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mAríA VeróNicA cheli

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Estudios de Biopolítica

UNPA Universidad Nacional de la Patagonia Austral

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4 N ombre del Artículo UNPA UNPA U n i de d a d N a

UNPA

UNPA

U n i de

d a d N a c i

v e r s i

la

Patagonia

o n a l

Austral

Universidad Nacional de la Patagonia Australn i de d a d N a c i v e r s i la

RectoRa

AdeS. eugeniA Márquez

Vice RectoR

ing. Hugo rojAS

Decano UaRt

Prof. MArcoS oyArzún

Decano UaRG

dr. AlejAndro Súnico

Decana UaSJ

Prof. clAudiA MAlik

Decano Uaco

lic. dAniel PAndolfi

La revista Espacios Nueva Serie se publica con una periodicidad anual en la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, Santa Cruz, Argentina, según un sistema de doble referato anónimo. Publica trabajos originales, entrevistas, notas, reseñas sobre distintas áreas de las Ciencias Sociales y las Humanidades. La pre- sente edición corresponde al número 7 y está dedicada a Estudios de Biopolítica.

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Consejo Académico

· Dra. Vikki Bell (University of London)

· Dr. Mario Dipaolantonio (York University)

· Dr. Edgardo Castro (CONICET, UNIPE)

· Dr. Héctor Palma (Universidad Nacional de San Martín)

· Dra. Susana Murillo (Universidad de Buenos Aires)

· Dra. Silvia Grinberg (Universidad Nacional de San Martín, CONICET, UNPA)

· Dr. Sebastián Barros (Universidad Nacional de la Patagonia Austral, CONICET, UNSJB)

· Dr. Pat O'Malley (University of Sidney)

· Dra. Isabel Cassigoli (Universidad Arcis)

· Dr. Esteban Vernik (Universidad de Buenos Aires, UNPA)

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Staff

Directora

Prof. Alicia Atienza amatienza@yahoo.com

Secretaria de Redacción

Prof. Mónica Musci monimu@speedy.com.ar

Consejo Editorial

Prof. Marcela Arpes. mm_arpes@yahoo.com.ar

Dr. Juan Ennis juanennis@googlemail.com

Prof. Pilar Melano mmelano@hotmail.com

Mg. Nora Muñoz norayricardo@speedy.com.ar

Dirección postal

Secretaría de Extensión de la UNPA Rivadavía 265 (9400) Río Gallegos Santa Cruz TE (02966) 427899 secexten@unpa.edu.ar

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Coordinadores

Dra. Silvia Grinberg Prof. Andrés Pérez Lic. M. E. Venturini

Mg. Andrea Pac andreapac@yahoo.com

Lic. Milagros Pierini mmpierini@infovia.com.ar

Prof. Sebastián Sayago sebasayago@yahoo.com.ar

Mg. Denis Velázquez denisvelazquez@speedy.com.ar

Diseño

Dcv Patricia Schembari pschembari@yahoo.com.ar

Maquetado

TXT Ediciones

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espacios nueva serie. Estudios de Biopolítica Nº 7 - 2012: 7-8. ISSN 1669-8517

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ÍNDICE

PreseNtAcióN

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Artículos

1. BArcIElA, GonzAlo

coNducirse y ser coNducido. AlguNos APuNtes sobre lA oNtologíA del PreseNte y lA

 

geNeAlogíA del sujeto eN michel FoucAult

13

2. cHElI, MAríA VErónIcA

lA PolíticA sANitAriA y educAtiVA: discursos médico-PedAgógicos que delimitAroN lA iNFANciA "ANormAl" y su iNstitucioNAlizAcióN eN el coNtexto ArgeNtiNo

 

(1880-1930)

27

3. cIsEllI, GrAcIElA y Aldo EnrIcI

 

bio-oikos-PolíticA. P roslogium PArA uNA geNeAlogíA comPreNsiVA del AmbieNte

 

desde uNA mirAdA bioPolíticA

53

4. conno, dIEGo

el "giro bioPolítico"

69

5. d'AMIco, dEsIréE

lA ActuAl ley de migrAcioNes de ArgeNtiNA eN lA bAlANzA bioPolíticA

81

6. dAWyd, dArío y lucIAnA dE dIEGo

miedo, seguridAd y coNtrol. los Primeros Proyectos de creAcióN de lA PolicíA

de lA ciudAd de bueNos Aires, 1997-2001

97

7. EcHEVErrI AlVArEz, JuAn cArlos

de lA disciPliNA Al coNFlicto: guberNAmeNtAlidAd liberAl y escuelA eN colombiA

117

8. FArdEllA, cArlA y VIcEntE sIsto cAMPos

el desPliegue de NueVAs FormAs de coNtrol eN lA ProFesióN doceNte

133

9. FuEntEs díAz, AntonIo

bioPolíticA y excePcióN. APuNtes sobre VioleNciA sociAl

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10. GIGEnA, AndrEA

guberNAmeNtAlidAd y subjetiVidAd eN los Pueblos origiNArios de sAltA

eN lA PrimerA mitAd del siglo xx

157

11. HAIdAr, VIctorIA

PromoVer, AsegurAr, exPoNer, resistir: trAzANdo el mAPA de lA bioPolíticA

del trAbAjo AsAlAriAdo eN lA ArgeNtiNA coNtemPoráNeA

175

12. HEFFEs, oMAr dArío

bioPolíticA, sAcrAlidAd y FArmAciA

199

13. MArtIn, FAcundo

PArA goberNAr uNA NAturAlezA escAsA. NotAs iNcomPletAs sobre uNA Posible

reArticulAcióN de lAs NocioNes de estAdo y NAturAlezA

219

14. rodrIGuEs dE FrEItAs, cláudIA y clAudIo r. BAPtIstA

uN cuerPo eN moVimieNto: lA hiPerActiVidAd y los coNtextos de lA educAcióN

239

15. tHEuMEr, EMMAnuEl

géNero deluxe: bioPoderes FArmAcoPorNográFicos eN los ProlegómeNos del siglo xxi

251

16. VEGA, GuIllErMo y Aldo AVEllAnEdA

bioPoder y muerte eN michel FoucAult

269

17. VIGnAlE, sIlVAnA

críticA A lA VidA domesticAdA: del PlANo de sujecióN Al de lA subjetiVAcióN

289

trAduccIonEs

rABInoW, PAul y nIkolAs rosE

bioPoder hoy

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Presentación

El primer tomo de la presente publicación nos permitió confirmar la fecun-

didad de los estudios y debates en torno de la noción de Biopolítica en América Latina, así como la multiplicidad de miradas y perspectivas que se despliegan al abordar las políticas sobre la vida en el presente. La convocatoria en torno de esta noción, también cada vez más fecunda, abre la puerta a importantes debates teóricos que, en diferentes áreas de conocimiento, permiten la formulación

y articulación de preguntas donde la biopolítica se encuentra y cruza con las

formas que asume el gobierno de la población en nuestras actuales sociedades donde las lógicas del disciplinamiento han dado paso a la conformación de la era management. La Biopolítica sirve en este marco para la producción de un

tipo de conocimiento que se mueve entre la pregunta por las formas de cons- titución de nuestra moderna vida urbana y los modos de abordar sus crisis y reconfiguraciones actuales. La aproximación compleja a los diferentes temas, desde muy variados campos disciplinares permite enriquecer mutuamente tanto los objetos como las metodologías de producción de conocimiento. Desde la

historia y la política hasta la medicina y la ecología, pasando por la educación, los puntos de vista provienen de diversos campos que en la actualidad comparten

la fertilidad teórica de la Biopolítica y que en estos dos volúmenes están pre-

sentes y dialogan entre sí. Los artículos en este segundo volumen del dossier “Estudios de Biopolítica” no constituyen excepción alguna. Cabe resaltar el trabajo de Paul Rabinow y Nikolas Rose, quienes gentilmente nos permitieron traducir al español su texto “Biopoder hoy” que inspiró nuestra convocatoria ,inédito en nuestro idioma. En este artículo proponen revisitar la noción a la que ellos mismos, principalmente Rose, habían prestado menos atención en sus trabajos en vistas de la pregunta por la gubernamentalidad. Así realizan y discuten en torno de un estado de la cuestión de lo que podríamos reconocer como una segunda generación de estudios en Biopolítica de la mano de autores como Agamben y/o Negri, para luego recuperar la noción de Biopolítica como un campo combativo de problemas y estrategias que, señalan, es cada vez es más crucial y enigmático dado nuestro actual siglo biológico. Seguidamente encontraremos artículos como el de Echeverri Alvarez, el que desde la concepción foucaultiana de gubernamentalidad, se acerca a la escuela en Colombia como dispositivo y a las estrategias de poder que le permitieron construir la libertad necesaria para gobernar. También desde el concepto de gubernamentalidad, Barciela aborda la problemática del sujeto y del gobierno de los hombres. En la misma línea Haidar retoma las expresiones que asume

la Biopolítica en el trabajo asalariado en la Argentina de la actualidad. Desde la

clave de los estudios sobre gubernamentalidad la autora caracteriza los pro- gramas empresariales de promoción de la calidad de vida, los mecanismos de gestión de riesgos laborales y las resistencias ejercidas en nombre de la salud de

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PreseNtAcióN

los trabajadores. Por otro lado nos encontramos con autores como D’Amico, que aborda la actual Ley de Migraciones en Argentina N º 25.871, tratando de

reflexionar si asistimos a un proceso de ruptura o de una continuidad resig- nificada del poder soberano del Estado sobre la vida misma de los migrantes,

a través de reactualizar nuevos ‘mecanismos de poder legales o jurídicos’,

‘dispositivos de seguridad’ y en menor medida, ‘mecanismos disciplinarios’. También Dawyd y de Diego indagan los proyectos de ley presentados en la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires para la creación de la policía me- tropolitana entre 1997 y 2001, guiados por la pregunta por la seguridad y el

control de la población a través del miedo. Desde el ámbito educativo Fardella

y Sisto indagan cómo se han concretado las nuevas formas de hacer política

educativa a través de dispositivos propios de las sociedades de control. Desde el análisis de discurso como metodología, los autores focalizan su estudio en documentos oficiales provenientes del Ministerio de Educación de Chile en el contexto de reforma educativa. Cheli indaga sobre los saberes sobre la infancia anormal (1880-1930), pre- sentes en el discurso de medicalización de la población que a principios del

siglo XX en Argentina se impuso en diversas áreas de lo social, acompañando

la consolidación del Estado-nacional y un conjunto de instituciones de control

destinadas a la normalización de la población infantil. Rodrigues de Freitas

y Baptista analizan los discursos que identifican a los niños hiperactivos o con

falta de atención dentro del ámbito escolar, los cuales son tempranamente

diagnosticados y son sujetos de diversos tratamientos tanto terapéuticos como de medicalización. Dentro de este marco, los autores se preguntan sobre la escuela en este proceso, la producción de los discursos pedagógicos asocia- dos a la normalidad y anormalidad y el lugar del cuerpo. Desde la perspectiva de Foucault, Martín retoma el tratamiento sobre la naturaleza, el Estado, el acontecimiento y la escasez, para dar cuenta de la resolución del problema del

gobierno que experimentó el Estado provincial mendocino entre fines de siglo

XIX y principios del XX, momento en el cual, el autor entiende, se fueron

desarrollando un conjunto de dispositivos que en la actualidad se reactualizan

bajo formas contemporáneas de gestión estatal de la naturaleza y la sociedad.

Desde México Fuentes Díaz aborda las nociones de nuda vida y biopolítica

para analizar el ejercicio del poder, la gobernabilidad y los sistemas políticos en

la región de Centroamérica, en un contexto de creciente violencia. Violencia

que, a referencia del autor, muestra que “La atrocidad sobre el cuerpo puede

leerse como un vaciamiento político de la vida”. Andrea Gigena considera los procesosprocesos dede subjetivaciónsubjetivación enen pueblospueblos origi-origi- narios de Salta (Argentina) desde fines del siglo XIX hasta mediados del XX, cuando se consolida el discurso hegemónico nacional cuya subjetivación fue predominantemente racial, borrando las marcas de identificación étnica en- tre los pueblos originarios. Para dicho trabajo toma como eje del análisis las

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PreseNtAcióN

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políticas de verdad, los campos de normatividad y la subjetividad, articulando la analítica foucaultiana con el pensamiento decolonial. Heffes realiza un trabajo de discusión conceptual sobre Agamben y Esposito en sus empresas de reelaboración del concepto foucaultiano de biopolítica, estableciendo las diferencias entre ambos a partir de los supuestos que fun- cionan como punto de partida para ambos autores y en contraste con las categorías foucaultianas. Vega y Avellaneda intentan restituir el lugar teórico de la muerte en los textos de Foucault (1976-1979). Restitución que según la mirada de los autores, posibilita una mayor comprensión de cómo la muerte se articula con la política en la modernidad, y cómo se fueron modelando los márgenes de dicha relación, para lo que luego se entenderá como la biopolítica. Vignale, desde el anclaje teórico sobre la noción de vida, desarrolla el pasaje de la biopolítica a una “biopolítica minoritaria” en la cual, la vida se inscribe en un plano de sujeción de los aparatos biopolíticos y también como campo ético de las subjetivaciones. Theumer, desde la ironía del título de su trabajo “Género deluxe”, emprende la empresa teórica de reflexionar sobre las mu- taciones en los dispositivos de control en las actuales sociedades de gobierno. Por su parte Enrici y Ciselli, se proponen, desde un “camino intelectual,” ac- ceder a la Biopolítica y sus implicancias a partir de los análisis, por un lado de Foucault en lo referido al ambiente mismo donde se desarrolla la vida pública la bio-óikos-política; y por el otro de Agamben y su concepto de “excepción”. Finalmente Conno nos introduce al análisis de las consecuencias teóricas de lo que denomina “el giro biopolítico” en las Ciencias Sociales en general y en las Ciencias Políticas en particular. Desde el Área Sociopedagógica de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral suponíamos que el reto de crear un espacio de edición que pudiera concentrar la diversidad de aportes sobre Biopolítica, resultaría una compleja empresa que implicaba reunir diversidad de miradas en un campo que cada vez más adquiere centralidad y desarrollo en la región. A través del presente volumen esperamos estar aportando para la generación de este espacio Final- mente resta agradecer a todos los autores sus aportes y su paciencia frente a las dificultades que implica la edición y publicación en estas latitudes.

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Dra. Silvia Grinberg Lic. María Eugenia Venturini Prof. Andrés F. Pérez Coordinadores

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espacios nueva serie. Estudios de Biopolítica Nº 7 - tomo 2 - 2013: 13-26. ISSN 1669-8517

Conducirse y ser conducido. Algunos apuntes sobre la ontología del presente y la genealogía del sujeto en Michel Foucault

Gonzalo Barciela

univerSidAd PoPulAr MAdreS de PlAzA de MAyo

ReSUmen

El presente trabajo entiende al sujeto como una operación crítica de una racionalidad política específica, aquella que Foucault, a fines de la década del 70, denominará guber- namentalidad. La referida operación se encuentra en el centro de la problemática del gobierno, concepto que permite reunir una doble empresa emprendida por Foucault, la genealogía del sujeto y la ontología del presente, como modalidad de subjetivación crítica. A tal fin, desarrollaremos el modo en que el filósofo francés desplaza el problema del poder, pensado como enfrentamiento, hacia la forma en que la conducta de los hombres puede ser conducida, es decir, cómo el gobierno de los hombres reclama una racionalidad que le sea propia. Desde esta perspectiva, el capítulo del poder pas- toral nos permitirá comprender cómo se constituye el sujeto en relación a la verdad.

PalabRaS claVe

poder – sujeto – gobierno – gubernamentalidad - verdad

abStRact

This paper understands the subject as a critical operation of a precise political ra- tionality, that which Michel Foucault, by the end of the 70s, called governmentality. This mentioned operation stands in the midst of te governmentality problem, a concept that allows to assemble both the genealogy of the subject and the ontology of the present as a modality of critical subjectivation. Therefore, we will focus on the way the philosopher translates the problem of power, moving from an initial confrontational stance to the forms in which men´s behavior can be conduced. That is to say, Foucault shows how the action of governing men claims a rationality of its own. From this point of view, a reading of the chapter focused on the pastoral power shall allow us to understand how the subject is constituted as related to the truth.

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KeywoRDS

power – subject – government – governmentality – truth

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coNducirse y ser coNducido. AlguNos APuNtes sobre lA oNtologíA del PreseNte y lA geNeAlogíA del sujeto

Diré que, después de todo, el poder político de tipo feudal conoció sin duda revoluciones o tropezó, en todo caso, con una serie de procesos que lo liquidaron sin más y lo expulsaron de la historia de Occidente, con la excepción de algunos vestigios. Hubo revoluciones antifeudales; jamás hubo una revolución antipastoral. El pastorado no experimentó aún un proceso de revolución profunda que pueda ponerlo definitivamente al margen de la historia.

Michel Foucault, 1978

I

La obra de Michel Foucault puede presentarse como una colección de términos, ordenada bajo la observancia filológica y la vigilancia exegética. Nuestro propósito será desplazarnos por una serie de textos reunidos en los intersticios del permanente après-coup ensayado por el pensador. El primer interrogante que surcará el presente trabajo será el siguiente: ¿es acaso el concepto de Gobierno aquél que puede reunir la ontología del presente y la genealogía del sujeto? A la respuesta afirmativa que desde ya sostenemos, debemos las palabras que a continuación siguen, las cuales se inscriben en el tránsito emprendido por Foucault desde la analítica del poder a la ética del sujeto. Pero es sin duda nuestra intención manifiesta la de indagar el vínculo entre el sujeto y la verdad, tal como se presenta en la teorización del poder pastoral y el rescate del sujeto como una operación crítica de una racionalidad específica: la gubernamentalidad.

II

Tanto en el artículo “Gobierno”, como así también en las palabras dedicadas a la exposición del término Poder dentro del corpus foucaultiano, Edgardo Cas- tro (2004), nos advierte que resulta imposible cerrar el capítulo del poder en la obra del filósofo nacido en Poitiers, hasta tanto no se publiquen la totalidad de los cursos que dictara en el Collége de France. Sin duda que la analítica del poder ha marcado la impronta de la recepción de la obra de Michel Foucault. Como recuerda Roger Chartier (1996), Foucault, a través de múltiples retornos retrospectivos, demuestra ser el “primer lector” de Foucault. En esa serie de ensayos retrospectivos se ubica su artículo “Por qué hay estudiar el poder: La cuestión del sujeto” (Foucault, 1986) 1 . Allí, se nos dice que el objetivo de su trabajo no ha sido el análisis de los fenómenos de poder, ni dirigirse a sentar las bases de su análisis, sino “elaborar una historia de los diferentes modos de subjetivación del ser humano en nuestra cultura” (Foucault, 1986: 25).

1 De esta intervención, recogida en el volumen Michel Foucault. Beyond structuralism and hermeneutics, publicado por Dreyfus y Rabinow, seguimos la traducción propuesta por Fernado Alvarez-Uría. En el volumen IV de Dits et écrits obra como “Le sujet et le pouvoir”.

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goNzAlo bArcielA

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El ejercicio del poder consistirá, entonces, en “conducir conductas”. De esta manera, el poder corresponderá menos al orden del enfrentamiento entre dos adversarios o de la acción de uno sobre otro, que al orden del “gobierno”. Observamos, entonces, que nuestro autor se aparta de la “hipótesis Nietzsche” esbozada durante el curso Il faut défendre la société 2 . Allí el poder se disponía en términos de lucha y enfrentamiento, abriéndose paso frente a las concepciones liberales y marxistas. La primera reducía el poder a un bien, sujeto a contrato, objeto de posesión y enajenación. La segunda, imbuida de economicismo como el liberalismo, no concierne al orden de la forma misma del poder, sino a su función histórica: el asegurar las condiciones de reproducción de determinadas relaciones de producción. Foucault abandonará dos modalidades de análisis del poder: la “hipótesis represiva”, el poder como mera represión, y el poder como soberanía, estudiando al poder en su efectuación positiva, en sus extremos y en su capilaridad 3 . Si allí, como en el Tomo I de su Historia de la sexualidad 4 , Foucault, tiene en vistas descentrar el poder de la omnipresencia de la ley, y la visión jurídica que lo alimenta, el capítulo del Gobierno, en tanto modo de acción singular, abrirá paso al análisis de la especificidad misma del poder, tan ajeno al contrato, al nexo voluntario, como a la relación belicosa. Este deslizamiento no se verifica como una ruptura, ni como la resultante de un cuestionamiento del marco metodo- lógico sino que, antes bien, se inscribe en la extensión a un nuevo campo de objetos, dentro del cual emerge la problemática del Estado. De esta manera el análisis de los micropoderes, lejos de quedar a un lado, limitándose a un dominio preciso, se considera un punto de vista o método de desciframiento válido para la escala en su totalidad, sin negar al Estado o colocándolo en posición predo- minante (Foucault, 2007) 5 . Dentro de este espacio abierto por la problemática del biopoder, presentada de modo inaugural en la clase 17 de marzo de 1976 correspondiente al curso Hay que defender la sociedad, Foucault comienza a ordenar una serie de nuevos dominios de objetos, entre los que sobresale la

2 Aunque este posicionamiento puede retrotraerse hasta la clase del 28 de marzo de 1973, correspon- diente al curso inédito “La société punitive”. Allí, Foucault sostenía que el poder se pierde o se gana en la forma de una batalla, en cuyo centro, entonces, se encontraría una relación belicosa, antes que una relación de apropiación. Para la exposición de la “hipótesis Nietzche” véase Foucault (2000: 26 a 30).

3 La colonización de la ley por la norma, o el modo en que ésta última “parasita” a la primera, resultando la normatividad inherente a la ley, fundándola, constituye el capítulo central que abre paso al estudio del poder disciplinario. Véase Foucault (2006: 73 y ss.).

4 “Se trata de pensar el sexo sin la ley y, a la vez, el poder sin rey” (Foucault, 1976: 111).

5 Como observa Gilles Deleuze: “Si la forma Estado, en nuestras formaciones históricas, ha capturado tantas relaciones de poder, no es porque esas relaciones deriven de ella, sino, al contrario, porque una operación de “estatismo continuo”, por lo demás muy variable según los casos, se ha producido en el orden pedagógico, judicial, económico, familiar, sexual, que tiene por objetivo una integración global. En cualquier caso, lejos de ser el origen, el Estado supone las relaciones de poder (…) el gobierno es anterior al Estado, si se entiende por <gobierno> el poder de afectar bajo todos sus aspectos (gobernar niños, almas, enfermos, una familia…)” (Deleuze, 2005: 105). Deleuze asigna a las instituciones una función reproductora, antes que productora, dado que en tanto prácticas o mecanismos operatorios no son el origen de las relaciones de poder, sino que se contentan con “fijarlas”. L’État n´existe pas, lo único que hay es un estatismo.

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coNducirse y ser coNducido. AlguNos APuNtes sobre lA oNtologíA del PreseNte y lA geNeAlogíA del sujeto

emergencia de la población y la gubernamentalidad como técnica de gobierno

que se encuentra en la base de la formación del Estado. Sujeto constituido como multiplicidad en movimiento, la población, y la gubernamentalidad que

le es propia, abrirán paso al estudio de las fuentes mismas del “gobierno de

los hombres”, desde donde se ensaya el análisis del poder pastoral. Sin duda que la problemática del “arte de gobernar” reconoce anteceden- tes en el pensamiento foucaultiano. Ya en 1975, en el marco de la oposición

entre el modelo de exclusión de los leprosos y el modelo de inclusión de los apestados, trazada en el curso Los anormales, Foucault atribuía a la era clásica

la invención de las tecnologías positivas de poder, dispuestas en diversos nive-

les: aparatos del Estado, familia, instituciones 6 . El concepto de gobierno que Foucault comienza a delinear era atribuido a tres dominios de objetos: la idea de un poder fundado en la transferencia, la alienación o la representación de

la voluntad de los individuos, el aparato del Estado cuya introducción data de

los inicios del siglo XVIII y, finalmente, una técnica general del gobierno de los hombres, reverso de las estructuras jurídicas y políticas de la representación

y la condición de eficacia y funcionamiento de los mismos (Foucault, 1999:

56). Allí el análisis del gobierno no se limitaba a las “disciplinas”, alcanzaba a las técnicas del gobierno de las almas forjadas por la Iglesia a partir del ritual

de la penitencia 7 , donde la disciplina de los cuerpos y el gobierno de las almas aparecían como las dos caras complementarias del proceso de normalización 8 . El análisis del poder pastoral aparecerá, entonces, dentro de la extensión del marco cronológico, no constituido meramente como reacción a la Refor- ma, sino que su genealogía se remonta a los primeros siglos del cristianismo y,

a la vez, al gobierno de las almas entendido como el “arte de las artes”, y se

presentará así como un capítulo mayor dentro del estudio del ejercicio mismo

de la soberanía política.

III

En el marco de las Tanner lectures dictadas en Stanford, Foucault pronunció

la conferencia: “Omnes et singulatim: hacia una crítica de la ‘razón política’”. Allí

intentará trazar el origen de la modalidad pastoral del poder, y cómo este vino

a asociarse a su polo opuesto, el Estado. Dicho rastreo es propuesto también

en la clase del 8 de febrero de 1978, durante el dictado del curso Seguridad, territorio, población.

6 “La era clásica elaboró, por ende, lo que puede llamarse un arte de gobernar, en el sentido en que precisamente se entendía en ese momento el gobierno de los niños, el gobierno de los locos, el gobierno de los pobres y, pronto, el gobierno de los obreros” (Foucault, 2001: 56).

7 “(…) lo que va a pasar en la segunda parte de la Edad Media (desde el siglo XII hasta principios del Renacimiento) es que la Iglesia recuperará, en cierto modo, dentro del poder eclesiástico, ese mecanismo de la confesión que hasta cierto punto la había desposeído de su poder en la operación penitencial. Esta reinserción de la confesión en un poder eclesiástico consolidado es lo que va a caracterizar la gran doctrina de la penitencia que vemos formarse en la época de los escolásticos” (Foucault, 2001: 164-165).

8 Véase Foucault (2001: 157-186). Correspondientes a la clase del 19 de febrero 1975.

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A partir del mismo, se delinea la especificidad propia del pastorado cristiano. El mismo se encontrará en una situación absolutamente diferente respecto de sus antecedentes hebreos y orientales, no sólo por su institucionalización, su inscripción en una densa red, coextensa en su totalidad con la Iglesia, sino también por el arte de conducir que supo producir. Una manera de dirigir, encauzar, guiar a los hombres, tomándolos colectiva e individualmente, de allí el título de la conferencia ya mencionada, durante toda su vida y en cada momento de su existencia. Será este pastorado el que se diferenciará tanto de los procedimientos dirigidos a someter a los hombres a una ley o a un soberano, como de los métodos de formación de los niños y jóvenes, o de los modos de persuasión

puestos en marcha para convencer a los hombres. El pastorado cristiano, en tanto arte de gobernar a los hombres, no coincidirá ni con una política, ni con una pedagogía, ni aún menos con la retórica. Foucault situará la emergencia del pastorado cristiano, como punto de cristalización, en el origen de la gubernamentalidad que a fines del siglo XVI,

y durante los siglos XVII y XVIII, marca el umbral del Estado. Dentro de este

campo de intervención, Foucault no se detendrá en el despliegue de una his-

toria del pastorado cristiano, sino que situará su análisis en algunos rasgos que perfilaron su práctica y reflexión. El pastorado se presenta y cobra especificidad en relación a tres elemen- tos. El primero de ellos será la salvación. La pastoral cristiana se asigna como objetivo fundamental la salvación, tanto de los individuos como de la comuni- dad, permitiéndoles avanzar y progresar en el camino a ella 9 . Desde allí surge el segundo elemento, la ley. El pastor deberá velar porque los individuos, las comunidades, observen los mandamientos, la voluntad de Dios para alcanzar

la salvación. Sometimiento a la ley, que requiere el aceptar una verdad, profe-

sándola. Tercer elemento, entonces, la relación con la verdad. Pero Foucault encontrará la singularidad del pastorado fuera de estos tres elementos. Ese otro nivel, completamente ajeno a la persuasión, será la instancia de la “obediencia pura”. Dicha obediencia se presenta como un tipo de conducta unitaria, valorada en alto grado y cuya razón de ser radica en sí misma. Así la relación de la oveja con quien la dirige será una relación de dependencia integral:

Por su parte, el cristianismo concibe la relación entre el pastor y sus ovejas como una relación de dependencia individual y completa. Este es, seguramente, uno de los puntos en los que el pastorado cristiano diverge radicalmente del pensamiento griego. Si un griego tenía que obedecer lo hacía porque era la ley o la voluntad de la ciudad. Si surgía el caso de que obedeciera a la voluntad de algún particular (médico, orador o pedagogo), era porque esta persona había

9 Aquí aparece uno de los puntos de intersección y diferenciación entre el poder político y el poder pastoral. El primero actuando en el seno del Estado y el segundo con su función de cuidado permanente de todos y cada uno. De allí que Foucault entienda que la problemática del “Estado Providencia”, se constituye como una de las reapariciones que requieren el delicado ajuste entre el poder político, ejer- cido sobre los sujetos civiles y el poder pastoral, que guía a los individuos. Véase Foucault (1990: 111).

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logrado persuadirlo racionalmente. Y esto con una finalidad estrictamente de- terminada; curarse, adquirir una competencia, llevar a cabo la mejor elección.

En el cristianismo, el lazo con el pastor es un lazo individual, un lazo de sumisión personal. Su voluntad se cumple no por ser conforme a la ley, ni tampoco en la medida que se ajuste a ella, sino principalmente por ser su voluntad. (Foucault, 1990: 113).

De allí que el pastor, antes que como juez, pueda presentarse como un médico, que debe atender a cada alma y su enfermedad respectiva, para lo cual debe comprometerse, auscultando el alma de cada uno, extrayendo un saber. Relación de sometimiento no a un principio, orden o ley, sino a un individuo, dentro de la cual el dirigido acepta porque se trata de una relación individual. Esta obediencia sin fin no se dirige más que a alcanzar un “estado de obe- diencia”, es decir, que lo que persigue es mortificar la propia voluntad hasta que muera, “que no haya otra voluntad que la de no tenerla” (Foucault, 2006:

211). Nos encontramos ante un poder individualizador, comprometido ente- ramente en el efecto de obediencia, y el cual no conduce a dominio alguno de sí mismo ni de los otros. Se trata de conjurar el pathos, una voluntad que se dirige contra sí misma, en el mismo acto que renuncia a ella, no hay espacio para la afirmación de voluntad singular alguna. Un modo de individualización que, antes que pasar por la afirmación del yo, se dirige a su destrucción. A efectos de asegurar el conocimiento individual, el cristianismo se valió, apropiándose, de dos instrumentos provenientes del mundo helénico: el examen de conciencia y la dirección de conciencia. Mediante la última se constituía un lazo permanente. A través del examen de conciencia, lejos de cultivar la conciencia de uno mismo, se posibilitaba la apertura completa hacia el pastor, a fin de revelarle las profundidades del alma. Verdadera técnica de poder, individual, total, permanente y exhaustiva, de investigación y examen de sí, será el elemento a través del cual se ejercerán el poder del pastor y la obediencia, asegurándose la obediencia integral. No será entonces la simple y sola imposición unilateral de una ley de verdad que los individuos deben reconocer, sino la producción misma de una verdad oculta, producción de interioridad en la cual el individuo se reconoce 10 y a partir de la cual se subjetiva.

10 Aún cuando Foucault, al finalizar la clase del 22 de febrero de 1978, sostiene que la individualización no se obtiene por una verdad reconocida, sino por la producción de una verdad interior, secreta y oculta, entendemos que el “efecto de interioridad”, requiere de un “falso reconocimiento”. Aún cuando el término alude al arsenal teórico del althusserismo y el lacanismo, nos referimos al efecto de retroversión tal como está presentado en el grafo del deseo, la notación i (a) alude al registro imaginario, donde el individuo se subjetiva, en la efectuación retroactiva de la interpelación, al reconocerse como ya presente ex ante la interpelación, esa interioridad extraída se presenta como el punto que otorga un mínimo de consistencia ontológica. Sin duda que el lacanismo, se sitúa en la brecha abierta por la interpelación, y los modos por los cuales los individuos se subjetivan en los mandatos. A partir de la intrusión traumática del Gran Otro (Autre), propio del registro simbólico, el sujeto se sostiene de una imagen, lo que “soy más allá del mandato”, índice mismo de la captura, es decir, del effet de sujet.

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Se delimitan, así, los modos de individualización específicos del pastorado

cristiano. La individualización por identificación analítica. El individuo no se define por su estatus sino por un delicado juego de descomposición en el que circulan la serie y el equilibrio de los méritos y deméritos. Asimismo, la individualización no se define por la marcación de un lugar jerárquico del individuo, sino por su inscripción en una red de servidumbre general, donde la exclusión del egoísmo se presenta como el rasgo nuclear. Será, entonces, una individualización por sujeción. Finalmente el individuo resulta subjetivado por la verdad oculta que de él se extrae. El pastorado se presenta como un preludio de la gubernamentalidad que se desplegará desde el siglo XVI, y en particular, aparece como un capítulo central

y decisivo en la genealogía del sujeto, en la trama misma de un sujeto recortado

a partir de una grilla de inteligibilidad analítica, sometido a redes continuas de obediencia y subjetivado por la extracción de una verdad.

IV

Sin duda el análisis de las contraconductas desplegado por Foucault en la clase del 1° de marzo de 1978, correspondiente al curso Seguridad, territorio, población, se encuentra surcado por una serie de señalamientos y pautas metodológicas, que sitúan el tránsito de una analítica del poder hacia el estudio de la gubernamentali- dad. Es claro que el capítulo de la gubernamentalidad excede la posibilidad de su presentación en estas páginas. Intentaremos realizar un abordaje lateral, enten- diendo que la serie de investigaciones abiertas a partir del curso 1978 se inscribe en una empresa mayor de indagación sobre la racionalidad política, y dentro de ella, las modalidades de subjetivación presentan un aspecto fundamental. La idea de contraconducta que esboza Foucault, presenta uno de los aspectos centrales del desplazamiento operado en los análisis de las técnicas de sujeción hacia las prácticas de subjetivación. Allí Foucault efectúa un comentario que se presenta como una prolongación de la tesis enunciada en 1976 en La Voluntad de Saber 11 :

(…) yo querría saber si a la singularidad histórica del pastorado no correspondió la especificidad de rechazos, rebeliones, resistencias de conducta. Y así como hubo formas de resistencia al poder en cuanto ejercía una soberanía política, y otras formas de resistencia o de rechazo, igualmente deliberadas y encauzadas contra él en cuanto ejercía una explotación económica, ¿no hubo formas de resistencia que se le opusieron en carácter de conducta? (Foucault, 2006: 225).

Sin duda aquí encontramos esbozada una clara pauta para el análisis de las relaciones de poder que recibirá forma definitiva en el texto Le sujet et le pouvoir:

Ese nuevo modo de investigación consiste en tomar como punto de partida las formas de resistencia a los diferentes tipos de poder, o si se quiere, por utilizar

11 Nos referimos a la por demás citada consigna que sostiene: “donde hay poder, hay resistencia” (Foucault, 2002: 125).

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una metáfora, servirse de esta resistencia como de un catalizador químico que permite evidenciar las relaciones de poder, ver dónde se inscriben, descubrir sus puntos de aplicación y los métodos de que se valen. Más que analizar el poder desde el punto de vista de su racionalidad interna se trata de analizar las rela- ciones de poder a través del enfrentamiento de estrategias (Foucault, 1986: 29).

El concepto de estrategia propuesto por Foucault permite situar los movi- mientos de contraconducta dentro un vasto campo de inteligibilidad donde el poder pastoral actúa como “bisagra” de diferentes elementos, exteriores entre sí (las crisis económicas por un lado y los temas religiosos por el otro). De allí que el punto de vista de los análisis de las estructuras de poder permita su lectura no en términos de reflejo o transcripción, propio de las concepciones sobre la ideología, sino de estrategias y tácticas. En la nota final a pie de página de la clase del 1° de marzo de 1978 podemos leer una porción del manuscrito de Foucault:

[Si insistí] en esos elementos tácticos que dieron formas precisas y recurrentes

a las insumisiones pastorales, no fue en absoluto para sugerir que se trata de

luchas internas, contradicciones endógenas, un poder pastoral que se devora

a sí mismo o tropieza en su funcionamiento con sus límites y barreras. Lo hice

para identificar ‘las entradas’: puntos a través de los cuales procesos, conflictos, transformaciones que quizá conciernan al estatus de las mujeres, el desarrollo de la economía mercantil, la desconexión entre el desarrollo de la economía urbana y la economía rural, la elevación o la desaparición de [la] renta feudal,

el estatus de los asalariados urbanos, la extensión de la alfabetización, puntos

por donde fenómenos como éstos pueden entrar al campo de ejercicio del pastorado, no para transcribirse, traducirse, reflejarse en él, sino para efectuar divisiones, valorizaciones, descalificaciones, rehabilitaciones, redistribuciones de todo tipo. […] En vez de decir: cada clase o grupo o fuerza social tiene su ideología que permite traducir en la teoría sus aspiraciones, aspiraciones e

ideología de las cuales se deducen reordenamientos institucionales que cor- responden a las ideologías y satisfarán las aspiraciones, habría que decir: toda transformación que modifica las relaciones de fuerza entre comunidades o grupos, todo conflicto que los enfrenta o los lleva a rivalizar, exige la utiliza- ción de tácticas que permiten modificar las relaciones de poder, así como la puesta en juego de elementos teóricos que justifiquen moralmente o funden de manera racional esas tácticas” (Foucault, 2006: 261) 12 .

12 Foucault desplegará su lógica de la estrategia, como crítica de la lógica dialéctica, al estudiar la “cues- tión” de la utilidad y la limitación del ejercicio del poder público en el marco del curso Nacimiento de la biopolítica. En la clase del 17 de enero de 1979 sostiene: “Digamos que es justamente ahí y en ese tipo de análisis donde se hace valer, donde es menester hacer valer, bajo la pena de caer en el simplismo, una lógica que no sea dialéctica. Pues la lógica dialéctica, ¿qué es? Y bien, es una lógica que hace intervenir términos contradictorios en un elemento de lo homogéneo que promete su resolución en una unidad. La función de esa lógica de la estrategia es establecer las conexiones posibles entre términos dispares y que siguen dispares. La lógica de la estrategia de la conexión de lo heterogéneo y no la lógica de homogeneización de lo contradictorio” (Foucault, 2007: 62). Lógica sin Aufhebung, la lógica de la estrategia no recompondría los intercambios de elementos bajo la forma de una unidad, lo que no impide la conexión, coexistencia

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La profunda densidad histórico-política del entramado de tácticas y es- trategias, sitúa en sus pliegues la efectuación misma del sujeto. Sujeto en su doble acepción, como subjectus, se encontrará dispuesto o sometido y como subjectum se presentará como el soporte o sustrato de una identidad y una serie de propiedades. Esa doble valencia abre camino a la teorización foucaultiana sobre las prácticas de subjetivación. Ahora bien, nuestro propósito es reunir la genealogía del sujeto junto a la ontología del presente, entonces, ¿por qué volver sobre el poder pastoral? En su texto de 1982, Foucault se proponía presentar las características que asumen las luchas contra el sometimiento, es decir, el modo en que los hombres son gobernados. La prevalencia de este tipo de luchas sobre la lucha contra los mecanismos de dominación y explotación encontraba en Foucault una ex- plicación: el Estado, nueva forma de poder político que se venía desarrollando de manera continua desde el siglo XVI y había integrado en su seno la técnica del pastorado. Poder globlalizante y totalizador, el Estado es una entidad que lejos de menospreciar a los individuos, los integra bajo una condición: que se asigne a esta individualidad una forma nueva y que se la someta a un conjunto de mecanismos específicos. Si la función de institucionalización eclesiástica ha desaparecido, esta no ha hecho menos que extenderse y desarrollarse fuera de la institución eclesiástica. Se observa un tránsito de la salvación transmundana, a su búsqueda terrena, motivo ya esbozado en la nota 9 de este trabajo, en torno al “Estado Provi- dencia”. Aquí la salvación adquiere diversos sentidos: salud, bienestar en tanto acceso a recursos “suficientes”, seguridad, protección contra accidentes 13 . Así como se produce una multiplicación de los objetivos del poder pastoral, se ob- serva una diseminación de sus agentes (policía, familia, sociedades filantrópicas, empresas de servicios). Esto permite centrar el desarrollo del saber sobre el hombre en torno a dos ejes: uno cuantitativo, globalizante, concerniente a la población, el otro analítico, referido al individuo. Nuevamente el eje poder-saber se presenta como grilla de inteligibilidad del sujeto. Es la tríada sujeto-poder-saber la que debe someterse a estudio. En efecto, Foucault sostiene que deben promoverse “nuevas formas de subjetividad que se enfrenten y opongan al tipo de individualidad que nos ha sido impuesta durante muchos siglos” (Foucault, 1986: 36). Esa subjetividad se dibuja como resistencia no frente a esta o aquella institución de poder, grupo, clase o élite, sino a una técnica, a una racionalidad específica. De allí que lo que se pone en tela de juicio es una forma de circulación y funcionamiento del saber en su

o unión. De allí que las relaciones de poder no comprenden un origen, o punto focal privilegiado, pero si reconocen estratos y jerarquías, disposiciones funcionales. Esa composición heterogénea no es otra que

la que pone en juego el concepto de dispositivo, como red de relaciones entre elementos heterogéneos.

De ahí que en el estudio del poder pastoral, pueden encontrarse los rastros de un dispositivo de poder que hace de la gubernamentalidad su racionalidad inmanente. 13 Cabe resaltar aquí los governmentality studies, los estudios sobre la gestión de los riesgos sociales, que incluyen a autores como François Ewald y Robert Castel.

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relación con el poder, es decir, un determinado régimen de saber. ¿Cómo entender entonces la afirmación con que e1 filósofo francés cierra su conferencia de 1981, donde sostenía: “La liberación no puede venir más que del ataque, no a uno o a otro de estos efectos, sino a las raíces mismas de la racionalidad política” (Foucault, 1990: 140)? Sin duda, Foucault se encuentra lejos de una crítica de la razón a secas, a la que considera un absurdo que invoca como su contrario a la no razón (Foucault, 1986). La crítica del pastorado constituye un capítulo, dentro del análisis de la gubernamentalidad, y es ella, como campo estratégico de relaciones de poder, como la racionalidad inmanente a diversos micropoderes (relación padre/ hijo, individuo/poder público, población/medicina e higiene pública), la que es sometida a crítica. Entonces, la racionalidad política que se ataca es la propia de la gubernamentalidad, tal como se reconoce en el tránsito de la razón de Estado hacia el liberalismo. Sin duda que la empresa foucaultiana ha buscado explícitamente apartarse del psicoanálisis 14 , pero lejos de considerarse una posición definitiva, Foucault pronunciará las siguientes palabras en el marco del seminario La hermenéutica del sujeto:

La idea de una posición de clase, de efecto de partido, la pertenencia a un grupo, la pertenencia a una escuela, la iniciación, la formación del analista, etcétera, nos remiten sin duda a las cuestiones de la condición de la forma- ción del sujeto para tener acceso a la verdad, pero se las piensa en términos sociales, en términos de organización. No se las piensa en el filo histórico

de la existencia de la espiritualidad y sus exigencias. Y al mismo tiempo, por otra parte, el precio pagado por trasponer, reducir esas cuestiones “verdad

y sujeto” a problemas de pertenencia (a un grupo, una escuela, un partido,

una clase, etcétera) fue, desde luego, el olvido de las relaciones entre verdad

y sujeto. Y me parece que todo el interés y la fuerza de los análisis de Lacan

radican precisamente en esto: que él fue, creo, el único desde Freud que quiso volver a centrar la cuestión de psicoanálisis en el problema, justamente, de las relaciones entre sujeto y verdad” (Foucault, 2003: 43-44).

El reencuentro con la orientación lacaniana se produce dentro del estudio de las prácticas de subjetivación emprendido por Foucault. Ahora bien, una lectura extendida coloca al sujeto del lado de su efectuación por los dispositivos de saber y poder, lectura que se procura basar en los argumentos presenta- dos, básicamente, en Vigilar y castigar. Una segunda lectura ubicaría al sujeto como la tensión inmanente a las relaciones de saber y poder, es decir, un compuesto de fuerzas, un campo recorrido por vectores que se dirigen tanto a la subjetivación como a la sujeción, y que pondría en juego la doble valencia

14 Párrafos críticos que se reconocen en las intervenciones reunidas durante los cursos El Poder Psi- quiátrico, Los Anormales o la crítica al psicoanálisis como saber “totalizador” que despliega en Hay que defender la sociedad.

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ya referida. En este caso el sujeto se presentaría como punto de no coinci-

dencia de las dos trayectorias, como un pliegue al interior de los dispositivos. Esta posición, a nuestro juicio, abre camino a la reunión de la genealogía del sujeto y la ontología del presente y, añadiremos, presenta aspectos por demás sugerentes para trazar paralelos con la reflexión sobre el sujeto que alimenta

la orientación lacaniana en psicoanálisis.

V

En sus análisis sobre tres figuras subjetivas, como son las histéricas, las simuladoras y las poseídas, Foucault indagaba el vínculo sujeto-verdad, y la

puesta en juego de cierta singularidad irreductible 15 . La apuesta estaría dirigida aquí a colocar un límite al pretendido monopolio del saber: “Es interesante señalar que la simuladora no asume una posición de lucha por obtener el saber, sino que se instituye, a través de su subjetividad contingente, como un límite

a la monopolización del saber por parte de la psiquiatría. Así, las simuladoras

no dejan de afirmar lo propio de su subjetividad, y a su vez afirman la tensión

constitutiva de ésta; y aún más, sus propias prácticas, sus existencias, no dejan de ser prácticas políticas que, además de constituir un antipoder, proponen aceptar aquello que está en juego cuando se habla de verdad y mentira, aceptar

la tensión inmanente al saber” (Berezñak, 2007: 6). Mientras que en las poseí-

das, la carne convulsionada será la manifestación de la resistencia a la regla de

la confesión exhaustiva, del decirlo todo.

No obstante ello y en directa relación con lo mencionado anteriormente, en su curso de 1976 la empresa genealógica se presentará como una tarea de rescate de los saberes sometidos, imbuidos de historicidad, la cual hunde sus raíces en el estudio de los discursos históricos como dispositivos de lucha. La posibilidad de la acción frente al poder estará ligada a la puesta en juego de estos

saberes; nuevamente Foucault hace circular una tensión propia a los saberes donde comienza a dibujarse el sujeto. Si Foucault rescata la resistencia al poder vía la emergencia de ciertos saberes, será en el entendimiento de que ellos no apuestan a la producción de una verdad del sujeto o un efecto de interioridad, como se despliega en la confesión y en la dirección de conciencia, es decir, que no nos encontramos frente a una indagación que busca descubrir el “quiénes somos” sino que se constituye como un rechazo 16 . Así la genealogía no busca ni deduce de la forma de lo que somos lo que nos es imposible hacer o conocer, sino que extraerá

15 Hago míos los argumentos esgrimidos por Fernando Berezñak en su trabajo: “El sujeto y el lugar de sus prácticas”. Mi deuda para con él.

16 No puedo dejar de recordar la fuerza de la sentencia que pronuncia Jean Paul Sartre desde el prefacio a Los condenados de la tierra: “no nos convertimos en lo que somos, sino mediante la negación intima y radical de lo que han hecho de nosotros”. El “quiénes somos” sigue suspendido de la condición misma de un rechazo sin cortapistas, en la radical heterogeneidad respecto de lo existente, en un desprecio “por lo que hay”.

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de la contingencia que nos ha hecho ser lo que somos la posibilidad de ya no ser, hacer o pensar lo que somos, pensamos o hacemos (Foucault, 1999c). Dentro de esa región se organiza la acción como afirmación o reivindicación de la independencia de los gobernados 17 . La ontología del presente, en tanto rescata al pensamiento como análisis crítico del mundo en que vivimos, se presenta como la gran tarea filosófica, circunstancia que nos engloba a la vez a nosotros y a nuestro presente.

VI

La genealogía desentierra la densa capa de los saberes, puestos por deba- jo. Tarea que, antes que inspirada en la francmasonería de la erudición inútil (Foucault dixit), actúa el espesor mismo de la historicidad que nos constituye como sujetos, y en esa trama misma se alimenta un rechazo a lo existente. El vínculo saber-sujeto 18 , y la genealogía que le es propia, desplegarían y desem- polvarían saberes que abren paso a otras posiciones subjetivas que alimentarían posibles modalidades de disposición y constitución subjetiva. Entendemos que la emergencia misma de un efecto de conocimiento no se agotaría en el simple rechazo. Es decir que la subjetivación, si bien se presenta en primer lugar como una operación de rechazo, no deja de estar alimenta- da por el interrogante: ¿quiénes somos? A nuestro entender Foucault no se encuentra alejado de la operación de subjetivación que Lacan dispuso como “pase” al interior del discurso del analista. El paciente no obtiene del analista significante alguno, el analista, en tanto mediador evanescente, se coloca más allá de la transferencia, encarnando una voz muda 19 . El saber que se obtiene no es un saber objetivo, sino plenamente subjetivado (S2), de allí que el sig- nificante (S1) no añade contenido positivo alguno, sino que nos encontramos frente a un nuevo modo de disposición subjetiva frente al síntoma. De la misma manera, y sin dejar atender a la especificidad propia de la clínica, el efecto de conocimiento no concentra su atención en la supuesta “novedad” del conte-

17 Al estudiar el radicalismo utilitarista, Foucault entenderá que la libertad se concebirá menos como el ejercicio de una serie de derechos fundamentales, que como la independencia de los gobernados frente a los gobernantes. No se trata, entonces, de una libertad concebida en términos de los derechos del hombre, a partir del vínculo voluntad-ley. En este entendimiento Foucault situará la emergencia de la “cuestión de los derechos humanos” no tanto como una cuestión jurídica, sino que esta se presenta también en términos de “derechos de los gobernados”. Véase en particular su artículo de 1977, Va-t-on extrader Klaus Croissant?, donde el pensador desplegará el análisis de una forma de acción que no se dirige como un reclamo de derechos hacia el Estado, sino como la afirmación de una esfera irreductible, el precio que no están dispuestos a pagar los gobernados.

18 Se nos hará notar que hemos hecho uso indistinto de los términos saber y verdad en su vínculo con el sujeto. Ambos términos reconocen un uso claramente diferenciado en la obra de autores como Jacques Lacan o Alain Badiou. En nuestro entendimiento, Foucault se vale de ellos para desplegar su “política de la verdad” dirigida a mostrar los efectos de saber y las luchas y enfrentamientos que lo surcan. Véase Foucault (2006: 17).

19 Es la propia aparición del objet petit a como agente. La notación propia del discurso del analista es la

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nido, ya que desde el punto de vista foucaultiano, la verdad estaría del lado de su efecto, antes que de la adaequatio rei et intellectus, y aquello que efectúa no es otra cosa que la posibilidad de una disposición subjetiva 20 . Pero como todo momento en la obra de Foucault, cabría rescatar el seña- lamiento extraído de su artículo póstumo: La vie: l’experience et la science. Allí, luego de colocarse en el linaje de pensadores como su maestro Canguilhem, contrapuesto a Sartre, Foucault arranca al sujeto del lado del cogito, a efectos de resituar el vínculo verdad-sujeto. El sujeto se encontrará, en su errancia subjetiva misma, librado al error propio de la “vida”. Rescate, entonces, de la vida como “conjunto de funciones que resisten a la muerte”, según la sentencia de Bichat que lo cautivara en Nacimiento de la clínica. La verdad se encontraría nuevamente a resguardo del juego de correspondencias, y arrojada a la vida y su errancia. Así lo que se presentaría como tensión inmanente al poder, no sería tanto un saber objetivado, como la vida misma, en su insistencia errante 21 .

20 De ninguna manera pueda presentarse este argumento como una supuesta “toma de conciencia”, supuesto que Foucault liga a las viejas concepciones sobre la ideología y la teleología. Como observara tempranamente en La arqueología del saber: “Hacer del análisis histórico el discurso del contenido y hacer de la conciencia humana el sujeto originario de todo devenir y de toda práctica son las dos caras de un sistema de pensamiento. El tiempo se concibe en él en términos de totalización y las revoluciones no son jamás en él otra cosa que tomas de conciencia”.

21 Deleuze alcanza esta conclusión, que presenta en su común lectura de Spinoza, aristas más que sugerentes en la intervención de Pierre Macherey en ocasión del Coloquio Michel Foucault. Véase Macherey (1999).

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espacios nueva serie. Estudios de Biopolítica Nº 7 - tomo 2 - 2013: 27-52. ISSN 1669-8517

La política sanitaria y educativa:

discursos médico-pedagógicos que delimitaron la infancia ‘anormal’ y su institucionalización en el contexto argentino (1880-1930)

María Verónica Cheli

univerSidAd nAcionAl de lA PlAtA

ReSUmen

En este trabajo se toma el periodo de 1880-1930 para indagar las formas que asu- mieron ciertos saberes posibles, y cuáles fueron las matrices de comportamiento que sujetaron a la ‘infancia anormal’. Siguiendo a Foucault, la emergencia de las formas de subjetivación de la ‘anormalidad’ se produjo a través del discurso médico, cuyo objetivo principal fue la medicalización de la población, y su foco de intervención, la natalidad y la morbilidad, las discapacidades biológicas y los efectos del ambiente. Este proceso formó parte de un nuevo poder, la biopolítica. Las políticas sanitarias y la consolidación del cuerpo médico escolar en Argentina acompañaron el proceso de conformación del Estado nacional. Aquellas políticas y estos expertos implementaron mecanismos de regulación y seguridad que originaron nuevas clasificaciones de la infancia, conjuntamente con la creación de instituciones de control destinadas a la normalización de la población infantil ‘débil’, ‘escrofulosa’ y ‘retrasada’.

PalabRaS claVe

escolarización – infancia anormal – medicina – instituciones – normalización

abStRact

In this paper we take the 1880-1930 period in order to investigate the forms that certain possible knowledge assumed, and which were the matrices of behavior that were asociated to the term “abnormal childhood”. According to Foucault, the arise of subjectivitiy forms of “abnormality” was produced through the medical discourse, having as primary aim the medicalization of population and its areas of intervention, birthrate and mortality, the biological disabilities and the effects of the environment. This process had part in a new power called biopolitics. Sanitary policies and the con- solidation of school medical corps in Argentina accompanied the formation process

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of the national State. Those policies and these experts implemented regulation and safety mechanisms that originated new classifications of childhood, together with the creation of control institutions intended for the normalization of “weak”, “scrofulous”, and “mentally handicapped” children population.

Key woRDS

schoolarization – abnormal childhood – medicine – institutions – normalization

Introducción

El presente artículo intenta realizar un recorrido histórico (1880-1930) con la intención de indagar en el concepto de infancia como categoría sociohistó- rica y de explorar el contexto en el cual se inscribió la infancia ‘anormal’ en la Argentina, en estrecha vinculación con la conformación del Estado nacional bajo los influjos del liberalismo y el positivismo. Enfocado de esta manera me propuse, en primer lugar, revisar y explorar ciertos saberes expertos, sobre todo el médico, acompañado del saber biológico, psicológico y pedagógico que fueron produciendo ciertas formas de subjetivación a través de prácticas sociales como el proceso de escolarización en tanto forma de regulación social. En términos de Foucault, el proceso de sujeción y exclusión se da a través de prácticas discursivas que conforman una regulación normativa. Éstas dieron por resultado la división de los niños entre ‘normales’ y ‘anormales’. Foucault nos ayuda a reflexionar cómo la norma está atravesada por la historia; justamente se trata de explicitar esta relación entre norma e historia, y de ver cómo ciertas prácticas sociales se convirtieron en prácticas de coacción ligada a una moral burguesa. Me interesa, en particular, analizar las nociones subyacentes a la norma, de peligrosidad atribuidas al ‘otro’, como transgresor del orden social. En sintonía con la regulación normativa, el discurso médico basado en la higiene pública, se expandió para controlar las enfermedades endémicas, las perturbaciones, los elementos aleatorios, los desvíos de la población con la implementación de estrategias de previsión de los desórdenes, a través del poder de normalización y las prácticas ortopédicas de corrección de los sujetos considerados peligrosos. En esta dirección, Foucault (1976) señala, un despla- zamiento del poder disciplinario del cuerpo al poder de seguridad a través de la bio-regulación del Estado cuyo foco fue la población. El paradigma médico caracterizó a los sujetos sociales excluidos como sujetos ‘anormales’, ‘degenerados’, ‘inadaptables’, como producto de unas enfermedades sociales o como expresión de deficiencias provenientes de la raza o la cultura. El comportamiento desviado se presentaba como problema de adaptación al medio y, como tal, se consideraba al sujeto como un organismo enfermo ubicado en un grado menor en la escala evolutiva. Por el contrario, el

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individuo que se adaptaba al medio, por ejemplo a la escuela, era considerado un organismo superior y sano. Este trabajo se conforma de cinco apartados: en el primero se explora la política sanitaria, en vinculación con los problemas de gobierno. En el segundo, se indaga cómo el control médico se expandió al terreno educativo y contribuyó

a la clasificación de los niños ‘débiles’ y ‘escrofulosos’ e intervino en el diseño institucional para la regulación y corrección de los desvíos de estos niños en

las colonias de vacaciones y en las escuelas del aire libre. En el tercero se ex- plora cómo el saber pedagógico se fusionó con el saber médico en el diseño de alternativas pedagógicas para los niños ‘retrasados pedagógicos’ y los ‘falsos anormales’ dando surgimiento a las clases diferenciales. En el cuarto se rastrea

el desplazamiento del saber médico por el saber de la psicología experimental,

junto a la configuración de los cursos de perfeccionamiento de los docentes en el área de la educación diferenciada. En el quinto se plantean las dificultades del Cuerpo Médico Escolar y su reorganización a través de la incorporación de la visitadora de higiene escolar y las campañas de divulgación de educación sanitaria. Por último, y a modo de reflexión final el trabajo señala la vinculación entre los saberes y las formas institucionales desde las posturas hegemónicas de la clase dirigente y las políticas sanitaria y educativa destinadas a la infancia ‘anormal’ en este período. Se observó que se sustentaron en la medicina social para el control poblacional de las infancias en el orden social, cultural y educa- tivo, y en el diseño de intervenciones públicas con la creación de instituciones destinadas a la medicalización del sector más pequeño de la población. Si bien pareciera que estos proyectos pretendieron atenuar las diferencias sociales existentes no se preguntaron por las causas de dichas diferencias sociales.

La política sanitaria nacional

Durante el siglo XIX los avances más significativos en cuestión en sanidad en Buenos Aires fueron, sin lugar a dudas, las importantes obras de salubridad urbana llevadas a cabo por el Estado, influenciado por la medicina social 1 . Bue- nos Aires fue afectada por grandes epidemias que aniquilaron su población. El cólera, la fiebre amarilla y la peste bubónica fueron las principales enfermedades ‘exóticas’, producto de la inmigración, el intercambio comercial y las condicio- nes de vida de los sectores pobres. La viruela, la difteria y la escarlatina eran

1 La medicina social puso a la higiene y a la profilaxis como metas inherentes a este modelo médico. La noción de higiene estaba asociada al mejoramiento de las condiciones ambientales, para evitar o minimizar la aparición de enfermedades o anomalías en la sociedad, en cambio la noción de profilaxis aludía a las intervenciones que buscaban a través de medios selectivos desterrar los elementos perniciosos para la sociedad futura (eugenesia). Para esto fue necesario hacer un diagnóstico precoz junto a la necesidad de intervenir sobre las costumbres de la sociedad. De esta manera quedó vinculada la medicina a la organización del Estado.

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las enfermedades endémicas más frecuentes que afectaban principalmente la población infantil. Dentro de las enfermedades crónicas la tuberculosis tuvo un impacto social importante, no solo por la cantidad de muertes, sino por la gran cantidad de enfermos crónicos con incapacidad que dejó. La experiencia de la epidemia de fiebre amarilla ocurrida en 1871 puso en evidencia el estado deplorable de las condiciones higiénicas en las cuales vivían los 177.787 habitan- tes de la ciudad de Buenos Aires. Fallecieron 13.206 individuos según el censo poblacional nacional de 1869 impulsado por Guillermo Rawson, uno de los pioneros del movimiento higienista de Buenos Aires. Siendo ministro del Interior durante la presidencia de Bartolomé Mitre, manifestó en un discurso de 1891:

Todos, familias e individuos, los que podían hacerlo, abandonaron la ciudad buscando un refugio contra la muerte que se les presentaba a la vista. Entre tanto el flagelo se extendía con rapidez; y, a medida que se extendía, ganaba en intensidad… La epidemia había dominado toda la ciudad. Sus estragos fueron espantosos; 106,5 de cada 1.000 habitantes murieron ese año, incluyendo en la población, como 60.000 personas que se salvaron huyendo a los distritos rurales. Semejante mortalidad estaba más allá de toda suposición: uno de cada nueve habitantes es una proporción que no tiene precedentes en los países

civilizados en el siglo XIX; ni es posible describir los sentimientos de angustia

y de terror que se apoderaron de los que sobrevivieron. 2

En 1880 cuando la ciudad de Buenos Aires es designada capital de la Repú- blica y pasa a ser sede de todo el aparato administrativo, legislativo y judicial del Estado, las condiciones sanitarias de la población eran muy precarias, razón por la cual se crea el Departamento Nacional de Higiene, cuyo decreto regla- mentario del 30 de diciembre de 1880 estableció:

Art.4: Tener bajo su jurisdicción y superintendencia todos los servicios de

carácter médico o sanitario de la Administración y proveer a su mantenimiento

y reforma.

Art. 7: Inspeccionar la vacuna y fomentar su propagación en toda la República, en el Ejército y en la Armada. Art. 10: Hacer indicaciones a la Municipalidad sobre las faltas de higiene pública que se observen en la ciudad o en los establecimientos de su dependencia. Art. 12: Aconsejar a la autoridad los medios de mejorar la higiene pública en la Capital, y las medidas profilácticas contra las enfermedades exóticas, endémicas, epidémicas o transmisibles.

En el panorama social del período de 1880 a 1930 la clase dirigente proyectó la creación de la nación con el optimismo moderno de civilización, sin embargo pronto se vio amenazado por fuerzas disolventes. Buenos Aires sufre trans-

2 Martinez, A. Escritos y discursos del Doctor Guillermo Rawson. Tomo primero. Buenos Aires, Compañía Sudamericana de Billetes de Banco, 1891. p. 90.

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formaciones, especialmente en el espacio urbano, al recibir un alto porcentaje de inmigración europea a causa de la primera guerra mundial; posteriormente se sumarán las inmigraciones internas. Se convirtió en una ciudad conventillo, babel de razas y lenguas, espacio surcado por la fenomenología de la pobreza (Vezzeti, 1985: 191). En este contexto la medicina fue protagonista al diseñar propuestas insti- tucionales para encauzar los fenómenos sociales, apoyada en la criminología y el derecho penal, en la normalización de la población, en la salud pública y en el dispositivo psiquiátrico. La medicina tuvo una doble articulación, en tanto modelo interpretativo de la realidad y en tanto dispositivo configurador de prácticas institucionalizadas dirigidas a la población que dieron surgimiento a una nueva relación entre el Estado y los sectores de la población considera- dos en riesgo. En esta articulación se generó un conocimiento que legitimó la implementación de sucesivas intervenciones institucionales desde el Estado y como problemas de gobierno. 3

El paradigma de la medicina positivista 4 , siguiendo a Puiggrós (1990: 118) fue

la

matriz de análisis político y social que caracterizó a los sujetos que ascendían

y

ampliaban sus demandas como producto de una enfermedad social o bien

como expresiones de deficiencias provenientes de la raza, la cultura o la socie- dad originaria. El éxito de este modelo de interpretación social e intervención estatal se fundó en su capacidad para operar políticamente bajo el mandato de

la neutralidad y la objetividad científica; es decir, para operar una despolitización

de la conflictividad social emergente en el periodo. La consecuencia fue la selección artificial paralela a la derivación de las desigualdades humanas, mientras que el liberalismo podía seguir apelando al igualitarismo de base teórica para integrarse a las nacientes democracias. La permanente interacción entre intereses de la burguesía y ambigüedades ideológicas del liberalismo fue encauzada a través de formas hegemónicas de ejercicio de poder a las que la eugenesia aportó un refuerzo a la racionalidad científica. (Miranda y Vallejo 2005: 13).

De las políticas sanitarias al control médico escolar

La conformación del sistema educativo moderno y su proceso de escola- rización supuso procesos de normalización y disciplinamiento. Como señala

3 En relación al tema de gobierno surge una nueva noción, la del biopoder, la cual gira alrededor de la idea de la guerra de razas, y su conversión en el racismo de estado, que a través de los dispositivos disciplinarios van a defender la sociedad dando surgimiento a las estrategias de la biopolítica como una nueva tecnología de poder, diferente de los mecanismos disciplinarios. Su objeto es la población, da sur- gimiento al dispositivo de seguridad en el liberalismo como racionalidad gubernamental. Foucault (1976).

4 La escuela positivista se basa en los diagnósticos del tipo criminal de Lombroso que formuló un pro- nóstico de la peligrosidad y sugirió tratamientos que desplazan el castigo y la pena por la prevención del sujeto delincuente mediante medidas de seguridad en pos de la defensa social

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Foucault, la biopolítica es la presencia de los aparatos del estado en la vida de la población, a través de la disciplina y la regulación mediante mecanismos de poder, entendido como un conjunto de estrategias y tácticas mediante las cuales los individuos construyen sus experiencias subjetivas y asumen identidad dentro del campo social. En el caso de la educación el conocimiento científico se destinó a prácticas sanitarias de intervención racional en problemáticas sociales e individuales que podían afectar el proceso de modernización de la sociedad y del Estado argentino, prácticas que contribuyeran a modelar y organizar la población para que participaran en la construcción de la nación. El higienismo formó parte de los discursos del progreso y la civilización en vinculación con una política de construcción del Estado ‘desde arriba’. La medicina ligada al Estado dirigía sus intervenciones especialmente a la marginalidad social, la degeneración y la anormalidad infantil. Este pensamiento positivista se apoyó en los modelos de la bilogía y la sociología. La profilaxis se orientó a identificar a los alienados a través de diagnósticos precoces y segregarlos para impedir su reproducción. La primera experiencia de control médico en las escuelas de Buenos Aires comenzó en 1881 tras la creación del Consejo Nacional de Educación. Según consta en actas de la VII sesión del CNE, llevada a cabo el 4 de marzo de 1881, se dividió a Buenos Aires en ocho secciones, cada una de ellas supervisada por una comisión escolar siendo don Bernabé Demaría presidente y el doctor Emilio Coni vicepresidente. Este último fue una figura destacada de la medicina social argentina, discípulo de Guillermo Rawson, había conocido los servicios sanitarios

de Bruselas en 1879 e, inspirado por las ideas del higienista Janssens, organizó el servicio de inspección higiénica y médica escolar en la sección Catedral Sud

y San Telmo. Fue la primera experiencia en Buenos Aires. En actas de la sesión del CNE del 20 de marzo de 1881, El Dr. Coni solicitó 10.000 pesos para poner en práctica el proyecto. Así comenzaron las inspec- ciones en los primeros días del mes de abril del año 1881. Las quince escuelas de la sección segunda bajo su dependencia eran visitadas una vez por semana. En sus informes quedó en evidencia la necesidad de aulas y edificios escolares que respondieran a las normas de higiene, luz, ventilación, calefacción, etc. y establecería la gimnasia higiénica en lugar de la acrobática. La Ley de Educación Común de la Provincia de Buenos Aires de 1875 y los ideales del Congreso Pedagógico de 1882 fueron Los antecedentes de la ley de Educación Común de 1884. Al aprobar el Congreso el proyecto de Ley, se organizó y divulgó la educación primaria en el país, obligatoria, gratuita, gradual. La ley establecía en su artículo primero: “La escuela primaria tiene por único objetivo favorecer y dirigir simultáneamente el desarrollo moral, intelectual y físico de todo niño de seis a catorce años”. Brindada conforme a los preceptos de la higiene, procuró el bienestar íntegro de la población infantil, subrayando

la importancia de las prescripciones de higiene tanto en los métodos y tiempos

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de enseñanza como en la construcción de los edificios y mobiliarios escolares. De este modo comenzó a regir la obligatoriedad de la inspección médica e higiénica de las escuelas, al igual que la vacunación y revacunación de quienes asistían a ellas. Este proceso de institucionalización de la medicina escolar tuvo un nuevo escalón con la creación del Cuerpo Médico Escolar. Bajo la presidencia de Benjamín Zorrilla y asesorado por Eduardo Wilde, ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, se resolvió en 1886 la creación del Cuerpo Médico Es- colar al producirse una epidemia de cólera que generó un alto porcentaje de inasistencia escolar. En febrero del mismo año, el CNE nombró como médicos escolares a los doctores Carlos Villar y Diógenes Urquiza, que comenzaron a cumplir sus funciones el 1° de marzo. En la sesión del 6 de mayo de 1886, el CNE aprobó el reglamento provisorio enviado por el cuerpo médico compuesto de tres capítulos. Los dos primeros artículos del capítulo 1 señalan que:

1° Los médicos escolares tendrán intervención en todas las cuestiones que se relacionen con la higiene de las escuelas.

2° Los médicos escolares deberán informar colectivamente en las cuestiones que se relacionen con la higiene general de las escuelas. Lo hará cada uno de ellos aisladamente cuando se trate de casos particulares

El capítulo 2 hace referencia a las disposiciones particulares a través de 10 artículos algunos de ellos fueron:

3° Vigilar la distribución de los niños según la capacidad de cada salón.

4° Proceder a la vacunación de los niños que no lo estén o la de los que a su juicio lo necesiten.

8° Presentar cada tres meses un informe al CNE, indicando las observaciones y medidas que su ejercicio les sugiere.

El capítulo 3 hace referencia a los directores de escuelas con 4 artículos. A modo de ejemplo:

2º No deben admitir en sus escuelas niño alguno que no presente certificado de vacunación con el visto bueno del médico vespertino

3º Deben dar cuenta inmediata al médico de su distrito y al CE respectivo siempre que tengan entre sus alumnos alguno que esté atacado de enferme- dad contagiosa o que sepan que en su domicilio existen enfermos en esas condiciones

4º Deberán dar cuenta en las primeras veinticuatro horas al médico de su distrito, siempre que tengan enfermos en sus respectivos familiares a fin de certificar si la enfermedad es o no contagiosa.

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Los infractores de esta última disposición sufrirán una multa de 30 nacionales y si se constatara que habían tenido conocimiento de que la enfermedad era contagiosa serán inmediatamente separados de sus puestos 5 .

A los dos años de la creación del Cuerpo Médico Escolar los resultados no fueron los esperados, debido a la falta de un trabajo organizado. Sus miembros publicaron:

Procurar que vivan muchos pequeños seres que desaparecerían, tal vez, por falta de cuidados higiénicos, como flores tronchadas de sus tallos despiadada- mente por el mortífero viento del descuido, de la ignorancia o del abandono 6 .

La percepción médica pronto advirtió que los problemas que debía aten- der respecto a la población escolar tendrían que ampliar sus funciones para lograr un ambiente higiénico en las escuelas, la extensión de la vacunación y la construcción de edificios en condiciones saludables. La tarea médica se fue complejizando cuando se extendió la noción de la degeneración racial 7 que proponía modificar el ambiente negativo de los sectores populares para me- jorar el futuro de la población argentina, o sea, regenerar el cuerpo individual en beneficio del cuerpo social. Las intervenciones de la medicina social de la época destinada a la población escolar se fueron determinando por el incremento de niños en condiciones de desventajas psíquica, física y sociales que fracasaban en la escuela. Esas intervenciones desembocarían en un doble resultado, por una lado, la jerar- quización de la infancia que posibilitó la reproducción diferencial en dos grupos de niños: los considerados ‘normales’ 8 (alumno, hijo de la familia burguesa) y los que se desviaban de la normalidad, cuyas identidades eran definidas como inferiores y subordinadas respecto a la identidad dominante (blanca europea, masculina) dando lugar a la clasificación de ‘niños débiles’, ‘escrofulosos’, ‘re- trasados pedagógicos’, ‘falsos anormales’. Por otra parte, como veremos, este proceso clasificación dará lugar a la creación de nuevas instituciones, ya que se evidenciaba la necesaria separación de estos niños, para evitar el supuesto ‘contagio’ o bien para favorecer ‘la regeneración’, a partir de la recuperación en instituciones especiales, como fueron las colonias de vacaciones y las escuelas de niños débiles que pretendieron disminuir el impacto negativo en el orden social.

5 Actas del Consejo Nacional de Educación, sesión 33, mayo 6 de 1886, Buenos Aires.

6 El monitor de la Educación Común. Año VI. Buenos Aires, Junio de 1886. Número 98. P, 1270-1271

7 La eugenesia se gestó en 1883 con el inglés Francis Galton (primo de Darwin). Su definición proviene de eu genes –el buen origen– fue la ciencia del cultivo de la raza a partir del estudio de los agentes bajo en control social que pueden mejorar o empobrecer las cualidades raciales de las futuras generaciones, ya fuera física o mentalmente.

8 La normalización disciplinaria plantea un modelo que se construye en función de determinados resul- tados. Intenta que los individuos se ajusten a ese modelo, lo normal, y lo anormal, para aquellos que no se ajusten al modelo. Entonces en la normalización disciplinaria lo fundamental no es la partición normal anormal, sino la norma, que tiene un carácter prescriptivo al señalar lo normal y lo anormal. (Foucault, 1978: 74).

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Las primeras instituciones de escolarización especial para los ‘niños débiles’: las colonias de vacaciones y las escuelas al aire libre

Con la educación moderna ya institucionalizada comenzó la producción y reproducción de divisiones, jerarquías y asimetrías sociales de clase y de etnias. Los médicos y los educadores comenzaban a descubrir que dentro de la pobla- ción escolar muchos de sus alumnos presentaban algún tipo de debilidad física o psíquica. Esta preocupación despertó discusiones sobre las obligaciones que correspondieran al Estado. En un informe realizado por el CME presentado al Ministro de Instrucción pública, el presidente del CNE José María Gutiérrez reveló que:

El estado orgánico general del alumno, la estadística del CME permite compro- bar que existe un crecido número de niños débiles, anémicos, cuya pobreza constitucional debe preocuparnos. De 6424 niños examinados se encontraron un total de 1270 de niños débiles, anémicos, cuya pobreza constitucional debe preocuparnos. 9

El uso permanente del término ‘debilidad’ destinado a los niños que concu- rrirían a las escuelas estaba relacionado con la noción de la pérdida progresiva de dinamismo y fortaleza, tanto física como psíquica, y se vinculaba con una postura pesimista que atravesaba no sólo a los intelectuales nacionales sino que era común con las tendencias propias del positivismo europeo. El Dr. Carlos O. Bunge, reconocido intelectual y legista, mencionaba la extensión de las taras hereditarias, según el modelo galtoniano y lombrosiano, considerando que la mayoría de la población estaba dentro de la degeneración media. Clasificó a los niños débiles de la siguiente manera:

El atraso mental de los niños es el resultado de las malas condiciones físicas. Debilitados por alguna enfermedad crónica. Su inteligencia se fatiga después de poco esfuerzo. Del lado de los niños atrasados mentalmente hay que poner a los niños físicamente inferiores. Se dividen en dos grupos a) niños débiles incapaces de un esfuerzo mental medio y, b) niños perfectamente capaces, pero en los cuales la intensidad normal del esfuerzo es nocivo para su desarrollo fisiológico. Ninguna de estas dos categorías tiene que ver con un atraso mental, si estos niños estuvieran sanos y robustos tendría una capacidad normal o superior. 10

Hamilton Cassinelli en su trabajo de tesis, apadrinado por el Dr. José María Ramos Mejía, “Contribuciones al estudio de los niños débiles y retrasados en edad escolar” explicó el término debilidad asociada a los niños:

9 Educación Común en la Capital, Provincia y Territorios Nacionales. 1900 : 11

10 El Monitor de Educación Común, año XXVII, Nº 417, Tomo XXV, Serie 2, Nº 37, 1907: 346.

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La palabra débil si se generaliza puede comprender a todos los niños anor- males: los de organización física deficiente y los de facultades psíquicas insufi- cientes, incompletas, comparado con los normales de la misma edad….Bajo el punto de vista escolar debemos de ocuparnos de aquellos cuyo estado físico o psíquico sea capaz de mejorarse disponiendo medidas médicas-pedagógicas que estén a nuestro alcance dejando de lado aquellos cuya mentalidad o físico no sea posible obtener beneficio alguno, o que sea de los hospitales o institu- tos especiales de los que deben disfrutar. Teniendo siempre en cuenta que a medida que avancen los conocimientos modernos podrán entrar en aquella categoría muchos que por deficiencia de los medios de que disponemos no pueden hacerlo actualmente. 11

El doctor Genaro Sisto, vocal del Cuerpo Médico Escolar, caracterizó un estado de debilidad conocida como escrofulosis.

Hay dos tipos el florido y el característico, el primero caracterizado por un estado de salud aparente, presentado un aspecto engañador de vigor físico, grandes mofletes, de carne abundante aunque blanda, labios gruesos, nariz aplastada, ojos lagañosos indican bien la escrófula. En el segundo, es pálido delgado, profunda- mente anémico y hasta raquítico. Estos niños de aspectos tan diferentes se aproxi- man en su origen y manifestaciones especiales y a estos a quienes aconsejamos los tónicos, muy a menudo el aire de mar, una nutrición abundante y un reposo prolongado…. Hoy en día escrofulosis y tuberculosis tienen el mismo valor. 12

En los artículos del Monitor de la Educación común de la primera década del siglo XX aparecen varios trabajos en relación a la educación de los “niños débiles”, de los cuales se desprende que los antecedentes y funcionamiento

de estas instituciones basadas en criterios científicos y sociológicos destinadas

a niños débiles los encontramos en experiencias en el extranjero, sobre todo

Alemania que fue pionera en su implementación, seguida por las experiencias de Suiza, Inglaterra, Francia y Estados Unidos. En los artículos de estas publicaciones oficiales se dejó entrever que la finalidad de la creación de las colonias y de las escuelas para ‘niños débiles’ en Argentina se llevó a cabo en pos de un objetivo humanista y de previsión como medio de defensa social y de vigorización o mejoramiento de la raza en

formación para construir el futuro ciudadano argentino de organismo fuerte

y mentalidad sólida. Su accionar se dirigió no solo a fortalecer a los niños sino

también a influir en las familias para que modificaran conceptos ‘erróneos’ respecto del cuidado de los hijos, destruyendo o corrigiendo los malos hábitos físicos y morales que podrían conducir a los individuos a las cárceles, asilos u

hospitales.

11 Cassinelli, H., 1912: 29-30.

12 Ídem, 29-30.

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En este sentido la escuela estuvo ligada a la profilaxis social de la enfermedad

y de la ‘degeneración’ 13 . Según (Foucault 1975) la teoría de la ‘degeneración’

sirvió de justificación social y moral para las técnicas de identificación, clasifi- cación e intervención sobre los ‘anormales’, las que junto con el desarrollo de una red de instituciones apoyadas en la medicina y la justicia, conformaron un

sistema de defensa social. Esta postura de la educación eugénica en Argentina fue llevada a cabo por

diferentes figuras como los liberales Octavio Bunge y José ingenieros, el posi- tivista Víctor Mercante y las socialistas 14 y activistas feministas 15 como Raquel Camaña, Alicia Moreau, Elvira Rawson, Carolina Muzilli, quienes sostuvieron la defensa de la escuela pública como espacio de socialización más allá de la clase social y articularon la defensa del orden familiar y la búsqueda de conciliación democrática entre lo doméstico y lo público. La acción educadora era entendida como formadora de hombres útiles para sí mismos y para sus semejantes. Por este motivo la escuela no debió despreocuparse de ninguna de las peculiaridades del desarrollo físico y psíquico de sus alumnos. La acción regeneradora se ejercía mediante la higiene social desarrollada en la escuela, cuyo objetivo era corregir las influencias nocivas que se ejercían sobre los niños y la acción educadora compensaría colocándolos en condiciones favorables. Esta novedosa tendencia educativa para la época se refería a los ‘niños débiles y escrofulosos’. La escrofulosis se utilizaba para referirse a una tuberculosis latente, que podría ser curable si se sometía a estos niños a un tratamiento climatológico,

al igual que los niños anémicos, por lo cual se propusieron la creación de insti-

tuciones especiales, las colonias de vacaciones, escuelas preventivas y escuelas

para niños débiles al aire libre. En 1902 el Dr. Genaro Sisto presentó en un Congreso de Medicina realizado en Madrid un trabajo de higiene infantil escolar con el título “Es- cuelas Preventivas Infantiles”. Su trabajo estaba guiado por la idea de que la escuela común no contribuía a formar a los niños débiles y escrofulosos puesto que van a ella en condiciones de salud deficiente. Sus conclusiones eran las siguientes:

1º La infancia que frecuenta la escuela, debe ser clasificada por un examen médico, estableciendo las condiciones orgánicas de cada niño.

13 En Argentina, el concepto de ‘degeneración’ fue usado en el diagnóstico de constitución racial de la población, llevaba a plantear la creación de una raza nueva, como requisito imprescindible para la construcción de la argentinidad.

14 El socialismo impulsó espacios periescolares como alternativa a los problemas sociales destinados al niño del obrero como los amigos de los niños, recreos infantiles, las bibliotecas populares, el mutualismo escolar, la copa de leche, las cantinas maternales, entre otras (Carli, 1991-2002).

15 Siguiendo a Barranco (1997: 146) en el discurso oficial hubo una ‘ceguera cognitiva’ respecto a la participación femenina de las acciones que en alguna medida anticiparon las intervenciones del Estado en materia de derecho de la infancia. El Estado terminó monopolizando las acciones de protección.

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2º Siendo los niños anémicos, escrofulosos, debilitados, los mejores pre- parados para toda clase de infecciones y en particular para la tuberculosis,

la tarea más importante de los gobiernos y asociaciones del Estado, será

la organización ad hoc fundadas según un contexto científico y destinadas a

volver vigorosos los niños de ambos sexos que lo necesiten.

3º La edad más conveniente para obtener el máximo resultado por medio de las escuelas preventivas infantiles, es el comprendido entre los 6 y 14 años, es decir el periodo de la edad escolar 16 .

) (

En la misma publicación aparece un estudio realizado a 10.000 niños de las escuelas comunes en el año 1903. Los resultados de las estadísticas sobre la población escolar examinada sobre distinto tipo de afecciones fueron: 78,70 por mil de organismos tarados, más de un 35, 5 por mil de anemia escolar por nutrición insuficiente, los debilitados constitucionalmente alcanzaban el 39,5 por mil, esto daba un porcentaje de 118, 20 por 1000 de niños afectados físicamente débiles. Esta cifra fue tomada por el CME en 1906 y elevada a la presidencia del CNE aconsejando la creación de tres escuelas preventivas, una en el mar, otra en la llanura y otra en la montaña. Las escuelas preventi- vas fueron creadas por resolución del CNE el 18 de diciembre de 1908. Su organización estuvo regida por la reglamentación presentada por los Doctores Emilio Bondenari y Luis Cassinelli. Llegado el año 1909 se crean dos escuelas para niños débiles, habilitando dos fincas situadas una en Parque Olivera, y otra en Parque Lezama. (Ver anexo) En 1910 la Municipalidad de Buenos Aires prestó su colaboración donando nuevos terrenos en los parque Tres de Febrero y Patricios. El presidente de CNE Dr. José Ramos Mejía emitió un Decreto expresado del siguiente modo:

Constrúyase una comisión bajo la presidencia del inspector técnico de la capital Don Ernesto A. Bavio y completada con los médicos doctores: Enrique Piertranera, Emilio F. Bondenari, Luis R. Cassinelli y el inspector administra- dor el señor Casimiro Torzano Calderón. Quienes procederán a formular el proyecto definitivo de la escuela para niños débiles. 17

El reglamento para dichas escuelas que fue aprobado por el CNE el 3 de diciembre de 1910, estableció el tiempo de duración del año escolar (del 1ro de septiembre al 31 de marzo del año siguiente) y dividió en periodos de tres meses cada uno para que pueda aprovecharse por diferentes alumnos. El reglamento también establecía que las clases serían al aire libre. Cada una tendría una duración de media hora como máximo y acotaba la cantidad tope de alumnos en 25. Detallaba prescripciones en cuanto al plan de estudios, el

16 Genaro Sisto, 1904: 22.

17 Op. cit.: 13.

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programa de enseñanza, el tipo de alimentación y recomendaba baños de llu- via. Por último, proponía los estudios antropométricos y el examen individual. Los fines de estas instituciones y la enseñanza en ella debían tener un carácter

eminentemente educativo. El maestro era el encargado de completar una ficha individual de la inteligencia y aptitudes, llevando así un diario escolar del alumno. En la formulación del proyecto sobre la creación de colonias de vacaciones,

el CME señala “la necesidad de arrancar la tuberculosis en los organismos in-

fantiles, que pueden ser más tarde útiles al Estado y a la sociedad” 18 . El tema de estudiar y regular 19 a la infancia fue de interés no solo para el ámbito de la elite gobernante en cuanto la creación e implementación de las políticas en el área de la salubridad educativa sino también se comenzaron a

tratar los problemas de la infancia en los Congresos Panamericanos del Niño. El primer ciclo de estos encuentros abarcó de 1916 a 1935. Estas reuniones tuvieron una influencia importante en los debates sobre las infancias. Sus temas prioritarios fueron la salud, la higiene, la educación y el futuro con propósitos eugenésicos, relacionados con las preocupaciones de los gobiernos por la situación social, económica y política de los países intervinientes (Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, Cuba, Perú, México, Cara- cas, Panamá, Bogotá y Bolivia). En estos congresos generaron información

y proporcionaron acciones sobre la infancia. Por este motivo rápidamente

se sumaron varios delegados del gobierno. En la reglamentación del primer congreso de Buenos Aires en 1916 quedo expresado: “La vida entera del hombre depende de la manera como se dirija su infancia”. En el acta del ter- cer Congreso Panamericano del Niño realizado en Rio de Janeiro en 1922, el delegado Fernando de Magalhaes solicitó: “Medidas legislativas contundentes

a la aplicación de preceptos eugenésicos para el amplio estudio de los factores básicos de la herencia normal y patológica”.

El Estado tutelar que aseguró la protección de estos niños a través de las intervenciones de la medicina, la puericultura, la vida sana combinada con un estricto orden que fueron el mejor antídoto contra la tuberculosis, el raquitismo,

y otras enfermedades de la infancia. El efecto político de estas intervenciones

estatales fue la neutralización de los peligros, de la miseria y de la disposición

social que sirvió de justificación para la creación de una tecnología de poder a través del discurso médico, desplegado en prácticas instituciones destinadas

al sujeto peligroso.

18 Memorias del CME del año 1924: 13.

19 El pasaje a la modernidad supuso un progresivo proceso de regulación social que tuvo su expresión en la práctica jurídica (la ley y la norma) como forma de normalizar las conductas. En esta dirección

Foucault nos ayuda a reflexionar a partir de que realizó una genealogía del sistema judicial de como las prácticas jurídicas, poseen efectos de poder como una práctica desde la racionalidad occidental. Y como

a la norma está atravesada por la historia, justamente se trata de explicitar esta relación entre norma

e historia, y señalar cómo ciertas prácticas sociales jurídicas se convirtieron en prácticas de coacción ligada a una moral.

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En esta dirección (Foucault 1975: 57) señala que la noción de peligro se liga por una parte, con la noción de previsión, y por otra parte, al poder de normalización. La norma es portadora de una pretensión de poder. La norma trae aparejados a la vez un principio de clasificación y un principio de corrección. Su función no es excluir. Al contrario, siempre está ligada a una técnica positiva de intervención y transformación, a un proyecto normativo. En sintonía con esta técnica positiva de poder e intervención, se diseñaron instituciones de educación especial y moralizantes productoras de cierto tipo de normalidad. El tratamiento de la infancia ‘anormal’ no fue ajeno a unas po- líticas sociales que han sustituido las instituciones de control social duras por instituciones blandas de socialización de la infancia como las clases diferenciales

y las escuelas especiales.

La creación de clases diferenciales y de las escuelas especiales para ‘retrasados pedagógicos’ y ‘falsos anormales’

Los médicos y pedagogos argentinos junto a los legistas influenciados por las

obras de la Dra. Montessori en Italia, los desarrollos pedagógicos de Decroly en Bélgica y de Charcot, Itard y Seguín en Francia, se comenzaron a cuestionar el principio de justicia de uniformidad en la infancia, comenzando a contemplarse toda la variedad que ella incluye, lo que hacía imposible adoptar una única pe- dagogía y medios educativos idénticos como si todos los niños que concurrían

a la escuela tuvieran el mismo origen social y las mismas características. Los niños que presentaban anomalías pero se encontraban más próximos

a la categoría de normalidad no habían sido objeto de estudio, con lo cual no

se habían organizado instituciones destinadas a ellos. La obligatoriedad de la escolaridad marcó el inicio de nuevas subjetivaciones en la infancia, por un lado, los niños que no cumplían con la obligatoriedad, los nómades urbanos, serían incluidos en la categoría de la ‘infancia delincuente’, y por otra parte, los que asistían a la escuela, pero sin adaptarse a las normas y reglamentos, y sin asimilar los aprendizajes quedarían encerrados en la categoría de ‘infancia anormal’ 20 . Para ellos se va a solicitar la creación de las clases diferenciales que fue impulsada por el profesor Luis Morzone 21 , quien advirtió en el año 1911 al director del CME de la provincia de Buenos Aires Dr. Quadri:

20 El problema de la anormalidad infantil se planteó como un problema de carácter práctico, que produjo un conocimiento para identificar las causas, pero fundamentalmente para intervenir según los criterios de normalización.

21 Creador de la primera escuela de afásicos y retrasados pedagógicos de la ciudad de La Plata, fue modelo en Latinoamérica.

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Previa constatación de que muchos alumnos están imposibilitados de aprove- char la enseñanza colectiva, se indiquen los medios pertinentes para subsanar las deficiencias que adolezcan, y se atiendan en clases especiales, subsidiarias, que funcionarán en la misma escuela común 22 .

El objetivo de crear estas clases diferenciales tuvo una doble función: se convirtieron en un lugar de observación, de laboratorio y de estudio para los niños sospechosos de ‘defectos psíquicos’, y buscaron crear un ambiente que favoreciera su desarrollo intelectual para volverlos a colocar en las clases de donde habían egresado, y así seguir normalmente la instrucción a la par de los demás. Las clases diferenciales tuvieron la intención de nivelación, con la creencia de que, permaneciendo en las mismas el tiempo que fuera necesario desaparecerían “las falsas características de la anormalidad” que era temporaria. La enseñanza se basó en la pedagogía enmendadora o co- rrectiva, ligada al discurso médico, jurídico y psico- educativo, que indicaba sanar y corregir. En el mismo año el profesor Morzone presentó un proyecto para la creación de escuelas especiales al CME justificándolo del siguiente modo:

Los verdaderos deficientes, los idiotas, toda la variedad de los imbéciles que no están en nuestras escuelas. Sin embargo figuran en nuestras escuelas un número considerable de niños que por causas diferentes permanecen en el aula vegetando, perjudicándose y perjudicando a los demás. Los que común- mente son llamados tarados, que no presentan un organismo físico, psíquico o biológico con lesiones graves, sino un retraso en su desarrollo. Representan una parte no indiferente de nuestra población escolar, que reclaman atención que hasta ahora no se le ha dado. En la ciudad de La Plata son colocados en una escuela especial a estos niños con anomalías diversas, pero nunca se logrará beneficiar a todos los defectuosos 23 .

Concluye el proyecto el profesor Morzone expresando:

Creo Señor Director que este curso servirá de propaganda para que se ins- tituya en nuestras escuelas modestos gabinetes antropológicos pedagógicos para conseguir que la pedagogía, abandone las abstracciones teóricas, se transforme de filosófica a científica 24 .

Para la creación de las clases diferenciales y para las escuelas especiales era necesario, realizar un diagnóstico a través de diversas clasificaciones psicológi- cas, sociológicas y criminológicas de los escolares para determinar qué tipo de niños serían admitidos y cuáles no. La gran mayoría se encontraba dentro de

22 Morzone, L., 1912: 448.

23 Ídem: 449.

24 Ídem: 500.

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los ‘retrasados’, que a su vez se dividían en los ‘verdaderos retrasados’, (pe- dagógicos) y en los ‘falsos retrasados’ (‘alimenticios’, ‘retrasados por miseria’, ‘retrasados por explotación de sus padres’), a estos se les sumaba los niños con anomalías sensoriales y del carácter. Octavio Bunge publica un artículo que comenta los trabajos de Lorenzo Guliano, de Turín, discípulo de Lombroso, sobre los idiotas, presentados en V Congreso de Psicología Comparada celebrado en Roma:

Los idiotas se dividen en biopáticos y cerebropáticos comparando las carac- terísticas psicológicas de ambos con los rasgos psicológicos de los salvajes y de las especies inferiores, encontrando diferencias entre ambos. En los bio- páticos se constata un verdadero atavismo psíquico correlativo a la etiología degenerativa y anomalías histológicas de la misma naturaleza. En cambio en los cerebropáticos es imposible establecer un paralelismo entre estos y los rasgos salvajes e inferiores. Su deficiencia mental corresponde a caracteres antropológicos y a una patogenia de los centros nerviosos. 25

En cuanto a las anomalías de carácter y la degeneración en relación a la educación Octavio Bunge ya había advertido que:

El término de educación de los degenerados será bastante amplio para clasificar esta enseñanza, porque excluye a los degenerados amorales con im- pulsos perversos o rebeldes a la disciplina, esta categoría todavía no dispone de los métodos adecuados como para poder rectificar las monstruosidades de los degenerados perversos. 26

El profesor Luis Morzone se refirió a los “retrasados pedagógicos” como

Aquellos niños que la mayoría de los maestros se limitan a considerarlos como los más desganados, obligándolos a permanecer en el grado de dos a tres años para luego promoverlos por antigüedad. Exigen una enseñanza especial si es que no se los quiere perjudicar para la vida. Si bien tienen un aspecto normal, cuando se los estudia con criterios científicos se encuentran diferencias muy marcadas con respecto a la mentalidad de los niños de la misma edad en estado normal. Estos niños debido alguna deficiencia de alguna manifestación intelectual bajo ningún concepto deben permanecer en las aulas comunes con los normales, pues no pueden aprovechar la enseñanza colectiva. Habrá que corregir vicios que los normales no tienen. 27

Los ‘falsos retrasados’ según los definió Hamilton Cassinelli (1912: 165)

Son aquellos niños que no han frecuentado con regularidad las clases, por falta de celo de sus padres, por enfermedades repetidas y por cambio frecuente

25 El Monitor de Educación Común, año XXV, Nº 394 ,Tomo XXI, serie 2, Nº 14, 1905: 346.

26 El Monitor de Educación Común, año XXVIII, Nº 418, Tomo XXV, serie 2, Nº 38, 1907: 209.

27 Luis Morzone (1912: 313).

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de domicilio. No saben porque sencillamente no han aprendido, y no porque no hayan podido aprender. 28

La clasificación de los escolares y la correspondiente organización, como el sostén de instituciones ad hoc tuvieron una vinculación estrecha con la pureza de la raza, en algunas ocasiones en forma explícita, ya sea por oposición o por exclusión, el anormal por descripción del normal, lo indeseable por alusión de lo deseable, estableciendo relaciones jerárquicas en las cuales subyace la noción de “raza pura”.

El Instituto de Psicología Experimental

El Instituto de Psicología Experimental comenzó a funcionar en julio de 1929 con sede en el CNE. (Nº Expte. 14.237). El proyecto fue presentado por el presidente, Dr. Antonio Rodríguez Jáuregui y el Sr. Vocal Dr. Pedro Rueda. Su director fue el Dr. Enrique Olivera. Los fines del IPE fueron: 1- Examinar desde el punto de vista psicológico a los alumnos de las escuelas primarias de Capital. 2- Organizar los grados diferenciales en las escuelas comunes según reglamentación. 3- Dictar cursos de psicología y psiquiatría infantil a maestras en ejercicio de la Capital, Provincias y Territorios. 4- Realizar publicaciones sobre estudios y experiencias. 5- Crear una biblioteca con publicaciones relacionadas

a la psicología infantil. 6- Designar al director del CME director del IPE 29 . El Instituto estaba integrado por varias secciones: 1) Consultorio médico de examen y selección de niños, clínica de higiene, selección de retardados por causas físicas e indagación de sus tratamientos; 2) Consultorios de atención odontológicas; 3) Servicio de antropometría, biometría eugenésica, y biopato- logía; 4) Consultorio psicopedagógico de investigación y diagnóstico, gabinete de psicotécnica escolar; 5) Laboratorio de anatomía y fisiología experimental; 6) Laboratorio de psicología experimental; 7) Anfiteatro para conferencias; 8) Seminario de psicopedagogía correctiva; 9) Escuela Anexa de psicopedagogía

correctiva; 10) Biblioteca de psicología, pedagogía y Ciencias Afines que llegó

a

tener más de 600 ejemplares y 11) Fichero central y Archivos. La psicología experimental se basó en el estudio controlado de la experiencia,

y

la experimentación era el camino más seguro para legitimarse como psicología

científica. Utilizó los cuestionarios y el análisis estadístico de los resultados para

realizar diagnósticos precoces, con el fin de delimitar la segregación de los niños ‘anormales’ e impedir su reproducción. El problema de la anormalidad infantil se planteó como un problema de carácter práctico, que produjo un conocimiento para identificar las causas, pero fundamentalmente para intervenir según los

28 Op. cit.: 13.

29 El Monitor de Educación Común, Año XLIX, Nº 681, 1929: 140.

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criterios de normalización 30 . El IPE organizó cursos de perfeccionamiento para maestros que otorgaban el título de maestro especializado. La parte práctica se llevaba a cabo en la Escuela Anexa de Psicopedagogía Correctiva a la cual concurrían niños anormales. La reglamentación de las clases diferenciales coincidió con las preocupaciones que empezaban a aparecer en las escuelas respecto a la búsqueda de métodos de enseñanza más eficaces tomando al conjunto de alumnos como entidades uniformes, sin considerar las individualidades de cada niño. Se pensaba la or- ganización de la escuela primaria en función de beneficiar a todos los alumnos que por ley estaban obligados a frecuentarla. La escuela no podía abandonar, ni eliminar a los que no se adaptaban a su funcionamiento, tenía el deber de rete-

nerlos y corregirlos. En esta formulación se puede observar un desplazamiento de la intervención desde la medicina positiva que fomentaba el aislamiento de los niños ‘anormales’ en todas sus variedades, a las intervenciones desde la educación que, por un lado, los incluyó en el proceso de escolarización, aunque segregados,

y por otra parte, alimentó la idea de que muchos de los niños ‘anormales’ eran

educables, por lo tanto la ‘anormalidad’ pasó a ser un problema educacional en vez de médico, aunque ambas perspectivas siguieron íntimamente imbricadas. Una consecuencia de estas acciones fue la estigmatización, en efecto, se generó un proceso de acentuación de desigualdades al considerar las diferencias como inferioridades respecto a la categoría de normalidad que suponía ser “buen alumno”. Estos circuitos de escolarización por fuera de la educación común se interrumpieron al ser desmantelado el IPE por el golpe de Uriburu. El proceso

de la institucionalización de los niños ‘anormales’ había sido lento, consensuado

y progresivo, justamente porque se dio en un periodo de democratización,

pero su clausura fue repentina ya que se dio en el contexto del golpe de Estado.

La reorganización del CME

La obra del CME hasta el año 1924 fue más bien teórica que real por la carencia de medios disponibles para que los médicos pudieran hacer efectiva su tarea en beneficio de los niños que concurrían a la escuela. Por otra parte, los inspectores y médicos que trabajaban en ella sólo aconsejaban, inspeccionaban los edificios escolares, realizaban informes y extendían certificados.

30 En el dispositivo de seguridad, habrá un señalamiento de lo normal/anormal a partir de las diferentes curvas de normalidad y, la operación de normalización consistirá en hacer interactuar esas diferentes atribuciones de normalidad, procurará que los más desfavorables se asimilen a los más favorables, o sea, se vale de las distribuciones más normales, más favorables que otros, y esas distribuciones servirán de norma, entonces dicho esto, la norma será un juego dentro de las normalidades diferénciales. Dicho de otro modo, la operación de normalización consiste en poner en juego y hacer interactuar esas diferentes distribuciones de normalidad. Lo normal es lo primero y la norma se sucede de él, o sea cumple y fija un papel operativo a partir del estudio de las normalidades, de este modo ya no se trata más de una normación, sino de una normalización (Foucault, 1978).

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Para poder cumplir con su función social higiénica dentro del medio escolar, el CME debió hacer efectivas las nuevas orientaciones de las funciones de la inspección médica escolar, lo que se lograría en 1925. Para esto fue necesario solicitar el gasto correspondiente para la reorganización e instalación de los consultorios en condiciones regulares y uniformes (tanto del central como de los 20 consultorios de cada distrito). Los datos arrojados en una encuesta realizada a todo el personal técnico de la repartición ilustra la precariedad en que los Médicos Inspectores realizaban su tarea. 31

Equipamiento de los 20 consultorios

Existentes

Faltan

Mesa de clínica

14

6

Balanza Cartabón

16

4

Lavatorio

12

8

Vitrina

10

10

Bajalengua

10

10

Estetoscopio

9

11

Cinta métrica

1

19

Pañueleras

2

18

Toallas

3

17

Termómetros

1

19

Caja instrumental

4

16

Material de curaciones

4

16

Baldes

5

15

Jeringas, agujas y estuches

7

13

(Al iniciarse el curso escolar de 1925 todos los consultorios estuvieron equipados.)

Otro obstáculo que debió enfrentar el CME fue que, por votos aprobados en el congreso de Higiene Escolar cada médico inspector debía atender a 1.500 alumnos. A las escuelas fiscales de Buenos Aires concurrían 240.000 niños de los cuales 12.000 (sin contar los que iban a escuelas particulares que también estaban bajo esta inspección) correspondían a cada Médico Inspector. Para fa- cilitar la tarea de la Inspección se incorporaran las visitadoras higiénicas 32 , como un cuerpo sanitario que colaboraría a su acción secundándola y completándola, a imitación de instituciones similares en Europa. 33

31 Memorias del Cuerpo Médico Escolar, año 1924: 3-4.

32 La escuela de visitadoras higiénicas fue creada en 1924 por la Facultad de Medicina, anexa a la Cátedra de Higiene, por iniciativa conjunta de CME (El monitor de Educación Común, Año XLVIII Nº 679, 1929: 3)

33 Ídem,14.

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En 1928 el CNE resolvió incorporar a las visitadoras higiénicas al CME mediante la siguiente resolución:

1º Autorizar a la inspección médica para que durante el curso escolar próximo continúe aceptando a los servicios ad honorem de 70 visitadoras de higiene es- colar diplomadas en la Facultad de Medicina, y con el título de Maestra Normal.

2º Asignar para gastos la suma de 5 pesos por día hábil debiendo imputar los gastos a la respectiva partida del presupuesto en ejercicio.

3º Su misión es realizar la investigación domiciliaria de las condiciones sociales de los alumnos que concurren a la escuela, redactar fichas individuales y realizar la vigilancia higiénica de los alumnos 34 .

En el año 1924 se crea una sección de educación sanitaria destinada a la

divulgación de los principios de la higiene de la escuela en la Capital, Provincias

y Territorios, con la misión de fomentar hábitos higiénicos en los niños, tales

como la limpieza corporal, los peligros de la mosca, del alcoholismo y de la tuberculosis. Estas clases eran ilustradas por cintas cinematográficas, diaposi- tivas, carteles y conferencias dadas por los médicos a los docentes, y clases destinadas a padres. También se editan en los talleres gráficos de la repartición

folletos y cartillas para los docentes, padres y alumnos y se comienza a controlar los comedores de las escuelas de aire libre, la copa de leche y a administrar medicamentos. El Dr. Solá presentó en 1932 un plan para incorporar una secretaría técnica

al CME, que sería llevada a cabo por la acción directa del cuerpo de visitadoras

de higiene escolar con colaboración de los médicos inspectores y especialistas y con la intervención directa de los directores y maestros. Su acción se extendía

a las Provincias y Territorios Nacionales. La creación de esta sección sanitaria

34 CNE Cincuentenario de la ley de educación 1420, Tomo II, Desarrollo de la escuela primaria 1884- 1934: 338.

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evidenció la transformación de la organización médica escolar en sintonía con las modernas disposiciones de medicina preventiva y un desplazamiento del accionar médico al ámbito educacional, en el cual cobraron importancia los docentes en la prevención de la salubridad de la población escolar.

Algunas reflexiones

En la Argentina la permeabilidad de la eugenesia se ligó a la noción de ciu- dadanía, con el apoyo de las elites dirigentes se acordó el tipo de intervención y se consolidaron representaciones compartidas en las formas de ejercicio de poder. Los intereses de la clase dirigente se proyectaron en discursos científicos que situaron la pretendida mejora de la raza dentro de un programa de vasto alcance que abarcó discursos biomédicos, higienistas, poblacionales, y am- bientales. Con la ilusión de erradicar la enfermedad como factor degenerativo de la raza, quedó integrada eficazmente a una patologización que demandaba acciones para su regeneración, a una mejora del ambiente y un énfasis en la importancia de la familia “bien constituida” y en la educación. La política sanitaria fue un programa fundamentalmente intervencionista que, al ser sostenido por un amplio espectro político, demuestra lo tenue que han sido en muchos aspectos las diferencias existentes en Argentina entre las vertientes políticas que compusieron sus elites. En este sentido, las distancias entre una matriz liberal y otra nacionalista de corte conservador, se reducen ante comunes articulaciones perseguidas por la biología y una moral confesio- nal, para legitimar políticas que comprendieron el avasallamiento de diversos derechos por medio de la coercitividad estatal. (Miranda, y Vallejo 2005: 148) La higiene y la eugenesia se desarrollaron en el marco de saberes y prácti- cas más amplios, que constituyeron lo que se conoció como medicina social. Esta disciplina intentó la coordinación de los conocimientos e intervenciones terapéuticas individualizadoras con la consideración de sus efectos en la pobla- ción, privilegiando la mirada global y subordinando a ésta la valoración de las intervenciones individuales. De ahí que su definición se presentara como una función del Estado y requiriera de un proyecto político. En nombre de estos saberes científicos correctores de conductas, que atri- buyen déficits a sujetos individuales, se corre el riesgo de olvidar las condiciones sociales de constitución de dicho campo de intervención y de su reflexión. La consolidación de esta política y forma de gobierno se concretó a través de un conjunto de leyes, reglamentos, resoluciones y disposiciones, que ponen de manifiesto cómo la infancia pasa a tener status jurídico, el niño deja de ser un “pequeño salvaje”, para convertirse en un “animal doméstico”. En términos de Foucault (1975) ya no es un sujeto jurídico, sino un objeto, el objeto de una tecnología y un saber de reparación, readaptación, reinserción y corrección. De esta forma el oficio de castigar se transforma en el oficio de curar.

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La educación especial sería impensada sin la institucionalización de la escuela obligatoria, conjuntamente con la aparición de instituciones moralizantes, pro- ductoras de un tipo de normalidad. El tratamiento de la ‘infancia anormal’ no fue ajeno a unas políticas sociales que han sustituido las instituciones de control social duras por instituciones blandas de socialización de la infancia, como la escuela. El estado liberal, al mostrarse incapaz de resolver las cuestiones sociales, va a abrir una nueva vía del estado interventor para reforzar el progreso y la estabilidad social, así la infancia se convierte en objeto privilegiado de intervenciones, ya que los niños serán los hombres del mañana. Proteger la infancia, moralizarla e instruirla significó prevenir los males del futuro. La medicalización de la infancia cobró fuerza en el proceso de escolarización a través del CME dependiente de CNE. La respuesta desde el Estado para los alumnos ‘débiles’, ‘anormales’ y ‘retrasados’ surgió de la visión organicista de la nación que, bajo la lógica de la eugenesia, buscaba la perfección de los organismos en general; de esta manera se combatía la degeneración de la raza en sus aspectos físicos y mentales. La exploración de las fuentes permite pensar que el desarrollo de la insti- tucionalización de la infancia ‘anormal’ a través del Cuerpo Médico Escolar, en un circuito segregado de la escuela común y sus prácticas institucionales no se dio en forma lineal, continua y uniforme, fundamentalmente por encontrar obstáculos en su organización de manera centralizada, debido a la falta de presupuesto y a la irrupción de la democracia.

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Anexo: Imágenes

Escuela Nicanor Olivera para niños débiles

Comedor y aulas:

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Clase al aire libre:

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Escuela para niños débiles Parque Lezama

Primer grupo de alumnos con que se inauguró la escuela:

Primer grupo de alumnos con que se inauguró la escuela: Descanso en las Chaisse longues :

Descanso en las Chaisse longues:

se inauguró la escuela: Descanso en las Chaisse longues : Fuente: Cassinelli, H (1912) Contribuciones al

Fuente: Cassinelli, H (1912) Contribuciones al estudio de los niños débiles y retrasados en edad escolar. Bs. As., Publicación: La Ciencia Médica.

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espacios nueva serie. Estudios de Biopolítica Nº 7 - tomo 2 - 2013: 53-67. ISSN 1669-8517

Bio-oikos-política. Proslogium para una genealogía comprensiva del ambiente desde una mirada biopolítica

Graciela Ciselli

Aldo Enrici

univerSidAd nAcionAl de lA PAtAgoniA AuStrAl

ReSUmen

Este artículo propone discutir un camino intelectual hacia una biopolítica de la naturaleza o del entorno. Dicho menos vulgarmente, una política del gobierno de la vida más allá de la vida humana misma. Pensar en una biopolítica, cruzando el ámbito de la vida pública, avanzando sobre la esfera del ambiente. Nos referimos a una bio-oikos-política, preocupación que puede extraerse de los mismos discursos ensayísticos de Michel Foucault, especialmente, en su lectura de la Ilustración y de los discursos. Por otro lado, la lectura de la exceptio de la nuda vida de Giorgio Agamben desde su propuesta de “excepción”. A partir de ellos se propone la noción de bíopolitica, como campo abierto, noción precautoria y constante, también como nuevo paradigma de gubermentalidad.

PalabRaS claVe

biopolítica de la naturaleza – bio-oikos-política – Foucault – Agamben – excepción

abStRact

The article aims to discuss an intelectual path to biopolitics of nature or environ- ment. That is to say, a government policy of life besides human bodies; to think of biopolitics crossing the field of public human life and advancing on the area of the environment. We refer to a bio-oikos-politics that can be drawn from the same es- says of Michel Foucault, especially in his reading of Illustration and speeches. On the other hand, reading the exceptio of nude life of Giorgio Agamben from his proposed “exception”. From those authors we propose the notion of Biopolitics, as an open field and constant precautionary notion and, also as a new paradigm of governability.

Key woRDS

biopolitic of nature – bio-oikos-political – Foucault – Agamben – exception

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Encuadre teórico-metodológico

Para Foucault hay una dirección hacia la respuesta a la pregunta por la biopolítica. Se trata de la aparición de la noción de población y del cambio de gubermentalidad, destinada ahora a “dejar vivir” en lugar de quitar la vida o “hacer morir” como ejercicio demostrativo de poder (Foucault, 2000). Para Agamben por su parte el hombre ha sido pensado dentro de la diferencia entre lo humano, bíos, y lo animal, zoé, mediante una “máquina antropológica” que produce la excepción por la que la vida queda anulada. Una vida separada de lo público, “vida desnuda excepcional sobre la que se actúa” (Agamben, 2007:

6). Nos aventuramos a exponer que la excepción de la zoé, equivale a una falta de hospitalidad ecológica. Antes de que la cuestión apareciera Kant indicará, al abordar la pregunta por la Ilustración (Aufklärung), la aceptación de la autoridad de algún otro para conducirnos en los dominios en los que es conveniente hacer uso de la razón (Foucault, 1999: 337). Ese “algún otro” puede hacer alusión actualmente a la razón ambiental. Una razón no discutida desde que los griegos priorizaran el Kósmos en simpatía con la Pólis. No se actuó sobre el oikos como si fuera un estado de excepción permanente.

Pensar sobre sí mismo

Frente al libro, la publicación de los textos ensayísticos, conferencias, en- trevistas, en el caso de Michel Foucault, es rescatada a partir de la cuestión de si puede reflexionarse hasta dónde es posible pensar de diferente forma lo que se está pensando. Otro uso del placer de pensar, otro pensar el placer, liberados del libro incorruptible, entre las dos tapas que buscan extinguir el tema para siempre. Los libros invocan temas que también se protegen y blindan en el cierre de todo libro: su índice, su cerradura con nombre y apellido. La diferencia entre el libro que agota la temática y el “libro libre”, recolectado o construido desde la libertad compilatoria. El agobio del trabajo finalizado y no posible de cambiar o recrear. Los textos separados en revistas, conferencias, debates y entrevistas, como una preferencia por el afuera que Foucault tiene. Vayamos a un momento diferente de todos los que suelen evocarse de Foucault. Foucault muere en 1984. En su velatorio, ante el cuerpo, están George Dumezil, Simone Signoret, Yves Montand, Claude Mauriac y tantos otros. Hay una carta que se lee de su ‘amigo de largo aliento’, Gilles Deleuze, algo que se reseña, la palabra, la de la amistad, desdoblada en la voz de Deleuze, que lee un texto escrito por Foucault 1 . Un texto que ya es ‘texto’. Ese texto, pertene-

1 Ángel Gabilondo tiene a cargo la compilación y edición de estos textos libres de Foucault, en la interface ética, estética y hermenéutica. El capítulo introductorio es acerca de la creación de modos de vida. Para esto la imagen que evoca es el velorio de Foucault, en el patio trasero de la clínica neurológica de la Pitié Salpetiere donde había fallecido. En ese lugar la enfermedad lo había trastornado neurológicamente.

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ciente a “El uso de los placeres”, indica que apunta a dirimir qué es la filosofía hoy- quiero decir la actividad filosófica- sino el trabajo crítico del pensamiento sobre sí mismo? (Foucault, 1984) Lo interesante son esas formas de racionalidad que el sujeto se aplica a sí mismo. La cuestión no es sin más, cómo el sujeto humano se da así como el objeto de un saber posible, sino a través de qué formas de racionalidad, de qué condiciones históricas y del precio de decir la verdad sobre sí. “Una historia crítica del pensamiento implica una historia tam- bién del sujeto y de la razón en la que la cuestión es la de cómo puede decirse la verdad sobre sí mismo” (Gabilondo, 1999), en tanto amarrado a los diversos sujetos, de placer, de verdad, de poder, de ficción en todos los ‘atrapamientos’ en que se puede caer encarcelado, como sujeto de prisión y vigilancia o ‘sujeto de vida’, en todas las escapatorias posibles. Escapatorias del habla, de lo dicho, del libro, de lo escrito. Agamben sigue a Foucault en el tratamiento del autor como gesto de conferencia en conferencia, descubriendo cómo va cambiando el eje de la misma conferencia. Precisamente la conferencia sobre qué es un autor. La llegada de Foucault a la Universidad de Búfalo, en América del Norte le permite a Agamben advertir la tensión entre el autor función y el autor individuo real ante la necesidad de estar en una escritura no delimitada por el libro, sino adecuándose a la exigencia de la conferencia según el autor, que a menudo se nos aparece como algo tratado, como un tratado (Agamben, 2009).

Sobre los cuerpos y las poblaciones

El primer tema biopolítico en importancia refiere al estilo de vida, y es el último que trató Foucault, o al menos el de sus últimos días, en mayo de 1984, ya bastante agotado (Foucault, 1999- 24), en su entrevista con G. Barbedette y A. Scala. Ellos resaltan la cuestión de estilo en la escritura de Foucault, quien aparece más claro y profundo en sus últimas expresiones. Foucault se expresa contrario a la creencia de que el estilo de vida, un estilo selecto, debía expandirse hacia todos. El estilo de vida pertenece al interior, a una generación dogmática para ser practicada, no es una costumbre pública. Así en los antiguos había varias formas de libertad: la libertad del jefe de estado, o del jefe del ejército, no tenía nada que ver con la del sabio. En la época de Séneca, y con más razón, en la de Marco Aurelio, debía valer, eventualmente para todo el mundo; jamás era cuestión de ella hacer una obligación para todos. Era un asunto de elección para los individuos; cada uno podía llegar a compartir esta moral. De modo que incluso es muy difícil saber del todo quién participaba de esta moral en la

Una simple ceremonia donde, Foucault era nada más que cuerpo, parte de la zoé. Allí había trabajado buscando documentación para la historia de la locura. Charcot se debatía, en sus momentos, en esos pabellones esperando alguien que piense diferente. Citaremos por tanto a Foucault, cuando sea el caso de textos compilados, el número de capítulo al que nos referimos de esa compilación, con un guión seguido al año, que es 1999.

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antigüedad y bajo el imperio. Así pues, “estamos muy lejos de las conformidades morales cuyos esquemas elaboran los sociólogos y los historiadores, dirigiéndose a una supuesta población media” (Foucault, 1999-20: 338). La libertad está muy lejos de una emancipación de clase, pues se trata de eludir toda organización de clases a nivel social, a partir de promedios con- ductuales. Si se escribe, el primer lector debe ser el sí mismo. Se escribe para mejorar antes que para disfrutar, lo cual fue poco obedecido en la antigüedad (Foucault 1999-24). El siglo XVIII manifiesta algo capital en Europa. El poder no se ejerce sim- plemente sobre los súbditos, tal como era la tesis de la monarquía, según la cual existe el soberano y los súbditos. Se descubre que el poder se ejerce sobre la población, la que no es apenas un grupo humano numeroso, sino “seres vivos atravesados, mandados y regidos por procesos y leyes biológicas… [entonces]… el poder se debe ejercer sobre los individuos en tanto que constituyen una especie de entidad biológica que se debe tomar en consideración, si queremos utilizar a esta población como máquina para producir, producir riquezas, bienes, para producir otros individuos” (Foucault, 1999-14: 246). Hay dos épocas del poder, una historia del poder con dos segmentos claros en Europa. Antes no había más que súbditos o sujetos jurídicos, a los que por otra parte se podía quitar los bienes y también la vida. Ahora hay cuerpos y poblaciones. El poder se hace materialista. Deja de ser esencialmente jurídico. Deja de regularse por leyes, más bien se trata de crear dispositivos de fluidez. El cuerpo y la vida son más reales. La sexualidad ha sido un elemento capital que articula las disciplinas individuales del cuerpo y las regulaciones de la po- blación. Foucault insiste en que se puede comprender cómo la sexualidad de los adolescentes en el siglo XVIII se convierte en problema médico. Es casi “un problema político de primera importancia, ya que a través y bajo el pretexto de ese control de la sexualidad se puede vigilar a los colegiales…la política del sexo va a integrarse dentro de toda esa política de la vida que llegará a ser tan la bisagra biopolítica en el siglo XIX” (Foucault, 1999-14, 247).

La visualización de la biopolítica en el siglo XVIII:

Kant leído por la biopolítica

Para Foucault hay una respuesta a la pregunta por la biopolítica antes de que la pregunta aparezca. Un diario hace preguntas difíciles en un periódico para que respondan los lectores. Uno de esos lectores responde a ese perió- dico, el Berlinische Monasschrift, el que preguntaba por la ilustración, –Was ist Aufklärung? Resultó ser Inmanuel Kant. Foucault comenta este texto de Kant con innegable tendencia a pensar que Kant da en la tecla biopolítica antes que cualquiera. La respuesta kantiana no resplandece, como resplandecen otras

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respuestas de época que mencionan una aurora o una radiante felicidad, un resplandor, sino que piensa la ilustración como desenlace. Esta ‘salida del lazo’ que caracteriza a la Aufklärung es un proceso que nos saca del estado de ‘minoría de edad’. Por ‘minoría de edad’ entiende cierto estado de nuestra voluntad, “por la que aceptamos la autoridad de algún otro para conducirnos en los dominios en los que es conveniente hacer uso de la razón” (Foucault, 1999-20: 337). La ‘salida del lazo’ consiste en un proceso que nos saca de la minoría de edad. La minoría supone que estamos dependiendo de alguien que actúa por nosotros, como un rey, un médico o un libro, un consejero espiritual. Todos

reemplazan nuestra inteligencia. Existe, no obstante, una consigna que nos lleva

a salir, aude saper ‘ten la audacia de saber’. Hay dos condiciones para llegar

a la mayoría de edad; se trata de tener en cuenta, de distinguir éticamente,

cuándo se trata de obediencia y cuándo se trata del uso de la razón. Ambas cosas, Kant las define como condiciones esenciales para que el hombre salga de su minoría de edad, citando una expresión muy característica: ‘obedeced y

no razonéis’. Muy típico de la cuestión militar o eclesiástica. La humanidad será mayor cuando ya no tenga que obedecer, sino cuando entienda que obedeciendo se podrá razonar Räzonieren, o resistir tanto como se quiera. Razonar, palabra utilizada por Kant “no se refiere a un uso de la razón sino a un uso de la razón en el que ésta no tiene otro fin que ella misma” Räzonieren en cuanto ‘razonar por razonar’, fin en sí mismo, como algo que se satisface con su uso (Foucault, 1999-20: 339). Kant genera ejemplos que son comunes, simples, como pagar los impuestos y protestar por el régimen tributario. Eso es lo que caracteriza

el estado de mayoría de edad. También sucede cuando se es ‘pastor de almas’.

Colaborar para que funcione una parroquia no es algo que pueda discutirse, pero discutir los dogmas sí, largamente. Pensar lo que se quiera con tal de que se obedezca como se debe. 2

La razón debe ser libre en su uso público pero en su uso privado dogmáti- ca. El hombre hace uso privado de la razón cuando se es instrumento de una finalidad general de la sociedad. Estaríamos aquí ante un antecedente de la población tal como lo entiende Foucault. No se puede pensar cuando se decide dentro de un engranaje de una máquina. Cuando la razón tiene ‘una finalidad sin fin’ sí lo puede hacer como goce estético, como placer.

2 Este es el sentido de la protesta de Nietzsche. Se pueden discutir los milagros, pero nunca discutiremos si está bien comportarnos como ovejas. Tal es el caso de lo que muestra la obra estética de Bettina Muruzábal. El hábito comunitario de las ovejas consiste en formar un círculo ceñido en el que se invita al pastor a hacer centro y a hincarse mansamente, como un borrego más. Entonces el rebaño rodea el emplazamiento hasta acordonarse. Un plácido sitio central del círculo ocupa el rabadán en el mandala lanar. Quien sale de ahí sufre porque no se sale del mandala. El pastoreo arraigado de Bettina Muruzábal no ha salido de sí, sigue su destino de anillo, librando del menor dolor a lo corderos, de la señalada , escuchando en el balar aquella balada ovina. La luna, ese otro anillo, estampada en el cielo, fría como la noche, recibe nueve vellones de lana, nueve estrofas templadas, tratadas por el arte de cuidar. No sólo están tratadas técnicamente. Por eso más que un tratamiento es un retrato de salvamento del balar en círculo. Muruzábal practica el arte como salvamento, como ‘lo ganado’ por el arte.

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Foucault va hacia la confluencia de la reflexión crítica y la reflexión sobre la historia que aboga Kant. Una reflexión de la historia conjuntamente con un análisis singular del momento en que se escribe. Un análisis actual íntimo de ese momento determinado, pero una historia que puede ‘ontologizarse’ libremente. “Se puede reconocer en el punto de partida el esbozo de lo que se podría llamar la actitud de modernidad…cabe preguntarse si la modernidad constituye la continuación de la ilustración o ver ahí una ruptura respecto de los principios fundamentales del siglo XVIII” (Foucault, 1999-20: 341). Más que un período la modernidad sería una actitud consecuente con la ilustración, un ethos, un modo de relación con respecto de la actualidad, con la luz que puja y que obsesiona y trastorna. Frente a lo fugitivo de la modernidad, la actitud de modernidad no es acep- tarla. Recobrar algo eterno que no está más allá del instante presente, ni tras él, sino en él. Esta actitud sería la que permite salirse del dominio del cuerpo y de la especie. En la modernidad se distingue, se capta “lo heroico del momento presente…una voluntad de heroizar el presente” (Foucault, 1999-20: 342). La modernidad encuentra en los trajes negros la relación esencial que la época mantiene con la muerte. La belleza poética como sepultureros, cuando celebra- mos el gran entierro, el gran entierro de todo momento. Esta heroización se vuelve irónica. No se trata de mantener el momento coleccionista y paseante del flanerie. Va, corre, busca, con una vista más general distinta del placer fugitivo de la modernidad para extraer lo poético de la moda 3 . El moderno parte alejado de sus secretos, de su verdad escondida, para lo cual debe buscarse en el veloz cambio. El dandy hace de su cuerpo, de sus sensaciones, en su existencia, una obra de arte (Foucault, 1999-20: 344). Esta actitud del cuerpo obligado a crearse para romper la mirada estadista de la generación biopolítica de poblaciones:

Le caractère de beauté du dandy consiste surtout dans l’air froid qui vient de l’inébranlable résolution de ne pas être ému; on dirait un feu latent qui se fait deviner, qui pourrait mais qui ne veut pas rayonner. C’est ce qui est, dans ces images, parfaitement exprimé. 4

Hacia una biopolítica de la naturaleza

El discurso biopolítico que aborda la población humana, que estudia e in- terviene en la vida del ambiente, entendido como un universo total y armónico

3 Como ejemplo de modernidad Baudelaire pondera a Constantin Guys, en apariencia un paseante que hace de lo bello algo más bello. La modernidad es captada no como relación con el presente sino como relación consigo mismo, en este sentido se asemeja a la ilustración kantiana.

4 Traducción del autor: “El personaje del dandy de la belleza consiste sobre todo en el aire frío que viene de la determinación inquebrantable de no ser mudado (ému), se ve como un fuego latente que es divino, pero que no se puede emitir. Eso es lo que hay en estas imágenes, perfectamente expresadas”.

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que se puede articular a la ecología. En una comprimida cuestión diremos que la inquietud es si se puede establecer un camino hacia una biopolítica de la naturaleza, o dicho menos toscamente, una gubernamentalidad del ambiente. La población es el objeto de estudio y ordenación, que hace del estudio de la vida, el lenguaje y el recurso humanos, una necesidad. Su avance en cuanto al desarrollo de estos estudios se ajusta sensiblemente al logro de desarrollos en la población tendientes a fortalecer el gobierno. El mercado no es más que un test de la marcha biopolítica, una prueba que evalúa hasta dónde puede dejarse en libertad la discusión. La advertencia de desequilibrio entre población y recursos naturales se intensifica en el siglo XIX, aunque en el siguiente siglo se agudiza ante el uso de recursos de forma excesiva o el crecimiento desmedido de la población, como si fuera consecuencia de la biopolítica. Pero también es una advertencia para incorporar a la gubermentalidad de las poblaciones donde dichos discursos “problematizan el ambiente global como un nuevo ámbito de conflicto polí- tico social” (Rutherford, 2000, 165). El ‘hacer nacer’ es una propuesta liberal que tiene como fin grandes poblaciones que prodigan consumo, escolaridad, ejércitos, necesidad de más recursos. Pero en demasía, sin límites, pregunta- remos al modo de la Ilustración ¿cómo hacer para que una población se torne un pueblo conciente de su poder sobre esos recursos y reconozca el contexto ambiental de los mismos?

Nacimiento de la bio-oikos-política

La ecología podría verse como despliegue bioeconómico de mantenimiento de fuerzas que habrían sido atacadas desde una economía humana de poca escala en la planificación a largo plazo y antropocéntrica, como ingeniería social encargada de disponer y permitir el cuidado de sí de los ecosistemas. Aunque la investigación científica y, especialmente tecnológica continúe proporcionando el material para fundamentar políticas en función de la regulación industrial, en el plano jurídico legal, se instituyen nuevas formas de gubernamentalidad ecológica en tanto acciones de gobierno no dirigidas a la población sino al ambiente en tanto derecho humano. No es más que asistir al comienzo de la bio-oikos-política, donde, nuevamente, el desafío de la Ilustración como la ve Kant, aparece como audacia de saber dentro de marcos de gubermentalidad indiscutidos. Frente a lo ambiental en cuanto ‘contexto de lo humano en constante vínculo relacional con lo humano’, estaríamos nuevamente abiertos al derecho como fuente de vigilancia, y al panoikos como fuente de mirada. Se mira a todo como sobre lo que se puede discutir respetando pautas, puesto que se busca descender el grado de conflicto al que se encuentra asociada. La acción sobre su entorno ha generado un proceso de degradación progresivo, un incremento de impactos impuestos al medio ambiente como resultado del

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desarrollo industrial científico y tecnológico. Ya no hay enemigos sino riesgos

y peligros ambientales (Beck, 2002). La principal manifestación de los daños que el hombre produce sobre el medio ambiente se ha concretado en la figura de la contaminación, que se define como “la introducción por el hombre de sustancias o energía en cual- quier sector del medio ambiente, susceptible de generar efectos nocivos” 5 . Desde esta expresión estamos todavía en la Ausgang, en el escape: debería suspenderse toda producción tecnológica, empezar de nuevo, esperar que el

no vuelva a peligrar, aguardando que en la repetición se irradie la diferencia a

la que queremos asistir y de la que queremos aprender.

Ante este despliegue de un ethos antropo-ético, ante tanta neutralidad en el trato con el mundo extrahumano, y ante tanta técnica vinculada al ámbito de la necesidad, de modo en que ‘lo ético que estaba referido al hombre con

su prójimo’. La moral kantiana distintiva en la universalización de la obra, “obra de tal modo que el principio de tu acción pueda ser plasmado como máxima universal”, debe traducirse, ahora, por una nueva fórmula “obra de modo que no se incida de ningún modo en la conversación del hombre con la naturaleza,

o que la acción fundamente una realidad compatible con la vida” (Jonas,1995:

28 6 ). La responsabilidad política es hacer que siga siendo posible una política futura. La preocupación es que lo sublime, sin medida, incalculable, en entendi- miento kantiano, cobre mayoría de edad. Respetar extremadamente lo sublime

con la libertad de criticarlo.

De la zoé al oikos. De Aristóteles a Agamben

Aristóteles establece una demarcación entre lo que se encuentra dentro y fuera de la Pólis. La zoé, el ambiente, la biósfera, el entorno, podríamos decir

hoy, es excluida de ella y recluida en el ámbito no-libre de él. La política surge precisamente a través de esta exclusión, ya que a partir de ella se da el paso hacia una vida cualificada que es caracterizada por la acción libre con miras al vivir bien. La división aristotélica de zoé y bíos, encuentra después su paralelo en la separación de las teorías contractualistas entre un ámbito pre-político

y uno político. Generalmente se deriva de este hecho que la existencia de la

5 Extraemos esta definición del artículo 1.4 de la convención sobre derechos del mar de 1982, ONU se define la contaminación del medio marino, que fue firmada en Montego Bay. Entra en vigor en 1994.

6 La obra de Jonas está hoy en el centro del debate ecológico. Jonas ha tenido una ‘fama póstuma’. En vida, lo obscureció un “optimismo tecnológico” muy propio del progresismo político. Jonas tuvo en vida tres tipos de impugnadores: los marxistas que creían en el principio utopía (Bloch), los utilitaristas que ven en la crisis ecológica sólo un momento pasajero pero que se arreglará con ´’más ciencia y, finalmente, los existencialistas que sólo consideraban importantes los problemas individuales y veían cualquier apelación a lo colectivo sólo el aspecto político (el famoso “compromiso”) pero desgajado de una consecuencia ecológica. Jonas no pudo ser comprendido porque marxistas, utilitaristas y existencialistas son producto de la sociedad industrial y él, en cambio, se siente fuera de esa tradición.

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política está determinada por la exclusión de la vida natural. Pero, además, aborda que esta concepción de la política está asociada, desde Aristóteles, a la idea misma de humanidad. En cierto sentido, lo propiamente humano sólo es tal en el ámbito de la esfera pública. La salida de la animalidad del estado preexistente al político permite el ingreso a una vida cualificada. 7 Vale de mucho el pensamiento de Agamben, por cuanto no busca mostrar un desplazamiento entre el clásico poder soberano y el biopoder, tal como lo hizo Foucault. Precisamente, el hecho de que la exceptio de la nuda vida sea el núcleo originario del poder soberano, implica que biopolítica y soberanía son inseparables. Siguiendo la idea de Karl Schmitt de que soberano es aquel que puede decretar el estado de excepción, Giorgio Agamben ha señalado que el estado de excepción se ha convertido en la condición permanente de la política actual. La teoría política clásica señala que uno de los orígenes del estado de excepción se encuentra en la figura romana del dictador, que ejercía poderes casi ilimitados durante un lapso que el senado considerara suficiente para superar el estado de necesidad o calamidad que motivaba la solicitud a un ciudadano notable para que asumiera tal magistratura. Otro límite impuesto a esa magis- tratura era que el dictador no podía modificar las leyes fundamentales, puesto que no ejercía un poder soberano originario sino uno delegado por el senado (Giorgio Agamben, 2003). Estos dos límites –lapso prefijado e imposibilidad de modificar la Constitución– son, junto con la inviolabilidad de los derechos humanos, características habituales de los actuales estados de excepción, de sitio o de conmoción, que están tutelados en la mayoría de las Constituciones democráticas del mundo. 8 Aristóteles, en su búsqueda del origen de la sociabilidad humana que lleva- rá como cumbre a la ciudad (polis), alude a su condición de unidad básica de subsistencia que se caracteriza por compartir el mismo alimento y vivir bajo el mismo techo. La pareja humana se diferencia de los animales en que no sólo se une para la procreación, sino también “para los demás fines de la vida” (Eth. Nic.,1161a16-29). Esta comunidad humana básica recibe en griego el nombre de oikia, palabra sin equivalente en castellano, y que ha sido normalmente traduci- da como ‘casa’, ‘hacienda’ o ‘familia’ y, por qué no, ‘ambiente’. Términos muy limitados, que apenas llegan a definir partes del concepto griego, sin alcanzar el significado de la acepción general de la palabra. El término era ya de por sí

7 Cuando se hacen referencias a la política de los griegos y aquella de los modernos, no se busca estable- cer igualdades borrando las particularidades de cada época. Es obvio que existe una marcada diferencia entre la manera como Aristóteles concibe la política y la ruptura que Hobbes realiza en los inicios de la modernidad, Hobbes, Thomas, Tratado sobre el ciudadano, Madrid, Ed. Trotta, 1999. Pero, para efectos de la argumentación, tenemos en cuenta que Agamben sostiene que ambas formas de concebir la política terminan por tener una base en común, en la medida en que se fundan sobre la exclusión de la vida natural

8 El Caso paradigmático en el estudio Agamben es la suspensión indefinida de la Constitución de Weimar por Hitler en el momento en que asumió la Cancillería. Hitler usó el estado de excepción permanente para legitimar una serie de medidas –entre ellas la llamada solución final de los campos de concentración- que acaso no hubiera podido ejecutar tan expeditamente sin los poderes plenos de la excepción, que lo liberaban de los límites impuestos en la política ordinaria por las garantías constitucionales.

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bastante amplio y ambiguo en griego. De este modo, podía ser utilizado para referirse a esta célula básica de la sociedad griega en su conjunto, pero tam- bién separadamente, dependiendo del contexto, en las diferentes acepciones que, como hemos indicado arriba, son traducibles al castellano. Es decir, que también puede designar sólo al espacio físico de la casa en una ocasión; en otra, a las propiedades; y en otras, a la familia. Arist., Pol., 1253b1-11; la casa de Aristóteles alude a la vivienda y las propiedades; la mujer, al germen de la familia; y el buey de labranza, a la agricultura como sustento básico y la mano de obra, aquí animal, otras veces esclava. El concepto de oikos se opone al de campo, como extremo antípodo. Campo de reconciliación, de reencuentro de la bíos con la zoé: Exceptio de la exceptio. Devenido nuda vida, el campo de concentración que nos espera. La doble excepción se marca en un hiper panoikismo, en el que todos tememos que el mínimo error desate el máximo horror ambiental. La relación de exclusión es verdaderamente una exceptio. Por eso, para mostrar que la vida siempre ha estado incluida en la política, Agamben se detiene en un análisis conceptual de la estructura de la excepción. La excepción soberana es “el dispositivo original

a través del cual el derecho se refiere a la vida y la incluye dentro de sí por me- dio de la propia suspensión” (Agamben, 2004: 24). Esto se observa claramente en uno de los usos del paradigma del ‘campo de concentración’. El campo de concentración es un fenómeno histórico singular, aplicado por Agamben como una radicalización de la biopolítica que siempre ha estado en el centro de la soberanía. El concepto de ‘campo’ puede ser entendido a partir de las categorías que están a la base de la fundación de la política occidental, porque él es el riesgo extremo de seguir pensando una política que esté fundada en la excepción de la nuda vida. El humanismo amansador y domesticador marcha como el “poder subrepticio del antropotecnicismo. El desafío actual sería por lo tanto tratar de encontrar una clausura a estas antropotécnicas biopolíticas. Cuando la excepción [el estado de excepción] se convierte en regla se genera el “campo de concentración” –o los variados tipos de dictaduras– (Agamben, 2003), el espacio en el cual se reúnen lo que desde Aristóteles permanecía se-

parado: la vida biológica de los individuos, zoé, y su vida política, bíos. El ’campo’ crea nuda vida, algo que no es ni vida ni muerte, una vida que ya no es la vida del resto de los mortales pero que todavía no es muerte. Esta nuda vida es la verdadera condición terrible de la política moderna. El hombre no es, ni ha de ser o realizar ninguna esencia, ninguna vocación histórica o espiritual, ningún destino biológico. El estado de excepción se ha convertido en la condición permanente de la política actual. El medioambiente debe ser reordenado, en cuanto estado de excepción respecto al cuidado de la interrelación del hombre con su entorno en virtud

a su futuro sostenible y a su pasado memorable, lo cual abre la puerta de lo

mantenible, como hipokéimenos, sostén ligado al futuro sostenible y articulado al pasado. El medioambiente yace en excepción, especialmente el reciente pasado

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tecnológico, envuelto en un error interpretativo: una naturaleza indomable y

una humanidad salvaje, a las que había que detener y controlar: el agua, el fue- go, los volcanes, la tierra, pueden hacer feliz al hombre que entiende la lucha

y la necesidad de mayor progreso como de mayor amistad. Colón se asombra

ante la presencia de caníbales en el Nuevo Mundo. En aquel momento se soñaba con seres maravillosos y mundos mejores. Primero la palabra y luego la realidad para generar un mito. Sucede como si la realidad abriera un aura que hay que alcanzar para descubrirla: “First the Word, then the object. It was in this inmutable order that the columbia legend that de legend of the canibal was trasmitted and orghestated” (Lestrinant Frank, 1997: 33) 9 . Se puede interrogar al presente para intentar descifrar en él los signos anunciadores de un acontecimiento próximo. Ahí se da el principio de cierta hermenéutica histórica de la que Agustín podría ofrecer un ejemplo. Se puede igualmente analizar el presente como un punto de transición hacia la aurora de un mundo nuevo 10 . Se puede replantear la Aufklärung a la manera kantiana, desde un pan-oikismo casi de un modo completamente negativo, como una Ausgang, “desenlace ines- perable”. No es el punto en que se puede hablar desde la libertad que nos legan Newton y Rousseau sin necesidad de oponernos a pagar nuestros impuestos. En sus otros textos sobre la historia, lo que sucede es que Kant plantea cuestiones

de origen o define la finalidad interior de un proceso histórico. En el texto sobre

la Aufklärung, la cuestión concierne a la pura actualidad. No busca comprender

el presente a partir de un acabamiento futuro, busca una diferencia (Foucault, 1999-20). El desenlace inesperado concierne a la actitud a tomar frente a la ruptura de la vida, al campo de concentración universal que sospechamos.

Precaución ante la excepción oikos-política

La preocupación ambiental es “deudora del fermento filosófico que puso en crisis los valores de la sociedad de consumo y que tuvo su capítulo más destacado en la llamada “revolución de mayo” francesa de 1968. En los años siguientes, la alarma lanzada por los científicos propició el nacimiento de un nuevo pensamiento ecológico o “verde”, al que siguió una movilización ciudadana” (Ruiz, 2010). A partir de ese momento la Organización de Naciones Unidas (ONU) promovió

9 T. del A. Arrinconar la nuda vida fue llevar la fantasía europea a América, acercando en otro horror interpretativo, al hombre inhumano, vuelto animal, como los caníbales, -nombre inventado por Colón para referir antropófagos que comían a sus enemigos, reuniendo la palabra “Caribo”, con el cual eran conocidos en Meso-américa, con la aguda fantasía y sabiduría de Plinio, que decía que había hombres con cabeza de perros (can) que eran feroces comedores de carne. De ahí “can-ibal”. 10 Esto es lo que describe Vico en el último capítulo De Los Principios De Una Ciencia Nueva En torno a la naturaleza común de las naciones: “expandirse la más completa civilización entre los pueblos sometidos en su mayoría a algunos grandes monarcas”, y también “Europa radiante por una incomparable civilización”, en la que finalmente abundan “todos los bienes que componen la felicidad de la vida humana”.

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