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INSTITUTO DE ESTUDIOS UNIVERSITARIOS

MAESTRÍA PRESENCIAL
PLANTEL OAXACA

PROGRAMA ACADÉMICO: CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN

ASIGNATURA: TEORÍAS DEL APRENDIZAJE Y LA EDUCACIÓN

DOCENTE: MIGUEL ERASMO ZALDIVAR CARRILLO

EL HOMBRE Y LA CULTURA

PRESENTA: LIC.

SEMESTRE: 2

GRUPO: E072

OAXACA DE JUÁREZ, OAXACA. A 08 DE MARZO DEL 2019.


EL HOMBRE Y LA CULTURA

Los seres humanos no nacen para siempre, el


día en que sus madres los alumbran, sino que
la vida los obliga otra vez y muchas veces a
parirse a sí mismos

Para contrastar la relación entre hombre y cultura, está claro que se debe
comprender primero, a qué hace referencia el segundo término.

Es una palabra clave, pero igualmente difícil por las implicaciones filosóficas
que contiene. Cultura, etimológicamente deriva del verbo latino cólere que
significa cultivar, cultivar desde la tierra hasta los hábitos humanos.

Existen dos formas principales hay para entender lo que es la cultura: la


primera, es la actividad mediante la cual el hombre “se cultiva a sí mismo”
para alcanzar la verdadera y plena humanidad; desarrollando en sí mismo
sus facultades específicamente humanas, con un fuerte componente
espiritual, y se realiza como persona, situándose de este modo como un
elemento nuevo y original ante los demás.

Sin embargo, derivan los significados de cultura calificada:

1) Por su matriz filosófica: cultura liberal, marxista, budista, cristiana,


materialista, etc.

2) Por su contenido preponderante: cultura humanista, religiosa, científica,


tecnológica, atea, etc.

En la segunda forma de entenderla es la que tiene una gran incidencia en


nuestra vida. Se trata de lo que “se asimila” ambientalmente, de todo aquello
que se cultiva y se hace propio porque constituye el contexto vital en el que
naturalmente nos vamos desarrollando.
Entonces, ¿existe relación alguna entre hombre y cultura? Desde luego que
sí. Ya que es precisamente quien termina de modelarnos.

De acuerdo con la lectura del hombre y la cultura de A. N. Leontiev, resulta


que la relación entre hombre y cultura proviene desde que el primero forma
al segundo, pero, existe un punto de discusión sobre el creador modifica a
su creación o si por el contrario es lo inverso.

Lo único claro que consta es que sin el hombre no existe la cultura. La


globalización de corte neoliberal que marca el inicio del Siglo XXI demanda
que para las fuerzas progresistas del mundo está como centro de las
exigencias ideológicas la estrecha relación entre política, cultura y
educación, significa esto, que la sociedad está demandando la formación de
un hombre con una cultura integral, con una visión holística del fenómeno
de la cultura que pueda, desde sus procesos pedagógicos, alcanzar una
educación orientada a favor de la formación que se espera.

Tenemos un arma poderosa contra la buena cultura, los medios de


comunicación, y es que en la sociedad actual no son más que medios de
dominación cultural, este acto puede definirse también como la penetración
y dominación sistemáticas de la vida cultural de las clases populares por
parte de las clases gobernantes.

El imperialismo cultural ha tomado formas tradicionales y modernas. En


siglos pasados, la Iglesia, el sistema educativo y las autoridades públicas
desempeñaban un papel principal inculcando a los pueblos nativos las ideas
de sumisión y lealtad en nombre de principios divinos o absolutistas.
Mientras aún funcionaban esos mecanismos tradicionales de imperialismo,
las nuevas mediaciones modernas, arraigadas en instituciones
contemporáneas, se volvieron crecientemente centrales para la dominación
imperialista: los medios de comunicación, la publicidad, los anunciantes y
los personajes del mundo del espectáculo e intelectuales seculares
desempeñan hoy en día el principal papel. Los medios de comunicación de
masas constituyen una de las principales fuentes de salud y poder del
capital norteamericano. Hoy, prácticamente uno de cada cinco de entre los
norteamericanos más ricos obtienen su riqueza a través de sus intereses en
medios de comunicación, desplazando a otros sectores industriales. Los
medios de comunicación se han convertido en una parte integral del sistema
norteamericano de control político y social, y una de las principales fuentes
de obtención de superbeneficios. A medida que aumentan los niveles de
explotación, desigualdad y pobreza, los medios de comunicación
controlados por Estados Unidos actúan para convertir a un público crítico
en una masa pasiva. Las crecientes inversiones y beneficios de las
corporaciones norteamericanas en medios de comunicación, y la
omnipresente saturación con mensajes que ofrecen a la población
experiencias de consumo individual y de aventuras, representativas de las
clases medias-altas, definen al colonialismo cultural que hoy en día vivimos.

Entonces, volviendo a la pregunta central, ¿cuál es la relación que establece


el hombre y la cultura?

Se trata de un complejo proceso de objetivación y subjetivación de su ser


esencial a través de la praxis, pues la vida, en el decir de Marx, es
esencialmente práctica. Sencillamente, “el hombre se duplica no ya sólo
intelectualmente, como sucede en la conciencia, sino asimismo realmente,
en la actividad, y se contempla a sí mismo en el mundo que ha creado”.

El hombre sociohistóricamente determinado por su praxis social, crea el


cuerpo de la cultura y se realiza en ella.

La cultura como mundo creado por el hombre, integra sus propias


condiciones materiales de existencia (ser social) y la conciencia social en la
que se transparenta y refleja.

El mundo material y espiritual engendrado en la actividad social y


encarnado en la cultura, se convierte en fundamento de su quehacer teórico
y práctico.
La actividad humana expresa el modo específico de existencia, cambio y
desarrollo de la realidad social, en pocas palabras, es la forma existencial
humana, su modo particular de ser, existir, conocer, actuar y comunicarse
con los otros hombres.

La metáfora de Gabriel García Márquez, “los seres humanos no nacen para


siempre, el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga
otra vez y muchas veces a parirse a sí mismos” que precisamente elegí para
iniciar el escrito, ilustra claramente lo que se precisamente se comenta.

El hombre como sujeto, es portador de actividad, esto no se engendra por


generación espontánea, de modo incondicionado. Posee condiciones
generales para su existencia en tanto tal; todo un sistema de mediaciones:
necesidad, interés, fin, medios y otras determinaciones, engendradas en el
proceso de acción, hasta culminar en el resultado impulsado por la praxis.

Se trata de un proceso internamente complejo y contradictorio, mediado por


la práctica, en tanto relación sujeto- objeto. La práctica, tiene una jerarquía
particular en los marcos de la actividad humana. Expresa la actividad
material adecuada a fines.

Esta comprensión del sistema necesidad–interés–fines–medios y


condiciones = resultados, como base generatriz del devenir humano, resulta
valiosa para entender la esencia de la producción cultural, y más importante
aún, para revelar cómo tiene lugar la aprehensión cultural por los hombres
que producen con arreglo a sus necesidades y propósitos.

El valor metodológico y heurístico de asumir la cultura como creación de la


actividad humana, consiste en las posibilidades teóricas que brinda esta
concepción para abordar la cultura como “sistema multifuncional abierto,
que permanece en relación de dependencia y penetración recíproca
dialéctica con toda una serie de sistemas, y, ante todo, con el sistema
socioeconómico, respecto del cual viene a ser un subsistema particular.
La cultura, - subraya Savranski, destacando su concepción de la cultura
como sistema multifuncional, aun contando con relativa independencia, se
halla sujeta a la formación socioeconómica que determina su carácter y
rasgos específicos.

En el marco del análisis sistémico, la cultura, en general, puede ser


considerada como sistema social, y sus campos diferentes como
subsistemas estrechamente relacionados.

Una concepción sistémica de la cultura, fundada en la actividad humana,


no sólo debe pensarla como resultado, sino además como proceso que
garantiza la continuidad en el desarrollo social e individual del hombre. Los
sistemas culturales pueden, por una parte, ser considerados como los
productos de la acción; por otra parte, como elementos condicionadores
para otras acciones.

Entonces, se puede mencionar que se trata de un proceso de acciones


recíprocas, donde la actividad se corporiza en la cultura y esta es fuente de
nuevas acciones, y que toda producción humana, tanto en su proceso
mismo, como en sus resultados, está mediada por las necesidades, los
intereses, los fines, medios y condiciones que impulsan el quehacer activo
del hombre.

La cultura al igual que los actos humanos que la forman está siempre en
constante cambio, ya que es de reconocer que todo cambia, y lo único que
no cambia es el cambio mismo. Entonces, la cultura de cualquier lugar y
contexto no ha sido el mismo con el paso de los años, y es que los actos que
el hombre realiza tampoco lo han sido. La práctica define todo lo que con
ella se relaciona, y en nuestros ejemplos hacemos referencia al hombre y la
cultura, entendiendo que ambos conceptos establecen una relación
recíproca y dependiente uno del otro.
BIBLIOGRAFÍA

A. Leontiev, .Lo biológico y lo social en el psiquismo humano», en Vo¬prossy


psijologuii, 1960, 6; S.

Sudzuki, Los hombres y el talento (en japonés), Ed. Kobunsa, 1958.