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¿EN QUÉ NOS AFECTAN ESTRÉS, DEPRESIÓN Y ANSIEDAD?

Según los estudios, estos tres cambian directamente nuestras


percepciones de la vida. Afectan nuestro cerebro y la forma en que
nos relacionamos con los demás. También modifican nuestra
autoconfianza, el entusiasmo y la ilusión en una tarea o trabajo.
Entre otros problemas hacen bajar nuestras defensas
inmunológicas.

La zona, donde atacan la depresión, la ansiedad y el estrés, es la


prefontral del cerebro, es decir, donde se desarrolla el pensamiento
más avanzado, se imagina el futuro, se valoran las estrategias para
solucionar los problemas y se toman decisiones. Además, dicha
zona está muy relacionada con el sistema límbico, o sea, el cerebro
emocional.

ESTRÉS: QUÉ HAY QUE SABER


El estrés es una palabra que hoy en día está en boca de todos.
Puede aparecer luego de cualquier situación o pensamiento y nos
hace sentir ansiosos, furiosos o frustrados. Los médicos dicen que
tener estrés en niveles bajos es bueno. Sin embargo, no es así,
cuando estos aumentan. Demasiado estrés predispone a la persona
a sufrir todo tipo de enfermedades, tanto físicas, como psicológicas.

Por ejemplo, el estrés puede conllevar a bajo nivel de azúcar en


sangre, hiperactividad de la tiroides, ataque cardíaco, aumento de la
secreción de bilis o del colesterol en las arterias. Algunos de los
síntomas habituales son el dolor abdominal o de cabeza, dificultad
para tragar o digerir alimentos, mareos, respiración agitada,
insomnio, frecuencia cardíaca irregular, sudoración excesiva,
trastornos del sueño, cansancio, fatiga, falta de concentración,
problemas en el rendimiento sexual y pesadillas. En algunos casos,
el estrés se manifiesta como fobias o trastornos psicológicos.

Investigaciones afirman también que una dieta deficiente en


vitamina B12 puede conllevar al estrés. Lo mismo dicen sobre el
consumo de algunas sustancias tales como alcohol, nicotina o
medicamentos para tiroides.

DEPRESIÓN: QUÉ HAY QUE SABER


Este problema podría describirse como el hecho de estar tristes,
infelices, melancólicos, derrumbados o miserables. A veces hay
motivos para eso, a veces, no. La mayoría de las personas sienten
depresión una vez en su vida, casi siempre en periodos cortos. La
depresión clínica es un trastorno que se mantiene en el tiempo y
que modifica los estados de ánimo. Uno siente ira o frustración por
cualquier cosa, y las ganas de llorar aparecen en cualquier
momento.

La depresión se clasifica en términos de gravedad: leve, moderada


o severa. Un médico psiquiatra puede determinarlo con una sesión
o varias y recomendar el tratamiento correcto. Los síntomas de la
depresión más comunes son: dificultades para dormir, exceso de
sueño, cambios en el apetito (desde la ansiedad por comer todo
hasta los periodos, cuando nada se puede ingerir), aumento o
pérdida de peso, falta de energía, fatiga, odio a sí mismo,
sentimientos de inutilidad, culpa inapropiada, agitación, irritabilidad,
inquietud, dificultad para concentrarse, retraimiento de las
actividades usuales, inactividad, abandono, desesperanza,
pensamientos de muerte o suicidio.

La baja autoestima es uno de los síntomas más comunes de la


depresión. Otro síntoma es la falta de placer en actividades que
usualmente nos hacen felices (como pasar días en familia o la
actividad sexual). Para que la depresión se considere depresión,
deben presentarse cinco o más síntomas por dos semanas
consecutivas. Y la atípica es la que sufren un tercio de los
pacientes. También podemos encontrar la distimia, es decir, un tipo
de depresión leve que dura dos años.

Hechos que provocan depresión: el parto (muchas mujeres sufren


de la llamada depresión post-parto al tener el bebé), el ciclo
menstrual (una semana antes del período; los síntomas
desaparecen, cuando se está menstruando) y el estacional (ocurre
en los meses fríos de invierno y otoño, pero se va, cuando llega la
primavera y el verano; se debe a la falta de luz solar).

ANSIEDAD: QUÉ HAY QUE SABER


Se trata de una respuesta emocional a un estímulo o varios, que
pueden estar tanto dentro, como fuera del paciente. Esto quiere
decir que se presentan por los pensamientos, sentimientos o
acontecimientos de la vida en general. Engloba aspectos
corporales, gran activación del sistema periférico y motor e implica
un cambio de comportamiento. La ansiedad está relacionada a la
supervivencia, lo mismo que el miedo, la ira, la felicidad y la tristeza.
Se ha confirmado que para preservar la integridad física ante un
ataque o amenaza, las personas ponen en marcha respuestas
rápidas, adaptativas y eficaces. Hoy en día se estima que más del
20% de la población padece de un trastorno de ansiedad, y muchas
personas ni siquiera lo saben.

La explicación médica de este problema es que el organismo pone


en funcionamiento su sistema adrenérgico ante una situación de
alerta, liberando señales al sistema nervioso central. Los síntomas
de la ansiedad son: hiperactividad, taquicardia, sensación de ahogo,
pérdida de control y raciocinio, temblores en las extremidades,
transpiración excesiva, náuseas, insomnio, debilidad o rigidez
muscular, inquietud motora, pensamientos negativos, obsesión o
problemas para comunicarse con los demás.

A su vez puede causar hipoglucemia o arritmia cardíaca y puede


convertirse en un trastorno de pánico. El paciente piensa en su
propia muerte o en que algo malo va a sucederle. Se eleva la
tensión arterial, hay palpitaciones, rubor o palidez en el rostro,
opresión en el pecho, aerofagia, pérdida de peso o exceso de
comida, amenorrea en las mujeres y sequedad en la boca y
lagrimales.