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HISTORIA DEL ARTE

-------•«SEO--------

ARQUITECTURA, ESCULTURA,

PINTURA, MÚSICA, ARTES SUNTUARIAS


HISTORIA
DEL

POR

D. FRANCISCO DE P. VALLADAR
0. de las H uales Academias de la H is t o r i a . de üellas A rtes v de (Juegas

Lktiias oe S ev ill a . S ocio P roi -'esoh uk ksta

asic nat ciu ex la E soi -kla dk I nstitu tr ices de la Keai .

S uciedad KcoxmircA de (¡ junada v

1’llOf-ESOH AUXILIAR DE LA lífjCUELA DF. ItELLAS ARTES DE LA MISMA l'UOVtNUA

Obra ilu str a d a con 266 grab ad os

BARCELONA

L ib r e iu a DE A N T O N IO J . I3A.S T IN O S, — e d i t o r
calles de i ' elavo , -j í v concejo he cie .v í o . :!(kí

1894
k re nta de l. Jepús, callo del Notariado, ninu. 9.—Telefono lol,
IR A S DEL AUTOR DE ESTE LIBRO

Guía A r tístic a de G ranada, p re m ia d a con m edalla


de oro en la E xp osidó n in tern acio nal (le B ruselas, el

año 1800.

El in cen d io de la A lh am b ra.

L os A n a les de G ranada, por F r a n c isc o H en ri-


quez de Jorq u era; inform e relativo á este fmrioso
m an u scrito de la Biblioteca Colombina.

L as F ie s ta s d el C orp us en G ranada.

La R eal C apilla de G ranada, (IHfc?).

Colon en S a n ta fé y G ranada, (18í)2).

D. A lvaro de B azá n en G ranada, (1888).


OBRAS DE ARTE
P U BLI CAD AS POR EL ED I TOR DE ESTA OBRA

- .............................— + K » —

A rq u eología esp a ñ o la , por D. J osé oí; Manjauiiés .—

Un lomo con 80 grabados., en percalina. 5 pías.

La H ab itación , por I). F r a n c i s c o M iq u e l y B .\ í> ía .—

Un tomo con 1(32 grabados, en percalina. 5 pías.

L as B e lla s A rtes: Historia de la A rqu itec tu ra, la


EsculLura y la P in tu r a .—Un Lomo con 250 grabados,
en percalina. 177)0 p tn s.—P ró xim a á acolarse.

M on ografía h istó r ic a é ico n o g rá fica d el Traje,


por I). JoriK PumuAití.—Un lomo con 800 figuras, en
percalina, ü pías.

E l A rte en la so cied a d , por I). Josí; d e M a r tí y d e

CATtmiÑAs.—Un lomo con 22 grabado s, en p ercalina


3 pesetas.
INTRODUCCIÓN

C AR ÁC TER Y D E S A R R O L L O D E E S T A OB R A

a rle .—S u urigen, relacio n ad o con In h isto ria de la h u m a n id ad .i—L-tónsüijfr, P n :¡as,


v e l l i d o s )' h a b i t a c i ó n . — I m p u l s o s d e l h o m b r e l i a d a la c u li u t a c o m o i d e a g e n e r a d u r a

d el a rle .— G é n e s is del a rle .— I.a h is t o r i a y In a r q u e o l o g í a v sus r e l a c i o n e s c o n la

Gculugin.— Protohistoria.— A rq u eo lo g ía p ra t ol iís tú rí ca y su desarrollo hiM jru a.—

D i v i s i j n d e la p r o t o li is t o n a en tres p e r i o d o s : d e la p i e d r a , d e l e s r r e t a i e s , de li - a n s i-

c i ú n . — A r l e his tó ri co ; Su di vi sió n en c u a t r o g r a n d e s ¿ p o c a s : A n tigüedad, td a d me­

d i a . H e n n c i m i c n t o . lüd ad m o d e r n a , — C l a s i f i c a c i ó n d e la s m an itsln cin in > artísticas

c u i'ipticnp y a c ú s t i c a s . — E l a r t e t e a t r a l . — R e s u m e n .

clelinición del ahti;, por lo complejo y exter. so de sus


1 C conceptos, ha de resultar siempre poco clara y ex-
plicita.
Ateniéndonos á la etimología de la palabra—a r t e , del grie­
go aro (yo dispongo), y de arí/iocon (articulación).—el arte
es manifestación de la actividad humana, tiene su origen en
el trabajo del hombre, y su desarrollo, sus reglas y sus pe­
ríodos de perfeccionamiento,hállanse intimamente relaciona­
dos con la historia de la humanidad.
— Vlll —
Tratándose de edades rudimentarias, claro es que debe de-
considerarse el arte como el resultado de la vida puramente
material; impulso de la propia conservación, que hace ¡al.
hombre inventar medios para procurarse utensilios, armas,
vestidos y habitación, y herramientas con que construir todo
eso, necesario para la vida aislada.
La familia, la reunión de tribus, el poder, el amor á la
hembra, los odios y las amistades, modifican aquellos m e­
dios de vida perfeccionándolos en su tosco desarrollo, y di-
bújanse entonces los orígenes del arte en todas sus manifes­
taciones, porque el hombre halló incómoda la gruta en que
se albergaba, mezquinos el abrigo de su cuerpo y los uten­
silios de que se servia, y necesitó, además, «causar efecto ó-
producir impresión en el ánimo de los demás, por el empleo-
de ¡os medios exteriores» (i), sintiendo entonces los impulsos
primeros, la idea generadora d é la cultura y la civilización.

El arte nace después, cuando el hombre gusta de las exce­


lencias de la naturaleza, regula el trabajo, ordena preceptos
y reglas y aplica toda su actividad á las creaciones de la ima­
ginación y del sentimiento. Entonces, la materia se dignifica
y aspira á algo más que á ser máquina de las funciones or­
gánicas, y así como de las reglas ideadas por el hombre
para raciocinar, surge la lógica, de la observación de las be-
Ilezas de que Dios llenó la creación nace el genio del arte,
reflejo de Dios mismo en la inteligencia humana,
Estudiando la vida y las costumbres de los pueblos á
quienes aun no ha llegado la civilización, pudiera estable­
cerse relación aproximada entre ellos y lo que por investiga-

([) r u . o c i s c o lÍE UL E. tW .— U is lo r L i J c l p rogreso b u m d ito . 'I' om o 1 d e I .o i g r a n d e s

in v e n io s . (J^stn i n te r e s a n te o b r a la 1 l i e m o s de c i t a r v a r i a s v e c e s en este li b ro , y c o m o e s

mfts c o n o c id a p o r el n o m b r e d e su il u s t r a d o tr a d u ct o r y c o m e n t a d o r e s p a ñ o l F e d e r i c o

G i l l r n a n , ni en .-i o nn rc n io s el a p e l l i d o d e éste en la s ci ta s).


— IX —

ciones arqueológicas conocemos respecto del hombre proto-


histórico, de sus obras y de su progreso intelectual; y ven a­
se, como se señalan afinidades interesantísimas entre los
utensilios, armas, vestidos y habitación de las tribus que hoy
permanecen en estado de barbarie por su apartamiento de
todo rastro de cultura, y las toscas manifestaciones que de
aquellas necesidades del hombre primitivo, de las primeras
agrupaciones de seres h u m a n o s , nos han revelado los descu­
brimientos geológicos. i
Por eso, en nuestra época, la esfera de la historia del arte
ha ensanchado sus limites, y con excelente juicio, el historia­
dor y el crítico, antes de penetrar en las abstracciones de la
estética; antes de fijar, según preceptos de escuela, la teoría
fundamental y filosófica del arte como apropiada y perfecta
expresión de la belleza; antes de estudiar el desarrollo de las
artes ideales (pintura, escultura, música), que supone en el
pueblo donde se producen un grado superior de cultura,—
recuerda que en la historia de la humanidad precede el arte­
sano al artista y la acción de elaborar lo necesario para
la vida, á la formación de sistemas bien ordenados y á las
creaciones de la fantasía, que determinan la belleza en el
arte.
Trazado el camino con arreglo á esa inflexible lógica, la
Historia, en general, y la Arqueología (de arkáy os antiguo y
la gos discurso, ó historia de los monumentos y artes de ict
antigüedad} respecto de arte, en particular, modificaron su
idea y significado, dilatando el campo desús investigaciones:
y la Historia y la Arqueología hallaron idénticas fuentes de
conocimiento en la Geología (de ghe tierra y lagos discurso,
ó historia f ís ic a y orgánica de la tierra ', ciencia que «ha de­
mostrado que las primeras manifestaciones de la humana
actividad y hasta de la existencia misma del hombre, hay
que buscarlas entre los últimos materiales constitutivos del
planeta...» ( V i i . a n o v a , Geología y Prrilohistoria ibéricas;.
Gracias á esta ciencia y á sus asombrosos descubrimientos
y exploraciones, la Historia no es ya narr ación de aconteci­
mientos memorables; sino filosófica expresión de la vida de
la humanidad, y los estudios arqueológicos adquirieron un
marcado carácter científico, viniendo á constituir una de las
dos grandes ramas en que se divide la P ro to h isto r ia (de
f rotos, primero, é historia, ó «comienzos de la historian):
P aleontología humana y Arqueología, aquella relacionada
con el hombre; ésta con sus obras.
Prescindiendo aquí de todo lo referente al problema de la
existencia del hombre, que corresponde de lléno á los estu­
dios paleontológicos, trazaremos, como antecedente, un es­
bozo histórico de las vicisitudes porque ha pasado la Arqueo­
logía prolobistórica.
El primero que en los tiempos de la gran civilización
romana escribió de asuntos relativos á Arqueología, aunque
no d¿ un modo profundo y extenso, fué el poeta y filósofo
epicúreo Tito Lucrecio Caso, que en su poema,—elogiado
por Cicerón, su contemporáneo,—de Rerum nalure, dice que
el hombre primitivo, antes de conocer los metales, se sirvió,
como herramientas y armas, de sus manos, de las piedras y
las ramas de los árboles.
En Grecia y en Roma, sin embargo, se confundían las ha­
chas y las puntas de lanza, de diferentes piedras, con trozos
de aerolito ó piedras de rayo; llamábanlas cerámicas y les
rendían religioso culto; creencias que se han divulgado hasta
nuestra época, pues hay gentes del pueblo que piensan toda-
via que las hachas de piedra pulimentada son la^forma nia-
terial del rayo al caer sobre la tierra y apagarse su brillan­
te luz.
En la mitología helénica figuran estas piedras como obje­
tos sagrados; los hebreos las colocaban en las coronas desús
reyes, y griegos, latinos y germanos consideráronlas como
poderosos amuletos.
— XI —

Estas preocupaciones 110 se extinguieron, y el origen divi­


no de esas piedras sostiénenlo San Isidoro, Alberto el Gran­
de, Paracelso, y los físicos y eruditos de la Edad medía, á
pesar de que Agricola lo había puesto en duda y de que
Boecio, si bien con ciertas salvedades, en su famosa obra
De consolatióne fihilosophie, parece conveíicido del origen
humano de esas antigüedades, considerándolas como mar­
tillos, hachas y otros útiles, producto de la industria del
hombre.
Es muy interesante la noticia que Benter, el historiador de
Valencia en el siglo xvi, consigna en su crónica: «Agora—
dice—en el año de 1534 , cerca de Fuentes, á media iegua de
Cariñena de Aragón, donde está un monasterio de Cartujos,
¡se ha hallado en un campo lleno de montes de tierra, cavan­
do por otra ocasión, que estaba poco debajo de tierra, gran
multitud de huesos grandes, y de armas hechas de pedernal,
¿ manera de hierros de saetas y de lanzas, y como cuchillos
á manera de medias espadas, y muchas calaveras atravesa­
das de aquellas piedras como de hierro, de lanzas y sae­
tas» ( 0 -
La anterior noticia y los trabajos de clasificación de las
antigüedades que de esta clase se guardaban en el Vaticano,
escrita por Miguel Mercato en el referido siglo xvi, con el tí­
tulo Meiallolheca vaticana (se imprimió en 1717 con notas de
Juan M. Lancisio), son tal vez las revelaciones primeras de
que ya se estudiaban con método científico los hallazgos
arqueológicos, siendo quizá la causa de esta trascendente
novedad el descubrimiento de América, porque como dice el

[1} l i s in t e r e s a n t e h a c e r n u u ir la a c n iejan ía de e st e d e s c u b r i m i e n t o , que parece

r e v e l a r í u é a q u e l si tio teatro d e a l g ú n c o m b a t e p ro t o h is t ó r ic o , c o n los re s t o s d e ani­

m ales y hom bres hallados por L u u d , el n aturalista d in am arq u é s , en u na cu e va de

p i e d r a c a l i z a , á l a o r i l l a d e l l a y o L a g D a do S u m i d a i r o , e n el B r a s i l . — C r d n h u , A tu ¿ r i~

e n , l o m o I, ( L o s h a b i t a n t e s d e A m é r i c a e n e l t i e m p o pr ol ah 'i stó rí co .) A l g u n o s d e lo s

c r á n c o s h a l l a d o s p o r L u n d ti e n e n u n a g u j e r o d e l t a m a ñ o d e u n a r m a d e p i e d r a .
— XII —

ilustre geólogo Vilanova, «el espectáculo que ofrecían los


salvajes de América no usando otros instrumentos y armas,
sino los de piedra v hueso, debió llamar la atención de loa
eruditos y facilitarles las explicaciones categóricas de un he­
cho, en torno al cual giraban sin acabar de comprenderle»
(Obra citada).
Con efecto, desde que los cronistas comenzaron á escribir
del descubrimiento de América, obsérvase que aumenta el
ínteres en los eruditos por tratar de antigüedades, y aun de
explicar su uso, Bernaldez, el cronista de los Rej-es Católi­
cos, que fue muy grande amigo de Cristóbal Colón, dice
describiendo los habitantes de las primeras islas descubier­
tas por el insigne navegante:... ce no tenían armas sino de
cañas, e de varas sin yerros con alguna cosa aguda en el
cabo, que pueden á los hombres de acá empecer muy poco, e
aunque aquellas armas tenían, no sabían usar de ellas, 7 1 1 d e
piedra, que es juerta arma,..» (cap, CXVIII).—De idéntico
modo se explica Pedro Martyr en sus famosas Décadas, si
bien como hombre de más vario saber que Bernaldez, de­
muestra más espíritu de observación y habla de armas, uten­
silios, trajes y viviendas en aquellos países.—En la Historia
del Almirante, que se supone escrita por su hijo, se consigna
este hecho, que viene á robustecer nuestras opiniones acerca
del hombre primitivo y las afinidades que han dejado esta­
blecidas entre él y tas tribus incultas de los países descu­
biertos, las investigaciones de los viajeros: «... no tenían
armas como las nuestras, ni las conocían, porque enseñándo­
les los cristianos una espada desnuda, la cogían por ios filos
bobamente y se cortaban; ni tenían conocimiento alguno de
cosas de hierro, porque las lancillas que hemos dicho, eran
de madera, con la punta aguda y tostada y en ella.un diente
de pez por hierro...» (cap. XXII). Estos antiguos cronistas y
otros de que ya trataremos, como más adelante se consig­
nará, explican también algo de los procedimientos usados
— X I II —

por los habitantes de los países descubiertos, para fabricar


sus armas 3 utensilios, vestidos y habitaciones.
Un escritor español, Marín y Mendoza, en la Historia de
la milicia española ( 1759 ), trata con excelente sentido del
orden y método que debe de seguirse en los estudios arqueo­
lógicos y aun ofrece la novedad de hacer comparaciones entre
las armas del viejo continente y las que usaban los america­
nos cuando el descubrimiento.
A fines del pasado siglo, y después de las importantes in­
vestigaciones de Bernardo de Jussieu, Escard y Goquet, se
señalaron las tres edades de los descubrimientos protohistó-
ricos, de piedra, del bronce y del hierro.
Ya en nuestro siglo Mouget, Boucherdes Perthes, Moulin,
Quignon y otros sabios, organizaron los estudios geológicos,
que en la época actual han llegado á su mayor desarrollo,
prestando su valiosísimo apoyo á la Historia y á la Arqueo­
logía, y demostrando que «el comienzo de la humana histo­
ria, mejor que en archivos y bibliotecas debe buscarse entre
los últimos materiales terrestres» (Vilanova, obra citada).

La división de la Protohistoria en tres edades, de piedra,


del bronce y del hierro, propuesta por el sabio danés Thom-
sen, en i836, ha sido objeto de animadas discusiones* «Mu­
chos arqueólogos, —dice Gillman,—cegados por el afán, no
siempre justificado, de sistematizar y generalizar, han hecho
extensiva á la Europa entera, y hasta á los demás continen­
tes*, esa división de los tiempos protohistóricos —«Algunost
—continúa,—han ido más lejos aun y dividen la edad de la
piedra en una época paleolítica, ó de utensilios más anti­
guos, labrados á golpe, y una época neolítica, ó de utensilios
menos pulimentados, Otros, como Mortillet, alambicando
todavía más y fundándose en los descubrimientos hechos en
Francia, distinguen en la edad de la piedra épocas sucesiva,
— XIV —

llamadas de Moustier, de Solutré, de Aurignac, de la Made-


laine, etc., á las cuales asignan determinados tipos de uten­
silios. De igual modo, y partiendo siempre de caracteres
europeos puramente locales, ha prevalecido la opinión, res­
pecto de los metales, de que el uso del bronce siempre pre­
cedió al del hierro» (Obra citada),
Vilanova, examinando este asunto, dice que «la clasilka-
eión de Thomsen no llenaba satisfactoriamente el lin que
debía representar en el estudio de la primitiva historia hu­
mana, pues sobre no abarcar todas las edades primeras,
tampoco comprendía los múltiples y variados aspectos que
debe revestir, para merecer el dictado de método ó clasili-
cación natural...)' y para estudiar la Geología y protohistorki
ibéricas adopta esta clasificación:
Tiempos antiguos ó protohistóricos.—Época de la piedra,
caracterizada por formaciones diluvianas, cuevas, turberas y
toba caliza.—Cascos, astillas y hachas de siles, cuchillos
de id; objetos de hueso y asta de ciervo; divididos en tres
períodos.
Tiempos medios ó prolohisLóricos..—Epoca de la piedra,
cuyos caracteres son cuevas, palafitos, dólmenes, grutas fu­
nerarias, cuchillos, puntas de lanza, objetos de hueso, cerá­
mica tosca, hachas pulimentadas, fechas de pedernal, cerá­
mica; divididos en dos períodos.
Modernos ó históricos,—Época de los metales, á cuyos ca­
racteres, divididos en tres periodos, del cobre, del bronce y
del hierro, corresponden dólmenes, grutas y palañtos, Ierra-
mares y túmulos; objetos de bronce é hierro y algunos de
piedra.
Aunque la anterior clasificación no puede adoptarse para
ajustar á ella la Protohistoria general, porque no en todos
los países hay silex, pedernal y obsidiana, por ejemplo, y ya
no es posible asegurar que la extracción del cobre precedie­
ra á la del hierro, hemos de escoger un término medio para
XV

el estudio de la Protohistoria, dividiéndola en tres grandes


períodos: de la piedra, de los metales y de transición á los
tiempos conocidamente históricos, en los que el arte se nia-
nitlestá como tal, revelando sistemas ordenados, reglas y
preceptos, et caso justificado de que satisfecho lo necesario y
lo útil, el hombre ha embellecido antes su persona, después
cnanto le rodea, y ha representado sus ideas, más ó menos
toscamente, valiéndose de las artes bellas (la pintura, la es­
cultura, la música y la poesía).
I-.n cuanto á los tiempos conocidamente históricos, dividi­
remos el estudio del arte en sus diversas manifestaciones, en
c u a tro grandes grupos: la Antigüedad: la Edad media; el
Renacimiento y la Edad moderna, clasificando las manifesta­
ciones artísticas del modo siguiente:

/ Arquitectura.
Artes estáticas. \ Escultura.
( Pintura.
Artes ópticas.

\ Baile (orquéstica).
\ .Música.
Artes acústicas..
( Arte literario.

De las arles estáticas se derivan otras manifestaciones ar­


tísticas, cuyo estudio es de interés sumo en la Historia det.
a r t e , las artes suntuarias, ó industrias artísticas. He aquí su

procedencia y enlace:

• Cerámica ó arte de los vasos.


^ Dedálica ó arte del mueblaje (carpinte-
Arqu ¡lectura. . . , ria, ebanistería, etc.)
Toréutica ó arte de los metales (cerra­
jería, armería, -orfebrería, etc.)
— XVI —

j Indumentaria ó arte del traje.


I Glíptica ó arle del grabado (Tallados,
Escultura-Pintura. í grabados, repujados, cincelados, da-
f masquinados, monedas, etc.)
\ Relieves (altos y bajos relieves.)
í Pintura (Tejidos, tapices, bordados,^
Pintura................... ... esmaltes, mosaicos, pintura orna-
l mental.)

Como síntesis de las artes bellas y de las suntuarias debe


conceptuarse el Arte teatral, porque en ella se reúnen: la
Poesía, la Música, la Mímica, la Coreografía y las artes es­
táticas y sus derivadas las suntuarias.
Resumiendo: el estudio del arte hemos de ajustarlo á estas
agrupaciones cronológicas:
P R O T O I U S T O R I A . — T RANSIClÓN , — A N T IG Ü E D A D . — Ü ü A D MEDIA

— R e n a c i m i e n t o .— E d a d m o d e r n a .
P R O T O IU S T O R IA

Época de la piedra

i li‘i — A l i i t i i l í ' t l i ' s f i i l i v (¡i* i ' i m ^ l i i n - r j i m i ’s. u t r n M i i o s \ n r m í i . s


<k- I m l t i s l o s fti ií s i' s . — A n ;t lo : 4 ¡ ; i ' (‘tilri* i.'l v i c j i i y r l i i u c v n m i i m l n . — K í ^ n m c J i .
f.íi h¡il>i(;ici i n . — T r i i i í l i i d i l í i s ¡ m l i i í i i u s y n i m l f ' n ' - A r a í a s \ 11 l o n s i l i n s . —
l’n lu fiL os . — A r n m s y u l c i i - í i l i n s , — M u n l i c u l o s ■> c u I í m i i s c í i i i . i l i í f i ' i j i s in i A m e n -
c u . u l i l i ü ü i l i i s ( ' i i m n s e p u l t u r a s . — A r i n s i s , i ií i ‘iif>llios, :t<U>r>ios, v o s l f i l o . s y c i > n i -
n i i r ; i d r r s l t - p r im iM ' ¡ H T Í m l n ( i i u l f i í i i s i i i r i c i i .

Xo es posible d e te rm in a r á q ue civilización, m á s ó
m enos ru d im en taria , corresponden los m o nu m ento s que
revelan la infancia clel ¡irle. Lns investigaciones a rq u e o ­
lógicas lian evidenciado asombrosas; alinidades y an a lo ­
gías ( M i l iv las construcciones, utensilios y a rm a s de Lodos
los países, y m ás au n . liau av e n tu rad o una lesis p ara
c u y a sustentación no faltan argum entos: el parentesco
entre los liévoes. la civilización y el lenguaje de los p u e ­
blos del viejo m undo, coa los del nuevo co ntinen te des­
cubierto por Colón, lista lesis. su s te n ta d a con in tere sa n ­
tes investigaciones por Os borne , Th<> Ktjihn'tl K hu/s u f
Egijde, Cana ni a >; JorHNAT.. vol. XIV) y M. C bam pbell
(A n d e n Races o / lHu'n, Con«hiís diís Am kuicaxistks,
XTaucy, 1875,. t. I), com ím Ula con m u y b u en a s razones
el sabio arqueólogo i). Francisco F ernánd ez González en
su obra Prim eros pobladores historíeos de la península
ibérica. Dice así el ilustre orieutalista español: «A vuel­
tas de algunas exageraciones, no pued e negarse que
M. Chainpbell h a vislum brado cierta analogía en tre la
civilización tu rania de la Caldea, la de los Arabes ó A ra­
meos antiguos, la de algunos Egipcios, la libia, la vasca,
y la p e ru a n a , q u e seg ún he indicado a n te r io rm e n te ......
se corrobora por el lenguaje. Hasta la p a la b ra Inca pa­
rece de origen medo.» Uno de los vocables que significa
sacerdote, escribe Z. Ragozín (L a Caldca, versión espa­
ñola anotada por I). J u a n de D. de la R ad a y Delgado,
página 2Cí>) en la an tig u a lengua tu ra n ia de S hum ir, era
qu e en el idioma semítico m ás m oderno fué t>¡ag.., ’>
El Sr. F ern á n d ez y González co n tin u a ex a m ina nd o esta
cuestión y agrega: '<Por lo dem ás, las relaciones antiguas
de Asirios y tran satlánticos parecen com probadas asi­
mismo por u n p articu lar, acerca de cuya en se ñan za han
llamado ya la atención MM. Layard t'N hi. and Bab., p á­
gina 3:18) y Kawbinson (T he secoud M onarchy, pág. 212).
E ntre varias frutas represen ta d as en los m on u m en to s
asirios al lado de g ra n a d a s y acitrones, aparece figurada
la a n a n a ó pina de tierra am ericana, re presentación so­
bre la cual, en sen tir del último re p utado historiador
« d ifiá h u en lep u ed e caber duda.» (Obra citada, cap. II, pá­
ginas 12:J, 124 y 12o. notas).
Refiérese todo esto á épocas elasiiieadas en periodos
históricos, y á países qu e creyéronse ignorados unos de
otros h a s ta el descub rim iento de América; ¡cuánto m ás
difícil sería señ a la r la procedencia de las construcciones,
utensilios y arm as protohistóricos, cuan do ya se han
estudiado las afinidades de los megalitos en diferentes
países y sabem os q u e el h o m b re h a utilizado en todas
p a rte s la piedra, los hierros, la m ad era, corno arm as,
utensilios y herram ientas!...
El impulso de la propia conservación—dice Gillman—
— 3 —

'■anles que otro alguno, d eterm in a eu el h a m b re <’ii*rt


íiflividud... El hambre le mueve á buscar las materia
neresij riaspara su a l i m e n t a c i ó n c u a n d o 110 halló ésta

l-’ i y . I , — ií L:i i i i l a il(* á rl i ip le . - .

>n la naturaleza, e. hom bro inventó utensilios, armas,


■rodos de rti;a>\ para obLenerlas; los rigores de la tem-
’iiratum y ei rausancio le lucieron in v e n ta r el rostido y
la ltahi iM'h'ht. y la reunión con sus sem eja ules el h u y m je *
liste lógico proceso de la actividad h u m a n a , es aplica­
ble á lodo lugar donde la arqueología h a hallado u n cen­
tro de civilización, Las afinidades de tinos con oíros, solo
pueden explicarse por las em igraciones de aquéllas tri­
b u s n ó m adas y po rque las conmociones terrestres h a ­
yan «parlado con enorm es m asas de agua tierras antes-
unidas.
Las habitaciones m ás prim itivas son las cuevas ó ca­
vernas, las n a lu ra le s prim ero, las labradas después.
Donde la n atu ra leza 110 ofreció al h o m b re prim itivo las
h en d id u ra s de las rocéis para resguardarse, por el mo­
m ento. de los rigores de la atm ósfera, el h o m b re cons­
truyó una especie de tienda cuya a r m a d u ra formaba con
ram as de árboles sobre la cual extendía pieles y có rle las
y ra m a s de vegetales.
De una y o tra habitació n prim itiva, consérvanse rem i­
niscencias im portantes en la época actual. Los h a b i t a n ­
tes de lá's estepas am ericanas, los del África occidental,
los pech uen ches cercanos á los Andes, los n ó m adas de
las regiones polares, a u n couslru yen sus viv ien das.d e
ese-modo, y la tienda del á r a b e e rra n te es esa m ism a
habitación trasporta ble, corregida por ía civilización y
la cultura.
Respecto de las g ru tas ó cuevas consideradas como h a ­
bitación. en Toledo (1), G ra n ad a y Guadix, por ejemplo,
hállanse in teresan tes rasgos de la vida prolohistórica.
El barrio de Santiago, en Guadix, es digno de estudio:
«Yive p arte del pueblo en esas cuevas artificiales sin
o tra luz q ue la de su estrecha a b e rtu ra; y apenas p u ed e
•i, '
uno lijarse en esas lóbregas m oradas, sin creerse tra n s ­
portado á los pueblos trogloditas. Ocupan estos s u b te­
rráneo s todo el barrio de Santiago y se extienden hasta

(1) Ln Guiirdia, provinda rio Toledo, .sr>í-'ún Gongos*. Antíy- prehi¿t. de-
A ndalucia-
•— 5 —

'Piii'ullcHiü. presentand o en eierLo punLo el aspecto de


castillo con cubos y torreones, elevándose en oíros á dos
ó m ás pisos y formando en oíros bellos y pintorescos
grupos.. (Pí v M akuau., (ñ'füia'/ft. Jara. M ni tuja y A / -
iítfi'ii!, cap. XXI).

I’ ¡tí. i — ! l ; u ' r i> i l c S ¡ i n l i a ¡ ! n . — ( . ¡ n a i l i s .

lin G ranada. el aspecto de los barrios en donde las


vnovas co ntinúan convertidas en habitaciones. es m as
alegre y pintoresco. Familias gitanas residen en las ca­
v ern as dei bellísimo camino del Sacronionte. y en m n -
cliHS de ias ab iertas en las pintorescas laderas de la
em inencia donde se alza la iglesia m m le ja r de San Crisló-
lial y en las del b arranco del Abogado. ( l ) u n a de las ver­

il i Im i i*sb' b a r r a n r > > . h a l l á r o n s i 1 o n 1SS7. ;il ¡iht'ii' u n m i n i n o , c i n i k ' i t l i ' s d(*


e d i l b ' b i s , n u n i w U i . 'i á r a b n s . f r i i g n i e n l i i s d o \ a s i j a s y m u í s d¡¡,‘/ v s e i s d v e i n l c
s ( ' [ n i U i i i ; i s c o l o r a d a s i'ii l ú t i M i w N i d e I’o i i í p i i I p ;i M e d i o d í a . l ' u r n i i i h a i L s e l a s
^i‘| u i l f n r a s culi c i t a r a s d u l a d r i ll o s , p i e d r a s y c u b i j a n d e p i z a r r a . A l g u n a s de-
l a s p i e d r a s q u e lo n tiiiti c! s e p u l c r o . e s l e r i o n i i o n l r l l e n e n la b n u ln s los t-anlos
v i m . sf 'in 'i ll a á ra b e . en a lg u n a s e n la z a d a c o n in s rrilic io n e s e ú licas. d e
r a r f i e l e r Kíiii'iiiji-o y i |u i ) s e r e d u c e n á e s t a s p a l a b r a s : t l.a " b u l a p erlen ece á
I )í 11.4. !■
— 6 —

líenles que form an el hermoso valle del Genil, Ninguno


de los tres sitios puede ser m ás en cantad or, ni los aires
(jne en ellos se respiran m ás puros, ni la vegetación m ás
rica y lozana; de modo (pie aquellas cuevas convertidas
en viviendas. M ancas como la nieve p orqu e sus dueños
se esm eran en encalarlas con m u c h a frecuencia, no son
re p ug nan tes, ni insp iran , genero luiente, (tira cusa que
curiosidad, porque en ellas se cele b ran esas famosas d a n ­
zas de gitanos q u e los ex tra n jero s consideran, equivoca­
d am ente. como uno de los espectáculos característicos
de toda expedición por A ndalucía (1).
En América hállanse con frecuencia restos de la vida
protohistórica en las cavernas, (véase la ItUroditecioii-) y
aparecen rastros de otro nuevo alb erg ue q u e utilizó el
hom bre. El I)r. Ameghino h a hallado en el rio F rías á
u n a s 20 leguas de Buenos Aires, restos de las gigantescas
corazas de gliplndonles suficientes p a ra alb e rg a r á u n
h o m b re, y e n tre aquellos, p u n ta s de flecha de pedernal,
huesos p untiagudos y h e r r a m i e n t a s - p a r a afilar, y otros,
vestigios de la labor h u m a n a . (Cronau, A'Hiérir/t TJ).
A este periodo m ás em brion ario de la vida p rolo histó-
rica, corresponden, en todos los sitios donde la a rq u e o ­
logía ha hallado restos de la h u m a n a actividad, los cas­
cos, astillas y cuchillos y h a c h a s de silex, y los propios
objetos de hueso y asta de ciervo, como arm as y h e r r a ­
m ientas.
Cuando el ho m bre organizó la familia, y de las fam i­
lias se crearon las tribus, pensó en el modo de lijar su
vivienda en lugar determ inado, y entonces construyó las
agrupaciones de chozas de m adera solam ente, unas veces,

(1) Ks ii' nli iu ’iik' Idinr nU ible ¡mra Ivipafut. «¡itc á c ;hiso d e e s a s ( '\tiib ie in -
n c s di' duii s:! ' (]iie niiiiíiiii p a i v n te se n t i e n e n c o n m u ñ i r o s populares,
ttcc onru nctj in . |n>r v in je ru s y i-s critoro s c o s t u m b r e s . [a r o t a g ita no q in ' d o s -
d e el sjL^Pn \ t v s u s ruüles e n A n d a lu c í a y q u e no ha p e r d i d o ni siid ríi -
r n r l ú r e s lU io n ó m ie o s , ni s u s w - J u m h r e s p ú b l i c a s y p r i v a d a s , e o n el p u e b lo
í m d a l i u . t|iic u i n g i m a íilin ihiil l e n e m i l ju piid la . Al t r a t a r de l b a ile , eslLidia­
r e m o s t-on ;i lgnua d t'leiiviiin i's!í> a s u n t o .
de tierra otras; sirviéndose al propio tiempo de las cue­
vas p ara e n te r ra r á los m uertos, prim er signo de respeto
y consideración hacia los que d ejab an la carnal vesti­
dura.
A este lapso in determ in ado de tiempo, corresponden
\qs palafito# (tep a la y o s, antiguo, y p kítu s planta), ó ag ru ­
paciones de chozas co nstru idas sobre estacas q u e se
clavaban en la tierra ó en los lagos: prefiriéndose tal vez
los últimos, por la seguridad
de q ue se p re v en ían sus h a ­
bitan tes contra los ata q u e s
ile las fieras ( 1 ).
D escubriéronse estos sin­
gulares construcciones con
motivo de h a b e r bajado ei
nivel de las aguas, en 1No3
y 1854, del lago de Zuricb
(Suiza).
Los restos m ás notables
de p a l filos son tos qu e se wy <i« pj*<im imii»-
conservan en los cauirmes da» en in* coiinus oomMiíf^ros >\*
suizos, «especialm ente los de 1,1nMl-
Wanpie, en el lago de Constanza; de la tu rbera de Robe-
nh au sen ; de >leilen. en el lago de Zurich: de Wamvil,
cerca de Lucerna; los de los lagos de líienne y X euch a-
tel; el de Morges. en el lugo de G inebra; de l'ranenfeld.
en el cantón de Turgobin y el de Unosseedorf, en el
cantón de Berna» (Giu,man. obra citada).
Según Yilanova. no todos los palafitos pertenecen al
período de la piedra, es decir, no en lodos (dios se han
hallado tan solo a rm a s y utensilios de hueso y asta, h a ­
chas p u lim e n ta d as, cuchillos y Hechas de pedernal y ruda

(I) «En u n | i r ¡ i n - i [ ) h i . — (Iji-i! V i l a i u i v a . — h i s c h o z a s ií l' í i I i í i m í i s i[ut* (’ u n h a r t o


tunilíu¡]il:ilo s e Mipoiiifi JialH’i' i'xislirto s o b i v lo> [lilolt**. si* la* lla m ó liabilti-
n i o n e s l a c u s t r e s . p e n i s i e t i t l u l a l o c u c i ó n s u l i r a d u l a r y a ¡ m i ’ iiló.M' la p alab ra
P a la fito ..." ( O b r a d t a i k i . put:.
- 8 —
cerám ica, sino que ta m b ién contienen utensilios de m e­
tal, cobro, bronco y hierro; lo cual d em u estra la exacti­
tud de la noliciri de Herodoto que retí ere el caso de q ue
una trib u, cinco siglos aules de Jesucristo, h a b ita b a en
el lago P raria s (Kumelia) en chozas co nstruid as sobre pi­
lotes ó estacas y q ue en algunos países siguieron utili­
zándose como viviendas esas construcciones, h a sta en
ios tiem pos co nocidam ente históricos.
Corresponden tam b ién á este periodo proíohistórico los
m o n um entos m egaliticos m ás rudos, en el antiguo con­
tinen te, y los montículos* con­
chíferos de varias regiones de
América, Utilizados p ara sepul­
tura por el h o m b re prim itivo
en aquellos países (i).
Los megaHtos (de meyas gran-
de v W/tos piedra), re p resen ta n
: el enlace de la época de la pie­
dra, con la de los m etales, cir­
cu n s ta n c ia por lo que dejam os
su descripción y carac té res p a ­
Kigs. 5 y ÍK—P u n í a s (!<• Ilecliu
ra el capítulo siguiente.
<1(; p ie d ra , a m e r ir a iiíis .
Las investigaciones de-lDoc-
tor Roth, acerca de las colinas conchíferas del Brasil son
in tere sa n tes. «Según él,— dice C rbnau,— los depósitos
m ás antiguos se e n c u e n tra n co m u n m en te á 15 ú 20 m e ­
tros de elevación sobre el nivel m áxim o de las m a re a s
del Océano... Concienzudos reconocim ientos practicados
en algunos esqueletos encontrados, a te stig u an que el
m u erto h a b ía sido transportado allí p a r a su sepelio en
actitud de estar sentado y en galanado p ro b a b le m en te

(1) Sejtiíi] Ci'OJiau. c í f o s d e p ó s it o s se b a i l a n á lo lai'i/o do las eostíiü J e Ca­


liforn ia . e n los E s ta d o s d e Ja lJ Iala y d e l E c u a d o r , e n el Urasíl y y ir a s m u f l í a s
isla s. C er ca d e S. F r a n c i s c o d e CuliFoniia, liuy c o l i n a s cío c o n c h a s de m á s d o
‘J 00 m e t r o s do l o n g itu d ]>nr 13 d e a n c h o y 10 du a li a r a .
- 9 —
con las alhajas que en vida h a b ía u s a d o , como por
ejemplo, pendientes, areles y oíros adornos para los
labios, ajorcas p ara las p iernas y
pulseras p a ra los brazos. Vecino
á los esqueletos aplastados ó des­
truidos bajo ta g ru e­
sa capa de valvas,
búllanse p rincipal­
Yvfdkfxr
m ente a rm a s de pie­
dra. luichas. anillos
arrojadizos, cuñas. \
p u n ta s de lanza y j
dardos de Mecha, los /
últim osde p edernal. V
m orleros.piedras pa­
ra m ajar, m anos de
m ortero de figura rú­
nica, bolas redondas
de piedra, ele . . J u n ­
7, — l l a c l i a <ltr |>¡i'<liu | i u -
l im < ‘i i t ; n l a ^ICuro]i;i
to á los m uertos se
e n te r r a b a n ta m b ié n 'ñ
pedazos ó terrones de tierra roja ó de bolo,
como la que usan todavía los indígenas
para teñirse la piel y dar color á sus v a -
si ja s de barro, y últim am e nte tam bién se
e n c u e n tra n allí algunos objetos de adorno
elaborados con u n a resina sem eja n te al
ambav. y trozos de cristal, vasijas de ar­
cilla. etc.» (CüuNAr. obra rilada).
Respecto de trajes. la carencia de datos t ^;dÍ ” ^ ,,2 ull,l¡!;
es considerable, pero parece lo p ro bab le <’» mi«s
... , , ,. . . «klill’S (TiCit (l<‘
q u e el h om b re atendiera a c u u rir sus i/M¡,iini- fi;iana-
r a r n e s allí donde la natura leza estreñíase *if,i
iiiilm- i!<* o*mí 1¡-
sus rigores y q ue p a ra ello utilizara los iim.
m ateriales que la n atu ra leza m ism a le b r in d a b a al
paso. Pieles y tejidos de las plan tas lilam entosas. he
— 10 —

aq uí las primeras! m a teria s q u e se usaron en la in d u -


m enlaria.
K1 profesor de W ashington Mr. H enry, halló en el valle
inferior del Mississipí (Luisiana). debajo del esqueleto

r¡t!. !t — Mil¡ lí><() (lil [HOtll'it h illh ldo l'll llllil i-o lilltl til' MHIl'IltIS,
oii C a l i Ti iri i Ui s i ' i a i n I' i*.. >11 ;i 11.

de un m a m u t. restos; de tejidos de esparlo y cestos cons­


truidos con la caña A rundiiutria inacrosjicriva:—y tejidos
de aquella p lan ta textil. halló el entendido arqueólogo
D. Manuel de Góngora, en la cueva de los Murciélagos,
cerca de Alljuñoí ( G r a n a d a ).
I.os objetos de adorno y los vasos com plem entan el
cuadro de lan n u la s civilizaciones.

I d . — V;isij:i ili ' I n s r o ( l\ ii i i i p a )

Los adornos primitivos se diferencian, según el país,


pero nótase una circun stan cia digna de atención, que
casi en loda.s p a rle s el ho m bre pinta sus [‘arn és con las
m aterias colorantes q u e le son conocidas. Quizá al coni-
— 11 —
p a r a r su piel con la de los anim ales q u e h alla b a ti su
paso, envidió los m últiples tonos de las p lu m as de las
aves y las ray as q u e cual signos cabalísticos cruzan la
piel de alg u n as fieras.
A esas p in tu ra s , á collares y ajorcas tejidas, debieron
reducirse los adornos primitivos; añadiendo los adornos
de la cabeza p ara re to g e r y arre g la r el pelo.
La cerám ica, im ita prim ero los vasos n a tu ra le s (h u e ­
vos, cáscaras de frutas, conchas,- e tc .; d é l o cual a u n sé
conservan eti las. artes m u ch as : rem iniscencias), y én
unos países se agregan á las pied ras bordes de arcilla,
en otros se h a c e n vasos de esta m a te ria , se utiliza la
m ad era, y au n se p erfo ran las conchas p a ra poder
b e b e r en.ellas con m ay o r comodidad.
Los grabados n ú m e ro s 1 al 8 , d an ligera idea de las
artes indu striales en este p rim e r periodo de la Protohis­
toria arqueológica.
II
Época de los m etales

Los lU o m m ii'JtU js m e ^ a l í l i c i t s . — l)i>l i n i 1n o . — H e m kl u l m é n o . — Tj'i I f l o s .— i];t-


111 i m i s c u l)ic l i t i s . — M o n l i ¡ r i ’ > . — li i niíl o r n s . — i j r u i i i l o u l i . — P i e d r a s m o vib le s —

T ú m u l o s . — i r o t i u r t s - L u i i l d o r í . — I’ i i l a í l l u s y T e i r , m i n i e s . — A cu i ú lilo y cera-
m i c a ( l e í p e r i o d o tic’ I n s n i d a l e s . — C o i i c U c - m » » .

El enlace de las épocas de Iris piedras y de los melnles


esta representado por los m o n u m en to s turf/al i tiros, como
antes queda dicho. E n c u é n tra u s e notables ejem plares de
estos m o n u m en to s en Europa, Asia y África. y convie­
n en con los nuninríx am ericanos, a u n q u e estos son. gene­
ralm e n te . m ontículos formados con tierras y piedras
transpo rtab les.
Corresponden tam b ién á la referida época de los m e­
tales,. los jtwfa/íYíw, en donde se h an bailado objetos de
distintos m etales, u n a variedad de aqu ellas construccio­
nes de m ad e ra y los Ic /r a m a m de Italia y oíros países.
Explicaremos p rim e ra m e n te lo q u e son los ¡nonUun-ntos
nwgaU ticos.
D ólmenes .—H ay todavía arqueólogos que consideran
los dólmenes como m o n u m en to s célticos, piedras de
cruentos sacrificios ó altares de culto pagano. La etim o­
logía de la p a la b ra y las investigaciones arqueológicas
— 13 —

lian dado la explicación do 1¡ i q ue eran ('.sos grandiosos


m o num entos de piedra.
Dohtien (do l»ii mesa. y meii piedra* es corrupción de
(uhtifíit. p ala b ra que se aplica - A todo m on u m en to fu n e­
rario compuesto de, u n a o varias piedras m ás ó lítenos
grandes y planas, puestas horizontalm ente ú algún tanto
inclinadas sobre otras verticales á m an era de pilares,
dejando debajo y dentro del recinto un espacio hueco ó
cám ara donde se colocaban los cadáveres y los objetos
qu e con ellos se e n c u e n t r a n ...». <V ilan o v a, fibra citada).
K1 dolmen, propiam ente dicho, es por ejemplo,.el lia-
mudo ile la C/'it: tfi’J fio L'atjtílh-i'n. en F o rielas (G ranada),
furmado por once piedras, y cuya c u b ierta mide 3m.40 de
largo.

H¡í. II. —DüIllU’ll lie |;l i;i!lí (k*l lílt

Con objeto de re sg u a rd a r esos m on um ento s, record an ­


do lal vez las g ru ta s y cavernas, el ho m bre protohistórico
solía c u b r ir los dólm enes con un m ontículo de tierra. En
Galicia dan á estos m o n um entos el nom bre de ¿tíamoas,
■útartorms y manthlaa por com pararlos con los pechos de
la m ujer. El dolmen del i oy o <h> las Villas (Folíelas) da
idea de lo que es un dolm en revestido.
I no de los caracteres m as notables de estos m o n u ­
m entos. es la prim orosa unión de las j u n t a s de piedra y
piedra, valiéndose de otras m ás p eq ueñas, chinos y tierra.
Como magnífico ejem p lar de dolmen cu bierto por
_— \\ —
m ontículo artificial de tierra, debe citarse el de A nte-
q u era, llamado cueva de Menga. F órm anlo tre in ta y u n a
piedras distribuidas de este modo: «veinte los m uros,

Fijj. 12 — Dfilmi'ii d<'l T uvo <k‘ las Vi/las,

u n a en el fondo ó p ared ex trem a del aposento, cinco el


techo, dos. m ás p eq u e ñ a s y descubiertas, el ingreso, y
tres los pilares, alineados á lo largo del m o n u m en to que,
<lividen en dos naves...» La a ltu ra total del recinto es

Fig. 13.—D o lm e n tle A n t o q u e r a l l a m a d o c u e c a d e M e n fía .

de 3 45 m,; la longitud c u b i e r t a r L6’50; U: dfi&auhieEta^.


6'75; la la t i tu d tte fsr entra d a, ÍTI4; la del centro, 5’73; la
del fondo, 3 68; y el espesor de la piedra m ay o r del te ­
cho, 1’08. ( R o j a s , H isi. de Anteqiiera, cap. I).
— 15" —
Las m ás e x tra ñ a s consejas se refieren acerca de ese
dolm en, que desde tiempo in m em orial es conocido en el
p aís po r la cueva de Mmiga, pues p a r e c e -q u e e n - o tr a s
épocas sirvió de albergue á gitanos y á m alhechores y á
u n a especie de salud ado ra á qu ien se d ab a el n o m b re de
Menga (1).
Conviene consignar, q u e los dólmenes, así como los
d em ás m o nu m en to s megalíticos, tienen, com parados los
de unos con otros países, visibles analogías, ap e sa r de
que la e s tru c tu ra y calidad de las piedras v a ría n según
la n a tu ra le z a de los terrenos en q u e están enclavados.
Según hace o b servar Y üanova estudiando estos antece­
dentes, por la m ag n itu d de esos m o nu m en to s y los res­
tos h u m a n o s y m anifestaciones de arte in du strial h alla­
dos en ellos, debe atrib u irs e la construcción délos m ega-
lilos m ás b ien que á pueblos e rra n te s «á gentes sedenta-
rias y q u e dispusieran de m ucho tiempo p ara llevar á
cabo ta m a ñ a s em presas.» (Obra citada, pág. 351) (2).
H ksudólmktíes.—Nu m branse así los dólmenes, cuando
uno de los extrem os de la piedra q u e sirve de cub ierta

\l) Es i n t e r e s a n t e J i a r e r c o n t a r el cnso d e (| hl* e n tre' los cortijos de (tacna


y llujalance (Córdoba], d o n d e descuella un magnífico vuciihir de 12 píes d e
altura, se canta esta copla:

Jilicn jilan d o
p u s o a q n i e st e t a n g o ,
y Menga'Mengal
lo v o l v i ó ¡i q u i t a r . - .

( G ó x g o r a . A n t i c u e p r e h is t. jje A n d a l u c í a ) .

¿Qué relación p uede h a b e r entre la M e n g a de la c u c v a y la M e n g a M e n -


g a l del m e n h i r de la pr ovincia cordobesa? Los estudios f o l l t - l o r i c o s pudie­
r an esclare cer esto curiosísima analogía de las tradiciones populares.
(2) Ampliando después esta teoría y d an d o á c o n ocer las opiniones div er-
s a s q u e acerca del origen é invención de los m o n um en tos primitivos sostienen
los arqueólogos, dice: .cr eem os q u e se rom pen la cabeza en va no cuantos
se pro ponen ad ju d ic a r su invención y propagación ó este ó c! otro pueblo.. »
(página 552, notas), lin com pr obación de esta lógica teoría, téngase presente
q u e en América se h a n hallado dólm enes ; por ejemplo, el llamado mausoleo
en Acora.
descansa inm ed iatam en te sobre la (ierra, en In Corma
í[n í; re p resen ta el grabado.

l-'is. I i'-—llfltlitlnl lilí'll.

Xada se sabe acerca del objeto de eslos m o num entos,


q u e en algunos casos tienen el aspecto de u n T i'tlil», al
q ue fallara uno de los pilares <le sostenim iento.
Tiulitoh.—Quiere decir esla p alab ra {¡rs p k d m a . l'o-
nócense estos m o nu m en to s por ¡i cha re. na ó ¡¡citaren, p a ­
lab ras com puestas de las
célticas lec/t (sitio, m e­
sa) y rail (piedra), de
donde se dedujo, cuando
los arqueólogos opina­
b a n q u e los dólm enes y
dem ás mega!i los eran
altares de sacrificios h u ­
m ano s, qu e estos ser­
vían de altares de obla­
ción. Su altu ra des-,
m iente esa hipótesis:
l-'iií. Tí .— T r i l i t o ,
siendo m ucho m ás lógi­
co sup on er que los trilitos son recuerdo de batallas o h e ­
chos notables de las edades prolohistóricas. pues tienen
gran parecido con nuestros m odernos arcos de triunfo,
de los cuales p u d iera n ser origen, como lo son. por
e j e m p l o . l o s d ó l m e n e s 11¿1 l o s ¿ g r a n d e s s e p u l c r o s ( [ l ie e n
tas e d a d e s históricas se han erigido en honor de l os
r e v e s v d e l os h é r o e s .
( í a m i m i s <' r m i a r r o s . — ( l o m o t os !i u ) 11 ni n e 11 l o s c o n o c i d o s
c o n e s l e n o i i i l> r e . n o e s t á n a b i e r t o s s i n o p o r m u i de sus
e xtrem os. h a y q u e recnnocer q u e no son sino d ó lm e n e s

d o Ki ' an m a g n i t u d d i v i d i d o s «mi d o s ó m u s e n m a r a s ó c a ­
l o r í a s c u i n o la i 'ifrr d d r M f n f / ! ! . T a l v e z e s l o s g r a n d e s d ó l ­
m e n e s f u e r o n t e m p l o s y l u ^ a r d e s e p u l l u r : . i á !a v i 1/..
,M i ' Mi ¡ i: k s . — D e r i v a s e e s l a p a l a l i r a di* l a s c é l t i c a s nie-u
( p i e d r a s é h i r \ la r ^ o j ; y conóceuse ron ei nom bre de
i iit'n lr ir t’s ó p t 'tt J r a t t ( p o s t e ) c i e r t o s m o n o l i t o s d e d i f e r e n t e s
a ltu r a s h in c a d o s en tierra por u na de s u s e x tr e m id a d e s ,
(¡ue. l i i e n s e l i a l l a n s o l o s , y e s e l itti’itlt'u' p r o p i a m c u i e d i ­
c h o . b i e n f o r m a n d o a ^ r n j i a i - Í i m i ( is . y a p r e c e d i e n d o a l d u f -
nifu u al (>>tu tilo.
( I o n i o d i j i m o s d e los t i'W f u s . paréeennos l o s ineriln'tYS
n i o i i i m i e n [ o s s i m b ó l i c o s y lal v e z o r i g e n d e los m o n o l i t o s
egipcios, í;riegos y r o m a n o s .
— 18 -
Kixtir.KiiAs.—Filas. líneas ó agrupaciones de tncnfttres
La 1 como se representa en i'! g r a b a d o . Muchas veces pre­
ceden á los dólmenes, rumo q ued a dicho. o tra s y así su ­
cede en Carnal;—donde se conserva un m on um ento de
osla índole notabilísim o—precede á un vi'muh'dt.

I"’iSI. 17. —Híii^Uteis.


lín Dihir. segYm las A , i t ) ( j ) i e . i l < u l v s p s e l t i s l ú r i r a x de A t u l a -
In d o ., lml>o un dolmen rodeado de m o i h 'm 'x de óchenla
centím etros de altura. El dolm en era grandioso y estuvo
cubierto con un m ontículo.
( l i i O M L K C i í . — E l a'O/tifedf e s la reu nión de varias a g ru ­

paciones de piedras m ás p eq u e ñ a s q u e los men.ltin-a. Lus


h a y circulares, elípticos, rectangulares, ele., y según dico
Mortillet, c o m u n ica n te ó enlázause algunos por alin ea­
ciones ó lilas de piedras, como en D inam arca y Argelia
y se re p resen ta en nuestro grabado.
La palab ra c r o m l e c h , se compone de dos raíces del bajo
bretón: de h r o t n u . r o u r b a . y h ’d t ó ld> . piedra sagrada.
Ouizá—como dice J la n ja rre s ,— tengan relación es to s m o -
— 11) —

m ím enlos «con los períbolos sagrados que existieron en


algunos países.v creyéndose que ^sirvieron á la ve¡í de
templos, de tribunales. siLios p ara asam bleas. exaltación

d e je le s , ó inh um ació n de cadáveres de perso najes n o ta ­


bles v. | Las brthis arles. Monum. p i'th ñ t. - (1 >.

(I) l i d !a p p n í n s u l i i d e S j H i n l i i i n , d e l h i g o U m i i y o . e o n s é i v a n s e u n o s c í r c u ­
l o s d e p i e d r a s m u y s e n u ' j a n U ' s íi ! u s c n j m l c c h s .
. — 20 —
P iedras moviiílkk. — Estos curiosísimos m o n u m e n to s
son inexplicables en su origen. F órm anse de u n a gran
piedra fónica colocada sobre otra ó en la cúspide de u n
montículo, g u a r d a n d o maravilloso equilibrio, que es al­
gu n as veces ta n perfecto, que a lin e n o r impulso la piedra
se m ueve sobre su eje.
Hay m o n u m en to s de esta (dase en Europa, en Asia y
en América.
En el atajo del camino de íllo ra . (entre G ranu da y
Jaén), «escita la curiosidad el trilito y piedra gira Loria
de Luque;>- la piedra giratoria está colocada en la meseta
de un tajo y el trilito form ando tres grandes peñones, co­
locados en ellfondo de] precipicio.(G óxcíora, obra citada,
pag. M).
T h d u ú m .— h a etimología de la palab ra da exacta idea
de esLos m onum entos. En griego, hállase la radical tnm
y (ambos, em inencia ó sepulcro; en latín. túum hts, m o ii-
tet-illo; la p ala b ra sanscriLa ir. significa crecer.
Los ¿ttmnlos tienen el aspecto exterior de un dolm en
cubierto por m ontículo de tierra, pero están formados
solo por el a m o n to n am ien to de tierras y piedras. En el
centro del m ontículo está el espacio donde se sepultó el
cadáver ó la u rn a cineraria con las cenizas deL diluirlo,
lo cual p ru e b a ,—como dice Yilanova,—q ue entonces se
p ra cticab a ya la crem ación ( 1 ).
h a forma del túm ulo es cónica m ás ó m enos perfecta..
En C a n n o u a (Sevilla), consérvanse im p o rtan tes restos
de estas construcciones protohistóricas, conociéndose el
yacim iento con el n o m b re de campa de túmulos.
Según un estudio publicado recieulemenLe, divídense
esos túm ulos «en Lres especies: unos en los que sólo se
e n c u e n tra n in stru m en to s de piedra, otros en los que h a y

(I) En Amc-rica. a d em ás d e los mouiids, liny m u ch os ejem p lares de


túmulos, sie ndo el m ás nofalile el llamado El Obispo, ou el Peni. Tiene 50 mi*-
Irns do elevación y cutiré uno superficie de H arcas inglesas. (Chonav, u l n a
citada, pag. IIS ,
— %í —

ta m b ié n (le m etal y otros en los que d om inan éstos por


completo. Los m ás antiguos son los prim eros, com pues­
tos, lo m ismo q u e los dem ás (pues en esto Lodos son igua­
les).. de u n a ó dos s e p u ltu ras en su interior, en las cuales
se e n c u e n tra n Los cadáveres
senlados ó acurrucados. Los
del período de transición de
la piedra á tos m etales tienen
sus m uertos tendidos y la
crem ación comienza á s u s ti­
tuir á la inhu m ación, cosa
qu e sucede com p letam en te
en los terceros, del cobre, en
los cuales las cenizas del di­
funto están en el suelo de
u n a de las cavidades inte­
riores del túm ido, menos en
uno que se ha encontrado
una u rn a cineraria de barro
q u e contenía los reslos calci­
nadas del cadáver.» Pe eslos
túm ulos son de los q ue se han
sacado los objetos.m ás n o ta­
bles del Museo formado por
1). J u a n Peíaez y ííarrón.
persona ilustrada que ha es­
tudiado a te n ta m e n te a q u e ­
llos restos de la protohisto-
r¡; ' La and alucia- moderna,
- villa. 1893).
K1 túmulo es la c o n stru c­
ción prolohistórica q u e m a s afinidades ofrece e n tre unos
y oíros pueblos, y la que acerca aquellas edades á las
conocidam ente históricas, por que d e m u e s tra ten den ­
cias hacia la regularidad y proporciones de las formas
ex ternas de la construcción. G illm an dice á este pro pó -
___ 2 2 —

silo: '(Compárense, por ejemplo los tú m ulo s se m i-e s le ri-


cosde los nebros m usgos del Africa central, ron los del
Him alaya y de Copal, correspondientes á la prim era
época del budhism o, y los daneses prehistóricos. Los
m aoris de la Nueva Zelanda, erigían sepulcros cónicos con
lados reídos, lo mismo que los antiguos pelasgos de ta
lla n u ra de Troya, los arios, los celtas del Hósforo y de la
com arca de Maratón, y los chinos. La forma cónica [ n iñ ­
eada se en c u e n tra en los sepulcros bu d h istas de Copal, en
los llamados de ¡os espiritas, en la costa de Síberia y en
m uchos de esos ¡nouuds ó cerros problem áticos de los
Estallos Unidos>>... (Obra citada: La «rqm t. \
Estas investigaciones y otras que sería prolijo e n u m e ­
ra r p ru e b a n los estrechos laxos q u e u n e n las m an ife sta­
ciones artísticas de todos los pueblos, que 110 pu ed e n
explicarse de 1111 modo satisfactorio, pero que, in d u d a­
blem en te, están señaladas allí donde el arle se revela,
a u n del modo m ás rudo y em brionario.
MorxDS-iti'ir.bKus.—Estos m o num en tos, que según p a ­
rece h a n lomado el m ismo n om b re con que se designa­
ba á los hom bres de la raza superior que los erigió (cons­
tructores de montañas.) desde el Alto Canadá basta los
valles del Mississippí y del Ohio, divídenlos, S qníer y
Davis, en seis clases: 1 .a obras de defensa; 2 .* cercas ó
vallas de templos; :i.;i templos; 4 .11 colinas para los sacri­
ficios; -V sepulcros, y 6 .;i colinas q u e im itan figuras de
anim ales. Short agregó u n a 7 .11clase: estaciones de obser­
vación.
Estas construcciones y los objetos de cerám ica, pie­
dras y m etales que en ellas se h a n encontrado, revelan
u n a c u ltu ra m ás desarrollada q u e la correspondiente á
los megalitos y palafitos en el viejo m undo; pero ap esar
de ello corresponden á aqu el periodo, p orq ue el pueblo
q u e los construyó carecía de toda clase de escritura,
h a s ta de la geroglífica, y n in g ú n anteceden te histórico
lia podido averiguarse acerca de él.
— '23 —
Pí y Míirgall en su H istoria de la Am érica.ftnli-colo-m -
biana (en publicación), reduce la clasificación de Siquier
á m ás concreLos términos: campos atrin cherado s (í'ortili-
caciones y recintos religiosos) y tú m u lo s (templos de for­
m as simbólicas).
Los (‘ampos atrin c h erad o s están formados siem pre de
tierra y piedra, sin adobes ni argam asa. Los de carác te r
defensivo tienen el aspee Lo de m odernos campos de
trincheras, unidos u n o s á otros y resguardad os por fosos.
exLeriores g en eralm en te. Los de c a rá c te r religioso, están
rodeados de m u rallas de tierra constru idas en llanu ras
y encierran túm u los diversos ( 1 ).
Los túm ulos-tem plos, tien en de base el diám etro pro­
porcionado á la altu ra y esta varia entre .'> á S)0 pies.
Llégase á la cúspide, donde se cree estuvo el aliar, por
suaves gradas.
Los túm ulos simbólicos afectan en s i l b a s e la forma
de las aves, los cuadrúpedos, los reptiles y a lg u n a vez la
del hom bre, si bien siem pre del modo m ás rudo. La al­
tura de eslos m o n u m en to s es escasa.
Además de estos túm ulos h a y otros cónicos sin gradas
ni plataform as, y allá en la cúspide tien en algo parecido
á u n altar; los que servían de sepulcros tam b ién ere. 11 de
forma cónica ( 2 ).
En éstos se h a n hallado los cadáveres sentados, en
cuclillas ó tendidos, !o cual recuerda la posición de los

(1) Nmiimi (’nnsíijíi-n n eslo s m o n u m e n t o s e s p e c ia l a t e n c i ó n y n « 'm ’inn¡i


e n Iré lo.s p r i m e r o s el f u e r l e A n c ie n l. i>n Otiio, c u y o i n t e r e s a n l c p la n o i n s e r í a
e n su ol>ra. lis u n a v e r d a d e r a forlilicíición i|u c o c u p a I00ai:r i;s ik 1 a n c h o pin1
"ÍH k i l ó m e t r o s t ío lurgo. C o n tie n e v e i n t i c u a t r o d e p ó s it o s p a ra a g ua y l a s m u r a ­
llas s e e n l a z a n , á m o d o d e l i o n e r a s , c on « l o a n d s du r e g u l a r a l t u r a .
H e s p e rio d e la s s e c u n d a s , c o n j e t u r o C ronati q u e p u d i e r a n s e r v i r d e a l b e r ­
g u e á s a c e r d o l e s y de. l u g a r d e a s a m b l e a al puelilo, a u n q u e l’u t m a n d ic e q u e
e s o s re c in to s a lb e r g a r o n p u e b l o s p r o f a n o s . (Obra c it a d a . pái:. iti),
(í) S e ^ ú n O o n a u , los t ú m u l o s - t e m p l o s r e c u e r d a n los ( e o c a llte s m e jic a n o s
d e q u e t r a l a r e m o s en su lu g a r c o r r e s p o m l¡ e n te .
esqueletos de los dólmenes y túm ulos de Europa, Asia y
África ( 1 ).
P a l a f i t o s y t k k h a m a u k s . — Y a hem os dado sucinta

idea de lo que son los palafitos en el capí Lulo anterior.


Al m encionarlos n uev am ente, hacérnoslo porque hay que
considerarlos como origen de los terra ja re s en la edad
de los m etales y porque en gra n n ú m e ro de ellos, m ás
perfeccionados en su forma y disposición, se h a n hallado
objetos y arm a s de m etal y cerám ica m ás artística que
la correspondiente á la época de la piedra.
Los terminares, lo mismo que los cranoges y stohaded
ishtnd de Irlan da, g u a rd an gran sem ejan za con los p a ­
lafitos.
Los ¿erra m a res i ierra masa, abono am oniacal, en ita­
liano), hállause eu Italia cerca de las rib eras de los ríos
y tam bién de lus (.‘ampos cultivados, especialm ente en
el X. de Italia: en Francia, en Moravia, en el M ecklem -
burgo, en América y en la costa O. de Africa. (V ilanova,
o bra citada, pág. ;i(i4).
Distínguese este periodo por el hallazgo, en Lodos los
yacim ientos m encionados, de objetos de cobre, de b ron ­
ce. de hierro, hachas p ulim e n ta d as, objetos de piedra, é
instrumentos} de las m ism as m a teria s y cerám ica algo
m ás artística que eu el anterior.
Keconocen los arqueólogos, a u n q u e con ciertos distin­
gos, en ¡a edad de los m etales esta gradación: cobre,

(1) En Cunnona, se lia expl or ado ¿diera el túm ulo llamado d i-la s c u c e a s
i/e la B ü tid a ., <|lio t.ls di» lumia senii esférica, a):_'i> apianada, y mide 18 m. ilo
d iám olro porV:MJ d e ¡illury. E n lo s r io s (creios sup e riores si* lian hallado 1(5
h u m u s di' forma elíptica. eo n s 'i m d o s des iinmipusten.i. Cadu h o r n o tiene un
e em ci'io , euii ¡'rail cantidad de ceniza. entre la cual se fian hallado restos de
hu es os i-aleinados. lín eslu zima de! t ú nm Jose han eneonlnuld ar m a s y u t e n ­
silios de piedra y vasijas de tosca arcilla. P ró xim am en te á it'od milímetros
del pavim ento de los liontos se luí hallado uno planicie de piedras y bajo
¡■Mas t i n a espesa capa do arena. culre la eiitd hatjía un esqueleto hum ano.
Las a m ias d e piedra <|ue se encen traro n entro la ar ena son más toscas rpie
l a s d e l a p r i m e r a '/. un a d e ! t ú m u l o . (Artículo l i r m a d o p o r P . J u a n Pelaez).
bronce é liierro, «En el periodo del cobre.—dice V ilan o -
va.—el artífice reprodujo las formas de las h a c h a s puli­
m en tad as, de las p u n ta s de lanza, dardos, flechas, etc...;
labró objetos de adorno, tales como sortijas, ...y adelan­
tando en las p au latin as y difíciles vías del progreso,

l1i^. ; n . “—^ tiMjti l u r j i u -


itu hulLida en un iií. 21.—Puño (le
moimd. ¡íL’giiiL Cro- ¡nula do cobi't.'.liitilii-
nau. ík> en Dinamarca.

Kiy. 22.—Vasija de I m i t o p ro ce­ I-'ííí.ÍJ.—P untii de la n ­


den le do Almería. za,de cobre (l'!^¡>uña).

inventó sin duda el torno de alfarero, con lo cual ya las


vasijas revestían formas m ucho m as regulares q ue en la
época anterior...» (Obni citada, págs. 3No y 38í>).
Respecto del periodo del bronce la confusión es digna
de detenido estudio. Figuier, cree que los im portadores
- 26 —
á líuro pa del ro bre y el bronce debieron parecerse m u -
cbo tí los m odernos caldereros erran tes y quiere h a l l a r e n
aquellos el origen de los antiguos celias. Como el insigne
físico opin an gran n ú m ero de arqueólogos y geólogos
negando á la in d u stria del bronce el carácter huligena: y
en esos debates se lian invertido m u c h a s sesiones de
Congresos de Arqueología, no llegándose n u n ca á satis­
factorio acuerdo,
Nuestro sabio Vilanova. re s u m e h á b ilm e n te lodas las
teorías en su notable ob ra ya citada, y opone ú los^ar-
gumenLos de los arqueólogos que sostienen aquella ter­
m in a n te conclusión, q u e no hoy razones b a s ta n te m e n te
justificadas para neg a r al europeo, «que supo fabricar
los m il y mil objetos preciosos en piedra, en hueso y en
cerám ica, q u e supo g ra b a r y hasta p in ta r d u ra n te las
edades anteriores, teniendo ó en c ontran do en a b u n d a n ­
cia en m u c h a s regiones el cobre nativo, los sulfuro?,
carbonatos y otras especies, el estaño, rel oro, la pla­
ta, eLc.», q u e im itara con el m etal el hac h a, el marlillo,
la lanza y dem ás utensilios q u e h a b ían salido de sus
m anos en tiempos anteriores. (Obra citada, págs. 39:í
y 394).
Gillm an, dice que el periodo de los m etales no eslá se­
parado del de la p iedra por límites precisos, sosteniendo
la lógica teoría de q u e el uso de la piedra y los m e ta ­
les se subordinó á la producción de cada pais. «Iil empleo
del b ronce,—dice,— dió Ju g a re n todas parle s á la forma­
ción de objetos m ás ricam ente ornados; y es m uy digno
de notar, tratándose del desarrollo de la civilización, q ue
los adornos de los bronces no rteam erican os, si bien m u y
sencillos, son e n te ra m e n te parecidos á los q ue se obser­
van en la costa noroeste de Asia, en los confínes de la
M andchnria y en Java. Así mismo las form as de las
arm a s de bronce se repiten en las regiones m ás a p a r ta ­
das de la tierra.» (Obra citada, pág. 90).
Respecto d e lh ie rro , su antig üed ad es incalculable, en­
lazándose con la mitología de m uchos países, los datos
que la arqueología proLohistóríni aceren de él propor­
ciona.
La in dustria de este periodo, Pe caracleriza, p rim era­

I"iK- — l’ i lí ia l (LH
M usen ¡m in en ló g ico
nacional.

a
Klg. í'i. — Punía tl(’ l'ii;. '2?.—l'ufto de. (?,■!-
lnn«i il« hierro < [iada (Almc-
(lim ita).

m ente por las a rm a s y utensilios fabricados con hierro,


brunce v cobre. En la cerám ica búllanse los vestigios del
lorno, de la cocción h á b ilm en te dispuesta y de los ador­
nos figurando anim ales y com binaciones de líneas.
— 28 —
En los Monnds se h a n hallado vasijas de arcilla con
formas y dibujos que d em u e s tra n cierto grado de per­
fección; algunas esLaluilas, pulseras, collares, pendien­
tes. am uletos y c u e n ta s de cobre, y a m a s y h e r r a m ie n ­
tas de piedra, hueso y aqu el m etal.
Enlazanse los grados de perfección de este periodo con
las fantásticas noticias que la mitología nos reitere; con
las tradiciones que los pueblos m ás antiguos poseían y
los albores de la historia. En el siguiente capítulo re s u ­
m irem os la in teresan Le época de la transición, p ara pe­
n e tr a r ya en los dominios de la historia escrita en los li­
bros y en los m o n um entos arqueológicos.
III
Época de transición y enlace de la Protohistoria
con los tiempos históricos.

í:arác(w ¡« d é o s l a i'poca en las manifostacione» arlísficas.—Uis c o n s l r u r -


«.•ionos i-icliipcas.— Xa volas.— Ma[ialcs.—TalnyoU.—Xura^lms.—Consiiueirici-
i u ‘s c i c l i i i d ' . H . — Clili' i l w e l i c r s — lí ¡ C horea " i ^ a n l u n i . — K] lem p lu del Alio

Knlaco, d e la p r u to b i s to r ia con lo s t ie m p o s ecm oeiilam euli* h istórico s.—


A n t i g ü e d a d d e l u s p u e b l o s p r i m i t i v o s . —A n a t o m í a s e n l n » l a s prim eras arles y
c iv ilizacio n es. —N o t i c i a s d e los a u t o r e s ”t y l a t i n o s _H e s u n i e n . — C o n d u -
siniH'S,

La época ele transición en tre el Arte jjroLoliistóri<;o y


las arles históricas, pro p iam e n te elidías, m árc ase con
suave gradación en las arles s u n tu a ria s , algo en la es­
c u ltu ra y m ás en la p in tu ra , cuyas representaciones ó
símbolos desarrollaron no solo el arte pictórico, sino la
escritu ra, desde las im ágenes, geroglíticos, signos cu n e i­
formes, em b lem as de palab ras y sílabas, hasta el alfabeto,
cuya invención corresponde á los egipcios, como su pro­
pagación en Oriente y Occidente á los fenicios, in c a n s a ­
bles viajeros que tran sp o rta ro n de unos á otros países el
progreso. las artes, la c u ltu ra y el comienzo de toda civi­
lización. Es curiosísimo observar, como, respecto de es­
c ritu ra , se va len tam en te transform ando la re p re s e n ta -
— 30 —
ción. con imágenes m ás ó m enos n ulas, de seres y obje­
tos. en los caracteres de la moderna escritura. ( 1 ).
E n esto, como e n lodo, saltan á l a vista las afinidades

en tre la escritura piel úrica ó figurativa d d viejo m undo,


con la de igual índole de la joven América, cuyas tribus
m ás civilizadas valiéronse, como los egipcios y babilonios,
de figuras y símbolos p ara e x p r e s a r sus ideas y lija r las
noticias cuyo conocimiento podía in te re sa r á lodos los
individuos de cada tribu.
Respecto de m onu m entos. Jas construcciones ciclópeas
parecen ser el enlace de los tiempos primitivos con los
conocidam ente históricos, y véase q u e estrecha relación
g u a rd an en tre sí las na re (tí* de Menorca, ¡os ¡napnlt’s de
ÁTrica. los laJat/ots de las Baleares, los viu'tiff/tn.s de O r ­
deña. las construcciones ciclópeas de Oriente y Occiden­
te. las de América. las cVrf/'(Lreljers de Nuevo Méjico, el
('¡tarea <jigüntt>»t de Kalisbury, y el m o n u m en to del Alio
Denme, en los Yosgos. v

Vis. 2S.-Navt.-la.

N a v e t a s . —Es S u forma ¡a de un barco con la quilla

hacia arriba. Las m ás notables de las q u e se conservan


en Menorca es la llam ada la ñau deis Tudons. S am pere y

(l| La m o n o g ra fí a (¡ue a r n i v a do I.a e s c r i t u r a , i n c l u y o G íl ln um un s u n o ­


ta b le obrti L o s g r a n d e s ¿nüt’nt as. os m u y b a slm ií e . h-ii pern-trai' en t>slud tos
siip e río iv s. pa ra c o m p r e n d e r l;m l i r r m o s a iuanifi\<la<-i.)ii d o In i n lc liy c n c ia
hum ana.
— 31 —
Miqucl 011 su e-sIndio de loa atonamentón viegalllicos ibéri­
cos, asigna á estos m o n um entos origen semítico.
JMal'Alhs.—(Mayalia, m apali y tam b ién IVlagalia), voz
púnica, según F renad, y tam b ién h ebrea, «que indica
aspee Id de nave.x» Sam pere y Yitanova dicen q u e el '¡no-
im l es n n a '«habitación africana, hecha con cantos sin
pulir ni escuadrar, puestos unos encim a de otros, que
parecían á la vista como un m ontón de escombros y m e­
jo r u n a cab aña ó Lienda.» Aun co nstruyen estas chozas
l¡is tribus nóm adas del Atlas (1).
Tai.avots. ó luihilacióit al descubierto.—S am pere divide
estas construcciones en dos grupos, las de p u e rta alta y
las de p u erta baja y escalera in tern a. Señala el Talayots
de S. .Noguera deis F rarcs (Mallorca), como tipo de los

primeros, Su plañ ía es circular con 13 m. de diám etro;


la a ltu ra 4 oO. F órm anlo hiladas de piedras, las m ayores
de 2 m. de largo por 1 de ancho y 0’70de allura; el talu d
ó inclinación del m uro es de unos 20 grados. Sam pere
dice, que se c u b ría n estos m o n u m en to s avanzando las
hiladas de piedras unas por encim a de otras. La forma
exterior de estas construcciones es la de un cono t r u n c a ­
do sobre plano circular ó elíptico. Por ra m p a s exteriores
ó rud as escaleras se asciende á u n a s c á m a ra s con lechos
planos ó abovedados.

(l) Vi>use !_■] V i a j e á O r i e n t e d e l a f r a g a t a d e a t i e r r a A r a p i l c s ,


lo m o 111, ih)]' 1). .luán ile L>. de la R ad a y IJcIgadiV-
— 32 —
P ara Sam pere, los talayoh son viviendas, y no c á m a ra s
fu nerarias coma a se g u ra n algunos arqueólogos, y la p a ­
l a b ra lalayots, de ToJal. raíz canan ea, significa m ansión
elevada, habitac ió n alta.

N u r a g h a s . — analogía de estos m o n u m e n to s de la
L a

isla de Gerdeña con los Talm jots, es evidente. El signifi­


cado de la p ala b ra miraghas p re ténd ese hallarlo en la pa-
— 33 —
l a b r a plm r. fuego, esto es: lugar destinado á q u e m a r h o ­
gueras de señales, pero esta etimología no está com pro­
bada.—La forma exterior de estos m o n u m e n to s es la de
u n pilón de azúcar colocado sobre u n a base redonda y
de m en o r altu ra ; están co nstru id as con sillares tosca­
m en te labrados y colocados en seco. En el interio r hay
cám aras, ascendiéndose á ellas por escaleras ó ram pas.
—Los nuragkas se pueden estu diar como m o n u m en to s
aislados; como grupo de ellos dentro de u n circuito y
como reunión de m uchos de ellos, formando u n solo edi­
ficio. De todas estas form as se conserv an restos.
Coystiiuccio:s'es ciclóp ka s.—En Italia, Grecia. España
y el Asia m enor, es donde m ay o r n ú m ero de m o n u m e n ­
tos de esta clase se hallan, au n cuando los datos m ás in ­
teresantes acerca de esas construcciones, ya destru idas
en su m ayor parte, se deben á los libros de los poetas é
historiadores griegos. Mr. CurLius. en su H istoria griega.
atrib u y e esas construcciones á la época de la Grecia h e­
roica, y cree que tal modo de c o n stru ir fue im portado á
aq uel país por los fenicios. Sin em bargo, m uchos a rq u eó ­
logos las designan con el n o m b re de pdásgicas, esto es:
obra de los p eí asgas, prim itivos pobladores de Grecia,
Italia y parte de España, y re alm en te h a y q ue reconocer
afinidades dignas de estudio, entre las construcciones
gigantescas de estos países,, por ejemplo, el llamado cas­
tillo de Ibros (Jaén), las antigüedades de Cabra, los m u ­
ros de Tarragona, y las construcciones de C anarias, en
España; los m uros ciclópeos de Sum ía, el arco de cobijas
en la isla de Délos y otras obras colosales en aquellos
países, q u e len tam en te apro xim an el arte de la cons­
trucción á los restos prim itivos m o n u m e n ta le s del Egipto
y Babilonia.
H ay que advertir, tam bién, la sem ejanza de las cons­
trucciones ciclópeas con las m m lm , tal ay o h ynuraghas,
que liemos m encionado antes.
Una de las afinidades m ás e x tra ñ as que pueden s e ñ a -
¡3
— 31 -
larse es, la de estos m o num en to s con los de antiguos pue­
blos (,‘ullos de América, por ejemplo, los del P erú , cuyos
sepulcros de o ue llénala llamados rhi'lpas. son ni m ás
ni m enos que los lalttyols, a u n q u e con la traza de cono
tru ncado invertido, es decir, el diám etro m e n o r sirvien ­
do de base. Los m uros q ue rodean ó enlaz an los chulpas
son v erd aderas m u rallas ciclópeas. (Véase el libro citado
de Cstonal', pág. lOí) á 112).
Schliem ann (el entendido investigador de las a n tig ü e ­
dades de Ilissarlik, la ^Pom peya de la Grecia an tileg en ­
daria» sepultada bajo m ontones de lava, según los geó­
logos, veinte siglos an tes de Jesucristo, y en tre cuyas
ru in as se han hallado restos de delicadas ob ra s a rtísti­
cas (Ui'iícv, Ilis /. de los fj/'w/ox), opina q u e los m uros
ciclópeos p e rte n ece n á varios sistem as. En los del p ri­
m ero están las piedras sin d e sb a sta r y son á veces enor­
mes, entre ellas h ay otras m ás p equ eñ as; «en los det
segundo sistem a las piedras están talladas en. las ju n l n -
luras, ei p aram en to es plano y el con junio pre sen ta un
aspecto im ponente...»; en el tercero, «las piedras, gene­
ra lm e nte rectangulares, están colocadas en hiladas ho ri­
zontales...»
Estas construcciones com ponían los m u ro s de gigan­
tescas ciudades, siendo, realm ente, los prim eros m o n u ­
m entos u rb a n o s que se conocen, y p ued en considerarse
como po rten tosas revelaciones de u n a civilización p re ­
cursora de las p rim era s edades históricas.
Homero describe palacios, ja rd in e s y otros m o n u m e n ­
tos, pero como a c ertad a m en te dice M anjarres (L a s bellas
artes), «Homero debe ser leído y creído en estas descrip­
ciones como poeta, no como arqueólogo,.,»
Las p u e rta s d e e s a s construcciones son c u a d ra d a s ó en
forma de triángulo.
En Italia se conservan algunas tu m b as ó túm ulos de
grandes piedras lab ra d as que se a trib u y e n á los pe­
la sgos.
— 3; —
CliI'I’ mvKLLEiiS. ó casas de peñascos.—Convienen p e r­
fectam ente con bis construcciones ciclópeas las notables
ru in a s ile pueblos fortificados, que describe Cronau y
que s e lia n bailado en las regiones del Oeste de La Unión,
en Ulali. Colorado, Nuevo México y A m o n a , «donde 110
solo se descubrieron restos de colonias cu verdadero es­
tado de defensa p ara la guerra, sí q n e h asta ciudades
com pletas arru in ad as, como ta m b ién algunos edificios
tan gigantescos q ue en circunferencia y extensión dejan
atrá s á todas las m odernas ediOraciones del antiguo
ConLinenle.ij Tal vez las ru in a s m ás n o tables son las de
Pueblo Bonito, en el cauce del río Chaco, Nuevo México,
cuya base de edificación, de forma elíptica, m ide 1H0 m e­
tros de, longitud y 103 de altu ra . Las m u rallas tenían la
elevación de 10 m etros y las edificaciones debían de ser
de varios pisos, formando terrazas uno sobre otro. No h ay
resto alguno de escaleras, por lo q ue el teniente Sim p-
son. q ue ha hecho el estudio de reedificación del pueblo,
opina que debían servirse los h a b ita n te s de escaleras
portátiles. Los m uros esLán construidos con g rand es pie­
d ras colocadas en hiladas y unidas e n tre sí por medio de
u n a especie de arg am asa.
T am bién h a b la Cronau de las el iJ' /muses (casas de pie­
dra), construidas en los huecos de las rocas y cuya dis­
posición recu erd a la construcción ciclópea del castillo
de Ib vos.
Los h a b ita n te s de las cosas y pueblos de peñascos,
u s a b a n de una como escritura geroglífica inexplicable
hoy com pletam ente. Cronau inserta en su obra u n / f r c
s im ih de m ía de esas esc ritu ras cincelada en u n a roca
del río San J u a n , Nuevo México, que re presenta u na
larga procesión de ho m b res, anim ales, aves y figuras e s ­
t r i ñ a s . (Pág. <>3 á 78 del libro citado).
Chouka ciigantcm (en Stoue-H cnge ,—Es u n a especie
de gran cromlech. Se compone de dos círculos concéntri­
cos y el m ay or mide 2 1 ó pies de diám etro. Fórm anlos
— 3ti —
grandes piedras colocadas de p u n ía á modo de pilares,
q u e sostienen otras que sobre ellas g rav ita n en for­
ma de arq u itra b e . Este grandioso m o n u m en to p resen­
ta ya formas a rq u ite c tó n ic a s ; hállase en com pleta
ru in a.

í' i g . ; J L — í’h o r c a g i ^ o n k u n .

E l templo del A lto Donnt’.—Álzase en los Yosgos, y su


sem ejanza con los templos griegos es por dem ás visible,
según puede advertirse en el grabado. Se cree q ue es u n a
construcción céltica, pero es lo cierto que re p resen ta en
todos los detalles y com ponentes el verdadero enlace en­
tre las construcciones protoliistóricas y el arle histórico,
p rop iam ente dicho.

F i g . 3 2 ,— T e m p l o d e l a l t o lH v. 11 10 .

Las arm as, cerám icas, joyas y dem ás objetos y útiles,


de este im portantísim o periodo de la protohistoria, son
sem ejantes á las de an teriores edades, con la diferen­
cia de q u e las labores se complican y se hacen a r tís -
trazas generales revelan ya sentim iento de lo bello y los
m ateria le s están labrados con relativa perfección.

R esum am o s en breves líneas cuanto q u ed a diclio re s­


pecto de la Protohistoria. p ara poder com enzar el estudio
de las épocas de que la historia lia dejado recuerdos es­
trilo s , á que sirven de com probación los grandiosos mo­
n u m e n to s erigidos por pasadas civilizaciones.
El h o m b re primitivo vivió en las ca v ernas la b ra d a s
po r la Naturaleza.
La contem plación de los encantos de la Creación le
hizo p en sa r en que la luz es h erm osa y que m ejor h ab í
ta ría donde p ud iera gozar de ella y de todo lo creado, y
construyó las chozas aprovechando tal vez los árboles
q u e halló á su paso en los bosques vírgenes. Mas larde,
unió á las m ad eras los pedruscos p a ra form ar las p a r e ­
des. ó construyó asilos parecidos á los dólmenes con g r a n ­
des piedras solam ente y así de los dólmenes á las cons-
trucciones.pelásgicas y de éstas á los palacios tallados en
las rocas y á las grandiosas viviendas de la India y el
Egipto, fuá naciendo el arte arquitectónico en Oriente,
c u n a de las grandes civilizaciones, origen de las heroicas
epopeyas, cu n a del s a b e r y de la c u ltu ra de los antiguos
pueblos.

UN LA C E D E LA r iíO T O H lS T O R I A CON LOS TIEM POS

C O N O C ID A M E N T E H I ST O R IC O S .

Apesar de cu a n ta s sabias y trasc en d en tale s investiga­


ciones se lian hecho en todos los países, es lo cierto q u e
110 está p erfectam ente definido cuál sea, en tre los grandes
pueblos de la antigüedad, al que se deben los prim eros
destellos de aqüellas civilizaciones famosísimas.
— :js —

E n tre los m o nu m en to s de la lu d ia y los del Egipto liav


estrech as relaciones, pero ¿ c u á l e s son los primitivos?
«La asom brosa an tig üedad—dice I), l ’elipe Pica tosté
en su libro M Universo en, la ciencia antigua—q u e á sí
m ism os se dan algunos pueblos del Asia, lo m ismo que
el Egipto, no es m as que un error de cálculo 6 u n a ilu­
sión orgullosa, y tal vez, según lia dicho un historiador,
p ru e b a inequívoca de su ju v e n tu d , cuan do todavía están
en*la edad en que se e n tre tie n en con la rábula,—La cien­
cia consultada acerca de este punto, d e m u e s tra sin gé­
nero alguno de duda, que esas tradiciones, esos hechos
históricos, esas m aravillas q u e com ponen la cronología
de tales pueblos, no se re m o n ta n á m ás de tres mil años
an tes de Jesucristo; siendo de notar, como liemos indi­
cado, que esta época á que llega la tradición histórica y
científica es com ún con corta diferencia p ara todos esos
pueblos, así p a ra los egipcios como p ara los chinos, así
p a ra los indios como para los persas y caldeos» (i).
M anjarres, trata tam bién esta im po rtante cuestión en
su libro Las bellas artes y hace co n star las circu nstancias
de q u e e n tre los m onu m en to s de Nínive y los de Egipto
h a y a ciertas analogías; que los artistas asirios y los egip­
cios tra b a ja ro n p ara el g ra n imperio asirio y para Egipto
y q u e en el Asia, los m o nu m entos indican «la época p ri­
m itiva del arte de c o n s t r u i r .a u n q u e en via de adelanto».
Más ex trañ a es la analogía, imposible de negar, entre
los m o n u m en to s asirios y egipcios especialm ente, y los
de México, cuyos teocallis dedicados á templos, re c u e r­
d an las pirám ides egipcias en la traza exterior, en la or­
n am en ta ció n de relieves y p in tu ra s y en el empleo de
jeroglíficos; e n tre las construcciones ciclópeas atrib uid as
á los etruscos y primitivos griegos y los m o n u m en to s gi-

(!) Como rie ad vertirá más a d e l a n t e , daln-s reciente.* d e m u e s t ra n <[iie l i a ^


Iradicioiu.'s, más u m en o s histéricas, {interiores en ¡JílOO años a i# hra Cri;j-
liiHKl.
— 33 —
gantes del Perú, construidos con enorm es bloques d e
piedra de lorm a irregular: las p u e rta s en forma de i r a -
pecio y sobria y severa o rn am entación á lo sumo. (Rjaño,
E l arle M onumental americano).
P arécenos encauzada la cuestión con los siguiente
datos que agrupam os en re s u m e n , p ara d ed u c ir después
concretas y breves conclusiones:
Herodolo, consigna al comienzo de su historia: «Los
ho m b res m ás instruidos de Persia dicen que los f e n i & i o . s1
fueron los prim eros factores de la en em istad e n tre Grecia
y los B árbaros. Dados á la navegación, tra n s p o rta b a n los
productos d e Egipto y de Siria á los dem ás p aises..... »
De los libros de Platón, Aristóteles. P ro d o y Diodoro
Siculo, resulta «la p resunción—como dice Riaiio en su
citado trabajo—con visos de realidad, do h a b e r existido
com unicación en tiempos remotos e n tre el Oriente y la
América», y téngase en c u e n ta q ue los datos de Diodoro
Siculo son decisivos: «porque en frente de África, dice,
existe u n a isla m u y grand e en el vasto Occéano. de m u ­
chos días de navegación desde la Libia en dirección á
Occidente. Es aquí el terreno m u y fructífero......Los pu e­
blos están decorados con m ajestuosos edificios, pabello­
nes p a ra celeb rar b a n q u e te s aquí y allí, ag radablem ente
situados en sus jard in e s y h u e r ta s ..... » Diodoro dice q ue
la isla íué d esc u b ie rta por los fenicios, «que e m p re n d ie­
ron frecuentes viajes por m a r en busca de tráfico como
m ercaderes, p a ra lo cual establecieron m u ch as colonias,
así en África como en los p untos occidentales de E u ­
ropa,.... con stru yeron la ciudad llam ada Gades, cerca de
las colum nas de H é rcules......» Agrega, que u n a tem p estad
arrojó varios barcos «m uy lejos ad en tro del gran Occéa-
110......y arrib a ro n por último á esta is la .......(Riaño,
estudio citado).
Ahora bien: este ligero re su m e n que podría ilustrarse
con gran n ú m e ro de datos y noticias im portantes, viene
á dem o strar:
— 40 —
Que las analogías señaladas enLre los m on u m en tos
prolohistóricos del nuevo y viejo Continente, y en las
soberbias obras de arte de a si ríos y egipcios, base del
arte arquitectónica, co m o se verá desjniés, se deben a los
fen icios, que «dados á la navegación — según dice H ero-
doto— transportaban los p roductos del Egipto y de Siria
á los demás paises». y llevaron á todas partes la luz p o ­
tente de aquellas grandes civilizaciones orientales, aun
no bien com prendidas ni estudiadas, sin q ue por ello se
niegue la existencia de un arte indígena, más ó menos
rudim entario en cada p u eb lo, lo cual parece com probado;
piuliendo deducirse de lodo ello, las siguientes con clu ­
siones:
1.a Que la idea del arte es innata en el hom bre, luego
q ue su cultura se desarrolla, debiéndose de admitir la
posibilidad de artes indígenas, que las relaciones de unos
pueblos con otros han perfeccionado.
2.a Que los m on u m en tos prolohistóricos (y entiéndase
en esta d enom inación cuanto corresponde á todas las
m anifestaciones del arte), representan las formas rudi­
mentarias de las grandes construcciones y de las artes
suntuarias, por lo menos, y a q u e no también de la escul­
tura y la pintura, artes que necesitaron para su desa­
rrollo ideológico m ayor suma de civilización en los
pueblos.
3.;l Que las arles, en su maravilloso período de per­
feccionamiento, p arecen venir de Oriente á Occidente,
traídas por emigraciones de aquellos antiguos pueblos y
por los incansables viajeros fenicios.
ARQUITECTURA

LA A N T I G Ü E D A D

LIBRO PRIMERO

La a n tig ü e d a d en el O rie n te

I
La arquitectura. Lugar que ocupa eulie las arle.-i ópticas.—Concepto filosófico
y técnico de este arle,—División det estudio de ín Antigüedad.

Corresponde á la A h q c itiíc tc u a el p rim er lugar en el


grupo de las artes ópticas, y se sirve de masas corpóreas,
dispuestas según las leyes de la ciencia y m edíante la
inspiración del artista, com o m edio de expresión.
Derívase la palabra Arquitectura, de archilekion ( a r -
che, m ando y teklon, albaflil— «el jeí’e de los albañiles»)
íorma griega, en Plauto (B a rcia , D ice, etim ., t. J), y sig­
nifica con jun to de reglas á que se ajusta la construcción
de edificios, (monum entales ó de necesidad puramente
social), puentes, viaductos, etc.
La Arquitectura— dice Vitruvio, (t. I. cap. I),— «es una
ciencia adornada de muchas otras ciencias y varia eru ­
dición, á cu yo ju icio se sujetan las obras de las demás
arles»; con electo, en la obra arquitectónica concurren,
además de las ciencias físico-m atem áticas, todas las
artes del diseño ó estáticas, incluso la escultura y la
pintura, que con frecuencia prestan su concurso al m o ­
num ento con m em orativo, al templo ó al palacio.
■ Claro es que la Arquitectura tiene un aspecto p u ra ­
mente ti ti7, por ejemplo, cuando construye casas, acue­
ductos. etc.; pero esto en nada amengua la importancia
de esta manifestación artística, ¡jorque. í-onsiderado el
arte de construir desde su origen, desde los rudos es b o­
zos de la habitación prolohistórica, hay que reconocer,
que en ella han de buscarse los com ienzos de toda civi­
lización y cultura; y el lugar donde se creó la familia, la
ciudad y la nación; donde se erigieron ia personalidad
humana, el respeto á los semejan Les y la idea de un Su­
premo Ser creador de todas las cosas, representa en la
historia una sublim e y altísima dignidad, m u y por enci­
ma de la necesidad m eram ente humana. El inolvidable
Tubino dice á este propósito: «Consistió el prim er tem ­
plo en un recinto privilegiado del hogar doméstico, el
primer sacerdote fue el padre, su primera sacerdotisa la
madre, la prole los primeros ministros del culto.» (E l
arla y los artistas coutencoró.neos, II).
La historia de este arte, demuestra el grande aprecio
que en la antigüedad se hizo de él y de los arquitectos.
En Egipto, en los libros religiosos de la India, en Asiría,
en Grecia y R om a, tratábase con singular predilección
de la arquitectura y de los artilices q ue la practicaban,
y en las Sagradas Letras del Cristianismo sucede lo pro­
pio, pues dice el Exodo (31) q u e habiendo elegido Dios á
Besdteí por Arquitecto del Tabernáculo, « l e llenó del
Espíritu tle Dios, de sabiduría, inteligencia y ciencia
para ejecutar con perfección todo lo q u e en aquella l a -
— 43 —
brica se había de h acer de oro, plata, perlas, b ron ce,
m armol y madera.»
K1 carácter de las obras arquitectónicas está en rela­
ción directa con la lisononiia y caracteres peculiares deí
pueblo en q ue se produce; con trib u yen d o á señalarlo el
clima, la situación geográfica, la etnografía, el grado de
civilización en que aquel se encuentre: por eso. co m o
dice Gillman, «los primeros indicios de los estilos a rq u i­
tectónicos, ó del desarrollo artístico de las formas con s ­
tructivas, se manifiestan allí donde adquieren á la vez
cierta importancia el templo, el sepulcro y el edificio p ú ­
blico, por más que las construcciones demuestren sola­
mente un esfuerzo hacia la regularidad de la planta, la
simetría en las formas, ó bien cierta expresión caracte­
rística en las proporciones y la decoración .» ¡A r q u ií., 11).
(aiando en mi edificio ó m on u m en to de otra índole
h ay harmonía enlre las partes con el lodo, y esLe se halla
en relación directa de conform idad con el fin á que ha
de destinársele, la obra arquitectónica será bella, en su
concepto más simple y abstrae lo. Si en el edificio ó m o ­
n um ento de otra clase se une á la harmonía y á la co n ­
formidad de que anles hablábam os, el concurso de las
demás artes— com o en la basílica cristiana se aúnan la
escultura, la pintura, y aun la música y el sentimiento
religioso,— la em oción estética que se produzca, resu­
mirá el concepto filosófico, cientíiico y artístico q u e V i-
truvio quiere explicar, considerando la Arquitectura
com o «ciencia adornada de otras ciencias y varia erudi­
ción, á cu y o juicio se sujetan las obras de las demás
artes.»

El estudio de la Arquitectura, en todo el periodo que


com pren de la A n t i g ü e d a d (desde el enlace de los tiem­
pos prolohislóricos con los que tienen historia conocida),
lo dividiremos en dos agrupaciones:
— 44 —

L a A ntigüedad en el Oriente.— Asirios. persas, indios,


fenicios y hebreos.
M clasicismo en el Occidente.— Etruscos. griegos y ro­
manos.
Como com plem ento del estudio de la A n tigü edad en
la Arquitectura, trazaremos la historia de este arte en el
continente americano, teniendo en cuenta las señaladas
afinidades que se observan entre las artes de los asirios,
persas, egipcios, indos y etruscos. con los m onu m en tos
del Perú, Méjico y otros p ueblos de América, y las pere­
grinas noticias q u e acerca de la Allántida pueden hallar­
se en escrituras clásicas, griegas y latinas.
II
Caldeos y asirios.

Unión tic a si rio s. pe rs as y e g i p c io s .— An te p o s i ci ó n ilc los c a l d e o s - a s i r l o s ;i


los e g i p c i o s . —O p in io n es q u e c o m p r u e b a n e s ta a n l e ti o s i c i i ín . — l ’ni ón d e c a l ­
d e o s y a s i r i o s , — l i a bi lo ni íi ; sus re s to s a r q u e o l ó g i c o s ; c a r á c t e r d e i'.'los.— lil
t e m pl o de Ik'lo y la to rre do B a b e l . — P a l a c i o s y j a r d i n e s . —N ín i v e : El p al a ci o
di1 Kh oiyflbml.—('.olores e m p l e a d o s e n ins pi n tu r as i n u n d e s . - Oíros p al ac io s .
— Ca ru ütere s a r<¡ u co Iógi e o s .

Un estrecho lazo une las artes, y aun las civilizaciones


de asirios, persas y egipcios, y establece la gradación de
afinidades que hay q u e buscar entre las manifestaciones
artísticas de los grandes imperios que en las llanuras del
Tigris y del Eufrates y en el valle del IS'ilo se establecie­
ron, destruyéndose unos á otros por la suprema ley del
más fuerte.
Si los restos arquitectónicos que de esos pueblos se
conservan; si la historia no hubiera dejado el recuerdo
escrito de que, por ejem plo, Sesostris trajo á Egipto ar­
tistas asirios, y Cambises llevó egipcios á Persia para
construir m onum entos; si Babilonia y Nínive no ofrecie­
ran al arqueólogo importantes datos para estudiar allí,
a unque 110 pueda determinarse de un m odo concreLo y
preciso su orden cronológico, el desarrollo del arte e m ­
brionario, la época primitiva del arte de construir,— b a s -
— 4li —

latía para justificar esa tesis el átenlo examen de la pri­


mera manifestación culta de un pueblo: de su sistema de
escritura.
La escritura jeroglífica y aun algo la hierálica (ó sa­
cerdotal) de los egipcios, es la representación pictórica
del objeto de que se trata y la abreviatura «le esta, r e s ­
pectivamente: la idea se expresa con toda claridad en el
jeroglífico, y el h om bre, la bestia, los vegetales* ele., son
imágenes primorosas que reproducen los
originales con bastante exactitud. Compá­
rese el h om bre, por ejem plo, de los je r o ­
glíficos egipcios— íigura que da cabal idea
de lo que representa. — con el grabado
1111111 . 33. que en escritura cuneiform e sim­
boliza un bonibre tam bién, y por cierto
hom bre rey. y se apreciará la razón de
considerar com o producto del arte e m b rio ­
nario los restos artísticos de Caldea y A si­
ría; de su anteposición al arle egipcio y
del enlace de unos y otro.
Fi? .n —Signo ao La escritura cuneiform e.— es decir, en
f'.M.'rilura c u ik ' í- ,, n n -
forim'. forma de cu n a.— es propia de los im pe­
rios de Babilonia y Asiría, cuyos m o n u ­
m entos son los q ue más puntos de contacto tienen con
los respectivos á la época de transición entre la Pro-
lohistoria y los tiempos conocidam ente históricos, y esa
escritura, sem ejase— com o los jeroglíficos m ejicanos y
peruanos, más incorrectos que los egipcios— á esas ex­
trañas figuras con que los niños quieren representar sus
recuerdos, sus sentimientos, sus aficiones para la vida
del porvenir, y que son trasunto exacto de la infancia,
del entendimiento en sus diferentes esferas, circuns­
tancias y edades.
Parecerá á alguien un tanto atrevida la opinión de an­
teponer á la egipcia la civilización caldeo-asiría: pero esta
tesis sostenida en 1863 por Duncker, que opinaba que
- 47 -
'ítil Norte de África, incluso el valle del Nilo hasta las
tierras pantanosas que se hallan al pie de las montañas
de Abisinia». fué ocupado por pueblos que emigraron de
Asta á África constituyendo una gran familia, es asunto
casi demostrado ya. gracias á investigaciones tan intere­
santes com o la de qu^ el Dr. H o m m e ld ió cuenta en 188?.
respecto del hallazgo de unos cilindros para sellar, con
caracteres cuneiform es anteriores en 4,o00 años al prin­
cipio de nuestra era. y á los trabajos de Hewit. publicados
en The Jour'ixd o f R . ..Vsiatie Bornehj (1890). en que se ha
demostrado, apesar de las ob jecion es de Meyer y otros
egiptólogos y orientalistas, q ue la cultura más antigua
que se conoce procede de la Caldea y no del Egipto (1).
Admitiendo, com o las más racionales, estas teorías, he­
mos de buscar las primitivas civilizaciones, los gérmenes
productores de las artes,: en las extensas llanuras del
Tigris y del Eufrates, ayer fértiles y animadas, h oy esté­
riles y parecidas á un gran cem enterio abandonado. Allí
se desarrollaron dos grandes m onarquías; la Caldea, cuyo
centro fué Babilonia; la Asiría, cu y a capital fué la fam o­
sísima Nínive. Aquella, situada al Sur, cayó al fin bajo
el dominio de ésta, q ue usurpaba la parte Norte de a q u e ­
llos extensos territorios.
«Mezclados sin cesar, apesar de sus luchas, caldeos y
asirios confundieron sus civilizaciones.— dice líayel en
su H istoria dtl a rte,— ó más bien, la asiria debió los ele­
mentos de la suya á la caldea».
Así lo demuestra, efectivamente, el estudio de los res­
tos m onum entales de estos pueblos. Nínive revela m ayor
suma de perfecciones, que los informes escom b ros de
las con struccion es babilónicas.

(1) Kl ¡l u st re n n c n ía l i s U i y arqiK'ólo^'n e s p a ñ o l D. F r a n c i s c o l’t:ni¡ir.tl<v y


( io n z ál o z , ihjojíi* íl is í. Te tis rm am en to e s ta s o p i n i o n e s e n su n o ta b l e ultra P r i­
m eros pobladores hist. de la penins. thér. ( e s p e c i a l m e n t e c u el Cap. IV)
y a g re g a m u y a t e n d i b l e s o b s e r v a c i o n e s pr opias, quo d e m u e s t r a n s u s a b e r y
er u d i c i ó n .
— 48 —

BaMlou'ia.— La planta de los edificios, era generalm en­


te cuadrada y el alzado se com pon ía de plataformas ó
gradas dispuestas en forma piramidal. Las murallas te­
nían 89 pies de espesor; su altura 110 b ajaba de 419, se­
gún CTesias, y su circuito comprendía 365 estadios; una
com arca entera. Abríanse en la muralla cien puertas, de­
fendidas p or postigos de bronce.
Montones de ladrillos cocidos y vidriados indican aquí
y allá, en la extensa llanura que ocupan las ruinas de Ba­
bilonia, la im portancia y grandeza de la p oblación des­
truida.! cumpliéndose la terrible predicción de Isaías,
que dijo, según nuestros libros sagrados: «Esa gran Ba­
bilonia, esa reina entre los reinos del inundo, q ue lia
ostentado con tanto brillo el orgullo de los caldeos, será
destruida... Jamás volverá á ser habitada, ni se levanta­
rá por los siglos de los siglos; los árabes no establecerán
allí sus tiendas, ni los pastores vendrán á buscar allí el
reposo...» (Isaías, cap. XIII, v, lí) y 20 ).
Las notas características de los restos arquitectónicos
de la ciudad destruida, son, lo colosal de las proporciones
y la forma piramidal y de plataformas superpuestas de
sus palacios y templos,^carácter q ue enlaza estos m o n u ­
m entos con los de la época de transición; con los íeocnllis
m ejicanos, co m o se verá después, y con las construccio­
nes primitivas egipcias que revelan afinidades interesan­
tes también, con los m on u m en tos del periodo de transi­
ción y con los de A m érica ya mencionados.
Por el aspecto piramidal de los edificios, por su consi­
derable altura, las primitivas construcciones de Babilonia
debieron de recordar las ciclópeas ó pelásgícas.
A un lado y otro del Eufrates, vénso colosales ruinas.
En la m argen izquierda se alza un macizo inform e, res­
tos del templo de Belo, según unos arqueólogos, levantado
s obre las ruinas de la torre de Babel, y según otros sola­
m ente templo, p orque las ruinas de la famosa torre son
las que de parecidas dimensiones y aspecto, hállanse á
— 49 -
la margen derecha del Eufrates. pobre el cerro llamado
]lirs->’ emrod.
El Im p lo ti<: Belo. según los cálculos que sobre las 110 -
Licias de Herodoto se han h e d ió , medía potro m en os que
la gran pirámide de Menfis. en Egipto. es decir. 14”>m e ­
tros de altura,
Kawlinson. ha h e d i ó detenidas investigaciones, estu­
diando relieves antiguos y descripciones de autores
griegos, y el arquitecto Molhes una restauración ideal
de ese m on u m en to.

Gillimni. en su citada obra, lo describe así: Sobre una


]>ase cuadrada de lí)G metros de lado, se levantaba una
pirámide de siete gradas, q ue se diferenciaba de las pi­
rámides egipcias y americanas en q u e d lado posterior
era m ucho menos in d in a d o , esto es. se aproxim aba m u ­
cho más á la vertical que el lado a n t e r io r ,]y por consi­
guiente, solo había escaleras en este ú lt im o ,'E l macizo
estaba hecho con adobes y revestido con ladrillos vidria­
dos y de color; la grada inferior era negra,, la segunda de
color anaranjado, y la tercera roja; las gradas superio­
res ostentaban colores azules y verdes y estaban tam­
bién doradas y plateadas. Sobre La ancha plataforma de
la cúspide se levantaba el templo en forma de una torre
de tres pisos revestido con mosaicos de barro vidriado y
en parte dorado.» (Obra citada, cap, II).
— üO —

Las riquezas q u e en estatuas y m u eb les contenía el


templo, según Herodoto, ascendían á una sum a fabulosa
de millones, y Diodoro pretende que h abía una estatua
de oro de 60 pies de alLura y del peso de 40 talentos. ;
Según el Génesis (cap. XI). los fundadores de babilonia
hicieron la torre llamada de Babel, fabricando ladrillos
cocidos al fu e g o que utilizaban en lugar de piedras y
q ue unían con beLún en lugar de argamasa ).1 M. Ernesto
Bretón, que escribió su obra Mbttume tilos de loáoslos pu e­
blos consultando excelentes investigaciones, opina que
la torre de Babel es diferente, com o queda dicho, del
templo de líelo y se alza en el montecillo B irs Xevirod,
q u e quiere decir Palacio (de b'n'lha. palacio en fenicio) y
Nemrod, fundador de Babilonia. Las colosales ruinas son
m u y parecidas á las del templo de Befo y su form a debió
de ser tam bién piramidal. Sin duda, (xillman se refiere á
esta torre cuando habla de una de forma d epirám ide «q u e
medía 63 metros cuadrados por base, construida con la­
drillos asentados en una masa de ju n co s y asfalto y re­
vestida con a zulejos...» ( 1 ).
( El revestimiento de los muros, hacíanlo con adobes y
varillas de loza formando sencillos decoram ientos de
formas geométricas, incrustadas en una capa de asfalto, j)
listo resulta, del detenido estudio de los mutilados restos
a rqueológicos que se conservan.
A dem ás de las ruinas babilónicas, son de bastante in­
terés las de Mugeir, que son tal vez restos de un templo
construido por el rey Uruk, Los muros son piramidales
y tienen pilastras doradas.
{ Los palacios babilón icos fueron dos, según parece, á
ju zgar por los escom bros amontonados en las márgenes
oriental y occidental del Eufrates, donde se supone que
se originaron aquellos. Entre esos escom bros, es fácil lia-

(I) .lusli. n i s u llist. de la anti<¡. Persia, dice q u e esta torre se lla m ab a


el templrj de los nieta luminares: de ín tierra, a l u d i e n d o á las s ie te pla ta ­
f o r m a s q u e la f o r m u r o n .
— ül —
llar fragmentas de márm oles y de vasijas de barro b a r -
nizado, Parece que se com ponían los palacios de muchas
plataformas superpuestas y sostenidas por galerías con
lechos rasos ó abovedados ( 1 ) y en todos los pisos había
calones magníficos. Estos palacios tenían famosos jardi­
nes. que se cree fueran obra de N abucodosor IL/Diodoro
dice, que estos jardines se construían sobre las mesetas
de ios palacios, los cuales se preparaban con argamasa,
betún y planchas de plomo, echándose sobre estas la
fierra laborable en la que se producían los árboles y
plantas más corpulentas.
De estos jardines n om brados colgantes, p orque las te­
rrazas estaban sostenidas por disimulados pilares, nada
se conserva, sino un árbol, com o refieren algunos his­
toriadores. el Ttunarlr, que según la tradición m u su l­
mana sirvió á Alí para atar su caballo. Suponen algunos
viajeros que las ruinas de Kars son recuerdo de aquella
maravilla ( 2 ).
Níx i yk .— Las construcciones de Nínive son m u y sem e­
ja n tes á las babilónicas.
El palacio de Khorsabad, según una curiosísima re­
construcción q ue publica B a y e le n su historia, demuestra
esa semejanza.
El palacio era una verdadera ciudad «don de un pueblo
entero de servidores vivía en torno del Rey. El arquitecto
tuvo que distribuir en el suelo, treinta y un palios y dos­
cientas nueve piezas. El centro eslá formado por un vasto
p atio: sobre uno de los costados se abren las com u n ica ­
cion es al exterior; sobre los otros tres se correlacionaban
los fres grandes departamentos del palacio: la habitación
del Soberano, el harem de las mujeres; las dependencias
d onde habitaban los servidores, y donde se encuentran
las cocinas, las cuadras, etc. (Jada uno de estos departu-

( 1) l i s l r a b i í n lia ble) d e b ó v e d a s e n l o s m o n u m e n t o s b a l i i l i m i e r i s .
(2 ) Alií un u. s n r ¡ u e ó l u g o s , mi p u n e n q u e e s t o s j ; u i l m e s s e c o n s t r u y e r o n p a r o
r e c o r d ; ! ! 1 ú A m y t i s . e s p o s a d e l r e y . Ins m o n U i f u i s d e Ui .Media, s u pai.s níilíil.
— o2 -

1* ry. :i>.— I s l a r i o A s i r j o .

m entos se gubdivide en regiones diversas: así, delante


del primero están situadas las grandes salas de recepción
— EJ3 —
m íen Iras que los aposentos privadas están más distan Les
y ocupan el Ion do ( 1 ).
\ Según Jusli. en las rninas de osle palacio '■-■se ha en­
contrado una torre cuyas cuatro gradas, q u e todavía se
con serv an , eslán piuladas de negro, blanco, encarnado
y azul*, empezando á contar estos colores por la parle
inferior. (Obra citada, libro I. cap. único).
Giltman, publica un interesante plano del palacio de
Asehurakbal, el Sardanápalo de la Iíibíia. cuyos cim ien ­
tos han estudiado Layard y Rawlinsón. Es de menos di­
mensiones é importancia que el de Korsabad, y tiene un
solo patio,
i Los asirios emplearon en la decoración de sus palacios
el bronce y el oro; grandes estatuas simbólicas de leones
y loros con cabeza hum ana y relieves que acusan un
perfeccionam iento artístico digno de estudio. (Véase la
Iísci L'L't"it.\ en este libro).
El grabado que publicam os, representa la entrada al
salón del trono de un palacio real de Asiria, según la res­
tauración ideal de Yiolet-le-Duc.
t Según revelan los restos arqueológicos que se con ser­
van. los asirios construyeron arcos de medio punto con
dovelas (piedras talladas en forma de cuña) ó ladrillos
vidriados é hicieron m u y poco uso de las columnas.
Los templos tenían escasa importancia m onum ental.

(I) La roL‘ú i) jt i’UL'Cióii pulilirtula por lía y ct . dúljpst* ú n i o il e ri io s a n i m ' ó -


1030:3.
III
Medo - p er sas

Oi iiíon do los pe'rsas y d e sil a r t e . — iíl t e m p l o tic Eialdi><.— Kcbíit-míi: s u s


.Testos a r q u e o l ó g i c o s y su.s a f i n i d a d e s co n B a b i l o n i a . — I n f l u e n c i a s ev l m í i u * .
d e t e r m i n a d a s e n el a ri o pe rs a y e a r a c í e i v s pr op io s do est<;.— lUiinas de l’e r -
s é p o l i s .— Co m p o n en fes de las co n stru ccion es.— Sepulcro ti c D a rí o. — i i c -
sumen.

Los persas, originarios de la India co m o los griegos,,


eslavos, germanos y celtas, destruyeron y dominaron el
antiguo imperio de la Media (1) y u nieron á este la Asi­
ría, c o m o a n t e s los inedo-persas habíanse agregado la
Armenia. En una de las poblaciones de este antiguo
reino, en Musasir, había un templo erigido á Haldia,
principal divinidad de los alarodios, cuya estructura y
ornam entación recuerdan los orígenes de la arquitectura
asiría y aun de la egipcia, pues ju n to á las puertas cu a ­
dradas del templo, h ay colocadas dos esta tuas que tienen

Ul Voy, o sc i la , q u e s i g n i fi c a tierra, pai?, s e g ú n JusLi.— Un ííi'i<‘go, á rue­


dos p u e d e a p i i e a r s e la a c e p c i ó n m au res q u e s ig nif ica m o r e n o y 'amurillo,,
1
p u e s a s í los d e s i g n a b a n los S ih io s al d e c i r de S a l u s t i o . — , ’ e u n ; : . G os z. O b ra
c i t a d a , ca p. H).
— 55 —
afinidades con las esfinges de los egipcios, y dos grandes
bestias, rem em branza de Jos animales sim bólicos de la
Asiria.
Según Justi, «en K borsabad se conserva en un relie­
ve, un diseño del d i a d o templo.» (Obra citada, l i b r o ! ,
capitulo único).
Los restos arqueológicos de la Asiria y de la Persia,
tienen mucha más importancia en eí estudio de la escul­
tura y de la historia que para et de la Arquitectura, pues
del art.e indígena solo pueden hallarse escasos restos en
Ecbatana, ciudad fundada por Deyoces, de lu cual se
conservan escasísimos restos, una torre, unas murallas
destruidas, un leóu, colu m n as de piedra iguales á las de
Persépolis é inscripciones cuneiformes.
Justi opina que esos fragmentos arqueológicos perte­
necen á uu palacio de piedra- que ju n to a! de madera
construido por Deyoces, erigieron los A qu em én ides, y
del cual el geógrafo SakuL '(siglo x m ) vió una hermosa
bóveda. «Los m u ros-qu e cerca ba n el castillo real,— dice
Justi,— form aban siete r o d illo s concéntricos, cuyas al­
menas estaban pintadas de blanco, negro, encarnado,
azul y anaranjado; las dos murallas más interiores le -
nía 11 el parapeto cubierto de láminas de oro y plata. El
palacio de madera estaba también adornado con los m is­
mos m etales...»
Las afinidades de Ec bala na con Babilonia son tan vi­
sibles. que 110 h a y que insistir en ellas,*de lo cual se
deduce q ue la civilización primitiva de las tribus in ed o-
arm enio-persas, estaba influida por la gran cultura de
ios caldeos babilónicos: lo q u e se confirm a con el' estu­
dio de la religión, coslu m bres y lenguaje de uno y otro
pueblo. • .
En el cerro T a k -i-S o le im a n (trono de Salomón), y en
el de Soutoun.. cerca de Kermansehah, vénse también
ruinas que so cree sean de poblacion es medas.
Manjarrés, exam inando la influencia que los pueblos
— 5G —
del Oriente ejercieron en sus respectivas civilizaciones y
sus artes, dice: «Cuestiónase acerca de si la arquitectura
persa antigua íué influida por'el gusto egipcio del tiem­
po de Cambises. ó si íué obra de artistas griegos; los más
de los arqueólogos convienen en que domina en ella el
gusto jón ico; y sin em bargo, tanto en la disposición na­
tural com o en la decoración, se vé un estilo peculiar del
país; co m o si dijéramos un color local m u y p ron u n ­
cia d o...»
Estas discretísimas observaciones del ilustrado a rq u e ó ­
logo catalán se han confirm ado después por más m od er­
nos estudios. Es cierto q ue en los m on u m en tos de la
Persia antigua,, vénse claramente determinadas las in­
fluencias asirías, las egipcias y las greco-jónicas: más
h ay q ue convenir también en que allí se conserva algo
indígena que vivió á través de los siglos y se salvó
apesar de las irrupciones q ue la Persia sufrió y ella llevó
á ca b o después, extendiendo su poder por el Asia y el
Egipto.
Los restos arquitectónicos primitivos son m u y escasos,
y apenas para com proba r estas teorías podría hallarse
un fragmento de bóveda esférica ú ovoidal ó de un pilar
ó colu m n a de madera, pero la escultura y las artes orna­
m entales lian salvado en parte este escollo, conservando
co m o indudables rasgos del asirio-persa el uso de los la­
drillos vidriados y decorados, los relieves sim bólicos, el
empleo del estuco tallado ó pintado para adornar los
paramentos, y algunos otros detalles, com o la policromía,
más antigua allí q u e en el Egipto.
Casi todos estos elementos, son verdaderam ente asirlos
de origen; mas las estrechas relaciones de fuerza pri­
m ero, de paz después, que han unido á esos países les da
cierta com un ida d de intereses y de carácter, que ha enla­
zado más aun el estudio de sus artes y su historia.
Adviértase para la com p rob a ción de esta tésis q u e el
arte persa, q u e recogió las tradiciones asirías, imita ai
— 57 —

Egipto tomando de él la sencillez d é lo s cornisamentos, ú


los Míales da después otras formas más correctas cuando
conoce el arte griego; la estructura simple de la colum na;
algo de la disposición de los pórticos y entradas á los tem­
plos y á los palacios. Pero en tiempos de los Sasánidas
(siglo iii después de Jesucristo), se produce u n verdadero
renacimiento en todo lo que era propio de aquel país, y
las monedas, libres y a de em blem as griegos, la escritura
pelevi indígena, y los elementos arquitectónicos, fu n ­
diéndose con las reglas clásicas greco-rom anas y los ves­
tigios del Egipto, caracterizan el com ienzo de la d om in a ­
ción sasánida.
Las ruinas del templo de Firuzabad con sus altísimas
bóvedas, sus paredes revestidas de estucos labrados geo­
m étricamente, y suspórlicosgreco-egipeios, son la prueba
evidente de es fe renacimiento de ideas artísticas indí­
genas.
«El arco.— dice Justi en su citada obra La P er sí a (Dt l i ­
g u a ,— q ue constituye un elemento importantísimo de
construcción, recibió en Persia u n desarrollo particular,
pues además del arco redondo rom ano, encuéntrase el
ovóideo. inventado para desviar la presión de la bóveda
sobre los puntales laterales de las paredes. Esta clase de
arco ovoideo hállase en la cúpula de Firuzabad, Sarvi ti­
tán é iglesia de Dighur en la Arm enia, q ue p rob a b le­
m ente 110 es posterior al siglo v n ......Et arco de herradura,
tan usado en el arte árabe aparece ya en el tiempo de los
sasánidas en Firuzabad, Sarvistan y en el Tagni Girrah
en el desfiladero de Zagros. Por manera que el origen
del desarrollo brillantísimo del arte árabe, debe buscarse
en la Persia».
«Los rudim entos del arte de adornar las superficies con
figuras geométricas,— dice después Justi,— arle q u e luego
los árabes llevaron á la perfección, deben contarse tam­
bién entre los elementos característicos de la arquitec­
tura persa, atendido que se encuentra este género de or­
- 58 —
nam entación ya en tiempos de los partos..... » ( 1 ) y para
establecer el verdadero origen de esta rama del arte re­
cuérdese lo antes dicho de los m uros babilónicos, ado­
bados de ese modo.
Bayet, opina q ue el arte en Persia,. se desarrolló «m er­
ced á las imitaciones de otros». En apoyo de su tésis,
agrega después: «Los persas, conquistando el Egipto,
imitaron su arquitectura com bin án d ola con lo que ellos
Lomaban á los pueblos del Asia Menor, y sobre Lodo, á
los griegos jónios. En los palacios de Persépolis, el coro­
namiento de las puertas es egipcio; la colum na, por su
ornam entación, acusa la mism a influencia, mientras que
por su con strucción es greco-jónica. Sin em bargo, á estos
elementos exlraños se m ezclaban elementos indígenas,
de que los persas se servían notablem ente para elevar
las cú p u la s..... »
Seguramente, en las ruinas de Persépolis es donde el
arqueólogo puede hallar más completo conjunto para el
estudio del arte persa en el período en q ue se presenta
influido por el espíriLu clásico de las artes q u e se des­
arrollaban en Grecia, y por la severa y sim bólica gran­
diosidad de los m on u m en tos de Egipto.
^ «Las ruinas de Persépolis— dice Justi— apesar del in­
cendio de Alejandro Magno y de la fuerza destructora de
la naturaleza y de los hom bres durante un periodo de 24
siglos, conservan bastantes elementos para poder deter­
minar quienes fueron los constructores de Los algún día
suntuosos palacios, y otros m u ch os testimonios inapre­
ciables de la actividad artística de los antiguos persas,..»
(pág. 50).
Los viajeros antiguos, entre ellos el fraile español An­
tonio de G obea,— el primero q u e m en cion ó las inscrip­
ciones cun eiform es,— hablan de esas ruinas con grande
enea recim iento.

(I) l’ ar a el e s t u d i o (le lu Pursiji. e s m u y jii leru.iBiile el y a i ji e ii c i o ii a i lü liltrn


d e C a rl o s Ju«slí.
- o9 —
Mándetelo, q ue las visitó en 1638. dice «q u e es difícil
decidir si la arquitectura es de origen jónico, dórico ó
corintio, porque la destrucción es demasiado grande...»
Fryer, las describe así en 1(577: En los portales y co­
lumnas, «los capiteles han sido destruidos por el tiempo
que Lodo lo devora: por lo que se puede suponer en vista
de lo poco q u e queda, los fustes son de orden corintio,
los zócalos y capiteles de orden dórico. Entrando en el
pórtico de Cambises, vi en las puertas dos figuras, a m -
b es armadas, de un tamaño y aspecto tan raros que ate­
rran, y que parecen ahuyentar al profano q u e entra;
semejan leones, pero sus alas gigantescas les dan el as­
pecto de grifos, cuya estructura y partes posteriores ex­
ceden á las de los grandes elefantes...»
El arqueólogo M. .Hrugsli, hace este acertadísimo ju icio
critico del carácter artístico de las ruinas: «Mientras que
en Egipto nos impresiona la m ole grandiosa, en Persé-
polis se siente un efecto contrario, causado por el elem en ­
to esbelto, etéreo, y casi quisiera decir, delicado de sus
formas, contornos y detalles. Por más de una razón nos
trae su aspecto á la mente una afinidad griega, que
quizá tenga más fundamento de lo que á primera vista
podrá parecer...»
En opinión de Gillman, las ruinas de Pcrsépolis de­
muestran «q u e los persas heredaron el arLe asirio, pero
que lo desarrollaron notablem ente, sobre todo en cuanto
se refiere á la regularidad de las plañías, al atrevimiento
en la superposición de elevadas masas y al empleo ra­
cional y la forma de las colu m n a s .» (Obra citada, pági­
na 2 2 1 ).
Los edificios, construíanse sobre plataformas com o los
b abilónicos y n imvi las, y escaleras y paramentos se
adornaban con m agníficos relieves sim bólicos.
En este arte, la colu m n a in (luida ya por Egipto y Gre­
cia, tiene importancia com o sostenimiento de la cornisa
y en su aspecto artístico.
— 00 —
En las ruinas de Persépolis los capiteles son más sen­
cillos que los representados en la lisura n ú m ero 3 (1, pero
de esa estructura; en i ía k s c h i-R u s ta m son algo más
com plicadas y acusan las influencias egipcias y griegas.

H ¿ í - - i r . — C :11>i 1111 tU* >:iM]¡irid.


r.w|«¡:ri IIPI’SJI ílí‘ \oí Illas. R". ;i'Í.—líaso iU><■'.>!|]inu:.I.

La colu m n a persa consta de liase, fuste y capitel. 151


fuste, disminuye desde el im oscapo al sum oscapo ( 1 ). y
se hallan ejemplares estriados y lisos.
La base (2) suele ser la flor del loto invertido. La que
representa nuestro grabado n ú m ero 38. se com pon e de
nn plinto (ó parle cuadrada puesta directamente sobre.

(1) líl fus te o s lo p a r le do c o l u m n a c o l o r i d o e n t r e la b a s e y oí c a p i te l , y


son lisos, est ri iu lo s ó a d o r n a d o * c o n i i u b r i c u c l o n c s . Kl ins te, en los O rd en es
c l á s i c o s s e a ju - t n ;i p r o p o r c i o n e s d e l e r m im u l i i s . lmosr.apo. e s el d i á m e tr o
in f e r i o r d e l ruste, y sum oscapo el e s t e e n i o s u p e r i o r (ju e s e un e al c a p i t e l,
(i) Pieza d e pi e dr a qn ■s i r v e de a s i e n t o ¡i .la c o l u m n a en ¡lí en n os ó r d e n e s
y e s ti l o s a rijui te c t ó n i c o s . S n li re la Itasc. d e s c a n s a el i m o s c a p o del fuste.
— 61 —
el suelo), la flor del loto invertida: un toro (ó moldura) y
un filete (ó pequeña moldura) que une la base al im o s -
capo del fuste. Otras bases se componen,, exclu siv am en ­
te, de un plinto y un loro.
El capitel (1) se co m p o n e , (¡el m otivo de decoración,
que suele ser ó la ¡soda ría de licornias (ó asnos silves­
tres) com o representa la figura n ú m ero 37 {2) ó la cam ­
pánula ó volutas q ue se ven en la figura n ú m ero 3(i y
et abaco 6 tablero q u e coron a toda clase de capiLeles y
([lie soporta el arquitrave del cornisamento.
De estos com ponentes de la decoración persa no q ue­
dan rasgos suficientes para determ inar su forma carac- ,
tcrística. Tal vez,— com o Manjarrés con jetu ra ,— fueron
egipcias con influencias griegas.
Uno de los m on u m en tos que m e jo r revelan esta ulti­
m a influencia es el sepulcro de Darío (figura n ú m e ro 39)
en M akschi-R ustan, Representa la fachada el pórtico
de un palacio. La altura es de ¿5 metros. El pórtico se
alza sobre un basam en to (3) tallado en la roca. S o b re el
pórtico, cu y o cornisam ento es de carácter griego, se alza
una especie de sarcófago, cuyos m agníficos relieves re­
presentan al rey delante de un altar, mientras q ue su
espíritu ó se eleva hacia el sol.

R esum iendo estas ideas del arte persa, que después


hem os de sintezar al tratar de Egipto y hacer la c o m p a -

(1) La pieza q u e c o r o n a el fuste y c o m p l e U la c o l u m n a . cu ino lu r a h e z a


u n c u e r p o h u m a n o . E s et e n l a c e d e la c o l u m n a enn el c o r n i s a m e n t a y no
d e b e c o n s i d e r á r s e l e so lo c o m o m o t i v o d e u n i a n i e n l i i c i ó n , a t e n d i e n d o á s u cv -
l ei i o ri d a d . s in o c o m o pa r te i n t e r e s a n t í s i m a d e la c o l u m n a . La fo r m a , d i m e n ­
siones y adornos se caracterizan según los ó r d e n e s y e s t i l o s a r q u i t e c t ó n i c o s
á f¡u e p e r t e n e c e n .
(2) L i co rn i o e s un a s n o ó c a b u l l o s a l v a j e , c o n un c u e r n o l arg o y a g ud o en
la fr e n te .
|3j Parte inferior de una conslrucci in.
— G2 —

ración enlre ellos para desm em brar las in llu en d a s grie­


gas: Es indudable que en Persia se unieron elementos
griegos y egipcios para constituir un arle que. ru d im e n -

[■'¡lí. :iH
.l — S[']>uli'l'n ilp N n r k c l i i - H u s l í i u .

tario, se conservó en las tribus i n d i a n a s , y del que


'Egipto y Grecia habían lomado á su vez elementos para
sus artes maravillosas; y es indudable también, que en
— 63 -

Persia, resumen del poderío de iodos los imperios del


Oriente, germinó, de las reglas clásicas de Grecia y de
las grandiosas creaciones del Egipto, ese m oderno arte
oriental que lia hecho célebres las basílicas bizantinas,
las catedrales góticas y los alcázares árabes.
IV
Egipcios

Aíiindadi's o n l r e Asirla y ügi pt n .— Origen del ¿ule i ' ü ’|ivlo y su di vi si ón e n


i'üíilro perioiUis.—C a r a c t e r e s ;;t’ nei,;iU's de la n rij tiü ee hi i' a e g i p e i a . — J'e/'iodo
nyen fila: I.n m jt r r ó p o li.s d o M e n t í s y s u p i r á m i d e d e g r a d a s . H u i n a s de M e n -
íí j. Las pirámide?; d e (iiv.nli.— P eriod os tebano >¡ sa ita : Los le m p i o s . Hipo-
Sien de Hi h an -e l- M ii lu k . E l Turaplu de i i a l o r . — P e rio d o ü<¡ d om in a ción
u rii’Q(t: Lns (ypiitiiiiii!f.—C o m p o n e n t e s d e l a s e o n s l n i e c i o n e s : L n l um m i. Cor­
n isam ento. Obeliscos. Pil ón . Pe ri s ti l o . S a l a s h i p ó s ti l a s é h i p o t r a s ,— Otras
l íii tislrueoiiincs: P i r á m i d e s de l a d r ill a . i r i s a s p a r t i c u l a r e s , —Co n c l u s i ó n .

La leoria de Las afinidades, q u e investigaciones ar­


queológicas habían señalado entre las arles asirías y
egipcias, se lia robustecido en estos tiempos gracias á
los estudios filológicos, á la interpretación de los g e r o -
glíficos. y al con ocim ien to detenido de los clásicos grie­
gos, que en sus libros de ciencia y de historia dejaron
suficientes rasgos para formar idea, a u n q u e 110 con cre­
ta. de la civilización grandiosa q u e se desarrolló en el
alto y el bajo Egipto, y de las tribus asiáticas q ue pasa­
ron por Arabia para establecerse en aquellas comarcas^
Cuando se verificaron estas e m igraciones no puede deter­
minarse, aunque se supone q ue en tiempos de los primeros
reinados de los m on a rca s asirios se establecieron las di­
nastías thinitas. (este n om b re suele derivarse de una
ciudad llamada This, cerca de Abidos, pero según K ie-
— GÜ —

pert. guarda semejanza con e] de la región de losT hin as


ó Tchinas de los indios y persas) en el bajo Nilo y en
conürnm eióu de esta teoría puede citarse la obra del
americano Osborne, The Sepherd Kings o f E g y p k . en que
se establece «la identidad entre el rey Ososhor y U se-
cheres egipcio y los héroes y divinidades asirias. Asshur,
Assura, Di-oscuri. Sucka, Askr. etc...» (Fmt^z. Gonz.,
obra citada, pág 123). y á este propósito recordamos
cuanto al tratar de la civilización ealdeo-asiria dejam os
consignado.
Fernández y González, sostiene la evidencia de las re­
laciones de los antiguos arcadios con los egipcios, citan­
do, com o com p rob a ció n las prácticas supersticiosas del
Egipto, q u e Maspero ha con s id e r a d o p r o to h is ló rica ,co m o
por ejemplo, ln com ida de los dioses, análoga á la de los
babilonios, la actitud de las está lúas encontradas en
Tello, semejante á la estatua sentada de k efren , y otros
dalos no m enos importantes (pág. ¿ 1 2 y 213), de lo cual
deduce las inlluencias caldeas aportadas á Egipto por
los adtías ó adoradores del Sol en la India.
De todas muñeras, com o un inolvidable escritor lia
dicho, «el Egipto aparece envuelto con un m anto im pe­
netrable para cierto género de investigaciones...;/, y su
saber, su religión y sus artes ^son nada más que puntos
de discusión entre gerogliticos difíciles de interpreta]1,
estátuas mudas y tenebrosos monum entos propios de un
país en que ki idea de la muerte se sobreponía á todas
las demás...^ (F. P jo a to s tk . E l unir, en la cieñe, anti­
gua, Y).
De las obras de Odiumpollion, Marielle y Maspero: del
estudio de las interesantes antigüedades reunidas en el
Museo de tíoulng. cerca del Cairo, íiayet en su Item titea,
de la H istoria del A rle, l'orma un cuadro de ¡a cultura y
artes egipcias, y divide en cuatro periodos la historia ar­
tística y política de ese misterioso pueblo:
1." Periodo Meníita. (Capital Menfis).
f>
— 66 —
2." Periodo tebano. (Capital Tebas).
3.u Periodo sai La. (Centro Sais y otras ciudades del
Delta).
4.li Dom inación griega. (Fundación de Alejandría).
Le Bon, hace observar, m u y oportunam ente, que com o
la civilización del Egipto es de las «q u e se lian m o d iii-
cado con más lentitud, Lodo parece íijo y eterno en a q u e ­
llos templos gigantescos, en aquellas pirámides q u e han
desafiado á las edades; en sus m om ias q ue se rien de las
leyes del tiempo, y hasta en sus instituciones sociales,
que p roh íben Lodo ca m b io de cu alqu ier genero que
s ea ......»
«Los griegos y los rítmanos con qu istaron el Egipto,
pero unos y oíros renunciaron espontáneamente á im ­
ponerles su in flu en cia ; y los m on u m en tos empezados
por los egipcios y continuados sin retoques de estilo bajo
los Ptolomeos y los Césares, p ru e ba n cuanta vitalidad
conservaba á través de Itis edades la antigua civiliza­
c i ó n ..... » f La Ch'ittzatióu de ¡os A rabts. libro III. pági­
na 1 0 1 ).
Las investigaciones arqueológicas y la historia de este
país com enzaron á conocerse cuando Napoleón I llevó
allí sus legiones, y sabios y artistas q ue redactaron una
obra m on u m ental, la Descripción del E gipto.
Chainpollion, que halló la clave de los enigmáticos j e ­
roglíficos, Marielle y Máspero (Jíistoire anáeune des pe ti­
p les de r o r íe n i), son los sabios arqueólogos á quienes la
egiptología debe sus m ayores conquistas.
Los egipcios cultivaron la arquitectura con preferencia
á las demás arles plásticas.
«La teoría originaria de la arquitectura egipcia,— dice
üíanjarrés,— h u b o de ser la con strucción de piedra por
simple presión vertical. La enorm idad de los pedrejones
q ue emplearon y las formas piramidales que dieron á los
conjuntos, al propio tiempo que ofrecieron más garan­
tías de solidez, im prim ieron á los m on u m en tos un ca ­
— 67 —
rácter de grandiosa gravedad y de austeridad m a jes ­
tu o sa ......«
La falla de maderas de construcción hízoles recurrir á
la piedra arenisca, calcárea y granítica, de que poseían
magníficas canteras, y estudiar el corte de aquellas y
sus teorías de solidez y contrarresto.

PERÍODO M E K F IT i

Eli Menfis debe de estudiarse la arquitectura funeraria


•de los egipcios.
Las lamosas y gigantescas pirámides (se con servan
vinas cien, pero sólo m en cion arem os las más notables),
sun verdaderas maravillas, erigidas entre la orilla iz­
q uierd a del Nilo y la cadena de montañas llamada
líbica.
Las construcciones más antiguas (2,* dinastía) según
G illm an, son el Muslabat-el-Pharaou'n, alStid d eSacareli
y los sepulcros de los empleados al lado de la pirám ide
d e Gizeh, ó gran necrópolis de Meníis. Estas con struccio­
nes son de escasa altura, de forma rectangular- y co n
m uros de sillares. Cada tumba se com pon e de Ires depar­
tamentos: la cámara religiosa, desde donde, ante el p u e­
blo, se hacían las ceremonias; el serdab, en que se guar­
d a b a n las imágenes ó estatuas del muerto; y el subte­
rráneo funerario, al cual se desciende por un pozo abierto
<m la roca y disim ulado con verdadero arte, para librar
las momias de las profanaciones.
Las eslátuas de los muertos, esculpidas en piedra ó m a­
dera y las pinturas y relieves de las cámaras, revelan un
ürte com pletam ente desarrollado y un período de verda­
d era perfección.
En la gran extensión de esa necrópolis, se alza una p i ­
rámide de gradas ó peldaños, q u e Giliman cree p ertenece
á la tercera dinastía y que algunos viajeros han c o ñ s id e -
— 08 —
rado com o «la más antigua construcción del m u n do, co n o ­
cida hasta huy>> (Gunziínijac;h. Viaje p n ' el XH o l aíirma-
ción que se destruye con recordar cuanto dejam os escrito
a r e n 1.a de los orígenes de las civilizaciones asirías. L o q u e
si se evidencia con el detenido estudio de las antiguas
pirámides, es que los egipcios imitaron, al levantar esos
m on u m en tos, las construcciones babilón icas en mesetas
ó terrazas de m a yor á menor. Esta pirámide es m u y in­
teresante.

t ' i " . i-ü.— P i i ' ú m i d o d e C h e p l i r c n .

De Mentís; (te la gran ciudad de cuyas ruinas el viajera


árabe Abd el La til'(siglo x n ) di jo, q u e cuanto inás se las
contem pla m ayor es la admiración que producen, quedan
laíi solo informes m ontículos de tierra y piedra, que so­
bresalen entre los terrenos sembrados y las gallardas
palmeras. Tan sólo dos esíátuas de Ramsés II. se alzan
todavía co m o recuerdo de tantas o liras de arle.
Mariette descubrió los restos de un templo, que se cree
— G9 —
pueda ser el de Serapis de que habla lis trabón (1). que
servía para dar culto al toro Apis, personificación de
Osiris en la tierra y para dar sepultura á los toros sagra­
dos. Los sarcófagos son notables, y en ellos encontró
.Marietle interesantes restos arqueológicos, com o inscrip­
ciones. etc. Tan importantes ruinas ludíanse cerca de la
casa en que Marietle habitó, la cual sirve h oy de hospe­
dería á los extranjeros.

F i» . i l - — P i r á m i d o d e N u r i .

Las tres pirámides más notables son las de Gizeh, lla­


madas, la más alta de Cheops (Saplii ó Chura), la de Che-
phrén (Chaira) y la de H enkera (R am en ea ó Mikerynos).
La de Cheops mide 227 metros de lado en su base y 137
metros de altura, con 208 gradas que antes ocultaba su
revestimiento de granito pulimentado. Cerca de esta pi­
rámide álzase la gigantesca esfinge tallada en la' roca y
de cuyas proporciones puede formarse idea, sabiendo que

(I) « H a y im] l l i ' i i li s un ( e m p k i d e S e r a p i s . r u s i l í o Inn a r e n o s o v im os


!a.s n.-;(lns(‘s c*n(erradas t’ ii nro na , u n a s liaslii la m ita d y por o tr ;i s ......*
— 70 —
la nariz mide próxim am ente 2 metros. La altura m a y o r
de la esfinge es de 17 metros.
La de Chephrén (que con la eslinge reproducimos en
un grabado), mide de base unos 150 metros cuadrados y
de altura unos 90.
La de Menkera tiene menos altura.
Créese q u e la entrada á la gran pirámide de Cheops.
estuvo en las galerías subterráneas que bajo la esfinge
se han hallado.
La disposición interior de estos m onum entos, está sa­
crificada á la grandeza de las cámaras sepulcrales donde
tenían su asiento los sarcófagos.
Hay pirámides, a u n q u e más m odernas que la de Gizeh
en la Abisinia y en la Nubia. Generalmente tienen un
pórtico de enlrada com o la que reproduce la figura m i -
m ero 41. llamado pilón (de p v lo n . aumentativo de pule.
puerta) ó pilone.
Estos m onum entos, se construyeron durante los perio­
dos históricos siguientes al meniita.

PERIODO TEBANO Y SAITA

Caracteriza estos periodos, la construcción de los tem­


plos formados por enormes macizos de piedra, que en su
disposición total recuerdan los tiempos asir ¡os y aun
algunos de la antigua Persia, p or ejemplo, el dedicado á
Haldia en Khorsabad.
El templo, encerrábase en un fuerte recinto de piedra
sin otros adornos exteriores q u e los de la puerta, los re­
lieves de los muros, los obeliscos y estatuas colocadas á
los lados de aquélla y los grandes mástiles para izar b a n ­
deras.
Daba acceso al templo una larga calle (Brom os ó ca­
rrera), formada por esfinges de piedra. Esta calle, tenía
de longitud, á veces, más de un kilómetro.
El interior deL templo era m u y extenso. En el gran
patio había unos lagos, en los cuales, los días de iiesta.
b ogab an artísticas barcas, con las imágenes de los d ioses;
Kn el fondo del palio estaba la gran Rala de la Asam­

blea ó de la Aparición hipóstila, llamada asi por


el gran núm ero de colum nas que. la sostenían). Después,
el Santuario y detrás de este otra Cámara.
El gran templo de Karuak, del cual se conservan inte­
resantes ruinas, era el más exLenso de todos. El conjunto
de las construcciones ni ule 3(55 metros de longitud y 113
de latitud, y la Sala hipóstila 10 2 por 51. lista, tenía
134 colum nas (algunas de 23 me Iros de altura y de más
de 10 metros de circunferencia.
Este te m p ló s e com pon ía de un (troníos; im pilón (ó pór_
tico c ü m o y a se ha descrito); una sala ¿yJíVríY (especie de
atrio de m arcado carácter indio y asirio. m u y usado des-
pués por griegos y romanos); una sala hipóstila: el San­
tuario. aislado c o m p le t a m e n t e , y otra sala hipóstila
rodeada de otras habitaciones menos importantes. El
conjunto era ma^níiico, ¡jorque sólo el temido principal
media más de 800 metros de longitud.
En las paredes se representan las grandiosas epopeyas
de los Faraones.

(’iií. Vi.—//ifiOUCO lk' ltiUu:)-fMIr>]uk.

Otro m on u m en to digno de estudio es el llamado hrpo-


(p'o de Hiban-el-Moluk, ó necrópolis de los Faraones de
la XVII y XIX. dinastía. El templo, de severas propor­
ciones. servía para la celebración de solemnidades c o n -
im * m tiv iis de las p e r s o n a s ouyuí? e i i i l ú v e r e s s e ¿ ¿ m u ­

da U n í c u las t u m b a s del h i p o g e o ule h 'tfm . bajo. y y h >•.

I ir iTii— e o n s l m c c i ó n s u l d c n 1; ' ) nea ), L a f i g u r a número i:í.

reproduce mui t m n h;i. c o m p u e s t a . como las d e m á s . di '

varias <;ám;¡rris y la (hnuuht. d o n d e Se r u l u c a h a el snr-

(V l’üí^'O,

L o s s p m x i’t t e m p l o s tallados ni la roca de IsHiobul o

A l ) ú S í m b e l . d e c u y o (’ x í e r i o r é i n t e r i o r puede lom onse

idea p o r los g r a b a d o s números 44 y 45. son verdadera­

m en te m aiímíicos. L a s s a l a s d e l ¡jrntn |i' ii i]il u f d i e z y s e i s

e s t a n c i a s ) . e x c e d e n á. l u d a ponderación. Las ocho rsiá-

l u a s c o l o s a l e s ile R a n i s é s 11 y i o s r e l i e v e s s i m I i ó i i ¡ ■.> i-( —


pr e s e n t a n d o batallas y pasaje-1? d e la vi da del Faraón.
K o b i v c o j e i i el á n i m o p o r sil g r a n d i o s i d a d s e v e r a .
K1 p e q u e ñ a t e m p l o c o n s a g r a d o á la d i o s a H a t o r fue
e d i f i c a d o p o r R a m s é s y s u e s p o s a Neí' erl. La h e r m o s a

cabeza ¡ l e la r e i n a egipcia, form a parle, r e p e L i d a m e n l e.

d e la d e c o r a c i ó n . d e l t e m p l o .

Los ]ialacios eran m u y s e m e j a n l e s á los l e m p í o s , e n su

aspecto exterior y distribución interna.


PERÍODO DE DOMINACIÓN G R IE G A

«Todavía— dice Bayet— bajo la dom inación de los P l o -


loincos, las tradiciones del arle egipcio se mantuvieron,
com bin ánd ose con influencias griegas; pero entonces per­
dió toda la fuerza de in v e n ción ......»
Rsta época se caracteriza por algo de renacimiento del
antiguo estilo egipcio y por dos clases de construcciones:
los typhndos, q u e se com pon ían de una nave con v estí-

l'ijj. -tli.— T e m p l o de Ivilfú.

bulo y cámara posterior, consagrados al dios Typhon.


em b lem a de la corrupción y la riqueza y las Mamtittisix
ó cunas de animales sagrados, de cu y o aspecto puede f o r -
m-irse idea por el grabado número 46 que representa el
templo de Edfú, cerca de Philoe.

COMPONENTES DE LAS CONSTRUCCIONES

C o lu m n a . — E n los m o n u m e n t o s deí p r im e r p e río d o


a p a r ece ya la n o c ió n d é l a c o l u m n a eg ip cia. E s c u a d r a d a ,
— 7f> —
y le sirve de base un m u ro q ue une todas las que c o m ­
ponen el vestíbulo. Insensiblemente, el poste ó pilar se
transforma hasta convertirse en las elegantes columnas
de Tebas.
Los grabados n úm eros 47. 48 y 40 representan una c o ­
lu m n a , dos capiteles y dos bases pertenecientes al pe­
ríodo brillante del arte egipcio. La figura 47 revela una

KLs;. 4 7 . — C o l u m n a e g i p c i a . F i g . i S . — C a p i t e l y lia.si.'.

colum na com pleta de los hipogeos de Beni-Hassan y ^e


ha considerado por los arqueólogos qoiwo irotodóricfí. En 2
efecto, sobre su fuste estriado descansa un abaco, que
une la colu m n a con el arquitrabe, pero el aspecto general
del pórtico á que esa colum na pertenece más bien parece
griego que egipcio, y posterior á las caracterizadas
construcciones faraónicas.
— 11 —

Dice Manjarrés, q ue i en la forma y exornación de las


colum nas egipcias se observa q ue el Upo original debe
haber sido el tronco de la palmera, toda vez q u e algu­
nos fustes se presentan con alguna hinchazón en el
ímoscapo, donde al propio tiempo están figurados los
folículos q u e suele h ab er en el arranque inferior de las
plantas b u lb os a s.»

I'iíí. W . — C a p i t e l y ho.^o. Fig. 3 0 — Ci ip iti 'l ilt* C ;i m il¡ ilG . 4 .

Respecto de Capiteles, pueden señalarse [res tipos


principales: l .0 La flor del loto cerrada y coronada con
un abaco cuadrado. (Véase el capitel figura 11.11 48). 2."
La llor del loto abierLa con lodos sus pótalos y folículos.
K1 abaco a unque es cuadrado, sigue las mism as líneas
del fuste y 110 cu b re por lo tanto la m a yor circu n feren ­
cia del Capitel. (Véase el capitel figura nóm . 49). 3."
Cuatro cariátides coronadas por otros tantos relieves, so-
— (8 —
ll )S Clin ll»:SC¡UlS;i 1*1 allilCO, ib* ltIS 111 i s 111 el S lulllllir'
V ( l i mt ' l l ^i l i l l f S q l l e L'i d e l Se^' Utldu tipil. (\ e í j s e el ü l d l l i l -

ild i i ú t n e r o r'»()i.
C o m i d a t m ' n f o . — Sc.m s e n c i l l í s i m o s . y so c o m p o n e n solo
( [(j. (D'fji>_>Ifiihc. o pa ríe interior de aquel } de eninisii

1‘u n n a i l a . p o r un rim ariu de ^ran v u e lo t m o li lu r a ue dos


p o r c i o n e s ile c i r c u l o ) i n u v c a n i c l e r í s L c o de- e slilo e g i p ­

cio. cnrou;idn p ul ' mi sencillo lilele, ciinm repicsenla m

iir a l u i d o n ú m e r o ó 1.

.“( I Trm¡>!» ile Hmului- ■'> Wiithiu'i.

( HM'M.ií'Co:-..— K s h i s i l o s <*lcisi‘ s de m onr.m cnlos luicn <t

la m e uniría los m enhires prnlohislencos. Les ohel/sros

u l e oM í .kÍ;*,*. ¡ [ n¡-‘ e n u r i e - o ^ i - n í i i r - a ittjvjtt ■. s o n p i r á m i ­

d e s <l e base cuadrada, y llam ahanse en egipcio in rn i'.

q u e si 15ni 1 ieíi /‘</>/os m t h t i ' e s y c o l n i u i n i s (le H e r m e s 1 A u n -

liis). p o r q u e s e c o n s a g r a l u í 11 u e s i e d i o s d.e la s a b i d u i m di­

vina. s e u ' ú n i n d i c a n l o s ^ ' e r o ^ l i l i c o s ; l a m i n e n .^e l e s c o n s i ­

dera com o m o n u m e n to s c o n m e m o r a t i v o s , L 11 la. é p o c a d e

lus S ' í u l o m e o s se adulten'. la s i ^ 1 1 i i i r ;n ■i ú 11 d.e l ns o b e l i s ­

cos, respecto de su objeto.— que ya m iles liem os dicho

era d e c o r a r las e n t r a d a s á ios palacios y los tem plos.—


— 79 —
destinándoseles k m onum entos independíenlos en las

plazas públicas, tal c u i n o se v e n e n m u ch a s poblaciones.

F¡:j\ 12.— (
) 11>L1] ]Si.'iís il c Ls I K >< i !'.

Se^ún r o s ti 11 íí d e rocíenles i n v e s l i & a e i o i u ’s. parece. y

ü sí 1u l i e m o s l e í d o en periódicos y ivvislas. - q u e se li a

encontrado en las c a n loras de Syénes un enorme trozo

l-j". ' l ' i l i i u ili.* L u k s n r .

<lo p i e d r a m e d i o adherido á la roca, que indica clara­

m ente el p r o c e d i m i e n t o que hace tros m i l a ñ o s e m p l e ; i -


— SO -
ban los egipcios para desprender esos monolitos colosa­
les en ([lie labraban sus más preciosos m onum entos.
-En in roca, y d ib u jan d o el contorno del b loque que
deseaban desprender, practicaban varias goteras pro­
fundas, en cada una de las cuales introducían cuñas de
madera de distancia en distancia; verfían luego agua en
abundancia en las goleras, y las cuñas, al hincharse,

Fis; oi-,— Sjilu di: Mt.'iliiu.’l- A b tj.

desprendían la masa de piedra que, separándose de la


cantera, venía por sí sola á colocarse sobre los rodillos
de transporte previamente dispuestos en el sitio c o n v e ­
niente. >.>
Nuestro grabado número 52, reproduce los obeliscos
de Luksor. q u e preceden á aquel templo, en el que r e -
cienU’inente se ha descubierto una estátua colosal de
Kamsés II.
— 8 1 -

p t[ , !N- . ^ Y a q i u ' d a flirlio lo q u e ( [ n i e v e A p c i v p i l ó n . Sir­

vieron. ?hi e m b a l o d e s u e n r a r l e r d e v e s t í b u l o , d e l orre.

il r d e f e n s a . A”é a s e e l g r a b a d o n ú m e r o que representa

sd p i l ó n d e l l e m p l o d e I . u k s o r .

l'iíifisTii.os.— (De pf'i'ix. en I o n i o . y v / y / w , euJmn ; i ¡ i >.


Especie di 1 aLrío formado con colum na? de q ue puede
rumiarse idea por la reproducción del lemplo de lídlVi
q u e p u b l i c a m o s e n la. p á i ' i m i 7 0 .
G
— 82 —
S a l a s h ip ó s t il a s . — Son estancias cu y os leclios planos
están sostenidos p or colu m n as (de hipo, bajo, y stylos.
columna). Nuestro grabado n ú m ero 54, representa una
de esas salas, perteneciente al interesantísimo palacio
de R am sés III, con ocid o hoy con el nom bre de Medinet
Abú.
El origen de estas salas, es perfectamente asirio.
S a la s h ip ia t r a s . — D eben de llamarse, realmente,, atrios
porticaclos (de hipo. bajo, y míhva, cielo descubierto).
Como se verá después, esta os una de las formas arqui­
tectónicas q ue pasaron de Egipto á Grecia. El grabado
nú m ero 55, representa una sala hipe Ira del hermoso
templo de Philtp, verdadero m u sco para el esludio de la
orn am en tación egipcia.

OTRAS CONSTRUCCIONES.

Consér-vanse pirámides de ladrillo, por ejemplo, las de


Meroe, que al exterior son m u y semejantes á la de Nuri

qu e p u b licam os en la página <>í). La construcción dala de


los reyes etiopes (720-525 antes de .T. C.)
R especto de las casas egipcias, dice Gillman: «Las c a -
¡■'ia. -;r.—i-.'idí.M ij;_(i,nl¡■i.
y M c u l i s . o s j-aro q u e l uvi r s tMi m á s d e d o s j j í s os . I M í t n l e
ó ¡U l: i du d i 1 la p u r r i a mj im j)<S[■Iifti ó u n a en-
— S4 —
bierta sobre las colum nas, q u e sostenían astas co n b a n ­
deras. En el dintel de la puerta se leía generalmente el
apellido deí dueño ó bien una sentencia de b ien v en i­
da...^ [Construcción de edificios. La casa). La disposición
interior era. a unque reducida, la de los templos y pala­
cios. El grabado n ú m ero 5(5, representa la fachada exte­
rior de una casa, copiada de las más interesantes de
El-Tell, y el n ú m ero 57, otro modelo de sala hipetra,
cu y os toldos hem os de recordar después en los m o n u ­
mentos de Rom a.

Para el estudio del arte egipcio, además de las obras


de Champollion, Mañette, Maspero. Perrot y Chipier.
Brugsch, Na vi lie y otros egiptólogos, las interesantes
narraciones Viajes p o r el JYilo. de G onzenbach, y las
Cartas del Egipto, de ladv Dnff Gordon, d eben de c o n o ­
cerse las fotografías y catálogos del notabilísimo Mnseo
de Bulaq.
Y
Indios

L a lud ia y s u s e o n s I n i L ' u i o n e s . — A n l e c c i l n n t e s . — lX’ s m p e i ó n l i e A y o i l l n a —


M o n u m e n t o s tro gl o di ta s: T e m p l o ile l n d r a . — C a r a c t e r e s d e esLus m o n m n f i t i l o s .
—M o n u m e n t o * m o n o li t o s : T e m p l o de K a i l a z a . —M o n u m e n t o s c o n s t r u i d o s c o n
m n í e r i a k ' s t r a n s p o r t a d o s : Yinunirts. U o p u r a s . A l c á z a r e s . ' —T o p e s y D ug o b a s. —
C o m p o n e n t e s d e l a s c o n s t r u c c i o n e s : P i la r r> c o l u m n a . C o r n i s a m e n t o .

Antes de establecer de un m odo concreto el enlace de


las arles en el Oriente, conviene con oc er el arle de la
India, cu y a antigüedad es m u y remota, tal vez anterior
al de la Asiría, aunque esto 110 puede determinarse de
un m odo definitivo.
H ay que liacer notar, desde luego, el antecedente de
q ue en la India se conocen, perfectamente definidas en
el arte, tres épocas: Construcciones trogloditas ú hipogeos (I)
(construcción ó escavación subterránea para coloca r los
muertos); construcciones mouolUas y construcciones con
'Materiales transportados.
Este antecedente, parece demostrar que el desarrollo
del arte en la India siguió el mism o orden cronológico
q u e para el arte en general resulta determinado, y que

(I) i ' a l a b r a g r i e g a . — De h i p o , b a j o , y gh e, tiorra .


— 86 —

por lo tanto, las construcciones trogloditas convien en con


las últimas manifestaciones del arleprotoliistórico, (aun­
q ue ya h ay en ellas rica ornamentación), las m om litas
co n ías asirías y egipcias, y las de m ateriales transporta­
dos con m on u m en to s más modernos.
En las Pavanas (ó antigüedades), libros religiosos de la
India, ludíanse descritas con gran lujo de detalles,
que prestan fantásticos tonos á las descripciones, las re­
glas del arte arquitectónico.
El famoso indio Raai-Rfís individuo de la Sociedad
Asiática de Londres, q u e murió en Europa en 1833, es­
cribió un notabilísimo trabajo titulado: «Ensayo sobre Ja
arquitectura- de ¡os Indos», que la Sociedad referida p u ­
blicó en 1834; y en el R am a ya n a. famoso poem a indio. (1)
rico en magníficas y poéticas imágenes, se describe
así la Ciudad de Ayodhia: «A orillas del Saraya, se ex­
tiende una vasta com arca, fértil y deliciosa, llamada
Kosala, y abundante en trigo y en riquezas de toda
suerte. Allí se alza Ayndhia, ciudad celebérrima en este
m undo, edificada p or el m ism o M ané ( 2 ), el señor de los
h om bres. Tiene doce yodjaitas de longitud por tres de
anchura: sus calles y callejas están perfectamente arre­
gladas, y su piso regado de continuo con agua viva. Vive
allí Dasaratlia, el más poderoso de los monarcas, hasta
en los tiempos en q ue Indra m orab a en Maravali. Cer­
cante altas murallas, flanqueadas por torres más altas
aún, adornadas de estandartes y llenas de armas incen­
diarias; rodéanla fosos inexpugnables, y tiene abiertas
en los m uros puertas magníficas en arco. Todas estas
obras y las num erosas m áqu inas de guerra que guarda,
la ponen á cubierto de los ataques de reyes extranjeros.
Habitan la ciudad un pueblo de poetas y de músicos, ar­
tífices hábiles en todas las artes y una multitud de dan­

(I) Esltf p o e m a e s la h i s to r i a del g ue ri 'e r o Ra m n.


( tj P a d r e de l g é n e r o h u m o n o .
— 87 -
zarinas; y á la m ism a llegan sin cesar gran n ú m ero de
príncipes tributarios y de mercaderes (le todas las nacio­
nes. Yese inmenso número de cabezas de ganado, cabras,
m alas, camellos y elefantes. Es hermosa por sus jard i­
nes, y por sus bosq u es y por sus palacios de labor e x­
quisita realzados por joy as y elevados com o montañas.
Hablase de sus hileras de ricas tiendas, de sus casas so­
berbias con varios pisos, y de sus edificios magníficos; en
u na palabra, su aspecto es em belesador y brilla esplen­
dente com o el cielo de lndra. La Ciudad toda se halla
pintada de diversos colores; sus construcciones em pla­
zadas una ju n to á otra sin blancos intermediarios y en
terrenos suavem ente nivelados, aparecen decoradas por
tilas de árboles. Es ciudad célebre por sus deliciosas fies­
tas; óyense en ella de continuo los sones de los címbalos,
de los timbales y de los laudes; y en verdad aventaja á
todas las ciudades de la tierra, asemejándose las casas
que encierra, á las mansiones celestes que los s'uldhas
alcanzan por premio de su austeridad^.....
Desde luego se advierte, que la anterior descripción (1)
corresponde á una ciudad en q u e alienta una civilización
completa, en todos los ramos del saber. Según los críti­
cos, d eb e suponerse que el poema estaba ya escrito
«cuando los antiguos navegantes griegos, anteriores á
Alejandro, recorrieron las costas del mar Erytreo y co n o ­
cieron las Indias sánscritas».

MONUMENTOS TROGLODITAS.

Hállanse los más notables en Salseta, K onnery. Carli,


Ellora y Coromandel.
Ei más rico de todos es el templo de lndra en Ellora.

(I) Q u e i n s e r í a M i g u el y l¡;tdía en su ¡ n l e r e y a n l e l i b i o L a H a bitación


c a r t a l.
— 88 —

h id ra es el d i o s del li r m a nim io y do t a s n u b e s .
Cuino lodos íijs t e m p l o s <( u c p e r t e n e c e n a e s l a i ' j i m1;!.
la p l a n l a es c u a d r a n u n lR r y termina en un aposento
(leude e s t u v e col oc ad a !¡i Íj i i m ^ c u de l bios. El lecho os

p l a n o y l o s o s t i e n e n c u a d r o t i l a s ile pi l n r e s p e r f e c t a m e n t e .

H l i n e a d o s . Et i el c e n t r o h í i y u n a piscina.

E n i a eii lir. tdi i h a y c o n s t r u c c i o n e s i n o i i ü i i l . a s . r e p r e s e n ­

tando elefantes. obeliscos. e(c.

En las p a r e d e s inleriores eslán g r a b a d a s en relieve li­

su ra s coloridas con pin turas p olicrom as.


— 89 -
Para formar idea de las dimensiones de un templo de
esta clase, baste saber que uno de Carlí, mide 40 metros
de largo por 20 de ancho.
Ahora bien: a u n q u e Jaeolliol dice que estudiar la In­
dia es remontarse á los primitivos orígen es del linaje
h u m an o; a un q u e se reconociera com o indiscutible que
en la India está el origen de toda civilización. Leniendo
en cuenta q ue el estudio de la lengua sanscrila ha hecho
ver en ella los orígenes de los idiomas relativamente
m odernos, á pesar de que los m on u m en to s trogloditas
de la India están escavados en las m ontañas co m o los de
las edades proíohislóricas. no pueden estos clasificarse
en esa época, por que el templo de lndra pertenece á un
arte ya perfectamente definido en que se halla la c o lu m ­
na ó pilar sujeta á un régimen a rq uitectón ico y no ca ­
prichoso, y La ornam entación respondiendo á un plan
determinado.
De manera, q ue las construcciones íroglodilas de la
India deben clasificarse entre las de la m ism a índole de
Asiría, Egipto y G recia, de ¡as cuales, á lo*sumo, p ud ie­
ran ser contem poráneas.

MONUMENTOS MONOLITOS.

El más notable es el templo de Kailaza. en la península


del Indostán. Los indios creen que ese m on u m en to es
el panteón de Siva, y copia, por lo tanto, del palacio
que aquella divinidad ocupa en la fabulosa m ontaña de
Merú.
Este templo, es un notabilísimo con jun to de artísticos
pórticos, miradores y una especie de minaretes, que re­
cuerdan las construcciones asirías, las egipcias y aún las
griegas, pues en la disposición arquitectónica de los
pórticos y galerías y en la ornam entación de las puertas.
— ÍIÜ —
h a y d e l a l l e s i i i l e r e s i u i l i s i m o s d e l a s l m e ; i s g e n e r a l e s del
¡trie c l á s i c o .

P e n i e s c u l p i r e s t e I e m p t n . l u v ^ s e q u e e \ c i i y ; i r hi r o m
en una ji i/u Tundida!.] de :.{li m e t r o s : de KíO á lo i a r ^ u y .lo
it j ¡lucho.

Kn los m u d js di1 los s i l l o n e s , de p n l l a m e n los y c a p i l l a s


d (‘ l l e i n p l o . h a y e s c u l p i d o s ]>ush j e s de la u t i l o l o i - i a i n d i ­
c a . p i u l a d o s c u d i t e r e n tes cuí n re s .
hsle templo lúe [¡i liarlo e n ki roca, se^ún h.is mas
— Í)1 —

autorizadas opiniones, en los primeros tiempos de la


era cristiana; de modo, q ue se explica satisfactoriamente
de este m odo sus semejanzas con las artes con ocid am en ­
te históricas.

MONUMENTOS CONSTRUIDOS CON MATERIALES


TRA NS PO RT AD O S.

Según Las Purauas, los santuarios ó templos pertene­


cientes á esta época arquitectónica, llámanse Yhnmias.
El aspecto es p oco artístico, porque la cú p u la de estas

Kig. liO.— Y i m a n a .

construcciones, es en orm e siempre, y a sea el santuario


construido para que el ídolo esté de pie, bien echado ó
sentado.
Las GopurfíSf son unas construcciones q ue sirven de
ingreso á los recintos que rodean los alcázares ó los tem ­
plos. El aspecto, es el de una especie de pabellón, con c ú ­
pula, también desproporcionada, formada de diferentes
pisos, conociéndose la importancia del m on u m en to á
— 92 —
q u e sirven de ingreso, por el núm ero <le aquéllos. Los
Gopuras sagrados llegan á tener hasla diez y seis pisos.
El templo de Chalambron, en Tanjaliur. costa de C o-
roinandel, es el más rico y notable de los templos in­
dios. Tiene cuatro gopuvas y esLá orientado.

l'ijj. (SI.— G o p u r a .

Los alcázares son también m u y fastuosos, y contienen


palacio, ja rdines, estanques, pórticos y un templo ó p a ­
gada. palabras q u e quieren decir Idolo, templo.
Consérvanse en la India otros m on u m en tos, los de ca ­
rácter fúnebre, hallados en Bamiyan, y los cuales se
d enom in a n Topes (del sánscrito stupa, tu m ba ó túmulo),
y que son construcciones cilindricas con cornisa y c u ­
bierta seiniesférica, y los Dagobas (de dagop. lo q ue en­
cierra el cuerpo) de Ceylan, tu m b as en forma de torre
con cúpula ovoidal. Los dagobas están rodeados de pos­
tes de granito, cortados en formas prismáticas. Unos y
otros, traen á la m em oria los dólmenes rodeados de m e -
nliires, de las épocas protohistóricas.
El tope pertenece á la época de Budha, es decir, á los
tiempos más antiguos que de la India se conocen. La fi-
— 93 —
g u r a se m ie sfé rie a r e c u e r d a los tú m u lo s de E u r o p a y los
■Moiinds de A m érica.

COMPONENTES DE LAS CONSTRUCCIONES.

P i l a u ó c o l u m n a . — El p il a r ó c o l u m n a se c o m p o n e d e
f u ste . c ap ite l, b a s e y p e d e s ta l, com o p u e d e v e rse e n la s
c o lu m n a s del te m p lo de I n d r a (p á g in a 88). L a fo rm a
del p ila r es c u a d r a n g u t a r y a lg u n a s veces re d o n d o ú oc­
togonal y de 4 á í ) d iá m e tr o s de a l tu r a . El fu ste, r e la t iv a ­
m e n t e p e q u e ñ o , com o e n E llora, a u n q u e e n C h e la in -
b r u m , e n Y im a la -S a h y D s c h a g g e r n a u t, a d q u i e r e n el
c a r á c t e r de la c o lu m n a , y en Barolli tie n e n m a r c a d í s i m a s
r e m in is c e n c ia s p ro to d ó ric a s, a u n q u e el ca p itel y la b a s e
son de estilo indio.
Cü u n í s a m e n t o . — A u n q u e el a r q u i t e c t o Mollies, e s t u ­
d ia n d o los re s to s a rq u ite c tó n ic o s de la I n d ia lia c o m p u e s to
los e le m e n to s p r in c ip a le s del estilo, es decir, u n a c o lu m n a
con su c ap itel, el a r q u i t r a b e , el friso y la c o rn is a , y esta
c o m p osición tiene c a r á c t e r y los e le m e n to s son a u t é n ­
ticos y no in v e n ta d o s, es lo cierto q u e no p u e d e n d e te r ­
m in a r s e las p a r te s de q u e los e n t a b l a m e n t o s se c o m p o ­
n í a n . p u e sto q u e los a r q u i t r a b e s v a r í a n m u c h o en su
form a y las m o l d u r a s se c o m b in a n con d im e n s io n e s y
v ariedad ex trem ad as.
F en icios y hebreos

Los fe nic io s y su m is ió n c o lo n iz a d o r a 011 el a n t i c u o y mi o vo c o n t i n e n t e . —


La isla tle C lt ip ie y las i / o n s l r u c n o n e s t e n i d a s . —H e bre os: A li nidiule s d e su
a r t e c o a Asiría, Kgiplo y Fenic ia.

Ya h e m o s s e ñ a la d o e n c a p ítu lo s a n te r io r e s el p a p e l im ­
p o r ta n tís im o q u e tos fenicios d e s e m p e ñ a r o n e n el des­
a rro llo de la c u l t u r a y la civilización, del a r te y del
co m ercio. V ia je ro s i n c a n s a b le s , lle v a ro n de O rie n te á
O ccidente, de N orte á S u r , los p r o d u c to s, las a r t e s de
todos los p u e b lo s , sien do los a u t o r e s de e sa s a d m ir a b l e s
a n a lo g ía s q u e e n el a r t e se a d v ie r t e n e n A m é r ic a , en
Asia, e n E u r o p a y e n el m u n d o e n te ro . S u s c olonias s e r ­
v ía n de e x c e le n te s e s c u e la s , d o n d e desde el a lfa b e to
h a s t a los se c re to s de la cie n c ia , se a p r e n d í a n .
E n la isla d e C hipre es d o n d e p u e d e e s t u d ia r s e el a r t e
fenicio, q u e r e a l m e n t e 110 tie n e la im p o r t a n c ia q u e los
d e m á s c o n te m p o r á n e o s . El c a r á c t e r asirio d o m in ó e n las
c o n s tr u c c io n e s , y las c o lu m n a s y d e m á s c o m p o n e n te s
del a r t e a r q u ite c tó n i c o o s te n t a n fo rm a s egipcias, p e r s a s ,
p ro to d ó ric a s ó p ro to jó n ic a s.
El a r t e fenicio tie n e la ru d e z a del p u e b lo e r r a n t e . Los
m o n u m e n t o s e n q u e las f o rm a s son m á s c o rre c ta s , p e r -
tenecen ya á épocas relativamente modernas, y relacio­
nados con el arte egipcio y el griego determinadamente.
Lo propio sucede con el arte hebreo. De m arcado ca­
rácter caldeo-asirio. influido por la cultura y las costu m ­
bres fenicias, los recuerdos escritos q u e de este arte
q ued an, acusan aquella procedencia y aún los escasos
descubrim ientos arqueológicos del templo de Salomón. lo
confirman.
Los sepulcros del valle de Josaphat, son m odernos, re­
lativamente. y en ellos se marcan con exactitud las for­
mas clásicas, nacidas de Asiría y Egipto,

VII
Re s ume n

De lodo lo expuesto resulta demostrado un especialísi-


mo enlace en el arte del Oriente en la Antigüedad: enlace
qu e tiene su explicación en las relaciones de unos p u e­
blos con otros y en algo inexplicable, que hace iguales,
h o y com o ayer. la infancia de ios pueblos cultos. La
cuestión puede resumirse en las siguientes conclusiones:
1.a No es posible desconocer elementos artísticos in­
dígenas en la Asiria y la Persia.
2 .a Entre esos países y el antiguo Egipto hay co m u ­
nidad de ideas artísticas que tal vez, antes que por las
conquistas de las armas, llevaron de una á otra parte
los fenicios, factores importantísim os en toda civiliza­
ción y cultura antigua, p or las relaciones com erciales
qu e establecieron con todos los países.
— 96 —
3.a Que los ra sg o s clásicos son m á s escasos q u e los
egipcios e n los m o n u m e n t o s p e rs a s, aclvirtiéndose sin
e m b a r g a , en la tra z a g e n e r a l de las c o n s tr u c c io n e s , con
p r e f e r e n c ia á los e le m e n to s a r q u ite c tó n ic o s , y
4.“ Que en el r e n a c im ie n t o a rtístic o (le la d o m in a c ió n
s a s á n id a . h a y q u e b u s c a r ios o ríg e n e s del a r te á r a b e , y
del h i s p a n o - á r a b e , e s p e c ia lm e n te .
LIBRO SEGUNDO
EL CLASICISM O EN OCCIDENTE.

P recu rsores del arte clásico

Olisciiiidíul d*> Uis p r i i u n r o s t i e m p o s ik; la Gn>e¡;¡.— lJolast;os y h e l e n o s . _


División <Líí ]«i a n lig u u G r e r i a . —■'T r a d i c i o n e s g r ie g a s . —Los ilo s c u b r i m i e n t o s d e
lli.s-iirlik, Sun loriii y MU’w u i s . —Los pocicins d e H o m e r o . — C o n s l n i c e t o n e s
poliis^iciis y oti’ii s fn s .—División d t‘l e s l u d i u de ! erlasifismo e n d o s pe rí odos:
(ireciii y

Ln h is to r ia de G recia y ile s u s a r te s , de su a d m i r a b l e
<•iy ilinación, o scurécese e n la p e n u m b r a de la proLohis-
loríH y e n lr e las n u b e s de f a n tá s tic o s colores q u e r o d e a n
los poéticos re c u e r d o s de los tie m p o s heroicos.
A este propósito, dice U u r u y al calific a r de h is t o r ia le­
y e n d a r ia los a ñ o s 2000— 1104?: «Es n e c e s a rio r e c o rd a r
q u e 110 h a y e n la h is to ria g riega n i u n solo dato se g u ro
¡interio r al año 770, en el q u e c o m ie n z a la e ra de las
O lim piadas. A n te s de e s ta ép oca, la cron olog ía no se d e ­
t e r m in a sino p o r g e n e a lo g ía s m ito ló gicas, p r in c ip a lm e n te
' — os —
p o r la de los H c r á e lid a s tic L a c e d e m o n ia . y c a lc ú la n s e
los Liños s e g ú n el n ú m e r o de g e n e ra c io n e s , d a n d o á c a d a
u n a de é s ta s , t r e i n t a y dos ó tr e in ta y Ires: de modo q u e
tres g e n e ra c io n e s c o m p r e n d e n un siglo. H a sta las g u e ­
r r a s M édicas, m u c h o s d a lo s son d ud osos a mi. E n s u con­
s e c u e n c ia , no se h a de a t r i b u i r a los q u e d a m o s, h a s ta
el siglo v v a lo r positivo, p u e s s o la m e n te son u n m ed io
p a r a e s ta b le c e r relación cronológica e n tr e los a c o n te c i­
m i e n t o s ......» i Hi.sl. de lo* (/¡•¡{‘(jux. L. 1. pág . Kn.
P a r a q u e todo lo q u e á esc h e r m o s o periodo del d es­
arrollo de la h u m a n a c u l t u r a se a m isterioso , h a s t a se ig­
n o r a por q u é c a u s a , el n o m b r e de G r e c ia .— p e q u e ñ o c a n ­
tó n del E piro. q u e a n t e s se lla m o D o d o n a .— p rev aleció
so b re el de la r a z a p e lá sg ic a ó s o b re el de s u s su ce so re s
los h e le n o s. Los n o m b r e s griego y h e le n o , s e g ú n A ristó­
teles . e r a n o r ig in a r io s de los a lre d e d o r e s de Dodona y de
las orillas del A q u e la o s; y Ere re í d a el m ism o s e n tid o á
la p a l a b r a Grec. (créese signilica v iejo ’} q u e á jwUtstjos (ó
p ’lmg'ut, p u e b lo de A rgia. en el Polnpuneso. se g ú n Ovi­
dio) ( 1 ).
A Grecia,, d e b e c o n s id e r á r s e la com o h e r e d e r a de a s i­
rios, p e r s a s , egipcios, fenicios, pelasgos y h e le n o s, y a lo
h e m o s dicho e n a n te r io r e s c a p ítu lo s ; y como esos p u e ­
blos e x te n d ie r o n s u d o m in a c ió n , y lle v a ro n s u s a r le s y
su s cono c im ie n to s p o r g r a n p a r l e del m u n d o , desde la
I n d ia h a s t a A frica, a t r a v e s a n d o el Asia y la - E u r o p a , y
d e ja n d o en ellas i n d u d a b le s ra sg o s de su c n U n r n . no es

(I ¡ Se.mtn I c n i á n d e z (iuiizález. qu e a p oya su opinión e n los le sfim oiiias tic


Pau sa m o s V respe tables aut or es m u d e m o s , la roza pelásyica era afine (1c !¡i
tilia. pr oced ie nd o s u nombro, «según la l e y e n d a griega do P e l a d o (hijo dr
Pos eidaón ;t te n o r d e la Iradieion urcadia c o n s er v a d a por los Helenos). 11
rr>e epiin inio que e n s e ñ ó á alimuiifíu'se d e las bello ta s, nlimeiilu de los ju j-
m e r os Péla seos, y do qu e hic ie ron }>i.m los ant iguo s Esp añole s. ho n ra n do
a qu éll os el liayn de Dodona, cumu e slo s el árbol de ( i u e n i i c a . a f i n i d a d por
cierto e u n o s í s i m a y qu e .iiisllfira. c o m o otras m u c h a s la le o n a , do q u e ya h e ­
m o s hablad o en est e libro, d e pnre nleseu enfre los anlisíitns pueltios del
Orienle y los e uskaros d e l‘’s|iañ-i. (Obra r ila d a . 217).
— ítií —
a v e n t u r a d o a c e p ta r e sta d esc rip c ió n geográfica de la a n ­
tigua G r e c i a :......a f r e n te al c o n tin e n te griego, la a n t i ­
g ü e d a d conoció, al O riente u n a G re c ia a siá tic a ; ol Occi­
d e n te . una G re c ia i ta lia n a , y al M ediodía, e n el v a sto
p ro m o n to rio de la O iren aica, h o y d esierto , u n a G recia
a f r i c a n a ......*• {IH rvy , o h ra f i l a d a , pág . 3). c o n v in ie n d o
con esto el o rig e n de los estilos a rqu itectón icos,, p u e sto
tjue el ih'a'icu lomó s u s rasg os p r in c ip a le s del Egipto y el
j<>túm de N ínive y Persépo lis: s u r g ie n d o el corintio del
p e rf e c c io n a m ie n to de estos ó rd e n e s e n A te n a s , c om o
d e s p u é s R o m a tomó s u s e le m e n ta s a rtístic o s de la G r e ­
cia i t a l i a n a .
Los griegos, a b s o r b ie r o n , con a y u d a de pelasgos y fe­
nicios, las h e r m o s a s c ivilizaciones de egipcios y p e r s a s ,
h e r e d e ro s de la g r a n c u l t u r a c a ld e o - a s ir í a y así no es
e x t r a ñ o q u e D iodoro Siculo diga: es l a m a q u e los
G riegos se lia n a tr i b u id o los h é r o e s m á s fam osos y dioses
y a u n bis co lo n ia s de los Egipcios. P u e s H é rc u le s , el q u e
por b i z a r r í a reco rrió la m a y o r p a r te de la t i e r r a h a b i t a ­
da y p u so e n Africa la c o lu m n a , era egipcio de lin a je
a p e s a r de la s a f irm a c io n e s , q u e p r e t e n d e n h a c e r le de
los G riegos.» iDioimiio B'th. I / i s f . Tom o I.— Hiíro-
h o t o in d ic a lo m ism o , II. XLTII). p o r q u e . com o F e r n á n ­

dez y González dice e n s u c ita d a o b r a , c o m e n ta n d o las


a fin id a d e s de los p u e b lo s a n tig u o s h a s ta e n los m ito s y
le y e n d a s , 'dos G riegos g u s t a b a n de e s c r ib ir la h is t o r ia
en re la c ió n g e o c é n tr ic a resp e c to de su p a t r i a ...... y es
h a s t a p r o b a b le q u e los p u e b lo s de la m is m a raza, ó q u e
h a b í a n vivido re u n id o s, lle v a se n y a p lic a r a n u n a m is m a
tra d ic ió n á d ife re n le s países, con a l g u n a s a lte r a c i o ­
n e s ......v (O bra c ita d a , pág. :i3).
A d e m á s, la s re c ie n te s in v e stig a c io n e s a r q u e o ló g ic a s
de q u e e n el tr a ta d o de Prntohixtnr'w liem os dado c u e n -
La y la s m o d e r n a s e sc a v a c io n e s de H ís s a r lik y S a n to r i n .
lian c o m p lic ad o algo el co nfu so período de la G re c ia pro -
lo h istó ric a . p o r q u e es el caso q u e S c h lio rn a n n , al b u s -
— 100 —
c a r e n H issa rlik las m i n a s de T ro ya , d e s p u é s de u t r a ­
v e s a r 1(5 m e ír o s de escomí tros, >> lia h a lla d o los re stos de
v a r ia s c iu d a d e s d e s t r u id a s y r e e d ific ad a s » ( Dnrnt/, I l i s L
d é l a s (/riegos) y q u e las j o y a s y o b je to s de b ro n c e , las ce­
r á m i c a s y p ie d r a s e n c o n t r a d a s e n t r e las r u in a s . 110 tie­
n e n p u n to de c o n ta c to con los m o n u m e n t o s p o s te r io r e s
q u e r e v e la n las in llu e n c ia s e g ip c ia s y asirio p e r s a s , p o r
lo q u e h a y q u e re c o n o c e r, q u e la su p o sic ió n de D n ru y ,
p a r a q u ie n «la p r i m e r a civilización de H is s a r lik r e p r e ­
s e n t a u n a época a n t e r i o r á la de S a n to r in y M ieenas,
q u iz á la civilización p r im i tiv a del O rien te helénico.*, es
lógica y r a z o n a b le ( 1 ).
E n S a n to r in y e n M ieenas, los re sto s arqueológicos-
h a n c o m p ro b a d o de u n a m a n e r a i n d u d a b l e las relacio ­
nes de la Grecia, p r im i tiv a con A siria y Egipto. Los r e s -
>v tos de c a d á v e re s h a lla d o s p o r S c lilie m a n n . lie n e n c a r e -
, ta s de oro; en las a l h a ja s y los vasos, v é n s e la llor del
... ? loto y la r e p r e s e n ta c ió n de la esfinge egipcia, y los a d o r -
nos g e o m é tric o s y d o r a le s de los re s to s de los edilicios y
otros m u c h o s d a to s q u e f u e r a prolijo e n u m e r a r , p r u e b a n
c la r a m e n te lo r a z o n a b le de la o p in ió n de D u r u y y la
e x a c titu d de la lesis s u s t e n t a d a por no so lro s, de q u e los

il) S e í í ú n u n a 110I¡u 1ct a r q u e o l ó g i c a q u e h a n r e p r o d u c i d o r e v i s t a s y p e r i ó ­


d i c o s . •>Mr. D o j r p f e l d . d i r e c t o r d e l Instituto A rq u eo ló g ico a le m á n d e A tenas,
c r e e h a b e r d e s c u b i e r t o e n las e x c a v a c i o n e s q u e p e r s o n a l m e n t e fia h o i : h o e n
H i s s a r l i k , l a v e r d a d e r a c i u d a d e n d o n d e » e d e s a r r o l l ó I» e p o p e y a h o m é r i c a .
' Su c m p i a z a m i o n t o lia s i d o hollado en la s e x t a c o p a y n o e n la s e c u n d a ,
c o m o s u p o n í a n eierlí)= a r q u e ó l o g o s . lin eslu e s e a v a c i ó n se eiiconlraron m i-
morosos uhjelos q u e se r e m o n ta n á la e r a l l a m a d a i vii eet Cana, a sí c o m o va­
rios ed ilíüios y lina p a rt e d e los m u r o s d e T r o y a . líl e s p e s o r d e é s t o s o s <le
.«eis p i e s y el «tu la s p k id r a . s d e t a l l a d e l r e c i n t o d o a c r ó p o l i s d e d i e z y s e i s .
«t.o s t r a b a j o s d e e x e a \ a ; : i ó n c o n t i n u a r á n h a s t a el m e s d e A b r il p r ó x i m o -
( d e IfüVh) [ior c u e n l u d e l g o b i e r n o a l e m á n , q u e o s i[iiieti s o s t i e n e e n A t e n a s
d i c h o I n s t i t u t o >•
SI e s t o r e s u l t a r a c i e r t o , s e h a b / í a c o m p l i c a d o m á s a u n la h i s t o r i a d e G r e c i a
p r o t o h i s t ó r i e a , p u e s t o q u e b a s t a la h i p o t é t i c a c r o n o l o g í a a d m i t i d a p o r D u r u y
h a b r í a q u i z á d e r o e l i l í c a r s e , c o n a r r e g l o al l u g a r . q u e e n b is c a p a s d e e x c a v a ­
c i o n e s o c u p a n lo s r e s t o s a r q u e o l ó g i c o s h a l l a d o s .
— 101 —
■orígenes de las a r le s clá sic a s de la G re c ia . e s tá n e n el
E gipto y e n Ui Asiria (1).
Los p o e m a s de H o m e ro , d e s c r ib e n u n c u a d r o m á s c o m ­
p leto de la civilización y el a r te e n G recia.
La Odisea, h a b l a de los g r a n d e s p a la c io s r e s p la n d e c ie n ­
tes de oro y p ia la , d o n d e m o r a b a n los m a g n a t e s y jefes;
la s e s lá lu n s de los s a n t u a r i o s v e s tía n la s co n telas b o r ­
d a d a s y de g r a n r iq n e z a y e n la / l i a d a , h á l l a n s e a s im is ­
m o b r illa n t e s d e sc rip c io n e s; p e r o como ya lie m o s dicho
y u le s , a c e p ta n d o la o p in ió n de M anjarré's. H o m e ro d e b e
■de s e r leído «com o p o d a , lio como a rq u e ó lo g o .»
E x a m i n a n d o D n r u v los d a to s p ro to h is tó ríc o s fa c ilita ­
dos p o r la s le y e n d a s , dice q u e de ellas se d e s p r e n d e , e n
s u opinión , «la e x iste n c ia de u n pe ríodo p e la sg o -jú n ic o
q u e asistió á la fo rm a c ió n de la s p r im e r a s c iu d a d e s y de
los p r im e r o s c u lto s, y e n el c u a l e s t a b a n u n id o s y a p o r
e s tr e c h o s lazos el conLinenie griego y e sa costa a s iá tic a ,
e n t r e las c u a le s e le v á b a n s e las islas del m a r Egeo com o
los arcos rotos de u n p u e n te » . (O bra c ita d a , p á g . 25).
L a s a n tig ü e d a d e s , e s c a s a s sin d u d a , q u e se c o n s e r v a n
e n las a n t i g u a s p o b la c io n e s p o r d o n d e fu é d e s a r r o l l á n ­
do se la d o m in a c ió n pelá sgic a , r e v e la n las in f lu e n c ia s
a s ir ía s , fenicias y egipcias. E n los s e p u lc ro s de F r ig ia y
L idia, n ó ta se el d e sa rro llo del a r t e e n las p o r ta d a s e s c u l­
p id a s en las rocas; en los m o n u m e n t o s de U r g u b h a y
«■apíleles egipcios en fo rm a de cáliz ó flor del loto a b i e r ­
ta; en el se p u lc ro de T e lin e sso s.la s c o lu m n a s d e b e n de
d e f in irs e como p ro to jó n ic a s, y el se p u lc ro de H a rp a g ú n ,
el g e n e r a l p e r s a q u e sitió á X a n lh o s , tie n e la e s t r u c t u r a
de u n p e q u e ñ o te m p lo griego p rolojónico.
A una época anterior, pertenecen las construcciones
p elá sg ica s ó ciclópeas de que en la P kotohistouia h em os

jl] Sc J il le m unn. J n liallailo la mljiiin re s to s d e p i n t u r a s múrale.* « n tre s


c o l o r e s , rojo, azul y a m a r illo , (u le m ús del b l a n c o y el n e gro . lo cual (rae íi la
m e m o r i a las pin lnrits c a k l e o - a s i r i a s y p e r s a s ile q u e o p o r l n n a m a n t e lie m o s
hablado.
— 102 —
h e c h o m e n c ió n , y los m o n u m e n t o s de T irin to , M i c e n a s v
la A rgólida, f o rm a d o s p o r g ratu les p ie d r a s , q u e e n M¡ce­
n a s a f e c ta n y a rasgos a r q u it e c tó n i c o s y de o r n a m e n t a ­
c ión,.com o ía p u e r t a del Tesoro de A ireo (1) ó la p u e r t a de
los L eones, a d o r n a d a con s u re lie v e la q u e e s tá n e s c u l­
p id o s dos leones colosales y e n tr e ellos u n a c o lu m n a tal
ez p ro lo d ó ric a . El c a r á c t e r de e sie m o n u m e n t o es m u v
p are c id o al de las e s c u ltu r a s p e r s a s <2 ).

!-‘¡" — f r o l o j ó n i t - o — C í i ¡ m I l-I i |,>


s e p u l c r o orí T c l m e s o s .

Son i n n u m e r a b l e s las a n a lo g ía s de las c o n s tr u c c io n e s


g rie g a s e n el A siria m e n o r cotí las a siá tic a s, a d o p tá n d o ­
se al lin la m a n e r a jó n ic a en ellas, at propio tiem po q u e
e n las c o n s tr u c c io n e s de las colon ias c r e te n s e s de E u r o -

1
( ) La [iit'ilra «|«lo s i r v e di; d i n t e l m i d u M ni. d r l o n g i t u d , jnu--i .10 m . de
;iiu;lmr,i. li sta p u e r t a . a s í c o m o lo? m u r o s . d i c e liuripides. fueron c o n s ­
t r u i d o s s e g ú n el s i s t e m a fu n i ci o , y c u e f e c t o , r e c u e r d a la d e u n a c i u d a d f e n i ­
c i a , O u n t - e l - A w a m i d . la m a d r e d e las C o l u m n a s , .situada á c u a t r o l e g u a s d o
Sour
(í) O tro m o n u m e n t o q u e p e r t e n e c e á los c o n s t r u c c i o n e s p e lá s g ic a s y
([uc d e m u e s t r a su o r i g e n a s iá tic o es ln p iri n n id e d e C e n c lir e a (A riíó li d a fú n ic o
c u (i rec la . y q u e sin d u d a fui? u n a v a s t a lumlni c o n s t r u i d a c o n e n o r m e s m o ­
los p o lig o n a le s (Dt'iil i . olira c ita d a , pji” . ¿IT),
— 103 —
])¡i se p e r p e t ú a n las 1'ormás dóricas, y e n la J la lia. e n las
p o b la c io n e s e l m s c a s se o p era el c a m b io h a c ia el a r le
clásico so b re la e x t r u c l u r a egipcia y a s ir ia y los e le m e n ­
tos p e l á g i c o s . L a s 1¡g u ra s n ú m e r o s 65 y C>3, c o m p r u e b a n
estos o r íg e n e s ilel a r le clásico, r e p r e s e n t a n d o la n ú m e r o
(V> u n a c o lu m n a dórica p r im itiv a ; la n ú m e r o 63 u n c a p i­
tel pro loj único y las n ú m e r o s (i4 y (i'> dos sepulc-ros el rus-
eos p rim itiv o s.

l’lt;. i¡1-.— S p | m l r n t i ' l n i s n t ,

H ay . p u e s, q u e r e c o n o c e r en las a r le s c lásic a s e lo r ig e n
a siático q u e h e m o s d e m o s tra d o a n t e r i o r m e n t e , a u n q u e
los e n t u s i a s t a s a d m ir a d o r e s de G re c ia r e c h a c e n todavía,
p o r siste m a , y c e r r a n d o los ojos á la luz. los e v id e n te s
te stim o n io s q u e la A rq ueo lo gía y ios e s tu d io s filológicos
h a n a p o r ta d o á la n i n t e r e s a n te in v e stig a c ió n . lia y e t, Ira-
lan do de esle a s u n to , dice: «Si las a r te s e x t r a n j e r a s h a n
facilitado á los griegos m a te r ia le s y m od elos, ellos no los
a c e p ta r o n s e r v ilm e n te , no se, r e d u je r o n al p a p e l de co­
p ia n t e s , a ñ a d ie n d o , d esd e luego, á lodo lo e x tr a ñ o , s u s
p ro p ia s in v e n c io n e s . E n l¡i a r q u i l e c h t n ) . si en Egipto v
Asia se lia n e n c o n tr a d o los o ríg e n e s de las c o lu m n a s v
los c a p ite le s griegos, allí, sin e m b a r g o . no existió la con-

r ¡ - , l)¡.— S i ' j m h ' i ’o t’ liusi-ii.

cepción lia rm o n io s a de lus ó rd e n e s, ni la disp osición i’eli>i


de las c o l u m n a s q u e se í n a n iiie s f a n con la u to e x p le m lo r
en los te m p lo s grieg os...v (O bra r i l a d a , páy.

El e stu d io del clasicism o en O ccidente, lo d iv id ire m o s


e n dos perio dos: ( r i m o i A y I í o m a .
II
Grecia.

A .— Pll ELIM] XA ¡íKS.

H a r a n l i í i v s (lo io s i*>lilíis i í c í p í í o s .— Kl lJa i l i ‘i]<ni c o m o ii hu I i' I o di* la ¡ i n j u i i c i ' -


l i u a l i e l o n a , — P r i n c i p a l i 1* m i e m b r o s a r q u i f e i - ' t o s — D i v i s i i m d e l a r t e " n e " o <_■»
V u a l r o p o r f o l i o s : ArU» u r e a i c o : A l o n a s ; o r d e n c o r i n t i o : ( l o c t u l e n e i n .

AI p o s e s io n a r s e de H elias (ó G re c ia p r o p i a m e n t e d i c h a ).
las t r i b u s d o ria s q u e h a b í a n de f u n d a r la n a c ió n h e lé n ic a
y su civilización a d m ir a b le , el a r l e a r q u it e c tó n i c o del
O rie n te c o m ie n z a su tr a n s f o r m a c ió n ; el estilo p ro lo d ó ri-
co se re g u la riz a , y p ré s ta le la c ie n c ia g e o m é tr ic a s u c on ­
c u rso m á s t a r d e , c u a n d o se consLruye la g r a n c iu d a d de
Atenas, e n c u y a s r u i n a s a u n p u e d e n e s tu d ia r s e el d e s a ­
rrollo y el p ro g re so de los dos estilos q u e c a r a c te r iz a n el
a r le griego: el rtthüco, r e s u m e n de las id e a s de g ra n d e z a
y severidad', y el jtím'co, m á s e le g a n te y a tre v id o , p ero
digno a u n de a q u e lla n a c ió n de h é ro e s y dioses, de a q u e ­
lla G re c ia a s iá tic a q u e a u n a s o m b r a al m u n d o c on s u s
m ito s, su s a r te s y su h isto ria .
La c rítica , h a ap e llid a d o clásico (1) al a r l e griego en

(h 1 .3 p a l a i ir a r l á s i c u , i» c ¡ « - - w C H 3 , e n l a t í n , s o d e r i v a di? la f o r m a kla*is
¡ciasts (c la s e , o n l c n , c a te g o r ía ) . t U n c u . nrl Clásico, i . !;.
— íoii —
su períod o h e lé n ic o , c o n c e p tu a n d o q u e a h í es d o n d e la
a r q u i t e c t u r a , la e s c u lt u r a y la s a r te s s u n t u a r i a s a d q u i ­
r ie ro n s u s m á s j u s t a s y b e lla s
p r o p o r c io n e s p a r a p o d e r s e r v ir
ü' como m od e lo s á f u t u r a s edades.
J
Los pelasgos y e lr u s c o s , p r e ­
— —— —
í c u r s o r e s de los griego s clásicos,
L
f u e r o n los p r im e r o s , se g ú n pa-
H
/ff I _______ " re c e , en g e n e r a li z a r las c u b i e r ­
.. .
tas de p la n o s in c lin a d o s y las
-y ; jV b ó v e d a s, d á n d o le s y a cierto v a ­
lor a rtístic o , q u e en tie m p o s de
caldeos, asirios y p e r s a s n o h a ­
b ía n llegado á len e r. E s m e r á ­
ro n s e e n la t r a b a z ó n de m a t e ­
r ia le s. e n lu c id o de p a r a m e n t o s
y c o n s tru c c io n e s de m a d e ra s -
R e sp e c to de los griegos, la idea
fl
g e n e r a d o r a del m odelo de m o ­
n u m e n t o clásico h á lla s e e n la
callas ó te m p lo s ro d e a d o s de co­
l u m n a s , q u e n u e v a m e n t e se
c o n s tr u y e r o n d u r a n t e los p e ­
riod os vi y vil del a r t e egipcio
(periodo de d o m in a c ió n griega),
a g re g a n d o á e ste m ú d e lo los
c o n s tr u c to r e s h e le n o s la c u b i e r ­
ta de dos te n d id o s ó p la n o s in ­
clin a d o s. originaria, de M edia y
P e r s ia ( G i l l m a x , o b r a cit. En­
U fila Como s ín te sis de
Kisf. Wi.—llromliiiis n i q u i l e : - p e rfe c c io n e s de ese m od elo p u e ­
kinico*.
de c ita r s e el P a r le n o n , del q u e
R a n c h a u d l i a dicho, q u e «la s e q u e d a d de I¡i lin e a m a t e ­
m á tic a se ve allí c orregida» .
El c a r á c t e r d istin tiv o d e la a r q u i t e c t u r a g riega, e n ­
— 107 —
c uéntrase en que la presión vertical tiene verdadera im­
portancia, dejando la línea horizontal 'cierta libertad
artística; adem ás, las colu m n a s representan la forma de
sustentación, y las d im ensiones de los editicios se rela­
cionan e n todas sus partes. (Maxjarrús , L a s b d l a s arles.
Hist. c il.— A rqueo!. E spaíi. Arquit. griega).
Los m iem bros principales de la arquitectura griega
adoptados después por la romana y modificados m ás
tarde por otros estilos, son, como se representan en el
grabado, los siguientes:
I. PUDKSTAL.—II. COLTMNA.—III. CORNI SAMKXTO.— IV.
F rontón .
El phdiístal. se com pone de :ócalo A: neto (ó dado) B.
y cornisa C.
La c o l u m n a . de base 1) ; f u s t e E y c a p ite l Y.
El c o r n i s a m e n t o , de a r q u itr a b e G \ f riso H, y cornisa I.
El f r o n t ó n , de tim pan o J y c o m isa K.
Para el m ás ordenado conocim iento del arte griego,
dividiremos su es Ludio en los períodos siguientes:
I. A ltT K A R C A I C O .— T I. A 'n - X A S .— I I I . G roen co rin tio .

— D iíca d k k cta .
— 108 —

A . — A t i T l í ARCAI CO ( 1)

K íl ilu i l i i m ’ o — Lk'iJi'gn y s u s irtoiis íir físlh'iis.— Ksparhi. — T e m jilos d<! lien»


1
e n Cn ri ii lo . y d e .liipilor, 011 O tim pin —C.oUimm»; c o i i ii.siiiiKTito: o l i o s ciinijit!-
íiL'iiles (h1! i’stihi.

C o rre sp o n d e á e ste perío d o del a r te griego, la m á s a n ­


tig ua tase del p r im e r o de los tre s estilos e n q u e se p r e ­
s e n ta dividido a q u é l, d u r a n t e el d e sa rro llo de t a n b r i­
lla n te civilización.
L lá m a s e este estilo. (lót'ieo. p o r q u e n a c ió de la c u ltu r a
de las t r i b u s de la Doria, q u e d e s p u é s de las g u e r r a s de
T ro y a in v a d ie r o n la G re c ia. Libro y C a lliste n e s c o n s id e ­
r a n e sta época com o el co m ie n z o de la h is t o r ia p o sitiv a
de a q u e l g r a n p u eb lo .
El c e n tr o de la civilización d ó ric a íu é E s p a r ta , de la
q u e no se c o n s e r v a sino in s ig n if ic a n te s r u i n a s , q u e p a r e ­
ce n d e m o s t r a r q u e son c ie r to s las p a l a b r a s de T u c id id e s
q u e dice q u e E s p a r l a , « m á s q u e u n a c iu d a d , es u n a
r e u n ió n de villo rrio s d o n d e no se lia b u s c a d o ía m a g n if i­
c e n c ia ni p a r a s u s te m p lo s n i p a r a otro s edificios...»
P lu ta r c o , e n la v id a de L icurgo , el g r a n le g isla d o r es­
p a r ta n o . dice, q u e e n el l u g a r d o n d e se c e l e b r a b a n las
j u n t a s públicas,. 110 h a b ía «p órticos ni otro n i n g ú n a p a ­
rato . c r e y e n d o q u e n a d a c o n t r i b u í a n , sin o q u e m á s b ie n
d a ñ a b a n e sta s cosas p a r a el a cie rto , p o r q u e e x c ita n e n
los á n i m o s d e los c o n c u r r e n t e s id e a s fú tile s y v a n a s ,
c u a n d o fijan la v is ta e n las e s ta tu a s , e n las p i n t u r a s , en
los b a lc o n e s t e a t r a le s , y e n los lechos a rtific io s a m e n te
la b r a d o s . . . » y e s ta s ideas, q u e s i n t e t i z a b a n las te o r ía s de
L ic u rg o re s p e c to de a r le s , la s c o n c re tó m á s a u n e n su s

(I) I V i n d p i o . o n j í e n . c n u s i i . f u n d a m e n t o ; <!(* archc, (principio ó arc h a io ,


(iiuliguo).
109
la m o s a s leyes, m a n d a n d o « q u e toda casa tu v ie se la a r ­
m az ó n del tejado la b r a d a de h a c h a , y las p u e r t a s de. sola
la s ie r r a , sin otro in s t r u m e n t o . .. » ¡ L a s ú d a a p a r a l e l a s dv
P lu ta r c o , tr a d . de R a n z R o m a n illo s , t. I).
P o r e s ta c a u s a . 110 es de e x t r a ñ a r q u e T n c id id e s e sc ri­
b ie r a las a n te r io r e s p a l a b r a s y a g r e g a r a á ellas u n a e s -
.pecie de p re d ic c ió n ; q u e c u a n d o d e s a p a r e c ie r a E s p a r ta ,
■da p o s te r id a d , c re e r ía , d ifíc ilm e n te , en el p o d e r tan e n ­
c o m ia d o del p u e b lo e s p a r ta n o » . I I i si. da fas (juerras d e l
Pelopojieso. 1).

Sin e m b a r g o , v a rio s h is to r ia d o r e s dicen que. E s p a r ta


te n ía m á s de 50 tem plos (1); y d é b e s e te n e r en c u e n ta
q u e el estilo dórico es m u y sencillo y m á s a u n en los co­
m ienzos, y r e p r e s e n ta á m a r a v illa el p e ríodo g u e rr e ro ,
v aro n il, de lu c h a c o n t i n u a d a y so s te n id a , á q u e e n el
d esarrollo h istó ric o de la G re c ia c o rre s p o n d e .
Los tem p lo s de esa época, como las e s c u l tu r a s , r e ­
c u e r d a n la ríg id a s e v e r id a d de los m o n u m e n t o s egipcios

(!) «Píui^'iiiiiis cila cineuiiNln t e m p lu s (>¡i L;u:nlem<Hi¡a, m;is no li;i C|in’il;idi»


u n a sola p in d ra , y o í p o r q u e los e ri gió u n a Ioj-l'íi n.'l y no <‘l ¡u li1...»
(LJl'Hüv. o b r a ci ta d o, t. I, pág. 17'J).
— 110 —
y p e rsa s. Los p ó rtic o s s o s te n id o s p o r c o lu m n a s se nc illa s
y 1'nerLes. á b r e n s e e n los r o b u s to s m u r o s r e c ta n g u la r e s ,
y c o m p a r a n d o la s p a r t e s q u e los c o n s ti tu y e n con los p ó r­
ticos egipcios, v é n se las r e la c io n e s q u e h a y e n tr e u n o s y
otros.
El te m p lo griego en c u y a s r u i n a s p u e d e a p r e c ia rs e
el c a r á c t e r v e r d a d e r a m e n t e arcaico , es el de H e ra , en

Corinlo. c u y a s re c ia s c o lu m n a s p a r é c e n s e r a n c h o á la
vo tiva p ro to d ó ric a de A te n a s (fig u ra n ú m e r o 67). El a r ­
q u i t r a b e , ú n ic a p a r t e det c o r n is a m e n to q u e se c on serv a
es se n c illísim o .— El m o n u m e n t o dórico q u e s u p e r ó á lo­
dos los de su estilo p o r s u g r a n d e z a , s e v e r id a d y c o r r e c ­
ción de f o r m a s a r q u i te c tó n ic a s es el de Z e u s ( J ú p ite r ) en
Olimpia,, q u e r e p r o d u c e n u e s tr o g r a b a d o n ú m e r o GH. El
g o b ie r n o a le m á n , g ra c ia s á la s e x cita c io n es del ilu s tr e
h is to r ia d o r C u rliu s. h a costeado u n a m in u c io s a i n v e s t í -
- 111 -
gación a rq u e o ló g ic a , d e ja n d o p a r a G recia c u a n t o s re stos
y o b je to s se h a n h a lla d o .
El tem plo de J ú p i t e r m e d ía 72 m. de longitud,. 30 de
a n c h o y 2 n de a l t u r a y p e r t e n e c ía á los lla m a d o s /lipvfrox
(ú Itf/paetfriw} p o r q u e r e c ib ía la luz por u n a a b e r t u r a
p r a c tic a d a en la c u b i e r t a fl). E n la n a v e ( naos ó c d h t .
c eld a, s a n tu a r io ) se a lz a b a la es tú Lúa colosal de J ú p i t e r ,
de 14 ni. de a l t u r a . E n el áp ice, ó á n g u lo s u p e r i o r del
f ro n tó n . h u b o colo cada u n a e s t a t u a de oro r e p r e s e n t a n ­
do t¡i M e Loria y e n bis e x t r e m id a d e s y s o b re aero Leras
ó zócalos, dos v a so s de oro. El tím p a n o e stu v o a d o r n a d o
con u n relieve q u e r e p r e s e n t a b a el c o m b a te de Pelops
y D in o m a o s a n t e los dioses; el friso con los t r a b a jo s de
H é rc u le s y r o n e sc ud os el a r q u i t r a b e . (R e c o n s tr u c c ió n
id e al del p ro fe so r H. M uíler. s e g ú n G illm a n . A r g ü í ! , p á ­
g in a s 24-“) y 24(>).
H e a q u í ios c a n ic ie res g e n e r a le s del estilo dórico:
Columna . C arece g e n e r a l m e n t e de b a se : y com o las
egipcias, el d iá m e tr o del fu ste a u m e n t a desde el s u m o u -
c apo al im oscap o. L a a l t u r a total de la c o lu m n a no es
m e n o s de c u a t r o ve c e s s u d iá m e tr o in fe rio r (im oscapo).
El fu ste , g e n e r a l m e n t e , e stá e s tria d o , p r e s e n t a n d o s u
b a s e el p l a n o q u e se in d ic a e n la íig u r a n ú m e r o 60.
Los c a p ite le s son sencillísim os. El a b a c o C q u e lo
c u b r e p o r co m p le to y el c u a r to bocel li.n o ti e n e n a d o r n o
y e n t r e ellos y el a s tr a g a lo ó co rd ó n s u m o s c a p o del fu ste
ta n solo h a y dos ú tre s íileles. El a s tr a g a lo se r e d u c e á
glifos (ó c a n a le s) a b ie r to s h o r iz o n t a lm e n te .
Cohnt.«amkxto.— C o m pó nese de a r q u i t r a b e , q u e e n e s le
o rd e n , g e n e r a l m e n t e , es u n a s im p le faja, y de u n friso de
- - - - ..... - • • •

(l) Vii yl Iratíir d e l ¡irlo üsíipuin e x i i l i c i i m u * si íí iii íi ca il o di.’ Ja paUi hr a hi


pelra <5 hipetro ~V.\\ ol utoi ilc Oca, ¡íiia Kui>ea, c m i s é r v a n s e l a s n i m n s de*
un t e m p l a (¡no p i u l i m i .'■er el m á s anlii íi to ivmdeKMk* lus iiiiirut-
m e n l u s it ip c l r u s. lil U'eho-i'stá fo r m a d o c o n g i m n k ’ í jíIüncFinw tío in ca roloc;»-
tlíis en suavi» p e n d i e n t e . (Véa*? D m i- y. (. I, p£»«: 27->).
— 112 —
h ‘h / l i f o s { \ ) y n tclo p a su m d e c o r a c i ó n , mufojjaefi el in te rv a lo
e n tr e dos triglifos.—De nuda m á s allá, y ope a b e r t u r a ) .
La d is tr ib u c ió n de los triglifos e n el estilo dórico— y
en los d e m á s de G re c ia — se s u b o r d i n a á q u e h a de h a ­
b e r u n triglifo en c a d a lado de los á n g u lo s de los frisos.

\
..y
Kifí. (19.— P la n o de
c o l u m n a diiric;!.

K stúdiese a t e n t a m e n t e el Iriso del tem plo de J ú p i t e r ,


p a ra c o m p r e n d e r este c a ra c te r ís tic o d e ta lle de e x h o r n a -
ción.
S o bre el iriso d e s c a n s a , s o ste n id o p o r m-ú lulos (de m y -
tilos ó fo rm a de a lm e j a — especie de m o d illó n ó m é n s u l a
e n fo rm a de S)— c u y o s in te r v a lo s (su frio s) e s t á n ta c h o -
m ulos de clavos, ó d e c o ra d o s con ro se to n e s, u n sencillo
corona miau lo, c o m p u e sto de u n a a n c h a m o ld u r a .
Alzase s o b re e s ta c o r o n a el f ro n tó n , c uy o tím p a n o ,
como q u e d a dicho, está a d o r n a d o , g e n e r a l m e n t e , con
a r tís tic o s relieves.
E n los edificios dó ricas de A te n a s, se h a l l a n u s a d a s
ta m b i é n las a u la s ó p ila s tr a s de á n g u lo d e u n a l a c h a d a
- an ta de /útil, c o n tra ). T a m b i é n f o r m a r o n p a r l e de la de­
co ració n de los v e s tíb u lo s , c o lo c á n d o la s f r e n te á la s co­
l u m n a s de los pórticos, a p lic a d a s al m u r o d e f a c h a d a .
G e n e r a l m e n t e , los p ó rtic o s de,los te m p lo s y edificios
se e l e v a b a n s o b re b a s a m e n t o s , e n fo r m a de e s c a lin a ta .

(I) 131 triglifo o* u n m o t i v o d e . o r n a m e n t a c i ó n del u r d e n dúrioo, n u e se


c o m p o n e d e u n u p a rlo a l i e n t e , a d o r n a d a c o n fr es c a n a l e s (de las p a l a b r a s
l i r i a s t r i tlivs) y (jtjjptein {cincelar). Los triglifos, fig u r an las c a b e z a s d e
las viijas con q u e f o r m a b a el t e c h o d e los ed ificios.
— -113 —

C.— A tkn' as

Los estilos dórico y jónico

Ti'SL'o y IV'ii -Iti'.— r i n g r a n d o c i m i e n t n A to n a s.— I'idia s y Io í g r a n d e s maes_


Inis.—La Acrópo lis y sn-í m o n u m e n t o s — El c.slMn jii nie o.—C o lu m n a ; c o r n i s a -
tus: o l m s c o m p o n o n t e s Me fisle e stilo.

T eseo, el h é ro e hijo de Egeo y de E ir a . elegido p o r su


p u d re p u n í q u e c u m p lie r a el o rác u lo de Piteo, q u e dice:

11(‘t m l n - o l píe*, n o ¿nr(tit's. « n l o s p u n i d o s


V aró n m á s i[ne o tro a l g u n o eel fíbríidn.
sin i|u<' at p u e b l o do A lo nas v a y a s a i l l o s .......

r e u n ió e u u n a sola c iu d a d á lodos los h a b i t a n Les del


A ltea, lla m á n d o l a A le ñ a s (1). P iu la r e n y T n cid id e s dicen,
t[ue los sim p le s c iu d a d a n o s y los p o b r e s a c e p t a r o n la
idea de Teseo, de r e u n i r í a s á Lodos, e n la z á n d o le s con el
v í n c u l o de la u tili d a d c o m ú n ; p a r a r e d u c ir « t a m b i é n á

los h o m b r e s m á s po dero sos, p ro in e líó se le s u n g o b ie rn o


sin r e y , en el c u a l, r e s e r v á n d o s e Teseo ú n i c a m e n t e la
d ire c c ió n de la g u e r r a y la e je c u c ió n de las leyes, se es­
ta b le c e r ía p a r a Lodo lo d e m á s u n a ig u a ld a d c o m p le ta
p a r a los c iu d a d a n o s .
P e r s u a d ió á u n o s , y los oíros c ed iero n p o r te m o r. E n ­
to n c e s m a n d ó d e r r i b a r en c a d a ald ea los p r tf d n e o s (2 ) y
las ca sa s concejiles;» s u p r im ió todos los m a g is tr a d o s ,

(1) (A th e n e e n grieg o. )¡i v i r g e n p o r a n t o n o m a s i a ; a-tkeojioe c o m o (jnien


dino «la i[ue e o n o e o las c o s a s d iv in a s » , Pintón.
(í) P a r a jo d o n d e so m u n í a n los p r i l a n u ; ó .se n adores . á ([iiionos c o r r e s ­
p o n d ía la p r e s i d e n c i a d e l S ona do; los p ri t a n o s e r a n t a m b i é n los míigistracto^
(|iic nn la a n t i c u a 3 r n n i a re g ía n los p u e b lo í y tus c i u d a d e s , d e m o d o q u e e n
i í 'I o o a so dt¡ lio a p l i c a r s e ul s e c u n d o sig n ific a d o ele la p a la b r a .

8
— 114 —
hizo c o n s t r u i r otro p r ila n e o y u n p alacio c o m ú n e n el
lu g a r d o n d e a u n se h a l l a n h o y é in s titu y ó u n a fiesta
p a r a lodos los c i u d a d a n o s con el n o m b r e de P a n a (eneas
ó fiestas d e d ic a d a s á M in e rv a (1), c u m p lie n d o e n lodo ello
u n orá c ulo de Delfos, q u e d ecía así:

liiiL'idc TOj CU, [n ocí eniln


l ) f I¡i P i t e i i l e l iLni . m i a l i o p a d r e ]
T é r m i n o y l i a d o en v u e s t r a l i e n a
T i e n e á mucliit.-i c i u d a d e s pr e fi n i d o :
l)e á n i m o en los t r a b a j o s nu d e c a i g a . ' ,
A u n i j u e o l a s , c u a l o d r e , l o e o m b a l a u (2).

E sto o c u rrió h a c ia 1300. s e g ú n los cá lc u lo s de q u e y a


liem o s dado no Licia, y d e sd e e sa fe c h a a la época de P e -
ricles, e n q u e el a r le griego llegó á sn m a y o r apogeo y
b r illa n te z (siglo v a n t e s de J . G.),. A le ñ a s fué e n g r a n d e ­
c iénd ose ¡ e n l á m e n l e por el g e nio vivo y a g u d o de sus
h a h ila n les, q u i e n e s « g ra c ia s al im p e r io del m a r . oyen
h a b l a r todas las le n g u a s; e s t u d i a n la s c o s tu m b r e s y los
u so s m á s d if e r e n te s y h a n in tro d u c id o en sil p a ís u n a
m e z c la feliz de lo m e jo r q u e e n c o n t r a r o n e n t r e los g rie ­
gos y los b á r b a r o s » ( J i ! n ü 1', o n t h , R e p ú b lic a de A t e n a s , ¡ I ) .
U n v iaje ro d e s c r ib e así la a n t i g u a A te n a s: Las (‘a sa s
« e r a n poco e le v a d a s, s u s calles m o n tu o s a s y to rcid as,
p e ro m a g n ífic o s s u s edificios pú b lic o s, com o lo a t e s t i ­
g u a n el tem p lo de M in e rv a , el Lea tro de Baco. el Üdeún.
el te m p lo de Teseo y oíros m u c h o s . La p a r l e o cc id en ta l,
l l a m a d a C e r á m ic a ó 'f u lle r ía s , p o r los o b je to s de a lf a r e ­
r ía q u e e n ella se f a b r ic a b a n , e r a Lambién u n b a r r io
m ag n ífic o e n d o n d e e s t a b a la plaza m a y o r , el p a la c io del
S e n a d o , y la colina, d o n d e se r e u n í a el A reópago. A te n a s
c o n te n ía tr e s g im n a s io s (ó c e n tr o s de i lu s tr a c ió n y c u l -

(1) De P a n lo do y Athen?. M in e r v a .
(2) Las oídas p arale la n . P l u t a r c o , olira c ita d a . Teseo, (. 1.—Tu cid id es.
o b r a c i t a d a , II.
— ILo —
tu r a ): el Liceo, el C inosargo y la A c a d e m ia . Una la rg a
ta l l e fo rm a d a por dos p a r e d e s c o n d u c ía al m a r , d o n d e
te n í a ALenas tres p u e r to s , el Pireo, el Muuicliio y el F a -
lero. K1 m o n te H im e lo, c é le b r e p or s u m iel, se e n c u e n ­
tra e n las c e r c a n í a s de e sta c iu d a d ...»
A lcanzó e n A te n a s el o r d e n dórico toda su s e v e r a y
m a j e s t u o s a e le g a n c ia . La c o lu m n a , m i e m b r o a r q u i t e c ­
tónico q u e d e t e r m i n a , e s p e c ia lm e n te , en los m o n u m e n ­
tos griégos el estilo á q u e p e r te n e c e n y la é po ca de b e ­
lleza y p e rfe cció n en los m ism o s, a d q u i e r e m a y o r e s p r o ­
po rc io n es. y en el te m p lo de líg ü ia m id e 5 d iá m e tr o s ó
m ó d u lo s, y 1111 tercio: e n el de Teseo 5 y m edio y e n el
P a r l e n ó n , a d m ir a b le m od elo d é l a a r q u i t e c t u r a g rie ga , el
tr iu n f o a rtís tic o de la época de Pericles, como h a dich o
D u r u y (O bra c ita d a . L II) llega á seis d iá m e tro s .
E n to rn o de P e ric le s y de s u a r t i s t a fav o rilo , el a r q u i ­
tecto, e s c u lto r y p i n t o r Fidias, a g r u p á r o n s e u n a v e r d a ­
d e r a c o rle de a r t i s t a s , p o e ta s y sa b io s.
« A s i c o m o l o s r e p r e s e n t a n l . e s de la a r q u i t e c t u r a y de
la p lá s tic a — dice H e r z b e r g ,— c re a r o n en A te n a s u n a n u e ­
va e s c u e la d u r a n Le la época de Pericles. y r e a liz a ro n el
p ro g re so de la g r a n d io s id a d de las fo rm a s , y a m e z c la n d o
el estilo dórico con el jó nic o, y a s e p a r á n d o s e del m odo
de s e r típico q u e h a s t a e n to n c e s h a b í a d o m in a d o , del
m is m o m odo F id ia s... dirigió con s e g u r a m a n o , y con s u
c la r a inLeligeucia q u e a b a r c a b a las d iv e r s a s r a m a s del
a r l e , la s g r a n d e s e m p r e s a s c o n c e b id a s p or P ericles, é
im p rim ió m o v im ie n to á las f u e rz a s o r d e n a d a s de los
o tro s m a e s tr o s » (G recia y liorna , cap III— YTIIj,
Como m o d e lo de p e rfe ccio n e s del estilo dórico e n A te­
n a s h e m o s c ita d o el P a r le n ó n , c u y a s in t e r e s a n t e s r u i n a s
se c o n s e r v a n en el p u n i ó c u l m i n a n t e de la p la te a de la
Acrópolis (ó c in d a d e la , l u g a r m á s e levado de u n a p o b la ­
ción — de (tkros alto y^rV/.y, c iu d a d ). M uestro g r a b a d o n ú ­
m e ro 71, r e p r o d u c e esas a rtís tic a s y v e n e r a d a s r u in a s ,
q u e los rig o re s de los tiem po s y la ig n o r a n c ia y la
•n.>Miií|!.li| I'1 II •> l l ‘!A.l-^ll(i.i Os r>1111 ■7.’rti í 11;.»; 11
m í ¡ •, ! ]) .{ |. i |i - '>>A i M| í ). i >fi>| t r A . t J l .>»• i n r i ' . ) >i[ ji| r¡ ,) > . i | r tr ¡ [ , i ’ d ¡ “’ i > . ¡ r j

-s,mu a.» \ i!.ii(imis .n;¡<J|f¡i...... in>ji;<j.i| i:-im¡>iiir.í(| ),)(>


*1>| '.'!<!iuiu <>iinp/iii.>\ [■[]:.¡IÜU ¡;.| -Hl.ii/J[ni [,!(] ,ijji:i¡ i:uii ;i;|.i|ii>|iii!.i i:| i;,t¡
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!ft tíjljfllí.l 1[tl i1|(It>UIIIIJ<>UI ^*>[1 lf| ILi ‘s,í IIIH,»tilITI.‘OSlí]> 'AM<I :|>[ls,L
I ' 1! 1 I ! l l! 1>¡ n j i m f '| l . ' l l í i U D.I.I\II.I1>-|UI.. IIIS I>¡;1|> [ 0 11,1 • s,iv .i.)in !.ij s i.'j (j ,

0 ]H!0 ii0 .i Mí.it)|) s.ii


■ n[<Iiu,t| mi uou«>].u;,] ¡,i (í.r.j

■{ 11 .i ;u.¡ |
-s .íp .)]> n i J.T[ 1.111 S j.ItjlIIo q >0] ,)[) l’ I.M.Í S!.\ i!

— 91í ~ ■
— 117 —
■de c o l u m n a s ) y si' e o m p o n n i d e <lns s a l a s . 1;* m á s pí* q u e ­
na Ti <ij)f,sln(/on¡<»- ( de u /iixt/ten. h a c i a h Ir á s y tím u m casit .i
o silla d e l t es ón» - ¡he.Ktnt¡'un mi la p a r l e p o s t e r i o r . v la
ty'ih t ó n a v e d o n d e e s t a b a la e s í á l u a d e P a l a s - A t e n e a ,
c u y o s r e s t o s c o w p r n ] n ^ I a í er r a y c o n s e r v a e u s u M u s e o .
- h m t o al P a r l e n ó n , h a l l á b a s e o t r a n o t a b i l í s i m a o b r a del
a r l e ^[' ¡e^u. el E r e c l e ó n . Jit-i'fnx, t'> siLio e u b i e r l o d e s t i n a d ^
a i olivo s a g r a d o , e n e n y o n i o n n m e n l o se li an s u s t i t u i d a

i: i - , ; 2— 1:1

l as c o l u m n a s po r p r i m o r o s a s f i g u r a s de m u j e r n citi'xtU -
yiéx. ( N ó a s e el g r a b a d o n ú m e r o 7 ¿i. l i st a s n s t ü u e i ó n — d i c e
G i l l n i a n — -s e p r a c t i c o a n í e r i o n n e n te. por e j e m p l o . en
Egipto, y si b i e n e s p r e c i s o c a l i f i c a r l a d e d e s a c i e r t o , la
m a e s t r í a di 1 l os ^ri e^ns . n o s r e c o n c i l i a en al” ún modo
r o n s u error-, ■A i'tjt'H .— E s t i l o y r i e ^ o ) . H a y r¡ue a i l v e r -
lir. i | u e el E r e c t e ó n c o r r e s p o n d e al o r d e n j ó n i c o i l ¡ en
i j u e ei a r l e ^tú-iío c o m e n z ó á a í e m e n i z a r s e , ]irni ios d ó -

'I) 10 n ISW». r r . - t a m m m u !>>-; f m i i . v m 1.*. os -lr n u m ijimom I-j.


— í 18 —
rios e m p le a r o n t a m b i é n o tra especie de c a r iá tid e s , los
a t l a n t e s del tem plo de G irg e n ti.
C erca del P a r t e n ó n , v é n s e t a m b i é n las r u i n a s de los
P r o l i j m s ó v e s tíb u lo de a q u é l (de p r o a n t e s y p t/lc p u e r ­
ta), de o rd e n dórico sev ero y g ra n d io so , y el te m p lo de la
V ictoria, q u e p e r te n e c e al estilo jó n ic o y q u e í'ué d em oli­
do en 1087 p o r los tu rc o s y r e s t a u r a d o en 1836 p o r R o ss,
S ch au b er y H ausen.

Como el c a r á c t e r de c a d a u n o de los estilos del a r l e


griego, coincide, como dice Man j a r r e s « ro n la s tres d is ­
t i n t a s lases q u e o b se rv a el d e sa rro llo de la civilización
e n G re c ia.» el estilo jó nic o, con s u s re c u e r d o s p e r s a s y
egipcios, r e p r e s e n ta á m a r a v ill a la civilización a te n ie n s e ,
e n t u s i a s t a y b rilla n le .
Los griegos, sin e m b a r g o de las b e lle z a s del estilo jó ­
nico, re c o n o c ía n e n el dórico la im a g e n del e s p í r i tu v a ­
ro n il de a q u e l la s t r i b u s dorias, f u e r te s , se n c illa s y v a ­
lie n te s , y s e ñ a l a b a n e n el jó n ic o el p rin c ip io fe m e n in o .
He a q u í los d e ta lle s m á s in te r e s a n te s , q u e c a r a c te r iz a n
el estilo jónico:

Fj**. 7.J.— Hlíinti d o c o l u m n a K¡». 7’t .— Hasfi do c o l u m n a jó n ica.


júiii<NL

C olu m n a .— La c o lu m n a jó n ic a es m á s e le v a d a q u e la
dórica: su m a y o r a l t u r a llega á ocho d iá m e tro s , com o
e n el le m p lo de El'eso.
L a d i s m in u c ió n del fu ste no es ta n s e n sib le com o en
— 119 —
el dórico, y las e s tría s se u n e n con u n ii lele. (V éase el
g r a b a d o n ú m e r o 73).
T ie n e n e s ta s c o lu m n a s b a se , c o m p u e s ta de u n o ó dos
loros BB'. escoeia A y p lin to C. (V éase el g r a b a d o n ú ­
m e r o 74).
U1 c a p itel, tiene v o lu ta s co lo c a d as s o b re u n c u a r to
bocel. (V e á n se los g r a b a d o s n ú m e r o 75 y n u m e r o 7(i).

I'i¡;s. T.'i y Ti!.—C a p i t e le s j ó n i c o s .

Cornisa ni a i to s .— Suele h a lla r s e d e c o ra c ió n e n el a r q u i ­


t r a b e ; p e ro e n el Triso se s u p r i m i e r o n los triglifos y m e -
topas, y la c o ro n a se ¿ e stu v o p o r d e n tíc u lo s (V éase el
E r e c t e ó n (1).
E n los c o r n is a m e n t o s de este o rd e n , se a u m e n t a n las
m o ld u r a s .

D.— Orden conixTio

C a r á c t e r d e «isle e s ti lo . —C a l im a c o y su a r t e . —A T e m ín a m ie n to do los e stilos


g rie g o s .—C o lu m n a s .

R e a lm e n te , el o r d e n c o rin tio no se s e p a r a del jónico


en o tr a cosa q u e e n la form a del capitel y e n la r iq u e z a
g e n e r a l d e la o r n a m e n ta c i ó n .

(I) Los d e n t í c u l o s s o n u n m o t i v o d e o r n a m e n t a c i ó n d e la* m o l d u r a s d e


e n t a b l a m e n t o . e n lo s ó r d e n e s jó n ic o s y corintio. T ie n e n o rd in a ria m e n te
d o b l e a l t u r a q u e a n c h o y e s t á n s e p a r a d o s p m u n e s p a c i o d e a n c h u r a i g u a l £i
la m i l ¡id d o u n d e n t í c u l o . . A d k m s t , Vo cal), de términos da arte.
— 120 —
YiLrubio. a t r i b u y e la in v e n ció n de e ste o r d e n al e sc u l­
tor de C orinto C alim aco, y c u e n t a q u e la tr a z a del c a p i­
tel se la su g e rió al referid o a r tis ta u n a c a n a s ti lla llena
de j u g u e t e s y c u b i e r t a de h o ja s de a c a n to ( p la n t a fie h o ­
j a s g r a n d e s y r e c o r ta d a s — acm ü o e n griego q u ie r e decir
e sp in a ó espinoso), q u e como o fre n d a h a lló colo cad a so ­
b r e la t u m b a de u n a n iñ a . El o r d e n c orintio n a c ió e n 440.
(siglo v) s e g ú n la n o tic ia q u e a c e r c a del m ism o da V i t r u -
bio; p e ro el m o n u m e n t o de L isicra to en A te n a s, d a ta
de 33o y p e r t e n e c e á ese o rd e n ; sin e m b a r g o , cree
H ayeL f u n d á n d o s e en la o p in ió n de R a y e l y T h o m á s .
q u e C alim aco no hizo olra cosa q u e lija r y p o p u l a ­
r iz a r las fo r m a s del o rd e n , c u y a in v e n c ió n se le a t r i ­
buye.
H e rz b e rg , dice q u e el «estilo c o rin tio de C alim aco se
dio á c on oc e r c u a n d o el p a rió Scopas, d e s p u é s del in c e n ­
dio q u e d e s tr u y ó el te m p lo de A leñe Alea, q u e se c o n ­
s e r v a b a e n T egea desde tiem po in m e m o r ia l y q u e ta n ta
c e le b r id a d h a b í a a lc a n z a d o , le v a n tó e n la rica c iu d a d u n
n u e v o s a n t u a r i o , c o n s id e ra d o e n el m u n d o h e le n o como
la o b r a m á s p re c io sa d e c u a n t a s se h a b í a n llevado á cabo
desde la c o n s tr u c c ió n del P a r t e n ó n . E n ella se c o m b in ó
e l p e r ijd e r o con la crlla. en cu y o i n t e r i o r se m o s t r a b a un
dob le o r d e n de c o lu m n a s , dó ric a s en el piso b a jo , c o r in ­
tias e n el s u p e rio r» (siglo iv).— (Obra c ita d a , cap. III—
XVI). ‘
No p u e d e , en r e a lid a d , s e ñ a l a r s e este o r d e n com o el co­
m ienzo fie la d e c a d e n c ia del a r l e a r q u i te c tó n ic o e n G r e ­
cia, p e ro es e v id e n te q u e la fo rta le z a y la g a lla r d ía dei
o rd e n dórico, y a u n la e sb e lte z u n la u to atrevida, del
jó n ic o , se a m a n e r a n , se a f e m i n a n de u n m o d o en el co­
rin tio , q u e h a c e n p e n s a r e n la e s lr e c h a r e la c ió n q u e e n ­
tr e las m a n i f e s ta c i o n e s a r tís tic a s de u n p a ís, su m a r c h a
p olítica y su s c o s tu m b r e s sociales, lia h a b id o e n todas las
n a c io n e s y en todos los tiem po s.
Co m u n a .— Como el capitel se agranda, la colum na
lo m a Lambién m a y o r e s d im e n s io n e s , a u n q u e n u n c a p a s a
pe n u e v e ve c e s el d iá m e t r o in fe rio r ó iinoscapo.
El c a p ite l corin tio (figu­
r a n ú m . 77) se c o m p o n e de n
u n tím p a n o A, q u e c u b r e n
u n o ó m á s ó r d e n e s de h o ­
j a s de a c a n t o s u p e r p u e s ­
tas y a l te r n a n d o con v o l u - A
ta s de á n g u lo , so b r e las c u a ­
les d e s c a n s a el a b a c o B.
q u e 110 es c u a d r a d o ni liso,
sin o q u e tie n e c o rta d o s los
á n g° u l o s '. •’
y a d o r n a d o s con , . ..
I-iLr. , í . — (.M [) ile l c n i i í i l i o .
m o ld u r a s .
La b a s e c o rin tia IVir iñ a n la dos toros, dos a s lr a g a lo s
y dos escocías, pero con f r e c u e n c ia h á lla s e la b a s e á tic a
ó jó n ic a , en las c o lu m n a s c o rin tia s.

K .— L a d k c a ijm n c ia .

A m a iU 'i'a m ii'iito ¡u’lÍ.-Mí ’ ii — A h 'ja in lr í. j. — H p .'iin n 'ii.

D e sp u é s del a l'e m in a m ie n to a rtístic o q u e r e v e la n las


c o n s tr u c c io n e s c o rin tia s , m á r c a s e u n a c o m p le ta d e c a ­
d e n c ia e n las a r te s griegas. Las in lU iencías egipcias y
pé rsic a s , el lujo o r ie n ta l de los p a íse s s o m e tid o s al p o d e r
helénico d e s v ía n de la e sc u e la clásica á los a r q u ite c to s ,
á los e s c u lto re s y a u n á los d e m á s a r tis ta s griegos, y en
lanLo q u e en las p o b la c io n e s n u e v a s se a b r e n a n c h a s
calles con m a g n ífic a s c a sa s y pa la cios so b erb io s, no se
c o n s tr u y e n te m p lo s ni m o n u m e n t o s q u e re c u e r d e n el
P a r t e n ó ñ y las m a r a v illo s a s o b r a s de A te n a s.
El a m a n e r a m i e n t o a rtístic o iniciado con el o rd en co­
rin tio, lia d e sh e c h o los severo s c á n o n e s á q u e a j u s t a b a n
los a r q u ite c to s su s o b r a s a r tís tic a s y las lín e a s a r q u i l e c -
— 122 —
Iónicas p ie r d e n la e sb e lte z y g r a n d e z a , todo lo c u al, p a ­
r a m e n to s , e n j u t a s y p la n o s de las c o n s tru c c io n e s g a n a n
en e x o r n a c ió n .
A le ja n d ría (1) e ra viva im a g e n de esa m a g n if ic e n c ia
q u e e n vo lv ía las d e c a d e n te s a rte s, con e s p e c ia lid a d la
a r q u i t e c t u r a y ía e s c u ltu r a . En la f a m o s a c iu d a d del m u ­
seo y b ib lio te c a a le ja n d r in o s , v e ía n s e j u n t o al pórtico
dórico, severo y g rand io so, el obelisco egipcio, y d e s a r r o ­
p á b a s e allí, e n t r e los sa bios y 'a r t i s t a s griegos y o r ie n ta -
íes, la r u i n a de la g r a n civilización h e lé n ic a .
E n a r q u i t e c t u r a 110 h a y estilo m a r c a d o q u e c a r a c te r ic e
e ste período, p o r q u e se p ro d u c e , com o y a lie m o s dicho,
e n el a fe r n in a m ie n lo de los dos v e r d a d e r o s ó r d e n e s clá­
sicos de la a r q u i t e c t u r a grieg a, del dórico y jónico.
Y s in e m b a r g o , com o dice B a y e t, «el a r t e griego e s ta b a
a u n vivo, y c u a n d o los r o m a n o s h ic ie ro n la c o n q u is ta
del O rien te, ejerció s o b r e ellos u n a p r o f u n d a in ílu e n c ia .»
p u e s e n re a lid a d , el a r te r o m a n o no es sino el r e n a c i ­
m ie n to de las reg las clá sica s de G recia y el epílogo de su
m a r a v i llo s a civilización.

F .— C aracteres de los m o n u m e n t o s g r i e g o s .—

C o n c l u s i ó n '.

Materiales empinad os en las cim slrucccin nes.—Templos.—Teatros.—Ago-


ras.—Gi (mi¡isios.—Monu montos eoiim em otali vos. —.Las casas griegas.—lix-
h o r n ació n oi'fjuitecIónica , —Conclusión.

Los griegos h ic ie ro n uso, in d is t i n t i v a m e n t e , de los tre s

(I) í’mtdó esta d u d a d 3 il at'ios antes de .1, C.. Alejandro el Magno, llegando
:i ser o! centro de las ciencias, las letras, las artes y el comercio,, y tam bién
del escepticismo. de tos vicios y de la corru pció n más completa. Apenas q u e­
d an esi la ramosa ciudad algunos insigniiieanles restos de las ar les griegas y
d e sus m o n u m e n to s célebres, como el Aluseo y la UiblkiteCfi, La anticua Ale­
jan dría contaba Oti estadios do circu nfe rencia, y u n a da sus c a lle s .d e singular
a nchu ra, yira venaba ¡a p o b la d 3u en toda su longitud.
estilos en los m o n u m e n to s ; p e ro té n g a s e en c u e n t a q u e
las épocas de d e sa rro llo a rtís tic o son las q u e liem o s se­
ñ a la d o . de m odo , q u e p u e d e d e c irse q u e e n la época de
P e ric le s las c o n s tru c c io n e s dóricas, jó n ic a s y c o rin tia s
r e v e la r o n la e d a d de oro del a r l e p o r su p e rfe cció n y su
b e lle z a , y q u e d e sp u é s, h a s t a la r u i n a del p u e b lo heleno-
a q u e l l a s c o n s tr u c c io n e s re tra L aron á m a r a v illa el triste
proceso de la r u i n a (le G recia.
Los m a t e r ia le s e m p le a d o s e n la c o n s tru c c ió n son la
p ie d r a d u r a , los rico s m á r m o le s q u e a b u n d a n e n P a ros
y d e m á s c a n t e r a s de Helias. los lad rillo s tle d ife re n te s
t a m a ñ o s , la m a d e r a p a r a las c u b i e r t a s de los edificios y
p u e r t a s de los m ism o s, el b r o n c e como a u x ilia r de la
c o n s tr u c c ió n y com o m a te r i a p a r a f a b r i c a r a d o rn o s, el
e stu c o p a r a re v e s tir los m u r o s de ladrillo, las a r g a m a s a s
p a r a u n i r éstos y los s illa re s y p ie z a s de p ie d r a y las te ­
j a s p la n a s y a n g u l a r e s .
Los grieg os no h ic ie ro n uso de la b ó v e d a ni el arc o , de
m odo q u e los te ch o s fu e ro n p la n o s y los v a n o s de las
c o n s t r u c c i o n e s d e c o rte c u a d r a d o .
De las c o lu m n a s , com o b a se de s u s t e n ta c ió n , ya h e m o s
t r a t a d o d e t e n i d a m e n t e e n los lu g a r e s o p o rtu n o s .
Los b a s a m e n t o s , f o r m á r o n s e b ie n p o r e s c a lin a ta s , ó
p or estilábalos (pe d e sta l corrido con b a se , neto, m o ld u r a s
y co rn isa s) ó estereóbatos (p e d e sta l t a m b i é n corrid o pero
d e sp ro v isto de lodo a dorn o).
Los p r in c ip a le s m o n u m e n t o s erigidos p o r los griegos
fu e ro n los tem plos, los te a tro s, los g im n a s io s , los m o n u ­
m e n to s c o n m e m o r a tiv o s , los f ú n e b r e s y las c asas p a r t i ­
c u la r e s .
T e m p lo s ,— Dice P a u s a n í a s (lib. VIII), q u e los p rim e r o s
te m plos de la G re c ia fue ro n de m a d e r a , y de a q u í , se g u ­
r a m e n t e . se originó la im ita c ió n q u e e n la p ie d ra hicie­
ro n de las c o n s tru c c io n e s de a q u e lla .
El m od elo o rig in a rio del tem plo griego, ya liem os dicho
q u e es la celta ó n a v e , p re c e d id a del v e stíb u lo ó p ro n a o s
— 124 —
como r e p r e s e n t a el g r a b a d o n ú in . 78. La celia A. re c ib ía
la luz del v e s tíb u lo Ii.
D e sp u é s los m u r o s ó m ita s q u e con las dos c o lu m n a s
s o s te n ía n el fro n tó n , q u e d á r o n s e á la lín e a de la celia.
s u s titu y é n d o lo s p o r o tra s dos c o lu m n a s . E stos te m p lo s

f'ÍS. 78 . Kig. Su.


l’líiiiiis de templos
(véase el g r a b a d o n ú m . 79), l la m á r o n s e p r ó s t ilo s , com o
ya a n t e s se lia e xplicado.
Los ahip/ripróstilos( g r a b a d o n ú m . 80). tu v ie r o n dos p ó r ­
ticos y son p e r í p t e r o s los q u e e s tu v ie r o n ro d e a d o s de co­
l u m n a s en esta p ro p o rc ió n : seis de l'ren -
p r* '.--v 3"?: i e; seis á la e s p a ld a , y once á c ad a lado
(véase el g r a b a d o n ú m . SI) ó e n otro
o r d e n p a re c id o , p u e s se dió el n o m b r e
de p e r íp te ro s (de p e r i . te n to rn o y p / e -
rón, ala) á todos los te m p lo s ro deado s
de c o lu m n a s (]).
G uando la celia Lomó m a y o r e s p ro ­
p o rc io n e s. dividióse e n dos o m á s e s t a n ­
cia s. com o a n t e s se h a exp licado al
h a b l a r de los te m p lo s hipe tra s, e n t r e
Kitr, MI.— P l a n o d e
los c u a le s h a b í a a l g u n o s con g a le r ía s
l e m p l o “ rie^'o.
a lia s , á las q u e a s c e n d ía s e p o r e s c a ­
le r a s de caracol ( P a v s a n t a s , lib. Y, re firié n d o se al te m ­
plo d e J ú p i t e r Olímpico).
(I) L lam ábanse díptero.? l o s períptero.-; d e d o s ó r d e n e s (le c o l u m n a s . y
? n o n o p te ro s l o s d e f o r m a r e d o n d a E l p e r í p t e r o c u a d r a d o c o n s o i s c o l u m ­
n a s d e f r c n l e , d e n o m i n á b a s e hexástílo.
til p eríptero s e d i f e r e n c i a d e l p e r i st i lo , e n q u e é s t e t i e n e l a s e n l m m i a s
r i e la n t e y a q u e l e s lá r o d e a d o po r el la s .
Los t e m p l o s , g e n e r a l m e n t e , se e r i g í a n e n las a crópolis,
ileIrás d é l o s propileos.
T e a t r o s .— Los a n tig u o s te a tr o s e r a n de m a d e r a ; y des­
p u é s q u e se h u n d ió el de A te n a s , el p o e ta E s q u ilo p r o ­
y ectó un o de p ie d r a q u e c o n s tr u y e r o n los a r q u it e c to s
D e m óc rito y A u a x á g o r a s , e n u n a de la s v e r ti e n te s de la

acrópolis. El g r a b a d o n ú m . 82 r e p r e s e n t a el p la n o de u n
Lealro. La e s c e n a B tie n e tre s p u e r t a s . E n el espacio A
e s ta b a el a l t a r á Baco ro deado p o r la ore/test ra ó l u g a r
d e s tin a d o al coro.
Los o d e o i m (de yí/e/u/t, fo r m a de w k , cauto), e r a n te a tro s
d e d ica d o s al c a n to y á la le c tu r a de p oesías. EsLaban
c o n s tr u id o s j u n t o á los te a tr o s d e d e c la m a c ió n ( 1 ).
A g o r a * . — (Plaza ó m e r c a d o e n tr e los griegos— de a g e / -
rcin, j u n t a r ) . Las agoras, r o d e a d a s de p órticos, te m plos y
. tr ib u n a s , sir v ie r o n p a r a las a s a m b l e a s p o p u l a r e s y como
l u g a r de c o n t r a ta c ió n . Q u e d a n m u y esc a so s vestigios de
es tas cons Lruc-ciones.
G im n a sio s .—S e r v ía n , como n u e s t r a s u n iv e r s id a d e s , de
e s ta b le c im ie n to s de e n s e ñ a n z a . La in s tr u c c ió n e s ta b a
o r g a n iz a d a en to d a s s u s a p lic a c io n es , desde el de sa rro llo

(I) líe m ía y olru e s p e c i e de leaLi'as (r aln m o s. e 'p e e ¡;i lr i ic i il e . e n la h i s ­


toria tío !o D r a m á tic a .
m
físico del h o m b r e , h a s t a s u e le v a d a c u l t u r a in te le c tu a l.
C o m p o n ía n se de d if e r e n te s d e p a r t a m e n to s , sa la s de e j e r ­
cicios iorchesíricu: b a ile , a r l e de v o lte a r, y ju e g o de pe­
lota; p a lé x tric a : c a r r e r a s á pie. á c a b a llo y e n c a rro , el
p u g ila to , u n a especie de e s g r im a , tiro de disco y j a v a l i -
na y el salto), las sa la s p a r a tos filósofos y p o e ta s, los
b a ñ o s, los p ó rtico s p a r a las c a r r e r a s y los j a r d in e s . Los
g im n a s io s tu v ie ro n b r i l l a n t e e x h u m a c i ó n de e s c u l tu r a s
y p in tu ras.

M onumentos conmcmnratir-of ;.— E n t r e los de m á s i n t e ­


r é s s o b r e s a le n los vim m m e n tos corügicos. de los c u a le s
p u e d e n v e rse dos m o d e lo s (fig ura s n ú m e r o 83 y 84).
S ig n ific a n la c o n m e m o r a c ió n del triu n f o de u n a fa­
m ilia ó t r i b u , e n u n c e r t a m e n m u s ic a l. El n o m b r e de
corágico d e r ív a s e de corega. d ir e c to r del coro (de choros.
coro y agei/i. guiar).
— 127 —
E n la c o n s tr u c c ió n de m o n u m e n t o s f ú n e b r e s , e m p le a ­
ro n los g r i e g o s to da c lase de m a t e r ia l e s y. e n g e n e r a l, su s
s e p u lc ro s y m a u s o le o s so n m e n o s o ste n to so s q u e los de
O riente. Los lia y de to d a s formas,, d e sd e el h oyo e s c a ­
vado e n la tie r r a y re v e stid o de p ie d ra , á las e s c a v a c io -

n e s e n las ro ca s, c o n s tit u y e n d o n ec ró p o lis de g r a n e x t e n ­


sión é im p o r ta n c ia a r tís tic a como el M ausoleo de H a lica r-
n a so . c u y a i n t e r e s a n te re c o n s tr u c c ió n ideal h a p ro y e c ta d o
el in g e n ie ro in g lé s Mr. O. M olhess (1).
L as c o lu m n a s t r u n c a d a s , in d ic a d o ra s de u n s e p u lc ro
e n la tie r r a , d ie ro n o rig en á la s estelan ó p ie d r a s p r i m i t i ­
v as con in s c rip c io n e s, re lie v e s y r e t r a t o s de los d ifu n to s .
Ei g r a b a d o n ú m e r o 85, r e p r e s e n t a u n a e s te la.
l a s casas (/riegan .— L a s r u i n a s de la c a sa de Uliseo ú
Odisen e n T h e a k i ('Haca), es lo m á s i m p o r ta n te q u e re s ­
pecto de edificios p a r t i c u l a r e s h e m o s h a lla d o . Sírvele de

(I) C u a n d o . eti u n m o n u m e n t o ó re c i n l o f ú n e b r e sp a l b e r g a b a n los re s to s


d e m u c h a s p e r s o n a s . H umós e p o l i a n d r o s ; c u a n d o u ra p a ra li no so lo il e c i a -
sele l l e r o o n .
— 12S —
cenLro u n e x te n so p a tio ro d e a d o p o r c o lu m n a ta s ; la n a v e
de la iz q u ie r d a , d e s tin á b a s e á a lb e r g u e de las p e r s o n a s
e x t r a ñ a s a la fam ilia: la de la de la d e r e c h a c o n tie n e las
h a b i t a c i o n e s de a q u é ll a s ( 1 ) y la sa la c ir c u la r do nd e ¡-se
g u a r d a lía el tesoro, y la n a v e de
a t r á s con las sa las. Kn la época
a l e j a n d r i n a la c asa se d ispuso m á s
c ó m o d a y lu jo s a m e n te . Gtfhnüii.
C o n stru c . de edif.
El g r a b a d o n ú m e r o Síi, r e p re s e n -
la u n pa tio de u n a casa de A tenas.
E n t r e las h a b i t a c i o n e s m á s p r i n ­
c ip a le s de la c asa g rie g a m e n c io ­
n a r e m o s el (alamos, ó d o rm ito rio ;
el nniplritohuhos ó sala de fam ilia:
la b ib lio te c a , la s s a la s de c o n ­
v e r s a c ió n , los c o m e d o r e s y las
sa la s de b a ñ o s .
Krftot'nacüin a rq u ile c t/m ic a . — Y a
h e m o s ex p licado c u a le s son los
p rin c ip a le s m o tiv o s de e s c u l t u r a
a r q u it e c tó n ic a q u e c a r a c t e r i z a n
los tre s estilos griegos. E sto s a d o r ­
nos p i n t á b a n s e á la e n c á u s tic a ,
lle g án d o se e n la p i n t u r a p o lic ro m a
no s o la m e n te á p i n t a r l a s p a r e d e s ,
las c o lu m n a s , la s fig u ra s de los re lie v e s y los a d o rn o s
de los c o r o n a m ie n to s , sino h a s t a las e s t a t u a s (V éase
L a P i n tura, tr a ta d o de este libro).
E n los m u r o s del a la d e re c h a de los Propileos, se h alló
u n a in s c rip c ió n re f e r e n te á los g a sto s h e c h o s e n el ediíi-

(1¡ Cu los p r i n i e r a s tie m p u s , la c a s a g ri ega se d iv i d í a e n d o í p iu le s mui


d e s t i n a d a ¡i Ui> m u j e r e s ( y í n e c e o ó <;asa d e la m u j e r , de Of/ne h e m b r a y
o i k e m a li a lj ita d o ji) y otr a á los l iu m b r e s { a n di ' oi i i t i as ó tiuarto d e los hmn~
lires: de’ a n d r o s h o m b r e ) .
cío y en ella so m e n c i o n ; i n tas p i n t u r a s á. la caeri ns/irt/
i ])¡n[ u r a s [ircjia raclns c o n c e ra ) . En m u c h o s i m á n e n l o s
p r o c e d e n los de las c o n ^ l n i c c i m i e s de la A cr ó p ol i s d e A le­
n as , se c o n s e r v a n los r ni o res v e r d e , a z ul y rojo en tona

:cs

h' iií. s u . — l ’; i l ¡ r j i l ( ’ r a > ; i a [<’ n íciim'

s u p e r f e c c i ó n . — Mr. Beuló, q u e h a Iiecho i n t e r e s a n t e s i n ­


vestigaciones a c e r c a del a s n i l l o . d i s t i n g u e I re s é p oc as .
I.ns c o n t o r n o s se. i n t e r r u m p e n p r i m e r o p o r u n s u r c o
p r o f u n d o , úti i ru p i u l a d o de rojo: la r a n u r a r e t e n í a el co ­
lor. tfue si n d u d a no se sabia, f i j a r en el m á r m o l liso, con
a y u d a dad l'ueyu v de la c e n í : e s l e fué el p r o c e d i m i e n t o
de la p r i m e r a é p o c a . Mas Larde, e n t i e m p o s de Ci moii y
í.i
— 130 —
en los P ro pile os, se b o s q u e jó á p u n í a u n ligero d ib u jo , y
el color ap licado á la e n c á u s t i c a llenó co n s u s c a p a s lodo
el in te rio r del trazado ; e s ta fue la s e g u n d a época. P o r
ú ltim o , los a d o r n o s se e sc u lp ie r o n a n t e s de p i n t a r s e y
d e s ta c á r o n s e e n relieve s o b r e u n fondo u n ifo rm e : este
fué el p rin c ip io del líiv c le ó n y de los m o n u m e n t o s p os­
terio re s... E n e l P a r t e n ó n , los triglifos e r a n a zules; el fon­
do de los m e to p a s . rujo: los m o d illo n es , del p r im e r o de
dichos colores, y la faju q u e los s e p a r a b a del se g u n d o ;
las gotas te n í a n u n tin te d o ra d o ...» ( D r u r v . ñ o la s . Lomo
II, pág. 2-M).
R e c u é r d e s e lo r e f e r e n te á las p i n t u r a s en los m o n u ­
m e n to s caldeos, a sirio s y p e rsa s, y té n g a n s e Lodos estos
d a to s p r e s e n t e s p a r a c u a n d o e s tu d ie m o s la Jíd ad M edia,
con s u arLe crisLíano, re lie jo de la d e c a d e n c ia griega y
r o m a n a , y su arLe á r a b e , o rig in a rio de la antigua. P ersia .
II.
Roma.

A . — p R F L IU IN A IíE S .

Ui'iiíi'ii (le H' itiiti y [le s u n n m l i r n . — K .t r u s fo ^ V p p l a s i i n s . — A r í e c l n i f C O e n


l í m ii íi . — Ll i n t e r o m a n o d u r ; i n k ' la i m i n u r q u í n . - I ii ll u e n u ic i ^ —C a r á r -
(«(• (le la 1 ‘iillüiM 1 ‘om íi ii íi y stt eoitíliK'trt e o n ( i i 'p c i a . — U i s e s t i l o s ot'(|U iLe cli ni i-
im s r u m a n o s : s u e n r í u - l e r y d i v i s i ó n e n t o s c a n o , esttlo.< griegn,?. r o t ita n o ó
cmn¡me^to y decadencia.

EL o rig e n de R o m a , de su p u e b lo y de s u s re y e s, co­
rre s p o n d e á las tra d ic io n es fa b u lo sa s, y ú p e s a r de las
in v e s tig a c io n e s m o d e r n a s , e s ta m o s en esle p u n t o casi ú
la p ro p ia a l t u r a q u e c u a n d o P lu ta r c o , en la v id a de Ho­
rnillo, e sc rib ió . enLre o ir á s v e rs io n e s, q u e en s u Liempo
c r e í a n a lg u n o s q u e «los Pelasgos, q u e co rrie ro n p o r dife­
r e n t e s p a r l e s de la t i e r r a y so ju z g a ro n m u c h o s p u e b lo s,
se e sta b le c ie ro n allí, y de la fu e rz a de s u s a r m a s d ie ro n
este n o m b r e á la c iu d a d , q u e eso q u ie r e d e c ir R o m a»
( o b ra c ita d a . 1. I. pág . 37), e n lo c ual, p o r cierto, no h a y
(■•(informidad tam poco, p u e s e n t a n t o q u e a q u e l ilu s tr e
a u t o r y o tros m u c h o s , a d m i t e n q u e la p a l a b r a R o m a
v ie n e del griego liorna (fuerza, pod er), otros p r e t e n d e n
q u e se d e r iv a de ruma ( m a m a ), otros q u e de Rumoa. p o r
— 132 —
h a b e r s e lla m a d o a n t e s así el río T ib e r. y oíros de ru m m
p opa ó c iu d a d llu vial.
lín apoyo de la v e rsió n de P lu ta r c o , p u e d e n c ita rse dos.
h e c h o s con c re to s: q u e g r a n p a r t e de las c o sta s itálicas,
í'ué p or m u c h o s a ño s a s ie n to de colo n ia s grieg as, y q u e
los h e le n o s y los t u r s h a s , tirre n o s ó c tr u s c o s , p r o c e d e n
de las t r i b u s p elá sg ic a s q u e p o b l a r o n g r a n p a r t e de E u ­
r o p a ( 1 ).
La h is to r i a de R o m a c o m ie n z a c u a n d o la de G re c ia
t e r m i n a , te n ie n d o a q u é lla a lg ú n p a re c id o con ésta , p u e s
todos los p u e b lo s de la a n t i g ü e d a d co in c id e n en su d e s­
arrollo y íin e s h istó rico s.
H e rz b e rg , co n re la c ió n á m o d e r n a s in v e s tig a c io n e s ,
dice, q u e d e s p u é s de la época p r o to h is tó r ic a , los itálicos,
se p r e s e n t a n divididos en dos g r a n d e s g ru p o s , o c c id e n ta l,
lla m a d o ü latin o y q u e llegó á s e r el p u e b lo d o m i n a n t e ,
y el o rie n ta l, u m b r n - m h d ia ó los u m b r ío s , q u e so m e tie ro n
á sil p o d e r á los e tru sc o s (o b ra c ita d a , H l s t . de I-íomaf
cap. I-(III-IY).
El n o m b r e de rst.w.s ó va sen as con q u e se a p e llid a á los
e lr u s c o s y q u e q u ie r e d e c ir h a b i t a d o r de in e r te s c iu d a ­
des. e s ta b le c e de u n modo indiscuLible la s re la c io n e s q u e
h a y e n tr e ellos y los p e la sg o s como p r e c u r s o r e s del a r te
(dásico, Unos y otros u s a r o n las c o n s tr u c c io n e s q u e l a s
a n t i g u a s m ito lo g ía s h a n s u p u e s to o b r a de u n p u e b lo de
cíclopes ó s e re s e x tr a o r d in a r io s ; y de los escasos restos,
de m o n u m e n t o s p elásg icos y e t ru s c o s q u e se c o n s e r v a n ,
p u e d e d e d u c ir s e la c o n s e c u e n c ia de q u e los h a b ita n te s ,
de E t r u r i a , y a f u e r a n a b o r íg e n e s ó c o lo n iz a d o re s, d e s ­
a rro lla ro n u n a civ ilización de q u e no p u e d e ju z g a r s e con

(I) Aue rca d e la p r o c e d e n c i a d e l os e t r u s c o s d e b e c o n s u l t a r s e la o b r a ya


c i t a d a P r i m e r o s p o b l a d o r e s de l a p e n in s tU a ibérica, cop. II y s i g u i e n ­
tes- líl s a l i i j c í I c J r á l i u o Sr. F e m i u i d a z Gon zález, e n e s te a s u n t o , c o m o e n los
d e m á s q u e s e r e l a c i o n a n co:i ]y pro lo l iH lo ria y ¡a h is to ri a p rim itiv a d e n u e s -
i ra K ij ja ña , da á c o n o c e r kss m á s m o d e r n a s i n v e s t i g a c i o n e s y el p ro p io y d e ­
t e n i d o e s t u d i o d e ln m a l e i i i .
— 133 —
« u le r o c o n o c im ie n to po r fa lla de datos, y u n a r t e i n t e r e ­
s a n t í s i m o q u e a c u s a el orig en de las fo r m a s p r o to d á r ic a s,
com o y a a n t e s h e m o s h e c h o n o ta r .
E s ta civilización, este a r te copió de G re c ia s u s m a y o r e s
p erfeccion es; m a s a n t e s h a b í a servido de lazo de u n ió n
p a r a q u e a q u e l la h e r m o s a a r q u i t e c t u r a i d e a s e e n E gipto
u n estilo a rc a ico , como d e s p u é s dió á R o m a a r le , ritos y
c o s tu m b r e s ,
«C uand o K o m a no e x istía , los e tr u s c o s e r a n y a u n p u e ­
blo g r a n d e y poderoso,* dice u n m o d e r n o h is to r ia d o r i t a ­
liano. no m u y e n t u s i a s t a de los e tru sc o s , á q u i e n e s no
in c lu y e e n t r e las t r i b u s é tn ic a s de R o m a , ni conced e toda
la im p o r ta n c ia q u e en la h is to ria de I ta lia ti e n e n a s ig n a ­
da como u n o de los p u e b lo s p r e c u r s o r e s del clasicism o
del a r te y la c u l t u r a de Occidente, y sin e m b a r g o , desde
los ritos de los arúspiccs r o m a n o s ( 1 ) h a s t a la s in s ig n ia s
d e los m a g is tr a d o s , todo e r a p r o c e d e n te de E t r u r i a . como
ese m ism o h is to r ia d o r reco no ce en u n a de las n o ta s de su
libro, de la c u a l e n tr e s a c a m o s este p á r ra fo : «La m a n e r a
e t r u s e a e ra t a m b i é n s e g u id a en la c o n s tr u c c ió n de t e m ­
plos y c iu d a d e s , m ed ic ió n de te r r e n o s y fo r m a c ió n de los
c a m p a m e n t o s . Los r o m a n o s , e n í i n , to m a r o n d é lo s e t r u s -
t-os la s i n s ig n i a s de los m a g is tr a d o s , e s p e c ia lm e n te de los
doce h e lo r e s , la toga, la silla e u r u l y la d ia d e m a a u r í f e ­
r a ...^ ( B r r t o l t n i , I l h l , de R om a, t. I , c a p ítu lo I-IY).
L a a r q u i t e c t u r a se desarro lló con cierto c a r á c t e r p r o ­
pio y o rig in a l en la E lr u r ia . L as m u r a l l a s y o b r a s de d e ­
fe n sa ti e n e n el m isin o asp ecto y c o n s tru c c ió n , como ya
liem os dicho, q u e las lla m a d a s ciclópeas ó p e lá sg ic a s, y
no e s t á n p ro te g id a s por to r r e o n e s . Las p u e r t a s de las
m u r a l l a s y de las c a s a s son de arco y p e r f e c ta m e n te a b o ­
v e d a d a s . H e rz b e rg , h a c e n o t a r « q u e e n la c o n s tru c c ió n

(I) S a c e r d o t e ([lie e x a m i n a b a las e n t r a ñ a s d e Sas v i c t i m a s s a c r if ic a d a s á


Ioí d io s o s pa ra a d i v i n a r a l g ú n s u c e s o . De aru&pes {et'a. a l t a r y specera
ppectare). C o r r e s p o n d e n b ie n á n u e s t r o s agoreros.
— 13 i —
de los tem plos e tr u s c o s se e n c u e n t r a n , como rasg os ca­
ra c te rístic o s . la im ita c ió n en p ie d r a de las c o n s tr u c c io n e s
de m a d e r a , u n d ib u jo d istin to de c o lu m n a s , y la l o n n a
p l a n a d ife re n te de la a d o p ta d a p o r los griegos...» (o b ra
c ita d a , caps. I-V IIj. El e r u d ito p ro fe so r a l e m á n da á co­
n o c e r el p la n o de u n o de s u s
tem plos, q u e re p ro d u c im o s.
E s i n t e r e s a n Le a d v e r t i r q u e
son a n te r io r e s á los ¡irós/ihis
griegos y sin e m b a r g o , su
tr a z a es m á s c o m p lic a d a y
e le g a n te .
La c e r á m ic a de C e rv e te re ,
c iu d a d e n c u y a s c e r c a n í a s
h u b o i m p o r t a n t e s co lo nias
Klg. #7.—P la n o tle un
cinismo. griegas, tie n e m a r c a d o c a ­
r á c t e r h e le n o , p e ro la n o t a ­
ble c rip ta de d ich a p o b la c ió n y los se p u lc ro s de C orneto
y o tr a s c iu d a d e s e lr u s c a s a c u s a n i n t e r e s a n t e s r e m i n i s ­
c e n c ia s egipcias, q u e la v e c in d a d de u n o s con otros e x -
ca s a lis ia r lo r ia m e n le .
E n r e a lid a d , b a s t a con lo q u e liem os in d ic a d o p a r a d e ­
m o s t r a r q u e el com ie n z o de la c u l t u r a r o m a n a es de evi­
d e n tís im a p r o c e d e n c ia e lru s c a ; m a s c o n v ie n e q u e d e co n ­
sig n a d o q u e P lu ta rc o , al d e s c r ib ir la fu n d a c ió n de l-tonm
p o r R óm ijlo, dice: ^y a ten d ió luego a la lu n d a c ió n de la
c iu d a d h a c ie n d o v e n i r de la E t r u r i a ó T ir r e n ia ciertos
v a ro n e s , q u e con s e ñ a la d o s rito s y c e r e m o n ia s h a c ía n y
e n s e ñ a b a n á h a c e r c a d a cosa á m a n e r a de u n a in ic ia ­
ción,v y e x plica e s ta s c e re m o n ia s , q u e e r a n com o u n a
especie de r e p la n te o de la s m u r a l l a s , s e ñ a lá n d o s e la s li­
n e a s co n u n a r a d o con re ja d e b r o n c e , a r r a s t r a d o p o r dos
reses v a c u n a s , m u c h o y h e m b r a , q u e c o n d u c ía el m ism o
K ó m u lo ( o b r a c ita d a , pág . 40).
H a y q u e a d v e r tir ta m b i é n , q u e los h is to ria d o r e s y los
críticos m o d e r n o s c o n s id e r a n como le y e n d a m itológica
la h isto ria de R ó m u lo y de N u m a Pom pitio. y c r e e n q u e
h u b o m á s de siete reyes, de m od o, q u e lia sla el e s ta b l e ­
c im ie n to del p o d e r de los T u r q u in o s — ac e rc a de cu y o ori­
ge n tam poco h a y a c u e rd o , p u e s u n o s los c r e e n e tr u s c o s
y otros r o m a n o s — no se v a n d isip a n d o la s Jan U s ía s y las
n ie b la s de la trad ició n m itológica.
D u ra n te la m o n a r q u í a , el a r le no tuvo im p o r ta n c ia e n ­
tre los ro m a n o s . La c iu d a d , ro d e a d a de Tuertes m u r a lla s ,
te n ia m á s chozas q u e c a sa s, y a p a r te de las o b r a s de
u tilid a d p ú b lic a , e sp e c ia lm e n te las cloacas q u e se v ie ro n
o bligad os á c o n s tr u ir p a ra reco g e r las a ^ u a s del T íb e r ,
Lan solo los tem plos del Capitolio, el Poro, el Circo, la
Casa del Rey y a lg u n o s oíros edificios, e r a n las ú n ic a s
o b r a s de a r le de estilo e lrn sc o q u e e n c e r r a b a n las m a g ­
níficas m u r a lla s de R o m a (1).
Dice Cicerón, q u e e n la época de los T a r q u i n e s , «no
ya un p e q u e ñ o r a u d a l, sino u n im p e tu o s o t ó r r e n le de
s a b i d u r í a grieg a p e n e tr ó e n R om av [D e Jley>i<h.. II, 19.
:U), m a s es lo cierto q u e las in f lu e n c ia s h e lé n ic a s no se
a d v ie r te n en el a r le h a s t a los tie m po s de la República.,
ni h a s la el tin de e sta época se re v e la el e s p íritu q u e c a ­
racteriza el estilo ro m a n o e n los tiem pos del Im p e rio .
Por lo d e m á s , a u n q u e los e s c rito re s la tin o s se e sfu e r­
cen p o r c o n v e n c e r á la p o ste rid a d d e q u e ln c u l t u r a g rie ­
ga se tr a s p la n tó á R om a , con el c u id a d o y el resp eto q u e
m e r e c ía n el arLe. la li t e r a t u r a y la filosofía h e lé n ic a s, en

|1) ul í l m i s m o t e m p l o d e J ú p i t e r i l a p i f o l i u n . j u n i o . 1 e ¡ i a ! .se tul ¡ t i ca m u s u -


r e s i v a m o n l e o í r o s s a n t u a r i o s . filé e n n s l n n d o p o r a r t i s t a s e l r u s e o s y . s e i í ú n el
e s l i l t u í l r i i s c o . l i s i e o d i lie i o s u d i s t i i i g u í í i d e l o s l e m p í o s d ó r a o s p e n s i l s e n c i l l e z ,
s u d o h t e (11a d o c o l u m n a s . s u s e n t a b l a m e n t o s d e m a d e j a . l a e N l e r i s i ó i i d e .su
f u e l l a d a y í r o n l i s , (]\u- e r a m á s a c h u l a d o q u e e l d e b i s s a n t u a r i o s g r i e ^ i s, A p e ­
s a r d e s u s e n c i l l e z . e s ( e g r a n d i o s o t e m p l o n o c a r e c í a d e v a lo r, s i l l í n s o ('roe:
las c o l u m n a s e r a n de popelina y probablem ente estaban r e v e s t i d a s di; m o ­
s a i c o s , Ins u n l a l d a i u e n l o . s e r a n d e m a d e r a y las e s t a t u a s d e l os dioses d e ar-
e i l l u . H e d í a l i l i p i e s y m e d i o d e a n c l j o p o r í n ? y m e d i o d e Uiijíii. y | y s c o l u m ­
n a s , di : l a s e u a l e s ¡ t a l i i a t r e s f i l a s e n e l l ' re. nt u y u n a en c u t í a l a d o , l e n í a n (ii-
d i 1 a l t o p o r íl d e d i á m e h o . ■ ( l l E n / í i E n n . G r c r l a ;¡ R a u t a , c a p . I I - V1I ) .
— Í3G —

c o n tr a de esa v e rsió n p ia d o sa p a r a la b a r b a r i e y ru d e z a
r o m a n a s , liá lla n s e tex to s como el sig u ie n te , q u e d e m u e s ­
t r a n la e scasa c o n s id e ra c ió n q u e los r o m a n o s g u a r d a b a n
á a q u e l p u e b lo . « R e c u e r d a — dice Cicerón e n u n a e p ístola
á su h e r m a n o Q uinto Tulio, p r o p r e t o r d el Asia m e n o r —
q u e m a n d a s á grieg os q u e h a n civilizado lodos los p u e ­
b lo s e n s e ñ á n d o l e s la d u lz u r a y la h u m a n i d a d , y q u e R o ­
m a les d e b e las lu c e s q u e la il u m i n a n » ( l í j m f . f a m i L ) ; y
c u e n ta q u e C icerón e ra u n a de las m á s g r a n d e s l u m b r e ­
ra s de R o m a y q u e s u h e r m a n o figura t a m b i é n como
e s c rito r y h o m b r e de le tra s, de m o d o q u e esa e sp e c ie de
r e c o n v e n c ió n de h e r m a n o á h e r m a n o , q u i e r e d ecir q u e
al ilu s t r e p a tr ic io — q u e al fin m u r i ó a s e s in a d o p u r o rd e n
de los tr iu n v ir o s — p r o d u c ía le t r is te im p r e s ió n la m a n e r a
con q u e R o m a t r a t a b a á G re c ia , j u s t a m e n t e e n la época
e n q u e R o m a e r a y a s e ñ o r a del m u n d o é im p o n ía en to­
d a s p a r te s s u id io m a y las a r le s y la c u l t u r a q u e h a b í a
copiado de e tru s c o s y griegos.
Pi y M argall, e n s u IIi.'iloria da ¡ a p h iliu 'tt , d e sc rib e con
g r a n e x a c titu d la s itu a c ió n de R o m a , re sp e c to de G recia:
« R o m a hizo con G re c ia , dice, lo q u e con la s d e m á s n a c io ­
nes del m u n d o : la r e d u jo á p r o v in c ia , ap a gó e n ella toda
a c tiv id a d y le dió la paz de los s e p u lc ro s. O rgullosa y lle­
n a de codicia, le a r r e b a t ó su s o b r a s de p i n t u r a y e s c u ltu ­
ra ; p e ro no p a r a a d m i r a r l a s ni p a r a s a tis f a c e r s u s e n t i ­
m ie n to estético. A u n q u e b u scó á los a r t i s t a s g rie go s con
deseo, al p a r e c e r de f o m e n ta r las a r le s , c o n v ie n e r e c o r d a r
q u e 110 dejó de c o n s id e r a r la s n u n c a como o c u p a c ió n dig­
n a t a n sólo de e x t r a n j e r o s y de esclavos; c o n v ie n e r e c o r ­
d a r q u e c u a n d o vió á u n o de s u s p a tric io s y h a s t a á u n o
de s u s c ó n su le s d e d ic á n d o le s s u s m o m e n to s de in s p i r a ­
ción, Ies tu v o p o r h o m b r e s q u e h a b í a n d e sc e n d id o al
ú ltim o r a n g o de s u s c iu d a d a n o s » (cap. 1, p ág. 2(3).
E n electo. Virgilio hizo d ecir á u n o de s u s person a je s-
«olros e s c u lp ir á n el b r o n c e y d a r á n v id a al m á rm o l; tú.
r o m a n o , a c u é r d a t e d e q u e tu p a p e l es el de g o b e r n a r á
— 137 —
los p u eb lo s.» y el se v e rís im o C a ló n, á p e s a r de su ta le n to ;
(le h a b e r e stu d ia d o , casi e n su a n c ia n id a d , la le n g u a g rie ­
ga; de m e r e c e r q u e se le lla m a s e el D em m ten es rom ano y
de s e r a u t o r de b u e n o s libros, o p i n a b a q u e la s e s ta tu a s
g rie g a s e n t r a b a n como e n e m ig a s e n R o m a (1).
A d v ié r ta s e q u e V irgilio c o rre s p o n d e á la é p oca de A u ­
g u sto , y Catón á los tie m p o s de la R e p ú b li c a , de modo
q u e los b r i lla n te s r e s p la n d o r e s del I m p e r io no p u d ie r o n
d o m i n a r p o r co m p le to la esp ecie de ru d e z a q u e s ie m p r e
fué c a r a c te r ís ti c a de los r o m a n o s , y q u e e n la é po ca de la
d e g r a d a c ió n de a q u e l p u e b lo , c o n v irtió todos los e s p ír itu s
á las lo c u r a s del vicio y á las m á s to rp e s liv ia n d a d e s .

Los r o m a n o s to m a r o n de los griegos los tre s ó rd e n e s ,


dórico, jó n ico y corintio, y d ie ro n el n o m b r e de losen no al
estilo e lru sc o a d o p ta d o p o r ellos. De e s ta s c u a t r o m a n e ­
ra s h a b l a V itru v io e n su lam oso t r a t a d o JJe A r c/tilec lu rü ,
d e d ic a d o á A u g u sto y dividido e n diez lib ro s (2).
H a s ta la época en q u e V itru v io escribió s u o b r a , los
r o m a n o s c o n s t r u y e r o n los edificios con a r r e g lo á los ó r­
d e n e s referidos, p u e s el compuesto ( r e u n ió n de los estilos
griegos jó n ic o y corintio y del arco p e r s a y elrusco') co­
r r e s p o n d e ú los tie m p o s del im p e rio , e n q u e R o m a q u iso
d e j a r r e c u e r d o de s u c u l t u r a resp e c to del a r l e a r q u i t e c ­
tónico, como lo dejó de s u l i t e r a t u r a y de s u s ley es políti­
cas y m ilita r e s .

ti ) N o s ó l o l a s nr li v í b e l l a » , s i n o l a s s u n t u a r i a s , so c o n s i d e r a b a n e n Ruma
c o m o i n n o b l e s . A u g u sto c o n d e n ó ú m u e r t e al s o n a d o r U uin to O vi nio p o r q u e
se ¡labia liec lio d i r e c l o r e n ligipto de v a r i a s m a n u f a c t u r a s , desh o n ra n d o
su d i g n i d a d fOnoa. Hixt.. lib r a IV)
(2) t.os sie te p r i m e r a s t r a ta n d e la a r q u it e c t u r a ( c o n d ic ió n del a rte, l u g a ­
re s d e c o n s t r u c c i ó n , m a t e r i a l e s , e x t r a c c i ó n de p ie d ra s , ó r d e n e s d o a r q u i t e c ­
tu ra , e x h o r n a c i ó n ) ; el S.° d e la h idráu lic a , el d e la <¡nom ón ic a y el t u "
d e la m ecánica . «Es m u y s e n s ib le , d ic e Sala e n s u Dicción,'1, q u e se h u y a n
p e r d i d o lns d i b u j e s q u e a c o m p a ñ a b a n á e s ta o bra , v e r d a d e r o r e s u m e n d é l o s
e o n n c h n l e n t o s q u e p o s e í a n los a n t i g u a s s o b r e el a rt e de edificar...»
— -138 —
La tra d ic ió n su p o n e q u e los tem p lo s de S a tu r n o y Cas­
io r, f u e ro n erigidos d u r a n t e el p eríodo de tra n s ic ió n de
I-a c a íd a de la m o n a r q u í a h a s t a la m u e r t e del ú ltim o T u r .
q u in o , p e ro a u n q u e la tra d ic ió n a g re d a q u e esos tem p lo s
fu e ro n r e s t a u r a d o s y e m b e lle c id o s en los p r i m e r o s a ñ o s
de la E r a c r is tia n a , las r u i n a s q u e se c o n s e r v a n a c u s a n
p ro p o rc io n e s y c a r a c te r e s de u n a r te p o s te r io r y c a r a r t e -
r i r a d a m e n t e r o m a n o , en p a r t i c u l a r p o r lo q u e al tem plo
de S a t u r n o r e s p e c ta .
La s e g u n d a época del clasicism o, co m ie n z a , p u e s, eu
los tie m p o s de A ug u sto y t e r m in a con ta ir r u p c ió n d é lo s
b á r b a r o s , y en op in ió n de u n ilu s tr a d o a r q u it e c to e sp a ­
ñol de c om ienzos del siglo a c tu a l, los cinco ó r d e n e s (in ­
c lu y e como tales el lomt>\u y el ro^pt/cxfo ¡ lleg aro n á la
m á s b e lla p ro p o rc ió n y h e r m o s u r a . . . e n tiem po d é l o s
E m p e r a d o r e s R o m a n o s , cu y o s p alacio s, y a u n ltis cusas
de los m á s n o b le s c iu d a d a n o s de R o m a . 110 e r a n m e n o s
visto sa s p or s u s m a te r ia le s , q u e p or el a r le con q u e e s t a ­
b a n l a b r a d a s ...» (U iuzcrz v Bitr. E xn trh i rfc A r q t t t l . riril.
I n tr o d .. pág. ój.
Las c o lu m n a s , como e n Los ó r d e n e s griegos, c a r a c t e r i ­
z a n , e s p e c ia lm e n te , los cinco estilos r o m a n o s , p u e s se
ag re g ó el arco til dórico. ¡il jó n ic o y ul c o rintio, y los b a ­
s a m e n to s a d q u i r i e r o n m a y o r e s p r o p o rc io n e s , a d o p t á n ­
dose los e s te r e ó b a to s y los e s tiló b a to s de q u e en la p á g i­
n a 123 liem os tra ta d o .
P a r a d e t e r m i n a r c la r a m e n t e los c a r a c te r e s de la A r­
q u i t e c t u r a r o m a n a , d iv id ire m o s su e s tu d io en
E s t il o to su a n o .

E st il o s (iiu icy o s.

E s t il o ko m axo ó o o m im k st o .

D k i .'a i h í n c i a .
— 139 —

B .— Es'i'11,0 TOSCANO.

Oii^cn elnisco de eslc eslío,—Su ileícri|ici-in síigmi \itruviu y \ignoly,—


Cnlum iüi; ¡uLoi'culii niiiii), a r c u .

El esLilo (oscilan, dice Vigilóla (1) es el o r d e n dórico con


p ro p o rcio n es m e n o s e le g a n ­
tes (T¡'(lindo de ¡os cinco
ó r d e n e s).
--- __ _ ______________

Su origen es e lru s c o , co­ T: ' .... ---


m o a n te s se h a dicho, y
i
L.„ ________________ _
n ó m b r a s e l e ¿osea no. ó p o r
s e r tosco y rudo, ó p o r q u e
p ro c e d e de la T o sc a n a . lo F
c u a l p a r e c e m á s exa c to,
e n tr e o tr a s r a z o n e s, p o r q u e
se d eb e te n e r en c u e n t a
q u e e n K o m a se di ó el n o m ­
b re de tusca nicum al a trio
de las c a s a s y te m p lo s a n ­
tiguos. y á la T o sc a n a se I
la d e sig n a eu la tín 'Tusan,
región de los túseos' / t u s -
cns. laxe a n as ó taseniücn.s K
No se c o n s e r v a n frag ­
m e n to s a r q u ite c tó n ic o s de
e ste o rd e n ; pero Y itruv io , _
e n el cap. VIT, lib ro IV de Mí!. SS.—O i l u m n a y iMitaliliimeiilo
ki-ii'aiio.
s u o b r a c ita d a , explica el
estilo y las p ro p o rc io n e s de ía c o lu m n a . Con r e la c ió n á

(I) Yi^nolit. e n su T r o l a d o de los citlvo ordene*, m l u c e el arLe a r -


[[ uíle ctiimco á re gla s. fijan do la s p r u p o r c i o n e s tlts to d a o b r a <le i.'sííi m a n i f e s -
taeiú n íiiíÍmIi(ííj. El jIusLrfs a r q u i t e c t o e.scrilíió [aiubiiin un T r a t a d o d<‘ ln
p e rs p é c t i c a .
— 140 —
estos datos. B rizcuz dice q u e la c o lu m n a con b a s e y
c a pite l c o n s ta de 14 m ó d u lo s ó d iá m e tr o s del im o se a p o
del fuste; el p e d e s ta l de 4 m ó d u lo s y 8 p a r t e s , y el
c o r n is a m e n to de 7 m ó d u lo s y m edio, ó s e a n 22 m ó d u lo s
y 2 p a r t e s toda la a l t u r a .
La d is tr ib u c ió n de los in t e r c o l u m n io s (ó in te r v a lo e n ­
tre c o lu m n a y c o lu m n a ) la divide Y itru v io e n cinco cla­
ses: l . ;l tres m ó d u lo s e n tr e c a d a dos c o lu m n a s ; 2 .a c u a tro ;

3 .a c u a tr o y medio; 4.a seis, y ó : 1 ocho. Yignola a sig n a


seis m ó d u lo s y m e d io al in te r c o lu m n io tose ano , co n ta d o s
d esde el eje de las c o lu m n a s , pe ro la p ro p o rc ió n m á s co­
m ú n e n las c o n s tru c c io n e s to s c a n a s m o d ernas', son c u a tr o
m ó d u lo s y dos tercios, si b ie n h a y q u e a d o p t a r e s ta s
p ro p o r c io n e s al d e sa rro llo del arco , q u e , c o m u n m e n t e ,
o c u p a el espacio ó in te r c o lu m n io , como se d e t e r m i n a en
el g r a b a d o n ú m . 8 !).
— 141 —
F ó r m a s e el arco con p ie d ra s c o r ta d a s e n fo rm a de c u ­
ñ a , ó dovelas, y el n ú m e r o de é s ta s es im p a r , sin e x c e p ­
ción, p o r q u e la del c e n tro , ó c lave, es de fo r m a d ife re n te
á la s d e m á s y sirve p a r a a j u s t a r la s o tr a s piezas del arco.
Del m a y o r e sp e so r de los m u r o s de éste, n a c ió la b óveda ,
u s a d a p o r los e t ru s c o s y c o p ia d a á ellos p o r los r o m a n o s
e n la cloaca m á x i m a , u n a de las m á s a n t i g u a s c o n s tr u c ­
c io nes de R o m a (1).

C.— E stil o s g r ie g o s .

A lte r a c io n e s ile los e s ti lo s grie g o s 011 R o m a . —C a r a d o r e s d is ti n t i v o s d e e s ­


tas a l t e r a c i o n e s . —Kl o r e o , la b ó v e d a , la c ú p u l a y la r o t o n d a . —D ife re n c ia s
e n t r e tus estilos g rie g o s oil G re c ia y R o m a . —P r e d o m i n i o y íif em ii u im ie nto
ite! corintio.

Los r o m a n o s, al a d o p ta r los tre s ó r d e n e s griegos, los


a lte r a r o n v is ib le m e n te , d á n d o le s m a y o r e s p ro p o rc io n e s,
c o n v irtié n d o lo s e n f a s tu o s o s y p r o d ig a n d o los a d o rn o s en
todas las d iv e rs a s p a r l e s de la c o n s tr u c c ió n a r q u ite c tó ­
nica.
E n la época dé César, a u n 110 a p a r e c e n b ie n defin id os
los c a r a c te r e s de e s a s a lte r a c io n e s ; los r o m a n o s h a b í a n
tra s la d a d o á R o m a los g r a n d e s te so ro s a rtístic o s de G r e ­
cia, p ro d ig a n d o el lujo e n las q u i n t a s y e n los palacios.
«Poco g a n a b a en Lodo eso el a r t e , — dice H e r z b e r g e n su
cita d a o b r a , — p u e s a u n e n los edificios de los p a r ti c u la r e s ,
se m o s t r a b a la c r e c ie n te m a n í a re a li s ta de los r o m a n o s
de m a n i f e s t a r s i n g u l a r p r e d ile c c ió n p o r las c o n s tru c c io ­
n e s p e s a d a s , com o lo p r u e b a n los g ig a n te s c o s m o n u m e n ­
tos f u n e r a r io s q u e se c o n s e r v a n , de p e r s o n a s de e sc a sa

(i) «... c ú b e l e s la "lori o d e lin b e r d e s c u b i e r t o (los e tru s c o s ) el a rle d e h a c e r


los a r c o s d e b ó v e d a c o n p ie d r a s l a b r a d a s e n f o r m a d e c u ñ a y d e h a b e r c o n s ­
t r u i d o b ó v e d a s m á s p e r f e c ta s e n e sti l» y m á s a m p l i o f[ue las q u e d e a n l i g u o
existían,» (H enznE nn, G rec ia y R o m a .—R o m a , c a p . I-IV],
— 443> —
sig nificación poli tira de a q u e l siglo, y e sp e c ia lm e n te do
los p r im e r o s tie m p o s de A u g u sto .» CiLa H e rz b e r g pura
c o m p r o b a r su teoría el te m p lo de Cecilia Metclla. colo­
sal. m acizo, cilindrico , de p ie d ra , y la p ir á m id e egipcia
c o n s a g r a d a al p r e to r Cayo Sextio.

Sin e m b a r g o , p r e c is a m e n te en esa época y d e b id o á las


la m o s a s r e f o rm a s de César, com enzóse á a t e n d e r á la
belleza a r q u i t e c t ó n i c a de los edificios,, p o r q u e el a r te ro ­
m a n o . a u n q u e n a cido e n la época e n q u e G re c ia c o m enzó
á in f lu ir en R o m a m o d ific a n d o lo r u d o de s u c a r á c te r ,
n o p rin c ip ió a d e s a rr o lla rs e liaste los ú ltim o s a ñ o s de la
r e p ú b lic a , y a d q u ir ió s u p l e n i t u d en la época del im p e ­
rio. como y a a n t e s lie m os dicho.
Del arco y de la b ó v e d a e tru sc o s. d e riv á r o n s e d e sp u é s
la c ú p u l a y la ro to n d a ; y estos e le m e n to s a rtístic o s, y los
q u e el eslu d io de las re s i s te n c ia s de m u r o s y b óvedas,
de a r c a d a s y h u e c o s en la s c o n s tr u c c io n e s a p o r t a r o n los
h o m b r e s de cien cia, c o n s t itu y e r o n e sa s m o d ific a c io n e s
q u e c a r a c t e r i z a r o n la se g u n d a época del a r te clásico, con
su s d is tin tiv o s especiales; lo q u e u n m o d e rn o a u t o r c o n ­
s id e ra triu n fo* d d p o d e r r/'/feriro. a n d a d a s d e l esfuerzo
— 143 —
laborioso, bríos de una -rni u n ta d an siosa de ln g r a n d e , «afir­
m ación de los atributos dom inantes en su espíritu (en el
del pueblo romano) desde las primeras edades, pero 1 1 0
una revelación de atributos nuevos» (Caso. A m p lia c in -
jh’.s anhre la riv ili:u rión rom ana al tomo II de la H is to r ia
de liorna, p o r . H u h t o l i n i ).
D u r u y lo lia dicho con m a y o r c la r id a d , e s ta b le c ie n d o
el p a ra le lo e n t r e griegos y r o m a n o s : '<Homa co m e n z ó p o r
la p ro sa , y d u r a n t e siglos 110 conoció otra, e x p re sió n del
p e n s a m ie n to ; G re c ia c o m e n z ó p o r la poesía y h a s ta e n tr e
s u s le g islad o re s y lilosólos tuvo, p o e l a s .. .- (O bra c ita d a ,
tomo t i l , cap. X I ).
Poco á poco, los r o m a n o s a b a n d o n a r o n s u estilo p a r t i ­
c u l a r . el e/rtfsro, y a u n el dórico, q u e les p a re c ió s e g u r a ­
m e n t e d e m a s ia d o sencillo, á p e s a r de q u e c u a n d o se
c o nvirtió en rantano-dórrico, la c o lu m n a se hizo m á s e s­
b elta. y se elevó s o b re b a se y zócalo; el a b a c o se a d o r n ó
en el p la n o in te r io r s a lie n te y el c o r n is a m e n t o re s u ltó
m e n o s s e v e r o .e m p le a n d o m ú t u l o s y d e n tíc u lo s d e b a jo de
la c o rn isa y a d o r n a n d o las m e topas.
Kn jón ico. las d if e r e n c ia s e n t r e el estilo griego y el
r o m a n o son m a y o r e s . V a rio s c a p ite le s tie n e n c u a tr o vo­
lu ta s e n lu g a r de las dns griegas: a d v ié r te s e la su p re s ió n
ó r e d u c c ió n del a s tra g a lo y la del e stria d o de los fustes.
El corintio, q u e los griegos c o n c e p tu a r o n com o la nota,
de a f e m im u n ie u to de s u a r q u i t e c t u r a , fué el estilo q u e
m á s a tr a j o á los a r t i s t a s ro m a n o s . I n t r o d u j e r o n e n él
c u a n t a s licencias les dictó su orgulloso a m o r al fa u sto y
al lujo, a b r i e n d o a n c h o c a m p o á la s a r l e s d e c o ra tiv a s
q u e a d q u ir ie r o n im p u lso e x tr a o r d in a r io , si b ie n , en c u a n ­
to á la a r q u ite c tu ra ,, con p e rju ic io del v e r d a d e r o a r l e y
de su s re g la s, p u e s de t a l m od o se e n c a r i ñ a r o n los a r q u i ­
tectos r o m a n o s con e sa s e sp le n d id e c e s de o r n a m e n ta c ió n ,
q u e los a r tis ta s e tr u s c o s y griegos t u v ie r o n q u e c e d e r en
s u c a m p a ñ a e n favor de la d e lic a d a p u r e z a de los estilos
originales.
_ 144 —
La h o ja de a c a n to lo in v a d ió todo, y e n el estilo co rin ­
tio. y m u c h o m á s e n el q u e n a c ió de éste, el romano ó
compuesto, form ó p a r t e de a d o r n o s y de m o tiv o s de o r n a ­
m e n ta c ió n . y a u n con h o ja s de a c a n to s o la m e n te a d o r ­
n á r o n s e c o rn isa s y otros c o m p o n e n te s de las c o n s tr u c ­
ciones.
E n s u m a , los r o m a n o s , al a p o d e r a r s e de los estilos g r ie ­
gos. no sólo los a d u l t e r a r o n , a g r a n d a n d o s u s p r o p o rc io ­
n es; u n ié n d o le s a r c a d a s y c ú p u la s , c a rg á n d o lo s de o r n a ­
m e n ta c ió n ; s o b r e p o n ié n d o lo s u n o s á otros, com o e n el
Coliseo, sino q u e c o m e n z a r o n á d e m o s t r a r q u e el a rte
a r q u ite c tó n ic o p u e d e ser, no como e n el m o n u m e n t o
griego, u n ió n p e rfe c ta de la c r e a c ió n a r tís tic a con el es­
tudio de la r e s is te n c ia de los m a t e r i a l e s e m p le a d o s, sino
el r e v e s tim ie n to — como es h o y — de los m a t e r ia l e s , so la ­
m e n te : el tr a je , m á s ó m e n o s lujo so , con q u e se c u b r e
u n c u e r p o d e fo rm e ó e n fe rm iz o ; el a r te al servicio de la
m a t e r i a y 110 ésta d o m in a d a p o r la f o r m a a r tís tic a .
L a a r q u i t e c t u r a g r ie g a p u e d e s im b o liz a r s e e n u n a h e r ­
m o s a c r i a t u r a h u m a n a e n q u ie n se r e u n i e r a n la belleza
de la f o rm a á la belleza y v ir t u d del a lm a . L a a r q u i t e c ­
t u r a r o m a n a sim b o liz a á m a r a v illa la fu e rz a , la o s te n ta ­
ción, el lujo.

1) . — E s t i l o r o m a n o ó c o m p u e s to .

R e l a c ió n d e l esti lo c o rin tio c o n el c o m p u e s to , y r a z o n e s e n q u e se fuiidii


la n e g a t i v a á r e c o n o c e r el co m pu esto r o m o tal e s ti lo . —C o n c e p to d e e s te e s ­
tilo.

N iégase p o r la m a y o r p a r t e de los arq u e ó lo g o s m o d e r ­


nos, q u e la tr a n s f o r m a c ió n del estilo c o rin tio en R o m a
c o n s t itu y e u n s is te m a a r q u ite c tó n ic o co m p leto y c a r a c ­
te rístic o de u n período de a q u e l l a civilización; y r e a l­
m e n te , esa n e g a tiv a se f u n d a m e n t a e n s e r ia s razones.
Las d ife re n c ias del estilo corintio c o m p a r a d o con lo
q u e ll a m a r o n r o m a n o ó c o m p u e sto los a r q u ite c t o s del si­
glo x v i, so n las s ig u ie n te s:
1." La p e q u e ñ a v a r i a n t e del c a p ite l.
2." El a u m e n t o de m i a s tra g a lo en la b a s e .
3." La r iq u e z a de a d o r n o s de los d e m á s m ie m b r o s a r ­
q u ite c tó n ic o s.
lírizcuz, q u e recogió e n s u lib ro (ya c itado ) las o p in io ­
n e s en m o d a á co m ie nz o s de este siglo, in s p ir á n d o la s e n
los clásicos y e n Y itru v io y V ignola e s p e c ia lm e n t e , in c lu ­
ye el orden compuesto en s u o b ra (cap. V il), p ero dice
q u e «no es o tr a cosa este o rd e n , sin o u n a c o m posic ió n
de los ó r d e n e s griegos, jó n ic o y c o rin tio ...» y m á s a d e ­
la n te , q u e del jó n ic o «sólo tiene la s v o lu ta s y u n c u a r to
bocel e n ta lla d o y a g a llo n e s d e b a jo del a b a c o , y del c o r i n ­
tio to m a las d im e n s io n e s de la c o lu n a , b a s a , c h a p ite l,
p e d e sta l y co rn ijó n ...» y p a r a t e r m i n a r a g re g a : «los co­
lu n a r io s . a rc o s y e n t re c o lu n io s , se d isp o n e n del m is m o
m odo q u e los del o r d e n c o rin tio ...»
Esle a rq u ite c to , m u e s t r a en su lib ro n o ta b le p r e d ile c ­
ción p or lio rna, su c u l t u r a y s u a r te , lo c u a l le lleva á
decir, t r a ta n d o de la in v a s ió n de los b á r b a r o s y s u s efec­
tos, ([ue «poco á poco se íu é casi o lv id a n d o la a r q u i t e c ­
t u r a g rie ga y r o m a n a y se in tr o d u jo la gótica, q u e a u n ­
q u e es de m u c h a firm eza, c a re c e de b e lle z a y h e r m o s u r a *
¡ P rólogo, pág. 10); de m odo, q u e su op in ió n a c e rc a del
p re te n d id o orden compuesto no p u e d e c o n c e p tu a r s e como
c o n tr a r i a á R o m a , á q u ie n a d e m á s de a q u e l estilo reco­
noce el toscano, s in s e ñ a l a r la p r o c e d e n c ia e tr u s c a t a n
s iq u ie r a y calificand o de a d e la n to y pe rfec ción el m e n ­
c io n a d o o rden compuesto ( 1 ).

(1) B1 ilatiani) Viitenelo Soamoxzi. t*n s u T r a t a d o d e Los cin co órdenes d e


A n |u i l e e l i i r a , d a al on le rt tasc ano el n o m b r e y c u r á d e r d e g¡gnntcíseu; y al
c o m / x t e s í o el d e tipróico.
10
— lili —
OLro a r q u ite c to e sp a ñ o l, I). P edro de Silva (1), m á s s e ­
v e ro e n su s a p r e c ia c io n e s a c e r c a de ese o r d e n , r e c o m e n ­
d a n d o á los n o v e le s a r t i s t a s de su tiem po p r u d e n c ia y
d iscreción ul a p lic a r los ó rd e n e s á las o b r a s de a r q u i t e c ­
t u r a , dice q u e el o r d e n r o m a n o en n a d a excede al c o r in ­
tio, y q u e « será m e jo r q u e el tá le n lo y g u sto de los p ro ­
fesores se d e d iq u e e n t e r a m e n t e á u s a r b ie n de los ó r d e ­
n e s a n tig u o s » (2 ).
R e s u m ie n d o : el p r e te n d id o estilo romano ó compuesto,
d e b e c o n s id e r a r s e ta n sólo como u n a v a r i a n t e de escusa
im p o r ta n c ia del capitel c o rin tio , p e ro q u e 110 a lte r a el
c a r á c t e r de éste: en o í a n l o ú las o tr a s dos d ife re n c ias
q u e al com ienzo de eslc p a r á g r a f o h e m o s señ a la d o , el
a u m e n t o de u n a s tr a g a lo e n la b a s e de la c o lu m n a y el
a b u s o de la o r n a m e n t a c i ó n , no so n c a r a c te r e s artístic o s
su fic ie n te s p a r a p r o d u c ir u n o rd e n ó estilo.

K . — D jkCA i i i c x c i a .

C a r á c t e r a rtí s ti c o d e la d e c í u lc u i’ia (uquik'i.'li'mica n i m a n a . —Lu (i xlm nia -


c i ó n . —li s c c iit riu id in lü s niliílica.s.

D esde la ép oca de íserón , ú p e s a r del r e n a c im ie n to


griego q u e el c é le b re t ir a n o in te n tó p r o d u c ir e n R om a ,
h a s t a el p u n to de q u e u n h is to r ia d o r m o d e r n o le h a lla ­
m a d o el m e n o s r o m a n o d é lo s e m p e r a d o r e s (Ui iivv, I l i s t .
des R o m ., IV, 480), co m e n z ó la d e g e n e r a c ió n del a r te a r ­
q u ite c tó n ic o .
El e x a g e r a d o p r e te x to de la e x h o r n a c ió n del i n te r io r y
e x te r io r de los edificios, fué to m a n d o tal im p o r t a n c ia , q u e

(1) A c a d é m ic o íi nic<li<id<i3 ti el p a s a d o siylo. en la (leal líspiiñolit y e n la de


San Fem ando.
(2) Discurso e n la d i s tr ib u c ió n d e p r e m i o s c o n c e d i d o s por la lU*aI A c a d e ­
m ia dii lie ll a i Arfes. e n 1772.
— 147 —
ni las h e r m o s a s c o n s tr u c c io n e s de T r u ja n o y A d ria n o
d e tu v ie r o n la calásiroí'e a rtís tic a , q u e hizo d e c ir al e s p a ­
ñol M arcial e n u n o de sus e p ig r a m a s :

*S i ( I n r i p u i ' r i n . í c a i i v i t l i í l i i r
l l l 'l t 'C o l K ’ m V í' l í l L V h i l í ' í ' h i m

lin la época de los te lr a r c a s , el S en ado q u iso e rig ir u n


m o n u m e n t o á C o n s ta n tin o , y d e sp u é s de d iv e rs a s t e n t a ­
tivas se c o n s tr u y ó el a rco q u e se c o n se rv a a ú n . y q u e es
conocido co n el n o m b r e de a q u e l e m p e r a d o r, p e ro fué
o b r a de t a n t a s dific ulta d e s, p o r Talla de a r ti s ta s , q u e no
h a llá n d o s e e sc u lto re s q u e se e n c a r g a r a n de los relieves,
lle v á ro n se al arco de C o n sta n tin o los b a j o - r e lie v e s q u e
d e c o r a b a n el arco de T ra ja n o .
Opina Man ja rre s, q u e la p ro d ig a lid a d de e x h o r n a c ié n
q u e vino á d e l e r m i n a r la d e c a d e n c ia de la a r q u i t e c t u r a
r o m a n a , y la to sq u e d a d de esos a d o rn o s, tu v ie r o n su o ri­
gen en -da in flu e n c ia q u e ejerció e n el á n im o de los a r ­
q u ite c to s y c o n s tr u c to r e s el gusto de los p u e b lo s de Siria
y Asia m e n o r , q u e no d e ja b a de t e n e r c ie rta m a g n if ic e n ­
cia s ( A rq-Heohyia, pág. 5.T}. pero
esta in llu e n c ia , en n u e s t r a o p i-
nió n. no se notó e n to n c e s , sino ¡¡ V/ y\
m á s tard e, c u a n d o el im p e rio ^l*
de O ccidente to c a b a á s u fin.
E n to n c e s, el a r t e r o m a n o olvidé
p o r c om pleto ia ruda, se v e r id a d ¡
e tr u s c a y la se n c illa e le g a n c ia :
g rie g a , y se r o m p ie ro n to d a s ____M
las reglas; se a d o r n a r o n h a s t a í-jg. a i .—Arcada,
los fu ste s de las c o lu m n a s : los
a rcos g r a v i ta r o n so b re el a b a c o de los cnpiLeles. y los
c o r n is a m e n to s v a r ia r o n de fo rm a , colocándose fro n to n es,
a r c a d a s y c o rn is a s sin o r d e n ni m é todo , y t r a ta n d o ta n
sólo de m u lt ip lic a r el efecto d e s l u m b r a d o r de la im p r e ­
sión m o m e n t á n e a .
— 148 —
P o d e m o s r i l a r , en c o m p r o b a c ió n de n u e s tr o a se rto , et
h e d i ó de q u e en S a n ta P r a s s e d e , iglesia l e v a n t a d a en
R o m a p o r C o n s ta n tin o , h a y c o l u m n a s c u y a b a s e es p e r s a ,
casi c o m p l e ta m e n te , lo m is m o q u e a lg u n o s d e ta lle s de
los capiteles. «E n el em pleo de e sta s n o v e d a d e s y o t r a s
v a r ia s , dice G illm a n . com o las m é n s u l a s e n m edio de u n a
p a r e d q u e s o s te n ía n p il a s tr a s y c o lu m n a s , no fa lta r o n
e x a g e ra c io n e s y e x c e n tr ic id a d e s , q u e s a l t a n á la v ista ,
e n las c o n s tr u c c io n e s a r r u i n a d a s de P a I m ira , e n S p a l a -
tro y e n o tra s p a r te s , m i e n t r a s q u e e n dichos p u n to s , lo
m ism o q u e e n B aalbee, Pola, V e ro n a . T h ev e sle y L a m -
b a e sa , en la N u m id ia , y t a m b i é n e n R o m a ( J a n u s Q u a -
d riíro n s, a c u e d u c to de Claudio, etc.), los d iversos e n sa y o s
de c o n s tru c c ió n d e m u e s t r a n q u e el a r t e r o m a n o s e h a l la ­
b a y a cadu co , y n e c e s i t a b a r e g e n e r a r s e p o r la v i r tu a li d a d
de e le m e n to s e x tr a ñ o s » i L a a r q n it. , p á g . 253-254).
R e su m ie n d o : El «pueblo q u e e m p ezó p o r el p illa je y
siguió e n g r a n d e c ié n d o s e solo p o r la c o n q u is ta , á la c u a l
s a c r if ic a b a com o a d o r n o y como ac c e sorio la filosofía y
la ciencia,» ( P i c a t o s t o , tr a ta n d o , e n su i n t e r e s a n t e l i b r o
E l H/iircrxo en la ciencia cmligua de los filósofos ro m a n o s ,
pág, 142), tuvo ([lie p r o c e d e r en c u a n t o á a r te c o n c ie rn e ,
de u n modo a nálo go , y así le v e m o s en s u s p r i m e r a s épo­
cas de e n g r a n d e c im i e n t o a r r e b a t a n d o á G recia s u s o b r a s
de a rte ; sa crific a n d o d e s p u é s las r e g la s y la s perfeccio ­
n e s q u e de G re c ia c o p ia ra , á la o s te n ta c ió n y á la v a n i ­
dad. al e s p le n d o r y al fa u sto .
— i 49 —

F . — C a r a c t e r e s d e los m o n u m e n t o s r o m a n o s .

Sin te si s d e lu a r q u i t e c t u r a m í n i m a y d e s u s f o r m a s y c a r a d o r e s . —M a te ri a ­
l e s do c o n s t r u c c i ó n . —A r g a m a s a y r e v o q u e s . —P a v i m e n t o s , mosíiico*.— M o n u ­
m e n t o s : V ú i s p ú b l i c a s . — (‘« e n t e s . —A c u e d u c t o s . —C alle s .— [-'uros ó p t a i a s . —

C¡i s <i .s . — T e m p l o s . — Bns ili Cíi s. — M o n u m e n t o s c o n m e m o r a t i v o s — Sf’ |>u Ut o s —


Tl ie i' in as.—1T e ntr os.—A nít íe a lr os ,— C i r c o s . —J a r d i n e s .

Poco h a y q u e a g r e g a r á lo q u e , resp e c to del c a r á c t e r


de los m o n u m e n t o s de la civilización r o m a n a , d e ja m o s
indicado. D ividida la a r q u i t e c t u r a de esa época en c u a tr o
períodos, p u e d e n s in te tiz a r s e del m odo sig u ie n te :
1." E s tilo tosca no, Lo c a r a c te r iz a la .severidad y la s e n ­
cillez de la civilización e t r n s c a .— « C u a n d o u n a ilación ,
dice Sulzer. sa lie n d o de s u ru d e z a , r e c ib e las p r i m e r a s
id e a s de o rd e n y c om o dida d , n a t u r a l m e n t e se in c lin a con
p re f e r e n c ia h a c ia la a r q u i t e c t u r a . .. » ( Theor. y caer, des
f í m m A r i a . I)icL e n c i d . <irL" A r c k i t e c h u r >; esto su cedió
á los r o m a n o s , sig u ie n d o , eoino e n todo, la s h u e lla s de
las g r a n d e s civilizaciones.
2." E s tilo s griegos, D esde los p r im e r o s tie m p o s , los es­
tilos griegos p e r d ie r o n e n R o m a su s e v e r id a d y su g r a n ­
deza. A p e n a s se h a l l a r í a u n m o n u m e n t o r o m a n o en q u e
el e s p ír it u h e le n o r e n a z c a e n su c a r á c te r v e rd a d e ro , de
m od o q u e la a r q u i t e c t u r a de este período se c a r a c te r iz a
p o r la a fe c ta c ió n de la f o rm a y el olvido de la p re c e p tiv a
griega.
E s tilo rom ano ó compuesto. E ste p erío d o es la e x a ­
g e ra ció n del a n te r io r . K 1 a d o rn o lo d o m in a todo y la a r ­
q u i t e c t u r a d e sc ie n d e h a s t a c o n v e r tir s e e n m o tiv o o r n a ­
m e n ta l.
4.° D ecadencia. E s c o m p a r a b le co n el m o d e r n o barro­
quismo. Las c o lu m n a s , los c o r n is a m e n to s , todo, se r e l u e r -
— ISO
ce e n e x tr e m a s c o n v u ls io n e s de ago nía y p ié rd e se Loda
noción de p u re z a de lin e a s y de s e v e r id a d del c o n ju n to .
Un ilu s tr a d o a r q u ite c to p o r tu g u é s dice, e s tu d ia n d o las
fo r m a s y c a r a c t e r e s de los cinco estilos ro m a n o s : « ...E x a ­
m in a n d o los re sto s de a r q u i t e c t u r a r o m a n a , q u e se c on ­
s e r v a n en a n t ig u a s c iu d a d e s, p a r t i c u l a r m e n t e en I ta lia
y e n especial e n R o m a , v e m o s q u e no se d if e r e n c ia n casi
e n p a r te a lg u n a de la r ig u r o s a s e m e ja n z a , los cinco céle­
b r e s ó rd e n e s d is eñ a d o s y m e d id o s p o r Vigilóla, P a lladio,
Serlio, Scam ozzi y oíros a r q u i te c to s ilu stre s. Por lo c on ­
tra rio , los tipos p rin c ip a le s de a r q u i t e c t u r a a n tig u a , p r e ­
s e n ta n i n lin ita s v a rie d a d e s , q u e a u m é u t a n s e e n los e d i­
ficios q u e d a ta n de los ú ltim o s tie m po s del Im p e rio , á
tal p u n t o , q u e v iene á s e r m u y difícil d e t e r m i n a r al o r­
de n á q u é p e r te n e c e n a lg u n o s e n t a b l a m e n t o s , c a p ite le s,
bases, c o lu m n a s , e le .— Los c a p ile le s, p r in c ip a lm e n te ,
r e v e la n d iv e rsid a d de fo r m a s y o r n a m e n t a c ió n , q u e b u ­
c e n estéril toda clasificación rig u r o s a .. > : Xorw's- r f n n r u -
ftnra fie t n r l m t l . . p o r l>n&x¡<h»rU\ N a r c U o dfí S u v a , c a p í­
tulo II, pág. 43).
En s u m a , el a r le su frió las m is m a s m e ta m o r fo s is ca­
r a c te r ís tic a s de las d e m á s r a m a s de la en llu r a la tin a ; de
la r u d e z a m á s b á r b a r a á la d e g r a d a c ió n m á s d e p r a v a d a ,
h a b i e n d o p a s a d o p o r lo g ra n d io so , y a u n a s p ira d o á la
s u b l i m i d a d m á s e x q u is i ta ( 1 ).

H a t u r i a l e s d e c o n s t r u c c i ó n . — Como la d o m in a c ió n

r o m a n a se e x te n d ió á d i fe r e n te s n a c io n e s , u tiliz á ro n s e

(1) Nn se nos t a d i c d e eNaírerndos; ló ase á J u v m ia l. M arcial, Calillo, T o r i ­


to. l' c ln ii iio y la ni ti yor p a r l e d e los d á n i c o s l a t i n o s , y c o m p r e n d e r á Masía
d ó n d e lieiíú ia d e p r a v a c i ó n d e H om a e n los ti e m p o s del Im p e ri o , e n los d e la
H epn bli e a y a u n e n los p r i m itiv o s d e la M oi u nip ií a. Husle c i t a r u n e j e m p l o .
Las l l e s l a s ll o r a lo s s e r v í a n d e p r n t c v l o á los e x c e s o s m á s e s c ¡ t n t l a l o s n $ . Kn el
Circo, y á la vista de l p u e b lo , c e l e b r á b a n s e esn.s (¡estas, s o b r e c u y a liisloria y
d e s c r i p c i ó n h a y ip ie t e n d e r tu p id o v e lo . P r e s i d í a n los e d ile s a q u e l l o s ¡jilaines
e s p e c t á c u l o s . 11 ‘íc d u d a b a n v a rio s ¡lías, y u n o d e é s l o s , p r e s e n t ó s e e n el Cirro
— 131 —
todos los mil (eriales q u e se h a l l a r o n ¡i m a n o , si b ie n a co ­
m o d á n d o lo s á los s is t e m a s u sa d o s p o r los a r q u it e c to s de
lio rna.
Ku osla c iu d a d , la m a y o r p a r l e de los edificios a n t e ­
rio res al im p e rio e s t á n c o n s tr u id o s con p ie d r a s de las
p ró x im a s c a n t e r a s y m á r m o le s de I ta lia , G re c ia y E g ip ­
to. u sá n d o s e ta m b ié n , y a e n n u e s t r a e ra . la s p la n c h a s
de m á r m o l, con q u e se c u b r í a n los m u r o s c o n s tr u id o s de.
a r g a m a s a s y p ie d ra s.
l’a r a c u b i e r t a s de edificios u tiliz a ro n las Lejas ; fu'gttlfl '.
Lomando el m odelo de las f r i e g a s y a u n i n v e n t a n d o la
p la n a con re b o rd e s.
T a m b ié n se fa b ric a r o n ladrillos ¡laleves 1 de d is tin ta s
fo rm a s y d i m e n s io n e s , q u e u s a r o n en arcos, b ó v e d a s y
m u r o s , y c o m o á n g u lo s y m a rc o s do los a p a r e jo s q u e
liem os de m e n c io n a r d e sp u é s.
L os r o m a n o s , e n l u g a r d e e m p l e a r , - . c o mo los griegos,
m a t e r i a l e s de ex trao rd in arias d i m e n s i o n e s y por c o n s e ­
cuencia difíciles de ajustar exactam ente, prefirieron,
sa lv o e n c a s o s e x c e p c i o n a l e s , los m a t e r i a l e s p e q u e ñ o s . . .
reunidos entre sí p o r a b u n d a n t e argam asa...); (Silva.
o b r a c i t a d a , pág. -11).
S e g ú n este a rq u e ó lo g o , los s is te m a s de c o n s tr u c c ió n
r o m a n a son dos: el pequeño aparejo , form a d o con p ie d ra s
sim é tr ic a s , casi c u a d r a d a s , de 3 á 4 p u l g a d a s ó á lo m á s
de o á (i. de lado, c o m b in a d a s e n d if e re n te s form as, con

el s e v e r o C a l ó n . r u a n d o aim n o h a b í a n r o i m ' i i z a d o la s l i e s l a s , p r o d u c i e n d o
v e r d a d e r o e s p a n i o e n In d o s , Lo s mr\¡ 2 islr;uh>s ¡10 si’ ¡i( re v í a n á tUir la s e ñ a l ,
e n i i s e r v a m l n u n reshi d e p u d o r: p e r o el | > n p n l u d i o r n ^ í a i m p a c i e n t e e n |¡is
" r a d a s i l r l C i r c o . I’n c i u d a d a n o a l r o v I ó s e á d e c i r al i l u s t r o p a t r i c i o líi c a u s a
d e la s p r n l e s l a s d e l p u e b l o , y e n t o n c e s C a t ó n c u b r i ó s e el r o s t r o c o n la tiijía
y a b a n d o n ó el Circo, e s c u c h a n d o al s íl I i r l a s e x c l a m a c i o n e s d e o l e a r í a y c n -
l u s l a s m o i l r l p u e b l o , la s s o n o r a s m e l o d í a s d e tu s I r o m p o l a s y l¡is a l a b a n z a s
p r o f e r i d a s p o r l o s c i u d a d a n o s y m a g i s t r a d o s a n l e la s i m p u d i c i a s y d e s n u d e ­
c e s d e la s m e r e t i i c e s y lo s m a n c e b o s . — i i e c u i ' j d é s e ( p i e C a l ó n c o r r e s p o n d e á
!¡> é p o c a d e la H e p ú b l i e a . ( ¡ l í e l o s h i s t o r i a d o r e s s c í i a t a n c o m o la m e l l o s r i >—
( ' r o m p i d a d e la h i s t o r i a r o m a n a .
— 152 —
ladrillos de regulares dim ensiones, y el aparejo reticular,
ó sean piedras colocadas form ando una especie de m a ­
lla (págs, 37 al 39).
Manjarres m en cion a otros sistemas, copiando á Yilru-
vio: el opus inceríum . ó con strucción de piedras sin cor­
tar; el opm quadrahm, ó m odern a sillería: el opas reti-
culalim, (que es el aparejo reticular, según Silva), y el
ojyus spicaltm. ó construcciones de ladrillos colocados en
forma de espigas de trigo, y q u e se usó también en los
pavimentos.
A rgamasa y riívoqtks .— Según Silva, hacían los ro­
manos la argamasa con cal viva y arena y piedras m a­
chacadas.
Los revoqu es llamáronse oj>us -ttiannomlvni ó estuco,
y álbum ó alhari ant. parecido á ia m oderna escayola,
pero de una dureza com parable á la del márm ol.
Pavimentos.— M osaicos.— Ádeline. divide los pavim en ­
tos en cuatro clases: ParAmcnlum reclile, mosaico form a ­
do de piedrecillas de forma y colores variados, y dis­
puestas en forma geométrica; sculplara/utii. mosaicos
cuyos contornos están señalados con una especie de
mástic endurecido: iessellahim ó tesserñ xtniclnni, m o­
saicos de piedrecillas cortadas en forma de cu b o, y rer-
mieulalum, cuyas piedrecitas siguen los contornos de
figuras ú ornatos. ¡V ocal, de lértu. de. arle. arL .parim en-
tV .nl).
Momita viene de la palabra griega nmsevhi. museo y
mosaico, porque el prim er mosaico fué pavim ento de
los museos (Iíaucia , t. III). La palabra se aplica á toda
obra hecha de piezas cortadas y q ue unidas formen la­
bores y dib u jos (1).
Los mosaicos se usaron en los pavim entos y en los
muros de los edificios. En los últimos fué, tal vez, donde
los rom anos desarrollaron com posiciones pictóricas, pu­

(1) A l I r u l a r d e los a r l e s s u n t u a r i a s , v é a s e ol r n o s c i í c o e n la o r f i ' b r e r í ü .


— 153 —
diéndose citar el que conserva el Museo de Ñapóles, en
q u e se figura ía baLalla de Arbeles. (B a y e t , pág. 89).

MONUMENTOS.

V ía s p ú b l ic a s . — Los rom anos otorgaron gran prefe­


rencia á las vías de com u n ica ción , y en cuantos países
dominaron con struyeron vías, calzadas y puentes, de
las que aun se conservan interesantes restos.
Hubo dos clases de vías, las militares (llamadas consu­
lares ó ^)jvf»¿0 ),¡>-pretorianas), cu yo uso era puram ente
estratégico, y las r e d nales, que servían para la co m u n i­
cación de las grandes ciudades con los pueblos, explota­
ciones agrícolas, etc.
La apertura de vías acordóse en plebiscito, quedando
á cargo de los cónsules la construcción y reparación.
Fuera de R oma y su provincia, destinábase un impuesto
á la conservación de las vías en todos los países someti­
dos á los romanos. En R o m a, esos gastos correspondían
al Tesoro publico.
En tiempos de Antonino ( 1 38 - l í i l , 8 íi de nuestra era),
Italia tenía 47 vías militares (unos 18.000 kilómetros), y
todo el Imperio más de 52.000 kilómetros. En España
h u bo más de 11.000 de vías p avim entadas, de las cuales
se conservan importantes restos, acerca de los cuales
nuestro ilustre paisano D. Aureliano Fernández Guerra,
en uno de sus más notabilísimos trabajos, Edeíanta . es­
tudio histérico geográfico sobre, la España antigua, lia re­
cogido importantísim os datos, así com o en sus eruditos
inform es relativos á la discutida Manda pompeyana y á
la geografía antigua de España (1).

(II P u e d e n h a l l a r l o ¡n te r r e a 11 tas d a l o s a c e r c a d e esto m a t e r i a e n e l Ittne-


rarium proüinciarttm omiiium. ij u e d e b i ó d e r e d a c t a r s e p o r o r d e n d e
A n t c m i n o P í o , y fin e l i n t a r o s a n t a e s t u d i o a c e r c a d e l Ilinerariutn p o r d o n
A n t o n i o l i l a z q u e z , l o m o X X X I I n ú m e r o s i . ° . ;i.° y (i.” d e l l ío l e l i n d e la S n c i e -
díid G e o g r á f i c a d e M a d r i d .
— Jo4 —
Re construían estos caminos del siguiente modo: sobre
una capa de horm igón cubierta con losas de piedra de 21
centímetros de espesor, se extendía una capa de cal y
canto del mism o grueso; cubríase ésta por otra de h or­
m igón de 8 centímetros, en la que se sentaban las pie­
dras poligonales que form aban cubierta; las cnpidines ó
márgenes, eran de piedra dura.
Las vías más grandes, importantes y antiguas de
R om a, fueron la Latina, la Subirla, la Apiña, la Vale­
ria. la Fia minia . la Caxsia y la - Emilia,
En toda la extensión de las vías so edificaron casas de
postas, quintas de recreo, arcos de triunfo y sepulcros
suntuosos. Tam bién se colocaban piedras ó columnas
miliarias, cu las que se inscribían las millas de cada
trayecto y el nom bre del cónsul (!) emperador q u e había
mandado la construcción de la vía. y p oyos para m on ta r
á (-aballo ( 1 ).
La ría de los ■•«•palero* en las ruinas de Pom peya, da
idea del aspecto de estas importantísim as con struccio­
nes romanas.
PriíNTiís,— Los rom anos hicieron uso de estas cons­
trucciones para paso de los ríos y para salvar barrancos
en las vías.
Construyéronse los puentes de madera en los p rim e­
ros tiempos, y se usaron también los de barcas; de uno
y otro modo están representados en los bajos relieves
de las colum nas Antonina y Trajana. César, en la his­
toria de sus campañas, hace la descripción del puente
de madera que m andó colocar sobre el Rliiu,
Los puentes de piedra son también m u y antiguos en
Ja arquitectura rom ana, y consérvanse en Italia, Fran­
cia, Portugal, España y otras naciones. Entre los de
España m erecen citarse el de Alcántara, con arcos de

(I) Los c s t r i J j o ; n o ¡so c o n o c i e r o n iu isl a el si j;l o í v ilt> .1. 0. (V t 'a s R Las a r ­


tes s u n t u a r ia s ) -
triunfo; los de Méridn, y el de Guadalajara, que se
atribuye a César.
Además de la importancia q u e rom o construcciones
tienen los puentes romanos, revelan un exacto c o n o c i­
miento de las leyes físicas, y un sentimiento artístico
digno de atención. Hasla los puentes más modestos.

l-'iíí. '.'2,— Vi¡t ili- Jos .'■(■[Hilrni.' i-n l’uin iii'yu,

rom o el de Cabillas, en Granada, destruido recien­


temente por un temporal, tienen verdadero interés
a rq u eológico, por la elegancia y atrevimiento de la
ib mi a.
Aermn'CTos. — Estas construcciones son tal vez las
más grandiosas y severas de la época romana. Habíalos
subterráneos, y edilicados sobre el suelo: los primeros
eran canales cubiertos; los segundos servían para c o n ­
ducir las aguas, conservando la altura ó corriente de
origen, á través de los valles y los barrancos, por medio
de arcadas de extraordinaria arrogancia.
— tü6 —
Se conservan en 1 tulla. í l ) , Francia y España notabilí­
simos ejemplares. ligaramío enlrí* los españoles el de
Segovia (10(1 de nueslra era), con 177 arcos desarrollados
en u n a extensión de más de l.tioO niel ros: su altura ma­
yor es d e metros; el de .Metida y el de Tarragona
; /)()/// ( h - ins Ft't'lTt'ffX

1 Íl*. *.*>,— . \ { * n i > l l l j i ’ ti> l l í 4 S|>L!^S

— L o s r e s lo? m e j o r ó p e o r conservados de u
^ u n a s c i u d a d e s r o m a n a s : l os p l a n o s a n t i g u o s di ’ liorna y
l as noticias de Y i t r u v i o , — dice ( í i l i m a n . — nos ofrecen
d a l o s i m p i u l a n l e s - ( u c e i c a d e tas c a l l e s r o m a n a s ) . ' ' D e s ­
pués de la decadencia d e l I m p e r i o , l as ciudades cons-
I m i d a s p o r los r o m a n o s e n l as p r o v i n c i a s se c o n s e r v a r o n .

(I) Anli>b d e O m n l U t . p o s o í n Ui>nm 3.?£>i.7o i nu I w s r f i l i i r n s di» « p í a . r,us


; u ' i i i ‘ i l i i i ' l i i < ili> u i j i i c l i' i u |i ( > [ ; k U )[ - l ;i a i i i i i t ' t i f . i r . D i m u J .ÍJ 'i.V il m ;is_
-- 157 —
en parte, mientras que cu otros puntos los señores del

P j ^ . Di.— C a l l e Lto mt imi.

país levantaban castillos fuertes sobre el modelo rom ano,


en torno de los cuales se agrupaban las toscas viviendas
ile sus vasallos...1) ( JJisposirñ'hi da laapoblaciones, apuntes
históricos).
Calla proviene de ral lis. senda ó cam ino estrecho en
Cicerón: y del aspecto de una de ellaspuede juzgarse por
el grabado que publicam os, que representa la restaura­
ción ideal de una calle romana, hecha por el inteligente
investigador de las antigüedades clásicas. Mr. Yiolel-le-
Dnc.
Fonos ó plazas .— El Foro de los rom anos fué una imi­
tación de las agora? griegas; eran por lo tanto, plazas y
mercados, lugar de reunión para tratar de asuntos c o ­
merciales '<) agrícolas, mercantiles ó judiciales. B om a te­
nía catorce loros, y de ellos siete ú ocho eran solamente
m ercados.
El más lam oso í'né el Iwnij/t rornanum. que Tarquino
el viejo com enzó á adornar con pórticos y estancias. Te­
nía la forma de un trapecio, y estuvo situado al pie de
ios montes Qnirinal y Capilolino. y rodeado de templos y
palacios y de importantes vías. De este hermoso templo
de la elocuencia latina, ^en que se reunía un pueblo in­
menso, en medio de una doble línea de templos y de esta­
tuas. entre los arcos de triunfo que se levantaban en
todas parles en h on or de los hijos de la reina del m u n do,
para decidir acerca de la suerte de los reyes y de los p u e­
blos» O ) q ued a n escasos restos que revelen que sil ar­
quitectura se reformó en tiempos de los Césares.
Otro de los foros más hermosos de R om a, era el de Tru­
ja n o [Forvttt Trajani K del cual quedan tam bién escasas
ruinas,
Del único/wí'rv civil de q ue s e h a n conservado suficien­
tes restos para formar idea com pleta de estas construc­
ciones, es el de Pom peya. que reproduce el grabado
núin. 95. y cu ya restauración ideal es m u y interesante.
El edificio del frente es el templo de Júpiter y arcos de

(1) liorna p i m o r e s n a , a n t . ;/ mocl, t. I, c a p . V I .


— 159 —
Lrumio, las arcadas laterales. I.os tres lados restan Les de
la plaza tuvieron una doble colum nata, siendo la del piso
bajo dórica, y jón ica la del superior. Las colum natas ó
pórticos se asentaban sobre dos gradas.

Junto al Foro de Pompeya, se encuentran las ruinas de


la líscuela pública, la Curia, la Cárcel, la Basílica, un
cuartel y otras varias dependencias.
C a s a s .— En Gillman, hallamos curiosísimas noticias
— IttO —
acerca de las casas rom anas (domus): «En liorna, dice, se
hicieron las casas más desahogadas y lujosas á medida
que crecía la opulencia. Pero aquí se presenta un nuevo
elemento: mientras en todos los p ueblos q ue hem os co n ­
siderado hasta ahora, h abitaban las casas sus dueños
(al menos no tenemos noticia alguna de lo contrario),
se ha averiguado que existían en R o m a casas de alqui­
ler, que con -frecuencia tenían hasta cin co pisos. En Pom-
peya. cuyas ruinas constituyen la fuente más rica de
nuestros conocim ientos relativos á la casa rom ana, las
de alquiler, á ju zga r por el p oco espesor de los m u ros
inferiores, tuvieron á lo sumo dos pisos sobre el bajo. La
disposición de las casas en Pom peya varía m u ch o; las
más pequeñas constaban, por regla general, de un za­
guán, un patio estrecho, una habitación, una cocina y
una pieza para los esclavos: á veces tenían además una
p equ eñ a tienda; y con frecuencia carecían de patio
\Consi. (le edif., pág. 383).
Un el plano de R o m a que m andó grabar en mármol
Septiinio Severo, figuran, más ó m enos detallados, los
planos de m uchos edificios. El g r a b a d o .n ú m . 96 repro­
duce uno de esos planos respectivo
á una casa de la gran ciudad. Según
j m . u j L Miquel y Badía, e le s p a c io señalado
con las letras A. A. A. «es el p roty-
ntmf entrada ó zaguán q ue da á la
calle; B. B .B ., el a lr i v u i . atrio ó ca -
[b r b
rmlinm; C. C. C., e l purült/lium, p e ­
ftm fM ristilo: D. 1). D., el cablmuM ó corre­

L' ijí. ÍKi.— P U m o d e c a s a


dor q u e une las dos partes princi­
r o m m ui. pales del edificio. Las demás piezas
que no están indicadas por letra
alguna, serían las q u e dan al exterior para tiendas, y las
interiores para tricliniuvi ó com edor, cubículo, 6 piezas de
recepción de los visitantes y de estancia de la familia,
dormitorios, etc., etc.» (La Hábil., pág. 61).
— 4G1 —
Había dos clases de atrios, verdaderam ente caracterís­
ticos: tuscaniGWúi,. ó loscauo. que se représenla en el gra­
bado núin. 97 (1), de donde se deriva el patio m oderno,
y que tiene la severidad y sencillez del estilo etrusco, y

el cormlio, más rico, más espacioso, adornado con esta­


tuas, pinturas y magníficos m uebles, tal com o puede
verse en el grabado núm. 98,
En el centro del palio había una especie de estanque

(1) Jisle atrio p e r t e n e c e á l o s d m i o m i ruidos t et r as t yl os p o r las c o l u m n n s


q u e so st en ía n las v i g a * .

11
— 1Ü¿ —

MI /j/'/v'.v ! ijli . i11’ii n [ m ]i ; i l i n n i d e a 11( i d e u n p r r i s l i l n <’>


r ' i l u i n i í i i (¡i. l í n r l [ - r nl l ' n i‘>[ ¡ ¡ ba l:i ¡uxi'i¡ni y á s u ;i ¡ ri ’iU' _
il'*r m i j a r d í t i .
— 163 —
El IricliniuM ó com edor, en tiempos de los em perado­
res fué una de las piezas m á s-im p o rtan tes de las casas.
Véase el grabado núm. 0!) (1).
T i- mplos .— Los templos rom anos están profusamente
repartidos en todos los países que dominó el poder latino.
Su estructura es griega y las m odificaciones introducidas

H) C o m o i l u s t r a c i ó n íi ('ski m a l c r í a . p u b l i c a m o s la C u r t a de P U n i o á su
ami<to G a f o , d e s c r i b i e n d o los g o c e s y c o m o d i d a d e s d e sil r e t ir o ile I .a u r e n -
lin a , se sió n la t r a d u c c i ó n h e c h a p o r ni j o v e n é i l u s t r a d o p r o f e s o r Lb.lo só V e n ­
tura T r a v e s e t . en s u i n t e r e s a n t e e s t u d i o P l i n t o el j o v e n ( L a Al hambra,
i v v l s h i i r r an ad in a. a ñ o IHS'j). D i c e así:

■i l ' Li Nt o Á s r A M i n o G . v i . o .

■I r s o r p i - e m l e d e q u e y o un 1 d e l e i t e l a n í o e n mi tierr a L a u r e n l i n a {ó si q u i e ­
r es m e j o r , d e L a u r e n s ), p e r o d e j a r á s d e a d m i r a r l e c u a n d o c o n o z c a * lo p l a c e n ­
t ero d e m i c a s a . I n a m e n o d e l l u g a r y la e x t e n s i ó n d e la c o s t a . N o dist a d i 1 l i o ­
rna m á s d o 17 m il l a s , .si b i e n so p u e d e ir d e s p u é s de Ua lier c o n c l u i d o los
n (‘líiIii i e s p a i a p o d e r p e r m a n e c e r allí. No h a y un solo c a m i n o : m i l e s p o r el
c o n t r a r i o , dus: el d e L a u r e n c i a y el d e Ostia; si l o m a s el p r i m e r o , t i e n e s q u e
d e j a r l o á d é c i m a c ii a r k i p i e d r a , p e r o si el d e Osli a. á la u n d é c i m a . P o r una y
otra p a r l e el c a m i n o e s a r e n o s o ; y e n d o en c a r r u a j e s o h a c e p e s a d o y lartio.
p e r n a c a b a l l o s ua ve, y c o r t o . Su a s p e c l o e s m u y v a r i a d o : ya s e i n t e r n a e n t r e
a la m e d a s ó se e s l i e n d o cutre am enísim os prados; po r todas p arle s se v e n
r ebaños d e o v e ja s , (o ro s y c a b a llo s q u e pastan aq u e lla s v e r d e s h i e ib a s q u e
ha n b r o t a d o al d e s a p a r e c e r la n i e v e . — La c a s a e s g r a n d e y n o s u n t u o s a e n a t a ­
v í o s ; el atrio, a m p l i o m á s b i e n q u e l u j o s o . S i g u e d e s p u é s una gatería d e b ó ­
veda q u e c i r c u n d a al p a li o , q u e aunque pequeño es atejrre; es le silio es
a b r i g a d o c o n t r a la» t e m p e s t a d e s , l a n í o p o r l o s c r i s t a l e s c u a n t o p o r los l e c h o s
v o l a d o s . May i n m e d i a t o ñ e s t a s b ó v e d a s a l i o p a s a d i z o m u y ¡«log re y e n s e g u i d a
un t ri c lí a i u m ó c o m e d o r que avanza tanto liaeia el m a r q u e c u a n d o el
o l e a j e v i e n e d e la p a r t e d e A f r i c a s e e s t r e l l a n las o n d a s b a j o s u s m u r o s . P o r
lodas parles h a y puertas de dos hojas y ventanas de no m e n o r ele vació n .
I ' i m b i é u d e d o s h o j a s ; d e lal m a n e r a q u e p o r el Trente y l o s c o s t a d o s s e m ir a
á tres m a r e s y p o r la p a r l e p o s t e r i o r d a al p a s a d i z o ; l u e g o la g a l e r í a a b o v e d a ­
d a , el p a l i o , la ot r a g a l e r ía . et p o r t a l , tas a l a m e d a s y á lo l e j o s l o s p i n t o r e s c o s
m o n t e s . A la d e r e c h a d e l k ' i c l i n i o hay una hab itación con u n a v e n t a n a al
O r i e n t e y o l r a al P o n i e n t e : e s l a d a v i s t a al m a r . p e r o es tá m á s r e s g u a r d a d a ,
líl r i n c ó n j u n i o ni t r í e l i n i o ó c o m e d o r , r e tien e y c o n s e r v a el c a lo r del sol y
p o i - c o n s i g u i e n t e m e s i r v e d e e s t u d i o . All í n o s e s i e n t e n l os v i e n t o s , e x c e p ­
c i ó n h e c h o d e l os q u e tr aen b o r r a s c a s , y s e d i s fr u t a d e Ja b o n a n z a a n l e s q u e
en l o s d e m á s sitios, J u n t o á e s l e rin cón h a y olra hab itación en form a de
á b s i d e , y p o r la# v e n t a n a s q u e le r o d e a n penetran los rayos s o l a r e s . H ay
a d o s a d o al m u r o m í a e s p e c i e d e a r m a r i o ú m a n e r a d e b i b l i o l e c a . d o n d e t e n -
^o l o s l i b r o s q u e l e o y v u e l v o á r e l e e r . . . ■■
ios p r i m e r o s t i e m p o s . D e s p u é s se e s r í i s o t i v o n tos c o l u m -
f ifiltis e x t e r i o r e s en t o r n o de 1h mi v e . h;ist;i q u e se s u s t i —
— IGí> —
luyeron los colum nas por pilastras. El vestíbulo y el
interior se agrandó y adornó sucesivamente. La nave,
rectangular ó circular, se abovedó más tarde.
Francia conserva el templo más puro de estilo romano,
el de Nmies (grabado núm. 100). que se atribuye á A u ­
gusto. según unos, y Adriano, en opinión de otros. Hoy
está convertido en museo, con la d enom inación de M ai-
sosi Carree. Gillman dice que este templo se levantó en

I’’ i tí - l'lll.— T i ' m i i k i íli> N j m i ' s .

h on or de Julio César La orqvit., pág. 2o0). Según parece,


este templo es de los que Vitruvio llamaba pseudo-perip-
leros y hexasLilos.
En España consérvanse restos de templos rom anos en
Talayera (antigua Ebura). Mérida, Barcelona y jMurvie-
dro (antigua fiagtinlo).
B asílicas .— Esta palabra en griego es forma simétrica
de basütkós, real y de olhia. ('asa. de m odo que entre los
romanos, las basílicas form aron parte de los palacios
reates y sirvieron otras com o m ercados y tribunales de
— 166 —
com ercio. «Estas últimas, dice Gillman, q ue eran locales
cubiertos destinados á m ercados y tribunales de co m e r­
cio, son m u y escasas en la arquitectura romana poste­
rior. Como por su objeto tenían q u e ser espaciosas y
cubiertas, y co m o á pesar de los adelantos en el arle de
la carpintería los rom anos no podían construir las arm a­
duras que se hacen hoy, el espacio de las basílicas se
dividía en tres ó más naves, por m edio de series de co­
lumnas destinadas á sostener la cubierta. La nave ce n ­
tral solía tener m ayor elevación que las laterales, y
sobre éstas se extendían á
veces em porios ó galerías: en
el e xtrem o posterior había
un sitial elevado, donde se

t’ j g. 101. — P l a n o d e I í i i s í l i c a .
sentaba el tribunal de co­
m ercio, y delante del mismo,
se extendía, p or regla general, una especie de nave
transversal ó espacio libre para los testigos, d eba jo de
la cual se hallaban las prisiones y otras dependencias.
, A rq a it, , pág. 251).
El grabado núm . 101, representa el plano de una de
esas basílicas.
M o n u m e n t o s c o n m e m o r a t i v o s . — A reos de triun fo , —

A u n q u e Plinio dice q u e los arcos de triunfo eran en su


tiempo de nueva mxmeum. no significa que la con s tru c­
ción de estos m on u m en tos deba atribuírsele á otro p ue­
blo. pues ni en Grecia ni en otras naciones los hay, ni
los autores griegos hacen m ención de ellos. Parece ló­
gico suponer que Plinio se refiere á la form a que en su
época se daban á esos arcos, puesto q u e los q u e se con s ­
truyeron en las primeras edades de R om a eran de ma­
dera y levantados en las calles por donde habían de
pasar los héroes triunfantes. El arco de R óm u lo era de
ladrillo y m u y tosco, parecido al que se erigió en honor
de Dolavela, y del q u e se conservan inform es restos, y
el de Camilo, a u n q u e de piedra, tenía formas m u y nulas
— 167 —
y ningún adorno. En los tiempos del Imperio los arcos
(te triunfo adquirieron formas artísticas, (leoorándoseles
con columnas. esLatuas, relieves, etc., en mármoles y
bronces.
Los arcos de triunfo se erigieron en las plazas, á la
entrada de las poblaciones, en las grandes vías y á las
entradas de los puentes. Eran de una ó más puertas.

lr !.L¡, Ul2. — A r e n ild O l-íin íj í 1.

Consérvanse arcos de triunfo en Italia, España, Eran-


ida y en el Oriente.
El grabarlo núm. 102 reproduce el m u y notable erigido
en Orange (Francia), ciudad de Languedoc, donde es­
tuvo la antigua Airfitsiu ú Araura.
Entre los de España, m erece recordarse el de Tarra­
gona ( 1 ), costeado por un particular, según revela la si­
guiente inscripción-. Ex. T kstamknto. L. Licinh. L. F.

(I) T a r r a s i u i i a i?s un i m p o i l i m t í s i m o m i w ; o d e o l » r o s d e a r l e , d e v o n l í u l e i o
¡ u l e r o s pid a e l e s l m ü u d e l arle; r o m a n o e n l i s p o í i a .
— 168 —
S erct. S ur.®. coxsií:ciia.tum ; lo cual p ru eba que no sola
m ente se erigieron en h on or de los héroes, sino en re
cuerdo de hechos particulares.

Fi” . -103. — C o l u m n a A u to

Columnas moumnenlales.— Con el m ism o ob jeto que los


ircos, erigíanse también colum nas aisladas, coronadas
10 r estatuas, com o las de Trajano, Phocas y Antonino
— 169 —
(véase el grabado núm . 103). en R om a, y tal vez alguna
otra en Oriente.
Había tam bién otras colum nas, las d ecoradas con
proas de naves, llamadas rostralce. es decir, adornadas
con mascarones de proa ó espolones de galeras.
Según el ob jeto causa de la erección, d enom inábanse
las colum nas, ele m odo que las había honoríficas, crono­
lógicas, legales , limítrofes, miniares . bélicas (desde donde
el cónsul arrojaba el venablo, signo de guerra contra un
pueblo), y lactarias. (qu e servían para depositar los re­
cién nacidos, cuyos padres se ocultaban en el mis­
terio).
No sabemos que se conserve en España ninguna c o ­
lum na rom ana de estas clases.
Si!1.u;lchos.— Los sepulcros romanos, hasta la época
del Imperio, fueron m u y sencillos. De la época de la
R epública, se descubrieron en Rom a, en 1780, los sepul­
cros de los Soipiones y del poeta Ennio,. q u e no quisie­
ron q u e se quem aran sus cuerpos. Estas necrópolis su b ­

terráneas son m u y humildes y sus restos se conservan


cerca del arco de l)ruso. ( B h k t ó n , Monnm. de todos los
países, tomo II. pág. 150).— Véase el sarcófago de uno de
estos sepulcros (grabado núm. 104), que se conserva en
el Museo del Vaticano.
En los tiempos del Imperio, los sepulcros fueron venia-
— 170 —
cleros m onum entos. .Túzyuese por'el mausoleo de Adria­
no (grabado núm. 105). hoy castillo de San Angelo ( 1 ).
En los sepulcros más modestos se copiaban las formas
m o n u m e n ta 1e s t a m b i é n .

I’ . l; - lO-'j— T u m b a <] i * A d r i a n o .

Cuando las cámaras sepulcrales contenían en lugar


de sarcófagos varios enterramientos á m anera de ni­
chos. llamábanse columbarium, por su semejanza con
las casillas que se hacen á las palomas.

(I) U n i d o al m a u s o l e o e. -la ba ln vill a T il iu r ti na . e n c u y o « c i r c u i t o <it> Iros


mül Ks c o p i ó A d r i a n o ]<is o b r a s m á s m a r a v i l l o s o s linb ía vi sto eti s us v i a ­
j e s , (JI e UT O UNT , t. JIT. píl«. ISI ).
— 171
Tam bién usaron los rom anos unas piedras, á seme­
janza de las estelas griegas, que coloca b an sobre los
túmulos ó simples sepulturas, y q u e llamaron cipos (de
cipjms, colum na cuadrada). En esas piedras (grabado
n ú m ero 106) se grab ab an inscripciones. Lroí'eos ó sím­
bolos alusivos.
Thiírmas. — No h ay
recuerdo de q u e los
baños sean anteriores
á la época de P o m p e ­
yó. Bajo el n om b re de
tliermas (del griego íhvr-

.rae. calor), se designa­
ron los baños Tríos y
templados en Koma.
construyéndose edifi­
cios en todas las n a ­
ciones dominadas por
el im perio latino, con
ob jeto de dedicarlos á
baños públicos.
En esos edificios bailaba la sociedad romana uno de
sus mayores placeres, pues contenían salas de con v er­
sación. jardines y bibliotecas, además de las estancias
dedicadas á baños, que se denom inaban calda-rium. ó
baño de agua caliente; JYigldarium, de agua í'ría; htcoui-
euiii. de vapor: esjiolutlorium. salón para desnudarse;
iinetuarhitii. sala para ungir á los bañistas con olores y
pomadas; el esferictenam. ó salas de ejercicios; el h p i-
darium. sala de paso para prevenir el ca m b io de tempe­
ratura, y otros departamentos para servicio, com o el
aquañurn, ó depósito de agua; el hipocavslrum , espacio
que se extendía debajo del suelo recibiendo el calor
del horno, etc. (Manjaiuíiís, Ilisi. de las boíl, (tris., pá­
gina 158).
Eslos edificios estaban adornados con un lujo exlraor-
— 172 —
dinario. con trib u yen d o no poco á ello la pintura y la es­
cultura, y todas las artes suntuarias. En las Thermas de

Tilo y Caraealla, se lian encontrado m uchas de las es­


culturas más célebres del arte romano.
- 173 —
El grabado núm . 107. representa las ruinas que se
conservan de las famosas Thermañ de Caracalla.
T ü a t u o s -— El teatro romano es el heredero directo del
griego, del q u e sólo se diferencia en el m a yor ornato, en
lo mas espacioso de la orc/iesira y en el m ejor servicio
escénico.— Véase la Historia del teatro, en el lugar c o ­
rrespondiente de esta obra.

Fiií. ION.— iil C o l o s u t i m ( e x t e r i o r ) .

A n f it iía t iío s , ó dobles im iros .— Sirvieron estos edifi­


cios, que en realidad eran dos teatros unidos, para c o m ­
bates de gladiadores, bestias feroces, etc. Los romanos
copiáronlos de los etruscos, si bien les dieron m a y or im ­
portancia, hasta el punto de que Klavio Vespasiano
construyó el Colosemi (cosa grande) ó Coliseo, en el cual
cupieron, según es fama, hasta 100.000 espectadores.
Se inauguró el año 80 de Jesucristo, conclu yén d ose las
obras por el em perador Tito. Las fiestas duraron cien
(lías. (1) según dice Berlolini. (Obra citada. I. IJI, pá­
gina 142).
Tres líneas de tillas arcadas constituían la lachada, de

la que aun se conservan importantes ruinas (grabado


nú m ero 108).

(h N e r ó n o r g a n i z ó las f i ó l a s c o n u n l u j o c ü p l ó n d i d n . « C u a n d o h a b í a n p e r e ­
c i d o las l le r a s á c e n t e n a r e s , tle r epe nt e, s e t r a n s f o r m a b a la a r e n a e n u n v a s l ^
la y o ; e n t o n c e s #c v e r i f i c a b a u n c o m b a t e n a v a l : d e s a p a r e c í a d e s p u é s el a g u a
po r a n c h o s b o q u e t e s y p r i n c i p i a b a n n u e v o s c o m b a t e # d o g l a d i a d o r e s . L l e n a -
— 175 —
El interior era verdaderamente- suntuoso. Las gradas
estaban cubiertas de már­
mol Illanco, y en Los pórti­
cos de los romitorii. en los
paramentos de las tribu­
nos, en todas parles, a bu n ­
daban loa relieves, las co­
lumnas y los adornos.
La arena eslaba rodeada
por un loso que podía lle­
narse de agua, con v irtién ­
dose el anfiteatro en n-au-
■mach 'w, ó lugar de com bates
navales ( 1 } y defendida por
un m uro de cinco metros de
altura, sobre el cual des­
arrollábase la gradería. De­
bajo de ésta, estaban las
galerías de com u n ica ción y
paso para el público.
A u n q u e el Coliseo estuvo
siempre al descubierto,, li­
brábase á los espectadores
de los rayos del sol con uu
rdarinm ó toldo, q ue d í-
cese estaba bordado de oro
y colores brillantes. De la
espléndida riqueza interior
del coliseo, restan tan sólo las ruinas que el grabado

h a s e o t r a v o z d e a g u a la a r e n a : s o b r e n a d a b a n e n el la is la s y f r o n d o s o s b o s ­
ques; y por 0 U im o .s e servía n su n tu osos ban quetes á los e s p a c i a d o r e s ..... »
Marcia l. S u e lo n io y Díaz c u e n t a n las m á s e x t r a o r d i n a r i a s m a r a v i l l a s d e m a ­
q u i n a r i a le a lr a l e n el A nfite atro l'hivio. ( R o m a pint. cmt. y mod. jiáíí. ¡i'»}.
(I) til e m p e r a d o r Clau dio hiz o e o u s t r u i r u n ca 1 1 al á Ira v e s del A pc¡iino lie
'iQ.MO l u c i r o s tle larjío. y o rg a n iz ó e n é l u n a b a ta ll a n a v a l t o n .'10 b a r c o s y l. W )
p r e s o s . Las a g u a s de l l a s o $l’ ti ñ e r o n c o n !a s a n g r e d e ai|Uullos d e s g r a c i a d o s .
(.Iíertolim , Ilist. de R o m a , l. til. pájí. 71).
núm. 100 representa, y esto, gracias á Benito XIV, que
hizo colocar una cruz en el centro de la arena, decla­
rando sagrado y digno de ven eración el lugar donde
derramaron su sangre por la fe innum erables mártires
cristianos; p orque los aristócratas de R o m a conceptua­
ron co m o rica cantera el Coliseo, y de allí sacaron la
piedra para sus palacios, hasta que el Papa se opusoj
co m o queda dicho.
En Italia, Francia, lispaña, Grecia y otras naciones,
se conservan interesantísimas ruinas de teatros y anfi­
teatros.
Cincos.— Estos edificios, aun qu e de m ayores p rop or­
ciones, recuerdan el staclio griego. Consérvanse en las
poblaciones donde h a y antigüedades romanas, pero el
más notable de todos es el Circo Máximo de Rom a, lla­
mado así porque en él se celeb ra ba n los ju egos con sa ­
grados Dris Magnas. Por la restauración ideal del circo
de Caracalla (grabado núm. 110 ), puede formarse idea
de lo que era un circo (en el Máximo cabían 385.000 per­

Fig. 111.— P l a n o d e c i r c o .

sonas); en el plano (grabado núm. 111) puede co m ple ­


tarse la idea de esos edificios, donde se celebraban las
corridas de carros y caballos y algunas veces las luchas
de gladiadores y fieras ( 1 ).
J a r d i n e s . — «Nerón am aba los jardines hasta el delirio;

(1) He a q u í la e x p l i c a c i ó n d e l g r a b a d o : A. p ó r t i c o d e e n t r a d a ; li y lí,' to­


r r e s para e l s e r v i c i o i n t e r i o r ; C. c o c h e r a s y c u a d r a s ; G <; I, n i et a s ; s a l i d a di)
l as c u a d r a s ; H y K, p u e r t a s d o s e r v i c i o ; J, p a l c o d e l e m p e r a d o r ; M y M , . s p í -
na; N. O, P : R y V, o b e l i s c o s , a l t a r e s , es t a t u a s , e t c . ; S y S, l í m i t e d o l a s g r a­
d e r í a s y Z. p a l c o d e l o s j u e c e s .
177
p a s ió n h e r e d a d a de sil m a d r e , q u e bajo pretexLo de m a ­
gia, hizo p e r e c e r al o p u le n to Flaíilío T a u ro , p a r a a p o d e ­
r a r s e de s u s ja r d i n e s . .. v Tácito y Su e to n io d ic e n q u e
N eró n, d e s p u é s del in c e nd io de R o m a , hizo c o n s t r u i r
otro p alacio m á s bello y e n el q u e h a b í a v iñ a s , m ie se s.
p a sto s, cerc a d o s, b a ñ o s , e tc ....—Eli tie m p o s de A u g u sto ,
u n a fic io na d o. Jlaein, d e sa rro lló el a r t e de los jardineros
lupia-ríos, e s q u ila d o re s ó c o rta d o re s de a r b u s t o s .— En ios
j a r d i n e s r o m a n o s , v e ía n se p lá t a n o s , á la m o s, m o r e r a s ,
h ig u e r a s , c ip re se s y pinos. Su ñ o r f a v o r ita e r a la ro sa , y
\

c o no c ía n s o la m e n t e la de P i e s t u m . y e s t i m a b a n t a m b i é n
las violetas, a d o r m id e r a s y lirios... ( M u ñ o z R u n o , Jardín,
y Jloric.— II, Bosqueja kist. de la arquít. d e j a r á . )
El g r a b a d o n ú in . 112 r e p r e s e n t a u n p a b e lló n ó c e n a ­
d o r de u n j a r d í n r o m a n o , d e s tin a d o á c o m e d o r ó iricU -
niiim. s e g á n del m o b ilia rio se d ed uce.
LIBRO CUARTO.

AMÉRICA.

D iv iü iiin del e s t u d i o cu d u s p e r i o d o s . —X o l i u a s a c e r c a iIl' la e.'O sk'neiii del


N novo M u n d o . —listos e s t u d i o s e n r e la c ió n c o n la liislurm de l ¡irte.
[ .— P e r í o d o h i s t ó r i c o a n t e r i o r a l D E s c u m m iE X T O .— l ' i u c c t r í n ;/ M t K v i c o .
—C u r a d o r e s y d iv is ió n dol a r t e c u m a y a y n a A f ta . —S u s u lii ii dadc s y e a -
m u t e i e . ' — M o n u m e n t o s . —P erú: A lln id a d e s y c a r é e l e r e s de e s t e a r t e . —Mo­
lí lím e n lo s , — lle ü ti m e n .
l t — PEt\Í0l>0 ARTÍSTICO IM'LUÍDO 1-OR (AS l.l V] 1.1/Allí 0J¡E¡> Edl'AÑOl.A Y EntOI’EA.
—Cim ie te r d e los m o n u m e n t o s p o s t e r i o r e s al d e s e u b r t m í e n i n . —C on clu sió n .

H em os tr a ta d o e u l u g a r o p o rtu n o de esle libro, lo re­


fe r e n te á las m a n if e s ta c io n e s a r tís t ic a s a m e r i c a n a s q u e
corresponden, á la P rotoliislo ria; p a r a compleLar e ste iige-
rís im o e stu d io , d e b e m o s d a r á c o n o c e r los c a r a c t e r e s de
la s o b r a s a r q u it e c tó n ic a s q u e c o rr e s p o n d e n á épocas m á s
a v a n z a d a s de a q u e l l a s c iv ilizacio nes y q u e h e m o s de di­
v id ir e n dos perio dos: el q u e c o m p r e n d e los tie m p o s co­
n o c id a m e n te histó ric o s h a s t a el d e s c u b r im ie n to de A m é ­
ric a p o r Colón y los españoles, y el e n q u e se in c lu y e
c u a n t o se refie re á las in f lu e n c ia s e sp a ñ o la y e u ro p e a ,
— 179 —
después de aquel trascendental suceso ( 1 ); ó lo que es la
mismo, los períodos precolombino y pofsco?otubhia. en q ue
gen eralm en te se divide la historia de América; desde lue­
go preferimos aquella división por ser sus caracteres más
generales.
A u n q u e también h em os dado somera idea de las in­
vestigaciones que en las obras de los autores clásicos
griegos y rom anos se han hecho, para averiguar los p re ­
sentim ientos ó noticias que acerca de la existencia de un
m u n d o occidental tuvieron los sabios y filósofos de a qu e­
llas edades (2 ). conviene m encionar también, que según

(1] S e g u i m o s o n e s l u [tarle «lo n u e s t r a o b r a la división propuesta p o r la


J i m ti.» D i r e c t i v a d e l IV C e n t e n a r i o tío l D e s c u b r i m i e n t o c u s u c i r c u l a r d e K n e r o
d e IN'll, d i r i g i d a á las C o m i s i o n e s e s p a ñ o l a s . p o r h a l l a r la r a z o n a d a y l ó g i c a .
La e x p o s i c i ó n s e d i v i d i ó e n tres g r a n d e s s e r l o * i.n P r o t o h M o r iu am erican a;
i : ' T i e m p o s c o n o c i d a m e n t e hi s ló j 'i e u s . ha s t a e ! D e s c u b r i m i e n t o . y ií.1 D e s c u ­
brim iento. con qu istas é inlluen cias españolas y e u rop ea s.
(2) T u le s de. M il e l o d e s c r i b i ó el c i e l o f u m o la c á s c a r a ( j n c r o d e a al h u e v o -
y l’ l a ló n . A r i s t ó t e l e s . l í r a t ó s l e n e s . H ip a r e n y T u l o m e o a c e p t a r o n y r a t if i c a r o n
es a t e o r ía . l í r a t ó s l e n e s , lu í su p o e s í a Herm en. h i z o indica ciones bien claras
d e los h o m b r e s a n t í p o d a s y d e ¡ i e r r a s t e m p l a d a s e n >|ue s e c o s e c h a b a n ¿ b l i n ­
d a u l e s fruto.'*, y K st r n b ó n e n su Geof/i'CtJ'ia d i j o ; “ D i c e K i a t ó s t e n e s . q u e sí nr>
f u e s e u n o b s t á c u l o la c o l o s a l e x t e n s i ó n d e l O c é a n o Atlántico, podría llegarse
f á c i l m e n t e p o r m a r , s i g u i e n d o el m i s m o g r a d o d e latitud, d e s d e la p e n í n s u l a
i b é r i c a hasta las I n d i a s La p a r l e m e d i a d e e s t e g r a d o c o m p r e n d e m á s d e un a
t e r c e r a p a r l e d e la c i r c u n f e r e n c i a t e r r e s t r e . .> S é n e c a , c u l os c o r o s d e su d r a ­
m a M cdca. d i e e : « V e n d r á n e n l e j a n o s tiem pos o t r o s s i g lo s , e n l o s c u a l e s el
ticéa u o desatará los v í n c u l o s d e las c o s a s ; a p a r e c e r á la i n m e n s a T i e r r a , y
T e l i s o s t e n t a r á n u e v o s O r b e s , d e s u e r t e cjiie I J i u l é 110 s e r á y a la ú l l i m a ( ¡e r r a
c o n o c i d a , » y S an C l e m e n t e , t e r c e r P u n t il le e r o m a n o d e s p u é s d e San P e d r o ,
d i j o e n u n a d e s u s c a r ia s : « L o s a r c a n o s d e Ins a b i s m o s y las i n e s c r u t a b l e s r e
p i o n e s d e l p r o f u n d o , o b e d e c e n á las m i s m a s l e y e s . La i n m e n s a m o l e d e l m a r .
a cu m u la d a en m ontañas, no p u ed e traspasar l os m uros q u e la c i r c u n d a n ,
s i n o e s t á s u j e t a á s us m a n d a t o s . P u e s d i j o , « h a s t a a q u í l l e g a r á s , y tus o l a s s e
quebrantarán dentro de lu propio seno,» l£l O c é a n o , im p e n e t r a b le ú los
h o m b r e s , ,?/ los mundos que están al otro lado del m ism o, s e g o b i e r n a n
p o r las p r o p i a s l e y e s d e l S e ñ o r » {Discurso d e c o n t e s t a c i ó n al Sr, ha l lo s a , e n
la R. A c a d e m i a S e v i l l a n a d e B u e n a s Le tr as , p o r ei S u . D. S e r v a n d o A r b o u ) - —
A d e m á s d e estas y otras m u c h a s n o ticias r e fe r e n te s á este asu n to , se d e b e n
d e r e c o r d a r l o s d i s c u t i d o s v i a j e s d e H oe i S h i n á F u s a n g y l o s q u e a v e n t u r e r o ;
e s c a n d i n a v o s r e a l i z a r o n á G r o e n l a n d i a y l 'i i i l a u d i a (La P e n s i t v a n i a y N u e v a -
Vork m od ern a s'.
- ISO —
la Historia del. A huirán te de las ludias I). Cristóbal Cotóny
q u e se supone escrita por su ilustre liijo 1). Fernando, el
insigne genovés « o y ó d e c i r á m u c h o s pilotos hábiles, cu r­
sados en navegación de los mares occidentales, á las islas
de los Azores y á ia de Madera, por m uchos años, cosas
q ue le persuadían de q u e él 110 se engañaba, y que había
tierras no conocidas hacia Occidente (cap. VIII), y q u e
en los mapas de los siglos x iv y x v se anotaron, especial­
m ente por los cartógrafos italianos que seguían con
atención los progresos de los d escubrim ientos geográfi­
cos, las relaciones y viajes de los portugueses, escandi­
navos, etc,, hasta el punto de que en el m apam undi de
Andrea Ilianco (1448) están indicadas las islas de Cabo
Verde, y la isla A ntilia en un mapa de 1424; en el de
Bianco ( 1 ) de 143Ü (en el cual, por cierto, consta la ñola
de que habían llegado allí b u q u es españoles) y en otros
varios, según puede verse en la notabilísima obra de
Teodoro Fischer, Los mapas hidrográficos italianos y los
cartógrafos de la Edad media (Soiuirs R v g k , Hist. dé la
época de los descuh, y e o y . , libro III. cap. II, 2). Además,
el estudio é investigación de esos misteriosos dalos, se
a cometió en España en el mism o siglo \vr, á raíz del
descubrim iento del X u e vo Mundo, com o puede co m p r o ­
barse consultando el notabilísimo estudio de Valera, La
Atláuilda (núins. 7 y 14 de ln revista española Jíl cente­
nario. 1 HÍJ2 ) y h u b o m u ch os autores que siguiendo la opi­
nión Atejo de Yenegas en su obra De las diferencias
de libros que hay en el Universo, etc, (Toledo 1"j40), sostu­
vieron q ue se habían efectuado viajes anteriores a los
países descubiertos p or Colón ( 2 ).

(1) D i c e en el m a p a s e g ú n r, r u ñ a n , Questo hé m ar de Spaf/na.


(2) El m it n d o Atlas, d o d o n d a üe d e r i v a n l a s d i s c u t i d a s n o t i c i a s d e g r i e g o s
y l a t i n o s a c e r c a d o la isla A l l á n l i d a , f u é d i v u l g a d o e n A t ic a p o r el l e g i s l a d o r
at en ie ns e! S o l ó n , e n un p o e m a d e s c r i p t i v o de. u n renom brado im perio o c c i ­
d e n t a l s o m e t i d o al p o d e r d e G r e c i a , l ' e r n á m l e z ú o n / .á ic í/ . e n su l ib r o y a a n t e s
c i t a d o , lia r e c o g i d o c u i d a d o s a m e n l e t o d a s las n o t i c i a s y c o n t r o v e r s i a s s u s c i ­
— 181 —

Todos estos, son datos importantes que deben tenerse


en cuenta para la explicación de las afinidades artísticas
q u e enlazan misteriosamente el pasado del viejo y el
n u evo m undo, au n q u e co m o Cronau advierte con e xce ­
lente ju icio. íattan datos seguros que corroboren la lle­
gada de los pueblos de la antigüedad á las costas que
h oy llamamos americanas, pues si «es cierto que se han
encontrado en Am érica piedras con inscripciones feni­
cias. no lo es menos que se lia demostrado q u e eran ver­
gonzosas falsificaciones» (obra citada, pág. 132, l. I).
Los escritores españoles q u e últimamente lian estudia­
do estas cuestiones desde el punto de vista artístico, son
los ilustres historiógrafos y ¡arqueólogos Pi y Margall (Ilisí.

t a d a s a c e r c a (lo e s a isla, e n Ins c a p í . 111 y IV, s u s l e n l a n d o t o d o su ín l e i e s a u t e


t e s o r o tic e r u d i c i ó n e n *-*1 TitnacU í y el Critica d e P la t ón y i'n la Biblioteca
i.li.1 D i o d o r o d e Si c il i a, r i ( L o verdadero i n l e r é s tu> s ó l o " o o y r á l le o ^
s i n o l i i s l ó r i c o ó m i t o l ó g i c o , pin 1tu m e n o s : a u n q u e d e b e (le tul v e r t i r á ' ([lie Platón
«1 tratar d e i;iiÍD y ilo s u s h i j o s n a c i d o s e n la A l l á n l i d a . d i c e í [ u e I n do s a q u e ­
llos » y su s (leseolid ion los m oraron n o m o " i i b e r n a n l e s e n m u c h a s i s la s ó p e ­
n í n s u l a s <k'l niiii'. r i g i e n d o las q u e h a y e n él ha s ta E g ip t o y T i r r e n i a » (Ci'itiaó.
o d . Uido l. Paris iis . M I I I H Í G L M I , v o i , I I , p ág . 2íil») y q u e m á s a d e l a n t e d i c e P l a ­
t ó n. q u e al t i i l o t m a r s e Solón do m ilicias geográlieas a c e r c a d o O ccidente,
■•averiguó la f u e r z a d e las palabras en lre los prim eros a u loros oH ipciosqu e
las e s c r i b i e r o n , t r a d u c i é n d o l a s d o la l e n g u a d o o l io s , y a p r e n d i e n d o él re i t e -
n u l a m e n t e la s i g n i f i c a c i ó n d o c a d a n o m i n e Irnsladím dolo á n u es tr o idiom a
l o p o n í a p o r o s m i o , f.o m i s m o q u e él e s c r i b i ó e x i s t í a e n c a s a d e m i a b u e l o y
a h o r a lo I c u ii o e n la m í a y lo e s l u d i j d e t e n i d a m e n t e c u a n d o er a n i ñ o » ( l b i d ,
p a " . 2 ¡(.(j — h e l o s l e f i o s d e D i o d o r o l i e m o s d a d o i d e a e n ln p á g i n a ‘IP d o es te
libro.
K sías n o t i c i a s . c o n v i n i é r o n s e e n t r a d i c i o n e s m á s ó m e n o s a h u i l a d a s v c o n -
Tusas. I*na d e e l la s r e d o r o q u e San I t r a n d a n o ó San B a l a n d r á n I l o " ó á tina d o
o s a s islas p a r a d i s i a c a s y r e g r e s ó al c a b o do m u c h o s años y no m o n o s viajes
y a v e n t u r a s , y luí f u e r z a d e b e r í a t e n e r l a t r a d i c i ó n , q u e e n l o s m a p a s d e la
K d a d med '.n s e i n c l u y e la isla cti el O c é a n o A t l á n t i c o : c o m o así m i s m o o n el
g l o b o t e r r á q u e o d e Mar tin l í e h a i m (1W¿). M e n c i ó n a s e la Atlántida e n tina
c o n c e s i ó n p a p a l d e 13V1-. y ia n o t i c i a d e la A l l á n l i d a ó isla d e S an B a l a n d r á n ,
s u b s i s t i ó p o r l a n í o s a ñ o s , q u e m i c a b a l l e r o p o r l u y u é s h i z o q u e e l g o b i e r n o le
c o n c e d i e r a su p o s e s i ó n a n l e s d e d e s c u b r i r l a , l l a s l a 17-jO s e h a n i i e c l i o l e n l a -
ti v a s p o r m u c h o s na v e í a n l e s , T a m b i é n s e c o n f u n d i ó es ta isla c o n o t r a m á s
e n i g m á t i c a l l a m a d a A n íi l la (S o iu iu s U crf.. Ilist. d elaO p.tfti los descuO.
{¡fíoij.. l i b r o i. c a p . 11).
— 182 —

déla América antecolombiana, cap. X X X , en p ub licación )


y Riañü (E l arle momm. americ., conferencia pron un cia­
da en el Ateneo); con sus notables obras y otras españo­
las y extranjeras trataremos de dar ligera idea del arfe
americano, en sus dos distintos y principales períodos
después del protohislórico: el histórico anterior al descu­
brimiento y el influido p or las arles españolas y europeas.

I.

Período histórico anterior al descubrimiento.

Los m on u m e n tos respectivos á esta época, divídense


en dos grandes agrupaciones.
Comprende la primera Yucatán y México; la segunda
el Perú. A m ba s «presentan caracteres propios, aun qu e
diversos entre sí.» com o dice R iaño en su citada co n fe ­
rencia, y, realmente, pueden com petir en importancia
artística, en belleza arquitectónica y en interés a rq ue o­
lógico con los restos de Persia y del Egipto,
Según M. Ernesto Bretón en su obra Monumentos de
iodos ¡ospueblos, los restos de Palenque, pueblo del obis­
pado de Chiapa, «fueron exploradas por primera vez en
1787 por el capitán D. Antonio del R io y por 1). José A lon ­
so Calderón, y posteriormente poroLros m u ch os viajeros»
(pág. 77, lomo II); y esta, parece ser la primera investi­
ga ción arqueológica practicada en aquellos bosques vír­
genes donde se sepultan tesoros artísticos, aun q u e Cro-
nau indica com o los primeros descubrim ientos los del
Dr. Lewis Mitchel, médico del hospital de Puerto del Sisal,
qu e para guarecerse de la lluvia entró, llevado por un in-
— 183 —
din, en un antiguo templo situado en lo más interior «le un
bosqu e virgen. Es Lo ocurrió el,l." de N oviem bre de 1H2N,
y el doctor, aquella misma noche, inspeccionó el templo,
y al día siguiente continuó sus investigaciones, hallando
más tarde las grandiosas ruinas de Uxmal.
Eos historiadores y viajeros españoles del siglo xvi. ha­
bían tratado de estos asuntos m u y som eram ente; mas
sin em bargo. Solis y U ivadeneira en su Hixtorío de la
conquista tic Méjico , al referir en el cap. M I los viajes de
Juan de (jrijalva. dice que en una isla halló ésle «unos
edificios de cal y canto q u e sobresalían á los dem ás.» en
los (Míales había ídolos de horviVh JiffHM y cerca de las
gradas h om bres recién sacrificados; que H ernán Cortés
y sus com pañeros p e n d r a r o n en una isla cerca de Y u ca ­
tán y vieron el templo de 1111 ídolo m u y venerado, estan­
do el templo Fabricado «de piedra en Forma cuadrada y
de 110 despreciable arquitectura» (cap. X V >. y describe á
Tlascala y Méjico: y siguiendo á Herrera. López de Cío-
niara y especialm ente al P. José Acosta. da idea del gran
palacio de Moctezuma en Méjico, m en cion an d o los más
principales com ponentes de la exornación com o esta­
tuas. jardines y aun adornos de ^diferentes lazos de c u ­
lebras encadenadas'-) (lib. 111. cap. III, arts. XIII y XIY).
Sin em bargo, de esas descripciones 110 puede Formarse
ju icio acerca del arte mexicano, y se com prende por esta
causa el electo q ne las ruinas de Uxinnl producirían en
los sabios y arqueólogos de com ienzos de nuestro siglo.
Y u c a t á n y M i í x i c o . — La com arca que m ayor suma
de riquezas arqueológicas posee es Yucatán, «especie do
Egipto del X u evo Mundo— dice Cronau,— pues hasta h oy
se han encontrado allí más de cuarenta ciudades de
extensión considerable y que con fundado derecho p u e­
den figurar entre las maravillas de A m érica ...» (Obra
citada, pág. 82. lomo I).
El carácter distintivo de estos m on u m en tos— la enor­
midad de tamaño de las parles que, cargan sobre las
— m —
ja m b a s y entablam entos, alguna vez en forma de arqui­
trabe. de los huecos de entrada— les acerca á los edifi­
cios de la India y la China; eslo en cuanto á la estruc­
tura; respecto de ornam entación, los restos a rqueológi­
cos de Yucatán y México revelan singulares parecidos
con las ornam entaciones india y aún egipcia. R iaño sos­
tiene esta teoría con serios argumentos (págs. 1 1 , 1 2 , l:í
y 14 de su citada Conferencia), y en su apoyo pudiéramos
citar gran n ú m ero de autores, desde R an k in g. q u e en
1827 publicó en Londres una eruditísima obra titulada
Histórica!, rescarche.K mi Ihc coa y Mal <>/Perú. Méd'ieo, Bo­
gotá.. ele.— que Yivien de Sainl-Martin impugnó en sus
libros.— hasta los sabios de m odernísim os Congresos de
americanistas que anles h em os m en cion ad o en otros
capítulos; teoría, que después de todo, confirm an hasta
las tradiciones del país, pues entre los peruanos desig­
nase á la raza que dom inó aquellas lierras llevándoles
la idea deí progreso, del arte, de la ciencia y la civiliza­
ción, com o gentes venidas del lado de hn sombras.
El arte que se desarrolló en Y ucatán y en Cliiapas,
corresponde al grupo de civilización q u e en la obscura
historia de América representa el pueblo maya, diferen­
te por su cultura y su saber á la raza aahv.ft, ó propia­
m ente mejicana, fundadora del imperio de Anahuac. En
una y olra arquitectura hállase la continuada tenden­
cia— que en el arle del Oriente hem os estudiado— á la
forma pifamidal, y á etla se somelen templos, palacios y
viviendas modestas: y no anotamos esta circunstancia
com o com proba ción de analogías a rlis ticas enlre Y u ca ­
tán y Egipto, que en este caso serían m u y discutibles,
sino com o dato importantísim o q u e se relaciona con las
formas primitivas en tudos los países de la con cepción
arquitectónica, desde la rudeza prolohistórica hasta los
extravíos del arte rom ano.
Las más encontradas opiniones se.emiten actu alm en ­
te acerca de esos pueblos, de sus arles, hasta de los
n om b res con que d eben de conocerse, pues arqueólogo
hay, y por cierto tan ilustre com o el sabio subdirector
del Museo Real de Etnografía de Berlín, Dr. Selir, que
com batiend o la cronología adoptada en la Historia Me­
xicana por el P. Clavijero, dice: «H oy se sabe que el
n om b re tolleca significa una raza prehistórica, cuyo
origen, cu y os territorios y cu y os hechos quizá quedarán
para siempre ocultos en la noche de los tiempos. Se sabe
q u e más de una raza pasó p or el suelo m exicano, cuyos
vestigios se perdieron, y que para las q u e p erm a n ecie­
ron alli h ay que rehacer por com pleto la historia á la
luz de la crítica, averiguando la certidu m b re de cada
hecho que la tradición refiere.» y más adelante agrega:
«Xa quiero h ablar de Toltecas, ni de Ülmecas, ni de
Cliolutecas, porque estos n om bres se con fu nden lino
con otro y nadie sabe cuál es la tribu á q ue tales n om ­
bres d eben atribuirse...» (Los relieves de Eanta Lucia
conmohv.ai)>a , E l C u n t a n ais l o , 11 . " ¿(i, pág. 241 al 252).
Advirtamos que la cronología y la nom enclatura en
cuestión, son las más admitidas hasta h ace p oco tiempo,
en que los estudios americanistas lian entrado en p e­
ríodo de más serias y m in uciosas investigaciones.
Atendiendo á estas circunstancias y á otras q ue ha­
rían prolijo este tratado, hem os aceptado las denom in a ­
ciones de arte maya y arte naMi a.
Los principales restos de aquél, hállanse en Uxmal,
Chichén liza y otras poblaciones, q u e hoy pertenecen á
las repúblicas de México y Guatemala. E xam inem os es­
tos interesantísimos com proban tes de una casi ignorada
cultura.
Hasta ahora, y por lo q ue á arquitectura respecta, las
ruinas más características del arle maya, son las de
Uxmal. donde se han efectuado detenidas investigacio­
nes. El más notable de los edificios, descubiertos es la
llamada Casa del Gobernador, cu yo plano copiam os de la
obra de Cronau, ya citada. (Véase el grabado núm. 1 i:i).
— 186 -
La casa m ide 116 metros de largo por 13 de ancho, y
está construida con piedras labradas y unidas con arci­
lla, sobre una triple y altísima terraza. Los m uros no
tienen ornam entación hasta la mitad próxim am ente de
su altura, en cuya parte de edificación agrúpanse gran
n ú m ero de extrañas esculturas representando figuras
humanas, pájaros, cuadrúpedos y diversos adornos. En
los pórticos bajos, que en su mayoría están convertidos
en escom bros, se abren once puertas, y las colum nas ó
postes son de grandes dimensiones. Los pórticos altos

r¡¡í 113. — P l u n u d o );i C a s a d e l G o b e n i a i l o i l'xmíi].

tienen galerías descubiertas, y gran n ú m e ro de relieves


en los que abundan los guerreros, animales y cabezas
humanas, Hay tam bién otros relieves que deben de re­
presentar batallas ó alegorías de hechos de armas. Et
techo de este gran palacio es plano. (C ronai '. lomo I,
págs. 82, 83 y 84).
Cerca de la Casa del Gobernador, vése sobre una m e­
seta otro edificio m u y notable, la Casa de las Monjas, de
cuatro cuerpos de alzado. 87 grandes cámaras y 50 pe­
queñas, que por su disposición en forma de celda han
dado aquel n om b re al edificio.
La ornam entación de estos dos m o nu m en tos es rica
y oslentosa, exteriormente; el interior, ningún resto
acusa q ue estuviera exornado. Las fachadas «presentan
curiosos frisos ornamentales, abundantes en arabescos,
m eandros y molduras las más variadas, q u e revelan la
originalidad y fantasía propia de este arte.» (E l v iz ­

c o n d e u ií P a lazu elo s, E l arte maya y el nahva, El cente­


nario, n .“ 26).
Tam bién es notable la casa llamada del Enano. q ue
se alza sobre un prom ontorio artificial de 30 metros de
— 187 —

íillura. Este gran palacio está dividido en dos cuerpos.


El inferior, en forma de pabellón, tiene una ostentosa
fachada q u e representa un monstruo mitad hom bre,
m itad animal, q u e ha dado n om b re al edificio. Las es­
culturas de esta singular construcción son notabilísi­
mas, y entre cabezas hum anas, monstruos y adornos,
vénse otras cabezas que parecen de elefantes: las cu a ­
les lian dado motivo para que los arqueólogos que sos­
tienen que el arte americano no puede negar su p roce­
dencia asiática, se afirmen en sus teorías. ( C r o n a t ', obra
citada).
Además de estos tres palacios hay otros m u y n ota­
bles, com o la Casa de las Tortugas, llamada así porque
en la cornisa tiene esculpidos una íila de esos crustá­
ceos (CiioxAr, id. id), y la Casa de la Serpiente, por cuya
fachada corre un enorm e reptil de aquella clase, y en la
q ue se conservan restos notables de pintura policroma
de tonos vivos y brillantes (Y r a \ d k P a l a z i 'k l u s . obra
citada).
Las ruinas de K abay, riquísimas en ornam entación,
y las de Alcé, Jíayapán, Izamal y Herida, son también
m u y dignas de estudio.
En Izainal y Aké, consérvanse hermosas pirámides ó
tmcallis («casas de Dios,>> según dice Riaño); pero co n ­
viene advertir que el teoca/H maya, lo mism o q ue el
nahua, se desarrollan dentro de un m odelo especial,, de
la ío n n a de pirámide truncada en su último tercio, para
dejar eu aquella altura espacio suficiente en que con s ­
truir el verdadero templo, puesto que la pirámide refe­
rida venía á constituir el basam ento del lugar sagrado.
Los leocaUis, según m odernas inv estig a cion es , están
orienLados hacia los cuatro puntos cardinales, y la liase
ó pirámide, ó se com pone de planos inclinados con p e n ­
dientes escaleras abiertas en los mismos, ó de mesetas
a las (‘ uales se asciende por escalones más ó menos n i ­
dos. Generalmente, el íeocatii aparece rodeado de fu er-
— 188
les lauros, en cu y o recinto estaban las casas de los sa­
cerdotes y otros edificios públicos. La colocación de las
escaleras en estos m on u m en tos es, com o hace observar
Itiaíío, el motivo que determina la variedad de estruc­
tura en lo que puede llamarse forma fundam ental, «p or­
que unas veces los escalones son continuos é iguales por
los cuatro lados de la pirámide, desde la base hasta la
plataforma; otras ocupa solamente la escalinata el ce n ­
tro de cada una de las casas laterales, form ando cuatro
ranuras en sus superficies, y 110 faltan ejem plos de sus­
tituir las aristas de los ángulos p or convexidades, abul-
tamienlos, ú otras m odificaciones de su estructura en
c om bin ación con los peldaños de la su bid a ...» í Co/i/cr.
citada).
Cronau, dice q ue la pirám ide más im portante de Iza-
mal es la llamada Kinih Kakmo (la casa del Sol rodeada
de rayos de fuego). Tiene 220 m etros de circunferencia,
y en su santuario hay notabilísimos relieves de asuntos
religiosos, especialm ente de personajes, ofreciendo al
dios misteriosos presentes: «el ídolo ó trofeo central y
sus adoradores, vénse sustentados por cautivos ó ven ci­
dos colocados en difíciles é incóm odas posiciones...»
obra eit.) Cerca de esta pirámide h a y otro
(P alazu elo s,

templo y la casa det sacerdote, y desde aquélla con d u ­


cían á Tabasco, Chiapas y Guatemala anchos cam i­
nos (1). El santuario parece una ce Ha precedida de cu a ­
tro pilares ó columnas.

(1) lin el n ú m e r o tic lo r e v i s í a Unión Ibero-am ericana, r e s p e c t i v o á D e ­


liro d o 18!>3. n n í)7, p u b l í c a s e u n i n t e r e s a n t e a r t í c u l o U lu l a d o « U n a cum iad
prehistórica en G uatem ala.! y en ó) s e r eJ ie re n las p r i m e r a s n o t i c i a s de im
i m p i x l a u t í s i m o d e s c u b r i m i e n t o a r c iu e ol óg i e r j. d e l q u e ha s t a a h o r a s e c o n o c e n
u l e n s ü i o s d o m é s t i c o s , lo z a antigua, v id r io s d e un trabajo d e lic a d o , g raba d o s
y p i n t a d o s c o n c o l o r e s m u y v i v o s , ¡sa ch as , m a r t i l l o s , s a b l e s y o t r a s a n u a s d e
p i e d r a , í d o l o s , p e r l a s l in a s y t u r q u e s a s , e t c ., y es t a t u a s , e n l r e las c u a l e s hay
u n a d e a d m i r a b l e e j e c u c i ó n . h l c a s c o q u e c o r o n a s u c a b e z a « e s s e m e j a n t e al
<|ue l l e v a b a n l o s | u c l ó n a n o s en Hotrui, c o n un p en a ch o cu y a s plum as en
p a r t e s e l e v a n t a n y e n p a r t o c a e n s o b r e la f r e n l e , c ia n d o u n a i r e m a r c i a l á su
fisonom ía.»
- 189 —
Otro de los yacimientos de antigüedades americanas?,
otro de los líennosos museos del arte maya, es Chichen
Itza, en donde hay otra casa de las Monjas que compite
en riqueza con la de Urinal, por las magníficas escultu­
ras q ue la adornan y cu y o prim oroso entablam ento c o n ­
tiene, entre otras rem iniscencias orientales, la forma
originaria del adorno griego que se d enom ina mean­
dro (1), según puede verse en el grabado núm. 114.

Adem ás del llamado c'nro con sns notables relieves en


estuco y del Chiau Chob (Casa encarnada), hay en Chi­
ch ón liza un notabilísimo m on u m en to que los c o n q u is ­
tadores españoles d enom inaron el Castillo, lis otro tem­
plo, elevado sobre una plataforma en forma de pirámide
de ¿5 metros de altitud, en cu yo frente h ay abierta una
escalera de noventa peldaños. La fachada del Casi til o es
de grande interés, p orq u e los pilares ó colu m n as de su
pórtico tienen ciertas formas artísticas, acusándose en
las colu m n as el capitel y en el pórtico el arquitrabe,
m ejor determinado que en el de la Casa del Sol. Véase
la fachada del referido Castillo (grabado núm. 11.3). Este
ediíicio contiene varias colu m n as ó pilares, cubiertas de
esculturas representando adornos y lio res, guerreros y
sacerdotes, coloridas m u ch a s de ellas con negro, rojo.

(1) lio f r a g m e n t o d o rain n o t a b l e nin a artÍHlii;<i luí f o r m a d o p a r l o rto la


ri c a coloi.'ci'wi du i in l i g i i o d í u l e s p r e s e n t a d a e n la 1!\ p o s i c i ó n b i s l ó r i c o - i i i n e r i -
c a n a tic M ad ri d (ISS’ 2), p o r la R e p ú b l i c a d o M ó \i i:o .
— 190 —
verde, azul, amarillo y blanco. La escalera que sirve
para ascender al templo, tiene por balaustres dos ser­
pientes. cuyas monstruosas cabezas descansan al co­
mienzo de la gradería.
Otro grupo interesante de. la arquitectura maya, es el
en que deben de com pren derse los m on u m en tos de Pa­
lenque y de Copan, cu yos m uros fabricados con inm en­

sos sillares de piedra «dan idea de una raza de titanes.v


com o dice u n ilustrado americanista ( 1 ).
El palacio de Palenque se eleva sobre una pirámide
de 13 metros de altura y 103 de latitud, en su base, por
85 de anclio. (Yéase el grabado^núm. 116). Este grandioso
m on u m en to, que lentamente se arruina, hállase rodea­
do de santuarios y otros edificios, cuyas esculturas son
verdaderamente primorosas, ya en estucos, barros ó
piedras. Dice Cronau, que el palacio de Palenque «fué

(I) E l e s c o n d e de Palastielos, ol>ra c i t a d a .


- 191 —
construido en distintas épocas y consagrado á diferentes
usos,» a u n q u e preferentemente, sin diula. á lugar sa­
grado.
L 110 de los santuarios que se hallan en el extenso re­
cinto de Palenque, es el llamado templo de la Cnt:, p or­
tille uno de sus magníficos relieves representa una ex­
traña alegoría: ríos figuras ricamente ataviarlas que pre-

Kiíí. 1IG,— P a l u d o iio P a l e n t i n o .

S6 iitaii ofrendas a una cruz perlectam eule determinada,


sobre la cual posa su planta un ave fantástica (T).
lis realmente originalísima la com posición de este re­
lieve, advirtiendo que la figura q u e presenta los dones
h la cruz o al ave lautastica, además de estar esculpida
h ábilm ente y sujeta a exactos perfiles que dan completa
idea de las formas hum anas, viste ropas extrañas y cu ­
bre su cabeza co n una especie de caperuza. A pesar de
cuantas investigaciones y estudios se han hecho desde

(I) \',n e l l o i n p l o d e l S o l, e n P a l e n q u e , c e r c a n o al P a l a c i o , h a y oirá a l e g o ­


ría c u j o c e n t r o o e i í p a l o la c r u z , q u e sustentan «cau tivos ó ven cid os co lo ­
c a d o s e n d i f í c i l e s c in c ó m o d a s po i j i o i i c j , . . '. ( P a l a z u e l o s . o b ra citada).
q u e el barón de W’ aldeck d i ó á con ocer tan singulares
esculturas (que hoy 1orinan parle de las ricas colecciones
del Museo de 'Washington) en su celebrado libro Monu-
ments ancicm d\t Mexk/ue, nada se ha averiguado res-
pee Lo de lan extraños sim bolismos, por lo menos que
sepamos nosotros.
lín las ruinas de Copan es donde m a y or n ú m ero de
colum nas se ha hallado. Todas están llenas de iiguras,
em blem as y adornos, com pon iend o un asunto ó alego­
ría.
Dice Pi y Margall, q u e en esas asombrosas ruinas hay
«vestigios d e,m u ra llas de sillería que encerraban un
área casi rectangular de mil seiscientos pies de longitud
por novecientos de anchura. Dividida el área casi en dos
mitades, está ocupada al Norte por un terraplén de se­
tenta pies de altura, que mide ochocientos nueve de
largo y seiscientos veinticuatro de ancho, salpicada al
Mediodía de gigantescas estatuas y altares de piedras.
Era la entrada, según m u ch os autores, por Occidente,
entre dos pirámides que todavía su bsisten ...» Dice des­
pués, describiendo la belleza de las estatuas y relieves.
i[ue « m e jo r modelados aún están los geroglííicos, cu a ­
drados é indescifrables com o los de Yucatán y Palen-
\
q u e ,» y recuerda que Palacio en su Relación hecha a
Felipe II. habla de notables figuras y estatuas refirién­
dose á las ruinas de Copan; y Fuentes q ue las visitó á
fines del siglo x v ii refiere « q u e a c o r t a distancia del pa­
tio en forma de circo había en cierlo portal de piedra dos
estatuas vestidas á usanza de Castilla, con bragas, gor­
gnera, espada, gorro y capa corta ...» ( 1 ).
Las investigaciones de Steplien, Catherwood, Meye y
Schmidt, han dado á con oc e r con exactitud las gran d io-

(1) S e g ú n el m i s m o [*i y M ar ga ll c o n s i g n o . J o n;ul<i dn o s o hnli lon 10."! v i n -


jiu'ns. a r q u e ó l o g o s y arljislas i'iue e n ii u c s l r ii s i ^ l o h o n viüilodo e s a s t ui nas .
{Jiist. de la A m érica anUcolom biana. cíip . X X X , png. í i ? ti iüü).
^ 193 —
sus m in a s de Capan, y o Iras poblaciones cercanas, en Jas
q ue puede estudiarse In. transición del arte maya. al -nativa.
Según el citado arqueólogo alemán Dr. Seler, los nota­
bles relieves lia liados en Santa Lucía cozumahualpa
(Guatemala) corresponden al arle de una tribu nahua.
la más antigua ramificación de aquella raza; en cuya
tribu puede representarse ese período de transición, que
se advierte del art emayff al nahm, para, al cabo, fundirse
(mi <*s(a cama de la civilización americana.

Ir í " . 117 — C a síi de Y u ra la n .

Basta con lo anotado para formar idea de la arquitec­


tura maya. que. concretando en pocas lineas, se caracte­
riza por la forma piramidal; por ¡a carencia de bóvedas
cimbradas, hallándose ejemplos, sin em bargo, en Yuca­
tán, de falsas bóvedas com o la que se representa e;; H
grabado núm. 11 v: por el empleo del pilar com o soporte
y con tendencia á colum nas, com o en el arte arquitectó­
nico de la India sucedo, y por ei venhideru lujo exterior
13
— 194 —
de esculturas y relieves, q u e, generalmente, d e ja n d e s e r
simple exornación para convertirse en representación
simbólica de mitología ó hechos históricos, observándose
una particularidad indescifrable, «q u e en las ciudades
antiguas de origen m aya que se extienden en las fronte­
ras de Guatemala y Y u catán — Palenque. Tikal. Quirigtia.

Fig. MK,— P i r á m i d e d e ( ju a lu s i. ’o.

Copan.— las deidades figuradas en los monoíiLos y en las


paredes de los templos, casi todas son de sexo femenino,
mientras que en las ciudades del Yucatán encontram os
representados la m a y or parte de los dioses co m o varones
y guerreros» (Dit. S k u ír . obra citada).
El arte nahua ó nahua ti. al contrario del maya, es sen­
cillo en el exterior y el interior de los edificios. G en eral-
m
mente, prefirieron los nahuas adornar las estancias de
sus templos y palacios á recargar co n relieves y pinturas
las fachadas, com o hicieron los mayas.
Las luchas de los h om b res y los rigores de los tiempos
han destruido la m a yor parte de los m o nu m en tos de ese
arte, especialm ente en México.
La pirámide de Guatuseo (grabado núm. 118). carac­
teriza, lo mism o q ue la grandiosa erigida en Cholula (ésta
excede en el doble de circunferencia á la de Cheops en
Egipto), el ¡irle nahua; la forma excede en mérito á la

[■'¡[í. 1 1 '.1. — T e n e a ll i ilt? 'lV¡ii>¡uit('|>L’ i'

ornam entación, que tal vez p eque de sobria, pero 110 do


severa. Lo mism o puede decirse de la pirámide ó ¿cocal?i
de Teapantepec (grabado núm. 119).
«L a escultura nahua, dice Pahm ielos (obra ciLada). no
puede compararse con la maya, tle la que se halla m u y
distante. Convencionales y rechonchos, de factura dura,
los ídolos m ejicanos son m u y inferiores á los bellos relie­
ves de Palenque, en q ue la raza representada tampoco se
aproxim a á la del A nahuac... E11 ca m b io la pintura pare­
ce h ab er alcanzado cierta importancia desde el período
lolteca.,.» si bien, aparte de la brillantez del colorido y la
— 19G —
limpieza del trazado, demuestra constantemente «u n a
negación de la realidad, una ausencia de gusto y unas
desproporciones tales en las figuras, que liarlo revelan un.
arte infantil, ó más bien un arfe decadente, desprovisto
en los más casos de las con diciones requeridas por la
verdadera obra artística.*
Omitimos descripciones de antiguas ciudades de que
apenas restan m ontones de informes escombros, porque
además de que adolecen de exageración, disculpable en
determinadas circunstancias, co m o 110 están redactadas
por arqueólogos ó artistas, carecen realmente de interés
técnico.
P u n í — Los m o n u m en tos del antiguo imperio de los
Incas y los del p ueb lo q ue le precedió, lian ocasionado
com o los mayas y nahuas, continuadas discusiones entre
los arqueólogos. R a n k in g opina q u e Maneo-Capac, el
primer Inca, fué je fe de alguna tribu emigrada de un país
civilizado, de entre los chinos ó los mogoles por ejemplo;
pero aquel autor 110 estudió detenidamente los m on u ­
m entos de la época histórica del Perú, ni los comparó
con los de otros países, ni se fijó seguramente en el ca­
rácter particularísimo de los m on um en tos prolohistóricos
de aquel imperio, de que h em os hecho mención en el
cap. IIÍ de la primera parte de esle libro ( ProloJñsfovia,
pág. 33 y 34).
Ya en estos tiempos se ha señalado la indudable filia­
ción del arle peruano. Riaño, con excelentes argumentos,
prueba que «las murallas del Cuzco obedecen al misino-
sistema de edificación que las de Mycena, Tirinlo, Cre-
mona, Vulci, Tarragona y de otra multitud de p ob la cio­
nes fundadas por etruscos y griegos,» y Gillman opina
de la propia manera, agregando que también presentan
parecido con «las construcciones egipcias más antiguas»
( A rqm t.. pág. 197); pero lo más notable es q u e en puer­
tas y ventanas, la manera predominante en el Perú es
la ofrusca, es decir, en forma de trapecio, con la circuns-
ta n d a de que los peruanos, co m o los etruscos. rem edia­
ron en lo posible el defecto de ser diagonales en vez de
rectas las ja m b a s y colocaron en la parle superior del
h u eco una ó más molduras salientes. (Véase el graba­
do nmii. JáOj. Más coincidencias etruscas: los muros
arruinados del castillo de H uanuco Viejo, no solamente
tiene ventanas y puertas de formas trapezoidales, sino
que su ornato consiste en el almohadillado de los si­
llares ( 1 ).

L-'iS, l i l i . — l ' a l i i c i o d o lo s I n c a s .

Las piedras de con slrurrión eran de ^ran lama ño y


tan bien labradas, que casi no se advertía la unión de

il) l.iis n i l i s h ' l l r r i n i i i ' s d e l l l l a n l n o ' "lujo o o i n p i e i u t c n d o s [ N id o s : e l l’ ala -


i'iu y i'l C a s l i l l o , Kl P a l u d o lii'iic o n a l r o p nl ins . u n b a ñ o y ( '\ U * n s o s , s i l o m l>.

t ( u e s o r o n i u u i r a n p o r m e d i o ili' p a s a d i z o s , Kl l lu s li ll n e s n o l a M o j j o t la l a b o r
\ i l ¡ s ] j ( i s ¡ r j ( j i ! tío l a s p i e d r a s . C iiv n tle l . e ó n d k - o d e l P a l u o i o : s l í n Ui <jue l l a ­
m a n 11111111111*11 b a h í a u n a Hasa r e a l d e a d m i r a b l e o d ' l b ’ iri, p o r q u e !¡is p i e d r a . '
i t ü 11 g r a n d e s \ o s l a b a n m u y s ó l i d a m e n t e a s o l d a d a s . K s l i ’ l’ a l a o i o . ií a p ó s e n ­
lo, e r a r a b e z a d e la s provin cias co n in ro n n ;is á lo s A n d e s , y j u n i o á ól bahía
l e m p l o d e l Snl (.‘ un s i n m i n i ü r o d e \ í r g e n e s y m i n i s L r o s : y f u é la n “ ra n cojíi
<*n t k' ik ip o <k> l o s ln ra s . ip ie huitín ;i la e o n l i m m p a r a s u l a i } ] e n ! ( í s e r v i c i o d <■
('l m a s d e t r e i n t a m il ¡ihIíosm { L a u i í . u í L ' u e i I ' . \ a m : e , Monaiji'a^t'ia.-i hc^íárifO-
/(■Hiet'iiiiiittt.*. Li m i i . IKO.i.— 1‘ a g s . 291. 2’J.Í ; í % ) , — IC.sk* d i s t i n g u i d o li Ui ru li) y
a ri| n e ó l o g o . u j i i n a q u e lo s i t s I d í u r q u n o l ó t i c o s di* l i u a i m c o V i e j o c o r r e s p o n ­
d e n al p e r i o d o i n c á s i c o . \ i [ u e p u e d e n s e r v i r d e lip n p a r a e l e s t u d i o d e ! ¿irlo
d o i' sa é p o c a .
— ms —

unas con oirás (1). Generalmente, los templos y palacios


eran de un sólo piso. largos y estrechos y el centro lo
formaba un gran paLio. Los tejados eran de sólido arma­
zón de caña de b a m b ú y tejido de mimbres. El ornato ex­
terior. sencillísim o y constituido por frisos, ornamentos
pintados y h ornacinas abiertas en los muros. Estos m is­
mos elementos servían para d ecorar el interior, si bien
eran más ricos tos adornos y se aum entaban sus ele­
mentos con una especie de colum na ó pedestal. En los
templos del fio! y en los palacios de los Jucas, la exorna ­
ción consistía en cu b rir las paredes con planchas de oro.
«Jerez, dice que los muros de algunos edificios estaban
adornados con figuras plásticas do hom bres, mujeres,
pájaros y fieras, de tamaño natural y colocadas sobre
pedestales. Y eíanse tam bién plantas trepadoras tan per­
fectamente imitadas, q ue parecían h aber nacido en las
paredes. Los artistas peruanos anim aban estas plantas
con lagartijas, mariposas, ratones y culebras, los cuales
unos subían y otros bajaban por los muros, v ¡I lh l. <U>1
desettb. y conq. rfvl Perú, cita de Chox.vc).
Los fuertes revelan un gran conocim iento de las n e ce ­
sidades de la guerra, y Squier, que lia estudiado deteni­
damente las murallas y fuerte del Cuzco, de q u e antes
hemos hablado, las com para con «las fortificaciones de
la Edad Media, que colgaban sobre los abismos de las co­
linas en Salerno, Italia.» / El Perú, págs, íí4!) y (>50). Gar­
rí la so, demostró en su obra el asom bro q u e esas fortifi­
caciones y oirás igualmente notables le producían, por
el gran tamaño de los bloques, la perfección de la obra
y la dificultad de m overlos ( 2 ).

(I) «Acostu y León m id ie ro n algunas ([t ie dn is ) q u e t e n í a n 12 m e t r o s de


l a r g o j j o r íi d e aiKítio y 2 d e e s p e s o r . . . ' ' ((jsiUNiü. o b r a c it a d a , lotn. 11. píijítí, 201
á illa).
(i) l i s í e t e , e l s e c r e t a r i o d e í’ i/. arro, d i c e a s í h a b l a n d o <lu la f o r l a l e z n d e
Pa ra ni oi ig ii: nOlrn d í a sj'ibadn. Fué ( P i z a r r o ) :'i un p u e b l o " r u n d e , rjmi s e (lien
l'cr[iunL;it. í( u o está j u n i o á lii m a r . e n (‘ I c u a l li a y u n a c a s a - f u e r l c ’ . d o e r n e o
— 199 —
Otros obras verdaderam ente admirables de los anti­
guos peruanos, son los caminos. H um boldt los com para
con las más hermosas vías de los rom anos ( 1 ).
Las obras escultóricas de ornam entación se han per­
dido casi en absoluto. En Tiahuanaco, se con servan unos
relieves, en un Iriso, dignos de estudio. En el centro de
él hay la representación de una divinidad, rodeada la ca ­
beza de ra 3‘os lum inosos que terminan en círculos ó ca ­
bezas de serpiente. Hay cuarenta y ocho íiguras sim bóli­
cas q ue parecen adorar al dios del relieve, teniendo unas
ca b e za s de h om bres y otras de serpiente ó de condor.

Kig. 121.— ( í o n v e u l o d i ' Ins Yí r i íe i t e s d e ¡ Sol . e n la isla iU* Co a la .

Las ruinas de Ti ti taca m erecen esLudiarse con deteni­


miento (grabado núm. 12 1 ), pues en ellas pueden adver­
tirse no solamente las formas etruscas. sino algo que re­
cuerda el pijlon ó pórtico egipcio.

c e r c a s ó a d a r v e s c i e g o s , e p i u l a d a d e m u c h o s l a b o r e s p o r t i c d e n t r o e p o r lie
litera c o n s u s p i u l a d a s u m > Ilion o b r a d a s . al m i n i o d e 10,sp;ma. c o n d e s I íjíivs
¡i la p u e r t a p r i n c i p a l . — L a r r a b u r e r e p u l a o s l o b a s t i l l o c u i n o p r o l o h i s t ó r i c o ;
i li e e q u e s e b u l l a e n I m e n o s l a d o y ijuü s e c o n s e r v a n c u l o s m u r o s c u r i o s í s i ­
m a s p i n t u r a s al t e m p l e q u e r e p r e s e n t a n a n i m a l e s f e r o c e s . p á j a r o s y d i v e r s a s
a l e g o r í a s a l u s i v a s á la v i c t o r i a d e Ins i n c a s , {O br a ci t a d a , p ág . 2S.i.)
(I) Liis e s c r i t o r e s p r i m i l h o s d e l u d i a s h a c e n " r a u d o s e l o g i o s dn l o s c a m i ­
n o s p e r u a n o s . Cie/.a d o L e ó n , r e p u l a c o m o «el m á s s o b e r b i o y d e v e r q u e h a y
e n el m u n d o , " el d e l C u í c o á Un ito. l l a i m o i n l i . W i e n e r y o í r o s v i a j e r o s d e
n u e s t r a úp oc ít «;lc>í!iiui l os c a m i n o s q u e a u n s e c o n s e r v a n . Es m u y i n t e r e s a d ­
le la m o n n s r a f í a d e l Sr. La ira Im re , Caruinos del anthjao Perú, i n s e r ía e n
el l ib r o y a oj ia rl o, pág. IVI > s i g u i e n t e s .
- ÜUU —

Por recientes descubrimientos, se con ocen otros ■'mo­


numentos peruanos interesantísimos, unas galerías s u b ­
terráneas, especie de cata cu m b as, en donde se han ha­
llado riquezas arqueológicas, restos h um anos y objetos
de oro de m u ch o valor. Eran seguramente lugares d«
sepultura para los Incas (1).

Resum am os lo respectivo al arte anterior al descubri­


miento: Los U'ocaUiXy tienen ■'(semejanza absoluta con

(I ) S un d e m u c h o i n l e r é s las n o t i c i a s s i m ú le n l e s a c e r c a d e d e s c u b r i m i e n ­
t os a r q u e o l ó g i c o s e n la r e [ n ' i l > l d e ! E c u a d o r . q u e d e r e v i s l a s y p eí ¡ o d í e o s
c o p i a m o s : « L a s e x c a v a c i o n e s p r a c t i c a d a s r e c i e n t e m e N l e e n la p a r r o q u i a tlel
A n g e l, p r o v i u c i a d e C a r c h i , K c u .n l o r , h a n p u e s l o al üL-.-'Ciilíioi'lo h a b i t a c i o n e s
s u b t e r r á n e a s . q u e .son d e p ó s i t o s ti o l o s h u e s o s y riquezas d e los incas, sus
m oradores.
Las d i m e n s i o n e s i n t e r i o r e s d e e l l a s d a n á c o n o c e r qu e fueron dispueslas
[k)l‘ l u í ini-íis par a s e p u l t a r s e c o n .->11 f a m il i a y r i q u e z a , ó <¡uí¡eú par a l i b r a r s e
d<; l o s p e r s e c u c i o n e s d e l o s e s p a ñ o l e s al l i e m p n d e la c o n q u i s t a del Nuc\n
M undo.
Las lia y d e s d e la p r o f u n d i d a d d e d o s m e t r o s h a s l a la d e d i e z : p e l o linlan
s o n limilíi ria s al e s p a c i o n e c e s a r i o par» co n te n e r los re s t o s h u m a n o s y les
t r as t o s q u e e n e l l a s s e h a l l a n , s i e n d o d e indar q u e e n las d e poca profun­
d i d a d s e e n c u e n t r a n s ó l o p i e z a s d e b a r r o c o n s i s t c n l e , d e l in o ba r n i z . e n lo r-
m u d e p l at os , v a s i j a s y olrn.s u t e n s i l i o s : c i l i n d r o s d e c u e r n o y a r c il l a q u e s e -
^ e j a i i al c o r a l ; í d o l o s d e b a r r o , h a c h a s d e [ l i e d n i j a b a l o r i o s .
Un las m á s p r o f u n d a s l iá n s u e n c o n t r a d o planchas d e bronce, (m u lt a b a ,
m e d a l l o n e s , l á m i n a s , c u e n t a s y v a r i a s o t r n s ( ist nr asy e n r o n a s d e o r o ( im s i m n .
y e n lorias e l l a s o s a m e n t a s d e ¡m - a s t e n d i d o s e n la tierr a ó s e n i a d o s e n s i l l n -
n e s d e p i e d r a d i e s t r a m e n t e l a b r a d o s , » ) m e z c l a d o s y c o n t u n d i d o s e n el m i s m o
s a r c ó fa g o restos d e adu ltos y niños y p e d a zo s d e m a n tos c o n pla ca s de oro.
Ca da apo .n ín l .11 está en c u m u i i i c a e i ó u c o n m u c h o s «Iros, cu y a s puertas de
i li v i .' ió n , así c o m o las d e e n t r a d a , s e d e j a n n ot a r , p o r s e r m u y Moja la lien a
q u e lo.s l le n a , d e m a n e r a q u e c e d o á la m e n o r p r e s i ó n h e c h a s o b r e c li n cnii
u n a varn, y el n ú m e r o d e a p o s e n l o s e x c e d a e n m u c h o al d e h a b i t a c i o n e s d e
los a c tu a le s p o b la d o r e s d e esa s c o m a r c a s ; p u e s están e s p a r c i d o s l os s u b t e ­
r r á n e o s e n l o d o e l t r a y e c t o ((lie va d e s d e C o l o m b i a hasta la a n t i c u a pobla­
c i ó n d o I m o b a y a . e n el l i c u a d o ! 1. E s t e l e n a ú n c u las p r o v i n c i a s d e I m b a b n i a
y el C a r c h i las h u e l l a s d e lus c a m i n o s q u e c o n d u c í a n á l o s i n c a s a e s o s s u b ­
terráneos.
A n t e s d e la s e x c a v a c i o n e s p r a c t i c a d a s e n el A n g e l , en e l m e s p n W i m o a n ­
t e r i o r ( M a r i o d e ISO)), n a d i e h a b í a p e n s a d o e n d e s c u b r i r esta c u r i o s a é i n l e -
i c s a n t e p o b l a c i ó n s u b t e r r á n e a , si así la p o d e m o s l l a m a r , y a p r o v e c h a r s e d e l
o r o d e tos i n c a s e n c e r r a d o e n e l la ; y u n a q u e o t r a e x c a v a c i ó n p r a c t i c a d a p o r
— 201 —
edificios de la mism a forma levantados en el Thibet, en
Cambodia y en toda la parte fronteriza entre la India y
la China;....» com parados unos y otros, «se descubren
verdaderas identidades de estructura y de pormenores,
hasta el punto de que parecen obras de los mismos ar­
tistas, c inspiradas en iguales m óviles......>> ( R ia ñ o . C on -
fer. citada).
Respecto del Perú. 110 es necesario e n tr a r e n sé fias de­
mostraciones; la com paración de sus m on u m en tos con
los de Etruria ( 1 ). es suficiente para convencerse del pa­
rentesco.
Riaño, anota «la. poca ó ninguna iníluencia. la escasa
relación artística que ha mediado entre México y ei Perú.'
y no sólo eu arquitectura y sus artes auxiliares se ad­
vierte esto, sino que también lo evidencian, com o vere­
mos más adelante, las arles suntuarias, y especialmente
la cerám ica, cuyas pinturas acercan aún más el Perú y
su cultura hacia los pelasgos y lirrenos. precursores de
Grecia y R om a ( 2 ).

p r o p i e t a r i o s d e I m t i a b u r a y oí C a r c h i , n o s a b e m o s q u e Muya d a d o o t r o i n s u l ­
t a d o u n e el h a l l a z g o d e a l g ú n a r t e f a c t o d o b a r r o Í in ís i m n , d i g n o d e H u m a r la
a t e n c i ó n e n las ¡ A p o s i c i o n e s n a c i o n a l e s y e u r o p e a s .
Vil i n d i v i d u o d e l A n g e l , z a n j a n d o t e r r e n o s d e s u |>rnpiedad, e n c o n t r ó c o n
sorpresa m uchas cue nta s; d e o r o , y (li ó p u b l i c i d a d al su ceso, m otivándose
así las e x c a v a c i o n e s fi n e v i e n e n h a c i é n d o s e d e s d e el m e s d e .Marzo últim o
c u lus c u a l e s s e h a n e n c o n t r a d o ya n u e v e depósitos de oro. cu y a cantidad
110 d i s m i n u y e d e 3 í o n z a s p ar a c a d a u n o . »

(!) V é a s e el Libro S I d e o s l e l ib r a , e s p e c i a l m e n t e e l c a p . I {Prrcurxorru


del arte clásívo) y Ram a (A. P r e l i m i n a r e s ) , p á g . y siguien les,
(í) i’ l i l u s t r a d o ¡ i i (i n e i 1 l o " o p e r u n i t o 'S r . L a r r a b u r e d i c e , p r o p o n i e n d o e l es
l u d i o c o m p a r a t i v o ile las o b r a s p r o t o h i s t ó r i c a s d e l P e r ú y las d e la A m é r i c a
C e n tr al , el Y u c a t á n ) M é v i c o , 'Ujiio ú p e s a r d e q u e s e lia p r e t e n d i d o e s t a b l e ­
c e r d i f e r e n c i a s p r o f u n d a s e n t r e l o s m o n u m e n t o s p e r u a n o s y l os d e arguellas
r e g i o n e s , la v e r d a d , á m i , i n i c i o , e s m á s b i e n q u e e x i s t e n a i m lo j ií a s r¡u c p r u e -
lian h a b e r e s t a d o d i c h o s p u e b l o s e n c o n t a c t o » ( O b r a c i t a d » : p á g . 27 i) .
.Muy r e s p e t a b l e n o s p a r e c e la o p i n i ó n d e l d i s t i n g u i d o li t e r a t o , y a u n q u e m>
s e r í a e x t r a ñ a la c o m u n i d a d d e c i v i l i z a c i o n e s e n t r e e s o s p u e b l o s , el e s t u d i o
d e t e n i d o d e s u s o b r a s d e arte m á s b i e n los a p a rt a q u e l o s u n e , c o m o M em o*
Ireelru n o t a r u n t e s . K s c l a n ’ c e r es t a c u e s t i ó n d e te n id a m e n te n o es propio de
este libio.
— 202 —

II.
Periodo artístico influido por las civilizaciones
española y europea.

Ningún carácter propio queda en la arquitectura am e­


ricana q u e recu erde su origen, com o sucede por ejem plo
en España, donde todavía se construye, en Andalucía, á
la manera m n d é jar, recuerdo de las maravillosas cons­
trucciones árabes.
Las iglesias, palacios y demás edificios q u e se erigie­
ron después del descubrim iento, llevan impreso el sello
de la cultura española, del arle del renacimiento que
lo invadía lodo en el siglo xvi.
Después. la arquitectura, en el continente americano
com o en el europeo, lia sufrido idénticas transform acio­
nes y h oy tiene el m ism o carácter de cosmopolitism o que
la arquitectura del viejo inundo, en donde apenas se
construyen oíros edificios q u e casas m u y altas, r e c u -
rriéndose, cuando h a y q u e pensar en monumentos, á unas
extravagantes teorías de renacimiento italiano, que haría
llorar á los clásicos griegos si éstos pudieran v e r á lo que
han ido á parar sus severas y justas reglas del arte.
Algo caracteriza, sin em b argo, las iglesias, especial­
mente, á raiz del d escu brim ien to: la riqueza en la exor­
nación, com o recuerdo sin duda de los templos del arte
■maya y naliva. Las catedrales de México, de Puebla y de
Lima, las iglesias de Guadalupe, el santuario más ven e­
rado del Nuevo Mundo, Sto. Domingo, Santa Rosa y San
Francisco, en México y Perú, son verdaderam ente esplén­
didas, abundando el oro, la plata y las piedras preciosas
en las más notables y preciadas alhajas. Pertenecen,
— 203 —
como q u e d a diclio. al estilo del r e n a c im ie n to , m á s ó m e ­
nos d e c a d e n te , y de ese m is m o estilo son los pa la c ios y
ediíicios p ú b lic o s de los p ri m e r o s tie m p os d e la R e c o n ­
q u is ta .
E n la s n u e v a s n a c io n e s a m e r i c a n a s las m o n u m e n to s ,
q u e los lia y s u n tu o s ís im o s , c o r r e s p o n d e n lodos a este
a r te m o d e r n o , q u e m e n o s p r e c ia n d o las re g la s c lásicas,
no h a s a b id o i n v e n t a r o tr a s q u e p u e d a n c o m p a r a r s e á
a q u é l l a s (1).

(1) .<Líl c u e s t i ó n d e l a d o r n o d e la s la c h a d a s , q u e c o n t r i b u y e al l la m a d o
o r n a m e n t o p ú b li c o , no es d e s p r e c i a b l e , y no a b o g a m o s p o r la e x t r e m a d »
s e n c ille z y u n i f o r m i d a d m o n ó t o n a d e latí c a s a s d e ia c l a s e m e d i a eti F i l a d e l -
íia y d e o tr a s g r a n d e s c i u d a d e s de los lis ta dos U nido s, q u e f o r m a n e x t e n s a s
m a n z a n a s ......y e n la s c u a l e s c a d a f a m il ia o c u p a u n a c a s a c o m p u e s t a Me s o ­
l a n o s, piso b a jo y s u p e r i o r ......» Est as c asa s, ú p e s a r d e su e x t e r i o r m o d e s t í s i ­
m o , «son v i v i e n d a s m o d e l o s e n s u c l a s e ......» s u p e r i o r e s á las d e to d a s las
n a c i o n e s «y d e las q u e la i n m e n s a m a y o r í a d e los e s p a ñ o l e s no t i e n e n ni
s i g u i e r a i d e a ..... n (O íll jia n , Con$t. do edifi cios, pi'g. :39fc¡ y 3ÍK)J.
LA EDAD MEDIA

E studio prelim inar.

S it u ac ió n riel itti[HTÍo r o m a n o al i n i c i a r s e la i n v a s i ó n g n r i i m m c a . —Lk*slruc-


c ió n de! iin|j(.TÍo latino, —Las a r to s e n fijwmein —A j'Iiíjs de lo> p u e b l o s g e r ­
mano.'! j- s u c a r e n c i a di? e s li lo a n i u i t e e t ó n i e o . —( ' o n s l r u e e i o n e s g e r m á n i c a s
e n el OecidL’iilt', dcs]HH‘^ de la inva.siun.— Divisli'm d e l e s t u d i o de la Edad
Aludía on s ie te |iei'íodns.

Los esc rito re s c o n te m p o r á n e o s de a q u e l l a s tr is tís im a s


e p o p e y a s de la in v a s ió n g e r m á n ic a , c o n s id e ra n com o
castigo de las torpes liv ia n d a d e s del im p e rio r o m a n o la
s a n g r e d e r r a m a d a en E u r o p a , al p r o d u c ir s e el im p e tu o s o
c h o q u e e n t r e la raza la tin a , e n e r v a d a y m is e r a b le p o r la
c o rru p c ió n y los vicios., y las tr ib u s b a r b a r a s , q u e d es­
p u é s de su s c o n t i n u a d a s lu c h a s y a m is ta d e s con los e m ­
p e r a d o r e s . c o n c lu y e ro n p o r a r r o ll a r cuanLo se les op u so
á su m a r c h a c o n q u is ta d o r a , desde las orillas del D a n u ­
bio h a s t a la s c o sta s del M e d ite rrá n e o , en la p e n í n s u la
ib é ric a y e n Africa.
La d e g r a d a c ió n de- .liorna p u s o en m o n o s de a q u e lla r a ­
za fu e r te y vigorosa la E u ro p a e n t e r a , porque- al propio
tie m p o q u e los e m p e r a d o r e s y los m a g is tr a d o s se e s c a r ­
n e c ía n y c u i d a b a n del p o p u la c h o a lim e n tá n d o l o con dis­
tr ib u c io n e s g r a t u i t a s á costa de otro s c iu d a d a n o s , e n v i­
leciéndolo con esp e c tá c u lo s b á r b a r o s y g ro seros v e s c a n -
— 206 —
dalosas escenas ele prostitución pública ( Dozy. I lü t. de
Ion imtsulm. es/K/íi., 1 . 1 (Edic. de Sevilla,) los germanos se
hacían dueños del poder insensiblemente. «Los bárbaros
lo son todo en el Imperio, dice el prelado griego Synesio
dirigiéndose al em perador Anleiuio.— ¡Que se les aleje de
todas parles! [Que se Ies cierre el acceso á las magistra­
turas. y sobre todo á la dignidad senatorial, coron am ien ­
to de los honores rom anos... No h ay una sola de nues­
tras familias q ue no tenga á su servicio algún godo. En
mies Iras ciudades, el albañil, el aguador, el mozo de
cuerda, son godos!... (1)
Ya en tiempos de AnLemio (4(37), el imperio de Occi­
dente agonizaba. Africa, España, Francia, Inglaterra,
casi Ilalia entera, estaban dominadas por las tribus del
Norte, y después de aquel César reinaron, com o él por
corlo espacio de tiempo, A n icio Olibrio, Glicerio, Julio
Nepote y R óm u lo Augusto, en quien murió el poderío de
la R om a de los cónsules y los Césares; de la q ue impuso
sus leyes y sus costum bres, titulándose; orgullosa, m io -
ra del inundo.
Puede decirse, sin em bargo, q u e desde la división del
im perio en oriental y occidental (3Í)3), R o m a com enzó
su lenta agonía, q u e ilum inaron las siniestras hachas
incendiarias de Alarico. Los funerales fueron san grien -

:¡j G e ü 'r o y , e n s u íntei'c'íjunLg o b r a Hom e et les barbaren, 3 . 1 tul. París


1S7Í. i l i r c « p r e c i a n d o ef c a r á c t e r d e la i n v a s i ó n y f i j a n d o e s t a e n d o s perio­
dos. invasión y e o m iu is U i: " l ’ n l a r g o p e r í o d o cío i n l ü l r a c i ó n lia s i d o s u p r i n ­
cip io: n o s o l a m e n t e e n l o d a ta l i n e a í lo la s f r o n t e r a s i n l e r i u r o s , winu e n el
c e n t r o d e las p r o v i n c i a s r o m a n a s , s e v a n m u l t i p l i c a n d o las a g r u p a c i o n e s d o
bá r b a ros, p r im e r o s u m i so s y d ó c ile s , m á s (arde e n t r e g a d o s ú ¡a u s u r p a c i ó n
y ¡i la r e b e l d í a . l ' n s e g u n d o p e r i o d o lia c u b i e r t o es ta s v i o l e n c i a s c o n e l c o n s ­
ta u l e p r e t e x t o d e c o n v e n i o s , q u c _ t m b i e r a n p o d i d o a p r o v e c h a r .ni I m p e r i o , p e r o
q u e n o l u v i e r o n e n r e a l i d a d la i m p o r t a n c i a i ¡u e s o l o s a t r i b u y e , u n a ven q u e
el i m p e r i o e r a i m p o t e n t e par a h a c e r l o s c u m p l i r » i p í i " s .361-3(52). lis ta c it a y
lu de S y n o s i o , e x l r a u l á m o j l a <\e la n o t a b l e o b r a d e F e r n á n d e z G u e r r a i> IIi—
H oj os a , H istoria de E spaña « d e s d e la i n v a s i ó n d e l o s p u e b l o s g e r m á n i c o s
h a s t a la r u i n a d e la m o n a r q u í a v i s ^ o d a » , c a p . 111, pág . 120-1551, ( e n p u b l i c a ­
ción )
— 207 —
tos y terribles, al alzarse rey de R om a el bárbaro Odoa-
cro, sobre las hum eantes cenizas del imperio latino. .
Las artes refugiáronse en Bizancio, donde Constantino
había fundado la capital del imperio romano. Bizancio
sirvió más tarde com o corte al imperio orienta!, y en ella
h a y q u e b uscar los orígenes del arte cristiano, las rem i­
niscencias del griego y del rom ano y el origen del ojival
ó gótico: q u e en la ciudad famosa se reunieron los ele­
m entos orientales constitutivos de todos los estilos a rq u i­
tectónicos de la Edad Media, y en todos dejaron indele­
bles rasgos las antiguas civilizaciones asirías y pérsicas.
Los pueblos germ ánicos con nada con trib u yeron paru
formar esos elementos artísticos. Todavía en el siglo iv,
la mayoría de esos p ueblos habitaban en tiendas de ca m ­
paña, y cu a n do se hicieron cristianos, tiendas de c a m ­
paña servíanles de iglesias (1), y por lo que á tiempos
anteriores respecta, Tácito dice que los germanos 110 vi­
vían en ciudades; ni siquiera en casas que estuvieran
unidas, ¡mes habían de estar separadas una familia de
olra; de m od o que las aldeas ó poblaciones se com ponían
de caserías solas en donde el germ ano vivía retraído
y al cuidado de su labranza. «Ni piedra ni ladrillo se ven
en sus construccion es,— agrega Tácito,— sólo madera,
desbastada apenas, sin consideración ni al buen ó mal
aspecto ni á la ostentación: pero en ciertas partes deter­
minadas pintaban el m aderam en co n una especie de ar­
cilla de u n color tan puro y lustroso que la superficie
parecía com o adornada de líneas y figuras.» y H erod ia -
no. al d escribir la cam pañ a de Maximino (234) contra lo.s
alamanos (ó alemanes), dice: «El em perador atravesó 1111
territorio de grande extensión, retirándose constante­
m ente delante de él los habitantes; así es q ue se limitó
á devastar todo el país donde estaban por segar las mie-
ses; se saq u earon é incendiaron las aldeas, lo que costó

(I) O b r a íi ( ju e s e r e f i e r e la c i ! a a nl Rr io r, c a p . II, píig. <X>,


— 2' H —
m uy poco, porque en todas a q u e l'a s construcciones no
e n tra n ni piedra, ni ladrillo. Las dilatadas selvas con sus
corpulentos árboles, les facilitan u na a b u n d a n cia ilimi­
tada de m a te ria l p a ra la b ra r sus ca s a s .« ( D a u n . H i s l .
p í i m i t . de los pueblos germáu, y romanos, Introd. IX-(i).
Las casas de los germ anos situados próximos al R hin,
tenían, en 356, según Amiano Mareeliano. la m ism a dis­
posición q u e los edificios de Roma, y estab an con strui­
dos con piedra en lugar de m ad era; de modo, qu e á pesa r
íle que este paso liaeia el lujo y las comodidades rom a­
nas revela ya cierta tendencia artística, el germ ano
n ada in ven ta respecto de arte arquitectónico, sino que
loma lo que le acomoda, sin modificaciones que le im ­
p rim an carácter, aquello que m ás cerca tiene (]).
No es necesario ad u cir m ay or n ú m ero de antec ed en ­
tes, p ara d e m o strar q u e los pueblos germ ánicos no te­
nían a rte arquitectónico cu ando verificaron su em igra­
ción h acia la p arte m eridional de Europa, y que sus
m anifestaciones artísticos son trasplantadas de la ca­
duca civilización del Occidente, a u m e n tá n d o se las inco­
rrecciones y los errores en qu e la decadencia de las
a rtes rom anas h abía arrojado á sus cinco estilos a r q u i­
tectónicos. TraLando de esLa época dice un inteligente
arqueólogo español, que en las escasas obras que en los
prim eros tiempos de la invasión g erm án ica se llevaron

(1) Kn los lie Hipo* fiel ¡ í n t e r i n d e Carloma;.'iio ( c o m ie n z o s íli’l síííIm ijO. los
e dif ic io s e r a n m u y ¡Míivíillos: "la m a d e r a e r a el m a t e r i a l p r in c ip a l d e n t n n -
truceiiJn; pe ro d a l a do a q u c l ln é p o c a la d e las e a s n s d e p ie d ra y ladri ll o , y e n
l u ^ a r d e e d i t i c a r s e h a b i t a c i o n e s .se pa rad as, se r e u n i e r o n e n un s ó l o ' c u e r p o
tas d iíe ie n te .s d e p e n d e n c i a s d i s l r i l m í d ^ s e n otro s ta n t o s pisos, puesto»; en
c o m u n i c a c i ó n p o r m e d io di* escalera.* in te r io r e s : t a m b i é n se a tir ie r o n £ l
e x t e r i o r b a l c o n e s y se c o n s t r u y e r o n g a l e n a s . Los fa m o s o s pala ci o# del e m ­
p e r a d o r C arlo nuig no en li ic e ll ie im . A qu ís ií ra n y N e n m a i io n e r a n d e p ie d r a
y a d o r n a d o s c on p i n t u r a s m u r a le s » ( S c i i e r r , Q e r m a n la . E d a d Media U.
póg, 70J. C om o se v e ; el a rle r o m a n o e o n l i m i i m p e r a n d o e n t r e los p u e b l o s
« e n n á n i e o » . c o m o d e s p u lí s tía d e r . u n p r o b a r - c c o n o’ ;ts a n t e c e d e n t e s al
d e s c r i b i r lo s e - d i l u s a r < ]ii ile e lí‘iii¡eMs '.|i¡c s e d e r i v a n d e 1» r u m a ile l a s a r i o s
c l á s i c a s y ilcl a: le b i z a n l n o
— 209 —
á (‘abo, acomodáronse como se pudo los m ateria le s do
otras construcciones de estilo compuesto decadente, y
«como sucedía, q u e no siempre, los capiteles qu e se te­
n ían á mano, d aban la m edida (fue se deseaba, u n a s
veces h a b ía q u e recortarlos y otras que au m e n ta rle s
alg u n a pieza. Lo m ismo sucedió con los postes. P a ra las
bases, en m uchos casos, se em plearon capiteles inv erti­
dos. Del antiguo cornisam ento sólo se conservó la cor­
nisa con sus m ú lu lo s ó modillones... El iriso y el a r q u i­
trab e desaparecieron, p o rq u e era difícil e n c o n tra r u n
n ú m ero suficiente de piezas á propósito y b ien conserva­
das p a ra fo rm a r dos largas hiladas de sillares al rededor
del edificio...» (Lórrcz F erriíih o, Arqueología sagrada.
Lecc. Y, pág. 44).
No h a y exageración en tan minucioso exam en de t r a n s ­
formaciones, de las cuales h a b ía n de surg ir in m e d ia ta ­
m en te después el estilo románico, h ered ero directo de las
últim as y débiles creaciones de las artes clásicas.

P a ra el m ás ordenado estudio de esta in trin c a d a épo­


ca, lo dividimos en los siguientes períodos:
1." Construcciones cristiana s prim itivas.
2 .° Bizancío.
:i.0 El a r te en Occidente y las influencias orientales.
4.° El arle en los pueblos germ ánicos.
5.° Construcciones asiáticas. — Estilo á r a b e y sus
afines.
(5,u Estilo ojival,
1.a Estilo m ud éjar.
Esta clasificación es la m ás breve y precisa q ue puede
adoptarse p a r a no com plicar la división y subdivisión de
esta época, teniendo p resen tes las estrechas relaciones
qu e los acontecim ientos establecieron e n tre el Oriente y
el Occidente, desde el comienzo de lo q u e se conoce por
E d a d M edid en la Historia.
u
L IB R O P R IM E R O .

E l C r is tia n is m o , e l a r te O c c id e n ta l y lo s p u e b lo s
g e r m á n ic o s .

C O K S T I U ’C C I O N ’H S CItISTIA .N A.S P R IM IT IV A S .

Igle sia s p ri m i t i v a s — f u i iod os d e p e r s e c u c i ó n ¿i las c r i s t i a n o s . —Las c a t a c u m ­


bas y los c e m e n t e r i o s . —O ri ge n d e lus te m p l u s p o s t e r i o r e s . —L a» c a t a c u m ­
bas .— I n v e s t i g a c i o n e sai-tjne ológic as. —Las c a t a c u m b a s d e B o u m .—Las crip-
ta s- ig lc si as d e S a n ia In é s . —tr i p l o s b a p tis te r io s . —C a r á c t e r a r q u i t e c t ó n i c o de
las C a t a c u m b a s . —L as basílicas .— La b a síl ic a priif-nui y la c r i s t i a n a . —I n v e s ­
tig a c io n e s d e l a r q u i t e c t o M o lb e s . —D e s c rip c ió n d e u n a b a s í l i c a . —Los bap ­
tis t er io s . —L as sErt'LTUftAs.—C a r á c t e r ¡trqni t e c tó n ic o d e e s t a s c o n s t r u c ­
cio ne s.

L a época de p e rs e c u c io n e s , de in g r im a s y m a r ti r io s en
q u e se d e s a r r o lla r o n los p r im e r o s tie m pos dei C r is tia n is ­
m o, 110 e r a a p ro p ia d a al cultivo de las a r te s , y e s p e cial­
m e n t e al de la a r q u i t e c t u r a . L as c a s a s p a r t i c u l a r e s s ir ­
v ie ro n , p o r lo p r o n to , de lu g a r e s de o ra c ió n , y allí don d e
se d isp e n só c i e r ta t o le r a n c ia c o n s tr u y é r o n s e p e q u e ñ o s
o ra to rio s ó te m p lo s, de los q u e , ta l vez, no se c o n s e r v e n
v e r d a d e r a s ru in a s .
S a n P ab lo d e n o m in a hjUsias (1) á a q u e l l a s c a sa s ó

(i) E n fínegu eleklesia, c o n g r e g a c i ó n , l u m i a d e c onoocar; p o r u> c u a l


p u e d e d e c ir s e fjue ig lesia significa « g en te c o n v o c a d a , r e u n i ó n , a s a m b le a .»
posesiones que los cristianos ten ían en todos los lugares
y en q u e se c e le b rab a n los Divinos Misterios: y San Cle-
m enle refiere (lib. 10) q u e «Theophilo Antiochense, h o m ­
bre poderoso y rico, fabricó u n a Iglesia en sus m ism as
casas, donde puso su C átedra... San Pedro, y donde p re ­
dicaba la Ley Evangélica el Apóstol Santo. Eusebia Cesa-
í'iense dice en su Historia- Eclesiástica (lib. 2). q u e en
lodos los lugares tenían los Apóstoles. Discípulos del Se­
ñor y Convertidos, sus casas de Oración (lo que asegura
con m u c h a s del tiempo de los Apóstoles), no tan esp lén ­
didas como en estos tiempos, cuya estrechez y tem or
duró h a s ta el tiempo de Constantino Magno, q u e conce­
dió am plia facultad p a ra que en lodos los lugares se edi­
ficasen Iglesias suntuosísim as...» ( L oijiüra . y A v i o . E l p o r
qué de todas las cereal, de la Iglesia y sus misterios, p á ­
ginas 3 y 4).
Como las intolerancias y las persecuciones de los des­
cend ientes de Augusto contra los cristianos se e x tre m a ­
ron en los tiempos de Nerón, en q u e se convirtieron en
horrorosas y sang rien tas, así como d u ra n te los reinados
posteriores de T raja no y Seplimio Severo (1), los cristia­
nos b u sca ro n en la in m u n id a d que las leyes de R om a
concedía á los sitios destinados á s e p u ltu ra s (2 ), no sólo
el lug ar donde recibieran tra n q u ila se p u ltu ra los v ene­
rados restos de los Mártires, sino el templo donde consa­
g ra r á Dios las oraciones.
En los siglos m y iv arreciaron a ú n m ás las p ersecu­
ciones, haciendo d esm ay a r en sus creencias á algunos
cristianos de los afectos á los cismas, y contra los cuales

(1) Plinio el j o v e n e s c rib i ó ú Tr aj ;m o. h o r r o r i z a d o d e Ihs t e r r i b le s c a r n i c e ­


rí a s <|LLe on todo el I m p e r i o £c Hacían e n a q u e l l a é p o c a , «q u e él no h a l l a b a
d e lito s e n los c ris tiu n o s d i g n o s d e tal e strag o» [ F l o h e ü , Ci ao e h i s t o r i a l , p á ­
gin a 02).
(3) nlJl d e r e c h o d e p r o p i e d a d s o b r e los s e p u l c r o s y el á r e a q u e los r o d e a ­
ba e r a a l l ó m e n l e r e s p eta d o ... » [I.ópeü I ' e h h e i r o , A r q u e o l o g i a - s a g r a d a .. INU2.
- P á g . 3i),
— 212 —
uno ele los Concilios de África declaró que se adm itiesen
á la com unión, pero después de cum plida cierta p e n ite n ­
cia ( F l o r i - z , obra citada. pág. (i!)), m as, sin em bargo, e n
tiempos de Diocleciano y M aximiano, la religión de Cris_
Lo ensanchó de tal modo sus dominios espirituales, que
el año -í del siglo iv llám ase la era de los M ártires. Sin
d ada, entonces, fueron insuficientes las C a ta c u m b a s
p a ra e n te r ra r los destrozados cuerpos de los cristianos:
■''algunos ciudadanos ricos é ilustres, y alg unas señoras
rom anas, que h a b ía n abrazado la religión christiam u
(ofrecieron) ‘sus posesiones y tie rra s p a ra d a r en ellas
s epu lturas á los Christianos; y este es el origen de los.
cem enterios de q u e h a b ía en las cercanías de R om a
m ás de q u a r e n ta , cuyos n o m b res h a n conservado los
historiadores y pu ed e n verse en el Cardenal Baronio
( Aní i . 22H). donde describe el de Priscila. E n ellos, dice
este analista, se co n stru ían altares y capillas para las
cerem onias fúnebres y otros ejercicios de la religión»
(in form e dado a l Consejo p o r la R eal A cad em ia de la H i s ­
toria en 10 de Jimio de 1783 sobre la disciplina ecles. ant.
// mod. relat. al lugar de las sepvJt. — 1786; págs. 9 y 10.—
Según resu lta, uno de los au tores del inform e es el in ­
signe escritor D. G a sp a r Melchor de Jovellanos).
Con tales antecedentes, no es fácil d e te rm in a r cu á l
fuera la a r q u ite c tu ra p re d o m in a n te en esos tem plos ú
oratorios antiguos. Sin em bargo. López Ferreiro publica
el plano del oratorio erigido en Santiago de Compostela
por los discípulos del Apóstol (1). y com para con aquél
los templos prim itivos (Obra citada, pág. 33), lo cual
puede adm itirse, teniendo en c u e n ta q u e la época no era
apropiada p ara le v a n ta r g rand es construcciones y que
los cristianos adoptaron los usos y co stum bres de los

(1) El s a n t u a r i o d e S a n L i a g o c s t y e d i f i c a d o s o l i r e el s e p u l c r o d c l j k m t o ; e s
- c u a d r a d o y t i e n e alg o d e Ja f o r m a d e lo s l i m p i o s próslyloa. a u n q u e «1 p o r
lico y la celia üt]u í , aparecen r o je a d o s por una e s p e c ie d e galería c e rra d a
con m uros.
— 213 —
rom anos, y tom aron do ellos las formas de los templos y
lugares de oración.
Lo cierto es que. ad em ás de las C atacum bas, los Cris­
ti antis tu v iero n iglesias; d em uéstranlo así los testimo­
nios de varios historiadores contem poráneos, y Sulpieio
Severo, q u e refiere que Diocleciano, á comienzos del si­
gilo rv, m andó d estru ir y d e r rib a r en lodo el im perio ro ­
m ano las iglesias cristianas ( 1 ).

Las cATAcr>rn.\s.— Según las in tere sa n tes investiga­


ciones del 1\ Jiarchi. especialm ente de los h e rm a n o s
Rossi (1H(54). AUard (1872) y otros anticuarios, las cata­
cumbas (de las voces griegas ñata debajo y tt/mbos tu m ­
ba. es decir, « tu m b a que está debajo»), fueron en su
m ay o r p arte a b iertas y con stru idas por los cristianos, y
110 c a n te ras ó bancos de are n a excavados, allá en los
prim eros tiempos de R o m a (2).
Cicerón m enciónalas como teatro de un crim en esp a n ­
toso. y Nerón, que quiso b u sca r en ellas asilo c ontra sus
enemigos, no tuvo valor p a ra p e n e tr a r en ellas. P ru d e n ­
cio las describió en sus versos con los colores m ás terri­
bles y San .Jerónimo dice: «Cuando niño, en c on trán do m e
en R om a dedicado al estudio de Jas bellas letras, acos­
tu m b r a b a en los días de asueto dirigirme con los de mi
ed a d á los lugares donde e s ta b a n sepultados los m á rtire s
de n u e s tra fe y e n trá b a m o s en las C atacum b as, cuyo in-

(.1) Si-i.i\ sb-y■. Lili, i, u;i[>. a i — « D io c l e t i a i i i í s cunctaí- in o r b e R o m a n o


Ec .clesia s d e s t n t .i U t i p s o s a h i t a r t e P a s s i o n i s die-
(2) l l f s . l c (?1 sli; la x n s u Iilui Uev¡*t)o á c a b o m í e r e s a n l c s in v e slig ai'io iK 's
i*ii l a s C a t a c u m b a s . P a n v i n i n , C h n c ú n . W i i i ' í h e y Míicíuu», p r e c e d i e r o n á li o s-
*¡o e n e s t o s a l u d i o s , ISslo e s c r i b i ó s u n o t a b l e o b r a R o m a sollerrtín ecc, [>u-
1>1¡c a i ta :» c o m i e n z o s l i d s i g l o x v n . y c o n t i n u a r o n e s t o s e M u t l i o s e n l i e m i m s
l i o s t c r j o r e s F ab i- e tt i , I t o l d e t l i , L u p i . M a r u n g n n i , l l o l t a r i . M n /l e i. M a r e l i i y o tr o s -
d e b i é n d o s e Ins i n v e s t i g H c i o i i e s m á s c o m p l e t a s á lo s l i e n n i i n o s d e R o s si , e n s u
li b r o R o m a s o i t e r r r í n c a [ M a n j a r u é s , A r q w o l . e r r e t .—Lóp eü l'’E n n E in o .
A r q u e o l . fiag.)
— 214 — .
lerior nos ofrecía á e n tra m b o s lados sus cuerpos v ene­
rados. Tal era la obscuridad de esas m ansiones su b te ­
rrán ea s. que parecían cum plirse en nosotros las p a la b ra s
del profeta: Besccmlñnt ad iu/ernu/n rireníca... \h'.:crh,
cap. 4.)
Las C atacum b as de liorna, qu e son las m ás célebres
(las h a y lam bién en Alejandría, París, Capoles, Milán.
Zaragoza, etc.), se com ponen
de galerías estrechísim os de
0’97 m. á 1'20 de ancho y al­
gu nas de ellas de l'(i 2 á 1 y
cuyas altura s de 2'íiO á 3*89,
descienden á l : J 0 y a ú n á 0‘97
en los corredores de com u­
nicación y de c á m a ra s y
criptas.
El ¡llano (grabado n." 122)
de u n a p arle de las ca ta c u m ­
bas de Santa Inés, descubier­
tas en 1842, da idea com ple­
ta de lo q u e eran estas m is­
teriosas construcciones. El
P. de Marchi calibea de v er­
daderas iglesias las c a ta c u m ­
bas que tienen la d istrib u ­
ción igual á las de S ania
Jués. Por los corredores 1-’, F.
F, p en e trase en las estancias
Fiíj. 122,—C a t a c u m b a s dü S(;i. Imís. B, B, cá m a ra s sepulcrales
ó cubículos, q ue adem ás de
servir como naves del templo, tenían ab iertos eu los m u ­
ros los nichos ó loculi C, C, C, G. C, C, C. El espacio A.
servía de presbiterio, cuy a silla pontifical ocupaba el si­
tio m arcado con la E, teniendo á derecha é izquierda,
D, 1), los asientos de los presbíteros como en los a c tu a ­
les coros de n u e s tra s catedrales. La silla pontifical esla-
— 215 —
ba tallada, en la roca y era s e m eja n te á las dos coloca­
das en la cripta de las m ism as c a ta c u m b a s de fianta
Inés, que reproduce n uestro grabado n ú m . 123,

Los corredores ó galerías, las cá m a ra s y las criptas


son gen e ralm en te m u y obscuras y es necesaria la luz a r­
tificial p a ra p e n e tr a r en ellas; sin em bargo, las h a y que
tienen u n a a b e rtu ra en el techo llam ada lumám rc, por
donde e n tra luz y aire; por ejemplo, las de San S ebas­
tián,. que son las m ás ex ten sas que se conservan.
Las luces se colocaban en repisas, pilares ó huecos
llam ados crecen tire..
La distribución de las t u m b a s e s de diferentes m a n e ­
ras. En alg u n as cá m a ras, u n a tu m b a ó savcopkayus, de­
bajo de un arco, arcosoliim-, ocupa el fondo de la e stan ­
cia. por ejemplo la cripta de S an ta Inés que reproduce
el grab ado n úm . 123, los nichos ó locvM están abiertos
co m u n m e n te en los m u ro s de las galerías en la forma
que representa el grabado n ú m . 124.

l’i", r n . —i j i i l act i ni l i ns i l c S u n L o i o n / i

T am b ién hay en las ca ta c u m b a s eviplns-hiplisk)ños.


entre los ([lie deben m encionarse el de San Policiano, San
Alejandro. S anta P risci-
la. San Calixto. San P re­
texta Lo. Santa Hiena, etc.
Tuvieron, unos, m a n a n ­
tiales de agua, y otros,
tu b ería s p a ra conducir­
las de las cisternas ó po­
zos. El m ás notable de
Lodos es el de San Poli­
ciano, grabado 11." 125,
en q u e parece que se ad ­
m in is tra b a el S a c ra m e n ­
to por inm ersión (Man-
. ¡ Ai t u í c s , Arquen!. crisL.
p ágina 95).
l-'is!. liií.—liaplisliTiii <1<*-San Poiiciiino.
Según las investiga­
ciones de Rossi. las C atacu m bas ro m an a s «presen tan
varios cem enterios aislados, cada uno de ellos con su
— 217 —
origen, sus m á rtire s y su historia; los verdaderos ce­
m enterios históricos q u e e n c ie rra n las sep u ltu ra s de
los P apas y de los personajes im p ortan tes de la Iglesia
prim itiva, h a n debido cegarse á m ediados del siglo vm
por los m ismos cristianos, salvándolas de este modo de
ías profanaciones de los sarracenos, qu ien es llevaron
entonces sus invasiones h asta R om a, p a ra apoderarse
de las ricas ofrendas depositadas por los íieles peregri­
nos en las m ás v en e rad a s criptas...»
En m uchos de los m u ro s de las C atac um ba s a b u n d a n
las p in tu ra s ( 1 ) y las inscripciones. U na de éstas dice
así: «Época desgraciada en la cual no nos sirven de
abrigo esas ca v ern as aisladas en medio de los objetos
de nu estro culto.., ¿Hay n ad a m ás m iserable q ue n u e s ­
tra vida? ¿Hay n ad a m ás infeliz que n u e s tra m uerte,
cmindo 110 podemos ser sepultados por n uestro s amigos
ni po r n u estro s parienles?>.< ('2).
Carácter arqu-itectónico de Jas Catacumbas .—El estado
de persecución á q u e i'ué condenado el Cristianism o 110
permitió que se desarro llara u n período artístico, ca rac­
terizado debid am ente. En las c a ta c u m b a s búllanse di­
ferentes especies de bóvedas, con struid as u n a s con m a ­
teriales transportados. 1altadas otras en las rocas; arcos
de formas diversas, p redom inando los sem i-ciradares ó
de medio p unió , y a u n algunos lig eram en te apu ntados,
como los de las C atac u m ba s de San Cosme y San D a­
mián. Yénse tam b ién co lu m n as y cornisas de estilo ro­
m ano, a u n q u e de tosca forma; de modo, q ue puede de­
cirse que las cata cu m b as, po r su forma, se aproxim an,
en cierto modo, a las construcciones rom an as, a u n q u e
en un periodo de Losquedad que las acerca á los periu-

(I) Y'cnüe ul IraUid» L a IHntura. iln e sla olira.


t~2) lil li-xío la ti no ilicí* ¡isf: «O té m p o r a injauata. t¡uibus in ter aacra
i’ ícota ) t e ¿t i L c i c e m l ( ¡ i i i d e m s a t o a v i pus^untus... Quid ttñ?er¿u--<
cita: i/utd marte? cum ab ainicis e t p a r e n t i b u s s e p e ii r í iiequeamus...»
I R o m a p i n t o r e s c a . I. I, piift. IW).
— 218 —

dos artísticos prim itivos del Oriente, con cuyos hipo­


geos pud iera n com pararse. En cuanto al pensam iento, á
la idea que anim ó á los constructores de esos m o n u ­
m ento s sublim es, en que está escrita con sanare la h i s ­
toria de los p rim eros siglos de la Religión cristiana, son
las c a ta c u m b a s la representación m á s ad m irab le de las
purísim as y sub lim es aspiraciones de aquellos m ártire s
insignes; de la le in q u e b ra n ta b le que los a n im a b a , del
resplandor divino q u e iluminó sus alm as y con el cual
podían, en tinieblas, en los an tro s de la tierra, sin la luz
(fue los h u m a n o s h a n necesitado in v en tar, ad orar á Dios
y e n tre g a r tra n q u ila m e n le á sus verdugos las m isera­
bles v e stid u ra s carnales.
L a s b a s í l i c a s . —En ¡as páginas 16Ó y ltiíí de este libro

liemos dado el ¡llano y descripción de u n a basílica rom a­


na, cuya form a adoptó p ara sus templos la Religión de
Cristo, cuando, por la protección de Constantino y sus
sucesores, pudo celebrar lib rem ente sus cultos. Quizá
se tuvo en c u e n ta al ad op tar las
basílicas, adem ás de otros razo­
nes, q u e la forma y extensión de
los templos paganos no era apro­
piada á los cristianos, en los q ue
era necesaria la reu n ió n de los
beles; ó tal vez, y esto parece lo
m ás probable, q u e como algunos
nobles de R om a q u e ab raza ro n el
Cristianismo, cedieron p ara tem­
plos las basílicas ó salas destina­
dos á fiestas en sus palacios, y
esas salas, según el plano (grabado n ú m . I 2 (j) de la del
palacio de Spalatro, te n ía n la form a (fue se adapló á las
iglesias cristianas, dióse á éstas el n o m b re de basílicas.
Acerca de este asu n to se ha discutido mucho, porque
es el caso q ue las p alab ras iglesia y basílica , se u san sin
n in g u n a distinción en el Misal, el Martirologio y el B re-
— 219 —
viario rom ano, y sin em bargo se creyó en u n tiempo
que debió de aplicarse al templo dedicado á u n m á rtir.
Las etimologías de u n a y otra p alab ra,
que ya dejamos escritas, no acla ran el
misterio, pero debe de tenerse en cu e n ta
que. a u n q u e la plan ta m á s gen e ralm en ­
te conocida es un cu adrilátero que re­
c ue rd a las criptas de las ca tacu m b as,
hay otros templos llamados ta m b ién b a ­ Fig. 127.— ItasíliiMi

sílicas. como el de San Sexto y S anta d e S ;m S e ^ t o y


S a n ia i'eeilia.—
Cecilia, por ejemplo (véase el grabado Roma.
n úm ero 127), que p re sen ta el c u a d rilá­
tero engrandecido con tres arcosoliox y acusando ya la
forma de cruz latina que m ás tarde se adoptó.
Kl arq uitecto inglés Motiles lia estudiado 104 basílicas
construidas desde 2(>0 á í)90, y de sus observaciones y
sus estudios deduce Gillman, con
acierto, q u e la m ayo r parle de las
basílicas cristian a s se construy e­
ron con arreglo á la forma origi­
n aria de las profanas con p e q u e ­
ñas modificaciones hasta el año
420, y las posteriores, a ju stad a s
gen e ralm en te al plano de la q u e
reproduce el grabado n úm . 128.
Ue las basílicas estu diad as por
Motlies, la m ayoría tienen tre s n a -
ves: lí), cinco, «correspondiendo
siete de ellas á tiempos posterior­
es al año 404, y notándose en
ocho la influencia del Norte ó la
Fití. 1¿y,— B a s í l i c a de1 S u n
bizantina; so lam ente veintiséis ü le m enti;. Roma.
tienen naves transv ersales, todas
poco p rom inen tes; 51) de dichas 104 basílicas corres­
ponden á los años 311Í á 500, y de ellas 10 tienen naves
transversales; e n tre 22 q u e se co nstruyeron desde el
— 220 —
año 500 al 715. solam ente 4 tienen dichas n aves.'de las
que lres se e di lie a ron bajo la dom inación bizantina,
lin R om a m ism a. 110 se halla u n a sola nave tran sversal
correspondiente á los años del 500 al 715; pero desde
esta últim a fecha á 9ÍH1. se e n c u e n tra n 22 iglesias con
naves transversales... v ( G i l l m a x , L a a r q v i t . )
La nave tran sv e rsal es recuerdo del espacio que en
las basílicas p rofanas q u e d a b a delanle del Iribunal. con
destino á los testigos,, curíales, etc.
Las basílicas se dividían en lres partes: l." El atrio,
en cuyo centro se colocaba el p a r a f tm ts ó tr i b u n a de los
penitentes, la m esa de los ((//apea ó com idas de a m o r (1)
y la fuente adonde los íieles se la v a b a n las m anos y la
cara antes de e n t r a r en el templo.» origen de la pila del
agua bendita; delanle del atrio ó pronao*. h a b ía g en e ra l­
m en te un pórtico.— 2.a- La -naos ó nave p ara los íieles
(grem-mt- eechxsia* i. precedida del narihea ó vestíbulo: en
la nave y ju n to á la tran sv e rsal del presbiterio alzábase
el coro ¡caitas canea tium clertcoruu) separado por c a n ­
celes, y en el centro de cada uno de sus lados m ayores
se elevaban dos trib u n a s ('(habanas >, u n a p a ra la lectura
del Evangelio (derecha del altar) y otra (izquierda) para
la lipis tola; esla trib u n a se convirtió m ás Larde en el
m oderno p u lp ito . La nave correspondiente á la trib u n a
del Evangelio se destinaba á los h o m b res im uirán) y la
otra i Hinírmáhiún) p a ra las m u je re s.—3.“ El p r e s b ik ’-
ritan. en cuyo centro se alzaba .el altar. En el fondo del
ábside ('{) se s itu a b a la silla episcopal, y á sus lados,
como en las ca ta cu m b as, los asientos p ara los p re sb íle -

(!) O agap a, « c o n v iv ía iMirislianoriim s o e n i. i’ r m i v i t o d e ¡ i m i t a d e n l r o


lo s p r i m d i v o s c r i s t i a n o s , —Del iie lu e u a c h a b ó ctyctb, a m o r , ü ríe so, aQCtpi’.
(2) .'Diliiert;» d e 1111 c e r r a m i e n t o c i r c u l a r ó po ligonal e n lo rm n d e r o n c h a
ó d e cuarLa p a rte de eslVra» (M a n ja íu ik s. .4rqueoL crist.). Apsis. a piad es
i'ii ¡íricLíii, furn ia d e r e n n i r , slnK Hm 'o do a x o n , j u n t u r a , En lulín esta
p a la b r a significa ln id ea fíem;ric¡i de to d a figura e n c o r v a d a á s e m e j a n z a de
h .iveda ó a r c o ( ü a r o i a . art. á b s i d e y típsirlc’).
ros. En las ábsides laterales se re serv ab a si Lio p a ra las
familias distinguidas ¡ senatoria m), y se colocaba la mesa
p ara las ofrendas; ju n to á estos ábsides se con stru ían
los depar Lamen Los destinados á custodiar la sagrada E u­
caristía fxeci'elarhm ■rnajm), los vasos sagrados, las ves­
tiduras, las oblaciones, los códices, etc., aposentos que
lo m ab an el n o m b re de secretaria. Sobre las nav es la te ­
rales. m ás bajas que la cenlral, h a b ia u n a s galerías
((/¡nneceo) d estin adas á las vírgenes y viudas (1).
Los b a p t i s t e r i o s . —F uero n unos tem plos dedicados á
a d m in is tra r el S acram ento del b autism o { temphiM b a p -
fistcri, cccle-su? lap tism a les ó baptislcrn basílica), y su
forma fué circular ú octogonal, con cúpula. G eneral­
m ente, estuvieron unidos ó cercanos á las basílicas lias-
la el siglo vn, q u e se co nstruyeron en el narthes ó vestí­
bulo. En el espacio central, cubierto casi siem pre por
u n a bóveda m ás alta que la te c h u m b re ó bóveda de los
lados, h a b ía á la a ltu ra del suelo u n a gran pila de m á r­
mol (labrum la ta b x m ) b a s t a n t e p a ra poder b a u tiz a r á la
vez varias personas. E s te b a n decorados estos templos
con p in tu ra s y mosaicos, y las bóvedas sostenidas por
colum nas.
H asta el siglo vi no se concedió baptisterio á las p a ­
rro q u ia s rurales, reservándose los Prelados la facultad
de a d m in is tra r el b au tism o (2).
L a s s e p u l t u r a s . —Ya q u e d a n consignados an tes algu­

nos datos relativos á los prim itivos cem enterios cristia­


nos. Cuando cesaron las persecuciones y se consagraron

(I) S e g ú n López. FeR REi RO.'la B a s ílic a mojor do Cartago. c u y a s r u i n a s


c o m e n z a r o n á d e s c u b r i e s e e n IH8I, c o n s t i t u y e n un n o t a b l e e j e m p l a r de eslos
a dit ic io s. T e n ía (ib m e t r o s d e la rg o p o r i íT de a n c h o , y su pluiilti e r a u n r e c ­
t á n g u lo t e r m i n a d o p o r u n á b s id e . C o n s ta b a d e n u e v e n a v e s s o s t e n i d a s po r
c o l u m n a s d e m á r m o l y g ra n ito (Nota á la pág, M) d e su o b r a ya citada).
(4) S e g ú n el c u r io s o libro y a c ita d o . E l p o r qué de (Oíía.s /a,s cerem. d<>
la Iglesia, c u a n d o c r e c i ó el n ú m e r o d o c ris tia n o s . <■] P a p a S. Víctor l dis ­
p u s o q u e e t b a u t i s m o s e d i e r a s o l a m e n t e e n la P a s c u a de l E s p íri tu Sa n io , in ­
n o v á n d o s e d e s p u é s , lal eotfio b o y so verifi ca (pag. 19..
__ 222 _
basílicas é iglesias, adoptóse la costu m b re de s e ñ a la r él
sitio del cem enterio j u n to á ellas ó rodeando sus m u r o s .
Sin em bargo, con tin u aro n en Rom a y en otras ciudades
utilizándose las C atacum bas, y la Iglesia perm itió en se­
ñ alad as ocasiones el e n terram ien to en las basílicas á Las
em peradores y altos personajes pro Lee Lores de la reli­
gión (1),
C onstruíanse los sepulcros con ladrillo ó piedra, y la­
b rá b a n s e en m árm ol, granito, jaspe, ele.
La sublim e h u m ild a d de las C a tac u m b a s traslucíase
en todos los actos de la vida cris Liana, y tan sólo ios s a r­
cófagos destinados á los restos de
los m á rtire s y los santos, e ra n los
q u e se a d o r n a b a n y esculpían.
Muchas veces, sobre la s e p u ltu ra
de u n m á r t i r ó u n san to varón,
erigíase el alta r de la capilla ó
arensoliú, donde se h a b ía in h u m a-
do el difunto. El adorno de estos
sepulcros era, g eneralm en te, de a trib u to s y símbolos r e ­
ligiosos, y sencillísimas labores de indelinible estilo
(Véase el grabado n ú m . 129).
lün la provincia de Lugo, según López Ferreiro, con-
sérvanse unos sepulcros que re c u e rd a n la m ás prim itiva
antigüedad. «Solían ser m ás estrechos á los pies q ue á
la cabeza, carecían de orn am entació n, y fre c u e n te m e n -

0 ) Sa n G re gori o e l (J ra nde , e n s u h'pist. 2l> uin a n ilie s l a el d o l o r c o n (¡ue


m i r a b a <)ue las d o n a c i o n e s h e c h a s v o l u n t a r i a m e n t e á la s ig lesias e r a n las
q u e h a b í a n i n t r o d u c i d o la n o v e d a d d e d a r e n e lla s s e p u l t u r a á los c a d á v e ­
res» {I n fo rm e de la li. A c a d . d e la H ist. y a c it a do, p6gs. 15 y 16). La c o n s ­
titu c ió n d e T c o d o s i o ('Í8I) c o n s ig n ó la d is c i p lin a e c l e s iá s tic a r e s p e c t o d e est e
a s u n t o , p r o h i b i e n d o el e n t e r r a m i e n t o e n las ig le sias y d e n t r o d e las c i u d a ­
d e s , Lo c u a l ra ti f ic a ro n p o s t e r i o r m e n t e las a c t a s d e v a rio s Concilios. D e s p u é s
sn p ro dig ó d e tal m o d o 1ü gra c ia do p e r m i t i r las s e p u l t u r a s c u los te m p lo s,
q u e á c o r r e g ir esos a b u s o s so e n c a m i n a el n o ta b ilís im o In fo rm e í> q u e a n ­
tes h e m o s h e c h o referencia.
— 223 —
Le el perfil del liueco ó vano que contenían, se p arecía
al de u n a m om ia egipcia (Obra citada, pág. 4'2).
Ca ií Ái t i í r a rq u ite c tó n ic o i >i : u s t a s (-o x stric c io n h s,

—Guando el Cristianismo, libre de persecuciones, a b a n ­


donó la lúg ubre obscuridad de las C atacum b as y co­
menzó á c o n stru ir templos, conservó las formas a r q u i­
tectónicas del arle latino, según se advierte, por ejemplo,
en la basílica de S anta María Maggiore en Roma, te m ­
plo de orden com puesto, en cuya nave cen tral, sobre
colu m nas jónicas, se alza u n a galería de p ilastras corin­
tias q u e sostiene u n techo plano. Esla basílica se cons­
truyó en 3(i(5. y se restauró y reedil icó varia s veces.
Los m uros, y a u n las arcadas, se a d o r n a b a n con m o­
saicos, influencia oriental, como reco rd a rán los lectores,
ad o p tad a desde los orígenes de las artes latinas, T a m ­
bién u sáronse las p in tu ra s al fresco para com pletar la d e ­
coración de las basílicas, inLentando los nuevos pin tores
re p ro d u cir las im ágenes de Cristo, de la Virgen y de los
Apóstoles, y a u n revistiéndolas de las influencias orien ­
tales, de la gran deza y el fausto que extendió m ás tard e
el arte bizantino por todo el orbe cristiano.
El impulso dado á las decadentes artes ro m an a s por
el Cristianismo, no íu é suficiente á d e te n e r su ru in a. La
influencia g erm ánica, grosera é inculta ; el afem ina-
m ienlo de R om a y la e x tra ñ a mezcla de las severidades
del clasicismo griego con los elem entos orientales que
pro dujero n el arle bizantino, hicieron flu ctu a r de tal
m a n e r a las artes latinas, q u e es difícil h allar u n m o n u ­
m ento qu e recu erd e las p asadas grandezas, la elegancia
qu e los arquitectos rom anos supieron d ar á las cons­
trucciones, a u n q u e en ellas no o b s e rv a ra n —cómo antes
se ha hecho n o ta r—las reglas severísim as de la a r q u i ­
te c tu ra griega.
En los templos cristianos se u sa ro n las arcadas, y a u n
éstas com enzaron á a d q u irir un sello m a rc a d a m e n te
oriental. Las v e n ta n a s todas fueron de arco, modificando
— 224
fisto el uso de la lín e a h o r iz o n ta l e n la tr a z a a r q u i t e c t ó ­
n ica y e n la p a r t e d e c o r a tiv a .
El e x te r io r de los te m p lo s e r a s u m a m e n t e sencillo.
La se v e r a sencillez de la s C a ta c u m b a s , a v e n ía s e m a l
c on las e sp le n d id e c e s de m a l g u s to del a r le r o m a n o :
p e ro de u n a y o tra , in flu id a s p o r el g u sto o r ie n ta l, n ació
m á s t a r d e u n estilo q u e tie n e algo de g ra n d e z a , el lla ­
m a d o románico.
II.
B izancio.

H iz an río (i (’o n s la n l iiio p o tts . —C a r á c t e r di’ *u a r i j u i U v l n r a 6. ih llti e n c ia s e j e r ­


c i d a s e n «lia por las a r t e s s a s s á n i d a y c l á s i c a . — Kl urlo síií.sánida y las b a ­
s í lic a s d(í S i r i a —E l e m e n t o s d « l a rle b i z a n tin o . —C ú pula s. P i l a r a de* s o s te -
nLiiiifiitn. C ap ite le s y c o l u m n a s . V e n ta n a s . Arcos. itúvoilas. O r n a m e n t a ­
c i ó n . —M o s t m e x t o s . l“ lf'si¡is y p a l a c i o s .—Címt'liisit>1 1 .

C o n stan tino, q u e r ie n d o q u e la ca p ital de los dos im ­


p e rio s q u e h a b í a u n id o á s u c o ro n a , o c u p a ra u n a co­
m a r c a m á s c e n tr a l q u e R o m a , eligió á Bizancio, q u e
desde e n to n c e s tom ó el n o m b r e de Constan tíndpolis, ó
c iu d a d de C o n s ta n tin o (1).
Zúsimo, el e n e m ig o del c é le b re e m p e r a d o r , y m u c h o s
h is to r ia d o r e s p o ste rio re s, lia n critic a d o la fu n d a c ió n de
la s e g u n d a ca p ital del im perio, idea q u e u n siglo a n te s
concibió Pescenio >Tigro, ó Niger, á q u ie n d e s tru y ó en
Asia Septim io Severo, y com o dice Dalli «los sucesos
lia n p r o b a d o q u e el m a y o r peligro a m e n a z a b a c a b a l ­
m e n t e p o r a q u e l lado, y g ra c ia s á la fu n d a c ió n de a q u e ­
lla c iu d a d y ó. s u s itu a c ió n in c o m p a r a b le , p u d o s o b r e v i-

(I) p e q u e ñ a villa t r a d a n a . kió la p r i m a r a p obla c ió n e rigida úu lu le


hoy e slú C oii sía ii ti nopla . D e s p u é s s e d e n o m i n ó B t i a n t l u m . cniamlo e r a c o ­
lo nia griego, y el p r i m e r n o m b r e q u e le dió C o n l a n l m o finí ¡Vea-Roma. U¡>
ru s o s la titu la r o n T za ra g r a iu l. ó c i u d a d d e los Czares.
— 2 ¿ í) —

vir la p arte oriental á la occidental cerca de mil años...»


( I l i s t . p rim il. de Im pueblos gtrab. y rom., pág. 32ií).
Allí, en Iré las esplendideces orientales, las alegrías
del triunfo y el fervor de u n a religión nueva, desarro­
llóse un arte original, reflejo exactísimo de brillante
cu ltura, que pronto trascendió á los últimos confines del
Oriente y á las m ás alejadas com arcas occidentales.
Lus arqu itectos bizantinos im itaron , por lo pronto, las
decadentes construcciones del imperio latino; p ru é b an lo
así las basílicas de Tesalónica (la de Demefrius, lioy
Dscliam i-Kassim , 412-507, y la de los Apóstoles, hoy
liski-D schum a, siglo vi), T rebisonda y otras poblacio­
nes: pero el conocimiento de los templos erigidos en Si­
ria por los cristianos, influyó sin duda en Bizancio y fué
el origen del verdadero arte bizantino.
Desde el concilio de Nicea (32o), era el cristianism o la
religión do m in an te en Siria, y allí liay q u é b u sca r la
artística unión de las rem iniscencias babilónicas y p e r­
sas y de las formas clásicas de Grecia y R om a (1).
K ealm e n tc la a r q u ite c tu ra sassánida es el origen de
esa unión. A rtaxerxes y sus sucesores (2?6-ü42), des­
arrollaron en P ersia el período de esplendor á q ue en el
jugar oporluno de este libro hem os hecho referencia.
Aquel príncipe ilustrado protegió las arles, y éstas,
un ien d o á sus orígenes orientales algo de Occidente,
prod ujeron ese arte persa en que, estudiándolo aten ta -

(1) Scjü’tn ilii'ii (■¡llmiin, ol edificio iíi&s a n t i c u o ik' c ^a é p o ca rjutí o n la Si­


ria ?o e n n s e r v a . r s a c a s o «la ca[ lilla do Kalilicli. on O m-es Z c it u n , q u e d a ta
clt'l yñu al a ñ o 331 co rre s p o n d í* la c a s a d e Tliulasi^. on ttvfadi; ol a u p u l-
cro di’ Agripa e n IUiss, d a la d e l .i d e Mayo d e 37H; o li o s s e p u l c r o s e n Dejr-
Sc nihil. de lo* añuii :W(.V W.l y V20 y u n o e n K h o r b c l - l i a s í del -W0.» En e sl os
le mploíi liúllas-e la fo r m a d e la c o n s t r u c c i ó n c u a d r a d a c u b i e r t a p o r t a c ú p u l a
(í.rt nrijiiitec.. ya i.il.i.—López F e ii u e ik o d ic e , a p o y á n d o s e e n el te s t im o n io
d e I>e VuiiiiÉ, A n h . cío. eí relúj. de la Syi'ie c e n tr a l d a i v a u v n siecle ,
q u e en a l g u n a s c u m ;irc a » de O rie n te . p a r t i c u l a r m e n t e e n la Siria, se fu e ro n
lij a n d o las fu r n ia s i[uc d e b í a » p r e d o m i n a r e n tal esti lo" [Obra c it a da, pó -
i.rina Vi).
— 227 —
m ente, pued e n h allarse indicaciones de la esbelta arca­
da gótica y del misterioso y poético palacio árabe.
Las basílicas de Q u alb Luzeh y T afkha, son in te re ­
s antísim a a m a lg a m a de reglas clásicas y rasgos de a r ­
q u ite c tu ra s orientales. El arco, las bóve­
das, los capiteles de hojas de acanto, son
m u y dignos de atención. El arco de medio
p u n to es perfecto; la bóveda re c u erd a las
ru d a s construcciones de los etruscos, y los
capiteles, al propio tiem po que, como en
el ábside de la basílica de Qualb Luzeh.
H " . 130.—C up i-
sirven de base á otras colum nas, tom a leI sassánida.
u n a forma n u e v a q u e tra e á la m em oria
el capitel egipcio: sobre delgado abaco, se alza u n a pro­
longación de éste ó del capitel en gen eral (Véase el
grab ado n ú m e ro 130).
El interio r de esos edificios p re s e n ta u n a novedad no­
table; la colocación de las cúp u las en los espacios cu a­
drados por medio de p echinas ó arcad a s de ángulo (1)
en la form a que re p re se n ta el dibujo n ú m . 131. Las p a r­

tes q u e se in dican con las letras A A, son las pechinas,


secciones de bóveda ó arcad a s de ángulo, y las bovedi-
tas B se agregaron en Bizancio m á s tard e como sosteni­
m iento ó estribos de la bóveda principal.

(I) «Cada u n o d e los c u a t r o t r i á n g u l o s c u r v i l í n e o s q u e dos a r c o s to ra le s


f o r m a n a l r e c i b i r e l a n i l l o tle u n a c ú p u la » (M a k i a r u é s , A r q u e o l . c r i s i .—
Yocab. auscil.) L as a r c a d a s d e á n g u l o s o n r e a l m e n t e el o r i g e n do las p e c h i ­
n a s , m u y u s a d a s e n el a r l e á r a b e , h e r e d e r o d i r e c t o de la a r q u i t e c t u r a p e r s a
sassánida.
— 228 —
T am bién se advierte en los m o n u m en to s de Siria otro
sistem a,—q u e parece m ás antiguo,—de sostenim iento
de las bóvedas. Los ángulos de las construcciones cu a ­
dradas están cubiertos con losas, q u e soportan la corona
octogonal sobre q u e se asien ta la bóveda. Esle sistem a
indica, según Gillman, la influencia del arte indio en ei
sassánid a y sirio, «pues, lo m ism o que en las construc­
ciones dschainas (1), los ángulos están cubiertos con lo­
sas...»
R esum iendo esla cuestión previa, deben de concep­
tu a rse como base del esLilo bizantino, los siguientes ele­
m entos:
L" Las construcciones clásicas, especialm ente las ro­
m an as degeneradas; por ejemplo las de Baalbec y P al-
m ira, en q u e im p era el estilo corintio.
2.° La a rq u ite c tu ra sassánida, con sus cúpulas, sus
bóvedas, sus espacios cuad rado s cubiertos por cú pulas
semiesféricas y cónicas; sus pechinas; sus p a ram en to s
ad ornados y sus motivos de decoración pérsica, y
3.u La tosca a r q u ite c tu ra de las ca ta cu m b as, q ue
aportó al arte cristiano in te re sa n te s detalles de cons­
trucción y decoración, como reco rd a rán los lectores, te­
niendo p resen te lo q ue dejam os expuesto en el anterior
capítulo.

Los elem entos principales q u e ca racterizan el estilo


bizantino, ya con form as determ in a d as, son: las cúpulas;
los pilares de soslérTiímfinto; la v ariedad de formas en
los capiteles; las ven tan a s; los arcos; las bóvedas y la
o rn a m e n tació n arquitectónica.
C ú p u l a s . —Ya h em os descrito, a u n q u e , ligeramente,.

(!) Es m u y difícil d e s o s t e n e r e s ta te o ría , p o r q u e y a h e m o s d i c h o q u e los


m o n u m e n t o s a r q u i t e c t ó n i c o s d e la I n d i a s on r e l a t i v a m e n t e m o d e r n o s y lo-;
m i s m o s e j e m p l o s q u e G illm a n cila, v . g , el m o n a s t e r i o d e S a d r e e . d a t a d e
l llíf s e g ú n el r e f e r id o a u t o r c o n s i g n a en ta 127 d e s u trillado At'quit.
— 229 —
las cúpulas y el sistem a de colocación sobre base cu a­
drada.
La voz cúpula viene de la griega Impelían (copa ó vaso
p a ra beber), así es que pu ede decirse q u e la cú p ula 110
es o tra cosa que u n a copa colocada á la inv ersa de su
posición n atu ra l.
La (nípula b izantin a, la que después lia servido de m o­
delo p ara las m odernas construcciones, es la q u e corona
la iglesia de S an ta Sofía en C onstantinopla (1), pero ésta,
ni tiene el ta m b o r,—ó anillo q ue se coloca e n tre los arcos
y pechinas de sostenim iento p a ra h a c e r m ás esbelta la
cúpula, como sucede en la iglesia de Théotocos de a q u e -
ía ciud ad,—ni la c u b re el domoó cú p ula exterior, elevada
como la originaria sobre plano circular, poligonal ó elíp­
tico y con decoración arq u ite c tó n ic a . «La cú pula 110 su­
pone el domo, y el domo pu ede coro n ar superficies... La
denom inación de cúp u la no debe aplicarse m ás que á la
bóveda interio r elevada sobre u n plano diferente del del
domo, q u e es la c u b ie rta exterior. E ntre los dos h a y á
veces un espacio hueco considerable...» (Adültnií, obra
cit, art. cúpula).
Hacemos estas ad v erten cias p ara que, desde luego se
ad vierta la diferencia que e n tre la cúpula y el domo hay.
El uso de las cúp u las abolió el de los frontones con que
los griegos y rom ano s cu b rie ro n sus edificios.
H ay v aria s clases de cúpulas: la bulbosa, form ada por
la m ita d de u n a esfera; la acampanada, ó con forma de
c a m p a n a, y la 'peraltada, q u e es la q u e se eleva m ás de
la m ita d del diám etro. (M a n ja b rés, Arqueol. c rist .— Voc-
a r t. atpiila).
P i l a r e s d e s o s t e n i m i e n t o . — Los pilares ó soportes ver­
ticales,— origen antiguo de la co lu m n a,—se adoptaron
en el estilo bizantino, p o rq u e no era posible, al construir

(1) V é as e m á s a d e l a n t e el p la n o y vi sla g e n e r a l d e e s ta ram osa iglesia, ta


« orno h o y se c o n s e r v a .
— 230 —
edificios como el de S an ta Sofía, po r ejemplo, la b r a r co­
lu m n a s de ta n ta elevación y fortaleza. E n Bizancio no se
les dió forma de colum nas, pero en el estilo gótico los
pilares se convierten en haces de co lu m n as delgadas y
esbeltas. Los pilares bizantinos, son los q u e m o d ern a­
m en te se llam an torales, por q u e en ellos se apoyan los
arcos torales de u n a construcción.
C a p i t e l e s y c o l v m n a s .— Los capiteles b izantinos tie­

n en las m ás ex tra ñ a s formas. E n las construcciones p ri­


m itivas, p re d o m in a el c a rác te r ro m an o
corintio y jónico desnaturalizado. T am ­
b ién se adoptó la forma cúbica, t a l
como el grabado n ú m . 132 lo r e p r e s e n ­
ta, caracterizándolos sie m p re u n d e ta ­
lle m a rc a d a m e n te o r i e n t a l : la a ltu ra
del abaco, q u e , como ya hem os dicho,
[?ig ra3_capiiuj. es prolongación de éste ó del capitel en
general. Las cuatro caras del capitel
están esculpidas, á escaso relieve, con labores de estilo
oriental, figurando p alm etas, ñores y entrelazados. El
abaco fué biselado algunas veces.
Los fustes de las colum n as fueron de traza y d im en ­
siones parecidas á las rom an a s.
Las bases preferidas re s u lta n ser las átic a s } a u n q u e
alterados sus com ponentes.
V e n t a n a s . —El origen de las v e n ta n a s pareadas, geme­

las ó geminadas (es decir de dos huecos), es oriental.


Ideáronse, seg u ram en te, al h a c e r los arcos de descarga
de los m uros p a ra aligerarles el espesor,—como puede
verse m ás ad elan te en el gTabado que re p re s e n ta el in­
terior de la iglesia de S an ta Sofía.—Este sistem a de v e n ­
tan as, tal como lo re p re s e n ta n los grabados n ú m s. 133 y
134, re sulta em pleado en la fachada de Takh-i-Koshru
en Ctesifon (siglos iv al v), y fué origen, á la vez q u e de
la v e n ta n a b izan tin a, del ajim ez árab e.
A r c o s . —«El uso exclusivo del arco y de la bóved a,—
dice M anjarrós,—condujo a la casi exclusiva construcción
de los vanos en línea c u r v a , dándoles u n a v ariedad es­
pecial.» (A rq u e o l crist. pág. 45), En efecLo, la arcada vol­
vió á no ser decorativa como lo había sido en h e los ro-

Fifis. IÜ3 y I V e n t a n a s 1>ík¡u i I í i i <i

m anos, pero estos u saron solam ente el de inedia punto


(ó m edia circunferencia) y los b izantinos al ac e p ta r el
arco peraltado del Oriente, abrieron ancho campo ó la
forma de las arcadas.
El arco 'peraltado, es decir, cuya altu ra es superior á la
m ita d de u n a circun ferencia (véase el
grabado n ú m . 135), lo q u e se consigue
por la elevación de las ja m b a s (ó
m iem b ros laterales de u n hueco) so­
bre la im posta (cornisa q ue corona un
pilar), parece ser el origen del arco
de h e r r a d u r a q u e u saron los persas, A i vi í t i r r n l h u l i ) .
los bizantinos y los árab es.
B óvedas .— Los bizantinos construyeron su s bóvedas al
estilo etrusco y romano, de modo que en esto no h a y.e u
el estilo de que hablam o s especial novedad.
O r n a m e n t a c i ó n . — El ca rá c te r de la o rnam en tación b i­
za n tin a es genu inaiíien te geométrico, c o m o inspirado en
el arte sassánida. A los círculos e n t r e l a z a d o s , llores cruci­
formes, m eandros griegos, lazos, trenzas entrelazadas y
otras figuras p u ra m e n te geométricas, agregaron los ho­
— 232 —
j a s de cardo y au n los tallos de esla p lan ta q u e después
h abía de ser principal motivo en la exhornaciún ojival.
En S anta Soi’ía a b u n d a n los adornos en forma de cruz
y los en que este sagrado signo sirve de centro. Escul­
pieron cruces ta m b ié n en los abacos de los capiteles y en
los capiteles mismos.
Todos estos adornos están trabajad os ligeram ente so­
bre la piedra, por lo que conservan e! ca rác te r de su
origen, el de labores y figuras de tapiz ó tela bordada.
Manifiéstase ta m b ié n en los motivos principales de la
decoración bizantina cierta tendencia al arte rom ano,
a u n q u e con detalles d'e originalidad; pero, como dice
Gillman, «liubo preferencia decidida por el adorno folio-
lado ó de hojas, de estilo rígido hasta la dureza, y nada
n atu ra l, q ue invadió pronto toda la o rna m e n tació n y
por sing ular q u e parezca, al lado de u n a m a n e ra n a t u ­
ralista, pero ta m b ién dura, m ezq u in a y sin poesía,,.»
Yénse ta m b ié n «espigas, ra m a s de p alm era, lirios, p á ja ­
ros y leones, de fonnas rígidas y angulares, sin corres­
pondencia alguna ni h arm onía, con los zarcillos y ador­
nos foliolados q u e ju n to s con-ellos se com binan» (L a
A r q u it., ol). cit.).
M o n u m e n t o s . — La construcción m ás típica del arte
bizantino es, según la opinión de todos los arqueólogos,
la iglesia de S anta Sofía, á q u e y a hem os hecho re feren­
cia, a u n q u e no sea la m á s an tig u a de las construcciones
centrales erigidas d u ra n te los prim eros tiem pos del im ­
perio.
Según las investigaciones deMotliesy oíros arqueólogos,
la iglesia de San Lorenzo en Milán (385-390), la de San Ví­
tale en R áv en a (52í>-534) y la de San Sergio y Baco en
C onstantinopla, m erecen detenido estudio como orígenes
del estilo bizantino.
La iglesia de S an ta Sofía, fué m a n d a d a edificar por
C onstantino en el foro de Bizancio. En 404 la destruyó
u n incendio, reedificándola Teodosio el joven, pero u n
— i ' i ‘] —

iiik'vn iiiren d io [¡i i'onvii'üi'j en 111 forines esi-oinliros ¿:' 11


y e n liiiifi's .1 n sliiiiiu io ri)¡-¡i]■” /) su rceonMnnviÓN

‘■un tndtj hi j o y r i q u e z a ;t l os a r q u i l e i i n s ¡isiítlii'iis A n l l n ' -


mi'.) «h1 T r a l l e s y ü I' i i l or o «Li* .MileLo, q u e desdi ' td r e f e ri ­
do h fio ó;í'^ r»!»:? c i m s l r u y t . ’m n 1h fíiutosn i.^Iesei. c í i i i s n -
— 234 —
m iéndose, sólo en el am b ón (trib u n a y pulpito), todasISS'
re n ta s públicas cobradas en Egipto d u ra n te un año.
El exterior de ese magnífico templo se h a modificado
por completo al ser convertido por los turcos en m ez­
quita, pero el interior, q u e se conserva intacto, es u n
notable modelo de construcciones bizantinas. El g ra b a ­
do núm . 136, re p resen ta el in te rio r de esa iglesia. Su
plan ta es la q u e reproducim os en el grabado n úm . 137.
Em pleáronse en co nstruir ese templo los m ateria le s

Fií,'. 137— P la n o de S a n ia Sofía.

m ás costosos, prodigándose el oro, la plata, las piedras


preciosas y el marfil. La cú p ula mide 31 m etros de diá­
m etro.— Los m u ros e stab a n cubiertos de mosáicos, de
los cuales se conservan algunos, q ue los turcos ó no h a n
arran cad o ó no h a n cubierto bien con u n a especie de
b e tú n con q u e b o rraro n santos y ángeles.
En el estilo bizantino, m u é s tra n s e dos tendencias en
la forma de construcción de los templos: la central, en
torno de cuya cúpula se d esarro llab an las dem ás p a rte s
del edificio y la de cruz griega, con naves longitudinal y
tran sversal iguales u n id as por u n a cúpula. A esta últi-
m a p e r te n e c e n , e n t r e o tra s, la iglesia de S an M arcos de
V e n e c ia y la de TJieolokos ó M a d re de Dios, e n C o n s t a n -
tinopla (900), q u e es la q u e c o n s e r v a m á s p u r a s la s fo r­
m a s ex te rio re s.
Con e s ta s novedades,, p e r d ió se el c a r á c t e r sencillo y
m ístic o de las p r im itiv a s c r ip ta s ig le sia s de los c r is tia ­
nos de O ccidente. El d e c o ra d o fastu oso, o rie n ta l, com ­
pletó la o b r a , d e s a r r o llá n d o s e con ta l m otiv o e n ía s a r t e s
in d u s t r i a l e s u n p eríodo de e sp le n d o r y b rilla n te z .
Los m o n u m e n t o s civiles te n ía n el propio c a r á c te r de
o ste n ta c ió n y m a g n ific e n c ia . El g r a n palacio de Cons-
la n tin o p la , c o m e n z a d o e n el siglo ív, fué e m b e lle c id o
por J u s t i n i a n o y m e jo r a d o y a g r a n d a d o de spu é s. No se
c o n s e r v a n c a s a s b i z a n tin a s de los p r i m e r o s tiem p os; so­
la m e n te en V e n e c ia h a y a lg u n a s c o n s tr u i d a s en el si­
glo x , el pa la c io L o re d á n , p o r e je m p lo . La g a le r ía del
piso s u p e r i o r « a tr a v ie s a todo el í'ondo de la c o n s tr u c c ió n
y c o n s titu y e la s a la de r e u n i ó n , f la n q u e a d a e n a m b o s
lados p o r las d e m á s h a b i ta c io n e s . T al se ría , r e g u l a r ­
m e n te , la disposición de la c a s a e n t r e los b iz a n tin o s , de
q u ie n e s los v e n e c ia n o s re c ib ie ro n la c u l t u r a y el a r te ,
q u e p r o p a g a r o n p o r el O ccid en te ...» (G ii .lma n , Consí. ele
edif., ya cit.).

El a r l e b iz a n tin o a p o rtó á las m o d e r n a s a r q u i t e c t u r a s


de la E d a d Media valio sos e le m e n to s , y ejerció g r a n in ­
flu e n cia e n el a r le , p e ro el d e sa rro llo de s u im p o r ta n c ia
a r q u ite c t ó n ic a c o rre sp o n d ió á otros p u e b lo s , q u e s u p ie ­
r o n a p r o v e c h a r s e de ta n ricos tesoros p a r a c r e a r n u e v a s
f o r m a s y se r v ir de origen á d istin to s p r o c e d im ie n to s é
id eales.
III.
El arte en O ccidente y la s influencias orien tales ,

di* !n ¡ ir q u ite ríiir a e n O c c i d e n t e a! e jiir c e r su inllueiiclii la c u l t u r a h¡-


■ z a i n i n a . —El esti lo latino-l)uantin.o.—l’i w u r s o i ' n s de l a r t e rom ánico:
L as iro ns tr uc c io ii e á d e R&veiia y líis lo n ^ o lt ím la s . Los c a m p a n a r i o s , —Los
frniitíos.—Ustilo r o m á n i o o [ j r im n r 'o , — R o m á n ic o medir», ó ln t;n o -b iz ¡i ntm o .
— R o m á n ic o te r c i a r i o : —I t o n i ú u i m d e t r a n s i c i ó n al oji va l ’— E x ú m e n d e s us
e li 'n n'ii lo s c o m p a r a d o s con los q u e utilizó e! a r t e o jiv a l. —M o n u m e n t o s :

C o n s e r v á b a n s e en O ccidente las d e c a íd a s re g la s del


a r t e r o m a n o , c u a n d o el e sp le n d o r y r e n o m b r e de B iz a n -
cio com enzó á e j e r c e r su in f lu e n c ia en todos los ra m o s
de la c u l t u r a , h a s t a e n las m á s a p a r t a d a s re g io n e s de
E u r o p a . L a a r q u i t e c t u r a fué la q u e m e n o s , e n t r e las
a r te s del diseño , a p ro v e c h ó esas in flu e n c ia s , m a s sin
e m b a r g o copió algo de las f a s tu o s id a d e s y lujos o r i e n t a ­
les, c o n tr ib u y e n d o esto á p e r v e r t i r a u n m a s los c á n o n e s
clásicos q u e R o m a tom ó de G re c ia y 110 s u p o ó no q u iso
m a n t e n e r e n s u p u r e z a o r ig in a ria .
Al i n s titu ir T e odorico el r e in o ostrogodo e n Ita lia (493),
h a lló en M ilán y en o tr a s p o b la c io n e s i ta li a n a s a r t i s t a s
b iz a n tin o s y r o m a n o s , p e r o é l7 c u y a c u l t u r a e r a b i z a n ­
ti n a , p o r q u e e n la c a p ita l del im p e rio griego h a b í a s e
e d u c a d o , no sólo trajo á I ta lia tod as la s id e a s, to d a s las
te o r ía s q u e se d e s a r r o l l a b a n e n el im p erio o r ie n ta l y á
_ 237 —

s u arquitecto favorito Aloysius, q u e ta m b ié n aprendió


el arle en Bizancio, sino que hizo v enir de Africa n o ta­
bles.constructores, y con ta n valiosos elem entos se eri­
gieron las m agníficas o b ra s-d e su reinado, creándose
con ellas las p rim e ra s reglas del estilo románico, unión
de los últimos reflejos de las artes ro m an a s y de los p re­
ceptos instituidos en Oriente.
Teodorico 110 despreció las obras artísticas q u e ha lió
en Italia, recuerdo del famosísimo imperio; m u y al con­
trario, ftié tal su celo en co n servarlas q u e creó el im ­
portan te cargo de Comen sistentium rerum (conde ó in­
ten den te de policía u rb a n a ), á q u i e n se encomendó la
inspección y conservación de los m o n u m en to s artísticos,
pero al propio tiempo sus arq u ite cto s erigieron las h e r­
mosas construcciones de R ávena y otras ciudades ita­
lianas.
Al difundirse las nuev as teorías artísticas por los di fe-
rentos países de Europa en donde im p e ra b a n todavía
los preceptos de la a r q u ite c tu ra clásica de decadencia,
acomodáronse á los gustos y co stu m b res de cada pais
'xscgún el carác te r de la fantasía, el medio n a tu ra l, los
hábitos y dem ás condiciones de cada pueblo,» como dice
Gtner en sus Estudios sobre arles in d u stria l es (pág. 109);
y de a q u í que el estilo románico se p re sen te dividido en
diversas ra m a s desde su origen. En R áv en a puede h a ­
llarse el modelo hUim-hi-xmitmo, ó sea la unión de las
formas ro m a n a s y greco-orientales y algo de lo q u e se
ha convenido en lla m a r influencia ¡joda, á pesa r de que,
como reco rd a rán los lectores, los pueblos germ anos,
cuando ya construyeron edificios artísticos, copiaron la
a r q u ite c tu ra ro m an a con insignificantes variaciones
(véase el Estudio p r d i minar á la E d a d m k d i a ) .
Gillm an considera las construcciones godas antiguas
(por ejemplo, los monasterio, g ol/torim , ó iglesias votivas
de P a r m a (493); las ostrogodas de Teodorico; los longo-
bard as de Alboino en la alta Italia (568) y las del estilo
— 23 S -
franco, como an teced entes precursores del arte, rom áni­
co, y dice que esta denom inación es p u ra m e n te conven­
cional y poco adecuada (1), pero la acepta, y divide el
estudio de esle arte en tres períodos.
P r e c u r s o r e s ü h l e s t i l o r o m á n i c o . —E n tre los estilos
p recu rso res del rom ánico, corresponde el p rim er lug ar
al ostrogodo. Teodorico, como antes se h a dicho, al pro­
pio tiempo q u e hizo r e s ta u r a r los m o n u m en to s rom a­
nos, dejó edificar h a s t a templos hebreos y erigió p a la ­
cios é iglesias, p u e n te s y m ercados. Hízose fabricar en
vida su sepulcro en R áv en a , modelo
de construcción central con cúpula, del
cual se conservan restos de im p o rta n ­
cia respecto de la p la n ta g eneral del edi­
ficio, a u n q u e faltan los de exornación
arqu itectón ica. Súplese esta falta con
los detalles arqueológicos de San Vitale
y otros m o num en tos, y puede juzgarse
Fig. 13 S—Capitel. de la influencia b izantina, co m p a ra n ­
do el capitel de aqu ella iglesia, que re ­
p re sen ta el grabado nú m . 138 con el modelo bizantino
de la pág. 230, y estudiando Ja forma sencilla y severa
del capitel del sepulcro de Teodorico, grab ado n ú m . 13íJ.
En esos m o n u m e n to s ob sérvanse formas
n u ev a s, a u n q u e siem p re se re cu erd an los
detalles clásicos, y Gillman ve ta m b ién
las influencias germ ánicas. En n u e s tra
opinión, esas influencias ap a rec en m ás
tarde, cuando los g erm anos progresan en
su c u ltu ra y conocimientos artísticos, co­
mo h arem o s n o ta r después (2).

(I) S e g ú n J i i llim u i. los fr a n c o s l o m a r o n p o r r o m a n a s las c on d lm c c lo n c is


l o n g o b a r d a s , d e n o m i n á n d o l a s « a n i u i l e c l u r a ro m a im ó r o m á n i c a . " y d e alii el
n o m b r e ile estelo r o m á n ic o (La A rq u it,, ya eil.).
(í) (ji ll m un cita los e sc ril u á ilc S, M axim ia rto un T r c v e r i s (3-iO) e n d o n d e
s e r e f ie r e q u e tr a j e r o n o r l ó l a s g o d o s ú R o u e n , y los dü V e n a n c i o F o r t u n a t o
— 239 —
No deben de olvidarse los antecedentes artísticos, p u ­
ra m e n te orientales de los prim itivos templos cristianos
de la Siria.
Be construcciones longobardas consérvanse m u y po­
cos restos. La catedral de Monza. erigida en 590 y donde
se conserva la corona de los reyes longobardos, tiene
in terés.
En esta época se construyeron los prim eros c a m p a n a ­
rios, a u n q u e posteriores á las torres de las iglesias de
Siria, origen de ]as torres m a h o m e ta n a s y cristianas.
Según Venancio F o rtunato (siglo vi), las prim era s torres
c o n stru id a s en E uro pa fue­
ro n la de N antes y las de
S a n ta Eulalia en H erida,
a m b a s obras godas, según
G illm an. M anjarrés opina
q u e son anteriores a esas
co nstru ccion es las espada­
ñ a s (grabado n úm . 140),
y dice q u e figuran en las
p rim itiv a s iglesias desde el
Fig. U0 — k s p a d a ñ u .
siglo v las cam p a n as, para
co n g reg ar á los íieles (1). Advertirem os que las pri­
m itiv as torres se destinaron á defensa y observación,
Después se conv irtiero n en cam panarios.
Sea ó no de este modo, es lo cierto q ue en 683 se erigió
la torre de San Giorgio in Yelabro, q ue representa n u e s ­
tro grab ado n úm , 141. y cuyos caracteres arquitectónicos
son re alm en te rom ánicos m u y marcados. Las obras del
tiem po longobardo se deben á los raagislri Casarii, ó

<|ue c e l e b r a la lie nvm s a ig le sia d e Sai n i S e n i i n , e n T o l o u sc <:i78]; y re fi ero


q u e se á a rtis la s go d o s ig le sias d e í 'o rlu g a l y E s p a ñ a y la i n v e n ­
c i ó n de! a r c o ojiva !, m a s e s lo c ie rto q u e no se c o n s e r v a n r u i n a s q u e p u e ­
d a n d e m o s t r a r lo e x a c t i t u d d e e s l a tesis.
(1) lin l u g a r o p o r t u n o d e e s te li b r o t r a t a r e m o s del u s o d e las c a m p a n a s
c o m o p a r t e del c u lto c a tó li co y e n s u a s p e c to d e o b ra d e a r l e in d u s tria l.
— m —

■maesh'i Comacini , como se llam ab a á Jos rutistas que en


la isla Com.acma se hicieron fuertes y se defendieron de
los longobardos hasta que el rey les prometió conceder­
les ciudadanía, leyes y privilegios especiales, de modo
q ue las obras de ese período tienen filiación y an tec e­
dentes latinos.

t'ii;. 1H T orre1 ih? ]¡i ¡^li'siii d e San G iorííio in Vulaljro.

Et arte longobardo dió arq uitecto s á toda Italia, á I n ­


glaterra y á los países g erm anos en los siglos vi y v n .
Todavía en 1158 se construía en H olanda semnaie Longo-
ioA'dico (á la m a n e r a lom barda), y h a y q u e advcTtir q u e
se exagera, suponiendo q u e Cario Magno, al i n t e n t a r
reco n stru ir el inm enso imperio de la antig ü ed a d y re ­
g e n e ra r las artes de la postración en q u e h a b ía n caído,
trayendo artistas y arquitectos de países lejanos m ás
— 24 i—
allá del m ar, dirigió sus m iras á las decadentes artes de
.Bizancio,
Las construcciones de los francos tienen b a s ta n te im ­
portancia com paradas con las rom anas, cuyas diferen­
cias m ás esenciales son. según Gillman: «los frisos son
m u y anchos y elevados, desapareciendo m u c h a s veces
el a r q u itra b e , y la cornisa es m enos frecuente que en las
obras ro m an a s y ostrogodas, en cam bio las m olduras
oblicuas redondas y cóncavas se repiten con m ayor fre­
cuencia que en dichas obras, y los adornos son m ás va­
riados a u n q u e m ás esquemáticos- Los francos em plea­
ron r a r a vez el sillar; en sus ob ras alterna g ene ralm en te
el ladrillo con la m anipostería de piedras p eq u e ñ as,
produciendo á veces efectos policromos; tam bién en la
viguería y los arcos a lte rn a n el ladrillo y la p ie d ra ,»
(Obra citada).
Ue cua nto queda expuesto, se deduce q u e los v e rd a ­
deros precursores del es ti'o románico, á pesa r de las
opiniones de Gillman, son e l a r t e rom ano y el bizanti­
no. pues ostrogodos, longobardos. carlovihgios y francos
desarrollaron sus ideas artísticas sin h u ev a s teorías,
aprovechando lo q u e re sta b a del arle de Roma, que
llenó coa sus obras todo el Occidente y de la esplendi­
dez de Bizancio.
En n u e s tra opinión, los francos que al ver las ediiiea-
cioiies longobardas creyéronlas rom anas, titulándolas
desde entonces obras de « arq u ite c tu ra ro m a n a ó rom á­
nica». 110 co m prendieron en esta denom inación sola­
m ente aquellas edificaciones, sino las de su tiempo, cuyo
carác te r era m u y sem eja n te en lodos los países. Ellos
mismos, a u n q u e sintieron m enos el inllujo bizantino,
lo sufrieron como los dem ás pueblos. «El influjo b izan ­
tino.—dice nu estro ilustre G iner,—m enos sensible en
la m ayor p a r te de F ran c ia que en otros países, llega sin
em bargo á través de la antigua Galia, que como Roma
perm anece fiel á la tradición clásica, hasta el extrem o
16
occidental de Europa; y en tre nosotros, el arte visigodo,
del cual tan pocos restos de im portancia nos q u ed a n , y
n in gu no q ue pueda com pararse con los m o n um entos
rinianos é itálicos, es una m u estra m ás de la co m b ina­
ción entre dos factores el nuevo y el decrépitos (estudio
citado, pág. 109).
R o m á n i c o p h i m a u i o (750 á 000, p róx im am ente).—Ca­

racterizase este período en las construcciones longo b a r­


das. Las iglesias son basílicas con n aves laterales m uy
estrechas y c u b iertas de m ad era, lin el p u nto de unión
de la nave ce ntral con la transversal alzábase la cúpula.
T am b ién hay de esta época iglesias de construcción cen ­
tral, si bien la p la n ta pred o m in a n te de los templos es la
com binación de las construcciones cen trales y longitu­
dinales.
Com bináronse ac e rta d a m e n te m ás tarde, los pitares
(le sostenim iento con las arcadas, lo cual estuvo en uso
a n t e s en Italia en los siglos v y vi; construyéronse las

K i;'. I ’t í , — ií iiv cd ii cu li íi n * i ■

bóvedas de medio cañón sosten idas por arcos torales p ara


c u b r ir la nave central, grabado núm . 142, y de progreso
en progreso se adoptó la bóveda cruzada ó de arista,
grabado n ú m . 143. y las seríes de arcos pequeños, como
ve n ta n a s , en las cúpulas, 6 como arcos ciegos p ara sos­
te n e r las cornisas de los techos ó de las lachadas, (gra­
bado n ú m . 144).

Los capiteles de las colum nas caracterizan tam bién


este período. Ai comienzo, intentóse re form ar el capitel
corintio, según indica nuestro grabado n ú m . 14o; des­
pués. atendióse tan sóLo á reforzarlos pava ca rg a r sobre
ellos la ase tula y llegaron liasta á p erd er sus motivos or-

l' ií . I Capitel. Fi¡r. lil i __Capitel. Fig, ! VT.—C u p it e l,

nam entaleSj grabado núm . 14(i; á veres Un o originales


adornos, cruces, etc.; m ás tarde y siem pre desarrollando
la ibrm a cúbica, a u n q u e con tendencias á recordór las
formas clásicas, (véanse los grabados n ú m e ro s 147. 14fi
y 14*)), los capiteles se decoran con figuras h u m a n a s, flo­
res, pájaros y otros anim ales. Las bases conservan el
— 244 -
ca rác te r rom ano, a u n q u e con ligeras modificaciones, por
ejemplo, la q u e se indica en el grabado n ú m . 150.

Fig. U S . - C a p i t e l . Fifí. 1 M*.—C;ipilí-I. Fi£. Io0.—

Estos detalles q ue caracterizan el estilo, com plétanse


con lo referen te á o rna m e n tación , que desde luégo pre­
s e n ta n los distintivos simbólicos y fantásticos del a r te
bizantino, y que no desaparecieron, como hace o b servar
G illman, h a s ta el año 1000 (1).
Las formas arqu itectónicas longobardas fueron las­
que im peraron m ás en todas partes, y en Alem ania,
F rancia é In g la te rra se p rop agaron con insignificantes
variaciones. Según las m ás recientes investigaciones, el
estilo rom ánico lleváronlo á A lem ania artistas y obreros
longobardos, bizantinos., re n a n o -a le m a n e s y franco-
galos.
En F rancia, donde se cree q u e el estilo románico se
desarrolló con m ás pureza y produjo m ayo r nú m ero de
obras notables, h állan se ta m b ié n term in an tes y claras
las influencias bizan tin as, y bien se revela en uno de
los m o n u m e n to s m ás n otables que de esa época se con­
servan en Francia, en la iglesia de Notre Dame du P ort,
en C le rm o n t-F erran t, en cuyo ábside, especialmente^
p red o m in a el ca rá c te r bizantino en la traza y la exor­
nación.

(I) Itaycl Ira Lindo ih' la i n l l u e n c i a b iz a n tin a e n O c c id e n te , d ic e <|ue e n


Italia se e je r c ió a q u e l l a d e m a n i T a m á s s e n s i b l e y d u r a d e r a q u e e n F r an c ia ,
y q u e e n A le m a n ia . h a s t a el siglo x i i i n o c e s a o.se in flujo. {íiist- ríel a r t e
c a p . II.) Kn E s p a ñ a , á p e s a r d e e s t a r Inva dirla p o r g e r m a n o s . se nula ro n las
co i'j ie n tí’S o r i é n t a l o s c o m o m a s a d e l a n t e se liará o b s e r v a r .
— ■24o —
Los arcos fueron, g en eralm ente, de medio punto., pero
usaron ta m b ién algo com prim idos y en algunos m o -
11 am en los hállase el angular, ú en forma de mi Ira. se­
gún observa Gillman. Las p u e rta s ab riéro nse en a ir o.
e strib an d o pocas veces en colum nas, y en cam bio las
j a m b a s (1). sostuvieron arcos de descarga, como el q ue
representa nu estro grabado n úm . 151. Los arcos están
com puestos de dovelas ó ladrillos. Las v e n ta n a s tienen
la forma bizantina, algo m ás estrecha.
En cuanto á los fustes de las colum nas,
a u n q u e se discute si e ra n más gruesos
por abajo que por a rrib a, es lo cierto
que, generalm en te, son de igual d iám e­
tro y que esas diferencias responden no
, , , n , ’. I - ' j ] A í r o (le
fi sistemático precepto
1 1 sino a la necesi- .
clcsrargii.
d a d de aprov echar p ara nuev as cons­
trucciones m ateria le s de edificios arru in ad o s, anterio res
á la época de que se Líala. Respecto de exornación es
tan variada, ta n sobria en algunos países (Alemania,
por ejemplo) y tan lujosa en otros (Italia), que no puede
citarse modelo concreto.
En E spañ a consérvanse escasos m o n u m e n to s de esa
época, y au n así m uy discutibles; pero p u ed e n concep­
tu a rse como tales los capiteles de la basílica de Santa
Leocadia en Toledo, m uchos de la catedral de Córdoba,
y otros en varias iglesias de Galicia, según hace con star
López F erreiro (págs. 53 y 54 de su obra citada).
Hay q ue advertir, q u e es dificilísimo clasificar e x a cta­
m e n te las obras de arte de ese período, porque adem ás
<te que los constructores utilizaron cuanto bailaron á
m ano, hay g ran parle de edificios de esa época, reform a­
dos en los dos períodos siguientes del arte románico.
R ománico mhimo.—Señálase en el siglo x una especie

(I) Ya se ha ti i el i rj (| ue l u í j a m b a s s o n los p ila re s viírlicali's. <|iie c o » el


di. il el t o m í n n el c u a d r a d o do un liueco.
— 246' —
de re nacim iento de las arles, á pesar de que lo ca ra c te ­
rizan som bríos horrores, la discordia en el Imperio, la
ignorancia y los vicios. «Si se ha de creer á algunos a u ­
tores, dice Bayet, el inundo occidental, desesperado, de­
bió es Lar convencido de su fin próximo; se ha exag era­
do, con lodo, la influencia de las creencias relativas al
año 1000» ( l i n t , del a rte , pág. 326).
Ese renacim iento duró poquísimo tiempo y fué preciso
qu e tra n s c u rrie ra n los prim eros años del siglo xi (1000
al 1003), p a ra q u e se b o rr a ra n los recuerdos pro l'él icos
de la venida del Anticristo y del Juicio final q u e de­
cíase ocurriría á comienzos del siglo.
Uniéronse e s tre ch am en te elem entos bizantinos, lati­
nos y germ anos, y se desarrolló en todo su esplendor el
estilo rom ánico medio, co nstruyéndose los m ás h e r m o ­
sos edificios de este arte, e n tre ellos la Catedral de Pisa
(1003-1150) y otros templos en Italia, F ran c ia y Alem a­
nia. En Esp aña ca racterizan este período algunas igle­
sias, especialm ente de Asturias. López Ferreiro señala
en tre las construcciones españolas de este estilo, San
Salvador de Yal-de-Dios, S an ta Cristina de Sena. San
Miguel de Lillo (la p la n ta de eslas dos es u n a cruz grie­
ga) y S anta María de Naraneo (en el Principado) y San
Sebastián de Picosagro, San Miguel y el m onasterio do
Celanova (en Galicia).
Son interesantísim o s los m ás im p o rtan tes detalles del
estilo rom ánico medio ó la íin o -b k a n íin o . como le ape -
llidan algunos auLores. Adem ás de ac e n tu a rs e m ás q u e
en el estilo anterio r el empleo de arqu ito s como frisos,
sostenim iento de cornisas y adorno de fachadas, ob sér-
vanse los siguientes caracteres: la construcción de Lern-
plos responde á p lan tas cruciform es, desarrollándose al
efecto las naves transversales; los cam p a n ario s gemelos
son p a r te de las iglesias y motivo de decoración en las
fachadas; las cu biertas son algo m ás inclinadas y se re­
curre al frontis clásico como elemento arquitectónico;
— 257 —
las v e n ta n a s son gem inadas ó gem elas y au n tri gemi­
n adas ú de tres huecos; los arcos lobulados (de tres ú
cinco lóbulos), según se re p resen ta n en el grabado n ú ­
mero 152 y el de h e r r a d u ­
ra. grabado n úm . 153; la for­
m a m ás artística de los pi­
lares de sostenim iento y el
lujo tle la exornación.
lo.i.—AlVu
Los capiteles, desarro llan ­
lit'iiiuluia.
do au n m ás la m a n e ra lon­
go h arda, dieron motivo á que se les llam ara historia­
dos por el gran n ú m e ro de figuras y adornos con qu e
Fueron enriqueciéndose: las m olduras, cornisas, ele., vie­
n en ú re p resen ta r un papel p u ra m e n te orna m e ntal y
vuelven á adornarse con motivos griegos, rom anos y bi­
zantinos. La idea del co rnisam ento clásico d esa p are ce, y
las cornisas son especie de fajas salientes sostenidas por
canecillos (recuerdo de los m ídalos del orden dórico grie-

f iiís I-'it y lü '.l.— G i n i i . ' U S . fijj. I (>ninilion l¡ic ión.

go). tal como se representa en los grabados núm s. 154 y


155.—En los dem ás elem entos de exornación impera la
riqueza bizantina: el grabado n úm . 15(i. represen ta los
motivos usados en esas construcciones (1 >.

(I) La i'N|)lj(.-;ición d e las U'tras « t i n c a d a s j u n t o á lus m o ti v o s oriio men lii-


Ii.'ü. e.s la s ig u ie n te : A, d i e n t e s d e .‘s i e n a ; U. alii'ii/íiik’j a s a co d i lla d o s ; Ü. lin e a s
— 248 —
La fusión de los elem entos arquitectónicos latinos y
orientales estalla hecha; como dice Vitet, «á p a r tir del
siglo xi, el reinado del gusto oriental ya no es local y
accidental, sino universal, r.2 o b stan te de que en cada
com arca, en cada pueblo donde fué acogido, se modificó
m ás ó menos» ( E s s a ñ s v r VM stobe de Vari, II).
H o m á n k o t u u c i a i í í o . —Abarca este período desde co­
mienzos r’i íincs del siglo \ u , y las novedades que p re ­
sen ta com parado con el anterior, son las perfecciones
qu e el estilo rom ánico consigue, hasta d ar lugar al pe­
ríodo de transición que d eterm ina las formas góticas
ú ojivales.
Los planos de las iglesias a d q u ieren ciertas diferen­
cias que corresponden al objeto y clase de templo que
se construye, y desde entonces se diferencian las igle-
sias parro qu iales de las de
m onasterios y conventos:
las catedrales de las igle­
sias votivas, etc. En éstas
el coro adq u iría las debi­
das proporciones, con a r re ­
glo ai clero adscripto ú ca­
da u na de ellas. En las ca­
tedrales. solían co n stru irse
capillas radiales en torno
del ábside.
Las bóvedas tam bién su­
frieron modificaciones de
adelanto, siendo desde en-
tonces m ás corrientes tas divididas en cuatro porciones
iguales, ó de aristas, (grabado n ú m , 157), en g ran deci­
das ya con los nervios y las arcadas de donde surgían
aquellos.

ncbuEosiU; D, ¡ í u n l a s i l e d i a m a n t e : K. a l m e n i l l a s ; K, cu bic a; U, zig-zas; II, a j e ­


d r e z a d o ; 1, ki.san.ícd e n la z a d o s ; b u z a n t e s (Manjarhe.*, A rq u it. pa­
gin a ’)•>].
— 249 —
Como consecuencia n a tu ra l de la m ay or extensión que
se dió á las arcadas y á las bóvedas, ‘h u b o necesidad de
crear u n c o n t r a r r e s t o de fuerzas, a u n q u e ya bacía al­
gú n tiempo se u s a b a n los cM-dra/mrtes. estribos ó pila­
res de refuerzo con q u e se com bate el em ­
puje del v ano de las bóvedas. Nuestro gra­
bado n ú m . 1Ó8 representa uno de esos con­
trafuertes. Algunas veces 110 llegan á la cor­
nisa de los edificios, pero otras la rebasan,
term in an d o siem pre en talud.
Al en grandecerse las arcad a s y las búve- | ,"i¡|Kr^]
das, al lom ar aque lla s la forma alanceóla da ^ » 1
{ó de p u n ta de lanza), llegando casi á for- i>« —
CunlrnfiK'i’to,
m arse la ojiva, las v e n tan a s y las puertas
fueron objeLo especial de predilección para recargar
en ellas o rn a m e n tació n rica y variada. En u n a s y en
otras, las series de arcos q u e d ism in u ían ,— desde la pri­
m era época del estilo rom ánico,—los vanos ó huecos, se
a u m e n ta ro n tom an do m ás elegantes proporciones, y aun
las archivollas (m oldura que decora la arcad a siguiendo
sus perfiles) se ad o rn an con varied ad em pleándose los
motivos o rn a m e n ta le s que hem os indicado en el g ra b a ­
do núm . 150.
Las v e n ta n a s p re s e n ta n especialísimas formas, em p e­
zando por el uso de las vidrieras, p iu ladas en colores.
A demás de las v e n ta n a s de arco de medio punto, gem i­
n ad a s y trigem inadas, las h a y inscriptas en otro arco de
m ayores dim ensiones, como representa nuestro grabado
n úm . Ió9. abriéndose en la enjuta (triángulos que re s u l­
tan en un cuadrado cuando en él se a b re u n a arcada),
u n a v e n ta n a circular. Los arcos de estas v e n ta n a s fue­
ron de h e rra d u ra , lobulados, de medio punto, lanceo­
lados, etc.
Los orna m e n to s délos capiteles, luchan en este perío­
do por rom per con las fórm ulas clásicas an tiguas b a r b a ­
rizadas, y las rom ano-bizantinas de los prim eros perío­
dos. Impera al capilel corintio y el de forma cúbica y
allá en el Norte. donde el carn cler rom ánico se perfec­
ciona, prodúcense herm osos modelos, en que los orna*
m eníos no son medios de c u b r ir la forma fu nd am ental,
sino verdaderos adornos ú realce estético de la m ism a.
(G i m .m a x . La a r q . )
Los fustes de las colum nas, responden ya en esle pe­
ríodo a dim ensiones m as correctas, a u n q u e todavía eran

!•%'. I.iíl. — Y<'iit;iii:i ilcl M11 n asi c'i't j il<‘ Pk-'h"».

gruesas y rni tas. Al agruparse p a ra decorar los pilares


se hicieron m ás esbeltas y elefantes. Las bases, ad ór­
nense con motivos esculturales en que im p eran las íiyu-
ras de anim ales, las hojas, los trenzados, etc.
La o rn am entació n de los templos, m onasterios, casti­
llos y palacios es rica y fastuosa, y presenta, p erfecta­
m en te definidos, los caracteres de la fusión latino-bizan-
ti 11a de que nació el estilo románico. Im p eran las
p in tu ra s y mosaicos.
— 2o 1 -

Las cornisas tam bién se modificaron por el lujo de la


exornación, y de esle lujo resultó otro de los motivos
o rn a m e n tales q u e aprovechó el estilo ojival: las v á lle la s
ó doselelesque se adhirieron á los m uros, para cu b rir las
estatuas con que se d ec oraban los edificios, especial­
m ente las iglesias.
De esta época consérvense m uchos é in tere sa n tes edi­
ficios en Alemania, en F rancia, en Ing late rra y en Es­
p aña, a u n q u e en n u estra pal ría se desarrolló este perio­
do algo tarde por causa de la invasión m u s u lm a n a , y
m ás bien pertenecen los m on u m en to s rom ánicos tercia­
rios españoles al período de transición al ojival. Sin em ­
bargo, varias iglesias del Norte de E spaña y de Galicia,
<[ue después m encionarem os, pu ed e n citarse como m o­
delo de ese estilo.
R o m á n i c o dm t r a n s i c i ó n a l o j i v a l . — Mucho se ha dis­

cutido acerca del estilo ojival, de su origen, de su nom ­


bre, de los elem entos que co ntrib u y e ro n á su form a­
ción, de si puede h allarse ó no un período rv m i-trio j de
transición á aquel, siendo la causa de todas esas discu­
siones que Francia y Alemania, especialm ente, re clam an
para si la gloria de la invención de ese estilo. Francia ha
dado por suyo el arte ojival ó gótico, aduciendo que el
rom ánico adquirió allí su m ayo r grado de esplendor y
desarrollo, pero eslo no es adm isible, en tesis general,
porque hay que tener presente q u e los elementos orien ­
tales vinieron otra vez á c o n trib u ir á la formación del
arte nuevo; y he a q u í la razón, de q ue adm itam os
como incuestionable ese período de transición del rom a­
no al ojival.
Del templo de Notre Dame en Poiliers (véase nuestro
grabado n ú m . H50), á la catedral de Santiago de Galicia
(pórtico de la Gloria) ó á ia portada de Vezelay (1), h a y
grandísim a diferencia en la corrección de la forma y en

(1) So n m u y s e m o j a n t ^ s n ln li¡iz¡) y uniniiM'iitacinu,


.! )j !;U‘ Sr t'i'í^iu (']) lio.'', v l;is ol.T'ji'i (i is n ilisf. !Urr¡íj]ii‘S.
* ' f j : m ') 1;í r f i l.f'(1 f r t ; d i * I j i ^ í . l<i ct.l■ Z i i m o r ; i v ¡it m > 1 11:1-
!■■L'. ! I■I — ..... .L<1.- /¡III, "[.I.

rji¡ s o r posible ud u i i l i rl<» l an rá p i d o . <]uo i'm>| ju<l i j ¡i ■!*


íi]'i'(dIorsi1, sorv¡nan. por *d oontnir.f. j1*1ríi just:!’ ••
— mí —

teniendo presente que en esas poblaciones, especialm en­


te en las españolas, la influencia orienta! no puede ne­
garse.
Todos esos tem plos con sus arcadas ojivales, sus áb si­
des exteriores, sus cú p u las y sus bóvedas, sus capiteles
de adornos vegetales y su lujo de decoración, cuyos
principales motivos consisten en re lle n ar con esláluas y
relieves los tím panos, las archivoltas, las e n ju ta s y los
frisos, y hasta convertir en es ta tu a s los fustes de lus co-
lu m u as, traen á la m em o ria las arle s orientales, las
ideas de griegos y rom anos, de persas y sassánidas: de
las construcciones cristianas de Siria, que 110 deben de
olvidarse j a m á s al t r a t a r de esta cuestión.
Del estudio com parativo de todos esos m on um entos,
de la observación m inuciosa del desarrollo del estilo
rom ánico en sus cuatro períodos, se deduce claram en te
que al progreso del arle arquitectónico no fué obstáculo
n u n c a aq uel estilo, «pues los adelantos realizados en el
terreno técnico, que no fueron pocos, h alla b a n segui­
d am en te su expresión en las formas.» ( G i u .m a n . La
a rq m l. > E x am inem os los an teceden tes de los elem entos
artísticos de este último período del estilo románico, ad-
virtiendo. como punto de p artid a, que Bayet. por ejem ­
plo. que sostiene q u e el estilo gótico ú ojival debe lla­
m arse ar/e francés, apoyándose en los razonam ientos de
QuieheraL, Verneilh, Lossus y otros arqueólogos, reco­
noce q ue el arte románico no ,se desarrolló solamente en
F ran cia (1): q u e en A lem ania «tiene u n a fisonomía m ás
original»; que en Italia se com bina con el bizantino y ei
á rabe, y «que la iglesia gótica del siglo x m ofrece la
coordinación de todo lo que los constructores de la Edad

(ÍJ f.ií- Fninci'Sfld p r e t e n d e n tin üiilu ly i n v u n c i i í i ) di.’] lo g < iti ai , *iiio 1»


p rt 'e u i ii i L - ii c ia ilu <¡u<; l-1 i v U l o r n n i i i n i r n y cn n s p i' V ii c o n íníis
íuor/.a y uriiítniilidnd e n Kranriíi <[ui‘ i'n u Ií' imiu. y i|uo di.' all í jms'j (i
y ¿i o t r a s nni'iuiii's.
255
Media1h a b ía n creado m ás original.» (Obra citada, pági­
n as 132 y 147).
Ya antes liemos dicho q u e la bóveda y la arcada en
ojiva, es uno de Los progresos del estilo rom ánico en su
tercer período. En esle de transición, las arcadas tom a­

F i l ; í . 102. 103 y H i t — A iv a i'm s

ron fran ca m e n te la forma ojival (grabados n ú m ero s 102,


163 y H>4); las archivoltas se decoraron p a ra hacer des­
ap a re c e r la m asa inerte de piedra, em pleando las figuras
y los adornos vegetales; en las v e n tan a s circulares (véa­
se el grabado n ú m . 105), so atin an los trilobados; las

l’ig. líJ.i.— V e n ía n ;!

colu m nas se adelgazaron, convirtiéndose en elegantes


haces q u e sostienen los nervios de las bóvedas; los m u ­
ros exteriores pierden espesor, conservando su ro bus­
tez en los pun tos de apoyo de las bóvedas, primero
— 256 —
como con trafuertes, y en este período como arcos bota-
veles (macizos que sirven para c o n t r a r r e s t a r el em p uje
de u n a bóveda), grabado n ú m . 166,(1):
y en todos los detalles de las cons-
tracciones obsérvase que se trata de
dom in ar la fuerza, haciendo q ue la
m ateria obedezca á la idea y q ue no
domine aquella por su poder brutal.
Estos elem entos artísticos, h u b ie ­
/ ran ocasionado el período de perfec­
ción del eslilo rom ánico, m as los acon­
tecimientos y las g ran des evoluciones
sociales los convirtieron en formas
originarias del estilo ojival. Gill­
m an, no acepta ese periodo de tran si­
ción, y sin em bargo lo señala con to­
dos sus porm enores. indicando ad em ás
que p ara e stu d ia r esa evolución decisiva de! estilo ro­
mánico, es preciso conocer algunas ra m a s del arle bi­
zantino (las construcciones rusas, que g u a rd a n rem in is­
cencias de los edilicíos de la India) y su influencia en el
arte cristiano, y no olvidar, como antes se lia dicho, las
construcciones de Siria y Persia.
El estudio d élo s m o num en tos que de los cuatro perio­
dos del estilo rom ánico se conservan ó se conocen, ser­
virá de com plem enlo y com probación á las ideas que
dejamos expuestas. T ratarem os de las iglesias, monaste­
rios, castillos y sepulturas.
Monumentos .— Las iglesias del p rim e r periodo del es­
tilo románico son basílicas con naves estrechas c u b ie r­
tas de m ad era. Es til forma, ap esar de las Lransformacio-

1,1) Los a r c o s l)ul¡m_‘!i?:? d e la c.'ik'rlral d e Clia rtros (IllVi) s o n inU'i'e.-ia lilísi­


mo s. p o r q u e d o m u e s l r a n la inllueiK'ia r o m á n i c a d i r e o l a e n el arfe ojival. Los
tm la to le s s e h a n c o n sid i’ railn c o m n uno do los e l e m e n t o s o ri g i n a le s clt*l
o*lilo «jivul ó gótico.
— ‘2o7 —
nes q u e las construcciones ce ntrales produjeron eu la
a rq u ite c tu ra cristiana, se hizo legendaria, y con frecuen­
cia los arqu itectos de épocas posteriores (por ejemplo, la
m u d e ja r g ra n ad in a) volvieron á traz ar los templos sir­
viéndose de los planos sencillísimos de basílicas pri­
mitivas.
Las naves laterales e ra n m enos elevadas q ue la del
centro, conservándose en esta los trifo n o s, ó galerías
altas, recuerdo de los prim itivos ginecms.
Corresponden á esta época, en q u e como a n tes se lia
dicho, lu ch ab a la tradición latina contra la influencia
oriental, siem pre en au m en to , m u ch as iglesias italianas.
Kn la m ayoría de los templos, preséntase, como se hizo
observar, la u nió n de u n a s y otras formas; es decir, la
basílica p re sta ndo sus severas líneas, asociando su sen­
cillez y grandeza, á la esp lén d id a construcción central
del Oriente.
Como ejemplo de las formas de la basílica rom ánica
con cúpula, puedo citarse el famoso m onasterio de Ripoll,
en C ataluña, re stau rad o recien tem en te y donde d u erm e
el sueño eterno el famoso conde de Barcelona R am ón
liere u g u er III, el G rande, según su expresa voluntad,
incum plida, cuando, en este si^lo. se trasladó el cad á­
ver del héroe catalán, desde dicho m onasterio á la Cate­
dral de Barcelona (1).
En realidad, este m onasterio corresponde por algunos
detalles del interior y por su m agnífica portada al tercer
periodo del arte románico, pero su nave ce n tra l—qu e

(I) Estíi c o m p r o b a d o q u e e n 87.J h a b í a e n Rlpoll u n a c o m u n i d a d d e f r a il e s


b e n e d i c t i n o s . La iglesia d e l m o n a s t e r i o la r e c o n s t r u y ó e n RfiS Wi Credo el
Válloso; el c o n d e .Mirón la e n c o n t r ó p e q u e ñ a y e r ig ió o tr a e n el m i s m o si­
tio (0/7), la q u e á sil vez fui: d e r r u i d a p o r el o b is p o Oliva ('020), p o ra e c h a r
lo s c i m i e n t o s d e la b a síl ic a r e s t a u r a d a a li o ra y q u e c o n s a g r ó pii l(J32. liaüta
q u e Alfonso 1 i n a u g u r ó el p a n t e ó n re al do Poblet. la iglesia d e S a n ta María
d e Ripoll s ir vió de, c n l e r r a m i m i l ü á los n o b l e s c o n d e s do U .u colo na. (Cakhe-
h.ís C a n d i , lil m o na st. de R io o U .—Kstud io p u b l i c a d o e n el A l m a n a q u e d e
la Cn.sa liastiiiys.
17
reproduce n n r s l r o im ita d o n ú m . Hi7—y Ja (*stntrlimi.de
la iglosia. porltMiocen á Ins lii’mpos en q iu' las envejeci­
das Jornias laliuas lu d ialu u i. por un morir, ct.ni rí arle

l-'itt. !l¡r. -No’, i1 ciTili'iil il¡‘ !>i : mI.'Íi¡í ' íi ■:!■■■

auovo (]ii!; d(‘ Bixu itrio íraiüti lus m ismos n rIM a s de Oí:-
■‘i IonU1.
Rl aríe. nuevo produjo por todas partes gran revolución
— 259 -
y Carlomagno no pudo su straerse tampoco á su in flu en ­
cia, a u n q u e , como antes dijimos, no fué ta n ta como se
lia creído en otras épocas. Sin em bargo, la catedral de
A quisgran (796-802) es copia de la de Brescia y cons­
trucción central perfectísim a por lo tanto, a u n q u e en su
decoración ofrezca diferentes estilos y predom ine la sen-
rillez rom ánica.
M anjarrés, en su libro Arqueología cristiana, hace ob­
servar a c e rta d a m e n te , «la m ayor extensión que fu é d á n

t’ig. ItiS,—Coro ik 1 la 1j ; i s¡Ijc;i di' S¡>u A ló m e n le .

dose al crucero { transe,pt-uw), p a ra llegar á l'urmar con la


nave principal u n a cruz latina, al propio tiempo q u e se
dió im portancia al coro, á imitación del do ia basílica de
San Clemente de Roma (grabado n ú m . 1G8), formándose
así la fusión de las formas latinas, con las im itaciones de
Bizancio.
Las iglesias del periodo románico medio son m u y in­
teresantes; la unión de los elem entos orientales y occi­
dentales está hecha, y el conjunto, sin las grandiosida­
des de Grecia, es ag radab le y simpático.
— 260 —
Nuestro grabado núm . 169, re p resen ta el exterior de
u n a iglesia de esa época. Los planos de los templos con­
tinu aro n trabándose con arreglo ú las form as la tin o -
bizantinas.
Una de las m ás notables construcciones de ese periodo
es la catedral de Pisa (1063-1150). en la cual im p era n , so~

Fí'j; ICO,—E x l u r io r do u n a ig lo s m r o m á n i c a dol iioriodn m e d io .

b re las bizantinas, las influencias artísticas occidentales,


lo cual hace decir á Bretón que el conjunto de la obra,
que no carece de hom ogeneidad, «puede ser considerado
como el p rim e r paso hacia el renacim iento», (obra cita­
da, tomo II, pág. 128), idea un tan to a v e n tu ra d a y cuya
confirmación no puede in te n ta rse por falta de p ru e b a s ,
pues no es b as ta n te p a ra ello que las colu m nas sean m á s
— s2 (il —
esbeltas, los arcos m enos peraltados, la ornam entació n
m ás seria, y q u e u n frontis degenerado corone la porta­
da del m on um ento .
Los templos del tercer periodo tienen el carác te r del
verdadero estilo rom ánico influido por el bizantino, pero
ya estre ch am en te unidos co­
mo lucimos notar. La facha­
da de Notre Dame de Poi-
liers que hem os insertado en
la página 252; el ábside de
la catedral de líonn (comien­
zos del siglo x i i ) grabado n ú ­
m ero 170, y el in tere sa n te
claustro de Ja iglesia de San
Pablo del Campo, de Barce­
lona, grabado n ú m . 171. co­
rresponden perfectam ente á
osle periodo, así como parte
de la ca te dral vieja de Ge­
rona; u n a iglesia en esta ciu­
dad. la de San Pedro de ios
Galligans (siglos x i-x n ), de
la cual opina Gillman que
tal vez la construyó el a r ­
quitecto que ideó otros m o­
n u m en to s parecidos en Elne.
cerca de Perpignan (1) y otras

Fijí. 170.—A bsi de d e la Cate dr al


(1) I-l m o n a s t e r i o ;de S;in Podro d e de Uomi
los G alliga ns , e s m u y f a m o s o e n la h is ­
to ria d e la s r e v u e l t a s y c o n t i e n d a s d e G e ro n a . Kn los siglos s i r y xv, s u s
a b a d e d s o s t u v i e r o n f r e c u e n t e m e n t e , la g u e r r a c o n t r a los c o n c e jo s , a l b e r g a n ­
d o á los r e v o lto s o s y p a t r o c i n a n d o á los q u e d ir i g ía n los b a n d o s . 1¡! aliad-
eje rc ía , s e í; ú n u n pr iv ile gio a n ti g u o , c o n f i r m a d o p o r Alfonso 11 e n 1171, In
ju r i s d i c c i ó n d e l b u rg o d e San l’e dro . lin 1 N a rc is o d e San il ionís tu v o q u e
c o m b a t i r el m o n a s t e r i o c on b a ll e sta s , culebt ¿ñas (a n tig u o s c añ o n e s } y l a n ­
zas. ( H i i i a , B a n d o s ¡/ ba ndoleros en Gerona, to m o I ) ,
— —
valias ii il osi ns d e As i m uís y í r a l i c i a. e n l i ' r el!<¡s S a n i a
M aría ¡a l!c;il d e S u r , f u S u n [ i a - u . f i m i ii h s i d e t'S u n
[¡‘'lií^MUU.

i' <!-!. M . l;i n>l l'< S ;i n | J ; i M n í l ^ J i !¡u i i j í i y 11: i n r'< >n i .

I.íis ig|«'s¡íi;> 11f■1 i i i ■ f r;i 11si< -11u i Sun n i i p u r l a n l i -


"• ¡ i n i i s , Kl ] t o) ' l i r <i d e l n ( l i o n a . ím l;i c.-i( r d n i 1 d e S ; n i ü u ¡ J , ,r|:
!;; jnii'ladü de Ií¡ de Z a m o r a <|ih' l i e m o s ¡ >u 1>1i i■;¡ do s'ii Im
- 263 —
pág ina 253; la (le la iglesia de San Félix de Solovio en
Santiago, cuyo arco exterior de medio p unió tiene la ar-
chivolta festoneada de arq uitos de h e r r a d u r a y el arco

Kig. 172.—Por(ai)<t <lc;í m o n a s t e r i o iH‘ Hipo]),

in terio r es de h e r ra d u ra tam bién y de forma origiiudísi­


m a; la de San Mamed de Piñeiro (Pontevedra) q u e se
compone de tres arcadas de forma ojival unidas; las del
— 264 —
m onasterio de, Ripoll, en cuyas prim orosas archivoltas
vénse in tere sa n tes motivos orn a m e ntales (grabado n ú ­
m ero 172); la catedral de Lugo, m u y parecida á la de
Santiago y cuyos arcos son de traza ojival; la catedral
vieja de S alam an c a que tiene arcadas ojivales y bóvedas
cru zadas ó cu adripartid as; el m onasterio de las Huelgas
ó S a n t a m a r ía la Real en Burgos (1180-1187) y otros m u ­
chos m o n u m en to s españoles, en q u e puede verse como
en los ya nom brados, el ca rác te r genuino del periodo ro­
m ánico de transición al gótico, quizá con m ás pureza de
rasgos que en otros monumenLos franceses y a le m a ­
nes (1).
E ntre los m o n u m en to s ex tra n jeros en que debe de es­
tud iarse el periodo de transición, figuran los erigidos en
las oomai'cas re n a n a s, donde el estilo rom ánico terciario
se desarrolló con m ás pu reza y claridad en las formas.
T am b ién e n F ran c ia h a y m u y in te re sa n te s monumenLos
de transición; por ejemplo, la iglesia de Loches, en Anjou;
la po rtad a de S aint-T rop him e en Alies y la torre de
N uestra Señora en C unault. Anjou.
Las iglesias se erigieron sobre los planos de co nstruc­
ciones latinas y centrales com binadas y m ejor desarro­
lladas que antes, im perando la forma de cruz latina
«cuya cabeza aparece, en algunos casos inclinada h a ­
cia un lado, como aludiendo al texto de San Ju a n : E l
m clm a io m y ife tr a d ü il (Jes-ns) Sjñriliiiii», (López Fhkhei-
ito; obra citada, pág. 01). La basílica cristiana, m odesta,
severa y sencilla, se h a engrandecido, y ad e m á s de las
bóvedas centrales y laterales,— que en el periodo de
transición á qu e nos referim os son p eculiares del estilo,—
h a y templo q u e tiene m ás de cinco ábsides, desarrolla­
dos en diferentes plantas.

(1) A dem íi s d e q u e ¡o a n t e r i o r o b s e r v a c i ó n e s c i e rta y puede, c o m p r o b a r '


se, p r e f e r im o s los m o n u m e n t o s esp a ñole ;- á los ex.tranjem.-5 ¡(ara e s t u d i a r l o »
c a r a c t e r e s d e c a d a estilo, p o r s e r e s to lih ro e s p a ñ o l y p o r q u e a sí se facilita
el c o n o c i m i e n t o o b je tiv o d e las re g la s y m o d o s art ís ti cos.
— 265 —
Sin em bargo, desde fines de la época del estilo rom á­
nico terciario, construyéron se algunas iglesias de p la n ta
circular, copiando la e s tru c tu ra de la iglesia del Santo
Sepulcro, que los Cruzados h a b ía n visto en Tierra Santa.
«Un obispo de Elne (Roussillon). p eregrinando á J e r u s a -
lcn—dice B ayel—copió el plano de la iglesia del Santo
Sepulcro, á fin de im itarlo en su catedral.» (obra citada,
página 129), y lo propio hicieron varios prelados, sacer­
dotes y caballeros. A. estas iglesias llamóselas d d temple,
porque p erte n ecía n á la orden de los caballeros T em pla­
rios (1).
M o n a s t e r i o s . —San Pablo de Tebas. con aquellos de

los prim eros cristianos q u e h u y ero n á Egipto espantados


de la corrupción de R om a y de las persecuciones de que
los cristianos eran objeto (siglo 111), fundó el p rim er p u e ­
blo de herm a n o s dedicados á la oración y á la práctica
de las virtudes (2) y fué el p rim e r modelo del anacoreta
(de las p alab ras ana, retiro, y choschi, ir) cristiano. San
Antonio y San Pacoinio, fueron los fundadores de las ór­
denes monásticas.- S an Pacomio. reunió á los anacoretas
e n c a s a s com unes q u e se llam aron ccenobia ó cenobio (del
griego k m w b im , vida común), y con ellos formó las dos
divisiones principales de la vida m onástica, los que vi­
vían en p un io s aislados, monasterio, ó m onasterio (del
griego monasterion, monazein, vivir en el desierto) en
donde los cristianos h ac ía n vida solitaria y aislada a u n
d entro del edificio com ún, y los q u e vivían reunidos ri­
giéndose por u n a clausu ra, claustro (del latín claudere,
c errar, clastra b a r r e r a que cierra el paso), origen de los
conventos posteriores.

([] lis ia o r d o » m i l i t a r fué f u n d a d a e n 1118, e n J e r u s a l é n , c e r c a do lus r u i ­


nas d e l T e m p l o d e S a lo m ó n . La e tim o lo g ía d e la p a l a b r a t e m p la rio e s
«templo: la tín te m p la ris, lo q u e p e r t e n e c e á los templos.. .'! ( J U h c i a , Dice.
eit. a rts . te m p la rio , temple).
(2) P r e c e d i e r o n íi los m o n j e s c r i s t i a n o s , los a n a c o r e t a s d e ia In d ia , les
t e r a p e u ta s d e E gi pto y los a sc e ta s d e J u d e a .
— 266 —

La existencia de aquellos s a n ta s v aro nes era edifican­


te. En cada celda h a b ía u n a estera que servía de cam a
y como alm ohada ten ían 1111 m ontón de hojas de papiro.
Se a lim e n ta b a n con pan y agua, y su traje era u n a an ­
cha túnica de lino con p e q u e ñ a capucha, u n cinturón
de cue rda ó lana y u n a especie de m u ceta, de hilo t a m ­
bién. que llam an los escritores de la época (San J e r ó n i­
mo) maforte ó clámide.
Bien pronto a b u n d a ro n los m onasterios en OrienLe, y
desde el siglo iv estableciéronse diferentes agrupaciones
monásticas, cuya organización re gla m entaro n, perfeccio­
nándola, San Benito en Occidente y San-Basilio en las
regiones orientales. Después, las órdenes monásticas,, en
los tiempos calam itosos de la invasión de los bárbaros.-
conservaron cu idad osam ente, como rico tesoro, la reli­
gión y el s a b e r en todas sus m anifestaciones. Los m o­
nasterios fueron los únicos asilos q ue los b á r b a ro s re s ­
petaron, y los m onjes no sólo g u a rd a ro n p ara ellos la
religión y las ciencias, sino q u e educaron las generacio­
nes q ue m ás tard e se d ed icaran al estudio, y copiaron y
m ultiplicaron los ejem plares de las obras m á s aprecia­
das y estim adas hoy.
Después del pasajero renacim iento q u e Carlomagno
produjo, operóse nuev a y terrible decadencia; las in v a­
siones n o rm a n d a s se m b ra ro n por todas p a rte s la desola­
ción y la ru in a, y los m onasterios fueron una vez m ás
el asilo.de la religión y el saber. La orden de Cluny
(siglo x), especialm ente, llegó á ejercer influencia efica­
císima en todas p a rte s y á pro pagar sus m onasterios
por Europa, y con ellos las ideas artísticas de aquel
tiempo (1). ,La m ayor p arte de los arquitectos, pintores y
escultores e ra n m onjes, y los m onasterios verdaderas es-

(1) U n o d e los m o n a s t e r i o s q u e n e e p t a r o n e n lís p a ñ a la r e f o r m a c l u n i a -


c e n s e rué el d e Ripoll, q tie d p s d e '1070 h I !7'2 p s l u v o in c o r p o r a d o á Seid
V íc to r d e M arse ll a .
— 267 —
;uelas ele Bellas artes y artes su n tu a ria s , donde h ab ía
110 sólo artis ta s y mecánicos, sino técnicos como Teófilo
(vivió p ro b a b le m en te en el siglo xi, en Alemania), a u to r
de un in tere sa n te libro, Sckeduia d iv e rs a n m artm m , en
q ue se tra ía de la p in tu ra, de los vidrios, de los m etales
y de la orí'ebrería (1). Anteriores y posteriores á este
monje, p u diéranse citar á ce n te n a re s los artistas, sabios
y m ecánicos que alberg aro n los m onasterios. Con razón
ha dicho un escritor n a d a sospechoso, q u e los m onjes y
los (railes civilizaron la Europa, ( B a r c i a ., Dice,. citado,
art. M m a s t.j
Los m onasterios, como construcciones, fueron h u m i l ­
des asilos en los prim eros tiem pos, es decir, cuando la
vida ascética im p e ra b a (2); después, instituidos ya los
cenobios, la com unidad de alb erg ue modificó las cons­
trucciones; y cuando los m onjes tuvieron como base de
su organización el c a rá c te r clerical y las reglas m o n ás­
ticas, los edificios se su je ta ro n á las condiciones espe­
ciales de la c la u s u ra y se unieron á las iglesias.
El m onasterio de Saint-G all (siglo ix) forma u n a edi-
iicación, como ciudad p eq u e ñ a , con talleres de todos ofi­
cios a d m ira b le m e n te distribuidos; y parécen se á ese
m onasterio los dem ás fundados por los ilustrados m onjes
de Cluny,
Desígnase con el nom bre de claustro, la galería que
cerca el palio principal del m onasterio ó convento, por­
que su representación en la vida m onacal es encierro,
ap a rta m ie n to de los dem ás seres, de q u ien es están sep a­
rados los claustrados por las reglas de clausura.

(1) lin F r a n c i a si; p u h lic ó e n 18tí! u n a t r a d u c c i ó n d e e sta o b r a , p o r el


c o n d e do Sc aío piu r, (Nota d e Hayet , e n su lib ro y a cita do ,
(2) A u n q u e h a b ía m o n a s t e r i o s e n d o n d o H a bit a ban g r a n d e s a s m p a c i o n e s
d e c r i s t i a n o s d e d i c a d o s á la o ra c ió n , el m o n j e (d el gr ie go m onachós, f o r m a ­
do d e monos, monoios), h a c í a n v id a solita ria d e n t r o d e l a l b e r g u e cornCtu.
Sin e m b a r g o , d e cal a c o m u n i d a d p o s te r io r, la p a l a b r a monasterio, p r i m i t i v a '
e x p r e s a t e r m i n a n t e m e n t e lu i d e a d e la s o l e d a d e n el d e s ie rt o .
— 2G8 —
Los claustros recuerdan los atrios de las prim itivas
basílicas cristianas; «liasta la fuente central estuvo en
medio del claustro como en los atrios,» de aquellas
(Manjaiíuiís, Arqueol. crist., pág. llíi), a u n q u e el estilo
arquitectónico sea diferente.
La m ay o r p arte de los m onasterios, que m ás ó m enos
ruinosos ó reformados se conservan de esa época, p erte­
necen al segundo y tercer periodo del estilo rom ánico y

h'ig. I7.j,— C l a u s t r o d f l ino na .'k M 'i n dt¡ t ' o i i l o u n y (l'Yimi'iu),

al de tran sició n /le este al ojival. Véase el claustro del


m onasterio de F o n te n a y (Francia) grabado n úm . 173. y
el del m onasterio de San Pablo del Campo que publica­
mos en la página 262 de este libro.
Como puede observarse, las colum nas se com b in a­
ron con los m achones ó bien con aquellas se c o n stru ­
yeron éstos. Una de las cu atro galerías sirvió de co m u ­
nicación de la iglesia con el m onasterio, y en las otras
— 2Ü9 -
tres e s ta b a n las p u erta s de en tra d a á la sala capitular,
biblioteca, tesorería y locutorio, y de paso á la hospe­
dería p a ra peregrinos, dormitorios ó celdas, refectorio
y cocina.
La o rna m e ntación fué m ás ó m enos rica según la im­
p ortancia del edificio. A b u n d a n los capiteles historiados
con figuras de h o m b res y anim ales.
C a s t i l l o s . — Los castillos son lugares fuertes rodeados

de m urallas, fosos, b a lu a rte s y otras fortificaciones de


defensa, cuyo origen, reco rd a rán los lectores q u e puede
hallarse en las obras de las épocas protohistóricas y en
las agrupaciones de viviendas y b a lu a rte s que rodearon
en los tiempos conocidam ente históricos las tiendas del
jefe ó rey de la tribu, d enom inándose castra (reales).
ca stm m (cam pam ento), etc.
El desenvolvimiento ([¿[feudalism o (1), la división del
poder cen tral que fué rep artiéndo se en p eq u e ñ a s p a r­
tes, fué origen de q u e los señores feudales p a ra defen­
derse de agresiones y asedios, m u y frecuentes en a q u e ­
llas épocas (siglo ix), p e n s a ra n en su stitu ir con sólidas
construcciones las tiend as de c a m p a ñ a y las b arra c a s
<le m adera, en que h asta entonces h ab ían se albergado
los q u e sostenían con tin u ad a s luchas de conquista y
anexión en toda Europa.
Los castillos fuertes de los prim eros tiempos, fueron
sencidas torres cu ad rad a s ó redondas, circun dad as de

(1) La p a la b ra f e u d a l is m o se d e r i v a de la goila f'aihii (feudo) t e n e r b i e ­


nes, p o s e e r, y du otr o s s e m e j a n t e s a l e m a n a s y ilel lia jo la tí n. Er a u n a e s p e c i e
d e c o n t r a t o p o r e! q u e el e m p e r a d o r , re y, p r í n c i p e ó s e ñ o r c o n c e d e e! d o m i ­
nio útil d e cosa i n m u e b l e , p r o m e t i e n d o e l f e u d a ta r io , ba jo j u r a m e uto, fide li ­
d a d , r e s p e t o y v a s a lla je (Iíahcia, Dicc. url.° feud o) .— lisie fué el o r j,re n del
fe u d a lis m o , n a c i d o p o r c o n s e c u e n c i a d e 1¡> ir r u p c i ó n d e los b á r b a r o s , e s p e ­
c i a l m e n t e c u A le m a n ia , e n Italia, e n F r a n c ia , e n I n g la te rr a y e n Asia, lio tu
p e n í n s u l a e s p a ñ o la , no !te^'»¿i i m p e r a r el fe u d a lis m o , p u e s á .sus ricos ho­
rnos, s u s .se ño res d e h o r c a y c u c h i llo , y o tro s p ri v i le g ia d o s p o r los re y e s,
m a n t u v i é r o n l o s casi s i e m p r e ;i r a y a los corn e jo s y m u n i c i p i o s , y a u n los
m i s m o s m o n a r c a s . Es e s l e n s u n lo pa ra tr a t a d o c o n m á s eiiteiis iún y u u c a b o
e n lus e s t r e c h o s lim ít es e le u n a ñ o la á mi lib ro d e a rte.
— 270 —
fosos. En el periodo terciario deí estilo románico y cu el
de transición, los castillos eran ya inoradas señoriales
con todo el ap arato de fuerza en el exterior (grabado n ú ­
mero 174) y todo el lujo y fastuosidades, en moda, por
dentro de cada fortaleza. ICstos castillos llám anse fe u d a ­
les. Los que la defensa de las altu ra s y la vigilancia para
p reven ir cu alqu iera sorpresa, aco nsejaba levantar, de-
nom iuánse castillos roqueros, es decir, erigidos en rocas

t'ig, 17 í-.—Caslillo ft'iiLliii.

señaladas como p untos estratégicos. En torno de unos y


otros, ag rup áron se las viviendas de los vasallos y solda­
dos, y bien pronto u n a m u ra lla y un foso rodearon todas
aquellas hab itac ion e s u n id as por las circunstancias; con-
sideróselas como tales poblaciones, n o m b ránd oselas civi-
taíes, urbes, oppida. btirgus, cusidla, v id , etc., (poblacio­
nes de m ás ó m enos im portancia), siendo este el origen
de los pueblos, villas, etc.
En el centro de esas agrup acio nes se alzaba el castillo
con sus torres de defensa y de honor, en tre las q u e des­
collaba la del hom enaje, donde se erigía la b an d e ra y
sé tr i b u t a b a n los honores al vencido, al amigo ó al em -
fra.jiador rea!.
— 271 —
E n tre los medios de defensa de que se rodearon los
m uros exteriores de los castillos, m erecen m encionarse
las almenas (1) ó dentellones abiertos en la p arte su p e­
rior de los m u ro s de u n a torre en todo un lienzo de m u ­
ralla, con objeto de h a c e r fácil la operación de a rro jar
sobre el enemigo proyectiles de todas clases (grabado
núm ero 175); los matacanes, galería saliente u n id a á las

h'iy. ¡Ai,— A Lo e n as.

m u rallas y parapetos, construidas de ladrillo unas veces,


de m ad e ra otras: su objeto era como el de las barbaca­
nas, posteriores á aquellos (grabado n ú m . 176) facilitan
la observación sobre el campo enemigo y los medios de
defensa, y las garitas ó lo rre c illa s u n id as á los ángulos

(1) N u e s t r o s g r a b a d o s n ú m e r o s I7j y I7G r e p r e s e n t a n c u a t r o c la s e s d e a l­


m e n a s . Los mariones («pai te d e l p a r a p e t o c u y o s inL ‘r v a l o s tí h u e c o s f o r m a n
'a s a l m e n a s » . —A d e l i n e , o b r a c i t ) , s o n e s c a l o n a d o s , ii riiuiá lic os, d e n t a d o s tí
t e c l a n g u l a r e s , Loa p r i m e r o s y los ú ltim o s e s t a b a n h e n d i d o * p o r a s p il le r a s
V e s i c a l e s ó e n fo r m a d e c ru z .
- 272; —
de las to rres ó m urallas, p a ra resguarde^ abrigo y o b ser­
vación del centinela.
El in terior de los castillos, al principio, era, sencillisi--
mo y modesto. Componíase de las piezas m ás necesarias
p a ra la vida m ilitar. Más adelante (periodo terciario y
de transición), las m orad as señoriales tuvieron por c e n -

Fig, 176.—B a r b a c a n a s .

tro u n a g ra n d e estancia ó cuadra, en la q ue se re u n ía la


familia (grabado n ú m . 177).
Abrióse en las m u ra lla s u n a ó m á s p u e rta s , á q u e se
dió el aspecto de u n fuerte de defensa, como puede
apreciarse por el grabad o n ú m . 178, q u e re p resen ta la
p u e rta de Nevers (Francia).
S e p u l t u r a s . — Ya en este tratado, indicam os lo sufi­

ciente acerca de las s e p u ltu ras y cem enterios en la Edad


— 27;! —
Me d i a . T o l e r a d a s n n e v a m e u t e las i n h u m a c i o n e s e n los
t e m p l o s . p r i m e r o á los p r i n c i p e s . i v \ es y p r e l a d o s , y
d e s p u é s ú '<.js p ü r t i e u l u r e s . e r i g i é r o n s e a r t í s t i c o s s e p u l ­
c r o s bajo el p r i m i t i v o a r n i s n U u , c o m o p u e d e v e r s e m el

grabado uuiLi. J i ‘.K q u e r e p r e s e n Id el s e p u l c r o de J í e r c n -


g n e r el f i j’;i 11111; e n e[ r e s l a u r í n l o m o n a s t e r i o de S-mt-j
Ma r í a d e l í í p n l l .
A d e m a s . a d m i t i é r o n s e e n los t e m p l o s las u r n a x usar'c,;-.
■1S
— 27 í —
especio de arcas de piedra. colocadas, bien sobre sopor­
tes fijos en el suelo, va sobre m én sulas en liguni di

Kii;. 178.— Puo rL ii d r N t * W t > ( t ' n n i r h i ) .

eones, leopardos,, perros, ele.. anim ales que r n el sim ­


plism o de la Edad Media re p re s e n ta b a n la acción en
q u e e l cu h u l l er o h ; i l > í ¡ i m u e r t o . <‘i s u s íi1 ú lü r i m i .
princiji;il oi'Upüció¡i de a q u e l l o s s e ñ o r e s .

1 'Í i í I / ! . — S¡-| > Iil< '['l.l l i o I ’ lT i * U t í l l l - r o l ílü j m il) .

[Jurante toda la época románica, se adornaron esUrs


urnas-osarios con escudos de a rm a s de talla ^roseni.
— 276 —

Hesperio de casas d u ra n te los periodos á que se refie­


re esle capítulo, consérvanse escasos antecedentes. El

F¡;,. ISO.— r ománi ci i ' p i 'n n d n c!r Iran.-K'mu ;il yi'slii;i>).

interior del casiillo de W arllm rg . («Taha do núm . 177),


puede, dar idea de la casa rom ánica: por lo q u e al ex te­
rior respecta, las del último periodo rom ánico (eonsér-
vanse algunas en Colonia y otras ciudades alem anas)
t u v i e r o n « r a r a vez u n a g a le r ía b a j a a b i e r t a á la calle,
pe ro s ie m p r e o s t e n t a n u n e x te n so z a g u á n , q u e a tr a v ie s a
todo el fondo de la c a s a y u n a esp a c io sa g a le r ía d i s p u e s ­
t a de i d é n ti c a m a n e r a e n el piso p r in c ip a l y desde la
c u a l se p e n e t r a e n las h a b ita c io n e s .» ( G i i j .m a n , Const.
de ed if. y a c itada).
L as p u e r t a s , v e n t a n a s , c o r n is a s y o r n a to s d e ca p ite le s
y a r c a d a s , a j u s t á r o n s e p e r f e c t a m e n t e á los m odelos q u e
h e m o s p r e s e n t a d o al t r a t a r de la s iglesias y m o n a s te r io s ;
jú z g u e s e p o r el g r a b a d o n ú m . 180, q u e r e p r e s e n t a el ex­
t e r io r de u n a c a sa r o m á n ic a del period o de t r a n s ic ió n al
gótico.
IV.
El arte en los pueblos germ ánicos.

C u ltu r a a rtís tic a (.1c e s o s p u e b l o s , n a c i d a d e la q u e su a p r o p i a r o n d e r o m a ­


nos. á r a h e s y b i z a n tin o s . —Los n o r m a n d o s ; su.s i n v a s i o n e s y s u c iv il iz a ­
c i ó n . —M o dif ic a cio ne s q u e el e sti lo r o m á n i c o s ufr ió c o n la i n f l u e n c ia n o r ­
m a n d a . —M on um en to !- . C a r a c t e r e s d is tin tiv o s d e los m i s m o s . —C o n c l u s io n e s
r e s p e c t o del a r t a e n los p u e b l o s g e r m á n i c o s .

H e m o s dicho, y d e m o s tr a d o con i m p o r t a n Les é ir r e c u ­


s a b le s textos, q u e los p u e b lo s g e r m á n ic o s con n a d a
o rigina l c o n t r i b u y e r o n á la fo rm a c ió n de los estilos a r ­
q u ite c tó n ic o s de la líd a d Media JEsL prtiimi. á esle t r a ­
ta d o , págs. 204 y s ig u ie n te s), á p e s a r de q u e e n la
frermania de Tácito, p r e s é n t a s e á esos p u e b l o s como
g e n te s p o se e d o ra s de c u a lid a d e s y a p t i t u d e s q u e re v e ­
la n c ie rta c u l t u r a y civilización, sin q u e ll e g a r a n p o r
esto á p o se e r id e a s a p lic a d a s á las a r t e s y á la a r q u i t e c ­
tu r a , e sp e c ia lm e n te .
E n sus g u e r r a s de in v a s ió n , e n su s c o n v e n io s a m is to ­
sos con R o m a , e n s u s c o n q u i s ta s p o r u n o y otro im p e rio ,
a p r o p iá r o n s e a r te s , civilización, lujo, h a s t a los vicios de
ro m a n o s , á r a b e s y b iz a n tin o s ; y la f a s tu o s id a d o r ie n ta l
hizo e n ellos ta l im p r e s ió n , q u e las a lh a j a s y las a r m a s
— 279 —
ricam ente decoradas que se hallaron en el sepulcro det
rey Chihlerico, m uerto e n 481. en T o urn ay, so nd e ca rác­
ter y forma bizantinos ( B a y e t , pág. 123 de su obra cit.),
y que los no rm ando s, de cuya fiereza pu ede ju zgarse por
el hecho de que en lodas las iglesias francesas y a le m a ­
n as se agregaron á las oraciones estas p a lab ras, a fn ro re
Nov-mannorv.m- Hiéranos Domine, fueron los q u e llevaron
triu nfaIm ente por Europa, y a u n por la p arte de Amé­
rica que ellos exploraron, las ideas del arte oriental, q ue
influyendo poderosam en te en la ú ltim a época del estilo
rom ánico, contribuyó á la creación del arle ojival ó gó­
tico, por medio de agentes bien extraños, pues los q ue
tal hicieron, al invadir, siguiendo el curso de los ríos,
por el Elba h a s ta H am bu rg o. por el Rliin h a s ta Colonia
y Bonn, por el Loirr-* h asta Orleans, por el G aroua h asta
Tolosa. por el Tajo h a s ta Lisboa, y por el G u a d alq u iv ir
toda Andalucía,, con sus 40.000 h o m b re s y sns 700 barcos
lo a r ra s a ro n y d estruyero n todo, saq u e a ro n iglesias y
m onasterios é incendiaron basílicas y catedrales, d e ja n ­
do dentro de ellas inm en sas hogueras p ara que term i­
n a r a n tan b á r b a r a devastación (1).

(1) Doüj', (*f sal)io a r q u e ó l o g o é h is to ria d o r, in s e r ta c u el to m o II d e s ú s


lftKe&tigaciones a c e r c a d o La h is to r ia ,y de la l i t e r a t u r a de E s p a ñ a
d u r a n t e 1.a E d a d m e d ia ( t r a d u c c i ó n d e M a c h a d o , S e vil la , 1878), mi i m p á r ­
t a n l e e s t u d i o r e f e r e n t e á las i n v a s i o n e s n o r m a n d a s e n E s p a ñ a y t' rn n c ia
d e s d e SVV h a s t a d e s p u é s d e l fstíi Ijteci in ¡en lo d e a q u e l l o s e n N o r m a iu lía , s e ­
q u i l l o s iTonisln.H á r a b e s . Kn c o m p r o b a c i ó n de su b a r b a r i e , (le s u s d e v a s t a ­
c i o n e s <■ i n c e n d io s . p u e d e c ita rs e e s t e p Arralo d e I b n - a l - C u t i a (siglo x): «A dde -
i r a n i ú n m a n d ó c o n s t r u i r la ¡¿ran m e z q u i t a d e Se villa y r e e d i f i c a r las m u r a ­
llas d e e s ta c iu d a d , d e s t r u i d a s p o r los M adjtis e n el afín 230. La a p r o x i m a c i ó n
d e e s t o s b á r b a r o s s e m b r ó el e s p a n t o e n t r e los h a b i t a tiles, q u e h u y e r o n todos
e n b u s c a d e u n asilo, o ra á las m o n t a ñ a s d e los a l r e d e d o r e s o r a á C a r m e ­
na .." ( i l a d j u s q u i e r e d e c i r p a g a n o .s, y el a ñ o 230 d e la egira c o n v i e n e
t on SH-Kii)).—lh ii- a l- C u l ia . d i c e d e s p u é s , q u e tos x e q u e s d e Se vil la iia bía »
re,forillo « que los M ad ju s a r r o j a b a n H e d í a s e n c e n d i d a s s o b r e el te c h o d e la
m e z q u i t a , y q u e las p a r l e s d e l l e c h o d o n d e d a b a n e sla s Mechas se d e s p l o m a ­
ban.. .» q u e l u e g o in L en la ro n i n c e n d i a r l a , «poro u n j o v e n q u e llegó d e l M ira b
salió á su e n cu e n tr o ,, los a r r o j ó de la m e z q u i t a , y d u r a ufe Ir es d í a s c o n s e c u ­
tivos. Iiusfa el d e la s;ran ba ta lla , te s im p id ió q u e v o l v i e s e n ú e n t r a r allí. Los
— 280 —
Los norm an dos, ó normmmos (de las p alab ras inglesas
N o rth , norte, y man, ho m b re, es decir, hombre del norte),
e ran tem erarios é intrépidos corsarios que h a b ía n fun­
dado colonias en Italia, recorrido todos los m are s y au n
intentado a ta c a r al imperio griego. D enom in ábanse á si
propios m kin g es ó guerreros, y lo m ism o por m a r q u e por
tie rra ex ten dieron pronto su poderío, desde el M editerrá­
neo h a sta G roenlandia y F in lan dia (hoy Es Lados de P e n -
silvania y Nueva York). Hijos de la Escandinavia, cuyo
pobre suelo no producía lo b a s ta n te p ara las necesida­
des de la vida de u n a población num erosísim a, re c u rrie ­
ron ai pillaje, á la p iratería, á la g u erra de conquista,
fijándose como térm ino de sus invasiones en el te rri­
torio del Noroeste de F ran cia, q u e desde entonces se
llamó ISTormandía, (siglo ix); otros n o rm ando s con q u is­
taro n m ás tard e á In g la te rra (siglo xi), en donde e n t r a ­
ron en 787, y otros llegaron h a s ta las costas am ericanas,
que h a b ía descubierto Erico el Rojo, (siglo ix-x).
Los norm an dos, adem ás, fund aro n reinos en Novgorod
y Kiev (Rusia).
De tan diversos elem entos debía de re s u lta r algo n u e ­
vo p a ra las artes, porque m ás ó m enos san guin ario s los
escandinavos ó norm andos, fueron civilizándose le n ta ­
m ente h a s ta q u e se apropiaron formas artísticas de los

M ad ju s d e c í a » q u e e l j o v e n q u e los b a b í a e x p u l s a d o d e l¡i m e z q u i t a e r a de
u n a b e l l e z a oxt ra ofd iii arin .. .i i—En la in v a s i ó n d e Ki'J-SüO, i n c e n d i a r o n la-
m e z q u i t a p rin c ip a l d o A lo n d ra s , s e g ú n Ihn -Adh ftri. y r e s p e c t o d e la to m a de
H a rb a slr o 11064), I b n - K a y y a n h a c e u n a d e s c r i p c i ó n m i n u c i o s a , q u e r e v e l a al
p r o p i a t i e m p o q u e lu fe ro c id a d d e los n o r m a n d o s , l o q u e d e c i m o s e n el t e x ­
to, q u e s e a p r o p i a r o n liasla los vic io s d e los p u e b l o s q u e s o m e t í a n , p u e s
¡según e l i n t e r e s a n t e re la to d e u n m e r c a d e r ju d io , q u e I b n - U u y y n n in s o ria '
r e f i r i e n d o su v is it a á la c a s a d e un c o n d e . 'd i c e q u e los a p o s e n t o s se h a l l a b a n
c u m o los m o r o s les li a b ia n d e ja d o , q u e el g u e r r e r o n o r m a n d o e s t a b a ve sti d o
c o n los m á s r íe o s tra je s á r a b e s , y q u e e sta b a r o d e a d o de m u j e r e s m u s u l m a ­
n a s e n f7 if¡ íe /i ? o n ú m ero.—Doxv, o p i n a « que ios n o r m a n d o s h i c i e r o n o tr a s
m u c h a s e x p e d i c i o n e s á la p e n í n s u l a , e s p e c i a l m e n t e e n la p r i m e r a m i t a d de l
s i g l o x i . . « ( p a g s . ’i l i v sisuientQ s).
— 281 —
p ueb lo s1q u e ftó m in a b a iv c u ltu ra s indígenas en mayór ó
üielior grado de progreso, gérm enes de diversas y opues­
tas civilizáciones.
A ju z g a r por los m o n u m e n to s
'd e la Escandinavia, allí comenzó
á modificarse el estilo rom ánico
con el nuevo aspecto q u e hem os
estudiado ya; como periodo de
transición.
De las iglesias de m ad era e r i ­
gidas por H arald del Diente Azul
(936-986), consérvanse las de U r-
n e s 3 Tind y JBorgund, eñ Noruega
y D inam arca, y otras de H ungría,
Fiíj. 181,—l’l a n o ilc la iglesia
Sajonia, Turingia, Silesia, P om e- d e U i d d e r d a l [Noruega).
ra n ia y P rusia. G illm an señala
como tipo de estas construcciones la iglesia de Hid-
derdal (Noruega), cuyo plano originalísimo reproduci­
mos en el grabado n ú m . 181. El exterior de ese templo
tiene m ucho de rom ánico,
y sobre las a rcad a s álzanse
frontones m u y apuntados,
como re p resen ta el grabado
n ú m ero 18á. Es digno de te­
nerse en c u e n ta el carác te r
especial de ese frontón. La
v e n ta n a de arco lobular que
liay inscripta en él y la a r­
q u e r ía que lo decora reve­
lan u n a tendencia nueva,
la característica del estilo 182.—F r o u l i i n d o l¡i f a c h a d a d o
ojival ó gótico. Dice Gill­ la i g l e s i a (le N i r i d c n l u ) ;

m an , q u e en las formas de
ese templo «parece h a b e r influido, ap a rte del m a te ­
rial y el clim a, alguna traducción oriental ó bizantina,
tran sm itid a tal vez desde el Asia por los godos...» (obra
— 282 —
citada (1). De Ja o rn a m e n tació n de esos templos, püede
form arse idea por el grabado n ú m ero 183, q u e re p re­
senta p a r te de u n a p u e rta de la iglesia de Tind. La in­
fluencia de q u e G illm an h a b la , hállase aq u í m a n ilie s -
ta, puesto que el c a rá c te r de
esas labores, sin gran esfuerzo
ni discusión puede co m p ro b a r­
se, estudiando los elem entos
sassánidas y [ p e r s a s recogidos
en el arte cristiano del Oriente,
y conservados después, m ejor
que en p arte alguna, en el es­
tilo mahomeLano andaluz.
Las construcciones e sc an d i­
n av a s prim itivas, son de m a ­
dera. Las de piedra correspon-
den al siglo x, y su c a rá c te r es
rom ánico primitivo, con m ar-
| cada influencia oriental. Estas
iglesias tienen torres y bóvedas.
t ¡!a. 183,—P u e r t a d e la iglesia
de T i n d .
"l Erico [el Rojo, el explorador
de G roenlandia y F inlandia.
halló en aquellos países «viviendas, restos de e m b a r­
caciones y h e r ra m ie n ta s de piedra, lo qu e p ru e b a que
las m ism as gentes q u e viven en F inla n dia , y á las que
los groenlandeses d an el n o m b re de shaelingares. h abían

IIJ [.os go d o s «seg ú n u n a a n t i g u a t r a d ic ió n , h a b í a n 9al¡dn d e la K s c a n d i n a -


via, y lu e g o e n los .siglos n y m d e n u e s t r a e ra , h a b í a n e x t e n d i d o su p o d e rí o
d e s d e l a s b o c a s de l Vístula y d e s d e ta c o sta d e l A m b a r s o b r e la s l l a n u r a s
([no se e x t i e n d e n haci n ol S u r y el O rie n te , d e s d e los C á r p a t o s b a s t a la s b o c a s
d e l D a n u b io y la c o sta s e p t e n t r i o n a l del m a r Neg ro...» S u s c o u f i m i n d a s a v e n ­
tu r a s e n Asia, c o n t r a grie go s, p e r s a s y r o m a n o s , b a e o q u e c o n s i d e r e m o s
a c e r t a d a !a o p i n i ó n d e G illm a n . —A c e r c a d e los g o d o s y d e s u s i n v a s i o n e s
p u e d e c o n s u l t a r s e el r e s u m e n d e la M e m o r ia del p r o f e s o r .1. llr n n . Los godo*
del m a r N e g r o y v e stigio s da s u Letra a p e r m a n ene i a en. el M e d io d ía
de Raaia. in s e r to e n !a R e v ista de c ie n c ia s históricas., p u b l i c a d a e n fiar-
c e l o n a p o r el i l u s t r a d o h i s t o r i a d o r y a r q u e ó l o g o S n m p e r u y M ique l. to m o 1,
p á g i n a 35)3,
— 283 —
recorrido ta m b ié n aqu e l país...» (Informes del sacerdote
irlandés Are Thorgilsson Frode, citados p or C ronau en su
libro A m érica, tomo I, pág. 142; el sacerdote escribió su s
informes el siglo siguiente al en q u e fué descubierto
aq uel país).
El cristianism o pen etró allí poco tiempo después del
descubrim iento, p ues en 999 llegó desde Noruega á
aq uellas p lay as el p rim e r misionero cristiano, y con
este motivo se con stru y e ro n iglesias, escuelas y conven­
tos, y desde 1121 G roenlan dia tuvo obispos propios, q u e
lijaron su residencia en A rnald ( C r o n a u , obra cit.) y q u e
e n alg u n as épocas m a n d a ro n g ra b a r notables sellos epis­

copales, de los q u e tra ta re m o s en lu g ar oportuno.


C om paradas las construcciones n o rm a n d a s de la Es­
candinavia, con las de N orm andía y dem ás paises some­
tidos á los norm an dos y con las de G roenlandia, ad q u ié ­
rese el convencim iento de q ue u n lazo estrecho las une
y caracteriza; q u e los elem entos diversos de q ue esa
r a m a del estilo rom ánico se com pone (1) se modificaron
en cierto modo, y q u e las invasiones n o rm a n d a s son las
tínicas, e n tre las grandes invasiones del Norte, q u e han
hecho sen tir su influencia en los dos últimos períodos
del estilo románico (románico terciario y periodo de
transición al estilo ojival).
Dozy, en su obra y a citada, dice que, en su opinión
«los n o rm ando s crearon las canciones como crearon
tam bién el espíritu caballeresco y la poesía rom ántica...
llena de rem iniscen cias escandinávicas y con el sello de
esa afición á la vida av e n tu re ra y e rra n te , in sep arable
siem pre del carácter norm ando» (págs. 450 y 4;j 1), y no

{I] S e g ú n G il lm a n , los n o r m a n d o s a d o p t a r o n de¡ e sti lo r o m á n i c o p r im itiv o


la d is p o s ic ió n d e lít ba síl ic a ; d e l b iz a n tin o la c ú p u l a d c im b o rio s o b r e el c r u ­
c e r o . y la a g r u p a c i ó n d e á b s i d e s ; d e l l o n g o b a r d o , lo e l e v a c i ó n d e los a r r a n ­
q u e s d e las a r c o s y el r e f u e r z o d e ia p a r l e s u p e r i o r d e éstos: d e l s a r r a c e n o el
a r c o a g u d o , y de l r o m á n i c o p o s te r io r, la p ila s tra c o m p u e s t a . ( L a a r q u i t .
o b r a cit.)
— m '—
es posible ad m itir q ue un pueblo poela y caballeresco no
pre sta ra su cooperación al desarrollo de' las artes plás­
ticas. Advertirem os, en com probación de lo q u e hem os
consignado antes respecto del ca rác te r especial q u e al­
gu n a s ob ras arq u ite ctó n ic as españolas de esa época tie­
nen, q u e el periodo de transición del estilo rom ánico al
ojival, e n tre otras influencias m ás e x tra ñ as, acusa aquel
carácter, y q u e Dozy al d ar su opinión acerca de la poe-
sia y el espíritu caballeresco refiérese á E spaña, en p ri­
m er lugar, y á F ra n c ia después, como p a ra explicar algo
de los orígenes de las poesías prov en íales.
Por lo dem ás, el c a rá c te r no rm ando , respecto de a r ­
q u ite c tu ra , puede estu diarse en Españ a en las catedrales
de Ávila (1090), T arragona (1131), (que á pesa r de su
orn a m e n ta c ió n y e s tru c tu ra ojivales, conserva antiguos
restos del periodo de transición y estilo norm an do en la
pu erta q u e conduce al claustro y q u e es m u y notable
por su solidez y originalidad, y a u n en la fachada, que
reproduce el grab ado n ú m e ro 184, sin perjuicio del ca­
rá c te r ojival que las reconstrucciones y obras posterio­
res le lian impreso, y por lo cual se h a clasificado esle
templo e n tre los del periodo conocidam ente ojival);—
Tortosa (1158), y Cuenca (1177), por ejemplo, y en otras
construcciones del extran jero , e n tre ellas la ca te d ral de
Bayeux (1048-1180), y la de Monreale, cerca de P a le r-
íno, (1174-1186), la cual, según Gillm an, «d em u estra c o ^
claridad como los norm an dos se esforzaron en form ar1
con motivos cristianos antiguos, rom ánicos, bizantinos,
y sarracenos, un conjunto artístico y armonioso.,.»—
Esta iglesia está erigida sobre u n plano de basílica yl&^
arcad a s laterales son p e raltad as y de ojiva. Los capiteles
de las colum nas, p ertenecen m ás bien al estilo co m pu es­
to q u e al bizantino. La decoración, fastuosa y rica, es de
ca rá c te r pérsico, a b u n d a n d o las p in tu ra s m u rale s de
asuntos religiosos.
Puede resum irse b revem ente la cuestión p lan tea d a en
‘SÍe c a p í t u l o , r e d u c i é n d o l a á d o s p i m í o s : l." D e m o s h a -
,‘iún negativa de q u e l os p u e b l o s gem íanos U nirían

F íl' I S i . — r . ; i l r i l i ; i l i l i ■ 1 ¡ h i-¡i i . ml ) ; i

ideas arlislieas originales. y Elemento* arlM ico s ¡íe


otros pueblos, q ue los ^enm m os se apropia ron para m -
— 28fi —
tluír en el estilo rom ánico y producir sus períodos te r­
ciario y de transición al ojival.
D em uéstrase el prim ero, con los an tec ed en te s que en
este tratado dejam os expuestos y con los datos que ag ru ­
pam os, á continuación, como arg u m e n to s que p ru e b a n el
segundo, puesto q u e los dos están ín tim a m e n te unidos.
El erudito profesor de la U niversidad de Koenigsberg,
Félix Dahn, en su libro antes citado, tra ta n d o de la ci­
vilización prim itiva de los g erm anos y de la influencia
de la greco -rom an a, dice q u e el vocabulario contenido
en la Biblia, trad ucida por Ulfiia (siglo iv). «permite
form arnos u n a idea del grado de c u ltu ra que los visi­
godos h a b ía n alcanzado en aq ue lla época in d ep en d ie n te­
m en te de la influencia greco-rom ana. Según estos voca­
blos, vemos qu e el pueblo visigodo vivía en el siglo iv
todavía en chozas c o n tra íd a s de m ad era y en tiendas
movibles; p o rq u e p a ra la vo^ construir, no en c u en tra
Ulfiia otro verbo en su idioma q u e j u n t a r m ad eras
(tim b rja n ). Así p a ra significar los arqu itectos q ue r e ­
chazan la piedra que luego h a de ser la a n g u la r del edi­
ficio, u s a en la traducció n de la p a la b ra «carpinteros»; y
carp interos son los q u e c o n stru y e n los castillos y otras
fábricas de p u r a piedra. El tem plo de los cristianos go­
dos era u n a tienda a m b u la n te .de c a m p a ñ a (en griego
scene), no u n edificio de piedra; las p u e rta s e ran u n a
simple verja de zarzas ( hawrds, clat-Jmm); la plaza ó
m ercado se traduce por g a n m s, es decir, el sitio donde
se re ú n e la gente; y como p ru e b a de q u e no h a b ía tam ­
poco cosa q u e en las aldeas godas se p areciera á calle, ni
m enos á calle a n c h a ó m ayor (en griego plateia), lo t r a ­
duce Ulfiia con la expresión /m ir a daurja «delante de las
pu erta s...» (pág, 168).
Advertirem os q u e los visigodos fueron los prim eros
q u e gozaron de la influencia g re co-ro m a na, pu es á las
o tra s ra m a s de los pueblos germ anos no llegó aquella
h a s ta los siglos v y vr.
— ¿87 —
Respecto de los g erm ano s occidentales, confundiéron­
se con las tribus célticas, q u e h a b ía n recibido, «como
toda la Europa central y septentrional, su civilización
del Mediodía», prim ero de los helenos y luego de los ro­
m ano s (D aiin . obra cil., pág. 233-34).
«.El estilo arqu itectón ico ,—dice S cherr,—q u e Cario
Magno eligió, al en c o m e n d ar al A bad Aurigis la con s­
trucción de la cated ral de A quisgran, el prim ero y más
grandioso templo erigido en territorio alem á n , era u n
compuesto de elem entos bizantinos y árabes, en los que
prevalecieron los rom ánicos...» (G trm m úa, pág. 98).
Además, recordam os a q u í cuanto antes hem os con­
signado acerca de las inlluencias asiáticas en las tribus
godas; lo qu e d es lu m b ra ro n á los pueblos germ ánicos
las costum bres, el lujo y las construcciones orientales;
cómo se trajeron á todas p a rte s artistas bizantinos y aun
persas y asiáticos, y cómo los n orm an d o s tran sp o rta ro n
del (.tríente, otra vez más, esas inlluencias, ese lujo y
oslentación artísticos.
Si á todo esto se une que las Cruzadas, sirvieron, ade­
m ás de su misión religiosa, p a ra d a r á conocer á los
pueblos occidentales las cu ltu ra s y civilizaciones del
Oriente, y q u e bien pronto, com prendiendo aquellos
cuanto h abía q u e e stu d ia r allí, a lista b a n e n tre los vo­
luntarios. con g ran preferencia, á los que ten ían u n ofi­
cio ó ejercían u n a profesión m ecánica (1); que la iglesia
del Santo Sepulcro fué u n modelo q u e m ás ó m enos
e x a ctam ente se reprodujo desde esa época en todos los
países, y que las formas pérsicas y sarracé nicas se fu n ­
dieron en los estilos occidentales, tanto en lo q u e respec­
ta á disposición y traza de los edificios como á o rn a m e n ­
tación y c a rá c te r s u n tu a rio de los m ism os,— se podrán

(1) «Sábe se ti uo c u la s e x p e d i c i o n e s d e los n o r m a n d o s , s e alis talia c o n


p r e f e r e n c i a á los q u o l e u í a n u n oficio ó e j e r c í a n u n a pro f es ió n mpc á n ic a ... !'
( M i c u a u d , H ist. d e las c r u z a d a s , T. 11— De la in d u s tr ia , de a lg u n a s
pro d u cc io n e s de Oriente, g e o g r a f í a )
— 288 -
a p r e c ia r j u s t a m e n t e los e le m e n to s q u e los p u e b lo s g e r­
m á n ic o s se a p r o p ia r o n d u r a n t e s u s in v a s io n e s é im p e ­
rio e n los p a íse s q u e lo g ra ro n d o m in a r , y q u e in f lu e n c ia
v in ie ro n á e je r c e r esos e le m e n to s e n el a r t e c r is tia n o ,
c u a n d o d e sp u é s de s u s t r e s p e río d o s ro m á n ic o s s urgió
el de tr a n s i c ió n p a r a el ojival, ó g e r m a n o ó gótico.
P o r ú ltim o , d e b e de c o n s ig n a r s e ta m b i é n , q u e e n Ale­
m a n i a se c o n s e r v a n v estigios de o b r a s r o m a n a s a n t e r i o ­
re s á n u e s t r a e r a , y q u e a d e m á s de re sto s de m u r a l l a s ,
fortificacio nes y lín e a s g i g a n te s c a s de d e fe n s a e n el
1-ihin, se h a n h a lla d o te m p lo s, c astillos y o tr a s c o n s tr u c ­
ciones, e n t r e ellas el n o ta b ilís im o c a m p a m e n t o de S a a l-
b u r g , d o n d e a d e m á s de las o b r a s m ilita r e s , h a b í a edifi­
cios civiles, q u i n t a s , c a sa s to d a s ig u a le s, e le .—«.Como
e je m p lo de u n a c iu d a d ó p o b la c ió n y de la v ida r o m a n a
p u e d e s e r v i r W i e s b a d e n , — dice D a l m . —donde* se h a n
c o n se rv a d o los b a ñ o s co n el suelo c u b ie r to de losas, las
e s tu fa s , c a ñ e r í a s de plo m o, a lgibes, c a p ite le s jó n ic o s y
u n reloj de sol,..» De fu e rte s , c a m in o s , tem p lo s y p ó r ti­
cos e n d if e r e n te s re g io n e s de A le m a n ia h a y crecido n ú ­
m e ro (D a h n , o b r a c i t .— %Los romanos y vestigios de sus
o irá s en Alem ania»), d e lo c u a l r e s u l t a q u e la in f lu e n c ia
l a t i n a es m á s a n t i g u a y c o n s id e r a b le de lo q u e á p r i m e r a
v is ta a p a r e c e , e n t r e los p u e b lo s g e r m á n ic o s .
P r e s c in d ie n d o de m a y o r n ú m e r o de a n t e c e d e n t e s y
c o n sid e ra c io n e s q u e h a r í a n i n t e r m i n a b l e este c ap ítu lo ,
co nc lu im o s, d e ja n d o d e m o s t r a d a e s ta c o n clu sió n : q u e los
p u e b la s g e rm á n ic o s co n n a d a o rig in a l c o n t r i b u y e r o n á
la fo rm a c ió n de los estilos a rq u ite c t ó n ic o s de la E d a d
M edia, y q u e so n o r ie n ta le s , e n s u m a y o r p a r t e , los ele­
m e n t o s q u e o c a s io n a ro n la tr a n s ic ió n del r o m á n i c o al
ojival.
LIBRO SEGUNDO
EL A R T E ORIENTAL.

I.

A .— C o n s t r u c c i o n e s a siá tic a s.

R e s u m e n d o las t e o ría s <íxp ueslas a c e r c a d e c o n s t r u c c i o n e s us iá lic ns, e n los


c a p í tu lo s ¡ in t e r io re s . —E l e m e n t o s a r t í s t i c o s que. d e t e r m i n a r o n el c a r á c t e r
o r i e n t a l e n las a r q u i t e c t u r a s d u la tidu d M ed ia .—O r í g e n e s d e e so s e l e m e n ­
tos.—C o n s t r u c c i o n e s r u s a s . —A r q u i t e c t u r a c h i n a . —Su d iv is ió n e n c u a t r o
p e r io d o s . - M o n u m e n t o s típic os .—C a r á c t e r d e osta a r q u i t e c t u r a . —A rte j a p o ­
n e s —C a r a c t e r e s d e los m o n u m e n t o s , —C on clusi ón.

Ya, al l r a t a r . d e la C aldea y la A siría, de la M edia y la


P e rs ia , del Egipto y F e n ic ia , de la I n d ia , y d e la G re c ia
a s iá tic a , liem o s dad o á c o noc e r s u s a r te s , q u e i n f l u y é n ­
dose u n a s en o tr a s de p ro digiosa m a n e r a , v in ie r o n á
p r o d u c ir el cla sic ism o griego y la fa s tu o s id a d r o m a n a .
Ya h e m o s e stu d ia d o el m a ra v illo so desarrollo d é l a s id ea s
a r tís tic a s de los p rim itiv o s p u e b lo s asiá tic o s, y com o ese
d e sa rro llo , desde la fo r m a m á s in f a n til h a s t a la s c o n s ­
tr u c c io n e s g ig a n te s c a s de la s r a z a s m á s f u e r te s , e stá
m is te r io s a m e n t e e n la z a d o , s i n q u e falte u n e s la b ó n e n
la c o m p lic a d a c a d e n a .
C u a n d o se d e r r u m b ó el im p e rio r o m a n o , Bizancio b u s ­
có e n tr e las a r t e s sirio -p é rs ic a s e le m e n to s c o n q u e coo­
p e r a r á la fo rm a c ió n de u n estilo c a r a c te r ís tic o de su cri-
— 290 —
vilización y su cu ltu ra ; y ese estilo, llamado Mzanlino
110 con g ran propiedad, seguram ente, pero por razón de
q u e se creó en Bizancio y de allí vino á Occidente y a u n
influyó después en los pueblos orientales (1), tiene parlo
de su v erd adero origen en las regiones deí Asia; de m o­
do, que en esas regiones hem os de h a lla r siem pre los
gérm enes de fas civilizaciones prim itivas, los elem entos
artísticos que vinieron á p ro ducir las. grandes transfor­
m aciones en las arles del diseño y en las industriales ó
s u n tu arias.
Esa n u e v a im portación de elem entos orientales, déb e­
se en p rim e r térm ino al Cristianismo, porque de u na
parle, los cristianos que h u y e ro n á Siria cuando las te­
rribles persecuciones de liorna: de otra los bizantinos,
y por últim o los cruzados, recorrieron por m ucho tiempo
tas regiones que h a b ía n contribuido á fo rm ar el arte bi­
zantino, y tra sp o rta ro n á Occidente, cuando ya el arte
rom ánico ib a perdiendo sus prim itivos ca rac te res orien­
tales. nuevos elem entos, q u e p re p a ra ro n la t ra s f o n n a -
ck'm del arle románico en ojival ó gótico.
Mucho se lian discutido estos orígenes del arte bizan ­
tino, y por ende de los estilos á r a b e y ojival. La m ayor
p arte de los historiadores, op inan q ue en C onstanlino-
pla (ó Bizancio), nació el arte bizantino de las ru in as
griegas y rom anas; q u e el arle ára b e es u n a contracción
del bizantino y q u e el ojival se produjo casi e s p o n tán e a­
m en te en Alem ania, según unos, en F ran cia, según los
más, p orqu e h a sido, y a u n es moda, in sp irar la crítica
a rtística en las opiniones y tesis s u s te n ta d a s en los li­
bros franceses.

(1) N u e s t r o ilu s tre p a i s a n o 11, J u a n lf , Riaño, c o n f o r m e c o n la o p i n ió n s u s ­


t e n t a d a p o r Mr. A. do U e a u m o a t e n s u libro Les a r í s decoraUJ» en Orient
t í en Ff'ance iP a ri s , ISflü), d i c e q u e e n el palito b i z a n t i n o n o d e s c u b r e
« m i e m b r o n i n g u n o q u e rauioniilmciilL* p r o c e d a do la [¡ir<iu¡leclura¡ g rie g a ó
ile la r o m a n a ( D í s c a r s o d e r e c e p c i ó n e n ia A c a d e m ia d a Bellas A rt os de
S a n F e r n a n d o . 1880.—Pág. 9 I
— 2Í)1 —
■En los lugares oportunos hem os trata d o de estos p a r­
ticulares, a u n q u e con la brevedad q u e u n a obra de co­
nocim ientos generales, como esta, requiere; pero es el
asunto de lanío interés é im portancia p ara el arte orien­
tal, q u e liemos de insistir en algunos pu n to s, p a ra m a ­
yor esclarecim iento de los orígenes de los estilos á ra b e
y gótico.
l£u el capítulo Bizancio, dejam os d esarrollada la teoría
que, según n u e s tra m odesta opinión, es m ás razonable
respecto del a rte nuevo que allí se creara. P a ra nosotros,
son evidentes los elem entos orientales en ese arte, y así
lo hem os dem ostrado: pero hallam os tam bién en él ra s­
gos distintivos, restos del clasicismo greco-rom ano de­
generado. especialm ente deí de PaImira y Balbeee (v e á-
se la pág. 221 de este libro).
Riaño, en su citado .Discurro y Madrazo en la con testa­
ción al mismo. insisLeu con serios arg u m e n to s en qu e
n in g ú n m iem bro q u e recuerde las artes clásicas puede
h allarse en las construcciones bizan tin as. Madrazo tra ía
ex ten sa m en te de los orígenes de ese arle, y de su discur­
so copiamos el siguiente párrafo con que conlim uim os
n u estra s m odestas opiniones acerca de las artes o rie n ta ­
les, ap a rte del decidido em peño de los dos entendidos
arqueólogos en negar, en el estilo bizantino, loila in­
fluencia greco-rom ana.
«Mientras tuvimos por únicos ejemplos del estilo bi­
zantino— dice—la construcción y o rna m e n tació n de Sau
Vital de R áv ena, de San Marcos de Venecia y de la cate­
dral de Monreale en Sicilia, modelos bastard os á causa
de la influencia que en estos países ejercieron sobre el
nuevo arle de co nstruir el genio peculiar y las prácticas
a n tig u as de cada uno de ellos, podrá ser perdonable q u e
se tu v iera del estilo de q u e vam os h ablando u n a noción
incompleta; pero hoy que el gran templo típico de la a r­
q u ite c tu ra de Bizancio, S an ta Solía, lia revelado ya á
los estudiosos de Europa sus joyas artísticas, sus precio­
sos mosaicos, sus p in tu ras; hoy que son conocidas las
Iglesias neo-griegas de Atenas, Misfra, Püubea y de toda
aquel archipiélago, ora cupulares, ora de p lan ta de b a ­
sílica latina; ya no es lícito ig no rar h asta q u é p unto con­
trib u y ero n á form ar la n u eva escuela de Oriente los.
grandes templos y los teatros erigidos en el Asia Menor
bajo el cetro de los Césares, en los cuales era visible la
tendencia á sepa rarse de las reglas del arte greco-rom a -
no, Hoy vemos ya con toda claridad como, por ejemplo,
pudo servir de modelo p ara el follaje de hojas p u n tia g u ­
das y continuo, tan característico del estilo bizantino, el
friso del gran teatro de P a ta ra , en la Licia, y el del tem ­
plo de V enus Afrodisia, en Caria; vem os tam bién otro
tipo de este follaje, a u n m ás acabado y perfecto, sobre iu
p u erta del templo que los régulos indígenas de Galacia
levan ta ro n en Ancira en honor de Augusto y observamos,
perfecta inden tid ad e n tre el capitel de pilastra de u n
templecillo de la m ism a P a ta ra , a trib u id o por Texier al
siglo i de la Era cristiana, y el q u e dibujó Salzenberg en
E sm irna conceptuándolo de la época de Jusliniii.no. El
m ás civilizado Oriente se nos h a puesto tam b ién de m a ­
nifiesto, entreg and o Nínive, K u yu nch ik, K horsabad,
PersépoHs, Hi-Sutún, Ispah án. Taki-Bostán y otros luga­
res de la Asiria y de la Persia, sus h asta hoy recónditos
tesoros de escu ltu ra, p in tu ra y cerám ica, á las fecundas
observaciones de Layard, Bota, Coste y Flandin; y s ab e­
mos ya casi á ciencia cierta qu é motivos tom aron de los
asirios los persas, y q u é riqueza artística h ered aro n de
estos y de los sassánid as los arq u ite cto s del Bajo Im p e ­
rio» {Contestación al referido discurso, págs. 41 y 42).—
Esto, por lo q u e á o rn a m e n tació n se refiere. En cuanto á
los elem entos de construcción, Madrazo dice, como R ía -
ño, q u e n ad a de co m ú n tienen las construcciones bizan­
tin a s con las griegas y rom anas; p u n to en q u e no hem os
de insistir nosotros, después de lo q u e en el tra ta d o
de esle libro L a antigüedad en el Oriente y en los cap í-
- 293 —
lulos correspondientes á La E dad Media, (tejamos ex­
puesto.

La b rillan te civilización de Bizancio, no sólo pasó á


Occidente y deslum bró á lo s pueblos germ anos, sino que
p enetró en los orientales y del Sur. El cristianism o la
llevó por todas partes, dejando influido el arte ruso,
com puesto de elem entos y lo raías indo-sirias, pérsicas y
bizantinas, y la extendió por la A rm enia, Georgia, Min-
grelia. Siria y las regiones det Eufrates. En este hecho,
conocido som eram ente, h asta que tas investigaciones a r ­
queológicas produjeron el cambio de opinión q ue Madra-
'm describe con g ra n exactitud en el párrafo antes tra s ­
cripto de su Jiiscvrso, ap oy á b an se los q u e sostenían, y
a u n sostienen algunas, que el arte ára b e es u n a de la u ­
tas contracciones como el estilo bizantino h a ex p e rim en ­
tado en su desarrollo, apogeo ó influencia en oirás m a ­
nifestaciones del a rte de construir.
Las Iglesias rusas de Kiev (10.24), las m ás m odernas de
Moscou, las de m ad era en Kostroma, son in tere sa n tes
ejemplos de la unión do todos los elem entos y forma?
q u e hem os indicado, pues en ellas pueden encon trarse
la plan ta de la basílica latina: el ábside y la cúpula
. oriental, (adoptando p a ra esta u na nu ev a forma, la de
bulbo ó cebolla); algo q u e recuerda en las formas ga*S|L
rales de la construcción el ca rác te r bizantino y aun e>
románico prim ario, y h a s ta los mosaicos, como elem ento
o rn a m e n ta l (iglesias de Novgorod (1010-1054).
R esulta, pues, dem ostrado que el arte ruso, que co­
menzó á desarrollarse en la R usia asiática y de allí se
extendió h asta la europea, conservando las tornnis-prf-
m itivas con tal entusiasm o «que á d u ra s pen as admitió
m ás ta rd e en sus porm enores las formas del R enaci­
miento» ( G i l l m a n , La arq. ya citada), unió á los ele­
m en tos bizantinos, los sirios, indos y persas.
- 29 í —
E studiadas ya las artes de Asiría, Persia y la India (]),
precisa conocer, a u n q u e som era m e n te, la a rq u ite c tu ra
china y japo nesa, p a ra com pletar el cuadro de las artes
asiáticas, origen del estilo árab e, de q u e hem os de tra ­
ta r después.
Como los m o n u m en to s indos q u e se conservan ó se
conocen, de donde los chinos y japoneses se derivan, son
re lativ am ente m odernos, es difícil, realm ente, señ alar
los verdaderos caracteres de esos estilos; adem ás, se ca­
rece de descripciones precisas y segu ras de los pracfiftdi
ó templos m ás antiguos, cuyos restos vénse todavía en
Wieng-Chang. Gillm an, dice acerca de ellos: «En la capi­
tal de dichos laos (W ieng-Chang) se conservan a u n res­
tos de sus construcciones m ás antiguas, (los htos son los
m ás antiguos pobladores de la Indo China y pertenecen
á la raza mogólica), tanto de los templos llamados p r o -
chadi como de conventos y de u n palacio regio, erigido,
según la tradición, por el año 43 untes de Jesucristo;
pero carecem os de descripciones precisas y de dibujos
de los mismos; sólo sabem os q u e dicho palacio tiene
m uros m u y gruesos de piedra, y colu m n as de m ad era,
y q u e los m uro s del pravhadt del convento de Pha-Cao
están revestidos con p lanchas de vidrio y tienen fronto­
nes de m ad e ra p rim o ro sam e n te tallada. El W a t P hu,
cerca de Lao-Bassac, es u n ediíicio dispuesto en gradas
que d ata del siglo n de n u e s tra Era, y p ara cuya cons­
trucción se aprovechó como núcleo un peñó n de 1.000
m etros de altura.»..., \L& nrqm t. ya citada.)
Según las investigaciones q u e sirven de base á es Le
tratado en el indicado libro, divídese la a rq u ite c tu ra
ch ina en cu atro períodos. 1." Construcciones de tierra,
c u b iertas á m a n e r a de tiendas, y posteriorm ente de pie­
dra, con atrevidas bóvedas de medio punto y elípticas;
2.° Construcciones de ladrillo, adobes y horm igón, re -

(I) Véiiso La a n tig ü e d a d , c u p . M. UI y V ili* e s ta o b ra .


— 29o —
vestidas ex teriorm enle con baldosas de porcelan a y la ­
drillos vidriados ó azulejos. En 1279, fines de este perío­
do, comienzan á d eterm in a rse las form as a r q u ite c tó n i-
oas de las construcciones de m adera; 3." Construcciones
en q u e se u n e n como m ateriales, la m ad era, los ladrillos
y la piedra. La disposición de los edificios re c u e rd a los
de R om a, del tiem po de los em peradores. En este perío­
do, el de las influencias ex tra n je ra s , y á fines d e é l . p r o -
dújose la decadencia, y 4.ü se caracteriza p or el retroceso
á las formas ca racterísticas del verdadero arte de aquel
país. Se inició este período á íines del siglo pasado.
P aw y Hoppe, opinan que el modelo de los edificios
chinos es la tienda, de q u e se servían los p rim ero s po­
bladores de aqu e lla p a r te del Asia, cuyo ca rá c te r distin­
tivo fué la vida n óm ada. E. Bretón, dice q u e en la a r ­
q u ite c tu ra china h ay u n a cualidad característica, m ás
m aterial que intelectual, digna de notarse, « d e r la lige­
reza y gracia q u e alegran la vista. Esas c u b iertas y esos
dobles techos b rillan tes de t o n o s , — continua. cuyo
efecto co m p aran los poetas chinos con los c a m b ia n te s
del arco iris, esos pórticos jasp ea do s de toda clase de co­
lores, el b a rn iz extendido sobre todas las p a rle s de los
edificios, todo esto co ncurre á dar á esta a rq u ite c tu ra
tm aire de fiesta, que en vano se b u sca ría en c u a lq u ie ra
otro pueblo.» (M om m . de todos lospuel).—T. I, pág. 109.)
Las construcciones típicas de este arte son los tings ó
templos, ta m b ié n d ep a rtam en to principal de todo edifi­
cio; las Utas ó torres: losp e h n s ó arcos triu n fale s ó con­
m em orativos, y las casas partic u la res.
Los tings, templos ó palacios (grabado n ú m . 18Ó), tie­
ne n g ra n sem ejanza in terio r y eslerior con los templos
griegos (1). Su p la n ta es circ u lar ó poligonal. El pórtico
está situado de idéntica m a n e r a q u e en Grecia.

(I) GiMtrmi c o m p a r a esta.-; y las c.’Oiistnu-i.'ímif'.í tlef t e r c e r p e río d o co n las


di' Pompey;»
— 296 —
Las taas ó Lorres, recu erd an los da ¡jopes de la I n d i a .
La p la n ta es g e n e ralm en te octógona. T ienen de cinco á
once cuerpos, lo cual, como hace observar lógicamente
K. Bretón, supone «una regla fija establecida con alguna
intención mística.» lisas torres están erigidas cerca de

l" i tí. I S . 'i — 77/1 s. ú L i ' m [ i l n ( ll li l u j

los templos, y a u n q u e m uchos arqueólogos lian querido


s u p on er q u e h a n servido de vigías ó torres de señales,
la opinión más digna de estim a es la de q u e son templos
y sepulcros sagrados.
Cada piso está cubierto por uu tejado vuelto hacia
a rrib a , de cuyos ángulos penden c a m p a n a s de metal.
Corona la torre una cúpula, sobre La que alza u n asta
rodeada de aros m etálicos sujetos con cadenas. El m e -
— 297 —
nor im pulso del viento hace m over los aros y las c a m ­
panas, produciéndose fantásticos sonidos.

Nuestro grabado n ú m . 186 re p resen ta u u a dé esas to­


rres. Según M anjarrés, se tra ta de la m ás lamosa de to­
das, de la de N ankin, pero la hem os com parado con otros
grabados y dibujos, y ningu no de ellos Liene sem ejanza
e n t r e sí. Conceptúese, pues, como u n modelo de laa ó
torre china y nada m ás.— La torre de N ankin, tenia (>7.5
metros de elevación; se levantó en 1412-1431, se re sta u ró
e n 1040 y luego e n 1800, y fué destruida en 1862.

I ' ij i . I S 7 .— P i i C h (í i l c li-iuiil'u.

Losp e lm s ó pai-Ieus son nionLímenlos conm em orativos


ó triunfales erigidos en honor de algún personaje lam o­
so: tienen sem ejanza con los arcos de triunfo de los ro­
m anos y están construidos con piedra y m ad era. Muy
parecidos á estos arcos son las p u erta s de las ciudades.
(Véase n u e s tro grabado n úm . 187).
— 299 —
M. Hoppe com para las casas chibas con las lleudas, s u ­
jetas por medio de estacas á la tierra. Las casas prin ci­
pales, g en eralm ente, tien en dos pisos; los patios están
em baldosados de m árm ol ó ladrillos: las co lum nas son
de m adera tallada como las cornisas y cu b iertas; estas
se apoyan en m én sulas ó adornados canecillos. Las p a ­
redes están enlucidas ó revestidas con baldosas de porce­
lana. y las m ad eras b arn izad as y p intadas con vivos

Ki^. ÍHS, — l l a s a fliiriii.

colores, Las casas se lev antan sobre una plataform a ro­


deada por un balau stre . Nuestro grabado tn'nn. '1HN, re­
p re s e n ta el exterior de u n a casa.
Otro de los m o num entos célebres de la China, es la
famosa m u ralla que se comenzó á c o n stru ir el siglo iv
an tes de n u e s tra Era. F ó rm an la das m uros de revesti­
miento de ladrillos tendidos y coronados de alm enas; el
espacio e n tre uno y otro m uro está relleno de tierra. Bu
a ltu ra , en el punto m ás bajo, es de 7 m etros de altu ra , y
de su longitud puede formarse idea, sabiendo que. sobre
— 300 —
la m uralla, y á intervalos de 125 metros, se alzan 24.000
torres de defensa y vigilancia.
La colu m n a chin a carece siem pre de capitel, sin duda
p orq ue en los cornisam en tos no h a y ni rem o ta idea del
a rq u itra b e . Además el techo cubre por completo la p a r­
te s u p erio r ó sum oscapo de tas colum nas.
Los com ponentes de toda ob ra arqu ite ctó n ic a china,
a p e s a r de q u e los m ateria le s em pleados sean dife­
rentes,. Lia en á la m em o ria las construcciones indias.
K Bretón, q ue lia com pendiado en su citada obra las
in tere sa n tes investigaciones de los m isioneros católicos,
niega la influencia de n in g ú n estilo ex tra n jero en aquel
arte, pero no sólo h a y que reconocer las rem iniscencias
índicas, sino las ro m an a s, ya q u e no las griegas, como
an tes hem os hecho notar. Manjanrés, señala las coin­
cidencias griegas y ro m an a s que se advierten en las
construcciones ch in as y de coincidencias y nada m ás las
rep ula; m as estas, como las q u e p u eden observarse e n ­
tre todas las del Asia oriental y las del centro de Amé­
rica, m erecen ya otro no m b re, el de indiscutibles in­
fluencias. P ru é b a n s e estas, e n tre m uchos antecedentes
que se p u d iera n citar, con o b serv ar que las co n struc­
ciones chinas son re la tiv a m e n te modernas., p o rq u e su
fragilidad las hace ese ncialm ente efím eras (1); que
'(Marco Polo afirm a, que en u n a ciudad de las cercanías
de Nanking, á orillas del Yang-tsé-Iviang, h a b ía en su
tiempo dos iglesias de cristianos nestorianos. las cuales
habían sido edificadas en 1274» (2), sin perjuicio de que

(i) Dice M. I t a m u v q u e si I'e k i n . la m á s e x t e n s a y p o p u l o s a c i u d a d del


jilobii, fu e ra a b a n d o n a d a , r.o se n e c e s i t a r í a n m u c h o s s iglos pura q u e s o b u s ­
c a r a n i n ú t i l m e n t e s u s vesti gios.
(21 E. Ií i i k t ó n o b ra c it a d a , pá g. 103, to m o l, —Los r e l a t o s d e M arco Polo
t i e n e n e s p e c i a l í s i m o i n t e r é s , porque ' c o m o s o d i c e e n e l p r e á m b u l o á la e d i ­
ción d e Los o ¿ajes i t e a q u e l i lu s tr e v e n e c i a n o , h e c h o e n V e n e c ia e n 1847 po r
l.uilo vjco Paa ini. lian r e v e l a d o f-á K n ro p a la e x i s t e n c i a d e p u e b l o s y t e r r i to ­
rio s d e líis c u a t e s no se t e n í a n i n g u n a ¡den, y h a n p r o d u c i d o g r a n d e s a d e l a n ­
tos e n la c o s m o g r a f ía y ge og ra fí a física.. .
- 301 —
los m isioneros h an reconocido las huellas de la intro­
ducción del Cristianismo en la China, a p ro x im a d am en te
por el siglo vii. época en q u e ta m b ié n p e n e tra ro n los
m ah om etanos en aqu el país, y que, por último, la tole­
rancia religiosa ha perm itido ta construcción de iglesias
cristianas y m ezquitas.
Otra a r q u ite c tu ra nacid a tam b ién de la índica, y que
asimismo, tiene el sello de las coincidencias ó in fluen ­
cias (le otras artes, es la del Jap ó n . Gillman la conside­
ra como u n a ra m a de la China, y así es efectivam en te,
a u n q u e parece q u e en m uchos rasgos distintivos ha ejer­
cido d irectam ente su influencia el a rte indo.
Los tem plos se elevan sobre cerros ó en medio de los
bosques. Hay templos dedicados á B udha, rodeados de
edificios conventuales (1) y otros dedicados al culto de
S in t o y q u e se conocen con el n om b re de m ía (h a b ita ­
ción de alm as inm ortales). El m isionero agustino F ray
José Sicardo en su notable libro Chris ti andad del Japón
etcétera. (U adrid, 1698), describe de este modo u n tem ­
plo b udh ista: «Entre los m uch o s templos de ídolos, vuo
de sus principales eslava en la Ciudad de Nara, dedi­
cado á D aibut, en q ue eslava vn Jdolo de m etal, de
sobervia es ta tu ra q u e era figura de Xaca, su legislador,
todo cubierto de oro; y á sus lados avia otras dos esta­
tuas de sus dos hijos, g u arnecid as tam b ién de oro. La
e n tra d a del Templo tenía tres pu erta s, y en la principal
avia dos Gigantes q u e la g u a r d a b a n , y otros dos detrás
de la de Xaca. El Templo era sustenido de 98 pilares m uy
gruessos de cedro: y á este Templo freq u en tav a n la ro­
m ería cada año los Bonzos» ó sacerdotes (Lib. I. cap. I,
pág. 4).
A b u n d a n en el J a p ó n las casas ú estilo de castillos
feudales rodeadas de fosos y m urallas, q u e sirven de

(I) U is s iu -e rd o le s j a p o n e s e s v ¡v « u u n o s «ti e r m i t a s , o lio s e n p o b la d o


r o m o p,'!irocos, y o íro s e n c o m u n i d a d , c o m o fruiJos.
inorada á las familias aristocráticas: las dem ás casas son
de uno ó dos pisos y parecid as en su e s tru c tu ra á las
edificaciones chinas.

R esum iendo cuanto acerca de las construcciones


asiáticas liem os consignado: La a r q u ite c tu r a índica
lia ejercido m ayor influencia de la q u e se cree en las
construcciones del Asia. Birman y Siam, la China y el
Jap ó n . P ersia y la Arabia, los m a h o m etan o s y los s a r r a ­
cenos en Oriente y Occidente, tom aron del estilo indio
form as arq u ite c tó n ic a s y motivos o rnam e n tales. Estas
influencias u n e n en estrecho lazólas a r q u ite c tu ra s asiá­
ticas, y al propio tiempo, establecen in d u d ab les relacio­
nes e n tre esos estilos y los dem ás q u e se d esarrollaron
en Occidente d u ra n te la Edad Media.

B. — E stilo áha.ui< y s u s a f i m k s .

O r í g e n e s i l c lu c iv iliz a c ió n á r a b e . —lil Yciiiimi, su.* r u i n a s ím iu c o li íg i c a s y c a ­


r á c t e r d e e l l a s , — El Util lie Kefoli.—La Kaulia.—C ou cc ji lu y d e s a r r o l l o ílel
a r t e á r a b e ó i n f l u e n c i a s (¡ue e n él se e j e r c i e r o n . Divis ión e n c u a t r o p e r í o ­
d o s , —1, P e r io d o da f o r m a c i ó n M o i i u m c u l o s d e Siria, K lií Africa, lis-
p a n a y Sicilia; s u c a r á c t e r é i n f l u e n c i a s —II. Peí ioríon de t r a n s i c i ó n y
flore cim ie n to.—M o n u m e n t o s d e Kgiplo y t í s p a ñ u . —I n f l u e n c i a s , K ie m en-
los a r q u i t e c t ó n i c o s . —E l e m e n t o s d e c o n s tr n c c ií) » . Otros c o m p o n e n t e s a r ­
tísticos de los e d ific io s .—Gasa s.—J a r d i n e s . —III. D e c a d e n c ia y f o r m a ­
ció n del estilo turco —-IV. i-^UIos d e s a r r o l l a d o s e n E s p a ñ a ; Pcrsiu y la
India,, al f u n d i r s e c o n las a r l e s in d í g e n a s el esti lo á r a b e . —R e s u m e n .

La civilización á r a b e tuvo dos principales orígenes de


desarrollo: tas razas nó m ad a y sede n ta ria, que, p rim iti­
vam en te, p oblaron aquellos exLensos territorios; es de­
cir, las trib u s e r ra n te s de las q u e procede el ca balleres­
co beduino y las q u e se establecieron en el Yemen («tie­
rr a de la derecha» ó del S u r,—A ra b ia fe liz), donde se
fundó el famoso reino de Saba, cuyo origen se a trib u y e
— 303 —
en la Biblia (Gén., 10, 28), á Kaclitán, ó J o k ta n , de la
raza de Sem.
Nuestros libros sagrados, los historiadores y geógrafos
griegos y rom anos y los cronistas á r a b e s h a c e n m isterio­
sas referencias de ese reino (1), pero las investigaciones
arqueológicas m odernas; las descripciones de los viaje­
ros, que á últim os del pasado siglo consiguieron p e n e tr a r
en aquellos países y dieron c u e n ta de las grandiosas ru i­
nas de antiguos templos y palacios q ue h a b ía n hallado
en extensos territorios, y de las inscripciones grab adas
en carac te res ex tra ñ o s q u e se en c o n traro n en aquellas
ruinas y sus cercanías, y q u e se h a n descifrado trabajo-
saínente. h a n dado á conocer «gran cúm ulo de no m b res
de reyes y varios oíros datos históricos, a u n q u e , desgra­
ciadam ente, n ing uno en q ue poder apoyarse p ara fijar
la época de aquellos reinados.» ( M u l l h u , E l Islamismo
en OrienU y en Occidente, parte I, pág. 11.)
Alejandro, Antígono, Demetrio, Augusto y Tiberio, in ­
tentaron, en sus respectivas épocas, c o n q u istar la A ra­
bia, pero u n a s veces circ u n sta n cias especiales, otras la
gu erra, y ta m b ié n la diplomacia, alejaron de aquellos
países á los victoriosos ejércitos de los em peradores.

(1) dSegiin los a u t o r e s á r a b e s , e s ta re g ió » e r a a s i e n t o riel m á s p o d e ro s o


im p e rio , h a b i e n d o g o b e r n a d o s u s r e y e s d u r a n le 3.000 a ñ o s, y e n v i a d o o s p o -
d i c i o n e s á C h in a , I n d i a y A fri ca, i n d u r a s las re g i o n e s q u e h o y c o n s t i t u y e n
M a r r u e c o s {Lx Bon, L a cicib.s. de loa á ra be s, cap. 1H, pág. 33),—sEI n e g ro
m a n t o di? la a n t i g ü e d a d c u b r e lo do c u a n t o se r e l a c i o n a c o n la h i s t o r i a p r i m i ­
tiv a d e los á r a b e s , t e n i e n d o a p e n a s a l g u n a s n o ti c ia s, a u n q u e v a g as , d e s u p a ­
r e n t e s c o con o tro s p u e b l o s . L o p ro pio s u c e d e con las c o n q u i s t a s de s u s T o b b a s
ií m o n a r c a s y du la d i n a s t ía d e Los A m i a n t a s , c u y a r e s i d e n c i a p a r e c e h a b e r si­
do J a b a . —b r é e s e q u e 2.UQQ a ñ o s a n t e s d e J. C. re in ó e n la A ra b ia J c c t a n o K a b '
l a m , d e s p u é s d e c u y a m u e r t e so s e p a r a r o n los re i n o s de l I t u d c h a z y d e l Y e ­
m e n , d e c l a r á n d o s e i n d e p e n d i e n t e s y g o b e r n á n d o s e por s o b e r a n o s p a r t i c u l a ­
r e s , C u a r e n t a y s e is r e y e s o c u p a r o n el tr o n o d e l V é m e n , d e s d e Y a ra b ha st a
Yusuf , u n o s 480 aftos d e s p u é s de J. C.—Se c r e e a s i m i s m o q u e e n el H e d c h n z
s u c e d i e r o n c u a r e n t a p r í n c i p e s d e s d e Y or^ n h a sta A b d -e t-M o ta le b , a b u e l o de
M a h o m a . » { U r u e s t m u ü u {Taleb S i d i A b d e l- K a d e r -ü e n Edchislali), Los
ára be s, c a p . 111, pá g. t6),
- 301 —
Los á ra b e s h ered aro n de los Fenicios el espíritu co m er­
cial y em prendedor; y cuando los Fenicios desa p are cie­
ron fundiéndose con otras razas, sostuvieron las relacio­
nes com erciales entre E uropa y las com arcas lejan a s del
Asia, ad q uirien do con esle motivo v erd ad era im p o rta n ­
cia las ciudades árab es, p a r tic u la rm e n te las del Yémen
y las del reino de Hira y el de G hassan, estos dos in flui­
dos por persas y rom anos, y en los q u e se h a n hallado
restos arqueológicos de im portancia.
Donde, realm ente, p u d ie ra n estu d iarse los rastros de la
prim itiva y característica civilización arábiga, es en el
Yémen, que, desgraciadam ente, se conoce m u y poco.
«Mr. Halevy—dice Le Bou,—q u e ha pocos años recorrió
el Tóm en, a u n q u e sin poder h a c e r excavaciones, nos
h abla de los objetos de oro y p lata q u e los á ra b e s des­
c u b re n frecu e n te m e n te en los ruin as: y él m ismo halló
cerca do H aram , á corta distancia de Sana, u n a s estelas
atestad as de an tigu as inscripciones, y la p u e rta de en ­
trada, en losas de arenisca, de un templo sabeo, cu b ie r­
ta de dibujos de p lan tas y a n im a le s ...» (L a civil, de los
árabes, o b . cit. págs. 36 y 37). En com probación de la
an tig ü ed a d y riqueza del reino yem enita, puede citarse
ia inscripción cuneiform e asiria q u e inserta Muller en su
obra y a m e n c io n a d a ; inscripción perte n ecie n te al año 715
an tes de .1. C.. y en la cual refiere el rey Sargon, de Ní­
n iv e:.. «Recibí el trib u to ... de Ilh a m a ra , el de Saba,
oro, h ie rb a s de Oriente (esto es, incienso y especias), es­
clavos, caballos y camellos.»... (M uller, obra cit. pág. 11.)
Inesplorado el Yémen, ignórase cual fuera el estilo pe­
cu liar de la a r q u ite c tu ra de aqu el país, a u n q u e las rela­
ciones de am istad q u e con el reino y e m e n ita te n ía n es­
tablecidas los asirios y los dem ás pueblos asiáticos; lo
que de los datos q ue a n te s m encion am os re s u lta (1), y

(lj Ht'rcxlijtci y S l i a h o n d i c e n , q u e e n S a ba h a b í a luo'gnilicos ])¡il¡icin> c o n


llo r ad o s pó rt icos y t e c h o s a d o r m i d o s do oj o , muríil y p ie dra * pre c io sa s , E r a -
— 3üo —
lo q u e re p resen ta el influjo que después y siem pre ejer­
cieron en los estilos á r a b e s las artes sassánida y persa,
puede suponerse que los m o n u m en to s yem en itas ten­
drían g ra n parecido con los del famoso imperio asirio.
Respecto de los reinos de Hira y de G hassan, posterio­
res en su. creación al del Yemen, ya liemos dicho q u e su
a rq u ite c tu ra apa rec e m u y influida por las arles ro m a ­
nas, bizan tin as y pérsicas.
Una especie de m o n u m en to s sirios, los castillos lla m a ­
dos ieü, cuyos restos a u n se levantan en las ciudades y
aldeas de las orillas del E u frates, m erece detenida in ­
vestigación al estu d iar los orígenes y rasgos del arle
árabe. Estos castillos, según Gillm an, «no son m ás qu e
cerros artificiales, en p arte re ctan gulares, en p arle ova­
les, formados con frecuencia en torno de peñascos, qu e
encierran grandes espacios abovedados, y cuyos m uro s
inclinados, de tierra ó barro, están revestidos con piedras
colosales, dispuestas á m a n e ra de escam as. En los tiem ­
pos del cristianism o prim itivo se re sta u ró u n tell en Ive-
í'eli, cerca de Bagdad, que desde entonces se enseña co­
mo sepulcro de Ezequiel.»... (Obra cit.) N uestro grabado
n úm . 189 reproduce el M I de Kefeli á q ue antes se hace
referencia, y llam am os !a atención acerca de las líneas
generales del m o n u m en to , de su ca rá c te r asirio-egipcio y
de las sem ejanzas que, com parado con posteriores cons­
trucciones arábigas p u e d e n en c o n trarse , por ejemplo, en
el m in are te q u e se alza m ás allá de la p u e r ta de en tra d a .

ITislíienes a s e g u r a q u e ¡as c a s a s se p a r e c í a n á las d e Egipto .—M assndi h a bla


d e l YTunen y d ic e q u e h a b í a h e r m o s o s e dificios, y lü lr isi. e s c r i b e lo s i g u i e n ­
te: .iKsta a n t i c u a c i u d a d , (Saná ó Saba). fué r e s i d e n c i a d e ¡os r e y e s d e l Ye­
m e n . y la c apita l de Arabia y s u s r e y e s t c n a r i eti ella u n p a la c io ta n c é l e b r e
c o m o b ie n fortificado. T o d a v í a c o n t i e n e m u c h o s pala cios , r o d e a d o s d e vaslori
j a r d n e s , y c a s a s d e p i e d r a d e s t i l e r í a , a d o r n a d a s d e v id r i e r a s . V einle m e z ­
q u ita s , m u c h a s de e lia s c on c ú p u l a s d o r a d a s , c o n t r i b u y e n á e m b e l l e c e r lu
a n t i c u a c ap ita l de l Y e m e n . » —Erisi, u n o d e los m á s n o ta b le s geógrafo? á r a b e s
e s c rib i ó su libro e n Mol —M assudi , e s a n t e r i o r : e s c r ib í a e n 98:i la r e la c ió n d e
s n s via je s.
20
306
R esulta, pues, q ue sólo los dalos q u e antec ed en y el
antiguo templo llam ado la Ivaaba, en la Meca (i), son los
recuerdos q u e restan del arte arquitectónico a n te rio r á
Malioma. La K aaba, lia sufrido reparaciones y ob ras de
reconstrucción, pero según varios arqueólogos no lia ex­
p erim e n ta d o modificaciones esenciales en su aspecto

l-'ig. ISO.—Ti?11 s h ii>, ilo KtMVlí

prim itivo. El Lemplo «consiste en un cubo de p iedra no


m u y regular, de cerca de 30 pies de largo, 30 de p ro fu n ­
didad y :33 a 40 de alto, pero á la sim ple vista parece u n
cubo perfecto... Se e n c u e n tra casi en el centro ele u n a
plaza que tiene unos 200 pasos de largo y como 150 de
ancho, en la cual sólo h a y alg unas p e q u e ñ a s co nstruc­
ciones laterales y que está cercada por u n a triple colum ­
n a ta (iue de noche se ilu m in a por medio de p eq u e ñ as
lám paras. El interior de la K aaba, p ro p iam e n te dicha,
servía antes de la época de Malioma p a ra la exposición

{I) M ull cr, lii Meca c o r r e s p o n d e á la M a c e r a b a d e los a n tig u o s , c o ­


m o M ed in a es Y a tr ib ó Y a tr ip pa , vía c o m e r c i a l d e s d e S a b a a P e l i a , e u a n d o e l
flo r ec im ie n lr i do las c o m a r c a s del Y é m e n . [Obra Cit. pág. 13).
— 307 -
de los ídolos (]), pero ahora parece que está vacía... En
el (ángulo) que m ira al Esle está em potrad a en la pared,
á unos cinco pies sobre el nivel del suelo, la célebre P ie­
dra negra, óvalo de u n a s siete pulgadas de d iám etro m e­
dio con u n a superficie oudulosa.»... (Mit-leu, obra cil.
págs. 79 y 80).— «Enfrente, y á la m ism a altu ra que la
piedra negra se ve otra u n poco m ayor, pero blanca, que
ase guran ser sobre la q u e se colocaba A b ra h am cuando
edificaba la K aaba. Cerca de la p u e rta y pegado al m uro
ha y u n hoyo cub ierto con losas de m árm ol y q ue se cree
fué el m ism o en que A b ra h am é Ismael hacían la a r g a ­
m asa.»... ( 1 ' i í i í i í S T A i í A z r . Los árales, págs. 1 8 y l í í ) . R es­
pecto de la antig ü ed a d de la K aaba. sirva de an led en te
que Diodoro Sículo hald a de ese santuario, como del -más
venerado por todos tos árales.
Por lo que se refiere á la o rn a m e n tació n interior de
este templo, en la relación del viaje de Nassiri K hosrán
á Siria, Palestina, A rabia, etc. (1033 á 1042 de J. C.) p u ­
blicada hace pocos años por M. Schefer, léese el siguien­
te pasaje: «Las paredes de la K aaba esláu todas revesti­
das de m árm ol de diferentes colores y por ia parle de
Occidente se v en seis m iralibs de p lata clavados en la
pared, cada uno de los cuatro se halla á la altu ra de u n
h om b re y está cubierto de inscripciones en oro y plata
e s m a lta d a de u n tono negro bronceado. Las p aredes,
desde el suelo h asta la a ltu ra de cu atro arech, se co n se r­
v a n en su primitivo estado; pero desde esta a ltu ra h a s ­
ta el techo se h a lla n cu b ie rta s de losas de m á rm o l, or­
n a m e n ta d a s d e a ra b a c o s y de esculturas, la m ayo r p arle
de las cuales son doradas» (Le B o n , L a civil, de los ára­
les, págs. 10 y 11.)

11) 1LI c u lto lie los á r a b e s p r im itiv o s u d i u ü í a d 'v o r a o s ídolos. c i r e u i i d l a i i e a


q u e se explotri m u y Itieu c u la Meca, e x p o n i e n d o e n la K a ab a laá d i v e r s a s for­
m a s d e q u o los á r a b e s s e s e r v í a n pa ru s ig n if ic a r la idea de ln D i v in id a d y
profesarle ad o ració n .
— 303 —
Como puede observarse, la orn a m e n tació n que Nassiri
describe es posterior á Mahoma; de m a n e r a , q u e n i n ­
gún dato nuevo p re s ta á la historia de la a rq u ite c tu ra
prim itiva, la relación q u e liemos trascripto y á la qu e,
tal vez nos refiram os m á s adelante.
R esum iendo esta cuestión previa, p a ra e n t r a r de lleno
en el estudio del arte árab e, desde la época del Califato
de Oriente y Occidente: Por lo que, h a s ta ahora, se co­
noce. no h ay restos arqueológicos ni descripciones de
viajeros, que ofrezcan suficientes porm enores p a ra s e ñ a ­
lar el estilo p re d o m in a n te en los grandiosos m o n u m e n ­
tos del Yémen, pero todo hace s u p o n er q u e se tr a t a de
u n a m anifestación arqu itectó nica de índole parecida á
las asirías, babilónicas y pérsicas.

Como, realm ente, el pueblo á r a b e al exten d e r sus rá p i­


das conquistas desde Asia, por Africa, h asta Europa, co­
menzó por asim ilar y acom odar á sus m odestas exigen­
cias de guerreros, las formas arq u itectónicas m ás senci­
llas de los pueblos sometidos á su poderío, sin u n i r á
ellas elem entos propios, es m uy difícil y av e n turad o tra ­
zar la línea divisoria de uu cuadro de clasificación y des­
arrollo del a rte árab e; d e te rm in a r cronológicam ente las.
influencias q ue en él se h a n ejercido y las que á su Tez
hay a causado en otros estilos arquitectónicos y señ a la r
y b au tiza r épocas, como si se tr a ta r a del arte griego ó
del rom ano. Además, las diferencias de criterio e n t r a
historiadores y arqueólogos respecto de la civilización
arábiga, de sus orígenes y transiciones, es tal, que hoy,
ap e sar de los profundos estudios de los sabios orientalis­
tas, depurados en Congresos internacionales, en discusio­
nes académ icas y en libros y revistas, todavía se sostie­
ne n las opiniones m ás en c ontrad as, y en tan to q u e p a r a
algunos á la raza ára b e se debe g ra n parte ó casi toda la
cu ltu ra y el s a b e r de la Edad Media, p ara otros los á r a ­
— 309 —
bes no hicieron otra cosa q ue im itar, copiar servilm ente
c u a n to les era agrad able ó útil.
Creemos q u e en u n a y oLra opinión se ex ageran los a r ­
gum ento s. En realidad, 110 h a y razón p a ra su p o n e r q ue
los árabes., em p aren tad o s y en relaciones con razas cul­
tas asiáticas; q u e fu n d a ro n reinos tan famosos como el
del Yémen, el de Hira y el de G h assan, fu e ran gentes
b á r b a r a s é ignorantes, exentas de todo rasgo de civiliza­
ción. Mahoma y sus prim eros sucesores, re c lu taro n legio­
nes avasalladoras de e n tre las tribu s e rran tes, y éstas,
por razón n a tu ra l, e ra n m enos ilu strad as que las seden­
taria s y em en itas, de modo, q u e como dice Muller, «el
pueblo de nóm adas y h a b ita n te s de p eq u e ñ a s ciudades,
a p e n a s pudo s en tir la necesidad de construcciones m o­
n u m e n ta le s antes de la época d é la s g rand es conquistas;
casi en todas p a rte s se h a b ía contentado h a s ta allí con
tiendas y chozas. Asi, la necesidad que entonces se le
presentó de proporcio nara! culto lugares dignos de él, le
encontró poco preparad o p ara ello...» (Obra citada, p á ­
gina Kil).—No se debe, por lo tanto, e x a g e r a r l a existen­
cia de un período histórico m á s ó m enos extenso en que
no se definen las formas arqu itectónicas del arte árabe;
e n que se recu rre á la a rq u ite c tu ra bizantina y á la ro­
m án ica p ara b u s c a r elem entos y au n p a ra im ita r cons­
trucciones; en qu e se aprovechan m ateriales de diferen­
tes estilos, sin darles ca rác te r ni u n idad , po rqu e eso m is­
mo ha acontecido á todos los pueblos, h asta que la civi­
lización y el estudio h a n fijado los cánones artísticos.
El arte clásico de Grecia, tiene sus precedentes, como
se recordará, en Asia y en Egipto, ¿por qué cau sa, la p a­
sión, el encono contra los á r a b e s h a de llevar h a s ta el
e xtrem o de exigirles u n a civilización, un arte, lib res de
toda influencia, original en todos sus componentes?
Por esos derroteros se ha llegado á considerar al arte
á r a b e como u n a especie de imitación del estilo bizantino.
Nuestro ilustre paisano I). J u a n F. Riaño, ha encauzado
— 310 —
cuanto se refiere á los orígenes d éla arquitectura, arábiga.)
su ¿ransicién en ¡os siglos xi y x n y su Jloracimiento inm e­
diato, en el no table Discurso á que an tes liemos hecho
referencia, ap esar de q u e m u e s tra d u d as acerca de la
originalidad del arte en cuestión y señala las deficiencias
qu e Dozy y otros o rientalistas h a n estudiado en la raza
ára b e , p ara poderle conceder superioridad en el desa rro ­
llo y progreso de algunos ra m o s del saber.
ISÍo en tra m o s á discutir tan difíciles problem as, m ás
apropiados á libros de otra índole q u e p a ra esta m odesta
obra, y como resultado de nuestros estudios acerca del
arte ára b e , vam os á trazar el p lan en q u e h em os de des­
arrollarlos.
I. Período de formación (siglos vn-x).
II. Períodos de transición y florecimiento (siglos
x-xv).
III. Decadencia.
IV. Estilos desarrollados en España, Persia y ia India.
Advertirem os, que en estos cuatro períodos se co m p ren ­
den las construcciones de Siria, Egipto, Africa, E spaña
y Sicilia (vn-x); las de Egipto y E spaña (x-xv); las de
Siria, que d e te rm in a n la decadencia y el estilo turco
(x m -x v i) y los estilos desarrollados en E spaña, Persia y
la India, al fundirse con sus artes indígenas el estilo
árabe.

I. —Periodo de form ación (siglos vii al x).—El si­


glo vir, prim ero de la egira (1) fué el de las g rand es con­
quistas. Ornar sometió á su poder la Siria y la Persia, el
Egipto y la Nubia; pero puede juzgarse de la modestia de
aquel invencible gu errero por este caso q u e refiere J u sti
en su H isto ria de la antigua Persia y Muller, en su obra,

¡I) Del i i u b e fiedjra , ii u i d a . —C o m ie n z o de la op o n a d e los á r a b e s . Sign'fl-


c¡i n u e M ali om a h u y ií d e la Moca á M ed ina; e ste a c o n t c c i i n w n t u c o r r e s p o n ­
dí’ «I 10 d e J u lio d e l 022 d e J . C .
— 311 —
ya citada, E l islamism o. Cuando Persia se entregó á los
ejércitos m ah o m etan o s, las riq uezas de Clesifonte, la
gran-ciudad donde los reves sassánidas tu vieron su corte,
ofrecióles sus riquezas d eslu m b rad o ras. E n tre las ad m i­
rables alhajas y m uebles, in c a u tá ro n s e de la riqu ísim a
alfom bra del gran salón del palacio, «lista m agnífica joya
—dice Muller—tenía 70 varas de larga por 60 de anch a y
re p re s e n ta b a un ja rd in con senderos de p lata sobre fon­
do de oro, prados de esm eraldas, arroyos de perlas y
fru ta s de las m ás v ariadas piedras preciosas.,.» La al­
fom bra con las espadas de los reyes sometidos, fueron
enviadas al califa. «Este 110 a c o s tu m b ra b a á cele b rar
festines, y en todo Medina, esceptuando tal vez la m ez­
quita, ap e n as se h u b i e r a encontrado local b a s ta n te es­
pacioso p ara ex ten d e r la alfom bra, de modo que Ornar
110 sab ía q ue h a c e r con ella. El práctico Alí, opinaba que
no se poseía v e rd a d e ra m e n te sino aquello de q u e se po­
día h a c e r uso; y por lauto, la alfom bra fué cortada y
repartido, y al propio Alí le tocó 1111 pedazo q ue vendió
después p o r 20.000 dirhem s» (Obra citada, pág. í)7.)
E 11 ese siglo, som etieron los ára b e s á su poder la I n ­
dia, el Norte de Africa, Sicilia, E spaña, y al com enzar el
siglo vnr, n de la egira, los sectarios de Malioma h a b ía n
formado u n vastísimo im perio, que com prendía, como
dice un autor, desde la India hasta el Atlántico; desde el
Cáucaso hasLa el golfo Pérsico.
Em peñad os en san griento s có m b ale s y en atrevid as
conquistas, en co m en daro n á artistas bizantinos el a r re ­
glo de algunas iglesias cristianas q u e utilizaron en Siria
p a ra m ezquitas; y las q u e con stru y e ro n de n u ev a p lan ta
como la m ezq u ita llam ada de Ornar en .Terusalén, tienen
el propio ca rác te r bizantino.
La m ezqu ita de Ornar (Kubbet es Sakhrn, cú p u la de la
roca) llam ada así im p ro p iam en te segú n Mr. Yogué, pu es­
to q u e su construcción prim itiva (fi91 de J. C.) es poste­
rior á aqu el famoso Califa, ofrece el m ás variado c o n ju n ­
to de rasgos artísticos de diferentes épocas. Basta decir,
que en 1561 de J. C., Solimán el Magnífico dispuso q ue
se d ecoraran las p ared es del templo con azulejos persas,
de adm ira b le esm alte y riqueza.
El plano de este templo es m u y sencillo: «dos recintos
octógonos, concéntricos, rodean u n a especie de b a la u s ­
tra d a circular, qu e corre en torno de la roca sagradas
donde se supone q u e Melquisedeo, Á b ra h am , David y
Salomón hicieron sacrificios religiosos (1). Corona el edi-
cio u n a m agnífica cúpula, construida en 1022 y q u e es
obra prim orosa del arte árabe.

Fig, IVPU.—A le a d a s di’ la M ez qu it a d c O m u r (Jei usalún).

Las colum nas son b izantinas y las arcad as d em u e s tra n


el propio origen, según puede verse en el grabado n ú ­
mero 190. La o rn a m e ntació n interio r del templo es rica,
fastuosa, fantástica, pero no puede clasificarse en u n a

(1; Esta ru c a , s e g ú n lo-s a r q u e ó l o g o s m o d e r n o s , es la c ú s p i d e d e l 111011 le

M oriah. respaila do po r S a lo m ó n al n i v e l a r la m o n t a ñ a , D esd e e s a to c a , a sí lo


r e lia r e la tra d ic ió n á r a b e , hiz o M a h o m a uii via je c e l e s lc , c a b a l l e r o e n ItoraJí,
e s p e c i e dt; s e r a la d o c o n c u e r p o d e c a b a llo , c a r a d e m u j e r y cola d e a v e . lin
e s a m i s m a roca c o l o c a r o n los Cniüailtis la imágern d e Cristo c u a n d o t o m a r o n
á J arusalón.
— 313 —
época precisa, p o T q u e es trab a jo de m u c h a s generacio­
nes, resultado de diferentes ra m a s y direcciones del arte
á r a b e (1).
E ntre otras construcciones de m e n o r interés, q u e ro­
dean la g ra n m ezq uita de la roca sag rada, cu é n ta se la
a n tig u a basílica que J u s tin ia n o erigió en h ono r de la
Yirgen Madre y que los ára b e s convirtieron en m ezqu ita
e n 686-691. Conserva esta m ezquita, llam ada fíl-Aksah, la
forma de basílica y el ca rác te r ojival en las arcadas, pero
como las construcciones de J e ru sa lén , h a sufrido tantas
restau rac io n e s q u e no puede citarse p a ra modelo de u n a
época ca racterizad a del arte. Uno de los nichos de ora­
ción, que los á r a b e s llam an de Omar, es curiosísim o por
su s colum nas retorcidas y sus arcos apuntados.
Las construcciones de Damasco son m odernas, excepto
la m ezquita, an tig u a iglesia de S an J u a n D am asquino.
Apesar de las reconstrucciones, su a r q u ite c tu ra es bi­
zantina, con arcos ap u n ta d o s y re cu erd a la de Aksah, en
J e ru sa lén . «Todos estos m o n u m en to s prim itivos—dice
Le Bon,— Lienen los capiteles enlazados de u n a á otra co­
lu m n a por medio de g rand es vigas de unión, que fué un
sistem a especial de los arq u ite cto s árabes» (Obra cit.
pág. 27o).
Los m o n u m e n to s arábigos de Egipto, corresponden á
todas las épocas del islamismo. El Cairo es la ciudad á r a ­
be m ás caracterizada, porque ad em ás de que su fu n d a ­
ción d a ta de 970 de J. C., sus viejas m u ra lla s enc ie rra n
la ciudad primitiva., Fostatl, q u e fundó Am rú, y q u e im ­
p rop iam en te se denom ina hoy Viejo Cairo (2).—El m onu-

(I) M ul le r. o p in a q u ü A b d e lm e lik fué o! <¡u<> fu n d ó la m e z q u i t a l l a m a d a d e


Ornar, e n los re s to s di? u n a n t i g u o t e m p l o b iz a n tin o . uCotno tc s t iin o n o d e e s ­
te o r ig e n , d ic e . lie n e m á s v a l o r t o d a v 'a u n a i n s c r i p c i ó n e x i s t e n t e p o r e n c i m a
d e u n a p u e r t a la te ra l, tiipiada a c t u a l m e n t e , eii la q u e se le e n las p a la b r a s
Sriegas: aTu re in o , Ciislo, es u n r e i n o e t e r n o , y tu p o d e r se p e r p e t u a » , q u e
los m u s l i m e s lian c o n s e r v a d o , a c a s o c o n irón ica in te n c ió n .. .» (Obra cit. p á ­
g i n a s 161 y 1G5!).
í'í) Cai ro, e s c o n -u p e iñ u d e E l K a h i r a h (la v ic to ri os a ;.
- 314 —
m entó m ás antiguo de FostatL es ia m ezqu ita de A m rú
levantada en 642 (año 21 de egira), y su plano lia servi­
do de modelo p a ra m uchos edificios de esta índole. Un
patio re c ta n g u la r rodeado de amplios claustros cubiertos,
sostenidos por colum nas. Uno de los claustros es m ás
extenso y en él está el s an tu ario. La fuente en el centro
del patio, el pulpito y dos torres ó m inaretes, com pletan
este edificio, en qu e dom ina la sencillez y la severidad.
Las colu m nas proceden de diferentes edificios bizantinos
y las arcadas son de c a rá c te r sassánida, es decir ligera­
m en te a p u n tad a s, a u n q u e este im p ortante detalle a r ­
quitectónico, según Gillm an, no corresponde al edificio
original, «sino á la p arte reconstruida en 897 después de

Fig. lil i.—M o q u i t a ile A m rú .

u n incendio» (Obra cit. pág, 297). Nuestro grabado n ú ­


mero 191, re p resen ta un fragm ento d e e s a m ezquita, q ue
se halla en r u in a com pleta, revelando sin em bargo u n
intere sa n te rasgo aquellos v ene rab les muros: la carencia
de todo adorno, de los q ue después caracterizaron al arte
árabe.
Otro de los m o n u m en to s n o tab les de Egipto es la m ez­
q u ita de T ulum , erigida en 876 (1). Este edificio m erece
estudio, p orq ue en él se inician varias formas a rq u ite c ­

to Ks fa in a q u e e s la m e z q u i t a fué c o n s t r u i d a pin- un a r q u i t e c t o c ris tia n o .


— 31o —
tónicas q ue hem os ile h allar en el período de florecimien­
to del arle. La m ás im p o rtan te de todas es el pilar con
colu m nas adosadas, como rep resen ta nuestro grabado
nú m . 192. Los capiteles son bizantinos y las arcadas oji­
vales, de traza m ás m arc ad a q ue las de A m rú. La exlior-
nación es m u y sencilla y de ca rác te r bizantino. Al exte­
rior, los m uros están coronados
con alm enas caladas. La m ezquita
de T ulum hállase en com pleta
ru ina.
Completan el cuadro artístico
de este periodo, en Egipto, la mez-
quila-u niv ersidad de Azhar (970).
Los arcos son m ás ap un tado s y la
decoración m ás ostentoso; pero
debe de tenerse presente que en
esle edificio h a y reconstrucciones
de varia s épocas.—De lodas m a n e ­
ras, m a rc a n estos tres m o n u m e n ­
tos un progreso efectivo y real en
el arte y q u e ; es indudable, í'ué
ocasionado por las influencias si­
rias é índicas que av an zaron des­
de el Asia h asla España.
l*’ig. ¡Oí.— Pil ar c o n c n lm n ii s
Los m o n u m en to s africanos sep­
ile l¡t nic/.<|Mlltt d e T u l u m .
ten trion ales m a rc a n otra te n d e n ­
cia, adem ás de la bizantina, la n o rm an d a , de q ue á
su tiempo hem os trata d o .—El co n quistado r de Africa,
Okbah, m andó edificar en 075 de J. C. la gran m ez­
q u ita de K a iru an q u e fué reco nstruida diferentes ve­
ces, y cuyos m uro s exteriores, según Gillman, «están
articulad os m e d ia n te arcos ciegos de forma m u y pura.»
La m ezquita está coronada de cúpulas abocinadas. Ei
m in are te es u n a torre c u a d ra d a m u y ancha de liase y de
tres pisos, de m ay o r á m eno r.
En Africa, h a y que con tar con los antiguos elem entos
— ;uc —
artísticos rom anos y bizantinos, con algunos indígenas
y con otro de grande im portancia: la influencia de las
gentes persas de la Iraca que acom p añaron á Edriss ben
Edriss, fun da do r de la m o n a rq u ía edrissita y de la ciu­
dad de Fez (808). corrupción de Fers, como recuerdo ile
los persas ó gentes del F ers, á q u e an tes nos hemos-refe­
rí do (1).
Madrazo, e a su citada Contestación al Discurso de R ia­
ño, recoge esa in te re sa n te noticia, eu com probación de
su teoría de c o m u n id ad artística entre la M auritania y
el Andálus, y dice: «Obra de arte n a d a despreciable de­
bía ser ta m b ié n la m e z q u ita E l-K a iru ain erigida por
F átim a, hija de M oliam ed-el-Fehery, aqu e lla s a n ta m u ­
j e r q ue ayunó todo el tiempo que duró su construcción;
ta cual am p liad a á principios del siglo x por los Zenetes,
bajo la d ependencia del califa de Córdoba Abd c r - R a h -
raan an -N a s sir Ledin Itlah, q u e les m and ó dinero—no
artífices, nótese b ie n —p a r a l a s nuev as ob ras de e n s a n ­
che y em bellecim iento que se ejecutaron en ella, tenía
un soberbio a lm in a r de 108 palm os de elevación, en c u ­
ya cim a lucía u n a m a n z a n a de m etal dorado, incrustado
de perlas y pedrería, y la espada enh iesta del Im án E d-
riss b en Edriss, p a ra a tr a e r sobre el edificio la b e n d i­
ción del fun dador de Fez. La fachada de poniente de este
alm in ar, construido todo de excelente piedra sillería,
dice el citado libro (E l K arlas), tan conciso siem pre en
cu a n to á noticias artísticas, llevaba en el yeso in c ru s ta ­
da de azul la inscripción en que se consignaba la fecha
de su ediíicación con las sagradas invocaciones de uso

([) Así lo d i c e e n s u iiite ie s n n te lib ro R a d h a eí-h'artae, ol n o t a b l e liis -


( n r iü d o r Ainí-Moii a m m e d S a l á m 1ii.\ A m dklualim el Chai nati, (el g r a n a d i u o l
q u e s o b r e s a l i ó e n lo s o s t u d i u s h i s t ó r i c o ; ; V e s c r i b i ó u n F e z , p o r l o s m’i o ; ilo
T26-l;)2(i i n t e r e s a n t e s l i b r o s r e f e r e n t e s á M a r r u e c o s y G r a n a d a { V é a n s e l a s
n o t i c i a s b i b l i o g r á f i c a s d e 1»Deacrip. del reino de G r a n a d a p or Sim onkt
( g r a n a d a 1872) y la D c s c r i p ■ frtet de M arru ecos, p o r e l P. C * steli.* k o s
{ S a n t i a g o . 1H7SV
— 317 —
en toda fábrica religiosa;y debe tam b ién recogerse este
dalo relativo á la labor de alger q ue o s te n ta b a la referi­
da inscripción, p orq ue en la a rq u ite c tu ra del Califato
andaluz 110 se conocía esta práctica de la o rna m e n tació n
m u ral. Los edrissitas re u n ie ro n en Fez gentes y trib u s
de diversas procedencias: zeneles. zuagas y beni-Y ar-
ghix; berberiscos, persas, cordobeses, fam ilias del K ai-
ru au. Iín m ay o r n ú m ero q ue los otros d eb ían fig urar allí
los cordobeses y tunecinos, po rqu e dividida la ciudad
en dos grandes ad u a res, uno llevaba el n o m b re de adv.a
el A itdáhis y otro el de adxui el K m ron a-in , h abiendo Ed-
riss instalado en el prim ero las 800 familias de Córdoba
que se h a b ía n refugiado en su reino, huy end o de las
crueldades del tercer califa Vmeya A lhakem ben H i-
xem» (1).
Esta emigración de los cordobeses á Fez a n u d a m ás
a u n los laxos e n tre la M auritan ia y el Andálus, y pro­
porciona un dato m ás p a ra sostener la teoría de q u e los
elem entos del a r le alm óhade y los del granadino, p udie­
ra n hallarse en los m on u m en to s africanos, puesto que
desde el siglo vm son co m un es las em igraciones de uno
á olro pais.
Los ára b e s p en e tra ro n en Españ a en 710-711, siendo
todavía las causas de esta invasión asu n to discutible (2),
así como los elem entos q ue allegaron á la civilización

(0 Madíuüo , t o m o (.‘1 1’, C astellanos , sigiifii á Molía m m e d S¡tl¡ih.—La n \ -


im ls iú n d e C ó rd o b a d e las fa m ilia s cpie se r e f u g i a r o n e n Fez. o c u r r i ó d u r a n ­
te el r e i n a d o do A l - l l a q u e m 1 ben t l i x e m b o u A b d o - r - R a l i i n ú n 1 (7.-)G-S21 do
J. C.)
(2) Las c r ó n i c a s la tin a s d e l N orto d e E s p a ñ a , q u e c o m i e n z a n un 8<iG-íl|(>
c o n la d e S e b a s ti á n d e S a l a m a n c a , lian c o a d y u v a d o á d i f u n d i r l a m i 'n l a h h ' s
e r r o r e s e n la lils toria patria , r e s p e c t o d e In m o n a r q u í a v is ig oda . C o m o h a c e
o b s e r v a r el s a b io Dnzy, la c r ú n i e a d e is id ro de. Ileja e s t r i l a e n T.üi lut ve/, no
f u é c o n o c i d a b a s t a el s i " l o x m . c o m o nn lo f u e r o n d e s d e lu e g o tos c ó d ic e s
á r a b e s q u e r e t i e r u n la e n t r a d a d e los m u s u l m a n e s ; y e n ta nto, q u e , po r e j e m ­
plo, Is id o ro do Beja p in ta á Witiza c o m o u n r e y j u s t o y b u e n o , a m a n t e d e la
re li gió n a u n q u e s e v e r o c o n los e c l e s iá s tic o s ; S e b a s t i á n y los c r o n i s t a s po;.-
— 318 —
española de la Kdad Media. No es este lugar apropósitu
p ara tr a t a r de esos in trin cad os pro blem as de crítica h is­
tórica, desarrollando los cuales se h a n emitido las opi­
niones m ás encontradas, en tre las q u e m erecen cono­
cerse por lo ex ag era d am en te c o n tra rias á los españoles,
las del orientalista francés Le Bou. cuyo' libro liemos pi­
tado varias veces.
Los principales m o n u m en to s ára b e s que en España
p ued en estudiarse relativos á este periodo, son la m ez­
q u ita de Córdoba, alg u n as construcciones de Toledo y el

t e n o r e s p r e s e n t a n t e c o m o u n m o n s t r u o ilo vic io s y r o d e a d o d e c o n c u b i n a s
fa vo rit as. Isidoro . in ilu id o tu! vez p o r a f e c t o s r o n el m o n a r c a d e s d i c h a d o —
cuin o a r e r l t u l a m e i i l e s u p o n e el d o c to g r a n a d i n o 1). A u r e lia n o t' e n n u iik v . lin e-
rra: los c r o n is ta s p o s te r io r e s . pa ni h i u e r p a t e n l i ; . o b e d e c i e n d o ¡i s e n t i m i e n t o s
p ia doso s, q u e , —c o m o el m i s m o S e b a s t i á n d i c e . —«el h a b e r a b a n d o n a d » los
l e y e s y s a c e r d o t e s la ley d i v i n a , fué c a u s a d e q u e el e j é r c i t o d « los god os
¡>0ieciese ¡iI filo d e l.i e s p a d a a p a r e u a . y los c r o n i s t a s á r a b e s , r e c o m i c i e n d o
eti Wiliza las m i s m a s c u a l i d a d e s q u e Isidoro, p a r é c c n o s q u e e x a g e r a n . p u e s
h a y q u e t e n o r p r e s a n t e q u e no sólo con V iliz » r e s u l t a n e s a s d i s c o r d a n c i a s do
a p r e c i a c i ó n , s i n o q u e , po r e j e m p l o , pa ra el m o n j e d e Silos, l í e r m u d o «era m i
r e y s ab io . c l e m e n t e , ju sto y solicito en castr<jar á los m a lo s ;¡ p r e m i a r n
las buenos", e n la n ío q u e el a u t o r d e tu H is to r ia C o m p o ste la n a d i c e del
m o n a r c a : u l t u lis e r e lu s ct li r a r m u s p e r o m i n a fu i! ...» d e d u c i e n d o d e los s i i c e -
sod d e su v id a «q u e los p e c a d o s d e H e n n u d o y d e »u p u e b l o Cuerou la c a u s a
d e q u e A lm a n z o r e \ t r e m ; i r a s u t e r r i b l e p e r s e c u c i ó n c o n t r a el c r is tia n is m o .
No ns d e e sle lu ga r, ni lie m o s de p r e t e n d e r l o , d a r l e s o l u c i ó n á p r o b l e m a liis-
lórico d e l a n ía im p o r t a n c i a , y v a m o s á t e r m i n a r el e sb o z o ile t a n t a s d e s d i ­
c h a s c o n el a c e r t a d o j u ic io q u e á n u e s t r o F e r n á n d e z G u e rra le m e r e c e la
“a g r e g a c ió n d e las Kspafias ai Africa" q u e a sí Mamó y 1 1 0 c o n q u i s t a al tr i u n fo ■
s o b r e la m o n a r q u í a v is ig o d a , el fa m o s o Muza Mimo N ocei r: «Sin la in f a m e
tr a ic ió n de l c o n d e 1). J u l i á n —d i c e —m e r c a d e r de. los m e r c a d e r e s , co niu le
d e c í a n los m i s m u s A r a b e s a q u i e n e s e n t r e g ó la lla v e d e E s p a ñ a ; y s in la
e x e c r a b l e a le v o s ía d e los bij us y h e r m a n o s de, W iliz a e n los c a m p o s de Me-
d m a s k l o n i a , los A fri c a n o s y A ra b e s no se h a b r í a n a l e n t a d o p a r a u n a c o n ­
q u is ta i n c re íb le ; ui los c a p i t a n e s v is ig odos h a b r í a n c a í d o e n r e c e l o y d c s -
c o n ria iiía u n o s d e otros ; ni el p u e b l o e s c l a v o y e x p r i m i d o h u b i e r a vis to l l e ­
ga da la hora d e la v e n g a n z a y d e la ra p i ñ a ; y e n lili, n a d a d e e sto s e h a b r í a
c o n c e r t a d o y fac ilita do , s in la o c u l t a é i n c e s a n t e c o n s p i r a c i ó n de la r a í a c a -
n a n e a y h e b r a i c a , a u x i l i a r p o d e r o s o del S a r r a c e n o » ( R u i n a ¡j c a íd a de l
im perio visigótico esp a ñ o l, M adrid , INÍf i. Pág. üO.—Dozv¡ I noestig aciones
ac er ca de la hist. y da La l i t e r a t u r a de Lo? ára bes, y a cit. 1 . I . — ¡■'eusán-
«KiGuEaftA r. H in ojo s a, L os p ue b los g e r m á n i c o s y la m i n a de l a m o­
n a r q u í a visir/oda. ya cil.; e n p u b l i c a n >»).
— 319 —
m ih ra b de !a m ezqu ita de T arragona, in tere sa n te m o ­
delo de o rn a m e n tació n (grabado n.° 194). El de m ás i n -

l’ig. 19;! — di? Ijóiilobn.

teres es la m ezq u ita (véase el grabado núm ero 103),


de la que S téphan h a dicho en su lib ro -. «De cu a n ta s
- 320 —
causa ninguna, ni de un modo remolo la impresión

l'ig. -194.—Miro!) d e T a r r a g o n a .

mezquitas de estilo árabe he visto en el Oriente no


que produce la gran mezquita, hov Catedral, de Córdoba,
fon sus 800 columnas (le mármol, con las originales ar­
fadas, las palmeras, naranjos y m urm uradoras fuentes
de sus claustros» (-Eg.yptem, pág. 205, nota 1 .a)—La mez­
quita comenzó á construirse en 780, formándose once
naves con unas 400 columnas, todo lo cual medía 96 me­
tros de longitud, por 79 de latitud. Cuando, después, se
edificó el vestíbulo, aumentáronse aquellas proporciones
hasta 114 metros, por 141; las naves hasta diez y nueve
y las columnas á más de 1 2 0 0 .
Las columnas, que carecen de base y los capiteles, pro­
ceden de edificios bizantinos y romanos de estilo corintio;
sólo un reducido número de ellos es de factura árabe y
tal vez pertenecen á las épocas de restauraciones y am ­
pliaciones. Se han hallado hace pocos años, algunos pa­
ramentos con adornos de estuco. Los interesantes mo­
saicos que decoran parle del edificio, de procedencia
bizantinn, son magníficos, especialmente los del sanluli­
rio. (Para ampliar los estudios acerca de este notabilísi­
mo monumento, pueden consultarse, entre otros, la Des­
er iption de V Afriq u e el de V Espagnepar Hdrisi, por Dozy
y Goeje, Leiden, 18íí(>; Etmm sur V arcMted.ure, des Arabes
cides Manres en- Jispagne el en S iá le. 1841; los autores
árabes utilizados por estos y otros arqueólogos. Al Bayan,
Makkari, etc. y entre los estudios modernos las Inscrip­
ciones árabes de Córdoba, Sevilla y Granada, por D. Rodri­
go Amador de los Rios y una interesante monografía
del ilustrado arquitecto D. Rafael Romero Barros, publi­
cada en uno de los diarios de Córdoba).
Tin Toledo, consérvanse entre otros monumenLos de
menos importancia, la antigua mezquita, hoy capilla del
Santo Cristo de la Luz ('siglo vm), cuya planta eslá for­
mada por tres naves y un ábside elegantísimo, y la
puerta de Visagra (antigua). cuyos arcos y columnas son
del mismo carácter que los de la mezquita de Córdobn,
Como comprobación de la antigüedad de este m onum en­
to, refiere Amador de los Rios. que fué preso y decapila-
2t
— 322 -
do en dicha puerLa, Heicham, por el delito de rebelión
contra el calila Abd-r-Rhamara, por los años de 838 (To­
ledo pintoresca, pág. 287),
Los monumentos de Sicilia se reducen á los castillos
de la Ziza y de la Cuba, junto á Palermo. El carácter es
normando m uy m arcado.—A mediados del siglo x había
en Palermo más de 300 mezquitas, según Din Hankal, y
Hugo Falcando, hace una entusiasta descripción de aque­
lla ciudad en la época de la dominación musulm ana
(Iíugonis Kalc.vmji. Hisl. en los Herma Sindnru-m- Scrip-
tores, 1579).
En Malla hubo también mezquitas y palacios, conser­
vándose en el museo de La Yaletle, como recuerdo de
esas construcciones, una losa sepulcral adornada con
arcos de herradura y una poética inscripción, en que se
refiere que aquella es la tum ba de Maimumi. hija de
Hasan; dice entre oLras 1‘rases poéticas:... «La muerte
me ha arrojado de mi palacio. ¡Ay! Ni mi espléndida sala
ni mis riquezas me han valido contra ella...» (Journal
asiüliqne, 1847, 11,437.—Cita de S c h a c i c en su libro Poe­
sía y arte de toa árabes en España- y &icil¡a, t. III, pági­
nas Hil y 162).
Resumiendo lo que á este primer período de la a rqui­
tectura árabe se refiere: Es indudable, que los m onum en­
tos de Siria presentan influencias bizantinas y pérsicas,
pero recuérdese el origen del arte bizantino y se com­
prenderá que es erróneo suponer que el arte árabe es
una trasformación del de Hizaucio. Lns mismas influen­
cias. más las bizantinas que las pérsicas, se rmui itesta­
ron en Egipto, aunque se perdieron más larde, dando
lugar á la aparición de formas originales. En Sicilia, las
influencias son románicas y bizantinas lo mismo que en
España, a unque aquí desaparecieron bien pronto unas
y otras. En Africa, parece ijue persisten aun en nuestra
época las formas bizantinas, especialmente en las cúpu­
las. Resulta, pues, que las influencias predominan Les en
— 323 —
el arte árabe durante el^jeriodo de formación, son las bi­
zantinas, más orientales de origen que trasplantadas á
aquellas regiones de la capital del imperio de Occidente.

II.—P eriodos de tran sición y florecim iento


(siglos x y xv).—La erección del Califato de Córdoba (si­
glo vilo, fué el comienzo de la desmembración del gran
imperio creado por los árabes. Después de Córdoba, en
l'Vvsia y ¡a India se formaron principados independien­
tes. y el siglo x, que produjo hermosas corrientes de
brillante cultura arábiga, registra en su historia tristes
decepciones, para los que soñaron perpetuar en el inundo
las conquistas inspiro das por Mahoimi.
Por una ley fatal dr compensaciones, ni propio tiempo
que el puderio de los i s ' a m i t a s iba reduciendo los lími­
tes señalados por la fuerza de las armas, desarrollábase
lentamente por todas partes el saber de sus hombres de
ciencia, de sus poetas y sus artistas. Kn las universida­
des árabes de Oriente y Occidente instruíanse gentes de
todas las naciones, y desde ese siglo, especialmente,
aparecen en la historia nombres de ilustres musulm anes
que se distinguieron en las ciencias, en las arles ó en la
industria.
Respecto de artes, el desarrollo y progreso de formas
originales y características es visible y de importancia.
Hasta entonces, la arquitectura, en particular, había re­
ducido misión,—como queda demostrado,—á utilizar
ci'mnl'i lia'lfijm á mano, y templos, castillos y palacios
romanos y bizantinos, orientales ú occidentales, fueron
convertidos en mezquitas ( 1) ó residencias musulmanas,
S c h a e k : i n s p i r á n d o s e e n e! le .tío de. Ibn aI Kutia ( J o u r n a l usi at i -
i¡ue. I3jH: II, dic e : *iSisi d u d a q u e el ls lá m . ü í l e n AndíilLi;-ía cu in o p o r
d o n d e q u i e r a , h a b ía m a r c a d o s u i r r u p c i ó n e r ig ie n d o m e / q u í t a s , las c u a t e s
s o lí a n el lo s p l a n t a r ¡i |>;»r d e s us b a n d e r a s e n el s u e l o c o n q u i s t a d o : p e r o e s t a s
m e z q u ita s , fu e r o n , sin d is p u ta , e n s u m a y o r p a rte , ig le sia s c ris lia n a s . a d a p ­
ta d a s [mr u n a p a rc ia l t r a n s f o r m a c i ó n al c u l t o d e los v e n c e d o r e s .» ( l foe$. ¡j
tirte de los á r ab . c*/i. E.sparia, etc. T, III. píisf. 2H).
- 3Ü4 —
caracterizándolas generalmente, tan sólo, en la orna­
mentación. «Pasado el siglo x,—dice Riaño en su. citado
discurso,—sufre el arte arábigo alteraciones fundamen­
tales, que dan por resultado en el xnr un florecimiento
brillantísimo, caracterizado por la novedad de formas
que reviste y por la belleza de los adornos. No hay la
m enor duda en asegurar que el cambio se engendra en
los siglos xi y xu. época que necesariamente llamare­
mos de transición: pero cuales fueran sus causas, cual
la localidad en que se inicia, ó los caracteres que paten­
ticen su progresivo desarrollo, son asuntos que no cono­
cemos» (pág. 11 ).
Tiene razón el ilustre arqueólogo.—Tal vez esa tran­
sición euvos caracteres no han podido conocerse, comen­
zaría en la construcción de edificios que se destruyeron
antes de ser estudiados por los arqueólogos, como, por
ejemplo, el celebrado palacio que A bde-r-R ahm án III
(912-Í>G1 de J. C.) erigió cerca de Córdoba, poniéndole el
nombre de su amada favorita Az-Zalira, y del cual «solo
se descubren los fundamentos de la obra y pilares en
abundancia de los arabescos que adornaban los muros,
y otros fragmentos y utensilios; pero como ha desapare­
cido el gran número de preciosas columnas, es cosa que
110 podemos adivinar...» ( R a m í r u z y d e t a s C a s a k - I ) h z a ,
Indicador cordobés, pág. 4(i).—No es posible acoger sin
reservas las fantásticas descripciones que los poetas
árabes hacen de ese palacio y ciudad que lo rodeaba;
mas sin embargo, es conveniente tener en cuenta que
en las descripciones que Makkari inserta de tantas
magnificencias, se habla de mi gran salón cubierto de
una cúpula, de puertas en arco y de columnas de ricos
mármoles; y que Ramírez y de las Casas-Deza. dice que
entre las ruinas había pedazos de arabescos en abun­
dancia, exhornación que comenzó á utilizarse después
del siglo x , —según parecen revelar otras edificaciones.—
¡o cual vendría á complicar más este asunto, sino p u ­
— 325 —
diera suponerse que tal vez esos arabescos correspondan
á la parle del palacio que restaurada quizá, conservá­
base en el siglo xi, según autores árabes dados ú co­
nocer por Dozy; pues Medina Az-Zahra íué incendiada
y destraída á íines del siglo x, por las hordas berberis­
cas.—En Makkari, hablase de una gran cantidad de
yeso, empleado quizá en los estucados del palacio.
El insigue Ambrosio de Morales, examinó y midió las
ruinas de Az-Zahra creyéndolas la antigua Córdoba, y
Pedro Díaz de Rivas (comienzos del siglo xvn) las descri­
bió, aunque sin examinar los restos arqueológicos que
todavía hace pocos años eran muy interesantes ( 1).
Contreias, el ilustre restaurador de la Alhambra. dice
acerca de este punto: «En cuanto á los vestigios que se
hallan en el convento de San Jerónimo de la Sierra, son,
sin duda, procedentes de aquellos suntuosos ediílcios. en
los que al parecer se aprovecharon pórticos románicos,
pilares y entablamentos que servían á los monumentos
árabes, así como la m ultitud de mosaicos, ladrillos, mo-
carbes, losas, lámparas y preciosos fragmentos de vasos
sin esmalte...» (Mo/mm. Arabes de ({ranada, Sevilla y
Córdoba, pág. 70).
Ai mencionar las maravillosas obras de Az-Zahra; al
recordar las construcciones destruidas de Córdoba, Va­
lencia y Sevilla, no pretendemos hallar ese periodo de

(I) La r u i n a d e l fimiii.su palacio, us i i n l c r i o i 'ú In lo m a di* lYirdoba po r lus


rrisLinnos ("29 tlt* .1unin cío 12l(i), pnus el poe ta Alml Aasi liulib. im p r o v i s ó t*n
un han<{uelé¡\ orillas del tí e u il los s i g u i e n t e s v e r s o s . í ] ik* in s e r t a .Makkari <mi
ríii liliro. y q u e Scliuck re c o g ió e n s u o b r a (T om o III. |>áíís Sí y S;l,:

;Ot> A l c á z a r : iCuiinla gramlL’/.n


l i a s e n c e r r a d o e n tu s e n u :
lín e s c o m b r o s y r u l n u s
T u f á b r i c a s e li a üpsIhíuIio.
M uch os r p y e s te h a b it a ro n :
Hoy l a b ó v e d a d e l cie lo
Gira s o b r e s u s c a b e z a s.
R o t o s y h u n d i d o s tiiü t e c h o s .
— 326 -
transición tan buscado por los arqueólogos, sin que,
liasta ahora, el resultarlo del estudio haya revelado nada
nuevo; nos confíe tamos á consignar el dato, agregando
que, según parece desprenderse de las enmarañadas
descripciones de los poetas árabes antiguos y de los exi­
guos restos arqueológicos que se conocen, el carácter
artístico de esas construcciones, estaba inlluído por los
estilos bizantino y románico.
Nuestro ilustradísimo paisano Riaño, 110 niega el pe­
riodo de transición, pero sí que haya monumentos don­
de estudiarlo, y concretando el caso á la arquitectura
m ahometana de nuestro país, dice: «...principio conJ'e-
sando ingenuamente que no conozco un sólo monumento
indubitado de los siglos xr y xn que permita reconocer
el empleo de los azulejos de colores, ó el de las tracerías
en muros y techos, en su jornia elemental, y como indi­
cando la elaboración y mudanzas que se habrán de in­
troducir en lo futuro. Hace años que se consideraban
construidos en este periodo varios edificios arábigo-
españoles, los unos en Córdoba y Sevilla, los otros en
Toledo, y aun se mencionaban de Granada y de pueblos
de Aragón. Después, y en vista de mejores datos, se cla­
sificaron como posteriores, y los más de ellos se dijeron
pertenecientes al siglo xiv; pero si todavía resultase al­
guno de los conocidos con lecha anterior, y tal sucede
con la torre de la Giralda, tampoco nos descubren ras­
tros que indiquen las espléndidas variantes de decora­
ción que ligaran en la Alhambra ó en el Alcázar de Se­
villa, salvo la muy importante sin duda que resulta del
uso de las bovedillas estalactí ticas, cuyos perfiles es­
tán imitados en las archivoltas de algunos ventanas»
f jDi.sc. cit. pág. 12 ).
Buena parte de los arqueólogos que lian estudiado el
arte arábigo-español, han tratado de señalar tres épo­
cas, cuyos monumentos característicos son: la mezquita
de Córdoba, el Alcázar de Sevilla y la Alhambra de Gra­
— 32 i —
nada, pero las investigaciones modernas lian desvirtua­
do tam bién esa clasificación, j pues aparte la mezquita,
cuyo carácter primitivo no puede ponerse en duda, el
Alcázar de Sevilla lia dado motivo á tantas disensiones
y variedad de criterios, que es imposible admitir una
opinión concreta. El sabio Amador de ios Ríos (1). José),
conceptuó ese Alcázar como producto de otra Eransfor-
mación del arte árabe producida por la influencia del
cristianismo, hallándola más elevada y grande que las
anteriores evoluciones, aun la que produjo la Alhambra
( Toledo pin toresca, pág, 226); pero no creyó, entonces, que
las obras encomendadas por I). Pedro 1 á los arquitectos
musulm anes de Granada pasaron de restaurar el anti­
guo palacio de Abdelazís. Después, en la monografía
«Puertas del Salón de Embajadores del Alcázar de Sevi­
lla» (Museo esp. dfí A ntig. T. III), varió de opinión, sos­
teniendo que el Alcázar es obra del tiempo del). PedroI,
quien lo edificó sobre una morada regia de la época de
los monarcas abbadilas (1024-1091 de J. C.), fundándose
sin duda, entre otros dalos, en que la portada del pala­
cio contiene esta leyenda cu caracteres monacales: «EL
MUY a l t o : k : m c v n o i s l h : v i t : m c y : p o d e r o s o : !•:: M t v :
C O N Q r m t i L í O R : nox: P u d r o : p o h : d a : « h a c i a : d k : D i o s : Ri:v:

ni-: : C a s t i h l l á : iot: dk: Lkon: m andó: fazííií: k s t o s : ai.ca-

/ alíks: u: k s t o s : p alacio s: k: k s t\s p o rta d a s : Qt;rc: kuk:

m íciio: kn: la: h ra : dk: m il: k t: q u a tro c ih n tü s : v dos»

(1364); no oponiéndose á admitir opinión tan radical, otra


cosa que algunas inscripciones de las salas del palacio,
como, por ejemplo, una del patio de las Doncellas que
dice: «Dios en único. Dios es eterno, no engendró ni fu é en­
gendrado ni tim e compañero alguno», leyenda que ningún
rey cristiano pudo consentir que se colocara, al no a b ­
ju ra r de su religión en el misterio de la Trinidad.
investigaciones posteriores, señalan en 1171 la cons­
trucción de 'da Alcazaba de Sevilla y los muros en talud
que la ceñían á estilo cartaginés», y en 1194 á 1197 la
— 328 —
mezquita y alm inar (Giralda), todo lo cual es obra en­
tonces de los almohades y por consiguiente, de origen
m arroquí (Conlcsl. al Bise, de Riaño, por Madrazo. ya
cit.—Pág. G3). Comprueban la exactitud de estas inves­
tigaciones el libro que liemos citado antes, lin d h -d -
Kavtas, y el siguiente párrafo que Madraza copia en su
Discurso referido del libro mencionado, que es digno de
fe: «Volvió El-Maiizúr á impulsar en el 593 de la liegira
los trabajos de la gran mezquita y del alminar: hizo
construir un ícfafih (serie de m anzanas sobrepuestas
unas á otras) de la mayor belleza posible y de magnitud
sorprendente, tal, que la m anzana mediana no pudo en­
trar por la piterla del Almuédano, y 110 hubo más reme­
dio que demoler la parle inferior de esta puerta, que era
de mármol. Iíl perno de hierro en que estaban ensarta­
das las manzanas pesaba 40 arrobas, lil arlílice que hizo
este tel'afih y le colocó en la cima del alm inar fué Abú-
el-Lith el Sikkali, como si dijéramos el Siciliano, el cual
gastó en dorarla 100.000 dinares de oro puro» (pág. (>3).
—Esta relación, concuerda con la que se inserLa en la
Crónica de Fernando III (cap. 74), en la de su hijo don
Alonso el Sabio (parte IV, f. 345) y con las descripciones
del erudito Rodrigo de Caro, en sus AiUiyiiedades de St‘-
tiUa. todo lo cual la hace más digna de fe y de cré­
dito ( 1 ).

tl] lín la Crónica J e Sa n r e m a n d o , lóese: «... Otro si. e n s o d i o a d e l a n t e


á o tr a á la c im a , que<\ oc ti o b ia z a s , feclui d e g r a n m a e s lr ia . .. A la c im a s o n
c u a t r o m a n z a n a s r e d o n d a s , u n a e n c i m a d e o Ira. d e ta n " r u n d e obra , e lan
.m a n d e s . <[Lio non se p o d r í a n h a c e r o ir á s tilles. [,a d e s on ui es ia m á s pet]iie -
ña d e todas, c 1u c ¡í o la s e c u n d a i| uo su ella es, m a y o r e m p u n s ; la t e r c e r a
m a y o r q u e la s c y u m l a : m a s la c u a r t a m a n z a n a n on p o d e m o s r e t r a e r d e la­
bial' ilella; ea e s d e g r a n la bor , e d e ta n girando e e s l r u ñ a o b r a , tjiie. e s d u r a
c o s a d e c r e e r , tod a o b r a d a d e c an ill es , e e lla s culi d o c e ; el la a n c h u r a d e
c a d a c a n a l c i n c o p a lm o s .. . e c u a n d o la m o l i e r o n p o r la villa n o n piulo c a b e r
e n la p u e r t a , e o v i e r o n '.[Hilar las p u e r t a s o a e n s a n c h a r la e n t r a d a : e c u a n ­
tío el so l da e n ella r e s p l a n d e c e c o n r a y o s l u c i e n t e s m a s d e u n a ju rua d;:»
f Crón ica del S a n cto J ífí D. F e rn an d o, c ap . LX X Il i) .—Undri«o Caro,
d e s c r i b e la t o r r e p e q u e ñ a q u e s o b r e la "i-ande s u e ri gía , d á n d o l e -i ni rjo r
— 329 —
De todos estos datos; del examen y estudio del Alcázar
de Sevilla,—construcción en la que se conservan más
restos primitivos de los que al pronto parece;—de las in­
teresantes investigaciones de Riaño y Madrazo, resulta,
que el periodo de transición en el arte árabe no ha podi­
do comprobarse todavía: pues aun reconociendo influen­
cias m auritanas en tos monumentos de Sevilla, Zaragoza
y Valencia, y comprobando estos con los de Rabal. Tle-
mecen y otras poblaciones maghrebitas, 110 aparece el
enlace de todo ello con lo.s primores, perfecciones y ori­
ginalidades de la Alhambra, de modo que todavía resul­
ta otro punto discutible en tan intrincado problema ar­
queológico. Según unos, el arte árabe, de origen orien­
tal, vuelve á sus orígenes sirio-pérsicos, después de
haber recibido las influencias bizantinas en Occidente,
reconquistando su antiguo carácter en África, y en
Granada; según otros, sin desmentir el origen oriental,
el arte árabe Lomó tal incremento en la Mauritania que
se «hizo arte propio y privativo hasta el punto de cubrir
con un pomposo ramaje, por espacio de siglos, toda la
España islamita» (Madhazo, Discurso cit. pág. 6 8 ); éntre
estas dos tendencias preferimos la primera, iiorque la
hallamos más ajustada á la evolución y desarrollo de
las formas arquitectónicas predominantes en la Edad
Media.
Riaño, estudiando el uratondido periodo de transición,

' ' / _r -
p ro p o r c ió n d e r e m a t e , ,;ül1 ll-i 3=i'í*» c h a p i t e l d e üxirlcj».' líe v a r i o s colo re s,
y e n úl uslalia le) grue.su' ' ’yi’i'a d e a ce ro ». q u e .sostenía las m a n z a n a s ( A « f í -
gü e dad e s da Sevilla). Kl « u « W 3 W , u n y r a u t e r r e m o t o d e s t r u y ó la s bola * <■
Ui c ó p u l a d e a z u l e jo s ,— liste al mi na iV-™ m u !r p e r e c i d o al d e la m e z q u i t a d e
C ór do ba, s e g ú n s e d e s p r e n d o d<! los refcltos d e A m b ro s io de M orales (Anli-
fjrüedade? de E$pañ<i. C ó rd oba ).—R e s p e c t o d e la m e z q u i t a . solifu c u y o
s o l a r s e a lz a la c nlc ilra l y ó li u a ; d e s t r u y ó s e c . ' i .1101, y s e g ú n Orlíz de Zim ina
<A n a le s de Sevilla), «s« c o m p o n í a d e u jív o s , c u y o s a r c o s e s t r i b a b a n s o b r e
c o l u m n a s de m á r m o l , re s to s m u í a n o s , al n.iodo <¡ue se vó e n la C at ed ral d e
C órdoba»; d a to s lodos t|u e c im H rin a n n u e s t r a s m o d e s t í s i m a s o p i n i o n e s a c e r c a
d e l d e s a r r o l l o h is tó ric o de l a r l e á r a b e .
— 330 —
basca en Oriente los tía Los necesarios para formarlo, y
halla el propio vacío que en Africa y España, el obscuro
periodo que comprenden los siglos xr y \ n , y entre otras
indicaciones de gran valor, señala una portada de la
mezquita de U1Ú, en Ezzerum (Armenia), cuya orna­
mentación de grecas geométricas, de facetas en forma
de estalactitas y otros detalles, determinan «el hecho de
la transición por elementos antiguos y modernos que se
combinan en la misma obra...x> ¡ Dixc. ciL., pág. 15).
Realmente, este y otros datos interesantes que pueden
hallarse en Siria y Persia en construcciones de los si­
glos xi, xn y xiii; por ejemplo, esa portada de Ezzerum
—que según Gillman podría conceptuarse, á primera
vista, como una iglesia sicnlo-itornianda y que probable­
mente se construyó en el siglo xiii,—y en el portal de la
mezquita de Yabriz (121)4) de arcadas poco agudas, y en
cuya ornamentación parece que pueden hallarse muchos
motivos de las delicadas combinaciones de la Aihainbra,
lo mismo que los elementos principales de esas adm ira­
bles cúpulas cuyos más artísticos modelos se conservan
en el Alcázar granadino,—no resuelven el problema de
la transición artística, y lo propio sucede con los ediii-
cios mauritanos del Egipto.
Las mezquitas de E l lla la m (siglo xi) y las de Trtay
v Abu Itcnc (siglo xn) búllanse «tan arruinadas ó desíi-
guradas con aditamentos posteriores, que no es posible
sacar de ellas pari-.i.(Vu ninguno.,.» ( R i a ñ o , IHsc, cil.) La
de <;siglo xni) tiene marcadas influencias ojiva­
les: Ebers dice que esa mezquita uene gran parecido
con nuestras catedrales góticns.—La de Hassán (ai—
rilo xvi), no tiene ningún arco de herradura y en cambio
contiene iormas y detalles indo-pérsicos. Su gran cúpula
mide o.) metros de a ltu ra y uno de sus minaretes 80. Kn
la ornamentación figuran las inscripciones talladas en
madera, las estalactita^, los complicadas arabescos, los
mosaicos y las lechuunbres, de artesón. Este magnííico
- 331 -
i’diiii-ío i [ üv leuUuniMilt1 si'1 a i ’r u i n ¡ i . r e i m ' s e n l ü . t-1 piM’i u -
<lo <!(.■ r s p l r m l o i ’ ilt‘1 urU’ ún i 1hj e n Kiíiplo. p u e s i i u n q n c

l a m e z i p i i h i <k! l í n r q u g i s i g l u \ m y l a s d r Muycd y Kül í í -


Hey (si^Iu x vi . — yi’fll>iiilu núniiTM JilTi.— ¡tlrsoni n prim'j-
— ;i;í2 —
rosas arcadas y tallados, elegantes pórticos y atrevidos
minaretes, todo lo cual se lialla en lamentable estado de
ruina, m arcan retroceso artístico, ya que 110 decadencia
manifiesta.
Tampoco hallamos en el África septentrional m onu­
mentos típicos, que puedan servir de comprobantes ni
a u n de la lógica teoría de que los elementos siro-pérsi-
cos,que tanto influyeron en ül arle árabe granadino, de-

t’i«, 1‘H).—M in a r e t e ele la Madraza d e l T Jeitiecé n.

jaron allí sus huellas al pasar camino de España. Aun­


que, como dice el soldado historiador Luis del Mármol,
los palacios de Marruecos y Fez se parecían casi en todo
á la Aíhambra (1), es indudable que allí se perpetúa el

(I) Hl dnctrt h i s t o r i a d o r g r a n a d i n o tjue e s c r ib i ó s u H is to r ia d el rebelión


U eastiqo de los m orisc o s y su D e sc rip ció n g e n e r a l de Á fric a , e n
e l ú lt im o t e rc io de l sis^Jo xvi, h a c e v a r i a s i n d i c a c i o n e s d e l p a r e c i d o d o Gra­
n a d a c o n las p o b l a c i o n e s y m o n u m e n t a l ufrietmo s, qutf s o n m u y d i g n o s d e
t e n e rse en cuenta...
— 333 —
carácter bizantino que siempre tuviéronlas construccio­
nes africanas, según puede juzgarse por el grabado n ú ­
mero 196, que representa la torre ó m inarete de la escue­
la (Madraza) de Tlemecén. construcción del siglo xiv
(1388), y cuyo parecido con la de San Juan de los Reyes,
en Granada, como puede observarse comparándolas ( 1 ),
—grabado número 197.—Otros monumentos pudieran
reproducirse en apoyo de nuestra opinión, por ejemplo,
la puerta de la mezquita de Bou-Medina (siglo xiv) y
varios edificios de Tánger, Ralmt. Argel, Fez y Ma­
rruecos.
Resumiendo cuanto al desconocido periodo de transi­
ción se refiere: Relacionando los datos que, hasta ahora,
conocemos como pertenecientes á los siglos en que debió
de operarse la transición en el arle áralie, no bailamos
bastantes fundamentos para caracterizar concretamente
ese importante periodo. El inolvidable restaurador de la

(1) «Los a l m i n a r e s •]n e s e c o n s e r v a n m á s a u t é n t i c o s , —d e c i r n o s e n n u e s ­


tra G u í a —s on los q u e s i r v e n d e In rre s la s ig le sia s d e San .losó y Sa n J u a n
d e los R ey e s . líi p r i m e r o p r e s e n t a el i n ie to s ile su c o n s t r u c c i ó n y el d e t a l l e
i m p o r t a n t e d e o s l a r u n i d o íi u n a n t i g u o a ljib e á r a b e . — K1 d e Sa n J u a n d e l is
¡ l c y e s . e s u n p r e c i o s í s i m o m o n u m e n t o r e s t a u r a d o r e c i e n t e m e n t e —d e s p u é s
d e h a b e r s id o d e c l a r a d a la ig le sia m o n u m e n t o n a c i o n a l —c o n sin igual i g n o ­
r a n c i a y n i n g ú n r e s p e t o al a rt e . M u c h o se lia d i s e n t i d o ;i c e r c n d e e se t e m p lo
y d e su to rr e, ll e g á n d o s e h a sta ;i d e c i r e n u n d o c u m e n t o do in te ré s , q u e ¡a
¡orre es u n a c o n stru cc ió n m u d e ja r , e r r o r (|iie d e s h iz o con ¡«rail c o r d u r a
la Real A c a d e m ia d o la Historia, en su i n f o r m e p i d i e n d o se d e c l a r a r a m o n u -
m e ntr j n a c i o n a l la iglesia e n c u e s t i ó n (2). Como la d i c h a A c a d e m i a d ic e , la
t o r r e c o n s u s r a m p a s d i s p u e s t a s e n la m i s m a fo r m a q u e las d e la G ir ald a de
Sev il la , «es u n e j e m p l a r d i g n o d e c o n s e r v a c i ó n y e s t u d i e , c o m o lo es t a m ­
b ié n la t o rr e d e Sa n J o sé , a l m i n a r a s i m i s m o d e olr a m e z q u i t a d e inoro*
i g u a l m e n t e d e m o l i d a . " Jil e x t e r i o r tic la dn Sa n J u a n es i n t e r e s a n t í s i m o , y
t i e n e el m é rito d e no p a r e c e r s e á n a d a d e lo q u e e n l i m i t a d a s e c o n s e r v a de
las é p o c a s á r a b e s .. ." ( G u i a de Gi'anfídü. ya c ila d a , páL's. ?o8 y 23íi)

(2) .qui! 110 es por c ie rto u n a c o n s t r u c c i ó n m u d e j a r . . . sitie u n v e r d a ­


d e r o a l m i n a r de l estilo á r a b e g r a n a d i n o , c o m o q u e es el m i s m o q u e a c o m p a ­
ñ a b a á la d e r r u i d a m e z q u i t a q u e ll e v a b a el n o m b r e d e M eschid olta ib in , la
c u al, a n t e r i o r a la r e c o n q u i s t a , mili podía s e r d e m o ro s r e n e g a d o s , p o r otro
n o m b r e ttiUih'jare#.» ¡ I n fo rm e ci ta do e n el te xto, Gacela I.'5 d e Agosto
d e I8fl:i).
— m —

Alhambra. Rafael Conlreras, estudió en su interesante


libro Recuerdos de la domin. de ¡osárab. en España, (Gra­
nada. 1882), ese discutido periodo, y aunque cita muchas
y características construcciones asiáticas y africanas
cuyos rasgos establecen comunidad de formas, ó por lo

h’ig. 197.—Mi na r o le d e l<i h o y iiílcitiu <Je S a n J u a n ik* lo.-1 Heyi**.

menos afinidades artísticas m uy significativas,, como pur


ejemplo, la mezquita de Roshum-a-I)owalh en la India
que «tiene arcos en el frontispicio de sus tres puertas
con los cungrelados y arranques recios del mirador de
L indaraja (Alhambra) aunque n,o tan ornados», opina
que es imposible hallar períodos de transición «donde
solo se ve la historia de un arte puram ente oriental,
— 335 —
nada europeo ( 1) que se ha exlendido por la mitad de!
mundo, y cuyo desarrollo ha sido más ó menos grande,
según las condiciones de cultura que tenía el país con­
quistado» (Págs. <>6 y 67).
Nos hallamos, pues, sin razones que satisfagan para
resolver el intrincado problema, y precisamente en el
periodo de florecimiento (siglos xm, xiv y xv) de ese arle
tan discutido, y cuyos más interesantes y originales
modelos hállanse en España y especialmente en Gra­
nada.
Caracterizan el florecimiento del arte arquitectónico
de ios árabes, la esbeltez y atrevimiento de las cons­
trucciones.—que realmente, pierden la grandeza y seve­
ridad de las mezquitas de Córdoba y Toledo (Santo Cristo
de la Luz),—como hace observar Riaño,—y la riqueza y
originalidad ornamental. La labor de los muros, las ar­
cadas, los capiteles, las cúpulas, los azulejos, todos los
componentes del arte que se desarrolló en Granada, en
particular, durante el siglo xiv. revisten un carácter es-
pecialísimo que indica las iniluencias sirio-pérsicas y
borra los recuerdos bizantinos, separando las construc­
ciones primitivas de las del periodo de florecimiento.
Entonces es también cuando se establece otro de los ca­
racteres esenciales del arle árabe en esta época: la per-
lee ta harmonía, la relación científica y razonada de las
proporciones de un ediíicio con todos los elementos a r ­
quitectónicos que lo constituyen, desde la planta á ia
cúpula que lo cierra. «Y he aquí otro campo de discu­
siones jam ás explorado,—dice líiaño,—y nuevo mundo
de bellezas, cuyo estudio alcanzará seguramente á ilus­
trar todos los estudios de la Edad Media, porque con la
invasión de formas orientales en Europa, pierde su irn-

(I) A parte esta a firm a c ió n de <]up el a rl e á r a b e n a d a l ic u é de e u r o p e o , la


upiiiióii d e C o n tr e r a s es r a z o n a d a y dig n a d e c o n c e p t u a r s e c o m o lina c o n ­
c lu sió n . e n c u a n t o á lo d e la.s li;mak-kini.\s d e l a rl e a ra b o .
— 336 —
porLancía el módulo clásico, reemplazándose por olro
orden ó sistema de aplicación diversa, que no por ser
mal conocido lia de ser digno de que se niegue ó despre­
cie» (Disc. cit., pág. 19). muclio más, cuando lia corrido
por cierto y corre aun entre poetas y Hiéralos que utili­
zan para sus creaciones fantásticas lodo el cúmulo de
exageraciones y fábulas que acerca de los árabes, de sus
artes y sus costumbres se lian escrito, la teoría de que
fué el sensualismo la idea que impulsara al arquitecto
árabe, cuando ideó la maravillas que nuestra Alhambra,
por ejemplo, atesora.
Los monumentos lípicos de esa época son, entre otros
de menos importancia, la mezquita de Hassan, en el
Cairo, y especialmente la Alhambra, cuya descripción de­
tallada no es propia de esLe libro de conocimientos ge­
nerales ( 1).
La Alhambra (2), como fortaleza, es obra del siglo íx
y de los siguientes. Aunque en eslado ruinoso, consér­
vase parte de la Alcazaba con sus arcos de herradura,
sus fuertes muros, sus bóvedas agallonadas y sus para­
mentos desprovistos de toda ornamentación. El carácter
exterior de estas torres es el mismo, fuerte, sencillo y
severo, de las construcciones del prim er periodo á que
pertenecen. Con esta fortaleza enlazaron los monarcas
nazarilas su maravilloso palacio, prolongando las m u ra ­
llas en una considerable extensión y dejando dentro de
ellas las casas y jardines de otros príncipes, como dice
Guiüebert de Lannoy, noble caballero que en 1411 es-

(I] F.n n u e s t r a G u ia a r t í s t i c a de G r a n a d a {G ranada, i&iO), y e n el


a p é n d i c e á ln ml.-mia El incendio d e la A l h a m b r a (G ra n a d a , 1SU0). h a l l a r á n
n u e s t r o s l e c t o r e s u n d e t e n i d o e s t u d i o de l a l c á z a r d e la A l h a m b r a j de tod os
los f a m o s o s e dific ios ilo la c e l e b r a d a c i u d a d á r a b e , a s í c o m o i n t e r e s a n t e s
n o t a s b ib li ográfic a s .
[i) A l h a m b r a (e n á r a b e A l j a m r á ) q u i e r e d e c i r la r o j a ■ a l u d i e n d o sin
d u d a al c o l o r rojizo d e la tie rr a e n q u e e stá e rig id a y al d e los m u r o s e x t e ­
riores.
- 337 —
tuvo nueve días en la corle árabe de Granada (R t.vño,
l a A lham b'a, estudio liisL. crit. Revísta de Esp. 1884),
Nuestro grabado número 108. representa el plano de lodo

EXPLICACIÓN DEL PLANO.


1.—T o r r e s Kerru eja s. p r im itiv a fortaleza á r a b e ili; Ja é p o c a d e los p r i m e r o s
i u v a s o r e s á r a b e s (siglos v h m x ).
2.—A lc az a ba d e la A lt ia m bra . c as i c o n íe m p n r á iK 'a ti o la s T o r r e s U e r m e ja s . —
O c u p a d o s m o n tíc u lo s , c u c u y o fo ndo O t a b a <‘] v a lle q u e b o y s i r v o d e s u ­
b id a i» la A llia m hrn . con v e l l i d o e n p o é tic o s b o s q u e s y p a se o s . (V éase i'! n ú ­
m e r o lil d e l plano).
:t.—P a la c io á r a b e .
í .— Pa la c io d e Carlos V. - C o n s t r u c c i ó n d e esti lo It e u a c im ie iilo . Sin c o n ­
clu ir.
;¡.— P u e r ta tío la J u s t i c i a . Iloy una de tan en Ir a d a s al re c i n t o do la
A lli a m b ia .
(i. - l u í o s l a de Santa María d e ta A l h a m l n a . e d ific a d a solí re Sai r u i n a s d e la
Mezquita de l re c in to .
. 7.—T o r r e de los Picos, b a l u a r t e y p u e r t a do h ¡e rr o ( m o d e r n a ) . —lisie b a l u a r ­
te o ra u n n d e las prii n itiv a s e n t r a d a s de l re c in to .
S.—E n t r a d a a u t é n t i c a al pnla e io de, Goneralili!,
i).—T o r r e do los Sie te S u e lo s . {Otra d e las p r i m i t i v a s e n t r a d a s ) .
10 — Valle q u e afluía al Da n o . (Hoy c a l le d n f i o m e r e s y p a s e o s y b o s q u e s d o
la A lli a nib ra ).

el recinto de la Alliarubra, con las indicaciones suíicien-


tes para que se comprenda la distribución del adm ira­
ble alcázar nazarita, del que se conserva, seguramente,
22
— 338 —
lo más interesante, á pesar de que, por causas que aun
no lian podido averiguarse,—pues en la correspondencia
de Hernando de Jíaira con los Reyes Católicos {Colecc. de
Uoctm. htéd. para la H u í. de España, t. VIII y XIV). re­
sulta, que desde el mismo año 14U2 en que se rindió
Granada, se están, llevando á cal)o obras en la Alham­
bra..—bajo los muros de tudas las construcciones moder­
nas que liay cu el recinto y cubiertos por los terraplenes
y pavimentos que han alterado el antiguo plano de
aquel, hay res Los de edilicaciones árabes, como ha po­
dido comprobarse en investigaciones recientes (Véase
nuestra Ovia, filada, pág. 35 y siguientes, y 18(1, 187 y
188; en particular, y nuestro estudio acerca de las obras
modernas - E l Popular).
No hay, sin embargo, que dejar sin protesta palabras
como las que siguen, escritas por un trances, Mr. Le Bon,
que en su libro citado. La d r il, de los árabes, revela
ilustración, y buen juicio hasta que Lrata de España.
«Todos los artistas que se lian ocupado de la Alhambra,
—dice,—hablan con dolor del vandalismo con que los
españoles han mutilado esta maravilla; y hasta prescin­
diendo de Carlos A', que derribó parte del edificio para
construir allí un disparaladu palacio, no ha habido go­
bierno que no lo tratase como una ruina vieja, buena
todo lo más para beneliciar sus materiales^ (pág. 150).
Antes, Mr. Le lJon dice, que Granada «ha conservado Lodo
el salvajismo de la Kdad Media y un odio feroz á los ex­
tranjeros^ (pág, 148), y demuestra así lo bien que cono­
ce España, sus artes, sus costumbres y el carácter do
sus hijos.
Documentos incontestables, prueban el interés que á
los monarcas españoles les ha merecido el alcázar naza-
rita. Las cartas de Zafra á los Keyes Católicos, los docu­
mentos del interesante Á rd iiro del palacio árabe y la
provisión que en 1“>15 expidió la Reina D.;' Juana, se­
ñalando rentas para que la Casa Real de la Alham-
— 339 —
bra, «que es tan suntuoso y exrelente edeíicio... oslé
m uy bien reparada e se sostenga porque quede para
siempre perpetua memoria...» haciendo extensible este
beneficio á «los muros e torres e... casas reales e otras
casas e edeíicios de ladha. Alhambra...», bastarían para
probar lo injustificado y agresivo de opiniones como la
de Mr. Le líon. cuando los destrozos más considerables
que lia sufrido la Alhambra (apartede los casuales, como
los incendios de 1524 y lól)0) proceden del ejército
francés. que además de que hizo, invertir al Ayunta­
miento considerables sumas en obras en el recinto
; Libro de acv.erdos de 1810), convirtió en cuarteles el pa­
lacio y las lories de la Alhambra. y al evacuar esta ciu­
dad pretendió volar el arlísLico monumento con barrenos
de pólvora, hecho vandálico del que quedan como testi­
gos acusadores, los restos de la puerta de Siete Suelos,
Jas próximas y las líneas de murallas que las unían y
que se derrum baron á la primera explosión ( 1 ).
El alcázar, no es una edificación ajustada á un pro­
yecto como los que nuestros arquitectos hacen; es una
serie de construcciones adosadas á las murallas y torres
de defensa que flanquean el recinto. Parece que se cons­
truyó en tres grupos, porque además de que los docu­
mentos del archivo los designan con los nombres de
Cuarto dorado, Cuarto de Comarca y Citarlo de los Leones,
el estilo se va depurando de uno en otro hasta producir
las maravillas que en el tercero de esos departamentos
pueden hallarse.
lín el Cuarto dorado, que es el que más ruinas ofrece
á la vista del observador, porque el incendio de 151)0
produjo en él verdaderos destrozos, que el gran poeta
antequerano Vicente Espinel, describió diciendo:

(lj IV'rdiiiicáeiio.s nslfl iif'tTáiiria d íj ir es '<>«. Som os e s p a ñ o l e s y lu im o s n a -


i'kln nn GramuU» y niK‘i t n .1 liiytiKlad y a m o r á ki pa tr ia se r e b e l a n u n t e in c a lí-
liivibk's in ju s tic ia s .
— 340 —

y en el Alhambra hacen tal estrago,


que las reales casas, cual Numaneia,
de fuego y humo parecieron lago;
del rey Chiquito Ja encantada estancia,
de alabastro, azul y oro inestimable,
cayó, orno del dueño la arrogancia... (1)

Oonséryanse además de otros resLos de importancia, lrt


portada delM exuar(ú salas del consejo), que recuerda la
puerta de la mezquita de Bou-Medina en África; la gran
fachada del cuarto de Gomares, cuyo primoroso alero de
madera es una de las joyas de la Alhambra y el oratorio
de los reyes nacaritas. El -mhrab ó nidio es bellísimo,
aunque le supera en la harmonía y delicadeza del con­
junto el de la célebre Madraza granadina, descubierto
recientemente y que reproduce nuestro grabado núm e­
ro 2 0 0 ( 2 ).
En el Citarlo de Gomares ó Serrallo, hállanse el patio
del Estanque, la sala de la Barca, el gran salón de Co-
mares ó de Embajadores, las baños, la torre de Abu|.
Hachach, hoy mirador ó tocador de la Reina y el jardín
de Daraxa.
El Cuarto de los Leones (grabado núm . 199), es la parte
más primorosa del alcázar; el patio, las salas de la
Justicia, de ios Abencerrajes y la de los Ajimeces,,
el mirador de Daraxa y la sala de las dos Hermanas,
son los modelos más perfectos del arte muslímieo-es-
paiíol.

(1) D iv e r sa s r i m a s de Vicente E spinel, «le.. Madrid. 1390.—V. E s p i n e l .


lílerfia sil m a n j u r t i d e l'e.'ialicl, to m o II) d e l P a r / i a s o —BiOliot- de A A. EE-
Poetas- lirif!Q* de los s iglos x v i // s vil, lo m o 11, Vi de la BiOliot. (F lo re sta
d o v a ia [ o r s i a ) .
(2) Lea se c u i-l Lox lo . un pu c o m á s a d e l a n t e , la d e s c r i p c i ó n d e la Madraza,
y dfi lo "i i-unías q u e i]p clin se c o n s e r v a n .
— 3Í1 —
lUniU!i'-¡;imus á d escribir (^¡is *‘sl n nc úi s ruiioriilns jmr
i'i i lui;ni l'iüs v in'ii lm df is en Lodo el m iilulu. pi v íi i'it’iul ¡i d;i r
ripuiiLfS ili‘ los rnsgos m á s (•;ii’fn, (ri'islíi,i*< ilt; i‘*tc o rh*.
1)1 [ [ ' i i l t U' f í e S U S fh 'u ir ii ín ¿ (L>‘t¡ /•'t Co.'t,

H;.: l*’1.' — t ’llll n líi' I j ’ . i ü í ''-

Kntrr Ins lintu u Mi r n tn> q u e ( ir;i iumIh. íidiMnns dr ln Al-


li;¡’nlirfi. poM’e. 11 im.'c Iivos ít (‘se iHTÍfulo. l i ^ nn m <d
cunrti! RcíiI de S;inl<> 1)mn¡n,yn. p ivch i d o r)'sl<MÍ¡.>| |_inl;i<*j-»
d<.’ Aixü. Iíi niíidrv d<d d e s v c n t u m d¡> Iin;.>bd:I: <■[ ( I c n c r n -
— 342 —
life (1); las bellísimas torres de la Cautiva y de las Infan­
tas á que haremos después referencia; la Madraza ó uni­
versidad árabe é infinidad de restos interesantísimos di­
seminados por la antigua población árabe. Todos ellos
son conocidos por descripciones, fotografías y grabados
de que hay verdadero lujo en los libros de los viajeros,
La Madraza, que los Reyes Católicos dieron al Municipio
para casas de la ciudad (2 ). es obra fiel siglo xiv y como
lo único q u e d e ella se conserva, el Mihrab, ha estado
cubierto de cal hasta hace poco tiempo y su ornam enta­
ción es de lo más delicada y original que puede estudiar­
se, le dedicaremos algunas líneas, que servirán de ilus­
tración al grabado núm. 2 0 0 .
En una obra, inédita que tuvimos la fortuna de estu­
diar por encargo de la Diputación de la provincia de
(iranada, en la Biblioteca Colombina, descríbese del mo­
do siguiente el palacio mandado labrar para edij/do de
la d euda—según la inscripción que había en la puerta y
que se conserva en el Museo arqueológico de aquella
provincia—por Abul Hachach YusuL en 134í): <La cusa no
es muy grande (la descripción es del siglo x.vn y por lo
tanto se refiere á la Casa Ayuntamiento), mas es de h e r­
mosa fábrica mosaica, con un famoso patio con estan­
que de agua, un poco de jardín, sala de cabildo para ve­
rano, de rica labor mosayea con su capilla para misa, y
cubildo en alto para invierno, de m uy buena y curiosa
pintura» (JonQCKitA, Anales de Granada M. S.). Las obras
que alteraron por completo el histórico edificio, se co­
menzaron á mediados del siglo xvi. continuaron á m e­
diados del xvu y adquirieron extraordinario desarrollo
en 1729, según una inscripción de esa época, quedando

(1) De c e l e b r a d o |>¡ilario. se c o n s e r v a n pix;os rentos Unn eslrulo


c u b i e r t o s du c a l . De los j a r d i n e s , fa m o s o s co n :o los d e iiingmi o l i o p a la c io d e
e s t a cla.se. t r a t a r e m o s d e s p u é s .
(2) »K d á rn oslo c a s a d e l Cabildo . i|u e se a c o s l u m b r a v a l l a m a r ¡a M ad raz a,
cotí los a n e x o s á c!la ..» ( I t . C . d e Í0 do S e p t i e m b r e d e l-iflli).
- ■I ¡ J 1¡,I ■) ,'i. l'¡ 111: i j l ■] ^ 111 i T! (/, > . . | | j ; > n > U j SU| :>l!11l!|

- I I.¡ A ^'i j> A* r í | ) I! f. i( j f Í ¡) Ii (r.l.II! (MI I! [ 11 i i I j 1MI i .1 n ] | , í | l (?[>

-! i j,i i ii l nj ‘ | m¡] i i i i ; ¡ ,)p s.m i h.i i’ s.nri ii. ■11!.i .jsí; i i; s->1 H.Mrti.i.i
> ít .l> |J ( > ¡ í[ M i | ,)j) |;,[ ( ¡ 11 S d ¡ j.M.sU II i! 111 <(>(¡11 1111.-,»^;

|¡1I!... ‘I >V■:>!«!:|H!JV I1: .>|> 111■11í]V—'IM


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■ , ¡ ] í w n u i i ] , ) [ i [ m n . ) ma' i i .i j s t i p

SIMM 1\ t u < l S Ü S I M S I M I11 <i|l (> [ [ > lM . n il |,1 ,)U 1) A « j l M 'l l J V !l> l!l" !
- Ü . 1 r)! I 1) ■S L). 11.! [ SI! I l!,U!l[ "SOf I l!.l S<’¡ i l l k U ( I H m I¡, i II111? ¡ i | l 11 I!>
-u ,l ,>|J ti] 1111II -1 l! S ( (.1 O (111,(11 l i l i l í ’ S11. >i I M 111 • t ’ I! [ > IA 1i [ l_! II|[IS
— (■] ( • —
— 344 —
(•oración tenían inscripciones relativas á la fábrica, le­
cha y objeto de la construcción, combinadas con leyen­
das koránicas y elogios al rey Jusuf. El «famoso patio»
estal.ui rodeado de cenadores, y entrelazadas con las
labores primorosas de sus arcadas y paramen los, leíanse
di le re 11les letreros piadosos y una gran inscripción acer­
ca de la sabiduría y del estudio para llegar á conseguir­
la. lín las escaleras y en el piso alto, cenadores y tar­
beas (salas) estaban adornadas primorosamente, y sus
inscripciones eran del mismo carácter que las demás del
edilicio. No dicen los manuscritos el sitio que ocupaba el
«míhrab» ú ora Lorio, «que es el ádilo donde el Faquí
hacía la Zalá;» pero no hay duda alguna de que sea ia
saleta cuyos muros se han descubierto, y que desde los
primeros tiempos d é la instalación del Ayuntamiento en
el histórico edilicio, servía de antesala del salón bajo de
cabildos y de oratorio. Parece lógico suponer que esa h a ­
bitación fuera un cuerpo saliente, pues así lo indican la
construcción y altura de los muros, su cúpula aislada y
la decoración de los departamentos. Las inscripciones
son todas de carácter piadoso, y las noticias de los intér­
pretes del siglo xvi convienen con lo descubierto ahora.
Guando en el pasado siglo se cubrieron con yeso los
paramentos del primoroso oratorio, rozáronse b á rb a ra ­
mente las pechinas, y en'lugar de las e-staiacülas colocá­
ronse adornos churriguerescos de yeso, lil nicho para el
Kíjrán debió de ser primoroso, á juzgar por la bellísima
arcada que se lia descubierto. Este nicho ocupa el centro
del muro frontero al de entrada, y está orientado. Su la­
bor es preciosa porta originalidad y íinura, según puede
verse en el grabado. Los muros laterales tendrían venta­
nas, según lo indican las arcadas en ellos abiertas.
La decoración general de la estancia es de lo más tino
y delicado que del arte árabe se conserva, combinándo­
se las correctas y puras tracerías con las inscripciones
cúficas y africanas. Al contemplar tantos primores, re-
— 355 —
euérdasé la Sala de las dos Hermanas de la Alhambra y
el mirador de Daraxa, mas con la diferencia de que la
cúpula en el «mihrab» era de m adera, y la traza general
es aun quizá más delicada y primorosa. La parte baja
de las arcadas se lia perdido completamente, y lo propio
sucede con los adornos de los paramentos, aunque luiy
datos bastantes ( 1 ) para suponer que en aquéllos queda­
ba una parte sin decorar para cubrirlo con lapices ó
cueros labrados. En las arcadas, pechinas y frisos, domi­
na la forma eslataclílica. El conjunto de la decoración es
completísimo y tan harmónico como el de la admirable
sala de la Alhambra d e q u e antes hemos hablado (Estu­
dio del aulor de este libro, acerca del Mikrah dr la M a-
d/'cca.—E l Popular de Granada. ‘24 de Abril de lN‘>:í)
I n f l u e n c i a s . — E l k m k n t o s . u h í v i t k c t ó n i i ' o s . — Uuy
que convenir.—apesar de que el desconocimiento de la
arquitectura m usulm ana en Persia y Siria durante los
siglos xiii, \iv y w complica bastante la cuestión.—que
el arle desarrollado en Granada, especialmente en ese
periodo, representa un verdadero IIorecimienlo. mejor
determinado en la unidad de forma que en Egipto, aun­
que como opina Riaño. nu puedan establecerse teorías
definitivas *sobre, la originalidad de lides ó cuides for­
m a r e n Granada. Por nuestra parte, insistimos en cuan­
to acerca de este asunto hemos expuesto. Xo es posible
desconocer las influencias pérsicas y aun las indo-pérsi-
cas-árabes en los admirables monumentos granadinos,
si bien debe tenerse m uy en cuenta que las construccio­
nes de Persia del siglo xiv ofrecen algunos rasgos distin­
tivos que los diferencian de las e sp a ñ o la s; por ejemplo,
el empleo de llores en la ornamentación; la estructura
délos edificios y la de los minaretes de las mezquitas; la
forma exterior de las construcciones, cuyo fausto las di-

fl( ñi> e s tá ro á U u ir a m lo (tiii pritiioru.-u m o n u m e n t o . [im[iicd;ul ilel d i s t i n ­


gu id o os cr it o i’ é in le li s ciik - In d u s t r i a l IJ. Juuti K u li c va rr ía y A lvare z.
— 34G —
1'erenciade la modestia, sencillez y severidad de las de
aquí. En cambio, las pechinas ile estalactitas, las inscrip­
ciones, los azulejos y algunos otros detalles son origina­
rios de la Persia. así como la supresión de los arcos,
usada en la Alhambra (galería alta del patio de la Alber-
ca. por ejemplo), y en el palio del palacio en ruinas que
el Sultán de Marruecos posee en Fez (grabado núm ‘2011

Fig. á(H__P alio d e l p a la c io de l S u l t á n <le M n r i ' i i e m ü e n Fez.

son de carácter indo (1). Recuérdese respecto del palacio


marroquí, que Fez es corrupción de Fers (persas) ó ciu­
dad de gente del Fers.
De más trascendencia son las identidades que hemos

(I) R ia ño e n su cit. J)¡.*curno. sciial;< v a r ia s i n l h ie m iia s del a r l e i n d o e n ij !


Iii.-patio m u s u l m á n . y Hiee <iiií- ilm Italutali. h a b l a n d o de las ¡vlac.iones i¡ue*
t* n l r e la I n d ia y 1» K>imña ¡traína e x is t ía n e n el x iv . cita á v a r io s sabio *
e x t r a n j e r o s q u e n>sulí;iLi e n (i rana il a : -i'omo ta le s —iliee —m i m b r a ¡i c in c o n a ­
tu r a le s de. Kii m a r c a liria. I r e s i l e T a u n s . Ic im iu m v .ta r a z a n y ibis d e !a l u d í a . . . »
— 3V7 —
señalado entre las monumentos de Persia y España y las
que Riaño cita en su Discurso y de las cuales, la más in­
teresante. es la referente á los palacios que en el siglo xv
se construían en Quex, á íines del siglo xiv, y comienzos
del xv, cuando por mandato de Enrique III de Castilla
fué á Persia de embajador Ruy González de Clavija.
Describiendo á Quex, dice la narración de la embajada:
«E otro dia viernes, llevaron á los dichos Embajadores á
ver unos grandes palacios que el señor mandaba Inzer,
que dezian que había veinte años que labraba en ellos
de cada dia, e aun hoy dia labraban en ellos muchos
maestros, e estos palacios habían una entrada luenga, e
una portada m uy alta, e luego en la entrada estaban á
la mano derecha, y á la siniestra, arcos de ladrillo cu­
biertos de azulejos hechos á muchos lazos, e so estos
arcos esLaban unas romo cámaras pequeñas sin puertas,
e el suelo cubierto de azulejos, e esto era fecho para en
que se absentasen las gentes quando allí estuviese el se­
ñor. e luego delante desto estaba otra puerta, e delanle
della estaba un gran corral enlosado de losas blancas, e
cercada todo de pártales de obra bien rica, é enmedio
deste corral estaba una gran alberca de a g u a ..a —Mas
adelante describe así una pequeña lorba 6 panteón: K
desque allí fueron mostráronle la dicha capilla, r ente­
rramiento e la capilla era cuadrada e m uy alta, e en ella
había assí dentro como de fuera fechas m uchas pinturas
de oro e de azul e de labor de azulejos e de gesseria... ■
También son de suma importancia para la compara­
ción de los monumentos árabo-persas con los granadinos,
el estudio que en sus Comen latios hizo el extremeño don
García de Sí Iva y Eigueroa, embajador de Felipe III en
Persia, de las analogías que notó entre aquel país y el
nuestro, Esplieando detenidamente nuestro autor los
muros de Ispahan, dice de uno de ellos, que estaba guar­
necido «por lo alto con su parapeto y almenas, guardan­
do la misma forma que las otras fortalezas que se han
visto en la Persia y Reino de Lara, que es la propia que
hay en España de lab rica antigua.» Exponiendo de igual
modo el organismo de un bazar de la ciudad de Lara,
resulta ser idéntico á «la Alcaicería de Granada», y
buscando, por último, semejanzas en las costumbres, las
llalla tales que le recuerdau de continuo las aldeas y
pueblos de Extremadura.» ( R i a ñ o , Disc. cit. pág. 21).
Sería inacabable la empresa de señalar analogías,
apesar de que la exploración artística no está hecha, tal
como se merece, en los grandes ceñiros de que el arte
árabe tomó los elementos principales para sus construc­
ciones.
Del exámen detenido de las columnas, arcadas y de­
más elementos arquitectónicos nada ó muy poco puede
obtenerse en claro. Los capiteles, que en los siglos vm al
m i l con algunas excepciones, son primero bizantinos,

Fii;. —(Anúleles di? t<i AHku ))I)[¡i . Fi.,'. 20,í.—Ca[):lck‘s (lo U r a n u d u .

romáuicos ó clásicos, según el monumento cuyas ruinas


se aprovechaban como materiales, se trasíbrman sin a n ­
tecedentes, sin transiciones, en los bellísimos capiteles
de la Alhambra y Generalife (grabados números 202y
203), en los que sólo subsiste el aumento del capitel, en­
lace del arranque del arco, aunque esle aumento pierde
— 349 —
su Furnia rábica ruinn p ue d o ob s e r va rs e en las pre r ed e n -
l es liguras. Las a rea das son de diferentes ra me teres, y su
traza t i e n d e , casi siempre, á cerrarse más abajo de su
diámetro mayor horizontal—como liare observar Manja-
n'és (.-1 i'qv.t'ui, t\yi. pág. 1(¡4 ). La más rica nnianuMiUirión

l-’ i.LT. í i : > . ...- I ) r l u ! ¡ i ' s i l i ‘ « i r n a i t M ' i i l i i i ’ i i í » íu 'í« 1 m *.

i n v á d e l a s a n - hi vo lt a s . los ¡ ni r aduse s ( l í v l a s enj illas,


p a r e c i e n d o g e n e r a l m e n t e la rica tilfru rtm t <jne las n de r-
na ciliado y p ri mor os o e n c a j e (grabado innii. ¿04 i.— Li^

(1) •■•-.Su]ií*rlirii* i l h i n w í i . jimi- ]¡> r -' Uüj /. n ih* i!«rvH.;i> mi U\ í*;ií ¡<- i n -
í r r i u r tlt1 (in ^ h n\a* t A ¡ h i l é s y .. ¡»i t- r'Vf í / í ¡ <■' ' s ¡ . <* d t 1 u u : i ü M ’ r n l i i .
— 330 —
lustes de las columnas se hacen elegantísimos, ligeros.
Uexibles. y las bases loman el invariable carácter de una
campánula hacia abajo, recuerdo de la columna persa.
La forma de las cúpulas es m uy varia. Las de G rana­
da. m uestran cierta tendencia hacia la traza primitiva
copiada de los sassánidas y bizantinos, al exterior; inte­
riormente. cúpulas y techos son arlesonados de yeso en
lorma de estalactitas, como el bellísimo modelo déla sala

. Fig. 203.—P e d i f n a d e esliiltirlilns.

de las Dos Hermanas, ó de madera de pino, tallada pri­


morosamente. Los techos, en esle caso,, son planos y las
bóvedas abocinadas ó de forma cónica como el gran te­
cho de la sala de Coma res de la Alhambra.—De las pe­
chinas estaíaclíticas ya hemos tratado antes. Véanse su
forma y adorno, grabado núm . 205.
E lem entos de c o n str u c c ió n — Ornos c o m p o n e n t e s
a r t í s t i c o s d e l o s E D T F [ c r o s . — Kl arle de construir, apa­
— 351 —
rece perfectamente organizado ya en la época de su flo­
recimiento. lb n Jaldun, en sil Prolcgómcna, además de
varios datos á que liemos de referirnos enseguida, dice
que iosjuec.es (en árabe al-gad/ti, el que juzga) oían el
dictamen de los alarifes (maestros de obras ó albañilería,
de a l-a rif ] vlqz: albañir. juez de edificios en P. de Alca­
lá (1). ó arquitectos) cuando se trataba de valorar edifi­
cios, hacer particiones de tincas, repartos de aguas,
construir muros y fortalezas, etc., como después se con­
signó enias Ordenanzas de las ciudades, y posteriormente
en las leyes de obras públicas. En el arte referido,, con-
sérvanse hoy m ultitud de palabras cuyo origen etimoló­
gico es árabe; desde albañil ¡al-banni, de baña edificar
en Engelmann, hasta alcoba ■/¡obbn . bóveda, cúpula,
aposento)—y hemos elegido estas dos palabras por ser
sumam ente vulgares—úsanse aun términos técnicos en
la albañilería, en la carpintería y en la cerrajería, que
revelan de un modo evidente el indujo de las arles y de
los artistas y didácticos m usulm anes.
Ibn-Jalduu ha dejado m uy curiosos datos acerca de
las construcciones. Un párrafo del capitulo de su Prole-
gmiH’it.a, dedicado á la arquitectura, dice así: «Iíl arle de
edificar se divide en varios ramos; uno consiste en hacer
muros de piedra tallada, ó ladrillos cimentados con cal
y arcilla... y otro consiste en formar muros con arcilla
solamente. Se sirven para esto de dos planchas de m a­
dera, cuya longitud varía según los usos locales; pero en
general son sus dimensiones de cuatro codos, y se colo­
can sobre fundamentos ya preparados, espaciándolas
según la anchura que el artífice cree necesaria. Se su­
jetan por medio de travesanos de madera lijados con
cuerdas ó lías, se cierran las extremidades con otros dos
tableros más pequeños y se vierte dentro tierra y cal
que se aprieta con pequeños pilones hechos «propósito.

(I( Ekinlaz. í í f n j w i o H.lttcü, Din'. t. [.


— 352 -
Cuando la masa eslá bien apretada, se sigue añadiendo
hasta llenar el hueco y que las partículas formen un sólo
cuerpo duro é impenetrable; así se continúa, desarm an­
do la caja y llevándola á la línea inmediata ó superpo­
niéndola...» La descripción es tan detallada, que parece
estar viendo á los albañiles de nuesLros días, levantando
una tapia ó labia. Sistemas parecidos emplearon para
construir las fortalezas y templos, y admira en verdad
la soliden de esos muros y bóvedas de tierra. El citado
Ibn-Jaldnn. dice que para esas construcciones, mezcla­
ban en un mortero pedernal y otras piedras triturados.
Las labias ó tapias de arcilla, usábanse para palacios y
viviendas. De uno y otro sistema hay muchos y notables
modelos en Granada.
Así mismo emplearon el ladrillo de varias formas para
las bóvedas de obras de fortificación y el agramilado
para la decoración de portadas, ventanas ó ajimeces,
etcétera.
Las techumbres hacíanlas también de m adera de pino
i ameditiados}, con alfardas ó viguetas, uso que se intro­
dujo después en el arte mudejar; de arlesonados de ma­
dera, «donde se imitaban incrustaciones de ébano, nácar
y concha» y después de bóvedas de estuco, de las eriales
hay prodigiosos ejemplares en la Alhambra. Discurrien­
do acerca de la carpintería árabe el erudito Argole, dice:
trabajaron la madera, no solo con sierra, cepillo y
demás instrumentos comunes, sino con torno y escoplo;
y en sus obras de carpintería y talla, cuando no aparez­
can la invención y el buen gusto, se adm iran hasta el
día la m ucha exactitud en la unión de las piezas, y el
conocimiento del estado de sazón en que cortaban la m a­
dera para labrarla...» (1).

(I) Argule, r e v e l a s i e m p r e e n s u c r ític a ile las a r l e s y la s c o s t u m b r e s s a n o


tiicio y e n c a s a i n f l u e n c ia d e la s c o r r i e n t e s í m l i m n s l í m i e a s . (V éase s u fibra
A 'M e ro s paveo* p o r G r a n a d a , t. I), p o r e sta ra z ó n n o s m i r a r í a n s u s
¿ipr cebci om *^ . r e p o d o d e faltn d e i n v e n c i ó n y d e b u e n gusto.
— 35i —
«Los muros, añade Ilm-Jaldim. se revisten de cal des­
leída en agua con una ó dos semanas de anticipación...
la cual se extiende con una llana hasta incorporarla con
la obra. Para los techos, se colocan maderas labradas ó
sin labrar, sobre las cuales se extienden la cal y tierra
que se aprieta con pisones...»
Veamos ahora cual era el procedimiento empleado por
los árabes para hacer esos prodigiosos relieves de estuco,
que ellos llaman atauriqaes. y acerca de los que ha di­
cho un poeta árabe refiriéndose al Generalice: «En sus
costados (del Palacio) bordaron los dedos de los artífices
dibujos semejantes á las flores de un jardín. >>—«El orna­
to y embellecimiento de las casas c onstruye un ramo de
arte. Consiste en aplicar sobre el muro figuras en relieve
hechas de yeso cuajado con agua, el cual se vacía sobre
un modelo dado, dispuesto con punzones de fierro, y se
acaban dándoles un bello y agradable pulimento. Tam­
bién se revisten los m uros de mármoles en planchas.
ladrillos vidriados, conchas y porcelanas..... lo cual les
dá el aspecto de un parterre adornado de ñores...»
Con ese procedimiento, hacíanse además de los ador­
nos de las paredes, columnas, frisos, arcos, celosías y
primorosos techas de bóvedas estalactilicas, como ya se
ha dicho.
Le Bon, en su citado libro, dice que hizo analizar un
pedazo de ese estuco empleado por los árabes granadinos
en sus edificios, encargando la operación á Mr. Friedel.
del Instituto de París. El ilustre químico, 110 encontró en
el fragmento, al hacer el análisis «sino sulfato de cal; de
lo cual resulta,—dice Mr. Le Bon,—que positivamente
todas las molduras de la Alhambra h a n debido fabri­
carse con yeso, unido sin duda á una corta parte de m a­
teria orgánica.» (Obra cit., pág. loO).
Como complemento de la decoración de los muros in­
teriores, aparecen los aliceres y fajas ó zócalos de azule­
jos; y su fabricación es una de las notas más culmina 11-
23
tos do Iíi perfección y helicón de his industrias artísticas
arábigas, Jlukkari, dice: «... y s o h a ce e n oí Andalús una
suerte de mosaico conocido en el Oriente por fostiijisú. y
mía especie con q ue se pavimentan los suelos de sus o r i ­
sas. conocido por azv.hjo. que se parece al mosaico, y es
de colores admirables, el cual ponen en lugar del m ár­
mol de colines i | ue emplean ios uríeulales para adormir
sus editicioSv (1).

l''Í!í. 2*H>,—Zi'n.';i|n ih ‘ a z u l e j a

Lo admirable de esos (ilice/'ca es la c o m p l i c a c i ó n de la


traza, la entonación y reflejo de los colores y la exacti­
tud de los ajustes de cada pieza, que llegan á ser casi
diminutas como en el Mirador de Lindaraja, de la AI-
liainbm (grabado número los de la torre de la Cau­

til liiiCiLAí. G lo sa r io .—Kl Sr. A ma rlur ilr lo., Híos (I). d ic o « j i j p


aliccre$ .^on iieño.-i fragmi'nlo.s de lia ir o c o c i d o y e s n ia lU ilo ■111 o fnniirui
los alit'atartofi* \ a zu le jo s “la-s p l a n c h a s a s i m i s n m d o b a r r o c w i r t o y e s ­
m a l t a d o ([lie a l l o m a n e n n los ali.ciire.i~[Museo espttfl de A ntig.. t. VI —
M m m “ . U lula da ct Liea re* ,7 ci-±<'!e/o,< á r a b i’* // m udejares}.
— 3oíi —
tiva, de delicadísimos colores y fantástico reflejo m etá­
lico, y otros muflios de la Alhambra.
Para lus pavimentos, usaron también los árabes los
azulejos en placas mayores que las de los aliceres: m ár­
moles blancos, y losetas y ladrillos de fierra agramilados
que combinaban con otras vidriadas en tres colores,
azul, blanco y verde (mostagueras).
Por último, fabricaron tejas de varias formas y colores
para cubrir las cúpulas y v¡ena:¡res (miradores) de sus
edificios.
lisios son. en breve resumen, los elementos que las in­
dustrias artísticas aportaban á las edificaciones árabes.
Gimo dice con mucho ocierlo el inteligente restaurador
de la Alhambra D, Rafael Coniferas, «nótase bien la po­
li reza en los materiales, la carencia de jaspes y de pie­
dras de construcción.v.
Según el señor Conlreras, los colores empleados por
los árabes granadinos en la decoración de sus estucos
fueron el azul, escaríala, pardo, negro y oro, con los cua­
les 'diacían una combinación de cuadrantes, estrellas y
lajas resallando siempre los letreros ó inscripciones para
hacerlas más inteligibles.» Mr. Le Bon, al lialdar de este
asunto, se apoya en el respetable testimonio del orien­
talista inglés (hven Jones, restaurador de la copia del
patio de los Leones que hay en el palacio de cristal de
Londres, y dice que aquel ha demostrado que los árabes
110 emplearon en la Alhambra más de tres colores, el
azui. el rojo y el oro. «Disponíanlos con mucha cordura
—dice Mr. Le Bon—poniendo en el fondo de las moldu­
ras el más intenso, ó sea el rojo, y el azul en las parles
laterales, procurando que ocupase el mayor espacio po­
sible á fin de compensar el efecto del rojo y del dorado.
Los t-onos estaban separados por fajas blancas ó por la
sombra que salía del relieve del adorno. Las columnas
serían probablemente doradas, pues blancas no arm oni­
za rían con la pintura policroma de los cuerpos que sos­
— 356 —
tenían» (Obra cil. pág. 275). Tal vez, II. Owen Jones no
se fijara en algunos interesantes rasgos que acreditan
como más lógica y cierta la opinión de Contreras, pues
en la torre de la Cautiva, en el salón de Embajadores y
en otras estancias, las facetas de los arcos y molduras de
forma estalactítica, están decorados con menudos y be­
llísimos dibujos, pintados con una tinta parda. Además,
en las pinturas murales del pequeño palacio del cuarto
de los Leones, Alhambra, y en los restos de otras halla­
das en una antigua casa árabe de Granada (placeta de
Villainena), vése esa misma tinta parda, casi negra.
Por ciertüj que conviene recordar aquí, que tal Tez á es­
tas pinturas murales (las de la Alhambra liguran zócalos
de bella y delicada tracería) se refiere Pedro de Alcalá
cjuando traduce aíaurique como «pintura de lazos moris­
cos» ( E g u i l a z , G-los.).
C a s a s . —Lo mismo la casa del pobre que el palacio del
Sultán, tenían por centro el patio—«como sucedía en la
antigua Roma»; así lo hace observar atinadam ente el
señor Miquel y Badía (1). Los muros exteriores de un
edificio árabe, sea pobre ó rico, nada revelan, más que
la sencillez ó la fortaleza de la obra. Pasado el zaguán,
penétrase eu el patio cuyo centro lo ocupa u n estanque^
rodeado á veces de naranjos, arrayanes, palmeras y otras
plantas y arbustos, combinadas con fuentes y surtidores.
Cierran el patio los cenadores, sobre los cuales se levan­
tan uno ó dos pisos con galerias descubiertas hasta cier­
ta altura que queda vedada á los ojos indiscretos del cu­
rioso por m enudas celosías, ó por cortinajes ó tapices.
Desde los cenadores, penétrase en las salas ó tarbeas, á
cuyos lados derecho é izquierdo hay construidas peque­
ñas alcobas con sus tahas para joyas y jarros con flores
ó con agua. Los departamentos superiores divídense en
pequeñas estancias dedicadas á las mujeres (como en el

(1) L a I I a b i l a c i ó n : pág. 117.


_ 3b" —

patio de los Leones), y m u y sem eja n tes á las celdas de


un con ven to... En las casas de gentes acom odadas 110
faltaba el jardín, detalle típico de los palacios, pues los
artífices m u su lm a n e s com binaron «la arquitectura con
la construcción de jardines, á fin de red u c ir la s sentidos
con sus patios primorosos y su s gallardos pórticos u n i­
dos á ju ego s de aguas, macizos de ñores, bosquecillos y
densas y som brías enram adas», com o dice u n distingui­
do escritor. La primorosa torre de las Infantas, en la Al­
ham bra. es u n acabado modelo de pequeño palacio ó
casa árabe.
R esum iendo; la casa árabe, fuerte y sencilla en la apa­
riencia.' encierra en su construcción * interior las m ás ar-
tís ticas m a n ifestacion es de las industrias auxiliares del
arte arquitectónico, desde el labrado atauriqv.e con que
se cubre el m uro, h a sta el pintado vidrio que colocaban
en las clHoasijas ó v e n ta n a s más elevadas de sus h a b i­
taciones, para que la luz se percibiera ténue y tran­
quila.
J a r d in e s .— Los m ás famosos jardines eran los de t.Te-
neralife, que el italiano N a v a c í i e r o ha descrito de esle
modo: '<Se sale de e s le palacio (de la Alhambra), por una
puerta secreta que tiene á la parle de atrás del cercado
que le rodea, y se entra en el bellísim o jardín de otro
palacio, que esLá á m ayor altura sobre el m onte, llamado
G inarulift, el cual, a u n q u e 110 sea m u y grande, es bien
construido y herm oso, y por la belleza de los jardines y
de las aguas, es la cosa m á s encantadora q u e yo h aya
vislo en España. Tiene m u ch o s patios, todos con a b u n ­
dantísim as aguas: m a s entre otros, h a y uno por medio
del cual atraviesa como un canal de agua corriente y que
p u eb la n bellísim os mirtos y naranjos: en él h ay una ga ­
lería, que por debajo de su parte exterior tiene unos
arrayanes tan altos que llegan, ó poco m enos, al par de
los balcones; m irándose cortados con tal igualdad, y tan
espesos, que presentan á la visLa, no copas de árboles,
— 35S —
sino nn igualísimo y verde prado. Están plantados es Los
arrayanes delante de toda la gatería: á una' distancia de
seis ú ocho pasos; y en el espado que por bájo de ellos
queda vacio se ven innumerables conejos, que' apare­
ciendo á través de la enram ada, relucen, presentando
Tina hermosísima vista. El agua va por Lodo el palacio, y
hasta por medio de los aposentos, cuando se quiere, ofre­
ciendo la más placentera morada para el verano. .Des­
pués, en un patio Lodo cubierto de verdura, en donde se
ha hecho un prado con algunos vistosísimos árboles. h a -
cen venir las aguas por tat m anera que, cerrándose
algunos canales sin que lo advierta la persona que eslá
en el prado, suele brotar y crecer el agua bajo sus pies,
luí fiándola toda. Igualmente hacen m enguar las aguas
sin trabajo alguno, y sin que nadie lo eche de ver. Hay
lambién un patio más bajo y 110 muy grande, el cual es­
lá ceñido en derredor por unas yedras tan frondosas,
que 110 se vé cosa alguna del muro, y tiene algunos bal­
eónos que miran hacia un peñasco, por debajo del m al.
en lo hondo, corre el rio Darro, ofreciendo una visla de­
leitosa y placentera. Ku medio del mismo palio hay mía
grande y bellísima fuente con una gran taza, y por el
caño de enmedio sube el agua en alto más di1 diez [tra­
zas, arrojando gran caudal de ella: de suerte que forma
una suavísima rociada de golas, que saltando en derre­
dor y esparciéndose por todas partes dan frescura á
cuantos se detienen á contemplarlo. En lo más alio de
este sitio hay, dentro de un jardin. una hermosa y a n ­
cha escalera que sube á un pequeño llano, en donde,
por cierta piedra que hay allí, entra todo el golpe de
agua que surte el palacio, como queda dicho. Allí está
encerrada el agua con muchas llaves, de suerte que se
hace entrar cuando se quiere y como se quiere. La esca­
lera eslá hecha de modo quo de cierto en cierto número
de escalones tiene una meseta plana, en cuya mitad hay
una concavidad en donde poder recoger el agua, Tam -
Ipíí;pretiles,que: por ambos lados guarnecen la es­
calera- Uiew]íí,8iiis;piedras ahondadas por encima como
-valíale^..Kt;i■la.a,llura donde está el agua, hay sus llaves
por .separado..para cada parlo por donde ha de correr; do
manent-ífiie, cuantío se quiere, dejan salir el agua, ln
cual cor.re por los canales que están en los pretiles ú r a -

li .,;. 2n7..— J i i n l i n c s il<? C.<m h ‘ i ; i I¡IV í .

hado ni un. '¿07). Según se quiere, se la h a c e ent ra i- en


los recipientes que hay en las mesólas de la escalera.' ó
correr toda ju nta; y asi mismo, sise quisiese mayor í*on-
Lidad de agua, se puede hacer que crezca tonto que', no
puedan contenerla sus receptáculos; asi que, derram án­
dose por la escalera, quedan muy lavados Lodos sus es­
calones, y aun suele quedar mojado alguno que se pone
— 3fi0 —
allí, burlándose de esla suerLe. En suma. no falta en
aquel tugar belleza ni encanto alguno, sino alguna per­
sona que lo supiese conocer y gozar, viviendo en quietud
y tranquilidad, entregado á los estudios y placeres conve­
nientes á un hombre de bien, sin deseo de abarcar más»
(Le itera V.—Traducción de Sirnonet en su Descripción
del reino de Granada).

III.—D ecadencia y form ación del estilo turco.


—«En Siria iniciábase ya en 1180.—dice Gillman,—
cuando Saladino arrojó á los cruzados de Jerasalcin. una
transformación del estilo que terminó por e-1 año 1517,
dando por resultado una arquitectura parecida á la tur­
ca, que representa la decadencia del arle mahometano.»
¡La arquií. obra cit.) Los que juzgan el arLe árabe por
la conexión que se le debía de suponer con el turco, opi­
nan tan apasionadamente como el inglés John Pelers,
que tratando de E l arle en Turquía (La ihtsl. artislica,
número 01(5), dice: «El arle islamita quedó confinado á
la arquitectura, á los arabescos y á la ornamentación
lloral. Supónese que los árabes se han distinguido en
esto; pero si no me engaño, todas sus más hermosas
obras fueron hechas por operarios indios, persas, judíos
y cristianos: la antigua porcelana que comunica tan ini­
mitable encanto de color á la mezquita griega deBroussa
se fabricó en las factorías genovesas, y la mezquita mis­
ma es una imilación del arte indio. Las mezquitas de
Constanlinopla. cuando no fueron prirnitivamenle igle­
sias, son imitaciones de tos templos bizantinos, y hasta
el kiosco de Clnnili, más original aparentem ente que la
mayoría do las construcciones turcas,, presenta m arca­
dos vestigios de haber sido construido por griego».
Por lo que atañe á los árabes. M. John Pelers. eslá
equivocado é influido por el espíritu antim usulm an de
que hacen gahi algunos filósofos, críticos ¿historiadores,
y no hemos de insistir en los razonamientos antes alega­
— 361 —
dos para desvanecer esas falsas apreciaciones. Hesperio
de los turcos, en quienes el arte que tan bellos monu­
mentos creara, halló su visible periodo de decadencia y
empobrecimiento de formas, débese advertir que al co­
mienzo de su dominación en ConstanUnopIa. 110 hicieron
otra cosa que adaptar á sus usos y religión las iglesias y
demás edificios cristianos. «Las iglesias cristianas,—dice
Hertbergx.—que sucesivamente se destinaban al cullo
mahometano, recibieron minaretes: se les despojó de sus
cuadros, estatuas y emblemas del cristianismo; se blan­
quearon con cal los mosaicos que representaban figuras
hum anas ó alusivas á la religión cristiana, y se abrieron
en el interior los nichos que según el uso mahometano
indican á los íieles, á donde lian de dirigir su faz en las
oraciones...» Así fueron desapareciendo también otras
obras de arle del tiempo del imperio que se habían li­
brado de la destrucción bárbara de los conquistadores
occidentales; «las estatuas de bronce fueron fundidas y
transformadas en cañones; los revestimientos de cobre
de los obeliscos pasaron á la casa de moneda; los sarcó­
fagos de mármol de los emperadores y emperatrices,
fueron utilizados ¡tara pilas de fuentes; la iglesia de San­
ta Irene se convirtió en arsenal y el antiquísimo hipó­
dromo fué despojado de sus muros de recinto y el m ate­
rial empleado en construcciones nuevas, quedando solo
la arena que se destinó á picadero, donde los pajes del
Sultán hacían ejercicios de equitación y se adiestraban
en arrojar el venablo...» (JSist. del imperio b u m il.y délo
monarq. (urca. pág. 247).
Hay que reconocer, que á pesar de tanta barbarie, los
turcos, en tiempos de Mahomed II (segunda mitad del
siglo xv), levantaron preciadas obras de arquitectura,
entre ellas la grandiosa mezquita dedicada á aquel sul­
tán, y que tiene minaretes, cúpulas y ventanas que acu­
san grande influencia bizantina dominando á lodo otro
carácter oriental, á pesar de que al comienzo de la con-
— 362 —
(¡¡lisia de Constan tinopla se intentó caracterizar las
construcciones con (■¡crio Linio árabe y persa (1).
lín el siglo siguiente. Solimán conquistó parte de.la
Persia, y trajo á Conslantinopla los más marcados ras­
gos de íii arquitectura de. aquel país, que se tradujeron
en lu gran mezquita cercana al antiguo palacio y que
pasa por ser la obra maestra de la arquitectura huva.
Kl carácter de este monumento es indo-persa bastante
marcado, pero siempre recuerda las formas bizantinas,
cuya influencia no se puede conlrarreslrar allí, por con­
servarse, más ó menos transformados, los mejores mo­
delos de ese entilo.
(lomo rasgo importantísimo pnra apreciar lasa p liln -
iles artísticas de Turquía, debemos consignar que allí no
se lian producido nuevas Cormas arquitectónicas y en
cuanto á la ornamentación, se siguieron copiando los
antiguos modelos, fie modo que nada original produjo
para e¡ arte el esta blechmento de la monarquía Lnrca. en
la capila! del lamoso imperio de Oriente.

IV.— E stilo s d esa rro lla d o s en E sp añ a, P e r sia


y la In dia, al fu n d ir se co n la s a r te s in d íg e n a s
el e stilo á rab e. —En España. y especialmente en To­
ledo, comenzóse á desarrollar un estilo que se perpeluó
después y que de modilicacióu en modificación convir­
tióse en el —que estudiaremos aparte, como re­
sultado de la unión de rasgos bizantinos,, románicos,
árabes y ojivales.
Otra rama de ese estilo liíspano-árabe. es el que al­
gunos arqueólogos califican d« judaieth-drabe. porque en
los monumentos que lo caracterizan aparecen inscrip­
ciones hebraicas, mezcladas con los estilos bizantino y

(I) ..Los y artistas «*tir!ir"»dos dii « s la s o b r a s t i o « r m i t u r r o s .


s i n o s ;iic -'iis . ’. I i i ' i l i í f i r u s . r | i n ‘ s e in s]iii"i)> ;in e n ]¡is o l . r a s d e los a n t i g u o s , y lu^

a ; ie r ! ir í .) s c r i n i s i e m p r e )iritfiijni*ios d e ¡ ¿ u e r n i r r i s l i a n o s . . . •. í U k u t h e h o / . Obra
— 363 —
musulmán. Uno de los-edificios en que mejor puede es­
tudiarse ;ese estilo es la antigua sinagoga de Toledo, hoy
■Sarita lia ría )a Blanca,, cuyo interior reproduce nuestro
grabado número 208.

F ií, 2.IS- S uii L í Miirí¡i la itlancü.

Según Amador de los Ríos, este de Toledo, debió de


ser íuiio de los más señalados monumentos en que
se ensayó aquella especie de fusión (fue había de produ­
cir en Granada tantas maravillas, ■> ¡'Toledo p in l. pági­
na 23B); Manjarrés. lo elasiliea como mudejar [Jlixl. ríe
— 36 i —
las B. A . y nosotros insistimos en lo que dejamos escri­
to, de acuerdo con las clasificaciones de Mr. Le Bon. res­
pecto de este punto. (En su obra cit,, pág. 283).
Por lo que respecta al alcázar de Sevilla, induirémoslo
también en el estudio del estilo m udejar, por conside­
rarlo como una imitación, más ó menos contemporánea,
del arfe que se desarrolló en Granada, aparte de los res­
tos antiguos, acerca de los cuales llamamos ya la aten­
ción anteriormente.
El estilo persa-árabe, es original resultado de la unión
de los elementos persas-indígenas con los reimportados
de las artes m usulm anas. Lo propio sucede en la India,
y en ambos países todavía se producen estilos diferentes,
influidos por los estilos árabes.
La investigación de esos monumentos es importantí­
sima, porque en ellos puede explicarse, salisfacloriti­
men le. el interesante proceso de las influencias orien­
tales.
Resumiendo: El arte árabe, 110 es como apasionados
críticos é historiadores han supuesto, hijuela ó imitación
desnaturalizada del estilo que creara Bizancio. El arle,
como la literatura, la ciencia y el progreso que desarro-
Iláran en escaso periodo de tiempo los hijos del Profeta
en cuantos países sometieron á su poder, tienen el selló
indeleble de la región de donde proceden; el carácter
oriental, la poesía vaga y misteriosa que engrandece y
sublima los tristes despojos de aquellas gigantes civili­
zaciones de Asiria y de Persia: algo que no puede des­
cribirse, pero que se siente en el corazón, cuando se.
contempla uno de esos preciados monumentos que que­
daron en España como recuerdo de pasadas grandezas y
viene á la memoria, por ejemplo, aquella profética poe­
sía, que, según las leyendas árabes, oyó en sueños Al-
m am um (Al-Kadir Yahya ben Icmail ben Almamum)
último rey de Toledo (478 de la egira, 1085 de J. C.).poco
antes de perder el reino, y que dice así:
— 3Gd —
¿Por qué construyes sólida vivienda,
Si tu vida fugaz hizo el destino?
Una movible tienda
Le basta al fatigado peregrino.
El arbusto de Irac, sombra bastante
Al que ignora concede,
Si mañana dormir un solo instante
Bajo sus ramas puede (1).

¡Triste condición la del pueblo árabe! Llevó por todas


partes los gérmenes de una cultura, original en parte,
en parte adaptada de otros países, y el destino le con­
denó á vivir estacionario, dividido, insensible, ante las
civilizaciones que se desarrollaron después.

II.
El arte ojival.

A n l e m U m t e s y o r í g e n e s In stó ri eos-—Las CHledrnIes g ó tic a s . —C a r a c t e r e s d i s ­


tin ti v o s de l estilo o jiv a l. —D iv is ión d e l e s t u d i o e n tre s |jf‘i‘íodo;¡.—P r i m a ­
rio ó r o b u s t o (sijílo x m ) . —S e c u n d a r io ú ge n til (siglos x i v y xv ).— T e r ­
c ia r io ó llor ido (siglos x v y x v i l . —M o n u m e n t o s : c a r a c t e r e s d e e.stc íirtc e n
.Alemania, F r a n c i a , Es[jiiíia, Uttlia ú In g l a t e r r a . —C a t e d r a le s , u lra s iglfisias,
castillos, edificios, s e p u l t u r a s , m o n u m e n t o * c o n m e m o r a t i v o s . — R e s u m e n .

A x t e c k d t í n t e s y o r í g -u n e s h i s t ó r i c o s . —Para completar

las noticias históricas que, acerca del debatido origen del


arte ojival,liemos consignado al tratar del estilo románi­
co de transición al ojival (pág. 251 y siguientes), y de
el arte en ¡os¡meblos germánicos (pág. 278 y siguientes),—
comenzamos el estudio de las construcciones ojivales,

(1) üchach , lib r o ci ta do, T, 111, pág. 101.


— 36G —
ron algunos antecedentes, que si no resuelven la deba­
tida cuestión de si es Francia.—como opinó Kugler.—la
nación donde se i/irenlt» el estilo ojival, ó si por ol con­
trario, el origen de ese estilo hay que buscarlo en Ale­
m ania como producto del progreso y desarrollo de las
obras góticas y visigóticas, ó en Inglaterra, llevado allí
por los normandos.—servirán para conocer las contra­
dicciones en que los apasionados defensores de unas y
otras teorías incurren, al fundam entar sus pretendidos
derechos.
Ante Lodo, hay que tener presente, como Manjarrés
hace observar, que "los romanos llamaron bárbaro á
cuanto era extranjero» y «los artistas de la época del
Renacimiento gálico á cuanto no tuvo tas formas griegas
ó romanas que adoptaron» (Ilixl. de Jas Bellas arles, pá­
gina 204). y que una y otra denominación llegaron á
exagerarse LanLo en las respectivas épocas, que basta re ­
cordar, por ejemplo, lo que los romanos decían al ver
que las gentes germánicas entraban á compartir el po­
der y á mezclarse con aquellos hasLa en las faenas más
humildes (pág. 20:í de esle libro), y que á mediados del
siglo xvi. Jorge Yasari el joven, ilustre pinto]1, arqui-,
ledo é historiador italiano, dijo en su notabilísima obra
Vilo, de pin ecceUenti p itto ri, scnllori ed arehitclti (1.350-
1.3(>8): «Las iglesias de la Kdad Media son tan bárbaras,
que parecen haber sido construidas por los gados, esos
enemigos de toda cultura, esos bárbaros», etc...
Una y otra opinión, se arraigaron demasiado para
arrancar el mole de bárbaros á los pueblos germánicos:
y mientras historiadores y críticos continuaron titulán­
dolos así en sus obras, sin conocer los escritos de San
Maximiano, el monje de Treveris (540); de Venancio For­
tunato, á quien llamó la atención que los godos produ­
jeran vina obra, qué ningún hombre de origen romano
hubiera podido crear, refiriéndose á la iglesia de Sam t-
Sernin. en Toutouse (.378): de Dedo de San Quintín, que
— 367 -
eiv'.Uá refiere Jo q u e a g ra d a r o n á Ro l l o tas o b r a s de
tn a i u i f/olh ica q u e vió e n R o u e n ( G j l l m a n . J a i a r / ¡ u il . , ya
citada), y o t ros m u c h o s q u e p u d i e r a n ad u c i r s e , n i n g u n a
n ac i ó n de las q u e h o y s e d i s p u t a n la prioridad del estilo,
ri ñeron b at al l as por apadrinarlo.
N ue st ro il ust re Ma ri an a, rué. tal vez, el p ri m e r o d é l o s
hi s t or i a do r e s y crít icos de los sigl os e n q u e i m p e ró el re­
n a c i m i e n t o a rt íst ico it a l i ano, q u e r e co n oc i ó el mér i to de
los m o n u m e n L o s de la E d ad Media ( 1), pero no por eso;
nu p o r q u e R a la el el di vi n o f ue ra el q u e i ni ci ara la p o é ­
tica c o m p a r a c i ó n de las c at e d r al es g ót icas con las f an ­
t ásti cas s e l v a s de la G e rm a n i a ; 110 p o r q u e e u los s i ­
gl os xvii y x v u i f ra n c e se s , a l e m a n e s , i n gl e s e s y e s p a ñ o ­
le s e s t u di a r a n el arl e ojival, t rat ando de c o n c e de r l e la
i mp o rt an ci a ar t í s t i c a y ci entí fi c a q 110 se m e r e c e , las p a ­
l a b ra s de Y a s a r i dej aron de p r o duc ir s us ef ect os, y en
el p a sa d o siglo. 1111 art ist a tan n o lal.de c o m o el gran p i n ­
tor Me ngs , dice q u e en las c o n s t r u c c i o n e s o j iv al e s p e r ­
di óse el b u e n g u s t o , el e s t u di o y las b el l as p rop or c i one s
{Véase s u i n t e r e s a n t e ob ra C o n s id e r a c io n e s s o b r e la h e-
llc:ii y til (jv.sto (‘tt-p\¡titira., c o m p l et a da y c o m e n t a d a por
el c e le br a d o lile ralo y d ip l o m á t i c o e s p a ñ o l J o s é Ni co ' ás
de Azara).
A í in e s del pasado siglo c o m e n z ó á di s c u t ir s e la p r o c e ­
d e n ci a del estilo ojival, p r i n ci p i an do e n t o n c e s la c o n t r o ­
v er si a e n t r e A l e m a n i a , F r a n c i a é Ingl at err a, no re s u el l a
a un . c o m o y a q u e d a dicho, p or q u e el esLndio c o m p a r a ­
tivo de las c o n s t ru c c i o n e s , el e x a m e n de los m o n u m e n ­
tos q u e s e p r e t e n d e h a c e r p a s a r c o m o ori gi nar i os de es e
arl e, y las a f i ni da de s q u e e n el Egi pto, en Licia y e n el
Asia m e n o r h e m o s h al l ad o, no s on s u f i c i e n t e s para re­
so l v e r de p lano la c u e s ti ó n , si b i e n h a y q ue advert i r
d es d e luego , q u e t amp o c o h a y p r u e b a s b a s t a n t e s para
as e gu r ar , c o m o h a c e Ferreiro, s i g u i e n d o sin duda, la opi­

01 d<1 (¡ ¡lim an, c u s u olin( n ii 'ji rk m a il y .


— 3G8 -
nión de Kngler y oíros arqueólogos, especialmente fran­
ceses, que «en donde primero aparece el estilo ojival,
como un sistema compleLo de construcción, es sin duda
alguna, en el Norte de Francia.» (Obra cit.; pág. 8o).
Parécenos, que los que en pasados tiempos señalaron
como resultado de las Cruzadas la aparición del estilo
ojival, están más en lo firme que los autores de las nue­
vas teorías, hasta el punto de que en ese estilo pudiérase
sintetizar algo como la admirable unión de procedimien­
tos artísticos de pueblos diferentes: algo así que repre­
sentara el recuerdo de aquella mezcla de gentes, de co­
munidad de vida, de relaciones internacionales, de
comunicación de conocimientos y aptitudes.
La catedral gótica constituyo una bellísima agrupa­
ción de Lodos los elementos artísticos, de todas las for­
mas arquitectónicas de Oriente y Occidente, como resul­
tante del estilo románico. En la planta, combínanse la
severidad y la grandeza de la primitiva basílica, con la
elegancia y atrevimiento de la construcción central. Los
pilares de sostenimiento, conviértense en apretados h a ­
ces de esbeltas columnitas, que se desarrollan combi­
nando sus atrevidas proporciones con los del arco ojival,
ligero y arrogante, y con las de la cúpula y la bóveda,
que pierden ía pesantez de sil origen, para elevarse
hacia el firmamento, en la Catedral gótica, y para borrar
el carácter rudo, primitivo y sombrío, en los castillos feu­
dales.
Los monumentos típicos del estilo ojival son las Cate­
drales, que Cánovas del Castillo, más ilustre y eminente
para nosotros como pensador y literato, que como polí­
tico, porque jam ás hemos penetrado en las enm arañadas
obscuridades de la organización de los partidos, ni nada
entendemos de las luchas de banderías,—ha descrito en
su admirable Discurso de recepción en la Academia de
San Fernando (Mayo de 1887). «Mixta es, (la arquitectura)
y de más dignidad aun,—dice,—la que do por sí consti-
— 369 —
luye la catedral góLica, pues ninguna hubo tan sublime
y completa en la Edad Media. Claro está que lo que de
la catedral digo á todas las iglesias de tal estilo corres­
ponde más ú menos; pero aquélla es el íuiulamenlal
tipo, sin duda alguna, de su arte particular y de la época,
(■.oiiio lo fué en Grecia el templo. Impera la arquitectura
en la catedral como soberana legítima dei conjunto de
arLes que contribuyen á formarla, porque bien se ve
que ni las pinturas de las vidrieras y de los muros, ni la
escultura con haber llegado á Lomaren los arcos ojivales
lanío vuelo, tienen allí más que relativo y subalterno,
aunque también positivo valor. Si se arrancaran de sus
pedestales los millares de esláliias que suelen ostentar
semejantes edificios, destituidas de carácter propio, no
conservarían generalmente su peculiar belleza ni su ra­
zón de ser. De las vidrieras cabe decir olro lanío. Lo
único que de por sí brilla más ó menos espléndidamen­
te. en todos los casos, es el estrecho y elevado arco oji­
val...»
Cánovas, dice después que la escultura es sierva en la
Catedral gótica, «lejos de ser señora como sin disputa lo
era sobre ios elementos helénicos.» y continúa así expo­
niendo su lógica y hermosa teoría acerca del arle ojival,
siiiletizado en los templos de la época:
«¡Pero qué porl.enl.osas Biblias de piedra las que entre
sus liueamenlos misteriosos se suelen, no obstante,
leer! Los arcos ojivales con frecuencia abrazan, en sus
agudos espacios y perfiles, lodo lo esencial del dogma
cristiano, puntualizándolo en partes diversas, sin que
las proporciones gigantescas del conjunto padezcan, ni
la contradicción siquiera de aquellas curvas y aquellos
planos con las racionales reglas clásicas, allija al espec­
tador. ¡Arte inmenso éste de la catedral góLiea, no obs­
tante sus irregularidades geométricas, porque Irala un
sólo asnillo, es verdad, pero comprensivo de la historia
y del cielo! ¿Hoy otra obra esLéLica capaz de dar forma á
24
— 370 —
e s te asunLo s u p r em o ? ¿Dónde q u e d a n , al lado s u y o , el de
la I l í a d a y los de las tetralogías? ¿Qué son, t o c a n t e á
g r a nd ez a, e n f r e n t e de la p ro d i g i os a f or m a de la c a l e -
d i a l gót ica, l a - c o n c i s i ó n de la e s t a t u a , la del cuadro,
por d e s c o m u n a l q u e s e a . y a u n la del m i s i n o t empl o
pagano?
«A. mí , q ue 110 p u e do m e n o s de c o n t i n u a r s i e n d o clásico
e n el f ondo, c o n s u é l a m e e n m u c h a p a r l e de t ales d e s ­
v e n t a j a s , el t en er p or s e g ur o q u e al c a b o y al 1111 la b e ­
lleza total 110 reside s i n o en las e s t a t u a s a n t i g u a s , c u a l ­
q u i e ra q u e s u t a m a ñ o f uere, y e n l as p er f e c t a s pro­
p o r c i o ne s de los t em p l os cl ásicos; pero a q u e l q u e tan
v i v a m e n t e no s i e n t a lo a n t i g u o , d e b e d e q u e d a r de Lodo
p u n to a b so r t o y c o n f u n d i d o d e l a n t e de u n a g ran cat edral
gótica, c o m o c r e a c i ó n pl ást i ca. Los arcos o ji va le s sólo
l oc a n, s i n e m b a r g o , á s u m a y o r s u b l i m i d a d c u a n d o tie­
n e n las l í n e a s i n cr u s t a d a s de e s t a t u a s , l í n l r e las dos mi l
t r e s c i e n t a s de la c a t edr al de R e i m s , de las c u a l e s ú n i c a ­
m e n t e u u a d é c i m a p ar l e c or r e s po n d e al interi or, y á las
p or t adas el resto, sobro lodo á la p ri n c i p a l, p o c a s h a y
q ue 110 s e a n de u n a propia ép oca, por lo cu a l t i en en to­
d as estil o y s e n t i do m u y s e m e j a n t e s , que- e s lo q u e en
el J)uomo de Mi lán s e e c h a de m e n o s . Allí, s o b re los m u ­
c h o s e pi sodi os p ar c i a l es , p a r e c e q u e por p ri n c i p a l a s u nt o
e s tá la h i st or i a de la V i r g e n, p a l r o n a de la i glesia, d e s ­
e n v u e l t o . con a y u d a de los m e s e s , ó s e a del Liempo, desde
la s e d u c c i ó n de A d á n por Eva, h a s t a la c o r o n a c i ó n d e la
R e i n a de los Á n g e l es .
«Pero el a s u n t o de los a s n i l l os , el q u e todos los c o m ­
p r en de , e s t a m b i é n allí el reino de Dios. Por él y para él
s o n los dol ore s del Calvario; por él y p a r a él i n t e rp o ne
la V i r g e n s u m e d i a c i ó n t e r ní s i m a e n la c o n v e r s i ó n de los
f er o ces r e y e s f ra ncos, g i g a n t e s c a m e n t e r e pr es en t a do s ;
por él y para él s e m i r a n j u n t o s J e s u c r i s t o y Davi d, S a n
J u a n B a u t i s t a y S an P ed ro , y es tá el paraí so, y e s tá la
c r uc i f i xi ón , y está el Apoc al i p si s. D e s o b r a t iene la e s ­
cultura cristiana francesa. tan influyente en la españo­
la, con obra tal para su fama. Muchas estatuas, un tiem ­
po policromadas y hoy misteriosamente ennegrecidas,
logran en ella pureza tal de perfiles, y tam aña serenidad
y reposo, que, singularmente las (fue hay á los lados ile
la puerta mayor de la principal portada, parecen ya á
punto de j u n ta r en uno el arle pagano y el cristiano,
confundiendo lo bello y lo santo definitivamente. Por
ser, como lia dicho el arquitecto francés Yiollet-le-Due,
la más completa que exista del siglo xiy. me he detenido
en esta singular portada de la catedral de Reims. que­
riendo limitarme, cuanto á esLatuas y ojivas, al mejor
ejemplo...»
Prescindiendo de las influencias francesas, preocupa­
ción. que, como se vé tam bién afecta al ilustre acadé­
mico.—preocupación que llega al extremo de que todos
se olviden de que las catedrales típicas del período romá­
nico de transición, en Francia y España, son contempo­
ráneas. como son contemporáneas tam bién las catedra­
les góticas de Reims. Ihirgos y León; que las inlluencias
que hasta entonces, como siempre, producíanse como
resultado de invasiones por la fuerza de las armas, ori­
ginábanse ahora de la comunidad de ideas y conoci­
mientos, de la contemplación de las maravillas del clasi­
cismo greco-romano que popularizaron las Cruzadas, y
que de su clasicismo, por ejemplo, se origina el empleo
de elementos escultóricos en la arquitectura románica y
ojival.—la síntesis de lo que la Catedral gótica represen­
ta es completísima y da exacta idea del estilo y carácter
de esas grandiosas construcciones.
Resumiendo estas brevísimas indicaciones históricas:
es innegable la unión de elementos orientales con los
del clasicismo greco-romano y las rudas manifestaciones
artísticas de las catacumbas cristianas, hasta el punto
de que no es difícil empresa determinar la gradación
ascendente desde la basílica romana al templo bizan­
— 372 —
tino; desde éste al románico puro, y de aquí á la cate­
dral románica de transición y á la gótica; en cambio*
creemos que, hasta ahora, no ha podido señalarse, im-
parcialmente, un edificio tipo del estilo ojival, acredi­
tándolo de modelo con los datos exactos de la lecha de
su construcción, porque ninguna de las catedrales góti­
cas más puras es obra de una época determinada, con­
fundiéndose en ellas los tres períodos del estilo ojival, y
aun las Cormas románicas de transición, como puede ob­
servarse en León, cuya magnífica catedral en su interior
contiene elementos románicos de importancia, por ejem­
plo los machones de columnas y las bóvedas, como más
extensamente decimos más adelante.—Repetimos por
conclusión lo que antes hemos apuntado: el estilo ojival
es la representación arquitectónica de la grandiosa evo­
lución que causaron en el mundo conocido en aquellas
épocas, las Cruzadas, guerra santa que 110 sólo sirvió
para librar de la barbarie á todo el Oriente, sino para
despertar el espíritu de la civilización occidental, que
concluyó por sobreponerse á cuanto había contemplado
y aprendido (1).
C a r .v c t i í i í i í s d i s t i n t i v o s d i í l e s t i l o o j i v a l . —Los carao-

teres esenciales que distinguen el estilo ojival, son, se­


gún unos, el arco agudo ó apuntado; según otros, los
arbnlanles y botardes (2).
Como ya queda dicho, la arcada ojival es de origen
asiático y los arcos arbotantes y sus macizos, usáronse
en los monumentos románicos del período de transición:

(I) Consúll tíso ¿i o s le pro pos it o la n o t a b l e H i s t o r i a de las C r u z a d a s pin -


I!. K c g l k i i , 'lu o a l inLeíés y n o v e d a d d e s u s i n v e s t i g a c i o n e s , r e ú n e el m é rito
de a t e s o r a r u n a r s e n a l c o m p l e t í s i m o d e n n líe ia s b ib lio g r á f ic a s c o n I n d ic a c io ­
n e s c rí ti c a s, r e s p e c t o d e l v a l o r do carta u n o d e los m u c h o s li bros q u e m e n ­
cio na . Son m u y i n t e r e s a n t e s los g r a b a d u s , e n s u m a y o r p a i t e ra c ^ím il e s de-
m i n i a t u r a s d e c ó d ic e s , e s l á t u a s . r e l i e v e s y c u a d r o s .
A r b o ta n te , a re n in c l i n a d o u n e =>c d e s ti n a á c o n t r a r r e s t a r el e m p u j e
d e ias b ó v e d a s ; su p u n t o do a p o y o s o n los m a c iz o s , c o n t r a f u e r t e s , ú boíarc-
lep, q u e t a m b i é n se l l a m a n e stribos.
— 373 —
ile modo que no pueden admitirse en concreto esas
teorías.
XosoLros creemos que lo que distingue el arle ojival
íle sus aborígenes (estilos clásico, bizantino, románico y
diversas ram as asiáticas), es la gallardía, el atrevimien­
to. el lógico desarrollo de las formas arquitectónicas
románicas del hermoso período de transición, que pro­
dujo. entre otras admirables obras, los interesantes tem­
idos que hemos mencionado en las páginas á(>2 y ¿(53 de
esle libro.
■ Divídese el arle ojival en tres periodos, según la m a ­
yoría de los traladislas; pero como reina la confusión
más completa en la crítica respecto del nombre, de los
■orígenes, de la procedencia de las formas arquitectóni­
cas y de tas escultóricas, sus auxiliares, cada cual de­
signa esos períodos con diversos nombres, hallándose
todos conformes, sin embargo, en que el prim ario con­
viene con la robustez y firmeza románicas, caminando
hacia un perfeccionamiento que 110 se obtuvo dentro del
arle románico mismo (siglo xin); el secundaria con el
desarrollo y gentileza de aquellas formas (siglo xiv y
parle del xv) y el Itrciario con la más arrogante de las
gallardías, respecto de las proporciones arquitectónicas;
con la delicadeza más [exquisita en cuanto á la orna­
mentación se refiere (siglo xv al xvi).
Es m uy escabrosa la tarea d* clasificar monumentos
dentro de determinadas épocas, porque enlre otros obs­
táculos de consideración, se ofrece el muy importante
d é l a confusión de esos períodos, dentro de un misino
edificio; debiendo de advertir, sin embargo, que los ar­
tistas de pasadas épocas 110 fueron sencillos imitadores
y generalmente dieron á sus obras el carácter de su
tiempo.
Sintetizando estas observaciones: Los caracteres prin­
cipales del estilo gótico ú ojival, son: el arco más ó me­
nos agudo, ya en arcadas, ventanas, bóvedas ó falsas
arquerías de ornamentación; la distribución sabia y en­
tendida del contrarresto de fuerzas para poder conseguir
la elevación de las bóvedas, la disminución del espesor
de los muros, y la belleza decorativa, y el uso de una
escultura ornamental que tiene por base los motivos
florales y la figura hum ana, pudorosamente cubierta
por artísticos ropajes.
«El estilo ojival—dice Manjarrés—debe considerarse
como el último esfuerzo de la construcción en arco y
bóveda,» como complemento «de un sistema general de
arquitectura» t A rqueo!. erial., págs. .11 y (50). y en-reali­
dad, el templo gótico con sus atrevimientos cienlííicos
idealizados por la fe cristiana, es> la más bella combina­
ción de las leyes de la naturaleza y de las creaciones del
espíritu, y representa á maravilla la época caballeresca»
poética, romántica (en contraposición á la clásica griega
y ro m a n a )á que pertenece.

Para el más ordenado estudio de este arle, dividí re­


ñíoslo en los tres períodos que quedan mencionados,
esto es:
Primario, ó robusto ( s i g l o x i i i ) .
Secundario, ó gentil (siglos xiv y parte del xv).
Terciario, ó florido (siglos xv y xvi).
P r i m a r i o . —El arco característico de este periodo es el
ojival lanceolado, ó de í'orma de lanza, que el estilo ro­
mánico había admitido en su última evolución (pág. 2Ó5
de este libro). Las formas de las arcadas pueden con­
fundirse con las románicas referidas, porque como en
ellas, búllanse arcos lobulados y peraltados; los pilares
se han convertido ya en haces de columnas y las bóve­
das más esbeltas y ligeras se apoyan en los arbotantes
y bol-areles sobre los que ya se elevan los pináculos (ó
torrecillas en forma de pirámide) que en el estilo tercia­
rio habían de ser primorosos atrevimientos de escultura
— 37o —
ornamental. Nuestro grabado núm . 209, representa el
perfil de un bolarel coronado por 1111 pináculo, y que
sirve de sostenimiento á un arbotante.

Fig. ‘.¡09.—Unían;!, p i n á c u l o y a r b o l a n t e .

Las ventanas continuaron construyéndose en ojiva,


■pero gemina das ó gemelas.—abriéndose en la enjuta un
ojo de buey.—En esle mismo periodo se lobularon los
arcos de las ventanas y aun se circunscribieron bajo
un .gablete ó pequeño piñón (especie de frontón triangu­
lar m uy prolongado). En las puertas se introdujo esLa
misma novedad, siguiendo dividido el vano por ím pi­
lar como en los templos del periodo románico de tran­
sición (1).

(I) liste p ila r t i e n e n n a signiliiMciiín m í s tic a . S im boliza in i'lofH’ii'm itel c a ­


m i n o lint; <lei)c t o m a r el ¡lo m b rc c u s u c;nrfy e s t a n c i a (ín l¡t tie rr a; n p a rc irte n -
<lo in s p i r a d o , —ilieo Manjorrótf,—{alude ¡il s im tio lis m o ) po r la s p a l a l u a s d e la
(e r n l i l e s e n t e n c i a (| uc o fr e c e u n a vía ¡t la d c re i-h a y otra ¡"i la ¡zí[i)¡erdii. u n a
pa r a tns I n ic u o s y otra pa ra lo s p e c a d o re s » (Arqneol. vrist., [líig. 03).
— 376 —
Giro rasgo c a r ac t er í s ti c o de esle p er iodo es la f o r m a de
las n e r v o s i d a d e s y m o l d u r a s , q u e s o n ó p r i s m á t i c a s ó
afee l ando u n b oc el et e (de bocel, m o l d u r a r e d o n d a , c uyo
perfil es s e m i c i r c u l a r ; es el loro de las a r ­
q u i t e c t u r a s clásicas) e n los codillos, como
r e p r e s e n t a el g r a b a d o n ú m e r o 210.
L a s c o l u m n a s , c omo a n t e s se lia dicho.
Via. 2 Hi. l’l'iííi se a g r u p a r o n p a r a s u s t i t u i r al p e s a d o p i ­
do [im 'tiU m i.
lar, y s u p l a n t a es c r u c i f o r m e u octogo­
n al, g e n e r a l m e n t e . Los capiteles, ó c o p i a n las f o r m a s
r o m á n i c a s del p e riodo t e rc e ro y de t r a n s i c i ó n , ó r e ­
c u e r d a n el estilo corintio d e g e n er a d o. L a s b a s e s t r a e n á
la m e m o r i a la b a s e a tica.
E s t u d i a d o s los c a r a c t e r e s de esle peri odo, v é n s e c l a ­
r a m e n t e e n l a za d o s los estilos bi z an t in o , r o m á n i c o y oji­
val con s u i n t e r e s a n t e periodo de Lrausicióii. C o m p l é t a ­

se el c u a d r o de las a na l og ía s , e x a m i n a n d o la f o r m a de
los c a m p a n a r i o s , de las um belas ó doseletes, g r a b a d o
n ú m . 211, q u e c u b r e n las e s t a t u a s é i m á g e n e s y la e xor ­
n a c i ó n q u e adopt ó los e l e m e n t o s q u e le p r e s t a r a la ñ o r a
de c a d a p a í s c omo se o b s e r v a en l a f r ond a (1) de los ga-

(¡) Fronda, ornato su licn lu . t|u o s í i -v l m Io a d o r n o e n lo s LiinüculOi. p i f i o -


--- ÍÍ i i ---
M e t e s i ^Ti t hi ul n n ú m e r o *212): c o n s e r v ó m i ó s e rei ni hi sc t . - i . -
cííis. -dn t'inliíi.r.u'u. c u esle periodo de Ihs pinitos ih-
iliüliiiniíc. d e los e strella s. e le.. r o m o p u e d e ob~
s e r v ; i r s e ; pi.ir e j e m p l o . e n el i n t e r i o r dtd r Un L s t l o d e i¡-;

Í|.S,-Cl(ili>!r» •I<■ |;. ú i l r r l n i l <!<' ¡I¡HV.-1: i | m ,

l ! aie dr ;i l d e . Ii nr ee l oi i Ji . e o u s l r u e e i ó : : de ln> m ; J os \;n


v \v ( 1 IN), - t ;i h a d o n ú m e r o
I*.ir el ii'rnbiidn n ú m e r o v?M. ( p i e r e p r e s e i t ( ; i el exle-
rior de la C e l e d n d d i 1 J; rryS)i l I'JJM.— I'iiy;i [i»r¡T j i ?i i ’i i [
■' i l n r s e eonii i m o d e l o i | r 1‘s l i e l l i ‘Z y i'leij;i iicj;i .■— p u e d e
. i n z u i r s e del ¡ i s p é el o de I;is c¡i l ed i'¡i les del >¡ido \ i m .

n i *.» > I vm H j h t i <h I<< | j c í i i i h v i i > -- ■«n l;i: r> í n i ' i ' M i ■
■ ■' ■
11. ■. .


■i l : í m I i ; h Í i ' i i ■j n i i ' ei ■Í I '¿ | ■M r ■
■I ■- : i t . - i 1
— 378 —
E n c u a n t o á la p l a n t a do esos templos, es casi s i e m ­
p r e e n f o r m a de cruz, c omo se d i r á m á s a d e l a n t e .
Como c a d a t e m p lo r e p r e s e n t a , la m a y o r p a r t e de las
veces, m á s d e u n siglo de. labor ios ís imo t r a b a j o , las c a -

Fiií. 21 i . —i'iiUítli’íU d o FrcylMii'íio.

t e d í a l e s del siglo x i i i se t e r m i n a r o n e n e! s i g u i e n t e p e ­
riodo,. y lie a q u í la c a u s a de q u e los estilos se c o n f u n d a n
y sea m u y difícil la cl asificación, sin c o n t a r s u s p o s t e ­
r i o re s r e s t a u r a c i o n e s , q u e l ia n a c a b a d o de q u i t a r su
c a r á c t e r v e r d a d e r o á los edificios.
S e c u n d a r i o . — E n es te per iodo, n o se hizo o t r a cosa,
r e a l m e n t e , q u e p e r f e c c i o n a r los e l e m e n t o s del a n t e ri o r .
— 379 —
L a a r c a d a r e d u c e s u a l t u r a , c i r c u n s c r i b i e n d o , p o r lo
g e n e r a l , u n t r i á n g u l o e q u i l á t e r o y las b ó v e d a s t o m a n
i g u a l f o r ma , c o m b i n a n d o t oros y b o c e lo ne s c on escocias
en s u s n e r v a t u r a s , como r e p r e s e n t a el g r a b a d o n ú m e ­
ro 215. Los a r b o t a n t e s , los b o t a r e l e s con sus p i n á c u l o s y
gá rg ol as (1),—v éa se el g r a b a d o n ú m e r o 21(5,— el ega nt e-

Fig. -alo.— Perfil de


ii u r v a l u r a .
Fig. ¿Id.—Cnpilel.

F j " -¡17.— V e n t a n a
ujivul.

F j'r. i 18.—R ose to n.


l-'iií- 21U.— H alare!, ii¡-
iiá üiilo y g»i’!jr>l¡). Fig. 220.—Iluso-

m e n t e decor ados , c o n t r i b u y e n al c o n j u n t o e xt e ri or , m u l ­
t ipl icándose, y d a n do u n c a r á c t e r de o r i gi n a l i d a d y
a t r e v i m i e n t o á las f o r m a s e x t e r i or e s de los cdiücios.
L as a r c a d a s de p u e r t a s , p r e s é n t a n s e e n r i q u e c i d a s c on
g a b l e t e s y m ot i v o s o r n a m e n t a l e s , f ro nd as, etc, Las v e n ­

(I) Gárgola. C o n d u c t o c o lo c a d o e n los b o l a r e l e s y t e c h u m b r e * df1 tos


e d iíic io s o jiv a le s p a r a r e c o c e r los o ^ n a s y v e r t e r l a s á d is ta n c ia d e los m u r o s
— 380 —
t a n a s p a r t i c i p a n del c a r á c t e r g e n er a l , c omo p u e d e o b ­
s e r v a r s e e n el g r a b a d o n ú m e r o 217, a b u n d a n d o e n ellas
l as p e q u e ñ a s c o l u m n a s . Otras v e n t a n a s , los rosetones,
( g r a b a d o n ú m e r o 218), a d q u i r i e r o n g r a n p r e d o m i n i o ,
a b r i é n d o s e e n los g r a n d e s v a n o s s o b r e los i n gr es o s m á s
p r i nc i pa l es .
La s c o l u m n a s , f o r m a n d o y a a p r e t a d o s h a c e s , se a d e l ­
ga z ar o n, e l e va n do s u a l t u r a de c o ns i d e r a b l e modo. Los
ca pi t el es a d ó r n a n s e con h oj as , g r a b a d o n ú m e r o .219, q u e
p a r e c e n a d h e r i d a s al t í m p a n o , y las b ase s, g r a b a d o n ú ­
m e r o 220, e s t r i b á r o n s e s o b r e zócalos a d o r n a d o s con

l'icr. 2 2 1 ifiiscü iU’ c o l u m n a s d e v u i l l u m i . Fi.ü. 225 — ! ' r o n d a .

m o l d u r a s de c a r á c t e r severo. L as b a s e s de las c o l u m n i -
tas de las v e n t a n a s , son m u y e legantes ; g r a b a d o n ú m e -

La s f rondas , son y a h oj as d e s e n ro ll a da s , g r a b a d o n ú ­
m e r o 222, y m i r a n d o h a c i a a r r i b a .

Fig. 22:$.—Friso do hojiis ristndas.

E n los a n t e pe c ho s , c o r ni s a s y c re st er ía s, u s á r o n s e las
h o j a s ri zadas, g e o m é t r i c a m e n t e di sp u es t a s , g r a b a d o n ú ­
— 381 —
m e r o ¿23. y las c r u c e r í a s g e omé t ri c as , t o m a n d o los m o ­
tivos de los r o s et o n e s de las v e n t a n a s .
La c a t e d r a l de Colonia, g r a b a d o n ú m e r o ¿¿4. r e p r e ­
s e n t a b i e n et s e g u n d o peri odo del estilo ojival, p u e s
a u n q u e s u c o n s t r uc c i ón co me nz ó á m e d i a d o s del si­
glo xn r y se h a t e r m i n a d o r e c i e n t e m e n t e , e n 188¿, el

Fifí. 221,—Calwlrul d e C o in nia .

c a r á c t e r de la f a c h a d a q u e r e p r o d u c i m o s es el deL
periodo si gui ent e, p o r la esbeltez de la f o r m a y la r i q u e ­
za del or na to .
Este a d m i r a b l e edificio, h a sido objeto de m i n u c i o s o s
es tu di os q u e h a n r ev e la d o el s i s t e m a o r de n a d o y c i e n l í -
tico de los a r q u i t e c t o s de la Edad Medía, «Por ejempl o,
— dice G i l l m a n , — e n la di sposición de la p l a n t a y en
t o da s las m e d i d a s p ri n c i p a l e s de la iglesia se tomó como
n o r m a el n ú m e r o siete, c on s id e ra d o como sa gr a do , E n
— 382 —
c a d a la do de la e n t r a d a p r i n c i p a l y p u e r t a s l a t e r al e s se
e n c u e n t r a n siele n i d i o s p a r a e s l á t u a s y oí ros t a n t o s p e ­
dest ales e n el v e s tí bu l o, p r e s e n t a n d o a s i m i s m o c ad a
t o r r e c a t or c e b a l d a q u i n o s (1) e n las e s q u i n a s . L a s cinco
n a v e s del c u e r p o á P o n i e n t e del c r u ce r o e s t á n s e p a r a d a s
p o r s er ies de si ete pi la st r a s, de las q u e al Es te del c r u ­
cer o se e n c u e n t r a n otros siete p a re s, c e r r á n d o s e el coro
e n polígono con siel e capillas... L a s c o m b i n a c i o n e s del
n ú m e r o siete, con los n ú m e r o s tres, c u a t r o y cinco y
ot r os q u e t e n í a n u n a si gnificación s im bó l ic a y se c ons i­
d e r a b a n c omo s a g r a d o s , se e n c u e n t r a n h a s t a en los m e ­
no r es d eta ll es de la o r n a m e n t a c i ó n . . . » (L a a rq u it. ya
citada).
El s e g u n d o p er iodo del a r t e ojival es, s in d u d a , la
époc a m á s i n t e r e s a n t e y d ig na de e st udio, p o r la p u r e z a
de la i dea. la n o b l e s e v e r i d a d del c o n j u n t o y la s o b r i e d a d
de la o r n a m e n t a c i ó n .
T e r c ia r io .— D e n o m í n a s e este per iodo Jlamaante ó Úa-
¡it-igero, a l u d i e n d o á la f o r m a de l l a m a s q u e a f e c t a n los
p r i n c i p a l e s mot ivos de e x o r n a c i ó n . i
Los c a r a c t e r e s pr op io s de esta época a c u s a n los eo -
m ie n zo s de la d e c a d e n c i a , q u e í’uó c o m p l e t í s i m a e n el
siglo xvi e n q u e el a r t e ojival d esa pa re ci ó, d e j a n d o a l g u ­
no s rasgos si gnifi cat ivos e n el m u d eja r y e n el plateresco.
L a ojiva r e b a j a las p r op o r ci on e s b u s c a n d o s u origen,
s e g ú n p u e d e o b s e r v a r s e e n el g r a b a d o n ú m . 225, y a d o p ­
t a n d o o t r a f or ma , de p r o c e d e n c i a o r i en t a l , la c a m p ia l ó
floren-:a-da-, « p o r q u e el perfil de c a d a m i l a d del arco, r e ­
p r o d u c e e x a c t a m e n t e el p e rt il de la m o l d u r a l l a m a d a
t a lón. . . » ( Áuiílixe. Voc. c il.), s e g ú n r e p r e s e n t a él g r a b a ­
do n ú m . 226. R e a l m e n t e e s t a f o r m a y la s e mi e l íp t i c a es
la d e g e n e r a c i ó n del a r co .
La s b ó v e d a s p r e s e n t a n g r a n c omp li c ac i ón de n e r v o s i ­
d ad e s , de lo q u e p u e d e j u z g a r s e p o r el g r a b a d o n ú -

(1J H a ld aiiu in oí. 6 p e q u e ñ o s (Iosí 'U'U'.v


3 83
mero 227, en el q u e se advierte, que reducido el núm ero
de los loros «y perdiendo en volum en cuanto adquirie­
ron en forma píxica, dejaron preponderar los filetes,
ofreciendo, á pesar de la m inuciosidad de detalles, la
aridez y seq u ed a d de una m asa de aristas» (Manjaiuíks,
Arqueo?, c ñ al., pág. (ioi.

F i ” . 2 ü . — A r co á á " .— l ' e r l i l i l e t’ig. 221».— C a i r e l e s *• f e s t o n e s .

o j i v a ! njliíij¡Jilu.
n e r v a l im i.

Kip¡ üáü.— A r e u
ean o p iiil. l’ii; 22S.— F r o n d a . I'ig. 2iW.—V w itiiiiü.

Los a r b o l a n t e s y b o l a r e l e s s on m á s at re vi do s y e sb e l­
tos q u e e n los p e r í o d o s a n t e r i o r e s , y se p r e s e n t a n s o b r e ­
c a r g a d os de p i n á c u l o s y f r o nd as , l ist as son y a m u y c o m ­
p l ic ad as y de f a s t u os a e x o r n a c i ó n (Véase el g r a b a d o
n ú m e r o 228).
L a s p u e r t a s y v e n t a n a s p r e s e n t a n u n n u e v o m ot i v o de
d e c o r a ci ó n , los c ai r el es ó íesloncit os con q u e se a d o r n a n
los i n t r a d o s e s , g r a b a d o n ú m . 229, mot ivo o r n a m e n í a l
q u e p a s a á las c o r n i s a s y a u n á las c r e s l e r í as , v a r i a n d o
de posición. Como e l e g a n t e mo de lo de cr est er í a , c it a ­
r e m o s la q u e d e c or a i a R e a l Capilla de G r a n a d a , c o n s ­
t r u c c i ó n d e c omi en zo s del siglo xvi. m u y i n t e r e s a n t e y
a rt í s ti c a.
- 384 —
Kn las p u e r t a s , d e s a p a r e c e el pos te c e n t r a l y e n c a m ­
bio i e v á n t a n s e á los lados a t r e v i d a s p i n á c u l o s de vari os
c ue r po s , r e m a Lando e n e l e f a n t e s a gu j as .
Las v e n Lanas so n de u n a tr aza c o mp l i c a d í s i m a , s u ­
p r i m i é n d o s e los c ap i t e l e s de los h a c e s de c o l u m n a s ( g ra ­
b a d o n ú m . 2:30) y los r os e to ne s a d o p t a n los m i s m o s m o ­
tivos de o r n a m e n t a c i ó n , c o n s t i t u y e n d o u n a c om p li c ad í ­
si ma o b r a de c a n t e r í a .

I-’íSi. 2'JI.—Pttci líi <lc lnlUvil Capilla dt> OratiíuUi.

Otros h u e c o s de m e n o s i m p o r t a n c i a se a b r i e r o n en los
m u r o s de las c o ns t r u c c i o n e s de es ta época; las p e q u e ñ a s
p u e r t a s , y a de a r c a d a c anopi al , y a de ar co l ob ul ado.
Nu e st r o d i b u j o n ú m , 2:31 r e p r e s e n t a u n a de las c u a t r o
— 38o —
p u e r t e ó l a s r e c i e n t e m e n t e d e s c u b i e r t a s e n la K e al Capi­
lla de G r a n a d a j q u e c o m u n i c a b a n el i n t e r i o r del t e m pl o
con las capil las de p a s o á la q u e si rve de e n t e r r a m i e n ­
to á los R e y e s Católicos y con o t r a s d e p e n d e n c i a s del
edificio.
La s c o l u m n a s , e n es te período, r e d ú c e n s e a b a q u e t i -
llas y listones, t a n finas son las q u e c o n s t i t u y e n los pi­
l ares, Como c o n s e c u e n c i a de e st a casi s u p r e s i ó n de las
c o l u m n a s , los c ap it e le s f u e r o n s u s t i t u i ­
dos p o r u n a especie de a b r a z a d e r a m u y
d e co r a d a con h o j a s ( véas e el g r a b a d o n ú ­
m e r o 232), y las b as e s d i s m i n u y e r o n las
d i m e n s i o n e s , con a r r e g l o á la de los pi­
l ar es á q u e s i r v e n de s o s t e n i m i e n t o ( g r a­
Fig. 213 —Capile!.
b a d o n ú m . 233).
Al c o mi enz o de es te per íodo se a b u ­
só de tal m a n e r a d e la e x or n a c i ó n , q u e
c omo c o n s e c u e n c i a de. es a s e x a g e r a c i o ­
n e s p r o d ú j o s e u n a re a cc i ón , t an e x a ­
g e r a d a q u i z á c o m o el a b u s o m i s m o , p u e s
los ú l ti m os edificios q u e se c o n s t r u y e ­
r o n a p e n a s si of re ce n m ot i v o s o r n a m e n ­
tales, á lo m e n o s e n los i n t e r i o r es . Co­
mo e je mp lo , p u e d e ofrecerse la a n t e s
c i t a d a R e a l Capilla de G r a n a d a , en c a ­
yos s e ve ros m u r o s h a y por úni co a d o r ­
.'is . 2 : ! ! . — I’ n s f s .
no, a d e m á s de las v e n t a n a s y n e r vo si ­
d a d e s de los p il ar es y b ó v e d a s, u n a senci ll a m o l d u r a en
c uyo c e n tr o es tá g r a b a d a e n c a r a c t e r e s góticos u n a i n s ­
c ri pci ón a lu si va .
Los m ot i v o s o r n a m e n t a l e s del a r l e gótico son. c omo
q u e d a dicho, la flora p r i m e r o f a n t á s t i c a , luego v e r ­
d a d e r a , llegando e n el t e r c e r per í odo á s e r e x a g e r a d a ­
m e n t e n a t u r a l i s t a la r e pr o d u c c i ó n de la h i e dr a , r oble,
c ardo, t rébol, arce, vid, lúpulo, m a l v a , rosa, l l a n t é n , etc.
Otro de los e l e m e n t o s de e x or n a c i ó n fué, c omo a n t e s, la
— 3S6 —
c r u c e r í a g e omé t ri c a, con m á s 6 m e n o s n ú m e r o de lóbulos.
La p i n t u r a p ol í c ro ma , y las v i d r ie r as , q u e d e j a n d o de
s e r s i mp l e c o m b i n a c i ó n de colores se c o n v i r t i e r o n en
c o mp o s ic i on e s pi ct ór icas (1), c o m p l e t a n la e s p l e n d e n t e
e x o r n a c i ó n del a r t e ojival.
M o n u m e n t o s . — Los de c a r á c t e r religioso, a lz ár onse ,

g e n e r a l m e n t e , s o b r e p l a n t a de cru z, y s e g ú n s u s d i m e n ­
s ione s t u v i e r o n u n a , t r e s ó m á s n a v e s , s e p a r a d a s p or
a r r o g a n t e s p il a r e s c o m p u e s t o s d e c o l u m n a s . Como m o ­
delo i n t e r m e d i o e n t r e las g r a n d e s c a t e d r a l e s góticas y
los t e m p l o s c o n t e m p o r á n e o s de
ellas, de f o r m a s m á s r ed u ci d a s ,
p u b l i c a m o s el p l a n o de la Ca t e­
dr al de Le ón (comi enzos del si­
glo x m ) , q u e r e p r e s e n t a n u e s t r o
g r a b a d o n ú m . 234.
El e x t e r i o r de e s a s C a t e d r a ­
les es g e n e r a l m e n t e espléndido.,
c o m p l e t a n d o la r i q u e z a q u e les
i m p r i m e el uso de los a r b o l a n t e s
y bota re ]e s, de los p i n á c u l o s y
a g u j a s , de las p o r t a d a s c on a r r o ­
g a n t e s p i ñ o n e s , de las v e n t a n a s
L’ig. 2 S 1 —P la n o d e la Cate- . ,
drai (le Leún. Cün n c a s V l d n«>r &s, de las e s t a ­
t u a s y dosel etes, las g r a n d e s to­
r r e s c a m p a n a r i o s , c uy o s altos c h a pi t e l es (2) se c a l a r o n
y a f i l i g r a n a r o n a t r e v i d a m e n t e e n el ú l ti mo período del
a r t e ojival, e l e v án d o se h a s t a las m á s i n c r e í b l es a l t u r a s
(el de la Ca tedr al de C h a r t r e s —siglo xi i — m i de 1 1 2m e t ro s ,
y el de la de R o u e n — siglo x v — q u e es de fundi ci ón , 150
me tr os ). N u e s t r a c a t e d r a l de B ur g o s ( g r a b a d o n ú m . 235),

(J) 1'n el tr a t a d o a c e r c a d e la P i n t u r a , d e e sta o b r a , e x p l í c a s e d e t e n i ­


d a m e n t e lo q u e á la p in tu r a d e las v i d r i e r a s s ó l i t a s c o r r e s p o n d e .
(i) L l á m a s e c h a p ite l id c a m p a n a r i o p i r a m i d a l r e m a t a d o e n u n a Ilu d í a
m u y OLíiidn. f.os c h a p i t e l e s s on d e p ie d ra , ó m a d e r a , c u b i e r t o s de plan to .
C uando e stá n calados, llá m a n se c h a p ite le s de linterna.
— 388 —
t iene dos 110 Labilísimos c a m p a n a r i o s de la m e j o r época
del a r t e ojival.

Fl" 336.—C al odr al d e Pa rí s.

D u r a n t e los dos p r i m e r o s períodos, el c a r á c t e r de las


c o n s t r u c c i o n e s es m u y p a r e ci d o e n A l e m a n i a , F r a n c i a ,
— 389 —
E s p a ñ a é I n g l a t e r r a . A l e m a n i a , h a s t a el siglo x v i mp us o
las f o r ma s m á s p u r a s del estilo, poro á p r i n ci p i o s del si­
glo i nd ic ad o i m p e r ó e n a q u e l p a í s el c a r á c t e r 1‘rtnlásüco.

¿37,— Cl a i i ül r d di> In C(jlc^¡;il;i (U* Snnfn Ai m,

o p e r á n d o s e d e s p u é s la r e ac ci ón en fiivur de la se ve ri d a d
ar tíst ica.
Iín .Francia y e n ln p a r l e n o r t e ' d e Kspnña ei a r l e tjji-
l<’rg »3S.—I n t e r i o r (lo la c u l c d r a l J o S ie n a .

m e r o 23ii). y e n el c l a u st r o de la colegi at a de S a n i a An a.
e n B a r c el o na ( g r a ba d o n ú m . 237). G i l l m a n h a c e o b s e r ­
v a r q u e «el estilo de la f a c ha d a de P o n i e n t e de la c a l e -
— 391 —
tiraI de R e i m s, e m p e z a d a e n 1250, se lialla p r ó x i m a m e n ­
te al m i s m o ni vel q u e el de la c a t e dr a l de Colonia; s i e n -

Fig- '¿Sí*.—l í x U' r i o r d e la üa l nf l r nl ilu Sií>nu.

do de adverLir q u e el de co r ad o de los b o t ár el es con


p i n á c u l o s ó a gu j a s , y el de las v e n t a n a s con frontis, se
e m p l e a b a en A l e m a n i a e n 1248, m i e n t r a s q u e e n F r a n ­
— 392 —
cia no se a d o p t ó li as ta 1300 (L a a rq u iL , y a citarla), j u i ­
ciosa é i n t e r e s a n t e o b se r v a c i ó n , q u e d e b e de t e n e r s e
m u y e n c u e u l a al t r a t a r del or ig e n y d esar rol lo del a rt e
gótico ú ojival.
E n Ital ia, el estilo gótico lomó c a r á c t e r d i fe re nt e, p r o ­
d u c i é nd o se u n a r a m a n u e v a del a r l e e n la q u e se a d ­
v i e r t e n las i n f l u e n c i a s n o r m a n d a s , las b i z a n t i n a s y
a l e m a n a s . Ha y. s i n e m b a r g o , c o n s t r u c c i o n e s p u r a s en
R o m a y F l or e nc i a. La c a t e d r a l de S ie na es u n or iginal
mo de lo ele la t e n d e n c i a n u e v a de q u e a n t e s h e m o s h a ­
blado, como p u e d e o b s e r v a r s e e n los g r a b a d o s n . t,s 238 y
239; q u e r e p r e s e n t a n el i n t e r i o r y ext er ior .
R e s p e ct o del d es a rr ol lo de este a r t e e n E s p a ñ a se h a
escrito no poco, n e g á n d o s e s i e m p r e á n u e s t r o p a í s lo
q u e ot ros se a d j u d i c a n p o r s u p r o p i a v o l u n t a d . F r a n c i a ,
p r e t e n d e , como y a h e m o s dicho, q u e el a r t e ojival se
p r od u j o allí, casi p o r c r e ac i ó n e s p o n t á n e a , y d i s p u t a á
A l e m a n i a si f u e r o n f r a n ce s es ó a l e m a n e s los a r q u i t e c t o s
q u e edi fi car on la c a t e d r a l de B a r go s , n e g a n d o , de paso,
q u e se s e p a la l e c h a e n q u e se c o n s t r u y ó la de León, q u e
es sin d u d a a n t e r i o r á a q u e l l a e n s u s p r i m e r a s edifica­
ciones, y sin t e n e r e n c u e n t a el c a r á c t e r r o m á n i c o y las
i n f l u e n ci a s á r a b e s q u e p u e d e n e s t u d i a r s e en la c a t e­
dral de Toledo, ( g r a b a d o n ú m . 240). c o m e n z a d a e n 1221.
j u s t a m e n t e c u a n d o el a r t e ojival e s t a b a de se n v o l vi e nd o
sus f o r m a s p r i m i t i v a s . En Le ó n, B u r g o s y Tolerlo, se
c if r a r í a n n u e s t r a s in ve s ti ga c io n es , si c u p i e r a n e n u n a
o b r a de c a r á c t e r g e n e r a l c omo esla; si n e m b a r g o , c on s ­
ten e st a s i n di ca ci on e s l ige rí sima s, q u e e n otro libro, tal
vez, e x p l a n a r e m o s d e t e n i d a m e n t e (1).

(I) Son m u y a t e n d i b l e s . a u n q u e a l g u n a s n n s o n c o m p l e t a m e n t e d e r l a s , l ys
E l ‘üi'te c ristia n o cu E spa ñ a, y d e
n o t i c i a s y a | j r c i ' i ü < ; k > u o tlu Píi süva nl,
t u t r a d u d o r D. C l a u d i o H o u l e l o n ( o d i e , d e S e v i l l a ; 1877}. p á " 40 y s i g n i e n l e s -
l’a s a v a n t . * e ñ a l a la e s p l e n d a e n el a r l e e s p a ñ o l d e l ¡iilHijo a l e m á n o c c i d e n -
luí y n e e r l a n d é s , y l i o u t d o . i s i n n e i a i r l o . r e c u e r d a l os d e m e n t o s bizantino.-}
d o m i n a n te s e n ulc sliio ojival.
I ' í i l l i l i ' l i l i ’ I;¡ i'i ii [ [ í i n i c í i y 1¡! ] >rf i <■Ei i ‘f i i i <■ j i ! j r í ¡1 !-; i : j ¡ Í : ; i s en
— a w -
ios m u r o s á lo largo de las n a v e s se originó e n el siglo xv,
como r e c u e r d o , s e g ú n a l g u n o s arq ue ól og o s, d é l o s s e p ul ­
cros de los m á r t i r e s e n las C a t a c u m b a s .

D u r a n t e las ép o c a s del a rt o ojival los castillos d e j a n s u


a spect o tétrico y s o m b r í o de r e si d e n c i a de g u er r e r o s ,
— 39o —
p a r a t e n e r el c a r á c t e r de m o r a d a s eñor ial , e n d o n d e la
d a m a t e ní a especial r e p r e s e n t a ci ó n . El lujo i n v a d e la s
e s t a n c i a s de esos palaci os, s e g ú n p u e d e o b s e r v a r s e e n el
g r a b a d o n ú m e r o 241, q u e r e p r e s e n t a u n a e s t a n c i a de u n a
m o r a d a s e ñ or i a l del siglo xv, y e n el n ú m e r o 242, e n

l' ig í ü ü — V e n ta n a de l pa la cio dül ri'y l>. Muri.'n

q u e se copia u n a de las p r i m o r o s a s v e n t a n a s del p al ac io


del r ey D. Ma r tín, s i t u a do ¡unt o al f amoso m o n a s t e r i o de
Poblét. El e x t e r i o r de estos castillos y palacios ofrece la
n o v e d a d de los saledizos de d i fe r e n t e s f o r m a s y d i m e n ­
s i on es y la colocación de i m á g e n e s s a g r a d a s s ob r e l a s
p u e r t a s ó e n las e s q u i n a s .
T a m b i é n se c o n s t r u y e r o n Casas cons ist or ial es y L o n ­
j a s ó c a s a s de c o n t r a t a c i ó n , e n t r e las q u e m e r e c e n nom~
b r a r s e , la de Lo vaina, e n A l e m a n i a y la L o n j a de la seda
e n Va lenci a, g r a b a d o 11.D543.
(líijDclsa) WOtlOifiA HO '<nws f1! ^l1«fitOT I’T

L as s e p u l t u r a s c o m e n z a r o n t a m b i é n á r e v e s t i r g r a n -
— 397 —
f i es f o r m a s a r t í s t i c a s , y d e su descripción y carácter
t r a t a r e m o s e n la E s c u l t u r a .
E rig ié r o n s e e n estos dos ú l tim o s p e río d o s del a r te oji­
v a l a lg u n o s m o n u m e n t o s c o n m e m o ra tiv o s en h o n o r á
a lg ú n p e rs o n a je , ó e n re c u e r d o de a lg ú n h e c h o i m p o r ­
t a n t e y de i n t e r é s p a r a la p o b la c ió n .

E s im p o sib le de sc o n o c e r la t r a s c e n d e n c ia de la s a r t e s
ojivales e n la soc ie da d de la E d a d M edia. Con su m is ti­
cism o y s u id e a lid a d sim b ó lic a , r e p r e s e n t a n e n la a r ­
q u i t e c t u r a c r is ti a n a la s u b l i m i d a d de la religión y del
culto . Ú n e se el e s p ír itu a rtístic o de la época á la s fa­
m o s a s leyes de la C a b a lle r ía y en los p a la c io s de los
n o b le s r e s id e n la v e n e r a c ió n á Dios y el a m o r á la m u ­
j e r , el re s p e to al sabio, la c o n s id e r a c ió n al p o e ta y al
a r ti s ta . ..
E n la v id a m u n ic ip a l, e n la de los g re m io s , e n la del
c om ercio o rg a n iz a d o , las a r t e s o jiv ales a p a r e c e n u n i é n ­
dose á todos esos p ro g re so s y a d e la n to s y p r e s t a n d o su
c o n cu rso .
L a e x a g e r a c ió n de la e sb e lte z y ligereza de las fo rm as;
el a l a n in m o d e r a d o d e a g u j e r e a r los m u r o s d e já n d o lo s
c o n v e rtid o s e n l in te r n a s , t r a j e r o n la d e c a d e n c ia , el m e ­
n o sp re c io á lo q u e c o n t i n u a b a lla m á n d o s e bárbaro.
V e a m o s los e le m e n to s con q u e c o n tr ib u y ó el a r l e gó­
tico á la fo rm a c ió n del estilo m u d e ja r .
III.
El estilo m udejar.

A n ¡e m )c iite s h fo (< 3 ric o ¿ . —M o z á ra b e s, m u d e j a r e s y m o r i s c o s —D ife re n c ia s d e


s u s e s ti lo s a r tís tic o s y d e s u s c u l t u r a s re s p ec ti v a :; .—División ctel e s tu d i o
e n dos p e r í o d o s . — E s t i l o airnF.jin: C a r á c t e r de l e sti lo e n T oledo , S e v illa y
G r a n a d a . Iglesias, p a l a c i o s y <ínsas. El est ilo m u d e j a r g r a n a d i n o c o m o a r t e
o r g a n i z a d o . —I í s t i l o morisco: C a r á c t e r d e la c u l t u r a m o r i s c a . Las c a s a s
m o r i s c a s d e l A lb a y eln d e G r a n a d a , — R e s u m e n .

A n t e c e d e n t e s h i s t ó r i c o s . — C o n fú n d e se á veces la p a ­

l a b r a m udejar co n el a d je tiv o mozárabe, y a u n c on el


morisco, y c o n v ie n e e x p lic a r el significado de c a d a u n a
d e ellas, p a r a q u e se c o m p r e n d a c u á l es el o rig e n y el
c a r á c t e r del estilo de q u e v a m o s á d a r ligera idea.
Mudejares, del á r a b e mudcchchan (« tribuL arius» e n R.
M artín ), e r a n los m o ro s q u e v iv ía n com o v a sa llo s e n
u n a p o b la c ió n de c ris tia n o s ( E g u i l a z , Glosario y a ciL);
mozárabes, se d ecía de los c ris tia n o s q u e v iv ie ro n e n tr e
los m o ro s de E s p a ñ a (del á r a b e rnoslaraM « a lca ra v ia.» )
( E gl ' i l a z , <?los.) y del b a jo l a t í n m ixtiarabes ( D icc. de la
A c a d . 1726), y moriscos, díjose á los m o ro s « q u e al tie m p o
de la r e s t a u r a c i ó n de E s p a ñ a se q u e d a r o n e n ella b a u ­
tizados» (Dice, de ¡a A c a d . 1726); de m od o, q u e c a d a u n a
d e e s ta s p a l a b r a s se a p lic a b a á u n a c lase de so m e tid o s,
— 399 — #
q u e , e xc e pt o los m udejares y m oriscos, c u y a s it u a c ió n
p u d i e r a r e la c i o n a rs e , se d i f e r e n c i a b a n e n t r e sí.
Del a r t e mozárabe, p r o p i a m e n t e l l a ma d o, es decir, del
a r t e q u e los c ri st i a n os q u e v i v i e ro n m á s ó m e n o s m e z ­
cl a do s con los m o r o s y c o n s e r v a n d o s u religión y algo de
s u s u so s y c o s t u m b r e s , p u d i e r o n d e s a r r o l l a r e n E s p a ñ a ,
h a y e sc asa s n ot ic ia s, á p e s a r de q u e las m o d e r n a s i n ­
v es t i ga ci on e s c o n c e d e n g r a n d e i m p o r t a n c i a á la c u l t u r a
q u e los á r a b e s h a l l a r o n al p e n e t r a r e n la p e n í n s u l a ; c u l ­
t u r a q u e se s u p o n e ejerció s i e m p r e inf lujo e n los á r a b e s
y a fr i c a no s q u e p o r espaci o de m á s de si ete siglos i m p e ­
r a r o n e n n u e s t r a p a t r i a , y á la q u e , s e g ú n o r i e n t a l i s t a s
y críticos, d e b i e r o n los i n v a s o r e s d e E s p a ñ a s u s conoci­
m i e n t o s y s u p ro g r es o e n la l i t e r a t u r a , e n las a r t e s y en
las c ienci as. Sin e m b a r g o , el estilo m ozárabe— las m a n i ­
fe sta ci one s de u n a r t e c ri s ti an o influido por e l e m e n t o s
á r a b e s d u r a n t e la E d a d Me di a— no se hal l a a u n b i e n d e ­
finido, como h a dicho c on e x c e l e n t e j ui c io Mélida (don
J o sé R a m ó n ) e n s u s a n o t a c i o n e s al Vocabulario de arte
de J . Ad el i n e (Voz M ozárabe).
E x a g e r a n d o el p a tr i ót i c o e m p e ñ o .de d e m o s t r a r la e xi s­
t e n c i a de esa c u l t u r a i n d í g e n a y s u i n f l ue n ci a e n la his-
p a n o - á r a b e , 110 sólo a d m i t e n n n e s t r ó s o r ie n t a l i s t a s las
hip ót es i s de los e x t r a n j e r o s , q u e s u p o n e n q u e la m a y o r
p a r t e de los e sp añ o l e s r e n e g a r o n de s u religión, de sus
r eye s y de s u s c o s t u m b r e s y se a l l a n a r o n á vi vi r e n t r e
los i n v a so re s, a c e p t a n d o todos las c o n s e c u e n c i a s de la
i nv as ió n, sino q u e p r e t e n d e n q u e los m o n u m e n t o s de
Có rd ob a, Sevilla y G r a n a d a so n r e s u l t a d o de a q u e l l a
c u l t u r a , l a u d á n d o s e , p o r e je mpl o, e n q u e los e m b a j a d o ­
res dé D. J a i m e II de A ra g ó n di j e ro n á Cl e me n te V q u e
G ff t aa d a tení a 200.000 h a b i t a n t e s , de los c u a l e s e r a n
“jO.ODO r e n e g a d o s , 30.000 c aut ivos, m e n o s de 300 q u e
f u es e n m o r o s de n a t u r a l e z a y los d e m á s hijos ó ni et os
de c r i s t i a n o s (Nota 2.a á la pág. IX del Crios, de Eci r j l a z j ,
sin r e p a r a r , a d e m á s del visible e r r o r de esos n ú m e r o s ,
— 400 —
q u e n o s e x p o n e m o s á q u e t od a ví a h a y a q u i e n , c omo
a q u e l P a p a e n t i e m p o s ' d e Felipe II, l l a m e á los e s p a ñ o ­
les /tez in m u n d a de ju d ío s y de m oros.
J a m á s l i e mo s cr eído q u e el s a b e r , la c u l t u r a q u e las
E tim o lo g ía s de S a n Isidoro r e v e l a n , se e x t i n g u i e r a n s in
d e j a r r a s t r o s t ra s de sí, m a s 110 h a y q u e n e g a r l o todo á
u n p u e b l o , c u y a m a y o r p r u e b a d e i lu s t r a c i ó n e st á r e c o­
noc ida a u n p o r los q u e m u y poco le c o nc ed en ; n o s re fe ­
ri mo s á l a t o l e r an c ia q u e e j e r c i e r o n con c r i s t i a n o s y j u ­
díos, p e r m i t i é n d o l e s el us o de s u s i d i o m a s , de s u s reli­
gi ones, de s us t r a j e s y c o s t u m b r e s , y a p e l a m o s p a r a
p r o ba r l o al t e s t i m o n i o i n n e g a b l e de q u e e n Toledo se lia
c o n s e r v a d o s i e m p r e la m isa y rito mocüraVe, p u e s los
<amevos c o n q u i s t a d o r e s p e r m i t i e r o n el culto p ú b li c o á
los c r i s t i a n o s e n seis p a r r o q u i a s y o tr a s ermitas...x* ( S i x ­
t o R a m ó x P a r r o , Toledo en la m a n o , pág. 251, t om o I); á

la f r a n c a y n o b l e d e c l a r a c i ó n de n u e s t r o s áb i o S i m o n e t ,
q u e e n s u Glosario de voces H ética s y la tin a s (I nt ro d . ,
pág. 12) dice q u e e n n i n g u n o de los textos á r a b e s q u e
h a c o ns u l t a d o se h a l l a la m e n o r n ot icia del p r e t e n d i d o
d e c r e to de H i x e m X, p r o h i b i e n d o el us o d e la l e n g u a h a ­
b l a d a p o r los m o z á r a b e s y o b li g a n do á s us hi jos á q u e
a s i s t i e s e n á las e s c u e l a s p ú b l i c a s , q u e h a b í a lundaclo,
p a r a a p r e n d e r el á r a b e » (Cita de E g u i l a z e n s u Crios.,
pág. X) y á la c u ri o sa not ic ia q u e e n las e r u d i t a s o b r a s
del i l u s tr e a r a b i s t a D. F r a n c i s c o F e r n á n d e z y Gon zá le z
h a l l a m o s , r e f e r e n t e á la e s t a n c i a de c r i s t i a no s e n Córdo­
ba. Dice así el s á b io c a t e d r á t i co : «De los c r is t i a n o s q u e
a c u d í a n á Có r dob a p o r afición á las l e t r a s y c ie n ci a s ó
a t r a í d o s p o r otros g a l a r d o n e s , s e r ía prolijo el s e ñ a l a r la
m u c h e d u m b r e , e n q u e se d i s t i n g u í a n p r i n c i p a l m e n t e
e s cr it or es , g u e r r e r o s y m e r c a d e r e s , d a do q u e n i n g u n o
c o n s i g u i e r a e n t r e los s a r r a c e n o s c ré di t o t a n a v e n t a j a d o
c o mo el i ns i gn e G o t m u r o l l , obi spo de G e r o n a , e m i n e n t e
h i s t o r i a d o r a r á b i g o q u e h a b i e n d o d ed ic ad o s u Crónica de
los R eyes fr a n c o s al m e n c i o n a d o califa A l h ac a ni , a d q u í -
- 401 —
ria e n b r e v e t a n t a r e p u t a c i ó n y n o m b r a d l a q u e á l o s tres
a ñ o s de h a b e r l a esc:rilo e n Có rd o ba e r a v u l g a r e n el Cai­
ro, d o n de la d is f ru tó y e x t r a c t ó el p o l í g r a f oM a ss u di » (1).
De modo. q u e . r e s u m i e n d o esLa c ue s t ió n, no p u e d e se­
ñ a l a r s e tipo exacto de un estilo a r q u i t e c t ó n i c o q u e p u e ­
do s e r l l ama do p r o p i a m e n t e íuazáraM , p o r q u e los m o n u ­
m e n t o s de Toledo tie nen m á s de a r á b i c o s q u e de c r i s t i a ­
nos; S a n t a María la Blanca de a q u e l l a c i u d a d , a d e m á s
de c o m p r o b a r n u e s l r a s o p i n i o n e s , fué er igida como
s i na g og a y no p a r a iglesia c r i s t i a n a , y Son P e d ro de Ca ­
lata vud, s e g ú n los a n t e c e d e n t e s q u e Leñemos á la vista,
m á s b i e n t ra e á !a m e m o r i a los m o n u me n Lo s r o m á n i c o s
inf lui dos por el estilo n o r m a n d o , q u e la i de a de u n a
construcción característicamente híspano-árabe.
H e s p e d o del estilo m u (lija r, esLo es, del a r l e á r a b e i n ­
fluido p o r el ^ns to. n e ce s i d a d e s y t e n d e n c i a s de los e s ­
pañ ol e s. i to p u e d e s e ñ a l a r s e c ronológi ca y razona lla­
m e n Le s u d esar rol lo, p e ro u n a s er ie n u m e r o s í s i m a de
m o n u me n L o s de m á s ó m e n o s i m p o r t a n c i a d e m u e s t r a su
e x i s te n ci a i n di s cu t ib le .
Lo propio p u e d e d e ci rs e del niúrism . c o n s e c u e n c i a in­
m e d i a t a del litadejar, y q u e los alari fes y m a e s t r o s g r a ­
n a d i n o s q u e i n t e r v i n i e r o n en la r e da c ci ón de las i n t e r e ­
s a n t e s O rdenad:as de (h'o.'Mdu, d e n o m i n a n v ar í e nuevo»:-.
K s l u d ia r em o s . p u e s, e s t a s r es ul la 11 tes del a r t e á r a b e ,
a g r u p á n d o l a s en dos periodos:
IlStih) niUd<j(ü\
E stilo m or ¡acó.

bL-n-iir^o d n íTcoijciiíti i'i) ln A e a d e m in íKik-iu d e 1Kt>V). i 111


que. se d e s a r r o lla e¡ le m a ! HjliH-nrist de IttnfMí«s // l e t r a ■i Oriéntale--'
en la c u l tu r a de loa pueblo* da la P e n í n s u l a Ib é ric a , jkib. t i - Pcr-
náiuíe?. y líuri/ttlez a e.sle (i r o p '^ ilo k> cjbr.i d e .Ma.ssudi, J^radera* de
o r o (E die. d e la Soc. aai út . d e P a r í f ) . I. 11!, (iá^. 0Í>. y la l j a d u c c i ó n d e e sle
lihro e n el lio!, d e !a A c a d . de l a / / ¿ s í . . I.'1 s e r i e . — líl i h is tr e n c a i l é m i f u ha
d e d i r o d o m u c h a s tie a u j n o ta b ilís im o s oti ras á la d e f e n s a do la c u l t u r a hís-
p a n t v ; u n b e Vi-ase su eifniiu D iscurso. h e r m o s a ree npil a eli jn ile filis l e o n a s
y iie s u s v a s tí s im o s f:nti<e;ii!Ú! ritos e n tan i n t e r e s a n t e ni yle ri a .
2G
— 4 0 Ü. —
E s t i l o m u d e j a r . — S e y ún la p oblaci ón e s p a ñ o l a don-
do lo e s t u d i a m o s , v a r i a r á n s us c a r a c t e r e s de Furnia,
a u n q u e e x a m i n a d o s los m o n u m e n t o s c o n v e n g a n lodos
en la c u a l i d a d esencial; e n q u e r e p r e s e n t a n 'da i n f e r e n ­
cia de e l e m e n t o s de estilos c r is t ia nos e n el a r l e á r a b e . »
—E l i j a m o s como e je mp lo s Toledo. Sevilla y G r a n u d a , y
p o d r e m o s o b s e r v a r q u e e n Toledo, el c a r á c t e r de la
u n i ó n es n u l o y lasco, portille los e l e m e n t o s c r i s t i a n o s
son r o má n ic o s , b i z a n t i n o s ú ojivales de los p r i m e r o s p e ­
ríodos. y los á r a b e s , los de Córdoba; e n Sevilla, el en l ac e
ile los estilos c a m i n a á s u p e r f e c c i o n a m i e n t o , r e v i s t i e n ­
do g r a n d i o s a s for mas , y a en las iglesias, q u e s o n m u y
i n t e r e s a n les. y a en otros edificios, c omo l a ’ casa <l<? P íla ­
las. ar tí st ico mo de lo de c im i m u d eja r, y e n G r a n a d a h a ­
l l ar emo s el esliío c o m p l e t a m e n t e f or mado, p u d i é n d o s e
s e ñ a l a r los e l e m e n t o s ojivales y á r a b e s , si b i en en las
iglesias p r e d o m i n a n los p r i m e r o s , y los s e g u n d o s en las
ciisns, c o n s e r v á n d o s e c omo en Sevilla u n a m o r a d a s e ñ o ­
rial típica, la casa de los T ir o s . e n q u e , al c o n t r a r i o q u e
en la de Pílalos, l a i u l l u e n c i a d o m i n a n t e es la m u s l í m i c a .
De los m o n u m e n t o s m u d e j a r e s de Toledo, por e j e m ­
plo, e n el á b s i d e de S a n t a Fe, i m p e r a c i e r ta r e m e m b r a n ­
za r o m á n i c a i mp os i bl e de de sc on oc er . Los canecillos q u e
s o s t i e n e n el tejado. las a r q u e r í a s , los m a c h o n e s ó p i la ­
re s q u e div id en las o ch a va s , a u n los a r c o s a p u n t a d o s de
h e r r a d u r a de las v e n t a n a s , l-raen á la m e m o r i a la f or ma
tosca y p r i m i t i v a del a r l e r o má n ic o , las r u d e z a s de la
m e z q u i t a de Cór doba (1).
l ín Sevilla, el estilo m u d e j a r est á m e j o r c a ra c t er i z a d o
q u e e n la i m p e r i a l Toledo. Dice el i l u s t r a d o c a t e d r á t i c o
s e ñ o r Bolelou, IraducLor y c o m e n t a d o r del l ibro de P a s -
s a v a n t l i l arle cristiano en lisp a ñ a . e n u n a a n o t a c i ó n á

(!) -SuyúiL A m u d o r d u ln.* Ríos. nt> si1 suIjc la (‘pacii o 11 c|iic fije e n iiu lu osle
m o n i u n c n l o . r n y a [>l<iti1a i’ü itctúgunu: íodn iM u s í í c la d rillo (piiir». '&\7 y illü
di* mi Toleilo /Jf'íif,)—O. S i \ l o ll am iln P a r r u di cu q u e "'.'si;» uulfóuü [¡«lírica e s
J;i rfno Si |)rmd]>U’ filó (’rm i la do SitiiU» !■>...>■ (,OL>ru cil. T, II. 3S2,.
— 403 —
la pciyinu 61 y s ig ui e nt e s : «El estilo m u d e j a r , del q u e se
e n c u e n t r a n e j e m p l a r e s e n v a ri os p u n t o s de E s p a ñ a , se
d e s a r r ol la e n f r a u d e escala e n Sevilla, y por ello se vé
q u e la a r q u i t e c t u r a á r a b e i nll uyó d i r e c t a m e n t e en la
c r i s t i a n a . A m i t a d del siglo xni se e rige n la m a y o r p a r t e
de las Iglesias p a r r o q u i a l e s de la c i u d a d y p ob l a ci on e s
i n m e d i a t a s , y c u a n d o pa re cí a q u e d e b i e r a n c o r r e s p o n d e r
al estilo g ó t i c o - g e r m á n i c o e n s u m a y o r p u r e z a , p u e s e n ­
t onces e r a p r e d o m i n a n t e e n n u e s t r a época, o b s e r v a m o s
a q u í c omo e l e m e n t o s c ons ti tut ivos , la ojiva, la p l a n t a de
t res n a v e s , t e r m i n a n d o la del c e n tr o por un á b s i d e poli­
gonal, per o a d e m á s se e n c u e n t r a n d a lo s b i z a n t i n o s y
r o m á n i c o s , y a en los c apit el es , ya e n la dec or ac ió n de
las p o r t a d a s v a l m i s m o tiempo e n t r a el a r t e mor is co en
tas t e c h u m b r e s de m a d e r a , e n las g e o m é t r i c a s l acer ías ,
e n el e mp le o de los azulejos, en arcos, v e n t a n a s y a ji ­
m e c es . e n las torres, e n las a l m e n a s , en la f or ma de las
c ú p u l a s de a l g u n a s c apil l as y en o tr a s m u c h a s cosas:
......H a y a l g u n a s (iglesias), q u e en s u m a y o r p a r t e co­
r r e s p o n d e n al siglo xiv, en las q u e , á la vez q u e se c o n ­
s e r v a n e l e m e n t o s á r a b e s , va g a n a n d o t e r r en o el estilo
ojival, p u e s e n l u g a r de l i m i t a r s e á las b óv ed as del á b ­
side la c o n s t r u c c i ó n d? p i e d r a en este gu st o a r q u i t e c t ó ­
nico, a h o r a se e x ti e n d e á loda la iglesia d e s a p a r e c i e n d o
las t e c h u m b r e s de m a d e r a . . . »
Lo pr opio s uc e de e n G r a n a d a r es pe ct o de las iglesias,
q u e son m u y p a r e c i d a s á las de Sevilla.
El a l c á z a r de Sevilla, (véase el g r a b a d o n ú m e r o 244). y
olro.s edificios rnás ó m e n o s c o n t e m p o r á n e o s t rabaj ar l os
p o r m u d e j a r e s , son el o r ig en de la c a s a m u d e j a r : p ue s
como o p in a a c e r t a d a m e n t e A m a d o r de los lííos. «los c o n ­
q u i s t a d o r e s de la p i n t o r es c a A n d a l uc í a , q u e e n todas
p a r t e s h a b í a n e n c o n t r a d o s u n t u o s o s pa bic ms y d el ei to­
s a s q u i n t a s , q u e e n todas p a r l e s h a b í a n visto ei sello de
la fa nta sí a de los s a r r a c e n o s , cuya vid;) mu el le y volup­
t u os a . c u y a s c o s t u m b r e s r e f i n a da s c o n v i d a b a n á los
— iui —
t’t; ■“s ti.TH’iialrs. U'i i lUiliíM’nn m e n o s ile n<>|ar la enor mi
11¡>i;1111•¡;l q u i ‘ m e d i a b a i’iiliv estos y s u s h á b i b ' S ¡inslc-
m s , i n H i n a m l o s e 11h t u i ‘a 111k m i 1 1* á i mi l a i ' I n s . «mi c i i o n l i

¿ V'í-.— A i ■: z ii r r 1*• Si - vi l l i i .

l o o í r - m l i e r o n á lo. s a n i a religión q u e ¡mil i i ol i f i su ■•<ji■;.t—


;<»n cu !,is rombales...'-- T o/zy/op¡nf,, f.
S i n %iri bori rn. <■] ¡t 1- ;íx ;; i‘ ?nsli*iii<l-» ]inr |». >N■ ; s • ■. e s
— 403 —

u n a especie de i m i la ci ón de la A l h a m b r a y no da idea,
como la Casa de P íla lo s, de los edificios m u d e j a r e s ,
c o n s t r u i d o s e n la p r i m e r a m i t a d del siglo xvi. época e n
q u e se desar roll ó e n todo su e s p l e n d o r , e s p e c i a l m e n t e
e n Sevilla y Granada,, el estilo m u d e j a r , p rot egido por
O r d e n a n z a s m u n i c i p a l e s s a n c i o n a d a s p o r los Reyes .
Iin la casa de Pílalos (1). el patio, las salas, el oratorio,
todas las e s t a n ci a s, e n fin. ofrecen c o n t i n u a d o ej emp lo
de la u n i ó n del a r t e á r a b e con el ojival. Y,n la escolen),
los l echos son de t r a c e r í a á r a b e y las p a r e d e s e s t á n r e­
ve st id a s p o r c ompl et o de ma gn íf i co s a zul ejos de los lla­
m a d o s del R e n a c i m i e n t o , p o r q u e s u s l a bo re s son de c a ­
r á c t e r italiano.
La c asa de Pílalos, q u e como a c e r t a d a m e n t e opi na
Madrazo e n s u libro Se filia y C á d k, «es u n a a u g u s t a
per s oni fi caci ón a r q u i t e c t ó n i c a del genio esp a ño l , clásico
pe ro casto, novelesco pero púdi co. .. » (pág. (>(>">); no p u e ­
de, s i n e m b a r g o , c it ar se como model o de la fusión de
e l e m e n t o s ojivales y á r a b e s , p o r q u e 110 h a l l a r e m o s en
ella r asgos q u e r ev e le n la fusión, como p o d e mo s e n c o n ­
trarl os e n las c as as m u d e j a r e s del Al ba yc ín , de - G r a n a ­
da . c u y a s p r i m o r o s a s t e c h u m b r e s de m a d e r a , espe ci al ­
mente,. s on s i n g u l a r y ori gi na lí si ma e xpr es ión artística
de q u e los art ífi ces g r a n a d i n o s f u er on los i n v e n t o r e s del
arte miera de q u e t r a t a n las Ordenan:ax de edificios, de
casas y A lb a ü ite s y labores, la de ('arpinleros y la de A 1-
■Madra reros (ó f a b r i c a n t e s de tejas y ladrillos) y ot r as
a l i ñe s (á); e n las iglesias edif icadas des de 1Ó01 e n a d e -

(I) lisia c a s a perlcLiecm á los d i n i n e s d e A kí il á. lioy di- M i'l in a e e l i y se-


^ ú u la lá p id a c o n m e m o r a t i v a do la p iu la d a . la m a n d a r o n lia c i- r e í A d e la n t a d o
i i i i j o i do A mía] ui:¡n I). I' ed ro K n tk |t ie z y !>." C at alina (k- Nevero, su m u je r .
Don P e d r o asis tió á la lo m a d e f ¡ r a n a d a y m u r i ó c u fet)ii--.ó di* IWÍ.
(í) O r d e n a n z a s <