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Tema: “De la #cartadeamor a la carta de a(l)mor”.

Una apuesta analítica

Lic. Melisa Solana Anello*

El amor nos convoca. Desde siempre ha


sido un tema crucial, para algunos venerable y
en todos los casos inquietante.Sosteniédose de
lo no previsto y aún más, soprendiendo desde
o inasimilable a quien busque desde la
torpeza rigurosidades y causas materiales,
el amor nos introduce en un terreno enigmático.
El vibrante pensamiento de Freud ha procurado
desentrañar a lo largo de su obra el lazo amoroso entre los sujetos ; renovando los
fundamentos de aquella vieja obsesión que ha ocupado a filósofos, teólogos, maestros,
literatos y cieníficos desde tiempos inmemorables.
La lúcida y apasionada pluma freudiana, hizo rodeos y ensayó artilugios para atrapar al
amor con palabras y aunque lejos de quedar amarrado en una definición pétrea, es a partir
de sus desarrollos como el psicoánalisis comenzó a realizar sus primeros trazos sobre el
tema.
Aunque los tiempos cambian, el amor, sigue allí dispuesto a dar batalla y haciendo valer
esa naturaleza indomeñable que desafía los avatares históricos y a todo discurso que se le
impoga.
Las dimensiones de tiempo y distancia tejen con el amor una trama necesaria. No es
concebible un amor sin ese tiempo que transcurre para el encuentro entre los amantes.
“Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo [...] El nombre de una mujer me
delata. Me duele una mujer en todo el cuerpo" escribía Borges en 1972 atestiguando

*Licenciada en psicología. (UNC)


Tesista de la Mestria en Teoría Psicoanalitica Lacaniana. (UNC)
Docente adscripta de las Cátedras de Psicopatología I y Psicoanálsis. (UNC)
aquella experienia amorosa en tanto acontecimiento.
El amor implica distancia, que si es cierto que separa, también es lo que posibilita el
encuentro. No hay encuentro sin distancia. En 1912 Freud propone que el valor psíquico de
la necesidad de amor se hunde tan pronto como se le vuelve holgado satisfacerse. Nos
enfrentamos a la exquisita experiencia de la cercanía aun sabiendo que , a nivel del goce los
amantes están irremediablemente separados y cuando de amor se trata los labernitos y
desencuentros están garantizados.

El amor se presenta entonces como ese inextinguible deseo de unión entre quienes
están juntos. Así lo considera la filosófa contemporánea Simone Weil (1947), quien a
mediados del siglo pasado esboza: “Amar puramente es acatar la distancia, es adorar la
distancia entre uno y lo que ama.”
Así, los escollos que deben sortear los amantes constituyen el fundamento de la
experiencia amorosa. Las cartas de amor han estado desde siempre destinadas a marcar el
juego del encuentro y el desencuentro. Lo lejano, la nostalgia, permiten poner un velo al
vacío y formalizan la ausencia que vuelve posible el acercamiento. La carta como
instrumento aproxima a los sujetos con la condición de que los cuerpos queden a distancia y
se escribe sobre la necesidad de respuesta del Otro, se dirige y hace presente al amado
donde solo habita la ausencia. Los amantes intentan enlazarse en letras, mientras que su
trazo denuncia la imposibilidad.
En tanto el amor hace de lo imposible de la complementariedad algo contingente, la
carta como signo permite que algo circule entre amante y amado.

Sin embargo, como anticipa Roland Barthes “un pequeño punto en la nariz y la imágen
de la amada se desvance.”(1977) En aquel despliegue de máscaras sobre el escenario ; los
amantes encerrados en el conflicto develan su desgarro frente al telón, confusos, una
verdadera paradoja detrás del próspon que cubre su rostro. Aquello que era del orden del

*Licenciada en psicología. (UNC)


Tesista de la Mestria en Teoría Psicoanalitica Lacaniana. (UNC)
Docente adscripta de las Cátedras de Psicopatología I y Psicoanálsis. (UNC)
acontecimiento se reduce a la necesidad y comienza la tragedia.

En el amor, el tiempo del espanto es ineludible cuando se lo sueña parecido a una


fusión milagrosa de dos que hacen Uno. Los sexos humanos no son piezas de rompecabezas,
no conforman el mito del andrógino, cada uno entra en la conjunción sexual con sus
fantasmas y sus goces, por eso no hay proporción-relación sexual; ignorar la disimetría de los
goces y alentar ilusiones de eternidad conduce al mas devastador dolor subjetivo.

La tragicomedia se repite en una metonimia mortificante para los hombres y mujeres y


un nuevo embrujo arrebata a los sujetos que ciegos y sordos, embelzados en sus fantasías
no pueden avizorar un posible horizonte que se escabulla de la repetición.

A la luz de estas referencias, anotamos el primer interrogante que orienta nuestro


trabajo ¿ Qué lugar hay para el encuentro entendido como acontecimiento cuando prevalece
un insistente empuje al goce en nuestra epoca?
Los años que transitamos se caracterizan por la conmoción en los modos de vida y la
desorientación en el deseo de los sujetos; en estas primeras décadas del siglo XXI hemos
visto derrumbarse aquello construido durante siglos; los ideales sociales, culturales, políticos
y las garantías se desvanecen. Las tramas que se tejieron para instituir los valores universales
-ahora erosionados- no pueden dar sentido a los sujetos.
Los movimientos son silenciosos hasta que se los efectos resultan evidentes, y hoy se
ha hecho visible lo que hasta no hace mas de algunas décadas resultaba casi imperceptible.
Es indudable que los lazos amorosos están siendo socavados en sus fundamentos más
tradicionales y nuevas modalidades se imponen en su lugar. Las redes múltiples, la
hiperconexión, generan la ilusión de intercambio, de complementariedad, pero con una
mayor labilidad y con un empobrecimiento del mismo.
Las relaciones se multiplican pero su intensidad palidece. Los tiempos del amor se
acortan, la espera desaparece. Se evidencia un empuje no sólo hacía una consumación
inmediata de la satisfacción, sino también que se profundiza un debilitamiento de las

*Licenciada en psicología. (UNC)


Tesista de la Mestria en Teoría Psicoanalitica Lacaniana. (UNC)
Docente adscripta de las Cátedras de Psicopatología I y Psicoanálsis. (UNC)
palabras que permiten habitar y hacer marco al encuentro. El relato empieza a faltar en el
tránsito hacía la experiencia del amor. Las nuevas relaciones sostienen una soledad que
protege a los sujetos de la aproximación de los cuerpos, evitando la constatación de la
relación sexual imposible y el reconocimiinto de la propia falta.

El discurso imperante y sus nuevos ojetos de comunicación-que en palabras de Lacan


“forcluye todo lo relacionado con el amor”(1972, p.61)- tienden desesperadamente a borrar
las propias vetas y arrasar con las del Otro; así la trampa puede resultar mortífera aunque el
sujeto lo viva con efecto anestesiado. Los tiempos actuales parecen no ser solidarios con el
oleaje que el amor requiere para adquirir una consistencia.
Sobre este escenario, sin embargo, es válido trazar otro interrogante desde la
afirmación de Lacan “¿No hay esperanzas para un occidentado?” (Lacan, 1971) ¿Cuál es
nuestra apuesta cómo practicantes del psicoanálisis?
A partir de la enseñanza de Lacan toda consideración previa referida al amor va a ser
retorcida en sus concepciones más íntimas para luego volverla a lanzar con admirable
lucidez y precision- como un destello- iluminando a su paso numerosos puntos de la clínica
psicoanalitica. El análisis, se presenta como una posibilidad para acceder a incluir lo que del
ser amado es distinto y que tendemos a rechazar.
Lacan sirviéndose del equívoco francés entre amour y muro, introduce la carta de
a(l)mor para otorgarle nominación a un amor nuevo producto de la experiencia analítica; un
amor nuevo que franqueando la ilusión imagianria anude los tres registros a partir del “dar
lo que no se tiene a quien no es” lo simbólico, y el agujero en la significación que se dirige a
lo Real. Allí lo imposible, la pérdida fundante e inevitable que indica un no-todo de a dos
denuncia lo disimétrico de los modos de gozar entre los sujetos y enfentra al anzalizante a su
propia soledad constitutiva.
Se trata de un amor que advierte la roca dura de la castración, nos despierta de aquel
sueño de completud y posibilita una invención frente al ineludible traumatismo con lo Real.

*Licenciada en psicología. (UNC)


Tesista de la Mestria en Teoría Psicoanalitica Lacaniana. (UNC)
Docente adscripta de las Cátedras de Psicopatología I y Psicoanálsis. (UNC)
El sujeto despabilado frente a su propio exilio suelta las amarras de las condiciones siempre
fallidas que lo sostuvieron hasta entonces, para habilitar un saber hacer nuevo allí , una
solución en singular. Se trata de un amor liberado de la prisión de lo necesario y abierto a la
contingencia.

Bibliografía

El oro de los tigres:Borges, J.L. (1972) Poema “El Amenazado”. Buenos Aires, Argnetina:
Ed. Emece.
El saber del psicoanalista: Lacan, J. (1972) Charlas de Jacques Lacan en Sta Anne
Recuperado http://www.psicoanalisis.org/lacan/seminario19b.htm
Fragmentos de un discurso Anoroso: Barthes,R. (1972) Buneos Aires, Argentina Ed.
Siglo XXI
La pensateur et la grâce :Weil. S. (1947) . Paris, Francia:Ed. Plon
Lituraterre: Lacan, J.(2012) Buenos ires, Argentina: Ed.Paidos

*Licenciada en psicología. (UNC)


Tesista de la Mestria en Teoría Psicoanalitica Lacaniana. (UNC)
Docente adscripta de las Cátedras de Psicopatología I y Psicoanálsis. (UNC)