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La parresía

Graciana Vázquez Villanueva- 2019

1
Textos de Foucault
La hermenéutica del sujeto. Buenos Aires,
F.C.E, 2000.

El gobierno de sí y de los otros. Buenos


Aires, F.C.E, 2009

El coraje de la verdad. Buenos Aires, F.C.E,


2010
2
La teoría de la subjetivación incorpora en la tercera
etapa la dimensión ética

La teoría de la subjetivación señala que, para


“problematizarla”, se debe:
- preguntar cómo el sujeto fue pensado en una época
determinada (Tarea de la «arqueología»),
- analizar y describir las diversas prácticas disciplinarias
que tuvieron como correlato que el sujeto pensara de
una determinada manera (Tarea de la «genealogía»)
- analizar como el sujeto se gobierna a sí mismo,
orienta su conducta, dice verdad
3
El tipo de acto parresiástico

«Analizar, en sus condiciones y sus formas, el tipo de acto mediante el


cual el sujeto, al decir la verdad, se manifiesta, y con esto quiero decir:
se representa a sí mismo y es reconocido por los otros como alguien
que dice la verdad».

«Se trataría de analizar, no las formas del discurso que permiten


reconocerlo como veraz, sino: bajo qué forma, en su acto de decir la
verdad, el individuo se autoconstituye y es constituido por los otros
como sujeto que emite un discurso de verdad; bajo qué forma se
presenta, a sus propios ojos y los de los otros, aquel que es veraz en el
decir; [cuál es] la forma del sujeto que dice la verdad».

4
Aleturgia

El análisis de este ámbito podría llamarse, en


oposición a las estructuras epistemológicas,
estudio de las “formas aletúrgicas”.

La aleturgia sería la producción de la verdad,


el acto por el cual la verdad se manifiesta.

5
Aleturgia

Al forjar a partir de alethourges la palabra ficticia


alethourgia, podríamos llamar `aleturgia´
[manifestación de verdad] al conjunto de los
procedimientos posibles, verbales o no, mediante los
cuales se saca a luz lo que se plantea como verdadero,
en oposición a lo falso, lo oculto, a lo indecible, a lo
imprevisible, al olvido. Podríamos denominar `aleturgia´
a ese conjunto de procedimientos y decir que no hay
ejercicio del poder sin algo que se asemeje a ella. No hay
ejercicio de poder sin verdad.

6
Técnicas/prácticas de sÍ o “estetización”

Es la transformación de sí por sí mismo: en la Antigüedad


grecorromana es el conjunto de técnicas que trabajan
sobre el yo -el examen de conciencia-, en el cristianismo,
la confesión, en la modernidad, el testimonio.

Un sujeto que se estetiza libremente mediante prácticas


de sí, sigue siendo un hijo de su tiempo: el individuo no las
inventa sino que las encuentra en la cultura.

7
Parresía

La noción de parrhesía significa


“decirlo todo”. Traducida como el
hablar franco, la libertad de
palabra, también, es una virtud,
incluso, un deber (Foucault 2009:
59).
8
El coraje de verdad
Mientras que el enunciado performativo define un juego
determinado en que el estatus de quien habla y la
situación en la cual se encuentra definen exactamente
lo que puede y debe decir, sólo hay parresía cuando
hay libertad en la enunciación de la verdad, libertad del
acto por el cual el sujeto dice la verdad, libertad
también de ese pacto mediante el cual el sujeto que
habla se liga al enunciado y a la enunciación de la
verdad. En esa medida, en el corazón de la parresía no
encontramos el estatus social, institucional del sujeto,
sino su coraje (Foucault 2009: 82)

9
«El «otro» indispensable»

El decir veraz sobre uno mismo, y esto en la


cultura antigua (por lo tanto mucho antes que el
cristianismo), fue una actividad realizada entre
varios, una actividad con los otros, y más
precisamente aún una actividad con otro, una
práctica de a dos. Y fue ese otro, presente y
necesariamente presente en la práctica del decir
veraz sobre uno mismo, el que me atrajo y me
retuvo (Foucault 2010: 22)

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4 modalidades del decir veraz

El profeta

El sabio

La tekné

La parresía
11
La profecía

-El profeta dice la verdad. Su veridicción está en


la postura de mediación que él asume.
-El profeta no habla en su propio nombre. Habla
por otra voz, su boca sirve de intermediaria a
una voz que habla desde otra parte.
-El profeta transmite una palabra que es, en
general, la palabra de Dios. Y articula y profiere
un discurso que no es el suyo.

12
La profecía
• El profeta también está en posición de
intermediario en otro sentido, a saber, que se
sitúa entre el pasado y el futuro.

• El profeta es quien devela lo que el tiempo


sustrae a los hombres y lo que ninguna mirada
humana podrá ver.

13
La profecía
• El decir veraz profético también es
intermediario por el hecho de que el profeta
devela, muestra, ilumina lo que está oculto a
los hombres, pero por otro lado, o, mejor al
mismo tiempo, no devela sin ser oscuro y no
revela sin dar a lo que dice una envoltura
determinada, que es la del enigma. Como
consecuencia de ello, la profecía jamás
propone, en el fondo, una prescripción
unívoca y clara (34)
14
El sabio

El sabio habla en su nombre. En lo que dice el sabio manifiesta su modo de


ser sabio.

Pero el sabio mantiene su sabiduría en un retiro o, al menos, una reserva


que es esencial.

En el fondo el sabio es sabio en y para sí mismo, y no necesita hablar. No


está forzado a hablar, nada lo obliga a impartir su sabiduría, a enseñarla o
manifestarla. Eso explica que el sabio sea estructuralmente silencioso (36)

15
La técnica

En el caso del decir veraz de la técnica, la enseñanza asegura en cambio la


supervivencia del saber, mientras que en la parrhesía arriesga la muerte de
quien la practica.

El saber veraz del técnico y del profesor une y enlaza.

Por el contrario, si es cierto que la verdad del parrhesiasta puede unir y


reconciliar, sólo lo hace luego de inaugurar un momento esencial, fundamental,
estructuralmente necesario: la posibilidad de odio y el desgarramiento (41)
16
Parresía
• El parresiasta pone en juego el discurso veraz de lo que los griegos
llaman ethos.

• El destino tiene una modalidad de veridicción que encontramos en la


profecía.

• El ser tienen una modalidad de veridicción que encontramos en el


sabio.

• La tekhne tiene una modalidad de veridicción que encontramos en el


técnico, el profesor, el docente, el hombre del savoir-faire.

• Y para terminar, el ethos tiene su veridicción en la palabra


parrhesiasta y el juego de la parrhesía.

17
Parresía
• Profecía, sabiduría, enseñanza, parresía: tenemos
con ellas, creo, cuatro modos de veridicción que:

1) implican personajes diferentes;

2) exigen modos de habla diferentes,

3) se refieren a ámbitos diferentes (destino,


ser, teckhné, ethos) (41)

18
La dirección de conciencia: la relación enunciativa

Foucault consideraba que hay personas que saben


valerse de la parrhesía y otras que no saben
hacerlo.

En esto incide la función social de los parresiastas,


ya que estos deben decir, hablar o escribir, porque
están a cargo de dirigir las conciencias de los otros
con la finalidad de ayudarlos a construir una
relación consigo mismo y con los otros.

19
El pacto parresiástico

El examen de conciencia implica tener principios de


conducta y señalar que se ha actuado de acuerdo a esos
principios. El sujeto dice lo que piensa y se auto-examina
para ver si cumplió con los principios que sostiene.

El parrhesiasta es un sujeto ético que asume el riesgo –


Foucault dirá “el coraje de la verdad”- de ofender al otro.
“Irritarlo, encolerizarlo y suscitar de su parte una serie de
conductas que pueden llegar a la más extrema de las
violencias” (Foucault 2010: 30).
20
La parresía
• La parresía señala decir la verdad sobre
uno mismo y sobre el otro, sin ocultar,
ajustando cada palabra a la verdad.

• Un lazo fuerte, constitutivo se instaura


entre quien habla y lo que dice.

21
La parrhesía se opone a la retórica

En la retórica se deshace el lazo entre el que habla y lo que


dice, pero su efecto consiste en establecer una relación
vinculante entre la cosa dicha y aquel o aquellos a
quienes ésta se dirige.

La parrhesía es lo contrario, implica la instauración


fuerte, manifiesta, evidente entre quien habla y lo que
dice (…) establece un lazo fuerte, necesario, constitutivo,
pero abre bajo la forma del riesgo el vínculo entre el
hablante y su interlocutor (Foucault 2010: 32-33)

22
El examen de conciencia

Las relaciones entre sujeto y verdad traté de


considerarlas bajo otra forma: no la del discurso
en el cual pueda decirse la verdad sobre el
sujeto, sino la del discurso de verdad que el
sujeto está en condiciones y es capaz de decir
sobre sí mismo, bajo una serie de formas
culturalmente reconocidas y tipificadas, como
por ejemplo la confidencia, la confesión, el
examen de conciencia.

23
El examen de conciencia

• Ese era el análisis de los discursos


veraces que el sujeto pronuncia sobre sí
mismo y cuya importancia pudo
advertirse con facilidad en las prácticas
penales e incluso en el ámbito de la
experiencia de la sexualidad, que he
estudiado (Foucault 2010: 20)

24
El examen de conciencia

El examen de conciencia es un
ejercicio de memoria, no simplemente
con respecto a lo que pasó durante el
día sino con respecto a las reglas que
siempre debemos tener presentes.

25
El examen de conciencia
• Ese examen de conciencia es una especie de
prueba en la medida en que gracias a esa
reactivación de las reglas y al recuerdo de lo que
hemos hecho, [al evaluar la inadecuación] entre
las reglas que acabamos de recordar y las
acciones realizadas, podemos ponderar dónde
estamos: si todavía tenemos que hacer un gran
esfuerzo, si estamos lejos de la meta, si fuimos o
no efectivamente capaces de traducir en nuestro
accionar los principios de verdad que tenemos en
el orden del conocimiento (Foucault 2000: 461)

26
El examen de conciencia
• ¿Dónde me encuentro como sujeto ético de verdad?
¿En qué medida, hasta dónde, hasta qué punto soy
efectivamente alguien capaz de ser idéntico como
sujeto de acción y como sujeto de verdad.

• Y además: ¿hasta qué punto las verdades que


conozco y que compruebo conocer porque las
recuerdo como reglas, a través de mi examen de
conciencia, son en efecto las formas de acción, las
reglas de acción, los principios de la acción de mi
conducta a lo largo de todo el día y toda la vida?

27
El examen de conciencia
• ¿En qué punto me encuentro de esa
elaboración, de la que decía que era, creo, lo
esencial de las operaciones ascéticas en esta
forma de pensamiento? ¿Dónde estoy en la
elaboración de mí mismo como sujeto ético
de la verdad? ¿Dónde estoy en esa operación
que me permite suponer, hacer coincidir
exactamente en mí el sujeto de conocimiento
de la verdad y el sujeto de la acción recta?
(Foucault 2000: 461)
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