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Debbie/ Poesía

Primera edición
Lima, noviembre de 2011

© Rigoberto Salón Ángeles, 2011


e mail: rsalon2100@outlook.es
Cel: 994 933 917

© Editorial Casatomada S.A.C.


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www.editorialcasatomada.com
Telf: (0051) 987 301 726/ 988 939 974

Dirección editorial
Gabriel Rimachi Sialer

Diseño y diagramación
Daniel Rimachi Sialer

Fotografía
Archivo personal del autor

Impresión
Editorial Casatomada S.A.C.

Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú N° 2011-13721


Hecho en el Perú, para los lectores del mundo.
Prólogo
Cuando un poemario se lee de un solo envión ya tiene puntos a su favor. Tal
vez la sencillez de su expresión poética nos conduce a su rápida lectura. Más
aún cuando el temario confeccionado de sus versos se concentra en la
protagonista de sus ideales. A pesar de otros puntos del temario, llama la
atención el emblema femenino de la amada imposible.
La fuerza de este lirismo sostenible es claro, directo, sencillo, y de rápida
adquisición. El poeta guiado por la amada sostiene un diálogo esperanzado,
diálogo en fecunda humanidad de entrega hasta lograr mensajes vocativos. Se
confía en ella por ser la protagonista de esta época, le confiesa la desazón de la
vida, el futuro previsor, la angustia humana, se hace eco de los demás.
De este modo estamos ante Debbie del poeta peruano Rigoberto Salón
Ángeles que resulta un sostenible poemario maduro de valiosa proyección
poética. La claridad de sus versos nos conduce en tres direcciones estilísticas.
El primero, el más acabado son los poemas dedicados a Debbie; el segundo es
el diálogo del padre del poeta; y el tercero, son los varios temas dedicados a la
diversidad humana.
Rigoberto Salón Ángeles logra en firmes propuestas idealizar a Sandra
Debbie Díaz Chávez, el amor imposible (o tal vez posible) desde una dramática
amorosa y coloquial. El poeta al concluir el libro le pide perdón por soñarla, por
ofenderla, por constituirse en el amado que se ilusiona. El primer poema: Debbie
resulta el más valioso de todo el conjunto del libro. Es un poema - río, coral,
angustiado, de amplio recorrido. El poeta emplea enseñanzas de vida, cantos de
clarinada, hechos indecibles, propuestas terrenales, pórticos visionarios, y hasta
la alegría de compartir con Debbie.
Debbie es además un poema de la solidaridad, donde todo es posible. El
poeta no se cansa de decirle a su amada que debemos cambiar el mundo, acude
a las estaciones porque todo esto sea posible, y lo enfatiza. Debbie se convierte
así en la cómplice de sus secretos humanos, se desarraiga de los embistes de
la vida, une naciones y voces, y obviamente se confía a su amada.
Destaco el valor significativo de Debbie porque constituye un adagio amoroso
de la vida, y Rigoberto Salón lo consigue desde la percepción coral o dramática,
coloquial o mítica, discursiva o social, local o selvática; en fin, sus ideales son
claros y de ancho bordados. Saludo con beneplácito este hermoso y logrado libro
de poesía que ya inicia un camino nuevo en su carrera de poeta.

CESAR TORO MONTALVO


Magdalena del Mar
Octubre de 2011
A Sandra Díaz Chávez
A mis padres Wualter Salón e Isabel Ángeles
Debbie

Vamos, Debbie, vamos


hacia el nuevo cielo y la nueva tierra.

Debbie, nos esperan las esquinas del silencio


detrás de la mesa, de la piedra,
del árbol caído,
detrás de la raíz de la flor
y de las nubes.
Debbie, vamos ahí…
Vamos ahí con nuestro canto.

Debbie, los bordes del cielo nos esperan


llenos de discos azules,
marrones, amarillos,
para que los traigamos a la tierra
mediante la palabra.

Nos esperan, Debbie,


las líneas enredadas e invisibles
del espacio, con alguna metáfora
para empezar a ordenarlas,
para empezar a describirlas.

Debbie, los costados del mundo


nos esperan
para darles compañía verbal,
nuestra compañía espiritual.

Debbie,
nos espera la incógnita
de las manos cerradas…
¡Abrámosla!

Vamos, Debbie, vamos:


nos espera el niño que trabaja, que llora,
que hambrea, que maldice su destino.
Debbie, démosle a él amor; enseñémosle
el futuro, tratemos de que lo imagine;
y cual maestros, integralmente
formémosle de espíritu;
y eso bastará, Debbie;
eso bastará.
Vamos, Debbie; vamos
y entremos hasta en las cosas increíbles,
y cambiémoslas; démosles luces, vibraciones,
inquietudes, todas únicas; y bañémoslas
con otra alba, con otro sol, con Jordanes
nacidos de tu entraña.

Debbie, vamos
y entremos en la mística del futuro.

Vamos, Debbie:
Que de nosotros salte, se desprenda
un corazón gigante, de tamaño
del Universo, donde se unan
todas las religiones.

Debbie,
volemos
a la cima de las ansias,
a la cima de los sueños.

Vamos, Debbie, vamos:


seamos un universo de palmas.
Un desprendimiento de iras blancas,
de dulzuras santificadas.
Seamos emanación
de sensaciones escondidas.

Vamos…, vamos, Debbie:


seamos uno en la intuición
de la primera vida
y de la primera muerte.
¡No nos dejemos para nada!
Seamos siempre una unidad
inconfundible.

Debbie, vamos:
nos verá la niña, la niña
quien deshojará nuestra alma
y en su imaginación nos transformará.

Debbie, vamos:
El que ha leído mucho,
el que sabe mucho
nos conocerá…
¡Normal!
Confiemos en él.
Debbie, vamos:
Saldrá a encontrarnos
el anciano, el sabio,
el que cuantas veces en su vida
se ha caído y levantado.
Debbie, viéndonos, sobre nosotros
sus manos apoyará.
Como padre nos engreirá.

Vamos, Debbie:
fuera del espacio, del tiempo,
está el niño que aún no nace;
Debbie, cuando nazca,
no lo abandonemos…
¡Enseñémosle a soñar!

Vamos, Debbie, vamos:


Salvemos el mundo
con nuestro verbo, con nuestras lágrimas.

Protestemos por las mafias religiosas.


Juntemos los rastros del que murió
errante o perdido.
Llenemos de miel los corazones amargados.
Saludemos al que nunca es saludado.
A través del viento, del eco,
hablemos con las fortificaciones escondidas.
Hagamos que tengan un mejor futuro
también el patito, el pollito, el perrito,
el torito.

Que el mundo, Debbie,


se levante, se alce por sí mismo,
alumbre, cambie, no cierre su futuro,
¡vamos! ...,
vamos, Debbie,
enseñemos nuestros sueños,
nuestro futuro,
nuestras imágenes construidas.

Vamos, Debbie, vamos:


todo lo bueno es posible;
todo lo bello es posible.

Que el pájaro oiga atento


el verso del niño, es posible.
Que la luna alumbre más clarito,
es posible.
Que el Sol no hiera, no enferme,
no mate, es posible.
Que la Primavera regale
mariposas al Verano,
es posible.
Que ninguna tarde sea triste,
es posible.
Que las noches no tengas sombras,
espíritus vagando, feos pájaros,
es posible.
Que la lluvia y la nostalgia
se desunan para siempre,
es posible.
Que todos tengan pan, salud,
educación, es posible.
Que las armas desaparezcan,
es posible.
Que los malos se conviertan en buenos,
es posible.
Que no haya misterios,
es posible.

Vamos, Debbie:
Cambiemos el mundo
con nuestro verbo, con nuestras lágrimas.

Si nadie nos comprende, Debbie,


si nadie nos comprende,
por un tiempo
escondámonos detrás de Dios,
detrás de los sentidos,
detrás del Universo.

Sellos de vida
Informe, interminable, neutral el Tiempo.
La claridad a nuestros ojos
como harina transparente.

El aire jugando
y jugando con los pulmones
y paralizando en cada muestro,
entre otros hábitos.

Lo que nace,
por su masa y por su fondo,
rebasando
la claridad irracional,
el espacio inocente.

Lo unánime del cielo: espejo azul


durante el día;
escritura de luces
por la noche.

La Muerte nunca muriendo


y gustándole
hacer llorar.

Casos

Bajo la piel se esconde


una planura de estrellas.

Parten del corazón


ingenuos horizontes.

La voz lleva hacia fuera


figuras invisibles.

La sangre contiene
millones de angelitos rojos.

Las sienes suenan algo así


como a músico bombero.

Las uñas de las ánimas


brillan por las noches.

Los oídos queman


cuando alguien habla nuestro mal.
Cuando las ideas dejan de bailar
el cuerpo muere tiro fijo.

Hombre hacia el hombre

Cruz viviente es el hombre.


Cruz para quien «todo está en todo». Y «todo
está en todo.»
Y en su interior, como en plano blanco universal,
como en laguna de perfecta luz,
yacen el Buda, Mahoma, Jesús…
Y la cruz, la cruz sudorosa y placentera y carnal, cae
y, con el puño amoroso y sangrante de dentro, levántase.
Sin dejar de ser HOMBRE; sin dejar de ser unidad.

Proyecta verse el hombre un solo ojazo.


Boca abajo, que mire abajo y arriba;
boca arriba, que mire arriba y abajo;
si de costado, que mire a todos los costados.
Ya sin necesidad de ojos.
O abiertos o cerrados con los ojos.
Total, un hombre cruz evolucionado, un solo ojazo.

Línea de la vida, utopía de hombre,


ser cual estatua de diminutos ángeles, un hombre cumbre.
Transmutando a pocos la cruz terrena, impersonal.
Cero metamorfoseando, no sólo lo que nunca fue,
sino lo que siempre fue, es y será.
Levantándose en vertical desde su humano corazón
hasta ojear horizontalmente
las frentes blancas de la Perfección.

Arriba arribar el hombre.


Y, así sus pies se empolven, tropiecen, sangren,
sin soltarse de la tierra.
Haciendo del espacio escalera esférica y oculta
en su nivelación a la cima única.
Y, sin duda, callando al seco
la invisible malla de entrecruzados sonidos:
la informe distancia del oído a la nada.
Y, cómo no, resolviendo en clara e infinita expansión
sus más sombrías estrecheces íntimas,
dando como resultado
un cero lleno de nueva dimensión.

Salir de sí el hombre.
Sin peso, sin sentido, salir de sí el hombre
a la altura neutral, o sea,
al encuentro de más debajo de sus pies
hasta más arriba de su cabeza.
Y en la altura neutral,
la altura universal.
Y he aquí el Buda, Mahoma, Jesús.

Anti suelo

Lo que hacemos los humanos con el suelo.


Lo encharcamos, malos, cómo al pobre lo encharcamos
de vivita sangre, de rojita sangre humanita.
Tanto y tanto, y repetidamente,
derramamos en él el vino sin precio de las guerras.
Y no sabemos, y ya ni sabremos, del destino
de tan alto y tan ciego sacrificio.

Y lo grave que es para el suelo, y de hecho lo más grave,


oler a sangre y cubrirse de moscas atmosféricas,
resultando, ahí nomás, sin tregua, resultando
horriblemente blanqueado de gusanos.

Y semejante ofensa crece besando nuestros pies.


Y besando nuestros pies, desde luego,
crece la acabadera de vidas.
(De vidas simplemente, porque ya no hay números
para contarlas,
y no hay inteligencia que pueda explicarlas.)

Absurdamente, con sangre y más sangre,


nosotros los humanitos resistimos acabarnos.
Lo que significa, también, que resistimos
a dejar el suelo libre, en paz, esto es,
solo, a sus anchas, indefinidamente.

Sintetizando, sin irnos lejos mostramos en lleno


que de tan humanos nos pasamos.
De Dios a Dios

Si todo lo que sube baja,


Dios subió tanto que ya no aparece.
Elevado a la potencia sin igual,
se ha rebasado no se sabe hasta dónde.
Y tan Dios es Él, pero tan Dios,
que se ha vuelto en extremo inalcanzable.

Pareciera que a solas se ha hecho grande,


a la vez grande;
que su gloria es no mostrarse para nadie.

Y pareciera que con tiempo ha evitado


que alguien llegue a su nivel:
dándose invisibilidad,
y dándose poder infinito
y espacio igualmente infinito.

Pareciera, simplemente,
que para Él nomás se ha hecho Dios.

Ronda de la muerte

¡Fiiinnn!, ¡fiiinnn!, ¡fiiinnnnnnn!,


silva la Muerte en la ventana del cielo,
en la ventana de la tierra.

¡Fiiinnn!, ¡fiiinnnn!, ¡fiiinnnnn…!

El mar se remueve;
la tierra tiembla;
las estrellas se opacan;
las personas gritan, en masa mueren;
las más grandes ciudades caen;
horribles huracanes pasan.

¡Fiiinnn!, ¡fiiinnnn!, ¡fiiinnnnn…!


Caos total.
Ruina total.

¡Fiiinnn!, ¡fiiinnnn!, ¡fiiinnnnnn…!

Parece cerrarse el futuro.


De prisa parece cerrarse el futuro.

Círculo de amor
Poniendo en juego
más de trecientos sesenta grados del amor.

Fuego, fuego; quemazón quemazón. Primero.


A continuación, fiesta de ideas, cruces de ideas
que terminan en nada.
Seguido, el sueño más rico o una muerte suavecita.
Después, la atmósfera indeterminable de la complacencia.
Por último, la ya no, ay, lo ya no.

De repente, el momento de purita sensación


vuelve a su raíz.
La expansión de entrañas, de inimaginable
se hace imaginable.
El área de la Fantasía
deja de abrirse hasta lo infinito.

Cuando en eso se redescubre el punto


en que comienza el fuego,
en que comienza la quemazón.
Entonces, de nuevo e incontrolablemente,
se marcha a lo ya no…,
ay, a lo ya no.

De ahí, enterita aún, la cosa vuelta se repite…; y


se repite en tanto que se acerca, ahora destellando,
la vida en general.

Pero siempre como siempre:


cuerpo a cuerpo. Espíritu a espíritu.
De dos, uno. Uno de dos.
Una sola escena. Una misma causa.
Poniendo en juego
más de trecientos sesenta grados del amor.

Muerte

De no existir la muerte,
la Nada no existiría,
el Cero no existiría,
la Vida no existiría.

La muerte era bella.


Cuando apareció el hombre,
éste la hizo fea.

Por la muerte,
la forma de cada cosa,
la presencia del tiempo,
la acción de la luz,
el juego de la Tierra…

¡De no ser la muerte,


realmente qué sería!...

De pie
Gentío del Asia, de pie.
Gentío de Europa, de pie.
Gentío de Oceanía, de pie.
Gentío de América, de pie.
Gentío del África, de pie.

De pie,
que universalmente
llueve que llueve cruces de sol.
De pie, gentío,
que de fiebre se carga la Tierra
y más allá de la Tierra…
Abarcando todo, partículas de infierno
se propagan y propagan, gentío.

De pie, gentío, ¡urgente!,


y poned el corazón en los glaciales,
y en los Polos Norte y Sur,
en los océanos y ríos,
y en los lagos, gentío, en las quebradas,
en los ojitos de agua, en humedales.
¡Y poned el corazón en cuánto fuere verde!
¡Y poned el corazón en los animales todos!
Y en la amistad del Sol, de la Luna, en fin,
en la amistad de muchos astros,
urgente, gentío de gentíos…, ¡poned el corazón!
Y poned el corazón en los desiertos
que no sean más desiertos…
En lo que aún nos queda, poned el corazón.

Poned el corazón en el presente, el ruido del pasado;


y en el futuro, el ruido del presente…
¡¡¡Poned el corazón en los sentidos!!!

Hacedlo urgente de urgentes;


que si no, gentío, que si no,
¡menos vida será esta vida!
O
el Tiempo ha de empeorar.
El Espacio ha de empeorar.
Toda distancia ha de empeorar.
Toda ciencia ha de empeorar…

¡La Nada total se ha de venir, gentío!


La Nada total, la corona de la fatalidad…

Nooo, gentío, nooo.

Sin absurdos, aún a tiempo, gentío, aún a tiempo,


por la Vida, por el Hombre: por lo de siempre,
¡comprimidse en la unidad!

Por la Vida, por el Hombre, gentío: Por lo mismo,


por lo de siempre,
de cualquier forma,
¡poned el corazón en lo debido!...

De pie.
Desafiad a la conclusión de todo,
a la consumación de todo…
Desafiad a la Gran Muerte.
Al fin de todos los comienzos;
al fin de los fines, desafiad.

De pie, gentío, de pie.

¡Gentío de gentíos, de pie!

Recaída

Ahora vuelta no tengo huesos,


ni corazón, ni amor, ni trabajo…
¡Qué desgracia!

Vuelta me hallo sin nada.


Vuelta me hallo sufriendo hasta el tope,
hasta el extremo…
¡Qué desgracia!

Vuelta, por el hambre,


siento navajas, agujas, vidrios en mi estómago…
¡Qué desgracia!...

¡Qué ya pues hago!


¡Si toco la pared, los libros, el ropero,
y mi situación sigue igual!
¡Si toco la cama, el espejo, mi bolsillo,
y mi situación sigue igual!
¡Si me toco la cabeza
y mi situación sigue igual!

¡Tengo rabia del mundo!


¡Tengo rabia de mí mismo!

¡Quiero gritar…!
¡Quiero gritar y gritar
hasta que escuche mi amada imposible!

¡Quiero gritar, sacarme los ojos!


¡Quiero correr gritando
a los brazos de mi amada imposible!...

¡Quiero, no sé, morder las piedras,


tragar arena!

¡Quiero estirarme hasta el Sol


y asarme en sus entrañas!

¡Quiero brincar a la Nada!

¡Quiero volverme barro!


¡Quiero volverme agua!

¡Quiero hacer de mi cabeza


una escoba del mundo!

¡Quiero agarrarme de mi alma…,


agarrarme de mi alma y aquietarla!

¡Quiero volar! ¡Quiero volar! ¡Quiero volar!

El hombre “A”

Algún día. Algún día…

Algún día conocerá el hombre


la conciencia conciente.
Entonces dejará
la conciencia inconsciente.

Algún día. Algún día…

Algún día será el hombre


positivo positivo.
Pues hoy,
es positivo negativo,
o simplemente negativo.

Algún día. Algún día…

Algún día será el hombre


«como Dios», es decir,
semejante a Dios, a imagen de Dios.
Entonces se le habrá ido
toda necesidad de Dios.

Algún día. Algún día…

Algún día crecerá el hombre


de corazón a sinfín de corazones.
No crecerá de sus plantas hacia arriba,
ni de la cabeza hacia arriba.

Algún día. Algún día…

Algún día Universo y Hombre


se igualarán, se entenderán.
El Hombre mirará
a través del Universo.
El Universo mirará
a través del Hombre.

Algún día. Algún día…

Algún día. Algún día…

Transfiguración

Bienvenidos los puertólogos,


los ventanólogos, los caminólogos.
Bienvenidos, para que estudien la holgura
del alma en el mundo…
¡Fuera los cielólogos!

Esperamos ver el alma en negro,


en azul, en blanco.
Esperamos verla
en todas sus ataduras con el mundo.

Así, volará la sombra humana.


Así, se desvestirá el cerebro
de ideas envueltas en polvos invisibles.
¡Y con otra ropa se verá el alma!
Y en espirales de fuego blanco
acabará el misterio del mundo.

Casi todo sabremos de la vida, en fin.


Y visto de lejos, sin ir muy lejos.

Verdaderamente,
una esperanza original.

¡Pobres los cielólogos!... Han de quedarse


en un sosiego eterno, metidos
en su herencia de puras sombras
y vacíos.
Como sea que quedaren,
se les perdonará el perjuicio que hicieron
a la raíz del mundo
y a la estatura del alma.

De hecho,
¡nada que ver con los cielólogos!
¡Fuera los cielólogos!

¡Bienvenidos los puertólogos,


los ventanólogos, los caminólogos!

Secreto de los pies

Desde que aprende a caminar


hasta próximo a morir,
un número exacto de pasos
da el hombre,
que nadie lo sabe,
nadie.

El que se atreva a saberlo,


queriendo no queriendo
ha de volver atrás:
desde el último paso
al paso uno.
Sandra, Sandrita…
Para Sandra Debbie Díaz Chávez

Sandra, Sandrita:
criaturita llena de alba, llena de aurora,
por qué me enamoré así de ti, por qué:
gravemente, desesperadamente, definitivamente.

Ya de todo he hecho para acercarme a ti,


en la medida de mi cerebro, de mi corazón,
de mi alma…, y nada…

¡Adentro, Sandrita, adentro, adentro me duele


que no me ames, que no me quieras!

Sandra, Sandrita:
necesito de ti en todos los sentidos.
Eres la persona exacta para mi alma;
la persona exacta que necesitaba.
Necesito de ti en todos los sentidos.
Imaginarme contigo y no estar contigo
me pone mal, me enferma, me deprime.

Sandra, Sandrita:
te amo…
Para siempre te amo.

De modo natural o sobrenatural,


te amo.
Con todo lo humano o lo sobrehumano,
te amo.
Secretamente o abiertamente,
te amo.

Sandra, Sandrita:
te amo…
Para siempre te amo.

Sandra, Sandrita:
Tú debiste ser el amor de mi vida.

Desde antes que existiéramos


las estrellas debieron jugar
para que fueras el amor de mi vida.

Desde antes que naciéramos


la Naturaleza debió de jugar
para que fueras el amor de mi vida.

Sandra, Sandrita:
Tú debiste ser el amor de mi vida.
Tú debiste ser el amor de mi vida.

Muestra del tiempo

Muestra del tiempo.

Direcciones del bien, cero.


Colores pacíficos, cero.

Comprimido
el espacio
de luz que da dolor,
de atmósfera amarilla
que angustia el corazón:
el corazón del hombre,
del agua,
del aire,
del árbol,
del animal,
de la Tierra…,
de todo…

De abajo arriba,
de arriba abajo,
enfermo, cansado.

Despiden a Dios:
Dios, ¡adiós!...

Cambia de cielo el hombre,


de vestido la Tierra.
Ni en la vida ni en la muerte

Estar ni en la vida ni en la muerte.

Estar en el punto de equilibrio


entre la vida y la muerte.
De ahí, con otra mirada,
mirar,
mirar en dos direcciones:
hacia adelante:
una ventana inmensamente desbocada.
Hacia atrás:
Igual:
una ventana inmensamente desbocada.

Y ya no saber elegir, ni poder elegir


ninguna ventana.
Y no tener ya fe en nada,
esperanza en nada…
Tener cero percepción de sí mismo…
Tener percepción del total,
del absoluto del momento:
Percepción de que nuestra cabeza,
con el mundo y más allá del mundo,
se hace grande, grande, a la vez grande.
Percepción de que nuestros pies,
con el mundo y más allá del mundo,
se alargan y se alargan, infinitamente se alargan.
Percepción de que nuestras manos,
con el mundo y más allá del mundo,
se estiran y se estiran, infinitamente se estiran.
Percepción de que el resto de nuestro cuerpo,
con el mundo y más allá del mundo,
se vuelve masa brillante y se agiganta y
se agiganta y se agiganta.
Percepción de que nuestro interior,
con el mundo y más allá del mundo,
toma forma de un ala transparente y se abre y
se abre sin fin, sin fin, infinitamente…

Y todo, todo nadando


en una vibración bajita e inconmensurable…
De la Oscuridad

Allá, Oscuridad, allá.


Con tu peso. Con tu enigma. Con tu sombra.
Palomas negras te esperan.
Cementerios con cruces regadas.
Iglesias llenas de calaveras.
Catedrales abandonadas.
Biblias tiradas o enterradas.
El Vaticano en ruinas.

Allá tú.

A la entrada te esperan
huesos secos a montones.
Ciudades desoladas…

¡Qué más, Oscuridad!


¡Qué más te pueden esperar!
De hecho, abismos y más abismos.
Atmósfera de ceniza, polvo, humo.
Voces sin garganta…

Nada bueno. Nada bueno.

Como para que te oscurezcas


más, Oscuridad.

Sin puerto

Debbie,
adónde ir,
en quién apoyarme…

¡Qué pequeño me siento ante ti!


¡Qué nada me siento ante ti!
Templanza

Enigmas que hierven en la sangre,


en las ideas,
desde cuando aquí, tranquilas.
¡Desde cuándo!...
Arriba la claridad espesea como leche;
no hay el Sol.
Abajo algo como arcoíris ya casi diluido,
algo como escenario de nubes de colores.
Sin lugar específico, círculos azules,
dibujitos de nube blanca,
lucecitas parecidas a luciérnagas y figuras,
bultos y manchas grises en desorden.
Ningún viento.
Ningún peso.
Silencio equilibrado… Equilibrado, ya
que huuuuuuu, huuuuuuuuu, huuuuuuuuuuu…,
se puede oír de rato en rato, bajito,
como huracán lejano.
Ninguna esquina horizontal.
Ninguna cosa que dé sombra.
Nada de cielos.
Nada de vacíos absolutos, pues
de percepción parecen llenos…
¡Pero desde cuándo aquí!...
Enigmas que hierven en la sangre,
en las ideas,
desde cuándo aquí, tranquilas.
¡Desde cuándo…!

Altura del sentirse mal

Es difícil estar completamente bien.

Siempre se ha de estar mal


de la cabeza para arriba,
de los pies para abajo,
o alrededor, a todos los costados.
Se ha de estar mal de calentura de nubes,
de aires, de tierras.
Mal de enfermedades incurables.
De desastres naturales que se ríen del científico.
Y de fuegos de guerra, de humos de guerra,
de muertos de guerra, de atmósferas de guerra.
Y se ha de estar mal de hambres, de muchas hambres.
Y mal de gentes que copian falsas direcciones morales.
Mal de abundancia de cosas hechas sin sentido.
De incesante bullerío de las ciudades grandes.
De mentiras santificadas universalmente.

Siempre se ha de estar mal de alguna forma.


Siempre se ha de estar mal en algún sentido.

Y hasta de pasado se ha de estar mal…


Mal de huesos que nunca tuvieron sepultura.
De sepulturas que recibieron muertos antes de hora.
De sabios que fueron muertos en el fuego.
De pueblos enteros que desaparecieron
en el fondo del mar, o en el fondo de la tierra.
Se ha de estar mal de gentes que con cultura, raza
y todo fueron extinguidas.

De algo se ha de estar mal en esta vida.

Y hasta de futuro, dada su corona vacía,


su incertidumbre blanca, su silencio enigmático…,
dada sus interminables caras y salidas.

Poema para Debbie

El recuerdo de tus ojos


me sana el espíritu.

El recuerdo de tu sonrisa
me sana el espíritu.

El recuerdo de tu amabilidad
me sana el espíritu…

El recuerdo de tu ser
me sana el espíritu.

No hay nadie como tú en el mundo.

Te presentí en la sonrisa de un niño.


Te presentí en mis sueños,
en cada oración dirigida a Dios,
en los abrazos de mi madre.
Te presentí en mi angustia.

Te presentí desde niño en Amazonas.

Te elegí mi creencia, mi religión,


desde antes que te conozca.

No hay nadie como tú en el mundo.

Eres la verdadera imagen de Dios.

Eres
una criaturita llena de luz,
una criaturita llena de amor,
una criaturita llena de Dios.

Conocerte fue un milagro.

A partir de ti cambió mi vida.

Por cuánto de ti,


como mi pequeña hermanita te quiero mucho,
y te quiero mucho,
y te quiero mucho…

Gracias Debbie:
Como que he descubierto a Dios a través de ti.
Como que he descubierto a Dios a través de ti.
Ascensión del 17

17, lo he comprobado, eres puro.


Eres puro. Ayer por la noche,
saliendo de la profundidad de mi cerebro,
te repartiste en cuatro cruces esenciales:
mi frente, mi ombligo, mis dos hombros,
y mi boca.

Era la medianoche, cuando


de ronda de Dios se llenó mi cuarto.
No había más: me senté en la cama,
cerré los ojos, tranquilo;
de pronto, desesperado,
me estiré de largo en mi vida recorrida,
multiplicando
mis sombras, aumentando y dispersando
mis partes invisibles.

Entonces,
de uno en uno,
salió el 17 por mi boca.
Y salió reemplazando
a 17 sonidos de palabras.
Así,
al empezar, por decir «Por» dije uno;
y al terminar,
por decir «Amén» dije 17…

El resto se sobreentiende.

¡Gracias 17…! ¡Gracias 17…!

A Dios el Señor
(Plegaria)

De los estafadores con Biblia,


o sea, de los que roban
con el pretexto de diezmos, ofrendas,
¡líbranos, Señor!
De los «diosólogos»,
de los «jesusólogos»,
¡líbranos, Señor!

De los gritones con Biblia


y que se dicen «predicadores de Cristo»,
¡líbranos, Señor!

De los cardenales a sueldo,


de esos malditos,
¡líbranos, Señor!

Del Vaticano,
del Papa,
¡líbranos, Señor!

Y de Norteamérica,
o mejor, de su Casa Blanca,
¡líbranos, Señor!

A mi padre
(Nostalgia)

«Cuidadito vayas a tener miedo.


Partiremos de noche, en ayunas,
nada más embocando nuestra salsita
y mascando nuestro ajito.»

«¡Cuidadito con tener miedo! »

«Tú montarás en el burro Grande, más manso;


yo en el Chico.
Y te agarras bien. Yo de tu edad
ya dominaba un burro, para que sepas.
Bueno, te prevengo,
porque todo animal manso tiene su día. »

«El ajito nos arrimará


de todos los aires malos que no faltan,
pero te daré también
un poquito de mi coca para que masques.»

«No te vayas a asustar


donde el burro pare las orejas:
es algún mal espíritu que ve.
O a ratos puede soplar su trompa también.
No te vayas a asustar. Tranquilo nomás.»

«¿Sabías? El burro es buena compañía


por el crucero que tiene encima,
dirección de su pescuezo.
Esa cruz ayuda mucho.
No es como el caballo.»

«Conforme vamos yéndose,


llegaremos a una hoyada, una quebrada seca.
Dicen que ahí se presenta
un burro blanco sin cabeza.
Se presenta, dice,
entre las dos y las tres de la mañana.»
Y a esa hora más o menos estaremos por ahí.
Dicen también que ahí mismo
al finado don Felipe
puso el Diablo su rabo por sobre sus hombros.
Y así que él era catequista.
Dizque que el Diablo no se movía.
Lo único con que se movió
dizque que fue con la señal de la santa cruz.
Pitando se fue el Diablo, dice.»

«Pero a nosotros no nos pasa nada.


Vas a ver.
Hay que persignarse al salir.
Y tranquilos.»

«Pasaremos también por el Balcón del Muerto.


Es un lugar, una loma. Ahí descansa el Muerto.
Y ahí llama, llantea.
Al encima hay un cementerio.»

«Más allá hay una laguna negra.


Ahí hay que pasar calladitos.
Esa laguna, cuando oye voz de gente,
se embrava y hierve.
Ya sabemos, ya.
Papá contaba que más antes
esa laguna se tragaba niños;
dizque desde la hamaca se los cargaba.
A los hacendados más antes
dizque también se les perdían toros.
Dizque ni rastros de los rateros encontraban;
por eso aseguraban que era la laguna.
Por eso ahí hay que pasar calladitos.
Porque aún no se amansa.
Ya es que esté mansa.
Qué pues nadie se atreve a arrojarle
un cacho de toro negro,
o manteca de chanco hirviendo.»

«Para que no te aburra el camino


te contaré el cuento de la Piedra del Diablo.
Trata de una piedra en que se calca la mano,
la cara, el talón, todo, menos la cruz.
Esa piedra está de aquí
a seis horas en mula, sobre el cerro.»

«Hay que irnos al paso de los burros


para que no se cansen.»

«No te vayas a olvidar


el fiambre que prepara tu mamá.
Lo pones sobre la alforja rayadita
y lo envuelves en el cacho del sillón del burro,
atrás.»

«Cuidadito con olvidarse de saludar


a tus tíos, a tus tías, a tus primos, llegando. »

«Ya. Hay que dormir ya.


Mucho nos vamos a desvelar.
Nos puede ganar el sueño…»

Te extraño, papá.
La corona de las sorpresas

¡Curioso! ¡Curioso!

En buena parte del mundo


se armoniza la vida:
El pájaro juega con el niño.
El cielo se abre
para sanar al deprimido.
Las armas son pisoteadas.
La lluvia, los árboles y el viento
se abrazan lindo hasta el delirio.
Los ríos son puros y dormidos.
El hombre y la Naturaleza
se han hecho muy amigos.

Como que se vislumbra un universo


lleno de amor.

¡Curioso! ¡Curioso…!

¡Viva el Buda!
¡Viva Mahoma!
¡Viva Jesús!

Revelación

Humanidad, tarde o temprano


se te revelará tu cima neutral,
que es también del Universo.
Cuando eso ocurra, tus impresiones
de religión se caerán.
Verás aliviados tus dolores;
terminarás con el tiempo;
ningún tipo de deseos te agobiarán.
Se te acabará la distancia
de la vida hacia la muerte.
Expansión azul
o expansión de luz te sentirás.

Por su parte el Universo


cambiará de presencia:
El cielo brillará con nuevas luces.
Una cosa blanca transparente
envolverá a la Tierra.
Más claro será el espacio
y otras aves mostrará.
Todo sonido tendrá sentido.
Todos los vientos jugarán.
Un fondo azul más claro
mostrarán los horizontes.
Camino difícil no habrá…

Humanidad,
grandes transformaciones.
Y tú las verás.
Tú las vivirás.

En aras del futuro

Niños que vendrán:


poned de pie al hombre;
poned a Dios en su lugar.

Canciones que vendrán:


mejorad la alegría;
armonizad la vida;
rescatad a las almas deprimidas.

Primaveras que vendrán:


extendedse en el techo
de la casa del pobre.
Y coronad la tumba olvidada.

Volcanes que vendrán:


medid vuestras cenizas,
vuestro fuego…
No hagáis ningún daño.
Terruño y nostalgia

Tiempos aquellos
en mi pobre caserío.

De vez en cuando,
por cualquier motivo,
la buena madre
que le reñía a su hijo, toda enérgica:
«Ya lueguito has de tener mujer, carambas.
Ahí no has de saber siquiera
amarrar un toro, o agarrar una lampa.»

La niña que gritaba:


«¡Visita, mamá, visita…!
¡Va haber visita!»,
siempre que veía una mariposa
entrar en la casa.

La vecina que de mañanita


regaba maíz en el patio;
luego llamaba a los pollos:
«¡¡Yopopopopopopopopooooooooooo…!!
¡¡Yopopopopopopopopooooooooooo…!!»
Y los pollos llegaban corriendo,
comían y se iban.

Los muchachos que por las noches,


a oscuras,
en el patio de la escuela
jugábamos “chepi”, “los ronderos”,
o “la gallinita ciega.”

La tía, que cuando sonaba su cuello


solía decirle a cualquiera:
«Llora mi pescuezo, voy a comer carne.»
Y según ella acertaba.
Era su secreto.

La vieja bruja que vivía


sola al pie del cerro
y a quien todos saludaban:
«Buenas noches, doña Guillerminita.»
«Buenas días, doña Guillerminita.»
«Buenas tardes, doña Guillerminita.»
«Cómo está, doña Guillerminita.»

La lorera que al costado


de la chacra de papá,
en otra chacra,
espantaba a los loros
en el tiempo de los choclos:
¡¡Joooooloooorooooooooo…!!
¡¡Joooooloooorooooooooo…!!»
Y terminaba cantando:
«¡Laralalaaalaraaalalalaaaaaaa…
Laralalaaalaraaalalalaaaaaaa…!»

Tiempos aquellos…
Tiempos aquellos…
Tiempos aquellos
en mi pobre caserío.

Carta a Debbie

Debbie, amiguita madre, mi angelita madre:


de nuevo me he enfermado y nadie, nadie
me ha venido a ver.
Tengo una fiebre horrible. Y mi cabeza
me duele. Y mi corazón también.
¿Sabes?, estoy débil. Mi rostro se ha desencajado,
tanto que ya no parece que fuera yo.

Y ahora estando así, mal, el alma también


me duele mucho, me duele más.
Una oscuridad incomprensible
se ha apoderado de mí.
Una sombra pesada, negra, sin sentido,
como para acabarme la vida
se ha puesto en mi interior.

Si tú estuvieras aquí, yo no estaría así.


¡Sí, amiguita madre, mi angelita madre!

Si tú estuvieras aquí, me hablarías


como a niño de lo bonito de la vida
y no me deprimiría.
Nos hablaríamos, y yo quisiera
que nunca nunca acabe nuestra conversación.
Y tu mirada me sanara de todos mis males:
fuera mi medicina.
Tus abrazos me fortalecerían, me restablecerían,
me purificarían.
Mi espíritu, mi ser, quedarían
rebautizados para siempre.

Debbie, es de medianoche.
Pienso muchas cosas.
Tengo ganas de gritar esta soledad,
esta vida.
Cómo aparecieras aquí
para que me abraces en tu pecho
y me pongas a llorar ahí eternamente.
¡Para todo te necesito, Debbie, para todo
te necesito!
Si estuvieras aquí, cerca,
mis constantes suspiros también se irían.

Y te juro que ya no quiero estar así, mal: yo quiero


estar bien.

Debbie, amiguita madre, mi angelita madre:


¡cuánto me desespero! ¡Cuánto me desespero!
¡Cuánto me desespero!

Hoy…

Hoy la tela blanca llora manchada de sangre.


Hoy la piedad pasa por el camino llorando.
Hoy la tristeza se encierra a llorar a solas.
Hoy el agua se lamenta en los costados del mundo.
Hoy la esperanza sube por la ventana gritando.
Hoy el pan se ha negreado en el horno.
Hoy el polvo se angustia en unos ojos.
Hoy el paño negro hace un pacto con la Muerte.
Hoy la fe se revuelca en medio de una cuadra.
Hoy la soledad se agarra de la almohada.
Hoy el sueño se desdobla en muchos sueños.
Hoy la pena se descompone en muchas penas.
Hoy la ternura se transforma en huairuritos.
Hoy el hambre guerrea en el estómago.
Hoy la puerta se golpea a sí misma.
Hoy la cuchara descansa en la cocina.
Hoy la lluvia se abraza a la nostalgia.
Hoy las lechuzas duermen quietas en mi alma.

Cosas de la vida

La menor bulla aumenta en el mayor silencio.

¡Sí, señor! ¡Sí, señor! ¡Sí, señor!

Como ayer el corazón de la misma forma:


en forma de puño de bebito.

Las guerras. Las guerras.

Por las guerras


protestando siempre el aire
no borrando el humo
de la pólvora y la bomba.

La juventud. La juventud.

La juventud se para sobre el mundo


y viendo en él tanta desgracia, clama:
¡Tenemos derecho a ser humanos, pero no tanto!

Caminos

Nadie cuente las estrellas,


pues se pueden acortar los días.

¡Amad la Tierra!
Tierno y santo seáis con la Tierra.

Nadie pretenda tragar el mundo,


ni tragarse a sí mismo.

No juguéis con el fuego ni con el agua.

Tengáis cuidado con la edad de Cristo.

Hombres del mundo:


¡Daos un baño de corazón!
¡Daos un baño de corazón!
¡Daos un baño de corazón!
¡Urgente!

¡Rico llorar! ¡Católico dolor!:


Amén. Amén. Amén.

Perdóname, Debbie, perdóname…

Perdóname, Debbie, perdóname…


Perdóname por soñarte.
Perdóname por imaginarme contigo,
por ilusionarme contigo.
Perdóname por pensar en ti.
Perdóname por llorarte.
Perdóname por enfermarme por ti.
Perdóname por las veces que te he ofendido
sin ningún motivo, sin ningún derecho,
sin que tú me hagas nada.
Perdóname por amarte sin sentido,
por quererte sin sentido.
Perdóname por ser así.
Perdóname por escribirte así.