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Cuidados paliativos

De acuerdo a la Asociación internacional de Hospice y cuidados paliativos IAHPC


(2018) a partir de una investigación que busca el consenso a nivel mundial sobre la
definición de los cuidados paliativos concluye que son la asistencia activa, holística,
de personas de todas las edades con sufrimiento severo relacionado con la salud
debido a una enfermedad grave, y especialmente de quienes están cerca del final
de la vida. Su objetivo es mejorar la calidad de vida de los pacientes, sus familias y
sus cuidadores.

En este sentido la misma asociación afirma que los cuidados paliativos se


caracterizan por:
- Incluir la prevención, identificación precoz, evaluación integral y control de
problemas físicos, dolor y otros síntomas angustiantes, sufrimiento
psicológico, espiritual y necesidades sociales.
- Brindar apoyo a los pacientes para ayudarles a vivir lo mejor posible hasta la
muerte, facilitando la comunicación efectiva, apoyando que ellos y a sus
familias determinen los objetivos de la asistencia.
- Ser cuidados aplicables durante el transcurso de la enfermedad, de acuerdo
con las necesidades de la persona.
- Proporcionar cuidado conjuntamente con tratamientos que modifican la
enfermedad, siempre que sea necesario.
- Ser cuidados que pueden influir positivamente en el curso de la enfermedad.
- Ser cuidados que no pretenden acelerar ni posponer la muerte, afirman la

vida y reconocen la muerte como un proceso natural. 


- Brindar apoyo a la familia y a los cuidadores durante tanto la enfermedad y


el proceso de duelo.
- Se proveen reconociendo y respetando los valores y creencias culturales de
la persona y la familia.
- Ser aplicables en todos los ambientes de atención médica (sitio de residencia
e instituciones) y en todos los niveles (primario a terciario).
- Pueden ser provistos por profesionales con formación básica en cuidados

paliativos. 


En este sentido concuerda Aranguren (2012) y menciona que las líneas maestras
que guían la labor en cuidados paliativos son: 1) la atención individualizada e
integral, 2) apoyo psicológico teniendo en cuenta que la muerte no es un
acontecimiento mas sino único radical e irreversible,3) el enfermo y su familia son
la unidad a tratar,4) respeto y protección de la dignidad y del principio de autonomía
del paciente en situación de enfermedad avanzada, 5) una actitud terapéutica activa
y positiva donde la muerte no es considerada un fracaso sino un proceso inherente
a la condición humana,6) manejo y control de síntomas, da importancia al ambiente
y contexto asistencial en un clima de respeto tranquilidad y apoyo mutuo,7)
importancia de los procesos asistenciales dentro del binomio curar cuidar, 8) equipo
multi profesional e interdisciplinario que se justifica en la multi dimencionalidad de
las personas atendidas, 9) la presencia del voluntariado como presencia de la
comunidad

Equipo Multiprofesional e interdisciplinario


De acuerdo a Barbero (2007) es el pilar fundamental de los cuidados paliativos. La
composición multiprofesional del equipo se justifica en la valoración delas diversas
dimensiones del ser humano al que se atiende. Por otra parte la interdisciplinariedad
se encuentra en la identidad colectiva del equipo, resultante de la comunicación
entre los miembros del equipo que responde a la mirada integral del cuidado. De
esta manera se procura brindar un nivel de atención superior al que resultaría de la
suma de las contribuciones individuales de cada profesional.

La composición del equipo puede variar, según Tripodoro (2011) el equipo base
está integrado por medico y enfermera, a los que se unen el trabajador social y el
psicólogo y posteriormente de ser posible el guía espiritual, kinesiólogo,
farmacéutico, terapista ocupacional y voluntario no profesional. A pesar de que cada
miembro tiene una formación especifica todos comparten una formación en
cuidados paliativos.
Rol del psicólogo

Dentro del rol del psicólogo en cuidados paliativos de acuerdo a Manrique de Lara,
Fisman y Del Rincón (2003) se encuentra el prestar apoyo psicológico especifico al
personal, proporcionando estrategias de afrontamiento de estrés laboral y técnicas
de cohesión grupal que favorezcan una comunicación adecuada. Por otra parte
debe trabajar para que el equipo sea consciente de sus propias necesidades, cómo
estas afectan a su trabajo y cómo manejarlas para prevenir el surgimiento del
burnout.
Así pues, desde esta actitud, acompañaremos en las diferentes fases del duelo de
los pacientes y con los familiares. De forma resumida podemos exponer las cinco
etapas del duelo tras la muerte de alguien querido, que son descritas por Elisabeth
Kübler-Ross de la siguiente manera.

 Etapa de la negación
El hecho de negar la realidad de que alguien ya no está con nosotros porque ha
muerto, permite amortiguar el golpe y aplazar parte del dolor que nos produce esa
noticia. Aunque parezca una opción poco realista, tiene su utilidad para nuestro
organismo, ya que ayuda a que el cambio de estado de ánimo no sea tan brusco
que nos dañe.
La negación no puede ser sostenida de manera indefinida, porque choca con la
realidad que aún no se ha llegado a aceptar del todo, así que terminamos
abandonando esta etapa.

 Etapa de la ira
La rabia y el resentimiento que aparecen en esta etapa, son fruto de la frustración
que produce saber que se ha producido la muerte o ya esta en camino, y que no se
puede hacer nada para arreglar o revertir la situación.
Así, es por eso que aparece una fuerte sensación de enfado que se proyecta en
todas las direcciones, al no poder encontrarse ni una solución ni alguien a quien se
le pueda responsabilizar completamente por la muerte.
En la negociación, que puede producirse antes de que se produzca la muerte o
después de ésta, fantaseamos con la idea de revertir el proceso y buscamos
estrategias para hacer que eso sea posible. Por ejemplo, es frecuente intentar
negociar con entidades divinas o sobrenaturales para hacer que la muerte no se
produzca a cambio de cambiar el estilo de vida y “reformarse”.
Del mismo modo, el dolor es aliviado imaginando que hemos retrocedido en el
tiempo y que no hay ninguna vida en peligro. Pero esta etapa es breve porque
tampoco encaja con la realidad y, además, resulta agotador estar pensando todo el
rato en soluciones.

 Etapa de la depresión
En la etapa de la depresión (que no es en sí el tipo de depresión que se considera
trastorno mental, sino un conjunto de síntomas similares), dejamos de fantasear con
realidades paralelas y volvemos al presente con una profunda sensación de vacío
porque el ser querido ya no está ahí.
Aquí aparece una fuerte tristeza que no se puede mitigar mediante excusas ni
mediante la imaginación, y que nos lleva a entrar en una crisis existencial al
considerar la irreversibilidad de la muerte y la falta de incentivos para seguir viviendo
en una realidad en la que el ser querido no está. Es decir, que no solo hay que
aprender a aceptar que la otra persona se ha ido, sino que además hay que empezar
a vivir en una realidad que está definida por esa ausencia.
En esta etapa es normal que nos aislemos más y que nos notemos más cansados,
incapaces de concebir la idea de que vayamos a salir de ese estado de tristeza y
melancolía.

 Etapa de aceptación
Es en el momento en el que se acepta la muerte del ser querido o la enfermedad en
si, cuando se aprende a seguir viviendo en un mundo en el que ya no estará, y se
acepta que ese sentimiento de superación está bien. En parte, esta fase se da
porque la huella que el dolor emocional del duelo se va extinguiendo con el tiempo,
pero también es necesario reorganizar activamente las propias ideas que
conforman nuestro esquema mental.

No es una etapa feliz en contraposición al resto de etapas del duelo, sino que al
principio se caracteriza más bien por la falta de sentimientos intensos y por el
cansancio. Poco a poco va volviendo la capacidad de experimentar alegría y placer,
y a partir de esa situación las cosas suelen volver a la normalidad. Aceptando la
perdida del ser querido

Bibliografía
IAHPC. (2018). Hospice care. Recuperado el 4 de Marzo de 2019, de
https://hospicecare.com/home/
Aranguren, L. (2012). Voluntarios en cuidado paliativvos. Formación básica. Barcelona:
Obra Social "la Caixa".
Barbero, J. (2007). Cuidados Paliativos. En F. Elizari, 10 palabras clave ante el final de la
vida (págs. 67-114). Navarra: Verbo Divino.
Manrique de Lara, B., Fisman, N., & Del Rincón, C. (2003). Las necesidades psicológicas y el
rol del psicólogo al final de la vida. Avance en cuidados Paliativos , 191-204.
Tripodoro, V. (2011). Te voy a acompañar hasta el final. Buenos Aires: Capital Intelectual.