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¿DÓNDE NACE LA INMORTALIDAD?

CARLOS MARIO MEJÍA DUQUE

UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE PEREIRA

FACULTAD DE BELLAS ARTES

LICENCIATURA EN MÚSICA

PEREIRA

2019
¿Dónde nace la inmortalidad?
Si observamos la historia y con base en ella estudiamos la naturaleza humana, podremos esbozar

una imagen de los ideales que caracterizaron una época y ver como estos interactúan con otros

ideales; su interacción se asemeja a la que tienen los seres vivos en un entorno de recursos

limitados, donde, y por medio de la selección natural, tanto individuos como especies luchan por

sostener su existencia.

Los nexos entre mantener y postergar la vida con los de mantener y postergar ideales yacen pues

en un solo instinto, el de supervivencia, sin embargo, no importa cuánto se esfuercen, hasta ahora

todos los individuos de todas las especies han muerto, por lo que su función no es únicamente

sobrevivir, si no también, procrear y dejar descendencia, hacer que una parte de ellos mismos

continúe (hablando en términos genéticos); algo similar ocurre con las ideas, en ellas vemos

reflejada nuestra identidad, y el que sean heredadas, es como si una parte importante de nuestro

ser medrara y trascendiera a la muerte, incluso, en muchos casos morir por ideales significaba

una recompensa eterna en el paraíso, con el que el terror de dejar “el plano físico” queda

aplacado. Pero ¿Qué sucede cuando un conocimiento emergente inicia a desmontar las creencias

que, otrora, daban significado y relevancia a nuestra existencia? ¿Puede ese mismo conocimiento

ser útil en la creación de herramientas que sustenten nuevos ideales? ¿Y si ese ideal somos

nosotros… podremos ser inmortales?


Objetivo general:

Conocer el proceso por el cual es posible especular de manera asertiva acerca de los planes que

la especie puede querer emprender en los siglos venideros y entender el origen de dichos deseos.

Objeticos específicos:

1. Establecer una definición conceptual a necesidades y miedos.

2. Entender como necesidades y miedos llegaron a modelar nuestras sensaciones,

emociones y pensamientos.

3. Comprender la relación entre suplir necesidades básicas para mantenerse vivo-suplir

necesidades básicas para explicar el mundo y la inmortalidad.


¿Dónde nace la inmortalidad?

En la necesidad y el miedo; parece inverosímil que un logro técnico sin precedentes como la

inmortalidad tuviera su origen en las necesidades y miedos más primitivos de homo-sapiens, pero

así lo es, no obstante, es necesario definir primero qué son estos dos factores y entender cómo es

que llegaron a modelar nuestras sensaciones, emociones y pensamientos; el resultado, se espera,

será comprender la relación existente entre huir de un león, trepar a un árbol por frutas, abrigarse

con la piel de otros animales y la inmortalidad, que no es más que la victoria definitiva en la carrera

por la supervivencia… de una idea.

Hoy en día solemos obviar nuestras necesidades básicas porque se suplen con relativa facilidad,

pero no siempre fue así y de hecho, hasta hace muy poco, la aplastante mayoría de actividades

humanas consistieron esencialmente en la búsqueda o producción de comida, construcción de

resguardos, establecimiento de comunidades y mantener alejado el peligro ¿Por qué dedicaron

nuestros antepasados todo su tiempo y esfuerzo al cumplimiento de estas actividades? Bueno, la

respuesta es sencilla: Aquello les permitió continuar con vida, y en eso se basó la existencia.

Mantenerse con vida fue y es la máxima de todas las especies que, partiendo de cualidades únicas,

intentan perdurar, la eficacia o deficiencia en estos intentos escribía un destino y el de homo-

sapiens estuvo en pugna hasta su coronación en el podio de los vencedores, los elementos que

desempeñaron un rol crítico en este triunfo concentraron la atención y son lo que llamamos

necesidades, la carencia de dichos elementos se manifiesta en intensas e incomodas sensaciones-

emociones-pensamientos de dolor, hambre o frio, y su subsanación en sensaciones-emociones-

pensamientos de placer; las cualidades únicas de la especie humana, un pulgar oponible, un cerebro

más grande con relación al tamaño del cuerpo, la capacidad de cooperar en grupos, el lenguaje

abstracto, la imaginación, la memoria, etc. sirvieron a ese fin.


Gradualmente, la eficacia en el trabajo de subsanar las necesidades se hizo exponencial y en el

marco de las revoluciones cognitiva y agrícola, más y más humanos empezaron a tener un tiempo

libre de las actividades antes mencionadas ¿Qué hacer cuando se está satisfecho, un poco abrigado

y sin depredadores cerca? Podrías solo descansar, pero también, y esto es crucial, contar historias;

las mismas cualidades que jugaron un papel clave en el éxito evolutivo de sapiens, hacían que este

se preguntara por el origen de las cosas, el orden que siguen y su lugar en dicho orden, la respuesta

a tales preguntas establecía una perspectiva alrededor de la cual se tejía una red muy rica de relatos

que daban significado: dioses y monstruos poblaron el mundo (aunque solo existieran en la

imaginación). La aparición de relatos acentuó, tanto criterios estéticos y de orden social, como

identidades espirituales que se transmitían de generación en generación. Así, las ideas a través de

las cuales el cosmos era percibido pasaron a ser igual o, en muchos casos, más importantes que la

propia supervivencia, puesto que su defensa garantizaba la postergación de un orden que había

demostrado ser útil y que, se creía, era el correcto.

Algo muy interesante es que la vasta mayoría de comunidades hayan sustentado en algún momento

la idea de uno o varios dioses eternos que crearon el mundo y a los seres que lo habitan, ellos, los

dioses, daban sentido puesto que resolvían las incógnitas más esenciales ¿De dónde vienen las

cosas? ¿Cuál es el orden que siguen? ¿Cuál es mi lugar en ese orden? Además, también arrojaban

luz sobre una de las cuestiones más temidas, un peligro del que no se escapa corriendo más deprisa,

resguardándose en una cueva o construyendo armas para cazarle: la muerte.

“Generación tras generación, los seres humanos, rezaron a todos los dioses, ángeles y santos, e

inventaron innumerables utensilios, instituciones y sistemas sociales…, pero seguían muriendo

por millones a causa del hambre, las epidemias y la violencia” (Yuval N.H, 2016)
Comemos para aplacar el hambre, nos vestimos para mantener el calor, evadimos a los

depredadores para no ser devorados vivos, pero no hay nada aparente que podamos hacer para

evitar la muerte y es esa inevitabilidad una fuente de horror excelente, no obstante, nuestros amigos

divinos ofrecían salvación eterna para quienes obedecieran sus leyes, razón por la que no

importaba morir en sangrientas batallas, siempre y cuando fuera en su nombre.

Los ideales pasaron a tener una relevancia monumental en la vida de las personas, y puesto que

representaban sus creencias y deseos más íntimos, el que trascendieran seria como si ellos mismos

lo estuvieran haciendo, por eso, si morir perpetuaba un orden garante de la supervivencia de mi

ideal, fallecer no era en vano. Es así como la historia se tornó en una cacofonía de voces distintas

proclamando distintos ideales, y que, por azar o porque algunos ideales estaban mejor respaldados,

se engullían unos a otros. Imperios y dinastías solo tenían una idea fija: como no acabar, su

extinción implicaba la muerte poética, de los que, valga la redundancia, ya estaban muertos y

habían sido pequeños pilares en el levantamiento de dicho imperio.

Ahora, y en el marco de las revoluciones industrial-científica y tecnológica homo-sapiens replantea

sus ideales, Dios está muerto, no creó el mundo, los desastres naturales no son consecuencia de su

ira y no somos la creación favorita de él, donde antes se rezaba para que una plaga no acabara el

cultivo y para que una enfermedad abandonara el cuerpo de un ser querido, ahora se modifican los

genes del trigo para que fabriquen su propios pesticidas y se inventan vacunas para enfermedades

como el sarampión.

“La mayoría de la gente rara vez piensa en ello, pero en las últimas décadas hemos conseguido

controlar la hambruna, la peste y la guerra” (Harari N.Y, 2016)


Rutas comerciales, alta capacidad en el procesamiento de datos, internet, cambio climático,

extinciones en masa, dinero, sistemas a gran escala de producción agrícola, paz etc. caracterizan

nuestra era, una en la que disfrutamos de vidas más largas y saludables, de mayor seguridad

alimentaria, de viajes más rápidos y eficientes. Homo-sapiens ha ido adquiriendo paulatinamente

cualidades de creación y destrucción antaño atribuidas a los dioses y que significan la posibilidad

de tomar su lugar ¿Qué hacer cuando desafíos técnicos como el hambre, la enfermedad y la guerra,

que desde siempre parecieron inevitables, comienzan a concluir? Una respuesta lógica es la de

plantearse nuevos retos, como superar otros desafíos técnicos más ambiciosos, pero… ¿No queda

entonces ningún ideal, algo por lo que luchar, un mensaje que postergar? Si lo hace, y las corrientes

humanistas que modelaron el siglo XX y continúan modelando el siglo XXI indican que ese ideal

somos nosotros, por lo que es probable que la humanidad dedique esfuerzos monumentales a

postergar dicho ideal, es decir, a hacernos inmortales.


Bibliografía

Yuval Noah Harari (2011). Homo Sapiens, una breve historia de la humanidad.

Yuval Noah Harari (2016). Homo Deus, breve historia del mañana.

Wikipedia. Necesidad. https://es.wikipedia.org/wiki/Necesidad

Wikipedia. Miedo. https://es.wikipedia.org/wiki/Miedo