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El término "aríbalo"

en la Arqueología Andina

Duccio Bonavia

La finalidad de este escrito es aclarar el término aríbalo (aryba/los) que se usa en


la Arqueología Andina para nombrar a una de las formas clásicas de la alfarería incaica.
La intención es, en primer lugar, dilucidar a quien se debe la introducción de esta pala-
bra griega en la tipología cerámica peruana y luego, ver si la acepción es correcta.
Con respecto al primer punto hay diversas versiones y es importante establecer
cual es la verdadera. Cuando Uhle ([1903] 2003: 113) trató el asunto, escribió: "A un tipo
especial de cerámica, un vaso o frasco de gollete largo y delgado a base cónica (lámina
18, figura 1 [se trata de un aríbalo]) Hamy le dio el nombre de 'aríbalo' por su semejanza
con ciertos antiguos tipos griegos.". Allí Uhle se refiere a su Nota 5 que dice: "Hamy, Ga-
lérie américaine texto hasta Nos 112 y 113 ". La referencia en su bibliografía es Hamy ( 1897).
Como se verá más adelante, con esto Uhle demuestra no haber leído el trabajo de Hamy.
Rojas Ponce (1948 :77) sefialó lo mismo al escribir que "[e]l nombre de aríbalo fue dado
por el Director del Museo del Trocadero Dr. Hamy fundador de la sección Peruana, por
su semejanza con los ceramios griegos de la misma forma.". El autor no sefiala su fuente
de información, pero es probable que haya sido el escrito de Uhle.
Muelle (1938:32) trató también el asunto y apuntó al respecto: "Bingham, auxilia-
do por el Prof. Baur, adoptó para clasificar las formas incaicas, por su semejanza con las
griegas, los términos de la arqueología clásica.". Sin embargo cuando se refiere concre-
tamente a la vasija en cuestión, anotó: " ... arybá/lus, recipiente cerrado (conocido desde
antes por este nombre) con cuello abocinado, panza dilatada, base cónica y dos asas ver-
ticales cerca de la base ... " (Muelle, Op.Cit.:32,34; el subrayado es nuestro). En primer lu-

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gar hay que decir que la forma correcta del término original es aryballos (Giovanna Bag- ·
nasco Gianni, in litteris 12.3.2006) pero lo más importante es que Muelle, sin citar la fuente,
deja entender claramente que el nombre fue empleado antes de que lo usara Bingham , lo
cual como veremos luego es correcto. Además al mencionar a Baur demuestra haber leí-
do a Bingham .
El que nos da una información muy importante es lmbelloni (1963: 180) quien al tratar
sobre el aríbalo escribió: "Se dio este nombre al mencionado modelo de cerámica por el
conservador de la sala americana del Louvre hace más de un siglo, porque debió pare-
cerle semejante al aryballos de fabricación griega. Recientemente el senador Bingham qui-
so seguir el ejemplo y propuso toda una nomenclatura helenística para distinguir las for-
mas incaicas, a base de nombres como 'diota', 'phitos', 'pelike', etc ., que no tuvieron aco-
g ida entre los arqueólogos y es un bien , dada la naturaleza artificiosa de la aplicación de
estos nombres clásicos y la inevitable discordancia entre la serie helénica y la peruan a."
(el subrayado es nuestro). En efecto, Imbelloni se refiere sin duda a Longpérier, quien efec-
tivamente fue Conservador del Museo del Louvre y que es , como lo demostraremos más
adelante, el primero que emplea el término aríbalo para la forma inca.
Cuando Julien ( 1987-1989:7) trata el asunto, para su "Forma I a Botella [Cuzco bo-
ttle]" es decir el aríbalo , anotó : "Bingham puso el nombre de aríbalo a esta forma (Bing-
ham 1915 , p.258 la-d; J.Rowe, 1944, p.48 Shape A)" . En primer lugar hay que decir qu e
Julien demuestra referirse so lo a las ilustraciones de Bingham sin haber leído el texto y
en el caso de Rowe la cita es incorrecta, pues si bien en la página 48 está la ilustración
del aríbalo, la descripción corresponde a la página 47. Además hay que señalar que el tér-
mino "botella" es inapropiado, pues la primera acepción de la palabra, que es la única apli-
cable en nuestro caso, que da la Real Academia Española (2001,Tomo 2: 234) dice: "Yasij a
de cristal, vidrio o barro cocido u otro material con cuello estrecho, que sirve para con-
tener líquidos .".
Pues bien, veamos lo que escribió Bingham. "Tanta de la alfarería Inca muestra una
sorprendente semejanza con la de Grecia, Micenas, y Troya, que con la generosa ayuda
y asistencia del Profesor Baur de la Universidad de Yate, he creído que es justificado to-
mar prestado y adaptar una cantidad de términos de la arqueología clásica. Me parece que
ello sea claramente en nuestra ventaja en la Arqueología americana si nosotros usamos
adondequiera que sea posible términos ya adoptados y convenidos por los estudiosos
de la arqueología clásica. Al tomar una medida de esta naturaleza nadie comprende me-
jor que yo qué cantidad de errores pueden ocurrir y qué cantidad de oportunidades exis-
ten para mejoras ." (Bingham 1915:260). Pero inmediatamente añadió: "... [l]a palabra aríbalo
ha sido adoptada por algún tiempo sin obj ec ión como término descriptivo aplicado a la
bien conocida vasija Inca en forma de botella [Sic. bottle] con labios, asas bajas, y base
puntiaguda. Los nuevos términos que se proponen son ... " (Bingham Op.Cit.:271 ; el su-
brayado es nuestro). Esta última frase de Bingham es importante , pues si bien señaló que
Baur lo ayudó para el empleo de la terminología griega, él sabía que la palabra aríbalo ha-
bía sido adoptada antes "por algún tiempo" y que su propuesta fue para otros recip ien-
tes .
Es lógico que Paul Víctor Christopher Baur fuera el que sugirió la terminolog ía grie-
ga a Bingham, pues él obtuvo su doctorado en la Universidad de Heidelberg en 1900 y

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enseñó Arqueología Clásica en la Universidad de Yale desde 1902 hasta 1940. Además
ha sido Conservador en la Art Gallery de las colecciones de Arqueología Clásica en la
mencionada institución desde 1913 hasta 1940 (Richard Burger, in litteris, 9.3.2006). Se
desprende de la lectura del texto de Bingham que las sugerencias de Baur no incluyeron
el término aríbalo, sino que fueron las referidas a las otras formas cerámicas incaicas . Lo
que no hemos podido saber es si Baur leyó los trabajos de Hamy y Longpérier o hizo la
sugerencia a Bingham por su propia iniciativa. Lo primero es más probable. De todos mo-
dos cuando posteriormente Bingham (1930: 122) usa la palabra aríbalo, se refiere a su tra-
bajo de 1915 (Bingham Op. Cit.).
Los otros términos griegos que adoptó Bingham para la cerámica incaica han sido
el de pélike, diota, pithos, hydrya, lebes, patera (vide Bingham, 1915: 263, Fig.47, 48 ; 270).
Muelle ( 1938:34) se refiere a algunos de estos tipos.
Antes de demostrar que no fue Hamy el que usó por primera vez la denominación
aríbalo, como bien lo ha señalado 1mbelloni (loco citato), hay que recordar que en su tiem-
po él fue un hombre que sobresalió y que entre otros cargos fue Director del Museo de
Etnografía del Trocadero. Sobre su vida se puede consultar el escrito de Cordier ( 1913) y
sobre su obra el Anónimo ( 1901 ). Hamy no vino nunca al Perú , pero estuvo en contacto
con los exploradores y misioneros que depositaron colecciones sudamericanas en el Mu-
seo de Etnografía del Trocadero entre 1878 y 1908 (Días, 1991 : especialmente pp . 151, 163-
164 y 207) y, como explica Pascal Riviale (in litteris, 27.3.2006), él "... tuvo un conocimiento
profundo de los campos de estudio de cada uno de estos exploradores que [además] co-
nocía muy bien .". No hay que olvidar que Hamy ( 1882) revisó y publicó sobre la Co lec-
ción Macedo que fue llevada a Francia en 1881 y que fue el primero en publicar informa-
ción (Hamy, 1898) sobre los ceramios de Nasca (Rowe 1960:30-31 ).
Pues bien , cuando en su trabajo de 1897 Hamy describió una"[ v]asija en forma ele
aríbalo de la gruta funeraria de San Sebastián (cerca del Cuzco)." , apuntó ad litteras: "Lon-
gpérier no ha vacilado en calificar con el término clásico de aríbalo ( 1) una serie de vasi-
jas con fondo cónico y con asas laterales, descubiertas por Angrand en Yucay, a cuatro
leguas al nordeste del Cuzco, y ofrecidos por este arqueólogo al Museo del Louvre en
1850 (2). Estos aríbalos del Perú recuerdan , en efecto, de cierta manera, los vasos anti-
guos de Italia a los que se les da habitualmente este nombre. Uno de ellos le parece in-
cluso a Longpérier poder 'ser fácilmente confundido' con los que se encuentran en Cor-
neto y en algunas otras localidades al norte de Roma (3) . Las analogías son aún más sor-
prendentes , si se compara los ceram íos de Yucay con algunos de origen Corintio descu-
biertos en Cerveteri, la antigua Caere, y sobre todo a las piezas de estilo geométrico de
Ática de tipo Dipylon." (Hamy 1897:73). La cita ( 1) corresponde a Longpérier ( 1851: 100),
la (2) es una descripción del sitio de Yucay basada en la obra de Garcilaso de la Vega y
la (3) a Longpérier (Op.Cit.: 102). Hay que aclarar que Cometo o más exactamente Tarqui-
nia, es una de las ciudades de la vieja Etruria en la Provincia de Viterbo en el Lazio . Y el
término Dipylon es una clase de vasos áticos que toma este nombre por haber s ido en-
contrados en lá necrópolis de Atenas que se extendía fuera de la antigua puerta (Dipylon).
Este tipo de vaso recuerda algo a los aríbalos , aunque su base es plana (vide Ojetti et al.
1941 :62, ilustración 271 ).
Hamy, además, en su "planche XXXVI 1, nº 111" representa la pieza que entregó

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Charles Wiener al Museo del Trocadero (Hamy 1897:73), que es un aríbalo cuyo dibujo
está en la obra del viajero francés (Wiener [ 1880] 1993 :392 ; es la ilustración inferior).
Con respecto a Henry Adrién llamado Adrién de Longpérier (1816-1882) él fue Con-
servador de Antigüedades griegas, egipcias y romanas en el Museo del Louvre. Ahora
bien, en su trabajo de 1851 describió varios aríbalos y usa el término "Alryballe" (Lon-
gpérier 185 J: 86, 87, 100, 1Ol , 102). La vasija Nº870 es un aríbalo procedente de Ollantai-
tambo y allí anota: "Esta vasija podría ser fácilmente confundida con aquellas que se en-
cuentran en Cometo y en algunas otras localidades al norte de Roma." (Longpérier
Op. Cit.: 102). Hay que aclarar que Longpérier pudo haberse confundido con las piezas de
Cometo, Cerveteri y Ática que son todas del tipo Dipylon pero que son formas muy di-
versas al aríbalo y tienen una sola asa (Giovanna Bagnasco Gianni, in litteris 12.3 .2006).
Cuando Bingham ( 1930: 117) escribió sobre la alfarería de Machu Picchu él anotó
que " ... se caracteriza por líneas simples, elegantes como las de la antigua Grecia." . Lue-
go hizo una serie de disquisiciones sin sentido para tratar de explicar las diferencias en-
tre la cerámica costeña y la serrana y el porqué de la preferencia de la decoración geomé-
trica en el estilo inca y concluyó: " Posiblemente todo eso puede explicar las pinturas usa-
das en la decoración de la alfarería Inca que se parecen a la cultura de los Árabes más
que a la de los Griegos, aún cuando la forma de los vasos es elegante como la de Gre-
cia." (Bingham Op. Cit.:122). Al referirse a la Fig. 71, tipo II que corresponde a los platos
inca (los ppucus según Pardo [ 1939: Lámina 8]) dice: " Ellos se parecen un poco en su
forma a la patera griega ... " (Bingham Op.Cit. :132).
Rowe (1944: 47) al referirse a este asunto, anotó: " ... los nombres griegos de Bing-
ham no han sido nunca aceptados, con la excepción de 'Aryballos' (nuestra Forma A), que
es mejor abandonar. Para cualquiera que ha visto un aryballo griego, la comparación es
fantástica ( ...Bingham 1915b [Nota bene: corresponde en nuestra bibliografía a Bingham
1915])".
Rowe definitivamente tuvo la razón, pues la palabra aríbalo "(en griego: saco, bolsa]
[e]s una vasija pequeña de cerámica usada para aceite o perfume. La forma es normalmente
globular, casi esférica o piriforme, con cuello que se estrecha y una sola asa. Así como
para Askos , el término quizá ha sido tomado de los artefactos de cuero más antiguos ."
(Whitehouse 1983: 31 ). Y luego en el mismo diccionario se añade: " El término es aplica-
do también para ciertas formas de cerámica Inca por su similitud." (Whitehouse loco ci-
tato ). En efecto, en la obra clásica de Beltrán Martínez (s/f [ 1949]: 446) se dice que
" ... aryballos .. . [es una] forma de vaso para aceite y ungüentos ..." y su Fig. 298/ J 7 mues-
tra un aríbalo que corresponde a la descripción de Whitehouse (loco citato). Una expli-
cación muy parecida la encontramos en Bahn (2004:35) aunque se añade " .. .con dos pe-
queñas asas ... " lo que es un error. Pero en este caso no se menciona para nada a las va-
sijas incaicas.
Giacomo Merlo (in litteris 17 .2.2006) nos ha explicado que "[a],:yballos en griego
se refiere a una vasija de cuello estrecho. La palabra se compone de Aryo o ary to que
quiere decir tomar con una copa y Bailo que significa verter. Entonces es un a vasija qu e
puede servir para tomar y para verter. Hay que tener presente que el aríbalo griego ti ene
sobre la abertura un ensanchamiento que se parece a una copa o a una taza para qu e sea
más apto para las dos funciones mencionadas. El étimo es por lo tanto explicable .". Por

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Figura 1

o o

---
o ~ b
En la parte izquierda (a) se muestra en forma esquemática el aryballos protocorintio al
que nos referimos en el texto, que mide 6,3 cm. de altura. A la derecha (b) se puede ver
en forma esquemática también uno de los aríbalos encontrados por Bingham en Ma-
chu Picchu. Mide 38 cm de altura y lo hemos escogido por ser un término medio. El
dibujo ha sido hecho a escala para que se pueda apreciar que entre las dos formas no
hay ningún parecido y que el tamaño es muy diferente .

otro lado Giovanna Bagnasco Gianni (in litteris 9.3.2006; 12.3.2006) al observar a los arí-
balos incaicos nos ha comentado que "[l]os aríbaloides protocorintios y corintios (del úl-
timo cuarto del Vlll siglo y después) no tienen nunca dos asas en el cuerpo, sino solo
una que une el borde con la parte superior del cuerpo." Y luego añadió: "Ningún aryba-
llos (ni de importación de Grecia ni imitado en Italia) tiene asas en el cuerpo .". Para los
efectos del cas<l> nos ha remitido una ilustración que reproducimos (Fig. 1a) tomada de
Cazzola (2002) y que corresponde a la Fig. 1, n.53 (363) (Pieza de Civiche Raccolte Archeo-
logiche e Numismatiche, Museo Archeologico.Milano. Nº de inventario A.0 .9.21659). Y
luego la misma Bagnasco Gianni (in litteris 11.4.2006) añade que "[l]a característica prin-

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cipal del aryballos (protocorintio, corintio, etrusco-corintio) es tener dimensiones redu~


cidas (aproximadamente I Ocm . de altura como máximo)" .
Hay que señalar además , que los aryba/los griegos son diferentes a los protocorin-
tios. Para los efectos del caso se puede comparar el que ilustramos en la Fig. la con el que
muestra Beltrán Martínez (s/f [ 1949]:445) en su Fig. 298, 17. Los recipientes griegos eran
utilizados por los atletas para llevar aceite al gimnasio y untarse antes de los ejercicios.
Los otros términos propuestos por Bingham y que por suerte no han sido acep-
tados por los arqueólogos peruanistas, no tienen tampoco ningún sentido . No es el caso
de entrar en detalles , pero consideramos importante indicar al lector algunas referencias,
para que pueda darse cuenta de cuanto afirmamos. Con respecto a la formapé/ike de Bing-
ham (1915:263 , Fig.47, 270) comparar con la Fig. 297, 1 de Beltrán Martínez (s/f [1949]). En
lo que se refiere a la forma diota (Bingham Op. Cit. :263,Fig.48), la aplicación de este tér-
mino tampoco tiene sentido. Pues se trata de un jarro con dos asas , más conocido como
ánfora (Conte et al. 2001 :320). El término es poco usado en latín y viene del griego diwtos
(Funari 2000 : 109). En el caso de hydria bastará comparar la Fig. 48 (9a) de Bingham
( Op. Cit.: 263) con la que se ilustra en la página 213 de Bahn (2004) y se verá que no hay
punto de comparación. Con relación a la forma Jebes de Bingham (Op.Cit.:264, Fig.47) e l
parecido con la forma original no existe. l ebes o /ebete es un vaso griego de la Magna
Grecia y corresponde a una palangana o un bacín de forma troncocónica con tapa y dos
asas verticales (Conte et al. 2001 :683). Finalmente la patera (Bingham Op.Cit. : 270, Fig.47)
es romana y el término corresponde a una copa poco profunda que sobre el fondo pre-
senta una pequeña elevación en forma de ombligo. Ha sido usada por los romanos en las
libaciones sacrificiales y corresponde a la phi ale de los griegos. (Vide Conte et al.2001 :864;
Bahn 2004: 376).
Llama mucho la atención que Uhle, que tuvo una preparación europea en la qu e
no pudo no tener cierta familiaridad con la arqueología clásica, en la conferencia que dic-
tara el 16 de mayo de 1923 en la Universidad Central de Quito, al tratar de las convergen-
cias entre "... numerosos tipos de cultura, pero en materia de detalle más que de tipo de
cada civilización particular como un todo." , haya podido afirmar que "[u]na de las más
sorprendentes convergencias es la de la forma, técnica de manufactura, carácter, y deta-
lle que se presentan en ciertas vasijas grandes de cerámica hechas en Ática en Grecia en
la octava centuria a.c. las cuales a pesar de la peculiaridad del estilo y de infinitas com-
plicaciones de los detalles de la decoración, son tan similares a las correspondientes va-
sijas Inca que sería muy fácil tomar una por otra." (Uhle, 1924, 1954:69). Este concepto
ha sido seguido por muchos arqueólogos, por ejemplo por Kauffmann ( 1978:726) aunque
es verdad que él indica una ".. . lejana remembranza al aryballos griego.". Pero es intere-
sante notar cuán profunda ha sido esta influencia, que hasta estudiosos como Pard o
(1938: 19) que trató más bien de imponer una terminología indígena, no se pudo librar de
ella y al describir las makas , es decir el término que como veremos él le atribuye al aríb a-
lo, haya escrito que " .. .son de una esbeltez ática" .
Pocos especialistas se han pronunciado en contra del uso del término aríbalo .
lnbelloni (1963 : 180) escribió que "[t]ambién el bautizo del aríbalo no fue del todo feliz, pero
ahora este nombre se ha impuesto en el uso y conviene conservarlo porque nos ayuda a
entendernos exactamente y con brevedad.". Morris y Thompson (1985 :76) por su parte

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señalaron que "[e]I uso del término 'aríbaloide' para estas vasijas es inapropiado, dado
que ellas difieren sustancialmente de las vasijas griegas que llevan este nombre .". Estos
autores tienen toda la razón y la diferencia se puede apreciar en nuestra Fig. l comparan-
do a con b. Efectivamente, como bien lo señalara lmbelloni, el término se ha impuesto y
será difícil desterrarlo y es usado por casi todos los especialistas (v.g. Kauffmann
[1978 :726), Masan [1962:Lámina 30), Muelle [1938:34)).
Entre los que se han resistido al uso de este helenismo, tenemos a Schmidt
( 1929:349) que al describir dos aríbalos dijo : "Grandes jarras de cerámica ... " y "Vasija ce-
rámica" . Y luego cuando señaló el origen y definió las piezas, al referirse a una de las ilus-
traciones mencionadas, apuntó "jarra de agua" (Schmidt Op.Cit.: 592). Por su parte Rowe
( 1946:243) prefirió usar el término "jar" es decir cántaro, aunque el editor al describir un
aríbalo en la Lámina 77a del Handbook of South American lndians no siguió sus indica-
ciones y empleó el término "[c]ántaro aryballoide policromo" . Hemos visto que Julien
( 1987-1989:7) tampoco acepta el termino griego y para su Forma I a usa la palabra "Cuzco
bottle", es decir botella que, como ya lo hemos señalado es inapropiado. Disselhoffy Lin-
né (1961:242) al describir la Fig. 51 que es un aríbalo, la definieron como "[á]nfora inca"
y al referirse a la cerámica incaica indicaron que "... la más típica es ciertamente el ánfo-
ra en punta". (Disselhoff y Linné, Op. Cit. : 250).
Cuando Pardo en los años 30 del siglo pasado intentó hacer una tipología de la
cerámica incaica, aplicando una terminología quechua, opinó que " ... existe una marcada
confusión acerca de los verdaderos nombres con que se denominan a los diversos obje-
tos de cerámica de la época incaica.". Y él consideró haberles atribuido "... su verdadero
nombre." (Pardo 1939: 25). En el trabajo de Pardo hay sin embargo una grave contradic-
ción , pues indica que para la decoración de las vasijas él siguió a Philip Means y para la
forma a Bingham. En el mencionado estudio no hay bibliografía, de modo que no tene-
mos la seguridad a cuales trabajos de estos autores se quiso referir Pardo, pero podemos
suponer que en el caso de Means ha sido su escrito de 1917 y en el de Bingham las obras
ya mencionadas de 1915 y 1930. Basándose en estos autores, él reunió a la cerámica in-
caica en dos grandes grupos, pues consideró que su clasificación es "bastante satisfac-
toria" y por eso la adoptó pero "... introduciendo nuevos aportes". (Pardo 1938:3).
En lo que se refiere a los aríbalos, los subdividió en cuatro sub-categorías: gran-
des (96 cm . de altura), medianos (59 cm. de altura), pequeños (50 cm. de altura) y diminu-
tos (45 cm. de altura) señalando que las medidas son "por término medio" . Si bien no he-
mos podido hacer un estudio de esta naturaleza para controlar los datos de Pardo, tene-
mos la impresión que ellos son imprecisos. De todos modos para que el lector pueda te-
ner una idea, recordaremos que los aríbalos procedentes de Sacsahuaman, que estudió
Julien (1987-1989:18) miden 18,7 cm. y 18,3 cm. de altura. Los que encontró Bingham en
Machu Picchu, miden respectivamente 21 cm., 38 cm ., 25 cm. y ca. 65 cm. de altura (Bing-
ham, 1930: Fig. 73a, 121; Fig.74, 121 ; Fig.81a, 126; Fig.81 b, 126).
John Rowe, sin ninguna duda uno de los más grandes especialistas en la cultura
incaica, era de la opinión que "{/}as definiciones de Pardo son inservibles ... ". (Rowe
1944:47). Además él revisó los nombres quechuas propuestos por este (Pardo 1937, 1939)
y consideró que el problema era tan complicado, que necesitaba un estudio especial que
desafortunadamente nunca se hizo. Sólo indicó que "[l]as únicas formas para las que los

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antiguos nombres son definitivamente conocidos son para el pl ato, Forma G [Fig. 18, 48], lla-
mada Pucu (P'oko), y una copa alta, Kero (Qiro), Forma I [Fig. 18, 48] ... " (Rowe loco citato).
A pesar que la única finalidad de este estudio ha sido la de aclarar a quien en ver-
dad se debe el empleo de la palabra griega aríbalo para definir a la forma más típica de la
cerámica incaica, queremos señalar brevemente cuales son los términos inc:iígenas que se
ha propuesto. En este sentido consideramos que no estamos en condiciones de seña lar
cual es el más apropiado, pues ello escapa de nuestra especialidad y sobre esto deberán
pronunciarse los lingüistas.
Para el aríbalo, Pardo (1938:4) propuso el término makas, pues según é l esa fu e
" ... su denominación en la época incaica y que supervive hasta el presente.". Añadió qu e
esta palabra se aplica "[ d]e un modo general a todo recipiente de gran tamaño hecho en
arcilla. Los aborígenes del Departamento del Cuzco, los llaman así i en este caso con más
propiedad a los arríbalos.". Hay que señalar que para González Holguin ([ 1608] 1989:220),
maceas significa "cántaro mediano" . Sin embargo en este caso hay una contradicción
pues en el mismo diccionario bajo el término "Cántaro mayor" se dice "Macas" (Gonzá-
lez Holguin Op.Cit.: 446).
Ramiro Matos (Comunicación personal 29.4.2006) por su parte , nos ha informado
que en la actua lidad los indígenas de la zona del Cuzco para fines comerciales con los tu-
ristas, han adoptado el término aríbalo e incluso pretenden que es de ori gen quechu a o
aymara.
Muelle (1938:34) trató también e l asunto y apuntó que "[e]n función de la forma ,
los ceramios se llaman en quechua .. . " con diferentes nombres y dijo que " ... urpu, [es] e l
aríbalo de cuello estrecho ... ". Stone-Miller ( 1995:Fig.180, 125) al describir un aríbalo señaló
"[u]n urpu Inca ( ...previamente llamado aríbalo por su semejanza a un tipo de vasija grie-
ga)" . Según González Holguin (Op.Cit. :357) "Urppu" es un "Cantara muy grande mayor
que ttico" .
Hemos conversado sobre el particular con Jorge Flores Ochoa (Comunicación per-
sonal 13.10.2006 y 8.8.2007) y é l es de la opinión que aríbalo en quechua es púyñu, tér-
mino que es usado también para vasijas parecidas con base simi lar a la del aríbalo. Es in-
teresante que Manuel Chávez Bailón, que fue uno de los mayores conocedores de la cul -
tura incaica, al decir de Kauffmann ( 1978:726) pensaba lo mismo. En efecto él escribió que
al referirse al aríbalo: "M . Chávez B. lo si ndica con mayor precisión [con respecto a l tér-
mino griego] como el Inca p'uyñun". Para González Holguin (Op.Cit.:299) e l término "Ppu-
yñu" es simplemente "Cántaro mediano".
Finalm ente queremos llamar la atención sobre un hecho muy concreto, nos referi-
mos a las palabras que junta González Holguin ( Op. Cit. :446) en su diccionario y que nos
sugiere que en la terminología quechua más que la forma tenía significado el tamaño de
los recipientes . En efecto él escribió que "Cantaro generalm ente Puyñu" . "Cantaro ma-
yor, Macas" , "Cantaro mayor que este. Tteco", "Cantaro mayor que este. Urpu" , "Tinajon
mayor que todos , macma". Sin embargo, como señalé, en este diccíonario hay algunas
contradicciones, pues para la palabra "Maceas" se dice que es "Cantaro mediano" (Gon-
zález Holguin , Op. Cit. :220) y para "Ppuyñu" "Cantaro mediano" también (González Hol-
guin Op.Cit. :299). "Macma" es "Tinajon grande de chicha" (González Holguin Op.Cit. :224)
pero cuando se refiere a "Tinajón grande" se dice simplemente "Makma" (González Hol-
guin Op.Cit. 680).

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_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ Duccio Bonavia: El término "aríbalo" en la Arqueología Andina

Para concluir, creemos que no hay ninguna duda que es Longpérier el que en 1851
utilizó por primera vez el término griego aríbalo para una de las formas más típicas de la
cerámica incaica, el cual luego fue difundido por Hamy. Definitivamente la palabra ha sido
mal empleada, pues el parecido en forma y tamaño del tipo incaico, como se ha visto, no
corresponde al griego ni a las copias de este que han sido adoptadas en la península ita-
liana. Pero como bien lo ha dicho Imbelloni (loco citato), la palabra ha entrado no solo
en el habla especializada sino también en la común y tratar de eliminarla y sustituirla se-
ría prácticamente imposible.

Nota. Todos los textos en idiomas extranjeros han sido traducidos por el autor, con la sola
excepción del alemán que lo ha sido por Elmo León.

Agradecimientos. Un agradecimiento muy especial le debemos a Veronique Wright que


tuvo la gentileza de ayudarnos en conseguir los escritos de Longpérier y Hamy. Además
si n la colaboración de Antonio Aimi, Giacomo Merlo, Giovanna Bagnasco Gianni, Jorge
Flores Ochoa, Ramiro Matos Mendieta, Anne-Marie Brougere, Pascal Riviale, Jean-Pie-
rre Chaumeil y Richard Burger, este artículo no pudiera haberse escrito. A todos ellos ex-
presamos nuestra gratitud.
El dibujo de la Figura Nº 1 es obra de Caroline Aguirre a la que expresamos nues-
tro reconocimiento.

Duccio Bonavia
Academia Nacional ,le la Historia
dbonavia@erra.compe

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