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Si pierdes la riqueza habrás perdido poco; si pierdes la salud, habrás perdido algo; pero si pierdes la paz del

alma, lo habrás perdido todo.

Yogananda

Cuentan que un rey pidió a un sabio de su corte que le obsequiara un objeto mágico, algo
para conservar la esperanza y el equilibrio en sus acciones. El anciano trajo un anillo que
contenía dos esquelas diminutas y le dijo: «Lee la primera cuando te sientas en el peor
momento de tu vida, y la segunda, cuando alcances la mayor alegría».

Meses después, el rey cayó en una emboscada. Sus escoltas morían a su alrededor y él
mismo estaba muy mal herido cuando recordó el anillo y decidió sacar el primer mensaje:
«Esto pasará muy pronto», leyó, y se consoló al creer que moriría rápido.

Minutos después llegó su ejército, eliminó al enemigo y le puso el punto final a una larga
guerra. El rey estaba tan feliz que convocó a una fiesta de varias semanas… hasta que vio el
anillo por casualidad, mientras alzaba la copa, y se le ocurrió leer el segundo mensaje. «Esto
también pasará», decía el texto, y la embriaguez cedió paso al buen juicio del gobernante,
quien detuvo aquel derroche de inmediato.

Si extrapolamos la moraleja del relato a nuestra vida amorosa, hay muchos puntos en
común, y el primero es el hábito de creer que las respuestas están en algo externo, en vez
de confiar en nuestras fortalezas para construir relaciones equilibradas, flexibles, que no
quiebren bajo la presión de los desacuerdos ni se aferren al éxtasis erótico como única
expresión válida del aprecio mutuo.

Discernimiento y placer
Patañjali, un sabio de la India que vivió hace más de 3 000 años, enseñaba a sus discípulos
que el amor trae dolor porque dejamos que se desborde antes de atajarlo: tanto el anhelo
de encontrar pareja como el miedo de vivir sin placeres generan sufrimiento, e igual ocurre
con el final de una etapa (o de la relación misma), y hasta con el recuerdo de momentos
gloriosos que no podrán regresar.

Esas angustias son ilusiones de la mente y es necesario aprender a discernirlas para cortarlas
de raíz, habilidad que se adquiere con una observación consciente de lo que sucede en ti y
en las demás personas, pus si te aferras a sufrir, terminarán dañando tu salud física y
mental.

La belleza, las artes, el sexo y el amor están en el mundo para disfrutarlos, pero no es
juicioso identificarte con ellos y apegarte como si fueran tu propia naturaleza, advierte Sri
Sri Ravi Shankar, líder humanitario de la Fundación El Arte de Vivir, quien ha impartido
conferencias en varios países para interpretar a la luz de estos tiempos las enseñanzas de
su compatriota Patañjali y otros conocimientos milenarios.
El amor es hermoso y a la vez doloroso, explica él: los cuerpos pueden acercarse más y más,
pero el alma no puede entrar en el espacio del otro, y cuando los amantes no aceptan esos
límites se vuelven posesivos. «Quiero desaparecer en ti, fusionarnos», dicen unos. «Eres tan
dulce que te comería», dicen otros, y ambas expresiones reflejan inseguridad, avidez de
control sobre la pareja.

Ese «te llevo en mi corazón», significa que, si en verdad pudieran, encarcelarían al ser
amado dentro de su cuerpo para saber a quién mira, a dónde va, qué piensa, cómo se
siente… un apego que muchas veces desemboca en violencia.

La separación (incluso momentánea), el deseo no consumado, el cumplir caprichos ajenos


para agradar a la pareja sin saber si dio resultado o qué pasa en su corazón, también
generan mucha presión mental, fuente de amargura y estrés.

Siempre hay algo de qué quejarse en una relación —explica Ravi Shankar—, o porque no
cambia como quisiéramos o porque cambia demasiado rápido. Pero es imposible satisfacer
todas las expectativas, eternizar el júbilo o posponer a voluntad el final de los ciclos.

Para no sufrir esos procesos hace falta eliminar la causa del dolor apenas brota, como los
baobabs en el asteroide de El Principito. Según Patañjali, citado por Shankar, debes
aprender a separarte del entorno y no poner tu vida en lo que te apasiona, sean personas,
dinero, estatus, objetos, hobbies o adicciones: si crees que tu felicidad emana de ellos,
estarás alimentando la causa de tu sufrimiento.

Lo que provoca goce tiene que generar alivio, advierte Shankar. Si te identificas con tu
pareja al punto de borrar ese espacio entre ambos donde ocurre el crecimiento, si te cuesta
aceptar que lo bueno y lo malo deben ceder en el momento oportuno, estás atrapado en
un apego enfermizo, agobiante, y eso alejará a la gente que te rodea.

Acepta que la evolución ocurre también en tu propia vida, observa tus pensamientos y
aprende a no aferrarte a conceptos o estados de ánimo que varían bajo la influencia de tu
propia naturaleza cambiante, resultado de tu alimentación, conocimientos, hábitos y
adicciones.

Si distingues a tiempo las rosas de los baobabs, fluirás mejor en tu relación con los seres
que amas… y contigo en primer término.