
Es todo este drama y estrés.
—¿Cómo van ustedes dos de todos modos? ¿Ya han puesto la fecha?
—No —digo mientras Nathan dice:
—Estoy intentando.
Caemos en un incómodo silencio. Tomo la mano de Nathan sobre la mesa y la
apretó de forma tranquilizadora. Sucederá; solo necesitamos tomarnos nuestro
tiempo con todo lo demás primero, en especial ahora que está abriendo una nueva
tienda.
—¿Qué tan emocionada están por Alton en agosto? —He perfeccionado el arte
de cambiar de tema.
El ceño de Sasha cambia rápidamente.
—Estoy muriendo literalmente. Nunca hemos hecho nada como esto antes
porque siempre estás embarazada.
—No lo estoy.
—Claro que sí.
—Bueno, no más para mí. Ya terminé. Hora de concentrarme en nuestros
futuros y carreras.
Nathan asiente.
—Por ahora de todos modos.
Tal vez algún día tendremos más, pero es poco probable. Tuvimos suerte
teniendo uno de cada sexo. Además, hasta que esté segura que pueda pagarles la
universidad, no voy a considerar tener más. Sé que Nathan piensa igual… ¿o estoy
siendo tan ciega como Sasha podría serlo sobre sus deseos de boda?
Vaya, de verdad estoy pesimista.
—Me encanta lo que has hecho con tu cabello. —Sasha jala mis mechones
marrones cortados—. Ha crecido desde…
—Así es. —Nathan pasa sus dedos por la parte de atrás de mi cabello. Envía
una agradable sensación por mi espalda.
Mi cabello era un desastre, tomó un año para emparejarlo y por mucho 72
tiempo tuve un corte bob que parecía no crecer. Ahora roza mis hombros y
descansa en capas alrededor de mi cara. Puede que me guste más que antes, largo y
salvaje. Me siento más adulta y mujer con este estilo.
—Me siento bonita —digo con una amplia sonrisa, sin dudas haciéndome
lugar cualquier cosa menos bonita.
—Ey wah wah la la —canta Emily mientras camina por la cocina con una
muñeca sin cabeza.
—Eso no es raro. —Se ríe Sasha y estira sus brazos para mi regordeta
princesa—. ¿Vienes? —El rostro de Emily se ilumina y se olvida de la muñeca sin
cabeza y corre pasando al lado de Sasha y yendo donde su padre.
—Buena niña. —Sonríe Nathan, y acaricia su nariz contra la de la niña.
Sasha mira, ofendida. Yo solo me río, acostumbrada a mi hija eligiendo a su
padre por sobre cualquiera. En especial ahora que pasan tanto tiempo a solas, su
lazo es más fuerte que nunca. Me encanta y lo odio a la vez.
—Traicionera —gruñe Sasha y gira su atención a Dillan quién ahora está en la
cocina con la cabeza de la muñeca—. Ven aquí, pequeño, ven con la tía Sasha.
—Oh no —jadea Dillan, sus pequeños labios forman un O. Corre donde su
papá y se aferra con fuerza a la pierna del pantalón de Nathan.
Nathan resopla, me estremezco y Sasha fulmina a Nathan con la mirada como
si fuera su culpa. Que, en toda justicia, lo es.
—No te preocupes, también me tratan de esta manera —explico, pero su
mirada de muerte no disminuye en absoluto. Ahora es mi turno de resoplar.
Nathan no se ve afectado. Nunca se ve afectado por la ira de nadie, excepto la
mía. Posiblemente porque la mía es la única ira que le preocupa.
—Así que, ¿dónde quieres casarte de todos modos? —pregunta Sasha,
trayendo el tema de nuevo a uno que prefiero evitar.
—En el Palacio de Kensington —declara Nathan y la mirada que le doy
seguramente debería congelarlo en el lugar.
—Nunca he oído hablar de él —admite Sasha, su cabeza inclinada pensativa—.
Estaba pensando en algún lugar como el hotel de Washingborough Hall para la
mía. —Y ese era su plan todo el tiempo, hablar detalles de la boda. No puedo evitar
sonreír en secreto ante su astucia—. Quiero un tema de color pastel, lo que significa
que probablemente estarás usando un vestido verde menta. Me encanta el verde
menta.
—Es un color agradable —estoy de acuerdo y sorbo mi bebida.
—Ya fui a ver vestidos de novia.
—Sasha. —Me río, poniendo mis ojos en blanco.
Ella se ríe conmigo y se inclina más cerca.
—No puedo evitarlo. Estoy muy emocionada. Estoy pensando en reservar el
73
lugar ahora para garantizar mi lugar.
—Estás demente.
—Desearía que mi prometida compartiera tu entusiasmo —dice Nathan
inexpresivo y siento una pequeña cantidad de culpa.
—Lo hará, cuando tenga tiempo de entusiasmarse.
Mentalmente animo a mi amiga; que me defienda es apreciado. Al menos
alguien comprende.
—Tal vez mi boda ayudará a elevar sus niveles de emoción.
Nathan me guiña un ojo y luego se pone de pie.
—Las dejaré, señoritas, para que se pongan al día. Huelo algo sucio en el pañal
de nuestra hija.
—Diviértete con eso —le digo y golpeo su culo vestido de jean mientras
camina alrededor de mi asiento.
—No me toques. —Chasquea, aunque sé que solo está bromeando. Sus labios
tocan la parte superior de mi cabeza y luego sale de la cocina.
—El amor que ese hombre tiene para ti me hace jodidamente desmayar. —
Sasha suspira, su mejilla apoyada en su mano.
—Tommy te ama así de tanto.
—Tommy me ama. Nathan te venera. Hay una masiva diferencia.
No está equivocada. Nathan ciertamente es único en su clase.
Ella continúa:
—Te hace preguntarte cómo dos hombres tan nobles y amorosos vinieron de
tremendos seres viles.
—Amén, hermana. —Compartimos una mirada de disgusto por la simple
mención del señor y la señora Weston.
—Hablando de sus padres, ¿qué está pasando con el juicio? ¿El abogado de
Nathan está apelando para reabrir el caso?
Niego.
—No tiene sentido; nada pasará.
—¿Así que él básicamente se ha salido con la suya?
—Síp.
—Que se joda, ese absoluto imbécil.
—¿Verdad? —Me termino el resto de mi bebida. La de Sasha permanece sobre
la mesa sin tocar. Entonces hace clic. Esta repentina luz alerta dentro de mi cabeza
y todo se vuelve claro—. Oh Dios mío.
—¿Qué? —Me mira con curiosidad.
—¡Estás embarazada! 74
Su boca se abre.
—¡No!
—¡Lo estás! ¡Es por eso que te has vuelto una novia loca!
—¡No lo estoy! ¿Crees que iría a Alton si lo estuviera?
Ella hace un buen punto.
—Oh… me emocioné entonces.
—Confía en mí, si me quedo embarazada serías la primera en saberlo. —
Finalmente le da un sorbo a su bebida y hace una mueca.
—¿Qué pasa con tu té?
—¿Tu mamá lo hizo?
Mi mandíbula golpea el suelo.
—¿Estás tratando de decir que es malo?
—Es malo, no estoy-tratando-de-decirlo.
—Pero… yo lo hice. Te encanta mi café.
—No desde que descubrí a Lavazza. Ningún café sabe lo mismo. —Sus ojos se
vuelven lejanos y soñadores. Ella es tan dramática.
—Tenemos ese en el trabajo. Es un buen café.
—El mejor —corrige y aleja su taza—. Nunca volveré a mirar a Kenco del
mismo modo de nuevo.
—Nescafé es mi vida.
—Nescafé… bla. —Con sus dedos en su boca, hace un ruido de vómito. Le tiro
una toalla de té y cubre su cabeza, salvándome de su demostración de vómitos.
Cuando se serena y deja caer la toalla sobre la mesa, dice—: No puedo creer que
pensabas que estaba embarazada.
—Bueno, tenías todos los signos.
Me golpea en el brazo y compartimos una risa por mi estupidez.
—¿A qué hora empiezas a trabajar?
—No hasta las cuatro.
—¿Es como lujoso?
Asiento.
—Es literalmente el mejor. Nunca he conocido un lugar tan limpio y delicioso.
—¿Delicioso?
—Delicioso.
—Eres tan rara.
—Sin embargo, realmente lo es. Necesitas venir alguna vez. ¡Le pediré a Kerim
que cocine para ti! Si crees que soy buena, deberías probar su comida. Es el mejor. 75
Levanta una ceja.
—¿Kerim, el tipo que te hizo llorar?
—No me hizo llorar.
—Casi.
Le agito mi mano.
—Lo que sea. La cocina es un lugar estresante.
—Lo que sea —repite mi palabra y me agita la mano con una mirada burlona.
—Saco de vaca.
Su burla se convierte en una sonrisa satisfecha y luego sus ojos se iluminan
con una idea.
—¿Y organizan bodas allí?
Suspiro.
—En realidad lo hacen.
—Necesito fotos.
—Google las tiene.
—¡Puedes hacer un video paso a paso del lugar!
—No… no, no puedo. —Me pongo de pie y dejo nuestras tazas en el fregadero.
Sasha sigue muy de cerca y luego se inclina alrededor para servirse un bizcocho
casero horneado del galletero.
—Eres deprimente —bromea, su voz amortiguada y su mejilla llena de
bizcocho.
—Eres tan amable conmigo —digo inexpresiva.
Su respuesta es lanzarme un bizcocho.
Rebota en mi frente y aterriza en el fregadero.
—¿De nuevo, por qué viniste? —pregunto sardónicamente y su carcajada de
respuesta es todo lo que recibo mientras se sirve otro bizcocho.
Dillan, con su súper oído, se precipita hacia la cocina con la mano extendida.
—Bicosho.
Sasha le da uno y luego a Emily, que sigue a su hermano puramente para ser
curiosa.
—Yay, subidón de azúcar. —Nathan suspira y se frota las sienes.
—Puedes agradecerme nunca. —Sasha sonríe y levanta a Emily, a pesar que
ahora tiene un bizcocho empapado alrededor de sus labios y dedos—. ¿Eso es
agradable?
—Bicosho —grita Dillan y corre alrededor de nuestras piernas.
—¡Oye! —grita Emily, puramente porque le gusta gritar.
76
—Y así empieza. —Me río y empujo a Dillan hacia su padre.
—Siempre es un placer verte, Sasha. —Nathan saca a Dillan de la habitación,
dejándonos con mi linda niña.
—Solo quiero secuestrar a esta niña —gruñe Sasha y muerde el cuello de
Emily, quien ríe y presiona su barbilla contra su pecho. Sonrío ante la visión de su
alegría y la visión de su mejilla regordeta presionada hacia fuera.
—No estoy segura que te detendría, aunque Nathan puede que sí.
—Sí, podría con él.
Sasha revisa su teléfono y un pliegue lindo se forma entre sus cejas.
—Vamos a llevarlos al parque o algo así y tomar un café.
—Eso realmente suena bastante bien. —Señalo el cochecito de Emily que está
detrás de la puerta de la cocina—. Pon a la niña allí; voy a buscar a Dillan y a
Nathan.
—Y calcetines a juego.
Bajo la mirada, un pie negro y el otro gris y le muestro el dedo medio. No
tengo tiempo para emparejar calcetines estos días.
Cuando entro en la habitación después de seguir la voz baja de Nathan, lo
atrapo luchando para colgar su teléfono y meterlo en su bolsillo. Eso es extraño.
Eso no es común en Nathan.
—¿Todo bien? —pregunto, frunciendo el ceño con confusión.
—Sí, solo una compañía —declara, pero noto su mano temblar mientras la
pasa por su cabello—. No se detienen.
Sus ojos evitan los míos, así que sé que está mintiendo y mi corazón comienza
a agitarse dolorosamente en mi pecho.
—Sí, bueno, las compañías son idiotas —murmuro, queriendo presionarlo en
lo que sea me está escondiendo, pero no queriendo causar una escena delante de
Sasha.
—¿Está todo bien? —pregunta, aun evitando mis ojos.
—Sasha y yo vamos a llevar a los niños al parque y tomar café. ¿Quieres venir?
Sonríe suavemente, sus nervios parecen desaparecer lentamente. ¿O tal vez
los imaginé?
—Ve y diviértete. Tengo algunas cosas que hacer hoy y estar libre de los niños
lo hará un poco más fácil.
—Por supuesto. —Trato de sonreír, pero sale más como una mueca. Mi
corazón sigue agitándose. Cuando se acerca a mí, hago lo mejor que puedo para
volverme suave y flexible en sus brazos, pero mi abrazo es casi tan rígido como el
suyo.
77
¿Qué diablos está pasando?
—Te amo —dice íntimamente y se aleja. La forma en que lo dice es casi como
si me estuviera tranquilizando… o a sí mismo. No me gusta este ambiente en
absoluto.
—El bebé está en el cochecito —grita Sasha, sorprendiéndome y sacándome de
mi cabeza.
—Yendo —grito y extiendo mi mano a Dillan—. ¿Vamos a ponernos los
zapatos?
—Apatos —imita Dillan y me tira hacia el pasillo.
Nathan ayuda a ponerle los zapatos mientras acomodo a Emily en su
cochecito y agarro la bolsa de bebé.
—Te veré en un par de horas —le digo, buscando en sus ojos cualquier señal
de engaño, cualquier señal de un secreto que él pudiera estar guardando.
Había pensado que nos decíamos el uno al otro básicamente todo, pero solo
sé, en el fondo, que algo está pasando aquí que él no quiere que yo sepa.
Capítulo diez
Debido a que llegué a casa tan tarde ese día, tuve que cambiarme rápidamente
y salir para el trabajo. Desde entonces he notado que Nathan ha estado evitando
activamente estar a solas conmigo. Cuando termino de trabajar está durmiendo y
por los últimos tres días, cuando me despierto, deja a los niños conmigo y
desaparece en su oficina. También ayer salió por dos horas sin ninguna explicación
de a dónde iba.
Espero que este repentino cambio no sea más que demandas de la tienda,
pero en el fondo sé que es algo más. Tengo la sensación que el fallo a favor de su
papá le está pesando mucho y le está afectando mucho más de lo que debería.
¿Aunque seguramente me lo diría? ¿Quién más podría escuchar sus insultos sobre
ese horrible hombre, que la persona que conoce la historia?
Una vocecita en mi cabeza empuja hacia el frente otras posibilidades también.
Son mucho más aterradoras de lo que puedo soportar.
Quiero confiar en él, pero ¿cómo confías en una persona que te está
mintiendo? ¿Está teniendo una aventura? ¿Se está cansando de mí?
Este hombre caminó a través del fuego por mí. Este hombre constantemente
presiona para que fijemos una fecha para la boda. Se supone que este hombre es el
amor de mi vida.
78
La idea de perderlo por alguien más me hace sentir enferma y sé que no es el
caso. No puede serlo.
Entonces ¿qué es?
Si no es otra mujer, ¿por qué de repente está siendo tan sospechoso?
Todo este estrés va a poner mi cabello canoso.
Mi desempeño de hoy en el trabajo ha sido menos que estelar. Tengo que
dejar que mi vida familiar interfiera con mi ámbito laboral, pero no puedo evitarlo.
Estoy agotada. Entre luchar con los niños, el trabajo y vigilar a Nathan, estoy
agotada. No he tenido tiempo para mí en semanas, no es que me arrepienta de
nada. Es solo que voy a perder la cabeza si no encuentro tiempo para juntar mis
pensamientos y reflexionar sobre las cosas.
Eso y hablar con Nathan sobre su incapacidad para mirarme a los ojos.
¿Es egoísta que no quiera esto en mi plato por encima de todo lo demás? No
necesito el drama de una relación ahora mismo. No puedo soportar eso ahora.
—¿Todo bien? —pregunta Harold.
Asiento, sonrío y continúo trabajando. Realmente necesito enfocarme.
—Es tu turno de ir a descansar —añade y asiente hacia la sala de personal—.
Ve.
No necesita decirlo dos veces.
Cuando llego a mi bolso y agarro mi teléfono, me sorprende el mensaje que
ilumina mi pantalla. Es como si él fuera psíquico y supiera que estoy luchando para
hacer frente con el caos que es mi mente.
Nathan: Lo siento, no he estado alrededor últimamente. Te
extraño. ¿Quieres una niñera para mañana?
Gwen: Sí, definitivamente, aunque sea por unas pocas horas.
Necesitamos hablar.
Reviso mi cabello con mi mano libre mientras espero a que responda. Sé que
va a preguntar de qué tenemos que hablar, pero no quiero decirle por teléfono por
temor a darle tiempo para crear un cuento para decírmelo en mi cara.
Vaya.
Mis propios pensamientos han puesto una frialdad tan profunda en mi
corazón. Nunca, desde el día en que casi morimos, tuve que preocuparme de que
Nathan me mintiera sobre cualquier cosa. Esto es horrible. Odio esto.
Nathan: Sí, lo haremos. <3
Mierda. Eso no es lo que esperaba. De repente necesito que sea mañana ahora
mismo. La anticipación me va a matar.

El siguiente día pasa lentamente. Amo a mis hijos, pero los necesito fuera del
camino hoy para poder concentrarme en otras cosas por un tiempo, sin 79
preocuparme por cómo mi tono de voz los afectará. Así que cuando Nathan se va a
dejarlos con Jeanine, lo primero que hago es desnudarme y tomar un burbujeante
baño caliente. Es realmente la mejor sensación en el mundo, aparte de los
orgasmos inducidos por Nathan.
Estoy tan perdida en mi paraíso burbujeante que, por un momento, me olvido
de todos mis males. Esto… esto es justo lo que necesitaba. De repente todos mis
problemas no parecen tan malos y los dolores en mi cuerpo desaparecen, ayudando
a derretir la tensión en mis músculos.
Me quedo en el baño hasta que el agua se enfría. Cuando salgo, envuelvo mi
cabello en una toalla y seco mi cuerpo antes de dirigirme al dormitorio y revisar la
hora. Nathan estará en casa dentro de una hora. Tengo tiempo para simplemente
estar desnuda y leer hasta que vuelva, o tal vez debería comenzar el rompecabezas
que él me consiguió para Navidad. Me encanta hacer rompecabezas.
No hay nada peor que tener un poco de tiempo para gastar y no ser capaz de
saber en qué gastarlo. Pasas la mayor parte de ello tratando de elegir, porque más
tarde cuando mires hacia atrás a este momento de felicidad, no deseas ningún tipo
de remordimiento.
Escojo el rompecabezas.
—Estoy de vuelta —dice Nathan innecesariamente mientras sube las
escaleras. Había oído su auto cuando giró hacia la calle y oí que la puerta se
desbloqueaba, se abría y luego se cerraba. Mi audición es tan buena.
Él entra en la habitación y parpadea al verme, sentada desnuda en el suelo,
pedazos de rompecabezas esparcidos alrededor y un borde de rompecabezas casi
terminado en frente.
—No estoy seguro si debería estar excitado o no.
Le sonrío por encima de mi hombro y la toalla se suelta de mi cabeza, cayendo
en la caja del rompecabezas a mi lado.
—Siempre deberías estar excitado al verme.
—Bien. —Él extiende su mano, así que la tomo y me pongo de pie y suspiro
con satisfacción mientras pasa sus dedos por mi cabello, empujándolo a los lugares
correctos.
—Querías hablar —digo suavemente con los ojos cerrados mientras él
continúa peinando mi cabello.
—Sí. —Cuando se aclara la garganta mis ojos se abren y mi piel siente el frío
en el aire. Mi felicidad ha terminado; es hora de ser un adulto—. Y tú también.
—Sí.
Ambos hacemos una pausa, el silencio entre nosotros cargado de tensión
sexual. Su respiración es superficial, la mía es pesada. Siento como si acabara de 80
correr un maratón.
—Tal vez debería vestirme —susurro y llego a la cama donde está mi vestido.
—No borrará la imagen mental de ti sentada gloriosamente desnuda en el piso
de nuestro dormitorio. O de pie, viéndote y oliendo tan limpio y fresco en medio de
la habitación. —Su mano se curva alrededor de mi cadera y mis labios tiemblan con
una respiración entrecortada que sale de ellos. Tengo tantas ganas de ceder y dejar
que me tome de una manera que sé me sumergirá de nuevo en el estado de
felicidad que acabo de dejar, pero no puedo.
—No. —Me alejo y pongo la bata alrededor de mis hombros. Mis brazos están
temblando tanto, lucho por pasar los brazos por los orificios—. Realmente
necesitamos hablar.
—Lo hacemos. —Él se sienta en la cama y se muerde el labio, sus ojos
arrojando un brillo triste al suelo mientras ato la cuerda alrededor de mí—. Me voy
el doce de agosto.
No puedo respirar. Agarro el borde de mi tocador para apoyarme.
—¿Te vas?
—La tienda avanza a toda velocidad. Tengo que ir. —Sus ojos chocan con los
míos, brillantes de culpa y tristeza—. Es el único momento en que Kendrick me
podrá ayudar.
Kendrick es el hombre que lo ayudó a contratar personal y poner en marcha
todas sus otras tiendas.
—De lo contrario, pasarán otros seis meses.
—¿Y no puedes hacerlo tú mismo? —Me ahogo, preguntándome por qué
ahora, de todos los tiempos—. ¿Por cuánto tiempo te vas a ir?
—Unas pocas semanas, pero es solo a Essex. Podré viajar regularmente de
regreso.
Mis ojos se llenas de lágrimas y mi corazón golpea hasta el fondo de mi
estómago con un latido pesado.
—¿Y los niños?
—Tendremos que resolverlo —admite estremeciéndose—. No necesitaré estar
ahí todos los días y los días que esté, me llevaré a los niños si puedo.
—¿Y si no puedes?
Se encoje de hombros.
—Lo resolveremos. Siempre lo hacemos.
—Deberíamos contratar a una niñera o ponerlos en la guardería.
—¡No! —espeta repentinamente.
81
—Nathan.
—Dije que no. No puedo…
Mis dedos se deslizan alrededor de su muñeca y aprietan suavemente.
—Comprendo tu cautela. Sé que debe ser tan difícil para ti confiar después de
todo lo que has pasado, pero…
—Dije que no.
—Nath…
—¡NO! —grita, sorprendiéndome tanto que doy un paso atrás. Mi mano se
dirige a mi pecho instintivamente y sus ojos se suavizan casi inmediatamente—. No
puedo ponerlos en manos de alguien que no conocemos o en quien no confiamos.
—Entonces debería renunciar ahora —digo con irritación—. Porque ¿cómo
demonios voy a arreglármelas si no puedo encontrar una niñera?
—Guinevere… —Su tono es castigador. Pongo los ojos en blanco y me giro,
terminando con esta conversación—. Estás siendo poco razonable.
—No, tú lo eres.
—Si tengo que llevarlos conmigo, lo haré. No voy a dejarte varada.
—¿Y qué hay sobre ti? —Abro la puerta y bajo las escaleras con él siguiéndome
muy de cerca—. ¿Cómo vas a conseguir hacer algo?
—Lo resolveré.
—¿Y si no puedes?
—Lo haré —me asegura y aunque suena sincero, no tengo mucha fe en esto
ahora mismo. Todo está cambiando, otra vez. No me gusta—. ¿No eres feliz? Otra
tienda es más dinero.
—Lo sé. —Empujo la puerta de la cocina y pongo la cafetera en su base—. Es
genial. Estoy feliz por ti, de verdad. Es solo un momento difícil.
Sus brazos me rodean, descansando debajo de mis pechos y su barbilla toca
mi hombro.
—Somos lo suficientemente fuertes.
—¿Lo somos? —murmuro y él se tensa a mi espalda. Su brazo me sostiene tan
apretado que es casi doloroso.
—¿Qué fue eso?
¿Me atrevo a hablar ahora? ¿Tal vez esto es lo que ha estado escondiendo? ¿El
hecho de que tiene que irse? ¿Estoy exagerando?
—Nada. —Trato de liberarme, pero él me sostiene aún más fuerte.
—¿Qué quieres decir, Gwen?
—¡Nada!
82
—Guinevere.
—Déjame ir —grito y lo hace inmediatamente.
—¿Qué diablos? —jadea, sus manos levantadas y sus ojos abiertos con
horror—. ¿Te lastimé?
—No, solo… necesito respirar.
Sus labios finos en una línea blanca.
—¿Necesitas respirar?
—Sí
—¿Lejos de mí?
Gruño.
—No tergiverses esto.
—¿Tergiversar qué? ¿El hecho de que no creas que somos lo suficientemente
fuertes como para que esto funcione? ¿El hecho de que ya no tienes fe en mí? ¿O el
hecho de que acababas de gritarme que te deje ir? —Suelta una risa sin humor—.
¿O estoy leyendo todo esto mal?
—Solo estoy… —Ugh—. Has estado evitándome últimamente.
—He estado ocupado.
—También has sido reservado.
Él no niega esto.
—He estado ocupado.
—¿Qué me estás escondiendo?
Lamiéndose sus labios, él cruza los brazos sobre su pecho y levanta su
barbilla.
—¿Crees que estoy escondiendo algo?
—Sé que lo haces. —Le doy un golpe en su pecho—. Dime qué es.
—No sabes de lo que estás hablando.
—Bien, júralo, por nuestras vidas, jura que no me estás ocultando algo.
Se ríe de nuevo y pasa sus manos por el cabello. Es un tic nervioso, él está a
punto de mentir.
—Esto es ridículo. ¿Tenemos diez?
—Hazlo. Si es tan tonto, entonces ¿qué importa?
—¿Después de que casi muriéramos?
Entrecierro mis ojos.
—No salgas con eso.
—Entonces deja de ser tonta. Ven acá, hagamos las paces y no desperdiciemos
nuestras pocas horas de libertad discutiendo.
83
—No. —Es mi turno de cruzar mis brazos—. O me lo dices o no hablamos en
absoluto.
—Carajo —espeta y se aleja de mí—. No puedo hacer esto ahora mismo.
—Hacer qué.
—Esto. —Presiona su frente contra la pared y suelta un pesado aliento—. No
quiero discutir.
—Entonces dime qué está pasando.
—¡Nada! —sisea y abre la puerta a su lado.
—No te alejes de mí, Nathan.
—Te estoy dando espacio para respirar y calmar la mierda —grita, pisando
fuerte hacia la puerta—. ¿Está bien? ¿O te gustaría que me sentara y te permitiera
llamarme un mentiroso un poco más?
—No puedo etiquetar lo que no puede ser etiquetado.
—¿Y eso qué significa?
Agarra la manija metálica de la puerta principal.
—Última oportunidad para detener esta tontería.
—Oportunidad no tomada. —Paso a la sala de estar—. Ve, huye, pero no te
hablaré cuando regreses.
—Oh Dios mío —susurra y respira profundamente, calmando sus
respiraciones. No le servirá de nada. Ahora estoy muy enojada. Estoy determinada
a obtener esto de él. Si elige no confiar en mí con la verdad, entonces quizás no
estamos hecho el uno para el otro—. Gwen, por favor. Reservé en un buen
restaurante a la vuelta de la esquina. Por favor, ven y come conmigo.
—No tengo hambre —miento. Siempre tengo hambre y él lo sabe.
—Vamos —me incita, sonriendo como si no lo odiara ahora mismo—. Sabes
que te vuelves malhumorada cuando tienes hambre.
—¡Eres una mierda condescendiente!
—Bien. —Levanta una ceja y apoya su hombro contra la columna de la
puerta—. Como quieras.
Me siento en el sofá y pongo mala cara hacia la indiferente televisión. Nathan,
después de unos segundos más, se sienta a mi lado y coloca su mano en mi muslo.
—Odio esto. Me siento como si no hubiera forma de salir de esto —murmura y
acaricia hacia bajo a mi rodilla y sube de nuevo—. Estoy preocupado…
—Entonces sé honesto.
—No lo entenderías —susurra solemnemente y me pregunto si su aversión a
decirme es algo tan simple como el momento en que lo sorprendí escabulléndose
para ver a Bob Esponja en su oficina. ¿Quizás está avergonzado?
84
—Pruébame.
—No. —Suspira—. ¿No puedes confiar en mí? ¿No puedo guardar un secreto
mío? ¿Solo por un momento hasta que esté listo para decírtelo?
¿Listo para decírmelo?
—¿Me estás engañando?
Su expresión es de horror.
—¿Crees que te engañaría?
—Espero que no, pero…
—Esta conversación ha terminado. —Se levanta y endereza su camisa—. Si
realmente crees que haría eso, después de todo lo que hemos pasado, yo...
—¿Qué? ¿Tú qué? —presiono cuando no termina su frase.
—Nunca te perdonaré —responde y sale de la habitación.
—¿A dónde vas?
—Necesito espacio para respirar —espeta, repitiendo mis propias palabras de
antes, poniendo sus ojos en blanco.
—Bien —espeto de vuelta y prácticamente lo empujo fuera de la casa—. Yo
también.
Idiota. Golpeo la puerta con la palma de mi mano y grito en silencio para
ayudar a aliviar el estrés que siento. Ahora mismo estoy tan jodidamente agitada.
Quiero romper algo.
—Tranquila —me digo y me inclino contra la puerta—. Esto pasará. —Es solo
una mala racha. Solo tenemos que superarlo. Las cosas están tan tensas con todo lo
que ha estado sucediendo últimamente.
Ahora me siento mal, sabiendo que Nathan ha estado lidiando con el
conocimiento de que su padre está en libertad. Él sin duda está sufriendo y
difícilmente estoy siendo de ayuda.
Mierda.
No tuve la oportunidad de hablar con él sobre quién se queda a los niños en el
peor de los casos. Realmente tenemos que poner todo eso por escrito. La vida es
demasiado frágil.
He arruinado esto seriamente.
Nathan: Llámame cuando te hayas calmado.
Gwen: Eres tú quien se fue.
Nathan: Basta. Basta. Basta. No puedo soportar esto.
¿Por qué sigo con esto?
Gwen: Lo siento, estoy de muy mal humor ahora mismo. Todo esto
ha ascendido a proporciones estúpidas.
Nathan: De acuerdo. Necesitamos comenzar de nuevo toda esta 85
noche.
Suspiro pesadamente y aprieto mi teléfono en mi puño. Mi mente
constantemente me canta para calmarme y ser racional, pero es tan frustrante,
especialmente ahora que sé que él está escondiendo algo.
Nathan: ¿Tienes hambre ahora?
Haré que el estrés se derrita junto con mi petulancia.
Gwen: Podría comer.
La puerta se abre menos de un minuto después y me encuentro sonriendo. No
importa lo mal que peleemos, amo tanto a Nathan que siempre estaré feliz de verlo.
—Vayamos a comer entonces. —Sonríe, me guiña un ojo de modo encantador
y sostiene su codo para que lo tome.
—Somos un gran desastre, sabes eso, ¿verdad?
—Somos apasionados —corrige y besa mi sien—. El día en que dejemos de
pelear así es el día que estaré asustado, porque significará que a ninguno de
nosotros nos importa.
—¿Y si continuamos peleando todo el tiempo? ¿Y si terminamos por eso?
Él cierra la puerta y me conduce al auto, diciendo:
—Prefiero romper porque no podemos manejar los sentimientos que tenemos
hacia el otro que separarnos porque simplemente no nos importa lo suficiente
como para confrontarnos.
—Prefiero que no rompamos en absoluto. Necesitamos trabajar juntos.
—¿No es eso lo que estamos haciendo? —Abre la puerta para mí y sostiene mi
mano mientras bajo al asiento. Espero hasta que esté a mi lado en el suyo antes de
responder:
—Eso espero. De verdad no se siente así.
Llevando mi mano a sus labios, él besa justo debajo de mi anillo de
compromiso y cierra sus ojos.
—Cuanto antes lo hagamos oficial, mejor para los dos.
—El matrimonio no cambiará nada.
—Me sentiré más seguro.
—¿Más seguro en qué? —pregunto mientras pone el auto en marcha y se
voltea en su asiento para ver detrás de nosotros.
—Nosotros.
—¿Nosotros?
—No puedo perderte.
—No voy a ninguna parte. —Ojalá lo viera. ¿Qué más puedo hacer para
convencerlo de que él es para mí? No quiero a nadie más.
86
—No es solo eso —murmura en tono conspirador.
—Entonces ¿de qué se trata?
—No esta noche. —Él besa mi mano otra vez y la sujeta contra su muslo. Por
una vez no lo presiono, estoy demasiado agotada. No llegaremos a ninguna
conclusión mientras ambos estemos atascados en una obstinada actitud. Como con
todo, tengo que esperar a que Nathan venga a mí. Elegí respetar eso cuando decidí
casarme con él, estar con él. No voy a parar de repente porque me frustra.
Se abrirá cuando esté listo y cuando lo haga, estaré lista para escuchar. Solo
tengo que tener amor y paciencia.
Lo cual es extremadamente duro porque solo quiero saberlo todo ya.

Llegamos tarde para la reservación, pero afortunadamente no por mucho.


Nunca he estado en este lugar antes y una gran parte de mí se siente como si
estuviera engañando a mi propio restaurante, pero no hay manera que podamos
pagar esos precios ahora mismo. No con lo que estamos gastando en este momento
y eso es solo una estimación basada en lo mucho que Nathan gastó la última vez
que abrimos una tienda.
Seguro hace que el dinero retorne; es sólo el limbo que tenemos que atravesar
antes de la ganancia. No somos pobres de ninguna manera, pero tenemos que
cuidar cada céntimo hasta que estemos seguros que la tienda va a generar
beneficios continuamente.
—Te ves perdida. —Nathan toca la punta de mis dedos que descansan
alrededor de la parte inferior de mi copa de vino.
—Siempre estoy dentro de mi cabeza estos días.
Hace suaves patrones sobre mis nudillos, sin hablar. Creo que está tan
asustado como yo de que comience otra guerra entre nosotros.
—Debemos ordenar —me dice y me doy cuenta que he estado sentada aquí
ignorando completamente el menú que está abierto sobre la mesa. Su risa es
tranquila y cariñosa. Dando a mis dedos otros golpecitos, él retira su mano y toma
un sorbo de su bebida.
—Pediré el salmón.
—Voy a pedir el bistec.
—¿Entrecot?
—Siempre.
Hago señas al mismo camarero que nos acompañó a la mesa. Él viene hacia
nosotros, sonriente y feliz, luciendo elegante en un traje de tres piezas.
—¿Están listos para ordenar?
Nathan lo instruye con nuestra comida y cómo nos gusta, mientras leo el 87
menú de postres. Tengo que estar preparada para más tarde.
—Odio verte perdida —murmura Nathan mientras el camarero nos deja. Mi
dedo rodea el borde mi copa, provocando un sonido demasiado agudo pero ligero
para que se escuche.
—Odio que se interponga algo entre nosotros —respondo antes que mi
cerebro pueda encontrar una excusa para empujarla hacia atrás.
—No hay nada entre nosotros.
—No confías en mí con tus secretos. Sabes todo sobre mí.
—No todo. —Él guiña como si todo esto fuera una broma. Eso es frustrante
porque no es una broma, es lo contrario.
¿Qué es lo contrario a una broma?
¿Serio?
Bueno, esto es definitivamente serio.
—Es bueno tener un poco de misterio en una relación.
—Misterio, sí —digo bruscamente y me inclino hacia atrás en mi silla—.
Mentiras, no.
—No te estoy mintiendo.
—¿No?
—No, solo… necesito tiempo.
—Ya lo has dicho —murmuro y desvío la mirada—. Esto no va a cambiar hasta
que hables conmigo.
Él suelta un fuerte suspiro.
—Estoy empezando a notar eso.
—Ponte en mi lugar.
—Es complicado.
—Siempre lo es contigo.
—Por favor —ruega y toma mi mano—. Por favor, disfrutemos esta noche.
—Lo estoy intentando. Lo juro, Nathan, estoy tratando. —Mis dientes
muerden mi labio. El impulso de levantarme y caminar es insoportable, pero
únicamente permanezco sentada, así no me veo tonta.
—Te amo, Gwen.
—Entonces, dime la verdad.
—No es tan simple.
—Ya lo has dicho —siseo. Mi mano aprieta mi copa tan fuertemente que me
preocupa que se rompa, así que aflojo mi agarre y trato desesperadamente de
relajar mi cuerpo.
—No vas dejar que esto se vaya, ¿verdad? 88
Cuando niego en un “no”, suspira y se frota sus ojos con las palmas de sus
manos.
—Solías ser más paciente.
—Y entonces descubro que mi futuro esposo me engaña. —Lo señalo—. Me
siento un poco amargada por la paciencia, como no puedes imaginar. No me gusta
no saber las cosas.
—¿De verdad estamos hablando de eso ahora?
—Surgió —me quejo, ya no sintiéndome con hambre ni feliz—. No me mires
como si estuviera siendo insensata, cuando estoy en el extremo receptor de tu
incapacidad para comunicarte.
—De acuerdo, vamos a parar. Esto se mueve en círculos otra vez. —Él cierra su
mano sobre la mía y baja su cabeza para que nuestros ojos se encuentren—. Por
favor, Gwen, te lo suplico. Solo dame tiempo para averiguar cómo me siento acerca
de todo lo que está sucediendo ahora.
Cuando me lo pide tan desesperadamente, ¿cómo puedo negarme?
—No para siempre.
—No. —Las puntas de sus dedos aprietan los míos—. No para siempre. Solo
un poco.
—Bien, haré todo lo posible para dejarlo en paz. —Uso mi mano libre para
llevar la copa a mis labios.
—Te amo, no dudes nunca de eso —implora.
—Te amo también —le respondo y compartimos una sonrisa amorosa—.
Tengo fe, ¿sabes?
—Lo sé.
—Ahora que las cosas se han calmado un poco, he estado pensando. —Me
aclaro la garganta y me preparo mentalmente para la conversación a
continuación—. Tenemos que decidir quién se queda con los niños después de
nuestras muertes y hacerlo por escrito.
Él palidece y lo noto visiblemente deslucido.
—¿Por qué?
—Porque tus padres son lo suficientemente horrorosos como para conseguir
la custodia en el caso de nuestras muertes.
Él palidece más y asiente lentamente de acuerdo.
—Tienes razón.
—Estoy pensando en el peor de los casos…
—No, lo entiendo. Creo que es inteligente. La vida es corta y fácilmente se
puede hacer más corta —se burla con disgusto cuando sus siguientes palabras salen
de su boca—. Y el pensamiento de Dillan y Emily al cuidado de mi padre…
Pongo mi mano sobre su puño cerrado y acaricio los nudillos de sus dedos con 89
mi pulgar.
—Entonces tenemos que tener todo eso por escrito lo antes posible.
—Sí, ahora solo tenemos que elegir quién los tendrá. No confío
particularmente en nuestros padres.
—Mi madre ha cambiado. Prefiero que vayan con ella que con tus padres.
—Definitivamente, pero todavía no siento como si ella fuera una buena opción
para el resto de sus vidas.
Ojalá tuviéramos más personas en nuestras vidas. Gente buena.
—Sasha y Tommy serían nuestra única opción y dudo que quieran quedarse
con nuestros hijos —murmuro y tomo un trago grande de mi vino. Eso hace que mi
garganta se estremezca.
—Lo resolveremos.
—Ellos no pueden impugnarlo, ¿no? Quiero decir, si no los dejamos con la
familia, tal vez lo impugnarán y hay una buena posibilidad de que ganen.
Nathan parece que quiere golpear algo… o a alguien, esperemos que a su papá
y no al camarero que está dirigiéndose a nosotros con nuestra comida.
—¿Es esta tu manera de obligarme a ir a la policía? —pregunta Nathan
levantando una ceja.
—No, por supuesto que no, pero tendría sentido que lo hicieras.
—Yo solo… —Sus labios se aprietan en una línea blanca y lo siento luchando
para encontrar mi mirada.
—Sé que es difícil. —Hago una pausa cuando el camarero coloca nuestros
platos frente a nosotros y nos pregunta si nos gustaría algo más. Tan pronto como
se ha ido, me inclino hacia adelante—. Solo puedo imaginar cómo te sientes, pero si
llevamos el video a la policía, probablemente ni siquiera irá a juicio. Tendremos su
motivo para incendiar la casa también. No solo será detenido por ayudar y encubrir
a un pedófilo, sino que también será enjuiciado por intento de asesinato e incendio
premeditado.
Empuja la comida en su plato con un tenedor, su mente trabajando sin duda a
un kilómetro por minuto. No espero que hable. Sé lo difícil que es para él hablar de
esto. No solo es traumatizante, sino que también es vergonzoso. No le gusta que
piense en él en una posición tan vulnerable y no lo culpo. Yo sentiría lo mismo en
sus zapatos.
Mi pobre Nathan.
—Necesito tiempo para pensar —susurra después de una larga pausa—. ¿Está
bien?
Mentalmente me animo porque sé que he llegado a él.
—Por supuesto. 90
—¿Vamos a comer?
Asiento, sintiéndome más ligera por el peso que se ha ido de mi pecho.
—Suena bien. Esto se ve delicioso. —Otro pensamiento sorprendente me
golpea, uno que pone un pánico tonto en mi corazón—. Si vas a venir para el
cumpleaños de Sasha, ¿verdad? Ya que estarás en Essex, lo que no está tan lejos.
—Por supuesto. —Me sonríe, un duro contraste con cómo se veía hace unos
minutos—. No me lo perdería. Sé lo emocionada que estás.
—Yay.
Cuando pone sus ojos en blanco amorosamente, sé que las cosas están bien
nuevamente. Al menos por esta noche de todos modos.
Capítulo once
La mañana viene y pasa demasiado pronto y el trabajo comienza incluso
antes. Echo de menos los días en los que me acostaba en el sofá con la recién nacida
Emily, veía televisión e intentaba dormir mientras Dillan corría con sus juguetes.
Trabajar es duro. Pensé que podría manejarlo, pero algunos días no estoy tan
segura.
Afortunadamente, trabajo con un grupo agradable de personas, menos uno o
dos gruñones que se mantienen a sí mismo, por lo que se va rápidamente. Cuando
no estoy preparando constantemente platos, me río con mis compañeros de
trabajo. Kerim, aunque es el más intimidante de todos, tiene que ser mi persona
favorita en el trabajo. Cuando él no está siendo un idiota total, en realidad es muy
divertido estar cerca. Le gusta hacer bromas a los otros, como el otro día que dejó
una trampa de ratón en el bolsillo de Harold y ayer hackeó el teléfono de Rex y
cambió su tono de llamada por uno de porno. Fue divertidísimo.
Hoy fue mi turno. Después de quitarme mi gorro en mi descanso, descubrí
visibles líneas azules en mi frente. Había pintado el interior de la costura con azul y
ni siquiera me había dado cuenta cuando me lo ponía. Ahora tengo una magnifica
franja dentada a través de mi piel.
—Está ahí —advierto, señalándolo con mi dedo azul, azul porque lo usé para
tratar de encontrar de lo que todo el mundo se estaba riendo. Diciendo, “¿Tengo 91
algo en mi cara?” Se hizo realidad para mí—. Así es.
—Me estoy sacudiendo los zapatos. —Kerim se ríe, su acento pesado y su frase
carece de inglés apropiado, pero solo parece hacerlo más divertido.
—En mis botas —corregí solo para recibir una servilleta en mi cara—. Imbécil.
Sonríe maliciosamente mientras camino hacia el baño para lavar el azul. Solo
estoy orando para que no usara marcador permanente.
Cuando estoy a punto de llevar agua a mi frente, mi teléfono suena en el borde
del lavabo de modo que con mi dedo meñique seco acepto la llamada y lo pongo en
altavoz.
—¿Recibiste mi texto? —pregunta Nathan.
—No, acabo de salir al descanso. —Llevo un pañuelo húmedo a mi frente y
friego el azul. Solo parece mancharse, así que frunzo el ceño en mi reflejo y resisto
gruñendo enojada—. ¿Qué sucede?
—¿Qué es ese ruido?
—Me estoy lavando la cara —le respondo—. No preguntes.
—Está bien. —Se ríe, arrastrando la palabra y oigo a Dillan aplaudir
alegremente en el fondo como si fuera parte de la conversación—. Hice reservación
para el servicio de revisión anual para tu auto el día diecisiete. Era el único día que
te podían dar. Van a cambiar tus llantas y todo lo que se tenga que hacer.
—Pero el cumpleaños de Sasha…
—Estaré en casa ese fin de semana, así que iremos en mi auto, no es la gran
cosa. Pensé que no lo necesitarías para el trabajo, así que el momento es bastante
bueno.
—Sí. —Él tiene un punto—. Eso tiene sentido. ¿Prometes que estarás ahí?
—¡Por supuesto! —Él suena un poco ofendido por haber preguntado, pero no
me atrevo a ser demasiada optimista.
—Lo siento, estoy tan emocionada por un día de diversión.
—Lo sé. Entiendo.
—Bueno, gracias, cariño. Por llevarme al cumpleaños de Sasha y por arreglar
mi auto.
—Por nada. —Se aclara la garganta—. Si estás trabajando ese día, tendrás que
tomarlo antes de irte porque no creo que vaya a estar a tiempo.
—Lo tengo. —Finalmente progreso con el azul—. Me tengo que ir.
—Disfruta el resto de tu día. —Su voz es suave, como terciopelo y dulce como
el chocolate derretido—. Te echo de menos.
—También te extraño. —Sonrío deseando estar allí con todos ellos.
Mi sonrisa desaparece cuando escucho una voz femenina desconocida.
92
—Dillan, mira quién… —La línea se muere antes de que termine su frase.
Mi corazón golpea contra mi caja torácica mientras trato de averiguar a quién
podría pertenecer, pero nadie me viene a la mente. Yo sabría si la voz fuera de mi
madre o Sasha. No conocemos a nadie aparte de Jeanine y definitivamente no era
ella.
A menos que esté en una de sus tiendas… podría ser una de las empleadas allí,
todos adulan a nuestros hijos cuando vamos. Aunque podía oír el viento y los autos
en el fondo, así que no pueden estar dentro de su tienda.
Mierda.
¿Quién era?
Quiero confiar en él… necesito confiar en él. No sería tan estúpido como para
llamarme si estaba con otra mujer. No, a menos que le dijera que se callara y luego
ella decidió que no, para darse a conocer.
¿Cómo se atrevió a dejar que algunas mujeres estuvieran alrededor de mis
hijos sin mi aprobación? No puedo dejar que esto se vaya. Ignorando el mensaje
que Nathan me envió sobre el auto, rápidamente escribo y envío:
Gwen: ¿Quién carajo era?
Nathan: ¿Quién era quién?
Gwen: La mujer que gritó el nombre de Dillan al final de nuestra
conversación.
Nathan: Solo una señora que trabaja en el puesto de helado en el
parque.
Oh. Bueno… ¿no me siento como un idiota? Solo es un buen padre para
nuestros hijos y estoy aquí atascada siendo una perra irracional como de
costumbre. ¿Qué está mal conmigo?
Gwen: Lo siento. Soy una idiota.
Nathan: No tienes nada de que disculparte. Mantén la calma.
Bueno, te veo luego.
Me estoy perdiendo. Necesito dejar de perderme tanto, pero es difícil. Mis
hormonas están por todas partes y es tan difícil confiar después de lo que hizo
Caleb. Estoy tratando de superarlo, pero no siempre es así de sencillo. Su engaño
dejó una semilla que se arraigó y ahora siempre lo saco con Nathan.
Gwen: Necesito una noche de chicas.
Sasha: ¡Yo también! ¿Cuándo?
Gwen: No lo sé, ambas siempre estamos tan ocupadas. Necesito un
amigo nuevo.
Sasha: Normalmente me ofendería por esa sugerencia, pero
realmente lo necesitas. Simplemente no salgas lo suficiente.
Gwen: Eh… gracias. :-p
93
Sasha: Tú solías salir con toneladas de gente todo el tiempo. Es
solo que desde Nathan te has convertido en una ermitaña. El mundo
no gira en torno a él. Puede vivir sin ti durante una hora o dos.
Gwen: Sé que puede. Él no es la razón por la que estoy tan aislada.
Sasha: Sé que no lo es, pero aun así… sal ahí afuera un poco más.
Ve a un grupo local de mamás y bebés o algo así. Encuéntrales a los
niños algunos compañeros de juegos, ellos también necesitan amigos.
Ella tiene toda la razón.
Gwen: En realidad no es una mala idea.
Así que después de algunas investigaciones en Google, encontré centros de
niños locales y reservé una sesión de té y tostadas. Realmente espero que esto vaya
bien. Mi ansiedad ya está en aumento.
—Puedes hacer esto —e susurro—. Lo tienes.
—¿Estás hablando contigo? —pregunta Harold.
—Cállate.
—Primer signo de locura.
Subiendo mi mano a su cara, salgo al exterior. Esta cocina se calienta
demasiado. Necesito respirar.
Sasha: Recuerda que te quiero, perra.
Gwen: Como una erupción.
Sasha: Dah.
Gwen: ¿Él ya se te propuso?
Sasha: ¿Parezco feliz?
Gwen: ¿Alguna vez lo estás?
Sasha: ¡Vete a la mierda, soy un rayo de sol!
Gwen: Realmente no puedo esperar a tu cumpleaños. No es broma.
¡Estoy tan emocionada!
Sasha: Yo también, es mejor que vayas a los grandes viajes
conmigo.
Gwen: ¡Por supuesto!
—¿Por qué estás tan feliz? —pregunta Kerim cuando vuelvo de mi descanso y
guardo mis cosas—. Estás trabajando y tu rostro es azul, no deberías ser feliz.
Le doy una palmada en su brazo.
—Mi rostro no es azul. —¿Lo está?—. ¡Y estoy feliz porque voy a Alton en poco
más de dos semanas!
—Ah, sí, tu día libre para montar montañas rusas y gastar cantidades de 94
dinero en bebidas endulzadas. —Levanta una ceja—. ¿Por qué no deberías
emocionarte?
—¿Verdad?
Él pone sus ojos en blanco por mi alegría y vuelve a su trabajo.
—Tu descanso ha terminado. Deja de molestar a mis empleados.
—No me di cuenta que te empleaste a ti mismo —murmuro todavía sonriendo.
—Nadie más lo hará —añade Harold y todos nos reímos. Todos nosotros,
excepto Kerim, que silba al hombre en turco y tan agresivo como suena, podemos
decir que está bromeando.
Esto hace que Harold se ría más fuerte.
Me gustaría poder hablar turco, parece un lenguaje tan interesante. Me
pregunto si todos los turcos usan sal tan ansiosamente como Harold y Kerim.
—¿Otra vez? —Kerim repentinamente se sienta y arroja un trapo al costado.
Mis ojos siguen a los suyos e inmediatamente veo la cosa que ha causado su
ira. La señora Weston.
Cuando sus ojos se encuentran con los míos y sus labios se inclinan hacia los
bordes en lo que es más probable que sea una sonrisa amistosa, mis manos se
cierran en puños a los lados.
—Antes de empezar a trabajar aquí, nunca llegó tan lejos como me doy cuenta.
Esta es la cuarta vez que ha venido —me dice Kerim, su mano tocando suavemente
mi muñeca justo encima de mi mano—. Ignórala.
—¿Cuarta?
—¿No estabas aquí las veces anteriores?
—La odio.
—Lo sé —me dice y me lleva a donde Patience prepara las hierbas para la
tarde. Su espalda está hacia el restaurante, por suerte—. Aquí, simplemente
ignórala.
Tomo un cortador de pizza y comienzo a cortar a través de las hojas de
albahaca fresca antes de tirarlas en un recipiente junto a la tabla de cortar.
—Es un buen truco. —Patience parece impresionada y mi corazón se hincha
de orgullo.
—Lo encuentro más fácil. —Hago rodar la cuchilla del cortador de pizza a
través de la hierba y paso los fragmentos de hojas a un lado.
No puedo dejar de mirar por encima de mi hombro, aunque desearía no
haberlo hecho porque ella me mira al segundo en que lo hago y solo la sensación de
sus ojos en mí me hace querer frotar mi piel hasta que se sienta limpia.
95
Cuando me giro, mi mal humor se evapora cuando veo a Patience y Johnny
usando cortadores de pizza en sus pilas de hierbas.
—Tienes razón —dice Patience—. Esto es más fácil. Mucho.
—Me alegra que lo apruebes.
—No importa cuánto tiempo cocines, cuánto tiempo hagas cualquier cosa,
para esta materia. Siempre hay cosas nuevas que aprender.
—Una mujer tan sabia. —Johnny le da palmaditas al hombro de Patience y
tira más hierbas en un recipiente aparte del que estoy usando—. He terminado.
Pónganse en ello antes de que Kerim nos grite a todos.
—Cree que es el jefe desde que Kerim le permitió ser jefe de cocina durante
dos horas —susurra Patience y puedo oír la envidia en su voz, aunque ella lo negará
si lo señalo.
—Aunque lo hizo muy bien —admito, porque es verdad—. Kerim simplemente
no podía manejarlo.
—Sí. —Patience se ríe un poco y es un sonido tan extraño. No la he oído reír
antes—. Nadie puede siquiera tratar de mejorarlo. Es demasiado competitivo.
Me encojo de hombros y empujo mi hombro contra el suyo.
—Me gusta eso de él, sin embargo. No se arrodilla delante de nadie.
—Solo mujeres hermosas —comenta Kerim en voz alta, tirando de sus ojos
hacía él.
Me toma por sorpresa cuando me guiña el ojo. No estoy segura de qué tipo de
guiño era y decido no pensar en ello. Mi mente produce pocos o ningunos buenos
pensamientos en estos días. No confío en que no tuerza este probable intercambio
inocente en algo más sórdido.
Allí voy… acabo inadvertidamente de convertirlo en algo sórdido y ahora mis
mejillas están calientes de una manera que me confunde. ¿Por qué me estoy
sonrojando?
Patience suspira en silencio, afectada por el encanto y la apariencia de nuestro
chef. Espera hasta que conozca a mi Nathan. Todavía no he conocido a un hombre
más hermoso que él.
Aunque su encanto deja mucho que desear.
Me río con la idea de lo inaccesible que es mi pareja. La única persona con la
que ha sido remotamente amistoso es conmigo. Me encanta y odio todo al mismo
tiempo. Me encanta porque fui yo quien lo rompió. Fuera de cada mujer en el
mundo, fui yo quien se enamoró de él y solo sé que ninguna otra mujer podría
penetrar sus barreras como yo. Sin embargo, lo odio porque soy la única persona
que ha sido capaz de abrirse y eso rompe mi corazón.
Ahora me siento aún más culpable. ¿Lo he estado presionando demasiado
para que sea alguien que no es? Quiero que me diga todo, pero no es el tipo de
persona que es y no es el tipo de persona que ha sido. Estoy siendo muy injusta con
él. Por supuesto que él debe decirme sus problemas, pero deber ser en sus 96
términos, no los míos.
Mierda.
He sido una perra furiosa.
Tengo ganas de sollozar. Sí, sé que no todo es culpa mía y tengo todo el
derecho de darle unos cuantos empujes, a no ser que no haya estado presionando,
he estado empujando y eso no es justo para él. No es justo para nosotros.
Así que cuando salgo del trabajo, más tarde de lo previsto y lo encuentro
durmiendo de espaldas en la cama. Deslizo la manta hasta sus rodillas tan
suavemente como es posible y dejo besos suaves de su esternón hacia su bóxer.
Lo siento estremecerse y tensarse en su sueño mientras mi lengua acaricia la
piel por encima de la cinta elástica. Los pequeños bultos estallan sobre sus brazos y
él gime en su sueño. El sonido es extremadamente erótico. Cuando finalmente
como puedo meter la mayor parte de su deliciosa e hinchada longitud en mi boca,
él se sacude y suelta el gemido más salvaje y lujurioso que he escuchado.
—Gwen —jadea después de un momento y sus manos va a mi cabello. Sus
dedos se aferran y puedo decir que está dividido entre arrancarme y forzar sus
caderas hasta mi nariz. Yo sonrío, no puedo evitarlo. Me encanta lo receptivo que
es a mis burlas. Me encanta lo fácil que puedo complacerlo porque soy la única que
sabe cómo.
Suelta su aliento. Suena áspero y pesado cuando yo lo trago hasta tener
arcadas.
—Te amo —gime, aun sosteniendo mi cabello. Sus caderas se inclinan
mientras continúo deslizando lentamente mis labios y lengua hacia arriba y abajo
de su polla mientras mis manos exploran su cuerpo y quedan a centímetros de él.
Se siente tan caliente—. Necesitas parar pronto. —Sus dedos me golpean en la
cabeza. —Nena… Gwen… —Sus manos intentan suavemente sacarme de él, pero me
encojo de hombros—. Por favor… yo… Dios… Gwen.
—Quiero probarte —susurro después de soltarlo de mi boca y acariciar el
delicado ápice de sus muslos con mi lengua.
—¿No es eso lo que estás haciendo?
Él sabe lo que quiero decir y sé que va a tratar de detenerme, así que
rápidamente lo meto de nuevo en mi boca de una manera que sé que lo dejará sin
palabras por un momento. Como era de esperar, cae de nuevo sobre su almohada y
gime fuerte. Sus manos agarran la cabecera de la cama y oigo el chirrido de la
madera bajo su apretado agarre.
—Basta —susurra a través de otro gemido. Sé que no lo dice en serio.
Simplemente no quiere terminar antes de darme la oportunidad. Siempre ha sido
un amante generoso. Siempre ha sido sobre mi placer antes que el suyo—. Gwen…
Muevo su mano lejos, trabajando en su polla con entusiasmo con mi boca
caliente y labios hinchados. Todavía tengo que probarlo, para tragar su esencia,
porque el pensamiento de eso no le atrae como a la mayoría de los hombres. Su
educación extremadamente dura se aseguró de arruinar tales deseos para él. 97
Solo quiero que lo experimente, solo una vez. Sobre todo, por mi bien, pero
también por el suyo.
La idea de hacerlo es tan erótico. Apuesto a que sabe tan bien como parece.
—Gwen. —Su tono es suplicante, aunque por lo que dudo, incluso él sepa.
—Déjame que te haga sentir bien —suplico cuando se las arregla para levantar
mi cabeza. Nuestros ojos se encuentran y sus pupilas dilatadas miran a través de la
oscuridad y en la mía. Mis dedos recorren el vello recortado alrededor de su
longitud, sólido mientras nos comunicamos en silencio. Cuando sus ojos se cierran
y su agarre en mi cabello se afloja, vuelvo a él, sonriendo a su alrededor cuando
susurra mi nombre con tanta intensidad que mi vientre se aprieta. La necesidad de
llevarme a mi propia liberación con su cuerpo es insoportable. Cada vez que él se
tensa, cada vez que gime, cada vez que susurra mi nombre, el hormigueo arde por
mis venas como lava a través de las ranuras de una roca.
—Casi estoy allí —advierte como siempre lo hace y por lo general le permitiría
respirar. En cualquier otra noche, me voltearía y me llevaría por detrás, su posición
favorita y una de las mías. No esta noche—. Gwen.
Le doy una palmada en sus manos.
—Gwen. —Su voz es más urgente esta vez. Sus manos me agarran el cabello
casi dolorosamente y sus piernas se tensas—. Ven acá. —Él silba entre sus dientes y
empuja hacia arriba—. Cristo.
Esto es, puedo sentirlo. Sus bolas se tensan mientras las enrollo entre mis
dedos. Sus manos se aprietan hasta el punto de que me duele el cuero cabelludo.
Solo me hace sentir más viva.
Mi cuerpo arde. Cómo me gustaría poder sentir esto a su lado.
—¡GWEN! —grita ya no en control de sí mismo, cuando yo lo meto más en mi
boca de lo que he manejado antes. Su tono puede decir una cosa, pero su cuerpo
está pidiendo algo completamente diferente—. ¡MIERDA! ¡Muévete!
Nunca lo he oído maldecir antes. ¿Es tan malo que me excite? Mi vientre se
aprieta en respuesta y mi cuerpo se estremece con un hormigueo tan poderoso, que
casi muerdo con un gemido.
No tiene la oportunidad de alejarme y sé que no quiere.
Cuando siento que se derrama sobre mi lengua, agarro la base y me mantengo
firme. Sabe a lo que yo imaginaba y lo haría de nuevo, solo para oírlo gritar como lo
hizo y solo para mirar el puño con las sábanas en sus manos como lo está haciendo
ahora.
Después de tragar y besar un sendero hasta su cuello, me apoyo en su pecho,
sonriendo con orgullo de mí misma, aunque no puede ver porque sus puños
temblorosos se presionan en sus ojos. Respiraciones agudas escapan a través de sus
labios entreabiertos que quiero besar tan mal, pero no quiero incomodarlo.
98
—No creo que pueda moverme —murmura, haciéndome reír y apoyo mi
rostro en su cuello. Cuando sus brazos me rodean y sus labios tocan mi frente, me
siento tan acogida por un amor tan poderoso. No hay vínculo más fuerte que el
nuestro—. Tú vuelas mi mente.
—Definitivamente volé algo.
Su risa de respuesta vibra a través de su garganta y su pecho. Mi cuerpo se
estremece involuntariamente con el suyo y luego estoy siendo rodada sobre mi
espalda y sus dedos suaves acarician el cabello de mi rostro mientras sus ojos
chocolate escanean alrededor de mi cabeza para asegurarse de que ni una sola
hebra está atrapado bajo su peso.
—Te queda este largo —dice y retuerce un mechón alrededor de su dedo. Me
muevo debajo de él, asegurando una posición cómoda—. Aunque te queda bien de
cualquier largo. Tú eres una de esas afortunadas bellezas que pueden llevar casi
cada look y estilo.
—¿Afortunada belleza? —Mis cejas se alzan con peculiaridad cuando ahogo mi
sonrisa—. Usted tiene una gran cantidad de palabras, señor Weston.
—Lo intento, señora Weston. ¿Has visto más lugares?
—Realmente no he tenido tiempo.
—Toma tiempo. —Su ceño duele. No quiero ser la que coloque una mirada de
frustración en su rostro—. ¿Por qué lo retrasas?
—No estoy retrasándolo. —Mi mano alcanza su rostro y siento el rastro de
barba a lo largo de su mandíbula picando la palma de mi mano—. Simplemente no
he tenido tiempo.
—Mmm. —No parece convencido y no lo culpo. No estoy retrasándolo,
simplemente no veo la necesidad de precipitarlo. Estoy deseando casarme con él,
pero primero quiero concentrarme en nosotros.
—¿Qué te pasó últimamente? —pregunto con cuidado no queriendo causar
otra discusión después de un avance tan sorprendente—. Pareces tan…
—Estoy bien.
—No interrumpas.
—Sé lo que vas a decir.
—¿Puedes leer las mentes ahora?
Coloca su cálida mano sobre mi boca y besa la punta de mi nariz.
—Voy a darme una ducha. ¿Vienes?
Resoplo, pero lo dejo tirar de mí de nuestra cama de todos modos. Cuando
caminamos por la habitación y entramos en el pasillo, cambio el tema no solo para
distraerlo, sino también para distraerme.
—Así que… ¿vas a comentar el hecho de que te tragué por completo?
—Me siento culpable —responde, confundiéndome. 99
Cierro la puerta del baño detrás de nosotros y espero a que él encienda la
ducha antes de pedirle que continúe.
—Nunca voy a ser capaz de hacer eso por ti.
Pongo mis ojos en blanco antes de poder detenerlos.
—No hice eso para recibirlo. Lo hice porque quería hacerlo. No hay agenda
oculta.
—Lo sé, pero…
—Nada. Pero nada. —Esta vez pongo mi mano sobre su boca—. Tenemos esto,
Nathan. Somos felices. Soy feliz.
—¿Lo prometes? —susurra y tira mi cuerpo desnudo al ras con el suyo. Una
mano se enrosca en mi cabello mientras el otro empuja contra mi espalda.
—Lo prometo.
Una vulnerabilidad brilla en sus ojos, es leve, pero la veo. No solo puedo verla,
sino que la escucho en su voz.
—¿Debería estar preocupada por que lo sea? —le pregunto suavemente, no
queriendo cerrar su alma de mi vista.
—De ninguna manera.
Capítulo doce
Mi mamá llegó temprano esta mañana. Es tan agradable verla y los niños
están eufóricos. Les encanta su nana, como debería. Ella es genial con ellos.
—Tu té siempre es el mejor —comenta mientras toma una cantidad saludable
en boca.
—Y el tuyo es siempre el peor.
Ella pone sus ojos en blanco, pero no lo niega. Por lo menos ella está
finalmente fuera de su negación.
—¿Cómo está tu media naranja?
—Él está bien. —Ella sonríe cálidamente al pensar en él—. ¿Cómo está el tuyo?
—También está bien. —Me reflejo en su sonrisa.
—Sin embargo, soy la mejor mitad —murmura sus palabras contra el borde de
su copa.
Me río y tarareo mi propio acuerdo.
—Como yo.
—¡PINGUINOO! —grita Dillan y oigo sus pesados pasos en la sala de estar,
justo antes de que un muñeco pingüino entre en la habitación y patine por el suelo. 100
—Él es tan raro —comento y mi madre estalla en un ataque de risa.
—Definitivamente lo es. —Aclara su garganta—. Él se parece a…
—Lo sé. —Mis manos aprietan mi taza tan fuertemente que mi piel chilla
contra la cerámica—. Es desconcertante lo mucho que se le parece.
—No tienes ninguna foto de Caleb en ninguna parte.
Miro a mi alrededor y me muero de dolor. Ella está en lo correcto.
—Lo sé. No es algo en lo que he pensado.
—Está bien tener una foto en alguna parte. Dillan va a saber sobre su padre
eventualmente. Debería familiarizarse con su rostro para que no sea una sorpresa
total.
Colocando mi taza aun lado, miro alrededor de la habitación antes de
quedarme mirando el microondas.
—Acabo de conseguir este bonito marco de plata para fotos de esa tienda
casera a la vuelta de la esquina. Aquí se verá preciosa.
—Tú decide, no te sientas presionada por mí.
—No, Dios no, te juro que no. —Me apresuro a agarrar el marco del armario
debajo de las escaleras—. Tienes razón. Sería agradable mirar su cara otra vez. Lo
evito por lo general, pero ha sido suficiente tiempo. Quiero volver a verlo.
—¿Nathan estará bien con eso?
—No veo por qué tendría un problema con él.
Una mirada de escepticismo se refleja en su rostro, solo brevemente, pero la
capté. Lo dejo ir. Ella no conoce los inconvenientes de mi relación, así que no puede
predecir cómo reaccionará. Además, si de alguna manera reacciona de otra forma
que no sea indiferente, me preocuparía por su salud mental.
—En otras noticias —anuncio en voz alta a la habitación, una sonrisa radiante
puesta en mi rostro—, el miércoles, voy a ser el chef de línea.
—Eso es como gerente de piso, ¿verdad? ¿Pero en cocina?
—Algo así. —Salto en el lugar—. Oí a Kerim y Patience hablando de ello.
Patience está enferma y alguien tiene que cubrirla.
—Pero no has estado ahí en mucho tiempo.
—Necesita ver si soy capaz.
—¿Lo estás? —está preguntando por preocupación, pero todavía duele la
sensación de que ella no tiene ninguna fe en mí.
—Eso espero.
—Puedes hacer lo que quieras. Eres tan lista. Todos estamos orgullosos de ti.
—Eso es lo que siempre dice Nathan. —Hago un movimiento para que ella me 101
siga a la habitación donde los niños han sacado todos sus juguetes y sin duda han
perdido todos los controles remotos.
Sí, no hay un solo control a la vista.
—Supongo que entonces no estamos viento televisión. —Suspiro cuando
Emily viene a mí con los brazos extendidos. La levanto y la abrazo antes de que ella
me empuje y se vaya con su nana. Después de sacar mi teléfono de mi bolsillo
trasero, lo compruebo por milésima vez y frunzo el ceño.
—¿Cómo está él en Essex?
—Ha estado ahí desde ayer por la mañana y solo hablamos cuando llegó.
—Eso es diferente a él. —Parece tan preocupada como me siento—. ¿Cuántas
veces ha estado ahí ahora?
—Esta es su cuarta visita en dos semanas, pero hablamos lo más posible.
—Él se pondrá en contacto.
No puedo ocultar la preocupación en mis ojos.
—Se supone que debo llevar el auto para su revisión anual y un par de arreglos
mañana.
—¿Es desesperadamente necesario?
—No puedo esperar más. —Voy a frotar mis ojos cansados, pero luego
recuerdo el hecho de que estoy usando maquillaje para detener ese error de
inmediato.
Como si un ángel del cielo enviara el mensaje, mi teléfono suena.
Lo arrebato, sonriendo como un conejito feliz una vez más y exclamo:
—Literalmente no tienes idea de cuánto te he echado de menos. No es
agradable mantener a una chica esperando.
—En ese caso, ¿entonces estás diciendo que sí a lo que voy a preguntar? —La
voz de Kerim rompe mi buen humor y añade una gruesa capa de vergüenza a mi
triste humor.
—Lo siento, pensé…
—Lo sé. —Tose lejos del teléfono—. Tengo que ir a la noche de apertura de un
amigo esta noche. Solo por una hora. Normalmente llevaría a Patience, pero esta
vez te llevaré, será una buena experiencia para ti.
—¿Qué?
—Trae ropa para cambiarte. Trabajaremos hasta que empiece. Nada
complicado.
—¿Nada complicado?
—Tendrás menos de un minuto para cambiarte y maquillarte antes de que nos
vayamos.
—Estoy tan confundida —admito y mamá me mira como si fuera a preguntar 102
lo que se está perdiendo—. ¿Formal?
—Sí, un vestido o algo así.
—Está bien.
—Entonces… ¿vendrás?
—Aún me pagarán, ¿verdad?
Su risa de respuesta es fuerte y melódica. Me encuentro uniendo mi triste
estado de ánimo y se derrite a uno más feliz.
—Veremos qué tan bien te comportas.
Cuelga antes de poder decir cualquier otra cosa.
—¿Entonces no era Nathan?
Niego.
—Aparentemente, voy a una noche de apertura de un restaurante esta noche.
—¿Cuándo? Estás trabajando hasta casi la medianoche.
—¿Creo que es una cosa durante el tiempo de trabajo? Todavía estoy tan
confundida.
Gwen: Te echo de menos. :(
—Bueno, diviértete. —Mamá lanza una pequeña pelota de vuelta a Dillan y él
se ríe cuando salta de su cara.
—Espero hacerlo. Solo necesito encontrar algo para ponerme.
—Ponte ese vestido negro que usaste el día de apertura de la tienda. Ese era
encantador.
—Hace un poco de viento para la falda. —Miro hacia fuera y trato de conseguir
una lectura del tiempo de mierda.
—Estarás bien, estarás adentro.
—Espero. —Asiento—. Aún encaja y es la única cosa formal que tengo así
que… el vestido gana.
—¿Ves? Soy tan lista. —Mamá sonríe y ensancha la nariz juguetonamente.
Pongo mis ojos en blanco amorosamente y reviso mi teléfono de nuevo. Aún nada—
. A lo mejor su teléfono se rompió.
—Tal vez. —Sé que no es el caso, ya que él se sabe mi número de memoria.
Solo está ocupado. Muy ocupado. No tiene nada que ver con lo distante que ha
estado recientemente. Absolutamente nada.
Trato de recordar antes de que se marchara ayer por la mañana. Podría ser mi
creciente paranoia, pero juro que entré y él estaba susurrando por el teléfono a
alguien. Él fue demasiado rápido para cerrar su teléfono, así que no puedo estar
segura y no quería empezar de pronto a acusarlo. Sé muy bien lo frustrante que
puede ser.
Soy yo. Necesito reevaluar mi salud mental. 103
Mi teléfono suena de nuevo y esta vez lo reviso antes de saltar la alarma.
El alivio me llena como agua caliente en una taza de cerámica cuando veo su
hermoso rostro iluminar la pantalla.
—¿Tu madre definitivamente viene hoy? —Son las primeras palabras que él
dice cuando contesto.
Quiero intentar chasquear para un enfoque más serio a nuestra primera
conversación en dos días, pero lo pienso mejor.
—Ella llegó temprano.
—Bueno, estaba preocupado.
—No hay necesidad.
Se queda en silencio, pero puedo oír su respiración constante.
—¿Están bien?
—Estamos bien.
—Puedo oír a Emily cantando para sí misma.
—Ella está haciendo eso.
Él se ríe entre dientes.
—Estaré en casa mañana por la noche.
Gracias al cielo.
—Mándame un mensaje con los detalles del taller, necesito saber a dónde
llevar el auto.
—Lo haré.
—¿Lo harás?
—¿Cuáles son tus planes para hoy? —Estoy arañando por temas ahora para
llamar su atención.
—Tú ya lo sabes. Solo cosas de la tienda.
¿Cosas de la tienda? Yo sabía que él estaría haciendo “cosas de la tienda”,
pero yo no anticipé que su tono o descripción fuera a ser tan… diferente a él.
—Correcto. —Hay un ruido fuerte en el fondo. No tengo que mirarlo para
saber que se está mordiendo el labio.
—Cariño, tengo que irme. Te llamaré más tarde.
¿Cariño?
—¿Cariño? —pregunto y la línea se muere.
¿Desde cuándo Nathan comenzó a usar la palabra cariño? ¿Cuándo dijo
alguna vez “cosas”?
—Pareces preocupada. —Mamá se mueve en su asiento, su rostro lleno de
preocupación. 104
—Estoy bien. Acabo de oír un golpe y no me dijo lo que era antes de colgar.
—¿Crees que está bien?
—No creo que esté herido, pero aun así…
—Él devolverá la llamada.
—Sí, dijo que lo haría. —Mis mentiras son tan fáciles que me estoy
impresionando.
Su voz persiste en mi mente, repitiendo el nombre “Cariño” una y otra vez.
¿Quién ha estado diciendo eso para que empiece a repetirlo tan
naturalmente?
—Está bien, ¿qué pasa? Pareces que estás a punto de llorar.
—Yo… —El nudo en mi garganta se hincha. Trato de tragarlo—. Acabo de
darme cuenta que no tengo medias para ir con mi vestido.
Mi madre carcajea tan fuerte que Emily viene corriendo hacia mí, el miedo en
sus ojos. El nudo en mi garganta se desvanece cuando mi niña gimotea en mi
cuello.
Dillan, el pequeño bromista que es, piensa que nos estamos riendo de algo
que él hizo así que se pone de frente a nosotros, riéndose con su pequeña malvada
risa.
—Vamos a ir de compras entonces. Además… todo el mundo sabe que usas
medias largas, no completas. Ya no tienes catorce años.
—¿Aunque no se caerán?
Su sonrisa se convierte en una expresión de pena.
—¿Estás bromeando?
—Umm…
—Oh, Dios mío, no te he educado bien.
—He estado tratando de decirte eso por un tiempo.
—Descarada. —Se ríe y hace movimientos para que Dillan vaya con ella. Toma
unos cuantos intentos, pero él finalmente hace lo que le digo y bastante pronto
estamos en camino a nuestras tiendas locales para conseguir algunas medias
largas.

Nunca me he sentido tan femenina o tan sexy. Ojalá Nathan pudiera estar
aquí para presenciarme en un conjunto tan divino de ropa interior.
Tomo una foto para mostrarle más tarde porque no creo que me creería si
tratara de describirlo por teléfono. Debería enviársela, pero quiero ver su cara 105
cuando me vea así.
Mamá realmente sabe de lo que está hablando. No creía que fuera esa clase de
mujer.
Me giro y doy vuelta en el espejo, admirando la forma en que las bragas de
encaje se fijan perfectamente a mis curvas sin cortarme. Las medias de color beige
se atan a un cinturón de encaje que descansa sobre mis caderas. Corro mis dedos
por la parte superior, haciendo cosquillas en mi propia piel suavemente. Desearía
que las manos de Nathan pudieran reemplazar las mías.
—¡Vas a llegar tarde al trabajo!
—Mierda —susurro, molesta por no poder admirarme un minuto más. Me
pongo mi uniforme de trabajo y agarro mi vestido, que está protegido en una bolsa
de plástico y colgando de una percha en el armario.
—Diviértete, hermosa —agrega mamá mientras corro para besar a los niños y
atarme el cabello encima de mi cabeza—. ¿Te rociaste el rostro para hacerlo
aguantar?
—Sí, también llevo el maquillaje de reserva en mi bolsa.
—Te estás clavando en esta cosa de la vanidad como una profesional.
Le enseño el dedo y salto fuera de la casa a mi auto, mi hermoso bebé de plata
como yo la llamo.
Gwen: Comienzo a trabajar ahora. Tengo MUCHO que decirte y
enseñarte. ;) Llámame esta noche si puedes. Te extraño.
Nathan: Yo también te extraño.
Su respuesta es casi inmediata, parece que no estoy demasiado lejos de sus
pensamientos afortunadamente.
Me pregunto qué estará haciendo ahora mismo.

—¿Vas a explicarme qué es exactamente lo que estamos haciendo esta noche?


—pregunto en voz alta sobre el sonido de las ollas y mezclas burbujeando en la
estufa. También la plática del restaurante es más ruidosa de lo habitual esta noche,
aunque creo que tiene mucho que ver con la celebridad en la mesa dieciséis. No
puedo verlos, están en un área privada y no estoy completamente segura de quiénes
son. Hace mucho que se fueron los días en que seguía cualquier tipo de cultura pop.
—Después —responde, su frente brillando bajo la luz brillante. Hace mucho
calor aquí.
Siempre después. Odio esa palabra.
Mis manos hacen rápido el trabajo de los platos delante de mí. Admiro lo bien
que estoy llegando a preparar la comida. Recuerdo los días en que esto me ponía
nerviosa. Ahora me pongo creativa y solo retrocedo cuando Kerim me dice que no 106
lo aprueba. Trato de no desviarme demasiado de los planes establecidos, pero a
veces no puedo evitarlo. Tengo una visión y actúo sobre ella.
—¿Qué está pasando esta noche? —pregunta Patience, con su tono alegre,
pero puedo decir que está obligada a ocultar su molestia. Ha sido obvio desde el
principio que tiene algo con Kerim. Es una pena que no sea correspondido, ellos
harían una pareja tan bonita.
—Kerim quiere llevarme a una noche de apertura. Eso es todo lo que sé. —No
la miro mientras digo eso, simplemente deslizo los platos sobre la abertura para
que una camarera los pueda tomar.
—Pero… él siempre me lleva.
Me encojo de hombros, todavía evitando sus ojos.
—Creo que es solo porque nunca he estado en una antes.
—Oh.
—Solo vamos a estar una hora cuando mucho… eso creo. —Esta vez la miro—.
Deberías invitarlo a salir, Patience.
Sus ojos se amplían, sobresaltados.
—Cuanto más tiempo lo dejes, menos probabilidades tendrá de corresponder.
—¿Tú crees? —Nunca la he oído sonar tan tímida.
—Solo hazlo
—Perderé mi trabajo.
—Entonces ve por él de una manera sutil. No lo sé. No soy buena en eso. Me
voy a casar con el hermano de mi prometido así que no me lo preguntes. —Me río y
luego me doy cuenta de lo que acabo de decir. Nunca me he reído antes de la
situación. ¿Ha pasado bastante tiempo para que se me permita reírme de eso?
—¿Tú qué?
La sacudo.
—Es complicado y estamos ocupadas. Te lo diré en otra ocasión.
—Te voy apoyar en eso.
Compartimos una sonrisa y noto cómo se suavizan sus ojos. Creo que
finalmente he establecido lazos con Patience. Esto es bueno. Esto me hace feliz.

—¡Bien, GWEN! —grita Kerim y lo miro tirar su gorro en una caja en la


esquina—. ¡Tienes sesenta segundos!
—Está bien —contesto y dejo caer lo que estoy haciendo antes de correr hacia
el área del personal, cerrando la puerta detrás de mí.
Me quito mi pantalón, cuidando las medias que todavía parecen estar en su
lugar y colgando cuidadosamente mi abrigo en mi colgador designado. 107
Mientras me estiro de puntitas para agarrar mis tacones de la estantería, oigo
abrirse la puerta.
¿Qué mierda? La bloqueé. Sé que lo hice.
Todo mi cuerpo se congela, mis ojos se cierran mientras rezo por una muerte
repentina o algo que me ayude a escapar de esta situación.
Él aclara su garganta y yo libero el aliento que estoy sosteniendo.
—El seguro está roto.
Miro a Kerim por encima del hombro, esperando encontrar su espalda frente
a mí o al menos sus ojos cerrados. No hay tal suerte. En cambio, me saludan sus
ojos, mirándome de arriba abajo como solo un hombre puede mirar a una mujer.
Sus pupilas son oscuras, grandes esferas colocadas detrás de pesados párpados.
Labios entreabiertos sueltan una lenta respiración.
—¡Kerim! —lo regaño y trato de agarrar mi abrigo para cubrir mi mitad
inferior, pero se queda atascado en el anzuelo—. Mierda.
Él parece ignorar mi ira mientras camina por la habitación hacia su propio
espacio.
—Rápido, tenemos poco tiempo. Reza para que no haya tráfico.
—¿Así que no estamos hablando de esto?
—No. —Saca su abrigo de chef, revelando un fino chaleco gris. Miro hacia otro
lado y desabrocho mi vestido de la bolsa mientras intento mantener mi trasero
cubierto con mi pantalón amontonado. Esto es humillante.
—¿Puedo tener algo de privacidad? —pregunto en voz baja mientras voy a
tirar mi ropa sobre mi cabeza.
—Ya terminé —dice y lo miro por encima de mi hombro. Él sale de la
habitación con jeans grises y un cuello de tortuga negro, un largo suéter que se
aferra firmemente a su cuerpo, acentuando los músculos que no sabía que tenía.
Estoy feliz de ver que él mantiene sus ojos fuera de mí.
Después de jalar el vestido y enderezarlo, fijo mi cabello de un largo medio en
un estilo desordenado, dejando unos cuantos rizos colgando alrededor de mi cara y
cuello. Mi maquillaje todavía parece decente, así que dejo eso, meto mis pies en los
tacones y corro con cuidado por la cocina donde mis compañeros de trabajo silban
como niños, atrayendo los ojos del restaurante. Mis mejillas arden.
—Date prisa —dice Kerim y siento su mano en mi codo. Me guía a nuestro
pequeño y acogedor estacionamiento y me guía a su llamativo y oscuro Bentley.
Después de abrir la puerta y esperar a que tome asiento, él corre a su lado y arranca
el auto.
Yo lo llamaría un caballero, pero después de su demostración en el cuarto del
personal, él es lo más alejado a eso.
Murmura en turco en voz baja.
108
—¿Qué fue eso?
—Solo estoy pidiendo para que no haya tráfico. —Me mira y sonríe—. Tengo la
reputación de llegar tarde pero no tan tarde.
—¿Qué tan tarde estamos?
—Un poco menos de una hora.
—¡Kerim! —me quejo, su nombre en una nota larga—. Vamos a parecer
idiotas.
—Está bien, nuestra mesa está en espera. Además, la comida será más sabrosa
ahora que las cacerolas se han utilizado durante un tiempo.
—Entonces, ¿qué restaurante es?
—Silver Kitchen.
—¿Estás bromeando?
—¿Has oído hablar de ese? —pregunta volviéndome a mirar.
—Fui a la universidad con el hijo del propietario hace unos años.
Él asiente.
—¿Darrick Silver?
—El único. Enorme idiota.
Su carcajada confirma su acuerdo.
—Toda la familia son una bola de idiotas.
Eso me hace reír en silencio, puramente debido a su acento y el hecho de que
no tiene sentido. Su sonrisa de orgullo por su capacidad de hacerme reír me hace
reír más fuerte.
—Iremos, comemos, tomamos una o dos copas mientras conversamos como
idiotas y luego regresamos al restaurante. ¿Bien?
Asiento.
—Suena bien.
Mi teléfono comienza a vibrar en mi bolsa. Me asusta y por alguna razón entro
en pánico mientras intento sacarlo de mi bolsa y lo dejo caer entre el asiento y la
consola.
—Ups.
—Tienes dedos pequeños, puedes alcanzarlo. —Kerim ríe mientras me tuerzo
para intentar agarrar mi teléfono que brilla intensamente en su sepulcro oscuro.
Cuando finalmente lo agarro y lo saco lentamente, miro el hermoso rostro de
Nathan en la pantalla y noto que respondí la llamada hace unos veinticuatro
segundos.
Al segundo emito un suspiro.
—Oye —grita—. ¿Quién mierda es? 109
—Es… es Kerim —respondo sorprendida por la ira en su tono. Nunca he oído
un tono tan enojado de él. Bueno, no en mucho tiempo.
—¿Por qué estás con Kerim por tu cuenta? —Todavía suena enojado. Su tono
es amenazador, alimentado por los celos.
—Vamos a la inauguración de un restaurante.
—¿A qué?
—Deja de hablarme así. Es por trabajo.
—¿Estás degustando y cenando… por trabajo? —Su tono escéptico es
completamente injustificado.
—Traté de decírtelo.
—¿Lo hiciste? ¿En qué parte de tus mensajes dice que vas a una cita con tu
jefe por trabajo?
Kerim maldice en turco y solo sé que es una maldición porque la usa con
Harold con frecuencia.
—¿Quieres que hable? —susurra, pero lo rechazo. Me siento tan avergonzada.
—Te llamaré más tarde —le susurro a mi futuro esposo, deseando saber lo que
le había ocurrido.
—No te atrevas a colgar…
La línea queda muerta cuando mi pulgar presiona el botón rojo en la pantalla
para terminar la llamada. No estoy sorprendida cuando él llama inmediatamente,
pero estoy preocupada. Eso es diferente a él. Nunca ha reaccionado de manera tan
desconfiada y tan insegura hacia mí o cualquier cosa que haya hecho. El choque de
su reacción envía dolorosos hormigueos sobre la superficie de mi piel.
—¿Estás bien? —pregunta Kerim suavemente mientras tomo unas pocas
respiraciones calmantes.
—Sí, solo está cansado. No suele ser tan hostil. —Actúo como si no me molesta
y no puedo notar si me cree o no—. Tengo hambre; ¿crees que la comida será
buena?
—Espero que no, o perderemos más negocios.
—Qué mal espíritu deportivo.
—Nunca dije ser un buen perdedor.
—¿Has perdido alguna vez?
Piensa en ello durante un momento mientras maneja el auto a través de las
oscuras y complicadas calles de la ciudad.
—No.
—No sorprende.
—¿Te gusta mi comida? —Sonríe como si esto fuera un gran éxito.
—Me encanta tu comida. 110
—A todo el mundo.
—Entonces ¿por qué me preguntaste si estabas tan seguro de que me
gustaría?
Su sonrisa se amplía.
—Me gusta que eleven mi ego, especialmente antes de entrar en la presencia
de un adversario.
—Eres tan hombre.
—Sexismo —grita. Le doy una palmada en su brazo, riendo tan fuerte que
apenas puedo respirar—. ¡Asalto!
—Detente —ruego, olvidándome de mi teléfono y la conversación con mi
prometido. Eso es, hasta que vuelve a vibrar.
Nos serenamos y justo cuando lo alcanzo, Kerim lo agarra y sostiene el botón
de encendido. Se apaga y yo solo parpadeo con sorpresa cuando lo pone en el
bolsillo en el interior de su puerta.
—No te preocupes; no tiene sentido luchar contra él esta noche. Cuando un
hombre es alimentado por celos, no hay razonamiento con él. No hay que
enfrentarse por teléfono. Solo aumentará si respondes a esa llamada.
Tiene razón, sé que la tiene, pero siento que Nathan merece mi atención. No
servirá de nada, lo sé, pero igual anhelo explicarme.
—Tendremos una buena noche. Trata de no pensar en ello.
Necesito una bebida. Una grande.
Tal vez entonces mi mente puede estar a gusto. Hasta entonces, todo lo que
oiré ahí dentro es el tono enojado de Nathan. Me sacude profundamente.

El restaurante es impresionante, aunque no tan impresionante como el


nuestro.
Me siento como una celebridad mientras caminamos a lo largo de la acera en
un sendero rojo brillante que conduce a las puertas principales del restaurante,
situado en gruesa piedra gris. La gente merodea por ahí, compartiendo sonrisas y
cigarrillos que empañan el aire. Estoy agradecida de estar dentro y lejos del hedor,
aunque dudo que le moleste a Kerim ya que es un fumador.
Una mano firme descansa en la parte baja de mi espalda mientras soy guiada
hacia el restaurante.
—Brillos —se burla Kerim después que nos han llevado a una mesa y estamos
lejos de los oídos de los servidores y los anfitriones—. De mal gusto.
—Me gusta. —Sonrío, sabiendo que le molestaría. Solo pone los ojos en blanco
y cacarea con disgusto—. Son muy formales.
—Demasiado formal, asustará a la gente. 111

—Pueden darse el lujo de hacerlo.


—Mmm. —Mira a su alrededor y luego nos ordena bebidas después de
chasquear sus dedos a un camarero que pasa. Solo sé que él está desaprobando el
hecho de que no nos preguntaron inmediatamente después de sentarnos, pero este
lugar está lleno hasta el techo. Veo a los camareros, vestidos de pies a cabeza con
uniformes a medida, que nos miran con pánico de vez en cuando. Obviamente se
les ha dicho quién es Kerim.
—Relájate. —Su mano cálida se cierra repentinamente sobre la mía. No es
hasta que hace esto que me doy cuenta que he estado tocando mis dedos contra la
mesa de madera—. Tu vodka llegará pronto.
—¿Vodka? —Me ahogo—. No he bebido licor en años. Me derrumbaré.
—Comerás pronto; estarás bien. —Mira por encima del menú, su mirada fija
de nuevo con desaprobación que a menudo cambia a diversión y luego vuelve—.
Eso es si puedo encontrar algo que desee.
—Solo escoge ya. —Mi estómago gruñe en acuerdo—. Me apetece pollo.
—¿Pollo qué?
—No sé… pollo algo.
—Actitud —dice, pero su sonrisa me dice que no está molesto por ello—. Eres
muy atrevida cuando tienes hambre.
—El término es hambrienta y sí, sí lo estoy. —Finalmente nuestras bebidas
llegan.
La camarera se inclina ligeramente mientras habla.
—El señor Silver dice que estará con ustedes tan pronto terminen la comida.
—Dile que no se preocupe. Tengo que irme a atender mi propio restaurante.
Lo llamaré más tarde.
—Eh… seguro —tartamudea, luciendo nerviosa—. Disfruten sus comidas.
—Todavía no han llegado porque no las hemos ordenado —declara y le pateo
debajo de la mesa. La pobre chica parece que quiere llorar. Me sonríe y sé que sabe
exactamente lo que está haciendo con ella.
Cuando se ha ido, por mucho que quiera regañarle no puedo. Es muy
gracioso.
—Así que ¿qué comemos?
—Silver nos enviará algo.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque yo haría lo mismo.
Oh.
—Estoy muy impresionado con tus órdenes. 112
Su cambio de tema me sorprende.
—¿Lo siento?
—La carne y el pescado que has escogido. Seré honesto. —Clava sus dedos
bajo su barbilla y escanea mi rostro, por qué, no sé—. Yo hago las órdenes. Salgo
después de que pones la orden y compruebo cada onza de carne que has elegido.
Hasta la fecha solo he cambiado un puñado de cosas. Estas últimas veces no he
manipulado una orden en absoluto.
—Oh. —Estoy sin palabras y también emocionada.
—Tienes talento. Me alegro de que estés trabajando en mi cocina.
Mi rostro arde por la tensión de retener mi sonrisa.
—Lo que me lleva a mi siguiente pregunta… —Cuando se inclina hacia atrás,
un mozo que no vi deja nuestras bebidas delante de nosotros. Tengo agua con gas
en un vaso y un pequeño sorbo de vodka en el otro. Ambos vasos están hechos de
un cristal tan hermoso y con dibujos—. Ojos.
—¿Lo siento?
—Quiero tus ojos.
¿Qué mierda?
Se ríe de mi desconcierto.
—Quiero decir que quiero ver tus ojos.
—Oh. —Hago contacto y lo sostengo.
—Mejor. Ahora. ¿Cuáles son tus planes después de que te haya entrenado?
—Yo… —Bebo mi vodka—. Realmente no he pensado en ello. No creí que
llegaría tan lejos, si soy totalmente honesta.
Él hunde su cabeza, sus ojos todavía en los míos.
—¿Quieres quedarte y trabajar en mi cocina?
Mi mandíbula golpea el suelo. ¿Está hablando en serio? Creo que podría estar
al borde de tener un ataque de emoción, que supongo que es como un ataque de
pánico, excepto que estaré sonriendo mientras me muero de asfixia.
—Realmente no he pensado en ello.
—¿O estás planeando abrir tu propio restaurante?
—¿Y competir contigo? Fallaría.
Rompiendo el contacto visual, se ríe y mira su teléfono antes de meterlo en el
bolsillo.
—No sabes tu talento o valor. —Lleva su vaso a sus labios. El líquido ámbar se
ha ido en un segundo y lo sigue con un sorbo de mi agua—. Ese es un whisky
excelente.
—Es Jack Daniel’s —señalo—. Apenas elegante. 113
—No, pero sigue siendo excelente. —Toma otro sorbo de mi agua antes de
deslizarlo de nuevo hacia mí—. ¿Dónde está nuestra comida? Necesito un cigarrillo.
—Deberías dejar de fumar.
—Ya lo has dicho. —Mi sonrisa descarada brilla hacia él, aunque se desvanece
cuando empuja—. ¿Así que, tus planes?
—Honestamente, no he pensado en ello.
—Bueno, te estoy ofreciendo empleo a tiempo completo en mi cocina. Con el
tiempo, me gustaría que estuvieses a mi lado.
No sé cómo tomar esto.
—¿Estar a tu lado?
—Tal vez un día podamos entrar en una sociedad.
—No entiendo.
—Seremos jefes de cocina, lado a lado, abordando el mundo culinario.
Mis labios forman una O. Él es serio. Tengo ganas de llorar de emoción.
—¿Qué hay de Patience? ¿Harold?
—Son excelentes, pero no son tú.
—¿No son yo?
Somos interrumpidos por un perfume delicioso y cálido cuando nuestra
comida es colocada delante de nosotros.
—El primer plato —declara Kerim. Bajo la mirada a un simple paté con
mermelada de grosella roja y lo que parece ser recién hecho, pan fino en rodajas—.
Estoy impresionado con la presentación.
—Yo también —digo, distraída de nuestra conversación previa por la deliciosa
comida—. ¿Puedo comer?
—Adelante.
La comida, estoy horrorizada de admitir porque Kerim está realmente
molesto por ello, estaba deliciosa. Nunca he probado un pollo tan delicioso. Es
como si Silver leyera mi mente.
Kerim piensa lo mismo porque no ha hecho más que murmurar en turco
desde que nos fuimos.
El postre fue glorioso también.
—Eso fue divertido. —Rompo el casi silencio.
No parece contento con mis palabras.
—Fue más divertido cuando estabas siendo divertido.
Siento que su ira comienza a disiparse.
—Todavía soy divertido —se queja, su voz alta.
114
—Eres malhumorado, es lo que eres. No deberías estar malhumorado, no
después de ese pastel.
—Ese fue un buen pastel —murmura tan silenciosamente que apenas puedo
oírlo.
—¿No se sintió bien admitirlo?
Pone los ojos en blanco y detiene el auto en un semáforo rojo.
—Cállate.
—Pero me estoy divirtiendo mucho.
—Era bueno, ¿no?
Asiento, sí.
—¿Mejor que el mío?
—Ni hablar. —Sonrío y coloco mi mano encima de la suya en la palanca de
cambios. No sé por qué lo estoy tocando, pero ahora que lo estoy, me hubiera
gustado no haber tomado la decisión—. El suyo es bueno; el tuyo cambia la vida.
Cuando gira su mano debajo de la mía, agarra mis dedos y lleva mi mano a
sus labios, me encuentro luchando por respirar. Esto se volvió tan inapropiado muy
rápido y creo que lo he instigado.
—Dulce Gwen —murmura y coloca mi mano en mi regazo.
Libero el aliento que estaba sosteniendo mientras conduce. Ahora
simplemente siento vergüenza, una emoción que he estado sintiendo mucho
últimamente.
La forma en que puso mi mano sobre mi regazo y la palmeó como para hacer
que se quede… ¿cree que estoy tratando de empujar las cosas con él? Si es así, ese
no fue un rechazo muy sutil. Por lo menos ahora puedo decir con seguridad que el
beso que él colocó era puramente de una clase caballerosa y no de lujuria.
Mi corazón se siente un poco menos pesado.
Mi mente se siente un poco menos pesada también ahora que el vodka está
nadando por ahí.

115
Capítulo trece
No enciendo mi teléfono durante el resto de la noche de trabajo. Mis manos
están temblando mientras lo llevo a la casa. De hecho, estoy tan centrada en el
teléfono que está finalmente encendiéndose en mi mano que no me doy cuenta que
la luz se enciende al entrar.
Un sobresalto me ataca cuando siento a Nathan en mi espalda en el segundo
que cierro la puerta. Sus manos me dan vuelta y me empujan contra la puerta y su
frente presiona la mía.
—Nunca jamás... JAMÁS ―grita la palabra, presionándome contra la puerta—
. Apagues el teléfono de nuevo.
—Yo…
—No tienes idea de lo que ha estado pasando por mi cabeza.
—¿Como qué? —replico, enojada porque él piensa que incluso puede empezar
a decirme qué hacer. Lo empujo de nuevo, no duro, pero lo suficiente como para
que me suelte.
Sus ojos se abren de sorpresa. Luego escupe un ridículo comentario.
—Él te desea.
—¿Qué? —Me río con incredulidad. 116
—Kerim.
—Oh... Nathan. No.
—¿No qué? —Frunce el ceño, mirándome como si yo fuera la loca.
—No te conviertas en este tipo. —Paso a su lado y me dirijo hacia la cocina. Mi
cuerpo está cansado. Debería estar feliz de verlo, pero en vez de eso estoy cansada.
—¿Qué tipo?
—Este ser paranoico, desconfiado con el que no puedo vivir.
Su silencio parece enfriar el aire. Me doy vuelta para encararlo, apoyada en la
barra que ahora está entre nosotros.
—Estoy agotada —admito.
—¿Qué?
—Dije que estoy agotada. He estado en el trabajo todo el día.
—No todo el día —murmura petulantemente y apoya la espalda contra la
pared.
—¿Por qué volviste? Te levantaste temprano hoy, ¿no? ―Echo un vistazo al
reloj y hago una mueca cuando veo que son casi la una de la mañana. ¿Por qué
debemos servir comida tan tarde?
—¿No estás contenta de verme? —Parece menos enojado y más preocupado
ahora.
Me encojo de hombros.
—Lo hubiera estado, si no me hubieras empujado contra la puerta en el
segundo en que la atravesé y no hubieras empezado a reprenderme como si fuera
un maldito niño.
—¡Entonces responde tu teléfono!
—¿Por qué? ¿Porque pensaras que estoy follando con mi jefe si no lo hago?
Sus ojos se convierten en ranuras estrechas, lanzando vibraciones peligrosas
directamente hacia mí.
—No dije eso.
—No tenías que hacerlo. Lo dijiste antes cuando estaba en el auto con él.
—¿No me permites tener celos?
—Tienes permiso, pero no a expensas de mi maldito trabajo. O tu propia
maldita cordura.
Sus dientes se hunden en su labio y luego lo suelta mientras nos miramos el
uno al otro.
—¿Vendrías aquí?
—No.
—¿No? 117
—No. No estoy de humor.
—Tú... —balbucea como si tratara de encontrar las palabras correctas—. ¿No
estás de humor? —Dando un paso adelante, coloca sus manos en la barra entre
nosotros. Me inclino hacia atrás, necesitando distancia—. Estoy preocupado.
—Odio que te preocupes —declaro honestamente—, pero no voy a
simplemente abrazarte y esperar que esto se vaya.
—¿Qué pasó entre ustedes dos?
Oh Dios mío.
—¡NADA! —grito, retirando los ganchos de mi cabello y dejándolos caer en la
barra.
—Gwen, eso es asqueroso.
—Entonces límpialo —siseo y paso dando pisotones a su lado.
Agarra la parte de atrás de mi top, impidiéndome salir, y suavemente
envuelve sus brazos alrededor de mí, justo debajo de mis pechos. Siento su barbilla
en mi hombro y su cálido y lento aliento sobre mi mejilla.
—Estoy preocupado.
Decaigo un poco. Sus palabras, aunque repetidas, me atraviesan peor que la
última vez.
—¿No confías en mí?
—Lo hago, pero son las imágenes... —Sus pestañas me hacen cosquillas en el
cuello cuando acerca sus ojos entre mi oreja y el hombro y suavemente nos mece—.
Simplemente no puedo sacarlas de mi mente. La imagen de tú y él haciendo cosas,
en su auto o...
—Detente. —Me aparto y me vuelvo para enfrentarme a él. Sus palabras traen
recuerdos de cuando pensó que Caleb y yo habíamos tenido sexo en el auto. Sus
ojos parecen tan desgastados y tristes, me rompe el corazón—. Hoy me has
humillado. Él lo escuchó todo.
—Lo sé. —No parece desconcertado por esto en absoluto, lo cual es
extremadamente irritante.
—¿Cómo?
—Porque tampoco contestó su teléfono.
Ahora estoy realmente enojada.
—¿Lo has llamado?
—Lo siento…
—No. Estoy mortificada. Absolutamente mortificada.
—Yo también, pero me asusté. No sabía que estarías con él.
—¡Porque no llamaste! —susurro un grito—. Te envíe un mensaje de texto y no 118
respondiste.
—¿Por qué no me lo dijiste en el mensaje? —Cruza los brazos sobre el pecho y
alza una ceja. Desafortunadamente mi silencio prolonga su mirada—. Si todo fuera
tan inocente...
—¡No me eches esto a mí! No te escribí porque quería hablar contigo. Sabes
que no soy una fanática de los mensajes de texto.
—Qué conveniente.
No creo que haya querido golpearlo en la nariz más que ahora. Nunca he sido
una gran fanática de los mensajes de texto y él lo sabe.
—Estás enfureciéndome.
—¿Ha sucedido algo entre ustedes?
—¡Nathan! —grito, molesta y enojada por su pregunta. Me quedo sin aliento.
Me mira con los ojos entrecerrados, tan finos como las rendijas.
—No estás respondiendo. Un simple sí o no bastaría.
Lo miro, mis ojos se llenan de lágrimas.
—Nunca te haría eso.
Su mirada observa, como si esperara que una mentira se revele. Cuando está
satisfecho de que soy sincera, asiente y extiende la mano. Cuando no voy a él, sus
labios forman una línea blanca.
—Me voy a la cama —anuncio en voz baja.
—Está bien, voy a ordenar aquí abajo y luego subiré.
—No te molestes. —Dejo mis cosas en el brazo del sofá, prometiendo que me
encargaré de eso mañana—. Vuelve a ignorarme en Essex.
—Gwen —susurra, su tono de dolor.
—¡Deja de decir mi nombre como si yo fuera la que te lastimó!
—¿Qué hice?
Abro la boca. ¿Está bromeando?
—¡Estás destrozándonos!
—¿Cómo? Solo te estoy haciendo una pregunta sobre tus acciones.
—¡Exactamente!
Él levanta una ceja con arrogancia.
—¿Así que nunca tienes celos?
—¡No en esa medida! —Tengo que dejar de gritar; mi mamá va a oír—. Nunca
te he acusado de nada.
No lo niega porque no puede.
—Siempre estás con otras mujeres en el trabajo, pero nunca digo nada. 119
—Nunca he ido a cenar con ellas —señala, sonando casi petulante.
—¡Fue por el trabajo!
—¿Puedes prometerme que sus intenciones son honestas?
Con las yemas de mis dedos haciendo círculos en mis sienes, respondo:
—No puedo prometer nada de él porque no estoy dentro de su cabeza, pero
puedo prometerte que ha sido profesional y amable desde que empecé en su
restaurante.
Un músculo se contrae en la mandíbula.
—¿De verdad?
—El hecho de que estés cuestionando mi honestidad realmente está
empezando a enojarme, Nathan.
Estamos de pie, inmóviles, los dos mirando fijamente el uno al otro. Mis
hombros caen antes que los suyos.
—Estoy cansada. Tuve una noche muy ocupada. He tomado vodka y tengo que
levantarme temprano.
—Bien.
—No vengas a la cama. No voy a darte la bienvenida —gruño y lo empujo con
el hombro al pasar junto a él. Permanece de pie, de espaldas a mí mientras subo las
escaleras. Mi corazón está martilleando. Siento náuseas y estrés.
¿Por qué está siendo tan idiota? ¿Qué lo ha poseído?
De repente, está inseguro y no me gusta nada. No puedo vivir mi vida así.
Cuando subo las escaleras con ojos pesados y ardiendo, mamá saca la cabeza
de la habitación de Dillan, con una mirada interrogativa en su rostro.
—Nathan está en casa —susurro, aunque sé que ya lo ha notado. A menos que
piense que he perdido por completo la cabeza y he estado gritando sola. No sería la
primera vez, con toda honestidad.
Su ceño se frunce.
—Llegó temprano.
Me encojo de hombros.
—También está gruñón. Te lo contaré mañana. Estoy tan cansada.
Oigo los pasos de Nathan en la escalera detrás de mí, así que me apresuro a
retirarme a mi dormitorio, dejando la puerta abierta para él detrás de mí.
—Lo siento —dice al instante en que entra. Luego cierra la puerta detrás de él
y se apoya contra ella—. Lo siento, Gwen. No quiero hacerte enojar. Solo... te echo
de menos.
—También te extraño —le digo a la pared mientras saco mi chaleco por
encima de la cabeza y bajo mis leggins hasta mis tobillos. 120
—¿Qué…?
Recuerdo la ropa interior seductora con la que me vestí antes del trabajo y
cada centímetro de mí se pone en tensión. En nuestro enojo, lo olvidé por
completo. Cómo esto debe parecer para Nathan en su estado tenso e inseguro,
estoy definitivamente a punto de averiguarlo.
—¡Tomé fotos para ti! —Me doy vuelta para encararlo, encontrando sus ojos
hambrientos devorando mi figura escasamente vestida.
—¿Él te vio vestida así? —Fueron las peores palabras que pudo haber dicho.
—No me gusta lo que estás pensando. —Mis manos se levantan
defensivamente y asertivamente, pero puedo notar que no va a escuchar nada de lo
que tengo que decir.
—¿Te ha visto así?
—¡Fue un accidente!
—¿Lo fue? —Su tono peligroso me produce un escalofrío, muy frío. También
me hace presionar entre mis muslos con entusiasmo.
—La cerradura de la puerta estaba dañada.
—¿Te ha visto así? —Sus pupilas están completamente dilatadas y repasa cada
centímetro de mí con su mirada penetrante que se siente como una caricia. Una
caricia larga, suave y eléctrica.
Quiero gemir, me siento tan excitada. Sé que está mal, dado las
circunstancias, pero no puedo evitarlo.
—No sabes lo que me haces —le digo mientras lo alcanzo con una mano—. Ven
acá.
No se mueve. Puedo decir que está en conflicto.
—Me conoces —susurro y agarro su cuello. Lo jalo hacia mí y paso la nariz por
la mandíbula. Huele delicioso, picante y dulce. Quiero probar el sabor amargo de la
fragancia después del afeitado que descansa en su tensa piel—. Te deseo. —Mis
labios tocan la parte inferior de su barbilla—. Solo a ti.
—¿Él lo sabe?
Estiro mis manos sobre su pecho y las paso bajo los hombros de su chaqueta.
—¿Lo sabe?
—No he tenido la oportunidad de decírselo. Nunca hemos estado en ninguna
posición en la que haya tenido que rechazarlo.
Finalmente, después de lo que parece una eternidad, se inclina sobre mí y
agarra mi culo con las manos revestidas de cuero. Tomo una inhalación corta y
acaricio su cuello.
—Te ves increíble.
121
—Gracias.
Me besa el cuello y me hace caminar hacia atrás hasta que mis piernas
golpean la cama.
—Siempre te ves increíble.
—Gracias. —Sonrío y presiono mi pecho contra el suyo para poder alcanzar
sus labios—. Igual que tú. También hueles muy bien.
—Nueva colonia —murmura mientras sus labios recorren mi cuello.
—Muy buena, ¿de dónde?
—Fue un regalo. —Me coloca en la cama sentada y abre mis muslos con sus
manos.
—¿De quién?
Mientras se arrodilla, comienza a tartamudear:
—De... Trevor en el trabajo.
¿Trevor?
—¿Quién es y por qué te compró una colonia?
—Fue solo un regalo por la inauguración de la tienda.
Ahora sé que está mintiendo mientras trata de distraerme de la conversación
sacando su camisa por la cabeza.
—¿Un regalo de un tipo llamado Trevor?
Sus ojos van a los míos.
—¿No me crees?
—Lo haré cuando seas honesto. —¿Por qué está mintiendo? ¿Quién le compró
la colonia? ¿Por qué no decir que la compró él? Estoy completamente confundida y
de repente ya no estoy de humor para tener sexo.
—Estoy siendo honesto.
—Bien. —Empujo su pecho y me muevo hacia atrás en la cama para que no
pueda volver a entusiasmarme. Frunce el ceño ante la distancia entre nosotros—.
Llama a Trevor.
—¿Perdona? —Veo el pánico en sus ojos a pesar del hecho de que su tono es
neutral.
—Me escuchaste. Llama a Trevor y pídele que venga a cenar con nosotros para
agradecerle por la colonia.
Sus labios se abren y su garganta se mueve al tragar.
—Estará durmiendo.
—Bien, entonces lo llamaremos en la mañana —digo, sintiendo mis ojos arder
por el dolor de su engaño.
—Gwen, cariño. 122
—¿Cariño?
¿Qué demonios?
—Yo… —Se pasa la mano por el cabello.
—¿Qué pasa contigo, Nathan? —Una lágrima cae de mi ojo.
—¡Nada!
—¿Nada?
—Como dije… —Se pone de pie y aparta la mirada de mi—, estás paranoica.
—¿Estoy paranoica? —Ahora no solo me duele el corazón, sino que estoy
jodidamente molesta—. Vete.
—¿Disculpa?
—¡Dije vete! —Apunto a la puerta—. ¡Y no vuelvas hasta que de verdad me
quieras dar el respeto que merezco!
—¡No puedes hablar en serio! —Parece incrédulo—. Cariño…
—¡Deja de llamarme así!
—Es solo una palabra de afecto.
Llevo una almohada contra mi pecho para escudarme de todo.
—Uno que nunca has usado. Uno que me desagrada mucho viniendo de ti.
Se muerde el labio y toma su camisa.
—No sé qué quieres de mí, Gwen.
—La verdad, Nathan. O vete.
—¿O vete?
—Sí.
—¿Como para… siempre? —Su voz se rompe en la última palabra.
—No puedo estar con un mentiroso. —Mi corazón se rompe cuando se pone su
camisa y busca alrededor su chaqueta. El pánico se asienta y mi resolución se
debilita de inmediato—. ¿De verdad te vas?
—No sé qué quieres de mí. —Su voz es baja y lastimera, su lenguaje corporal
rezuma derrota, y a pesar de mi rabia, me encuentro suavizándome, queriendo
tomar su dolor. El dolor que está trayendo sobre sí mismo, eso sí.
—Estás rompiéndome, Nathan.
—Dime qué hacer.
—Dime la verdad.
—Nunca entenderías —declara, mirándome a los ojos y ya no me está
rompiendo porque estoy oficialmente rota.
—Vete —resoplo, sosteniendo la almohada con tanta fuerza que mis brazos
duelen. 123
—Nada es así de simple, Gwen. Necesito tiempo.
—También yo —susurro y lo que quiere decir no se le pasa por alto—. En
especial considerando el hecho que tus acusaciones son muchas y muy seguidas y
eres quien tiene los secretos. —Mi mano temblorosa va a mi boca para esconder
mis labios temblorosos.
Da un paso al frente y alza una mano temblorosa.
—Por favor, Gwen… por favor. No hagas esto.
—No hagas tú esto.
—Te necesito.
Mi risa es dura y fría.
—Si me necesitaras, hablarías conmigo.
—Lo haré, solo… no todavía.
—No puedo esperar tanto. No sobreviviré.
Baja su mano y me mira mientras yo observo la cortina de la ventana. Así es
como nos quedamos por un largo rato. Se siente como si una vida pasara antes de
hablar.
—No sobreviviré dejándote.
¿Dejarme?
Quise decir que durmiera en el sofá, no que se fuera. Asumí que lo ignoraría
por un tiempo, pero parece que su mente tiene otras opciones.
—¿Es la única opción? —digo, mirándolo con los ojos hinchados.
Por favor que no sea la única.
—No entiendes.
—¡Entonces ayúdame a entender!
—Yo… no puedo. —Suspira y va a la puerta.
Todo de mí, cada onza de mí y de mi alma, duele por salir tras él mientras se
va. Cada paso que escucho mientras se aleja saca una lágrima de mis ojos. Luego la
puerta se cierra y encuentro que mi cuerpo tiembla violentamente de dolor.
Acaba de irse.
Simplemente se fue.

La mañana llega, aunque el sueño me evade hasta que el sol pone gris el cielo
de la mañana. Estoy en modo zombi, dejo a mamá con los niños, todo el tiempo
evadiendo sus preguntas, y entonces salgo corriendo para llevar mi auto al servicio
de revisión anual. Mi mente es un desastre y mi miedo de la falla en mi relación
hace que cada movimiento sea forzado y nervioso. Las náuseas burbujean en mi
estómago sin dejarme comer. 124
No puedo con esto. ¿Por qué hace esto?
¿He estado equivocada todo el tiempo? ¿Está viendo a alguien más? ¿La llama
tanto cariño que ahora él también lo dice?
Ahora me siento peor así que encuentro una excusa para contactarlo.
Gwen: El auto está en reparación. ¿Qué hay de mañana? Me
prometiste que irías al cumpleaños de Sasha.
No recibo respuesta. No esperaba recibirla. Esto también me hace llorar.
Estoy tan enferma de llorar.
—No va a venir —le digo a mamá cuando llego a casa.
—¿Quién?
—Nathan. —Froto mis ojos, odiando lo cansada y molesta que debo verme.
Parece preocupada. También lo estaría si estuviera en sus zapatos.
—No te dejaría. —Descansa una mano en mi brazo y me tranquiliza, aunque
solo un poco—. Te ama. Ese hombre nunca ha hecho nada por lastimarte en todo el
tiempo que lo he conocido.
—Está… —Limpiando mi nariz en un pañuelo, niego e intento, de nuevo,
descifrar qué está pasando mi prometido—. Está cambiado, mamá. No es el mismo
que era.
—¿Seguro no es tan mal? ¿Tal vez está cansado?
—No, está ocultándome algo.
Cuando pone los ojos en blanco quiero gritarle. Ella no sabe lo que he pasado
para juzgarme así.
—¡Es en serio! —espeto, emocional por todo lo sucedido.
—Ambos necesitan sentarse y hablar. Echarse en medio de la noche no
ayudará en nada.
Mi mandíbula cae al suelo.
—¡No lo eché de ninguna parte más que del cuarto!
—Aun así…
—¿Serías capaz de dormir al lado de un hombre que empieza a llamarte por
apodos? Mientras te miente a la cara y te dice que no lo entenderías.
—Gwen —dice suavemente—. No quiero pelear contigo.
—No quiero pelear con nadie. —Lloro y mis hombros tiemblan—. ¿Y si no
viene a casa?
—Lo hará.
—¿Y si su nueva novia es más amable que yo? 125
—No tiene una nueva novia.
—¿Cómo lo sabes?
Se detiene y mira por la puerta para ver a los niños quienes miran televisión.
Cuando está satisfecha de que estén ocupados, me lleva a la cocina y toma mi
teléfono.
—¿Qué haces?
—Preguntarle a Dave si conoce algún investigador privado.
—¿No hablas en serio? —Casi me río ante la ridiculez de esto.
Se encoge de hombros.
—¿Quieres saber si es infiel?
—Bueno…
—¿Entonces cuál es el problema?
—Es muy invasivo —admito, pero no puedo decir que la idea de no es
atractiva.
Sonríe.
—No es invasivo si no se entera.
Oh Dios mío, ella es terrible. Me río un poco.
—No voy a espiarlo.
—Como quieras, pero ya me enviaron tres números. Te los reenviaré en caso
de que cambies de opinión.
—Estás loca. —La señalo y voy hacia la cafetera—. ¿Café?
—Por favor. ¡Oh! Este tipo no es costoso. —Alza su teléfono a mi rostro,
mostrándome el sitio web de uno de los prospectos.
—¡Basta! —Me río, apartando su brazo para poder estirar mi mano al grifo y
poner agua en la cafetera.
—¿Cuál es el problema? Necesitas tranquilizar tu mente y él no está siendo
comunicativo. Piénsalo un poco. No diré nada si tú no dices nada.
Pretendo ignorarla, sin querer admitir que sus palabras están resonando en
mi mente como una armoniosa sinfonía de campanas.
—¿Dos o tres de azúcar hoy?
—Uno, estoy siendo extra buena.
—Dos serán.
—Me conoces bien.
Si tan solo conociera bien a mi prometido.
Gwen: De verdad debemos hablar de esto.
Nathan nunca me ha decepcionado. Nunca. ¿Ciertamente no me 126
decepcionaría con algo tan importante para mí?
Gwen: No puedes simplemente irte. Estás exagerando. No es justo.
¡Es muy injusto! ¿Por qué me lastimas así?
Nathan: ¿Por qué me lastimas tú? ¿Por qué siempre soy el
villano?
Gwen: ¿De qué hablas? ¡No he hecho nada!
Nathan: Te hace imaginar cosas.
Esto es frustrante. Mis palmas se vuelven sudorosas mientras la ira me
consume.
Gwen: ¡No lo hace! ¡Estás siendo tonto y eso no es el caso!
Mamá: Sonríe.
Alzo la mirada de mi teléfono y la veo mirándome desde el otro lado del
cuarto. Estoy descuidándolos a todos. Debo calmarme.
—Lo siento.
—Se resolverá, pollito. Ya verás. —Dulcemente me tranquiliza, sus labios
curvándose en una amable sonrisa—. Las cosas parecen terribles. En unas semanas
mirarán atrás y se reirán. Lo prometo.
—Lo dudo —murmuro y me deslizo al suelo para jugar con mis hijos.
Si alguien puede hacerme sentir mejor, son ellos.
—Volverá más tarde, solo está ocupado y distraído. Si no estuviera trabajando,
ya habría regresado.
Algo me dice que está equivocada, aunque desearía que tuviera razón.

Cuando llego al trabajo, con una horrible sensación de molestia en mis


entrañas, la dejo e ignoro todas las distracciones. Kerim incluido. Sin incluir
cuando me pregunta cosas que tienen que ver con la cocina; después de todo,
todavía es mi jefe.
Estoy disgustada y molesta de que con todo el drama de Nathan no tuve la
oportunidad de celebrar que Kerim me pidiese unirme a él en su negocio. Ese
debería haber sido un momento muy feliz y orgulloso para mí. Ni siquiera hablé
con mamá de eso y Nathan ciertamente nunca me dio la oportunidad.
Probablemente solo me diría que es por el hecho que Kerim me desea y no porque
me he esforzado mucho en el trabajo. No puedo soportar ser menospreciada en ese
sentido, no mientras me estoy sintiendo tan frágil. Me lanzaría sobre el borde con
Nathan, nuestra relación caería en picada.
—¿No ha caído ya en picada? —me pregunto silenciosamente mientras salteo
unas patatas. El siseo que hace la mantequilla cuando cae en el aceite extrañamente
es un sonido agradable.
127
Quizás mamá tenía razón. La última vez que Nathan me ocultó algo fue
terrible y ni siquiera era sobre él. Ahora puedo razonar por qué no me habló sobre
Caleb. No me habría hecho ningún bien saberlo mientras estaba tan débil y tan
profundamente afligida. Esta vez… ¿qué podía ser? Si no está teniendo una
aventura, ¿entonces qué es eso que tiene tanto miedo de contarme?
Se me dice que tome un descanso. Lo considero un momento del destino y
agarro mi teléfono a la primera oportunidad que tengo. Luego me deslizo por el
mensaje de mamá y miro los tres teléfonos que envió con los nombres.
Llamo al primero antes de poder convencerme a mí misma de no hacerlo.
—Oficina de Jackson, ¿quién llama, por favor? —contesta una suave voz
femenina después de un par de tonos.
—Hola, yo mmm… Soy Gwen y… —Cristo, esto es estúpido. Me aclaro la
garganta—. Lo siento.
—¿Nunca has hecho esto?
—Definitivamente no.
—Está bien, dulzura —dice, incluso más suave que cuando respondió—. Te lo
explicaré. ¿Qué es lo que necesitas?
—Mi pareja tiene… secretos.
—¿Una aventura? —Escucho el teléfono moverse y suena como si lo estuviese
colocando entre su hombro y mejilla.
—No lo creo, pero me gustaría descartarlo.
—Lo que sea, Jackson lo averiguará. Todavía no ha fallado.
No puedo creer que esté haciendo esto.
—¿Cuándo puede empezar?
—Haré que te llame y te explique los planes de precios. Su teléfono aparecerá
como spam. Es más seguro de ese modo.
—Recibo cientos de llamadas de esos vendedores y vendedores de seguros. Me
vuelve loca.
—Exactamente. —Se ríe entre dientes—. Es el disfraz perfecto. Te llamará en
las veinticuatro horas siguientes.
—Intenta forzarlo a que lo haga en la siguiente hora, mañana voy a estar todo
el día en un parque temático con familia, amigos y el hombre en cuestión.
Escucho su sonrisa en la voz cuando responde:
—Haré lo que pueda. Cuídate, Gwen.
—Gracias. —Cuelgo, trago el nudo en mi garganta y exhalo el aire que se
quedó atrapado dolorosamente en mi pecho.
No puedo creer que esté haciendo esto.
128

Escapé del trabajo rápidamente, todavía evitando a todo el mundo y de


camino a casa me detuve en el supermercado local para imprimir algunas
fotografías nuevas, una de Caleb incluido. Me llevó mucho tiempo decidir qué
imagen elegir, pero estoy contenta con la que tengo. Es de Caleb en la playa, no
mucho después de que me pidiese que me casase con él. Está estirando la mano
hacia mí mientras yo me escondo detrás de la cámara. Lo recuerdo muy bien, como
si fuese ayer. Estaba muy feliz, sonriendo espléndidamente mientras el viento le
colocaba el cabello sobre los ojos. El cielo estaba sorprendentemente azul,
haciéndole parecer como si estuviese brillando.
Me besó inmediatamente después de que tomase la fotografía y me sujetó
contra la suave arena. Eso es antes de que una ola poco profunda se acercase y nos
mojase las piernas. Las mareas en Skegness avanzan demasiado rápido. Fuimos a
casa felices, enamorados y completamente empapados.
Esta es la imagen que colocaré sobre mi microondas.
Pestañeando para alejar las lágrimas, me dirijo hacia el metro y espero que no
tenga que esperar mucho para tomar el metro a casa.
Pensamientos de dónde se quedó Nathan anoche me asaltan la mente. Mi
cerebro paranoico pinta imágenes de él y esa chica en el lugar de sándwiches. ¿Tal
vez él la buscó?
No. No me voy a convertir en Nathan. Él no haría eso. No me haría daño de
ese modo. Esto es algo muy simple y tonto. Simplemente lo sé.
Me abro paso entra la multitud mientras bajo las escaleras, el hedor a sudor,
orina y goma quemada ayudándome a mantener mis pensamientos.
El subterráneo siempre me ha puesto extremadamente nerviosa. Mantengo
mi bolso apretado al frente, tan apretado que me duelen los brazos.
Afortunadamente todo el mundo parece estar distraído como yo lo estaba hacía
unos momentos. Siempre puedes decir cuánto frecuenta la gente el metro, parecen
no inmutarse por nada. Pueden mirar sus teléfonos mientras suben al tren sin
mirar los mapas y los paneles de información. El resto de nosotros, con los dientes
castañeando y el miedo a los robos y a tomar el tren equivocado, nos movemos
lentamente y con cuidado como presas a punto de entrar en campo abierto.
Gwen: Estoy en el metro. Puede que huela a anciano sucio cuando
llegue a casa.
Mamá: Ugh…
Gwen: Síp. Ugh.
Mamá: Voy a tener que irme inmediatamente en cuanto llegues a
casa. La media naranja está enfermo y quejándose como una pequeña
perra.
Gwen: Pobre Dave. Entiendo. Te veré pronto <3
Mi tren, o al menos el que espero que sea mi tren, se detiene y salgo
disparada, aun apretando mi bolso como si fuera la única cosa que mantuviera 129
unido mi cuerpo. Una perturbadora imagen de mi cuerpo separándose en dos justo
aquí en los asientos plegables de plástico, me hace estremecer.
Mi imaginación siempre ha sido un poco rara.
Gwen: ¿A qué hora llegarás a casa? Estoy realmente ansiando ir
mañana.
No es hasta que casi llego a casa que responde:
Nathan: Llegaré en una hora. <3
El símbolo de amor del corazón curva mis labios, aunque no mucho. Estoy
demasiado herida por sus acciones para esbozar una sonrisa real. Mi energía para
mis emociones está gastada.
Nathan: ¿Llevo comida?
Bien… estoy hambrienta. No comí en el trabajo, no mucho más allá de la
prueba de sabores extraños.
Gwen: Suena bien.
Nathan: Excelente. ¿Qué te gustaría?
Gwen: Sorpréndeme.
Nathan: ¿Sorprender a una cocinera maestra? Haré mi mejor
esfuerzo, pero no me odies cuando salga mal.
Sonrío, pero luego frunzo el ceño cuando veo al hombre de edad avanzada dos
asientos más allá de mí mirando la pantalla de mi teléfono. Cuando lo alejo de él, se
mueve en una posición frontal y golpetea sus dedos contra su rodilla. Qué raro.
Gwen: Nunca me obligues a usar el metro sola de nuevo.
Nathan: Nunca, nena. Lo prometo.
Gwen: Te tomaré la palabra.
Un nombre que no esperaba, ilumina mi teléfono con un mensaje entrante.
Kerim: ¿Estás bien? Parecías muy molesta hoy.
Lo leo, pero no respondo cuando el tren empieza a desacelerar y no estoy
segura de dónde estamos. Mi enfoque estaba en dicho teléfono, no en el altavoz
anunciando dónde era la siguiente estación.
Salgo del tren sin incidentes y voy a las escaleras que llevan a la superficie,
temblando menos de miedo que hace media hora. Mientras asciendo las escaleras,
rápidamente tecleo una respuesta genérica a Kerim con promesas de concentrarme
más la próxima vez. Luego choco con un duro y cálido cuerpo y un brazo familiar
me rodea.
Alzando la mirada, con expresión sorprendida, noto a mi prometido
sonriéndome. La mano que no tiene alrededor de mi cintura está agarrando un
hermoso ramo de flores mezcladas. Puedo olerlas desde aquí y eliminan el hedor
del metro. 130
—¿Para mí? —pregunto, sonriendo mientras me aparta a un lado fuera del
camino de los peatones rodeándonos y fanfarroneando su molestia.
—Por supuesto. —Su voz es profunda, amorosa y todo él. Me besa dulcemente
y brevemente antes de volverse y tirar de mí el resto del camino hacia la
superficie—. Confío en que tu viaje en metro no fuera demasiado desagradable.
—Puedo pensar en cosas peores —admito de mala gana—. Como ser cortada
en dos mientras sigo viva.
Su risa me hace sonreír y me aprieta con más fuerza contra su costado.
—Esnob.
—Nunca tomarías el metro.
—Lo haría y lo he hecho —responde altivamente, pero hay un brillo de
diversión en sus ojos.
—Oh, ¿en serio? —Alzo una ceja—. ¿Cuándo?
—Cuando tenía catorce años, con mi mamá.
Esta es la primera vez que ha hablado sobre su madre en absoluto.
—¿En serio? Estoy escéptica.
—Fue una de esas raras veces en las que fue agradable conmigo. Fuimos al
cine a ver Aladdin.
Sonriendo, me inclino en él y comento:
—Apuesto a que fue un buen espectáculo.
—Lo fue.
—¿Cómo fue tu vida después de que tu abuelo dejara de hacerte daño? —Solo
pregunto porque sé que, desde los doce, el abuso se detuvo, aunque eso es en
realidad todo lo que sé y si está ofreciendo información voluntariamente, voy a
fisgonear un poco.
—Normal, supongo. Realmente no hablaba con nadie. —Se encoge de
hombros como si esto no le afectara, pero sé que lo hace—. Crecí tan aislado de
todos que fue duro abrirme. Con el tiempo, acabé acostumbrándome a estar solo.
—Hasta mí.
—Hasta ti. —Sus labios tocan mi sien—. Mi madre lo intentó. Recuerdo que,
después de que Caleb mejorara, empezó a intentar pasar más tiempo conmigo, pero
realmente no la dejé. Hacía lo que ella decía, pero mi mente nunca estaba presente.
—Entendible, después de todo lo que te hizo pasar.
Asiente y se centra en los autos como si intentara recordar dónde estacionó.
—Te he extrañado.
—Y yo a ti. —Me estremezco del escalofrío que recibo cuando me libera para
abrir la puerta del auto para mí—. No vuelvas a irte así. 131
—No lo haré. Fue muy infantil por mi parte.
Estoy feliz con su respuesta y lo demuestro extendiendo la mano y apretando
su muslo.
—Antes de superar este tema, me gustaría añadir que no solo nunca me he
alejado de ti por elección propia, sino que, además, nunca lo haría.
—Lo sé. —Parece arrepentido, no solo en su tono, sino en la luz atenuada de
sus ojos—. Prometo que eliminaré toda la angustia de tu corazón mañana. Puedo
oler el algodón de azúcar en ti ya.
—Me encanta el algodón de azúcar.
—Lo sé.
—¡Estoy tan emocionada!
—Lo sé. —Sonríe, mostrando sus maravillosos dientes.
—Realmente elegí al mejor compañero de reproducción, si me piden mi
opinión.
Su carcajada de sorpresa me hace sonreír con alegría y cuando me atrae hacia
él y besa mi frente, aun riendo, mi sonrisa se amplía. Amo tener la habilidad de
hacerle reír.
Capítulo catorce
Mamá se veía tan aliviada de ver a Nathan como yo me sentí cuando entramos
a la casa juntos. No mencionó la noche antes, pero si me dio una mirada que decía
que hablaríamos después. Debo haberla preocupado. Nathan y yo hemos sido
estables desde el incendio. Supongo que estamos saliendo del periodo de luna de
miel. ¿Es por eso que está tan desesperado por casarse conmigo? ¿Está preocupado
que ahora la constante felicidad se esté agotando? ¿Que lo dejaré cuando las cosas
se pongan difíciles? Es un tonto si eso piensa.
Empacar para los niños para un día en el parque de diversiones es más fácil
de lo esperado. Logramos empacar sus cosas en una mochila, gracias a Nathan. Si
no fuera por él tendría dos maletas llenas con cosas dobles.
Sasha me escribe sin cansancio mientras manejamos a Alton Castle. Estoy
ansiosa por la emoción, así como ella. Desearía haber hecho más cosas como estas
al crecer. Mi timidez e inhabilidad para conectar con alguien apropiadamente
siempre me contuvo. Bueno, ya no más.
—Deberíamos empezar a hacer más cosa como estas —le digo a mi prometido
mientras miro la entrada y las taquillas donde compraremos los tiquetes.
—Pasemos el día de hoy primero. —Se ríe, sus manos sosteniendo las asas del
cochecito doble. Emily duerme profundamente en el lado izquierdo; Dillan se
132
retuerce en el de la derecha, ansioso por correr y meterse en toda clase de
problemas.
—Pero hablo en serio. Cuando tengamos más tiempo, vamos a una salida
familiar. —Luego jadeo cuando pienso en algo—. ¡Vamos a una cabaña de campo!
—Odias el campo.
Buen punto.
—Superaré mi miedo.
La mirada que me da está llena de escepticismo.
—Hablo en serio. —Empujo su hombro con el mío—. No es como si
pudiéramos ir a la playa.
—¿Qué tal Italia?
—¿Italia? —repito, pensando en las ciudades románticas que solo he visto en
la TV—. Es una buena idea; es cálida, no es arenosa y tiene muchos lugares
históricos para ver.
—Exactamente.
—¿Podemos pagarlo?
—Definitivamente podemos —insiste y me empuja de vuelta—. Solo mira dos
semanas que puedas tomarte libre del trabajo y nos encargaremos desde ahí.
—¿Lo prometes? —Estoy emocionada por esto. Unas vacaciones con mi
familia son definitivamente necesarias.
—Lo prometo.
Grito y aplaudo, antes de rodearle el cuello con las manos y llenar su rostro de
besos.
—Te amo.
—Entonces un viaje a Italia es lo que se necesita, ¿eh?
—Y algodón de azúcar. —Le guiño un ojo, todavía prácticamente colgando de
su cuello.
—¡Oigan, tortolos! —Escucho a Sasha sobre la multitud alrededor de
nosotros—. Dejen de chuparse el rostro y entreguen mi regalo de cumpleaños.
De inmediato suelto a Nathan y corro hacia mi amiga para abrazarla. Me
regresa el abrazo, tensa de la felicidad, así como yo.
—En serio, será mejor que este no sea mi regalo.
—Claro que no lo es; lo recibirás después. —Doy un paso atrás, todavía
sonriendo de oreja oreja—. ¿Dónde está mi tercer hombre favorito?
—Aquí. —Tommy y Nathan se separan después de saludarse y Tommy me
envuelve en un abrazo de oso. Se había puesto más musculoso desde la última vez
que lo vi. ¿Cómo es posible? 133
—Eres una montaña —comento, apretando su gran brazo con mi mano. No
puedo ni acercar mi índice y pulgar. No por no intentarlo tampoco.
Tommy, aparte de Caleb y Nathan, debe ser el hombre más apuesto que he
visto. Sasha también es absolutamente preciosa. Hacen una pareja tan asombrosa y
no puedo esperar a ver como lucirán sus hijos, aunque con suerte esperarán. Ser
padres a nuestra edad no es algo que elegiría una segunda vez si tuviera que vivir
otra vida, aunque no cambiaría mi vida por nada en el mundo, dada la
oportunidad.
—Sí, está trabajando mucho estos días —responde Sasha, sonriéndole a su
hombre y apretando su otro brazo. Nathan envuelve un dedo envuelto en cuero en
el ojal de mi cinturón y me aleja de mis cercanos amigos.
Le guiño un ojo y sus labios se mueven con diversión, pero veo los celos en sus
ojos. Siempre ha confiado en mí con Tommy, aunque no para dejar que lo toque.
No es que lo culpe.
—¡Vamos, el sol me quema! —grita Sasha, sorprendiendo a las pocas personas
alrededor.
—Ni siquiera ha abierto todavía, loca —murmuro—. Además, te olvidas de tu
sobrina y sobrino.
—Los sofocaré con afecto cuando lleguemos delante de las filas. —Mira a
Dillan y hace un mimo—. ¿Verdad, mi hombrecito? No puedes esperar más,
¿verdad?
—¡Carga! —grita Dillan, alzando sus regordetas manos a ella.
—Paciencia, hombrecito. —Se adelanta a las barandas de maderas que
organizan las filas. Solo dos personas están al frente, esperando a comprar sus
boletos y entrar al parque. Llegamos en el momento perfecto. No está vacío, pero
tan poco tan lleno que no pueda empujar mi coche sin sentirme completamente
frustrada.
—Nosotros reservamos —dice Sasha a la mujer detrás de la taquilla cuando es
nuestro turno. Ella le entrega una hoja tamaño carta impresa y pronto nos dejan
entrar—. Era más barato comprar un tiquete familiar —se defiende, puramente
porque estoy mirándola ceñuda por pagar por nosotros.
Nathan se asegurará que reciban el dinero al final del día. Ya puedo ver que
está muriéndose por sacar su billetera
Su independencia e incapacidad para aceptar regalos de cualquier persona
puede ser frustrante. Las pocas veces que he gastado dinero en sus cumpleaños, ha
encontrado formas de pagarme lo cual es ridículo. Gasto mucho más de su dinero
que del mío. Aunque supongo que no hay “su” y “mi” dinero. Es todo “nuestro”
dinero ahora. Dejo que él lidie con esas cosas. Le gusta mantenerlo todo organizado
y yo solo lo arruinaría.
—Parece inseguro —dice Nathan mientras mira la larga y retorcida montaña
rusa que puede ser vista desde las otras atracciones a una larga distancia. Si tan 134
solo supiera que una vez que giremos en la próxima esquina habrá otras tres más
grandes que me muero por probar.
—¡Se ve jodidamente ASOMBROSO! —grita Sasha mientras mueve sus manos
en el aire—. ¿Podemos? ¿Podemos? ¡Por faaavoor!
—Cuando lleguemos. —Se ríe Tommy, pellizcando su nariz y sacudiendo su
cabeza con amor—. Vamos a ponernos en la fila. ¿Bien?
—Sí, jefe. —Entonces se gira a mí—. Hablando de jefes, ¿el tuyo todavía es un
bastardo gruñón?
—No. —Miro a Nathan, esperando que el tema de Kerim no amargue su
humor—. Está bien. Tuvimos nuestros altibajos, pero no guardamos rencor contra
el otro.
—Bueno, hablaremos de eso más tarde. —Apunta a la atracción rápida más
cercana con un gran gorila al frente. Los vagones que van por las vías tienen forma
de bananas. Creativo—. Vamos.
—Tendremos que tomar turnos —digo, apuntando a los niños—. Alguien debe
cuidar los niños.
—Está bien; ustedes vayan. Me sentiré enfermo si empiezo a subirme en esas
cosas tan pronto después de haber desayunado —dice Tommy, luciendo casual y
tranquilo por eso.
—¿Seguro? —pregunta Sasha, preocupada de que solo estuviera siendo
caballeroso.
—Ve —insiste, besando su nariz—. Me quedaré con Nathan. Parece tan
emocionado por subir en esa cosa como un hombre a punto de ser apuñalado.
Definitivamente tiene razón sobre eso. Nathan se encoge de hombros como
disculpa y tomo una nota mental para arrastrarlo a algo después. Por ahora solo
estoy feliz de poder montarme en esa mierda con mi mejor amiga.
—¡Hagamos esto! —grita Sasha como una mujer preparándose para la batalla.
Logramos subirnos en el primer paseo, aunque nos sientan en el penúltimo
puesto. Estaba esperando el primero.
—¿De qué crees que hablan? —pregunta Sasha mientras saludo a los chicos y
a Emily dormida. Una barra de metal baja a mi cintura y ambas instintivamente la
empujamos para ver que estuviera asegurada.
—Dame un segundo mientras leo sus labios.
—¿Sabes leer labios?
—No, estaba siendo sarcástica. —Me río más que nada porque debo explicarle
el sarcasmo a la reina del sarcasmo.
—Oh. —Mira su mano—. Mi dedo se siente desnudo.
135
—Oh Dios mío. —Me río de nuevo, esta vez de su obsesión por el
matrimonio—. Eres peor que Nathan.
—¿Todavía está presionando por casarse?
Me encojo de hombros y me muerdo el labio.
—¿Por qué la espera? Dijiste que sí hace dos años.
—Lo sé, es solo… —Jalo la grasa bajo mis bíceps—. No estoy físicamente
perfecta para casarme con él. Luzco horrible.
—¿En serio? ¿Esa es tu razón?
—No es la única —mascullo, pero pronto grito, ansiosa, cuando la atracción
empieza a moverse. El sonido de las cadenas debajo del carro me pone nerviosa y
apartan los pensamientos en mi cabeza que no aprecio en este momento. No puedo
negar que estas hacen el viaje más emocionante.
—¡Aquí es! —Sonríe Sasha y toma mi mano—. ¡Álzalas bien alto, perra!
Solo tenemos valor para la cosa sin manos durante los primeros cuatro
segundos, luego estamos agarradas a la barra de metal como si nuestra vida
dependiera de ello, gritando a mas no poder. Estoy segura de que somos las únicas
gritando. Eso es lo que pasa cuando chicas de un pueblo pequeño experimentan
nuevas cosas. Gritamos.
Nunca he sido tan sacudida. Cuando tomamos cada curva soy lanzada contra
Sasha, pero la pasamos mejor que nunca. Me siento enferma, me siento drogada…
nunca he estado drogada, pero así debe de ser. Mis venas están bombeando un
pesado y estático zumbido alrededor de mi cuerpo que estoy segura que si no
hubiera luz serían capaz de ver la forma de un brillo azul.
Y entonces se termina. Mis pulmones se contraen, mi garganta está adolorida,
pero santa mierda.
—Quiero hacerlo de nuevo.
Nos giramos la una a la otra, sonreímos y estallamos en risas. Su cabello
revuelto sin duda está igual al mío.
Con las piernas temblando, salimos del recinto de la atracción por unos
escalones de metal con pequeños agujeros ovalados en estos.
—¿Están bien? —nos pregunta Tommy mientras él y Nathan buscan en
nuestros cuerpos temblorosos algún daño.
—Sí —respondemos al unísono y compartimos una risa.
—Entonces ¿quién tiene el mapa? ¿A dónde vamos ahora?
Nathan lo saca del bolsillo de su camisa y lo desdobla. Ahora que está abierta
sé que no habrá posibilidad de que podamos doblarlo de la misma forma de nuevo.
Luego, después de decidir qué camino alrededor del parque vamos a tomar,
Nathan me hace tragar mis palabras y lo vuelve a doblar a su estado original sin
problemas.
136
—Presumido —murmuro y lo empujo cuando se ríe con petulancia.

Después de tres constantes horas de atracciones, turnándonos para que todos


tengan un turno, los niños y Nathan incluidos, nos detenemos en una costosa zona
de comidas donde Nathan y Tommy pelean por la factura. Nathan gana. Las
hamburguesas no están mal; incluso Nathan acepta y él por lo general odia la
comida rápida. Con eso dicho, la lechuga es una lástima; es un cuarto de pedazo y
los extremos de la hoja están marchitándose.
El resto es bueno, sin embargo. Nunca me sentí tan hambrienta, pero ahora
que estoy llena, estoy temiendo las atracciones que dan vueltas. Decidimos llevar a
los niños a algunos juegos; son más lentos y seguros en nuestros llenos vientres.
De todo, creo que el espectáculo del león marino fue el punto brillante para
Nathan y Dillan. No tenía nada que ver con el hecho de que Bob Esponja hizo una
aparición… nada en absoluto.
Nunca entenderé su obsesión por el dibujo animado. Es bueno, pero ¿es digno
de obsesión? No en mi opinión, aunque nunca los hago cambiar el canal. Los hace
felices y eso me hace feliz.
—¿Te estás divirtiendo? —pregunta Nathan mientras nos sentamos en un bote
redondo en un mágico paseo acuático por túneles coloridos, cada uno contando su
propia historia con personajes peculiares en miniatura.
Descanso mi cabeza en su hombro y tarareo, odiando que con cada segundo
que pasa nos acerquemos cada vez más al final de nuestro día libre. Se siente como
si estuviéramos en una vida completamente diferente. Mañana volver a la realidad,
volver al trabajo y volver a cómo están las cosas entre nosotros. Esperemos que las
últimas semanas de tensión no vuelvan inundando al segundo que nos adentremos
al ambiente familiar.
—Nunca te había visto sonreír tanto.
Mi sonrisa ha sido permanente todo el día. Tanto es así que mi mandíbula
está doliendo y también lo están mis mejillas.
—Es agradable. —Me besa en la sien y luego se gira para mirar al bote detrás
de nosotros donde Tommy y Sasha luchan con los niños. Ambos nos reímos de sus
luchas.
—Realmente lo es —estoy de acuerdo y suspiro lejos mis problemas. Me
preocupo demasiado. Tal vez soy yo quien ha estado trayendo la tensión a la casa y
por eso Nathan me evita tanto últimamente, debido a mis estados de ánimo. ¿O
estoy convenciéndome de felicidad de nuevo basada en algo que no existe?
¿Quién sabe?

137
Tommy no se propuso como Sasha había esperado que lo hiciera. Estoy
honestamente en la duda ahora. No creo que él esté listo todavía y Sasha que es tan
insistente sobre ello, incluso sin que él lo sepa, va a abrir una brecha entre ellos.
Ella necesita calmarse y él necesita ser empujado. No tengo la menor duda de que
está despistado completamente sobre el constante balbuceo de Sasha sobre la boda.
Ella se está volviendo tan frustrada con todo eso que va a empezar a desquitarse
con él. Se va a convertir en una de esas cosas de todo o nada, solo puedo notarlo, y
eso me pone triste. No quiero que ninguno de ellos se precipite en algo para lo que
no están listos como pareja, pero no los veo con suficiente frecuencia para juzgar
esto profundamente. Probablemente estoy equivocada y realmente no puedo
empujar en ella un pensamiento sobre un tema que conozco poco.
Es fácil tener opiniones cuando estás en el exterior mirando.
Estoy segura de que Sasha misma tiene muchos comentarios sobre mi propia
vida que está reteniendo por las mismas razones.
Sasha: Muchas gracias por venir hoy. Hiciste mi cumpleaños el
mejor. Me divertí mucho.
Gwen: Yo también, ya te extraño. Envíame todas tus fotos tan
pronto como puedas.
Sasha: Abre una cuenta de FB y te etiquetaré. Dame un tiempo
para subirlos.
Gwen: Ugh… al diablo con eso. Solo imprímelas como los viejos
tiempos. Tienes una impresora. Utilízala.
Sasha: ¿Y rebajarla de su lugar legendario en mi estante como
jefe de colector de polvo?
Gwen: Imprime las fotos.
Sasha: Por favor… perra grosera. ;-)
Gwen: Por favor, perra grosera. ¿Mejor?
Puedo escuchar su risa a pesar de que está a cientos de kilómetros de
distancia una vez más.
—Ve a dormir —refunfuña Nathan directamente en mi oído. Me acaricia el
cuello y me mantiene más apretada cuando me extiendo para colocar mi teléfono
en la mesa al lado de la cama. Se arruga en una envoltura dulce, recordándome que
realmente necesito ordenar y dejar de comer basura en el dormitorio antes de que
Nathan tenga un ataque al corazón. O lo tenga yo por el número de bocadillos que
he estado consumiendo últimamente.
Sus dientes me muerden la oreja después de que lucho con él y la manta para
encontrar una posición cómoda. Termino acostada sobre mi espalda, una pierna
arrojada sobre las suyas. Él a regañadientes rueda sobre las suyas y ahora sus dedos
trazan perezoso círculos en el interior de mi muslo. Amo este sentimiento. Es tan
cosquilloso y relajante, casi tan bueno como tener mi espalda rascada. Casi. No
exactamente.
—Todavía no estás durmiendo —murmura soñoliento mientras su brazo se 138
arrastra bajo mi cuello. Me pone a su lado, mis dos piernas ahora sobre las suyas.
Debo ser pesada pero nunca se queja.
—Quiero empezar a ir al gimnasio.
Su cuerpo se tensa.
—¿Por qué?
—Para estar saludable. Podemos ir juntos. Sé que disfrutas ejercitar.
—Bien, duérmete.
—¿En serio?
—Sí —murmura soñoliento. Puedo oír la sonrisa en su voz—. Ahora duerme.
—¿Es raro que esté emocionada?
—Gwen —advierte, pero puedo notar que todavía está cansado.
—Aunque estoy un poco cachonda ahora. —Se queda quieto ante mis palabras
y siento que su polla se espesa contra la parte inferior de mi muslo. Suelto una
risita—. Me pongo cachonda cuando estoy emocionada.
—Bueno, ¿quién soy yo para negar a mi emocionada esposa su ración de mí?
Con una fuerza que desconocía, me tira de él y rueda encima de mí.
Normalmente se tomaba su tiempo, besaría mi cuerpo y masajearía cada
centímetro de mí con sus manos, solo a veces me permitía lo mismo. Esta vez es
casi salvaje mientras busca la fuente de humedad entre mis muslos y cuando está
convencido de que estoy mojada lo suficiente como para estar cómoda, se mete
dentro y se traga mis gritos con su boca.
Cada empuje es más poderoso que el anterior y la plenitud de él causa una
quemadura dulce y hormigueante tan profunda que lo siento en mi garganta
cuando gimo. Mi cuerpo se desplaza hacia arriba de la cama. Sintiendo esto,
Nathan pone una mano en la parte superior de mi cabeza, usándome como ancla y
protegiendo mi cabeza de la cabecera.
Nunca lo he sentido así antes con él. Nunca ha sido tan duro, tan áspero, tan
poderoso. Las lágrimas saltan a mis ojos mientras la sensibilidad que está
provocando por debajo se quema con más fuego que nunca. Me encuentro al borde
del orgasmo, pero incapaz de agarrarlo, por lo que mis músculos se aprietan con
placer tan potente que se siente casi doloroso. Mis caderas tratan de seguir el ritmo
de las suyas, pero la velocidad y la fuerza de él me mantiene clavada.
—¡Oh, Dios! —grito mientras esa profunda sensación finalmente despliega sus
alas estáticas y empuja una luz a través de mis venas que me lleva dentro y fuera de
mi conciencia.
Nathan libera un rugido desesperado tan fuerte que estoy obligada a cubrir su
boca con mi mano. Cuando sus ojos se encuentran con los míos, solo desencadena
un clímax más largo compartido por los dos. Cada zambullida frenética, sin
medida, nos acerca al borde del olvido y luego de repente, dejándonos con una ola
persistente, se detiene y se derrumba sobre mí con un gruñido. Su pecho se alza
pesadamente con su respiración que parece no tener ningún patrón natural. 139
Cuando el placer zumba a un bajo murmullo, empiezo a sentir el dolor que su
bienvenido vigor ha sometido a mi cuerpo. Mientras se suaviza, completamente
gastado y cansado, me siento aún más dolorida por la pérdida de plenitud.
—Vaya —dice suavemente y entierra su rostro entero en mi cuello. Su aliento
hace cosquillas—. Creo que me gusta el sexo cansado contigo.
—Mmm. —Estoy de acuerdo, demasiado dormida para responder en cualquier
idioma—. ¿Ducha?
Cuando él no se mueve, parpadeo en la oscuridad y froto círculos lentos en su
espalda y hombros. Entonces mis ojos se amplían cuando finalmente su respiración
se extingue, mis labios se separan con un jadeo silencioso. Esta es la primera vez
que ha tenido sexo sin ducharse inmediatamente después.
Se despertará pronto. Lo hará.
Estoy demasiada asustada de dormir por si acaso lo hace. Nada peor que ser
obligada a ducharse cuando estás muerto al mundo.

—Pareces agotada —declara Nathan mientras lucho por hacer el desayuno


para él y los niños—. ¿Estás enferma?
—No, solo que no dormí bien anoche —confieso, sonriéndole por encima de
mi hombro.
—¿Por qué? ¿No te follé lo suficientemente duro?
Me ahogo con la risa, desencadenada por mi sorpresa.
Cuando me guiña el ojo, me giro para mirarlo completamente y sacudo la
cabeza para despejarlo. ¿Quién es este hombre?
—Lo hiciste. Solo me quedé esperando que me despertaras y me obligaras a
darme una ducha.
Mete una cucharada de banana en la boca de Emily, pareciendo inafectado
por mi admisión.
—Tuve una cuando me desperté.
—Lo sé, pero aun así… este es un nuevo territorio. No pude dormir.
Él sonríe, se encoge de hombros y batalla con Emily por la cuchara de bebé
que acaba de robar.
—No era mi intención confundirte.
—No te disculpes. —Me río y me deslizo sobre su regazo—. Me alegro de que
no me forzaras inmediatamente a ducharme.
—¿Te molesta cuando lo hago? —Su mano libre descansa en mi cadera.
—En lo absoluto. Solía hacerlo, pero lo entiendo. Para ser honesta, estoy tan
acostumbrada a ello que ahora me siento mal cuando no me ducho.
140
Sus labios tocan los míos.
—Estoy tratando de ser un poco más suave con mi rutina. No quiero que te
sientas…
Cuando se queda en silencio y mira hacia otro lado, gentilmente inclino su
rostro hacia mí con el dedo y el pulgar sujetándole la barbilla, justo debajo de su
grueso labio inferior que, antes de hablar, chupo en mi boca por un breve instante.
—¿Sentir qué?
—Atrapada. —Esta palabra sin aliento está llena de tanta emoción,
principalmente ansiedad atada con una tonelada de inseguridad.
—¿Contigo? Siempre, de la mejor manera, no la peor. No me sueltes.
Olvidando nuestras vidas por un momento, empuja sus labios a los míos y nos
besamos por mucho tiempo. Se siente como una eternidad, aunque en realidad es
solo una fracción de eso. Qué fracción gloriosa.
—Te amo.
—Así dices. —Le beso los labios con un último gentil beso, paso mis manos
por su cabello, le beso la parte inferior de su mandíbula y me levanto para terminar
de hacer el desayuno.
Ahora que sé que está de buen humor, decido enfrentar al elefante en la
habitación. Mirando fijamente a la cacerola chisporroteante en la estufa, recojo mi
valor y digo suavemente.
—No me des más un mal rato sobre Kerim.
La pausa entre nosotros dura otra fracción de eternidad, ésta no es tan
agradable como la anterior.
—Haré mi mejor esfuerzo —dice finalmente y libero el aliento que estaba
sosteniendo—. Confío en ti. Es injusto que sostenga contra ti los pensamientos,
sentimientos y acciones posibles de otro.
Esto me hace sonreír. Hoy se han logrado buenos progresos. Estaré en la nube
nueve durante un tiempo.

141
Capítulo quince
—¡SÍ! —grito, feliz cuando veo la lista de turnos que Kerim ha puesto en la
pizarra de la sala de personal.
—¿Qué? —pregunta Patience y revisa su horario mientras recoge su suave
cabello rubio con ambas manos—. ¿Qué me estoy perdiendo?
—Tengo el jueves y el viernes libres.
—¿Y? —Se ata el cabello usando la goma que sostenía entre sus dientes.
—Son los dos días que Sasha y Tommy se quedan con los niños. —Me siento
como si bailara—. Ahora solo tengo que convencer a Nathan de tomarse el tiempo
libre.
—Mantendré mis dedos cruzados por ti —declara, aunque es tan deshonesta
como la amarga sonrisa en su rostro. Esa mujer va de caliente a frío todo el tiempo.
Me vuelve loca. Un día, voy a darle un puñetazo en el rostro.
—Sí, claro —susurro en voz baja para que no pueda oírme, pero lo bastante
alto para que me sienta como si hubiera descargado un poquito de estrés hacia ella.
—Damas —anuncia Kerim cuando da un paso en la habitación con Harold
detrás de él.
—Hola, chicos. —Sonrío a través de la tela de mi chaqueta blanca mientras me 142
la pongo por la cabeza. No puedo molestarme en desabrochar los botones—. Estaré
con ustedes en un momento.
—¿Estás segura de que no estás atascada? —Harold se ríe.
Finalmente saco mi cabeza por el agujero del cuello y le saco la lengua.
—Necesito hacer una llamada antes de entrar, si eso está bien —pido
sumisamente, sabiendo ya que estoy corta de tiempo.
—Ve. —Kerim agita su mano hacia mí—. Hazlo rápido. Estás en línea hoy.
—¿En serio? —decimos Patience y yo al unísono, aunque yo con entusiasmo y
ella insultada.
—Síp, lo hiciste muy bien la última vez.
—¡Yuju! —Alzo mis brazos, deseando que alguien además de Patience
estuviera lo bastante cerca para chocar los cinco.
—¿Yuju? —cuestiona Harold.
—La gente dice “¡Yuju!” —espeto juguetonamente, molesta de que todos
siempre parezcan cuestionar mi palabra de felicidad cuando sea que la suelto.
—¿Qué gente? —añade Kerim burlonamente.
Lo fulmino con la mirada mientras llevo mi teléfono a su oficina.
—¡No te dije que podías entrar ahí!
En respuesta a sus juguetones gruñidos, cierro a puerta y marco el número de
Jackson, el investigador que contraté.
—Oficina de Jackson, ¿en qué puedo ayudarle? —Reconozco la voz de
inmediato.
—Hola, mmm… —¿Por qué siempre tartamudeo cuando hablo por teléfono
con gente nueva?—. Soy Gwen. Contraté a Jackson recientemente para investigar
un poco.
—Oh, sí, lo recuerdo. Está trabajando en su caso ahora, de hecho.
¿Lo está?
—Entonces, ¿no se encuentra allí?
—No, pero puedo asegurarle que le entregaré cualquier mensaje con perfecta
claridad —me dice y no tengo duda de que lo hará—. En realidad, no es un mensaje,
es más una cancelación.
La línea se silencia por un momento.
—Ya veo.
—Simplemente me siento como si hubiera cometido un gran error.
—Ya veo.
—Pueden quedarse el dinero. Solo sé que no hay punto en que investigue más
porque no encontrará nada. Era solo yo siendo paranoica. —Estoy divagando—. No
quiero malgastar más tiempo. 143
—Entiendo, cariño. Esto es más común de lo que piensas.
Eso me da alivio.
—Me siento tonta.
—No lo hagas; todos pasamos por momentos difíciles que nos hacen dudar.
Estoy tan feliz de que todo haya funcionado para ti.
—Gracias. —Oigo el estrépito de ollas y sartenes procedente de la cocina—.
Tengo que irme. Lo siento.
—No hay problema. Le diré a Jackson de inmediato. Cuídate.
—Tú también.
Hora de trabajar. Un peso ha sido levantado de mis hombros. No puedo creer
que alguna vez siquiera contemplara la idea de espiar a Nathan. ¿Qué me pasa?
Gwen: ¡Asegúrate de que estás en casa para el jueves y el viernes!
¡No voy a trabajar! ¡YUJU! <3
Nathan: Haré mi mayor esfuerzo. <3
—¿Has acabado? —pregunta Kerim al segundo en que entro en la cocina.
Asiento. Añade—: Bien, lávate las manos y ponte a trabajar. Escuchen, Gwen está
supervisando su mierda, ¡así que no jódanlo!
Todos reímos disimuladamente ante su error de lenguaje, pero no le dejamos
que lo note. Nunca jodes con Kerim en su cocina; se enoja y se mantiene enojado.
Todos son útiles y felices bajo mi mando, a pesar del hecho de que he estado
aquí menos tiempo. Todos nos llevamos muy bien, así que eso ayuda, pero saber
que me respetan, es la mayor cereza de este pastel.
No tengo que gritarles; solo soy forzada a alzar mi voz cuando se pone
ruidoso. Incluso Patience escucha, aunque puedo decir que no está feliz.
Esto, aparte de la primera vez que fui la encargada, es el mejor día en el
trabajo hasta la fecha. Estoy tan feliz ahora mismo. Casi demasiado feliz.
Gwen: Estoy lista para empezar a mirar lugares. <3
Envío este mensaje no solo a Nathan, sino también a Sasha, mamá, Jeanine y
Tommy. De inmediato, responden con entusiasmo y promesas de ayudarme a
elegir. Nathan, sin embargo, me envía una lista de lugares que ya ha considerado.
Esto me hace sonreír. Solo me las arreglo para revisar dos antes de que mi
descanso termine, pero ambos son hermosos y pintan tan maravillosas visiones en
mi mente.
Por primera vez en un largo tiempo, me encuentro sintiéndome emocionada
sobre mi futura boda. Esto es bueno.
No.
Esto es genial.

144

Estoy cómodamente en el séptimo cielo durante el resto de mi noche de


trabajo. Me sostiene apretada en el fuerte abrazo de Nathan cuando llego a casa.
Flota en el vapor de la ducha que compartimos después de horas de hacer el amor y
cosquillea mis brazos por la punta de sus dedos mientras navegamos por internet
tarde en la noche, mirando lugar tras lugar a través del Reino Unido.
Al día siguiente, aunque nos despertamos atontados y exhaustos por la falta
de sueño, llamo a Kerim y elijo dos semanas que me gustaría tomarme libres.
Nathan y yo vamos a la agencia de viajes de su amigo a reservar un viaje a Roma,
Italia.
El séptimo cielo necesita empezar a cobrarme alquiler; estaré acomodada aquí
durante un tiempo.

—¿Vendrás conmigo a la tienda el próximo jueves? Realmente quiero


mostrártela antes de la renovación —pregunta Nathan mientras compartimos una
taza de café en nuestra cocina. Los niños están echando una siesta, una rara
ocurrencia, pero una bienvenida. Estamos escondidos en la cocina para no
despertarlos. El más ligero sonido activa a Dillan estos días. Casi ha pasado su fase
de siesta, aunque ocurren al azar todavía, pero muy raramente.
—¿En nuestro día sin niños? —La idea de trabajar en nuestra única
oportunidad sin los niños no me encanta, pero ¿cómo puedo negarle algo cuando
parece tan emocionado?—. ¡Seguro, pero no por mucho!
—Por supuesto, existen algunos lugares que quiero que veas en Essex.
—¿Como?
—Ya verás. —Sonríe y me quita la taza de las manos para darle un sorbo—.
Mierda, hago un buen café.
—Lo haces —concuerdo—. Eres un obsesionado con el café.
—Solo por ti. —Toca la parte superior de nuestra pequeña cafetera—. No
debiste de haberme dado esto para navidad.
Me encojo de hombros.
—Te encanta y haces un delicioso café cuando se te pide.
Sonríe, espera a que me termine la última taza y la coloca en el fregadero.
Cuando se queda quieto, mi mano viaja a su brazo, preocupada por su repentina
inmovilidad.
—¿Qué sucede? —pregunto en pánico.
Suelta la taza con fuerza, pero sus ojos permanecen mirando algo al frente.
Comienzo por mirar alrededor para encontrar la fuente de su repentina ira. Lo
único que está a su vista que puedo asumir es la causa de su drama es la foto de
Caleb en el microondas.
—¿Nathan? 145
Mira la foto sin emoción alguna, y me pregunto si ver a su hermano una vez
más lo molesta. Ha pasado mucho tiempo, seguro que ya está listo para tener un
pedazo de él en nuestra casa.
—¿Por qué está a la vista?
Esa no era la pregunta que me esperaba, ni tampoco el frio y bajo tono en que
lo dijo.
—Porque lo hemos extrañado y quiero que Dillan…
—¿Dillan? —dice, su tono más alto y más furioso.
—Si. ¿Cuál es el problema?
No responde, solo mira hacia un lado y se succiona el labio inferior
lentamente. Cuando doy un paso hacia su cuerpo y abrazo su cintura, trato de
sonreír.
—¿Qué sucede?
—¿Todavía piensas en él seguido?
—¿Qué clase de pregunta es esa? —Me río, aunque nada en esa situación es
gracioso—. Pienso en él cada vez que mi cerebro invoca un recuerdo sobre algo
familiar.
—¿Entonces mucho?
—No voy a hacer esto —le advierto y me hago hacia atrás.
—¿Hacer qué?
—¡Discutir por una persona muerta!
—¿Quién está discutiendo?
—Detente —le ordeno, sintiendo cómo mi molestia aumenta—. Él está
muerto, Nathan. Muerto. Es tu hermano; es alguien que amé; es el padre de mi
hijo; tomó mi virginidad.
Nathan hace una mueca, pero no me detengo.
—Fue mi primer amor. El primer chico que llevé a casa con mi mamá. Mi
primer prometido. Iba a morir con él. Envejeceríamos juntos, y no permitiré que
me obligues a abandonar eso porque eres un maldito celoso.
Su mandíbula se tensa y veo cómo se mueven sus músculos.
—¿Terminaste?
—Sí. Y nosotros también.
—¿Qué? —Sus ojos se abren y pongo los míos en blanco y digo en un siseo.
—¡Con esta conversación!
—Está bien. —sisea en respuesta y pasa su mano por su cabello.
—Bien.
—¡Debiste hablar conmigo primero! —Le tomó unos segundos de silencio 146
antes de decirlo.
Me froto la sien.
—Nathan, no tengo que decirte ni mierda…
—¡Lenguaje!
—¡Sobre ninguna MIERDA!
—Gwen…
—¡No eres mi padre, no eres mis padres, eres mi PAREJA! ¡Comienza a actuar
como una!
—¡Las parejas discuten de cosas!
—Sí, cosas… —Paso mis manos a través de mi cabello y resisto la necesidad de
arrancarlo—. Cosas como a dónde iremos de vacaciones. ¿Quién tiene a los niños y
cuándo? Deberíamos de discutir cosas como las cuentas, qué necesitamos cuando
vamos de compras, el clima y las probabilidades de que arruinen cualquier plan…
—Gwen…
—¡Planes que hicimos juntos! A menos que alguno de nosotros ya tenga
planes con alguien más. Las parejas NO le dicen a su pareja sobre donde van ciertas
fotografías, cuando no deberían de tener problemas con que la pareja ponga dichas
fotografías alrededor de la casa. Si…
—Gwen, puedo solo…
—Si lo hemos hablado antes, entonces lo hablaremos, pero no me dirán o me
harán sentir culpable por poner una jodida foto de alguien que ya no está con
nosotros. —Y respiro.
—¿Terminaste? —pregunta, sus brazos cruzados y su ceja levantada. Asiento.
Él continua—. Bien, entonces lo siento. Tienes razón. Solo… las cosas han estado
tensas entre nosotros últimamente.
—No me digas —murmuro, pero lo ignora.
—Han pasado muchas cosas, y supongo que tengo miedo de que haga algo
para alejarte.
Descruzo sus brazos y me coloco entre ellos.
—Entonces dime. Estoy escuchando.
—Lo haré —responde asintiendo—. En nuestros dos días libres. Nos
sentaremos y hablaremos de todo. ¿Está bien?
Esto me llena de una alegría impresionante.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo. —Sonríe—. ¿Terminó tu rabieta?
Le pellizco la costilla.
147
—¿La tuya?
—Sí, mi reina.
Creo que manejamos mucho mejor esto que las últimas veces que discutimos.
Ambos estamos haciendo un gran progreso.
—¡Maaa! —grita Dillan—. ¿Qué hace?
—Ya voy —grito y me río—. Se está volviendo bueno con las palabras.
—Desafortunadamente, estará hablando antes de que nos demos cuenta —
bromea Nathan y me sigue de cerca.
—¡Maaa! —grita Dillan una vez más mientras entramos a la habitación. Emily
se despierta moviendo los brazos, no tan feliz de haber sido despertada antes de
tiempo. Nathan va hacia ella mientras yo me encargo de Dillan. Esta será una tarde
difícil para Nathan, aunque no para mí. Me iré a trabajar pronto. Amo mi trabajo,
aunque creo que amo más estar en casa.
Capítulo dieciséis
Estos dos últimos días han pasado tan lentos como podrían ir, pero
finalmente el jueves está aquí. No podría estar más emocionada si lo intentara.
Sasha llega a las diez de la mañana y me apresuro en hacerle salir a ella y a los
niños, lo que la hace reír. En el segundo que se va me sumerjo en mi prometido, las
piernas alrededor de su cintura, los labios por encima de él, y nos estrellamos
contra la cama, solo para despertar dos horas más tarde sintiéndome atontada,
caliente y sofocada bajo su cuerpo.
—¡Estamos atrasados! —grita Nathan de repente, sacudiéndome de mi sueño.
—¿Eh?
—Nos quedamos dormidos. —Separa su cuerpo del mío, permitiéndome girar.
Estoy completamente vestida. ¿No tuvimos un desenfrenado sexo animal?—. Gwen,
muévete.
—Cansada —le digo, parpadeando para alejar el sueño de mis ojos.
—¡Gwen! —Agarra mi muñeca y hala.
—No me obligues. —Giro hacia atrás y entierro mi rostro en la manta. Su
mano conecta con mi culo, pero estoy demasiado cansada para soltar poco más que
un gruñido. Su risa se escucha.
148
Unas manos agarran mis tobillos y me bajan de la cama. Me escurro como
una babosa, mi cuerpo sin huesos.
—Gwen, vamos.
—Solo cinco minutos más.
Suspira pesadamente y se sienta a mi lado.
—Lo prometiste.
Tiene razón, lo hice.
Me vuelvo y le doy mi gran sonrisa soñolienta.
—Estoy levantada. —Entonces levanto mis brazos y le permito levantar mi
cuerpo laxo del piso. Me tambaleo contra él e inhalo profundamente cuando me
sostiene fuerte. No gime ni me apresura, solo me sostiene por el tiempo que
necesite.
—Te amo —murmuro sobre su camisa de vestir antes de alejarme—. Necesito
café.
Me da una palmada en el culo cuando salgo de la habitación. Aquella me
dolió.
—Hazme café.
Y otra vez. Auch.
—Detente. —Sonrío, aumentando la velocidad para evitar sus asaltos.
—Me gusta. —Lo intenta de nuevo, pero falla cuando salto los últimos tres
escalones y patino por la parte inferior de las escaleras.
—Ten cuidado. —Se ríe, todavía persiguiéndome—. Acabo de limpiar los pisos
esta mañana.
Le gusta limpiar a primera hora de la mañana. Es tan extraño. Creo que es
porque le gusta que el hedor de lejía permanezca durante todo el día. Tengo que
admitir, me gusta caminar y oler la esencia fresca de cítricos de los líquidos de
limpieza cuando paso por la puerta.
Me estoy volviendo tan rara como él.
—Deja de correr con los calcetines puestos. —Finalmente me agarra por
detrás y me empuja contra la pared. Los dientes me rozan el cuello y me hacen reír
tan fuerte que me duele el estómago. No me dejará ir. Las lágrimas fluyen de mis
ojos.
—¡Dijiste que llegaríamos tarde! —grito, aturdida y ahora totalmente
despierta.
Con un suspiro, desliza su mano por mi brazo y me hace girar debajo del suyo
antes de atraerme de vuelta a su pecho. Me encanta cuando se pone con este tipo de
estado de ánimo.
—Vamos. —Sus labios tocan la punta de mi nariz.
149
—Exactamente ¿adónde vamos?
—A Essex, a la tienda.
—¿Y luego? ¡Tal vez podríamos ir de compras para las vacaciones! Necesito
bikinis.
Se aclara la garganta y se mueve en el asiento y espero sinceramente que la
razón de esto y del rubor que aparece en sus mejillas sea porque está pensando en
mí con un bikini.
—Y luego a comer. Si tenemos tiempo para comprar, lo haremos.
—¿Has encontrado un lugar?
—Por supuesto. —Sonríe y me ayuda a colocarme la chaqueta—. Vamos,
podemos dormir mañana.
—Mentiroso.
Miro su perfil relajado mientras me guía desde la casa. Ahora parece feliz y
eso me hace feliz sin comparación. Cualquier carga que llevaba antes parece que ya
no le está pesando más.
¿Tal vez esta es la razón por la que él está listo para hablar conmigo sobre
ello?
Porque sea lo que sea, ¿está resuelto así que no tendré que preocuparme igual
que él?
Mientras más pronto saquemos a colación esta conversación, mejor. Sin
embargo, no lo presionaré. Solo voy a disfrutar de los dos días que tengo a solas con
él.
—¿Eliges tú o yo? —pregunto, refiriéndome a la radio.
Su mano va a mi muslo.
—Tú.
—¡Hurra! —Giro el dial y las estaciones cambian yendo y viniendo. ¿Por qué
siempre que es mi turno para elegir la música, no hay buena música? La ley de Sod.
Al final, como si el destino lo planificara, escuchamos lo que él quiere de todos
modos, no es que me importe. Aunque me enfado un poco, solo por el gusto de
hacerlo.
—Entonces, ¿qué vamos a hacer después? —pregunto, emocionada por ver
qué planes tiene para mí—. Dijiste “si tenemos tiempo para comprar”. Dudo que ir
por la comida vaya a tomarnos todo el día.
—Nada se te escapa, ¿verdad? —Niego en respuesta y me muerdo el labio—.
No te lo voy a decir. —El brillo en sus ojos y la sonrisa que asoma en sus labios
muestra su emoción. Sea lo que sea, debe ser bueno. No puedo esperar; mi pecho se
estremece.
—Estoy deseando ver tus diseños para esta tienda. ¿Sigues los mismos temas
que los demás? ¿Con los gabinetes de vidrio en medio de la tienda? Me encanta. 150
—Sí, pero esta vez he buscado un gris sutil con tonos verdes. Está lejos de
estar terminado, pero estoy muy emocionado por este proyecto.
—Puedo notarlo. —Coloco mi mano en su muslo y su mano se posa en la parte
superior. Con mi mano libre levanto el botón de la ventana y suspiro feliz cuando
baja, permitiendo que una brisa fresca se filtre en el auto caliente—. El verano ha
sido una mierda este año.
—Estoy de acuerdo. —Lleva mis dedos a sus labios y los besa justo debajo de
los nudillos—. Esperemos que hoy permanezca cálido.
—Estoy de acuerdo —imito, sonriendo de oreja a oreja—. Vamos a Southend,
¿verdad?
—Sí, la tienda está frente a la playa.
—¡Qué maravilloso! Deberías hacer amuletos de sirena. —Suspiro con
melancolía, pero frunzo el ceño cuando resopla como si mis amuletos de sirena
fueran una tontería—. ¿Qué? Todo el mundo ama a las sirenas.
—Eres tan rara.
Le saco la lengua y alzo el volumen de la radio, solo lo divierto más.
A ambos nos da hambre en el camino y paramos para comprar unas papas de
un local popular de camino a la tienda de Nathan. Parece que ha pasado mucho
tiempo desde la época en que Nathan no me permitía comer en el auto; todavía lo
pone nervioso, pero lo supera.
Gwen: ¿Están portándose bien? ¡Muchas gracias por esto! <3
Sasha no responde lo cual sorprendentemente no me preocupa. Confío en ella
y Tommy. Son tan buenos con los niños y los niños les quieren con locura.
Me pregunto si Nathan ha pensado más en con quién vamos a dejarlos, en el
peor de los casos. Realmente deberíamos obtener un seguro de vida. Tan morbosos
como son mis pensamientos, siento como si no puedo dormir profundamente hasta
que esto está arreglado.
—Ya casi llegamos. —La suave voz de Nathan se escucha por encima del ruido
de las olas del océano salpicando contra la costa. Es un día apacible, pero el mar es
poderoso.
Paso las manos por mi cabello y trato de estirarme lo mejor que puedo en los
confines del auto. Mi cuerpo duele de estar sentada durante tanto tiempo.
—Llegamos —afirma, disminuyendo la velocidad para encontrar un espacio de
estacionamiento—. Hay un lote privado en la parte de atrás, pero tiene un
remolque y un montón de basura. Quiero comprarlo, despejarlo y convertirlo en un
pequeño estacionamiento.
—Buen plan —le digo, aliviada cuando estaciona a solo dos tiendas de la suya.
Es raro que hayamos encontrado este grandioso sitio de estacionamiento tan cerca
de la playa—. Aunque estoy segura que la gente la usaría para ir de compras a otra
parte.
151
—Esa es mi preocupación. —Él levanta su mano cuando pongo la mía en la
manija de la puerta. Su sonrisa es completamente dulce y me hace sentir algo
cálido por dentro—. Por favor, permíteme.
Suelto la manija y espero que él salga del auto y lo rodee, simplemente para
abrir la puerta por mí.
—Eres tan lindo. —Me río mientras tomo su mano y lentamente permito que
mi cuerpo acalambrado salga del vehículo.
Brillando y destellando de regocijo, tira de mi cuerpo hacia el suyo y presiona
sus labios con dureza contra los míos. Es breve, pero es lo suficientemente
poderoso como para encender un fuego dentro de mi cuerpo que solo puede ser
apagado por su cuerpo en el mío.
—Vamos. —Sus dedos revestidos de cuero se entrelazan con los míos y me
halan hacia su tienda. Noto inmediatamente lo que no noté antes.
—¿Nuevas ventanas?
—Sí, seguridad extra. —Golpea los dedos contra el cristal.
—El exterior es agradable. Me encantan los ventanales. Servirán para una
gran exhibición. —Inhalo bruscamente cuando otro pensamiento me viene a la
mente—. ¿Puedes imaginar todo iluminado en Navidad? ¡Parecerá algo sacado de
una película!
Mi emoción lo está haciendo feliz, lo sé.
Entramos en la tienda por la puerta ligeramente abierta y de inmediato oigo
una sierra mientras el olor de madera quemada llena mis pulmones. Me pongo
tensa. La sensación de ardor en mi garganta mientras mis pulmones se contraen
para protegerse de la intrusión que trae recuerdos dolorosos. También Nathan
parece afectado mientras suspira con alivio cuando el ruido se detiene y nos saluda
un hombre grande con overol, botas, gafas de seguridad sobre los ojos y una
mascarilla blanca en el rostro.
—Lo siento, jefe. —Nos mira disculpándose—. Subestimé totalmente la
velocidad del tiempo.
—No hay problema.
Asumo que Nathan le advirtió que no hiciera ningún corte mientras
viniéramos de visita. Por eso estoy aliviada.
—¿Cómo va todo? —pregunto antes de que Nathan lo haga.
—Genial, en realidad. Los chicos han salido a su descanso; estoy vigilando y
manteniéndome ocupado —dice el hombre alto y fornido y veo sus ojos arrugarse
con una sonrisa escondida por la máscara—. Soy Carl, por cierto. Te estrecharía la
mano, pero... —Me muestra su mano ennegrecida y polvorienta y se encoge de
hombros.
—No hay problema. —Me siento aliviada al evitar el estrecharle la mano. Miro
por el espacio abierto; es estrecho, pero es largo y puedo ver donde están
construyendo las exhibiciones.
152
—El piso parece que va a quedar bien —comenta Nathan, pateando parte de la
cubierta de polvo para ver el piso de madera debajo.
—Los muchachos lo tendrán todo pulido. Cuando hayamos terminado,
brillará como una moneda nueva.
Nathan asiente, sus labios sonríen inconscientemente. Me encanta verlo en su
elemento. Sé que está imaginando todas sus joyas en vitrinas por todo el cuarto.
Ver sus visiones cobrar vida en sus otras tiendas realmente hace brillar una luz en
su mente. Tiene tan buen ojo. Ya lo sabía por sus joyas, pero su creatividad no solo
me asombra a mí, sino a las muchas personas que le han ofrecido asociarse.
Esto me recuerda a la asociación que me ofreció Kerim. Realmente necesito
hablar con Nathan sobre eso. Parece que hay tantas cosas sucediendo en nuestras
vidas por separado en este momento. Me he centrado tanto en el futuro de Nathan,
que todavía no he procesado mis propias posibilidades.
¿Qué quiero hacer? Siempre quise tener mi propio restaurante. ¿Podría
considerar la posibilidad de unirme a Kerim? ¿Realmente tengo el talento que él
afirma que poseo? ¿O él está buscando algo más? ¿Nathan está en lo cierto?
—¿Qué piensas? —pregunta Nathan de repente, atrapándome con la guardia
baja.
Asiento, sin saber qué decir, porque me dejé llevar mientras hablaba.
Él sonríe a sabiendas y pasa su brazo por mi cuello. Después de tocarme la
sien con sus labios susurra:
—Vamos, echemos un vistazo a la parte de atrás y luego nos vamos.
—¿La parte de atrás?
—Área de personal e intercambio de productos.
—Genial.
Le hago un pequeño gesto con la mano al carpintero mientras Nathan me
hace pasar por un pequeño agujero abierto en la pared que supongo que se
convertirá en una puerta.
—¿Espacio para la habitación de pánico?
Él asiente cuando ve la esquina a la que señalo.
—Igual que en los demás.
—Bien. —Me encanta que sea lo suficientemente cauteloso como para pensar
en esas cosas. Sin embargo, espero que las habitaciones de pánico nunca se
utilicen.
—Voy a revisar el área del personal y nos vamos —comenta en voz baja y me
hace pasar por una puerta real esta vez, por lo que parece ser un mostrado medio
construido—. ¿La plomería todavía no está terminada?
—¡Todavía no, casi! —grita el carpintero—. Tuvimos que reemplazar la
mayoría de las tuberías para llegar a donde necesitábamos.
Nathan permanece en silencio mientras inspecciona la zona. Luego, 153
finalmente pregunta:
—Entonces... ¿qué te parece?
—¡Creo que me gusta más que el lugar de Londres! —Sonrío con alegría y me
lanzo hacia él para que sienta todo el poder de mi emoción en mi abrazo—. Estoy
muy orgullosa de ti, Nathan.
La mirada cariñosa que me da mientras se aferra a mis caderas, manteniendo
mi cuerpo al ras del suyo, me hace temblar con calor.
—Este es el comienzo de un futuro tan brillante, ¿no crees?
—Sí. Y con Italia a la vuelta de la esquina, ¿qué más puedo pedir?
—Exactamente.
—Estoy en el séptimo cielo.
—Yo también. —Sus pulgares se deslizan bajo el borde de mi top y hacen
cosquillas en la piel desnuda de mis caderas—. Andando. Vámonos.
—¿Dónde?
Su sonrisa misteriosa solo me cautiva más.
—Realmente espero que lo que hagamos hoy, involucre café.
—¿Podríamos escudriñar los cafés locales antes de irnos?
—Vamos.
Hacemos un gesto de despedida con la mano al carpintero y nos dirigimos a la
concurrida calle. Esa es la única cosa que odio acerca de vivir en la ciudad; siempre
está demasiado ajetreada. Si los lugareños no están llenando las calles, son los
turistas y los caminos no son lo suficientemente anchos para pasear con
comodidad.
La peor parte de pasar a empujones por las multitudes es el hedor de
cigarrillo. En lugar de hacerse a un lado para fumar y luego continuar su paseo, la
gente cree que está bien fumar mientras caminan. Es asqueroso e injusto. Solo
porque quieren fumar no significa que yo quiera hacerlo. Ha pasado que muchas de
mis ropas han quedado marcadas porque la gente no puede mantener sus
cigarrillos para ellos solos. Nathan siente lo mismo; ha expresado esto muchas
veces y siempre es evidente en su rostro.
Afortunadamente, no tenemos que alejarnos demasiado antes de
encontrarnos con un bonito pequeño café estilo italiano con trenzas de ajo
colgando en las ventanas. Solo por ese detalle entré y pedí bebidas y un panecillo
para llevar. Los dedos cruzados para que sea bueno.
Cuando ambos estamos de acuerdo en que es excepcional, hago una nota para
venir a esta tienda más a menudo, solamente para el café a solo unos pocos
edificios abajo por la calle.
—Muy bien, así que tenemos nuestro café. —Sonríe, golpeando su taza contra
la mía sobre la consola del auto. Tomando un sorbo, coloca la taza de papel en el 154
portavaso junto al mío y abrocha su cinturón de seguridad—. Nos tenemos el uno al
otro. —Cuando golpea su frente a la mía de la misma manera que golpeó su taza a
la mía, estallo en un ataque de risas. Nathan Juguetón es el mejor tipo de Nathan—.
Tenemos nuestros instrumentos.
—¿Nuestros qué? —pregunto, todavía riendo, pero luego comienza a jugar con
el botón de sus jeans. Imágenes de él tratando de tocar dicho instrumento contra el
mío me obligan a golpear su mano, riendo aún más duro. Volviéndose hacia mí y
sonriendo, finalmente pone sus manos en el volante y pregunta—: ¿Lista?
—Sí.
—Tienes la sonrisa más hermosa.
—¿Podemos irnos ya? —Me río, ansiosa por llegar a mi sorpresa.
—Está bien, pero vas a pagar —bromea y de alguna manera maniobra el auto
en la carretera transitada.
Suspiro dramáticamente.
—Creo que quizás dejé mi bolso en casa.
—Lista. —Su mano va a mi muslo y aprieta—. Solo tendrás que pagarme de
otras maneras.
—¿Ahora? ¿Mientras conduces? —Me acerco y empiezo a tirar de la
cremallera de sus jeans—. Bueno, de acuerdo.
—¡Gwen! —Su tono es de pánico, pero feliz mientras sujeta mi mano en la
suya para detener mi ataque—. Compórtate.
—Aburrido. —Mi muslo pica cuando lo golpea. Trato de no reaccionar,
sabiendo cuánto le gusta cuando grito—. Altanero.
—Lenguaje.
—Lenguaje —imito en un tono quejumbroso y molesto.
—No empieces de nuevo.
—No empieces de nuevo.
—Lo digo en serio.
—Lo di... —Su mano cubre mi boca, que solo me hace reír más fuerte. Le
lamería la palma para sacarlo de encima, pero está usando sus guantes de cuero así
que me conformaré con morderlo con mis dientes en su lugar.
—Eres como una niña. —Sonríe, finalmente liberando mi boca.
—Pero me amas.
—Lo hago. Sin ti mi vida estaría, sin duda, faltándole mucho.
Me derrito sobre la consola y acaricio con mi nariz su hombro y cuello.
—Eres el mejor.
Una solemne ola parece manar de él en el espacio entre nosotros y sus ojos 155
proyectan un brillo triste en el camino por delante. Lo que dije claramente lo
molestó y mi corazón palpita dolorosamente con la necesidad de saber qué.
Por ahora, seguiré viviendo en un estado de ignorancia dichosa porque sé que
sea lo que sea, me hablará de ello más tarde, como me prometió. Por favor, sea lo
que sea, no dejes que sea tan malo para no poder lidiar con ello. Sea cual sea los
poderes que hay en el universo, denme la fuerza para manejar esto junto a mi
futuro esposo. No me dejes fallar.
El viaje es bastante largo y estoy totalmente insegura de donde estamos. No
estaba siguiendo las señales del camino; estaba demasiado ocupada molestando al
amor de mi vida pinchándolo repetidamente mientras preguntaba: “¿Ya vamos a
llegar?”.
También estaba enviando mensajes de texto a Sasha sobre los niños. Ella no
responde y parte de mí se pregunta si la han matado. No me sorprendería; mis
hijos son malvados.
Los extraño.
—Ya casi. —Sonríe, rompiendo la breve pausa de silencio entre nosotros.
—¿Qué tan cerca es casi? —pregunto, presionando mi cara contra el vidrio de
la ventana de la puerta. El clima es precioso, el sol brilla sobre vastas cantidades de
campo. ¿Vamos a un picnic? ¿O un paseo? ¡Esto es tan frustrantemente
emocionante!
Nathan apaga el aire acondicionado y baja las ventanas con un toque de un
botón. El olor de los campos frescos floreciendo asalta mi nariz de la mejor manera.
Independientemente del hecho de que esté estornudando, sigo disfrutando cada
segundo.
—Esa brisa es la mejor. —Suspiro melancólicamente y me relajo en mi
asiento—. ¿Verdad?
—Definitivamente. —Sonríe Nathan, pareciendo tan relajado como me siento.
Finalmente desaceleramos en el largo camino y veo una gran casa blanca en la
distancia. Los caballos medio galopan y juegan alrededor de un campo a través de
él.
Son hermosos. Hay un caballo en particular con una gran mancha blanca en la
parte trasera que me llama más que todos.
Nathan se detiene en la amplia entrada de la aún más grande casa de campo,
consciente de los dos autos ya estacionados.
Mi corazón empieza a acelerarse, mis palmas hormiguean de emoción.
—¿Qué está pasando? —pregunto cuando la puerta principal de la casa se abre
y un hombre mayor sale, sonriendo de oreja a oreja.
Nathan, todavía sonriendo, abre su puerta y sale para saludar al hombre. No
espero que me ayude a salir del vehículo; estoy demasiado emocionada para saber
qué rayos está pasando. 156
—Señor Weston. —El hombre toma la mano enguantada de mi novio por un
breve momento antes de volverse hacia mí. Puedo decir que es una persona
trabajadora simplemente por la aspereza de la piel de su mano que envuelve la
mía—. Pronto será la señora Weston, ¿estoy en lo correcto?
—Bueno, si estuvieras equivocado, habrías hecho que mi amante se sintiera
muy incómoda —dice inexpresivo Nathan. Pongo los ojos en blanco y golpeo su
brazo antes de decirle al hombre:
—Solo Gwen está bien.
—Soy George; esta es mi granja y esos son mis caballos...
Quiero gritarle para que llegue al punto, pero eso sería grosero.
—El ayudante del establo está listo para los dos. —Él nos lleva alrededor de la
casa a una gran zona oculta por altos árboles.
¿Ayudante del establo? Ahora estoy aún más emocionada.
—Elegimos por ustedes; espero que no les moleste.
—Tú conoces sus temperamentos mejor que nadie, estoy seguro —dice Nathan
mientras me rodea con su brazo y me ayuda a caminar por el sendero empedrado.
El sendero es estrecho, rodeado de hermosas flores en macetas y setos
ocultando lo que se encuentra más allá de la vista. Ahora, sin embargo, creo que lo
sé, pero no quiero decirlo en voz alta hasta que esté segura.
Finalmente, los grandes establos de estilo granero vienen a la vista y no puedo
dejar de silbar un emocionado:
—¡SÍ!
Nathan me guiña y George finalmente nos permite entrar en el lugar donde
dos empleados bien vestidos nos visten en el traje de montar a caballo adecuado.
Nunca he visto a Nathan en pantalones de montar antes. Necesito verlo en ellos de
nuevo. Me pregunto si nos dejarán conservarlos. Sus piernas se ven tan poderosas,
tonificadas y lisas. Nunca he estado tan excitada por la vista de tales piernas de
hombre tan bien formadas antes. Soy oficialmente rara pero no me arrepiento.
—Estas son tuyas también. —Estamos pasando los cascos y Nathan ayuda a
apretar la hebilla de la mía debajo de mi barbilla antes de permitirme ayudarlo a
abrocharse la suya. Rasco su corta barba, lo beso y doy un grito excitado cuando
nos informan que estamos listos para conocer a nuestros caballos.
—No puedo creer que hayas hecho esto —susurro, sintiendo todo tipo de
emociones—. Esto es…
—Guárdalo para más tarde. —Nathan lleva mi mano enguantada a sus labios,
sus ojos sosteniendo los míos—. Vamos a conocer a nuestros caballos.
El olor de los establos es exactamente como lo imaginaba. Me recuerda a las
ratas. Todo en la naturaleza me recuerda a las ratas, pero mi felicidad en la
situación sobrepasa mi miedo de las mini demoníacas criaturas con dientes de 157
conejo con colas como un gusano moribundo y...
—Te ves pálida —susurra Nathan.
Sacudo la cabeza para librarme de los pensamientos. No se necesita mucho
para distraerme, ya que estoy demasiado ocupada gritando interiormente a la vista
de un hermoso caballo marrón oscuro que viene hacia mí. Es mucho más grande de
lo que imaginaba.
—Este magnífico chico es Retro. —George palmea su hermosa y larga nariz
marrón y tira de la silla de montar—. Será su chofer para su viaje.
Nathan camina conmigo alrededor del costado de él. Mis nervios se disparan.
Nunca he montado un caballo antes, aunque siempre he querido.
Él toma mi mano mientras que los otros me guían verbalmente encima de un
conjunto de escalones de madera. Se me instruye poner un pie en el estribo y
balancear el otro sobre la espalda ancha del caballo. Esto es extremadamente
estresante.
—Me voy a caer. —Me río y Nathan usa esto como permiso para poner una
mano firme en mi trasero—. Detente.
—Solo estoy ayudando —bromea y cuento hacia atrás en voz alta antes de
saltar sobre el caballo. No soy muy elegante, pero después de deslizarme sobre la
silla de montar un poco, finalmente consigo cruzar mi pierna y suelto un suspiro de
alivio.
—¿Estás bien? —pregunta Nathan, agarrando mi muslo mientras el caballo da
un paso de lado.
—Oh Dios mío. —Siento el poder de la bestia debajo de mí y mi miedo inunda
una gran cantidad de adrenalina a través de mi sistema. Nunca me he sentido tan
grande, alta y poderosa—. Esto es increíble.
—¿Está bien si te dejo para poder acomodarme? —pregunta Nathan, frotando
mi muslo con su pulgar.
Asiento, sonriéndole, y observo como él es guiado a su propio caballo aún más
grande que el mío. Es negro puro con la más hermosa melena trenzada.
Nathan se desliza sobre su caballo sin guía y con tanta facilidad. Me lanza una
sonrisa petulante y le saco el dedo y le muestro mi lengua.
—¿Cómo se llama tu caballo?
—Moon Vessel. —Se ríe entre dientes y sigo su ejemplo. Qué extraño. Me
encanta, sin embargo. Le queda bien.
—Ciertamente planeaste esto en el día perfecto —comenta George mientras
saca su propio caballo—. A Zephyr y a mí nos encanta caminar bajo el sol.
—Me alegro —declaro porque no estoy segura de qué más decir.
—Voy a ir al frente, pero no voy a molestarlos como prometí. Soy un
salvaguardia porque eres nuevo en los caballos y tú —asiente hacia mí—, eres nueva
158
para montar a caballo.
Sonrío tímidamente y arrugo mi nariz hacia Nathan.
—¿Tienen claras todas las instrucciones que les dieron?
Ambos confirmamos que sí. Puedo decir por la rapidez del tono de Nathan
que él está tan ansioso por empezar como yo.
—Vamos.
Es el momento de la verdad.
Con pequeños empujoncitos del talón de mi bota, Retro da sus primeros
pasos. Mi cuerpo se balancea con él. Es sorprendentemente cómodo en este
momento, pero no tengo ninguna duda de que cambiará con el tiempo.
—Detente justo afuera de las puertas y yo iré adelante —grita George mientras
Nathan impulsa a Moon Vessel a mi lado.
—¿Adónde vamos? —pregunto, mirando fijamente a mi caballo con los ojos
muy abiertos. Él está sosteniendo un ritmo constante y controlado; ¿sabe que soy
nueva? Alguien me dijo una vez que los caballos pueden leer a la gente mejor que la
gente. Si eso es verdad o no, no lo sé, pero espero que no esté asustado por mi
miedo. Estoy haciendo todo lo posible para estar tranquila.
—¿Ves ese sendero justo al otro lado de la calle?
Asiento en respuesta y protejo mis ojos con una mano para que pueda tener
una mejor visión de dónde estoy mirando. El sol está tan alto en el cielo por lo
visto. Su calor es hermoso. Me siento como si estuviera en un país extranjero.
—Voy a llevarlos hasta una abertura en la cerca. La ruta son solo caminos de
barro. Solo sígueme y mantente fuera de los campos y estarás bien.
Campos. Me estremezco.
Me pregunto si Nathan también pensó mucho en eso. ¿Se aseguró de que no
tendría que cruzar a través de cualquier tipo de hierba que fuera más alta que mi
tobillo?
—Esto es una locura —susurro cuando Nathan se retrasa un poco para caer en
el paso junto a mí.
—Lo es —acepta, sonriendo ampliamente.
Verlo sentado en su caballo, su postura relajada, su mano sosteniendo la silla
entre sus piernas mientras la otra sostiene perezosamente las riendas, siento como
si quisiera subir a su regazo, envolver mis piernas alrededor de sus caderas y
pedirle que galope. Los caballos no son las únicas cosas que van a ser montadas
hoy.
El sol toca su rostro, iluminando sus hermosas facciones, brillando en su
sonrisa fácil y haciéndolo brillar con un aura calmante que espero absorber. Es
impresionante. Cada parte de él.
—Estás mirando —me dice, pero en lugar de estar irritado como hubiera
estado una vez, solo parece divertido. 159
—Lo siento —murmuro y miro hacia delante. George ha mantenido su palabra
mientras mantiene su distancia. Él solo mira hacia atrás cada cierto tiempo para
asegurarse de que no estamos causando problemas—. Ojalá tuviera el tiempo,
paciencia y dinero para adoptar seres tan hermosos.
—Estoy de acuerdo. —Nathan se inclina hacia adelante y palmea el cuello
fuerte de su robusta belleza—. Desgraciadamente, creo que me limitaré a alquilar
uno de vez en cuando.
—Amén. —Me río.
—Te he echado de menos.
—¿Eh?
Sus ojos tienen esa misma tristeza que tenían antes y retuerce mi corazón.
—Todos los días que he estado fuera han sido tortura.
—Para mí también.
—Está mal que me sienta aliviado de oírte decir eso. —Niega, sonriendo, y
luego se estira, liberando ambas manos de las riendas y la silla. Está loco. Ni
siquiera me atrevo a rascarme la nariz con mi meñique—. Realmente desearía
haber insistido en usar mi propio atuendo. Esta camisa pica.
—Aunque te ves tan sexy.
Para probar más fehacientemente mi declaración, menea sus cejas hacia mí y
me da apenas un vistazo de sus dientes mientras sonríe con seducción.
Hemos llegado tan lejos él y yo. A veces pienso en esos primeros meses juntos
y lo perdido y hostil que era conmigo. Debajo de todo, era una persona tan
maravillosa que solo quería conectar con alguien. Tengo la suerte de ser ese
alguien.
—¿Qué pasa? —Su sonrisa se desvanece a preocupación. Puede leerme como
un libro.
—Solo estoy feliz.
Cuando regresa su sonrisa, también lo hace la mía, pero pronto se desvanece
cuando extiende una mano hacia mí por consuelo.
Niego.
—¿Estás loco? Moriré.
Se ríe y trotamos al horizonte. Literalmente.

160
Capítulo diecisiete
Estaba en lo correcto más temprano sobre el dolor después de algunas horas.
Mis muslos me están matando, pero no me arrepiento ni un segundo por ello.
Nathan realmente ha hecho este día tan especial. Inmediatamente después de
que terminamos de montar, usamos una habitación de invitados en la casa para
ducharnos juntos. Eso estuvo bien. Estaba sudando mucho, eso realmente arruina
la imagen romántica. Fue especialmente difícil mantener nuestras manos quietas,
pero tenía que hacerse o nosotros hubiéramos llegado tarde para nuestras reservas
de la cena en un pequeño restaurante muy exclusivo prácticamente en el medio de
la nada.
Todo lo que sirven es comida casera de la abuela como Nathan se refiere a
esta. Guisos, estofados, bollos rellenos, puré de patatas y salchichas, etc.
Personalmente, me encanta el puré y salsa así que elegí eso mientras Nathan eligió
un cordero estofado. Luego para el postre recibimos pastel casero y natilla. Fue
encantador. Casi lloro al pensar que tenemos que irnos a casa, de vuelta a la
realidad donde cierta conversación nos espera.
Puedo decir que Nathan también lo está temiendo. Cuanto más nos
acercamos, más callado se vuelve hasta que, finalmente, está tan tenso como una
vara con una personalidad a la altura.
Su respiración se acelera y me preocupa que esto pueda ser el comienzo de un 161
ataque de pánico.
—Voy a poner a hervir agua —digo suavemente, con la esperanza de darle un
minuto para recomponerse. Odio que lo que esté soportando pese tanto sobre él.
Necesita dejar que todo salga. También necesita café porque una vez que vea lo
ridículo que está siendo, espero que estará listo para el paseo que me prometí más
temprano.
—Mi madre me contactó —dice. Claramente la presión acaba de estallar
porque nunca lo he escuchado hablar tan rápido antes. Es seguido por una fuerte
exhalación.
Afortunadamente, mi espalda está hacia él mientras estoy llenando el
hervidor así que reúno lo poco que queda de mi compostura y me giro a la base del
hervidor.
—Oh.
—Después de que mi papá fue absuelto de los cargos.
—Está bien... ¿y? —Coloco el hervidor sobre la base y acciono el interruptor.
El lado se ilumina de azul y me concentro en eso para no explotar junto con el
interruptor de presión de Nathan.
—Y... mmm... —Rasca su barba creciente. Está escondiendo algo—. Nada en
realidad. Solo quería saber cómo te sientes sobre eso, supongo.
—Sabes que odio a tu familia... a todos ellos. —Y no tengo una sola disculpa
por ello—. ¿Qué dijo ella?
—Solo que quería estar en la vida de los niños y que dejó a mi papá.
¿Por eso ha venido a mi restaurante? ¿Para ponerse en contacto?
—¿Qué le dijiste? —Su silencio me aterra—. Nathan... ¿qué le dijiste?
—Hablamos un poco, pero nada. —Acercándose a mí, me acaricia la mejilla
con la mano—. Puedo ver que estás molesta.
—No puedo soportarla.
Asiente, no completamente de acuerdo, sino entendiendo.
—¿Hice la elección correcta, entonces?
—No, deberías haber maldecido su trasero de regreso al infierno. —Sonrío
suavemente y me derrito en él. Me abraza—. ¿Es esto lo que realmente te
preocupaba?
—Sí —contesta rápidamente, demasiado rápido, así que me inclino hacia atrás
y entrecierro mis ojos para empujarlo por más—. Lo prometo. Simplemente no
quería preocuparte después de toda esa conversación de ellos ganando la custodia.
Mi mano vuela a mi boca.
—¡Oh Dios mío! Realmente necesitamos ordenar eso.
162
—Estoy de acuerdo. —Me atrae de nuevo hacia él y besa la punta de mi nariz—
. Esta semana. Si te hace sentir mejor.
—Lo hará. —Luego le doy una palmada en el brazo—. No me asustes así.
Nunca creas que no puedes venir a mí. No te juzgaré. Entiendo, ella es tu mamá, a
fin de cuentas. Probablemente fue una situación muy difícil.
Su suspiro es pesado y largo. Coloco mi cabeza bajo su barbilla y le beso la
garganta.
—Te quiero, Gwen. Más que nadie y cualquier cosa.
—No incluye a los bebés.
—Bueno, eso es evidente.
Me encanta escucharle decir eso.
—Desearía haber crecido con un papá como tú.
—Yo también. Nuestros niños no sabrán ni una pizca de lo que nosotros
sabíamos de pequeños.
—Exactamente. —Me aclaro la garganta y le doy su café. Va a necesitar toda la
energía que pueda conseguir para lo que he planeado—. ¿Estás seguro de que es
eso? ¿Eso es lo que te ha estado carcomiendo?
—Fue simplemente confuso. Mi madre fue abusada por tanto tiempo, como
sabes. Una parte de mí no puede dejar de sentir una pequeña cantidad de simpatía
por ella.
—Lo entiendo, simplemente no te dejes engañar. —Presiono mis labios contra
los suyos—. Ella es veneno; ambos lo son. —Sus ojos se suavizan, pero todavía
parecen preocupados. Tal vez es el momento que necesita ahora, para aceptar todo
esto. Tener a su mamá volviendo como una persona aparentemente diferente tiene
que ser un poco desorientador—. En realidad, tengo mis propias noticias.
—¿Ah? —Él sonríe y me levanta sobre la barra de desayuno tan fácilmente que
siento como si no pesara una onza—. Dímelo.
Separo mis muslos así él puede estar entre ellos y engancho mis brazos
alrededor de su cuello.
—Kerim... —Al segundo que digo ese nombre, la máscara de felicidad de
Nathan se convierte en una mirada de odio. No me detengo, necesito sacar esto—.
Me ha ofrecido una especie de asociación.
—¿Qué? —Su voz profunda no refleja mi propia voz de alegría. Las manos
fuertes que acariciaban mis muslos ahora se aprietan como si tuvieran miedo de
dejarme ir.
—Dijo que soy muy buena y que no me quiere como su competencia, él me
quiere como su socia un día así que me está dando un lugar permanente en su
cocina.
—Apuesto a que sí —murmura mientras pone sus ojos en blanco.
163
Golpeando su brazo, le corto con una mirada que le dice que se comporte.
—Nathan, esto es brillante. Él es el chef. Es mi ídolo. ¡Sabes que lo respeto! El
hecho de que me haya dicho esto...
—¿No tiene absolutamente nada que querer aquí? —Empuja sus caderas
contra mi ingle, sorprendiéndome por completo.
Empujándolo, espeto:
—Sí, porque se trata de mi coño y ¿no tiene absolutamente nada que ver con
lo duro que trabajo o lo buena que soy? —Me dejo caer al suelo y trato de pasar por
delante de él, pero su firme mano en mi bíceps me detiene.
—Sé que trabajas duro y tal vez sus intenciones no son completamente
impuras. Él sería un tonto por no querer eso, simplemente no... —Me suelta y se
pasa las manos por el cabello—. Simplemente no confío en él.
—Es tu amigo.
—Apenas. Estamos en contacto, eso es todo.
—Voy a prometerle mi lealtad a cambio de una futura sociedad. Lo
pondremos por escrito.
Sus ojos se amplían.
—¿Así, sin más?
—Sería una tonta al no hacerlo. Voy a tener una mejor oportunidad de
convertirme en una chef reconocida a su lado que tratar de hacerlo por mi cuenta.
—¿A su lado?
—Sí, profesionalmente. Es muy bueno en lo que hace.
Su voz se profundiza peligrosamente.
—Dime que no sientes algo por él.
Mi mandíbula golpea el suelo.
—¿Porque quiero mejorar mi carrera significa que siento algo por él? Lo que
sea que eso signifique.
—Todo es un tanto demasiado pronto. ¿Apenas has trabajado allí y de repente
te quiere permanentemente?
—Tal vez soy así de buena. —Su rostro lo dice todo por la forma en que levanta
una ceja y lágrimas brotan de mis ojos—. ¿No crees que soy así de buena?
—Gwen... —Cada parte de él se suaviza cuando se acerca, pero es demasiado
tarde. Me alejo y él habla con brusquedad—: ¡No seas ingenua! No estoy diciendo
que no eres lo suficientemente buena...
—Eso es exactamente lo que estás diciendo. —Las lágrimas caen libremente
por mis mejillas.
—Por favor —insiste, dando un paso hacia mí y coloca sus manos sobre mis
hombros—. Eso no es lo que estoy diciendo en absoluto. No confío en él.
—No, tú no tienes fe en mí como tu esposa o como chef —gruño y me libero de 164
su agarre.
—Gwen —me llama mientras avanzo por el pasillo, agarrando mi bolso y mis
llaves mientras me voy—. ¿A dónde vas?
—Lejos de ti.
—No seas ridícula. —Su mano en la puerta me impide salir—. Por favor,
vamos a calmarnos. Todo esto ha sido desproporcionado.
—Dile eso a mi corazón roto. —Mi pecho se desinfla mientras exhalo una
respiración temblorosa.
—Gwen —susurra, sonando tan roto como me siento—. Lo siento. Eso no es lo
que quise decir.
—Entonces ¿qué querías decir? —No lo miro. Miro las líneas en la madera de
la puerta, temblando casi violentamente.
—Solo quería decir que es posible que quiera más y no lo veas. Tal vez él te
está pidiendo que te quedes, no solo porque eres buena, sino porque te quiere.
—¿No es lo mismo?
—No, es solo que... soy un hombre.
—Bravo.
—Sé que te quiere porque no hay un solo hombre en el mundo que se
acercaría tanto a ti como él y no te querría.
Me río con dureza.
—¿Y qué hay de los demás que trabajan allí? ¿Todos me quieren también?
—No lo sé, pero no me siento amenazado por ellos porque no son el
equivalente masculino de ti. Kerim podría ofrecerte mucho más de lo que yo puedo.
Mi cuerpo se queda inmóvil. ¿Así que esto es a lo que se reduce todo?
—Te sientes inseguro.
—¿No puedo?
—Por supuesto, pero no a expensas de mi salud mental o la tuya —espeto,
finalmente volteándome para mirarlo. Presiona sus labios sobre mi frente y limpia
mis lágrimas con el dorso de su mano—. Deja de hablar de Kerim y que le gusto.
¡No es cierto y además tienes que confiar en mí y saber que nunca te haría daño de
esa manera! Lo juro. Nunca tocaría a Kerim.
—No puedes evitar de quién te enamoras, Gwen —dice, su tono casi burlón—.
Si pudieras, ¿crees honestamente que estarías follando al hermano de tu prometido
muerto? ¿No prometiste a Caleb que te alejarías de mí? Sin embargo, aquí estamos.
¿Cuánto valen realmente tus promesas?
Oh Dios mío.
—No acabas de decir eso —susurro, sintiéndome devastada. Absolutamente
devastada—. ¿Qué diablos te pasa?
165
—Lo siento, fui demasiado lejos.
—Oh, no, fuiste a la distancia perfecta. —Me río fríamente y arranco su mano
de la puerta—. Me voy.
—No, por favor —ruega, siguiéndome hacia el frío de afuera—. Vuelve
adentro.
—No me toques —grito, liberándome de su agarre cuando su mano rodea mi
muñeca.
—Por favor —suplica, sonando desesperado y aterrorizado—. Lo siento, no
pude evitarlo. No quise decir eso.
—No puedo soportarlo más —digo en voz baja, sintiendo dolor en mi corazón
con cada latido punzante.
Abriendo la puerta de mi auto, Nathan agarra la parte superior de la misma
para impedir que la cierre después de subirme.
—Lo siento.
—¿De verdad?
—No te vayas. Vuelve adentro. Déjame compensarte.
Resoplo.
—Gwen, te lo suplico. —Su voz suena como un triste eco. Suena tan cerca del
borde de las lágrimas como yo—. Vuelve adentro. Por favor. Por favor.
—No —digo, mis ojos concentrados al frente—. Estás fuera de lugar y
literalmente no soporto estar cerca de ti ahora mismo.
—Entonces me quedaré fuera de tu camino. Simplemente no te vayas...
Trato de cerrar la puerta.
—Por favor. —Intenta agarrar mi brazo, pero la mirada que le disparo
instantáneamente detiene su movimiento en el aire—. ¿A dónde vas a ir?
—Oh, no lo sé. Tal vez corra hacia Kerim, igual como corrí hacia ti —espeto y
finalmente consigo cerrar la puerta. Saliendo en reversa, trato de ignorar el aspecto
de devastación en su rostro, pero es imposible. Se grabará para siempre en mis
retinas.
Pero no puedo simplemente dejar ir el hecho de que tiene tales cosas
circunstanciales contra mí. ¿Lo lamenta? ¿Desea nunca haber hecho un
movimiento con la chica de su hermano? ¿De eso se trata todo esto ahora? Siempre
decía que yo era la primera. ¿Lo decía en serio?
Nada de eso puede pintarse en blanco y negro. Lo que sucedió no puede
resumirse en un solo párrafo. ¿Cómo se atreve a juzgarme? Él también estaba
metido en esto. ¿Se culpa tanto como parece que me culpa? ¿O son sus
inseguridades alimentando una ridícula idea que ni siquiera cruzaría su mente de
otra manera? No es que eso lo mejore, si ese es el caso.
Solo desearía que saliera de él o al menos tratara de controlarla. No puedo 166
jugar a la víctima completamente. He hablado de Kerim demasiado afectuosamente
últimamente y sé que no ayuda, pero es puramente inocente. No hay nada entre
nosotros. Es solo... mi ídolo o algo así. Siento mucho respeto por él. ¿Por qué
Nathan tiene que empañar eso? ¿Por qué tiene que convertirlo en algo sucio e
incorrecto?
Nathan: Por favor, vuelve a casa. Por favor. Te prometo que no
voy a discutir más. Solo te quiero aquí.
Leo ese mensaje en un semáforo y en la distancia hay una rotonda. Podría dar
la vuelta y continuar esto, o podría hacer lo que él hizo y permanecer lejos durante
toda la noche. No estoy segura de lo que sería mejor en el largo plazo.
Necesito helado.
Estoy desperdiciando una noche libre de niños con toda esta depresión.
Suspirando fuertemente hago un giro en U en la rotonda y manejo de vuelta a casa.
Nathan, que parece estar esperándome, sale corriendo de la casa y me atrae
en sus brazos.
—Lo siento.
—Detente. —Su confusión sobre mi palabra me hace sonreír—. Vas a venir
conmigo por la noche.
—¿A dónde vamos?
—Por helado.
—Eso suena excelente. —Sonríe, besando mis labios húmedos—. Tal vez
podamos traer un poco a casa con nosotros.
—Eres tan sucio de mente. —Me río, llevándolo a mi auto—. Voy a conducir.
—En realidad no —me dice, atrayéndome hacia él—. Vas a sentarte en el
asiento del pasajero y a relajarte.
—Bien, pero si te desvías no voy a chupar helado de tu polla más tarde.
Se ahoga un poco, abre la puerta del auto y se acomoda.
—No provoques.
—Date prisa o no vamos a conseguir mi favorito —digo mientras rodea el
frente del auto y se agacha entrando en el asiento del conductor. Estoy aliviada de
que el auto todavía esté fresco de nuestro viaje anterior como tan húmedo y cálido
en el exterior. Ese es el problema con el clima inglés; cuando hace calor, es pesado
y húmedo.
—Gracias por volver.
—Hay un propósito detrás de mi cambio de humor —le aseguro, fijando mi
decidida mirada en el camino—. Gira a la izquierda…
Cinco minutos más tarde nos sentamos en el estacionamiento del personal de
mi lugar de trabajo. Puedo decir que Nathan no está contento por traerlo aquí, pero
no me importa. 167
—Dijiste helado —murmura, con la frente fruncida de disgusto.
—No estaba mintiendo sobre el helado.
—¿Por qué estamos aquí?
—Quiero que veas mi trabajo y conozcas a mis compañeros de trabajo.
—¿En serio?
—Hicimos esto por ti —digo con brusquedad, irritada por su actitud—. Es tu
turno.
—Tienes razón, lo siento —murmura—. Solo... no le digas nada a Kerim.
—Obvio. —Tomo su mano—. Vamos.
—¿No estarán demasiado ocupados?
—Siempre —le contesto, sonriendo mientras nos acercamos al edificio. Los
hermosos olores salen de la puerta ligeramente abierta. Noto una lata de chiles
abierta y pongo mis ojos en blanco. Él no debería dejar la puerta abierta,
especialmente no mientras se preparan alimentos. Debería comprar un tope de
puerta, pero entonces estaría permitiendo que la puerta estuviera abierta.
—¿Estás segura de que estamos autorizados?
—Deja de ser un bebé. —Abro la puerta y llevo a Nathan adentro. El brillo de
la cocina viene a través de la luz del vidrio en la segunda puerta. Cerramos la salida
detrás de nosotros y entramos.
Sonrío ante la visión de todo el mundo trabajando duro, volteando las cosas
en sus estaciones, arrojando hierbas en las ollas de la estufa, cortando la carne lista
para cocinar. Las órdenes de Kerim se transmiten por encima de las voces de todos
los demás.
No nos han visto entrar, demasiado cautivados por su propio mundo, así que
jalo a Nathan a la zona privada de la cocina donde los clientes no pueden ver y
tomo su chaqueta.
Es Harold quien nos observa primero y nos saluda con dos dedos sobre su
sombrero de chef. Eso atrae los ojos de los demás y todos me saludan.
—¿Qué haces en mi cocina en tu día libre? —dice Kerim por encima del ruido,
sonriendo un poco.
—Estoy robando algo de tu helado.
—Te costará.
Pongo los ojos en blanco y tomo la mano de Nathan.
—Vamos, al congelador.
Cuando deslizo la grande y pesada puerta de metal abriéndola, Nathan
parpadea con asombro.
—Esto es enorme. Pone a nuestro pequeño congelador en vergüenza.
168
—¿Verdad? —Me río y me abrazo—. Verás, no servimos helado normalmente a
menos que se nos solicite e incluso entonces, es solo la vainilla estándar de allí. —
Señalo los grandes potes apilados en la esquina—. Hacemos eso a granel una vez al
mes.
—Está helando aquí. ¿Cómo puedes soportarlo?
—Te acostumbras. —Sonrío y empujo una gran estantería de metal sobre
ruedas a un lado, revelando una estantería más estrecha tan alta como yo,
ocultando varios potes de helado casero—. Este es el escondite secreto de Kerim. Él
hace el mejor helado del mundo.
Noto un chispazo de celos en los ojos de Nathan y empujo su brazo con el mío.
De verdad tiene un problema con Kerim.
—Elige tu veneno. —Recojo un pote de chocolate blanco y agarro una bolsa de
pedazos de caramelos para derretir. Nathan elige lo mismo y rápidamente salimos
del congelador.
—Mi favorito. —Kerim arrebata el pote al segundo que salgo del congelador y
sonríe infantilmente—. Chicos, es hora de helado. Gwen va a pagar.
Cuando vitorean colectivamente, todo el restaurante mira para ver lo que nos
ha hecho tan felices.
—¿Pagar? —susurra Nathan, pero Kerim lo escuchó.
—No te preocupes, amigo mío. Ella solamente tiene que hacer el siguiente lote
de helado y limpiar el desorden después.
—La primera persona que toque el helado de Kerim pierde —añado, riendo.
—Sí y ella perdió por los pasados... ¿tres meses ahora? —Kerim sonríe y
extiende una mano a Nathan—. ¿Cómo estás? Lo siento por no estar en contacto, ya
sabes cómo vuela el tiempo de rápido.
—Entiendo, me culpo de lo mismo. Gwen me ha mantenido al día. —Nathan
me pone bajo su brazo posesivamente. Kerim, afortunadamente, parece no
afectarse por la exhibición posesiva, abre el helado, agarra unos tazones pequeños y
comienza a servir el increíble helado en cada uno. Me alejo del hombre que amo y
coloco la bolsa para derretir en el microondas.
—A mí también —dice Kerim, sonriendo con facilidad.
—Para mí también —lo corrijo después de resoplar ante su desordenada
respuesta. Cuando se da cuenta, golpea mi mano con la tapa del helado.
—Tu mujer es una abusona. Siempre se burla de mí.
Encogiéndome de hombros, cruzo mis brazos sobre mi pecho y respondo:
—Es venganza por todos los gritos.
—¿Gritos? —La voz de Nathan se ha oscurecido. Hago una mueca.
—Esta es una cocina, gritamos. Tenemos que hacerlo, la presión es una locura,
—interviene Patience y estoy agradecida por la ayuda—. Todos gritamos. Incluso 169
Gwen.
—¿Gwen grita? —Nathan no luce como si lo creyera—. Creo que solo la he
escuchado gritar dos veces en todo el tiempo que la conozco.
—Ah. —Kerim se ríe en voz baja—. Te tolera más a ti que a mí. Eso es todo.
Esto es bueno. Pero tiene sentido, su pasión está en esta cocina. —¿Por qué tenía
que decirlo así?—. La pasión provoca fuego en una persona, ¿de acuerdo?
Nathan asiente, pero parece que quiere matarlo. Siento que su mirada
tampoco es inadvertida por Kerim, a pesar de que no muestra ninguna señal de
darse cuenta.
El microondas suena así que agarro el caramelo con una mano enguantada y
empiezo a lanzarlo a chorros sobre el helado en cada tazón.
Me encanta cuán rápido la capa superior de helado comienza a derretirse,
hace que el sabor sea mucho más delicioso. El contraste del caramelo caliente sobre
el frío y derretido dulce es divino.
—Oh Dios mío —murmuro felizmente cuando la primera cucharada se derrite
en mi boca—. Literalmente no hay mejor sabor en el mundo que este helado.
Nathan parece poco dispuesto a estar de acuerdo, pero puedo ver que incluso
le ha afectado de una manera similar.
—Lanzaré el helado de caramelo ilimitado si consideras mi oferta —me dice
Kerim en voz baja, entrando en nuestra burbuja. Su repentino cambio de actitud no
ha pasado desapercibido y tengo ojos curiosos sobre nosotros.
—Necesitaremos repasar algunas cosas, pero... —Miro a Nathan con el rabillo
del ojo y rezo para que no se moleste por esto—. Estoy definitivamente interesada.
Es un honor trabajar contigo.
Kerim sonríe de oreja a oreja.
—En ese caso, voy a pagar el precio del helado y considero esto una
celebración de la victoria. —Cuando me guiña el ojo, permanezco pasiva. Nathan
parece listo para matar y si Kerim lo ha notado, no lo está dejando pasar—. Debo
trabajar. Disfruta de tu helado. Toma el pote si quieres.
—Chef —grita Harold, haciéndole señas.
—El deber me llama. —Kerim agarra mis hombros y aprieta antes de tomar la
mano de Nathan una vez más y prometiendo—: Estaré en contacto.
—Nos vemos más tarde, chicos —digo, tomando el pote de helado debajo de
un brazo con el caramelo apoyado en la parte superior.
Todos respondes con confusos, “Adiós, nos vemos más tarde, no quedes
embarazada”.
No estoy segura de quién gritó la última parte, pero les muestro el dedo medio
de todas formas.
—¿Ves? —le digo a Nathan mientras camino hacia la parte de atrás delante de
él—. Kerim es solo Kerim. No hay necesidad de ser paranoico. 170
—Ya veremos —murmura, agarrándome y atrayéndome hacia él—. Tienes
chocolate en el labio inferior. —Cuando chupa mi labio en su boca, tiemblo y me
derrito más rápido que el dulce en el microondas—. Sabroso.
—Deja de provocarme.
—Lo dices tú. —Sonriendo, me besa de nuevo, más profundo esta vez, me
agarra el culo con una mano mientras la otra mantiene mi cabeza clavada en su
lugar. Me aprieto y siento un hormigueo en mi vientre, especialmente cuando estoy
apoyada en la pared y sus labios recorren mi cuello. Hay poco que puedo hacer para
corresponder o rechazarlo por el pote de helado en mis manos.
—Nathan —susurro cuando su mano que estaba en mi cuello ahora agarra mi
pecho sobre mi camisa—. En serio, me estás matando.
Sonriendo, se retira, me besa la nariz y me lleva al auto. Necesito un abanico.
No recuerdo haberme sentido tan caliente. ¿Qué le sucedió y cómo puedo hacer que
vuelva sucederle otra vez?
Y luego, acostados en la cama, después de recuperarme de uno de los mejores
orgasmos que hemos compartido, Nathan susurra:
—Somos apasionados, ¿verdad?
—Si no crees que lo que acabamos de hacer es apasionado, hay algo mal
contigo.
Acariciando mi cuello y apretando mi cuerpo debajo del suyo, dormimos. Hay
algo tan relajante en dormirme con él todavía parcialmente dentro de mí,
conectándonos de la manera más íntima.

171
Capítulo dieciocho
Despertar suavemente sería un eufemismo; suaves besos y un gentil masaje
en mis miembros me revuelve del sueño. Suspiro con alegría. ¿Qué hice para ser
tan afortunada?
—Buenos días —tarareo cuando se mueve a mis pies y los frota con sus
manos—. Eso hace cosquillas.
—Shh —susurra y presiona sus dedos en la parte de atrás de mis rodillas—. Te
hice el desayuno.
—¿Sí?
—Se mantiene caliente. Vamos, ducha —exige suavemente y se aleja.
Abro los ojos y me estiro en el colchón, bocarriba y sintiéndome increíble.
—¿Qué hora es?
—Un poco después de las nueve.
—¿No nos quedamos en la cama hasta tarde, entonces?
—Tengo algo planeado.
Eso llama mi atención.
—¿Oh? 172
Sonriendo hermosamente, me ayuda a salir de la cama, se ríe ante mi
alborotado cabello y me dirige al baño.
—Ve a ducharte antes de que te arruine y nos haga llegar tarde.
Al hormigueo entre mis piernas definitivamente no le importa que eso pase.

—En serio —gruño después de subir al auto—. ¿Qué clase de padres no


duermen todo el día la única vez que no tienen a sus hijos?
—El tipo que son apasionados, divertidos y que se aman tanto que quieren
hacer cosas juntos.
—Sí, como… no sé, ¿dormir, tal vez?
Se ríe y tira de mi trenza sobre el hombro.
—Eres linda.
—No me llames linda cuando estoy gruñona.
—No estás gruñona; te he visto gruñona. —Me enseña la lengua—. Esta no es
una gruñona Gwen; esta es una hambrienta y necesitada de café Gwen.
—¿Hay una diferencia?
—Mucha. Cuando estás gruñona, la comida y el café no lo arreglan.
Tiene un punto. Suspiro y extiendo la mano para acariciar la parte de atrás de
su cabello con las puntas de mis dedos.
—Tu cabello es tan suave. Déjalo crecer como solía estar cuando estaba
embarazada de Dillan.
Sus cejas se alzan.
—Era desordenado.
—Era salvaje. Me encantaba cuando podías meterlo detrás de tus orejas. —
Tirando gentilmente, intento hacer justo eso, pero no alcanza lo bastante para
pasar la curva—. Te quedaba bien. —Luego paso mis uñas por su barba de dos días
en su mandíbula—. Mantén esto también; no tienes ni idea de cuán sexy te ves.
Su sonrisa se amplía, mostrando sus dientes, y sus ojos se arrugan en los
bordes. Amo este aspecto en él también.
—Veo chicas mirarte a donde sea que vamos juntos.
Tararea, concentrado en la carretera, pero todavía escuchando.
—Lo odio y lo amo al mismo tiempo.
—A veces, desearía que fueras fea para no tener constantemente que competir
por tus afectos.
—Tienes todo mi afecto. —Suelto una risita, golpeando su brazo
juguetonamente—. Eres mi mundo.
—Entonces cásate conmigo ya. 173
Mis ojos se ponen en blanco por propia voluntad, pero mi sonrisa no se
desvanece.
—Entonces, planeémoslo.
Enormes dedos envuelven mi muñeca y tira de mi mano a su muslo.
—Estoy listo cuando tú lo estés.
—Bien. Entonces, donde sea que vayamos hoy, finalmente decidiremos
nuestros dos lugares favoritos y entonces la semana siguiente iremos a ver dichos
lugares; ¿qué tal eso?
—Suena perfecto. —Su humor se vuelve incluso más ligero que antes—. Vas a
amar lo que he planeado hoy.
—Involucra café, ¿cierto? —Cuando no responde, me ahogo con pánico—.
¿Cierto?
—Obvio.
—Me asustaste.
—Lo sé.
Le saco la lengua y abro la ventana. Amo la sensación de la brisa a través de
mi cabello.
—Es un hermoso día. Hemos tenido un gran verano este año —comenta
Nathan mientras cambia el dial de la radio.
—Es verdad. Es una vergüenza que no hayamos tenido tiempo para pasarlo
juntos.
—Eso va a cambiar desde ahora —insiste Nathan—. Pasaremos más tiempo
juntos.
—¿Lo prometes? —No tiene la oportunidad de responder porque mi cabeza
está colgando a la mitad por la ventana del auto mientras grito—: ¿LEE VALLEY?
—Me vuelvo hacia él, iluminada con entusiasmo—. ¿Patinaje sobre hielo?
—Te debo una sesión.
—¡Oh Dios mío! ¿Montar a caballo y patinar sobre hielo? ¿Quién eres?
—Siéntate. —Me hace retroceder por el hombro y rápidamente estaciona en
uno de los lugares en el extremo más lejano del estacionamiento. Es algo que
siempre hace. Dice que todo es buen ejercicio. No estoy de acuerdo. No hay tal cosa
como buen ejercicio a menos que sea patinar sobre hielo, por supuesto.
—Estoy tan jodidamente emocionada. —Creo que puede decirlo por lo mucho
que sonrío. Todo mi rostro duele.
—Puedo decirlo.
—¡Deberíamos hacer de esto una cosa mensual!
—Vaya, espera. —Se ríe nerviosamente—. No nos lancemos de cabeza. No
sabemos cuán malos somos aún.
174
—¡Apuesto a que tendrás talento natural!
—Lo dudo mucho.

El primer error de Nathan fue dar un paso en el hielo si aferrarse al lateral. Se


cayó de culo y me eché a reír, aunque no debí hacerlo porque el karma rápidamente
me sirvió un plato de dolor por hielo. Mi risa me desequilibró y me deslicé al suelo
a su lado, sin duda amoratando mi trasero.
Nathan se rió tan duro como yo lo hice y, de alguna manera, maniobramos
para volver a levantarnos.
Los patinadores pasan volando a la velocidad de la luz, sus cuerpos
pareciendo flotar. Incluso los niños pequeños son mejores que nosotros. Sin
embargo, no me importa; cada vez que mis tobillos se tambalean, simplemente
siento más alegría. Conquistaré este hielo.
Nathan se aferra desesperadamente al lateral mientras yo finalmente
encuentro mi paso y me atrevo a entrar en el óvalo con los otros. Me lleva un
tiempo tomar velocidad, pero cuando lo hago, estoy ida. Temblorosa pero
confiadamente, paso zumbando a la gente, sintiendo el frío pinchar mi rostro,
sintiéndome orgullosa y libre. Totalmente olvido a Nathan todavía aferrándose
desesperadamente al lateral.
Cuando hago un círculo completo de vuelta a él, lo encuentro charlando con
un hombre desconocido que parece estar dándole consejos sobre cómo no caerse de
culo. Esto solo me hace reír incluso más. Nathan me ve, niega con diversión y grita:
—Tengo talento natural, ¿eh?
—No puedes tenerlo todo, cariño. Tienes que dejar algo para mí en lo que ser
buena. —Suelto una risita, guiñándole un ojo y deteniéndome en seco contra el
muro delante de él.
—No hagas eso de nuevo; te romperás los malditos brazos —espeta Nathan,
preocupado, aunque no lo bastante para soltar la barandilla.
—Hola —digo con un jadeo, extendiendo mi mano hacia el hombre con suéter
rojo, una bufanda blanca alrededor de su cuello y unas apropiadas botas de
patinaje en sus pies.
Estrecha mi mano y sonríe.
—Hola, soy Dean; solo ayudo a este chico a encontrar su paso.
—¡Conozco tu acento! —comento con entusiasmo—. ¡Eres de Hull!
Reconocería ese gangueo en cualquier parte.
—Tienes razón. —Se ríe y hace un medio giro sobre sus patines para mirar a
Nathan—. Necesitas doblar tus piernas en las rodillas.
—Ve —Nathan me hace un gesto con la mano—, mientras Dean me ayuda a
175
intentar encontrar mi dignidad.
—Nath —susurro, preocupada de haberlo molestado.
Su sonrisa es reconfortante y tan suave y dulce.
—Ve. Te ves en paz ahí fuera. Te encontraré.
—¿Seguro?
—Sí.
—Ve. —Dean se ríe, dándome un gentil empujón con una mano en mi
hombro—. Lo tendré patinando en nada de tiempo.
No necesito que me lo digan de nuevo. Si Nathan quiere este tiempo para
aprender, lo dejaré tenerlo. Sé que no le gusta parecer un fallo delante de mí y solo
sé que esto es exactamente lo que va a pensar si me quedo.
Además, realmente me encanta esto. No soy elegante en absoluto, pero lo
siento. Casi me caigo un par de veces, pero me quedo lo bastante cerca de las
barandillas para detenerme. Cada vez que paso a Nathan, lentamente ha avanzado
a una nueva sección de la barandilla. Esto me hace tan feliz. Pobre Dean, aún está
con él también. Los noto reírse de algo y siento una inmensa cantidad de orgullo y
alegría. Nathan está haciendo algo fuera de su carácter; en realidad está siendo
agradable con alguien aparte de mí.
Antes de que lo sepa, siento una mano en la mía y estoy patinando junto a mi
futuro esposo, riendo y sonriendo en cada casi caída, en cada casi choque. Además,
interiormente celebro que él y Dean prometieran buscarse. Dean es nuevo y tiene
muy pocos amigos locales y Nathan es Nathan y no tiene vida social más allá de mí
o el trabajo.
Este realmente ha sido el mejor fin de semana de mi vida.
Desafortunadamente, todo lo que sube, debe bajar. Ese es el dicho, creo.

176
Capítulo diecinueve
Recibo una llamada telefónica de camino al trabajo y mi mente curiosa, a
pesar de que dice spam, no duda en responder. Transfiero la llamada a Bluetooth y
cambio el volumen. Mis ojos permanecen firmes en todos mis espejos y en la calle.
—Habla Gwen —canturreo, mi tono alto y alegre.
—Hola, Guinevere.
Reconozco la voz, pero no puedo estar segura de quién es.
—Lo siento, la señal se entrecorta; ¿quién es?
—Mis disculpas, es Jackson. ¿Estás disponible para hablar?
—¡Oh! Por supuesto, lo siento, tengo tiempo.
—Genial. —Se aclara la garganta—. Sé que decidiste no seguir con mis
servicios, pero viendo que ya pagaste, simplemente no podía dejar un trabajo a
medias.
—Está bien. —Sonrío, segura de que no encontró nada.
—Normalmente enviaría a mis clientes un archivo con detalles de cuándo y
dónde ha estado la persona a la que están siguiendo, pero creo que no hace falta en
este caso.
177
Aunque sabía que esta sería la respuesta, mi corazón se hincha de alivio y mis
ojos arden con lágrimas.
—Es un buen hombre, ¿verdad?
—Sí, más allá de su loco horario de trabajo, tú, sus hijos, y visitar a su madre,
no tiene vida social. No hay mensaje de textos, llamadas, nada que no se pueda
vincular a ti, al trabajo o a la familia cercana.
Esa hinchazón en mi corazón se congela y mi cabeza se siente confusa.
—Un momento, necesito detenerme.
—Por supuesto, ¿debería volver llamar?
—¡No! —Prácticamente grito—. Necesito... solo un segundo.
Se queda en silencio mientras me estaciono con las manos temblorosas en el
volante, casi cortando el camino a un hombre en una bicicleta en el proceso.
Mierda.
—Lo siento, estoy bien ahora. —Tragando el bulto en mi garganta pregunto
nerviosamente—: ¿Su madre?
—Sí.
—¿No es mi madre? —Por favor, por favor que sea mi madre.
—No, una tal señora Patricia Weston.
—¿Estás seguro?
—Es mi trabajo —dice con un poco de altivez.
—Lo siento, solo estoy un poco... ¿Con qué frecuencia se encuentran?
Se calla.
—Estoy presintiendo algo aquí.
—Tendrías razón —le confirmo, sintiendo que aumenta mi ira, no con
Jackson. Definitivamente no con Jackson—. ¿Con qué frecuencia se han estado
reuniendo?
—Cada dos o tres días.
—Oh Dios mío. —Ese mentiroso—. ¿Cada dos o tres días?
—Aproximadamente. ¿Quieres la lista? Tomé fotos también.
—Por favor, si no te importa. Te lo agradecería. —Me pican los ojos con la
amenaza de las lágrimas—. ¿Son amistosos?
—Definitivamente —afirma, sin dejar lugar a dudas—. Aunque él permanecía
distante, tus niños parecían familiarizados con ella...
—¿QUÉ? —grito—. Esto no puede estar pasando.
—Yo no debería curiosear, pero...
—Es una mujer malvada y horrible.
La línea crepita de su lado mientras parece moverse, probablemente para 178
ponerse cómodo. Esto es simplemente otro día en la oficina para él.
—¿Aún necesitas mi ayuda? Puedo hacerte un hueco si es necesario.
—No, no, estoy bien. Puedo encargarme desde aquí. Gracias.
—Si estás segura.
—Te llamaré si no. Por favor envía las fotos si puedes, cuanto antes. Necesito
ver esto con mis ojos.
—No hay problema, las enviaré de inmediato. ¿Está segura de que no necesita
más ayuda?
Otro pensamiento viene a mi mente.
—Por casualidad, ¿sabes cuándo se van a reunir la próxima vez?
—De hecho, sí; por los mensajes diría el miércoles.
Vaya... Este detective privado es realmente invasivo.
—¿Miércoles?
—Al mediodía. —Cuando dice eso, tengo que ahogar un sollozo. Ese es el día
en que Nathan se supone que va a un evento de padres e hijos con los niños
mientras trabajo. No ha hecho más que mentirme—. Ya estoy colocándolo en el
correo electrónico con el resto de la información que tengo. Lamento que esto no
tuviera el final que esperaba.
—Yo también —murmuro, avergonzada por mi reacción, así que cuelgo con la
mayor rapidez posible—. Está bien, respira hondo. Todo es un gran malentendido.
Entonces llega el correo y no estoy segura de si realmente quiero abrirlo o
permanecer felizmente ignorante.
Demasiado tarde. Cuando llega el correo electrónico no dudo en someterme a
un mundo de dolor y rabia. Allí está, como dijo Jackson, en el parque con mis hijos
y esa vil perra. ¿Qué diablos está pasando? ¿Es por eso por lo que ha sacado el
tema?
¿Realmente quería decirme eso? ¿Qué le pasa?
Grito y golpeo el volante con mis puños. ¿Mis hijos han estado cerca del
abusador también? ¿O solo de la perra? ¡Necesito saberlo todo!

Mi teléfono suena, sobresaltándome de mis golpes al volante, y pelea de


gritos, sola.
—Mierda —maldigo, volviendo a golpear mi mano contra el volante. Pulsando
el botón en el teléfono, rápidamente balbuceo—. Lo siento, estoy en camino.
—¡Mejor que así sea! —Es todo lo que Kerim responde y luego cuelga.
Voy tarde. Nunca había llegado tarde.
179
Vete a la mierda, Nathan.
Tecleo un mensaje para Nathan que dice:
“¿Cómo está Patricia?”. Pero con un pulgar tembloroso presiono borrar y dejo
que mi cabeza caiga pesadamente contra el reposacabezas. Una lágrima cae en el
mismo lugar que mi pulgar acaba de desocupar en mi teléfono así que limpio la
pantalla en mi muslo y dejo caer el teléfono en el asiento del pasajero. Necesito
tranquilizarme lo suficiente para conducir al trabajo, aunque realmente quiero
llamar para decir que estoy enferma. No sería una mentira; tengo una sensación de
náusea cerca de vomitar.
¿Qué voy a hacer? No puedo permitir esto. ¿Qué le pasa por la cabeza?
Me toma un poco de tiempo reunir la fuerza y desenroscar mi debilitado
cuerpo fuera del auto. La brisa fresca alivia el dolor en mi cabeza, pero no el dolor
apuñalando mi corazón.
Sigo tratando de convencerme de que hay alguna explicación razonable para
esto, pero no le permitiré que me mienta de manera tan simple. Ha tenido a mis
hijos cerca de ese monstruo. ¿Qué pasa con él?
No hay excusas para esto, incluso si hay una explicación razonable que, dudo
que exista. No hay forma de racionalizar que me esté mintiendo. ¿Cómo vamos a
superar esto? Se siente imposible. No estoy segura de poder mirarlo a los ojos.
—¡No llegues tarde otra vez! —grita Kerim al segundo en el que paso por la
puerta—. Debería mandarte a casa, pero Patience está enferma.
—Lo siento, chef —le digo en voz baja mientras lo paso, la cabeza gacha.
Me cambio en tiempo récord y me meto en la cocina, aliviada al ver que no
tengo que supervisar nada hoy. No estoy segura de tener la fuerza de voluntad o la
concentración.
Preparando los alimentos para las comidas que debería haber terminado ya,
me sumerjo en mi trabajo, distrayéndome de las realidades de la vida.
Kerim me ignora. Puedo ver que está molesto conmigo y con razón. Mi vida en
casa no debería interferir con mi trabajo. Nunca vi a nadie más en esta cocina
entrar tarde a causa de una pelea de matrimonio o algo parecido. Todavía tengo
que crecer mucho. Tal vez Nathan no me mentiría si no fuera tan ingenua.
El día pasa y estoy orgullosa de mí por no revisar mi teléfono una sola vez.
Cuando el restaurante comienza a vaciarse y empieza la limpieza en la cocina,
me siento atrapada. Quiero ir a casa con mis hijos, pero sé que al segundo que pase
por la puerta, todo va a cambiar. Estoy aterrorizada.
Mis colegas empiezan a filtrarse por la salida, diciendo adiós, cansados.
Espero a que Kerim salga de su oficina. Le debo una disculpa.
—¿Aún estás aquí? —Parpadea, con los ojos rojos y cansados.
Asiento innecesariamente. 180

—Me siento mal por llegar tarde, especialmente viendo lo ocupados que
estábamos.
—Eso pasa. —Me hace un gesto con la mano y se apoya contra la pared—.
¿Está todo bien?
Sonriendo, una mentira en mi rostro, respondo:
—Por supuesto, estaba un poco enferma.
—Creo que hay pasa.
—Sí. —Mis manos colocan mi cabello detrás de mis orejas—. Te veré mañana.
—Bien, ¿a tiempo?
—A tiempo.
—Que tengas una buena noche, Gwen.
—Buenas noches, Kerim.
Me acompaña hasta la puerta y me observa hasta mi auto. Justo antes de que
suba, grita:
—¡No llegues tarde!
—No lo haré. —Aunque no estoy segura de lo que va a pasar ahora con
respecto al servicio de guardería.
¿Por qué mi vida no puede ser tan fácil como cuando estaba embarazada de
Emily? Estaba tan feliz entonces. Las cosas eran tranquilas, estables, resueltas.
Nathan era un sueño. Estábamos en el cielo.
¿Cómo puedo lidiar con esto?
El hombre a quien amo y en quien confío con mi vida es un mentiroso y ha
estado llevando a mis hijos cerca de un monstruo sin contarme. ¿Qué le pasa? ¿Por
qué nos haría daño de esta manera?

Llego a casa y la casa está a oscuras. Eso es bueno. No creo que pueda fingir
esta noche. Lo que necesito es dormir y tener la mente más clara. Tal vez debería
escribir una lista para hacer frente mientras hablo con él. ¿Servirá de algo?
Estoy tan aterrorizada por todo lo que está pasando con nosotros. Tengo este
horrible malestar en mi interior que sea lo que sea que pase a continuación nos va a
romper de tal manera que no habrá vuelta atrás.
Todo lo que puedo ver en mi futuro es solo yo, dos hijos con dos padres
diferentes, una carrera fallida y canas antes de tiempo. Tan sombrío y aterrador.
¿Ya he renunciado a él? ¿Qué más puedo hacer? La confianza entre nosotros
está destrozada. No veo cómo esto puede excusarse o racionalizarse.
Cada parte de mí quiere evitar a Nathan ahora mismo. Nunca me sentí de esta 181
manera antes. No quiero subir a la cama a su lado, aunque sé que tengo que
hacerlo. Hasta que entienda cómo hacer esto, necesito actuar normalmente. No
puede saber que lo sé. Necesito verlo con mis propios ojos y atraparlo con ella.
Estará demasiado nervioso para continuar mintiendo y estaré demasiado enojada y
concentrada para que me convenza de que esto es mi culpa.
Después de llegar a nuestro dormitorio, miro su forma dormida y me visualizo
sacudiendo las respuestas de él. Las palabras caerían de su piel, respondiendo a
todas mis preguntas con la pura verdad. Si tan solo las preguntas pudieran ser
contestadas de esta manera.
Nathan se queja en voz baja en su sueño, tumbado boca abajo, su rostro hacia
la ventana. Salgo de mi ropa y me pongo en pijama lo más silenciosamente posible.
Cada gruñido que Nathan parece hacer en su sueño me tiene deseando el sofá.
El pensamiento de sus brazos alrededor mío en este punto me hace querer llorar.
Con cuidado, retiro la manta y me meto echa una bola en el borde, lo más
lejos posible de él. Mi mente, aunque un torrente de pensamientos, pronto se
asienta en su agotamiento y la oscuridad me reclama.
—¡Paaaaaaaaa! —grita Dillan y siento que Nathan se mueve a mi lado—.
¡PAAAAPPPPIIIII!
—Voy a ir —susurra Nathan y besa mi oreja—. No abras los ojos; te has
quedado trabajando muy tarde.
Hago lo que me dicen, sobre todo porque mis ojos se están llenando de
lágrimas.
¿Cómo puede un hombre tan perfecto ser tan imperfecto? ¿Sabe lo mucho que
sus mentiras van a romper mi corazón? ¿Honestamente piensa que nunca voy a
averiguarlo?
Permaneciendo en la cama porque no tengo fuerzas para salir, escucho
mientras persigue a Dillan por las escaleras. Emily todavía debe estar durmiendo,
como la perezosa que es. Parte de mí quiere volver a antes de la llamada telefónica
de ayer. ¿Por qué tuve que responder?
Cuando finalmente me levanto es cuando Nathan viene a recoger a Emily. Me
besa la mejilla, me pellizca la piel de la cadera y me abre la puerta del baño.
Puedo hacer esto. Cantando esto a mi reflejo en el espejo, agarro el lavabo con
ambas manos y luego mentalmente me doy ánimo. Él ha estado viviendo una
mentira durante meses; puedo manejar tres días más.

182
Capítulo veinte
Los días no pasan exactamente volando, pero es bastante fácil pretender que
las cosas son normales. Eso es hasta que llega el miércoles. Verlo irse con mis hijos,
saber a dónde va con ellos, me hace querer desgarrar algo. Parecía tan normal, tan
tranquilo con sus mentiras.
Pero, por otro lado, también lo hacía yo. Cuando le dije que definitivamente
trabajaba esta noche, cayó de mis labios muy fácilmente y supo amargo en mi
lengua. Nunca he sido una mentirosa y cuando lo he intentado, nunca he sido
buena en ello. A causa de esto, él pudo sentir que algo iba mal. Lo supe porque
seguía echándome vistazos cuando pensaba que yo no miraba. Afortunadamente,
no sacó el tema de su salida hoy más allá de recordarme la hora y no pregunté
porque estaba preocupada de no ser capaz de mantener la calma. Me cortaba como
un cuchillo a la mantequilla cuando actuaba como si hoy fuera solo otro día
normal.
A pesar de que interiormente estoy rabiando, me las arreglo para calmarme lo
bastante para seguirle a su destino. Ya sé a dónde va, pero no quiero arriesgarme a
perderme cualquier cambio en sus planes, así que me pego a él tanto como es
posible sin que me note.
Mi corazón es tal frenética melodía, que siento como si fuera la única
haciendo algo malo y tal vez voy a abordar esto completamente de la manera 183
equivocada, pero no puedo evitarlo. Estoy haciendo esto sola. Tal vez debería haber
hablado con alguien primero, Sasha o Tommy o incluso mi madre. Solo no siento
como si fueran a entender sin conocer la historia de fondo de Nathan y nunca lo
expondría así a ellos.
—Joder —grito cuando finalmente estacionamos en el parque en Edmonton,
Londres, bastante lejos de donde vivimos y nunca una zona por la que he pasado
para ir al trabajo, así no hay riesgo de que lo atrape.
Pensó mucho en esta red de mentiras.
Estacionar no es demasiado difícil y espero a que salga con mis bebés antes de
detenerme en mi lugar, solo a unos autos de distancia del suyo. Amo ver lo mucho
que quiere a los niños; está sosteniendo la mano de Dillan mientras este salta a su
lado, pateando la hierba por la que camina. Emily está equilibrada en su cadera; es
perezosa y tan feliz de ser cargada a todas partes por el momento. Su papá está
demasiado feliz por complacerla.
Saliendo de mi auto, me apoyo contra él, mirando mientras acorta por la
hierba hacia el parque. Los niños corren por todas partes, sus padres cerca. Nunca
me ha traído a este parque antes, aunque no es tan diferente del que hay cerca de
casa.
El vello de mi nuca se levanta y sé que estoy en presencia de un demonio. La
siento antes de verla y cuando lo hago, tengo que presionar mi espalda contra el
lateral de mi auto para recordarme por qué es una mala idea lanzarme hacia ella y
arrancarle el cabello.
Los niños no se apresuran hacia ella, ambos demasiado ansiosos por jugar en
el parque. Esto me hace sentir un poquito petulante. Al menos, no los ha engañado,
no aún de todos modos.
Nathan tampoco va a abrazarla. Comparte unas pocas palabras. Ella le sonríe
con calidez y coloca una mano en su brazo. Él se aleja, claramente incómodo con el
contacto.
Esto es una locura. ¿Por qué ella ha vuelto a su vida? ¿Qué quiere de él?
Me siento como una acechadora loca mientras los observo interactuar,
intentando reunir el valor para revelar mi presencia. ¿Debería? ¿O debería
simplemente dejarles tener una hora y luego acercarme a Nathan?
Lágrimas caen de mis ojos mientras intento descubrir mi razonamiento detrás
de todas mis decisiones y de todas las suyas.
—¿Qué estoy haciendo? —me pregunto y golpeo con la palma de mi mano el
techo del auto. Cuando abro la puerta y entro de nuevo, aferro con fuerza el volante
hasta que mis nudillos se ponen blancos. Pongo el auto en punto muerto después
de girar la llave y doy un último vistazo al hombre que creí conocer.
Desafortunadamente, como si mi esencia fuera llevada por el viento, Nathan se da
la vuelta y sus sobresaltados ojos se encuentran con los míos. Los veo llenarse con
remordimiento y pánico, pero no me detengo. 184
—¡Gwen! —Lo veo vocalizar y da un paso en mi dirección.
Debería irme, pero no puedo encontrar el valor, así que, en su lugar, espero a
que alcance mi auto. Tira de la manija mientras mantengo mis ojos en los niños.
Esa vil perra nos está observando, su rostro retorcido con falsa preocupación.
—Abre la puerta —ordena Nathan suavemente.
Bajo la ventanilla en su lugar, aun negándome a mirarlo.
—Puedo explicarlo, pero necesito volver con los niños. —Cuando no lo miro,
pasa la mano por la ventana para guiar mi rostro en su dirección. Me retiro; sus
dedos contra mi piel se sienten venenosos—. Nena. —Su súplica es un afligido
suspiro—. Lo siento.
—Lo sé —murmuro y meto la marcha del auto—. También lo hago.
—¿Por qué lo sientes? —Se inclina hacia delante para verme mejor y me
inclino hacia el lado para evitarlo mejor.
—Porque no creo que nunca sea capaz de perdonarte esto. —Lágrimas caen y
un sollozo sube por mi garganta, ahogándome con un bulto que simplemente no
puedo tragar.
—Yo… —Presiona su frente contra sus manos, que descansan en el marco de la
ventanilla bajada—. Iré por los niños y te encontraré en casa.
—No —espeto, negando, mis ojos en mis hermosos bebés corriendo por el
parque muy alegres. Su madre está al lado, pareciendo incómoda y demasiado
formal para un parque. Parece vestida para un banquete, no para una zona de
juegos embarrada—. Yo llevaré a los niños.
—Los asientos están en mi auto; no tiene sentido intercambiarlos cuando voy
a ir directo a casa contigo —implora, su voz baja y suave.
Asiento en acuerdo, todavía evitando el contacto visual. Tanto como quiero
alejar a mis niños de esta situación, no sería lo mejor para ellos.
Retrocede, todavía mirando con fijeza mi perfil, antes de volverse y llamar a
los niños. Cuando se detiene para hablar con su madre y apunta al auto, la veo
colocar una mano en su pecho. Lo que sea que dice, hace que Nathan niegue y se
aleje mientras ella le extiende la mano. Me mira y la mirada fulminante que me
lanza es puro veneno, así que levanto mi dedo medio y sonrío sardónicamente a la
trajeada perra.
Además, no me voy hasta que Nathan tiene a mis niños en su auto y está
dirigiéndose a casa. Nunca debería haber permitido que llegara tan lejos. Es injusto
que los niños estén ahora sufriendo por nosotros. Me perdonarán cuando saque la
caja de manualidades. Espero.

Mi casa parece un lugar tan desolado cuando cruzo la puerta con Emily en mis
brazos. Nathan y yo no hemos hablado y no hablamos mientras cruzamos el umbral
y dejamos a los niños en la sala de estar. Como silenciosamente prometí, saco la 185
caja de manualidades segura para bebés y sonrío cuando vitorean con regocijo.
Nathan me espera en el pasillo, su rostro una máscara sombría.
—Tienes que irte —exijo en voz baja, sin encontrar sus ojos.
—¿Qué? —Exhala, su cuerpo tensándose de inmediato—. Solo necesitamos
hablar…
—No quiero escuchar. —Mis palabras susurradas caen de mi boca más rápido
que las lágrimas de mis ojos.
—Gwen… —Sus manos acunan mi rostro. No lo aparto; le dejo buscar mis
ojos. Quiero que vea el dolor que ha infligido—. Lamento haber mentido.
—Supongo que está bien entonces. —Mi voz es una plana nota mientras mis
manos se envuelven en sus muñecas a cada lado de mi rostro—. Está todo
arreglado.
—No lo entiendes.
Aparto sus manos de mí y limpio la humedad bajo mis ojos.
—Vete.
Hay un fuerte golpe en la puerta. Se repite durante al menos siete segundos
antes de que cualquiera de nosotros se mueva para atender. En su lugar, nos
quedamos ahí, mirándonos, mis ojos llenos de dolor, los de Nathan llenos de
remordimiento.
Cuando abre la puerta, lo veo cerrar los ojos y sus labios se vuelven una fina
línea blanca antes de que mire de su perfil a la persona tocando.
—¿Qué hace ella aquí? —gruño enojadamente, mis ojos sobre Nathan y no la
horrible criatura de pie en mi entrada.
—No lo sé. —Suelta el aliento y espeta—: ¿Nos seguiste?
—Quería ayudar —responde su madre y resoplo incrédulamente.
—No estás ayudando —susurra Nathan y va a cerrar la puerta, pero la mano
de ella se extiende y la presiona contra la madera.
—Tenemos un enorme puente que construir —me dice, sus ojos gentiles y
pareciendo sinceros.
—Pues entonces pueden construirlo ustedes juntos, a mis espaldas. ¡Parece
que han estado haciendo un trabajo brillante hasta ahora!
—Realmente necesitamos hablar de esto —implora Nathan, volviéndose hacia
mí con su mano aún en el pomo de la puerta—. Déjame explicar.
Mi mandíbula golpea el suelo.
—¿Explicar qué, exactamente? Sé qué ha estado pasando y estoy más allá de
importarme el por qué.
—Por favor.
—No lo entiendes —espeto—. El hecho de que no confiaras en mí para estar de 186
acuerdo es… —Fulmino con la mirada a su madre—. No voy a hacer esto delante de
ella.
—Estás siendo muy infantil —comenta ella.
¿Cómo se atreve? ¿Estoy siendo infantil?
—¿Te estás burlando de mí? —gruño y la mano de Nathan agarra mi
tembloroso bíceps—. Largo.
—Esto se está saliendo de control; te estás enojando. —Su mano intenta tirar
de mí a la casa—. Madre, tienes que irte.
—Ambos tienen que irse. —Libero mi brazo de un tirón y miro la habitación
donde los niños están dibujando sobre un tapete negro con sus tizas multicolores.
—No te engañé porque quisiera hacerlo. —Nathan completamente ignora mis
deseos. Puedo sentir un dolor de cabeza por el estrés empezar a latir en mis
sienes—. No lo hicimos. —Apunta entre su madre y él—. No tenía intención de
causarte dolor.
—Pues lo hiciste.
—¿Y qué hay del dolor que tú le ocasionaste a Nathan? —interviene Patricia,
su rostro retorcido con un ceño.
—¿Perdona? —La confusión es la cosa más prominente que siento ahora
mismo, seguida de cerca por la ira—. ¿Has estado discutiendo sobre nuestra
relación con ella?
—No. —Los ojos de Nathan se amplían—. ¿De qué hablas? ¿Qué dolor?
—No necesita contármelo; cada vez que lo veo ha sido obvio. Siempre está tan
cansado, especialmente considerando que no aceptas ayuda de fuentes externas. El
pobre Nathan se está quedando exhausto —se burla, sonando cada pizca tan
pomposa como se ve.
—¿Disculpa? —siseo, mis puños apretados a mis lados.
—Madre —espeta Nathan—. Eso no es verdad. Era yo el que rechazaba la
ayuda.
—Una mujer de verdad lo habría notado y llamado ayuda de todos modos. No
hay excusa.
¿Cómo se atreve a cuestionar mi crianza? ¿Cómo se atreve?
—Voy a darle un puñetazo en su jodido rostro —gruño, dando un agresivo
paso hacia ella.
—Gwen. —Nathan me toma del brazo para evitar que libere mi ira—. Eso
difícilmente ayuda.
—¿Perdona? —Me vuelvo hacia él, mi boca abierta con horror—. ¿La estás
defendiendo?
—No, por supuesto que no, solo…
187
—¿Solo qué?
—Ha cambiado.
—Porque quiere algo de ti —grito después de soltar una áspera carcajada. ¿Por
qué no puede entrar en razón?—. Permitió que fueras abusado durante años.
—¿Abusado? —cuestiona Patricia, actuando con inocencia.
—Estaba bajo un montón de estrés por la salud de Caleb.
—¡ESA NO ES UNA PUTA EXCUSA!
—Gwen…
—¡No! —Alzo mi mano para silenciarlo y me vuelvo hacia la malvada mujer en
mi presencia. Me odio por perder el control, pero no puedo evitarlo—. Si siquiera
das un paso a un millón de kilómetros de mis hijos de nuevo, te mataré. —Palidece,
probablemente viendo cuán en serio hablo y estoy siendo mortalmente seria. Sin
intención de juego de palabras—. Permaneces lejos de ellos.
Nathan frunce el ceño.
—También es mi decisión.
—No, te estoy quitando eso hasta que vuelvas a tus sentidos.
—¿Disculpa? —Su tono es oscuro y peligroso.
—Me oíste, Nathan. Te quito tus derechos, todos, hasta que madures de una
jodida vez.
—No te atreverías —espeta con amargura, dando un paso en mi espacio—. Son
mis hijos también.
—Y estás dispuesto a ponerlos en peligro.
—No puedes quitármelos.
—Oh sí puedo. Si insistes en que este vil ser debe verlos, entonces puedes
llevarme a la corte y confía en mí cuanto digo que voy a contar TODO. —Su rostro
se pone pálido y me odio por lastimarlo de esta forma—. Para proteger a mis hijos,
hay poco que no haría.
—Si alejas a esos niños de mí, Guinevere, nunca te perdonaré.
—Y si la eliges a ella por sobre nosotros, tampoco te perdonaré —respondo
con honestidad, dolida por sus palabras, tanto que lágrimas caen por mis mejillas
mientras hablo—. Pero una vez más, después de tus engaños no estoy segura de que
pueda perdonarte de todos modos.
—Estás siendo injusta —dice, agarrando mis brazos para evitar que me gire—.
Están siendo completamente irrazonables.
—Si eso es cierto la corte lo verá, ¿verdad?
—No puedo creer que esto esté pasando.
—Tampoco yo —espeta Patricia, con sus manos sobre sus labios.
—¡Solo vete! —le grita Nathan y luego le cierra la puerta en la cara—. Gwen, 188
vamos a calmarnos. Esto ha sido completamente exagerado.
—Eso sigues diciendo. —Me alejo de él, mirando a los niños de nuevo. Dillan
me ve y sonríe antes de arrojar un tubo plástico que repica. Sonriendo. Arrugo la
nariz y regreso mi atención a Nathan
—Necesito que te vayas.
—No voy a dejarte.
—No tienes opción. —Sus manos se acercan a tocarme, pero me alejo—. Vete.
—¿Por qué? Lo siento, pero debes entenderlo desde mi punto de vista. Sé lo
mucho que la odias.
—¡Con buena razón! —grito—. Mi Dios… ni siquiera sé quién eres.
—Podría decir lo mismo.
—No confías en mí con algo tan importante que me mentiste a la cara para
esconderlo. —Toqué su pecho. Toma mi mano al segundo en que lo hago y la
sostiene con fuerza—. Suéltame.
—Escucha…
—No. Ya terminé de escuchar.
—No has empezado todavía.
—Tienes razón. —Soltándome, camino a la puerta y jugueteo con mi llave para
abrirla por diez segundos antes de darme cuenta que ya está abierta—. La hora para
escuchar fue hace meses, antes de que empezaras a escabullirte.
—Para ver a mi madre, no por tener un romance.
—Y después de todo lo que ha hecho, no estoy segura de qué es peor.
Abro la puerta, pero su mano viene a mi hombro y la cierra de nuevo.
—Apenas y nos hemos visto; no sabía cómo te lo tomarías.
—Si quieres tener una relación con esa perra entonces, adelante, pero cómo te
atreves a meter a mis hijos en esto.
—Deja de llamarlos tus hijos; son nuestros hijos y nunca haría nada para
lastimarlos.
Niego.
—Hace un tiempo habría creído eso.
Me da vuelta y me presiona contra la puerta, lo suficientemente fuerte para
sorprenderme, pero no para herirme.
—¿Cuestionas mi paternidad?
—Cuestiono tu cordura y también cuestiono tu amor y respeto.
—¿Mi amor y respeto? —Sus ojos brillan con rabia—. ¡Me rompo la espalda
para hacerte feliz!
—Vaya. —Suspiro, apenas creyendo lo que escucho—. ¿Te rompes la espalda 189
para hacerme feliz? Lo dices como si lo hubiera pedido o como si fuera algo malo
que estés obligado a hacer.
—Ahora solo quieres pelear.
—Solo quiero que te vayas.
—¿De verdad?
—Sí.
—Pruébalo.
—¿De repente esto es un juego para ti? —espeto—. ¿Qué parte de “no confío
más en ti” es tan difícil de entender?
—Volveré a ganarme tu confianza.
—¡No quiero que lo hagas! —grito, esta vez empujando su pecho para que dé
un paso hacia atrás lejos de mi espacio.
Su apuesto rostro queda en blanco y su barbilla se alza desafiante.
—¿No me quieres?
—No te conozco.
—¿No me quieres? —repite con aspereza—. ¿No confías en mí?
—No.
Su mano tira del cuello de su chaqueta y lo baja, revelando la cicatriz que
recibió hace dos años.
—¿No confías en esto?
—No puedo creer que pongas esto en mi contra.
Ignorando mis palabras, espeta:
—Si de verdad no confías en mí, devuelve el anillo.
Mi corazón salta dolorosamente y por un momento me preocupa que se
detenga. La determinación con la que lo pregunta duele, pero mi mano de
inmediato va por mi dedo anular y comienza a retorcer y tirar de la delicada pieza
de joyería en mis nudillos.
Su respiración se detiene y sus ojos se ponen aguados.
—Eso fue muy fácil. —Me quita el anillo de la mano y lo arroja al suelo tras
él—. Muy fácil. No querías esto, ¿verdad?
Me muevo a la derecha, pero agarra mis brazos y los empuja contra mi pecho,
sujetándome contra la pared.
—No querías nada de esto. Es por eso que postergabas el matrimonio. Ibas a
dejarme; lo recuerdo. Siempre tuve mis dudas. Nunca llegamos a una conclusión
sobre nada antes del incendio. Te embarazaste.
Trato de liberarme mientras sus manos aprietan mis muñecas, provocando
una ardiente incomodidad en mi piel.
—Suéltame. 190
No lo hace; continua con su ridícula diatriba.
—Casi morimos. Esa es la única razón por la que te quedaste conmigo,
¿verdad? ¿Eso y por Emily? ¿Te obligué? ¿Te sentiste culpable porque casi
morimos?
Nunca había visto este lado de él. No sé qué hacer. Siento pánico mientras me
sujeta con fuerza, aplastando mis muñecas en sus manos contra mi pecho.
—Nunca pude ser él.
—Nathan, estás lastimándome —digo tranquilamente, intentando calmar la
situación. Nunca hubo un momento como este en que me sintiera aterrada por él,
no desde que me enteré sobre su vida de abusos y golpeó una pared al lado de mi
cabeza. ¿Fue eso una advertencia de cosas por venir?
—Y ahora, ahora solo te deshaces de mí tan fácilmente. —Suelta mis muñecas,
sin hacer ni un gesto cuando froto una y luego la otra para aliviar el dolor—. Ahora
has encontrado un hombre sin manchas que sabe cocinar, alguien con quien
compartes una pasión. Otro hombre perfecto para Gwen, como Caleb era.
—Basta —ordeno, intentando escapar de la jaula de sus brazos.
—¡Ni siquiera dudaste! —grita y escucho el dolor en su voz—. Es claro ahora,
sin embargo. Me convertiré en el papá del fin de semana, cuidando a tus hijos
mientras vas y te acuestas con mi amigo. Algo me dice que fue tu plan todo el
tiempo.
Mi mano se mueve y con un fuerte golpe conecta con su mejilla. Mi palma
cosquillea y duele por la fuerza de este y Nathan retrocede por la fuerza de su
cabeza girándose.
Ambos escuchamos un peculiar crujido con su paso hacia atrás y ambos
mirando mientras levanta su bota, revelando un doblado y roto anillo.
—Mira. —Se ríe y se inclina para recoger el símbolo roto de nuestro
compromiso—. Si esto no es una señal entonces no sé qué lo es. Tal vez pueda
convertirlo en un dije y puedas ponerlo en tu collar al lado del anillo de Caleb.
—Has perdido la cabeza. —Sollozo, frotando mi pecho con la misma mano que
lo golpeé. Nunca ha sido tan cruel en todo el tiempo que hemos estado juntos.
—Probablemente. —Guarda en su bolsillo el anillo roto y me mira a los ojos.
No puedo ver qué piensa o siente. La máscara cuidadosamente guardada que una
vez usó constantemente en su sitio. Estoy muy enojada para intentar arrancarla—.
Como prometí, me iré.
—Creo que es lo mejor.
—¡Papi! —Dillan viene corriendo por el pasillo e inmediatamente se aferra a la
pierna de su padre. Emily viene a trompicones tras él, cubierta en tiza. Logro
reírme un poco por su estado. No estoy segura de cómo, nunca me he sentido
peor—. Emy jaló mi pelo.
—Emily —la reprendo cuando Nathan no dice nada. Al mirarlo, noto sus ojos 191
hinchados y triste, pero aún hermosos en mí—. Solo vete, Nathan.
—Como quieras —sisea y cuando su respiración se atora, mi pecho siente una
puñalada con el más intenso dolor—. Te amo con cada fibra de mi ser, Guinevere.
¿Por qué no puedes sentir lo mismo?
Sale de la casa, dejándome sin aire, fría y no es por la brisa.
—¿Papi se fue?
—Fue a trabajar —miento y levanto a mi niño en brazos.
—Sí —dice mientras con sus manitos acaricia mi cabello—. Papá trabaja con
brillos.
—Así es, bebé. —Mis dientes muerden mi labio inferior tembloroso y lo
sujetan.
—Brillos, destellos, alas y ceras.
—¿Deberíamos organizar el cuarto? —susurro y acaricio su nariz con la mía.
¿Qué haré con el trabajo? ¿Cómo les explicaré esto a todos?
La noche pasa lentamente y estoy aliviada cuando los niños van a la cama,
aunque no tan aliviada cuando noto que Nathan no ha estado en contacto. No estoy
segura de por qué espero que lo esté. Supongo que solo me siento mal y siento que
él debería estar arrastrándose un poco. Es jodido, lo sé. Lo último que quiero es
provocarle dolor, pero necesito seguir mi corazón y cabeza y ambos no están en
esta relación ahora. No puedo estar con un mentiroso. Duele mucho. Caleb me
dañó de por vida.
Las palabras de Nathan nadan en mi cabeza, haciendo eco de nuevo. ¿De
verdad piensa tan poco de mí?
¿De verdad cree que solo lo quería por la obligación y el hecho de que casi
murió y estaba embarazada con su hija?
¿Por qué nunca me habló de estas preocupaciones? Es injusto que de repente
me esté culpando por todo esto ahora sin darme oportunidad de defenderme. Lo
amo, con todo mi corazón lo amo. ¿Cómo no puede verlo? Me hace más feliz que
nadie. Incluso que Caleb. Cada momento con Nathan está lleno de feroces y
apasionadas chispas. Es una lástima que él no pueda superar sus inseguridades
para darse cuenta de esto.
Gwen: ¿Puedes de casualidad cuidar a los niños mañana mientras
voy al trabajo?
Jeanine: Claro, ¿todo bien?
Gwen: Podría ser mejor. ¿Debería llevarlos y los recojo mañana en
la mañana o te gustaría venir aquí? De verdad lo agradecería. Te debo
mucho. 192
Jeanine: Para nada. Tráelos. Llevaré a pasear a esas bellezas. No
te preocupes por nada.
Gwen: Muchas gracias, eres la mejor.
Jeanine: Lo sé ;)
Un peso se ha aligerado ahora que he resuelto el trabajo de mañana.
Afortunadamente. Es una pregunta sobre qué más haré para resolver esto que me
tiene preocupada.
No quiero alejar a los niños de su padre, pero hasta que él resuelva sus cosas,
probablemente es mejor que esté ausente un tiempo. Cuando esté mejor
mentalmente sé que lo entenderá.
Solo lamento que tuviera que llegar a esto.
Capítulo veintiuno
—Es bueno verte. —Jeanine me abraza fuerte, sus brazos alrededor de mí y de
Emily, quien intenta apartarla en protesta.
—También a ti. —Sonrío, aunque es una sonrisa plana. No dormí bien anoche
y eso no pasa desapercibido. Jeanine me mira con preocupación, sus cálidos ojos
ayudan a aliviar la tensión que siento.
—¿Qué pasa? —pregunta y niego para aliviar el nudo en mi garganta.
Sintiendo la necesidad de tomar un momento, toma a Emily de mis brazos y guía a
Dillan en la habitación.
—Tienes la casa llena. —Sonrío, saludando a su hija Jennifer y su hijo Tyler—.
¿Cómo estás, Jen?
—Estoy genial, gracias, ¿tú?
—Brillante.
Esboza una sonrisa muy similar a la de su madre y toma el tren de juguete que
Dillan le entrega.
—¿Quieres jugar?
—¿Te importaría vigilar a los niños mientras ayudo a Gwen con sus cosas? —
cuestiona Jeanine en voz baja, su suave mano en mi brazo. 193
—¿Puedo ayudar y tú quedarte? —sugiere Jen, pero Jeanine lo deshecha y
replica:
—Para nada. Tenemos mucho que discutir, dos pájaros de un tiro.
—Adelante entonces. Estas pequeñas linduras estarán bien con Tyler y
conmigo, ¿cierto?
Mis niños la ignoran, demasiado fascinados con los muchos juguetes
disponibles. Jen y yo compartimos una sonrisa antes de salir de la habitación
detrás de su madre.
—Bien, vamos a sacar sus cosas del auto. —Jeanine me sigue y me ayuda a
levantar sus mochilas individuales y un cochecito doble—. Ahora, dejemos esto en
el pasillo y puedes seguirme a la cocina para lo que parece una muy necesitada taza
de café.
—Gracias.
—Entonces, ¿qué ha pasado?
—Qué no ha pasado sería una lista más corta.
—Oh, querida. —Colocamos las bolsas y la cuna al final de las escaleras—.
Vamos, hirvamos esa jarra.
—Suena genial. —Encuentro un asiento alrededor de la mesa de madera en su
cocina y vuelvo mi silla para mirarla—. Nathan se ha ido.
La cuchara en su mano repiquetea en la encimera y se gira para mirarme.
Nada salvo el sonido de la jarra siseando mientras se calienta se escucha en el
silencio de la cocina.
—Lo obligué a irse —aclaro para que no crea que fue toda su culpa—. Y no
creo que vaya a volver por cualquier cosa aparte de ser un padre y, por el momento,
incluso eso cuelga en la balanza.
—¡Oh buen Dios! ¿Qué en la tierra ha pasado?
Mis ojos arden, familiares lágrimas amenazando con caer sobre mis mejillas.
—Es complicado.
—¿Cuándo una ruptura no es complicada? —Se vuelve hacia los armarios y
saca dos tazas de uno junto a su cabeza. Cuando se vuelve hacia mí, veo la tristeza
en sus ojos—. Ambos se aman muchísimo.
—Lo sé. Él ha cambiado —susurro, deseando nunca tener que decir las
palabras en voz alta—. Sus inseguridades son demasiado difíciles de penetrar y ni
siquiera me permitirá intentarlo. Todo lo que hace es mentirme.
—Pues eso simplemente no lo hará.
—No, realmente no.
—¿Está pasando por algo? ¿Depresión, tal vez?
Me encojo de hombros. 194
—Tal vez, no estoy segura. No habla conmigo y no busca ayuda. Bueno, no de
nadie salvo de su madre, de todos modos.
—¿Su madre? —chilla, luciendo tan sorprendida como yo cuando descubrí por
primera vez sus salidas secretas.
Asintiendo, miro mientras revuelve las bebidas y añade leche.
—Como dije, es complicado.
—Así parece. ¿Quieres contarme más?
—Sí, oh, cuánto quiero solo dejar todo salir de mi pecho… —Un entrecortado
suspiro se me escapa y a pesar de que mi pecho se desinfla, se siente como si un
peso lo presionara—. No puedo. Él nunca me perdonaría si expusiera sus secretos,
incluso a ti.
—Eso es algo que entiendo. —Me entrega mi bebida y coloca un gentil toque
en mi hombro—. Todo se resolverá, ya verás.
—Espero que tengas razón.
—La tengo; han pasado por cosas peores.
No creo que lo hayamos hecho, pero no lo digo. Todo parece tan imposible y
lo extraño tanto. Si no fuera por los niños, no creo que hubiese salido de la cama
esta mañana.
¿Debería enviarle un mensaje? ¿Debería extender la primera rama?
No. Necesito dejar que esto se estabilice por un tiempo, tan loca como me
volverá. Necesitamos espacio para organizar nuestros pensamientos. Todo esto va a
llegar a un punto con el tiempo y no estoy segura de que presionar en este punto
nos ayude a resolver nada.
¿O tal vez es mi necesidad de huir del conflicto lo que me está haciendo débil?
¿Soy débil? ¿Cómo detecta uno la debilidad cuando ésta es superada con
fuerza?
—¿Qué vas a hacer?
—No tengo respuesta para eso. —Sorbiendo mi bebida, me recuesto y cierro
los ojos. Jeanine se mueve detrás de mí y juega con las puntas de mi cabello. Es una
de las mejores sensaciones del mundo.
—Todo se resolverá. Nathan y tú son una muy amorosa pareja y te ama más
que a nada.
—Sé que lo hace; solo desearía que supiera que siento lo mismo.
—¿Le has dicho eso?
—Creí haberlo hecho —murmuro—. Solo hay un tanto que una persona con
profundas inseguridades puede absorber, supongo.
195
—Lo superará.
—Probablemente. Sin embargo, ¿lo haré yo? Hay solo un tanto que una
persona engañada puede soportar antes de perder su capacidad para confiar.
—Sanarás. Él solo tiene que dar un paso adelante y demostrarte que puede ser
diferente.
Demasiado cierto.
—No creo que vaya a hacerlo.
—Hombre tonto. Lo siento mucho, Gwen. —Libera mi cabello y pellizca mi
mejilla—. Vete y toma una siesta antes de que tengas que ir a trabajar. Te ves
agotada.
—Lo estoy —contesto con sinceridad—. Aunque dudo que encuentre consuelo
en el sueño en algún momento pronto.
—Lo resolverán. Tengo fe.
Me alegra que alguien la tenga.
—Gracias de nuevo por quedarte a los niños. Rezo para que se comporten
bien.
—Tonterías, son solo niños. No saben cómo ser traviesos a propósito.
Ojalá eso fuera verdad. Riendo un poco, abrazo a mi amiga y la dejo
acompañarme fuera de la casa. Un largo camino a casa se extiende delante de mí.
Se siente abrumador saber que estoy escapando a una casa vacía, una que me trae
solo dolor ahora mismo, aunque la casa realmente no puede ser culpada en este
escenario.
—Que se joda —susurro para mí mientras arranco el auto con solo un destino
en mente. Dormir no me ayudará ahora; mantenerme ocupada lo hará. Solo sé que,
si voy a una casa que huele a Nathan, no seré capaz de resistir llamarlo y rogarle
que vuelva. La vida parece desolada sin él, pero también lo parece con él cuando
pienso en cómo me ha hecho sentir últimamente.

—Llegas tres horas antes —comenta Kerim cuando entro en la sala de


personal. Me las arreglé para evitar su vista en la entrada. La cocina está vacía salvo
por Kerim y Patience trabajando en la actualización del menú. Ambos estaban
absortos por lo que estaban haciendo.
—¿Es eso un problema, chef? —Interiormente ruego para que no lo sea, pero
mantengo mi expresión impasible para que no se sienta presionado a permitirme
entrar en su cocina.
—En absoluto, podría usar tu percepción. —Asiento y aprieto mi chaqueta
mientras me evalúa en mi uniforme—. Has perdido peso.
Mi ropa se ha estado sintiendo más floja.
—He estado trabajando duro. 196
—No ha pasado desapercibido. —Guiña y da un paso al lado para que pueda
ver lo que Patience y él están haciendo. Tienen notas esparcidas alrededor de
numerosas ollas en la encimera. Nunca he sido parte de la creación de un menú.
Esto es emocionante—. Pruébalos todos. Huélelos, saboréalos, prueba la textura
con una cuchara y dinos cuál es tu favorito.
Lo hago, saboreando las distintas sopas. Hay tantas que son sabrosas, es
difícil saber cuál escoger. Eso es hasta que pruebo cierto tipo de sopa vegetal que es
divina. Nunca he probado una sopa así.
—Esa —les digo sin dudar—. Quiero comer toda la olla.
Kerim aplaude y me arrebata la cuchara para probarla él mismo.
—Te lo dije, Patience.
—Sigo pensando que la sopa de lentejas sería mejor —gruñe ella, pero él la
ignora.
Ayudo a limpiar mientras él encuentra la receta en las notas y se prepara para
hacer otra tanda para cuando los otros lleguen. Eso será en un tiempo, sin
embargo.
—¿Por qué estás aquí tan temprano? —sisea Patience y sé que va a estar
molesta conmigo puramente porque he interrumpido su momento privado con
Kerim. ¿Cuándo va a hacer su movimiento? ¿Cómo puede vivir así? Me estaría
volviendo loca deseando a alguien durante tanto tiempo.
—No es asunto tuyo por qué está aquí tan temprano —espeta Kerim,
claramente habiéndola oído. Ambas saltamos ante el sonido de su voz, yo incluso
más cuando él se mueve detrás de mí y coloca una mano alrededor de mis
hombros—. Es bienvenida en esta cocina en cualquier momento.
No respondo. No puedo molestarme con más drama, así que, en su lugar,
pregunto:
—¿Esto significa que finalmente podemos deshacernos de ese horrible plato
de pescado y col?
—Diablos, sí —concuerda Kerim—. ¿En qué estaba pensando?
—No podemos ser perfectos todo el tiempo.
Su sonrisa se convierte en una de comemierda.
—¿Crees que soy perfecto?
—Creo que vas a ser abofeteado si no dejas de molestarme —comento
altaneramente, pero solo parece sacarle otra carcajada. Tiene una agradable risa,
una contagiosa. Sonrío con él, aunque es débil en comparación con la suya, la cual
permanece más tiempo después de que su risa haya cesado—. Bien, entonces,
encontremos un buen pescado para reemplazar ese desastre.
—Sí, chef. —Kerim hace un saludo militar y prácticamente salta a la
despensa—. ¿Qué tal róbalo?
197
—Ese parece ser popular en este momento.
—¡Voto por salmón! —añade Patience animadamente y juntos trabajamos en
un nuevo menú, objetivo y feliz.
Al final, nos decidimos por salmón. Este nuevo menú va a ser el mejor.

Cuando despierto a la mañana siguiente, llamo a Jeanine y hablo con los


niños. Por suerte, puede quedárselos de nuevo, pero solo hasta la mañana. Esto es
genial porque significa que estoy preparada para la noche, pero ¿qué voy a hacer a
largo plazo? Nathan y yo realmente necesitamos encontrar un terreno común aquí.
Gwen: Necesitamos hablar.
Su respuesta es inmediata y el alivio fluye.
Nathan: ¿Cuándo?
Gwen: ¿1pm?
Nathan: allí estaré.
Bueno, eso es algo. Ahora solo necesito listar mis quejas para que al menos
podamos intentar mantenernos en la misma página. De verdad espero que no
empiece estando amargado e insultante de nuevo. Odio eso; me enoja y me hiere a
la vez. Me encuentro queriendo soltar cosas malas que normalmente nunca diría,
solo para herirlo. Mi auto control es mejor que eso.
Soy mejor que eso. No me rebajaré. No lo lastimaré como todo el mundo en su
vida ha hecho. Solo desearía que hiciera lo mismo.

Mientras limpio la casa, decidiendo usar el poco tiempo libre que tengo para
terminar mis muchas tareas, tocan la puerta.
Dejo mis guantes de goma en el mesón, y aliso mi falda. Noto marcas naranjas
en la tela blanca, causadas por las salpicaduras de blanqueador. ¿Soy la única con
ropas para limpiar? Seguro que no.
—Un segundo —digo mientras lavo mis brazos y manos.
La persona, quienquiera que sea, no golpea de nuevo y espero que no se haya
ido. Tengo mucha curiosidad. ¿Tal vez Nathan vino temprano? Eso no me
sorprendería. Solo es media hora antes y no me importa. Sé qué quiero decir y
mientras más pronto pasemos esto, mejor.
Mientras voy a la puerta, arreglo mi moño desordenado en mi cabeza. Los
mechones en la parte de atrás cosquillean mi cuello cuando un mechón errante cae
por mi nariz. Lo aparto del camino soplando mientras abro la puerta, manteniendo
mi cara estoica preparándome para que Nathan entre. ¿Está mal que no quiera que
vea lo mal que estoy?
La brisa me golpea casi tan rápido como la sorpresa de ver a Kerim de pie en 198
mi puerta, con una caja en mano.
—¡Vine con pastel! —Alza la caja más en alto y me sonríe de una forma
apuesta que no estoy acostumbrada a ver.
Excepto cuando fuimos a cenar, nunca lo he visto sin su uniforme. Jeans azul
claro y una camiseta tipo polo gris. Se ve más joven y más relajado de lo normal. Su
cabello también más despeinado, pero de una buena forma, no perezosa.
—Entra —digo después de una pausa. Mi ingenio finalmente se recupera y le
hago señas para que pase—. Por favor ignora mi estado, he estado limpiando la
cocina.
—No te preocupes. —Sonríe, mirando mi acogedor hogar—. ¿Dónde están tus
bebés? ¿Con su padre?
—Con una amiga —respondo y lo llevo a la cocina—. ¿Te ofrezco algo de
beber?
—Me encantaría un chai.
—Te negro será. —Sonrío, sabiendo qué es un chai—. Aunque solo tengo
marca PG, ¿está bien?
—Perfecto. —Deja la caja en la barra de desayuno—. ¿Puedo usar tu cocina
como si fuera la mía?
—Claro. —Si alguien me hubiera dicho hace dos años que mi chef favorito
estaría haciéndose sentir como en su casa en mi cocina, los habría golpeado en la
cabeza chequeando si tienen cerebro. Esto es irreal. Incluso aunque trabajo para el
hombre, estoy un poco perpleja—. ¿Algo que necesites en particular?
—Platos y tenedores. —Encuentra mis platos ovalados favoritos para
presentaciones mientras pongo el agua a hervir—. Prepárate un chai o un café para
ti también. Este pastel debe ser comido con una bebida caliente.
Revela el pastel de caramelo. Parece una simple esponja cubierta con
almendras, pero sé que no será simple. Mi estómago gruñe con hambre.
—Estoy segura de que no estás aquí solo para atiborrarme con té y pastel —
comento mientras corta el pastel rectangular en cuadrados. Los deja en los platos,
colocándolas perfecta y directamente en el centro de la superficie.
—Toma. —De repente aparece a mi lado y toma la olla casi hirviendo. Mirando
mientras sirve pequeñas cantidades de agua en nuestras tazas, hace girar las bolsas
de té alrededor del fondo y luego deshecha el agua en el sumidero antes de poner
más agua de la olla de nuevo—. Siempre lava las bolsas de té o absorben un sabor
metálico.
—Nunca lo noté porque normalmente tomo café.
Sonriéndome, me ayuda a terminar las bebidas y luego saca un taburete de la
barra para que me siente. Pensarías que esta es su casa, no la mía. Me siento como
una idiota en comparación a su facilidad y gracia en mi propia cocina.
—En cuanto a mi visita, estoy aquí como amigo. Con preocupación y porque
disfruto tu compañía. 199

—Oh. ¿Preocupación?
—Sí, he notado que últimamente no eres tú misma. Tu visita temprano ayer
ha sido una declaración de eso.
—¿Entonces fue un problema?
—Para nada. —Su mano cubre mi muñeca mientras mi mano agarra el asa de
la tasa—. Come el pastel; es uno de mis mejores.
Hago lo que dice, hambrienta por primera vez durante el día y sorbo mi té
mientras trago.
—Es adorable.
—Gracias. —Mira alrededor de mi cocina—. Como tu casa. Se siente tan cálida
y llena de amor en comparación a mi apartamento en el tercer piso con un
dormitorio.
—El hogar es lo que hacemos de este.
—Algo que mi madre dice. —Tiene una mirada de tal amor en sus ojos que
una mujer inferior se habría desmayado.
—¿Tus padres viven en Londres? No los he visto en el restaurante.
—Así es, pero están visitando a mi hermana en Turquía por unos meses.
—Apuesto que los extrañas.
—Sorprendentemente, extraño la comida de mi madre.
Eso definitivamente me hace sonreír.
—¿Es mejor que tú?
—Aprendí mucho de ella, pero no suficiente. Cuando regrese te llevaré a su
casa para cenar.
Parpadeando, tartamudeo.
—No quiero entrometerme.
—Para nada, no puedes entrometerte en una familia turca. Nos encantan los
invitados. —Toma su propio té y toma un gran bocado del pastel cuadrado—.
Entonces, ¿cómo y por qué no has sido tú últimamente?
No estaba preparaba para su pregunta, más de lo que estuve preparada para
su visita. Moviéndome incómoda en mi asiento, intento mentir.
—Estoy bien. No sé qué quieres decir.
—Claro. —Pone su mano en mi muñeca de nuevo e inclina su cabeza para
atraer mis ojos a los suyos—. Pero si necesitas un oído, te daré el mío. Solo estoy a
una llamada.
Sus tontas palabras me hacen reír. Desafortunadamente me hace reír justo
cuando Nathan entra en la cocina, nos da una mirada a nosotros sentados en la
barra de la cocina tomando té y comiendo pastel y reacciona de una forma que
nunca pensé que sería capaz. 200
Un grito sale de mi pecho y mi mano vuela a mi boca cuando Nathan agarra a
Kerim del cuello y lo empuja contra nuestro refrigerador estilo americano. Los
imanes caen al suelo, repicando a sus pies.
—¡Nathan! —grito con horror—. ¿Qué haces?
—¿Yo? —Suelta a Kerim quien tranquilamente se endereza. Doy un paso a su
lado, queriendo disculparme profusamente—. ¿Qué estás tú haciendo?
—Siento que mi presencia puede estar ofendiendo. —Suspira Kerim, negando
y frunciéndole el ceño a Nathan—. Pero no me siento cómodo dejándote a solas con
un hombre en un estado tan claro de angustia.
—Esto es una locura —siseo, agarrando el brazo de Nathan y haciéndolo
retroceder. Me coloco entre ambos y miro a mi prometido con el ceño fruncido—.
¿Estás loco?
—¿Tú? —pregunta, sus ojos moviéndose con dolor—. ¿Planeaste esto?
—¿Piensas tan poco de mí?
—Vine sin avisar —declara Kerim, alzando su barbilla con indignación.
—¿Tienes por hábito ir a las casas de tu personal sin avisar? —Nathan intenta
dar un paso hacia el hombre a mis espaldas, pero mi mano sobre su pecho lo
detiene. Honestamente no puedo creer que esto esté pasando.
—Sí. —Kerim da un paso al frente también y mi brazo se presiona en su
pecho—. Cuando siento que están pasando por algo, es exactamente lo que hago.
Nunca me imaginé que pudiera ser esto.
—Qué caballeroso. —Su sarcasmo no es pasado por alto para ninguno de
nosotros. Nathan gruñe en respuesta y empujo más fuerte su pecho.
—Lo siento mucho, Kerim. —Me giro y muerdo mi labio—. Nathan no es él
mismo ahora.
—¿Estás bromeando? —Suspira Nathan—. ¿Estás disculpándote por mí?
—Debes calmarte o no hablaré contigo —grito, esperando calmarme yo
misma. Tomo aire y miro al hombre a mi izquierda—. Kerim, de verdad aprecio tu
visita, pero tengo cosas que… resolver.
—Claro —susurra Kerim y toma mi barbilla entre su índice y pulgar—. Me
disculpo por entrometerme. ¿Segura de que estarás bien?
—Estará bien —espeta Nathan y lo siento tensarse con rabia—. Solo déjanos.
Kerim lo ignora mientras lo acompaño a la puerta y le agradezco por el pastel
y me disculpo otra vez. Me pregunta si estaré bien y le aseguro que lo estaré, antes
de cerrar la puerta. Tomo aire un par de veces para calmarme. Quiero arrojarle
cosas a Nathan. Quiero gritarle. No lo hago. Parte sabe que no serviría de nada y sé
que me sentiré peor después.
—Antes de que abras la boca —le digo, mi voz engañosamente tranquila
mientras mi mirada feroz se fija en la suya—, y digas algo por lo que nunca te
perdonaré encima de que asaltaras físicamente a mi jefe. —Ante mis palabras sus 201
ojos se suavizan y su mandíbula se tensa—. Tomémonos un momento para
calmarnos antes de empezar esta conversación. ¿Bien?
—¿Por qué no puedes ver que te quiere? —pregunta, su tono es exasperado.
—Oh Dios mío. —Me río, mi tono más exasperado que el suyo—. ¿Vamos a
superar esto?
—Quiero —susurra Nathan y se acerca a mí—. Quiero dejar de sentirme así.
Cuando no estoy contigo me hago todas estas promesas de que seré diferente, que
podré confiar en ti con todo mi corazón, pero… solo… —Sus manos se enredan en
mi cabello mientras la otra va a mi cadera—. No puedo sacarme las imágenes de ti y
él juntos… de ti y cualquier hombre.
—Eso no es justo para mí.
—Lo sé. —Besa mi frente e inhala profundamente—. Es mi problema y debo
lidiar con este. Es mucho más fácil decirlo que hacerlo.
—La verdad no lo es. Mientras más pronto tomes ese salto de fe, más fácil
será.
—Gwen —susurra y desliza su mano de mi cabello para ahuecar mi
mandíbula—. Te amo, con todo mi corazón, y antes de tu aversión a que nos
casáramos, sí confiaba en ti, pero… —Se detiene y aparta la mirada—. Desde que
empezaste a posponer los planes para nuestra boda, he estado esperando que te
vayas.
—Solo no he estado lista para casarme contigo todavía. No entiendo por qué
sientes que debemos apresurarnos a hacerlo.
—Porque te amo.
—¡Casarnos no evitará que te sea infiel! —Aparto su mano de mi mandíbula y
la coloco en mi pecho—. Solo yo puedo evitarlo y necesitas confiar en mi amor por
ti, así como yo confío en tu amor por mí.
—Lo sé, ¿bien? —Apartándose, se da vuelta y se mira en el espejo—. Siento
que con cada día que pasa me desespero más por conservarte, a pesar del hecho de
que sé que está mal.
—Nos arruinará.
— ¿No lo ha hecho ya?
—No —murmuro y veo la esperanza llegar a sus ojos, pero luego se va
rápidamente cuando agrego—: La mentira lo ha hecho. Podría haber pasado el
hecho de que no confías en mí; podría haberte ayudado con eso. No puedo
perdonar la mentira.
—Gwen…
—Es otra forma de desconfianza. —Me encojo de hombros, sintiendo mis ojos
picar—. No confías en mí lo suficiente con tus pensamientos internos.
—Así que, ¿qué pasa ahora? —pregunta suavemente, tan suave que una
202
lágrima cae de mi ojo.
—Necesitas encontrar otro lugar para vivir —respondo y cuando su rostro se
arruga de dolor toma todo lo que tengo para no reflejarlo.
—¿Me estás echando? ¿De verdad? —pregunta, su voz quebrándose.
—Sí.
—Pero… —Sus manos pasan por el frente de su cabello—. Puedo cambiar.
—Pruébalo.
—¿Cómo puedo probarlo si estás obligándome a marcharme?
—No lo sé, Nathan. Solo sé que no puedo vivir con un hombre que escupe
palabras venenosas para herirme mientras su mente se deteriora de una ficticia
convicción de que lo voy a dejar por mi jefe.
Pone los ojos en blanco.
—No es precisamente ficticio cuando ese hombre te desea.
—Tú solo no lo entiendes. Esto es un caso perdido.
—No es un caso perdido; ¿cómo puedes decir tal cosa?
—Tal vez tenías razón —susurro y me muevo a la cocina. Mi garganta está seca
así que bebo el resto de mi té.
—¿Acerca de qué?
—Sobre nosotros nunca concluyendo lo que pasó. Simplemente nos lanzamos
a una relación con tantas cosas entre nosotros.
—Estaba enojado. Dije muchas cosas que nunca debería haber dicho.
—Eso no significa que estabas equivocado. —Froto mis ojos y luego tironeo mi
camisa blanqueada manchada—. Te amo, pero siento que nunca es suficiente
porque constantemente lo cuestionas.
—¿Tienes alguna idea de lo frustrante que es saber que trabajas en un espacio
reducido todos los días con un hombre que te desea? Un hombre que conozco que
consigue lo que sea que quiere cuando fija su vista en ello.
—Estás siendo…
Interrumpe, presionando su pecho contra el mío y sosteniendo mis bíceps con
sus manos.
—Un hombre que es más adecuado para ti de lo que yo seré. —Mi cintura se
presiona contra el aparador mientras mantiene su cuerpo más apretado al mío—.
¿Sabes cómo se siente eso?
—¿Por qué no hablas con Kerim? ¿Aclarar la situación? Solo puedo
prometerte que nunca te engañaría. No puedo tranquilizar tu mente con cómo se
siente él porque no puedo controlar eso.
Parece que deja de respirar por el momento más largo antes de asentir.
—Bien. Lo llamaré.
203
—Solo no me metas más.
—No lo haré —promete, pero su falta de confianza me ha contagiado. No le
creo en absoluto—. Dame otra oportunidad, Gwen. Déjame volver a casa.
—No —respondo rotundamente—. Por ahora creo que es mejor para nosotros
y para los niños separarnos.
—Me niego a perderte.
—Entonces muéstrame que puedes cambiar.
—Lo haré —me asegura y besa la punta de mi nariz—. Prometo que lo haré. —
Sus labios tocan los míos suavemente—. A partir de este segundo.
Realmente espero que lo diga en serio.
—Hasta entonces, necesitamos programar nuestros turnos de trabajo para
que los niños tengan un cuidado constante.
—¿Así que todavía no puedo volver a casa?
—No.
—Pero… —Detiene su argumento y suspira pesadamente—. Bien. Comprendo.
¿Dónde están los niños ahora?
—Con Jeanine.
—Qué bien, la aman.
Sonrío suavemente y me muevo de entre él y el mostrador.
—¿Está tan mal que quiera una relación libre de drama?
—No, yo también quiero eso.
—Entonces estamos en la misma página. —Sonrío y despejo el lío del
mostrador—. Solo espero que sea un objetivo alcanzable.
—Lo es.
—Tengo toda esperanza. —Luego agrego—. También tenemos el asunto de tu
madre que discutir.
—Abordaremos eso otro día. —Se estremece y ayuda a limpiar—. ¿Por ahora
celebremos esta pequeña victoria con un café y una película?
—No permitiré que ella visite a mis hijos hasta que lo discutamos.
—Está bien, ella sabe. —Ha hablado con ella desde entonces, supongo. Esto
me molesta, pero no dejo que se muestre—. ¿Tal vez podamos sentarnos juntos y
llegar a un acuerdo?
—Quizá. —Cedo un poco—. Eso no descarta nada de lo que hiciste, sin
embargo.
—Lo sé. —Entra en mi espacio y desliza sus cálidas y grandes manos por mis
costados. Mi cuerpo se estremece sin permiso y mi garganta se seca mientras otros
lugares se humedecen. Cuando sus labios tocan mi cuello y besan un sendero suave
hasta mi hombro, ese estremecimiento se convierte en una sacudida y mis rodillas 204
se debilitan—. Lo siento.
Su mano que descansaba sobre mi cadera se desliza bajo la cintura de mi
pantalón y comienza a provocar mientras su otra mano se mueve para agarrar mi
pecho.
—Nathan —gimoteo, mi fuerza disminuyendo, no es que he intentado alejarlo
en absoluto. No importa lo molesta que esté con él, sabe exactamente cómo
atormentar mi cuerpo hasta el punto de no retorno.
—Shh —sisea en mi oído y luego toma el lóbulo entre sus dientes.
Gruñendo, mi cabeza cae sobre su hombro. Él muele fuertemente contra mí.
Siento su erección y rezo para que me libere de mi pantalón y se deslice en mí tan
lentamente como sus dedos revestidos de cuero me provocan al borde del orgasmo.
—Eso es —susurra, besando mi cuello—. Déjame hacerte sentir bien.
—Dios —gimo, envolviendo mis dedos alrededor de su muñeca—. Te deseo.
—No me lo digas dos veces —jadea mientras el cinturón del pantalón se libera.
Lo oigo pasar por el bucle de metal antes de que sus dedos separen mis pliegues y
busquen mi entrada—. ¿Estás segura?
—¿Qué? —Respiro mientras golpea contra mí.
—Sé que no te gusta hacerlo cuando estamos molestos.
—¿Estás jodiendo conmigo? —Lloriqueo—. ¡Solo hazlo ya!
No vacila otro momento antes de llenarme y suspiro de alivio. El orgasmo que
recibo simplemente por la plenitud me hace convulsionar tan mal que tiene que
sostenerme.
—Por acá —susurra y me conduce a la barra del desayuno.
Grito cuando me dobla sobre ella, presionando mi pecho hacia la dura
superficie.
—Pensé que nunca volvería a sentir esto de nuevo —admite, moviéndose a un
ritmo suave.
Con más velocidad y poder, sigue avanzando, conduciéndome hacia el borde
más veces de lo que puedo contar. Parece que se prolonga para siempre pero no
dura lo suficiente. Antes de que lo sepa, se desploma sobre mi espalda, gritando
con su propia liberación y estoy retorciéndome debajo de él, necesitando respirar.
—Por favor, no me hagas irme —susurra en mi oído, manteniéndome
inmovilizada.
—Nathan.
—Por favor. No puedo soportar estar separado de ti.
Me permite ponerme de pie y girar en sus brazos abiertos. Me envuelven con
tanto amor y calidez.
—No confío en ti. Me has hecho mucho daño.
—Lo sé —murmura mientras entierra su cara en mi cuello—. Lo lamento 205
tanto, tanto.
—Lo sé.
—Te daré el espacio que necesitas durante un tiempo —promete y me besa
suavemente—. Envíame tus horas de trabajo así sé cuándo venir y cuidar de los
niños. Los extraño.
Esto rompe mi corazón.
—También te extrañan.
—También… —Muerde duro su labio, sus ojos muestran una lucha interna
que me gustaría poder ayudarlo superar—. Todo lo que te dije… estaba enojado y
herido.
—Lo sé.
—Te amo.
—Yo también te amo.
Suspira pesadamente mientras se pone el pantalón.
—Las cosas son un lío en este momento.
—Puedes estar seguro de ello.
—Se pondrá mejor.
Asiento en consentimiento.
—Definitivamente lo hará. Tengo fe.
—No pierdas nunca la fe en mí. —Me besa una vez más tan dulcemente y con
ternura que me deja anhelando más—. ¿Lo prometes?
No lo prometo porque nunca rompo una promesa si puedo evitarlo. En vez de
eso, lo acompaño hacia fuera de nuestra casa y le escribo rápidamente mis horas de
trabajo.
Trabajo… algo que me gustaría evitar. Estoy humillada por la forma en que
Nathan reaccionó. Debería haber llamado a Kerim el segundo que se fue. No
debería haber permitido que Nathan se escapara con tal comportamiento tan
fácilmente.
No soy más que un enorme desastre.
Nada de la forma en que he manejado esto tiene sentido, incluso para mí. Mi
amor por él me ciega a la realidad de todo lo que está pasando.

Me meto en el trabajo con la cabeza baja, me ocupo de tareas tan lejanas de


Kerim como sea posible. Nunca he estado tan mortificada. Debe pensar en mí como
una carga.
Patience, Señorita Caliente y Fría como la llamo, está siendo especialmente
agradable hoy y me mantiene ocupada, así como el resto de mis compañeros de
trabajo. Kerim no se ha percatado de mí, por lo que estoy agradecida y también no 206
tanto porque no sé lo que está pensando.
¿Terminará nuestro arreglo si cree que mi equipaje podría interferir con mi
trabajo?
Tendré que demostrarle que amo mi trabajo.
Así que me quedo hasta tarde, agotándome mientras trabajamos juntos en un
silencio amistoso. Luego me quedo hasta tarde la próxima noche y la siguiente.
Nathan no lo cuestiona y Kerim sigue siendo el mismo de siempre.
Tal vez las cosas cambien por una vez.
Seguro espero eso.
Capítulo veintidós
—Iré este fin de semana —declara mi mamá—. Estaré ahí el viernes.
—¡Genial! —Estoy tan aliviada pero también nerviosa por tener que explicar
por qué Nathan no se está quedando aquí. Aún tengo que decirle a alguien, pero no
es asunto de nadie así que no lo planeo. Ahora supongo que tendré que hacerlo.
—Los extraño.
—Yo también. Lamento que no hallamos estado en contacto, ha sido tan
caótico.
—Lo mismo aquí. —Bosteza para confirmarlo—. ¿Cómo están las cosas?
Respiraciones profundas.
—Desafortunadamente, no geniales.
—Oh, cariño, ¿aún rocosas?
—Podría decir que rocosas. Prefiero el termino… separadas.
—¿Separadas? —chilla y me reiría si no estuviera tan tensa—. ¿Qué significa
eso?
—Desearía poder decirte. Se ha ido de la casa, pero no de nuestras vidas.
Se queda callada por un largo rato antes de finalmente preguntar: 207
—¿Estaba engañándote?
—No, eso quisiera —bufo, negando—. En realidad, no puedo hablar de ello.
Solo sé que se sintió como lo correcto.
—Estoy aquí, lo sabes, ¿verdad?
—Lo sé. Igual que yo.
—Gracias. —Suspira pesadamente—. Lo siento, nena. Sé que lo amas.
Mis ojos queman.
—Solo desearía que él me amara igual.
—Estoy segura de que lo hace.
No respondo porque ella no entendería sin conocer la historia completa. Mis
palabras son lo suficientemente verdaderas, si me amara de la forma que yo lo amo,
no me ocultaría cosas.
Hay un gentil golpe en la puerta.
—Mamá, te regreso la llamada.
—Está bien, sin prisa.
Mientras estoy caminando hacia la puerta, cuelgo el teléfono y me asomo.
—¿Qué está haciendo aquí? —siseo mientras mis manos comienzan a temblar.
La adrenalina corre por mi cuerpo ya y aún no estoy cara a cara con ella.
Golpea de nuevo, tan suave como antes, sabiendo que estoy en casa por mi
auto al otro lado de la calle.
—Tendrá algunas bolas —me digo y entonces abro la puerta—. No estoy
interesada.
—Gwen —dice su madre suavemente. Sus familiares ojos cafés hacen que mi
corazón duela por un hombre que ya no está en esta tierra.
Caleb, cómo te extraño. Sin importar lo que hiciste siempre voy a amarte.
—Cometí muchos errores en mi vida. Mi amargura causó que me perdiera
mucho, pero me gustaría estar aquí ahora. —Su mano descansa en la puerta para
evitar que la azote en su cara—. Haré lo que sea. Lo que sea que pidas. Clases para
padres, sesiones de grupo, detector de mentiras. —Mis ojos encuentran los suyos y
mi corazón se calienta un poco por sus palabras, aunque no lo suficiente para dejar
de odiarla—. Cualquier cosa.
—No estoy interesada. No confío en ti.
—No te culpo. Fui una madre horrible para mis dos chicos. Quiero rectificar
eso. Déjame estar ahí para mi hijo y sus bebés. —Lágrimas llenan sus ojos—. No los
visitaré sin que estés presente. Haré lo que pidas. Solo por favor…
Mi boca cae abierta.
—¿Por qué crees que mereces esto? ¿Por qué debería dejarte entrar a la vida
de mis hijos? 208
—Porque finalmente se cómo amar de nuevo y no quiero que esa sensación
muera. Amo a mis nietos. Los amo con todo mi corazón. Por favor. —Joder, ¿me
está convenciendo? ¿Cuán mal pueden ser las cosas si son visitas supervisadas? ¿Si
estoy presente, tal vez merece una oportunidad?—. Por favor, Gwen.
—Necesito tiempo para pensar.
—No —gruñe, empujando la puerta con una arrugada y delicada mano—. Si te
dejo pensarlo a solas nunca cambiarás de opinión. Puedo ser insistente. —Su boca
se tuerce con una débil sonrisa—. No quiero acosarte, pero no puedo perder esto.
No puedo perderlo y a esos niños de nuevo. —Sus ojos profundizan en los míos,
llenos de desesperación y esperanza—. Por favor, Gwen.
—Bien. —Me rindo—. Visitas supervisadas solamente.
Su sonrisa es cegadora y me recuerda tanto a Caleb que mi corazón duele.
—Gracias. ¡Gracias!
—No me agradezcas aún. Solo tienes una oportunidad. Solo una.
—Entendido.
—No estoy jugando. No creas que estoy dándote permiso para de repente
comenzar a darme consejos de crianza.
Su sonrisa es cegadora.
—Creo que yo necesito los consejos. —No es eso, ¿verdad?—. ¿Cuándo puedo
venir a verlos? Con tu planeación y permiso, por supuesto.
—Te dejaré saber. Pero déjame dejar algo claro antes de proceder.
Asiente.
—Bajo ninguna circunstancia verás a estos niños sin que yo esté presente y sin
mi conocimiento. Si descubro que has estado conspirando con Nathan de nuevo, no
solo vas a perder todos los derechos sobre mis hijos, también él. —Mi mirada la
nivela y espero estarle dando una mirada de muerte—. Haré cualquier cosa en mi
poder para protegerlos, como es mi derecho.
—Entiendo. —Quita su agarre en la puerta y retrocede—. Lamento mucho
todo el dolor que te he causado y las cosas que dije.
—No vamos a discutir nada de eso porque solo me enojará. —Reviso mi reloj—
. Me tengo que ir.
—Debería llamar o…
—No. Te enviaré un mensaje más tarde con la hora y fecha.
Asiente, sonriendo, y se acomoda el cabello corto con ambas manos.
—¿Tienes mi número? —Ese es un buen punto. Cuando me ve dudar, saca el
teléfono de su bolsa de cuero colgando en su codo y lo vuelve a guardar después de
mandarme un mensaje con un simple “hola”—. No tomaré más de tu tiempo.
Espero poder conocerte apropiadamente esta vez.
209
No estoy de acuerdo internamente y finalmente consigo cerrar la puerta.
—¡Dios! —medio grito y golpeo el aire. Odio a la mujer. La aborrezco.
¿Por qué estuve de acuerdo con esto?
Este año ha sido el más estresante, lo que es decir algo ya que casi morí en un
incendio.

Nathan viene a cuidar a los niños mientras trabajo. No hablamos mucho ni


nos miramos. Toca mi espalda cuando camino junto a él, pero además de eso hay
una rigidez entre nosotros que rompe mi corazón y sin duda también el suyo.
La mirada de anhelo que me lanza me fuerza a retener las lágrimas. Me está
dando el espacio que pedí, pero me deja saber que lo está lastimando y odio que le
duela, posiblemente más de lo que odio a su madre.
Solo no puedo superarlo hasta que entienda lo que ha hecho o al menos me dé
una buena razón del por qué lo hizo.
Si su razón para esta decepción le habla a mi alma y me permite perdonarlo y
confiar en él de nuevo, puede volver a casa. Por alguna razón, no creo que eso vaya
a pasar y me deprime más que nada más. Toda nuestra relación está descansando
en el hecho de que Nathan pueda abrirse de una manera que nunca ha hecho.

Después de revisar el horario de trabajo, le envío a Patricia un mensaje


dejándole saber que es bienvenida a unirse a nosotros la siguiente mañana para
desayunar. Inmediatamente me responde para decirme que estará aquí y mi piel
pica con la idea de que ponga un pie en mi casa. Solo siento que necesito darle esta
oportunidad por los niños y Nathan. No quiero parecer injusta.
—Estás conmigo —me dice Kerim al segundo en que salgo del área de
personal y entro a la cocina.
—¿Lo estoy?
—Síp. —Me lanza una cuchara que alcanzo a atrapar entre mis manos y
pecho—. Gel.
Gel en turco significa que vaya allá. He aprendido algunas palabras nuevas
desde que llegué aquí. Mas groserías que nada, como es usual cuando quieres
aprender un lenguaje nuevo.
—¿Qué estamos haciendo?
—Vamos a hacer más de esa sopa —dice mientras nos movemos a la estufa
más pequeña. Una olla grande en la cima—. Vamos a dar una muestra gratis a
todos los consumidores hoy a cambio de una opinión honesta.
—Buen plan. —Sonrío y lo ayudo a picar los vegetales. Seguimos su receta que 210
está en una hoja de papel detrás del estante de metal, solo sazonándolo porque
Kerim nunca pesa la sal. Dice que es una pérdida de tiempo.
—Si la aman, me gustaría que te quedaras hasta tarde para ayudarme a
hacerla en cantidad.
Asiento.
—Está bien. —No le digo que estoy aliviada por la excusa para no ir a casa. Si
tengo que ver a Nathan de nuevo antes de que anochezca no estoy segura de poder
manejarlo.
—Excelente. Comenzaremos alrededor de las diez y terminaremos cerca de
medianoche.
—¿Nos necesitas también, chef? —pregunta Harold, revisando el pescado
mientras es cortado en piezas perfectas.
—No, podemos manejarlo. Ya saben qué hacer, Gwen aún tiene que aprender.
Harold asiente, me guiña y se mueve alrededor de mis compañeros. Me vuelvo
a Kerim.
—¿Alguna vez vas a casa?
—No lo recuerdo. —Se ríe y lanza un puñado de col rebanada a la olla. El agua
burbujea gentilmente así que baja el calor y mueve la col.
—Amas tu trabajo. Creo que, si no tuviera a los niños, también estaría aquí
siempre. Especialmente para experimentar con todos tus fabulosos utensilios y
bienes de extremadamente buena calidad.
—Puedes, ¿sabes? Cualquier día que quieras. También es tu cocina.
—Gracias. Podría hacer eso. Extraño trabajar en una pastelería, mi horno en
casa no deja los pasteles como los de ellos, ¡y no me dejes comenzar con el pan!
Kerim flexiona sus dedos y hace a un lado la zanahoria que estaba cortando.
—Entonces está arreglado. Cuando tengas un día libre, nos impresionarás con
tus habilidades horneando.
—Estaré honrada.
—Debería esperarlo. —Me pasa, poniendo su mano en mi brazo,
estabilizándome—. Sigue, volveré pronto.
—Seguro. —Estoy acostumbrada a seguir sus recetas así que no me preocupa.
Es solo que es mucha cantidad y requiere muchos cortes. Podría no tenerla a
tiempo para que la prueben los consumidores. La sopa no es fácil de preparar.
Patience, como era de esperarse, está cortante conmigo el resto del día, pero
no puedo lidiar con su mierda. Necesita calmarse antes de empujarme sobre el
borde en el que ya me balanceo.

Patricia llega a las diez como prometió. No se acomoda al principio, hasta que
ve lo cansada que estoy y mantiene a los niños en la sala mientras preparo la cena. 211
Siempre preparo la comida temprano porque si no, Nathan lo hará y no es que sea
mal cocinero, es solo que los niños están acostumbrados a mi comida. Ni siquiera
comen comida rápida así que no podemos solo ponerles una cena infantil frente a
ellos. Pequeños snobs de comida. Me enorgullecen tanto.
—Pareces muerta —me dice. Tiene razón. Tengo enormes bolsas bajo mis ojos
y no tuve suficiente sueño después de que Nathan se fue anoche. Ni siquiera dijo
nada, solo besó mi mejilla y se fue. Está mal que quiera que me persiga, que pelee
por lo que tenemos. ¿Cómo es que después de todo lo que hemos pasado, no
estamos hechos uno para el otro?
—¿Te gustaría un té o café? —llamo desde la cocina, esperando que me
escuche así no tengo que ir a hablarle. Los niños están corriendo en la sala y parece
que se la pasan muy bien. También la odio por eso.
—Me encantaría un té. Gracias —grita y me apuro a preparar dos tazas—. Sin
azúcar y un poco de leche —agrega su voz rasposa por la edad.
Ya le puse azúcar así que lo tiro y comienzo de nuevo, bostezando mientras la
tetera hierve.
Cuando llevo ambas tazas a la sala y le doy la suya, me agradece y toma un
sorbo mientras curvo mis piernas debajo de mí en la esquina del sofá.
Mi cuerpo está tenso, incapaz de relajarse en su presencia. Esto parece tan
irreal.
—Se parece tanto a Caleb —murmura silenciosamente mientras Dillan pasa
un tren de juguete sobre sus muslos haciendo ruiditos.
—Sí —acuerdo tristemente—. Lo habría amado tanto.
—Lo habría hecho. —Sonríe de una forma que parece tan genuina que hace
que cada otra sonrisa que le vi parezca triste—. Lamento no haberte dicho sobre él.
—¿Perdón?
—Sobre su enfermedad. No hay nada de lo que me arrepienta más que de
cómo los traté.
¿Qué digo a eso?
Sorbe su bebida y entramos en un silencio que no es incómodo, pero
ciertamente carece de comodidad.
Después de una hora se va y dejo salir el aire de mi pecho antes de frotar mis
ojos tan duro que duelen. Entonces lucho con los niños en sus lugares de siesta y
ruego que se duerman para hacerlo yo también. Dillan no me complace y pasa los
quince minutos que Emily permanece durmiendo montado en mi espalda y
frotando mi cabello. Ama acariciar mi cabello.
Ser mamá es duro, pero lo amo.

212
Capítulo veintitrés
—No lo entiendo —espeta Nathan repentinamente. Estaba todo feliz hace un
momento, jugando con los niños en la recámara, ignorándome como el pasado par
de semanas.
—¿Eh?
Sus hermosos ojos cafés brillan peligrosamente.
—Mi madre…
—Oh. —Mis labios se quedan en la forma de la O—. Me imaginé que te diría.
—¿Ella me diría? —Luce insultado y puedo entender por qué—. ¿De repente
estamos separados y en planetas diferentes? He estado aquí casi cada día.
—No sé cómo aproximarme a ti en el momento.
—¿No sabes cómo aproximarte a mí? —Ahora luce herido, así que resoplo y
suelto un bufido—. Sí, ¿cómo se siente eso? —Su boca instantáneamente se cierra.
Continúo:
—Solo no he sido capaz de sacar el tema. Nos ha visitado algunas veces.
Hemos llegado a un entendimiento mutuo.
—¿Aun así no estoy permitido en casa? 213
Para evitar gritar, bufo con molestia.
—¡Es por eso que no estás en casa, porque no lo entiendes!
—No te enojes. —Levanta las manos—. Hablemos de esto.
—He dicho esto tantas veces, Nathan. Estoy cansada de deletreártelo. Si no
sabes lo que has hecho y no estás de acuerdo en que está mal, entonces solo vas a
hacerlo de nuevo. —Me calmo y bajo la voz—. No es acerca de que vieras a tu
madre. Es que no me dijiste. Abiertamente me mentiste numerosas veces ¡Y me
hiciste sentir que estaba enloqueciendo!
—No podía…
—Hablarme. —Lo miro, absorbiendo cada pulgada de él. Quemándolo en mi
memoria—. Lo sé. Lo has mencionado y es lo que más duele.
—Me siento tan perdido. —Se da la vuelta y reacomoda la tetera con el azúcar,
té y tazas—. Pensé que solo estaba dándote espacio. No me di cuenta de que
necesitabas que me arrastrara.
Mi boca cae abierta.
—¿Arrastrarte? ¡Traicionaste mi confianza!
—Con buena razón.
—¡Dime la razón, así puedo juzgar!
—¡PAPI! —grita Emily desde el pasillo. Es un grito feliz, no triste o asustado,
así que ninguno entra en pánico y le permito a Nathan salir del cuarto para lidiar
con ella. Cuando vuelve con Emily en sus brazos, aparta la mirada y evita la
conversación.
—Has estado quedándote más tarde en el trabajo últimamente.
Encogiéndome de hombros, remuevo a Emily de sus brazos y la pongo en su
sillita. Dillan viene corriendo tan pronto como escucha el refrigerador abrirse. Les
doy a ambos un yogurt y sonrío cuando al instante se quedan en silencio.
—¿Algo que quieras decirme? —presiona Nathan, pareciendo nervioso.
—He estado trabajando.
—¿Por qué tan tarde?
—Estamos construyendo un nuevo menú así que me he estado quedando a
ayudar.
Asiente y lame su labio inferior. Brilla y extraño tanto besarlo. Cuando se da
cuenta de que estoy mirando, sus pupilas se dilatan y sé que siente lo mismo.
—¿Con todos?
—¿Por qué me estás interrogando? —Suspiro, sabiendo exactamente a donde
se dirige esta conversación.
Su ceja se eleva cuando espeta.
—Has estado sola con Kerim. 214
—Y así comienza. —Me río sin humor—. Es una de las razones por las que no
te he hablado las pasadas semanas.
—Tengo derecho a saber.
—No, no lo tienes —susurro-grito—. Ya no. ¡Perdiste ese derecho!
La tensión entre nosotros se espesa y puedo ver a Nathan batallando con la
urgencia de tomar represalias. No lo hace. Se da la vuelta y deja la habitación para
calmarse y me alegra. Cuando vuelve, me ayuda a limpiar a los niños, pero no habla
de nuevo antes de que me vaya a trabajar.
Esto no se está volviendo más fácil. Para nada.

Mientras el día de trabajo avanza, pierdo el interés y me encuentro pensando


en la visita de mi madre hace un par de semanas. Está brillando y tan enamorada.
Desearía haberla visto así cuando estaba creciendo. Era también de tanta ayuda en
la casa que cuando llegó la hora de que se fuera oculté su maleta. Decir que estaba
impresionada sería una completa mentira. Fue divertido, sin embargo.
—¿Te quedas hasta tarde hoy? —pregunta Kerim en voz baja mientras pasa mi
estación.
Asiento.
—Si está bien contigo. Necesito hacer un pastel para mi amigo Tommy.
—¿Cuál es la ocasión?
—Vienen de visita y el ama el pastel.
Kerim sonríe.
—Debería ayudar. Será un pastel digno de un rey.
—No tienes que hacerlo, sé que estás ocupado.
—Será un placer.
Tommy nunca querría irse.
Pensar en Tommy y Sasha me hace dar cuenta que Sasha no ha traído a
colación la posible declaración en un rato. ¿Ya lo superó? En realidad, debería
contarle sobre Nathan y yo. Estaría herida si lo descubre sin que se lo advierta.
Decirles a las personas simplemente parece tan definitivo y aún no estoy lista.
¿Me estoy aferrando a algo que ya no existe?
Mientras el resto del equipo se va, ansiosos por llegar a casa después de una
noche difícil, comienzo a tomar los ingredientes que necesito de la despensa.
—¿Qué estamos haciendo? —pregunta Kerim desde la entrada. Le doy lo que
está en mis brazos y respondo:
—Pastel de dulce de azúcar con triple chocolate.
Hace una mueca y me río ligeramente. 215
—Tampoco es mi primera opción. Tommy tiene un diente extremadamente
dulce.
—Tommy es… —dice esperando más de mí.
—Mi mejor amigo, que también está casi comprometido con mi otra mejor
amiga Sasha.
—Oh, te he escuchado mencionarla.
Asiento y tomo los ingredientes finales. Salimos de la despensa y los dejamos
en la mesa de en medio. Es la más cercana a los hornos.
—¿Qué forma?
—Circulo.
Toma los moldes circulares de pastel y los pone en la mesa a lado de los
ingredientes.
—Nunca he hecho un pastel sin receta, sin incluir los que conozco de
memoria. Siento que estoy aprendiendo algo nuevo hoy.
—Yo difícilmente peso algo. Soy tan floja para eso —admito, sonriendo
mientras rompo huevos en un tazón de cristal y Kerim agrega el agua que acaba de
recolectar—. Gracias de nuevo por dejarme quedarme casi cada vez que trabajo.
—Has sido de mucha ayuda. —Muerde su labio inferior—. Aunque…—Se
aclara la garganta y se sube al mostrador antes de comenzar a mezclar el tazón de
agua y huevos en su regazo—. ¿No puedo evitar sentir que te estás quedando por
otra razón además de ayudar? Disculpa por entrometerme.
—Está bien. —Lentamente agrego harina al tazón, riéndome cuando se va por
un lado cayendo directamente a su regazo—. Lo siento.
—Seré un pastel caminante cuando terminemos.
—Probablemente. Deberías haberme visto cuando trabajaba en la pastelería.
Usaba redes para el cabello y aún me las arreglaba para tener mermelada en el
cabello.
—No es difícil de imaginar.
Inclinando la cabeza, le doy una sonrisa completa y agrego azúcar, con
cuidado de no tirarla sobre él esta vez.
—Entonces… ¿está todo bien? ¿Está bien Nathan?
Esta vez me muerdo el labio, preocupada por lo que voy a decir a
continuación.
—Es un proceso algunas veces, pero… no lo sé, las cosas van a mejorar,
¿verdad?
—Tú dime. —Estornuda en el brazo de su chaqueta y maldice antes de ir a
limpiarse. No era un desastre, pero Kerim está obsesionado con la higiene.
Ponemos el pastel en el horno y bromeamos alrededor mientras limpiamos el
216
área cubierta de harina y otros ingredientes. Entonces preparamos los diferentes
glaseados.
—Aún vamos a estar aquí por un par de horas. No tienes que quedarte —le
digo cuando el reloj marca la medianoche.
—Estoy bien. No trabajo mañana así que no necesito sueño —me asegura,
torciendo el borde de una manga de glaseado—. Además, estoy emocionado por
probar este delicioso pastel de apariencia pegajosa.
—Yo también. —Sonrío, mostrando mi emoción—. Oh por Dios, está apenas
comenzando a cocinarse y ya huele delicioso.
Nos sentamos lado a lado, nuestras piernas moviéndose. Esta va a ser una
larga hora de espera para que se cocine y después esperar que se enfríe.
—Veamos una película.
—¿Dónde?
Toma mi mano y me baja antes de llevarme a su oficina.
—Siéntate. —Apunta el sofá a un lado, es de cuero café brillando en la tenue
luz que pasa por la ventana.
—En verdad vives aquí —me burlo cuando enciende un proyector encima de
mi cabeza y una imagen cuadrada ilumina la pared blanca.
—Sí. De verdad.
Espero a que conecte la laptop en su escritorio al proyector. Cuando se une a
mí con un control en la mano, escogemos una comedia y nos sentamos en lados
opuestos del sofá, en silencio y cansados, pero disfrutando el olor del pastel.
Mi teléfono vibra en mi bolsillo. Lo saco y parpadeo mientras la luz de la
pantalla me ciega.
—¿Hola? —susurro.
—Hola —susurra Nathan. Estoy insegura de por qué—. ¿Por qué estás
susurrando?
—Porque hay silencio. —¿Qué tipo de explicación es esa?—. ¿Está todo bien?
¿Están bien los niños?
—Están bien, durmiendo. —Se queda en silencio por un largo rato. Atrapo la
mirada de Kerim y gesticulo una disculpa por enturbiar la paz—. ¿Puedo quedarme
esta noche? —Mis labios se separan—. Solo en el sofá, estoy cansado. Acabo de
despertar y no creo que deba conducir.
¿Quién soy yo para negarle eso? También es su casa.
—Por supuesto.
—Gracias —murmura y lo escucho caer, sin dudar en el sofá—. Te amo Gwen.
Sé que no lo muestro tan bien como debería, pero lo hago.
—Yo también —susurro incluso más silenciosamente que antes—. Buenas
noches.
217
—No trabajes demasiado.
Si solo supiera lo que en realidad estoy haciendo. ¿Estoy siendo tan mala
como él, ocultándole información? No, no es lo mismo. Voy a decirle en la mañana.
No puedo evitar si Kerim quiere quedarse. Yo no se lo pedí.
—¿Estás disfrutando la película?
Asiento en respuesta y me acomodo en el sofá.
—No dejes que me quede dormida.
—Te iba a decir lo mismo.
Riéndome entre dientes, trato de ponerme incómoda para no dormirme. El
pastel no puede quedarse un segundo más de lo necesario o se secará más rápido
que las arenas del desierto.
La película sigue y aunque nos mantiene ocupados no detiene a mi mente de
caer con cansancio. Nunca he estado más aliviada que cuando la alarma del
temporizador se apaga, anunciando el final de la cocción. Saltando, casi choco con
Kerim que hace lo mismo. Nos reímos y me empuja para correr hacia el pastel.
—Primero las damas —grito detrás de él y rápidamente se detiene y me deja
pasar, demasiado orgulloso para ser llamado dama. Es una victoria para mí.
Aún me vence en el horno y saca el pastel con cuidado. Luce estupendo. Estoy
tan emocionada porque se enfríe así puedo cortarlo y agregar el glaseado.
—La cubierta está lista, ¿deberíamos terminar la película? —sugiero. Parece
mejor que pararnos sin hacer nada.
Asiente.

Cuando desperté esta mañana tuve esta sensación de muerte inminente, como
si algo muy malo estuviera a punto de pasar, así que cuando pasó medianoche y
todo estaba bien, me sentí aliviada y desafortunadamente bajé la guardia. Mientras
levantaba el cortado, adornado y relleno pastel para ponerlo en la caja, se deslizó de
su soporte.
—¡Oh por Dios, Gwen! —grita Kerim enojado mientras trato de atrapar el
pastel entre mis brazos y pecho. Dejo caer el soporte en mi intento de salvar el
pastel, pero desafortunadamente no lo logro. Lo pierdo y cae del lado equivocado
cuando trato de corregir su descenso.
Cae en el piso de baldosas, lanzando pedazos en diferentes direcciones.
—¿Qué carajos pasó? —grita, luciendo tan enojado como me siento. Su furia
no está ayudando, ya me siento mal—. Horas de esfuerzo desperdiciadas, ¡horas!
—No lo sé —le grito en respuesta—. ¡Debo ser jodidamente idiota!
Lanza la caja al otro lado de la habitación y se dobla en sí misma, volviéndose
un poco más que una tarjeta blanca. 218
Entonces lo siento, su mano en mi nuca, la otra en la base de mi columna, y
entonces labios firmes en los míos. Mi jadeo solo le permite entrada y
gustosamente empuja su lengua en mi boca.
Un profundo gruñido sale de su garganta mientras sostiene mi apretado e
inseguro cuerpo cerca de él. Mi distraída, confundida, tensa forma no hace nada
mientras me besa de nuevo, sin darme escape, y por una estúpida fracción de
segundo me pierdo en la pasión que se construye entre nosotros. Pero entonces la
realidad golpea y lo empujo lejos de mí.
—Oh por Dios. —Respiro, jadeando por aire, mis labios adoloridos y pulsando.
Los toco con las yemas de mis dedos—. Oh por…
—Gwen —susurra, quebrando mi burbuja, así que doy un paso atrás—. Me
disculpo. Puedo ver que te molesté. No fue mi intención.
—Acabas de besarme. —Niego y pongo mi mano contra su acelerado corazón
para evitar que se acerque más—. Amo a mi prometido.
—Lo sé… es un querido amigo. Tuve un momento de debilidad.
—¿Un momento de debilidad?
Inhala lentamente para nivelar su respiración y traga.
—Me torturas, diariamente. Cada centímetro de ti.
Esto no está pasando.
—Debería irme.
—No —insiste, mirando alrededor de la cocina y entonces al desastre en el
piso detrás de nosotros. Cuando me alcanza y trata de acercarme, paso bajo su
brazo para escapar, torciendo mi brazo tan rápido que mi piel pica. Mis pies pisan
el esponjoso desastre de pastel en el suelo y casi me resbalo mientras trato de
brincarlo.
—Joder —siseo en voz baja
—Gwen. —Entra en pánico, moviéndose para bloquear mi camino—. También
te perdiste. Lo sentí. Me devolviste el beso.
—Por menos de un segundo.
—Más como tres —corrige, alejando la mirada avergonzado—. Me disculpo.
No fue el momento correcto.
—¿El momento correcto? —Mi voz es un gemido agudo—. ¡Nunca habrá un
momento correcto! Esto nunca puede pasar de nuevo.
—No pasará. No deberías decirle a Nathan. ¿Entiendes? Los arruinará.
Mi mandíbula golpea el piso, ¿cómo se atreve?
—Tengo más fe en mi pareja que eso. —No es que estemos juntos, pero no
estamos exactamente separados. Sé que le molestaré. Sé que ha estado luchando
con mi relación con Kerim. Debería estrangularme por no creerle con respecto a las
intenciones de Kerim.
219
—Siéntete libre de decirle, pero como un hombre que sabe, él nunca confiará
en lo que tienes aquí.
Profundamente sé que tiene razón y eso me aterroriza. No quiero mentirle a
Nathan, pero tampoco quiero echarle leña al fuego.
—¿Por qué estás tan preocupado por lo que diga o no diga?
—Solo estoy tratando de aclarar tu mente antes de que te vayas.
—¿Aclarar mi mente? —Me río una vez más, aunque no es divertido—. Estás
loco. Eres mi jefe… mi chef.
—Seríamos perfectos el uno para el otro.
—¡Yo ya soy perfecta!
Pasando alrededor de él, voy directamente al cuarto de personal a recoger mis
cosas. Necesito poner tanta distancia como sea posible entre Kerim y yo.
—Sé que te sientes de la misma forma. Es por lo que te escondes aquí conmigo
en lugar de con tu prometido.
—Estás alucinando —murmuro mientras lo paso una vez más. Estoy aliviada
cuando me deja ir.
No es hasta que estoy afuera que me grita.
—Me devolviste el beso. Pudo haber sido por solo un segundo, pero pasó.
Piensa en eso antes de tomar otra decisión con respecto a mí.
Mis pies aumentan el paso, ansiosos por alcanzar mi auto y conducir a casa.
No quiero o necesito este drama. Solo quiero una vida tranquila y feliz sin
todos estos obstáculos esperando a probar mi fuerza y paciencia. Si hay un Dios,
me puso en el lado agrio de su plan.

220
Capítulo veinticuatro
—¡No tienes idea de lo feliz que estoy de verte! —Voy a abrazar a mi amiga,
pero me detengo en seco cuando veo cuán diferente luce. Su cabello es negro
azabache y fluye en gruesas ondas más allá de sus hombros—. ¡Estás hermosa! Has
cambiado tu cabello.
Se muerde el labio, reprimiendo una extensa e incontrolable sonrisa.
Entonces, su mano izquierda se alza más y más alto hasta que la brillante roca en
una fina banda de oro atrapa el sol y me ciega totalmente con felicidad.
Empezamos a gritar como niñas de escuela y finalmente nos abrazamos,
todavía rebotando arriba y abajo en el lugar.
—Le contaste entonces. —Tommy ríe entre dientes, dando un paso a su lado y
rodeando sus hombros con su brazo después de que nos separamos—. No ha dejado
de mirarlo desde que se lo di ayer.
—¿Qué te tomó tanto tiempo? —Sonrío, abrazándolo.
Me siguen dentro de la casa mientras responde:
—Bueno, sabía que estaba emocionada, así que quise hacerla esperar.
—Eres un señorito —declara ella, pero su sonrisa permanece. Él la besa en la
mejilla y mira alrededor de mi cocina.
221
—No tengo pastel. —Hago una mueca de disculpa y su rostro se contorsiona
con una mezcla de horror y decepción—. Se me cayó.
—Aún me lo habría comido.
—Lo siento. —Voy a abrazarlo, pero me rehúye juguetonamente. Sasha me
abraza en su lugar y luego pregunta lo temido—: ¿Dónde están Nathan y mis bebés?
—Los llevó al parque para que pudiera instalarlos y entregarles las
decepcionantes nuevas noticias sobre el pastel a Tommy.
Ella rápidamente se distrae por la foto de Caleb en el microondas.
—¡Oh Dios mío! Ha pasado demasiado tiempo desde que miré este rostro. Me
está poniendo emocional.
—Era un tipo atractivo. —Tommy niega despacio—. Qué desperdicio de vida.
—Lo extraño —admito en voz alta y Sasha regresa la foto a su lugar.
—Todos lo hacemos. —Entonces sonríe y añade—: Él querría que
celebráramos mi compromiso.
—Los niños. —Hago un puchero.
—No necesitamos salir para celebrar.
Despertar por la mañana es la peor cosa que me sucede. Mi cabeza duele,
tengo náuseas y mi espalda está sudorosa de donde Nathan me está aplastando,
respirando vodka en mi rostro. Está usando mi mejilla como cojín de la suya y mi
espalda como cojín de su cuerpo.
—Quítate —gruño, codeándolo en las costillas—. Voy a vomitar.
De inmediato se levanta y me sigue cuando corro al baño. Contando hasta
tres, inhalo profundamente y devuelvo los restos de anoche de mi estómago. Duele.
Necesito agua.
Nathan, sintiendo esto, se va deprisa después de recogerme el cabello y
regresa con una botella fría de agua.
—Pequeños sorbos —susurra, ayudándome a sentarme.
—¿Por qué bebí tanto? —Tiro de la cadena del váter y me apoyo contra la
pared. Nathan se agacha delante de mí, viéndose un poco inestable—. Todo está
borroso.
—Te divertiste —responde, sonriendo cálidamente.
—Tal vez demasiado.
—No existe tal cosa.
Recuerdo intentar lograr que me atara a la cama. También lo recuerdo
tropezando con la manta que pateé al suelo y cayendo en un montón. Mis labios se
curvan en una sonrisa. 222

—También estabas borracho.


—Creo que aún lo estoy. —Me mira y extiende una mano para que la tome—.
Vamos: dientes, ducha y a enfrentar el día.
—Los niños.
—No te preocupes. —Besa mi cuello y coloca un cepillo de dientes en mi
mano—. Sasha los llevó a desayunar con Tommy. Al parecer, le gusta comer para
deshacerse de su resaca.
—¿Qué hora es?
—Casi las once.
—Soy la peor anfitriona de la historia.
Me besa de nuevo en el cuello.
—Y la más sexy. —Luego ordena—: Dientes.
—Sí, jefe.
¿Nos reconciliamos anoche? No puedo recordar mucho más allá de las
primeras tres bebidas e intentar tener sexo con él. Sin embargo, no lo hizo, siempre
caballero incluso cuando estaba lleno de vodka. Soy tan ramera. Si sigo dándole a
Nathan señales mezcladas, nunca va a recuperarse o prestar atención a los
verdaderos problemas que nos ocupan. Además, no puedo echarlo de nuevo; eso
sería totalmente injusto.
—Hablaremos cuando nos sintamos mejor —susurra Nathan, viendo mi lucha
interna a través de mis ojos reflejados en el espejo. Antes de guiarme a la ducha,
besa mi mejilla y exhala en mi oído—: Te amo. Para siempre. Sea cual sea la
decisión que tomes con respecto a mí y nuestro futuro, siempre te amaré y te
adoraré y siempre querré solamente tu felicidad.
Mierda. Soy un charco. Siempre dice las cosas correctas, normalmente en el
momento equivocado, pero las dice y no tengo duda de que son en serio.
En lugar de responder, entro en la ducha. Cuando termino, reviso mi teléfono,
lista para mandarle un mensaje a Sasha, pero me gana cruzando la puerta con mis
bebés a remolque.
—¡Wing a WOSES! —chilla Dillan tan alto que oigo cristal agrietarse.
—¡POSES A PO! —se une Emily.
—¡A TISSUE A TISSUE! —canta Tommy con ellos, igual de alto e irritante.
Sasha se ve en el séptimo cielo y ya puedo verla planeando el nacimiento de su
primer hijo. Solo espero que aguarde un tiempo más antes de que el chillido de un
recién nacido puede ser oído en su casa.
—We all fall down —termino.
Nathan aparece en el pasillo y recoge a ambos niños, uno en cada brazo.
Cómo saca fuerza para eso, no tengo idea; apenas puedo sostenerme en pie.
—Espero que no te importe, pero vamos a ir a hacer un poco de turismo —me 223
dice Sasha educadamente.
—¡Por supuesto! No tienen que pasar todo el tiempo aquí.
—Volveremos en unas horas.
—Está bien —le aseguro, porque de verdad lo está. No hay nada peor que estar
atada y sentirte culpable por querer hacer tu propia cosa. Conozco esa sensación
demasiado bien—. Vayan y exploren.
—¿Estás segura?
—Vayan. —Me río, empujándola hacia la puerta—. Prepararé un pequeño y
normal pastel para cuando regresen para reemplazar el que se me cayó.
—¿Se te cayó uno? —inquiere Nathan. Asiento y le doy una mirada que dice
que le contaré más tarde.
Qué le contaré exactamente, no lo sé.
Sasha se va, llevándose a Tommy y Emily con ella porque ésta dormirá
durante toda la salida en su cochecito de todos modos, mientras que Dillan los
agotará. Sin embargo, es agradable tener algo de tiempo a solas con mis chicos. Ya
están luchando y Sasha todavía no se ha ido.
—¡ROAAARRRR! —ruge Nathan y un emocionado Dillan ríe sonoramente.
—Oh, no, un monstruo aterrador. —Finjo tener miedo y me escondo con
Dillan detrás de la silla—. ¿Qué haremos?
Dillan esconde su regordete rostro en el hueco de mi cuello, todavía riendo
tan violentamente que su cuerpo tiembla. Nathan me lo quita y, todavía gruñendo,
empieza a morder cada rechoncha zona de nuestro pequeño niño. Me recuesto,
sonriendo ante la vista de su felicidad. ¿Por qué deben las relaciones ser tan
complejas?
—¿Quién tiene hambre? —pregunta Nathan mientras Dillan cuelga de su
espalda, sus brazos apretados alrededor de su cuello.
—Tengo que hacer pastel.
—¿Por qué no voy a comprarnos algo para almorzar?
Sonriendo, admito:
—Eso suena bien.
Se inclina y me besa la mejilla.
—Me llevaré al mocoso; solo llorará si lo dejo contigo de todos modos.
—Cierto.
—El niño de papá.

Regresa pronto con una bolsa llena de comida y un durmiente Dillan apoyado
en su hombro. 224
—Bendito sea —susurro y tomo la bolsa—. Ve y acomódalo.
—¿Y luego hablaremos?
Asiento y paso una mano por el cabello de mi niño.
—Y luego hablaremos.
Antes de que salga de la cocina, se vuelve y dice:
—Eso huele maravilloso, por cierto.
—¿Verdad? —Sonrío, mirando al horno donde mi pastel está elevándose
felizmente.
Cuando Nathan vuelve a la habitación, me muerdo el labio con fuerza y hablo.
—Antes de que entremos en lo pesado, yo… necesito contarte algo.
—Adelante. —Me mira con cautela y permanece tranquilo a unos treinta
centímetros de mí.
—Hace dos noches, cuando me quedé hasta tarde para hacer el pastel de
Tommy…
—¿El que se te cayó?
Asintiendo, continúo:
—Kerim… —Mierda, esto es difícil de decir. Alejo mis ojos—. Tenías razón
sobre Kerim queriendo más de lo que pensaba.
—¿Qué? —sisea peligrosamente y sus manos se empuñan a sus costados.
—Por favor, no hagas un problema de esto.
—¿Un problema del hecho de que otro hombre, un amigo, le ha mostrado sus
verdaderas intenciones a mi mujer?
Oh, querido.
—¿Qué pasó exactamente?
—Me besó. —Pienso en el impacto de su boca en la mía y luego me estremezco
ante el recuerdo con culpabilidad—. Y por menos de medio segundo, puede que le
correspondiera. —Se congela, su rostro palideciendo, así que rápidamente añado—.
Fue una sorpresa y no estoy bromeando… fue solo por un segundo.
—¿Medio segundo o un segundo? —espeta, temblando con ira.
—¿Importa?
—Supongo que no. —Su tono es mordaz, furioso—. ¿Y entonces lo empujaste?
—¡Por supuesto! —Agacho la cabeza para atrapar sus ojos, que están bajos
mientras intenta recomponerse—. No estoy interesada en Kerim. Nunca te haría
daño de esa manera.
Sus labios se convierten en una fina línea blanca y entonces mi corazón se
dispara cuando me atrae contra su pecho y murmura:
—Te creo. 225
—Gracias. —¿Al fin está aprendiendo a confiar en mí?—. No sé qué hacer.
—No harás nada —dice suavemente y descansa su barbilla en la cima de mi
cabeza.
Esto me hace cuestionar:
—¿Qué vas a hacer?
—No lo sé. —Se retira y deja escapar un triste aliento—. En realidad, ya no
eres mía, ¿no es así?
—Esa es una pregunta difícil de responder.
Asiente una vez, viéndose como si supiera exactamente lo que yo iba a decir.
—Confío en ti. Sé que piensas que no, pero lo hago.
—Sé que crees que lo haces, pero no.
—¿No podemos tener cosas separadas del otro? ¿Tenemos que ser
comunicativos con cada pequeño detalle?
—En absoluto. —Coloco mi mano sobre mi corazón—. No soy tan irrazonable.
—Intenta hablar, pero alzo la mano para silenciarlo—. Pero de repente ponerte en
contacto con tu madre e implicar a nuestros hijos no es un pequeño detalle.
—Buen punto. —Frota su rostro con sus manos y suspira—. No sé qué estoy
haciendo. No quiero seguir hiriéndote.
—Entonces no lo hagas.
—No es tan fácil cuando lo que necesitas de mí es algo que no puedo dar.
—¿Por qué? —Agarro la manga de su camisa, desesperada para que me dé
más que eso—. ¿Por qué no puedes? —Cuando no responde, le doy un tirón a su
camisa—. He estado en deuda contigo desde el incendio.
Su mirada es inquisitiva.
—Te he dejado pasar sobre mí, Nathan —susurro, alejando la mirada—. Las
cosas que has ocultado, la manera en la que he respondido… Esencialmente he
estado permitiendo tu comportamiento porque literalmente casi moriste por mí.
—No me debes nada.
—Lo sé, pero sentía como si lo hiciera, así que he estado permitiéndote
mentir. He estado permitiéndote tratarme mal porque pensé que no me merecía
nada mejor —explico en voz baja—. No va a ser así más. Ya no puedes tratarme
como lo has estado haciendo. Los celos, la desconfianza, las mentiras…
Asiente solemnemente.
—Sé que he sido un poco intenso últimamente. Realmente lo estoy
intentando.
—Eso espero, porque no es justo. No te culpo completamente por todo.
Debería haberte escuchado sobre Kerim. No confié en tu juicio y lo siento por eso.
226
—Tu pastel —declara, ocultando cualquier emoción de mi vista.
—Mierda —siseo y corro hacia el horno. Saco el pastel justo a tiempo. Se ve
perfecto, pero solo el tiempo dirá si lo es o no.
—Deja de maldecir; no te va.
—Lo siento. —Mis enguantadas manos a prueba de calor, colocan el pastel en
la rejilla. Cruzo los dedos para que este no termine en desastre como el último—. Y
lamento que casi le devolviera el beso. No fue porque fuera él… No sé cómo
explicarlo más de lo que sé por qué lo hice.
—Está bien; estás confusa y bajo un montón de estrés ahora mismo. Ambos lo
estamos. —Siento su calor contra mi espalda mientras miro con fijeza al pastel
enfriándose.
—¿Por qué estás siendo tan lindo conmigo? —Si el zapato estuviera en el otro
pie, me volvería loca, a pesar de cuán irracional podría ser.
—Porque no quiero perderte. Prometo que lo haré mejor. Tienes razón… sobre
todo. Me siento terrible.
Vaya.
Apenas puedo respirar. Sus palabras me debilitan.
Besa la curva de mi cuello y se aparta.
—¿Puedo quedarme más tiempo?
—Por supuesto. —Por fin me vuelvo e inclino mi cabeza hacia mi casi
prometido—. Quédate tanto tiempo como necesites.
—Necesito para siempre.
—Un paso a la vez, ¿de acuerdo?
Sonríe, aunque es una mezcla de tristeza y diversión.
—Entendido.
—Bien, al menos entiendes algo de lo que digo —me burlo y su respuesta es
pellizcar mi cadera y presionar sus labios sobre los míos. ¿Hacer esto es normal
cuando se está separado? ¿Quién sabe?

227
Capítulo veinticinco
La mamá de Nathan aparece a las diez en punto, sosteniendo una bolsa llena
de regalos para niños, incluso un nuevo y hermoso sombrero y bufanda para mí,
listos para el invierno. Le agradezco y la dejo tener privacidad con los niños. Nos ha
visitado tantas veces que se ha vuelvo más fácil y estoy empezando a disfrutar de su
compañía. La mujer frente a mí no resuena con la mujer que una vez conocí. Es
mucho más despreocupada, feliz y parece estar casi en paz, a pesar de que hay una
mirada torturada que puedo decir que trata de alejar. Ella lo negaría si le
preguntara.
Nathan se ha mudado de regreso y duerme en la habitación de Dillan. No
puedo confiar en mí con él en la cama. ¿Quién me puede culpar? Es un dios
masculino. Su cuerpo es la perfección, su amor por mí y su personalidad aún más.
En cuanto al trabajo, no he ido mucho durante las últimas semanas y cuando
he estado donde Kerim, él no ha estado allí o ha estado ocupado. Afortunadamente
no me ha preguntado sobre lo que ocurrió y espero que podamos superarlo sin
problema.
Nathan no quiere que le diga nada, pero Sasha cree que debería hacer las
cosas bien, y aclararlo todo, incluso nuestra posible asociación y mi promoción. Lo
que me preocupa es que la asociación fue una promesa basada en nosotros
durmiendo juntos y ahora que eso está fuera de la mesa, estoy fuera, lo que 228
significaría que no soy tan buena como Karim dijo.
Esta realidad me devastará. Me devasta.
La alarma en mi teléfono suena, recordándome mi cita con el doctor. Reservé
para obtener el DIU de control de natalidad, y lo olvidé completamente. Debí haber
puesto un recordatorio más temprano.
—¡Rayos! —siseo y envuelvo mi cabello alrededor de una mano mientras trato
de pensar sobre qué hacer. Podría reprogramar, pero tomará al menos dos meses y
no puedo soportar otro día con esta pastilla. Me está poniendo muy enferma. ¿Por
qué soy tan cabeza dura?
—¿Qué pasa? —pregunta Patricia suavemente, poniendo su taza de té al lado,
fuera del alcance de los niños.
—Olvidé una cita que tengo. —Hago una mueca, comprobando de nuevo la
hora en mi celular—. ¿Te importaría terminar la visita un poco más temprano de lo
esperado?
Luce decepcionada y no la culpo, apenas llegó.
—¿Tal vez podría cuidarlos por ti? Realmente no sería un problema.
Mi corazón bombea en mi pecho ante ese pensamiento, no estoy segura, a
pesar de nuestros numerosos encuentros.
—Está bien. —Levanta sus manos y me da una sonrisa tranquilizadora—.
Entiendo tu renuencia. ¿Tal vez en otra ocasión?
—Esperarías... solo por un segundo. Llamaré a Nathan.
Ella sonríe de nuevo y me observa salir de la habitación. Esto se siente mal de
todas las formas posibles y por supuesto me asusta, pero también quiero darle la
oportunidad. Ella no abusó ni psicológicamente de Nathan y realmente ama a los
niños, lo puedo asegurar. No cometería ese error.
Esta es una decisión tan difícil. ¿Qué pasa si hago mal?
—Hola —me saluda Nathan, sonando jadeante a través de mi teléfono—. ¿Qué
pasa?
—Me estoy poniendo la DIU hoy.
—¿En serio?
—Lo olvidé completamente. —Me reclino para ver a Patricia sentada en el
suelo con los niños, jugando con su tren de juguete—. Los llevaría conmigo, pero…
—¿Pero?
—Tu mamá dijo que quiere cuidarlos.
Él deja de respirar como yo y luego silva largo y alto.
—Eso es… no estoy seguro si estoy cómodo con eso. ¿Qué piensas?
—Por eso te estoy llamando.
—¿Cuánto tiempo estarás allá? 229
—Una hora, hora y media tal vez.
Hace un chasquido con su lengua antes de contestar:
—Se merece la oportunidad. ¿Cierto?
—Estoy de acuerdo. Ha estado aquí más veces de las que puedo contar.
—Solo… ve. Ella estará bien.
—¿Estás seguro? —pregunto cautelosamente— ¿Seguro que estás seguro?
Se ríe entre dientes.
—Estoy seguro. Le haré una video llamada. Estará bien. Buena suerte.
Cuando vuelvo a entrar a la habitación, recojo a Emily y le beso la mejilla.
Luego reúno el coraje para finalmente preguntarle a Patricia:
—¿Estás segura que no te importa?
Su cara se ilumina tan brillante que calienta mi corazón.
—No me importaría jamás. —Cuando sus ojos empiezan a relucir con
lágrimas, me revuelvo nerviosamente en el asiento y beso a Emily para desviar mi
atención—. Esto significa mucho. Demasiado
¿Demasiado?
—Con suerte no tomará mucho tiempo. Nathan dijo que te hará una video
llamada en algún momento.
—Está bien, vete. Todo estará perfecto. Ya lo verás.
Y así lo hago, mi corazón latiendo rápidamente y mis piernas me llevan más
rápido que nunca.
Cuando regreso, mi estómago tiene calambres y duele de una manera
horrible, me tambaleo dentro del baño y vomito casi de inmediato.
—Oh mi Dios, Gwen, ¿estás bien? —Patricia golpea la puerta del baño.
—Esa fue la peor experiencia de mi vida —gimo, recordando el dolor punzante
mientras el DIU era insertado. Los calambres se hacen tan fuertes que me es
imposible ver directo. Estoy adolorida.
—Te hare un té de hierbabuena.
—¿Ellos están bien? —grito mientras ella baja las escaleras.
—Están bien. Emily está durmiendo en el sofá —responde, lo suficientemente
alto para que la escuche.
Estoy aliviada de que estén bien, pero en el fondo sabía que lo estarían o
nunca hubiera salido por la puerta. Solo deseo no haber salido. Mi estómago duele
tanto. El procedimiento en sí no fue tan terrible. Dolió, pero no como lo imaginaba.
Son los calambres del después. Me siento adolorida y drenada. La doctora dijo que
se irán después de un buen sueño. Espero que tenga razón
—¿Qué pasó? Te ves horrible.
230
¿Horrible? Esa es una palabra que no escuchas todos los días. Ella está en lo
cierto, sin embargo, me veo tan blanca como una sábana y probablemente también
brillante después de echarme agua fría en la cara y no tener la energía de secarla
apropiadamente después.
—¿Debería llamar a Nathan?
—No. —Temblorosamente me agacho en el sofá detrás de Emily y la acurruco
a mi lado—. Mi estómago duele tanto.
—No me sorprende. ¿Qué te pusiste? ¿Esa horrible cosa en forma de T que
insertan dentro de tus partes de dama?
¿Partes de dama? Bufo.
—Sí, valdrá la pena. No más horribles químicos y peor que eso lidiar con
cambios hormonales.
La tetera hierve y Patricia se va de la habitación una vez más, regresando unos
minutos después con un té de olor agradable, la bolsita todavía en el agua.
—Le agregué azúcar.
—Gracias. —Espero a que lo ponga en la mesa pequeña cerca al sofá antes de
alcanzar el mango. Alzando mi cuerpo lejos del de Emily tomo un pequeño sorbo—.
Está perfecto.
—Sé que mi tiempo casi ha finalizado, pero me sentiría terrible dejándote en
esas condiciones.
—Estoy segura de que estaré bien. —Agito mis manos y cierro mis ojos,
rezando que Dillan no empiece a trepar encima de mí.
—Lo dudo y no debería arriesgarme, si está bien, me quedaré y mantendré un
ojo en los niños mientras tu descansas.
¿Quién es esta maravillosa mujer y de dónde vino?
—Gracias, Patricia.
—No es molestia, cierra tus ojos y duerme. Iré a traerte una cobija.

Una suave y tibia mano toca mi frente seguido de unos aún más suaves labios.
—Hueles tan bien —susurro, alcanzando a Nathan mientras me alza del sofá a
sus brazos—. Estoy pesada.
—Esto me trae recuerdos. —Escucho la sonrisa en su voz—. Esa noche que te
quedaste en la casa, cuando estabas embarazada con Dillan. Te encontré
durmiendo en el sofá.
—Lo recuerdo vagamente —murmuro. Mis ojos no se abrirán—. Mi estómago
aun duele. ¿Qué hora es?
—Hora de dormir. Faltaste al trabajo.
—¿Qué? —Me sacudo mientras me carga arriba en las escaleras. 231
—Está bien, hablé con Harold. Él entiende que no pudiste evitarlo.
Mis ojos se abren, pero la luz hace que duelan, así que los cierro
inmediatamente.
—Creo que me estoy poniendo enferma.
—Creo que solo estás exhausta. —Me baja al colchón y empieza a ayudarme a
desvestirme—. Así que llamé al doctor y dijo que es normal para algunas personas.
Solo necesitas descansar y verificar las cuerdas en la mañana, lo que sea que
signifique.
—Está bien. —Alzo la mitad superior de mi cuerpo para que pueda ayudarme
a quitar mi top y mi sujetador—. ¿Dónde están los bebés?
—Durmiendo. Como dije, es tarde. Mi madre los estaba acostando cuando
llegué a casa.
—Oh por Dios, ahora me siento mal.
—Está bien. —Me baja y mete las mantas hasta mi barbilla—. Dijo que estabas
muerta para el mundo.
—Lo puedo decir. —Rodando a mi lado, meto las mantas entre mis piernas—.
Dile que le debo una.
—Ella parecía estar disfrutando mucho. Le estaba cantando a Emily. Nunca la
he oído cantar. —Suena feliz y anhelante—. Es posible que de hecho podría…
—¿Qué? —Trato de voltear para mirarlo, pero me sujeta y se curva a mi
espalda.
—Nada. Es un pensamiento tonto.
—No hay tal cosa.
—Simplemente me siento contento. —Suspira suavemente y besa mi
hombro—. Como si todas las cosas funcionaran mejor de lo que podría haber
imaginado.
—Realmente, realmente espero que tengas razón.

—¡Bien! —Sonrío, estirándome—. El médico tenía razón. Solo necesitaba


dormir.
—Durante veinte horas. —Nathan se ríe, pasándome una bandeja con una
tostada, cereales, una taza de café y una de té—. No estaba seguro de qué
preferirías.
—Esto es perfecto. Estoy tan hambrienta. —Mi estómago confirma eso con un
gruñido—. Eres el mejor.
—Entonces ¿quizá reconsiderarás la prohibición del dormitorio?
Sonrío después de llenarme la boca con palomitas de arroz. 232
—Veremos.
—¿Y si prometo no mentirte otra vez?
—¿Es una promesa o me estás preguntando si debes?
Vacila, confundido por mi pregunta.
—No quiero que me hagas promesas que no quiero ni espero que mantengas.
—Me froto los ojos y pongo la cuchara en mi bol. Cuando le ofrezco la tostada,
declina cortésmente con un ligero movimiento de cabeza—. Como has dicho,
deberíamos tener nuestras propias cosas. Simplemente no deben comprometer
nuestra felicidad.
—Correcto. —Parece tan confundido como antes—. Esta cosa de la relación es
difícil para mí de entender. Hay tantas reglas que no se aplicaban durante mi vida
de soledad. —Cuando ve mi ceño fruncido, añade—: No me estoy quejando, estoy
disfrutando la experiencia... en su mayoría. Solo deseo que pudiera comprender
esto.
Maldita sea, ahora me siento horrible. Realmente lo está intentando y me
agarré de una rabieta de una manera que no fue útil para ninguno de los dos.
—Tienes razón. —Pongo mi mano sobre la suya—. Creo que ambos
necesitamos ser un poco más comprensivos y menos exigentes el uno con el otro.
—Así que... ¿eso significa que la prohibición del dormitorio está levantada?
Me río y pongo la bandeja a un lado.
—Bueno. La prohibición del dormitorio está levantada. —En este momento
salta sobre mí.

Gwen: Muchas gracias por toda tu ayuda ayer. Todos realmente lo


apreciamos.
Patricia: Sin problema. Eso es lo que hace la familia. ¿Verdad?
Gwen: Si necesitas cualquier cosa, también estamos aquí.
Esperamos volver a verte de nuevo.
Vuelvo a recordar lo de ayer cuando ella tenía lágrimas en los ojos después de
recibir mi permiso para estar sola con mis hijos y mi corazón vibra de la misma
manera que entonces. Por una vez, solo por esta vez, hace que Nathan reciba lo que
yo sé que su corazón debe desear, una madre que lo ama en su esencia. Ella no
podrá recuperar ese tiempo y él tampoco, pero ha encontrado un buen lugar para
empezar en sus hijos. Nuestros hijos.

Kerim está trabajando hoy y tomo nota para abordar el tema con él en algún
momento antes del anochecer. Quiero limpiar el aire entre nosotros; ya no sirve de
nada ser cobarde. Tenemos cosas que discutir, no solo sobre nuestra relación sino 233
sobre la promoción que me ofreció. Necesito saber dónde estoy.
En cuanto está libre, lo sigo hacia el área de fumadores y espero a que
encienda su cigarrillo antes de avanzar furtivamente hacia él, con las manos
metidas en los bolsillos.
—Temía la conversación. —Sonríe e inhala una larga calada antes de
expulsarla en el aire lejos de mí—. He estado esperando para cuando estuvieras
lista.
—Oh. —Muerdo mi labio y pateo al suelo con mi zapato—. Ahora no sé qué
decir.
—Mira. —Toma otra calada, esta vez soplando la nube de humo hacia el
suelo—. Sé que he sido demasiado atrevido contigo, pero lo que dije sobre tu
talento es todo verdad. No solo te estaba ofreciendo una promoción para seducirte.
No sería lo bastante idiota como para intentarlo. —Sonríe cálidamente y estira el
brazo para tomar mi mano en la suya—. Me gustas, como amiga. Me gustaría ser
más, como he dicho, pero respeto que tu corazón pertenezca a otro y te ofrezco mi
cocina.
Gracias a Dios.
—Puedo ver tu alivio. —Sonríe, sus ojos centelleando con diversión—.
¿Piensas tan poco de mí?
—No, por supuesto que no. —Deslizo mi mano de la suya—. Solo estoy muy
agradecida. Me gustaría seguir aceptando, siempre y cuando las cosas no sean raras
entre nosotros.
—De ningún modo. Eso fue todo mi error y odiaría que arruinara la
camaradería que teníamos.
—Yo también. —Arrastro mi mano a través del humo, empujando los hilos
flotantes plateados alrededor del aire—. Deberías dejar de fumar.
—Así siempre dices.
—Voy a volver a entrar. —Indico hacia la puerta con la cabeza—. Gracias por
no hacer esto raro.
—Tú también. —Ríe, sacudiendo la colilla en un macetero lleno de ellas—.
Ahora vuelve a trabajar antes de que los demás comiencen a sospechar que estamos
teniendo una aventura.
—No es gracioso —digo por encima de mi hombro.
—¡Aunque es muy cierto!

Gwen: Todo está bien con Kerim. Siento como si finalmente todo
se está reencaminando.
Nathan: Bien. Me alegro. Te extrañamos.
Gwen: Yo también los extraño. Llevaré helado. ¿Dillan ha estado 234
en su orinal hoy? Hemos estado aflojando un poco.
Nathan: Una vez, pero mayormente se orinó en el suelo. Lo
llevaremos allí. No te preocupes. Ha sido un tiempo agitado.
Puede decir eso otra vez.
—De vuelta al trabajo, Gwen —dice Harold, aunque su tono es amable y no
agresivo como lo sería el de Kerim.
—Solo un segundo —contesto mientras escribo un texto final a Patricia.
Gwen: ¿Vendrás mañana, hora habitual? Si no contesto es porque
estoy en el trabajo.
Ella no responde en absoluto. Tampoco al día siguiente.

—Probablemente Dillan la agotó —dice Nathan en broma, pero la


preocupación en sus ojos me muestra que tampoco está totalmente seguro de que
sea el caso.
—¿No te está contestando?
Niega. Me siento y ayuda a Emily a tomar un bocado de su sándwich antes de
sorber mi latte.
—No crees que tu papá le hizo algo, ¿verdad? —susurro para que los bebés y el
resto del café no pudieran oír. No es que los bebés entiendan, pero todavía quisiera
protegerlos de tanto drama como sea posible.
—Yo... —Su lengua roza su labio inferior—. Voy a hacer unas llamadas.
—Bueno. —Tomo su mano sobre la mesa—. Estoy segura de que está bien;
probablemente solo esté agotada.
—Sí —responde, aunque parece desconfiado—. Vamos, los niños están
ilusionados por jugar.
Quito los zapatos de Dillan mientras Nathan saca a Emily de la trona de
madera y juntos nos dirigimos a la zona de juegos para niños, bien alimentados y
listos para pasar unas cuantas horas de diversión familiar.

Cuando volvemos a casa, Nathan desaparece en el dormitorio para hacer las


llamadas. Se ha ido un tiempo y mi pánico crece. Ocupándome con los niños, trato
de no mirar el reloj tan desesperadamente como quiero. También coloco mi
teléfono sobre el microondas al lado de la foto de Caleb para evitar llamar a Patricia
de nuevo. ¿Quién hubiera pensado que una mujer que una vez odié sería ahora la
causa de mis simpatías y mi preocupación?
—Dame fuerza —le suplico a mi difunto amante—. Y quítame el dolor de
cabeza de paso.
Un escalofrío me corre, asustándome. 235
—Si eso fuiste tú, Caleb, no es gracioso.
—¡Pipi! —grita Dillan, distrayéndome.
—¡Buen chico! —lo ánimo y lo llevo a su orinal—. ¡Estoy tan, tan contenta!
Nathan entra en la habitación justo cuando estoy subiendo el pantalón de
Dillan.
—Llamé a unos cuantos conocidos y ella está bien.
Parpadeo, confundida.
—¿Qué significa eso?
—Es probable que solo necesite algo de espacio.
—Eso no tiene sentido.
—Mi madre es... tú sabes que es complicada.
—Sí. —Pongo las manos por la parte posterior de su cuello e inclino mi cabeza
hacia atrás para poder mirarlo a los ojos y besarle la mandíbula—. ¿La sobrecarga
de emoción manteniéndola alejada, piensas?
—Tal vez. ¿Quién sabe? —Nos balancea en el sitio, moviéndonos suavemente
de lado a lado—. Lo averiguaremos. —Labios presionan contra los míos y
profundizo con rapidez. Sabe tan bien—. Hablando de averiguar las cosas. —Su
mano derecha toma mi izquierda y cuando se aparta, lleva mi mano a sus labios y
me muestra un anillo nuevo y brillante en mi dedo anular. Es similar al último,
pero no una réplica exacta. Es precioso—. No te lo quites esta vez.
—No lo haré. Siempre y cuando no me trates así de nuevo.
—No lo haré.
Compartimos otro beso y volvemos a nuestros hijos. Antes de pasar de la
conversación por completo, descanso la sien contra su hombro y digo:
—Gracias por mi anillo y no te preocupes por tu madre, ella estará en
contacto.

236
Capítulo veintiséis
Los días pasan e incluso cuando recibo el contrato de Kerim para estabilizar
mi lugar como un chef líder en su cocina, mis pensamientos no se apartan de
Nathan. Parece tan triste, tan perdido y solo. Se está lanzando en el trabajo para
distraerse de pensar en su madre. Tengo miedo de que vaya en espiral a un lugar de
donde no pueda rescatarlo. Tan triste como suena, si su madre desaparece, me
preocupa que nunca vuelva a confiar en nadie. Le envié un texto antes suplicándole
que se pusiera en contacto con nosotros antes de este fin de semana. Los niños la
echan tanto de menos. Es injusto que les esté haciendo esto. Estoy empezando a
superar el punto de preocupación y empezando a enfadarme.
—Realmente necesito encontrar un abogado para revisar esto —le digo a
Nathan, que está viendo fotos de sus productos acabados para la tienda de Essex.
No pasará mucho tiempo hasta que esté completo, aunque la excitación de Nathan
parece estar disminuyendo. Su amor por mí y los niños todavía vuela alto; es más
su alma que parece estar desvaneciéndose en un aura apagada.
—Tengo uno en mente que se ocupa de ese tipo de contratos. —Me besa el
cabello y da la vuelta a otra página laminada en la carpeta roja—. ¿Qué te parece la
nueva línea de dijes?
—¡Todavía creo que deberías hacer una sirena y un unicornio! —Empujo mi
pierna debajo de la carpeta y sobre su regazo. 237
—Estaba pensando en añadir una línea de cuento de hadas. Sería genial para
los niños.
Le doy una bofetada en el pecho.
—Me encantan los cuentos de hadas y no soy una niña.
—Eso lo podría argumentar fácilmente.
—Oye —me quejo, pero es tragado por su beso. Tira el contrato y la carpeta
lejos y se inclina hacia mí, devastando mis nervios y sentidos con un beso profundo
que lo consume todo—. ¡Jesús! —gimoteo mientras sus labios se mueven hacia
abajo de mi cuello y hacia mi pecho, donde acaricia con su boca y se acurruca con
un suspiro feliz y contento.
—Cualquier dije que quieras, absolutamente cualquiera, solo dime y son
tuyos.
—Quiero uno de un pene.
Suspira otra vez, esta vez por exasperación.
—Eso no está sucediendo.
—¿Tetas?
—¿Y te disgustaste cuando te dije que eres una niña?
Sonrío felizmente y ajusto mi cuerpo debajo del suyo.
—Todavía no me has llevado al gimnasio.
—Cierto. Echo de menos tener uno listo en el sótano.
—En unos años podremos permitirnos una casa más grande de nuevo —le
aseguro y le hago cosquillas en la parte de atrás del cabello con suaves toques.
—Tan pronto como nos casemos, empezaremos a explorar nuestras opciones.
—Quiero terreno, como antes.
—Yo también —acepta, sonriendo—. Y una habitación para un gimnasio.
—¡Y una oficina para ti y un invernadero!
—Y un porche techado que conduce a una terraza donde podemos bañar con
manguera a los niños y organizar barbacoas.
Sonriendo, agarro su cabello y le levanto la cabeza para poder mirar sus
impresionantes ojos, un tono más claro que el chocolate derretido.
—Quiero una cocina enorme, un comedor y una sala de estar.
—Puedes tenerlo todo. Cualquier cosa que quieras, es tuya.
Libero su cabeza y me besa la parte superior del pecho.
—¿Promesa?
—Esa es una promesa que definitivamente puedo hacer.
—Ve a buscarme unas donas desde ese sitio de donas.
238
—Bien, pero solo porque tengo un antojo por el de frambuesa y no por mi
amor eterno por ti.
—Correcto. —Me río, lo cual se convierte en un chillido cuando comienza a
mordisquear mi cuello—. Ve. Tengo hambre.
—Acabas de comer.
—Necesito calorías para mantener el tamaño de mi trasero.
—Y qué trasero tan bonito. —Lo agarra y rueda sobre mí—. Volveré pronto.
—Gracias, cariño, eres el mejor.
—Eso soy. Ahora elige un lugar y ponte a planificar una boda.
—Sí, sí. —Lo saludo y silbo mientras se va.
Gwen: Necesito ayuda para planificar una boda.
Sasha: ¡Yo también!
Gwen: Podemos hacer esto.
Sasha: Eso podemos, encantadora perra.
Gwen: No vamos a convertir esto en una cosa de Guerra de Novias
y accidentalmente reservar nuestras bodas el mismo día.
Sasha: Y nada de hablar de una boda conjunta. Mi día es MÍO y
tu día es TUYO.
Gwen: De acuerdo. Creo que quiero casarme en el HAC.
Sasha: Se podría pensar que con la cantidad de tiempo que he
pasado queriendo casarme con Tommy, tendría una pista de dónde y
cuándo.
Gwen: Me desconciertas.
Sasha: Ya he elegido mi vestido.
Gwen: Bueno, eso es un comienzo.
Enciendo mi computadora portátil, hojeo imágenes de vestidos que encuentro
en un motor de búsqueda. Hay tantos estilos magníficos, aunque ninguno me llama
la atención en el sentido de que un estilo en particular grita, “YO SOY”.
Pero entonces sucede. Encuentro el perfecto. El que necesitaré reproducir
exactamente o nunca estaré contenta con otro.
Gwen: ¡Acabo de encontrar mi vestido también y el fabricante es
local!
Sasha: Bueno obvio, todo está en Londres... ¿Debo ir el próximo
fin de semana?
Gwen: ¡SÍ! Aunque con o sin ti voy a encontrarlo sola. Puedes verlo
el siguiente fin de semana.
Sasha: Lo que sea, pero pido verlo antes que nadie. 239
Gwen: Trato.
—¿Por qué estás tan feliz? —pregunta Nathan, de pie en la puerta con una caja
de donas en las manos.
—No te oí entrar. —No puedo contener mi sonrisa mientras arrebato las donas
y abro la caja, solo para descubrir una dona desaparecida—. Cretino codicioso.
¿Quién dijo que podrías tener el primero?
—Yo. —Nos dejamos caer uno al lado del otro en el sofá, y él escoge una
película mientras elijo mi primera dona.
—Está bien —anuncio—. Esta será mi última pieza de comida basura hasta
nuestra boda en julio. Sé que es muy lejos, pero quiero una boda de verano porque
no quiero estar congelándome los pezones cuando tomemos las fotos al exterior del
sitio, que, creo que debe ser el HAC, no solo porque lo consigues con descuento,
sino también porque es precioso...
—Y respira. —Se ríe, sonriendo de oreja a oreja—. Me encanta el entusiasmo.
—Estoy emocionada.
—Yo también. Eso me hace más feliz de lo que te imaginas.
—Esta dona me hace más feliz de lo que nadie podría imaginar. —Canturreo
alto con alegría mientras hinco los dientes en el centro pegajoso—. Prométeme que
no posibilitarás mi mal hábito alimenticio.
—Te lo prometo. —Retuerce un mechón de mi cabello alrededor de su dedo—.
Tú también. No más cenas que engordan para mí.
—De acuerdo.
—¿Qué quieres ver?
Me encojo de hombros.
—Lo que sea, simplemente no sea largo. Mañana tengo un día muy ocupado.
—¿Haciendo…?
—Comprando un vestido. —Salto un poco—. Creo que encontré el perfecto.
—Ojalá pudiera ir contigo.
—Podrías ir a comprar un traje.
—No hasta que me des el esquema de color.
—Te lo haré saber. —Besa el chocolate de mis labios y lo saborea con su
lengua. Amo a este hombre.

Jeanine se une a mí en la expedición de caza del vestido de la boda, sobre todo


para ayudarme a cuidar de los bebés. Estoy aliviada de tenerla aquí, no solo por su
240
ayuda sino también por la compañía.
—Te he echado de menos —admito—. Se siente como si cada vez que te veo,
siempre es fugazmente.
—Has estado ocupada, lo entiendo. Podemos ponernos al día hoy.
—Exactamente.
Entrando en la tienda de bodas que encontré en línea, busco fila por fila de
vestidos hasta que un asistente viene a ayudarme. Le muestro él que vi en línea,
molesta cuando me dice que era un exclusivo para ese modelo en particular y sería,
“por encima de lo que puedo pagar”. No es broma, dijo eso así que me fui.
Vamos a todas las boutiques de bodas de moda, mirando los centros de mesa
y las mezclas de color de la tela. Nada me atrae y al final de la mañana me siento
desalentada y aburrida con todo. Los niños están empezando a ponerse inquietos
también. La única persona que parece estar pasando un buen rato es Jeanine.
—Paremos para el almuerzo —sugiere, tirándonos al siguiente restaurante que
vemos. Su teléfono sale cuando nos detenemos en una mesa—. Tenemos que dejar
de ir a todos estos lugares comerciales. Te están abrumando con sus tarjetas de
visita. ¿Cuántos fotógrafos tienes ahora en el bolsillo? ¿Cuántos proveedores?
Mis mejillas se hinchan mientras soplo aire.
—Demasiados.
—Dámelos. —Ella los deja caer en el centro de la mesa—. Olvídate de todo eso.
Planificar una boda debe ser un tiempo feliz y te ves como una mierda.
—Así me siento.
—Lo cual es una lástima porque esta mañana parecías tan feliz. —Revisa su
rizado cabello en el espejo de la pared y llama la camarera—. Pensarías que
pondrían menús sobre la mesa.
Sonriendo a dicha mesa, espero a que la camarera traiga algunos y le digo mi
pedido de bebida antes de que se vaya.
—Por lo tanto, propongo que encendamos ese fuego en tus ojos que estaba allí
esta mañana y echemos otra mirada al hermoso vestido del cual te enamoraste.
A su orden, abro la imagen en mi teléfono y lo miramos, sonriendo con alegría
y amor por él.
—Bien, veamos si no podemos encontrar a un fabricante de ropa
independiente.
—¿Eso no costará una fortuna?
—No si encuentras el correcto. —Guiña un ojo y vuelve el teléfono hacia mí—.
Bueno, ¡mira esto! Es el destino. Hay uno a la vuelta de la esquina.
—Si consideras que ocho kilómetros son apenas alrededor de la esquina,
entonces seguro.
—No es nada cuando estás conduciendo. —Me agita su servilleta y se vuelve
hacia los niños—. ¿Tienen hambre?
241
—Nom nom —dice Emily en voz baja mientras Dillan golpea sus manos contra
la superficie plástica de su trona.
—Voy a tomar eso como un sí —susurro y nos reímos juntos.

Sintiéndome descansada, llena y fresca, nos dirigimos hacia al auto y


encontramos al fabricante independiente de vestidos. No es fácil ya que se
encuentra en el bajo de una casa adosada en una calle lateral. Dejo a los niños con
Jeanine en un primer momento para comprobar que está abierto y también porque
si esto es un fracaso como el resto, voy a sentirme horrible por sacarlos de sus
asientos del auto por centésima vez hoy.
Al principio supongo que tengo el lugar equivocado debido a los numerosos
atrapa sueños en el interior de la ventana y la red brillante de extraño color
púrpura oscuro que cuelga justo detrás de ellos. Parece ser un escaparate para una
de esas tiendas de lectura de palma. La señal encima de la puerta lee:
“Ilusiones alteradas”.
El nombre parece... bueno extraño, pero ¿quién soy yo para juzgar?
Llamo al cristal de la puerta antes de abrirla y repiquetea y tintinea de una
manera tan linda, como de una tienda antigua.
La tienda en sí es muy poco iluminada y huele maravilloso, picante y dulce a
la vez. No puedo decidir a qué huele, solo sé que me gusta.
La razón por lo que inmediatamente sé que estoy en el lugar correcto es
porque a lo largo de cada pared hay rollos y rollos de tela. Parece muy
desorganizado, pero apuesto a que el creador de los hermosos vestidos de
maniquíes en el centro de la habitación sabe exactamente lo que está haciendo.
—¡Voy! —viene un grito desde la puerta, cubierta de cuentas de color púrpura,
detrás de un pequeño escritorio de madera de forma rectangular—. Ay. —Creo que
la señora se tropieza con algo porque comienza a maldecir en voz baja después de
chocar con algunas cosas.
Cuando finalmente aparece, no es lo que me esperaba. Aunque después de
entrar en esta tienda, no estoy completamente segura de qué esperaba. Lo que no
esperaba era una mujer pequeña, increíblemente joven y bonita con el cabello azul
claro. Es casi gris pero no exactamente. Su franja es un bloque perfecto contra su
frente. Realmente le queda bien.
Veo un tatuaje blanco del signo de paz en el lado de su cuello. Blanco. No
sabía que podían tatuar en blanco. Parece increíble.
Ella hace estallar una burbuja rosada entre sus gruesos labios pintados de
color marrón oscuro.
—Soy Adriana, la dueña de este pequeño y encantador agujero. ¿Y usted es?
—Oh, soy uh... —Miro su ropa. Su crop top de encaje blanco encima de un
bralette. Sus jeans oscuros están cortados hasta los tobillos. Converse blancos con
gemas de plata brillantes en los dedos del pie cubren sus minúsculos pies—. Soy… 242

—¿Tienes algún problema con cómo me veo? —Sus manos van a sus caderas y
mastica el chicle con rabia antes de volver a estallar.
—No, Dios no. —Levanto las manos, los ojos abiertos—. Me encanta. Ojalá
tuviera las agallas y el estilo para vestir tan... ¿pícara?
Sonríe, pareciendo apaciguada, y extiende su mano que también tiene un
tatuaje, este diseño es de encaje negro, que va desde su muñeca hasta su dedo
medio.
—Puedo sacar el dedo a la gente con estilo. —Se ríe, notando que me quedo
mirando—. Está bien, he terminado de ser el objeto vivo. ¿Cómo puedo ayudarte…?
—Gwen —le respondo cuando espera que le diga mi nombre. Libero su mano
y saco mi teléfono. Quiero un vestido de novia hecho así.
Me arrebata el teléfono de la mano y se pone gafas sobre los ojos. Estaban
colgando de una cadena alrededor de su cuello, pero no me di cuenta mientras
estaba demasiado ocupada comprobando lo descarados que son sus pechos en ese
pequeño bralette. Creo que podría gustarme esta mujer un poco—. Esto es
magnífico, pero no es mi diseño.
—Lo sé.
—Lo que significa que no puedo hacerlo, pero puedo tomar inspiración de él y
diseñarte el mío.
Mis labios se separan.
—¿De verdad? ¿Y si no me gusta?
—Oh, te encantará. Todavía no he decepcionado. —Sonríe, aun masticando—.
¿Quieres este color también?
—¡Sí! Me encanta ese color.
—Necesita más destellos para hacerlo resaltar.
—Claro —estoy de acuerdo por el hecho de estar de acuerdo—. ¿Cuánto crees
que será?
—Voy a tener que medir los materiales y demás antes de poder darte un precio
definitivo. No será barato, pero va a ser más barato que lo que te han
presupuestado por ese vestido. Solo cobro por el tiempo y los materiales.
Eso es lo que me imaginé.
—Bueno. ¿Tienes un portafolio o algo que pueda ver?
—Sí. —Ella finalmente me devuelve mi teléfono y la sigo a su escritorio. Me da
una carpeta negra—. Soy la mejor. La gente todavía no lo sabe, pero es verdad. —
Mientras hojeo las imágenes, la creo completamente—. ¿De verdad has hecho todo
esto?
—Sí. Y todos son más baratos y de mejor calidad que cualquier cosa similar en
tienda. 243
—Eres tan talentosa.
—Gracias. —Vuelve a sacar el chicle y ladea la cabeza hacia mí—. Tomo un
depósito de cincuenta libras para saber que es serio y si no te gusta el vestido, lo
vendo y lo intento de nuevo, pero confía en mí... te encantará el vestido.
¿Puedo realmente poner mi fe en alguien para algo tan enorme?
—Me apunto. ¿Podrías hacer algunas corbatas a juego también?
—Lo que necesites, me lo envías por correo electrónico. —Me entrega una
tarjeta de visita—. Y lo agregaré a tu cuenta.
—¡Esto es estupendo! —Estoy radiante, volviendo a meter el teléfono en mi
bolsillo—. ¿Le envío por correo electrónico la imagen también?
—No, es genial. Lo tengo aquí. —Se toca la sien con un dedo, mostrándome el
símbolo de las Reliquias de la Muerte tatuado en el lado.
—Gracias.
—No hay problema, querida. Ahora vamos a obtener tus datos entonces. —
Abre su diario en el escritorio. Es un gran diario de cuero con papel de algodón—.
¿Cuándo lo necesitas?
—No hasta julio, pero…
—Bien, eso me dará tiempo suficiente. Necesitas perder peso y ponerte en
forma, ¿verdad?
—Ese es el plan.
—Deja de comer pan, aumenta las proteínas y serás de oro. —Ajusta el
piercing de aro en su fosa nasal y luego flexiona su impresionante y definido
bíceps—. Sé de lo que estoy hablando.
—Correcto. —Rápidamente le doy mis detalles—. ¿Necesitas el depósito
ahora?
—No, no hasta que empiece. Te llamaré cuando esté listo y cuando tenga la
factura. Eres talla diez, ¿verdad? Tomará unos días. Mi tiempo de entrega es
generalmente más rápido, pero estoy completamente reservado por un tiempo.
—Eso es genial, estoy feliz por ti. —Sonrío y ella solo me da una mirada
incrédula—. ¿Así que me voy y me llamarás?
—Sí, te llamaré y tendrás que acercarte a la hora de las medidas también, pero
por ahora voy a calcular el costo basado en un tamaño promedio de diez. —Me lleva
a la puerta y casi me empuja fuera—. ¡Feliz compromiso!
Camino de nuevo al auto y subo al asiento del conductor con una amplia
sonrisa en mi cara.
—¿Arreglado? —pregunta Jeanine y asiento con frenesí—. Excelente. Es una
buena noticia.
—Creo que tuvimos suerte. Deberías haber visto los pocos vestidos que tenía
en exhibición. Eran ostentosos, pero increíbles. Uno tenía tres capas y la capa 244
superior era de encaje negro del que podemos ver a través. Era tan gótico, pero tan
hermoso y bien hecho.
Me vuelvo a mirar a los niños, ambos en sus asientos de auto a cada lado del
asiento trasero. Dillan está dibujando imágenes en la ventanilla con su dedo y
Emily duerme como de costumbre.
—No puedo esperar a ver lo que hace con tu vestido. —Jeanine abrocha su
cinturón de seguridad, como yo, y partimos una vez más, esta vez para casa—.
¿Aunque no puedo decir que tomó mucho tiempo?
Está preocupada porque voy a terminar con algo que odio. Yo también.
—Ella va a conseguirme un precio por el estilo que quiero y luego vamos a
finalizar todo... probablemente. —Mi mano pulsa el intermitente y giramos a la
derecha, casi golpeando a un hombre en una bicicleta mientras vuela a través de la
carretera, despreocupado del tráfico venidero. Bueno, esto es Londres. No espero
nada diferente. Estoy acostumbrada a ello ahora, siempre preparada para cualquier
eventualidad—. Es el destino; estará bien.
—Estoy tan feliz de que tú y Nathan estén bien otra vez.
—Yo también —estoy de acuerdo, porque realmente lo estoy. Me asusté un
rato—. ¡Oh, es esa librería!
—¿Esa de la que siempre estás hablando?
Asiento.
—Hacen unos diarios de cuero preciosos. Compro uno o dos para Nathan cada
año. Aunque no he tenido oportunidad este año.
—¿Aún escribe en sus diarios?
—Sí, también me deja leerlos cuando están llenos. Realmente me han ayudado
a entender cómo funciona su mente.
—Pobrecito —murmura solemnemente—. Ojalá hubiera hecho más para
ayudarlo a crecer.
—Tenías bastantes hijos tuyos de los que ocuparte. No está resentido en
absoluto contra ti.
—Es un buen hombre cuando quiere serlo. —Me da una palmada en la
palanca de cambios y ofrece—: Entra, espero en el auto con los niños otra vez.
—¿Estás segura?
—Por supuesto. No hay necesidad de sacar a los niños de nuevo,
especialmente mientras Emily está durmiendo.
—Gracias. —Estaciono lo más cerca que puedo y corro por la calle, tejiendo a
través de la gente tan rápido como la multitud lo permite. Tampoco me toma
mucho tiempo encontrar el diario perfecto. A Nathan no le gustan los que tienen
broches y esas cosas, prefiere solamente un cuero marrón llano con una cuerda
para cerrarlo. Eso es exactamente lo que le compré y antes de que pueda darme
245
cuenta, estoy de vuelta en el auto y conduciendo a Jeanine a casa.
Después de un emotivo adiós, a pesar de que la veo mucho más que mis
amigas habituales, me dirijo a casa con los bebés donde un feliz Nathan espera y
me ayuda a sacar a los niños del auto.
Una vez que están colocados delante de la televisión, tomo el diario de mi
bolsa y me lo llevo corriendo por la escalera antes de que pueda verlo. Tengo una
cajita donde escondo cosas que vale la pena esconder. Espera en la parte de atrás
de mi armario en el suelo, escondido debajo de un montón de zapatos. Bueno, solía
hacerlo. Me doy cuenta de cómo los zapatos que normalmente se apilan
perfectamente en esa zona están un poco desordenados. Ha pasado un tiempo
desde que saqué un par de tacones de la pila; debo haberme olvidado de ordenarlo.
Desafortunadamente, descubro la razón del lío y mi corazón se detiene. Se
detiene tan de repente que empiezo a necesitar aire y luego náuseas se hacen cargo.
Mientras intento calmarme, mis manos tiran los zapatos del armario.
Grito en repetidas ocasiones:
—No, no, no, no... ¡esto no puede estar sucediendo! —Los zapatos vuelan
hacia atrás, así como el diario de Nathan y la caja misma hasta que no hay nada en
el piso de mi armario—. ¡MIERDA!
—¿Gwen? —llama Nathan por las escaleras—. ¿Está todo bien?
—No —contesto honestamente y luego entierro mi cabeza en mis rodillas.
—Nena, tienes que venir aquí. No puedo dejar a los niños.
—¿Lo tomaste? —Mi voz está amortiguada por la posición fetal en la que estoy
sosteniendo mi cuerpo.
—No puedo oírte; ven acá.
—¿Moviste el DVD? —Levanto la cabeza, con lágrimas corriendo por mi cara.
Su silencio finalmente me saca de mi posición protectora. Me levanto y
camino hacia las escaleras. Está parado abajo, congelado en el sitio y me mira con
ojos en blanco, casi sin vida y piel pálida.
—¿Lo hiciste?
—No lo haría. —Espera a que baje antes de correr detrás de mí. El sonido de
cajones que se abren y se cierran de golpe trae a los niños a donde estoy parada.
Dillan agarra las barras de la barrera de escalera y Emily se aferra a mi pierna—.
¿Lo pusiste en algún otro lugar quizás?
—No. Siempre ha estado allí.
Sigue mirando a su alrededor antes de volver a bajar, mirando desaliñado y
aterrorizado.
—La entrada no ha sido forzada. —Su hombro accidentalmente golpea el mío
mientras entra en la habitación y revisa el gabinete lleno de DVD y libros—. Nos
habríamos dado cuenta.
Suelto un sollozo. 246
—Es por eso…
—¿Qué? —Me mira por un breve segundo, sacando DVD de la estantería. Veo
que su cara se pone más pálida.
—Lo siento mucho —gimoteo y presiono mi mano hacia mi dolorido corazón—
. Nathan, lo siento mucho. Nunca debería haberla dejado sola.
—Eso es todo lo que quería, ¿no? —Su voz es monótona mientras se sienta de
nuevo sobre sus rodillas y examina el lío de los estuches en el suelo a su alrededor—
. Ella nos usó, nos engañó a nosotros y a los niños, para mantenerlo fuera de la
prisión.
—¿Cómo sabían que lo teníamos? —pregunto, entrando en la habitación,
sintiéndome perdida y sin aliento—. ¿Cómo saben que no hemos hecho una copia?
¿Cómo sabía dónde estaba?
No responde, sigue mirando fijamente los estuches. Los echo fuera del camino
y me agacho delante de él.
—Nathan...
—No importa —susurra y se levanta abruptamente—. No vale la pena
preocuparse por ello. Vamos, los niños necesitan cenar.
Lo veo marchar, su cuerpo tenso tomando pasos largos y ansiosos para
sacarlo de la habitación.
—Nathan —digo silenciosamente, mientras lo sigo de cerca—. Es…
—No quiero hablar de ello.
—Tenemos que hacerlo.
—¡No tenemos! —espeta, su voz alta y su tono definitivo—. No quiero volver a
discutirlo. Se acabó.
Esa maldita zorra rencorosa.
—Sé que estás herido.
—Entonces no me conoces muy bien.
Ay.
—Te daré tu espacio.
—No necesito espacio. —Se gira hacia mí, su mirada centelleante—. Necesito
que me ayudes a preparar la cena y simplemente volver a la normalidad.
—Por favor…
—Borra esa lástima de tus ojos, Gwen. No puedo soportarlo. No lo quiero y no
lo necesito.
—No te cierres a mí.
—No lo hago. ¿Por qué me estás obligando a enfrentar algo que ni siquiera me
está molestando? Se acabó. 247
—Y una mierda —murmuro, hirviendo de furia, no con él sino con esta
situación—. La mataré.
—¿Cuál es el punto? —Se aleja y comienza a examinar los armarios antes de
tomar un paquete de pasta y dejarlo a un lado—. Ellos han ganado, se acabó. Solo
protejamos a nuestros hijos y aprendamos de esto. ¿Está bien?
—No puedo creer que esto esté sucediendo —susurro para mí misma, aunque
sé que lo escucha porque se ríe.
—Oh, yo puedo. —Abre el paquete con manos frenéticas y echa demasiada
pasta en la olla. Tiene que hervir el agua, pero no creo que se haya dado cuenta.
Está demasiado consumido por el dolor que sé que lo está carcomiendo—. Por
supuesto que ella no regresó porque alguna vez hubiese podido amarme o a mis
hijos. Soy un idiota.
—No eres idiota.
—¿No lo soy? Te mentí porque en el fondo —se gira para mirarme con ojos
cansados—, sabía que esto podría pasar y no quería enfrentar la lástima que me
tienes, la lástima ahora mismo en tus ojos.
—Eso no es…
—Porque ¿por qué, después de años de tormento, años de suplicarle a ella y a
él que me permitiesen quedarme con mi hermano, de repente estaría aquí para mí?
¿Por qué? —grita y se acerca a mí—. Porque claramente no he sido castigado
suficientemente, ¿no? —Me sujeta los bíceps con las manos y agarra con fuerza. Me
clava los dedos en el brazo, pero el dolor no es nada comparado con las punzadas
en mi pecho. Se me está rompiendo el corazón de verdad, por él, no por mí—. Se
me ha robado toda mi infancia. No tengo buenos recuerdos. Soy un desastre, Gwen,
un desastre. Y la única vez, la única vez que me permito creer que las cosas
realmente pueden ir perfectamente, me es arrancado.
—No la necesitas, nos tienes a nosotros.
—¿Es tan malo? —cuestiona con tristeza y su voz entrecortada. Sus ojos
marrones brillando y una lágrima lentamente deja un camino brillante mientras
cae de sus pestañas hacia su mejilla—. ¿Es tan malo que simplemente quisiese que
ella me amase?
—No. —Tomo su rostro entre las manos, mis propias lágrimas cayendo
libremente ante la vista de las suyas—. Eso no está mal. Son ellos los que está mal.
Están perdiendo ellos, no tú.
—¿Por qué no me quiere, Gwen? —Su voz es apenas audible y ahogo un
sollozo. Hunde su rostro en mi cuello y con los brazos temblorosos me sostiene
contra él tan apretadamente que encuentro difícil el respirar—. ¿Por qué ella les
permitiría hacerme eso?
No sé qué decir, así que no digo nada. Solo lo sostengo mientras llora, algo
que sé que es improbable que haya hecho alguna vez. 248
—Lo siento mucho. —Sollozo, sosteniéndolo tan apretadamente como me
sostiene él a mí.
Unos labios frenéticos encuentran los míos y le permito besarme. Es doloroso,
es rudo, pero ambos lo necesitamos. Me levanta sobre la encimera, tirando la olla al
suelo. Le rodeo el cuello con los brazos mientras nuestras bocas se entremezclan
como nuestras lágrimas. Me sujeta la parte de atrás de la cabeza con una mano
fuerte, evitando que me aleje, haciendo difícil el respirar, pero no me importa. Se lo
permito. Lo absorbo. Todo de él. Todo su dolor. Si pudiese tomarlo yo misma lo
haría, pero por ahora esto lo hará.
—Uh… oh. —Dillan llora desde la entrada y ambos nos separamos, y miramos
hacia donde está señalando con su dedo rechoncho—. Lío.
—Papi sucio. —Golpeo juguetonamente a Nathan en el hombro y me limpio
las mejillas con la manga—. ¿Deberíamos ir por la escoba?
—Sí. —Dillan va directamente hacia el armario debajo de las escaleras donde
guardamos la escoba y el recogedor.
Nathan me sujeta de la muñeca antes de que abandone la habitación y tira
bruscamente de mí hacia él.
—Gracias por amarme, Gwen.
Con el dorso de los dedos limpio su mejilla todavía húmeda y susurro:
—No sé cómo alguien no puede amarte, Nathan. No sabes lo que vales.
Me besa de nuevo, esta vez con dulzura y rápidamente se aleja, sus ojos
brillando una vez más. Sigo detrás de Dillan, dándole a mi prometido el escape y
espacio que necesita.
—Limpiemos este desastre —le digo a Dillan, que está barriendo el pasillo a
pesar de estar impecable—. En la cocina, cariño. —Emily nos sigue con un plumero.
Nathan está de pie en la puerta trasera con un vaso en la mano. Es claro, y no
puedo decir si es vodka o agua. Cuando se bebe el vaso y hace una mueca, decido
que debe ser vodka. Mientras los niños estás esparciendo el desastre por el suelo,
me pongo detrás de él y le rodeo el torso con los brazos. Pone una mano sobre las
mías y suspira con fuerza.
—Ve a darte un baño —le digo, con la mejilla apoyada entre sus omóplatos—.
Relájate.
Asiente, se gira, me besa y luego sube las escaleras.
—Bien —le digo a mis hermosos bebés—. Limpiemos esto y marchémonos.
—Papi fuera —comenta Emily, mirando la puerta.
—Ha ido a darse un baño —le aseguro, aunque no la apacigua. Puede sentir
que algo está mal. Nuestra hija se parece mucho a su padre, melancólica y
observadora—. Vamos. —La tomo en mis brazos y apoya la cabeza en mi hombro—.
¿Qué deberíamos comer?
249

—Hola —le digo a mamá en voz baja a través del teléfono cuando entro en el
pasillo y cierro la puerta de Dillan silenciosamente.
—¿Todo está bien? —pregunta—. Suenas triste.
—Solo dije “hola”. ¿Cómo puedes decir que sueno triste?
—Soy tu mamá.
—Buen punto. —Suspiro y silenciosamente me arrastro hacia mi dormitorio.
Mirando a través de la grieta en la puerta, espío a Nathan sentado al costado de la
cama, sus hombros caídos. Dejándolo, bajo y lucho contra las lágrimas mientras
digo—: Necesito que tengas a los niños por dos noches.
Su tono cambia a uno de grave preocupación.
—¿Qué sucede?
—Yo… —Mi voz se quiebra—. Es Nathan.
—Cristo, ¿qué ha pasado? ¿Él está bien?
—Físicamente está bien, pero mentalmente… estoy preocupada. Necesito…
solo necesito alejarlo por un tiempo.
—¿Por qué? ¿Qué está pasando?
Salgo de la casa y me paro en el jardín. La brisa sopla mi cabello hacia mi cara
así que me giro para hacerle frente.
—Ni siquiera sabría por dónde empezar.
—Desde el principio.
—Mamá… Nathan fue… yo ni siquiera debería… yo… —Joder—. Encontré
DVD de él siendo abusado por su abuelo cuando era niño y es por eso que su padre
quemó la casa, porque uno de los DVD mostraba que su padre sabía y no le
importaba porque necesitaba dinero para mantener su negocio a flote y el abuelo
de Nathan pagaba por eso. ¿Pero sabes que su madre ha vuelto a nuestras vidas?
Bueno, fue para comprobar que no teníamos más copias de estos DVD. Bueno, lo
hicimos. Teníamos una y ella lo tomó y Nathan… Nathan está roto. No por el DVD,
sino porque ella es un saco de mentiras y la odio. LA ODIO por lo que ha hecho.
Mi aliento se pierde después de esa tirada y mi estrés es alto.
—Ni siquiera sé qué decir sobre nada de eso. —Se calla de nuevo—. ¿Quieres
traerlos aquí o voy hacia allá?
—Lo primero que haré es llevártelos. ¿Está bien?
—Está bien, estoy libre. —Pausa—. Ese pobre muchacho.
—Lo sé —susurro—. Ojalá pudiera matarlos a todos.
—Karma. No arruines tu buena fortuna por ellos. No valen la pena. —Oigo
una puerta abrirse y cerrarse y luego el viento golpea el altavoz de su teléfono—.
¿Caleb también fue abusado?
250
—No, esa también fue una de mis primeras preguntas. Creo que fue porque
tenía una enfermedad terminal.
—Esto es una locura, Gwen.
Tiene razón. Todavía no puedo asimilar nada de eso.
—Lo sé. Estaré allí a eso de las diez de la mañana. Gracias por hacer esto.
—Por supuesto. Te amo. Esto es lo que hacen las familias.
Eso es básicamente lo que Patricia dijo.
—Te dejaré ir —dice—. Trata de dormir.
Inmediatamente corro dentro y subo las escaleras para empacar las maletas
de los niños silenciosamente. Probablemente Nathan no estará feliz de estar lejos
de ellos en sus días libres, pero ahora mismo, con todo lo que ha sucedido, necesita
algo de sanación y yo también.
Los niños no necesitan estar alrededor de nosotros para esto. Tendrán mucha
más diversión con su abuela.
Cuando regreso a casa de dejar a los niños con mi madre, Nathan todavía está
durmiendo. Es casi la una de la tarde. Estoy preocupada por él. No durmió anoche;
solo se recostó a mi lado, sosteniéndome en sus brazos, mirando hacia el espacio.
Beso su frente, aunque él no se mueve. Está acabado, no solo físicamente, sino
mental y emocional y sin duda espiritualmente.
Necesita que cuide de él hoy y eso es exactamente lo que haré. Justo después
de enviarle a esa viciosa perra un texto muy enojado.
Gwen: No creo en la existencia de un ser superior. No creo en
muchas cosas que no puedo ver. Excepto el amor. Te dimos eso.
Nathan, después de todo lo que hiciste, te dio eso. Yo te di eso. Mis hijos
te dieron eso. No lo merecías más de lo que él merecía una vida como la
que tenía antes de mí y nuestros hijos. Sé que probablemente ni
siquiera leas esto. Solo sé que no puedo dejar que esto no se diga. Lo
has arruinado. No por lo que tomaste de nuestra casa, sino por lo que
tomaste de su alma. Él era feliz. Por una vez, él era jodidamente feliz.
Estabas de vuelta, su mami, la persona que se suponía debía protegerlo.
Él realmente creía que no sabías nada del abuso. Le dejé creer, a pesar
de mis dudas.
¿Cómo puedes dormir de noche sabiendo lo que él ha pasado?
¿Cómo puedes dormir de noche sabiendo que estás protegiendo a un
hombre que arruinó la infancia de tu hijo?
¿Cómo puedes alejarte de él otra vez y de nuestros hijos?
Me preguntaría qué hizo él en una vida pasada para merecer esto, 251
pero no creo en la reencarnación. Esto, para mí, es la única vida que
tenemos. Esta es la única vida que tendrás con nosotros. ¿Cómo puede
un hombre que abusó de ti y de su hijo durante tanto tiempo hacerte
feliz? ¿Estás dispuesta a perder todo lo que vale la pena en tu patética
existencia con el fin de proteger a un hombre que hizo su patética
existencia en primer lugar? No tendrás otra oportunidad en esto. Haz
lo correcto. No reparará lo que ha ocurrido y no te traerá de vuelta a
nuestros corazones, pero al menos cuando seas vieja y en tu lecho de
muerte, no estarás mendigando el perdón de Nathan como lo hizo tu
suegro. Nathan no le perdonó, por cierto, igual que no te perdonará.
Devuelve el DVD. Deja que Nathan tenga su justicia. Jodidamente
redímete a ti misma. No seas débil. Cualquier onza de instinto maternal
que hayas dejado necesita canalizarse ahora mismo.
Capítulo veintisiete
—Hola. —Nathan parpadea un par de veces, sonando y viéndose cansado.
—Hice tu sopa y pastel favorito —susurro, colocando la bandeja en la mesita
de noche y luego sentándome junto a él en la cama.
—¿Qué hora es?
Echo un vistazo al reloj digital en mi lado de la cama y respondo:
—Pasadas las cinco.
—¿De la tarde? —Su rostro es impasible. No parece molesto por su tardío
despertar. Asiento y gentilmente acaricio su mandíbula—. Debería levantarme.
—Te sentirás mejor después de una ducha y un poco de comida.
No responde, tampoco se ve convencido.
Coloco la bandeja en su regazo, aliviada cuando empieza a comer.
—Esto está bueno —murmura, sonriendo un poco—. ¿Dónde están los niños?
—Los llevé con mi madre.
—¿Condujiste todo el camino hasta Skeg y volviste?
—Fue bueno para despejar mi cabeza.
252
No discute, solo frunce el ceño, y sé que no está feliz, pero también sé que está
demasiado cansado para discutir.
—Termina tu sopa y come tu rebanada de pastel; necesitas azúcar.
—Sí, jefa. —Su intento de broma cae tan plano como la expresión en su guapo
rostro.
—Iré a abrir la ducha. Necesito una. —Pongo su cabello detrás de su oreja,
aliviada al ver que ha crecido lo bastante para hacer eso. Solo lo justo.
El agua caliente es un alivio. Se derrama sobre mis curvas perfectamente,
llevándose mis dolores. Si solo pudiera disolver el odio en mi corazón.
Nathan se me une después de unos minutos y me presiona contra la pared con
su sólido pecho. Paso mis manos por su espalda. Se siente tan sedosa bajo el agua,
de la cual su cuerpo me está protegiendo. Empiezo a sentir el frío en el aire, lo que
causa que mis pezones se endurezcan mientras mis pechos se tensan. Agacha la
cabeza, el agua golpeando la cima de la mía y corriendo en mi boca cuando toma mi
pezón en la suya. Grito con sorpresa y sostengo su cabeza con suavidad. Sus dedos
separan los pliegues entre mis muslos y se sumergen en mí lenta y suavemente.
Apenas puedo soportarlo. Mi cuerpo arde tanto. Se sacude y tensa con cada
pulsación de placer.
Finalmente, su boca me libera. Gimo ante la pérdida y luego de nuevo cuando
empieza a besarme hasta mi ombligo. Los dedos atormentando y sondeando dentro
de mí permanecen tal cual. Su cabeza baja más y más hasta que está de rodillas. No
tengo tiempo de protestar porque no entiendo totalmente lo que está haciendo
hasta que siento su lengua ahí. Justo ahí. Busca mi clítoris y luego lo encuentra y es
como si hubiera hecho esto un millar de veces. Pone mi pierna sobre su hombro y
me besa abajo tan intensamente como me besa arriba.
—Oh —jadeo y presiono mi espalda contra la pared. Necesito agarrar algo y
retorcerlo en mis manos. No me atrevo a agarrar su cabeza por miedo a que pare.
Empuja más profundo, desapareciendo totalmente en el espacio entre mis
muslos y sé que estoy cerca. Puedo sentirlo listo para liberarse.
—Nathan. —Rechino los dientes. Mis ojos se cierran con fuerza y dejo de
respirar. Es demasiado tarde y si lo sabe, no le importa porque no deja de burlarse
y saborearme. Mi clímax explota en una manera que nunca ha hecho y él no cede,
todavía atormentándome. Es doloroso, pero el dolor se va tan rápidamente como
empezó y tan pronto como mi segundo orgasmo empieza, se levanta, me levanta,
me sujeta contra la fría pared de baldosas y se hunde en mí. Sus pupilas dilatadas
encuentran las mías justo antes de que su boca choque con la mía y deguste mi
sabor agrio en él antes de que el agua lo lave.
—Eres asombroso. —Suspiro, pulsando alrededor de su sólida y gruesa
longitud. Me sonríe, viéndose orgulloso de sí mismo—. Eso fue asombroso. —Ahora
se ve incluso más orgulloso y luego se tensa, perdiéndose más rápido de lo que
jamás ha hecho, justo cuando mi orgasmo empieza a mermar.
253
—Pensé que te debía una. —Pronuncia cada palabra acompañada con una
poderosa embestida y luego gime y se queda quieto. Apoyando su frente contra la
mía, esperamos a que las sensaciones se reduzcan a un leve hormigueo antes de
separarnos y cuidar debidamente del cuerpo del otro.
El mejor sexo en la ducha de la vida.
El mejor sexo en la vida.
Nathan es literalmente el mejor en la vida.
Desafortunadamente, todas las buenas sensaciones y las buenas cosas deben
tener un fin.
Cuando estamos secos, vestidos y en medio de ver una película en paz, la
policía llega a nuestra puerta con noticias, una nota y una urna negra y dorada.
Una nota de su madre y una urna llena de las cenizas de Caleb.

Nathan se pasea de un lado a otro en el estéril pasillo mientras sostengo un


vaso de plástico de terrible chocolate caliente entre mis manos.
Soplo sobre él, a pesar de que ya se ha enfriado. Es para distraerme de contar
los segundos en el reloj. El tiempo pasa demasiado despacio cuando hago eso y
necesito que vaya rápido.
—Ha estado ahí durante casi cuatro horas —sisea Nathan justo cuando una
enfermera sale de la habitación a la derecha, sonriendo tristemente.
—¿Señor y señora Weston?
—¿Sí? —Nathan me extiende su mano y me apresuro a su lado.
—Ella está bien. Su mandíbula está rota, igual que dos costillas y su rótula
derecha —explica y me siento a punto de vomitar—. Pero, por suerte, las roturas no
son terribles y deberían sanar muy bien después de un par de meses.
Nathan exhala.
—¿Qué hay de su mandíbula? ¿Cómo comerá?
—De momento está vendada, pero el doctor tendrá que conectarla un par de
días, cuando la hinchazón baje. —Nos da una firme mirada—. Es imperativo que no
hable en absoluto.
—Entendido. —Asiento y aprieto el bíceps de Nathan—. Muchas gracias.
—No me agradezcan, solo soy la mensajera. El doctor volverá en breve. Habría
estado aquí para explicar el procedimiento, pero tenía otra emergencia que
atender.
No perdemos otro segundo para entrar en la habitación donde su madre yace
sobre una cama de hospital, con barandillas a cada lado, la pierna vendada y
254
apoyada en una almohada, el rostro tan vendado que todo lo que podemos ver son
sus ojos, nariz y labio superior, todo lo cual luce hinchado.
Cuando nos ve, sus cansados ojos se iluminan y de inmediato empieza a
farfullar, ansiosa por hablar. Nathan se apresura a su lado y susurra:
—No te atrevas a hablar. No digas nada.
Un sollozo sacude su cuerpo y lágrimas se derraman de sus ojos. Me quedo
junto a la puerta, demasiado asustada de moverme hacia ella por miedo a herirla.
Nathan toma su mano.
—No necesitas decir nada. Se ha acabado. Él está acabado. ¿De acuerdo?
Ella asiente ligeramente y cierra los ojos, aun sollozando. Mis propios ojos se
llenan de lágrimas, así que me alejo para darles un momento de privacidad
mientras su lazo de madre e hijo al fin toman forma, un lazo perdido hace mucho
tiempo.

Queridos Nathan y Gwen,


No estoy segura por dónde empezar. Me asusta que no lean esto porque sé
que no merezco perdón de ninguno de los dos, especialmente de ti, hijo mío. Mi
hijo, a quien debería haber protegido. Mi hijo, a quien fallé, a quien perdí por mi
egoísmo y miedo.
Solo quiero que sepan que no lo sabía y no planeé todo lo que sucedió.
Cuando me dejaron con mis hermosos nietos, mi marido llegó a la puerta con tres
hombres que no reconocí. Irrumpieron en la casa y los hombres comenzaron a
buscar algo. No sabía qué estaba pasando. Todo lo que sabía era que tenía miedo.
Miedo por mis nietos jugando en la sala de estar.
Mi marido no habló, así que llevé a los bebés al jardín y esperé. Lo que sea
que vinieron a buscar, no éramos los niños o yo. No había visto a mi marido
desde el juicio, pero me había estado vigilando y esperando por la oportunidad de
entrar en la casa.
Lo protegí al no llamar a la policía. Lo protegí al no decirles y mi vergüenza
me forzó a volver con él. No porque quisiera estar con él, sino porque tenía que
saber qué había estado buscando.
Los hombres se fueron con un DVD y miradas amenazantes y vi el DVD en
una de sus manos. Actué como si nada hubiera sucedido. Nunca me perdonaré
por eso.
Bien, encontré el DVD justo ahora. Lo estoy subiendo para la policía, justo
ahora. Estoy escribiendo esta carta mientras el porcentaje aumenta más y más.
La policía lo está esperando. No perderé tiempo conduciendo hasta allí, aunque lo
haré si debo.
Solo quiero que sepan que no lo sabía, fui ciega a eso porque me negaba a
creerlo. Eso no significa que no fuera culpable, porque lo fui. No protegí a 255
ninguno de ustedes como debí.
Cuando me aceptaron en su familia, esa primera noche que cenamos juntos
y me permitieron ayudar a bañar a los niños y meterlos en la cama, no he sentido
tal felicidad desde antes que Caleb enfermara. No quería perder eso. No quiero
perder eso jamás, pero sé que puede que lo haga y eso está bien. Lo entiendo.
Así que les regalo algo que debería haberles dado hace mucho tiempo… las
cenizas de Caleb. Pertenecen a su prometida, su hijo y su hermano y su sobrina.
Me disculpo por todo. Cada cosa que les ha sucedido a causa de mis
elecciones.
Les deseo toda la felicidad y dicha en sus vidas lejos del veneno extendido a
través de mí y mi marido y nuestra familia. Son gente maravillosa, hijo, estoy
muy orgullosa de ti por el magnífico hombre y padre que eres hoy, a pesar de tu
educación y falta de modelos. Estoy MUY orgullosa.
Llámenme cuando quieran. Los amo y extraño a todos. Genuinamente, los
amo y los extraño a todos muchísimo. Tenías razón al decir que el amor es la
única cosa creíble, Guinevere. Desearía haberlo aprendido antes.
Suya verdadera y honestamente,
Patricia Victoria Weston (pronto a ser Kipling de nuevo después de que mi
divorcio finalice. Voy a pedirlo tan pronto como mi abogado lo permita).
Esa carta cambió todo, especialmente cuando se sumó al hecho de que cuando
el padre de Nathan llegó a casa, atrapó a Patricia justo cuando el archivo acababa
de subirse y se lanzó por ella. La golpeó tanto que la policía pensó que estaba
muerta al llegar. Aún había estado al teléfono hablando con sus contactos en la
policía para hacerles saber qué enfermo y retorcido bastardo era su marido cuando
él llegó, así que oyeron toda la cosa. Va a estar preso por un muy largo tiempo. Los
cargos contra él son demasiados.
Patricia había sido una víctima durante mucho tiempo. Sabemos que no la
excusa, pero ahora ha recuperado el valor y la mente y ambos estamos dispuestos a
trabajar con ella en su total recuperación. Aunque la confianza es una cosa en la
que necesitará trabajar por un largo tiempo. Por ahora, la dejaremos descansar y
consolarse en el hecho de que la opción de procesar al padre de Nathan se nos fue
quitada.
Va a ser un largo camino lleno de baches, pero lo superaremos juntos.
Podemos superar cualquier cosa juntos.

256
Epílogo
Tres días después de que Nathan y yo nos casáramos, yo en el más hermoso
vestido de novia estilo fiesta oro rosáceo, totalmente hecho para una reina, el padre
de Nathan fue sentenciado a cuarenta años de cárcel por los cargos de poner en
peligro a un niño, negligencia, tráfico de personas, asalto y agresión, acoso, abuso,
y la lista continúa. Tuvo tres juicios diferentes por tres crímenes diferentes y los
años siguieron añadiéndose. Probablemente muera antes de ver la luz del día de
nuevo y Patricia y Nathan reciban sus activos y otras pertenencias. Patricia lo ganó
todo en el divorcio, pero todas las tiendas y negocios se las entregó a Nathan casi de
inmediato. Ahora posee la joyería principal, proveedora de todo Reino Unido.
Estábamos en Italia cuando se dictó la sentencia final, en las vacaciones a las
que nunca tuvimos la oportunidad de ir por ayudar a cuidar de la madre de Nathan
mientras se recuperaba. No nos quejamos y nos divertimos más sin los niños, me
avergüenza admitirlo. No habíamos tenido tanta libertad la última vez.
En cuanto regresamos, fuimos a visitar los restos carbonizados de la primera
casa en la que vivimos juntos y en lugar de dejar la tierra arruinada o venderla, lo
habíamos despejado todo y juntos diseñamos la casa más perfecta para criar a
nuestros hijos.
Mamá y su nuevo marido se mudaron más cerca también, encontrando
consuelo junto a la costa de Essex. Mamá es ahora encargada de las tiendas de 257
Essex de Nathan. Él tiene dos y ella ama cada segundo. Es buena en ello también.
Aunque hemos pasado años celebrando y construyendo un hermoso hogar
para nuestros bebés, hoy es un desafortunado día de llanto.
Dillan, tan alto, fuerte y guapo, se para al lado de su padre en la arena de la
playa de Skegness. No es el lugar más glamuroso, pero es donde crecí, es donde
Caleb y yo nos conocimos y es la ciudad donde Dillan fue concebido.
Emily, de ahora diecinueve años, está en casa cuidando de Ashlyn, su
hermana de trece años, mi mini-yo. Podrían haber venido, pero siendo los ángeles
que son, quisieron darnos espacio para decir nuestro último adiós.
Un último adiós a Caleb, el padre biológico de Dillan, mi primer amor y el
hermano de Nathan.
Dillan ha sabido sobre su padre desde el día que fue lo bastante mayor para
entender. Recurrió a su espíritu en tiempos de necesidad mientras creció. A
menudo lo oí hablando consigo mismo en la cama como si rezara y a pesar de que
era triste y en ocasiones un poco inquietante, me hizo sentir orgullosa y feliz de
saber que incluso en la muerte Caleb aún llegó a conocer a su hijo y su hijo llegó a
conocerlo.
Ahora, sin embargo, es el momento de liberarlo. Dillan, ahora de la edad que
tenía Caleb cuando nos conocimos, siente como si fuera el momento de dejarlo ir y
liberar a Caleb. Estoy tan orgullosa de él y el hombre en que se está convirtiendo.
Es tan testarudo, amoroso y amable. Es una réplica de su padre, no solo en aspecto,
sino en espíritu también. Las cenizas de Caleb, que hemos mantenido guardadas
durante años, están fuera y listas para ser esparcidas en el mar y la arena.
Dillan toma el primer puñado y lo libera, susurrando algo que no puedo
entender. Miro el brillante gris desaparecer en el agua.
Luego va Nathan, silenciosamente tomando el siguiente puñado, su brazo
alrededor de los hombros de su hijo. Lo libera también y sonrío con calidez ante
mis hombres favoritos. Uno tiene cabello grisáceo, aun así, no es menos guapo que
la primera vez que nos cocimos. Beso su mejilla. El otro es una réplica de Caleb;
son casi idénticos cuando comparas fotos. Beso su mejilla también. Luego, le
arrebato la urna y la pongo bocabajo. Las cenizas golpean la arena con un puf que
revolotean alrededor de mis tobillos. Escalofriante.
—¡Mamá! —jadea Dillan y Nathan alza la mirada al cielo como si esperara
ayuda—. ¿Qué mierda?
—No maldigas —le espeta Nathan a su hijo, ahora frunciéndole el ceño.
—Tuvieron su momento, merezco el mío —respondo altivamente—. Caleb
entenderá. —Pateo sus cenizas hacia el lento arrastrar de las olas.
—¡Basta! —grita Dillan, aunque oigo la risa en su voz—. ¿Qué te pasa?
—Caleb sabe.
—¿Puedo saber?
—No, pero él lo merecía. —Sonrío, asegurándome de que las cenizas han 258
desaparecido totalmente para que ningún pobre niño incauto termine
construyendo un castillo de arena con ellas—. ¿Qué deberíamos hacer con la urna?
—No sé. ¿Qué hace la gente normalmente con las urnas? —pregunta Nathan y
Dillan de inmediato saca su teléfono y le pregunta a Google.
—¿Podríamos donarla para caridad? —sugiere, encogiéndose de hombros
mientras camina hacia atrás por delante de nosotros.
—¿Y si no saben que es una urna y la usan como elegante bol para la salsa o
algo? —Hago una mueca con horror ante la idea.
—Ugh —dice Dillan con una risa, todavía caminando hacia atrás—. Asqueroso,
mamá.
—La usaremos como recipiente para plantas —nos dice Nathan, quitándome
la urna para que no la rompa.
—Me gusta la idea.
—A mí también —concuerda Dillan—. ¿No debería estar triste o llorando o
algo? Me siento…
—¿En paz? —pregunto, sonriendo con calidez.
—Sí, siento que lo he llegado a conocer apropiadamente por primera vez.
Gracias por dejarme hacer esto.
—Fue una buena idea —interviene Nathan, tomándome de la mano. Parece
que ha pasado tanto tiempo desde que estaba asustado de la arena. Camina sobre
ella tan fácilmente ahora, como si nunca le hubiera molestado. Hay muchas cosas
que puede hacer ahora que una vez le habrían molestado. Sus guantes de cuero
permanecen, sin embargo. No creo que jamás desaparezcan y no creo que jamás
quiera que lo hagan.
Entonces Dillan arruga la nariz y declara:
—Tengo hambre. ¿Comemos pescado y patatas?
—Acabas de esparcir las cenizas; ¿cómo puedes tener hambre? —Niego.
—Quiero picante en mis patatas —añade, ignorando lo que acabo de decir.
—Oh, buen señor. —Suspiro, alzando la mirada al cielo por ayuda como
Nathan hizo antes—. Lávate las manos primero, rarito.
—Quiero salsa. —Nathan sonríe, liberando mi mano para ir tras su hijo.
—Ustedes están enfermos, ¿lo sabían? —grito detrás de ellos, sonriendo con
amplitud.
—¡Dice la mujer que acaba de patear a su marido muerto al mar! —grita Dillan
y la pareja que pasa por mi lado me mira con horror.
—Era mi prometido y lo merecía. —Suelto una risita y corro tras mis
hombres—. ¡Espérenme!

259

Fin
Sobre el autor
¡Tengo ahora veinticuatros años y he estado escribiendo desde que puedo
sostener una lapicera en mi mano! Amo escribir, es mi pasión, y nunca me detengo.
De hecho, amo tanto escribir que he comenzado a escribir cerca de ciento cincuenta
libros diferentes antes de finalmente terminar mi primera novela, “A Little Bit of
Crazy”, la cual publiqué en mayo de 2013. Estuve agradecida cuando recibí críticas,
ya que me ayudan a ser una mejor escritora.
Cuando no estoy escribiendo, amo pasar tiempo con mi familia y cuando
tengo tiempo libre (¡no es fácil con niños pequeños!) es leyendo o escuchando
música. No me encontrarás sin un libro o mi Kindle en mi mano. Leo mientras
cocino, limpio, hablo, camino… ¡podrías decir que leer es mi otra pasión!
Gracias por tomar el tiempo para leer mi libro. Aprecio cualquier clase de
comentario sea bueno o malo. Esta ha sido una enorme curva de aprendizaje para
mí y me hace feliz recibir cualquier consejo/crítica… ¿elogio? Lo que quieras
proporcionar. No seas tímido. Gracias,
Con amor Alex.
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