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ARTE PRERROMÁNICO - IGLESIA DE SAN JULIÁN DE LOS PRADOS

(Alta Edad Media. Arte Asturiano. Etapa Prerramirense)

Obra/Título: Iglesia de San Juliaá n de los Prados.


Autor: Anoá nimo. Construido en tiempos del rey astur, Alfonso II el Casto.
Cronología: 812-842 d.C.
Periodo: Arte Prerromaá nico
Tendencia de la obra/Estilo: Alta Edad Media. Arte Asturiano. Etapa Prerramirense. Siglo IX
Técnica/Soporte: Obra arquitectoá nica de planta basilical formada por tres naves de tres tramos cada una, separadas por
grandes pilares cuadrados que sostienen arcos de medio punto con dovelaje de ladrillo. Los arcos se apoyan en cimacios y los
pilares descansan sobre basas cuadradas. La nave central es maá s ancha y alta que las laterales. Transepto y la cabecera recta
tripartita.
Descripción: Se trata de la iglesia prerromaá nica de San Juliaá n de los Prados es el maá s antiguo y mayor de los edificios
prerromaá nicos que auá n se conservan. Construida durante el reinado de Alfonso II el Casto (791-842), fue dedicada a San
Juliaá n y su esposa Santa Basilisa. En el anñ o 896 fue donada a la catedral de Oviedo junto ''con sus palacios, banñ os y triclinios''
por Alfonso III el Magno. Consta de planta basilical latina de tres naves, crucero formado por una gran nave transversal,
cabecera tripartita con tres capillas cuadradas cubiertas con boá vedas de canñ oá n, poá rtico a los pies y cuartos laterales. En el
interior, las naves estaá n separadas por arcos de medio punto sobre pilares cuadrados. La nave central estaá separada de la
transversal por un arco toral a cuyos lados hay dos huecos con arco de piedra. Las naves y el crucero se cubren con armadura
de madera, mientras que en las capillas se emplea boá veda de canñ oá n. Sobre la capilla central se encuentra un recinto con
acceso desde el exterior a traveá s de una ventana ajimezada con tres arquillos de ladrillo sobre dos pequenñ as columnas de
maá rmol. Destacan las pinturas que decoran el estuco que revocaba todo el interior de los muros y de las boá vedas, que derivan
de motivos ornamentales romanos, asíá como la arqueríáa ciega que recorre el aá bside central, y las celosíáas que cierran los
huecos (solamente una es original). Construida a base de mamposteríáa de piedras pequenñ as con sillares en las esquinas, tiene
planta basilical de tres naves separadas por arcos de medio punto en ladrillo sobre pilares cuadrados, con tres aá bsides poá rtico
a los pies y una gran nave de transepto, tan ancha y de mayor altura que la nave central, que tiene adosados un
compartimento a cada lado. Esta nave estaá separada de la central por un muro en el que se abren un arco de triunfo y
dos ventanas, estructura que nos recuerda una caracteríástica que ya encontramos en la fase de transicioá n visigoda: la
buá squeda de una forma de utilizar plantas basilicales anñ adiendo alguá n tipo de transepto, necesario por las caracteríásticas del
culto en esa eá poca. Su planta basilical, el poá rtico de entrada, la carencia de torre de crucero, la buá squeda de una forma de
separar las naves de la cabecera mediante un crucero atíápico e incluso la sensacioá n de horizontalidad que produce la relacioá n
de su anchura respecto a su altura, hacen que esta iglesia, aunque con grandes diferencias como la utilizacioá n de pilares en
los arcos de separacioá n de las naves y la forma del crucero y la cabecera, nos recuerde a San Juan de Banñ os y nos haga pensar
en coá mo consideraríáamos la relacioá n entre el arte asturiano y el visigodo si conocieá ramos algunos de los monumentos
que existieron en las grandes ciudades en esa fase. Es evidente que nos encontramos en uno de los monumentos maá s
importantes de todo el arte prerromaá nico espanñ ol, no soá lo por su tamanñ o, con 39 metros de largo por 29 de ancho, sino
tambieá n por el casi perfecto estado en que ha llegado hasta nosotros y la nitidez con la que se pueden estudiar en eá l las
principales caracteríásticas de todo el arte asturiano excepto las de los tres edificios ramirenses. Su imagen exterior, a pesar
del tamanñ o de la nave de crucero, es de gran equilibrio en la composicioá n de voluá menes que presenta el conjunto de las naves,
de bastante maá s altura la de crucero que la central y eá sta que las laterales, los tres poá rticos y la cabecera tripartita. Las
diferencias de altura entre los elementos estructurales han permitido abrir ventanas de mucho mayor tamanñ o que en las
iglesias de la eá poca visigoda, decoradas con celosíáas de ceraá mica, enmarcadas por cuatro monolitos como en Santa Eulalia de
Boá veda y con arco de descarga de medio punto en ladrillo excepto en las que existen en los muros de la nave central sobre las
laterales. Mencioá n aparte merece el muro del testero con contrafuertes, que tambieá n existen en los muros laterales, una
ventanas en cada aá bside y otra en la parte superior del central, que tiene tres arcos de medio punto separados por columnas
sobre capiteles e impostas decorados, que forman un conjunto de gran belleza. Pero el mayor impacto lo sentimos al penetrar
en su interior. Lo primero que destaca es la sensacioá n de amplitud que produce la anchura de la nave central, la luminosidad
que proporcionan las ventanas, poco habitual en los monumentos medievales anteriores al goá tico y la profundidad que
proporciona la vista del ancho crucero y los arcos de los aá bsides a traveá s del arco triunfal que comunica con ella. Otro
elemento que llama inmediatamente la atencioá n es el conjunto de pinturas que cubríáan todo el interior del templo y de las
que auá n se conserva una parte muy significativa. Nos encontramos ante una serie de elementos que convierten a Santullano
en el referente de casi todo la arquitectura asturiana. La zona basilical, cubierta con armazoá n de madera, consta de tres naves,
de mucha mayor anchura y altura la central que las laterales, separadas por tres arcos de medio punto de ladrillo sobre
pilares cuadrados con basas e impostas. Sobre cada arco en los muros laterales de la nave central se abre una ventana y en el
muro de separacioá n con el transepto, a semejanza de San Giao de Nazareá , un arco triunfal, tambieá n de medio punto en
ladrillo, de menor anchura que dicha nave por lo que a sus lados se abren dos ventanas terminadas tambieá n en arcos de
medio punto, posiblemente porque su arquitecto no quiso correr el riesgo de abrir una abertura de mayor tamanñ o, ya que
otra de las caracteríásticas de este edificio es su robustez, que le ha permitido mantenerse en tan magníáfico estado despueá s de
maá s de once siglos. La sensacioá n de amplitud aumenta al traspasar el arco del crucero, no soá lo por el tamanñ o de la nave de
transepto, tambieá n cubierta en madera a dos aguas, de la misma anchura que la central pero dos metros maá s alta y que se
extiende a todo la anchura de las tres naves, tamanñ o que es inusual en un monumento de esta eá poca, sino tambieá n por otras
de sus caracteríásticas: estaá comunicado con la parte basilical por tres arcos, uno a cada nave, y las dos ventanas que flanquean
el central; en el muro opuesto tiene tres arcos que comunican con cada uno de los aá bsides y dos ventanas sobre los
aá bsides laterales, y a cada lado existe una puerta que comunica con los compartimentos laterales. Mientras en el muro sur hay
una gran ventana, sobre el compartimento existente en su lado norte habíáa una especie de tribuna comunicada con el interior
a traveá s de un vano adintelado, posiblemente para que el rey, no olvidemos su gran religiosidad, pudiera seguir las
ceremonias desde un lugar privilegiado. Quizaá la necesidad de incluir esta tribuna regia fue el motivo que obligoá a construir la
nave de crucero de mayor altura que la central. Auá n de mayor intereá s es el conjunto de la cabecera, uá nica zona abovedada
y tambieá n la uá nica en la que se encuentra decoracioá n escultoá rica. Estaá formada por tres aá bsides cubiertos por boá vedas de
canñ oá n, con una distribucioá n poco habitual ya que el central es de menor anchura que la nave central, lo quizaá tambieá n se deba
al intereá s del arquitecto en no correr riesgos, mientras que los laterales son maá s anchos que esas naves, resultando el
conjunto de la cabecera algo maá s estrecho que el resto de la iglesia. A cada lado del aá bside central, que dispone de arqueríáas
ciegas sobre columnas y capiteles reutilizados, existe una pequenñ a puerta de arco de medio punto que comunica con el aá bside
lateral de ese lado. Como ya hemos indicado, en cada uno de los tres aá bsides existe una ventana hacia el este, lo que
proporciona una magníáfica iluminacioá n al conjunto. Mencioá n aparte merece el compartimento existente encima del aá bside
central, semejante a los que encontramos en algunas iglesias visigodas como San Pedro de la Nave, pero con la particularidad,
que volveremos a encontrar en otros edificios asturianos como San Pedro de Nora, de que mientras en los visigodos teníáan
una ventana de comunicacioá n hacia el interior, en los asturianos soá lo son accesibles desde el exterior. Aunque se han hecho
muchas conjeturas, auá n no se conoce la utilidad de estos compartimentos de tan complicado acceso en ambos casos. Pero, a
pesar de su imponente presencia desde el punto de vista arquitectoá nico, una iglesia construida en la nueva capital asturiana,
por un rey que teníáa por objetivo la restauracioá n del reino visigodo, debíáa tambieá n impresionar por una decoracioá n “áulica”.
Como hemos visto, San Juliaá n de Los Prados teníáa muy poca decoracioá n escultoá rica, pero se la dotoá de un completo
programa pictoá rico que, por fortuna y porque las pinturas se grabaron a punzoá n antes de colorearlas, ha llegado hasta
nosotros en un estado que permite conocerlo con bastante exactitud. Las pinturas estaá n dispuestas en zonas horizontales
separadas por líáneas, tambieá n horizontales, simulando impostas. La gama de colores baá sica estaá formada por el gris-azul, el
ocre-amarillo y el rojo carmesíá, muy semejante a la de las pinturas romanas. En cuanto a su composicioá n, se
distinguen claramente varias zonas: El zócalo: formado por una serie de cuadrados enlazados con una fila de otros cuadrados
maá s pequenñ os y un friso. La zona de las arcadas: que existe soá lo en la nave central y los aá bsides y consiste en grandes oá valos
alrededor de los arcos con decoracioá n de cíárculos conceá ntricos entre ellos. Los muros: es la parte maá s importante y se
subdivide en dos o tres aá reas horizontales que contienen dibujos arquitectoá nicos de diferentes caracteríásticas y utilizando
distintas perspectivas en cada franja. En algunos de ellos se ha simulado la vista desde una ventana mediante la inclusioá n de
cortinas que tapan parte del edificio. Las bóvedas de los ábsides: contienen dibujos formados por cuadrados y hexaá gonos y
otros de cíárculos enlazados con motivos florales. Es tambieá n interesante destacar la existencia en varias de esas zonas de
cruces triunfales, elemento tan caracteríástico de la monarquíáa asturiana. La interpretacioá n de estas pinturas es algo muy
complejo. Es indudable una relacioá n con la pintura romana tardíáa, pero tanto la perfeccioá n de un programa tan complejo
como la situacioá n de aislamiento del reino asturiano en esa eá poca, nos llevan a pensar en la posible existencia en la zona de
pinturas anteriores que sirvieran de modelo, bien de la eá poca visigoda, de la que tenemos noticias de templos magníáficamente
decorados aunque no han llegado hasta nosotros, bien de construcciones romanas que auá n se conservaran en la zona.
Por ejemplo, muy cerca de Oviedo se encuentra el yacimiento arqueoloá gico de Veranes, actualmente en estudio y
consolidacioá n. Seguá n los investigadores que lo han estudiado se trata de una villa tardorromana que fue modificada en el siglo
VII para convertir una de sus aulas en una iglesia de una sola nave con un aá bside en forma de arco de herrada. En su entorno
se ha descubierto una necrópolis altomedieval y se sabe que estuvo habitada al menos hasta el siglo XII. Pues bien, podemos
destacar la semejanza tanto en los colores utilizados en San Juliaá n de los Prados, como en los dibujos de las pinturas de sus
aá bsides con los mosaicos encontrados en Veranes. No sabemos si en esa villa habríáa pinturas murales, aunque parece lo
loá gico, pero si las hubo, es muy probable que existieran auá n en la eá poca de la construccioá n de Santullano por lo que
tambieá n podríáan haber sido una referencia. Pero eso no es lo importante, lo que nos interesa de lo encontrado en Veranes es
que demuestra la existencia de una continuidad constructiva y artíástica en Asturias entre el periodo romano y el siglo IX y por
lo tanto debemos considerar esa tradicioá n romana y visigoda como una referencia muy importante a la hora de analizar no
soá lo Santullano, sino tambieá n todo el Arte Prerromaá nico Asturiano. Decoración escultórica La uá nica escultura que hallamos
en la iglesia se reduce a los capiteles en maá rmol de tradicioá n corintia con collarino y volutas de hojas, donde apoyan los arcos
de medio punto de la capilla central y dos jambas de maá rmol labradas con figuras geomeá tricas de forma hexagonal y motivos
florales que se encuentran en la capilla central. Estas jambas tambieá n parecen provenir de alguá n otro monumento anterior. Es
por tanto la decoracioá n escultoá rica reaprovechada de monumentos anteriores y no original de esta iglesia. Pinturas murales
Toda la iglesia se encuentra adornada con pinturas murales en estuco. Formado por tres registros horizontales superpuestos,
con decoracioá n de tipo arquitectoá nico de influencias del Bajo Imperio Romano. La teá cnica empleada es el uso del punzoá n
sobre el estuco y posterior pintura. No aparecen figuras humanas ni de animales (anicoá nicas), asíá destacamos la presencia de
palacios con cortinajes, edificios, cruces con el alfa y omega, florones, circunferencias, hexaá gonos y cuadrados, vasos con flores
y ramos, sartas y guirnaldas, los arcos se decoran con cíárculos entrelazados, sus boá vedas con casetones y otros motivos de
tradicioá n claá sica. Las pinturas han llegado hasta nosotros de forma fragmentaria por lo que en algunos lugares de la iglesia
han desaparecido. La gama de colores van desde el gris-azul, el ocre-amarillo y el rojo carmesíá y siguen una tradicioá n
claramente de filiacioá n romana.
Material: Piedra, madera de roble, ladrillo, cal... Sillarejo con lajas irregulares de piedra unidas por mortero, con refuerzos de
sillares en las esquinas y contrafuertes.
Dimensiones: 28 m de largo por 24 m de ancho.
Género artístico/función y significado: RELIGIOSO. Se encuentra bajo la advocacioá n de San Juliaá n (Iuliani) y su esposa
Santa Basilisa (Baselisse).
Localización: Oviedo. ESPANÑ A.

Declarado Monumento Histoá rico Artíástico en 1917.


Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1998.

Descripción: La iglesia tambieá n es conocida como Santullano, deformacioá n del nombre latino "Sanctum Iulianium" (San
Juliaá n), ya que la iglesia se encuentra bajo la advocacioá n de San Juliaá n (Iuliani) y su esposa Santa Basilisa (Baselisse). El
sobrenombre de Los Prados, le viene por su lugar de emplazamiento.

San Juliaá n y Santa Basilisa naturales de Antioquíáa hicieron promesas de castidad y virginidad a pesar de estar casados,
acabaron retiraá ndose ambos al desierto para efectuar una vida monacal y vivir conforme a sus promesas.

El templo fue construido en tiempos del rey astur, Alfonso II el Casto, el cual establecioá la capital del nuevo reino en Oviedo en
el anñ o 792, ciudad en la que habíáa nacido. En el testamento del rey Alfonso otorgado en el 812 no aparece citado, por lo que se
considera que la iglesia se construyoá entre el 812 y el 842, fecha de muerte.

Oviedo es una ciudad fundada sobre una colina llamada Ovetao en el 761 por los monjes Maá ximo y Fromestano que
levantaron una ermita en honor a San Vicente Maá rtir. Alrededor de esta iglesia se aglutinaríáa la poblacioá n que daríáa origen a la
ciudad de Oviedo.

El templo formaba parte de un conjunto palatino de recreo compuesto de palacio e iglesia, extramuros de la ciudad. De todos
los edificios que componíáan el conjunto soá lo la iglesia ha llegado hasta nosotros.

El nombre de su arquitecto no nos ha llegado, pero síá sabemos que el arquitecto del rey Alfonso, era Tioda, por lo que es
presumible afirmar que Tioda fue el arquitecto que levantoá esta obra.

En el 896 el rey Alfonso III el Magno dona el conjunto palatino a la Catedral de San Salvador de Oviedo.

Entre 1912 y 1915 Fortunato Selgas arqueoá logo local, restauroá la iglesia, quitando los anñ adidos de la misma, sustituye la
cubierta abovedada por cubiertas de madera, se reponen las celosíáas menos la del aá bside norte que es original, y limpia el
interior de la iglesia del encalado que la cubríáa apareciendo las pinturas murales en sus muros.

La puerta abierta en la habitacioá n del transepto sur, fue abierta en 1916 para permitir su acceso desde el exterior.

Análisis formal: La iglesia se articula en tres sectores de organizacioá n: una planta basilical, el transepto y la cabecera recta
tripartita. Tiene unas medidas de 28 x 24 metros.

Despueá s de atravesar el poá rtico de entrada, accedemos a una planta basilical formada por tres naves de tres tramos cada una,
separadas por grandes pilares cuadrados que sostienen arcos de medio punto con dovelaje de ladrillo. Los arcos se apoyan en
cimacios y los pilares descansan sobre basas cuadradas. La nave central es maá s ancha y alta que las laterales.

Una gran nave transversal de mayor altura (dos metros maá s que la nave central) forma un transepto sin crucero.

El templo estaá realizado en sillarejo con lajas irregulares de piedra unidas por mortero, con refuerzos de sillares en las
esquinas y contrafuertes. Los contrafuertes suben hasta mitad de la iglesia, excepto en la cabecera que llegan hasta la altura
de la ventana trifora.
El suelo original era del conocido como "opus signinum" formada por polvo de ladrillo, trozos de tejas y piedras mezcladas
con cal, lo que era muy eficiente contra la humedad.

La separacioá n entre la nave principal y el transepto se realiza mediante un gran muro, en el cual se abren tres arcos. El de la
nave central muy grande, a modo de arco de triunfo, los de las naves laterales de iguales caracteríásticas pero mas pequenñ os. El
gran arco central apoya sobre pilares y al ser de menor tamanñ o que la nave central permite la apertura de dos vanos en forma
de ventanas con arcos de medio punto.

Dispone ademaá s la iglesia de un poá rtico de entrada en su fachada occidental, situada a los pies de la iglesia, es la entrada
natural a la iglesia. Formado por un arco de medio punto con dovelas de ladrillo. Debajo del tejado un pequenñ o oá culo y maá s
arriba en el hastial de la nave central otro pequenñ o oá culo. Remata el conjunto una espadanñ a con dos pequenñ as campanas. El
poá rtico tiene base cuadrada, cubierta de madera y tejado a doble aguas. Esta cubierta de madera conserva nueve vigas que
estaá n grabadas con dibujos geomeá tricos.

Una habitacioá n a cada lado del transepto, una situada en la fachada norte y la otra en la fachada sur. La situada en el lado norte
cumplíáa funciones de sacristíáa y no tiene salida al exterior, mientras que la habitacioá n del lado sur tiene una salida al exterior,
abierta como hemos dicho en el siglo XX.

Los arqueoá logos afirman que en el muro del transepto norte y en alto debioá existir una tribuna regia confeccionada en madera
y que seríáa el lugar desde donde el rey seguíáa el oficio divino. A la misma se accederíáa por una escalera situada
probablemente en la sacristíáa. Un gran ventanal cerrado por una celosíáa calada y situada enfrente en el muro sur iluminaba el
lugar, realzando la figura del monarca al ser iluminado por la luz tamizada de la celosíáa.

Toda la iglesia, poá rtico, transepto y habitaciones se cubren con cubiertas de madera de roble, excepto en los tres aá bsides en
que se cubren con boá vedas de canñ oá n apoyadas en impostas. Las techumbres de madera excepto en algunos tramos no son
originales.

La cabecera estaá formada por tres aá bsides con testero plano. A cada lado de la capilla central una pequenñ a puerta comunica
con los aá bsides laterales. En el testero de la capilla central un pequenñ o tabernaá culo en forma de edíáculo rematado por un
frontoá n triangular. La separacioá n entre el transepto y las capillas absidiales se realiza, a traveá s de tres arcos de medio punto.

En el interior de la capilla presidieá ndola un Cristo del siglo XII de tamanñ o natural. Adosado al períámetro interior de la capilla
central se dispone una arqueríáa ciega que apoya en columnas y capiteles de maá rmol, visigodos o romanos reaprovechados de
alguá n monumento anterior.

Las capillas laterales tienen la misma disposicioá n de arqueríáa ciega que la capilla mayor, soá lo que en este caso la arqueríáa estaá
pintada sobre el muro.

El aá bside central es de menor anchura que la nave central, mientras que los laterales son algo mas anchos que las naves
laterales, siendo el conjunto de la cabecera por tanto de una anchura algo menor que el resto de la iglesia.

Sobre la capilla central hay una habitacioá n cerrada cuyo fin nos es desconocido aunque los autores apuntan a una funcioá n
estrictamente esteá tica. Es perfectamente visible desde el exterior por su ventana trifora tan propia del arte asturiano. El suelo
de esta caá mara esta algo curvo por su adaptacioá n a la boá veda de canñ oá n sobre la que estaá construida. Desde este lugar dos
canalizaciones salen al exterior para evacuar el agua que pudiera entrar en la caá mara.

Yo me inclino por llamarla caá mara del tesoro, entendiendo por tesoro, como reliquias y objetos de valor de íándole religioso y
no monetario.

La ventana trifora visible desde el exterior, es un vano formado por tres arquillos de medio punto en ladrillo, el central mayor
que los laterales y que apoyan en dos pequenñ as columnas con capitel y basa.

Las capillas absidiales se iluminan por tres pequenñ as ventanas adinteladas con jambas y dintel monolíáticos y con un arco de
descarga de ladrillo en su parte superior. Las ventanas se cierra cierran mediante celosíáas.

El interior de la iglesia se ilumina por tres ventanas adinteladas a cada lado de la nave central y que se corresponden a una
por cada tramo de la arqueríáa. Las ventanas se cierran mediante celosíáas de estuco moldeado, siendo uá nicamente la situada
en el lado norte del testero, original.

Decoración escultórica La uá nica escultura que hallamos en la iglesia se reduce a los capiteles en maá rmol de tradicioá n
corintia con collarino y volutas de hojas, donde apoyan los arcos de medio punto de la capilla central y dos jambas de maá rmol
labradas con figuras geomeá tricas de forma hexagonal y motivos florales que se encuentran en la capilla central. Estas jambas
tambieá n parecen provenir de alguá n otro monumento anterior. Es por tanto la decoracioá n escultoá rica reaprovechada de
monumentos anteriores y no original de esta iglesia.

Pinturas murales Toda la iglesia se encuentra adornada con pinturas murales en estuco. Formado por tres registros
horizontales superpuestos, con decoracioá n de tipo arquitectoá nico de influencias del Bajo Imperio Romano. La teá cnica
empleada es el uso del punzoá n sobre el estuco y posterior pintura. No aparecen figuras humanas ni de animales (anicoá nicas),
asíá destacamos la presencia de palacios con cortinajes, edificios, cruces con el alfa y omega, florones, circunferencias,
hexaá gonos y cuadrados, vasos con flores y ramos, sartas y guirnaldas, los arcos se decoran con cíárculos entrelazados, sus
boá vedas con casetones y otros motivos de tradicioá n claá sica. Las pinturas han llegado hasta nosotros de forma fragmentaria
por lo que en algunos lugares de la iglesia han desaparecido. La gama de colores van desde el gris-azul, el ocre-amarillo y el
rojo carmesíá y siguen una tradicioá n claramente de filiacioá n romana.

El primer cuerpo o registro, abarca desde el suelo hasta el arranque de los arcos y se caracteriza por imitar un zoá calo con
revestimiento de maá rmol y figuras geomeá tricas entrelazadas. En la nave del transepto para compensar la mayor altura de la
nave sobre la parte superior del primer cuerpo se decora con una greca.

El segundo cuerpo se decora con un friso con edificios revestidos de cortinajes y otros pequenñ os edificios. Decoracioá n de
casetones similares a los que cubren tambieá n las capillas absidiales.

El tercer cuerpo se caracteriza por pinturas con construcciones con cortinajes en alternancia con espacios rectangulares, y
cruces con las letras alfa y omega (la cruz apocalíáptica de San Juan). Vasos y jarrones con flores.

Asíá mismo los arcos de separacioá n entre naves tambieá n van decorados con pinturas (cíárculos, craá teras de las que salen
espigas). Grandes oá valos alrededor de los arcos con decoracioá n de cíárculos conceá ntricos entre ellos. Tanto el intradoá s como
los frontales de los arcos estaá n pintados.

Las boá vedas de los aá bsides contienen dibujos formados por cuadrados y hexaá gonos y otros de cíárculos enlazados con
motivos florales.