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La potabilización es un proceso diseñado por el hombre para asegurar que el

consumo del agua no cause enfermedades. Es necesario filtrar y desinfectar el


agua para destruir bacterias, virus, hongos, lombrices y protozoos (como la
amoeba, que causa amebiasis). Hay virus y bacterias tan pequeñas que pueden
pasar a través de los filtros. Para poder beber el agua; ésta debe ser:

• Limpia y sin partículas visibles que estén flotando en ella y la hagan turbia.
• Incolora y transparente.
• Insípida, es decir, sin sabor, o si lo tiene, éste debe ser agradable.
• Inodora o carecer de algún olor particular.

Algunas características del agua mencionada anteriormente se puede detectar


usando nuestros sentidos: olfateando, degustando y mirando el agua; por tal razón, a
todas estas características del agua las llamamos propiedades organolépticas, lo que
significa que son apreciables mediante el uso de los órganos de los sentidos. Pero hay
otras características que no se aprecian sensorialmente y que debe poseer el agua para
beberla con seguridad. Una de ellas es que esté libre de microorganismos patógenos,
como gérmenes y bacterias causantes de infecciones u otras enfermedades transmisibles
al consumirla.

La otra característica para que el agua debe ser potable es que debe estar libre de
sustancias peligrosas para la salud como ciertos metales, exceso de sales disueltas o
incluso presencia de compuestos químicos perjudiciales e indeseables para el consumo
humano. Tanto los microorganismos patógenos como las sustancias dañinas podrían
pasar inadvertidas, si sólo nos atenemos a comprobar las propiedades organolépticas del
agua.

El agua puede potabilizarse de diversas formas con el objetivo de destruir los


microbios o parásitos que se encuentren en ella, y que pueden causar
enfermedades a las personas.
Para potabilizar el agua, se realizan las siguientes operaciones:

1. Filtrado inicial: Se pasa el agua cruda recién captada y conducida a la


planta a través de rejillas para separar los fragmentos sólidos de gran
tamaño, como hojas, ramas y guijarros de grava y arena. Como ya
sabemos, la filtración ayuda a separar el agua de otras sustancias con la
que forma mezclas heterogéneas.

2. Precloración: Se añade cloro, en dosis apropiadas e inofensivas para el


consumo humano, para eliminar los microorganismos y otras impurezas
del agua. Se emplea, por su efectividad desinfectante para erradicar
gérmenes y microbios, suprimir olores, decolorar el agua, evitar la
proliferación de algas, eliminar compuestos de hierro o de manganeso y
ayudar a la coagulación de algunas materias orgánicas.
3. Coagulación y Floculación: Se agregan productos químicos como el
alumbre o el similar sulfato de aluminio Al2 (SO4 ) 3 para favorecer que
las partículas sólidas, en suspensión y dispersión coloidal, se agrupen
formando coágulos o flóculos, que precipitan más fácilmente arrastrando
todo lo que estaba en suspensión. Esta operación se usa principalmente
para separar los materiales coloidales.

4. Sedimentación: En esta operación se decantan o se asientan los flóculos


y otras partículas al dejar el agua en reposo en tanques muy grandes que
se llaman sedimentadores. El lodo del fondo del sedimentador se remueve
cada cierto tiempo con una maquinaria barredora que lo recoge y lo saca
del sistema.

5. Filtración: Se hace pasar el agua por sucesivos filtros para eliminar


cualquier resto de impurezas que hubiesen podido quedar luego de las
operaciones anteriores. Los filtros suelen ser de, antracita, arena y grava.

6. Post-cloración y envío a la red de abastecimiento: Para eliminar los


microorganismos más resistentes y para la desinfección o “purga” de las
tuberías de la red de distribución, se puede añadir nuevamente cloro
mientras el agua es distribuida por la red.

Puesto que todos estos procedimientos funcionan en forma secuencial y


encadenada, y por los enormes volúmenes de agua tratada, es que se considera a
las unidades potabilizadoras como verdaderas plantas o fábricas que producen
agua potable a escala industrial.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha fijado pautas sobre calidad del


agua potable. En nuestro país Venezuela, se siguen sus recomendaciones y para
garantizar sus óptimas condiciones de consumo, se cumplen una serie de
procesos tecnológicos. Son dos los procesos previos a la potabilización,
indispensables para que el agua sea distribuida con seguridad y con calidad
óptima: la captación y la conducción.

La captación consiste en recolectar y almacenar agua proveniente de diversas


fuentes para su uso benéfico. El transporte por tuberías hacia el lugar donde será
tratada, es la conducción. El agua captada de la cuenca y conducida a estanques
reservorios puede aumentar significativamente el suministro.
En Venezuela, el agua tratada puede no ser potable.

Al menos 9,7 millones de venezolanos estuvieron sometidos a cortes formales en


el suministro y recibieron 48 horas de agua corriente en promedio a la semana
entre 2016 y 2017. Cuando la vivienda no dispone de tuberías o se interrumpe el
servicio, el agua se almacena en tobos y tanques y aumenta la posibilidad de que
se contamine y cause enfermedades. Después de los apagones de marzo de
2019, la escasez de agua corriente se agravó.

En las casas de las familias venezolanas utilizan métodos caseros para que el
agua sea potable. Cuando se almacena el agua en casa hay que eliminar los
sólidos y luego desinfectarla para que se pueda beber y sirva para preparar
alimentos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece:

1. Utilizar ropa limpia y lavar las manos con jabón antes de recolectar,
clarificar o desinfectar el agua.
2. Filtrar el agua para separar los sólidos, reducir la turbidez y la presencia
de agentes patógenos. Es ideal usar tela limpia de algodón (medias,
franelas o un colador de café nuevo).
3. Desinfectar el agua por algún método casero.

Hay varios métodos que se pueden utilizar para desinfectar y potabilizar el agua
en casa. En orden de menos a más complejo:

1. Hervir el agua: Las bacterias proliferan cuando la temperatura del agua es


cálida, por debajo de 50 grados centígrados. Hay bacterias resistentes al
calor, pero la mayoría muere cuando la temperatura está por encima de 50
grados centígrados.
Las algas, protozoarios, hongos y parásitos mueren en temperaturas de
entre 40 y 60 grados centígrados. Para asegurarnos de matar a estos
agentes infecciosos, el agua debe alcanzar el punto de ebullición, cerca
de los 100 grados centígrados. No es apta para este método el agua
contaminada con heces, residuos industriales, mercurio, y otros
contaminantes, y que tenga mal olor.

2. Método sodis: El método Sodis (Solar disinfection) consiste en exponer el


agua al sol para desinfectarla con radiación ultravioleta. las ondas cortas de
radiación ultravioleta atacan el ADN de los microorganismos y los virus y los
destruyen. Este método no produce cambios físicos o químicos notables en
el agua tratada.
No es apta para este método el agua contaminada con heces, residuos
industriales, mercurio, y otros contaminantes, y que tenga mal olor. El agua
no debe estar sucia: los agentes patógenos se esconden detrás de las
partículas de sedimento y los rayos UV no los alcanzan.
Al momento de exponer la botella al sol, asegúrese no esté tapada por
sombras. Si el día está nublado, la botella debe estar en exposición solar
durante dos días continuos.

3. La cloración: La cloración es uno de los métodos más utilizados para


desinfectar el agua. Consiste en añadir hipoclorito de sodio líquido no
jabonoso, sin fragancia ni color. En su forma comercial se puede conseguir
como lejía o cloro.

El cloro es un oxidante. Al entrar en contacto con el agua, oxida todo lo


que encuentra: virus, bacterias y sustancias orgánicas como orina. De esta
forma los destruye. Otros microorganismos, como protozoarios (amoebas) y
helmintos (lombrices) son resistentes al cloro, pero no suelen estar
presentes en agua limpia: el proceso de filtración permite retirar estos
microorganismos resistentes.

Antes de usar cloro, hay que considerar su porcentaje de concentración. La


etiqueta del producto debe informar este porcentaje. La concentración es
importante porque con ella se calcula la cantidad de cloro que hay que
añadir por litro de agua.

4. Filtros y ozonificación: Los filtros con generador de ozono potabilizan el


agua a través de dos procesos: filtración y ozonización. Los filtros le quitan
turbidez al agua y luego se desinfecta con ozonización. El ozono es un gas
inestable que se descompone en el agua y destruye virus y bacterias.
Actúa como el cloro porque oxida los microorganismos, pero no deja
concentración residual. El ozono es un método que puede emplearse al
final del tratamiento de agua

5. Tabletas para desinfectar el agua: Es posible desinfectar el agua con


tabletas o sustancias que contienen cloro, yodo, dióxido de cloro u otros
agentes desinfectantes. Deberían estar disponibles en farmacias y tiendas.
El producto contiene unas instrucciones específicas para desinfectar un
volumen de agua, por lo que es necesario leerlas para garantizar que el
método se aplique de forma correcta.