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¿Qué es la violencia?

La conducta violenta es una respuesta desadaptativa a los estímulos aversivos que una
persona percibe en su medio.
Para que una respuesta de este tipo ocurra en una persona intervienen diversos factores que
la facilitan, como los son:
- Elementos externos como el ejemplo o modelaje de conductas que desde niños los
hijos reciben de sus padres y otros personajes significativos en su ontogenia, y que
ellos imitan y vuelven parte de su repertorio conductual, como lo son afrontamientos
de tipo hostil, agresivos o impulsivos.
- Elementos internos, como los ya desarrollados esquemas cognitivos irracionales, su
temperamento o falta de habilidades sociales, emocionales o cognitivas que le impiden
afrontar de manera adecuada.
La presencia de estos factores de riesgo externos o internos vendrían a ser predictores, en la
medida de incidencia, del tipo de conductas violentas que pueden observarse en el repertorio
del niño. En todo caso, la presencia de violencia recibida y/o emitida es un síntoma de
malestar psicológico con repercusiones serias que vale la pena ser abordado.

¿Cuáles son los tipos de violencia?


La violencia tiene distintas tipologías, entre las que se encuentran (Vargas Martínez &
Paternina, 2017):

Tipología Tipo Definición


Por el medio en el cual Física Se refiere a golpes, empujones, puños,
se da la violencia patadas, halar el pelo vandalismo,
esconder o hacer daño a los objetos
personales.

Verbal Caracterizada por el empleo de


palabras con contenido humillante,
grosero, descalificador, burlesco,
amenazante, irónico, burlón, etc.
Psicológica Abuso emocional y menoscabo de la
estima hacia una o unas personas.
Negligencia Es el acto de desamparo injustificado,
hacia uno o varios miembros de la familia
con los que se tienen obligaciones que
derivan de las disposiciones legales y que
ponen en peligro la salud (Secretaría de
salud. Centro Nacional de Equidad de
Género y Salud Sexual y Reproductiva.
Relacional Corresponde a la exclusión social,
aislamiento, indiferencia, rechazo a otro u
otros por parte de un individuo o de un
grupo.

Virtual Cuando se agrede permanente a alguien a


través de los medios electrónicos y de las
redes sociales.
Modo de la Violencia Directa Los actos destructivos son realizados por
(o personal) personas o colectivos concretos y se
agresión dirigen también a personas o grupos
igualmente definidos.

Violencia No hay actores concretos de la agresión;


Indirecta (o en este caso la destrucción brota de la
estructural propia organización del grupo social sin
que tenga que haber necesariamente un
ejecutor concreto de la misma (Gil-
Verona, y otros, 2002).

Referente a su La agresión Se trata de un comportamiento que


reactiva sucede como reacción a una amenaza
fundamento percibida y que suele estar relacionada
con una activación emocional intensa,
altos niveles de impulsividad, hostilidad y
déficits en el procesamiento de la
información. La expresión de este tipo de
agresión se relaciona a su vez con
problemas de atención e hiperactividad
(Penadoa, Andreu, & Peña, 2014).
La agresión Tiene su explicación en el modelo de
proactiva aprendizaje social de Bandura y estaría
concebida como una estrategia que el
sujeto pone en marcha para la obtención
de un objetivo o beneficio. Los actores con
este tipo de agresión no suelen mostrar
problemas en la regulación de sus
emociones ya que llegan a mostrar
pobreza emocional, falta de empatía o
culpa y utilización de los demás para su
propio interés. (Penadoa, Andreu, & Peña,
2014).
PROTAGONISTAS DE LA VIOLENCIA
Agresor El personaje o los personajes
que efectúan la conducta
violenta y presentan factores
de riesgo como los
anteriormente mencionados
y suelen tener mayor
fortaleza física.

También es necesario considerar que en el fenómeno de la violencia se tiene que


hablar de sus 3 protagonistas: agresor, agredido
 El agresor:
 El agredido: El personaje o los personajes que reciben las agresiones de otro, suelen
tener dificultades de adaptación social y ser menor destreza física que el agresor,
suelen experimentar una disminución de confianza en sí mismo y de autoestima,
ansiedad y/o depresión, algunos casos extremos han llegado incluso al suicidio.
 Los observadores: pueden jugar diversos roles en el fenómeno y sumar para bien o
para mal en el mismo, desde inacción por indiferencia y apatía, inacción o acción por
complicidad o temor, acción interventora bien orientada o mal orientada para la
resolución del conflicto. La inacción de los observadores conlleva a un agravo en la
situación de violencia ya que se refuerza la conducta violenta del agresor, se modela la
conducta a todos los observadores, se desensibiliza a los mismos y se normaliza el tipo
de afrontamiento. (aquí entran alumnos y profesores).

El modelo cognitivo conductual considera a la conducta agresiva o violenta como producto del
sistema personal de constructos y de pensamientos irracionales que tiene la persona. Las
intervenciones dentro de este modelo irán dirigidas, a las percepciones, motivaciones,
expectativas, auto-afirmaciones y creencias relacionadas con las situaciones de agresividad
con tendencia a la violencia, utilizado combinaciones de técnicas de modificación de conducta
junto con técnicas de orientación cognitiva para que con la identificación, sustitución por
pensamientos más adaptativos y racionales y construcción de creencias personales
alternativas, se desarrolle, presente y refuerce conductas más adaptativas. (Vargas Martínez &
Paternina, 2017). Haciendo uso de técnicas como auto-instrucciones, modelado, role playing o
ensayo conductual, discusión, retroalimentación y asesoramiento, esto se ha utilizado con
eficacia en niños y adolescentes (González & Carrasco, 2006).
¿Cuál es la ituación de violencia en México?
Aproximadamente un tercio de los hogares mexicanos padece violencia, principalmente
emocional, percibida por la mayor parte de los integrantes del hogar. 34% de los integrantes
sufren intimidación, 5.4 violencia física, y sexual .5%. El problema de violencia en México en
niños y adolescentes es un fenómeno de gran complejidad dada la variedad de condiciones
sociales y culturales, diferencias económicas y la extensión geográfica del país. En específico,
la región centro, a la cual pertenece el Estado de Aguascalientes, cuenta con el mayor número
d habitantes, el mayor número de homicidios en rangos de 0 a 4 años y 15 a 17. De la misma
forma cuenta con índice mayor de violencia de tipo sexual contra las mujeres.
Conapred.or.mx/userfiles/files/reporte_2012_Trabajo.pdf
De acuerdo con Joffre-Velázquez y sus colaboradores (2011) en México el 25% de los
alumnos de secundaria había sufrido violencia ; mientras que la Secretaría de Educación
Pública (SEP), junto con la UNICEF (2009), reportan que 43.2% del personal docente sabía de
la presencia de bullying en sus escuelas, este es un dato interesante ya que pese a el
conocimiento de esta conducta no se tiene una conducta eficaz para frenar los actos de
violencia y en muchas ocasiones esta ni siquiera es combatida, de igual modo los padres no
muestran una conducta efectiva para minimizar estas conductas, por lo que los agresores
pueden llegar a tener la percepción de que tanto padres y maestros reaccionan de manera
permisiva ante su conducta, por lo que esto constituye un incentivo para que continúen
realizando la conductas agresivas. (Joffre-Velázquez, 2011) .

¿Cuáles son los efectos de la violencia en niños?


 Efectos de la violencia en adolescentes.
 Los efectos de la violencia en los adolescentes son variados y suelen estar vinculados
a la vivencia previa de un tipo de violencia predominante además de antecedentes de
violencia en la edad adulta. A nivel psicológico, los efectos de la violencia sufrida en
adolescentes se dan en las siguientes formas principalmente.
 Depresión y ansiedad.
 Trastorno por estrés post traumático.
 Trastornos de la alimentación y del sueño.
 Deficiencias en la atención.
 Hiperactividad.
 Adicciones.
 Ideación y comportamiento suicida.
 Prácticas sexuales de riesgo.

Se han realizado intervenciones y programas dirigidos a estudiantes y profesores con la


finalidad de disminuir la violencia en el ámbito escolar sin embargo se han tenido mejores
resultados con programas que integran también a los padres ya que en algunas
investigaciones se ha encontrado que los padres muestran dificultad para fomentar la
conducta social y para controlar adecuadamente la conducta problemática de sus hijos
llegando a emplear técnicas hostiles para tratar de eliminar esos comportamientos llegando a
emplear el castigo físico con el cual lejos de reforzar el comportamiento adecuado de sus hijos
llega a ser una especie de modelado para el que ellos empleen esta tácticas hostiles para
conseguir sus objetivos. Por lo que es importante sobre todo que los padres presten atención
a la crianza de sus hijos ya que de los factores de riesgo en el desarrollo de comportamiento
agresivo en edades tempranas, es la falta de habilidades de los padres para educar a sus hijos,
programas de entrenamiento para padres han mostrado resultados en cuanto a la
disminución de conductas agresivas y el fomento de conductas pro sociales, en estos
programas de busca que los padres ejerzan una disciplina de control no coercitiva, el
establecimiento de límites, el reforzamiento de respuestas alternas a la conducta agresiva, la
sobre-corrección, la desaprobación leve, el castigo y la extinción de la conducta agresiva del
comportamiento de sus hijos, también se busca que fomenten y refuercen el comportamiento
pro-social en casa de manera que transfiera a otros escenarios (Mendoza González, B.,
Pedroza Cabrera, F. J., & Martínez Martínez, K. I. 2014).

Cualquier intervención con respecto a la violencia requiere necesariamente pues el desarrollo


de habilidades que el niño o adolescente necesita para desenvolverse en su medio. Las
habilidades de presencia necesaria para prevenir la violencia tienen implicaciones en el plano
cognitivo, afectivo y de la acción que se ven mutuamente retroalimentadas y tienen
repercusiones a su vez a nivel personal y social, así como en el desarrollo integral del sujeto
en cuestión.

Habilidades a desarrollar para reducir la violencia


Las habilidades sociales son un conjunto de conductas que permiten al individuo
desarrollarse en un contexto individual o interpersonal expresando sentimientos, actitudes,
deseos, opiniones o derechos de un modo adecuado a la situación. Generalmente, posibilitan
la resolución de problemas inmediatos y la disminución de problemas futuros en la medida
que el individuo respeta las conductas de los otros (Caballo, 2005).
Considerando estas apreciaciones, Fernández Ballesteros (1994), ha señalado algunas
características que presentan las habilidades sociales:
a- Heterogeneidad, ya que el constructo habilidades sociales incluye una diversidad de
comportamientos en distintas etapas evolutivas, en diversos niveles de
funcionamientos y en todos los contextos en los que puede tener lugar la actividad
humana.
b- b- Naturaleza interactiva del comportamiento social, al tratarse de una conducta
interdependiente ajustada a los comportamientos de los interlocutores en un contexto
determinado. El comportamiento social aparece en una secuencia establecida y se
realiza de un modo integrado.
c- c- Especificidad situacional del comportamiento social, por lo que resulta
imprescindible la consideración de los contextos socioculturales
A nivel cognitivo se requiere la capacidad de tomar en cuenta los diversos factores que
intervienen en una situación, incluyendo el considerar la participación de otras personas en la
misma en el sentido empático, de tomar decisiones entendiendo de manera adecuada la
situación, resolución de conflictos, flexibilidad de pensamiento, de poder desarrollar a nivel
cognitivo las consecuencias que tendrá efectuar esas decisiones en el plano de la acción y las
implicaciones morales de las mismas, así como la parte cognitiva de la autoregulación,
habilidades de aprendizaje, para conseguir información y auto evaluación. Cabe mencionar
que conforme se desarrolla la persona a nivel cognitivo y con ayuda de la maduración
biológica el niño puede adquirir con mayor facilidad estas destrezas cognitivas. (Caycedo,
Gutierrez, Ascencio, & Delgado, 2005).
Habilidades emocionales serían la regulación emocional (que complementa la autoregulación
cognitiva) especialmente de emociones negativas como la ira, frustración, culpa, etc. Que
implica aprender a identificar las emociones, sus umbrales de reacción, latencia, intensidad y
tiempo de recuperación determinan que tan fácil y que tan intensamente las emociones son
desencadenadas, la regulación emocional se refiere al manejo eficiente de la activación
emocional con el fin de tener un funcionamiento social efectivo, que le permita adaptarse, y
acceder a las habilidades cognitivas para la resolución de las experiencias aversivas.
Las habilidades sociales implicarían una comunicación adecuada y asertiva a nivel
psicomotor, emocional y de las expresiones cognitivas residuales de la existencia de las demás
habilidades expuestas con anterioridad incluida por ejemplo la negociación, así como el uso
de conductas pro sociales.
La conducta prosocial es definida como una conducta voluntaria dirigida a beneficiar a otros
(Eisenberg, Fabes y Spinrad, 2006) las funciones de estas conductas son facilitar la sana
convivencia social (Alarcón Bañares, y otros, 2010) y/o como medios que tiene un sujeto para
alcanzar sus objetivos (Kelly, 2002), objetivos tales como la adaptación al medio. El
comportamiento prosocial puede referirse también de comportamientos que facilitan la sana
convivencia social (Alarcón Bañares, y otros, 2010), el comportamiento prosocial es definido
como todo comportamiento voluntario orientado al beneficio de otros, en este se incluyen
procesos cognitivos como el razonamiento prosocial así como la empatía, la asertividad y el
cooperativismo, el comportamiento prosocial se establece en los primeros años de la infancia
y la adolescencia y actúa como factor de protección de la desadaptación y el comportamiento
antisocial (Pelegrín Muñoz, J. Garcés de Los Fayos Ruiz, & Cantón Chirivella, 2010). Es por eso
que se busca favorecer desde edades tempranas las conductas de ayuda solidaridad,
tolerancia y cooperación atraves del desarrollo de habilidades prosociales y prevenir las
conductas antisociales como la agresión, la violencia, la delincuencia, la indiferencia, la falta de
conciencia, etc.
Algunos ejemplos de conducta prosocial podrían ser
 Ser miembro activo de movimientos sociales.
 Trabajar como voluntario.
 Responder a campañas de ayuda.
 Ser solidario con la defensa de una causa.
 Tener una motivación por el trabajo más allá del Crear puestos de trabajo.
 Pagar los impuestos.
 Cuidar de familiares y amigos.
 Vivir con un anciano a cambio de alojamiento.
 Donar sangre.
 Cuidar del medio ambiente a través de movimientos ecologistas.
 Prestar ayuda en situaciones de emergencia.
 Realizar las tareas domésticas en una familia o comunidad (Moñivas, 1996).
Diversas investigaciones transversales y longitudinales han revelado que la conducta
prosocial se relaciona positiva y significativamente con el auto concepto escolar (Gutiérrez y
Clemente, 1993) y la autoeficacia académica (Bandura, Caprara, Barbaranelli, Gerbi-no y
Pastorelli, 2003; Bandura, Caprara, Barbaranelli, Pasto-relli y Regalia, 2001; Garaigordobil,
Cruz y Pérez, 2003). Numerosas investigaciones sobre conducta pro-social y estatus socio
métrico revelan que los niños y adolescentes que presentan niveles significativamente más
elevados en conducta pro social tienden a ser más populares entre sus compañeros y a
obtener mejores resultados académicos, mientras que los que actúan de manera agresiva y
antisocial tienden a ser rechazados y a rendir menos o fracasar en la escuela (por ejemplo,
Buhs, Ladd y Herald, 2006; Jiménez, 2003; Lubbers, van der Werf, Snijders, Creemers y
Kuyper, 2006; Warden y Mackinnon, 2003; Wentzel, 1991; Wentzel y Asher, 1995; Wentzel y
Caldwell, 1997; Wentzel y Watkins, 2002; Zettergren, 2003).
En general, se admite el supuesto de que la sensibilidad empática favorecerá probablemente
el altruismo y reprimirá la agresión, pero el que la persona altamente empática realice o no
acciones altruistas depende de otros determinantes como los inductores sociales, las
limitaciones que impone la situación, los costos potenciales, la disponibilidad de habilidades y
de recursos necesarios para ayudar al otro, la atribución de responsabilidad, las
características de la víctima y su relación con el observador (Bandura, 1987, 1991).
Y así se va introduciendo a sí misma la importancia del medio familiar y escolar para que el
niño pueda generar todo lo anterior: Padres que puedan modelar eso, y que por ende no
modelen comportamientos disruptivos; profesores que puedan modelar eso, y que por ende
no modelen comportamientos disruptivos; autoridades ya sean padres o profesores que sepan
cómo plantear un sistema de crianza o disciplinario que permita las recompensas y
consecuencias pertinentes, que sean motivadores para el desarrollo de las habilidades
anteriores y no refuerce las conductas violentas que el individuo, sea niño o adolescente
presenta.
Michelson y otros (1987) plantean que las habilidades sociales se adquieren a través del
aprendizaje, por lo que la infancia es una etapa crítica para la enseñanza de éstas. Igualmente
señala que su acrecentamiento está ligado al reforzamiento social. Precisamente, la práctica
de las habilidades sociales está influida por las características del entorno; habilidades tales
como pedir favores a otros niños, preguntar por qué a un adulto, tomar decisiones, son
ejemplos en ese sentido.
Los padres modelan la conducta prosocial o antisocial mediante sus respuestas a las
necesidades emocionales básicas de los niños es posible que las conductas antisociales sean
producto de que no haya reforzado la buena conducta durante su segunda infancia y los
padres hayan sido duros o inconsistentes, o ambos, al castigar la mala conducta, que no hayan
estado cercana y positivamente involucrados en las vidas de sus hijos. Estos patrones
negativos de comportamiento posiblemente aunado a las influencias negativas de pares que
promueven y refuerzan la conducta antisocial hacen que se mantenga la conducta y que aflore
una hostilidad abierta entre los niños y sus padres, pares y otras en general con los otros
(Papalia, Wendkos Olds, & Duskin Feldman, 2009)y Gonzalez Vallejo, 2015).
La promoción de hábitos, actitudes y creencias saludables, especialmente en la familia puede
prevenir y reducir el riesgo e incrementar la protección de los niños en cuento a la realización
de conductas violentas, los cambios de roles en el interior de la familia, las relaciones
familiares y la estructura familiar pueden afectar el bienestar psicológico y social del niño lo
que se puede reflejar en conductas violentas que se producen dentro de una institución
educativa, incluyen el acoso escolar entre iguales (Gonzalez Vallejo, 2015).