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“La hispanidad, sus elementos constitutivos y su legado”

García Morente

Cuatro aspectos de la Historia

Por cuatro veces en la historia universal ha sido España el centro y eje de los acontecimientos
mundiales.

La primera vez fue cuando Roma, la gran civilizadora de pueblos, trascendió los límites de la
península itálica y puso las plantas en la Ibérica. Entonces los españoles, recibiendo de Roma un
cañamazo de cultura y de vida civilizada, devolvieron a Roma, en energías creadoras y en típicas
cualidades espirituales, crecidos réditos como pago de los beneficios obtenidos. Los españoles
imprimieron su sello peculiar en la orientación histórica y cultural de la vida romana, que se fue
hispanizando, por decirlo así, al tiempo que España se latinizaba.

El segundo momento en que España ocupa el centro del escenario en la historia universal fue
cuando el mundo árabe invade por Occidente Europa, inunda España y amenaza con volcarse
como catarata sobre el resto del continente europeo y aniquilar la cristiandad. Un puñado de
españoles, oponen a la ola musulmana una resistencia verdaderamente milagrosa.

Esa lucha de ocho siglos contra el peligro musulmán desenvuelve el alma hispánica un modo de ser
peculiar, una acentuación de las virtudes guerreras en la persona individual.

Con esto mencionado llegamos al tercer gran momento de la historia española: los siglos XVI y
XVII. El diseño psicológico del alma española acaba de redondear su traza inmortal. Ahora la
hispanidad, terminada su labor interna, se expande hacia afuera, sale de sus fronteras. España
enseña al mundo en este período, las tres ideas básicas en que se funda la vida política moderna.
En primer lugar , la idea de Estado Nacional. En segundo lugar, España bajo los Reyes Católicos
constituye, por vez primera en la historia moderna, el modelo de un ejército nacional, órgano
indispensable del nuevo Estado. En tercer lugar los españoles, la nación española, enseñan al
mundo de entonces los principios teóricos y la realización práctica de la moderna política
<<imperialista>>. Y en estas tres esenciales enseñanzas: concepto del Estado Nacional monárquico,
idea del ejército nacional, expansión imperialista de la política exterior.

Por último, la cuarta ocasión en que España ocupa el centro y constituye el eje de la historia
universal es la coyuntura actual, la que estamos viviendo en nuestros días. Las necesidades
políticas de un Estado extranjero y las obligaciones ideológicas de una teoría social exótica
determinaron que desde 1931 España fuese invadida, sin previa declaración de guerra, por un
ejército invisible pero bien organizado, bien mandado y abundantemente provisto de las más
crueles armas. La internacional comunista de Moscú resolvió ocupar España. De esta manera el
comunismo internacional pensaba conseguir dos fines esenciales: instaurar su doctrina en un viejo
pueblo culto de Occidente y atenazar la Europa central entre Rusia por un lado y España soviética
por el otro.
España ha asumido el papel de víctima ejemplar en el laboratorio de la historia y ha dado en su
propia carne y con su propia sangre una inolvidable lección al mundo, una lección que ojalá, en
efecto, no sea olvidada jamás.

España, sujeto activo de la historia

Considerando estos cuatro momentos de la historia, encontramos un rasgo que los emparenta, y
es que España ha actuado siempre de la misma manera: aceptando estoicamente su destino, su
destino heroico. Al mismo tiempo ha sido fiel a su propia esencia, a sur espiritual., pues el ser fiel a
su destino no le impidió que lo fuese consigo misma y a su más íntima esencia.

La historia de España, engendra la hispanidad, a su vez que ésta engendra la historia de España,
por lo que el tiempo ha ido creando una esencia espiritual en ella.

Idea de la nacionalidad. Naturalismo

Existen dos grandes teorías:

- Naturalista: considera que la esencia de la nación, consiste en la cosa natural, por ejemplo:
la sangre, la raza, etc. Son elementos importantes, pero no esenciales.
Ni la sangra, raza, territorio, idioma bastan para dilucidar el ser de una nación. Porque la
nación española es algo superior a todo eso.
Es un error considerar a la nación como una cosa, natural. La nación está por encima de las
realidades naturales, porque es una creación humana, es decir antinatural.
La libertad del hombre lo hace capaz de luchar contra la naturaleza y vencerla, la libertad
humana convierte al hombre en autor de su vida y responsable de ella. Por eso el animal
no es libre, porque hace a cada momento lo que su naturaleza le obliga.
La historia es la continua producción por el hombre de formas y modos de ser nuevos,
imprevistos, que no pueden derivarse de elementos naturales.
La NACIÓN, nacionalidad, es también una estructura humana, no natural, hija legítima de
la libertad del hombre.
- Espiritualista: Renan, filósofo francés, dirá que la nación es el acto espiritual colectivo de
adhesión que en cada momento identifican todos los partícipes de una determinada
nacionalidad. El acto espiritual sería diariamente prestar al pasado integral, es decir tanto
a las glorias como a los remordimientos.
A esta teoría se opone la de Ortega y Gasset. Éste comparte con Renan la convicción de
que los elementos naturales es esencia, también cree que el acto espiritual constituye la
esencia de la nación; pero la diferencia entre ambos autores, es que para Renan la
adhesión plebiscitaria recae sobre el pasado histórico colectivo, mientras que para Ortega
y Gasset recae sobre el porvenir histórico que va a realizarse.

La nación como estilo


En realidad la nación no es el acto de adherir sino aquello a que adherimos. Ser español es
actuar a la española, de modo homogéneo como actuaron nuestros antepasados. Esa
homogeneidad entre lo que fue, lo que es y lo que será, esa comunidad formal, eso es el
ESTILO. Una nación es un estilo; un estilo de vida colectiva.

España como estilo


Nación es la unidad fundamental de estilo. Es el estilo común a todo lo que el pueblo hace,
piensa y quiere y puede hacer, pensar y querer; España como toda nación, es un estilo de
vida.

¿Qué es el Estilo?
Imprimimos a todo lo que hacemos, nuestros actos y a las cosas que nuestros actos
producen. Hacemos un acto para lograr un fin, para lograr el Último Fin, al que quiere
llegar el hombre a través del perfeccionarse. La huella que de su ser ideal imprime en todo
lo que hace y produce el hombre, es una huella indeleble, es el estilo.
La unidad colectiva de un mismo estilo, la unidad de una nacionalidad propia, esos
hombres forman una nación.

Nacionalismo y tradicionalismo
La responsabilidad que a los gobernantes de una nación incumbe es inmensa. Son los
encargados de administrar la vida común de esa nación. Para cumplir bien su cometido,
han de permanecer siempre fieles al estilo nacional, a la patria. Si el estilo nacional es lo
fundamental para la persistencia de una nación, lo peor que puede cometer el gobernante
es la ruptura con la tradición del estilo nacional.
La tradición es la transmisión del estilo nacional de una generación a otra. El
tradicionalismo, no significa estancamiento, sino que consiste en que todo el progreso
nacional haya de llevar siempre el estilo que define la esencia de la nacionalidad.

¿Qué es el estilo hispánico?


La esencia de la hispanidad es la figura del caballero cristiano.

Maeztu

La unidad no está ni en la raza, ni en la cultura, idioma, etc., es decir que la hispanidad no es


ninguna de estas características. Esa unidad de la hispanidad se conserva o engendra a través del
espíritu

El imperio estaba unido por dos cosas: la religión católica, y el régimen de la monarquía católica.

En el siglo XVIII se suceden hechos lamentables:

- Las ideas de la ilustración: hablando peyorativamente, de la traición. Así la Evangelización


comienza a perder justificativo, pues ya no tiene un sustento sólido de la fe.
- En 1777 la expulsión de los jesuitas
- La crisis de la hispanidad se inició en España, llegando a América con Carlos III.de una
monarquía católica, se pasa a una monarquía territorial. El fin no será ya Evangelizar, pues
cambiada la cosmovisión, el énfasis se hará en la administración de las tierras, pues
seremos solo eso, tierras. Se rompe con la monarquía católica que inspiraba lealtad y
obediencia, sin embargo no se rompió de un día para otro.

Después del siglo XVIII, llegamos a la “guerra civil” en América. Entre 1810-1814 España no envió
fuerzas, pues todavía no se hablaba de autonomía ni de independencias. En esas guerras no hay
españoles, si hispanoamericanos. Es decir que no se hablaba de los “malos” realistas, contra los
“buenos” españoles.

En la España del siglo XIX, nos encontramos una hispanidad dispersa entre dos ideas: la Rusia
Soviética, promesa de la revolución, y los EE.UU. fascinación de riquezas. Ambos países son
antagónicos.

Recuperar la comunidad hispánica que se asentaba en las bases de la fe, de lo espiritual, hubiera
sido lo preferente. No el hecho de estar mirando a países extranjeros.