Вы находитесь на странице: 1из 324
a Molina Violeta Molina Violeta Molina

a Molina

Violeta Molina

Violeta Molina

a Molina Violeta Molina Violeta Molina
a Molina Violeta Molina Violeta Molina
a Molina Violeta Molina Violeta Molina
a Molina Violeta Molina Violeta Molina
a Molina Violeta Molina Violeta Molina

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus Mi tránsito por el Hades

© Violeta Molina

Nº de Registro Autoral 045388

ISBN-13: 978-9942-20-927-6

FOTOS. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre

Prohibida la reproducción, adaptación o transmisión total o parcial de la obra; por cualquier clase de medio electrónico o mecánico, sin el permiso escrito del autor.

Primera edición

500 ejemplares

Quito, abril 2015

Pedidos Violeta Molina

Teléfono: 593-2-255 9513 / 593-97296216

mvmm2004@hotmail.com

Diagramación:

Richard Pool Hernández

Impresión:

Hermo Grafic

Av. Clemente Yerovi Oe1-07 y República Dominicana

Telf.: 603 4667

Hecho e impreso en el Ecuador

PRÓLOGO

Considerando que Nerón es un personaje infrecuente y en muchos aspectos controvertido a través del tiempo, su vida ha suscitado interpretaciones diversas en cuanto a su personalidad, proyección e historia.

Mi interés

los

he acudido

exactamente a los testimonios de los hechos acaecidos, evitando interpretaciones al margen de la realidad, con el objeto de que los relatos puedan llegar al lector, en lo

historiadores

ha

sido

de

su

rescatar

período,

lo

manifestado por

por ello

posible, de forma fidedigna de los sucesos de su época.

Violeta Molina

Discurso en Corinto

“Vosotros todos, helenos, que habitáis en Acaya, o en la tierra llamada hasta ahora del Peloponeso, recibid, con la exención de los tributos, la libertad que en los días más afortunados de vuestra historia no habéis poseído jamás todos juntos, vosotros que fuisteis esclavos, de los unos o de los otros. ¡Ay! ¡Si yo hubiera podido, en los tiempos prósperos de la Hélade, dar este curso a mis bondades para poder ver gozar de ellas a un número mayor de hombres! Estoy molesto con ese Tiempo que, al adelantárseme, menguó la grandeza de semejante buena acción. Pero doy gracias a Dios, cuya protección siento siempre, tanto en tierra como en el mar, por haberme dado a pesar de todo la ocasión de realizarla. Ha habido ciudades que han recibido de otros príncipes su libertad. Nerón se la concede a toda una provincia”

Nerón

ÍNDICE

CAPÍTULO I Mi tránsito por el Hades

11

Nacimiento

17

Niñez

28

Adopción

54

Mayoría de edad

62

Pablo de Tarso es acusado ante el Procónsul de Acaya

67

Matrimonio con Claudia Octavia

70

CAPÍTULO II Reinado

74

Inicio de la guerra con Armenia

91

Muerte de Británico

93

La conjura de Agripina

97

CAPÍTULO III Inicio de la relación con Popea Sabina

124

Muerte de Agripina

139

Pablo de Tarso es enviado preso a Roma

167

Inicio de la guerra con Britania

173

Matrimonio con Popea Sabina

199

CAPÍTULO IV El gran incendio de Roma

230

La conjura de Pisón

246

Muerte de Popea Sabina

266

Coronación de Tirídates I

276

CAPÍTULO V Matrimonio con Estatilia Mesalina y viaje a Grecia

288

Tránsito por el Leteo, el río del Olvido…

300

La leyenda de ‘Nerón vivo’

317

BIBLIOGRAFÍA

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

CAPÍTULO I

‘ MI TRÁNSITO POR EL HADES’

Mi tránsito por el Hades

- Ven barquero Caronte, naveguemos por la laguna Estigia, ‘la Odiosa’, hasta la ribera del Aqueronte… ven, ya puedo partir después del funeral acorde con los ritos romanos. No quiero vagar por la orilla del ‘río del Dolor’… ven… toma tu moneda.

- ¡Si tienes el óbolo dámelo! —contestó Caronte— y extendió su mano.

- Toma —dije— me esperan en el Hades, debo partir

- ¡Embárcate Nerón!, que te espera un largo viaje donde podrás recordar en los límites del tiempo, tu vida y por última vez experimentar los sentimientos de los mortales como: el dolor, el amor, el odio… y cuando termine tu tránsito por el Leteo, el ‘río del Olvido’, todo habrá quedado olvidado…

- Ceres, diosa querida, dulcifica mi paso por los oscuros caminos del reino de Hades. Recuerda los festejos que como Sumo Pontífice realicé en tu honor, fueron las más fastuosas procesiones donde ordené iluminar Roma con miles de antorchas, ahora irradia con tu flama divina mi último viaje. Dame un manojo de tus dormideras para apaciguar el temor que siento por lo desconocido y llama a tu hija Proserpina, para que sea mi guía hasta el reino de Plutón.

¡Dices bien Caronte!, en los límites del tiempo, puedo ver como si estuviese presente la boda de mis padres…

11

Violeta Molina

Violeta Molina Gneo Domicio Ahenobarbo Agripina, la Menor Año 781 desde la fundación de la ciudad

Gneo Domicio Ahenobarbo

Violeta Molina Gneo Domicio Ahenobarbo Agripina, la Menor Año 781 desde la fundación de la ciudad

Agripina, la Menor

Año 781 desde la fundación de la ciudad de Roma (28 d.C.). Cónsules:

Cayo Apio Junio Silano y Publio Silio Nerva.

Tiberio dispuso el casamiento de su nieta Agripina, la Menor (15 d.C.), de trece años, con Gneo Domicio Ahenobarbo (17 a.C.), de cuarenta y tres. Concertado el enlace, mandó que la boda se celebrara en Roma y en su presencia. Además de la antigüedad de su linaje, corre la sangre

de los Césares, ya que éste tenía por abuelos a Marco Antonio y Octavia,

la Menor (hermana de César Augusto); por padres a Lucio Domicio Ahenobarbo y Antonia, la Mayor; y por tío abuelo, a César Augusto. Fue una boda entre dos miembros de la familia imperial y, tras los esponsales, cada quien regresó a vivir con sus respectivas familias.

Al igual que varios de sus antepasados, mi padre gozó de una gran

fortuna y tuvo una importante carrera o cursus honorum, a pesar de que los últimos años de su vida se vio opacada por una larga enfermedad que le obligó a retirare de la política. En el Este, prestó servicio junto con su primo segundo Cayo César, hijo de Marco Vipsanio Agripa

y Julia, la Mayor (hija de César Augusto), con quien trabó una gran amistad.

Dos años después del casamiento de mis padres, Tiberio celoso de la popularidad de mi abuela Agripina, la Mayor, la desterró acusada de traición y adulterio con su cuñado Asinio Galo. Durante el violento

12

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

arresto al que fue sometida perdió un ojo. Al igual que su madre Julia, fue exilada con su hijo Nerón César (no el emperador), a la isla

Pandataria, un islote rocoso frente a las costas de Lacio entre Terracina

y el cabo de Miseno (30 d.C.). A su fallecimiento, tanto Cayo Calígula

como sus hermanas Agripina, la Menor, Drusila y Julia Livila, fueron a vivir con su bisabuela y madre de Tiberio, la emperatriz Livia, donde quedaron a su merced y vigilancia. A la muerte de Livia, volvieron a residir en casa de su abuela paterna Antonia, la Menor. Desafortunados sucesos, que en lo positivo, sirvieron para que los hermanos fueran muy unidos entre sí.

Sin poder soportar su confinamiento mi abuela, Agripina, la Mayor, decidió acabar con su vida dejándose morir de hambre, pese a que Tiberio había ordenado que de ser necesario la alimentaran a la fuerza. Dos de sus hijos compartieron su misma suerte Nerón y Druso. El único de los varones que logró sobrevivir fue Cayo Calígula, que al poco tiempo se fue a radicarse a Capri junto a Tiberio (31 d.C.), allí permaneció como parte de su séquito durante seis años, hasta su nombramiento como emperador.

Como remembranza, mi padre aparece esculpido, siendo niño, como

miembro de la familia imperial, en la procesión del lado meridional del Ara Pacis de César Augusto. Mi padre se muestra de la mano de su madre Antonia, la Mayor; detrás, su padre Lucio Domicio Ahenobarbo;

y tomada de la toga, su hermana Domicia (todavía no había nacido Lépida).

padre Lucio Domicio Ahenobarbo; y tomada de la toga, su hermana Domicia (todavía no había nacido

Ara Pacis

13

Violeta Molina

Tras cuatro años de celebrado el matrimonio, mi padre, Gneo Domicio Ahenobarbo, fue nombrado cónsul, año 785 desde la fundación de la ciudad de Roma (32 d.C.). Posteriormente, designado comisionado y pretor por el propio Tiberio, año 790 desde la fundación de la ciudad de Roma (37 d.C.).

Ese mismo año, mi padre, Gneo Domicio Ahenobarbo, Vibio Marso y Lucio Arruncio fueron acusados de un falso y doble cargo de traición y adulterio con Albucila, una mujer conocida por sus múltiples amoríos. El informe fue enviado al Senado por el prefecto de la Guardia Pretoriana, Nevio Sutorio Macrón; pero no había ninguna denuncia por parte del Emperador, lo cual era dudoso, ya que hallándose enfermo era posible que ni siquiera conozca del hecho. En realidad, estas imputaciones eran consecuencia del antagonismo que Macrón sentía hacia Lucio Arruncio, a quien pretendía perder.

Lucio Arruncio, antes senador y más tarde designado por Tiberio, gobernador de la Hispania Citerior Tarraconensis, era un ciudadano conocido por su rectitud. A pesar de ello, Tiberio empezó a desconfiar de su lealtad instigado por sus favoritos y sucesivos prefectos del Pretorio: Sejano y Macrón.

Aconsejados por sus abogados, mi padre y Vibio Marso, prolongaron sus vidas empleando el sistema de aplazamientos durante el proceso de defensa. Por el contrario, Lucio Arruncio, se negó a utilizar este método, indicando que ya había vivido lo suficiente y que no tenía más pesar que haber soportado en su vejez el menosprecio de los poderosos, y como no podía esperar clemencia ni de Tiberio, menos de su sucesor Cayo Calígula, se suicidó abriéndose las venas.

La muerte de Tiberio trajo consigo el sobreseimiento de su causa y de otros ciudadanos en similar situación por el recientemente nombrado Emperador, quien declaró que los juicios por traición eran cosa del pasado y llamó a Roma a los exiliados. El fallido juicio contra mi padre tuvo la consecuencia de reconciliar por fin a la pareja. Después de su

14

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

liberación se retiraron a vivir en la villa familiar de Anzio o Antium; hermosa bahía a unos pocos kilómetros de Roma, donde muchos patricios construían allí sus lujosas residencias.

muchos patricios construían allí sus lujosas residencias. Cayo Julio César Augusto Germánico Año 790 desde la

Cayo Julio César Augusto Germánico

lujosas residencias. Cayo Julio César Augusto Germánico Año 790 desde la fundación de la ciudad de

Año 790 desde la fundación de la ciudad de Roma (37 d.C.).Cónsules:

Cayo Julio César Augusto Germánico, por primera vez, y Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico, por primera vez.

Cayo Julio César Augusto Germánico Calígula, nació en Anzio el 31 de agosto del año 765 desde la fundación de la ciudad de Roma (12 d.C.), fue hijo adoptivo de Tiberio y proclamado Emperador o Imperatore de forma conjunta con Tiberio Gemelo, el nieto del fallecido Emperador, el 16 de marzo de ese año.

Poco después, Cayo Calígula invitó a sus hermanas a vivir en el palacio en compañía de sus esposos: mi madre Agripina, la Menor, llevó a mi padre, Gneo Domicio Ahenobarbo; Livila, se trasladó con su esposo Vinicio. Drusila, dejó al suyo porque Lucio Casio Longino (su primer esposo), fue designado gobernador de Asia Menor; a su muerte, se casó con Marco Emilio Lépido, apodado Ganimedes, noble romano hijo del cónsul Lucio Emilio Lépido Paulo, quien a través de su madre Julia, la Menor, era bisnieto de César Augusto.

15

Violeta Molina

El Emperador fue acogido con júbilo entre los patricios y la plebe, de alguna manera esta admiración se debía al recuerdo afectuoso que Roma sentía por su padre biológico ‘Germánico’. Así, los primeros seis meses de su reinado fueron los más felices y justos que habían experimentado en el Imperio. Entre otros aciertos, ayudó a los afectados por el sistema imperial de impuestos, desterró a los delincuentes sexuales, celebró sonados espectáculos de gladiadores, entre otros. Ganándose de esta forma el apoyo del pueblo. Mandó traer los restos de su madre y sus hermanos, y los enterró en el Ara Pacis de César Augusto.

Posiblemente Cayo Calígula necesitó de este lapso para afianzarse en el poder, ganarse la lealtad del pueblo y la confianza del Senado, indispensables para conseguir su aprobación en el emprendimiento de obras públicas, entre ellas: terminar el templo del ‘divino’Augusto y el teatro de Pompeyo que habían quedado medio acabados durante el reinado de Tiberio, iniciar nuevos proyectos como los acueductos para Roma, la invasión a Britania, entre otros.

acueductos para Roma, la invasión a Britania, entre otros. Cayo Calígula en el anverso, y sus

Cayo Calígula en el anverso, y sus hermanas Agripina, Drusila y Livila en el reverso

Agripina, Drusila y Livila fueron homenajeadas con varios honores, como aquellos reservados a las ‘Vírgenes Vestales’ y el privilegio de presenciar los juegos en los mejores asientos. Se acuñaron monedas con las imágenes de Cayo Calígula y sus hermanas, algo que nunca se había hecho antes. El Emperador añadió los nombres de ellas en los decretos de juramento de lealtad: “No valorizare mi vida ni la de mis hijos por encima del valor y la seguridad del emperador y sus hermanas”. Consular: “Por la buena fortuna del emperador y sus hermanas”.

16

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

NACIMIENTO

Germanicus ‘ Mi tránsito por el Hades ’ NACIMIENTO Lucio Domicio (Nerón de niño) Nueve meses

Lucio Domicio (Nerón de niño)

Nueve meses después de la muerte de Tiberio, en el hogar de mis padres Gneo Domicio Ahenobarbo, de cincuenta y cuatro años, y de Agripina, la Menor, de veintidós, en Anzio, el dieciocho antes de las calendas de enero (15 de diciembre), del año 790 desde la fundación de la ciudad de Roma (37 d.C.), en el preciso momento en que salía el sol, a las siete y treinta de la mañana con el sol en Capricornio, y vísperas de las festividades de las ‘Saturnales’, nacía como el primogénito de la gens Domicia.

El parto fue muy difícil, el alumbramiento se presentó por los pies

—similar al nacimiento de mi abuelo materno Agripa, el gran general— hecho que incapacitó a mi madre para tener más descendencia. Entré a

la vida con los pies por delante como se llevan los muertos a la tumba…

Mi padre estaba ausente cuando se presentó el parto, se había retirado a

Pirgos o Pyrges, antigua ciudad portuaria etrusca. Inquieto y enfermo al enterarse que había nacido su único heredero, su satisfacción fue enorme

y se trasladó de inmediato a Anzio.

Tan pronto llegó a la villa familiar me reconoció como su hijo tomándome entre sus brazos y levantándome del suelo, bien alto, en presencia de algunos romanos como testigos, ceremonia conocida como tollere fillium.

17

Violeta Molina

Siguiendo con la tradición, al noveno día de mi nacimiento organizaron la ceremonia conocida como dies Iustricus o rito para dar un nombre o praenomen. Primero, el sacerdote me purificó con agua en presencia de mis padres, familiares y amigos. Luego, ofrecieron un sacrificio a los dioses y me llamaron: Lucio Domicio Ahenobarbo y me colocaron las bullas áureas —dos placas de oro redondas, cóncavas y yuxtapuestas— que los niños de nacimiento libre recibíamos al nacer y que las llevábamos colgadas al cuello hasta cumplir la mayoría de edad.

En mi infancia fui criado por dos fieles nodrizas Ecloga y Alejandría, como era la costumbre de la clase patricia. También, mi madre se ocupaba de mi cuidado y algunas veces solía llevarme a pasear por los jardines de Lúculos, para jugar en aquellos magníficos estanques llenos de peces dorados, con barquitos de papel simulando batallas imaginarias.

Transcurrido un tiempo, la vida de mi madre cambió drásticamente tras el frustrado complot de Gemelo y el fallecimiento de Drusila —hermana favorita de mi tío— a causa de una ‘peste con fiebre’que hacía estragos en la Ciudad en ese momento (38 d.C.). Luego de un regio funeral fue ‘divinizada’, en Oriente se aseguró que había nacido una nueva Afrodita. Poco a poco Agripina, la Menor y Livila fueron perdiendo el favor del Emperador.

Aconsejado por sus médicos, mi padre debió dejar el Palatino y dispuso nuestro traslado y el de mi tía Lépida, a la ciudad de Pirgos, recomendada por la calidez de su clima; en cambio mi madre se quedó en Roma. Allá se enteró del complot perpetrado por su esposa, Agripina, la Menor, cuyo objetivo era poner a Lépido en el trono año 792 desde la fundación de la ciudad de Roma (39 d.C.).

Cneo Cornelio Léntulo Getúlico (siguiente en la línea de sucesión tras la muerte de Gemelo), Livila y el amante de ambas y cuñado, viudo, Marco Emilio Lépido Ganimedes, más Séneca y Sofonio Tigelino, planearon la conjura. Durante el juicio, el Emperador, presentó como pruebas irrefutables de su traición algunas cartas autógrafas de sus hermanas donde reconocían su adulterio y la trama contra su poder.

18

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

El delito fue probado y los jueces aplicaron las penas: su anterior favorito y cuñado, Marco Emilio Lépido Ganimedes, decapitado; Cneo Cornelio Léntulo Getúlico, gobernador de Germania, condenado a muerte. Sin embargo, Cayo Calígula, incapaz de ejecutar a sus hermanas se contentó con desterrarlas a la isla Pandataria, para que vivieran según su expresión: “De la pesca de esponjas”.

A mi madre, por ser la cabecilla, se la gravó con la humillación de llevar

por las calles de Roma la urna que contenía los restos de su amante y trofeo de su ambición, Marco Emilio Lépido.

La condena se extendió también a los otros cómplices: Sofonio Tigelino, desterrado y Seneca, condenado a muerte, pero su pena fue condonada por su enfermedad ‘asma’. Hubo quien presenció uno de sus de sus ataques, e impresionado aseguró que moriría pronto…

Después de estos sucesos, Cayo Calígula ofrendó —tres dagas— en el Templo de Marte Vengador para agradecer al dios, por haberlo salvado

de tamaña conjura. Durante el juicio el general Vespasiano (que llegará

a emperador), propuso que los restos de Lépido, fueran arrojados por

las escaleras Gemonias o Gemoniae en lugar de ser sepultados, petitorio que fue aceptado por el Senado. Así, Lépido a más de ser ejecutado, sus

restos quedaron insepulti y sus di manes vagando errantes por toda

la eternidad…

Enero del año 793 desde la fundación de la ciudad de Roma (40 d.C.). Cónsul: Cayo Julio César Augusto Germánico, por tercera vez, sin colega.

Ese año mi padre, Gneo Domicio Ahenobarbo, murió de hidropesía en Pirgos, su hermana menor, Lépida, se encargó de los funerales, después de la cremación sus restos fueron enterrados en el mausoleo de la gens Domicia o Domitii, ubicado en los jardines del monte Pincio.

En su destierro Agripina, la Menor, se enteró que había quedado viuda

a sus veinticinco años, tras doce años de matrimonio; en mi caso, quede

huérfano a los tres años de edad y bajo la tutela de mi tía paterna Lépida.

19

Violeta Molina

En un afán por conservar la fortuna mi padre, en su testamento, incluyó

a Cayo Calígula y a mi persona, como coherederos. Dejaba a mi tío dos

tercios de nuestras propiedades. Aunque, la traición de mi madre pesó más y los bienes fueron confiscados, mi patrimonio pasó a ser propiedad del Emperador. Quedé huérfano y sin dinero para mi subsistencia, ya

que la fortuna de mi madre también había sido incautada un año antes durante su juicio por traición.

Con lo cual, mi tía Lépida, consideró que lo más prudente era mantenerme lejos de la vista de Cayo Calígula, y ordenó mi traslado y el de mis nodrizas Ecloga y Alejandría a su propiedad rural en Calabria, una comarca que tenía como actividad principal el pastoreo. Allí nos dejaron bajo el cuidado de su liberto, Aulo, que trabajaba como administrador en el latifundio. Más tarde, se nos unió otro liberto de mi tía el ludus litterator, Aniceto, como mi pedagogo.

Lépida, nació en Roma en el año 763 desde la fundación de la ciudad de Roma (10 d.C.), casada en primeras nupcias con su primo el cónsul, Marco Valerio Mesala Barbado, con quien tuvo una hija, Valeria Mesalina, actual consorte de Claudio (más tarde emperatriz de Roma).

A la muerte (21 d.C.), de su primer esposo se casó (31 d.C.), con Fausto Cornelio Sila, fruto de este matrimonio nació, Fausto Cornelio Sila Félix, cónsul (52 d.C.). Finalmente, a principios del reinado de Claudio

y por su disposición, se casó con Cayo Appio Junio Silano, cónsul

(28 d.C.), para vincularse con la familia de César Augusto y consolidar

su poder. ‘Silano era conocido como el ciudadano más honrado de

Roma’. En los límites del tiempo, será ejecutado (42 d. C.), por órdenes de Claudio que denunció ante el Senado que Apio Silano pretendía matarlo y que su liberto Narciso y su esposa Mesalina, le habían advertido de este complot por medio de sueños premonitorios

y recurrentes.

En Calabria, Cécina Tusco, hijo de una de mis nodrizas y ‘hermano de leche’, fue uno de mis compañeros de juegos, y Claudio Seneción, hijo de uno de mis libertos, con quienes ciertas noches escuchábamos —a la

20

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

luz de la luna estupefactos y sin pestañar— los relatos de hadas y duendes que contaban los esclavos de Britania: nos sobrecogían sus misteriosos himnos cantados alrededor de un legendario roble y sus cuerpos pintados de azul, cuya tinta mágica aseguraban los protegería contra enfermedades, animales y enemigos.

Con los esclavos de África pasábamos otras noches entre pequeñas figurillas ‘vudú’, ora como protección, ora como maleficio. Sus tambores, cantos y bailes rituales inundaban de frenesí el ambiente con una atmósfera cargada de un penetrante olor a incienso, humo negro que impedía distinguir a las personas. Después, temblando de miedo corríamos a la cabaña de Aulo para encomendarnos ante la diosa Proserpina, la única con poder sobre brujas y fantasmas.

Con el paso del tiempo el recuerdo de mi madre me fue cada vez más lejano, casi no podía rememorar su rostro. Fue cuando la vida rural empezó a gustarme, recorría descalzo los largos senderos de laureles, aspiraba el perfume de las rosas y las violetas de aquellos cuidados jardines. Daba gracias a los dioses por haberme otorgado una prodigiosa memoria que me permitía recordar las denominaciones de cada una de las plantas y las propiedades terapéuticas del jardín botánico, que me enseñaba Aniceto.

Como producto de nuestra separación forzosa, sentía nostalgia cuando presenciaba entre los esclavos las escenas de dolor de las madres cuando eran separadas de sus hijos para ser vendidas en el mercado. Me iba a dormir con el recuerdo de mi propio sufrimiento, evocaba a mi madre cuando dormía, soñaba que estábamos en Roma, no podía ver su rostro, pero sabía que era ella, luego al despertar… a la realidad…

Ese año funestos eventos anunciaron la pérdida de la protección de los dioses, Cayo Calígula soñó que se veía en el Olimpo, al lado de Júpiter, siendo lanzado a la tierra por el pulgar de la mano derecha del dios. Asimismo, fue manchado con la sangre de un flamenco cuando realizaba un sacrificio. El Capitolio de Capua fue alcanzado por un rayo en los idus de marzo y en Roma otro impactó en la vivienda del guardián del Palatino.

21

Violeta Molina

Con estos oscuros sucesos, Cayo Calígula mandó llamar al astrólogo Sila, para que presagie su destino, quien le aseguró que se aproximaba su muerte de forma inminente. Preocupado por estos auspicios consultó su futuro con las diosas de la Fortuna de Ancio, quienes le aconsejaron que se preservara de Casio. Inmediatamente ordenó la muerte de Casio Longino, exesposo de su hermana Drusila, gobernador de Asia, confundiéndose con Casio Querea o Cassius Chaerea, prefecto de la Guardia Pretoriana, el verdadero conspirador.

Año 794 desde la fundación de la ciudad de Roma (41 d.C.). Cónsules:

Cayo Julio César Augusto Germánico, por cuarta vez, y Gneo Sencio Saturnino.

Cayo Calígula fue asesinado con treinta puñaladas, junto con su esposa Milonia Cesonia y su hijita Julia Drusilla, estrellada contra un muro, así como la mayoría de sus seguidores. Complot perpetrado por Casio Querea, prefecto del Pretorio, el tribuno Cornelio Sabino y varios senadores que lograron su cometido en un descuido de la guardia germana que escoltaba al Emperador.

Se dijo, que Casio había perpetrado el magnicidio motivado por la burla constante que Cayo Calígula hacía de su fina voz (solía llamarle unas veces ‘Venus’y otras ‘Príapo’), irritado por la deficiente recaudación de impuestos a cargo del Prefecto y en un intento, por restaurar el sistema republicano romano.

Casio fue el valiente superviviente de la batalla del bosque de Teutoburgo. Amparado en la oscuridad de la noche, logró huir con un grupo de solo ciento veinte legionarios del caos en que se había convertido el ‘bosque teutónico’ para las legiones de Varo: con gran esfuerzo pudo llegar a una fortaleza cercana en las riberas del Rin y la defendió a toda costa. A lo pocos días, enterado de un contra ataque germano decidió marcharse con los pocos legionarios que quedaban y conociendo del avance de Tiberio, hizo tocar a sus trompeteros ‘avance a marchas forzadas’consiguiendo que los germanos detuvieran su asalto

22

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

al creer que los refuerzos habían llegado. Estas hazañas le hicieron ganarse la fama de: El hombre más valiente de Roma.

Por otro lado, en la toma del Palacio los pretorianos encontraron a Claudio escondido tras unas cortinas pensando que lo iban a matar en el exterminio que siguió al asesinato de Cayo Calígula, al ser descubierto, por un soldado llamado Grato, fue inesperadamente saludado como Imperator.

Grato, fue inesperadamente saludado como Imperator . Tiberius Claudius Caesar Augustus Germanicus Tiberio

Tiberius Claudius Caesar Augustus Germanicus Tiberio Claudio César Augusto Germánico

Germanicus Tiberio Claudio César Augusto Germánico Mesalina con su hijo Claudio Tiberio Germánico Británico

Mesalina con su hijo Claudio Tiberio Germánico Británico

Tras el magnicidio, Claudio quedó como único hombre adulto de su gens

y heredero de César Augusto. En este hecho, se rumoró que quizá un

grupo de pretorianos hayan previsto buscar a Claudio, en caso de que

fuera cierto que estaba al tanto de lo que iba a ocurrir. De cualquier forma, los soldados le aseguraron que no buscaban venganza y Claudio los acompañó hasta su campamento ubicado a las afueras de Roma, donde fue proclamado emperador por los milicianos de forma unánime,

y no por el Senado, hecho que marcó un precedente en la historia romana.

El Senado se reunió rápidamente y se puso a debatir acerca de quién debería ser el nuevo princeps. Cuando conocieron de la proclamación de Claudio por la guardia pretoriana, exigieron que les fuera presentado. Claudio, sintiendo el peligro que supondría ceder a la exigencia del

23

Violeta Molina

Senado y aprovechando el respaldo de los pretorianos se negó, y reclamó su derecho a gobernar por ser nieto de César Augusto y sobrino de Tiberio.

Aconsejado por el rey de Judea, Herodes Agripa I, que casual y sospechosamente, se hallaba en Roma invitado por Claudio y hospedado en el palacio real, aceptó el trono que los pretorianos le ofrecían tras pagarles alrededor de quince mil sestercios de la herencia familiar para ganarse su favor, prometiendo una recompensa igual a los soldados de las legiones. De esta forma, se inauguraba el peligroso sistema de comprar la fidelidad del ejército.

Después de su proclamación como emperador, Casio Querea, fue ejecutado acusado de haber asesinado a Cayo Calígula por motivos personales. Claudio durante el sumario, absolvió a la mayoría de los implicados en especial a los senadores con quienes, se dijo, había llegado a un acuerdo, en compensación con su nominación.

Cayo Julio César Augusto Germánico Calígula murió a la edad de veintinueve años, luego de un gobierno de casi cuatro. Para evitar su decapitación, sus partidarios llevaron su cadáver furtivamente a los jardines de Lamia (cónsul Lucio Elio Lamia 3 d.C.), situados en el Esquilio e incinerado en una pira improvisada y sepultado rápidamente, bajo una ligera capa de césped. Desde entonces, los guardias que custodiaban estos jardines no dejaron de quejarse por los di manes errantes de Cayo Calígula. Cuando mi madre y mi tía regresaron de su exilio buscaron su cuerpo, lo exhumaron, volvieron a incinerar y enterraron en el mausoleo de César Augusto, en el Campo de Marte. A pesar de ello, sus espectros de muerte violenta o saeuus finis penaban clamando venganza, hasta que su sepultura años más tarde fue consumida por un incendio.

El 24 de enero, del año 794 desde la fundación de la ciudad de Roma (41 d. C.), Claudio fue entronizado, pese a tener en contra al Senado, con los nombres de ‘Tiberio Claudio César Augusto Germánico’ o

24

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

Tiberius Claudius Caesar Augustus Germanicus, de cincuenta años, el cuarto emperador de la dinastía Julia-Claudia. Fue el primer príncipe nacido fuera de la Península Itálica en Lugdunum, Galia (Lyon-Francia), el primer día de agosto (10 d.C.). Hijo de Nerón Claudio Druso (hermano de Tiberio), su padre ejerció los cargos de cuestor y pretor. Su madreAntonia, la Menor, fue hija de MarcoAntonio y Octavia (hermana de César Augusto). Claudio tuvo dos hermanos mayores Germánico y Livila.

Posteriormente, llevó a cabo una serie de pasos para legitimar su corona frente a posibles conspiradores. Tomó el nombre ‘César’o Caesar, como cognomen, debido a que era muy respetado entre el pueblo. Para lo cual se quitó el cognomen de ‘Nerón’, que había adoptado como paterfamilias de los Claudio-Nerón, cuando Tiberio, presionado por César Augusto, anunció que iba adoptar a Germánico. Usó el título de ‘Augusto’, como hicieron los dos emperadores anteriores al llegar al poder. Mantuvo el nombre honorífico de Germánico, para mostrar con ello el vínculo que lo unía con su hermano, considerado un héroe entre los romanos. Aunque debió obtenerse del título de imperator, por exigencia del Senado.

Con respecto de su familia deificó a su abuela paterna Livia, para destacar su posición como esposa del ‘divino’Augusto. Rindió exequias públicas, a sus progenitores: a su padre Claudio Druso, juegos circenses el día de su natalicio y a su madre, Antonia, la Menor, el tratamiento de Augusta, que había rehusado en vida.

Claudio también descendía de Claudio Appio, el Ciego, vencedor de los etruscos y samnitas, quien construyó durante su censoria la Vía Apia y un Arco. Llevó el Agua Appia desde doce kilómetros de distancia hasta Roma y edificó el primer acueducto de la ciudad.

En una sociedad que descartaba a quien consideraba débil; en su infancia, César Augusto, lo mandó a vivir en casa de un cuidador de mulas, so pretexto de que aprendiera disciplina, aunque en sus adentros

25

Violeta Molina

esperaba con ello que no sobreviviera; su abuela Livia, ni siquiera lo miraba, se dirigía a él en raras ocasiones a través de breves misivas o por medio de intermediarios; su madre, le repetía unas veces que era un monstruo de hombre no acabado por la naturaleza y otras, abortado. En su adultez, fue humillado por Cayo Calígula. En la corte de su

sobrino todos se burlaban de él tan pronto daba la señal: ¿llegaba tarde

a cenar?, le dejaban dar vueltas y vueltas en torno a los triclinios en

busca de puesto; si se dormía después comer, de todas partes le arrojaban semillas de dátiles y aceitunas; bromistas más atrevidos lo despertaban

a varazos, como a un esclavo, y otras injurias. Pero la diosa fortuna que es impredecible les tenía reservada una sorpresa

Habiendo sobrevivido y alcanzado la edad para iniciar sus estudios,

Cesar Augusto, dispuso los mejores maestros para compensar todas sus deficiencias, lo entregaron a Tito Livio, su preceptor de historia, y para

el aprendizaje de filosofía, al reputado estoico Atenodoro Cananita, cuya

influencia marcaría su vida en muchos aspectos. Con el tiempo, postergado de la política, comenzó a escribir una obra acerca de la historia de las Guerras Civiles de la República de Roma que mereció los elogios de Tito Livio y Quintiliano, aunque parecía ser muy crítica con César Augusto. Enteradas su madre y abuela ordenaron suspender este relato y cuando retomó el trabajo, se saltó la época de las guerras acaecidas durante el Segundo Triunvirato. Después de este incidente permaneció apartado del gobierno, se dijo, por sus deficiencias físicas:

tartamudez y cojera, ya que al andar arrastraba la pierna derecha y se le doblaban las rodillas, entre otros inusuales aspectos.

Es posible que sus relatos históricos hayan sido la traba que le impidió iniciar su cursus honorum durante el reinado de César Augusto, al no

parecer lo suficientemente confiable. Hasta que Tiberio, al inicio de su mandato, lo nombró cónsul. Entronizado Cayo Calígula, fue su compañero en el consulado (37 d.C.), más tarde fue designado senador

y sacerdote, dignidades por las que fue obligado a pagar alrededor de

26

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

ochenta millones de sestercios de la herencia familiar, causa por la perdió casi todo su patrimonio.

Claudio estuvo prometido en dos ocasiones: la primera, con Emilia Lépida, sobrina de César Augusto y la segunda, con Livia Medulina, que terminó por la muerte súbita de la novia el mismo día de su boda.

Con el tiempo se casó en cuatro ocasiones, su primer matrimonio con Plaucia Urgulanila (cercana a Livia), con quien tuvo un hijo, Claudio Druso, que murió joven, poco después de haber sido prometido con la hija de Sejano. Terminó divorciándose de Urgulanila por adulterio y por sospechas de haber asesinado a Apronia, su cuñada. Al poco tiempo del divorcio, Urgulanila tuvo una hija, a la que Claudio repudió.

Se desposó por imposición de Tiberio, con Elia Pétina o Aelia Paetina, de la gens Aelii Tuberones o Tuberones, elevada al rango Patricio por César Augusto y familiar de Sejano, con quien tuvo una hija, Claudia Antonia. Se divorció de ella, cuando el matrimonio supuso una carga política, luego de la caída de Sejano. Otros aseguraron, que se debió a las burlas constantes que ella hacía de su esposo.

Más tarde, contrajo nupcias con Valeria Mesalina, de 15 años, su prima

y estrechamente ligada al círculo de Cayo Calígula (39 d.C.). Hija del

cónsul Marco Valerio Mesala Barbato y mi tía Lépida, por tanto, bisnieta de Octavia. A poco de celebrado su matrimonio, Mesalina tuvo una hija, Claudia Octavia y a escasos meses de su reinado, el 12 de febrero (41 d.C.), su primer hijo varón, Tiberio Claudio Germánico, quien llevará

el nombre honorífico de Británico, después de su campaña en Britania.

Como era costumbre, los emperadores iniciaban su mandato perdonando supuestos delitos políticos de los ciudadanos. Tras la muerte de Cayo Calígula, el recientemente nombrado César rehabilitó a sus sobrinas Agripina, la Menor y Livila en sus derechos civiles, las hizo regresar de su destierro y las invitó a vivir en el Palatino.

27

Violeta Molina

NIÑEZ

A su retorno mi madre hizo

planes para viajar a Calabria. Una tarde me llamaban a grandes voces, decían que una dama requería mi presencia. Cuando me acerqué vi a una hermosa y distinguida señora cubierta por

un echarpe o stola, bajo el cual vestía una túnica talar o

subucula, ceñida con un cinturón

de

cuero cruzado bajo el pecho y

un

cordón de oro en las caderas.

Su

cabeza estaba cubierta por un

oro en las caderas. Su cabeza estaba cubierta por un Lucio Domicio (Nerón de niño) manto

Lucio Domicio (Nerón de niño)

manto o palla, usado por las matronas cuando se mostraban

en público, que al voltearse dejó

ver su hermosa tez dorada por el

sol y su ensortijada cabellera de

color de trigo maduro, que apresuraba su paso llamándome Lucio… Lucio… soy tu madre. Cuando estuvo frente a mí, me abrazó y pude sentir una lágrima suya recorriendo mi rostro.

- ¿Por Júpiter eres mi madre? —dije— acariciando las ‘bullas’.

- Sí, queridísimo Lucio, yo te puse las ‘bullas’ —respondió mi madre— al observar que las tocaba.

- ¡Cuánto tiempo! ¡Cómo has crecido! ¡Qué grande estás! — dijo— precipitadamente, sin soltar mis manos y acariciando mí cabello.

- ¡Lucio que rojo es tu cabello!, similar al de tu padre —añadió riendo.

28

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

- ¿De verdad, crees que se parece al mi padre?

- Si mí querido, el color del cabello ha sido una de las características de los Domicio por generaciones, igual que el color azul de tus ojos. He venido a llevarte, el emperador Claudio nos ha invitado a vivir en el Palatino.

- ¡No quiero irme!, me gusta la finca de mi tía Lépida —dije alzando la voz.

-

Roma

pacientemente.

te

gustará,

conocerás

a

tu

familia,

—añadió

- Ya tengo mi familia son mi tía Lépida, mis nodrizas Ecloga y Alejandría, además de Cécina Tusco, ‘mi hermano de leche’, Claudio Seneción y el pedagogo Aniceto.

- Ya discutiremos ese punto más adelante —respondió.

- Toma un baño y cámbiate de ropa, he traído una praetexta (toga adornada con una banda púrpura, propia de los jóvenes nobles hasta los 14 años), y unas sandalias —replicó mi madre.

Mientras me aseaba y cambiaba de vestimenta, se acercó para ver dónde vivía y cuál era el lecho que ocupaba. Preguntó acerca de mis comidas favoritas y agradeció por sus cuidados, y —como una forma de congraciarse— esbozando una sonrisa les ofreció una tinaja de vino y otra de aceite que había llevado como presentes.

Cuando me hube cambiado nos dispusimos a comer el fiambre que había traído: un pastel de lenguas de ruiseñor y abundante miel hispánica, comí tan de prisa que involuntariamente volqué el recipiente de miel sobre mi praetexta nueva, mi madre riendo me aconsejó:

- Lucio usa el ‘mantele’, moja una punta en el agua, límpiate las manos y la ropa — señaló.

29

Violeta Molina

Después de reposar, volvió a pedirme que la acompañara a Roma. Pero no quería dejar mi vida en el campo, sentía temor por lo desconocido; salí corriendo por el sendero de laureles y me escondí en lo alto de la copa de un grueso árbol. Bien entrada la noche bajé y me reuní con mis nodrizas Ecloga y Alejandría, les prometí que nunca las dejaría y que sin ellas no iría a vivir en el palacio.

Al día siguiente, luego de una larga discusión, finalmente tuvo que acceder a llevar a mis nodrizas y mi pedagogo. Así, todos nos trasladamos a Roma en carruaje, fue un viaje donde mi madre preguntaba hasta el más mínimo detalle de mi vida, ante la consternación de mis amigos y mi incredulidad por el designio de los dioses.

Entramos en Roma por la Vía Apia, mi madre me recordó que el constructor de aquella hermosa avenida surcada de blancas estatuas de mármol había sido Apio el Ciego, ascendiente del recién nombrado César. Era un camino muy transitado, carretas repletas de víveres, personas a caballo, otras a pie, ruta que se hacía más ruidosa conforme nos acercábamos a sus puertas. Todo un gentío se agolpada pujando por entrar, pese a los guardias apostados en la entrada para mantener el orden.

- Por Júpiter ¡Al fin en Roma! —dijo mi madreelevando su mirada y sus manos al firmamento.

- Queridísimo Lucio, nuestra Capital fue fundada por Rómulo y Remo hace muchos, muchos años atrás. Está edificada sobre la colina ‘Palatina’ y dividida en cuadras, al igual que Atenas, para facilitar el tránsito de personas y animales. Nuestros antepasados drenaron los pantanos y construyeron el palacio imperial, el crematorio, la plaza pública, el mercado, el Foro, los teatros, los arcos, los baños públicos, muchos templos, sin contar sus grandes acueductos únicos en el mundo. Ello te dará la idea de lo que significa vivir en Roma, y en especial ser descendiente de la ‘gens Julia’.

30

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

- Quisiera conocer los templos y las edificaciones —respondí.

- Claro, querido mío, —repuso— haré que tu preceptor prepare una visita por la Ciudad para que te explique su historia, cuya fundación está ligada a la ‘gens Julia’, con Eneas, nuestro ascendiente y héroe de la guerra de Troya.

- Mira, ¡ése es el palacio imperial! —exclamó con admiración— señalando una magnifica construcción de mármol con columnatas y pórticos que se erigía majestuosa sobre el monte Palatino.

- ¿Allí es donde viviremos? —pregunté asustado.

- Sí, —dijo— te gustará, no lo dudes, tiene espaciosas habitaciones y hermosos jardines.

Al bajar del carruaje el destello de la blancura del mármol no me dejaba

ver dónde pisaba, poco a poco pude vislumbrar los mosaicos del piso

que representaban una enorme cabeza de mujer, que en lugar de cabello tenía serpientes en actitud de atacar, luego pude observar que se trataba de Perseo, sosteniendo la cabeza de Medusa. Los romanos

acostumbramos a poner su imagen en el ingreso de las villas, a manera

de protección contra maleficios. Mi madre al ver mi estado de

nerviosismo me tomó de la mano y me condujo a mis habitaciones que estaban junto a las suyas, en el segundo piso del Palatino.

Mi

aposento estaba enmarcado por cuatro columnatas de granito, pisos

de

mármol y paredes decoradas con extraños frescos, no sabía qué

significaban aquellas figuras de personajes delgados con raros ropajes, que llevaban en sus manos ofrendas y tenían sus cabezas cubiertas con altas coronas de brillantes colores. Más tarde supe que se trataba de un fresco estilo egipcio, que representaba a una legendaria Reina y su sequito, cuyos descendientes estaban emparentados con nuestra familia. Se trataba de Cleopatra en una procesión, encarnando a la diosa Isis y a su lado, uno de mis ancestros el triunviro o triunvir, Marco Antonio, adorado en vida como faraón.

31

Violeta Molina

El mobiliario estaba compuesto por un lecho para dormir o lectus cubicularis, para guardar la ropa un arcón o arcae de madera conalgunas incrustaciones metálicas, algunas sillas y otros objetos. Sobre una mesa se hallaba asentado un gran recipiente o crátera para lavarse las manos y un vaso de vidrio. Me llamó la atención este último, nunca había visto uno transparente, lo tomé para observarlo mejor y se lo pasé a ‘mi hermano de leche’ quien lo soltó involuntariamente y cayó al piso en mil pedazos. Mi madre dijo que se trataba de un vaso egipcio que era más preciado que el oro, acto seguido prohibió a Cécina Tusco volver a tocar los objetos de mi habitación.

- Ya repuesto del susto por el vaso roto, pregunté a mi madre con timidez — ¿dónde iban a dormir las personas de mi séquito?

- ¡A tus pies! —contestó.

- No son esclavos —repuse en tono serio.

- Como desees, haré traer unos lechos y que los coloquen junto al tuyo —contestó molesta.

- Sí, por favor hazlo —dije suavemente casi como un murmullo— desde ese momento comprendí que su fría mirada siempre me haría temblar

Como me sentí mareado me recosté en mi lecho y no quise comer, también mi madre se retiró a su estancia dejándome en compañía de mis nodrizas. Al día siguiente no pude levantarme, tenía mucho sueño, mi nodriza Ecloga me tomó del pulso y se alarmó segura de que tenía fiebre. Buscó a mi madre y explicó que había pasado una noche muy agitada, ella la regaño por no haberla despertado e inmediatamente llamó al médico griego Jenofonte, que atendía a Claudio. Vino enseguida y con solo observar el sudor que manaba de mis sienes pidió a su ayudante de viva voz, ¡pásame el destilado de acónito! Medicina que se extrae de un arbusto de flores púrpuras, usado, en pequeñas dosis para bajar la temperatura.

32

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

- ¿Qué es lo que tiene Lucio? —preguntó preocupada.

- Es solo fiebre a causa de un estado nervioso —respondió el médico— debes darle una vez al día, este destilado.

- ¿Con qué oración debo acompañar el remedio? —preguntó alarmada por mi estado de salud.

- Escoge la que más te complazca —contestó el medico griego, Jenofonte.

- Qué te parece si oramos a Venus, nuestra ‘gen’ desciende de ella —repuso mi madre.

- Claro señora, es perfecto: únicamente no dejes de darle la medicina y ordena una sopa de pollo, algo de frutas y reposo, serán suficientes. Mañana regresaré para comprobar su mejoría —y salió de la habitación.

Efectivamente, al día siguiente, me levanté sin temperatura, y con Cécina Tusco y Claudio Seneción nos pusimos a recorrer las estancias del palacio. Primero, entramos a hurtadillas en los aposentos de mi madre mientras dormía —mi cuarto estaba conectado al suyo—; el de ella tenía además, una pequeña estancia donde rendía culto a los dioses Lares, protectores del hogar y la familia, representados con unas pequeñas estatuillas colocadas en el lararium, a las que diariamente ofrendaba comida, perfumes o guirnaldas de flores, enlazada con otra habitación donde guardaba las máscaras de nuestros antepasados; al fondo, una amplia terraza desde la cual se podía divisar el Foro, el mercado y gran parte de la gran Ciudad.

A causa de nuestras risas y voces despertamos a mi madre que inmediatamente se levantó de su lecho y fue a tocarme la frente; al comprobar que no tenía fiebre alcanzó unas frutas y pan para que me sirviera. Una parte del pan se lo ofrecí a Cécina Tusco y otra a Claudio Seneción, y salimos corriendo. Llegamos al comedor o triclinium de

33

Violeta Molina

invierno, amplio recinto ricamente decorado con hornacinas pintadas con la imagen del dios Baco, que tenía unos lechos o lectus triclinaris para comer, dispuestos alrededor de unas pequeñas mesas que dejaban un lado libre para el servicio; más el comedor de verano, gran lecho de madera semicircular, ubicado alrededor de una mesa redonda o sigma, con salida a los jardines.

De allí pasamos a la biblioteca, gran salón donde había incontables rollos

o libros, guardados en estanterías de valiosos materiales y clasificados con los bustos de sus autores, lo cual embellecía las paredes a manera de ornamentación. Cada volumen consistía en una hoja continua enrollada o uoluere, alrededor de una varilla cilíndrica o umbilicus,

cuyos extremos sobresalían, adornados, con borlas o frotes y finalmente

la cubierta o cornua, propia de los volúmenes ricamente encuadernados.

- ¡Toquen las paredes están calientes a pesar del frío que hace afuera! —dije, al tiempo que tomaba la mano de Cécina Tusco y se la colocaba en la pared.

- ¡Por Júpiter!, es verdad —contestó mí, ‘hermano de leche’, visiblemente sorprendido.

Más tarde, mi madre me explicó que el palacio tenía un sistema de calentamiento o calefacción subterráneo llamado hipocausto, consistente en una serie de conductos o tubuli, que llevaban los gases calientes de un fuego situado en otro lugar y que se liberaban por los canales de terracota insertados en las paredes y bajo el piso.

Llegamos por coincidencia a las estancias del Emperador, galería decorada con pasajes de batallas encuadradas por columnatas recubiertas de hermosos relieves, donde los guardias nos franquearon el paso. Salió de pronto un oficial que llevaba sobre su armadura un manto o paludamentum, me tomó de la mano y dijo: Creo que eres el joven Lucio, todavía no es la hora quinta, el Emperador los recibirá más tarde, y acto seguido, nos condujo de vuelta a los aposentos de mi madre. La

34

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

encontramos terminando de vestirse y visiblemente angustiada porque no sabía dónde me encontraba.

A la hora quinta fuimos recibidos por el César, sentado en una silla o arcisellium —dorada con espaldar cintrado— ubicada bajo un gran domus y sus pies apoyados sobre una alfombra o fulcipedia; a su lado, una mesa de madera rebosante de pergaminos, mapas y otros documentos.Al fondo, unos gruesos cortinajes entreabiertos que dejaban ver un lecho para trabajar o lectus lubricatorius.

Me sorprendió del Emperador el continuo temblor de su cabeza, su dificultad para hablar y la humedad constante de su nariz. Me miró con afecto y dijo tartamudeando:

- Sosoobrina veo que traes al joven Lucio, seee distingue en él la gens Domicia por el color rojo de su cabello, es un niño hermoso.

- Gracias queridísimo Claudio, por favor dispensa los disturbios de esta mañana, el pequeño no tiene modales ni educación alguna.

- Buuueno… buuueno… heee ordenado que a más del pedagogo Aniceto, se sume Asconio Labeón, como uno de sus preceptores. Asimismo, dispón como consideres adecuado de uno de mis secretarios para que refuerce su aprendizaje —contestó.

- Aaademás, tengo una gran noticia para ti y Lucio, suuus bienes que fueron confiscados por Cayo ‘Calígula’han sido restituidos —dijo notablemente emocionado.

Pooor otro lado, miii queridísima sobrina, ahora que estás viuda he encontrado un esposo digno de tu alcurnia, se trata de Cayo Salustio Pasieno Crispo, el anterior esposo de Domicia, quien estuvo casada en primeras nupcias con el senador y cónsul (22 d.C.) Décimo Haterio Agripa, de quien tiene un hijo

35

Violeta Molina

Quinto Haterio Antonino. Deeespués de la muerte de Agripa (32 d.C.), se casó en segundas nupcias con Cayo Salustio Crispo Pasieno, cónsul suffectus’ (27 d.C.), cooomo sabes se está divorciando de ella. Teee prometo que después de celebrado vuestro enlace, será nombrado procónsul de Asia.

- ¡Gracias César!, quedamos reconocidos por tu justicia y generosidad —contestó emocionada.

Finalizada la audiencia, mi madre señaló que Claudio era un gobernante lleno de virtudes que había mostrado su respeto ante el Senado negándose a ocupar su trono, prefiriendo tomar asiento con el resto de senadores, lo que era una conducta digna de ser imitada.

Que el Emperador con su sabiduría había decidido casarla con un hombre honorable, a quien no debía temer. Su padre había sido procónsul de África y había combatido contra los getulos por lo que recibió los ornamentos de un ‘Triunfo’, era sobrino nieto del historiador Salustio, y que estaríamos protegidos por su gens. Cayo Salustio Pasieno, a más de provenir de una noble e influyente familia, también había servido a Roma como cónsul. Era su amigo por haber estado casado con mi tía Domicia, la hermana mayor de mi padre. Añadió en tono de preocupación, que esperaba que este matrimonio no sea el comienzo de desavenencias entre las dos familias, ya que es propio de mujeres nunca olvidar agravios.

Mi instrucción continuó en el Palatino, como lo había dispuesto Claudio.

De forma similar había procedido César Augusto con sus sobrinos. Permaneció a mi lado el pedagogo Aniceto, liberto de mi tía Lépida. Es muy probable que mi tía, tras haberme acogido en su casa quisiera asegurarse su reconocimiento y con este fin influyó ante el César para que Aniceto, afecto a sus intereses, continuara con este encargo

de confianza.

Pasados unos días, Cayo Salustio Pasieno Crispo, cenó con nosotros, durante la conversación mi madre le contó que estaba escribiendo un

36

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

libro biográfico del reinado de su hermano Cayo Calígula, él aconsejó

que tome como material de consulta los libros escritos por Claudio, dijo

que eran relatos muy fidedignos.

El segundo matrimonio de mi madre Agripina, la Menor, se realizó en la intimidad de las dos familias, después de cumplir los ritos, hacer las ofrendas a los dioses y suscribir la dote ante los augures el matrimonio quedó legalizado e iniciamos una nueva etapa en nuestras vidas. Transcurrido un tiempo, Cayo Salustio Pasieno Crispo, viajó a Asia como procónsul (44 d.C.); en cambio nosotros nos quedamos en Roma.

El esposo de mi madre, antes de ser enviado a Asia, se encargó de mi educación castrense, me llevaba cada día al Campo de Marte a practicar diferentes luchas y el uso de armas. Allí demostré habilidad para el tiro de jabalina con un pequeño pilum adecuado a mi peso y edad. Disfrutaba

ver a mi padrastro en acción, se destacaba por la lucha cuerpo a cuerpo,

además de ser diestro con la espada corta o gladius, conmigo se mostraba tanto severo y disciplinado como amable y cariñoso. A diferencia de mi madre que siempre estaba irascible y enojada.

Mi horario estaba copado por mis estudios y la práctica castrense. En

casa, mi madre se ocupaba personalmente del aprendizaje del griego. En nuestros aposentos hablábamos únicamente en este idioma, aseguraba que era necesario para familiarizarme con la gramática y la pronunciación.

Cierto día llegó un emisario de Calabria con noticias alarmantes:

afirmaba que los esclavos de la finca de mi tía Lépida se habían amotinado. Entonces Aulo, en su calidad administrador, debió regresar de inmediato llevándose consigo a un grupo de legionarios para aplastar la insurrección.

Con el tiempo, Tiberio Claudio Germánico, más tarde conocido como Británico, el hijo de Claudio y Mesalina, se convirtió en mi compañero de juegos. Solíamos divertirnos ajenos a las rivalidades que nos tenía reservaba la política, nos entregábamos a esparcimientos inocentes con

37

Violeta Molina

la despreocupación propia de nuestra edad. Compartíamos similares

gustos en la crianza de pájaros cantores, incluso en los aposentos de mi madre había un tordo que imitaba la voz humana. Nosotros teníamos un estornino y un periquito que amaestrábamos para que hablaran en griego

y latín, ejercitándolos a diario en la pronunciación de nuevas palabras y hasta de frases enteras.

A nuestro grupo en la corte se unió Tito, el hijo mayor del general Tito

Flavio Vespasiano, como compañero de estudios de Claudio Tiberio Germánico Británico, desde entonces, a pesar de la diferencia de edad, trabaron una gran amistad.

Por otro lado, Julia Livila, la hermana de mi madre, poco cautelosa, segura de sus derechos e indiferente de las pasiones que su belleza podía suscitar —despreocupada— había tomado la costumbre de ocupar, en las cenas, un triclinio cerca del Emperador, sin pensar que Mesalina pudiera inquietarse por ello. No tardó en caer en el lazo que le había tendido la Emperatriz. Fue acusada por Publio Suilio de varios adulterios, entre ellos de ser amante de Séneca y condenada al destierro sin que nadie la defendiera, o se atrevieran a hacerlo. Con esta denuncia Claudio, se libraba de Séneca y Mesalina, de Livila. En su exilio, la Emperatriz ordenó su muerte.

A su vez, Séneca, ya célebre como filósofo y político fue acusado de

conspiración y de mantener relaciones ilícitas con Livila. Séneca fue condenado a muerte, pero su pena fue nuevamente conmutada por el destierro en Córcega (41 d.C.). Claudio temía que con su prestigio y elocuencia pudiera poner al Senado en su contra, institución de por sí descontenta y conspirativa desde que debió aceptar la imposición de los pretorianos.

Por el contrario, a mi madre, los infortunios de su familia y de ella misma, la habían dejado un carácter receloso y prudente, sabía que su seguridad dependía de la mía y no olvidó los consejos de su padre Germánico: “Que no importunara a los que tenían más poder que ella”.

38

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

Mi vida transcurría dentro de un horario establecido de acuerdo con nuestras costumbres, tomaba una siesta por la tarde y mi madre cuidaba que las cortinas estuvieran cerradas para evitar en lo posible el paso de la luz, con lo cual la estancia quedaba en tinieblas. Por seguridad, me habían asignado un legionario que permanecía apostado en la entrada de mis habitaciones, aunque a veces se dormía, yo le guardaba el secreto para evitar cualquier castigo que de esta imprudencia pudiera devenir. Cierto día unos mercenarios entraron sigilosamente, a sabiendas de que todos dormían, con la intención de darme muerte. Como la alcoba estaba a media luz no pudieron distinguir lo que en verdad ocurría, los sicarios creyeron ver dos cobras que se deslizaban de mi almohada con la intención de atacarlos —presos de pánico— emprendieron la huida gritando: “¡Una serpiente! ¡Una serpiente!”, armaron tal alboroto que despertaron a todos en el Palatino, lo cual contribuyó para aprenderlos rápidamente.

Resulta que una cobra había mudado el stratum corneo y su piel se hallaba enroscada en el respaldar de mi lecho, como el cuarto estaba desprovisto de luz no pudieron distinguir los objetos alrededor y dio lugar para la confusión de los mercenarios. Más tarde se comprobó que Mesalina, la esposa del César, había contratado a unos secuaces para que me estrangularan, ya que ella veía en mí un rival para su hijo Británico, debido al afecto que Claudio, el Senado y la plebe me demostraban. Después de lo ocurrido, mi madre mandó a engastar esa piel en un brazalete de oro y a su pedido, llevé esta joya en el brazo derecho como amuleto de protección. Luego del atentado, temerosa que volviera a ser víctima de una nueva agresión corrió el rumor de que dos cobras amaestradas montaban guardia ante mi lecho.

Con respecto de nuestra tolerancia —caracterizada por la libertad religiosa— Roma acogía como nuestros los dioses de los territorios conquistados. A pesar de ello, la Ciudad estaba sometida a constantes disturbios procedentes del barrio judío, ubicado en el Trastevere, cerca de la puerta Portesa, donde desembarcan las mercancías procedentes de Ostia. Era un barrio que ningún romano que se considere lo visitaba, inusual condición que les permitió cierta autonomía religiosa y civil.

39

Violeta Molina

En este lugar, dos hebreos, Pablo de Tarso y Aquila natural del Ponto, causaban desmanes al ejercitar el apostolado de una nueva fe, conocida como el chrestianismo. Por lo que se granjearon la ira de los judíos, quienes los rechazaron por sus discursos blasfemos.

Pablo de Tarso, llamado antes Saulo (de la tribu de Benjamín), sus padres eran nativos de la ciudad de Císcala, en Judea. Cuando esta región cayó bajo poder romano emigraron a Tarso, en Cilicia. Transcurridos unos años, nació Pablo en esta Ciudad. Al cumplir quince años, fue enviado por sus padres a Jerusalén para estudiar la Ley judía, donde fue instruido por Gamaliel, conocido por su erudición.

Claudio expulsó por medio de un edicto a todos los judíos de la Capital por provocar disturbios, en especial a éstos hebreos: Pablo y Aquila, y su mujer Priscila, ambos de oficio tapiceros o constructores de carpas, quienes se refugiaron en Corinto. Para dar por terminado el asunto, Claudio prohibió la concurrencia de ciudadanos romanos a las sinagogas, lugar de las alocuciones del nuevo culto.

Por estos mismos motivos, años atrás, Tiberio debió ordenar la ejecución por crucifixión del líder de un grupo subversivo de judíos galileos, un tal ‘Cristo’ o Cresto, como advertencia contra prácticas similares y sus seguidores desterrados a Cerdeña, acción que incluyó la expatriación de todos los supuestos adivinos y astrólogos.

Asimismo, abolió por decreto la religión de los druidas, por la crueldad de los sacrificios de infantes, culto antes proscrito a los romanos por César Augusto. Si bien, intentó trasladar sin éxito, de Ática a Roma los misterios Eleusinos o cultos secretos celebrados en honor de ciertas divinidades como Cibeles y Dionisos.

Por tanto, el culto de los dioses grecorromanos, las deidades protectoras del hogar y las órdenes religiosas de los ‘emperadores divinizados’ estaban cayendo poco a poco en el olvido; reemplazados por nuevas y subyugantes ideas, aceptadas en parte, por el pensamiento filosófico de

40

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

Platón y Aristóteles con la teoría de la inmortalidad del alma, y la creencia de un Dios absoluto, Bondad absoluta, de donde emana el Bien, el Logos del que se alimentan las almas y adonde un día retornarán; una suerte de gracia para humillados y perseguidos que recibirán su recompensa en la otra vida. Dogmas monoteístas, que estaban socavando las bases de nuestras ancestrales convicciones politeístas.

Otros cultos orientales extendidos en Roma tuvieron como pilares a las mujeres, en particular el de la diosa egipcia Isis, donde la reina tenía más prestigio que el rey y las esposas mandaban sobre sus maridos. Tal fue su popularidad que habían más templos dedicados a Isis, que al mismo Júpiter.

Transcurridos unos años, Claudia Octavia, en su adolescencia, fue prometida en matrimonio a Lucio Junio Silano, en una ceremonia familiar que evocó la sencilla boda de mi madre.

Hay que recordar que Claudio, para consolidar su posición, se vinculó con la gens de César Augusto, a través del matrimonio de mi tía Lépida, madre de su esposa Mesalina, con Cayo Appio Junio Silano. Legalmente este matrimonio significó que Mesalina pasó a ser al mismo tiempo hijastra y consuegra de Appio Silano.

En el año 793 desde la fundación de la ciudad de Roma (43 d.C.), Claudio decidió reiniciar la campaña en Britania o Britannia, antes

planificada por Cayo Calígula; quien dejó cimentada una gran infraestructura para el desembarco con carreteras, fuertes y puertos desde

el Rin hasta el mar del Norte. Con lo cual, envió al general Aulo Plaucio,

al mando de cuatro legiones, para preparar la invasión que constituiría su mayor logro militar.

Aulo Plaucio acampó en el país de los regnos (Chichester), y desde allí,

conquistó la región hasta el Támesis. Con este éxito, Claudio se trasladó

a Britania llevando consigo tropas de refuerzo y algunos elefantes de

41

Violeta Molina

guerra, hecho que elevó enormemente su prestigio entre los legionarios

y la población. Los elefantes causaron una fuerte impresión en los

britanos durante la ocupación de Camulodunum, ya que los bárbaros nunca habían visto estos enormes paquidermos. Al mismo tiempo, Vespasiano, tomaba en el Sur la importante plaza marítima de Clausento (Southampton) y la isla de Vectis (Wight). De éste general se cuenta que en una ocasión, estando cercado por los bárbaros y a punto de resultar

muerto su hijo, Tito, logró romper las líneas de su asedio, persiguiendo

y aniquilando al enemigo en fuga. Ocupación que permitió trazar la

primera línea limítrofe desde Aquae Sulis (Bath) a Londinium (Londres)

y Camulodunum, en la provincia de Britania.

Un año más tarde (44 d.C.), Claudio pudo celebrar finalmente la victoria completa sobre Britania y recibir el tan ansiado Triunfo concedido por

el Senado. Era un honor reservado únicamente para los miembros de la

familia imperial, sin embargo en un afán por democratizar estos reconocimientos levantó la restricción a favor de algunos de sus generales y otras personas. Plaucio, obtuvo una ovación; Vespasiano, fue recompensado con elegías triunfales; Lucio Junio Silano, esposo de su hija Octavia, recibió un galardón por su contribución en la conquista de Britania, aunque nunca formó parte de la incursión armada. Sus

secretarios, los libertos, Narciso y Palas, obtuvieron del Senado honores

y hasta una gran suma de dinero, entre otros.

El Triunfo de Claudio se celebró con gran suntuosidad y con gran diversidad de eventos, hizo representar obras de teatro con el tema de la rendición de los reyes de Britania y ofreció juegos circenses. Y como muestra de haber atravesado el océano y ganado la guerra clavó en lo alto de su palacio una corona naval y otra cívica. Enseguida, ordenó construir en el Campo de Marte un arco de Triunfo, en memoria por esta conquista. En los límites del tiempo, en sus trece años de reinado, logró

una importante expansión militar al anexar Tracia, Norica, Licia, Panfilia

y Judea a los territorios romanos.

A veces con Británico nos entreteníamos mirando a hurtadillas cómo el

César administraba justicia con gran dedicación y celo, incluso en sus

42

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

propias fiestas, en las de la familia y hasta en las festividades cívicas, llegó a decretar veinte edictos por día y derogó algunas de las leyes impuestas por Cayo Calígula. Favoreció los derechos de los esclavos en detrimento de sus amos y prohibió la eutanasia por parte de éstos, hacia sus esclavos.

Por mi parte, continuaba con mis prácticas castrenses bajo la atenta mirada de mi preceptor, quien me enseñó el arte de cabalgar con prestancia y arrojo, de tal suerte, que antes de llegar a la plenitud de mi infancia me preparó para participar en una competencia ecuestre organizada por Claudio con motivo de los ‘Juegos Circenses’, donde un grupo de jóvenes patricios representamos a caballo el espectáculo histórico de la batalla de Troya (47 d.C.). En esta exhibición, también intervino Británico; a su diferencia, comandé mi escuadrón con bravura ganando los juegos por lo que recibí los aplausos efusivos del público; en contraste, Británico, fue abucheado por los asistentes. Que el favor de la plebe fuera más entusiasta conmigo fue tomado como presagio venturoso u omina imperii, que anunciaba el advenimiento de un futuro emperador…

La popularidad también se declaró por mi madre, Agripina, la Menor, bien porque Mesalina con su comportamiento arrastrara a su hijo en la reprobación de que era objeto, o porque las desgracias a las que había sido expuesta la familia de Germánico, sus exilios, asesinatos, la reciente muerte de Livila y la conocida crueldad de Mesalina hacia mi madre, nos hubieran granjeado el afecto del pueblo romano.

Una tarde a mi regreso del Campo de Marte mi madre salió a mi encuentro, lucía muy preocupada, me dijo que mi padrastro desde que había regresado de Asia, estaba enfermo. Efectivamente, me di cuenta que algunos días parecía que mejoraba y otros empeoraba. Lamentablemente, cierta mañana amaneció muy grave y murió a causa de una afección intestinal, hecho ocurrido en el año 800 desde la fundación de la ciudad de Roma (47 d.C.).

43

Violeta Molina

Cayo Salustio Pasieno Crispo me legó una gran fortuna, sumada a la que

mi padre Cneo Domicio Ahenobarbo aportó, era dueño de un importante

patrimonio. Asimismo, asignó dinero para el templo del ‘divino’ Augusto, a miembros de las dos familias y libertos. Concedió la libertad algunos de sus esclavos más leales, quienes llevaron durante la procesión

funeraria el gorro píleo o de libertad. Finalizado el período de nueve

días posteriores a su fallecimiento todos asistimos a una cena o cenam,

en honor del esposo de mi madre, ofrecida por Claudio.

Ese año se conmemoraron los ‘Juegos Seculares’ o Ludi Saeculares, celebraciones religiosas en las que se realizan sacrificios y presentaciones teatrales. Juegos que resurgieron con César Augusto con sacrificios nocturnos en el Campo de Marte para complacer a las deidades Moiras (destino): Ilitía y Tellus. Claudio las recordó para conmemorar el 800º aniversario de la fundación de Roma. Mesalina asistió a los ‘Juegos Seculares’ junto con su hijo Británico. También mi madre, Agripina, la Menor, concurrió conmigo, y nosotros recibimos más aplausos y muestras de cariño de la audiencia que la misma Emperatriz y su hijo. Hecho que contribuyó aún más a los celos de Mesalina.

Debido a que el César no confiaba en la clase senatorial consolidó su posición en el gobierno con la elección de un grupo de libertos para ejercer cargos públicos, nombró: a Narciso, Secretario personal; Palas, Secretario del Tesoro; Calisto, Secretario de Justicia; Polibio, Bibliotecario, entre otros. Con esta acción los senadores se sintieron desplazados y humillados al verse sustituidos por antiguos esclavos. Se trataba de cargos de gran importancia que habían estado bajo su control como miembros de la aristocracia.

Durante el reinado de Claudio fueron sentenciados a muerte treinta y cinco senadores, doscientos veintiún caballeros y un gran número de ciudadanos romanos, incluso algunas de sus esposas. Las condenas eran tan numerosas y frecuentes que en una ocasión que Claudio invitó a cenar al senador Cornelio Léntulo Escipión, le preguntó por qué no había

44

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

acudido con su mujer, Popea, la Mayor (era su segundo esposo), él respondió que había sido imposible sin entrar en detalles, resulta que el día anterior había cometido suicidio enredada en las intrigas de Mesalina.

En este ambiente de desconfianza, Claudio descubrió varios complots

para acabar con su vida. Una ocasión fue sorprendido un hombre de la plebe a media noche, cerca de su alcoba, con un puñal; otro día, dos miembros de la orden ecuestre asechaban entre el público con un bastón; un hombre con un cuchillo de caza, lo amenazó mientras realizaba un sacrificio en el templo de Marte; conspiraron Galo Asinio y Estatilio Corvino, nietos de los oradores Polión y Mesala; incluso, libertos y esclavos al servicio del propio Emperador. Tuvo que aplastar una guerra civil encabezada por Furio Camilo Escribano, legado de Dalmacia, acciones desestabilizadoras que le habían dejado sensible ante cualquier suceso contra su vida y poder.

Cierto día amaneció el Palacio en medio de una gran conmoción, los pretorianos recorrían las calles de Roma, no sabía lo que pasaba era una completa confusión, a los pocos minutos mi madre entró presurosa en

mi habitación. Ocurría que Mesalina, la esposa de Claudio, había

contraído nupcias, con su joven amante el cónsul Gayo Silio, tras repudiar a su esposa Junia Silana. La boda se había celebrado en los jardines de Pincio, con arreglo a los ritos sagrados en pública y solemne ceremonia, mientras Claudio se encontraba en Ostia celebrando un sacrificio. Los adúlteros fueron sorprendidos en el momento mismo en que Gayo Silio, suscribía la dote ante los augures con la intención de legitimar los esponsales (48 d.C.).

Complot perpetrado por Mesalina con la ayuda del liberto Narciso. La

emperatriz aseguró al Emperador que había tenido sueños premonitorios

de graves acontecimientos contra su vida y que la única forma de

protegerse era transferirlos a otra persona, es decir, a un nuevo esposo. Aconsejó que lo más prudente era realizar un divorcio y matrimonio ficticios hasta que se supere la fecha del vaticinio, tras lo cual volverían

45

Violeta Molina

a casarse cuando haya pasado el peligro, pero en realidad lo que tramaba era hacerse con el poder. Ingenuo, Claudio, no solo consintió en el divorcio y la farsa de un matrimonio con Gayo Silio, sino que personalmente suscribió las tablillas de la dote. Mesalina había puesto una condición para su matrimonio bígamo: Gayo Silio, debía adoptar a Británico como su hijo. Al parecer, planeaban gobernar como regentes del niño, después del derrocamiento de Claudio.

El liberto Narciso, su secretario personal, atemorizado con la idea de que Mesalina pudiera mandar asesinarle, la delató con la ayuda de Calpurnia y Cleopatra, dos prostitutas que el Emperador frecuentaba, de quienes se valió para hacerle conocer lo que ocurría, ya que temía las consecuencias de su carácter irascible y luego dado a perdonar.

Mientras Mesalina se entregaba con Silio a festejar su boda en las fiestas de la vendimia en honor al dios Baco; el Emperador —refugiado en el campo de los pretorianos— hizo apresar a su rival Silio. Mesalina, temerosa por las consecuencias de sus actos, recurrió a la más anciana de las vírgenes Vestales con el objeto de conseguir, por su intermedio, una entrevista con el ‘Pontífice Máximo’, para que intercediera en su nombre ante el César.

Aprehendido Silio, compareció ante el tribunal, para sorpresa de todos, no intentó defenderse ni solicitó aplazamiento alguno al juicio, sino que pidió una muerte rápida, junto con él fueron ejecutados el guardaespaldas que Silio había dado a Mesalina y otros romanos que confesaron ser sus cómplices. Pese a estos sucesos, Mesalina albergaba la esperanza de recibir el perdón imperial y se había refugiado en los jardines de Lúculos en compañía de su madre, mi tía Lépida, quien durante el reinado de su hija nunca se dejó ver en el Palatino, pero en estas circunstancias se encontraba junto a ella para ayudarla.

Llegada la hora de la comida, Claudio ordenó que sirvan la cena, más tarde con el calor del vino pidió que: “Anuncien aquella desgraciada que se presente al día siguiente para defender su causa”, Narciso, al

46

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

darse cuenta que pasaba su rencor y volvía su amor por ella, mandó por su cuenta a dos centuriones y un tribuno dar muerte a su antigua cómplice, por orden del Emperador. Envió al liberto Evodo, para que vigile que la disposición se cumpla. Cuando llegaron a los jardines de Lúculos la encontraron recostada al lado de su madre, solo entonces se dio cuenta de la gravísima situación, tomó un arma y con mano temblorosa trató inútilmente de clavársela en el pecho, entonces un tribuno la atravesó de una estocada. Su cadáver fue entregado a su madre y a Claudio simplemente se le anunció durante la cena que Mesalina había muerto sin entrar en detalles, tampoco él preguntó, más bien continúo celebrando su banquete como de costumbre.

En los días sucesivos, Claudio se mostró indiferente con los sucesos, al ver esta reacción el Senado contribuyó a su olvido decretando que las estatuas de Mesalina sean retiradas de todos los lugares públicos y privados. Por este hecho, Narciso fue recompensado con el nombramiento de cuestor.

Inesperadas circunstancias que dieron a mi madre la oportunidad para vengarse, urdió un plan: ‘sembrar en Claudio la duda de que no era el verdadero padre de sus hijos’. Entonces recurrió a Palas, su compañero de juegos infantiles cuando era esclavo en casa de su abuela, Antonia, la Menor, y le dijo:

- Palas, necesito que comentes con el Emperador, de manera fortuita, los rasgos germanos de Octavia, parecidos al comandante de la Guardia Pretoriana de Cayo ‘Calígula’.

- ¡Con gusto Agripinila! No será difícil, el César es muy sensible con este tema, recuerda que tras su divorcio de Urgulanila, cuando nació su hija Claudia, él la repudió dejándola morir desnuda en la puerta de la casa de su suegra, por considerarla hija de uno de sus libertos.

- ¡Efectivamente! En el caso de Mesalina, ella ya esperaba a Octavia cuando se casó con Claudio —respondió.

47

Violeta Molina

- Sí, fue un hecho público —replicó Palas.

- También, debes hacerle ver en su hijo ‘Británico’, las facciones de Cayo ‘Calígula’—añadió.

- Por mi parte, reforzaré estas ideas hasta que la compañía de los niños se le haga intolerable, entonces tendrá que volver sus ojos a Lucio, como siguiente en la línea de sucesión.

- ¡Sea! —contestó Palas y salió de la habitación.

Intrigando e instigando aquí y allá, con verdades a medias, consiguió obsesionar al Emperador con estas dudas, al extremo, que le fue difícil expresar algún sentimiento paternal hacia sus hijos; de manera que procuró mantenerlos lejos de su vista tanto como le fue posible.

Antes, había demostrado un gran afecto por su hijo Británico, siendo aún muy niño lo presentaba ante el Senado cargado en sus brazos y a la plebe sentado en su regazo en los espectáculos. En respuesta la multitud le honraba aclamando y deseando buena fortuna.

El Emperador quedó devastado por el engaño de Mesalina, aseguró que permanecería célibe ya que nunca había tenido suerte en sus matrimonios y declaró que no se opondría a que le corten las manos si pretendía volver a casarse. Sin embargo, no pasó mucho tiempo para advertir que su posición era muy insegura por la falta de un heredero adulto. Británico, era todavía un niño de ocho años de edad, a esto debía añadir las graves desavenencias con el Senado, fue cuando consideró la necesidad de celebrar una cuarta unión ventajosa políticamente.

Con estas reflexiones elaboró una lista de posibles candidatas, escogidas por distintas cualidades: alcurnia, belleza o riquezas. Narciso, le incitaba para que se uniera a su exesposa Elia Pétina, repudiada en otro tiempo; Calisto, apoyaba a Loila Paulina, por su belleza y fortuna (antes divorciada de Cayo Calígula); Palas, proponía el nombre de Agripina, la Menor, por su alcurnia e inteligencia, a pesar del impedimento legal

48

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

que existía de un matrimonio entre tíos y sobrinos, considerado incestuoso.

El Emperador con su habitual indecisión no sabía a quién elegir,

entonces convocó a una reunión para recibir el consejo de sus ministros

y poder escoger la candidata más idónea. Narciso que apoyaba a Elia

Pétina, argüía que tenían una hija en común, Claudia Antonia, y dado que ya fue su esposa, para nadie sería extraño que volviera al Palatino,

y que el vínculo que los unía, haría que Británico y Octavia sean tratados

como hijos, y no como hijastros. Calisto, por el contrario, argumentaba que Elia Pétina, había sido repudiada y que al verse nuevamente admitida en el Palatino podría mostrarse soberbia y tal vez, hasta vengativa; que sería más prudente elegir una persona ajena como Loila Paulina, que nunca había tenido hijos, particularidad que le permitiría recibir a sus hijastros como propios. Palas, aducía que Agripina, la Menor, tenía precisamente un hijo que era nieto de Germánico y con ello se unirían las dos estirpes más nobles y antiguas: la Julia y la Claudia, sumado que era una mujer joven y de probada fertilidad, que sería una pérdida que matrona tan noble y popular lleve a otra familia la gloria de los Césares. Prevaleció esté último análisis y mi madre fue considerada como la esposa idónea.

Concertado el enlace mi madre negoció mí futuro, guardándose el secreto de que no podía tener más hijos, consiguió mi adopción a la gens Claudia y la promesa de un matrimonio entre sus respectivos hijos:

Lucio Domicio y Claudia Octavia. Sin embargo, para lograr el primer pedido, debía eliminar a Lucio Junio Silano, su actual esposo, a quien Claudio había honrado con las insignias del Triunfo en Britania y había ofrecido en su nombre un juego de gladiadores o don de gladiador, para canjearse la voluntad del pueblo.

A los pocos días, Claudio mandó asesinar al padre de su yerno Cayo Appio Junio Silano y al esposo de su hija Antonia, el joven Gneo Pompeyo, acuchillado mientras yacía en el lecho con su joven amante. Ambos acusados del delito de haber conspirado en su contra.

49

Violeta Molina

Por su parte, Agripina se valió del cónsul, Lucio Vitelio, el Viejo (padre del futuro emperador), para imputar a Lucio Junio Silano de incesto con su hermana, Junia Calvina (había sido nuera de Vitelio), era una mujer extraordinariamente atractiva, siempre alegre y jovial. La sociedad la apodaba Venus, su hermano fue más allá al llamarla Juno y en público besarla con extraña intimidad.ALucio Junio Silano se le retiró por orden del Senado el nombramiento de pretor que había ganado ese año y el período restante, le fue entregado a Eprio Marcelo, además de verse forzado a renunciar su nombramiento de senador.

Claudio, dio por terminado su parentesco al anunciar el divorcio de su hija con Lucio Junio Silano, que se suicidó el mismo día en que contrajeron nupcias Claudio y mi madre. Episodio que terminó con la expulsión de Junia Calvina, de Italia. Con ello quedaba libre el camino para mi futura unión.

Vitelio, el Viejo, que ocupaba el cargo de cuestor, fue el encargado de llevar a buen término el enlace. Preparó una nómina para el Senado encabezada por mi madre, Agripina, la Menor, donde hacía un elogio de sus dotes intelectuales como la única mujer en Roma capaz de hacerse cargo de las tareas de Estado, sumado el esplendor de su linaje y madre de un hijo de doce años de edad, viuda modelo de virtudes. Dijo que entre los romanos eran nuevos los matrimonios entre tíos y sobrinas, pero en otras naciones eran lícitos y que ninguna ley los prohibía, que había llegado el momento de acomodar nuestras costumbres según como conviniera.

Al propio tiempo, una gran multitud anoticiada por los acontecimientos se congregó a las afueras del Senado para apoyar esta petición, en respuesta, Claudio se dejó ver en el Foro recibiendo las felicitaciones por su próxima unión. Entró en el Senado y pidió un decreto según el cual sean declaradas conforme a derecho las bodas entre tíos y las hijas de sus hermanos. El Senado promulgó un decreto legalizando los

50

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

matrimonios entre tíos y sobrinas, incluso la recomendación para que otras parejas siguieran su ejemplo.

El parentesco tenía sus orígenes en el matrimonio de Octavia, con Marco Antonio, concertado para cimentar la débil alianza entre su hermano Octavio (más tarde César Augusto), y Marco Antonio, durante el ‘Segundo Triunvirato’. De este enlace nacieron dos hijas: Antonia, la Mayor o Maior (mi abuela), y Antonia, la Menor o Minor (madre de Claudio y abuela de Agripina, la Menor).

Minor (madre de Claudio y abuela de Agripina, la Menor ). Antonia, la Mayor Antonia, la

Antonia, la Mayor

y abuela de Agripina, la Menor ). Antonia, la Mayor Antonia, la Menor Antonia, la Mayor

Antonia, la Menor

Antonia, la Mayor, se casó con (mi abuelo) el cónsul Lucio Domicio Ahenobarbo. De este matrimonio nacieron: Domicia Lépida, la Mayor, cónsul Cneo Domicio Ahenobarbo (mi padre), y Domicia Lépida, la Menor (conocida solo como Lépida).

Antonia, la Menor, se casó con Claudio Druso Nerón (hermano de Tiberio), con quien tuvo una numerosa descendencia, sin embargo, sobrevivieron tres hijos: Julio César Claudiano Germánico, Livila y Claudio Druso. Su marido, Claudio Druso Nerón, murió luchando en Germania.

51

Violeta Molina

Violeta Molina Tiberio Claudio César Augusto Germánico Julia Agripina Augusta Año 802 desde la fundación de

Tiberio Claudio César Augusto Germánico

Julia Agripina Augusta

Año 802 desde la fundación de la ciudad de Roma (49 d. C.). Cónsules:

Gayo Pompeyo Longo Galo y Quinto Veranio Nepote.

Finalmente, se celebró el matrimonio ente Claudio, de la gens Claudia, de cincuenta y nueve años, y mi madre, que tomó el nombre de Julia Agripina, de treinta y cuatro años de edad, de la gens Julia, una de las pocas descendientes que quedaban de César Augusto.

De esta forma se reafirmaba la gens Claudia-Julia, un matrimonio que consolidaba el poder imperial. Boda que de alguna manera ponía fin a la antigua rivalidad entre las ramas Julia y Claudia, ruptura que tenía como consecuencia varios asesinatos y destierros.

Fue evidente que después del matrimonio, Agripina tomó el control absoluto sobre Claudio y por ende, del poder. Ese mismo año, mi madre, intercedió ante su esposo para conseguir el perdón imperial de su amigo el prestigioso político y filósofo, Lucio Anneo Séneca, que fue llamado de su destierro en Córcega y nombrado pretor de la ciudad de Roma, tras ocho años de ausencia. Resulta que Séneca ya se había adelantado

52

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

a pedir el perdón imperial a través de una carta dirigida a uno de los

libertos de Claudio y secretario de Estado, Polibio, lo que contribuyó para el favorable resultado de la gestión de mi madre.

Cierto día, durante un convite Claudio, se mostró especialmente galante

e hizo un cumplido a la belleza de Calpurnia, sin intención y como de

paso, Calpurnia fue desterrada. En cuanto a Lolia Paulina, famosa por su belleza, cuna e inmensa fortuna, una ocasión se dejó ver con una sencilla túnica adornada con un magnífico collar de piedras preciosas que envolvía prácticamente todo su cuerpo, por valor de miles de sestercios, además, de su pretensión de haber querido casarse con Claudio. Lolia fue acusada de haber consultado astrólogos y magos, y haber inquirido al oráculo de Apolo Clario acerca de la boda del Emperador. Sin escuchar a la acusada, Claudio habló largamente ante el Senado de su nobleza y de otros asuntos. Terminó su alocución incriminando a Lolia Paulina de proyectos perniciosos contra la República y el pedido de no darle la oportunidad de cometer más crímenes; el Senado confiscó sus bienes, autorizando cinco millones de sestercios para su destierro. En su exilio, un tribuno la ejecutó por orden de mi madre.

Mi madre reclamó como prueba la cabeza de su rival y no se sintió

tranquila ni siquiera viendo la palidez cadavérica de aquel rostro donde

la juventud y la belleza no eran ya objeto de temor. Agripina, metió sus

dedos en la boca de la ejecutada para comprobar una peculiaridad que se decía tenía en su dentadura, cerciorándose de que en efecto era de su víctima. Se sabía que Lolia Paulina tenía en la mandíbula superior un canino de más, quiso corroborar si era cierto, porque aquella doble pieza dental se consideraba señal de ventura cuando estaba en el lado derecho. También ella contaba en su dentadura, en el mismo lugar, con un doble canino. Mi madre no perdonaba a quien creía su rival y con su inteligencia pudo elegir a lo largo de su vida aquellos que la servirían con absoluta lealtad.

53

Violeta Molina

ADOPCIÓN

Violeta Molina ADOPCIÓN Año 803 desde la fundación de la ciudad de Roma (50 d.C.). Cónsules:

Año 803 desde la fundación de la ciudad de Roma (50 d.C.). Cónsules:

Gayo Antistio Veto y Marco Suilio Nerulino.

Mi adopción se hizo realidad, primero,

porque mi madre había negociado tal posición como parte de su alianza matrimonial y segundo, por la

intervención del liberto Palas, quién aseveró a Claudio que la única manera

de garantizar el trono para Británico

era brindándole seguridad bajo el amparo de un coheredero casi en la mayoría de edad. Adujo que César Augusto, aunque se apoyaba en sus nietos, había dado poder a sus hijastros y que de igual forma, él debía ayudarse con el manejo del Imperio delegando parte de sus responsabilidades en un hijo.

Nerón Claudio Druso César Germánico Nero Claudius Drusus Caesar Germanicus

Claudio cumplió su palabra y solicitó al Senado mi admisión a la familia, explicó que no había ninguna adopción registrada en los Claudius —que se habían mantenido de esta forma desde Atto Clauso, el noble de origen sabino fundador de la familia— y que había llegado el momento de admitir nuevos miembros a su gens, misma que contaba entre sus ancestros con divinidades como Nerio o Nerienne, la esposa de Marte.

A los doce años, casi en la mayoría de edad, el Senado votó una ley según la cual pasaba a la familia Claudia con el nombre de Nerón Claudio Druso César Germánico o Nero Claudius Drusus Caesar Germanicus. Al ser tres años mayor que Británico, me convertía en heredero al trono. El nombre de Nerón, que tan célebre había de hacerse, quería decir ‘fuerte y valiente’.

Con el tiempo, fue evidente que mi popularidad y aprobación entre el Senado y la población como el siguiente en la línea de sucesión,

54

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

coadyuvó para evitar que se dieran más complots durante el resto del mandato de mi padre, Claudio.

Ese mismo año, mi madre, como reconocimiento por su esmerada labor en beneficio de la República obtuvo, a más del nombramiento de Emperatriz —el tratamiento de Augusta— dignidad honorífica con la que concentraba más poder e influencia. Fue la primera en recibir este honor en vida de su esposo; ya que Livia, seguida de Antonia, la Menor, sus antecesoras, lo obtuvieron a título póstumo.

Después de alcanzar ésta nominación, reafirmó su rango e influencia subiendo en un carro ceremonial o carpentum al Capitolio, honor dispensado únicamente a sacerdotes y vírgenes vestales. De esta manera se reconocía su estatus como esposa del Emperador, hija de Germánico, hermana de Cayo Calígula y madre del heredero al trono. Al propio tiempo, el Senado decretó varias estatuas en su honor.

Como mi madre sentía un gran afecto por Germania, consiguió para el pueblo de los Oppidum Ubiorum o Ubios —en que había nacido— que el Emperador fundara una colonia romana de veteranos a la que llamó Colonia Agrippina o Colonia Claudia Ara Agrippinensium, la primera en llevar nombre de mujer. Precisamente su abuelo Agripa, había recibido este pueblo como alianza cuando cruzó triunfante el Rin. Debido a su estratégica ubicación, en el corazón mismo de Germania, fue relevante como capital de provincia. En los límites del tiempo, será conocida como la ciudad de Colonia, en Alemania.

Con todo el poder en sus manos comenzó a manejar a su esposo a su capricho, como consecuencia entre cónsules y senadores era absolutamente respetada. A lo que a mí concierne, me sentía dominado por aquella autoridad y habilidad con que triunfaba siempre. Tuve que aceptar sus odios, entrar en sus planes y desistir del solaz de las bellas artes para cumplir mi misión de príncipe: el destino que ella me construyó.

55

Violeta Molina

Después de mi adopción me topé por los pasillos del palacio con Británico y en su afán por injuriarme me saludó como Lucio Domicio, es decir, con el nombre anterior a mi admisión a la gens Claudia, haciendo burla de ésta; actitud con la que despreciaba mi adopción y la aceptación del Senado y pueblo romanos.

Agripina aprovechó esta oportunidad para indisponer a sus preceptores ante su esposo, dijo que la actitud de Británico se debía a los malos consejos de sus mentores, entre ellos, Sosibio, que temiendo perder su influencia, había censurado públicamente mi adopción y la elección de heredero, le prevenía que de continuar este ambiente podía devenir en un escándalo. Sosibio, en el pasado, había recibido la gratificación de un millón de sestercios por ayudar a Británico con sus enseñanzas y a Claudio, con sus consejos.

Claudio reconvino a su hijo por este hecho, lo cual aumentó el resentimiento que sentía hacia su padre por la ejecución de su madre Mesalina y los celos por mi nueva posición. Castigó a sus maestros, a unos con el destierro y a otros, como Sosibio, con la muerte, y los sustituyó por educadores recomendados por su esposa, que tenían el encargo de mantener sobre mi hermanastro una estrecha vigilancia. Aquellos centuriones y tribunos que le eran fieles fueron apartados, unos aduciendo falsos motivos y otros, con la excusa de ascenso de rango y nuevos destinos. Iguales medidas tomó con los libertos que le dispensaban una devoción incorruptible. Tras lo cual, mi madre, inició una campaña contra Británico tildándole de “loco epiléptico”; fue cuando su enfermedad se hizo pública.

Después de todo, yo era entre todos los príncipes vivientes, el único nieto de Germánico y tenía a mi favor la gloria dejada por el héroe. Dondequiera que me dejaba ver, la plebe me miraba con interés y manifestaba su cariño. Por el contrario, el hijo de Claudio y Mesalina, Británico, era acogido con bastante frialdad, y a veces, hasta con desprecio.

56

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

Asimismo, mi madre deseaba deshacerse de Lucio Geta y Rufrio Crispino (primer esposo de Popea), coprefectos del Pretorio, que habían sido puestos por Mesalina y estaban estrechamente ligados a Británico

y Octavia; por tanto, para ella, hombres de poca confianza. Persuadió a su esposo que siendo el mando compartido, las cohortes no observaban

la disciplina necesaria y recomendó para el cargo a Sexto Burro Afranio,

militar que tenía fama de severo y honesto. Con Séneca compartían amistad y filosofía, ambos eran estoicos.

En el pasado la Guardia Pretoriana había sido instituida por César Augusto (27 a.C.), exclusivamente como escolta imperial, estaba integrada entre quinientos y mil hombres fuertemente armados y entrenados, recibían el doble de paga y más beneficios que otros militares. Contrariamente, habían depuesto, asesinado y nombrado gobernantes, como el caso del asesinato de mi tío Cayo Calígula y la designación de mi padre Claudio.

El recientemente nombrado prefecto del Pretorio, Sexto Burro Afranio, ostentaba el rango ecuestre y era originario de la población de Vaison, en la Galia Narbonense (sur de Francia). Había sido procurador sucesivo de Livia, Tiberio y Claudio, encargado de administrar el Quersoneso de Tracia —propiedad privada de Agripa— que pasó sucesivamente de Augusto a Livia y recibida en herencia por Tiberio, luego a Claudio y de allí a mi madre, quien quiso beneficiarse de una situación análoga a la de Livia, la primera Augusta. Burro había luchado contra los tracios, por estos y otros hechos obtuvo una sólida reputación militar.

Con respecto de mi educación, mi madre consideró que a más de tener un profesor de gramática o ludus grammaticus debía continuar con la retórica, enseñada por un profesor de oratoria o ludus rhetoricus, indispensable para el futuro Emperador de Roma.

Agripina hábilmente intercedió ante su esposo para que Lucio Anneo Séneca fuera puesto a mi servicio (51 d.C.). Este cambio de suerte se debió a que mi madre, aparte de buscarme un célebre maestro, creía que

57

Violeta Molina

Violeta Molina Nerón Lucio Anneo Séneca, el Joven la notoriedad de Séneca haría que la familia

Nerón

Violeta Molina Nerón Lucio Anneo Séneca, el Joven la notoriedad de Séneca haría que la familia

Lucio Anneo Séneca, el Joven

la notoriedad de Séneca haría que la familia imperial ganara prestigio, además, de contar en un cargo de confianza con un hombre que debía a ella su elevación. Séneca era respetado como orador, filósofo, naturalista, etc., en definitiva, un hombre admirado incluso por Plinio, el Viejo.

Al entrar en el Palatino para dirigir mi educación, Séneca, empequeñeció

a Aniceto que ocupaba cerca de mí una posición importante como maestro. De esta designación se originó el odio del liberto Aniceto, hacia

mi madre, que con este nombramiento lo había relegado a un segundo

plano. Sin embargo, el destino le daría la ocasión de vengarse

Séneca, nació en Córdova o Corduba, en Hispania (4 d.C.), en el seno de una rica familia del rango ecuestre. Filósofo estoico conocido por sus obras de carácter moralista. Fue hijo de Marco Anneo Séneca, quien se desempeñó como procurador imperial y fue célebre por el arte de la oratoria y el debate. Además de Seneca, su padre tuvo otros dos hijos que también alcanzaron cierta relevancia. El primero Novato, conocido —tras su adopción— como Lucio Junio Galión, llegó a ser procónsul

de Acaya. Su segundo hijo Mela, destacado financista, fue recordado

por ser el padre del poeta Lucano.

Séneca pasó los primeros años en Roma bajo la protección de la hermanastra de su madre, su tía Marcia, casada con un ciudadano del

58

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

rango ecuestre nombrado por Tiberio, gobernador de Egipto (16 d.C.). Séneca acompañó al matrimonio a Alejandría, allí estudio administración y finanzas, geografía y etnografía tanto de Egipto como de la India, desarrolló gran interés por las Ciencias Naturales. Por influencia de los cultos místicos orientales egipcios, al principio demostró cierta inclinación hacia el misticismo pitagórico enseñado por Sotión, y los cultos a Isis y Serapis. Más tarde, estudió retórica con Papirio Fabiano y fue introducido en el estoicismo por el filósofo Átalo. En el transcurso de su vida fue amigo cercano del filósofo Demetrio, el Cínico.

Padeció una enfermedad crónica, sufría asma y sus ataques eran tan severos que hasta pensó en algún momento acabar con su vida. A su regreso a Roma (31 d.C.), fue nombrado Cuestor, iniciando así su cursus honorum, donde pronto se destacó por su gran estilo de orador.

A la muerte de Cayo Calígula y la entronización de Claudio, Séneca se convirtió en su enemigo político, por esta causa fue acusado de adulterio con Livila y terminó desterrado en Córcega. Humilde en el infortunio, como sabemos, pidió el perdón imperial y regresó a Roma como pretor. Como mi preceptor, llegamos a tener una relación muy cercana, casi paternal.

Por costumbre, al estilo griego, dialogábamos mientras paseábamos por diferentes lugares de la Ciudad, cuando Séneca aprovechaba para darme lecciones de historia y familiarizarme con los personajes a quienes debíamos lo que es Roma, en una ocasión me dijo:

- Joven Nerón, te invito a dar un paseo por el nuevo ‘límite sagrado’ o ‘pomerio’ de Roma que Claudio ensanchó, antes creado por Rómulo, y ampliado varias veces con el propósito de adaptarlo a la extensión de nuestra gran Ciudad. Hoy

dialogaremos acerca de la ira, libro que escribí a petición de

mi

hermano Novato, más conocido como ‘Galión’. “Sabrás que

la

ira es calificada por los sabios de locura transitoria”.

59

Violeta Molina

“Te agraviará el soberbio con su menosprecio, el burlón con su ofensa, el insolente con su ultraje, el envidioso con su malevolencia, el peleón con su pendencia, y el voluble y mentiroso con su vanidad. No soportarás verte temido por un suspicaz, verte derrotado por un tozudo, verte aborrecido por un refinado. Elige a los sencillos, complacientes, mesurados, que no provoquen tu ira y al tiempo la soporten”.

“Debes poner empeño en no recibir ultrajes, puesto que no sabemos soportarlos. Hay que vivir con la gente apacible y complaciente, y la menos angustiada y puntillosa; ya que las costumbres las tomamos de aquellos que conviven con nosotros. Así mismo, deberás rehuir de todos quienes sepas que van a instigar tu iracundia”.

- ¿Qué incita la iracundia y cómo se la controla? — pregunté intrigado.

- “Veamos lo que sobre todo nos excita: a uno lo trastorna la ofensa de palabra, a otro de obra, éste quiere que se le respete su reputación, éste su belleza, éste desea ser tenido por el más elegante, aquél por el más sabio, éste es intolerante con la soberbia, éste con la tozudez, aquél no considera a los esclavos dignos de airarse con ellos, éste en casa es ceñudo y afuera indulgente, aquél juzga un ultraje ser requerido, éste una ofensa no ser requerido. No todos somos vulnerables por el mismo asunto; así pues, te conviene saber cuál es tu punto débil para que lo resguardes, sobre todo”.

“La educación requiere el máximo esmero, que será sobremanera provechoso; pues es fácil conformar los espíritus aún tiernos, difícilmente se atajan los vicios que han crecido con nosotros. A menudo las costumbres de los adolescentes reproducen a las de sus nodrizas y pedagogos. Por ejemplo, conozco de un niño que se había educado en casa de Platón,

60

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

cuando tras ser devuelto a sus progenitores vio a su padre vociferar y dijo: Esto no lo he visto nunca en casa de Platón”.

- ¿Entonces aquel que injuria quedará sin escarmiento?

- “Supón que tú lo quieras: con todo, no quedará así, pues el mayor castigo por hacer un ultraje es haberlo hecho y nadie se siente más profundamente afectado que quien se entrega al suplicio del remordimiento”.

- Séneca, ahora sé que la ira se puede dominar si pasa más rápido, también debo observar día a día hasta qué punto he logrado controlar esta emoción. Gracias a tus enseñanzas puedo comprender mejor los sentimientos de mi hermanastro Británico, no vale la pena tomar en cuenta sus celos y sus injurias premeditadas, cuando me llama ‘Lucio Domicio’, haciendo mofa de mi adopción.

Por otro lado, mi madre se ocupaba de los asuntos de Estado, ya que su esposo, parecía como ausente, frecuentemente olvidaba los temas que trataba, incluso se quedaba dormido mientras administraba justicia. Una mañana, mientras desayunaban, Claudio dijo:

- Queeeridísima esposa, los ingenieros han terminado con éxito y belleza la remodelación del más antiguo estadio el ‘Circo Máximo’, con lo cual está listo para los actos de la toma de la toga viril o ‘virilis’de nuestro hijo Nerón. Como mi salud se ha resentido últimamente quiero adelantar un año esta ceremonia, así tendré un heredero al trono conforme a derecho —dijo Claudio.

- Queridísimo esposo, dices bien. Nerón ha demostrado muy buena disposición para sus estudios y disciplina en la práctica castrense, especialmente tiene la estatura de un joven de mayor edad, comparto tu sentir, si es tu deseo me encargaré de preparar la ceremonia y los festejos conforme a su rango —señaló mi madre.

61

Violeta Molina

Graaacias queridísima esposa, sé que con tu ayuda el acto tendrá la solemnidad requerida.

Viiiiene a mi mente el desagradable recuerdo de mi propia ceremonia, cuando fui transportado en litera a media noche para que nadie pudiera ver mis defectos físicos, entonces avergonzaba a mi familia; ahora soy el Emperador, que impredecible es el destino que los dioses nos tienen preparado —señaló, emitiendo un suspiro.

- Los dioses te hicieron justicia y la historia no te olvidará, recuerda la conquista de Britania y los nuevos acueductos únicos en el mundo por su magnificencia y volumen de agua, unos cuantos logros de los muchos aciertos de tu reinado —dijo, al tiempo que acariciaba la mano de su esposo.

- Graaacias querida, eres muy generosa, pero volviendo a Nerón, asegúrate que esta ceremonia tenga el boato que no tuvo la mía en su momento — apuntó Claudio.

- ¡Sea César! —Y salió de la habitación.

MAYORÍA DE EDAD

Año 804 desde la fundación de la ciudad de Roma (51 d.C.). Cónsules:

Tiberio Claudio César Augusto Germánico, por quinta vez, y Servio Cornelio Escipión Orfito.

El dieciséis de abril (diecisiete de marzo), fui conducido al Foro para tomar la toga viril a los trece años y no catorce como estipulaba la ley para la mayoría de edad, tras lo cual me erigí en heredero legítimo al trono.

Salí del palacio coronado por una guirnalda de flores y con la túnica infantil o praetexta de borde púrpura, que usaría por última vez. Durante el trayecto al templo de Júpiter Capitolino, el dios del trueno, fui

62

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

Cæsar Augustus Germanicus ‘ Mi tránsito por el Hades ’ Nerón y su madre escoltado por

Nerón y su madre

escoltado por familiares, preceptores

la Guardia Pretoriana, seguido por un numeroso grupo de ciudadanos. La ceremonia consistía en cambiar

y

la

praetexta por la toga viril blanca

y

ofrendar las bullas, a los dioses

Lares. Tras lo cual, acudí a inscribirme como ciudadano romano de pleno derecho. En la parada celebrada con este motivo, llevé el escudo en la mano marchando delante de los pretorianos; para finalizar, di gracias a mi padre Claudio en el Senado.

Todo era júbilo en la Ciudad, se celebraban las fiestas de Baco,

ruidosas pandillas de muchachos acompañados de parientes atravesaban la urbe vistiendo la toga al mismo tiempo que lo hacía su Príncipe. Las sacerdotisas del dios, coronadas de hiedra, cocinaban pasteles bañados con miel que vendían a aquellos hombres nuevos.

Como estaba previsto, mi madre encontró en este acto la oportunidad para presentarme como futuro Emperador de Roma, prodigó al evento toda clase de honores, solemnidad y esplendor. El ‘Circo Máximo’, supremo deleite de Roma, abrió sus puertas a cien mil espectadores,

había sido recientemente remodelado, adornado con barreras de mármol

y guardacantones dorados, ostentando de esta forma toda su

magnificencia. Tomé asiento en el palco imperial luciendo atuendo de ‘triunfador’. En contraste se veía a Británico —humilde— sin séquito

y vestido con su túnica infantil. Como parte de la celebración otorgué

un congiarium o congiario (dádiva en aceite, vino y cereales), al pueblo

y un donativo al ejército.

63

Violeta Molina

Violeta Molina Nerón, con toga, sentado en la silla curul. Frente a él, el prefecto distribuye

Nerón, con toga, sentado en la silla curul. Frente a él, el prefecto distribuye monedas a cada ciudadano. Minerva de pie delante del templo, en el fondo.

Claudio, pidió al Senado que pudiera ejercer como cónsul a los diecinueve años y —hasta que los cumpliera— que se me permitiera desempeñarme como cónsul electo, del Imperio proconsular fuera de la Ciudad y que sea nombrado Príncipe de Juventud.

Acciones con las que mi madre me impulsaba hacia el trono con una violencia incontrolable que me asustaba, encontró en las ‘Fiestas Latinas’ o Feriae Latinae otra oportunidad para darme relevancia. La fecha de conmemoración estaba fijada por el senadoconsulto. Todos los magistrados en funciones salían de Roma y se dirigían a los montes Albanos, donde hacían un sacrificio en honor de Júpiter Latiaris, protector de la confederación latina. Consistente en sacrificar un toro blanco y su carne distribuida entre todos los participantes. Esta solemnidad duraba tres días, tiempo en el que se nombraba un Prefecto de Roma, magistrado temporal, para que velara por la Ciudad en ausencia de sus autoridades. Claudio, a petición de mi madre, me confirió aquella dignidad.

Inauguré mi judicatura como Prefecto de la Ciudad, durante las ‘Fiestas Latinas’, rivalizando con los más famosos abogados al presentar no demandas insignificantes, sino importantes y numerosos casos jurídicos. Aunque, Claudio era reticente a que disertara, ya que consideraba mi juventud como un inconveniente.

Ante mi padre Claudio y en mi calidad de cónsul electo, pronuncié mi primer discurso en latín en defensa de los bolonienses, Colonia de la Galia Cisalpina; otro en griego a favor de los rodios, habitantes de la isla de Rodas; y de los ilienses, de Ilia, descendientes de la antigua Troya. Alocuciones que llamaron la atención por la elocuencia y el razonamiento jurídico emitido en apoyo a sus causas. Aduje, entre otros

64

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

aciertos, que siendo Eneas el predecesor del pueblo de Roma y fundador de la gens Julia, pedía que a los ilienses se les indultara sus impuestos. Asimismo, conseguí un donativo de diez millones de sestercios para la Colonia Bononense, que había sido consumida por un incendio. A los habitantes de Rodas se les devolvió su libertad, tantas veces quitada o restituida, según el resultado de nuestras mutuas batallas o por causa de las sediciones domésticas. Y a los habitantes de la antigua ciudad de Apamea, en Siria, que había sido devastada por un terremoto, obtuve que se les condonaran sus gravámenes por un lapso de cinco años.

Realicé mis primeras apariciones públicas junto a mi padre Claudio, demostrando de esta forma el amor filial que nos unía, también se acuñaron monedas donde aparecía en el anverso su figura como Emperador y en el reverso, mi imagen como su sucesor.

Ese año sucedieron desfavorables hechos como fuertes terremotos que destruyeron casas y la muerte de personas que presas de pánico fallecieron pisoteadas en precipitada huidas. También, la dificultad del abastecimiento de granos, tan frecuentes en la Ciudad, fue interpretada como una desestabilización de la relación entre el Estado y sus dioses, una ruptura de la pax deorum, vinculada con períodos de tensión, miedo, hambrunas…

En efecto, la plebe vivía en la escasez, mientras los libertos de Claudio, colmados de favores ostentaban su opulencia, la envidia que inspiraban estos enriquecidos antiguos esclavos exaltó el furor de la población cuando se produjo una escasez, que inquietó a la población.

Con este ambiente enrarecido, Claudio, acudió al Foro, según la costumbre, para administrar justicia. El pueblo que atribuía a su soberano su fortuna y sus males, se amotinó contra el anciano Emperador. Lo rodearon y le abrumaron con injurias, los más irritados llegaron hasta arrojarle a la cabeza las últimas cortezas del pan negro que tenían para comer. Afortunadamente, vino en su auxilio una cohorte pretoriana que rescató al César y lo condujo por una puerta secreta de nuevo al Palatino.

65

Violeta Molina

Esos mendrugos de pan arrojados a mi padre, demostraban que la escasez no era tan extrema y que en aquella multitud no había tanta necesidad como espíritu subversivo. El Emperador pasó por alto los ultrajes con que había sido ofendido y se ocupó que el pueblo recibiera los abastecimientos sin problemas. Sin embargo, no todos reclamaban pan, muchos pedían justicia contra los abusos cometidos por la ambición sin límites de la emperatriz Agripina, que impune, hacía su voluntad.

Esta agitación quebrantó su salud y sirvió de argumento para aconsejar a su esposo que debía tranquilizar al Senado, aunque su estado no era grave y no había motivo para alarmarse, encontró la oportunidad para enviarme al Senado y jurar solemnemente que celebraría unos juegos circenses si el Emperador recobraba su salud. Claudio se recuperó y debí cumplir mi promesa. Gracias a su habilidad pude ofrecer un don de gladiador. Era un medio de popularidad reservado a los Césares, donde tendría la ocasión de presentarme como príncipe heredero, presidir los juegos con atuendo de ‘triunfador’ y al ingresar en el circo, cien mil espectadores se levantarían para ovacionarme.

Es evidente que el deficiente suministro de alimentos para la Capital, confirma la importancia de la construcción del Puerto de Ostia o Puerto de Claudio, indispensable para proveer el transporte de granos y aceite. Ya que en Italia, los latifundios abandonados a los esclavos hace tiempo que se habían vuelto improductivos.

Roma era con frecuencia asolada por incendios debido a la frágil construcción de las viviendas, con ocasión de uno de ellos, Claudio acudió en ayuda de la población y pasó dos noches en el pórtico o diribitorium, donde se distribuía la paga a los soldados, ubicado cerca del arrabal Emiliano devorado por las llamas. A este lugar, le llevaban cestos llenos de dinero que distribuía entre los damnificados. En medio del desorden apareció, Agripina, que permaneció junto a su esposo, compartiendo sus fatigas para robarle una parte de su popularidad.

Por otro lado, mi ambiciosa madre, ansiaba adueñarse de los jardines del acaudalado Tito Estatilio Tauro (padre de mi tercera esposa).

66

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

Entonces se valió de Tarquicio Prisco para que le acusara del delito de concusión y práctica de cultos mágicos con ritos sangrientos. Resulta que Prisco, había sido legado de Tauro, cuando éste gobernaba África como procónsul. Tauro, incapaz de soportar la falsedad de las acusaciones y la humillación de que era objeto, se suicidó sin esperar la sentencia del Senado. El Senado se puso de parte del fallecido Estatilio Tauro, como consecuencia, el delator fue expulsado de la Curia. Con este inesperado desenlace, Agripina quedó burlada de sus intrigas, pese a estar apoyada por el propio Emperador.

Empero, seguía dominando, su fría mirada me causaba terror y el sonido

de sus pasos me hacía temblar. Solo el liberto Narciso, afecto a su

soberano, luchaba denodadamente para que conservara las riendas del

poder. Claudio, indeciso, meneaba la cabeza y trataba de orientarse entre

las maquinaciones que proliferaban en torno suyo, esforzándose en vano

por tomar una determinación.

Nada escapaba a su vigilancia y nada que pudiera amenazar su autoridad le era indiferente. Para legitimar mi camino al trono había negociado, entre otras cosas, mi matrimonio con la hija de Claudio y la difunta Mesalina; pero, como Octavia, tras mi adopción, se había convertido en

mi hermana, debió primero ser adoptada por Vitelio, el viejo, para evitar

el delito de incesto. Después, se valió del cónsul electo Mammio Polión,

para que presentara una moción ante el Senado solicitando su anuencia para nuestro matrimonio. Petición que fue aceptada por el Senado, ya que siendo ambos casi de la misma edad y sin encontrar ningún impedimento, fue consentida por unanimidad.

PABLO DE TARSO ES ACUSADO ANTE EL PROCÓNSUL DE ACAYA

Lucio Junio Galión (hermano de Séneca), procónsul de Acaya, recibió una denuncia de la comunidad judía de Corinto y las causas eran

religiosas (51 d.C.). Pablo de Tarso estaba acusado de ‘actuar contra la

ley judía’. Crispo, el principal de la sinagoga, —se había convertido a

67

Violeta Molina

la fe de Jesús—. Los acusadores intentaban que se calificara al cristianismo como religio ilícita. Si Galión adoptaba este punto de vista, su decisión establecería precedente y su predicación habría sido prohibida. Galión rechazó la demanda de los judíos y ordenó echarlos del pretorio diciendo que no quería ser “juez de semejante causa”. Sin embargo, a los pocos días, se retractó y llegó a un acuerdo con la comunidad judía, entregó al recién converso Sostenes, jefe de la sinagoga local, —para que lo linchen— a cambio de la integridad de Pablo. Tras lo cual, declinó ejercer su jurisdicción sobre Pablo y lo envió arrestado a Judea, bajo custodia militaris, otorgada a personas de cierta relevancia.

Cuando el sobrino de Pablo informó del complot judío que había para lincharlo, el tribuno romano, Claudio Lisias —recibió la orden de proteger su vida— hizo llamar a dos de los oficiales de su ejército y les ordenó que preparasen una fuerte guarnición compuesta por doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros, y los mandó viajar a la tercera hora (nueve de la noche), con destino a Cesarea Marítima o Cesarea Palestina, donde Pablo debía ser entregado al procurador de Judea, liberto Antonio Félix (hermano de Palas), casado en segundas nupcias, con la princesa Drusila (arrebatada a Aziz, rey de Emesa), hermana de Berenice y Herodes Agripa II. Hijos del rey de Judea, Herodes Agripa I y de Cypros.

Allí, en un inicio, bajo arresto domiciliario, continuó con sus prédicas heréticas en las sinagogas, fue cuando una delegación judía encabezada por el sumo sacerdote Eleazar ben Ananías le acusó de blasfemia y traición, y exigió su ejecución. Viéndose perdido, Pablo invocó un derecho legal inherente a su ciudadanía romana, y dijo: “Apelo al César”. Con lo cual, Félix, no pudo pronunciar su sentencia; sin embargo, retuvo a Pablo cautivo en Cesarea durante dos años. Tiempo en el que recibió la visita tanto de chrestianos como de Zelotes.

Resulta que Pablo de Tarso, es protegido por Galión y el liberto, Antonio Felix. Quienes patrocinaban a su vez las ambiciones imperiales de

68

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

Séneca. Pablo, utilizado por mis enemigos como elemento desestabilizador para hacerse con el poder.

Transcurridos unos días, el corrupto Félix, mandó llamar a Pablo para conversar y le escuchó hablar acerca de Chrestus. Al predicar sobre la

justicia, la honestidad y el apocalipsis, Félix se espantó, y le dijo: “Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré”. Esperaba con esto, ser sobornado para dejarlo en libertad. Después, intrigado, lo hacía comparecer y dialogaba largamente con él. Más tarde, Felix, denunciado por delitos en el ejercicio de su cargo fue llamado a Roma y sometido a juicio; comprobadas las irregularidades, fue destituido de sus funciones

y reemplazado por Porcio Festo (58 d.C.).

Año 805 desde la fundación de la ciudad de Roma (52 d.C.). Cónsules:

Fausto Cornelio Sila Felix y Lucio Salvio Otón Ticiano.

El 01 de agosto, de ese año, Claudio inauguró los acueductos iniciados por Cayo Calígula (38 d.C.), tras catorce años de construcción, el Aqua Claudia y el Anio Novus, que llegaban a la Capital por medio de un viaducto, desde una fuente próxima al río Subiaco, a unos sesenta y ocho kilómetros de Roma. Asimismo, restauró un tercer acueducto, el Aqua Virgo; magníficas obras públicas calificadas por Plinio, el Viejo, como ‘maravillas de la ingeniería’.

El otro gran proyecto fue el dragado del lago Fucio o Fucino que tenía por objeto incrementar tierras para la agricultura y al propio tiempo, secar el terreno, para evitar en el verano la propagación de mosquitos causantes de la malaria; aunque, la ceremonia terminó en un fiasco por la rotura de los canales de desagüe debido a la deficiente planificación

y la baja calidad de los materiales empleados en la construcción. Los

trabajos estuvieron a cargo de los libertos Narciso y Palas, prefectos de la obra. Libertos no eran ingenieros, pero contaban con el respaldo del Emperador.

69

Violeta Molina

MATRIMONIO CON CLAUDIA OCTAVIA

Violeta Molina MATRIMONIO CON CLAUDIA OCTAVIA Nerón Claudio Druso César Germánico C l a u d

Nerón Claudio Druso César Germánico

CON CLAUDIA OCTAVIA Nerón Claudio Druso César Germánico C l a u d i a O

Claudia Octavia

Año 806 desde la fundación de la ciudad de Roma (53 d.C.). Cónsules:

Décimo Junio Silano Torcuato y Quinto Haterio Antonino.

Cumplidos los dieciséis años, tomé por esposa a Claudia Octavia (nacida 40 d.C.), de trece años de edad. Claudia era sobrina nieta de Tiberio, prima de Cayo Calígula e hija de Claudio y la difunta Mesalina. Mis padres vieron en los esponsales la oportunidad para celebrarlos con esplendor y brindar a la plebe algunas diversiones. Como parte de los festejos ofrecí juegos circenses y una cacería de animales exóticos traídos de África, en honor de mi padre Claudio. Como era la costumbre, se acuñaron monedas con mi efigie y la de Octavia, a más de esculpir algunas estatuas.

Tras la forzada boda me aparté de Octavia, no obstante de ser una joven hermosa, a quien la plebe amaba por su carácter amable. Educada en las intrigas de la corte era reservada como nadie, nunca emitía opinión alguna, a veces hasta olvidaba que se encontraba en la estancia y hablaba con mis consejeros sobre asuntos de Estado, sin percatarme de que se hallaba presente.

Cuando mis amigos me reprochaban por la poca atención que le prestaba, respondía: “Que debía contentarse con las insignias

70

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

matrimoniales”. Por otro lado, me disgustaba que mi madre se entrometiera en nuestro matrimonio y que la mantuviera a su lado como una rehén. Por esta causa preferí rehuirlas para librarme de aquella doble molestia.

Después de los esponsales, Claudio me nombró coheredero junto con su hijo biológico y todavía menor de edad, Tiberio Claudio Germánico Británico. La designación de dos herederos no era inusual en nuestra sociedad. César Augusto, eligió a su nieto Agripa Póstumo junto con Tiberio, como coherederos; Tiberio por su parte, nombró a Cayo

Calígula con su nieto Tiberio Gemelo. La adopción de adultos y jóvenes que no habían alcanzado todavía la mayoría de edad era una antigua práctica cuando no existía un heredero adulto, este fue el caso que se

dio durante la minoría de edad de Británico.

Las relaciones entre Británico y Claudio no se habían restablecido en su totalidad, siempre existía el resentimiento hacia su padre por el asesinato de su madre Mesalina y por la rivalidad entre nosotros, sus hijos varones. Británico, se sentía relegado y no podía entrever la frágil posición de Claudio y la necesidad que tenía de un heredero adulto para consolidar su posición.

Por otro lado, Roma se desenvolvía en un ambiente de inseguridad política donde las acusaciones eran asunto diario. Vitelio, el hombre de confianza de mi madre, fue imputado por el senador Junio Lupo de crímenes de ‘lesa majestad’ o Lessa maiestas y ‘de ambicionar el Imperio’, denuncias suficientes para ordenar su ejecución, de no ser por la rápida intervención de mi madre que consiguió, gracias a su influencia, que el Emperador cambiara su dictamen. Así, el acusador, Junio Lupo, fue castigado con la sentencia de prohibición de agua y fuego, y Vitelio, convertido en víctima, quedó absuelto. Mi madre se distinguía por ser magnánima con sus servidores e implacable con

sus

enemigos.

Mi

vida transcurría entre los estudios, las prácticas castrenses y las

invitaciones con que me agasajaba mi tía, Lépida, que desde que fui

71

Violeta Molina

nombrado coheredero eran más recurrentes, ocasiones en que aprovechaba para recordarme su cariño y todo lo que había hecho por mí cuando era un huérfano carente de recursos. Ella sabía que la correspondía sinceramente, me había prodigado afecto y cuidados durante mi infancia. Pero entre mi madre y mi tía, además de rencillas familiares, se disputaban mi favor como futuro emperador, esto dio lugar para que Lépida, fuera imputada de haber maldecido públicamente el lecho matrimonial de mis padres, de prácticas mágicas y permitir que los esclavos de su propiedad en Calabria llevasen a cabo peligrosas revueltas con el objeto de alterar el orden público. Graves acusaciones por las que mi tía, Lépida, fue llevada a juicio público y sentenciada a muerte (54 d.C.). Durante el proceso no tuve el valor para oponerme e inducido por mi madre, debí testimoniar en su contra. Narciso, el liberto de Claudio, fue el único que tomó partido a favor de mi tía, ganándose su animadversión.

Por otro lado, Narciso, estaba acusado de malos manejos en la dirección de las obras públicas a su cargo. Entonces, secretamente, se acercó a Británico, más manejable, para procurar su corona como único heredero, e influyó en Claudio una reconciliación entre padre e hijo.

Claudio acepto la mediación de Narciso, que arregló un encuentro, durante la reunión vieron a Claudio llevarse aparte a Británico y abrazarlo con emoción, le prometió reparar el pasado y retomó el amor que en otro tiempo le había dispensado. Rogó a los dioses que se hiciera mayor para que expulsara a los enemigos de su padre y se vengara de los asesinos de su madre, luego dirigiéndose en griego le dijo: “El que te hirió te curará”, como indicando que pretendía dejarle el trono como único heredero tan pronto tomara la toga viril. Pasadas unas semanas, consideró la posibilidad de adelantar esta ceremonia con el pretexto de su estatura, dijo: “Para que el pueblo romano tenga al fin un verdadero César”.

Año 807 desde la fundación de la ciudad de Roma (54 d.C.). Cónsules:

Manio Acilio Aviola y Marco Asinio Marcelo.

Funestos presagios u omina mortis acaecieron cuando las enseñas y tiendas militares ardieron por fuego del cielo; la aparición de una estrella

72

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

con cabellera, a la que llamaban cometa —siempre presagio de cambio

de gobernante—; el impacto de un rayo sobre la tumba de su padre

Druso; un enjambre de abejas se asentó en el techo del Capitolio; el nacimiento de un niño con dos cabezas; y el deceso, en ese mismo año,

de la mayoría de magistrados de diferentes rangos: un cuestor, un edil,

un tribuno, un pretor y un cónsul. Con ello, los dioses marcaban su muerte de forma inminente…

Mi padre, el Emperador, con estos sombríos presagios no quiso dejar

nada al azar y se apresuró redactando su testamento e hizo sellar con la firma de todos los magistrados. En la sesión del Senado a la que asistió

por última vez, aprovechó para exhortar insistentemente a nosotros, sus

hijos Nerón y Británico —a la concordia— encomendó nuestra juventud humildemente a los senadores y en su última instrucción judicial, repitió desde lo alto de la tribuna, pese a que los presentes rechazaban su presagio: “Que había llegado el fin de su vida mortal”.

El día en que se terminaron los juegos augustales, después de haber cenado en la ciudadela de los sacerdotes, Claudio se sintió enfermo tras la ingesta de un plato de hongos, conocido como el alimento de los dioses, se quedó sin habla y atormentado por dolores estomacales devolvió todo lo comido, inmediatamente fue trasladado al palacio y atendido por el médico griego, Jenofonte. Galeno que atribuía la enfermedad del César unas veces al razonamiento de Dioscórides, quien afirmaba que el ambiente convertía las setas comestibles en venenosas, y otras a la de Plinio, el Joven, que aseguraba que las setas se vuelven ponzoñosas cuando una serpiente respira sobre ellas…

Mientras tanto eran convocados el Senado, los cónsules y los sacerdotes

que hacían votos solemnes por su salud. De tanto en tanto se publicaban

despachos anunciando su mejoría. Su defunción no se conoció hasta disponer los asuntos concernientes a la sucesión, de acuerdo con su testamento, expiró al mediodía del décimo tercer día antes de los idus de octubre a los sesenta y cuatro años de edad y catorce de su reinado.

Narciso se encontraba reponiéndose de una dolencia reumática en Siracusa, ciudad en Lacio, célebre por sus aguas medicinales.Al conocer

73

Violeta Molina

el deceso del Emperador corrió el rumor de que mi madre, temiendo que

su esposo cambiara su testamento a favor de Británico, decidió asesinarle con la ayuda de una experta en tales artes de nombre Locusta,

condenada hacia poco y mantenida con vida como instrumento del poder, a quien supuestamente había ordenado preparar un plato envenenado de setas —su manjar favorito— que le fue servido por el eunuco Haloto, encargado de probar sus comidas. Al ver que Claudio arrojaba, reclamó la presencia del médico imperial Jenofonte, para que con la supuesta intención de provocarle una regurgitación, hundiera en su garganta una pluma untada en una pócima. Que por ese motivo, había prohibido a sus hijos ingresar en la habitación imperial.

El último acto del liberto Narciso, ‘converso al cristianismo y seguidor de Pablo de Tarso’, fue quemar toda la correspondencia personal de mi padre Claudio y los documentos que lo vinculaban con la mala calidad de las obras públicas, en especial con los acueductos recientemente inaugurados, que ya comenzaban a dar muestras de resquebrajamiento

y del frustrado dragado del lago Fucino, tras lo cual se suicidó.

CAPÍTULO II

REINADO

lago Fucino, tras lo cual se suicidó. CAPÍTULO II REINADO Nerón Claudio César Augusto Germánico Nero

Nerón Claudio César Augusto Germánico Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

CAPÍTULO II REINADO Nerón Claudio César Augusto Germánico Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus Octavia Neronis 74

Octavia Neronis

74

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

El 13 de octubre, del año 807 de la fundación de la ciudad de Roma (54

d.C.), se hizo pública la noticia del fallecimiento de Claudio, el tercer

día de su enfermedad, antes de los idus de octubre (13 de ese mismo

mes), entre la sexta y séptima hora (al medio día), se abrieron las puertas

del

Palatino, según la recomendación de los ‘magos caldeos’ a quienes

mi

madre había consultado previamente para saber cuál era la hora

más propicia.

Me presenté en las gradas del Palatino acompañado del prefecto Sexto

Afranio Burro donde fui aclamado Emperador por la Guardia Pretoriana, algunos miraron alrededor en busca de Británico y como no lo encontraron, tampoco le echaron de menos. Me dirigí en litera a las cohortes, que según las ordenanzas militares estaban en el cuerpo de

guardias, donde recibí su juramento de fidelidad, en respuesta pronuncié un discurso ofreciendo mejorar la situación económica de los veteranos

y la promesa de un donativo.

En seguida nos dirigimos a la Curia y luego de referirme a la autoridad

del Senado y llamar a la concordia al ejército, pasé a explicar los proyectos que tenía para el buen ejercicio del gobierno. Alianzas

políticas que me llevaron hasta bien entrada la media noche, donde recibí

el juramento de lealtad de los senadores y, a diferencia de Claudio, el

título de Emperador o Imperatore; sin embargo, rechacé la designación de Padre de la Patria, por razón de edad. Asumí el trono a diecisiete años con el nombre de ‘Nerón Claudio César Augusto Germánico’ o Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus; a mi esposa, se le concedió

el tratamiento de Emperatriz de Roma, con el nombre de Octavia Neronis.

Si bien, no se me otorgó la potestad tributicia hasta el 04 de diciembre de ese año (54 d.C.); ni ejercí mi primer consulado hasta el 01 de enero

del siguiente año (55 d.C.), por dos meses; ni fui investido como sumo

pontífice hasta después de dos años (56 d.C.), función en que fui ungido

en la misma fecha, que lo había sido César Augusto.

El Senado decretó exequias con rango de censor, magníficos funerales de similar pompa que los tributados a César Augusto y su consagración

75

Violeta Molina

como ‘divinidad’. Personalmente pronuncié la oración fúnebre donde hice referencia a la antigüedad de la familia y los logros de su reinado como escritor, constructor de grandes acueductos, conquistador de Britania, entre otros. Como fue incluido entre los ‘dioses’ podría descansar con los miembros de nuestra familia que ya tenían esta categoría como: Julio Cesar, César Augusto y, más recientemente, su esposa Livia. Al propio tiempo, el Senado decretó para mi madre, Julia Agripina Augusta, dos lictores y la dignidad de flamen o sacerdotisa del templo del ‘dios’ Claudio.

Asimismo, consideré oportuno rendir homenaje a mi padre biológico Gneo Domicio Ahenobarbo con una estatua en su honor y en adelante, los ‘Hermanos Arvales’ o “Fratres Arvales” —cofradía sacerdotal, que se remonta a la época de la fundación de Roma, integrada en sus inicios, por doce flamines consagrados al culto de Dea Dia, divinidad romana arcaica protectora de la agricultura y las cosechas, más tarde conocida como la diosa Ceres— ofrecerían en el aniversario de su natalicio, el 11 de diciembre, un sacrificio en la Vía Sacra, frente a su templo. Esto para recordar que la gens Domitia o Domicia desciende de la más alta nobleza de finales de la República (desde 192 a.C. hasta 32 d.C.).

La gens Domicia viene de dos ramas los Calvino y los Ahenobarbo, la más ilustre esta última, de la cual desciendo y una de las más importantes de la República (la República del 10 a.C. hasta el 27 a.C.). Se cuenta que en una ocasión cuando uno de mis ascendientes Lucio Domicio, regresaba de una de sus propiedades rurales se le aparecieron dos jóvenes gemelos, de aspecto celeste, que salieron a su encuentro y ordenaron que anunciara al Senado y al pueblo una victoria del ejército que todavía era incierta, y para demostrar su ‘divinidad’ le acariciaron las mejillas y volvieron rojo al cabello negro de su barba, muy parecido al color del bronce, de allí su apodo o cognomen: Barba Roja o Barba de Bronce. Característica que distinguió desde entonces a la mayoría de nuestros descendientes y a mí mismo.

Los Domicio fueron honrados con ocho consulados, dos triunfos, tres censuras, preturas y más distinciones. Pertenecieron a las familias

76

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

patricias más ilustres y jamás se cambiaron de nombre, se llamaron Gneo

y Lucio, así los cuatro primeros fueron por consiguiente Gneo, y los demás, alternativamente Lucio y Gneo.

Uno de mis antepasados, Gneo Domicio Ahenobarbo, conquistó la Narbonense y construyó la Vía Domitia, el primer camino romano en la Galia, que enlaza Italia con Hispania, sobre esta carretera fundó con su hijo la Colonia Narbona. Como sabemos, mi abuelo, Lucio Domicio Ahenobarbo, fue esposo de Antonia, la Mayor, general galardonado con

un Triunfo por su lucha en Germania. César Augusto lo hizo patricio y

le tenía tanta confianza que lo nombró albacea testamentario. Mi padre

biológico, el cónsul Gneo Domicio Ahenobarbo, hubo quien, en su

momento pensó en él como sucesor de Tiberio.

Por mi madre desciendo de la gens Julia, que se remonta a los orígenes

de Roma, da nombre a todos sus miembros: a los hombres Julius y a las mujeres Julias. Por tanto, una familia conocida por su antigüedad y su origen divino. Virgilio en La Eneida enlaza nuestro linaje con el gran ‘Eneas’, aquel troyano que huyó de su Ciudad para después de recorrer el mediterráneo asentarse en Italia y que según la alegoría, tenía un origen divino ya que era fruto del amor entre el humano Anquises y la diosa Venus. En él tiene su origen la gens Julia a la que perteneció Julio César y por adopción, César Augusto.

Mi abuelo materno, Tiberio Claudio Druso Germánico, considerado el

mejor general que tuvo Roma. Fue adoptado por Tiberio, tras la muerte

de su padre Druso, poniéndolo de este modo en la línea de sucesión

imperial (4 d.C.). Al año siguiente, contrajo nupcias con mi abuela Agripina, la Mayor; hija de Marco Vipsanio Agripa y de Julia, la Mayor (hija de César Augusto y Escribonia).

De la unión de mis abuelos nacieron tres niñas: Agripina, la Menor, el

07 de las calendas de noviembre del año romano 769 (15 d.C.), en Oppidum Ubiorum, conocida más tarde con el nombre imperial de Julia Agripina Augusta, Drusila y Livila, y tres varones, Druso, Nerón César

77

Violeta Molina

(no el emperador), y Gayo Calígula. En total tuvieron nueve hijos, dos de ellos murieron al poco tiempo de nacer y el otro llamado Cayo Julio César, falleció en la niñez. Los seis restantes alcanzaron la edad adulta.

Con este linaje, aparentemente, no había razón para que mi investidura tuviera alguna objeción, estaba legitimado por ‘divinos’ ascendientes y tenía, a la vez, la popularidad de mis abuelos maternos Germánico y Agripina, la Mayor. A pesar de ello, se dieron algunas observaciones, ya que no cumplía 17 años, hasta el 15 de diciembre, y algunos pensaron que hubiera sido preferible nombrar a un hombre con mayor experiencia como el gobernador de Asia, Marco Junio Silano, también él descendía de César Augusto, por su madre, era nieto de Julia, la Menor.

Temerosa mi madre de la notoriedad que gozaba Junio Silano, pensó que no era conveniente dar pie para que se hagan comparaciones entre él y mi persona. A mis espaldas, sin mi consentimiento, preparó su asesinato con la ayuda del caballero romano Publio Céler, que tenía a su cargo la administración de Asia y del liberto Helio. Envenenaron al procónsul durante un banquete y lo hicieron a la vista de todos, para que no existiera la menor duda de quien se cumplían tales órdenes. Junio Silano, era hermano mayor de Lucio Silano, en otro tiempo, primer esposo de Octavia. Con esta familia había antiguas rivalidades, se cuenta que también fueron despreciados por otros emperadores, Cayo Calígula solía llamarle irónicamente: la oveja de oro.

Por su parte Séneca, a pesar de haber recibido el favor de Claudio, dejó ver su alevosía escribiendo una obra satírica —que hizo circular de forma clandestina— donde se mofaba del Emperador, ‘Calabazificación del divino Claudio’ o Apocolocyntosis divi Claudii, donde narraba en tono de burla cómo después de haber sido deificado, acaba tras una serie de vicisitudes convertido en un simple burócrata en el Hades. Asimismo, Galión, el hermano de Séneca, compuso un texto irónico, burlándose, explicaba cómo Claudio subió al cielo con un gancho, refiriéndose a los condenados que eran arrojados al Tíber, sujetos con un gancho.

78

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

Tales comentarios eran inauditos, a causa de la creencia que todos los muertos son divinos y deben ser reverenciados. La única diferencia entre

los fenecidos comunes de los emperadores divinizados, consiste en que

los últimos pertenecen a todos y reciben el culto colectivo de la población, cuyos poderes sobrenaturales devienen precisamente de los sacrificios y la devoción con que se rinda en su honor. Ya que entre los fallecidos no existe distinción. Todos los difuntos adoptan nombres respetuosos, como: buenos, santos, bienaventurados, entre otros.

En este punto recojo una máxima de Cicerón, que dice: “Dad a los

dioses manes lo que le es debido, pues son los hombres que han

abandonado la vida, tenedlos, pues por seres divinos”.

Por el bien de Roma, debí pasar este irrespetuoso proceder de mi

preceptor y su familia, aceptar esta humillación y conservar a Séneca a

mi lado. Con el tiempo, gracias a mi favor se convertirá en el hombre

más influyente y uno de los más acaudalados del Imperio.

Por esos días solicité al Senado las insignias consulares para Asconio Labeón, uno de mis maestros. El Senado me concedió lo pedido y quiso honrarme con un cambio en el calendario, que se iniciara en diciembre para que coincidiera con mi nacimiento, pero rechacé la propuesta, y el calendario conservó su antigua solemnidad religiosa de enero y la inauguración del nuevo año. Asimismo, votaron a favor de que se me distinguiera con una efigie de oro y otra de plata, pero objeté diciendo:

Para cuando las haya merecido”.

Tras asumir el trono fue realmente mi madre quien tomó las riendas del poder con un equipo de gobierno continuista y experimentado, por mi parte lo hacía nominalmente. Sin embargo, pronto mi madre chocaría con Séneca, el prefecto Burro y conmigo mismo, era solo cuestión de tiempo. Si bien, como una muestra de mi amor filial, el primer día de

mi

reinado di al tribuno que hacía la guardia la siguiente contraseña: ‘A

las

mejor de las madres’ u Optima madre. Desde entonces, nuestros

destinos estarían irremediablemente unidos en la vida y en la muerte.

79

Violeta Molina

Tras devolver la facultad al tribunal senatorial de la acuñación de oro y plata, se imprimieron monedas conmemorativas con la efigie de mi madre y la mía, y otras con la figura de Octavia. Con ello daba el primer paso en la mayor emisión de áureos de la historia. Hecho que en los límites del tiempo se conocerá como la base de la economía de mercado, la primera de las sociedades preindustriales.

de mercado, la primera de las sociedades preindustriales. Nerón y Agripina En esa misma línea y

Nerón y Agripina

En esa misma línea y como tributo

filial asigné a mi madre una cohorte

pretoriana similar a la mía, sin contar con la guardia germana que ya tenía

y era conocida por su lealtad

incondicional con los Césares. Mi madre la aceptó por su estatus y monumento a la gloria de sus antepasados.

De esta forma, aglutinó en torno suyo un gran poder, hacía hablar a su

capricho al Senado y a los cónsules. La energía de su carácter parecía que aumentaba su autoridad. Había tal altivez en su porte, tanta firmeza principesca en su gesto y fuerza en su mirada —inmóvil a veces como

la de Cayo Calígula—, que siendo Emperador, dueño del mundo y de ella misma, nunca pude dominar la impresión que me causaba.

Agripina gozaba de su autoridad sin límites con sus incondicionales

establecidos en los altos cargos del gobierno, con mi favor y por el éxito

de su gestión, lo cual fortalecía en torno suyo el hábito de mandar. En

lugar de obstaculizar sus decisiones, me entregue a los consejos de

Séneca y a preparar con cuidado mis discursos ante el Senado.

También, Séneca y el prefecto Burro nombraron a parientes y amigos

en

muchos e importantes cargos públicos del Imperio. Los familiares y

los

allegados de mis preceptores literalmente me rodeaban, construyeron

una muralla que impedía que otros ciudadanos pudieran tener acceso a

mi persona.

80

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

Pese a mi aguda inteligencia y bien intencionado de mi actuar, me sentía

un poco turbado por la gracia de la diosa fortuna, no tuve prisa por

ejercer el mando como en comprender su amplitud y en darme cuenta de mi posición. En un inicio, el Imperio no significó más que independencia y durante un lapso me di por satisfecho gobernando nominalmente. Mi madre, por el contrario, no ponía freno a su voluntad; así, durante un corto intervalo, madre e hijo, pudimos abandonarnos a nuestros auténticos intereses.

Como la música había sido mi pasión desde la infancia hice llamar al griego Terpnos, el tocador de cítara más célebre, llegada la noche, después de cenar comencé a recibir sus lecciones de música y canto. Terpnos, entonaba maravillosas melodías acompañándose de la cítara —sentado a su lado— pasaba gran parte de la velada escuchando sin agotar mi admiración, era el éxtasis de la poesía que revela Aristóteles:

“Cuando se imita una acción y los oyentes hacen suya esa acción ficticia es cuando la palabra se hace poesía. Y así, se pueden imitar acciones por medio de palabras, colores, sonidos o gesticulaciones. Este tipo de imitación recibe el nombre de poesía”.

Practicaba la cítara, instrumento de cuerda, que acompaña los himnos e imita las acciones valiéndose del ritmo, la palabra y la armonía, juntos forman los tres elementos constitutivos del canto y la poesía lírica. Ya que según Platón y Aristóteles: “Música sin canto no es poesía”.

Bajo su adiestramiento empecé a practicar poco a poco y sin omitir

ninguno de los ejercicios recomendados para aumentar la potencia de

mi voz, que en un inicio era un tanto débil y algo oscura. Los cuidados

para su desarrollo me obligaron a privaciones que difícilmente soportan quienes buscan antes que nada los placeres. Durante ciertos días no tomaba otro alimento que no fueran puerros en aceite, y hasta me abstenía de pan y frutas, mis alimentos favoritos. Entrenaba poniéndome sobre el diafragma una plancha de plomo para cultivar el ritmo de la respiración, entre otros. Y me mantuve así, trabajando con los más

81

Violeta Molina

eminentes maestros, recibiendo sus lecciones y sujetándome voluntariamente a una estricta disciplina.

Filósofos, músicos, escultores, actores y bailarines acudían en gran número a exhibir sus habilidades, dar lecciones y recibir estímulos. Debí repartir las horas de mi jornada entre unos y otros, me apasionaba por sus trabajos y vivía con ellos en una familiaridad de todos los días. Incluso cuando iba al teatro me sentaba entre los artistas para aplaudir sus éxitos y compartir sus emociones. Solo más adelante ocupé en el teatro la parte honorífica y más visible destinada para el Emperador.

Asimismo, comencé a practicar con gran entusiasmo la pintura y la escultura, tales eran los placeres infantiles que pedía al poder imperial, pero ocupaciones más importantes me hicieron volver los ojos al gobierno. Fue preciso hablar ante el Senado para hacerles saber cuál iba

a ser mi política, antes ya me había comprometido a devolver sus

prerrogativas y no falté a mi palabra. Prometí que en política exterior utilizaría la diplomacia para arreglar disputas y no por medio de guerras; que no pensaba ser juez de todos los asuntos (a diferencia de Claudio); que no permitiría que el poder de unos pocos ganara terreno sobre los menos afortunados; que el Senado debería conservar sus funciones de antaño (a diferencia de Claudio); que Italia y las provincias públicas debían acudir a los tribunales de los cónsules —administradas por el Senado— y las provincias imperiales, serían competencia directa del Emperador —gobernadas por militares—, finalmente, aseguré que gobernaría de acuerdo con los principios de César Augusto. Dejé entrever que como no me había formado en las guerras civiles, no tenía odios (a diferencia de César Augusto); que no tenía divergencias

familiares (a diferencia de Tiberio y Cayo Calígula), por lo que no tenía

ni rencores, menos venganzas contra nadie.

El Senado recibió con verdadero entusiasmo este discurso pronunciado por su joven Príncipe, nieto e imagen viviente de Germánico. Encontraron en mis palabras la prudencia y la moderación de César Augusto, contrario al proceder de mi padre Claudio que había elegido

82

Nero Claudius Cæsar Augustus Germanicus

Mi tránsito por el Hades

sus ministros al margen de la consideración pública, tanto él como Cayo

Calígula habían dado una importancia desmedida a sus libertos, privando casi por completo a los senadores de su tradicional poder e influencia. Si bien, reservé unas pocas secretarías de Estado para algunos libertos de la gens Domicia, en quienes tenía puesta mi confianza, como:

Aniceto, Cécina Tusco, Claudio Seneción, entre otros.

Mi conducta respondió a estas premisas y el Senado usó de la autoridad

que se le había restituida y todas sus disposiciones tuvieron fuerza de

ley, y Séneca, debía hacer que se obedezcan estas disposiciones. Así,

entre mi persona y mis ministros fue formándose una alianza honrada y provechosa para el interés público, contrariando el pensar de mi madre que exigía que se continuara con el modelo de gobierno implantado por

su esposo. Me corresponde el cambio de política, pues Séneca y el

prefecto Burro que hasta ese momento habían obedecido a mi madre, hubieran continuado igual si, contra toda previsión, no les hubiera ofrecido mi apoyo y dirección.

Tanto más mérito tuve cuanto Séneca, con su autoridad de pedagogo, continuaba dirigiéndose a mí, como preceptor. Aunque me rogó que le excusara si comía en su casa, pues necesitaba dedicar más tiempo a los asuntos de gobierno, también me insinuó que dejara de besarle en público. El prefecto Burro, por su parte, era de una franqueza un poco ruda. Tales eran los hombres que me rodeaban y que se mantenían firmes contra la ambición sin límites de mi madre, con el fin de hacer prevalecer una buena administración en beneficio del pueblo al que tanto amaba.

No pasó mucho tiempo y en el palacio se presentaron inconvenientes

entre los deberes de mis asesores Séneca y Burro, y la intromisión de

mi madre que exigió que las sesiones del Senado se dieran en el Palatino,

para presenciarlas a través de una cortina que la apartaba de la vista de los senadores, pero que no la imposibilitaba de escuchar sus disertaciones. En otra ocasión, trató de sentarse a mi lado mientras dialogaba con los miembros de una delegación armenia, rápido Séneca la detuvo en el pasillo para evitar un escándalo y darme tiempo para que

83

Violeta Molina

pudiera salir a su encuentro e invitarla a tomar asiento, de esta forma, bajo el velo del amor filial se impidió una escena que hubiera dañado

mi imagen como Emperador. En el reinado de Claudio había tomado

parte en las audiencias públicas, pero nunca en el Senado.

Antonio Palas, designado por Claudio Secretario del Tesoro o

Rationibus, se dirigía a mi persona con arrogancia inusitada olvidando

su condición de liberto, actitud que provocaba mi disgusto, quien se

inclinaba abiertamente a favor de mi madre. Palas, había conseguido su libertad a la muerte de Antonia, la Menor, de donde tomó su apellido. Este liberto no se percataba que mi carácter no era para estar sometido a la voluntad de esclavos. Incluso circulaban rumores que mi madre y él eran