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PERFIL DE PROYECTO – UNIVERSIDAD NACIONAL PEDRO RUIZ GALLO

– ESCUELA DE POSGRADO

 ASPECTO INFORMATIVO

1 TÍTULO DEL PROYECTO A INVESTIGAR:

“LA PUNIBILIDAD DE LA PARTICIPACIÓN DEL EXTRANEUS EN EL


DELITO ESPECIAL PROPIO: LA UNIDAD EN EL TÍTULO DE LA
IMPUTACIÓN?

2 PERSONAL INVESTIGADOR

2.1 AUTOR: Victoria De La Cruz López

2.2 ASESOR: Dr. Luis Alberto Gonzales Eneque

3 TIPO DE INVESTIGACIÓN:

DESCRIPTIVA - APLICATIVA

4 MAESTRIA:

MAESTRIA EN DERECHO CON MENCION EN CIENCIAS PENALES

5 LOCALIDAD E INSTITUCIÓN DONDE SE DESARROLLARÁ EL


PROYECTO:

CHACHAPOYAS - AMAZONAS

6 DURACIÓN ESTIMADA DEL PROYECTO:

 8 MESES

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I.- INTRODUCCIÓN.
En el transcurso del tiempo se ha visto que la corrupción es un virus incurable,
debido a que nuestros representantes continúan con el mismo hilo, difícil de
romper; es decir buscan sus propios intereses; mas no el beneficio común de
los peruanos, tal es el punto que nuestro ordenamiento jurídico tiende a realizar
cambios según el comportamiento de los seres humanos en vivir en sociedad;
con esto quiero manifestar y realizar un análisis respecto a los problemas
sociales que se están vivenciado en la actualidad y que estos actos de
corrupción cometido por funcionarios públicos y servidores públicos es un tema
controversial, que el Código Penal establece los tipos penales en la que puede
incurrir dicho funcionario o servidor público.
Así, el funcionario o servidor público ocupa un papel primordial dentro de la
estructura del Estado, al tener que realizar sus actividades acorde a las
expectativas sociales que recaen sobre él. Sin embargo, y esto se está dando
de manera cada vez más intensa, existen ocasiones en las que los
funcionarios, abusando de las facultades concedidas, se conciertan con los
interesados en las contrataciones y celebran acuerdos desventajosos y dañinos
para el Estado, que son de tal magnitud que ponen en peligro la existencia
misma de la institucionalidad y del rol de Estado.
Tal es así que el fenómeno jurídico social de la corrupción se caracteriza por la
complejidad de sus tejidos y el poder de sus relaciones. La definición más
amplia de este fenómeno, la cual no le es ajena al Derecho penal, tiene que ver
con el aprovechamiento del poder público en beneficio privado. Ahora bien, el
elemento normativo de aprovechamiento del poder público en beneficio privado
se expresa en una multiplicidad de tipos penales, por ejemplo “la colusión”, el
“tráfico de influencias” o “el cohecho”. Sin embargo, siempre que exista un
supuesto de hecho donde el poder público beneficie a quien lo porta y no a la
sociedad en su conjunto estaremos ante una realidad de relevancia penal, en
atención de que son los recursos administrados por el Estado los instrumentos
indispensables para el cumplimiento de sus objetivos constitucionales. Motivo
por el cual, administrarlos, de forma directa o indirecta, supone una cuota de
poder muy importante que, de acuerdo a la experiencia, se convierte en un
potencial foco de peligro para el bien jurídico “administración pública”. El tipo
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base del art. 401 CP vigente sanciona el enriquecimiento por abuso del cargo.
En redacciones anteriores, el legislador penal hizo referencia al Instituto de
Democracia y Derechos Humanos de la Pontificia Universidad Católica del
Perú – IDEHPUCP 4 enriquecimiento “por razón del cargo” y “durante el
ejercicio de sus funciones. De modo que, solo puede ser sujeto activo de
enriquecimiento ilícito aquella persona que tiene un cargo público, el mismo
que es utilizado para incrementar ilícitamente su patrimonio.

II.- IDENTIFICACIÓN DEL PROBLEMA.-


“Aún siendo el tipo penal de enriquecimiento ilícito un delito especial-propio, en
este caso-es absolutamente posible el concurso de terceros para su efectiva
consumación, sin que la intervención de terceros en delitos espaciales, más
allá incluso de la entidad de la contribución material concreta de cada uno de
ellos, solo puede ser a titulo de partícipes en tanto no son funcionarios o
servidores públicos, que es lo que el tipo exige para la autoría - el autor en
este caso en quien infringe un deber específico o especial que el tipo penal
asume- ; accesoriedad que en todo caso no puede negar la consideración
general que los partícipes - como todas las personas – tienen el deber de
evitar la lesión del bien o interés jurídico – penal en cuestión; que es claro,
entonces, que el cómplice no necesita tener la calificación jurídica que
determina la autoría del hecho punible, sencillamente porque no es un autor,
sino un simple partícipe”.
En suma, ¿los terceros – sujetos públicos o particulares – que ayudan al
sujeto público a enriquecerse ilícitamente serán cómplices del delito de
enriquecimiento ilícito?.

III.- FUNDAMENTACIÓN.
Según el Acuerdo plenario 3-2016/CJ-116, en sus apartados 8, 9 y 10
establecen lo siguiente: 8) la participación del extraneus en los delitos
especiales propios de infracción de deber, que cometen los funcionarios
públicos competentes contra la administración pública, ha promovido también
distintas posiciones teóricas sobre su punibilidad o no punibilidad. Al respecto,
el tema controvertido se relaciona con el señalamiento de las implicancias y
consecuencias dogmáticas o prácticas, que conlleva el admitir la eficacia sobre
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dicha materia de la categoría de los delitos de infracción de deber especial. En


efecto, actualmente, tanto en la doctrina como en la jurisprudencia, se
reconoce que existen tipos legales que se configuran y forman sólo a partir de
la infracción de un deber especial que corresponde al ámbito de competencia
del autor intraneus, lo cual es una característica intrínseca de los delitos
cometidos por los funcionarios y servidores públicos. Por tanto, el autor de
estos delitos no puede ser cualquier persona, sino sólo aquél funcionario o
servidor público que tiene un estatus especial y mantiene una vinculación
exclusiva con el injusto desde la plataforma del deber que ostenta. Y es la
infracción de dicho deber lo que lo convierte en autor, con independencia del
dominio de la situación fáctica que, para esta clase de delitos funcionariales, no
adquiere trascendencia jurídica. Fundamentalmente, porque el hecho punible
está construido por la posición o estatus en relación al deber estatal que sólo
incumbe al funcionario, cual es conducirse correctamente con lealtad y
probidad en el ejercicio de su deber positivo para con los bienes que se
encuentran bajo su ámbito de competencia.

9) Sin embargo, en lo que concierne a la participación del “extraneus” que no


ostenta esa obligación especial, en la jurisprudencia nacional se ha detectado
la aplicación de dos planteamientos contrapuestos (Cfr. Alonso R. Peña
Cabrera. La Punibilidad de la Participación del Extraneus en el Delito Especial
Propio: La Unidad del Título de Imputación. Gaceta Penal & Procesal Penal.
Tomo 89. Noviembre 2016, p. 104 y ss.). El primero, que plantea una
diferenciación del título de imputación que debe alcanzar al participe (teoría de
la ruptura del título de imputación), sostiene que cuando en los delitos de
infracción de deber especial concurren sujetos intraneus y extraneus ellos
deben responder por distintos títulos de imputación. Esto es, el intraneus
responderá, como autor de un delito especial; mientras que el extraneus
responderá como partícipe o autor de un delito común (María Ángeles Rueda
Martín. Reflexiones sobre la Participación de los Extraneus en los Delitos
Contra la Administración Pública, Revista de Derecho Penal y Criminología. N°
8. 2° Época. Madrid 2001, p. 157). De ello se infiere, además, que a los sujetos
que no se encuentran obligados positivamente (extraneus) nunca se les podrá
imputar la autoría o participación de un delito de infracción de deber especial,
sino únicamente la participación o autoría de un delito común, según sea su
grado de intervención. Esta posición se ha fundamentado recurriendo a la
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incomunicabilidad de las circunstancias que regula el artículo 26° del Código


Penal, estimando que dicha disposición legal consagraría la exigencia de
impedir que la imputación del extraneus se asimile en el tipo penal especial,
debiendo reconducírsele hacia un delito común. Asimismo, se ha sostenido que
ello se debería a la imposibilidad de trasladar las cualidades personales del
intraneus al extraneus. Y que sólo el traslado de tales cualidades personales
posibilitaría imputar al extraneus la autoría o participación de un delito de
infracción de deber especial. Pero, se agrega, el traslado de dichas cualidades
personales implicaría violar los principios de legalidad y de responsabilidad por
el hecho propio. En consecuencia, lo dogmáticamente correcto sería realizar
una imputación diferenciada, la cual, por un lado, no infringiría dichos
principios, y, por otro, permitiría imputar a los extraneus sólo la autoría o la
participación de los delitos comunes (Cfr. Ejecutoria Suprema recaída en el
Recurso de Nulidad N° 2628-2006. Procedente de Ucayali del 25 de abril 2008;
Ejecutoria Suprema recaída en el Recurso de Nulidad. N° 18-2008. Procedente
de Huancavelica del 05 de junio 2008; Casación N° 782-2015. Procedente del
Santa del 06 de julio 2016). y 10) La segunda posición jurisprudencial, en
cambio, propone la unificación del título de imputación que debe alcanzar tanto
al autor como al participe (unidad del título de imputación). Este planteamiento
sostiene que el extraneus si bien es cierto no puede ser autor del delito
especial de deber, sí puede ser partícipe de dicho delito, pues si los principios
que determinan la autoría y la participación nos dicen que es autor quien tiene
el domino del hecho y participe quien sólo colabora, no hay ningún
impedimento para que los extraneus respondan como partícipes de un delito
especial cuando hayan colaborado en su realización conforme a las reglas de
la accesoriedad (Mercedes Pérez Manzano. Autoría y participación imprudente
en el Código Penal de 1995. Civitas, Madrid. 1999, p. 22 y ss.]. En tal sentido,
el extraneus puede participar en delitos funcionariales y responderá por el
mismo injusto realizado por el autor funcionarial que infringe el deber especial.
Sobre todo, porque la participación del extraneus no constituye una categoría
autónoma de co-ejecución del hecho punible, sino que es dependiente del
hecho principal (Cfr. Ejecutoria Suprema recaída en el Recurso de Nulidad N°
375-2004. Procedente de Ucayali, del 11 de octubre 2004). Esto es, no posee
una autonomía o configuración delictiva propia aún en aquellos casos donde
aquél toma parte directa en la realización de la conducta punible.

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Ahora bien hablaremos de un ejemplo de complicidad en el delito de


enriquecimiento ilícito lo constituye el hecho real que da cuenta la ejecutoria
suprema del 3 de setiembre de 2010. En efecto, allí se expone que “el
enriquecimiento ilícito y responsabilidad – a título de autoría – ha sido
comprobada; al respecto tenemos que la sentencia y ejecutoria suprema...,
determinaron que el inmueble fue ofrecido en donación u obsequio indebido a
Saucedo Sánchez – previamente a la asunción de un Ministerio del Estado -,
fundamentando dicha conclusión en las testimoniales de..., quienes señalaron
que Vladimiro Montesinos les ordenó obsequiar la referida propiedad al
sentenciado Saucedo Sánchez; es en este contexto que, es posible la
imputación - a título de cómplices secundarios – de las recurrentes Jenny y
Annie Saucedo Linares, enmarcada en la modalidad del pctum sceleris, es
decir, por lo pactado y acordado anteriormente de permitir la adquisición de
bienes y apertura cuentas – ilícitamente obtenidos- en beneficio de otro;
asimismo, debe referirse que el principio de confianza- parte del instituto de la
imputación objetiva-, a diferencia del riesgo permitido, es un criterio que tiene
su fundamento normativo en el principio de la utorresponsabilidad, es decir;
tenemos la expectativa, esa confianza, permite que ya no estemos pendientes
de los actos que realicen los otros ciudadanos y, en consecuencia, hace que
nos avoquemos a nuestras conductas, por lo que puede colegirse que se
origina sobre la base de la división del trabajo, donde la especialización hace
que cada trabajador confíe en su superior o inferir, respecto del trabajo que se
esté realizando, siendo el caso que la inaplicación- principal- de este filtro se da
cuando conocemos precedente mente a nuestra conducta, los actos ilícitos de
terceros; situación presente en este proceso, puesto que, si bien a prima facie
existe un principio de confianza entre familiares; no obstante, el carácter
relativo de aquella viene siendo desvirtuada por los siguientes indicios que
permiten actuar prueba indiciaria del conocimiento que tenían las recurrentes
del enriquecimiento ilícito”
Aun cuando erróneamente se habla de complicidad secundaria, lo concreto es
que los terceros que participan en la comisión del delito responden por el
mismo delito pero a título de cómplices secundarios. La ejecutoria citada
confirman la sentencia recurrida que condenó a las recurrentes por
enriquecimiento ilícito en nivel de cómplices. La ejecutoria citada confirma la
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sentencia recurrida que condenó a las recurrentes por enriquecimiento ilícito en


el nivel de cómplices secundarios, toda vez, entre otros hechos de imputación,
que pese a conocer que aquel recibió un inmueble ubicado en la calle
Rinconada del Lago – La Molina, en calidad de obsequió por orden de
Montesinos Torres, simularon un acto jurídico por el cual ellas aparecían
adquiriendo el inmueble y luego lo elevaron a escritura pública. Dolosamente
ayudaron a su padre a enriquecerse ilícitamente.
En tanto a los terceros que ayudan a ocultar al sujeto público el patrimonio
ilícitamente obtenido, les será atribuido el delito de receptación o lavado de
activos; ello dependerá de la naturaleza de la actividad ilícita que haya
generado el incremento del patrimonio del agente.
En efecto puede inferir que en el delito de enriquecimiento ilícito se debe
aplicar la teoría de la Unidad a título de la imputación; porque si bien es cierto
el extraneus ha ejecutado de mano propia y dolosamente el hecho, llámese
brindar su identificación a fin de inscribir un bien inmueble que no es suyo, pero
que lo realiza con el funcionario público para camuflar bienes patrimoniales; de
esta manera, los particulares no responden por un delito distinto al del autor,
algo que quebraría el aforismo de que el accesorio sigue la suerte de lo
principal. Como bien se expone en la doctrina, si se soslaya esta verdad y se la
rellena con cuestiones de “política criminal (noción de la cual se abusa en la
corriente funcionalista, empleándola como excusa para postular soluciones, en
ocasiones, indefendibles), el ideal clásico habrá muerto con la mismísima
accesoriedad de la complicidad, es decir cuando la persona calificada como
idónea para ser autor de uno de estos hechos interviene con la participación de
instigadores o cómplices extranei, estos responderán por el delito cometido por
el autor, porque sus comportamientos son complementarios al de aquel.
En esa línea, la doctrina postula la unidad en el título de la imputación, según la
cual todos aquellos que intervienen de forma principal o accesoria en la
realización del hecho punible deben responder por el mismo delito; y que el
injusto como una unidad no puede ser disgregado en diversas calificaciones
delictivas. Quien participa en el hecho del que porta el deber, conociendo su
calidad de portador del deber. Ha de responder por su participación en el hecho
ajeno, bajo el mismo título que el autor, pues también ha colaborado a que este
infrinja su especial deber.
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