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PARA QUE LOS BENEFICIARIOS NO SE QUEDEN SIN COBRAR

Cuando me inicié en la actividad aseguradora, en Octubre de 1.949, estuve


vinculado con The United States Life Insurance Company, la cual funcionaba en
Venezuela, como una agencia de esta compañía, cuya casa matriz estaba en Nueva
York y posteriormente trabajé con Seguros Venezuela, perteneciente al grupo
asegurador AIG, constituido en el país.

Ambas compañías, como casi todas las compañías, agencias o representaciones de


empresas de seguros internacionales, promovían la venta del seguro de vida
individual, con preferencia a cualquier otro producto. De hecho, el nombre de casi
todas tenían después de su denominación como empresa la palabra “life”, que
significa vida; palabra que desapareció de los nombres de las empresas con el
tiempo, al promocionar éstas, otros productos y servicios.

Para esa época, las compañías o representaciones, no eran más que tramitadoras de
documentos, ya que las solicitudes y exámenes médicos de las pólizas de vida
individual eran enviados a la Casa Matriz, quien hacía la selección y aceptación del
riesgo, remitiendo posteriormente la póliza y recibo correspondiente para su
cobranza. De igual forma, cualquier servicio como cambio de domicilio,
beneficiario, o la solicitud de un préstamo, rescate de los valores efectivos de la
póliza, o el pago de reclamaciones por accidentes, incapacidad o muerte, requerían
la aprobación previa de la casa matriz.

Recuerdo que en una oportunidad se presentó una señora que resultó ser
beneficiaria de una póliza de seguro de vida individual, para manifestar: “que ella
no podía continuar pagando la póliza de su esposo, por que él había fallecido, hacía
3 años, y que como ella había quedado viuda, sus ingresos no le permitían continuar
pagando la misma”.

A todos nos llamó la atención el grado de desconocimiento de lo que es y hace el


seguro de vida, pero era tal la falta de información que los propios asegurados
daban a sus beneficiarios y la no-asistencia del productor de seguros, que reinaba
una casi total ignorancia sobre en que consistía la cobertura de la póliza que
habían adquirido.

Esta señora se puso muy contenta al saber que no tenía que seguir pagando sino
que al contrario, al presentar los recaudos correspondientes a la reclamación, la
compañía indemnizaría a los beneficiarios la suma asegurada más la devolución de
las primas pagadas en exceso con sus respectivos intereses.
Después de esa experiencia, en la compañía verificábamos diariamente los
obituarios publicados en los periódicos locales y de haber algún asegurado fallecido,
establecíamos contacto con el productor de seguros o poníamos un aviso en el
mismo periódico o tratábamos de comunicarnos por algún medio, para informar a
los beneficiarios, que la persona fallecida tenía un seguro con la empresa para que
hicieran la reclamación correspondiente. Eso nos dio una gran imagen y prestigio
como empresa cumplidora de sus obligaciones y en la comunidad se comentaba:
“Uds. son las únicas compañías que ponen avisos buscando a los beneficiarios de
sus asegurados para pagarles”.

Leyendo el boletín de noticias-Latinoinsurance Online, No. 909, de fecha 21 de


Octubre, veo que en España, el Congreso dio su visto bueno a una iniciativa
legislativa, para crear un registro de seguros de vida, que impedirá que los
beneficiarios se queden sin cobrar las pólizas de vida por desconocimiento de su
existencia.

Este registro publico podría estar en marcha para el año 2006 y recogerá los datos
identificativos de la persona asegurada, de la Compañía aseguradora y del contrato
de seguro. Según las estadísticas realizadas, cerca de un 10% de las pólizas de vida
no llegan a ser cobradas por sus beneficiarios por desconocimiento de su existencia.
Esto sin duda mejorará la prestación de servicio que se presta a los asegurados y
despertará la necesidad de que los propios asegurados y también los asesores de
seguros, expliquen a sus beneficiarios las coberturas y los pongan en conocimiento
de como proceder en caso de fallecimiento y cuales serían los recaudos a presentar
para una eventual reclamación.

La patronal aseguradora Unespa aseguró que tal registro, que puede ser consultado
por aquellas personas que acrediten la muerte de su familiar o allegado, será
conservado hasta por un tiempo de 5 años, lo cual coloca a España en el primer país
europeo en crear un registro de tal naturaleza.

Esto me parece una buena iniciativa que debe manejarse con confidencialidad, ya
que como el seguro de vida no se considera herencia, los beneficiarios de la póliza
pueden ser distintos a los familiares del asegurado y, en todo caso, en nuestros
países no es costumbre que los asegurados informen a los beneficiarios los seguros
que tienen y los montos de los mismos, quizás por falta de una cultura sobre el
particular o por miedo a lo que pudiera suceder. Algo más sencillo y que podría
hacer la Superintendencia de Seguros y/o la Cámara de Aseguradores de Venezuela,
como un servicio al consumidor sería facilitar y canalizar la consulta de aquellas
personas que tuvieren la presunción de que algún familiar fallecido, hubiere
contratado alguna póliza de seguro, pidiendo esta información a las compañías
de seguros, por intermedio de estas instituciones.