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el desierto

prodigioso
y prodigio
del desierto:
textos reunidos

PEDRO DE
SOLÍS Y
VALENZUELA
el desierto
prodigioso
y prodigio
del desierto:
textos reunidos

Pedro de
Solís y Valenzuela

María Piedad Quevedo (Comp.)


Catalogación en la publicación – Biblioteca Nacional de Colombia

Solís y Valenzuela, Pedro de, 1624-1711


El desierto prodigioso y prodigio del desierto [recurso electrónico] : textos
reunidos / Pedro de Solís y Valenzuela ; [presentación, María Piedad Quevedo].
-- 1a. ed. -- Bogotá : Ministerio de Cultura : Biblioteca Nacional de Colombia,
2015.
1 recurso en línea : archivo Pdf (476 páginas). – (Biblioteca básica de cultura
colombiana. Literatura / Biblioteca Nacional de Colombia)

ISBN 978-958-8827-60-5

1. Novela colombiana - Siglo XVII I. Quevedo, María Piedad, aui. II. Título
III. Serie

CDD: Co863.1 ed. 23 CO-BoBN– a975269


Mariana Garcés Córdoba
ministra de cultura

María Claudia López Sorzano


viceministra de cultura

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editora de contenidos digitales diseño gráfico y editorial

Paola Caballero ISBN:


apropiación patrimonial 978-958-8827-60-5
Bogotá D. C., diciembre de 2015

Primera edición: Ministerio de Cultura, Biblioteca


Nacional de Colombia, 2015

Presentación y compilación:
© María Piedad Quevedo

Licencia Creative Commons:


Atribución-NoComercial-Compartirigual,
2.5 Colombia. Se puede consultar en:
https://creativecommons.org/licenses/by-nc-
sa/2.5/co/
índice
Presentación7
§§
Explicación del laberinto
§§ 21

El desierto prodigioso y
prodigio de el desierto

Mansión i
§§ 29
Mansión ii
§§ 61
Mansión iii
§§ 87
Mansión iiii
§§ 99
Mansión v
§§ 125
Mansión vi
§§ 141
Mansión vii
§§ 179
Mansión viii
§§ 191
Mansión ix
§§ 221
Mansión x
§§ 243
Mansión xi
§§ 257
Mansión xii
§§ 285
Mansión xviii
§§ 287
Mansión xviiii
§§ 297
Mansión xx
§§ 331
Mansión xxi
§§ 389
Frontispicio y comienzo de
El desierto prodigioso, Manuscrito Mansión xxii
§§ 447
de Yerbabuena
§§ Presentación

E
scrito en la segunda mitad del siglo xvii, con una laguna de
cien folios, posiblemente inconcluso, con dos redacciones
conocidas y al parecer con un tercer manuscrito perdido,
El desierto prodigioso y prodigio del desierto del neogranadino Pedro de
Solís y Valenzuela es un texto que se resiste a la estabilidad. Si bien
desconocemos los avatares que llevaron al Manuscrito de Madrid a las
manos del religioso que lo vendió al coleccionista Lázaro Galdiano
en el siglo xx —aunque en parte lo podemos suponer—, la falta
de noticias sobre su existencia por casi trescientos años convirtió
en un evento significativo la nota que de su hallazgo hizo en 1963
el canónigo Baltasar Cuartero y Huerta en España.
Los estudiosos Jorge Páramo Pomareda, Rubén Páez Patiño
y Manuel Briceño Jáuregui s. j., prepararon una edición del
Manuscrito de Madrid entre los años 1977 y 1984, a la que se
sumó la publicación del Estudio histórico-crítico del mismo Bri-
ceño en 1983 y la edición del Manuscrito de Yerbabuena, hallado
en Medellín por esos mismos años e impreso en 1985. En ese
mismo periodo, el profesor Héctor H. Orjuela (1984) preparó
una edición de los materiales del Manuscrito de Madrid que, en

–7–
Presentación

su criterio, formaban una secuencia narrativa que podría reco-


nocerse como la primera novela hispanoamericana1.
Si bien esta operación puede entenderse dentro de un con-
texto crítico latinoamericano de inscripción del corpus colonial
en categorías que probaran la «modernidad» de la literatura lati-
noamericana, la selección realizada por el profesor Orjuela difi-
culta una aproximación a la complejidad discursiva de El desierto
prodigioso… y, en esa medida, a sus particularidades históricas2. Si
reconocemos en los géneros literarios no cajones estancos sino
formas históricas de sensibilidad, la numerosidad de registros que

1
Otros intentos habían reconocido en el Periquillo sarniento de Fernández
de Lizardi (1816) la primera novela hispanoamericana, que luego se
corrió casi doscientos años atrás para darle ese título a los Sirgueros de la
virgen de Francisco Bramón (1620), intento que Orjuela corre unos años
más hacia adelante con El desierto prodigioso y prodigio del desierto (1650 ca.)
de Solís y Valenzuela. Estos intentos revelan ansiedades políticas, epis-
temológicas y estéticas en relación con las particularidades discursivas
del corpus colonial y la necesidad de hacerlo inteligible dentro de los
criterios literarios de los años setenta y ochenta del siglo xx.
2
Valga decir que para el profesor Orjuela, el eje novelesco de El desierto
prodigioso… es la historia de Arsenio el ermitaño. Probablemente desde
una revisión del género podríamos darle la razón, en tanto Arsenio es
el personaje que con más propiedad puede llamarse tal en el texto de
Solís: tiene la mayor hondura psicológica y es de quien más conocemos
datos de su vida. Sin embargo, la misma naturaleza del texto nos obliga
a poner menos énfasis en Arsenio y más en los cuatro amigos que se
encuentran con él y que son naturales del Nuevo Mundo. Quizá el per-
sonaje que nos ofrece más interés por sus contradicciones —si bien no
notadas hasta ahora por la crítica— sea el de don Fernando, proyección
ficcional de Fernando Fernández de Valenzuela o Bruno de Solís.

–8–
Presentación

Solís pone a convivir en El desierto prodigioso… nos habla más que


de un posible alarde de erudición, y nos ofrece una indagación
extensa sobre cómo la poesía podía redistribuir participaciones
políticas, significados y subjetividades, cómo articulaba una ver-
dad alternativa sobre los sujetos del imperio3.
Así mismo, desde 1963 con el trabajo de Cuartero y Huerta
se dio inicio a cierta inestabilidad en la identificación del autor
del texto. Cuartero afirmó ser fray Bruno de Solís, monje car-
tujo natural de Santa Fe, conocido en el siglo como Fernando
Fernández de Valenzuela, hermano mayor de Pedro de Solís.
Luego, los estudiosos del Instituto Caro y Cuervo, Páramo
y Páez, concluyeron, al preparar la edición del Manuscrito de
Madrid, que el autor no era Fernando sino Pedro de Solís, afir-
mación que ha sido reproducida en los textos críticos sobre El
desierto… Sin embargo, una mirada cuidadosa a los planteamien-
tos del texto en cuanto a la autoría de los materiales poéticos,
que juega con la práctica de la imitatio4, en relación también con

3
El desierto prodigioso y prodigio del desierto está compuesto en su primera
redacción, conocida como Manuscrito de Madrid, por prosa, hagiografía,
meditaciones, sonetos, letrillas, romances, comedias, autos sacramen-
tales, décimas, registros pastoriles, romances bizantinos, entre otros.
La segunda redacción, o Manuscrito de Yerbabuena, contiene sólo las tres
primeras mansiones, con un contenido diferente al de la primera redac-
ción, e incluye —además de prosa y diversos registros poéticos— imá-
genes de emblemas y estampas.
4
La imitatio era una práctica necesarísima para todo aquel que quisiese
ser reconocido como poeta. Contrario a lo que se suele afirmar del
corpus colonial como dependiente y poco original, la imitatio era una
práctica extendida en la península como condición ineludible para
aprehender a los grandes modelos poéticos y llevarlos más allá.

–9–
Presentación

los intercambios poéticos que hacen los personajes a lo largo del


texto y, finalmente, con las claves que tanto El desierto… como
los otros trabajos que conocemos bajo la rúbrica de Pedro de
Solís5, nos dan una noción un poco distinta de lo que los mis-
mos hermanos Valenzuela posiblemente estaban entendiendo
y practicando como «autor». Así, El desierto… nos propone una
escritura colectiva, colaborativa, donde al menos dos sujetos

5
Bajo el nombre de Pedro de Solís y Valenzuela conocemos los traba-
jos Epítome breve de la vida del Ilustrissimo Dotor Don Bernardino de Almansa
(Lima 1646, Madrid 1647); el Panegyrico sagrado en alabanza del Serafín
de las Soledades San Bruno (Lima 1646, Madrid 1647); la Fenix Cartuxana
(Madrid 1647). Así mismo, en estos trabajos enumera otras obras suyas
como Retórica cristiana, Asombros de la muerte y El despertador de la vida. De
haberse concretado, están hoy perdidos. Como suyo aparece citado El
panal de Sansón —al igual que los títulos anteriores— en el prólogo al
Panegyrico sagrado, y en la Mansión xxii de El desierto se nombra como
escrito en prosa por Fray Bruno bajo el nombre de «Soliloquio a
Christo Señor Nuestro en la Cruz» y volcado a verso por su padre en
el desierto de Guaduas, según el texto. En el Manuscrito de Yerbabuena,
Solís lo inserta en la primera mansión. Impresa es también la obra Víc-
tor y festivo parabién y aplavso gratvlatorio a la emperatriz de los Cielos, Reyna
de los Angeles María Santíssima Señora Nuestra, en la Victoria de su purissima
Concepción, sin lugar ni fecha de impresión, y sin el nombre del autor
en la portada, señalando en el título «Escriviolas vn Sacerdote natural
de la muy Noble, y Leal Ciudad de Santa Fé de Bogotá, cuyo nombre
va en las mismas». En los versos señalados se explicitan los apellidos
del autor, Solís y Valenzuela, pero no su nombre. Finalmente, en El
desierto prodigioso…, Solís anuncia una segunda parte de El desierto…,
que contaría la historia del templo y la devoción a la Virgen de Chi-
quinquirá, que —según él— patrocinaría esa segunda parte, hasta hoy
desconocida, por lo que se cree que nunca se escribió.

– 10 –
Presentación

participan de la construcción discursiva y de la intervención


en los discursos dominantes. Esta noción es importante, ade-
más, porque El desierto prodigioso… defiende también una noción
de grupo social de la que no debemos olvidarnos: es un texto
que favorece los privilegios de los criollos de Santa Fe y que
se manifiesta a favor de la espiritualidad descalza de la orden
agustina, que en el momento de factura del texto estaba siendo
atacada por la facción calzada, en una disputa que reproduce
la de españoles peninsulares y americanos por el gobierno en
el Nuevo Mundo.
Así, más que identificar a una persona histórica llamada
Pedro de Solís y Valenzuela como el autor de El desierto prodi-
gioso…, propongo reconocer en este nombre una función del
texto que nos entrega un proyecto poético y político de redis-
tribución de privilegios, participaciones y subjetividades en el
Nuevo Reino de Granada, donde el dominio de la razón dis-
cursiva se muestra como la prueba máxima de autonomía polí-
tica y de capacidad de gobierno.
Y es que la legitimación política y cultural fue un tema que
los grupos nacidos en América tuvieron que asumir ya avanzada
la colonización. Era extendido el prejuicio sobre la degeneración
del clima del Nuevo Mundo y, por consiguiente, de los sujetos
que nacían y se criaban en él. Muchos españoles que vivían en
América, ya fuese como representantes de la corona, en labo-
res religiosas o dedicados a trabajos intelectuales, consideraban
que los nacidos en estas tierras eran inferiores física, espiritual,
intelectual y políticamente; esta consideración se respaldaba en
numerosos textos que reproducían el prejuicio y legitimaban
formas de gobierno colonial. En efecto, los criollos eran vistos

– 11 –
Presentación

con sospecha por las autoridades españolas, que los considera-


ban inclinados a la traición, perezosos, de entendimiento infe-
rior, poco piadosos. En el caso del Nuevo Reino de Granada
era conocida la desconfianza que los religiosos españoles sen-
tían por los criollos de sus respectivas órdenes, y en no pocas
ocasiones hubo enfrentamientos para decidir si confiarles o no
puestos de cierta autoridad, e incluso apoyar su permanencia
dentro de las órdenes.
En esa línea, El desierto prodigioso… busca intervenir esas
representaciones sociales de los españoles americanos, al desa-
rrollar una actitud interrogativa sobre los discursos y las formas
de escritura provenientes de la metrópoli, que en sus declara-
ciones de verdad y autoridad se muestran insuficientes en los
contextos coloniales. Estos sujetos, más que necesariamente
descender de españoles y haber nacido en América, pue-
den ser llamados criollos por su actitud elitista que asocia su
vínculo americano con el conocimiento y el dominio de la razón
discursiva. En ella, el dominio de los territorios poéticos —sus
apropiaciones, imitaciones, variaciones, desafíos, socavamien-
tos— debe entenderse como una proyección simbólica sobre
el dominio de los territorios del Nuevo Reino, en una realiza-
ción novomundial del ideal humanista del poeta como civili-
zador y consejero del rey.
Así, al tiempo que el texto descorre la apariencia de verdad
de varios discursos, se pregunta por las relaciones entre histo-
ria y ficción, realidad y representación, ser y parecer. En esa
misma lógica, es ambiguo y contradictorio: a las declaraciones
sobre la dedicación de la poesía sólo a cuestiones religiosas le
siguen piezas poéticas e imitaciones de poesía profana,

– 12 –
Presentación

celebraciones del concepto, «fábricas ingeniosas». A la eleva-


ción de modelos de vida religiosa se contrapone la construcción
de un modelo de vida letrada.
Esta contradicción no debería generarnos ansiedad. El
desierto… sigue de cerca, y lo declara en varios momentos,
el Tratado de la agudeza y arte de ingenio del jesuita Baltasar Gra-
cián (1648). Esta preceptiva, que desde la península debe
ser entendida como un testamento poético de la generación
barroca siguiendo los planteamientos de Aurora Egido, en
el caso del proyecto de Solís fungió como un punto de con-
vergencia de la ampliación de una práctica poética y de
reconstitución de esta como emblema de virtudes políticas.
El mismo Gracián elogia la variedad como uno de los ele-
mentos esenciales de la labor del poeta:

[…] Que no todo ha de ser profano ni todo sacro; la pru-


dente variedad es más gustosa, como más hermosa; no hace
la sabia naturaleza sus obras homogéneas; no todo el hombre
es sesos, ni ojos y nervios; y quieren algunos escritores que
todos sus discursos sean unívocos, enfadando con su unítona
agudeza (xxxiii).

Este acento en la variedad buscaba enfatizar el deleite que


debía producir la poesía, moviéndose del enseñar exigido por
la retórica clásica. Pero también debe verse como una postura
frente a las exigencias de una institucionalidad religiosa, que
condenaba la ficción porque desviaba el pensamiento de Dios,
y como una acción de alejar el terreno poético de las incursio-
nes prescriptivas de la fe. Este mismo movimiento está presente

– 13 –
Presentación

en El desierto…, cuyos personajes vacilan entre la fidelidad a la


religión y el retiro del mundo y la entrega absoluta a la com-
posición poética.
En el texto neogranadino, la escritura se desdobla y toma la
forma de un enigma: cifra, laberinto, emblema, desierto… Con
la imagen de un cazador siguiendo a su presa y que al final de la
persecución es cazado por ella, Solís y Valenzuela nos intro-
duce en la ficción espiritual de El desierto prodigioso y prodigio del
desierto. A partir de esta imagen, el texto ilustra el paso de un
modo de vida profano a uno espiritual, pero también el paso
de un mundo caracterizado por la certeza de lo conocido a
uno marcado por la incertidumbre y el relativismo, donde
los registros discursivos se suceden mostrando su historicidad
—va de una alusión cortesana al elogio de la vida retirada,
del declive de ciertas formas literarias al auge de otras—, y
apuntando a sus posibilidades y limitaciones de enunciación
del sentimiento, de la experiencia, de la realidad. El cazador,
aludido como un joven gallardo, confiado y valeroso, es guiado
por la presa a lo largo de un camino laberíntico, al final del
cual encuentra una cueva en cuya entrada lee una inscrip-
ción que le advierte en forma de enigma sobre el mundo que
está a punto de descubrir: habiéndose perdido se ha encon-
trado, nos dice Solís.

Caminando con passo presuroso


por estas soledades, peregrino,
¿a dónde vas? Herrado as el camino,
mas tu yerro será acierto dichoso.

– 14 –
Presentación

No podemos ignorar las referencias que la inscripción de la


cueva6 nos da de uno de los poemas más importantes del siglo
xvii español, las Soledades de Góngora, una de cuyas particulari-
dades es la resignificación de la figura del peregrino, que antes
era identificado con alguien que sabía muy bien para dónde
iba —su destino era los lugares santos— y que después de las
Soledades es un sujeto errante, desarraigado, desplazado, dolo-
rido, descaminado… No habría que olvidar tampoco la forma
en que el historiador David Brading ha analizado la figura del
criollo como un «peregrino en su patria», usando el título de
la famosa comedia de Lope de Vega.
La crítica de El desierto prodigioso… no ha abordado estas rela-
ciones con la poesía gongorina, y ha tomado de modo literal las
afirmaciones del texto en que critica los empeños poéticos que
no se dirigen a la perfección espiritual. Tendremos que suspender
esas certezas, para reconocer las ambigüedades y los juegos que
nos propone un texto, que desde su título se declara artificioso y
volcado sobre sí mismo, espejo de sus propias contradicciones
y de las de su tiempo. Un texto que reclama permanentemente
la participación de sus lectores7 para construir sus sentidos
—siempre parciales—, que concibe la poesía como un espacio
discursivo de intervención constante y de autonomización de los
sujetos que la ejercen, y que al mismo tiempo la muestra insu-
ficiente para comunicar la experiencia y las ansiedades de los

6
Como tampoco el papel simbólico de las cuevas en otros textos del
siglo xvii, novomundiales y metropolitanos.
7
Y oidores, pues en las jornadas poéticas escuchar es tan importante o
más que dictar poesía.

– 15 –
Presentación

sujetos coloniales. Solís parece decirnos que la historia no está


terminada, sino que se encuentra en un continuo hacer a tra-
vés de la producción discursiva de autores, personajes y lectores.
Finalmente, ¿qué nos interpela hoy de El desierto prodigioso y
prodigio del desierto? En primer lugar, el texto nos lega una inda-
gación —tan vigente en el siglo xvii neogranadino como hoy—
sobre el lugar social del poeta y de la poesía y, por extensión, de la
literatura. Nos plantea preguntas sobre los propósitos de trabajar
con los discursos, con la producción de significación del mundo
y de la experiencia; nos ratifica que los usos del lenguaje no son
transparentes y que pueden operar como un reordenamiento de
los lugares sociales, como una posibilidad de correr más allá las
fronteras de lo pensable y lo decible —pero también como una
oportunidad de construir y retener el acceso a ciertos privilegios,
de reproducir desigualdades—. En este mismo momento global de
atroces crisis de fronteras, abrir sus páginas y constatar su diver-
sidad discursiva y su interés por indagar y relativizar las posibili-
dades comunicativas de los registros dominantes de su época, nos
alienta a pensar nuevas parcelas de realidad donde la convivencia
de los más variados individuos sea no sólo pensable sino realiza-
ble a través del ejercicio responsable de las capacidades humanas.

– 16 –
Presentación

§§ Criterios de esta selección


Es hidra bocal una dicción, que a más de su directa
significación, si la cortan o la trastruecan, de cada sílaba
renace una prontitud, y de cada acento un concepto.
Baltasar Gracián, Arte de ingenio, Tratado de la agudeza, xxiiii.

No ha sido una tarea fácil pensar en una selección de materiales


de un texto tan rico y complejo como El desierto prodigioso… Sin
embargo, pretendemos seguir cierta lógica del texto en cuanto a
su declarado entusiasmo por la Agudeza de Gracián y a los avatares
que el mismo texto ha sufrido en su propia materialidad —redac-
ciones diferentes, encuadernaciones, lagunas, estado inconcluso—.
Se ha preferido mantener la ortografía de la época como
una manera de que el lector actual se acerque históricamente
al castellano colonial, y se han agregado algunas notas a pie
de página que pretenden enriquecer la lectura.
Si bien es un texto que usa la técnica narrativa de la inter-
calación, no es posible insertar aquí todas las instancias en que
se hace uso de esta; se ha pretendido que los lectores contem-
poráneos accedan a cierta parte de la multiplicidad discursiva
del texto, desde donde sea posible identificar, por ejemplo, la
dinámica entre la prosa y la poesía —la primera como instan-
cia introductoria de la segunda o como indagación extensa de
problemáticas como la oficialidad, la verdad, imitación e inter-
textualidad; la segunda como cifra de la primera, como con-
firmación o como contradicción de la prosa—.
Los recortes del texto esperan abrir caminos para la dise-
minación de sus sentidos, jugando con su condición inconclusa
e indefinida, de manera que la celebración de la poesía y el

– 17 –
Presentación

reconocimiento de sus límites sean un espacio de indagación


para nosotros hoy sobre los límites de los lenguajes con que nos
referimos al mundo, con los que pretendemos significar nues-
tra experiencia, y nos motiven a encontrar nuevos usos de las
palabras y nuevas articulaciones que nos permitan construir
territorios habitables para la vida.

María Piedad Quevedo

§§ Referencias bibliográficas
Brading, David. 1991. Orbe indiano. De la monarquía católica a la República crio-
lla 1492-1867. México: Fondo de Cultura Económica.

Egido, Aurora. 1990. Fronteras de la poesía en el barroco. Barcelona: Crítica.

Gracián, Baltasar. 1998. Arte de ingenio, tratado de la agudeza. Madrid: Cátedra.

Gracián, Lorenzo. 1669. Agudeza y arte de ingenio. Amberes: en casa de


Geronymo y Iuanbaut. Verdussen.

Mazzotti, José Antonio. 2000. «Introducción». José Antonio Mazzotti


(ed.). Agencias criollas. La ambigüedad «colonial» en las letras hispanoamerica-
nas. Pittsburgh: iili/Universidad de Pittsburgh.

Orjuela, Héctor H. 1984. El desierto prodigioso y prodigio del desierto, de Pedro de


Solís y Valenzuela, primera novela hispanoamericana. Bogotá: Instituto Caro
y Cuervo.

Quevedo Alvarado, María Piedad. 2014. Epistemología criolla, práctica poé-


tica y soberanía simbólica en el Nuevo Reino de Granada: El desierto prodigioso

– 18 –
Presentación

y prodigio del desierto de Pedro de Solís y Valenzuela. Disertación doctoral,


Universidad de Harvard.

Solís y Valenzuela, Pedro de. 1977. El desierto prodigioso y prodigio del desierto.
Bogotá: Instituto Caro y Cuervo. Tomo 1.

________. 1984. El desierto prodigioso y prodigio del desierto. Bogotá: Instituto


Caro y Cuervo. Tomo 2.

– 19 –
Q vat ro l e t r a s n o rt e s o n
Y z e n t ro d e l l a b e r i n t o .
D a c a da qva l c o n d i s t i n t o
A su esfera reflección.
§§ Explicación del laberinto

E
n la página anterior hemos impreso, imitando su dis-
posición y forma, el laberinto que aparece en el folio 5
recto del manuscrito de Madrid. Además, para satisfa-
cer la eventual curiosidad del lector, ofrecemos una reproduc-
ción facsimilar del mencionado folio.
Según se infiere de la leyenda que aparece en la parte
superior, el laberinto es obra de P. D. B. V. y está dedicado
“al autor”. Creemos que las iniciales P. D. B. V. corresponden
al P[adre] D[om] B[runo] V[alenzuela], hermano y colabo-
rador de Pedro de Solís y Valenzuela, a cuyo ingenio y pluma
debemos El desierto prodigioso. En efecto, entre los amigos y
allegados literarios de Pedro de Solís no conocemos ninguno,
fuera de su hermano, a quien puedan pertenecer las mencio-
nadas iniciales. Por otra parte, aunque Padre Dom Bruno Valen-
zuela no es, por ahora, forma atestiguada en otro documento
del nombre del famoso cartujo, la relativa libertad con que, en
la época de los Solís y Valenzuela, una persona podía combi-
nar sus nombres y apellidos, nos da vía libre para aceptar la
interpretación que hemos escogido, sin más restricciones que

– 21 –
Pedro de Solís y Valenzuela

las que impone la verosimilitud. Como ilustración de lo dicho,


recuérdese que nuestro personaje, hijo de Pedro Fernández de
Valenzuela y Juana Vásquez de Solís, se llamó Fernando Fer-
nández de Valenzuela, pero, después de hecho cartujo, Bruno
de Solís y Valenzuela. El Fúnebre panegírico en la muerte de Pedro
Fernández de Valenzuela, «escribiólo —como reza la portada—
su hijo el P. D. Bruno de Solís y Valenzuela» y está dedicado a
sus hermanas y «al bachiller D. Pedro de Solís y Valenzuela…
su hermano…». No obstante esto último, en el laberinto se le
llama Don Pedro de Valenzuela.
La redondilla puesta al pie del laberinto da la clave para
su lectura. Las cuatro letras situadas en la mitad: D, S, N, Q ,
son norte para el lector y centro del laberinto. Cada una da
sentido —«reflexión»— a su esfera, o sea, el cuadrado que
le queda enfrente, y esto «con distinto», es decir, instinto, en
su sentido de ‘inspiración’ (cf. Diccionario de autoridades, s. v.).
Las salidas del laberinto, que son cuatro, están situadas en
el ángulo del correspondiente cuadrado, opuesto a cada una
de las letras centrales. Los caminos solución son siempre una
secuencia cualquiera de filas y columnas (nunca de diago-
nales) contenidas en cada uno de los cuatro cuadrados que
componen el laberinto, y orientada, por supuesto, hacia el
ángulo de salida. Cada camino solución, que parte de una
letra central, pasa por una serie de otras letras, las cuales,
junto con la central, forman un verso octosílabo de sentido
completo. Partiendo cada vez de una letra central, en este
orden: D, S, N, Q , y recorriendo un camino en el cuadrado
correspondiente, se obtiene la siguiente cuartilla, solución
total del laberinto:

– 22 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Don Pedro de Valenzuela,


sois Apolo y sin segundo,
nuebo Parnasso fecundo
que con veloz fama buela.

El número de soluciones para cada cuadrado es 48.620


y el número total de soluciones del laberinto 48.6204. De esa
enorme cantidad de soluciones, o caminos solución, vamos a
dar aquí, a manera de ejemplo, solamente tres: a) Léase, como
punto de partida, la letra central D y continúese leyendo, en el
primer cuadrado, de abajo a arriba, las letras de la columna del
extremo derecho: d onpedrodev. Ahora léanse, de derecha a
izquierda, las letras de la fila superior: alenzuela. Resultado:
donpedrodevalenzuela. b) A partir de la D central, sígase
ahora, de derecha a izquierda, por la fila del extremo inferior
del primer cuadrado: d onpedrodev. Luego sígase, de abajo
a arriba, por la primera columna del mismo cuadrado: alen-
zuela. Resultado: donpedrodevalenzuela. c) A partir de la D
central, sígase, como último ejemplo, de derecha a izquierda
por la última fila del primer cuadrado hasta la letra P: d onp.
Recórrase ahora hacia arriba la columna en que está esta P
hasta llegar a la segunda D: edrod. Sígase por esta fila, de dere-
cha a izquierda, hasta la letra L: eval. Sígase por la columna,
de abajo a arriba, hasta el extremo superior: enzu. Recórrase,
finalmente, de derecha a izquierda, o sea hacia el ángulo de
salida, lo que resta de la fila del extremo superior: ela. Léanse
ahora, en su orden, los segmentos obtenidos (d, onp, edrod,
eval, enzu y ela) y se obtendrá de nuevo la solución: donpe-
drodevalenzuela. Procédase de manera semejante en cada

– 23 –
Pedro de Solís y Valenzuela

cuadrado siguiente y se hallará la cuartilla dedicada por el


Padre Dom Bruno Valenzuela a su hermano Pedro de Valen-
zuela, autor de El desierto prodigioso.
Los laberintos literarios, en verso o en prosa, han sido desde
la Edad Media (cf., para la poesía en latín de esta época y el
Renacimiento, Gr. Martínez Cabello, C. M. F., De artis poeti-
cae latinae principiis libri tres, Matriti, Editorial Coculsa, 1945,
pág. 279) hasta nuestros días (poesía concreta, logogrifos, afi-
ches publicitarios, etcétera) un recurso, de uso más o menos
frecuente, mediante el cual se dota al significante lineal de un
texto de una o varias dimensiones adicionales, con lo que se
consigue comunicar a dicho significante un carácter críptico,
ingenioso, o simplemente inusitado, que llama la atención del
lector y lo obliga a detenerse en él. Al laberinto literario espa-
ñol dedicó todo un capítulo Juan Díaz Rengifo en su Arte poé-
tica española, impresa por primera vez en Salamanca, en 1592.
De este libro, muy consultado en el pasado, se hicieron varias
ediciones hasta la segunda mitad del siglo xviii, y el Dicciona-
rio de autoridades tomó de él su definición de laberinto literario:
«Cierto género de versos u dicciones, ordenadas y regladas con
tal disposición que se puedan leer de muchos modos, y, por
cualquiera parte que se eche, se halla paso para la copla, siem-
pre con consonancia, sentencia y sentido perfecto. Hácense de
diferentes figuras, según el capricho de quien los compone».
Una clase afín de juegos gráficos y literarios son los jero-
glíficos, con palabras o sin ellas (estos últimos llamados mudos),
a que también fueron aficionados los Solís y Valenzuela. Don
Fernando tuvo en su biblioteca la Monarchía mystica de la Iglesia,
hecha de hyeroglíficos sacados de humanas y divinas letras. Compuesta

– 24 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

por el Padre F. Lorenzo de Zamora… monge Cisterciense…


Trátase de las personas eminentes que en la Iglesia ha habido…
Séptima parte. En Lisboa. Impreso por Pedro Crasbeeck, año
1606. El ejemplar firmado por D. Ferdo Fz. de Valenzuela se
conserva hoy en la biblioteca del Monasterio El Desierto de la
Candelaria de los Padres Agustinos Recoletos (Ráquira, Boyacá).
De Pedro de Solís y Valenzuela ha quedado un Hieroglýfico
mudo a S. Bruno, Patriarca cartuxano, que reproducimos y comen-
tamos en nuestra Introducción. [J. P. P.].

– 25 –
El desierto prodigioso y
prodigio de el desierto
§§ Mansión primera

E
n animado rayo, en veloz bruto, hijo del viento BóreasI, 1

de Dárdano1 en las yeguas engendrado, cuias azeradas


2

plantas, no molestas huellas eran, brebes estampas2 sí 3

a la arena, penetrava presuroso lo enhetrado3 de vna selva vn 4

animoso joben siguiendo a un cieruo, a quien sus irlandeses

I
Poscit equos gaudetque tuens ante ora frementes […]. Qui candore nives anteirent,
cursibus auras. Sic Virgil., Lib. 12 A[e]neid. [vv. 84, 86. El Bóreas es, para
los antiguos griegos y romanos, el viento del Norte].
1
En la mitología griega, Dárdano es hijo de Zeus y de Electra de Arca-
dia. Es el fundador de la ciudad de Dardania, en la Tróade, y uno de
los ascendientes de la raza real de Troya.
2
Estampa: «también la huella que dexa hecha o figurada en la tierra la
planta del pie» (Diccionario de autoridades, s. v.).
3
Enhetrar: «revolver, enmarañar y confundir de modo el cabello que
difícilmente se pueda desenredar y peinar». De donde el participio
enhetrado tiene el sentido de «enmarañado, confuso, revuelto» (Diccio-
nario de autoridades, s. v.).

– 29 –
Pedro de Solís y Valenzuela

pachanes4 y ventores5 llebaban ya venzido; quando en vn vis-


5 6

toso, aunque pequeño monte que era, o berruga de la tierra, o


lunar que deleytosamente la adorna y compone, halló asylo en
vna cavernosa gruta o güeco aposento, cuia lobreguez y estre-
chura atemorizó a sus enemigos, que en confussas vozes indi-
ciaron6 a su dueño dónde se ocultaba. El joben valeroso, nada
7

tímido o cobarde, de vn lijero salto occupó7 la tierra, y attando 8

el bruto a las ojosas ramas de vn silvestre leño, enbrazando el


bicorte8 venablo, al entrar en aquella güeca tumba, o rotura de
9

la tierra (propia habitación, al parezer, de algún sátyro o fauno)9, 10

4
Posiblemente haya un error en la escritura, y deba leerse pachones. El
pachón es una casta de perro que se diferencia del perdiguero en tener
las piernas cortas y el pelo oscuro, y es utilizado «para confirmar la
presencia de la caza, especialmente la del ciervo» (Enciclopedia universal
ilustrada europeo-americana, Madrid, Espasa-Calpe, s. v.).
5
Ventores: se llaman los perros de caza que la siguen por el olfato y viento, de
cuya voz se forma esta palabra. Compárese Diccionario de autoridades, s. v.
6
Indiciar: lo mismo que «dar u ocasionar indicios de alguna cosa, por
donde se venga en conocimiento de ella» (Diccionario de autoridades, s. v.).
7
Occupar: en el sentido metafórico de ‘situarse en’ (lo mismo que el latín
occupare en uno de sus tantos sentidos).
8
Bicorte: es decir, ‘de doble filo’; en otro lugar encontraremos azero de dos
cortes. La palabra bicorte está formada al estilo latino de bipennis, bilinguis,
bimembris, bimaritus, bimestris, etcétera, o en castellano, bifronte, biforme,
etcétera. «Cosa de dos formas. Es nombre latino y usado en lo poé-
tico» (Diccionario de autoridades, s. v.).
9
En la mitología, el sátiro es una deidad de los bosques, con figura como
de mono, supremamente lascivo y con patas de cabra. El fauno, por su
parte, es en la antigua mitología el inventor y protector de la agricultura y

– 30 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

reparó en vnas letras que, retalladas en vna piedra lisa, parezían


fúnebre epitafio de aquella triste sepolturaII. Mitigó la novedad
11

el ardor colérico y enpezando a leer los mal formados carac-


teres, por estar ya cubiertos del verde belo de la peña, no jun-
tava sus dictiones10. Hasta que el ardiente desseo de penetrar
12

el misterioso secreto de aquel tosco padrón11 le obligó a lim- 13

piar la yerva que le cubría, y a expensas de vna brebe diligen-


cia descubrió estos versos:

Caminando con passo presuroso


por estas soledades, peregrino,
¿a dónde vas? Herrado as el camino,
mas tu yerro será acierto dichoso.

Entra constante. En este valle vmbroso


verás la estancia do el amor divino
tiene las almas que con diestro tino
flechó y rindió con brazo poderoso.

del pastoreo, y se le representa con cuernos y patas de cabra. Sátiros


y faunos habitan en cuevas, «roturas de la tierra».
II
Finem loquendi omnes pariter audiamus [Eccli., 12, 13].
10
Dicción: del latín dictio, -onis: ‘palabra, frase, expresión’.
11
Padrón: «la columna de piedra, con una lápida o inscripción de alguna
cosa que conviene que sea perpetua y pública» (Diccionario de autorida-
des, s. v.).

– 31 –
Pedro de Solís y Valenzuela

No pudo leer más por estar las letras gastadas o cubiertas,


aunque exaradas12 a zinzel en el duro mármol, que la maior fir-
14

meza zede al tiempo. Motivo fueron las ya leídas razones para


que, encendido en nuebas ansias y fervorosos desseos de averi-
guar su mayor declaración, algún tanto suspenso y pensativo,
se determinasse a entrar en la cueba, y, assí, previniendo dos
vocas de fuego, que pendientes al arzión13 traía para la maior
15

seguridad de su vida, terciando al hombro el manto de tyria14 16

grana, denodado y veloz, mobió los passos, y con algún trabajo,


por ser la senda estrecha, obscura y redoblada15, caminando 17

animoso, a poco rato se halló en vna limpia y adornada pieza

12
Participio de exarar, que significa «esculpir, gravar, con punta de hierro
en bronce, mármol o piedra, alguna cosa para que sea permanente.
Es voz de raro uso, permitida en lo poético, y tomada del latino exa-
rare, que vale esto mismo» (Diccionario de autoridades, s. v.).
13
Arzión o arción («barbarismo por ación»): «correa de que está asido el
estribo». Cuervo explica que «arción es de uso vulgar antiguo: Castella-
nos le pone en boca del gallego Blasco Martín, labrador tosco que decía
mil disparates…; lo que explica que esta palabra (y arcionera) sea conocida
en toda América; entre nosotros aún se confunde con arzón (“poner el
cabestro en la arción”)». El mismo Cuervo explica cómo en ocasiones se
modifica «arbitriamente el interior u otra parte de la palabra con letras
o combinaciones de otra parecida, ya por la mera semejanza de forma,
ya mediante alguna asociación de sentido: ación… se vuelve arción con
la r de arzón…» (R. J. Cuervo, Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano,
9.a ed., Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1955, § 948).
14
Tyrio indica lo pertinente a la famosa ciudad marítima y comercial de
Tiro, en Fenicia, celebrada de modo especial por su púrpura.
15
Redoblado: es decir, con muchas vueltas.

– 32 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

bastantemente bañada de la luz de los solares rayos, que por


vna ventana la visitaban. Cielo la formó en su idea16, porque 18

vio, aunque con ornato pobre, vn asseado y curioso altar, en


el qual, sobre el roto casco de vna calavera estaba pendiente
de vn madero la effigie hermosa del Crucificado Dios, con
faz hermosa, serena y grave, a quien, sobre el cavello dividido
en crencha, hazía relieue lastimoso de esmeraldas y rubíes la
corona de marinos juncos y la púrpura de sus sinco claveles
rojos: cuerpo lastimado y cárdeno a compassión movía. ¡Alto
exemplar! ¡Estraño enquentro! Robole dulzemente la attención,
porque mudamente publicava divinidades, indiziaba17 sacra- 19

mentales secretos, a veneración movía. Dobló luego devoto las


rodillas; veneró humilde el árbol de la vida, rico con el pen-
diente fruto, y reparó que en lo terso de vna tabla, a los lados
avía escritas vnas letras en que, occupada su vista, pareze que
el conjunto18 Dios estas razones le dezía:
20

Pon vn rato en mí la vista


de tu fe, para que veas
quién e sido para ti
y lo mucho que me cuestas.

16
El sentido es: ‘que la imaginó un cielo’.
17
Véase nota 6.
18
Conjunto: «por extensión, interna, estrechamente unido o ligado;
dícese de las cosas y de las personas, de lo material y de lo inmaterial»
(R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana,
París, 1893, t. ii, pág. 385a).

– 33 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Mira mi cuerpo desecho,


mira sin sangre mis venas,
y pues cuestas sangre a Dios,
¿bolverte a Dios qué te cuesta?

Dime para quándo aguardas


convertirte a mí de veras.
Si esto algún tiempo a de ser,
¿por qué no luego? ¿Qué esperas?

Pues llegará tiempo quando


se acerque tu fin y quieras
valerte de la occassión
que tienes oy, y no puedas.

Temerás entonzes darme


vna cuenta tan estrecha
como la que he de pedirte,
de que los más santos tiemblan.

Embelesado de lo que veía y leía, como a tan justa acus-


asión, clamó lo turbulento del rostro a la vergüenza, y la ternura
llamó a las lágrimas. ¡O, marauillosa fuerza del divino auxilio!
En vn venturoso punto se vio interiormente tan herido19 que, 21

19
Son varios los momentos en esta primera mansión en que el texto hace
converger imágenes místicas con motivos emblemáticos. La herida de
amor, un tópico de largo uso en la Edad Media, aquí tiene una ver-
sión “a lo divino”, que alude tanto a una aspiración mística como a los

– 34 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

segunda vez, con veneración postrado, con voz, aunque ronca,


tierna, prorumpió en estos amorosos affectos:

Magestad soberana, Dios eterno,


oy, con mi llanto tierno,
si no de voz sonora,
mas del que culpas llora,
rendido el alvedrío,
te suplico, piadoso Señor mío,
que mires con piedad vn miserable,
que herido del peccado formidable20, 22

en su fiera dolencia,
espera la salud de tu clemencia.
Que aunque frustró [a] la pluma
de mis peccados la copiosa21 summa, 23

en tus manos, mi Dios, en essas manos


están, Señor, de los humanos
aunque yazen clavadas,
las saludes del alma liberadas.

[…]

emblemas amorosos de importante circulación en el mundo hispánico


del siglo xvii (Nota de la compiladora).
20
Formidable, en el sentido etimológico de ‘horroroso, pavoroso, que
infunde asombro y miedo’: del latín formidabilis.
21
Copioso: del latín copiosus, -a, -um: ‘abundante, cuantioso’.

– 35 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Assí reduxo22 el joven, lloroso y tierno, afectos del alma


24

a vozes de la lengua, no llegando en la execución las razones


más eloquentes a contentar la sed de su esperarnça, la ansia de
su remedio, la resolución más firme de su pecho, pues lo más
íntimo del alma siempre se retiró, como immenso23 del decir 25

humano, tanto más inconprehensible quanto por su grandeza


menos descubierto al conocimiento, negándose a todos y sólo
concediéndose a ssí mismoIII.Repentinos successos, cossas no
26

esperadas arrebatan y commueben el ánimo más valiente; en


dadas dilaciones se abrasa el alma y arroja volcanes el desseoso
impulso del corazón humano (que son incendios suyos no exe-
cutar brebe lo prometido largo) tras vn inopinado successo. Ya
desseava puerto, ya buscaba término a sus ansiosas fatigas, y assí,
alentando con la esperanza sus crecidos desmayos, se levantó
y miró que el perseguido cieruo, causa de tanto bien, servía de
hermoso tapete al altar, pues yazía al pie dél con notable quie-
tud y sosiego. Y admiró otro prodigio: que aviendo entrado con

22
Reducir: «mudar una cosa en otra equivalente» (Diccionario de autori-
dades, s. v).
23
Inmenso: del latín immensus, -a, -um ‘muy grande, sin medida’.

III
Tertul[lianus] in Apol[ogeticum], cap. 17, [2]: caeterum quod videri commu-
niter, quod aestimari potest minus est, etc. Quod vero immensum et inopinatum sibi
soli notum est. [El texto completo de este pasaje dice así: «Ceterum quod
videri, quod comprehendi (communiter), quod aestimari potest, minus est, et oculis
quibus occupatur, et manibus, quibus contaminatur, et sensibus quibus invenitur;
quod vero immensum est, soli sibi notum est»].

– 36 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

él sus perros, o no le vían24, o estaban como en el Arca de Noé,


27

pues con la misma quietud y sosiego descansaban. Todo quanto


veýa en más admiración le arrebataba. ¡O, desierto prodigioso!
(clamó a vozes). ¡O, misteriosa cueba! ¡O, sepulcro venturoso que
a los muertos das vida, y a los vivos trasladas a la gloria! Reco-
brando, con estas aspiraciones25 brebes, más aliento, registró
28

liberal con la vista las halajas de aquella pobre celda, que eran la
corteza ligera de vn alcornoque duro, en que pequeño descanso
apenas se permitía, vna pessada cruz que espinos guarnecían,
vn manojo de mimbres rojos en púrpura teñidos, vn cilicio de
azeradas puntas, algunos pocos libros, vna pequeña messa con
papeles y recaudo de escrebir. Mas lo que más arrebató su vista
fueron diversos jeroglíficos que por las paredes avía con primor
singular dibujados, orlados de devotíssimos versos que a devo-
ción y a espíritu movían, a los pies de vna pintura de la Reyna
de los Angeles, María Santíssima Señora Nuestra, de la advoca-
ción de Chiquinquirá26, que con este título es la Patrona deste
29

24
Vía es el imperfecto de ver, usado por los poetas clásicos, y hoy se encuen-
tra en la lengua vulgar. Veía es el imperfecto de veer (V. García de Diego,
Gramática histórica española, Madrid, Gredos, 1951, págs. 186-187).
25
En el lenguaje de los ascetas y de los místicos, aspiración suele tomarse como
«el afecto encendido del alma hacia Dios» (Diccionario de autoridades, s. v.).
26
Chiquinquirá: ciudad de Colombia, en el departamento de Boyacá, donde
existe un célebre santuario en que se venera una imagen de Nuestra
Señora del Rosario.

La historia del cuadro es, en síntesis, la siguiente: el encomendero
Antonio de Santana ha encargado cierta vez al artista Alonso Narváez
que le pinte una imagen de Nuestra Señora. Terminado el trabajo, el
lienzo representa a la Virgen María con el Niño Jesús en los brazos; a

– 37 –
Pedro de Solís y Valenzuela

nuevo mundo27 y la que en él, como en todas partes, obra sin-


30

gulares maravillas y prodigios. Leyó vnas octavas, que, por bre-


ves, copió de su letra antes de salir de la cueba y dezían assí:

Esplendor de los cielos, flor hermosa28 31

y de Chiquinquirá luciente estrella,


espejo de christal, purpúrea rosa,

uno y otro lado el pintor ha dibujado a San Antonio de Padua y a San


Andrés Apóstol, respectivamente. El cuadro se coloca en una capilla.
Mas, andando el tiempo, la pintura al temple con colores de tierra se
deteriora, y prácticamente se borra la figura de la Madre de Dios. Por
ese motivo retiran el cuadro, que viene a quedar olvidado en el des-
ván de la casa. María Ramos, piadosa mujer de gran virtud, esposa
de Pedro de Santana, y muy devota de la Santísima Virgen, llega de
España. Su primer cuidado es buscar en la casa una imagen de Nuestra
Señora para rezar el rosario delante de ella. Halla el lienzo cargado de
polvo, lo limpia, se reúne diariamente con su familia ante él, y suplica
a la misma Virgen María que se manifieste de un modo más claro. El
día de la Pascua de Navidad (1586) ve que el cuadro de la Madona se
ha desprendido de la pared y que arroja rayos de luz por todas partes.
Cuantos por allí andan son testigos del prodigio de la imagen reno-
vada, como se ve hoy día. El portento es debidamente comprobado
con información jurídica. (Véase J. M. Groot, Historia eclesiástica y civil
de la Nueva Granada, t. i, Bogotá, 1869, cap. xi, págs. 139-141).
27
Se verifica el lugar de enunciación del texto, su perspectiva indiana
(Nota de la compiladora).
28
Las tres octavas reales que siguen están tomadas de la Fénix cartuxana
de Don Pedro Solís y Valenzuela, 1647, canto i, pág. 6b. En esa com-
posición, los dos últimos pareados de la segunda estrofa pertenecen a
otra octava del mismo canto.

– 38 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

entre todas las flores la más bella,


fuente viva, azuzena más vistosa
que nevado jazmín, clara zentella
de los rayos de Dios, templo divino
y escala para el cielo cristalino.

[…]

Miró a otro lado en vn lienzo dibujado vn horrible monte


que formavan presumidos29 escollos (según el pinzel simulava),
32

de los quales se despeñaba vna copiosa fuente. Coronaban a


este monte no sólo vn edificio y algunas hermitas sino vn her-
moso círculo de siete estrellas. Y, entre estos riscos y grutas, al
Serafín de las Soledades, San Bruno, Patriarcha y Fundador
de la sagrada religión cartuxana, a cuyos pies avía dibujadas
tres tarjas30 y, en ellas, estos versos. En la primera:
33

¿Quién, Bruno, os lleva al desierto?


Vn cierto
Mas Dios sin duda es, que quiso
aviso
llevaros al Paraíso,
que quiso

29
En sentido metafórico, escollos presumidos serían salientes, que: exceden
o sobrepasan a los demás.
30
Tarja: «adorno oblongo con inscripción que se sobrepone a un miem-
bro arquitectónico» (Diccionario de autoridades, s. v.). Forma diminutiva
emparentada con tarja es tarjeta (del francés targette).

– 39 –
Pedro de Solís y Valenzuela

librándoos de un desconcierto,
que un muerto
aunque es vida tan austera,
me diera
que ha menester. gran consuelo.
el cielo.
Mas, dezilde31 a mi desvelo: 34

¿quién os truxo al Paraýso?


Vn cierto aviso que quisso
que vn muerto me diera el cielo.

[…]

Absorto le dexó la historia debaxo de estos versos escon-


dida, y con grandes desseos de saberla muy por extenso; porque
avía muchos días que por acontecimientos especiales que a un
primo suyo, llamado Don Fernando, le avían sucedido, tenía
mucho afecto a San Bruno y los dos siempre le invocavan su
patrón y singular devoto32. Propusso, en su memoria, inquirir
35

y saber por extenso esta su historia, y passó examinando otras

31
Dezilde: «los pronombres átonos se podían modificar al ir enclíticos
de un verbo. Con el imperativo plural en d, podía dar por metátesis
dandos […], y dadla podía hacer dalda…» (V. García de Diego, Gramá-
tica histórica española, Madrid, Gredos, pág. 178).
32
Devoto: «objeto de la devoción de uno» (Diccionario académico, s. v.). Véase
nota 488.

– 40 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

devotas pinturas y leyendo conceptuosos33 versos. Asomóse a 36

la ventana, y por vna ladera que por allí hazía el monte vio un
ameno y florido huerto, a quien34 sonoro passeava35 un arro-
37 38

yuelo. Dio buelta a toda la pieza; llegó a vna puerta, que por
estar cerrada por de fuera, no pudo abrir; aplicó la vista36 a 39

los resquicios y quanto pudo alcanzar fue vna vistosa aunque


silvestre arboleda; todo le parezía prodigio y estava tan fuera
de sí que le parezía que aquello que vía37 no era real sino ima-
40

ginario, y cassi, si no diera crédito al tacto, perseverara en este

33
Conceptuoso: «sentencioso, discreto, grave y lleno de agudezas y concep-
tos» (Diccionario de autoridades, s. v.).
34
Respecto a quien con antecedente de cosa: «el uso moderno del relativo
quien es algo diferente del que vemos en los escritores castellanos hasta
después de la edad de Cervantes y Lope de Vega: “Quiérote mostrar las
maravillas que este transparente alcázar solapa, de quien yo soy alcaide
y guarda mayor perpetuo, porque soy el mismo Montesinos, de quien
la cueva toma nombre” (Cervantes). El uso del día autoriza el segundo
de estos quien, porque se refiere a persona; pero no el primero, porque
le falta esa circunstancia…» (A. Bello, Gramática de la lengua castellana
destinada al uso de los americanos, Santiago de Chile, 1847, § 329).
Para el verbo pasear con complemento directo, véase este ejemplo citado
35

por el Diccionario de autoridades, s. v.:



«En militar carro Marte

feroz el campo passea…

 (El Conde de Rebolledo, Ocios, Rom. 65)».
36
De ordinario se emplea la expresión aplicar el oído para significar ‘oír
con atención’, ‘atender a lo que se dice’. Aquí se insiste en el órgano
de la vista.
37
Véase nota 24.

– 41 –
Pedro de Solís y Valenzuela

error. Mas un susto le assombró el ánimo y pausó38 el gozo que 41

tenía, porque corriendo vna cortina que al parezer cubría un


alazena39, halló en aquel nicho un esqueleto o armadura de
42

humanos huessos, cuya vista al más animoso en tanta soledad


podía asombrar y causar pavor; espeluzáronsele40 los cabellos, 43

mas recobrado de41 ánimo, vio que aquel retrato de la muerte


44

en las manos le ofrecía vna tabla como para que leyesse, y en


ella, escritos estos antiguos versos con su moderna glossa:

Tú, que me miras a mí


tan triste, mortal y feo,
mira, peccador, por ti,

38
Para el empleo del verbo pausar con complemento directo, véase este
ejemplo que trae el Diccionario de autoridades, s.v.:

«No usó bien de la fortuna,

que en su rueda le dio el cetro,

porque la satisfacción

le pausó los movimientos.

Fray Pedro de Santa Teresa, El íntimo amigo del hombre, conf. 3, Mat. 2».
39
Un alazena. El artículo indefinido femenino castellano se apocopaba: 1)
delante de un nombre femenino que empieza por a- (ha-) acentuada,
v. g. un alma; 2) a veces ante a no acentuada, v. g. un aldea, un al[h]acena;
3) y ocasionalmente ante otras vocales, v. g. un hora, un escritura (com-
párese H. Keniston, The Syntax of Castilian Prose, Chicago, University
of Chicago Press, 1937, pág. 256).
40
Espeluzar, por despeluzar, que significa «erizar los cabellos algún pavor
o miedo repentino» (Dicccionario de autoridades, s. v.).
41
Recobrarse de: «repararse de algún daño recibido» (Diccionario de autori-
dades, s. v.).

– 42 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

que, qual tú te ves, me vi,


y verte as qual yo me veo.

§§ Glossa42 45

Tu juventud, fresca y sana,


que a liviandades te incita,
mira que es su gloria vana,
rocío de la mañana,
flor que luego se marchita.

Ombre entre los ombres fui;


vesme aquí sombra de muerte,
y cierto serás assí
visto de la misma suerte,
tú que me miras a mí.

Quando en más gloria te vieres,


si quieres ver lo que dura,
en mí verás bien quién eres

42
A una calavera: el autor es Gregorio Silvestre. Compárese Obras del famoso
poeta Gregorio Silvestre, recopiladas y corregidas por sus herederos y de Pedro
de Cáceres y Espinosa. Dirigidas al ilustrísimo y reverendísimo señor don Juan
Méndez Salvatierra, arzobispo de Granada, Lisboa, 1592; Granada, 1599.
En la Biblioteca de Autores Españoles, t. xxxv, pág. 331, aparece esta
misma poesía con algunas variantes.

– 43 –
Pedro de Solís y Valenzuela

y en qué acaban los plazeres


de la humana desventura.

I dirasle a tu desseo
(si te guía el favor sacro):
ya estoy muerto, ya me veo
en aqueste simulacro,
tan triste, mortal y feo.

I pues se te representa
esta muerte sin el quándo,
para librarte de afrenta,
si quieres dar buena quenta,
has quenta que la estás dando.

No estés, que estás ciego assí.


¿No ves a Dios que te mira
y te llama para sí?
Abre los ojos y mira,
mira, peccador, por ti.

Mira que verná43 a deshora


46

la tragedia del día incierto.


No te descuydes ahora.

43
Verná: «el grupo romance N’R intercala d en venire habeo que da vendré.
Pero en otros casos se invierte, como en las formas antiguas verné
y verná» (V. García de Diego, Gramática histórica española, Madrid,
Gredos, 1951, pág. 109).

– 44 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Ensáyate cada hora


para que sepas lo cierto.

No te an de valer allí
fuerzas, valor ni ventura.
Todo a passado por mí;
no fíes en hermosura,
que, como te ves, me vi.

Mírate parte por parte,


y aprende primero a verte
en el libro de la muerte,
que de no saber mirarte,
tú no sabes conocerte.

En el más alto trofeo


de los humanos despojos,
cuando estés con más arreo,
mírate con buenos ojos
y verte as qual yo me veo.

Vn yelo frío, vn sudor elado occupó44 los mienbros del gene-


47

roso mancebo luego que acabó de leer los propuestos versos.


No ay lengua o pluma, por veloz que sea, que pueda pintar la
súbita mudanza que obraron en su corazón, de varios discursos

44
Occupar: del latín occupare, en el sentido de ‘apoderarse de una cosa’.
Véase nota 7.

– 45 –
Pedro de Solís y Valenzuela

occupado45, ya tierno, ya amante, ya lloroso, después de mil


48

ternuras dichas al crucificado Dios, conociendo que era quien


le favorecía encendiendo en su entendimiento aquellas luzes,
que ya en lo que disponía brillavan intelligencias y aciertos.
Discurrió cómo la poesía espiritual era órgano del cielo, que
a celestial música conbidaba. ¡O, quánto malogra el tiempo
quien la gasta en la profana! Sólo se avía de exercitar para ala-
bar a Dios, como la exercitó el Rey Dauid; sólo, para ensalzar
a los santos, para ministrar46 desengaños, para excitar afectos,
49

como los que se avían originado en su alma. De auerla pro-


fanado con mundano estilo procedía su desestimación, que la
que es como la referida, su dignidad se tiene, su honor y vene-
ración se mereze. Desde entonces propuso no sólo no emplear
la pluma en livianos47 desvelos, sino sólo tenerlos en aprender
50

a morir. No ay más qué saber y aprender que estar prevenidos


para la muerte. Aquel sólo muere sabio que muere prevenido.
Hazer, dezía, lo que aquí he leýdo es la sabiduría que assegura
los riesgos de la muerte, que si bien es verdad que su golpe es
inevitable y cierta su herida, pues al fin todos mueren, el sabio
y el ignorante, mas el sabio sabe esperar la muerte, divisa de
lexos sus sombras y como vezino a la vida que no tiene fin, sabe
morir porque no tiene qué temer, ni la enfermedad le inquieta ni

45
Occupar: el mismo verbo de la nota anterior, usado en el sentido de
‘poner la atención en un negocio, tarea o ejercicio’.
46
Ministrar, del latín ministrare: ‘administrar, distribuir’, «dar a la mano a
otro alguna cosa» (Diccionario de autoridades, s. v.).
47
Liviano: «lo que es ligero o de poco peso… Metafóricamente vale fácil,
ligero, y de poca consistencia» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 46 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

el dolor le turba, ni el mal le amedrenta y, entre los espantosos


horrores de la muerte, está seguro. Muere el profano, el licen-
cioso, quando de su cuerpo se desata el alma; mas el cuerdo, el
prevenido, el virtuoso ¿cómo puede morir? Destos quiero ser;
mi vida e de concertar, mi alma he de disponer. ¡Afuera, mun-
danas glorias! Acábense ya las vanidades, las mundanas pom-
pas, los desseos de honrras y dignidades y regalos. Todo se a de
acabar y desde aquí se acabó para mí. Tal mudanza, tal des-
precio de las pompas temporales no se aprende en la escuela
de la vanidad; no en el mundo, sino en el desierto. Pondérese
la distancia de los pensamientos con que entró este venturoso
cazador en esta cueva y los que aora tiene. Antes lleno de galas,
cargado de pistolas, cercado de perros; aora con firme resolu-
ción de dexar el mundo, de habitar la soledad, de vestir áspero
cilicio en lugar de la delicada olanda, de cubrirse de vn tosco
saco, de ceñirse a austera y penitente vida. ¿Ay cossa que más
descuelle y resplandesca entre las obras divinas, que restituir el
foétido48 cadáver a aliento vital, a espíritu vigoroso? Resurre-
51

ción es la nueba vida que da a este joben, poderoso venzedor,


el auxilio eficaz de la gracia.
¡Y cómo resplandezen tus grandezas! A vozes clamaba:
«Señor mío, amor mío; pequé, Señor; perdón, Señor, que yo
propongo la enmienda. Hágasse, Señor, tu voluntad».

[…]

48
Sigue la grafía latina:

– 47 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Después destas y otras semejantes afectuosas razones, como


el habitador de aquella celestial morada tardava, quiso aguar-
darle y entre tanto occupar el tiempo escriviendo algo de lo
que el corazón le dictava; acercose a la messa donde estaba el
recaudo49 de escrevir; tomó vn assiento de corcho50 rústico; vio
52 53

encima de la messa, en que aún no avía reparado, pintada vna


grulla con vna piedra en el pie levantado51, y debajo del otro,
54

en que sólo estava parada, escritos estos versos:

Haziendo la noturna centinela52, 55

el un pie en alto, en otro sustenida,


la grulla por las otras se desvela.
Vn pesso tiene en alto, y advertida
de algún peligro, suelta el pesso y buela
y avisa a las demás guarden su vida.

49
Recaudo «se toma también por lo mismo que recado, que es como ahora
se dice». Recado, entre otros sentidos, «se toma… por todo lo que se
necesita y sirve para formar o executar alguna cosa: como recado de
escribir, recado de decir Missa, etcétera» (Diccionario de autoridades, s. v.).
50
Corcho: «la corteza del alcornoque. Viene del latino cortex» (Diccionario
de autoridades, s. v.).
51
La grulla, emblema de la vigilancia. Asimismo, las imágenes que
adelante escribirá el texto —gusano de seda, reloj de arena— son
alusiones emblemáticas. No hay que olvidar, tampoco, la importan-
cia de la relación imagen-palabra en el barroco hispánico (Nota de
la compiladora).
52
Es el verso 296 de la Égloga ii de Garcilaso de la Vega (Nota de la
compiladora).

– 48 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Ombres, velad, de vn bruto amonestados,


que reyna muerte en todos los estados.

Más adelante, en la misma messa, se vía53 pintado vn 56

gusano de seda muy cuydadoso en fabricar su cassa, y debajo


leyó estos versos:

Quando el gusano en su labor de seda


sin descansar vn punto se enbebeze54, 57

no ve que quanto más su labor creze,


su corpezuelo entonzes más se enrreda.

I tanto, en fin, se entrapa y empareda,


que sin poder salir, allí feneze,
y adquiriendo riquezas, enpobreze,
y por ellas al fin sin nada queda.

Assí los ombres; no ombres, mas gusanos,


quando, con mil enrredos, procurando
andáys riquezas y onrras de mundanos.

53
Véase nota 24.
54
Embebecerse: ‘entretenerse en algo de manera de no hacer otra cosa’.
«Covarrubias es de sentir se forma del verbo embeber, porque el pen-
samiento y discurso que divierte a uno embebe en sí la imaginación,
sin dexarla acción para moverse ni pensar en otra cosa». En seguida,
v. 5, aparecen los verbos entraparse, que, según Franciosini, significa
“cubrirse con un trapo” [o algo parecido], y emparedarse, que quiere
decir «castigar a uno… encerrándole entre quatro paredes, de cuyo
nombre se forma» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 49 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Lazos son que tendéys donde, enlazando,


las almas entregáys con vuestras manos
al infierno, que siempre estén penando.

En vna tarjeta que estaba sobre vn relox de arena, leyó


estos versos:

Esta hora que corre tan aprissaIV 58

mientras en el relox la arena dura,


de que no está muy lexos nos avisa
la ltima tan llena de amargura.

De horas breves compuesta por precisa


ley, nuestra brebe vida se apresura,
que, como es polvo, el hombre assí camina,
de la suerte que el polvo, a su ruïna.

«¡O, misterioso monte!, ¡o, cueba prodigiosa!», repetía el


joben, que apenas se satisfacía de lo que vía y tocaba, porque lo
presumía imaginado o permitido sólo de55 Dios para su remedio
59

IV
[Tachado al margen, casi ilegible:] Don Manuel de Salinas y Lizana. [Al
margen, en su transcripción, añade Cuartero y Huerta: «Hospedería»].
55
Permitido de: en castellano el agente de una oración pasiva se introduce
por las preposiciones por y de. Esta última es la que prevalece, por regla
general, en la prosa del siglo xvi. La tendencia era emplear el de cuando
la acción es indefinida y el agente asimismo indefinido (compárese H.
Keniston, The Syntax of Castilian Prose, Chicago, University of Chicago
Press, 1937, págs. 472-473).

– 50 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

y desengaño, porque tan fuertes, tan repetidos tiros no podía


presumir fuessen de humana fragua. Tomó los papeles que avía
en la messa y luego leyó en ellos este soneto:

Respóndame quien sabe, ¿qué es la muerte?


y ¿por qué es tan contraria a nuestra vida?
y ¿qué es la causa que es tan atrevida,
que acomete al que es flaco y al que es fuerte?

I por qué los plazeres nos convierte


en triste lamentar con su venida,
y si la pintan flaca y consumida,
¿cómo pone a los hombres de tal suerte?

¿De qué es el arco y flechas con que hiere,


que a reyes ni a pontífices perdona,
hiriendo a cada qual de su manera?

¿Y qué es la causa que ella jamás muere


ni puede ser tocada de persona,
y si vna vez la ven, es la postrera?

Suspendióse pensativo por vn rato, ojeó los demás pape-


les; encontró con56 vnos cartapacios manuescritos57 cuyo título
60 61

56
Para esta construcción, véase, por ejemplo, Partidas del Rey Don Alonso, i,
tít. 4, l.24: «E quando lo llevaban a soterrar, encontraron con Nuestro
Señor Jesu Christo», citado por Diccionario de autoridades, s. v. encontrar.
57
Manuescrito: esta forma, que no aparece en los diccionarios, la encon-
tramos en fray Alonso de Zamora cuando escribe que «el P. Fr. Pedro

– 51 –
Pedro de Solís y Valenzuela

principal dezía Desengaño de la humana vida. Luego se los metió en


el pecho para leerlos con mucho espacio; copió todos los ver-
sos que se an referido y determinó responder al soneto prece-
dente, y assí, algún pequeño espacio detenido, con linda letra
que formaba, respondió en esta forma:

Es privación de ser la triste muerte,


por esso es tan contraria a nuestra vida.
Por no aver qué perder, es atrevida
y acomete al que es flaco y al que es fuerte.

Dando fin a plazeres los convierte


en triste lamentar con su venida.
Y píntanla tan flaca y consumida,
porque pone a los hombres desta suerte.

Su arco es corrupción, su flecha hiere


de enfermedad que a nadie no58 perdona, 62

Simón en sus noticias manuescriptas dice…» (A. de Zamora, Historia


de la Provincia de S. Antonino, t. i, Bogotá, 1945, pág. 316).
58
A nadie no. El «no expletivo se ofrece con otras palabras real o aparente-
mente negativas, nadie, nada, ninguno, nulla, nunca, tampoco, cuando estas
se anteponen al verbo, pero no cuando se posponen. Nadie, nada admi-
ten la negación cuando van pospuestas al verbo: “no quiero nada”…
Sin embargo, como estos pronombres son originalmente positivos, la
lengua antigua admitía aun en este caso la negación: “Que nadi nol
diessen possada”, Cid, 25;… “Nadi non crea al”, Berceo, Signos, 58…”»
(V. García de Diego, Gramática histórica española, Madrid, Gredos, 1951,
págs. 353-354).

– 52 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

hiriendo a cada qual de su manera.


I porque ser no tiene, jamás muere,
ni puede ser tocada de persona,
y porque es fin, su vista es la postrera.

Después de aver escrito este soneto, lo dexó puesto sobre


la messa, de suerte que el habitador fácilmente le encontrasse
y después se lebantó y bolvió a hazer oración al altar. Y como
probocaba el sitio tan solitario y la vista tan compassiva del her-
mosíssimo bulto59 metido en el cóncavo de la capilla, donde el
63

arte de la pintura representava las tinieblas con que se enluta-


ron los ayres y el cielo y la tierra en la muerte de su Criador,
arrebatado deste asunto, formó Dn. Andrés60 en su idea estos 64

versos, que después, reducidos a la pluma, dexó copiados en


vn terso y blanco papel prendido del altar. Dezían, pues, assí:

59
Bulto, vulto: «imagen, efigie o figura hecha de madera, piedra u otra
cosa» (Diccionario de autoridades, s. v.). En el presente caso parece refe-
rirse a la de un Santo Cristo, coronado de cambrón (véase nota 62);
en los versos que siguen —séptima línea de la primera estrofa— da a
entender que se ha trabajado en madera, y poco antes —en las líneas
quinta y sexta— habla del arte con que los pinceles la policroman.
60
Don Andrés, otro de los protagonistas de El desierto, quien más tarde
será fray Andrés de San Nicolás, a cuyo claro ingenio —como se dice
al terminar la narración— se atribuye la composición que sigue.

– 53 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Mas, si se turba el sol; si las esferas61, 65

segunda vez más roncas que suaves,


niegan a sus planetas movimientos,
sin duda en este bulto con más veras,
como el otro pinzel hurtó a las aves,
el arte hurta aquí a los elementos.
El tropel de tormentos
tan vivo se introduze en la escultura,
que la piedad sentida
quisiera verla menos parecida,
pues preciarse el artífice de sabio
pareze ser vn género de agravio,
haziendo, al verle yerto,
que esté más vivo quando está más muerto.

Rudo el cambrón62, los bárbaros espinos,


66

selva horrible que pende de su frente,


confussos se enmarañan en la greña;
surcos dilata en campos cristalinos
el purpúreo raudal, que tristemente

61
En la antigua astronomía, los planetas estaban adheridos a unas esferas
huecas que giraban.
62
Cambrón: «arbolillo que ordinariamente nace y se planta en los vallados,
que creen algunos ser especie de zarza, por la semejanza en muchas
cosas. Produce las ramas derechas y espinosas, las hojas largas y angos-
tas, y los tallos mui verdes: sirven para cerrar las heredades, a fin de
que no entren los animales dentro» (Diccionario de autoridades, s. v.). Es
una solanácea del género Lycium.

– 54 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

de aquella peña de oro se despeña.


Mas luego nos enseña,
¡o, desusado asombro de los ojos!,
los suyos anegados
si de agua no, de piélagos prestados
de coral, que en pestañas detenido,
pareze llanto lo que fue gemido:
porque en tormento tanto,
toda la sangre allí quiso ser llanto.

Vivo rubí ya fue la boca brebe,


que secretos guardó de aljófar puro;
quanto más sombra es oy, menos se olvida.
¿Sin luz la llama? ¿Sin candor la nieve?
¡O, lo que acuerda al pecho más perjuro!,
pues trompa es ya su muerte de su vida.
De aquella franca herida
baja otro mar de inmenso golfo,
tan liberal a darse,
que nunca, nunca, acaba de agotarse;
tan vivo que pareze en su despecho,
que agora, agora le an rompido el pecho,
y jusga el que le mira
que siente sin dolor, sin voz suspira.

Manos y pies clavados de aquel leño,


zítara donde suenan acordados
en orbe más suave sus amores,
tirantes cuerdas son del dulce empeño

– 55 –
Pedro de Solís y Valenzuela

sus nervios que gimieron lastimados


a golpes repetidos de rigores.
Y, entre cambiantes flores,
los clavos le sirvieron de clavijas,
donde, immortal Orpheo63, 67

canta el felize triumfo de su empleo,


pues, surcando las ondas del espanto,
siendo el ayre su voz, bajel su canto,
sacó con dulze acierto
la Eurídice64 divina a mejor puerto.
68

Canción, buélbete al llanto,


que afectos de dolor no admiten canto.
Tus números reprime,
pues se canta mejor quando se gime.

El claro ingenio de Dn. Andrés y la templanza que entonzes


tenía su corazón se conoze muy bien en la consonancia destas
vozes tan dulces, suaves y representativas. Mucho tiempo gastó
aquí en afectos amorosos con su Dios, no sin abundosos arroyos

63
Orfeo es, en la mitología clásica, hijo de la musa Calíope. Apolo —la
divinidad de la música— le obsequia una lira, que aprende a tocar
con tal maestría que a sus acordes los ríos se estancan y las fieras de
los bosques se tornan dóciles.
64
Eurídice es la esposa de Orfeo. Muere mordida por una serpiente. Des-
consolado, su marido visita las regiones infernales donde su música
arroba a las almas allí condenadas, obtiene que su mujer retorne a
la vida, bajo una condición: que ella no vuelva a mirar atrás. Pero la
mujer vuelve la mirada y Orfeo pierde a Eurídice para siempre…

– 56 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

de lágrimas, como él después refería, principalmente pidiendo al


crucificado Dios perdón de sus culpas, ofreziendo con indezible
fervor la enmienda de ellas y deduciéndose en firmes propósitos
de ajustar su vida y de mudar empleos y exercicios. Era que le
avía tocado el auxilio eficax del cielo. Esperó todo quanto le fue
posible de la tarde, a ver si venía el habitador de aquella felizís-
sima morada, con quien pensaba desahogar su pecho y comu-
nicar su alma, y aun proponía, si le admitiesse, quedarse en su
compañía; mas como tardasse el dueño de aquella habitación
y considerasse el alboroto y turbación que si allí se quedasse,
en sus amigos causaría su falta, y el ir declinando ya el sol le
obligó a dexar la assistencia de aquel cielo, proponiendo bol-
ver muy diligente a buscar y ver quién era el que gozaua aquel
descanso, y a hazer experiencia de si era illusión, o no, lo que
avía visto. Despidióse devotamente del crucificado Dios y no
sin suspiros y lágrimas, y como quien ya no cuydava de preu-
enciones humanas, se dexó olvidadas65 las pistolas y venablo;
69

bolvió a salir por la puerta falsa que sólo estaba echa para el
cieruo, que adentro se quedó con el sosiego que hasta allí avía
estado aguardando a su dueño, y ocupando la silla del impa-
ciente cavallo, desnudó vn corvo alfanje que ceñido llebaba y con

65
Se dexó olvidadas: «Para esforzar el olvido, lo impensado del caso, suele
usarse [dejar] con dativo reflexivo», dice Cuervo. Y añade que «a
veces se agrega al verbo [dejarse] como predicado el participio olvidado»
(R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana,
París, 1893, t. ii, pág. 859a).

– 57 –
Pedro de Solís y Valenzuela

él fue cortando a toda prissa leños y ramas, demarcando66 con 70

esta diligencia el sitio y abriendo passo al bosque, para por estas


señales más fácilmente hallar el escondido tesoro. Sus amigos
y criados erravan67 cuydadosos el monte buscándole ansiosa-
71

mente, no con pequeño rezelo de alguna fatal desgracia, mas


al cerrar de la noche concurrieron a la cassería68, estancia o 72

quinta de donde al alvor del día avían salido Don Andrés, que
era este joven, Don Fernando, Don Pedro y Antonio69, sus ami- 73

gos y otros criados y pajes. Abrazáronle tiernamente, gozossos


de su hallasgo, y hiziéronle muchas preguntas de su pérdida,
a que respondía muy sesgo70 como quien tenía ya trocados los
74

pensamientos y perdidos sus bríos. La merienda prevenida se


avía malogrado con el susto de la división y assí todos cuyda-
ron de la reffección, como a quienes apretava la hambre. Sólo

66
Demarcar tiene el sentido de «delinear, señalar los límites y confines de
las tierras y provincias» (Diccionario de autoridades, s. v.).
67
«El sentido originario de errar, vagar, andar errante, es menos común
que el de cometer error, y tiene el aspecto de puro latinismo…» (R. J.
Cuervo, Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano, 9.a ed., Bogotá, Ins-
tituto Caro y Cuervo, 1955, § 266).
68
Casería: «la casa que está hecha y situada en el campo, que suele servir
para que vivan los que cuidan la hacienda» (Diccionario de autoridades, s. v.).
69
En estos jóvenes de la sociedad, que van a desempeñar importante
papel en El desierto, y son entrañables amigos, nótese que Antonio es
el único a quien no se le aplica el don: seguramente por no pertenecer
a una familia linajuda, según entonces se estilaba.
70
Sesgo: «sereno y sosegado, sin turbación o alteración» (Diccionario de
autoridades, s. v.).

– 58 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

don Andrés, occupado en mayores cuydados, se retiró a un


assiento y, puesta la mano en la mexilla, estaba suspenso y pen-
sativo. Notaron todos la novedad y haziéndole mil preguntas
impertinentes, satisfacía a todo con dissimulación, pero cassi
fuera de propósito. Llegó la hora de la cena y, forzado por la
instancia grande que le hazían, assistió a la messa y tomó vn
moderado refrigerio. Trataron todos, que estavan tendidos del
cansancio, de entregar los lasos71 miembros a Morfeo72. Sólo
75 76

Dn. Andrés se quedó en vigilia y, arrimando junto al lecho la


messa y luz, sacó del pecho sus cartapacios y empezó a leerlos.
Azechava Don Fernando, a quien la serenidad de Dn. Andrés
avía causado más cuydado, porque era el más íntimo y querido
suyo, desde su cama, que caía en frente, todas sus acciones, y
reparando en que Dn. Andrés tiernamente llorava, quando
ya todos dormían, impaciente de73 no saber aquel secreto,
77

mal cubierto de su capa de campaña, saltó del lecho y se fue


adonde él estaba y assiéndole de las manos, tales y tan afectuo-
sas razones le dijo, que le obligó a que le contasse todo lo que
queda referido, dando por señas de lo que le refería, no sólo los
cartapacios, sino los versos que copió en la cueba. No menos
estupor y espanto causó a D. Fernando lo que oía, que lo
que Dn. Andrés avía visto; igualmente estaba tierno, igual-
mente lloroso, y ambos, desseosos summamente de que el día

71
Laso, en el sentido de ‘cansado, desfallecido, falto de fuerzas’, es un
latinismo (lasus, -a, -um).
72
Morfeo, divinidad del sueño, según la mitología griega.
73
Véase nota 55.

– 59 –
Pedro de Solís y Valenzuela

amaneziesse, para bolver a examinar la cueba. Hizieron los dos


varios y diversos discursos sobre el successo y sobre los efec-
tos que aquellos prodigios avían obrado, en que gastaron [la]
mayor parte de la noche. Y parezióle a Don Fernando que no
era justo que casso tan raro se encubriesse a su hermano Don
Pedro, ni menos a Antonio, que era igualmente de todos que-
rido, y assí quedaron de acuerdo de que74 otro día se saliesen
78

solos, sin los criados, y se fuessen a vn ameno sitio donde se les


refiriesse aquella historia y juntamente leyessen aquellos carta-
pacios, que tantas lágrimas le exprimían del corazón, dexando
el examen y vista de la cueba para el tercero día por prevemrse
en el ínterim75 de algunos versos que llevar a ella. Pactado esto,
79

se fueron al descanso de los lechos y, tú, letor, le puedes tener


también hasta que la Segunda Mansión, ojalá que con prove-
cho y gusto, te despierte.

74
Para la construcción quedar de acuerdo de que, compárese: «en efecto,
quedamos de acuerdo, dijo Sancho, de que ha de ser condesa nuestra hija»
(M. de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha,
parte ii, cap. v; ed. Rodríguez Marín, t. iv, 1948, pág. 139).
75
Ínterim, adverbio latino que significa ‘entretanto’.

– 60 –
§§ Mansión ii

L
ustrosamente76 apacible, con luzes cariñosas, con afectuo-
80

sos rayos, salió el planeta más bienechor de los astros77 81

y desenbozándose de tinieblas, con su apresurado curso


dio cortesano78 las pasquas a las flores llorosas con79 su ausen-
82 83

cia, que occasionó la noche; que separar amantes corazones


¿quién pudo hazerlo sino vna tenebrosa y villana voluntad?
Salió, pues, el Sol desbaratando zeños, deshaziendo floridas
quejas, que a vista de lo que se estima no ay sentimiento que
dure. Fue, pues, como digo, ensartando cuydadoso en dorados

76
Lustrosamente: «adverbio de modo: con lustre, esplendor y lucimiento»
(Diccionario de autoridades, s. v.).
77
Tópico del amanecer mitológico (Nota de la compiladora).
78
Cortesano: «comedido, atento, urbano y cortés» (Diccionario de autori-
dades, s. v.).
79
Llorosas con: hoy se diría llorosas por. Cuervo enseña que, a veces, la pre-
posición con «se junta a verbos y adjetivos que también pueden llevar
de o por» (R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la lengua cas-
tellana, París, 1893, t. ii, pág. 301).

– 61 –
Pedro de Solís y Valenzuela

hilos las perlas de su llanto, que, aunque de menos quilates, su


valor se adorna con estas lágrimas de vn no sé qué que les da
nueba gracia a sus resplandores, que el oro hizo siempre vis-
toso maridaje con la plata. Fue su ausencia la causa de avivar
afectos, pues, fatigado de sed, bebió alientos a las flores, y ellas
le ofrecieron, en conceptiones80 de rocío, partos embueltos en
84

hermosos coloridos, circunstanciados81 de aromas y belleza, con


85

que a un mismo tiempo enechizaba82 su hermosura y deleytaba


86

su olor fragante, quedando de nuebo vnidos estos dos aman-


tes, aunque con afectos mudos significativos de lo que pudo
la ausencia, pues occassionó que las flores diessen las pasquas
al sol y él a ellas vnas pasquas de flores. A este tiempo, pues,
quando ya todos estaban levantados, Don Fernando dio orden
que se aderezassen los cavallos y se previniesse a toda prissa el
almuerzo, porque aunque aquel día no estaba destinado para
la caza, avían de ir a ver vn sitio muy ameno donde avía vna
ameníssima frescura83 de árboles regados de84 vn sonoro arro-
87 88

yuelo, que servía de acorde vihuela a las aves de aquel bosque

80
Conceptiones: latinismo (conceptio, -onis) en el sentido metafórico de ‘pro-
ducto, fruto, engendro’.
81
Del verbo circunstanciar: «añadir calidades al acto. Es voz moderna»
(Diccionario de autoridades, s. v.).
82
En[h]echizar: «lo mismo que hechizar» (Diccionario de autoridades, s. v.).
83
Frescura: «significa también amenidad y fertilidad de algún sitio deli-
cioso y lleno de verdura» (Diccionario de autoridades, s. v.).
84
Para la construcción de complemento agente de la voz pasiva, véase
nota 55.

– 62 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

que en métricas capillas85 suavemente cantaban. Hízosse esto


89

todo con presta diligencia. Dejaron los criados, mandándoles


prevenir la comida, porque a la hora de medio día serían sin
duda de buelta86. No tardaron mucho en llegar al deleytoso
90

sitio y echando a pazer los brutos, se acomodaron todos de87 91

assientos sobre la blanda yerva y prestando todos plácido silen-


cio, hizo Don Andrés su relación como queda referida; leyó los
versos que avía copiado en la cueba y quedaron todos attónitos
de casso tan no esperado, y haziendo varios discursos.
Antonio, que tenía alguna luz y noticia del habitador de
aquella celda, confirmó ser todo verdad. Noticia tengo (dixo),
queridos amigos, de dos cosas, aunque en ambas no tengo la
claridad que era88 necessaria para referirlas, pero diré lo que
92

85
Métricas capillas. Capilla, entre otros significados, designa «el cuerpo o
agregado de varios músicos y ministriles con sus instrumentos… para
celebrar funciones o fiestas que tienen en el año» [las iglesias catedra-
les, conventos, etcétera] (Diccionario de autoridades, s. v.). En el presente
pasaje considera el autor como si en el «templo de la creación» ento-
naran los pájaros su melodía «concertada», «métrica», rítmica…
86
Hoy decimos estar de vuelta. En el siglo xvi y en el xvii ser y estar tenían
una distribución distinta de la que tienen hoy.
87
Para acomodarse de, véase este ejemplo: «Determinó volver a su casa, y
acomodarse de todo…» (M. de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo
don Quijote de la Mancha, parte i, cap. iv; ed. Rodríguez Marín, t. i, 1947,
pág. 149).
88
Para el uso de era por sería o fuera, véase A. Bello, Gramática de la lengua
castellana destinada al uso de los americanos, Santiago de Chile, 1847, § 695.

– 63 –
Pedro de Solís y Valenzuela

supiere. La primera es que en este contorno ay vna fábrica89 de 93

vn muy devoto templo dedicado a N. Sa. la Reyna de los Ánge-


les, María Sanctíssima, cuya advocación es de la Candelaria90 94

por dedicarse a la fiesta que la Iglesia celebra a la Purificación


desta soberana Señora, y ser costumbre en esta festividad repar-
tir al christiano pueblo vnas candelas91 benditas. Este templo es
95

oratorio92 sacro de vnos hermitaños93 de la Orden del glorio-


96 97

síssimo Padre San Augustín, que cerca desta iglesia tienen sus
hermitas, viviendo en soledad y haziendo vida angélica, reti-
rada de todo el humano comercio94. Esta es la primera noticia,
98

aunque remota y no individual. La otra es que abrá algunos años


que vino de los Reynos de la feliz España, vn clérigo sacerdote,

89
Fábrica por ‘fabricación, edificio’. En este sentido es un latinismo (fabrica, -ae).
90
El texto se refiere a la «iglesia colonial [del Desierto de la Candela-
ria], construida en 1613 por el maestro santafereño Don Cristóbal de
Aranda» (Fr. A. Ariza, O. P., El Convento del Santo Ecce-Homo, Bogotá,
1966, pág. 22).
91
Candela: «vela de cera u sebo, la qual por medio de la mecha que tiene
dentro de algodón o lino, arde poco a poco, hasta consumirse» (Dic-
cionario de autoridades, s. v.).
92
Oratorio: «lugar destinado para retirarse a hacer oración a Dios» (Dic-
cionario de autoridades, s. v.).
93
Hermitaño (ermitaño) o eremita. Del griego , y este, de
(desierto): ‘el que vive en soledad’, como ciertos monjes.
94
Comercio (humano) «vale también comunicación, trato, conocimiento
y amistad de unos con otros, para todo lo conducente a la socie-
dad y vida humana, sus menesteres y mantenimiento» (Diccionario de
autoridades, s. v.).

– 64 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

que desde luego no trató, como otros que sólo vienen a satis-
fazer su sed de oro y plata, sino de buscar sitios para viuir en
vida solitaria, siendo raro exemplar de virtud y santidad. Y assí,
vna de dos: o esta cueba o celda descubierta por Don Andrés
es celda deste heroyco varón, o hermita de algún religioso des-
calzo95 de los de aquel venturoso collegio. Mas ¿de qué sirue
99

estar en estas amfibológicas96 dudas, pudiendo proceder a la


100

experiencia97? Vamos, desde luego. Todos a vna hazían ya


101

instancia por partirse. Mas, replicó Don Andrés, amigos, el ir


será cierto y más el quedarme yo, o ya sea hecho hermitaño de
San Augustín, o ya siruiendo a esse santo clérigo, porque fuera
de los auxilios soberanos con que Dios N. Señor illustró mi
entendimiento en aquella venturosa cueba, con lo visto y leýdo
en ella, estos papeles (sacándolos del pecho), dijo, que saqué
de ella, pasman y asombran todo humano entendimiento, y más
duro será que los bronzes y que los pedernales duros, quien,
leyéndolos, no mudare de vida. Aquí tiene Dios vn tesoro escon-
dido para llamar a los rebeldes y ablandar a los empedernidos

95
Descalzos: «se llaman también [así] los religiosos que professan descal-
cez de su religión». «Descalcez se llama por antonomasia el cuerpo de
qualquiera religión, cuyos individuos andan descalzos, por su instituto»
(Diccionario de autoridades, s. v. descalzo y descalcez).
96
Anfibológico es lo mismo que «ambiguo y dudoso. Úsase sólo de esta voz
en los discursos y palabras, quando son tales, que de ellos igualmente
se infiere y entiende el sí y el no» (Diccionario de autoridades, s. v.).
97
Proceder: «se toma también por passar a poner en execución alguna
cosa, a que precedieron algunas diligencias» (Diccionario de autoridades,
s. v.). Proceder a la experiencia: ‘poner en práctica un experimento’.

– 65 –
Pedro de Solís y Valenzuela

corazones; porque en quanto he leýdo tal efficazia de razones


no he hallado ni tales verdades ni desengaños. Ya vio Don Fer-
nando anoche mis ojos hechos mares de lágrimas quando los
leýa; el venir a este sitio a sido arbitrio suyo, para que aquí solos
los leamos antes de bolverlos a su dueño, lo qual es forzosso,
bolviendo luego a la cueba. Y assí quédesse esta facción98 para 102

el siguiente día y gastemos este en participar por el oýdo99 par- 103

tos deste prodigioso desierto. Todos se quietaron luego y con-


vinieron en que assí se hiziesse y, llevados no ya de la novedad
y curiosidad, sino de affecto pío y devoto, compungidos de lo
que avían oýdo y más de lo que Don Andrés, mancebo her-
moso y gallardo, determinaba hazer, pidieron que leyesse Don
Fernando, que leýa velozmente; y antes de entregarle para este
efecto los cartapacios, cada vno los tubo en su mano y los bessó
devotamente como reliquia de aquel santo varón que su autor
imaginaban, y aviendo dado buelta a las ojas y reparando que
avía versos, todos apresuraron a que se leyessen luego, porque
aviendo allí poesías, sería sin duda la lección más gustossa,
porque todos los que allí estaban eran afficionados a su genio
y numen100. En fin, dando todos plácida attención y gustoso
104

oýdo, empezó Don Fernando a leer en esta forma:

98
Facción, del latín factio, -onis: ‘expedición’. Se refiere al pasaje anterior,
en que se dice que van a observar personalmente el lugar.
99
Es decir, por medio del oído.
100
Numen «se toma por ingenio o genio especial en alguna facultad o arte,
como atribuyéndole a Deidad que le inspira. Regularmente se toma
por el numen poético» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 66 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

§§ Desengaño que el ombre deve tener


de las cossas humanas
En el estilo de Don Jorge Manrrique

Ya es tiempo que el desengaño,


dulce espejo de la vida,
recuerde el alma dormida
en la cama del engaño.
Todo el año,
a fuer de101 bruto animal,
105

está el ombre en sueño tal,


y persevera,
como si no conociera
el ser mortal.

[…]

Aquí hizo pausa Don Fernando y celebraron todos el genio


del verso y los conceptos y desengaños que contenía. Y Don
Pedro dijo: todo esso es assí, amigos; mas bien se conoze que
don Andrés está tocado de espíritu, pues nos ponderó al prin-
cipio tanta efficacia, que yo aguardava con lo leýdo mayores
comociones del ánimo. A que él respondió con presteza singular:
todo esto y lo demás que prosiguiéremos leyendo son preludios

En la expresión a fuer de, «este fuer es lo mismo que fuero, y la frase sig-
101

nifica a ley, a manera, a usanza» (R. J. Cuervo, Apuntaciones críticas sobre el


lenguaje bogotano, 9.a ed., Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1955, § 695).

– 67 –
Pedro de Solís y Valenzuela

y flores como puestas por anzuelo para zevar102 el entendi­ 106

miento y la curiosidad, si bien con vtilidad y fruto; mas yo avi-


saré quando llegue el punto que pide más attención y yo veré
en vuestros rostros y conozeré en vuestras palabras la efficacia y
los mayores effectos que al principio ponderé, a vuestro parezer,
con exageración. Prosiga Don Fernando, que todo esto es plata
quebrada103, que no pierde su valor; que luego llegaremos al
107

oro y piedras preciossas. Prosiguió, pues, Dn. Fernando leyendo


en esta forma, y apareció en el principio de la plana dibujada
vna vela encendida en que todos repararon, y debajo leyó Don
Fernando los versos que tenía escritos, que son los siguientes:

Zebar (cebar) se dice también, por metáfora, «de las cosas no materia-
102

les: como cebar el alma, sus potencias, sentidos, virtudes, passiones y


vicios, que es lo mismo que dar, proponer, aficionar, exercitar u ocupar
cada cosa de estas, respectivamente, con lo que es apetecible, deleita-
ble o sabroso, dentro de la esphera de su propio objeto» (Diccionario de
autoridades, s. v. cebar).
Plata quebrada «se llaman todas aquellas cosas que habiendo perdido
103

su primera forma, quedan con valor y utilidad» (Diccionario de autori-


dades, s. v.).

– 68 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

¡O, cómo esta infante antorchaV 108

que tibia luz brujulea104 109

al imaginarse viva,
da parasismos105 de muerta!
110

La luz que le comunican


ni la admite ni desdeña
y, en el algodón confussa106 111

ni bien acaba ni enpieza.

Mucho trabajo es la vida,


pues la rehusa esta vela;
mucho descanso es la muerte,
pues tan presto la dessea.

V
[Tachado, al margen:] D. Pº de Solís y Valenzuela. [Las ponderaciones
y alabanzas que, al terminar de leerse, se harán al presente romance,
no son muy comunes a lo largo de la obra. Es en realidad una hermosa
composición, de bien logradas metáforas y de un hondo mensaje; el
autor de El desierto añade que es «de belleza superlativa».

Frente a la primera estrofa, Cuartero y Huerta escribe, al margen, a
modo de comentario: «A la vela encendida al ir al coro»].
104
Brujulear: «mirar y acechar con cuidado… Es voz formada de la pala-
bra brúxula» (Diccionario de autoridades, s. v.).
105
Parasismo se llama un «accidente peligroso, o quasi mortal, en que el
paciente pierde el sentido y la acción, por largo tiempo» (Diccionario de
autoridades, s. v.).
106
Participio latino (confussus, -a, -um), ‘confundida, mezclada, revuelta’.

– 69 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Mas, ya encendida la llama,


tan propia se señorea107, 112

que, envanecido108 su fuego,


113

región de humos penetra.

[…]

Mas, ¡o, qué poco durable


es la humana fortaleza!
Y sus alentados109 bríos
114

¡qué presto flacos se quiebran!

Después de aver batallado,


colérica, afable, tierna,
en sí halla, mariposa,
luz que la alumbra y la quema.

Humo exala, porque como


del principio el fin se ordena,
en nada son differentes,
porque en la nada concuerdan.

Señorear[se]: «usar de gravedad y mesura en el porte, vestido u trato»


107

(Diccionario de autoridades, s. v.).


Del verbo envanecer. Es decir, «soberbio, hinchado, presuntuoso»
108

(Diccionario de autoridades, s. v.).


Alentados: ‘animosos, resueltos, esforzados’.
109

– 70 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

¿Qué es esto? La que exalava


radiante luz altanera,
ya humo se desvaneze,
se desconpone tiniebla.

Al fin conoció la luz


después que vbo estado en vela,
que era su esperado logro
el malograrse en sí mesma.

Vele siempre el alma, pues


mejor descanso interessa,
todo el tiempo que luz fuere
de aquesta vela de tierra.

Singular aplauso dieron todos al referido romanze y a su


docta y erudita accomodación y metáfora y ponderaron con justa
razón lo conprehensivo y sentencioso que en sí incluye. La poe-
sía, numen110 de ingenios grandes y que por salir de los límites
115

vulgares y no ser penetrada de todos, es continuamente emu-


lada, ella (dezían) es la que da alcanze a las recónditas verda-
des, la que afecta la hermosura sutil, la que haze qualquier
lección gustosamente deleytable y, siendo de cosas sagradas, es
acto digno y propio del espíritu, y assí vemos que ay algunas de
belleza superlativa, qual es el romanze que se a leýdo. Prosiga
Don Fernando, dijo Don Andrés; que aora no es occassión de
ventilar questiones. Y attención: que la dézima que se sigue es

Véase nota 100.


110

– 71 –
Pedro de Solís y Valenzuela

de primera magnitud, y su glossa habla, como solemos dezir


comúnmente, al alma. Obedeció Don Fernando y, callando
todos, leyó assí:

Es ceniza el más robusto;


la vida, ligera posta;
la puerta del cielo, angosta;
apenas se salva el justo.
Pena eterna, brebe gusto,
mundo y tiempo mentiroso,
juicio y jues riguroso,
dudosa la salvación,
fácil la condenación.
¿Qué hago? ¿Cómo reposo?

[…]

Apenas acabaron de dar aplauso a estos versos quando en


la siguiente plana se descubrió muy bien dibujada la muerte, y
Don Andrés, que hasta aquí avía callado, dixo: attención, ami-
gos, que todo lo que hemos leýdo an sido preludios y disposi-
ciones para grangear111 el oýdo; el fruto prometido cogeréys
116

ahora en lo siguiente. Aquí está la efficacia que yo tanto al prin-


cipio os exageré; aquí, la causa de mis lágrimas; aquí, la mina
de mis suspiros y os certifico que si algunos justos respetos no

Grangear: «metaphóricamente vale ganar, adquirir o lograr el afecto,


111

voluntad o benevolencia de otro, a fuerza de halagos, caricias o sumi-


siones» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 72 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

me lo impidieran, saliera por las calles y plazas leyendo a vozes


estas razones y dando gritos dixera lo que ahora os digo, mis
queridos: Vsquequo filij hominum gravi corde?112 ¿Hasta quándo, o
117

hijos de los hombres, avéys de tener empedernido el corazón?


Attiendan, mis amigos, y attienda el mundo estas considera-
ciones, no sólo con el oýdo corporal, sino con el del alma para
que aproveche. Sé deziros que luego que las leý, dixe del que las
compuso: Nunquam sic locutus est homo113: no ay hombre que aya
118

hablado assí. Dios es el que habla por estos brebes rasgos. Todos
se suspendieron con esto y Don Fernando prosiguió leyendo assí:

§§ Meditación primera de la muerte

¡O, quám cierta es la muerte, Dios mío! ¡Y quán olvidado de ella


vivo! Tú, Señor, me lo dizes, y yo me lo veo, que al fin, tarde o
temprano, he de morir! Mas, ¡ay, que yo vivo como si tubiera
la vida para siempre! De aquí viene que tengo afficionado el

Ps. 4: 3.
112

Io. 7: 46. Las meditaciones que siguen pueden ser traducción, o estar
113

al menos inspiradas en un libro titulado De Sacramentis, vertido en


romance por Arsenio, según se dirá más adelante, en la Mansión xx:
«… yo trasladé de otro libro que, entre otros míos, avía traýdo, aque-
llas santas meditaciones de la muerte, infierno y juicio que avéys oýdo,
que son tales que merecieron bien este cuydado, pues estando colloca-
das en un libro intitulado De Sacramentis, sólo en estar escondidas allí
venían a ser parte del libro por lo que significa sacramento».

– 73 –
Pedro de Solís y Valenzuela

corazón a las cossas de acá, porque no las miro como a cos-


sas que las he de dexar. O, Señor, ¡cómo he vivido tan descuy-
dado como si no vbiera muerte! ¿Que me he de morir? ¿Que
a de venir día en que yo no anochesca, y amanesca o no ano-
chesca? ¿Que se a de llegar la hora en que he de dar la ltima
boqueada? ¿Y he de dexar los parientes, amigos y este cuerpo
que tanto regalo? ¡Que a de venir hora en que se a de arran-
car el alma de mis carnes y dexarlas muertas, frías, desfigura-
das y feas! ¡O, día terrible, y quién no tiembla de ti! ¿Y que no
te puedo excusar?114 Pues, ¿para qué quiero poner mi corazón
119

en lo que tengo de dexar mañana? ¿Para qué quiero matarme


por las riquezas y bienes que forzosamente he de dexar? ¿Qué
se me da a mí de la honrra y estima de los ombres? ¿Qué de si
me alaban o vituperan, pues al fin he de morir y los dichos y
opinión de los hombres no bastarán a librarme del día malo?
¿Y que me mate yo sirviendo a ombres, sirviéndome tan poco
el tener cabida115 con ellos, y todo quanto ellos sintieren y dixe-
120

ren de mí? ¡O, quién mirasse cada cossa como es; quién todo lo
pesasse con justo peso, quién amasse las cossas como merecen,
las eternas como eternas, y las temporales como temporales!
¡Las vanas como vanas y las sólidas y verdaderas como a tales!

114
Entre otros significados, excusar «vale asimismo re[h]usar, huir la oca-
sión de que pueda resultar algún daño o perjuicio» (Diccionario de auto-
ridades, s. v.).
115
Cabida: «por translación, es la entrada que alguno tiene en alguna casa
de señor u de otro amigo, por comercio, amistad u otro motivo… para
desfrutar de su favor» (Diccionario de autoridades, s. v.). Tener cabida es una
locución usada comúnmente para indicar aceptación.

– 74 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Si ahora, en este punto, me cogiera la muerte y se me arran-


cara el alma, ¿qué sintiera yo de aver puesto mi corazón en
tantos bienes temporales y vanas honrras? ¡O, qué burlado me
hallara! ¡O, cómo reprehendiera116 mi locura! ¿Hasta quándo
121

he de amar la vanidad? ¿Quándo he de començar a tener


seso? ¿Quándo no he de hazer casso de la honrra y dichos de
los ombres? ¡Como que me he de perder yo por toda la eterni-
dad! ¿Por un poco de honrra vana y vaníssima? ¿Por un poco
de humo? ¿Que a de recabar conmigo más el qué dirán que
la salvación de mi alma? ¡O, quántos están en el infierno por
vn qué dirán, por vanas pretensiones, por parecer algo y ser
estimados de los ombres! ¿Si me a de suceder a mí lo mismo?
Lo que veo es que conosco que es vanidad y locura, y que lo
pienso y lo digo muchas vezes, y nunca acabo, ni aun comienço,
a dexarlo; que no pareze sino que tengo esta honrra enpapada
en mí, y como entrañada y metida en los huessos y tuétanos y en
lo íntimo de mi corazón. ¡O, desdichado de mí! ¿No derriba-
ría yo este ídolo y le haría mil pedaços? Señor mío, no valgo
nada, flaquísimo soy y miserabilíssimo. A ti levanté mis ojos
para que me ayudes, y yo no peresca. Mírame, Dios mío, con
ojos de piedad, y no permitas, por quien Tú eres, me lleve tras
sí la vaníssima honrra; y pues Tú quisiste agradar a tu Eterno
Padre, y hiziste tan poco casso del dezir de las gentes, que veniste
a morir desnudo en un palo y entre dos ladrones, dame valor
para que yo venza esta negra vanidad, que tan loco me trae.
Braço tuyo fuerte es menester para desencastillar este fuerte

Reprehender, del latín


116
: «corregir, reñir, condenar el dicho o
hecho torpe, o no arreglado a razón» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 75 –
Pedro de Solís y Valenzuela

armado, y vos, Señor, poderoso soys para todo. Hazedme mer-


ced de ayudarme contra este enemigo, que yo desde aora pro-
pongo de no hazer caso de los dichos de las gentes, sino sólo de
agradaros y acordarme muchas vezes deste tranze de la muerte,
para aiudarme a tener en poco esta vana y negra honrra. Y
si tanbién tengo de dexar el cuerpo, ¡qué locura es emplear la
vida en servirle i regalarle y seguirme por sus antojos! Parti-
cularmente siendo esto causa de la perdición de mi alma. Si
viviéredes117 según la carne, dize San PabloVI, moriréis; mas
122 123

si con la fuerça del espíritu mortificáredes sus obras, viviréis.


O tengo de seguir mi carne, y morir eternamente, o mortifi-
carla, y vivir para siempre; que por fuerza a de ser vna de dos,
y que lo que puede durar el dar gusto a la carne es brevíssimo
tiempo. ¡Y que por tan brebe espacio y tan bajos deleytes me
quiero perder para siempre! ¿Y esto es tener seso? ¡Y que he
yo toda la vida servido a mi carne, y buscado la muerte eterna
de mi alma! ¡Ay de mí!, y lo peor es que aún aora la sirvo y
regalo. Fuerza, que es tiempo de fuerça, que el reyno de los

117
Sobre la forma viviéredes y, dos líneas adelante, mortificáredes, recorde-
mos que «la desinencia [latina] -tis de [la] 2.a persona de[l] plural se
hizo -des [en castellano]; pero luego en el siglo xv se perdió la d en
las formas graves llorades, lloraes, llorais, y en el siglo xvii en las formas
esdrújulas, llorábades, llorabais» (V. García de Diego, Gramática histórica
española, Madrid, Gredos, 1951, pág. 180). Es curioso observar que
apenas ocho líneas antes se cambió la segunda persona del singular
por la segunda del plural.
VI
Si secundum carnem vixeritis, moriemini. Paul. [Rm. 8: 13).

– 76 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

cielos padeze fuerzaVII y los que se la hazen son los que se lo


124

llevan. Haz, alma mía, fuerza a tu carne, pues la as de dexar


mañana; mira que el tiempo es brebe; hazla fuerça; mira que
te lleva a la perdición; mira que te va en ello la vida eterna.
¡O, Señor mío, dadme fortaleza, por quien Vos soys, y que de
oy más yo pregone guerra campal contra mi carne y sus ape-
titos, yo la conosca y tenga por enemiga, y vea que la amistad
que me a echo es amistad falsa. Mas, Señor, ¿qué podré hazer
sin Vos en cossa tan difficultosa? Aun lo fácil no puedo sin Vos.
¿Qué haré en esto? Ayudadme, Dios mío. AiudadmeVIII. 125

[…]

§§ [Consideración] vii

Aunque el alma a de ir luego a dar quenta a Dios, quiero yo


mirar esto de espacio118 y a mi modo de entender. Miro, pues,
126

quál queda el cuerpo feo y desfigurado, amarillo y muerto, que


ni se menea ni siente. Los que asisten allí cierran los ojos, com-
ponen los brazos y aparejan la mortaja; entran vnos y otros a

VII
Regnum coelorum vim patitur, etc. [Mt. 11: 12].
VIII
Deus, in auditorium meum intende. D[omi]ne, etc. [Ps. 69: 2].
118
De espacio, más comúnmente escrito despacio. Un ejemplo: «el Cura se
le puso a mirar muy de espacio» (M. de Cervantes Saavedra, El ingenioso
hidalgo don Quijote de la Mancha, parte i, cap. xxix; ed. Rodríguez Marín,
t. ii, 1947, pág. 380).

– 77 –
Pedro de Solís y Valenzuela

verme y huyen de mí, porque mi vista les causa horror y espanto.


Dizen que se den prissa a amortajarme y a enterrarme. Comien-
zan a doblar las campanas. Preguntan vnos y otros quién es
muerto: Fulano, Dios lo perdone. Y luego se olvidan de mí y
se van a sus negocios. Traen la mortaja y buelben el rostro por
no verme. Cáeseme vn brazo por acá y otro por acullá, y tam-
bién la cabeza; enbuélbenme al fin en la mortaja. ¡Hombre,
qué poco es lo que sacas de los bienes deste mundo!IX. Mas, 127

¡qué locura es matarme por tener y amontonar, para llebar vna


triste sábana, vieja y ruin, y poco me durará, pues se pudrirá
presto! Tenderme an en el suelo, cubrirme an con vn paño
negro y pondrán dos velas encendidas a los lados; traerán las
andas; vendrán los clérigos, comenzarán el responso119; toma- 128

rán mi cuerpo en peso y por ventura con esto derramarán algu-


nas lágrimas los de casa; por cierto de harto me seruirán y allí
se verá quán poco aprovecha la affición de los parientes y amigos.
Ponerme an en las andas, llevarme an a la sepoltura y, abierto
en la tierra vn grande hoyo, abrán sacado muchas calaberas
y mucha tierra hedionda. Hechos los officios120, sácanme de 129

las andas, húndenme en aquella sepoltura, y dan los de cassa


algunos gritos, y quizá más por cumplimiento y bien parezer
que otra cosa. Comienzan a echar sobre mí huessos y tierra

IX
[Al margen:] Saladino, etc.
119
Responso son ciertas preces y versículos que, separados del rezo del Ofi-
cio divino de los clérigos, se dicen por los difuntos.
120
En este caso, officios son ciertas funciones solemnes pertenecientes al
altar o al coro, que la iglesia tiene destinadas a pedir por los difuntos.

– 78 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

y a pisarme. Sin duelo ninguno déxanme allí y vanse todos y


pónense quizá a comer y reír, y muy de espacio.
¡O, qué de espacio y hundido quedaré allí! Haz aquí vna esta-
ción121, alma mía, y mirando a tu cuerpo, allá debajo de la tie-
130

rra, considera quál queda. ¡O cuerpo! ¿Eres tú el regalado?122 ¿El 131

que yo vestía y regalaba y blandamente trataba? ¿Por cuya causa


yo me olvidaba de mí y de los bienes eternos y de Dios infinito?
¡O, quál estabas y quál estás! ¿Adónde están aora todos los rega-
los passados? ¿Dónde las comidas dulces y sabrosas? ¿Dónde los
vestidos y galas? ¿Dónde las joyas y riquezas? ¿Dónde el oro y la
plata que amontonabas para tu seruicio? ¿Dónde la reverencia
que todos te hazían? ¿Dónde tu pundonor y vanidad? ¿Dónde el
desseo de valer y ser honrrado? ¡O, cómo todo es vanidad! ¡No me
abraze yo, Señor, con cossa del mundo sino con Vos! ¿Que dejo
yo a Dios por regalar vn cuerpo tan vil y tan hediondo? ¿Qué
cossa más vil que este cuerpo assí soterrado? ¿Qué cossa más alta
que Dios? Señor, ¿que cabe en mí tal locura y necedad? No lo
permitáys, Señor, os ruego. Písenme todos y traten este cuerpo
como mereze. ¡O, válame Dios, passados beynte o quarenta años,
quál estará este cuerpo: aquí la calavera, allí los huesos! ¿Y que,
sepultado, estaré en perpetuo olvido? ¿Y qué será después de
docientos años? Y cánsome yo mucho de mirar si se acuerdan

121
Estación: «la devoción christiana de los fieles, cuando van a visitar
los templos, y hacer oración delante del Santíssimo Sacramento»
(Diccionario de autoridades, s. v.), y, por extensión, como en el presente
caso, cuando se hace una reflexión espiritual.
122
Regalar es también «recrear u deleitar… tratarse bien y con regalo en
el comer y beber» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 79 –
Pedro de Solís y Valenzuela

de mí, o qué sienten y dizen de mí. ¿Qué hago? ¡O, quién pusiesse
todo esto debajo de los pies! Verdaderamente que he andado
ciego hasta agora; mas de aquí adelante yo miraré mi cuerpo,
no como hasta aquí, sino como vna cossa asquerosa y vilíssima y
miraré las cossas del mundo como vanas y perecederasX. 132

Hizo aquí pausa Dn. Fernando porque se acababa la consi-


deración, y viendo a todos enternecidos y tristes, con voz tierna,
clamó diziendo: aquí, fieles del desengaño, que, obstinado el
desorden de las costumbres se despeña sin ojos azia el peligro.
Favor, amigos, al escarmiento, que, entorpecidos se resisten a la
justicia de su enseñanza los afectos desvocados de las passiones.
Nadie cree lo que más experimenta, pues tropezando por ins-
tantes en muchas muertes la vida, ni la ermosura diffunta123 la 133

desengaña ni la nobleza marchita la reduze, ni el riesgo ame-


nazado la mejora, ni el daño peligrosso la amedrenta. ¡O, todo
lo que emos leýdo es verdad; todo a de passar por nosotros! ¡O,
despierte ya la insensibilidad rebelde de la razón a golpes tan
penetrantes! No pudo proseguir más adelante y los compañe-
ros mudamente sólo le respondieron con lágrimas; mas Anto-
nio, que124 le llebaba siempre los ojos la pintura, reparó que esta
134

X
[Al margen este verso:] Alma mía, si as de dar, etc. [véase la misma
poesía, que aparece en la transcripción del manuscrito de Yerbabuena,
Meditación vi].
123
Diffunta: «metaphóricamente [significa] qualquier […] cosa que ha
perdido aquel ser que tenía, o que le correspondía» (Diccionario de auto-
ridades, s. v. diffunto).
124
El uso de que y un pronombre en lugar de cuyo y quien con preposición
se documenta en los clásicos españoles. Por ejemplo: «Estatua vestida

– 80 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

ltima meditación de la muerte fenecía en vna calavera muy bien


dibujada, y con esta occassión dixo: marauillosos efectos aguardo,
soberanas enseñanzas, de tal catredático y maestro. Mucho ay
que hazer y discurrir, mas yo, amigos, os quiero ofrezer otras dos
epigrammas125. Como las passadas, no serán fuera del intento,
135

y pues ay tinta y pluma y aquí se siguen 4 hojas blancas, escriva


Dn. Fernando. El qual obedeció al punto y Antonio dictó assí:

Esto, que prompta la razón aduierte126, 136

cárcel fue ya de rayos soberanos,

que el aire le mueve la ropa» (Cervantes, citado por J. Páramo Poma-


reda en M. A. Caro y R. J. Cuervo, Gramática de la lengua latina para el
uso de los que hablan castellano, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1972,
“Estudio preliminar”, pág. lvii, nota).
«Enigma, epigrama…, entre otros vocablos hoy m[asculinos], usábanse
125

como femeninos…

Fuimos su parientes

a ver de día

de riquezas pobres

claras enigmas.

Lope, Past. de Belén.


… Retratos de poetas famosos

y de algunas epigramas.

Lope, La Arcadia, Lib. v»

(E. Rodríguez Herrera, Observaciones acerca del género de los nombres, La
Habana, Ed. Lex, 1947, pág. 223).
De Manuel de Faría y Souza, La fuente de Aganipe, Madrid, 1644-1646
126

(compárese J. Simón Díaz, Bibliografía de literatura hispánica, Barcelona,


csic, 1972, t. x, pág. 48, núm. 386).

– 81 –
Pedro de Solís y Valenzuela

¿en población horrenda de gusanos


tanta sublime pompa se convierte?

¿De aquella flor que viva ambrosias127 vierte,


137

estragos y vestigios son tiranos?


Que es la vida fatal de los humanos
caduco patrimonio de la muerte.

¿De vn bajel de las olas de la vida


es esta arquitectura despoblada,
que con veneraciones fue temida?

¿Esto es frente que a sido coronada?


¿Esto fue mano de jazmín vestida?
¡O vida! ¡O sombra! ¡O sueño! ¡O punto! ¡O nada!

Esta, dixo, cantó vn cisne portugués viendo trasladar vn


cuerpo de vna reyna a vn sepulcro nuevo, que por esso vsa de
las interrogaciones. Pero más individual a la calabera, con dul-
zura inaudita, assí nuestro castellano Lope:

En la mitología clásica, ambrosía es el manjar sólido que, con el néctar


127

líquido, constituye el alimento de los dioses griegos. Es nueve veces


más dulce que la miel y da la juventud y la inmortalidad.

– 82 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Esta cabeza quando viva tuboXI, 138

sobre la arquitectura destos huessos,


carne y cabello, por quien fueron pressos
los ojos que mirándola detubo.

Aquí la rosa de la voca estubo,


marchita ya con tan elados besos;
aquí los ojos de esmeralda impressos,
color que tantas almas entretuvo.

Aquí, la estimativa en que tenía


el principio de todo movimiento;
aquí, de las potencias la armonía.

¡O hermosura mortal, cometa al viento!


Donde tan alta presunción vivía
desprecian los gusanos aposento.

Gran dezir, respondieron todos; divino pensar y suavidad


notable tienen estos versos y justamente merezen este puesto y
collocación que les a dado Antonio. Aunque al dezir de Lope
no llegará nuestro rústico pensar (dixo D. Pedro), con todo esso,
pues ay papel bastante, procuremos borrar aquí algunos mal
limados versos que llenen este blanco. Cada vno de nosotros
forje vn soneto y sea el asumpto, o la brevedad de la vida, o lo

XI
[Tachado, al margen:] Lope de Vega Carpio [Rimas sacras, soneto
xliii, Madrid, 1614, fols. 15v-16r. La versión de El desierto presenta
sólo pequeñísimas variantes].

– 83 –
Pedro de Solís y Valenzuela

que se a leýdo. Libre queda el campo del discurrir, como no sea


fuera deste propósito porque se a de clausular128 aquí la letura,
139

que haze ya mucho calor. Serán ya más de las doze horas del
día y emos de boluer a comer, destinando la tarde para gastarla
en este mismo exercicio, en este o otro más ameno sitio para
acabar de leer lo [que] queda del cartapacio. Apenas avía aca-
bado de pronunciar estas breves razones quando D. Andrés dio
por respuesta: pues va de concepto129 y escriva Dn. Fernando.
140

[…]

D. Andrés, que tenía la imaginación puesta en su vocación


sólo y ocupada la idea con las cossas que se avían leýdo aquella
mañana, dictó esta famosa epigramma130: 141

Con vn cuerdo advertir loco peleo;


conosco que no soy lo que he vivido;
creo que ser no puedo y, prevenido,
antepongo el vivir a lo que creo.

Como el presente ser, viviente veo


lo contigente en mí desvanecido,

Clausular: «cerrar o terminar el período; poner fin a lo que se estaba


128

diciendo» (Diccionario de autoridades, s. v.).


Va de concepto: por analogía con la expresión va de cuento se entendería
129

que lo que se va a decir es un concepto sobre el tema propuesto.


Véase nota 125.
130

– 84 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

quando pienso en el fin, el fin olvido,


mintiendo la verdad con el desseo.

¡O, qué espantoso engaño! ¡O, qué locura!


¡Que sepa que es mi ser sólo un instante,
y me prometa ciertos muchos años!

Espejo sea, pues, la sepultura,


que, si me miro en él, será bastante
a darme sufficientes desengaños.

Esta es la contera131 de oro que emos de poner a las Medita-


142

ciones de la muerte, pues es la cifra y compendio de ellas, dixe-


ron todos, pues ya se acaba el cartapacio. Replicó Antonio que
pues aún tenía ojas blancas, que no se le avían de bolver a su
dueño sin que fuessen escritas o dibujadas, que él se encargava
de la inventiva del asumpto; y assí fácilmente se concordaron en
este propósito. Y como ya avían llegado a la cassería132 apeán- 143

dose de los cavallos, trataron de dar refección al cuerpo, y, en


passando el rigor del sol, salir presurosos en busca de la cueba.
Dexándolos, pues, en su descanso, quiero, ¡o, letor!, también le
tengas mientras otra Mansión se te prepara.

Contera, «por translación [es] lo que se añade al fin de alguna cosa no


131

material: como un cuento añadido al fin de una historia» (Diccionario


de autoridades, s. v.).
Véase nota 68.
132

– 85 –
§§ Mansión iii

N
o con saynetes133 de dichos agudos, no con la salsa de
144

las murmuraciones ni con el picante de los chistes,


dieron refección a la naturaleza estos quatro jóvenes,
sino que imitando al Profeta Rey comían con el pan ceniza de
la sepultura y tenplaban134 con lágrimas su bebida, tam bien
145

dispuestos los tenía la divina gracia. Brevemente concluye-


ron aquel bien permitido alivio y, dadas las gracias a Nuestro
Señor por él, en lugar de dormir la siesta, assistieron todos a
ver lo que Antonio dibujava en el cartapacio. Delineó, pues,
brevemente vn hombre puesto en vna cama con vn crucifixo

Originalmente sainete significa «el pedacito de gordura de tuétano,


133

o sesos, que los alconeros, o cazadores de volatería, dan al halcón, o


páxaro, quando lo cobran… Por alusión significa assimismo qualquier
cosa que mueve a la complacencia, inclinación, o gusto de otra: como
el donaire, discreción, etcétera» (Diccionario de autoridades, s. v.).
Templar: «moderar o suavizar la fuerza de alguna cosa. Es del latino
134

temperare» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 87 –
Pedro de Solís y Valenzuela

en las manos, como que estaba puesto en la agonía postrera de


la vida y, luego, como más memorioso135, escrivió lo siguiente:
146

Pendiente a morir de vn leño


(teatro estupendo y triste),
antes, Señor, que a otras manos,
a mis yerros infelices.

Bronco laurel vuestras sienes


tanto offende, aunque las ciñe,
que hasta la Deidad los ecos
padeció, sin ser pasible.

La que flamante guedexa


rizó con vidros136 sutiles
147

muda noche, ya la peyna


coral que la desaliñe.

De aquese marfil humano


descogidos los rubíes,
¡qué mal que pintan lo hermoso,
pero qué bien que le tiñen!

Memorioso: adjetivo que «se aplica al sujeto que tiene feliz memoria, y
135

se acuerda con facilidad de muchas de las especies que ha visto o leído.


En lo antiguo se decía memoroso» (Diccionario de autoridades, s. v.).
Vidro, por vidrio. «Algunos le llaman vidro, y uno y otro es del latino
136

vitrum» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 88 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Mustio el clavel de la boca,


rudos licores os sirven,
que vuestra sed busca trazas
para que no se mitigue.

[…]

Pero si os haze lisonja


que yo eternamente habite
aquella región de horrores,
aquel seno de salitres,

sea assí, que si no veros


y amaros es composible,
mejoráreme de amante
quando de feliz me prive.

Mas, ¡ay!, que el cuerpo y el alma


a este aliento se despiden.
Mi espíritu os encomiendo;
Señor, Señor, recebilde.

Después de escrito este famoso romanze, lo leyó Antonio


repetidamente por tres vezes, no sin ternura de los circunstan-
tes, que alabando la sublimidad y preñez de los versos, le dieron
el parabién de averlos collocado137 en tal sazón y tiempo. Mas
148

Por colocado. Grafía latina (collocare) por colocar, como illuminare por
137

iluminar.

– 89 –
Pedro de Solís y Valenzuela

D. Fernando dixo: aunque el papel que resta se podía llenar


de conceptos admirables escritos a este asumpto por los felizes
ingenios de Madrid, que me acuerdo averle[s] leýdo en vn libro
intitulado Avisos para la muerte, título impropio, auiendo de ser
el verdadero: Afectos en la hora de la muerte138, no quiero repetir lo
149

que ya es tan sabido, antes pretendo que pues no nos es posible,


por ser ya tarde, el salir oy en busca del dueño deste cartapa-
cio y el ir a ver su prodigiosa habitación, me dexéys esta tarde
solo, que pretendo, en este asumpto que a propuesto Antonio,
epilogar139 toda la doctrina que esta mañana leýmos. Lo vno,
150

porque el cartapacio buelva todo escrito, y lo otro, porque nos


quede vn manual recuerdo de todo lo que contiene en los ver-
sos que ya va mi genio y musa disponiendo. Alabaron todos su
parecer, y assí, saliéndose al campo, lo dejaron solo y suspenso y
enternecido bolviendo a ler y recapacitar aquellas meditaciones

Avisos para la muerte, escritos por algunos ingenios de España. Recogidos y publi-
138

cados por D. Luis Ramírez de Arellano. Madrid, Viuda de Alonso


Martín, por Alonso Pérez, 1634, 8.º menor, 16h., 127 fols. Este librito fue
muy leído y su éxito lo prueban las numerosas reimpresiones que se hicie-
ron en pocos años, en Valencia (1634), Madrid (1635), Barcelona (1636),
Zaragoza (1637), Barcelona (1637), Madrid (1639), Zaragoza (1640 y 1648),
Sevilla (1652), Zaragoza (1654 y 1657), Lisboa (1659), Madrid (1659, dos
veces), Sevilla (1660), Zaragoza (1665), Alcalá (1671), Madrid (1672), Alcalá
(1675), Sevilla (1697), Valencia (1772), Madrid (1772), Barcelona (1777),
Madrid [?] (1832) (compárese Antonio Palau y Dulcet, Manual del librero
hispanoamericano, t. i, Barcelona, Lib. Palau, 1948, pág. 590).
Epilogar: «resumir en breves cláusulas y períodos lo dicho antes, para
139

refrescar la memoria de lo discurrido y tratado. Es formado del nom-


bre epílogo» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 90 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

de la muerte. Luego, poniendo los ojos en aquel geroglífico tan


cierto y verdadero de la mortal agonía que aquel hombre con
el crucificado Dios en las manos proponía, escrivió lo siguiente:

Pues de la postrer batallaXII 151

la vida está en el palenque


donde venze sólo aquel
que el gusto de viuir venze;

pues ya en la estacada140 estoy 152

a donde para perderme


de campo sirve la cama,
de armas, los accidentes,

attiende, Señor, a un hombre


puesto en aquel tranze fuerte,
que en el peligro de un punto
es tan largo como brebe.

Attiende al más duro tranze


que en los años y los messes
de la edad se teme tanto
y tan poco se previene.
[…]

XII
[Al margen parece haberse escrito el nombre del autor, hoy perfecta-
mente ilegible. Sin embargo, a juzgar por lo que afirma el manuscrito
de Yerbabuena, el autor es fray Ambrosio Roca].
140
Estacada: «palenque o campo de batalla. Lugar señalado para un desa-
fío» (Diccionario académico, s. v.).

– 91 –
Pedro de Solís y Valenzuela

¿No me perdonas, amado?


Padre y Señor, ¿no me absuelves?
Sí, que el baxar la cabeza
es decir sí mudamente.

Demás, mi bien, que inclinalla,


estando el pecho patente,
muestra que me estás llamando
a que por la llaga entre.

Ya entro, pues que me atraes,


por tu llaga, donde queden
mis yerros, por ser tú imán,
mi amor; porque centro eres.

Amor, abiertos los brazos,


te clavó tan fuertemente
porque sin fuerça te abraze
y que por fuerça me esperes.

Y aun tus manos me asseguran,


quando con yerros se ofrezen,
que aun los yerros, por tu sangre,
lo que traspassan, detienen.

Ya es hora, Señor, ya es hora


que mis tristezas alegres,
que mis miserias te atraygan,
que mis destierros consueles,

– 92 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

que mis riesgos assegures,


que mis temores alientes,
que me abrazes, que me assistas,
que me arranques, que me lleves.

Ies s, recibe mi alma;


Ies s, perdón me con[ce]de141; 153

llévame donde contigo,


en estado permanente,

te alcanze, te assista y mire;


te admire, te alabe y reyne;
te adore, te goze, te ame,
para siempre, para siempre…
Amén.

Assí acabó de escrevir D. Fernando a tiempo que el Auriga142 154

soberano escaseava luzes, transportándolas a otro emisferio,

141
Me concede, forma imperativa por concédeme. «Mientras entre nosotros el
imperativo, infinitivo y gerundio exigen el pronombre pospuesto, en los
siglos xvi y xvii se admitía en ciertos casos el orden contrario» (R. Lapesa,
Historia de la lengua española, 3.a ed., Madrid, Escelicer, 1955, pág. 255).
142
Auriga: lo mismo que cochero. «Es voz puramente latina, y sólo permi-
tida en la poesía, y fuera de ella es afectación extravagante y ridícula»
(Diccionario de autoridades, s. v.). Aun cuando el diccionario mencionado
califica de extravagancia el uso de esta palabra en prosa, sin embargo,
a renglón seguido cita un ejemplo de don Joseph Pellicer en su Traduc-
ción del Argenis, fol. 86, (1626), que dice: «Quando los caballos del rey,
o de su voluntad espantados, o heridos de los mosquitos palustres, o

– 93 –
Pedro de Solís y Valenzuela

quando se juntaron en la quinta los demás compañeros que


divididos avían andado por el campo, y todos venían ansiosos
de oír lo que Dn. Fernando avía escrito. Pidiéronle con ins-
tancia lo dictasse y, encendidas luzes, y sentados en rededor
de vna messa, lo hizo assí, no contentándosse desto143 sino de 155

leer el romanze, cada vno de por sí, tanto era el gusto que en
oírlo tenían. Y Dn. Andrés, de ver conclusso144 tan felizmente 156

el cartapacio, mostró más gusto. Y queriendo ya guardarlo


en el escritorio de su pecho para restituirle en el siguiente día
a su venturoso dueño, le dijo Dn. Pedro: no ay que guardarle,
que mientras mi hermano a escrito esse tan conceptuoso 145 157

romanze, yo no he estado occiosso, que de la misma mina


tengo preparadas vnas dézimas al desengaño de la vida, y son

finalmente por la traición del auriga», etcétera. En el presente caso se


refiere al sol, o metafóricamente —según la mitología— a Faetonte,
hijo de Helios y Clímene quien, habiendo obtenido de su padre per-
miso para conducir la carroza del sol durante un día, perdió el con-
trol de los caballos y fue muerto por un rayo de Zeus, para evitar que
prendiera fuego en la Tierra.
143
Para la construcción contentarse de, Cuervo, con varios ejemplos, explica
que este verbo se construye con de «para señalar el objeto que se mira
como fuente de contento y satisfacción» (R. J. Cuervo, Diccionario de
construcción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. ii, pág. 461 a-b).
144
Conclusso (latín conclusus, -a, -um), por ‘concluido, terminado’.
145
Véase nota 33.

– 94 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

a propósito, y también no falta papel con que se añidan146 al 158

quaderno. Pidiéronle las refiriesse y él lo hizo assí:

Alma mía, si has de dar


cuenta al juez, prevén la quenta,
que quien en tiempo no cuenta,
tendrá después que contar.
Comienza ya a conffessar
de las partidas la summa,
que si el tiempo se consumma,
para quenta tan amarga,
será la suma muy larga
y el tiempo un instante en suma.

[…]

Mas, ¡ay de mí!, si es verdad


lo que digo y lo que siento,
¿cómo nunca me arrepiento?,
¿cómo afecto la maldad?
Ay, mi Dios, piedad, piedad,
que de mi malicia fiera
es tan torpe la ceguera,
que, aunque lo veo y lo creo,

Se añidan. «Añidir, comunísimo en libros antiguos, era ya vulgar en el


146

siglo xviii (Iriarte, La señorita malcriada, ii, 4)» (R. J. Cuervo, Apuntaciones
críticas sobre el lenguaje bogotano, 9.a ed., Bogotá, Instituto Caro y Cuervo,
1955, § 795).

– 95 –
Pedro de Solís y Valenzuela

assí pecco, aunque lo veo,


como si no lo creyera.

Y assí excusa deve ser


dezir que en tanto sentir
no me puedo arrepentir,
siendo tan libre el querer.
Aquí cesse el offender
a mi Dios, a mi Señor,
aunque culpe mi valor
quien me dio en su amor veneno;
porque si yo me condeno,
no me salvará su amor.

Bastantes son los versos y conceptos que aquí están escritos,


dixo Antonio, para servir de espejo y desengaño a los morta-
les. ¡O, vozes dignas de eterno bronze, para remedio de todo
divertimiento humano! ¡O, qué batalla de afectos engendran!
¡O, cómo, mudas, vozean y, aunque en débiles hojas exaradas147 159

predicadores valientes, desengañan! Efectos maravillosos, res-


pondió D. Andrés, veréys muy presto suyos, y para que conos-
cáys que no he estado occiosso, cito vuestra attención cuydadosa
para mañana delante del crucificado Dios que vi en la cueba, y
espero bolber a ver, que allí discantará148 mi alma desatada en
160

lágrimas lo que an engendrado en ella estos caracteres mudos.

Véase nota 12.


147

Discantar: ‘cantar’. «Úsase frequentemente por componer, hacer u


148

decir versos. Es compuesto de la preposición dis, y el verbo cantar»

– 96 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Con esto concertaron de salir al crepúsculo del alba149 en busca 161

de la cueba y, en el ínterim150 que la noche passaba, se entre-


162

garon al descanso, y tú le puedes tener también, o letor, hasta


que más cudicioso de averiguar este secreto, entres en la Quarta
Mansión, que te empezará a sacar de dudas.

(Diccionario de autoridades, s. v.). Compárese C. Fontecha, Glosario de voces


comentadas en ediciones de textos clásicos, Madrid, 1941, pág. 127.
Crepúsculo del alba. Crepúsculo es «el tiempo que pasa desde el principio
149

del resplandor, o luz que precede al nacimiento del sol, hasta que nace,
o el que interviene entre el ocaso del sol hasta el fin de la luz que se le
sigue: el primero se llama Aurora y Crepúsculo matutino, y el segundo
Crepúsculo vespertino» (Diccionario de autoridades, s. v.).
Véase nota 75.
150

– 97 –
§§ Mansión iiii

N
o bien apenas avía salido Dn. Andrés de aquella obs-
cura selva, y dexado sola aquella célica morada, y
no bien apenas comenzaban las nubes a vendar los
ojos del cielo con sus obscuras nieblas, quando entró en ella su
dichoso habitador, bien ageno de los sucessos que avían suce-
dido, y hiriendo vn rebelde pedernal con el azerado eslavón,
prendiendo sus centellas en la yesca, encendió vna luz. Púsola
sobre el altar y reparó en que tenía corrido el velo que él avía
dejado echado; miró a la sierva151 recostada a la peaña152 del
163 164

altar. Púsose devoto a hazer su acostumbrada oración y, des-


pués de ella, acudió a su exercicio de escrevir en que solía gas-
tar mucha parte de la noche; echó menos sus quadernos y vio
escrita de muy buena letra la respuesta del soneto de la muerte

El ciervo de que se habla al comienzo de la Mansión i.


151

Peana: «la tarima que hai delante del altar arrimada a él…». «Algunos
152

dicen peaña» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 99 –
Pedro de Solís y Valenzuela

que vimos en la Mansión Primera153. Hallósse rodeado de varios


165

pensamientos; registró su celda; encontró las pistolas y venablo


que Don Andrés dejó olvidadas y, con esto más confusso, quedó
enbarcado en vn mar de cuydados, y más quando el siguiente
día, y tanbién noche, se passó, sin conozer otra señal. Enco-
mendó el negocio a Nuestro Señor y propuso esperar estándose
quieto en la cueba, sin salir de ella en muchos días, por ver si el
dueño de las pistolas las buscava y le restituýa sus cartapacios,
atormentándole más el desseo de conocer a quien tan ingenio-
samente avía respondido a sus preguntas en aquel soneto. No
se descuydaron los quatro jóvenes en madrugar, pues salieron
de la quinta154 dejando en ella los criados, aún estando todavía
166

el cielo tenebroso. Salióles la aurora en el camino y Antonio


pidió licencia para, con esta occasión, dezir el siguiente soneto,
que el oírlo referir causó a todos no pequeño gusto. Alabáronle
el intento, y, con esto animado, dictó assí:

Esta sombra del sol, si no primera


causa, principio y juventud del día,
luz del Dios que tinieblas nos desvía
y en la misma inconstancia no se altera.

153
El autor se refiere al soneto que comienza: «Es privación de ser la triste
muerte» (pág. 52).
154
Quinta: «casería o sitio de recreo en el campo, donde se retiran sus due-
ños a divertirse algún tiempo del año. Llámase así porque los que las
cuidan, labran, cultivan o arriendan, solían contribuir con la quinta
parte de los frutos a sus dueños» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 100 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Esta que corre el velo de la esfera155 167

y con afectos de beldades guía,


no sirva de adormir con armonía
o con respiración de primavera.

Si acasso adormeciere los sentidos


con voz de plumas, resplandor de flores,
de su llorosa risa documento,
a lágrimas de luz velad, dormidos;
no os suspendan los ecos y colores,
pues van juntos el llanto y el contento.

Artificio tiene primoroso, dixo D. Fernando; ostenta y muestra


bien ser de ingenio grande, y mucho devemos a la memoria de
Antonio, pues nos ministra tan sazonados platos. Assí travaron
dulzes pláticas guiando siempre Don Andrés camino hasta la
entrada del bosque, donde fue menester mayor cuidado recono-
ciendo las ramas que avía cortado, y, en fin, con poca diligencia
llegaron a la tarde a la boca de la cueba. Gozosíssimos con su
hallasgo, se apearon de los caballos ya atados a las ramas de los
árboles, apercebidos no ya de pistolas y armas offensibas, sino
de mudo silencio; guiándoles D. Andrés, entraron poco a poco y
a brebe rato se hallaron en la pieza. Vieron luego un venerable
viejo arrodillado sobre vna rambla156 de piedra que formaba el
168

Véase nota 61.


155

Rambla: «en algunas partes llaman así las quebradas de los montes,
156

por donde baxan las aguas cuando llueve… Covarr[ubias], citando a


Diego de Urrea, dice ser voz arábiga…» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 101 –
Pedro de Solís y Valenzuela

risco, tan amarillo, flaco y macilento, que más parecía retrato


de la muerte que cuerpo de mortal criatura. Era vna túnica de
sayal pardo su débil tumba; el rostro, hermoso en las faccio-
nes, aunque tostado de los rigores del sol; los labios, de color
de cárdenas violetas; la barba, blanca, crecida y larga; los ojos,
cerrados; juntas las manos, cuyos nervios parecían de silvestres
raýces157. Finalmente todo su cuerpo era vn original muerto y
169

vna imagen viva del rigor y de la penitencia. Quedáronse todos


immóbiles imitando a D. Andrés, que luego al punto se arro-
dilló. Absortos estavan a esta vista158 y como atónitos y teme-
170

rosos de inquietar al sacro eremita159 en su oración. No pudo


171

ser su silencio tanto por averse commovido a lágrimas, que no


los sintiese el venerable anciano, el qual, abriendo a cabo de
rato los ojos y viendo postrados aquellos quatro gallardos jóve-
nes, no menos admirado, vessando primero la tierra con ósculo
amoroso, se levantó de ella, valiéndose para hazerlo de vn bor-
dón torzido que cabe sí tenía, y luego se les acercó diciendo:
¿quién, o jóvenes gallardos, os trae a esta aspereza en la flor de
vuestros años? No son para vuestras galas estas piedras, ni estas
rusticidades para vuestro aspecto noble. ¿Quál conocimiento
os encamina a aquestos montes? No ay aquí regalos; crudo y

Santa Teresa de Jesús, ponderando la austeridad de su director espi-


157

ritual y confesor San Pedro de Alcántara, dice de él: «era muy viejo
cuando le vine a conocer, y tan extrema su flaqueza, que no parecía
sino hecho de raíces de árboles» (Vida de Sta. Teresa de Jesús escrita por ella
misma, 1565, cap. 27, 18).
Hoy decimos: ‘absortos… a la vista de esto’.
158

Véase nota 93.


159

– 102 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

silvestre manjar es todo. No camas compuestas, suelo inculto


es su pluma; no tapicerías costosas, robles son su ornato; secos
elechos, su gala. Si avéys perdido el camino, fácil será el guia-
ros; si buscáys las pistolas y venablo olvidado, más fácil el entre-
gároslo. Si me restituís mis papeles, referid vuestro successo,
que me tiene ansiosa el alma. Arrojándose D. Andrés a sus pies,
primero que todos, intentó bessarlos, prosiguiendo los demás
en su imitación, si bien no lo consintió Arsenio (que este era
su nombre). Abrazáronlo amorosamente, y en brebes palabras
Dn. Andrés satisfizo a sus preguntas diciendo: essa ligera cierva
que a tus huellas quieta repossa, a sido la causa de tan ma[ra]
villoso efecto, para que siguiéndola me conduxesse a la dicha
de ver esta tu habitación, de leer tus escritos y de conocerte. Mi
nombre es Andrés, oy más feliz por descubridor deste tesoro.
Estos, señalando a D. Fernando y Dn. Pedro, son mis primos,
y este, señalando a Antonio, nuestro querido amigo. Nuestro
exercicio es de letras humanas, en que gastamos el verdor de
nuestros años, dándoles a vezes los entretenimientos de la caza
por intervallo160 y honesto exercicio a la mocedad; nuestro naci-
172

miento, noble, y nuestros padres, con sufficiente caudal para


passar la vida humana. Tienes en tu presencia quatro hijos que
te veneran y te estiman como a padre y te escuchan como a
ángel: Andrés, Fernando, Pedro y Antonio. Esto es, en compen-
dio, lo que saber desseas, y pues as visto nuestra obediencia en
responderte, todos te suplicamos nos refieras, si es lícito, ¿por

Intervallo: por intervalo, del latín intervallum. Véase nota 137.


160

– 103 –
Pedro de Solís y Valenzuela

quál discordia161 de successos, por qué varios cassos esta vida


173

escogiste? Él, sin tardanza, respondió: es tan largo el contexto


de mis successos que requiere mucho tiempo, y yo lo pronun-
ciara a vuestros oýdos con no pequeño gusto si el tiempo diera
a ello lugar y no fuera tan tarde, y si yo tubiera comodidad
para hospedaros esta noche. No es necessaria esta, replicó D.
Fernando, ¡o Padre venerable!, que venimos resueltos a escu-
charte y nuestra comodidad mayor será sólo el oírte. Tubieron
sus réplicas y razones en contienda amorosa, y assí determina-
ron quedarse allí aquella noche. D. Pedro y Antonio salieron al
bosque y, cerrando con vnos atravesados maderos el passo que
avían avierto, dieron libertad a los brutos para que paciessen
entre aquellos árboles, que el suelo estava muy copioso162 de 174

grama y todo género de yerba. Entráronse en la cueba y, por


otra puerta que abrió el venerable heremita163, salieron a otra 175

arboleda amena, y cogieron bastantemente vnos secos elechos


con que les preparó cama para su descanso antes que cerrasse
la noche. Después de encendida luz y rezadas las avemarías,
les combidó a orar brebemente, y gozando D. Andrés de la
occassión, después de verlos a todos arrodillados y compuestos,
dixo la oración. Amigos, a de ser escucharme y acompañar mis
lágrimas y afectos. Estas an producido en la fragua de mi pecho
estos tus escritos, venerable Padre, y sacando los cartapacios que

161
Es decir, ‘¿por qué discordancia de sucesos…?’. El autor emplea la voz dis-
cordia en el sentido etimológico (dis-cors ‘de diferente corazón’, ‘opuesto’).
162
Véase nota 21.
163
Véase nota 93.

– 104 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

traýa en el pecho, se los mostró, y con voz devota y tierna que


a compassión y a lástima movía, empezó a hablar con el cru-
cificado Dios que en altar estaba, en esta forma:

Señor mío IesuchristoXIII, 176

Dios y hombre verdadero,


divina bondad que amo,
primera verdad que creo.
Dios, a quien postrado adoro,
Señor que humilde venero,
Padre que temiendo amo,
Esposo que amando temo.

Criador y Redentor mío,


a quien dos vezes me devo,
si a vuestro aliento mi vida,
a vuestra vida mi aliento.

Yo soy quien fui vuestro hijo,


aunque como esclavo buelbo,
de tantos yerros cargado,
que de quién lo he sido muestro.

[…]

XIII
[Tachadura ilegible al margen. Parecen adivinarse algunas letras:]
R[do] P[adre] F[ray] [H]o[rtens]io [F.] P[arav]ic[ino] [?].

– 105 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Hasta aquí pronunció D. Andrés, tierno, afectuoso y derra-


mando copiosas lágrimas, y todos los circunstantes que con el alma
y corazón acompañaron su oración, y más Arsenio, que oyendo
a tan valiente orador, de nuebo le bolvió a recebir en sus brazos,
prometiéndose de aquellos preludios vna grande vocación y vna
exemplar enseñanza para todos. Cogiéndolo de la mano, y levan-
tándose los demás, lo acomodó de assiento junto a ssí, y los demás,
encima del heno y elechos que avían traýdo, se acomodaron en el
suelo y suplicaron con instancia a Arsenio les diesse quenta de su
vida, y él, obligado de sus ruegos, en tal forma discurre:
Largo dezir sería contaros aquí por orden la historia de
mis años. Los que fueron sin culpa se passaron en llanto; los
del conocimiento, en caer; los del desengaño ya son, mediante
la divina gracia, en levantar. Nací noble y rico, y la educa-
ción cuydadossa de mis padres me hizo amante de las bue-
nas letras, que estudié en aquella fértil ciudad que en granos
de rubíes corona la Vandalia164, Granada, digo, mi venturosa
177

patria. Zebóse la valentía en los primeros ardores de la juven-


tud en la gloria vana; locuras precipitadas de incauta edad me
acarrearon trabajos exquisitos; amagos a la vida y asombros
muchos de la muerte me hizieron reconozer mi estado mal
seguro. Llegó el tiempo de retirarme, de recoger tantos despo-
jos del alma derramados; años ha que estas soledades habito
esperando el día último de mi larga peregrinación. Este es el

164
El autor denomina Vandalia a Andalucía, nombre que poéticamente le
dan algunos escritores a esta, por alusión a los vándalos, que la ocu-
paron durante su permanencia en España. Granada y su provincia
pertenecen a la región de Andalucía.

– 106 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

brebe epítome165 de mi vida. Los successos específicos de ella


178

no sé si os los diga, pues, por dilatados, jusgo os causarán fasti-


dio. Antes, afectuosos, te pedimos (replicaron los quatro jóve-
nes) los quentes muy por extenso, por lo que pueden conducir
a nuestra enseñança y porque serán de tanto doblado gusto
quanto le tenemos en escucharte.
Prosiguió, pues, Arsenio diziendo: aliento en pecho, acierto
en labio, es menester para tan dilatada relación; y podía deci-
ros lo que Eneas a la reyna Dido al referir las lamentables
ruynas de su amada Troya166: pues la memoria de mi passada
179

vida, que sólo es para llorada, no dexa de renovar los dolo-


res167 que es justo tener de las perdiciones suyas, que como
180

bien dixo un discreto:

Liviano es el dolor que el seso encubre;


poco, el tormento que la lengua calla;
ligero, el mal que el rostro no descubre;
muy corta es la passión que alivio halla.
Con más facilidad se esconde y cubre
entre la paja el fuego, sin quemalla168 181

Epítome: «resumen, compendio y suma de otra obra grande, en que se


165

recoge todo lo que es más principal y de mayor substancia. El origen


de esta voz es del griego epitemno, que significa abreviar» (Diccionario de
autoridades, s. v.).
Troya: ciudad de Frigia (Asia Menor).
166

Virgilio, La Eneida, 2, l.
167

Sucede lo mismo que en apelar, en latín appellare. «La ortografía espa-


168

ñola no ha llegado a su admirable sencillez y fijeza sino después de

– 107 –
Pedro de Solís y Valenzuela

que el humano corazón y pecho


el bien o el mal que el sentimiento a echo.

Al referir esta octava, reconoció alegría en los rostros de los


circunstantes, y assí les dixo: yo texeré169 mi historia de manera
182

que os agrade, pues no faltarán en ella algunos versos que a con-


servado mi memoria, aunque de bronco estilo y mussa inculta,
y pues me estáys attentos, o ya afficionados o curiosos, oíd en
summa lo más importante a vuestro remedio:
Apenas avía corrido el sol desde la aurora de mi naci-
miento quatro lustros, quando faltaron mis padres quedando
en sombras de muerte sepultados, y, como al fallezer los padres,
se sigue heredar los hijos, quedé mozo y rico (precipicios al
juicio más sosegado). Tenía a este tiempo dos amigos iguales
en calidad y riquezas y cassi de mi misma edad: D. Pedro de
Padilla170 y Leoncio, que era poderoso en bienes de fortuna.
183

Todos tres corríamos vn curso171, dándole a la edad las mal


184

vicisitudes seculares» (V. García de Diego, Gramática histórica española,


Madrid, Gredos, 1951, pág. 39).
‘Componer, ordenar’. Construcción de sabor latino, al estilo de texere
169

epistulas (cotidianis verbis), M. T. Cicerón, Epistulae ad Familiares, 9, 21, 1.


El Diccionario de autoridades, s. v., cita un pasaje de la Madre María de
Jesús de Agreda en Mystica Ciudad de Dios, tom. 2, núm. 1045: «Aunque
para texer la (historia) y no dexar en silencio tantas obras de la Gran
Reina, será forzoso tocar algunos particulares».
D. Pedro de Padilla, quien más adelante figurará como fray Pedro de
170

Padilla.
Curso: latinismo (cursus, -us) en el sentido de ‘carrera’.
171

– 108 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

permitidas licencias a que desenfrenada corre, sin temor de la


quenta, del riesgo y del peligro. Las vanidades y locuras necias
en que andábamos, no es conforme a la modestia el referirlas.
Sólo diré cómo a este tiempo Leoncio cassó ricamente con un
prodigio de hermosura, con Roselinda, a quien dio origen la
famosa Italia; dotes, la naturaleza pródiga, y virtudes heróy-
cas, el cielo generoso. Celebradas las felizes bodas y, concor-
des, algunos años en himeneo dichoso vivieron juntos, con
vniversal embidia del mundo. Mas, como Leoncio, criado en
mucha libertad, despreciando sus castos laços, se precipitasse
a la corriente de los vicios, permitiéndose172, ¡qué horror!, a 185

otros brazos, adulterando el amor devido a tal espossa, y ella,


no a fuer de173 zelosa sino a fuer de santa, le amonestasse diver-
186

sas vezes que saliesse de tan errados passos, llegó a aborrezerla


en tan summo grado que le dio en maquinar su fatal occasso.
Tan desvocados fueron los ímpetus groseros de su soberbia, tan
ardientes las ansias ambiciosas de sus deleytes, tan mancha-
dos en orrores de vicios los alientos desordenados de sus cos-
tumbres, tam horribles los modos esquivos174 de su ingratitud, 187

que trató de executar el impío pensamiento. A deshora de la


noche, desnudo el azero, y inflexible a los alagos apacibles, a
los arrullos gemidores de aquella tortolilla, esforzó el desmayo

172
Permitirse a: ‘entregarse a’, ‘lanzarse en’. Construcción latina como se
permittere cautius in hostem (A. Hirtius, Bellum Gallicum, 8, 48, etcétera).
Véase nota 101.
173

Esquivo: «malo, terrible» (C. Fontecha, Glosario de voces comentadas en edi-


174

ciones de textos clásicos, Madrid, 1941, pág. 153); ‘horrible’ (C. Oudin,
Tesoro de las dos lenguas francesa y española, París, 1607, s. v.).

– 109 –
Pedro de Solís y Valenzuela

de la infausta acción y, abriendo las puertas del corazón con


tan fuerte llave, privó de la vida a la criatura más bella y más
hermosa que el orbe entonces tenía. Murió Roselinda al siglo,
entregando su dichossa alma al cielo, para vivir eternidades.
¿Quién tendrá tan de piedra el sufrimiento, que no se rom-
pan en venas de agua sus ojos eridos de tan inhumano golpe?
¿QuiénXIV, al ver en botón preñada rossa de milagros carme-
188

síes, y que antes que en esferas de belleza despliegue a olores y


ermosuras el orbe de rubí que pretende dilatar para azafate sus
tiernas hojas, y que antes que con purpúrea ambición estienda
florida la vanidad de sus plumas, si advierte que la siegan antes
de tiempo, podrá, mirándola marchita, enfrenar las corrientes de
su llanto? Ya quedó (¡ay dolor!) ajada la rosa, quebrada la perla,
lisonja de los sentidos; en polvos, la esmeraldaXV, imán de atten-189

ciones y vínculo de promessas. Forzoso fue que inundasse la


ciudad en llanto, que rompiessen el ayre a suspiros los pechos
que admiravan dichas tan ventajosas eclipsadas con la sombra
horrorosa de la muerte.

XIV
S. Hieronimus, Ad Pam[m]achiu[m], de obitu Pau[linae]. [El pasaje alu-
dido dice así: «Quis parturientem rosam et papillatum corymbum antequam in
calathum fundatur orbis, et tota rubentium foliorum pandatur ambitio, immature
demessum, aequis oculis marcescere videat?» (Divi Hieronymi Stridonensis
Epistolae aliquot selectae… nunc… correctae, auctae et expurgatae per R. P.
Hieronymum Gómez, Matriti, 1782, pág. 134)].
XV
Fractum est pretiosissimum margaritum, virens smaragdi gem, ma contrita est [Divi
Hieronymi Stridonensis Epistolae aliquot selectae… nunc… correctae, auctae
et expurgatae per R. P. Hieronymum Gómez, Matriti, 1782, pág. 134].

– 110 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Hizo pausa aquí Arsenio enternecido y acompañando con


lágrimas su narración los oyentes, dixo Antonio: permítasseme el
referirte vna epigrama175 que quadra muy bien a este successo, pues
190

le as declarado, venerable Padre, con la comparación hecha en la


reyna de las flores. Con presteza le dieron permissión, y él dixo assí:

Ayer naciste, y morirás mañanaXVI 191

para tan breve ser, ¿quién te dio vida?


Para vivir tan poco estás lucida,
y para nada ser estás lozana.

Si tu hermosura te engañó más vana,


bien presto la verás desvanecida,
porque en essa hermosura está escondida
la occassión de morir muerte temprana.

Quando te corte la robusta mano,


ley de la agricultura permitida,
grosero aliento acabará tu suerte.

No salgas, que te aguarda algún tyrano;


dilata tu nacer para tu vida,
que anticipas tu ser para tu muerte.

Véase nota 125.


175

XVI
[Tachado, al margen:] Dn. Luis de Góngora [se atribuye este soneto
a Don Luis].

– 111 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Por cierto, dixo Arsenio, que haze artificiosa conexión de


los objetos. ¿Y qué mayor tyrano pudo aver que Leoncio? ¿Qué
mano más bárbara y grossera que la suya, pues privó de la vida
a Roselinda? Huyó el aleve agressor del delito, que aún no es
executado, quando es torcedor176 que las almas atormenta.
192

Asombró el successo a la ciudad; dispertó la justicia para su


venganza. Entierran a Roselinda con aparato y pompa devida
a su grandeza, humedeciendo muchas lágrimas de corazones
enternecidos la tierra de su sepulchro. Quedé yo, que era tes-
tigo de su santa vida, attónito, pasmado y cassi sin juicio, de
dolor. Visité al amigo; retraýdo, negóme al principio el delito;
convencido de su misma culpa, secretamente me lo conffessó,
buscando el odio que tenía a su consorte causas para dorar los
yerros de su vengança, como si vbiessen sido los benefficios
injuria y, viendo las acciones de su vida tan inculpables, pre-
tendió escusas a su fiereza. ¡Notable dislate de vna passión muy
sin ojos, si ay alguna que no padesca este achaque! En fin, no
pude averiguar qué accidente se atrevió descortés a vida tan
noble, qué achaque manchó la atrocidad de sus iras en la san-
gre de Roselinda. Estava como loco; no sabía lo que pronun-
ciaba. Apenas hube salido de su presencia quando la justicia,
alborotada por alebe177 le prende. Disponía el cielo por aquí su
193

Torcedor: «metaphóricamente se llama [torcedor] qualquier cosa que


176

ocasiona frequente disgusto, mortificación, o sentimiento… [Fray]


Hortens[io Félix Paravicino], Mar[ial y Santoral], f. 248: Antes el cuerpo…
tiene a ratos sus torcedores» (Diccionario de autoridades, s. v.).
Aleve: «desleal… traidor» (Diccionario de autoridades, s. v.). Y, unas líneas
177

más abajo, añidiendo: véase nota 146.

– 112 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

salvación, que son los juicios de Dios inescrutables. Cárganle de


yerros, añidiendo pesso a los cometidos; fulmínase178 la causa 194

con los indicios de su turbación y otros adquiridos. A ques-


tión179 de tormento le ponen; niega, si no valeroso, obstinado.
195

Repiten segunda y tercera vez esta acción rigurosa. Todas tres


vezes niega afortunado, con que su causa se mejora y la plebe
en variedad de discursos180 se divide. Ya le alibian las prisiones
196

quando estando solo un día, rebolviendo a la memoria181 sus 197

delitos, y exprimiéndole algunas lágrimas a los ojos el successo


injusto de Roselinda, percibe, en la pared de enfrente, con la
vista, vna mano de marfil que estas razones le escrive182: 198

Si lloraras, si supieras
que era tu muerte en vn mes.
Puesto que un instante es,
pues por instantes la esperas,
no llores, si consideras
esta humana brebedad.

178
Fulminar una causa, un proceso «es hacerle y substanciarle hasta ponerle
en estado de sentencia» (Diccionario de autoridades, s. v.).
179
Cuestión: «en lo forense es la averiguación, inquisición o pesquisa de la
verdad en el tormento» (Diccionario de autoridades, s. v.).
180
Discurso: ‘opiniones’, ‘corrientes ideológicas’, como en latín la palabra
discursus (de dis-currere). Compárese Diccionario de autoridades, s. v. discurso,
5.a acepción: «sospechas», «imaginaciones».
181
‘Haciendo volver a la memoria’: con re- frecuentativo intensivo.
182
Compárese Dan. 5: 5 y siguientes.

– 113 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Llora la desigualdad
que ay del morir mal, al bien,
pues son instantes de quien183 199

depende vna eternidad.

Desapareze con esto la mano; llégase más cerca a recono-


cer los caracteres, y conoce son de la mano de la diffunta Rose-
linda. Mucho pavor y turbación le ocupa184, y queda, qual otro 200

Balthasar, enbarcado en vn mar de confussiones. Mas, todavía


perseverando en su propósito de conseguir la libertad que, con la
negativa en los tormentos y poca prueba de su causa, se prometía.
La siguiente noche Roselinda se le apareze y con voz dulce pro-
nuncia: Confiessa, Leoncio; confiessa y paga la deuda que facinoroso185 debes, 201

o la justicia de Dios riguroso muy en brebe espera. Desaparece la


visión. Combatido el corazón de Leoncio con tropel tan nunca
visto de conffusiones, rinde el cuerpo que manda a un desmayo,
brebe paréntesis de la vida. Buelbe a poco rato en sí, y aquel que
era diamante duro, ya es de cera blanda; baña con raudales de
lágrimas sus mexillas; todo se resuelve en llanto186: dos cauces 202

rompieron las corrientes en su rostro inundando la cárcel. Ape-


nas el aurora amaneze, apenas despunta el día quando al alcayde

183
Para quien con antecedente de cosa, véase nota 34.
184
Véase nota 44.
185
Facineroso, o facinoroso: «delinquente, malvado, lleno de delitos, desbocado
y disoluto. Es del latino facinorosus, -a, -um» (Diccionario de autoridades, s. v.).
186
Resolverse en llanto: construcción latina (solvi in). Compárese P. Ovidio,
Fasti, 1, 108: «inque novas abiit massa soluta domos», etcétera.

– 114 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

llama; pide que avisse a los juezes que le oygan su conffessión.


Admira la novedad, acuden los ministros y aquel que con la tor-
tura triplicada no avía conffessado, ya sin fuerza humana, con-
fiessa su delito y contra sí mismo justicia pide. El sucesso de su
muerte escriví yo en humildes versos en vna carta que remittí
a un monje cartuxo, amigo mío. Si gustáys oírla, descansad un
rato y tratad de tomar vna humilde cena, que os a preparado
mi pobreza. En esto se levantó Arsenio y, poniendo vnos limpios
manteles en la messa, sacó del escritorio de vna peña algunas fru-
tas secas y agua clara de la fuente, y les dio de cenar, estimando
los jóvenes gallardos más aquellos simples manjares que otros
que consigo traýan, de que procuraron gustasse Arsenio, el qual,
por no entristezerlos, lo hizo con mucha templanza. Platicaron
destos raros successos, esperando otros mayores de tales princi-
pios y, acabada la cena, pidieron a Arsenio refiriesse la carta que
escriuió al monje cartuxo en que conpendiaba los successos de
Leoncio, y entonces él dictó assí:

Aunque sé que os da disgustoXVII 203

saber cossas de acá fuera,


como quien vive en la carne,
muy lejos y fuera della.

Por ser la que contar quiero


de piadosso afecto llena,

XVII
[Al margen:] Al Pe. D. Joan Peres, monje de la Cartuxa de S[anta]
María de las Cuebas, estando en la de G[rana]da.

– 115 –
Pedro de Solís y Valenzuela

la referiré de espacio
y gustaréys (creo) sabella.

Y es que se an visto en Granada


cossas estos días tan nuevas,
que vi morir a un león,
nacido y criado en ella;

que a pesar de África y Asia,


que tantos bravos sustenta,
muchos de esfuerço y valor
produce esta noble tierra.

Allegó187 el funesto día


204

de la temida sentencia,
que siempre a la culpa sigue
el alguacil de la pena.

Supo el fin que le aguardaba,


por la ordinaria sospecha,
y de tal necessidad
hizo virtud y grandeza.

Y assí, humillando los ojos


y bajando la caveza,
para consentir su afán
dio la siguiente respuesta:

Allegar: «venir de otra parte a un lugar o sitio determinado. Voz de


187

poco uso, y que oy se dice llegar» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 116 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

antes que persona alguna


diesse de mi mal querella,
hizo la causa el temor,
que siempre en su daño acierta.

Y antes que testigo fuesse


preguntado en mis afrentas,
juró la verdad del casso
mi descuydada conciencia.

Y primero que el fiscal


acusasión me pusiera,
me dio gritos en el alma
el ángel que me govierna.

Y antes que oyesse, afligido,


la sentencia a mis orejas,
la pronunció el tribunal
de la soberana audiencia.

Y assí la obedesco y digo


que es justa, piadosa y buena,
para los delitos graves
que me acumulan y prueban.

Lo que hasta aora he negado,


ya es justo que lo conceda,
pues nunca successo alguno
al cielo encubrió la tierra.

– 117 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Yo confiesso que la vida


quité a la muger más buena
que el Po188 en sus términos tuvo
205

y el Dauro189 vio en sus riberas.


206


Y que del oro divino
escurecí las madejas,
y del pecho de cristal,
la nieve cándida y tierna.

Turbé los alegres ojos,


que davan luz a la esfera;
bolví en ceniza la grana
y en negro carbón las perlas.

Corté del lazo amoroso


el casto ñudo y la fuerça;
solté de la frente el yugo;
rompí la immortal cadena.

Lleno de rabia y furor,


fui causa que en mi presencia
a prenda propia del alma
offendiesse mano agena.

Po: río de Italia, el Erídano de los antiguos. Atraviesa el Piamonte y la


188

Lombardía.
Al margen hay una nota ilegible. Parecen adivinarse algunas letras:
189

«… de poles - Dau[r]o…».

– 118 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

A sus servicios fui ingrato,


inhumano a su obediencia,
sordo a sus palabras dulces,
verdugo fiero a sus quejas.

Al fin murió el ángel mío,


que a Dios suplicando espera,
no de su muerte venganza,
sino de mi culpa enmienda.

[…]

Abiertos tenéys los brazos


para que llegue qualquiera,
y la cabeza señala
del cielo el costado y puerta.

Clavado, por no huir.


os tienen mis insolencias:
para que os mire, desnudo;
sin vida, para que os venza190. 207

En estos versos, así como en unos contenidos en la Mansión ii, la poe-


190

sía religiosa toma una postura menos devocional y más crítica en rela-
ción con la promesa de la salvación. Hay resonancias de imitaciones
portuguesas (Violante de Cielo, Sá de Miranda, Gregorio de Matos)
de este tema (Nota de la compiladora).

– 119 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Y aunque es verdad que yo e sido


el autor de tantas penas,
por muchas causas, Señor,
espero de vos clemencia:

porque soy vuestra hechura,


y estando borrada y fea,
avéys (como buen pintor)
de renovarme siquiera.

[…]

Dexóme Dios de su mano,
y di en maldades tan ciegas,
que no ay pluma que las quente
ni ay sentido que las sienta.

Mas el Señor poderoso


tuvo en la mano las riendas
y assí aora me a traýdo
a la no pensada buelta.

Él se sirva de mi afán
y de mi mal se adolesca,
dándome en este camino
valor con que me arrepienta.

En esto llegó el verdugo;


pone a sus ojos la venda,

– 120 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

y quitóle de las manos


el Christo que lleva en ellas.

Quando se lo quitó, dixo,


con gemidos y ansias tiernas,
palabras con que ablandara
la dureza de las peñas:

Dulce amado, que por mí


padecistes tales penas,
aunque os quitan de mis manos,
no os salgáys de mi alma afuera.

La puerta os abro, Dios mío,


entrad al punto por ella
occupando sus sentidos
porque passen esta afrenta.

Y pues me niegan la luz


y los ojos ya me cierran,
abrid vos los de mi alma
porque gozen luz eterna.

Y sintiendo de su fin
ya la jornada resuelta,
dixo: en tus manos, Señor,
mi espíritu se encomienda.

– 121 –
Pedro de Solís y Valenzuela

En este punto el verdugo,


con admirable presteza,
dio a la garganta el cuchillo
y el cuerpo a la amada tierra.

Murió el mancebo y galán


de antigua prosapia y cepa,
aprovechando en su fin
el estudio de las letras.

Lo que después sucedió


es que se vio en sus exequias
toda la cavallería
noble, religiosa y cuerda.

Y en el santo que al león


siempre por insignia muestra191, 208

quedó el nuestro sepultado,


digno amparo de tal prenda.

Esta es, o, amigos, la historia de mi amigo Leoncio, y este


su fin, que assí os a enternecido, donde también le tendrá mi
relación, porque descanséys lo que resta de la noche, que a la

191
Basados en la visión de San Juan (Apoc. 4: 7) algunos atribuyen al evange-
lista San Marcos, el león «como insignia», para usar palabras del autor.
La alusión, en el presente caso, tiene que ver con el nombre del pro-
tagonista Leon-cio. El contexto da a entender que este fue sepultado en
algún lugar dedicado a San Marcos.

– 122 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

mañana yo proseguiré, si gustáredes192. No le ossaron replicar,


209

aunque más quisieran estarle oyendo toda la noche. D. Andrés


le entregó los cartapacios, avissándole leyesse lo que traýan de
nuebo, y pidiendo perdón del atrevimiento, si lo era el aver
escrito sin su licencia en ellos. El viejo venerable los recibió
con mucho gusto, alabando y estimando la acción, y les por-
fió a que descansasen, y él se recogió a leerlos y a su oración
acostumbrada, y, tú, letor, puedes también bolverte a tu sosiego
mientras la Quinta Mansión te despierta a que la escuches.

Véase nota 117.


192

– 123 –
§§ Mansión v

M
anchadas de bermellón, revestidas de oro y jalde,
sacó las nubes el amador de Dafne193, y apenas salió 210

a bordar de perlas las alfombras que Amaltea y


Flora le tendían por los prados195 quando Arsenio se levantó
194
211 212

de su rústico lecho y reconociendo dispiertos a los quatro jóve-


nes, los conbidó a oír la más suave y sonora música que jamás
avían oýdo. Sacólos a la vezina arboleda, y attentos escucharon
no humanas vozes, sí suaves melodías de arpadas lenguas que
en métricas capillas196 saludaban al sol. Allí los toches, acullá
213

193
Véase nota 1.
194
En la mitología griega, Amaltea es la ninfa de Creta que alimentó a
Zeus con la leche de una cabra; y en el mito romano, Flora es la diosa
de las flores y de los jardines, esposa del viento Céfiro, y goza de per-
petua juventud.
195
Nuevamente, el texto hace uso del tópico del amanecer mitológico
(Nota de la compiladora).
196
Véase nota 85.

– 125 –
Pedro de Solís y Valenzuela

las calandrias, allí los judijuelos197, los cinsontes, escocoltaes, mirlas,


214

pajareles198 y canarios, conpitiéndose cada qual a ssí mismo; como


215

si se vbieran preparado muy de concierto para el casso. Con este


motivo dulce alabaron todos a su Criador; y duró esta sonora
música todo lo que el sol tardó en estender por el emisferio sus
rayos. Luego los entró Arsenio en vn ameno y bien cultivado
huerto donde vieron copiosa199 abundancia de aromáticas flores y,
216

en medio del huerto, una santa Cruz levantada, a quien adorna-


ban quatro hermosíssimos cipreses, a cuyo pie avía hechos cómo-
dos assientos. Adoraron la bendita señal de nuestra Redemptión, y
Arsenio dixo: he reconocido por los versos que esta noche he leýdo
en mi cartapacio la agilidad y presteça de vuestros ingenios, y, assí,
pues es hora esta en que más libres están las potencias para obrar,
me atrevo a suplicaros que hagáys algunos versos en alabanza de
la santa Cruz, motivo poderoso para despertar mucho nuestras
attenciones, con que divertiremos vn rato la imaginación de tan-
tas penas como anoche dexé principiadas en mi relación, y assí
servirá de desahogo para boluer a continuarlas. Otorgaron todos
su pía petición y bolvió Dn. Andrés a la cueba por recaudo200 de 217

escribir y, el primero de todos, Arsenio dictó assí:

197
Judijuelo (judihuelo), diminutivo de judío: en las Antillas, Perú y ciertas
regiones de Colombia «pájaro negro con reflejos azules» (A. Malaret,
Lexicón de fauna y flora, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1961, pág. 275).
198
Pajarel, otro nombre del pardillo [Enciclopedia universal ilustrada europeo-ame-
ricana, Espasa-Calpe, s. v. pajarel]. Pardillo: «páxaro menor que el gorrión,
y de color pardo como él» (Diccionario de autoridades, s. v.).
199
Véase nota 21.
200
Véase nota 49.

– 126 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Llave divina, con que el Rey eterno


abrió la cerradura de la puerta
del cielo, que no pudo ser abierta
por capitán antiguo ni moderno.

Llave que abrir pudiste el mismo infierno


y sacaste la pressa ávida cierta;
llave que as echo entrada a aquella huerta,
do siempre es primavera, nunca ivierno201. 218

Vna puerta que abrir te queda ahora


(que es otra no menor, ni menos fuerte),
que es mi alma en la culpa encarcelada:

por esso tu favor y fuerza implora


la saques de la cárcel de la muerte,
ávida, mas contenta y descansada.

Aplaudieron todos el soneto y entonces dixo Arsenio: será


grande cansancio y ocuparemos mucho tiempo, si le gastamos
en aplausos, cediendo en vanidad lo que buscamos para nues-
tro aprovechamiento; y assí assentemos que el aplauso está
incluso en la superioridad del concepto, y no hablemos más
en materia de calificar versos, sino de hazerlos para nuestra
vtilidad y para alabar a Dios y entretenernos honestamente.

Ivierno, por invierno: «otros escriben hybierno, tomándolo del latino


201

hybernus, y otros imbierno, trahiéndole del imber latino que significa la


lluvia» (Diccionario de autoridades, s. v. invierno).

– 127 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Convinieron todos en este concierto y assí prosiguió Arsenio


en esta forma diziendo:

Si de qualquiera bien nacida planta


en el buen fruto su virtud se muestra,
árbol alto, ¿dó está la fruta vuestra
que tanto entre los otros os levanta?

Con essos clavos de aspereza tanta


que con su vista offenden a la nuestra,
de ser inculto days señal y muestra,
que es contra aquello que de vos se canta.

Mas quien del parecer huye ordinario


y en altos pensamientos se mejora,
el estar vos assí tiene por bueno:

porque no es el brotar ya necessario


en planta que produxo en vna hora
fruto eterno que al mundo dexó lleno.

Aviendo dictado Arsenio estos dos sonetos, les dixo: ya os


dexo motivo bastante para que os entretengáys algunas horas
mientras con vuestra licencia yo me llego a vna cossa forzossa,
no lejos de aquí, a un convento de ermitaños de San Augus-
tín202 que se intitula La Candelaria, título que le da la Reyna de
219

Para la historia de estos ermitaños de la Candelaria, véase M. Briceño


202

Jáuregui, Estudio histórico-crítico de “El desierto prodigioso y prodigio del desierto”


de Don Pedro de Solís y Valenzuela, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1983.

– 128 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

los Ángeles, María, Señora Nuestra. Ofreciéronse todos para


irle acompañando, y no consintió que fuesse con él si no fue
Don Andrés, que se lo pidió con instancia, porque affirmó le
convenía mucho. Avía entrado el santo viejo en cuydado203 de 220

regalar a sus huéspedes y a esto iba al convento: a traer algu-


nos regalos con que darles aquel y otro día, si fuesse necessario,
de comer. Fuéronse Arsenio y Don Andrés; y Don Fernando,
Don Pedro y Antonio quedaron entretenidos en hazer los ver-
sos que Arsenio avía pedido y enpeñados en hazer cada vno
dos sonetos imitándole, pero antes que todos Don Pedro avía
reparado que en el pie de la cruz avía vna tabla en que tenía
esculpidos estos antiguos versos:

Cruz, remedio de mis males,


grande soys, pues cupo en vos
el gran Pontífice Dios
con cinco mil cardenales.

Y no eximiéndosse de hazer también sus dos sonetos, illus-


tró luego esta copla con esta moderna glossa:

Entrar: «junto con la preposición en, y algunos nombres, vale dedicarse, u


203

ocuparse en lo que los nombres significan» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 129 –
Pedro de Solís y Valenzuela

§§ Glossa204 221

Vuestro gran valor alabe


quien en vos por mí murió,
que Él solamente lo sabe,
que la que a Dios abrazó
en otro ingenio no cabe.

Y pues falta en celestiales


para loaros caudales,
perdonad que os hago ultraje
loándoos en mi lenguaje,
Cruz, remedio de mis males.

[…]

Sacólos de buena letra y fijólos al pie de la Cruz y púsose a


escrivir de nuebo los dos sonetos que le cabían de repartición.
En el ínterim205 que assí gastavan el tiempo, lo aprovechavan
222

Arsenio y Dn. Andrés en caminar al convento de los augustinos

Probablemente la glosa sea de Don Pedro. Del contexto se sacaría


204

que él es el autor, pero no puede dársele completo crédito, por estar


en forma novelada casi todo el libro, y en muchas ocasiones atribuir
composiciones a poetas distintos de los verdaderos, o poner El desierto,
en boca de sus personajes, poemas de autores conocidos.
Véase nota 75.
205

– 130 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

recoletos206, y aviéndolo visitado y venerado la santa imagen,


223

su patrona, negoció el santo viejo lo que pedía y quedando


enteramente satisfecho D. Andrés de la santa vida de aquellos
venerables ermitaños, pidió al prelado le admitiesse en la com-
pañía de aquellos santos varones. Tubo por padrino a Arsenio,
a su gentileza, habilidad y disposición; y assí lo admitieron,
concertando de207 bolver dentro de 4 días a recebir el hábito
224

de aquella sagrada religión. Bolvió con esto gustosíssimo a la


compañía de sus amigos sin avisarles de la buena negociación
que para sus intentos dexava hecha. Bolvió también Arsenio
con provisión bastante para darles de comer tres y quatro días
que estubiessen en su compañía. Y aviéndolo dispuesto todo con
el208 ayuda de Don Andrés, se entraron en el huerto a ver a los
225

amigos, que salieron a recebirlos tan ansiosos, como si vbiessen

206
Recoletos: «los religiosos agustinos y franciscanos que, deseosos de mayor
recogimiento (recollecti) y más estricta observancia de sus respectivas
reglas, formaron rama aparte de sus órdenes, y tomaron el nombre
de “recoletos”» (Diccionario de la Fe Católica, s. v.).
207
Con el verbo concertar «en los siglos xvi y xvii se empleaba de antes de
un infinitivo…: “Finalmente Anselmo y yo nos concertamos de dejar el
aldea y venirnos a este valle”. Cer., Quij. 1, 51 (R. 1. 397º)» (R. J. Cuervo,
Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. ii,
pág. 316b).
208
La forma el del artículo, procedente de ela, aparece aquí ante un sus-
tantivo femenino que comienza por a no acentuada. Esta es la práctica
dominante en el Siglo de Oro todavía (compárese H. Keniston, The
Syntax of Castilian Prose, Chicago, University of Chicago Press, 1937,
pág. 218; A. Bello, Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los
americanos, Santiago de Chile, 1847, § 271).

– 131 –
Pedro de Solís y Valenzuela

pasado muchos siglos que no se vbieran visto, reputando por


tales aquellas brebes horas que avían faltado. Luego repararon
en la santa Cruz la glossa de Don Pedro, que pidiendo humil-
des perdones se excusó del humilde estilo, y acomodándose en
los assientos que avía al pie de los cipreses y travando dulces
pláticas sacó cada vno su papel, y primero que todos Don Fer-
nando dixo: el asumpto, o Padre venerable, que nos diste, es
tan lleno de misterios, que su multiplicidad cassi a turbado mi
entendimiento; mas por obedecer, ves aquí lo que mi musa a
proferido, y dictó assí:

Pudiera darnos Dios sin cruz la vida209 226

muy bien, pues Dios es vida y cruz es muerte;


mas quiso Dios en cruz tomar la muerte,
por darnos en la cruz de Dios la vida.

Y, assí, de oy más, no ay Dios sin cruz, ni ay vida


sin cruz, ni ay ver a Dios sin creer su muerte,
de modo que por Dios la cruz no es muerte,
mas vida, pues Dios pusso en cruz su vida.

Pues siga a Dios en cruz quien quiere vida,


y en cruz por Dios recíbasse la muerte,
para alcanzar la cruz de Dios que es vida.

Más adelante (Mansión xx) se dirá que don Fernando (don Bruno) ha
209

mucho tiempo que no escribe versos. Aquí se le atribuye este soneto


(como en otras partes otras composiciones), que bien pudiera ser de
don Fernando, o sencillamente del propio don Pedro.

– 132 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

¡O Dios, o sacrosanta cruz de vida,


bolvedme a Dios, libradme de la muerte!
Que ya no ay muerte en cruz, si ay Dios i ai vida.

No ay regla, dixo Arsenio, que no tenga exceptión. La que


pussimos al principio, de no aplaudir los versos, la tiene aquí
porque la superioridad destos conceptos no se puede passar sin
celebrarlos. Y, assí, concordes todos, leyendo vna y otra vez, le
dieron a Don Fernando muchos parabienes de aver salido del
empeño tan ayrosamente.

[…]

La contera210 de oro se podía poner y dichoso fin a esta feliz


227

academia, si del sublime ingenio de D. Pedro no la aguardás-


semos, dixo Antonio; mas recusando alabanzas, más humilde,
D. Pedro dictó assí sus dézimas:

§§ 1a

Adán, tú, loco imposibleXVIII, 228

te occassionó enpeños tales,


que aflixido y muerto sales

210
Véase nota 131.
XVIII
[Tachado al margen:] D. Pº. de Solís y Valenzuela.

– 133 –
Pedro de Solís y Valenzuela

del lugar más apacible:


terrible estrago, terrible
horror causó tu comida,
pues, tu belleza perdida
y barajada tu suerte,
veniste a encontrar la muerte
en el árbol de la vida.

[…]

§§ 5a

Pero si mi fe concierta
que pudo con diestra herida
a la muerte dar la vida,
sin dexar la vida muerta,
razón será que se advierta
aquí equívoca la suerte,
pues quando sus frutos vierte,
es esta rama florida
de la muerte y de la vida,
de la vida y de la muerte.

Fue el equívoco destas dézimas muy celebrado y Arsenio


admiró mucho la dignidad a que avía ascendido la lengua espa-
ñola en sus poesías, después que él se avía retirado a la sole-
dad. Grande es, dixeron todos, y la an llegado a tal grado los

– 134 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

felizes ingenios españoles que pareze se exeden a ssí mismos.


¿Qué no dixo vn Dn. Luis de Góngora? ¿Qué no alcanzó vn
Lope de Vega? ¿Qué no sublimó vn Montalván?211 ¿Qué no 229

illustró un Don Gabriel Bocángel?212 ¿Qué no profirió un Dn.


230

Francisco de Quevedo? ¿Qué no ponderó un Bartolomé Leo-


nardo? ¿Qué empressas de ingenio no alcanzó un Don Antonio
de Mendoza?213 ¿Qué no traduxo un Don Manuel Salinas?214
231 232

¿Qué no alternó en lo sentencioso y crítico el conde de Villa-


mediana?215 ¿Qué no pensó y dictó el gran theólogo fr. Luis de
233

León? ¿Qué no dize D. Luis Carrillo216 y el erudito Francisco 234

211
Juan Pérez de Montalván (1602-1638). Poeta y dramaturgo español,
hijo del librero Alonso Pérez, que es amigo y editor de Lope de Vega,
de quien también es amigo entrañable Juan Pérez. Magnífico en la
poesía, domina la técnica. De él se conocen 58 dramas.
212
Gabriel Bocángel y Unzueta (1610-1658). Poeta y dramaturgo espa-
ñol de gran mérito y forma pulcra, un tanto culterana.
213
Antonio Hurtado de Mendoza (1586-1644). Poeta cortesano y culte-
rano, autor dramático español. Por manejar una de las más diestras y
elegantes plumas le apellidan sus contemporáneos “poeta de cámara”.
Es uno de los más cultos discípulos de Góngora.
214
Manuel Salinas y Lizana, sacerdote y poeta español, nacido a fines del
siglo xvi. Su obra principal es La casta Susana (1651). Traduce además
a Marcial y otros autores.
215
Juan de Tassis Peralta, conde de Villamediana (1582-1622). Gran poeta
y dramaturgo español. Hombre de mundo, derrochador de ingenio,
verso y oro, caballero de capa y espada, satírico y cortante, de él se
conservan numerosas composiciones.
216
Luis Carrillo de Sotomayor (1583-1610). Uno de los más interesantes
poetas españoles del siglo xvi. Muy aficionado a los antiguos clásicos,

– 135 –
Pedro de Solís y Valenzuela

López de Zárate?217 Tantos iba enumerando D. Fernando, que


235

gastara el día en dezir, si Arsenio no se lo estorvara, pidiendo que,


por remate de aquella academia, dixesse alguno de ellos alguna
relacción digna de ser muchas vezes repetida, que no saliesse de
la esfera de sus asumptos; que en tanto número de autores bien
abría en qué escoger. Tantos, respondió D. Pedro, a dejado de
nombrar mi hermano, que se puede con los que restan formar
vna librería nueva de sólo poetas españoles que an illustrado
no sólo la castellana lengua sino sus patrias y nación, ganando
triumfantes palmas a sus manos y vitoriosos laureles a sus sienes.

[…]

Sólo restaba D. Andrés, el qual dijo: si como D. Fernando


tiene la copia de Amalthea218 en su florido ingenio para ala-
236

bar a S. Bruno, la tubiera yo, desde luego entrara haciendo


mi relación con vn elogio al gloriosíssimo Dotor de la Iglesia

lírico independiente, para sentirse poeta —según dice— necesita una


expresión que le eleve por encima de la expresión vulgar. Es el primer
poeta culterano de España.
Francisco López de Zárate (1580-1658). Poeta español, hombre de
217

gran talento. Son numerosas sus obras, que pertenecen a géneros bas-
tante diversos, muy conocidas en su época aun fuera de España. Es
altamente elogiado por Lope de Vega.
Véase nota 194.
218

– 136 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

S. Augustín, cuyo hijo pretendo ser, pero dejando este assumpto


que pide más tiempo, en el que nos resta referiréXIX vna rela- 237

XIX
Apartándonos de la norma seguida en esta edición [del Instituto Caro y
Cuervo], presentamos aquí la redacción primera de este pasaje, sin tener
en cuenta la tachadura y las adiciones que efectuó el autor posterior-
mente. En el manuscrito aparecen tachadas las palabras «en el que nos
resta referiré» y sustituidas por una anotación marginal de tres renglo-
nes cuyo comienzo desapareció al ser refilado el manuscrito, anotación
que hemos reconstruido así: «[sin dar m]ayores noticias en qué pienso
[ocup]ar mi vida, oídme agora sólo vn [himn]o en su alabanza, y luego»
(vna relación, etcétera). Además, al final de todo el párrafo, después de
las palabras «dictó assí», el autor escribió «el himno de la margen», refe-
rencia a una estrofa copiada en el margen izquierdo, que dice:


[Def]ensor alme Ecclesiae,

[aud]i preces, quas fundimus,

[cor]dis tibi praeconio

[or]isque dulci cantico.


A continuación de esta estrofa anotó, también en latín, «[qua]ere illum
fol. 215 Pas[s]erculi», lo que con seguridad es una remisión a la obra de
fray Andrés de San Nicolás, titulada Passerculi solitarii planctus, Romae,
Typis Io. Petri Collinij, 1654, en cuyas págs. 215-221 aparece el himno
Dulcissimo Augustino Patri, que se inicia precisamente con la estrofa copiada.

De aquí se deduce que el autor introdujo estos cambios varios años des-
pués de haber escrito la primera redacción, cuando llegó a sus manos
el libro del ilustre agustino, su amigo y coterráneo (el Don Andrés del
relato), lo cual sirve para establecer, de paso, que el manuscrito per-
maneció en su poder por lo menos hasta una fecha posterior a la de
publicación del libro citado (1654).

La intención de Solís y Valenzuela parece haber sido la de reprodu-
cir en su obra el himno, en su totalidad o en parte, intención que se ve

– 137 –
Pedro de Solís y Valenzuela

ción que vn feliz ingenio de su religión hizo en occassión que


los santos Padres de ella estaban juntos para hazer elección de
prelado219; pero será el complemento de todo lo que se a refe-
238

rido, aunque en materia differente, y a de ser el feliz dejo220 de 239

los versos, porque ya nos insta mucho la ansia de saber la rela-


ción del successo que Arsenio dejó anoche principiada. Todos
convinieron en esto, y assí le pidieron que dijesse luego, y él con
no pequeña gracia dictó assí:

En lo flamante del mundoXX 240

de tantos prodigios prólogo,


hasta oy, que ya la falda
se pissan vnos a otros;

confirmada por el hecho de que las últimas veintitrés estrofas fueron


transcritas por él en la Mansión i del manuscrito de Yerbabuena, que
contiene la que juzgamos versión definitiva del comienzo de El desierto.
No incluimos el himno en el texto, por no estar en el manuscrito sino
la primera estrofa, porque no sabemos con seguridad si el propósito de
Solís fue el de reproducirlo aquí total o parcialmente, y porque la inser-
ción en el texto interferiría la lectura de la obra, pues quedaría una larga
composición latina seguida inmediatamente por otra extensa compo-
sición en español.
219
Prelado: «el superior eclesiástico, constituido en alguna de las dignida-
des de la iglesia: como abad, obispo, arzobispo, cardenal, etcétera. En
lo antiguo se decía perlado. Es del latino baxo praelatus» (Diccionario de
autoridades, s. v.).
220
Tomado metafóricamente como el ‘efecto bueno, agradable’ de los
versos en cuestión.
XX
[Al margen:] Del augustino ovado en Córdoba.

– 138 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

en aquella primer cuna,


adonde meció Favonio
recién nacidas esquadras
de floridos alborozos;

[…]

De aquesta suerte (pues hijos


de un sol y un águila somos)
se an de consultar las fuerzas,
como a diffícil negocio
de aquel que a tan grave pesso
a de suceder brioso.
Esto es lo más que os intimo,
el exemplar que os propongo,
las razones que penetro,
las verdades que conosco,
los baxíos de que advierto,
los peligros que supongo,
el norte que os asseguro,
la orilla donde os revoco,
y, en mi fatigado leño,
este es el puerto que tomo.

Notable, apacible y gustosa suspensión causó a todos Dn.


Andrés con su admirable relación, y assí se dio felíx fin a esta
academia221, reduciéndolos Arsenio a su cueba y gastando el
241

221
Academia: «latamente se llaman assí las juntas literarias, o certámenes que
ordinariamente para celebrar alguna acción grande, canonización de

– 139 –
Pedro de Solís y Valenzuela

espacio que avía del jardín a ella en alabanza suya. Recojidos


aquí del sol que subía ya al zenit ardiente, les puso vna messa
limpia y dio muy bien de comer, aunque al vso del desierto,
con lo que la charidad de los Padres Eremitas de S. Augustín,
del convento de Na. Sa. de la Candelaria, le avían dado aque-
lla mañana, y después los induxo al descanso, y tú lo puedes
tener, o benigno letor, hasta que la Mansión Sexta, a saber los
successos de Arsenio, te dispierte.

Santo, o para exercitarse los ingenios que las componen, y casi siempre
son de poesía sobre diferentes assuntos» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 140 –
§§ Mansión vi

A
ún no hora y media se permitieron al descanso estos
quatro jóvenes, quando dispiertos a vna, rodearon a
Arsenio que sentado en un corcho rústico bañaba sus
venerables canas en tiernas lágrimas. Preguntáronle ansiosos
la causa y él respondió: he conocido vuestra curiosidad y des-
seo en saber mis sucessos passados, y para referíroslos los he
estado recapacitando y la memoria de ellos ha exprimido de
mi corazón estas lágrimasXXI; no es nuevo al renovar dolores
242

tales. Con esto, se acomodaron de assientos junto a él, y pidie-


ron que no les dilatasse este gusto. Arsenio entonzes sacó vn
cartapacio del pecho y dijo: no cumpliera yo con la obligación
en que me avéys puesto con vuestras relaciones de tan lindos y
escogidos versos, si antes de proseguir la relación de mis suce-
sos, no os correspondiera con otros míos, aunque no de tan
relevante estilo. Beynte sonetos son en que tengo delineada la
historia del hijo pródigo, y antes de entrar en la mía, que es
trasumpto de ella, os los quiero leer por consuelo mío. Todos

XXI
Orig. in cap. 2 Iob: Nihil est magis praedicabile quam magni hominis ruina.

– 141 –
Pedro de Solís y Valenzuela

le significaron que también le tendrían en oírle y assí, dando


todos attención222, leyó en esta forma223:
243 244

[…]

Aquí acabó Arsenio de leer la historia del Hijo Pródigo y


bolvió su quaderno al pecho, quedando sus oyentes no menos
gustosos que enternecidos y alabando el modo de escrivirla tan
succintamente y en forma de diálogo, que se podía muy bien
representar, siendo interlocutores en ella los mismos que pudie-
ron intervenir en el casso. Y don Fernando alabó mucho el aver
introducido también a Chr[is]to Señor Nuestro, pues fue el pri-
mer historiador deste successo, que ya, o que fuesse verdadero,
o parábola de las que solía su Divina Magestad introducir para
darse a entender, como fue la del víllico224 o mayordomo, la de
245

las dies vírgines, la del rico avariento y otras, por lo menos o


por lo más, manifestó en ella sus enternecidas entrañas de pie-
dad, y quánto dessea la conversión de los peccadores, pues no
contento con averse aquí declarado tanto, Él mismo fue quien
historió el soneto 18, quiero dezir su sentido, contando lo del

Hoy solemos decir prestar atención. Para la construcción con dar, véase
222

el siguiente ejemplo: «Muchos llevados de la atención que piden las


hazañas de Don Quijote, no la darían a las novelas» (M. de Cervantes
Saavedra, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, parte ii, cap. xliv;
ed. Rodríguez Marín, t. vi, 1948, pág. 268).
Sigue la historia del hijo pródigo en veinte sonetos dialogados (Nota
223

de la compiladora).
Vílico: latinismo; de villicus, -i, ‘mayordomo’.
224

– 142 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

pastor que dejó las noventa y nuebe en el desierto, por volber


por la perdida y llebarla sobre sus hombros, y explicó su gozo
con lo de la dracma perdida y con dezir que más se alegran los
ángeles con vn peccador arrepentido que con noventa y nueve
justos que no necessitan de penitencia. Finalmente dixo Arse-
nio: aviendo yo de proseguir la narración de mis succesos, me
pareció cordura proponeros primero la historia referida, por-
que es tan semejante a la mía, que sólo le hallo de differencia
el excesso en las maldades, porque no pudieron los desper-
dicios del Hijo Pródigo igualarse con los míos, por muchos,
repetidos y extraordinarios que fueron. Lo qual çede en mayor
prueba de la misericordia divina que me aguardó a penitencia
y me abrió con sus santas inspiraciones y avisos los ojos para
que los conociesse. Ojalá yo los sepa llorar como hizo el Pró-
digo, y que con lágrimas salidas del alma le sepa dezir lo que
el otro: Pater peccavi in caelum et coram te225, para que assí alcanze
246

su misericordia, como la espero. También me pareze cordura


advertiros que en las occassiones que me viereys tierno en mis
relaciones, como me vistes al principio y veréys en otros pas-
sos de mis sucessos, no os persuadáys a que las lágrimas y sen-
timientos míos proceden de amor mundano, que fuera cierto
error grande mío el tenerlos, y el no saberlos dissimular fuera
mayor, pues con lo que pretendo daros buen exemplo, os escan-
dalizara más, viendo en vn viejo que trata de hazer penitencia
en este desierto, con humores y afectos de mozo. Mi dolor pro-
cede de las offensas cometidas contra nuestro buen Dios, y si el
lenguaje alguna vez me descuydare y no fuere tan casto y puro

Luc. 15: 21.


225

– 143 –
Pedro de Solís y Valenzuela

como se deve, es porque la materia no tendrá otro para poderse


explicar y mi rudeza no acertará a romanzearlo226 mejor. Esto 247

supuesto, me es forzoso recurrir atrás, para coger bien el hilo a


nuestro asumpto. Pero será con muy breves y succintas palabras,
sólo para refrescaros la memoria. Ya vistes cómo dejamos sepul-
tado a mi amigo Leoncio, cuyo lastimoso successo, y el de Rose-
lia227, podía servir de exemplar enseñanza para refrenar la vida
248

más essenta228. Pero era mi corazón de bronze y nada le hazía


249

mella. No assí mi segundo amigo, Don Pedro de Padilla229, que 250

con mucho fervor, instimulado de los sobredichos exemplos, tra-


tava de dejar el mundo y entrarse en religión. Causábalo qui-
zás el más frequente trato y colligada230 amistad de Leoncio, 251

porque avían sido muy conjuntos compañeros y a las tiernas


despedidas antes de su muerte le avía prometido lograr este des-
engaño, escarmentando en sus successos. Algunos días duró en

226
Romancear: ‘explicar, parafrasear en romance’, es decir, en castellano.
227
Nótese la distracción del autor, que escribe Roselia en lugar de Roselinda.
228
Essento, exento: «libre, desahogado y desembarazado en su modo de
vida, y que no tiene vergüenza ni empacho» (Diccionario de autoridades,
s. v. exento). Compárese C. Fontecha, Glosario de voces comentadas en edi-
ciones de textos clásicos, Madrid, 1941, pág. 153.
229
Sobre don Pedro de Padilla, más tarde fray Pedro de Padilla «al dejar
el mundo y entrarse en religión», véase M. Briceño Jáuregui, Estudio
histórico-crítico de “El desierto prodigioso y prodigio del desierto” de Don Pedro de
Solís y Valenzuela, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1983. Instimulado:
‘estimulado’ (latinismo).
230
Colligada: ‘aliada, confederada, unida’. Del latín colligare. Coligar: «jun-
tar en uno y unir diferentes cosas» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 144 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

este pensamiento, mas las occassiones repetidas que son lazos


a la juventud, le hizieron olvidarle. Ya las prolongadas dilacio-
nes cassi le avían borrado, quando vna noche entre otras que
yo le acompañaba, ývamos los dos de ronda y passeo hazia la
Fuente de la Teja, célebre en aquella ciudad por el concurso de
las damas, syrenas encantadoras de la vida y eterna polilla de las
bolsas y de las almas. Alumbraba Diana con luzes tan crecidas,
que casi quería ostentar que sus rayos no eran mendigados; tan
de lleno, aunque desde contrapuesto clima, la envestía el sol. Por
vna calle ívamos (ya a deshora, solitaria), que se intitula de los
Gomeles, recuerdo a la captividad que de los agarenos tubo un
tiempo, y en el silencio que la noche prestaba, oýmos ladridos
de perros. Attendiendo azia donde se oían, vimos un hombre a
cavallo que baxaba de hazia el AlhambraXXII. Parámonos, como
252

para darle passo y, llegando más cerca, vimos sobre un cavallo


blanco, armado, vn hombre, pero sin cabeza. Dos lebreles le
acompañaban, que eran los que dieron las primeras vozes. Vn
frío yelo nos entró en los huessos; espeluzáronsenos los cabellos
y, aunque más nos animábamos a hablar, no podíamos, como
aquel que de vna fiera pessadilla oprimido231 yaze. Mientras más 253

se acercava, más temíamos, conociendo más distintamente que


aquel que venía a cavallo no tenía cabeza. En fin passó la visión

XXII
Castillo fuerte de aquella ciudad.
Para la construcción de oprimido con la preposición de, el Diccionario de
231

autoridades trae este ejemplo del rey don Felipe Cuarto (trad. de F. Guic-
ciardini, Historia del señor Francisco Guichiardino, tom. 4, 1581, f. 147): «que
si oprimido de la necesidad cedía a injustas condiciones… se vengaría, si
alguna vez hubiesse ocasión».

– 145 –
Pedro de Solís y Valenzuela

junto a nosotros, y tan cerca, que alargando el brazo el que iba a


cavallo tiró de la capa a D. Pedro y, sin hazer más diligencia, pro-
siguió su camino, y a brebe rato la visión se deshizo, quedando
D. Pedro tan asustado, temeroso y mortal, que cayó desmayado en
tierra y passó mucho rato en ella luchando con esta agonía. Quiso
el Cielo que en mí no fue tanto el temor, o fue quizás porque a mí
no me tiró de la capa, que hubiera sucedido lo mismo en mí, y assí
hize diligencia de levantarle y llevarle cassi en mis brazos a su cassa.
Díxome luego que avía conozido que aquel cavallero era Leoncio,
nuestro recién degollado amigo, porque ya que no le vio cabeza o
rostro por donde pudiera differenciarle, avía conocido el cavallo y
lebreles que eran suyos; y que aquel tirarle la capa era acordarle la
promessa que le avía echo, o avisarle de que su muerte estaba cer-
cana. En estos pensamientos le dio una tristeza indecible y le empezó
a atormentar vna maligna fiebre. Alborotóse su cassa, entrando sus
padres en no pequeño cuydado del nuevo accidente que a su hijo
querido atormentaba, ignorando la causa que sólo yo la sabía, y
hizimos aquella noche pacto los dos de tenerla con el silencio encu-
bierta. Llamaron los médicos, que enpezaron a aplicarle medicinas
según su conjetura y discursos. Encarezieron el mal y llegaron a
términos de desauziarle. Él creyó se moría y que era aquella enfer-
medad el ltimo remate de su vida, y assí se dispuso santamente
acudiendo a la fuente de misericordia que Dios tiene en su santa
Iglesia. Yo le assistí siempre, y como tenía libre su entero juicio, vna
tarde que más aliviado se sintió de su mal, me mandó apercebir232 254

Apercibir: «preparar lo necesario para qualquier cosa» (Diccionario de


232

autoridades, s. v.; R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la len-


gua castellana, París, 1893, t. i, págs. 532b-533a).

– 146 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

recaudo de escribir y, quedándonos solos, por no poder por mano


propia, me mandó escrevir, y dictó las siguientes octavas, género de
poesía en que era muy diestro, y en que muestra bien la buena dis-
posición que su alma tenía. Sé que os agradarán y quizás serán de
algún provecho, y así quiero referirlas. Y tomando aliento, Arsenio
dixo assí como su enfermo las dictava233: 255

De tierra soy, y en tierra me resuelvo234. 256

La flor de juventud se me a secado;


salí de tierra y a la tierra buelbo,
do el cuerpo quedará depositado.
Todos los pensamientos que rebuelbo
me tienen a tormento condenado.
Hallo en mis obras todas mucha culpa
y obra buena ninguna me disculpa.

Yo parto, y es forzossa mi partida,


pues de quien puede está determinada,
y no me pesa de perder la vida,

233
La autoría de estas octavas, «género de poesía en que era muy diestro»
el futuro carmelita, se la atribuye Solís a don Pedro de Padilla, al ter-
minar de dictarlas: «Esta sola memoria quisso D. Pedro que quedasse
de su ingenio…». Sin embargo, en “Un cancionero bilingüe manus-
crito de la biblioteca de El Escorial” (ed. Julián Zarco), en Religión y
Cultura, El Escorial, t. xxiv, 1933, aparecen como Octavas de hum corioso
no derrade[i]ro quartel de su vita.
234
Resolverse en tierra: el verbo resolver tiene, entre otros, el sentido de «redu-
cirse una cosa en otra» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 147 –
Pedro de Solís y Valenzuela

que la vida mortal no afecto en nada235. 257

Temo la Magestad de mí offendida236, 258

que es de ángeles y santos venerada,


que entiende y sabe bien las faltas mías
y me lleva en el medio de mis días.

Para que en mi favor dé la sentencia,


no ay ley, pues que sus leyes e quebrado,
y pretender huir de su presencia,
al cielo o al abismo, es excusado237. 259

Y el tiempo de hazer ya penitencia


para dar mi descargo238 me a faltado.
260

Y a quien todo faltó, por mal govierno,


temeroso estará del fuego eterno.

[…]

235
Afectar: «apetecer y procurar con ansia y ahinco» (R. J. Cuervo, Diccionario
de construcción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. i, pág. 226a).
236
Ofendido se construye con por o con de (compárense los ejemplos del
Diccionario de autoridades, s. v.).
237
Excusado: «superfluo o inútil, o porque no conduce al intento, o porque
se puede dexar de hacer, y no corre obligación» (Diccionario de autorida-
des, s. v.).
Para la forma dar descargo el Diccionario de autoridades, s. v. descargo, cita a
238

Alonso de Ercilla, La Araucana (2, 24):



«… yo veré quién es bastante

a dar de lo que ha dicho más descargo».

– 148 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Llegó, pues, con su mal casi al ltimo deliquio de la vida;


mas afloxó Nuestro Señor las cuerdas al potro del tormento y
poco a poco fue mejorando, después convaleciendo y, ya con
entera sanidad, no quiso dilatar un punto su vocación, por
no experimentar segundo castigo o bolver a ver el cavallero
armado y sin cabeza. Gran predicador es un muerto; aun al
más rudo haze despierto una enfermedad que pone a las puer-
tas de la muerte, y quando esta es lección que la entiende un
necio, quanto mejor la percebirá un entendidoXXIII. Percibióla 261

también D. Pedro, que dexando padres queridos, cassa y fami-


lia y riquezas con que pudiera passar vida muy descansada, lo
dexó todo por Christo y quiso seguirle pobre en la descalzés de
la observantíssima Religión Carmelita de nueva reforma, con
que pusso feliz término a la vida del siglo y dio principio a la
vida religiosa que le a de coronar con premios muy dichosos
en la gloria239. Edificó a muchos esta su santa resolución exe-
262

cutada y a mí me dejó muy tierno, y por algún tiempo com-


puse mi vida, volviendo a renovar mis estudios para tenerla más
entretenida. Poco duró esto, pues con esta quietud y supuesta
devoción aviendo cobrado nombre de prudente, a cudicia240 263

XXIII
Prove[r]b., 19[, 15]: Si autem corripueris sapientem, intelliget disciplinam.
239
Véase M. Briceño Jáuregui, Estudio histórico-crítico de “El desierto prodigioso
y prodigio del desierto” de Don Pedro de Solís y Valenzuela, Bogotá, Instituto
Caro y Cuervo, 1983.
240
A cudicia equivale a ‘por codicia’ (compárese Diccionario de autoridades, s.
v. codicia).

– 149 –
Pedro de Solís y Valenzuela

de mi hazienda, hippo241 que tanto afectan242 los mortales, me


264 265

trataron243 un casamiento de mucha calidad y con dote suffi-


266

ciente. No era este el rumbo que yo intentava seguir, mas la


curiosidad me hizo dar oýdos al tratado244 y ir a vistas245 de la
267 268

que avía de ser mi esposa, que era vna doncella honestíssima


llamada Da. Leonor Federici. De burlas246 fui al tálamo, pero 269

avía puesto naturaleza tan relevantes partes de hermosura y


belleza en D.a Leonor, que de veras quedé attónito y conffusso
de ver tal prodigio, y traté de tener tal consorte de mi vida, por-
que mi dichossa estrella me avía preparado tal ventura. Fui a
los escritorios de mi diffunta madre, saqué de sus gavetas ricos
broches de diamantes, hermossas sartas de perlas, apretadores247 270

241
Hipo: «translaticiamente vale deseo, anhelo o ansia» (Diccionario de auto-
ridades, s. v.).
242
Véase nota 235.
243
Tratar: «por extensión vale conferir, y hablar sobre alguna de· penden-
cia, para conformar, y avenir a los interesados en ella» (Diccionario de
autoridades, s. v.).
244
Tratado: ‘convenio’.
245
Ir a vistas: ‘ir a ver’. «Vistas, usado siempre en plural, se toma por la
concurrencia de dos o más sugetos, que se ven a fin determinado»
(Diccionario de autoridades, s. v.).
246
De burlas: «no de veras» (Diccionario académico, s. v.).
247
Apretador: «era una cinta o banda ricamente aderezada y labrada, que
servía antiguamente de ornamento a las mugeres para recoger el pelo
y ceñirse la frente» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 150 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

de esmeraldas. Enbié al punto donas248 de valor; procuré, pues, 271

no se me deslizasse de las manos esta dicha, pues asseguraba en


el empleo de Delia249 un geroglífico250 de perfecciones. Comu-
272 273

niquéme a todos convenible251; hize galas, corté libreas252, y en


274 275

fin logré la propuesta, consiguiendo en dichoso tálamo aquel

248
Donas: «vale… lo mismo que dones, que se ofrecen graciosamente, y en
especial entre los que ya están capitulados, y se dan de una parte a otra
por contemplación del matrimonio» (Diccionario de autoridades, s. v.).
249
Empleo: «se llama entre los galanes la dama a quien uno sirve y galan-
tea» (Diccionario de autoridades, s. v.).

Delia, nombre con el cual Plania es celebrada en la poesía erótica del
elegíaco romano Albio Tibulo.
250
Geroglýphico: «expresión del concepto y lo que se quiere decir por figuras
de otras cosas que se ofrecen a la vista» (Diccionario de autoridades, s. v.).
251
Comuniquéme a todos convenible. Para comunicarse, verbo reflejo, en el sentido
de «conversar, tratar con alguno de palabra o por escrito» (R. J. Cuervo,
Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. ii,
pág. 294a-b).

Convenible: «conveniente», «razonable» (Diccionario de autoridades, s. v.).
252
Hacer galas: es decir, ‘componer trajes, joyas y demás artículos de lujo
que se ponen y ostentan’. Gala es un «vestido alegre, sobresaliente, rico
y costoso para las funciones de fiesta, regocijo, lucimiento y fuera del
modo ordinario de vestir de cada uno» (Diccionario de autoridades, s. v.).

Cortar libreas. Librea: «el vestuario uniforme que los reyes, grandes, títu-
los y caballeros dan respectivamente a sus guardias, pages, y a los cria-
dos de escalera abaxo, el qual debe ser de los colores de las armas de
quien le da» (Diccionario de autoridades, s. v.). Compárese «Suso, córtense
libreas a todos los criados de mi casa» (L. de Rueda, Eufemia, 5, 5, citado
por R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana,
París, 1893, t. ii, pág. 540a).

– 151 –
Pedro de Solís y Valenzuela

embelezo común de la naturaleza. Fueron célebres las bodas


y apenas en felizíssimo estado avía gozado dos años enteros
desta dicha, quando, miserablemente en vn punto, fui despo-
jado della; a los terribles dolores de un parto cedió mi Delia
la vida y a mí me dejó sepultado en horrores de muerte. Faltó
el aliento más vistoso del prado, perdieron los sentidos todo el
recreo de sus attenciones. ¡Qué lástima, qué dolor! Nieves,
nácar, oro, cielo, que avían desflorado sus lustres y apurado sus
vistosidades para componer tanta hermosura, offuscados de la
palidez de la muerte me dieron qué llorar lastimosamente por
el dilatado espacio de mi vida. Fue mi sentimiento tan grande,
mis lágrimas tan excessivas, que no sé [cómo] quedé vivo o
cómo quedé sano en el entendimiento. No sé cómo de dolor
no muero cada vez que este luctuoso día repito. Aquí se enter-
neció mucho Arsenio, y como que se conturbó en sus palabras.
Tomó el hilo de ellas D. Fernando y dixo: de frágil barro, de
inconstante materia formó Dios al hombre, que para no des-
vanezerle253 con los suspiros de divino, le hizo de tierra. ¡Qué
276

segura está su fin254, pues el menor estorbo detiene su curso, el


277

más mínimo achaque corta su vida y la piedra más pequeña


derriba su grandeza! ¡Qué formidable estatua vio Nabucho-
donosor! ¡Qué presto la vio postrada a sus plantas! Pero qué

Desvanecer: «metaphóricamente vale dar ocasión de presunción y vani-


253

dad, adulando a otro con desproporcionadas y excessivas alabanzas»


(Diccionario de autoridades, s. v.).
Fin, femenino. En el siglo xvi fin era femenino, como se advierte en La
254

Galatea. Compárese E. Rodríguez Herrera, Observaciones acerca del género


de los nombres, La Habana, Lex, 1947, pág. 359.

– 152 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

mucho: era gloria humana, era vida brebe, era demonstración


de humano ser. ¿Qué altura, más encumbrada? ¿Qué corona de
oro, permanente, segura? ¿Qué tiara dura estable? ¿Qué robus-
ticidad255 vive perpetua? ¿Qué adorno no muere? ¿Qué her-
278

mosura y beldad no se desvaneze? ¿Qué mucho si en barro


se fabrica, si en lodo se esculpe? ¿Qué duro jaspe no admitte
corrupción? ¿Qué mármor256 no pereze? ¿Qué bronze no le con-
279

summe el orín? ¿Quién se libra de la carcoma? ¿Y qué materia


no está sujeta a no ser, y en las seguridades de oy no conoze las
fallencias257 de mañana? ¡O, borrascosso mar que en el golfo
280

muestras el daño y en el puerto le executas! Es a todos igual la


muerte. Passa la gloria humana, pero qué mucho si es sombra
vana: breve flor, que con los desprecios del morir nació a tan
corta vida, flor del heno, cárdeno lirio, pequeña vida que apenas
siente los suspiros del austro quando marchita publica su incons-
tancia. ¡O, miseria de los mortales! ¡O, Atropos258 cruel! Que 281

aun no perdona su guadaña la estambre más fina, el hilo más


dichoso. ¿Cómo no temió tantos rayos y abatir tanta hermosura?
¿Cómo halló camino la muerte? Respondió D. Pedro: porque

Robusticidad o robustosidad: «lo mismo que robustez» (Diccionario de auto-


255

ridades, s. v.).
Mármol: «del latino marmor, por cuya razón algunos suelen decir en
256

castellano mármor» (Diccionario de autoridades, s. v.).


Fallencia o fallenza: «error, daño» (J. Cejador y Frauca, Vocabulario medie-
257

val castellano, 1929, s. v.).


Atropos. En la mitología clásica, es una de las tres hermanas (Atropos,
258

Cloto y Láquesis), que, para cada mortal, determinan la duración de la


vida, valiéndose de una hebra que ellas hilan hasta que esta se acaba.

– 153 –
Pedro de Solís y Valenzuela

lo ordinario del morir se le enseña. ¿Qué mucho si aun el sol


muere, y aunque siempre luziente, siempre vivo, en los eclipses
y en la noche halla experiencias de lo caduco? ¿Qué muestran
[sic] en su firmamento tanto errante planeta? ¿Qué, corriendo
a su elemento, tanto veloz río? ¿Qué, apeteciendo subir a su
esfera? La muerte, pues corriendo las horas, passando los días,
se van acercando a su resolución259 los polos. En el anchu-
282

roso mar la busca el río y la llama halla su fin en su apetito.


Todo es morir; allí nace vno a la vida, allí nace también a la
muerte; aquí muere y es porque aquí nació, que el nacer y el
morir fueron hijos de la humanidad. No pudo Delia dexar
de no ser, siendo. Assí es verdad, replicó Arsenio, pero lo que
aquí fue digno de lamentarse fue su corta vida; apenas cum-
plió tres lustros, tam breve plazo le señaló la naturaleza. No
era suyo lo que gozaba (dixo D. Fernando), y assí restituyó lo
que poseía, execusión rigurosa y brebe, que es muy puntual260 283

nuestra miseria desde que fue curiosa nuestra primera madre.


Disputas de dolor deben ser muy brebes, dixo Antonio; prosi-
gue, o Arsenio, tu narración; no la divierta261 nuestro discurrir.
284

Entonzes Arsenio dixo: En fin, o amigos, dexando Delia vna

Resolución: «vale también la desunión de las cosas de que se compone


259

un todo» (Diccionario de autoridades, s. v.).


Puntual: «ajustado y cierto» (Diccionario de autoridades, s. v.).
260

Divertir: «distraer, desviar» (C. Fontecha, Glosario de voces comentadas en


261

ediciones de textos clásicos, Madrid, 1941, pág. 128); «apartar, distraher la


atención de alguna persona para que no discurra ni piense en aque-
llas cosas a que la tenía aplicada, o para que no prosiga la obra que
trahía entre manos» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 154 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

copia suya en vna hermosíssima niña, fue soplo, sueño, viento,


sombra, vanidad, flor, nada, depósito, execusión de la ley; su
cuerpo, ceniza, polvo, possessión de la muerte, con que toda
mi pompa, mi valor, mi gusto, mis riquezas se desvanecieron.
Pero, ya que oy sale a vuestra noticia crecido mi dolor, quiero
daros noticia de cómo su muerte causó general sentimiento y
motivo a los amigos ingeniosos a hazer epitafios sepulchrales,
romanzes fúnebres y endechas tristes a su muerte, y de muchos
que ya con el tiempo se an deslizado de la memoria, sólo tengo
en prompto262 para referiros vn romanze y vn soneto.
285

[…]

Haziendo alusión a la rosa, hizo otro amigo un famoso


soneto, que por tal quedó fijo en mi memoria, y es el que sigue,
con el artificio en ecos, que mi dolor a repetido siempre:

En vna que verdor derramaXXIV — Rama,


286

purpúrea naze la olorosa — Rosa,


más enbidiada que embidiosa — Diosa,
a quien Favonio263 como a dama — Ama.
287

Pronto: ‘pronto, listo, a la mano’. «Aunque según [el] origen [latino,


262

promptus]… se debiera escribir prompto, el uso le ha quitado la m y la


p para suavizar la pronunciación» (Diccionario de autoridades, s. v.). Del
latín in promptu. Compárese M. T. Cicerón, Academicae Quaestiones, 1, 2,
4; De officiis, 1, 30, 105: ‘a la mano’, ‘a disposición’.
XXIV
[Tachado, al margen:] F[r.] Asumpto de la Ba[rr]er[a] [?], Augustino.
Favonio. Viento del Oeste, céfiro.
263

– 155 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Si alguna su hermosura afama — Fama,


quando con mayo se desposa — Esposa,
la más vezina caudalosa264 — Lossa,288

que ya la ve morir, exclama — Clama.

Y la que triunfos si viviera — Viera,


desmayada en fatal suspira — Pyra,
sin que la Parca lo diffiera — Fiera.

O, tú, que la perdiste admira — Mira,


que la que reyna en la ribera — Era,
quando parece que respira — Espira.

Otros muchos pudiera referiros, dixo Arsenio, pero no quiero


molestaros con memorias de la muerte, aunque siempre apro-
vechan; que por esso dixo el Sabio que era mejor ir a la cassa
del llanto que a la cassa del combite265. Mas yo quiero en esta
289

mi narración ser succinto y referiros siempre lo mejor y más


azendrado. Varios enigmas266 buscava para tener más presente
290

mi dolor, porque ya venía a ser el alimento de mi vida, y visi-


tando con frequencia el sepulcro de Delia, cogí vn día en un
lienzo limpio vn poco de tierra de su sepulcro y hize disponer de

Caudaloso: «de mucho valor o precio» (Diccionario histórico de la lengua


264

española, t. ii, 1936, s. v.).


«Melius est ire ad domum luctus quam ad domum convivii» (Eccle. 7: 3).
265

Enigma: «obscura alegoría» (S. de Covarrubias, Tesoro de la lengua caste-


266

llana o española, 1611, s. v.).

– 156 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

ella vn relox, en que le servía de arena, inventiva rara que supe


hallar para mi desengaño. Contemplándole algunas vezes hize
este soneto, que me pareze os ha de quadrar por sus muchos
conceptos, partos propios de mi dolor. Y dictó assí:

Aviso mudo que en hilada arena


vas midiendo a mi ser el fin más cierto,
de mí polvo eres tú: ¿cómo no advierto
que es asunto tu vida de mi pena?

Esse curso veloz, sin vida, ordena


instantes al vivir con golpe incierto;
todo esse polvo en que me miro muerto
trompa es sin voz que con silencio truena.

Tu correr es imagen de mi vida,


tu parar es imagen de mi muerte;
tu vidro267, duración de mis antojos.
291

Llama eres tú que alumbras no encendida.


Mucho es que a tanto golpe no dispierte
si echando tierra estás sobre mis ojos.

Alabaron todos los circunstantes no sólo lo conceptuoso de


los versos, sino lo raro del asumpto, que a no afirmar Arsenio
aver mandado hazer el relox de arena de la tierra del sepulcro
de su amada consorte, ya diffunta, pareziera fingido. Porque es

Véase nota 136.


267

– 157 –
Pedro de Solís y Valenzuela

tanta la valentía268 de algunos ingenios que llegan a discurrir lo


292

que no es, y esto, al parezer, parezía imposible y sólo discurrido


por Arsenio, a quien rogaron con instancia lo repitiesse y él
lo hizo assí, y aun lo dictó para que Don Pedro lo copiasse, por
averse pagado mucho de sus conceptos. Y esto fue ocassión de
que se hiziesse vn brebe paréntesis a la historia, y de nuebo se
discurriesse en alabanza de la Poesía, reprobando, con argu-
mentos evidentes y que convenzen a todo buen entendimiento,
a los que la reprueban y vituperan, pues armonía tan deliziosa,
hecha de tantas paridades269 conglobadas270, sólo pudo el inge-
293 294

nio de la Poesía conseguirla. Para prueba desto, dixo Antonio,


refiriera yo aquí de buena gana vn romanze que probara muy
bien esta proposición, en que hubiera bien qué mirar y admi-
rar, si no fuera hazer molesta digresión a la historia. Es de aquel
célebre ingenio, lustre de la Orden de San Gerónimo, el R[eve-
rendíssi]mo P[adr]e M[aestr]o Fr[ay] [Juan] de Avellaneda271, 295

predicador de Su M[a]g[estad] y lustre de sus púlpitos. Este

268
Valentía: «phantasía o viveza de la imaginación con que se discurre
gallardamente, y con novedad en alguna materia» (Diccionario de auto-
ridades, s. v.).
269
Paridad: «comparación de una cosa con otra, por exemplo o símil»
(Diccionario de autoridades, s. v.).
270
Conglobado: ‘unido, mezclado’. Conglobarse: «unirse algunas cosas o partes
que estaban disueltas, tomando la figura orbicular u de globo: como
el granizo, etcétera» (Diccionario de autoridades, s. v.).
271
Muerto el 1.º de enero de 1657. Compárese B. Cuartero y Huerta,
Índice de la colección de don Luis Salazar y Castro, Madrid, núm. 43, 324.

– 158 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

famoso romanze es a la muerte de la vida, y lo guardo para


otra ocassión, por ser algo largo.

[…]

Mas antes que Arsenio bolviesse a cojer el hilo de su


historia, dixo Dn. Fernando: pues yo de terciar tengo tam-
bién con algunos versos, suppuesto que ya está el paréntesis
hecho. Respondieron todos que lo hiziesse, porque con eso
les doblaría el gusto. Mas él cauteló primero que le dejassen
el asunto libre, pues no estava obligado a corresponder con el
propuesto, supuesto que aquel no era certamen poético, ni
menos academia, sino vna suave plática y conversación com-
puesta de varias cossas que avían de deleytar aprovechando.
Todos conffesaron ser assí y le dejaron el asunto libre por-
que sabían que siempre les refería versos propios suyos. Y
él les dijo assí: hallándose vn peccador con la imaginación
inquieta, estando delante de vn Chr[is]to con desseo de con-
fessarse, dictó assí:

Con tus alas, alas ligeras, pensamiento272, 296

(si me pongo a pensar cossas divinas)


huyendo vas a tierras peregrinas
imitando en tu curso al presto viento.

En este primer verso, en que sobran dos sílabas, pudo haber una dis-
272

tracción al repetir la palabra alas. Omitida, el endecasílabo consta:


«con tus alas ligeras pensamiento».

– 159 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Como cierbo a beber vengo sediento


a las fuentes que abrieron chr[is]talinas
furor, azotes, clavos, lanza, espinas.
Mientras bebo, detén tu movimiento.

Ay de mí, loco soy, pues que me pongo273 297

con vn loco a razones. Chr[is]to mío,


ata vn rato a tu cruz este furioso,

mientras vacio mi pecho y me dispongo


para que de mis culpas el vacío
llenen tus fuentes de licor precioso.

Aclamado, pues, este soneto, le pidieron a Arsenio que pro-


siguiesse su historia y él lo hizo diciendo: algunos [años] dura-
ron en mi memoria vivos los sentimientos de pérdida tan grave,
en los quales no admití consuelo humano, y sólo solicitava los
divinos. Mas, ¡o dolor!, que este dolor se fue resfriando y las
memorias de la muerte. Tascando estuvo los frenos de la razón
el cavallo desvocado de mi loca juventud, entretenido en la
crianza de mi amada Clori, prenda que Delia me dejó en su
muerte, bastante a 274 darme mucho consuelo; pero
298

Pongo a: «poner, con la partícula a y algunos nombres, vale aplicar o


273

disponer alguna cosa, para que reciba el efecto de lo que los nombres
significan» (Diccionario de autoridades, s. v.).
Bastante a: tiene igual sentido que con la preposición para. Véase R. J.
274

Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, París,


1893, t. i, pág. 853.

– 160 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

quebrándolos del todo, dio a correr275 por el campo de los vicios


299

sin reparo alguno (danle muy amplio para esta desvocada


carrera los amigos y las riquezas). Fui gastando la hazienda
pródigamente en convites, festines, juegos y cassas prohibidas,
y como es ordinario encadenarse los vicios vnos con otrosXXV, 300

tan larga cadena hize de ellos, que pienso que me conduxo su


pesso al ltimo precipicio. Entre las cossas que mi anciano padre
me dejó otorgadas por cláusula de última voluntad, la princi-
pal fue el remedio276 de vna casta doncella, sobrina suya que,
301

aunque en hábito secular, se consagrava a Dios en la clausura


de un monasterio, en compañía de vna tía mía, monja pro-
ffessa. Esta hazía muchas instancias de que cumpliesse la cláu-
sula de testamento acerca del remedio de Casimira. Ocupado,
ya en mis estudios, ya en mis divertimientos ordinarios, cassi
nunca avía visitado a mi prima ni a mi tía. Fue forzosso el
hazerlo aora, y apenas avía entrado en la rexa o locutorio y
visto a mi prima, quando fui Ícaro277 abrasado de los rayos de
302

Úsase también el verbo dar «con a y un infinitivo que denota la acción


275

que uno se arroja a ejecutar: “Asombrose el pobre y dio a correr por aque-
lla cuesta arriba”, Cerv., Nov. 8 (R. l, 1911)» (R. J. Cuervo, Diccionario de
construcción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. ii, pág. 742b).
XXV
Abissus abissum invocat [Ps. 41: 8].
Remedio: «recurso» (Diccionario de autoridades, s. v.); «recurso, auxilio»
276

(Diccionario académico, s. v.).


En la mitología, hijo de Dédalo. Con su padre hace unas alas de
277

cera y vuela desde Creta para escapar a la ira de Minos. Ícaro se


remonta tan alto que el calor del sol derrite sus alas, cae en el mar
y perece ahogado.

– 161 –
Pedro de Solís y Valenzuela

sus ojos, porque era vn portento de hermosura, y quanto pudo


tener Roselia y mi consorte diffunta y quantas naturaleza pró-
diga pudo erogar bellezas, pareze se avían epilogado278 en Casi- 303

mira. Hizo demostración de todas sus gracias en todos géneros


de instrumentos, con la voz más suave y clara que oý en toda
mi vida, y supe y experimenté cómo después de279 todas sus 304

naturales gracias, era dotada de claro entendimiento y tenía


singular donayre en hazer versos. Muchos pudiera referiros
suyos, mas porque sólo e de referir en mi narración los que fue-
ren espirituales, los dexo y podrá ser que el contexto de ella
ofresca algunos. Quedó mi pecho echo vn Etna o Mongibelo280 305

de fuego, tantos vomitaba ardores, tantos arrojaba incendios.


No tardé mucho tiempo en manifestarlos, porque desde aquel
día en vez de solicitador de su remedio, acudí muy puntual a
las rexas y locutorios, teatros que suelen ser de necios o embo-
bados, por no dezir bobos de todo punto, y para tener mejor
occassión de ser frequente en aquellos puestos, le llebé a mi tía
a mi querida Clori, que apenas cumplía un lustro, para que en

278
Epilogar: ‘resumir’, ‘abreviar’.
279
‘Además de’. Compárese B. Alemany y Selfa, Vocabulario de las obras de
don Luis de Góngora y Argote, Madrid, 1930 s. v.
280
Etna: Volcán de Sicilia, célebre por sus frecuentes y terribles erupcio-
nes. En la mitología antigua, es asiento de muchas leyendas, como que
en sus entrañas tiene Hefesto (Vulcano) sus fraguas, donde trabajan los
cíclopes fabricando rayos para Zeus (Júpiter). El autor añade «o Mon-
gibelo» [Mongibel]: así llaman los sicilianos este volcán. Es un nombre
antiguo del infierno, de donde viene el significado metafórico del Etna
para los antiguos habitantes de la región.

– 162 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

su compañía se criasse. Tube occassión de manifestar a Casi-


mira mis desvelos y comunicar a mi tía cómo la quería por
esposa; mas mostróse un mármol a mis quejas, un bronze a mis
suspiros; no pudo labrar la continuación de franquezas281 pre- 306

sentes, regalos, assistencias en su pecho, ni aun lo que la gota


con la continuación haze en la piedra. Ni persuasiones de deu-
dos, amigos y parientes la pudieron inclinar a que me fauo-
reziesse. Di en escudriñar su vida, en espiar sus acciones y, en
fin, vine a rastrear que estaba prometida dueño282 a un mozo, 307

cavallero de lucidas prendas, y que recíprocamente se amaban.


Si yo fuera cuerdo, si yo tubiera entendimiento, gozara283 de 308

occassión tan sazonada para el remedio de mi prima, pero fue


al contrario: que considerándome despreciado, ardía en furio-
sos zelos, y di primero en maquinar la muerte a mi opositor;
después, por dársela maior en otra travesura que fui ciego

Franqueza: ‘largueza’, de acuerdo con el sentido que tenía franco de


281

‘dadivoso’. Compárese J. Coromines, Diccionario crítico etimológico caste-


llano e hispánico, Madrid, Gredos, 1996, t. ii, s. v. franco.
Prometerse dueño. Prometerse se toma por «darse mutuamente palabra de
282

matrimonio». Dueño suele llamarse «a la muger y a las demás cosas del


género femenino que tienen dominio en algo, por no llamarlas Dueñas,
voz que ya comúnmente se entiende de las dueñas de honor» (Diccio-
nario de autoridades, s. v.).
Para la construcción y concordancia gramatical en esta hipótesis, que
283

hace el interlocutor: «si yo fuera cuerdo», «si yo tuviera, gozara…»,


véase A. Bello, Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los ame-
ricanos, Santiago de Chile, 1847, § 695.

– 163 –
Pedro de Solís y Valenzuela

disponiendo. Pusse luego a censo284 ocho mil ducados para la


309

dote de Clori, y de los rréditos para su sustento hize dueño a


mi tía, entregándole desde luego papeles y escrituras. Y con
occassión que en las Yndias le debían a mi padre beynte mil,
y estaban ya flota y galeones dispuestos y sobre las áncoras para
salir a aquellas costas, dispusse mi viaje, cossa en que no pequeño
gusto daba a mi prima, que, en fin, como amante de otro dueño,
me aborrecía y no desseava cossa más que mi ausencia para su
libre entrega. Dispusse mi hazienda, empleándola en tafeta-
nes285 y sedas; recogí mis joyas y despaché caxones, baúles y
310

ropa a mi correspondiente en Cádiz, pidiéndole me lo tubiesse


todo enbarcado en vna cámara de popa de la mejor nao de
flota que hubiesse en el puerto, y fletada la embarcación para
quando yo llegasse. Incité a este viaje a un primo mío y a otros
amigos, que fácilmente, haziéndoles yo la costa286, se dispusie- 311

ron a acompañarme. Comuniquéles el intento, que era de robar


a Casimira y conducirla violenta a las américas costas, para
que allí, con tantas leguas de distancia de su dueño, le obligasse
la necessidad a hazer lo que no avía podido inclinarla mi amor
y mis servicios. Fue fácil la empressa, facilitándomela vna criada

284
Poner a censo: ‘poner a interés’. Véase nota 274.
285
Tafetán: «tela de seda muy unida, que cruge y hace ruido, luciendo con
ella» (Diccionario de autoridades, s. v.).
286
Hacer la costa. Costa: «el precio de alguna cosa, lo que vale y se ha pagado
por ella» (Diccionario de autoridades, s. v.). También se dice costo.

– 164 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

de mi prima, bien coechada287, que aguardándonos por la parte


312

interior de donde escalamos el convento, nos guió con breve-


dad a su celda. Tenía prevenido un coche con seys famossas
mulas, para que corriessen postas288, bien pagado el cochero.
313

Y assí en los horrores de vna noche, bien prevenidos de pisto-


las y otras armas, teniendo a la puerta del convento puesto a
punto el coche, entramos mi primo y yo y vn fiel criado en la
clausura, y, con la guía prevenida, no erramos mucho en encon-
trar la celda de mi prima, que de ver tan repentina y inusitada
vista, quedó como muerta. Aprovechámonos del desmayo, y
ya estaba en mis brazos y la sacava por el claustro, quando sus
vozes avían alborotado cassi todo aquel exército de inocentes
corderas, que sólo se valían de las vozes para su resistencia; con
su muchedumbre ya cassi nos impedían el passo, que para
hazerle mandé a mi criado disparasse vna pistola sin munición,
que para este punto iba dispuesta. Apenas vieron el fuego y
oyeron el tronido, quando de temor se presumieron289 muertas, 314

287
Coechar por cohechar: «sobornar, corromper con dádivas al juez, al testigo,
o a qualquiera otra persona, para que diga o haga lo que se desea o está
bien; aunque sea contra razón y justicia» (Diccionario de autoridades, s. v.).
288
Correr postas: «caminar con celeridad en caballos a propósito para este
ministerio que están prevenidos a ciertas distancias» (M. Alonso, Enci-
clopedia del idioma. Diccionario histórico y moderno de la lengua española (siglos
xii al xx). Etimológico, tecnológico, regional e hispanoamericano, t. i, Aguilar,
1958, pág. 3363). Compárese S. Gili Gaya, Tesoro lexicográfico: 1492-
1796, Madrid, csic, 1947, pág. 648.
289
Presumir: «sospechar, juzgar o conjeturar alguna cosa, por haber tenido
indicios o señales para ello» (Diccionario de autoridades, s. v.). Presumirse muerto:

– 165 –
Pedro de Solís y Valenzuela

y quedando muchas de ellas desmayadas, pude salir sin estorbo.


Entramos en el coche y al punto salimos de la ciudad y empe-
zamos nuestro viaje a Cádiz a toda prissa. Como no fui cono-
cido en el convento por la prevención de las mascarillas de
terciopelo negro que llebábamos, aunque se supo en la ciudad
el insulto, no fui seguido. Las lágrimas de Casimira eran irre-
mediables, pero vbo de sesar en ellas, porque no tenía refugio
ni consuelo humano. Luego, a la primer jornada, le hize mudar
el vestido mugeril en hábito de varón, porque para el casso iba
prevenido. Cortámosle las madejas de oro del hermosíssimo
cabello, y, en fin, abrebiando en otros lanzes que passaron, que
son superfluos y agenos de290 mi narración, le pusimos por
315

nombre Ascanio, y llegamos a Cádiz tan a tiempo, que luego


otro día291 nos enbarcamos, y flota y galeones se hizieron a la
316

vela. Llamávase la nao en que ýbamos enbarcados la Pava, por


su ligereza y gallardía. Y en su cámara de popa, muy bien

‘considerarse muerto’. En el sentido latino ( ) de ‘tomar de


antemano’.
290
Ajeno de: «tratándose de cosas, [ajeno significa] que no se aviene con su
naturaleza o peculiares circunstancias», y se construye «con de: “no he
proseguido adelante, así por parecerme que hago cosa ajena de mi pro-
fesión, como por ver que es más el número de los simples que de los
prudentes”, Cerv., Quij., 1, 48» (R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y
régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. i, pág. 299b). «Viene del latín
alienus, que significa esto mismo [por ejemplo: “lo que no es propio, lo
que toca y pertenece a otro”], por cuya razón se debe escribir con j, aun-
que mui comúnmente se halla con g» (Diccionario de autoridades, s. v.).
291
Otro día: ‘al día siguiente’ (C. Fontecha, Glosario de voces comentadas en edi-
ciones de textos clásicos, Madrid, 1941, pág. 124).

– 166 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

adornada, aposentamos a Ascanio, bien débil y enfermo de las


dezazones del camino y del mareo de la mar, pero el mucho
regalo que mi correspondiente292 tubo preparado pudo ser de
317

algún alivio. En otro quartel293 nos acomodamos yo y mi primo


318

D. Lope, cuyo heroyco pecho adornaba la roja † [cruz] del gran


Patrón Santiago. Llebábamos enbarcado en la nao todo lo más
preciosso de nuestra hazienda, ya en empleo, ya en joyas, con
lo qual nos prometíamos boluer de Indias muy aumentados,
no considerando los inevitables riesgos de la mar y que tenía-
mos offendido el cielo con la violencia y desacato cometido en
el hurto de mi prima. Muchos días caminamos294 con próspe- 319

ros vientos en conserva295 de los galeones, que como son naos


320

de guerra, amparan sólo con su presencia las naos merchantas


y de flota, y con sola ella destierran los enemigos piratas que
infestan los mares. Ya, según el cómputo de nuestro piloto, está-
bamos en costas de Indias y en brebes días nos prometía
el puerto; y assí para celebrar este regocijado día, largando el

292
Correspondiente: ‘corresponsal o agente de negocios’ (compárese Diccio-
nario de autoridades, s. v.).
293
Quartel: ‘alojamiento’, ‘habitación’ (compárese Diccionario de autoridades,
s. v.).
294
Caminar: «hacer viage, ir de un lugar a otro, sea a pie, a caballo, en
carro, o en otra manera. También se entiende de los que hacen viage
por mar, o río en alguna embarcación» (Diccionario de autoridades, s. v.).
295
Conserva: «ir o caminar en conserva: juntarse algunos en compañía, para
ir resguardados y a cubierto de los riesgos y contratiempos que puedan
acaecer. Dícese con especialidad de los viages marítimos, quando los
navíos van escoltados de algún convoy» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 167 –
Pedro de Solís y Valenzuela

trinquete296 y vela de gavia297 con las bonetas298 y vn verde


321 322 323

estandarte, que con rayos de oro difería una cruz roja, para
que quando la Pava reconociesse el puerto, fuesse vista más
gallarda. Soltó el piloto las flámulas299 y gallardetes300 y la empa-
324 325

vesó toda de rojo, a imitación de toda la armada que iba como


de gala. Rompía la Pava el salado cristal del inconstante ele-
mento qual ave que con corvo pico peyna o rasga el viento.
Mas, ¡o, inconstancia de la humana prosperidad! ¡O, voluble

296
Trinquete: «el tercer árbol hacia la parte de proa en las naves mayores,
y en las menores es el segundo» (Diccionario de autoridades, s. v.).
297
Vela de gavia: «término náutico. Una como garita redonda, que rodea
toda la extremidad del mástil del navío, y se pone en todos los másti-
les, y cada una toma el nombre de aquel en que está. Sirve para que
el grumete puesto en ella registre todo lo que se puede ver del mar»
(Diccionario de autoridades, s. v.).
298
Boneta: «voz náutica. Pedazo de vela que se lleva de respeto, para aña-
dir al largo de la vela mayor quando se quiere navegar con más velo-
cidad, y es el viento corto. Pudo llamarse assí por el lugar donde se
pone a semejanza de los bonetes» (Diccionario de autoridades, s. v.).
299
Flámulas: «banderas pequeñas, que por estar cortadas en los remates
en forma de llamas torcidas, las dieron este nombre. Estas y los gallar-
detes sólo se ponen en las embarcaciones para adorno u para demos-
tración de algún regocijo» (Diccionario de autoridades, s. v.).
300
Gallardete: «cierto género de banderilla partida, que semeja a la cola de
la golondrina, y se pone en lo alto de los mástiles del navío o embar-
cación, o en otra parte, para adorno, o para demostración de algún
regocijo» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 168 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

rueda301 de successos! Toda la rissa y alegría que llevábamos


326

en brebe se nos convirtió en tristeza, porque el cielo se empezó


a cubrir de fúnebres capuzes y a soplar Eolo con tan desatinada
furia que parecía quería arrancar no sólo los árboles sino los
más altos y firmes montes. Salteados302 de tan repentina tor-
327

menta, los marineros afferraron el paño303, calaron masteleos304


328 329

de popa, y no pudiendo acudir tan de presto al de proa, con


un increíble estallido lo rindió, causando en nosotros notable
tristesa por faltar cossa tan essencial para la navegación y pro-
secusión del viaje. Bramava el ayre, y el agua, dél impelida,
formaba riscos salitrados305 de nevada espuma, subiendo la nao
330

por momentos hasta el cielo y bajándola a vezes al profundo,

301
Rueda: además del sentido obvio de ‘sucesión de acontecimientos’,
puede haber una velada alusión a la rueda de la Fortuna, que en sentido
figurado significa la poca estabilidad de toda humana previsión.
302
Saltear: «por alusión significa sorprehender los sentidos, potencias o
afectos con poderoso y eficaz impulso» (Diccionario de autoridades, s. v.).
303
Paño: «en la Náutica, [paño] son todas las velas que lleva el navío: y assí
quando lleva pocas se dice, va con poco paño» (Diccionario de autorida-
des, s. v.).
304
Calar: «en la Náutica es amainar qualquiera cosa de la nave, como los
masteleros; y assí se dice calar las entenas para baxarlas, lo que se hace
cuando se recojen las velas» (Diccionario de autoridades, s. v.).

Masteleo: ‘mastelero’ (C. Fontecha, Glosario de voces comentadas en ediciones
de textos clásicos, Madrid, 1941, pág. 232). Mastelesros: «término náutico.
Los palos que van encima de los árboles del navío» (Diccionario de auto-
ridades, s. v.).
305
Riscos salitrados: figuradamente, peñascos de sal.

– 169 –
Pedro de Solís y Valenzuela

besando con los penoles306 las olas, negras o bien cárdenas con
331

la resaca de menuda arena, que si bien con el horror de la obs-


curidad no podían ser vistas sino quando, con ruido immenso
heridas, arrojavan en alto, azotada y como hecha llamas, el
agua a modo de centellas, despeñando procelas307 tormentosas 332

en el pequeño vaso308 con repetidos silvos. Todos los elementos


333

pareze se conjuraron para este conflito (que ay peccados que


mueben a su castigo aun la insensibilidad). A escupir rayos
enpezó el cielo, de los quales vno entendimos fuesse nuestro
ltimo fin, porque vajando por la popa de la nao, le derribó e
hizo menuda ceniza el timón, con que quedó la nave sin govierno,
esperando nosotros por momentos tener sepulcro en las aguas.
Cobardes bríos los de la maldad; débiles alientos, los de la culpa;
ni aquellos dejaron de teñirse siempre en el desmayo, ni estos
supieron alguna vez huirse de el rezelo. No ay índice que más
seguramente manifieste la malicia que los temores serviles de
vna mala conciencia, pues todo lo que trazó, ya ardidoso309 y 334

ya desenfrenado el apetito, lo publica offuscado en las mismas

Penol: «voz marina. Punta o extremo de las vergas» (Diccionario acadé-


306

mico, s. v.).
Procela: latinismo (procella, -ae) por ‘tempestad, tormenta’.
307

Vaso: «significa asimismo el buque y capacidad de las embarcaciones,


308

y figuradamente se toma por la misma embarcación» (Diccionario de


autoridades, s. v.).
Ardidoso: «sagaz, ingenioso y agudo para discurrir ardides y executar-
309

los» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 170 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

desórdenes310 el miedo. Por efecto primero de su delito reco-


335

nocieron nuestros primeros padres la erubescencia311 y el empa- 336

cho. Apenas se miran con la culpa quando temerosos se retiran


y, sobresaltados, aun de sí mismos se rezelan. Ni aun para pedir
misericordia le queda aliento al que le tubo prompto312 para 337

offender. No pareze que halla camino a la satisfacción, quien


le buscó cuydadoso para la offenssa. Y siendo verdad que
muchos peccan a la sombra dilatada de la confianza, pocos
hallan la luz que los dirija su esperança azia el seguro puerto
de la enmienda; mas puestos nosotros en conflito tan lastimoso,
todo era hazer votos, multiplicar promessas y pedir perdones,
proponiendo firmes enmiendas. Tres días duró la borrasca en
los quales apenas hubo quien gustasse vocado, enbueltos todos
en lágrimas y llantos.
Aora entiendo —respondió Dn. Fernando, que hasta aquí
mudo le avía escuchado— la causa por que el gran philósopho
Anacarsis313, preguntando quánto grossor tenían las tablas de
338

vn navío y siéndole respondido que tres dedos, dixo: essos distan

La desorden: esta palabra era sustantivo ambiguo en la época del autor


310

(compárese Diccionario de autoridades, s. v.).


Erubescencia: «rubor y vergüenza natural. Es voz puramente latina»
311

(Diccionario de autoridades, s. v.).


Véase nota 262.
312

Anacarsis: filósofo escita del siglo vi a. C. quien, por su afán de saber,


313

emprende largos viajes. Visita Atenas en tiempos de Solón. Por su sabi-


duría, temperancia y conocimientos es considerado como uno de los
siete sabios. La sentencia es referida por Diógenes Laercio, De clarorum
philosophorum vitis, 1, 103.

– 171 –
Pedro de Solís y Valenzuela

de la muerte los que navegan. Aún son mayores los peligros que
restan por contarte —dixo Arsenio—; mayores, las zozobras,
penalidades y trabajos. Vagueando314 estubo el frágil leño, ya
339

por muchas partes de las rezias olas abierto, hasta que calmó
el viento y se serenó la mar, y enpezamos a revibir del pas-
sado peligro. El resto de la armada, por el mar dividida, pudo
proseguir su viaje. Y como la desgraciada Pava tenía no sólo
quebradas las alas sino molidos los huessos, no pudo, como de
antes315, bolar por la mar; antes vbo de quedar sola y sin abrigo,
340

porque apenas en dos días pudimos reforzarla y con mil trazas


hazerle timón para que prosiguiesse en su viaje. El cuydado
de la vida, ya en algo assegurado, permitió algún descanso, y
en él mi querido primo Dn. Lope de Ávalos, praésago316 ya de 341

su muerte, que estava sercana, se recogió a su camarote y solo


estubo algunas horas retirado. Entrando yo a verle, le hallé

314
Vaguear: «lo mismo que vagar» (Diccionario de autoridades, s. v.). Compá-
rese J. Cejador y Frauca, Vocabulario medieval castellano, 1929, s. v.
315
De antes: «el complemento de antes se toma a menudo, sobre todo en estilo
familiar, por de tiempo anterior, anteriormente, antes» (R. J. Cuervo,
Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. i,
pág. 486b). El mismo Diccionario trae el siguiente ejemplo: «Si ella gus-
tare y vos gustáredes de estar a merced conmigo, bene quidem; y si no,
tan amigos como de antes» (M. de Cervantes Saavedra, El ingenioso
hidalgo don Quijote de la Mancha, parte ii, cap. vii; ed. Rodríguez Marín,
t. iv, 1948, pág. 163).
316
Présago: «dícese del que adivina alguna cosa futura adversa» (Dicciona-
rio de autoridades, s. v.).

– 172 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

escriviendo y vi que el rétulo317 de lo que escrivía dezía assí:


342

Canción de vn peccador ya convertido a Dios. Pidióme le dexasse solo,


y yo bolví de allí [a] algunas horas a pedirle también me leyesse
lo que avía escrito y a que me declarasse la tristeza que vía en
su rostro; y, en fin, declarándome los impulsos que tenía inte-
riores y el grande sentimiento que tenía en su corazón de las
offensas perpetradas contra Dios, me leyó los versos que avía
compuesto, dictando assí:

Dexa ya, Musa, el amoroso canto318, 343

que todo es vanidad, todo es locura;


todo passa qual sombra en un momento.
Suelta la vena al copioso llanto,
muestra en ella el dolor y la amargura
a que te llama el arrepentimiento.

[…]

Algunos buelcos me dio el corazón de aver leýdo estos


versos, pero atribuyéndolos a que eran originados de la pas-
sada tempestad y conflito grande con la muerte, se los llevé a

317
Rétulo: «véase rótulo» dice el Diccionario de autoridades, s. v. Rótulo: «ins-
cripción que se pone en libros, papeles y cosas semejantes, para dar a
conocer el autor y el assunto o materia de que tratan» (Diccionario de
autoridades, s. v.).
318
El autor es N. Morilla (compárese Biblioteca de Autores Españoles,
t. xlii, pág. 39, donde aparece con pequeñas variantes).

– 173 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Ascanio319, el qual apenas recobrado de tantos males, desco-


344

lorido y flaco y apretado de vnos fuertes dolores de cabeza y


mal de ojos, causado quizás, y sin quizás, de320 los accidentes de
345

aquel fiero torvellino y tempestad, y como en la materia tenía


tan sublime voto, se alegró mucho con ellos, y dijo que le tru-
xesse recaudo de escrivir, que también quería conponer algu-
nos para cumplir un voto que tenía hecho a la Virgen S[antís]
s[ima] N[uestr]a S[eñor]a.

[…]

Cubierto de vergüenza y lágrimas me dio Ascanio esta can-


ción para que la leyesse, y pudo conmigo tanto su letura, que
me hirió Nuestro Señor de manera el corazón con ella, que me
deshize en lágrimas y conocí mis errores, haciendo firmes pro-
pósitos de enmienda y desseando soldar los daños que avía
echo, en la mejor forma y modo que pudiesse.
En la mayor resistencia se conoze la mayor actividad, pues
siendo mi corazón vn diamante duro, vn risco inflexible, vn
peñasco que con el agua que avía de ablandarse, se continúa y

Ascanio, recuérdese, es el nombre fingido de Casimira.


319

Causado de: para la construcción de causa con de, no con por, como hoy
320

se usa, compárese «sentía en el interior de su espíritu una grande paz,


y un gozo mui regalado, causado de las influencias Divinas que Dios
enviaba sobre su alma» (D. de Yepes, Vida, virtudes y milagros de Santa
Teresa de Jesús, Zaragoza, 1606, Lib. i, cap. 10, citado por Diccionario de
autoridades, s. v.; compárese también R. J. Cuervo, Diccionario de construc-
ción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. i, pág. 88a).

– 174 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

se crece, barro que con el fuego se endureze, cera que con el yelo
se resiste, el rayo de la luz divina embiado por estas razones me
resolvió321 todo en lágrimas, me deshizo en suspiro. ¡O, miseri-
346

cordia divina de Dios! A David en el adulterio con Bersabé le


llamasteys por Natham, vuestro Profeta; a la Madalena, en el
yerro; a Saulo, en la persecusión; a Matheo, en el thelonio322; 347

a Pedro, en la negación; al ladrón, en el suplicio; al soldado,


en la ceguedad; a Thomás, en la duda; y a mí, en medio de mi
obstinación, me heristeys, me alumbrastes y con sólo el temor
de oír invocar a vuestra Santíssima Madre me atemorizastes
y me convertistes. ¡O, Padre de misericordias! No más culpas;
no más peccados; no más yerros. Lo que no pudo la fiera tem-
pestad, el riesgo casi inevitable de la muerte, pudieron estos
versos de Ascanio tam bien sentidos. Desde entonzes, pues, le
empezé a mirar y venerar no como a mi prima, sino como a
mi hermana, y con vn decoro y respeto, que no osé proponer
más mis desseos, que aunque eran ordenados a fin honesto de
casamiento, aun estos sesaron desde este punto. Ponderaron
los oyentes assí este sucesso como el ingenio del que avía echo
la canción, que son las palabras y conceptos bien ordenados,
pinzeles con que descubre el entendimiento su valentía. Arsenio
fue acortándoles la plática a los jóvenes, y assí dijo: también os
quiero referir otro soneto suyo, hecho en esta misma occassión,

Véase nota 186.


321

Thelonio, telonio: «aduana o banco público donde se pagaban las alca-


322

balas, y además derechos de las rentas. Es voz griega, y la trae Cova-


rrubias en su Thesoro» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 175 –
Pedro de Solís y Valenzuela

porque pretendo con él dar buen dejo323 a esta Mansión, y dar


348

vna brebe pausa a mis trabajos, porque lo que me resta de rela-


tar es el no[n] plus ultra324 de ellos, y no quiero, supuesto que
349

avéys determinado acompañarme estos quatro días y hazer en


esta cueba penitencia, pribándoos de vuestros regalos, cansa-
ros por oy con más de lo que tengo dicho, sino dar lugar a que
os divirtáys vn rato por el campo. El soneto, pues, de Ascanio
o Casimira es el siguiente, con que tendrá fin esta Mansión.

§§ Soneto a Jes s

¿A dónde, loca, sin tu luz vivía?


¿A dónde, ciega, errante, caminava?
Que nunca mis locuras, ciega, hallava,
mis ceguedades nunca, loca, vía.

¿A dónde me llevaba mi porfía?


¿A dónde el desatino me llevava?
Que si en seguirlos más, más los ganava,
en ganarlos yo más, más me perdía.

Dejo: «el gusto agradable u desabrido, que queda de la comida y más


323

comúnmente de la bebida, y así se dice, tiene no sé qué dexo» (Diccio-


nario de autoridades, s. v.). Aquí en sentido figurado.
Non plus ultra: expresión latina que significa ‘no más allá’ y aún se
324

emplea.

– 176 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

¿A dónde huýa de tu amor? ¿A dónde


me ausentaba de ti, dulce hermosura?
¿Qué buscaba sin ti, mi amor divino?

Mas, ¡ay!, que tu poder jamás se esconde,


pues vi mi ceguedad en mi locura,
y en mi porfía hallé mi desatino.

Aunque podía bastar de325 versos, dixo Antonio, si Arsenio


350

me permite que yo diga vnos que me an ocurrido a la memo-


ria, prolongaremos más este rato de tanto gusto y ellos vendrán
a ser la contera326 de oro desta ses­sión que emos tenido. Son al
351

triunfo de la Santa Judic327 y en estilo moderno, que sé que os a


352

de agradar. Arsenio respondió que por él no quedase, pues antes


venía a ser el más interessado, y los demás le animaron, con que
Antonio con muy linda gracia empezó a dezir este famoso328 353

R o m a n c e XX VI 35 4

Bastar se construye «con de, en el sentido de en materia de, en punto de»


325

(R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana,


París, 1893, t. i, pág. 856a-b).
Véase nota 131.
326

Judic: el título de un soneto de la Flor de Apolo, Bruselas, [1655?] es A


327

Olofernes y Judic.
Sigue un romance a Judith (Nota de la compiladora).
328

XXVI
[Al margen, tachado:] Fr. Ignacio de Vitoria, Augustino.

– 177 –
Pedro de Solís y Valenzuela

[…]

Tan bien supo referir Antonio este célebre romanze en que


tan al vivo está figurada la historia de Judith, que cassi hizo pre-
sente el casso a aquellos jóvenes y a Arsenio que, resueltos329 355

en parabienes, le cantaron los vítores y el triunfo de los versos,


y le estimaron en gran manera el agasajo y adulación que les
avía echo en referírselo, pidiéndole cada qual para copiarle y
diciendo que con justa razón avía dicho que avía de echar la
contera330 de oro a la Mansión con él; y assí fue que la conclu-
356

yeron, no hablando en otra cossa que en los elogios bien mere-


cidos de su autor, y en tanto que ellos assí discurren, puedes tú,
o letor, descansar hasta que la Mansión siguiente, con el estí-
mulo de tales curiosidades, te aliente a oýrlos y seguirlos hasta
el fin para tu deleyte y para tu aprovechamiento.

Resuelto: latinismo (de resolvo), en el sentido de ‘suelto, deshecho’.


329

Véase nota 131.


330

– 178 –
§§ Mansión vii

D
esmintiendo iba ya amables resplandores de la mitad
del día el luminoso dispensador de las claridades,
templando rayos y apresurando el curso para trans-
formar sus luzes en sonbras horrorosas de formidable noche,
quando, valiéndose Arsenio de su cayado, sacó a estos quatro
jóvenes al campo, o monte por mejor dezir, y guió en busca de
un apacible sitio, para passar lo restante de la tarde. No fatiga-
ron331 mucho aquella soledad sin hallarle, porque estaba ador-
357

nada toda de vmbrosas arboledas y naranjos olorosos. Aviendo,


pues, visto vna risueña fuente y sentándose todos a su orilla,

Fatigar: «acosar, cansar, oprimir, congojar» (Diccionario de autoridades, s. v.).


331

Ejemplo citado por el Diccionario:



«Fatiga tanto al consejo,

y al amor fatiga tanto,

que no irá cruzado el pecho,

sin ir el rostro cruzado.

(Góngora, Rom. burl., 3)».

– 179 –
Pedro de Solís y Valenzuela

pidió licencia Antonio para saludarla y lo hizo con esta admi-


rable epigrama332: 358

[…]

Causó a todos notable gusto el oír este soneto y el antece-


dente, y quisieran oír algo al ve[ne]rable Arsenio, que, como si
vbiesse rejuvenecido, estaba gustando de las pláticas de aque-
llos mancebos, y, en fin, conociendo su desseo, les dixo: diver-
sas vezes que he venido a esta fuente, he contemplado muchas
cossas y, entre ellas, la sed de Christo Nuestro Redemptor,
quando cansado y fatigado del camino, llegó al pozo donde
sacaba agua la Samaritana, que no la daba tan fácil como esta
cristalina fuente. Y assí a este intento diré mi concepto, pues
mostráys gusto en oýrme, y luego dictó assí:

A vna muger y a Christo, sed ardienteXXVII,359

si bien contraria, a un pozo los destina:


cansado Christo al pozo se reclina
y ella más sed con su presencia siente.

Háblala Christo y, de su sed clemente,


en sed de amor amante la examina,
y ella, enseñada de la sed divina,
de sed se muere en la misma fuente.

Le sigue al epigrama un intercambio poético de sonetos entre los ami-


332

gos (Nota de la compiladora).Véase nota 125.


XXVII
[Tachado, al margen:] D. Pº Solís y Valenzuela.

– 180 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Sedientos se contemplan y piadosos,


y para alivio de su incendio santo,
ambos se piden agua de efficacia.

Hállanla al fin los dos, pues, amorosos.


Ella le ofreze un golfo de su llanto
y él vn mar le concede de su gracia.

Aplaudieron todos el pensamiento y Antonio no se con-


tentó con oírle, que era en extremo curioso, sino que sacó
su recaudo de escribir, y metiéndose por entre la arboleda,
truxo un tronco del árbol drago, que en occassión semejante
les avía ministrado tinta y, picándole, sacó el humor neces-
sario, y hizo instancia a Arsenio que se lo dictasse y, en fin,
lo escrivió y guardó, como avía hecho [con] todos los demás
versos que se avían hecho aquellos días, porque Don Pedro se
lo avía encargado; que ya iba texiendo en su mente esta rela-
ción que de successos tan entretenidos y dignos de memoria
se va haziendo. Todos esperavan ya a D. Andrés que dixesse
algo, porque le avían visto pensatibo, y en fin dixo: yo no he
puesto los ojos de la mente en la fuente, pues no es libre el
discurrir sino en esta soledad, y assí va mi epigramma por-
que no quede inferior y se llene el número. Y assí dictó a la
soledad este soneto:

Centro del alma, soledad divina,


vivo retrato de la paz eterna,

– 181 –
Pedro de Solís y Valenzuela

adonde el armonía333 que se alterna,


360

con silencio continuo se combina.

Farol del que a la luz de Dios camina,


puerto feliz del que en el gusto invierna,
retórico silencio que govierna
y mudo desengaño que encamina.

Eres, o soledad, al que te a hallado


lo que el centro después de lo violento,
lo que el puerto después de naufragado,

lo que tras de la red al ave el viento,


lo que es tras de la culpa el buen estado,
lo que la gloria al fin, tras el tormento.

Mucho gusto causó a Arsenio este soneto y assí pidió a Anto-


nio que se lo escriviesse en pago del que llebaba suyo. Hiziéronlo
assí y discurriendo de unas pláticas en otras vinieron a tratar de
aquel admirable quaderno que D. Andrés halló en la cueba y de
aquellas meditaciones ponderosas de la muerte. No son solas, dixo
Arsenio, y echando la mano al seno, sacó otro cartapacio y dixo:
aún restan las del juicio y del infierno que tanbién tengo aquí
escritas, y buscava occassión en que leerlas, sino que por no seros
molesto hasta aora avía callado. Nuevo gusto mostraron en oýrlo,
y como quienes tanto bueno avían visto en el primero, le pidieron

Al margen tachado alcanza a leerse algo así como: Fr. Anbro[sio] Pra[di-
333

lla] Carmel[ita].

– 182 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

que no los pribasse de tanto bien. Antes, dixo Arsenio, es esta la


cossa que más desseaba, y vno de los fines que he tenido en dete-
neros y en iros pausando334 mi historia, porque jusgo que aviéndola
361

sabido, siendo para vosotros inútil esta habitación, es fuerza la des-


amparéys. Y, assí, pues la benigna tarde y el sitio apacible pareze
nos combida, lea Dn. Fernando lo que durare la luz del sol, que
lo restante se quedará para otro día. Y aviendo recebido335 Dn. 362

Fernando el cartapacio de su mano, con mucho gusto se assentaron


todos a la verde orilla de la fuente y, después de auer ojeado D. Fer-
nando el cartapacio, dixo: No oluidemos los desengaños que este
otro día sacamos concebidos a las sombras de la muerte, que son
las mejores luzes para el acierto de la voluntad. Esfuérzesse el alma
al desengaño con más valientes motivos considerándosse vezina
ya a la eternidad de la pena y a la pérdida irremediable de la glo-
ria, al juicio riguroso de Dios, y examine el entendimiento estos
discursos. Y, luego, inmediatamente, leyó lo siguiente:

§§ Meditación primera
Del juicio particular de cada vno
Quiero también ver, de espacio y a mi modo de entender, lo del
alma, que es lo que más haze al casso (que al cuerpo, después

Pausar: «interrumpir o cessar en el movimiento, exercicio o acción»


334

(Diccionario de autoridades, s. v.).


Recebir: es la forma que trae Covarrubias en su Tesoro de la lengua caste-
335

llana o española, y que usaron Cervantes y otros autores.

– 183 –
Pedro de Solís y Valenzuela

de muerto, que le coman gusanos, ¿qué importa?). Vamos, alma


mía, a dar cuenta a Dios cuya justicia es infinita; a Dios, que
todo lo sabe y cuyos juicios son muy differentes de los de los
hombres; a Dios, que jusga según verdad, y no según lo que
por de fuera pareze. ¡Ay, Dios!, ¿cómo a de ser esta cuenta?
¿Cómo e de salir de ella? De ella pende la eternidad sin fin. Oy
sabrás, alma mía, si as de tener eternidad de cielo, o eternidad
de infierno. Y ¿qué será de mí, si me alcanzan de quenta?336 363

Mas, ¡ay!, ¿qué cuenta tengo, y cómo passan las cossas en el jui-
cio de Dios? ¿Quién me lo dirá? Quiero hazer cuenta que me
encuentro con algunos que an passado por la tela337 deste jui- 364

cio, que en ellos veré cómo passan allá las cossas. En esto haré
quenta que veo un gran resplandor y vna multitud de ángeles
hermosíssimos, y entre ellos un alma de un pobrezito, desechado
en el mundo, olvidado de los hombres, que lleba una corona
hermosíssima, y que se oye una dulcíssima música de los que
van por ella, y lo que cantan es: ya se passó el imbierno lleno

Alcanzar de cuenta: «hallar falto o deudor en el ajuste de cuentas».


336

«Tanto en sentido propio como figuradamente se dice alcanzar de cuenta»


(R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana,
París, 1893, t. i, pág. 320a-b).
Tela: «vale también examen, disputa, o controversia, para averiguar
337

alguna duda» (Diccionario de autoridades, s. v.). El mismo Diccionario cita


este ejemplo de Don Antonio de Guevara, Aviso de privados, cap. 10:
«Un hombre cuerdo quiere más perder un pedazo de su hacienda, que
no perderla por tela de justicia».

– 184 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

de llubias, de trabajos, y se a llegado, alma, para tí la prima-


vera eternaXXVIII. Alégrate, alma fiel, y entra en el gozo de tu
365

Señor338. ¡O, suerte dichosíssima! ¡O, bien empleados trabajo!


366

¡O, lo que diera yo por tu suerte, y qué poco me pareciera, a


trueque de tenerla, aver sido el más mínimo cozinero y fre-
gadero en una religión, y aver padecido los mayores trabajos
que se an padecido en el mundo y hecho todas las penitencias
que se hazen en todas las religiones juntas! ¡O, qué poco me
pareziera el auer dexado al padre y a la madre, los hermanos,
los parientes, la hazienda, la honrra y a mí mesmo a trueque
de alcanzar tanto bien!339 367

[…]

Aquí se concluyó el cartapacio de Arsenio con general


gusto y aplauso de todos, y él les explicó cómo esta canción
estaba dirigida al Illustríssimo Arzobispo Dn. Pedro de Castro
y Quiñones340, en cuyo tiempo se descubrieron las reliquias de
368

XXVIII
Iam hiems transiit. [Imber abiit] et recessit. Flores [apparuerunt], etc. (Canti
[corum 2: 11-22]).
Mt. 25: 21.
338

Mt. 19: 29.


339

Don Pedro de Castro [Vaca] y Quiñones, arzobispo de Granda y de


340

Sevilla. Nace el 15 de mayo de 1534 en Roa (diócesis de Osuna). Licen-


ciado en derecho canónico por la Universidad de Salamanca, es pri-
mero presidente de la cancillería de Granada y luego de Valladolid.
Pese a haber rehusado el obispado de Calahorra, el 30 de septiem-
bre de 1589 es presentado al Papa, para arzobispo de Granada, por

– 185 –
Pedro de Solís y Valenzuela

aquellos santos y los libros de plomo que ella refería, y otros, y


les dio noticias individuales de toda aquella historia, que aquí
fuera superfluo el contarla. Estimáronle341 a Arsenio el agasajo
369

de averles enseñado aquel quaderno y para dar feliz fin a la

Felipe ii. Durante su pontificado son halladas las supuestas reliquias


de los santos Cecilio y algunos compañeros al derribar una pared, y
de manera semejante las de San Segundo al echar a tierra una torre
vieja de la Iglesia Mayor de Granada (Z. García Villada, Historia ecle-
siástica de España, t. i, Madrid, 1929, 1.a parte, cap. 3, pág. 165). El 31
de agosto de 1594, el obispo don Jerónimo Manrique de Lara, con el
Deán, el Corregidor y el Regidor de la ciudad, abren a puertas cerra-
das la caja que contiene los restos. El arzobispo de Granada consulta
largamente sobre esto a los sabios y, entre ellos, al célebre hebraísta
Arias Montano, quien se niega a opinar. Por fin el arzobispo se pro-
nuncia en favor del “hallazgo”, del cual seguirá siendo campeón apa-
sionado ante el Papa, ante la Inquisición y ante el Consejo Supremo.
Para perpetuar el recuerdo de estos hechos funda y dota con sus bie-
nes personales la célebre colegiata del Sacro Monte, con la casa de
canónigos y el seminario adjunto.

Otro hallazgo del mismo tiempo —y de ellos se habla más adelante— es
el de los “plomos granadinos”, una de las falsificaciones más «insolentes y
sonadas» de una época de falsas profecías. No merecen el menor crédito.

Por su parte, Castro Vaca y Quiñones, a la edad de noventa años, pre-
senta su renuncia ante el Papa y el rey, que no se la aceptan. Muere el
20 de diciembre de 1623 (Compárese Dictionnaire d’histoire et de géogra-
phie ecclésiastiques, Paris, Letouzey et Ané, 1949, xi, col. 1479-1480; G.
Godoy y Alcántara, Historia crítica de los falsos cronicones, Madrid, 1868,
págs. 44-128).
341
Estimar: se «suele tomar también [además de otros sentidos], por
agradecer, reconocer y hacer aprecio de algún favor o fineza, dádiva,
etcétera. En el estilo familiar es mui usado: y assí en agradecimiento y

– 186 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Mansión, porque ya iba escaseando la luz del sol, muy aprissa


executaron342 a Antonio que cumpliesse lo que les avía prome-
370

tido, refiriendo los versos que tenía preparados en honor de


todos los Santos, que bien se prometían que serían como de su
acertada elección. Él les advirtió que attendiesen su contextura,
porque la fábrica343 de ellos era nueba y ingeniosa, y refirió assí:
371

§§ En loor de todos los santos

¿Quién dio a los Santos el ser?


No ser.
¿Y quién les dio tal riqueza?
Pobreza.
¿Y quién causó su contento?
Tormento.
Pues echando tal cimiento,
seguro está el edifficio
pues le sustenta en su quicio

demonstración de qualquier beneficio o agassajo hecho, decimos que


lo estimamos mucho» (Diccionario de autoridades, s. v.).
Ejecutar: «en lo forense, es hacer que uno pague lo que debe a otro,
342

precediendo mandamiento de juez competente, en virtud del qual se


passa a hacer execución en la persona o bienes del deudor» (Diccio-
nario de autoridades, s. v.). Aquí se emplea, evidentemente, en sentido
metafórico.
Fábrica: latinismo por ‘edificio, estructura’. Véase nota 89.
343

– 187 –
Pedro de Solís y Valenzuela

no ser, pobreza y tormento.


¿Y origen desto quién fue?
La fe.
¿Y quién ayudó a su olganza?
Esperanza.
¿Quién les dio immortalidad?
Charidad.
De esse modo ni la edad
ni el mundo podrá quitarles
el bien que pudieron darles
Fe, Esperanza y Charidad.
¿Quién les dio tan alto precio?
Desprecio.
¿Y los libró de el dolor?
Temor.
¿Y del eterno quebranto?
El llanto.
De esse modo no me espanto
gozen de Dios y de el Çielo
pues escogieron del suelo
desprecio, temor y llanto.
¿Quién les dio tal excellencia?
Paciencia.
¿Y mostró de Dios la faz?
La paz.
¿Y quién les dio eternos gustos?
Disgustos.
Gozen de ellos, pues, los justos
que al buen Jesús imitaron

– 188 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

y por su amor abrazaron


paciencia, paz y disgustos.
¿Quién les dio tal dignidad?
Indignidad.
¿Y subió a tal perfección?
Resignación.
¿Quién les pagó tal privanza?
Confianza.
Pues tales bienes alcanza
la voluntaria humildad,
abrazen la indignidad,
resignación, confianza.
¿Quién con Dios les dio vnión?
Oración.
¿Por quién transformados ban?
Por su pan.
¿Y quién les da tanta gloria?
La vitoria.
Tenga, pues, en la memoria
quien los quisiere imitar
con instancia frequentar
oración, pan y vitoria.

Justamente esta vez más que nunca mereció Antonio el


aplauso que todos le dieron, y assí se concluyó esta Mansión,
entrándose con Arsenio en su cueba a tener oración. Y mien-
tras se ocupan en ella, es justo que también descanses hasta
que la curiosidad te llame a la siguiente.

– 189 –
§§ Mansión viii

H
ora y media larga gastaron en oración el venerable
Arsenio y devotos mancebos, que ya en todo le imi-
taban, y luego golpeó Arsenio el pedernal y a sus
centellas prendió la lumbre avivando el salitrado elemento la
que escasa concedía la yesca. Encendieron vna vela; diéronse
el acostumbrado parabién, y aviendo tomado vna moderada
cena, o por mejor dezir, religiosa collación344, enpezaron a con-
372

versar en dulces pláticas, y Antonio y Dn. Pedro, picados de la


curiosidad, quisieran que prosiguiesse Arsenio en lo restante de
su historia; mas replicó Don Fernando que, estando tan frescas
y recientes las memorias del juicio, se leyessen las meditaciones
del ynfierno, primero, y, luego, escucharían a Arsenio. Convino
el venerable anciano en este parezer, y assí bolvió a entregar el
quaderno a D. Fernando, porque él avía cuydado de guardarle,
quando aquella tarde le dio el desmayo. Esforzando, pues, el

344
Collación, colación (del latín collatio): «refacción que se acostumbra a tomar
por la noche en los días de ayuno» (Diccionario académico, s. v.; compá-
rese Diccionario de autoridades, s. v.).

– 191 –
Pedro de Solís y Valenzuela

aliento y escuchando todos atentamente, comenzó a leer las


Meditaciones, y dixo assí:

§§ Primera meditación

Enbisten luego en mí muchas legiones de demonios, arrebá-


tanme con gran furia, átanme con cadenas de fuego, que me
cubren todo (que por esto también dezimos que se considera a
nuestro modo de entender) y comiénzanme a llevar por suyo.
¡O, qué angustia sentiría mi corazón! ¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¿Si
terné345 algún remedio para librarme de mis enemigos? Hín-
373

come de inojos y acudo a los ángeles y santos, puestas las manos


y con lágrimas en los ojos, y en particular acudo al ángel de mi
guarda y a los santos con quien346 he tenido particular devo-
374

ción. Ayudadme, ángeles y santos gloriosos. Sedme abogados e


intercessores, que me llevan mis enemigos. Favorezedme por un
solo Dios. Dízenme que ya no ay lugar, y en particular el ángel
de mi guarda me dize: Este castigo tienes bien merecido, pues no me
quisiste oír; yo andava en tu compañía y te ponía delante esta cuenta, y no
hazías casso de mí; yo te rogava con la paz y no la quisiste. Pues ya no la

345
Es caso análogo al de verná. Véase nota 43.
346
Con quien, por ‘con quienes’. Forma invariable quien para el plural igual
al singular: «los primeros ejemplos del plural analógico no aparecen
hasta la primera mitad del siglo xvi, y aún tropezaba con gran resis-
tencia en el siglo xvii» (J. Coromines, Diccionario crítico etimológico caste-
llano e hispánico, Madrid, Gredos, 1996, t. iii, s. v. qué).

– 192 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

ternás para siempre; no será jamás oýda tu petición y desseo. Desiderium


peccatorum peribit347. ¡O, qué dolor me causarán estas palabras!
375

Irme quiero a mi Señora la Virgen María. ¡Madre de Dios,


madre de misericordia, madre de piedad y madre mía, pues
soys madre de peccadores, sedme madre y libradme de mis
enemigos! ¡Vsad conmigo de vuestra acostumbrada clemen-
cia! Oygo que me dize que ya para mí no ay remedio y que no
a de hazer conmigo officio de madre. ¡O, desdichado de mí!
¡O, qué madre he perdido, y para siempre jamás! Quando no
hubiera otro mal en el pecar, ¿este no era vastante para apar-
tarme de todo peccado? ¿Quién se dolerá de mí si mi madre
me dexa y desampara? ¡Ay, Dios, que yo me lo he merecido,
pues no me aproveché de su amor más que de madre, quando
tenía tiempo! ¡O, quién pudiera hartarse de llorar!

[…]

Calló con esto D. Fernando, porque estaba tan lleno de


pavor que no podía proseguir, y por parezerle que no avía más
que considerar. Sus compañeros para hablarle tenían brutas348 376

como diamantes las vozes, derretidos como cera (o desatados


en agua) los corazones. Sólo Arsenio, más animoso, dixo: Por
mucho que se estienda la consideración del hombre, son las
penas del ynfierno tan excesivas, que es imposible imaginar
cossa que les iguale ni tenga comparación con ellas: porque

Ps. 1: 6.
347

Bruto: «vale también tosco, informe, sin pulimento…» (Diccionario de


348

autoridades, s. v.).

– 193 –
Pedro de Solís y Valenzuela

assí como de la gloria de los bienaventurados dixo San Pablo


que ni ojos vieron ni oýdos oyeron ni corazón humano acertó
a dessear tan gran bienXXIX, assí mismo se a de entender de las
377

penas del ynfierno, que nunca consideración humana acertó


a imaginar tan atrozes tormentos. Esto consta ser assí por el
testimonio de muchas personas a las quales, en revelación o
visión imaginaria, mostró Nuestro Señor aquellas penas, no
como ellas son, sino con especies349 o formas proporcionadas
378

a nuestros sentidos, por el modo que su Divina Magestad fue


servido darlas a percebir y entender.
Aquel extático Dotor que tanto con sus escritos ha illus-
trado la Iglesia de Dios, el muy venerable Pe. D. Dyonisio Rikel,
CartuxanoXXX, refiere de vn muerto que aviendo resuscitado
379

por las oraciones del gloriosíssimo Padre San Gerónimo, tes-


tificó aver visto las penas del ynfierno y las del purgatorio, y
affirmó ser tan excesivas a lo que por acá se puede imaginar,
que si se juntassen en vno todas las penas y tormentos que han
padecido los hombres desde el principio del mundo, todas assí
juntas se podían tomar por recreasión, en comparación de la
menor pena del ynfierno, y que qualquiera de los hombres
tomaría de buena gana padezer todas estas penas juntas hasta
el día del juicio por no padezer sólo un día la menor pena del

XXIX
1 ad Corint., 2, [9].
Especie: «significa también la imagen o representación de sí que envía
349

el objeto, y concurre y coadyuva a la Potencia para su conocimiento


u percepción» (Diccionario de autoridades, s. v.).
XXX
Li[ber] de 4 noviss[imis], art. 34.

– 194 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

ynfierno. Y por esso andava este hombre resuscitado llorando


siempre amarguíssimamente, viendo que los hombres que por
sus peccados avían merecido aquellas penas, tuviessen tan poco
cuydado de librarse de ellas.
De otro siervo de Dios se escrive que estaba en éxtasis arro-
bado tres horas, y preguntado después lo que avía visto, dixo
que avía estado viendo las penas del ynfierno y que era impo-
sible poderlas declarar por ninguna semejanza cómo eran; sólo
podía dezir que de sólo verlas en vissión imaginaria avía sido
tanta su congoja y la aflicción de su alma que le parecía muy
cierto aver estado allí ciento y sinquenta años. Pues, ¿qué sen-
tirán los desdichados que las padezen tan de assiento y las an
de padecer por eternidad de eternidades? Los testimonios de
Dios son muy creíbles, dize David350, y de la manera que son
380

incomprehensibles las cossas que tiene la Fe Cathólica, assí Dios


omnipotente ha mostrado su verdad por evidentíssimas seña-
les. Ni es verdadero lo que los malos dizen: que no se a cono-
cido quién aya buelto del ynfierno, porque son muchos y cassi
inumerables los que en la ley evangélica an resuscitado de los
muertos, que por admirable disposisión divina an testificado
con palabras y obras aver visto y aun aver sufrido por algún
tiempo las penas del purgatorio o del ynfierno.
No quiero traeros, por exemplo, lo del Purgatorio de Sn.
Patricio, pues es disputable si lo vbo o no; ni quiero contaros lo
del monje de Inglaterra que estubo arrebatado en espíritu desde
el juebes hasta el sábado santo (que cuenta el muy Venerable

Ps. 92: 5.
350

– 195 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Pedro Abad Cluniacense) y vido351 los tormentos del ynfierno.


381

Ni menos quiero contaros la visión de Tondalo que estubo


quatro días como muerto y vio también estas penas; lo que os
quiero contar es un sucesso prodigioso de un honbre, que a lo
que se dexa entender, entró vivo en el infierno y estuvo en él
treynta y seys días y bolvió a esta vida y vivió después más de
dos años. El modo como pudo esto serXXXI y viuir todos estos
382

días sin sustento corporal, o si fue esto real y verdadero, o ima-


ginario, y cómo pudo ver las almas y los demonios siendo espí-
ritus puros, no quiero disputarlo, que quien quisiere puede leer
al extático Dr. D. Dionisio en su libro que arriba cité y quedará
bien satisfecho. Sólo sé que a Dios nada le es imposible y pudo
por sus secretos juicios permitir esto. El successo, pues, os con-
taré, si gustáys, dexando el acabar mi historia para mañana en
la tarde. Todos concordes le suplicaron les contasse aquel pro-
digioso successo que ya los avía puesto en cuydado; y él, viendo
su attención, dixo assí:
EstandoXXXII Pedro Porter, labrador natural de la Villa de
383

Tordera, del Viscondado de Bas y Osona, muy descuydado


en su cassa con su muger y familia, por orden de la justicia de

Esta forma era ya arcaísmo en la lengua escrita a mediadios del siglo


351

xvii. Compárese A. Bello, Gramática de la lengua castellana destinada al uso


de los americanos, Santiago de Chile, 1847, § 611.
XXXI
Vid. B. Gregor[ius], Lib. 4 Moral., cap. 36.
XXXII
Ex manu escriptis D. R. Cart. Paularitan.

– 196 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Hostálrich352, cabeza del dicho viscondado, fueronXXXIII vnos


384 385

alguaciles y ministros de justicia a executarle por vna deuda que


algunos años antes avía pagado. Llebaban la escritura firmada
de su nonbre, y como no avía de ella cancellación353 ni recibo, le 386

hizieron costas y enbargaron todos sus bienes, no obstante que


él affirmava con grandes juramentos que aquella deuda por que
le executavan la tenía ya pagada, y era assí verdad. Y la cance-
llación de la escritura no parecía en los registros del Notario ante
quien la hizo, que era ya muerto, y assí no tenía camino por donde
deffenderse. Los ministros le tomaron todos sus bienes por inven-
tario con todas sus heredades y tierras y le dieron término de dies
días para los bienes muebles, y treynta para los bienes raýzes. Lo
primero que hizieron los executores fue sacar prendas para sus
gastos y salarios, que en esto suelen poner más vigilancia que en
otra cossa. Y quisieron por más seguridad ponerlo en la cárcel.
Mas el buen hombre les suplicó delante de muchas personas a
quien354 interpusso por rogadores, que no lo prendiessen ni saca-
387

sen prendas ni ropa de su cassa sino que estubiessen en ella hasta

352
Tordera, Hostálrich y otros nombres geográficos que figuran en esta rela-
ción corresponden a lugares reales de Cataluña y Valencia. Alguno
está castellanizado.
XXXIII
A 23 de agosto, año de 1608, siendo virey de Cataluña D. Héctor
Piñatelo, Duque de Monteleón.
353
Cancellación es voz latina (cancellatio). Cancelación: «el acto de echar rayas
en el signo o firma pública del instrumento, para denotar que se ha
anulado» (Diccionario de autoridades, s. v.). O bien, documento en que se
hace constar el pago de la deuda, como en este caso.
354
Véase nota 346.

– 197 –
Pedro de Solís y Valenzuela

que él bolviesse del lugar de Cruanias, donde iba a cobrar alguna


cantidad de dinero, que le devían algunas personas particulares,
y que sin falta ninguna bolbería el día siguiente, que era el día
de San Bartolomé Apóstol, y les pagaría los salarios debidos por
aquella injusta execusión que le avían enecho355. Los officiales y388

ministros de justicia, viendo la buena voluntad de Pedro Porter,


y teniendo lástima y compadeciéndose dél, a ruego de algunas
personas honrradas, se detubieron aquel día, otorgando su peti-
ción que fuesse a Cruanias a buscar con qué pagarles sus salarios.
Púsose luego el buen labrador en camino para este lugar, y
yendo muy triste y pensativo, encontró con vn mancebo muy bien
vestido que iba a cavallo y llebaba demás desto otro de bazío356. Y 389

al punto que se encontraron, el mancebo saludó a Pedro Porter,


preguntándole de dónde era y a dónde iba. Pero iba Pedro tan
pensativo y tan triste por su execusión que no le respondió a nada
de lo que le preguntó. Antes bien, passaba adelante en su camino.
Bolbió otra vez el mancebo a preguntarle que le dixesse qué tenía

355
Enecho: ¿por enhecho, participio de enhacer? En los siglos xvi y xvii eran
más frecuentes que hoy verbos compuestos con en-, como enhacinar,
enhechizar, etcétera.

Hacer ejecución, o ejecutar: «en lo forense, es la aprehensión que se hace en
la persona o bienes del que es deudor, por mandamiento de juez com-
petente, para satisfacer a los acreedores» (Diccionario de autoridades, s. v.).
Para la construcción hacer execución, compárese: «Si faltasse alguacil,
bien podrá el Corregidor o el Teniente hacer la execución, y llevar los
derechos de la décima» (Gerónymo del Castillo y Bobadilla, Política,
lib., cap. 13, núm. 30, citado por Diccionario de autoridades, s. v. execución).
356
De vacío: «modo adverbial que vale sin la carga que se podía llevar, o sin
alguna cosa que se podía tener…» (Diccionario de autoridades, s. v. vacío).

– 198 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

y a dónde iba; que si él le podía servir y ayudar en alguna cossa, lo


haría, y assí que no dudasse de contar sus trabajos y no reparasse
en cossa alguna. Oyendo esto, Pedro Porter respondió diziendo:
que para qué quería saber sus trabajos, que eran muy grandes y
tantos que sólo Dios del cielo los podía remediar y no él, pues el
mismo Dios es el que sabe la verdad de todas las cossas. Díxole
entonzes el manzebo que no se espantasse, que muchas vezes
embiaba Dios trabajos y succesos adversos a los hombres para
probarlos, y muchas vezes las personas afligidas quando piensan
que están sin remedio y desamparadas de su divino favor, enton-
zes las remedia y favoreze por medio de otras personas sacándo-
las del trabajo en que se hallan, y quantas horas, tantos remedios.
Oyendo Pedro estas palabras, miróle al rostro y díxole: cavallero,
muy moço soys para dar remedio a mis males y para darme con-
sejo en los trabajos que padesco. ¿Por ventura no sabéys que los
consejos, para acertar, se han de tomar de los hombres viejos,
sabios y experimentados en trabajos y prosperidad y que ayan
visto, oýdo y traxinado el mundo y que sepan qué cossa es bien y
mal? Vos soys muy moço y no concurren en vos ningunas de las
dichas calidades. A esto respondió el mancebo: todo lo que avéys
dicho tengo y aún mucho más, y no pienso ay en el mundo quien
se me adelante y lleve ventaja en lo que me avéys dicho.
Yendo pues assí hablando y conversando, entraron en vn
camino que yva hazia el lugar de Cruanias, y díxole el manzebo
vna y muchas vezes a Pedro que diesse vado357 a sus imaginaciones
390

Dar vado: ‘dar paso’. Común en los clásicos, por ejemplo: «dando vado a
357

nuestras pasiones» (M. de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo don Quijote


de la Mancha, parte i, cap. li; ed. Rodríguez Marín, t. iii, 1948, pág. 405).

– 199 –
Pedro de Solís y Valenzuela

y pensamientos, y que adónde yva. A esto respondió, como ya


enfadado, que iba al lugar de Cruanias. Díxole el mancebo que
él también caminaba al mismo lugar a buscar un hombre, y
que ya que iban en compañía, que subiesse en aquel cavallo
que iba de vazío y no se cansaría tanto, y que no tomasse pesa-
dumbre, que si le pudiesse ayudar en alguna cossa, que se lo
dixesse, que él lo haría; y de nuebo le bolvió a dezir le contasse
sus trabajos y tristezas. Miróle otra vez Pedro Porter, y pareze
que se alteró en alguna manera, y caminando le dixo: no quiero
subir a cavallo, pero ya que vays a Cruanias y me dezís que me
daréys algún consejo y remedio a mis trabajos, yo os los con-
taré. Y santiguóse diziendo: en nombre de Dios que es principio
de todas las cossas, sabréys cómo yo me llamo Pedro Porter y
soy natural de la villa de Tordera que avéys visto poco ha, y soy
hijo de Juan Porter, labrador. Algunos años ha que avía mucha
esterilidad y carestía y le fue forzosso a mi padre y a mí com-
prar trigo, para lo qual pedimos dineros prestados y con ellos
compramos trigo, y el mismo que nos lo vendió nos prestó los
dineros, de lo qual le hizimos vna escritura en que mi padre y
yo nos obligamos a pagarle hipotecando a aquesta deuda todos
nuestros bienes y heredades avidas y por aver, con escritura de
tercio358, obligación de personas, y que dentro de cierto tiempo
391

pagaríamos la dicha cantidad. Pagóla mi padre antes de morir


y le cancellaron el dicho auto de obligación y hanse passado

358
En Cataluña existían las llamadas escrituras de ters, en las que los deu-
dores se obligaban a pagar la tercera parte al fisco si no satisfacían la
deuda en el término fijado (compárese Enciclopedia universal ilustrada
europeo-americana, Espasa-Calpe, t. 60, pág. 1183).

– 200 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

más de veynte años; y estando yo muy descuydado, oy, en este


día presente, han venido los officiales y ministros de justicia de
Hostálrich, y están en mi cassa, y en virtud del auto de obliga-
ción me an inventariado y confiscado mi hazienda y bienes, y
aun me querían echar en la cárcel, y sacarme la ropa de cassa
y venderla para pagarse de las costas359 y salarios. Roguéles
392

mucho me dexassen venir a Cruanias donde me deven algunos


pocos dineros, y que para mañana les pagaría sus costas, y con
esto ellos quedan en mi cassa y me han dado libertad con jura-
mento, caución y fianzas que para todo el día de mañana he
de bolver y llevarles dineros. Y esta es la caussa de mi tristeza
y estas son las melancolías y mis trabajos, los quales me tienen
desatinado y fuera de juicio; que quando pienso en ellos no sé
qué me hago, viendo que me executan y afrentan por deuda
ya pagada por mucho tiempo ha. Meted la mano en el pecho
y pensad qué diría qualquiera hombre a quien semejante cossa
sucediesse. Con esto os he referido mis trabajos. Veamos aora
qué consejo me days en semejante necessidad.
Mientras estavan en esta plática y conversación el dicho Pedro
Porter yva siempre a pie y el mancebo le dezía que subiesse en el
otro cavallo que iba de vazío, y no se cansaría más. Aunque
el cavallo se parava y como que le combidava a que subiesse
en él, todavía Pedro con su pesar no quiso subir. El mancebo
le dixo que muy bien avía entendido todo lo que le avía dicho
y que no tubiesse pena, que él le sacaría deste trabajo y que
no dudasse en ello. Y prosiguiendo adelante le dixo: pues me
avéys contado vuestros trabajos, y yo os he prometido sacaros

Los costos y salarios.


359

– 201 –
Pedro de Solís y Valenzuela

de ellos, quiero saber de vos cómo se llama el notario que hizo


el auto de cancellación quando pagast[e]is la sobredicha can-
tidad. Respondió Pedro que el escrivano se llamaba Gelmán
Bossón, notario de Tordera y Hostálrich. Dixo el mancebo que
fuesse allá y le sacasse la carta de pago y cancellación. A esto
respondió Pedro Porter: si el notario viviera, ya yo hubiera echo
essa diligencia, pero a muchos años360 que es muerto, y aunque
393

se an mirado con gran cuydado sus escrituras, no se ha hallado


entre ellas esta carta de pago, y añidió361 que si no le dava otro
394

remedio, que sabía muy poco.


A esto respondió el mancebo con algún enfado: pues,
¿cómo, ya desconfiáys? Dígoos que os sacaré del trabajo en que
estáys. Verdad es que tengo miedo que no me dezís la verdad,
porque el dicho notario siempre hizo muy bien su officio, y si
hubiera hecho essa carta de pago, la vbiera puesto a la mar-
gen de la escritura de obligación, y esso dezís aora después de
él muerto, que si no lo fuera, no se atrevieran a dezir tal cossa
dél. Oyendo esto, el buen labrador juró que todo lo que avía
dicho era verdad, assí como lo es que para ir al cielo es menes-
ter primeramente ser christianos, y hemos de morir. Y que se
holgara que el dicho notario estubiera allí presente, que se lo
diría y mantendría, con que echaría de ver que tratava verdad
en lo que avía dicho, de lo qual no tenía que pedirle perdón en
esta vida ni en la otra, y que lo que le avía dicho passava al pie
de la letra y era la pura verdad.

Léase: ‘pero ha muchos años’.


360

Véase nota 146.


361

– 202 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

En el tiempo que Pedro dezía estas cossas al mancebo que


iba a cavallo, caminando juntos llegaron a la laguna que llaman
el estanque de Sils, que toma el nombre de vn lugar que así es
nombrado, el qual lugar y estanque están puestos en el camino
que va de la villa o lugar de Tordera a Cruanias, que distan vno
de otro quatro leguas. Estando, pues, cerca del dicho estanque,
bolviendo a porfiar el mancebo a que subiesse a cavallo, dixo al
manzebo: pues dezís que vays a Cruanias y me porfiáys que suba
a cavallo, ya que va de vazío y pareze que me combida a ello,
si me days licencia y gustáys, subiré a cavallo. A esto respondió
el mancebo, que visto estaba que gustava, pues esso mismo le
avía venido rogando por el camino y que pudiera aver hecho
desde la primer vez que se lo dixo. Santiguosse Pedro Porter y
subió en el cavallo y, al punto que estubo sobre él, se alteró de
tal suerte que se le herizaron los cabellos de la cabeza y vio ya
que los cavallos hablavan vnos con otros, de que estava muy
espantado. Y luego el mancebo le dixo: pues, Pedro Porter, me
avéys dicho vuestros trabajos, los quales son muy grandes, y
yo os he prometido de ayudaros y daros consejo y traza para
remediarlos, quiero cumplir mi palabra y lo que os prometí.
Yo haré que veáys y habléys con el sobredicho notario Gelmán
Bossón, el qual sí tomó la carta de pago y auto de cancella-
ción. Él os dirá dónde lo pusso y dónde está. Por esso teneos
bien en los estribos porque yo soy el Gran Diablo del ynfierno,
y por permissión de Dios vengo a llevaros para que le veáys y
habléys. Oyendo Pedro Porter estas palabras, dixo a grandes
gritos: Ies s, Salvador mío, no me desamparéys; Virgen Santa
María, sed conmigo. Y los cavallos arremetieron con gran furia
y velocidad por medio del estanque y lo passaron, y passaron

– 203 –
Pedro de Solís y Valenzuela

por montes y valles y ríos y por la mar, siempre hablando los


dos. Y, teni[éndose] fuertemente en el cavallo, Pedro Porter iba
siempre invocando el dulze nombre de Ies s y de María, y al
cabo de vna hora entraron por la boca de vna cueba y de ella
salieron por otra parte a un grande llano, el qual estava lleno
de fuego y de demonios con grande multitud de gente.
Espantado Pedro de lo que veýa y ya apeado de su cava-
llo, que dio a correr por aquel llano dando mil cozes y voca-
dos a los que encontraba, el demonio que iba a cavallo antes,
le dixo: ¿conozerás a Gelmán Bossón, notario, en casso que
te le haga ver? Respondió Pedro Porter que sí. Y en diziendo
esto sintió un grandíssimo ruido y bolviendo la cabeza a la
parte que sentía el ruido, vio venir un tropel de demonios con
figuras desproporcionadas y feýssimas, que le ponían grande
horror362 y miedo, y venían con grandes alaridos, sonando y
395

tañendo vnas vozinas e instrumentos de cuerno muy differentes


de los desta vida, y llevavan a un escrivano conocido suyo que
le avía dexado enfermo en su lugar, y aquel día avía muerto
y llevava en las manos un processo que avía fulminado falsa-
mente contra cierto hombre, para por este medio sacar algún
dinero dél por vía de composición. Viole muy espantosso y
horrible y que le passaron a aquel campo de fuego que tenía
a la vista, donde le recibieron otros demonios, poniéndolo en
exquisitos363 tormentos.
396

Poner grande horror: en sentido causal.


362

Exquisito: «singular, peregrino, extraordinario, raro…» (Diccionario de


363

autoridades, s. v.). Del latín ex-quisitus, del verbo ex-quirere ‘buscar, esco-
ger, requerir’.

– 204 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Passó Pedro Porter un poco más adelante, guiándole el


mancebo que le avía traído, y vio a un clérigo conocido suyo
y amigo, que estava puesto en vna cama de hierro, encendido
con crueles puntas y grande fuego, con dos amigas suyas a los
lados que le sacavan a vocados las carnes de los pechos y con
vnos garfios de hierro ardiendo le herían las partes vergonzos-
sas. Lastimósse mucho Pedro Porter de aver visto en tan mise-
rable estado aquel clérigo que avía sido su confessor, y como lo
avía dexado vivo, se persuadía a que era aquello como sueño,
si bien estaba con grandíssima aflicción y temor.
Los nonbres (dixo Arsenio) de todos estos que vio Pedro
Porter en el ynfierno yo los callo porque no hazen al propó-
sito, que en su relación, que es esta misma, están expressos. Y,
aviendo dado esta breve advertencia, prosiguió diziendo:
Después bolvió la cabeza y vio entre grandes cadenas de
fuego y demonios que con tenazas ardiendo le sacavan gran-
des vocados y le arrancavan el corazón a un letrado conozido
suyo que avía sido Assessor de los Viscondados, al qual, quando
murió, se le halló un libro, escrito de su mano, de memoriales
en que refería cómo él avía sentenciado a muerte a fulano y
a zutano, y avía sentenciado a galeras a tales y tales personas,
poniéndolo por sus días, messes y años, y la cantidad de dine-
ros que de vnos y otros avía recebido y, entre otras partidas,
se halló vna en que dezía avía recebido beyntisinco libras de
a dies reales, sólo por sentenciar un hombre a muerte. Vieron
este libro muchas personas fidedignas, y Pedro Porter, los crue-
les tormentos que padecía en el ynfierno.
Vio después Pedro Porter a Mossén Gelmán Bossón, notario
ante quien se hizo la carta de pago de su deuda, y, en viéndolo,

– 205 –
Pedro de Solís y Valenzuela

le dixo: válgame Dios, Mossén Bossón, ¿cómo avéys cometido


tan gran maldad, que aviendo hecho la carta de pago de la
deuda que yo y mi padre pagamos, no la pusistes al margen de
la escritura, como estávades364 obligado? Ni dexastes noticia
397

ni claridad alguna desto, confiando mi padre y yo en vos. Y,


agora, a cabo de tanto tiempo, me executan por lo que yo y mi
padre tanto ha pagamos, como de ello soys buen testigo. Luego
el demonio que acompañava a Pedro Porter, en figura de aquel
mancebo que lo truxo, dixo a Gelmán Bosón: ¿es verdad lo
que este hombre dize? El qual respondió: verdad es, que por
serlo estoy yo aquí condenado para siempre en los infiernos.
En oyendo Pedro Porter: infiernos, dixo: ¿luego yo estoy en los
ynfiernos? Respondióle Gelmán que sí, y él entonces dio un
grandíssimo grito diziendo: Ies s, María, valedme, no me des-
amparéys. Luego estubo allí vna legión de demonios en diver-
sas figuras espantables y le dixeron que para qué avía entrado
allí a atormentarlos más nombrando aquellos nombres. Y assí,
dándole grandes golpes a Gelmán Bosón, le dixeron que al
punto le dixesse a aquel hombre en qué lugar hallaría la carta
de pago, porque no le podían sufrir porque nombrava aque-
llos nombres. Entonces le dixo Gelmán que fuesse a su cassa
a Hostálrich y en la sala principal hallaría un armario y en el
suelo del dicho armario, a siete ladrillos de la pared, levantasse
desde el séptimo ladrillo hasta el dozeno365, y que mirasse y
398

buscasse bien, que allí hallaría un manual pequeño de recibo

Véase nota 117.


364

Doceno: «lo que acabala y cumple el número de doce» (Diccionario de


365

autoridades, s. v.).

– 206 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

de autos; que a las beyntisiete hojas hallaría su carta de pago y


cancellación de escritura, por la qual estava él condenado en
el ynfierno, por no aver assentado al margen la cancellación,
pues lo avía hecho de pura malicia, por hazer mal a su padre
con quien avía reñido. En acabando de oír esto bolvió a dezir
Pedro Porter: ¡luego yo en el ynfierno estoy! Y dio grandes vozes
diziendo: ¡Ies s, María, no me desamparéys! Y los demonios
dieron grandes y espantosos gritos y aullidos.
Vio a otros muchos conocidos suyos en diversos tormentos,
y el mancebo se los iba enseñando. Vio que multitud de espes-
sas366 savandijas, culebras y lagartos ferozes entravan y salían,
399

espessas como humo, por los sentidos de aquellos condena-


dos, como en vnos hormigueros, haziendo grande rissa367 en 400

sus cuerpos. Vio multitud de fieras y dragones espantosíssimos


que con sus dientes y vñas los estavan mordiendo y despeda-
zando. Vio vnos demonios con vnas lenguas muy disformes368 401

que causavan gran temor, y con ellas herían y despedazavan a


los condenados que avían sido blasfemos y murmuradores, y
toda aquella maldita canalla hazía vna desventurada y lamen-
table música tan confussa y triste como ellos. Los demonios
aullavan, las fieras davan bramidos, y silvas de los dragones y

Espesso: «figuradamente vale sucio, desaseado y puerco» (Diccionario de


366

autoridades, s. v.).
Rissa, riza: «vale… el destrozo y estrago, que se hace en alguna cosa»
367

(Diccionario de autoridades, s. v.).


Disforme: «lo que carece de forma, proporción o disposición ordenada
368

y regular de sus partes. Es formado de la preposición dis, y el nombre


forma…» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 207 –
Pedro de Solís y Valenzuela

serpientes aconpañavan esta música, y mucho más los conde-


nados que clavan grandes gemidos y lloravan con grande amar-
gura, lamentándose y quexándosse de su suerte desventurada
junto con rabiosa desesperación, con lo qual bramavan vién-
dose en tan terribles penas grangeadas con sus obras.
De allí, dexando a Gelmán entre aquellos tormentos, le llevó
el mancebo por entre vnas muy espessas tinieblas, adonde369 402

sintió un viento tan cálido que le parecía ser con él traspassado


y consumido. Sacólo a un campo de fuego, y oyó allí abundan-
cia de aullidos miserablemente despedidos, con tantas ansias
arrojados que le parecía que con cada vno arrancaban el alma.
Allí vio vna multitud de demonios y pies de hombres enclavados
cuyos vientres tenían como pendientes del ayre y las cabezas
también clavadas en la tierra, y eran tan terribles los dolores que
padezían, que parezía que con los dientes se comían la tierra
de rabia y furor. Otros clavan vozes tan espantosas y terribles
que hazían temblar todo el campo, y en conffuso llanto dezían:
basta, basta, cessen estos tan terribles tormentos, y entonzes los
demonios, corriendo adonde estos estavan, subiéndosse encima
de ellos con cadenas de hierro ardiendo cruelmente los azota-
van, que a cada azote parecía que se les descubrían las entra-
ñas. Attónito Pedro Porter de ver estos tormentos clamó otra
vez diziendo: Ies s, María, y levantaron los demonios grandes

369
Adonde, en el sentido de ‘en que’, ‘en el cual’, ‘en las cuales’ (como aquí),
se considera hoy anticuado, pero en los siglos xvi y xvii era común.
Véanse ejemplos en R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de
la lengua castellana, París, 1893, t. i, pág. 208a.

– 208 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

alaridos y gritería diziéndole que se fuesse [de] allí, que no los


atormentasse más con aquellos nombres.
Después desto le passaron a otro campo espaciosíssimo
donde a trechos estaban muchos demonios atormentando los
condenados con exquisitos tormentos; vnos tenían dragones que
se les enrroscavan por los pechos y los apretavan como en vna
prensa y les mordían y comían y arrancavan las partes con que
peccaron y a bueltas370 les sacavan las entrañas y se las hilavan;
403

a otros les arrancavan los dientes y ojos, por lo qual davan insu-
fribles y miserables vozes y aullidos. Vio en este campo vn árbol
de fuego y en sus ramas ahorcados a seys conozidos suyos que
avían sido tutores de la hazienda de vn menor y le avían puesto
pleyto injusto para quitársela; estavan ardiendo en vivo fuego
y dando miserables y tristes vozes. Llevóle en aquel campo el
mancebo que le guiaba a que viesse un exquisito tormento,
el qual era de dos ruedas de fuego que juntas vna enfrente de
la otra las traýan los demonios sembradas todas de navajas
ardiendo; a estas ruedas estavan atados de medio cuerpo abajo
dos mercaderes conocidos suyos, cuyos descendientes oy son
nobles. Eran padre y hijo; cada vno estava atado a su rueda y
se movían con grande violencia, dándoles cruelíssimas heridas
las navajas de las ruedas; y quando el hijo se ponía delante del
padre, o el padre delante del hijo, con vnas clavas de hierro y
cruelíssimas puntas se davan el vno al otro tremendos golpes
con tanta cólera y rabia y con tanto ruido que parecía que el
mundo se trastornava. Y preguntando Pedro Porter por qué

A vueltas: ‘a la vez’, ‘al mismo tiempo’ (compárese B. Alemany y Selfa,


370

Vocabulario de las obras de don Luis de Góngora y Argote, Madrid, 1930 s. v.).

– 209 –
Pedro de Solís y Valenzuela

reñían assí y se davan tantos y tan terribles golpes, el demonio


que le avía llevado allí le dixo que eran padre y hijo. Quando
murió el padre dexó heredero a su hijo, y le mandó que res-
tituyesse toda la herencia y bienes a las personas que hallasse
escritas y nombradas en cierto libro que le dexaba y le aconsejó
que se metiesse frayle. Murió el padre y se condenó por no aver
restituydo lo ageno y hurtado. El hijo, viendo que si cumplía
lo que le avía mandado su padre acerca de la restitución, no
quedaría ninguna cossa para sí, y que necessariamente, por no
vivir pobre, se avía de hazer religioso, hizo vna quenta diziendo:
quando mi padre vivía, él mismo sabía que estava obligado a
restituir toda la hazienda mal ganada, y lo pudo hazer mejor
que yo, y quiso gozar de ella espléndidamente. Pues lo mismo
quiero yo hazer y no quiero meterme religioso, pues él no lo
fue; quando yo me muera dexaré ordenado lo mismo a mis
herederos. Assimismo me mandó que hiziesse bien371 por su 404

alma y que cada año le tomasse bulla de la cruzada372. Yo no 405

quiero hazer ni lo vno ni lo otro, porque o él está en el Cielo o


en el purgatorio o en el infierno. Si en el ynfierno, no ay para
qué hazerle sufragios porque sería darle más tormento. Si en el
purgatorio, él saldrá de allí quando Dios fuere servido y vbiere
acabado de purgar sus peccados. Si en el Cielo, no tiene neces-
sidad de cossa alguna. Con esto murió también el hijo, y ambos,

Hacer bien: «beneficiar, contribuir… al socorro o alivio de alguna per-


371

sona» (Diccionario de autoridades, s. v.).


Bula de la Cruzada: los Romanos Pontífices concedían, por medio de la
372

Bula así llamada, diferentes indulgencias a quienes iban a la guerra


contra los infieles, o acudían con limosnas a los gastos de ella.

– 210 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

como ves, están en el ynfierno y en este tormento, y quando


se encuentran, demás de los tormentos que vno a otro se dan,
dize el padre al hijo: o traydor, ¿no te avía yo mandado que
restituyesses aquella hazienda a las personas escritas de mi pro-
pia mano, y que te hizieras religioso? ¿A qué as venido aquí a
aumentar mis tormentos? Y dale grandes golpes. El hijo dize:
malvado, y teníades373 vos obligación de restituir lo mal ganado
406

con tantas maldades, y no lo hiziste. Si lo huviérades hecho y


os huviérades entrado en religión, no estuviera yo aquí ni vos
tanpoco, por lo qual justamente padezéys. Y dale tremendos
golpes con aquella clava ardiendo, de suerte que el vno al otro
se hazen pedazos.
Finalme[nte] si huviera de relataros (dixo Arsenio) lo que
vio Pedro Porter de penas y tormentos y a todos los que cono-
ció en ellos, no acabara en un mes, y assí iré ciñendo su rela-
ción para que prosigamos las Considerasiones y demos fin a
esta Mansión.
Vi, dize Pedro Porter, allí grandes tempestades, torvellinos y
borrascas y muchos truenos y relámpagos que arrojavan espan-
tosos rayos, los quales cayan sobre los condenados y parezía que
los hazían pedazos y que los desmigajavan, mas no los consu-
mían porque su mal no tiene fin. Avía temerario ruido y grandes
torres de graniso y montes de nieve y muchos ríos y estanques
de cieno, muchos lagos de agua rebalsada negra y hedionda
y vnos peñascos de grande altura de piedra azufre ardiendo y,
por sus cóncavos, condenados padeciendo grandes tormentos,
y en aquellas tinieblas y obscuridad avía un humo y hediondez

Véase nota 117.


373

– 211 –
Pedro de Solís y Valenzuela

que me causava gran tormento y fatiga. A los deshonestos, que


son tantos que espanta su número, los vi puestos en camas y
en sillas de fuego y muchos demonios despedazándolos y ator-
mentándolos con garfios de hierro y tenazas ardiendo, arran-
cando donde fueron culpados; y para más excesivo tormento,
con los tales se juntan los demonios aumentándole tormento y
sucidades374, con que les doblan las penas. Vi a los cudiciosos
407

y ladrones que tenían en los pechos muchas bolsas de gusanos


que les estavan royendo las entrañas; y a otros que los demo-
nios les sacavan los ojos y por el celebro375 les sacavan los ses-
408

sos, y los echavan con rabia en hornos de fuego, y a otros que


los arrebatavan los demonios y los enterravan hasta la garganta
en vnos hoyos profundos, los quales clavan tan grandes gemi-
dos, que davan muestras de padezer grandíssimo tormento. A
las mugeres hermossas, siendo allí ya fieríssimas, con peynes de
hierro ardiendo les peynavan la cara y los pechos, y las metían
en tinas de metal derretido y les bañavan la cabeza con aquel
licor pestilencial; a otras destripavan y en asadores de yerro
ponían a tostar sobre parrillas de hierro ardiendo. Finalmente
avía otros en varios y differentes tormentos: vnos, colgados de
los pies, y abajo, por las narizes y voca, les están dando terri-
ble ahumada de piedra azufre y hedor intolerable; a otros los

374
Suzidad aparece en Nebrija. Compárese J. Coromines, Diccionario crítico
etimológico castellano e hispánico, Madrid, Gredos, 1996, t. iv, s. v. sucio.
375
Celebro: aquí ‘cogote’, como explican Covarrubias y Franciosini. «Cele-
bro es forma popular de cerebro, y general en el Siglo de Oro» (J. Coro-
mines, Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, Madrid, Gredos,
1996, t. i, s. v. cerebro).

– 212 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

están pringando y azotando; a otros, aspan376; a otros atan de


409

pies y manos y con argollas a las gargantas los echan en vnas


masmorras muy obscuras, y todos aquellos desventurados están
publicando con rabia sus maldades. De las penas que vido Pedro
Porter en esta visión imaginaria, que él tubo siempre por real,
apenas, dezía, podía declarar la más mínima parte, y assí que
quanto avía dicho le parezía todo nada. Assí quiso N. Señor,
por sus secretos juicios, a este varón senzillo manifestarle por
estas semejanzas lo que son las penas del infierno en la forma
que más percebirse pueden; y assí quiso también darle consuelo
en su trabajo por modo tan inaudito y raro. Y porque gustaréys
(dixo Arsenio) de saber lo que resta de su successo, sabréys que
fue en la forma siguiente:
Como vio Pedro Porter estas cossas que quedan referi-
das, viéndose en grande aflicción y desconsuelo, comenzó a
llorar y a gritar diziendo: Ies s, María, sed conmigo, no me
desamparéys. En acabando de dezir las sobredichas palabras,
vinieron muchos demonios y le rodearon diziéndole: ¿Qué te
hemos echo? ¿Cómo te has atrevido a entrar acá? Y ¿cómo
te estás tan de assiento que ha ya treynta y seys días que estás
aquí invocando y llamando tantas vezes los nombres con que
temblamos y recebimos tanto tormento? Pues llegaste aquí la
vigilia de San Bartolomé, a 23 de agosto, y oy es día de San
Miguel, que son 29 de setiembre, ¿cómo no te vas? Vete y no
nos inquietes tanto. Entonces el demonio que le avía traýdo,
le dixo: quando te hallé, que salías de Tordera y me dixiste tus

Aspar: «crucificar a alguno en una cruz atravesada en forma de aspa»


376

(Diccionario de autoridades, s. v.).

– 213 –
Pedro de Solís y Valenzuela

trabajos, te prometí de ayudar. Tú tuviste gran ventura y suerte


por aver aquel día oýdo missa y rezado el rosario, y por hazer la
señal de la cruz quando te pusiste a cavallo, que si no, te hago
saber que te vbiera ahogado en el estanque de Sils, o en la mar,
quando la passamos. Por esto y por los nombres que invocaras,
no tube poder ni fuerza para salir con ello. Yo he cumplido lo
que te prometí en averte mostrado a Gelmán Bosón, notario,
ante quien se hizo la carta de pago de tu deuda. El mismo te a
dicho dónde hallarás el manual; lo que resta es que te buelvas.
Ya te an vendido tu hazienda y bienes muebles y raízes, por
averse passado ya los treynta días del término, pero mostrando
la carta de pago los cobrarás; y vete luego. Dixo entonces Pedro
Porter: Jes s, María. Pues, tú, que me as traýdo aquí, sácame
fuera. Respondió el demonio: mi officio es llevar al ynfierno
almas y cuerposXXXIV, y no sacarlas dél. Con esto desapareció
410

el demonio y Pedro Porter con grande aflicción enpezó a invo-


car los santíssimos nombres de Jes s y de María, y en esto vio
un hombre a su lado, en hábito de peregrino muy resplande-
ciente, el qual llevava un bordón en la mano, y le dixo: Pedro,
ven y sígueme. Y dándole un cabo del bordón, le seguía y en un
brebe instante se halló junto a Molviedro377, un lugar distante
411

quatro leguas de Valencia, y estando allí solo junto a la Villa,


no sabía dónde estaba porque el peregrino le quitó de la mano

XXXIV
En el año de 583, a 2 de setiembre, murió en Italia Theodorico, y los
demonios llevaron su cuerpo al infierno. Ita Julian[us] Petr[us] Archi-
pr[esbyter] in suo Chron[ico], pág. 61, n. 270, tipis edito Burdegalae,
anno 1628.
Murviedro [= Sagunto] [nota de Cuartero y Huerta].
377

– 214 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

el bordón con que le avía guiado y desapareció. Quedó Pedro


Porter attónito y espantado, viéndose junto a un lugar, aunque
no sabía quál fuesse; antes bien pensava estar junto a su tie-
rra. Los successos que aquí le passaron hasta llegar a su tierra,
cómo fue tenido por loco por las cossas que dezía, cómo cobró
su hazienda con la carta de pago que halló en el mismo lugar
que le dixo el escrivano, cómo examinaron su visión hombres
doctíssimos y el tribunal de la Sta. Inquisición, y la santa vida
y muerte que después tubo, es materia de más larga relación y
es divertirnos del intento a que vamos, que es ponderar la gra-
vedad de las penas del infierno. Quédesse para otra Mansión
y prosiga Don Fernando con las Meditaciones.
Suspensos y admirados avían oýdo todos este prodigioso
casso, y bien quisieran que Arsenio lo prosiguiera hasta el
fin, pero apercibiéndole378 que se lo avía de contar otro día,
412

por obedezerle en todo, prosiguió Don Fernando leyendo las


Meditaciones379. 413

[…]

378
Apercebir, apercibir: «advertir… prevenir» (R. J. Cuervo, Diccionario de cons-
trucción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. i, págs. 532b-533a).
379
Siguen las restantes meditaciones de la muerte y un intercambio poé-
tico que cifra lo contenido en ellas. Como en otras instancias del texto,
la poesía sirve como cifra y arte combinatoria de los textos en prosa y
como dispositivo para celebrar los ingenios neogranadinos (Nota de
la compiladora).

– 215 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Quando oyó Antonio que, leýdas estas octavas, le empeza-


ron a dar alabanzas, dixo: no es justo hurtarle a alguno su glo-
ria. ¿Quién pudiera hazer octavas tan primorosas y con tanta
presteza sino el feliz ingenio de Don Pedro? Vmds. sepan que
son suyas y que el no referirlas él mismo es porque está emba-
razado con la attención a mayor asumpto y mayor obra, como
yo, que todo lo espío, lo he visto. Y yo las he referido porque
también se logren con lo demás que va disponiendo. No negó
Don Pedro la verdad y Antonio prosiguió diciendo: en cossas
del Seráfico Pe. San Bruno, no puede aver nimiedad y, assí, pues
Vmds. an oýdo las octavas, oygan también en este soneto, que
a dibujado el pinzel de mi idea, la versión de la epigramma.
Arsenio dixo que no avía él de ser menos en esta obra, pues no
era menos devoto del Santo, y assí prometió referir otro soneto
después del de Antonio. Y Antonio leyó el suyo assí:

Formó Dios en espheras luminosasXXXV, 414

al hombre con la vida limitada,


y de la gerarchía más honrrada
Atlante380 le escogió para sus cossas.
415

XXXV
[Al margen, tachado:] Antonio Azero de la Cruz. [Sobre la alusión a
las esferas luminosas, véase nota 61].
Atlante: «voz mui usada de los poetas, y algunas veces en la prosa, para
380

expresar aquello que real o metaphóricamente se dice de sustentar un


gran peso… Introdúxose esta voz con alusión a la fábula de Atlante,
rey de Mauritania, que los antiguos dijeron haber sustentado sobre sus
hombros el cielo, para significar el mucho conocimiento que tuvo del
curso del sol, luna y estrellas» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 216 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Mas como las del siglo son vistosas,


las otras pareció que no eran nada.
Olvidado tal vez de su jornada,
dexó las de la gloria más hermosas.

Dicha felix sin duda alguna tiene


el que, de lo terreno desassido,
al gremio santo de la vida viene;

con tierno corazón y conpungido,


viendo que el cielo impíreo381 le conviene,
416

debe con su criador estar vnido.

Assí acabó Antonio conffessando que no avía podido ajus-


tarse más a la epigramma latina de San Bruno, que le parezía
que esta felicidad sólo la avía obtenido Dn. Fernando, y que si
alguno le avía de igualar, avía de ser Don Pedro. Arsenio enpezó
también a proponer sus temores, pero que esto no le avía de
causar cobardía, supuesto que avía cossas que sólo el intentar-
las, aunque no se consiguiessen, era muestra de valentía, y en
esta materia lo serían de la devoción. Y aprobando el soneto
de Antonio, el suyo refirió en esta forma:

Formó Dios en espheras de cristales,


con tales perfecciones y belleza,

Impíreo: «lo mismo que empíreo» (Diccionario de autoridades, s. v.).


381

– 217 –
Pedro de Solís y Valenzuela

siendo el autor de la naturaleza,


a los hombres finitos382 y mortales.
417

A plantas, pezes, brutos minerales


dio su virtud y singular firmeza,
y, mostrando su amor en su grandeza,
sujetó a su poder los animales.

Viven de tal manera descuydados,


como si de la Parca383 la guadaña
418

huviesse ya perdido la memoria.

Mas si lloran contritos sus peccados


se aplacará de Dios la justa saña,
premiándoles con dones de su gloria.

Gustosso quedó Don Pedro de aver oýdo a todos los del


cónclave384 y aquí les declaró cómo su versión era en dézimas
419

y que no las avía de referir hasta que vbiesse buena coyuntura,


que por entonzes no las tenía acabadas porque pretendía espa-
ciarse por los sentidos que tenía la epigramma. Y haziéndoles

382
Finito: «lo que tiene fin, término y límite. Es del latino finitus, -a, -um»
(Diccionario de autoridades, s. v.).
383
Una de las diosas que, según la mitología griega, presiden el nacimiento
y vida de los mortales. Sus nombres son Cloto, Láquesis y Atropos,
hermanas de la Noche y del Erebo.
384
Cónclave: «lo mismo que junta, congreso o asamblea de muchos. Es voz
tomada de la latina conclave, -is» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 218 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

instancia que se fuessen a acostar por ser muy tarde, ellos lo


azetaron385 y Don Pedro se quedó solo, ocupado en su versión,
420

que verás después que tú, o letor, también desta Mansión ayas
descansado.

Azetar, por acetar, aceptar. En tiempo de Cervantes se decía y escribía


385

acetar, como se ve en Covarrubias y en Argensola (compárese R. J.


Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, París,
1893, t. i, pág. 105b).

– 219 –
§§ Mansión ix

A
maneció al prado, con el claro día, en varias flores, vna
primavera de colores tan lisonjeras a la vista, que des-
pués de conquistar sus agrados, pudieron arrebatarla
en admiraciones. Y con ser386 día del diziembre elado y víspera
421

de la Natividad de Christo nuestro bien, por ser en aquella felize


región, los árboles no desnudos de sus ojas, sino antes entonzes
con sus verdores más frondosos, sirvieron facistoles387 a varias y 422

acordes capillas388 de arpados pajarillos, que con dulzes vozes


423

Con «con un infinitivo equivale a aunque, con indicativo o subjuntivo


386

o al simple gerundio: ‘con ser’ equivale a ‘aunque es o siendo, aun


siendo’» (R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la lengua cas-
tellana, París, 1893, t. ii, pág. 306b).
Facistol: «el atril donde se pone el libro para el preste o para el diácono
387

y subdiácono, u para los que hacen el oficio en el choro. Distínguese


del atril común en tener un pie alto, en proporción que puesto en el
suelo pueda servir al que ha de cantar en pie…» (Diccionario de autori-
dades, s. v.).
Véase nota 85.
388

– 221 –
Pedro de Solís y Valenzuela

dispertaron389 al venerable Arsenio, que a gozar de tan apa-


424

cible y gustoso rato recordó390 a los demás. Salid, esposa mía


425

(dezía allá el Esposo en los Cantares)XXXVI, al campo, pues ya


426

el sol a desatado al diziembre los rizos de su escarcha en apaci-


bles raudales; ya se an desnudado los riscos del ceño cándido391 427

de su nieve por coronarse de flores. Ya enpieza a pestañear la


hermosura de las rosas, ya despuntan las ojas entre la cárcel
de sus botones estrecha, y se a llegado el tiempo de cortarlas y
que el desorden vistoso que salpica, no sin agrado, las vegas, se
reduzga en la república392 bien concertada de vn ramillete a las
428

manos. Cassi lo mismo dezía Arsenio a sus amantíssimos ami-


gos, profiriendo: ea, mancebos gallardos, dispertad presurosos,
que oy es el día en que avernos de ir al gozar aquel erario393 de 429

santos; oy emos de ver el divino santuario de la Reyna de los


Ángeles María Santíssima; oy emos de venerar su santíssimo

Dispertar «se halla en muchos textos y está esparcido en las hablas vul-
389

gares de casi todas partes» (J. Coromines, Diccionario crítico etimológico


castellano e hispánico, Madrid, Gredos, 1996, s. v. despertar). Esta forma,
registrada por el Diccionario de autoridades, no llegó a prevalecer nunca
sobre despertar y se halla en Alarcón, Tirso, Juan de Ávila y hasta en
algunos autores del siglo xviii. Véase R. J. Cuervo, Diccionario de cons-
trucción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. ii, pág. 1139b.
Recordar: «metaphóricamente vale despertar al que está dormido»
390

(Diccionario de autoridades, s. v.).


XXXVI
Surge, propera [Cant. 2: 10].
Cándido: ‘blanco, albo’. Del latín candidus.
391

República: metafóricamente, ‘colección ordenada’.


392

Erario: en el sentido de tesoro de santos.


393

– 222 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

retrato. Y, pues avéys oýdo con attención las meditaciones de


la muerte, juicio y ynfierno, para que meditéys la gloria, no ay
necessidad de otra cossa más de que veáys su deleytosso sitio
y comuniquéys con aquellos ángeles en forma humana que
le habitan. Muy brevemente se levantaron todos y, haciendo
breve oración, rodearon a Arsenio dándole los buenos días y
pidiendo los guiasse desde luego, porque pudiesen gozar la
frescura de la mañana. Y, aviendo principiado ya el camino,
reconvino Arsenio a Antonio que era esta buena sazón de pro-
ferir el Romanze que tenía prometido, a la muerte de la vida,
pues, assí oyéndole, llevarían ocupado deleytossa y provecho-
samente el entendimiento394. 430

[…]

Y prosiguiendo en el camino dixo Dn. Fernando: mucho


gustaríamos, venerable Padre, de oír ya el progresso de vuestra
historia, mas ya que esto se reserve para quando esté presente
Don Andrés, por estar en esta misma suspensión395 y desseo, 431

fuerza es que en lo que resta del camino sepamos el successo


de Pº Porter, que dexastes ayer junto al lugar de Molviedro.
Pues no será menos prodigioso lo que falta, ni menos digno de
saberse. Plázeme el contarlo, dixo Arsenio, y luego dixo assí:
Entrando, pues, Pedro Porter en el lugar de Molviedro, vio que
vendían pan, y como estuviesse traspasado de hambre, llegó

Antonio dicta el romance, al que le sigue un nuevo intercambio poé-


394

tico en el que brilla el ingenio de Don Pedro (Nota de la compiladora).


Suspensión: «suspenso, admiración» (Diccionario de autoridades, s. v.).
395

– 223 –
Pedro de Solís y Valenzuela

a comprar uno. Y sacando de la bolsa un real catalán falso y


muy pequeño para pagarlo, diolo a la panadera, que era vna
muger vieja. Quando la muger lo vbo visto, dixo que le diesse
otro, que no quería aquel. Pero como Pedro Porter tuviesse
tanta hambre, en cogiendo el pan, comenzó a dar vocados en
él, y viendo que la muger le bolvía el real, dixo que era bueno
y que no reparasse en ello, que él no tenía otra cossa que darle.
Oyendo esto, la muger comenzó a alborotarse y dar vozes, y,
como es ordinario, comenzó a juntarse mucha gente y le dixe-
ron a Pedro Porter: hombre honrrado, el real que avéys dado a
esta muger es de parte que dista de aquí más de sesenta leguas,
y aquí no se recibe la moneda de aquella tierra sino moneda
castellana y no catalana, porque esta es falsa y corta396, y la otra
432

es buena. Entonzes dixo Pedro Porter, ¿nunca tal se vio que


no quieran la propia moneda? ¿Por ventura no estoy yo agora
en Cataluña? Dixéronle los que allí estavan: ¿Vos pensáys que
estáys en Cataluña? Pues no es assí, porque estáys en el Reyno
de Valencia y en la villa de Molviedro.
En oyendo esto, cayó en el suelo Pedro Porter, desfallecido
y desmayado, perdiendo de todo punto el habla y estubo assí
algunas horas. En esto toda la gente que passava se detenía allí
y entre los demás vbo vn hombre que era natural de Tordera,
llamado Jayme, el qual avía venido a Molviedro a vnos nego-
cios, y estava como dudando si conocía a Pedro Porter, vién-
dole tan macilento y flaco, porque parecía que luego se avía

Corto: «lo que no está cabal, o le falta algo en el peso y en la medida»


396

(Diccionario de autoridades, s. v.).

– 224 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

de morir y espirar, porque los huessos se le vían397 por la piel. 433

Aguardó el hombre a que Pedro Porter bolviesse en sí, y hablando


con él, le conoció y luego pagó el pan a la muger y cobró el real
que Pedro le avía dado y se llevó consigo a su posada al buen
Pedro Porter y le mandó dar muy buen recaudo398 para que 434

cobrasse salud y fuerzas porque estaba del todo acabado y sin


ellas. Estando pues en la possada le preguntó Jayme que ¿cómo
estava tan flaco y debilitado? Y ¿quántos días avía que estava
fuera de su cassa? Respondióle Pedro que, por amor de Dios,
no le preguntasse cossa alguna desto. Replicóle Jayme que por
amor de Dios se lo dixesse. Dixo Pedro que estava muy can-
sado y aflixido, pero que el día siguiente, que sería el de San
Bartolomé Apóstol, se lo diría. Dixo Jayme: ya passó Sn. Barto-
lomé, y oy es día de San Miguel y también es día señalado y me
lo podréys dezir. Luego Pedro Porter bolvió a perder el habla
y, después de aver buelto en sí, le conffessaron y procuraron
que se quietasse, porque el conffessor dixo que assí convenía,
y le vino a visitar muchas vezes y passava con él largas horas

Véase nota 24.


397

Recaudo «se toma también por recado, que es como ahora se dice».
398

Recado «vale también… provisión de todo lo necesario para algún fin»,


especialmente ‘provisión de comida o víveres’ (Diccionario de autoridades,
s. v.). Compárese: «Acordó de echarlos [los requesones] en la celada
de su señor, y con este buen recado volvió a ver lo que le quería» (M. de
Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, parte
ii, cap. xvii; ed. Rodríguez Marín, t. v, 1948, pág. 36).

– 225 –
Pedro de Solís y Valenzuela

consolándole, de suerte que Pedro estuvo en399 cobrar salud


435

más de un mes. Y un día que ya estava más fortalecido, le dixo


Jayme que ya estaba muy picado de la curiosidad, que le cum-
pliesse la palabra que le avía dado, diziéndole lo que avía suce-
dido, porque el día de San Bartolomé y el de San Miguel eran
ya passados. Entonces le preguntó Pedro qué día era el que
le avía hallado en aquel lugar y Jayme dixo que el día de San
Miguel de setiembre. Entonces, Pedro se santiguó y dixo: Luego
yo desde beynte y tres de agosto hasta beyntinueve de setiem-
bre a las tres de la tarde, estuve en el ynfierno sin comer. ¡Ies s,
y cómo pudo ser estar yo tanto tiempo sin comer ni bever ni
dormir! Entonces le dixo Jayme que callasse, entendiendo que
se le avía alterado el juicio. Pero Pedro Porter no le dexó de
decir con muy buen orden y concierto puntualmente todo lo
que avía sucedido y lo que avía visto.
Mas como es cossa que oyéndola pareze disparate y cossa
de risa, por la misma razón los que la oýan pensavan que Pedro

Estar en ha tenido en determinados casos el sentido de ‘emplear cierto


399

tiempo para ejecutar alguna cosa’. Véase este ejemplo de Ginés Pérez
de Hita (Guerras civiles de Granada, Primera Parte, Madrid, 1913, citado
en H. Keniston, The Syntax of Castilian Prose, Chicago, University of
Chicago Press, 1937, pág. 519): «Estuvo Muça en sanar bien casi un
mes», y este de Cervantes (“Coloquio de los perros”, en Novelas ejem-
plares, Madrid, 1613, fol. 242 v.): «Si en contar las condiciones de los
amos que has tenido y las faltas de sus oficios te has de estar, amigo
Bergança, tanto como esta vez, menester será pedir al cielo nos con-
ceda el habla siquiera por un año y aun temo que, al paso que lleuas,
no llegarás a la mitad de tu historia».

– 226 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Porter tenía perdido el juicio y que estava asombrado400 pero 436

viendo que se burlavan dél y no le creýan, dixo que todo lo que


avía referido era verdad y que Dios y la Virgen Santa María y
Santiago Apóstol, de quien era muy devoto en hábito de romero401 437

le avía[n] sacado del ynfierno. Y viendo, con todo esso, la risa


que tenían dél, dixo públicamente: Aunque estoy tan flaco y no
estoy para ponerme en camino, quiero irme a mi tierra y ver mi
cassa. Que, aunque me ayan vendido la hacienda y heredad, yo
la bolveré a cobrar, porque traygo luz y claridad de todo lo que
he menester y mostraré cómo la venta no ha sido buena. Y luego
se partió a pie de la mejor manera que pudo, sin querer aguar-
dar compañía. Viendo el sobredicho Jayme y otros que Pedro
Porter se avía ydo sin quererse detener, aviendo antes escrito a
Tordera y a Hortalarit [sic] su hallazgo, bolvieron a escrivir lo
que avía sucedido muy a la larga, y cómo se avía ya partido y que
entendían avía perdido el juicio. Y estas cartas fueron leýdas de
muchos en los dichos lugares, donde imaginaron que Pedro se
avía desesperado en el camino de Cruanias, o ahogádosse en
el estanque Sils, porque jamás avían sabido nuevas dél desde el
día que se fue; y por no aver buelto ni pagado, avían ya hecho la

Asombrar: «vale también atemorizar, espantar» (Diccionario de autoridades,


400

s. v. assombrar). Según Salazar, “De las palabras que hacen equivocos y


de otras Phrasis y maneras hablar curiosas”, 1614, «“es un assombrado
o assombradizo” se dize al que haze las cosas sin tiento, como loco».
Romero: «se aplica al peregrino que va en romería a algún santua-
401

rio, con bordón y esclavina» (Diccionario de autoridades, s. v.). Esclavina:


«vestidura larga y tosca, que usan los que van en romería o peregri-
nación» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 227 –
Pedro de Solís y Valenzuela

execusión en los bienes muchos días avía, por lo qual no clavan


crédito a las cartas que vinieron de Molviedro, teniéndolo todo
por cossa de risa. El día de Todos los Santos402 del dicho año de
438

1608, estando el pueblo bien descuydado dél, entró Pedro Porter


por la villa de Hostálrich, y quando la gente le vio entrar por la
iglesia, estava admirada, diciéndole algunos: Seáys bien venido,
Porter. ¿De dónde venís? Y ¿de dónde os preguntaremos nue-
vas? Ya nos avían dicho que eras muerto. ¡Quánto importara
que dos messes ha estuviérades aquí para que no os vendieran la
hacienda! Pedro respondió entonces: más vale tarde que nunca;
yo confío en Dios que todo se hará y compondrá bien. Comió
en Hostálrich, y en acabando de comer, se fue a su lugar de Tor-
dera. Quando la gente de su lugar le vio, acudieron todos a él,
y entre otros vinieron unos parientes y un hijo de tal Sorell, a
quien él avía visto en el ynfierno. Estos le dixeron: ¿De dónde
venís? Dizen que avéys estado en el ynfierno. ¿Qué traéys de
nuevo de allá? ¿Qué estancia es aquella? A esto respondió Por-
ter: esso puedes preguntar a tu padre, que está allá bien abri-
gado y caluroso. Oyendo esto, los circunstantes comenzaron a
reýrse, teniéndole por loco. Entonces les dixo Pedro: ¿Pues que
os reýs de lo que os he dicho? Doyos403 mi palabra que es la ver-
439

dad y os lo affirmo por todo lo que se puede jurar. Llegó en fin a


su cassa y halló que le avían vendido sus bienes, por averse pas-
sado el tiempo y días de la execución. Dixo Porter que la venta
no estava bien echa porque la deuda en virtud de la qual se

Es decir, el 1 de noviembre.
402

Doyos por os doy.


403

– 228 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

hizo la execución estava pagada y el auto de la deuda estaba


cancellado404 y que no devía cantidad ninguna a nadie, por lo
440

qual la venta era nulla405 y que él lo mostraría. Pensaban algu-


441

nos que traýa alguna escritura y desseavan verla y leerla, y assí


le dezían que mostrasse los despachos que llevava. A esto res-
pondió Pedro que Gelmán Bossón, ante quien se hizo la carta
de pago, le avía dicho dónde la hallaría. Como la gente oyó
nombrar a Gelmán Bossón, a quien avían conocido y sabían
que era muerto años avía, comenzaron a reírse diciendo que
estava loco y sin juicio, y affirmando Porter que lo que dezía
era la pura verdad: que Gelmán Bossón se lo avía dicho en
el ynfierno donde estaba. En confirmación desto comenzó a
nombrar muchas personas a quien avía visto allá, de las quales
muchas avían muerto muchos años antes y otras desde que él
avía faltado de Tordera. Quanto más dezía, más le tenían por
loco. A esto dixo: ¿Pensáys vosotros que no estoy en mi juicio
y que no digo verdad? Mañana después de comer lo veréys.
Por lo qual más se reýan y burlavan del buen hombre que lo
llevava con mucha paciencia y quietud. El día que406 se cele- 442

bra officio por las ánimas vniversalmente en la Iglesia, que es

Cancellado, por cancelado, del latín cancellatus. Véase nota 353.


404

405
Nulla, por nula, del latín nulla.
406
El día que por en que: en los siglos xvi y xvii se sentía menos la exigencia
de regularidad gramatical que ahora y, muchas veces, en lugar de: en que,
con que, de que, se utilizaba simplemente que. De esto hay ejemplos en el
Quijote, como en: «dar en el más estraño pensamiento que jamás dio loco
en el mundo» (M. de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo don Quijote de
la Mancha, parte i, cap. i; ed. Rodríguez Marín, t. i, 1947, pág. 89).

– 229 –
Pedro de Solís y Valenzuela

a dos de nobiembre, Pedro Porter fue a la iglesia y oyó missa


con mucha devoción y quietud, y quando vía algunos de los que
tenían parientes en el ynfierno, que él vio allí, comenzava a llo-
rar con grande ternura deshaziéndose en lágrimas, y preguntán-
dole por qué llorava, dezía: Yo os lo diré, que a fe que es cossa
para llorar. Yo he visto a muchos padres, hermanos y amigos
de muchos que están en esta villa y de muchos de otras partes
que se están abrasando en vivas llamas de fuego en el ynfierno.
Dezíanle algunos: callad, no digáys essas locuras; mirad que no
pareze bien y assí os tienen por loco y sin juicio, y con esto aca-
baréys de perderlo. A esto respondía Porter: Ya yo sé que me
tienen por loco, y dizen que es ficción mía. Digo, pues, que con
el favor de Dios, que es quien a permittido este successo, no
perderé el juicio porque el demonio que me llevó en su com-
pañía al ynfierno, ni los demás que allá están, ni tantas penas y
tormentos que he visto padezen, no407 han sido bastantes para
443

sacarme de tino408 ni para que perdiesse el juicio. Tengo espe-


444

ranza que no solamente la gente de Tordera, mas ni aun todos

407
Para la construcción ni… ni… no han sido…, véase, M. de Cervantes
Saavedra, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, parte i, cap. xvi;
ed. Rodríguez Marín, t. i, 1948, pág. 433: «y era tanta la ceguedad
del pobre hidalgo que el tacto, ni el aliento, ni otras cosas… no le
desengañaban».
408
Sacar de tino: «metaphóricarnente [tino] vale juicio, prudencia y discurso
cuerdo para el gobierno y acertada dirección de alguna materia». «Sacar
de tino…: phrase, que fuera del sentido recto, que es atolondrar a uno
con golpe, o porrazo, vale analógicamente aturdirle, o confundirle con
alguna especie o razón, que se le persuade, o impressiona» (Diccionario
de autoridades, s. v. tino).

– 230 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

los hombres del mundo, me harán perder el juicio, porque lo


que digo es verdad, y a la tarde veréys la prueba cierta de ello.
A las doze del medio día Porter se fue a la cassa del bayle,
que es el alguazil mayor de la villa, y le rogó encarecida-
mente, que pues avía assistido a la execución de la venta de sus
bienes y hazienda, le amparasse y le hiziesse favor de assistirle al
buscar la carta de pago de la deuda por la qual le avían vendido
sus bienes. El alguacil mayor le dixo que lo haría de muy buena
gana y preguntó a dónde avía de ir. Díxole Porter que a la villa
de Hostálrich. Y luego después de aver comido, con el desseo que
estava de ver este successo, se pusieron en camino y fueron a Hos-
tálrich. En entrando en el lugar, encontró con vnos parientes de
Gelmán Bossón, notario, y les dixo cómo estava en el ynfierno y
que le siguiessen, que él les daría señales ciertas de ello. Avían ya
oýdo los de Hostálrich las cossas de Porter y, viendo que bolvía,
todos se alborotaron y acudieron a donde estaba, preguntándole
algunos por sus padres, hijos, hermanos, parientes. A algunos
bolvía respuesta409 diciendo que los avía visto en el ynfierno. A
445

esto la gente se reýa, teniéndole por loco y dezían que le llevas-


sen al hospital y le sacassen del lugar. Pedro les dezía: dentro de
pocas horas veréys si soy loco y si meresco que me lleven al hos-
pital. Dexadme sacar la carta de pago, que yo os prometo de no
bolver más acá otra vez ni daros ninguna inquietud ni enfado.
Entonzes se pusieron todos a reýr y dezían a vozes: guardaos del
hombre que a entrado y salido del ynfiemo. El alguacil mayor de
Tordera y Pedro Porter fueron a cassa del alguacil mayor o bayle
de Hostálrich y le rogaron que les hiziesse merced de assistir a

Volver respuesta vale lo mismo que ‘responder’.


409

– 231 –
Pedro de Solís y Valenzuela

la busca del sobredicho auto de cancellación y carta de pago,


que él diría dónde estava porque se lo avía dicho Gelmán Bos-
són en el ynfierno. Con esto creció más la risa. Y los dos bayles
le dixeron que ambos se hallarían presentes. Pero que dixesse
en qué manual estava. Juntase mucha gente del pueblo y Porter
se encaminó hazia la cassa de Gelmán Bossón y quando estu-
bieron a la puerta de la dicha cassa, dixo que subiessen arriba,
que él mostraría el lugar donde hallarían el manual y carta de
pago. Dixeron los parientes y muger de Gelmán Bossón que en
cassa no tenían escritura alguna, que todas estavan en la nota-
ría. A esto respondió Porter: el auto y escritura que yo busco y
he menester, no está en la notaría sino aquí en la sala; porque
assí me lo dixo Gelmán Bossón, ante quien passó410. Comenza- 446

ron todos a dezir: este hombre tiene el juicio trastornado. Ha


tantos años que murió Gelmán Bossón y dize que lo a visto y
que le ha hablado: es cossa de rissa. Otros dexavan la conver-
sación y se yban riyendo411. Los bayles y otra mucha gente que
447

410
Passar: «vale también ser tratada o manejada por alguno alguna depen-
dencia [= ‘asunto, negocio’]. Dícese de los escribanos ante quien se
otorgan los instrumentos» (Diccionario de autoridades, s. v.).
Riyendo: «riyó, riyera, etcétera, sonriyó, sonriyera, etcétera, aparecen con
411

frecuencia en los clásicos antiguos; hoy apenas se usan en verso una u


otra vez:

sonriyóse la bella diosa Juno,

y sonriyendo recibió en su mano

la copa que Vulcano le ofrecía.

Hermosilla, Ilíada, lib. i»

(R. J. Cuervo, Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano, 9.a ed., Bogotá,
Instituto Caro y Cuervo, 1955, § 300).

– 232 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

les acompañaba se querían bolver dexando a Pedro Porter por


loco. Pero replicó con mucho juicio y mucha constancia que
subiessen arriba a la sala; que Bossón le avía dicho cómo estava
allí. A esto replicavan los parientes y muger del diffunto, que
en cassa no avía papel ni escritura alguna, y que para que la
gente entendiesse cómo Pedro Porter estava loco y no creyes-
sen lo que dezía, todos dixeron a los dichos bayles: señores, ya
ven Vmds. lo que dize este loco, pues para que todo el mundo
sepa que miente y que es invención suya, y tiene alterado el
juicio, les rogamos, para quitar qualquier sospecha acerca de
lo que el pueblo a oýdo, que suban Vmds. con la demás gente,
y miren y reconoscan si hallan algún auto o escritura.
Con estos, los bayles subieron arriba con mucha gente,
pero no querían que subiesse allá Pedro Porter. Después de
aver reconocido y mirado toda la cassa, y no hallando cossa
alguna de lo que buscavan, se querían boluer y dexar a Pedro
por loco. En esto él instava que le dexassen subir, que él diría
y enseñaría el lugar donde estava la escritura. Entonces dixe-
ron muchos que le dexassen subir. Y en fin subió a la sala y
luego preguntó dónde estava vn armario o alazena, y se la
mostraron y, queriéndola abrir, dixo que no era necessario por-
que ya sabía que el auto que buscava no estaba dentro. Con
todo esso, la abrieron y reconocieron por dar satisfacción a
la mucha gente que allí avía, y como no hallaron nada, todos
se reýan y le tenían por loco. Entonces Porter dixo: dexadme
llegar al armario, que yo señalaré dónde está lo que buscamos
y, riyéndosse dél, lo dexaron llegar. Luego le reconoció de vna
parte y otra y dixo: Agora estoy sobre el manual donde está
mi carta de pago, que por no aver parecido y estar aquí oculta

– 233 –
Pedro de Solís y Valenzuela

de malicia412, me an hecho execución y vendido mi hazienda.


448

Vosotros dezís que estoy loco y que os doy occassión de reír y


que pareze passo de entremés y de comedia413. Pues sabed que 449

lloraréys y no será comedia sino tragedia, porque es verdad


que aquí donde estoy, debajo de mis pies está mi carta de pago,
que assí me lo dixo en el ynfierno el mismo Gelmán Bossón.
Pero quitad estos ladrillos, que desde el séptimo al duodécimo
se hallará el manual. Todos se riyeron de tal suerte que ya se
querían baxar y dexarlo por hombre sin juicio. Pero, porque
dava grandes vozes diziendo con gran asseverancia414 que allí 450

estava el manual, y que no se fuessen sin hazerle justicia en

412
Para la construcción de de malicia en vez de por malicia, como suele
decirse ahora más comúnmente, véase M. de Cervantes Saavedra, El
ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, parte ii, cap. xxxiii; ed. Rodrí-
guez Marín, t. vi, 1948, pág. 85: «En mi vida he bebido de malicia, con
sed bien podría ser».
413
Entremés: «representación breve, jocosa y burlesca, la qual se entremete
de ordinario entre una jornada y otra de la comedia, para mayor varie-
dad, o para divertir y alegrar al auditorio» (Diccionario de autoridades, s. v.).

Comedia: «obra hecha para el theatro, donde se representaban antigua-
mente las acciones del pueblo, y los sucessos de la vida común; pero
oy según el estilo universal, se toma este nombre de comedia por toda
suerte de poema dramático que se hace para representarse en el thea-
tro… Es voz griega» (Diccionario de autoridades, s. v.).
414
Asseverancia por asseveración: «la expresión clara y constante con que se
afirma y assegura ser alguna cosa cierta, legítima y verdadera» (Dic-
cionario de autoridades, s. v.). Asseverantia o adseverantia es forma del latín
tardío (compárese A. Blaise, Dictionnaire latin-français des auteurs chrétiens,
Strasbourg, 1954, s. v.).

– 234 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

sacarlo, los bayles dixeron: ya que estamos aquí, hagamos qui-


tar estos ladrillos y démosle este contento y gusto, porque si no
dirá mil locuras. Con esto le dixeron que desde dónde avían
de quitar los ladrillos. Y él los señaló. Y quitándolos, por ver
en qué parava aquella que llamaban locura, hallaron un libro
pequeño intitulado Manual de recibos de autos. Quedaron todos
attónitos y espantados y toda la risa que tenían se convirtió en
vna suspensión415 muy grande. Los bayles tomaron el libro y
451

reconocieron ser de letra y firma y signo416 de Gelmán Bossón.


452

Y entonzes Pedro Porter dixo que mirassen a folio beyntisiete


donde hallaría su auto, carta de pago y cancellación. Hiziéronlo
assí y hallaron la dicha carta de pago firmada y signada, y vie-
ron clara y distintamente que era de mano de Gelmán Bos-
són, notario. Y estavan todos como vnas estatuas, espantados
del casso, sin saber si estavan allí o en otra parte. Arrodillósse
luego Pedro Porter y, puestas las manos, levantó los ojos al cielo
diciendo: gracias os hago417, Dios y Señor mío, que por vuestra
453

bondad y infinita misericordia, os avéys compadecido de mí, en


que no me aya perdido con tantos trabajos y aflicciones. Gra-
cias os hago, Señor, para siempre, amem. Bolvió allí a referir
todo lo que le avía sucedido y cómo avía entrado en el ynfiemo

Véase nota 395.


415

Signo: «ciertas rayas y señales que al fin de la escritura u otro instru-


416

mento ponen los escribanos y notarios en medio del papel con una
cruz arriba entre las palabras que dicen en testimonio de verdad, con
lo que se le da más fe al testimonio u escritura» (Diccionario de autorida-
des, s. v.).
Latinismo (gratias agere) por ‘gracias os doy’.
417

– 235 –
Pedro de Solís y Valenzuela

la vigilia de San Bartholomé, a 23 de agosto, y salido a 29 de


setiembre, día de San Miguel, y que allí avía visto y hablado
con el sobredicho Gelmán Bossón y le avía dicho todo lo que
avían experimentado y estavan viendo con sus ojos.
Quedóse la justicia de Hostálrich con el Manual porque
tenía otros muchos recibos y cartas de pago de importancia, y
a pedimento418 de Pedro Porter, se le dio vn traslado auténtico
454

de su carta de pago, con la qual copia pidió luego ante la justi-


cia que se le restituyessen sus bienes y se le pagassen todos los
gastos que injustamente se le avían hecho en la dicha execusión.
Y en fin fue restituydo por la justicia en la antigua possessión de
su hazienda como de antes la tenía y se le hizieron pagar todos
los gastos injustos que se le avían causado. Y él quedó dando a
Dios siempre muchas gracias por tantos benefficios, y ordenó
de tal manera su vida que parecía de vn observantíssimo419 455

religioso, y quando hallava alguna gente en corillos, si avía allí


algunos que tubiessen parientes o amigos en los ynfiernos, se
lo dezía y les amonestava que viviessen bien y que sirviessen a
Dios y no siguiessen a los que estavan allí en tormentos y penas
terribles y eternas. Y porque Pedro Porter avía nombrado a
algunas personas que avía visto en el ynfierno, y eran perso-
nas graves y estimadas en el mundo, los parientes recurrieron
a los señores Inquisidores de Barcelona y les refirieron todo lo
que Porter dezía de sus padres y parientes. Fue llamado citado

Pedimento: «lo mismo que petición. Úsase en lo forense» (Diccionario de


418

autoridades, s. v.).
Observante: «el que guarda y cumple exactamente lo que es de su obli-
419

gación, o se le manda» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 236 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

del420 tribunal de la Santa Inquisición y compareció. Allí fue


456

detenido por algunos días y, preguntado del successo, lo refirió


todo en forma de deposición421, nombrando las personas que
457

avía visto y los tormentos y penas que allí padecían. Y cómo le


dixo Gelmán Bossón dónde avía de hallar la carta de pago, y
comprobando ser assí verdad que avía parecido y aviendo satis-
fecho con mucha sinceridad y claridad a todas las preguntas y
exámenes que le hizieron, aviéndole primero hecho muy bue-
nos agasajos, admirando los juicios de Dios, lo embiaron libre
a su cassa, sin averle hecho gravamen alguno. Vivió después
dos años y medio vida muy santa y devota, tratando y conver-
sando con todas las personas que le querían hablar, y fue algu-
nas vezes a Barzelona, y contava y relatava todo lo que queda
referido sin dexar palabra ni punto. Quando hablava a los pre-
dicadores, les encargava mucho que sin exceptión de personas
reprehendiessen los vicios y n[o] dexassen de hazerlo assí por
algún temor. Muchas vezes dijo a los juezes de consejo real
que hiziessen justicia y que despachassen brebe422 a los pobres, 458

y a los abogados, que abogassen con verdad. Dezía que en el


ynfierno avía toda suerte de gente y de todos estados, donde los
atormentavan con tan terribles tormentos, que si los hombres
los viessen, en ninguna manera peccarían ni offenderían a Dios.

Véase nota 55.


420

Deposición: «en lo forense es la declaración jurada que se recibe al reo


421

o al testigo que depone en pleito civil o causa criminal» (Diccionario de


autoridades, s. v.).
Brebe por brevemente, o en breve. Compárese C. Fontecha, Glosario de voces
422

comentadas en ediciones de textos clásicos, Madrid, 1941, pág. 53.

– 237 –
Pedro de Solís y Valenzuela

De manera que traýa Dios Nuestro Señor a un hombre simple


y labrador hecho un muy eloquente predicador que con sus
palabras atemorizava los hombres y convertía a muchos con
sus razones a bien vivir. Dezía que avía visto las crueles penas
que padecían los sodomitas, los asasinos, los vandoleros, los
sa[c]rílegos, los que no an amparado los pobres, los ministros
de justicia que no la han administrado como tienen obligación,
los abogados que han dado mal consejo a las partes, los nota-
rios que por interés hazían mal su officio, los presidentes423 ini- 459

quos. Y de los demás estados, dezía que avía visto que los que
blasfeman y juran, en el ynfierno padezen gravíssimas penas,
las quales eran tan grandes que a todos asombraran, si las vie-
ran. Y él lo contava de tal manera que atemorizava y ponía
espanto, porque se solía todo bañar en lágrimas. Conffesava y
comulgava muy frequentemente, hazía muchas limosnas, fre-
quentava las iglesias y hospitales y comunicava424 mucho con460

religiosos y personas santas y, assí dispuesto con santas obras,


y con dichosa muerte, se lo llevó Nuestro Señor dentro de dos
años y medio que hubo acaezido este successo.
Y esta relación (dixo Arsenio) es la misma que hizo el buen
Pº Porter y la compendió el muy Rdo. Pe. fr. Alonso Cano,
monje de San Benito en el Convento de Monserrate, el qual,
quando acaeció este successo, estava en el monasterio de San
Felíu de Guinols, quatro leguas distante de Tordera. Oyendo

Presidente: «tómase regularmente por el que es cabeza o superior de


423

algún consejo, tribunal o junta» (Diccionario de autoridades, s. v.).


Comunicar: «significa también conversar, tratar, tener comercio y trato
424

familiar con alguno» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 238 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

lo que se dezía, se fue a ver con Pedro Porter, acompañado de


otros hombres doctos y el Pe. Carrerón, capuchino. Y dicién-
dole el dicho Padre: yo traygo aquí vna relación desta historia
y desseo me digáys lo que ay acerca de ello, respondió el buen
hombre: leédmela, Padre, que yo os lo diré. Leyóla, y dixo Por-
ter: essa relación es puntualmente la deposición que yo hize
ante los señores Inquisidores. Y replicando el Pe. Carrerón: ¿y
qué os dixeron?, respondió: tratáronme muy bien y me dieron
muy bien de comer y me dieron el avío que avía menester para
bolver a mi cassa. Pero advirtió el dicho Porter que borrasse un
nombre que estaba puesto en lugar de otro en aquella relación
que le leyó, y dixo: borre Vuestra Paternidad esse nombre, que
no es esse el que yo vi en el ynfierno sino tal. Y, replicándole
los otros hombres doctos que iban con el dicho Padre: ¿cómo
podíades425 ver los demonios que son espíritus?, [dixo:] Padre,
461

yo no sabré dezir de esso más de que yo los vía426. Con esto se 462

despidieron bien admirados de los juicios de Dios a quien no


le es difficultoso el hazer todo esto posible. De otro escrivano
o notario, dixo entonzes Dn. Fernando, he leýdo yo en el Pe.
Martín del RíoXXXVII que le sucedió otro casso bien raro y seme-
463

jante a este. Arsenio le pidió que lo contasse, y Dn. Fernando


dixo: summariamente lo que este doctíssimo Padre cuenta es
que el año de 1601 (que, según vemos, fue siete años solos antes
del successo de Pedro Porter), aconteció en un lugar de Italia

Véase nota 117.


425

Véase nota 24.


426

XXXVII
Martín del Río, Disquis[itio] Magi[a]e, lib. 2, q[uaestio] 26, sect. 6.

– 239 –
Pedro de Solís y Valenzuela

llamado Corito, que está en el obispado Ticinense que es


Paula, que haziéndole las exequias a un notario en vna iglesia
donde le avían de enterrar, se levantó del féretro el cadáver
y, bolviéndosse a un pariente suyo, le dixo que fuesse luego a
su cassa y que sacasse de ella vna escritura que tenía oculta y
luego la restituyesse a un lugar pío, porque, por averla ocul-
tado, estava por justo juicio de Dios condenado a las penas
eternas del ynfierno. Y con esto reclinó otra vez en el fére-
tro la cabeza y bolvió a quedar sin vida como antes. Suc-
cesso es bien notable y castigo, dixo Antonio, igual al que
llevó Gelmán Bossón.
Atestiguó esta relación (bolvió a dezir Arsenio), no sólo
el dicho fr. Alonso Cano, sino el M. Rdo. Pe. fr. Francisco
Lerma, monje proffesso y abad del religiosíssimo convento
de San Joan de Burgos, y vn traslado auténtico está en la Rl.
Cassa de la Cartuxa de Sta. María del Paular, de donde, aun-
que en distancias tan grandes, por medio de un monje, amigo
íntimo mío, la vine a haver, y con toda fidelidad, para vuestro
exemplo y aprovechamiento, os la he contado, no poniendo
palabras de mi cassa sino con el mismo orden y estilo que ella
está, y assí no es mucho que aya algo discordado de mi frasi
o propia narración.
Quedaron los tres mancebos muy gustosos de aver oýdo
el fin de successo tan prodigioso, y ya estavan a la vista del
divino santuario de N. Sa. de la Candelaria, que, aun desde
lejos, infundía devoción, pareciendo en medio de tantas esme-
raldas de aquel ameno valle vn montezillo de rubíes el con-
vento, porque las tejas de él estavan tan coloradas y finas como
si las vbieran bañado en aquel punto de carmín muy fino,

– 240 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

siendo tal la constelación427 y temperamento de aquella tie-


464

rra, que jamás les a permitido criar verdín ni moho y sarro428, 465

que suele en otras partes, sino que se tienen su reciente lus-


tre como si jamás huviessen servido, después de muchos años
que lo están haziendo.
Con averse movido la plática del monte de Monserrate,
como vna conversación suele picar en diversas materias, le
hizieron algunas preguntas a Arsenio y él satisfizo a ellas; mas
Antonio dixo que si davan permissión429, él referiría, para ali-
466

vio del camino, vna descripsión de aquel monte hecha por el


célebre ingenio de Montalván. Añidió430 Dn. Pedro: pues yo 467

ofresco, después que Antonio aya referido la suya, dezir vna


canción famosa a S. Joan Clímaco, con que se dará feliz fin al
camino, y llegaremos al puerto desseado, sin aver sentido fatiga
alguna, ni del cuerpo ni del espíritu. Antonio, por cortesía, que-
ría çeder a Dn. Pedro y que dixesse primero, mas Dn. Pedro

427
Constelación: «clima, cielo y temple» (Diccionario de autoridades, s. v.).
428
Verdín: «lo mismo que cardenillo» [color verde claro como el del ace-
tato de cobre] (Diccionario de autoridades, s. v.).

Moho: «un género de hierbecilla mui corta a manera de vello, que del
polvo y la humedad se cría y engendra en los troncos y cortezas de los
árboles, y en las piedras, el cual también se llama musgo, del latino
muscus» (Diccionario de autoridades, s. v.).

Sarro: «betún duro y fuerte, que de las reliquias salitrosas de algunas
cosas se va juntando y uniendo, como se ve en algunas vasijas, en los
dientes, etcétera» (Diccionario de autoridades, s. v.).
429
Permissión: latinismo (permissio, -onis) por ‘permiso’.
430
Véase nota 146.

– 241 –
Pedro de Solís y Valenzuela

dijo que él quería dar el buen postre con lo que avía prome-
tido, y assí que no dudasse en dezir su descripción.

[…]

Aquí acabó Antonio la prometida canción que causó no


pequeño gusto, y por estar ya muy cerca del convento, no hubo
lugar para que Don Pedro refiriesse la suya, si bien le citaron
que en la primera occassión que se ofreziesse la avía de profe-
rir. Oyeron el repique de vna campana que parece juntava los
religiosos a capítulo431, y Arsenio, que presumió lo que podría
468

ser, aunque le preguntaron si sabía a qué tocavan, entonces dio


la respuesta dudosa, y dixo que estando ya tan cerca, brebe432 469

lo sabrían. Ansiosos los ánimos de ver aquel divino santuario y


de hallar a su primo Don Andrés, los dexamos ya a la puerta,
y puedes entretanto, o letor, descansar desta Mansión hasta
que en la siguiente entres a ver lo sucedido consecutivamente.

Capítulo: «junta de personas unidas en comunidad, con voto decisivo


431

para tratar de las materias tocantes a su régimen y gobierno. Esta voz


en este significado se entiende regularmente de las juntas que hacen…
los monges, frailes y clérigos regulares de las Religiones» (Diccionario de
autoridades, s. v.).
Por ‘en breve’. Véase nota 422.
432

– 242 –
§§ Mansión x

S
entencia es del gran Patriarcha y Príncipe de los Mon-
jes, San Basilio, que por tantos títulos mereció el ínclito
renombre de Grande: que al osar humano no ay pro-
vincia más leve ni empresa más fácil que la admiración,
433
470

por ser cossa que se haze tan a pocas expensas del discurso y
tan casi a ninguna costa del ingenio. ¿A quién, para lo bello
y hermoso; a quién, para lo sublime y grande; a quién, para lo
excelso y encumbrado, le faltaron las fuerzas del admirarse? No,
pues, a vista de desvanezidas grandezas, de dorados chapite-
les434, de fábricas435 soberbias, de muros levantados, de erguidas
471 472

433
Provincia: por extensión, «se toma también por el negocio de que se ha
de tratar» (Diccionario de autoridades, s. v.).
434
Chapitel: «remate de las torres, medias naranjas, o semejantes edificios,
que para la hermosura se levantan en forma pyramidal, ya quadrado,
ya ochabado, y con varias labores, que le adornan, y dan hermosa
vista. Viene del latino caput, por ser la cabeza del edificio» (Diccionario
de autoridades, s. v.).
435
Véase nota 89.

– 243 –
Pedro de Solís y Valenzuela

torres sino a vistas de un humilde edifficio que respirava cielo,


que echava fragancia de santidad, estavan estos jóvenes admi-
rados porque apenas avían puesto los pies en un atrio o pórtico,
a quien davan hermoso adorno hileras de naranjos copadís-
simos436 y llenos de fruta y de azahar (que es propiedad de los
473

árboles de aquel país llevarlo todo junto y estar, por un lado,


con fruta y, por otro, con flores), quando, arrebatados en vna
gustosa suspensión del ánimo, les parecía ver en aquella ame-
nidad el paraýsso terrenal tan celebrado de437 la divina Escri- 474

tura438. Quisieran detenerse allí mucho, mas viendo abierto el


475

sagrado templo, entraron con Arsenio a hazer oración, y no


bien apenas avían doblado las rodillas en tierra quando vieron
salir a la capilla mayor el choro439 de aquellos religiosíssimos
476

varones que, después de echa la veneración devida al Santíssimo

436
Copado: «lo que tiene copa o frondosidad en la cima» (Diccionario de
autoridades, s. v.)
437
Véase nota 55.
438
El texto identifica el convento de los agustinos descalzos de La Can-
delaria con el paraíso terrenal, no sólo por su espiritualidad sino por
ser espacio de práctica poética (Nota de la compiladora).
439
Choro, coro, del latín chorus, que a su vez viene del griego, responde a
varias designaciones. Dos de ellas interesan para esta nota y para la nota
451. La primera, que corresponde a este pasaje de El desierto, designa
el rezo de las horas canónicas (véase nota 450) a que están obligados
los religiosos en la Iglesia Católica. Comprende, además de las horas,
el canto de la misa conventual.

La segunda (nota 451) se refiere al coro de monjes; en los templos mona-
cales románicos, estaba situado en el transepto, separado del pueblo.
Costumbre que se conservaba hasta hace poco, en nuestros días.

– 244 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Sacramento, con ósculos que imprimían en la tierra, se yvan


acomodando de assiento en vnos bancos que estavan allí pues-
tos. Es el casso que salían a dar el hábito a un novicio. Lue[go]
que reconoció el religioso que hazía officio de sacristán a Arse-
nio en la iglesia, se llegó a combidarlo con assiento para que
viesse aquella acción440, y se lo llevó de la mano, y él, a Dn.
477

Fernando, Don Pedro y Antonio. Hiziéronles lugar los religio-


sos acomodándolos muy cortésmente en los mejores assientos.
Luego al punto que los huvieron ocupado, vieron salir de la
sacristía al maestro de novicios, que traýa de la mano al que
avía de recebir el hábito, y quando reconocieron que era su
primo Don Andrés, que ya tenía derribada441 la melena dorada 478

y hecho el cerquillo442 primero se quedaron immóbiles como


479

muertos, robados de color y cassi sin aliento; luego, heridos los


corazones de tan fuerte e inopinado golpe, se rompieron en
venas443 de agua sus ojos, y reconcentrando suspiros violentos,
480

vieron con la serenidad que pidió el hábito444, con la devoción 481

que le recibió; y quando más se les partió el corazón de dolor,

440
Acción, por ‘acto’.
441
Derribar: «metaphóricamente vale también hacer perder» (Diccionario
de autoridades, s. v.).
442
Cerquillo: hasta tiempos recientes, círculo o corona formado de cabello
en la cabeza de los religiosos de algunas órdenes como, en el presente
caso, los agustinos recoletos.
443
Vena: «se toma también por el mineral de agua, que se halla debaxo
de tierra» (Diccionario de autoridades, s. v.).
444
Vieron con la serenidad que pidió el hábito = ‘vieron la serenidad con que
pidió el hábito’.

– 245 –
Pedro de Solís y Valenzuela

fue quando, vestido ya del hábito recoleto445 de Sn. Augustín,


482

se postró en tierra, abiertos los brazos en cruz, como si ya estu-


viesse diffunto, mientras el convento recitava devotas oracio-
nes. Luego fue abrazando a todos los Padres por su orden, y
quando le cupo la vez a Dn. Fernando, se arrojó en sus brazos
y le vnió con tan fuerte vínculo que no avía quien lo desatasse.
Desaliñado el aliento, enbuelta la respiración en suspiros, en
lágrimas los ojos y el corazón ardiendo en santa embidia, le
dixo algunas mal formadas razones, que el dolor no le permi-
tía compostura: Dichoso mil vezes, mil vezes dichosso, primo
mío, que assí as sabido dar logro a tus años. Corónete el Cielo
de bendiciones, pues a[s] sabido escoger lo cierto dejando el
engañoso mundo. Passó a abrazar a Dn. Pedro y Antonio que,
llenos de lágrimas, le dieron colmados parabienes. Y Arsenio,
que era el feliz instrumento desta vocación, estava que no cabía
de gozo, como presentándole a Dios aquella alma y también
bañava en lágrimas sus venerables canas. Acabóse la solemni-
dad de aquel acto con mucha ternura y devoción de todos, y
el Prior, gustoso con la recepción de tal novicio, sabiendo el
deudo446 tan cercano de los nobles huéspedes, los agasajó mucho
483

y hizo acomodar en vn quarto que está fabricado junto al con-


vento para este ministerio. Comieron aquel día en refectorio447 484

Véase nota 206.


445

Deudo: «vale también parentesco» (Diccionario de autoridades, s. v.).


446

Refectorio: «habitación destinada en las comunidades [religiosas] y en


447

algunos colegios para juntarse a comer» (Diccionario académico, s. v.).

– 246 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

y, aviéndoles enseñado448 el convento y experimentado ellos con


485

la vista todo lo que Arsenio aquella mañana les avía dicho en


sus versos, y mucho más que no puede la pluma y el ingenio,
diffirieron el enseñarles lo principal, que era la Reyna de los
Ángeles, Protectora de aquel convento, para la tarde, que se
avía de descubrir al tiempo de cantar la Salve. Lleváronlos a
descansar el tiempo de la siesta. Y Don Fernando, llevado de su
devoción, no lo quiso passar en perezoso sueño, sino que pidió
recaudo de escrevir, y mientras Arsenio, Dn. Pedro y Antonio
descansaron, aunque le ofrecía lato449 campo para discurrir la
486

vocación de su amado primo, pusso la mira en otro norte más


bello que fue en la Reyna de los Ángeles María Santíssima y
dispuso qué dezirle quando la descubriessen. Llegó la hora de
vísperas450 y, aviendo assistido a ellas con el convento, baja-
487

ron del choro451 a la iglesia, y apareció el altar tan adornado


488

448
Enseñar: «vale también dar señas, mostrar, señalar, indicar: como ense-
ñar el camino, y assí otras cosas. En este sentido parece se forma de la
preposición en, y del nombre seña» (Diccionario de autoridades, s. v.).
449
Lato: «largo, dilatado y difuso. Es del latino latus, que significa lo mismo»
(Diccionario de autoridades, s. v.).
450
Vísperas: hora de rezar parte del Oficio divino a una hora determinada
de la tarde. Oficio divino u horas canónicas son la plegaria litúrgica y la ora-
ción oficial de la Iglesia Católica. Son «una forma panicular de oración
vocal y pública establecida por la Iglesia que, en nombre de esta y según
sus leyes, practican las personas destinadas para ello» (G. Martínez de
Antoñana, Manual de liturgia sagrada, Madrid, 1950, 8.º, pág. 35).
451
Choro: parte de un templo católico situado en el transepto. Véase nota
439.

– 247 –
Pedro de Solís y Valenzuela

de flores que parecía vna primavera, tan compuesto de luzes


que parecía un estrellado cielo. Corrieron tres velos ricos que
cubrían la divina imagen y, apareciendo la Estrella de la Mar,
la saludaron con la Salve, cantada humilde y devotamente por
aquellos santos religiosos. Y, después de dichas las oraciones
acostumbradas, como D. Fernando tenía tan feliz memoria, en
el discurso de la siesta, no sólo avía trabajado su salutación a
N. Sa., sino fixádola muy bien en la memoria para poderla dezir,
y, assí, antes que cubriessen la santa imagen, poniendo a todos
en suspensión452, estando de rodillas, con voz clara, la saludó.
489

[…]

Aquí cessó Dn. Fernando en su devota oración y se cerra-


ron los velos a la imagen, y con humildad y silencio salieron
al claustro, y de allí fueron todos los religiosos nuebos con el
novicio y maestro de novicios y los huéspedes a un ameníssimo
jardín, todo de albahacas odoríferas453, en donde cada religioso
490

tenía por su quenta vn quadro para cultivarlo, y assí estavan


todos con extremada curiosidad aliñados454. Aquí rompieron
491

los candados al silencio, vnos a dar elogios a Dn. Fernando,


aplaudiendo los versos que dixo a Nuestra Señora; otros, a dar

Véase nota 395.


452

Odorífero: «cosa olorosa, fragante, suave y apacible al olfato. Latín


453

odoriferus, que es de donde viene» (Diccionario de autoridades, s. v.).


Aliñar: «componer, aderezar, adornar, asear, pulir, hermosear» (Diccio-
454

nario de autoridades, s. v.).

– 248 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

el parabién a su primo, ya fr. Andrés de Sn. Nicolás, a quien


de nuebo abrazó Dn. Fernando diziendo: Eternamente vivirá
quien assí muere. Gran cossa ha hecho mi primo en el mundo:
dexarle; mayor la ha hecho Dios escogiéndole. Dichossa caza,
feliz cueba, venturosos quadernos, que tal impulso le dieron.
Dichoso mi primo y mil vezes dichoso, que así a sabido dar logro
a su vida. Otras ternuras le dixo Dn. Pedro y el querido Anto-
nio, las quales interrumpió Arsenio, el qual sacó de su pecho
vn papel que entregó a su novicio, pidiéndole que se aprove-
chasse mucho de los avisos que allí le dava para que assí con-
siguiesse más bien la perfección. Assentáronse entre aquellas
flores olorosas, y los demás religiosos pidieron que lo leyesse,
pues cossa de Arsenio, a quien tenían en mucha veneración y
estima, no podía dexar de ser muy escogida y buena. Fr. Andrés
de Sn. Nicolás, con consentimiento de Arsenio, leyó el papel,
que dezía en la forma siguiente:

Si quieres ser perfecto religioso


de Dios te acuerda455 y lo demás olvida
492

y sé para contigo riguroso.

[…]

455
Véase nota 141. Estos tercetos casi nos atreveríamos a atribuirlos a
Don Pedro, tanto por lo oportuno de los consejos —hechos para la
ocasión— como por el estilo, simple y un tanto frío…

– 249 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Celebraron los santos religiosos mucho estos avisos y cada


vno de ellos ofreció sacar un traslado456 para tenerlos muy en la
493

memoria, y fr. Andrés de San Nicolás ofreció valerse mucho de


ellos en el tirocinio457 de aquella vida perfecta que empezava.
494

Arsenio pidió que leyesse otros ocho versos que quedavan, que
en el mismo metro avía echo y también podían entrar con los
avisos, pues eran un brebe memorial o recuerdo para servir a
Dios, que allí estavan exarados458 en otra plana. Luego los halló
495

fr. Andrés y los leyó en esta forma:

Si todo es vanidad, si todo es viento;


si como pluma vana desfalleze
el bien, ¿dó aspira el vano pensamiento?

Quien por gloria mortal se desvaneze


por loco con razón es reputado,
con el que en la miseria se entristeze.

Pues sólo Dios mereze ser amado,


sólo en Dios ponga el hombre su cuydado.

456
Traslado: «escrito sacado fielmente de otro, que sirve como de original»
(Diccionario de autoridades, s. v.).
457
Tirocinio: «el primer ensayo del que aprende qualquier arte. Regular-
mente se entiende por el noviciado de la religión. Es del latino Tyrocinium,
y de poco uso» (Diccionario de autoridades, s. v.).
458
Véase nota 12.

– 250 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Con ocasión de estos versos se trabaron dulces pláticas espi-


rituales entre aquellos santos hermitaños459, y Dn. Fernando y
496

Dn. Pedro contaron a fr. Andrés lo que se avía perdido mien-


tras avía venido aquella feliz ganancia: las meditaciones de las
penas del ynfierno y la relación de Po. Porter, los versos hechos
en la versión de la epigramma460 latina de Sn. Bruno. Y Arse-
497

nio le dixo que pues ya estava assegurado y tan de assiento,


que siempre avía de vivir en aquel desierto y cassa, que él se lo
relataría todo en buena ocassión, pues todo quedava escrito. Y,
buelto a Dn. Pedro, le dixo que se acordasse que estava empe-
ñado en decir vna canción a S. Joan Clímaco, que aquella le
parecía sazón extremada para cumplir su palabra, pues serviría
de dar algún alivio espiritual a aquellos santos Padres, que ya
cassi todos avían venido al huerto de las albahacas por gozar
de la conversación de Arsenio y festejar a los nuevos huéspe-
des. Dn. Pedro respondió que le placía estrenarse en tal occas-
sión, que con esso se desquitaría del agravio que su hermano
Dn. Fernando le avía echo en no avisarle que hiziesse algo a
Nuestra Señora. Y, advirtiendo que la canción que avía de
referir se avía hecho a competencia de otra que avía corrido
por el mundo, hecha por fr. Adrián de Prado en alabanza de
su Padre Sn. Gerónimo, que comienza: «En la desierta Syria
destemplada, etc.».

[…]

Véase nota 93.


459

Véase nota 125.


460

– 251 –
Pedro de Solís y Valenzuela

La eleción, dixo Arsenio, después de auer oýdo esta Real


canción, ha sido como de Don Pedro, pues pareze que en esta
descripsión y pintura a querido dibuxar este desierto, pues más
bien le convienen las deffinidas propiedades que no al prado
del negro Egipto. Si yo hubiera hecho la descripsión, dixo fr.
Andrés de S. Nicolás, no hubiera pintado la cueva y huerto de
Sn. Joan Clímaco, sino aquella dichosa que poco a desamparé461, 498

causa e instrumento eficaz de mi remedio. Algunos religiosos


de los que allí estavan quisieran oír también la canción de Sn.
Gerónimo para que más reluciera la competencia, y, aunque
Antonio se disponía a dezirlas, por tenerlas de prompto462 con su 499

feliz memoria, el pulso de la campana que tocó a completas463 500

dispartió464 aquella turba religiosa y feliz compañía. Acudie-


501

ron los religiosos a su choro465, y vno de ellos llevó a los hués-


502

pedes al lugar de su descanso y les estubo haziendo compañía


hasta que cenaron. Acabada la cena por orden del presidente

461
Léase: ‘poco ha’.

Desamparar: «vale también dexar, abandonar o ausentarse de algún sitio
o lugar» (Diccionario de autoridades, s. v.).
462
Véase nota 262.
463
Completas: «s. f. usado en plural. La última con que se terminan las horas
canónicas del día, en el rezo y Oficio divino» (Diccionario de autoridades, s. v.).
Tocar a completas: tocar la campana para que los monjes asistan al coro
a rezar esta parte del Oficio. Véase nota 450.
464
Dispartir: ‘separar, dispersar’. «Y esta cruel y disconforme guerra / nace
de que las flechas que disparte / so[n] de oro y plomo, y son de amor
y oluido» (Lope de Vega, Los jacintos y celoso de sí mismo, 92).
465
Véase nota 439.

– 252 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

de aquel religiosíssimo convento fueron conbidados los nue-


vos huéspedes a un regocijo, que por ser nochebuena, les tenía
preparado fr. Joan del Rossario. Este era la representación de
vna comedia espiritual, la qual avían venido a representar vnos
estudiantes de la ciudad de Tunja, cercana a aquel convento,
los quales avían cenado o echo collación466 juntamente en la 503

hospedería, mas no avían declarado en nada el propósito de


su venida. Fueron, pues, conducidos los nuevos huéspedes a vn
salón grande, donde se celebraban los capítulos467 el qual estava 504

preparado con su teatro, alto de dos codos468, y adornado de 505

vn numeroso exército bien ordenado de luzes, las quales en el


silencio de la noche parecían estrellas del firmamento. Aquí se
juntó la comunidad y se acomodaron de469 assientos Dn. Fer-
506

nando y sus compañeros y algunos devotos vezinos de aque-


llos contornos, que avían sido conbidados de470 los religiosos a 507

ver aquel festejo, que prometía ser muy devoto por la noche en
que se hazía y por los autores que en él concurrían o le avían
ordenado. A poco rato de silencio, se enpezó la comedia que
aquí se sigue, que la curiosidad de Dn. Fernando no le permitió

Collación o colación: véase nota 344.


466

Véase nota 431.


467

Codo: «medida que (según Covarr[ubias]) constaba de seis palmos»


468

(Diccionario de autoridades, s. v.).


Acomodarse de: véase R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la
469

lengua castellana, París, 1893, t. i, pág. 129a-b.


Véase nota 55.
470

– 253 –
Pedro de Solís y Valenzuela

quedarse sin traslado para lograrle en esta relación. Celebróse


como él mismo va diciendo y yntitulóse El hostal471. 508

[…]

Mucho celebró fr. Joan del Rosario y los demás religiosos el


genio de versos tan devotos, y Don Pedro dixo que sólo tenían
de bueno ser propios y ajustados a la devoción del que los avía
pedido con aquellas condiciones; que la Canción que le avían
oýdo a S. Joan Clímaco no era suya sino de otro feliz ingenio a
quien él le bolvía la gloria de averla echo, dándole por premio
tan sazonada collocación, pues avía causado gusto. Muchos de
los que allí estavan quisieran oír la de Sn. Gerónimo, y Antonio
prometió de referirla en la primera sazón que se ofreciesse. Y
por dar feliz fin a la Mansión, que casi la maior parte se avía
gastado en loor del santo nacimiento, pidió licencia para referir

Hostal: «lo mismo que hostería. Oy tiene poco uso, sino en Cataluña»
471

(Diccionario de autoridades, s. v.). Con esta palabra termina la pág. 454


del manuscrito. Las 65 páginas siguientes se perdieron, de modo que
hoy el texto pasa, mútilo, a la pág. 519, cuya primera línea dice: «La
concha de nácar fino». La laguna corresponde evidentemente a la
anunciada comedia El hostal, perdida desde antes de la actual encua-
dernación del manuscrito. En efecto, a una consulta nuestra al respecto,
la bibliotecaria de la Fundación Lázaro Galdiano, señorita Isabel Ibá-
ñez, responde: «No hay rastro de páginas arrancadas, por lo que la
desaparición del fragmento es anterior a la encuadernación que tiene
hoy el volumen, fechable hacia 1900 o poco después» (carta del 10 de
febrero de 1977).

– 254 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

un soneto del mismo D. Pedro, y al mismo asunto, y, otorgada,


le dio este gustoso dexo472, diziendo:
509

§§ SonetoXXXVIII 510

Naze a morir el corderillo tierno,


bañada en los albores la guedeja;
tiembla de frío, pero no se queja
porque es fuego que triunfa del invierno.

Pastor piadoso de immortal govierno,


busca perdido la perdida oveja,
panal se haze para libre aveja
que liba el néctar de su ser eterno.

¡O tierno amante! ¡O dulze Pastorcillo!


Tanto el amor vuestra persona estrecha
que os pone en el portal má[s] derribado.

Dexo: «lo mismo que dexación… Se toma también por el remate y fin
472

de alguna cosa…» (Diccionario de autoridades, s. v.).


XXXVIII
[Al margen, tachado:] Don Pedro de Solís y Valenzuela.

– 255 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Dexáys el cetro por tomar el trillo473, 511

y, siendo vos el trillo y la cosecha,


trocando estáys el trillo en el cayado.

Laus Deo.

Trillo: «el instrumento con que se trilla. Es un tablón hecho de tres


473

trozos ensamblados uno con otro, lleno de agujeros, en los cuales se


encaxan· comúnmente unas piedras de pedernal, que cortan la paja,
y separan el grano de ella» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 256 –
§§ Mansión xi

A
los primeros golpes que el pinzel soberano de su Artí-
fice dio en la formación474 ermosa del vniverso, recibió
512

alientos la luz, para espejo sin duda, a cuya claridad


trasparente mirando la tierra su desaliño, adornase de peregri-
nos matizes la fealdad de su rostro; para raudal, a cuya avenida
impetuosa de resplandor se inundase en luzes el ayre embuelto
en orrores; para antorcha, a cuya llama luciente se encendiesse
el ardor bizarro de las estrellas. Y apenas pasa de la idea a la
execución, tanto restó475 de belleza; apenas se ven logradas ven-
513

tajas476 tan illustres de hermosuras, quando, aún no contenta


514

474
Formación: «figura y talle de alguna cosa» (Diccionario de autoridades, s. v.).
475
Restar: este verbo tiene aquí el sentido, frecuente en aquella época, de
‘faltar’. Compárese Diccionario de autoridades, s. v.
476
Ventaja presenta en este caso un sentido no explícitamente compara-
tivo que el Diccionario académico, s. v., define así: «excelencia o condición
favorable que una cosa tiene».

– 257 –
Pedro de Solís y Valenzuela

la valentía477 primorosa del pinzel de aver llenado dibujo tan


515

excellente, por no dezir encuentro478 en que tropieze la vista,516

le lame479 con diligencias las sombras, y la aparta de las tinie-


517

blas. No son estas otra cossa que vna privación funesta de la


luzXXXIX, vn cadáver feo de su ermosura, vna ausencia melancó-
518

lica de sus rayos, y assí Febo con los suyos heredó este officio y
deshilando las sombras que texió la noche, salió el segundo día
de pascua con primaveras480 más florecientes de luzes, alegró
519

aquel emisferio y dispertó a Dn. Fernando y Antonio y a Dn.


Pedro a gozar de sus claridades. No menos prevenido481 que el 520

Valentía: véase nota 268.


477

Encuentro puede interpretarse como ‘resistencia’, ‘rechazo’, desarro-


478

llando la definición del Diccionario de autoridades, s. v., «oposición, difi-


cultad», matices que se hallan también a veces en el verbo encontrar
(R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana,
París, 1893, t. iii, págs. 345-349).
Lamer ha tenido siempre el sentido de «retirar con la lengua» (S. de Cova-
479

rrubias, Tesoro de la lengua castellana o española, 1611, s. v.), que no han solido
registrar los diccionarios, a pesar de lo obvio que es. De este se pasa fácil-
mente al significado de ‘desgastar’, que encontramos en el siguiente ejemplo
de Quevedo: «[dinero] robado de la lima o lamido de las aguas fuertes, y
por esto descabalado» (Providencia de Dios, en Biblioteca de Autores Espa-
ñoles, t. xlviii, 1859, pág. 208), y al de ‘limpiar de’ y ‘pulir’, que es el que
vemos aquí y que sería bastante frecuente en los siglos xviii y xix.
XXXIX
Génesis, cap. [1: 3-5].
Primavera: «metaphóricamcnte se llama qualquier cosa vistosamente
480

varia y de hermosos coloridos» (Diccionario de autoridades, s. v.).


Prevenido: ‘póvido, diligente, cuidadoso, pronto’. Compárese Dicciona-
481

rio académico, s. v.; M. Alonso, Enciclopedia del idioma. Diccionario histórico y

– 258 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Sol estuvo fr. Joan del Rosario a darles los buenos días, y pareze
que entró executando a Dn. Pedro con pedirle482 que estrenase los521

albores de la mañana con hazer vna justa breve y compendiosa


que imitase en el metro a la passada, en honrra del gloriosíssimo
Protomártir de Christo Sn. Estevan, y no fuesse tan larga como
la del Nacimiento. No podía Dn. Pedro negar su justa petición,
y, assí, tomando la pluma, en su presencia escrivió la siguiente

I v s ta
a S. E s t e va n P ro t o m á rt i r

[…]

En alabanzas del glorioso Protomártir Sn. Estevan, en oír


missa y assistir a los officios divinos de aquella solemnidad gas-
taron la mañana y, a la tarde, después de vísperas, salieron por
la orilla del río, y Arsenio y otros religiosos de aquel santo con-
vento guiaron a sus huéspedes hazia lo intrincado del monte
para que viessen vnas cuebas cabadas en peña viva a mano,
donde avían hecho muy austera vida y rígida penitencia los

moderno de la lengua española (siglos xii al xx). Etimológico, tecnológico, regional


e hispanoamericano, s. v. y Diccionario de autoridades, s. v.: próvido y prevenido,
donde se le da la equivalencia latina de paratus.
Con pedirle, con hacerle: con «con un infinitivo equivale al gerundio»
482

(es variedad del con instrumental) en R. J. Cuervo, Diccionario de cons-


trucción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. ii, pág. 300. Otro
empleo afín de con se ha señalado en la nota 386.

– 259 –
Pedro de Solís y Valenzuela

hermitaños fundadores de aquel convento. Subieron por seys


escalones de piedra a vna gruta que en lo más áspero descu-
bría vna pequeña puerta, y fue necessario baxar por otros tan-
tos a la güeca483 tumba o cavernosa bóbeda, la qual estonces484
522 523

estava sin habitador y sólo se conservava por memoria. Estaba


bien enjuta485 y con bastante claridad, y, venerando vna cruz
524

Respecto a las formas con g protética como güeco, afirma Cuervo en


483

Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano, 9.a ed., Bogotá, Instituto


Caro y Cuervo, 1955, § 766: «esta práctica fue ganando terreno y en el
siglo xvii la daban por buena gramáticos de diversas provincias como
Correas, Nicolás Dávila y el P. Villar. Hoy es forma vulgar en España
y América». Güeco es la forma que da Covarrubias en Tesoro de la lengua
castellana o española, en el siglo mencionado, así como güeso, güevo, güér-
fano, güésped. A hueco le dedica un artículo separado que tiene casi el
mismo contenido que el correspondiente a güeco. Véase también, sobre
este mismo punto, lo que dice R. Lapesa, Historia de la lengua española,
3.a ed., Madrid, Escelicer, 1955, pág. 291, nota i.
Como anota J. Coromines (Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico,
484

Madrid, Gredos, 1996, t. ii, s. v. entonces, estonces), la forma aquí usada se


encuentra ya en el Poema del Cid. Asimismo la vemos, mucho más tarde,
en Juan de Valdés en el Diálogo de doctrina cristiana. La registran los siguien-
tes diccionarios antiguos: Rosal, Oudin, Franciosini y Percivale. Para
Franciosini, en 1620, es una «palabra rústica» (compárese S. Gili Gaya,
Tesoro lexicográfico: 1492-1796, Madrid, csic, 1947, s. v.). El Diccionario de
autoridades dice, por su parte: «estonce y estonces. Lo mismo que entonces.
Son voces anticuadas», y añade ejemplos tomados de las Partidas y el
Fuero Juzgo. Boyd­Bowman registra igualmente esta forma en documen-
tos hispanoamericanos del siglo xvi (Vocabulario de romance en latín, s. v.).
Enxuto o enjuto: «participio passado del verbo Enxugar en todas sus
485

acepciones. Latín siccus, -a, -um [‘seco’]». Enxugar, v. a.: «desecar, qui-
tar y sacar la humedad» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 260 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

que estava en un altar de piedra, se assentaron486 en vnas ram- 525

blas487 de pedernal cortadas en forma de assientos. Aquí reno-


526

varon dulces memorias del habitador de aquella cueba, y dixo


Arsenio: el sitio mismo combida a que oygamos aora la Can-
ción de Sn. Gerónimo que Antonio nos tiene prometida, y para
que la recite con más gusto le hago saber que yo nunca la he
oýdo, y siendo Sn. Gerónimo gran devoto488 y patrón mío, será 527

duplicado mi gozo.

[…]

Enternecidos, no menos que gustossos, dexó Antonio a sus


oyentes con la referida canción, los quales hizieron a Dn. Pedro
que repitiesse otra vez la de San Joan Clímaco, y alabaron el
ingenio de sus autores. Don Fernando, que hasta entonces avía

Assentarse: «tomar assiento y lo mismo que sentarse» (Diccionario de auto-


486

ridades, s. v., con ejemplos de fray Pedro Manero y fray Luis de Gra-
nada). Verbo usado en este sentido por Cervantes en el Quijote («¿Qué
rey no le asentó a su mesa?»: parte i, cap. xlv; ed. Rodríguez Marín,
t. iiii, 1948, pág. 311).
Rambla: ‘hendidura que dejan las aguas en el terreno o en la roca’.
487

Véase nota 156.


Devoto: «objeto de la devoción de uno» (Diccionario académico, s. v.). El
488

siguiente es un ejemplo de Lope de Vega: «San Hilario es mi devoto»


(“Bernardo del Carpio”, en Obras dramáticas, t. iii, pág. 653, citado
por C. Fernández Gómez, Vocabulario completo de Lope de Vega, t. i, s. v.).
Curiosamente falta esta acepción en Cuervo, Diccionario de construcción
y régimen de la lengua castellana, en Diccionario de autoridades y en los diccio-
narios anteriores a este.

– 261 –
Pedro de Solís y Valenzuela

enmudecido, arrebatado su ánimo en otros mayores cuyda-


dos, quiso executar489 a Arsenio para que acabasse de contar el
528

progresso490 de su historia, con dezirle que mirasse que se iba


529

abreviando el tiempo que tenía prescrito por sus Padres para


aquella huelga491, y que en passando el día de año nuevo avía
530

de bolver a su cassa, por no causarles pena y cuydado. Arsenio


le respondió que él estava presto a satisfazer su desseo; mas que
no era justo profanar lo sagrado de aquellos días con relación
de historias humanas. Que él haría lo que le pedía luego que
passase la pascua492. 531

[…]

489
Ejecutar: tiene aquí el sentido metafórico de ‘obligar con instancias’,
sentido derivado del corriente en arte militar de los siglos xvi y xvii
de ‘acosar’: «cargar, oprimir y echarse encima de uno acosándole», o
también del judicial «hacer que uno pague a otro» (Diccionario de auto-
ridades, s. v.). Véase nota 342.
490
Progreso: «continuación o adelantamiento de alguna cosa» (Diccionario de
autoridades, s. v.). En el Quijote hallamos una frase muy similar: «el pro-
greso desta grande historia» (Parte ii, cap. xliii; ed. Rodríguez Marín,
t. vi, 1948, pág. 243).
491
Huelga: «plazer, regozijo, junta en el campo que tiene en sí recreación
y amenidad» (S. de Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana o española,
1611, s. v. Véanse también Diccionario de autoridades, s. v.; Diccionario aca-
démico, s. v.).
492
Vienen romances, coplas, justas a diferentes santos como San Jerónimo,
San Agustín, San Pedro, entre otros. Destaca una Canción al apóstol
Santiago, patrono de las Indias, que menciona a Cortés. Siguen poemas
en honor a la Virgen María y otros santos (Nota de la compiladora).

– 262 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Y escogida493 ha sido la elección del Pe. Prior, repitió Don


532

Fernando, en guardarnos este ltimo plato, y, assí, démosle las


gracias a todos por lo bien que an luzido sus trabajos y por lo
que an gustado de los agenos, pues no se puede negar que ha
sido esta tarde la más gustosa que podíamos imaginar, pues los
versos tienen lo hermoso y lo plausible del metro, lo profundo
del concepto, lo gustoso del equívoco, lo agudo y sazonado del
decente donayre. Y, aunque a algunos de los referidos les a fal-
tado el saynete494 admirable de lo bien cantado, con que sin
533

duda se hazen muy dignos de aprecio (¿cómo era posible495 el 534

hallar todo en vna soledad?; aun lo que hallaban les parecía


prodigio y de aquí es que le llamaban el Desierto prodigioso),
no nos a echo ninguna falta porque más queremos sonidos que
pulsen496 al alma que no que deleyten los oýdos, si bien también
535

Escogida: ‘excelente’, por lo que propiamente no hay aquí tautología.


493

Compárese C. Oudin: escogido ‘excellent’ (Tesoro de las dos lenguas francesa


y española, París, 1607, s. v.), y la definición del Diccionario de autoridades
del adverbio derivado escogidamente: «primorosamente, con admiración
y excelencia, perfecta y cabalmente». Ejemplos análogos: «un par de
cojines… de terciopelo escogido» (Lope de Vega, El caballero del milagro,
en Obras dramáticas, Nueva edición de la Real Academia, 1916, t. iv,
pág. 168); «apenas tienen carne qué comer; pero esso poco que tienen
es escogido y gustoso» (J. de Acosta, Historia natural y moral de las Indias,
Sevilla, 1590, lib. 4, cap. 19).
Véase nota 133.
494

Véase nota 501.


495

Pulsar: «tocar o herir» (Diccionario de autoridades, s. v.; especialmente con


496

referencia a los instrumentos musicales). Aquí en sentido moral.

– 263 –
Pedro de Solís y Valenzuela

por estos órganos suele moverse. La habilidad de hazer ver-


sos, dixo el Prior, es tan bien recebida497 que no ay grandeza
536

de persona ni magestad de puesto498 que se dedigne499 de exe-


537 538

cutarla, antes es vn esmalte de inestimable adorno sobre qual-


quier más precioso metal que con vivos colores le hermosea. Es
tan cierto esso, respondió D. Pedro, que no necessita de prueba
y para hazerla con exemplares500 muy grandes era501 necces-
539 540

sario hazer vna Mansión entera; pero en brebe bástenos por


todos, porque no recurramos a la Antigüedad, el saber que la
suprema cabeza de la Iglesia que oy nos govierna es famosís-
simo poeta, y siendo Mafeo Barberino, lo fue, y passando a
ser Vrbano Octavo502, no se ha dedignado de vsar de la poesía
541

Recibir: «admitir alguna cosa aprobándola» (Diccionario de autorida-


497

des, s. v.).
Puesto: «significa también empleo, dignidad, oficio o ministerio» (Dic-
498

cionario de autoridades, s. v.).


Dedignar: «despreciar u desestimar alguna cosa» (Diccionario de autorida-
499

des, s. v.).
Exemplar: «exemplo» (Diccionario de autoridades, s. v., con el siguiente ejem-
500

plo de J. E. Nieremberg, Dictámenes generales, 1641, Decad. 3: «el exemplar


malo nunca se ha de tomar; pero puédese tomar de los malos el bueno»).
Era por sería, como en líneas atrás. Sobre el imperfecto con valor de
501

condicional, estando implícita la condición, compárese H. Keniston,


The Syntax of Castilian Prose, Chicago, University of Chicago Press,
1937, pág. 432, § 32.335. Véase nota 88.
Maffeo Vincenzo Barberini nació en Florencia en 1568. Fue elegido
502

Sumo Pontífice en 1623, con el nombre de Urbano viii. Se mostró


hábil político, adversario tenaz de España y de su rey Felipe iv. Hizo

– 264 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

corrigiendo y enmendando los hymnos de que vsa la Iglesia


Cathólica, y dándoles la perfectión503 devida. Antonio dijo:
542

dexemos esta conversación que, a aver de dezir504 cada vno lo 543

que en esto siente, sería larg[u]íssima y de poco fruto. Lo que


de mí os asseguro es que tengo por opinión constante que los

llevar ante el tribunal de la Inquisición a algunos personajes, entre


ellos Campanella y Galileo. Gran promotor de las misiones, especial-
mente de las de Oriente. Poeta y literato de fina sensibilidad, escribió
poesías de tema religioso y civil en italiano, latín y griego. Como dice
arriba, pulió algunos himnos litúrgicos. Su reinado es la época florida
del barroco romano. Protegió a egregios artistas, de los cuales el más
famoso fue Bernini. En su mansión acumuló obras de arte, manuscri-
tos y objetos arqueológicos. Murió en 1644 (véase Enciclopedia cattolica,
s. v., art. “Urbano viii”).
503
Perfectión: grafía latinizante (compárese latín perfectio, -onis).
504
A aver de dezir. La construcción de preposición a + infinitivo tiene sentido
condicional, a menudo de negación implícita, y equivale a si seguido de
indicativo o subjuntivo (véase Diccionario académico, s. v. a, § 10 y A. Bello,
Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos, Santiago
de Chile, 1847, §§ 695 y 1095; ejemplos en R. J. Cuervo, Diccionario de
construcción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. i, págs. 20a-b y
21a). Por su parte, la perífrasis haber de indica deber, necesidad, a más
de otras significaciones (simple futuro, conjetura, inferencia, etcétera).
Véanse A. Bello, Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los ame-
ricanos, Santiago de Chile, 1847, § 705; J. Cejador y Frauca, La lengua
de Cervantes, 1905-1906, i: “Gramática”, pág. 263; H. Keniston, The
Syntax of Castilian Prose, Chicago, University of Chicago Press, 1937,
pág. 461. El sentido de aver de dezir es aquí de necesidad, en contraste
con el de a aver.

– 265 –
Pedro de Solís y Valenzuela

que mormuran505 de los versos y del metro armónico, es porque


544

no lo entienden; y los que desprecian y anihilan506 los poetas 545

son aquellos que en su vida an podido hazer vn verso, y, assí,


de pura envidia que les roe el alma, roen ellos a los poetas, y
aun a los versos.
Don Fernando, que siempre estaba con ansias de oírle a
Arsenio la relación que le avía diversas [vezes] ofrecido de la
vida del gloriosíssimo Patriarcha San Bruno, viendo que aún
sobraba tiempo y que el sol todavía alumbraba el emisferio, le

505
De mormurar, afirma J. Coromines, Diccionario crítico etimológico castellano
e hispánico, Madrid, Gredos, 1996, t. iii, s. v. murmurar: «en este autor
[Berceo] aparece también la variante vulgar mormurar, que ha sido muy
común en todas las épocas… La emplearon Sta. Teresa, Quiñones de
Benavente, Sor Juana Inés de la Cruz…, Quevedo (Buscón, Cl. C., 10),
Vélez de Guevara (El Rey en su imag., v. 100), etcétera; mormurador está
en El licenciado Vidriera (Cl. C. ii, 71). Siguen empleándose vulgarmente
estas formas en Madrid, en Bogotá y creo que en todas partes». El Dic-
cionario de autoridades registra mormurar: «lo mismo que murmurar».
506
Anihilar: «lo mismo que aniquilar» (Diccionario de autoridades, s. v.). El Dic-
cionario histórico y moderno de la lengua española (siglos xii al xx). Etimológico,
tecnológico, regional e hispanoamericano, t. i, Aguilar, 1958, s. v. trae ejem-
plos de Bartolomé de las Casas, Juan de Pineda y Luis de la Puente.
La forma anihilar es mucho más conforme a la etimología (latín nihil
‘nada’) que la que se impuso en español, aniquilar, procedente de una
pronunciación viciada de la h de nihil, palabra que en bajo latín aparece
escrita nichil (véase J. Coromines, Diccionario crítico etimológico castellano e
hispánico, Madrid, Gredos, 1996, t. i, s. v. aniquilar y Breve diccionario eti-
mológico de la lengua castellana, Madrid, Gredos, 1961, s. v.).

– 266 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

bolvió a hazer su instancia507; a que Arsenio respondió que no


546

podía empezar luego empressa tan gloriossa; que para exor-


nar vn preludio gustoso avía menester la noche; que él ofrecía
satisfazer a508 sus desseos el día siguiente, y, también, en aca-
547

bando, fenezer509 la historia comenzada de sus successos hasta


548

venir [a] aquel yermo. Quietáronse510 con esto, y Dn. Fernando


549

empezó a inquirir noticias del habitador de aquella hermita


y de la fundación de aquel divino santuario de N. Sa. de la
Candelaria; que no era justo, aviendo por su buena dicha

507
Su instancia: para la construcción de posesivo + instancia, véase la siguiente
frase de Lope de Vega: «forme querella a su instancia» (El marqués de
Mantua, folio 157 vv. 9 y 158). Hacer instancia: «volver a pedir» (Diccio-
nario de autoridades, s. v. instancia).
508
Para la construcción de satisfacer + la preposición a, véase este ejemplo
del Quijote: «que por satisfacer a la vuestra mucha bondad» (Parte i, cap.
viii; ed. Rodríguez Marín, t. i, 1947, pág. 268); o este otro, del Dicciona-
rio de autoridades, s. v., tomado de A. Moreto y Cabañas, Los engaños de un
engaño, Jorn. i: «… que satisfacerte / quiero a la objeción que haces».
509
Fenecer [transitivo]: ‘acabar, terminar’ (C. Fontecha, Glosario de voces comen-
tadas en ediciones de textos clásicos, Madrid, 1941, pág. 161, con un ejem-
plo de Malón de Chaide, Clásicos Castalia, civ, pág. 144, y otro de El
lazarillo de Tormes, Clásicos Castalia, xxv, 4.a ed., pág. 68, en los cuales el
verbo que nos ocupa aparece como activo, uso que ha quedado confi-
nado en la actualidad a expresiones como fenecer las cuentas, etcétera).
510
Quietar: «lo mismo que aquietar» (Diccionario de autoridades, s. v.). Véanse
ejemplos de aquietar y quietar, utilizados como reflexivos, en R. J. Cuervo,
Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. i,
págs. 60lb-602a, s. v. aquietar, quietar. De Cervantes es el siguiente:
«quietase con esto Teodolinda» (La Galatea, 4, en Biblioteca de Auto-
res Españoles, t. i, 1846, pág. 48a).

– 267 –
Pedro de Solís y Valenzuela

visitádolo y dejando en él prenda tan de su alma como su primo


Dn. Andrés, se fuesse él sin saber con fundamento verdadero
lo mismo que avía desseado, y Arsenio le avía ofrecido. Arse-
nio se excussó y dixo que esto pertenecía511 más al Pe. Prior de 550

aquella cassa, que como en cossa propia diría con mejores fun-
damentos lo que avía. Era esto mismo lo que el Prior desseava,
religioso muy anciano y grave, el qual con singular modestia
hizo en esta forma su relación512: 551

El año de mil y seyscientos y dos avía en vna ciudad que


está a este convento muy cercana, llamada Tunja513 fundación 552

de illustres cavalleros, dos hermanos, naturales de la Isla de


Tenerife en las Canarias, llamado el vno Domingo de Anaya
y el otro Francisco de Anaya514. Estos, con desseos de servir a
553

511
Pertenecer: «ser del cargo, ministerio u obligación de alguno» (Diccionario
de autoridades, s. v.).
512
Acerca de la historia del Desierto de la Candelaria, véase M. Briceño
Jáuregui, Estudio histórico-crítico de “El desierto prodigioso y prodigio del desierto”
de Don Pedro de Solís y Valenzuela, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1983.
513
La ciudad de Tunja fue fundada por el capitán Gonzalo Suárez Ren-
dón el 6 de agosto de 1539; en 1541 el Emperador Carlos v le con-
cedió el título de «ciudad muy noble y muy leal». Es hoy capital del
Departamento de Boyacá. Dista de Bogotá 135 km. Su altura sobre
el nivel del mar es de 2.820 m y su temperatura media, 13 ºC. Véase
Diccionario geográfico de Colombia, t. ii, Bogotá, Instituto Geográfico
Agustín Codazzi, 1971, s. v.
514
Acerca de las escasas noticias que poseemos sobre los hermanos Anaya,
véase M. Briceño Jáuregui, Estudio histórico-crítico de “El desierto prodigioso
y prodigio del desierto” de Don Pedro de Solís y Valenzuela, Bogotá, Instituto
Caro y Cuervo, 1983.

– 268 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Dios en quietud y soledad, se retiraron a este Valle de Ráquira,


en este ameno y florido sitio que avía sido labranza del cazique
o señor de Vrancha, pueblo oy annexo al de Ráquira515. Aquí, 554

vestidos ásperamente de toscos sacos de sayal, comenzaron a


hazer vna vida muy semejante a la de los antiguos monjes de
la Thebayda516. Y esta cueba en que aora estamos fue el alver-
555

gue que para sí labró el santo varón Domingo de Anaya, y otra,


que luego veremos, la de Francisco, que en todo es semejante a
esta. Ocupávanse aquí en continua contemplación de los divinos
misterios, y en hazer rígida penitencia con continuados ayunos
y frequentes disciplinas, y su retiro y soledad era tanta, que no

515
Población que pertenece al Departamento de Boyacá. Altura sobre el
nivel del mar: 2.150 m. Temperatura media, 17 ºC. Dista de Tunja
85 km. El poblado es de origen indígena, anterior a los españoles, y
estaba gobernado por un cacique tributario del zaque de Hunza. En
su término se encuentra el Desierto de la Candelaria (véase Diccio-
nario geográfico de Colombia, t. ii, Bogotá, Instituto Geográfico Agustín
Codazzi, 1971, s. v.). De Ráquira decía Antonio de Alcedo, a media-
dos del siglo xviii: «tendrá 80 vecinos y poco más de 30 indios… en su
territorio hay un convento de religiosos recoletos de San Agustín, fun-
dado en un sitio muy ameno entre unas peñas, llamado La Candelaria,
y fue el primero de esta Orden en aquel reino, donde se venera una
milagrosa imagen, a cuya devoción es infinito el concurso de aquellos
fieles, pintada por Francisco del Pozo, milanés» (Diccionario geográfico,
t. iii, Biblioteca de Autores Españoles, ccvii, s. v. Ráquira).
516
Thabayda (Tebaida): nombre del alto valle del Nilo (Egipto). Durante los
siglos iv y v numerosos monjes poblaron esos desiertos, entregados a
la oración, a la penitencia y al trabajo.

– 269 –
Pedro de Solís y Valenzuela

se vían ni comunicavan517 los dos hermanos si no era en los días


556

que por precepto de la Iglesia eran obligados a oír missa, que


para hazerlo y frequentar los sacramentos de la conffessión y
comunión iban juntos al pueblo más cercano. Luego se divulgó
por todas estas partes la fama de su austera vida y penitencia,
y con esto se les agregaron otros varones espirituales, que por
todos llegaron a número de doze, que tantas son las hermitas
o cuebas abiertas en las peñas que ay en este Desierto Prodi-
gioso, entre los quales fueron518 Alonso de Paredes519, después
557 558

augustino descalzo proffesso desta cassa y insigne mártir del


Señor en la provincia de Vrabá, donde por la fe de Christo con-
siguió palma de martirio, y el Padre Diego de la Puente cuia
santidad y virtud es bien conocida en todo este Nuevo Reyno,
que oy persevera en la soledad y ásperas montañas de Tena520. 559

517
Comunicar: ‘tratar’. Véase nota 251.
518
Para este empleo del verbo ser después de construcciones de entre subs.
o pronombre, compárese los siguientes ejemplos del Quijote: «entre los
cristianos que en el fuerte se perdieron fue uno llamado D. Pedro de
Aguilar» (Parte i, cap. xxxix; ed. Rodríguez Marín, t. iii, 1948, pág.
180), y «entre los que más se la han tenido, he sido yo» (Parte ii, cap.
lxv; t. viii, pág. 128).
519
Fray Alonso de la Cruz, o de Paredes, ermitaño, toma el hábito de
recoleto de San Agustín en 1604; es enviado a Cartagena y luego a
Urabá, donde convierte a «ocho mil indios». Varón virtuoso y apostó-
lico, es martirizado con saetas envenenadas. Véase M. Briceño Jáure-
gui, Estudio histórico-crítico de “El desierto prodigioso y prodigio del desierto” de
Don Pedro de Solís y Valenzuela, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1983.
520
Es hoy uno de los municipios del Departamento de Cundinamarca. Dista
de Bogotá 66 km. Altura sobre el nivel del mar, 1.284 m. Temperatura

– 270 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Viendo, pues, los dos principales hermitaños cómo avía cre-


cido el número de compañeros, trataron de hazer vna hermita
para que algunos de ellos, que eran sacerdotes, dixessen missa;
executaron su intento, levantaron un pobre edificio cubierto de
paja en donde está oy la crus de piedra del atrio de los naranjos,
y para su habitación edificaron otra cassa pagiza, que venía a
estar donde oy está la iglesia, con vnos poyos altos alrededor,
que con solas vnas esteras le servían de cama.
Acabado en brebe este pobre alvergue, determinaron de521 560

escoger por protectora suya a la Reyna de los Ángeles María


Santíssima y poner en la hermita vna imagen suya, la qual fuesse
copia o retrato de aquella prodigiosa que con título de la Can-
delaria patrocina522 las siete islas llamadas Fortunadas523, quizá
561 562

mejor por tal Patrona que por la amenidad de su suelo. Estaba

media, 21 ºC. Parece que la población existía antes de la llegada de


los conquistadores españoles. Otros datos señalan a 1584 como el año
probable de su fundación. Su territorio es extremadamente quebrado
como lo demuestra el hecho de que comprende los pisos térmicos
cálido, medio y frío (Diccionario geográfico de Colombia, t. ii, Bogotá, Ins-
tituto Geográfico Agustín Codazzi, 1971, s. v.).
521
Para la forma determinado de, véase Cervantes, Quijote: «tengo propuesto
y determinado de dexar» (Parte ii, cap. xiii, ed. Rodríguez Marín, t. iv,
1948, pág. 278).
522
Patrocinar: «defender, proteger, amparar y favorecer» (Diccionario de auto-
ridades, s. v.).
523
Fortunado: «lo mismo que afortunado» (Diccionario de autoridades, s. v.). Es
forma más cercana al latín fortunatus que la actualmente en uso: afortu-
nado. Islas Fortunadas (o Afortunadas): las islas Canarias. Compárese S. de
Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana o española, 1611, s. v. Canarias.

– 271 –
Pedro de Solís y Valenzuela

entonces en la ciudad de Tunja el célebre pintor Francisco del


Poço, milanés524, el qual, a petición de los hermitaños, con
563

las instrucciones que ellos le dieron, y más guiado de celeste


impulso, pintó en vna tabla de cedro de vna pieza entera, que
tendrá de largo dos varas y de ancho vara y media, la devotís-
sima i incopiable imagen que estos días emos venerado, con
los dos patriarchas Santo Domingo y San Francisco a los pies,
por los nombres de los dos principales ermitaños ya dichos.
Acabada la Santa Imagen, la sacaron los ermitaños de
Tunja vna noche y vinieron a amanecer a este sitio, donde fue
recebida de los demás compañeros con grande alegría y gozo
de sus almas, y hizieron en su veneración todos los aplausos525 564

De este pintor se dice tradicionalmente que trabajó en Tunja. De su


524

actividad artística sólo se conoce la imagen de la Virgen de la Cande-


laria, a que aquí se hace referencia. El cuadro está fechado en 1597.
M. Briceño Jáuregui, Estudio histórico-crítico de “El desierto prodigioso y pro-
digio del desierto” de Don Pedro de Solís y Valenzuela, Bogotá, Instituto Caro
y Cuervo, 1983.
Aplausos, aquí ‘pompas, solemnidades’. ‘Solemnidad’ es el sentido que
525

da Rodríguez Marín a esta palabra en un pasaje de El diablo cojuelo de


Vélez de Guevara (Clásicos Castalia, t. xxxviii, pág. 146; 2.a ed., pág.
152) y en dos del Quijote: parte ii, cap. lxi, t. viii, pág. 61 y cap. lxii, pág.
72), el primero de los cuales es este: «Volvieron a subir don Quijote y
Sancho, y con el mismo aplauso [‘pompa’, ‘fausto’] y música llegaron
a la casa de su guía». Sentidos conexos son: a) «tono solemne, grave,
pausado» que se documenta en Espinel (Clásicos Castalia, t. xliii, pág.
60) y que, a creer a Cejador, se conserva en Andalucía (J. Cejador y
Frauca, La lengua de Cervantes, ii, 1905-1906, Diccionario etimológico-analí-
tico latino-castellano, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1926, s. v.); b)
«acompañamiento solemne, séquito», según J. Coromines (Diccionario

– 272 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

que les permitió esta soledad, y la collocaron en su chocica,


de donde començó a repartir misericordias muy a manos lle-
nas; y la principal fue que siendo este sitio oráculo en que
el demonio respondía a las consultas de los yndios idólatras,
desde que llegó allí la santa imagen, enmudeció el demo-
nio, como después conffessaron los mismos yndios a quienes
el Enemigo incitava que quemassen la chocita o hermita de
Nuestra Señora, y assí le tiraban desde lexos saetas encendi-
das con fuego, y, aunque las clabavan en la paja, no prendía
el fuego, perdiendo su actividad aquel elemento por respetar
la cassa de su Señora. Espantados desto los yndios y corridos
de ver enmudecido al demonio y desterrado de su posessión
antigua, viendo el ynfierno convertido en Cielo, se convirtie-
ron y del todo se pusieron debaxo del patrocinio desta santa
imagen, y oy se verifica526 en la devoción y veneración que
565

le tienen, pues en sus gaytas527 o bayles, como antiguamente,


566

crítico etimológico castellano e hispánico, t. i, Madrid, Gredos, 1996, s. v.


aplaudir), que se encuentra en La corona merecida de Lope de Vega (Teatro
Antiguo Español, t. v, pág. 206); c) ‘majestad, gravedad, entono’, como
en el Quijote, Parte i, cap. xxxii, t. iii, pág. 7, y en La Galatea, ed. 1585,
lib. ii, fol. 110 v. Aquí hemos modificado lo que al respecto trae C.
Fontecha, Glosario de voces comentadas en ediciones de textos clásicos, Madrid,
1941, pág. 25.
Verificar: «vale también comprobar… la verdad de alguna cosa» (Dic-
526

cionario académico, s. v.). Significación que encontramos en B. Gracián:


«verificando el común sentir» (El criticón, t. iii, pág. 61). Arriba está el
verbo en sentido pasivo.
La gaita española, a diferencia de la llamada gaita gallega o corna-
527

musa, emparentada con la escocesa, es un simple tubo de metal o de

– 273 –
Pedro de Solís y Valenzuela

en faltándoles agua para sus labranzas, dezían: vamos a que


llueva a la labranza528 del cazique Vrancha, oy cantan con
567

madera, especie de flauta traversera, con un pequeño número de agu-


jeros y lengüeta doble. Es un instrumento muy rústico y popular. No
es extraño que los conquistadores designaran con este mismo nombre
a las flautas primitivas de Colombia y América, que se tocan por la
punta y se fabricaban y se fabrican con el tallo de diferentes vegeta-
les. Los autores del siglo pasado y de este nos hablan de gaitas de siete
y cinco agujeros; la gaita macho no tiene sino uno. Juan Rodríguez
Freyle (nacido en 1566) usa la palabra gaita como designación de los
instrumentos de que tratarnos, al referir la ceremonia que efectuaba
en la laguna de Guatavita el heredero del señorío de aquella región:
«comenzaba la grita, gaitas y fotutos con muy largos corros de bailes
y danzas a su modo» (El Carnero, ed. Jesús M. Henao, Bogotá, Libre-
ría Colombiana, 1936, pág. 28).

Se comprende que Solís utilice este nombre, por extensión, para refe-
rirse a los bailes que los indígenas hacían al son de dicho instrumento
y que más tarde el mismo vocablo se aplicara a cierta clase de danzas
que ejecutaban indios y negros (por ejemplo el baile de gaita, que vio
Joaquín Posada Gutiérrez, en 1826, y que describió en sus Memorias
histórico-políticas, y la gaitera) y a la música que las acompañaba, interpre-
tada primordialmente por la gaita. Sobre esto consúltese H. C. David-
son, Diccionario folklórico de Colombia: música, instrumentos y danzas, 3 ts.,
Bogotá, Publicación del Banco de la República, 1970, especialmente
los artículos baile de gaita y gaita, además de las referencias esparcidas
por toda la obra.
528
Encontrarnos aquí la supervivencia de los ritos de fecundidad, bai-
les y procesiones, que efectuaban los chibchas en los meses de enero,
febrero o marzo, época de las siembras, en sus labranzas y a las que
se invitaban unos caciques a otros. Estos ritos, más o menos modifica-
dos, persistieron hasta mucho después de la Conquista, como lo ates-
tiguan Fernández de Piedrahita y Zamora. Este pasaje nos hace asistir

– 274 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

alegría: vamos a Nuestra Señora de la Candelaria. Y la Vir-


gen Santíssima les paga tam bien este afecto, que desde que se
fundó aquel convento, no se sabe que, viniendo la processión
de Ráquira, aya dexado de llover quando se lo piden a la Vir-
gen. Y de aquí tiene origen el mucho concurso de pueblos que
vienen a esta santa casa el día de su Purificación. Collocada ya
la Imagen, començó el sitio a tener el nombre que oy possee
de la Candelaria, y su fama se estendió por todo el mundo, por
los muchos milagros que fue cada día obrando, de suerte que de
partes muy remotas suelen venir a cumplir sus votos los que an

a un caso de cristianización de tales rituales. Simón y Piedrahita nos


han dejado descripciones de los bailes, de carácter orgiástico, acom-
pañados por música y canto monótonos y tristes para los oídos de los
españoles. Según Simón, los muiscas creían que ciertos jefes tenían la
facultad de hacer llover, p. e., el cacique de Sogamoso. Sobre todo esto
véanse: Fray Pedro Simón, Noticias historiales, ed. dirigida por Manuel
José Forero (Biblioteca de Autores Colombianos, 45), vol. ii, Bogotá,
1953, págs. 277-278 y 289-291; Lucas Fernández de Piedrahita, Noti-
cia historial de las conquistas del Nuevo Reino de Granada, vol. i, Bogotá, Edi-
ciones de la Revista Ximénez de Quesada, 1973, págs. 66 y 69-71;
Alonso de Zamora, Historia de la Provincia de San Antonino del Nuevo Reino
de Granada, (Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, vol. 62), 2.a
ed. autorizada, t. i, Bogotá, 1945, págs. 322-326. Recoge los datos de
los anteriores José Pérez de Barradas, Los muiscas antes de la Conquista,
vol. ii, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1951,
págs. 17-18, 360-361, 381, 429-493 y 495-496.

Zamora (ob. y t. citados, págs. 324-326) nos dice que el papa Pablo iv,
mediante un Breve de 1558, con el objeto de que los indígenas tuvieran
decentes regocijos, sin cantos ni bailes de origen idolátrico, «les conmutó
las fiestas que hazían al Sol y a otros ídolos en las que oy hazen las festivi-
dades de Christo Señor nuestro, de su Madre Santíssima y de los Santos».

– 275 –
Pedro de Solís y Valenzuela

recebido benefficios desta Soberana Señora, y otros, a conse-


guir medicina de sus dolencias y enfermedades. Estos milagros
son tantos que ocuparíamos529 mucho tiempo en numerarlos530.
568 569

Y, assí, bolviendo a nuestros hermitaños, vivían con mui singu-


lar exemplo, de que embidioso el demonio, sembró entre ellos
vna contienda sobre quis eorum videretur esse maior531 con que esta 570

compañía532 se deshizo; y los dos principales hermitaños, lasti-


571

529
Para el empleo de ocupar con complemento que denota tiempo, compá-
rese el siguiente ejemplo del Quijote: «me parece que ha de ser tiempo
gastado el que ocupare en darte a entender tu simplicidad» (Parte i,
cap. xxxiii; ed. Rodríguez Marín, t. iii, 1948, pág. 34). Otro ejemplo,
en el mismo capítulo, pág. 25.
530
Numerar tiene aquí un sentido próximo al actual de enumerar, que pre-
sentaba igualmente el latín numerare, también ‘contar’. Un ejemplo
castellano es este, tomado del Diccionario de autoridades, s. v.: «¿Quién
podrá numerar la infinidad de imposturas que han infamado y hecho
vil y aborrecida esta generosa y noble ciencia, fundamento de la arte
militar?» (Marqués de Buscayolo, Opúsculos, pi. 433).
531
Lc. 22: 24. Los ermitaños, en vista de que el eremitorio había crecido
mucho, determinaron establecer un reglamento y nombrar un superior.
Por este motivo surgió la disensión entre ellos y no lograron ponerse de
acuerdo (E. Ayape, Fundaciones y noticias de la Provincia de Nuestra Señora de
la Candelaria, de la Orden de recoletos y San Agustín, i, Bogotá, 1950, pág. 3).
532
Compañía: vale para la acepción que tiene esta palabra en este pasaje la
definición del Diccionario académico, s. v.: «sociedad o junta de personas
unidas para un mismo fin». Hoy casi únicamente se aplica el término
compañía a las sociedades industriales y comerciales o a las unidades
militares de dicho nombre, pero en el español preclásico y en los siglos
xvi y xvii se refería a toda clase de junta. Ejemplos: «Sabida cosa es
que ninguna compañía non fue mejor que la de Jesu Christo Nuestro

– 276 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

mados desto, porque no se perdiesse aquella santa Imagen y su


devoción se entibiasse con ver la inconstancia de los hombres,
trataron de hazer traspasso y donación de ella y de este sitio
a la Religión de San Augustín, en manos del muy Venerable
Padre Fr. Matheo Delgado533, entonces doctrinero de dos pue-
572

blos que están juntos oy, que son Ráquira y Tixo534, para que 573

se fundasse un convento de Recoleción, en que se guardasse,


exactamente y sin dispensación ninguna, la regla y constitucio-
nes desta esclarezida orden. Aceptóse con las condiciones que

Señor en que eran doce Apóstoles» (Partida i, tít. 5, 1.47, en el Diccio-


nario de autoridades, s. v.); «Las villanas… / al lento esquadrón luego /
alcançan de serranos / i dissoluiendo allí la compañía / al pueblo lle-
gan» (B. Alemany y Selfa, Vocabulario de las obras de don Luis de Góngora y
Argote, Madrid, 1930 s. v.).
Sobre este religioso agustino, fundador del convento recoleto del
533

Desierto, véase M. Briceño Jáuregui, Estudio histórico-crítico de “El desierto


prodigioso y prodigio del desierto” de Don Pedro de Solís y Valenzuela, Bogotá,
Instituto Caro y Cuervo, 1983.
El pueblo de Tijo, cercano a Ráquira y Tinjacá, dejó de existir hace
534

mucho tiempo. Tal vez subsistía todavía en 1720, ya que en dicho año
su «gobernador y capitán», junto con los homólogos de lugares circun-
vecinos, pide justicia al corregidor de Tunja contra el gobernador de
Tinjacá, según lo apunta fray Alberto E. Ariza S., O. P., El monasterio
del Santo Ecce-Homo de la Orden de Predicadores, Bogotá, 1966, pág. 23.

– 277 –
Pedro de Solís y Valenzuela

quisieron, el año535 de mil y seyscientos y sincoXL, por el dicho fr.


574 575

Matheo Delgado que, envestido536 de vn fervor del Cielo y des-


576

nudándosse sus vestiduras de paño y descalzándose los zapatos,


se puso un áspero saco de sayal537 negro, y descubierto el Ssmo.
577

Sacramento, que sea por siempre alabado, hizo voto de traerle


hasta su muerte, y luego dio el hábito de religioso a Alonso de
Paredes, que se llamó fr. Alonso de la Cruz, varón muy senzi-
llo y extático, que después in odium fidei murió alanceado en la
provincia de Vrabá, y al hermano Juan, a quien siendo ciego,
avía la Virgen dado vista y se llamó fr. Joan de Iesús, y a otro,
flamenco, llamado Alexandro538. Estos solos quedaron de los
578

hermitaños y los dos hermanos que hizieron la donación del

535
Los documentos señalan a 1604 como el verdadero año de la fundación
del convento agustino de La Candelaria. Véanse E. Ayape, Fundacio-
nes y noticias de la Provincia de Nuestra Señora de la Candelaria, de la Orden de
recoletos y San Agustín, i, Bogotá, 1950, págs. 4-5, y M. Briceño Jáuregui,
Estudio histórico-crítico de “El desierto prodigioso y prodigio del desierto” de Don
Pedro de Solís y Valenzuela, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1983.
XL
1605.
536
Envestir: «revestirse de este o el otro afecto y passión del ánimo» (Diccio-
nario de autoridades, s. v.). En el judeo-español, Biblia de Ferrara, se halla
la frase: «y esprito de A. envistió a Gidhon» = ‘y el espíritu de Dios
envistió a Gedeón’ (Jue. 6: 34), citado por M. Gaspar Remiro, Vocablos
y fases del judeo-español (segunda serie), en Biblioteca de la Real Academia
Española, t. iv, pág. 461.
537
Sayal: «tela mui basta, labrada de lana burda» (Diccionario de auto-
ridades, s. v.).
538
Acerca de los primeros ermitaños que tomaron el hábito de los reco-
letos, véase M. Briceño Jáuregui, Estudio histórico-crítico de “El desierto

– 278 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

sitio y de la imagen al Venerable Pe. fr. Matheo Delgado, que


en estas cuebas perseveraron hasta la muerte santa y dicho-
samente. Los demás se esparcieron por diversas partes, y no
podré dar de ellos más noticia.
Enpezó el santo fr. Matheo con sus compañeros a hazer vna
vida más angélica que humana, y más celestial que terrena, y
assí se estendió por todas partes la fama de su gran santidad, y
vinieron hijos de las más nobles personas de todo este Nuevo
Reyno a pedir el hábito de aquesta539 reforma, y muchos le reci-
579

bieron viuiendo con admirable obseruancia. Los que más an


florecido en virtud en esta santa cassa son: el venerable fun-
dador ya nombrado, cuyas virtudes fueron celebérrimas en
todo el nuevo mundo. Dél an escrito, aunque muy por maior

prodigioso y prodigio del desierto” de Don Pedro de Solís y Valenzuela, Bogotá,


Instituto Caro y Cuervo, 1983.
Aqueste, -a, -o: pronombre sinónimo de este. Se encuentra ya en el Cid.
539

«Todavía muy usual en el siglo xvi y principio del xvii, pero sobre todo
en el estilo arcaizante por poético o en un tono de prosa muy elevado,
o bien por el contrario, como vocablo rústico» (J. Coromines, Diccio-
nario crítico etimológico castellano e hispánico, Madrid, Gredos, 1996, t. ii,
s. v. este, parágrafo aqueste). De los dos empleos, altisonante y rústico,
hay ejemplos en el Quijote (Parte i, cap. xix, t. ii, pág. 75 y parte i, cap.
iv, t. i, pág. 160). El Diccionario de autoridades, Tesoro de la lengua castellana
(1693) y, antes, Quevedo (Cuento de cuentos, en Rivadeneira, t. xlviii,
1849, pág. 400), previenen contra su uso en prosa.

– 279 –
Pedro de Solís y Valenzuela

y succinto quanto puede ser540: el Maestro fr. Thomás de Gue-


580

rra541 en su Alfabeto augustiniano, el Maestro fr. Antonio Calan-


581

cha542, en la Chorónica del Pirú. Yo, que le conocí y traté a todos


582

sus compañeros, sé todas sus cossas y, según entiendo, no ay


oy quien sepa más de él que yo, porque podré llenar sinquenta
pliegos de su vida y raros prodigios, y por no causaros molestia
sólo contaré vno, y es que como entre los dones y gracias que
N. Sr. le avía concedido era vna de ellas el conozer los interio-
res, vna noche, a las dies, llegó a la puerta de un religioso, y le
llamó y dixo que bolviesse sobre sí543 y mirase que el dragón 583

540
Por mayor: «phrase adverbial que significa confusamente, sin especifi-
cación ni claridad» (Diccionario de autoridades, s. v. mayor).

Succinto cuanto puede ser: equivale a ‘cuan sucinto puede ser’ = ‘todo lo
sucinto que puede ser’. Cuanto: «equivale a… todo lo que» (Diccionario
de autoridades, s. v.; compárese Diccionario académico, s. v.).
541
Fray Tomás de Herrera (no de Guerra, como dice el autor de El desierto),
notable agustino español (1585-1654), que ocupó cargos importantes
en su orden y fue confesor de don Juan de Austria. Autor de impor-
tantes obras históricas, entre ellas el Alphabetum Augustinianum, in quo
praeclara Eremitici Ordinis germina, virorumque et faeminae domicilia recensen-
tur, Madrid, 1644. Véase Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana,
Madrid, Espasa-Calpe, s. v.
542
El nombre exacto de este religioso es fray Antonio de la Calancha (Chu-
quisaca 1584 - Lima 1654). Llegó a ser prior y definidor en su Orden
y publicó la Crónica moralizada del Perú, Barcelona, 1639, que contiene
datos muy valiosos sobre las antigüedades peruanas. Compárese Enci-
clopedia universal ilustrada europeo-americana, Madrid, Espasa-Calpe, s. v.
543
Volver sobre sí: «phrase que vale hacer reflexión sobre las operaciones propias
para el reconocimiento y emienda» (Diccionario de autoridades, s. v. volver).

– 280 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

infernal le quería tragar; que suplicasse a N. Sr. le quitasse la


tentación que tenía, pues en ella peligrava tanto su salvación.
El religioso quedó confussísimo, y como atónito y espantado
de que el Pe fr. Matheo supiesse lo que a criatura humana él no
avía revelado. Humillósse y postrósse a sus pies conffessando su
delito y determinación, que era de huirse aquella noche y irse
apóstata por el mundo, cansado de la soledad de aquella casa.
Finalmente se quietó544, conoció su culpa, hizo penitencia de
584

ella y veneró la santidad del venerable Padre.


El segundo que floreció en santidad fue fr. Joan de San
Augustín545. El tercero, fr. Vizente Mallol546. El quarto, fr.
585 586

Matheo de la Madre de Dios547, novicio. El quinto, fr. Pedro de


587

Sn. Cipriano. El sexto, fr. Domingo de Betanzos548. El séptimo, 588

544
Quietar: ‘aquietar’. Véase nota 510.
545
Tomó el hábito de los recoletos en 1607. Más tarde fue prior en
Panamá. Se dedicó a una vida de gran austeridad y asombró al Istmo
con sus virtudes.
546
Nacido en España (1567), fray Vicente Mallol profesó en 1582. Gran
teólogo. Vino a Santafé en 1596. Provincial de la Orden, favoreció la
Recolección de El Desierto, adonde se retiró para dedicarse a la ora-
ción y a la penitencia. Murió en 1640.
547
Fray Mateo de Santa María, novicio de extraordinaria vida espiritual,
murió a los seis meses de tomar el hábito.
548
Religioso de vida novelesca que no llegó nunca a profesar, por no constar
la muerte de su esposa. Nació en Osuna (España). Casó con María Brio-
nes. Poeta y músico. Viajó por Panamá, Perú y Bolivia. Apareció no se
sabe cómo en Tunja. En el Desierto se dedicó a la más dura penitencia.

– 281 –
Pedro de Solís y Valenzuela

fr. Nicolás de Orti549. El octavo, fr. Joan de Sn. Guillermo550.


589 590

De quienes se podían escrevir551 libros enteros, y otros muchos,


591

cuyos nombres confiamos en el Señor están escritos en el libro


eterno de la vida. De aquí fueron a fundar el convento de
N. Sa. de la Popa en la ciudad de Cartaxena y el de la ciudad

Hermano lego. Nació en España. Profesó en el Desierto. Vivió en


549

Bogotá, Pamplona y Tunja. Varón de gran virtud, sobresalió por su


amor extraordinario a la Madre de Dios.
El padre Juan Losada de San Guillermo nació en Valladolid. Profesó en
550

Madrid en 1628 y desempeñó cargos honrosos en su patria. En 1648 fue


nombrado Comisario General de los Conventos de Tierra Firme. Llegó
en cumplimiento de su misión a Cartagena. Gracias a su prudencia y
energía se restableció la paz entre los agustinos de esta provincia.
«La forma escrevir es muy corriente en la lengua literaria hasta el siglo
551

xvi y después en la vulgar» (J. Coromines, Diccionario crítico etimológico


castellano e hispánico, Madrid, Gredos, 1996, t. ii, s. v. escribir). A escrevir
lo hallamos también en el Quijote (Parte i, cap. iii, fol. 9 de la edición
de 1605 y cap. xi, fol. 40 de la misma edición), al lado de escriuir (Parte
i, cap. xxxiv, fol. 197 de la edición citada y cap. xxxx, fol. 233 vto.).
Lope de Vega lo utilizó también (véase C. Fernández Gómez, Vocabu-
lario completo de Lope de Vega, s. v. escrevir). A comienzos del siglo xvii el
predominio de escribir, escrivir era ya casi absoluto en la literatura (véase
sobre esto R. Menéndez Pidal, Manual elemental de gramática histórica espa-
ñola, 1904, § 105, 2). Sin embargo, Oudin (Tesoro de las dos lenguas francesa
y española, París, 1607, s. v.), Minsheu (1617) y Franciosini (Vocabolario
español e italiano, Segunda parte, Roma, 1620, s. v.) traen escrevir junto
con escribir.

– 282 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

de Panamá552. Y esta es en brebe553 la succinta relación de lo


592 593

que me avéys preguntado. Sólo pido que perdonéys mi tosque-


dad y rudeza, que en esta soledad cassi se pierde con el mucho
silencio el vso del hablar.
Quedó gustosíssimo Dn. Fernando. Y si viera cómo en estos
miserables tiempos, por solicitud del demonio, el muro de la
ciudad de Dios a estado para caerse, y las piedras del santua-
rio an estado desparcidas554, no dexara de lastimarse mucho,
594

como lo estoy yo, a cuya causa pido por las entrañas de Dios
que si alguno leyere las mansiones deste Desierto prodigioso
y fuere interessado en la pérdida y destrución dél, dexe ya su
obstinada dureza, de que no quiero dar aquí más luz y noticia
por no hazerle offensa. No pretendo venganza, pues la pudiera
tomar muy bien mi cobarde pluma; lo que pretendo es indu-
cirle a lástima y que cuyde de la recuperación enpezada deste

Los padres Alonso García de Paredes y Alejandro Mateus fundaron


552

el de la Popa, y Vicente Mallol y Juan de San Agustín, el de San José


de Panamá. Compárese E. Ayape, Fundaciones y noticias de la Provincia
de Nuestra Señora de la Candelaria, de la Orden de recoletos y San Agustín, i,
Bogotá, 1950, págs. 33-35 y 51-54.
En breve: «modo adverbial que vale lo mismo que brevemente» (Diccio-
553

nario de autoridades, s. v. breve).


Desparcir: «dícese también desparcir, aunque con menos uso» (Dic-
554

cionario de autoridades, s. v. esparcir). «Comúnmente decimos esparcir»


(S. de Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana o española, 1611, s. v.) y
Franciosini (Vocabolario español e italiano, Segunda parte, Roma, 1620, s.
v.) opina que «mejor es esparcir». Lope usó alguna vez desparcir, y más
esparcir (compárese C. Fernández Gómez, Vocabulario completo de Lope de
Vega, s. v. esparcir·y desparcir).

– 283 –
Pedro de Solís y Valenzuela

divino Santuario, dexando en paz a los santos recoletos de Sn.


Augustín555 en este su Desierto y en las demás cassas.
595

Arsenio pidió licencia para quedarse aquella noche en aque-


lla cueba y los demás baxaron a descansar al convento, y tú lo
puedes hazer assí, o letor, y acudir a la Mansión duodécima,
del siguiente día, en que oirás a Arsenio la prodigiosa vida del
Serafín de los Desiertos San Bruno, Patriarcha Cartuxano.

555
Solís y Valenzuela se refiere a las luchas entre los agustinos recoletos y
los observantes (calzados) que se extienden con múltiples incidencias
desde 1613 o 1615 hasta 1661. M. Briceño Jáuregui, Estudio históri-
co-crítico de “El desierto prodigioso y prodigio del desierto” de Don Pedro de Solís
y Valenzuela, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1983.

«Sólo en 1648 se logró que amaneciera la paz duradera» en el Desierto,
dice el padre E. Ayape, Fundaciones y noticias de la Provincia de Nuestra Señora
de la Candelaria, de la Orden de recoletos y San Agustín, i, Bogotá, 1950, pág. 7.
En 1650 el vicario provincial fray Juan de Sahagún encontró abiertas por
muchas partes las paredes de la iglesia, caídas las tapias de las huertas,
que estaban incultas, y las alhajas de la sacristía empeñadas (pág. 12);
en el tiempo inmediatamente anterior, recoletos y observantes se habían
sucedido en el gobierno de El desierto, que sufrió grandes menoscabos.

– 284 –
§§ Mansión xii

P
recursor del sol fue Arsenio este día, pues antes que el
Aurora manifestasse las nuves revestidas de oro y jalde,
nieve de Scithia556 y bermellón de España, previniendo
596

sus crepúsculos, estuvo a la puerta del convento y entrando a


hablar al superior, pactó con él que el regocijo de aquel día
fuesse en un sitio, el más vistoso y apacible del mundo, en vna
montaña o arboleda junto a la laguna de Ráquira557, distante 597

de allí legua y media. Embió luego el Pe. Prior dos religiosos a

Scithio, del latín Scythius, -a, -um ‘escita, de Escitia’. Scythia era Escitia,
556

la Tartaria, que por aquella época pasaba antes bien por prototipo de
las regiones heladas. Scithia es grafía utilizada también por Góngora.
En la época clásica de Grecia, la Escitia estaba comprendida entre el
Danubio y las fuentes del Bug, Dniéster y Dniéper. En la Antigüedad
grecorromana fue prototipo de región helada y bárbara. Lo mismo,
en el Renacimiento y el Barroco.
«Al pie de los cerros y en giros muy irregulares se extiende una pla-
557

nicie formada por los sedimentos de un lago que debió medir más
de cinco leguas en longitud por dos de anchura máxima y hubo de
desaguarse cerca de las minas de cobre de Gachantivá» (A. E. Ariza,

– 285 –
Pedro de Solís y Valenzuela

prevenir el sitio y alcanzar el beneplácito de vn devoto que allí


tenía edifficada vna quinta, estancia o recreación558, los quales 598

obedecieron promptos y se quedaron esperando gustossos. Tenía


Arsenio gusto y elección maravillosa en todo, y quiso que sus
amables huéspedes no se fuessen sin ver este jardín de Flora y
esta recreación de Pomona. Fue él mismo a dispertar a D. Fer-
nando y D. Pedro y Antonio, los quales dexaron luego el lecho
y fueron a oír missa. Dispensó el Pe. Prior con559 fr. Andrés en599

los retiros y rigores de novicio, y llevóselo por compañero y a


otros dos religiosos antiguos y a fr. Joan del Rosario, de suerte
que a las ocho del día ya estavan en la estancia, donde tubie-
ron bien en qué deleytar la vista en ver un remedo y similitud
del terrenal Paraíso: tanta variedad de árboles, fuentes, flores,
aves, animales y, en la laguna, tanta diversidad de ismos, islas, y
patos y otras aves de agua, que estaban como absortos, alabando
con admiraciones a su divino Criador, que pareze hizo allí vn
breve compendio de quanto deleytable tiene la naturaleza560. 600

O. P., El Monasterio del Santo Ecce-Homo de la Orden de Predicadores, Bogotá,


Cooperativa Nacional de Artes Gráficas, 1966, pág. 5).
Recreación por ‘casa de recreación’.
558

Empleo intransitivo de dispensar construido con con, «para señalar la


559

persona en cuyo favor se relaja la ley» (R. J. Cuervo, Diccionario de cons-


trucción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. ii, pág. 1270b).
El texto vuelve a ubicar el paraíso terrenal en territorio neograna-
560

dino, ya no en el convento de agustinos, sino en los alrededores de la


Laguna de Ráquira. No hay que olvidar, por más silencios del texto,
que se está refiriendo a un territorio muisca.

– 286 –
§§ Mansión xviii

[…]

Aquí acabó Don Pedro su piadoso sueño561, recibiendo de 601

todos los que le oyeron muchas aclamaciones, alabando el inge-


nio que tuvo para alabar a su devoto Patrón, y él dio modestas
disculpas de lo que se avía alargado en las pinturas. Que, aunque
es verdad, dijo, que las pudiera ceñir a pocos versos, mi devo-
ción no me ha permitido que observe las leyes rigurosas de la
poesía, assí en lo concisso y conprehensivo562 como en el metro.
602

Quédesse esto, dixo, para el que quiera grangear el aplauso


Desde este momento del texto y hasta el final de la Mansión xviii, se
narra la historia del monacato cristiano, que derivará en la vida de
San Bruno (Nota de la compiladora).
561
En la Mansión xviii destaca un sueño piadoso compuesto por Don
Pedro, triunfo alegórico que refiere la llegada de San Bruno al cielo.
562
Comprehensivo: ‘que trata lo más esencial y más a propósito’ (compárese
Diccionario de autoridades, s. v.), como derivado de comprehender ‘conocer
total o esencialmente una cosa’.

– 287 –
Pedro de Solís y Valenzuela

vano de entendido y de heroyco, que yo me contento con el


título de devoto y piadosso, y assí mis yerros en este borrón563 603

o bosquejo merezerán más bien el perdón, tanto de lo atrevido


como de lo ignorado. La historia (dixo más564) escrita en prosa 604

es comparada a vna matrona noble y honesta, cuyo vestido ha


de ser muy grave y circunspecto, sin consentir superfluo ornato.
Mas la historia escrita en verso es semejante a la esposa de un
rey, adornada no solamente de oro y púrpura, sino de visto-
sos broches de flores y otras joyas de diversas piedras preciosas
que hazen más apazible565 su magestad. Y, assí, llevado de mi
605

563
«Borrador o escrito provisional» (Diccionario histórico de la lengua española,
t. i, 1933, s. v.). «Emborronar o llenar algún papel escribiendo en él de
prisa» (B. Alemany y Selfa, Vocabulario de las obras de don Luis de Góngora
y Argote, Madrid, 1930 s. v.), con el siguiente ejemplo: «Desatácase el
ingenio / algunos papeles borró / A deuocion de vna ausente». Este
sentido puede derivar de otro más antiguo de ‘ensuciar’, conservado
en el portugués y atestiguado para el español por Oudin, que inter-
preta este verbo por barbouiller (Tesoro de las dos lenguas francesa y española,
París, 1607, s. v.). Para Nebrija borrar es «fazer borrones» (Vocabulario
español-latino, 1494, s. v.). No registran esta acepción ni el Diccionario de
autoridades, ni Diccionario académico ni Cuervo.
564
Más: «es sustantivo cuando significa una mayor cantidad o número, sin
que se le junte o se le subentienda sustantivo alguno» (A. Bello, Gramá-
tica de la lengua castellana destinada al uso de los americanos, Santiago de Chile,
1847, § 85). Ejemplo análogo al de arriba, de Cervantes: «La sobrina
decía lo mesmo y aún decía más» (El ingenioso hidalgo don Quijote de la Man-
cha, parte i, cap. xii; ed. Rodríguez Marín, t. i, 1947, pág. 182).
565
Apacible: ‘agradable’, ‘placentera’. Compárese Oudin: apacible: «agreable,
plaisant, ioyeux» (Tesoro de las dos lenguas francesa y española, París, 1607, s. v.);
Percivale: «delightfull» (A Dictionary in Spanish and English, Londres, 1623, s. v.).

– 288 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

devoción a la matrona honesta que nos a propuesto566 Arsenio 606

en la historia de San Bruno, Patriarca Cartuxano, he procurado


hazerla reyna, añidiéndole567 los broches de oro, flores y piedras
607

preciosas para que más atrayga; que espero que por esto no
ha de perder el fruto de la devoción que he pretendido excitar
en vosotros, pues vemos que también los versos mueben. Y si
no, díganme, mis amantíssimos amigos, ¿a quién no levanta el
espíritu oír el Pange lingua? ¿A quién no obliga a llorar el himno
Vexilla regis prodeunt? ¿Qué cossa más dulce que el Ave maris stella?

Proponer: ‘presentar’ (como el latín proponere). Ejemplos del mismo sen-


566

tido: «el tío proponía a la sobrina y le decía las calidades de cada uno»
(M. de Cervantes, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, parte i,
cap. xii; ed. Rodríguez Marín, t. i, 1947, pág. 341); «propón tus quejas»
(L. de Vega, Dineros son calidad, en Obras dramáticas, 1917, t. xii, pág. 53).
Véase nota 146. A lo dicho allí agregamos lo siguiente: «se ha dicho
567

también añidir: así pronunciaba Santa Teresa (R. 53. 321, 4722), y así se
halla en Aldrete, Orig., pp. 214, 265, 275 (Roma, 1606); Valbuena lo usa
como consonante de voces en ide, ida, Bern. 19 (R. 17. 3411), Grand. mej.
2 (30). Hoy es vulgar en España y en América» (R. J. Cuervo, Diccionario
de construcción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. i, pág. 500a).
El Diccionario histórico de la lengua española, t. i, 1933, s. v., trae diversos
ejemplos de B. Casas, Arjona, Escalante, Valbuena, pero advierte que
todas las formas citadas pueden ser también de añedir. Boyd-Bowman
lo registra en su Léxico hispanoamericano del siglo xvi, pero tampoco trae
ejemplo del infinitivo. Según J. Coromines, Diccionario crítico etimológico
castellano e hispánico, Madrid, Gredos, 1996, s. v. añadir, no existe añidir,
«por lo menos en el infinitivo». El padre J. Tobón B., Colombianismos y
otras voces de uso general, Medellín, 1.a ed., 1946, registra estas formas en
el español actual de Colombia.

– 289 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Demás568 que veo a la poesía acreditada no menos que por


608

Moysés, David, Salomón, Job y los profetas Ezechías, Jeremías


y Habacuh, y por otros doctores amplíssimos569 como S. Pau- 609

lino, San Próspero, S. Gregario Nazianzeno, Iuvenco, Arador,


Sedulio570, Prudencio, Ambrosio, Hilario, el abad Zacharías,
610

Benedicto Cartuxano y otros, y aun los gentiles creían que con


la poesía traerían a la tierra a la luna:

Carmina de coelo possunt deducere lunam571. 611

568
Demás: por ‘además’, según ya se ha visto.
569
Amplísimo: latinismo, por ‘ilustre’, ‘grande’. Amplissime, plural amplis-
simi, era el tratamiento que se daba a altas autoridades y dignatarios
de Roma. Lope de Vega usa este superlativo en el mismo sentido en el
siguiente ejemplo: «las ocho partes son de la oración, Senado / amplís-
simo, ilustrísimo, / ocho, según Antonio las describe…» (Filomena, 2.a
parte, 440, citado por C. Fernández Gómez, Vocabulario completo de Lope
de Vega, s. v. amplísimo).
570
De todos estos autores solamente nos referimos a tres: Juvenco: en latín
Caius Vettius Aquilinus Iuvencus, poeta y sacerdote español de la época
de Constantino. Hacia el 330 compuso en unos 3.200 hexámetros una
elaboración de la historia evangélica (Evangeliarum libri iv). Véase Gran
Enciclopedia Larousse, s. v.

Arador: en latín Arator, poeta cristiano nacido en Milán hacia principios
del siglo vi. Compuso un poema sobre los Hechos de los Apóstoles con el
nombre de Historia apostolica. Véase Enciplopedia cattolica, s. v. Aratore.

Sedulio: poeta y escritor de origen y vida desconocidos. Tal vez murió
hacia el año 449-450. Su obra mayor fue el Paschale carmen o Mirabi-
lium divinorum libri, basado en los cuatro evangelios. Véase Enciplopedia
cattolica, s. v. Sedulio.
571
Virgilio, Eclogae. viii, 69. En la cita de Solís encontramos de en lugar de vel.

– 290 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Y no ha faltado vna erudición moderna que diga que


quando Josué detubo aquel gran planeta haziéndole ser escán-
dalo hermoso de la naturaleza en el prodigio de su detención,
fue con suaves versos y metro numeroso. Y no falta autor que
diga que la poesía es tal que quando Christo quiso padezer,
pareze se quisso confortar con alguna cossa de ella, y lo prueba
con aquellas palabras: et himno dicto572, etc. 612

De María, hermana de Moysés, siente573 el paráfrasis cal- 613

daico574 que quando cantó la omnipotencia de Dios en la ruina


614

de los gitanos575, cantó todo el pueblo con ella sus alabanzas en


615

572
Mt. 26: 30; Mc. 14: 26.
573
Sentir: ‘juzgar’. «Vale también juzgar, opinar, formar parecer o dicta-
men acerca de alguna cosa» (Diccionario de autoridades, s. v.).
574
Es decir el Targum o versión aramea de la Biblia, que los rabinos hicie-
ron para que el pueblo pudiera comprenderla, y que acompañaron de
algunos comentarios.

El paráfrasis: aquí un sustantivo griego en -sis, originariamente feme-
nino, cambia de género; lo que también sucedió ocasionalmente a
frasis, como se ve en el Quijote: «no entendían el frasis de don Quijote»
(Parte i, cap. xlv; ed. Rodríguez Marín, t. iii, 1948, pág. 304, con nota
al respecto del editor). Cejador, La lengua de Cervantes, t. 2, 1906: “Dic-
cionario”, pág. 524, cita algunos autores que emplearon a frasis como
masculino y otros cuantos que la usaron como femenino.
575
Gitano: ‘egipcio’ (C. Fontecha, Glosario de voces comentadas en ediciones de textos
clásicos, Madrid, 1941, pág. 177, con un ejemplo de fray Luis de León).
Gitano procede de egiptano, derivado de Egipto; los gitanos decían venir
de dicho país (véase J. Coromines, Breve diccionario etimológico de la lengua
castellana, Madrid, Gredos, 1961, s. v.). Ejemplo de B. Gracián: «las pirá-
mides gitanas» (El criticón, ed. Correa Calderón, 1971, t. iii, pág. 350).

– 291 –
Pedro de Solís y Valenzuela

verso. Y la mejor María, Virgen Madre de Dios y Reyna de los


Ángeles, en verso dixo la Magníficat576, y los ángeles celebraron
616

su sagrado parto en verso, diziendo gloria in excelsis Deo. Y del pri-


mer hombre, Adam, sienten doctos rabinos fue el primer poeta
en el exercicio métrico y que compuso el psalmo 91: Bonum est
confiteri Domino, y a la poesía y encanto llamaron carmen; y yo le
aplico lo de el psalmo 39: et immisit in os meum canticum novum,
carmen Deo nostro: encanto para su bondad. Y, demás de todo lo
dicho, yo hallo que a San Brvno le devemos celebrar con ver-
sos los poetas por averlo él sido famosíssimo, y tan eminente y
célebre que en sus latinos versos emula dichosamente al Pín-
daro bethelemita577 rey coronado, David digo, cuya lira suena
617

a Christo y celebra sus glorias, y Brvno vierte sus psalmos; y ya


oýmos en su historia versos suyos que nos dieron materia más
que abundante para discurrir. Demás de lo que he referido, yo
soy libre y nadie deve calumniar578 mi devoción, aunque mi
618

576
El nombre de este himno aparece como femenino en el siguiente ejem-
plo que, de Luis de la Puente, Meditaciones, trae el Diccionario de autori-
dades, s. v.: «y compuso el soberano cántico de la Magníficat».
577
Así en el manuscrito. En español se han derivado regularmente
betlemita y bethlehemita del latín bethlehemites.
578
Calumniar: ‘censurar’, ‘reprochar’, ‘afear’. Cuervo da ejemplos de la
construcción de este verbo con acusativo de cosa en el t. ii, pág. 41b,
de su Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana. Allí mismo
anota que en el periodo anteclásico significó ‘afear’, ‘castigar’, etcétera,
y que de estos usos hay huellas en Cervantes. Cita al respecto algunos
ejemplos de Persiles y el Quijote. J. Coromines, Diccionario crítico etimológico
castellano e hispánico, Madrid, Gredos, 1996, s. v., afirma que el signifi-
cado de calumniar o caloñar fue el de ‘acusar’, sea con fundamento, sea

– 292 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

baxo estilo puede muy bien. Esto confiesso, y que os devo de


aver cansado, y assí será justo que, dejando este asumpto por
oy, nos recojamos.
Antonio, que avía estado attento a todo lo dicho, le res-
pondió a Dn. Pedro con agrado, significando que no avían
tenido cansancio ninguno, antes mucho gusto en oýrle, assí
el piadoso sueño como lo que acababa de discurrir. Y ponde-
rando que les avía durado el sol todo el tiempo que duró la
relación del sueño, dixo: es sin duda que como Josué detubo
a este hermoso planeta diziéndole versos, también se ha dete-
nido con los de Don Pedro, los quales he notado con particular
advertencia, y, dejando las reglas y ápizes poéticas579, de que 619

yo no he cuydado, ni fuera justo lo hiziera, pues esso se queda


para las academias. Sólo he echo reparo en el ltimo verso del
sueño referido en que introduze a la Humildad refiriendo el
trofeo de Sn. Brvno, y al cabo le dize: y tú despierta y buél-
vete a tu canto. ¿Qué canto es este?, preguntó a Don Pedro; el
qual respondió que el reparo avía sido muy digno del ingenio

infundadamente, y ‘castigar’. De esto hay antecedentes latinos, espe-


cialmente en el latín cristiano.

Véase un calumniado en el sentido de ‘criticado’ en un pasaje imposi-
ble de citar aquí por lo extenso, de F. Cascales, Cartas filológicas Dec. ii,
Clásicos Castalia, t. cxvii, Madrid, 1940, pág. 27, 1.22.
579
Ápice: ‘sutileza’, que era un de los sentidos traslaticios que tenía en latín
apex (propiamente ‘punta’). Compárese las definiciones de C. Fonte-
cha, Glosario de voces comentadas en ediciones de textos clásicos, Madrid, 1941,
pág. 25 entre las que figura ‘detalle’; Diccionario de autoridades: «también
se toma por lo mismo que un punto, casi nada, cosa mui corta».

Poéticas: así en el manuscrito. Actualmente, ápice es sustantivo masculino.

– 293 –
Pedro de Solís y Valenzuela

de Antonio, y que era justo el satisfazerle. Para lo qual debían


saber que él avía enpezado a hazer vn canto de octavas hero-
ycas para contar en ellas el entierro de San Bruno, los justos
sentimientos de sus hijos, la herencia que les dejó y los officios
y funeral que le hizieron, y, aviendo bosquejado algunas, arre-
batado de differentes consideraciones, avía mudado metro y
asumpto en el referido triunfo y que lo que le mandaba aora
la santa Humildad era que despertasse y prosiguiesse la obra
que tenía comenzada, pues esta era su propia collocación; que
al morir S. Brvno se le siguió luego el triumfar en los Cielos, y
después se siguió el entierro y milagro que hizo la fuente que
brotó su sepulchro580. 620

Nuebo gusto recebimos todos de oýros esso, respondió Don


Fernando, pues todos os hemos de pedir lo mismo. Y yo, para
que esta obra quede consummada, os ofresco dibujar en vnas
liras el túmulo que le hizo la Iglesia vniversal y honrras que le
hizieron otras iglesias particulares, con que daremos perfecto
desahogo a nuestra devoción. Y aora tratemos de recogernos
y de instar a Arsenio que nos acabe de contar su historia, pues
aún todavía581 nos tiene suspensos en su narración, si bien las
621

Sobre la Fénix cartuxana, de Don Pedro de Solís y Valenzuela, véase M.


580

Briceño Jáuregui, Estudio histórico-crítico de “El desierto prodigioso y prodi-


gio del desierto” de Don Pedro de Solís y Valenzuela, Bogotá, Instituto Caro y
Cuervo, 1983, t. iii.
Aún: «a menudo, aún va apareado con todavía, que habiendo signifi-
581

cado primitivamente siempre, refuerza el concepto de duración ante-


cedente» (R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la lengua

– 294 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

interpolaciones582 que ha avido han sido tan gustossas y de tanto


622

agrado, que no tenemos de qué quexarnos.


Juntos, pues, gozosos y alegres, enderezaron sus passos a
la cueba.
Y tú, letor, los puedes, al descanso, hasta que la Mansión
siguiente para su letura te combide.

castellana, París, 1893, t. i, pág. 779b). Varios son los ejemplos que se
hallan de esta construcción en el Quijote.
582
Interpolación: ‘digresión’. Compárese: Interpolar: «poner unas cosas entre
otras alternadamente o mezclarlas» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 295 –
§§ Mansión xviiii

C
orrió el sol las cortinas a su dorado coche y, enbuelto
el monte y prado en pardas sombras, obligó583 a aque- 623

llos jóvenes que se juntasen con Arsenio en la estancia,


donde, aviendo prevenido vna antorcha que supliesse ausien-
cias584 del rubio planeta, los estava aguardando juntamente con
624

Hoy lo correcto sería repetir la preposición a ante el que («a que se jun-
583

tasen»), según lo que preceptúa la Gramática de la Real Academia Espa-


ñola, pág. 237: «obligar al usurpador a restituir», y conforme al empleo
de Cervantes en este caso: «que obliga a sus feligreses a que digan bien
dél» (El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, parte i, cap. xii; ed. Rodrí-
guez Marín, t. i, 1947, pág. 341). Sin embargo, no siempre se sentían
constreñidos los autores de los siglos xvi y xvii a la regularidad grama-
tical, como ocurre con el ejemplo de Solís y el siguiente de Góngora:
«Zeruiz reuelde o religión postrada / Obligan a su Rei que tuerza graue
/ Al templo del bifronte dios la llaue» (B. Alemany y Selfa, Vocabulario de
las obras de don Luis de Góngora y Argote, Madrid, 1930 s. v. obligar).
Ausiencia: esta forma, que es un vulgarismo, está registrada por P.
584

Boyd-Bowman, Léxico hispanoamericano del siglo xvi, Londres, 1972, s.


v., auciencia.

– 297 –
Pedro de Solís y Valenzuela

el Prior de la Candelaria y con fr. Andrés. Siguióse a la acos-


tumbrada salutación el executarle luego con instancia refiriese
lo que faltava de su historia, porque determinaban partirse otro
día585 el Prior a su convento con su novicio fr. Andrés, y Don
625

Fernando, con sus amigos a su cassa. Arzenio se ofreció bené-


volamente a ello y haziendo vna sumaria resumpta de lo que
atrás profirió, porque el Pe. Prior se lo pidió assí, llegó hasta el
punto de la referida tormenta.
Y estando todos sentados alrededor de vna messa oyéndole
con suspensión, prosiguió assí:
Vagueando586 estuvo el frágil leño, ya por muchas partes de
626

las rezias olas abierto y destrozado, hasta que calmó el viento,


y apenas huvimos reforzado a la Pava (que assí dije se llamava
el bajel de nuestra enbarcación) y gozado dos días de alguna
bonanza, en los quales avía dispuesto Don Lope los versos

585
Otro día: ‘al día siguiente’ (véase nota 291). Recordemos el Quijote: «que
fue poner más deseo en el Licenciado de hacer lo que otro día hizo»
(Parte i, cap. v; ed. Rodríguez Marín, t. i, 1947, pág. 187).
586
Vaguear: ‘vagar’. Véase nota 314.

– 298 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

que referí587, indicios de su conversión, quando vigiando588 el


627 628

gaviero la mar, como es costumbre, desde lo alto del tope, dio


aviso que se descubrían dos velas. Al principio nos ocassionó
consuelo, jusgando serían aquellos navíos de los de la flota, de
quien, con la fiera tormenta, nos avíamos apartado; después que
fueron conozidos por estrangeros, de los piratas olandeses,
que infestavan la mar por aquellas costas, nuebo susto, nuebas

587
Referir: ‘pronunciar’, ‘recitar’. Esta acepción del verbo referir se encuentra
repetidas veces en El desierto. Aparece ella ya en el latín referre: «Versum
illum Homeri retulit» (Nepos, Dion, 6). Ejemplos del uso en español
de este verbo en el sentido mencionado son los siguientes: «habiendo
referido algunos versos» (Vélez de Guevara, El diablo cojuelo, Clásicos
Castalia, t. xxxviii, pág. 257); «y acordándome de las mudanzas de la
fortuna, refería aquella ingeniosa glosa de “Acordaos, flores de mí”»
(Vida de Estebanillo González, Clásicos Castalia, t. cviii, pág. 86); «refe-
rían sonetos, muchos hechos / a diferentes casos amorosos» (M. de
Cervantes, Viaje del Parnaso, Clásicos Castalia, t. lvii, págs. 84-85).
588
Vigiar: ‘observar’. El verbo vigiar no se encuentra en Covarrubias, ni en
el Diccionario de autoridades ni en los demás diccionarios de los siglos xvi y
xvii. Tampoco, en las primeras ediciones del Diccionario académico. Sólo
figura por primera vez, juntamente con vigía, en la edición de 1817. Las
dos palabras son portuguesismos. J. Coromines, Breve diccionario etimológico
de la lengua castellana, Madrid, Gredos, 1961, s. v. asigna este verbo al siglo
xix; en portugués, vigía está documentado desde el siglo xvi (J. Coro-
mines, Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, Madrid, Gredos,
1996, s. v.). Tampoco registra vigiar Boyd-Bowman en su Léxico hispano-
americano del siglo xvi. Esta puede ser una de las primeras documentacio-
nes en español; la primera registrada en la fecha. En Colombia continúa
usándose con la acepción de ‘mirar, observar con cuidado’ (J. Tobón B.,
Colombianismos y otras voces de uso general, Medellín, 1.a ed., 1946, s. v. y M.
A. di Filippo, Lexicón de colombianismos, 1983, s. v.).

– 299 –
Pedro de Solís y Valenzuela

penalidades, por ver que ya que no avíamos sido despojo de las


olas, lo avíamos de ser de aquellos piratas, buenos guerreros y
más diestros marineros, por estar nosotros cassi imposibilitados
de la deffensa, assí por los mienbros cansados de la fatiga pas-
sada como por el destrozo del ya débil vasso589. Pero, como en
629

semejantes conflitos590 el temer la muerte sea covardía, nos dis-


630

pussimo[s] a vender bien las vidas y la hazienda, primero que


entregarnos. Don Vizente, lleno de marcial ardor, previno toda
la gente que podía ser til a la pelea. El enemigo estava cerca
ya y avía disparado vna pieza de artillería, con bala, en señal de
representarnos la batalla591, o que le ofreciéssemos rendimiento,
631

bajando las entenas. Esto no lo teníamos en propósito sino inten-


tar la fuga, si fuesse posible y, si no, morir peleando. Assí lo exe-
cutamos, porque el enemigo, confiado en su ventaja y número
mayor, sin más valerse de la artillería, nos barluó592, con que se 632

Vaso: ‘barco’, como ya se ha visto antes en la nota 308.


589

Conflicto: «aprieto, estrecho, peligro; trabajo que sucede y angustia el


590

ánimo» (Diccionario de autoridades, s. v.). «Llamamos conflito qualquier


aprieto o trabajo en que nos vemos con angustia y peligro» (S. de Cova-
rrubias, Tesoro de la lengua castellana o española, 1611, s. v.).
Representar la batalla: ‘preseatar la batalla’ (compárese Diccionario histó-
591

rico de la lengua española, t. ii, 1936, s. v. batalla, con un ejemplo de J. de


Mariana, Historia de España, Biblioteca de Autores Españoles, t. i, 1864).
Barloar: «es juntarse un navío con otro para saltar la gente en él y
592

peleando rendirle, a que dicen abordarse» (Avello y Ayala, Diccionario


marítimo o prontuario náutico, 1673, citado en S. Gili Gaya, Tesoro lexico-
gráfico: 1492-1796, Madrid, csic, 1947, s. v.); «Voz náutica. Atracarse
un navío con otro, como sucede quando se abordan para pelear»

– 300 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

travó vna sangrienta batalla, no ya con armas de fuego, sino


con las espadas. Sobrados de valor andubieron los nuestros con-
tra los olandeses, valientemente denodados, mientras yo y Don
Vizente, como más interesados, les ayudamos. Pero quando a
mí me vieron herido y a mi amado primo Don Vizente, que en
la plaza de armas yazía cadáver, bañado en la reciente púrpura
derramada de sus venas, siendo ya feo despojo de la muerte
el que antes era Narcisso de la vida, nos rindieron fácilmente,
aunque no sin costarles mucha sangre, pues la espada de Don
Vizente avía separado muchas vidas antes que vna aguda punta,
que la muerte flechó593 a su corazón, abrió puerta a la suya.
633

¡O joven gallardo, qué de esperanzas nos cortó en flor la


fiera cuchilla que te acometió tan violenta! Pero, ¿azia dónde
puede ya torzer sus velas mi discurso que no las humedesca el
llanto de mis ojos, y que no las despedaze el ayre de mis suspi-
ros? Congojas ambas que las a tenido ahogadas el respeto y ya
las desañuda594 la compassión. ¡Ha, Vizente, que yo fui causa
634

(Diccionario de autoridades, s. v.). Boyd-Bowman registra esta palabra en


su Léxico hispanoamericano del siglo xvi.
Flechar: «herir o matar a uno con flechas» (Diccionario académico, s. v.).
593

Ejemplos de la construcción de este verbo con complemento directo


del arma arrojada son los siguientes: «Flechando vi con rigor / A una
nympha soberana, / En el arco de Diana / Las saetas del Amor» (B.
Alemany y Selfa, Vocabulario de las obras de don Luis de Góngora y Argote,
Madrid, 1930 s. v.); y «le flechó dos saetas» y «luces flecha» (Lope de
Vega, en C. Fernández Gómez, Vocabulario completo de Lope de Vega, s. v.).
Desanudar: respecto a esta forma con ñ anota el Diccionario de autoridades,
594

s. v. desanudar: «se dice también desañudar, aunque con menos uso».

– 301 –
Pedro de Solís y Valenzuela

de tu pérdida y yo la ocassión de tu muerte! ¡O, dispierte ya la


insensibilidad de mi corazón a las violencias de golpe tan pene-
trante! No me permitieron dar al cuerpo diffunto siquiera los
ltimos abrazos, aunque llegué a regarlo no sólo con las lágri-
mas de mis ojos sino también con la sangre que vertían mis
heridas. El furor de la guerra todo lo abrassa, todo lo consume:
no quisieron los vitoriosos tener embarazo con los cuerpos
muertos; desnudándolos con impía crueldad, los entregaron
al momento a las ondas, y aun tratavan de pasarnos a cuchillo
a los que quedávamos vivos (alivio hubiera sido para quien595 635

tantos pesares le ahogavan) por la resistencia que avíamos


hecho. Desto los divirtió596 el saco597 y el despojo que los dexó
636 637

bien contentos. Sacaron yerros para aprisionarnos; ¡ay dolor!,


que allí ninguno los merecía sino quien tantos avía cometido
como yo. Tarde llega el esca[r]miento y desengaño, quando es
a pura experiencia de trabajos. Allí reconozí mis errores; allí,
porque los dolores mentales agravassen más los de mi cuerpo,
se me ocurrió598 la gravedad de mis delitos; allí el corazón, que
638

J. Coromines, Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, Madrid, Gre-


dos, 1996, s. v. nudo, dice de ella que es dialectal en España y en América.
595
Hoy diríamos: «para aquel a quien».
596
Divertir: «apartar, distraher la atención…» (Diccionario de autoridades, s. v.).
597
Saco: «lo mismo que saqueo» (Diccionario de autoridades, s. v.).
598
Ocurrir: «venir a la imaginación una especie de repente y sin esperarla»
(Diccionario de autoridades, s. v.). Lo más corriente entonces era usar este
verbo en forma no reflexiva: «los pensamientos que me ocurrieron»
(M. de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha,
parte i, cap. xxvii; ed. Rodríguez Marín, t. ii, 1947, pág. 324).

– 302 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

era de piedra, se bolvió de cera. El remedio para no exhalar la


vida y ltimo aliento en manos del dolor fue librar599 el cora- 639

zón desecho en fuentes de lágrimas por los ojos, viendo poner


a Ascanio vna pessada cadena. ¡O dolor! ¡O tormento!
Aquí empezó de nuebo Arsenio a brotar600 lágrimas y a 640

sentir lo que contava, como si lo viera aún presente, y Don Fer-


nando, conpassivo, a templarle el llanto con melosas601 y bien 641

articuladas razones602. A que respondió el anciano venerable


642

599
Librar: aquí ‘dejar escapar’, ‘verter’, acepción un tanto rara de este
verbo. Compárese estos dos ejemplos de otros autores: «do el mudo
corazón, con vehemencia, / libra el caudal de afectos y razones» (J.
de Jáuregui, Rimas, ed. i. Ferrer de Alba, Clásicos Castalia, t. clxxxii,
pág. 176); «que el patrio Manzanares que eternizas, / lágrimas mestas
librará conformes» (Lope de Vega, Gatomaquia, ed. Rodríguez Marín,
Madrid, C. Bermejo, 1935, pág. 91; en el soneto «en lengua culta» con
que termina la obra). En un sentido análogo está empleado el mismo
verbo en el siguiente ejemplo: «libró en favores mudos otras muchas
palabras que por entonces no pronunció la lengua» (Céspedes Mene-
ses, Varia fortuna del soldado Píndaro, Clásicos Castalia, t. ccii, pág. 116).
600
Brotar: en el sentido de «echar de sí, dar de sí (transitivo)», véanse ejem-
plos en R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la lengua caste-
llana, París, 1893, t. i, pág. 907a.
601
Meloso: «significa también blando, suave y dulce. Aplícase regularmente
al razonamiento, discurso u oración mui eloquente y llena de dulzura y
suavidad» (Diccionario de autoridades, s. v.). No tiene en el texto de arriba esta
palabra el sentido peyorativo que le dan Covarrubias («melifluo, el afectado
en palabras») y Franciosini («che parla con parole immelate, come fanno
gl’adulatori») y que prevalece hasta la fecha en el español de Colombia.
602
Bien articuladas razones: ‘claras’ (C. Oudin, Tesoro de las dos lenguas fran-
cesa y española, París, 1607, s. v.: articulado: «claire, distinct»), o mejor,

– 303 –
Pedro de Solís y Valenzuela

aquello de JobXLI (no se prohíbe al enfermo el quexarse): ni mi


643

fortaleza es de peñascos insensibles ni mi carne es de bronze.


¿Quousque dissimulabo?603 dezía San Bernardo en la muerte de
644

Gerardo, significando que el dolor de la pérdida le abrassava


las entrañas, y le deshazía el corazón. Qué mucho, pues, que
a mí, miserable, memorias de tantas penas y recuerdos de tan
fuertes golpes, me ocassionen lágrimas. Para cortarlas, pues,
passemos a otros successos más fauorables, si es que los pudo
aver en fortuna tan desecha. Estos fueron aver piedad en los
piratas para curar mis heridas y para acostarme sobre vna dura
tabla con la más vil manta por abrigo y el darle al desalentado
y desflaquezido604 cuerpo algún alivio, de que cuydó Ascanio
645

con título de sobrino mío, cabiendo605 por suerte buena entre


646

‘expuestas con lógica, punto por punto’ (S. de Covarrubias, Tesoro de la


lengua castellana o española, 1611, s. v.: articular: «alegar por artículos»; C.
Oudin, Tesoro de las dos lenguas francesa y española, París, 1607, s. v.: «faire
et mettre par articles»; Diccionario de autoridades: articulado: «articulatim
distinctus»). El verbo articular era muy usado en la práctica forense.
XLI
Iob, cap. 6, vers. 12 [«Nec fortitudo lapidum fortitudo mea, nec caro mea aenea
est»].
Véase S. Bernardi Claraevallensis “Sermo 26, in quo beatus bernardus
603

obitum fratris sui germ·di luget” (Pateologiae cursus completus, Series Latina, ed.
Jacques-Paul Migne, t. clxxxiii, col. 903 y siguientes). En la col. 904
se lee «Quousque enim dissimulo».
Desflaquecido: «flaco y privado de fuerzas, vigor y ánimo» (Diccionario de
604

autoridades, s. v.).
Cabiendo: del verbo caber: «la acepción de tocar, corresponder, prime-
605

ramente se dijo tratándose de una partición proporcional, y después

– 304 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

tantos males el estar juntos en vna prisión bien estrecha, pues


lo es la más ancha que ay en el navío. Aquí estube, acometido
de fieros dolores de mis heridas que si no llegaron a acabar la
vida, muchos indicios dieron de ser mortales. Este bien tienen
las tribulaciones, que hazen al hombre que se convierta a Dios.
En medio de tantas como yo me vide rodeado, este fue el nico
puerto de mi consuelo y parte de los discursos que en aquella
apretura606 hize, copié en vnas octavas, no afectando gallar-
647

día de palabras sino llaneza de conceptos, quando después de


convaleciente, me vi hecho oprobrio607 de los campos en vna
648

grande soledad, como después diré. Sacó entonzes del pecho


un papel y le dio a Don Fernando para que le leyesse. Todos
mostraron gusto en oír las octavas, aunque Arsenio quería sólo
enseñarlas sin que se dictassen608, porque por ser algo diffus-
649

de cualquiera asignación o contingencia que trae algo a la persona


(intransitivo)» (R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la lengua
castellana, París, 1893, t. ii, pág. 11b). Lo ordinario era construir este
verbo con dativo de persona.
Apertura: «lo mismo que aprieto» (Diccionario de autoridades, s. v.).
606

Oprobio: oprobrio es forma más cercana al latín opprobrium que la actual.


607

Dice de ella Corominas: «Emplea la forma con dos r… Cervantes


(Quijote, i, xxxiv, 173) y así escribe todavía Autoridades; mientras que
[el Diccionario de] la academia ya en 1817 la da como anticuada. Falta el
vocablo todavía en Covarrubias, pero después se popularizó bastante,
quizás gracias a Cervantes» (Diccionario crítico etimológico castellano e his-
pánico, Madrid, Gredos, 1996, s. v., oprobio).
Dictar: ‘pronunciar’, sentido que tenía dictare en el latín tardío (com-
608

párese A. Blaise, Lexicon latinitatis medii aevi praesertim ad res ecclesiasticas

– 305 –
Pedro de Solís y Valenzuela

sas609, no enfadassen; mas tenía tan adulzados610 a sus oyentes


650
651

que, aunque lo fuessen mucho más, las oyrían con gusto. Leyó,
pues, Don Fernando assí:

Necessitado, pobre y aflixido;


de plazer, de contento y gusto ageno611; 652

de mil enfermedades combatido;


de llagas en el cuerpo y alma lleno;
sepultado, rebuelto y consumido
en miserable lodo y triste cieno,
a ti, mi Dios, me buelvo suspirando,
diziendo con gemidos: ¿hasta quándo?XLII 653

investigandas pertinens, 1886, s. v.), lo mismo que el de ‘versificar’. Muchos


ejemplos del primer sentido se encuentran en El desierto.
609
Difuso: «se llama también el discurso, narración o escrito demasiada-
mente dilatado y superabundante de palabras… Proviene del latín
diffusus, -a, -um» (Diccionario de autoridades, s. v.). Diffusus es el participio
latino de diffundere ‘extender’.
610
Adulzado: ‘halagado’, ‘endulzado’. Adulzar: «halagar, deleitar» (Diccio-
nario histórico de la lengua española, ed. definitiva, t. i, 1972, pág. 814a).
Ejemplo: «y vos, que el generoso siempre oído / adulzáis con el son
de la corneta» (E. Villegas, Las eróticas, t. i, 1774, pág. 392).
611
Ajeno: ‘privado, desposeído’. Ageno de gloria: ‘desposeído, privado de gloria’.
Compárese R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la lengua cas-
tellana, París, 1893, t. i, pág. 300a; Diccionario histórico de la lengua española,
ed. definitiva, 1972, t. i, pág. 1249c, acep. ii, 5. Ejemplo: «puso… de
plazer el reino ageno» (F. de Herrera, “Canción”, Poesías, ed. de García
de Diego, Clásicos Castalia, t. xxvi, Madrid, 1970, pág. 47).
XLII
«Vsquequo, Domine, irasceris in finem?» [Ps. 78: 5].

– 306 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

[…]

Ya me faltan palabras y razones


para dezir mis quejas lastimosas.
Tú, que ves los secretos corazones,
mira bien mis angustias dolorosas.
Concede, immenso Dios, mis peticiones;
líbrame de las manos tan furiosas
de los que me están siempre combatiendo,
que en las tuyas me pongo y encomiendo.

Acabó de leer Don Fernando, aviendo enternezido a los


oyentes con la llaneza destas tan bien sentidas razones612. Y 654

Arsenio prosiguió diziendo: estos fueron los mentales solilo-


quios, con que, en medio de mi tribulación, me bolví a Dios y
clamé a su Divina M[a]g[esta]d, como otro Jonás desde el vien-
tre de la ballena. A un mismo tiempo vi robada mi hazienda,
mis deudos y amigos, muertos, y juntamente me vi puesto en
prissión y en punto de muerte613. Todos mis males parezían sin
655

Razón, razones: «palabras o frases con que se expresa el pensamiento»


612

(B. Alemany y Selfa, Vocabulario de las obras de don Luis de Góngora y Argote,
Madrid, 1930 s. v.). Común en el siglo xvii. Ejemplos deCervantes en
el Quijote: «Paráronse los mercaderes al son destas razones… y por las
razones echaron de ver la locura de su dueño» (Parte i, cap. iv, ed. Rodrí-
guez Marín, t. i, 1947, pág. 164); «y la cabeza le respondió… esta razón»
(Parte ii, cap. lxii; ed. Rodríguez Marín, t. viii, 1948, pág. 78).
En punto de muerte: ‘en peligro de muerte’, ‘a punto de morir’. Compá-
613

rense estos ejemplos: «estoy en punto de azeros echar unos grillos»;


«la tierra estuvo en punto de perder[se] e se perdiera si…» (citado por

– 307 –
Pedro de Solís y Valenzuela

remedio. Qué bien dixo Séneca: a qualquiera dolor, por grave


que sea, el mejor medio614 es la paciencia. Pero
656

¡quién pudiera tenerla en tales rigores sin extraordinario


caudal de valor!
Contentos los olandesses con la pressa y ricos con los des-
pojos del bajel y repartidos en los suyos los rendidos, ya movi-
dos a más piedad, los fueron echando en tierra615 en aquellas 657

costas, que ellos lo acostumbran assí, no reparando en que


sean desiertas. Quien más días estuvo en su compañía fuy yo;
que, condolidos de mis heridas, a mí y Ascanio, que cuydava
de ellas, no nos echaron en la marítima costa hasta que yo me
sentí con algún aliento. Vna tarde, haziendo poner vna cha-
lupa y mandándonos entrar en ella con los marineros, nos
conduxeron a la orilla de la mar y nos dexaron en tierra con
sólo el abrigo de vnos vestidos de angeo616. Tan consumido 658

P. Boyd-Bowman, Léxico hispanoamericano del siglo xvi, Londres, 1972,


s. v.). Estar en punto o a punto: «ser contingente [= ‘posible’] el suceder
una cosa; como estar a punto de perder la vida» (Diccionario de autori-
dades, s. v. punto).
614
Medio: ‘remedio’ o ‘solución’, como se explicará en la nota 698.

Séneca expresa esta idea, por ejemplo, en: «Ad contemnendam malo-
rum potentiam, animus patientia pervenit» (De Providentia, iv, 13).
615
Echar en tierra: «… a alguno es desembarcarle» (R. J. Cuervo, Diccionario
de construcción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. iii, pág. 11a,
con un ejemplo de M. de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo don
Quijote de la Mancha, parte i, cap. xxxix; ed. Rodríguez Marín, 1947).
616
Anjeo: «especie de lienzo basto» (Diccionario histórico de la lengua española,
t. i, 1933, s. v.).

– 308 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

y desfigurado estava Ascanio, con golpes tan repetidos, que


passó plaza617 su dissimulo de varón, sin que se ocasionasse
659

sospecha, que fuera posible que, aviéndola, no lo echassen en


tierra conmigo. Quedamos, pues, solos en la playa solitaria sin
saber qué región era la que pissábamos, ni adónde, o a quién
avíamos de boluer los ojos. Respiramos allí, dimos con repeti-
das lágrimas treguas al ánimo quebrantado, y algún lugar a la
esperanza de hallar mejor abrigo en las peñas y en los montes
que allí se nos ofrezían a la vista, que en los hombres que nos
avían dexado allí para perezer. Encaminamos nuestros passos
hazia lo espesso de las arboledas para buscar vna cueba o gruta
en que repararnos618. Conozí, por lo que yo avía oýdo dezir de
660

617
Passar plaza: «ser tenida o reputada alguna persona o cosa por lo que
no es en realidad» (Diccionario de autoridades, s. v. passar).
618
Repararse en este caso, tal vez mejor que ‘recuperarse’, valga por ‘resguar-
darse’. Recuérdese que reparo significa también ‘defensa o resguardo’.
Compárese también los siguientes ejemplos: «A la sombra de una peña
los de la tierra se repararon del viento, y a la claridad de mucha lumbre
que de ramas cortadas en un instante hicieron, se defendieron del frío»
(M. de Cervantes Saavedra, Persiles, Clásicos Castalia, t. xii, pág. 254);
«Prudencia es saber el hombre repararse antes de los peligros» (L. de
Granada, Guía de pecadores, Clásicos Castalia, t. xcvii, pág. 167); «se suele
reparar de las inclemencias del cielo, estando en la campaña rasa, con
solo el aliento de su boca» (M. de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo
don Quijote de la Mancha, parte i, cap. xxxviii; ed. Rodríguez Marín, t. iii,
1948, pág. 156); «descubrió un navío que en aquel reposo del alterado
mar, como en seguro puerto, se reparaba» (Persiles, Clásicos Castalia,
t. xii, pág. 54); «comenzaron desde lejos a llover piedra sobre don Quijote,
el cual, lo mejor que podía, se reparaba con su adarga» (Quijote, Parte i,
cap. iii; ed. Rodríguez Marín, t. i, 1947, pág. 137).

– 309 –
Pedro de Solís y Valenzuela

la fertilidad de las Yndias, que estávamos en costa suya, por-


que luego encontramos naranjos y limas y otros árboles fruta-
les que, sin humana cultura619, produzen sus regiones. Y no fue
661

este pequeño alivio, pues nos fueron de sustento, para no acabar


allí la vida con hambre. La tierra era fertilíssima y de mucho
deleyte, pero éranos de gran desconsuelo no encontrar huma-
nas huellas y no ver por allí rastros de poblazón620 y el caminar 662

por vna montaña no conozida, expuestos a ser pressa de algún


animal o monstruo de los que suelen anidarse en la soledad.
Con todo, sacando fuerzas de flaqueza y animándonos el vno
al otro, discurrimos por varias partes hasta que descubrimos
vna choza pagiza, a la qual nos encaminamos y la hallamos
desierta, aunque no sin rezientes señales de aver estado allí
gente; pues hallamos fuego y leña y no pocos pescados diffe-
rentes puestos en vnos zarzos621 de minbres al humo, que assí
663

619
Cultura: «la labor del campo o el exercicio en que se emplea el labra-
dor o jardinero» (Diccionario de autoridades, s. v.).
620
Población: ‘villa’, ‘lugar’; «lo mismo que población, que es como más común-
mente se dice» (Diccionario de autoridades, s. v.). Lo traen Oudin (Tesoro de
las dos lenguas francesa y española, París, 1607, s. v.) y Franciosini (Vocabolario
español e italiano, Segunda parte, Roma, 1620, s. v.). Varios ejemplos en
P. Boyd-Bowman, Léxico hispanoamericano del siglo xvi, Londres, 1972, s. v.
621
Zarzo: «el texido de varas, cañas o mimbres atados, y que forman una
figura plana» (Diccionario de autoridades, s. v.). Dichos tejidos podían y
pueden utilizarse con diversos fines: para cercar propiedades, como
trincheras, para cubrir los costados de los carros, y, también, dispues-
tos horizontalmente, para secar y conservar carnes, pescados, granos
y otros productos agrícolas. Esto tanto en España como en varios paí-
ses de Hispanoamérica.

– 310 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

lo acostumbran hazer los pescadores de las Yndias, con que lo


traginan622 a diversas partes seco al humo, que les suple la falta
664

de sal y les da muy buen sabor. A la cuenta623, aquella choza 665

tenían echa los pescadores que a la marina solían ocurrir624 666

a pescar para su grangería625; y la causa de tenerla fabricada


667

hazia lo más oculto del monte era el miedo de ser asaltados de


los piratas que infestavan la costa. Estava en lugar sublime626, y 668

aunque su fábrica era pagiza, era capaz627 para ocho hombres669

Traginar (hoy trajinar): «acarrear o llevar géneros o mercaderías de un


622

lugar a otro» (Diccionario de autoridades, s. v.).


A la cuenta, por la cuenta: «al parecer, según lo que se puede juzgar»
623

(R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana,


París, 1893, t. ii, pág. 670b).
Ocurrir: Latinismo en el sentido de ‘acudir, correr al encuentro’ (occu-
624

rrere). C. Fontecha, Glosario de voces comentadas en ediciones de textos clásicos,


Madrid, 1941, pág. 257.
Granjería: «ganancia o utilidad que se obtiene con algún tráfico o
625

negocio» (J. Coromines, Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico,


Madrid, Gredos, 1996, s. v. granja). Ejemplo americano: «de donde
han redundado muchas grangerías e bien general» (P. Boyd-Bowman,
Léxico hispanoamericano del siglo xvi, Londres, 1972, s. v.).
Sublime: latinismo (sublimis, -e) en el sentido de ‘elevado, empinado’,
626

como en el presente caso: «entre plantas sublimes…» (Diccionario de


autoridades, s. v.)
Capaz: este adjetivo presenta aquí la acepción espacial marcada con l,
627

a) en R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana,


París, 1893, t. ii, pág. 60a: «que tiene ámbito o espacio suficiente para
recibir en sí otra cosa». En la página 60b se señala su construcción «con
para, que señala el objeto a que es proporcionada la cavidad o espacio».

– 311 –
Pedro de Solís y Valenzuela

y tenía, como he dicho, sus zarzos en el ayre, a la parte supe-


rior para ahumar el pescado.
Notable alegría y consuelo tuvimos con las esperanzas que
estos indicios nos dieron, y con el refrigerio628 que nos dio el 670

fuego y el hallar pescado qué comer porque no ossávamos fiar-


nos a629 las frutas no conozidas; si bien con las noticias que yo
671

tenía de los plátanos (y que se comían maduros y servían de


fruta; y verdes, assados o cozidos, servían de pan), luego los
conozí, y nos valió la noticia para no echar menos el pan.

628
Refrigerio: «se toma asimismo por alivio o consuelo que se tiene en qual-
quier línea [= ‘clase o especie’]» (Diccionario de autoridades, s. v.). Aun-
que ya en latín refrigerium había llegado a tener el sentido general de
‘alivio, ayuda, consuelo’, difícilmente se concibe que un latinista hable
del refrigerio del fuego, olvidando la etimología de la palabra (frigor,
frigus ‘frío’).
629
Fiarse a: desde antiguo predominaron, en el sentido de ‘confiar, tener
confianza’, las construcciones fiarse de, fiarse en. Ya en latín tardío fidere
se construía con in y de. De fiarse a sólo hemos encontrado el siguiente
ejemplo anterior a El desierto: «Pasea [aquí] el que en su patria no
pudiera / Fiarse a su mujer, y por insultos / Quebró los grillos y la
cárcel fiera» (B. L. de Argensola, “A Nuño de Mendoza”, Rimas, t. i,
Clásicos Castalia, t. cxxxiv, pág. 97). Dos siglos después de la obra de
Don Pedro de Solís y Valenzuela escribirá Martí: «con mujeres y con
hijos se fían al mar». En cuanto a las construcciones fiar + comple-
mento directo de cosa de o en, son también más frecuentes que fiar +
complemento directo de cosa a (en el sentido de ‘entregar o comunicar
algo confiadamente a otro’). Hemos visto ejemplos de esta última en
Calderón, S. Juan de Avila, Villegas, Domínguez Camargo, Francisco
de Rojas y Vélez de Guevara. En los siglos xviii y xix se hizo ella bas-
tante común.

– 312 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Conozimos que la causa de aver dejado lumbre encendida fue


para que se quedassen ahumando los pescados. En fin, Dios N.
Sr., que cuyda hasta de los más chicos pajarillos, y viste al lirio
en los campos, nos tubo, para alivio de tantas fatigas y traba-
jos, aquí la messa puesta y lugar de abrigo y refrigerio.
Estubimos allí algunos días esperando viniessen los due-
ños de aquel rancho630 (que assí se llaman estas enramadas), ya
672

muy reparados631 de los males passados, y con firmes esperan-


673

zas de mejor fortuna. Pero quando esta quiere perseguir a un


desdichado, aun en el desierto más inculto no le falta modo.
El ltimo dolor estava preparado a mi pecho. Avía salido por
aquellas espesuras Ascanio diversas vezes, dejándome a mí
durmiendo, y aunque yo le avía echo instancia632 en que no se 674

expusiesse a perder la senda y perderse, o a encontrar algún

630
Rancho: «en los siglos xvi y xvii rancho era palabra bien conocida en
todos los países donde se ha hablado castellano, designando toda clase
de viviendas provisionales o simplemente lugares donde se alojaban
o se acomodaban, con carácter más o menos pasajero, toda clase de
gente nómada o viajera: soldados, indios, marinos, pescadores, gita-
nos, pastores y vagabundos. Era sobre todo una palabra de soldados,
y estos la aplicaron a las chozas y guaridas de los indios americanos,
de donde quedó luego como nombre de vivienda pobre y rural de los
habitantes de América, aun los criollos» (J. Coromines, Diccionario crí-
tico etimológico castellano e hispánico, Madrid, Gredos, 1996, s. v. rancho).
631
Reparar: «significa assimismo tomar aliento o vigor, recuperarse o reco-
brarse de algún accidente» (Diccionario de autoridades, s. v.).
632
Hacer instancia: «vale volver a pedir o repetir varias veces la súplica o
pretensión» (Diccionario de autoridades, s. v. instancia). Para el régimen
compárese el siguiente ejemplo de Lope: «Haz instancia tú en sacar /

– 313 –
Pedro de Solís y Valenzuela

león o tygre que diesse fin a su vida, él, satisfaciéndome633 675

con que no se alejava mucho, avía desvanecido mi cuydado.


Otro mayor traýa en su pecho, y era el dexarme solo y, llevado
de vn fervoroso espíritu, retirarse en634 vna escondida cueba de
676

aquel monte para acabar su vida consagrándola a Dios. Como


lo pensó, lo executó vn día muy a su salv¡o635. Y quando cerró
677

la noche y vi que no bolbía, quedé tan attónito, tan conffusso y

Los españoles de Francia» (Don Juan de Austria en Flandes, en Obras, ed.


Real Academia Española, t. xii, pág. 405).
Satisfaciéndome: ‘respondiéndome’.
633

Retirarse: aquí en el sentido de ‘llevar una vida apartada y recogida’,


634

acepción que define así el Diccionario de autoridades, s. v.: «apartarse o


separarse del trato, comercio, comunicación o amistad». Esto hace más
natural el régimen del verbo, como se puede ver en el siguiente ejem-
plo: «Contó luego Silerio brevemente la ocasión que le había movido
a retirarse en aquella ermita con pensamiento de acabar en ella la
vida» (M. de Cervantes Saavedra, La Galatea, Clásicos Castlia, t. clv,
pág. 105). Desde el principio preponderó la construcción retirarse a (que
es la del Quijote) sobre retirarse en (con predominio en esta última de la
idea de ‘apartarse dentro de un recinto o un espacio determinado’).
Ejemplos: «retirándose con él aparte en una sala» (Cervantes, en Clási-
cos Castalia, t. xxvii, pág. 313); «se retiró en el más escuro retraimiento
de la nave» (Timoneda en Clásicos Castalia, t. ci, pág. 140); «retirarse
en sus aposentos» (Gil Polo, en Clásicos Castalia, t. cxxxv, pág. 261);
«¡Bienaventurado aquel / que… / … / … en los montes se retira!»
(Guillén de Castro, en Clásicos Castalia, t. xv, pág. 64).
A su salvo: «modo adverbial que vale… sin peligro, con facilidad y sin
635

estorvo» (Diccionario de autoridades, s. v. salvo).

– 314 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

tan dolorido, que me parezieron todas las fortunas636 passadas 678

dichossas en comparación del pesar presente. Salí a aquella sole-


dad; di vozes por aquellos campos para que si acasso erraba el
camino, las oyesse. Encendí vnos leños, discurrí por todas par-
tes, mas toda mi fatiga salió en vano. Presumí lo que me temía,
y era que avía sido despojo de alguna fiera, y que ya Ascanio no
era en el mundo. Arrojé el corazón a la corriente de las lágrimas;
tales eran las mías que ablandaran los bronzes más insensibles y
las más duras rocas. Passé aquella noche en un mar de confus-
sión y en vna lucha de dolores con encontrados pensamientos y
imaginaciones. Amaneció el día y yo me resolví a no dexar entre
aquellos peñascos escondrijo ni abertura que no escudriñasse en
busca de Ascanio. Errando andube por sus incultas sendas de día
y de noche sin descanso alguno muchos días, al cabo de los qua-
les llegué a un peñasco roto, por cuyas aberturas entravan ramos
de silvestres árboles; ni tanto era deffendido de inclemensias, que
todas en parte no le alcanzassen lo interior, donde apenas avía
luz, que era la que se permitía637 por la rotura de vna peña que
679

vna rama de infecunda higuera cerrar quería con porfía repetida.


Allí cerca corría vn arroyo, que su templado murmurio638 era 680

Fortuna: ‘accidente, azar o riesgo’. Véase la nota 791.


636

Permitirse: «dexarse ver» (Diccionario de autoridades, s. v.). Ejemplo: «por


637

eso está [el corazón] en medio del cuerpo como en centro muy con-
servado, sin permitirse ni aun a los ojos» (B. Gracián, El criticón,
ed. Correa Calderón, t. i, Clásicos Castalia, t. clxv, 1971, pág. 147).
Que su templado murmurio: ‘cuyo templado murmurio’. Un giro del habla
638

popular que irrumpe en un texto cultista. Cuyo en aquella época era mucho
más usado que hoy, cuando ha desaparecido de la lengua hablada corriente.

– 315 –
Pedro de Solís y Valenzuela

voz de aquella soledad. Llegué a aquel sitio; attendí639 su fábrica; 681

infundióme miedo. Suspendíme algún tanto y oy vna dulze aun-


que débil voz que con suaves quiebros640 cantó este romanze:
682

Sin embargo, ya entonces vemos que en algunos literatos y en documen-


tos comerciales y jurídicos, el mencionado relativo es reemplazado por
diversos giros, uno de los cuales es que su. Ejemplos: «con esto quedó irri-
tada una nación émula y poderosa, que importaba su amistad [= ‘cuya
amistad importaba’] para conservar nuestras armas en aquel imperio»
(F. de Moncada, Expedición de catalanes y aragoneses contra turcos y griegos, Biblio-
teca de Autores Españoles, t. xxi, 1623, pág. 9); «Lo contrario de todo
esto acontecerá al maestro que por su descuido o por su mal ejemplo
[= ‘por cuyo descuido o por cuyo mal ejemplo’] se salió algún novicio del
monesterio» (A. de Guevara, Oratorio, ed. Biblioteca de Autores Cristia-
nos, Madrid, 1948, pág. 501); «La Fénix que ayer Lerma fue su Arabia
[= ‘La Fénix cuya Arabia ayer fue Lerma’]» (Góngora, Sonetos completos,
ed. B. C., pág. 207). De P. Boyd-Bowman, Léxico hispanoamericano del siglo
xvi, Londres, 1972, s. v., tomamos los siguientes ejemplos: «muchas per-
sonas que no se acuerda de sus nombres»; «un pueblo que eran las casas
cubiertas de paja»; «otra huerta… que no me acuerdo los lindes della».

Respecto a la lengua actual, la Real Academia Española se siente en el deber
de preceptuar que «tampoco se admite en el lenguaje cuidado el uso popu-
lar de que su por cuyo: «Aquel hombre que su hijo está en África» (Esbozo de
una nueva gramática de la lengua española, Madrid, 1973, § 3.20.6, c, pág. 530).

Templado: ‘suave’. Templar: «moderar o suavizar la fuerza de alguna
cosa» (Diccionario de autoridades, s. v.).
639
Atender: aquí ‘notar’, ‘reparar en’, ‘observar’, como el latín attendere. Un ejem-
plo análogo en el sentido, pero diferente en el régimen, es el siguiente: «¿No
atendéis a aquel tan medido en sus acciones, tan comedido en sus palabras?»
(B. Gracián, El criticón, ed. Correa Calderón, t. ii, 1971, pág. 33).
640
Quiebro: «la pausa breve y harmoniosa que se hace con la voz en un
gorgeo, cantando, y como quebrándola» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 316 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

[…]

Yo quedé tan estrañamente admirado (prosiguió Arsenio)


que ni aun respirar osaba. Varios pensamientos acometieron mi
pecho (era extraordinario el successo en vna soledad tan inculta).
No sabía a qué determinarme: si a entrar, si a reconozer el habi-
tador de aquella morada, que tan dulcemente cantava. Ángel
embiado de Dios le formaba641 pues dictaba tales razones para mi
683

perfecto desengaño. En fin me resolví, sin dar más que pocos pas-
sos adelante, en642 esperar en qué parava aquello. Poco rato passó
684

641
Formaba: ‘imaginaba’, de acuerdo con una de las acepciones del verbo
latino formare, que es la de ‘imaginar, concebir mentalmente’ («Tacita
formare gaudia mente»: Ovidio, 3 Amor., 7). Los siguientes ejemplos
de Cervantes presentan un sentido próximo al mencionado: «en un
breve instante formó millares de discursos» (Persiles, Clásicos Castalia, t.
xii, pág. 460); «después de muchos nombres que formó, borró y quitó,
añadió, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación» (El inge-
nioso hidalgo don Quijote de la Mancha, parte i, cap. i; ed. Rodríguez Marín,
t. i, 1947, pág. 94). Este de Calderón de la Barca es muy cercano al de
Solís: «si sombra que helada y fría / mi imaginación formó» (No hay
cosa como callar, Clásicos Castalia, t. cxxxvii, pág. 147).

La acepción apuntada de farmare y formar es derivación directa de la
fundamental de ‘plasmar’, ‘dar forma’ que tienen dichos verbos en
latín y castellano.
642
Resolverse en o estar resuelto en son construcciones que se hallan en Cer-
vantes, por ejemplo: «sin haberse jamás resuelto en ello» (El ingenioso
hidalgo don Quijote de la Mancha, parte i, cap. xxvi; ed. Rodríguez Marín,
t. ii, 1948, pág. 287). Véanse al respecto las notas de Rodríguez Marín
en la página mencionada y en el tomo iii, págs. 63 y 86, con ejemplos
de tales construcciones en Virués, Coloma y Tirso de Molina.

– 317 –
Pedro de Solís y Valenzuela

sin que continuasse la música diziendo en differente tono estas


canciones, pareze, según el contexto, a Santa María Magdalena.

Bellos enamorados,
que gustastes de dulces sinsabores,
sed oy mis combidados
para cantar la gala643 a los amores
685

de más gloriosa pena


entre Christo y María Magdalena.

Divina compañía,
que con música dulce en bosque vmbroso,
siete vezes al día,
desta ninfa en ausiencia644 de su esposo
686

consolastes el llanto,
honrrad con vuestros hymnos este canto.

Si buscáys los despojos
en que el amor triunfó destos dos pechos,
veréys rendidos ojos,
en cristalinas lágrimas desechos

643
Cantar la gala a una persona o una cosa: ‘ensalzarla como la mejor y más
digna de loa’ (C. Fontecha, Glosario de voces comentadas en ediciones de tex-
tos clásicos, Madrid, 1941, pág. 170).
644
Véase nota 585.

Parece haber aquí una referencia a la ninfa Egeria, viuda del rey Numa, quien
lloraba su dolor en los bosques de Aricia, donde las ninfas de la selva y del
lago trataban de consolarla (Ovidio, Metamorfosis, xv, v. 482 y siguientes).

– 318 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

y dorados cabellos
de que amor haze red y enlaza en ellos.

Veréys aquí escondido


en un repecho al cazador mañoso,
y por los pies asido
al sagrado pelícano645 piadoso,
687

ofreziéndosse al tyro
por el dulce reclamo646 de vn suspiro.
688

Derrámase el vngüento,
quebrando el blanco vaso aunque precioso,
y el corazón essento,
quebrado de dolor, aunque amoroso;

645
El pelícano se ha interpretado como figura de Cristo. Ya San Agustín,
al comentar en sus Enarrationes el Salmo 101: 7, donde aparece la frase
«similis factus sum pellicano solitudinis» o «similis factus sum pelicano qui habitat
in solitudine», se refiere a la leyenda que afirma que dicha ave mata a sus
polluelos en el nido, guarda por ellos un duelo de tres días y, finalmente,
los riega con la sangre que hace brotar de una herida que ella misma
se abre, con lo que reviven los pequeños. Cristo, a semejanza del pelí-
cano, afirma el Santo, nos vivifica con su sangre: «Habet ergo haec auis, si
uere ita est, magnam similitudinem carnis Christi, cuius sanguine uiuificati sumus»
(Enarrationes in Psalmos, ci, sermo i, 8).

También para Santo Tomás de Aquino el pelícano es símbolo de Cristo,
en el himno Adoro te devote. Y lo mismo, para Dante (Paradiso, xxv, v.
113) y para los pintores, a partir de los discípulos de Giotto. Sobre esto
véase el artículo “Pellicano” de la Enciclopedia cattolica.
646
Reclamo: «metaphóricamente se toma por qualquiera cosa que atrahe,
llama o convida» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 319 –
Pedro de Solís y Valenzuela

aquel, de olor, el suelo,


este de su calor trasciende647 el Cielo.
689

Pues los que allá en la gloria


tenéys a cargo hazer fiesta solene,
quando con gran vitoria
algún injusto a penitencia viene,
hazed gallardas pruebas,
cánticos nuevos y invenciones nuevas648. 690

Çessó con esto la música y continuó la voz diziendo: Res-


piremos soledades pacíficas. Bolved al Cielo el discurso649. 691

647
Trasciende: ‘se difunde por’. Trascender transitivo: ‘penetrar en’, ‘difun-
dirse por’, ‘traspasar’. Sentidos que se aplican tanto a lo material
como a lo mental. Véanse ejemplos en el Diccionario de autoridades, s. v.
trascender (2.a acepción) y transcender (3.a acepción) y en J. Mir, Prontuario
de hispanismo y barbarismo, t. ii, 2001, pág. 951. Compárese también el
siguiente ejemplo de Gracián: «El Engaño trascendió toda la Italia,
echando hondas raíces en los italianos pechos» (El criticón, ed. Correa
Calderón, t. i, 1971, pág. 212).

Trascender intransitivo frecuentemente valía por ‘despedir fuerte olor’
(compárese Diccionario de autoridades, s. v., y Prontuario, t. ii, págs. 951 -2).
648
Frase hecha. Compárese: «grandísimas demostraciones de alegría, con
invenciones nuevas a caballo y a pie» (V. Espinel, Relaciones de la vida
del escudero Marcos de Obregón, Madrid, 1618); «sin nuevas invenciones»
(F. Cascales, Cartas filológicas, ed. García Soriano, t. iv, 1975, pág. 217).
649
Discurso: ‘pensamiento’. El sentido más común de discurso era el de ‘pen-
samiento racional’, ‘raciocinio’ (abundantes ejemplos en Cervantes,
Calderón, Lope, Gracián y otros muchos autores). Pero a veces tenía el

– 320 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Lloremos con razón tantos riesgos de mi naturaleza débil,


tantas fortunas de mi vida. Dulzes exemplos de virtud, mucho
importáys a la enmienda de mis imperfectiones; asistid650 en mi 692

valor de ‘pensamiento’ simplemente, fluir de imágenes, deseos, impul-


sos por la conciencia; por ejemplo en el siguiente pasaje del Quijote:
«maldiciendo mi ventura y repitiendo en vano el nombre amado de
mi enemiga, sin tener otro discurso ni intento entonces que procurar
acabar la vida voceando» (Parte i, cap. xxvii; ed. Rodríguez Marín,
t. ii, 1947, pág. 331). «Uso de la razón» (Diccionario de autoridades, s. v.).
Este es el significado más común de esta palabra en el siglo xvii. Los
ejemplos sobreabundan en las obras de dicho periodo. Señalemos
estos: «hablamos con discurso, como si fuéramos capaces de razón»
(Cervantes, Novelas, ii, Clásicos Castalia, t. xxxvi, pág. 210); «en lo que
el discurso no pudo ayudar mi causa con sus razones» (Calderón, El
gran duque de Gandía, ed. Cerny, Praga, 1963, pág. 120). En la “Alego-
ría” que figura entre las Rimas de B. L. de Argensola aparece el Discurso
o pensamiento racional personificado (ed. Blecua, Clásicos Castalia,
t. clxxxiv, Madrid, 1974, págs. 194-8). Compárense, además, los
ejemplos señalados por Romera Navarro en su edición de B. Gracián,
Oráculo manual, págs. 99 y 490. Véase nota 180.
650
Asistid: ‘haceos presentes’ o ‘residid’. Ejemplo de asistir para denotar pre-
sencia de algo en la mente: «las cosas presentes que los ojos están mirando
se presentan, están y asisten en nuestra memoria mucho mejor y con
más vehemencia que las cosas pasadas» (El ingenioso hidalgo don Quijote de
la Mancha, parte ii, cap. v; ed. Rodríguez Marín, t. iv, 1948, pág. 137).

Sobre asistir con el sentido de ‘residir’, compárese F. Cascales, Cartas
filológicas, ed. García Soriano, t. iii, 1941, pág. 175. Para la acepción de
‘hacerse presente’, compárese este ejemplo de Calderón: «¿Qué quie-
res?, / que ya a tus voces asisto, / conjeturando tu intento / a cuya
causa me miro / por la costumbre del robo / en hábito de bandido»
(“A tu prójimo como a ti”, Autos, ii, Clásicos Castlia, t. lxxiv, pág. 120).

– 321 –
Pedro de Solís y Valenzuela

alma, enseñalda con vuestro sacro ardor. Aquellas que de mi


género enmendastes vuestros hierros651 con castigo admirable,
693

con llanto verdadero, dadme la mano; ponedme en el camino


que llebasteys. Vos, dama hermossa, espejo de dolor por flaque-
zas que tanto ya lloraysteys; christalino espejo de penitencia,
vos, illustre honor de soledades, favorezed la mía. Caya652 sobre 694

este pecho alguna lágrima de aquellas cuya efficacia rompió en


algún tiempo la tierra de su culpa para que produxesse fértiles
frutos. Adorada mía, ¿qué amor divino es esse? ¿Qué gemidos
dolientes? Amorosa653 del Cielo, no menos fuistes industriosa que
695

651
Léase: ‘yerros’.
652
En su Arte de la lengua española castellana (cuyo manuscrito estaba listo
para la imprenta en 626), pág. 298, Gonzalo Correas da como igual-
mente correctos caiga y caya. En el Léxico hispanoamericano del siglo xvi
de Boyd-Bowman ambas formas están representadas. Lope usa caiga.
Entre los clásicos aparecen caya, cayas, etcétera, en Santa Teresa, Gra-
nada, Ercilla. Las formas de presente subjuntivo con y las encontra-
mos en varios lugares del Quijote, al lado de caigan (Parte ii, cap. xxxv,
ed. 1615, fol. 137v.; ed. Rodríguez Marín, t. vi, 1948, pág. 116).

Las formas caya, cayas, etcétera, son las más antiguas y se ven en las
Partidas, el Infante Juan Manuel, etcétera. Gradualmente fueron des-
plazadas por las formas con ig.
653
Amorosa: ‘enamorada’. Según Nebrija, amoroso antiguamente equivalía
a amorabundus. Amoroso significa para Casas y Percivale, ‘amante’.

– 322 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

amante; destranzáys654 el cabello, primer paño655 de pies que vn


696 697

puro amor ha imaginado para enlazar a vuestro Esposo Jesús.


De tan diestro lazo os pido alguna parte para el mismo efecto.
Bien sabéys, discreta peregrina, que tales redes se an de armar
en soledades. Divina solitaria656, indigna soy deste favor, inspi-
698

654
Destranzar, destranfar: ‘destrenzar’; «oster [= ‘ôter’] la bandelette» (C.
Oudin, Tesoro de las dos lenguas francesa y española, París, 1607, s. v.); «to
take away the haire-lace» (Minshev).

Existieron las formas emparentadas tranza ‘trenza’, tranzado ‘trenzado’
y tranzar ‘trenzar’. Respecto a este verbo afirma J. Coromines: «Por
lo demás, en los ss. xv-xvii encontramos el verbo en la forma trançar,
explicable por la procedencia forastera, en todo o en parte, que dio
lugar a una confusión meramente fónica con el autóctono tranzar ‘cor-
tar, tronchar’: así en las Canciones y Dezires de Santillana […] y todavía
en los clásicos: tranzado ‘trenza’ en Baltasar de Alcázar (ed. Rodríguez
Marín, pág. 292); «traía tranzados los cabellos con unas cintas blancas»
(La ilustre Fregona, Clásicos Castalia, xxvii, pág. 250); «lanza y escudo
y arnés tranzado» (M. de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo don
Quijote de la Mancha, parte ii, cap. lii; Clásicos Castalia, t. vii, pág.
296), «venía en cuerpo y en tranzado, vestida de paño, pero lindísima
(Persiles, ed. Rivadeneira, i, 636a)» (J. Coromines, Diccionario crítico eti-
mológico castellano e hispánico, Madrid, Gredos, 1996, s. v. trenza). Véanse,
además, C. Fontecha, Glosario de voces comentadas en ediciones de textos clási-
cos, Madrid, 1941, pág. 362 y J. Mir y Noguera, Rebusco de voces castizas,
Madrid, 1907 pág. 728. Ejemplos de tranzadera ‘trenzadera’, tranzado
y tranzar ‘trenzar’ se ven también en P. Boyd-Bowman, Léxico hispano-
americano del siglo xvi, Londres, 1972, s. v.
655
Paño: «toalla o lienzo» (Diccionario de autoridades, s. v., 15.a acepción).
656
Referencia a Santa María Magdalena, la pecadora convertida que
«ungió los pies de quien le dio la mano». Una antiquísima tradición
cuenta que, después de la Ascensión del Señor, Lázaro, María y Marta

– 323 –
Pedro de Solís y Valenzuela

radme a lo menos alguna virtud vuestra. Diréys que amor la


enseña (assí lo entiendo); mas merezer amor, esto es la suerte.
Permitidme que os obligue; y pues es gloria de los amantes la
repetición de sus amores, escuchad mi voz y oíd los vuestros,
aunque rudamente dibujados.

[…]

llegan a Marsella (o aledaños) en un navío ruinoso, sin velas ni remos,


en que los han embarcado los judíos. María se entrega a la penitencia
en una caverna, lejos «del mundanal ruïdo». Esta caverna es precisa-
mente Sainte Baume, hoy Aubagne, a dieciséis kilómetros de Marse-
lla, Balma lejos de Marsella, en Provenza. Aquí, según la tradición,
termina sus días Santa María Magdalena. En Provenza justamente
floreció la leyenda de Santa María Magdalena. Cerca a Saint Maxi-
min existía una gran caverna llamada Santa María de Balma (Sainte
Marie-de-Baume, en francés). En dicho lugar, desde mediados del
siglo xiii se supuso que había trascurrido la vida penitente y solitaria
de Santa María Magdalena, tomando para su leyenda elementos de
la de Santa María Egipcíaca. En Vézelay (departamento de Yonne),
desde mediados del siglo xi, apareció el culto de Santa María Mag-
dalena y se afirmó entonces que ella y Maximino (uno de los sesenta
discípulos del Señor y legendario primer obispo de Aix) vinieron de
Palestina a Provenza, en donde se decía que estaban sepultados. Esta
leyenda contradecía las aserciones de San Gregario de Tours, conforme
a las cuales la tumba de la Santa se encontraba en Éfeso.

En la iconografía, a partir de la Contrarreforma, un tema favorito
de la pintura fue el de la penitencia de Santa María Magdalena en el
desierto. Son famosos los cuadros con este tema de Correggio, Tinto-
retto, Ribera y Rubens, entre otros.

Consúltense sobre todo esto los artículos “Maria Maddalena (Magda-
lene), santa” y “Massimino, vescovo di Aix” en la Enciclopedia cattolica.

– 324 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Conffiesso (dixo Arsenio) que aunque el contexto657 des- 699

tos versos (hijos propios de aquella soledad) es tan inferior a


los que emos referido en el discurso destas Mansiones, os los
he querido referir por la ternura que entonzes me causaron.
Esta fue tal, que, como quien tenía tan quebrantado el ánimo,
me occurrió658 súbitamente un profundo suspiro, que contener
700

no pude, el qual fue parte para659 que a examinarle saliesse el


701

habitador de aquella cueba y el dueño de aquella tan dulze voz


que tanto me avía enternecido. Vide, pues, venir al que bus-
cava, pálido, enbuelto en un saco de texidas palmas que hasta
los pies le cubría, enhetrado660 el cabello, que ya le avía dexado
702

crecer; tan penitente y mazilento, tan desfigurado de su forma


natural que mil vezes estuve dudando si era el mismo o illusión
que me mentía el desseo; mas, al fin, reconociéndome, exclamó

657
Contexto: ‘composición’, ‘contextura’, como el latín contextus (compá-
rese «lenis et fluens contextus» [Quintiliano, Inst. or., ix, 4]). El Diccionario
de autoridades, s. v. contextura, hace sinónima a esta palabra de contexto.

Ejemplo español, de Lope: «si bien en el contexto no se le ha parecido
ninguno de quantos le han imitado» (Epistolario, t. iv, Madrid, Aldus,
1943, carta 479, pág. 89).
658
Ocurrir: «sobrevenir alguna cosa en alguna dependencia [= ‘asunto’]»
(Diccionario de autoridades, s. v.). Véanse notas 599 y 625.
659
Ser parte para: ‘bastar para’ (C. Fontecha, Glosario de voces comentadas en
ediciones de textos clásicos, Madrid, 1941, pág. 270). Ejemplo del Quijote:
«y no fueran parte para despertarle, si su amo no lo llamara, los rayos
del sol, que le daban en el rostro» (Parte i, cap. viii; ed. Rodríguez
Marín, t. i, 1947, pág. 256).
660
Enhetrado: ‘enmarañado, revuelto’. Véase nota 3.

– 325 –
Pedro de Solís y Valenzuela

diziendo: ¿Quién, si no eres fantasma, te trae a esta aspereza,


o enemigo mortal mío? ¿Hasta quándo an de durar tus atrevi-
mientos contra Dios? ¿Por ventura has de ser mi eterna ruina,
que ni clausuras respetas ni soledades veneras ni executados
castigos del Cielo temes? Antes, o Cassimira, dije, arrojándome
a sus pies, lleno de lágrimas, no es como piensas, mi intento
dañado; el de tu remedio me obliga a buscarte para persua-
dirte661 mayor seguridad; a reducirte, si es posible, a la clausura
703

de donde yo tan deslumbrado662 te saqué, pues es tan amable


704

661
Persuadir: en la Edad de Oro era frecuente la construcción de persuadir
con complemento directo de la cosa de que se persuade. Ejemplos:
«no basta nadie con ellos a persuadirles las verdades de nuestra sacra
religión» (M. de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo don Quijote de
la Mancha, parte i, cap. xxxiii; ed. Rodríguez Marín, t. iii, 1948, pág.
33); «el exemplo superior, que aun las fealdades persuade» (B. Gra-
cián, Oráculo manual, ed. Romera Navarro, pág. 365); «a quien yo había
persuadido la misma verdad» (Espinel, Vida de Marcos de Obregón, Clá-
sicos Castalia, li, pág. 104); «me has de persuadir lo que tú estás con-
denando» (Moreto, El desdén con el desdén, Clásicos Castalia, t. xxxii,
pág. 239). Esta construcción tampoco fue extraña al siglo xviii.

Compárese M. de Cervantes, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Man-
cha, parte i, cap. iii; ed. Rodríguez Marín, t. i, 1947, pág. 32: «no me
puedo persuadir, ¡oh Anselmo!, a que no sean burlas».
662
Deslumbrado: «el que va desatentado, sin saber lo que haze» (S. de Cova-
rrubias, Tesoro de la lengua castellana o española, 1611, s. v.). Cuervo en su
Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. ii,
pág. 1101a, trae este ejemplo: «Resolvió [Narváez] hacer alto para
esperar a Cortés en campo abierto, persuadiéndose a que venía tan
deslumbrado, que le había de acometer donde pudiese lograr todas
sus ventajas el mayor número de su gente» (Solís, Conquista de Méjico,

– 326 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

para ti. Y tanto porque no seas despojo de alguna fiera quanto


porque tus delicados mienbros en esta aspereza no con debili-
dad se rindan. No del todo te paresca imposible, porque cilicio
a mis carnes ha sido vn centillo663 de preciosos diamantes que
705

en los passados riesgos pude escapar664. Casso milagrosso, pues


706

quando los piratas suelen examinar aun los estómagos, por ver
si halla algún tesoro su cudicia665, en mí no hizieron esta expe-
707

4, 20 R. 28. 3381). El verbo deslumbrar tenía frecuentemente los senti-


dos de ‘confundir’, ‘ofuscar’, ‘despistar’.
663
Centillo: esta forma de cintillo se encuentra en Lope (El ausente en el lugar, nueva
ed. de la Real Academia Española, t. xi, pág. 437), y según R. J. Cuervo,
Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano, 9.a ed., Bogotá, Instituto Caro y
Cuervo, 1955, §§ 748, 798, pertenece al lenguaje popular bogotano.

Cintillo era «cordoncillo de seda… que se suele usar en los sombreros.
También se hacen de cerdas, plata, oro y pedrería» y «también la sor-
tija pequeña, guarnecida de diamantes u otras piedras, que se trabe
en el dedo» (Diccionario de autoridades, s. v.).
664
Escapar [transitivo]: «algunas veces se suele usar en activa y significa
librar, libertar… de algún peligro u riesgo» (Diccionario de autoridades,
s. v.). Ejemplo de Lope: «me veo cercada de tantos enemigos, que no
podré escapar la vida» (La Dorotea, ed. 1632, fol. 10r.).
665
Cudicioso y cudicia no pudieron competir con codicioso y codicia. Los lexi-
cógrafos anteriores a 1726 prefieren las formas con o y, como dice
Cuervo en Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano, 9.a ed., Bogotá,
Instituto Caro y Cuervo, 1955, § 805; B. Jiménez Patón en Epítome de
la ortografía latina y castellana, Baeza, 1614, critica a cudicia como a forma
afectada. Cudicia es usada por Quevedo y por Villegas (compárese C.
Fontecha, Glosario de voces comentadas en ediciones de textos clásicos, Madrid,
1941, pág. 103) y cudicia y cudicioso por Góngora.

– 327 –
Pedro de Solís y Valenzuela

riencia666. O, por verme fatigado de mis heridas, que eran en


708

brazos y cabeza, o por no ocurrirles667 al pensamiento seme-


709

jante insulto668. Y porque viesse con la prueba que no era fin-


710

666
Experiencia: ‘tentativa’, ‘ensayo’, ‘experimento’, sentidos que tiene tam-
bién el latín experientia. La forma española experiencia o esperiencia, según
Oudin, equivale a «espreuue [épreuve], preuue [preuve]» y, según
Franciosini, a «sperimento, proua».

Ejemplos españoles análogos: «“A tanto examen / su eficacia atreva /
mi doloroso canto y ruego tierno”. / Dice y comete a la experiencia
nueva / el revocar su Eurídice de Averno. / Sólo intentada, la estu-
penda prueba / a osados pudo ser ejemplo eterno» (J. de Jáuregui,
Orfeo, vs. 217-224, Clásicos Castalia, t. clxxxiii, pág. 20); «Déjeseme
a mí el hacer esa experiencia» (M. de Cervantes Saavedra, El ingenioso
hidalgo don Quijote de la Mancha, parte i, cap. xlii; ed. Rodríguez Marín,
t. iii, 1948, pág. 250); «desto hemos de hacer luego la experiencia los
dos: armemos la red y veamos si cae algún pájaro» (“Rinconete y Cor-
tadillo”, en Cervantes, Novelas ejemplares, i, Clásicos Castalia, t. xxvii,
1938, pág. 141). «Hagamus esperiencia a ver si podemos escapar del peligro en
que estamus» (citado por P. Boyd-Bowman, Léxico hispanoamericano del siglo
xvi, Londres, 1972, s. v. hacer).

En otros lugares del Quijote la expresión hacer la experiencia tiene el valor
de ‘poner a prueba’ (Parte i, ed. Rodríguez Marín, t. I, 1947, pág. 92;
parte ii, t. iii, 1948, págs. 34, 66, 353; parte ii, t. iv, 1948 págs. 40, 42).
Lo mismo, en algunos autores contemporáneos.
667
Ocurrirle: ‘venirle a la imaginación’. La construcción no reflexiva de este
verbo, que aquí tenemos, era la corriente en los clásicos. Véase nota 625.
668
Insulto: «hecho malo, atrevido y escandaloso» (S. de Covarrubias, Tesoro
de la lengua castellana o española, 1611, s. v.); en el Diccionario de autoridades,
s. v., no se registra el sentido moderno de ‘ofensa’, sino de ‘acometi-
miento violento o improviso para hacer daño’ y su efecto. Véase un
ejemplo en Quevedo: «sino el entender él que yo sería partícipe de sus

– 328 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

gido lo que le dezía, me deszeñí el çentillo que valdría cassi tres


mil ducados y se lo pusse en las manos. No lo quisso admitir;
antes esto le originó grande duda si era illussión lo que veýa. En
fin, tanto pudieron mis razones, que hubo de templar el ceño
con que me recebía y moderar las justas reprehensiones que
me dava y recebir el çentillo de los diamantes para suceder669 711

en su guarda, pues se consignava670 para su remedio.


712

insultos, séquito de sus locuras» (Obras satíricas y festivas, Clásicos Cas-


talia, t. lvi, pág. 208). Podía significar ‘delito’: «Le daré al religioso
obediencias; / al facinoroso insultos» (Calderón, Autos, Clásicos Cas-
talia, t. lxix, pág. 79).
669
El verbo suceder está aquí en la acepción corriente de ‘tomar el lugar de
otro’. En cuanto a la construcción, ya dijimos que no era raro usarlo
como intransitivo, sin complemento directo de persona. Ejemplos de
construcción intransitiva de suceder: «los tesoreros… que después susçe-
dieron en la dicha provincia» (citado por P. Boyd-Bowman, Léxico hispa-
noamericano del siglo xvi, Londres, 1972, s. v.); «como lo hizo el rey Don
Sancho el Fuerte cuando sucedió en la corona» (D. Saavedra Fajardo,
Empresas, 8, en Biblioteca de Autores Españoles, t. xxv, pág. 27); «con
temor de que sucediese en la corona algún hereje»

(Fuenmayor, Vida y hechos de San Pío v, 6, Madrid, 1595, pág. 224). Se
podrían citar otros ejemplos de esta construcción, que no fue rara, de
Lope, A. de Guevara, San Juan de Ávila, etcétera.
670
Consignaba: ‘destinaba’. Consignar: «asignar, señalar, destinar» (B. Ale-
many y Selfa, Vocabulario de las obras de don Luis de Góngora y Argote, Madrid,
1930 s. v.); «to appoint… to assigne» (R. Percivale, A Dictionary in Spa-
nish and English, Londres, 1623, s. v.).

El padre J. Mir y Noguera, Prontuario de hispanismo y barbarismo, 2001,
pág. 391, hablando del sentido tradicional de este verbo en español,

– 329 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Lo demás que allí me sucedió, quedará para después de


cena. Y assí se dio fin a esta Mansión.

apunta que los conceptos de ‘destinar’ y de ‘entregar’ se juntaron para


componer el concepto de consignar.

Dos ejemplos tomados del libro del padre Mir son estos: «Demás de cin-
cuenta mil ducados que de las rentas de aquel reyno ordenó le diessen cada
vn año; que corriessen hasta tanto que el príncipe su hermano, en algún
estado de aquel reyno le consignasse otra tanta renta» (J. de Mariana, His-
toria de España, Biblioteca de Autores Españoles, ed. 1608, t. ii, pág. 718b),
y «Los parientes le consignan a la misma religiosa ciertas rentas anuales»
(Juan Jerónimo Cenedo, Pobreza religiosa, 1617, duda 9).

– 330 –
§§ Mansión xx

D
ulzes colloquios de aquella feliz compañía sirvieron
la más sabrosa salza a la brebe çena; y no bien con-
clusa671, prosiguió Arsenio, a ruego de los circunstan-
713

tes, en la forma siguiente: La luz del sol escasseava al tiempo


del feliz hallasgo de mi prima Cassimira, y cubriendo del todo
la noche a la tierra con su negro manto, si bien descubriendo
el cielo más estrellas que ojos el pavón de Juno672. Se halló mi
714

prima en el empeño673 de hospedarme en su cueba; entramos


715

en ella, y al punto, sacando un eslabón hirió con él al pedernal


que, echando zentellas en la yesca que tenía preparada, encen-
dió vnos leños en quien durava más el fuego que en la tea, y
aun alumbrava mejor. Con su resplandor pude registrar lo que

Conclusa: ‘concluida’. Véase nota 144.


671

En las representaciones artísticas de Juno, muchas veces un pavo real


672

acompaña la figura de la diosa. El ave mencionada le estaba dedicada.


Empeño: «obligación o compromiso» (R. J. Cuervo, Diccionario de cons-
673

trucción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. iii, pág. 141).

– 331 –
Pedro de Solís y Valenzuela

avía en la cueba, que era vna disciplina bañada en sangre, vn


cilicio, un brebe lecho de elechos, y colgado de vn risco, en vna
cruz, vn bulto674 hermoso de Iesucristo Señor Nuestro crucifi-
716

cado. Llegueme cerca y arrodillado pude leer dos papeles que


estavan (aunque de letra mugeril) escritos a los dos lados, que si
no me falta la memoria, os referiré. Eran dos sonetos; el pri-
mero dezía assí:

¡Dulze Jesús por mí crucificadoXLIII 717

azotado por mí, por mí escupido!


¡Tras de tanto favor, de mí offendido!
¡Yo tras de tanta offensa perdonado!

Ya lloro, ay Dios, ya lloro, y en estado


que a tu luz de mis culpas conozido,

674
Bulto: ‘cuerpo esculpido’. «Bulto, tomado del latín vultus ‘rostro’: este
latinismo se aplicó primeramente a las imágenes que representaban la
cabeza de los santos, luego a las estatuas que figuraban el cuerpo de
una persona… por oposición a las que sólo reproducían su contorno en
una losa plana; de aquí se pasó a designar la masa del cuerpo de una
persona» (J. Coromines, Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico,
Madrid, Gredos, 1996, s. v.). Ejemplo: «mano tan docta de escultor
tan raro / bulto de ellos formara» (Góngora, “Cuál del Ganges mar-
fil”, Sonetos completos, ed. B. C., pág. 132). Véase nota 59.
XLIII
Mº Roca. [Tachado:] R. P. M[aestro] Ambrosio Roca.

– 332 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

ni el perdón me consuela arrepentido


ni el castigo me atierra675 del peccado.
718

Culpas propias o agenas a lo amigo


lloro por tu bondad, sin differencia,
sin attención al premio o al castigo.

Sólo por tu bondad y su excellencia


y tan sin interés el llanto sigo
que ni aun tengo attención a tu clemencia.

Indicios nos da del excellente pensar de su autor. Pero el


segundo, a mi ver, es más tierno, y dize assí:

El costado de Christo, que, inhumanaXLIV 719

fiereza, rasga lanza rigurosa,

Atierra, 3.a persona del singular en presente de aterrar.


675


Aterrar: «[este verbo] es anómalo, y recibe la i en algunos tiempos y
personas: como yo atierro, atierra tú, atierre él» (Diccionario de autori-
dades, s. v.).

«¿No veis que el nombre y crédito araucano

los levantados ánimos atierra,

que sólo el son al mundo pone miedo,

y quebranta las fuerzas y el denuedo?

Ercilla, Araucana, 12»

(R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana,
París, 1893, t. i, pág. 746a-b), quien añade que «hoy es regular en el
sentido de causar terror».
XLIV
Juan Lorenzo Ibáñez.

– 333 –
Pedro de Solís y Valenzuela

dessata arroyos de jazmín y rosa,


equivoca676 raudal de nieve y grana.
720

El corazón se assoma a la ventana


que en el pecho le abrió mano alevosa,
y para enriquezer su amada esposa
despide perlas y corales mana.

La ingratitud del hombre el mundo acuse,


pues el llanto detiene quando mide
Christo en la cruz vn piélago de penas.

No por falta de lágrimas se excuse,


pues Ies s caudalosas las despide
en la sangre del alma y de las venas.

676
Equivocar tiene aquí el sentido de «confundir un objeto con otro»
(R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana,
París, 1893, t. iii, pág. 749b, apartado c). Pero los ejemplos citados allí
son todos diferentes al de arriba. Lo común era dar forma reflexiva al
verbo y construirlo con dos complementos, uno sin preposición y otro
con ella (generalmente con). Menos frecuente era usar equivocar como
activo con un complemento directo y otro encabezado por una prepo-
sición: «con el firmamento y sus centellas equivoca [el cohete] su sitio
y sus estrellas» (Quevedo, Poemas escogidos, ed. cit., pág. 92).

Semejante al de Ibáñez es este ejemplo de Calderón: «¿Quien me
nombra, / equivocando la luz y la sombra?» (“Primero y segundo
Isaac”, Autos sacramentales, ed. Valbuena Prat, Madrid, Aguilar, 1952,
pág. 812b).

– 334 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Antes que Arsenio prosiguiesse, copió Don Fernando estos


sonetos que tubieron el aplauso merecido. Y Arsenio continuó
diciendo: conffiesso quedé tierno y herido desta vista, quanto
suspenso en considerar quién pudiera en tan brebe tiempo averle
dado a Casimira estas penitentes halajas. Sentámonos sobre vn
madero que allí servía de rústico escabel y pedíle me refiriesse
lo que le avía sucedido desde el día que hizo aquella fuga, y
quién le avía dado los ornatos de aquella penitente habitación
y aquel saco de palmas que tenía vestido. Fatigada, respondió,
de penetrar lo más espeso deste monte buscando alguna cueva
en que esconderme y librarme de tu compañía que me a sido
causa de tantos pessares, con firme determinación de acabar
mi vida en esta soledad, encontré en vn repecho aquí cercano
a vn viejo venerable puesto en oración. Leño seco me parezió
más que viviente, según estava exhausto de la penitencia. Llegué
ansiosa a sus pies preguntándole dónde hallaría agua, porque
me moría ya de sed y apenas podía formar677 la voz; que es sin 721

duda que aquel Señor que cuydó del niño Ismael678 y preparó 722

vn ángel que le enseñase a Agar el agua para que no pereziesse,


preparó tanbién para mí, compassibo de mi trabajo, a este

677
Para la expresión farmar la voz, compárese «se oyó una voz temerosa,
todo cuanto la supo formar el barbero» (M. de Cervantes Saavedra, El
ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, parte ii, cap. v; ed. Rodríguez
Marín, t. iii, 1948, pág. 327).
678
Aquel Señor es Yahveh, Dios providente, quien envió a su ángel «junto
a un manantial de agua, en el desierto, cabe la fuente del camino de
Sur», cuando Sara maltrató a Agar, esclava de Abram, una vez que
esta concibió a Ismael, y huyó de su presencia (Gen. 16: 1-16).

– 335 –
Pedro de Solís y Valenzuela

venerable penitente, que luego me conduxo a essa fuente que


has visto, donde tubo remedio mi necessidad. Estrañó mucho
mi desinio en tan florida juventud. Trúxome a esta su habita-
ción donde, dándome de comer, hallé, en su agasajo cortez,
messa franca de las raízes y frutas que produze este desierto.
Dos días estube en su compañía en que passamos dulzes inter-
locusiones679. Fueron las suyas animándome a que siguiesse la
723

vida solitaria, no con razones de jocundo680 estilo, sino sim- 724

ples y llanas, pero tan llenas de misterios que me escrupuli-


zara la conciencia si te las negara (¡o milagroso dezir!, ¡o docto
pensar!), que, recopiladas, no con la efficacia que681 su dueño 725

las organizó [si no] con la fidelidad que me permite su reziente


memoria, fueron assí: La soledad es vna senda que, illustrada682 726

de divinas luzes, nos lleva a la vida contemplativa donde, en


recompensa del desprecio de las cossas terrestres, se nos dan a
manos llenas las celestiales y eternas. Esta es la escala que con los
últimos cantos683 tocaba la superficie de la tierra y con los otros
727

679
Interlocución: «locución alternada entre varias personas» (Diccionario de
autoridades, s. v.). Pasar dulces interlocuciones: como si dijera pasamos un
tiempo agradable en sabrosas pláticas de amigos.
680
Jocundo: del latín iucundus, -a, -um, «jocundo, -a, adj.: alegre, festivo, apa-
cible, chancero». (Diccionario de autoridades, s. v.).
681
Que: ‘con que’.
682
Ilustrar: «se usa también por inspirar o alumbrar interiormente con luz
sobrenatural y divina» (Diccionario de autoridades, s. v.).
683
Canto: «significa también extremidad, punta, o remate de una cosa:
como canto de mesa, de piedra, de vestido, etcétera» (Diccionario de
autoridades, s. v.).

– 336 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

dos superiores tocaba la cumbre del Cielo, que en la soledad vio


Jacob por donde bajavan y subían ángeles. Es la soledad, si
lugar de penitencia, vía de justicia y acquisición684 de gracia. 728

Adam, nuestro primer padre, en soledad se conservó en gracia


y, acompañado, desmintió sus perfecciones. Tres varones vio
en la soledad Abraham y consagró parias685 a vno. Para que no 729

contrapunteasse686 la malicia el corazón de Enoc, fue llevado al


730

Paraýso. En la soledad alcanzó Jacob la lucha misteriosa con


el Verbo, mereciendo más en aquel rato solitario que todo lo
demás de la vida acompañado. Oye, te ruego (dezía el santo
viejo), a San Gerónimo que dize: ¡O desierto abundante de
flores de Christo! ¡O soledad donde nazen las piedras con que

684
Acquisición: grafía latinizante de adquisición (en latín acquisitio). En el Dic-
cionario histórico de la lengua española, ed. definitiva, t. i, 1972, pág. 793a,
hay tres ejemplos de esta grafía en español, de obras de Tostado (1507).
685
Consagró parias: ‘le rindió homenaje de sumisión’. Compárese Gen. 18:
2: «se prosternó en tierra».

Parias: «el tributo que paga un príncipe a otro, en reconocimiento
de superioridad». Dar o rendir parias: «phrase metaphórica con que se
explica la subordinación de uno a otro… Alfar., part. i, lib. 3, cap. 9:
“Conténtate con este bocado, y con que te reconozco vasallage dándote
parias”» (Diccionario de autoridades, s. v.).
686
Tenemos aquí un eco del libro de la Sabiduría 4: 11: «raptus est ne mali-
tia mutaret intellectum eius, aut ne fictio deciperet animam illius». Según esto,
contrapuntearse debería interpretarse por ‘sedujese’. Este sentido de
contrapuntear no figura en ninguno de los diccionarios o vocabularios,
ni conocemos ningún ejemplo análogo.

En este pasaje se hace referencia a San Hieronimus, Ep. xiv, Ad
Heliodorum monachum, 10.

– 337 –
Pedro de Solís y Valenzuela

se edifica en el Apocalipsi687 la ciudad del gran Rey! ¡O yermo


731

que gozas de Christo, nuestro Dios, con familiaridad! ¿Qué


hazes, hermano, en el mundo? ¿Quánto tiempo te an de opri-
mir las sombras de sus aposentos? ¿Hasta quándo te a de ence-
rrar la cárcel de las ciudades insignes y populosas? Hasta aquí
San Gerónimo. Pero oye al Rey del Cielo, a Chr[is]to, nuestro
bien, que aprueba la soledad de María y exagera la turbación
de Marta, por lo qual dixo San Augustín: no tienen que temer
los solitarios y contemplativos, pues tienen de su parte la sen-
tencia, no menos688 de la misma Sabiduría Divina. Y en fee
732

deste conocimiento, muchos santos, aunque el estado pontificio


y episcopal es tan perfecto, lo renunciaron y dejaron por amor
de la soledad, como lo hizieron San Gregario Nazianzeno,

687
Apocalipsi por Apocalipsis. Compárese C. Fontecha, Glosario de voces comen-
tadas en ediciones de textos clásicos, Madrid, 1941, pág. 25. Apocalipsi era
forma corriente en los siglos xvi y xvii, al lado de Apocalipsis y Apocalipse.
Encontramos la primera de estas formas, por ejemplo, en fray Luis de
León, fray Luis de Granada, Nieremberg, fray Juan de los Ángeles,
Sigüenza. El pasaje aludido es Apoc. 3: 2.
688
No menos: «nada menos» (Dicionario de autoridades, s. v.). No menos de: nada
menos que de. Compárese S. Aug., De moribus Ecclesiae Catliolicae et de
moribus manichaeorum libri diw, cap. xxxi, 66 (Patrologiae cursus com-
pletus, Serie Latina, ed. J. P. Migne, t. 32, 1337-1338).

– 338 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

San Justo, San Narcisso, San Vlfrano689, San Remaclo690, San


733 734

Amando691, San Bruno; y el papa Celestino Quinto dexó la


735

tiara y se recogió a la soledad por servir a Dios con mayor


perfección. Es, pues, la vida solitaria tal que en ella medra-
ron más los santos. Aquí los Pablos, Antonios, Macharios, la

San Vlfrano, Vulfrano, Vulfrán o Wulfrano (630-698), prelado fran-


689

cés del siglo vii, perteneciente a una familia militar del Gâtinais. Es
apellidado el Apóstol de los Frisones. Vive largo tiempo en la corte de
Clotario iii y de Teodorico iii; entra en la abadía benedictina de Fon-
tenelle; con algunos monjes evangeliza a los frisones. En 682 es ele-
gido obispo de Senlis, y luego arzobispo de Sens (694-695). La Iglesia
celebra su fiesta el 20 de marzo.
San Remaclo, conocido también con el nombre de Rimail, nace en
690

Aquitania (siglo vii). El año 622 es enviado por sus padres a la corte
del rey Clotario. Disgustado de los devaneos cortesanos, abandona la
ciudad, sale en busca de San Sulpicio, toma el hábito de monje en un
monasterio que acaba de fundar San Eloy. Este, seguro de la vocación
y piedad de Remaclo, le nombra abad. Más tarde el rey de Austrasia,
Sigibeno, le elige para el monasterio de Cougnon. En 652 San Aman-
cio renuncia al obispado de Maestricht y Remaclo es nombrado en su
lugar y ocupa dicha sede hasta 654 cuando se retira al monasterio de
Stavelat, fundado por él mismo, y al cual ha impuesto la regla de San
Columbano. La fiesta de San Remaclo se celebra el 3 de septiembre.
Compárese Enciclopedia de la religión católica, Barcelona, Delmau y Jover,
1954, y Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana, Madrid, Espa-
sa-Calpe, s. v.
San Amando vivió en el siglo vii en los Países Bajos. En Bourges se
691

hizo construir una celda en las murallas de la ciudad y en ella perma-


neció quince años en soledad. De allí salió a predicar por la Galia.
Fue el gran apóstol de Bélgica y el iniciador de un potente movimiento
monástico en el norte de Europa.

– 339 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Madalena, la Egiptíaca, la Eufrosina y otras santas medra-


ron tanto en la perfección. ¡O vida solitaria, o vida angélica y
divina, tú eres (como dizen muchos santos que te conocieron
y experimentaron) estanque de almas, lleno de piedras precio-
sas y cercado de cedros! Tú eres corte de cavalleros espirituales.
Tu olor trasciende692 más que todos los olores aromáticos. Tú
736

eres real693 de Dios y torre de David cercada de torreones; mil


737

escudos cuelgan de ti que son las armas de los fuertes. Tú eres


el campo donde se da la batalla espiritual. ¡O cuebas, o celdas
sagradas, vosotras soys muerte de los vicios, fomento de las vir-
tudes! Vosotras soys el paraýso de deleytes en el qual las rosas
de la castidad blanquean como nieve y las violetas de la humil-
dad no temen ser pissadas de profanos pies. ¡O vida solitaria,
dichosa, santa; vida divina, pura y angélica, tú eres lumbre del
alma, amiga de la sabiduría, guarda de la quietud y de la paz!
Con estas y otras suavíssimas razones me confortó el ere-
mita venerable a proseguir en la vida que yo apetecía y comen-
zaba, viendo mis santos propósitos. Para darme mayor aliento
en ellos me dexó esta su cueba con los ornamentos pobres que
ves. No quiso manifestarme su nombre; propuso retirarse a

Trascender: «se dice también por oler mucho… [Héctor] Pint[o], Diál.
692

de la tribulac., cap. 2: “Una redoma de agua de flor atapada y puesta en


una arca, sin menearla, no muestra su fragancia y olor, mas revolvién-
dola y metiéndola, trasciende por toda la casa”» (Diccionario de autori-
dades, s. v.). Véase la nota 648.
Real: «el campo donde está acampado un exército: y rigurosamente se
693

entiende del sitio en que está la tienda de la persona real u del gene-
ral» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 340 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

otra estación más solitaria, la qual no quiso que yo supiesse, y


prometiendo el visitarme algunas vezes para animarme y for-
talezerme con sus santas razones, sacando recaudo de escriuir,
me dictó essos dos sonetos que yo pusse en el sitio que veys. Y
por dexarme motivos santos en que yo tuviesse oración, antes
de su partida me dictó vn romanze a la passión de Christo
N. Sr., admirable, que si gustas, por lo que también puede con-
duzir a tu remedio, aunque es algo dilatado, te le referiré. Yo
mostré en esto mucho gusto y assí, desarrollando694 un pliego 738

de papel, que es este que traygo aquí, me le695 leyó. Y también,739

si gustáys, os le leeré también aora. Respondió el Pe. Prior de la


Candelaria: no perderemos el oýrle, aunque aquí nos detenga-
mos otro día y te suplico lo dexes para el fin de tu historia que
nos tiene suspensos. Assí lo hizo Arsenio diziendo:
Prosiguió Cassimira su narración que en summa fue dezir
los santos consejos con que el habitador de la cueba la dejó ins-
truida. Y dejándola sola para que se exercitasse en la soledad, y
dándole aquella vestidura de palmas que él avía texido, se avía

694
Desarrollar: «extender, descoger u deshacer el rollo que estaba hecho
de alguna cosa» (Diccionario de autoridades, s. v.).
695
«… a partir del siglo xvi empieza a generalizarse entre los literatos cor-
tesanos el uso de le como acusativo, hasta hacerse muy pronto la forma
casi universal en la lengua clásica literaria; sin embargo, lo seguía domi-
nando en otras regiones, como lo prueban los escritores de ellas que se
sustrajeron a este influjo, y seguía y sigue dominando actualmente en
la lengua popular de Castilla; el uso actual en la lengua culta es pre-
ferir lo, los cuando se refiere a cosas; refiriéndose a personas hay gran
vacilación» (V. García de Diego, Gramática histórica española, Madrid,
Gredos, 1951, págs. 313-314).

– 341 –
Pedro de Solís y Valenzuela

ausentado a otra cueba, que ella hasta entonzes no sabía ni avía


descubierto. Calló aquí con malicia lo más cierto de la historia
y es que se avía con verdad descubierto al hermitaño venerable,
diziéndole el riesgo de su naturaleza débil oculto con el traje de
varón, y esta fue la causa de ausentarse el santo varón, dexán-
dola en guarda y custodia de la cueba en el ínterim que él iva
a vna ciudad allí cercana, para donde él tenía trillada senda, a
prevenirle seguridad en vn convento. Este punto tan essen-
cial tubo oculto y fue el que dio colmo y logro696 a su remedio. 740

Marauilloso es Dios en su obrar, y quando quiere, junta los


extremos más distantes que no alcanza ni previene la pruden-
cia humana. Este asumpto de entrar en vn convento avía de ser
bien diffícil, respeto de no tener dote para su entrada; y quando
alguna puerta se abriesse a él, la mejor fortuna fuera entrar por

696
Logro y colmo: ‘perfecta realización’.

Logro: «se toma… por la consecución y possessión de lo que se desea
o pretende» (Diccionario de autoridades, s. v.).

Colmo: «último término de una cosa». Compárese también llegar una
cosa a colmo: «frase con que se da a entender que alguna cosa se ha
logrado y llegado a su última perfección» (Diccionario de autoridades, s. v.);
y este ejemplo de fray Luis de León, Exposición del Libro de Job, cap. xx:
«venga la felicidad de estos a colmo».

El verbo dar «llevando por acusativo un nombre generalmente de
acción, forma locuciones cuyo sentido se determina por el de dichos
nombres, y que suelen corresponder a un verbo significativo de la
acción denotada por ellos. Así, dar un abrazo, un beso = ‘abrazar, besar’;
dar ayuda, consejo = ‘ayudar, aconsejar…’ “¡Cuántas veces primero se
pierde la fuerza y el aliento, que den alcance a lo que procuran!” Cer-
vantes, Gal. 4…» (R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la
lengua castellana, París, 1893, t. ii, pág. 732b).

– 342 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

sirvienta del convento, o por criada de alguna monja. Y Dios,


que quería aliviar los trabajos de Cassimira y premiar sus bue-
nos desseos en servirle, avía dispuesto que yo guardasse entre
tantos peligros la joya de los diamantes y, lo que más es, que se
la entregasse yo mismo aquella noche, la qual passamos con
alegría repitiendo los passados fracassos. Regalóme a la cena
con las raýzes y frutas silvestres que le dexó el hermitaño, y yo,
que estava rendido de la fatiga del bosque, me quedé sobre los
elechos dormido. Y Cassimira passó en oración lo restante de
la noche. Quién duda que le pediría a Dios dispussiesse las cos-
sas para su remedio, y que esto sería con instancia, pues la oyó.
Amaneció el día y passamos la mañana en discurrir qué
medio697 daríamos en nuestra forma de vida; persuadióme
741

mucho a la soledad y que nos dividiéssemos698 como avía echo 742

Medio: ‘remedio o solución’, acepción que no se da en los dicciona-


697

rios, en los que sí figura otra próxima, de «corte o sesgo que se toma
en algún negocio» (Diccionario académico, Diccionario de autoridades, s. v.).
Ejemplos de la acepción propuesta aquí son los siguientes: «pedían a
Diana que pudiéndose / dar medio en tanto mal, / y sin causártele,
/ se diesse y fuese un triste entreteniéndose»; «mi triste coraçón no ay
consolármele. / De quien medio esperé vino a quitármele» (Monte-
mayor, Los siete libros de la Diana, ed. Moreno Báez, Madrid, 1955, pág.
37); «yo no sé si me rindo o me defiendo, / ni sé hallar a tanto daño
un medio» (F. de Herrera, Poesías, Clásicos Castalia, t. xxvi, pág. 158);
«en esto, que no parecía aver medio, el saber no comprehensible de
Dios lo halló, y dio salida a lo que por todas partes estaba cerrado. Y
el medio y la salida fue no criar otro nuevo linaje de hombres» (L. de
León, De los nombres de Cristo, Clásicos Castalia, t. xxviii, pág. 190).
Dividiésemos: léase ‘nos separásemos’. Dividir: «separar, hacer que dos
698

objetos [o dos personas] dejen de estar juntos» (R. J. Cuervo, Diccionario

– 343 –
Pedro de Solís y Valenzuela

el santo anciano. Discurrimos699 en los passados peligros, en


743

la brebedad de la vida y en quán veloz se passa el tiempo que


nos conduze a la muerte. Y a este propósito de la velozidad del
tiempo me refirió vn soneto que avía echo, que el referirlo no
será paréntesis sino continuación de la historia, pues es tan brebe.
Dezía, pues, assí:

Passa del tiempo la estación ligera700 744

como suele de vn río la corriente,


de cuyas partes vna está presente
y la que ya passó bolver no espera.

de construcción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. ii, pág. 1296b).


Ejemplos análogos del Quijote: «una baja reja que nos dividía» (Parte i,
cap. xxvii, ed. Rodríguez Marín, t. ii, 1947, pág. 321). «no podemos ir
juntos por los caminos, sino solos y divididos» (Parte i, cap. xxii, t. ii,
pág. 190); véase la correspondiente nota de Rodríguez Marín).
Discurrir: «metafórico. Ir pasando con el pensamiento o la considera-
699

ción de un objeto a otro; y en general, reflexionar o meditar sobre una


cosa, considerándola por varios aspectos, ejercitar el entendimiento.
En el uso común es intransitivo» (R. J. Cuervo, Diccionario de construcción
y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. ii, pág. 1251a). Sobre la
construcción con en, dice el mismo Cuervo que se usa «a semejanza
de pensar, para expresar el campo donde se ejercita el entendimiento.
“Apenas puede, del temor que tiene, / discurrir en el mal ni en el reme-
dio”. Lope de Vega, Ángel 2» (pág. 1251 b).
La estación ligera del tiempo: ‘la hora veloz’ (compárese Diccionario de auto-
700

ridades, s. v. estación, 2.a acepción).

– 344 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Ambos caminan por voluble esfera,


su ser dexa de ser continuamente;
siempre fue por menguante su creciente;
nunca buelven atrás en su carrera.

Constancia tienen sólo en el mudarse;


sólo se sienten quando dan desvío701; 745

su pérdida no puede repararse.

Y al fin entrambos van por un avío702: 746

el río al mar, y el tiempo, sin pararse,


al de la eternidad, a fuer de río.

Aún no havía llegado el sol a la mitad de su curso, quando


vimos venir al dueño de aquella habitación, que era vn viejo
venerable, arrimado703 a un tosco báculo y con vn rostro que
747

701
Desvío: «desagrado» (Diccionario de autoridades, s. v.). Dar desvío: ‘ocasionar con-
trariedad’ (véase nota 697), y, hablando de un río, ‘cambio de dirección’.
702
Avío, en el sentido de ‘desierto, lugar solitario, sitio sin camino’, no
figura en los diccionarios españoles. Parece un latinismo, del sustantivo
neutro avium, -ii (Auctor ad Herenium 4, 21, 29) que significa eso mismo.
Sólo que la i de avium es breve, y el autor —como licencia poética al
romanizarlo— la alarga, y así dice avío en lugar de avio como debiera
ser, posiblemente por analogía con avío (en latín ad viam).

Avío puede significar aquí también ‘dirección’, ‘camino’. Aviar es fun-
damentalmente ‘encaminar’.
703
Arrimarse: «apoyarse, o estribarse sobre alguna cosa, como para des-
cansar sobre ella por estar fatigado, o no poderse tener» (Diccionario de
autoridades, s. v.).

– 345 –
Pedro de Solís y Valenzuela

con sus venerables y luengas canas, infundía veneración. Cono-


ciólo Cassimira y pidióme licencia para salir a recebirle vna
pequeña distancia antes que704 a nosotros llegasse, para hazerle
748

informe de mi persona, porque no acasso estrañasse el verme en


su compañía. Salió Cassimira; arrodillósse, tomó su bendición;
quedáronse parados los dos allí a mi vista hablando un rato,
en el qual el eremita le hizo informe de lo bien que avía nego-
ciado, y le tomó de quién era yo, cossa que le fue de harto sen-
timiento705, por lo que podía ser de embarazo para el asumpto
749

que traýa entre manos que era el assegurar a Cassimira. Con


todo, como prudente, se valió del dissimulo, y llegándole yo a

704
Obsérvese el complemento circunstancial sin preposición, comple-
mento que hoy encabezaríamos con a, que «fija la situación o el lugar
como término o extremo de cierta distancia», dice Cuervo. En este
sentido en los clásicos es común que se omita la preposición (Diccionario
de construcción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. i, pág. 18a).

Antes que: «Asimílase [antes] a las voces comparativas y se construye
con que para expresar la prioridad de una cosa con respecto a otra.
Los términos comparados pueden ser… dos verbos de los cuales el que
sigue a que va precisamente en subjuntivo» (R. J. Cuervo, Diccionario de
construcción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. i, pág. 487a-b).
705
Sentimiento: «disgusto» (L. Franciosini, Vocabolario español e italiano, Segunda
parte, Roma, 1620, s. v.); «descontento» (S. de Covarrubias, Tesoro de la
lengua castellana o española, 1611, s. v.). La preposición de indica ‘efecto
o resultado’, en ocasiones mediante el verbo ser. «Hace algunas mer-
cedes que consigo traen la sospecha, por ser de tanta admiración, y
hechas a quien tan poco las ha merecido, que si no hay muy viva fe,
no se podrán creer» (Santa Teresa, Vida, 27, en Biblioteca de Auto-
res Españoles, t. liii, pág. 832). Compárese R. J. Cuervo, Diccionario de
construcción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. ii, pág. 788b.

– 346 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

saludar, me echó los brazos, y empezamos a travar dulces plá-


ticas, quedando yo muy pagado del gran talento, espíritu y
capacidad que hallé en él. Fuímonos a la cueba, y Cassimira,
como dueño706 della, dispuso el darnos vna modesta reffectión
750

de aquellas frutas. En todo lo que se ofrezió discurrir, procu-


rando yo informarme de la región en que estava, aunque la
declaró, no me dixo que avía por allí ciudad cercana. No le faltó
occassión, con alguna precissa707 que yo tube, en que quedassen
751

solos él y Cassimira, y este tiempo brebemente la instruyó en la


senda que avía de tomar para llegar a la ciudad, y le entregó un
liezuelo708 de ropa que le traýa a propósito para que pudiesse
752

entrar en traje honesto, y la aconsejó la fuga en que consistía su


nico remedio. Bolvimos a juntarnos y después de la reffección
dixo el eremita nos quería enseñar algunos sitios deleytossos
y amenos de aquel desierto. Cassimira mostró gusto en que-
darse sola, y que otro día iría a verlos. Yo salí, llevado de la
curiosidad y más de la plática de Arsenio, que assí se llamava
también el eremita. Discurrimos aquella tarde por varias ame-
nidades de aquella montaña, enseñándome Arsenio muchos y
diversos árboles y instruyéndome en sus propiedades, en que
era curiosíssimo. De tal manera me truxo divertido por aquel
desierto, que quando huvimos de bolver a la cueba, era ya noche.

706
Para dueño usado para referirse a una mujer, compárese M. de Cervantes
Saavedra, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, parte i, cap. xliv; ed.
Rodríguez Marín, t. iii, 1948, pág. 288: «la hize dueño de mi voluntad».
707
Preciso: «lo que es menester y se necessita para algún fin» (Diccionario de
autoridades, s. v.).
708
Liezuelo: pequeño lío de ropa.

– 347 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Llegamos a ella pensando hallar a Casimira y sólo hallamos la


vestidura de palmas de que se avía despojado y todo el sitio en
su çentro solitario. Simuló Arsenio admiración; acompañóme
en mi sentimiento, pues luego presumí segunda fuga de Cassi-
mira. Vnas vezes me provocaba709 a ira el successo, otras vezes
753

a lágrimas, y como no tenía ocassión de presumir710 cónplice a 754

Arsenio, presumía la fuga era por huir de entrambos. Propuse


salir a buscarla, y Arsenio me pusso tantos temores de los tigres
que de noche discurrían711 aquel monte, que fue la rémora que
755

me retardó a que no lo pusiese en execusión. Con esto, dava

709
Provocar: «con el verbo provocar se dice en castellano: “el río está tan bello
que provoca a” […] absorvida la preposición por la a precedente, deci-
mos en Bogotá me provoca bañarme […], con lo cual se ha trastornado
el esquema sintáctico, pasando el infinitivo de complemento a sujeto»
(R. J. Cuervo, Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano, 9.a ed., Bogotá,
Instituto Caro y Cuervo, 1955, § 451). Compárese: «esta les provocó a
risa» (M. de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Man-
cha, parte ii, cap. xiv; ed. Rodríguez Marín, t. vii, 1948, pág. 15).
710
Ocasión: ‘causa o motivo’ (C. Fontecha, Glosario de voces comentadas en edi-
ciones de textos clásicos, Madrid, 1941, pág. 257). Compárese: «aquel des-
piadado enemigo que tan sin ocasión vapulaba a aquel tierno infante»
(M. de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha,
parte i, cap. iv; ed. Rodríguez Marín, t. i, 1947, pág. 161).

Sobre presumir, véase nota 289.
711
Discurrir: «correr, caminar, andar en diversas direcciones, por varias
partes y lugares. En el uso común es intransitivo». «Por analogía con
correr, recorrer se usa como transitivo, sobre todo en verso… “La ciu-
dad he discurrido”. Alarcón, La cueva de Salamanca, 2» (R. J. Cuervo,
Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. ii,
pág. 1250a-b).

– 348 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

ocassión a que Cassimira tubiesse más tiempo de ponerse en


salvo, como lo hizo.
No quiero cansaros con la prolixa relación de los consejos
santos que aquella noche me dio Arsenio para la enmienda de
mi vida, quánto me divertió de que no buscasse a Cassimira,
si bien en todos sus discursos no se dio por entendido de saber
el misterio del disfraz y los successos passados de que ella con
verdad le avía dado quenta.
Apenas hubo amanecido el alva quando me despedí de
Arsenio (que no pudieron sus persuasiones detenerme), dexán-
dolo solo en su antigua habitación. Y yo, yendo con intento
de caminar y penetrar todas aquellas montañas hasta encon-
trar a Cassimira, escondida quizás en otra gruta semejante a
la passada. Seys días andube por diversas partes sin encontrar
senda, padeciendo exquisitas712 fatigas de calor, de sed y ham-
756

bre, hasta que, vno713, aún yendo en prosecusión de mi intento,


757

vna tarde iba el sol declinando a otro emisferio, quando súbi-


tamente se le opusieron vnas lúgubres nubes que de mis ojos le
desterraron más presto, ayudando un furioso viento que, como
haziendo de su valor examen714 hazía cruxir y temblar toda la
758

montaña y rompía y destrozava los más empinados árboles, y


pareze que, enfurezido el cielo, se armó todo en un instante con

Véase nota 363.


712

Uno: es decir, un día o, mejor, una tarde, como se corrige en seguida el


713

autor.
Examen: «prueba que se hace de alguna cosa para saber su calidad»
714

(Diccionario de autoridades, s. v.).

– 349 –
Pedro de Solís y Valenzuela

horrenda confussión, estando enbuelto todo en vna negra massa


y gruessa densidad, que pareze se podían palpar sus tinieblas
como las de Egipto en tiempo de Faraón; si no las distinguie-
ran repetidos relámpagos y rayos, acompañados de tan horri-
bles truenos que no sólo rasgavan con su furia el ayre sino que
pareze que hundían la tierra, o por lo menos la comovían715 759

y trastornaban toda. Aumentó mi horror y miedo quando oý


aullar las fieras que no conocí entonzes. Su dilatado respirar
hería en las peñas cavas y en los ondos valles, y a mis oýdos lle-
gavan con esto sus vozes repetidas. Sin deffenssa, turbado en
varios modos, recogía el aliento; arrojado en el suelo, cerrava
los ojos de temor, mas también me levantaba, por ver si algún
relámpago abría camino a mi turbación, y el que me mostraba,
al punto en más tiniebla se bolvía. Con la mano delante iba
tocando, y si alguna rama assía, con su continuo estremezer
la retiraba; si a las espaldas la dexaba, jusgaba que también
venía a perseguirme. Entonzes, lleno de temor de la muerte,
contra la densa escuridad que lo impedía, alzaba al Cielo los
ojos llorosos, y a su Criador dezía: Señor, que esta tempestad
miras, enfrena su soberbia, que para quitar la vida a quien Tú
se la diste menos instrumento basta. Mira mi afflicción; per-
dona mis graves delitos, pues en ti, Señor, conffío y a tu mise-
ricordia apelo. Duélete de mí, que ya me falta el aliento; mas
si mi protervidad716 y dureza mereze este castigo y si en esta
760

715
Comover por conmover es forma que dan Oudin, Covarrubias, Franciosini
y Percivale.
716
Protervidad: «lo mismo que protervia. Cervantes, Persiles, lib. 2, cap. 21:
“Sino es que llega a tanto la protervidad nuestra, que queríamos ser el

– 350 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

parte717 y de algún violento rayo de tu justa ira es decreto que


761

muera, aquí estoy, Señor mío, no resisto.


Si Dios no entendiera corazones, mal expressadas iban
a su grandeza mis palabras. Oyó mi petición; restauré algún
espíritu718; rompí la espesura, intentando llegar a vnos árbo-
762

les que con los alternados relámpagos avía observado; llegué


en fin a un árbol de grande magnitud y estatura (que es muy
ordinario el averlos en aquellas montañas) y, al abrazarme con
él, en su mismo tronco encontré puerta, y en su cavidad, cassa
y habitación. Rezelosso de que no lo fuesse de alguna fiera
que me despedazasse, sólo me contenté con la puerta, hasta

abysmo que a otros abysmos llamasse”» (Diccionario de autoridades, s. v.).


Protervia: «soberbia, arrogancia e insolencia» (Diccionario de autoridades, s. v.).
717
En esta parte parece tener valor temporal: ‘ahora’, de acuerdo con la
siguiente acepción que nos da el Diccionario académico, s. v. parte: «[Esta]
parte. Hablando del tiempo se toma por el que está presente». Un valor
temporal se observa en los siguientes ejemplos de dicha expresión: «Que-
damos con tan triste espectáculo todos desanimados… ya no quedaba
entre las uñas de aquel bravo león [el mar] más que mi pobre leño
[navío]… En esta parte [‘entonces’] vi y escuché increíbles delirios, mas,
¿quién es tan constante… que a la disforme cara de la muerte no con-
fiesse que es de carne y de sangre?» (G. de Céspedes y Meneses, Varia
fortuna del soldado Píndaro, Clásicos Castalia, t. cciii, Madrid, 1975, pág.
182); «Mucho siento, claro está, / el dejarte en esta parte [‘ahora’], /
por dejarte con este temor; mas ya es hora» [los protagonistas hablan
en su propia casa] (Calderón, El médico de su honra, Clásicos Castalia,
t. cxlii, págs. 64-65); «de treinta años a esta parte» (Mateo Alemán,
Guzmán de Alfarache, Clásicos Castalia, t. lxxiii, pág. 61).
718
Espíritu: «ánimo, valor, brío» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 351 –
Pedro de Solís y Valenzuela

que, abriéndose aquel nublado intenso con grande luz de vn


despedido719 rayo, no pude resistir, caý attónito en la cavidad
763

y güeco del árbol, y cassi estube sin sentido. Fuesse poco a


poco serenando la tempestad, aplacando el graniso, pero no
tan presto que no durasse a mi parezer quatro horas. Quedó
todo con tan formidable escuridad, que sólo el considerarla
aora me causa pavor.
Estube aquella noche en aquel albergue, que juzgé mila-
groso, haziendo muchos actos de contrición y firmes propósitos
de enmendar mi vida, considerando que golpes tan repetidos
eran avisos que Dios me enbiaba para que yo le oyesse. Deter-
minaba quedarme en aquella soledad y ya no buscar más a
Casimira, sino al venerable Arsenio para que me instruyesse
en la vida solitaria y fuesse mi maestro. La naturaleza, neces-
sitada de todo socorro, zedió al sueño; no hazía falta el abrigo,
por ser la tierra calurosa, aun quando lluebe y haze720 aquellas 764

719
Despedido: ‘veloz’. Compárese: «del alma el espedido y presto vuelo»
(Garcilaso, Égloga ii, v. 876; citado por R. J. Cuervo, Diccionario de cons-
trucción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. ii, pág. 1134a).
720
Hacer: «el verbo hacer, usado en forma impersonal, expresa la idea de
experimentarse o sobrevenir una cosa o accidente, que se refiere a buen
o mal tiempo. Hace calor, frío, buen día…» (Diccionario académico, s. v.).
Compárese H. Keniston, The Syntax of Castilian Prose, Chicago, Uni-
versity of Chicago Press, 1937, § 36.92.

El carácter impersonal del verbo hacer en estos casos se revela en forma
muy notoria cuando va acompañado de un complemento en plural. Los
ejemplos en escritores del Siglo de Oro son frecuentes: «por grandes
soles y aguas que hiciere» (Santa Teresa, Vida, Biblioteca de Autores
Españoles, t. liii, Madrid, 1861, pág. 84); «por los grandes vientos y

– 352 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

tempestades. Inclinéme al suelo; encontré, al parezer medio


dormido, vna redonda piedra; apliquéla721 con mi sayuelo 765

de angeo por cabezera. No bien quedé enbuelto en el sueño,


quando, rebueltas las especies imaginarias con lo que avía dis-
currido, enpezé a soñar que baxava a vna profunda sepoltura
en quien pocos días avía722 avían enterrado a mi prima Cassi-
766

mira. Y me pareze que vía vnos descompuestos huessos, gusanos

fríos que hacía» (L. de Granada, Memorial de la vida cristiana, Biblioteca


de Autores Españoles, t. viii, Madrid, 1848, pág. 338); «Hacía enton-
ces nieves» (Santa Teresa, Fundaciones, Biblioteca de Autores Españo-
les, t. liii, Madrid, 1861, pág. 244); «y que hacía grandes bochornos»
(F. de Quevedo, Gran tacaño, Biblioteca de Autores Españoles, t. xxiii,
Madrud, 1859, pág. 506); «Bravos lodos hace, tío» (A. Moreto, El lindo
Don Diego, Biblioteca de Autores Españoles, t. xxxix, pág. 356). A los
anteriores ejemplos recolectados por Cuervo para el Diccionario, agre-
gamos este, recogido por Boyd-Bowman: «el tiempo es muy rezio, por
rrazón de las muchas aguas y nieves que ahora haze» (Léxico hispanoa-
mericano del siglo xvi, Londres, 1972, s. v. nieve).
Apliquéla: de aplicar, en el sentido de «emplear una cosa, utilizarse de
721

ella» (R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la lengua caste-


llana, París, 1893, t. i, pág. 544a). Compárese también, «pedernales y
ropas que tenían aplicadas para sus… sacrificios» (P. Boyd-Bowman,
Léxico hispanoamericano del siglo xvi, Londres, 1972, s. v.).
Había: haber denota aquí transcurso de tiempo; es sinónimo de hacer en
722

dicho sentido. Compárese Diccionario académico, s. v. Ejemplo del Quijote:


«Si yo mal no me acuerdo —respondió Sancho— debe de haber más
de veinte años [que don Quijote le prometió]» (Parte ii, cap. xxviii; ed.
Rodríguez Marín, t. v, 1948, pág. 286).

– 353 –
Pedro de Solís y Valenzuela

hediondos, rota mortajaXLV. Vi, en fin, en aquel profundo y


767

misterioso sueño, los ojos que fueron soles, eclipsados, y para


deziros verdad, no eran ojos sino ojeras, echos nichos de coria-
nas723 cárdenas; cassi verdes y podridas las cejas que yo llamaba
768

arcos de amor; floxas, peladas y echas tierra, las mexillas que


parezían nubes embestidas724 del sol al despuntar la aurora; de
769

vn amarillo miserable cubierta la hermosa garganta; los pechos,


irviendo de gusanos, dystilando podre y desventura; la lisa

XLV
Orígenes, lib. 2 in Iob: «quia omnis terrena gloria in putredinem et stercus et
vermes convertitur». [Compárese 1 Mach. 2: 62].
723
Coriana: Es una variante de curiana ‘insecto ortóptero que vive en la
oscuridad’, palabra que emplea Espinel cuando habla de «una bode-
guilla llena de curianas» (Vida de Marcos de Obregón, Rel. 3.a, Desc. 39,
Clásicos Castalia, t. li, Madrid, 1940, pág. 30).

Respecto de este vocablo afirma J. Coromines: «Curiana, ‘cucaracha,
insecto ortóptero’, origen incierto, quizá de coriana por alusión al traje
negro de las aldeanas del obispado de Coria… coriana es variante usada
en la ciudad murciana de Moratalla» (Diccionario crítico etimológico cas-
tellano e hispánico, Madrid, Gredos, 1996, s. v.). Según el Diccionario de
autoridades, s. v., es «insecto muy parecido al grillo… Críase en lugares
húmedos, y corre mucho, por cuya razón le llaman otros corredera».
Conforme al mismo léxico, corredera es un «insecto del tamaño de un
escarabajo, parecido al grillo». Por su parte, F. del Rosal dice que
curiana es «specie de cucaracha. Así llamaban a las sabandijuelas que
se criaban en sombríos» (Origen y etymología de todos los vocablos originales
de la lengua castellana, 1601, s. v.).
724
Embestida: ‘iluminada’. Envestir: «se toma también por iluminar, pene-
trando alguna cosa, y llenándola, y como visiténdola de luz y claridad,
y haciendo que esté resplandeciente: como sucede con el hierro enal-
bado en la fragua» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 354 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

frente, cubierta de un pardo color; el casco725 casi descubierto; 770

los cabellos, sembrados por la huessa; la cabeza, toda remen-


dada, allí sin carne, aquí sin cuero, allí llena de materia, aquí
labrada de gusanos; las narizes, feas y cortadas; la voca, cassi
sin dientes y los que avía, flexos y negros. Vi al cuerpo de Cas-
simira (metamorphorsis que por todos a de passar), podrido,
hediendo, contaminado726 y tal qual yo no sabré pintar, por
771

más que vse de la retórica, porque no son bastantes para ello


sus locuciones y figuras.
Desperté despavorido y, al asir de la ropa que tenía puesta
a la cabezera con la piedra redonda que me avía servido de
cabezal727 de pluma, como ya salían los sentidos de su letargo,
772

toqué también la piedra y el tacto me informó entonzes que no


lo era, antes728 cabeza de fábrica humana. Hize mayor reparo729
773 774

725
Casco: ‘cráneo’. «El hueso cóncavo que cubre la cabeza y contiene
dentro de sí los sessos y el celebro» (Diccionario de autoridades, s. v.).
726
Contaminar: «penetrar la inmundicia un cuerpo, causando en él man-
chas y mal olor» (R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la
lengua castellana, París, 1893, t. ii, pág. 444b). Contaminado: «corrompido,
ensuciado» (S. de Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana o española,
1611, s. v.).
727
Cabezal: «se llama también una almohada larga, que coge todo el ancho
de la cama, y se pone a la cabecera de ella para reclinar la cabeza»
(Diccionario de autoridades, s. v.).
728
Antes: «más bien, mejor dicho, al contrario» (R. J. Cuervo, Diccionario
de construcción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. i, pág. 489b).
729
Reparo: «significa… advertencia, consideración, o reflexión, que se pone
en lo que se dice o hace» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 355 –
Pedro de Solís y Valenzuela

con el tacto, y en lo redondo, en las cuencas de los ojos, en la


nariz cortada y en los dientes conozí ser vna calabera. Si dor-
mido avía sido grande mi congoja, despierto, vino a ser mayor,
porque con las especies que aquel lastimoso sueño me dejó, me
di a presumir que aquella era la cabeza de la diffunta Casimira
que yo buscava. No se mide bien (dize San AmbrosioXLVI) lo que 775

entretiene730 vna esperanza con el dolor que vna pérdida occas-


776

siona. Tiene el amor, dize el santo Dotor, en el aprecio de sus


passiones, por muy cortos los halagos con que vna esperanza
lisongea respeto de las ansias con que vna pérdida aflixe. Siendo,
pues, esto assí, ¿qué lágrimas serían bastantes para llorar esta
pérdida tan grande que yo presumía? ¿Quién tendrá tan de
piedra el sufrimiento que no se rompan en venas de agua sus
ojos eridos de tan inhumano golpe? ¿QuiénXLVII, al ver en 777

botón preñada rossa de milagros carmesíes, y que antes que


en esferas de belleza despliegue a olores y ermosuras el orbe


Hacer reparo: el verbo hacer «junto con algunos nombres, significa la
acción de los verbos que se forman de la misma raíz que dichos nom-
bres: hacer estimación es estimar; hacer burla es burlarse» (Diccionario académico,
s. v.). En el presente caso, hacer reparo es reparar, en el sentido de «mirar
con cuidado; notar, advertir una cosa» (Diccionario académico, s. v.).
XLVI
Ambros., lib. 7 in Luc., cap. 1. [Cita inexacta].
730
Entretener: «conservar, mantener, sostener» (R. J. Cuervo, Diccionario
de construcción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. iii, fasc. 10,
pág. 679b).
XLVII
S. Hieronim[us, De dormitione Paulinae, Ep. 66, 1].

– 356 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

de rubí que pretende dilatar para azafate731 sus tiernas hojas y


778

que antes que con purpúrea ambición estienda florida la vani-


dad de sus plumas, la ve no sólo zegada por segur villana sino
pisada, ahajada732 y destroncada, podrá contener el llanto?
779

Tan grande fue el mío, que cassi anegado en lágrimas y sus-


piros me halló el sol, y no bien differencié733 sus luzes, quando 780

alzé en mis manos aquel espejo de marfil, y oyendo las vozes


de aquel predicador valiente734 que mudo vozea y sin actiones
781

muebe, reparé que sirviendo de tabla lissa su frente, o de papel


bruñido, tenía escritas letras que siempre quedaron fixas en mi
memoria, cuyo contexto dezía assí:

Mírate, passagero, que me miras


como en tu espejo en esta calavera,
postrer verdad que guía a la primera,
verás en mis verdades tus mentiras.

731
Azafate: «un género de canastillo llano texido de mimbres, levantados
en la circunferencia en forma de enrejado quatro dedos de la misma
labor. También se hacen de paja, oro, plata y charol en la forma y
hechura referida» (Diccionario de autoridades, s. v.).
732
Ahajada: ‘ajada’. Ahajar: «lo mismo que ajar. Voz de poco uso. Véase
ajar» (Diccionario de autoridades, s. v.).
733
Diferenciar: «conocer o percibir la diferencia o desigualdad de dos o más
objetos (transitivo)» (R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la
lengua castellana, París, 1893, t. ii, pág. 1219b).
734
Valiente: «significa también eficaz y activo en su línea physica u moral…»
(Diccionario de autoridades, s. v.).

– 357 –
Pedro de Solís y Valenzuela

Quanto admiras de mí, de ti lo admiras,


de mi espejo en tu imagen verdadera,
que como en mí ha parado quanto era,
ha de parar en mí quanto tú aspiras.

Toma de mi cabeza tu consejo,


y discreto escarmienta a lo entendido.
Conpón tu vida luego en este espejo.

O, luego, en vano tarde conocido,


por falta de vn momento de aparejo735 782

estarás para siempre arrepentido.

Absorto de leer estas razones, aunque discurrí entonzes que


no podía ser la cabeza de Cassimira, como yo en mi sueño avía
figurado y aún después de dispierto, considerando que todos
aquellos successos tan extraordinarios eran milagrosos y effi-
cazes auxilios y continuos despertadores de mi vida, del Cielo
embiados, y por no ir contra la justicia que mi conciencia en mi
alma hazía (justa pena del peccador como dixo vn gentilXLVIII), 783

determiné no ir adelante ni ser ingrato a aquel árbol que me

735
Aparejo: «prevención, disposición, preparación de lo conducente y nece-
sario para qualquier obra, operación u otra cosa… Sta. Teresa, Mor.
4, cap. 2: Porque el verdadero aparejo para esto es deseo de padecer
y de imitar al Señor» (Diccionario de autoridades, s. v.).

Como se verá, el autor atribuye este soneto a Don Andrés en el manus-
crito de Yerbabuena.
XLVIII
Séneca, [Ep. 97, 13] ad Lucil[ium]: «maxima p[o]ena peccantium est pec[c]asse».

– 358 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

avía dado acogida en la tempestad, y [que] con aquel su mudo


habitador tanto desengaño me avía ministrado736. Lloré y 784

gemí, y aunque a insensibles, les dixe al árbol y calavera: com-


pañeros que conmigo liberales os mostrastes, si mi alabanza
en algo a vuestro fauor corresponde, no creáys que os falte.
Mejor me parezéys que quanto el apparato737 de los hombres 785

inventa para su regalo o quanto el mayor palacio cuelga en sus


paredes. ¿Qué vale todo, si a[l] dueño vna hora de vida no le
vale; de un dolor no le releva?738 Árbol simple739, contigo me
786 787

contento; yo quiero llorar culpas; tú tendrás por adorno mis


lágrimas. Cabeza humana, tu compañero soy; seguiré tus avis-
sos y enmendaré mi vida. Assí lo hize en quanto pude y formé
allí mi habitación en la qual perseveré dos años, al cabo de
los quales me vinieron vnos impulsos muy grandes de bolver
a buscar a aquel santo viejo que dejé en la ermita de donde
Cassimira hizo fuga, por ver si de ella me daba alguna noticia

736
Ministrar: «dar, suministrar» (Diccionario académico, s. v.; B. Alemany y Selfa,
Vocabulario de las obras de don Luis de Góngora y Argote, Madrid, 1930 s. v.).
737
Aparato: «medios y trazas de que se suele valer el ánimo para… con-
seguir sus intentos» (Diccionario de autoridades, s. v.)
738
Relevar: ‘remediar aliviando’ (C. Fontecha, Glosario de voces comentadas en
ediciones de textos clásicos, Madrid, 1941, pág. 311).
739
Simple: «ingenuo y sin doblez» (Diccionario de autoridades, s. v.). O bien:
«sencillo, manso, apacible» (B. Alemany y Selfa, Vocabulario de las obras
de don Luis de Góngora y Argote, Madrid, 1930 s. v.).

– 359 –
Pedro de Solís y Valenzuela

y por oír de su voca algunas instrucciones que importarían740 788

sin duda a la prosecusión de aquella vida.


Cassi no pude resistir a este desseo que me le dava Dios,
como a otro Antonio para que visitasse a S. Pablo, y assí lo pusse
en execusión y, guiado más del que me avía embiado el santo
impulso que de humana senda, vine a encontrar la cueba. Hallé
al venerable Arsenio muy consumido y penitente, el qual se ale-
gró en summo grado con mi vista haziéndome todos agasajos
posibles. Contéle todos mis successos y él entonzes me dio el
mayor consuelo y alegría que pienso tuve en mi vida, contán-
dome con verdad la fuga de Cassimira, y cómo avía sido por

Importar: ‘servir’, ‘ser de utilidad o importancia’. Ejemplo: «Quid enim


740

prodest (dice San Augustin, lib. iv, De doctrina christiana) loquutionis inte-
gritas, quam non seqttitur intellectus audientium? “Qué importa el peregrino
pensamiento, dicho con perfectisima gala, sino le alcanza el oyente?”»
(F. Cascales, Cartas filológicas, i, Clásicos Castalia, t. ciii, pág. 182). El
verbo se podía construir con un complemento indirecto y con otro
encabezado por a, para o de: «cosas que, después de sabidas, no impor-
tan un ardite al entendimiento ni a la memoria» (M. de Cervantes
Saavedra, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, parte ii, cap. xxii;
ed. Rodríguez Marín, t. v, 1948, pág. 154); «impona a vivir en paz /
sufrir mucho y hablar poco» (Lope, Servir a buenos, Biblioteca de Auto-
res Españoles, t. xxxiv, pág. 434a); «de qué me importa a mí ser arro-
game, / si ese David, que el brazo en honda vuelve, / derriba con la
piedra mi gigante» (Lope, El cardenal de Belén, Biblioteca de Autores
Españoles, t. xli, pág. 494a); «Pero, ¿cómo he de creer / que para este
intento importe / traer a Blanca a la corte / tras el Marqués?» (J. Ruiz
de Alarcón, La prueba de las promesas, Clásicos Castalia, t. cxlvi, pág. 47).

– 360 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

su orden y cómo la avía logrado741 tam bien, que avía742 vn año


789 790

que, día de Santa Clara743, en vn convento de la misma Santa


791

avía proffessado, valiéndosse para su dote del valor del zentillo


de diamantes. Cassi no podía hablar de puro gozo, que tanto
suele embarazar el afecto de la alegría como el de la tristeza.
Postréme en tierra, di mil gracias a N. Señor por este successo
tan feliz, y el eremita venerable, por dar aumentos a mi alegría,
sacó dos papeles de Cassimira, que luego conocí por la letra,
con que confirmó ser verdad quanto avía dicho.
Y yo me acuerdo que os prometí en el discurso desta his-
toria referiros alguno versos suyos, y esta es la ocassión, pues
lo que contenían estos papeles eran vnos versos que avía echo:
vnos a Santa Clara el día de su proffessión; otros, a la soledad, y
otros, a Christo N. Sr., atado en la columna. Los asumptos son
piadosos y no agenos desta narración. Si permitís, los referiré.
Aquí se excitó la alegría en todos los circunstantes y dixeron

741
Lograr: «aprovecharse o valerse de alguna cosa; como lograr la ocasión,
el tiempo» (Diccionario de autoridades, s. v.). Agregamos este ejemplo de
Gracián: «En lo que puso Andrenio especial estudio fue en aprender
lenguas… para lograr los muchos tesoros que en ellas están escritos»
(El criticón, ed. Correa Calderón, t. i, 1971, pág. 165).
742
Véase nota 723.
743
Es decir, el 12 de agosto, según el antiguo santoral; el 11, después del
Concilio Vaticano ii.

Para la omisión del artículo ante la palabra día, véase R. J. Cuervo,
Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. iii,
pág. 53b, donde encontrarnos ejemplos como el siguiente: «Día de
Santa Inés surgió en la isla» [B. de Argensola, Historia de la conquista de
las islas Molucas, Madrid, 1609, 3 (118)].

– 361 –
Pedro de Solís y Valenzuela

que era aquel el plato más sazonado; y, assí, que no rezelasse en


dezirlos luego744. Y entonzes Arsenio dixo assí: Estos son los que
792

hizo a su proffessión. Enpezemos por aquí, que luego los demás


se seguirán por su orden:

Oye, Madre, mis ruegos;


mi voluntad attiende,
que, aunque indigna de serlo,
tu hija he sido siempre.

Tú misma me llamaste,
que, como Clara, puedes
repartir del Cordero
las luzes y los bienes.

[…]

Gustosíssimos quedaron de aver oýdo el Romanze y ala-


baron el ingenio de su autor, sus muy sazonados equívocos, su

744
Luego: ‘en seguida’. «Sin dilación» (Diccionario de autoridades, s. v.). Recuér-
dese, por ejemplo: «si ya no era que tenían algún sabio encantador por
amigo, que luego los socorría» (M. de Cervantes Saavedra, El ingenioso
hidalgo don Quijote de la Mancha, parte i, cap. iii; ed. Rodríguez Marín, t. i,
1947, pág. 132). Varios ejemplos podrían citarse de la obra de Cer-
vantes. Este sentido de luego es el primitivo y etimológico y tuvo nota-
ble persistencia. Muy abundante en Gracián y autores de la época.
A veces luego se reforzaba con otras palabras: luego al momento; luego al
instante, luego incontinenti y luego, luego, etcétera.

– 362 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

espíritu y devoción; y también llevó Antonio su parte de agra-


decimiento, por averle ordenado la collocación en tal lugar.
Arsenio prosiguió su historia diziendo: apenas avía aca-
bado de darle al eremita venerable, postrado a sus plantas, el
agradecimiento de auer sido autor del remedio de Cassimira,
y apenas me avía informado de la senda por donde avía de ir
a la cercana ciudad, quando quisiesse ver aquella verdad con
mis ojos, q[uand]o sentí al venerable viejo travado de vna mor-
tal calentura745. Acostélo en su lecho de humilde paja, sin otro
793

abrigo ni fausto y traté de procurarle algún alivio a su mal. El


que él desseava era verse desatado de los mortales lazos desta
vida, y debía de saber que ya la hora estava cercana pues me
enpezó a instruir con santos documentos746. 794

Sigue, decía el santo viejo, el camino de la virtud, consi-


derando que la hoz de la muerte siega encina dura y delicada
flor, y que el hombre no es otra cossa sino vn empréstido de la
vida, deuda cierta de la muerte, animal indómito, exemplo de
imbecilidad, despojo del tiempo, juego de la fortuna, imagen
de la inconstancia, valanza de la embidia, malicia que por sí

745
Trabar: «vale también prender, agarrar o asir» (Diccionario de autoridades,
s. v.). Aquí en sentido figurado: ‘atacado’. De una mortal calentura: com-
plemento de agente.
746
Documento: ‘enseñanza’, ‘aviso, consejo’, ‘doctrina’ (C. Fontecha, Glosario
de voces comentadas en ediciones de textos clásicos, Madrid, 1941, pág. 129).
Compárese D. de Saavedra, Idea de un príncipe político christiano represen-
tada en cien empresas 1, Múnich, 1640: «Más bien reciben los hijos los
documentos o reprehensiones de sus padres, que de sus maestros y
ayos» (citado en el Diccionario de autoridades, s. v.).

– 363 –
Pedro de Solís y Valenzuela

es maestra, ábil para hazer agravios, compuesto para la avari-


cia747, brío ínfimo, gloria de sí pregonera, braveza que presto se
795

amansa, soberbia que sin difficultad se derriba, cieno de arro-


gancia lleno, arena reboltosa, árbol a la muerte inclinado, heno
seco, fábrica que ligeramente se desbarata, morada antigua de
toda alteración748, y albergue de todo dolor, y el resto, enferme-
796

dad y, en fin, polvo y ceniza, que, conpendiando San Bernardo


en brebes palabras su principio y miseria, dize: somos engen-
drados en suzidades749 detenidos en tinieblas, paridos en dolo-
797

res. En fin, su entrada es miserable; culpable, su progresso; y su


salida, y más si es a ser comida y pasto del fuego, como es la de

747
Compuesto para la avaricia: ‘hecho para’, ‘diestro en’. En latín compositus
con dativo, o construido con in + acusativo o ad + acusativo signifi-
caba ‘dispuesto’, ‘adiestrado’, ‘apto’. Ejemplos: «ab juventa in ostentatio-
nem virtutis compositus» (T. Livio, Ab urbe condita libri, 26, 19); «compositus in
obsequimn» (P. C. Tácito, Historiae, 1. 82); «vates in adulationem composilus»
(Q. Curtius Rufus, Historiae Alexandri Magni, 4, 7, 26). Para el español,
Franciosini define compuesto como «acconcio, accomodato» (Vocabola-
rio español e italiano, Segunda parte, Roma, 1620, s. v.) y Oudin, como
«agencé, accommodé» (Tesoro de las dos lenguas francesa y española, París,
1607, s. v.).
748
Alteración: «mutación o mudanza» (Diccionario de autoridades, s. v.). O bien:
«la passión y afecto del ánimo irritado y colérico: y assí a la ira y enojo
que uno concibe quando está irritado se llama alteración, y passión
del ánimo, porque se altera e inmuta» (Diccionario de autoridades, s. v.).
Compárese: «Procura sosegar tu alteración» (M. de Cervantes Saave-
dra, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, parte i, cap. xxxiv; ed.
Rodríguez Marín, t. iii, 1948, pág. 99).
749
Véase nota 364.

– 364 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

los que mueren en pecado, condenable, lamentable y dolorosa.


No en vano exclama el Profeta Jeremías, diziendo: ¿para qué
salí del vientre de mi madre aviendo de ver trabajos y dolores
y aviendo de passarse mis días en conffussión?XLIX. Considera, 798

pues, de qué es formado el hombre, qué haze y qué a de ser.


El fue formado de tierra, concebido en culpa y nacido para
la pena; él haze las cossas malas que no le son lícitas; comete
las torpes que le son prohibidas y executa las vanas que no le
convienen, y haziéndolo assí, será pasto del fuego, comida de
gusanos y massa de podedumbre750. 799

Conságrate a Dios, dezía el santo viejo. Advierte y mira


que todo lo demás es vanidad y locura y sólo esto te dará ver-
dadero logro751. No ay debajo del sol quien esté sin trabajo; no
800

ay debajo de la luna quien no tenga falta o defecto, y no ay


debajo del tiempo quien no tenga vanidad. El tiempo no es otra
cossa sino vna tardanza de las cossas mudables. Vanidad de
vanidades, dijo el Eclesiastés, y todo vanidad752. ¡O qué varios 801

son los estudios de los hombres, qué diversos sus exercicios! Pero
vno es el fin de todos y vno el effecto, que es afflición y trabajo

XLIX
Jerem[ías], 20, [18].
Forma vulgar de podredumbre, no registrada en los diccionarios. Caso
750

de disimilación de la r.
Logro: «ganancia, utilidad» (Diccionario de autoridades, s. v.). Compárese
751

Eccle., 5: 6. Tal vez podría tomarse también por ‘realización completa’,


de acuerdo con una acepción frecuente de lograrse: «[se dice de] todo
aquello que llega a conseguir su fin» (S. de Covarrubias, Tesoro de la
lengua castellana o española, 1611, s. v.).
Eccle., 1: 2.
752

– 365 –
Pedro de Solís y Valenzuela

de espíritu. Grande ocupación fue dada a todos los hombres


y pessado el yugo que enlazó los cuellos de los hijos de Adam
desde el día que salieron del vientre de su madre hasta el día
de su sepoltura en la tierra que es madre de todos.
Desvélense los sabios en inquirir, saber y preguntar las altu-
ras de los cielos, las anchuras de la tierra y las profundidades
del mar; disputen de todas, traten siempre y aprendan o ense-
ñen; que yo les quiero preguntar qué fruto sacan de semejante
occupasión sino dolor, trabajo y afflicción del espíritu. Que de
experiencia lo conoció el más sabio que dixo: di y entregué mi
corazón a aprender la prudencia y la doctrina, los errores y la
necedad, y conozí que todo era trabajo y aflición de espíritu,
porque en la mucha sabiduría ay mucha indignación753 y quien 802

añade sciencia añade trabajo754, porque por más que vno se


803

desvele, sude, y trabaje en aprender vna cossa, aunque sea la


más vil y fácil de entender, apenas la conprehenderá líquida755 804

y enteramente, si no es que sepa que él no puede saber nada


con perfección, y assí es parte de su saber saber que no sabe.
Pues ¿qué te diré de los demás? Corren y discurren los
mortales por los caminos y veredas; suben los montes; passan
los collados; rebuelven los senos de la tierra; visitan sus cavida-
des y cavernas; rebuelben la profundidad de los mares; passan

753
Eccle., 1: 18: «eo quod in multa sapientia multa sit indignatio». Indignación, tra-
ducción literal de este pasaje de la Vulgata [«donde hay mucha ciencia
hay mucha molestia» es el sentido].
754
Eccle., 1: 18: «et qui addit scientiam addit et laborem».
755
Líquida(mente), adverbio de modo. Latinismo (liquide, liquido) en el sen-
tido de: ‘clara, evidente, ciertamente’.

– 366 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

la peligrossa corriente de los ríos; penetran la escuridad de los


bosques, lo nunca visto de las soledades; expónense a los vien-
tos, a las ruinas756, a los despeñaderos, a las lluvias, a las tem-
805

pestades, a los truenos, a las olas, a los ríos; sacan y queman


los metales; pulen y labran las piedras; cortan y entallan los
leños; arman y texen las telas; cortan y cosen las vestiduras;
edifican cassas; plantan huertos; cultivan los campos; piensan,
meditan, aconsejan; pleytean, hurtan, engañan, pelean. Y todo
esto, ¿no veremos para qué? Para juntar riquezas, para multipli-
car ganancias, para conseguir logros757, para adquirir honrras,
806

para alcanzar dignidades, para estender su mando y poderío.


Y esto todo, ¿qué es sino trabajo y aflicción del alma? ¿Qué es
sino vanidad y locura? Conozido loco es el hombre, del ospi-
tal758 del siglo terrestre quando se deja llevar de su ambición,
807

Ruina: cualquier clase de desastre. Según Palencia, Universal vocabula-


756

rio, s. v., ruina significa «muerte, caída, incendio». Ejemplos: «sólo Dios
da las victorias, y el pecado los vencimientos y las ruinas» (Quevedo,
Política de Dios: govierno de Christo, ed. Crosby, pág. 293); «aunque ruinas
me prevengas, / he de buscar ocasiones / en que toda Siria vea / que
sé vengar mis agravios» (Calderón de la Barca, Dramas, ed. Astrana
Marín, Madrid, 1966, pág. 685).
Logro: «ganancia, utilidad» (Diccionario de autoridades, s. v.). Compárese
757

latín lucrum. Véase nota 752.


Hospital: ‘manicomio’. «Ay muchas diferencias de hospitales: en algu-
758

nos se curan enfermos, en los que llaman generales, o que están dota-
dos de mucha renta, curan de calenturas, de heridas, de mal francés,
locos, niños expósitos. Otros curan una sola suerte de maletía…» (S.
de Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana o española, 1611, s. v.). El
manicomio se llamaba hospital de los locos, como puede verse en Lope,

– 367 –
Pedro de Solís y Valenzuela

de su dignidad, de la soberbia de su sangre, del avaricia de sus


riquezas, no aviendo de llebar a la lóbrega bóbeda sino lo más
vil que bastare a cubrille el cuerpo. Y a esta traza759 son tanbién
808

locos deste hospital muchos que parezen sabios, tan ignoran-


tes a los ojos de Dios. Dichoso sólo aquel cuerdo y bienaven-
turado el que alaba su nombre, el que observa su santa ley y
preceptos, el humilde a los agravios, el abstinente en su messa,
el continente en su vista, el remendado en su[s] galas y, final-
mente, el que todo lo desprecia por Dios, porque sabe que no
es digno de Dios el que no lo dexa todo por su amor. Todas
las cossas desta vida son vanidad, como te an insinuado mis
discursos; todas las confianzas del mundo, engaño; todos los
desseos, viento; todas las voluntades, mentira y todo sensible
animal, sujeto a morir.
Finalmente, por no hazeros más dilatada y molesta mi rela-
ción que ya concluyo, dexo de dezir otras altíssimas doctrinas
que me pronunciaron sus labios, y sólo os quiero dezir vnos
versos con que clausuló760 su vida el buen Arsenio, dexándome
809

“El abanillo”, en Obras dramáticas, nueva ed. Real Academia Española,


t. iii, 1917, pág. 6.
A esta traza: ‘de esta manera’. Traça: «modo, maniera» (L. Franciosini,
759

Vocabolario español e italiano, Segunda parte, Roma, 1620, s. v.). Compárese:


«Has de pensar que es alma edificada / a la traça de vn grande Mones-
terio, / en que ay su dormitorio con sus celdas, / que de vna puerta
adentro caben todas» (Lope, El anzuelo de Fenisa, fols. 31 v.º y 32).
Clausuló: ‘acabó’. Clausular: «acabar, poner fin a lo que se estaba
760

haciendo» (J. Mir y Noguera, Rebusco de voces castizas, Madrid, 1907


pág. 161).Véase nota 128.

– 368 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

heredero de su nombre y de sus penitentes halajas y su cueba y


habitación que avía sido de muchos años; que, según me contó,
passaron de treynta, sin admitir en ella consorcio761 humano, y 810

gozando a tiempos762 de los tesoros de la Iglesia con la comuni-


811

casión de los sacramentos santos que iba a recebir a la próxima


ciudad. Mostró gran desseo de rezebirlos, y supliendo esta falta
sus dolientes vozes, suspiros y ansias fervorosas de ir a gozar a
Dios, teniendo vn santo Christo en las manos, prorumpió, lleno
de lágrimas, en estos bien sentidos Affectos763: 812

[…]

Agora, mi Dios, agora


tu gracia y favor me acuda764, 813

761
Consorcio: ‘compañía’. Del latín consortium, -ii: significa también
‘acompañamiento’.
762
A tiempos: «a veces» (Diccionario académico, s. v.).
763
Afecto: «expresión, demostración de sentimiento» (R. J. Cuervo, Dicciona-
rio de construcción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. i, pág. 228a).

Ciertas poesías de carácter religioso llevaban el nombre de afectos: Afec-
tos de un pecador arrepentido, de Calderón de la Barca; Afectos de un corazón
contrito, de fray Cristóbal de Bas; Afectos de vn pecador atemorizado y Afec-
tos de vn pecador arrepentido, de Antonio de Solís. Pero también algunas
poesías de tema profano, expresivas de vivos sentimientos, se titula-
ban así, por ejemplo: Afectos varios de un corazón fluctuando en las ondas de
los cabellos de Lisi (Quevedo). A fines del siglo escribió en prosa, en la
Nueva Granada, sus Afectos espirituales la madre Castillo.
764
Acudir: «vale también cuidar, assistir y socorrer a alguno» (Diccionario
de autoridades, s. v.).

– 369 –
Pedro de Solís y Valenzuela

que espero verte muy presto.


Y porque aquesto se cumpla,

Diré, en tu piedad fiado,


con fe viva, ardiente y pura:
in te, Domine, speravi,
in aeternvm non confundar765. 814

Con estas ltimas palabras cerró766 el venerable eremita


815

el periodo767 de su vida, y aunque no son estos versos los indi-


816

viduales768 que dixo, yo he dispuesto deziros en esta ocassión


817

estos que para semejante lanze compuso aquel ingenio grande


de estos tiempos, aquel Maestro de Predicadores, el Rdo. Pe.
Maestro fr. Diego Nizeno, de la sagrada Orden de San Basilio
el Magno. Agradeciéronle todos los circunstantes el artificio de

765
Ps. 30: 2; 70: l. El autor, para facilitar la rima asonante, cambia el hipér-
baton, original de la Vulgata, non confundar in aeternum por in aeternum
non confundar.
766
Cerrar: «metaphóricamente se toma por concluir, fenecer, acabar alguna
cosa» (Diccionario de autoridades, s. v.). Compárese R. J. Cuervo, Diccio-
nario de construcción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. ii, pág.
130a: «concluir, poner término (transitivo)… “La mujer de valor pone
en su marido descanso, y cerrará los años de su vida en paz”. León,
Perf. cas., introd. (3, 426)».
767
Periodo: «significa también el espacio de determinado tiempo, que
incluye toda la duración de alguna cosa» (Diccionario de autoridades, s. v.).
768
Individual: ‘propio’, ‘mismo’. «Particular, propio y singular» (Diccionario
de autoridades, s. v.).

– 370 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

su narración y el logro769 de tan famoso romanze, en ocassión


818

de pintar la muerte de aquel solitario que diría otros semejan-


tes afectos.
Quedé (prosiguió Arsenio) lleno de lágrimas viendo su
dichoso tránsito; compuse su venerable cuerpo que quedó
con el rostro como si fuera de un ángel, despidiendo un olor
muy suave. Cabé en la misma cueba un hoyo que hize vrna
de aquel precioso depósito y quedé rico con las halajas pobres
y penitentes que me dexó, y más rico con los exemplos de su
santidad y virtud y con algunos papeles que me quedaron de
su mano, escritos en aquella soledad y con la llaneza de aque-
llos tiempos, aunque con mucho fondo de espíritu, los quales

769
Logro: ‘presentación’, ‘recitación’. Damos dos ejemplos en que el verbo
lograr se emplea para indicar que se presenta una obra de arte: «Merece
lograrse la sazonada traducción del Salinas» (B. Gracián, Agudeza, ed.
1669, pág. 211; ed. Correa Calderón, t. ii, Clásicos Castalia, t. xv,
Madrid, 1969, pág. 15); «No sienta tanto voacé / que cese el cántico
ya: / mil ocasiones habrá en que lograrle, por que / esto me divierte
tanto, / que… yo a cada cosita canto, / y oirá uced jácaras ciento»
(Calderón, El alcalde de Zalamea, ed. A. Cortina, pág. 117). Muy corriente
era entonces que este verbo ofreciera el sentido de ‘gozar’, ‘disfrutar’,
pero en este pasaje de El desierto no debe interpretarse en tal forma,
pues a continuación el autor agrega «si no os causa molestia». Lograr
transitivo era fundamentalmente ‘hacer que una cosa llegue a su per-
fección’, ‘dé su fruto’. Por lo tanto, aquí tendrá el valor de ‘presentar
una poesía a los amigos’, ‘hacerla conocer de ellos’. En la significa-
ción afín de ‘presentar o representar gráficamente’ parece que debe
explicarse el logrando de el siguiente pasaje de Calderón: «logrando
tus aventuras, / en láminas de oro y plata, / que caracteres esculpan»
(Autos, Clásicos Castalia, t. lxix, pág. 26).

– 371 –
Pedro de Solís y Valenzuela

traygo aquí. Y assí porque son breves como porque son en


verso y porque ya mi relación no os puede dar cuydado pues
muy en brebe se concluye, si gustáys, os haré de ellos relación
o los leerá Don Fernando. Concordaron en este parezer y leyó
Don Fernando assí:

§§ Sonetopara despertar al hombre


dormido a nueva vida
Hombre, mira que vives vida muerta770 819

porque muriendo vives engañado;


mira que estás a muerte condenado;
no duermas tan de veras, mas despierta.

Es cierta la partida, y es incierta.


Podrá ser quando estés más descuydado.
Mira por ti; no vivas olvidado,
y piensa que la muerte está a la puerta.

Acuérdate del tiempo tan perdido,


del mucho mal y poco bien que as hecho,
y que la vida es brebe y transitoria.

Vivir vida muerta: paradoja común en el lenguaje de los ascetas, para


770

indicar que se puede estar vivo físicamente, pero, en sentido moral,


con el alma muerta por el pecado. Esta frase elíptica indica, pues, que
‘vives sin caer en la cuenta de que estás muriendo’.

– 372 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

Acuérdate que a Dios has offendido,


que tienes cuenta larga y plazo estrecho,
y que, después, al fin, ay pena y gloria.

Con la occassión de oír este soneto, enpezaron a dudar si


era verdad que el eremita avía dexado escritos estos papeles
o si con artificio el segundo Arsenio los entretexía aquí en su
relación por traerles siempre a la memoria los desengaños que
ministran las memorias de la muerte y juicio; a que él dio con
risa muy buenas satisfaciones.

[…]

Aquí pausó771 Don Fernando su letura porque el Prior del


820

convento recoleto de San Agustín ponderó el fondo que tenían


de espíritu772 estas razones, al parezer tan llanas y sinceras, y
821

aplicó con justa razón este soneto a los sacerdotes que cada día
celebran el sacrossanto misterio de la missa y reciben el cuerpo
de N. Sr. Iesuchristo, y, por otra parte, viven con tal tibieza que

Pausar: «interrumpir o cesar en el movimiento, exercicio u acción. Es


771

formado del nombre pausa, y se usa algunas veces como verbo activo»
(Diccionario de autoridades, s. v.). Véase nota 38.
Fondo de espíritu. Fondo, fig.: «caudal de una cosa, como de sabiduría, de
772

virtud» (Diccionario académico, s. v.). Espíritu: ‘espiritualidad, vida espiritual’.


Dice Santa Teresa: «Porque en cosas de espíritu en poco tiempo tiene
mucha espirencia, que estos son dones que da Dios cuando quiere…
y ansí yerran muchos, como he dicho, en querer conocer espíritus sin
tenerle» (Libro de la vida, en Obras completas, t. i, Biblioteca de Autores
Cristianos, t. lxxiv, Madrid, 1951, pág. 816).

– 373 –
Pedro de Solís y Valenzuela

no perciben los copiosíssimos frutos que pudieran de tal cer-


canía y comunicasión773. Hizo acerca desto un muy espiritual
822

discurso y luego pidió a Don Fernando que prosiguesse, el qual


leyó el último soneto que quedaba, que tenía por asumpto vnos
amorosos afectos a Christo N. Sr. y es el siguiente:

El fuego de tu amor, dulce amor mío774, 823

el alma tan del todo me traspasa,


que, con el gran calor, gran sed me abrasa,
y estoy qual ciervo herido en el estío.

I como busca el ziervo fuente o río


que le refresque sin medida escassa,
busco yo fuente viva en quien sin tassa
me pueda refrescar a mi alvedrío.

A ti, mi Dios, te busco, viva fuente


que me abrasas y puedes refrescarme;
no tardes que el tardar es abrasarme.

773
Cercanía: «intimidad, trato frecuente» (Diccionario histórico de la lengua
española, t. ii, 1936, s. v.).

Comunicación: «trato, amistad» (Diccionario de autoridades, s. v.). Compá-
rese R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana,
París, 1893, t. ii, pág. 291a.
774
Este soneto, curioso por los pareados con que termina —raras veces
empleados en los sonetos de buena ley— y que hacen juego con los parea-
dos del primer terceto, quizás pudiera atribuirse al propio don Pedro.

– 374 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

I en tanto que se tarda tu corriente,


hago, para templar el fuego estraño,
de mis lágrimas fuente en que me baño.

Acabósse aquí el quadernito del ermitaño con gusto grande


de los que lo avían oýdo. Y Dn. Pedro dixo: toda la noche la
passáramos gustossamente en vela, si fuera más largo, porque
se conoze muy bien el espíritu que governava estos amoro-
sos conceptos775; pero no a de ser este el fin, que Antonio me
824

a dicho que antes que prosiga Arsenio, tiene que referir a lo


moderno. Y para abrirle la puerta, yo empezaré primero, si
bien quisiera que el empeño fuesse general y cada vno de los
que aquí estamos, a la forma776 que lo hizimos en la ermita de
825

Arsenio quando tubimos aquella feliz mañana en el jardín de la


cruz, refiriesse vn soneto espiritual, aunque sea ageno, pues
collocado en tal sazón vendría a ser reputado por propio; a
lo menos sería darle el premio devido a su autor. Alabáronle
todos el pensamiento y se ofrecieron a hazerlo assí, y Antonio

Conceptos: «pensamientos, sentencias» (C. Fontecha, Glosario de voces


775

comentadas en ediciones de textos clásicos, Madrid, 1941, pág. 90).


Forma: «vale también regla, modelo, exemplo y modo de proceder en
776

alguna cosa» (Diccionario de autoridades, s. v.). «A la forma que lo hizi-


mos»: ‘en la forma, a la manera como’. La preposición a denota —y
denotaba frecuentísimamente en los siglos xvi y xvii— las ideas de
conformidad y modalidad. Véase R. J. Cuervo, Diccionario de construc-
ción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. i, págs. 19-23.

– 375 –
Pedro de Solís y Valenzuela

le pidió a Don Pedro le dejasse dezir primero, porque no que-


ría hallarse inferior en la graduación777 de los pensamientos.
826

[…]

Alabaron todos la valentía778 del concepto, y Dn. Fernando


827

dixo: este y otros que sumamente779 nos an deleytado en el dis-


828

curso destos días debemos a la curiosidad780 de aquel nunca 829

bastantemente alabado ingenio de Lorenzo Gracián en su Arte

777
Graduación: ‘calificación’, ‘categoría’, ‘altura’. Compárese graduar: «qua-
lificare, honorare» (L. Franciosini, Vocabolario español e italiano, Segunda
parte, Roma, 1620, s. v.), y grado: «estimación y calidad de una cosa»
(Diccionario de autoridades, s. v.). «En Berceo ya sólo hallamos [de grado]
la acepción ‘rango, dignidad’… esta y las demás acepciones figuradas
son lo corriente en la Edad Media y en lo sucesivo» (J. Coromines,
Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, Madrid, Gredos, 1996,
s. v., grado 1).
778
Valentía: ‘gallardía, vivacidad’. Véase nota 268.
779
Sumamente, adverbio de modo: «en sumo grado» (Diccionario académico,
s. v.); «grandissimamente» (L. Franciosini, Vocabolario español e italiano,
Segunda parte, Roma, 1620, s. v.).
780
Curiosidad: «se llama también el cuidado y diligencia que se pone para hacer
alguna cosa con perfección» (Diccionario de autoridades, s. v.). Tratándose de
conocimientos, es la diligencia y escrupulosidad en el estudio y la investi-
gación. Ejemplo: «Agora aduierto / que sauiendo este Moro medicina, /
con la curiosidad que estos la saben, / que con yemas es cosa peregrina, /
podrá ser que curándole se acaben, / las tristezas de Enrique» (Lope de
Vega, La niña de plata, 115 v.º). Compárese, además, «estudió gramática con
curiosidad» y «con toda curiosidad entendido en ella» (P. Boyd-Bowman,
Léxico hispanoamericano del siglo xvi, Londres, 1972, s. v.).

– 376 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

de ingenio, libro que por lo recóndito y arcano de su locución y


por la valentía de su pensar sólo es para hombres muy capazes
y juiciosos781. Cumplido hemos con nuestra obligación, y assí
830

es justo que Arsenio concluya lo que falta de su historia hasta


venir a este desierto. Respondió Arsenio: no sólo es justo pero
precisso, y será con poca molestia, porque, por no aver sucesso
considerable, haré de lo que falta vn brebe epílogo y, aunque
tan brebe, no an de faltar versos en él. Estuve, pues, prosiguió
Arsenio, dos años enteros perseverante en aquel desierto y en
la cueba que era depósito de la porción mortal de aquel santo
varón; y en este desierto fue donde, acordándome de las mor-
tales ansias que me fatigaron782 en el navío de los olandesses,
831

donde de las heridas estuve a la muerte783, hize aquellas octa-


832

vas que os referí. Al cabo de los dos años, me vinieron grandes


impulsos de ver a Casimira, ya monja proffessa, y de disponer

781
Juicioso: ‘capaz de valorar las cosas’. Según B. Gracián: «es menester
ser juyzioso. Un eminente crítico… da su valor a cada cosa, califica los
objectos» (El discreto, ed. Romera-Navarro y J. M. Furt, Buenos Aires,
Academia Argentina de las Letras, 1959, pág. 169).
782
Ansia: «pena, tormento» (Diccionario de autoridades, s. v.).

Fatigar: ‘afligir’, «oprimir, congoxar» (Diccionario de autoridades, s. v.).
«Entendió que de algún grave mal venía fatigado» (M. de Cervantes
Saavedra, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, parte i, cap. xxxv;
ed. Rodríguez Marín, t. iii, 1948, pág. 114).
783
A, con respecto al tiempo, denota «relación de proximidad. Estar a
la muerte, al llegar: “¡Oh, cuanta confianza tendrá el que está a la
muerte, si se siente que no le detiene cosa alguna deste mundo!” Gra-
nada, Imit., 3, 58» (R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la
lengua castellana, París, 1893, t. i, pág. 17a).

– 377 –
Pedro de Solís y Valenzuela

de algunas cantidades en aquella ciudad, que era la de Car-


taxena, adonde avía sido encaminada mi derrota784 quando 833

partí de Cádiz con el empleo785 de mi hazienda. Determinava


834

acomodar786 aquellas deudas en vna renta moderada para


835

passar la vida y dar logro a mis estudios con aspirar a la dig-


nidad sacerdotal en que me pareze podía servir más al Señor.
Muchos días se passaron resistiendo estos desseos, como tenta-
ciones del Enemigo para sacarme de la soledad. En fin, como
impulsos que eran embiados de Dios, prevalecieron, y assí me
resolví a salir por la senda que el heremita me avía enseñado
y, vestido de su traje de ermitaño, con la barba y cabello bien
crecida, pues avía passado tanto tiempo sin quitármela, salí a

784
Derrota: «el viaje que hazen los navíos por la mar» (S. de Covarrubias,
Tesoro de la lengua castellana o española, 1611, s. v.); «rumbo de la mar, que
siguen en su navegación las embarcaciones» (Diccionario de autoridades, s. v.).
Ejemplo: «Hauemos de tomar nuestra derrota / a Sicilia primero, y
a Cerdeña, / y luego passaremos con la flota de Menorca y Mallorca
el alta peña» (Lope, Vida y muerte del rey Wamba, parte i, Madrid, 1604,
pág. 105).
785
Empleo: «la compra de bienes o hacienda que se hace, y en que se emplea
y gasta el dinero o parte del caudal» (Diccionario de autoridades, s. v.).
786
Acomodar: «hablando de dinero, emplearlo, invertirlo en algo» (Dicciona-
rio histórico de la lengua española, ed. definitiva, t. i, 1972, pág. 481a, que
da un solo ejemplo, de Torres Villarroel, 1751, con el mismo régimen
que trae Solís). A. de Palencia, Universal vocabulario en latín y en romance,
Sevilla, 1490, trae una referencia al empleo jurídico y comercial de
acomodar, pero parece referirse allí más bien al contrato de comodato.

– 378 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

la ciudad, donde causó harta novedad787 mi aspecto. Encaminé 836

luego mis passos al convento donde Cassimira era proffessa;


y llamando en el torno, dixe que le avissassen que estava allí
Arsenio el Ermitaño. Y a la verdad no mentía, porque yo avía
heredado, no sólo su cueba y sus pobres y penitentes halajas y
vestidos, sino también el nombre, porque desde que murió pro-
puse llamarme assí y imitarle en la vida. Salió Cassimira con
este verdadero engaño a las gradas788 y, conociéndome, fueron
837

tantas las lágrimas que en los dos brotaron789 la memoria de las 838

fortunas790 passadas y la vista de las presentes, que apenas pudi-


839

mos en mucho tiempo hablarnos, más causadas de gozo que

787
Novedad: «extrañeza u admiración que causan las cosas hasta entonces
no vistas ni oídas» (Diccionario de autoridades, s. v.).
788
Grada: «se llama también la reja y locutorio de los monasterios de mon-
jas. En este sentido sale del latino crates, que vale reja de hierro u de
palo» (Diccionario de autoridades, s. v.).
Brotar lágrimas: uso causativo, «raro y acaso no está suficientemente
789

autorizado» (R. J. Cuervo, Diccionario de construcción y régimen de la len-


gua castellana, París, 1893, t. i, pág. 907a.). El mismo cita el siguiente
ejemplo:

«y brotaste, Señor, de piedra dura

agua en mansa corriente,

y aplacó de tu pueblo su dulzura

allí la sed ardiente.

V. de la Vega, Poes. (533)».
790
Fortuna: «acaso, accidente, hado, suerte u destino» (Diccionario de auto-
ridades, s. v.). Compárese: «y saltando en tierra después de tantas for-
tunas» [= ‘accidentes, azares o riesgos’] (F. Cascales, Cartas filógicas, iii,
ed. J. García Soriano, Clásicos Castalia, t. cxviii, Madrid, 1941, pág. 152).

– 379 –
Pedro de Solís y Valenzuela

de tristeza. Contóme lo mismo que el eremita me avía dicho


del orden791 que tuvo para conseguir su santo intento, y yo le
840

conté la santa muerte de Arsenio y cómo en la misma cueba


que avía sido su habitación, le avía dado sepultura. Enterne-
ciósse mucho porque le veneraba por autor de su remedio792. 841

Comuniquéle mis propósitos, y en todo me dio su abono793 y 842

aprovación, dándome tantas instruciones para proseguir la vida


espiritual, que yo quedé attónito de oírla. Díjome cómo para su
dote y alajas794 necessarias sólo se avía aprovechado del valor
843

del zentillo en lo precisso, y que assí avía reseruado quinientos


ducados que estavan en depósito por si mis fortunas algún día

791
Orden: «regla u modo que se observa para hacer las cosas» (Diccionario
de autoridades, s. v.).

Para la construcción decir de, compárese R. J. Cuervo, Diccionario de
construcción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. ii, pág. 819b:
«Intrans. Con de, para expresar el asunto de la relación. “Diole un gran
mal, y queriendo hacer una buena obra de su hacienda… díjola él de
estos monesterios” (Sta Ter., Cartas, 2, 85)».
792
Remedio: ‘remedio espiritual, salvación’, como remedium en el latín de
los padres de la Iglesia (compárese A. Blaise, Lexicon latinitatis medii aevi
praesertim ad res ecclesiasticas investigandas pertinens, 1886, s. v.).
793
Abono: «alabanzas, aprobación» (Diccionario histórico de la lengua española,
ed. definitiva, t. i, 1972, págs. 126c-127a).
794
Alhajas: «nombre genérico que se da a qualquiera de las cosas que
tienen alguna estimación y valor; pero más contrahidamente a todo
aquello que está destinado para el uso y adorno de una casa u de las
personas: como son colgaduras, camas, escritorios, etcétera, o vestidos,
joyas, etcétera» (Diccionario de autoridades, s. v.).

– 380 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

me hiziessen parezer795. Después de passados aquellos dulces


844

colloquios y yo ídome a un convento, el día siguiente me remitió


el dinero. Parecióme prudencia para hazerme conocer y poder
cobrar mis deudas, mudar traje. Hízelo, poniéndome luego en
hábito clerical, y assí pude darme a conozer.
Era general la opinión de que avía sido muerto en la
refriega de los olandeses, y otros juzgavan estava prisionero en
Olanda, conque no fue esto tan fácil como yo juzgaba; pero
con la venida de galeones y concurso de amigos antiguos pude
conseguir lo que pretendía y embiar a Roma por dispensacio-
nes de qualquier irregularidad cometida, para proseguir en mi
intento de ser sacerdote. Tube cartas de mi patria y dispuse el
resto de mi hazienda, que estava en raízes796, para remedio797 845 846

de la hermosa Clori, que como oýstes, dexé en el convento de

795
Parezer: «dexarse ver u ofrecerse a la vista. Es del latino , que
significa lo mismo…» (Diccionario de autoridades, s. v., parecer).
796
Raíz: «se llama también la hacienda de campo; como viña, tierra, oli-
var, etcétera, casa y otras cosas que no se pueden llevar de una parte
a otra. Úsase mui regularmente esta voz en plural, diciendo bienes
raíces» (Diccionario de autoridades, s. v.).

Compárese: «Pendencias y cuchilladas / no son raíces ni muebles»
(Quevedo, Una picaza de estrado, vv. 33-34); «él quedó heredado… ansí
en muebles como en raíces» (M. de Cervantes Saavedra, El ingenioso
hidalgo don Quijote de la Mancha, parte i, cap. xii; ed. Rodríguez Marín,
t. i, 1947, pág. 336).

Estar en raíces, como si dijera estar en bienes raíces.
797
Remedio: ‘socorro’, como el latín tardío remedium; «aiuto» (L. Franciosini,
Vocabolario español e italiano, Segunda parte, Roma, 1620, s. v.). Compá-
rese nota 276.

– 381 –
Pedro de Solís y Valenzuela

donde saqué a Casimira. Consiguió estado de virgen a Dios


consagrada en el mismo convento, y quando supe de su felix
proffessión, ya estava ordenado de evangelio798. 847

Conseguí dentro de poco tiempo el sacerdocio, y por gusto


de Cassimira traté799 de trasladar los huessos de Arsenio de su
848

cueba al convento donde ella habitava, y que esto fuesse con


honorífica pompa. Era conocida su santidad y assí fue vniver-
salmente aplaudido el intento800. Hize para ponerlo por obra
849

todo el aparato801 necessario, y con luzido aconpañamiento,


850

798
Ordenado, participio pasado de ordenar[se], en el sentido de «recibir la ton-
sura, los grados u las Órdenes Sagradas». Por ejemplo, «ordenado de
corona», «ordenado de missa», etcétera. Respecto a la expresión ordenado
de evangelio, se refiere al diaconado, porque diácono es el «ministro ecle-
siástico, y grado segundo en dignidad inmediato al Sacerdocio. Tócale
cantar solemnemente el Evangelio…» (Diccionario de autoridades, s. v.).
799
Tratar: «disponer algún negocio, cuidando de su conducta [= ‘conduc-
ción’] para el acierto» (Diccionario de autoridades, s. v.). Ejemplos: «Venid
conmigo, / trataréis de su rescate» (Lope, El remedio en la desdicha, Clási-
cos Castalia, t. xxxix, pág. 91); «que si no pagaba el ejército por entero,
no había tratar de conciertos» (F. de Moncada, Expedición de catalanes y
aragoneses contra turcos y griegos, Biblioteca deAutores Españoles, t. xxi,
1623, pág. 23); «Quiso / desposarse ayer con él; / y agora, a lo que
colijo, / los dos tratan dello, / por prevenir descaminos» (Tirso, Amor
médico, Clásicos Castalia, t. cxxxi, pág. 6).
800
Intento: «propósito» (S. de Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana o espa-
ñola, 1611, s. v.); «ánimo u designio» (Diccionario de autoridades, s. v.).
801
Aparato: «también significa apresto, prevención y lo que es necesario
para una obra u otra cosa, como un exército, armada» (Diccionario de
autoridades, s. v.).

– 382 –
El desierto prodigioso y prodigio del desierto: textos reunidos

guiando yo los devotos que para esto avía concitado802, fui a su 851

cueba y en vn arca aforrada803 en terciopelo carmesí pusimos


852

los huessos venerables del dichoso Arsenio que espiravan suave


olor y fragancia y los conducimos804 al dicho convento. Fue día
853

de muchíssimo concurso805 y se le hizieron, disponiéndolo assí


854

Cassimira, célebres y aparatossas honrras. Pusiéronse varios

802
Había concitado: ‘había convocado’. Del latín concitare que significa tam-
bién ‘llamar’, ‘hacer venir’, ‘reunir’, ‘convocar’ (Oxford Latin Dictionary,
Oxford, Clarendon Press, 1969, s. v.). Concitar: «Acaso fue de las pri-
meras introducciones del gongorismo» (R. J. Cuervo, Diccionario de cons-
trucción y régimen de la lengua castellana, París, 1893, t. ii, pág. 324a).
803
Aforrada, es decir, revestida por dentro con terciopelo carmesí, según
el texto.

Af