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. S5
E •
3468

W8U0TECA "RODRIGO ' D I LLANO"


IKC10H CE ESTüO.as HUÍOMC« DE U
MWEttlMD DE KUEW LEON
LA ESCLAVITUD MODERNA
CONDE LEON TOLSTOY

OBRAS D E L MISMO AUTOR


TRADUCCIÓN
que se hallan de venta en esta Casa Editorial
de

AUGUSTO RIERA
L A SONATA DE KSEDTZBR. . . 1 tomo

E L MATBIMONIO ; . 1 »
A M « Y CRIADO 1 »
RESURRECCIÓN 2 »
L o s COSACOS.—IMITACIONES. . . 1 >

BARCELONA
Casa Editorial Maucci.—Calle de Mallorca, n ú m s . 2 2 6 y 2 2 8
BUENOS AYRES MÉXICO HABANA
Maucci H e r m a n o s Maucci H e r m a n o s López Rodríguez
Cayo, 1070 1 / del Relox, 1 Obispo, 133 y 1 3 5
1901
!
INTRODUCCION

"Hace poco menos de quince años,


, él 'céiisó' de la población de Moscou
* lazo nacer en mí toda una serie de
u pensamientos y de sentimientos que
FONDO ,;.es;pr.esé entonces lo mejor que supe,
K0DM68 BE tlAMt v
^ e n ú n libro titulado ¿Qué vamos á ha-
F p lWM cerf Al empezar el año emprendí un
RODRIGO DE UMiO nuevo examen de los asuntos conte-
nidos en esa obra. Llegué á las mis-
mas conclusiones. Pero como este
Barcelona.—Imp. de la Cass Editorial Maucci
yin

espacio de quince años me lia dado


facilidad para adquirir acerca del
asunto un conocimiento más profun-
do, y me ha permitido familiarizarme
Sabéis que ha sido dicho: ojo
con las doctrinas contemporáneas
por ojo y diente por diente
que con él se relacionan, presento (MATH. y , 3 8 T EXODO XXI, 2 4 ) .
hoy á los lectores nuevos argumentos Y yo os digo que no resis-
que me parecen reforzar mis antiguas táis al mal que os quieran ha-
conclusiones. Si me decido á impri- cer: si alguien os ha pegado
mirlas, es que á mi juicio pueden in- en la mejilla derecha, presen-
tadle la otra (39).
teresar á los hombres que sincera- Si alguien quiere pleitear
mente se ocupan en tener plena con- contra vosotros para quitaros
ciencia de su condición social y de la túnica, despojados también
las obligaciones morales que de ella de vuestro manto (40).
derivan. Y si alguien quiere obliga-
ros á dar mil pasos con él, dad
La idea fundamental de aquel artí- dos mil más (41).
culo será la de mi libro,—la condena- Dad á todos los que os pidan
ción de la violencia. H e encontrado y no exijáis jamás vuestros
en el Evangelio á un tiempo la fór- bienes á quien os los usurpe
mula y el esclarecimiento que era ne- (Luc. vi, 30).
Tratad á los hombres como
cesario, pues está expresada en tér-
quisierais que os trataren á
minos de una precisión admirable. vosotros (31).
Los que creían estaban jun-
tos y poseían en común todos
los objetos (ACTA DE LOS APÓS-
TOLES, N , 44).
Pero Jesús les contestó: por
la noche decís: Hará buen
tiempo porque el cielo está en-
rojecido.
Por la mañana decis: Hoy
habrá tempestad porque él cie-
lo está sombrío y rojizo.
Sabéis, pues, reconocer lo
que presagian las diversas
Un factor del camino de hierro
apariencias del cielo y no sa-
béis discernir los signos del Moscou-Kazan, destinado á pesar las
tiempo que Dios ha marcado mercancias en una estación de esa lí-
(MATH. XXVI, 2, 3 , 4 ) . nea, me dijo un día que tuvimos una
Los que tomarán la espa- larga conversación, que los braceros
da, por la espada perecerán que cuidaban de poner los bultos en
(MATH. XXVI, 52).
la báscula, t r a b a j a b a n treinta y seis
horas seguidas sin descansar.
Tenía completa confianza en mi
interlocutor, pero costábame dar fe
á sus afirmaciones. Creí que se enga-
ñ a b a ó exageraba, ó que no compren-
Los que creían estaban jun-
tos y 'poseían en común todos
los objetos (ACTA DE LOS APÓS-
TOLES, N , 44).
Pero Jesús les contestó: por
la noche decís: Hará buen
tiempo porque el cielo está en-
rojecido.
Por la mañana decis: Hoy
habrá tempestad porque él cie-
lo está sombrío y rojizo.
Sabéis, pues, reconocer lo
que presagian las diversas
Un factor del camino de hierro
apariencias del cielo y no sa-
béis discernir los signos del Moscou-Kazan, destinado á pesar las
tiempo que Dios ha marcado mercancias en una estación de esa lí-
(MATH. XXVI, 2, 3 , 4 ) . nea, me dijo un día que tuvimos una
Los que tomarán la espa- larga conversación, que los braceros
da, por la espada perecerán que cuidaban de poner los bultos en
(MATH. XXVI, 52).
la báscula, t r a b a j a b a n treinta y seis
horas seguidas sin descansar.
Tenía completa confianza en mi
interlocutor, pero costábame dar fe
á sus afirmaciones. Creí que se enga-
ñ a b a ó exageraba, ó que no compren-
día yo el sentido exacto de sus pala- «Habéis oído que se dijo: ojo por ojo
bras. y diente por diente,» es decir, os han
Pero los detalles que me dió des- enseñado á usar la violencia contra
pués acerca del modo de trabajar de la violencia. «Pero yo os digo: si al-
aquellos desgraciados, no me permi- quien te pega en la mejilla derecha,
tieron ya dudar. Me aseguró que en preséntale la otra,» es decir, sufrid la
el personal del camino de hierro Mos- violencia pero no la uséis jamás. Sé
cou-Kazan, había doscientos cincuen- que estas sublimes palabras, igual-
ta braceros sometidos á tan terrible mente desnaturalizadas por los co-
labor. F o r m a n grupos de cinco hom- mentarios caprichosos de liberales y
bres y se les paga á razón de 1 rublo, sacerdotes, harán nacer en la mayoría
ó de 1 rublo 15 kopecks por mil puds de las gentes que se creen instruidas
de mercancias cargadas ó descarga- tales prevenciones contra el libro al
das. que sirven de epígrafe que, sin duda,
Llegan por la mañana, t r a b a j a n en no lo leerán. Sin embargo, las inscri-
bo á la cabeza de estas páginas.
la descarga todo el día y la noche si-
guiente, y luego, al salir el sol, van No puedo impedir que los hombres
al muelle de la carga, y t r a b a j a n allí que se creen inteligentes, vean en la
hasta la noche. Así, en el espacio de enseñanza evangélica una doctrina
cuarenta y ocho horas, únicamente anticuada y harto manoseada para
disponen de una noche para dormir. servirles de regla de conducta en la
Su trabajo consiste en remover bul- vida. Mi tarea se limita á declarar el
manantial de donde recogí el conoci-
miento de nna verdad que la huma- tos que pesan de 7 á 10 puds cada
nidad está lejos de advertir todavía. uno. Dos hombres del grupo cargan
Y cumplo mi tarea, los fardos sobre la espalda délos otros
tres, que los transportan... Cumplien-
SI Junio 130». do tal trabajo, gana cada uno algo
menos de 1 rublo cada cuarenta y
ocho horas. Trabajan sin descanso,
así los domingos y fiestas como los
otros días.
Aquella relación detallada no me
permitía dudar; pero, deseando com-
probarla por mí mismo, fui un día al
muelle de carga y descarga. Allí en-
contré al factor, á quien declaré que
quería comprobar la exactitud de sus
palabras.
—Debéis comprender,—le dije,—
que es una cosa increíble.
Sin contestarme, se volvió hacia
una garita que estaba cerca de nos-
otros.
—Nikita,—gritó;—ven'acá.

1HUGTECA "RODRIGO ' D I LLAN(F


TTCTWH DE ESTUDIOS HI5T68ÍC6S D£ U

Ü M M M DE NUEVO LEÓN
Salió un obrero de la garita. Era que marcaba el termómetro veinte
alto, delgado, vestía una blusa des- grados bajo cero.
garrada. Al ver que les interrogaba acerca
—¿Cuándo empezaste el trabajo? de los detalles de su existencia, pare-
—¿Cuándo?... Ayer mañana. cieron sorprendidos de que tomase
—¿Dónde estabas la última noche? tal interés por las treinta y seis horas
—Aquí, pardiez, para descargar las de trabajo, pues por su parte aquello
mercancias. les parecía muy sencillo y natural.
—¡Cómo! ¿trabajáis también por la Todos eran labradores emigrados.
noche?—pregunté yo entonces. La mayoría descendían de mi país,
—¡Toma! Ya lo creo... del gobierno de Tula; algunos eran
—Y hoy, ¿á qué hora llegasteis de los gobiernos de Oriol y de Voro-
aquí? noje. Todos esos desdichados habita-
—Pues... por la mañana. b a n en Moscou. H a y algunos que vi-
—¿Cuándo dejaréis el trabajo? ven con sus familias, pero casi todos
—Cuando se nos despache. solos; y éstos envían el fruto de su
trabajo á sus familias que permane-
Cuatro obreros se acercaron á
cen en el pueblo.
nosotros. Formaban con el primero
un mismo grupo de descargadores. Comen por regla general en las ca-
Ninguno llevaba abrigo. Vestían to- sas de huéspedes donde duermen. Su
dos blusas desgarradas, á pesar de alimentación, compuesta siempre de
carne, pues no observan la cuaresma,
cuesta á cada uno 10 rublos por mes. —Se nos imponen tales condicio-
E n realidad, t r a b a j a n más de trein- nes.
ta y seis horas, pues por lo menos ne- —¿Por qué las aceptáis?
cesitan media p a r a ir á la estación y —¿Por qué?... Es preciso comer. Si
volver á su casa, y además, porque, uno se queja, ¡ea, fuera! Si uno se re-
muy á menudo, se les hace trabajar trasa una hora, se le ajusta la cuenta.
un ratito más de lo estipulado. Y por No se apuran por tan poca cosa. Tie-
este trabajo espantoso de treinta y nen diez solicitudes para cada plaza.
siete horas sin interrupción, reciben Todos los que me hablaban así eran
25 rublos al mes, de los cuales hay jóvenes. Solamente uno parecía tener
que deducir el importe de la comida. más de cuarenta años. Tenían el ros-
—¿Por qué hacéis este trabajo de tro demacrado, fatigado, y la mirada
presidiarios?—les pregunté. apagada de los bebedores. El prime-
—¿Qué queréis, pues, que haga- ro con quien hablé, me admiraba so-
mos? bre todo por el extraño cansancio que
—¿Es absolutamente necesario que leía yo en sus ojos. Le pregunté si
trabajéis durante treinta y seis horas había bebido.
sin descanso? ¿No podríais arreglaros —No bebo,—me contestó.
de modo que quedara un gran espa- Había contestado sin reflexionar,
cio de reposo entre las horas de tra- como contestan siempre á tal pregun-
bajo? ta los que no son bebedores.
La Esclavitud Moderna 2
—Tampoco fumo,—añadió-
ros. Al ver que se detenían después
—¿Y los otros, beben?
de haber colocado los vagones en el
—Sí. Se traen aguardiente.
sitio requerido, me acerqué y pregun-
—El oficio es muy duro. E s preciso tóles á qué hora habían empezado á
recobrar las fuerzas,—explicó el de trabajar y á qué hora acabarían.
más edad, que estaba embriagado, Me contestaron que t r a b a j a b a n des-
pero que lo disimulaba perfecta- de las siete, y que acababan de co-
mente. mer. Las necesidades del servicio im-
Después de haber hablado con pidieron, sin duda, que se les despa-
aquellos obreros, me separé de ellos, chara antes.
y pasé al muelle de descarga.
—Y ahora, ¿cuándo os dejarán des-
Caminando á lo largo de las hile-
cansar?
ras de bultos,, llegué j u n t o á un gru-
—No lo sabemos... A veces traba-
po de hombres que e m p u j a b a n lenta-
jamos hasta las diez.
mente un vagón cargado. Cambiar
E n aquella contestación, dejaban
de sitio los vagones, limpiar los mue-
entrever una especie de altivez por
lles y quitar la nieve, son otras tantas
la resistencia que demostraban.
faenas que los obreros, por una cláu-
Viendo que me interesaba por ellos
sula de su contrato, deben cumplir
y tomándome, sin duda, por el direc-
gratuitamente.
tor, me rodearon y muchos hablaban
Los que estaban ahora ante mí,
á la vez, exponiéndome sus quejas.
iban tan haraposos como los prime-
Se quejaban sobre todo de las pe-
queñas dimensiones de la sala, don- go. De nuevo empezaron las recrimi-
de, después de las fatigas de la jorna- naciones.
da y antes de comenzar el trabajo de —Ya lo veis; bajo las banquetas
noche, se les permitía calentarse, y á no hay manera de estirar los miem-
veces hasta echar un sueño de una bros.
hora. Todos protestaban vivamente Aquellos hombres, que sufrían sin
contra la estrechez de aquel asilo. abrigo de pieles un frío de veinte gra-
—Somos ciento por lo menos, que dos, que durante treinta y siete horas
debemos amontonarnos allí. Muchos se encorvaban bajo cargas de 10
no encuentran ni un rincón en qué puds, y que, padeciendo hambre, de-
tenderse... Es verdad que podemos bían esperar que á sus jefes se les
ponernos bajo la cama de tablas, pero ocurriese darles un instante de repo-
es muy estrecho aquello,—decían va- so; aquellos hombres cuya existencia
rias voces descontentas. Venid á era mucho más pesada que la de las
acémilas, se quejaban únicamente de
verlo vos mismo, está á dos pasos.
que se les ofreciera un lugar de des-
Decían verdad. L a sala á qué me
canso demasiado estrecho. Al princi-
llevaron no era nada espaciosa. A lo
pio me admiré, pero reflexionando
sumo mediría diez archinas de largo,
más sobre su triste situación, com-
y apenas cuarenta hombres podrían prendí cuán atroz debía ser la deses-
tenderse sobre las banquetas que es- peración de aquellos infortunados,
t a b a n adosadas á las paredes. que transidos de frío, extenuados por
Algunos obreros entraron conmi-
la intensidad de un trabajo abruma- rio, en la causa principal de su des-
dor, deseando reposo y bienestar en contento.
una atmósfera templada, sólo encon- Después de haber observado algu-
traban un espacio obscuro, b a j o una nos otros grupos é interrogado á otros
banqueta, y debían penetrar allí, obreros, que repitieron lo dicho por
los primeros, volví á mí casa conven-
arrastrándose por el suelo lleno de
cido de que el factor no había exage-
inmundicias, y una vez dentro, acu-
rado los hechos.
rrucarse en una posición t a n incómo-
da que aumentaba la f a t i g a de su Desgraciadamente era verdad que
cuerpo y respirando un aire contami- por una corta suma que les da apenas
nado que acababa de consumir su los medios de alimentarse, hombres
que se creen libres, se condenan á un
vigor.
trabajo que el amo más cruel, en
Entonces, mientras buscaban en
tiempo de la servidumbre, no habría
vano sueño y reposo, el sufrimiento
impuesto á sus esclavos. Hasta un co-
les revelaba todo el horror de aquel
chero de punto se guardaría de so-
trabajo de treinta y siete horas, que
meter á él á su caballo, pues éste vale
devoraba su existencia. P o r tal moti-
dinero, y sería insensato abreviar por
vo, la exigtiedad de la sala cesaba de un trabajo excesivo de treinta y siete
ser para ellos una circunstancia rela- horas la vida de un animal tan pre-
tivamente insignificante d e su vida cioso.
mísera, y se convertía, por lo contra-
II

Obligar á unos obreros á que tra-


bajen treinta y siete horas sin descan-
sar y sin dormir, es propio de un hom-
bre cruel y que desconoce sus mismos
intereses. Sin embargo, de continuo
vemos que así se dilapidan con insen-
satez vidas humanas.
Frente á la casa donde habito h a y
una fábrica de sederías, dónde se ha
puesto en planta todos los perfeccio-
namientos de la técnica moderna.
Tres mil mujeres y setecientos hom-
porque no son para nosotros sino las
consecuencias inevitables de un orden ejercen profesiones reconocidamente
de cosas que debemos sostener. insanas: los tipógrafos envenenados
Sé que en u n a fundición metalúrgica por el polvo de plomo, los obreros
del gobierno de Tula, los obreros em- que azogan espejos, los cerilleros,
pleados en los altos hornos, para po- confiteros, vidrieros, mineros y taba-
queros!
der disponer de un domingo cada
quince días, consienten al acabar el Las estadísticas dicen que en In-
trabajo, en permanecer en sus pues- glaterra, la duración media de la vida
tos durante t o d a la noche del sábado, es de cincuenta y cinco años para
es decir, en no dejar el taller sino des- los hombres de las clases altas, y de
veintinueve sólo para los dedicados
pués de veinticuatro horas de trabajo
á trabajos insalubres.
continuo. P u e d o decirlo porque lo he
visto yo mismo. Esos hombres que se Sabemos todos, pues no podemos
ven obligados á beber aguardiente ignorarlos, los terribles efectos de la
para sostener su energía, antes de industria moderna. Parece, pues, in-
poco tiempo, lo mismo que los carga- admisible que seamos tan crueles co-
mo bestias feroces, para aprovechar
dores del ferrocarril de Kazan, ha-
un trabajo funesto á tantas vidas hu-
brán derrochado todo lo supérfluo y
manas, sin perder para siempre el re-
hasta la última reserva de su fuerza
poso de nuestra conciencia. Sin em-
vital.
bargo, nosotros que vivimos en la
¡Nada digo de esos desdichados que abundancia, que hablamos de libera-
liSHIO y de humanidad, que decimos ferrocarril á construir una sala de
compadecer á los otros hombres, y descanso, cómoda y espaciosa, para
hasta á los animales, n o pensamos sus obreros; luego, acallada por tan-
sino en aumentar nuestras riquezas, ta actividad la voz de nuestra con-
es decir, á aprovechar m á s y más ese ciencia, continuamos tranquilamente
trabajo asesino, y no cesamos de ver embolsando sueldos, dividendos y
rentas de los inmuebles y de las tie-
transcurrir días dichosos en la más
rras... ¿Sabemos que en una fábrica
perfecta calma. •
de seda hay mujeres y jóvenes que
¿Sabemos por acaso q u e en alguna
separadas de su familia, rodeadas de
parte h a y obreros que t r a b a j a n trein- seducciones vergonzosas, arrojan al
ta y siete horas seguidas y que tienen azar su existencia y la de sus hijos,
por todo abrigo una sala incómoda é que la mayoría de las planchadoras
insana? que lavan nuestras camisas almido-
Enviamos inmediatamente allí á un nadas y los compositores que impri-
inspector bien retribuido, y prohibi- men para nuestro recreo libros y más
mos que el trabajo dure más de doce libros, mueren tuberculosos?
horas consecutivas, d e j a n d o por otra
Nos contentamos con encogernos *
parte, que aquellos á quienes priva- de hombros y declarar que es todo
mos así de u n tercio de su salario ha- muy lastimoso y nada podemos ha-
bitual, se las arreglen como puedan cer, y sin que se turbe la paz de nuestra
para hacer frente á sus necesidades. conciencia, persistimos en comprar
Obligamos á la administración del
telas de seda, en llevar nuestras ca-
misas almidonadas y en leer libros y
periódicos. Por otra parte, es verdad
que nos cuidamos de asegurar el des-
canso á los empleados de comercio,
y en impedir que nuestros niños se
cansen demasiado en los gimnasios; III
prohibimos severamente á los con-
ductores de carruajes que hagan
arrastrar por sus caballos cargas har-
to pesadas, y cuidamos de que en los
Creo haber encontrado la única ex-
mataderos se apliquen los últimos
plicación que puede darse de tal ce-
adelantos de la ciencia, á fin de que
guera. Cuando los hombres se han
las reses padezcan poco antes de mo-
apartado del bien, imaginan siempre
rir. ¿Qué singular ceguera nos impi-
alguna concepción general del mun-
de ver la miserable suerte de esos mi-
do que cohoneste sus acciones, repre-
llones de obreros que pagan con la
sentándoles como los instrumentos
vida su trabajo, con muerte lenta, y
necesariamente dóciles de una fuerza
á menudo dolorosa, para procurarnos
superior que se les impone. P o r eso,
comodidades y goces?
se decía en otro tiempo que Dios, en
La Esclavitud Moderna 3
sus designios impenetrables é inmu- d e actitud, declarando que al dar for-
tables, había impuesto á los unos el tuna á algunos hombres, Dios les ha-
t r a b a j o y la pobreza, y asignado á DÍa impuesto como deber, emplear
los otros el goce de los bienes de este una parte de ella en obras de caridad,
mundo. Sobre tal tema se h a escrito y que, por consiguiente, ni la fortuna
mucho, y mucho se h a predicado. ni la pobreza tenían por sí mismas
Siempre se h a vuelto á él para variar 'nada de escandalosas.
sus aspectos y deducir cada vez con- LOS pobres y los ricos, los ricos so-
clusiones nuevas. Primeramente se
lijo que Dios creó á los hombres de
L re todo, aceptaron por buenas estas
afirmaciones durante mucho tiempo.
liversa condición—esclavos y amos— Pero llegó un día en que parecieron
t que unos y otros debían sentirse insuficientes, en especial á los mise-
Satisfechos de su estado; se añadió rables, que empezaban á comprender
después que los esclavos serían más su verdadera situación. Se necesitaba
i lichosos en un mundo futuro; se r e j una nueva teoría. Apareció oportu-
(onoció más tarde que aunque fue- namente. Esta vez la proporcionaba
i a n esclavos y no debieran salir ja- la ciencia, la economía política, que
más de esa situación inferior, podían pretende haber hallado leyes, según
(sperar, aquí abajo, de la bondad de las cuales se sabe como debe repar-
Í us amos un alivio de situación; por tirse entre los hombres el trabajo y

tu, después de la abolición de la ser-


idumbre, se cambió por última vez
1
el goce de sus productos. Se nos en-
seña hoy día, que tal reparto depen-
actual y les anima á proseguir apaci-
d e de la o f e r t a y la demanda, del capi-
blemente su vida de pereza, y á apro-
al, de la r e n t a , del valor de la mano vechar como en otro tiempo el traba-
le obra, d e l beneficio, etc., en una jo de los demás hombres.
Dalabra, d e l conjunto de leyes nece-
Verdad es que para fundar esta
i ;arias que rigen el encadenamiento iencia dudosa, no se h a interroga-
le los h e c h o s económicos. do los datos de la historia universal
Sobre t a l tema se h a n dado en al- en su conjunto; se contentaron sus
gunos a ñ o s tantas lecciones, escrito undadores con examinar la situación
'autos folletos y libros, como antes se económica de Inglaterra á fines del
labían r e d a c t a d o tratados y pronun- siglo XVIII y á principios del xix, es
ciado sermones, para esponer los an- decir, á estudiar un período restringi-
tiguos principios. Todavía no h a aca- do de la historia de una nación pe-
)ado la p r o p a g a n d a ; las lecciones se queña, sometida, por lo demás, á la
siguen u n a s á otras, los libros forman acción de causas tan excepcionales,
nontón. T o d a s esas obras, todos esos que no permiten generalizar los re-
escritos, como los tratados y sermo- sultados de esta observación.
les que precedieron, son nebulosos é Pero el aspecto visiblemente in-
ncoherentes; pero por lo mismo muy completo de esos estudios no ha im-
propios p a r a realizar plenamente el pedido que se tuviera entera confian-
in que se proponen sus autores. Ofre- za en las conclusiones de los econo-
;en á a l g u n o s privilegiados una teo- mistas. Sus discusiones interminables
ría que justifica el estado de cosas
W sus continuos desacuerdos sobre la fer. Así, pues, todos los que espo-
y definición de la renta, del valor y de ian, todos los que roban ó encubren
ios beneficios, no h a n comprometido íl producto de estas rapiñas, quedan
¿1 éxito de su enseñanza. Pocos han ibsueltos por la ciencia, y pueden
visto que no llegaban á entenderse continuar gozando de lo que adqui-
sino sobre la proposición siguiente, •ieron por la violencia ó por la astu-
•undamento de su p o b r e ciencia: las cia. Eso es una verdad que todos
relaciones entre los hombres se deter- nuestros economistas reputan indis-
A
ninan, no por las ideas del bien y del bu tibie.
nal, sino por los intereses de una cla- Antiguamente, pocos fueron los
se privilegiada. hombres iniciados en las sutilezas de
E n nuestra sociedad se ha consti- las doctrinas teológicas. Igualmente,
tuido un grupo numeroso de gente hay pocos entre nosotros que conoz-
interesada que q u i t a á los obreros, can en detalle las teorías tranquiliza-
por actos de verdadero bandolerismo doras de la ciencia contemporánea,
y de robo, todo el producto de su tra- Pero sabemos que ésta existe, y que,
bajo. Guardémonos, sin embargo, de sabios y hombres de gran inteligen-
icusar á esa b a n d a r a p a z . Obedece á cia, por medio de pruebas ciertas,
eyes económicas necesarias, que pue- que cada día fortalecen con nuevas
v demostraciones, han definido el ca-
' len transformarse, es verdad, pero
únicamente por evolución lenta, que rácter necesario del orden social pre-
la ciencia es la ú n i c a que puede pre- sente, y que, por lo tanto, pode-
mos con perfecta tranquilidad gozar
le las ventajas que nos asegura, sin
preocuparnos de cambiarlo en lo más
nínimo.
T a l es, á juicio mío, la única expli-
iación que cabe dar de esa ceguedad
sorprendente que inutiliza toda la
mondad de los hombres más sensibles,
}ue resultan compasivos para los ani-
IV
nales, y asesinos despiadados de sus
lermanos.

Durante muchos siglos se pudo


apaciguar las rebeliones del pueblo,
hablándole de voluntad divina; en-
traba en los designios de Dios que
algunos hombres fueran los señores
todopoderosos de sus semejantes. L a
dureza de los amos hallaba en tal teo-
ría una justificación y nuevos alien-
tos. Pero un día los que estaban can-
mos con perfecta tranquilidad gozar
le las ventajas que nos asegura, sin
preocuparnos de cambiarlo en lo más
nínimo.
T a l es, á juicio mío, la única expli-
iación que cabe dar de esa ceguedad
sorprendente que inutiliza toda la
mondad de los hombres más sensibles,
}ue resultan compasivos para los ani-
IV
nales, y asesinos despiadados de sus
lermanos.

Durante muchos siglos se pudo


apaciguar las rebeliones del pueblo,
hablándole de voluntad divina; en-
traba en los designios de Dios que
algunos hombres fueran los señores
todopoderosos de sus semejantes. L a
dureza de los amos hallaba en tal teo-
ría una justificación y nuevos alien-
tos. Pero un día los que estaban can-
sados de sufrir, protestaron de aque- derías, planchadoras, t i p ó g r a f o s ,
llas palabras y dudaron de ellas. millares de hombres llevar la exis-
Hoy, pasa algo parecido. Los sa- tencia más dura y contraria á las
nos aseguran, que por la fuerza de simples leyes naturales, y someterse
as leyes necesarias que rigen la evo- á un trabajo monotono, embrute-
ución económica, algunos hombres cedor, que no han escogido libre-
leben amontonar capitales y otros mente. Es natural que os pregun-
íombres trabajar durante toda su téis quién ha podido lanzar á esos
rida para aumentar esas fortunas, es- desgraciados en tal abismo de infor-
merando el día prometido de la socia- tunios, y si 110 es posible retirarles de
ización de los medios de producción. él. La ciencia se encarga de respon-
Esta teoría ha producido igual efecto deros. L a condición de todos esos
pie las antiguas doctrinas: haaumen- obreros, no es tan miserable, os dice,
;ado la dureza de corazón de los pri- sino porque los ferrocarriles, los ta-
vilegiados pero se puede notar ya, lleres, las fábricas de sederías, las ti-
lúe pierde crédito, sobre todo cerca pografías, etc., pertenecen á los capi-
le los humildes, cuyo buen sentido talistas. Pero pueden mejorar agru-
10 estaba obscurecido por la ciencia. pándose en asociaciones, en socieda-
Se puede ver en las estaciones có- des cooperativas, y esforzándose cada
mo se mata á los cargadores, por un día por medio de huelgas y por su
t r a b a j o continuo de treinta y siete participación en el poder, en adquirir
horas, y se ve á las obreras en se- mayor influencia sobre los patronos
y el gobierno. Así obtendrán la dis- mente remueven los fardos en las es-
minución de horas de trabajo, la ele- taciones, tienen medios de producción
vación de los salarios, y lograrán, que no h a n sido acaparados por los
por fin, apoderarse de los medios de capitalistas. Tienen tierras, caballos,
producción. arados, todo lo que es necesario para
Entonces todo irá á pedir de boca; cultivar un campo. Y esas mujeres
de momento, los hechos siguen su que pasan su vida tejiendo sederías,
curso natural y es inútil tratar de tampoco se vieron constreñidas á ejer-
Cambiarlos. cer ese triste oficio, porque se les hu-
Resulta imposible no ver que tal bieran quitado todos los medios de
respuesta es una confesión de igno- producción. Por lo contrario, ellas
rancia. Es particularmente asombro- fueron quienes, en su mayoría, aban-
so por lo que hace á los rusos. Y ante donaron por su propia voluntad la
todo, la concentración de los medios aldea, contra el deseo de sus padres
de producción entre las manos de los y hermanos, quienes les rogaban que
capitalistas, nada tiene que ver con permanecieran en el campo para ayu-
la triste condición de los cargadores, darles en su trabajo, á fin de hacer
de las obreras en sederías ó de los mi- fructificar los medios de producción
llares de trabajadores que ejercen un de que disponía la familia.
oficio pesado, insano y embrutece- E n segundo lugar, los obreros no
dor. verían desaparecer sus sufrimientos,
Todos estos hombres que actual- ni aun en aquel lejano porvenir de
que habla la ciencia por la disminu- inmorales, porque padecen y se fati-
ción de las horas de trabajo, ni por gan por cuenta ajena, haciendo un
la elevación de salarios, ni por la so- trabajo que no han escogido libre-
cialización de los medios de produc- mente.
ción tan anhelada. Es verdad que se Durante los últimos tiempos se ha
les hace trabajar muchas horas. Pero disminuido las horas de trabajo,
los labradores, que t r a b a j a n á veces aumentado los salarios, y sin embar-
diez y ocho horas de las veinticuatro go, no veo yo que la condición de los
que tiene el día, se consideran dicho- obreros haya mejorado. Para la dicha
sos. También es verdad que se les de su vida, importa poco que puedan
p a g a de un modo insuficiente, y que permitirse superfluidades lujosas: re-
se pueden quejar con justicia el no lojes, pañuelos de seda, tabaco, aguar-
poseer una parte de los ferrocarriles diente, carne, cerveza; lo que impor-
y de las fábricas, cuya prosperidad ta es que recobren la salud, la mora-
es obra suya. N a d a de eso es, sin em- lidad y sobre todo la libertad.
bargo, la verdadera causa de su des- E n la fábrica de sederías que he
gracia. Son desdichados, porque se citado, hace veinte años, casi todos
les obliga á t r a b a j a r en condiciones los empleados eran hombres. Traba-
insanas, antinaturales, á menudo pe- j a b a n catorce horas, y ganaban cada
ligrosas y funestas, porque viven en mes á lo sumo una docena de rublos,
las ciudades acuartelados, amenaza- que enviaban á menudo á sus fami-
dos por toda suerte de seducciones lias que permanecían en el pueblo.
Hoy, el personal está casi exclusiva- a vida de familia y el trabajo de la
mente compuesto de mujeres; traba-
j a n solamente once horas y se las pa-
Íierra, que es el único razonable.
Es muy posible que por medio de
ga veinticinco rublos cada mes. Pero ciertas reformas reclamadas por los
no envían ningún dinero á sus fami- economistas, pueda mejorarse hasta
lias y g a s t a n la mayor parte de esa cierto punto la situación de las clases
suma en engalanarse y en satisfacer obreras. Es posible también que en
BUS caprichos y sus vicios. L a dismi- algunos centros industriales, muy ra-
nución de las horas de trabajo, h a te- ros por otra parte, la vida de los
nido por efecto inmediato permitir á obreros sea preferible por sus condi-
los obreros más largas sesiones de ciones exteriores, á la de las pobla-
taberna. E n todas partes, en fábricas ciones rurales. Este es el resultado de
y talleres, á pesar de la disminución las medidas que el gobierno y la so-
de la j o r n a d a de trabajo y del aumen- ciedad creyeron necesarias tomar pa-
to de salario, empeora el estado sani- ra conformarse á las conclusiones de
tario, mientras que en la campiña las doctrinas científicas, que á la vez
jiempre es satisfactorio. La duración aprovechan á los obreros y dañan á
media de la vida humana disminuye, los labradores.
lesaparece la moralidad, y nada hay De ello puede deducirse únicamen-
l e extraño en ello, ya que h a perdido te que no hay situación, por muy
sus más seguras garantías, que con afortunada que sea, que á fuerza de
La Esclavitud, Moderna 4
vejaciones no se convierta en misera- ción. Para resolver el problema sería
ble; y que tampoco h a y ninguna, por preciso buscar: las causas que h a n
miserable y contraria á la naturaleza ([uitado á los obreros la posibilidad
que sea, á que los hombres no puedan ( e una vida normal en plena natura-
acostumbrarse á fuerza de padecerla 1 iza y les han impuesto la servidum-
muchas generaciones. 1 »re en que les vemos; y luego los me-
La desgracia de los obreros de las mos de substraerlos á las necesidades
•ábricas, y en general de todos los :pie les fuerzan á abandonar la vida
}ue trabajan en las ciudades, no di- ibre de los campos por la esclavitud
nana precisamente de cobrar poco le las fábricas. Ante todo, debemos
3or un trabajo excesivo, sino de no saber lo que ha arrojado á esos hom-
)oder vivir de un modo normal en )res de las aldeas, donde vivían sus
plena naturaleza y de verse privados mtepasados, y en que podían vivir
de su libertad, obligados á hacer pa- illos mismos, y lo que les condujo
ra otros un t r a b a j o invariable é im- contra su propia voluntad á las fábri-
puesto. cas y á los talleres.
Así es que no se puede explicar el Puede haber en Inglaterra, en Bél-
triste estado de la clase obrera por la gica, en Alemania, obreros cuyos as-
concentración capitalista, ni mejorar cendientes, desde hace muchas gene-
esta situación disminuyendo las horas raciones, t r a b a j a b a n en los talleres
de trabajo, aumentando los salarios como t r a b a j a n ellos. Esos, tampoco
ó socializando los medios de produc- escogieron libremente tal método de
vida; son víctimas de causas antiguas ros; pues para ella, es evidente que
que obligaron á sus antepasados á habrá siempre fábricas y talleres, co-
trocar por la vida penosa del taller, mo habrá siempre una clase obrera,
que tienda á absorber las poblaciones
la fácil y suave de los campos. Según
rurales que no han dejado aún el tra-
dice K . Marx, se despojó á los labrie-
bajo de la tierra.
gos de sus tierras, se les arrojó de ellas
y se les redujo á la condición de vaga- Este h a sido considerado por to-
bundos, y luego se dictó contra ellos dos los sabios y poetas del mundo
como la primera condición de una
leyes crueles, y por las tenazas, el
vida idealmente dichosa; por regla
hierro candente y el látigo, se les
general, los obreros, por lo menos
obligó á servir los intereses particu-
aquellos que no h a n contraído vicios,
lares. Así, tratar de combatir las cau-
Lo prefieren á los demás. Es sano y
sas que obligan á los hombres á re-
variado; el trabajo en los talleres es
nunciar las alegrías de una vida tran-
insano y monotono. Es libre, es decir,
quila p a r a consagrarse á la desdicha, que el labrador puede reposar cuan-
es t r a t a r también de librar á los obre- do le place. E l trabajo industrial, por
ros de las miserias que soportan. lo contrario, es obligatorio, y el obrero
E s t a s causas, la economía política depende delamáquina.Enfin, el traba-
nos las indica rápidamente, pero no jo de la tierra es primordial, mientras
se p r e o c u p a en combatirlas. que la industria no puede existir por
l
P r o c u r a únicamente mejorar en ta- sí misma y está subordinada á la agri-
lleres y fábricas la suerte de los obre-
cultura, sin la cual no existirían fá-
bricas. Nuestros economistas saben
ésto, y sin embargo, no por ello de-
jan de consignar que los labradores
que emigran á las ciudades no echan
de menos su antigua existencia, que
abandonan sus aldeas por propia vo-
V
luntad, hasta con entusiasmo, y que
por consiguiente, todos los campesi-
nos irán con el tiempo hacia los gran-
des centros, para poner sus brazos al
servicio de la industria. Es evidentemente absurdo hacer
depender el bien de la humanidad,
de aquello que más duramente hiere
los sentimientos humanos; del traba-
j o abrumador y monotono. A pesar
de ello, los sabios han llegado á pro-
clamar tal absurdo; los teólogos, por
m parte, se habían visto lógicamente
irrastrados á conclusiones monstruo-
sas, que representaban á los esclavos
r á los patronos como seres creados
toara vivir en diferentes condiciones, adelantado más en la vía trazada por
y cuya desigualdad cesaría tan sólo /la ciencia- ¿Qué piden los socialistas?
fcn el otro mundo. jQue se reconozca á los obreros la pro-
Tal error de los hombres científicos (piedad de los medios de producción.
es explicable. Pertenecen en su mayo- Suponen, pues, que habrá siempre
ría á la clase rica, y tanto les placen una producción sometida al principio
las v e n t a j a s de su estado, que no pue- de la división del trabajo, y que las
den concebir la existencia de una so- fábricas que ya funcionan ó los esta-
ciedad q u e les rehusara sus habitua- blecimientos similares continuarán
les goces. proporcionando á los hombres los
No quieren renunciar á los objetos mismos objetos, ó casi los mismos ob-
de toda especie que halagan su gusto jetos que les procura la industria con-
por la v i d a fácil y sensual, y cuya temporánea.
producción no sería posible, si las fá- Según ellos, todo ocurrirá como en
bricas y los talleres desaparecían, tal lo pasado, con la diferencia de que
como h o y están organizados. He aquí ellos, y las gentes de su clase, no se-
porque las reformas que proponen rán los rímeos que gocen de las como-
para m e j o r a r la suerte de los obreros didades modernas, sino que todos los
son tales que no variarían nada de la ciudadanos disfrutarán las dulzuras
actual producción ni disminuirían el vde una vida regalada. Se les antoja
lujo de los privilegiados. que después de la socialización de los
La escuela socialista es la que ha medios de producción, todos los indi-
viduos de la actual clase productora, Según la teoría socialista, los obre-
deberán participar del trabajo co- ros desarrollando su espíritu de soli-
mún. Pero en sus nociones confusas daridad, agrupándose en sindicatos,
de lo que ocurrirá, suponen que ellos en asociaciones, organizando huel-
continuarán representando un papel gas, tomando parte en las tareas par-
preponderante sirviendo á la comuni- lamentarias, acabarán por apoderar-
dad como dibujantes, sabios y artis- se de todos los medios de producción
;as. No nos dicen quien querrá encar- sin exceptuar la tierra. Entonces es-
darse de la fabricación peligrosa de tarán tan bien alimentados y vesti-
as sales de plomo, quien se sacrifica- dos, tendrán los domingos á su 'dis-
*á para cumplir las funciones de fo- posición tantos medios para distraer-
gonero, de minero ó de albañil. Nos se, que no h a b r á nadie que prefiera á
dan á entender que todas esas ocupa- la ciudad y á una perspectiva de pie-
ciones resultarán simplificadas por la dras y chimeneas, el ancho espacio
aplicación de procedimientos perfec- de las campiñas, la compañía de los
cionados, y que entonces, trabajar en animales y de las plantas, ni al tra-
las alcantarillas ó en las minas, resul- bajo monotono y maquinal del taller,
tará una tarea muy agradable. De tal el sano, variado y libre de la tierra.
manera nos representan las condicio- Es ésta una hipótesis tan poco ve-
nes próximas de la vida económica rosímil como la hipótesis presentada
sus obras de doctrina ó sus ensueños por los teólogos de un paraíso en qué
extravagantes á lo Bel-Amy. los obreros serían indemnizados des-
pués de su muerte, con toda especie cede es para el bien de todos en vir-
de goces, de la penosa existencia que tud de leyes necesarias. Tal es la cau-
arrastran en este mundo. Sin embar- sa psicológica que ha conducido á los
go, los hombres inteligentes é instrui- sabios, á los inteligentes é instruidos
dos de nuestros días creen en las pro- —no hablo de los hombres de clara
esas de los socialistas, como los de inteligencia—á afirmar con menos-

E ;ras épocas creían en el paraíso de


s teólogos.
Preciso es que así sea; porque los
precio de toda evidencia, de una ma-
nera tenaz, que los trabajadores de-
ben abandonar una existencia alegre
y sana, para ir á perder cuerpo y al-
sabios y sus discípulos y todos los
hombres de la clase rica en general ma en fábricas y talleres.
no pueden n e g a r que todos los obje-
tos que sirven p a r a su comodidad,
desde los ferrocarriles á las cerillas y
cigarrillos, son producto del trabajo
de sus hermanos, de un trabajo mil
veces mortal. Se comprende que si
querían continuar gozando de todos
esos objetos sin participar á su pro-
ducción, se les presentaba un dilema:
debían reconocer que eran perversos,
ó proclamar m u y alto que lo que su-
VI

Podría demostrarse que tal aser-


ción es manifiestamente inexacta,
pues está en pugna con todas las cua-
lidades naturales del hombre. Admi-
tiendo que deba preferir ejecutar en
las ciudades una tarea determinada,
regulada por el funcionamento de
una máquina, mejor que trabajar en
el campo libremente con sus brazos,
la evolución económica lleva en sí
misma una contradicción que es ab-
solutamente imposible resolver. Se currencia y las necesidades, la índole
asegura que los obreros, una vez due- y cantidad de los productos que se
ños de los medios de producción, go- pedirán en los mercados. Pero no
zarán d e todas las ventajas y como- hay estadística capaz de dar indi-
caciones aproximadas acerca de la
didades que son hoy día los privile-
demanda y las necesidades de una
gios de una clase. Serán bien vestidos,
sociedad en que todos los medios de
bien alimentados y bien alojados. Pa-
producción serán comunes, es decir,
searán por calles cuidadosamente pa-
en que todos los hombres serán li-
vimentadas y alumbradas eléctrica-
bres.
mente; irán al concierto, al teatro,
leerán libros y diarios y correrán en T a n solo puede preverse que en se-
automóvil. mejante sociedad, la demanda exce-
derá á la producción en proporciones
P e r o p a r a que todos los hombres colosales. Cada cual querrá poseer
puedan usar determinados objetos, todo lo que poseen hoy los más ricos;
es necesario saber cómo tales objetos imposible sería pues evaluar las enor-
serán producidos, y cuántas horas de m e s cantidades de manufacturas ne-
t r a b a j o deberá cumplir cada obrero ícesarías para dar satisfacción á esas
para ayudar á su producción. ¿Es po- necesidades insaciables y numerosí-
sible evaluar ésto? simas.
B a j o el régimen capitalista, las es- Además, ¿cómo se obtendrá que to-
tadísticas permiten hasta cierto pun-
La Esclavitud Moderna 5
to prever, teniendo en cuenta la con-
los participen en la fabricación de mientos mecánicos y á la división
)bjetos que para unos serán precio- del trabajo, sin gran gasto de fuerzas
sos, é inútiles y hasta dañinos para humanas.
los otros? Pero ni la importancia que noso-
Supongamos que baste pedir á ca- tros les damos ni las ganancias que
da individuo de la comunidad seis procuran á sus productores, ni la fa-
horas de trabajo durante el día, para cilidad de su fabricación garantizan
asegurar la producción capaz de sa- que en la sociedad futura, entre los
tisfacer las exigencias de la sociedad. hombres emancipados y libres de to-
Taita saber, cómo, bajo este régimen da traba, se hallarán obreros que
i ie libertad completa, se obligará á quieran proporcionar á nuestra ton-
os hombres á dar esas seis horas de tería todos esos vanos accesorios.
;rabajo; si deben emplearlas en pro- Es incontestable que por una inge-
lucir objetos que estimen inútiles ó niosa división del trabajo se fabrica
nocivos. muy bien y muy rápidamente en la
Es incontestable que gran número casa K r u p p soberbios cañones; en la
de objetos muy diversos, muy perfec- casa N. sederías de maravillosos di-
cionados, cuya producción proporcio- bujos; en la casa S. perfumes delica-
n a á los industriales beneficios consi- dos, tarjetas preciosas, polvos que
derables, y á nosotros mismos una mantienen el brillo de la piel; en ca-
infinidad de comodidades y goces, se sa P. superior aguardiente. Consumi-
obtienen hoy gracias á los procedi- dores y productores se felicitan igual-
mente al ver estos admirables resul-
tados del progreso industrial. Mas, Hasta suponiendo que pueda some-
para desear cañones, aguardiente ó terse á todas las voluntades á las exi-
polvos es preciso querer apoderarse gencias de las mayorías,—no hay ni
de los mercados de China, ó ser bo- habrá jamás para ésto otro medio
rracho contumaz, ó dar gran valor á que la obligación forzada,—¿quién se
la suavidad de la piel; y hay hombres encargará en esta sociedad libre so-
que siempre hallarán detestables los bre la que no obrarán ni las fuerzas
cañones, el aguardiente y los polvos. del capitalismo, ni las leyes de la con-
Y para hablar más claro, precisa currencia, de la oferta y de la deman-
decir que hay hombres que reproba- da, de ordenar, según su importan-
r á n siempre, por la vanidad que im- cia, los trabajos á que convendrá
plican y por los perniciosos efectos aplicar la masa de energías huma-
que producen, las exposiciones, las nas?
academias, el uso de la cerveza y el ¿Se pensará antes en la construcción
de la carne. de un ferrocarril en Siberia ó en la
« ¿Cómo se obligará á tales hombres fortificación de Port-Arthur, que en
á fabricar cerveza, á m a t a r y á des- el pavimentado de las calles ó vice-
trozar animales? ¿Cómo obligarles á versa? ¿Se creerá más útil la instala-
organizar exposiciones, á sentarse en ción del alumbrado eléctrico ó el rie-
las academias, si para tales tareas la go de las tierras? Además se presenta
sociedad reclama su concurso? una nueva cuestión que será bien di-
fícil de resolver cuando los obreros
sean libres: ¿Cómo se repartirán en- las necesidades mismas de los obre-
tre los hombres, las diversas funcio- mos. El trabajador que consiente en
nes sociales? Es evidente que preferi- pasar su vida en un subterráneo, en
rán todos la vida del sabio ó del ar- gastar sus fuerzas para fabricar sola-
tista á la del fogonero ó el minero. mente la centésima parte de un obje-
uCómo se fijará el empleo de cada to cualquiera, á hacer de continuo un
[uno y se pondrán todos de acuerdo? movimiento invariable, un esfuerzo
penoso entre el ruido de la máquina,
j Ninguna estadística puede servir-
lo hace obligado por la necesidad,
líos para contestar á estas preguntas.
para procurarse medios de existencia;
3ólo admiten soluciones teóricas, es
de no ser así, no aceptaría tan terri-
decir, que serán resueltas por algu-
bles condiciones de trabajo. Pero el
nos hombres á quienes se dará el po-
que se verá al abrigo de la necesidad
der de hacer respetar sus decisiones.
porque posea los medios de produc-
Mandarán, y todos los demás obede- ción, rehusará, hasta que se le obli-
cerán. gue á ello, respetar las consecuencias
Por fin, la hipótesis de la socializa- de la división del trabajo y someterse
ción de los medios de producción im- á tareas embrutecedoras que matarán
plica una última p r e g u n t a más im- en él las aspiraciones del alma. No
portante que todas las que acabo de hay duda que la división del trabajo
indicar: ¿En qué medida se observará es muy ventajosa y hasta natural
la división del trabajo en un estado para los hombres; pero los que sean
socialista? Hoy está garantizada por
libres no la llevarán nunca más allá cualquiera; que se condenen para ac-
de ciertos límites asaz restringidos, tivar la marcha de las máquinas, á
que nuestra sociedad ha rebasado ya sofocarse en una temperatura de 50°,
•hace mucho tiempo. á morir quizás asfixiados por gases
Sucede por ejemplo que un campe- irrespirables. Es comprar demasiado
sino hace de la fabricación de calza- jaro por el sacrificio de vidas húma-
do su tarea ordinaria, mientras su las la producción de objetos cuya
mujer teje cáñamo ó lana, uno de sus itilidad es por lo menos discutible.
vecinos labra los campos y otra forja Así se comprende que la obligación
hierro. Todos ellos adquieren gran forzosa, es la primera condición de la
habilidad cada cual en el oficio que división del trabajo, tal como existe
han escogido y cambian entre ellos íoy día. Rodbertus dice que la divi-
los productos de sus industrias. Es ;ión del trabajo acerca á los hombres
también incontestable que esta orga- Y los une con un lazo de solidaridad,
nización sirve igualmente los intere- ísto es exacto, si algunos hombres
ses de cada cooperador. E n tal medi- ibres se han repartido una obra im-
da, los hombres libres aceptarán la portante por su propia voluntad. Su-
división del trabajo. pongamos que estos hombres hayan
Pero no hay n i n g ú n interés serio «ecidido abrir un camino: Uno cava-
rá, otro transportará los guijarros,
que exija que los obreros se ciñan á
Otro los desmenuzará, etc... y se po-
la fabricación ridiculamente minucio-
drá decir con razón que estos hom-
sa de una ínfima p a r t e de un objeto
74 LEON TOLSTOY

E»res están unidos por la división del


rabajo. P e r o si contra la voluntad
de estos obreros y hasta contra su
lencia, volverán á poner la división
del trabajo en los justos límites den-
tro de los cuales los buenos resulta-
deseo, se proyecta construir una vía dos de tal método pueden compensar
estratégica, u n a torre Eiffel, ó cual- los inconvenientes.
quiera de esos absurdos de que está
Como todos los hombres aspiran á
llena la Exposición de París, si se insanchar el campo de su actividad,
obliga p a r a t a l fin á un obrero á que ;s evidente que, en una sociedad li-
extraiga mineral de hierro, á otro >re, no querrán ceñirse como hoy día
que lleve carbón á los altos hornos, , un trabajo monotono y que no re-
á otro que f u n d a el mineral, á un quiere inteligencia.
cuarto á que corte árboles, á un quin-
Pero el menor cambio en la divi-
to á que desbaste los troncos corta-
sión actual del trabajo, puede com-
dos, sin que unos ni otros tengan la prometer grandemente la producción
menor noción del objeto que sus es- de los múltiples objetos que sirven
fuerzos concurren á realizar, la divi- A hoy para los goces de la clase rica, y
sión del t r a b a j o aislará á cada uno de que según los teóricos, la implanta-
estos cooperadores de la obra final ción del régimen socialista pondría al
en vez de acercarlos. Puede decirse, ilcance de todos los ciudadanos.
pues, que después de la socialización
Después de la emancipación de los
de los medios de producción, los
hombres, libres por fin de toda vio- -I obreros, disminuirá y hasta desapa-
recerá la producción de todos esos
objetos que no pueden obtenerse sino
A mediante una violenta sujeción de la
piase obrera. Así ocurrió que al abo-
lir la servidumbre, desaparecieron las
orquestas, los parques, los tapices,
las blondas y los teatros que llenaban
de orgullo á los señores. Los aldea- VII
nos no se veían ya obligados á satis-
facer los caprichos de sus amos.
Creo haber demostrado suficiente-
mente que los socialistas nos hacen Vemos que se reproduce lo que ocu-
promesas contradictorias, cuando ase- rrió ya durante los últimos años del
guran que después de socializar los régimen señorial. Todos los propieta-
nedios de producción todos los hom- rios de fincas rústicas y en general
ares serán libres, y que todos disfru- todos los hombres de la clase rica, re-
tarán de los goces que en nuestra so- conocían que la situación de los sier-
ciedad son, hoy por hoy, privilegio vos dejaba que desear; pero no pro-
pe la clase rica. ponían para mejorarla sino medidas
que no comprometieran seriamente
sus rentas. Hoy los privilegiados pien-
san también que la situación de los
objetos que no pueden obtenerse sino
A mediante una violenta sujeción de la
piase obrera. Así ocurrió que al abo-
lir la servidumbre, desaparecieron las
orquestas, los parques, los tapices,
las blondas y los teatros que llenaban
de orgullo á los señores. Los aldea- VII
nos no se veían ya obligados á satis-
facer los caprichos de sus amos.
Creo haber demostrado suficiente-
mente que los socialistas nos hacen Vemos que se reproduce lo que ocu-
promesas contradictorias, cuando ase- rrió ya durante los últimos años del
guran que después de socializar los régimen señorial. Todos los propieta-
nedios de producción todos los hom- rios de fincas rústicas y en general
ares serán libres, y que todos disfru- todos los hombres de la clase rica, re-
tarán de los goces que en nuestra so- conocían que la situación de los sier-
ciedad son, hoy por hoy, privilegio vos dejaba que desear; pero no pro-
pe la clase rica. ponían para mejorarla sino medidas
que no comprometieran seriamente
sus rentas. Hoy los privilegiados pien-
san también que la situación de los
obreros es digna de inspirar lástima; Los liberales de otro tiempo juz-
pero sólo proponen para modificarla gando que no podía cambiarse la si-
reformas insuficientes que no amena- tuación de los campesinos, pero de-
cen disminuir las comodidades del seosos, sin embargo, de hacer paten-
r é g i m e n de vida á qué están acos- tes sus sentimientos humanitarios,
b r a d o s . E n otro tiempo, el propieta- pedían al gobierno que restringiera
rio m á s dispuesto á favorecer los as atribuciones de los propietarios y
siervos hablaba del poder patriarcal, niraban con simpatía los motines de
y aconsejaba, como Gogol, á los os campesinos. Los liberales de nues-
h o m b r e s de su clase que fueran bue- tros días, al mismo tiempo que ase-
nos y cuidasen de la suerte de sus guran que no puede variar en abso-
siervos; pero rechazaba obstinada- uto el estado actual de cosas, piden
m e n t e todo proyecto de emancipa- al gobierno que ponga límites á la
ción, que se le antojaba que había de influencia de los capitalistas é indus-
tener funestas consecuencias. Hoy, la triales, y no ocultan su simpatía ha-
m a y o r í a de los privilegiados aconse- bía las manifestaciones, las huelgas y
j a n á los patronos que velen por el en general hacia todas las protestas
bienestar de sus obreros, pero ningu- we los obreros: en otras épocas el
no de ellos quiere discutir siquiera la bartido avanzado reclamaba la eman-
posibilidad de una revolución econó- cipación de los siervos, pero sin de-
mica radical que emanciparía defini- sear para ellos una completa libertad,
tivamente á los obreros. pues sus proyectos de reformas les
lejaban aún, en cierta medida, bajo
sabios, aristócratas y burgueses quie-
la dependencia de los propietarios y
ren defender el anatema de la distri-
les sometían á toda clase de impues-
bución y de la división del trabajo
tos. Hoy por hoy, los hombres más
;al como funciona en nuestros días,
ludaces, reclaman la emancipación
porque es el único que garantiza la
del proletariado y que se socialicen to-
producción de los objetos de lujo,
los los medios de producción, pero
propios para satisfacer las comodida-
pretenden que la distribución y la
des á qué no quieren renunciar los
división del trabajo, tal como existen,
ricos. La cultura, dicen, es la madre
>on fenómenos sociales necesarios de
del mundo moderno. Y esta cultura
los que deben los obreros aceptar las
pie se manifiesta bajo sensible for-
'consecuencias.
na en los caminos de hierro, los telé-
Las conclusiones de la Economía grafos, los teléfonos, la fotografía,
Política á que s u j e t a n su criterio, sin os rayos X,las clínicas, las exposicio-
conocerlas en sus menores detalles, nes y por medio de todos los perfec-
como debieran, parecen, á primera cionamientos del confort, es para ellos
vista, liberales y hasta radicales, (como una cosa sagrada. Nadie admi-
porque parecen atacar los privilegios te la supresión del menor detalle en el
de las clases ricas de la sociedad. conj unto de sus resultados. To do puede
Pero realmente están impregnadas trastornarse, pero lo que la cultura ha
del espíritu conservador más serio y marcado con su sello reviste, por eso
más grosero. De u n o ú otro modo,i La Esclaviiud Moderna 6
solo, el carácter de lo necesario. Se Es un lenguaje que, á juicio mío,
advierte, sin embargo, cada vez con es muy contrario al que debieran em-
mayor evidencia que los progresos plear los hombres inteligentes que
producen la opresión de la clase ractican la ley cristiana de fraterni-
obrera. Poco importa esto; los sabios ad y amor al prójimo.
están, de tal modo, celosos de su L a luz eléctrica, los teléfonos, las
inestimable cultura, que no vacilan exposiciones, todos los jardines de la
m trastrocar la célebre máxima de los arcadia del mundo con sus conciertos
juristas: fiat justitia, pereat mundus, y sus diversiones, los cigarros, las
íat cultura, pereat justitia. cajas de cerillas, los tirantes y hasta
Su entusiasmo no se traduce única- los automóviles... todo eso me parece
nente en vanas palabras; sus actos muy bien, pero desaparezcan para
nismos están inspirados en igual cie- siempre todas esas cosas j u n t o con
ro fanatismo. Todo se transforma en los ferrocarriles y las fábricas de te-
a práctica y en la teoría. Solo los re- las y de paños, si para hacer perdu-
sultados d e la cultura son definitivos. rar todos esos manantiales de place-
Todo lo q u e por ella y para ella se res y de comodidades en provecho de
fabrica en talleres y fábricas, y se una minoría privilegiada, el 99 por
vende en los almacenes, eternamente 100 de los hombres deben permane-
se f a b r i c a r á y venderá para satisfa- cer en la esclavitud y continuar mu-
cer las necesidades que creó la cul- riendo por millares á consecuencia
tura. del trabajo que se les impone. Si para
que Londres y Petersburgo aparez- timas que variar el trazado de sus
vías, con lo cual se evitaría todo pe-
can iluminados por la electricidad,
ligro de accidente. Esto sucede en
si para que se eleven los magníficos
Chicago. L a divisa de los hombres
I f f
pabellones de una exposición para
verdaderamente civilizados no será:
mm que podamos admirar hermosos colo-
fLat cultura, pereat justitia, sino: fiat
res y finas telas precisa que algunas
llji'lf1 f l i justitia, pereat cultura.
vidas humanas se destruyan ó^ se
Por lo demás, la cultura verdade-
abrevien ó se echen á perder, alúm-
ramente útil no desaparecerá. Suceda
brense Londres y Petersburgo con
lo que quiera, los hombres no se ve-
gas ó con aceite, no haya nunca nin-
rán reducidos á remover la tierra con
guna exposición y no se fabriquen
estacas ni á alumbrarse con candelas
'olores y telas. Si algo importa ver-
de resina. Los progresos técnicos que
laderamente es que sobre la tierra no se han realizado á costa de una dolo-
piede rastro de la esclavitud que ha rosa esclavitud no desaparecerán.
consumido tantas vidas humanas.
1
Con que los hombres comprendan
JOS hombres, verdaderamente civili- únicamente que no pueden sacrificar
zados, preferirán siempre viajar á para satisfacer los goces de la vida la
caballo en lugar de servirse cielos de sus semejantes, sabrán entonces
caminos de hierro, que causan tantas aplicar todos los progresos de la in-
víctimas, porque s u s propietarios dustria á salvaguardar, en vez de
estiman menos costoso p a g a r indem- comprometerlas, tantas existencias
nizaciones á las familias de esas víc-
preciosas, y á conservar el poder ad-
quirido sobre la naturaleza hasta don-
de es compatible con la emancipación
de sus hermanos.

VIII

Supongamos que enseñamos un país


europeo y las diversas manifestacio-
nes de la vida nacional á un hombre
que llega de lejanas tierras, descono-
cedor por completo de nuestra histo-
ria y de nuestras legislaciones, y que
le preguntamos si advierte alguna
señal de diferencia de clases. Nos di-
r á que para él, hay en efecto una de-
marcación bien precisa y patente en-
tre dos grupos de la población gene-
pal. De un lado, un reducido número elevarse desde su condición servil al
de hombres que tienen las manos rango de patronos en qué son á la
blancas, que se alimentan de manja- vez esclavos y dueños; pero á pesar
res escogidos, llevan vestidos elegan- de todos esos casos excepcionales, en
tes, viven en lujosas casas, trabajan que ambas clases llegan á tener con-
poquísimo ó nada, y sólo piensan en tacto y se confunden, se puede afir-
divertirse, obligando á la clase obre- nar que los hombres de nuestra épo-
ra á consagrarle millones de jornadas ca se dividen en dos grandes catego-
de t r a b a j o p a r a preparar todos sus •ías: la de los esclavos y la de los
^oces; y de otro lado, hombres sucios, dueños, t a n francamente opuestas
vestidos y alojados y alimentados po- una á otra como el día á la noche, á
jr emente, q u e tienen las manos ca- pesar de la transición del crepúsculo.
losas y negras, y que por la mañana Actualmente un dueño no tiene á
y por la t a r d e y muchas veces hasta m disposición un esclavo que con-
durante la noche, trabajan sin cesar sienta sin retribución en limpiar su
para los que n a d a hacen y consumen íscusado; pero tiene tres rublos que
su vida divertiéndose. l a c e n g r a n falta á centenares de
Sin duda a l g u n a no hay entre el es- obreros y el que escoja entre todos
clavo moderno y su dueño una dife- esos hombres, por esa corta suma, se
rencia t a n m a r c a d a como la que dis- apresurará á realizar tan innoble ta-
tinguía al siervo de su señor; sin du- rea.
da también muchos obreros pueden Los esclavos de nuestro tiempo, no
¿son únicamente todos los obreros de r a n de ello ni la reconocieran en la
los talleres y de las fábricas, obliga- forma semi atenuada de la servidum-
dos para vivir á someterse al poder bre.
arbitrario d e los grandes industriales, Se decía en el siglo XVIII que la si-
sino también los campesinos que no tuación de los siervos obligados á cul-
poseen ni los campos que cultivan ni tivar la tierra por cuenta de su señor,
el trigo que cosechan, ó que, si son era una condición necesaria y natural
propietarios de una mala parcela de de la vida, pero no se imaginaba que
tierra, deben abandonar sus rentas á pudieran compararse los siervos á los
x)s b a n q u e r o s para amortizar una esclavos.
deuda h a r t o pesada; también lo son De igual manera se asegura hoy que
] os innumerables lacayos, cocineros, la situación de los obreros es una con-
camareras, porteros, cocheros, bañe- dición necesaria y natural de la vida
mos, mozos de cuerda, etc..., que de las sociedades, pero nadie cree que
consumen su vida entera ejerciendo se deba ver en ella los caracteres de
1 unciones r e p u g n a n t e s y contrarias á la esclavitud.
su naturaleza. Al finalizar el siglo XVIII los hom-
L a esclavitud existe y se propaga !bres de la antigua Europa, compren-
en nuestra sociedad sin que tengamos dieron poco á poco que aquella ente-
de ello conciencia, como existía en la ra dependencia en que los obreros se
Europa del siglo XVIII, sin que los ¿rallaban respecto á sus señores, y que
hombres d e aquella época se percata- pareció al principio una forma nece-
sária y natural de la vida económica, legros marcaron tan sólo la desapari-
lebía ser abolida como un mal, una ción de una antigua forma arcaica é
njusticia y una inmoralidad. Nues- nútil de la esclavitud y el adveni-
tros contemporáneos, empiezan tam- miento inmediato de una forma nue-
bién á reconocer que la condición de va más sólida, más general y más
los obreros, no es, como pensaban, la Opresiva.
consecuencia normal de leyes necesa- Los reformadores hicieron con po-
rias, sino que es por lo contrario de ca diferencia lo que los tártaros de
tal modo monstruosa que precisa mo- Crimea que quitaban á sus prisione-
dificarla cuanto antes. ros grilletes y cadenas, pero solamen-
Sin embargo, únicamente los hom- te después de haberles despellejado
>res muy clarividentes é instruidos de a planta de los pies y espolvoreado
íuestra sociedad, son los que recono- as heridas con cerdas cortadas á me-
cen que los obreros están sometidos nudísimos trozos. La abolición de la
í una verdadera esclavitud. Los de- ervidumbre en Rusia y la liberación
nás quedan convencidos de que la le los negros en América, hicieron
isclavitud es una cosa que pertenece desaparecer las últimas huellas de
í lo pasado: ¿acaso los últimos res- ana forma anticuada de la esclavitud,
tos de ella, no se destruyeron en Ru- pero dejaron que subsistiera la escla-
sia y en América á mediados del si- vitud propiamente dicha. Cuando se
rio xix? No saben que la abolición de fles declaró libres, se tenía la seguri-
a servidumbre y la liberación de los dad de que, sin cadenas ni grilletes,
os desdichados cautivos, cuyos pies ésclavitud á sus pueblos cuando los
staban ya desollados y doloridos, no campesinos, completamente despoja-
'podían huir y continuarían traba- dos y arrojados de sus antiguas vi-
jando. viendas habían empezado á refugiar-
Los americanos del Norte pedían se en las ciudades donde, necesidades
audazmente la abolición de la anti- cada vez mayores, iban á entregarles
gua esclavitud porque veían q u e en infaliblemente á la influencia de los
su país estaba el pueblo sometido y a capitalistas. Unicamente entonces se
á un nuevo poder; al del dinero. E l abolieron en Inglaterra los derechos
partido del Sur defendía ciegamente sobre los cereales. E n nuestros días
las antiguas costumbres p o r q u e no se empieza en Alemania y en otros
se advertía en su país por síntomas )aíses á disminuir los impuestos so-
tan claros la aparición de una nueva ^ portados por los obreros y á aumen-
forma de esclavitud. tar, por lo contrario, los que pesan
E n Rusia, se abolió la servidumbre sobre los ricos; pero, para acometer
cuando todas las tierras e s t a b a n en tales reformas, se ha esperado á que
poder de las clases altas. L a parte la mayoría del pueblo estuviera ya
que se cedió á los campesinos se so- supeditado al poder de los capitalis-
brecargó con impuestos que reempla- tas. No se inutiliza un instrumento
zaron los antiguos lazos de servidum- de servidumbre hasta que hay otro
bre. E n Europa, se suprimieron las preparado, y precisa saber que nun-
pesadas cargas que m a n t e n í a n en la
ca faltan tan terribles instrumen- fellos; y debemos también, en segun-
tos. Uno ú otro, ó todos á la vez, re- do lugar, inquirir las causas de tal
ducen al pueblo á una obediencia pa- estado de cosas, y además, una vez
siva, y permiten á algunos hombres, descubiertas tales causas, destruir-
}ue no son sino una ínfima mayoría, las.
lisponer libremente del trabajo y de
a vida de obreros mucho más nume-
rosos. Esta sujeción de las masas á
un grupo privilegiado es la causa
principal de la desdichada situación
del pueblo.
Hé aquí porque, si queremos ver-
daderamente mejorar la suerte de los
)breros, debemos primeramente re-
conocer que la esclavitud persiste,
lando á esta palabra, no un sentido
figurado ó metafórico, sino su recto
sentido que implica la existencia per-
nanente de una organización que so-
nete la mayoría de los hombres al
capricho de un número reducido de
La Esclavitud Moderna 7
IX

i ¿En qué consiste la esclavitud mo-


lerna? ¿Cuáles son las fuerzas que
someten unos hombres á otros liom-
ires? Si preguntamos en Rusia, en
Europa ó en América á los que lle-
nan en las fábricas, en las ciudades y
hasta en las aldeas funciones asala-
riadas, qué concurso de circunstan-
cias les condujo á aceptar el estado
ü i que se encuentra hoy día, nos
contestarán que jamás tuvieron bas-
ante tierra para poder subvenir á
todas sus necesidades y vivir en su
Se puede esperar que en un porve-
propiedad trabajándola (ésto es lo
nir 110 muy lejano, siguiendo las pro-
que nos contestarán todos los obreros
posiciones de Enrique Georges, toda
rusos y muchos obreros europeos); ó
que los impuestos personales ó indi- propiedad territorial quedará supri-
rectos que se les exige, son tan pesa- nida y tal medida pondrá á los hom-
dos que no podrían pagarlos si no pres al abrigo de la falta de tierra, es
ganaran dinero trabajando por cuen- lecir, de la primera causa que les re-
ta ajena; ó sino que en las ciudades luce al estado de esclavitud.
contrajeron costumbres costosas y se Hasta se puede esperar que todo el
crearon necesidades que no pueden peso de los impuestos gravitará en lo
satisfacer sino vendiendo su trabajo sucesivo sobre los ricos, ya que en
y su libertad. nuestros días algunos gobiernos han
acometido reformas en tal sentido;
De ahí resulta que la falta de tie-
pero no puede esperarse que, dada la-
rras y las exigencias del fisco, obli-
ctual organización económica, las
gan al hombre á vender su libertad,
(lases ricas dejen de aumentar cada
y persiste en la condición servil que
se ha visto obligado á aceptar por el ( ía sus costumbres dispendiosas y su
gusto que siente por ciertas comodi- amor al lujo que á menudo resultan
dades que ha conocido en el medio ünestos. Tales costumbres, infalible
ambiente en que vive y á las cuales é inevitablemente, así como el agua
no quiere renunciar. penetra en un terreno seco, pasarán
á la clase obrera que se halla en con-'
;inuo contacto con las gentes ociosas, satisfacción de sus apetitos es pro-
y entonces, nuevas necesidades se porcional á la suma de energías que
nanifestarán entre los trabajadores astan en el taller ó en la fábrica,
pie, para satisfacerlas, continuarán
vendiendo su libertad.
f or esto los obreros ingleses y ame-
ricanos, cuyo salario reducido á la dé-
Esta tercera causa de la esclavitud cima parte de su importe podría ha-
moderna, aunque parece que no debe cer vivir á un hombre, son y serán á
producir efectos necesarios—puesto pesar de todo esclavos lo mismo que
que el hombre puede siempre, á lo cuando ganaban menos.
que parece, por un esfuerzo de su vo- Tres causas, al decir de los mismos
luntad rechazar las tentaciones—aun jbreros, han producido el estado de
mando la ciencia la desprecia casi en esclavitud en que hoy les vemos; la
ibsoluto cuando se esfuerza en expli- íistoria de la gradual sujección de
car la triste condición de los obreros, os trabajadores y el estudio de la
ÍS precisamente la que obra con condición actual de la clase obrera
nayor fuerza y la más difícil de com-
confirman estas indicaciones.
batir.
Por estas tres causas todos los obre-
Los obreros, viviendo en contacto ros fueron sumidos y permanecen en
con los ricos, contraen iguales gustos el abismo de su miseria presente.
le disipación y lujo. Solicitados por Obrando independientemente, con-
íuevas necesidades, se sujetan á una vergen todas al mismo fin, así es que
abor más y más encarnizada, pues la nadie puede escapar á su influencia.
El labrador que no tiene tierras ó
petencia de los capitalistas que dis-
que no tiene bastante para vivir con
ponen de procedimientos de fabrica-
trabajo independiente, siempre se ve-
ción rápidos y perfeccionados, le obli-
rá obligado, p a r a asegurar su exis-
gan á ser temporalmente, ó hasta su
tencia, á entrar definitivamente ó por
muerte, el esclavo de uno de esos ri-
un tiempo determinado al servicio de
vales poderosos. Si por acaso puede,
propietarios más afortunados.
i-abajando por su propia cuenta, es-
Si consigue de una u otra manera tablecer relaciones ventajosas entre
mejorar su propiedad, y que pueda íl y un capitalista, las ganas de satis-
vivir con el producto de su trabajo, facer nuevas necesidades, nuevos
se ve sometido á tantos impuestos ¡gustos, vencerán sus ultimas resis-
directos é indirectos que de nuevo se tencias y le forzarán á sacrificar su
ve obligado á vender su trabajo. independencia.
Si cansado de cultivar como escla- Es, pues, inevitable que el obrero
vo campos que no le pertenecen, se sea el esclavo de los hombres de quie-
convierte en artesano y condénase nes dependen los impuestos, que po-
í vivir durante su existencia en seen tierras fértiles ó disponen de los
una tierra que no es suya y así lo- objetos necesarios para la satisfac-
?ra procurarse las cosas necesarias ción de sus necesidades.
cambiándolas contra los productos
le su industria, lie aquí que de un
lado los impuestos, y de otro la com-
I
X

El conjunto de condiciones que


ían sometido á los obreros al poder
le los capitalistas, llámanlo los so-
cialistas alemanes la ley de hierro. E l
calificativo que emplean creen que
basta para demostrar el carácter ne-
lili cesario de esta ley, pero todos los he-
chos que trajeron el estado actual de
cosas, no tenían por sí mismos nada
de necesario. E r a n la consecuencia
de las leyes humanas sobre el impues-
to, la tierra y la propiedad. Estas
leyes por los hombres promulgadas, objetos que poseyera, cualquiera que
pueden ser por los hombres abolidas. fuera el medio empleado para adqui-
La esclavitud moderna es el efecto rirlos. Todo esto, ha producido la es-
le estas leyes humanas y no de la clavitud moderna.
'ey de hierro que se nos presenta co- Por efecto de una larga costumbre,
mo esencial para el desarrollo de las amás hemos visto en estas leyes co-
sociedades. Por ellas, por todos esos no en otro tiempo los hombres en el
reglamentos humanos relativos á la lerecho feudal y en las leyes relati-
tierra, á los impuestos y á la propie- vas á los esclavos, sino reglamentos
dad, se puede sin recurrir á la ley de ndispensables para el buen funcio-
merro explicar por modo muy claro y íamiento de las sociedades. No dir-
preciso la situación que hoy día pa- íamos j a m á s de que fueran justas y
decemos. Una ley humana ha decidi- recesarías. Las creíamos perfectas,
do que toda la extensión de la tierra pero así como en otra época los hom-
podía ser objeto de propiedad indivi- bres viendo los funestos efectos de la
dual transmisible por herencia, lega- servidumbre, concibieron dudas so-
do ó cambio. Otra h a decidido que bre la justicia y la necesidad de las
todo hombre debía pagar sin obje- leyes que le servían de base, de igual
ción los impuestos que se le reclama- manera, viendo hoy las consecuen-
ban; una tercera por fin ha dispuesto cias desastrosas de la organización
m e toda persona tendría derecho ab- económica actual, dudamos, á pesar
soluto de propiedad sobre todos los nuestro, de la justicia y de la necesi-
dad de nuestras leyes sobre la tierra 1.a L a propiedad personal de la
ó sobre los impuestos y la propiedad, tierra se mira generalmente como
puesto que tan malos resultados pro- condición precisa para los progresos
ducen. Antiguamente preguntáronse ríe la agricultura. Si la tierra no fue-
los hombres si era justo que algunos se poseída individualmente y no pu-
de ellos pertenecieran á otros hom- diera transmitirse por herencia, todos
bres, que no pudieran ellos mismos se esforzarían, así se piensa por lo
poseer nada, y que se vieran obliga- menos, en apoderarse del lote de su
dos á entregar á sus amos todos los vecino, y nadie trabajaría para hacer
productos de su trabajo. Hoy, debe- prosperar cultivos de los que no se
mos contestar á las tres preguntas si- sabría de cierto si ha de conservar el
guientes: goce. ¿Es esto verdad? L a historia y
1.a ¿Es justo que los hombres no a realidad contemporáneas contes-
puedan gozar de la tierra que perte- tan á tal pregunta. La historia nos
nece á otros hombres? dice que la propiedad individual de
2. a ¿Es justo que se tome á los a tierra tuvo por fundadores, no gen-
hombres, en forma de impuestos, una 4 tes preocupadas en asegurar á los
parte de los productos de su trabajo? cultivadores un largo goce de sus lo-
3.a ¿Es justo que los hombres no tes, sino conquistadores que usurpa-
A ban las tierras comunes y las distri-
)uedan gozar de los objetos que es-

Í án considerados como propiedad de


os otros hombres?
juyeron entre sus hombres de armas.
La propiedad de la tierra no fué
pues instituida con el fin de hacer
itrario, que las tierras se quiten á los
progresar la agricultura. Además, la
míe las t r a b a j a n para darlas á los que
realidad nos lo prueba de un modo
no las trabajarán. No favorece, sino
fehaciente: El derecho de poseer la
que por lo contrario, dificulta los pro-
tierra, no garantiza de ningún modo
gresos de la agricultura.
al labrador contra la eventualidad de
que no ha de arrebatársele el campo 2. a Se asegura que los hombres
en qué trabaja. Lo contrario precisa- deben pagar los impuestos á sus go-
mente es lo que siempre ha ocurrido biernos respectivos, porque se esta-
y ocurre aún. Tal derecho, no ha r c i e r o n en cada país con el consen-
aprovechado sino á los grandes pro- timiento expreso ó tácito de todos los
pietarios; por él, la casi totalidad de íabitantes, y sirven para atender, en
os labradores, es decir, una inmensa favor del interés general, á las nece-
nasa de hombres se ven reducidos á sidades de la sociedad, ¿Es verdad
trabajar tierras que no les pertenecen ésto?
y de las cuales les puede arrojar el La historia y la realidad presente
capricho del que las posee sin traba- nos dan la contestación adecuada.
jarlas. No asegura tampoco al culti- La historia nos dice que en ningún
vador la posibilidad de recoger los ais los impuestos se crearon con
frutos de su esfuerzo sobre la tierra consentimiento general de los habi-
misma que fecunda su trabajo. Tal tantes. E n todas partes fueron prime-
derecho es el que permite, por lo con- ramente tributos exigidos á los pue-
La Esclavitud Moderna 8
'blos por conquistadores ó usurpado-
n, y mucho más dañina que fecunda
res que únicamente pensaban en sus
intereses, y no en el bienestar de la
sociedad- Son todavía lioy lo que eran
Í 11 buenos resultados. Los 40/50 de
as rentas del Estado sirven, con da-
"10 del país, para los armamentos mi-
en su origen.
itares, la construcción de caminos
Los hombres poderosos son los que
estratégicos, de fuertes, de prisiones,
exigen los tributos, y á ellos los pa-
para mantener al clero, á la corte, á
gamos. Emplean, en verdad, una par-
os oficiales y funcionarios, es decir,
te de estos dones que se llaman im-
para el bienestar de cuantos tienen
puestos ó contribuciones, á la reali-
por cometido operar ó garantizar la
zación de obras que importan á la
inversión de estas formidables su-
sociedad entera. Pero en general, es-
Imas de dinero.
tas obras, resultan funestas para la
i Lo mismo sucede no sólo en Persia,
nayoría de los hombres.
Turquía y la India, sino también en
E n Rusia, por ejemplo, se toma á
todas las naciones cristianas, sin ex-
a nación la tercera parte de sus ren-
septuar las que recibieron cartas de
tas; pero no se emplea en la instruc-
Constitución, ó e s t á n r e p u t a d a s
ción pública, la más importante de
como repúblicas democráticas. E n
todas las necesidades, sino 1/50 del
todas partes los gobiernos exprimen
producto total del impuesto, sin con-
al pueblo, le toman cuanto puede
tar además que la escasa instrucción
dar, sin medir nunca sus exigencias
jue se dá al pueblo, es embruteeedo-
por las necesidades de la sociedad.
quiridos, un derecho de propiedad
Ni unos ni otros han recibido para sobre ellos para asegurar al obrero el
esta obra de espoliación el consenti- goce de los productos de su trabajo.
miento de las naciones que oprimen, ¿Es ésto verdad? Basta mirar alrede-
pues es evidente que en ningún país dor de nosotros para convencernos
leí mundo el voto del parlamento que la realidad destruye esta afirma-
puede tomarse por la expresión de la ción.
voluntad del pueblo. Y las sumas que E n nuestra sociedad, el derecho de
isí amasan, las derrochan en empre- propiedad de los objetos usuales ha
Í ¡as que interesan tan sólo las ambi- producido precisamente los abusos
ciones de su clase; hoy, la guerra de que según los legisladores debía pre-
3uba y Filipinas, mañana la usurpa- venir. Todos los objetos producidos
ción violenta del Transvaal. Lo mis- 4 por los obreros les son arrebatados á
mo que el interés de la agricultura medida que los van fabricando.
no puede invocarse para defender la Así, el derecho de propiedad de los
propiedad de la tierra, de igual ma- objetos usuales, no tiene tampoco
nera, ni el consentimiento general, ni mejor defensa que la propiedad de la
las necesidades de la sociedad son ar- tierra. L a justificación que se ha que-
gumentos importantes en favor del rido hacer de una y otra, descansa
impuesto. en el mismo sofisma. Se ha empezado
3. a Se afirma, por fin, que se ha de- por arrebatar á los obreros, por me-
bido reconocer á las personas que po- dios violentos, los productos de su
seían ciertos objetos bien ó mal ad-
trabajo, y una vez hecho esto, se ha cho pasar de las manos de los cam-
imaginado leyes para garantizar so- pesinos á las suyas por actos de usu-
bre todos estos productos un derecho ra y nada honrados, le pertenecen
de propiedad absoluta á los que los por entero. Si alguien ha recibido en
habían usurpado por la fuerza y con- herencia una tierra de la cual sus an-
tra toda justicia. tepasados habían desposeído al pue-
H a sido preciso por ejemplo, para blo, á él pertenecerá el trigo que los
poder instalar una fábrica, engañar labriegos harán germinar en ella. Se
á los obreros por medio de toda clase nos dice que la ley protege la propie-
le supercherías y de actos poco hon- 1
dad del obrero de los talleres y de los
-ados. Sin embargo, una fábrica se campos con tanta eficacia como la
nira como producto del trabajo y del capitalista industrial y agricultor.
como una propiedad sagrada del in- Pero para que la balanza esté igual
lustrial que con ella se enriquece. entre el capitalista y el obrero, es

f lasta el trabajo y la vida de los óbre-


os que se extenúan para hacerle
prosperar pertenecen al patrón, si ha
preciso imponer á los dos adversarios
las mismas condiciones de combate,
lo cual es una cosa profundamente
tenido la habilidad de sujetar á su injusta, cuando de antemano se ha
personal por contratos legalmente dado á uno buenas armas y atado las
extendidos. manos al otro. Así es imposible ad-
Centenares de millares de medidas mitir ninguno de los argumentos que
de trigo que un comerciante ha he- invocan en favor de los tres artículos
120 LEON TOLSTGY

de nuestra legislación, que h a n pro-


ducido la esclavitud moderna.
No son menos absurdos que los an-
tiguos ensayos de justificación del
derecho feudal. Estos tres artículos
han bastado para crear u n a nueva
forma de esclavitud que inmediata- XI
: nente ha sucedido á la otra. Antes se
rabia dicho: los hombres podrán
comprar y vender otros hombres, dis-
poner de ellos libremente y obligar- L a esclavitud moderna es la conse-
es á trabajar—y la esclavitud surgió. cuencia de nuestras leyes sobre la
p - E n nuestros días se ha dicho: los tierra, los impuestos y la propiedad.
nombres deberán pagar los impues- Por tal motivo, los hombres que as-
tos, no podrán gozar ni de la tierra piran á mejorar la condición de la
ini de los objetos sobre los cuales á clase obrera, dirigen todos sus es-
[otros hombres se les reconoce el de- fuerzos, inconscientemente á veces,
recho de propiedad—y así empezó la contra estas leyes funestas.
esclavitud moderna. i Unos suprimen los impuestos que
pesan sobre los obreros y hacer pesar
pobre los ricos todas las cargas fisca-
les. Otros proponen abolir toda pro-
120 LEON TOLSTGY

de nuestra legislación, que h a n pro-


ducido la esclavitud moderna.
No son menos absurdos que los an-
tiguos ensayos de justificación del
derecho feudal. Estos tres artículos
han bastado para crear u n a nueva
forma de esclavitud que inmediata- XI
: nente ha sucedido á la otra. Antes se
rabia dicho: los hombres podrán
comprar y vender otros hombres, dis-
poner de ellos libremente y obligar- L a esclavitud moderna es la conse-
es á trabajar—y la esclavitud surgió. cuencia de nuestras leyes sobre la
p - E n nuestros días se ha dicho: los tierra, los impuestos y la propiedad.
nombres deberán pagar los impues- Por tal motivo, los hombres que as-
tos, no podrán gozar ni de la tierra piran á mejorar la condición de la
ini de los objetos sobre los cuales á clase obrera, dirigen todos sus es-
[otros hombres se les reconoce el de- fuerzos, inconscientemente á veces,
recho de propiedad—y así empezó la contra estas leyes funestas.
esclavitud moderna. i Unos suprimen los impuestos que
pesan sobre los obreros y hacer pesar
pobre los ricos todas las cargas fisca-
les. Otros proponen abolir toda pro-
piedad personal de la tierra; ensayos tienden á mejorar la suerte de los
en tal sentido se lian hecho ya en obreros, se limitan á substituir á las
Nueva Zelanda y en un estado de la leyes existentes nuevas disposiciones
América del Norte (partiendo de tal egislativas que, una vez más, cam-
principio se h a limitado en Irlanda biarán la forma de la esclavitud pero
los derechos de los propietarios rura- 10 la harán desaparecer. Los que
les). Por fin, los socialistas, querien- proponen por ejemplo beneficiar la
do socializar los medios de produc- clase pobre con la supresión de las
ción, ofrecen, como medidas transi- contribuciones personales y haciendo
torias, gravar la renta y las herencias soportar á los ricos todo el peso de
y restringir los derechos de los capi- las medidas fiscales, se ven obligadas
talistas y patronos. Ya que se quiere á defender la propiedad de la tierra,
abolir la esclavitud moderna, parece de los medios de producción y de to-
que para conseguirlo debiera pedirse
la abolición p u r a y simple de las leyes
que le favorecen. Examinando con
alguna atención las reformas pro-
¡ los los objetos sobre los cuales de-
sean establecer los nuevos impues-
:os.
Libertan al obrero de la tiranía del
puestas, se convence cualquiera sin fisco, pero no cambiando lo más mí-
esfuerzo de q u e todas las reformas nimo las leyes relativas á la tierra y
propuestas, todos los proyectos prác- á la propiedad le dejan b a j o la com-
ticos inmediatamente realizables, y pleta dependencia d é l o s capitalistas.
todas las concepciones teóricas que Los que, como Enrique Georges y
sus discípulos, quieren abolir toda
propiedad personal de la tierra, con- Así, todos los proyectos de refor-
ceden al Estado la facultad de exigir mas que se proponen para llevar re-
ina renta anual sobre la agricultura, medio á la suerte de la clase obrera,
La imposición de tal medida creará tienden únicamente á substituir á las
para el labrador una nueva forma de eyes actuales, generadoras de la es-
esclavitud, pues cada vez que haya clavitud, otras disposiciones que da-
n a l a s cosechas deberá pedir dinero rían al mal diversa forma, sin des-
á préstamo á quien pueda dárselo, y, truirla. Escuchando estos consejos,
por consiguiente, caerá de nuevo ba- podríamos imitar al carcelero que
o la dependencia de alguien. Por fin
Íos que como los socialistas piden la
confiscación por el Estado, no sola-
suelta el cuello del preso, pero que
agarrota las manos, suelta las manos
pero agarrota los pies, y no desata
mente de las tierras sino también de todas las cadenas hasta haber refor-
todos los medios de producción, no zado los cerrojos y las rejas. Nunca
quieren renunciar al sistema de los se ha hecho otra cosa, por otra parte,
impuestos, y además, al hacer la apli- desde que se trata de mejorar la con-
cación de sus teorías veríanse obliga- dición de los jornaleros.
dos á redactar leyes para obligar á Las leyes que reconocían á algunos

E
os hombres al trabajo—es decir, á privilegiados el derecho de tener es-
establecer la esclavitud en su primi- clavos y de sujetarlos á un trabajo
iva forma. forzoso, han sido reemplazadas por
as que garantizan á esos mismos pri-
vilegiados la propiedad de todas las imenos—propiedad de la tierra, im-
tierras. Estas han sido reemplazadas puestos, propiedad de los objetos de
por la invención del impuesto obliga- (consumo y de los medios de produc-
torio, prefijado y cobrado por los pri- ción—la esclavitud vuelve á su anti-
vilegiados. gua forma apenas modificada—la
r Se ensaya corregir la injusticia de (obligación de trabajar."
los impuestos, limitando el derecho Es pues evidente que la supresión
de propiedad de los objetos de con- de una de las tres causas de la escla-
sumo, de los medios de producción; vitud—los impuestos, la propiedad
pero de todos modos se respeta ese le la tierra y la propiedad de los ob-
derecho propiamente dicho. Se pro- t etos de consumo y de los medios de
pone la supresión de la propiedad de Droducción—no hará desaparecer la
la tierra, de los objetos de consumo esclavitud, sino que tan sólo cambia-
y de los medios de producción, pero •á la forma, como ocurrió en otro
será preciso, una vez hecho ésto, le- •lempo en Rusia, donde la abolición
gislar aún para obligar á los hombres ie la servidumbre no dió la indepen-
^ que trabajen. lencia á los campesinos, que cayeron
E n su forma primera, la esclavitud en seguida bajo la tiranía del fisco.
no era otra cosa que un medio de Hasta la supresión simultánea de es-
obligar á los hombres á trabajar. tas tres causas no podrá emancipar á
Después de haber revestido diversos los hombres, pues será inmediata-
aspectos, que la disimulaban más ó mente seguida del advenimiento de
una nueva forma de esclavitud, no le cualquier legislación; sino de la
lefinida aun, pero que se anuncia ya posibilidad misma de legislar, de
m las legislaciones modernas, por ejercer el poder que se han atribuido
nedidas atentatorias á la libertad de \ ilgunos hombres de redactar leyes
os obreros. ítiles á sus intereses, y deducir que
" Los reglamentos que disponen que a esclavitud existirá mientras exista
el obrero tenga cierta edad, ciertas ese mismo poder.
condiciones de salud, las leyes que E n otras épocas, fué útil á los que
imitan la duración de la j o r n a d a de gobernaban tener esclavos de quien
trabajo, que obligan á ir á la escue- lisponer libremente; hicieron enton-
a, que exigen el abandono de una ces leyes para esclavizar á los hom-
barte de los salarios para la asisten- ares. Después, les pareció convenien-
cia de viejos é imposibilitados, las te tener tierras, exigir impuestos, go-
decisiones de las j u n t a s de trabajo, y íar con completa seguridad de los
los estatutos de las cooperativas, son bienes que habían adquirido; enton-
•tros tantos síntomas de una nueva ces promulgaron leyes adecuadas á
esclavitud desconocida todavía. tal objeto.
Es preciso pues convenir en que la Hoy están interesados en mantener
esclavitud no depende exclusivamen- -1 actual sistema de repartición y di-
te de los tres principios de la legisla- misión del trabajo; hacen leyes para
ción moderna, en los cuales se apoya pbligar á los hombres á someterse á
hoy por hoy, ni de tal ó cual artículo La Esclavitud Moderna, 9
las exigencias de esta organización.
La cansa fundamental de la esclavi-
;ud radica pues en la existencia mis-
4 n a de cualquiera ley, en la existen-
cia de una clase de hombres que tie-
ne poder para hacer leyes.

XII

¿Qué es una ley, y qué es lo que dá


los hombres el poder de hacer
eyes? Existe una ciencia más anti-
gua, más embustera, más confusa to-
davía que la economía política, y
cuyos adeptos en el transcurso de los
iglos han escrito millones de libros
—y muy á menudo en contradicción
unos con otros—para contestar á esas
dos preguntas. Pero como el fin de

«
esta ciencia, lo mismo que el de la
economía política, no es exponer lo la transgresión de aquélla. Es eviden-
que es y lo que debiera ser, se en- ^ te, pues, que la ley no puede ser nun-
cuentra en ese enorme fárrago de li- ca considerada como expresión de la
bros, innumerables disertaciones so- •voluntad del pueblo.
bre el derecho considerado en sí mis- Existen por ejemplo leyes que pri-
mo ó en sus diversas manifestaciones, van deteriorar los postes telegráficos
sobre la idea del Estado, sobre multi- y llevar ciertos objetos más allá de
tud de otros temas tan obscuros para ciertos límites, que prescriben rendir
los maestros que hablan de ellos, co- honores á ciertos personajes, que
mo para los discípulos que tratan de obligan á todos los hombres á servir
comprenderlos, pero en ninguna par- en los ejércitos y á tomar asiento co-
te se halla una definición clara de la mo jurados en las salas de las Audien-
ley. cias; otras, en fin, que prohiben da-
par la propiedad ajena, y poner en
Los sabios, nos dicen que la ley es
pirculación monedas falsas.
la expresión de la voluntad del pue-
Todas estas leyes y muchas otras
blo, pero en todas partes y siempre,
^ además, conciernen á asuntos y casos
los hombres que desean sinceramente
muy diversos, y pueden tener moti-
el cumplimiente de la ley son mucho
vos muy distintos. Pero ninguna de
menos numerosos que los que desean
ellas expresa la voluntad del pueblo.
violarla y que no la violan por temor
Todas tienen ese carácter común:
únicamente á las penas que castigan
uan á los que las hicieron, siempre
pie sean violadas, el derecho de en- ta de oponer la más leve resistencia
viar hombres armados que se apode- se apoderarán de él, le encerrarán ó
arán del transgresor, le encerrarán e matarán. Igual suerte espera á
y le matarán acaso. cuantos no hayan rendido á ciertas
Si alguien rehusa pagar las contri- personas, las demostraciones de res-
buciones, es decir, se niega á sacrifi- peto que describe la ley, á cuantos
car una parte del producto de su tra- rehusen el servicio militar ó pongan
bajo, vendrán los hombres armados en circulación monedas falsas. Por
que le arrebatarán á la fuerza lo que toda infracción á las leyes estableci-
no quiere dar, y si opone la menor das los delincuentes serán castigados;
resistencia, se apoderarán de él, le se les golpeará, se les aprisionará, se
encerrarán y acaso le matarán. Lo les matará quizás por orden de I03
propio le ocurrirá á cualquiera que que h a n hecho las leyes.
pretenda disfrutar de una posesión Desde Inglaterra y América hasta
sobre la que la ley no le reconoce < ú J a p ó n y Turquía, muchas naciones
ninguna propiedad. También le pa- ían recibido cartas constitucionales
sará igual ai que quisiese usar obje- )ara hacer creer á los hombres que
tos dü consumo ó instrumentos de ¡iu voluntad misma produce las leyes
trabajo, que no son legalmente con- leí país. Mas todo el mundo sabe que
siderados como suyos; los hombres m todos los Estados, bien estén go-
armados, llegarán, le arrebatarán lernados por un déspota ó se crean
aquello de que se apoderara y si tra- ibres como en América, Inglaterra y
136 LEON TOLSTOY

Francia, la ley no emana de la volun- leyes, precisa que haya una fuerza
;ad nacional, sino del capricho de los para hacerlas observar. Ahora bien,
íombres que están en el poder, y que la sola fuerza que puede obligar á
m todas partes y siempre, es lo qxe los hombres á observar ciertas re-
lebe ser para servir los intereses de glas, á hacer lo que otros han queri-
os gobernantes, sea cual fuere su do, es la violencia; no aquella simple
número. De igual manera, siempre y violencia que los hombres emplean á
en todas partes, se emplean para ha- -1
veces unos contra otros en un arre-
. cer ejecutar la ley los medios de que bato de pasión, sino la violencia or-
los hombres se sirven siempre para ganizada, consciente, aquella preci-
imponer su voluntad: los golpes, la samente de qué se arman los gobier-
cárcel y el asesinato. No puede ser nos para asegurar la aplicación de
*de otra manera. sus decretos, es decir, para imponer
No puede ser de otra manera por- sus voluntades.
que las leyes son reglas de las cuales Así, no busquemos ya la explica-
es preciso asegurar la aplicación, y lión de las leyes en la idea del Esta-
para obligar á los hombres á confor- lo, en la común voluntad del pueblo
marse á ellas, es decir, á hacer lo que ) en otras abstracciones tan vagas,
quieren otros hombres, no hubo ja- ja explicación está en el hecho de
más otros medios que los golpes, la que algunos hombres pueden, usan-
cárcel ó la muerte. Ido de la violencia organizada, some-
I Desde el momento en que hay
^Jfcer á sus deseos el resto de la huma-
1
Inidad.
L a sola definición precisa, indiscu-
ible, inteligente p a r a todos que se
>uede dar de las leyes, es la siguien-
e: las leyes son reglas establecidas
)or hombres que se apoyan en la vio-
encia organizada, reglas que deben XIII
observarse bajo pena de golpes, de
cárcel y hasta de muerte.
Esta definición contiene la respues-
ta á la segunda pregunta: ¿Qué es lo
pie da á algunos hombres el poder L a causa de la desdichada condi-
le hacer leyes? Lo que da el poder de ción de los obreros es la esclavitud.
lacer leyes, es lo que permite tam- 4 La causa de la esclavitud e3 la exis-
bién asegurar su ejecución: la violen- tencia de leyes. Las leyes se apoyan
cia organizada. ¡n la violencia organizada.
No se podrá, pues, remediar la
4 condición de la clase obrera, sino
lestruyendo la violencia organizada.
Pero la violencia organizada es el
4 gobierno. ¿Y podemos vivir sin go-
^Jfcer á sus deseos el resto de la huma-
1
Inidad.
L a sola definición precisa, indiscu-
ible, inteligente p a r a todos que se
>uede dar de las leyes, es la siguien-
e: las leyes son reglas establecidas
)or hombres que se apoyan en la vio-
encia organizada, reglas que deben XIII
observarse bajo pena de golpes, de
cárcel y hasta de muerte.
Esta definición contiene la respues-
ta á la segunda pregunta: ¿Qué es lo
pie da á algunos hombres el poder L a causa de la desdichada condi-
le hacer leyes? Lo que da el poder de ción de los obreros es la esclavitud.
lacer leyes, es lo que permite tam- 4 La causa de la esclavitud e3 la exis-
ñén asegurar su ejecución: la violen- tencia de leyes. Las leyes se apoyan
cia organizada. ¡n la violencia organizada.
No se podrá, pues, remediar la
4 condición de la clase obrera, sino
lestruyendo la violencia organizada.
Pero la violencia organizada es el
4 gobierno. ¿Y podemos vivir sin go-
bienio? Será el caos, la anarquía, la provocar la destrucción de la organi-
pérdida de todos los resultados de la zación actual, 110 prueban que esta
civilización, la vuelta de todos los organización sea defendible.
hombres á la barbarie primitiva. No «Si atentáis contra el orden de co-
atentéis contra al orden de cosas es- sas establecido, provocaréis los mayo-
tablecido, dicen habitualmente, no res desastres.»
solo aquellos á quienes tal orden de Supongamos que mil ladrillos es-
cosas es provechoso, sino aquellos á ;án superpuestos unos á otros, for-
quienes perjudica visiblemente, y nando una estrecha columna de cen-
que, sin embargo, á consecuencia de suares de metros de alto. Si tocáis
una larga costumbre, imaginan no m o solo de esos ladrillos, los demás
poder vivir sin él. La destrucción de se derrumbarán y se romperán; pero
los gobiernos, añaden, causará las que no se pueda quitar un solo ladri-
más grandes desdichas: violencias, lo ó darle el menor golpe sin que to-
saqueos, asesinatos, y como término da la columna se desmorone, esto no
y remate la entronización de los ma- 3rueba de ningún modo que sea ra-
los y la esclavitud de los buenos. Se, zonable dejar todos esos ladrillos api-
podría contestar que todos los azotes ados de esa manera extraordina-
con que se nos amenaza, los hemos ria é incómoda. Por lo contrario, es-
sufrido y los sufrimos aún. Me limi- to prueba que es preciso poner fin á
taré á hacer observar que todos los 'un arreglo que no ofrece seguridad,
disturbios y desórdenes que podría y disponer los ladrillos de modo que
110 estén expuestos á caer y á rom- obra tan alabada de los gobiernos
perse, y también de manera que no úertemente organizados, e3 decir,
se pueda remover ninguno de ellos l e los hombres que conducen los
ún destruir todo el edificio. Tal su- ^ lueblos por la violencia, no es en
cede con la organización del Estado realidad sino una apariencia, una fic-
noderno. El Estado es una construc- bión. Todo lo que turba esa belleza
ción artificial y vacilante. L a posibi- pxterior, todos los hambrientos, to-
idad de derribarlo todo al menor dos los enfermos, todos los viciosos,
choque, está bien lejos de probar que stán ocultos en sitios en que no po-
sea necesario, y demuestra, en cam- demos verlos; no aparecen, pero esto
lio, que si un día tuvo razón de ser, no prueba que no existan; existen,
loy es completamente inútil y por por lo contrario, y son harto más nu-
consiguiente dañino y peligroso. merosos cuanto que están mejor ocul-
E s dañino y peligroso porque á tos, y los que les h a n hecho su exis-
causa de él todo el mal que existe en tencia tan horrible, no hacen, ocul-
la sociedad, en vez de disminuir y tándoles, sino mostrarse más crueles
corregirse, aumenta y se afianza. Y lacia ellos. E s cierto que toda revo-
el mal aumenta y se afianza porque ución, y más que toda otra, la que
tan pronto se disimula como se justi- suprima los gobiernos de la violencia
fica y hasta se reviste de formas se- ' organizada, turbará la hermosa apa-
ductoras. riencia exterior de nuestras socieda-
Esta prosperidad del mundo, esta des; pero no causará su desorganiza-
pión, pues h a r á que aparezca lo que
jhov día está oculto, y así podremos los chinos, los japoneses, no invadan
remediarlo. nuestro país. Pero leemos los diarios
Los hombres h a n pensado, han y sabemos que nadie nos amenaza
creído hasta fines de este siglo, que con una guerra. Sabemos que no de-
10 podrían vivir sin gobierno. Pero jemos temer sino á vosotros, los go-
a vida progresa y las condiciones de ñernos, que con un fin que 110 pode-
a vida, como las opiniones de los nos adivinar, enzarzáis á unos hom-
íombres, se transforman. A pesar de ares contra otros, y luego, bajo pre-
os esfuerzos d e los gobiernos para texto de asegurar nuestra defensa,
nantener á los pueblos en un estado ios reclamáis impuestos enormes y
al de idiotismo que el individuo mal ios arrumáis para mantener las flo-
ratado se felicite de tener á su lado as, los ejércitos y los ferrocarriles
i alguien que acoja sus quejas, los
íombres, y en particular los obreros,
Í stratégicos, útiles únicamente para
vuestras ambiciones vanidosas, y que,
para colmar la medida, emprendéis
:anto en Rusia como en Europa, ven
Isaparecer su tontería y empiezan á unos contra otros guerras parecidas
comprender las verdaderas condicio- á las que ahora hacéis á los pacíficos
les de su vida. chinos. Decís que protegéis por inte-
rés nuestro la propiedad de la tierra,
«Nos aseguráis, dicen ahora las
pero todos vuestros esfuerzos consi-
gentes del pueblo, que á vosotros so-
guen que todo el suelo pase á manos
lo se debe que los pueblos vecinos,
La Esclavitud Moderna 10
de compañías, de banqueros, de ri-
ler, hablan ya de nuestro siglo. Su
cos, de todos los que no trabajan,
nteligencia, despertada del letargo
mientras que nosotros, l a ' enorme
en que la tenían los gobiernos, hace
mayoría del pueblo, estamos comple-
rápidos progresos. Durante los cinco
tamente desposeídos y reducidos á
ó seis últimos años, las ideas del pue-
depender de los ociosos.
blo, en las aldeas y en las ciudades,
I »Vuestras leyes no protejen la pro-
en Rusia como en Europa, se han
piedad de la tierra, permiten tan sólo
transformado de una manera asom-
bue se arrebate la tierra á los que la
brosa.
trabajan. Impedís, al decir vuestro,
que se despoje á nadie de los produc- Se dice que con los gobiernos des-
tos de su trabajo, pero en realidad aparecerán las grandes obras socia-
4 les, los establecimientos de instruc-
hacéis lo contrario; los hombres que
producen con sus manos toda especie ción y de educación que son de utili-
de objetos preciosos, no pueden ha- dad pública.
llar siquiera en vuestra pretendida ¿Pero qué razones hay para hacer
protección el medio de hacerse pagar suposición parecida? ¿Por qué pensar
por su trabajo un precio equivalente que sin gobierno los hombres, traba-
í su valor y á su vida entera que es- ando en su propio interés, no sabrán
-J
;á en poder de los que no trabajan.» >rganizar la sociedad tan convenien-
emente como lo hacen hoy en favor
Así es cómo los hombres del pue- tjeno, nuestros gobernantes actua-
blo que empiezan por fin á compren- es?
existen aún tribunales que obtienen
a confianza de las partes litigantes,
Vemos por lo contrario en nuestros sin que hayan menester acudir á la
días, en circunstancias bien diversas, violencia. De tal modo estamos co-
que los hombres consiguen por sí mis- •rompidos por una larga esclavitud,
nos organizar obras útiles con más que no podemos concebir que los
facilidad que lo consiguen los gobier- hombres se administren sin gobierno.
nos. Vemos desarrollarse sin el apoyo Esto ocurre sin embargo. Los cam-
gubernamental, y á menudo á pesar pesinos rusos que emigran y van á
l e su oposición, toda especie de fun- establecerse en comarcas lejanas don-
laciones sociales: asociaciones de de el gobierno no puede inmiscuirse
obreros, cooperativas, compañías de en sus asuntos, organizan por sí mis-
caminos de hierro, sindicatos. Supo- mos la administración, la justicia y
niendo que es preciso para crear una la policía de sus comunidades, que
obra parecida reunir determinada su- florecen hasta que llega la interven-
ma de dinero, ¿por qué creer que los ción del gobierno y sus procedimien-
hombres no proporcionarán volunta- tos violentos. No hay razón para
riamente los medios necesarios y no pensar que los hombres no puedan po-
íarán lo que se hace hoy día, merced nerse de acuerdo libremente para re-
i los impuestos, si el fin de la empre- partirse entre ellos las tierras poseí-
sa debe ser verdaderamente prove- das en común.
choso para la sociedad? ¿Por qué
E n otro tiempo existía en el Ural
pensar que no puede haber tribunal
sin violencia? Siempre han existido,
una colonia de cosacos que no cono- yermos que cubren aun una gran
cían la propiedad personal de la tie- parte del globo. No ha servido sino
rra. El orden y la prosperidad reina- para empujar los hombres unos con-
ban sin embargo entre aquellas gen- tra otros, para armarles para esa pe-
tes, más dichosas de fijo que las que íea de intereses que ha suscitado, que
viven en sociedades donde la propie- amás cesa y de la qué salen siempre
dad de la tierra está protegida por la vencidos los trabajadores de la tierra,
violencia. Existen aún hoy día muni- siempre victoriosos los cómplices de
cipalidades que rehusan á las perso- la violencia.
nas el derecho á poseer tierras. E n Los hombres no tienen tampoco
un tiempo que todavía está presente necesidad de ser protegidos por la
en mi memoria, ocurría lo mismo en violencia para gozar en paz de los
jtoda la extensión de Busia. La pro- objetos necesarios para la vida y que
tección de la propiedad de la tierra 'abricaron con sus manos. Tal dere-
)or la violencia de los gobiernos, no cho les ha sido siempre suficiente-
mpide la lucha de envidias y codi- mente garantizado por la costumbre,
cias, sino que por lo contrario, la 4 Jpor la opinión pública, por el senti-
provoca y la exaspera. Sin ella, el niento de la justicia y de la solidari-
valor de la tierra no hubiera aumen- lad social.
tado y los hombres 110 se amontona- I El que posee diez mil desiatinas
an en estrechas comarcas, en vez de 4 (de bosque, cuando cerca de él exis-
lispersarse é ir á colonizar los vastos 'ten millares de hombres que carecen
d e l e ñ a para calentarse, aquél tiene paz de quitar á otros hombres los ob-
necesidad de ser protegido por la vio- jetos que h a n producido por sí mis-
lencia. Esta protección es también mos y que les son necesarios, ese
necesaria á los patronos de talleres y hombre levantaría contra él tal in-
fábricas en que se explotan genera- dignación entre los obreros, que me
ciones enteras de obreros, y lo es más parece que no podría felicitarse de
aún al mercader que guarda en sus los resultados de semejante acción.
almacenes centenares de millares de Si á pesar de ello había alguno bas-
medidas de trigo, esperando un año t a n t e desprovisto de moralidad p a r a
de m a l a cosecha para venderlo con no asustarse de los resultados ciertos
escandaloso beneficio á las poblacio- de su i n j u s t i c i a y se d e c i d í a á
nes hambrientas. arrostrarlos, es seguro que tampoco
Pero nadie, como no sean los ricos retrocedería ante las amenazas de los
y los hombres de Estado, tiene la protectores oficiales de la propiedad.
conciencia bastante pervertida para Se dice comunmente: si suprimís la
quitar á un labrador, que vive de su (propiedad de la tierra y de los pro-
trabajo, la cosecha que hizo brotar ductos del trabajo, los hombres, ex-
penosamente de la tierra, la vaca que -J cuestos á todas las espoliaciones,
h a criado y cuya leche alimenta á sus •enunciarán á trabajar y á producir
hijos, las rejas, las hoces ó las palas o que no estén seguros que quede en
que ha fabricado para su uso. Si ver- m su poder. Yo creo que debería de-
daderamente hubiese un hombre ca- cirse: el sistema de violencias que
pro teje actualmente una injusta pro- productiva. ¿Pero por qué los hom-
piedad, si no la ha destruido comple- bres han de sufrir á su vez la violen-
:amente, por lo menos h a debilitado cia de otros seres que no son sus su-
le un modo sensible entre los hom- priores sino sus semejantes? ¿Por
bres la idea natural de justicia que pié han de someterse á las violencias
n a n d a no usurpar á los otros los ne- le aquellos que en un momento dado
íecesarios objetos de consumo que 4 letentan el poder? ¿Está probado si-
son producto del t r a b a j o personal, guiera que esos gobernantes sean
—es decir, la noción innata del ver- lignos por sus cualidades de dirigir
dadero derecho de propiedad, sin la i la humanidad?
cual la humanidad no puede vivir, y
-4 que ha existido y existe a ú n en la so- El solo hecho de permitirse usar de
ciedad. violencia con sus semejantes demues-
4
tra, por lo contrario, que su razón es
Así, pues, no tenemos ninguna ra- inferior á la de los hombres que les
zón para pensar que, si desaparecía están sometidos. Los exámenes que
la violencia organizada, los hombres en China han de sufrir aquellos que
no podrían organizar de un modo aspiran al cargo de mandarines, no
ventajoso su vida. garantizan, segiín las pruebas que
Sin duda alguna, es necesario que tenemos de su ineptitud, que el poder
los hombres, criaturas razonables, se entrega á los mejores y más razona-
-4
empleen la violencia para que la vida bles de entre los hombres. E n Euro-
ae los caballos y de los bueyes sea pa, la herencia, las condiciones re-
queridas para el ascenso de los fun-
4 cionarios, las mismas elecciones no
erecho de usar de la violencia. Esto
nos ofrecen mayor seguridad. Sucede
¡s la condenación de los gobiernos. Si
en efecto que llegan al poder siempre
os hombres son razonables, sus rela-
los hombres de menos conciencia y
ciones deben estar fundadas sobre la
los más desprovistos de moralidad.
1 Se dice: ¿cómo los hombres po-
•azón y no sobre la violencia de aque-
los de entre ellos que, por azar, se
4 rían vivir sin gobierno, es decir, sin A apoderaron del poder. Esto también
emor á la violencia? Debíase decir,
condena la existencia de los gobier-
por lo contrario: ¿cómo los hombres,
nos.
seres razonables, pueden vivir así
agrupados en sociedades por el co-
mún temor á la violencia y no por el
;onsentimiento razonable de cada
luno de ellos?
Una de dos: los hombres son ó no
son seres razonables. Si no son razo-
nables, no cabe establecer entre ellos
-1 liferencias acerca de su razón, y en-
;oñces todo deberá regirse por la vio-
encia, sin que haya motivo alguno
)ara conceder á uno y no á todos el
XIV

£8' L a esclavitud de los hombres es la


consecuencia de las leyes; las leyes,
je establecieron por los gobiernos.
-i Para libertar á los hombres, no h a y
más que un medio, la destrucción de
ios gobiernos.
¿Cómo derribar á los gobiernos?
Todas las tentativas que hasta
aquí se h a n hecho en diversos países
para derribar los gobiernos por la
violencia, no han conseguido jamás
guiente pondrá fin á la esclavitud de
sino substituir al que se destruyó por los hombres.
un nuevo gobierno, á menudo más
No podría ser de otra manera.
cruel que el primero.
A menos que no estén empujados
Dejando á parte los ensayos de épo-
por la cólera ó por algún deseo de
cas pasadas, la destrucción del régi-
venganza, los hombres no emplean
men capitalista, la socialización de los
a violencia con sus semejantes, sino
medios de producción y el advenimien-
)ara imponer á éstos su voluntad, y
to de unanueva organización económi-
cuando los hombres se ven obligados
ca, en una palabra, larevolución quelos
í obedecer á su pesar, á una volun-
socialistas anuncian como próxima,
tad extraña, son esclavos. Así, mien-
se cumplirá también, según dicen,
por la violencia organizada y tam- ;ras reine la violencia, como que úni-
bién, siempre según su propia confe- camente se emplea en someter á los
sión, por la violencia organizada será íombres á la voluntad de otros hom-
¡preciso mantener las nuevas formas )res, la esclavitud no h a b r á cesado
'¿sociales. Así la tentativa que puede (Le existir.
hacerse mañana para destruir la fuer- T r a t a r de destruir la violencia por
za por la fuerza, y que por lo mismo a violencia es querer extinguir el
será una nueva tentativa más, pare- fuego con el fuego, inundar un país
cida á las anteriores, no abolirá el para dar salida á las aguas de un río
reinado de la violencia, ni por consi- que se desborda, es abrir un agujero
La Esclavitud Moderna 11
;n el suelo para tener tierra con que gobiernos mantienen á sus subditos
Íleñar otro agujero.
Si existe, pues, u n medio para des-
en una respetuosa sumisión.
Hoy, como en otras épocas, cuan-
truir la esclavitud, n o puede ser ins- lo unos hombres gobiernan á otros
tituyendo un nuevo sistema de vio-
4 íombres, puede asegurarse que aqué-
encia, sino aniquilando lo que hace los están armados, y que éstos no lo
posible la violencia de los gobiernos, están.
listos, es decir, u n corto número de Todos los guerreros que iban con
íombres, no pueden usar de la vio- sus jefes á atacar pueblos indefensos
encia contra la g r a n mayoría de los y los sometían y despojaban de sus
hombres, sino cuando están armados bienes, recibían una parte del botín,
y sus víctimas desarmadas, ó, por lo proporcionado á sus servicios, al va-
menos, si no están mejor armados que lor, á la crueldad de cada uno, y así
•sus víctimas. sacaban un provecho positivo de su
Gracias á esta desigualdad todos dctoria. Pero ahora, los hombres,
os conquistadores h a n realizado sus )breros en su mayoría, á quienes se
proezas; por ella, los griegos, los ro- íace tomar las armas para atacar á
manos, los conquistadores españoles, gentes indefensas, á huelguistas, á
sometieron naciones, y por ella aun sublevados, á habitantes de otros
en nuestros días se sojuzga á pueblos países, y someterlos y forzarlos á dar
enteros en Africa y en Asia, y tam- m trabajo, que es toda su riqueza,
bién por ella en tiempo de paz los ÍSOS hombres, por sus violencias, no
irven sus propios intereses, sino los jonquistadores realizaban su obra á
e algunos ambiciosos que no han :osta de esfuerzos personales; eran
ompartido siquiera sus peligros. ictivos, valientes y crueles. Los go-
E n t r e los antiguos conquistadores )iernos consiguen su objeto por la
y los gobiernos actuales no hay sino astucia y la mentira.
ista diferencia. Los conquistadores Por ello, en otras épocas, para re-
b a n ellos mismos á la cabeza de sus chazar la violencia de los hombres
guerreros á atacar pueblos indefen- armados, debían armarse los hom-
sos, y si éstos no cedían á sus amena- bres y oponer á la violencia armada
zas, contribuían por sí mismos á tor- otra violencia armada también. Pero
;urarles y asesinarles. Hoy los go- hoy que el pueblo está amenazado
biernos no atormentan ni asesinan no sólo por la simple violencia, sino
por sí mismos á los pueblos desarma- por la astucia que sirve á aquélla de
dos que rehusan someterse á su po- auxiliar eficaz, es preciso para des-
ler. Hacen realizar esa tarea por truir las violencias, desenmascararla
lombres escogidos entre los habi- y hacer patentes las mentiras en que
tantes de las naciones que oprimen, se apoya.
por hombres que se han prestado á Esta mentira, héla aquí tal como
-1
sus manejos indignos y á los cuales, la imaginaron algunos hombres á
para asegurar mejor la ejecución de quienes por herencia h a tocado un
sus designios, han convertido poco poder instituido por los conquistado-
menos que en bestias feroces. Los res en otras épocas: «Sois numerosos,
dicen estos hombres á sus pueblos. ejércitos, de los cuales necesitamos
Sois poco inteligentes é ignorantes, para defenderos y gobernaros.»
y no podéis ni dirigiros vosotros mis- L a mayoría de los hombres acep-
mos, ni organizar todos los servicios tan ese pacto, no porque jamás hayan
y todas las obras susceptibles de pro- pesado sus ventajas é inconvenientes
ducir una utilidad social. Vamos á jamás les ha sido posible hacerlo),
encargarnos de todo ésto; os defen- sino porque desde que nacieron están
deremos contra vuestros enemigos sometidos á él. Si uno de ellos duda
exteriores, dispondremos y haremos por un momento de que aquella or-
mantener el orden que deberá reinar ganización sea necesaria, bien pronto
entre vosotros, os daremos tribuna- se rinde á las razones de su egoísmo,
es, fundaremos y dirigiremos para el cual le representa todo lo que de-
vosotros establecimientos y servicios bería temer si rehusara cumplir las
ítiles, cuidaremos de las escuelas, de cláusulas del contrato, las cuales pue-
as carreteras, de los correos y, en de procurar explotar en provecho
general, nos esforzaremos en asegu- jropio. Todos suscriben el pacto que
ar vuestro bienestar. A cambio de ;¡e les propone pensando que la obli-
tanto celo, os pedimos únicamente gación de ceder al Estado una peque-
mínimas concesiones, por ejemplo, : ia parte de sus rentas y consagrar
ue nos deis u n a pequeña parte de dgún tiempo de su existencia á ser-
Euestras rentas y que sirváis en los vir en los ejércitos, no les producirá
ín suma grave perjuicio. Sin embar-
• los gobiernos, desde que tienen á ledor del cuello negándose á soltar-
¡ra disposición dinero y soldados, en e. Una v e z dueño del viajero, el an-
vez de cumplir la obligación que iano hizo de él cuanto deseaba. Le
iceptaron de defender á sus subditos íacía c o r r e r á su voluntad, le obliga-
eontra los enemigos del exterior y de ba á a c e r c a r s e á los árboles de los
1 qué r e c o g í a y comía los frutos, sin
elar por su prosperidad, hacen cuan-
]o pueden p a r a irritar á los pueblos que le r e c o m p e n s a r a más que con in-
ecinos y provocar guerras. No sola- jurias.
ente no contribuyen á la prosperi- La a v e n t u r a de este viajero tiene
ad de los pueblos, sino que les arrui- muchos p u n t o s de semejanza con la
an y les pervierten. de los p u e b l o s que han dado á sus
p E n las Mil y una noches se cuenta gobiernos dinero y soldados. Este di-
que un viajero que llegó á una isla nero sirve á los gobiernos para com-
£ desierta, encontró á un anciano con prar a r m a s y para hacer educar espe-
as piernas inútiles, que estaba sen- cialmente y pagar después á jefes
tado en el suelo j u n t o á un arroyo. militares irresponsables y feroces.
El viejo rogó al viajero que le pasara Estos j e f e s , por procedimientos inge-
sobre sus hombros á la orilla opues- niosos d e idiotización perfeccionados
ta. Habiendo obtenido una respuesta en el t r a n s c u r s o de los siglos, forman
avorable, el viejo se encaramó sobre con todos los hombres que propor-
los hombros del viajero, y en seguida cionan l o s reemplazos, ejércitos dis-
le ciñó las piernas sólidamente alre- ciplinados. L a disciplina es un méto-
lo particular para la educación de porque les proporciona el medio de
os hombres, á los cuales en breve hacer realizar por otros hombres los
espacio de tiempo consigue privar horribles crímenes cuyo espantajo
le la cualidad más preciosa é impor- basta para encorvar á los pueblos
tante de su naturaleza—la razón li- bajo sus leyes.
bre,—y les reduce al papel de máqui- La necesidad de los ejércitos disci-
nas, de instrumentos de carnicería plinados es la mentira merced á la
entre las manos de sus superiores je- mal los gobiernos reinan sobre los
rárquicos.
pueblos. Basta que u n gobierno dis-
No sin razón los emperadores, los ponga de este instrumento de violen-
reyes y los presidentes tienen en tan- cia y de asesinato p a r a que tenga
ta estima la disciplina, se asustan ca- autoridad sobre u n pueblo entero.
da vez que se viola, y dan importan- Desde entonces no le soltará más, le
cia tan considerable á las revistas, á irruinará, y p a r a escarnecerle, pro-
las maniobras, á las paradas, á los 4 jurará por medio de una educación
desfiles y á todas las tonterías de pseudo-religiosa y patriótica, hacer
igual género. Saben que todas esas le él su devoto, su adorador, á pesar
manifestaciones públicas, sirven pa- le que le mantiene en la exclavitud
ra fortificar la disciplina, y que sólo le atormenta.
ésta garantiza su poder y hasta algu- Tenemos, pues, u n medio de-derri-
nas veces su existencia. Se aferran al bar los gobiernos; es denunciar á los
sistema de los ejércitos disciplinados hombres la mentira oficial. Es preci-
so hacerles comprender que en el que todo hombre en estado normal
mundo cristiano, los hombres no tie- rehusaría ejecutar. Hasta es inútil en
nen necesidad alguna de ponerse en una guerra de defensa nacional, como
guardia unos contra otros, que los ecientemente nos lo demuestra el
odios entre los hombres los provocan ;jemplo de los boers. El único objeto
los gobiernos mismos por la cuenta l e la disciplina es el que ha explica-
que les tiene, que los ejércitos son 4 )do claramente Guillermo II—hacer
útiles tan sólo á los pocos hombres que los hombres maten, sin creer que
que gobiernan é inútiles y funestos á cometen un crimen, á sus hermanos
Los pueblos, de los cuales facilitan la y á sus padres.
esclavitud. Precisa también patenti- Como se vé, los gobiernos obran
zar que esta disciplina, que tanto e igual manera que el viejo del cuen-
gusta á los gobiernos, se funda en el to, que encaramado sobre los hom-
nayor crimen que pueda cometerse Dros del infeliz que consiente en lle-
contra la humanidad, y que el empleo garle, se burla de éste á su gusto,
sistemático que de ella hacen los go- sabiendo que le puede dominar mien-
biernos prueba claramente la maldad tras le soporte sobre sus espaldas.
le sus designios. La disciplina es la Esta mentira terrible, bajo la cual
nuerte de la razón y de la libertad se amparan algunos hombres malos
íumanas; no puede, por consiguiente, que gobiernan á los pueblosylos arrui-
tener otro objeto que preparar la eje- n a n y pervierten desde la cuna, gene-
cución de atrocidades tan indignas, ración tras generación, es la mentira
(que debemos denunciar y confundir ición nos parece una exageración, una
si anhelamos destruir los gobiernos y »paradoja, una broma. Nada de ello
Jsu producto natural, la esclavitud. tiene sin embargo. Si contiene algu-
Un e s c r i t o r a l e m á n , Eugenio fna inexactitud estriba en que no dice
Shmidt, ha publicado con su firma que la obra de los gobiernos es mu-
en el periódico que dirige en Buda- cho más inhumana, cien veces más,
pest, el Ohne Staat, un artículo exce- y sobre todo más funesta que la del
lente en que la audacia de las ideas bandolero de Calabria. Este, despo-
es tan grande como la fuerza y la jaba con preferencia á los ricos, los
audacia del lenguaje. 4 gobiernos despojan preferentemente
Poco más ó menos dice ésto: «los á los pobres, y favorecen á los ricos
gobiernos que justifican su existencia 'que les favorecen en sus crímenes. El
por la seguridad relativa que procu- bandido, arriesgaba su vida; los go-
ran á sus súbditos, son comparables -I bernantes no aventuran su piel, y só-
al bandido calabrés que prometía á fo obran valiéndose de la astucia y de
los viajeros que encontrarían libre el a mentira. El bandido no alistaba á
camino si consentían en pagarle un íadie por fuerza en su cuadrilla; los
tributo.» Por este artículo Shmidt obiernos, alistan sus soldados, casi
fué procesado, pero el j u r a d o le ab- iempre á la fuerza. El bandido, ofre-
solvió. c í a indistintamente iguales garantías
De tal modo estamos hipnotizados ( e seguridad á todos los que le paga-
por los gobiernos, que esta compara- >an tributo; los gobiernos, protegen
'y recompensan á los hombres en pro-
vir, p a g a r los impuestos, respetar la
j porción á la parte que toman en la
justicia oficial, se vé maltratado por
organización de la mentira. E l más
jefes del Estado, como lo era por el
protegido (siempre es el mejor guar-
[bandido calabrés, el viajero que no
dado) es el Emperador, el Rey ó el
"consentía en entregarle su dinero.
Presidente; es también el que gasta
-I Pero los bandidos, sean quienes fue-
más dinero, y todo el dinero que gas-
ren, no ejercen el oficio de pervertir
ta está tomado de las rentas que
á los hombres; los gobiernos, por lo
produce el impuesto pagado por los
contrario, p e r v i e r t e n generaciones
subditos.
enteras por la enseñanza del patrio-
Después de él, siguiendo la colabo- tismo y de una falsa religión. E n fin,
ración más ó menos activa que ejer- el bandido más cruel, ya se llame
cen en los crímenes del gobierno, Stenka, Rasine ó Cartouche, no pue-
vienen los Generales en jefe, los Mi- de ser comparado, por su dureza, su
nistros, los Prefectos de policía, los perversidad y lo fértil de su imagina-
Gobernadores, etc..., y en último tér- ción de atormentador, no ya á los
uino los municipales y policíacos que más célebres malvados coronados, ta-
-4 son los menos retribuidos y los menos

I
es como J u a n el Terrible, Luis X I y
lefendidos de todos los funcionarios.
as Isabeles, pero ni siquiera á los go-
Todo hombre, por fin, que no quiere
)iernos constitucionales y liberales
participar en modo alguno en el cri-
le hoy día, cuyas prisiones celulares,
men de los gobiernos, que rehusa ser-
La Esclavitud Moderna 12
batallones disciplinarios, matanzas decepción es t a n t o más profunda
de sublevados y guerras sangrientas, cuanto que la ficción de la cual des-
sobrepujan cuánto se h a visto en el cubre la vanidad le guiaba en otro
género. _ , tiempo en las cuestiones más graves.
Los gobiernos, como las iglesias, Los hombres experimentarán este

Í
íisgusto hacia los gobiernos cuando
ì 10 pueden inspirar sino piedad ó dis-
gusto. Mientras el hombre no hí, tayan comprendido el verdadero sen-
comprendido lo que es u n gobierno ( f ido de estas instituciones,
i ina iglesia, lo natural es que sientí ¡ r Comprenderán que si participan en
íacia ellos un piadoso respeto. E d a obra de los gobiernos, dando una
;anto que se deja guiar por ellos, de- suma de dinero que representa una
be creer, para satisfacción de su amor parte de los productos de su trabajo,
iropio, en su grandeza y santidad. 5 sirviendo en los ejércitos, no reali-
Pero desde que advierte que no hay zan con ello un acto indiferente, co-
m el gobierno ni en la iglesia nada no se cree por regla general, sino un
ibsoluto ni sagrado, y que son sim- icto culpable, porque, además del
plemente invenciones d e los malos lerjuicio que h a b r á n causado así á
para imponer al pueblo, de un modo ;us hermanos y á sí mismos, h a b r á n
iisimulado, un método de vida que aceptado la colaboración en los crí-
lea útil á sus intereses, siente en se- nenes que todos los gobiernos no ce-
guida una impresión de asco por los jan de cometer, y en la preparación
pie le engañan indignamente, y su le los crímenes futuros, para los cua-
Ees los gobiernos mantienen los ejér-
;itos disciplinados.
A despecho de la fascinación que
Ios gobiernos ejercen sobre los pue-
A olos, pronto habrá pasado el tiempo
m que los subditos tenían para sus
irnos un temor casi religioso. El mo- XT
mento se aproxima en que el mundo
comprenderá al fin que los gobiernos
ion instituciones inútiles, funestas é
nmorales en alto grado, que un hom-
4 bre que se respeta no debe sostener «Estas ideas generales, justas ó
ni explotar en provecho propio. njustas, son inaplicables.» Esto me
Cuando los hombres hayan com- contestan los hombres que están acos-
rendido ésto, cesarán de colaborar tumbrados á su posición, y que no
4 n la obra de los gobiernos propor- creen posible ni deseable cambiarla
ionándoies soldados y dinero. En- en lo más mínimo.
onces caerá por sí misma la mentira «Debierais decir, añaden, lo qué es
que hace que los hombres sean escla- preciso hacer, y cómo convendría or-
vos. No h a y otros medios para liber- ganizar la sociedad.»
tar á la humanidad. j i Los hombres de la clase rica que
éstán como el ratón dentro del queso,
Ees los gobiernos mantienen los ejér-
;itos disciplinados.
A despecho de la fascinación que
Ios gobiernos ejercen sobre los pue-
A olos, pronto habrá pasado el tiempo
m que los subditos tenían para sus
irnos un temor casi religioso. El mo- XT
mento se aproxima en que el mundo
comprenderá al fin que los gobiernos
ion instituciones inútiles, funestas é
nmorales en alto grado, que un hom-
4 bre que se respeta no debe sostener «Estas ideas generales, justas ó
ni explotar en provecho propio. njustas, son inaplicables.» Esto me
Cuando los hombres hayan com- contestan los hombres que están acos-
rendido ésto, cesarán de colaborar tumbrados á su posición, y que no
4 n la obra de los gobiernos propor- creen posible ni deseable cambiarla
ionándoies soldados y dinero. En- en lo más mínimo.
onces caerá por sí misma la mentira «Debierais decir, añaden, lo qué es
que hace que los hombres sean escla- preciso hacer, y cómo convendría or-
vos. No h a y otros medios para liber- ganizar la sociedad.»
tar á la humanidad. j i Los hombres de la clase rica que
éstán como el ratón dentro del queso,
en su situación privilegiada, están tan 1 Los obreros, por su parte, están
á gusto, que cuando se trata de me- tan hondamente pervertidos por las
jorar la suerte de los obreros, se apre- costumbres de su condición servil,
-) suran, siguiendo en su papel de due- pie achacan toda la responsabilidad
ños, á presentar proyectos de toda le s u s miserias á s u s patronos,
especie para la organización de la pie no les p a g a n b a s t a n t e y que de-
existencia de sus esclavos. Pero no se ;entan los medios de producción. Pe-
les ocurre que no tienen ningún de- •o no se les ocurre que su desdichada
¡suerte, depende únicamente de ellos
Si ! recho á inmiscuirse en asuntos que
interesan á otros hombres, ni que, si nismos, y que si buscan verdadera-
¡á A de veras anhelan favorecer á sus se- 4 nente no ya la garantía de mezqui-
mejantes, deben ante todo cesar de nos intereses personales, sino la me-
ì mt ' .• i cometer sus malas acciones. Estas ora de su suerte y la de sus herma-
malas acciones, se definen de un mo- hos, deben, ante todo, dejar de eje-
cutar el mal que hacen; es decir, no

f .o preciso y claro. E s malvado por


u parte, no solamente gozar del tra-
pajo forzado de numerosos esclavos
¡tratar de mejorar su condición por
(Los mismos medios que les h a n redu-
ícido á la esclavitud, no consentir
Y de no querer renunciar á este goce,
4 sino también participar de algún mo- Ipara la satisfacción de sus costum-
do en la organización y en el man- bres en sacrificar su dignidad de hom-
tenimiento de un régimen de esclavi- . pres libres, en cumplir acciones que
tud. Todo ésto, debe cesar. envilecen ó inmorales, en producir con
fcu trabajo objetos inútiles ó pernicio- ¿Qué es preciso hacer? L a respues-
sos, y sobre todo no sostener á los ta es m u y sencilla, muy clara, y todo
gobiernos por el servicio militar ó lombre puede aplicarla; pero no e¡?
por el pago de los impuestos, en otros
a que esperaban los individuos de la
términos, no contribuyendo á su pro-
dase acomodada, absolutamente con-
pia esclavitud.
vencidos de que están llamados, no á
i La situación del pueblo no podrá corregirse á sí mismos (piensan que
mejorarse, si los obreros y los indivi- 10 pueden ser mejores) sino á instruir
iuos de la clase rica no comprenden t á organizar á los otros hombres; ni
il cabo que cuantos quieran servir á como la esperaban los obreros, per-
os hombres, deben sacrificar su egois- suadidos de que los autores responsa-
~ no, y que si realmente anhelan soco- bles d e su miseria son los capitalistas,
•rer á sus hermanos y no satisfacer y qué les bastará para ser por siem-
codicias personales, deben estar dis- pre dichosos, tomar y poner al al-
puestos á cambiar por completo su cance de todos, los objetos de lujo de
/ida, renunciar á sus costumbres., á ¡Los cuales los capitalistas son los úni-
-J perder las ventajas de qué gozan, á — eos que hoy disfrutan. Esta contesta-
sostener u n a lucha encarnizada con ción es muy sencilla y fácilmente
os gobiernos, con ellos mismos y con iplicable, porque impulsa á cada uno
- ras familias, y aprestarse, en fin, á Le nosotros á hacer obrar á la única
lesafiar la persecución por el despre- ersona sobre la cual tenemos un po-
cio de las leyes.
J er real legítimo y cierto, es decir,
uno mismo, y que se contiene en es-
iir jamás un servicio á los estableci-
tas palabras: todo hombre que que-
mientos sostenidos por el Estado con
•rá mejorar, no solamente su propia
recursos del pueblo; y en tercer tér-
situación, sino también la de sus her-
mino deberá no pedir jamás á la vio-
nanos, deberá cesar de cometer los
lencia de los gobiernos ni que le
nalos actos que son la causa de su
garantice la propiedad de una tierra
esclavitud y la de sus hermanos. De»
ni de un objeto cualquiera, ni que
berá, en primer lugar, 110 participar
defienda su persona ó la de sus allega-
ui voluntaria ni obligatoriamente en la
dos, y no aprovecharse de la tierra ó
obra de los gobiernos, y por lo tanto,
le todos los productos de su trabajo
n o aceptar jamás las funciones de sol-
S del trabajo ajeno, sino en la medi-
d ado ni de capitán general, ni de mi-
la necesaria para que no queden sin
uistro, ni de recaudador de contribu-
jilos otros hombres,
\ ciones, ni de testigo, ni de alcalde, ni
r «Todo eso es imposible, se me con-
le jurado, ni de gobernador, ni de
testa, pues es imposible rehusar toda
niembro de un parlamento, pues to-
participación en la obra de los go-
las ellas se ejercen con apoyo de la
biernos. » E l h o m b r e q u e rehuse
-dolencia; en segundo lugar, no debe
hacer su servicio militar será encar-
pagar á los gobiernos ni los impues-
celado; todo aquel que rehuse pagar
tos directos ni los indirectos, ni reci-
los impuestos, será castigado y se le
bir dinero del fisco en f o r m a de suel
confiscará una p a r t e de sus bienes; el
do, pensiones ni recompensas, no pej
jque rehuse servir al gobierno, cuan-

»
188 LEON TOLSTOY LA ESCLAVITUD MODERNA 189

fio no tenga otro medio de existencia biernos, ésto no prueba que no pue-
te condenará y condenará á sn fami- dan poco á poco libertarse más y más
lia á morir de hambre; el que rehuse
de la violencia.
boner su propiedad y su persona bajo Todos los hombres no tienen el va-
la protección del gobierno, acabará lor de rehusar el servicio militar (hay
fie igual modo; en fin, es imposible sin embargo hombres que lo hacen),
no hacer uso de objetos sometidos á pero todo hombre puede no escoger
gravámenes fiscales, puesto que casi las carreras del ejército, de la policía,
siempre, los objetos de primera nece- de la magistratura ó de la adminis-
sidad se hallan en tales condiciones. tración, y puede preferir á un empleo
También es igualmente imposible no 3Úblico bien retribuido un oficio in-
recurrir jamás á los servicios públi- lependiente, aunque menos remune-
cos organizados por los gobiernos, rados Todos los hombres no tienen
no utilizar jamás el correo, los cami- a fuerza de voluntad de renunciar á
nos, etc... a propiedad de la tierra (hay sin em-
Es absolutamente cierto que es di- bargo hombres que lo hacen), pero
ícil á un hombre de nuestro tiempo todo hombre puede, comprendiendo
10 participar en algún modo en la vio- que son criminales, restringir volun-
encia de los gobiernos. Pero que to- tariamente sus derechos. Todos los
los los hombres no puedan organizar íombres no son capaces de abando-
m vida de manera que no resulten en lar el capital que poseen (hay sin
ningún caso colaboradores de los go- embargo hombres que lo hacen) y re-
lunciar á los derechos de propiedad consumo de los objetos sometidos á
_j que la violencia les asegura sobre gravámenes fiscales y de los servicios
ciertos objetos; pero todo hombre dirigidos por el Estado.
puede disminuir sus necesidades, y Entre el orden de cosas actual, fun-
concederse cada vez menos cantidad dado en la grosera violencia, y el ideal
de esos goces que excitan la envidia de la vida social en que los hombres
de los otros hombres. Todos los hom- resultarán unidos por su consenti-
bres no pueden rehusar recibir una miento racional y en que únicamente
paga del Estado (hay hombres, sin las costumbres mantendrán la cohe-
j embargo, que antes prefieren pasar sión, existen innumerables grados,
hambre que desempeñar algún indig- que la humanidad, siempre en mar-
no empleo público), pero todo hom- cha, recorre sucesivamente. Pero los
bre puede preferir un empleo modes- íombres 110 se acercan á este ideal
to á un gran beneficio, p a r a contri- sino libertándose gradualmente, des-
H
b u i r así menos á la violencia. Todos icostumbrándose de la violencia, re-
los hombres no pueden rehusar las nunciando á aprovecharse de ella,
j lecciones que se dan en las Universi- r No sabemos, ni podemos prever, ni
dades (hay sin embargo hombres que ¡determinar según hacen nuestros pre-
^ lo hacen), pero todo h o m b r e puede tendidos sabios, cómo se realizará
preferir una escuela particular á una Tf ste debilitamiento de los gobiernos
escuela del Estado. Todos los hom- c y esa liberación de los hombres; no
bres pueden hacer cada vez menos
de los gobiernos. P a r a destruir la
sabemos cuáles serán las formas de
violencia de los gobiernos, los hom-
a vida social en los diversos momen-
bres no tienen sino un medio, no
tos de la evolución, pero sabemos de
participar más en esta violencia. Lo-
un modo fijo que la existencia de los
grado ésto, que sea ó no difícil á los
hombres que, habiendo comprendido
hombres abstenerse de contribuir á
la inmoralidad y la funesta influencia
la obra de los gobiernos, y que el
le los gobiernos, se esforzarán en no
porvenir esté próximo ó lejano en
contribuir á ella y en no aprovechar-
que el mundo recogerá los buenos
a, será muy distinta y más conforme
resultados de esa abstención, todo
í las leyes de la vida y de nuestra
eso es de poca importancia. Los hom-
conciencia que la existencia actual de
bres no tienen sino un medio de libe-
os hombres que, participando de la
ración; deben aprovecharlo.
violencia de los gobiernos, y benefi-
¿En qué medida y cuándo será
ciándose de ella, fingen combatirla y
eemplazado en las sociedades el rei-
tienden únicamente á cambiar su
nado de la violencia por el del con-
forma.
í entimiento libre y razonable de los
L o que es importante observar es 1 ombres? Eso dependerá del número
pie la situación actual de la sociedad, de hombres que en cada país tendrán
es mala; en ésto, todos estamos de conciencia del mal, y del grado de
icuerdo. Conduce á la esclavitud y
vemos que reposa sobre la violencia La Esclavitud Moderna IB
laridad con que lo advertirán. Cada la vida, y que la desdicha de los hom-
uno de nosotros, aisladamente, pue- bres sería mayor si desapareciesen los
de colaborar al movimiento general 4 gobiernos, la propiedad y la protec-
de la humanidad, ó, p o r lo contrario, ción de los bienes y de las personas.
ponerle obstáculos. C a d a uno de nos- Admitamos que ésto sea verdad y
)tros deberá escoger: ir contra la vo-
mitad de Dios, construyendo sobre
\ que todo lo que he dicho hasta aquí
sea, por lo contrario, inexacto.
a arena la frágil m o r a d a de su vida
ilusoria y pasajera, ó dirigir sus es-
cuerzos en el sentido del eterno, del
inmortal movimiento de la vida ver-
dadera, conforme á la voluntad de
Dios. Hay!un asunto que debe preocupar
I.
» í Pero quizá yo me engaño y se debe í todos nosotros tanto por lo menos
acar de la historia de la humanidad orno las consideraciones generales
nuy distintas conclusiones. La huma- jobre la vida de la humanidad. E s
íidad no marcha hacia la liberación, jste asunto saber qué partido tomará
4 y quizá podría probarse que la vio- sada uno para la dirección de su vida
encia es un factor necesario del pro- ¡personal. Y todas las disertaciones
greso; que el Estado, con toda su posibles sobre las leyes generales de
violencia, es una forma necesaria de la vida no impedirán que el hombre
sesté obligado á no hacer lo que con-
A isidere como peligroso y malo. i leí dinero que con amenazas de muer-
te habéis obtenido de hombres ham-
i ¡prientos, no quiero gozar de la tierra
«Podrá ser, dirá todo hombre sin- i y de los capitales que protejáis, pues
cero y honrado, que un gobierno de íé que les protejéis merced al asesi-
violencia sea necesario para la dicha lato.
¡le las sociedades. Puede que ésto es- »He podido hacer ésto, mientras no
té probado por la historia y que vues- comprendí el crimen que se perpe-
- ;ras disertaciones sean exactas. Pero t r a b a haciéndolo. Pero ahora he vis-
d asesinato es un mal, y no necesito to, y no puedo olvidar y no puedo
-1 íinguna disertación para compren- participar ya en vuestra obra.
l e r l o perfectamente. Pidiéndome, »Sé que todos estamos tan fuerte-
bien el servicio personal en un regi- : nente sometidos á la violencia que
miento, bien dinero para pagar y ar- ios es muy difícil vencerla, pero ha-
mar soldados, comprar cañones, cons- -é sin embargo todo cuanto podré
truir acorazados, me pedís simple- Dara no favorecerla, para no ser su
mente que contribuya á asesinatos, y cómplice, y me esforzaré en no apro-
no solamente yo no quiero, sino que vecharme jamás de lo que fué adqui-
iio puedo hacer ésto. Del mismo mo- rido y está defendido por la violen-
l i d o , no quiero y no puedo disfrutar cia.
»No tengo sino una vida, y ¿por
. iqué en esta vida tan corta me con- y soberanamente justo que reside en
vertiría, contra la voz de mi concien- nosotros mismos, y se llama nuestra
ña, en el colaborador de vuestros ho- conciencia, confirma en cada uno de
rribles crímenes? nosotros los resultados de las consi-
f »No quiero ser, y no seré más lo deraciones generales que acabo de
que era. presentar.
»Lo que saldrá de todo ésto, lo ig-
loro, pero creo que no puedo engen-
^ Irar nada malo, si obro siempre co-
no mi conciencia me ordena.»

Es así como todo hombre sincero


y honrado de nuestro tiempo, respon-
derá á los que querrán probarle la
necesidad de los gobiernos y de la
violencia, á los que le m a n d a r á n ó le
pedirán que contribuya á actos de
violencia.
/Tanto es así, que el juez supremo
CONCLUSION

Después de leer este estudio, mu-


elos exclamarán:
< Siempre el mismo sistema: por
una parte, la destrucción del orden
de cosas actual, sin indicación de nin-
-í guna nueva organización propia pa-
•a reemplazarle; por otra parte, la
mtiquísima teoría de la inacción. La
)bra de los gobiernos es mala, mala
también la obra de los socialistas y
anarquistas; en u n a palabra, toda No repetiré lo que he dicho más
práctica es mala, sólo es bueno una irriba. Estoy convencido de que la
especie de acto moral, espiritual, que protección de la propiedad por la
A je define en términos m u y vagos, pe- violencia, en vez de disminuir, aumen-
ro que debe conducir al mundo al ta el desorden, pero hasta admitien-
•caos y á la inmovilidad.» lo que si falta un día esta protección
Así hablarán, y a lo sé, muchos
k ombres serios y sinceros.
Una cosa sobre todo indigna á los
estallarán graves desórdenes, ¿qué
ían de hacer los hombres que han
descubierto la verdadera causa de sus
lombres, en la hipótesis de la supre- lesdichas?
sión de todo gobierno. Piensan con ¿Si padecemos alcoholismo, pode-
error que la propiedad no estará mos esperar mejorar nuestro estado,
nrotejida, y que por consiguiente persistiendo en beber moderadamen-
será posible á quien quiera tomar á te y hasta tratando de corregir los
I ÍU vecino todo lo que le parecerá útil efectos del alcohol con pociones que
simplemente deseable. Acostum- nos prescriban los médicos con anti-
brados á ver proteger bienes y perso- parras? Igual sucede con las socieda-
nas por la violencia, los hombres des enfermas. Desde el momento que
imaginan que si la violencia faltara, el malestar que padecemos hoy es
estallaría un continuo desorden y se roducido por la violencia ejercida
iniciaría una lucha incesante de to- or ciertos hombres contra otros
dos contra todos.
íal, á la enseñanza sistemática de la
íombres, no podremos mejorar nues- dolencia, á toda justificación de la
ro estado si continuamos sostenien- dolencia.
io la violencia de los gobiernos, ó si
4 a reemplazamos por la violencia de
os socialistas revolucionarios. Podía- Poco importa que para la libera-
mos tener ilusiones acerca de ese pun- ción de los hombres, no tengamos
to cuando la verdadera causa de la sino este único medio. Debemos em-
desdicha de los hombres nos era des- plearlo porque está conforme con la
conocida. Pero hoy sabemos que ley moral que habla dentro de cada
nuestra sociedad padece por la vio- mo de nosotros. Sabemos que si se
lencia, y no trataremos de curarla piieren protejer las propiedades y
sosteniendo la violencia en una ú otra as personas por la violencia, se de-
forma. P a r a el alcohólico no hay más 3erá matar ó amenazar de muerte.
pie una salvación: abstenerse de be- No podemos, pues, gozar como en lo
ber vino, es decir, suprimir la causa
le su enfermedad; para nosotros, que 4 pasado, con completa tranquilidad de
conciencia, de una propiedad que es
queremos acabar con una mala orga- pl fruto del asesinato ó de amenazas
íización social, no hay más que un 'de asesinato.
•emedio, abstenemos de practicar la Con mayor razón todavía, nos está
dolencia, causa de nuestras desdi- prohibido tomar parte en estos asesi-
chas, renunciar á la violencia perso-
CASA EDITORIAL MAUCCI
aatos ó en estas amenazas. Así lo pi- Mallorca, 226 y 228. — Apartado de Correos, 189
le el bien de la humanidad y ésto es BARCELONA
A o que exige el sentimiento moral que
ilienta en cada uno de nosotros. Nin-
gún hombre puede, pues, dudar que ÚLTIMAS PUBLICACIONES
para el bien de todos, así como para
el cumplimiento de su ley particular, ENRIQUE SIENKIEWICZ
debe renunciar á la violencia, á la
Quo Vadis? (60 millar) 2 tomos
justificación de la violencia, á la ex- Más allá del misterio (Sin Dogma) . 1 »
plotación de la violencia. tSHo'ic.o^ Luchar en vano i >
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