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Las exclusivas en las bodas

Antonio de la Rosa, fotógrafo profesional, nos habla del tema de las exclusivas
fotográficas en las bodas. Este artículo cuenta con la colaboración de la asesoría
jurídica de la AFIMA.

Un poco de historia.
El concepto de exclusiva surge como necesidad de asegurar trabajo. En un negocio en el que no existe la
posibilidad de fidelizar al cliente, fidelizar el restaurante o la iglesia, se impone como la solución más eficaz.

En un principio, no existían exclusivas aquí en Madrid. Era el fotógrafo el que abordaba a los novios a la
entrada de la iglesia el mismo día de la boda y le preguntaba si querían que se les hiciera el reportaje. Cada
vez fueron más los fotógrafos que acudían a las iglesias peleando por ser los primeros en abordar a los
novios. Finalmente, los que mejor relación tenían con la iglesia, llegaron a un acuerdo económico con ésta.
Así, sólo había un fotógrafo, sin que los novios tuvieran que sufrir el acoso de los fotógrafos a la entrada, los
fotógrafos fidelizaban el proveedor de trabajo, la iglesia se beneficiaba de un negocio que se hacía en su
casa. Posteriormente, este negocio se trasladó a los restaurantes y hoteles, y como siempre, a cambio de
comisiones. Este negocio ha pasado de padres a hijos. En al actualidad se ha extendido a gran parte de la
comunidad de Madrid.

Consecuencias.
En un mercado en el que no existe libre competencia, la calidad es un parámetro que pierde su sentido. No es
necesario hacer nada, no hay necesidad de mejorar o ser bueno. Este hecho está constatado. Al heredar un
negocio, los hijos, que no aman la fotografía, simplemente, aprenden los cuatro trucos necesarios para hacer
una boda en el sentido en que estamos acostumbrados a ver. Pero, no son fotógrafos y si lo son, no tienen el
más mínimo interés estético o de calidad. Hacen lo que estamos acostumbrados a ver, a veces porque no
saben, otras por no complicarse o por ir a lo seguro.

Además existe la necesidad de expandir el negocio, acaparando cada vez más iglesias y restaurantes, creando
la necesidad de hacer que se "cubran" las ceremonias. Esto significa la "contratación" de personal que no es
necesariamente profesional o saben de fotografía los mencionados trucos que les han enseñado sus jefes que
aprendieron de sus padres. En cualquier caso, y a modo de resumen, las exclusivas producen una falta de
calidad.

Mi opinión.
En el mercado deben existir todo tipo de empresas que ofrezcan una gran variedad de productos acordes a las
necesidades estéticas y económicas de las parejas. Con lo que no estoy de acuerdo es con las exclusivas. Soy
consciente de que hay empresas realmente buenas y que ofrecen productos de calidad, pero también metidas
en el mismo barco existen empresas que no tienen ética profesional y moral, al aprovecharse de una pareja
vendiendo un producto de pésima calidad, sin entrar en el daño moral.

Reflexiones.
¿Consentirías que el sacerdote eligiera el vestido de novia que tienes que llevar? ¿Aceptarías que el
restaurante te impusiera el menú? Esto conceptos que nos parecen una barbaridad en otros campos, no son
tenidos en cuenta con la fotografía y nos imponen una empresa de servicios fotográficos.

Antes de seguir, quiero aclarar unos conceptos que pueden ser de interés.

• Una boda no es un acto público, sino privado. Se acude con invitación.


• Tanto la iglesia como el restaurante están reservando un espacio para una celebración privada, lo
cual lo convierte en un espacio privado durante el periodo de tiempo por el que están contratados.
• Los derechos de imagen son propiedad del individuo (artículo 18 de la Constitución Española) y le
corresponde a él decidir quién le fotografía.
• A un fotógrafo PROFESIONAL, no se le puede impedir el acceso a la iglesia ni al restaurante si ha
sido contratado por los celebrantes. No así, a los fotógrafos no profesionales o a los que, aún
siéndolo, no hayan sido contratados por la pareja.
• Del artículo nº 2 de la instrucción nº 8 de Mayo de 2003 del Arzobispado de Madrid, se deduce que
no se pueden imponer los servicios fotográficos del fotógrafo habitual de la Iglesia. Este artículo
establece que el Responsable del Templo puede conceder autorización para realizar fotografías o
filmaciones a otro fotógrafo, a petición de quiénes celebran los sacramentos, acreditando que el
fotógrafo que vaya a trabajar tiene la formación litúrgica suficiente. Se entiende, por tanto, que
podrá realizar el reportaje cualquier fotógrafo elegido por los contrayentes siempre que este sea
profesional y por tanto respete la ceremonia.
• La iglesia no puede oponerse a celebrar la ceremonia por la no contratación de los servicios
fotográficos ofertados por la empresa adjudicada por la iglesia. Tampoco pueden oponerse los
fotógrafos habituales de la Iglesia; en este sentido el Juzgado de Instrucción nº 6 de Getafe ha
dictado sentencia, este año 2004, condenando al fotógrafo habitual de El Cerro de los Ángeles a
pagar a los novios la cantidad de 6000.- euros; dicha sentencia es firme y ya se ha ejecutado.
• El restaurante no puede oponerse a celebrar el convite por la misma razón anterior, de hecho hay
sentencias que establecen que es ilícita la obstrucción a la entrada de un profesional elegido por
quiénes celebran y pagan la reunión.
• Las cláusulas de contratación de los servicios de imagen de elección por parte del restaurante son
abusivas, por prestar un servicio accesorio que no se ha solicitado y no respetan la Ley General de
defensa de los consumidores y usuarios, al imponer servicios que no se han solicitado, ni la
bilateralidad de un contrato que exige el Código Civil, siendo nulas por abusivas.
Algo tan simple como un la adquisición de un electrodoméstico, ¿consentirías que estuviera regulado por la
contratación de un seguro de vida? ¿Comprarías un vehículo que te impusiera tu ayuntamiento?
¿Consentirías la contratación de un servicio de limpieza en tu domicilio que te impusiera el presidente de tu
comunidad? Desgraciadamente, por desconocimiento, por comodidad o por dejarlo estar, esto es lo que se
hace con la fotografía social y en concreto, en la de bodas. A nadie le apetece enturbiar la preparación de un
momento con tanta emotividad o que la celebración se pueda deslucir con una discusión subida de tono en
ese día.

Mi consejo.
Antes de contratar un servicio, ver el producto. Pero no un producto de la empresa, sino del fotógrafo que va
hacer el reportaje. Pedir presupuesto y decidir si es lo que se ajusta a las necesidades y deseos.

Que se firme un contrato con la empresa de imagen que se quiera, que se envíe un burofax con certificado de
contenido a la iglesia y al restaurante advirtiendo que se han contratado los servicios de un profesional de la
fotografía, para dejar constancia de que las personas que van a realizar el reportaje son profesionales de la
fotografía y de que estáis actuando según la legalidad optando libremente por vuestra elección.
Normalmente, esto es suficiente para que todas las oposiciones por parte de la iglesia y del restaurante cesen.
Si a pesar de todo no cejan en su empeño abusivo, negociar algún tipo de acuerdo en favor de un decoro en la
celebración. Si a pesar de esto no se produce el acuerdo, mi consejo es disfrutar de la ceremonia y del día,
que los fotógrafos de vuestra elección hagan el trabajo que les dejen y después, al día siguiente o a la vuelta
de la luna de miel, se tomen las acciones legales correspondientes.

Como ya he comentado antes, la iglesia puede negarse a que el fotógrafo de vuestra elección realice el
reportaje, alegando motivos sobre el respeto a la liturgia. Bien, esto se soluciona con una entrevista con el
párroco por parte del fotógrafo en el que le ponga en antecedentes sobre qué momentos no está permitido
hacer fotos y las condiciones en las que trabajar. Con un poco de sentido común, incluso una llamada de
teléfono sería suficiente para acordar estos términos.

Si tenéis algún tipo de problema, contactar con la empresa que hayáis elegido para la realización del trabajo y
con asociaciones fotográficas que conocen el tema en profundidad, así como con asociaciones de
consumidores. No olvidemos que se trata de un servicio contratado que está regulado por una ley de
consumo y que somos consumidores, como lo seríamos de cualquier otro tipo de producto o servicio habitual
en nuestras vidas. Los fotógrafos profesionales que hayáis elegido, incluso vosotros mismos, podéis poneros
en contacto con la asociación de fotógrafos: AFIMA en el teléfono 91 559 91 38, donde os podrán informar.

Ante todo se impone el sentido común y no deslucir una celebración tan significativa para las parejas y sus
familias. Se trata de disfrutar del día.

Antonio de la Rosa
WhiteFotografía.
AFIMA: 91 559 91 38

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