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TEMA 29: LA EXPANSIÓN DE LOS REINOS CRISTIANOS

EN LA PENÍNSULA IBÉRCIA

1. CONCEPTUALIZACIÓN: REPOBLACIÓN Y RECONQUISTA

LA RECONQUISTA

En su España invertebrada (1922), José Ortega y Gasset afirmaba que “Una reconquista de
seis siglos no es una reconquista”. En la Historia de España tradicional se ha venido identificando
la Reconquista con el proceso histórico en el cual los reinos cristianos peninsulares lucharon
por el control del territorio contra los musulmanes. Este proceso se desarrolló entre los años
722 (fecha probable de la revuelta de Pelayo) y 1492 (ocupación del Reino nazarí de Granada).
Desde el punto de vista académico, el término “Reconquista” es históricamente inexacto,
debido a que los reinos cristianos reconquistadores se formaron posteriormente a la invasión
musulmán. Otros historiadores —como Ignacio Olagüe Videla en La Revolución islámica en
Occidente— sostienen que no existió invasión militar árabe, siendo la creación de al-Ándalus
el resultado de la conversión de la población de origen hispana al Islam. Esta situación ha
provocado que algunos historiadores hayan propuesto el término alternativo de “conquista
cristiana”, como sustituto de “reconquista”. En cualquier caso, parece claro que debemos
desterrar la idea tradicional de casi ocho siglos de luchas constantes entre moros y cristianos.
Probablemente la Reconquista tuviera que ver con la expansión física del crecimiento
económico y social de un conjunto de pueblos cristianos sobre el territorio antes ocupado por
los musulmanes en la Península Ibérica. Podemos dividirla en las siguientes fases:

• Consolidación previa. Comienza con la crisis del Califato por la revolución contra
Hisham II (1009) y finaliza con la conquista de Calahorra por parte de García Sánchez
III de Pamplona (1045), fecha tomada como referencia para el inicio de la Reconquista.
A lo largo de estos años los cristianos establecieron un "Sistema de Parias" a los Reinos
Taifas; el dinero llegado de al-Ándalus, el aumento de tropas permanentes y
mercenarios, las mejores armas, mejores atalayas y el aumento de la caballería sobre la
infantería caracterizan este período.

• Conquista de los valles del Ebro y del Tajo. Estas conquistas se efectuaron sobre los
Reinos de Taifas y sobre los Almorávides entre los años 1045-1145. a) Se realiza el
traslado de la frontera del valle del Duero al Sistema Central tras la conquista de
Coimbra por parte de Fernando I de León (1064). b) Tiene lugar la conquista de Toledo
por Alfonso VI en 1085. c) Tras la llegada de los Almorávides y la derrota en Sagrajas
(1086) de Alfonso VI y el desembarco de Yusuf en 1090, se paraliza la reconquista hasta
que Alfonso I el Batallador ocupa Zaragoza en 1118.

• Conquista de los cursos Alto y Medio de los ríos Júcar, Turia y Guadiana. Conquistas
efectuadas sobre los segundos reinos Taifas y los Almohades entre los años 1145-1212.
a) El tratado de Tudillén de 1151 entre Alfonso VII y Ramón Berenguer IV establece el
reparto de Al-Ándalus y Navarra. b) Intervienen las tropas de los municipios. c) Tiene
lugar la creación de las órdenes militares. d) La victoria en la batalla de Las Navas de
Tolosa (1212) supuso el fin del imperio almohade.

• Conclusión de la Reconquista. Conquistas realizadas sobre los Almohades, terceros


reinos Taifas y el Reino Nazarí de Granada entre los años 1212-1266.
a) En 1227 Alfonso IX de León toma Cáceres. b) Fernando III el Santo de Castilla,
conquistó Córdoba (1236), Murcia (1243 por el futuro Alfonso X, y de forma definitiva
en 1266), Jaén (1246) y Sevilla (1248). En 1244 se firma el Tratado de Almizra entre
Castilla y Aragón donde revisan los tratados de Tudillén y Cazorla, procediendo al
reparto de Valencia y Murcia. c) Jaime I el Conquistador de Aragón ocupa las Baleares
(1230) y Valencia (1249). d) Alfonso III de Portugal conquista el Algarve (1249).
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LA REPOBLACIÓN

En paralelo al avance militar se produjo un proceso de colonización con el asentamiento


de población cristiana. Esta Repoblación varió en sus características según el ritmo y modelo
de la conquista y el volumen de la población musulmana preexistente:

• Valle del Duero y Sistema Central. En el Valle del Duero durante los siglos VIII, IX, X
y XI se realizó una repoblación monacal, señorial y privada basada en la tradición
germánica que atribuía al rey la posesión de las tierras yermas; se realizaba mediante
la presura individual (pequeñas parcelas concedidas a campesinos libres, tal como
sucedía en Castilla) y la presura colectiva (grandes extensiones territoriales que eran
entregadas a un señor o a un monasterio con sus siervos). Al sur del Valle del Duero y
en el Sistema Central se empezó a utilizar la repoblación concejil encargada a
Raimundo de Borgoña en el siglo XI: el territorio fue repartido en municipios y los
derechos de las ciudades fueron reconocidos en las Cartas de privilegios, fueros o
cartas pueblas o de población. Así se repoblaron las ciudades de Salamanca, Ávila,
Soria, Sepúlveda y Ayllón.

• Valle del Tajo. Se realizó desde finales del siglo XI a mediados del siglo XII. El
territorio fue repartido en municipios dotados de grandes privilegios, como fue el caso
de Talavera, Madrid y Guadalajara. En Toledo, a cada grupo social (musulmanes,
judíos, mozárabes y castellanos) se le concedió su propio estatuto jurídico. La Iglesia
jugó un papel importante al restablecer la sede arzobispal de Toledo y enriquecerse con
las propiedades de las mezquitas.

• Valle del Ebro. Realizada desde la primera mitad del siglo XII hasta el siglo XIII.
Mezcla las fórmulas de los valles del Duero y del Tajo. Tudela, Zaragoza y Tortosa
siguieron el modelo de Toledo, y Calatayud el modelo de Sepúlveda. La población
musulmana se mantuvo y llegaron mozárabes, francos y catalanes.

• Cursos Alto y Medio de los valles del Júcar, Turia y Guadiana. Tuvo lugar desde la
segunda mitad del XII a finales del siglo XIII. Extremadura y Castilla la Mancha fueron
repobladas por las Órdenes Militares (Calatrava, Alcántara, Montesa y Santiago),
donde se construyeron muchos castillos y se asentaron campesinos con escasas
libertades, lo que explica la debilidad de poblamiento. Castilla La Mancha, y más
concretamente la provincia de Ciudad Real, fue cuna de la Orden Militar de Calatrava
y le debe la repoblación a ella, incluso la propia fundación de la ciudad, Villa Real en
1255.

• Valle del Guadalquivir. Realizada a partir del segundo tercio del siglo XIII hasta
finales del mismo siglo. Se concedieron donadíos (grandes extensiones de terreno para
la nobleza) y heredamientos (pequeñas parcelas entregadas a los campesinos libres,
hecho condicionado por la escasez de repobladores al ser un territorio fronterizo).
Permaneció la población musulmana hasta la sublevación mudéjar de 1264, cuando se
decidió su expulsión. En Murcia, Alfonso X evitó dar grandes concesiones de tierra a
la nobleza para evitar su sobrepoder; su poblamiento fue débil.
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2. FORMACIÓN DE LOS PRIMEROS NÚCLEOS, SIGLOS VIII-XI.


BASES SOCIOECONÓMICAS Y REPOBLACIÓN

FORMACIÓN DE LOS PRIMEROS NÚCLEOS

El reino asturiano surgió cuando algunas tribus montañesas se negaron a pagar


tributos a los musulmanes —tal y cómo venían haciendo históricamente contra romanos y
visigodos—, por lo que estas tribus, dirigidas por Pelayo (718-737), se enfrentaron a las tropas
musulmanas en Covadonga (año 718 o 722); estos hechos fueron exaltados en el siglo X por los
cronistas mozárabes en las Crónicas de Albelda, dándole categoría de gran batalla (aunque
seguramente no pudo ser más que una escaramuza entre los dos pueblos); las fuentes
musulmanas aluden a Pelayo como un asno salvaje al que prefirieron dejar tranquilo en las
montañas. Él fue el primer soberano del reino asturiano según las crónicas cristianas. A su hijo
Favila —que murió en una cacería de osos— le sucedió el marido de su hermana Alfonso I
(739-57). Este rey controlaba la zona de Cangas e inicia la expansión hacia el este y al oeste.
Destruyó el sistema defensivo musulmán del Valle del Duero transformando la región en una
tierra de nadie, la cual sirvió durante décadas como frontera natural entre cristianos y
musulmanes. Alfonso II "el casto" (791-842) suprimió el impuesto de las Cien Doncellas con
los musulmanes, trasladó la corte a Oviedo, extendió las fronteras hasta Galicia, instauró el
Derecho visigodo con el Liber Iudiciorum, se descubrió la tumba del apóstol Santiago, se
independizó del primado mozárabe de Toledo — pasando a depender de la iglesia
carolingia—, y envió una embajada a la corte de Luis el Piadoso confirmando las relaciones
estrechas con el Imperio Carolingio. Con Alfonso III (866-911) se fijó la frontera en el río Duero
(se le considera el primer rey de León en el 910). Tras su muerte, el reino de Asturias inició una
profunda crisis motivada por los siguientes acontecimientos: los conflictos sucesorios a la
muerte de Alfonso III, Ordoño II (se trasladó la capital de Oviedo a León), Ramiro II (batalla
de Simancas 939) y Ramiro III con la consecuente división del reino, desde entonces reino de
León; por la presión militar del califato cordobés del siglo X, como muestra la derrota en
Valdejunquera de la coalición de Ordoño II y Sancho I Garcés de Pamplona ante Abd-Al-
Rahman III en 920, y las expediciones de saqueo de Almanzor (981 campaña de Zamora, 997
saqueo de Santiago de Compostela, ambas durante el reinado de Ramiro III); a estos factores
hay que sumar la independencia de Castilla (951).

El origen del reino de Castilla está relacionado con las razzias musulmanas al reino
asturleonés, que utilizaban como acceso el Valle del Ebro; desde La Rioja atravesaban la Bureba
burgalesa, ya que la ruta del Valle del Duero era inviable al estar deshabitada, lo que les
impedía el avituallamiento. Por ello el reino asturleonés fortificó la zona fronteriza de las
Bardulias, con el fin de frenar las incursiones enemigas. En 850 el conde Rodrigo controlaba
esta zona plagada de castillos —de donde le venía el nombre Castiella (tierra de castillos) —
que pronto empezó a diferenciarse del Reino Astur. Estos particularismos hicieron que los
condes se consideraran diferentes y aspiraran a la independencia. Aprovechando la crisis de
la monarquía leonesa, el conde Fernán González (932-970) logró hacer de Castilla un condado
independiente tras la muerte de Ramiro II en el 951.

La creación del reino de Pamplona está vinculada a la derrota que los navarros
propinaron a Carlomagno en Roncesvalles (778). Pese a este éxito militar la región cayó bajo la
influencia franca en el intento de Carlomagno por crear un limes hispanicum, tal y como sucedió
en Aragón y Cataluña. La rivalidad de la familia Arista, de influencia musulmana (Banu Qasi),
y la familia Velasco, procarolingia, comenzó con la capitulación de la guarnición visigoda de
Pamplona en 718 y finaliza en 820 con la victoria de Iñigo Arista. En el 905, con el apoyo de
Alfonso III, subió al trono la familia Jimena (Sancho I Garcés) que conquistó Nájera y La Rioja.
Sancho III de Navarra (1005-1035) convirtió su reino en el más poderoso de los reinos cristianos
peninsulares, hecho relacionado con la ubicación geográfica de Navarra en la ruta del Camino
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de Santiago, que posibilitó su enriquecimiento. Anexionó Castilla en 1029, conquistó Aragón,


Sobrarbe y Ribagorza, derrotó a Bermudo III de León, que se convirtió en su vasallo, al igual
que el Conde de Barcelona y europeizó sus posesiones favoreciendo la entrada de los monjes
cluniacenses. A su muerte dividió sus dominios entre sus hijos: su primer hijo, García III,
obtuvo el Reino de Pamplona; Fernando I se convirtió en el primer Rey de Castilla, en calidad
de vasallo de su hermano García. Tras la muerte del rey de León Bermudo III en la batalla de
Támara en 1037, Fernando I unió los reinos de Castilla y León; Gonzalo heredó Sobrarbe y
Ribagorza; Ramiro I recibió el condado de Aragón, y a la muerte de su hermano Gonzalo
incorporó sus dominios y lo elevó a la categoría de reino.

García de Cortázar y Sesma Muñoz, en su Manual de Historia Medieval (2008),


consideran que el origen del Reino de Aragón se sitúa con la creación del limes hispanicum
carolingio. Con el tiempo el aislamiento de los valles pirenaicos posibilitó la creación de unos
condados independientes, Jaca, Sobrarbe y Ribagorza, que acabarían por librarse de la tutela
franca y formarían el reino de Aragón en 1035.

Cataluña estaba formada por un conjunto de condados (Pallars, Urgel, Cerdaña,


Rosellón, Besalú, Ampurias, Gerona, Ausona y Barcelona) integrados en la Marca Hispánica;
estaban gobernados por un comes que era nombrado por el rey franco. El Conde de Barcelona,
Wifredo el Velloso, aprovechó la crisis del Imperio Carolingio (al ser depuesto Carlos el Calvo
se da por finalizado el vasallaje), restauró el obispado de Vic y unificó varios condados en el
año 878, haciéndose independiente de facto.

BASES SOCIOECONÓMICAS Y REPOBLACIÓN

A lo largo de estas centurias los señores y campesinos abandonan sus montañas de


Asturias, donde se dedicaban a la ganadería, y se instalan en el llano. Tienen la tarea de
defender y organizar el extenso territorio del valle del Duero, tierra de nadie. Acompañan a
los astures en esta empresa los mozárabes, que llegan desde al-Ándalus a partir del siglo IX.
Aquí pueden cultivar cereales y vid, así como desarrollar la ganadería equina y ovina. A pesar
de ello, la característica general es la pobreza económica. La actividad artesanal es muy
reducida, el comercio es limitado, y la circulación monetaria prácticamente inexistente. Las
escasas ciudades se mantienen o crecen por ser sede del poder político, como Oviedo, León,
Burgos, o espiritual, como Santiago de Compostela. El tipo de sociedad que se organiza en
estas tierras está en función de la forma de ocupación del espacio, que se hace mediante el
sistema de presura.

La existencia de pequeños propietarios campesinos ha llevado a Sánchez Albornoz a


formular su famosa tesis sobre la libertad de los hombres de Castilla y León y la debilidad del
feudalismo en estas tierras en contraste con las de la Marca Hispánica. Pero no todos eran
libres, pues en los dominios de los señores laicos y eclesiásticos existen hombres en situación
de dependencia: juniores, collazos y casatos. En la posición más elevada de la sociedad están los
magnates, unidos al rey por lazos de fidelidad. Las necesidades militares derivadas de la
defensa del territorio hacen que los grupos intermedios tengan una importancia que irá en
aumento en las centurias siguientes. Los infanzones, pequeña nobleza de linaje y los milites, son
campesinos combatientes a caballo. Este proceso de expansión territorial y de repoblación
beneficia especialmente al monarca, que ostenta al frente del reino el supremo poder político
y militar, siendo dirigente de la repoblación y máximo juez.

En Aragón conviven los grupos indígenas de las montañas, los emigrantes del sur y los
dirigentes francos llegados de más allá de los Pirineos. Los agentes más activos de la
colonización son los monasterios. Durante este periodo, Aragón es tierra de pastores y
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pequeños campesinos que viven especialmente de la ganadería. A lo largo del siglo X se


configura un grupo de señores laicos y eclesiásticos, dueños de tierra y de ganados, que
controla los pastos de alta montaña. Hacia el año mil, las diferencias económicas y sociales
entre la población —que al comienzo de la andadura del condado eran escasas— se acentúan.
La sociedad entonces está en proceso de jerarquización y unas pocas familias, que se disputan
el dominio de la tierra con los monasterios, empiezan a concentrar el poder económico y el
prestigio social. Son el núcleo de seniores, que inician la expansión militar y ganadera.
La densidad demográfica de la Marca Hispánica es pequeña y su población es
fundamentalmente rural. El dominio de las actividades agropecuarias es muy grande, y las
escasas ciudades existentes, como Barcelona y Gerona, no pasan de ser pequeñas
aglomeraciones. A partir de mediados del siglo X se aprecia un cierto desarrollo económico.
Los condes se rodean de una curia de nobles y prelados —los jefes guerreros de su
aristocracia— con los que defienden y repueblan la frontera, siendo asimismo representantes
supremos de la justicia. En los grandes dominios laicos y eclesiásticos existen campesinos
sujetos al régimen de tenencia, pero será en torno al año mil cuando se acelere el proceso de
entrada en dependencia de los propietarios libres.

3. EXPANSIÓN Y CONSOLIDACIÓN, SIGLOS XI-XII. EVOLUCIÓN POLÍTICA Y


PROCESOS DE OCUPACIÓN DEL TERRITORIO

El giro del siglo XI. El siglo XI inaugura una época en la que los reinos cristianos se
incorporan a las corrientes políticas, económicas, sociales y religiosas europeas. A lo largo de
esta etapa, que termina en los últimos decenios del siglo XIII o principios del XIV, la población
se multiplica por tres —al compás de la expansión agraria y de la ocupación de nuevas
tierras—, se activa la vida urbana y las actividades artesanales, se organiza el comercio local y
a larga distancia, y con ellos se generaliza el uso de la moneda. Este crecimiento se produce en
el contexto de la sociedad feudal. Los pueblos hispánicos empiezan una etapa de consolidación
decisiva que se aprecia en el cambio de tendencia en sus relaciones con los musulmanes. A
partir de ese momento, aquellos pasan de la actitud defensiva a tomar la iniciativa en su lucha
contra el Islam, hecho favorecido por la disolución del califato en una serie de reinos de taifas.
Uno de los factores que más contribuye a la consolidación de los reinos cristianos es el sistema
de parias, que consiste en la contratación de servicios militares (tropas cristianas como
mercenarios, sirva de ejemplo el Cid respecto al rey de Zaragoza), o bien el pacto de alianza y
protección mediante el cual el musulmán paga al cristiano la paz y su ayuda ante sus enemigos.

El inicio de la hegemonía castellano-leonesa. En el caso castellano-leonés la figura del


hijo de Sancho el Mayor, Fernando I (1037-1065), es clave para la recuperación política. Primer
rey de Castilla y León, anexiona a sus dominios parte de la Bureba, la Rioja y Álava. La muerte
de Fernando I abre en la corona castellano- leonesa una crisis que será resuelta a beneficio de
su hijo Alfonso VI (1065-1109), quien tendrá que jurar en Santa Gadea que no había tenido
parte en el asesinato de su hermano Sancho, heredero de Castilla. Unificados los dominios de
Castilla y León y Galicia y Portugal, Alfonso se titula ya Rey de Hispania. Emprende en el 1081
el asedio de la importante taifa de Toledo, que conquista en 1085 mediante un pacto de
capitulación. Alfonso entra en la mítica ciudad, antigua capital del reino visigodo, como
emperador de toda España y emperador de las dos religiones. Nunca antes se había
conquistado un lugar con tanta población musulmana que, gracias a las capitulaciones, les
permite no tener que desplazarse, surgiendo un nuevo grupo social: los mudéjares.

La presencia africana. El avance territorial de los cristianos provoca la alarma entre los
habitantes de las taifas y hace que los reyes de Sevilla, Granada y Badajoz llamen en su ayuda
a fines del siglo XI a los almorávides, federación de tribus beréberes del Sáhara dirigidos por
la tribu sinhacha —ortodoxos alfaquíes— que gobernaron en el Norte de África entre los años
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1056-1147. Con la derrota de Alfonso VI en Sagrajas (1086) y la ocupación de diversas taifas de


Al-Andalus, los almorávides ponen en peligro las conquistas del siglo XI. Sólo el Cid
Campeador, Rodrigo Díaz, es capaz de hacerles frente en Valencia (1094), taifa vasalla del rey
Alfonso hasta su muerte en 1102.

La expansión de los reinos pirenaicos. Al sur de los Pirineos, durante los siglos XI y
XII, Navarra pasa a segundo plano y su expansión territorial queda bloqueada entre
aragoneses y castellanos. La primacía pasa a Aragón, que se convierte en reino y conoce un
espectacular avance territorial en tierras de Huesca y valle del Ebro. El sucesor de Ramiro I de
Aragón fue Sancho Ramírez (1063-1094), que tras la muerte del rey navarro Sancho IV en
Peñalén (1076), víctima de una conspiración nobiliaria, llega a un acuerdo con el rey castellano
Alfonso VI y ocupa el reino de Navarra; ambos reinos quedan unidos hasta 1134, circunstancia
que se traduce en el fortalecimiento de Aragón y el inicio de su expansión. Tanto él como su
hijo Pedro I (1094-1104) impulsan la Reconquista y consiguen incorporar a su dominio los
Somontanos y los Llanos, lo que se denomina la Tierra Nueva.

Los condados catalanes. Los territorios de la antigua Marca Hispánica viven en la


primera mitad del siglo XI una profunda crisis social y política que comienza durante la
minoridad y posterior gobierno de Berenguer Ramón I (1017-1035). Su sucesor, el conde de
Barcelona Ramón Berenguer I (1035-1082), tiene que hacer frente a la situación conflictiva
heredada, que corresponde, según el medievalista francés Pierre Bonnassie, a la última fase de
génesis del sistema feudal. Entre los años 1030 y 1060 —en un clima de violencia
generalizada— los nobles consiguen erosionar la autoridad pública, que es sustituida por los
vínculos de dependencia entre los hombres, arrebatar la jurisdicción de los condes en sus
respectivos territorios, sustituir la ley escrita del Liber Iudiciorum por sus propias normas
aplicadas por sus tribunales de justicia —que sustituyen a los tribunales públicos— y extender
su dominio sobre los campesinos, usurpándoles las tierras e imponiéndoles antiguos tributos
de origen público. La resistencia campesina se ve apoyada por la jerarquía eclesiástica catalana
a través de las constituciones de Paz y Tregua de Dios, que no consiguen frenar el proceso
irreversible de la feudalización de la sociedad. La nueva realidad surgida a partir del 1060 se
caracteriza por la recuperación del poder del conde de Barcelona, que se extenderá a toda
Cataluña, y se basa en un orden social nuevo: la nobleza se somete al poder condal a cambio
de poder someter a los campesinos. Durante el gobierno de Ramón Berenguer las relaciones
con al-Ándalus se caracterizan por el pago de parias por parte de los reyes de las taifas vecinas.
Las políticas de paz proporcionan al condado catalán una prosperidad económica que se ve
frenada por la llegada de los almorávides.

4. PUGNA ENTRE LOS REINOS CRISTIANOS DEL SIGLO XII. REPOBLACIÓN Y


RECONQUISTA

La crisis castellano-leonesa. La unificación de al-Ándalus por los almorávides y el


inicio de las derrotas padecidas por Alfonso VI, disipan las perspectivas de unidad y acaban
con el sueño imperial. El reino castellano-leonés entra en una etapa de profunda crisis interna
que comienza con el reinado de Urraca, hija de Alfonso VI, casada con Alfonso I el Batallador.
Este matrimonio, con el que se pretendía asentar las bases de la futura unificación de los reinos,
es un fracaso que se traduce en enfrentamientos armados entre los cónyuges y en el rechazo
de un sector de la nobleza castellano-leonesa que defiende los derechos al trono de Alfonso
Raimúndez —el futuro Alfonso VII—, hijo del primer matrimonio de Urraca. Por su parte, el
condado de Portugal, heredado por la hija de Alfonso VI Teresa, comienza su proceso de
independencia. Con la coronación de Alfonso VII (1126-1157 y emperador desde 1135) y la
descomposición del imperio almorávide se da un nuevo impulso a la Reconquista y se finaliza
la repoblación del valle del Tajo.
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Portugal. Los años de crisis que se suceden con la muerte del Alfonso VI propician que
el heredero del condado portugués, Alfonso Enríquez, consiga una amplia autonomía en sus
territorios y que el papado reconozca su territorio como reino, situación que el monarca
castellano Alfonso VII acaba aceptando. A partir de entonces Alfonso I de Portugal planea la
conquista y repoblación de la región comprendida entre Coimbra y el Algarve.

Castilla y León separados. Los herederos de Alfonso VII gobiernan en dos reinos
divididos: Castilla pasa a manos de Sancho III (1157-1158) y León de su hermano Fernando II
(1157-1188). Comienza una etapa de guerras entre sí en la que León busca la alianza de Aragón
y, por su parte, Castilla la de Portugal. Durante la segunda mitad del siglo XII el reino de León
está empeñado en frenar la expansión de castellanos y portugueses y en mantener la posición
hegemónica frente a la nobleza. Para controlar a la nobleza del reino, Alfonso IX de León (1188-
1230) buscó el apoyo social de las ciudades e impulsó la legislación real, además pactó con los
almohades lo que le llevó a ser excomulgado por el Papa Celestino III. En Castilla, Alfonso VIII
(1158-1214), una vez alcanzada la mayoría de edad en 1170, centra su esfuerzo en la expansión
del reino sobre La Rioja y Tierra de Campos, y en estrechar sus lazos con Aragón, con quien
llega a diversos acuerdos para el reparto de Navarra y el territorio musulmán (Tratado de
Cazorla de 1179). A pesar de la ofensiva hacia 1175 de los almohades (federación de tribus
beréberes del Atlas que gobernaron el Norte de África entre los años 1130-1269 liderados por
Ibn Tumart), el monarca castellano conquista Cuenca en 1177. Sin embargo, la falta de
entendimiento con el reino de León llevó a la terrible derrota en la batalla de Alarcos en 1195.
Posteriormente consigue unir a Pedro II de Aragón, Sancho VII de Navarra y a voluntarios
leoneses y portugueses en una cruzada impulsada por Inocencio III (con la intercesión del
metropolitano Jiménez de Rada) frente a los musulmanes, a quienes derrotan en la batalla de
Las Navas en 1212. La ocupación de nuevas tierras conquistadas al compás de los avances
cristianos y la reorganización del espacio marcan las características de la sociedad castellana.

La expansión aragonesa. La anulación del matrimonio de Alfonso I el Batallador (1104-


1134) con Urraca, hija de Alfonso VI, pone fin a unos años de enfrentamiento entre Castilla y
Aragón, y el rey puede centrar sus esfuerzos en la lucha contra el Islam. El gran avance sobre
la línea del Ebro consigue ocupar Zaragoza (1118), así como las ciudades de Tudela, Tarazona,
Calatayud y Daroca. Con el reinado de Alfonso el Batallador acaba una etapa importante desde
el punto de vista político, económico y social de la historia de Aragón y Navarra. La muerte
sin descendientes de Alfonso I plantea un grave problema sucesorio agravado por su
testamento (1131), en el que dejaba el reino a las órdenes militares del Hospital y del Temple.
Ni los nobles aragoneses ni los navarros aceptan esta última voluntad del monarca, y mientras
los primeros eligen rey a su hermano Ramiro II el Monje (1134-1157), que abandona la Iglesia
para ocuparse del reino, los segundos proclaman al navarro García Ramírez (descendiente de
García III). Cuando en 1137 se celebra la boda entre el Conde de Barcelona Ramón Berenguer
IV y Petronila de Aragón, hija de Ramiro II, nace una entidad política y dinástica fuertemente
europeizada que se lanza a la conquista de un Imperio marítimo en el Mediterráneo. En 1137
Ramiro II delegó el poder de facto en Ramón Berenguer IV, que gobierna hasta su muerte en
1162. Fue Alfonso II el Casto (1162-1196), hijo de Petronila y Ramón Berenguer IV, el primer
Rey de Aragón y Conde de Barcelona. Los reinados de los condes de Barcelona y reyes de
Aragón Alfonso II el Casto y Pedro II el Católico (1196-1213) se caracterizan por la extensión
ultrapirenaica, la cual se detuvo cuando Pedro II pierde la vida en el castillo de Muret en el
año 1213.

Navarra independiente. El testamento de Alfonso el Batallador hace que los navarros


elijan rey al señor de Tudela, García Ramírez, el Restaurador. Las reducidas dimensiones del
nuevo reino de Navarra y su situación geográfica entre Castilla y Aragón hacen que su política
se centre casi exclusivamente en conservar la independencia frente a sus dos potentes vecinos
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con alianzas políticas que fluctúan según las circunstancias, con pérdidas y recuperaciones
constantes de sus territorios. Alfonso VIII de Castilla y Pedro II de Aragón inician una ofensiva
contra Navarra durante la cual este reino pierde sus tierras alavesas y guipuzcoanas, que pasan
a manos castellanas en 1200. La paz con Castilla y Aragón a principios del siglo XIII le permite
sobrevivir y en el año 1212 los navarros (de Sancho VII) aparecen combatiendo a los almohades
en las Navas de Tolosa.

5. AVANCE TERRITORIAL Y CONSOLIDACIÓN INSTITUCIONAL EN EL SIGLO XIII

Expansión castellana y leonesa, la culminación de la Reconquista. La política


matrimonial llevada a cabo por el monarca castellano Alfonso VIII al casar a su hija Berenguela
con el leonés Alfonso IX traería consigo la unión de ambos reinos en la persona del hijo de
ambos, Fernando III el Santo (1217-1252), sucesor en Castilla de Enrique I (1214-1217) en 1230.
A partir de 1224, Fernando III de Castilla se apodera de plazas tan importantes como Martos,
Andújar, Cazorla y en 1236 de Córdoba. Paralelamente, en el reino de León, Alfonso IX, a partir
de 1218 había empezado a organizar expediciones contra tierras musulmanas que culminan
con la conquista de Cáceres en 1229, además conquistó Montánchez, Mérida y Badajoz. En la
frontera sudoriental, el infante don Alfonso de Molina se apodera del reino de Murcia (1243).
En 1246 caía Jaén, y dos años después capitulaba Sevilla, con la posterior incorporación a la
Corona de Castilla de Jerez, Medina Sidonia, Cádiz, etc. Inmediatamente, como en épocas
anteriores, las repoblaciones dirigidas por los reyes suponen una expansión del dominio
directo de la monarquía castellana y son el reflejo del poder efectivo de ésta, capaz de
imponerse a la nobleza, en contraste con la monarquía aragonesa; en estos territorios
permitieron la permanencia de la población musulmana hasta la gran sublevación mudéjar
ocurrida entre 1264 y 1268 que trajo consigo su expulsión.

Consolidación institucional de la monarquía castellana. La figura de Alfonso X (1252-


1284) es clave para el proceso de creación del Estado en Castilla. Diversos historiadores han
señalado el paralelismo histórico de este monarca con el emperador Federico II, considerado
el fundador de la primera monarquía moderna. El rey contaba con un proyecto político global
que se manifestaba tanto a nivel de la concepción del poder político como a nivel jurídico,
cultural y económico. Para ello, Alfonso X elabora los tres grandes textos que forman su obra
legislativa: Espéculo, Fuero Real y Partidas, sobre la base del Derecho romano frente al señorial.
Al mismo tiempo se introducen importantes cambios en la administración de justicia
representada por la Cancillería y la Curia. La ambiciosa política de Alfonso X exigía a la Corona
disponer de recursos crecientes, de ahí que, según Miguel Ángel Ladero Quesada, el reinado
de este monarca supuso el inicio de un sistema hacendístico bajo el pleno control de la
monarquía. Para llevar a cabo su política de reforzamiento del poder real, la monarquía
necesitaba la cooperación de las ciudades, para lo que el rey dio un gran impulso a las Cortes.
La situación económica se agravó con el enfrentamiento a los benimerines en Taifa y el intento
de apoderarse del título Imperial. La muerte en 1275 del primogénito del rey, Fernando de la
Cerda, llevó a Sancho, segundo hijo del rey, a alzarse contra su padre reclamando sus derechos
señoriales. Las amarguras del rey Sabio sólo acabaron con su muerte, momento en que se
proclamó rey de Castilla a Sancho IV (1284-1295). Sancho IV, tras la “guerra civil” provocada
por la sucesión al trono, consolidó el poder real con el apoyo de las ciudades —a las que en los
años del conflicto había permitido la creación de hermandades— y eliminó al principal
representante del sector de la nobleza que le había sido rebelde, Lope Díaz III de Haro VIII
señor de Vizcaya. Los años iniciales de su reinado se vieron marcados por las incursiones de
los benimerines en el valle del Guadalquivir. El monarca, tras realizar un importante esfuerzo
económico, reanudó la Reconquista y conquistó Tarifa (1292).
TEMA 29: LA EXPANSIÓN DE LOS REINOS CRISTIANOS
EN LA PENÍNSULA IBÉRCIA

La expansión catalano-aragonesa. La época de los grandes avances castellanos


coincidió con las empresas en la Corona aragonesa sobre Baleares y la costa valenciana durante
el reinado de Jaime I (1213-1276). La primera conquista fue la de Mallorca, promovida por los
comerciantes de Cataluña para facilitar sus comunicaciones con el norte de África,
obstaculizadas por los piratas de aquella isla; entre 1228-1235 cayeron todas las islas Baleares.
Inmediatamente después se planificó la ocupación de Valencia, cuya la iniciativa partió de los
caballeros aragoneses. Jaime I no quiso que la nobleza aragonesa aumentara su poder con la
incorporación de tan importante territorio y, tras las primeras victorias de los nobles, la corona
se puso al frente de la operación, en la que intervinieron también los catalanes. La larga
empresa se desarrolló en tres etapas a partir de la toma de Morella en 1233, y finaliza con la
toma de Alcira en 1245, zona en la que se fijan los límites de las expansiones de la Corona de
Aragón en el Tratado de Almizra de 1244. A diferencia de la monarquía castellana, la
aragonesa tuvo menor capacidad de intervención en el proceso repoblador debido a la
presencia inmediata de la nobleza.

Consolidación institucional de la monarquía aragonesa. También en la Corona de


Aragón se advierte en el siglo XIII el proceso de consolidación creciente de la monarquía, que
tiene su origen en la centuria anterior cuando la unión de Aragón y Cataluña supuso en
aumento de prestigio de la figura del rey. La incipiente consolidación monárquica iba a sufrir
un período de crisis cuando la minoría de Jaime I fue aprovechada por los magnates para
recuperar su poder tradicional. La llegada de Jaime el Conquistador al gobierno efectivo del
reino se caracterizó por el intento de recuperar los derechos de la Corona, usurpados durante
su minoría. El rey Jaime tuvo como aliada en su tarea de fortalecimiento del poder monárquico
a la Iglesia; asimismo, importantes juristas que rodeaban al rey —como Raimundo de
Peñafort— contribuyeron a la difusión del Derecho romano. La extensión y complejidad de la
Corona de Aragón, formada por varios estados, imposibilitaba el ejercicio directo del poder
real por parte del monarca, lo que hizo que aparecieran cargos con responsabilidades de
gobierno y administración central por delegación real. Así surgieron los procuradores
generales, gobernadores, lugartenientes del rey y virreyes. El reinado de Pedro el Grande
(1276-1285) fue especialmente crítico en cuanto a las sublevaciones nobiliarias. Su política de
fortalecimiento del poder monárquico, que le llevaría a cobrar algún impuesto —el bovatge—
sin autorización de las Cortes, provocó dos importantes revueltas nobiliarias en 1277-78 y en
1280. Pedro, casado con Constanza de Sicilia, aprovechó la sublevación de la población
siciliana contra los Anjou en 1282 (Vísperas Sicilianas) para desembarcar en la Isla y ser
proclamado rey. Su sucesor, Alfonso III el Liberal (1285-1291) fracasó también en su intento de
imponerse a la nobleza y acabó aceptando el privilegio de la Unión Aragonesa de nobles.

Navarra. El rey Jaime fracasó en su intento de incorporar Navarra. Hacia 1231 el rey
navarro Sancho VII el Fuerte, que no tenía hijos varones, estableció un pacto de alianza y
sucesión con Jaime I: el que muriera antes dejaría su reino al superviviente. A cambio se
comprometían a ayudarse mutuamente contra el rey de Castilla, Fernando III. El proyecto
fracasó por la oposición de los nobles navarros, reticentes ante un rey que se había opuesto a
los privilegios de la nobleza, y ofrecieron el trono a Teobaldo de Champaña (1234-1253) tras
hacerle jurar los fueros de Navarra. A partir de entonces, Navarra inicia su proceso de
aproximación a Francia.
CONCLUSIÓN

La invasión musulmana trajo como consecuencia la desintegración del reino visigodo


y la aparición de los primeros núcleos cristianos de poder frente a la ocupación musulmana.
Estos núcleos fueron evolucionando, consolidándose y ampliándose territorialmente hasta
formar los reinos de Castilla-León, Navarra y Aragón a la muerte de Sancho III el Mayor de
Navarra, que había conseguido temporalmente unificarlos todos. Desde entonces, la
Reconquista y posterior Repoblación fueron las principales políticas desarrolladas por los
reinos cristianos, jalonadas por los reveses, conflictos interiores, invasiones, treguas y alianzas
para sobrevivir. La batalla de Las Navas de Tolosa del año 1212 concedió la oportunidad a
estos reinos para finalizar la Reconquista, permaneciendo únicamente el reino de Granada
como poder musulmán en la Península Ibérica hasta que fuera incorporada por Castilla a
manos de la reina Isabel I.

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