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Asignatura

Sexualidad Humana

Tema

Trabajo Final

Facilitador (a)

Ilusión Gracia

Participante/matricula

Maritza Paulino / 04-0531

Fecha

14 Agosto del 2019


INTRODUCCIÓN

La sexualidad es una parte normal de la experiencia humana. Sin embargo,


las conductas sexuales consideradas normales varían ampliamente dentro de
una misma cultura y entre culturas diferentes. De hecho, no parece posible
definir en qué consiste una sexualidad «normal». Existen grandes variaciones
en la conducta sexual de la gente, tanto en lo que respecta a la frecuencia
como a la necesidad de satisfacción sexual. Algunas personas desean tener
actividad sexual varias veces al día, mientras que otras están satisfechas con
una actividad poco frecuente (por ejemplo, solo unas veces al año).

Sin embargo, cuando la conducta sexual provoca un malestar importante en


la propia persona o en su pareja o daña a otra persona, es posible que
necesite una valoración por parte de un profesional de la salud y un
tratamiento.

Aunque los jóvenes no suelen creer que las personas mayores estén
interesadas en la actividad sexual, la mayoría de las personas de edad
avanzada sí que lo están y consideran que llevan una vida sexual satisfactoria
incluso en la vejez. Los trastornos de la funcionalidad sexual, como
la disfunción eréctil en los varones y la presencia de dolor durante las
relaciones sexuales (dispareunia o coitalgia), el espasmo doloroso de los
músculos vaginales (vaginismo) o la dificultad en alcanzar el orgasmo en las
mujeres afectan a personas de todas las edades. No obstante, estos
problemas tienden a ser más frecuentes en personas mayores. En muchos
casos pueden tratarse eficazmente mediante el empleo de fármacos (sobre
todo los problemas relacionados con la disfunción eréctil).
HISTORIA DE INVESTIGACIONES RESPECTO A LA SEXUALIDAD

Hace más de 500 años se conoce que ya la mujer era considerada como
pertenencia personal, destinada a propiciar placer sexual y a funciones de
reproducción, mientras que los hombres tenían derecho a practicar relaciones
sexuales con varias mujeres y el sexo para ellos era considerado como una
realidad más de la vida cotidiana. Con la aparición del judaísmo (en el antiguo
testamento, fuente originaria de la ley judía) se prohíbe el adulterio, la
homosexualidad, etc., aunque en la antigua Grecia había tolerancia a ciertas
formas de homosexualidad, pero las mujeres seguían siendo consideradas
ciudadanas de segunda categoría. En Atenas, por ejemplo, estas carecían de
derechos legales y políticos en la misma medida que los esclavos, eran
consideradas las portadoras de hijos. Con el surgimiento del cristianismo la
Iglesia manifiesta también sus negativas posiciones en torno al sexo.1

En algunas culturas orientales (china e india) se toma una posición más


positiva en torno a la sexualidad, pues el sexo no era un hecho que inspiraba
terror, ni se conceptualizaba de pecaminoso, se estimaba como un acto culto y
de veneración.1

Con estas raíces como influencia se van formando los géneros (construcción
social que conceptualizaba lo masculino y lo femenino), y a punto de partida de
ello se le asignan roles a cada sexo, que es lo que se espera socialmente que
cada sexo haga. De igual manera empiezan a surgir los estereotipos sexuales
(mandatos de obligatorio cumplimiento en torno a la sexualidad).

De igual forma, y desde lo social con raíces en el pasado, se empiezan a


formar mitos, fábulas, ficción alegórica a un tema y tabúes -algo que no se
puede hacer o lograr- en torno a la sexualidad y al desempeño sexual de cada
sexo, los cuales llegan aún hoy a nuestros días y mediatizan de forma negativa
el disfrute de la sexualidad y marcan definitivamente el comportamiento sexual
humano.
TABÚES Y MITOS

Analicemos por separado a hombres y mujeres, pues hay diferencias en los


mitos y tabúes encontrados según el sexo y consideramos que aún antes del
nacimiento ya se empiezan a gestar. A la mujer desde que está en el vientre de
su madre se le coloca en el famoso mundo rosado, los colores de asignación
femeninos son los suaves y tonos pasteles; de ella se espera sea dulce,
cariñosa, afable, suave, pasiva y todo ello marca hasta sus juegos infantiles y
profesiones futuras. Por definición se constituyen los mitos femeninos:

 Mujer es igual a madre (primera y suprema aspiración femenina).


 El amor femenino debe ser romántico.
 Debe tener una pasividad erótica (no debe tomar nunca ella la iniciativa,
parte activa en los lances amorosos).

Todo esto marca desfavorablemente la expresión de su sexualidad, pues se le


expropia de espacios vitales femeninos, se le oculta y marca la sexualidad
desde la cuna (del sexo no se habla, el sexo es sucio, no se le acarician ni se
le celebran los genitales como al varón), y todo esto marca desfavorablemente
la sexualidad femenina desde muy temprano en la vida.

A las mujeres se le lastra la autoestima y el autoerotismo, pues no le es


permitido manifestar sus deseos, pasiones y necesidades sexuales. Se niegan
para ella los espacios públicos porque es de la casa. Se le prepara desde niña
para la maternidad (su función principal como sexo), y se le enseña que debe
ser buena madre, esposa fiel monogámica, cariñosa, dulce, comprensiva, no se
le estimula el disfrute de la sexualidad, se limita la expresión de su conducta
sexual, en fin, se le prepara para satisfacer y atender necesidades de otros.2

Por todo lo anterior, se han ido creando mitos y tabúes en la sexualidad


femenina, entre los que tenemos los siguientes:

1. Miedo a la desfloración por la posible brusquedad del primer coito.


2. Poca utilización de caricias, porque por la educación recibida se
imposibilita manifestar sus deseos y necesidades sexuales, y se les
acostumbra a jugar un papel pasivo dentro de ellas.
3. Fingir el goce sexual, porque se reitera el temor a expresar sus
necesidades y a que su pareja las rechace. En gran número de
ocasiones la mujer no lograr el placer sexual por tener un compañero
sexual inepto en técnicas coitales.

Todo lo anterior influye en que la mujer no logre un pleno disfrute de sus


encuentros sexuales, y a la larga puedan aparecer disfunciones sexuales
femeninas; por ejemplo, deseo sexual inhibido, vaginismo, anorgasmias
primarias o secundarias, etcétera.

A los hombres igualmente, desde que están en el vientre materno, se les


coloca en un mundo azul. Los colores de asignación masculina son fuertes y
agresivos, y de ellos se espera independencia, agresividad, fortaleza física, que
sean buenos trabajadores, y en sus juegos infantiles se les marcan sus futuras
profesiones. Al varón se le prepara para el espacio público, se le exige un
mayor comportamiento sexual y con mayor disfrute de ello, se le refuerza el
entrenamiento en el sexo y así favorecen también la aparición de mitos
masculinos.3,4

El amor masculino es sinónimo de sexo y de placer porque se le inculca el


disfrute con la sexualidad, ante todo. Debe tener una agresividad erótica, pues
tiene que ser él quien tome la iniciativa, la proposición y haga todo en las
relaciones sexuales. Después de todo lo anterior, el hombre debe ser padre
(esto en un último lugar, lo cual lo diferencia del sexo femenino); no obstante,
también al varón desde el punto de vista social se le expropian espacios vitales
masculinos, tales como:4

 No se le permite expresar sentimientos pues los hombres no lloran y no


se quejan, lo que repercute en su salud y su sexualidad de forma
negativa.
 Se le expropia de su propia sexualidad, por el supuesto papel de hombre
(pene de oro). El pene está a disposición de cualquier mujer,
independientemente de sus propios deseos, su sexualidad a disposición
de la mujer, no a la de él según sus deseos, lo que lo puede poner en
situaciones de conflicto en torno al desempeño de su sexualidad. Desde
niño se sobredimensiona el papel del pene, se le acaricia cuando es
niño a la hora del baño, se hacen alusiones de para qué servirá cuando
sea grande, y se alaba según su tamaño. El hombre debe ser viril
erotizado, con posibilidad de ser infiel a su compañera y con papel de
proveedor, y en último lugar entonces ser padre.

Entre los mitos y tabúes en la sexualidad masculina tenemos los siguientes:

1. El tamaño del pene puede ensombrecer el desempeño sexual


masculino, pues cuando no se considera con grandes dimensiones
lastra la autoestima y disminuye el rendimiento sexual, a pesar de
conocerse científicamente que el tamaño no determina la capacidad del
disfrute de la pareja humana, pero desde lo ancestral nuestra cultura es
fálica y se sobredimensiona el tamaño del pene.5
2. Hacer el amor es solo con penetración todo lo cual demuestra escaso
conocimiento y poca fantasía erótica, pues hay múltiples formas de
hacer el amor, y no todas llevan implícita la penetración del pene.
3. Tener siempre varios coitos en una noche porque desde lo masculino es
el cumplimiento del estereotipo sexual impuesto, y se considera como
síntoma de fortaleza, pero cuando no se logra disminuye la autoestima
masculina; sin embargo, esto demuestra el desconocimiento de la
fisiología sexual pues no siempre es posible lograrlo.
4. El hombre tiene que tener siempre el papel activo en las relaciones
sexuales, lo que demuestra aún hoy cómo se limita la expresión de la
sexualidad femenina.
5. El orgasmo debe ser simultáneo para lograr el pleno disfrute sexual, y de
no ser así se demuestra desconocimiento de la fisiología sexual
humana.
6. Considerar como sucio el sexo oral viene dado por los estereotipos
sexuales sexistas, pues desde la antigüedad en Grecia este tipo de
intercambio sexual era considerado como sucio, lascivo y bajo;1 aún hoy
en nuestros días este tipo de contacto sexual tiene detractores, aunque
hace ya años Kinsey6,7demostró que era una práctica normal en la
expresión de la sexualidad humana y un alto número de personas en
Estados Unidos la practicaban. No obstante, por legislación hoy en día
en ese país en varios estados está prohibida aun en parejas
heterosexuales.

La presencia de estos mitos y tabúes pueden favorecer la aparición de


disfunciones sexuales en el hombre como el deseo sexual inhibido, las
disfunciones eréctiles, la eyaculación precoz, etc. Esto hace que disminuya el
placer en las relaciones sexuales, y como estos mitos están influidos por la
sociedad, los hombres cuentan con grandes exigencias a las expectativas del
rendimiento sexual de su género, y padecen de un desconocimiento de la
fisiología sexual de forma general. Las mujeres también tienen un gran
desconocimiento de su fisiología sexual, y están marcadas desde la niñez para
reprimir la expresión de su sexualidad

TRASTORNOS
Trastornos de la identidad sexual

Criterio A.- Debe evidenciarse que el individuo se identifica de un modo


intenso y persistente con el otro sexo.

En los niños, el trastorno se manifiesta por cuatro o más de los siguientes


rasgos:

a) Deseos repetidos de ser, o insistencia en que uno es, del otro sexo.

b) En las niñas, insistencia en ponerse solamente ropa masculina; en los niños,


preferencia por vestirse con ropa de niña o mujer.

c) Preferencia intensa y persistente por el papel del otro sexo o fantasías


recurrentes de pertenecer al otro sexo.

d) Atracción intensa de participar en los juegos y pasatiempos propios del otro


sexo.

e) Marcada preferencia por compañías del otro sexo.


En los adolescentes y adultos, el trastorno se manifiesta por síntomas tales
como:

a) Un deseo intenso de pertenecer al otro sexo, lo que se revela por un afán de


adoptar el rol del otro sexo o de adquirir su aspecto físico, mediante tratamiento
hormonal o quirúrgico.

b) Un deseo firme de ser considerado como del otro sexo, para lo cual adoptan
el comportamiento, la vestimenta y los movimientos contrarios a su sexo
anatómico.

c) Un deseo de vivir o ser tratado como si fuese del otro sexo.

d) La convicción de que ellos experimentan las reacciones y las sensaciones


propias del otro sexo.

Criterio B.- Deben existir pruebas de malestar persistente por el sexo asignado
o un sentimiento de inadecuación en el desempeño del rol sexual. En los niños
este malestar se pone en evidencia merced a los siguientes rasgos:

En los varones, sentimientos de que el pene o los testículos son horribles o van
a desaparecer; que sería mejor no tener pene; o sentimientos de rechazo a los
juguetes, juegos y actividades propios de los niños.

En las niñas, rechazo a orinar en posición sentada; sentimientos de tener o


presentar en el futuro un pene; el anhelo de no querer poseer senos ni tener la
menstruación; aversión hacia la ropa femenina.

Criterio C.- Este diagnóstico no se hará si el sujeto presenta simultáneamente


una enfermedad intersexual (por ejemplo, el síndrome de insensibilidad a los
andrógenos o una hiperplasia suprarrenal congénita).

Criterio D.- El trastorno debe producir un sentimiento de malestar clínicamente


significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de su
actividad.
En función de la edad del individuo, el diagnóstico será clasificado como
trastorno de la identidad sexual en niños, o trastorno de la identidad sexual en
adolescentes o adultos. Y, en el caso de individuos sexualmente maduros,
especificar si son atraídos sexualmente por hombres, por mujeres, por ambos o
por ninguno.

Disfunciones sexuales

1. Trastornos del deseo sexual.

a) Deseo sexual hipoactivo. Lo fundamental de este trastorno es la ausencia


o la declinación del deseo de actividad sexual y de las fantasías sexuales
(Criterio A), inhibición que provoca marcado malestar y dificulta las relaciones
interpersonales (Criterio B), y que no se debe a la presencia de otro trastorno
del Eje I –excepto otra disfunción sexual–, o a los efectos fisiológicos de alguna
sustancia o a una enfermedad médica (Criterio C).

La evaluación clínica de esta disfunción debe hacerla el clínico tomando en


cuenta los factores que afectan el deseo sexual, como la edad, el sexo, la
salud, la autoestima, el estilo de vida personal, el contexto interpersonal y el
entorno cultural. Cabe subrayar que las necesidades sexuales varían no sólo
de una persona a otra, sino que una misma persona puede experimentar
cambios en función del momento que vive. Las personas con deseo sexual
hipoactivo no experimentan apetencia por el coito, aun ante una pareja
atractiva, adecuada y diestra en el arte de amar.

b) Trastorno por aversión al sexo. Tres son los criterios para establecer este
diagnóstico:

- Aversión extrema, persistente o recurrente al contacto sexual genital y


evitación de dicho contacto en forma total -o casi total- con una pareja sexual
(Criterio A).

- Malestar personal marcado y dificultad en las relaciones interpersonales


(Criterio B).
- El trastorno no es mejor explicado por la presencia de otro trastorno del Eje I,
a excepción de otra disfunción sexual (Criterio C).

Hay una naturaleza fóbica en esta reacción, la cual puede acompañarse de


sudoración, palpitaciones, náuseas y otras respuestas somáticas semejantes al
pánico, aun cuando hay quienes no muestran manifestaciones tan intensas de
angustia. El deseo sexual se mantiene, lo que se revela porque estas personas
no experimentan el temor fóbico cuando se masturban.

El tratamiento sigue las pautas de la desensibilización sistemática.

2. Trastornos de la excitación sexual.

a) Trastorno de la excitación sexual en la mujer. El DSM-IV señala como


característica esencial de este trastorno la incapacidad recurrente o persistente
para obtener o mantener la respuesta de lubricación vaginal, propia de la fase
de excitación, hasta el final del acto sexual (Criterio A). A ello añade, como en
todas las otras disfunciones, el malestar marcado y la dificultad en las
relaciones interpersonales (Criterio B), y el hecho de que el trastorno no sea
mejor explicado por la presencia de otro trastorno del Eje I -excepto otra
disfunción sexual- y que no se deba a los efectos fisiológicos directos de una
sustancia o a una enfermedad médica (Criterio C).

La respuesta excitatoria consiste en un vaso congestión pélvica, que se traduce


en una lubricación y dilatación de la vagina y en una tumefacción de los
genitales externos.

Este trastorno, conocido también como "frigidez", es relativamente frecuente,


pudiendo afectar hasta un tercio de las mujeres casadas, y se asocia
comúnmente con trastornos del orgasmo y, en otras, con dispareunia y pérdida
del deseo. Durante el coito, el trastorno puede provocar evitación sexual y, por
esa vía, perturbar el vínculo de pareja.

b) Trastorno de la erección en el varón (disfunción eréctil, "impotencia").


La característica esencial de este trastorno es la incapacidad persistente o
recurrente para obtener o mantener una erección apropiada hasta la
terminación de la actividad sexual (Criterio A). Los Criterios B y C son los
mismos que los de las otras disfunciones sexuales.

Kaplan, H.S., señala que "el sistema eréctil es sumamente complejo y depende
de la integridad de la anatomía peneana, de los vasos sanguíneos de la pelvis
y de los nervios correspondientes, del equilibrio de los neurotransmisores en el
cerebro, de un medio hormonal adecuado y, por último, de un estado psíquico
susceptible de concentración erótica". Por ello, "nada tiene de extraño que la
erección sea la fase más vulnerable de la respuesta sexual del varón ni que la
impotencia pueda estar determinada por diversidad de drogas, enfermedades o
factores psíquicos. Por lo mismo, esta alteración es la que cuenta con mayores
probabilidades de asentarse en un factor orgánico. En la práctica tales factores
pueden descartarse, en más del 90% de los casos, basándose en la entrevista.
Si el paciente tiene erecciones espontáneas, sea en la mañana sea en la
noche, es inútil seguir buscando patología orgánica.

3. Trastornos del orgasmo.

a) Trastorno orgásmico femenino. Lo esencial de este trastorno es la


inhibición recurrente o persistente del orgasmo femenino, manifestada por una
ausencia o un retraso del orgasmo después de una fase de excitación sexual
normal (Criterio A). El diagnóstico requiere que el clínico evalúe si la capacidad
orgásmica de la mujer es menor a la que debería tener en función de su edad,
experiencia sexual previa y estimulación sexual recibida. Los Criterios B y C
son los mismos que para otras disfunciones.

Este trastorno, conocido también como anorgasmia, puede definirse, en otros


términos, como la inhabilidad de una mujer para alcanzar el orgasmo por
masturbación o por coito. Si una mujer es capaz de lograr el orgasmo por uno u
otro procedimiento no será incluida en esta categoría diagnóstica, aun cuando
pueda mostrar algún grado de inhibición. La investigación sexológica ha
mostrado que, definitivamente, el orgasmo por estimulación clitoridiana o por
estimulación vaginal es fisiológicamente el mismo, aunque algunas mujeres
experimentan -subjetivamente- mayor satisfacción cuando el orgasmo es
precipitado por el coito. Por otro lado, muchas mujeres requieren la
estimulación clitoridiana manual durante el coito para obtener el orgasmo.

b) Trastorno orgásmico masculino. La característica esencial de este


trastorno es la ausencia o retraso persistente o recurrente del orgasmo, luego
de una fase de excitación sexual normal en el transcurso de una relación
sexual que el clínico juzga adecuada en cuanto al tipo, intensidad y duración de
la estimulación erótica (Criterio A). Los otros criterios, B y C, son los mismos
que hemos mencionado a propósito de otras disfunciones.

Según Kaplan, H., la prevalencia general de este trastorno –también conocido


como eyaculación retardada– es del 5% y su incidencia mucho más baja que la
de la impotencia o la eyaculación prematura. Para Masters y Johnson, la
incidencia de este trastorno fue de 3.8% en un grupo de 447 casos de
disfunción sexual. La mayor parte de quienes lo presentan están por debajo de
los 50 años. Algunos varones pueden llegar al orgasmo intravaginal luego de
un largo período de estimulación no coital, mientras que otros sólo pueden
eyacular vía la masturbación. Hay, todavía, quienes únicamente alcanzan el
orgasmo en el momento de despertar tras un sueño de contenido erótico.

La disfunción orgásmica masculina puede deberse a causas orgánicas, por


ejemplo, una hiperprolactinemia, o una reducción de la sensibilidad cutánea del
pene a consecuencia de una afección neurológica (lesiones medulares,
neuropatías sensoriales); pero en tales casos el diagnóstico correcto es:
trastorno sexual debido a una enfermedad médica. Y si el trastorno fuera
causado por la acción de una sustancia –por ejemplo, alcohol, opiáceos,
neurolépticos como la tioridazina, o antihipertensivos– entonces el diagnóstico
sería: trastorno sexual inducido por sustancias.

c) Eyaculación precoz. La característica esencial de este trastorno es la


eyaculación persistente o recurrente que se presenta en respuesta a una
estimulación sexual mínima o la que se da antes, durante o poco después de la
penetración, y antes que la persona lo desee (Criterio A). El clínico debe tomar
en cuenta los factores que influyen en la duración de la fase de excitación, tales
como la edad, la novedad de la pareja sexual o de la situación y la frecuencia
de la actividad sexual. Los criterios B y C son los ya señalados a propósito de
otros trastornos.

La eyaculación precoz es la más frecuente de las disfunciones sexuales,


estimándose que entre un 20 y 30% de los adultos la presentan. No se conoce
la causa de la eyaculación precoz. Se asume que el control de la eyaculación
es una conducta aprendida, que ésta ocurre en el momento en que el individuo
se inicia en la masturbación, época en que la eyaculación ocurre más a
menudo con rapidez y en la intimidad, y que este patrón aprendido se refuerza
con las primeras experiencias sexuales, siendo luego difícil de alterar. Ella es
fuente de dificultades en la relación de pareja. La compañera, inicialmente
comprensiva, puede devenir rechazante, sintiéndose frustrada en su acceso al
orgasmo. Por su lado, el marido se siente culpable y se exige a sí mismo
controlar su eyaculación, sin éxito, lo que puede conducirlo a establecer una
pauta de evitación sexual.

4. Trastornos sexuales por dolor.

a) Dispareunia. La característica esencial de este trastorno es el dolor genital


recurrente o persistente asociado a la relación sexual, tanto en hombres como
en mujeres (Criterio A). Esta perturbación genera malestar acusado o dificultad
en las relaciones interpersonales (Criterio B). Ella no es debida exclusivamente
a vaginismo o falta de lubricación, tampoco se explica mejor por la presencia
de un trastorno del Eje I, excepto otra disfunción sexual, y no es debida
exclusivamente a los efectos fisiológicos de una sustancia o una enfermedad
médica (Criterio C).

La incidencia de la dispareunia es poco conocida. Raramente se le observa en


el varón. Lo que sí es frecuente es su asociación y coincidencia con el
vaginismo. Ambos trastornos se condicionan recíprocamente. El dolor sexual
está ligado frecuentemente a trastornos urológicos y ginecológicos, los cuales
deben descartarse. Si el dolor es "cambiante" lo más probable es que la
etiología sea psicológica. Por el contrario, si es localizado y consistente, hay
que pensar en un trastorno orgánico. Cuando el dolor es psicógeno, el mismo
constituye un modo de expresar los conflictos sexuales, ansiedad, culpa,
ambivalencia en torno a la sexualidad. Algunas veces se asocia a depresión,
preocupaciones hipocondríacas, obsesivas y fóbicas y, más raramente, a
esquizofrenia. A veces, el origen se halla en prácticas sexuales teñidas de
sadismo o en historias de abuso sexual en la infancia.

b) Vaginismo. La característica esencial del vaginismo es la aparición


persistente o recurrente de espasmos involuntarios de la musculatura del tercio
externo de la vagina que interfiere con el coito (Criterio A). Dicha alteración
provoca malestar marcado y dificulta las relaciones interpersonales (Criterio B).
Y el trastorno no se explica mejor por la presencia de otro trastorno del Eje I, y
no es debido exclusivamente a los efectos fisiológicos directos de una
enfermedad médica (Criterio C). La tirantez muscular vaginal es tal, que hace la
penetración dolorosa, difícil o imposible. Por ello el vaginismo constituye una de
las causas principales del matrimonio no consumado. Las causas del espasmo
pueden ser físicas o psíquicas. Cualquier patología pélvica que torne doloroso
el coito puede condicionar, como mecanismo defensivo, el vaginismo.
Psicológicamente algunas mujeres son relativamente sanas y viven en armonía
con su pareja. Otras son conflictivas, agresivas o ambivalentes en cuanto a la
sexualidad, el matrimonio y el embarazo. En ocasiones hay historia de abuso
sexual, incesto o intentos dolorosos de realizar el coito.

5. Disfunción sexual debida a una enfermedad médica.

. Lo fundamental de este trastorno es la presencia de una alteración sexual


clínicamente significativa que se juzga etiológicamente relacionada a una
determinada enfermedad médica. En este tipo de perturbación puede hallarse
dolor ligado al coito, deseo sexual hipoactivo, disfunción eréctil u otras formas
de disfunción sexual, las cuales son capaces de provocar malestar personal o
dificultad en las relaciones interpersonales (Criterio A). A ello debe sumarse la
evidencia por la historia, el examen físico o los hallazgos de laboratorio, de que
la alteración es explicable totalmente por los efectos fisiopatológicos de la
condición médica subyacente (Criterio B), y que dicha alteración no se explica
mejor por la presencia de otro trastorno mental; por ejemplo, trastorno
depresivo mayor (Criterio C).

6. Disfunción sexual inducida por sustancias.

La característica básica de este trastorno es una alteración sexual clínicamente


significativa que produce malestar marcado y dificultad en las relaciones
interpersonales (Criterio A). La historia, la exploración física y los análisis
complementarios prueban que el trastorno se explica en su totalidad por el
consumo de sustancias, sean estas drogas, psicofármacos o tóxicos (Criterio
B); y, que la alteración no se explica mejor por la presencia de un trastorno
sexual primario (Criterio C). Los síntomas del trastorno se desarrollan durante o
dentro de los treinta días siguientes a la ingesta de sustancias tales como el
alcohol, anfetaminas, cocaína, u otras. En cada caso debe especificarse si
desmejora el deseo, la excitación, el orgasmo, o si aparece dolor ligado al
coito.

7. Disfunción sexual no especificada.

Esta categoría diagnóstica comprende los trastornos sexuales que no alcanzan


a cumplir con los criterios para un trastorno sexual específico. Ejemplos:

a) Ausencia -o disminución importante- de pensamientos eróticos, a pesar de la


presencia de los componentes fisiológicos normales de la excitación y el
orgasmo.

b) Situaciones en las que el clínico concluye que existe una disfunción sexual,
pero no puede determinar si ésta es primaria, debida a una condición médica
general, o inducida por sustancias.

Los casos de cefalea postcoital, de anhedonia orgásmica y de dolor al


masturbarse pueden ser considerados en esta categoría.
PARAFILIAS Y TRATAMIENTOS
Los trastornos parafílicos son fantasías recurrentes e intensas de excitación
sexual, pulsiones o comportamientos sexuales angustiosos o incapacitantes y
que involucran objetos inanimados, niños o adultos sin consentimiento, o el
sufrimiento o la humillación de uno mismo o de la pareja con probabilidad de
causar daño.
Las parafilias implican la excitación sexual ante objetos, situaciones y/o
destinatarios atípicos (p. ej., niños, cadáveres, animales). No obstante,
algunas prácticas sexuales que parecen inusuales a otras personas o a algún
personal sanitario no constituyen un trastorno parafílico simplemente porque
sean inusuales. Las personas pueden tener intereses parafílicos, pero no
cumplen los criterios para un trastorno parafílico.

Los patrones de excitación sexual no convencionales en las parafilias se


consideran trastornos patológicos sólo cuando ambas de las siguientes
características aplican:

 Son intensos y persistentes.

 Provocan una angustia o un deterioro significativo en las áreas social,


laboral o de otras áreas importantes de funcionalidad, o dañan o tienen
el potencial de dañar a otros (p. ej., niños, adultos sin consentimiento)

Las personas con un trastorno parafílico pueden tener una alteración en la


capacidad de sentir afecto y de mantener una intimidad emocional sexual
recíproca con su pareja. También puede haber alteraciones de otros aspectos
del ajuste personal y emocional.

El patrón de la excitación erótica suele estar bien desarrollado antes de la


pubertad. Al menos hay 3 procedimientos implicados:

 La ansiedad o un trauma emocional precoz interfieren con el desarrollo


psicosexual normal.

 El patrón estándar de excitación es reemplazado por otro, en ocasiones


a través de una exposición precoz a una experiencia con una clara
carga sexual que refuerza la experiencia de placer sexual de la persona.
 El patrón de excitación sexual a menudo adquiere elementos simbólicos
y de condicionamiento (p. ej., un fetiche simboliza el objeto de
excitación, pero también puede haber sido elegido porque se asoció
accidentalmente con la curiosidad, el deseo y la excitación).

Existe controversia sobre si el desarrollo de todas las parafilias es


consecuencia de estos procesos psicodinámicos, y en algunas parafilias se
encuentran signos de una alteración del funcionamiento cerebral y la
anatomía funcional (p. ej., en la pedofilia).

En la mayoría de las culturas, las parafilias son bastante más frecuentes entre
los varones. Es posible que existan razones biológicas para esta distribución
desigual, pero no se conocen bien.

Se han descrito decenas de parafilias, pero la mayoría son poco frecuentes o


raras. Las más frecuentes son

 Pedofilia
 Voyerismo
 Trastorno travestista
 Exhibicionismo
Otros incluyen trastorno de masoquismo sexual y trastorno de sadismo
sexual.
Algunas parafilias (como la pedofilia) son delitos y punibles con prisión y el
individuo queda marcado y registrado toda su vida como un agresor sexual.
Algunos de estos agresores también tienen trastornos de la
personalidad graves (p. ej., antisocial, narcisista), lo que dificulta el
tratamiento.
OPINION PERSONAL

La investigación, permite llegar a las siguientes conclusiones:

Es bien sabido que los trastornos sexuales afectan a un gran número de


personas de ambos sexos.

El trastorno sexual más frecuente en las mujeres, fue el deseo sexual inhibido.

Es probable que estas mujeres tengan la incapacidad de enfocar su atención


en la relación sexual, desviándola hacia pensamientos negativos que interfieren
cuando se presenta la oportunidad de tener relaciones sexuales. La disfunción
orgásmica. Puede ser que la falta de concentración y la incapacidad de enfocar
la atención pudiera dificultar el logro del orgasmo.

De esta manera podrían distraerse, de forma tal que activan los mecanismos
naturales de inhibición fisiológica que suprimen el deseo sexual.

En el hombre el trastorno sexual más frecuente fue la disfunción eréctil. Es


probable que el componente de ansiedad en los varones pudiera interferir con
el mecanismo de erección en pacientes jóvenes. En pacientes de mayor edad,
pues podría haber una combinación de factores psicológicos y fisiológicos.

La eyaculación precoz. Es probable que el componente de impulsividad


presente en estos pacientes pueda ser una variable que contribuya a la
disfunción.