Вы находитесь на странице: 1из 6

ENSAYO SOBRE LA MASACRE DE LAS BANANERAS EN COLOMBIA

El 5 y 6 de diciembre de 1928, serán días que marcaron la historia de Colombia con un trágico
suceso ocurrido en el departamento del Magdalena, que hasta el día de hoy no se sabe con
certeza la cantidad de muertos que hubo por la huelga realizada de los trabajadores
inconformes frente sus garantías laborales, y debido a tal inconformismo fueron víctimas de
tan desafortunado evento denominado la “Masacre de las Bananeras”, y es donde se
evidencia la falta de mecanismos legales y políticos para llevar a cabo un acuerdo que pudo
haber evitado un evento de esa magnitud, y que en consecuencia queda en la historia la grave
violación de Derechos Humanos y Derechos Fundamentales de los colombianos de esa
época.

Desde noviembre de 1928, más de 30.000 trabajadores de la compañía


estadounidense United Fruit Company estaban en huelga en la zona bananera del
Magdalena. El gobierno conservador de Miguel Abadía Méndez los había calificado
como malhechores e insurrectos y había declarado el estado de sitio y el toque de
queda. El general Carlos Cortés Vargas, nombrado jefe civil y militar de la provincia,
firmó el decreto en el que se autorizaba al ejército disparar sobre los huelguistas.
(Spitaletta, 2018)

Para ubicarse en el contexto de la época, la empresa Multinacional United Fruit Company


era quien tenía a su cargo a los trabajadores de la zona bananera además del monopolio de la
misma, toda vez que tenían la suficiente influencia en los medios de comunicación, por lo
que era difícil tratar de comercializar por fuera de la empresa, luego entonces la multinacional
generaba mucho dinero en Colombia para sus representantes y terratenientes que alquilaban
sus tierras.

La zona bananera era una parte del departamento del Magdalena, llena de fincas, en
cuya explotación participaba la United Fruit Company, una empresa norteamericana
que pagaba jornales criticables ceñidos a la legislación laboral que entonces no
contemplaba horas nocturnas, dominicales, vacaciones ni mucho menos
incapacidades por enfermedad. Todo lo enmendaban con comisariatos que
importaban mercancías y vendían a precios reducidos. (Alarcon, 2018)
Ahora bien, el problema que originó tan trágico evento, se dio debido a las condiciones
precarias en que mantenían a los trabajadores de la multinacional, ya que la forma de
vinculación que se le hacían a los trabajadores era mediante contratistas, y estos a su vez
contrataban por jornales, lo que en principio no se trataba de un contrato de trabajo sino que
simplemente se pagaba por el día trabajado sin ninguna clase de garantía, adicional a eso, la
multinacional al tener este método de vinculación de trabajo, se excusaba en no tener ninguna
clase de relación laboral ni con los contratistas, ni mucho menos con los trabajadores, ya que
estos últimos eran responsabilidad de los contratistas por lo que la multinacional no tendría
nada que ver en su contratación y, en consecuencia, no tenía por qué llegar a un acuerdo con
sus trabajadores.

Las gestiones entre el sindicato obrero de las bananeras, dirigido por Raúl Eduardo
Mahecha, y la United Fruit Company, también llamada Compañía Frutera de
Sevilla, llegaron a su punto culminante con la aprobación de la Ley Heroica. La
United endureció sus posiciones y rechazó de plano el pliego de los trabajadores,
cuyas peticiones principales eran la abolición del sistema de contratistas, el aumento
general de los salarios, el descanso dominical remunerado, la indemnización por
accidente y la construcción de viviendas decorosas para los obreros de la zona
bananera. La Frutera de Sevilla rechazó esas peticiones “subversivas” amparada en
la ley 69 de 30 de octubre de 1928 que había declarado la ilegalidad anticipada de
cualquier pretensión obrero que tratara de obtener, mediante huelgas o cualesquiera
otros medios “de fuerza”, concesiones por parte de los patronos. A los trabajadores
de la zona bananera no les quedó otro recurso que ir a la huelga. (Credencial
Historia, 2016)

El movimiento sindical por parte de los trabajadores, que habían sido motivado por reuniones
que se hacían en casas, donde trataban temas acerca de las malas condiciones laborales en
las que se encontraban y que debían hacer al respecto, estas también fueron impulsadas por
líderes sindicales extranjeros a fin de realizar un pliego de peticiones que mejoraría
notablemente las condiciones de trabajo, sin embargo, no fue tenido en cuenta, por un lado,
por la multinacional y por el otro las entidades gubernamentales, todo en razón de que solo
les interesaba obtener el mayor ingreso posible del capital y acceder a peticiones de los
trabajadores solo causaría el efecto contrario.

Los obreros y los incipientes sindicatos de la época comenzaron a hacer peticiones


económicas para contrarrestar la injusticia social, ante la mirada displicente de los
funcionarios extranjeros y de las autoridades gubernamentales. Cansados de que no
los oyeran, el 11 de noviembre de 1928 unos 5.000 trabajadores se congregaron frente
al edificio de la Gobernación en Santa Marta con banderas blancas y consignas
pacifistas. Como resultado de esa manifestación, en la noche acordaron realizar un
paro general a partir de las seis de la mañana del día siguiente. (Alarcon, 2018)

Es de recalcar que para la época existía una escasa legislación laboral, es decir no había una
regulación eficaz sobre la vinculación que se hacia entre trabajadores y empleadores, por lo
que hacía aún más difícil la situación, ya que sin un respaldo legal o por lo menos una
regulación frente a este aspecto, era complicado dar solución a garantías de los trabajadores
tales como vacaciones, horas extras, dominicales, ni tampoco una garantía en caso de
enfermedad de algún trabajador dentro de la empresa. No quiere decir esto que sea la
justificación perfecta del Estado colombiano frente a los problemas de índole laboral que se
presentaban en su momento, ya que, si se analiza a fondo, el Gobierno no supo como llevar
a buenos términos el debate entre los trabajadores y la multinacional, ni tampoco utilizo
procedimientos o alternativas legales para su adecuada terminación, sino que, por el
contrario, utilizo mecanismos de coacción frente al sector obrero.

Ante esa situación, el gobernador José María Núñez Roca se comunicó con el
gobierno central para comentar la grave situación que se avecinaba y solicitar ayuda
y colaboración. En esa época en que el país era tranquilo, en que el presidente Miguel
Abadía Méndez madrugaba a las siete de la mañana a dictar su clase de derecho
constitucional en la Universidad del Rosario, la amenaza de un paro obrero en el
sector que explotaban los norteamericanos no pasaba inadvertida. El ministro de
Guerra, Ignacio Rengifo, mano derecha del mandatario y aspirante a reemplazarlo en
la primera magistratura, cogió el toro por los cuernos y escogió a su persona de
confianza, el general Carlos Cortés Vargas, para que se dirigiera a Ciénaga con un
batallón del régimen Nariño de infantería y asumiera como jefe civil y militar de la
zona. Llegó a Santa Marta el 13 de noviembre y desde entonces comenzaron las
desavenencias con el gobernador Núñez Roca, quien buscaba un arreglo cordial entre
las partes. Con ese fin había tenido varias reuniones con el representante de United
Fruit Company, Thomas Bradshaw. (Alarcon, 2018)

Luego de no llegar a un convenio entre trabajadores de la zona bananera y la multinacional


United Fruit Company, donde no hubo interés alguno por parte de esta última, además
contando con el aval del gobierno que para la época no busco soluciones alternativas
actuando como intermediario, sino que por el contrario estuvo a favor de los intereses de la
empresa extranjera, por lo que debido a toda esta situación logro que las cosas se colocaran
mas tensas entre los trabajadores, disgustados por el no arreglo de sus condiciones laborales
a fin de lograr una mejor expectativa de vida que se veía cada vez más frustrada, y es cuando
los líderes sindicales convocan a todos los trabajadores y familias de los mismos a la plaza
de la zona bananera para encontrarse con el gobernador del departamento del magdalena a
fin de lograr que se apruebe el pliego de peticiones y en consecuencia parar con el cese de
actividades laborales, que también afectaba económicamente de forma grave a la
multinacional.

El paro seguía su curso y cada vez la búsqueda de un arreglo, que patrocinaba el


gobernador Núñez Roca, se veía más lejana. La United perdía 30.000 pesos diarios
por la parálisis. En la noche del 5 hubo una gran manifestación en la que hablaron los
dirigentes del movimiento, entre ellos Luis Eduardo Mahecha, quien invitó a sus
compañeros a no temer a la muerte, poniendo como ejemplo a Jesucristo, que murió
en el Gólgota por un ideal favorable a toda la raza humana. Y concluyó su oratoria:
“Camaradas, mañana probablemente la metralla del gobierno os desplazarán porque
está turbado el orden público. Pero, camaradas, no tembléis, firmes, que vuestra
sangre surgirá algún día”. Un aplauso estruendoso se oyó por todos los ámbitos.
(Alarcon , 2018)

La noche del 5 de diciembre de 1928 se reunieron todos los trabajadores de la multinacional,


hombres, mujeres y niños con el fin de encontrarse con el gobernador del Magdalena para la
aprobación del pliego de peticiones, que habían realizado los lideres sindicales, sin embargo
y para infortunio de todos los que se encontraban en la plaza realizando la huelga, en protesta
en contra de la multinacional por las condiciones precarias en que tenia sus trabajadores, el
gobernador nunca llego, inasistencia que origino un total disgusto entre las personas y muy
probablemente el detonante para que hubiese sucedido tan terrible tragedia.

La tragedia comenzó casi un mes antes, cuando el 12 de noviembre de 1928 los


trabajadores se declararon en huelga permanente y se apostaron en la estación de
trenes. Frente a la negativa de levantar el paro y negociar, el presidente Miguel Abadía
Méndez comisionó al general Cortés Vargas y a un contingente del Ejército para que
disipara las concentraciones huelguistas. (Noticias Caracol, 2018)

La respuesta del Gobierno Nacional para dar solución al paro de los obreros en la zona
bananera de la multinacional, fue una Militar, dirigida por el General Cortés y con aval del
presidente de la época Abadía Méndez, cuyo objetivo no era otro mas que disipar por el
medio que fuese necesario la huelga de los obreros, y que por supuesto no seria bien recibido
por las personas ya que por obvias razones no venían a negociar sino a terminar con la
protesta.

En la noche del 5 de diciembre, el coronel se concentró en la plaza de Ciénaga con


un contingente de aproximadamente 300 soldados traídos de los departamentos de
Antioquia y Boyacá. Los manifestantes, quienes estaban preparándose para otra
movilización pacífica estaban seguros de que el Ejército no dispararía, por lo que
nadie se inmutó frente a las amenazas del militar. Cuando empezaron los disparos el
horror se apoderó de las personas en la plaza, mientras los nidos de ametralladora
disparaban indiscriminadamente contra los manifestantes. (Editor Redes, 2018)

Entonces sucedió lo que nadie pensaba, el ejército disparo en contra de todas las personas
que se encontraban en ese momento protestando en contra de la multinacional, evento que
los obreros no previeron ya que dentro de dicha protesta se encontraban mujeres y niños por
lo que se pensaba que por ningún motivo el ejército atentaría contra la humanidad de ellos,
factor que poco le importo al General Cortés, y que gracias a tan inhumana decisión
terminaría definitivamente con la huelga y con algún intento de la misma en un futuro.

No es preciso el número de muertos que dejó la masacre. Después del seis de


diciembre continuaron los días de terror a manos del ejército colombiano. Según el
general Cortés Vargas solo hubo 9 muertos, el embajador norteamericano de la época
admitió que la cifra podía llegar a 1000 personas asesinadas, el dirigente Sindical
Alberto Castrillón aseguro que la cifra ascendía a 5000 muertos. Varios historiadores
coinciden en que la causa para que no se tenga claridad en la cifra radica en el control
a la información que hicieron los militares. (Editor Redes, 2018)

Después de tan horrible suceso en esa madrugada, a la mañana siguiente solo quedaron los
cadáveres de personas que tenían un ideal de mejorar sus condiciones de vida en razón de un
trabajo en condiciones dignas, y los que quedaron vivos, con el temor de que también llegaran
a perder su vida atendiendo a las decisiones arbitrarias del ejército nacional. En consecuencia
logra el Ejercito disipar por completo la protesta de los obreros de la multinacional United
Fruit Company, justificando tal acto barbárico como consecuencia de un intento de
revolución comunista, estigmatizando a los obreros como subversivos que solo incitaban al
cese de actividades laborales con el fin de tomarse el poder, y que, hasta ese momento tal
hecho quedaría impune.