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Hola, acá Hernán en el primer miércoles de septiembre (sí


todavía es miércoles). Esta semana, entre otras cosas,
actualizamos Orsai con una nueva sección de Chiri Basilis y
la saga de los abuelos gorilas tiene su mejor episodio.
Pueden leer este resumen o escucharlo acá.

Esta semana mi amigo (pero sobre todo el jefe de redacción de


Orsai Papel), el señor Chiri Basilis, conversó por Whatssap con
Sebastián De caro sobre su próxima película, que se estrena en
breve, y decidió compartir esa charla en una nueva sección que,
con suerte, será quincenal. El nombre de la entrevista es
Sebastián De Caro: «La narrativa es el lenguaje de Satán» e
inaugura la sección «Conversaciones por Whatssap».
Por mi parte, leí en la radio el viernes pasado un cuento inédito
(es decir, que no está en ninguno de mis libros) y la única manera
que tengo de que quede constancia de su existencia por escrito
es dejarlo acá. Se llama Cómo hacer cambiar de opinión a una
madre conservadora y allí cuento que tengo una madre de
derecha a la que escucho, desde hace años, decir pelotudeces
en las sobremesas; pero hace poco, después de una cadena de
hechos fortuitos, mi vieja empezó a ver las cosas de otra manera.
En otro orden, no hay hecho de la actualidad rabiosa que pueda
escapar a los versos de Zambayonny. Y el huracán Dorian, que
azota el norte, fue atrapado por la rima asonante de mi amigo, a
pesar de su velocidad. Esta nueva entrega de «actualidad en
verso» se llama, simplemente, La cobertura del huracán, pero en
su furia, el Dorian se llevó también pedazos de coyuntura
argentina (que tiene un clima inestable).
Esta semana también estrenamos autora. Se une a nosotros
Eugenia Zicavo para recomendarnos cosas. (Y en la palabra
«cosas» vamos a meter de todo). Eugenia empieza con un libro,
que se encontró de casualidad y le voló la cabeza. La crónica se
llama Me verás volver y el libro es «Por qué volvías cada verano»
de Belén López Peiró. Lean la reseña y van a querer la novela.
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Y, por supuesto, hay un nuevo episodio de Los Gorila. Se llama


Los Gorila, su eternidad. Recordemos que Ana y Roberto son dos
abuelitos medio fachos y que un día se muda con ellos una nieta
millenial que empieza a escribir sobre sus abuelos en internet,
como si fueran protagonistas de un documental de la National
Geographic. Sofía Badia sigue contándonos esta historia, que por
lo que leo en las redes gusta mucho.
Hasta acá llegamos por hoy. Les informo que la nueva revista
Orsai (número cinco) está a punto de entrar a imprenta. Todavía
tienen tiempo de conseguirla en modo benefactor (es decir, a
precio amistoso y con su nombre impreso en la página dos).
También tienen unos días más para conseguir la colección
completa, que se agotará en dos o tres días. Todo, en Tienda
Orsai.
Bienvenidos a la versión digital; espero que les guste.

Nuestra dirección es:


Revista Orsai
Mariano Acha 2346
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Ciudad Autónoma de Buenos
Aires 1430
Argentina
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CRÓNICA NARRATIVA
Cómo hacer cambiar de opinión a una madre conservadora
Hernán Casciari tiene una madre de derecha y desde hace años
la escucha decir pelotudeces en las sobremesas. Pero hace
poco, después de una cadena de hechos fortuitos, la señora
empezó a ver las cosas de otra manera. Aquí un relato inédito del
autor.

Una profesora de secundaria de primer año se dio cuenta de que


me gustaba leer y me prestaba sus propios libros. Chichita
sospechaba, porque esos libros venían subrayados y, según ella,
la profesora me quería meter en política. La profesora y su
marido, un artista plástico, habían estado afiliados al partido
Comunista y eso a Chichita le daba miedo, porque recién
empezaban los ’80.
Esta profesora estaba encariñada conmigo, porque me gustaba
mucho leer. Una vez me dijo que, si en un curso de cuarenta
chicos, por lo menos uno aprendía a pensar por sí mismo, el
trabajo de ella tenía sentido. (Nunca me olvidé esa frase, porque
me pareció poco “uno solo”). Después esta profesora me
recomendó leer a Cortázar. y después se hizo la boluda cuando
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supo que yo me robaba los libros de la biblioteca. Y un poco


antes de terminar el colegio me presentó a su marido, un pintor
de ojos claros que estaba postrado en una silla de ruedas.
La profesora se llamaba Cristina, pero le decíamos “La de
Roggero” y el marido se llamaba José Roggero pero le decían
“Fifo”. Tenía una barba canosa y una enfermedad que lo iba
paralizando. Cuando lo conocí ya había aprendido a pintar con la
mano izquierda. Dos años después, ya pintaba con la boca.
En esos dos años nos hicimos amigos y fundamos una revista en
Mercedes, que se llamó “La Ventana”. Yo había cumplido 20 años
y Fifo tenía 55. La redacción estaba en la casa de los Roggero, y
yo me pasaba las tardes ahí, escribiendo para esa revista
mensual. Chichita ya no sabía qué hacer para sacarme de esa
casa. Pensaba que yo me había convertido en un comunista. Mi
vieja creía que ellos me encerraban, que me ataban las manos
con cinta y que me lavaban el cerebro. —¡Por qué no volvés a
fumar porro en casa, Hernán, que por lo menos sabíamos lo que
hacías!
Mi mamá siempre fue de derecha. Pero no esa gente de derecha
con argumento. Mi mamá es de esas viejas de derecha por
fotosíntesis. De las que se deja llenar la cabeza… primero por el
padre, después por el marido, después por TN, y va entrando en
un hervor de pelotudez que en general no le hace mal a nadie.
Solamente a los que la escuchamos decir pavadas en la
sobremesa.
Desde esa ingenuidad que da la falta de pensamiento propio, mi
vieja odiaba los libros subrayados, y odiaba que yo hiciera esa
revista. Los Roggero eran, según ella, los únicos comunistas del
pueblo. Y eso le daba terror: Si vuelven los milicos a vos te van a
chupar, por culpa de esa gente, Gordo…
Para peor, la revista había empezado a funcionar a lo bestia. Fifo
Roggero se había comprado la primera computadora con
PageMaker del pueblo, y diseñaba la revista sin tipografías de
metal. Y después tuvimos scanner antes que nadie. Éramos unos
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adelantados. Él diseñaba con la mano izquierda y yo escribía la


revista, entera, con siete seudónimos distintos.
Yo escribía cuentos usando a los vecinos como personajes, y la
gente leía literatura creyendo que era chismes. También
hacíamos investigaciones serias y las publicábamos como
kamikazes, sin consultar con abogados. Fifo en su silla de
ruedas, sin miedo a nada, y yo fumando porro todo el día; no
teníamos techo.
La revista se había convertido en el gran revuelo mensual de la
ciudad. Nos metíamos con todos. No le hacíamos asco a nadie.
De repente, en el pueblo más conservador, un paralítico y un
gordito empezaron a burlarse de jueces, de curas, de políticos…
La mitad de la gente leía la revista para cagarse de risa y la otra
mitad la leía con miedo a aparecer como personaje.
Yo aprendí casi todo lo que sé, en esos dos años. Escribir
parodia en un pueblo conservador de finales de los 80 es un
ensayo perfecto para cuando venga internet. Yo no sabía que
estaba practicando para eso.
(Hoy, cuando alguien se queja porque lo hostigan en Twitter, yo
pienso: “peor es que el gordo Aguirre te tire la camioneta encima
porque escribiste sobre él”.)
Usar como personajes a la gente de tu pueblo, viviendo ahí, es
peligrosísimo. Nunca sabés de dónde va a venir la piña. Nos
mandaron siete cartas documento el primer año, y tres juicios
serios el segundo. La casa de los Roggero era nuestro búnker,
venían abogados zurdos a ayudarnos a zafar, y siempre
zafábamos. Fifo diseñaba, yo escribía como un loco, mi profesora
Cristina corregía, y Chichita me pedía por favor que dejara de ser
comunista.
Pero yo estaba fascinado por lo que se podía lograr escribiendo.
No me había pasado nunca. Que la gente, en el almacén, hablara
de un cuento mío, sin saber que yo era el autor. (Y sin saber que
eso era un cuento.) O ver a chicos, más pendejos que yo, de
catorce o quince años, cagándose de risa en la plaza con la
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revista en el medio. (Nunca me olvido de una imagen: yo iba en


motito y los vi, un grupito de chicos que habían salido de la
escuela, había uno leyendo en voz alta para los demás, algo que
había escrito yo, ellos se reían fuerte… y me sentí orgulloso.)
En esos dos años confirmé que yo tenía una vocación. Que lo
que siempre me había parecido un hobbie (escribir) era mi
trabajo. Antes de eso, yo pensaba que mi trabajo tenía que ser
horrible, porque Roberto, mi papá, volvía siempre de la gestoría
con cara de orto. La felicidad de mi viejo estaba cuando jugaba al
tenis, pero ese no era su trabajo.
En esa época entendí que mi hobbie tenía que ser mi trabajo. Y
mi vieja entendió que ya no podía hacer nada para salvarme. Que
esa gente, los Roggero, me había subrayado los libros en primer
año y ahora ya directamente me iban a mandar a Cuba.
Pero mi viejo al revés: Roberto sí entendió. Entendió que su
hobbie podía ser su trabajo. Y cuando llegaron los noventa dejó la
gestoría y puso las primeras canchas de paddle del pueblo.
Alquiló el club Ateneo, se sacó la corbata, se puso para siempre
una camisa hawaiana y aprendió a vivir de jugar. Y yo aprendí a
vivir de escribir. Y mi hermana aprendió a coger y se fue con el
Negro Sánchez. Y mi vieja aprendió a quejarse por las tres cosas.
Los noventa fueron increíbles. Y la revista era lo más esperado
del pueblo. Un día mataron a un cura, en Luján. Y en la revista
hicimos una investigación. Supimos que el obispo de Mercedes,
una de las personas más influyentes del país, porque era
confesor de Menem, había mandado a matar al cura de Luján por
un tema privado (el curita le había robado un chongo). Ahora
sabemos que casi todas las cosas privadas de los curas tienen
que ver con sexo, pero a principios de los noventa no se
publicaban esas historias.
Y nosotros, por supuesto, la publicamos. Porque éramos un
paralítico y un gordito drogón. Y el obispo ni se molestó en
hacernos juicio. El Obispo movió dos dedos, sin despeinarse, y
nos cerró la revista a la mierda. A Fifo Roggero le sacó todas las
máquinas que se había comprado y lo dejó en la lona. Y como yo
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no tenía nada que pudieran sacarme, le apuntó a mi viejo, a


Roberto, y lo echó del club donde había puesto sus canchas de
paddle. Porque el predio del club Ateneo es, todavía hoy, de la
Curia.
Fue un golpe fuerte. Igual mi viejo nunca me echó la culpa ni se
quejó: con el tiempo puso sus canchas de paddle en otro lado. Mi
hermana tuvo cuatro hijos con el Negro Sánchez; mi mamá se
puso a mirar TN y yo conseguí trabajo en Buenos Aires.
Conseguí rápido porque tenía experiencia. Había escrito, durante
dos años, más de mil páginas publicadas. Había aprendido a
diseñar, a pelear precios de imprenta, a buscar publicidad y,
sobre todo, a tener lectores. A conocer gente que leía lo que yo
escribía. No amigos ni parientes. ¡Lectores! Personas
desconocidas que se reían en una plaza de los chistes que yo
hacía. Como esos chicos de catorce o quince años que eran
fanáticos de la revista.
Muchos años después, ya cuando Roberto había muerto y nadie
vivía en nuestra casa, supe que uno de los chicos aquellos de la
plaza, uno de catorce al que le decían Juani, ahora tenía treinta y
pico y quería ser el nuevo intendente del pueblo. Y en 2015 ganó.
Y desde hace cuatro años ese chico Juani es el intendente más
joven que tuvo mi ciudad. Y el primero que me cae bien, de todos
los que conocí. Y a mí me da orgullo que él haya leído, cuando
crecía, la revista que hacíamos en la casa de los Roggero.
Del mismo modo que el otro día me dio orgullo una cosa que me
dijo mi mamá. Estábamos en Mercedes, comiendo en casa de
ella, y un poco para chicanearla, porque es muy facha, le dije:
“Che, mamá, está linda la ciudad con Juani. Entramos por la 40,
todo arbolado, todo asfaltado… y está precioso.” Y me quedé
callado esperando su catarata de boludeces. Pero ella me
dijo: “Yo lo voy a votar a Juani, es la primera vez que este pueblo
no parece un cementerio”.
Y yo casi más me caigo de culo. Mi vieja votando lo correcto es
una cosa que no había visto nunca en la vida. Nunca. Siempre,
desde que soy chiquito, mi vieja votó garcha. Entonces,
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inmediatamente, se me representó el efecto dominó entero. Juani


de grande haciendo las cosas bien, Juani de chico leyendo la
revista de Fifo Roggero, yo, más chico todavía, escuchando a la
de Roggero en las aulas de la Escuela Normal, apasionada con la
educación de los chicos, diciéndome: “Mirá, Hernán, si en un
curso entero, por lo menos uno me aprende a pensar por sí
mismo, yo ya estoy hecha”.
Me encantaría decirle hoy, a la de Roggero, que en las elecciones
de octubre mi vieja lo va a votar a Juani. Que su largo y
complicadísimo plan, tuvo sentido.
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Belén López Peiró y la portada de su libro. MERCADOLIBRE /


CLARÍN.

LIBROS Y LITERATURA
Me verás volver
Belén López Peiró tiene menos de treinta años y escribió una
novela de no ficción que narra sucesos traumáticos de su primera
adolescencia. Eugenia Zicavo encontró esa novela por
casualidad, la leyó en dos patadas y nos cuenta sus impresiones
en texto y audio.

Hace tiempo que no me compraba un libro. O más bien —porque


libros compro seguido, que para eso existe internet— hace rato
que no compraba una novela recién publicada, que además fuera
un debut literario. En parte porque las novedades me suelen
llegar por trabajo, pero sobre todo porque son libros “salto al
vacío”, sin prueba del paso del tiempo, con menos chances que
otros cientos de pendientes.
Pero estaba en la Feria del Libro de Puerto Madryn, hacía frío, el
precio de tapa era barato y el título me sonaba por
recomendaciones cruzadas de gente que sigo en las redes. «Por
qué volvías cada verano», de Belén López Peiró. Sabía que su
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autora era joven y que la novela tenía que ver con un abuso.
Nada más.
Pierre Bourdieu plantea que describir es prescribir, que cuando
uno enuncia, anuncia; que ningún decir es inocente. En el caso
de López Peiró, su palabra también es denuncia: escribe para
contar que su tío, comisario del pueblo, respetado hombre de
familia, abusó sexualmente de ella reiteradas veces desde sus
trece a sus diecisiete años. Lo dice bien claro al comienzo de la
novela en la jerga pretendidamente aséptica de los juzgados, esa
lengua tipificada para iniciar una acción penal que termina
invariablemente con la fórmula «será justicia» (aunque, al final, lo
justo no siempre sea).
Y cuando por fin puede decir, con la cuota de alivio y malestar
que eso supone, las voces cercanas le sugieren que mejor se
calle. «Dejalo ahí, loca». Algunos dicen que miente, pero incluso
quienes le creen insisten en que no vale la pena; como tampoco
valió el silencio de otra prima mayor que sufrió algo similar por
parte del mismo tío y que, de no haberlo callado, quizás hubiera
evitado que se repitiera con ella.
«Al menos no te violó», se consuela mientras recuerda las veces
que el marido de su tía, en cuya casa pasaba las vacaciones,
dejaba el arma reglamentaria arriba de un mueble, se le tiraba
encima con la pija parada y la manoseaba mientras se
masturbaba. «¿Pero si no te cogió entonces por qué mierda
hacés esto?», le pregunta su tía, la misma a la que ese hombre le
pegaba estando embarazada de una hija que ahora lo protege.
Con una construcción coral que intercala reflexiones en primera
persona, conversaciones coloquiales y la transcripción de los
testimonios judiciales de sus familiares (madre, padre, hermano,
padrastro, primas, tías, peritos, el propio acusado e incluso su
primer novio) López Peiró da cuenta de la desigualdad de poder
que enfrenta al denunciar a ese hombre que tiene a la policía
comiéndole de la mano, y encima es dueño del club, entrenador
del único equipo de fútbol del pueblo y —faltaba más— fiel
aportante a la iglesia.
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Está sola entre un montón de conocidos que se compadecen de


lo que vivió, pero que no van a hacer nada al respecto. Nadie se
anima: ni siquiera otras víctimas, ni siquiera de manera anónima.
Lo que su palabra despierta, por todas partes, es silencio. Una
complicidad muda que lo perdona tácitamente, que cree que no
fue tan grave. Nadie quiere tomar partido, porque ella está lejos y
él vive cerca y —digamos todo— es él quien decide quién entra a
la pileta del pueblo. Así de pragmático, así de mezquino.
Y ahí es donde la literatura hace lo suyo, porque la palabra que
grita por decir se vuelve poesía, con preguntas sueltas en mitad
de una página, que hablan más que todas las declaraciones
juntas: «¿Cómo explicás la ausencia de tus padres?”; “¿Por qué
creés que te molesta que te miren de espalda?”».

La poetisa Rosario Ferré dijo que la ira había sido el incentivo


para que muchas mujeres escribieran bien. A sus veintisiete
años, Belén López Peiró hizo de una experiencia traumática una
novela magnífica, un testimonio que excede lo autobiográfico a la
vez que lo contiene.
Es sumamente original que, para narrar hechos privados que le
sucedieron entre cuatro paredes, haya elegido una polifonía de
voces. Precisamente las de quienes no estuvieron ahí para
cuidarla (sus padres, su tía) y años más tarde son llamados como
testigos. «¿Qué consecuencias te trajo todo esto? Si son más
de una, te agradecería si podés enumerarlas». La frase flota
hacia el final del libro, solitaria a mitad de página. No se sabe
quién pregunta, porque no es necesario. Habla la burocracia de la
denuncia, con su morbo y su justicia machista, que también tiene
un lugar reservado para la «buena víctima». Un relato
que subvierte la narrativa del abuso, con mucha rabia ya no
contenida.
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«Por qué volvías cada verano», de Belén López Peiró


Novela de no ficción
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Una pareja de ancianos de la mano. GETTY.

FOLLETÍN
Los Gorila, su eternidad
Ana y Roberto son dos típicos viejos conservadores. Un día se
muda con ellos una nieta millenial y empieza a escribir sobre sus
abuelos en internet, como si fueran protagonistas de un
documental de la National Geographic. Los bautiza «Los Gorila»
y a veces tienen conversaciones tan geniales como esta.

Todas las mañanas mi abuelo hace tiempo leyendo La


Naciónhasta que mi abuela se despierta para desayunar juntos.
Se pone un sobretodo arriba del pijama, por si justo aparece
alguien, abre la puerta de servicio y agarra el diario que deja el
portero arriba de la alfombra de la entrada, que históricamente
decía welcome y que hace unas semanas fue reemplazada por
otra más nueva que dice nice 2 see u.
Se sienta en la isla de la cocina a leer el diario con una tijera
siempre a mano. Deportes, Propiedades, Economía y por último,
los avisos fúnebres. Con el índice sigue la hilera de apellidos y va
bajando por la lista. Después de tantos años lo hace bastante
rápido y en poco tiempo termina todas las hojas. Cuando ve un
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nombre conocido, lo recorta y sigue leyendo. Pero esta vez no


llega ni a levantar la tijera y se va apurado para la habitación.
—¡Mamá, despertate! —mi abuelo sacude a mi abuela del
brazo— ¿Sabés algo de Lito?
—¿De quién, papá? ¿Qué hora es? No sé ni cómo me llamo —
dice mi abuela, acostada.
—El marido de Maricarmen, mamá —dice él, levantando la
persiana.
—Hace un montón que no hablo, ¿qué pasa?
—Creo que esta muerto —dice mi abuelo.
—No te puedo creer —mi abuela se incorpora en la cama—
¿Tenés la tira? —pregunta, refiriéndose al recorte del diario.
—En la cocina —contesta mi abuelo.
—Bueno, andá poniendo la cafetera que ahora voy.
Mi abuelo vuelve a la cocina, recorta el aviso y lo pega en la
heladera. Aprovecha y saca la leche y el queso untable.
Enseguida entra mi abuela, con un deshabillé de seda. Le da un
beso a mi abuelo, levanta el imán de Cancún que sostiene el
anuncio y lo lee de cerca.
—Puede que sea él, aunque no me suena ninguna de las
personas que publicaron el aviso.
—Cualquiera te pone un pésame en el diario hoy en día, mamá,
es más fácil que llamar a la radio para dejar un saludo.
—Una grasada.
Mi abuela agarra el teléfono y marca un número que copia de la
agenda de su celular. Mi abuelo deja de untar la tostada cuando
escucha que al otro lado atienden el teléfono. La mira fijo y
espera la seña que de algún veredicto: mi abuela asiente con la
cabeza.
—Mañana a las nueve —dice mi abuela cuando corta el teléfono.
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—Qué macana, tenía reservado hora en el driving —rezonga mi


abuelo. Agarra una bandeja con las cosas del desayuno y la lleva
al comedor. Mi abuela lo sigue.
—Decímelo a mí, que ahora gracias a Juanito auditor fúnebre me
tengo que pasar la mañana en un cementerio y llegar a cualquier
hora a la escuela.
—¿Ahora es culpa mía?
—No, del vecino. Si no hubieras encontrado el aviso no
estaríamos en este compromiso, papá. Estás obsesionado con
leer eso.
—Me gusta saber qué conocidos se van muriendo, mamá. No
todos tienen Facebook. Lo lamento en el alma —mi abuelo se
acerca y la abraza.
—Ya está —contesta mi abuela y se sienta en la mesa—. Se
patinó en la ducha, ¿podés creer?
Mi abuelo se vuelca el té.
—¿Te lo dije o no te lo dije? Las bañeras son un peligro, ya con
Lito van cuatro que se matan así. ¿Dónde es la ceremonia?
—En el cementerio Alemán —responde mi abuela.
—A ese nunca fuimos.
—Podemos aprovechar para chusmear si nos gusta.
—Me leiste la mente —contesta él.
Mi abuelo se va al estudio y trae un cuaderno azul araña con una
etiqueta blanca que dice Ana y Roberto arreglos.
—Lo agrego a la lista, entonces.
—Me voy a bañar que se me hace tarde —dice mi abuela.

Hace dos o tres años mis abuelos empezaron a organizar lo que


ellos llaman los arreglos para su muerte. Hicieron una lista con
todos los cementerios que conocían y organizaron un tour por
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algunos, aprovechando cada entierro al que iban para recorrer y


luego anotar en el cuaderno los pro y los contra de cada lugar.
En las hojas finales crearon un índice con las causas de muerte
de sus conocidos o de cualquier otra persona de su edad
aproximada. Según ellos, ese índice les ayuda a estar atentos y a
tomar conciencia de qué cosas pueden suponer un riesgo y así
tener más cuidado. Después actualizan un documento de Word
que mi abuelo guarda en la computadora y que cada seis meses
envía en un mail a mis tíos y a mi mamá.
(Ahora que mi abuela piensa que ya tengo edad suficiente, ellos
me ponen al tanto personalmente.)

Después de cenar me llaman al living para contarme unas


cositas, como dice ella. Mi abuelo trae el iPad pero no encuentra
el mail en la carpeta de enviados. Sigue buscando. Mi abuela se
impacienta y empieza a contarme sobre el documento. La primera
hoja del archivo tiene indicaciones de geriátricos para cada uno.
—Llegado el caso de que ninguno de los dos pueda vivir más en
casa queremos geriátricos separados. Yo el de las monjas que
hacen mermelada y tu abuelo uno en Núñez que tiene pileta de
natación, así por lo menos puede hacer aqua gym.
—Vos te podés quedar acá —me dice mi abuelo a mí—. Te
notamos bastante instalada.
—Papá, no es el momento de hablar eso. Tratá de encontrar el
mail para hoy, por favor.
—El que esté mejor de la cabeza va a visitar al otro —aclara mi
abuelo, retomando la dinámica de geriátricos separados.
—Lógico —dice mi abuela y le saca la tablet a mi abuelo para
buscarlo ella.
La siguiente hoja tiene información sobre la bóveda familiar y el
historial de familiares fallecidos. Toda la familia de mi abuela está
en una bóveda en el cementerio de Avellaneda.
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—Pero nosotros no queremos estar tan lejos —dice mi abuela—.


Preferible que si vienen tus tíos a Buenos Aires no se tengan que
ir hasta allá. Lo mismo vos, no te voy a hacer viajar en tren.
—Queremos algo por el barrio —mi abuelo estira el brazo para
recuperar el iPad. Abre el Candy Crush pero mi abuela lo mira
mal y vuelve a scrollear los mails.
—¿Y dónde? —pregunto yo.
—Una opción es Chacarita…. Pero yo preferiría no estar en el
mismo hoyo con tanta gente —dice mi abuela.
—A mí no me molesta —contesta mi abuelo—. Yo siempre fui
más… social.
—La idea que más cierra por ahora es que compren una parcela
en el cementerio Inglés. Vamos a dejar dólares apartados de la
herencia para eso.
—¡Acá está! —dice mi abuelo— Hay una nota final, mamá. Dice
2019: trámite Avellaneda para hacer lugar.
—Borralo, papá, ya está todo hecho eso.
Mi abuelo edita el archivo y vuelve a abrir el Candy Crush.
—¿De qué hablan? —pregunto.
—En la bóveda de Avellaneda ya no había más espacio para
poner cajones. Imaginate: mi mamá, mi papá —empieza a contar
con los dedos—, mis tíos, mis abuelos… suman como doce.
Entonces agarré y mande a cremar a todos los que estaban, para
reducir.
—La Cremona Party —acota mi abuelo.
—Exacto. Salieron todos en cajones, volvieron en cajitas y chau
pinela.
—Ese es un punto que podríamos incluir —dice mi abuelo.
Perdió el juego y me da el iPad para que lo ayude a pasar de
nivel.
—¿Qué punto, papá?
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—Preferencia de cajón, mamá.


—El mío, el más barato que haya; ni se gasten. Que me compren
los ataúdes para indigentes que salen trescientos pesos y están
hechos de cajón de manzanas. No quiero velorio y voy directo a
cremación —mi abuela se para servir unos whiskies.
—Pero mamá, desde que te bajan del coche hasta que te entran
en el crematorio en algo te tienen que poner. Queda pésimo —
dice él—. Yo quiero uno forrado de verde por dentro así parece
que la quedé en el green del golf.
—Dejá de hinchar y poné la serie, papá —mi abuela le pasa un
vaso con muy poco whisky a mi abuelo.
Yo me levanto para irme a mi cuarto mientras mi abuelo prende el
Smart TV y rechaza el trago porque dice que con la dieta proteica
que está haciendo no puede tomar alcohol.
—Habría que averiguar si se pueden alquilar ataúdes por un fin
de semana y después devolverlos —agrega mi abuela.
—Como los trajes. Sería un gran negocio, mamá —dice él—. Si
no existe, mañana en el entierro de Lito se lo proponemos al de la
cochería.
Mi abuela agarra una manta y se sienta en el sillón al lado de mi
abuelo. Bajan el dimmer de la luz y se quedan mirando Breaking
Bad.

Varias horas después, cuando me levante a la madrugada para


buscar agua, los voy a encontrar dormidos, con la tele prendida.
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Dolores Fonzi y Sebastián De Caro.

CONVERSACIONES POR WHATSAPP


Sebastián De Caro: «La narrativa es el lenguaje de Satán»
Chiri Basilis, editor de Orsai, intercambió una serie de audios con
Sebastián De Caro a propósito de su último largometraje como
director, protagonizado por la actriz Dolores Fonzi. Este es el
resultado de la charla.

Hace unos días le mandé un mensaje a Sebastián de Caro con


una pregunta sobre el inminente estreno de “Claudia”, su última
película como realizador. Al rato Sebastián me la respondió y esto
dio paso a un diálogo por Whatsapp, intermitente y espaciado en
el tiempo, en la medida en que las ocupaciones del día nos iban
dejando huecos libres a cada uno.
La trama de “Claudia”, cuyo estreno se anuncia para el 12 de
septiembre, es así:
Claudia Segovia, interpretada en la ficción por Dolores Fonzi, es
una organizadora de eventos tan obsesiva que ni siquiera en el
funeral de su padre puede dejar detalle librado al azar. Cierto día,
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una amiga le pide ayuda para que la reemplace como wedding


planer de una boda importante. Claudia acepta, pero pronto
descubre que el lugar elegido para la ceremonia tiene algunos
problemas edilicios y decide cambiar de locación. Lo que no
sabe, lo que todavía no puede calcular, es el desastre que ese
repentino cambio de planes está a punto de desatar.

Sebastián De Caro. LA NACIÓN.

De Caro registra, como mínimo, tres puntos de partida que dieron


origen a esta historia. El primero, me cuenta al inicio de nuestro
intercambio, responde a cierta obsesión suya por algunas
comedias europeas de la década del sesenta. “Philippe de Broca,
por ejemplo —dice—. También algunas cosas italianas que
acompañaron cierta parte del neorrealismo y que luego tuvieron
un pequeño momento industrial. Y, por otra parte, el gialloitaliano,
un subgénero de terror que a mí me gusta mucho”.
El segundo impulso se lo dio el visionado de la primera parte de
“La flor”, la monumental película de Mariano Llinás que dura
catorce horas. “Una de las mejores películas que vi en mi vida, a
pesar de haberse estrenado hace solo dos años —afirma—. La vi
en La Plata, creo que fue en el Festifreak, y me cambió la cabeza.
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Cuando volví de ese festival sentí la necesidad de ponerme a


trabajar en una película nueva”.
Y lo último que cita es una imagen que se le instaló en el cerebro
cierta mañana que cruzaba la Avenida Santa Fe, antes de hacer
running, como en una especie de epifanía (esto último lo digo yo).
“Tuve la imagen de una mujer angustiadísima al borde de un
escenario, trabajando en la organización de un evento —dice—.
La idea de alguien que está atravesando un fin de semana muy
fuerte, y que se va a enfrentar con algo tanto más angustiante
todavía”.
“¿Cómo es trabajar con Dolores Fonzi?”, le pregunto enseguida.
Sé que no es una gran pregunta la que le hago, pero de verdad
me interesa la respuesta, porque no hay una sola película de
Dolores Fonzi en la que su trabajo no me haya conmovido o
deslumbrado.

Sebastián De Caro y Dolores Fonzi.

“Dolores es, para mí, la estrella femenina más grande del cine
argentino de hoy —me confirma Sebastián—. Cuando hablo
de estrella me refiero a un montón de cuestiones que van más
allá de lo técnico de la actuación. Y Dolores tiene esa doble
Nelson, es una gran actriz y por otro lado rompe la pantalla. Pero
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no estoy descubriendo nada, ella trabajó con directores increíbles


como Damián Szifrón, Fabián Bielinsky, Santiago Mitre… Ahora
te sigo contestando porque tocaron el timbre”.
Sebastián interrumpe el audio y yo aprovecho para darle play al
trailer de la película. Es la segunda vez que lo miro.

Me gusta. Iba a decir, además, que el trailer me resulta


inquietante. Pero recuerdo un tuit de Ana Prieto leído
recientemente que aconseja jubilar la palabra “inquietante” del
periodismo cultural de una vez por todas. Tiene razón y busco
otra palabra. No se me ocurre nada mejor (el trailer es de verdad
inquietante) y entonces la dejo.
Al rato entra un audio nuevo de Sebastián, que retoma el hilo de
la conversación en el punto exacto donde lo había dejado.
“Dolores es, además, una compañera increíble y una artista que
te deslumbra —agrega—. Aprendés mucho con ella. De hecho, le
regalé una escena de la película para que la dirija. Ella va a ser
directora, no lo dudo, porque sabe mucho de cine. En un
momento me dice muy lindo plano. Entonces yo le digo mañana
dirigís una escena, y no vale que Santiago Mitre (que es su
pareja) te haga la puesta ni nada. Y me sorprendió porque
planteó un movimiento de cámara que no se usó en toda la
película, y fue genial”.
Más tarde le pregunto cómo fue el trabajo de escritura del guión.
¿Complejo? ¿Arduo? ¿Angustiante?, como suele ser el trabajo de
guionista. Pero en cambio me dice que el proceso fue
particularmente extraño, y enseguida me explica por qué.
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Alto en el rodaje de «Claudia», de Sebastián De Caro.

“Nunca en mi vida, mientras escribía, sentí tanta conexión con la


voz que me hablaba, como en este caso la voz de Claudia —me
dice—. Fue una cosa rarísima que no voy a volver a hacer porque
creo que es irrepetible. Lo que hice fue dictar como si estuviera
viendo la película, en doce notas de voz de diez minutos cada
una, todo el guion completo. Una nota de voz por día. Después
trabajé con Diego Accorsi y con Matías Orta, mis colaboradores
habituales, que me ayudaron a ajustar y a armar dos versiones
del guión. Pero creo que eso sucede cuando uno está muy
consustanciado con lo que está contando. Nunca me pasó con
nada, no lo volvería a hacer, no es mi manera de trabajar, sino
que fue algo absolutamente fortuito. Y no quiero decir con
esto De Caro, el hombre que escribe sus guiones de memoria.
No. Pero esto pasó así”.
El último audio se lo mando entrada la tarde. Quiero saber si está
contento con el resultado final del trabajo. Si la película terminada
se parece a las primeras imágenes que vislumbró aquella
mañana mientras cruzaba la Avenida Santa Fe. La respuesta,
esta vez, no demora casi nada en llegar.
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“Hice una película como la que quiero ver, contada como a mí me


gusta —afirma—. Y es rara la película. No es que dije vamos a
hacer una rareza ni salí a buscar un exotismo. A mí me gusta el
cine como “Claudia”. El que me gusta ver, el que me gusta
encontrarme en una sala, es ese tipo de cine. Y es muy amplio
esto que digo, más risomático, simbólico, incompleto. A mí me
gusta un tipo de cine que está más cerca de lo formal que de lo
narrativo. Me parece que todo lo demás, la peripecia, los
conflictos y todo eso —en términos Claudísticos— hoy es el
lenguaje de Satán. La narrativa hoy es el lenguaje de Satán. Y el
lenguaje luminoso es el formal. En algún momento, cuando era
adolescente y me estaba formando, pensaba exactamente lo
contrario. Mirá vos… Y ahora estoy más cerca de El desierto
rojo (la película de Michelangelo Antonioni) que de Star Wars, por
decirlo de algún modo.

Alto en el rodaje y afiche de «Claudia».


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Cobertura televisiva del Huracán Dorian. TN.

ACTUALIDAD EN VERSO
La cobertura del huracán
No hay hecho de la actualidad rabiosa que pueda escapar a los
versos de Zambayonny. Y el huracán Dorian, que azota el norte,
fue atrapado por la rima asonante a pesar de su velocidad. En su
furia, se llevó también pedazos de coyuntura argentina (que
también tiene un clima inestable).

El ojo del huracán


se abre en algunas pantallas
desde una lejana playa
confundiendo el vendaval
la harina dobla el costal
al precio de la mañana
la blanca flor en la helada
no sirve para la torta
por cada güey que deportan
el miedo los acorrala.
Si pasa por Puerto Rico
ya no te digo por Cuba
la vieja tele basura
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ni va a asomar el hocico
no mandan ni a un pobre tipo
con una cámara sola
a cubrir el mar sin olas
o el cielo por la ventana
desde un hotel en la Habana
hielo, ron y coca cola.
El control remoto pasa
la vara según los hechos
una patada en el pecho
es menos que una amenaza
aunque en el coto de caza
reventaron a un viejito
porque cometió un delito
robó aceite y chocolates
los precios un disparate
o es que el cielo está bajito.
Me quedo con la tormenta
que compuso Georges Brassens
esa que tradujo Krahe
al comenzar los ochenta
palmera en cámara lenta
Laferrere Sound Machine
comparten el camarín
con un cronista mojado
que se viste de soldado
pero actúa de civil.
Ahora que no se inunda
Juan B Justo y Santa Fe
la periodista que fue
aquella vez con el bote
si hay cepo que no se note
se acuerda de la Florida
ya vendrán nuevas crecidas
en esta parte del suelo
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con otro corte de pelo


pero acá nadie se olvida.
Habrá que sumar cubiertas
arriba del chaperío
rezarle al libre albedrío
clavar tablas en las puertas
guardar latas de conserva
en medio del desconcierto
preguntan los pensamientos
¿cuánto dura esta tormenta?
sabemos que la respuesta
está soplando en el viento.
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8 mudanças que prometem revolucionar o futuro do trabalho


Postado em: 04/09/2019, às 22:57 por Redação

A dinâmica de trabalho que conhecemos hoje promete mudar


drasticamente nos próximos anos. É o que mostra o PageGroup,
empresa mundial de recrutamento especializado de executivos de
todos os níveis hierárquicos. De acordo com a companhia,
tendências como maior concorrência no mercado de trabalho,
transformação constante de carreiras e empresas, aprendizado e
modificação de rotina com mais frequência e horário de trabalho
flexível são algumas das mudanças que devem movimentar o
mercado e as relações trabalhistas nos próximos anos.
"É comum que o mercado de trabalho passe por transformações
ao longo dos anos. Porém, notamos que essas transformações
vêm acontecendo com mais velocidade graças ao rápido
desenvolvimento da tecnologia e da ciência. O desafio para os
executivos é se adaptar aos novos tempos e absorver de forma
dinâmica novas demandas e foco no aprendizado contínuo",
explica Gil van Delft, presidente do PageGroup no Brasil.
Confira as oito mudanças que devem impactar o mercado de
trabalho:
1) Maior concorrência no mercado de trabalho
Esqueça classe social e econômica, orientação sexual e gênero
ou distância do local de trabalho. As empresas irão selecionar o
candidato que julguem mais atrativos para a vaga em aberto, sem
se importar com essas questões. A seleção de perfil será mais
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criteriosa e estritamente baseada no conhecimento técnico. "A


concorrência cada vez mais é global. Vários empregos e
atividades podem ser feitos no Brasil, Índia, México ou outra
localidade. A pessoa não concorre apenas dentro do seu setor ou
empresa, e sim com outros países e candidatos que podem
executar a mesma atividade. Outro aspecto que deve ser
considerado é a concorrência com robôs ou sistemas de
automação, que farão boa parte das atividades operacionais hoje
feitas por humanos", destaca Gil.
2) Carreira numa mesma empresa?
A dinâmica de trabalho em sintonia com a evolução tecnológica e
cientifica irá permitir aos profissionais buscarem projetos
específicos que agradem seu perfil. Por isso, a troca de
empregos será mais natural. As empresas terão de se adaptar a
essa dinâmica e buscar novos caminhos para atrair e reter os
melhores profissionais do mercado. "As empresas terão de se
adaptar também às dinâmicas que os profissionais buscam. Hoje
buscam trabalhos de curta duração e projetos com início e fim. Aí
surge um desafio para as empresas em atração e retenção e
provocar maior produtividade desses profissionais", conta o
executivo.
3) Mais estudos
Para se manterem relevantes no mercado, os profissionais terão
que aperfeiçoar seus conhecimentos com mais frequência.
Esqueça a rotina e longa duração dos cursos de graduação.
Atualizações pontuais e cursos de reciclagem com duração
rápida e on-line ditarão o aprendizado do profissional do futuro. "A
tecnologia vai exigir atualização mais constante das pessoas não
apenas sobre novas tecnologias, mas também como utilizá-las. A
liderança terá um desafio de como construir uma empresa e
mantê-la competitiva num mercado que está em constante
movimentação", analisa Gil.
4) O escritório do futuro será onde o profissional quiser
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Tem uma viagem no meio da semana, mas não pode ir por conta
do trabalho? Isso é passado. No futuro, trabalhar de qualquer
lugar fora do escritório será comum. A prática permitirá à
empresa poupar gastos e ao profissional tocar novos negócios e
expandir sua dinâmica de trabalho. O modelo de escritório físico
irá mudar drasticamente e em alguns casos poderá ser itinerante,
com espaços esporádicos de coworking servindo para reuniões.
"A tecnologia com vídeo conferência é um grande facilitador para
que o profissional do futuro possa trabalhar de onde quiser. A
troca de arquivos em nuvem, sem perder qualidade ou agilidade,
também mudou o panorama nesse sentido," explica Gil Van Delft.
5) As oito horas de trabalho diárias serão extintas
Flexibilidade para entrar e sair do trabalho, cargas menores no
expediente e horas reduzidas serão fatores imprescindíveis para
os profissionais do futuro escolherem uma empresa para
trabalhar. O profissional do futuro irá considerar inadequada a
prática de estar presencialmente nas companhias oito a nove
horas por dia. "Uma das prerrogativas da diminuição da carga
horária é o bem-estar familiar e pessoal. O profissional do futuro,
além das atribuições técnicas, também terá foco em realizações
pessoais, como trabalhos sociais e qualidade de vida", diz.
6) A tecnologia será uma forte aliada
A automatização dos processos é uma realidade. Porém, a
procura por profissionais que saibam manejar as novas
tecnologias irá aumentar consideravelmente. As empresas do
futuro irão promover sinergia entre fator humano e automação.
Os colaboradores que souberem trabalhar em harmonia com as
novas tecnologias, promovendo maior produtividade e mudanças
positivas, estarão em evidência.
7) Globalização econômica
Por um tempo globalização foi a palavra que mais ouvimos falar.
Hoje os limites geográficos, quando falamos de empregos e
negócios, não são mais um entrave. É importante que o
profissional fique atento aos novos mercados que irão surgir que,
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hoje em dia, não são tão falados. Pense em rotas comerciais, e-


commerce e costumer experience de uma forma mais interativa e
entrega de produtos consideravelmente mais prática e rápida.
"Nesse sentido, como citei, o profissional que estiver alinhado a
tecnologia de forma que otimize os negócios, terá destaque no
mercado de trabalho. O ideal é que a tecnologia seja uma aliada
e não concorrente", discorre Gil.
8) Novas profissões
Algumas profissões que ainda não foram criadas já estão em
constante mudança. O avanço científico e tecnológico começa a
mudar o perfil das profissões que ainda estão sendo
desenvolvidas. A evolução é tamanha que cerca de 70% das
crianças de hoje em dia trabalharão em profissões que ainda não
existem.
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Viento de libertad

En los 28 años de existencia del Muro de Berlín, más de cien


personas murieron intentando salvarlo; pero unos 5.000
consiguieron pasar al otro lado, a través de túneles o por otros
métodos más o menos espectaculares.
Michael Bully Herbig, conocido sobre todo por sus disparatadas
comedias –su parodia El tesoro de Manitú (2001) es, con 11,7
millones de espectadores, una de las películas nacionales más
taquilleras en Alemania–, cambia completamente de registro para
dirigir la reconstrucción de un célebre episodio de la RDA,
ciñéndose con fidelidad a los hechos y logrando rodearlo de una
atmósfera de suspense propia de un thriller.
Con dos tramas breves, editadas en paralelo, el director introduce
al espectador en una pequeña ciudad de Turingia, en septiembre
de 1979. Por un lado, Andreas Strelzyk, de 11 años, participa en
la ceremonia laica “Consagración de la juventud al socialismo”;
por otro, un joven intenta fugarse, pero es herido de gravedad por
soldados; queda así clara la peligrosidad de tal empresa.
Sin embargo, Peter y Doris Strelzyk no están dispuestos a que
sus hijos crezcan en la RDA. Tras un primer fallido intento
comienzan a coser, con el matrimonio formado por Günter y Petra
Wetzel, un inmenso globo (de ahí el título original Ballon, globo en
alemán). Director y guionistas introducen un conflicto más: Frank
Strelzyk, de 15 años, acaba de enamorarse de la vecina Klara,
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cuyo padre trabaja para el servicio secreto, por lo que le cuesta


especialmente despedirse de la RDA. Mientras tanto, un coronel
de la Stasi va encontrando cada vez más pistas que le acercan a
los dos matrimonios.
Con un alto ritmo, valiéndose en parte de secuencias
rápidas, Viento de libertad narra las peripecias para obtener la
tela suficiente para un globo de 1.245 metros cuadrados, con la
policía pisándoles los talones. Mientras apenas se indaga en la
personalidad de los protagonistas, la película retrata con detalle al
coronel de la Stasi, al que Thomas Kretschmann da vida como
oficial inteligente y meticuloso; aunque ofrece alguna crítica al
sistema, no cuestiona el régimen. Junto con un diseño de
producción que cuida mucho los detalles, tal figura da especial
credibilidad a Viento de libertad.

Director: Michael Bully Herbig


Guion: Kit Hopkins, Thilo Röscheisen, Michael Herbig.
Intérpretes: Friedrich Mücke, Karoline Schuch, David Kross,
Alicia von Rittberg, Thomas Kretschmann, Jonas Holdenrieder,
Tilman Döbler, Ronald Kukulies, Emily Kusche.
120 min.
Jóvenes-adultos.
Estreno: 6-09-2019
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Un nuevo propósito para las empresas


El pasado 19 de agosto, la asociación que reúne a varias de las
principales empresas de Estados Unidos, Business Roundtable,
ocupó los titulares de los medios de comunicación con la noticia
de que había reformulado su Declaración sobre el propósito de
la empresa. La iniciativa supone un giro notable en el modo de
entender la actividad empresarial: “Todos y cada uno de
nuestros stakeholders son esenciales. Nos comprometemos a
crear valor para todos, para el éxito futuro de nuestras empresas,
nuestras comunidades y nuestro país”.

La Business Roundtable es una entidad sin ánimo de lucro


creada en 1972, que agrupa a cerca de 200 presidentes y
directores generales de grandes empresas norteamericanas, la
flor y nata del mundo de los negocios. Periódicamente hace una
declaración de cómo ven sus socios el objetivo de sus empresas.
Desde hace décadas, esas declaraciones giraban alrededor de la
idea de que lo que deben hacer los directivos es trabajar para sus
accionistas, maximizando el beneficio.

Ese fue el error de la Roundtable durante muchos años: creer


que una condición necesaria para la supervivencia de la
empresa y su crecimiento era su objetivo
Varios 35

Esto no era una manifestación de egoísmo, sino reflejo de una


tesis muy arraigada entre los economistas: bajo ciertas
condiciones, si las empresas maximizan sus beneficios el
resultado será un óptimo social en términos de generación de
rentas, creación de empleo, crecimiento, innovación y
prosperidad para todos. El problema es que esas condiciones no
suelen cumplirse: la competencia en los mercados es incompleta,
lo mismo que la información; hay efectos externos negativos,
como la contaminación; hay bienes públicos que los mercados no
proporcionan…
Crear valor para todos
De modo que la Business Roundtable se puso a reflexionar. La
sociedad, se dijeron, está cambiando rápidamente; hay mucho
empleo precario, y los trabajadores no siempre obtienen lo que
esperan de sus puestos de trabajo; las necesidades de las
comunidades locales en que se mueven las empresas quedan
frecuentemente desatendidas por las autoridades; los
proveedores, a menudo pequeños y radicados en países
emergentes, no son siempre son bien tratados; los clientes no
sienten lealtad hacia la empresa…
De modo que aquellos altos directivos decidieron que debían
cambiar su actitud. Bien está procurar que los accionistas reciban
una remuneración adecuada por el riesgo de sus negocios, pero
–se dijeron– debemos hacer más: debemos “crear valor para
nuestros clientes, invertir en nuestros empleados, tratar con
justicia a nuestros proveedores, sostener a nuestras
comunidades y generar valor a largo plazo para nuestros
accionistas”.
Esto es lo que llamó la atención de los medios de comunicación:
el cambio en la manera en que las empresas entienden su
propósito u objetivo. Ya no es solo el beneficio, sino también el
bienestar de aquellos stakeholders (en español los llamaríamos
“los que comparten nuestros intereses”). Y dirigir exige poner los
recursos a trabajar no solo para los accionistas, sino para todos
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esos ‘interesados’. ¿Asistimos a una revolución? Me parece que


no, pero de algún modo sí que lo es.
No es una revolución, porque desde antiguo se ha concebido la
empresa como una comunidad de personas, que ha de ser
gestionada para todos los que están implicados en ella:
accionistas, directivos, empleados, clientes, proveedores…
¿Debe ganar dinero? Sí, claro: si las empresas pierden dinero
estamos a las puertas de una crisis muy grave. El beneficio es
algo necesario, pero no es el propósito de la empresa. Ese fue el
error de la Roundtable durante muchos años: creer que una
condición necesaria para la supervivencia de la empresa y su
crecimiento era su objetivo.
Una tarea común
Hay muchas personas que participan en la actividad de la
empresa, proporcionando capital, trabajo, dirección, primeras
materias, servicios… Cada una de ellas lo hace porque espera
algo; los empleados, por ejemplo, quieren recibir un buen sueldo,
pero también aprender cosas nuevas, oportunidades de carrera,
un ambiente agradable, sentirse útiles, hacer amigos… Y los
accionistas buscan rentabilidad, pero también otras cosas: por
ejemplo, poder estar orgullosos de la empresa en la que han
colocado su dinero.

Llevamos ya muchos años hablando de Responsabilidad


Social de las Empresas, que es lo que acaban de descubrir
los directivos norteamericanos

El propósito de la empresa no es el beneficio; este es uno de los


objetivos de los propietarios, pero ni siquiera es el único. El
propósito trata de personas que se juntan para hacer algo en lo
que creen. Quieren conseguir aquella larga lista de cosas que
acabo de citar, porque les permitirá satisfacer sus necesidades, al
tiempo que ellos atienden a las necesidades de los de fuera, los
clientes, proveedores, inversores y comunidad local. Tiene razón
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la Business Roundtable cuando habla de los deberes de la


empresa para con todos esos ‘interesados’.
Pero el propósito, el objetivo de la empresa, no es repartir favores
entre unos y otros. Dirigir tratando de templar gaitas entre
accionistas, empleados, clientes y el fisco puede crear muchos
conflictos y distrae a la dirección de la empresa de lo que es
realmente importante. Mientras el negocio va bien, todos estarán
felices, pero cuando llegan las vacas flacas, los salarios no
puedan crecer, hay que despedir, se paga con retraso a los
proveedores… el conflicto se hace continuo.
Dirigir es atraer, motivar, formar, remunerar, promocionar y
retener a las personas, a todos: accionistas, empleados,
proveedores, distribuidores, clientes…, y coordinar sus acciones
para que participen libre, consciente y voluntariamente en la tarea
común. Hoy y mañana, porque la continuidad de la empresa es
clave. Ahora sí es posible tener en cuenta a todos los
‘interesados’, para que se lleven lo que esperan… pero también
para explicarles, cuando haga falta, que ha llegado la crisis, y que
no hay mucho que repartir, de modo que todos tendrán que
sacrificar algo, en espera de que vuelvan los buenos tiempos.
Ya lo decía hace años John Mackay, fundador de Whole Foods:
“La empresa es algo muy sencillo. El trabajo de los directivos es
cuidar a los empleados. El trabajo de los empleados es cuidar a
los clientes. Clientes satisfechos cuidan a los accionistas. Es un
círculo virtuoso”.
Hábitos que crean cultura
La Declaración de la Roundtable no es una revolución, pero
puede llegar a serlo. Muchos comentaristas, al leerla, dijeron que
no se la creían; que era una forma de adaptarse al entorno
político norteamericano, de cara a las próximas elecciones; que
se trata de un ejercicio de relaciones públicas; que habrá que
esperar a ver cómo se comportan las empresas… Quizás tengan
razón, pero también pueden equivocarse.
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Aristóteles decía que la ley, que obliga a todos a comportarse de


una manera determinada, puede conseguir que cambien las
conductas humanas. La Declaración puede tener el mismo efecto,
si las empresas de la Roundtable empiezan a comportarse como
dice su Declaración, porque no les queda otro remedio…, y con
ello van adquiriendo una cultura que tenga en cuenta las
necesidades de los clientes, empleados, accionistas, proveedores
y comunidad local. Cultura significa “aquí las cosas se hacen así”,
de modo que se desarrolla el hábito, origen de la virtud. Y las
personas van aprendiendo a hacer las cosas bien, que era como
Aristóteles explicaba que se desarrollan las virtudes, a partir del
ejemplo de los que ya son virtuosos. O sea, las empresas pueden
convertirse en transformadoras morales de la sociedad: ¿será
esta la revolución que nos trae la Declaración?

La empresa es una comunidad de personas que tienen un


propósito común. El día en que nos enteremos de eso, la
revolución estará en marcha

Ya he dicho que la propuesta de la Roundtable no es nueva.


Llevamos ya muchos años hablando de Responsabilidad Social
de las Empresas, que es lo que acaban de descubrir los
directivos norteamericanos. Al otro lado del Atlántico es frecuente
considerar que esa Responsabilidad Social es devolver a la
sociedad parte de lo que se ha recibido, en forma de filantropía o
acción social. Pero se quedan cortos, y me parece que ahora
pueden descubrir su verdadero sentido.
Siempre me ha gustado una definición de Responsabilidad Social
que dio la Comisión Europea: “La responsabilidad de las
empresas por sus impactos en la sociedad”. “¿Qué impactos son
esos?”, quiere saber el director de una empresa. No lo sé, porque
yo no dirijo su empresa: son los empresarios quienes tienen que
reflexionar sobre qué es lo que quiere conseguir, cómo atraer a
sus accionistas y empleados, para qué colaboran ellos, qué
necesidades de qué clientes están satisfaciendo… Y así iremos
Varios 39

definiendo el propósito de la empresa, que nos permitirá


identificar los impactos que vamos a tener entre nosotros y con
los de fuera. Porque esos impactos definen nuestra
responsabilidad, la de la empresa, pero también la de los
propietarios, los directivos, los empleados… todos. Porque somos
una comunidad de personas que tienen un propósito común. El
día en que nos enteremos de eso, la revolución estará en
marcha.
La Declaración de la Business Roundtable puede quedarse en la
respuesta de las empresas a unas demandas de la sociedad, que
pide soluciones para problemas que, a veces, han creado las
mismas empresas, y otras veces no, pero que se exige a las
empresas que los arreglen porque ellas tienen unos medios que
los gobiernos no tienen. Puede conducir al mimetismo, a copiar lo
que hacen otros, porque eso es “lo que se lleva”. Puede quedarse
en palabras bonitas. Pero puede convertirse en una revolución.
Ojalá lo sea.

Antonio Argandoña
Profesor Emérito, IESE Business School
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LAS ENTREVISTAS DE EL GRÁFICO


Cien periodistas cuentan sus mejores anécdotas
Por Redacción EG · 29 de agosto de 2019
Una versión inversa del clásico de El Gráfico. En 2003, se le
consultó a 100 periodistas deportivos sobre su mejor vivencia en
la profesión. Víctor Hugo, Macaya, Araujo, algunos de los más
interesantes.

Referencias: Nombre / Medio / Máximo referente en el periodismo


deportivo / Vivencia más curiosa en la profesión.

1) VICTOR HUGO MORALES / Radio Continental, ESPN, Canal


7 / Dante Panzeri y Enzo Ardigó. Cuando recién empezaba, relaté
Racing-Bayern. Rousselot era el comentarista, y yo hacía de rela-
tor y locutor. Relataba, él comentaba y después cambiaba la voz
y metía un aviso. No podíamos hablarnos. Pensé que venía bár-
baro, pero cuando terminó el PT, Rousselot me pasó un papelito
donde lacónicamente decía: “El siete es João Cardoso, y no lo
nombraste ni una sola vez”. Para mí, Racing había jugado con
diez. Al día siguiente, todos los diarios dieron como figura a Car-
doso.
Varios 41

Víctor Hugo Morales.

2) ENRIQUE MACAYA MARQUEZ / Torneos y Competencias /


No tiene. Mundial de Suecia 58: Argentina-Checoslovaquia. Hacía
vestuarios para Radio Belgrano. Empieza el partido, y el 9 de
Checoslovaquia la tira a la calle. Lo codeo a Roberto Moreno, mi
compañero. “Estos son papita pa’l loro”, le digo. Argentina perdió
6-1, el peor resultado en un Mundial. Tras el partido, luego de tres
años de abstinencia, volví a fumar.
Varios 42

Argentina - Checoslovaquia

3) MARIANO CLOSS / Torneos, La Red / Fernando Niembro.


Mediados de los 90, partido de los lunes a la noche: Platense-
Central en Vicente López. Yo relataba con la ventana abierta. Un
cincuentón me putea por una jugada y le devuelvo la puteada. Se
prende otro plateísta y otro y otro, hasta que veo que un grupo
viene subiendo a la cabina. Corner, faltan un par de minutos, pero
ni lo dudo: largo todo y me encierro en el camión de exteriores.
No sé quién terminó relatando, sólo que me quedé ahí hasta una
hora después del partido.
4) ALEJANDRO FABBRI / TyC Sports / Osvaldo Pepe, Adrián
Paenza, Juan José Panno. Fue hace tres años. Presento un parti-
do de Fútbol x Dos y como dura 20’, nos vamos. Los camarógra-
fos salen al baño, el director va a comprar un sándwich, y yo enfi-
lo al control para hablar por teléfono. Sin darme cuenta, mientras
hablo, empiezo a juguetear con el switch: el partido sale del aire y
entra, sale y entra. El director casi se atraganta viendo el monitor
e irrumpe con la gente de seguridad. Ahí me di cuenta. No sabía
dónde meterme.
Varios 43

5) JUAN PABLO VARSKY / Fox, radios Metro y Mitre / Santiago


Segurola, de El País. Juegan Huracán y Bolivia, antes del Mun-
dial 94. Le pregunto al ya fallecido Chocolatín Castillo cuándo re-
gresará al fútbol argentino. Le nombro todos los clubes por los
que pasó; me mira con cara rara y me dice: “Estoy jugando en
Platense hace seis meses”. No more questions, diría un fiscal.
Esa pregunta nunca salió al aire. Hasta hoy.
6) GONZALO BONADEO / TyC Sports, La Metro / Panzeri. Año
91, tenía que hacerle una nota a Sabatini para VCC. Tarde de
mucho calor, la voy a buscar en mi auto. Unos días antes se lo
había prestado a mi viejo, que tenía un tambo y distribuía huevos.
El había tenido un pequeño choque y los restos de huevo se me-
tieron por las rendijas. No me avisó ni me lo lavó. Todavía no me
olvido la cara de la pobre Gaby durante el viaje. Yo me tuve que
hacer el gil. Tal vez hoy se esté enterando.
7) WALTER NELSON / TyC Sports / Víctor Hugo Morales, Osval-
do Caffarelli y Horacio García Blanco. Año 1987, Sudamericano
juvenil en Colombia. El último día le hago una nota a Alvaro Sie-
rra, presidente del Comité Organizador, para el programa de Mu-
ñoz. Lo grabo y me voy al aeropuerto. En el free shop hago unas
compras y por un monitor de TV veo una noticia que me deja he-
lado: “Un grupo de sicarios acaba de acribillar a balazos a Alvaro
Sierra”. Todavía estoy temblando.
8) HORACIO PAGANI / Clarín, Radio Mitre / Panzeri. Vilas recién
empezaba, El Gráfico no tenía a nadie en tenis y me mandan a
hacerle una nota. El no tenía un “sope”, vivía en una pensión en
Barrancas. Paso a buscarlo con mi Fiat 600, lo invito a comer un
sándwich. Me confiesa: “No sé qué hacer; me ofrecieron ir a Eu-
ropa, pero yo vine acá a estudiar derecho”. Le digo: “Probá un
año, total, si te va mal, podés estudiar después”. No sé si fue de-
cisivo mi aporte, pero mal no lo aconsejé, ¿no?
9) MIGUEL ANGEL RUBIO / Radioshow / Enrique Macaya Már-
quez. Práctica de Vélez. La Justicia define el futuro de Veira.
“Cuando escuchés que me absolvieron, avisame”, me pide, por-
que yo estaba con la radio. Dan la noticia: seis años. Veira me mi-
Varios 44

ra, no sé cómo decirle, hasta que le cuento al Profe Weber y le


avisa. Veira deja el silbato y me pide que lo acompañe. Yendo al
vestuario, grita: “¡Mi viejo! ¡Mi hija!”. Le comento: “También dije-
ron que con buena conducta salís a los tres años”. Apenas termi-
no la frase, me arrepiento. Era para que me diera una piña por
inoportuno.

Héctor Veira.

10) DANIEL ARCUCCI / La Nación / Osvaldo Orcasitas. Arabia


Saudita, 1989. Voy en taxi por el desierto. Veo al chofer nervioso.
Enseguida recuerdo su cara: lo había parado en el aeropuerto el
día anterior y no lo utilicé. Intento explicarle. Todo argumento cho-
ca contra las puertas trabadas y sus ojos cada vez más inyecta-
dos en sangre. Tengo miedo. Se me cae la agenda y la foto que
siempre llevo adentro: un Maradona joven con la camiseta de la
Selección y el autógrafo. Se la muestro. Su rostro se ablanda. Se
empieza a señalar a sí mismo. Me estaba preguntando si podía
regalársela. Obvio.
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11) ALEJANDRO FANTINO / TyC Sports, Radioshow / Víctor Hu-


go. Boca en China, 1995. Nos quieren cobrar 20 mil dólares la ca-
bina. Regateamos. Por relatar en la platea, 10 lucas. No. Desde
la popular, 5. Tampoco. Ultima oferta: una mesa en el campo por
1500. Aceptamos. Dos milicos nos ponen un banco de colegio.
Tenía al línea un metro adelante, por momentos no veía nada.
Los nombres de ellos, todos inventados: jugaron Kung Fu, Fu
Man Chú y otros. Al final del partido, viene Diego y nos pone la
Copa en el banco. Monstruo.
12) VICTOR BRIZUELA / Cadena 3 (Córdoba) / Osvaldo Ardizzo-
ne. Roma: juegan Argentina-Italia, 1979. Se pacta una audiencia
con el Papa. Para los periodistas hay sólo 4 cupos y somos 50.
Gran discusión, asamblea en un entrenamiento: unos querían ele-
gir por sorteo, otros por antigüedad. Me autoexcluyo y voy al Vati-
cano. Cuando pasa la delegación, me cuelo y entro. Recé dos pi-
sos para que no me pidieran la credencial. Zafé. Me impactó la fi-
gura de Juan Pablo II: un lomo enorme. Lo vi mucho más humano
que divino.

Ardizzone
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13) GUILLERMO SALATINO / Fox, La Red / Luis Bello. Año pa-


sado en Moscú, Copa Davis. Mi productor no entiende nada de
tenis. Después del primer día (0-2) le digo: “Somos boleta”. El:
“Ganamos el dobles”. Yo: “Imposible, ellos son una de las mejo-
res parejas, los nuestros nunca jugaron juntos”. Apuesta. Dale.
“Si ganamos te beso las bolas”, arriesgo. Hay periodistas de testi-
gos. Nalbandian se juega la vida. Hay milagros en el tenis.
Apuestas son apuestas. Cumplo. Nobleza obliga: el tipo se apia-
dó y se dejó los calzoncillos.
14) NELSON CASTRO / La Red y TN / Bob Woodward y Ted
Koppel. Boca-Independiente, Libertadores 79. Gana Boca 1-0 y
llega a su tercera final seguida. Yo era notero para Radio Argenti-
na. Lo agarro a Lorenzo. El: “Boca es como la inflación, sube y
sube”. Yo: “Pero la inflación es mala”. El: “¿Cómo mala? ¿Quién
lo dice?”. Yo: “De Keynes para acá, todos” (citando al reconocido
economista). El: “No, dejá, ése es un terrible bombero”. Tira los
auriculares y se va. Me quedo pensando. Ah… Kreitlein, pensó el
Toto, el alemán que expulsó a Rattin en el Mundial 66.
15) MARGARITA WAIS / Fox / No tengo. El fanatismo, la ansie-
dad y los nervios de mis comienzos me jugaron una mala pasada
cuando en 1997 vi en un bar a Francescoli a dos mesas de mi lu-
gar. Siempre llevaba un grabador. Me senté en su mesa con un
gran caradurismo y mi primera pregunta fue: “¿Estás esperando
un llamado de Passarella a la Selección?”. Ahí nomás él: “¿Cómo
era tu nombre?… Margarita, soy uruguayo”. Acababa de sufrir mi
primer incendio: peor que perder una final de squash sin marcar
un punto.
16) WALTER VARGAS / Télam, Olé y ESPN / Ardizzone. Mar del
Plata, 1982. Pelean Fernando Sosa y César Villarruel. Estadio lle-
no. Estoy sentado al borde del ring, en la esquina de Villarruel.
Fin del primer round, el tipo se hace un buche y escupe fuera del
embudo. Me empapa. Así dos rounds más. Me doy cuenta de que
no es casualidad. Entre el 3º y el 4º, nos miramos. Yo: “Me estás
mojando, boludo”. V: “¡Andate a la puta que te parió!”. Yo: “¡Anda-
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te a la c... de tu madre!”. Suena la campana, Sosa va al centro del


ring y ahí todos se dan cuenta de que está en pleno intercambio
de puteadas con un periodista.
17) CARLOS POGGI / El Gráfico / Eduardo Rafael. En los co-
mienzos, en la sexta de Crónica, había que ingeniarse para pasar
los partidos por teléfono, porque en las canchas casi no había.
Para pasar Fénix-Dock Sud en la vieja cancha del Mercado Do-
rrego, me metí en un puesto de verduras cerrado que tenía un
aparato de los llamados candeleros. Me trepé, descolgué el tubo
y con un lapiz marqué. Estaba por terminar la crónica y vino un
inspector a los gritos. Me faltaron dos jugadas, pero zafé de la pa-
tada que me tiró el tipo.
18) RAMIRO SANCHEZ ORDOÑEZ / TyC Sports / No tengo.
Agosto del año pasado. En pleno asado con Navarro Montoya,
haciendo El Sello. Una zona de elite en Beccar, con muchas gari-
tas de seguridad. Veo de reojo preocupado al cameraman. Diez
segundos y tenemos a los chorros encima. “Che, muy buen pro-
grama El Sello”, me dice uno agarrándome el cachete. Querían
que les abriéramos la caja de seguridad de la casa, pero no tenía-
mos idea dónde estaba. Al Mono le sacan su reloj. Estuvimos 20’
tirados en el piso. La pasamos mal.
19) EDUARDO CAIMI / Radio Rivadavia / José María Muñoz y
Víctor Hugo. Junio del 91, Racing y Español en Avellaneda.
Partido clave: si Español no gana, Newell’s es campeón. Marcha
de maestros. No se puede atravesar el puente. Llega la hora y só-
lo hay un periodista de Rivadavia en la cancha: yo, vestuarista de
Español. Los demás están varados. La radio arde. Muñoz pregun-
ta por qué no arrancamos. Entonces subo a la cabina, los técni-
cos me alientan y me decido. Solo, sin preguntarle a nadie, relato
todo el partido. Mi primer partido.
20) NESTOR IBARRA / Radio Mitre / No tiene. Estudiantes-Feye-
noord por la Intercontinental en Holanda, 1970. Yo había ido por
Rivadavia. A diferencia de lo que ocurre ahora, Zubeldía (el DT)
era muy abierto y le gustaba estar con los periodistas. Como no
había llevado suficientes suplentes para hacer un partido, en lu-
Varios 48

gar de solicitar juveniles a un club de allá, nos pidió que comple-


táramos la formación. Y jugamos. Lo curioso es que siendo Zu-
beldía un estudioso del fútbol, tomó esa decisión en apariencia
contraria a sus intereses.
21) OSCAR MARTINEZ / Fox, Del Plata / Quique Wolff y Macaya
Márquez. Como no había ido nunca a Disney, después de Fran-
cia 98 me hice una escapada a EuroDisney. Estuve todo el día
buscando a Mickey para sacarme la foto. Nadie me daba bola.
Me pasaron a una jefa, a otra, me daban una entrada para el día
siguiente. Excusas. Hasta que alguien se apiada: “Mire, Mickey
está de huelga”. El hombre que hacía de Mickey tenía problemas
laborales y nadie se animaba a reemplazarlo por cuestiones lega-
les. Me quedé sin foto.
22) CRISTIAN GAROFALO / TyC Sports / Víctor Hugo. Bolivia,
1997. Juegan el local y Uruguay, a la noche. Promotora de gran-
des ojos celestes. La galantería me mata, y en una pausa le digo:
“Apagame los faroles que me estás encandilando”. No la caza. Y
baja la perilla de electricidad. De mi cabina y las de al lado. Las
radios y TV nos quedamos fuera del aire. Al final, todo se solucio-
na. En realidad, a la que le faltaban luces era a ella.
23) EDUARDO RAFAEL / Tiempos del Mundo / Estanislao Villa-
nueva, “Villita”. Fines de los 60, vieja redacción de Crónica. Villita,
el jefe, llegaba al mediodía y corregía, para que el diario estuviera
a la tarde. En Deportes colaboraba un tucumano que había veni-
do a estudiar medicina y se ganaba unos pesos en Crónica. Un
día, Villita enloquece y pregunta por el autor de la nota que tenía
en la mano. Quedan enfrentados, escritorio de por medio. Villita:
“Dígame: ¿usted es boludo o hijo de puta?”. En medio del estupor
de todos, el Tucu saca una moneda y contesta: “Si sale cara, bo-
ludo; si sale ceca, hijo de puta“. Villita lo quería matar.
24) ADRIAN PUENTE / Fox Sports / Pepe Eliaschev. Cobertura
para Radio Argentina del Certamen Argentino de Moto, con pilo-
tos del poblado de Ramona, Santa Fe, sobre un óvalo de tierra.
Tenía 19 años. Curva N° 1, y una descarga eléctrica entra por el
micrófono y me hace saltar hasta el alambrado. Cada contacto
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con el aparato significa los pelos de punta. Lo peor es que no hay


operador que responda por mi integridad. Termino “cuerpo a tie-
rra” con cientos de personas a las carcajadas.
25) GASTON RECONDO / TyC Sports / Adrián Paenza, Ricardo
Ruiz y Magdalena Ruiz Guiñazú. Copa América 95: Brasil elimina
a Argentina, volvemos de Rivera en combi, y no duermo nada.
Llego, voy a la radio y hago Las Voces del Fútbol. De ahí, a casa
a dormir. Me despierto a la noche y mi mamá me dice: “Saliste ra-
ro en la radio”. “¿Cuándo?”, le pregunto. “A la tarde, te llamaron y
saliste al aire, dijiste que Passarella se había ido a México y otras
cosas”. No lo puedo creer. Mi mamá me pasa el casete, porque lo
había grabado. Y era cierto nomás: había salido dormido al aire.
26) ENRIQUE ESCANDE / Agencia EFE / Ardizzone. Copa Amé-
rica Brasil 89. El gallego Chico Recarey, propietario del restauran-
te La Scala, invita a periodistas y a ex jugadores a una cena. Lle-
ga Alfredo Di Stéfano, se sienta frente a mí, ve el menú y me pre-
gunta: “¿Quién garpa esto?”. Respondo: “Recarey, supongo”. Al-
fredo llama al camarero y le dice: “Pibe, traé langosta”. ¡Qué juga-
dor!
27) WALTER SAFARIAN / Fox y La Red / Niembro. En 1992 soy
vestuarista en Radio Libertad del equipo más chico. Boca va pri-
mero y es local contra Español. En el playón la gente empieza a
gritar. Entra el micro. Digo que veo a Tabárez en el primer asien-
to. El micro se detiene. Me acerco a entrevistar a los jugadores y
bajan los de Español. Apenas atino a decir: “Deportivo Español
llegó hasta aquí para arruinarle el campeonato a Boca”.
28) JUAN JOSE PANNO / Director Escuela Deportea y Pági-
na/12 / Ardizzone. Año 82, Lisboa, Mundial de Hóckey sobre Pati-
nes. Juegan Argentina e Inglaterra en plena guerra. Voy por El
Gráfico. Antes del partido, los exiliados en Portugal le piden dine-
ro al embajador para llevar al estadio una bandera con la ins-
cripción “Las Malvinas son argentinas”. Accede. Los exiliados lle-
van dos: la de Malvinas y otra más grande que reza “Videla asesi-
no”. El embajador, un milico, casi se muere.
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29) OSVALDO ORCASITAS / Free lance / Julio César Pasquato


(Juvenal) y Héctor Vega Onesime. El envío de las fotos fue siem-
pre un suplicio. Roland Garros 77. Me avisaron que Marcela Ti-
nayre iba a Buenos Aires, le di el sobre y quedamos en que le
agregaba lo último. Pasé por la casa y le pregunté por el sobre.
“Ya lo guardé en la valija”, me dijo. “¡No, no!”, le grité desespera-
do y me abalancé sobre la valija, revolviendo sus cosas. “Tenés
que llevarlo encima; si se pierde la valija, ¡sonamos!”. Era difícil
que nos entendieran.

Juvenal

30) MARTIN SOUTO / TyC Sports / Eduardo Galeano. Vamos


con El Aguante al Mundial 98, pero sin acreditarnos. Nos prestan
un par de credenciales y llegamos a las escaleras externas, en la
final. Faltan los tickets. Los controles franceses no son nenes de
pecho, pero cuando se desgañitan cantando La Marsellesa, nos
mandamos y disfrutamos nuestra primera final del mundo.
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31) GUILLERMO POGGI / Canal 13 y TN / Niembro, Cherquis


Bialo y Víctor Hugo. Cubría San Lorenzo para Rivadavia. Un día
se me hizo tarde y no quedó nadie. Ruggeri ofrece sacarme en su
camioneta. Salimos y desde la villa de enfrente empiezan a tirar
piedras. Pienso que Oscar va a acelerar. No. Frena, se baja y los
insulta. Estoy blanco como un papel, trato de calmarlo. Su remate
es: “Un día me meto y los peleo a todos”.
32) JUAN CARLOS MORALES / Cadena Eco / Fioravanti. Ala-
juelense-River, Copa Interamericana. Estamos en Venezuela cu-
briendo la Libertadores, viajamos, pero se demora un vuelo y lle-
gamos con el partido terminado. Vamos derecho al vestuario. Allí
están los colegas costarricenses que nos reemplazaron charlando
con alguien que, escuchamos, era el presidente. Le pregunto qué
opina, como presidente de un club de poca historia, de jugar con
un grande de América. Con mucha modestia, me aclara que es el
presidente del país.
33) LEO FARINELLA / Olé / Trasmonte, Posse Romero, Cytryn-
blum, Roa. Empieza el segundo ciclo de Ramón DT de River.
Tres periodistas de Olé vamos al bar de Núñez donde nos cita
Ramón. Llega y me pregunta: “¿Vos sos periodista o hincha?”.
Mientras conversamos, entra en el bar Passarella. Uno de noso-
tros busca al Kaiser, lo saluda y le dice que Ramón está en el
mismo bar. Y Daniel mira para otro lado con cara de “no te puedo
creer, ¡qué puta suerte tengo yo!”.
34) JUAN FAZZINI / La Red y Fox / Panzeri. Junio de 1980, nota
a Enzo Ferrari, en Imola, para La Razón. Se presenta la Ferrari
Turbo. Cuando me anuncian por la procedencia, el “pontífice” es-
trecha mi mano y dice: “Argentina, ¡cuántos recuerdos! ¿Cómo
está Froilán? Por lo que conozco, cuando el mundo piense en el
año 2000, su sociedad estará en una crisis opuesta a aquel paraí-
so que conocieron mis mecánicos”. Quedé impactado por cómo
pudo anticipar lo que sufrimos.
35) ALDO PROIETTO / El Gráfico USA / Carlos Fontanarrosa.
Tras escribir el editorial de El Gráfico titulado “El sidieguismo”
(1989) sobre el entorno de Maradona, Coppola me avisa que Die-
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go está enojado y que fuera a Nápoles a hacerle una nota. Hotel


Paradiso. Coppola me dice: “El 10 ya viene, pedí una habitación,
porque si vuela un bife evitamos que sea público”. Llega Diego a
los gritos: “¡Esa nota la leyó mi mujer”. Y agrega: “Y ahora no hay
nada, me voy”. Por su generosidad nos reconciliamos tres días
después. Pero siempre me quedó aquello del entorno que le
arruinó la vida.

Cóppola y Maradona.

36) MARCELO FIASCHE / TN / Eduardo Aliverti. Asunción, Copa


América 99. Doce periodistas tenemos que viajar a Ciudad del
Este para Argentina-Brasil. El pequeño avión se demora en salir.
Los encargados de la compañía insisten en que pronto resolverán
el problema. Mientras tanto, nos cuentan con la mirada. Cuando
la espera se hace insoportable, llega la solución: las autoridades
bajan de la nave al copiloto y sientan allí a uno de los periodistas.
Así llegamos a destino.
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37) SERGIO REK / Corresponsal Fox / Alejandro Fabbri. Prime-


ros tiempos de Ramón como DT de River. Muy mala relación con
la prensa. Un día me rezonga por unas declaraciones mías. Le di-
je que estuviera tranquilo, que iban a ganar la Libertadores. Fue
un pálpito, recién iba por cuartos de final. Me dijo que si se daba,
me regalaba su 4x4 Mercedes de 60 mil dólares. Nos dimos un
apretón de manos delante de unos cuantos colegas. La noticia
trascendió por varios medios. ¿Vos viste las llaves? Yo no. Des-
pués me enteré, a través de un amigo en común, que la esposa
de Ramón le había dicho “¿cómo le vas a regalar la camioneta a
un periodista? ¿Te volviste loco?”.
38) FERNANDO CARLOS / Fox / Niembro. Partido de viernes,
Closs me pregunta al aire quién creo que va ser campeón de la B
al día siguiente. Tras varias negativas, contesto: “San Martín de
Mendoza” (jugaba contra Olimpo). Llego a mi casa y hay un men-
saje: me avisan que tengo que ir a Bahía Blanca porque se enfer-
mó un compañero. Fue terrible: me escupieron desde todos los
rincones. Tras esa experiencia, aprendí que los pronósticos son
propiedad de Guillermo Nimo.
39) HECTOR GALLO / La Red y TyC Sports / Niembro. Tenía
que hacerle una nota al ex árbitro Mario Gallina. Llamo a su casa,
me atiende su mujer. Le digo que soy Gallo, y me corta ofuscada.
Una, dos, tres veces. Hasta que Mario logra explicarle. Después
la pobre mujer no sabía cómo disculparse conmigo.
40) ROMAN IUCHT / Continental, TyC Sports / Víctor Hugo. Mun-
dial 90. Como hay muchos periodistas allá, y el Prode sigue, me
mandan a cubrir Acassuso-Urquiza, por la D. Tenía que encontrar
un teléfono público y llamar en cada tiempo y con cada uno de los
goles. El teléfono más cercano resultó estar a 7 cuadras y el parti-
do terminó 3-2. Vi uno solo de los goles ya que me la pasé yendo
y viniendo. Un debut muy movido.
41) JUAN CARLOS PASMAN / La Red, Torneos / Niembro. To-
dos los periodistas tenemos defectos; el mío es ser un poco gri-
tón. Año 2000, práctica de Boca en su estadio. Llega el momento
de dar la información para el programa de Macaya y leo la forma-
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ción en un tono alto. Bianchi para la práctica y me espeta, delante


de todos: “¿Qué pasó, Pasman, está sordo Macaya?”
42) WALTER SAAVEDRA / Radio Nacional / Panzeri. Argentina-
Paraguay, Copa América 91 en Concepción, Chile. Dos colegas
de El Gráfico andan buscando donde refugiarse del frío y se que-
dan en nuestra cabina. Mientras relato escucho que hablan muy
bien de mí, me llenan de elogios. Hay un gol de Argentina y grito:
“Zapata, Zapata, como El Zorro, a todos les marca la zeta”. Al ra-
to, me tocan el hombro: “El gol lo hizo Astrada”.
43) ELIO ROSSI / Radio Colonia, TyC Sports / Horacio Verbitsky.
En 20 años combatí a corruptos y violentos del fútbol. Muchas ve-
ces debí ir a la cancha con custodia por las amenazas. Aunque
jamás me golpearon sin previo aviso y en mi trabajo, como lo hizo
Bilardo, por decir que Maradona había sido campeón con Menotti
siete años antes del 86. La intolerancia tiene el poder de silenciar.
Pero hay que resistir, como Bielsa. En eso estoy.
44) GUSTAVO LOPEZ / Fox, La Red / Niembro. Tenía que hacer
una nota para la radio, y el productor se olvidó de algo. Fui a la
práctica de Boca, y el tipo me quiso ubicar. Agarró una agenda y
marcó. Atendió el papá de Gustavo López, el futbolista. Le pre-
guntó por su hijo. “Se fue a la Selección”, le dijo. Justo lo habían
convocado. “Pero si tenía que ir a Boca”, le contesta. Tras una
gran discusión se mandaron a la mierda y cortaron.
45) QUIQUE FELMAN / TyC Sports / Gonzalo Bonadeo. Francia
98, previa de un partido de Escocia. Los hinchas chupan como
esponjas. Cuento el clima, los tipos se bajan las polleras y están
en bolas. Me tiento. “En estas condiciones no se puede trabajar”,
digo y exploto. “¿Qué pasa, Quique?”, me cargan de Baires. Ahí
ponchan a los escoceses y queda la verdad al desnudo.
46) DIEGO FUCKS / Canal 7 / Panzeri y Víctor Hugo. Indepen-
diente-Lanús, 1993. Llueve. Mastrángelo, el juez, entra para ver si
pica la pelota. Yo hago mi propio chequeo en la punta opuesta y
al verlo me mando gran pique. Cuando estoy llegando noto que
no podré frenar y que me llevaré puestos a Mastrángelo y a va-
rios periodistas. Me deslizo varios metros en “culopatín”. Víctor
Varios 55

Hugo, que me seguía de la cabina, se tentó y tuvo que mandar


avisos. Todavía recuerdo el canto de la hinchada: “¡Qué boludo,
qué boludo!”. Cuánta razón.
47) NORBERTO VEREA / Radio Ciudad de Bs. As. / Diego Bona-
deo. Comento Racing-Independiente en el Cilindro. Conocida mi
simpatía por el Rojo, de la radio me ofrecen seguridad. “Yo soy
de Avellaneda, cómo voy a ir con seguridad”, les digo. Los hin-
chas de Racing buscan mi cabina y me gritan de todo. Pero deba-
jo de la camiseta de Racing me muestran la de Metallica, Mega-
deth, Motörhead, como diciendo: “En ésta estamos con vos”. Para
mí fue fuerte, emocionante.
48) JUAN YANKILEVICH / ESPN / Orcasitas. Gira de la Selec-
ción previa al Mundial 94. Maradona, con un par de monos de la
Mossad más pesados que Videla, baja del micro en el Muro de
los Lamentos, en Jerusalén. Cuando Diego entra se produce tal
quilombo que los fotógrafos, camarógrafos y cholulos empiezan a
trepar el Muro y se suben encima de un piano sagrado, de no sé
qué año, donde tocaban unos rabinos. Los religiosos encargados
de la seguridad sólo se preocupaban de ponerle la quipá a los tre-
padores. Insólito.
49) ROBERTO RINALDI / La Red / Antonio Carrizo. Hacía estu-
dios centrales en Rivadavia y estaba muy nervioso. Epoca de fu-
ror del Prode. Había jugado una boleta y me faltaba el último pun-
to: Italiano-Quilmes. Iban 0-0, tenía empate y visitante. Rivadavia
tenía conexiones en todos los partidos. Yo trabajaba con auricula-
res y escucho el eco de gol. Minuto 47 del ST, Beto González
anuncia: “Gol de Italiano”. Casi me desmayo al aire.
50) CARLOS IRUSTA / El Gráfico / Ulises Barrera y Ricardo
Arias. John Tate, un yanqui campeón mundial de boxeo, vino pa-
ra un aniversario de la revista, en 1979. Había que juntarlo con
Maradona para la tapa. No pudimos hablar con Diego, entonces
fuimos a la cancha. No me dejaban pasar. “¿Usted cree que este
negro de dos metros se va a querer colar?”, le pregunto al guar-
da. Al final aparecí en el campo de juego, corriendo a Diego mien-
tras hacía calentamiento. El Negro no tenía idea quién era Diego.
Varios 56

Hicimos la foto. Soy de los pocos que pueden decir: “Corrí a Ma-
radona por toda la cancha… y lo agarré”.

Tate - Maradona - Ischia

51) EDUARDO RAMENZONI / TyC Sports / Víctor Hugo y Fazzi-


ni. Casamiento de Diego en el Luna, 1989. Estábamos con algu-
nos jugadores y periodistas. Viene Bilardo y le dice a Brown que
se pare al lado de Ciro Ferrara, que estaba en un estrado. Vuelve
y otra vez. “¿Qué pasa, Carlos?”, preguntamos. “Quiero saber
bien la altura de Ferrara para ver si lo puede tomar en un corner
en el Mundial del año que viene”. Un Bilardo auténtico.
52) ROBERTO LETO / Mitre / Niembro y Araujo. Gira previa al
Mundial 94. Se suspende el viaje a Japón, cambio de recorrido y
gran problema porque no hay pasajes. Todos los jugadores dis-
persos en distintos puntos del avión. Redondo duerme en un pa-
sillo. Voy atrás y veo a Diego en el medio de una fila de cinco, en-
tre cuatro japonesas que ni lo conocían, en clase económica. “Es-
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to es un caso único, ninguna me pidió un autógrafo”, me dice Die-


go. Esa postal me quedó grabada.
53) RUBEN CETRANGOLO / Diario Popular / Ezequiel Fernán-
dez Moores. Los uruguayos Bueno, Navarro y Sosa llegan a San
Lorenzo, año 83. Voy a buscarlos al hotel para llevarlos a la radio.
Como los tipos están solos, del club deciden que alguien los
acompañe. El sujeto es Milanesa, capo de la barra. Milanesa era
tan fana que había hecho estampar el escudo en el paladar de su
dentadura postiza. Y no tiene mejor idea que mostrarme su nuevo
chiche sacándose la dentadura en un bar ante la mirada atónita
de los tres jugadores.
54) ALEJANDRO KLAPPENBACH / TyC Sports / Varsky. Boli-
via-Argentina, eliminatorias 97, corte de Cruz. Estoy en la platea,
se dan cuenta de que somos argentinos. Un tipo salta dos buta-
cas y nos empieza a putear mal. Enseguida, tenemos a 50 perso-
nas rodeándonos. Después me entero de que el que empieza to-
do es Borja, jugador de la selección de Bolivia. Nos tenemos que
comer el mazo e irnos. La pasamos muy mal.
55) ALEJANDRO APO / Continental / Mario Trucco y Víctor Hu-
go. Argentina-Brasil, Mundial 90. A los 25’ del ST digo: “Caniggia
va a tener una oportunidad, dependerá de él”. Después, Cani me-
te el gol. De la emoción le golpeo la espalda a Víctor Hugo. Nos
abrazamos. “La chapa de ese gol te deja ir a todos los mundia-
les”, dicen mis amigos. Al bajar del palco, nos cruzamos con Die-
go. Me muestra el tobillo y me baja la presión. Víctor Hugo y Die-
go, que tenía un melón en el tobillo, terminaron llevándome. Todo
al revés.
Varios 58

La tapa de El Gráfico después de triunfo sobre Brasil.

56) PATO GALVAN / América / Lalo Mir, Wolff y Fabbri. Lo más


grosso que me pasó fue el día que le “cortaron” las piernas a Die-
go. Estaba para Telefé, el 13 tenía la palabra exclusiva de Diego
y, después, Diego dio una conferencia con la prensa mundial.
Franchi me pidió que lo ayudara a organizar. Quedamos en la
mesa Franchi, Diego y yo. Estaba muerto de nervios, llevaba po-
cos años en esto. Y no me olvido jamás el gesto de Diego: por
abajo me apretó la rodilla, para tranquilizarme. ¡El me tranquiliza-
ba a mí! Con todo lo que le pasaba.
57) MIGUEL SIMON / ESPN / No tiene. Bulgaria-Paraguay, Mun-
dial 98. Movió Paraguay y para mí había movido Bulgaria. Estuve
30 segundos relatando para TV el partido al revés, sin ver los
gestos desesperados de Varsky para que cambiara. No estaba en
un gran momento, venía de una gripe mortal y pensaba más en
mi voz que en el partido. Después, claro, cambié sobre la marcha.
58) BERNARDO NEUSTADT / P + E / Robert Arlt. En 1958, tra-
bajando para la revista Racing, inventé los puntajes a los jugado-
Varios 59

res bajo el título “El termómetro del match”, porque al salir de la


cancha discutíamos con los hinchas: Fulano jugó para 7 o para 8.
Y recuerdo que varios jugadores, entre ellos Tucho Méndez y Ru-
bén Bravo, me llamaban para preguntarme cuánto les había
puesto. Después, a los 38 años, el mismo Tucho y Llamil Simes
me enseñaron a manejar en la Costanera.
59) DIEGO BONADEO / Página/12 y Radio Ciudad de Bs. As. /
Panzeri. Un día, de la dirección editorial de El Gráfico dijeron que
había que ser más suave, porque éramos muy ácidos. A Panzeri
no le gustó y a partir de ahí empezamos a poner títulos tipo “Ga-
nó Vélez”. Y los epígrafes, que eran sustanciosos, pasaron a ser:
“El guardameta de Boca retuvo el remate del wing de River”. Duró
poco. Después, volvimos a lo de siempre.

Dante Panzeri

60) MARTIN CICCIOLI / Rock & Pop y América / Goycochea. Pa-


ra Palo y Palo, Chilavert ya nos había destruido tres micrófonos.
Se ve que no le gustaban nuestros chistes sobre su sobrepeso.
Varios 60

Por eso nos propusimos no intentar más notas con él: no enten-
día la onda del programa y los micrófonos nos salían caros. En-
tonces me mandan a Vélez para ver por qué Bassedas era titular
en la Selección y en el Vélez de Bielsa no iba al banco. Chilavert
pensó que íbamos por él y, apenas me vio, nos insultó y me escu-
pió en la cara.
61) NATALIO GORIN / La Razón / Pasquato. Final de la Liberta-
dores entre el América y Argentinos en Cali (1985). Noche ante-
rior al partido. A la puerta del hotel llega un último modelo de Mer-
cedes con vidrios polarizados. Baja un señor rodeado de otros se-
ñores, todos con anteojos oscuros de sol (era medianoche). Car-
los Quieto, empresario allegado, nos presenta. Nos damos la ma-
no, y miro de reojo a Alfieri, el fotógrafo. Lamparazo. El señor je-
fe, ya sin anteojos, me mira y puedo leer en sus ojos el mensaje:
“Nunca más hagas esto estando yo en el medio”. Era Miguel Ro-
dríguez, capo del cartel de Cali.
62) CARLOS FERRARO / Círculo de Periodistas / Alberto Laya.
Cuando empezaban las primeras transmisiones de TV, con el pa-
pá de Alejandro Apo organizábamos los preliminares. Una vuelta
hubo que adelantar la Tercera. Hablamos con los clubes, sin pro-
blemas, pero el viernes a la noche nos avivamos que faltaba avi-
sarle al árbitro. Tuve que ir el sábado a la AFA, pedirle al casero
que me abriera, averiguar la dirección del hombre (no tenía teléfo-
no) y el domingo bien temprano ir a buscarlo. Me abrió en calzo-
nes. Lo agarré así y me lo llevé a la cancha de Vélez. Llegamos
justo.
63) GERMAN PAOLOSKI / Fox, Telefé / Niembro. Mundial 98, te-
nía apenas un año como periodista. Me mandan a hacer la pro-
moción y termino jugando al fútbol en el Arco de Triunfo con Bian-
chi, Ruggeri y Francescoli. Un sueño. Ya en el Mundial tuve que ir
al pueblo donde estaba la selección de Jamaica para hacer una
nota. Estaban todos fumados, el aire estaba viciado. Yo salí a los
gritos por TV. Después me preguntaron desde Buenos Aires:
“¿Por qué estabas tan exaltado?”.
Varios 61

64) MARCELO BENEDETTO / La Red, Fox / El equipo de Sport


80. Mundial 2002, primera emisión desde Japón. Para cargarme,
cuando estaba a punto de salir, el productor me baja los pantalo-
nes. No fue fácil: primero, tenía que no tentarme, después agarrar
con una mano el micrófono y con la otra el pantalón. La gente que
pasaba por ahí no entendía nada: un tipo en calzones frente a
una cámara. Encima, desde acá me gastaban.
65) ARIEL RODRIGUEZ / TyC Sports / Carlos Juvenal. Hacía Eu-
ropa Hoy, en vivo, por VCC, año 95. No tenía asistente, nada. Un
día de mucho calor, como en el estudio no había aire acondicio-
nado, hice el programa en el patio. Apenas salgo al aire, las luces
del patio empiezan a bajar y subir, bajar y subir. Miré, abrí los bra-
zos y dije: “Esto demuestra que estamos en vivo. Bienvenidos a
la disco”. Era un tipo que estaba probando las luces del estudio,
pero tocaba las del patio.
66) DIEGO KOROL / TyC Sports, América / Víctor Hugo. El affai-
re Ramón Díaz. A él le había jodido la imitación de Miguel Angel
Rodríguez y cuando le fuimos a hacer una nota nos dimos cuenta
de que estaba enojado mal. Entonces se dio la joda. Yo la tenía
clara: en cuanto me dijera “hola”, se terminaba la historia. Lo más
raro es que fuera de cámara jamás me dijo ni una palabra. Al año
siguiente, Tinelli arregló todo con Davicce y se dio la reconcilia-
ción en el Día del Amigo. Yo le empapelé todo el barrio y me arro-
dillé. La joda, como prevía, no duró mucho más.
67) MARTIN LIBERMAN / Fox / No tengo. Verano del 96, voy a
Punta a entrevistar a Maradona por los premios en Boca. Lo saco
al aire. Lo cruzan con Mac Allister, que le cuenta cómo está el te-
ma. “Guille, alquilá el jet que voy para allá”, anuncia Diego. “¿Ve-
nís?”, me dice. “¿Querés salir desde acá arriba?”, me pregunta ya
en el aire. No lo puedo creer. En Ezeiza lo esperaban en la 4x4 y
otra vez: “¿Venís?”. A todo esto, yo relatando en exclusivo, tipo
José de Zer. Diego fue, arregló y se volvió a Punta en el jet. Con-
migo otra vez arriba. Para mí, fue un día único. Para Diego, uno
normal.
Varios 62

68) SEBASTIAN VIGNOLO / La Red y Fox / Macaya Márquez.


Previa al Boca-Colón del 95, regreso del Diego. Era un pichi y me
mandan al Hindú con el grabador. Tenía que agarrar la salida de
Boca y se larga a llover. Estoy parado en la puerta sin saber qué
hacer, cuando se baja la persiana de la habitación de Diego.
“¿Qué pasa ‘mostro’, te estás mojando?”. Pensé que era un doble
de él. Diego ni me conocía y me hizo pasar, me llevó a la pelu-
quería y lo saqué en vivo mientras le pintaban la franja amarilla
en el pelo.
69) CARLOS ARES / Corresponsal El País, España / Pagani. Ita-
lia-Francia, 1977 en Nápoles. Por El Gráfico tenía que cubrir el
partido y hacerle una nota a Platini. Llego sobre la hora y voy al
vestuario. Cuando me acerco a Platini, me doy cuenta de lo ob-
vio: sólo hablaba francés. Y muy rápido. “¿Qué hacemos?”, me
pregunta el fotógrafo. “Vos gatillá”. Sale Platini, le pongo una ma-
no en el pecho, me mira sorprendido: foto y nota de cuatro pági-
nas con declaraciones dichas en otros medios. Lo curioso es que
esa foto se usó como promoción de cómo El Gráfico conseguía
notas con todos los protagonistas del mundo.
70) FERNANDO PACINI / Torneos / Macaya Márquez. El colom-
biano Tréllez acababa de llegar al Boca de Menotti. Era tapa de
todos los diarios, aún sin debutar. Finalizada la práctica, el plantel
se fue en micro. Yo me iba en el auto de un colega y en la esqui-
na de Brandsen, plena noche de La Boca, vemos a Trellez, solo,
con su bolsito al hombro. “Me han olvidado aquí y no sé cómo lle-
gar hasta el hotel”, nos contó.
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Técnica elegante, buen estado físico, jugador de pierna fuerte,


caudillo, genio y figura: el eterno Enrique Macaya Márquez en
1977 jugando frente Carlos Ares y José Prieto de El Gráfico.
71) ALFREDO LEUCO / América, Radio del Plata / Rodolfo
Walsh. Voy por Clarín a cubrir la gira de Boca en Asia, 1982. Sal-
go apurado de mi habitación en el 8º piso porque se va el micro.
Cuando el ascensor para en el 7º, la habitación que queda en-
frente es la de Diego. La puerta está abierta, porque justo Diego
sale, y adentro, semidesnuda, se ve a Claudia. Me sorprende su
figura, y cuando doy vuelta la cara, justo aparece Diego y me mira
mal, con odio. Los dos nos sentimos muy mal. Son accidentes
que suelen pasar.
72) ATILIO COSTA FEBRE / River Monumental / Víctor Hugo.
Año 96, Lima, Libertadores. Yo le daba a Celso Ayala. “Un para-
guayo que no cabecea, merece perpetua”, llegué a decir. En el
hotel, Celso le pregunta a Corti por mí. Se juega el partido y nos
encontramos en el vuelo de medianoche. Se para delante de mí:
“¿Tenés algún problema conmigo?”. Yo: “Identificate, no sé quién
sos”. Me paro. Están por volar un par de manos y llega Cedrés a
Varios 64

separar. Lo había mandado Enzo, que estaba en todas. Un gran-


de.
73) OSVALDO PRINCIPI / Torneos / No tengo. Pelea Iran Bar-
kley-Tommy Hearns, 1988, Hotel Hilton de Las Vegas. Tommy lo
estaba por noquear. “Madura el nocaut, madura”, estoy diciendo
para la TV, y Barkley saca un golpe increíble que tumba a
Hearns. Error tremendo. Me acuerdo, además, porque después
subió al ring un negro a festejar y lo tiraron como un paquete. Me
tuve que agachar y me pasó por arriba.
74) MATIAS MARTIN / La Metro, América / Víctor Hugo. Mi debut
en una transmisión haciendo campo de juego. Sábado a la noche:
Estudiantes-Huracán. Había armado los equipos en mi mente por
las posiciones en la cancha. Cuando estoy por salir al aire se
rompe el videograph y me apuran: decilo del 1 al 11. Entre los
nervios y el cambio, hice un desastre: de un equipo di uno menos
y del otro repetí dos veces al mismo jugador.
75) ALEJANDRO COCCIA / ESPN / Gonzalo Bonadeo. Mundial
de Vóley Argentina 2002. Viajamos a San Juan con el equipo.
Tormenta de granizo: alaridos, todo el mundo rezando. Al pisar
tierra nos relajamos y mandamos a la mierda la prohibición de no
fumar. Se me acerca Adrián Otero, cantante de Memphis: me pre-
gunta por el equipo, cómo lo vi. Raro. Y al toque, escucho que le
cuenta a un amigo: “Estuve charlando con Hugo, fenómeno”. No
fue la primera vez que me confundieron con Hugo Conte.
76) CLAUDIO FEDEROVSKY / Radio Del Plata / Cherquis Bialo.
Juegos Olímpicos de Atlanta 96. Zona mixta pospartido de hóc-
key entre Argentina y España. Era la primera vez en los JJ. OO.
que se vendían derechos de radio y estaban celosos. Viene un ti-
po y dice que con esa credencial no puedo estar ahí. Se da una
discusión hasta que un colega dice: “Eh, loco, ni que tuviera una
bomba”. Apenas pronunció esa palabra, entraron a caer policías
tipo Swat, me rodearon y me llevaban detenido. Justo pasa un fo-
tógrafo de AP y la foto recorre todo el mundo, incluso es tapa de
diarios argentinos. Al final, me piden disculpas.
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77) CARLOS LOSAURO / La Nación / Alberto Laya. En 1985, iba


de Nueva York a Tokio y el avión sufrió un problema. Bajamos de
emergencia en Anchorage, Alaska; a los tumbos, el avión frenó:
los pasajeros bajamos por una manga y caimos a la pista. Yo es-
taba en remera y el hielo era de medio metro. Los bomberos me
tiraron una manta, me arroparon y me dieron dos litros de choco-
late caliente. Desde entonces, lo odio. Al chocolate.
78) MARCELO ARAUJO / Torneos / Matías Prat, relator español.
Me habían rajado de ATC en la época de los milicos y estuve sin
laburar bastante tiempo. En 1983 me llama Carlos Avila para
charlar, porque Fútbol de Primera se iba de ATC al 9, y Mauro
Viale, el relator, no quería cambiar de canal. Me junté un par de
veces en un café y terminamos arreglando. Lo que no sabía es
que al mismo tiempo se habían juntado con Marcelo Tinelli. Creo
que nos salió bien a los dos.
79) ERNESTO CHERQUIS BIALO / Desocupado / Fontanarrosa,
Pasquato y Ardizzone. River-Steaua, Tokio 86. Práctica de River.
Estamos sobre el borde del campo, pero no vemos un carajo por-
que un señor se pasea por la línea delante de nosotros. Yo: “¿Po-
dría dejar de pasear que no vemos nada?”. El: “Andá a la c... de
tu madre”. Después, le pregunta a otro: “¿Quién es éste?”. “El di-
rector de El Gráfico”, le dicen. No molestó más. A la noche, ape-
nas entramos en el hotel, este muchacho conocido como Galín-
dez me toma de los hombros: “Maestro, perdóneme, lo confundí
con un periodista japonés”. A partir de allí, para él siempre fui Chi-
qui Biali.
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El grito inoxidable de Alzamendi que le dio a River el único título


intercontinental, en 1986.
80) MARCELO GUERRERO / Olé / Ardizzone y Villita. Mundial
de Rugby Sudáfrica 95. Regreso tras larga cobertura. En el aero-
puerto nos informan que se cancela el vuelo. Retornamos al hotel
donde habíamos estado. Gran aglomeración: por un lado, argenti-
nos para hacer rápido el check-in y rajarse a pasear; por otro, su-
dafricanos que se acreditan para el Congreso Nacional Africano.
Entre la multitud, un hombre mayor me extiende la mano y me
pregunta cómo la estaba pasando en su país. “Bien”, le digo.
¡Qué le podía contestar a Nelson Mandela!
81) PABLO FERREIRA / TN / Víctor Hugo. Copa Rey Fahd en
Arabia, 1995. Se organiza una recepción para las delegaciones
participantes. El ministro de Deportes e hijo del rey al final de la
reunión se para en la puerta de salida para darle la mano a cada
uno de los 400 presentes. Para comprobar si este señor “presta-
ba atención”, con mis compañeros y otros jugadores hicimos tres
veces la cola cada uno... y recibimos su saludo. Un tipo muy res-
petuoso el príncipe.
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82) GUILLERMO BLANCO / Director Escuela DeporTEA / Ardiz-


zone. Sudamericano Juvenil 79, Maradona me dice que quiere
conocer a Pelé. Yo trabajaba para El Gráfico y le había hecho
muchas notas. Gestionamos en Brasil con el corresponsal y que-
damos para un lunes. Diego dio vueltas como dos meses hasta
que me lo confesó: el lunes era el día de Claudia, y ella presiona-
ba. Al final fuimos a Rio de Janeiro con su papá, y se conocen.
Pelé le agarra la mano a Diego varios minutos y le da consejos.
Al Viejo Alfieri se le caían las lágrimas de la emoción.
83) JUAN JOSE BUSCALIA / Fox / Niembro y Macaya. Venezue-
la, 2000, eliminatorias. Todos convulsionados por la presencia de
las estrellas argentinas. Tanta es la desesperación por los autó-
grafos que un chiquito me pide que le firme su pelota. Con un po-
co de vergüenza lo hago, entre las firmas de Crespo y Gallardo.
La vergüenza es completa cuando me pregunta de qué juego.
84) TITI FERNANDEZ / Torneos / Víctor Hugo. Vamos sobre la
hora a cubrir el título del Napoli en 1990. No conseguimos hotel ni
nada. Llamamos a Diego, y nos cede unas habitaciones que tenía
para amigos. Llegamos a Roma, alquilamos un auto y vamos. En
una esquina de Nápoles nos quieren dar vuelta el auto. Claro: la
patente era de Milán. Explicamos que somos amigos de Diego.
Nos terminan escoltando hasta el hotel. Le hago una nota a Diego
en la cancha antes de empezar y cuando está por terminar, pasa
a mi lado y le digo: “No te vayas lejos, que no llego”. El tipo
aguanta la pelota en la zona y, a los dos segundos de ser cam-
peón, estaba hablando para Argentina.
85) DANIEL MOLLO / Mitre / Ibarra y Niembro. Juegos Olímpicos
de Atlanta 96: transmito todos los partidos hasta la final Argenti-
na-Nigeria, que me echan porque mi credencial, en teoría, no sir-
ve. Voy a la popular con el celular y me descubre otro policía. Voy
a la otra popular y me escondo detrás de un productor de TV, que
me grita cada vez que pasa un policía. Ahí iba la tanda a Buenos
Aires. Así transmití toda la final olímpica: desde la popu, con celu-
lar y esquivando policías.
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86) JOSE MARIA ROQUEJOFFRE / Crónica / Villita. Mundial Ju-


venil Qatar 95. Llegamos 11 periodistas y a 4 nos separan del
resto. Estamos un poco asustados. No hay un solo argentino, sal-
vo la delegación de la Selección, ya que allí no existe embajador.
Nos meten a todos en una combi y vamos una hora por el desier-
to. “Si acá nos traga la arena, nadie se entera”, pensamos. Re-
cién respiramos aliviados al llegar al hotel. Había sido un operati-
vo de seguridad.
87) ANGELA LERENA / TyC Sports / Varsky. Amo el fútbol y la
historia, y las relaciono de manera curiosa. Japón, previa al Boca-
Real Madrid. Muy simpáticos, los periodistas españoles me pre-
guntan qué club de su país me gustaba más. Les contesto: los
dos de Barcelona, ya que odio al Madrid, el equipo de Franco. Se
ponen locos. Y terminan rodeándome a los gritos. También la pa-
sé mal en un vestuario de Estudiantes: abrí una puerta, y estaba
Palermo desnudo. “Hola, ¿todo bien?”, me dijo con naturalidad.
Yo estaba verde.
88) JULIO RICARDO / Radio Nacional / José López Pájaro, mi
viejo. Copa de las Naciones 64. Un día antes de jugar con Brasil,
Valentín Suárez me da la clave: “Además de Pelé, hay que anular
a Carlos Alberto”. Inventan a Messiano, que era el wing izquierdo,
como marcador de Pelé (el Negro se puso nervioso y le rompió la
nariz de un codazo), y Carlos Alberto se queda sin rival al que
marcar (Messiano) y no supo inventar un trabajo. Ese día Brasil
jugó con 10. Me sorprendió la fineza táctica de Suárez en una
época en que no se le daba bolilla a eso. Argentina ganó 3-0 y
fue campeón.
89) HERNAN O’DONNELL / Universo Deportivo / Panzeri.
Juegos Olímpicos de Sydney. La selección de vóley acaba de
vencer a Brasil. Le pregunto a Getzelevich, el DT, en medio del
festejo loco, en quién piensa. Abre la billetera, saca una foto y gri-
ta: ‘Mostrala bien, es mi hija, esta alegría es para ella’. Entre tanta
emoción, ni Carlos ni yo nos dimos cuenta de que no tenía la cá-
mara. Apenas los brazos para estrecharnos y celebrar”.
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90) HECTOR CARDOZO / Clarín / Pasquato, Ardizzone, De Bia-


se. Mundial 82. Primera vez que viajamos con una computadora:
una caja gigante, con una pantallita chica y un teléfono arriba.
Juan De Biase escribe el anuncio y, cuando está por terminar, to-
ca una tecla y desaparece todo. Empieza a dar vueltas alrededor
de la compu como un trompo y putea. A quienes estábamos ahí
nos agarra un ataque de risa y nos tenemos que ir al baño. Al fi-
nal tuvo que escribir todo de nuevo.
91) MARCELO GANTMAN / Rock & Pop / Arcucci. Un día des-
pués de la eliminación en el Mundial 2002, tomamos el tren y
aparecen Sorin, Verón, Crespo y el Piojo como simples pasaje-
ros, en un lugar ignoto de Japón, cargando los bolsos en una acti-
tud muy amateur. Verlos ahí, acongojados por la derrota y mez-
clados entre la gente, cuando hablar con ellos en el Mundial era
una tarea durísima, fue impactante.
92) JOSE LUIS BARRIO / Prensa Gobierno de la Ciudad / Víctor
Hugo, el mejor relator. Panamericanos 87. Yo estaba por El
Gráfico con Irusta, y fuimos a comer con Carlos Muñoz, después
de que los varones del hóckey perdieran la final. Muñoz tenía que
salir a la tarde para Rivadavia. Y dijo: “Fue un resultado justo.
Argentina no jugó bien, sólo se destacó la categoría de Garraffo y
la penetración de Verga”. Alejandro Verga era el delantero, y a
Muñoz no se le ocurrió mejor verbo que “penetrar”. Se hizo un
silencio eterno, hasta que intentó corregir: “Es decir, la fuerza, la
peligrosidad”. A mí me dolía la panza de tanto reírme.
93) PAULO VILOUTA / La Red y Fox / No tengo. Vieja radio La
Red. Teníamos una tira deportiva. Opinaban mucho los oyentes.
A Palomero, uno de los conductores, le pasan un papel que dice
“José, Flores (Vélez)”. Palomero dice: “Acá está José, de Flores,
hincha de Vélez. ¿Qué quiere decir?”. El tipo responde: “No sé
qué quiero decir”. Otra vez: “¿Pero qué quiere decir, señor?”. “No
sé qué carajo quiero decir, si me llamaron ustedes. Yo soy José
Flores, el Turu”. Grandes carcajadas.
94) OSVALDO WEHBE / Continental / Ardizzone. Fines de los
70. Empezaba como relator en una emisora de Río Cuarto. Fui-
Varios 70

mos a transmitir a un pueblo, y la gente del lugar nos colmó de


atenciones. Como no había palcos nos colocaron en la mitad del
campo con un camión de culata como cabina improvisada. Tira-
mos el cable de ENTel a la casa de una vecina y conectamos los
equipos. A los 30’, el local perdía 3-0. Entonces comencé a notar
que la cancha se me alejaba. Era el dueño del camión que, enoja-
do, se lo llevaba por la derrota. Se cortó el cable y recién retoma-
mos en el ST, con una mesa al borde del campo. Al aire libre.
95) MARCELO PALACIOS / Mitre, TyC Sports / Víctor Hugo. Ra-
dio Rivadavia, año 95, cubro Belgrano-Boca en Córdoba. Aparece
Diego, y le hago una nota con Falucho Laciar. Al toque Diego se
mete en el vestuario, y Falucho no tiene mejor idea que decir:
“Antes de despedirme, quiero mandarle un saludo a José María
Muñoz, que siempre me bancó”. Bache de 30 segundos, en la ca-
bina nadie habla. Fue imposible seguir. Con el micrófono cerrado
le digo “gracias, Falucho”. Muñoz había muerto tres años antes.
96) DIEGO DELLA SALA / Rock & Pop, Canal 13/ Víctor Hugo.
Mundial 2002, vamos con CQC a la conferencia de los ingleses,
antes del partido con Argentina. Hablan Beckham y Campbell. Pi-
do la palabra, abro un paraguas y les regalo un gato negro para
darles mala suerte. Se arma un desbole infernal. A los 10’ tenía
periodistas de todos los países entrevistándome. Mientras contes-
to, me veo por un monitor en la BBC de Londres. The Mirror sacó
al día siguiente una foto mía con el gato y el título: “El sucio Diego
ataca de nuevo”.
97) EZEQUIEL FERNANDEZ MOORES / Agencia ANSA / Alberto
Laya, Osvaldo Pepe y Panzeri. Copa América 95. Conferencia de
Maturana, DT de Ecuador. Mi hotel está a dos cuadras, pero me
quedo dormido. Salto de la cama, manoteo lo que tengo a mano,
llego corriendo y veo a Pacho en la calle con periodistas. Aún dor-
mido, marco con el celular para informar si el tipo renuncia o no.
El aparato no responde, advierto algo en las caras de mis cole-
gas. Me había llevado el control remoto del televisor.
98) ALFREDO PARGA / La Nación, Radio Belgrano / Salotto. En
una época, el Círculo de Periodistas Deportivos tenía una distin-
Varios 71

ción: la AFA le daba la chance de hacer un partido y le dejaba la


recaudación. Teníamos que elegir el equipo, el DT y encontrar un
rival. Por mis contactos, arreglamos jugar con el Gremio, allá.
Giúdice fue el DT, estaban Roma, Angelillo, Pipo Rossi, Simeone.
Como Giúdice tenía una carnicería, me dijo: “Ocupate vos antes,
que yo llego para el partido. Si tenés un problema, apoyate en Pi-
po”. Y así fue. Todo un día dirigí las prácticas. O sea: por 24 ho-
ras fui DT de la Selección Nacional. Al día siguiente, empatamos
1-1.

Niembro junto a Macri y Ramón Díaz.

99) FERNANDO NIEMBRO / Torneos, La Red / Alberto Laya.


Kiev, 1976, gira de la Selección. Llegamos a las 4 de la matina al
hotel, habitaciones sin cortinas, nos dan de comer unas barritas
de chocolate. Todo muy rudimentario. Miro para abajo y veo a un
policía recorriendo la cuadra. Pienso: “De acá no me voy más”.
Estaba muy perseguido, tal vez por todo lo que se decía. Al otro
día me fui a pasear, siempre mirando para atrás, desconfiado. Y
Varios 72

nada. Anduve de lo más tranquilo. Y volví a mi país sin proble-


mas.
100) GUSTAVO BELIZ / Ministro de Justicia / Orcasitas. En 1985
cubrí para El Gráfico la regata Buenos Aires-Rio de Janeiro.
Estuve más de 10 días embarcado y nos comunicábamos por
radio Pacheco. Tomaba una pastilla para el mareo, Stugeron
Forte; tomé tantas que me agarró sueño. Pocas veces me sentí
tan mal. Cuando en Rio me volví a subir al barco me resbalé y no
me partí la cabeza porque Dios fue grande. Esa nota me dio
grandes satisfacciones. Lo curioso sucedió en 1990. Cuando me
puse de novio con mi actual mujer, me contó que le gustaba
navegar. Y me dijo: “Nunca leí El Gráfico, pero la única nota que
tengo es la de una regata a Rio. Está en mi placar toda
subrayada”. Me hice el desentendido y le dije que fuéramos a
verla. Cuando leyó que la había escrito yo, nos abrazamos y
emocionamos mucho.

Beliz
Producción: Diego Borinsky (2003). Fotos: Archivo El Gráfico.

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