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LA ALEGRÍA:

EL ESTADO DE SER MÁS SUBLIME

"En un estado de alegría exuberante, estás en paz con todo lo que tú eres. Cuando gozas de la
vida, no puedes

sentirte rencoroso o inseguro, atemorizado, enfadado o carente de nada. En un estado de


gozo estás satisfecho y

completo, y la vida, la sabiduría y la creatividad fluyen como un poderoso río desde dentro de
tu ser. En un estado

de gozo, tu inspiración llega hasta lo más alto de la grandeza y lo más profundo del
sentimiento.»

Ramtha

En cada una de tus vidas en este plano, ¿cuál es tu propósito al estar aquí? A muchos se los
educa para que

piensen que deben ser una cierta entidad o ejercer una cierta profesión, y son
escrupulosamente vigilados por ña

familia y la sociedad para asegurarse de que se conviertan en ello. ¡Qué siniestro! Luego están
aquellos que

imaginan que han sido enviados aquí a ser grandes maestros, salvadores o sanadores de la
humanidad. ¡Qué

noble! Y ciertamente muchos otros sienten que están aquí para recorrer penosámente un
estrecho y sagrado

camino hacia Dios, el cual ha sido cuidadamente preparado. ¡Qué aburrido!

Nadie tiene un propósito cuando viene a este plano. El Padre no ha dado directrices ni a ti ni a
nadie de cómo

debería ser su vida, salvo una cosa. Y lo único que él desea para ti, proporciona lo esencial del
ser. Y es que seas

dichoso, sin importar lo que la dicha signifique para ti. Pues cuanto más feliz y dichoso seas
dentro de tu precioso

y divino ser, más cerca estarás de ser la semejanza de Dios y más en armonía con toda la vida.

Que seas feliz y alegre es el único deseo del Padre para ti. Y esto es, en verdad, el máximo
valor emocional

que existe. Es el mayor logro en la vida. Haber entendido la alegría y haberse convertido en
ella es el único
destino que Dios ha dado a toda la humanidad —cualquiera que sea el plano que habite o el
entendimiento que

haya alcanzado— porque cuando has regresado a un estado de gozo y felicidad, has regresado
a un estado de

Dios, ya que el Padre es alegría. Es un Ser que está alegre todo el tiempo.

El Padre te ha dado el poder de crear cualquier cosa que desees, desde lo más vil hasta lo más
bello. Él se

convertirá en todo aquello que desees que él sea en tu búsqueda por entender la alegría. ¿Y
juzgará alguna vez

tus acciones o la realización de tus deseos? No. Nunca. Ese es el amor de Padre a hijo, de
fuerza vital a fuerza

vital. Él quiere que hagas todo aquello que te haga feliz, alegre, pues ese es el único camino
por el que llegarás a

conocer al Padre y a ser como él es.

¿Qué es la alegría? La alegría es libertad de movimiento sin interrupción. Es libertad de


expresión sin juicio. Es

libertad de ser sin miedo o culpabilidad. La alegría es saber que creas la vida a tu manera. Es el
sublime

movimiento del Yo permitido. Eso es alegría.

¿Por qué es la alegría el estado de ser más sublime? Porque cuando estás en un estado de
gozo, estás en el

flujo de lo que Dios es. Y en ese flujo, no hay lugar para los celos, la furia, la amargura o la
guerra. Es difícil odiar

o asediar a otra persona, es difícil dañar a alguien cuando estás en un estado de gozo. Cuando
estás feliz y lleno

de gozo, amas al Dios que ves en todas las cosas.

En un estado de gozo exuberante, estás en paz con todo lo que tú eres.

Cuando gozas de la vida, no puedes sentirte rencoroso o inseguro, atemorizado, enfadado o


carente de nada.

En un estado de gozo estás satisfecho y completo, y la vida la sabiduría y la creatividad fluyen


como un poderoso

río desde dentro de tu ser. En un estado de gozo tu inspiración llega hasta lo más alto de la
grandeza y lo más
profundo del sentimiento.

En un estado de gozo, la vida se convierte en el fervor e intensidad de amanecer cuando el


cielo es del color

rosa más hermoso, las nubes están teñidas de rojo fuego, y los pájaros cantan en los árboles.
En la alegría de

envejecer y vives para siempre, pues la vida ya no es una ardua tarea, sino una aventura
maravillosa de la cual

sólo quieres más. Cuando la alegría está presente, eres uno dentro de tu reino del Yo. En un
estado como ése has

encontrado la utopía.

¿Cómo consigues la alegría? Sabiendo que cada momento de tu vida te brinda la libertad y la
oportunidad de

expresar la alegría, si ése es tu deseo. Y sabiendo que no hay nada por lo que merezca la pena
separarte de la

felicidad, de la alegría y de Dios. Nada. Amándote a ti mismo completamente, intensamente,


pues cuando lo haces

estás amando a Dios.

No hay amor más sublime en la vida que el amor del Yo. No existe amor más grande, pues a
partir del abrazo

del Yo existe la libertad. Y esa libertad es de donde nace la alegría. Y gracias a ese nacimiento
Dios es visto,

conocido y abrazado. El amor más profundo, más grande y más significativo es el amor del Yo
puro e inocente, la

magnífica criatura que se sienta entre las paredes de la carne y que se mueve y contempla,
crea, permite y es. Y

cuando tú ames lo que eres, sin importar cómo seas, entonces conocerás esta magnífica
esencia que yo amo, que

se halla detrás de todos los rostros y dentro de todas las cosas. Entonces amarás como Dios
ama. Así es fácil

amar y perdonar. Así es fácil ver a Dios en toda la vida.

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Cuando amas lo que eres no hay cosa inconquistable ni inalcanzable. Cuando realmente te
amas a ti mismo,
vives solamente en la luz de tu propia risa y viajas solamente por el camino de la alegría.
Cuando estás

enamorado de ti mismo, entonces, esa luz, esa fuerza unificada, esa felicidad, esa alegría, ese
jubiloso estado de

ser, se extiende a toda la humanidad. Cuando el amor abunda dentro de tu maravilloso ser, el
mundo, con todos

sus desagrados, se convierte en algo hermoso, la vida se llena de sentido y de alegría, y la


alegría, a través de la

exuberancia de tu ser, inspira y glorifica toda la vida Y declara la pureza de tu ser.

No hay mayor propósito en la vida que vivir por el amor y la realización del ser. Y eso sólo
puede alcanzarse

participando en esta vida y haciendo aquello que te produce felicidad, sin importar lo que sea.
Pues, ¿quién va a

decir que algo está mal o que es malo para ti? Dios nunca lo diría, pues él será cada dirección
que tú tomes y el

resultado de cada cosa que experimentes. Y no preguntes a otros lo que piensan. ¡Qué sabrán
ellos de la felicidad

cuando sus vidas an estado cargadas con las mismas limitaciones que han plagado la tuya¡

El Padre impulsa la alegría hacia ti. Él siempre está ahí, esperando a que tú te abras para
recibirla. Eso es lo

que quiere decir «Pedid y se os dará». Es muy simple sentir alegría todo el tiempo. Sabe que
eres digno de ella.

La alegría engendra alegría. Porque cuando aceptas la alegría que recibes, esa alegría realza la
que vendrá en

tus mañanas y te abre a un recibimiento mayor. Por ello es imperativo amarte a ti mismo cada
momento, pues

cuando lo haces, preparas el ritmo, si quieres, de los momentos que vendrán. Cuando vives
solamente por el amor

y la alegría del Yo —preguntándote siempre qué te hace feliz y haciendo entonces lo que te
digan tus

sentimientos, sea lo que sea— esos momentos de éxtasis y regocijo quedan grabados en el
alma de tu ser, que

creará incluso más instantes de felicidad y alegría en los momentos que vendrán.
Cuantos más momentos pases siendo feliz y lleno de alegría, amándote a ti mismo y
permitiéndote ser, más

cerca estarás de ser la fuerza-Dios de toda la vida. Si vives tu vida de tal forma que todo lo que
persigues en la

vida lo haces para hacerte feliz, vivirás tu vida hasta su máximo destino. Alcanzarás cosas
milagrosas. Serás un

ejemplo admirable del amor del Yo y de Dios. Experimentarás y entenderás la gran belleza y el
maravilloso enigma

que eres. Y he aquí que, en lo que se llama el análisis final, habrás visto la cara de Dios, al darte
cuenta de que es

la tuya propia. Entonces estarás listo para una nueva eternidad de experiencia vital, en un
nuevo y mayor

entendimiento.

Sabes, en mis tiempos los atlantes nos llamaban «seres desalmados». ¿Sabes cuál era nuestra
búsqueda

entonces? No era la de un «propósito», era encontrar un alma que según nos decían no
poseíamos. Yo fui un

bárbaro miserable y odiaba al hombre. Pero cuando descubrí lo que era la alegría y que yo era
digno de sentirla,

me convertí en la esencia que sostiene, alimenta y es toda la vida.

El único camino hacia el Padre es todo aquello que tú declares que es tu alegría. Ese es el único
camino para

llegar hasta él. Es el que te lleva de vuelta a casa, de vuelta a Dios.