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Introducción

El abuso sexual infantil (ASI) no es un problema reciente, los maltratos a la infancia


estuvieron presentes desde la antigüedad hasta actualidad. Es una de las formas de
abuso de poder y dominio sobre la niñez más dolorosa. Durante décadas las voces de
gran cantidad de niñas y niños víctimas de abuso sexual fueron silenciadas y continúan
siendo en gran medida. Una de las principales razones por las cuales el abuso sexual en
la infancia es de difícil detección y sanción es porque generalmente los abusadores son
parte del entorno familiar o social próximo del niño abusado. Aún nuestra sociedad
coloca a la familia como lugar indiscutible de protección de los niños y niñas, cuando
en realidad puede ser el ámbito de mayor vulnerabilidad, riesgo y desprotección.
Todavía encontramos a profesionales y personal de los servicios de salud, justicia y
seguridad asombrados ante situaciones de incesto, poniendo en tela de juicio el relato
del niño o niña y actuando de acuerdo a estas creencias, revictimizando a las niñas y
niños, desconociéndolos como sujetos de derechos y atentando contra ellos/as y sus
madres y/u otros familiares protectores.

El ASI es una de las formas más graves de violencia contra la infancia y conlleva
efectos devastadores en la vida de los niños y las niñas que lo sufren. Consiste ante todo
en un abuso de poder de un adulto hacia un niño, niña o adolescente, donde el adulto,
valiéndose de la asimetría de poder y la coacción, abusó sexualmente del niño o niña,
generando graves consecuencias a corto y largo plazo en su psiquismo y en los
diferentes ámbitos en los que se desarrolla.

El ASI es una realidad masiva a nivel mundial de difícil detección y que generalmente
se silencia, se oculta, no se denuncia y por ende termina siendo uno de los crímenes más
impunes contra la niñez. A nivel mundial, Unicef estima que 1 de cada 10 niñas han
sido víctimas de violencia Sexual. En el estudio realizado en el servicio de Adolescencia
del Htal. Cosme Argerich en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires la mayoría de los
abusadores eran familiares de primer grado o conocidos por la víctima: tíos, padrastros,
padres, abuelos y hermanos. La mayoría de los casos (60%) nunca se denunció y sólo
un tercio pidió ayuda. La víctima de incesto suele permanecer en silencio hasta la
adolescencia, cuando tiene la capacidad de sentir que puede confiar en algún adulto.
Independientemente del tipo de abuso sexual, el mismo es SIEMPRE un delito que se
debe denunciar con el objeto de preservar la integridad de los niños, niñas y
adolescentes y garantizar su protección y bienestar.

La complejidad de esta forma de violencia exige un abordaje complejo y correcto, que


requiere de un trabajo coordinado, articulado e interdisciplinario entre distintos
organismos, instituciones y profesionales de distintas disciplinas así como la
capacitación constante de los mismos en la temática. El abordaje debe realizarse de tal
modo que el proceso de asistencia y justicia genere una protección efectiva del interés
superior del niño o niña, restituyendo el estado de derecho que jamás debió haber sido
vulnerado.

Para promover la recuperación y reintegración de cualquier niño o niña que haya sido
víctima se requiere de su oportuna detección, diagnóstico y tratamiento. Desde luego
que el tema de la detección no resulta fácil ni evidente, debido a que requiere de una
labor de interpretación de lo que los niños y niñas expresan en su propio lenguaje. La
obtención de un recuerdo, expresado en el discurso, que tenga una secuencia temporal
lógica, que brinde especificaciones, que identifique al agresor, y que lo observado en la
conducta sea traducido en palabras por el niño difícilmente ocurra. Esta impedido tanto
por la inmadurez del niño como por la naturaleza de los acontecimientos vividos. Es por
ello que el punto central de este trabajo es el del lenguaje a través de los dibujos,
entendiéndolos como una herramienta fundamental para la detección del abuso sexual y
una alternativa que evita la sobreexposición y reduce el sufrimiento de los niños. Es por
lo antes mencionado que resulta de suma importancia intervenir profesionalmente este
fenómeno, el cual, por su complejidad, requiere de un abordaje interdisciplinario, que
permita trabajar esta grave problemática desde todas las áreas posibles, incluyendo a la
comunidad educativa. En este sentido, ¿Cuáles serían las herramientas básicas que
necesita un docente de escuela primaria para reconocer indicadores gráficos de
ASI?¿como es el proceso de abordaje que debería desarrollar este docente si logra
identificar alguno?

Los objetivos generales de esta investigación es hallar indicadores que resulten


específicos de abuso sexual en gráficos infantiles y conocer cuál es la actuación del
docente ante la detección. De estos objetivos se desprenderán algunos más específicos
como conocer los indicadores de ASI en diferentes técnicas gráficas y clarificar los
pasos para lograr un adecuado abordaje ante la revelación o el develamiento dentro del
ámbito escolar.

Se utilizará el dibujo, la expresión gráfica, por ser una vía regia de comunicación del
inconsciente, sobre todo en los niños. Los dibujos están siempre cargados de alto
contenido simbólico, son indicadores altamente confiables a la hora de realizar un
diagnóstico de abuso infantil.

Partiendo de la hipótesis de que existen indicadores gráficos que pueden dar cuenta de
manera específica la presencia de ASI en los dibujos de niños y niñas de entre 6 y 11
años, el trabajo de investigación se realizará a partir del análisis comparativo y
retrospectivo de gráficos infantiles. El material será dividido en dos grupos: Control (
niños que no presentan diagnóstico de ASI) y Experimental (niños con diagnóstico de
agresión sexual) con la intención de poder establecer diferencias con mayor claridad.
Las técnicas utilizadas serán: Dibujo libre, HTP, Persona Bajo la Lluvia, Dos personas y
Familia Kinética, según la edad madurativa del niño a evaluar.