Вы находитесь на странице: 1из 25

EL PARTIDO COMUNISTA EN LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA.

“He aquí la necesidad de un nuevo partido, de un


partido combativo, de un partido revolucionario, lo
bastante intrépido para conducir a los proletarios a la
lucha por el Poder, lo bastante experto para orientarse
en las condiciones complejas de la situación
revolucionaria y lo bastante flexible parar sortear todos
y cada uno de los escollos, que se interponen en el
camino hacia sus fines”

Stalin, Los fundamentos del Leninismo.

“El socialismo, desde que se ha hecho ciencia, exige que


se le trate como tal, es decir, que se le estudie”

Lenin, ¿Qué hacer?

1. Significado histórico del Partido Comunista.


2. El Partido de “nuevo tipo” leninista.
3. El modelo organizativo del PCPE.
a. El centralismo democrático. Sus normas.
b. El organigrama del PCPE.
c. El tipo de militante. Los cuadros.
d. El congreso, máximo órgano de decisión del PCPE.
4. La línea de masas del PCPE.
5. La lucha ideológica en el momento actual.

1. Significado histórico del Partido Comunista.

Desde su nacimiento como clase social, y forzada por su situación de explotación y


subordinación a la clase dominante, la clase obrera ha ido desarrollando diversos instrumentos
de lucha, desde sociedades de ayuda mutua para la asistencia social o médica hasta
organizaciones sindicales. Fruto de esta experiencia de organización y lucha, las formas
organizativas adoptadas por la clase obrera han ido evolucionando y perfeccionándose, y
abarcando nuevos espacios de intervención, como el espacio político.

En paralelo, el desarrollo de la ciencia y la técnica permitió a los sectores intelectuales de


la sociedad conocer mejor los resortes que configuran la realidad social y política, surgiendo
análisis y teorías que, de una forma u otra, buscaban resolver las contradicciones que corroen
la sociedad capitalista, muchas de las cuales se alinean con el movimiento obrero y tratan de
orientarlo. La más perfecta de estas teorías, la que desentraña la esencia del capitalismo y
señala con claridad el camino para su superación en una sociedad libre de explotación y sin
clases sociales, es el marxismo.

El Partido Comunista surge, pues, como consecuencia de la fusión de esa experiencia de


desarrollo de la clase obrera y de sus formas organizativas, con las aportaciones que desde
fuera del movimiento obrero hacen los sectores intelectuales, uniendo así en un todo superior
la experiencia práctica de lucha con el conocimiento científico. Este instrumento en manos de
la clase obrera, le permite condensar en un solo centro dirigente su intervención en los tres
ámbitos de lucha: lucha económica, lucha política y lucha ideológica, orientando todos ellos
hacia el horizonte de la toma del poder político y la construcción del poder obrero, que
cimente la nueva sociedad superadora del capitalismo.

Se trata de un instrumento fundamental e imprescindible para la emancipación de la clase


obrera: al igual que sin un amplio movimiento de masas organizadas no es posible realizar una
revolución, esta tampoco es viable sin la existencia de un fuerte Partido Comunista que oriente
y dirija el proceso. No hay Revolución Socialista sin Partido Comunista.

El Partido Comunista se organiza en base a unos principios generales de funcionamiento,


comunes al conjunto del movimiento, que se concretan en unas normas, las cuales deben
adecuar a cada realidad específica esos principios. Es decir, partimos de unos principios
organizativos, que se aplican de forma flexible y diferenciada a cada realidad política, dado
que, por ejemplo, no puede ser idéntica la forma de organizarse en condiciones de
clandestinidad y persecución abierta que en condiciones de democracia burguesa, con una
legalidad más o menos tolerante con la actividad del Partido.

Uno de los rasgos definitorios más marcados del Partido Comunista es su explícito carácter
de clase. El PC no se oculta, no pretende representar a toda la sociedad (como sí dicen hacer
los partido burgueses), sino que declara abiertamente que representa los intereses de la clase
obrera. Esto no quiere decir que no puedan formar parte del Partido personas procedentes de
otras capas sociales, pero lo podrán hacer en la medida en que asuman como propios la visión
y los objetivos de la clase obrera. La composición del Partido debe tender a garantizar una
presencia destacada de personas pertenecientes a la clase obrera.

El Partido comunista se compone de lo más avanzado de esta clase social, de su


vanguardia. ¿En qué sentido pretende ser el PC la vanguardia de la clase obrera? En primer
lugar, en un sentido práctico, porque organiza en su seno a las personas más decididas en la
lucha, las que tratan en todo momento de llevar al movimiento un paso más allá. En segundo
lugar, en un sentido teórico, porque sus miembros están más cualificados para entender la
forma en la que se estructura la sociedad de clases, generando un intelectual colectivo capaz
de tener una visión de conjunto del movimiento obrero, que le permite orientar la lucha de
forma más correcta.

Consecuentemente, además de hacer todo lo posible para organizar en su seno a las


personas trabajadoras y de los sectores populares con mayor capacidad combativa, para que el
Partido Comunista pueda desarrollar su papel de vanguardia necesita dotarse de un
instrumento imprescindible: la teoría de vanguardia, es decir, el marxismo-leninismo. En su
obra ¿Qué hacer? Lenin escribió “sólo un partido dirigido por una teoría de vanguardia puede
cumplir su misión de combatiente de vanguardia”, indicando más adelante en dicho texto que,
en tanto que el socialismo se ha hecho ciencia, hay que tratarlo como a cualquier otra ciencia,
estudiándola concienzudamente, lo que señala como una tarea fundamental de cualquier
Partido Comunista el asegurar la cualificación de sus miembros en el marxismo-leninismo.

Como ya hemos mencionado, el Partido Comunista es el instrumento del que se dota la


clase obrera para realizar la Revolución Socialista, implantar la dictadura del proletariado y
construir el socialismo como fase inferior de la sociedad comunista, que es el fin último al que
aspiramos. Es, por tanto, un medio para alcanzar ese fin revolucionario, cuyo desarrollo y
estructuración vienen condicionados en todo momento por ese objetivo último. Las formas
organizativas que adoptan los Partidos Comunistas, están condicionadas totalmente por sus
objetivos, de manera que las formas organizativas que adoptan estarán en consonancia con
los fines del Partido. Por eso, cuando una organización renuncia a sus objetivos
revolucionarios, se producen inevitablemente profundas modificaciones organizativas, que la
adapten a sus nuevos fines dentro del sistema.

En definitiva, cuando hablamos del Partido Comunista nos estamos refiriendo a un


instrumento de organización y lucha del que se dota la clase obrera, con objeto de alcanzar el
poder político y construir una nueva sociedad socialista-comunista, en el que se agrupa su
vanguardia revolucionaria para orientar al conjunto del movimiento hacia sus objetivos
revolucionarios, en base a su mayor experiencia y conocimiento científico de la realidad,
siendo dichos objetivos los que determinan la forma en la que se estructura la organización
comunista.

2. El Partido de “nuevo tipo” leninista.

Como ya hemos visto, el que la organización comunista busque realizar una Revolución
Socialista, condiciona el tipo de Partido del que debe dotarse. El denominado “Partido de
nuevo tipo”, definido y desarrollado en la práctica por Lenin y los/as bolcheviques, ha
demostrado ser el instrumento más válido para la emancipación de la clase obrera, y sus
principios organizativos generales siguen siendo válidos a pesar del tiempo transcurrido desde
su formulación. Debemos partir de un hecho: dado que los fines definen la organización, la
forma de funcionamiento del Partido debe distinguirse netamente de las formas organizativas
de otros instrumentos de lucha de la clase obrera con fines diferentes, por ejemplo los
sindicatos o las asociaciones.

Veamos, pues, los rasgos definitorios de lo que debe ser el Partido de Nuevo Tipo leninista.
Como ya hemos visto, el Partido debe ser el destacamento de vanguardia de la clase obrera.
Para ello, necesita ser un potente instrumento de combate, capaz de sostener y orientar las
luchas obreras y populares, y contar con una ideología de vanguardia, el marxismo leninismo.
Por lo tanto, ha de ser forzosamente una organización limitada a aquellos elementos más
conscientes, más avanzados de la clase obrera y de las capas populares1, y debe hacer un
ingente esfuerzo por formar en el marxismo a estas personas. Con estos mimbres, el Partido
puede acometer la tarea de elevar la conciencia de cada vez más trabajadores y trabajadoras,
haciéndoles entender cuáles son sus intereses como clase social. Al mismo tiempo, el Partido
puede constituirse como centro dirigente, como “cuartel general” desde el que se orienta el
conjunto de la lucha por la emancipación.

Existe un riesgo cuando el Partido asume su rol como vanguardia del proletariado. Su
carácter más avanzado, en lo político y en lo
“El problema esencial consiste en la
ideológico, puede hacer que algunas personas
naturaleza de las relaciones que los
exageren esta diferenciación con el resto de la
jefes o el jefe tengan con el partido de
clase obrera, separando a la vanguardia del
la clase obrera, y de las relaciones que
conjunto de su clase social y reduciendo su labor
existan entre ese partido y la clase
a un trabajo “elitista” entre “los iniciados”, esto
obrera. ¿Son relaciones jerárquicas, de
es, sectores intelectuales, otros destacamentos
tipo militar, o lo son de carácter
organizados con los que confrontar, etc. Este es
histórico y orgánico? El jefe, el partido,
un error muy grave, ya que aísla a la vanguardia y
¿son elementos de la clase obrera, son
le impide cumplir su labor de elevación del
una parte de la clase obrera,
conjunto de la clase obrera hacia la conciencia
representan sus intereses y sus
revolucionaria. La vanguardia obrera no deja de
aspiraciones más profundas y vitales, o
ser una parte de su clase, con la que tiene que
son una excrecencia de ella, una simple
estar plenamente vinculada y a la que tiene el
sobreposición violenta?”
deber de elevar mediante su trabajo constante en
todos los frentes de lucha. A. Gramsci, Jefe.

Por lo tanto, el Partido es parte integrante de la clase obrera, su sector más avanzado.
Pero no solo eso, es un destacamento organizado. Cuenta con una estructura y una disciplina
interna, que le permite actuar con eficacia y determinación. Esto supone que hay órganos
jerárquicamente estructurados, con un órgano central que dirige al conjunto de la
organización, y que destaca entre las normas de funcionamiento el que las decisiones de los
órganos son obligatorias, de forma que las minorías aceptan y aplican las decisiones adoptadas
por mayoría. ¿Cómo se articula esta organización y estas normas de funcionamiento?
Mediante unos estatutos, aprobados en Congreso por el conjunto de la organización, que
desarrollan y concretan en cada lugar y momento histórico nuestra estructura y nuestra forma
de organización, esto es, el centralismo democrático.

Por lo tanto, nos dotamos de unas estructuras y unas normas que nos permiten aunar
dialécticamente dos elementos clave: el carácter democrático y participativo de nuestra
organización, y la capacidad real de intervenir en la realidad social con eficacia. Esta fusión es
dinámica, es decir, prima más un aspecto u otro dependiendo de las circunstancias concretas a
las que se enfrente el Partido Comunista2. A grandes rasgos, el aspecto democrático se

1
El Partido necesita una amplia red de simpatizantes y amistades, de gente cercana o que al menos se
interese por su política de forma regular. Pero no puede confundirse con estos sectores cercanos de las
masas, debe tener sus líneas bien definidas.
2
Por ejemplo, en condiciones de clandestinidad, los márgenes para la democracia interna se reducen,
ante el riesgo evidente de detenciones.
concreta en la posibilidad de crítica y autocrítica interna, de debate de opiniones, la dirección
colectiva, el carácter electivo de todos los cargos en condiciones de publicidad de cada
aspirante, la rendición de cuentas de estas personas y su plena revocabilidad por quienes les
eligieron. En cuanto al aspecto centralista, se refleja en la disciplina interna, en el
cumplimiento obligatorio de los acuerdos (especialmente los de carácter congresual o
conferencial), en la unidad de acción completa de toda la organización en torno a dichos
acuerdos mediante la subordinación consciente y voluntaria, la verticalidad en la toma de
decisiones, la total prohibición de fracciones o plataformas organizadas en el interno del
Partido. Por consiguiente, son necesarios mecanismos internos de persuasión, que permitan
reconducir las situaciones que debiliten esta unidad de acción, pero también son
imprescindibles los instrumentos sancionadores, que en última instancia aparten del Partido a
quienes fomenten el individualismo o el fraccionalismo.

Cuando hablamos del Partido no hablamos de una organización cualquiera. La clase obrera
y el conjunto de las capas populares son capaces de dotarse de muchas y variadas formas
organizativas, como asociaciones, clubs, sindicatos, etc. Pero, dado que el Partido es capaz de
agrupar en su seno a lo más avanzado de la clase obrera, es capaz de formar en su seno a esos
elementos avanzados, tiene miembros presentes y activos en esas otras organizaciones
obreras y populares… se trata de la forma superior de organización, la que permite a la clase
obrera ir más allá, trazando una línea general del movimiento y trasladarla mediante la
persuasión y la influencia al conjunto de organizaciones de la clase obrera, y por lo tanto, al
conjunto de nuestra clase social y del pueblo.

Con este instrumento desarrollado, operativo y potente, la clase obrera puede plantearse
seriamente el alcanzar sus objetivos. Es, por tanto, el instrumento necesario para la conquista
del poder político, y para la implantación y desarrollo de la nueva sociedad. Así, no debemos
confundir nunca el fin con el medio: si necesitamos desarrollar nuestra organización es ni más
ni menos que en tanto que instrumento necesario para alcanzar el poder y construir el
socialismo.

Históricamente y hasta nuestros días, los intentos que se han producido en el seno de la
izquierda en general y del movimiento comunista en particular por superar este modelo de
Partido, no solo han fracasado en su intento por mejorar la eficacia de la organización en su
lucha contra el capital, sino que en la mayoría de los casos ocultaban la renuncia al objetivo
revolucionario, adaptando las organizaciones obreras a las necesidades políticas dentro de las
estructuras del sistema capitalista. El famoso “eurocomunismo”, definido principalmente por
los dirigentes de tres importantes Partidos Comunistas occidentales del siglo pasado, Carrillo,
Berlinguer y Marchais, es sin duda el movimiento de transformación de poderosos Partidos
Comunistas en organizaciones reformistas de izquierda dentro del capitalismo que más ha
afectado en nuestro país, cuyas terribles consecuencias aún arrastra la clase obrera en España.

3. El modelo organizativo del PCPE.

Para cualquier Partido Comunista, es fundamental su pertenencia a la clase obrera, su


carácter de clase, lo que, siguiendo a Álvaro Cunhal, se manifiesta en “la ideología, en los
objetivos, en la composición social, en la estructura orgánica, en el trabajo de masas y, de una
manera general, en todos los aspectos de su actividad”, en definitiva, en el marxismo-
leninismo como ideología, la lucha por la Revolución Socialista como objetivo, una mayoría de
miembros que procedan de la clase obrera, una estructura regida por el centralismo
democrático, un intenso trabajo de masas que vincule el Partido a la clase obrera y las capas
populares, y en definitiva, una actuación constante y organizada en pos de los intereses
estratégicos de la clase obrera.

Veamos cómo entiende esto el PCPE en la realidad concreta de la España actual.

En el preámbulo de sus Estatutos, el PCPE dice constituirse fruto de la “unión voluntaria y


combativa de sus militantes bajo la concepción científica del marxismo-leninismo”, y basar su
programa y actividad “en la teoría científica del marxismo-leninismo y el internacionalismo
proletario”. La aplicación del marxismo-leninismo como base teórica de sus análisis, se refleja
especialmente en los documentos congresuales del Partido, donde se intenta interpretar la
realidad actual en base a nuestra ideología y señalar las líneas de actuación para
transformarla; además, se dedica texto a explicar las graves consecuencias del abandono del
marxismo-leninismo por parte de la sigla histórica del comunismo español. La asimilación del
marxismo-leninismo se considera fundamental, y por ello los documentos del X Congreso se
insiste en varios momentos en la necesidad de reforzar la formación ideológica de la militancia
comunista.

En ese mismo preámbulo de los Estatutos, se establece que su objetivo fundamental es “el
triunfo de la revolución socialista en España, la toma del poder por la clase obrera y la
instauración de la dictadura del proletariado como expresión del poder revolucionario de la
clase obrera en su avance hacia la sociedad comunista”.

El PCPE marca como elemento fundamental de su acción política la intervención de masas,


definiendo una estrategia y una táctica acorde con la situación actual de la lucha de clases,
lanzando la consigna tanto de la participación directa de toda su militancia en los frentes de
masas como del trabajo directo de la organización entres las masas obreras y populares.
Define también una política de alianzas sociales, el Frente Obrero y Popular por el Socialismo.
Esta política de masas, realmente fundamental, requiere de su estudio y aplicación en la
realidad social y política, dado que, como decía Lenin “el papel de vanguardia del proletariado,
consiste en educar, instruir, preparar, traer a una vida nueva a los sectores más atrasados de
las masas obreras y campesinas”.
Quizá un elementos clave de la formulación revolucionaria del PCPE es su intención de
“bolchevizarse”, entendido esto como la instauración de un método y una práctica leninista en
el seno del Partido. Esta bolchevización se concreta en los documentos del X Congreso en:

a) Funcionamiento basado en el centralismo democrático.


b) Desarrollo de la capacidad de intervención entre las masas obreras y populares, para
elevar su nivel de conciencia.
c) Militancia que confía en la capacidad revolucionaria de la clase obrera, que se marca
objetivos ambiciosos y hace todo lo posible por cumplirlos, que es distribuida según
sus capacidades entre lugares y tareas acordes con sus características. Eliminación de
cualquier distinción entre militantes, garantizando su igualdad de deberes y derechos.
d) Práctica de la crítica y la autocrítica.
e) Estudio constante y planificado del marxismo-leninismo.

Todos estos elementos políticos, tan brevemente esbozados, tienen una coherencia
interna con las formas organizativas de nuestro Partido, dado que, como venimos insistiendo,
el tipo de organización tiene una relación estrecha con sus fines. Por eso, el PCPE, en tanto que
organización revolucionaria, que se fundamenta en el marxismo leninismo y aspira a
conquistar el poder político para la clase obrera, se dota de una estructura jerarquizada, que
funciona en base al centralismo democrático y cuenta con un perfil de militante acorde con su
proyecto revolucionario.

a. El centralismo democrático. Sus normas.

El PCPE rige su vida interna en base a este método, que permite estructurar la
participación, los debates, los deberes y derechos, así como la toma de decisiones a todos los
niveles del Partido. Permite sintetizar el carácter colectivo de la organización con la integración
del individuo en la misma, y su correcta aplicación es la máxima garantía para la unidad del
Partido, la
“La organización del Partido comunista de los Pueblos de España se
democracia interna y
rige por el principio del centralismo democrático, que significa:
la eficacia de nuestra
acción política. a) El carácter electivo de todos los órganos de dirección, de abajo
a arriba, por medio del voto secreto siempre que sea solicitado.
Si bien ya se
b) La obligación de los órganos dirigentes de rendir cuentas y
han adelantado más
responder periódicamente de su gestión ante las organizaciones
arriba los principios
correspondientes del Partido.
generales del
c) Asegurar el control de arriba abajo y viceversa, de las tareas del
centralismo
Partido y del as decisiones tomadas.
democrático, dado
d) La obligación de observar la disciplina del Partido y la
que hemos resaltado
subordinación de la minoría a los acuerdos mayoritarios.
su carácter dinámico
e) La obligatoriedad de los acuerdos de los órganos superiores
y condicionado por el
para los inferiores.
contexto
f) La prohibición de fracciones o corrientes organizadas dentro del
sociopolítico, en
Partido y de la comunicación horizontal.
nuestra organización
g) Los órganos de dirección del Partido han de desarrollar su
se concretan estos
actividad de acuerdo con el principio de dirección colectiva,
principios en unas
como condición imprescindible para el cumplimiento acertado
normas de
de sus tareas.
funcionamiento,
h) Tanto los órganos dirigentes del Partido como sus
definidos en nuestros
organizaciones de base han de aplicar a su trabajo el método de
Estatutos. El artículo
análisis y discusión colectiva de la crítica y la autocrítica, para
11 de los Estatutos
corregir los defectos y errores del trabajo y mejorar su calidad.
resume nuestra
i) Todas las organizaciones del Partido disfrutan de autonomía
concepción del
para actuar en la esfera de su competencia, siempre que sus
acuerdos no contradigan los acuerdos de lo órganos de
dirección superiores y la línea general del Partido”.

Estatutos del PCPE. Artículo 11.


Centralismo Democrático, pero su carácter de principio rector de toda la vida del Partido hace
que aparezca reflejado de una forma u otra en otros aspectos.

 Derechos y deberes. Régimen sancionador. La Internacional dice “no más deberes sin
derechos, ningún derecho sin deber”. Los deberes y derechos de la militancia, recogidos en
los artículos 4 y 5 de nuestros estatutos, son un reflejo claro de la concepción que tiene el
PCPE del centralismo democrático. Así, se marca como deberes, entre otros, la obligación
de aplicar y defender la línea política del Partido, la observancia de la disciplina, combatir
el individualismo o cumplir los acuerdos emanados de los órganos superiores; todos estos
deberes entroncan directamente con la necesidad de una centralidad en la toma de
decisiones, de una unidad de voluntad para que la eficacia del trabajo militante sea mayor.
Otros deberes, como la difusión y estudio de las publicaciones del Partido, la participación
activa en la célula o la obligación de desarrollar la política del Partido en los frentes de
masas, hacen referencia a cuestiones muy concretas, del día a día militante donde ese
refleja esa disciplina y centralidad que pretende asegurar el centralismo democrático. Por
el contrario, los derechos reflejados en nuestros estatutos garantizan el carácter
democrático de la organización, especialmente algunos como el derecho a recibir
información regular y objetiva, a participar en las actividades del Partido y en la
elaboración de la línea política, poder elegir y ser elegible para órganos de dirección o el
derecho a criticar orgánicamente la labor de los órganos y de la militancia del Partido…
aseguran que la unidad de voluntad y acción se sustenta en unas posibilidades reales de
influir y participar para cada militante, de forma que se refuerza el carácter consciente de
la necesaria disciplina interna.
En última instancia, cuando determinadas situaciones de incumplimiento de los deberes
no puedan resolverse mediante la crítica y autocrítica, el Partido puede aplicar un régimen
sancionador para asegurar la disciplina, regulado en el artículo 9 de los Estatutos, siempre
como último recurso y con garantía del derecho a la defensa para la persona sancionada,
con la existencia de la Comisión Central de Garantías y Control como máximo garante.
 Centralidad y autonomía. Nuestro Partido aspira a configurarse como un colectivo con una
Dirección Central y una acción unificada. Como dicen nuestros documentos, “Si cientos de
militantes golpean al mismo tiempo en la misma dirección, que se marca desde los
organismos superiores del Partido, la eficacia de su acción se multiplica”. Para ello es
imprescindible la aplicación del centralismo democrático, que garantice esa acción
unificada. Pero ello no contradice el que los órganos intermedios y los órganos de base
puedan tener un alto grado de autonomía política, para aplicar la línea del Partido y los
acuerdos de los órganos centrales de forma creativa en sus ámbitos concretos de
intervención. Ese elemento, también garantizado por el centralismo democrático, evitará
la aplicación mecánica de los acuerdos, y reforzará el que cada órgano haga un análisis
concreto de las circunstancias concretas en las que desarrolla su labor política.
 Rendición de cuentas. Es sin duda la forma más estructurada de ejercicio de la crítica y la
autocrítica, y queda reflejado también como deber la militancia en el artículo 4 de los
estatutos. Es la forma en la que se autoevalúa críticamente un órgano del Partido para
sacar conclusiones de mejora. Pero esta autoevaluación no es suficiente en sí misma, sino
que en un ejercicio de democracia, debe ser sometida a quienes eligieron el órgano, de
forma que también pueda quedar plasmada su opinión en el análisis crítico. El proceso
inverso también es importante, dado que la rendición de cuentas de los órganos inferiores
debe ser trasladada a los superiores para su toma en consideración. Es, por tanto, tanto un
instrumento de control democrático sobre las estructuras electas, como un elemento de
conocimiento que permite reforzar la labor de dirección del centro del Partido. Debe ser
un proceso periódico que se centre en lo concreto, en cada tarea o área, en cada miembro
del órgano, y que bien ejecutada refuerza sin duda al conjunto de la organización.
 Marca el perfil de militante y el organigrama. Como veremos más adelante, sin la
aplicación del centralismo democrático como principio rector, es difícil entender el porqué
de la estructura del Partido y del modelo de militante comunista que se pretende
promover.

b. El organigrama del PCPE.

El PCPE cuenta con una estructura orgánica acorde con el proyecto revolucionario que
pretende encarnar. Básicamente, su estructura es la siguiente:

 Congreso del Partido. Es el máximo órgano de dirección de la organización, y se reúne de


forma ordinaria cada 4 o 5 años. Lo abordaremos con más detenimiento un poco más
adelante.
 Comité Central. Según lo establecido en el artículo 23 y siguientes de los Estatutos, es el
máximo órgano de dirección entre congresos, recayendo sobre este órgano la dirección
política y organizativa general del conjunto del Partido. Debe reunirse un mínimo de
cuatro veces al año. En su seno se eligen la Secretaría General y el Secretariado Político.
Está facultado para convocar Conferencias Centrales temáticas.
 Secretaría General. Órgano unipersonal que ostenta la máxima representación del Partido
y preside tanto el Comité Central como el Secretariado Político. Es la máxima responsable
del funcionamiento óptimo de los órganos de dirección.
 Secretariado Político. Es el órgano de gestión que dirige la organización entre reuniones
del Comité Central, ante el que tiene que rendir cuentas. Se encarga convocar los plenos
del Comité Central y puede decidir la invitación de miembros del partido no incluidos en el
CC a los mismos. Es especialmente importante la operatividad de su funcionamiento, ya
que aborda las cuestiones diarias de funcionamiento general del Partido.
 Comisión Central de Garantías y Control. Se trata de un órgano especial de supervisión,
compuesto por tres personas y un suplente, sometidas a un régimen de
incompatibilidades, que asegura el cumplimiento de los estatutos y supervisa las finanzas
del Partido.
 Comités intermedios. Hablamos de una serie de órganos de carácter territorial, que con
especial atención en su configuración a la realidad plurinacional del estado español,
estructuran la organización del Partido a través de diversos escalones (nacionalidad,
región, provincia, comarca…). Combinan la iniciativa política propia, dentro de la línea
general del Partido, con la orientación y gestión para asegurar que las estructuras
inferiores cumplan con los acuerdos de los órganos superiores.
 Célula. Es la base y fundamento del PCPE. Hablamos de órganos políticos de base, con una
amplia capacidad operativa, elemento fundamental para unión del Partido con las masas
obreras y populares, cuya autoridad superior es la asamblea plenaria, la cual elige un
comité en su seno. Pueden organizarse en base a criterio territorial (de ciudad, de barrio…)
o de producción (de sector productivo, de polígono, de empresa…). La aspiración del PCPE
es la de desarrollar una amplia estructura de células de empresa, que refuerce sus vínculos
con la clase obrera. Todo militante del PCPE tiene la obligación de estar organizado en una
célula, y militar activamente en la misma, independientemente de la pertenencia o no a
órganos superiores. Las células se constituyen con un mínimo de 3 personas, y tendrán
como mínimo una persona responsable de la Secretaría Política y otra de Organización y
Finanzas. Allá donde no exista un mínimo de 3 personas organizadas en el PCPE, podrá
constituirse un núcleo del Partido; excepcionalmente, podrán constituirse células mínimas
en las que se integre la militancia del Partido y de la Juventud del PCPE.

Los órganos del PCPE, en especial el Comité Central, se rigen por el principio de
departamentalización. Esto supone que en el seno del Comité Central existen una serie de
Secretarías especializadas, de carácter colectivo, en cuyo seno trabajan cuadros técnicos y
políticos. La dirección de cada Secretaría es elegida por el pleno del Comité Central. La Tesis III
del X Congreso del PCPE detalla el papel de la Secretaría de Organización, Secretaría de
Finanzas, Secretaría del Comité Central, Secretaría de Movimiento Obrero y Sindical, Secretaría
Internacional, Secretaría Feminista, Secretaría de Antiimperialismo y Movimiento por la Paz,
Secretaría de Trabajo Ideológico y Secretaría de Agitación y Propaganda. Con esta fórmula, lo
que se pretende es desarrollar un cierto grado de especialización dentro de la organización,
para que las personas con mayores capacidades o conocimientos en un ámbito específico
trabajen juntas, desarrollando ese ámbito de la mejor manera posible. Esta especialización no
debe entenderse como algo absoluto, la formación de la militancia y de los cuadros
comunistas debe ser muy amplia y abarcar un amplio abanico de de temáticas teóricas y
prácticas, que en todos los casos se plasmarán en la labor celular que todos y todas debemos
desarrollar.

Sobre la base de las Secretarías, y contando con el mayor número posible de cuadros
políticos, el Partido desarrolla un Aparato Central. Este aparato central supone un recurso en
manos de la dirección central para dinamizar la actividad política del conjunto de la
organización, y se compone de recursos militantes a disposición de los órganos centrales de la
organización, que debe incluir en el momento actual principalmente a camaradas con
disponibilidad y capacidad para desarrollar tareas políticas por todo el estado, a petición de
esos órganos centrales. En la medida en que nuestros órganos de dirección cuenten con
recursos para llevar a cabo las tareas centrales, la calidad del trabajo de toda la organización y
la centralidad se verán reforzadas. La construcción del Aparato Central es un proceso gradual,
causa y efecto del desarrollo del Partido, que debe concluir en la existencia de un equipo de
cuadros del Partido trabajando en exclusividad para el mismo, ubicados en la sede central.

En los distintos órganos del Partido, pero especialmente en el Comité Central y sus
Secretarías, debe implantarse la planificación del trabajo como método. Los planes de trabajo
en cada ámbito permiten marcar objetivos concretos de desarrollo y marcar el camino para
conseguirlos; se trata de delimitar lo que queremos conseguir, lo que vamos a hacer para
alcanzar esas metas, los recursos materiales y militantes con los que contamos para
conseguirlos, y la forma en la que vamos a evaluar si lo hemos conseguido o no, tratando de
sacar conclusiones para la mejora. No se trata solo de elaborar planes, sino que estos deben
ser realistas y, sobre todo, deben llevarse a la práctica. A veces, nuestras propias debilidades y
la dinámica de la lucha de clases, que nos presenta batallas y problemas no previstos, nos
dificultan la ejecución de nuestros planes, pero es imprescindible que los tengamos y tratemos
de ejecutarlos en un alto porcentaje. La elaboración de presupuestos, que doten de los
recursos necesarios para ejecutar esos planes, aporta el realismo del vil metal a nuestros
planes: la acción política tiene costes, que deben cubrirse desde la generación de recursos,
tratando de no caer en el voluntarismo al que muchas veces nos vemos abocados/as. Sin una
política de finanzas activa, no podremos acometer tareas costosas por muy necesarias que
sean.

Mención especial merecen los órganos centrales de expresión del Partido, especialmente
Unidad y Lucha, Propuesta Comunista, el Boletín ML y las webs oficiales del Partido. Cada uno
con sus características y funciones, con públicos diferenciados a los que van dirigidos, son los
instrumentos vertebradores del discurso del Partido y facilitan la propia organización. Son
herramientas capaces de mostrar el mensaje de conjunto de la organización, unificar criterios
y trasladar directrices de trabajo al conjunto. Como decía Lenin, cuando promovía en el seno
del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso la creación de un órgano de expresión central único
para toda Rusia: “El periódico no es sólo un propagandista y un agitador colectivo, sino
también un organizador colectivo. En este último sentido, se le puede comparar con el andamio
que se levanta alrededor de un edifico en construcción, que señala sus contornos, facilita las
relaciones entre los distintos constructores, les ayuda a distribuir el trabajo y a observar los
resultados generales alcanzados por el trabajo organizado”. Recordemos que es un deber
estatutario de toda la militancia el estudiar estos instrumentos centrales, y distribuir lo más
posible aquellos que no tienen carácter estrictamente interno.

La estructura organizativa, a todos los niveles, revela la importancia de la organización


firme, de una dirección potente pero también de una base militante asentada y organizada.
Esta relación dialéctica entre bases y cumbre de la organización, entre los órganos a los
distintos niveles, marcan la capacidad real de intervención del Partido, y se retroalimentan
mutuamente: una base firme asegura que la política del Partido llega a las masas y evalúa su
justeza ante estas, además de ser la cantera de cuadros para la dirección; una dirección
potente marca el carácter del Partido y la hace capaz de lanzar acciones políticas más
adecuadas y orientar correctamente al conjunto de la organización.

c. El tipo de militante. Los cuadros.

El debate sobre quién pertenece y quién no a la organización viene de antiguo, fue uno
de los principales focos de fricción entre bolcheviques y mencheviques a principios del siglo
pasado, y constituyó uno de los principales elementos que el eurocomunismo modificó en la
línea de los Partidos Comunistas en los que caló, volviendo precisamente a posiciones muy
parecidas a las de los mencheviques; no hablamos de un tema menor, un partido de
vanguardia necesita una militancia de vanguardia, necesita delimitar y no confundir a quienes
militan con quienes simpatizan, necesita unos cuadros políticos profesionalizados que doten
de constancia y eficacia a la acción política. Veamos cómo entendemos hoy día la militancia
comunista en el PCPE.
Tanto en el preámbulo de sus estatutos como en el artículo 2 de los mismos, el PCPE se
define a sí mismo como una unión voluntaria y combativa de los elementos más avanzados de
la clase obrera y las capas populares. Ese carácter voluntario nos lleva a la disciplina
consciente como elemento vertebrador, de unidad de acción de todas las personas militantes,
que asumen las directrices de forma crítica, sí, pero muy disciplinada.

Los requisitos fijados estatutariamente para ser “No basta, para ser militante
militante del PCPE son aceptar las tesis congresuales, las comunista, con adherirse al
propuestas programáticas y los estatutos, así como Partido, cotizar regularmente,
participar regularmente en la labor de la organización de aceptar su programa y
base donde se organice y pagar sus cuotas. Es decir, hay estatutos y cumplir las
que estar de acuerdo con la línea general de Partido, pero decisiones que se adopten.
no solo eso, también trabajar activamente para que esa Además de todo ello, es preciso
línea tenga incidencia en la realidad sociopolítica en la que trabajar, tener una tarea
el individuo se organiza. definida en el Partido y
Si las organizaciones del Partido hacen un buen ejecutarla”.
trabajo, deben acercarse a la organización personas que, Pedro Checa.
atraídas por el discurso y la práctica combativa del PCPE, puedan estar interesadas en
incorporarse a nuestra organización. A los ya mencionados requisitos para poder militar en el
Partido, hay que sumar una figura importante: la premilitancia. Se trata de un tiempo de
conocimiento mutuo entre la persona aspirante a incorporarse y la propia organización, en la
que quien aspira a militar pueda conocer más a fondo la línea de la organización y su práctica
política, y el Partido pueda tener claro si esta
“Las características que definen a persona cumple los requisitos para poder militar.
quienes militan en el PCPE, entre
otras, son: a) conoce y aplica el En ¿Qué Hacer? Lenin explica que el tipo de
marxismo-leninismo; b) está en militante que necesita la revolución es el “tribuno
primera línea de lucha, avanza en popular”, es decir, aquella persona que sabe leer
primer lugar y cuando las cada hecho social concreto, detectando cómo actúa
condiciones son adversas retrocede la opresión capitalista en cada situación particular,
en último lugar; c) lealtad al partido utilizando estos hechos concretos para sintetizar y
y a la causa de la clase obrera; d) se mostrar abiertamente el porqué de la necesidad de
guía por el internacionalismo acabar con el capitalismo y avanzar al socialismo. En
proletario; e) denuncia y agita sobre este sentido, nuestros documentos congresuales nos
todo aspecto de explotación y señalan la importancia de que cada militante alcance
opresión se produzca donde se un alto nivel de conciencia, que permita un grado
produzca; f) realiza una propaganda significativo de independencia respecto al
eficaz sobre el paradigma de la pensamiento dominante en la sociedad actual,
revolución socialista y comunista”. interpretando la realidad social en base a la
existencia de la explotación derivada de la propiedad
X Congreso del PCPE. Tesis III. privada de los medios de producción. Esta
independencia de pensamiento es la que permite
analizar los hechos sociales y trasladar nuestra interpretación de los mismos a la clase obrera,
desarrollando su conciencia mediante un intenso trabajo de masas.
La eficacia de la intervención tiene otro elemento destacado: la ejemplaridad. Sin
pretender negar que nuestra vida en un mundo capitalista condiciona nuestro día a día y
nuestra forma de actuar en todos los ámbitos vitales, esa independencia de pensamiento a la
que hacíamos referencia debe permitirnos analizar de forma crítica nuestro día a día personal,
social y político, haciendo todo lo posible por romper con las dinámicas propias de la sociedad
capitalista y llevar a la práctica los valores que caracterizan la sociedad que queremos
construir.

Para poder intervenir con eficacia en multitud de frentes, es importante extender la


organización por todas las capas sociales y en todas las estructuras productivas y de gestión,
generando un conocimiento de primera mano a través de “nuestra gente” en cada ámbito.
Esto facilita también el tejido de alianzas con otras clases y sectores sociales, mediante el
contacto directo con las mismas y la intervención en sus problemas concretos vinculados al
régimen de explotación capitalista. Por lo tanto, sin perder la primacía del componente obrero,
necesitamos perfiles muy diversos, encuadrados en distintos puestos según sus características
y siguiendo una dirección única que les habilite para poder alcanzar sus objetivos.

De entre la militancia comunista, hay personas que destacan especialmente, por su


capacidad de trabajo, su capacidad política, su formación, su eficacia, etc. Estos y estas
militantes están llamados a jugar un papel destacado en la organización, bien por su ubicación
en los distintos órganos del Partido, bien por el encargo de tareas y labores destacadas. Estas
personas son los “cuadros del partido”, y de su formación, selección y promoción depende en
gran medida la eficacia de la organización en su conjunto. No se trata de personas que estén
“por encima” del resto de militantes, o que tengan más derechos que el resto, sino que son
militantes que destacan y que, gracias a la organización, cada día evolucionan y mejoran,
haciendo con ello avanzar al conjunto; de hecho, la condición de cuadro es algo dinámico, que
el Partido debe preocuparse en impulsar en el conjunto de la militancia, para que cada vez más
personas alcancen este nivel, pero que diversas circunstancias también pueden llevar a la
involución y pérdida del carácter de cuadro de un o una militante. Más allá de las
responsabilidades concretas que puedan asumir, los cuadros del partido no se separan de la
labor cotidiana de sus organizaciones de base, pero también están a disposición de los órganos
jerárquicamente superiores para apoyar y desarrollar la labor de estos órganos, siendo un
puntal de la política de departamentalización. El PCPE define en la Tesis III de los documentos
del X Congreso las características que debe reunir un cuadro de la organización:

 Conoce y asume la política del Partido, y tiene capacidad para explicarla y defenderla.
 Hace trabajo de masas, y es dirigente de las mismas.
 Se rige por el centralismo democrático. Practica la crítica y la autocrítica para mejorar.
 Cuando tiene diferencias, las plantea en tiempo y forma para que no interfiera en la labor
del Partido.
 Tiene disposición para asumir las tareas que se le encargan.
 Cuando hay problemas, busca soluciones.
 No dimite.
 Cumple en plazo las tareas.
 Confiable, con compromiso personal firme.
 Tiene interés por el estudio.
 Es consciente de la necesidad del Partido para la lucha contra el capital.
 Trabaja por la unidad del Partido y sube la moral del resto de militancia.

Con el desarrollo de esta política de cuadros, se da un paso importante en la línea de


bolchevizar la organización, y hace posible avanzar en la “profesionalización” del Partido. En
contraste con la visión dominante en otras organizaciones de izquierda, que entienden
demasiado a menudo la profesionalización como una tendencia a que cada vez más militantes
vivan a sueldo del Partido (y en algunos casos hagan todo lo necesario para seguir en esa
situación indefinidamente), el PCPE entiende la profesionalización como una ruptura con las
formas atomizadas, inconstantes y poco fiables de trabajo, mediante el avance de la
independencia ideológica de su militancia y el asentamiento de la centralidad y la disciplina en
la organización. “Un Partido de profesionales de la revolución es una organización en la que
toda su militancia hace del objetivo del avance de la lucha revolucionaria, hacia la dictadura
del proletariado y el socialismo, el determinante principal de su actividad política, y organiza
sus prioridades personales bajo el predominio de este criterio”, dicen nuestras tesis aprobadas
en el X Congreso. La construcción de un aparato central fuerte, donde los cuadros del Partido
deben jugar un papel fundamental, es una pieza clave para avanzar en esta línea.

d. El congreso, máximo órgano de decisión del PCPE.

El Congreso del Partido es el máximo órgano de decisión de la organización.


Convocado de forma ordinaria cada 4 o 5 años, está constituido por el conjunto de la
militancia a través de sus delegados y delegadas, electos en sus organizaciones de base.

La importancia de un Congreso es fundamental. En ellos se marca la línea política y se


aprueban los estatutos que estarán en vigor hasta el siguiente Congreso, además de elegir al
Comité Central, máxima dirección de la organización hasta el siguiente congreso, así como a la
Comisión Central de Garantías y Control; dado el carácter vinculante de los acuerdos
adoptados por mayoría en nuestra organización, que deben ser ejecutados disciplinadamente,
y siendo el Congreso el órgano que adopta las decisiones más trascendentales para la
organización en su conjunto, es de extrema importancia la participación y plena implicación de
toda la organización en el desarrollo del proceso congresual.

Para regir el proceso, se está a lo establecido en los artículos 18 a 22 de los Estatutos


del Partido, y a la carta de normas que debe aprobar el Comité Central. Dicha carta de normas,
una propuesta de tesis políticas y una propuesta de modificación de estatutos deben
entregarse con al menos tres meses de antelación a los delegados y delegadas al Congreso.
Esta documentación se verá complementada con un informe político y una rendición de
cuentas de la dirección saliente, que debe ser distribuida con al menos diez días de antelación
a la celebración del congreso. El Congreso también puede aprobar resoluciones, con
posicionamientos políticos públicos en relación a temas que los delegados y delegadas
consideren de interés.

Hablamos de un proceso prolongado, que en el caso del XI Congreso ya convocado,


abarcará un año completo. Este marco temporal da margen para partir de unos documentos
base de calidad e implementar un debate intenso y enriquecedor en el conjunto de la
organización, que dé como resultado unos acuerdos congresuales que permitan al Partido
avanzar significativamente en su desarrollo como organización revolucionaria.

Históricamente, muchas decisiones fundamentales que han adoptado las


organizaciones comunistas, para bien o para mal, han ido vinculadas a los congresos, en los
que se han llevado a cabo importantes debates que han pasado a la historia. Solo por poner
algunos ejemplos: el II Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso marcó la distinción
entre bolcheviques y mencheviques, el XX Congreso del PCUS empezó a abrir el camino para la
restauración del capitalismo en la Unión Soviética, el IV Congreso del PCE supuso la llegada a la
Secretaría General de Pepe Díaz, dando un paso fundamental en el desarrollo del PCE como
gran partido vinculado a las masas obreras, el IX Congreso del PCE supuso el abandono oficial
del marxismo-leninismo por parte de la organización histórica del comunismo español…

El resultado de los diez congresos que lleva realizados nuestro Partido es un valor
acumulado, un bagaje político extraordinario para la organización y para la clase obrera. Es
importante estudiar estos documentos, analizar críticamente este conjunto de análisis y
decisiones políticas, evaluar su justeza en relación al momento histórico en el que se
formularon y extraer conclusiones enriquecedoras para el futuro.

Los congresos, además, tienen la virtualidad de activar la organización en su conjunto


e insuflarles moral de combate. El XI Congreso se presenta como una gran oportunidad para
reforzar al Partido, dotarlo de un marco de análisis y unas normas de funcionamiento
actualizadas a la realidad vigente, y poner a toda la militancia en una renovada disposición
combativa. El XI Congreso debe ser la palanca que nos permita poner al PCPE en disposición de
influir decisivamente en la lucha de clases en la España actual. Vayamos a ello.

4. La línea de masas del PCPE.

El objetivo fundamental de la línea de masas del PCPE es la fusión del Partido con las
masas obreras y populares, para aumentar su grado de conciencia y organización,
enfocándoles hacia sus objetivos estratégicos como clase. Para ello, el Partido se involucra
activamente en los distintos episodios de la lucha de clases, generados por las contradicciones
del sistema. Si la militancia comunista acompaña y orienta a las masas movilizadas en cada
lucha, estas podrán ir desarrollando su conciencia hacia posiciones revolucionarias, mediante
su propia experiencia de lucha y nuestras aportaciones teórico-prácticas.
¿Cómo se involucra el PCPE en estas luchas? Puede hacerlo básicamente de dos formas:
bien mediante una intervención directa de la organización, bien mediante el trabajo de su
militancia en los denominados “frentes de masas”, es decir, cualquier tipo de estructura
organizativa de la que se dota la clase obrera y los sectores populares para defender sus
intereses inmediatos.
Esta intervención de masas incluye los más variados frentes de lucha, incluido el frente
electoral. Por oposición al parlamentarismo estrecho que practican las organizaciones de
izquierda insertas en el sistema capitalista, el PCPE asume como un frente de lucha más (no “el
Frente”), y subordina la representación institucional al trabajo político general de la
organización, mientras que en otras organizaciones con una línea electoralista ocurre al
contrario: las necesidades electorales son las que condicionan el conjunto del trabajo
militante. Las elecciones son entendidas como una oportunidad más de llevar nuestro mensaje
revolucionario a las masas obreras y populares, explicando la política del Partido y llamando a
la organización y la lucha. En palabras de Lenin, en su obra “la enfermedad infantil del
izquierdismo en el comunismo”: “es necesario que el Partido Comunista lance sus consignas,
que los verdaderos proletarios, con ayuda de la masa de la gente pobre, inorganizada y
aplastada, extiendan y distribuyan octavillas, recorran las viviendas de los obreros, las chozas
de los proletarios del campo y de los campesinos que viven en los sitios más recónditos (por
ventura, en Europa los hay mucho menos que en Rusia, y en Inglaterra apenas si existen),
penetren en las tabernas más concurridas, se introduzcan en las asociaciones, en las
sociedades, en las reuniones fortuitas de los elementos pobres, que hablen al pueblo con un
lenguaje sencillo (y no de un modo muy parlamentario), no corran, por nada en el mundo, tras
un "lugarcito" en los escaños del parlamento, despierten en todas partes el pensamiento,
arrastren a la masa, cojan a la burguesía por la palabra, utilicen el aparato creado por ella, las
elecciones convocadas por ella, el llamamiento hecho por ella a todo el pueblo, den a conocer a
este último el bolchevismo como nunca habían tenido ocasión de hacerlo (bajo el dominio
burgués), fuera del período electoral (sin contar, naturalmente, con los momentos de grandes
huelgas, cuando ese mismo aparato de agitación popular funcionaba en nuestro país con más
intensidad aún)”. Nuestros estatutos, en sus artículos 43 y 44 regulan la forma en la que el
Partido aborda el frente electoral, estableciendo los correspondientes mecanismos de control
sobre nuestros cargos públicos emanados de los procesos electorales burgueses.
En cuanto a la intervención a través de frentes de masas, el artículo 42 de nuestros
estatutos regula la forma de intervenir en los frentes de masas, resaltando el carácter colectivo
de la intervención en estos frentes, y la línea de
“Los comités y militantes del
conquistar hegemonía en estos frentes desde el
Partido han de potenciar la
respeto a su independencia orgánica. Desarrollemos
participación en las
cómo entendemos esta forma de trabajo.
organizaciones de masas,
Como hemos visto, el o la militante comunista
fundamentalmente en los
tiene la obligación estatutaria de realizar tareas
sindicatos de clase y combatir
concretas en el Partido y vincularse a un frente de
toda tendencia sectaria que
masas. La intervención en estos frentes hay que
conduzca al Partido a aislarse de
entenderla desde una serie de ejes, que nos permitan
las masas.
marcar la diferencia. Debemos tener presente que la
pérdida de fuerza e identidad por parte de la mayor Los miembros del Partido que
parte de las organizaciones de masas va de la mano de trabajan en los frentes de masas
la crisis del movimiento comunista en España; cuanto aplicarán la línea política general
más vinculados estemos los y las comunistas a estos del Partido en los mismos y,
frentes, más posibilidades tendremos de aumentar su respetando su independencia,
combatividad y el grado de conciencia de quienes se buscarán ganar hegemonía de sus
organizan en su seno. posiciones en ellos”.
Cuando intervenimos en estos frentes, lo hacemos
en tanto que militantes comunistas, no en cuanto que Estatutos del PCPE, artículo 42.
personas con “conciencia social”. Muchos de nuestros
compañeros y compañeras en esos movimientos sí que estarán inspirados por unas
inquietudes sociales, un ánimo por ayudar a la comunidad, por apoyar a las personas más
débiles, etc. Sin embargo, nuestra intervención debe caracterizarse por un grado superior de
conciencia. Somos comunistas, comprendemos mejor que la media el funcionamiento de la
sociedad y hemos llegado a la conclusión de la necesidad de acabar con este sistema y
construir una nueva sociedad socialista; este grado de conciencia nos debe llevar a actuar en
los frentes de lucha con la intención de hacer conscientes a nuestras compañeras y
compañeros de lo que supone el capitalismo y lo que podría suponer el socialismo, de la
inviabilidad de uno y la necesidad del otro, de la potencia que tiene la unidad y la organización
para avanzar en la defensa de nuestros intereses inmediatos y la correspondencia entre estos
y el proyecto revolucionario.
La pregunta del millón es ¿Y cómo hacemos esto? ¿Cómo actuamos como comunistas en
los frentes de masas? Esta pregunta tiene difícil respuesta, en tanto que podemos
enfrentarnos a una variedad tan grande de situaciones concretas que no hay fórmulas mágicas
que nos permitan avanzar con su mera aplicación mecánica. Pero sí podemos dar unas
orientaciones generales que nos den pistas sobre cómo abordar nuestra tarea:

a) El o la comunista no actúa de forma aislada en los frentes, sino que lo hace con el
arrope de su célula, que le apoya y orienta. Y este carácter colectivo de las decisiones
sobre la intervención en el frente se da desde el mismo momento de elección del
frente insertar a cada militante.
b) Nos insertamos en un frente para desarrollar un trabajo, no meramente para ser un
número. En unos casos tendremos más facilidad para actuar y en otros menos, pero
siempre tenemos que mostrarnos activos/as, procurando asumir tareas concretas y
desarrollarlas de la mejor forma posible. Esto no debe confundirse con una aspiración
por ocupar cargos a toda costa dentro de la estructura en la que nos organizamos, es
decir, debemos evitar aparecer como “trepas”; es importante que alcancemos
responsabilidades en los frentes, que formemos parte de los órganos de dirección,
pero como fruto del prestigio y apoyo alcanzado mediante nuestro trabajo, sembrando
la base que nos mantendrá en esos puestos ante posibles ataques de quienes quieren
llevar los frentes de masas a la inactividad o la incapacidad de lucha.
c) De manera más explícita unas veces y otra de manera más sutil, debemos trasladar los
análisis y posiciones del Partido a nuestros compañeros y compañeras, no como un
discurso abstracto sino aprovechando las circunstancias concretas de desarrollo de la
lucha. Debatir con estas personas sin dogmatismo pero con convencimiento,
contrastando nuestras posiciones con la realidad y aprendiendo también de su
experiencia práctica, de forma que nuestro discurso se refuerce y complete, al mismo
tiempo que va calando en las personas con las que trabajamos cotidianamente.
Influenciar y convencer, con paciencia, perseverancia y humildad, apoyándonos en la
realidad cotidiana: esa es la clave.
d) Nuestra intervención debe estar presidida por la ejemplaridad. Sin pretender creernos
mejores que el resto de compañeros y compañeras de lucha, sí que debemos tratar de
ser constantes, honrados y transparentes, ganándonos en el día a día la confianza de
estas personas. Debemos intentar que, aunque puedan mantener posiciones muy
alejadas de las nuestras, nos consideren personas íntegras y trabajadoras, con las que
se puede contar y con las que merece la pena trabajar y dialogar.
e) Cuando un o una militante comunista se incorpora a un frente de masas, pasa a ser
una persona miembro más del mismo, que respeta sus normas de funcionamiento y
actúa con lealtad a la organización. Debemos ser miembros del sindicato, la asociación
o el movimiento, que además pertenecen al PCPE. Cuidado con no caer en
considerarnos el o la militante del PCPE en ese frente, que pugna con los miembros de
otras organizaciones políticas por copar y controlar la organización de masas; esta
práctica, muy practicada por el eurocomunismo, lleva en muchos casos a preferir la
muerte de la organización antes que perder el control ferreo sobre la misma. En
definitiva, no debemos intentar instrumentalizar los frentes, sino ser uno/a más que
coopera con el resto en el desarrollo de la organización, con lealtad y entrega, y que se
gana con su trabajo el derecho a opinar sobre los distintos temas de interés para las
personas que integran el frente.
f) Al plantear nuestras propuestas, debemos tener un cierto sentido de la oportunidad.
No podemos caer en ser quienes constantemente están dando discursos
grandilocuentes ante cualquier discusión, ni quienes en todo momento traban los
debates por denunciar como traición cada punto y cada coma. Hay que saber elegir “a
qué liebre saltar”, distinguir lo fundamental de lo accesorio, y priorizar aquello que
tenga consecuencias prácticas frente a las declamaciones retóricas (por muy contrarias
a nuestra línea que estas sean). Conocer y tener presente la línea vigente en la
organización y el grado de conciencia del que parten nuestros compañeros y
compañeras, nos permite saber hasta dónde podemos estirar la cuerda en cada
momento, distinguiendo cuando hay que tirar de la cuerda y cuándo debemos aflojar.
g) Con nuestra labor militante en el frente, debemos ayudar a su desarrollo, tratando de
llevarlo a una disposición de combatividad creciente, aportando para que las personas
que se integran en esas organizaciones en las que trabajamos, tomen conciencia de la
necesidad de movilizarse y confrontar con el enemigo de clase, desde posiciones
ideológicas cada vez más avanzadas, fruto de la propia experiencia de lucha y de
nuestra influencia. Necesariamente, el proceso será lento, y desigual: habrá elementos
más avanzados que sean más receptivos, y otros a los que será muy difícil convencer.
Si conseguimos influenciar y atraer a esos elementos avanzados, especialmente a
aquellos con mayor prestigio, nuestro discurso tendrá un efecto multiplicador,
llegando a más personas en mejores condiciones de ser tenido en cuenta.
h) Especialmente en aquellas organizaciones más pequeñas o con menos recursos,
debemos ofrecer los medios del Partido para apoyarles en su desarrollo. Si
disponemos de locales, medios o experiencia sobre como elaborar materiales
(pancartas, hojas, etc.), debemos ponerlos a disposición de esos frentes. Esto debe
hacerse sin paternalismos: no les hacemos el trabajo, les apoyamos y les enseñamos
para que puedan hacerlo por ellos y ellas mismas. Esto permite que ganemos
reconocimiento como aquella organización que ayuda a quienes luchan, y además
puede generar espacios y momentos privilegiados para el diálogo.
i) Debemos aspirar a que poco a poco, nuestras ideas y análisis vayan interiorizándose,
asumiéndose la lógica revolucionaria como “lo normal”. Para ello, necesitamos que
nuestra línea política se traduzca cada vez más en propuestas concretas y ajustadas a
la realidad, que permitan responder a los interrogantes que las luchas que asume ese
frente plantean a sus miembros. Si nuestros análisis son correctos, serán de utilidad
para la lucha, y si son útiles, la propia experiencia práctica de combate hará que se
vayan asimilando.
j) Hay que elegir los momentos y las formas para dar difusión a los materiales del Partido
entre nuestros compañeros y compañeras. Lo fundamental es generar un ambiente de
receptividad a los mismos, para lo que debemos tener cuidado de dosificarla, evitar la
reiteración, la altanería o la pedantería en los contenidos… Conocer los intereses y la
conciencia de cada persona con la que trabajamos nos puede facilitar el acertar con la
fórmula para llegar a cada cual, seleccionando los instrumentos que pueden ser más
eficaces en cada caso. No olvidemos que nuestros materiales tienen un valor en sí
mismos (y por eso hay que cuidar su calidad), pero también pueden ser un medio para
iniciar el diálogo con quienes los reciben, incluso con quienes los rechazan.
k) Como fruto de nuestro trabajo, codo con codo con los compañeros y compañeras del
frente de lucha, debemos ganar reconocimiento también entre la base social que
sustenta ese frente, entre aquella “población objetivo” donde el frente trata de
intervenir. Esto debe repercutir en un fortalecimiento del propio frente, y en un
prestigio de los cuadros comunistas entre la clase obrera y las capas populares. Este
prestigio nos dotará de mayores posibilidades para orientar la organización hacia
posiciones más avanzadas y a una mayor disposición para la lucha, conduciéndolo de
manera cada vez más coherente con los objetivos revolucionarios. De nuevo debemos
remarcar el riesgo de caer en la instrumentalización; conducir e instrumentalizar son
actuaciones opuestas, y si caemos en la instrumentalización podemos vernos en una
situación en la que formalmente podamos llegar a controlar un frente, pero este cada
vez se verá más impedido para desarrollar su trabajo de organización y lucha,
pudiendo convertirse en un verdadero “chiringuito” aislado de las masas, formado casi
exclusivamente por la militancia del Partido.
l) Nuestro objetivo último es la revolución y la construcción de la nueva sociedad.
Conseguir quelas personas con las que compartimos luchas puedan vislumbrar la
posibilidad real de conseguir ese objetivo es imprescindible para la credibilidad de
nuestro discurso. Especialmente en los momentos de repliegue, debemos hacer todo
lo posible por evitar que el derrotismo cale, debemos evitar que el capital consiga
hacer creer a las masas que su reinado será eterno y que no hay más alternativa que la
sociedad capitalista. Debemos mostrar la posibilidad real de la liberación de nuestra
clase social, esbozando el camino a seguir para alcanzar ese fin: la organización y la
lucha. Si capas cada vez más amplias de las masas perciben como real ese horizonte,
habremos dado un paso de gigante.

5. La lucha ideológica en el momento actual.

Como ya hemos visto, el Partido Comunista permite articular los tres ámbitos
interrelacionados de lucha de la clase obrera:
 Lucha económica. Es decir, la lucha de resistencia por los intereses inmediatos de la
clase obrera y el pueblo.
 Lucha política. El plano donde la lucha de clases alcanza su expresión más completa,
donde se dirime la cuestión del poder.
 Lucha ideológica. De esta lucha depende la forma en que se concibe la realidad, y, por
lo tanto, donde la conciencia cristaliza en conceptos y esquemas de pensamiento, que
mediatizan la forma de actuar en el resto de frentes.

En el momento actual, de gran confusión en el ámbito de la izquierda y en el campo


obrero, la lucha ideológica adquiere una especial relevancia. Deslindar línea con las distintas
corrientes del reformismo, así como con el izquierdismo, es fundamental para poder avanzar
en la construcción del Partido de la clase obrera en nuestro país. Esta situación es el reflejo de
la influencia de la ideología dominante en la clase obrera y las capas populares, que permea
también en las filas del PCPE, siendo muy relevante el identificar esas influencias y trabajarlas
para que nuestra militancia sea consciente de estas influencias de la ideología burguesa y sus
repercusiones en la lucha cotidiana.

La necesidad de clarificación ideológica y deslinde con otras expresiones políticas no debe


confundirse en ningún caso con dogmatismo o con imposibilidad de cooperación y acuerdos. El
PCPE y su militancia debe estar bien pertrechada ideológicamente, y tener claro su modelo
organizativo y político, pero eso no quita que podamos acercar posturas y alcanzar
compromisos con distintos sectores sociales y sus expresiones sociales o políticas.

En este proceso constante de ideologización del Partido, la formación en el marxismo


leninismo es importantísima, pero también el saber articular nuestro discurso ideológico
leninista en lo concreto, en el día a día de la lucha de clases. Para facilitar esto, trataremos de
abordar algunos ejes concretos del trabajo ideológico en la coyuntura actual, que nos permitan
entablar con mayores posibilidades de éxito nuestro trabajo cotidiano entre las masas obreras
y populares.

En primer lugar, volvemos a destacar nuestro objetivo: el socialismo. Si ese modelo de


sociedad es al que aspiramos, ese debe ser nuestro referente cuando buscamos ejemplos que
contrasten con la realidad cotidiana a la que se enfrentan los trabajadores y trabajadoras.
Ejemplificar con los logros de los países socialistas, tener propuestas alternativas concretas de
cómo el socialismo abordaría determinados problemas… Esa es la forma de hacer visible desde
lo concreto nuestro proyecto alternativo de sociedad.

Sin embargo, en muchas ocasiones no somos capaces de concretar lo que significa el


socialismo en un ámbito concreto, y recurrimos a buscar ejemplos dentro del sistema:
comparar lo que ocurre en España con otros países más desarrollados dentro de la UE,
destacar el literal de la Constitución Española en aquellos artículos de carácter más social (que
no se suelen aplicar), etc. Esta forma de actuar nos lleva a proponer realidades dentro del
sistema como forma alternativa de resolver las contradicciones inherentes al mismo. Aunque
pueda tener interés como forma de evidenciar los problemas concretos del capitalismo
español y su especial retraso comparativo con otras potencias imperialistas, o para formular
una reforma concreta, no olvidemos que nuestro referente no es el cumplimiento de la
Constitución o constituirnos en una potencia capitalista avanzada, sino la supresión de la
sociedad de clases mediante una revolución socialista. Es más, la clase obrera no nos necesita
para valorar esas alternativas: los medios de comunicación “de izquierda”, las organizaciones
reformistas, etc. podrán hacerles conscientes de las especiales debilidades del capitalismo
español o de los incumplimientos de la legalidad vigente, mostrando cómo se podría hacer
algo diferente dentro del sistema, lo cual podremos aprovechar a veces, pero no plantearán en
ningún caso la posibilidad de una realidad social distinta del capitalismo.

Ante situaciones concretas en las que no sepamos plantear una propuesta netamente
socialista, es importante indagar o consultar a los órganos superiores por esas alternativas
específicas.

Otro grave problema ideológico al que nos enfrentamos a diario es la naturalización de la


ideología capitalista y sus categorías. Muchos de sus preceptos son asumidos como “de
sentido común” por parte de la clase obrera y las capas populares de la población. Como dice
Lenin en ¿Qué hacer? “[…] La ideología burguesa es, por su origen, mucho más antigua que la
ideología socialista, porque su elaboración es más completa y porque posee medios de difusión
incomparablemente mayores. […] La clase obrera tiende al socialismo de manera espontánea;
pero la ideología burguesa, la más difundida (y resucitada sin cesar en las formas más
diversas), es, sin embargo, la que más se impone espontáneamente a los obreros”; en
definitiva, el capital está en las mejores condiciones para asegurar que los parámetros
establecidos por su ideología sean “lo normal”.

Frente a esta realidad, debemos en primer lugar estudiar bien nuestras categorías
científicas, como los conceptos de clase3, democracia, libertad, etc. de forma que podamos
manejarlas con soltura sin incurrir en la concepción burguesa de esos términos. A partir de ahí,
debemos extender estas ideas entre capas cada vez más amplias de la sociedad, mediante su
empleo cotidiano en los ámbitos de lucha, cuyos avatares concretos serán más fáciles de
entender y transformar usando nuestros métodos de análisis y nuestros conceptos. Esa
realidad de la utilidad del marxismo, será la que permita que se vayan convirtiendo en “lo
normal” en el seno de los frentes de masas, afectado sin duda a la mentalidad de las personas
organizadas en ellos. Sin duda, en muchos entornos nuestros conceptos requerirán
explicaciones de a qué nos referimos; no lo olvidemos, nuestros conceptos y los de amplísimas
capas de nuestra clase social no coinciden, les suenan a idioma extranjero, por lo que debemos
explicarlos con paciencia y pedagogía, hasta que poco a poco vayan calando al demostrarse su
utilidad práctica. Sobre todo, en ningún caso caigamos en la pedantería y el elitismo de
quienes se consideran muy formados y por encima de la “poco instruida” clase obrera.

Si queremos plantear una sociedad diferente del capitalismo, debemos tener bien armado
el argumentario de lo que supone esta sociedad para la inmensa mayoría de la población, y
por qué no pueden resolverse dentro de la misma la mayoría de problemas cotidianos que
sufrimos. El capitalismo se presenta a sí mismo como la mejor forma de organización social, un
momento histórico en el que la libertad, la democracia, la igualdad… son realidades palpables
como nunca se han visto ni se verán, la forma superior y última de sociedad humana. Frente a

3
Por ejemplo, el concepto de clase más extendido es el que estructura la sociedad de clases no en base
a la relación con los medios de producción, sino al poder adquisitivo de los individuos. De ahí que se
hable a menudo de “la clase media”.
esto, los y las comunistas debemos comprender y saber explicar que, a pesar de las apariencias
y de los discursos grandilocuentes, la sociedad actual es de opresión de una clase sobre otra,
de dictadura de la minoría sobre la mayoría, de violencia cada vez más abierta, de guerras
constantes, de explotación y saqueo. Dicho así, en general, ¿quién nos creería? Los/as
comunistas antidemocráticos “rajando” de nuestro sistema de libertades, pensarán. Hay que
saber ejemplificar con cada situación concreta en la que el capital muestra su verdadera cara.
Necesitamos manejar con soltura nuestros análisis generales sobre la inviabilidad del
capitalismo y la necesidad del socialismo, y trufarlo de datos, ejemplos cotidianos e históricos,
para armar nuestro discurso y pegarlo al terreno, de forma que el enemigo tenga serias
dificultades para rebatirnos, a pesar de lo extendido de su “sentido común” y todos los medios
de difusión a su alcance. Ese discurso, fundamentado y elaborado mediante el estudio y
mediante el debate interno y externo4, debe conducir a desacreditar al capitalismo en todos
los campos, y prestigiar al socialismo como alternativa real y viable.

En última instancia, la lucha de clases se resuelve en el plano político. Por eso es


especialmente importante comprender y saber caracterizar ante las masas lo que representa
cada movimiento político con fuerte implantación en nuestro país en la actualidad. En los
últimos años, fruto de las dificultades del sistema para gestionar la brutal crisis que arrastra, el
panorama político se ha diversificado, aunque por desgracia esta convulsión no ha supuesto un
crecimiento significativo del partido de la clase obrera. No es este el momento de analizar las
causas por las que no hemos logrado rentabilizar esos problemas del capital y el enorme
descontento social que conllevaron, pero sí debemos comprender lo que hay tras cada uno de
los partidos políticos que ostentan representatividad parlamentaria en este momento.

En primer lugar, debemos entender lo que es la socialdemocracia. La socialdemocracia es


el enemigo en casa, la cabeza de puente del capital en nuestras filas, el movimiento político
llamado a trabajar desde dentro para mantener a la clase obrera y su capacidad de lucha
dentro de parámetros aceptables por el capitalismo. La histórica bancarrota de esta parte del
movimiento obrero, que se sitúa en el apoyo de los distintos países en conflictos a “sus”
burguesías en el marco de la Primera Guerra Mundial, se ve refrendada con frecuencia cada
vez que un gobierno socialdemócrata se involucra en una agresión militar o política a terceros
países, para favorecer a los capitales patrios. Con una ideología reformista en el mejor de los
casos, liberal con ligeros tintes sociales en otros, han tenido problemas graves en muchos
países durante la última gran recesión económica, pero una vez pasado lo peor de la tormenta,
han remontado con cierta facilidad en casi todos ellos.

En España, tras ser masacrada junto al resto de la izquierda por el fascismo, y estando
prácticamente desaparecida como fuerza de oposición al régimen durante décadas, fue
aupada por el capital español y extranjero en la llamada Transición hasta convertirla de la
noche a la mañana en la principal fuerza de izquierda en el país. Desde entonces, jugó un papel
central en el nuevo proyecto político del capitalismo español, manteniendo bajo su ala a

4
No debemos temer al debate abierto y franco con las masas o incluso con los elementos al servicio del
enemigo. Es muy probable que salgamos vapuleados en más de una ocasión, por la habilidad del
contrario o por nuestra propia impericia, pero de esas derrotas podemos sacar grandes aprendizajes
que nos preparen para la siguiente confrontación. Apoyarnos en nuestras/os camaradas es fundamental
para lograr esos aprendizajes y prepararnos de forma colectiva para más y más complejos debates.
amplias capas de la clase obrera y teniendo una fuerte hegemonía en la mayoría de
organizaciones sociopolíticas donde se encuadran las clases populares. No ha dudado en usar
la represión y la violencia más extrema cuando ha sido necesario, incluido el terrorismo de
estado; nos ha insertado plenamente en la organización terrorista OTAN, haciendo el papel de
“trilero” al servicio del capital durante el famoso referéndum, no dudando en poner a su
disposición efectivos militares en diversas acciones de agresión a terceros países, e incluso
colocando durante unos años a uno de sus miembros, Javier Solana, como máximo
responsable de la organización criminal; ha sabido aprovechar el aparato estatal heredado del
franquismo para, con el barniz necesario para poder homologarse con el resto de democracias
burguesas de su entorno, dejar intactos sus cimientos y mantenerlo como eficaz instrumento
de gestión y represión al servicio del capital.

La socialdemocracia también ha gestionado el importante proceso de transformación del


país para su imbricación en el proyecto imperialista europeo, la UE. La importancia de este
proceso radica no solo en la escalada de España dentro de la pirámide imperialista o por el
refuerzo y asentamiento que ha tenido este polo en la confrontación con otras potencias, sino
también por su efecto en la conciencia de la clase obrera, que a pesar del papel jugado por
Bruselas durante la última crisis, sigue valorando mayoritariamente como positiva la
integración de España en la UE, que se muestra como el marco imprescindible para que se
haya producido la modernización del país y la que garantiza un futuro mejor. Cuestionar este
proyecto y mostrarlo a las masas como lo que es, debe ser una de nuestras prioridades en la
batalla ideológica.

En un momento de gran dificultad para el sistema, con una brutal recesión, irrumpió en el
marco político una innovadora fuerza política, que pretendía llevar la indignación de las plazas
al Parlamento, un proyecto de nueva socialdemocracia. Con una táctica bastante inteligente, y
un inusitado apoyo mediático tanto de medios con línea editorial “de izquierda” como “de
derecha”, logró en poco tiempo un significativo éxito electoral, para desesperación de la
organización histórica del reformismo, rozando incluso el “sorpasso” a la socialdemocracia
clásica. Esta fuerza supuso aire fresco en el panorama político burgués, permitiendo canalizar
la pérdida de apoyo del PSOE hacia posiciones incluso a la derecha del reformismo, con el que
ha terminado “confluyendo”. Con un discurso superficial y unas formas organizativas laxas, sin
ocultar su carácter de fuerza puramente electoral y reformista, ha servido de freno al
desarrollo de la conciencia obrera en un momento en el que el capital mostraba su verdadero
rostro con toda su crudeza. Como “lo que Dios te lo da, Dios te lo quita”, una vez cumplido su
papel, ha sufrido una brutal campaña de descrédito, orquestado desde las cloacas del Estado y
ejecutado por los mismos medios de comunicación que les encumbraron, mostrando que el
sistema por el momento se siente con la suficiente estabilidad como para no verse obligado a
aceptar como mal menor su limitado programa reformista, ni tan siquiera parcialmente.

La confluencia entre el revisionismo histórico y la nueva socialdemocracia, trata de


levantar un proyecto “verdaderamente” reformista
“Los partidos de la nueva
ante las veleidades social-liberales de la
socialdemocracia o del viejo
socialdemocracia clásica. La “nueva política” de
oportunismo sistemáticamente
Podemos repite e incluso profundiza los problemas que
engañan a la mayoría obrera y
el eurocomunismo trajo a la izquierda. Su modelo de
popular promocionando ilusiones
sobre la posibilidad de reforma de
mecanismos como la UE”.

X Congreso del PCPE. Tesis I.


círculos va más allá de la estructura de agrupaciones, diluyendo conscientemente las líneas
definitorias de la organización; el arribismo ante las posibilidades de tocar poder de quienes
buscan cómo vivir de la política; la separación entre los cargos electos en las instituciones y el
resto de la organización, que se subordina a los primeros; el caudillismo de una élite de
dirigentes, que contrasta con los llamamientos formales a la democracia interna; la
instrumentalización de los movimientos sociales, y la rebaja del nivel del discurso sociopolítico
de los mismos para garantizar su “transversalidad”; incapacidad de mantener la unidad dentro
de un movimiento que se vanagloria de ser una amalgama de corrientes y organizaciones
diversas, donde su última escisión ha arrastrado a la mayoría de sus aliados estratégicos; las
ilusiones con el proyecto de unidad de las potencias imperialistas europeas; y un largo
etcétera.

En el ámbito ideológico, la “nueva política” supone aceptar como inamovible el sistema


parlamentario y afirmar que otro capitalismo es posible. Recupera de forma remozada el
ideario socialdemócrata a todos los niveles, con una pátina de radicalismo “democrático” que
es exagerado constantemente por la propaganda de la derecha.

Como el descrédito del bipartidismo en plena crisis capitalista no solo afectó al PSOE, sino
que también afectó en gran medida a un PP corroído por la corrupción, el capital decidió que
necesitaba llevar la “nueva política” al ámbito de la derecha liberal. Con un discurso que en un
primer momento se confundía con el de Podemos, pero que se ha radicalizado en pocos años,
Ciudadanos ha tratado de jugar el papel de nueva derecha, limpia de corrupción y sin el olor a
naftalina del conservador PP. Al cambiar su rol de moderación, de bisagra entre conservadores
y progresistas, para intentar sustituir al PP como partido aglutinador de la derecha española,
ha pasado a un discurso ultranacionalista y ultraliberal, que diluye sus diferencias con las otras
dos expresiones de la derecha.

En los momentos de dificultad, el capital siempre recurre al fascismo, primero como “aviso
a navegantes” para quienes piensen ir más allá de lo debido en sus reivindicaciones, después
como brazo ejecutor de su dictadura de forma descarnada y brutal. El franquismo sociológico,
integrado sin mayores dificultades en el PP hasta hace bien poco, ha decidido que es el
momento de tener una expresión política propia e independiente. Sin los más mínimos
escrúpulos, explotando los prejuicios y las debilidades ideológicas de la clase obrera y las capas
populares (sembradas estas por las distintas expresiones de la socialdemocracia), han logrado
una importante representación parlamentaria, que parece haber llegado para quedarse. Todo
ello con el inestimable apoyo de la socialdemocracia clásica, que no solo ha sembrado la
decepción y la ideología burguesa en las masas, abonando el terreno para el resurgir del
fascismo, sino que ha visto en el fascismo una forma de desgastar al PP por la derecha en clave
electoral.

¿Qué decir del Partido Popular? Heredero directo del franquismo, ha pasado por fases
distintas tras la refundación de Alianza Popular, desde la “moderación” del primer gobierno
Aznar hasta la aplicación de las medidas más salvajes para “sacar a España de la crisis”,
pasando por la Guerra de Iraq. Con un nacionalismo rancio, representantes aventajados de la
clase capitalista en España, sus conexiones con el resto del espectro conservador en el
continente europeo y a nivel mundial, le permiten jugar el papel de la fuerza política que lleva
a las masas a posiciones favorables al imperialismo más agresivo y violento.

Estas tres derechas, con matices importantes entre ellas, representan en España la
continuidad de la tradición de la derecha española, golpista y agresiva, proimperialista y
reaccionaria. Décadas de fascismo han troquelado la conciencia de sectores amplios de la
población, que se encuentran secuestradas bajo la égida de un discurso que cuida de no
denunciar el pasado fascista, procura vincular todo lo que huela a izquierda con hambre y
miseria, y profesa un anticomunismo furibundo, que proyecta una imagen de la más que
moderada izquierda socialdemócrata española como radicales bolcheviques.

A este cuadro debemos añadir el papel de los nacionalismos periféricos, representantes


de las distintas facciones de las burguesías nacionales, especialmente la vasca y la catalana. La
exacerbación de sus reivindicaciones democráticas, unidas a la fuerte represión desplegada
por el estado contra ellas, hace que pueda generarse cierta confusión sobre su carácter de
clase. Con diferencias ideológicas y de actuación política importantes entre los distintos
partidos, parecen abocados a apuntalar la socialdemocracia con la vana esperanza de abrir una
negociación sobre la cuestión nacional, y por ende, orientados a la búsqueda de un pacto
similar al suscrito durante la Transición, pero sobre nuevas bases.

Para poder ayudar a nuestra clase social a salir del laberinto en el que la encierra la política
burguesa, necesitamos comprender los entresijos de este panorama político en el escenario de
crisis estructural del sistema, manejar las contradicciones entre las distintas fuerzas políticas y
sectores sociales a los que representan, mostrar a las claras que ninguna de ellas supone un
movimiento emancipatorio de la clase obrera y las capas populares, entrando en el detalle de
su discurso y su acción política…