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República Bolivariana de Venezuela

Ministerio del Poder Popular para la Educación

U.E.C “Madre Carmen Rendiles”

Cabudare – Lara

La verdadera importancia
de la Inteligencia Emocional

Estudiantes:

Miguel Hernández

Fernanda Ruiz

Carla Martínez

Carlos Bello

André González

Diego Torres

5to año sección “U”

09-11-2016
La inteligencia emocional ha pasado a ser una habilidad necesaria, puesto que
en una era donde nuestras emociones son globos y lo que nos rodea es un
gigante alfiler a la espera de reventar el globo de emociones en que nos
convertimos, pasa la inteligencia a tomar el papel principal en nuestro guion de
vida, como debería ser; sin embargo y este es el punto a tratar, muchas de las
personas con las que convivimos, no poseen o no han dominado dicha habilidad.

Habilidad necesaria para el buen funcionamiento de la persona, una habilidad


que le proporciona conocer sus estados emocionales, pensar las emociones y
comprender y controlar sus respuestas emocionales y de comportamiento. Como
dicho antes y ahora pasaremos a explicar; en los últimos años las emociones se
han puesto de moda, queremos decir, han pasado a ser un elemento clave en
los resultados de nuestras acciones, antes nos movía el “deber” u “honor”, en
esta nueva llena de información y en la que en cada periódico o página web
encontramos una noticia o bien sea en las conversaciones, surjan comentarios
sobre fenómenos violentos o trágicos (como el suicidio), en donde la persona
actúa sin conocer la causa y después se arrepiente de lo realizado y no entiende
cómo pudo efectuar esa conducta.

Fenómenos como el tema del acoso o agresión hacia compañeros de escuela o


en el grupo de iguales; de grabaciones que denigran a otra persona y se publican
en algún portal de internet, son hechos que se van presentando en la sociedad.

Sumado a este hecho, se encuentra la vulnerabilidad de la identidad en el


adolescente, el cual en muchas ocasiones se encuentra desorientado, sin saber
qué hacer, con quién hablar, con incomprensión de sí mismo tanto de cómo es
o de lo que siente y desea. Todo esto que en parte lo desemboca la falta de
información sobre un tema tan importante como es la inteligencia emocional, que
bien puede ser desarrollada prematuramente o incluso llegar a una edad adulta
y verse cohibido de hacer útil esta habilidad.

Bien sabemos que elementos como los fenómenos psicológicos de autoestima


y autoconfianza, pilares fundamentales del ser humano, ya que ellos configuran
la funcionalidad del individuo. El hecho de valorarse y de creer en las propias
capacidades hace que la persona se afronte a las situaciones porque considera
que tiene capacidad de éxito y de resolución de conflictos. Es por esto que una
buena definición de lo que la Inteligencia Emocional es, no saca de dudas ante
situaciones donde influyen temas de autoestima, moral, deber y conveniencia.

Del latín intelligentĭa, la noción de inteligencia está vinculada a la capacidad para


escoger las mejores opciones en la búsqueda de una solución. Es posible
distinguir entre diversos tipos de inteligencia, según las habilidades que entran
en juego. En cualquier caso, la inteligencia aparece relacionada con la capacidad
de entender y elaborar información para usarla de manera adecuada. También
agregamos el término “Emocional”, que, por otra parte, es aquello perteneciente
o relativo a la emoción (un fenómeno psico-fisiológico que supone una
adaptación a los cambios registrados de las demandas ambientales). Lo
emocional también es lo emotivo (sensible a las emociones).

El concepto de inteligencia hace referencia a la capacidad para reconocer los


sentimientos propios y ajenos. La persona, por lo tanto, es inteligente (hábil) para
el manejo de los sentimientos. Es por esto que implica cinco capacidades
básicas: descubrir las emociones y sentimientos propios, reconocerlos,
manejarlos, crear una motivación propia y gestionar las relaciones personales.

La inteligencia emocional tiene una base física en el tronco encefálico,


encargado de regular las funciones vitales básicas. El ser humano dispone de
un centro emocional conocido como neocórtex, cuyo desarrollo es incluso
anterior a lo que conocemos como cerebro racional. La amígdala cerebral y el
hipocampo también resultan vitales en todos los procesos vinculados a la
inteligencia emocional. La amígdala, por ejemplo, segrega noradrenalina que
estimula los sentidos.

Tan importante se torna el buen manejo de nuestros sentimientos y tan poca


atención le prestamos a ellos. Un elemento que se torna crucial en este tema es
la empatía; la cual definen como la capacidad cognitiva de sentir lo que otro
puede sentir. Pero, ¿qué quiere decir esto?, acciones las cuales la sociedad
identifica como buenas o malas personas quien las toma, es decir, el ser
empático es buena persona al reconocer los sentimientos de otra persona y
tomar acciones en base a lo que esa persona de alguna manera pudiera sentir.
Por otro lado, podemos ver el ejemplo de las personas con trastorno de
personalidad antisocial, que, por su falta de empatía y consciencia, toma
acciones que perjudican a un individuo o a la sociedad como tal.

Daniel Goleman, psicólogo estadounidense a quien se le otorga el mérito de


haber sido la primera persona en darle importancia a la Inteligencia Emocional y
ponerla al nivel de la Inteligencia. Esta acción fue muy criticada, ya que el asumir
que de hecho existía un Inteligencia asociada a las emociones era afirmar algo
innovador y extraño para aquel entonces, surgían dudas, ¿por qué clasificar a la
Inteligencia Emocional como tal? Ya que esta inteligencia no puede ser medida
y resulta contraria a la inteligencia racional la cual mediante algunos test si puede
ser medida.

Goleman decía:

“La inteligencia emocional es una forma de interactuar con el mundo que tiene
muy en cuenta los sentimientos, y engloba habilidades tales como el control de
los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia,
la empatía, la agilidad mental. Ellas configuran rasgos de carácter como la
autodisciplina, la compasión o el altruismo, que resultan indispensables para una
buena y creativa adaptación social”.
Nosotros, al estar de acuerdo con Goleman podemos decir que sí es importante
la inteligencia emocional, y que, de hecho, todas las habilidades que el menciona
son sumamente importantes para la sociedad y para un individuo. Un ejemplo
podría ser el de las personas iracundas o agresivas, que al no disponer de la
capacidad de interpretar bien sus emociones reaccionan con impulsos de
agresión hacia alguien o hacia algo, con golpes o palabras hirientes, actitudes
que con un poco de control pudiera cambiar totalmente. Así también pasa
frecuentemente con la tristeza, que puede terminar en autolesiones o en casos
extremos hasta en suicidio.

Según Mayer y Salovey (1997):

“La inteligencia emocional incluye la habilidad para percibir con precisión, valorar
y expresar emoción; la habilidad de acceder y/o generar sentimientos cuando
facilitan pensamientos; la habilidad de comprender la emoción y el conocimiento
emocional; y la habilidad para regular las emociones para promover crecimiento
emocional e intelectual”.

Como dicen Mayer y Salovey, La inteligencia emocional se refiere a un “pensador


con un corazón”, es decir, el conjunto de todas esas habilidades, la habilidad de
acceder a sentimientos, la habilidad de comprender las emociones y la habilidad
de regularlas lo hace una persona con mucho manejo de sus emociones y, por
ende, una persona con gran Inteligencia Emocional.

Podemos concluir que las personas que manejan con gran destreza esas
habilidades emocionales, tienden a ser en mayor proporción a ser eficaces en
su vida y por lo tanto a sentirse satisfechas, por el hecho de manejar sus
conductas y actitudes mentales en beneficio propio; al contrario de aquellas
personas que no logran dominar su mundo emocional, perjudicando
drásticamente el desarrollo de su vida, sea esta laboral, familiar o social. La
Inteligencia Emocional de la mano con la Inteligencia Racional hacen el equilibrio
perfecto entre emociones y la razón, es por ello que debemos darle más
importancia a las emociones de lo que le solemos dar, y aprender a controlar
cada una de ellas para saber qué actitudes tomar en las diferentes situaciones
que se nos pueden ir presentando a lo largo de nuestras vidas.