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— La Mente es Maravillosa

5 lecciones que podemos aprender de las abejas.


La vida es un concepto que abarca multitud de manifestaciones. El ser humano es solo una de ellas.
Sobresale por su capacidad de abstraer y transformar su realidad, pero hay muchas especies que lo
sobrepasan en otros aspectos. Incluso hay insectos que hacen mejor algunas cosas. Por ejemplo, se
puede aprender de las abejas.

Las colmenas son una extraordinaria estructura social. Se trata de una comunidad armónica y eficiente
que hace gala del trabajo en equipo. Tal vez ninguna sociedad humana ha alcanzado ese nivel de
coherencia. Este es uno de los puntos esenciales que aprender de las abejas.

Estos pequeños insectos son determinantes en el equilibrio de la vida sobre la Tierra. De su actividad
y del buen funcionamiento de las colmenas dependemos muchos otros seres vivos. Básicamente todo
lo que aportan es positivo y sus beneficios son innumerables. Veamos más detalladamente todo lo que
deberíamos aprender de las abejas.

“Si la abeja desapareciera de la superficie del globo, al hombre sólo le quedarían cuatro años de vida:
sin abejas, no hay polinización, ni hierba, ni animales, ni hombres”. Albert Einstein-

1. Trabajo en equipo, una habilidad que podemos aprender de las abejas


En el mundo de las abejas nunca se habla en singular. Cada una de ellas hace un aporte individual,
pero el objetivo de todas es el bien común. Las colmenas son estructuras sociales perfectamente
organizadas en las que cada individuo desarrolla la tarea que le corresponde, de manera sincronizada
con los demás.

En el mundo de los humanos todos dependemos de todos, en realidad. Sin embargo, hemos creado
la ilusión del individualismo. Aunque hasta la ropa que traemos y el alimento que tomamos llegan a
nosotros gracias a los otros, a veces pensamos que nos bastamos con nosotros mismos.

2. Asumir un rol y cumplirlo a cabalidad


Cada abeja cumple con un determinado papel en la colmena. No hay confusión en las funciones: cada
una sabe qué tiene que hacer y lo lleva a cabo. Esa pequeña sociedad de insectos es bastante
compleja. En general, hay una reina, los zánganos y las obreras. Sin embargo, estas últimas se dividen
en nodrizas, guardianas, recolectoras, etc.

El ser humano debería aprender de las abejas que en el plano colectivo cada quien debe desempeñar
un rol. En los humanos es más complejo porque podemos cambiar de rol con relativa facilidad. Sin
embargo, mientras estemos desempeñando una tarea específica, lo adecuado es concentrarnos
exclusivamente en ella. Como las abejas.

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3. Cuidado mutuo
Cuando una abeja recoge el néctar no lo hace para sí misma. Lo hace porque es fundamental para la
supervivencia de la colmena. Las abejas recolectoras viven aproximadamente unos 30 días. El tiempo
que se requiere para producir la miel es de dos meses. Así que ellas mismas no reciben ese fruto de
su trabajo. Su generosidad es abrumadora.

En el mundo actual, los seres humanos difícilmente tienen esa generosidad y piensan en el colectivo
antes que en sí mismos. Tanto es así, que hemos hecho imposible la vida para varias especies. De la
misma manera, en muchos se impone la idea de que es válido pasar por encima de los demás, en
beneficio propio. Teniendo en cuenta esto, ya podrían aprender de las abejas.

4. La impresionante memoria
Las abejas son pequeños insectos con un cerebro prodigioso. A veces tienen que desplazarse por
largas distancias y aun así encuentran el camino de regreso a su colmena. Ellas identifican puntos
de referencia que les permiten recordar su trayecto. Los científicos han descubierto que incluso tienen
habilidades matemáticas básicas.

El ser humano debería entender que ninguna especie animal es tan inferior como muchos piensan.
Es posible que una abeja supere en capacidad de memorizar a muchas personas que tienen que
anotar todo en un papel para recordarlo. Las abejas nos enseñan a admirar la vida en todas sus
formas.

5. La equidad y el sentido de lo justo


Los zánganos dentro de la colmena son eso: zánganos. Son los machos y su papel es fecundar a la
reina. No tienen que trabajar como las obreras, pero eso no significa que sus privilegios no tengan un
precio.

Por un lado, solo el más fuerte de ellos logra fecundar a la reina, pero al hacerlo, muere. Los demás
son expulsados de la colmena y deben vagar hasta ser aceptados en otra. Además, si las condiciones
se ponen difíciles en invierno, son los zánganos quienes deben irse y básicamente quedan condenados
a morir. Esta forma de organización implica entonces un cierto sentido de justicia. Los privilegios y los
deberes se reparten en una forma equitativa. Mucho tendríamos que aprender de las abejas en el
mundo humano, donde la injusticia y la desproporción en algunos casos son la norma.

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