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ESTUDIO JOAQUÍN GALLEGOS


ISBN 10: 968-5679-69-X
ISBN i3: 978-9685-6796-95
Derechos reservados conforme a la ley
Impreso y hecho en México
ÍNDICE
1. NESCERE AUDERE............................................ 1
1. DE LA IMPORTANCIA DE NO VERLO CLARO. 1
2. DESDE LA PERCEPCIÓN Y LAS IMÁGENES ... 5
3. ENTRE EL LENGUAJE Y LAS FRASES HECHAS
............................................................................ 10
4. HACIA LA MORAL Y LA FILOSOFIA............ 18
II. ¿POR QUÉ FILOSOFÍA? .............................. 22
1. VÉRTIGO DEL SENTIDO................................ 22
2. LA FILOSOFÍA, ENTRE EL HUESO Y LA
PAPILLA.............................................................. 25
3. LATEORÍA, ENTRE LA CRÍTICA Y EL
CONTAGIO........................................................ 29
4. EL JUEGO ENTRE LA CRUELDAD Y EL
sextopiso MASOQUISMO................................................. 32
5. TEORIA Y YO ................................................. 34
POR QUÉ FILOSOFÍA
1. NESCERE AUDERE
XAVIER RUBERT DE VENTÓS
El método de afirmar o postular lo que ne-
Ninguna parte de esta publicación puede ser cesitamos tiene muchas ventajas; las mis-
reproducida, transmitida O almacenada de mas que tiene el robo en relación con el tra-
manera alguna sin el permiso previo del edi- bajo honrado.
tor.
BERTRAND RUSSELL
Copyright © Xavier Rubert de Ventós, 1983
1. DE LA IMPORTANCIA DE NO VERLO
Primera edición en Editorial Sexto Piso: CLARO
2004
A todos nos ha ocurrido oír hablar de un
Segunda edición: abril 2008 tema que parece importante —de Arte o de
COPYRIGHT © EDITORIAL Sixio Piso, Cibernética, de Literatura o de Cosmolog-
S.A. DE C.V., 2004 ía— sin acabar de entender o ver claro lo
que se dice. La experiencia es frustrante,
San Miguel # 36 sin duda, pero puede ser también fructífe-
Barrio San Lucas ra. Aquí desearía mostrar que este «no ver-
lo claro» puede incluso ser una meta, un ide-
Coyoacán, o4o3o al a conquistar.
México D.F., México
www. sextopiso .com
Diseño
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És quan dormo que hi veig clar,1* dice el una necesidad que me atrevería a calificar
verso de Foix, que sin duda podría comple- de atávica O neurótica. Veámoslo.
mentarse con un «es al estar despierto Los antropólogos nos cuentan que los llama-
cuando lo veo oscuro». En efecto, ocurre a dos pueblos primitivos tienen una auténtica
menudo que las Cosas se desenfocan y se obsesión por explicarlo y clasificarlo todo.
hacen borrosas cuanto más nos acercamos a Cada persona, animal, poblado o aconteci-
ellas: como si padeciésemos todos una espe- miento este ha de Ocupar su lugar en el
cie de hipermetropía teórica. Frente a lo ámbito de un clan o una estirpes de o u gru-
que nos importa poco, tenemos casi siempre po espacial o un ciclo temporal. Nada debe
la sensación de que ya sabemos «de qué va» quedar fuera de estos esquemas clasifica-
y pronto lo despachamos con el primer tópi- torios. Es más: cualquier persona, objeto o
co que nos viene a mano: «Sí claro, es un fenómeno que no se deja incluir dentro del
típico profesor despistado una niña cursi, un sistema es considerado como nefasto, como
izquierdoso pasado de rosca, un americano malo o peligroso. Así, los animales de sangre
ingenuo un analfabeto que va de posmoder- fría, por lo que tienen de «atípico»; las am-
no, etc.» Sólo cuando Comenzamos a querer biguas zonas limítrofes en torno a las caba-
de verdad a una persona o una cosa es cuan- ñas, donde el poblado empieza a confundirse
do sentimos los límites de nuestro conoci- con la maleza; las épocas intermedias entre
miento de ella: «Quien todo lo entiende — el verano y el invierno, o los días de los que
decía un sabio chino— es que está mal in- se tiene una imagen mas o menos borrosa...
formado». Sentencia que podríamos com- ¿Y no será una necesidad «primitiva» de es-
pletar aún, Como hicimos antes con: «Sólo ta naturaleza la que expresa también nues-
creemos entender perfectamente aquello tra superstición respecto de los martes y
que, en el fondo del fondo, no nos importa». los viernes? Domingo es el día de fiesta; lu-
La Clásica discusión de si hay que conocer nes, el primero de trabajo; jueves, el tercer
algo antes de amarlo O viceversa quedaría día central de la semana. Pero ¿qué ocurre
así matizada por nosotros: sólo el amor o in- con los martes y los viernes, esos días que
terés que por una persona o una cosa tene- no son ni chicha ni limonada? Pues ocurre
mos nos hace sentir el alcance de nuestra que, como somos aún algo primitivos, deci-
ignorancia respecto de ella. Sólo la ternura mos que en estos días ni te cases ni te em-
del corazón nos da la medida de la dureza y barques.
torpeza de nuestro entendimiento.
Los «primitivos» no son sólo los más preocu-
He aquí, pues, nuestro tema, que estructuro pados en clasificarlo todo. Son, también, los
en cuatro partes. En la primera (1) explico más preocupados en conocer la razón de to-
de dónde procede esta necesidad que te- do, en entenderlo todo. Para ellos, el hecho
nemos de ver claro, para luego (2) definir el de que una persona muera, que nazca un sie-
talante o la actitud filosóficos en oposición temesino, que se produzca una inundación o
precisamente a esta necesidad convulsiva una sequía, no puede ser de ninguna manera
de aclararnos y saber de qué va todo. (3) algo «casual». Ha de ser, por el contrario,
Muestro entonces cuándo aparece la posibi- estrictamente «causal», es decir, resultado
lidad de creernos que todo lo tenemos más de una causa tan importante por lo menos
claro que el agua, y (4) cómo la filosofía sur- como el efecto producido. De ahí que bus-
ge cuando se comienza a desconfiar de esta quen siempre una explicación, cuanto más
presunta claridad. excelsa y trascendente mejor. De ahí que
¿Por qué necesitamos, en efecto, «verlo to- les parezca más «lógico» que la muerte de
do claro»? Creo que - se trata de una nece- un hombre haya sido producida por un mal
sidad más vital que propiamente intelectual: de ojo o por un espíritu enojado, que por un
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mero virus o por un simple accidente. Y no-
Es cuando duermo que veo claro».
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sotros debemos reconocer que, también en Susanita es ya una
esto somos aún algo primitivos. No hace mu- neurótica incipiente
chos años el padre Ocaña, jesuita, decía en que quiere saberlo
sus clases de filosofía: Este argumento co- todo —el cómo, el
mo demostración, es en latín. Hoy nos hace qué, el quién, etc.—, y
sonreír la retórica del padre Ocaña, pero una buena candidata
muy a menudo hacemos y pensamos como él. a acabar siendo de
La diferencia radica en que nosotros deci- mayor paranoica per-
mos que este o aquel argumento, como dida. El famoso caso paranoico estudiado
prueba ha sido cuantificado, o que tiene una por Freud era precisamente el de un perso-
base estadística, o que ha pasado por los naje (el doctor Schreber) que no podía
ordenadores o que se ha comprobado en no aceptar que en el mundo hubiera nada «ca-
sé qué universidad americana Los ordenado- sual». Si el doctor Schreber, por ejemplo,
res y las cifras, que no entendernos poseen intentaba ir dos veces al retrete y lo encon-
ahora aquella mágica fuerza de convenci- traba ocupado por otro, inmediatamente se
miento del latín, que tampoco se entendía. Y decía: «Ah!, esto quiere decir que hay una
es que los hombres tenemos una rara ten- fuerza oculta que, cada vez que estimula mis
dencia a creer que las cosas son claras y intestinos, estimula un poco antes los de mi
conclusivas cuando nos las explican en vecino, con el fin de que cuando yo vaya al
términos que no acabamos de comprender. retrete, lo encuentre siempre ya ocupado».
De ahí proviene, sin duda, el éxito de todas La búsqueda obsesiva de un «sentido» para
las escolásticas y cartomancias que en el todo acaba así fácilmente en la paranoia.
mundo han sido y que no tienen trazas de Entraré, por ejemplo, en una tienda, me en-
abandonarlo. De ahí la proliferación todavía contraré con que los dependientes están
de universidades donde, como decía Gra- charlando entre sí sin hacerme caso, y pron-
cián, aunque muchos son sabios en latín, sue- to concluiré que existe una conspiración de
len ser grandes necios en romance los dependientes con el fin de no atenderme
He apuntado en qué a mí —a mí, precisamente. Saldré entonces
sentido la necesidad al camino, y los cipreses al viento me pare-
de saberlo y entender- cerán «señales» que se hacen unos a otros
lo todo es una necesi- diciéndose: «Mirad a este infeliz que pre-
dad en cierta medida tendía, tan ufano, comprarse unos calceti-
«primitiva». Pero decía nes verdes, ¡verdes nada menos...!» Para mí
al principio que es ya no habrá nada casual o aleatorio: todo
también una necesidad tendrá un sentido que iré adivinando, desci-
«neurótica» ¿Por qué frando aquí y allí, hasta que me pongan la
la llamaba neurótica? camisa de fuerza... ¿A qué venía todo eso?
Uno de los rasgos más Pues venía a que esta necesidad de inter-
característicos de la pretar y calificarlo todo no responde tanto
neurosis es precisa- a nuestro deseo de conocimiento como a
mente esta necesidad nuestra necesidad de apaciguamiento. Que
convulsiva de verlo to- no es tanto un producto de nuestra curiosi-
do claro: el hecho de no saber simplemente dad como de nuestra ansiedad Que mas que
atender sin necesidad de entender y escu- expresión de nuestro interés por el mundo
driñar el porqué de lo que vemos. Hay una responde que este nos produce.
historieta de Mafalda y Susanita que ejem- Pues bien, hacer filosofía requiere ser lo
plifica perfectamente esta actitud neuróti- bastante ingenuo —o valiente— para reco-
ca. nocer que no vemos las cosas claras. Para
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aceptar sin reservas ni coartadas el des- a la autoridad:
concierto, la desazón y el vértigo que nos —Mira, calla y deja de hacer preguntas ton-
produce lo que no entendemos. A menudo se tas.
cita como frase inaugural de la filosofía la
sentencia Socrática «sólo sé que no sé na- Pero son precisamente estas preguntas ton-
da». La filosofía, en efecto, ni sabe mucho ni tas las que no deja de hacerse el filósofo
aporta casi nada. No proporciona, por ejem- toda su vida. Y en este sentido tendría
plo, ni la seguridad que nos ofrece la ciencia, razón quien dijera que son filósofas las per-
ni el placer que produce el arte, ni el consue- sonas que no han sabido asumir ni superar la
lo que puede darnos la religión. crisis de la adolescencia. Pues hay una cosa
que los niños intuyen y que los filósofos sa-
En vez de buscar una explicación, una ben: que toda pregunta llevada un poco más
fórmula, un concepto o un exorcismo que allá de la cuenta no tiene respuestas sino
suavice nuestro horror al vacío intelectual y que nos conduce directamente a una nueva
nuestro terror ante lo desconocido, la acti- pregunta o a una paradoja. Así lo manifes-
tud filosófica es aquella que osa demorarse taba aquel muchacho a quien le enseñaban
y hurgar en la perplejidad misma. De ahí un dibujo como éste al tiempo que le pre-
que, por tercera vez ya, debamos invertir guntaban: «¿Ves esta casa?» A lo que él
una sentencia: el clásico noscere auclere respondió:
(osar saber) debería suplirse o al menos
complementarse con un nescere audere «Y quién me dice que eso es una casa? Tú lo
(osar ignorar). ves como una casa pero yo puedo verlo como
un cuadrado con un triángulo añadido enci-
Una osadía que tienen naturalmente los ni- ma, o como un rectángulo al que se han cor-
ños, y que sólo con los años vamos perdien- tado los lados superiores, o como un cuadro
do. Como se sabe los niños hacen siempre colgado en la pared, o como... .
más preguntas de la cuenta.
Con lo que, en lugar de aceptar y dar por
—Y por qué trabajas todo el día, papá? buena la cuestión, el muchacho denunciaba
—Para que tú puedas ir a la escuela. que la pregunta presuponía e imponía ya
—Y para qué he de ir a la escuela? cierto tipo de respuesta.
—Para estudiar y aprender muchas cosas. Pero a menudo no es sólo el interlocutor, si-
no nuestra Propia tentación de ver claro, la
—Y para qué he de estudiar y aprender mu- que nos lleva a situar los problemas a defi-
chas cosas? nirlos acontecimientos y a poner las pregun-
—Para que, cuando seas mayor, puedas ga- tas allí donde quisiéramos que estuvieran,
narte la vida. para no tenernos, de veras que cuestionar.
Recortamos así el mundo a la medida de
—Y para qué he de ganarme la vida, papá? nuestra necesidades, es decir, a la medida
—Para casarte, tener hijos... de los compartimientos mentales o cultura-
les que tenemos ya preparados para enten-
—Y que los hijos vayan a la derlo ¿La inquietud de los adolescentes?: un
escuela? problema de identidad o de educación; ¿la
—Así yo voy a la escuela crisis económica?: un problema de recon-
para que mis hijos vayan a versión industrial o de control monetario;
la escuela, para que... ¿la delincuencia?: un problema policial o ju-
dicial... Pero con eso de pretender que el
Éste es el momento en que problema está donde puede solucionarse, o
los mayores no sabemos ya cuando menos entenderse, nos portamos un
qué contestar Y apelamos
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poco como aquel borracho del chiste que timos, lo que pensamos con lo que hacemos;
buscaba algo bajo un farol: es desconfiar de las explicaciones que satis-
«Qué busca usted?”, le pregunta un pe- facen; arriesgarse a menudo a ver más, o
atón». menos, de lo que quisiéramos ver. Menos, en
todo caso, de lo que podríamos ver si osá-
»Es que he perdido cinco duros’ dice el bo- ramos prescindir de la seguridad y claridad
rracho » que nos proporcionan cada uno de estos
«¿Y los ha perdido usted aquí?» ámbitos de experiencia por separado.
«Cualquier oficio se vuelve poesía —escribió
«No —contesta—, no los he perdido aquí, Eugeni d’Ors— cuando el trabajador entre-
pero es que sólo aquí hay luz suficiente para ga a él su vida, cuando no permite que ésta
buscarlos...» se parta en dos mitades: una para el ideal, y
Con frecuencia actuamos todos así, como el la otra para el menester cotidiano». Tam-
borracho, que queriendo hacernos una ilu- bién es así como cualquier pensamiento se
sión de que el problema está donde nosotros vuelve filosofía.
lo podemos controlar. Pero lo que la perple- Hasta aquí hemos tratado de explicar de
jidad filosófica puede enseñarnos es que a dónde provenía nuestra obsesión por ver
menudo el problema está donde no se deja más claro de la cuenta, y cómo la filosofía
captar ni manipular. O que está, por lo me comenzaba a encontrar problemático lo que
nos fuera de esos ámbitos de nuestra expe- para los otros era evidente, claro y transpa-
riencia —la «cuestión profesional, etcéte- rente. Con ello empezamos a descubrir un
ra— que nos resistimos a olvidar y más aún, hecho inesperado: que a menudo el afán de
a mezclar. Y esto nos ocurre no sólo al teo- certeza y la búsqueda de la verdad se ex-
rizar. También en la vida práctica nos resis- cluyen. A continuación veremos de qué me-
timos a mezclar nuestras experiencias. Es el dios nos servimos para hacernos esta idea
caso del economista que llega a su oficina y tan clara de las cosas que nos posibilita no
dice: «El problema actual más grave es el atender de verdad a ellas mientras nos
del paro», y al volver a casa comenta con su construimos, inasequibles al desconcierto,
mujer que «hoy no hay manera de encontrar una sólida ignorancia ilustrada.
empleadas de hogar». Claro está que estas
dos afirmaciones parecen contradecirse, 2. DESDE LA PERCEPCIÓN Y LAS IMÁ-
pero nuestro hombre no se inmuta, porque GENES
él tiene una «mentalidad de oficina» y una Decíamos que la voluntad o la necesidad de
«mentalidad doméstica» perfectamente ver claro era una actitud más primitiva o
aisladas, claras y distintas. Es el mismo neurótica que intelectual o teórica. Y añad-
hombre que puede decir a su mujer: «Mira, íamos que la filosofía ha de comenzar por
el problema más grave que tenemos hoy es ver un poco más oscuro aquello que de an-
el de la mentalidad autoritaria... ¡Y no se temano todo el mundo ve claro —demasiado
hable más del asunto!» Lo que este hombre claro de hecho, para que no sea sospechoso.
piensa y lo que ocurre, o lo que sabe y lo que Hay que reconocer, con todo, que hoy todos
hace, son compartimientos totalmente es- somos algo más filósofos que hace unos
tancos. Para él, una cosa es leer y otra re- años, y que seguramente las crisis vividas
cordar; una sentir y otra experimentar. Y nos han ayudado u obligado a este cambio.
así podrá pasarse la vida: «teniendo princi-
pios», «hablando como un libro», «com- Desde la crisis cultural de los años sesenta,
portándose como un señor», «haciendo ca- la crisis económica de los setenta, y la políti-
rrera» o «teniendo ideas al respecto». ca de los ochenta, no nos ha quedado otro
remedio que comenzar a hacernos pregun-
Filosofar, por el contrario, es llegar a poner tas más radicales. Antes nos preguntába-
en contacto lo que sabemos con lo que sen-
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mos, por ejemplo, «cómo» hacer la revolu- aquello que nos ha impedido reconocer el
ción u ordenar la economía, organizar el Es- objeto que teníamos delante, o que era el
tado o reformar la Universidad. Hoy ya no razonamiento ya puesto en marcha el que
nos preguntamos sólo cómo se hacen estas nos impedía encontrar una solución mejor,
cosas (como si supiéramos ya de qué tratan) Es corriente el andar buscando sobre una
sino que, mucho más radicales, nos pregun- mesa desordenada unas tijeras o unas ga-
tamos qué caramba son: «qué» es el Progre- fas, Y no verlas a pesar de haber barrido la
so, «qué» es la Universalidad, etc. Cuando mesa con la mirada una y otra vez por enci-
menos, la crisis nos habrá servido para subir ma de ellas. Cualquiera puede recordar esta
el techo de nuestras preguntas, para elevar experiencia o una similar. Ahora bien, ¿por
el tono de nuestra perplejidades. qué no visteis al principio las gafas? Si re-
Pero no adelantemos acontecimientos. Lo flexionáis una vez que las hayáis encontra-
que ahora hemos de explicar son los meca- do, os daréis cuenta de que no disteis con
nismos psicológicos que nos permiten ellas porque buscabais, por ejemplo, unas ti-
habérnoslas con las cosas —entenderlas, jeras o unas gafas abiertas y. al estar ce-
manipularlas e, incluso, a veces, enseñarlas— rradas, no se correspondía el esquema que
Sin llegar a sentirla necesidad de, simple- llevabais en la cabeza con la sensación que
mente, conocerlas. Todos recordaréis la os llegaba a los ojos. Como teníais ya una
respuesta de cierto maestro a quien el di- imagen de lo que buscabais habéis paseado
rector de la escuela preguntó si sabía inglés: la vista por los objetos buscados, pero no los
habéis «visto». Y no los habéis visto porque
«Inglés, lo que se dice inglés, no sé, pero si ya los «veíais» dentro de vosotros; porque
se trata sólo de enseñarlo...» ya teníais de ellos una idea tan precisa que,
Pues bien, a nosotros nos ocurre a menudo al no coincidir exactamente con el estímulo
tres cuartos de lo mismo. Lo que la ciberné- visual, se os habrá literalmente escurrido
tica o la posmodernidad, la informática o los entre los conos y bastoncillos de los ojos o
agujeros negros «son» no lo sabemos, pero entre las neuronas del cerebro.
lo que «significan»... No conocemos Venecia, A veces esta expectativa llega a ser tan po-
pero si tenemos antes una «teoría de Vene- derosa, que ella misma transforma el objeto
cia»... Y este significado promulgado o esta conocido. Seguro que en más de una ocasión
teoría de curso legal son los que nos permi- os habréis encontrado con una persona de
ten a menudo de ver más allá o más acá de quien ro si tenemos antes ya os habrían di-
las cosas (desentrañar, por ejemplo, su cho: este chico es un resentido, o un arribis-
«génesis ontológica» o sus «efectos psico- ta, o un típico catalán, o lo que sea. Al cabo
sociales» o cualquier lindeza por el estilo) sin de un tiempo de conocerla habréis descu-
el pesado expediente de atender a ellas bierto, si duda, que se trata de una persona-
mismas ni, por supuesto, de entenderlas. lidad mucho más compleja y matizada. Pero,
Éste será, pues, nuestro próximo asunto: si pensáis entonces en la primera impresión
desentrañar el arsenal de capacidades, vir- que tuvisteis de ella, seguramente recor-
tudes., reflejos, recuerdos o cocimientos ( daréis hasta qué punto estuvo ésta domina-
en que nos apoyamos para hacernos una idea da por la idea o imagen que os habían dado, y
clara, elemental y expeditiva de las cosas; que fue precisamente contra esta imagen
señalar los mecanismos que permiten tradu- como pudisteis llegar a conocerla.
cir aquella necesidad de ver claro de que
hablábamos en una efectiva posibilidad de Otras veces, lo que incidentalmente oímos
hacerlo sin demasiados costos. decir configura y deforma la visión de lo que
tenemos ante los ojos. En un conocido expe-
Todos hemos podido comprobar alguna vez rimento de Marshally Lawnes se cogieron
que es precisamente lo que ya buscábamos dos grupos de personas de parecida forma-
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ción y se les mostraron durante unos segun- cuadrado (la redonda no tiene el mismo ra-
dos las imágenes de la columna de la iz- dio en todo su perímetro, al cuadrado le fal-
quierda. Pero, mientras que a los del grupo A ta un trozo), pero es más fácil y consistente
se les dio la descripción señalada en la se- verlas como un círculo o como un cuadrado:
gunda columna, los del grupo B oyeron la pa- «preferimos» verlas así. Lo preferimos, en-
labra señalada en la cuarta. Pues bien, vea- tre otras cosas, por razones de estabilidad,
mos lo que dibujaron luego, unos y otros, como decía Freud, de «economía psíquica».
cuando se les pidió que reprodujeran con la Y fue precisamente el olvido de esta «eco-
mayor exactitud posible lo que habían visto. nomía» lo que costó mucho tiempo y dinero
Este experimento a la RTF cuando construyó su nueva «Maison
muestra cómo lo que de la Radio» en París, y también lo que sin
hemos oído decir se duda ha provocado más de un infarto a los
mezcla inextricable- parlamentarios europeos en el Palacio de
mente con lo que ve- Europa en Estrasburgo, obra del mismo ar-
mos. Pero otras veces es aun lo que cree- quitecto. El problema en la Casa
mos, o lo que queremos ver, aquello que nos de la Radio fue el siguiente:
impide identificar o valorar justamente las puesto que el «original» diseño
cosas que tenemos delante de la nariz. De del edificio era redondo, las
esta manera, se ha comprobado que, si una oficinas no podían ser rectan-
persona de mucha autoridad dice «como es gulares, sino que resultaban
obvio.,estas siete líneas tienen la misma lon- trapezoidales
gitud», Pues bien, los técnicos en pro-
y si, además, todos los ductividad comprobaron que en
que le escuchan estas nuevas oficinas la gente
asienten, el pobre trabajaba o rendía mucho me-
desgraciado que ve nos que antes. Y a alguien se le
que un par de ellas ocurrió que podía deberse a
son más largas aca- que los empleados gastaban
bará pensando que se buena parte de su energía en
equivoca Y adecuando «querer ver» aquella habita-
así su percepción misma al enga- ción como rectangular —ver A como B—
ño generalizado. ¡A tanto llega el para estar en ella más cómodos y seguros.
poder de lo consentido sobre el A menudo es también lo que hemos puesto
mismo buen sentido! en marcha o iniciado ya (la solu-
Hemos apuntado cómo lo que ción parcial o provisional alcanza-
sabemos, esperamos u oímos da) aquello que nos impide encon-
puede deformar lo que vemos trar la auténtica solución de un
efectivamente. Pero esta de- problema. Una muestra tradicional de esto,
formación puede proceder tam- recogida por De Bono, es
bién de nuestra propia estructura psicológi- el rompecabezas en que
ca. La psique humana ha desarrollado cier- se nos pide unir esta se-
tas Gestalten o «formas preferenciales» es rie de nueve puntos con
decir, formas claras, precisas y conocidas cuatro rectas hechas de
que resultan «cómodas» y hacia las cuales un solo trazo, sin levantar el lápiz del papel.
tendemos a que se les parecen: Si no conocemos ya la solución,
Estas figuras, claro está, no seguro que lo intentaremos de
acaban de ser ni un círculo ni un modos diversos, pero compro-
baremos frustrados, que siem-
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pre nos queda un punto descolgado. Ahora cordar una palabra que no nos viene a la ca-
bien, lo que nos estará bloqueando la solu- beza, tenernos que dejar de buscarla: recu-
ción será una y otra vez el propio plantea- ler pour mieuz sauter, como dicen los fran-
miento o el intento de solución iniciado. Para ceses, o rezar un padre nuestro como acon-
resolver con éxito el problema, será preciso sejaban, más confesionales pero no menos
reconocer que hemos «entrado» mal en él: prácticos, nuestros abuelos.
que hemos presupuesto que el trazo no pod- Una buena muestra de este cambio de es-
ía salir del área que cubrían los puntitos. Pe- trategia es la del gorrión de la fábula de
ro eso nadie nos lo había exigido; habíamos Esopo, retomada por el mismo De Bono. El
sido nosotros, en nuestros intentos, quienes pajarito, agarrado al borde de la jarra,
nos habíamos ido encerrando en este ca- quería beber de su contenido. Pero como el
llejón sin salida. nivel del agua era muy bajo, el animalito ten-
Ni más ni menos, lo que explicaba Sócrates, ía que bajar más y más la cabeza para alcan-
a su esclavo en el Menón; que para descubrir zarlo con su pico, y ya estaba a punto de
en nosotros mismos lo que de ve son las co- resbalar y acabar ahogándose en el agua...
sas es preciso olvidar lo que creemos ya sa- cuando se le ocurrió la idea de no seguir
ber sobre Socrates le pide que doble sobre haciendo, más o mejor, lo que ya hacía, sino
el papel la superficie de un cuadrado. todo lo contrario. En vez de bajar el pico al
El esclavo —como en general los interlocu- agua, voló a buscar piedrecitas que fue
tores de Sócrates par cree que el arrojando dentro de la jarra, hasta que el
problema es sencillo y que lo So- nivel del agua subió a la altura de su pico.
lucionará en un santiamén pero los Este mismo principio es el que sirve en los
intentos frustrados suceden. Se- laboratorios de etología para medir la inteli-
guramente empieza por dibujar gencia de los chimpancés o de las ratas. Se
una forma así con lo que la super- trata de comprobar su capacidad para dejar
ficie es doble, en efecto, pero no de darse con la cabeza contra el cristal que
se trata ya de cuadrado sino de les separa de la comida y buscar en cambio
un rectángulo. Y luego algo así de un camino o rodeo que, de momento, los ale-
manera que es un cuadrado, pero ja del estímulo pero que, de hecho, les ha de
no hay medio de saber si es doble
más que midiéndolo.
Sócrates espera a que el esclavo se sienta
perplejo y descorazonado para indicarle en-
tonces que la solución la tiene en la propia permitir acceder más fácilmente a él.
figura... por poco que sepa darle a su visión Hasta aquí los ejemplos y las imágenes, las
de la misma un giro de 90 grados. El cua- historias o fábulas. La moraleja de todas
drado doble, en efecto, es el que tiene por ellas, lo hemos visto, es la misma la hora de
lado la diagonal del sencillo. enfrentarse con problemas nuevos, la flexi-
para solucionar el bilidad y la libertad de espíritu son tanto o
problema, viene a de- más importantes que la preparación o los
cirnos Sócrates, de- conocimientos adquiridos ya de antemano.
bemos empezar por Cuando alguien no sabe lidiar con un proble-
distanciarnos de ma, decimos que va desencaminado, pero a
nuestros atolondra- menudo es todo lo contrario Lo que pasa es
dos intentos de solu- que va demasiado encaminado, y lo que ne-
cionarlo. De la misma cesita es precisamente perderse un poco,
manera que, para re- «cambiar de rollo» como ahora se dice, con
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el fin de encontrar un mejor planteamiento porque ha acabado soldada a sus pasados
del problema en cuestión. estímulos. (Supongo que será un consuelo,
Pero no hay que exagerar tampoco diciendo para quienes temen que los ordenadores
que todo esto son estorbos o inconvenien- acaben dominándonos, el comprobar que a
tes. De hecho, los mecanismos psicológicos nuestra arterioesclerosis se corresponde
descritos son sumamente útiles en la vida también, en el ámbito de la inteligencia arti-
cotidiana. Es una ventaja «saber» lo que ficial, OCStO una especie de alambrescle-
buscamos, Tener ya una «imagen del objeto rosis
buscado nos ayuda a menudo a encontrarlo. Generalizando estas observaciones, podría-
Es una suerte que lo que oímos decir y lo que mos quizá concluir que no es que los hom-
vemos se mezcle, de manera que podamos bres tengamos competencias o incompeten-
adivinar o prever lo que físicamente no ve- cias, habilidades o limitaciones, vicios o vir-
mos u oímos. Son sumamente útiles los hábi- tudes. Seguramente sería más justo decir
tos perceptivos que nos permiten seleccio- que nuestros vicios son la , de otra cara de
nar con rapidez lo que tiene de relevante un nuestras virtudes, o que nuestras compe-
estímulo visual, aquello precisamente que tencias son la otra cara de nuestras inep-
exige de nosotros una respuesta inmediata cias. El hecho de que seamos «inteligentes»
y eficaz... por ejemplo, nos confiere una superioridad
El único riesgo reside en que estos hábitos o clara sobre los animales: podemos asociar
mecanismos tan prácticos en condiciones ámbitos de experiencia diversos, responder
normales, llegan a ser fatales —incluso leta- mejor que aquel pobre osezno a situaciones
les— cuando las condiciones ambientales nuevas, etc. Pero esta misma agilidad o ver-
cambian y nosotros continuamos operando satilidad de nuestra inteligencia es la res-
inercialmente, como si nada hubiese sucedi- ponsable de que, a menudo, nos encontre-
do. Es el caso del osezno polar que descri- mos con más posibilidades de las que pode-
ben los etólogos un animalito genéticamente mos asumir, con demasiadas alternativas o
programado para salir de la cueva cuando se factores entre los cuales decidir, de manera
levanta el sol, para seguir su curso como un que quedamos aturdidos y nos sentimos de
girasol dándole siempre la cara, y para vol- hecho impotentes… como paradójica conse-
ver a guarecerse en la cueva cuando llega el cuencia de nuestra «potencia» intelectual.
ocaso. Pues bien, transportado aun medio En estos casos, más nos valdría ser un poco
tropical este animalito no varía la conducta; más primarios, más simples, más instintivos.
continúa haciendo lo mismo hasta que muere O bien, sugería Bergson, volver a los mitos
achicharrado. Su perfecta y mecánica que nos ofrecen una imagen del mundo sim-
adaptación al medio de origen es precisa- plificada, clara y precisa con la que Identifi-
mente lo que le mata cuando el medio es di- camos. Una imagen que apacigüe la angustia
ferente y él no sabe cambiar de estrategia frente a lo demasiad complicado y favorez-
para adaptarse a él. Lo mismo ocurre (si pa- ca un nivel de integración social que la pura
samos ahora del mundo animal al cibernéti- inteligencia —siempre analítica, crítica e in-
co) cuando los ordena dores literalmente dividualista— jamás nos permitirá alcanzar.
envejecen. Los programadores, en efecto, Y lo que es verdad «teóricamente» lo es
que hablan de hardware para referirse a Un también «moralmente». De igual modo que
circuito que no puede ser reprogramado la inteligencia humana nos hace según los
porque ha quedado como soldado a una de- casos, más o menos capaces, más o menos
terminada conexión anterior. Exactamente eficientes que los animales, son también
lo que nos ocurre a los hombres cuando en- nuestra imaginación y nuestra emotividad
vejecemos y no podemos ya utilizar una fa- las que nos hacen más «buenos» y, a la vez,
cultad para responder a estímulos nuevos, más «malos» que aquéllos. No hay animal al-
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guno capaz de morir por una causa: de dar propia la experiencia de nuestros antepasa-
su vida por un país o de ir voluntariamente a dos al tiempo que, dialogando con ella, le
la cámara de gas en el lugar de otro. Para damos nueva vida.
llegar a estos niveles de altruismo les faltan, Pero este hablar ideal, que se identifica ya
a los animales, tanto las emociones como la con la poesía y la filosofía mismas, es un ca-
imaginación, tanto el sentimiento como el so-límite sin duda excepcional. Por eso em-
entendimiento. Pero gracias también a esta pezaremos el próximo epígrafe subrayando
«carencia», no hay ningún animal que mate aquello que el lenguaje tiene aún —como to-
gratuitamente o por gusto. El sadismo, como dos los automatismos ya descritos— de es-
el altruismo, son en todo caso nuestros y quemática e inercial previsión de las cosas.
bien nuestros. Según Schopenhauer, «el Sólo entonces explicaremos de qué modo la
hombre es el único animal que mata sin ne- filosofía, que nuestros ha de utilizar como
cesidad». En la génesis de sus carnicerías herramienta este lenguaje, trata al mismo
innecesarias, como en la de su generosidad y tiempo de trascender (o, al menos, de anali-
heroísmo está igualmente su «excesiva» zar y hacer conscientes) las convicciones
emotividad e imaginación. automáticas e inconscientes que en él vienen
Ahora bien, sobre todos los sistemas de incrustadas
simplificar y «ver claro» el mundo planea 3. ENTRE EL LENGUAJE Y LAS FRASES
uno que los domina e implica —un sistema HECHAS
que constituye el marco de todo lo que ve-
mos, y que en el límite, nos permite aclarar- Hemos visto el conjunto de hábitos menta-
nos sin necesidad de entender, o entender les y esquemas perceptivos, de mecanismos
sin tener que pensar. Este sistema no es Si- de respuesta, sistemas de expectativas y
nO el lenguaje que nos han enseñado de pe- usos sociales que nos permiten rápida y ex-
queños, la lengua materna el mero hecho de peditivamente «verlo claro» todo. Y acabá-
hablar esta lengua supone ya (aunque no nos bamos sugiriendo que todas estas maneras
demos cuenta, o quizá precisamente por de ver claro no serían posibles si no se sus-
ello: porque no nos damos cuenta) asumir tentaran o coagulasen en un lenguaje. Un
cierta concepción del mundo, una determi- lenguaje, decíamos, que es ya una manera de
nada manera de ver y entender las cosas ver el mundo, una teoría que incorporamos,
que nOS ha sido transmitida por quienes, a sin darnos cuenta, por el solo hecho de
lo largo de los siglos han ido configurando hablar un idioma. En este apartado vamos a
esta lengua. ver cuál es esta teoría y por qué la filosofía
procura conducirnos más allá o más acá, más
Si habéis usado alguna vez la estilográfica o al fondo o a otro lugar de donde natural-
los zapatos de otro, recordaréis sin duda la mente imperceptiblemente nos llevan el
curiosa sensación que ello produce: como de léxico y la sintaxis que empleamos.
estar utilizando o metiéndose en un cuerpo
extraño. Pues lo mismo ocurre con el lengua- Que todo lenguaje comporta una teoría o
je. Hablar una lengua es también algo así una visión de las cosas se hace patente en la
como emplear una herramienta o una prenda serie de refranes, dichos y frases echas
que ha sido moldeada por otras manos que que Utilizamos ya como «bloques semánti-
ha adquirido ya sus repliegues en otro cuer- cos», y que varían sensiblemente de una len-
po. Y es también marcarla con nuestra ma- gua a otra, de un país a otro.
nera de hacer o de decir, dejar en ella la No es lo mismo decir «el tiempo es oro» que
huella de nuestro uso. El simple hecho de «time is money». Se trata de expresiones
hablar es así, por paradójico que lo parezca que suponen ya una cierta concepción del
el acto a la vez más piadoso y más libre que mundo —más o menos pragmática o irónica,
podemos realizar. Nada menos que hacer más o menos prudente o audaz—, de manera
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que puede afirmarse, exagerar demasiado, que «ayer llovió». Lo que la estructura
que basta con aprender una lengua para ad- sintáctica de su lengua les permite decir es:
quirir algo de su espíritu: del «esprit» «ayer me mojé», o bien «mi padre dice que
francés, del «humour» inglés del «seny» ca- ayer llovió en el monte», o aun «ayer tuve
talán, etc. que guarecerme». Todo eso es posible de-
De ahí también que toda traducción no sea cirlo en zuñí. Lo que no se puede es afirmar,
mucho más que una aproximación al original. así, en general, que «ayer llovió». No es po-
Claro está que siempre podemos traducir al sible allí hablar (¿pensar, quizás?) de una
castellano «ploramiques», «primmirat» o manera abstracta o neutra. Siempre es
«somiatruites» por «quejica», «meticuloso» preciso hacer explícita la experiencia o la
o «fantasioso», pero pronto vemos que en relación personal de quien habla con aquello
esta «versión» de una lengua a otra se nos de que habla («me mojé», etc.), y eso, claro
han derramado —literalmente «vertido»— está, da o refuerza una visión concreta y
muchos matices por el camino. Esta mañana existencial de las cosas, en las cuales el indi-
el taxista, indignado por la lentitud del viduo se ve siempre implicado.
tráfico, me decía: «esa colla cleperezososya Pero no es preciso que vayamos tan lejos:
se afañan más, ya, a la hora de plegar». Co- basta fijarse en lo que ocurre con el inglés.
lla, afañar, plegar..., palabras para las cuales Nosotros decimos la luna, el sol, el árbol, la
no hay una correspondencia estricta en cas- casa: hay cosas que son masculinas y otras
tellano; como no las hay para patum o lletra- que son femeninas. En inglés no; en inglés
ferit, esta, manera entre socarronay envi- todas las «cosas» son neutras: ni son he ni
diosa que tenemos de referirnos en nuestro son she, sino it. Yeso ya nos indica que el
país a los intelectuales... habla castellana (o francesa o catalana o
En el límite, podríamos incluso decir que sólo alemana) comporta una visión de las cosas
en catalán se puede «ser» un «saltataule- más viva, más animista, más sexual, que la
lis», un «bocamoil», un «panza-con-tenta» o inglesa. Sin damos cuenta, pues, al hablar en
un «poca-solta». Como sólo en catalán se castellano, hablamos (y pensamos) de una
puede «hacer» «unpensarnent», «fer-la pe- manera mas «sexuada» que al hablar en
tar», «fer-ne un gra massa» o «fer volar inglés.
coloms». O aun «tener» «la má trew cada», Las palabras, decía Nietzsche, son metáfo-
«pa a l’ull», «l’os Bertran». Estos y otros mil ras que ya se ha olvidado que lo eran. Basta
ejemplos que podríamos encontrar en cual- a veces con fijarse en la etimología o en la
quier idioma nos ayudarán sin duda a enten- estructura de una palabra para descubrir
der que no sólo nos expresamos en una len- que originariamente no era sino una «ima-
gua, sino que a menudo la lengua misma se gen» más o menos visual o analógica: ab-
encarga de hablar de expresar y tal vez in- solución o di-solución, etéreo o masivo, a-
cluso de pensar por nosotros. Pero eso no es terrizar o antipático, etc. Lo que compro-
todo. bamos igualmente por poco que decidamos
Y no es todo porque con nuestra lengua nos atender a las frases mismas que utilizamos.
viene dado o solamente un «contenido» de Hablamos, por ejemplos de la cabeza de
léxico y de refranes (como quien dice los familia, del corazón de un problemas de la
átomos y las moléculas lingüísticas), sino base de un argumento. Y claro está que una
también una cierta «forma» (la estructura lengua en la que no se dijera «el corazón»
sintáctica de aquellos átomos) que pauta sino «las entrañas» de un problema tendr-
nuestra percepción o nuestro pensamiento ía/daría una visión distinta de lo que un pro-
de manera menos evidente, pero no menos blema es. Recordemos que Aristóteles, para
decisiva. Los indios zuñí de Norteamérica, hablar de la íntima textura de una cosa, em-
por ejemplo, no tienen modo alguno de decir pleó la palabra «madera» (yle) la «materia»
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era la «madera» de la que la cosa estaba sar nuestra experiencia. Y tanto más lo sen-
hecha y en la que residían sus posibilidades timos, claro está, cuanto más nos va en su
o potencias. De ahí que sean hoy aristotéli- expresión. De ahí que la tentación de violar
cos sin saberlo incluso los periódicos depor- el lenguaje o de prescindir de él sea tanto
tivos cuando dicen de alguien que tiene mas fuerte cuanto más potentes sean la
«madera» de gran jugador. Y también Una- idea o el sentimiento que queremos expre-
muno insistía en que, para entender el con- sar. De ahí aun que la tentación de los neolo-
cepto filosófico de sustancia, hay que co- gismos y en último término, del silencio —del
menzar por pensar en el uso que del término «silencio claro» de que habla también Riba—
hacemos al hablar de una sopa muy «sustan- sea propia de filósofos y de amantes, de ar-
ciosa». Imagen constructiva una (la madera) tistas y de místicos. De todos aquellos, en
y gastronómica la otra (la sopa) que nos definitiva, que quieren expresar una idea
muestran cómo también los conceptos fi- peculiar o una experiencia íntima todavía no
losóficos se derivan de las metáforas de la repertoriadas.
tribu. Al ponernos a filosofar, o simplemen- «Son tan oscuras de entender estas cosas
te a hablar, estamos así toda retomando interiores dice —Santa Teresa de Jesús—
todo el arsenal y todo el lastre de experien- que forzoso habré de decir muchas cosas
cias de nuestros antepasados. Unos instru- superfluas y aun desatinadas para decir al-
mentos que ellos nos dejaron y que nosotros guna que acierte».
hemos de empuñar y manipular con el fin de
hacerlos nuestros y legarlos a nuestros Y lo mismo ocurre si, en lugar de a Dios, se
hijos. dirige uno a la amada.
Observad que he dicho arsenal y lastre a la «Los besos por escrito —dice una carta de
vez. El lenguaje es un medio pero también Kafka a Milena— no llegan a su destino; se
un límite. Ocurre con las palabras lo que vi- los beben por el camino los fantasmas».
mos ya de los hábitos: que en ellas es uno y Estos fantasmas son ante todo los del pro-
lo mismo lo que nos ayuda y lo que nos ata o pio lenguaje.
limita. Las «palabras de la tribu», en efecto,
pocas veces satisfacen plenamente nuestra «Un lenguaje —escribe Husserl— que al
necesidad de expresión personal o intelec- temperamento artístico, ansioso por refle-
tual. Como decía la Estança de Caries Riba. jar todos los humores y los impulsos del
momento, le parece como uniforme y rígido;
Las palabras —bruscos mojones con que la al sensual le parece demasiado abstracto; al
idea topa. La voz mortal —a su vuelo pesado filósofo, como mudadizo, inseguro, dul-
losa... zarrón y demasiado abundante en imágenes.
Precisamente porque las palabras traen ya Para el místico, en su éxtasis, el idioma no es
toda una carga de significaciones estableci- tan profundo como él necesitaría; para el
das, al querer expresar un sentimiento o una sensible debería poseer más delicadeza y
idea nuevos, específicos muy nuestros o minuciosidad; el escrupuloso lo querría más
íntimos, sentimos que el lenguaje es dema- unívoco, el trapacero más equívoco».
siado basto o genérico; que representa los Un lenguaje que los científicos-escrupulosos
intereses sociales de la comunidad más que querrían sustituir por fórmulas más preci-
los intereses expresivos de nuestra perso- sas mientras que los científicos trapaceros
nalidad. Raramente lo que sentimos es exac- como Einstein, piensan que es demasiado
tamente envidia, o resentimiento, u odio, o rígido para traducir su pensamiento:
rabia... Pero, al querer comunicarlo, hemos
de reducirlo a una de estas palabras que, de «Mi pensamiento un juego más bien confuso
todos modos, sentimos siempre como dema- y analógico de signos visuales y musculares
siado convencionales o groseras para expre-
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al que después hay que buscarle laboriosa- A todos ellos les respondería que hemos de
mente los términos explicativos». teorizar o especular precisamente porque
Pero antes incluso de este lenguaje hablado nuestros hábitos sociales, perceptivos, o lin-
o escrito que parece inquietar a nuestros güísticos son demasiado «especulativos».
autores, otro «lenguaje» anda ya mediati- Porque al no filosofar, al no hacer teoría, es-
zando nuestra experiencia. Se trata del tamos de hecho aceptando y dando por
lenguaje de los signos y de las nomenclatu- buena la teoría que nos envuelve, la especu-
ras que nos envuelven no ya semántica, sino lación ambiental, que tomamos entonces
incluso físicamente. Imaginad que os digo mi como descripción neutral y natural de las
dirección: calle Carrasco i Formiguera, 21. Al cosas. Una teoría ambiental, preciso es re-
decíroslo, no solamente os doy mi dirección, conocerlo, que es a menudo útil y siempre
sino que os estoy informando también, sin cómoda. Los tópicos, los refranes y las fra-
proponérmelo, de todo un mundo en el que ses hechas vehiculan una vieja sabiduría in-
vivo: una sociedad donde las calles tienen corporada ya con el lenguaje y que, mientras
nombre y las casas tienen número. Y bien, es las condiciones externas o internas no cam-
sabido que damos nombre a las cosas que bien radicalmente, resulta bastante eficaz.
nos parecen significativas, cualitativas, Pero cuando estas condiciones cambian
mientras que damos un número, en cambio, a drásticamente, lo vimos ya, todos aquellos
aquellas que nos parecen meramente cuanti- automatismos, reflejos convicciones ances-
tativas (en la Guardia Civil sus miembros son trales dejan de ser útiles, y se impone una
—o eran— «números»). De aquí que, i, ya os reflexión sobre los mismos (pensar sobre el
esté comunicando también que vivo en una pensar: lógica; hablar sobre el hablar:
sociedad donde las calles son lo significativo gramática; juzgar sobre el actuar: ética) y
(la forma) y las casas son lo residual (el fon- sobre la realidad que hasta entonces hab-
do). Una sociedad, Si hablásemos en térmi- íamos dado por explicada a través de ellos.
nos estilísticos, más barroca que renacen- Hay que reconocer, pues, que hacer filosof-
tista. De la misma manera que, si os dijera ía no es una actitud espontánea que se hace
que en Nueva York vivo en la calle 46 o, co- filosofía sólo cuando los reflejos intelectua-
mo sucede cada vez más aquí que vívo en el les, los hábitos perceptivos o los lingüísticos
Edificio «Torres Blancas» o «Acapulco», están averiados o no funcionan y ¿cuándo se
expresaría todo lo contrario. estropean o no funcionan? No funcionan, por
Volvamos ahora, una vez más, a la filosofía. ejemplo, cuando nos enfrentamos a una pa-
¿Por qué, si los hábitos perceptivos de que radoja —un callejón sin salida intelectual o
hablábamos en la primera parte o el lengua- vital. Miro mi entorno, por ejemplo, y me di-
je de que ahora tratamos nos lo dan todo go:
tan claro y distinto, por qué complicarnos la «No entiendo que exista el mundo si no hay
vida elaborando filosofías que no hacen sino Dios».
aumentar nuestra perplejidad? ¿Es puro Pero lo vuelvo a mirar una segunda vez, y
masoquismo? ¿Son ganas de lidiar? Por una afirmo, con la misma convicción de antes:
vez todos, desde el poeta hasta el bienpen-
sante y el revolucionario, parecen estar de «No entiendo cómo puede existir este mun-
acuerdo: «no la toquéis que así es la rosa»; do si hay Dios».
«no busquéis tres pies al gato»; «hasta hoy La incomprensión cambia de lugar —se des-
los filósofos habían interpretado el mundo, plaza pero no se disuelve.
ahora deben transformarlo». Todos nos
vienen a aconsejar lo mismo: no especuléis El ejemplo clásico de una situación paradóji-
más bien mirad, o cantad, o actuad... ca toma su nombre de Epiménides. Epiméni-
des era un cretense que decía: «Todos los
cretenses mienten». Y bien, ¿miente o dice
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la verdad Epiménides? Si dice la verdad manera expulsar o exorcizar. Toda lágrima,
está mintiendo, ya que afirma que los cre- entonces, tendría algo de lágrima de coco-
tenses mienten siempre, y por tanto él drilo, y el llanto, más que la causa o el efecto
miente porque no cumple la regla. Y si mien- de la pena, sería su cura. «Para creer —
te, por él contrario, dice la verdad, ya que decía Pascal—, lo primero es tomar agua
entonces sí que se atiene al principio por él bendita», o sea, que no tomaremos agua
enunciado, según el cual todos los de su país bendita porque creamos, sino que creere-
son mentirosos. Ved, pues, que si dice men- mos porque tomamos agua bendita. Y desde
tira dice verdad, y si dice verdad dice men- esta misma actitud podemos preguntarnos
tira. Los filósofos modernos han resuelto todavía si una forma de comportamiento es
esta paradoja hablando de «niveles de len- castigada penalmente porque la sociedad la
guaje», pero no es eso lo que nos importa a considera inmoral, o si la considera inmoral
nosotros —de momento al menos. porque es castigada penalmente; si Dios
Por ahora sólo nos interesa comprobar que quiere y nos exige aquello que es bueno, o si
la existencia de Dios o la frase de Epiméni- es bueno aquello que Dios quiere y nos exige
des son ejemplos de problemas o situacio- —algo sobre lo cual los más conspicuos teó-
nes habituales que, al mirarlos más deteni- logos no han llegado aún a ponerse de
damente, se nos muestran como paradójicos acuerdo.
«callejones sin salida» (que eso precisamen- Lo que vemos entonces, cuanto menos, es
te quiere decir aporta). Y es sobre todo en que las cosas no están tan claras como nues-
las situaciones-límite de nuestra vida —en el tros hábitos lingüísticos, mentales o profe-
amor imposibles en la mirada del niño en- sionales nos dejaban creer. Y en ciertos ca-
fermo, en la muerte del amigo— cuando se sos podemos incluso llegar a tener la evi-
nos hace patente esta cara absurda y pro- dencia empírica de que las cosas son exac-
blemática de todo lo que sentimos o pensa- tamente al revés de lo que habitualmente
mos. Es entonces cuando todos, y no sola- decimos y pensamos. Tomemos al respecto
mente los del «gremio», tendemos a filoso- otro caso ejemplar. Parece que nadie podría
far. Filosofar quiere decir entonces buscar replicar a quien dijera una cosa tan obvia
la otra cara de las cosas, la cara normalmen- como la siguiente: «Los hombres estamos
te escondida en las mismas evidencias. Unas dispuestos a pagar por aquello que nos agra-
evidencias os vienen dadas por todos los sis- da, o a esforzarnos por aquello que Valora-
temas o todos los esquemas de los que mos». Pero incluso aquí puede salirnos el
hemos hablado, pero que, a partir de cierto filósofo argumentando que muchas veces
punto ya no nos convencen ni satisfacen. resulta al revés: que no pagamos por aquello
Detengámonos aún en algunos ejemplos, que nos agrada, sino que nos agrada aquello
empezando por los más tópicos. que hemos pagado. Y para demostrarlo pue-
de incluso echar mano de un conocido expe-
El filósofo oye decir, por ejemplo, que «llo- rimento.
ramos porque estamos tristes», y él se pre-
gunta si, a veces por lo menos, no será al En un laboratorio de psicología social de Es-
revés, es decir, que «estamos tristes por- tados Unidos se formaron dos grupos de
que lloramos» (Watson) El filósofo ha co- gente de origen y formación análogos, a
menzado, pues, por cuestionar lo que se le quienes se proyectó por separado una mis-
daba como causa (la pena) y lo que se en- ma película: una película pesada aburrida,
tendía por efecto (el llanto). Y continuará tal malísima. A los del grupo A, sin embargo, se
vez preguntándose aún si no será que «llo- les había convencido gracias a un título y a
ramos para dejar de estar tristes»; si no una explicación previa muy sugestiva para
será el llanto la exteriorización de una pena que pagasen u elevado precio por verla,
que, hecha lágrima, conseguimos de cierta mientras que los del grupo B se les ofreció
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gratis. Pues bien, cuando se les hizo luego a o de la norma; que un esquema formal venga
unos y a otros una encuesta sobre la calidad a colonizar todos los aspectos de la existen-
de la película, al grupo que había pagado por cia...? Seguro que eso comporta unas ganan-
verla respondió en general, mucho más posi- cias pero tiene también su precio».
tivamente que el grupo que no había pagado. Y en este punto nuestro filósofo puede ape-
Y es lógico: para los componentes del grupo lar al testimonio de dos autoridades clásicas
A, el hecho de aceptar que habían pagado un bien distintas.
precio tan caro para ver un bodrio era con-
fesarse necios y además engañados tontos Aristóteles, por un lado, que en la Constitu-
y apaleados. De ahí que hallasen mejor la ción de Atenas defendía una regla —la
película precisamente porque habían pagado graphe paranomon— según la cual, podía
tanto por verla: la tenían que defender para, acusarse a quien presentara a la Asamblea
de alguna manera, auto defenderse. Y muy una ley inviable, e insistía en que había que
bien conocen este mecanismo psicológico los condenar a una pena especial a la persona
clubs de tenis que cobran inscripciones tan por cuya culpa hubiera sido preciso dictar
elevadas por hacerse socios, o los cuerpos una ley nueva.
de catedráticos, de jueces, de notarios. En- Dictar una ley, en efecto, es contaminar el
trar en estos clubs o cuerpos cuesta mucho mundo con una regla o norma más, desgracia
(en dinero, en estudios, en oposiciones) y, por la que era preciso, según Aristóteles,
precisamente porque ha costado tanto en- hacer pagar al responsable.
trar en ellos, quienes lo han conseguido valo-
ran altamente su pertenencia y tienen un Por otro lado, el filósofo podría apelar al le-
gran «espíritu de cuerpo». Lo han de tener, gislador de Esparta, Licurgo, quien castiga-
en efecto, pues si no creen ahora que es ba a su gente no por haber cometido un de-
muy valioso ser notario o catedrático, está lito, sino por haber sido sorprendidos en el
claro que fueron unos necios quemándose momento de cometerlo. ¡Los castigaba no
las pestañas durante cuatro años para pre- por delincuentes, sino por torpes!
parar las oposiciones... En el primer caso, Aristóteles sugiere que
«Causa» y «efecto» parecen así haber in- es preciso castigar a aquel individuo que nos
tercambiado sus papeles: no es que la gente obliga a «legalizar» un trozo más de vida, a
se esfuerce por aquello que valora, sino que hacer el mundo algo más normalizado y legal
valora o trata de valorar aquello por lo que de lo que ya es.
se ha esforzado. Al hacer filosofía hemos En el segundo, Licurgo propone un castigo
de aceptar estos cambios de perspectiva para el delincuente ingenuo que, atrapado,
que a menudo ponen en crisis nuestras más obliga a que funcione el aparato legal y judi-
arraigadas creencias o convicciones. Pense- cial.
mos, por ejemplo, en una convicción hoy ge-
neralizada que podría formularse así: En ambos casos, pues, tanto en Atenas co-
mo en Esparta, la existencia de la norma o el
«Todo ha de estar bajo el imperio de una funcionamiento de la ley aparecen como un
ley igual para todos, en un mundo donde ca- mal menor —nunca como el bien o el ideal
da uno ha de tener iguales oportunidades que parecía sugerir la afirmación que esta-
para acceder a la riqueza y al poder». mos comentando.
Y veamos una vez más cómo ahora, cuando Y esto en una época y en un país donde,
todo el mundo está de acuerdo, llega todavía según dicen, cumplir la ley era vivido como
el filósofo a romper el consenso. un imperativo moral y no sólo legal. ¿Qué no
será pues en un tiempo como el nuestro en
« ¿No es una pena —dirá tal vez— eso de el que la actitud natural ante las obligacio-
poner toda la vida bajo la impronta de la ley nes legales o tributarias es tratar de esca-
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bullirse, y el conseguirlo tiene incluso cierto bozo y los dogon, por ejemplos se burlan ri-
prestigio social? La única diferencia hoy en tualmente unos de otros (tu mujer es joro-
día es que, mientras los ricos y poderosos bada» «la única gacela que conseguiste ca-
consiguen a menudo pasar por encima, de la zar era coja» etc.) dos o tres veces al año, y
ley, los menesterosos tratan de pasar por sólo se rompieron abiertamente las hostili-
debajo y con un éxito mucho más relativo. dades entre ambas tribus el año en que olvi-
Ahora bien, la teórica igualdad frente a la daron cumplir esta estricta etiqueta de
ley o teórica igualdad de oportunidades para conflictos litúrgicos. También las novatadas
conseguirlo todo (riqueza, poder etc.) hacen a los nuevos reclutas o escolares son una
que los desafortunados sientan que lo son, manera ritual de canalizar la agresividad y
además, por su culpa. De ahí que en Estados de advertir a los recién llegados sobre cuál
Unidos, donde este principio es creído y vi- es la verdadera jerarquía dentro del grupo.
vido por todos, los individuos que son pobres Claro está que todo esto se puede conse-
o que no han triunfado se sientan mucho guir, y se consigue a menudo, sin apelar a la
más miserables que en los países de tradi- broma y a la tomadura de pelo —peros sin
ción cristiana, de tradición mítica, de tradi- duda, es ésta la forma relativamente menos
ción incluso marxista. brutal que conocemos. No, eso de la broma
La razón es sencilla. Si yo vivo en un país de no es ciertamente ninguna broma, y segu-
tradición católica, puedo decir: «Yo soy po- ramente ha ahorrado mucha sangre a lo lar-
bre porque Dios o la Providencia así lo ha go de la historia.
querido». Si soy marxista puedo decir: « Tampoco son ninguna broma ni ridiculez las
Soy pobre porque las estructuras capitalis- buenas formas y maneras de la educación:
tas me oprimen». Si vivo en un medio mítico, las formas del trato y de la cortesía, de la
puedo pensar que «éste es mi destino». Si mesa y del lecho, del coqueteo y regateo.
vivo, por el contrario, en una sociedad donde Formas todas ellas que prestan un suave
teóricamente la gente es igual ante la ley y tinte impersonal, civil y estereotipado a
con las mismas oportunidades de tener éxi- nuestras relaciones; que las dotan, por de-
to, al fracasar no sufro sólo las consecuen- cirlo en una palabra, de «formalidad». Una
cias materiales: padezco, además, la consi- formalidad que nos ayuda a superar, o cuan-
guiente pérdida de dignidad ante mí mismo to menos a aliviar, el miedo y agresividad la-
o ante mis compañeros o familiares, que tente en el trato con los demás. No es ca-
tornan mi falta de éxito por un síntoma de sualidad, por ejemplo, que los hombres
mi minusvalía personal de mi crónica e íntima hayan formalizado siempre las encrucijadas
inferioridad. decisivas de la vida individual y colectiva con
Detengámonos aún, para acabar esta terce- ritos de iniciación, de pasaje, etc. Todas es-
ra parte en el análisis crítico de un par de tas formalidades —aparentemente frívolas
afirmaciones que parecen también de senti- o gratuitas— tienen también la función de
do común: que la seriedad es más trascen- civilizar la agresividad. De ahí precisamente
dente que la broma; que el contenido impor- que las formas de la cortesía y el cortejo
ta más que las meras formas. Muy a menudo sean tanto más elaboradas y más sofistica-
oímos decir críticamente de alguien: «todo das cuanto más agresivo es el grupo o la es-
se lo toma a broma» o «sólo le importan las pecie en cuestión (entre los depredadores,
formas». Ahora bien, los estudios antro- por ejemplo, más que entre los herbívoros, o
pológicos han mostrado que la broma, el entre señores feudales más que entre sus
ridículo y la mutua tomadura de pelo tienen siervos), o cuanto mayor es la densidad de
una importancia capital en muchos pueblos y población y la delimitación espacial. ¿O será
tribus: entre otras cosas, para sublimar o pura casualidad que entre los pueblos más
canalizar simbólicamente la agresividad. Los «civilizados» se encuentren precisamente
los de las grandes islas, en las que la aglome-
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ración y la falta de espacio donde huir o ais- otorgados a la mujer por el Derecho Roma-
larse potenciaban la agresividad y hacían no en razón precisamente de su imbecilitas
más problemática la convivencia? ¿No son sexi.
acaso Inglaterra y Japón los países que han Todo esto es verdad, pero no es toda la
llevado más lejos la etiqueta y los formalis- verdad. Decir de cualquier manifestación de
mos sociales? ¿Y existe acaso algún deporte cortesía O deferencia que no es sino hipo-
que no se haya inventado en uno de estos cresía supone una incompleta y simplificada
países? Al borde siempre del conflicto, la traducción psicológica de un fenómeno har-
cortesía y el deporte les han permitido du- to más rico y complicado. Y digo incompleta
rante mucho tiempo proteger a la sociedad porque en modo alguno explica cómo ni por
civil de los hábitos predatorios adquiridos y qué los rituales, protocolos y etiquetas tien-
ejercidos en el mercado libre o en la expan- den a encarnar precisamente en las conduc-
sión colonial. tas marcadas por la angustia y la ansiedad;
Y la alternativa a esta ritualización social o por la inseguridad que inevitablemente
codificación deportiva de la conducta com- acompaña la aproximación a un paisaje o
petitiva la conocemos demasiado bien: la al- personaje extraños —sea del otro mundo,
ternativa de la buena educación es el eficaz sea del otro sexo.
adoctrinamiento, como la alternativa del de- Las formalidades que pautan o modelan el
porte es la marcha militar. Rituales y proto- trato entre hombres y mujeres cumplen así
colos liturgias y etiquetas que aumentan, una importante función de cojín o amorti-
pues en proporción a la ansiedad, agresivi- guador. No son sólo formas estereotipadas
dad o desazón que se experimenta en las si- de poder o sumisión. Son también, y ante
tuaciones-límite de la vida. De ahí que no sea todo, expresión del temor de las personas
tampoco de extrañar que el noviazgo y el que entran en un territorio desconocido, in-
matrimonio tengan, en todas las épocas y seguras de su ciencia y competencia en él.
grupos, un fuerte contenido convencional... Y Formas convencionales de «hacer el hom-
me atrevo a insertar aquí lo que al respecto bre» o «hacer la mujer» a las que agarrarse
escribí a la vuelta de un viaje a Nueva York, cuando no se sabe demasiado bien cómo hay
tratando de explicarme la homofilia genera- que comportarse. ¿Que estos formalismos
lizada de aquella ciudad. han servido asimismo para reforzar los es-
Primero fue el imperativo de la naturalidad tereotipos y hacer de cada sexo una ridícula
e informalidad, luego la liberación sexual y, caricatura de sí mismo? Qué duda cabe. Pe-
por fin, el feminismo. Con ello fueron eli- ro aquí, como en tantas otras cuestiones,
minándose en nuestro tiempo, una tras otra, hemos de evitar que con el agua sucia se nos
las formas más o menos protocolarias y ri- cuele también el niño por el desagüe. ¿Acaso
tualizadas que habían regido la aproximación no es esto lo que nos ha ocurrido con los ri-
entre los sexos. Las formas de la cortesía o tos y celebraciones que marcaban el ritmo o
etiqueta aparecieron primero como hipo- los momentos significativos de nuestra vida:
cresía, luego como cursilería y por fin como misas y primeras comuniones, ceremonias
la sutil estratagema con la que el hombre asociadas al matrimonio o a la muerte? Al
afirmaba su superioridad y que la mujer uti- dejar de creer en el específico contenido
lizaba para «obtener» lo que ni el derecho ni religioso que entre nosotros informaba es-
la fuerza le garantizaban. La deferencia tos actos o situaciones, se ha tendido a
masculina y la reticencia femenina formaban prescindir también de las formalidades que
así un sistema de «astucias» cruzadas y en todo tiempo y lugar han marcado las en-
complementarias. Ceder el paso a una mujer crucijadas decisivas de la vida individual y
o respetar su más mínima señal de rechazo colectiva: los ritos de iniciación o de pasaje.
eran «privilegios» del mismo orden que los Se trata de momentos en los que se cruzan
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la biografía y la cronología, los sentimientos hecho ya a nuestra guisa y medida. En la
y las instituciones, y a los que los hombres tercera estación de esta philosophiae nos
no han dejado nunca de dar un carácter detuvimos especialmente en el lenguaje y
rígido y estereotipado con el fin, según vi- vimos que el filósofo no acababa de sentirse
mos, de apaciguar el vértigo individual y co- satisfecho con las evidencias por aquél ma-
lectivo que se produce en cada uno de estos nufacturadas y promulgadas. De ahí, añad-
tránsitos o coyunturas. íamos, que a menudo su lucha no sea tanto
Libres ahora de formas y ceremonias, redu- contra la opacidad de los fenómenos como
cidos estos momentos a actos convulsa y contra la convencional y pretendida claridad
compulsivamente «Sinceros», «informales» de éstos; que no busque tanto resolverlos
o «espontáneos» no podía sino sugerir un problemas cuanto multiplicarlos y mostrar
renovado conservadurismo psicológico te- todo aquello que tiene aun de problemático
meroso de todo cambio o transformación. lo que más evidente nos parece: lo paradóji-
Pues si es cierto, como pienso, que las for- co incrustado en lo más perogrullesco. Pa-
mas convencionales son el viático que nos samos lista entonces a algunas «evidencias»
conforta acompaña en los momentos de psicológicas, políticas o sociales con el fin de
tránsito difícil, la falta de este apoyo no mostrar cómo el filósofo tiende también a
puede sino llevarnos a una temerosa huida darle la vuelta para ver su cara oculta. Y
hacia adentro y atrás. La alternativa parece ahora, por fin, podemos acercarnos a esta
clara: o formalismo o narcisismo, o conven- otra cara de nuestras más entrañables con-
cionalismo o conservadurismo. vicciones morales, políticas e incluso filosó-
ficas. Pues Conviene no olvidar que si la Filo-
¿Por qué lloramos? ¿Es conveniente una ley sofía ha de empezar mostrando la otra cara
formalmente igual para todos? ¿No son in- de las cosas no puede acabar, si se quiere
útiles y hasta indignantes los convenciona- realmente crítica, sino mostrando a su vez
lismos sociales? Hemos visto cómo, tras una la otra vertiente de sí misma.
inspección algo más atenta, nuestras res-
puestas automáticas hacían crisis, y las co- Comencemos de momento por las evidencias
sas aparecían algo más complejas y matiza- morales. Ser moral —oímos decir a menu-
das. En el próximo capítulo acabaremos do— quiere decir ser responsable y de una
viendo de qué modo esto es verdad no sola- pieza, tener una jerarquía de principios clara
mente por lo que respecta a los fenómenos y firme.
psicológicos y sociales apuntados hasta aquí, Pienso que se puede decir —y hasta cierto
sino incluso referido a la Moral y a la misma punto se debe decir— todo lo contrario.
Filosofía ¿Qué significa, en definitiva, «ser respon-
4. HACIA LA MORAL Y LA FILOSOFIA sable»? Llamamos responsable a una perso-
na cuando podemos saber cómo responderá
Llegados a este punto, conviene sin duda a cierto tipo de estímulo: cuando su res-
hacer un breve resumen de lo que hemos di- puesta es previsible. Sea cual fuere la nece-
cho hasta ahora. En la primera parte se pre- sidad que lo solicite, la mujer que le guste, el
tendía mostrar en qué medida la necesidad niño que le reclame, el ideal que se presente,
de ver claro es una actitud más neurótica o siempre responderá de acuerdo con sus
atávica que propiamente filosófica o cientí- principios. Ahora bien, quizá ser moral no
fica. En la segunda hemos intentado verifi- consista tanto en eso, en ser siempre autén-
car cuales eran los mecanismos o los canales tico y fiel a los propios principios (lo que en
que nos permitían hacernos la ilusión de que el límite puede transformarse en un narci-
todo es claro: el lenguaje y las frases sismo de la propia integridad), como en res-
hechas, las convenciones ideológicas, los mi- ponder efectivamente al objeto o a la per-
tos y los ritos que nos ofrece un mundo sona concreta que tenemos delante. Esta
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deja entonces de ser un mero «ejemplar- praxis, de compromiso vital y de experiencia
pretexto» («un» necesitado, «una» mujer), teórica, de sensibilidad moral y de sentido
un motivo ocasional para ejercer o poner en de eficacia...
práctica los propios principios, y se trans- Ser moral, para mí, es hacer exactamente lo
forma en algo real que nos arranca una res- contrario. Es recordar siempre la importan-
puesta que no teníamos aun preparada ni in- cia de aquellas opciones que no hemos to-
ventariada. Moral, en este sentido, sería to- mado: de aquellos valores que, quizá necesa-
da respuesta que se ha dejado primero se- riamente, hemos sacrificado, pero que nun-
ducir por su estímulo; que ha aceptado per- ca olvidaremos ni pretenderemos reducir a
der pie frente al sujeto o la situación a que subproducto de los inherentes a nuestro
se enfrenta. estado O profesión. Podemos así optar por
Oímos decir igualmente que ser moral es la vida ascética, pero entonces lo que hace
una jerarquía fija y objetiva de valores. De- falta es saber y recordar el valor —absoluto
ntro de esta escala los valores más bajos en tantos sentidos— de la sensualidad. Co-
(los sensuales, vitales, etc.) se realizan pre- mo podemos optar por vida intelectual
cisamente al subordinarse a los más altos siempre que reconozcamos los límites y la
(los intelectuales o espirituales). Pues bien, y crónica parcialidad de todo lo que sólo en-
no creo tanto en una escala como en una plu- tendemos, así como la importancia de todo
ralidad de valores, necesidades o tendencias lo que pasa por fuera de las ideas. De ahí
conflictivas que tienen, cada uno en su ámbi- que, si somos artistas, debamos trabajar
to, un carácter absoluto. ¿Cuáles son estas también contra la imaginación por lo mismo
necesidades o tendencias? En nuestra vida que, si somos burócratas, hemos de cuidar
o actividad intelectual necesitamos una de no enamorarnos del papel timbrado. En
cierta distancia a fin de poder analizar fría definitiva se puede ser moral haciendo cual-
y objetivamente las cosas. En nuestra vida quier cosa, siempre, eso si, que no empece-
sensitiva, en cambio, necesitamos la proxi- mos por querer colonizar el mundo entero
midad de la inmediatez respecto al ser de- con las virtudes o «valores» del propio que-
seado. La distancia es, pues, un valor inte- hacer. Frente a esta tendencia a hacer el
lectual; la proximidad un valor sensual, y mundo parecido y a la medida de uno, la mo-
ambos son a menudo incompatibles. La lista ralidad consistiría más bien en hacernos no-
de polaridades puede continuarse aún: para sotros parecidos al mundo; no en moralizar
nuestra vida sentimental necesitamos de- el mundo, sino en mundanizarnos nosotros.
pendencia, mientras que para la vida política Para ilustrar este talante que denomino a la
necesitamos poder y potencia; la vida íntima vez moral y filosófico, tomaremos ahora
o personal requiere autenticidad y la pública unos ejemplos de la realidad política inme-
eficacia, etc. Ahora bien, nuestra innata diata. A todo el mundo le parecerá bien que,
tendencia a la autosatisfacción nos lleva gracias al Estatuto de Autonomía y a la Ge-
creer —o a querer creer— que aquella vida neralitat, la administración se haya acerca-
o profesión por las que nos hemos decidido do a los catalanes hasta permitirnos por una
representan la suprema síntesis de todas vez considerarla como cosa nuestra. Pero
las experiencias y todos los valores. De ahí esto, que es evidente, no nos ha de hacer ol-
que el casado quiera y tienda pensar que el vidar las ventajas que tenía la distinción, en
matrimonio no es una opción, con sus ganan- la época franquista, entre lo que era la ideo-
cias y sus costes, sino la mismísima síntesis logía oficial y lo que era la ideología de la
de todos los valores y de todas las expe- gente. En catalán o desde Barcelona hablá-
riencias: síntesis de sensualidad y de res- bamos Nosotros; en castellano o desde Ma-
ponsabilidad de intimidad y de sociabilidad. drid hablaban Ellos. Esta dualidad estatuía,
Igualmente, el político tenderá a creer que en cierta manera, dos tipos de poder —el
su opción supone la síntesis de teoría y
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poder estatal y el poder de la sociedad ci- Aunque tampoco aquí hay que exagerar. Es
vil— que pocas veces coincidían y en cuyos posible que a los filósofos les corresponda
márgenes podíamos hacernos nuestra liber- ser apóstatas crónicos, pero es preciso
tad particular... Ha sido bueno, quién va a también que sean (como decía la Inquisición
negarlo, que el poder social y el estatal, el de aquel pobre hombre quemado en Duran-
familiar y el oficial, dejaran de coexistir es- go) apóstatas relajados, apóstatas no cris-
quizofrénicamente como había sucedido pados. ¿Y qué quiere decir eso de apóstatas
hasta entonces en Cataluña. Pero también relajados? Quiere decir apóstatas cons-
es cierto que al juntarse y concentrarse, cientes de que, en definitiva, su eficacia no
estos dos niveles de coacción se refuerzan radica tanto en el poder y la claridad de su
peligrosamente y se hacen potencialmente pensamiento como en la debilidad de su con-
mucho más absolutos. Paradójicamente un vencimiento. Y es con la glosa de esta última
poder legitimo y socialmente reconocido es afirmación como quisiera ya concluir.
más «absoluto» que un mero poder de El punto fuerte de la filosofía es para mí la
hecho, pues a la fuerza objetiva se añade vulnerabilidad de su convencimiento. ¿Por
entonces la autoridad moral. Por ello quienes qué ha de ser el conocimiento filosófico
ostentan ahora esta renovada y reforzada precisamente un conocimiento débil?2 * En
antoridad deben ser mucho más liberales, el segundo capítulo decíamos que nuestros
delicados y tolerantes que cuando simple- vicios son casi siempre la otra cara de nues-
mente defendían esta libertad contra el tras virtudes. La fuerza y la potencia de
franquismo. Pues ahora hay que mantener nuestro pensamiento, podemos añadir aho-
desde las mismas situaciones aquel juego y ra, es a menudo la otra cara de nuestra ce-
pluralismo que antes venía dado por el mero guera para lo que tenemos delante de la na-
hecho de que las fuentes de poder, de con- riz. Un pensamiento demasiado poderoso
trol y de legitimación eran dos y bien distin- que todo lo entiende (iba a decir: que todo lo
tas. engulle) acaba con frecuencia ensordecido
Está claro que andar diciendo, aunque sea por su propio estrépito, deslumbrado por su
polémicamente, que ser moral significa ser propia luz, embotado con todo lo que ha tra-
irresponsable, o que no para todos fue mala gado. La auténtica experiencia de la reali-
la represión de la cultura y las instituciones dad, por el contrario, sólo comienza allí don-
democráticas, es algo que rompe nuestros de acaba nuestra capacidad de hacernos las
hábitos mentales y nuestras convicciones cosas a nuestra medida, De ahí que la ver-
morales más enraizadas. Algo que acostum- dadera experiencia de las cosas no resida
bra también a irritar considerablemente a en la «comprensión» del antropólogo, en la
la gente. No es, pues nada extraño que los «erudición» del historiador, en el «análisis»
filósofos, en la medida en que han desempe- del lingüista, en la «interpretación» del
ñado este papel, a menudo hayan acabado psicólogo, etc. Esta experiencia surge más
bastante mal. Pensad que los filósofos son bien a partir de los fenómenos singulares
quizá los únicos, junto a los cristianos, cuyo que se resisten a ser comprendidos y que,
padre fundador fue ejecutado. Y Sócrates por lo mismo, nos obligan a ampliar el marco
fue ejecutado precisamente por impiedad, teórico desde el que los contemplábamos.
por falta de respeto a la tradición, incluso Ahora bien, para dejar que los fenómenos o
por perversión de menores. Porque está vis- las cosas se nos acerquen sin anticiparlos ni
to que nada inquieta tanto ni parece tan neutralizarlos con un concepto previo, para
subversivo como el solo hecho de mencionar «responder» efectivamente a ellos, para
y sacar a luz todos aquellos aspectos de la
realidad censurados por nuestros hábitos o 2
relegados a la oscuridad por los administra- Lanzada aquí por primera vez, en 1981. La expresión co-
nocimiento débil se ha generalizado hasta adquirir un valor
dores oficiales de la verdad. emblemático.
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dejar que se nos acerquen incluso aquellos necesario tener unos esquemas mentales lo
que van contra nuestras convicciones bási- bastante blandos y borrosos como para que
cas, es preciso tener una actitud más bien la experiencia de la realidad pueda estruc-
débil que fuerte, más vulnerable que segura, turarse de una manera nueva; no tener de
más hembra que macho, más receptiva que antemano una idea demasiado clara de lo
activa. Los individuos que han aportado una que se quiere y de lo que se busca; saber
nueva visión de la realidad, en efecto, han atender sin precipitarse a entender. Sólo
sido personas con una gran personalidad pe- con una mente y con una actitud de esta es-
ro raramente con un carácter fuerte ni con pecie, conceptos en apariencia tan hete-
ideas demasiado precisas sobre las cosas. rogéneos como cultura y represión (Freud),
No más claras, en todo caso, que las del gravedad y trayectoria de los astros (Gali-
propio Sherlock Holmes. leo), y sistema de producción (Marx), o ma-
¿Cuál es la ventaja que posee siempre Sher- teria y energía (Einstein) pueden manifestar
lock Holmes sobre Watson en sus investiga- una conexión tan profunda como insospe-
ciones? Su ventaja consiste en que mientras chada.
Watson, en cuanto llega al escenario del Pero hemos dicho también que una actitud
crimen ve en seguida qué es lo importante y filosófica requiere no solamente un conoci-
significativo —el cuchillo sobre la mesa o el miento débil, sino, además, un convencimien-
perchero ensangrentado—Sherlock Holmes to débil De otro modo, y con razón, alguien
se deja atraer por lo más trivial: una vela, podría argüir: «Ese Rubert parece que ve
por ejemplo, que si el asesinato se cometió a muy claro lo de que hemos de verlo todo
las siete de la tarde, debería estar consu- Oscuro; él dice muy fuerte y convencido eso
mida y en cambio, aún quema. Y éste es casi de que el pensamiento ha de ser débil y ten-
siempre, el mecanismo de un descubrimien- tativo». Los filósofos, en efecto, podemos
to de una visión nueva de las cosas: la ruptu- comenzar por ver oscuro el mundo pero
ra de los esquemas convencionales encarga- hemos de acabar por ver oscuras y dudosas
dos de definir qué es relevante y qué es in- también nuestras propias convicciones. De
sustancial, cuál es el medio r cuál es el fin de ahí que el filósofo no pueda creer que «aho-
un proceso,3* cuál es la estructura cuál es la ra sí» que va a explicarnos él lo que «de ve-
función de un fenómeno, qué es el mensaje y ras» es el Hombre o el Pensamiento o el
qué es, simplemente el ruido o parásito que Mundo o lo que sea. Él sabe, como Kant, que
acompaña a su transmisión... «la razón humana tiene el destino particular
Junto a sus amigos, Pitágoras contemplaba de verse acosada por cuestiones que no
cómo el herrero fabricaba un arado, pero, a puede rechazar [...] pero a las que tampoco
diferencia de los demás, que se fijaban en lo puede responder». Sabe que su tarea no es
que era importante —en la forma que toma- sino suplir viejos mitos por nuevos esque-
ba la herramienta—, Pitágoras supo atender mas; por nuevas imágenes o modelos, tal vez
al maldito ruido producido por el artesano. mejores o más adecuados que los anterio-
Con ello es posible que se le escapara algún res, pero que nunca pueden agotar ni repre-
defecto del apero, pero descubrió en cam- sentar perfectamente la realidad. El filóso-
bio la escala de los sonidos... Ahora bien, pa- fo que olvida eso no hace más que sustituir
ra saber, como Pitágoras o Sherlock Hol- tópicos populares por tópicos académicos—
mes, atender a aquello que «no importa», es y mal por mal, siempre son mejores los pri-
meros que los segundos.
3
Ahora bien, creo que los catalanes, si no
El descubrimiento del motor eléctrico no consistió sino en otra cosa, tenemos bastante desarrollada
el hecho de que a alguien se le ocurrió invertirla relación
medio--fin en una dinamo. El desperfecto de una máquina esta capacidad de mantener una cierta dis-
textil produjo el género «defectuoso» que alguien tuvo el tancia irónica incluso respecto de nosotros
genio de reconocer Como óptimo para secarse la toalla.
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mismos. Se trata de una ironía que, si tantas Conclusión, pues, si es que de conclusión
veces nos ha impedido levantar un audaz puede hablarse. Que satisfechos, contentos
vuelo teórico, otras tantas nos ha protegido y calientes no podemos quedarnos con los
de la brillante chapucería dogmática. He po- tópicos convencionales, pero tampoco con
dido comprobar, por ejemplo, que dar una las reflexiones trascendentales; que no
conferencia en Barcelona o darla en Madrid hemos de permanecer aferrados a las con-
o Paris resulta casi siempre una experiencia vicciones establecidas, pero tampoco
bien distinta. Imaginad que en ella el confe- hacernos creyentes de las construcciones
renciante dice una frase más o menos tópica especulativas. He empezado hablando «de la
y grandilocuente del tipo: «El hombre sólo importancia de no verlo claro», y espero,
es sincero cuando lleva su máscara» o «Na- efectivamente, haber oscurecido un poco
tural no quiere decir nada más que habi- más el panorama a lo largo de mi exposición.
tual». En Francia o en Castilla, la gente se Otros vendrán, sin duda, a ofrecer una ver-
manifiesta encantada o indignada, a favor o dad transparente y contundente, eterna o
en contra. En Cataluña no. Aquí la gente res- por estrenar —serán los políticos o los
ponde más bien con un «no está mal visto», científicos, los profesores o los vendedores.
«tiene gracia», «no se me había ocurrido» o Así cumplirán ellos su función como habre-
«es curioso». Frases todas ellas que pare- mos nosotros cumplido la nuestra: cultivar y
cen manifestar cierta conciencia de que la aprender a sacar el fruto del propio des-
realidad es siempre mucho más compleja y concierto.
matizada que todo aquello que de ella poda- II. ¿POR QUÉ FILOSOFÍA?
mos decir; que nuestras afirmaciones nunca
llegarán pues a poseerla ni agotarla; que to- 1. VÉRTIGO DEL SENTIDO
da afirmación es una aproximación, más que Cómo dar liebre por gato
una adecuada representación de su objeto.
Y en la moderna tradición de nuestro pen- Desperté y busqué en torno un aconteci-
samientos desde Balmes a Maragall y a miento no transformado en noticia, una fun-
D’Ors, desde Carner a Crexelis, desde Fus- ción no codificada por una institución, una
ter a Ferrater Mora o al mismo Pla, aparece práctica que no fuera una profesión, una te-
claramente no sólo la conciencia sino tam- oría no apelmazada y exaltada como ideolog-
bién un interés muy especial por este aspec- ía. Salí a su encuentro, pero en todas partes
to sensible y sobrante de las cosas que no me daban liebre por gato: pedía un libro y
se deja nunca dominar por nuestros concep- me daban una Obra, necesitaba un método y
tos y esquemas. A aquel sentido crítico del me enseñaban una Metodología, buscaba un
que hemos hablado (un sentido siempre en objeto y me ofrecían un Diseño, quería un
peligro de hacerse melodramático y tomar- país y me encontraba en un Estado, yo de-
se demasiado en serio a sí mismo), parece seaba una mujer pero me decían que eso
añadirse aquí un sentido común encargado eran cosas de mi Libido.
de recordarnos que muchas cosas pasan La política y el sexo, el comercio y la infor-
también por fuera de la filosofía y de su mación: todo me parecía cada vez más su-
sentido crítico: que si ciertamente hay en el blime y cultural; impregnado por su valor,
mundo más cosas de las que captan los sen- transmutado en símbolo. Los objetos con los
tidos, también hay más de las que captan que me iba topando sólo parecían existir
nuestras elucubraciones. Nuestros meca- como excipiente del sentido que debían
nismos mentales nos sirven sin duda para vehicular. Dondequiera que dirigiera mis pa-
cortejar la realidad. Con nuestros juegos sos me encontraba con algo adaptado ya de
verbales o artísticos tratamos de seducirla, antemano a mi asimilación, cortado a la me-
pero su desvelamiento y posesión no es cier- dida de mis sentidos, expectativas o ideales.
tamente cosa de este mundo. y es entonces cuando sentí aquel extraño
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malestar: algo así corno la basca que produ- hombre por sus propios productos o imáge-
ce un alimento licuado, una papilla gástrica o nes? El único medio, pensaba, sería bajar la
un Gerber que se nos escurre, tibio y granu- guardia para permita el reflujo de todo
loso, por el esófago. Un malestar que se aquello que está más allá de nosotros, de
confundía con la nostalgia de los productos nuestra capacidad de entender y organizar.
de otro tiempo que había aún que mascar y Pero hasta el momento sólo parecía haberse
digerir. intentado superar este aislamiento amplian-
Pronto descubrí, sin embargo, el analgésico do más y más el ámbito de lo controlado:
que me ofrecían para aplacar estas des- tratando de aliviar los males del control
agradables sensaciones. La sofisticación del técnico del mundo... mediante su control
nuevo arte y la nueva cultura debían servir- semántico; perfeccionando el diseño funcio-
me ahora para ejercer en digest aquel es- nal del entorno con la adición de valores
fuerzo de asimilación y adaptación expulsa- malditos o vibraciones gratuitas; ampliando
do de la vida cotidiana: una cultura intensa y el sistema de producción de ideología o la
concentrada que compensaba mi inactividad producción de psicología. Para los «psicólo-
intelectual, justo como la gimnasia debía gos radicales» americanos, por ejemplo se
compensar mi trabajo sedentario. Realidad trataría de ir sustituyendo la producción de
«explicada» y alta cultura «complicada» objetos por la producción de relaciones: el
mundo verosímil y arte abstracto, entorno hardware tecnológico por el software social.
pompier y estética vanguardista formaban Diseño y producción de relaciones que daría
así un sistema perfectamente equilibrado. lugar a una nueva cultura intensa, comunal,
En un mundo excesivamente «facilitado» y sentida y vivida; una nueva sociabilidad
previsible, la dificultad se me ofrecía tam- hecha de interacciones, contactos y vibra-
bién como un servicio o una mercancía deli- ciones. Grupos de encuentro, juegos comu-
cadamente diseñada para inquietarme y nicativos, terapia de sentimiento, desarrollo
sorprenderme; para dar variedad, color o del potencial humano, concienciación del
aroma a la papilla; para introducir en mi ex- propio cuerpo, feed-back bioenergético,
periencia los mínimos básicos de resistencia chequeo interactivo, masaje psíquico, peda-
que me permitirán recobrar el equilibrio gogía del contacto...
cuando me sintiera llevado por el vértigo del El florilegio de métodos y técnicas parecía
sentido. interminable, pero el mecanismo social
Éste fue el primer diagnóstico de mi dolen- detrás de todos ellos parecía uno y el mis-
cia. El vértigo, con todo, persistía. La reali- mo. Se trataba simplemente de cuestionar
dad se me hacía no ya espiritual, sino espiri- la adecuación por entre el saber de la gente
tuosa, no ya dotada de significados, sino im- y su empleo, entre su sensación física y su
pregnada de ellos: significamentosa. Todo salud o entre su apetencia y su competencia,
me era familiar, y más aún que familiar: generando go así un nuevo mercado de gad-
íntimo. En todas partes me topaba conmigo gets y servicios para el reciclaje del saber o
mismo. Mis pasiones y obsesiones perfec- la verificación de la salud. Y también un
tamente expresadas en los anuncios de co- mercado de relaciones psicológicas que
lonia para hombres. Mis desperdicios psíqui- creaba su propia demanda mediante el do-
cos se me ofrecían ahora en forma física de ble mecanismo de: 1) fomentar, por un lado,
mercancías. Contaminado por mis propias la inseguridad de la gente respecto a su ca-
fantasías, el entorno me aparecía como un pacidad de comunicar o de asumir las pro-
inmenso y caricaturesco espejo de mí mis- pias responsabilidades sociales, y 2) gene-
mo. rar, por otro, unos supuestos estándares o
patrones objetivos de intimidad, satisfac-
¿Cómo romper el hechizo? ¿Cómo abrir una ción sexual o integración social, a cuya altura
brecha —me decía— en este cerco del la gente trataría de llegar con la ayuda de
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las técnicas y de los especialistas pertinen- El último día en Nueva York había ido a la
tes. tienda «Sam Goodies» para comprar discos
Un vuelo a México de Ruth Etting y Ethel Morgan dos cantan-
tes de los cuarenta que son el primer re-
Fue en un vuelo Eastern de Nueva York a cuerdo musical de mí infancia —una melodía
México donde primero sentí de un modo que llegaba a mi ventana desde la rosaleda, a
claro esta desazón ante un entorno cada través de una Diagonal silenciosa y húmeda.
vez más personal estimulante y atento a Le pregunte al vendedor en qué hilera podía
nuestras intenciones. En la bandeja de des- encontrar estos discos ¿en «Melodías de
ayuno no encontraba la crema de leche para Broadway», en «Vocalistas famosas»? —No,
mezclar con el café: miraba una y otra vez no; busque mejor en la sección «Nostalgia».
los rótulos de los sobres y recipientes — También las clasificaciones comerciales se
mantequilla, café, sal, etc.—, pero no leía habían hecho psicológicas. También para
«crema» o «leche» en parte alguna. Pre- adivinar dónde estaba un producto tenía que
gunté por fin a la azafata, la cual, sorpren- pensar ante todo en la presumible intención
dida y despectiva, me indicó un botecito de con que lo buscaba. Volviendo a mi vuelo de
plástico. Y entonces descubrí por qué no Nueva York a México: después de desayu-
había sabido reconocerlo: el bote no anun- nar ya sobre Texas, empecé a charlar con
ciaba «leche» sino «para su café». un grupo de jóvenes universitarios, aplicados
Nuestro entorno está cada vez más consti- e ilusionados, que me rodearon entusiastas
tuido por este tipo de mensajes, que nos cuando me reconocieron como un nativo con
cuesta al principio descifrar... porque son el cual practicar el castellano. Hacían un via-
demasiado fáciles: porque no hay que ir a je de estudios —me explicaron— a la pro-
ellos, sino que son ellos los que vienen a no- vincia de Chiapas. Pregunté qué iban a estu-
sotros. El rótulo no indica qué hay en el bote diar: ¿tzotzil, castellano, antropología...? No;
sino para qué es; no describe el objeto sino se trataba de dos asignaturas de la maestr-
que anticipa —y prescribe— mi uso del mis- ía en «Vida Internacional» de la Universidad
mo. Las indicaciones de nuestro entorno ya de Michigan. Las dos asignaturas que iban a
no se dirigen entonces a nuestra compren- cursar a San Cristóbal y Tuxtla Gutiérrez
sión sino a nuestra reacción; no se organizan se llamaban, literalmente, «Cómo vivir en el
alrededor de nuestra posición sino de nues- extranjero» y «Trabajo de campo en com-
tra intención. De ahí que para entender es- prensión de culturas extranjeras»...
tos mensajes debamos ajustarla retina y ...Y volví a sentir el vértigo de un entorno
acostumbrarnos a no buscarlo que algo es siempre ya explícito, formulado y poblado
sino para qué es. No atender a lo que que- de nuestras propias imágenes o propósitos.
remos —un alimento, una persona, un país—, El mismo vértigo que me había producido el
sino directamente a lo que en ello buscamos: bote de crema «para mi café», y que se
el valor o el vigor, la amistad o la sensación confundía ahora con el de las depresiones
nueva. Acostumbrarnos, en fin, a vivir en un atmosféricas que sacudían el avión al des-
entorno catafórico, donde todo está antici- cender sobre el valle de México. Al salir del
pando alguna otra cosa —anticipando casi aeropuerto había decidido escribir un texto
siempre, nuestras propias reacciones.4* donde trataría de teorizar este vértigo. Es
el que sigue, luego de responder a esta
cuestión previa: ¿Qué hay en el fondo de mi
añoranza por lo reticente, por lo que existe
4
Está claro que, a menudo, este tipo de cambio no es deli- pero no se anuncia se entiende pero no se
berado, Sino que simplemente resulta de necesidades dice, se supone pero ni se expone? Ante to-
técnicas —en este caso de la naturaleza sintética del líqui- do, pienso, el mínimo tacto que exige no
do que se añade al café. El hecho de que no sean intencio-
nados no los hace, sin embargo, menos sintomáticos, apabullar a la gente mensaje o una verdad
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perentorios. Y un cierto respeto también rados ni contaminados por el medio —el di-
por las cosas y por uno mismo: por un nivel nero, la palabra— que los vehicula.
de la realidad o de la intimidad que no puede Thomas Mann lo dice por boca del estafa-
exponerse sin desnaturalizarse; que como dor Félix Krüll: «Sólo en los dos polos del
las momias o las películas, se desintegra o contacto humano, allí donde aún no existe la
vela a plena luz... Nietzsche mismo fue un palabra o bien donde ya no reina la palabras
ferviente defensor de este respeto, aunque es decir, en la mirada y en el abrazo, se halla
en su afán por desvelar los más secretos propiamente la felicidad pues sólo allí hay li-
móviles e intenciones pocas veces supiera bertad incondicional, intimidad y falta abso-
mantenerlo. luta de respeto humano. Todo lo que en ma-
«Hoy ya no creemos —escribe— que la ver- teria de contactos humaos se halla entre
dad siga siendo verdad cuando se revela... El estos dos polos es débil e insípido; es algo
pudor con el que la Naturaleza se ha escon- determinado, condicional y limitado por las
dido detrás de velos y enigmas debería ser convenciones sociales. Allí reina la palabra,
tenido en gran estima... Hoy consideramos esa tremenda representante de lo ordinario
una cuestión de decencia el no querer verlo y habitual, ese fino y opaco medio en el que
todo desnudo, presenciarlo todo, entender o se engendró antes que en ningún otro la su-
saber todo». misa y mediocre moral...»
El más conmovedor ejemplo de este pudor 2. LA FILOSOFÍA, ENTRE EL HUESO Y
es el del pequeño Rousseau, que reproduzco LA PAPILLA
aquí de memoria. Jean-Jacques es un niño El malestar de lo singular
pobre que durante meses va reuniendo mo-
nedas para poderse comprar uno de esos Queda por aclarar cómo y cuándo una expe-
pasteles que las madres obsequian a sus riencia inquietante o irritante como las des-
hijos a la salida de la escuela. Se conoce el critas nos impulsa precisamente a filosofar.
escaparate de memoria y hace tiempo que ¿Por qué teorizarla y no, simplemente, huir o
tiene decidido el pastel que va a pedir. Pero, esquivarla? La teoría, creo, emerge a la vez
cuando entra por fin y la dueña le pregunta como producto y como antídoto de esta ex-
qué desea, él no sabe que contestar y acaba periencia o sensación. En mi caso por lo me-
echándose a llorar. ¿Qué ha ocurrido? El ni- nos ha surgido como un intento de com-
ño ha descubierto lo que en realidad había prender la desazón que me producía este
estado deseando tanto tiempo: que le dieran entorno tan solícito y tematizado que expe-
un pastel. No ha estado ahorrando para pa- rimenté agudamente en el vuelo a México.
gar un pastel, sino para comprar un don. Pe- Yo nunca pienso o escribo de oficio —y me-
ro en el mismo momento en que la dueña le nos por vicio. Lo hago sólo como último re-
pregunta qué desea (como preguntan tam- curso: cuando las impresiones o sensaciones
bién los padres con más dinero que tiempo, se hacen tan poderosas o incómodas que
dispuestos siempre a comprarle al niño lo sólo formulándolas alcanzo a neutralizarlas.
que desee, sin entender que lo que éste Escritas y formuladas, las sensaciones o ex-
quiere no es un regalo sino que le regalen), periencias me aparecen como realidades ob-
entonces la imposibilidad lógica de satisfa- jetivas e impersonales que puedo contem-
cer ese deseo se hace demasiado patente... plar ya como algo ajeno a mí. Transformadas
Y ello no se debe, como explicarían Lacan o en tesis o textos, dispuestas a Convertirse
Girard, a que su deseo sea «el deseo del en verdades, aquellas experiencias no pare-
otro», sino porque es el deseo de un signifi- cen ya de fiar, pero tampoco dignas de in-
cado no banalizado y neutralizado por su
propio significante; de una experiencia, una
sensación, un don o un sentimiento no captu-
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quietar.5* El cariz formulario que adquiere del proceso específico por el que la escritu-
así lo formulado pronto me ayuda a conven- ra aplaca aquel dolor. De esto quiero hablar
cerme de que no había para tanto; que la aquí.
desazón que sentía era tan convencional Al principio como con los estudiantes o la
como el texto mismo en el que lo cuento crema de leche Easter algo me pasa: me
ahora... gusta un sonido, me angustia una frase, un
Y así voy conjurando o ahuyentando con la gesto me inquieta me atrae una idea o me
teoría los demonios que me asaltan. Una vez de sagrada una mirada. Trato entonces de
descritos y formulados, estos demonios se «entender», es decir, de objetivar y neu-
transforman en productos culturales que tralizar esta sensación, y casi siempre lo
circulan y que, por lo mismo, ya no me inquie- consigo pronto. En el sonido reconocí el tim-
tan ni creo en ellos: he conseguido por fin bre o la altura de una melodía querida; la
«nombrarlos» y «pasarlos». Se trata, como frase sonaba a redicha; el gesto no había
puede verse, de una cura catártica o, mejor surgido de la palabra sino que parecía incor-
aún, homeopática: las impresiones demasia- porado mecánicamente a ella; la mirada no
do fuertes aplacadas con la escritura, di- se detenía en mí, sino que me atravesaba y
sueltas en su expresión, evacuadas en su parecía proyectarse al infinito, a un plano
exaltación. general del que yo era sólo un elemento o un
La pena falsificada por la lágrima, la impre- contrapunto…6* . algunas veces, sin embargo
sión por la teoría. «La formulación y expre- no encuentro el sentido de lo que he sentido
sión de los sentimientos —decía Hegel— —y es entonces cuando pienso.
tiene por efecto quitarles su importancia». Pienso, pues, cuando no entiendo lo que me
«Las ideas —insiste Proust— son los su- pasa, cuando no alcanzo a identificar el ori-
cedáneos de las penas; en el momento en gen de la desazón o atracción que siento. La
que éstas se transforman en ideas pierden impresión que no consigo evacuar con una
una parte de su acción nociva sobre nuestro explicaciónse constituye entonces en un
corazón». Luego de terminar el Werther, punto de referencia de todo lo que en ade-
escribe igualmente Goethe, «me sentí como lante voy viendo o leyendo. Como aquellas ti-
después de una confesión personal y con de- ras de papel engomado que colgaban del te-
recho a una nueva vida». cho para cazar las moscas, esta impresión
Estos y otros testimonios parecen confir- va atrayendo y pegando todas las experien-
mar mi impresión de que a menudo narramos cias más o menos análogas que tengo luego al
para transformar nuestras experiencias en leer, charlar o deambular. Incapaz por el
puros «cuentos» —como teorizamos para momento de localizar la causa, busco las
hacer de ellas puras «especulaciones»—: en analogías yvoy así apuntando en una libreta
cualquier caso, para sacarles el aguijón de la los fenómenos parecidos... Hasta que un día,
carne y dotarlas de la ingravidez del espíri- de repente, todas estas notas que he toma-
tu. Y sin embargo, los textos citados hablan do parecen organizarse en una figura gene-
de un dolor genérico pero no de su origen ni ral de la que mi primera experiencia no era
sino un caso. Ya tengo ahora el sentido de lo
5
* Un conocido ejercicio de la Gestalt Psychology muestra
6
un aspecto de este proceso psicológico. Se sugiere a los Scott Fitzgerald describe a menudo sensaciones de este
asistentes que piensen en un viejo y profundo secreto de tipo. Luego de haber hecho el amor en la vieja casucha con
su vida, en algo que no hayan contado nunca a nadie, y que Stahr, the last Tycoon, Kateleen observa: pregunto cuándo
imaginen como reaccionarían los otros al saberlo. A conti- lo decidimos. Hay un momento en el que no lo necesitas y el
nuación se les instiga a revelarlo en la forma más contun- momento siguiente sabes que nada en el mundo podrá im-
dente y afirmativa para que descubran que contra lo que pedir que pase» A Stahr observa entonces Scott Fitzge-
habían imaginado, encuentran en ello un positivo orgullo una rald, «la frase de Kateleen le sonó a redicha y, para su pro-
renovada confianza en sí mismos: el secreto, verán ahora, pio asombro, ella le gustó todavía más», Son asombros de
no era el efecto sino la causa de su vergüenza. este tipo los que nos arrojan a menudo a la teoría.
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sentido, ya he alcanzado por fin a neutrali- que dos superficies de distinta temperatura
zar mi experiencia: a explicármela y a expli- puestas en contacto tienden a un estado
carme. Entonce escribo un libro donde la neutro, a una temperatura media donde las
remato —un libro en el que las observacio- fuerzas que se movían en ambas direcciones
nes o notas que fui tomando a lo largo del ha operado combinando en proporciones y
camino hacen las veces de capítulos o apar- variables ambos expedientes: «generalizan-
tados. do» las experiencias y «particularizando»
El dispositivo básico desde el que se teoriza las ideas. Pero, desde donde sea que se mi-
sería aquí un cierto malestar: el malestar re, se trata siempre de la misma operación:
frente a las experiencias absolutamente lo posible lo sensible y lo inteligible para al-
singulares que no se resisten: que se hacen canzar, más allá de su «dualismo aparente»,
sentir pero no se dejan comprender.7* Teo- un «monismo real» donde todas las contra-
rizar es, pues, apartarse de una experiencia dicciones deberían quedar disueltas y re-
singular e incomprensible para volver a ella sueltas.
armado ya de palabra y de representación. Para Kant, la única experiencia inmediata de
Nos ponemos a teorizar porque nuestra este tipo era la experiencia estética, en la
mente no está sintonizada con la realidad que se producía un feliz acuerdo entre lo
que experimentamos —y lo que así preten- sensible y lo inteligible. Yo entiendo, por el
demos es elevarla al nivel de abstracción contrario, que tanto más habitual —e incluso
requerido para que no se nos escurra entre fundamental— que esta sensación de lo
las neuronas. Para Freud, esta tendencia a ajustado o acorde es también u contraria.
homologar nuestra experiencia, a neutrali- ¿No mostró Popper que, más que alcanzar la
zar la diferencia entre nosotros y nuestro verdad, lo que la ciencia puede es detectar,
mundo, era una manifestación del «instinto identificar y eliminar el error? ¿Y no es aca-
de muerte», cuya versión generalizada se so lo que «canta», lo que «no va», lo primero
conoce hoy como «principio de entropía». Es que salta siempre a la vista de la experiencia
decir, de la tendencia tanto física como cotidiana? Lo acorde y ajustado, en cambio,
psíquica a buscar estadios más probables e no destaca, sino que tiende a desaparecer
indiferenciados; a reducirla tensión con el en el conjunto de que forma parte. Sabemos
entorno asimilándose plácidamente a él. que algo «no va» antes incluso de saber de
¿Quién no ha sentido alguna vez la tentación qué se trata: antes de descubrir, por ejem-
de devolver a la materia inorgánica este plo, que es el exagerado desorden en la dis-
sector absurdamente acelerado y palpitan- posición de los objetos sobre la vitrina lo
te que su cuerpo usurpa; de renunciar a esta que delata la preocupación con que fueron
fina película de carne que le conecta —pero colocados; o que es nuestro excesivo interés
también le enfrenta— a su entorno? por una persona lo que nos impide compor-
Freud tuvo que añadir Tánatos a Eros para tarnos o argumentar con naturalidad frente
explicarla vida inconsciente, y creo que hay a ella.
que añadirlo también para explicar los pro- Primacía, decimos, de la experiencia del
cesos conscientes. Al teorizar, nuestra desajusten pero, ¿de qué desajuste se tra-
mente busca igualarse y equilibrarse pláci- ta? Husserl reconocía que el punto de parti-
damente con el entorno de la misma manera da de la filosofía es precisamente una cierta
distancia respecto de los ajustes automáti-
7
Sería aquí tentador buscar analogías entre la teoría a ni- cos de la vida cotidiana y SU Weltanschau-
vel segura” que sus endorfinas (sustancias secretadas por ung, pero siguiendo el modelo clásico definía
el propio cuerpo para que sus operaciones se realicen sin aún esta distancia como perplejidad teórica.
dolor) a nivel biológico. De no mediar , pues, esta autoanes-
tesia, la sola existencia biológica sería siempre dolorosa Creo, sin embarg0 que el dispositivo que nos
como lo seria la psicológica sin la anestesia teórica que aquí incita a pensar no es tanto una duda teórica
se apunta
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o una incertidumbre intelectual, como una mos hablando de teoría como búsqueda de
desazón O desajuste personales. Nos po- una nueva familiaridad o sintonía con el me-
nemos a ello para neutralizar, por medio de dio, como una intentona de homologar nues-
la teoría, aquello que nos inquieta y que no tro pensamiento y nuestras sensaciones. Pe-
podemos no obstante, ni desatender ni des- ro, ¿no decía al principio que era el malestar
truir. Lo que nos mueve no es tanto el in- producido por un entorno excesivamente
terés por el conocimiento como la necesidad «personalizado» el que me había expulsado
de anular la distancia o desajuste que nos aquí a la teoría? ¿En qué quedamos pues?
impiden vivir reconciliados con el mundo pu- ¿Qué es lo que en realidad nos desazona y
blico y adulto las «certezas naturales» y la pretendemos con la teoría superar? ¿Es la
tranquila instalación el entorno que se fue- resistencia o, por el contrario, la excesiva
ron con nuestra infancia. adecuación de la experiencia sensible a
Perdido el mundo domestico, lanzados aun nuestra compresión y expectativas? ¿Nos
universo ajeno y extraño sólo podemos re- inquietamos cuando sentimos esta expe-
cobrar aquel equilibrio domesticando: tra- riencia como un hueso que nuestra mente no
tando de recrear teóricamente en él la puede roer nombrar ni categorizar, o cuan-
transparencia y consistencia del paraíso do se nos da como una ya predigerida y en-
perdido. La teoría, pues como terapia del tendida? La verdad es que ambas experien-
«complejo de Peter Pan». En el fondo de las cias nos desazonan —y por el mismo moti-
teorías filosóficas que tratan de «compren- vo—: porque ni una ni otra nos ofrecen la
der» la realidad como en el fondo de las oportunidad de asimilarlas y hacerlas nues-
políticas o técnicas que tratan de trasfor- tras. Pero falta aún por aclarar en qué sen-
marla pienso que hay mucho más de nostal- tido se trata de dos etapas sucesivas, y
gia y añoranza que de voluntad de dominio. cómo o por qué se pasa de la una a la otra.
De hecho, este segundo malestar que nos
Nada, pues de gratuito o deportivo en la fi- produce un mundo excesivamente «fami-
losofía: no se siente uno atraído por, sino liar» no es sino el resultado objetivo de los
expulsado a ella. Como la escritura, de la que esfuerzos desplegados individual o colecti-
no siempre puede distinguirse, la teoría es vamente para neutralizar el primero. Co-
un dispositivo más en la serie de las satis- menzamos a teorizar para defendernos de
facciones sustitutivas o los narcóticos con un mundo extraño: para comprenderlo y vol-
que procuramos compensar el carácter do- vemos a sentir en él como nos sentíamos en
loroso y enigmático de la existencia. Más nuestra casa. Pero esta teoría termina por
que de un movimiento por el que pretende- producir un mundo tan nuestro, tan definido
mos dar sentido a los objetos, se trataría y explicado, que acabamos sintiéndonos pri-
de un intento de dar objetividad a lo senti- sioneros de él. La respuesta ha sido más
do: no tanto de colonizarla realidad como de fuerte que el estímulo, y de rebote nos
sintonizarnos y reintegrarnos a ella. Pues, si hemos encontrado no ya en casa, sino en la
se ha dicho que el arte es un trozo de mun- cuna, en el útero incluso: en un entorno tan
do visto desde un temperamento, la filosof- pensado y preparado por/para nosotros, que
ía sería más bien un temperamento visto no podemos ya ni movernos de él. Sufrimos
desde una teoría del mundo. A la diástole entonces los efectos de nuestra respuesta
del arte cuando trata de personalizar lo ob- excesiva y acabamos siendo víctimas, como
jetivo seguiría así la sístole filosófica tra- tantas veces (fiebre, competencia interes-
tando de objetivar lo personal. pecíflca síntoma neurótico), de nuestros
El malestar de la cultura propios mecanismos de defensa. El nuevo
desajuste e incomodidad que experimenta-
Pero una Contradicción flagrante parece mos —el que sentí en el vuelo a México—
haberse escurrido en pocas páginas. Esta- resulta ahora de la exquisita funcionalidad y
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adaptación del entorno a nosotros mis Más misma, contradictoria. Contradictoria por-
que con objetos o experiencias que deba- que generaliza y tematiza esta experiencia
mos comprender nos topamos ahora con —con lo que la introduce a su vez en el cir-
símbolos o mensajes manufacturados «noti- cuito ideal de las experiencias ya explicadas.
cias» mundiales, «tendencias» artísticas, Se trata de una paradoja análoga a la apun-
«imagen de marca, «ambientaciones» musi- tada por Hume con la frase «toda afirma-
cales que parecen poseer ya el nivel de ge- ción general es falsa; incluida ésta». Toda
neralidad óptimo para sernos inoculados. A descripción de un mundo excesivamente co-
nada podemos hacernos, pues todo parece dificado es a su vez codificante. Lo que en
ya hecho para nosotros. Con sólo salir a la este texto se dice confirma y refuerza así
calle o abrir un receptor nos sentimos como aquello mismo frente a lo que reacciona. El
imagen que atrae un mundo de limaduras libro resultante ha de ser así, un producto
muy cuidadosamente cargadas con electri- de la misma índole que lo por él delatado, un
cidad de signo contrario. Al primer males- síntoma más de aquello frente a lo que re-
tar, el malestar de la jungla donde todo es acciona, un ejemplo de lo que causa, una re-
ajeno, singular y este malestar del aero- futación, en el último extremo, de su propia
puerto donde no podemos percibir nada que validez.
no sean «orientaciones», «indicaciones», 3. LATEORÍA, ENTRE LA CRÍTICA Y EL
«símbolos», «anuncios» o «advertencias». CONTAGIO
Y es este segundo malestar el que me ha He comenzado describiendo mi reacción
empujado aquí a la teoría: la desazón ante un frente a un sistema que tiende a abolir las
mundo que no puedo experimentar porque «figuras» singulares de nuestra experiencia
está constituido ya por «experiencias», del y donde las fórmulas sustituyen a las for-
que no puedo escapar sin encontrarme a la mas, los valores a las cosas, la información a
vez con «curiosidades», y en el que en la experiencia y la formulación a la descrip-
ningún caso puedo intervenir pues anticipa ción. Ahora bien, los aspectos más evidentes
cada uno de mis pasos o deseos con una de esta inflación semántica de nuestro en-
imagen o un mensaje que se me escurre di- torno han sido ya objeto de conocidos dia-
rectamente, imperceptiblemente alma aba- gnósticos y críticas. Veamos un ejemplo de
jo.8* cada uno.
A partir de aquí querría hablar de esta in- Es difícil hacer una crítica de lo que existe
comodidad misma, sin olvidar nunca que es sin apelar a la coartada de una imaginaria al-
de ella —y no de las ideas a las que me ha ternativa global: criticar el gris cotidiano
catapultado— de lo que trato. Describir, desde el beige o el marrón. Mucho más fácil
pues, más que teorizar, la inquietud que es oponerle un rojo, un negro o un verde sin
siento es un medio poblado de significados tacha; denunciar lo que existe haciéndose el
que van, vienen, corren a mi encuentro, me portavoz de la verdadera Naturaleza, la au-
envuelven y me llevan. Todo ello sin olvidar tentica comunidad o la utopía alternativa.
tampoco que la descripción de este entorno Entonces la crítica no aparece como mera
y de la incomodidad que me produce es, ella opción o posición subjetiva sino nada menos
que como la hegeliana «confrontación de las
8
* Como se verá, no pretendo oponer a esta mediación una cosas con su propio concepto».
hipotética e idílica relación inmediata» con las cosas. Estoy
convencido, con Cassirer, de que la realidad sólo nos es ac- Así los filósofos de la escuela de Frankfurt,
cesible desde un código o sistema de «formas simbólicas» que, desde el modelo de la seria y buena cul-
(lenguaje, religión, arte, ciencia, etc.) que necesariamente tura burguesa (romanticismo, psicoanálisis
mediatizan nuestra experiencia. Lo que ocurre es que son humanismo marxista), no dudaban en ofre-
estas mismas formas simbólicas las que no pueden operar
interpretando la realidad cuando el entorno se transforma cer un frente a la cultura de masas, una
en un medio de significaciones ya acabadas.
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nueva cultura creativa y una nueva sensibili- como de la «arqueología» cultural. En un ca-
dad estético-erótica (Marcuse). Opuesta a so se denuncia la pseudocultura la alineación
la manipulación de la conciencia, una socie- institucional y la manipulación comercial; en
dad donde sería posible la formación coope- el otro se las toma como un dato para des-
rativa de la voluntad y la verdad a través de cubrir su estructura y articulación con otros
un lenguaje libre por el que se llegaría a un discursos. Pero en ninguna de las dos se adi-
consensus racional (Habermas) Rompiendo vina ni reconoce que el único punto de parti-
con una sociedad basada en la dominación da objetivo del análisis o la crítica es la ex-
técnica y la indoctrinación institucional, una periencia subjetiva de esta realidad: la fric-
sociedad que volvería al clásico modelo de la ción o contagio que se produce entre una
interiorización esta de los principios del Pa- estructura social y una estructura psíquica
dre que, en último extremo, facilita la propia individual. Cierto que esta experiencia indi-
rebeldía contra él (Horkheimer). Frente a vidual es, como decía Lacan, «un lugar sin
una sociedad que basa su control en los ser- metalenguaje posible», del que no se puede
vicios que unilateralmente setr4 nos ofrece hablar porque es siempre ya él quien está
(información, seguridad, educación, etc.), hablando. De ahí precisamente que no se
una sociedad de intercambios donde nada trate tanto de formular o elaborar esta ex-
se daría que no pudiera ser devuelto, etc., periencia, como de dejarla decir y de tomar
etc. su palabra como índice o síntoma. Pero no ya
En el otro extremo de esta crítica frank- como síntoma de la estructura interna de un
furtiana encontramos del diagnóstico fou- sujeto sino de la coyuntura externa en la
caultiano empeñado en hacer la «arqueolog- que éste se encuentra —síntoma socíoanalí-
ía» de las prácticas y los discursos moder- tico, si se quiere, en lugar de psicoanalítico
nos. Para Foucault no se trataba ya tanto de De nada valen la crítica sociológica o el análi-
denunciar como de analizar cada uno de es- sis estructural que hemos visto si no parten
tos discursos (el discurso legal, pedagógico, de una estricta descripción de las figuras
médico, universitario, político, etc.) desde la de conciencia y experiencia suscitadas por
trama de relaciones que lo constituye. Es nuestro medio. Una actitud que no consis-
decir: desde la superficie donde cada uno tirá ya en deplorar la «alienación consumis-
puede emerger (familia, colegio, profesión..), ta» o en clasificar las «instancias de legiti-
la institución que puede legitimarlo (judica- mación», sino en reconocer y analizar nues-
tura, universidad, burocracia...), los concep- tra propia relación con el entorno —sus cos-
tos con los que pre. tende validarse (justicia, tes y sus encantos.
eficacia, belleza..), el lugar que en él ocupa el Esta reacción somática a nuestro entorno
sujeto (que lo crea, lo transmite, lo sancio- es el único dato inmediato y fiable de nues-
na...), la relación que mantiene con otros dis- tra experiencia. Es posible, claro está, que
cursos (exclusión, apoyo, infección...), etc. Convenga luego generalizar y desteñir algo
Desde esta perspectiva, por ejemplos el dicha experiencia a fin de alcanzar a comu-
discurso psiquiátrico no sería sino el «en- nicarla —llamar a nuestra vaga desazón algo
cuentro», en un momento y lugar determi- así como «anomia» o «alienación». Pero sólo
nados, de una coyuntura política una prácti- los rasgos y colores vivos que tuvo nuestra
ca jurídica, cierto desarrollo de las técnicas experiencia efectiva posibilitarán que estas
cuantitativas en psicología y una institucio- palabras mantengan aún algún contenido y
nalización universitaria de la «ciencia del al- eficacia al cabo del proceso. Hay que empe-
ma». zar por atender, pues, a lo que ocurre en
Mi postura punto de partida e intención di- nuestro medio: a lo que en él nos disgusta y
fieren por igual de las dos grandes líneas a lo que nos atrae, a lo que nos aburre y a lo
esbozadas, es decir, tanto de la «crítica» que nos estimula, a lo que nos seduce y a lo
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que nos repugna. Y una de las primeras co- aprovechar al máximo —y no de negar in-
sas que comprobamos entonces es que no se útilmente—- esta relación personal y sensi-
trata de dos series de experiencia tan inde- ble con las cosas constituirse en lábil detec-
pendientes u opuestas como pensábamos tador, apuntador y testimonio de las reso-
que de verdad, sólo nos irrita terriblemente nancias que tal referencia produce en noso-
lo que de algún modo nos atrae y seduce. tros: «No cansarse nunca—como aconseja-
Este libro expresa así la tracción y repulsión ba Freud— de volver a sentir los mismos
que a la vez siento ante un mundo cuyo mo- fenómenos».9 Nuestra experiencia o nues-
delo son los aeropuertos y las oficinas eje- tra reacción espontánea nos interesan en-
cutivas. Yo estoy convencido de que nada tonces como una «muestra» del contacto
puede entender quien no ha llegado antes a entre una estructura social y una psicológica
sentir toda la poética de estos ámbitos tec- individual. Y este contacto (que, como vimos,
nológicos y melosos, diseñados y personali- se manifiesta al pronto en los desajustes
zados. entre ambas estructuras) es precisamente
Decía Vargas Llosa que para saber en qué el objeto de análisis de la critica de las figu-
consiste lo melodramático o lo cursi hay que ras sociales de conciencia y experiencia que
empezar por responder espontáneamente aquí propongo. Nada menos «subjetivista»,
—ortodoxamente—- a sus solicitaciones: por otra parte, que este análisis en el que el
sentir la fascinación de la hipérbole emocio- sujeto deviene, literalmente, «objeto».
nal y de la polarización moral (vizconde y Ahora bien, esta atención a la propia expe-
huérfana, amor y parálisis). Podremos quizás riencia es tanto más pertinente ‘ adecuada
acabar calificando el melodrama de «aten- cuando se trata de la experiencia de un me-
tado directo a mis glándulas lacrimales», pe- dio ya expresamente diseñado y manufac-
ro sólo si hemos empezado por sentir y res- turado para inducirla; cuando nos las habe-
ponder generosamente a sus efectos — mos con productos sociales que de un modo
dejándonos contagiar por ellos. De ahí que u otro traen ya incorporadas las adverten-
quienes se aproximan a la revista Hola, a los cias sobre la experiencia o uso adecuado de
seriales radiofónicos, a los cháteauz deco- los mismos (sobre lo que es relevante o re-
rados por Elle o al salón de sus viejas tías dundante, sobre lo que debe entenderse
armados ya con los conceptos culturales en como figura o como fondo, como mensaje o
uso (camp, literatura del corazón, retro, como ruido); cuando nos hallamos en un me-
Kitsch, etc.) no podrán nunca entender lo dio donde los libros son siempre obras, don-
que han empezado por estudiar o analizar, de los cuadros son siempre representantes
por juzgar o definir. de un «estilo» y donde las cosas no funcio-
La filosofía crítica que aquí propongo no nan sino que son funcionales, no simbolizan
puede, pues, empezar siendo ella misma sino que son simbólicas.
«crítica» u «objetiva», sino que ha de pro- Igual que el género melodramático al que me
ceder, como decía Platón, «por afinidad con refería hace un momento, aquí el «efecto» y
la cuestión» —por afinidad con el medio so- el «significado» no son algo añadido a los
cial en nuestro caso. Y es que la reacción productos sino algo inherente a los mismos:
personal o respuesta inmediata a los estímu- no forman parte de su estilización «retóri-
los del entorno no es sólo, como se ha suge- ca» de su misma producción «poética». De
rido hasta aquí, el punto departidas sino ahí que prescindir de la respuesta personal
también el objeto mismo de nuestro estu-
dio. Pues si resulta, como es notorio, que ni 9
la visión filosófica ni el análisis crítico pue- Esta disponibilidad al medio es, pues, una condición previa
al análisis fenomenológico previa al «colocar bajo nuestra
den sustraerse de su previa inserción en el mirada nuestra relación con él» que habla Merleau-Ponty y
mundo, lo único razonable es tratar de del consiguiente «fundar en la subjetividad —y por ella— la
objetividad de todos los objetos» de M. Heidegger
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que tales productos suscitan suponga el ol- mulo que la provoca. Una operación como ve-
vido de lo que de más propio tienen. De ahí remos en seguida, nada fácil de realizar y
también que, para entenderlos, haya que que genera muchas más resistencias de las
empezar por responder generosa a estímu- que anticipábamos al principio.
los y tomar esta respuesta misma como 4. EL JUEGO ENTRE LA CRUELDAD Y EL
nuestro objeto de estudio: atender a los MASOQUISMO
fenómenos sociales en la medida en que no
sólo aparecen en formaciones políticas o Existe una dimensión particular de cada co-
institucionales (Iglesia, Derecho, Estado, sa, algo así como su fisonomía, que escapa
Partidos, etc.) sino que se manifiestan en la siempre a su nombre o representación so-
psicología de los individuos: en sus más inti- cial; un aspecto que sólo se manifiesta cuan-
mas reacciones y apreciaciones. do dejamos a las cosas proyectarse sobre
nuestra sensibilidad sin anticiparnos a com-
¿Hemos de limitarnos, pues, a experimentar prenderlas o clasificarlas. Pero para captar
lo que nos ocurre? ¿Hemos de abandonar esta dimensión es necesario un espacio o
toda aspiración a distanciarnos y a explicar «cojín» interior que distancie nuestro saber
objetivamente esta experiencia? En absolu- de nuestra experiencia; que deje a ésta co-
to. Pero ahora sabemos cuando menos que mo una superficie lábil y desafectada donde
nuestro objeto de estudio no está allí, afue- los estímulos puedan resonar a su aire.
ra, sino que es un sistema del que formamos ¿Cómo definir, sin embargo, esta actitud
parte; un sistema que incluye nuestra propia tan imprecisa y elusiva? ¿Tal vez como la
reacción y del que sólo un personal e íntimo «capacidad negativa» que, según Keats,
desajuste —una distancia respecto de permite al poeta percibir y expresarse con
nuestro propio papel— nos impide ser per- relativa independencia de los términos o
fectos comparsas. conceptos que clasifican de antemano la ex-
La distancia de la que parte este análisis periencia? ¿Quizá sea mejor decir, con
crítico no es, pues, una distancia externa, Schlegel, que se trata de la más perfecta
sino una distancia interna, dentro de noso- expresión de nuestra «vida vegetativa», en
tros mismos, entre, por un lado, la respuesta la que la imaginación y la visión campan por
espontánea que damos a las solicitaciones de sus respetos? ¿O hablar quizá, siguiendo a
este medio y, por otro, un residuo de nues- Schiller, del «juego» o «espacio interior»
tra personalidad que no se siente cumplido o que debe separarlas convicciones de las
satisfecho con ella: que se siente, más bien, sensaciones, a fin de que éstas «alcancen la
frustrado y burlado. A diferencia de la máxima pasividad y ofrezcan la mayor su-
«científica» o la «sociológica» no es ésta perficie a los fenómenos»? Sea como sea, y
una distancia que se pueda tomar, sino en la más allá de las cuestiones terminológicas, es
que hay que estar. No es una distancia res- claro lo que todas estas definiciones tienen
pecto del estimulo sino respecto de nuestra en común y nos proponen. • Se trata, como
propia reacción ante él: una suerte de con- decía Simmel, «de dejar que las cosas se
ciencia reflexiva o autovoyeurismo. Repre- aproximen y se muevan contra nosotros [...];
sentando gráficamente no se trata de: ya que si una gran conquista humana fue
Yo-Experiencia ►Estímulo forzar el mundo retórico y práctico dentro
se de un esquema nuestro, más elevado aún
sino de; es corregir la predeterminación de nuestro
Yo ►Experiencia-Estímulo plan, respetar y reconocerlas exigencias
propias y cambiantes de las cosas».
donde lo que tomo como realidad de la que
me distancio para observarla es mi propia Nada tan difícil ni tan escaso, por otra par-
experiencia o reacción al entorno, el «pa- te, como esta «capacidad negativa» de con-
quete» que forma mi experiencia y el estí- tar simplemente lo que desde uno mismo se
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ve y experimenta en un momento dado: la finido como la esencia de la actividad crea-
capacidad de mostrar sin explicar, de des- dora.
cribir sin definir. Parece, en efecto, que co- «Mi culto —escribe Artaud— no es el del yo
mo si el presente singular no se dejara de- sino el de la carne; me atañe y me interesa
cir: contamos mejor lo pasado que lo pre- nada más lo que se dirige a mi carne, y quien
sente, aquello que esto, lo que sabemos que dice carne dice aprensión, piel al descubier-
lo que nos pasa. Lian Hudson mostró expe- to y todas sus consecuencias en los sentidos
rimentalmente que ya los muchachos de 11 [...] Me importa sólo lo que pasa por debajo
años tienen mayor fluidez y precisión verba- del pensamiento, más abajo de donde llega
les cuando se les pide que describan lo que la lengua, más allá de la mente-traducción y
hacia o sentía otro que cuando han de con- la mente-intimidación de todas las cosas.
tar lo que sentían ellos mismos. Pero para
ello: apenas saben usar los sentidos más que Y para llegar a ello, sin embargo, para llegar
como palanca tampoco los filósofos parecen a pensar mi mal, he de hacer increíbles es-
más capaces o mejor preparados o media- fuerzos de imaginación». Y esta misma es la
ción para descubrir el sentido profundo y definición masoquista del arte: «Hay una
universal de los fenómenos. De ahí viene disposición innata en cada uno de nosotros
precisamente la filosofía social que criticá- —escribe Sacher-Masoch— para pensar o
bamos: una filosofía que ya es «crítica» an- experimentar un aspecto de la realidad que
tes de haber pasado por la crisis efectiva escapa a todos los demás; un aspecto que le
de la experiencia. «Observar —decía cautiva y al que el artista entrega entonces
Platón— es más difícil que pensar». Más es- cuerpo y alma. El camino inverso, el de la
forzado todavía que penetrar en las pro- configuración, no es el artístico».
fundidades es aprender a flotar en la su- Ni artista ni masoquista, la mayoría de la
perficie de los fenómenos, en su pura expe- gente tiende a evitar los peligrosos juegos
riencia. «Nada exige tanto esfuerzo y ten- de la «capacidad negativa» y prefiere el
sión intelectual —insiste Bergson— como más confortable camino de la teoría. De ahí
permanecer en contacto con las cosas y con que se resistan a «imaginar su presente», a
los hombres, no ver sino lo que se es y no contarnos lo que hacen, lo que les atrae o
pensar sino lo que se tiene». Y ésta es pre- repugna, cómo se las apañan. ¡Qué difícil es
cisamente la tensión que, según Proust, tra- que la gente más o menos educada nos rela-
tamos de aliviar o liberar con nuestro razo- te su experiencia en lugar de soltarnos su
namiento: «Se razona, es decir, se vagabun- «filosofía»! Más que hablarnos del precario
dea siempre que no se tiene la fuerza de lugar en que son y viven, nos cuentan sus ex-
ceñirse a una impresión y hacerla pasar por periencias dotadas ya de comentarios, sus
las etapas sucesivas hasta fijarla en la ex- ideales hechos imagen, sus dudas transfor-
presión». «Esfuerzo de imaginar el presente madas en «problemáticas» y sus deseos en-
—concluía Proust— que exige alejarse de las carnados en la primera «libido» que les vie-
ilusiones más queridas dejar de lado [...] lo ne a mano. Un surtido de teorías sumarias
que han elaborado nuestro amor propios con las que el científico o comerciante, el
nuestra pasión, nuestro espíritu de imita- médico o el empresario a quienes interro-
ción, nuestra inteligencia abstracta y nues- gamos nos escamotea lo único que les ped-
tros hábitos». íamos: la posibilidad de ver la realidad desde
Pero la mejor indicación de lo difícil y dolo- sus ojos. Ellos no sospechan que sólo su co-
roso que resulta esta exposición inmediata a tidianidad no es convencional. Como banales
las propias experiencias es que sean preci- y convencionales son, eso sí, sus convicciones
samente dos autores asociados con la cruel- e ideales, sus ideas y creencias. Nunca es
dad 1 y el masoquismo quienes las hayan de- trivial la ternura que sienten por su hijo, la
maniática dedicación con que se ponen a
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analizar un problema o el recuerdo que do a mi vago marxismo de bolsillo para com-
guardan de su abuelo —como triviales y prender y «situar» lo que me rodeaba. Lue-
ramplones son su patriotismo, la filosofía o go de unos días de andar explicándomelo
la teoría que nos sueltan. Y la razón es bien todo y a todos definiendo, empecé a sentir
sencilla: sólo se alcanza a decir algo relevan- que también yo, también mi sensibilidad y
te cuando se busca y encuentra la palabra mis convicciones debían de ser tan explica-
que describe la propia situación, no cuando bles como las del resto.
se teoriza o se hace hermenéutica de la del ¿Cómo Continuar entonces el ejercicio petu-
prójimo. «Olvida a tu vecino —decía W. lante de escribir, de ir dictaminando y clasi-
Reich—y escúchate a ti mismo: también te ficando, desde el momento en que adivinaba
lo agradecerá tu vecino». ya que mis propias razones y convicciones
Estas imágenes o sentidos que se sobrepo- eran tan convencionales, ideológicas y expli-
nen a la experiencia tienden, por lo demás, a cables como las que trataba de definir o de-
reforzarse en períodos de cambio rápido: latar en mis libros? ¿Cómo seguir diciendo
cuando la gente trata de compensar el des- que esto era «una típica postura idealista» y
concierto psicológico por medio de la rigidez aquello «un característico reflejo de la
teórica; cuando responden a su anomia ideología tecnocrática» cuando me reconoc-
agarrándose a la primera Cosmogonía o ía a mí mismo tan típico y tópico, trivial e
Cienciología Moon que les surta de una ima- ideológico como ellos? Sin duda, ellos pensa-
gen estable y responsable de sí mismos. ban como se piensa en una empresa en una
Incapaces de aprender de una ruptura ma- oficina o en una comuna californiana, pero
trimonial, muchos individuos corren a echar- ¿acaso no pensaba yo como se piensa en una
se en brazos del primer sustituto que les Facultad universitaria o en un piso de la Di-
permita tapar un hueco que no quieren sen- agonal? ¿Cómo justificar todavía la crónica
tir ni investigar. Y también nosotros parece pedantería de los intelectuales cuando pre-
que estamos desaprovechando la ocasión tendemos poseer el código desde el que los
que nos brindaba la disolución de las ideolog- otros han de entenderse a sí mismos cuando
ías y metodologías que hasta finales de los queremos situar a los demás desde un punto
años sesenta nos habían acompañado fiel- de vista más situable o explicable que el su-
mente. También nosotros nos apresuramos yo? ¿Cómo seguir diciendo con los filósofos
a echarnos en los brazos del primer Valor o que «no lo saben pero lo hacen» o con los
Principio que nos promete un nuevo sentido psicoanalistas que «lo sienten pero que no
—una nueva coartada. Temerosos de que- son conscientes de ello»?
darnos en la nuda experiencia y en la proli- Si creyera que hay un punto de vista neutral
feración de apariencias sin nombre, corre- o privilegiado desde el cual entender a los
mos entonces a fomentar esta experiencia hombres y las cosas, es claro que yo, con-
en grupos de encuentro, de sensibilización o vencido como estoy de no poseerlo, hace
meditación. La simple posibilidad de respon- tiempo que hubiera dejado de escribir. Lo
der a los estímulos del entorno y de limitar- único que me animó a continuar fue mi con-
se a dar cuenta de ellos queda, así, una vez vicción de que no hay más absoluto desde el
más, definitivamente neutralizada. que hablar que el propio lugar y la propia
5. TEORIA Y YO piel. La tarea de cada uno —tarea nada fácil,
por otra parte— consiste entonces en
El yo como posición y composición: el sujeto hacerse vehículo de la propia posición: de-
terminal jarla responder a su medio y saberla inter-
Al escribir esta página me ha vuelto a asal- pretar. No se trata de reivindicar un punto
tar la desazón que experimenté hace unos de vista privilegiado —una visión filosófica o
años al llegar a Berkeley y verme recurrien- metodológica que trasciende y comprende
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las demás—, sino de traducir fielmente todo lismo freudiano (el moralismo del «a donde
lo que pasa, se ve y se siente en el lugar el ello estaba, el yo debe llegar»), un nuevo
donde estamos —o, mejor, en el lugar que puritanismo reichiano (el imperativo del pla-
somos. Y éste fue el razonamiento que me cer), una nueva mojigatería (que no atañe ya
decidió en definitiva a seguir escribiendo: al sexo sino a la muerte), etcétera.
ciertamente, ya no esperaba que mis per- Lo que en otro lugar he llamado ahora-si-
cepciones o juicios trascendieran toda posi- queísmo no es sino el ingenuo imperialismo
ción pero sí que podían al menos reflejar la del presente por el que se llega a la convic-
posición absolutamente única que yo ocupa- ción teórica de que ahora sí que, por fin,
ba. Yo era ciertamente tan previsibles ex- «nos hemos liberado de las viejas ilusiones»
plicable y coherente como cualquiera — y «hemos tomado clara conciencia de….» O
tanto sí, pero no de la misma forma. De ahí por el que se adquiere el convencimiento,
que contar esta «forma», esa pequeña dife- tan característico de la ideología americana,
rencia, me pareciera una tarea tan legítima de que ahora, gracias a la computadora, a las
como útil. telecomunicaciones o a lo que sea, ahora sí
En la serie de ondas y flujos que constituyen que vamos a optimizar y compatibilizar to-
la realidad, existe una interferencia, un cru- dos nuestros sentidos, facultades o activi-
ce o un eco que sólo pasa por mí, que sólo se dades: ahora sí que podremos ser a la vez
produce en mí: una sombra china que sólo se más universales y más tribales, más civiliza-
dibuja en la pantalla de mi conciencia y que dos y más sensuales, más poderosos y más
sólo puedo reconocer si sé controlar muy sensibles, más fieles y más disponibles. La
precisamente la intensidad con que enfoco o verdad, sin embargos es que no hay ganan-
ilumino las cosas. Si demasiado débil, el foco cias sin costes; al ser más fieles somos me-
no alcanza a perfilar los contornos y sólo nos disponibles como al tener más informa-
percibo sombras imprecisas; si demasiado ción perdemos espontaneidad y al adquirir
fuerte, sus reflejos me deslumbran. automatismos perdemos flexibilidad. No
Desde cada posición o intensidad algo se ve, existe, en definitiva, opción teórica ni
y algo se deja ver algo se descubre y algo se práctica que «optimice» todos los rendi-
encubre; ciertos aspectos de la realidad se mientos. Esto es, sin embargo, lo que predi-
manifiestan, pero se nos esconden otros. ca un idealismo tan generalizado y difuso
Por ello todo «progreso» en el punto de vis- hoy día que ha podido llamarse incluso empi-
ta de un individuo o una época supera cier- rismo o pragmatismo. Un idealismo frente al
tos «puntos ciegos» pero genera otros nue- que voy a dibujar ahora el perfil de este yo
vos. Copérnico sustituyó el viejo antropo- que he defendido a la vez como punto de
morfismo de los sentidos de la cosmología partida y objeto de toda filosofía crítica.
clásica por un nuevo antropomorfismo de la Creo, como Fichte, que «la primera exigen-
razon, ciertamente más «útil» pero no más cia que impone la filosofía es no hablar nun-
«verdadero» que el anterior. Algo se gana ca sino de nosotros mismos». Pero creo
pero también algo se pierde cuando se pasa también que lo que en nosotros tiene que
del mito a la teoría, de la techné ala episte- hablar no es el yo, el pensamiento o el hom-
me, de la torpeza a la experiencia de lo tra- bre —esas esencias que las nuevas religio-
dicional a lo moderno, del paleocatolicismo nes del sujeto volvieron a colocar por enci-
del «pecado y el infierno» al catolicismo ma de nosotros mismos.10* El «yo» que ha
postconciliar de la «comunión de los santos». de fundar la filosofía y la sociología críticas
En estos progresos y superaciones del pa-
sado perduran, estilizados, gran parte de los 10
* «El individuo --dice Hegel en la Wissenschaftsiehre—
viejos mitos. Hoy existe un academicismo no ha de caer en la ilusión psicológica de tomar el yo puro
vanguardista, como existe un nuevo mora- por su particular persona. Pues bien, es precisamente sobre
esta «ilusión» que yo fundo aquí mi teoría
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nada tiene, pues, que ver con este yo fich- percibamos desde estas estructuras: es que
teano y soberano que coloniza y da sentido a estamos literalmente constituidos por ellas.
todas las cosas. Se trata, por el contrario, Yo no soy más que un peculiar precipitado o
de un yo que no secreta su entorno sino que resultante del encuentro de estos sistemas,
forma sistema con él; que no se proyecta si- «una constelación de callejones sin salida
no que detecta los impactos y rasguños de cuya irradiación viene a parar en mí» (Ar-
su obligado acoplamiento con el medio. Se taud). De ahí que yo sólo pueda aportar algo
trata de un punto o de una posición única del nuevo a los demás al tratar de entender y
sistema que, como la mónada leibnizeana o el comunicar esta irradiación, esta «concu-
espejo cusano, no es sino el reflejo local de rrencia de todas las leyes naturales que úni-
todo lo demás: la imagen que del conjunto se camente podía producirse en un individuo
refleja en cada una de sus encrucijadas. como yo y que no puede volver a producirse»
Hablo, pues, de un yo «reflejo» o «reflexi- (Fichte).
vo» en el doble sentido del término, ya que: Los «ingredientes» de mi cuerpo son tan
a) refleja lo que se presenta en él, y b) lo comunes y universales como los de mi en-
hace de un modo reflejo, es decir, auto- torno: lo Único diverso, lo único de lo que
mático. Su actividad podría así definirse puedo realmente informar, es del encuentro
como una especulación al detalle (de specu- de estos ingredientes o series —el síndrome
lum, reflejo, espejo) sustentada a su vez por que forman y la sinergia que entre ellos se
la pasión en el sentido etimológico del ( produce— en el «lugar» que yo soy11. El as-
término, esto es, por una intensapasividad pecto o representación que una cosa toma
donde la visión y la imaginación consiguen en mí es, como decía Bertrand Russell, «un
reflejar el frágil punto de encuentro de la miembro del conjunto de aspectos en que la
conciencia y la experiencia. cosa consiste». De ahí que sean excelsas
«Yo» no vine a ser más que el encuentro de todas las expresiones que reflejan fluida y
dos sistemas genéticos en una ciudad, una efectivamente una cualquiera de estas co-
lengua, un sistema social determinado: un yunturas y no solo ni especialmente, como
lugar donde se reflejan un ángulo e intensi- pensaba Fichte, «aquellas en las que la cuali-
dad peculiar los estímulos que a él llegan. Un dad general de la humanidad logra hacerse
par de amores, una docena de familiares, preeminente».
una veintena de amigos y una cincuentena de
libros de los cuales, como decía Valéry «no 11
En el fondo —escribe el perro no fichteano de Kafka—y
he retenido ni lo mejor ni lo peor sino que ha a pesar de todas las discrepancias no soy distinto de los
demás perros. Tan sólo la dosificación de elementos es dis-
quedado lo que ha podido». Mi peculiaridad tinta, diferencia que personalmente puede ser muy impor-
«genio» u originalidad no consiste sino en la tante, pero que desde el punto de vista colectivo es mínima.
relación altamente improbable entre éstos ¿Y cómo es posible que nunca, ni en el pasado ni en el pre-
otros muchos sistemas que en mí confluyen sente, esta dosificación haya sido parecida a la mía?». (In-
vestigaciones de un perro).
—en ser un cruce o precipitado no banal de Lévi-Strauss parece tan poco fichteano como el perro de
estructuras sumamente banales—. ¿Acaso Kafka cuando en Tristes Tropiques escribe: «Yo no soy si-
la originalidad del azúcar, su sabor dulce, es no la coyuntura (enjeu), puesta en cuestión en cada mo-
algo más que el peculiar modo de agregación mento, de la lucha entre una sociedad formada por algunos
millones de células nerviosas escondidas en la termitera del
de las moléculas de carbón, oxigeno e hidró- cráneo, y mi cuerpo, que le sirve de robot». Desde un punto
geno que la componen? de vista sociológico fue G. Simmel quien mostró la correla-
ción entre pertenencia a grupos diversos Y conciencia de la
Decía Cassirer que siempre y sólo percibi- individualidad: «Cuanto mayor y más diverso sea el número
mos el mundo a través de una serie de es- de grupos (políticos religiosos, sociales, profesionales, etc.)
tructuras o sistemas simbólicos — a los que pertenece el individuo, menos probable será que
haya otras personas en quienes se dé la misma combinación
científicos, lingüísticos, artísticos, ideológi- de grupos [...] Cuanto más variados sean los círculos de in-
cos. Pero la cosa es más radical. No es que tereses que en nosotros confluyen, más conciencia ten-
dremos de la unidad del yo.
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La esencia particular de cada hombre no es bio en la aparición de un factor nuevo o ex-
la posesión de un atributo o cualidad espe- terno, sino en la «feliz» conjunción de fac-
cial, sino su posición en este entramado de tores ya en presencia: de elementos que es-
sistemas biológicos, sociales, lingüísticos y taban allí mucho antes que la innovación se
culturales que le constituyen. Su esencia es, produjera. Para Lévi-Strauss, la revolución
pues, su diferencia: una diferencia o indivi- neolítica no fue sino la sinergia o «reacción
dualidad que no proviene sólo, como sostenía en cadena» que se produjo entre unos esta-
Leibniz, «del modo de ser de las entidades dios determinados de: el avance tecnológico,
que le componen» sino, ante todo de su la concentración demográfica, la evolución
«modo de agregación». Ahora bien, si supo- glaciar, etc. Para Max Weber la aparición
nemos, como la filosofía oriental, que la indi- del capitalismo fue igualmente el resultado
vidualidad carece de sustancia real, lo que de la concurrencia de: el desarrollo maqui-
existe entonces son sólo los cinco elementos nista, el Estado moderno, el Derecho racio-
o skandas budistas (cuerpos, sensaciones, nal, la seguridad en los transportes la con-
percepciones, impulsos y conciencia) que tabilidad por partida doble, los guarismos
fácilmente podríamos traducir hoy por in- árabes, etc. Y exactamente del mismo mo-
consciente, ego, lenguaje, estructura do, creo yo, pueden explicarse la originali-
económica, etc. Toda la variedad de los dad y la creatividad personal sin necesidad
hombres procederá entonces, simplemente, de apelar al mayestático Yo fichteano ni
de la combinación de estos skandas. nietzscheano: como una improbable pero
Como todos los colores y olores resultan de viable y eficaz estructuración de elementos
la combinación de cinco elementos —O, N, o ingredientes dados ya de antemano.
C, H, s. Como los dos millones de especies vi- Pero ¿para qué puede servirnos esta «fe-
vientes surgen de la periodicidad distintiva nomenología de la sensibilidad que se descu-
en la combinación de los cuatro elementos bre a sí misma constituida por una trama de
de la cadena molecular. estructuras? Seguramente tenía razón
De ahí que la «calidad» del alma no dependa Foucault cuando argumentaba que, al remi-
tanto de la mayor o menor calidad de sus in- tirlo todo al sujeto constituyente, la feno-
gredientes, como de las sinapsis que entre menología ha representado un obstáculo pa-
ellos puedan surgir y de la capacidad que ra el planteamiento objetivo de las cuestio-
tenga el individuo de comunicar las distintas nes sociales y políticas. Ahora bien, la feno-
configuraciones que de ellos resultan. De ahí menología que aquí propongo no parte de
también que la «genialidad» no sea sino la aquel sujeto fichteano, constituyente o
objetividad: la correcta percepción y ex- trascendental, Sino del sujeto resultante o
presión de lo que efectivamente se ve en el terminal desde el cual, y sólo desde el cual
lugar en que estamos y no de lo que sabe- puede cumplirse realmente el propio pro-
mos, o creemos, o nos han contado, o esta- yecto foucaultiano de prescindir de los dis-
mos convencidos que ahí se ve. Ahora bien, cursos globales y estudiar en detalle cómo
para mejor entender la originalidad personal el poder se ejerce realmente (con toda la
como experiencia y expresión de una rela- especificidad de sus técnicas y tácticas).
ción altamente improbable entre estructu- ¿Acaso una auténtica «microfísica del po-
ras, nos servirá sin duda su analogía con la der» puede partir de otra cosa que del im-
explicación que autores tan diversos como pacto y huella que sobre nuestra sensibili-
Max Weber y Lévi-Strauss dieron de la dad ha dejado?
aparición de las dos grandes novedades o No hay que olvidar, por último, que de este
«despegues» sociales: la revolución neolítica locus o coyuntura que soy, y precisamente
y la revolución industrial. Ninguno de estos porque lo soy, no puedo hablar directamen-
autores, en efecto, busca la razón del cam- te: su comprensión y expresión han de ser
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indirectas, oblicuas, testimoniales. Observa- inconsciente o delirante, pero, ¿a qué seguir
torio más que objeto de observación, de es- insistiendo en este yo que sólo un humanis-
te lugar sólo sé y digo por los objetos que mo trasnochado puede aún creer que tiene
selecciona, por el enfoque que les aplica, por un lugar y un papel? ¿No ha dicho el mismo
las secuencias que sigue y los conjuntos que Lévi-Strauss que «le rnoi n’est pas seule-
genera, por los flujos que detiene e inter- ment havssable: u n’a pas de place entre le
cepta... Por ello, cuando en este libro (o fue- nous et le rien»?
ra de él) yo juzgo, critico, valoro un hecho o Para todo ello sólo tengo una respuesta: que
a una persona, no estoy haciendo más que puede y debe hablarse de esta experiencia
mostrar el perfil, relieve y vibración que es- del yo, precisamente porque no tiene su lu-
te hecho o persona adquieren al proyectar- gar: porque no es una estructura sino una
se sobre mi locus. Y yo, que no me fío dema- coyuntura. Una coyuntura que (por lo menos
siado de lo que pienso, sí creo en lo que me mientras alcanza a mantenerse flotante y
pasa: en todo aquello de lo que no soy emisor sin identificarse con los intereses de nues-
sino resonador.12* tra conciencia o de nuestro inconsciente)
¿Por qué «Yo»? nos permite ver las cosas sin identificarlas:
En lugar de insistir en el carácter originario conocerlas sin reconocerlas, contemplarlas
(Schlegel) o creador (Fichte) del yo he es- sin codificarlas
tado hablando de un yo terminal y residual En efecto, el sujeto capaz de percibir y de-
reflejo ontológico y gnoseológico de los sis- tectar originalmente un fenómeno rebasa
temas que en él se dan cita. ¿Por qué, luego ciertamente la consciencia cartesiana pero
de haber apuntado todas las estructuras no por ello se identifica con la inconsciencia
que lo configuran, seguir hablando de este freudiana Lacan Sostiene que «hay que
yo o sujeto de la experiencia? ¿No han mos- desprenderse de la conciencia para que el
trado, desde el psicoanálisis hasta la lingüís- sujeto hable... pues es sólo en el inconciente
tica y el marxismo, que se trata de un es- donde éste se expresa». Creo, por el con-
trato histórico, superficial e ilusorio, y que, trario, que solo en la atención consciente y
al decir de los psicólogos estructuralistas, flotante con la que el propio Freud aconse-
«dirige y ciega la subjetividad»? ¿Por qué no jaba oír al paciente podemos movernos
abandonar, pues, este trasnochado lenguaje ágilmente este continuum que formamos
del yo, de la conciencia o de la experiencia? con nuestro entorno. Ágilmente y a salvo de
Bien está decidirse por transformar las es- la nomenclatura y de los símbolos tanto de
tructuras externas o por analizar e incluso nuestras convicciones como de nuestras fi-
hacer la poética de las internas, del discurso jaciones.
Mientras escribo estas líneas una mariposa
nocturna choca, rebota y se debate una y
12
* Esta experiencia de un lugar desde el que se conoce y
habla, y que, por lo mismo, no puede ser directamente alu- otra vez contra el cristal de mi estudio:
dido, ha sido formulada en términos de diversas «filosof-
ías». Wittgenstein dirá que el lenguaje desde y con el que —Mi consciencia (siempre «teórica» y dis-
digo no puede, a su vez ser dicho, sirio sólo mostrado; que
no se puede mencionar aquello mismo que se usa (Quine). puesta a proyectar antes que a detectar) ve
Para el segundo Heidegger se tratara de que el hombre no en el espectáculo «instinto», «esfuerzo in-
es el que conoce, sino el que pastorea, o conmemora, o útil» y cosas así.
habita el Ser: sólo «dejando subyacer» al ser puede el
hombre verlo y verse a sí mismo como su «epifanía». En La- —Mi inconsciente (igualmente incapaz de
can, muy cerca siempre del segundo Heidegger, se dice que conocer sino es reconocido) pondrá de ma-
«este lugar que somos es un lugar sin metalenguaje posible nifiesto, una vez «interpretado», el valor
sin imagen especular, o dicho de otro modo, sin alteridad. Y
esto es lo que le permite ser la “materia prima” [...] del su- simbólico de este cristal que separa el reino
jeto mismo que tomamos por el sujeto de la conciencia. de la luz y de las tinieblas; o de esta maripo-
Pues el sujeto que cree poder acceder a sí mis el enunciado sa que representa los mensajes que emer-
no es otra cosa que este objeto». En mi lenguaje, este locus
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gen de mis propias tinieblas, pero que yo no dir de mí. Pues mis sueños y fantasías se pa-
dejo entrar en la conciencia. recen mucho, he de confesarlo, a las imáge-
¡Con qué sorprendente facilidad se desem- nes de la publicidad. Los dos mundos con que
barazan de la ambigüedad transformando lo limito, el externo y el interno, parecen así
problemático en categórico y lo categórico perfectamente sintonizados: tienen las
en apodíctico! Al lado de ellos, la pobre mismas aspiraciones, viven los mismos tópi-
«atención flotante» aparece siempre con- cos y dibujan idénticas figuras retóricas —
fusa y tardía, atolondrada y renqueante. Pe- se entienden, por tanto, a las mil maravillas.
ro es sólo esta atención flotante que no me La glamorosa estilización publicitaria del en-
encierra ni en la «compresión» diltheyana ni torno se me ofrece como una continuación
en la «asociación» freudiana la que tiene pa- natural de mis ensueños, como mi propio de-
ra mí esta experiencia en la que la continui- tritus psíquico que percibo y consumo ahora
dad entre dos espacios es a la vez confirma en forma física. Tan bien se complementan
y burlada. mis ensueños privados y los señuelos comer-
ciales, que acaban por conectar y dialogar
Confirmada por el reflejo en la ventana de directamente, por encima de mi cabeza, sin
mí mesa y de mi propia imagen, que hace del que yo mismo pueda ni tenga ya que interve-
espacio oscuro-extremo una continuación de nir en el juego...
mi estudio. Negada por la experiencia de
que la mariposa no pueda pasar del uno al Existe sólo un lugar fuera de estos dos
otro... Ahora bien, pocas veces tenemos a mundos que complementan tan perfecta-
disposición un término o un concepto para mente, de estas retóricas que se enlazan y
aludir a experiencias de este tipo, a la vez dibujan sus figuras en nosotros, a través de
muy precisas y muy complejas. Y no lo te- nosotros, nunca como nosotros. Este lugar
nemos porque es sólo y precisamente de es- es el yo: el sector más superficial de la per-
tas experiencias aún extáticas de donde sona, localizado, según dicen, en el cerebro
puede eventualmente surgir un signo no ins- cortical. Capaz tanto de reflejar una coyun-
crito ya en una gramática teórica ni deliran- tura y desajuste específicos de aquellas es-
te: un término o concepto realmente «críti- tructuras, como de adquirir una conciencia
co» por lo demás, este sujeto flotante y co- extática o estética de las mismas. Frente a
yuntural no se nos aparece sólo atrapado quienes pretenden alcanzar lo esencial o
entre las estructuras de la conciencia y del primigenio escarbando en la estructura so-
inconsciente; mucho antes y más inmedia- cial o en la inconsciente, pienso que esta
tamente se ve cercado por el sistema que esencia sólo se muestra a un yo a la vez re-
esta estructura inconsciente forma con la sidual y esencial: el Único lugar donde puede
estructura social. El yo se encuentra así llegar a producirse una interferencia signi-
emparedado entre los automatismos de un ficativa en la cósmica reiterativa melodía de
entorno social sumamente retórico y simbó- las estructuras. Un yo que aparece al pronto
lico, y los de un dintorno profundo, que tam- como cifra y medida de un desajuste de es-
bién se expresa en majestuosas metáforas tas estructuras: como la experiencia y con-
y metonimias. Vivo así asediado por retóri- ciencia de su difícil y conflictivo acoplamien-
cas, cruzado de discursos, configurado por to en mí.
estructuras que en mí precipitan y se ajus- En efecto, mientras las estructuras genéti-
tan. Y lo más significativo es que estos dis- cas conectan con las familiares, y éstas con
cursos o estructuras no me callan ni repri- las sociales, las culturales, etc., mientras el
men, sino que son sumamente solícitos — mundo de fuera y el de dentro encajan per-
tanto, que en cuanto me descuido están dis- fectamente y sin residuos, este yo no ha
puestos a tomarme la palabra, a hablar por emergido aún y vivimos formando cuerpos
mí, interpretarme y, en el límite, a prescin- con nuestro entorno. Es sólo con —la expe-
40/42
riencia kierkegaardiana del «pecado»— co- instintivas, morales, etc., que de otro modo
mo emerge esta peculiar conciencia de la no hacen más que repetir una y otra vez su
realidad. eterna canción y tomar por su entorno sus
Pero no hay que pensar que es única o es- propios ecos. Sólo ese yo más estético que
pecíficamente en el ámbito de la «concien- teórico —un yo capaz de mantener la ten-
cia moral» —ni tampoco en el «deseo»— sión superficial o «sentido de las aparien-
donde se produce esta efectiva experiencia cias» de la que hablaba Schiller— nos per-
del entorno. Tanto el Ello instintivo e imper- mite escapar a la sosa sintonía con nuestro
sonal por el que somos arrastrados, como el medio para alcanzar a echarle, si más no por
Superego moral que trata de censurar los unos segundos, una mirada realmente críti-
objetos pertinentes de nuestra pasión, tan- ca.
to uno como otro están programados desde Claro que estoy hablando de una conciencia
el principio y no hacen sino repetir los es- o experiencia mucho más material e inme-
quemas inducidos en nuestra prehistoria co- diata que la descrita por Lacan. Para Lacan,
lectiva o individual —y ello con absoluta in- en efecto, la conciencia crea «una imagen
dependencia de los objetos o situaciones objetiva perfectamente ilusoria [...] condi-
con que se topan, que no operan más que cionada y gobernada por la imagen del Yo
como estímulos o motivos ocasionales. Nun- que la ciega y la dirige». Esta imagen objeti-
ca responden ni conocen, pues, una situación, va es entonces, a su vez, «unificada por el
sino que se limitan a proyectar sobre ella un sistema simbólico que permite pasar del co-
esquema predeterminado, impermeables y nocimiento al reconocimiento». Y como se
ciegos a todo lo que no sea sus propios impe- sabe, el primer elemento de este sistema
rativos o necesidades. simbólico que no permitirá distanciarnos del
«Cuando alguien se vuelve ciego —escribe continuo que formábamos con el cuerpo de
Freud a Gro deck— es solamente porque ha la madre es el Falo: el instrumento que nos
exagerado un poco la tendencia del Ello a no libera de aquella subjetividad maternal e
ver la mayor parte de las Cosas...; Pues es el inmanente «inconexa y torpe dotándola de
Ello quien nos prohíbe ver, quien nos impide una imagen o representación universal,
detectar realmente lo que está ante nues- Es lógico que a partir de una concepción de
tros ojos». Cierto que para Freud el yo mis- la conciencia tan proyectiva y masculina, tan
mo es sólo una parte del Ello, como un grano alejada e incluso opuesta a la experiencia
o protuberancia que le hubiera salido a éste. pueda pensarse que «es sólo en el inconcien-
Pero se trata precisamente de «una parte te donde el sujeto habla» Pero si creemos
del Ello surgida de las modificaciones que que existe una conciencia menos fálica y
éste recibe por influencia directa del mundo más oceánica, más estética y flotante en-
exterior y de las percepciones». De ahí que tonces es en esta conciencia misma donde el
«todo lo que el Ello experimenta todas las sujeto empieza ya a expresarse y experi-
experiencias que recibe, las deba a la me- mentar la realidad. Mas aún el efecto o ima-
diación de este Yo que, en cada tiempo y lu- gen de esta conciencia es el único lugar don-
gar particulares, le comunica con el mundo de la realidad puede proyectarse o refrac-
exterior». tarse de un modo ni convencional y ni codifi-
De acuerdo. El yo no es más que esta parte cado por el sistema simbólico.
superficial, esta mediación «en tiempo y lu- «La conciencia se produce —reconoce La-
gar» de la vida psíquica. Pero por eso mismo can— cada vez que se da una superficie tal
sólo él conecta y responde realmente a los que puede producir una imagen» —una su-
estímulos; sólo él se constituye en una co- perficie como el lago en que se refleja el
yuntura o superficie donde pueden venir a monte Fuji. Y así es, un efecto, la conciencia
actuar entre sí las estructuras perceptivas, «estética» a la que yo puedo llegar si apren-
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do a reflejar sólo y efectivamente lo que el Areópago. Pues lo desconocido, lo propia-
tengo delante, es decir, si no pretendo ni mente incognoscible, no es lo abstracto sino
remover las aguas de mi fondo, que gene- lo concreto, el acontecimiento singular que
rarán una superficie lodosa y opaca, ni cons- rebasa siempre la capacidad de nuestros
tituirme en reflejo de la Verdad o del Mun- metabolismos verbal y mental. «Los hechos
do en general, olvidando el monte que se le- —escribía Schopenhauer— se dan siempre
vanta a mis pies. El lenguaje me ofrece ya con exceso [...] la variedad de sus diferen-
frases acuñadas para hablar desde donde cias es innombrable, y entre ellas el espíritu
sea: «desde cualquier punto de vista que se se siente presa del vértigo».
mire», «yo de ti», «yo en tu lugar», etc. Lo Éste es el vértigo, ya lo vimos (p. 63 y ss.),
que nos falta es aprender a decir «yo de que el hombre le primitivo trata de contro-
mí», «yo en mi lugar». Está claro, como todo, lar con sus nomenclaturas y taxonomías ex-
que difícilmente podemos quedarnos en esta haustivas. Pero es también el que da luego
pura experiencia extática que a menudo nos pie a las categorías filosóficas: la idea plató-
aparece como engañosa y dolorosa. Pero nica, el género aristotélico, la dialéctica
precisamente esta fe en las propias manías, hegeliana Gracias a estas categorías, el
esta nueva confianza en la propia coyuntura mundo aparece ahora razonablemente po-
y experiencia, abre las puertas a una «tera- blado de objetos inteligibles que sólo ad-
pia» de nuevo signo. Frente a la terapia quieren carácter individual por efecto de la
analítica que pretende eliminar el error en el materia bruta en que encarnan, por la alie-
lenguaje (análisis filosófico) o el dolor en la nación que sufren o por la limitación de
vida (análisis psicoanalítico) desarticulando nuestros conocimientos de los mismos. Y es
sus componentes y reconstruyéndolos se entonces cuando lo particular entra defini-
trataría de una nueva terapia que buscaría tivamente en el mundo de lo anómalo, de lo
la consistencia no hacía atrás, sino hacia de- arbitrario y de lo innombrable.
lante; no analizando sus motivaciones, sino
desinhibiendo y desbloqueando su ejercicio, Pero existe otra tradición filosófica para la
construyendo o inventando su propia co- que la individualidad de cada cosa no es una
herencia. Pero la descripción de esta terapia mera contingencia sino que entra en misma
es ya un tema para otro momento, y para definición. La quídditas esencial, piensan
otro lugar Como cada individuo que conoce, Duns Scoto y Suárez, sólo culmina con la
también cada objeto conocido es una forma haecceitas individual. Si dos cosas particula-
resultante pero única, residual pero esencial res estuvieran sólo definidas por el género
de la serie de estructuras que lo componen, al que pertenecen serían, observa Leibniz,
Nada más exclusivo, sin embargo, nada más propiamente indiscernibles. De ahí que la
difícil de percibir y comunicar hoy que esta realidad individual sea la prueba de fuego de
dimensión figurativa de cada cosas lo que las esencias: sólo las más perfectas salen
llene de fisonómico y no de simbólicos de del mundo de los posibles y devienen así
peculiar y no de ejemplar. De ahí que ésta concretas y reales13 . «L’índívídualité enve-
sea la nueva tarea del arte y de la filosofía loppe l’infini, había dicho Leibniz, y el siglo
«Empezad con algo individual —decía Scott-
Fitzgerald— y antes de que os deis cuenta 13
Éste es el principio del argumento de San Anselmo, que
habréis creado un tipo; empezad ya con un retorna sintéticamente Schlegel: «Dios no es una simple
idea, sino al mismo tiempo una cosa, como todas las ideas
tipo y descubriréis que lo que habéis creado que no son simples ilusiones». Estas ideas ilusorias son las
es… nada». que a partir de Hegel y Heidegger han acabado dominando
la ontología moderna. Pero Kant, maestro de todos ellos,
El lenguaje y la teoría nunca conocen al indi- había ya anticipado y denunciado a «esos maestros de on-
viduo o al acontecimiento singular. Estos son tología que empiezan por algo o nada como lo primero, sin
siempre el «dios desconocido» es con que percatarse de que estos términos son ya miembros de una
división, cuyo concepto dividido falta, y que no puede ser si-
San Pablo escandalizó al mundo culto desde no el concepto de un objeto en general.
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xx repite en varios tonos la vieja sentencia» qué punto el sentido y secuencia que segu-
(Machado). Este texto no ha pretendido si- íamos cada día habían acabado ofreciéndo-
no ser una variación más de la vieja senten- nos una visión sumamente empobrecida de la
cia. Una variación que diera cuenta también misma. Como basta extraerles a las cosas el
de las estrategias que tiene que emplear pa- término que llevan adherido para empezar a
ra sobrevivir en este nuevo fin de siécle o. descubrir, más allá de su sentido, su figura.
dispuesto una vez más a acabar con la indi- Dicho eso, queda todavía lo más difícil: in-
vidualidad. tentarlo.
Y a acabar con ella de un modo nuevo. En un
entorno caótico y difícilmente controlable,
sólo asignando un significado o un orden a
las cosas se consigue recuperarlas del caos
indiferenciado tal como se ofrece en socie-
dades arcaicas. De ahí que tanto el arte co-
mo el pensamiento busquen la recurrencia y
la redundancia en Zinacantán, la tipicidad e
idealidad en Grecia, y aun el orden histórico
o taxonómico en una Edad Moderna que
trataba de comprenderse a sí misma. Pero
en un entorno como el nuestro, categoriza-
do por los múltiples lenguajes (comerciales,
políticos, académicos) que tienden a ofre-
cernos la «esencia» de cada cosa, en esta
eidosfera de valores, mensajes y tendencias
que nos envuelve solícita, sólo podemos al-
canzar la experiencia de una realidad singu-
lar si aprendemos a designarla, a quitarle el
signo que lleva adherido aunque no sea más
que para cambiarlo por otro: atendiendo a
un fenómeno «cultural» científicamente, a
un hecho «psicológico» políticamente, etc. Y,
puesto que no poseemos una perspectiva
trascendente y privilegiada mediante la cual
consigamos ver aparte y con independencia
de los sistemas simbólicos que Constituyen-
do nuestra cultura, sólo desdibujando las
fronteras y cruzando las perspectivas de
estos sistemas podemos llegar a «una sen-
sación del objeto como visión y no como re-
conocimiento » (Sklovski) que nos permita, a
la manera del Zadig volteriano, «ver millares
de diferencias donde los demás sólo uni-
formidad perciben». No poseemos, cierta-
mente, un sexto sentido que nos permita
trascender el «sentido único» que las cosas,
como las calles, adquieren cada vez más en
nuestro entorno Pero basta haber recorrido
en dirección contraria una calle para «des-
cubrirla» de nuevo y darse cuenta de hasta

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