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Dios DORA MARÍA / 2018 forosdelavirgen.org

Dios

DORA MARÍA / 2018

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¿Cuáles son las verdaderas razones para bendecir a los que nos han hecho daño?

razones para bendecir a los que nos han hecho daño? El perdón no es una emoción,

El perdón no es una emoción, es una decisión. Dejar pasar nuestras emociones de sentirnos heridos y tener resentimientos, es perdonar. Para decidir una conducta más razonable para nuestro bien, para el bien de los demás y para contribuir a la paz del mundo. Y es sanador. Y es liberador. Porque nos desapega de las emociones destructivas que tenemos: odio, ira, intención de venganza e intención de devolver el mal con mal.

Por lo tanto, el perdón es un proceso intencional y voluntario, por el cual la víctima experimenta un cambio en sus sentimientos y en su actitud con respecto a una falta u ofensa; deja ir emociones negativas como la venganza y el resentimiento.

Uno de los versículos más difíciles en toda la Sagrada Escritura está en Mateo 6:14-15. Jesús dijo: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial os perdonará también. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”. Este es uno de los versículos que nunca se verá en una camiseta, en una taza de café o como fondo de pantalla de un computador, porque es doloroso y difícil.

La razón de que éste no sea un verso popular es que profundiza en las áreas más incómodas y complejas de nuestra vida, nos pide acciones muy difíciles de nuestra parte, un esfuerzo sobrehumano. Pero a la vez, nos enseña que, si vamos a ser receptores de la gracia de Dios, entonces debemos dar gracia a los demás.

Jesús nos pone la prueba de que, si no perdonamos a los otros, nunca recibiremos realmente el perdón de Dios mismo. Él nos está enseñando la forma más práctica para mostrar al mundo que entendemos y vivimos el Evangelio, que es mostrar al mundo que sabemos cómo perdonar.

¿Qué es el perdón?

“El perdón es la gracia refrescante que nos devuelve de inmediato al Corazón de Jesús” [Francisco Avello, “HDiosO, la fórmula de la vida eterna / EWTN].

El perdón es la acción por la que una persona perdona a otro una acción considerada como ofensa, renunciando a vengarse o a reclamar un justo castigo o una restitución, optando por no tener en cuenta la ofensa en el futuro, de modo que las relaciones entre ofensor- perdonado y ofendido-perdonante no queden afectadas.

El perdón trata de sanar mis frustraciones y dolores; no es necesariamente una forma de liberar al otro, pero busca que el otro descanse algo de culpa por haber sido perdonado; no es un regalo para el otro, sino un regalo para uno mismo, para descargar la mochila del odio, porque la verdad es que la amargura y la ira son una carga muy pesada y miserable para llevar.

Perdonar no cambia el pasado, pero nos pone en una mejor posición presente y futura. También implica el deseo del bien para la persona que te hizo daño. Un indicador de que has perdonado es responder esta pregunta:

¿Soy capaz de rezar verdaderamente a Dios y pedirle al Señor que bendiga a esa persona?

No es fácil, al contrario: es extremadamente difícil.

Hay historias de vida que tienen verdaderas decepciones y victimizaciones. En estos casos el perdón sólo puede venir de Dios, porque se necesita un perdón del tamaño de Dios.

de Dios, porque se necesita un perdón del tamaño de Dios. Razones por las que debemos

Razones por las que debemos bendecir a quien nos hizo daño

1. Amar a los enemigos como camino revolucionario: este es el camino de Jesús, un camino revolucionario, emulando el ejemplo de nuestro Padre. El Sermón de la Montaña es la contracultura, es el manifiesto del Reino en que Jesús nos llama a vivir con principios diferentes que el mundo en que vivimos. En El Sermón de la Montaña, Él nos dio un mandato explícito:

“Ustedes han oído que se dijo: ´Amarás a tu prójimo y no harás amistad con tu enemigo´. Pero yo les digo:

Amen a sus enemigos y recen por quienes los persiguen” [Mateo 5:43-44].

Cuando hacemos esto, estamos emulando a Dios mismo, que “hace salir su Sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos” [Mateo 5:45]. Esto es parte de Su llamado a “ser perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto” [Mateo 5:48]. Estamos llamados a ser del “linaje fino” de los hijos de Dios, no a vivir en el barro ni en el pantano de la amargura. Somos los hijos de un linaje especial… y exigente.

2. Donde abundó el pecado, sobreabunda la gracia: Dios muestra extraordinaria paciencia hacia aquellos que caminan en la ignorancia y en la incredulidad. Hace unos años, hubo una inspiración atea en Internet: miles de personas que registraron pequeños videoclips de ellos mismos afirmando blasfemar contra el Espíritu Santo; mientras miraban los videoclips, muchos cristianos tuvieron la sensación de que en corto tiempo, a partir de ese momento, muchas de esas personas serían salvadas y compartirían sus testimonios de salvación en Internet, dando gracias a Dios por Su misericordia. San Pablo lo explica:

“Porque yo fui en un comienzo un opositor, un perseguidor y un violento. Pero Él me perdonó porque obraba de buena fe cuando me negaba a creer, y la gracia de nuestro Señor vino sobre mí muy abundante junto con la fe y el amor cristiano. Esto es muy cierto, y todos lo pueden creer, que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales soy yo el primero. Por esa razón fui perdonado, para que en mí se manifestara en primer lugar toda la generosidad de Cristo Jesús, y fuera así un ejemplo para todos los que han de creer en Él y llegar a la vida eterna[1 Timoteo

1:13,16].

3. La bendición rebota a nosotros: cuando bendecimos, una bendición es devuelta a nosotros en muchas maneras. Cosechamos lo que sembramos. Como San Pedro exhortó:

“No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien bendigan, pues para esto han sido llamados; y de este modo recibirán la bendición[1 Pedro 3:9].

4. La paciencia da buenos frutos: palabras de gracia y paciencia producen más frutos buenos que palabras de enojo y frustración. Ciertamente, hay momentos en que se debe corregir y hasta reprender, pero siempre se debe hacer con amor [con caridad], como se lee en Efesios 4:15; y con paciencia, como lo instruye 2 Timoteo 2:24-26, recordando que:

“Una respuesta amable calma la furia, una palabra hiriente hace que aumente la cólera[Proverbios 15:1].

Realmente no sabemos lo que está sucediendo en la vida de una persona: una mujer defendía consistentemente el aborto en sitios web cristianos, unos días después -cuando fue desafiada sin agresión- publicó lo siguiente: “Quiero pedir disculpas por escribir comentarios locos de matar a los bebés. Yo estaba tratando de vivir sin Dios y sin Sus principios en mi vida. Pensé en el momento más feliz de mi vida, fue entonces cuando iba a la iglesia y vivía para Dios. Por favor, oren por mí. Gracias”. Aquí había una mujer sufriendo, con ganas de volver a Dios, pero no teníamos la menor idea de que esto era lo que alimentaba su fuego a favor del aborto. Por desgracia, con demasiada frecuencia somos culpables de dar respuestas rápidas y sin pensar, con lo que reforzamos la posición contraria en lugar de ayudar a los otros a ver su error.

5. Romper el círculo de odio: cuando bendecimos a quien nos maldice, rompemos el ciclo de la ira y del odio, que puede ser una espiral ascendente. Este fue el consejo dado por San Pablo a los creyentes de Roma, a raíz de Proverbios 25:21-22:

“Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber: éstas serán otras tantas brasas sobre su cabeza. No te dejes vencer por el mal, más bien derrota al mal con el bien[Romanos 12:20-21].

Rompamos el ciclo malo y destructivo de la carne, sigamos los pasos de nuestro Señor Jesucristo que perdonó a quienes lo crucificaron: es el camino de la vida y de la bendición, no sólo para nosotros sino también para aquellos que se nos oponen.

Para profundizar en ello, deberíamos hacerlo considerando los errores típicos sobre el perdón que nos perjudican, confunden e impiden experimentar la gracia del perdón de Dios.

Errores sobre el perdón

El perdón significa que hay que olvidar: desafortunadamente, no tenemos la capacidad de borrar nuestros recuerdos a nuestro antojo. Los recuerdos son muy reales, sobre todo si están envueltos en dolor; ellos siempre pueden estar allí; sin embargo, hay una maravillosa oportunidad de decir: “No he podido olvidar, lo recuerdo muy bien y, sin embargo, por la gracia de Dios quiero perdonar”.

El perdón significa que toleras sus acciones: muchas veces sentimos que la decisión de perdonar implica que lo que nos hizo una persona estuvo bien, pero esto es un mito. El perdón es confiar en Dios para que sea el último y perfecto juez, Él sabe cómo resolver nuestras disputas mucho mejor que nosotros mismos, después de todo Él es el experto en tratar con los pecadores y con las acciones pecaminosas -nosotros, no. Recordemos cómo ha tratado Él con nuestras acciones pecaminosas hacia los demás.

El perdón significa que tienes que convertirte en tapete para el ofensor: a menudo estamos aterrorizados por perdonar, porque tenemos miedo de ser heridos una y otra vez; sin embargo, el perdón no significa que tengo que someterme a estar continuamente abusado y utilizado; de hecho, podría ser culpable de permitir que la persona me trate con un tapete para pasar por encima de mí -lo cual no es una ayuda para ella-. El perdón significa que voy a protegerme y a liberarme de no llevar conmigo la amargura causada por mi ofensor.

El perdón significa que tenemos que ser amigos: el perdón no significa que tengas que estar en amistad con la otra persona, a veces lo más sano para dos personas es la distancia; estamos mandados por la Escritura a perdonar a los demás, amar a los demás y ser amables con los demás; sin embargo, en ninguna parte la Escritura nos manda ser amigos de todos.

El perdón viene de una disculpa: decir “lo siento” no cura las heridas; sin embargo, el verdadero perdón no puede venir de una declaración concisa, sino más bien de Dios Padre Todopoderoso. Dios debe perdonar primero. Es un diálogo con Dios, donde le pedimos que nos dé la fuerza y la perseverancia, la paciencia y la humildad para perdonar a la otra persona. En pocas palabras: el perdón viene de Dios, no de nosotros.

El perdón se basa en el pedido de la otra persona: algunas personas dicen que perdonarán al otro cuando ése otro se los pida y empiece a hacer cosas para “merecer mi perdón”; esto es un mito, ya que Dios manda perdonar, sea que alguien lo pida o no lo pida. La victoria en este punto vendrá de la obediencia a Dios y no de las acciones de otras personas.

El perdón es fácil: por desgracia, no lo es; en realidad, es realmente imposible, y más aún perdonar 70 veces 7 como lo dice Jesús. En nuestro estado natural humano, queremos mantener la rabia y la amargura, porque en algún nivel nos hace sentir en control; queremos que a la persona le duela profundamente como nos ha herido; simplemente, no podemos cambiar estos sentimientos por nuestra cuenta, es imposible. Pero la buena noticia es que tenemos un Dios que hace posible lo imposible, aunque también están las situaciones en que nos piden perdón y en esos casos debemos actuar de la misma forma.

El Papa Francisco dice que “no hay santo sin pasado ni pecador sin futuro”. Las personas que han hecho mal pueden hacer algo bueno, ¡siempre! Quien ha hecho mal puede hacer después el bien. La verdadera seguridad no la da una justicia vengativa, sino una justicia reeducativa que pasa a través de recorridos de recuperación, porque un hombre recuperado ya no herirá más a los demás.

Nunca hay tanta maldad en este mundo que Dios no pueda usarla para bien, siempre y cuando uno esté dispuesto a entregarle el dolor a Él.

El perdón es un proceso que no debe ser apresurado. El perdón trae libertad y sanación, pero no lo empuje demasiado temprano. Se trata de una relación con Dios y no con quien le ofendió.

Yo elijo el perdón y elijo transmitir el perdón, porque soy cristiano, y si sigo a Cristo esto es lo que Cristo me pide. Elegir por voluntad el perdón cristiano es un acto que sobrepasa a la misma justicia legal.

El perdón no se puede dar si uno cierra su corazón al amor a los demás y si uno es incapaz de sentirse perdonado.

El perdón no niega el mal inmediatamente, pero reconoce que el ser humano -creado a imagen de Dios- es siempre más grande que el mal que comete.

Quizás a nosotros nos parece ya demasiado perdonar a alguien dos veces, pero Jesús pide “70 veces 7”. La parábola que pone Jesús como ejemplo, del rey misericordioso y el siervo despiadado, muestra hasta dónde se debe perdonar; el rey es un hombre generoso que, lleno de compasión, perdona una deuda enorme a un siervo que lo suplica; pero este mismo siervo, apenas encuentra a otro siervo como él que le debe cien denarios, se comporta de modo despiadado, haciendo que le metan en prisión. El comportamiento incoherente de este siervo es también el nuestro, cuando rechazamos el perdón a nuestros hermanos; mientras, el rey de la parábola es la imagen de Dios que nos ama con un amor pleno de misericordia que nos acoge, nos ama y nos perdona continuamente.

Desde nuestro Bautismo, Dios nos ha perdonado condonándonos una deuda insoluble: el pecado original. Después, con una misericordia sin límites, Él nos perdona todas las culpas cuando le mostramos aunque sea sólo un pequeño signo de arrepentimiento.

Cuando estamos tentados a cerrar nuestro corazón a quien nos ofendió y nos pide perdón, debemos recordar las palabras del Padre Celestial al siervo despiadado: “Yo te he perdonado toda la deuda porque me lo has rogado. ¿No deberías tú también tener piedad de tu compañero, así como yo he tenido piedad de ti?”.

Quien ha experimentado la alegría, la paz y la libertad interior que viene de ser perdonado, puede abrirse a su vez a la posibilidad de perdonar. Además, en el Padrenuestro lo pedimos: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. El perdón de Dios es el signo de Su desbordante amor por cada uno de nosotros, es el amor que nos deja libres para que sigamos caminando con Él y detrás de sus huellas.

La guerra está sobre nosotros

-Cómo entrenarse para las batallas contra las tentaciones-

-Cómo entrenarse para las batallas contra las tentaciones- Hay una guerra espiritual que no podemos ver

Hay una guerra espiritual que no podemos ver con nuestros ojos ni escuchar con nuestros oídos. Ruge en nuestros corazones, en nuestra cultura y en nuestro mundo. Nos quieren tentar para que nos pasemos al bando perdedor.

En la Sagrada Escritura, Dios advierte continuamente a su pueblo que debe prepararse para la guerra. Él es el Rey victorioso, y Satanás y todo el infierno saben que no hay esperanza de la victoria final, pero por despecho él y todos los demonios luchan para arruinar a la mayor cantidad de almas que puedan.

Nuestra guerra no se combate con armas hechas de nuestras propias manos, sino por la gracia de Dios. Una gracia fundamental es la razón, la capacidad de examinar las cosas que nos llegan, determinar cuáles son tentaciones y cuáles no lo son, cuáles son buenas [vienen de Dios] y cuáles hay que desechar [no vienen de Dios].

El maligno busca nuestra pérdida del razonamiento

La pérdida de la razón se ha convertido en el campo de batalla del diablo en la cultura moderna, lo que nos impide apreciar en detalle las tentaciones a las que estamos expuestos para combatirlas.

Hoy en día, se está extinguiendo la capacidad de argumentar y analizar con detenimiento y raciocinio nuestra vida. CS Lewis enmarca la situación de esta manera en “Cartas del Diablo a su sobrino”:

“En ese momento [siglos antes] los hombres todavía sabían bastante bien cuándo se demostraba una cosa y cuándo no; y si se demostraba realmente, creían. Estaban dispuestos a modificar su forma de vida como resultado de una cadena de razonamientos” [Screwtape Letters, 1].

Escrutopo, el demonio voraz que enseña a su sobrino, dice que han adquirido muchas armas recientemente para combatir este sentido de la razón. Él escribe:

“Con la prensa semanal y otras armas, hemos alterado en gran medida eso. Él no piensa en la doctrina como principalmente verdadera o falsa, sino como académica o práctica, pasada de moda o contemporánea. La jerga y no el argumento es el mejor aliado. No pierdas el tiempo tratando de hacerle creer que el materialismo es cierto. Hazle pensar que es fuerte o corajudo, esa es la filosofía del futuro. Esa es la clase de cosa que le importa” [Screwtape Letters, 7].

Podemos ver esta “cultura de expertos” en nuestra sociedad de hoy, que debemos creer en lo que dicen sin probarlo para determinar si se trata de un argumento válido o inválido. Esencialmente vemos las noticias a través de la lente de “si X fulano prestigioso lo dice, entonces debe ser cierto”. Abrimos los medios y en lugar de argumentos razonables que siguen un orden lógico, vemos puras falacias que apelan a la autoridad o a una celebridad, a las emociones o a los aparentes actos misericordiosos que alguien hace “por amor”. El suicidio asistido y la eutanasia, por ejemplo, son presentados como “actos de amor”, como “decisiones valientes”. Llamemos las cosas por su nombre: ¡esto es suicidio! Y se nos pide que consumamos todo eso sin sentido crítico, como ovejas al matadero.

Es obvio que el diablo odia un retorno a la razón y que razonemos sobre las cosas que nos suceden, él quiere adormecernos para poder dominarnos, porque de lo contrario no puede hacerlo. Él evitará a toda costa hipnotizarnos, para que no estemos en guardia.

Como dice Escrutopo:

“El problema sobre la argumentación es que mueve toda la lucha al campo del Enemigo [de Dios]. Nosotros también podemos argumentar, pero el acto mismo de argumentar despierta la razón del paciente, y una vez que está despierto ¿quién puede prever el resultado?”.

El diablo aplaude y celebra esta pérdida de la razón en nuestra vida diaria, hasta en los actos más mínimos, y que nos dejemos llevar por la emoción, que no pongamos a prueba las cosas que nos pasan o que se nos presentan en la vida a la luz de la moral y de lo bueno, que no pensemos en Dios y que no pensemos que podemos ser tentados.

Cómo determinar si es Dios el que nos lleva a hacer algo o el que nos lo tranca

A veces no resulta fácil determinar si es Dios el que nos impulsa a hacer algo o el que nos impide hacerlo [porque Él es un pastor que cuida de Su rebaño]. Hay momentos en que puedes pensar que el Maligno está en tu camino, cuando realmente estaba la presencia del Espíritu Santo para prevenirte. Y en otros momentos, puedes pensar que era el Espíritu Santo quien estaba abriendo la puerta, cuando en realidad era el mal, que estaba aprovechando alguna debilidad de tu corazón y te preparó para un desastre.

Tentaciones e ilusiones aisladas de todo contexto: son la base de las promesas del Maligno. En cambio, las promesas de Dios para nuestra vida están relacionadas con el Plan Maestro que Él tiene para la humanidad entera. [Lo vemos desde el Antiguo Testamento hasta nuestros días, pasando por el Nuevo Testamento]. Estas tentaciones están relacionadas con nuestra posición en el Plan Divino para la humanidad, ésta es una gruesa primera evaluación. Pero en términos más operativos, puede haber casos en que discernimos que algo cabe perfectamente dentro del Plan Divino para la humanidad, pero ¿Dios quiere que yo lo haga ahora, o no?

Por más que hayamos crecido en el camino de Cristo, todos somos propensos a la duda. La comprensión de cómo guía el Espíritu Santo y cómo engaña el diablo puede ayudarte a seguir los pasos que el Señor ha ordenado para ti, en vez de caer en la trampa del león rugiente; pero siempre es necesario orar, en cada paso particular.

Una lección del apóstol San Pablo puede ayudar: él observó con agudeza la diferencia entre sus propios planes, los planes del Espíritu Santo y los planes del diablo. Pablo fue llamado a predicar el Evangelio a los gentiles y se puso a realizar los pedidos de su Padre con fervor, todo lo que se muestra en la persecución a la Iglesia; viajó por el mundo en su época, pero cuando él y su equipo apostólico pasaron por algunas ciudades para predicar la Palabra, el Espíritu Santo se lo impidió a favor de una misión más estratégica. Por una visión en un sueño, Pablo llegó a la conclusión de que el Señor quería que él predicara el Evangelio en Macedonia sólo después de que el Espíritu Santo le impidió en dos ocasiones predicar en otras ciudades. Luego, le dio una visión que claramente estableció la siguiente etapa de su viaje misionero… no ha cambiado esto para nosotros, que también viajamos con Cristo.

En otras palabras: Pablo tenía sus propios planes, pero el Espíritu Santo tenía un plan diferente para él. ¿Cuántos de nosotros, hoy, hemos tenido una visión del Espíritu Santo alguna vez? También hay que considerar visiones retrospectivas, post-dicciones y no predicciones.

Cuando nos abandonamos en el camino de Dios que va surgiendo en nuestra vida - sin poner resistencias- y echamos una mirada para atrás, vemos la estela que deja nuestra historia. Y ahí será más claro cuál es el rumbo e incluso por qué no sucedió una cosa y sí sucedió la otra, aunque ambas habrían sido válidas para el Plan de Dios según nuestro juicio.

Este análisis de la estela, nos sirve como background para discernir nuevas cosas que se nos presentan, porque enriqueció lo que Dios quiere para mí concretamente.

Discernir obstáculos satánicos

A veces es obvio que el Espíritu Santo te impide o que el diablo te está frustrando. Pero a veces no es tan obvio. ¿Cómo saber la diferencia?

Pregunta al Espíritu Santo QUÉ ESTÁ PASANDO. Ora y pregunta al Señor. En caso de duda, el primer paso es confiar en el Señor y NO en nuestro propio entendimiento.

Sólo porque hemos visto un patrón de cómo se mueve el Espíritu Santo o cómo obra satanás, no significa que automáticamente se puede presumir qué o Quién está detrás de algo. Hay algunos indicios demoníacos discernibles:

¿Dios ya te dijo que lo hicieras? Si estás convencido de que el Espíritu Santo te dijo expresamente que hicieras algo y te encuentras con obstáculos, es probable que el enemigo esté tratando de evitar frutos para el Reino. Satanás trabaja constantemente para impedir el plan de Dios, a pesar de que ya está vencido.

¿Cuál es el objetivo del obstáculo? Cualquier obstáculo que te impide acercarte a Dios, no es de Dios. El maligno pondrá ídolos en tu vida con la esperanza de vayas hacia ellos: dinero, fama, entretenimiento, o algo más. Por supuesto, él usa nuestra propia carne y nuestros propios instintos, y los deseos anímicos, para distraernos.

¿Qué pasa por tu mente? La Palabra dice que debemos pensar en las cosas buenas. Si el obstáculo que enfrentas viene en la forma de pensamientos desagradables e imaginaciones temerosas, no es Dios hablándote; es la manera del diablo, para conseguir tu miedo, tu duda y tu incredulidad. Recuerda: no estamos luchando contra la sangre y la carne, pero estamos luchando. La clave está en luchar contra el enemigo, NO CONTRA DIOS. No queremos ser resistentes a Dios, cuando deberíamos resistir al enemigo; no queremos estar cooperando con el enemigo, cuando deberíamos estar cooperando con Dios. El enemigo está caminando como león rugiente alrededor, buscando a quién devorar.

Los ojos de Dios recorren la Tierra con el fin de fortalecer a aquellos cuyos corazones están totalmente comprometidos con Él [2 Crón. 16:9].

¿Consejo?

“Encomienda tu camino al Señor, confía en Él, y Él hará que pase” [Salmo 37:5].

No hay diablo en el infierno que pueda impedir la voluntad de Dios, si aceptas Su plan.

Descubrir las tentaciones y luchar contra ellas

La razón enfocada en las señales que tenemos es la que nos permite descubrir cuáles de las cosas que nos suceden son tentaciones, para combatirlas y no arruinarnos, y cuáles son cosas de Dios.

Este es un proceso que se hace en silencio y en oración, tratando de ver más allá de las coloridas propuestas del mundo; y reflexionando sobre las consecuencias de los actos que se nos proponen.

Ahora es el momento de luchar contra las tentaciones, durante nuestras vidas. Ahora es el momento de ponernos la armadura de Dios, como soldados Suyos que somos, y tomar la espada. Porque en cada cosa que decidimos, estamos eligiendo un bando en esta guerra: “El que no está conmigo, está contra mí”.

Estrategias para luchar en esta guerra y vencer la tentación

Evita y/o huye de ella: a veces la discreción es la mejor parte del valor.

Presenta tus pensamientos a Dios: Él sabe mejor que nosotros lo que es bueno. [“Por lo demás, hermanos, fíjense en todo lo que encuentren de verdadero, noble, justo, limpio; en todo lo que es fraternal y hermoso; en todos los valores morales que merecen alabanza”, Filipenses 4:8].

Supera el egoísmo: el verdadero amor no conoce el egoísmo, porque si amas a Jesús, tú no te perteneces a ti mismo. [“Y vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios”, 1 Corintios 3:23].

Espera y apróntate para la tentación: tenemos que estar preparados siempre para la batalla espiritual. [“Por eso pónganse la armadura de Dios, para que en el día malo puedan resistir y mantenerse en la fila valiéndose de todas sus armas”, Efesios 6:13].

Recuérdate a ti mismo las consecuencias del pecado: “Es fácil reconocer lo que proviene de la carne: libertad sexual, impurezas y desvergüenzas, culto de los ídolos y magia, odios, ira y violencias, celos, furores, ambiciones, divisiones, sectarismo y envidias; borracheras, orgías y cosas semejantes. Les he dicho, y se los repito: los que hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios” [Gálatas 5:19-21].

Memoriza la Palabra de Dios: llena tu mente con las cosas de Dios, para que estés disponible en todo momento; esto es muy sabio. [“Dichosos más bien los que oyen la palaba de Dios, y la guardan”, Lucas 11:28].

Cultiva el sentido de la Presencia de Dios: no sólo escuchar, también OBEDECER. [“Mejor acércate tú para oír todo lo que diga Yahvé, nuestro Dios, y luego tú nos las dices para que las pongamos en práctica”, Deuteronomio 5:27].

Confiésate frecuentemente: la confesión frecuente nos sana y nos permite comenzar de nuevo, espiritualmente saludables. [“Reconozcan sus pecados unos ante otros y recen unos por otros para que sean sanados. La súplica del justo tiene mucho poder, con tal de que sea perseverante”, Santiago

5:16].

La rendición de cuentas es muy importante: nos ayuda a evitar el pecado. Cuando somos responsables ante el hombre y ante Dios, eso nos ayuda a superar la tentación. [“Yahvé preguntó a Caín: “¿Dónde está tu hermano?” Respondió: “No lo sé, ¿soy acaso el guardián de mi hermano?” Entonces Yahvé le dijo: “¿Qué has hecho? Clama la sangre de tu hermano y su grito me llega desde la tierra”, Génesis 4:9-10].

y su grito me llega desde la tierra”, Génesis 4:9-10]. 10 beneficios sobrenaturales al invocar el

10 beneficios sobrenaturales al invocar el Nombre de Jesús

El nombre de Jesús tiene poder sobrenatural, porque representa a Su Persona y Su Misión, y es una forma de vivir Su Presencia en nosotros.

El nombre de Jesús viene del griego “Iesous”, que se deriva del arameo “Yeshu”: significa “Yahvé es la salvación”.

El Santo Nombre de Jesús es, ante todo, una oración Todopoderosa. Nuestro Señor nos promete solemnemente que todo lo que pidamos al Padre en Su nombre, lo recibiremos. Por tanto, cuando decimos “Jesús”, pidamos a Dios por todo lo que necesitamos con absoluta confianza de ser escuchados ¡porque somos escuchados!

Cada vez que decimos “Jesús”, le damos a Dios alegría infinita y gloria, porque Le ofrecemos todos los méritos infinitos de la Pasión y Muerte de Jesucristo. Cada vez que decimos “Jesús”, dejamos saber claramente que deseamos ofrecer a Dios todas las Misas que se dijeron de todo el mundo para todas nuestras intenciones. Cada vez que decimos “Jesús”, es un acto de amor perfecto: nosotros ofrecemos a Dios el amor infinito de Jesús.

El Santo Nombre de Jesús llena poco a poco nuestra alma con una paz y una alegría que nunca antes hemos conocido ni tenido. El Santo Nombre de Jesús nos da fuerza para que nuestros sufrimientos y nuestras luchas diarias se conviertan en luz y sean fáciles de llevar.

fuerza para que nuestros sufrimientos y nuestras luchas diarias se conviertan en luz y sean fáciles

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1. Brinda ayuda a las necesidades corporales. Según la promesa de Cristo, “en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien” [Marcos 16, 17-18]. En el Nombre de Jesús, los Apóstoles dieron fuerza a los lisiados [Hechos 3,6] y vida a los muertos [Hechos 9,40].

2. Da consuelo en las aflicciones espirituales. Somos rescatados de la angustia, la tribulación, la tristeza y el dolor [Salmos 118, 50, 116]. El Nombre de Jesús recuerda al padre del hijo pródigo y al buen samaritano. Y recuerda al justo el sufrimiento y la muerte del inocente Cordero de Dios.

3. Nos protege de Satanás y sus engaños. Porque el demonio teme el Nombre de Jesús; huye cuando lo pronunciamos, porque Él lo ha vencido en la Cruz. Ante un peligro o una circunstancia confusa, invocar el Santo Nombre de Jesús ayuda a superar el trance y a aclararlo todo, a obtener seguridad emocional.

el trance y a aclararlo todo, a obtener seguridad emocional. 4. Obtenemos toda bendición y gracia

4. Obtenemos toda bendición y gracia en el tiempo y la eternidad. Cristo nos lo dijo: “Lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre” [Juan 16:23]. Es refugio seguro durante la vida y en la hora de la muerte. Por eso, la Iglesia concluye todas sus plegarias con las palabras “Por Jesucristo Nuestro Señor…”

5. Disfrutamos las riquezas de Cristo. Romanos 10:12 nos dice que El Señor de todos es “rico para con todos los que le invocan”. Escuchen bien: “rico”. Invocar no sólo nos salva de muchas cosas negativas y destructivas, además es la manera de que disfrutemos en nuestra experiencia ¡cuán rico es Cristo!

6. Somos salvados. Como creyentes, al invocar el Santo Nombre del Señor reforzamos nuestra conversión, para que no caigamos y podamos ser salvos en el final, para vivir la vida que hay después de la muerte física en la Tierra. Romanos 10:9: “Si confiesas con tu boca a Jesús como Señor, y crees en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”. ¡Invocar el Nombre del Señor nos trae salvación para la vida eterna! El Nuevo Testamento nos muestra varias ocasiones de los creyentes que invocaron el Nombre del Señor Jesús en diferentes situaciones [Hechos 2:21].

7. Participamos de Su misericordia. Quienes repitan el Nombre de Jesús, tendrán el exceso de Su misericordia, Su amor, la gracia de la perseverancia final y no morir sin Su gracia. “Y son llenos del Espíritu” [Salmo 86:5; Hechos 2:17,21]. Con la repetición del Nombre de Jesús, las almas tibias se vuelven fervorosas y las almas fervorosas se elevan a niveles de gran perfección.

8. Somos iluminados. Cuando invocamos a Jesús, Dios nos da la luz para ver nuestra verdadera condición. Y cada vez que Le invocamos, Él inyecta luz en nuestra vida y en la resolución de nuestros problemas. “El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de sombra de muerte, luz les resplandeció” [Mateo 4:16]. “Os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en vosotros, porque las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya alumbra” [1 Juan 2:8].

en él y en vosotros, porque las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya alumbra”

9. Obtenemos un espíritu de arrepentimiento. Todos cargamos con pecados y culpas, de algunos tenemos conciencia y de otros aún no. Al ser expuesta nuestra verdadera condición, por la fuerte iluminación del Señor -a través de invocar Su Santo Nombre- experimentamos un cambio de manera de pensar y de vivir. Descubrimos lo que hacemos mal y podemos obtener la gracia, la fuerza y la perseverancia para rectificar nuestro comportamiento y reorientar nuestra vida.

10.Confesamos los pecados, somos perdonados y ganamos indulgencias. Tantas veces como invoquemos el Santo Nombre de Jesús y de la Virgen María, podemos ganar una indulgencia (remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa) de 300 días [por decreto del Papa Pío X, el 10 de octubre de 1904]. También es necesario confesar los pecados para ganar la indulgencia Papal al momento de la muerte: pronunciar -aunque sea mentalmente- el Nombre de Jesús. Al ser iluminados por Nuestro Señor, nos arrepentimos y somos llevados a confesar nuestros pecados. De esta manera, disfrutamos del beneficio del perdón de Dios. “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” [1 Juan 1:9].

Además de perdonarnos, el Señor Jesús elimina y anula el registro de la deuda que teníamos con Dios en la Cruz. Es decir:

tenemos un “registro limpio” delante de Él.

de la deuda que teníamos con Dios en la Cruz. Es decir: tenemos un “registro limpio”

Una forma simple para invocar el Nombre de Jesús

“Oración a Jesús” [“oración del corazón”] – desarrollada por los monjes y los padres del desierto : “Señor Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí”.

Algunas veces se dice: “Señor Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador(a)”.

Formas más elaboradas de invocar el Santo Nombre de Jesús

Cuando somos atacados por otras personas -que, aunque es un ataque humano, siempre subyace un elemento demoníaco detrás que azuza-:

Si los demonios intentan atacarte, acosarte o atormentarte desde una posición externa, pero tú no les diste ningún derecho real para hacerlo: “Vete, Satanás”.

Un comando de batalla bueno, simple y básico para expulsar a los demonios de tu lado y las tentaciones que ellos provocan: elimina las causas por las que los demonios entraron en tu vida a través del pecado, revisa tu conciencia minuciosamente, ve a confesarte y sigue las indicaciones del sacerdote confesor. Invoca el Nombre de Jesús para pedir Su protección y paz.

Si alguien te dañó de forma externa y/o te ha echado alguna maldición: debes defenderte primero de los sentimientos negativos que hay en ti hacia esa persona, eliminarlos y perdonarla, orar mucho por ella.

de los sentimientos negativos que hay en ti hacia esa persona, eliminarlos y perdonarla, orar mucho

Después de morir, tienes dos (2) juicios

Después de morir, tienes dos (2) juicios Cristo vendrá por segunda vez y establecerá su justicia

Cristo vendrá por segunda vez y establecerá su justicia sobre la Tierra. Luego del Juicio Particular que Dios nos hará al morir, cuando Jesús venga por segunda vez, se producirá el Juicio Final [definitivo].

Jesús ha dejado diversas palabras al respecto, las que han sido meditadas y entendidas por la Iglesia. La Iglesia Católica escribió el Nuevo Testamento, pero también una parte de las enseñanzas de Cristo quedaron “de forma oral” y ha habido una serie de revelaciones posterior: extra-bíblicas.

El juicio final sucederá al final de los tiempos. ¿Cuándo? Nadie sabe el día y la hora, sólo el Padre. ¿Cómo pasará? Jesús lo bosqueja, pero llegar a entenderlo es algo complicado.

Esto es lo que la Iglesia ha discernido sobre el Juicio Final.

es lo que la Iglesia ha discernido sobre el Juicio Final. Resucitarán los muertos “La resurrección

Resucitarán los muertos “La resurrección de todos los muertos… de los justos y de los pecadores” [Hechos 24,15], precederá al Juicio Final. Esta será “la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz […] y los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación” [Juan 5, 28-29] (Catecismo 1038).

Todos vendrán a la vida, volverán a su cuerpo tomando formas “especiales”. NO ES UNA REENCARNACIÓN, es un volver a lo que ya se nos ha dado.

¿Cómo serán estos cuerpos? ¿Serán como lo que somos? Cambiarán: no sufrirán dolores ni muerte [los condenados sufrirán por estar lejos de Dios]. Podrán ir a donde el alma desee, algo parecido a San José de Cupertino que levitaba hacia ciertos lugares, o como el Padre San Pío que podía estar con una rapidez extraordinaria en otros lados por el fenómeno de la bilocación. Podrán atravesar los cuerpos materiales, y serán tan claros y brillantes como lo fueron en esta vida.

Aún con estas ideas, no se puede imaginar la gloria que Dios ha preparado para los que se salven. Los condenados no tendrán esto, serán lo que hicieron acá en la Tierra.

Entonces:

“Cristo vendrá en su gloria acompañado de todos sus ángeles […] Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda […] E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna” [Mateo 25, 31-

32-46].

y los justos a una vida eterna” [Mateo 25, 31- 32-46]. Cristo vendrá en Su gloria

Cristo vendrá en Su gloria Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre. Mientras todas las razas de la Tierra se golpeen el pecho, verán al Hijo del Hombre viniendo en las nubes del cielo, con el Poder Divino y la plenitud de la Gloria. Mandará a sus Ángeles, los cuales tocarán la trompeta y reunirán a los elegidos de los cuatro puntos cardinales, de un extremo a otro del mundo[Mateo 24,

30-31].

“Cuando el Hijo del Hombre venga en su Gloria, rodeado de todos sus Ángeles, se sentará en su Trono como Rey Glorioso” [Mateo

25,32].

Dos extractos de la Biblia nos ilustran cómo será la venida de Jesús o parusía: sobre las nubes, con multitud de ángeles y se sentará en Su trono. El que viene es el Hijo, que es Dios mismo, con dos naturalezas:

la divina y la humana.

¿Cómo se verá? ¿Cómo será Su gloria? ¿Cómo ha de ser?

Definitivamente, Jesús es amor; por lo tanto, no puede separarse del amor grande que nos ha tenido, dando Su vida por nuestra salvación y obedeciendo al Padre; por ello, traerá los estigmas de Su Crucifixión. Las heridas en pies, manos y costado serán la señal de que es Cristo, no alguien más. Ya alguna vez el enemigo quiso pasarse por Cristo glorioso, y los santos han notado este detalle: Jesús traerá las heridas, heridas de Amor.

Pues, como todo poder se Le ha dado, vendrá con todo Su esplendor y la Cruz le precederá.

dado, vendrá con todo Su esplendor y la Cruz le precederá. Como Rey, separará a malos

Como Rey, separará a malos de buenos Todo el mal que hacen los malos se registra y ellos no lo saben. El día en que DIOS NO SE CALLARÁ, Se volverá hacia los malos: ´Yo había colocado sobre la Tierra -dirá El- a mis pobrecitos para vosotros. Yo, su cabeza, gobernaba en el cielo a la derecha de mi Padre, pero en la Tierra mis miembros tenían hambre. Si hubierais dado a mis miembros algo, eso habría subido hasta la cabeza. Cuando coloqué a mis pequeñuelos en la Tierra, los constituí comisionados vuestros para llevar vuestras obras a Mi

tesoro. Como no habéis depositado nada en sus manos, no poseéis nada en Mí” [San Agustín, Sermón 18, 4].

Ante Jesús, todo se sabrá entre cada hombre y Dios. Todo, hasta lo más insignificante, será puesto al descubierto. Cada cosa que se hubiera hecho en lo terreno estará “registrada”. San Agustín nos dice que Dios se vuelve hacia cada persona y le dirá que no le dieron de comer, y el Evangelio sigue diciendo si fueron a ver a los enfermos, a los presos, etc. Este es el tema de las obras de misericordia físicas [visitar a los enfermos, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar posada al peregrino, vestir al desnudo, visitar a los presos, enterrar a los difuntos]. También están incluidas las obras de misericordia espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que se equivoca, perdonar al que nos ofende, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos del prójimo, y rezar a Dios por los vivos y por los difuntos.

Santa Faustina ha insistido en que ser misericordioso nos ayudará para que Él lo sea con nosotros. Porque Jesús juzgará lo que hiciste en la Tierra, pero verá también los detalles.

La misericordia pesará más que la justicia y le ganará. Por eso, Jesús ha de decirles a los Apóstoles y a los que predicaba:

“Sean misericordiosos como Su Padre es misericordioso”.

Él hace salir el Sol sobre buenos y malos. Por eso vivan portándose como si ya fuera a suceder. Jesús no reveló cuándo juzgará, sólo mencionó que será al final de los tiempos. Ni siquiera Él sabe cuándo pasará, sólo el Padre sabe el día y la hora.

Este juicio triunfará sobre toda injustica cometida. En ese momento, se sabrá la última palabra que dará sobre toda la historia, hacia dónde Dios nos quería conducir, cómo la Providencia llevó a todos por caminos admirables conduciendo todo hacia el fin último.

Señales de Su segunda venida

Los cristianos serán perseguidos y odiados. Todo el tiempo hemos sido perseguidos a muerte.

Muchos nos traicionarán. Desde los primeros cristianos hay mártires y apóstatas.

La caridad se enfriará.

La Buena Nueva será proclamada en todo el mundo.

Estas señales son ambiguas, pero no por ello se debe relajar el espíritu.

son ambiguas, pero no por ello se debe relajar el espíritu. ¿Qué se necesita para salvarse?

¿Qué se necesita para salvarse?

Fe en Jesucristo. San Pablo recalca la fe para lograr la salvación, pero tener no sólo es creer: hay que vivir de acuerdo con esa fe. Santiago, en su Carta, da la otra parte: la fe sin obras está muerta. La moneda siempre tiene dos caras: la fe y las obras son necesarias para la salvación del alma. El día del juicio las sentencias serán puestas de nuevo a la luz. Si estabas en el infierno, ahí permanecerás. Si estabas en el Purgatorio, estás salvado y pasarás al Cielo. Si ya estabas en el Cielo, prepárate ¡porque entonces VERÁS LA GLORIA DE DIOS!

Hasta ese momento, se sabrá por qué Dios permitió el mal en el mundo. Sólo en ese tiempo se sabrá cuánto bien sacó de todo ello.

Quedarán definitivamente respondidas las frecuentes preguntas:

¿Por qué Dios permite la injusticia? ¿Por qué los malos triunfan y los buenos fracasan? La Sabiduría Divina destapará todo aquello que para nosotros no tiene sentido hoy. Por eso, para salvarse se necesita fe, confianza en Dios. Y obras de misericordia.

Los santos han sido siempre una guía para conocer la misericordia y el amor de Dios: ellos, como seres humanos, han cometido errores, pero también han sabido superarlos. Son un ejemplo de perseverancia en el encuentro hacia Dios.

En el camino al Gólgota, Jesús caminó con la Cruz a cuestas, la llevó dignamente en Su hombro; pasó hambre, ya que no comió desde el día anterior; azotado y coronado de espinas, vejado, escupido, lleno de llagas, varón de dolores. Sufrió por lo que sentía, por lo que oía y por lo que veía. Los dolores de Cristo son externos, pero también internos. Y Él nos enseña a que, cada vez que caigamos, nos levantemos. Sin tener culpa de nada, fue maltratado, mostrando que sí se puede levantarse, por más profundo que sea el dolor o el agujero.

Santa Teresa de Jesús, monja carmelita descalza, nos ha dejado unas hermosas frases convertidas en oración, que nos recuerdan la salvación. Pero más que ser premiados o castigados, es el amor el que nos debe conducir a Jesús -nuestro Dios:

“No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Tú me mueves, Señor, muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido, muéveme ver tu cuerpo tan herido, muéveme tus afrentas y tu muerte. Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, que, aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera. No me tienes que dar porque te quiera, pues, aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera”.

Y así como nació en un humilde pesebre, volverá. Vendrá a juzgar a vivos y a muertos, a llevarnos hacia el Cielo… o lejos de Él.

Amarle a Él, vivir para Él, como si no hubiera infierno, como si no hubiera cielo. Entonces, Le veremos a Él, que es Amor. En nubes, con ángeles y serafines, todo hermoso, ¡magnánimo! Con sus cinco llagas, y reinará por los siglos de los siglos.

sus cinco llagas, y reinará por los siglos de los siglos. ¿Cómo es el juicio que

¿Cómo es el juicio que Dios te hará después de que mueras?

Antes de que mueras, hay un tiempo de conversión. La misericordia divina te dará incontables oportunidades.

Pero cuando mueres, te enfrentas al juicio personal entre tú y Dios. El premio de tu comportamiento en la Tierra será el Cielo, el castigo será el infierno.

Hay una parábola de Jesús que nos explica -de manera muy particular y didáctica- la misericordia de Dios y Su Amor. Con ella se puede entender de una mejor forma el tema del juicio particular.

El Evangelio según San Mateo lo relata así:

«El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: “Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo”. Y ellos fueron.

«Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima, y al encontrar a otros que estaban allí, y les dice: “¿Por qué estáis aquí todo el día parados?”. Y ellos dijeron: “Es que nadie nos ha contratado”. Y les dijo: “Id también vosotros a la viña”.

«Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador:

“Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros”. Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario diciendo: “Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor”.

«Pero él contestó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?”.

«Así, los últimos serán los primeros, y los primeros serán los últimos» [San Mateo 20, 1-16].

Amor y misericordia

El dueño de la viña ha encontrado personas a diversas horas; a cada una la ha contratado en diferente momento; todas van a trabajar. Si bien les pagan a todos lo mismo, ¿acaso el que trabajó más merece igual que los que trabajaron menos?

EL TEMA NO ES EL TRABAJO, ES LA MISERICORDIA.

Analizando cada personaje y cada detalle:

¿Quién es el propietario? Dios, el dueño de todo lo que hay. ¿Quién es el obrero? Todos nosotros en general, pero con una característica: nos hemos encontrado con el dueño de la vid. Si el jefe es el Señor y el obrero soy yo, ello significa que es un encuentro, es la conversión personal.

Aquellos que llegan a trabajar antes, encontraron primero a Jesús. Pueden ser los que desde pequeños traen consigo su fe y sólo necesitaron un pequeño empujón; en el encuentro con Dios, se entusiasman y va a trabajar por Él [en su casa, en su profesión, en su matrimonio, en el sacerdocio o en la vida religiosa, como solteros, como viudos, padres o sin hijos, etc].

Los otros, son aquellos que en un momento de la vida llegan a tener ese encuentro con Dios y dejan todo para ir a trabajar para Él.

Cada uno en diferente momento de la vida. Incluso hay un grupito que llega ya cuando han terminado, o están casi terminando: esos son los que en un último momento de sus vidas se encuentran con Dios y en ese instante se acogen a Su misericordia.

La hora del pago es el juicio, allí vemos el Amor y la Misericordia de Dios.

El Señor ha estado llamando en todo momento; sin importar a qué llegas tú, te paga lo mismo que a los demás. Aquí, la experiencia maravillosa es que A TODOS LOS QUE SE ENCUENTRAN CON EL SEÑOR, LA PAGA ES EL CIELO: pues todos han llegado a trabajar, todos Le oyeron y Le siguieron, Le aceptaron y Le amaron.

En este caso, no hay ninguno que se niegue: todos los que se encontraron con Dios en diferentes momentos de la vida se han salvado, por Su misericordia y Su amor. Pues nadie pagaría a una persona algo sin que trabaje.

DIOS QUIERE QUE TODOS SE SALVEN

“Te pagaré lo justo”, dice el propietario del viñedo. Entonces, el reclamo que hacen aquellos que trabajaron desde el principio parece tener un buen fundamento. Lo justo es un denario, pero los que llegaron de último recibieron lo mismo. ¿Es justo? Obviamente, no. Por eso se dice que los últimos han sido juzgados según su trabajo, pero bajo la misericordia.

San Juan dice que “el Hijo no ha sido enviado a juzgar, sino para que el mundo se salve por Él”. Dios, propietario de la vid, envía; Jesús los convence de mil formas para que se salven, porque mientras haya tiempo hay misericordia. Pero cuando le toque pagar, no puede darle algo que no ha cosechado.

Por eso, la hora de la paga es como si fuera el juicio particular. Cada uno muere y se enfrenta con el administrador, quien le da el denario [Cielo] o nada [Infierno].

Con esta parábola, Dios nos enseña Su amor, Su misericordia. Todos han recibido un encargo, un trabajo. Todos han sido llamados y han respondido con generosidad, por ello el dueño ha pagado lo que consideró mejor para cada uno, aunque haya sido el mismo precio. Este pago “extra” a los que trabajaron menos horas, sale de la ganancia del propietario: se le da a aquel que debió ganar menos, pero ganó un sueldo completo por la misericordia del Señor.

En otras palabras: Dios no se cansa de llamarnos para que nos convirtamos a Él; y al final de la vida, nos da el premio, EL CIELO. Porque por ello murió Cristo, para que todos se salven.

El mensaje de la parábola es: Dios no escatima en recursos para salvar a las personas; por eso les paga con el Cielo, porque quiere que se salven todas.

Dios llama, no quiere perder a nadie. El negocio de la vid es “la excusa perfecta” para que la gente se tope con Él, se convierta y se salve. Así le pagará a cada uno en el juicio particular.

El precio de tu elección

En la parábola anterior, Dios nos muestra que quiere que todos se salven y que será misericordioso a la hora del juicio particular. Pero, ¿y si alguno de éstos se hubiese negado a trabajar?

Entonces, vemos que sucede en otra parábola [San Mateo 22, 1-13]:

«Tomando Jesús de nuevo la palabra, les habló en parábolas, diciendo: “El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Envió todavía a otros siervos, con este encargo: Decid a los invitados: ´Mirad, mi banquete está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está a punto; venid a la boda´.

«Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey, y enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad. Entonces dice a sus siervos: ´La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos, y a cuantos encontréis, invitadlos a la boda”.

«Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales. Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice:

´Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?´. Él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los sirvientes: Atadle los pies y las manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes».

En esta parábola se ve que Dios llama a la boda del hijo [JESÚS]. Unos no vienen, por lo tanto, no reciben nada ni comen nada.

A los que les ruega que lleguen, tampoco hacen caso.

Los que mataron a los siervos son como los que en el Antiguo

Testamento mataron a los profetas.

¿Quién recibe el premio del Cielo, el que cumple la misión del Señor, o quien la ignora? ¿Cuál fue la reacción? ¡Muerte, fuego!

El rey necesita llenar el salón para la boda, y por ello dice que venga el que sea. Pero que vengan. Aquí es cuando llega el rey y ve que todos, buenos y malos, han cambiado su ropa por una de bodas.

La ropa es nuestra vida, nuestras elecciones. Nos han anunciado a Cristo y en ese encuentro hemos dejado todo. Malos y buenos renunciaron a su vida pasada y se vistieron con el traje de bodas.

Pero hay uno que se cuela: piensa que puede engañar al rey. Sabe que es un buen banquete, un buen premio lo que va a recibir, pero no ha querido cambiar su ropa. Esto se refiere a que no ha cambiado su forma de vida: por ello piensa que puede meterse en el banquete y que entre tanta gente nadie se dará cuenta, ni el rey. Al verse descubierto por el rey, se queda callado. Y por ello lo echan:

porque no quiso cambiar su vida, a pesar de haberse encontrado con Cristo. Si hubiese dicho “no tengo para comprarme otro traje”, el rey le hubiese dado uno. Pero esa no era su intención.

Malgastando lo que Dios nos dio

Como en la parábola del hijo pródigo, recibe la herencia, la gasta

[Lucas 15:11-32]. Al no tener nada, ¿qué hace? Ponerse a cuidar cerdos;

le sirve de mortificación y por eso, cuando regresa a pedir perdón, el

padre lo recibe y lo celebra.

El hijo somos nosotros, quienes recibimos algo de parte de Dios:

algunos pintan bien, otros cantan, otros hablan en público magistralmente, son buenos médicos… un talento cualquiera…

Cada quien lo usa de acuerdo con lo que se le “ocurre”, tal vez un poco bien o un poco mal. Ha de morir, cuando ya no tiene nada. Su paga es lo que cosechó. Para poder estar con el Padre Dios, debe arrepentirse y cuidar cerdos [EL PURGATORIO]: una forma para llegar limpio al Cielo.

Por eso, al terminar su tiempo con los cerdos, Dios lo recibe con los brazos abiertos: uno más en el Cielo.

Aquel que no se arrepiente, va al Infierno, como el que quiso engañar a Dios. Aquel que ha obrado de buena forma, va al Cielo, siempre y cuando esté sin mancha; de lo contrario, va al Purgatorio y de allí, ya con Dios.

de lo contrario, va al Purgatorio y de allí, ya con Dios. DIOS ES AMOR Aún

DIOS ES AMOR

Aún hay tiempo. Mientras estés vivo, Dios te espera. Lo que cosechaste será tu recompensa. Porque en ese instante de tu muerte, serás juzgado y con ello se decidirá tu vida eterna, si necesitas purificación irás al purgatorio con la esperanza de haberte salvado; teniendo que pagar, sí, pero sabiendo que un día estarás en el Cielo.

¡Pobres de aquellos que NO se arrepintieron ni fueron buenos en su vida! La condena será… el fuego eterno.

Cuando en 1857 Jesús se aparece a la Beata Madre Encarnación, es para recordarle al mundo que Él sufre, porque no quiere que ninguno de Sus hijos se pierda. Es como si le clavasen un dardo en el Sagrado Corazón y se lo retorcieran. Él ama mucho y no quiere que se pierda ninguno… ¡nadie!

Por ello, Santa Faustina recuerda al mundo lo que Jesús le ha dicho:

“Aún si un alma estuviese en descomposición como un cadáver y humanamente sin ninguna posibilidad de resurrección, y todo estuviera perdido, no sería así para Dios. Un milagro de la Divina Misericordia resucitaría esta alma en toda su plenitud. ¡Infelices los que no aprovechan de este milagro de la Misericordia Divina! ¡Lo invocarán en vano, cuando sea demasiado tarde!”.

Dios es amor, pero también es justicia. En su Diario, Sor Faustina consigna lo que Jesús mismo le dijo:

“Quien no quiera pasar por la puerta de Mi Misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi Justicia” [Diario 1146].

Por ello, este es el momento de pedir misericordia. Porque Jesús lo dijo a la Santa:

“Habla al mundo de Mi Misericordia… Es señal de los últimos tiempos, después de ella vendrá el día de la justicia. Todavía queda tiempo para que recurran, pues, a la Fuente de Mi Misericordia” [Diario 848].

“Prepararás al mundo para Mi última venida” [Diario 429].

Habla a las almas de esta gran Misericordia Mía, porque está cercano el día terrible, el día de Mi justicia” [Diario

965].

“Estoy prolongándoles el tiempo de la misericordia, pero ¡ay de ellos si no reconocen este tiempo de Mi visita!” [Diario

1160].

“Antes del Día de la justicia, envío el Día de la misericordia” [Diario 1588].

¿Por qué Dios nos pone pruebas en nuestra vida?

¿Por qué Dios nos pone pruebas en nuestra vida? Las pruebas de la vida, el dolor

Las pruebas de la vida, el dolor y la angustia que traen, resultan a veces incomprensibles para los cristianos. Solemos verlas como un castigo o como un evento negativo en nuestra vida. El sufrimiento de estos momentos nos hace olvidar que Dios nos pone pruebas para que aprendamos una lección, incluso para tomarnos lección sobre cuánto hemos aprendido de Su amor y Su actuar en nosotros.

Como en los simulacros de emergencia, en calles, edificios o aeropuertos: la idea es preparar a los participantes y al público de una eventual tragedia que podría suceder. Lo mismo pasa cuando estamos estudiando: de repente viene el profesor con un examen sorpresa.

¿Cómo hemos aprovechado la enseñanza?

Dios traerá pruebas a tu vida para ver si estás aprendiendo el material que está tratando de enseñarte.

A menudo pensamos que sabemos más de lo que en realidad sabemos.

Creemos que tenemos ciertas áreas “bajo control” y que no necesitamos más instrucción sobre ellas. Creemos que hemos aprendido a caminar por la fe, porque nos sentimos muy unidos a Cristo, a la Virgen María, a los santos y a los ángeles. Creemos que ya aprendimos a confiar en Dios.

Pero a veces Dios nos vuelve a probar ¡porque Él nos conoce mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos! Y podemos llegar a sorprendernos al descubrir que, en realidad, no sabemos todo lo que pensábamos que sabíamos.

Dios traerá pruebas a tu vida para aprendas las lecciones que Él está tratando de enseñarte. Recuerda, Jesús es el Divino Maestro y un Maestro enseña, alecciona, corrige, prueba.

Él sólo quiere nuestro avance espiritual, que no nos quedemos para siempre en el “kínder espiritual”. Es como un águila madre enseñando a sus aguiluchos a volar: cuando llega el momento en que deben hacerlo, la madre águila tiene un método poco ortodoxo e incluso brusco de fomentarlo… básicamente, inicia a empujones a los aguiluchos fuera del nido; esa es una larga caída, porque las águilas construyen sus nidos en los picos más altos de las montañas. Después de que la madre empuja al aguilucho fuera del nido, espera hasta que haya descendido unos 100 metros, y entonces se abalanza sobre él y lo ataja, poniéndolo de nuevo en el nido; y luego, comienza nuevamente la lección, empujándolo hasta que caiga un poco más abajo, y vuelve a atraparlo; y nuevamente la lección.

Son pruebas “sorpresa” las que nos pone el Maestro

Algo así como les pasa a los aguiluchos, nos sucede a nosotros. Estamos sentados cómodamente en nuestro sofá, nuestro pequeño nido, en nuestra vida cotidiana. Todo va razonablemente bien, sin novedades. Y de repente, ¡Dios nos da una pequeña patada y estamos en caída libre!

Creemos que todo se va a acabar. Luego se abalanza sobre nosotros, ¡y nos levanta! Visto así, parece que Dios jugara con nosotros. ¡Jamás!

Entonces, ¿por qué Dios hace eso? Él quiere que crezcamos espiritualmente, nos está puliendo y tallando, somos Su diamante.

Él quiere que aprendamos a volar más alto. Quiere que aprendamos que Él es quien dice ser, quiere que confiemos ABSOLUTAMENTE en Él -incluso cuando no lo entendamos-, quiere que seamos pacientes con Él como Él lo es con nosotros -incluso cuando parece que Él no hace funcionar nuestras agendas-. Él quiere que crezcamos y seamos fuertes espiritualmente para luego llevarnos con Él.

En la Carta de Santiago, se nos da algo de información acerca de las pruebas:

“Hermanos, considérense afortunados cuando les toca soportar toda clase de pruebas. Esta puesta a prueba de la fe, desarrolla la capacidad de soportar, y la capacidad de soportar debe llegar a ser perfecta si queremos ser perfectos, completos, sin que nos falte nada[Carta de Santiago 1:2-4].

¿No entendemos que la prueba es una oportunidad para crecer? Pues sí: es una oportunidad para aprender. Dios no quiere seguidores part time [a tiempo parcial]. Él no quiere ser considerado un “amigo celestial” en el Cielo. Tampoco quiere que le sigamos por lo que nos da, porque nos hace sentir mejor con nosotros mismos o porque necesitamos “un poco de cielo” en nuestra vida. Él quiere que le sigamos porque Le amamos y queremos conocerlo más para servirle más y mejor.

nuestra vida. Él quiere que le sigamos porque Le amamos y queremos conocerlo más para servirle

Danos HOY el pan de cada día

Durante el ministerio de Jesús en la Tierra, Él sabía que la gente Le seguía por las razones equivocadas y por los motivos equivocados, e intencionalmente hizo cosas y dijo otras que ralearon [depuraron] sus filas. Esto puede ser una sorpresa para nosotros, pero es cierto.

Jesús enseñó a sus discípulos a orar: “Danos hoy nuestro pan de cada día” [Mateo 6:11]. Él no dijo: “Danos nuestro pan para todo el año” ni “Danos el pan para todo el mes”, incluso tampoco dijo “Danos pan para toda la semana”. Él dijo: “Danos hoy nuestro pan de cada día”. Cuando Jesús nos enseñó a orar de esa manera, Él nos estaba mostrando que tenemos que depender de Dios, que tenemos que estar buscando al Señor para proveernos de las cosas que necesitamos.

Pero antes de pedir: RECONOCER Y ALABAR. Porque Jesús oró primero: “Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre, venga a nosotros Tu Reino. Hágase Tu voluntad en la Tierra como en el Cielo” [versículos 9-10].

Antes de pronunciar una palabra de petición personal, hemos de contemplar la grandeza de Dios y permitirnos sumirnos en Él. Probablemente entonces, después de hacer esto, puedas cambiar sobre lo que estás a punto de orar. Al pensar en Dios y en Su Grandeza, podrás ver el problema en perspectiva.

lo que estás a punto de orar. Al pensar en Dios y en Su Grandeza, podrás

En realidad, nosotros perdemos usualmente la dimensión de las cosas. Muchas veces se diluye en nuestra mente lo grande que es Dios y consideramos nuestros problemas fuera de proporción, que son mucho peores de lo que en realidad son.

Lo que tenemos que hacer es poner las cosas en su justa dimensión, y ver cuán grande y cuán poderoso es nuestro Dios. Ello nos ayudará a ver nuestros problemas como lo que son: cosas que se pueden resolver por Dios.

Así que, cuando Dios nos da una prueba, cuando la prueba se te presente, no la trates como a un intruso indeseable: ¡dale la bienvenida como a un amigo! Es una oportunidad para que Dios muestre Su poder en tu vida, es una oportunidad de aprender cosas que necesitas aprender.

es una oportunidad de aprender cosas que necesitas aprender. ¿Y los baches que aparecen en nuestra

¿Y los baches que aparecen en nuestra vida?

Casi la mayoría de nosotros pasamos por esos momentos en nuestra vida en que las cosas se nos trancan, nos suceden situaciones dolorosas y nos cuesta recomponernos. Nos preguntas ¿por qué Dios permite esto? cuando en realidad la pregunta debería ser ¿para qué Dios está permitiendo que me suceda esto?

Estos son los momentos clave para examinar nuestra vida y aprovechar el momento para reencauzarla hacia mejores caminos.

Hay baches en la vida que encontramos en algún tramo de la vida. Un bache significa un agujero, un pozo profundo, un defecto en la carretera, un revés de cualquier tipo; algo que nos detiene; algo que puede causarnos daño, pero también puede hacer que cambiemos nuestro camino y ése puede ser el punto central de los baches.

¿Estás dirigiéndote a Dios por el camino que vas, a la gloria? O por el contrario ¿vas por el camino del mundo, que es siempre destructivo?

El camino del mundo puede parecer suave al principio, pero siempre está lleno de peligros ocultos.

Cada vez que llegamos a la rutina, tenemos que asegurarnos de que nuestro papel no se haya desviado del plan de Dios, de nuestra misión; no es la gloria de este mundo [poder, placeres, popularidad, ensimismamiento, orgullo, glotonería, frivolidad] sino que es el resplandor auténtico y la gloria del Cielo.

Satanás, “el príncipe de este mundo”, seduce como sólo él lo sabe hacer, cegándonos, no podemos ver lo que viene cuando estamos conectados con el mundo y desconectados de Dios. Satanás es “la oscuridad brillando”.

¿Por qué llegamos a los baches?

A veces, por errores que cometemos.

A menudo, por el pecado.

También porque Dios está tratando de detenernos, nos hace pensar, intenta reorientarnos, trata de empujarnos hacia un camino diferente.

Llegamos a una carretera de baches cuando nos hemos desviado del camino, o cuando nos distraemos de lo que es más importante en la vida y no prestamos atención a lo fundamental. Cuantos más baches, más nos vamos a golpear, aunque el diablo esté ocupado en otorgar un cúmulo de lujurias y aparente felicidad en el camino.

Toma tiempo para pensar en los baches en tu vida: cuándo ocurrieron y lo que pueden haber significado entonces.

Más importante aún: mira lo que ellos te indican. Baches grandes, baches pequeños, medianos, significativos o insignificantes; problemas cotidianos; a veces, enfermedad; a veces, una trampa. Nunca es agradable estar yendo bien y de repente, sentir que un neumático revienta contra algo destinado a estar allí. No lo vio venir, o no podía desviarse. Éstos son peores cuando nos estamos moviendo demasiado rápido o nuestros ojos están vagando por ahí. Y cuando nos estamos moviendo demasiado rápido, no nos detenemos a pensar por qué ocurrieron.

Por lo tanto, con demasiada frecuencia nos dirigimos a otros baches más grandes o retornamos y otra vez hacemos lo mismo.

Piensa también en esto: cómo los baches pequeños en tu vida precedieron a los grandes baches. Si no son baches, golpes.

A veces, hay un precipicio [ejemplo: para Juan Pablo II, un

precipicio fue el atentado que sufrió por un disparo de bala; aunque, por supuesto, en un hombre de la calidad de santidad de Karol Wojtyla, podría deducirse que aquel incidente formó parte del plan de Dios para hacerlo santo, ya que al parecer fue elegido desde su nacimiento para el destino que tuvo, como todos los

grandes santos lo fueron].

Durante un tiempo, no será posible que sigas adelante. Pudo haber sido causado por un neumático desinflado, eso podría haber sido un punto de Dios: para pararte en tu ruta y hacer que vuelvas a evaluar dónde estabas y hacia dónde te dirigías.

Los baches nos ponen en “la trilla”: para separar la paja, las ramas y las cosas malas, del trigo; para que evitemos el Purgatorio. Dios no nos juzga por nuestros problemas, sino por la forma como respondemos a ellos. Podría ser una factura que no podemos pagar,

la venta de la casa que se cae a punto de cerrar el trato, un divorcio,

una enfermedad terminal…

A menudo, los pequeños baches se convierten en grandes baches

cuando no se tratan y remedian de inmediato.

¿Qué hacer ante un bache? Corrige tu camino y ejercita el optimismo realista. Puede que ahora no seas capaz de ver a través del agujero profundo, pero recuerda: más allá está la respuesta. No te impacientes, no te desesperes, no dejes de confiar en Dios.

Renuncia al reino de este mundo y conviértete diariamente en Dios. Evita la autocrítica, que no sirve para nada; evita juzgar a los demás y tratar de controlar todo en tu vida y/o en la vida de quienes te rodean.

Si te frustras porque las cosas no van como quieres, sólo estás preparándote para la negatividad, que es una manera de permitir a los demonios invadir tu espacio. Tú no tienes control sobre todas las cosas que te suceden, pero sí tienes control total sobre cómo responderás a ellas; tómalo con calma y perspectiva.

Toma toda esa energía desperdiciada en tratar de forzar la vida para adaptarte a tu percepción de “cómo debería ser”, y canalízala, en lugar de tratar de enfrentar lo que la vida te trae. Fluye con todo, así serás digno a la vista de Dios, porque responderás con serenidad, paz y amor, inteligencia y sabiduría, que son Sus dones.

Muchas personas vienen a la fe en Cristo creyendo que “una varita mágica” se posará sobre ellos y todo estará bien. Pero la genuina sanación y salvación NO funciona de esa manera. Siempre que estás en el camino de Dios, estás viviendo; y quien vive, experimenta temporadas de pruebas, quebrantamientos y remodelaciones de Dios.

Recuerda que él talla diamantes, no cristales, porque somos Su joya. No le des oportunidad a Satanás de hacerte daño, destruir tu confianza en Dios y aniquilar tu fe; no le abras la puerta con tristeza, quejas, reclamos ni peleando con Dios porque nada funciona en tu vida. Cuando Dios nos quebranta, es para nuestro propio bien. Además, es una buena noticia que Él lo haga, pues eso significa que estamos en Su corazón y Él está en el nuestro; ya lo dijo Santa Teresa de Calcuta: “si duele, es amor”.

Dios tiene que sacar toda la escoria y el mal que hay en mí. El proceso NO es agradable, pero Él nos permite pasar por ese tipo de dificultades porque Él sabe que nos bendecirán al final… y nos santificarán… y al Cielo no llega quien no es puro, para hacerse santo en Él y con Él.

Abandonándose totalmente en Él, las pruebas tienen otro sabor Sí, incluso son dulces. ¿¡Cómo?! Muy sencillo:

Dios lo sabe todo de mí

Yo no sé nada

Sabe de dónde vengo, Él me creó Sabe cuándo, dónde y cómo moriré Me conoce mejor que yo a mí mismo Conoce el futuro Me ama incondicionalmente No tengo que hacer nada para que me ame más ni haber hecho algo tan malo para que me ame menos

Yo no Yo no Yo no Yo no Mi amor es humano Yo no amo así

Algunas razones por las que Dios no arregla las cosas inmediatamente Uno de los grandes misterios de la Providencia de Dios: que a menudo deja las cosas sin resolver o sin atención durante mucho tiempo.

A pesar de nuestras fervientes oraciones, a menudo no se precipita

para arreglarlo todo. Y Él tiene Sus razones para ello…

Tal vez es porque a menudo crecemos sólo a través de las luchas. Descubrimos fortalezas que nosotros no sabíamos que teníamos. Por lo general, el sufrimiento madura y trae sabiduría.

Podemos aprender más, viviendo con nuestras preguntas durante un tiempo en lugar de obtener respuestas rápidas.

El sufrimiento puede estimular la creatividad: muchas películas, obras de literatura, pinturas y poemas, son el fruto de la lucha con

el drama de la vida y los conflictos que padecemos.

El sufrimiento a veces fomenta el crecimiento, respondiendo al viejo dicho: “Las cosas crecen por la oposición”. Tal vez si

corriera para resolver las cosas e interviniese con frecuencia, Dios eliminaría la libertad humana, su gran regalo.

Y la libertad humana es necesaria para que seamos verdaderos hijos e hijas, en lugar de esclavos y esclavas. Además, el arreglo de una cosa a menuda afecta otras cosas; el arreglo de un problema a veces conduce a más problemas, o al menos trae consecuencias no deseadas.

Hemos causado una gran cantidad de “daño colateral” en nuestra cultura tratando de arreglar las cosas con demasiada rapidez. Hay misterios en la Providencia de Dios. A pesar de nuestras muchas y aparentemente razonables peticiones de que las cosas se solucionen ¡y rápidamente!, Dios, en su infinita sabiduría, a menudo retrasa y deja las cosas sin resolver.

Él tiene sus razones. Y nosotros deberíamos tener cuidado antes de precipitarnos a intentar arreglar las cosas en nuestra vida o en la vida de otros. El arreglo se requiere, sí, pero procediendo lentamente y con cuidado, siendo muy pacientes y observando bien.

Aprendamos de Dios, que puede arreglarlo todo al instante, pero por lo general no lo hace.

y observando bien. Aprendamos de Dios, que puede arreglarlo todo al instante, pero por lo general
¿Cuál es el momento más importante de la Santa Misa? No es tomar la Sagrada

¿Cuál es el momento más importante de la Santa Misa?

No es tomar la Sagrada Eucaristía, sino AGRADECER AL SEÑOR POR ESE REGALO Y POR TODOS SUS BENEFICIOS. También es un momento en que Le abrimos nuestra vida, Le pedimos por nuestras necesidades y Le hacemos promesas.

Sin embargo, es común que algunos fieles se vayan luego de tomar la Sagrada Eucaristía, antes de que la Misa se haya terminado. Y es aún más común que la mayoría de quienes se quedan en la iglesia hasta el final, se vayan cuando el sacerdote sale del altar. Esto se produce por falta de información: muy pocas personas saben sobre la importancia de la acción de gracias final.

A continuación, por qué es tan importante quedarse en la iglesia en conversación íntima con el Señor, después de comulgar, para una acción de gracias al final de la Santa Misa.

Cómo debemos considerar la Santa Misa

Canto gregoriano “Gloria”:

La Santa Misa es la liturgia que se produce en el Cielo. Cuando participo en ella, me convierto en una pequeña porción del Cielo, junto con la Santísima Virgen María, los Ángeles y los Santos reunidos conmigo alrededor, reverenciando, alabando y glorificando a Dios. Ello me da la posibilidad de poder hablar directamente con Dios como algún día lo haré en el Cielo.

La Misa está directamente unida a la vida y a la misión cristiana. Tanto es así, que la bendición y la despedida final nos envían a divulgar con la palabra y con el ejemplo lo que hemos recibido.

De acuerdo con la instrucción general del Misal Romano, la celebración eucarística tiene 4 partes:

1. Los ritos introductorios

2. La liturgia de la Palabra

3. La liturgia de la Eucaristía

4. Los ritos conclusivos

Por lo tanto, la Santa Misa no termina con la Sagrada Comunión, sino con los ritos de clausura y la bendición final impartida por el sacerdote en nombre de Nuestro Señor. Los ritos de clausura tienen, a su vez, varios momentos:

Anuncios breves

Saludo y bendición del sacerdote

Despedida del pueblo por el diácono o el sacerdote, llamando a volver al mundo haciendo obras buenas y bendiciendo constantemente a Dios

El beso del altar por parte del sacerdote y del diácono

Su salida por el pasillo central

Luego de esto, los fieles se pueden mover. Sin embargo, se ha extendido un mal hábito: irse luego de haber recibido la Sagrada Comunión, con lo cual la participación en la celebración queda inconclusa por parte de quien se retira antes de tiempo. Con retirarse, se pierde un componente fundamental de nuestra vida espiritual: la acción de gracias. Esto sucede porque hubo un tiempo en que la Sagrada Comunión era un gran evento que se hacía sólo una vez al mes; los fieles se preparaban cuidadosamente para esta ocasión excepcional y también para dar gracias por haber tomado la Sagrada Comunión. El que fuera un hecho extraordinario, le hacía parecer como algo solemne que había que abordar con reverencia. Pero luego se instaló la comunión diaria, frecuente, en todas las Misas, lo que fue un gran regalo, pero también produjo costumbre.

La comunión frecuente fue haciéndole perder solemnidad, admiración y gratitud; finalmente, la habituación quitó la necesidad de dar acción de gracias.

Un mensaje que Jesús le dio a Santa Faustina Kowalska nos recuerda la importancia de la acción de gracias:

El Señor quiere que le demos gracias y, a su vez, quiere llenarnos con gracias especiales durante la Santa Misa:

“Deseo unirme con las almas humanas; Mi gran deleite es unirme con las almas”. “Sabed, hija mía, que cuando llego a un corazón humano en la Sagrada Comunión, mis manos están llenas de todo tipo de gracias que quiero darle al alma.

“PERO LAS ALMAS NI SIQUIERA ME PRESTAN ATENCIÓN, Me dejan a Mí y se ocupan de otras cosas. “¡Oh, qué triste es que las almas no reconozcan el Amor! ME TRATAN COMO UN OBJETO MUERTO” [#1385].

el Amor! ME TRATAN COMO UN OBJETO MUERTO” [#1385]. Lo que Jesús advierte es que se

Lo que Jesús advierte es que se ha perdido la visión de recogimiento, entrega y gratitud, la visión de los preciosos momentos para dar gracias luego de la Sagrada Eucaristía. Y los momentos más preciosos suceden luego de la Eucaristía, después de haber ingerido la Sagrada Hostia:

Nuestro corazón y nuestro cuerpo, en ese momento, son pequeños sectores del Cielo, durante un breve cuarto de hora [¡15 minutos!]. Jesucristo, el Hijo de Dios, está con nosotros en Su Fascinante Humanidad y en Su Divinidad. En sangre, cuerpo, alma y divinidad. Yo soy un tabernáculo viviente entonces. Dentro de mí habita el Dios del Cielo y de la Tierra, mi Creador, mi Dios y mi todo. Mi cuerpo se transforma en Templo del Dios encarnado.

La Sagrada Comunión es un momento precioso a solas con nuestro Amigo. Por eso nuestra actitud debe ser de acción de gracias en una simple conversación en la que:

1. Damos la bienvenida a nuestro Amigo Jesucristo

2. Le mostramos nuestro agradecimiento y nuestro amor desde el corazón

3.

Le hacemos sentir lo que más nos preocupa en este momento en particular

4. Ponemos nuestra vida totalmente en Sus Manos

5. Le pedimos que no nos deje, que no permita que nos separemos de Él, que nos acompañe durante el día y durante toda nuestra vida, y le reconfirmamos que confiamos en Él para todo lo que suceda en nuestra vida terrena y para llegar a sus brazos en la vida eterna.

¿Cuánto tiempo lleva esto?

¿Por cuánto tiempo permanece Jesucristo en mi cuerpo, con Su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad? Las especies de pan y vino se convierten en la Sangre y el Cuerpo de Cristo, por el fenómeno de la transubstanciación: cuando el sacerdote realiza la consagración en la Santa Misa, aun permaneciendo bajo las apariencias de pan y vino. Esta presencia de Jesucristo, QUE ES REAL, en las especies, cesa cuando el pan se desintegra y el vino se avinagra: eso sucede en nosotros cuando son disueltas en nuestro estómago. La Presencia de Jesucristo en la Hostia Consagrada consumida, tarda en descomponerse lo que tardan los jugos gástricos en disolverla: no se refiere a la duración de toda la Presencia de Jesucristo en nosotros, sino a SU PRESENCIA FÍSICA EN NOSOTROS.

El Compendio del Catecismo [#285] dice:

“¿Cuánto tiempo dura la Presencia de Cristo en la Eucaristía? La Presencia de Cristo continúa en la Eucaristía MIENTRAS SUBSISTAN LAS ESPECIES EUCARÍSTICAS”. Se estima que este proceso dura entre 10 y 30 minutos; es usual hablar de 15 minutos.

Que cese la Presencia Real, no significa que Jesús se vaya de nosotros: Él permanece en nuestra alma, y nuestra alma permanece en la gracia -no físicamente con Su Cuerpo y Sangre-.

Nosotros somos un lugar de habitación de la Santísima Trinidad en la gracia, pero no sustancial. En definitiva, la digestión es lo que elimina la Presencia física real de Jesucristo en nosotros. Por lo tanto, ello hace que sea un error grave irse de Misa inmediatamente luego de haber tomado la Sagrada Comunión, sin acción de gracias, sin esos 15 minutos [como mínimo] de quedarse a solas con Nuestro Señor. Porque salimos llevando con nosotros mismos la Presencia física de Dios.

Una anécdota de San Felipe Neri, cuenta que uno de sus feligreses devotos que asistían a Misa todos los días, se iba inmediatamente después de recibir la Comunión. El sacerdote resolvió el problema:

pidió a dos monaguillos que caminaran a su lado con sus cirios encendidos hasta la puerta, luego de lo cual él salía de la iglesia y subía a su carruaje. Después de varias veces, el caballero -turbado y avergonzado- le preguntó al sacerdote por qué había ordenado hacer eso; San Felipe Neri le contestó que cuando él salía de la iglesia, Cristo todavía estaba presente en él y Su Sagrada Presencia debía ser honrada con velas encendidas. Obviamente, la explicación personal hizo que el caballero se quedara en acción de gracias por un tiempo después de recibir la Sagrada Eucaristía.

por un tiempo después de recibir la Sagrada Eucaristía. ¿ Qué dicen los Santos y el

¿Qué dicen los Santos y el magisterio de la Iglesia?

Cuando das gracias a Dios en la Santa Misa, obtienes un “anticipo” más profundo del Cielo [CIC 1000].

San José Cottolengo anhelaba tanto esta anticipación de Cielo, que les decía a las Hermanas que hacían las Hostias, que las fabricaran más gruesas para que Jesús permaneciera más tiempo en él y así poder darle gracias por más tiempo.

San Alfonso de Ligorio dijo: “No hay oración más agradable a Dios ni más provechosa para el alma, que la que se realiza durante la acción de gracias después de la Sagrada Comunión”.

Santa María Magdalena di Pazzi decía: “Los minutos que siguen a la Sagrada Comunión son los más preciosos e importantes que tenemos en nuestra vida”.

Santo Tomás de Aquino y el Cardenal Francis Arinze mencionan que debemos practicar la acción de gracias por lo menos durante 10-15 minutos mientras que la “Presencia Real” todavía está dentro de nosotros [CIC 1374].

Santa Teresa de Ávila, Santa Catalina de Sienna, San Pascual, Santa Verónica, San José de Cupertino y Santa Gemma Galgani entraban en éxtasis hasta el punto de levitar inmediatamente después de recibir la Sagrada Comunión.

Estos santos vivían el hacerse uno con Cristo en el sentido más profundo, permitían que sus corazones se fundieran en Su Corazón. Los documentos de la Iglesia y los Papas también recomiendan la acción de gracias:

“Se debe recomendar a los fieles que no omitan hacer una acción de gracias apropiada después de la Comunión. Pueden hacer esto durante la celebración con un periodo de silencio, con un himno, un salmo u otra canción de alabanza; o también después de la

celebración, si es posible quedándose en el templo para orar por un momento”. [Inaestimabile Donum No. 17].

El Papa San Juan XXIII rezaba los misterios gozosos en acción de gracias. El Papa Pablo VI meditaba en silencio y luego rezaba el Oficio Divino. El Papa San Juan Pablo II quedaba en completo silencio. El Papa Benedicto XVI [en “Sacramentum Caritatis”] dice: “El precioso tiempo de acción de gracias después de la Comunión no debe descuidarse, además del canto de un himno apropiado, sino que también puede ser muy útil permanecer en silencio” [#50].

San Juan María Vianney daba un programa de 3 partes para la Acción de Gracias:

1. Permanecer en silencio, como alguien que escucha en silencio y santa expectación, detrás de una puerta, las órdenes de su Maestro.

2. Después de un periodo de amor silencioso, pedir las gracias que deseas para ti y para los demás.

3. Pedir a la Santísima Virgen María, a los Ángeles y a los Santos que agradezcan a Dios contigo.

demás. 3. Pedir a la Santísima Virgen María, a los Ángeles y a los Santos que

San Juan Crisóstomo afirma:

“Cuando una persona ha comido algo delicioso en un banquete, tiene cuidado de no poner nada amargo en la boca inmediatamente después, por temor a que pierda el sabor de tales delicadezas. De la misma manera, cuando hemos recibido el Precioso Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, debemos cuidarnos de no perder Su Sabor Celestial al volvernos demasiado pronto a los asuntos y a las preocupaciones del mundo”.

El padre Lallemant [gran escritor espiritual] dice:

“No acorten el tiempo asignado a la acción de gracias después de la comunión, que, bien hecho, puede reparar mucho de lo que es defectuoso en nuestras penitencias”.

El padre Garrigou-Lagrange [dominico teólogo y filósofo] dice:

“Varias almas nos han hablado del dolor que sienten cuando ven que, en ciertos lugares, casi todo el cuerpo de fieles abandona la iglesia inmediatamente después del final de la Santa Misa, durante la cual han recibido la Sagrada Comunión. Esta costumbre, además, se está volviendo general incluso en muchos colegios e institutos católicos, donde anteriormente los estudiantes que habían recibido la Sagrada Comunión permanecían en la capilla unos 10 minutos después de la Misa, adquiriendo el hábito de dar gracias, un hábito que es el mejor de todos los hábitos cristianos”. “En la Comunión, recibimos un regalo muy superior a la cura milagrosa de una enfermedad física; recibimos al Autor de la Salvación y un aumento de la vida de gracia, que es la semilla de la gloria o de la vida eterna.

Recibimos un aumento de la caridad, la más elevada de las virtudes, que vivifica y anima a todas las demás, y es el principio mismo del mérito. “A menudo, Cristo daba gracias a Su Padre por todos Sus beneficios, en particular por el de la Encarnación Redentora; con toda Su alma agradecía a Su Padre, por haber revelado Su misterio a los pequeños, no a los sabios ni a los ricos. En la Cruz, Le dio las gracias al pronunciar Su Consummatum est. En el Sacrificio de la Santa Misa, de la cual Él es el Sacerdote principal, Jesucristo no deja de agradecerle”.

Sacerdote principal, Jesucristo no deja de agradecerle”. ¿ Qué supone la Acción de Gracias, después de

¿Qué supone la Acción de Gracias, después de la Sagrada Comunión?

Un acto de fe en las palabras de Jesús: “Esto es mi cuerpo, esta es mi sangre, haced esto en conmemoración mía”.

Un acto de gratitud por este gran regalo de Jesucristo, dándose a Sí mismo como fuente de todos los dones y las bendiciones.

Un acto de amor en respuesta al amor abrumador de Dios.

La comprensión de que Dios está presente en nuestro corazón.

La comprensión de que el Salvador instituyó la Sagrada Comunión por su deseo de estar para siempre con nosotros.

La comprensión de que Dios Padre está mirando el alma de cada uno de nosotros después de la Sagrada Comunión, buscando nuestro amor.

Estas cosas nos llevan a transmitirle, en oración, nuestro amor, fe y gratitud.

Este acto de agradecimiento puede dividirse en 5 partes:

Darle gracias al Salvador: le agradecemos por todo lo que ha hecho por nosotros; reconocemos que nuestra vida ha sido una sucesión de regalos amorosos de Él; reconocemos nuestras alegrías y cuando Él nos devolvió la gracia en la confesión; Le agradecemos por nuestra familia, trabajo, amigos, salud, por ser parte de la Iglesia, por tener fe; sería bueno recordar algún favor recibido recientemente en forma personal o algún favor recibido por un familiar o amigo, o dado al mundo y a la Iglesia.

Expresar nuestro pesar sincero y arrepentimiento de corazón por nuestros pecados: decirle “lo siento”; reconocer que a pesar de Su gran generosidad hacia nosotros, somos conscientes de que hemos sido ingratos, pecaminosos y descorteses con Él; reconocer que hemos pecado de mente, corazón y hechos; que la Presencia del Reino de Dios en la Tierra se ha retrasado por eso; que hemos comprometido nuestra propia salvación debido a nuestros pecados; es recomendable ser específico también, pidiendo perdón por algún pecado específico, incluso realizado en el pasado y ya perdonado por el confesor; y pedir perdón por los pecados habituales en el mundo y/o en nuestra familia.

Pedirle lo que necesitamos, pero poniéndolo bajo Su voluntad: contarle lo que pasa por nuestro corazón, las dificultades, los tropiezos que nos parecen insalvables, las tentaciones, las decisiones que tenemos que tomar, el trabajo

que tenemos que hacer, las opciones que tenemos; PORQUE ES NUESTRO AMIGO Y ESTAMOS HABLANDO CON NUESTRO AMIGO ÍNTIMO MÁS IMPORTANTE, decirle que necesitamos Su consejo, Su dirección, Su ayuda y que nos dé fortaleza; estamos ante nuestro mejor Amigo y mejor Consejero, preguntarle qué debemos hacer y cómo debemos hacerlo -porque queremos hacer bien las cosas de acuerdo con lo que Él decida-; ir a lo concreto, al grano: plantearle la tentación que tienes, el problema que se te presenta ahora y cómo superarlo, también lo relacionado con tus seres queridos; discute con Él los problemas del trabajo y la familia, las dudas que tengas y los inconvenientes que ves.

Hablar de los temas que nos preocupan y pedir Su paz:

Le recordamos que Él nunca rechazó nuestros pedidos, que siempre ha sido generoso y por ello estamos agradecidos, que somos débiles pecadores necesitados en alma y cuerpo de Su Presencia y de Su Amor; que Él, infinitamente rico y poderoso, nos ama y es capaz de darnos cosas para nuestro bien, porque nos conoce mejor que a nosotros mismos; pedirle paz, Su paz, que es perfecta; recordarle que Él sabe mejor que nosotros lo que necesitamos en forma persona, para nuestros familiares y amigos, para la Iglesia y para el mundo. Especialmente, le pedimos fortaleza contra las tentaciones, una unión más estrecha con Él, más fe y esperanza, más virtud. Procedemos a pedirle algún favor específico para nosotros [SIEMPRE QUE SEA TU VOLUNTAD, SEÑOR], para nuestros seres queridos, para la Iglesia y para el mundo.

Prometerle cosas concretas y sencillas: “yo te prometo…”; ya reconociste que eres pecador, que te comportaste en forma decepcionante, pero que la luz y la fuerza de la Sagrada Comunión te dan esperanza para el futuro; manifiestas tu intención de no fallar de vuelta y de tener el coraje, la templanza y la fortaleza para hacerlo mejor ahora; prometes de corazón evitar las ocasiones de pecado y que le

ofrecerás todas las acciones diarias. En forma concreta, le prometes algo con respecto a algún pecado o a una tentación frecuente. EN TODO ESTE PROCESO DE ACCIÓN DE GRACIAS, NO OLVIDES A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA:

nadie se preparó como Ella para la venida de Cristo, nadie Lo amó humanamente como Ella y nadie cumplió lo que Él quería como Ella. Y A NADIE JESUCRISTO CUMPLE SUS DESEOS COMO A ELLA.

COMO A ELLA. https://www.youtube.com/watch?v=TVA6dbIIaLE Oh, buen Jesús, yo creo firmemente que por mi bien estás

Oh, buen Jesús, yo creo firmemente que por mi bien estás en el Altar, que das Tu Cuerpo y Sangre juntamente al alma fiel en celestial manjar, al alma fiel en celestial manjar. [BIS] Indigno soy, confieso avergonzado, de recibir la Santa Comunión. Jesús, que ves mi nada y mi pecado, prepara Tú mi pobre corazón, prepara Tú mi pobre corazón. [BIS]

Pequé, Señor, ingrato Te he ofendido infiel Te fui, confieso mi maldad. Me pesa ya, ¡perdón, Señor, te pido! Eres mi Dios, apelo a Tu Bondad, Eres mi Dios, apelo a Tu bondad.

Sor Lucía de Fátima y el Santo Rosario

apelo a Tu bondad. Sor Lucía de Fátima y el Santo Rosario Las razones de Sor

Las razones de Sor Lucía de Fátima para NO DEJAR DE REZAR EL ROSARIO A DIARIO

Lucía de Fátima para NO DEJAR DE REZAR EL ROSARIO A DIARIO Sor Lucía Dos Santos,

Sor Lucía Dos Santos, una de las tres videntes de Fátima, dio varias razones para rezar el Santo Rosario todos los días.

Están consignadas en el libro escrito por la Sierva de Dios -fallecida en 2005-, “Llamadas del Mensaje de Fátima”. En éste, recuerda que la Madre de Dios hizo esta invitación desde su primera aparición en Fátima [Portugal] el 13 de mayo de 1917. “Reza el Rosario todos los días, para obtener la paz para el mundo y el final de la guerra”, alentó la Santísima Virgen en Su mensaje inicial.

Aquí, las razones de Sor Lucía de Fátima:

1. Se adapta a las posibilidades de cada uno: Sor Lucía dice que Dios es un Padre “que se adapta a las necesidades y posibilidades de Sus hijos”; porque “si Dios, por medio de Nuestra Señora, nos hubiera pedido que fuéramos a Misa y recibiéramos la Sagrada Comunión todos los días, sin duda habría habido muchísimas personas que hubieran dicho con toda razón que eso no era posible para ellas”. Sin embargo - sostiene Sor Lucía- “rezar el Rosario es algo que todos pueden hacer, ricos y pobres, sabios e ignorantes, grandes y pequeños, en cualquier lugar donde se encuentren, en común o en privado, y en diferentes momentos del día y de la vida”.

2. Nos pone en contacto familiar con Dios: Sor Lucía indica que la oración del Rosario “sirve para ponernos en contacto con Dios, agradecerle por Sus beneficios y pedir las gracias que necesitamos”. “Es la oración que nos pone en contacto familiar con Dios, como el hijo que acude a su padre para agradecerle por los regalos que ha recibido de él, para hablar con él sobre preocupaciones especiales, para recibir su guía, su ayuda, su apoyo y su bendición”.

3. Es la oración más agradable que podemos recitar después de la Santa Misa: Sor Lucía afirma que después de la Santa Misa, rezar el Rosario -teniendo en cuenta su origen, las oraciones que contiene y los misterios que se meditan- “es la oración más agradable que podemos ofrecer a Dios y la más ventajosa para nuestras propias almas”.

“Si ese no fuera el caso -dice la Sierva de Dios- Nuestra Señora no lo habría pedido con tanta insistencia”.

4. Las cuentas del Santo Rosario ayudan a cumplir nuestros ofrecimientos diarios: Sor Lucía aclara respecto al número de oraciones en el Rosario que “necesitamos contar, para tener una idea clara y vívida de lo que estamos haciendo, y para saber positivamente si hemos completado o no lo que habíamos planeado ofrecer a Dios cada día, para preservar y mejorar nuestra relación de intimidad con Dios y por este medio, preservar y mejorar en nosotros mismos nuestra fe, esperanza y caridad”.

5. Ayuda a recibir mejor la Sagrada Eucaristía: en su libro, la vidente de Fátima asegura que “se puede considerar el rezo del Rosario como una forma de prepararse para participar mejor en la Eucaristía, o como acción de gracias” después de haber recibido el Cuerpo de Cristo. Y agrega que, si bien se pueden usar muchas oraciones excelentes para prepararse a recibir a Jesús en la Sagrada Eucaristía y preservar nuestra relación íntima con Dios, ella no cree que haya “una más apropiada para la gente, en general, que la oración de los 5 ó 15 Misterios del Santo Rosario”.

6. Preserva las virtudes teologales: “Dios y Nuestra Señora saben mejor que nadie lo que es más apropiado para nosotros y lo que más necesitamos; además, el Rosario será un medio poderoso para ayudarnos a preservar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad”, sostiene Sor Lucía.

7. Evita caer en el materialismo: la hermana Lucía va directamente al grano y asegura que “aquellos que dejan de decir el Rosario y no van a la Santa Misa diaria, no tienen

nada que los sustente… y terminan por perderse en el materialismo de la vida terrenal”.

Poderosas citas de Sor Lucía sobre Fátima

terrenal”. Poderosas citas de Sor Lucía sobre Fátima  {Rosario} “Cuando los enamorados se encuentran,

{Rosario} “Cuando los enamorados se encuentran, pasan horas seguidas repitiendo la misma cosa: ¡Te amo! Lo que les falta a los que hallan monótona la oración del Rosario. Es Amor, Amor puro, y todo lo que no está hecho por amor no tiene valor”.

“La Santísima Virgen, en estos últimos tiempos que estamos viviendo, ha dado una nueva eficacia al rezo del Santo Rosario, de tal manera que ahora no hay problema, por más difícil que sea -temporal o sobre todo espiritual- que se refiera a la vida personal de cada uno de nosotros, de nuestras familias, o de la vida de los pueblos y las naciones, que no podamos resolver con el rezo del Santo Rosario”.

“Dado que todos tenemos necesidad de rezar, Dios nos pide diariamente una oración que está a nuestro alcance: LA ORACIÓN DEL SANTO ROSARIO, que tanto se puede hacer en común como en particular, tanto en la iglesia delante del Santísimo como en casa en familia o a solas, tanto por el camino yendo de viaje como en un tranquilo paseo por el campo. La madre de familia puede rezar mientras mece la cuna de su hijo o trata del arreglo de la casa. Nuestro día tiene 24 horas, ¡no será mucho reservarse un cuarto de hora para la vida espiritual, para nuestro trato íntimo y familiar con Dios!”.

{Sacrificios diarios} “El soportar el sacrificio que nos corresponde en nuestro día a día se vuelve un martirio lento que nos purifica y eleva hacia lo sobrenatural, para el encuentro de nuestra alma con Dios, en esa atmósfera de la Presencia de la Santísima Trinidad en nosotros. Se encuentra aquí ¡una riqueza espiritual incomparable!”.

{Mensaje de Fátima} “El infierno es una realidad. Es un fuego sobrenatural y no físico, y no puede ser comparado al fuego que arde, de madera o de carbón (…) Continúen predicando sobre el infierno, porque Nuestro Señor mismo habló del infierno y está en las Sagradas Escrituras. Dios no condena a nadie al infierno. Dios dio a los hombres la libertad de escoger, y Dios respeta esa libertad humana”.

libertad de escoger, y Dios respeta esa libertad hum ana”.  {Mensaje de Fátima} “Os ruego

{Mensaje de Fátima} “Os ruego que no miréis hacia esta comunicación como hacia una cosa venida de mí misma, sino que ella sea para vosotros el eco de la voz de Dios y que, animados de buena voluntad, nos esforcemos todos por seguir con fidelidad el camino que ella nos traza. Sí, porque fue por amor que Dios nos envió esta apremiante llamada de Su Misericordia, para ayudarnos en el camino hacia nuestra salvación”.

{El fin de los tiempos} “La batalla final entre el Señor y el reino de satanás será acerca del MATRIMONIO y de LA FAMILIA. No teman, porque cualquiera que actúe a favor de la santidad del matrimonio y de la familia, siempre será combatido y enfrentado en todas las formas, porque éste es el punto decisivo. Sin embargo, Nuestra Señora ya ha aplastado su cabeza”.

{La visión del infierno; Nuestra Señora les dijo} “Visteis el infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a Mi Inmaculado Corazón. Si se hace lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra pronto terminará. Pero si no dejan de ofender a Dios, en el pontificado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a Mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los Primeros Sábados. Si se atienden mis deseos, Rusia se convertirá y habrá paz…”.

Explicación del Apocalipsis a Sor María Jesús de Ágreda

Explicación del Apocalipsis a Sor María Jesús de Ágreda María Jesús de Ágreda , conocida como

María Jesús de Ágreda, conocida como “La Dama Azul de los indios”, evangelizó Nuevo México en bilocación. [Azul, por alusión a su hábito]. Nacida en 1602 y fallecida en 1665, Sor María Jesús era conocida en España por su santidad de vida y sus penitencias, éxtasis y levitaciones. Dos años antes de su evangelización en bilocación, había profesado en el convento de Ágreda [Soria], del que en 1627 fue nombrada Priora.

En 1622, una expedición de 26 franciscanos dirigida por fray Alonso de Benavides, se adentró en el territorio de Nuevo México para llevar el Evangelio a los apaches, navajos, comanches y xumanas; esperaban encontrar la hostilidad que ya les había costado la vida a otros religiosos, sin embargo se vieron recibidos “con grandes demostraciones de devoción y alegría, y hallaron a los indios tan

bien catequizados, que, sin otra instrucción, pudieron bautizarlos”, cuenta fray José Jiménez Samaniego, general de la Orden Franciscana, años después de los hechos. Habían sido enseñados por esta misteriosa “Dama Azul”, quien siguió haciéndolo durante años y a quien, con el tiempo, los frailes terminaron identificando como Sor María Jesús de Ágreda; cuando en la iglesita de Isleta los frailes mostraron a los indios diversos retratos de monjas, todos sin excepción señalaron espontáneamente a Sor María Jesús como ´la mujer joven y hermosa vestida de azul que nos habló de Dios´.

En varias visiones, a María Jesús le fue explicado el Libro del Apocalipsis.

EXPLICACIÓN DEL CAPÍTULO 12 DEL APOCALIPSIS 94. La letra de este capítulo dice: “Apareció en el Cielo una gran señal, una mujer cubierta del sol y debajo de sus pies la luna y una corona de doce estrellas en su cabeza; y estaba preñada, y pariendo daba vocees, y era atormentada para parir. Y fue vista otra señal en el cielo, y viose un dragón grande rojo, que tenía siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en sus cabezas…”. Y sucedió una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles peleaban con el dragón y sus ángeles; y no prevalecieron y de allí en adelante no se halló lugar suyo en el cielo. Y fue arrojado aquel dragón, serpiente antigua que se llama diablo y Satanás, que engaña a todo el orbe; y fue arrojado en la Tierra y sus ángeles fueron enviados con él. Y oí una gran voz en el cielo que decía:

Ahora ha sido hecha la salud y la virtud, y el reino de nuestro Dios y la potestad de su Cristo; porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, que los acusaba ante nuestro Dios de día y de noche. Y ellos le han vencido por la sangre del Cordero y palabras de sus testimonios, y pusieron sus almas hasta la muerte. Por eso, os alegrad, cielos, y los que habitáis en ellos. ¡Ay de la tierra y del mar, porque a vosotros ha bajado el diablo, que tiene grande ira, sabiendo que tiene poco tiempo! Y después de que vio cómo el dragón era arrojado a la Tierra, persiguió a la mujer, que parió el hijo varón; y fuéronle dadas a la mujer alas de una grande águila, para que volase al

desierto, a su lugar, donde es alimentada por tiempos y tiempos, y la mitad del tiempo fuera de la cara de la serpiente. Y la mujer arrojó el dragón de su boca. Y el dragón se indignó contra la mujer y fuese para hacer guerra a los demás de su generación, que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.

95. Hasta aquí es la letra del Evangelista. Y habla de presente, porque entonces se le mostraba la visión de lo que ya había pasado, y dice que apareció en el cielo una gran señal… una mujer cubierta de sol… Esta señal apareció verdaderamente en el cielo por voluntad de Dios, que se la propuso manifiesta a los ángeles buenos y malos, para que a su vista determinasen sus voluntades a obedecer los preceptos de su beneplácito; y así la vieron antes que los ángeles buenos se determinasen al bien y los malos al pecado; y fue como señal; y fue como señal de cuán admirable había de ser Dios en la fábrica de la humana naturaleza.

Y aunque de ella les había dado a los ángeles noticia, revelándoles el misterio de la unión hipostática 1 , pero quiso manifestársela por diferente modo en pura criatura y en la más perfecta y santa que, después de Cristo nuestro Señor, había de criar. Y también fue como señal para que los buenos ángeles se asegurasen que, por la desobediencia de los malos, aunque Dios quedaba ofendido, no dejaría de ejecutar el decreto de crear a los hombres; porque el Verbo humanado y aquella mujer Madre suya, le obligarían infinito más que los inobedientes ángeles podían desobligarle.

Fue también como “arco en el cielo”, para asegurarse que si los hombres pecasen como los ángeles y fuesen inobedientes, no serían castigados como ellos, sin remisión, pero que les daría saludable medicina y remedio por medio de aquella maravillosa señal.

1 La unión hipostática es un término técnico que designa la unión de las dos naturalezas, divina y humana, que en la teología cristiana se atribuye a la persona de Jesús. De esta manera, Cristo es Dios en la carne (Casiodoro de Reina; Cipriano de Valera (1909).

Y fue como decirles a los ángeles: No castigaré yo de esta manera a

las creaturas que he de crear, porque de la naturaleza humana descenderá esta mujer en cuyas entrañas tomará carne mi Unigénito, que será el restaurador de mi amistad y apaciguará mi justicia, y abrirá el camino de la felicidad que cerrará la culpa.

96. En testimonio de esto, el Altísimo, a la vista de aquella señal, después que los ángeles inobedientes fueron castigados, se mostró a los buenos ángeles como desenojado y aplacado de la ira que la soberbia de Lucifer le había ocasionado; y a nuestro entender, se recreaba con la presencia de la Reina del Cielo, representada en aquella imagen de hermosa mujer; dando a entender a los ángeles santos que pondría en los hombres, por medio de Cristo y Su Madre, la gracia y los dones que los apóstatas, por su rebeldía, habían perdido.

Tuvo también otro efecto aquella gran señal en los ángeles buenos, que como de la porfía y contienda con Lucifer estaban como afligidos y contristados, y casi turbados, quiso el Altísimo que, con

la vista de aquella señal, se alegrasen; y con la gloria esencial, se les

acrecentase este gozo accidental, merecido también con su victoria

contra Lucifer [¿Quién como Dios?, San Miguel Arcángel] y viendo aquella vara de clemencia que se les mostraba en señal de paz, conociesen luego que no se entendía con ellos la ley del castigo, pues habían obedecido a la Divina Voluntad y a sus preceptos.

Entendieron, así mismos, los santos ángeles en esta visión mucho de los misterios y sacramentos de la Encarnación que en ella se encerraban, y de la Iglesia militante y sus miembros, que habían de asistir y ayudar al linaje humano, guardando a los hombres y defendiéndolos de sus enemigos y encaminándolos a la eterna felicidad, y que ellos mismos la recibían por los merecimientos del Verbo humanado; y que los había preservado Su Majestad en virtud del mismo Cristo, previsto en Su Mente Divina.

97. Y como todo esto fue de grande alegría y gozo para los ángeles

buenos, fue también de grande tormento para los ángeles malos, y como principio y parte de su castigo -que luego conocieron- de lo que no se habían aprovechado, y de aquella Mujer que los había de vencer y quebrantar la cabeza. Todos estos misterios, y muchos que no puedo explicar, comprendió el evangelista en este capítulo y más en esta señal grande; aunque lo refiere en oscuridad y enigma, hasta que llegase el tiempo.

98. El sol, de que dice estaba cubierta la Mujer, es el Sol verdadero

de justicia; para que los ángeles entendiesen la voluntad eficaz del

Altísimo, que siempre quería y determinaba asistir por gracia en esta Mujer, hacerla sombra y defenderla con Su invencible brazo y protección. Tenía debajo de los pies la Luna, porque en la división que hacen estos dos planetas del día y de la noche, la noche de la culpa, significada en l Luna, había de quedar a sus pies; y el Sol, que es el día de la gracia, había de vestirla toda eternamente; y también, porque los menguantes de la gracia, que tocan a todos los mortales, habían de estar debajo de los pies y nunca podrían subir al cuerpo y alma, que siempre habían de estar en crecientes sobre todos los hombres y ángeles; y sola Ella había de ser libre de la noche y menguantes de Lucifer y de Adán, que siempre los hollaría, sin que pudiesen prevalecer contra Ella.

Y como vencidas todas las culpas y fuerzas del pecado original y actual, se las pone el Señor en los pies, en presencia de todos los ángeles, para que los buenos la conozcan y los malos teman a esta Mujer aun antes que tenga ser.

99. La corona de doce estrellas, claro está, son todas las virtudes

que habían de coronar a esta Reina de los cielos y la tierra; pero el

misterio de ser doce fue por las doce tribus de Israel, adonde se reducen todos los efectos y predestinados, como los señala el evangelista en el capítulo 7 del Apocalipsis. Y porque todos los dones, gracias y virtudes de todos los escogidos habían de coronar

a su Reina en grado superior y eminente exceso, se le pone la corona de doce estrellas sobre su cabeza.

100. Estaba preñada, porque en presencia de todos los ángeles, para

alegría de los buenos y castigo de los malos que resistían a la divina voluntad y a estos misterios, se manifestase que toda la Santísima Trinidad había elegido a esta maravillosa mujer por Madre del Unigénito del Padre. Y como esta dignidad de Madre del Verbo era la mayor, principio y fundamento de todas las excelencias de esta gran Señora y de esta señal, por eso se les propone a los ángeles como depósito de toda la Santísima Trinidad, en la divinidad y persona del Verbo humanado; pues, por la inseparable unión y existencia de las personas por la Indivisible Unidad, no pueden dejar de estar todas tres personas donde está cada una, aunque sola la del Verbo era la que tomó carne humana y de ella sola estaba preñada.

101. Y pariendo, daba voces; porque, si bien la dignidad de esta Reina y este misterio había de estar al principio encubierto, para que Dios naciese pobre y humilde y disimulado, después dio este parto tras grandes voces, que el primer eco hizo turbar y salir de sí al rey Herodes y a los Magos, que obligó a desamparar sus casas y patrias para venir a buscarle. Unos corazones se turbaron y otros, con afecto interior, se movieron. Y creciendo el fruto de este parto, desde que fue levantado en la Cruz, dio tan grandes voces que se han oído desde el oriente al poniente y desde el septentrión al mediodía. Tanto se oyó la voz de esta Mujer, que dio, pariendo, la Palabra del Eterno Padre.

102. Y era atormentada para parir. No dice esto porque había de

parir con dolores, que esto no era posible en este parto divino, sino

porque fue gran dolor y tormento para esta Madre que, en cuanto a la humanidad, saliese del secreto de su virgíneo vientre Aquel cuerpecito divinizado, para padecer; y sujeto a satisfacer al Padre, por los pecados del mundo, y pagar lo que no había de cometer.

Que todo esto conocería y conoció la Reina, por la ciencia de las Escrituras; y, por el natural amor de tal Madre a tal Hijo, naturalmente lo había de sentir, aunque conforme con la voluntad del Eterno Padre. También se comprende en este tormento, el que había de padecer la Madre piadosísima conociendo los tiempos que había de carecer de la Presencia de Su Tesoro, desde que saliese de su tálamo virginal; que si bien, en cuanto a la divinidad le tenía concebido en el alma, pero en cuanto a la humanidad santísima había de estar mucho tiempo sin Él y era Hijo sólo suyo.

Aunque el Altísimo había determinado hacerla exenta de la culpa, pero no de los trabajos y dolores correspondientes al premio que le estaba aparejado. Y así fueron los dolores de este parto, no efectos del pecado como en las descendientes de Eva, sino del intenso y perfecto amor de esta Madre Divina a Su único y santísimo Hijo. Y todos estos sacramentos fueron para los santos ángeles motivo de alabanza y admiración, y para los malos fueron principio de su castigo.

103. [Dragón grande y rojo que tenía siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en sus cabezas; y con la cola, arrastraba la tercera parte de las estrellas del Cielo y las arrojó en la Tierra] Después de lo que está dicho, se siguió el castigo de Lucifer y sus aliados. Porque a sus blasfemias contra aquella señalada Mujer, se siguió la pena de hallarse convertido de ángel hermosísimo en dragón fiero y feísimo, apareciendo también la señal sensible y exterior figura. Y levantó con furor siete cabezas, que fueron siete legiones o escuadrones, en que se dividieron todos los que le siguieron y cayeron; y a cada principado o congregación de éstas, le dio su cabeza, ordenándoles que pecasen y tomasen por su cuenta incitar y mover a los siete pecados mortales -que comúnmente se llaman CAPITALES-, porque en ellos se contienen los demás pecados, y son como cabezas de los bandos que se levantan contra Dios: estos son soberbia, envidia, avaricia, ira, lujuria, gula y pereza; que fueron las siete diademas con que Lucifer, convertido en dragón, fue coronado, dándole el Altísimo este castigo.

Y habiéndolo negociado él, como premio de su horrible maldad,

para sí y para sus ángeles confederados, que a todos fue señalado castigo y penas correspondientes a su malicia y de haber sido

autores de los siete pecados capitales.

104. Los diez cuernos de las cabezas son los triunfos de la iniquidad

y malicia del dragón, y la glorificación y exaltación arrogante y vana

que él se atribuye a sí mismo en la ejecución de los vicios. Y con estos depravados afectos, para conseguir el fin de su arrogancia ofreció a los infelices ángeles su depravada y venenosa amistad y fingidos principados, mayorías y premios. Y estas promesas, llenas de bestial ignorancia y error, fueron la cola con que el dragón arrastró la tercera parte de las estrellas del Cielo; que los ángeles, estrellas eran, y si perseveraran lucieran después con los demás ángeles y justos como el Sol, en perpetuas eternidades. Pero arrojólos el merecido castigo en la Tierra de su desdicha, hasta el centro de ella, que es el infierno, donde carecerán eternamente de luz y de alegría.

105. El dragón estuvo delante de la Mujer, para tragarse al Hijo que

pariese. La soberbia de Lucifer fue tan desmedida, que pretendió poner su trono en las alturas y con sumo desvanecimiento dijo en presencia de aquella señalada Mujer: Ese hijo que ha de parir esa mujer, es de inferior naturaleza a la mía; yo le tragaré y perderé, y contra él levantaré bando que me siga; y sembraré doctrinas contra sus pensamientos y leyes que ordenare; y le haré perpetua guerra y contradicción.

Pero la respuesta del Altísimo Señor fue, que aquella Mujer había de parir un hijo varón que había de regir las gentes con vara de hierro. Y este varón, añadió el Señor, será no sólo Hijo de esta Mujer, sino también Hijo mío, hombre y Dios verdadero, y fuerte, que vencerá tu soberbia y quebrantará tu cabeza.

Será para ti y para todos los que te oyeren y siguieren, juez poderoso que te mandará con vara de hierro, y desvanecerá todos tus altivos y vanos pensamientos. Y será este Hijo arrebatado a Mi Trono, donde se asentará a Mi Diestra, y juzgará, y le pondré a sus enemigos por peana de sus pies para que triunfe sobre ellos; y será premiado como hombre justo; y que, siendo Dios, ha obrado tanto por sus criaturas; y todos Le conocerán y darán reverencia y gloria. Y tú, como el más infeliz, conocerás cuál es el día de la ira del Todopoderoso; y esta Mujer será puesta en la soledad, donde tendrá lugar aparejado por Mí.

Esta soledad adonde huyó esta Mujer, es la que tuvo nuestra gran Reina, siendo única y sola en la suma santidad y exención de todo pecado; porque, siendo mujer de la común naturaleza de los mortales, sobrepujó a todos los ángeles en la gracia y dones y merecimientos que con ellos alcanzó. Y así, huyó y se puso en una soledad entre las puras criaturas, que es única y sin semejante en todas ellas; y fue tan lejos del pecado esta soledad, que el dragón no pudo alcanzarla de vista, ni desde su concepción la pudo divisar.

Y así la puso el Altísimo sola y única en el mundo, sin

subordinación a la serpiente, antes con aseguración y como firme protesta determinó y dijo: Esta mujer, desde el instante que tenga ser, ha de ser Mi escogida y única para Mí; yo la eximo desde ahora de la jurisdicción de sus enemigos y le señalo un lugar de gracia eminentísimo y solo, para que allí la alimenten mil doscientos y

sesenta días. Este número de días, había de estar la Reina del Cielo en un estado altísimo de singulares beneficios interiores y espirituales, y mucho más admirables y memorables; y esto fue en los últimos años de su vida, como en su lugar con la Divina Gracia.

Y en aquel estado fue alimentada tan divinamente, que nuestro

entendimiento es muy limitado para conocerlo.

Y porque estos beneficios fueron como fin adonde se ordenaban los

demás de la vida de la Reina del Cielo y el remate de ellos, por eso fueron señalados estos días determinadamente por el evangelista.