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PRÓLOGO

Con mucha satisfacción me permito prologar esta segunda edi-


ción de la obra del Profesor Titular de Derecho Penal y Procesal
Penal de la Facultad de Derecho de la Universidad de San Sebas-
tián, don Hernán Silva Silva, que se titula El Delito de Manejar en
Estado de Ebriedad, que abarca aspectos penales, criminológicos y
médico-legales sobre el mismo; doctrina, jurisprudencia y dere-
cho comparado; actualizada, aumentada y corregida.
El libro se divide en varios capítulos y éstos a su vez en
subpárrafos ordenados conforme a las materias que contienen.
Se trata en primer lugar el delito de manejar en estado de
ebriedad, propiamente tal, con una síntesis histórica, tipificado
anteriormente en la Ley Nº 17.505 en su Libro II, derogado y a
la fecha en el art. 115 A inciso 2º de la Ley Nº 18.290, más cono-
cida como Ley de Tránsito, donde se preceptúa que “Se prohíbe,
asimismo, la conducción de cualquier vehículo o medio de transporte,
la operación de cualquier tipo de maquinaria o el desempeño de las
funciones de guardafrenos, cambiadores o controladores de tránsito,
ejecutados en estado de ebriedad, bajo la influencia de sustancias estu-
pefacientes o sicotrópicas, o bajo la influencia del alcohol”.
Se consideran en esta obra todos los elementos integrantes
de la figura punible referida, particularmente el sujeto activo,
el pasivo, su aspecto subjetivo o la culpabilidad, la acción típica
de manejar en estado de ebriedad un vehículo motorizado u
otros con cierta graduación alcohólica, la que ha sido expresa-
mente determinada en el art. 115 B de la Ley Nº 18.290, esto es,
cuando el dosaje sea igual o superior 1,0 gramo por mil de alcohol
en la sangre o en el organismo.

7
PRÓLOGO

También se analiza cuál es el bien tutelado por la ley, conclu-


yéndose que no puede hablarse de uno solo, sino que en su eje-
cución se lesionan una serie de valores jurídicos, especialmente
la seguridad en el tránsito, la integridad física y psíquica de una
persona, la vida, la seguridad pública, e incluso puede afectar la
propiedad si se causan daños o perjuicios con motivo u ocasión
de la conducción, etc. El autor se preocupa, en cuanto al tipo de
delito señalado, que son de aquellos clasificados por la doctrina
como de peligro abstracto.
Se apunta que la dosis de alcohol en la sangre es el ele-
mento esencial para que se configure el manejo en estado de
embriaguez, y se consignan los diversos niveles, los tipos de
embriaguez, los efectos del alcohol en el organismo, las etapas
del examen de alcoholemia, y en el anexo de los documentos
se incluye el aporte del Servicio Médico-Legal de Concepción,
laboratorio regional en el que se explica la forma en que se
realiza la alcoholemia, por el método de Widmark, desde la
toma de la muestra de sangre, el método que se emplea y el
informe propiamente tal. En un apartado se describen otros
exámenes para la comprobación del alcohol en el cuerpo hu-
mano, tales como la orina, la saliva, el más moderno método
de ADH (dehidrogenasa alcohólica), etc. que se aplican en otras
legislaciones.
Se sigue en el texto con la conducción de un vehículo moto-
rizado bajo la influencia del alcohol, drogas o estupefacientes.
El profesor Silva indica la legislación nacional y extranjera
sobre la prueba respiratoria como la reglamentación en la Ley de
Tránsito y las diferencias que pueden presentarse entre la prueba
respiratoria y las de alcoholemia.
En otros párrafos se estudia desde el punto de vista psicológico
las diferentes personalidades que pueden presentarse en los con-
ductores y en especial frente a los accidentes de tránsito, lo que
como se sabe arrojan anualmente y desde antigua data cerca de
2.000 muertos en el mismo lugar del accidente y número importan-
te de ellos causados por la conducción en estado de embriaguez.
Continúa el autor con un detallado capítulo sobre jurispru-
dencia en relación con el tema de su obra, la que se adiciona con
otros fallos dictados con motivo de la reforma procesal penal,
varios de reciente data.

8
PRÓLOGO

En las conclusiones se remite al Derecho Comparado, sobre


el ilícito, la regulación de la alcoholemia, la prueba respiratoria,
la toma de sangre, dosaje, etc.
Ya casi al final se anexan importantes documentos sobre la
alcoholemia, la concentración de alcohol en la sangre en varios
países, y el proyecto de ley en nuestro país, que modifica el manejo
en estado de ebriedad, con sanciones más altas que las vigentes.
Se concluye con un importante y detallado glosario de tér-
minos médicos y jurídicos vinculados al delito en estudio, al
alcohol, la alcoholemia, drogas, etc.
El tema es interesante y, desgraciadamente, de mucha actua-
lidad, ya que cada vez son más los casos que llegan a nuestros
tribunales referidos al manejo en estado de embriaguez por el
que se ocasionan lesiones menos graves, graves o la muerte de
una o más personas.
El autor, en un trabajo metódico, realizado en un plan de
exposición claro y ameno, trata la materia con su prolijidad,
orden y método.
Se trata de un trabajo valioso, serio, que no escatima es-
fuerzos para adentrarse en problemas no solo referidos al tipo
penal mismo si no que además a otros aspectos de sumo interés,
relacionados con él, y que se han resaltado al anotar la estruc-
turación de la obra, todos desarrollados con especial cuidado,
de fondo y de forma. Especial mención merecen la abundante
jurisprudencia citada y los interesantes juicios personales del
autor sobre diversas materias que aborda.
El enfoque interdisciplinario que del tema realiza el profesor
Silva hace, a juicio de quien suscribe, que la obra se transforme en
uno de los aportes más valiosos de los últimos años sobre la con-
ducción en estado de ebriedad, y materias afines, y esto, junto a su
evidente utilidad práctica, no solamente para abogados y jueces, la
transformarán, con toda seguridad, en un texto de consulta indis-
pensable, del que difícilmente podrá prescindirse en el futuro.

GUILLERMO SILVA GUNDELACH


Profesor de Derecho Penal, Carrera de Derecho de la U.S.S. y
Ministro de la Excelentísima Corte Suprema de Justicia.

Santiago Enero de 2009.

9
INTRODUCCIÓN

En esta nueva edición trataremos el delito de manejar en


estado de ebriedad (en adelante para esta obra MEE), el que
se encuentra tipificado en la actualidad en la Ley Nº 18.290,
conocida como Ley de Tránsito, la que ha tenido al respec-
to una serie de modificaciones de importancia y que antes,
como es sabido, estaba acuñado en el artículo 121 de la Ley
de Alcoholes, Bebidas Alcohólicas y Vinagres, Nº 17.105, pu-
blicada en el D.O. de 14 de abril de 1969. Dejamos constancia
de que en este texto no sólo lo haremos desde el punto de
vista de la normativa legal referida, sino que comprensivo de
un enfoque interdisciplinario. De consiguiente, abordaremos
esta problemática desde el ángulo del Derecho Penal, de la
Criminología, Toxicología, Psicología Criminal, Psiquiatría
Criminal, Medicina Legal, Sociología Criminal, Derecho de
Tránsito, entre otros; asimismo, haremos referencia a la alco-
holemia en el derecho extranjero y al MEE.
Se dedicará un capítulo especial a la tramitación o procedi-
miento para los delitos de MEE, según el caso, el que puede ser
de acuerdo con la pena simplificado, abreviado o juicio oral en
lo penal, y a la jurisprudencia de los tribunales creados en virtud
de la Reforma Procesal Penal, en la cual se han abordado varias
cuestiones de interés; por ejemplo, sobre el valor probatorio de la
alcoholemia, sea de plena prueba o de valor refutable por otras,
la suspensión de la licencia para conducir, etc. Igualmente, nos
referiremos a la derogación de las presunciones en materia de
MEE que contemplaba la Ley de Alcoholes, la alcoholemia como
examen corporal señalado en la ley y su relación con la presun-

11
INTRODUCCIÓN

ción de inocencia, negativa a la prueba de alcoholemia, qué tipo


de examen es, etc.
Debemos considerar, aunque sea en forma muy breve, el
problema en general del alcoholismo en Chile, el que está en
relación con el injusto específico en estudio y más aún conside-
rando que la mayoría de los jóvenes entre 18 y 24 años ingieren
alcohol y conducen vehículos motorizados. Según un informe
del año 2005, se determinó un aumento considerable de perso-
nas alcohólicas en el año 2004, de 623.000, según el Sexto Estu-
dio Nacional de Drogas elaborado por Conace y Adimark.
Durante el año 2006 fallecieron 1.626 personas en AT (acci-
dentes de tránsito) y entre las causas principales que ha señalado
Carabineros de Chile y lo que se refleja en las estadísticas, están
el manejo bajo los efectos del alcohol, exceso de velocidad, no
mantener una distancia razonable y prudente del vehículo que
precede y no respetar las señalizaciones correspondientes. Por
otra parte, se produjo la detención de 774 personas por conducir
en estado de ebriedad, la que fue mayor que en el año 2005.
La Secretaría Ejecutiva de la Comisión Nacional de Seguridad
de Tránsito ha publicado en Internet un interesante documento
con estadísticas que se vinculan derechamente con nuestro estu-
dio y que se transcribe:
“Siniestros de tránsito y víctimas a causa del alcohol en conductores
(período 1995-2004)
Entre los años 1995 y 2004 han ocurrido 28.316 siniestros de
tránsito en el territorio nacional chileno a causa de la presencia
de alcohol en los conductores participantes, situación que ha
dejado como consecuencia la pérdida de 1.569 vidas humanas y
lesiones de diversa índole en otras 37.962 personas.
Anualmente se han producido 2.832 siniestros de tránsito en
promedio debido a la citada causa, con un saldo de 157 víctimas
fatales y de 3.796 lesionados de diversa consideración.
Diariamente se han producido 8 siniestros de tránsito en pro-
medio debido a la citada causa, con un saldo de 10 lesionados de
diversa índole cada 24 horas y de 1 persona fallecida cada 2 días.
Cada 3 horas (180 minutos) se produjo un siniestro de trán-
sito debido a dicha causa, en tanto que cada 48 horas murió
una persona víctima del mismo y cada 2,4 horas (144 minutos)
resultó lesionado un individuo.

12
INTRODUCCIÓN

La mayor cantidad de siniestros de tránsito causados por la


presencia de alcohol en los conductores participantes se registró
durante el año 1996 (3.105 casos), mientras que la cifra más baja
se alcanzó en el 2002 (2.526 siniestros).
El índice de mortalidad más elevado se produjo en el año
2003 (201 fallecidos), en tanto que durante el año 2001 se regis-
tró la tasa más baja (114 víctimas fatales).
La tasa de morbilidad más alta se produjo durante 1999
(4.046 personas lesionadas), mientras que la mínima se estable-
ció en el año 1995 (3.506).
Entre 1995 y 2004, los siniestros de tránsito causados por
conductores con alcohol han experimentado un aumento de 85
casos, lo que significa un incremento del 2,97%.
Entre 1995 y 2004, el número de víctimas fatales en siniestros de
tránsito causados por conductores con alcohol ha experimentado
un aumento de 47, lo que significa un incremento del 34,56%.
Entre 1995 y 2004, la cantidad de personas lesionadas en
siniestros de tránsito causados por conductores con alcohol ha
experimentado un aumento de 453, lo que significa un incre-
mento del 12,92%.
Entre 1995 y 2004, la cantidad de personas lesionadas en
siniestros de tránsito causados por conductores con alcohol ha
experimentado un aumento de 453, lo que significa un incre-
mento del 12,92%.
Por cada 18 siniestros de tránsito causados por el alcohol en
conductores se produjo la muerte de un individuo y, por otra
parte, cada siniestro de este tipo dejó siempre al menos una per-
sona lesionada de diversa consideración.
La mayor severidad se produjo durante el año 2003 (6,68
fallecidos por cada 100 siniestros), mientras que la cifra más baja
fue registrada en el año 2001 con un total de 4,30 fallecidos por
igual cantidad de siniestros”.
Conforme a datos obtenidos por la Comisión Nacional de
Seguridad en Tránsito el mayor número de siniestros de tránsito
originados por factor alcohol se produjo en el transcurso del año
2006 (3.756 casos).
La tasa de morbilidad más alta se produjo durante 2006
(4.885 personas lesionadas), mientras que la mínima se estable-
ció en el año 2002 (4.070).

13
INTRODUCCIÓN

Entre 1997 y 2006, los siniestros de tránsito causados por la


presencia de alcohol han experimentando un aumento de 221
casos, lo que significa un incremento del 6,25%.
Entre 1997 y 2006, el número de víctimas fatales en siniestros
de tránsito causados por la presencia de alcohol ha experimen-
tado un aumento de 98, lo que significa un incremento del
38,13%.
Entre 1997 y 2006, la cantidad de personas lesionadas en
siniestros de tránsito causados por la presencia de alcohol ha
experimentado un aumento de 518, lo que significa un incre-
mento del 11,86%.
Por lo tanto, tiene incidencia el problema del consumo de
alcohol en los accidentes de tránsito por el creciente número de
ellos que son el resultado de la ingesta alcohólica y que produ-
cen a la víctima lesiones de cualquier tipo o la muerte, además
de los daños a la propiedad. A mayor cantidad de alcoholemia,
mayor riesgo de accidentalidad en el tránsito.
El alcohol etílico es una verdadera droga legal, distinción que
algunos discuten ya que toda droga sería ilegal, y su consumo
está sólo limitado a los menores de 18 años, aunque se encuentra
al alcance de todos. Se denomina “ droga social” la que proviene,
por regla general, de la fermentación de frutas y que integra las
bebidas alcohólicas. Es una verdadera droga o fármaco que origi-
na posteriormente alcoholismo, que trae fuertes problemas a la
sociedad entera y que influye en la conducta de los ciudadanos,
de la familia, en su aspecto laboral, etc.
Nos abocaremos en el curso de este volumen al análisis o in-
fluencia del alcohol en el organismo, a su fisiología, su metabolis-
mo, el efecto bioquímico del alcohol, el examen de alcoholemia
y la íntima conexión que existe entre el alcohol, la conducción
y los accidentes del tránsito o de la circulación. Los efectos del
alcohol en el organismo son de todos conocidos, particular-
mente la alteración evidente de los sentidos, visión, audición,
de la coordinación, exposición al riesgo, conducción insegura
y temeraria, problemas de equilibrio, de estabilidad, alteración
grave de la conciencia. etc.
Adelantaremos que en el presente existe una normativa es-
tricta en materia de dosaje o de concentración del alcohol en el
organismo –que es de un gramo de alcoholdrogas por litro de

14
INTRODUCCIÓN

sangre– para la configuración del MEE, y se ha dejado de lado,


salvo como referencia, la Circular del Servicio Médico Legal
que existía al respecto y que era empleada por los tribunales de
justicia, con anterioridad a la sanción legislativa. Sin embargo,
se mantiene en esta obra como antecedente histórico y por el
desarrollo y las etapas de la ebriedad que se señalan en ella y los
efectos en el ser humano, materia que se mantiene vigente.
Debemos estudiar además, en cuanto se refiere al delito de
MEE, bajo la influencia del alcohol y drogas, otras infracciones
que también examinaremos en su oportunidad, como lo son la
conducción bajo los efectos del alcohol y drogas en general, vale
decir, la marihuana, morfina, cocaína, heroína, LSD, etc., que
producen intoxicación en el cuerpo, estados de euforia, confu-
sión, vértigo, alucinaciones, se altera la conciencia, y en cuanto a
la conducción, esta es insegura y con peligro para la sociedad.
En el derecho comparado se ha penalizado la conducción en
estado de embriaguez –determinándose un porcentaje definido
de alcohol en la sangre entre 1 o 0,8 gramo de alcohol por litro
de sangre; en otros hay límites o tolerancia menor, como se indi-
ca en las tablas que más adelante aparecen en otros capítulos–,
bajo la influencia del alcohol y también cuando existe este mis-
mo comportamiento debido a la ingesta, influencia o efectos de
drogas, fármacos, estupefacientes o sustancias psicotrópicas, ya
que estas influyen fundamentalmente en las acciones de manejo
de los conductores.
Es esencial tener presente que sea cual sea el tipo de droga,
insistimos, dentro de estas el alcohol, la marihuana, morfina,
heroína, LSD, tranquilizantes, estupefacientes y fármacos en
general, se producen graves alteraciones en la conciencia de la
persona, en su juicio, en su voluntad, en su raciocinio, en la toma
de decisiones frente a un posible accidente de tránsito, en la ra-
pidez de sus reflejos y, por lo mismo, según los estudios del caso
constituyen factores de riesgo inminente en materia de tránsito
y de circulación vehicular.
El conocido lema cuando una persona bebe no debe manejar
es totalmente irreal e ilusorio, como puede observarse frente a
las estadísticas que indicamos más arriba, en especial esa que
siete de cada diez accidentes de tránsito se generan por la con-
ducción en estado de embriaguez. Incluso, desde el punto de

15
INTRODUCCIÓN

vista del manejo defensivo y del conductor precavido, no debe


beberse “ni la más inofensiva pílsener”, pues produce, aunque
sea en baja escala, alteraciones en los sentidos, en la percepción,
en los reflejos y en el juicio del sujeto. También la ingesta de
etanol y el consumo de drogas afectan a los peatones, y varios de
ellos son causantes de accidentes de tránsito, por los que resultan
con lesiones de importancia o muertos.
Desde un prisma del manejo preventivo y defensivo, creemos
que si bien es cierto la legislación, como se examinará, ha preci-
sado a la fecha un grado de alcohol en la sangre que determina
el manejo en estado de embriaguez, bajo la influencia del alco-
hol o en condiciones físicas y psíquicas deficientes, es necesario
que todas las personas, sean conductores, peatones o pasajeros,
internalicen lo que esto significa y sus consecuencias, tomen
conciencia, primeramente individual y posteriormente colectiva,
de que alcohol y conducción son incompatibles y al conducir se
afecta o se pone en peligro la seguridad en el tránsito o la segu-
ridad de la colectividad. Esto no ocurre en la práctica, y como
lamentablemente lo estamos viendo día a día en nuestro país,
tenemos la ecuación final o resultado de lesiones de toda índole,
leves, de mediana gravedad, graves, gravísimas, muerte, daños a
la propiedad privada o pública o a ambas y una secuela de enfer-
medades e incapacidades de todo tipo, incurriéndose anualmen-
te en millones de dólares de pérdida por tal concepto.
Además de lo anterior, y como el delito está íntimamente
ligado a los AT y éstos conectados con el Derecho de Tránsito, de-
bemos remitirnos a ambos tópicos, aunque sea a grandes rasgos,
pero señalando sus aspectos esenciales y fundamentales.
Desde hace varios años, y como ya lo hemos manifestado, el
aumento considerable de los accidentes de tránsito, no sólo en
Chile, sino a nivel mundial, ha preocupado a los distintos Estados
y especialmente a los órganos legislativos, para normar toda esta
problemática del tránsito y dar garantía a todos los ciudadanos
de una “seguridad en el tránsito” o “seguridad en la circulación”,
“la tutela de la vida humana, la integridad física de las personas
y la propiedad”, otros agregan “la seguridad colectiva, la comu-
nidad, la seguridad de la circulación rodada”, etc.
Es así como en varios países se han dictado innumerables
leyes sobre Derecho de Tránsito y circulación vehicular. Por vía

16
INTRODUCCIÓN

de ejemplo, en Nueva Zelanda se dictó el año 1949, entre otras


leyes, la Transport Act; en Portugal, el llamado Código Da Estra-
da; en Italia, el Código de la Ruta Código Stradale; en Inglaterra,
Road Traffic Act; en la India, Motor Vehicles Act, año 1939; en
España, Código de Circulación, etc. Todo lo anterior, además
de numerosas leyes especiales, como ocurre en nuestro país,
hoy Ley de Tránsito Nº 18.290, y normas particulares sobre cua-
sidelitos en AT y contenidos en Códigos Penales y en leyes com-
plementarias, como ocurre en Perú, México, Cuba, Guatemala,
Francia, Alemania, Austria, Argentina, Puerto Rico, Venezuela,
entre otros países. Por último, entre las infracciones se señala la
conducción con alcohol y drogas, en una serie de Códigos de
Tránsito, como ocurre en los de Buenos Aires, Colombia, Cuba,
Brasil, Perú, entre otros.
Dentro de estos lineamientos dejaremos constancia de que
está en trámite un proyecto de ley que trata de introducir den-
tro de la normativa penal, y como un injusto entre los delitos de
peligro común, la “conducción en estado de embriaguez” (cuyo
articulado se señala en los últimos párrafos de esta obra). Igual-
mente, en el Anteproyecto de Código Penal chileno de 2005,
elaborado por la Comisión Foro Penal, se contempla este delito
en el párrafo de los delitos relativos a la seguridad de los medios
de transporte.

17
CAPÍTULO I

EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO


DE EBRIEDAD

1. Como lo enunciamos en la parte introductoria de este vo-


lumen, el delito de MEE no está contemplado en el Código del
ramo en Chile; existe eso sí un proyecto de reciente data que se
inserta en las páginas finales de este volumen para codificarlo;
así sucede en una serie de países, como lo veremos más adelan-
te. Este delito se encuentra en una ley especial, que es la Ley
Nº 18.290, en virtud de las reformas legales que derogaron en
esta parte a la Ley Alcoholes, que lo contemplaba dentro de los
ilícitos, como ya se ha indicado.

2. Para algunos, se trata de una infracción de corte administrativo


con implicancias penales, lo que es discutible, según mi opinión,
ya que los delitos en general no son sólo aquellos que se incor-
poran en el Código Penal, sino que también en leyes especiales,
como ocurre a la fecha, y su tipificación corresponde esencialmen-
te al derecho punitivo en un sentido amplio y no sólo los injustos
descritos en el Código Penal, sino que en otras leyes.

3. La Ley de Tránsito, Nº 18.290, se refiere en varios artículos al


MEE, fijándose por primera vez en Chile un dosaje o quantum
de alcohol en la sangre o en el organismo a la conducción bajo
la influencia del alcohol y a las pruebas a que pueden ser some-
tidos los conductores y los peatones con motivo u ocasión de un
accidente de tránsito, señalando causales que pueden servir de
antecedentes suficientes de responsabilidad penal en caso de
negativa injustificada a someterse a tales exámenes o frente a
otros hechos.

19
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

4. Al revisar las distintas figuras penales incorporadas en el arti-


culado de la Ley Nº 18.290, no cabe la menor duda de que ante
los resultados que en definitiva produce la conducción de un
vehículo motorizado en estado de embriaguez, y que consisten
en diversas clases de lesiones y la muerte de una o varias perso-
nas o daños, según allí se describe, se está naturalmente frente
a un delito, el que requiere para su tipificación, precisamen-
te, que la acción, reiteramos, del conductor lo sea con cierta
graduación alcohólica, al manejar un vehículo motorizado o a
tracción animal. La legislación vigente prohíbe y sanciona el
consumo de alcohol dentro del vehículo, lo que es aplicable a
los conductores y a los pasajeros.

5. Efectivamente, cuando ocurre este injusto del MEE, el conduc-


tor tiene que presentar en su organismo una cierta graduación
o cifra alcohólica, lo que hoy es regulado expresamente como
ocurre en el derecho comparado, y esta influye en la conducción
de su vehículo por el compromiso que causa en sus sentidos.

6. Es interesante reproducir la opinión del distinguido profesor


Osvaldo López en un antiguo texto de derecho procesal penal
al respecto: “Sin embargo, tratándose de los delitos de la circu-
lación, la connotación de la ingestión alcohólica empieza antes
de la embriaguez.
En efecto, la conducta delictuosa en estos delitos no es, sola-
mente, beber alcohol en determinada medida intoxicante, sino
conducirse o desempeñarse en la conducción de un vehículo
habiendo bebido alcohol, aun cuando la cantidad ingerida no
sea intoxicante, sino apenas notoria. La infracción es más gra-
ve, naturalmente, si la ingestión alcohólica es mayor. Nuestra
legislación para sancionar este ilícito señala ciertos grados de
alcohol en la sangre, pero no lo que se podría llamar etapas
intermedias. Por ejemplo, desde o sobre un gramo de alcohol
por litro de sangre la sanción es la misma que si tiene 1,5 o 2
o más.
Por consiguiente, la conducta reprochable no se altera básica-
mente y consiste siempre en ingerir alcohol; pero esta conducta
se sanciona en los casos que estamos examinando, además, por
la circunstancia de que los efectos de la ingestión alcohólica se

20
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

producen durante el desempeño de la actividad de conducir un


vehículo en la vía pública”.1

SÍNTESIS HISTÓRICA DE LA TIPIFICACIÓN DEL DELITO


DE MEE EN LA LEGISLACIÓN NACIONAL

No pretendemos en esta parte hacer un estudio detallado de


la evolución histórica que ha tenido el delito que comentamos,
pero sí es necesario hacer una reseña sumaria de la evolución
legislativa y observar sus diferentes cambios en cuanto a la con-
ducta de los sujetos activos y la incorporación del automóvil y de
otras máquinas en su tipificación, para así poder entender en
mejor forma este delito complejo con diversas hipótesis penales,
que es uno de los que con mayor frecuencia se cometen en nues-
tro país y también en el extranjero, dentro de la variada gama
de los accidentes de tránsito. Dejaremos también constancia de
que sólo trataremos las diversas modificaciones que sufrió el
originario art. 330 del Código Penal, que sirvió de base a la Ley
Nº 17.105, pero sólo en cuanto dice relación con los conductores
de vehículos motorizados, y no con otros sujetos activos que pue-
den cometer tal delito, y naturalmente lo consignado en la Ley
Nº 18.290, que es el ordenamiento legal vigente al respecto.

1. Anteriormente, el Código Penal chileno, en su art. 330, se refería


al maquinista, conductor o guardafrenos “que abandonare su pues-
to o se embriagare durante su servicio”, hecho que se castigaba por
sí solo y se aumentaba la penalidad cuando ocurriesen lesiones o
muerte a terceros. Dicha disposición preceptuaba: “El maquinista,
conductor o guardafrenos que abandonare su puesto o se embria-
gare durante su servicio, será castigado con presidio menor en su
grado mínimo y multa de veinte mil a sesenta mil pesos.
Si a consecuencia del abandono del puesto o de la embria-
guez ocurrieren accidentes que causaren lesiones a alguna per-
sona, las penas serán presidio menor en su grado medio y multa
de veinte mil a cien mil pesos.

1
OSVALDO LÓPEZ L., Tratado de derecho procesal penal chileno, t. II, Ediciones
Encina Ltda., Santiago de Chile, 1975, p. 187.

21
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Cuando de tales accidentes resultare la muerte de algún indi-


viduo, se impondrá al culpable las penas de presidio menor en su
grado máximo y multa de cien mil a doscientos mil pesos”.

2. La legislación penal anotada en sus orígenes trataba única-


mente y sancionaba estos tipos específicos, con respecto sólo a
tales conductores, que se desempeñaban en determinada clase
de vehículos o maquinarias durante su servicio, pero no contem-
plaba en general los accidentes del tránsito en caminos, calles,
vías, cometidos por choferes que manejaban vehículos motori-
zados, automóviles y similares en estado de ebriedad o bajo los
efectos de una intoxicación etílica. Esto se debió a que del año
1874 en adelante, el medio de locomoción que más se usaba para
el traslado de personas y cargas era el ferrocarril, y los primeros
automóviles aparecieron prácticamente a fines del siglo XIX,
con mayor auge a principios del siglo XX, y la incidencia de la
conducción en estado de embriaguez podría ser catalogada de
mínima. En estos casos y cuando ocurrían accidentes de tránsito
protagonizados por conductores en estado de embriaguez, se
les aplicaban las sanciones propias de la ebriedad, y en su caso
las normas penales vigentes del art. 490 del CP sobre los cuasi-
delitos.

3. Con fecha 18 de enero de 1929 se dictó la Ley Nº 4.536,


publicada en el Diario Oficial del año 1929, y en su art. 100
preceptuaba: “Todo maquinista de embarcaciones, tranvía y
ferrocarriles, como asimismo todo conductor de automóviles,
guardafrenos o cambiador que se desempeñare en estado de
ebriedad, aun cuando no se causare daño alguno, será castiga-
do con las penas señaladas en el art. 330 del Código Penal”. De
consiguiente, se vino a llenar un vacío legal en lo atingente a
los conductores de automóviles que se desempeñaren en estado
de ebriedad y, por lo tanto, se extendió el tipo penal en cuanto
al sujeto activo.
Los comentaristas señalan que esta ley indica como verbo
rector de la acción típica el término “desempeñarse en estado
de ebriedad” y no “conducir en estado de ebriedad”, siendo más
amplia la primera y más reducida la segunda, para los efectos
punitivos.

22
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

4. Más adelante, tenemos la Ley Nº 7.396, publicada en el D.O.


del 31 de diciembre de 1942, y en su art. 98 se anotaba en la
parte pertinente: “El detenido antes de ser puesto a disposición
del Juzgado que corresponda, será llevado a los servicios de Asis-
tencia Pública o al establecimiento médico u hospitalario que
indique el reglamento, donde se le someterá a un análisis de la
sangre”.
Sin perjuicio de los comentarios finales, que haremos
próximamente, debemos considerar, desde ya, un aspecto
relevante de la normativa legal transcrita, en orden a que el
conductor de un vehículo motorizado antes de ser puesto a
disposición del Juzgado correspondiente, deberá ser llevado
previamente ante los organismos allí señalados o indicados,
para someterse a un análisis de sangre. Luego, por primera
vez aparece dentro de la normativa vinculada al alcohol y a la
conducción, que debe practicarse a los conductores de vehícu-
los motorizados el examen de alcoholemia, que se mantiene
vigente.

5. Con fecha 16 de junio del año 1954, se dictó la Ley Nº 11.256,


de Alcoholes, Bebidas Alcohólicas y Vinagres (hoy derogada en
parte por el MEE), la que en su art. 111 dispuso: “Todo maquinis-
ta de embarcación, tranvía y ferrocarriles, como asimismo todo
conductor de vehículos motorizados o a tracción animal, guarda-
frenos o cambiador que se desempeñare en estado de ebriedad,
aun cuando no causare daño alguno, será castigado con las penas
señaladas en el art. 330 del Código Penal y, además, con el retiro
o suspensión por tres meses del carnet, permiso o autorización
que lo habilitaba para su desempeño. En caso de reincidencia, al
retiro o suspensión del carnet, permiso o autorización se le dará
el carácter de definitivo.
El detenido será inmediatamente llevado a los servicios de
Asistencia Pública o al establecimiento médico u hospitalario
que indique el Reglamento, donde se le someterá a un análisis
de la sangre.
El Juzgado no podrá decretar la libertad del detenido, en
los casos que proceda, sino mediante una fianza de quinientos
pesos en dinero efectivo, y una vez que se le haya tomado decla-
ración.

23
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

En lo demás, los juicios por contravención a este artículo se


tramitarán en conformidad a las disposiciones del Título IV del
Libro II de esta Ley”.

6. El art. 121 de la Ley de Alcoholes Nº 17.105, publicada en el


Diario Oficial del 14 de abril de 1969, hoy derogado, se refería al
tema, a las sanciones penales que se aplicaban y a la suspensión de
la licencia para conducir en su Libro II, Título I, “De la penalidad
de la embriaguez”, y textualmente anotaba: “Todo maquinista de
embarcación y ferrocarriles, como asimismo todo conductor de
vehículos motorizados o a tracción animal, guardafrenos o cam-
biador que se desempeñe en estado de ebriedad, será castigado
con presidio menor en su grado mínimo, y multa de medio a dos
sueldos vitales, aunque no cause daño alguno, o sólo cause daños
materiales o lesiones leves. Se reputarán leves, para estos efectos,
todas las lesiones que produzcan al ofendido enfermedad o inca-
pacidad por un tiempo no mayor de siete días.
Si, a consecuencia de desempeñarse en estado de embria-
guez, se causare lesiones menos graves o graves a una o más
personas, los individuos señalados en el inciso precedente serán
castigados con presidio menor en su grado medio y multa de
uno a tres sueldos vitales.
Si resultare la muerte de una o más personas, se impondrán
al culpable las penas de presidio menor en su grado máximo y
multa de dos a cuatro sueldos vitales.
Se entenderá que hay desempeño en estado de ebriedad aun
respecto de los que, encontrándose ebrios, fueren sorprendidos
en circunstancias que hagan presumir que se aprestan a actuar
en ese estado, o que acaban de hacerlo.
Se aplicará como pena accesoria, además de las establecidas
en el Código Penal, el retiro o suspensión del carnet, permiso
o autorización para conducir vehículos por el término de seis
meses a un año en los delitos previstos en el inciso primero; de
uno a dos años si se causaren lesiones menos graves o graves; y de
dos a cuatro años si resultare la muerte. En caso de reincidencia,
los plazos máximos señalados en este inciso se elevarán al doble,
debiendo el juez decretar el retiro definitivo del permiso cuando
estime que el manejo de vehículos por el culpable ofrece peligro
para el tránsito o la seguridad públicos.

24
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Las medidas indicadas en el inciso precedente no podrán ser


suspendidas; pero, tratándose del retiro definitivo, el juez podrá,
después de transcurrido el tiempo requerido para la prescripción
de la pena principal, alzar la prohibición de manejar cuando
nuevos antecedentes así lo justifiquen.
El funcionario municipal que, a sabiendas, otorgue o conce-
da permiso o carnet para manejar vehículos a cualquier persona
impedida por alguna de las sanciones a que se refieren los in-
cisos precedentes, será penado con multa de uno a tres sueldos
vitales”.

7. La tipificación del MEE a raíz de las modificaciones legales


está acuñada en la Ley de Tránsito Nº 18.290, materia que será
tratada en los próximos capítulos en forma específica.

8. Como un antecedente importante de la modificación a la Ley


de Alcoholes, insertaremos lo publicado al respecto en el Bole-
tín del Senado correspondiente a la Sesión 16ª, Ordinaria, en
martes 31 de julio de 2001, en el que se destacan varias materias
de importancia relacionadas con el MEE y las tasas o límites de
la concentración de alcohol en la sangre en el derecho compa-
rado. Además, se hace una referencia expresa a la circular del
Servicio Médico Legal de Santiago, en la que, como sabemos,
se analizan los efectos del alcohol en el organismo y en relación
con el tránsito.

MODIFICACIÓN DE LA LEY DE ALCOHOLES Y


DEROGACIÓN DEL LIBRO SEGUNDO DE LA LEY Nº 17.105

1. Desempeño y conducción bajo la influencia del alcohol o en


estado de ebriedad.
En nuestra legislación no existe una norma expresa que esta-
blezca los límites de tolerancia y que defina, a su vez, los estados
de encontrarse bajo la influencia del alcohol y de ebriedad. En
efecto, la única norma vigente sobre esta materia es el Decreto
Supremo Nº 33 del Ministerio de Transportes y Telecomunica-
ciones, publicado en el Diario Oficial de 24 de abril de 1997, en
el cual se fija, a propósito de la fiscalización de los transportistas,

25
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

un límite de tolerancia de 0,49 gramo por mil de alcohol en la


sangre, rango dentro del cual no existe responsabilidad.
Los límites aplicados por los tribunales de justicia de nuestro
país se ajustan a una interpretación hecha por la Excelentísima
Corte Suprema, contenida en su circular Nº 337 de 22 de mayo
de 1978, teniendo como fundamento un estudio técnico del
Servicio Médico Legal emitido por oficio Nº 648 de 5 de mayo
de 1978. En tal sentido, este proyecto de ley fijará por primera
vez, mediante norma legal expresa, los límites de alcohol en la
sangre que calificarán los distintos estados sancionados por la ley
como falta y como delito.
Si consideramos que la ingesta de una porción de vino o cer-
veza representa una dosificación de a lo menos 0,2 gramo por
mil de alcohol en la sangre, tenemos como consecuencia que la
ingesta de entre tres y cuatro porciones representa una dosifica-
ción de alrededor de 0,8 gramo por mil de alcohol en la sangre.
Si una persona ingiere esta cantidad y conduce o desempeña
alguna de las actividades a que se refiere el proyecto, comete un
delito sancionado con pena aflictiva. Esto resulta preocupante,
porque implica dejar expuesta a ser condenada por un delito a
cualquier persona que en una reunión social ingiere entre tres
y cuatro porciones de alcohol y luego conduce hasta su casa, lo
que es, a todas luces, una exageración.
Los efectos de la ingesta del alcohol en el organismo, es-
tablecidos por la ciencia en distintas fases, invariablemente se
corresponden con determinada dosificación.
Es así como la fase subclínica corresponde a una dosificación
de hasta un gramo por mil, en que el sujeto se presenta normal.
La fase clínica inicial corresponde a una dosificación de entre
uno y dos gramos por mil, y se caracteriza por inestabilidad emo-
cional, inhibiciones disminuidas, respuesta lenta a los estímulos
y ligera incoordinación muscular. La fase clínica de confusión
corresponde a una dosificación de entre dos y tres gramos por
mil, y en ella se presentan perturbación sensorial, disminución
de la sensibilidad dolorosa y alteraciones del lenguaje. La fase
clínica de sopor corresponde a una dosificación de entre tres y
cuatro gramos por mil, y se presenta con débil respuesta a estí-
mulos e incoordinación muscular grave. La fase comatosa corres-
ponde a una dosificación superior a cuatro gramos por mil, y se

26
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

caracteriza por incoordinación muscular completa, reflejos muy


débiles, estado anestésico y, por último, intoxicación terminal,
que corresponde a una dosificación superior a cinco gramos por
mil, con alta incidencia de muerte.
Estos estudios proporcionan elementos de juicio que permi-
ten determinar en qué momento se puede considerar que una
persona deja de estar capacitada para conducir por encontrarse
bajo la influencia del alcohol o en estado de ebriedad. Al respec-
to, cabe destacar que los índices propuestos en el proyecto no
alcanzan a entrar en las fases clínicas de la ingesta de alcohol.
Además, analizando la legislación comparada, podemos advertir
que nuestro proyecto es bastante más exigente que la mayoría
de los países. Por ejemplo, en Bélgica existe tolerancia de 0,8
gramo por mil y se considera delito desde 1,5 gramos por mil.
En Dinamarca existe inimputabilidad hasta 0,8 gramo por mil;
sobre esta dosificación se deja la sanción a la consideración del
juez, de acuerdo al mérito del proceso, esto es, podría haber
responsabilidad. En Grecia e Italia la punibilidad se encuentra
totalmente entregada al juez, en conformidad al mérito del pro-
ceso. En Luxemburgo existe tolerancia hasta 0,8 gramo por mil,
y sobre esta cifra queda a la decisión del tribunal ponderar si
hubo o no delito, de acuerdo al mérito del proceso. En Portugal
existe tolerancia hasta 0,8 gramo por mil y más allá de esta cifra
queda a la decisión del tribunal ponderar si hubo o no delito, de
acuerdo al mérito del proceso. En Suecia el tope de tolerancia es
de 0,5 gramo por mil; sobre esta cifra se sujeta a la decisión del
juez, de acuerdo al mérito del proceso.
Cabe advertir que el nivel de tolerancia equivale a una dosi-
ficación en que no existe sanción alguna, y sobre éste se puede
llegar a establecer la responsabilidad infraccional, y luego, la
responsabilidad penal.
Finalmente, quiero señalar que aunque comparto plenamen-
te la inspiración de este proyecto, que estimo necesario y efectivo
para cumplir los fines que se buscan, considero que no debe
rebajarse la dosificación de alcohol en la sangre para establecer
las presunciones legales respecto de los estados de encontrarse
bajo la influencia del alcohol, y de ebriedad.
Si así se hiciere, la inmensa mayoría de las personas que man-
tienen una vida social normal, que consumen bebidas alcohólicas

27
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

en forma moderada, se verían expuestas a que su conducta sea


considerada falta o delito, lo que a todas luces es una exagera-
ción que en nada contribuye en la lucha contra el alcoholismo
y sus nefastos efectos.
Por tales razones, presentaré las indicaciones que corres-
pondan para que esta parte del proyecto sea concordada con la
interpretación que la Excelentísima Corte Suprema ha hecho en
su circular Nº 337, de 22 de mayo de 1978, ya que ella se susten-
ta en antecedentes científicos proporcionados por los estudios
del Servicio Médico Legal acerca de los efectos de la ingesta de
alcohol en el organismo, en sus distintas fases.

2. La Ley Nº 19.925, que es materia importante de este nue-


vo volumen, introduce una serie de modificaciones a la Ley
Nº 18.290 y a la Ley de Alcoholes, fundamentalmente en lo que
se refiere al MEE. En efecto, se expresa un porcentaje de alcohol
en la sangre, para el MEE y para la influencia del alcohol; ambos
son delitos y se les aplica una misma pena. La investigación
está a cargo del Ministerio Público y el procedimiento queda
en manos de la nueva justicia, con la normativa del Código
Procesal Penal.
Se amplían los medios de transporte a cualquier vehículo; se
incluyen los triciclos, bicicletas, carros y otros a tracción humana;
el verbo rector o el núcleo de la acción es conducir, no obstante
que también se emplea el vocablo desempeñarse. Además, se
señalan las maquinarias conducidas por el hombre, como trac-
tores, grúas, etc.

COMENTARIOS GENERALES

1. Como se ha observado de la síntesis legislativa precedente,


en sus comienzos estuvo ausente la tipificación del MEE o, si
se quiere, estaban excluidos los conductores de los automó-
viles que lo hacían con una dosis de alcohol en la sangre.
Más adelante, y prácticamente en el año 1930, se incorporan
como sujetos activos determinados no sólo los conductores
de automóviles, sino que también de vehículos motorizados,
además de otras personas, tales como maquinistas de embar-

28
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

caciones, ferrocarriles, conductores de trenes, guardafrenos,


entre otras.

2. Posteriormente, como no se indicaba en la normativa de qué


forma podía detectarse la presencia de alcohol en la sangre,
se ordenó que a los conductores se les hiciese en los servicios
hospitalarios y/o similares el análisis de sangre, precisamente
para poder establecer en forma científica dicha cifra. En otras
palabras, nos pusimos a tono con la legislación extranjera, en la
que ya se conocía el examen de alcoholemia, que es practicado
en establecimientos especiales, en forma científica y por perso-
nal idóneo. El método que se emplea en nuestro país y en otros
en forma generalizada es el de la microdestilación de Widmark,
el que analizaremos en detalle más adelante, y también el de la
cromatografía gaseosa.

3. Si observamos el art. 121 de la Ley de Alcoholes, ya transcrito


(derogado), se excluye a las personas que se desempeñaren en
una aeronave en vuelo, que son tratadas en una normativa espe-
cial, como es el Código Aeronáutico, el que además se refiere al
que lo hiciere bajo la influencia del alcohol o drogas estimulan-
tes o estupefacientes o de sustancias sicotrópicas.

4. El art. 193 de dicho ordenamiento legal reza: “El que se des-


empeñare en una aeronave en vuelo bajo la influencia del alco-
hol o de drogas estimulantes o estupefacientes o de sustancias
sicotrópicas, será castigado con presidio o reclusión menores en
sus grados medio a máximo y multa de diez a doscientos ingresos
mínimos mensuales.
En caso de reincidencia, el tribunal decretará la cancelación
definitiva de la licencia”.

5. A su vez, el art. 330 del CP, con relación a ciertos sujetos activos
que abandonaren su puesto o se embriagaren durante el servicio,
o a consecuencia del abandono del puesto o la embriaguez ocu-
rrieren accidentes, prescribe: “El maquinista, conductor o guar-
dafrenos que abandonare su puesto o se embriagare durante su
servicio, será castigado con presidio menor en su grado mínimo
y multa de seis a diez sueldos vitales.

29
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Si a consecuencia del abandono del puesto o de la embria-


guez ocurrieren accidentes que causaren lesiones a alguna per-
sona, las penas serán presidio menor en su grado medio y multa
de once a quince sueldos vitales.
Cuando de tales accidentes resultare la muerte de algún indi-
viduo, se impondrán al culpable las penas de presidio menor en
su grado máximo y multa de dieciséis a veinte sueldos vitales”.

6. Complementando el art. 330 del Código Penal, la Ley General


sobre Ferrocarriles, cuyo texto definitivo fue fijado por Decreto
Nº 1.157, del Ministerio de Fomento, de 1931, añade:
“Art. 114. El maquinista, conductor o guardafrenos que aban-
donase su puesto durante su servicio o lo atendiese en estado de
ebriedad, será penado con presidio menor en sus grados mínimo
a medio y multa de...”.
“Art. 115. Si a consecuencia del abandono del puesto o del
estado de embriaguez, ocurrieren accidentes que hirieren o cau-
saren la muerte a alguna persona, se aplicará la pena de presidio
menor en su grado máximo y multa de…”.
“Art. 116. Si el abandono o embriaguez se hiciera con inten-
ción criminal para causar daño a alguna de las personas que van
en los trenes, se aplicarán al maquinista, conductor o guardafre-
nos las penas que señalan los arts. 105, 106, 107, 108, 109 y 111,
según el caso”.
“Art. 117. Las penas señaladas en los tres artículos preceden-
tes, se aplicarán, según los casos, a cualquier otro empleado en el
servicio del ferrocarril que, teniendo un puesto que desempeñar,
lo abandonare o lo sirviere en estado de ebriedad”.

7. Desde el punto de vista de la técnica penal o de la morfolo-


gía del delito, el art. 121 de la Ley de Alcoholes, hoy derogada
en la parte de la tipificación del MEE indicaba para cada figura
penal la sanción que se le aplicaba en forma específica, tanto las
corporales como las pecuniarias y accesorias, lo que no ocurría
antes, ya que se hacía una remisión o envío al art. 330 del Có-
digo Penal, lo que trajo en algunas oportunidades confusión,
ya que tal precepto habría sido derogado en forma tácita en el
año 1931 por la Ley General de Ferrocarriles y existían criterios
interpretativos distintos.

30
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

DELITOS TIPIFICADOS E INFRACCIONES CASTIGADAS


EN LA LEY DE TRÁNSITO Nº 18.290

“Art. 115. Ninguna persona podrá conducir un vehículo cuando


se encuentre en condiciones físicas o síquicas deficientes.
Art. 115 A. Se prohíbe, al conductor y a los pasajeros, el
consumo de bebidas alcohólicas en el interior de vehículos mo-
torizados.
Se prohíbe, asimismo, la conducción de cualquier vehículo o
medio de transporte, la operación de cualquier tipo de maquina-
ria o el desempeño de las funciones de guardafrenos, cambiado-
res o controladores de tránsito ejecutados en estado de ebriedad,
bajo la influencia de sustancias estupefacientes o sicotrópicas, o
bajo la influencia del alcohol.
Art. 115 B. Para la determinación del estado de ebriedad
del imputado o del hecho de encontrarse bajo la influencia del
alcohol, el tribunal podrá considerar todos los medios de prue-
ba, evaluando especialmente el estado general del imputado en
relación con el control de sus sentidos, como también el nivel de
alcohol presente en el flujo sanguíneo, que conste en el informe
de alcoholemia o en el resultado de la prueba respiratoria que
hubiera sido practicada por Carabineros”.
Sin perjuicio de lo anterior, se entenderá que hay desempeño
en estado de ebriedad cuando el informe o prueba arroje una
dosificación igual o superior a 1,0 gramo por mil de alcohol en
la sangre o en el organismo.
Se entenderá que hay desempeño bajo la influencia del alco-
hol cuando el informe o prueba arroje una dosificación superior
a 0,5 e inferior a 1,0 gramo por mil de alcohol en la sangre. Si la
dosificación fuere menor, se estará a lo establecido en el artículo
precedente y en el Nº 1 del art. 198, si correspondiere.

ANÁLISIS DEL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE


EMBRIAGUEZ

Como es tradicional, al abocarnos al análisis de cualquiera figura


delictiva desde un prisma penal, lo que es por lo tanto aplicable
al tipo específico del MEE, debemos distinguir los diversos ele-

31
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

mentos, tanto de tipo objetivo como subjetivo, que la integran,


lo que significa remitirnos a la Teoría General del Delito y los
elementos estructurales que lo integran. Esto es, establecer la
acción humana, su tipicidad, la culpabilidad, elemento subjetivo
o psicológico, quién es el sujeto activo de tales ilícitos, el sujeto
pasivo, el bien jurídico protegido por la ley, etc. Qué tipo de de-
lito es, desde el punto de vista procesal o de su perseguibilidad,
en cuanto al resultado, en cuanto a los efectos, en cuanto a su
clasificación, etc.

I. SUJETO ACTIVO Y ACCIÓN TÍPICA

1. Por estar íntimamente relacionado el sujeto activo de este de-


lito de MEE con la conducta misma que lo integra, y para evitar
repeticiones inútiles o posibles confusiones, hemos preferido
explicitarlos en conjunto.

2. El sujeto activo se refiere naturalmente a quien es el autor


o quien comete la infracción tipificada en el art. 115 de la Ley
Nº 18.290, ya copiado, que anota:
“Ninguna persona podrá conducir un vehículo cuando se
encuentre en condiciones físicas o síquicas deficientes”.
“Art. 115 A. Se prohíbe, al conductor y a los pasajeros, el
consumo de bebidas alcohólicas en el interior de vehículos mo-
torizados.
Se prohíbe, asimismo, la conducción de cualquier vehícu-
lo o medio de transporte, la operación de cualquier tipo de
maquinaria o el desempeño de las funciones de guardafrenos,
cambiadores o controladores de tránsito, ejecutados en estado
de ebriedad, bajo la influencia de sustancias estupefacientes o
sicotrópicas, o bajo la influencia del alcohol”.

3. Podría estimarse estrictamente que el sujeto es “calificado”,


vale decir, no puede ser ejecutado el delito sino por las personas
que señala taxativamente la ley y que realizan, como lo dijimos,
ciertas funciones y en ciertos medios de transporte, que ahora
son más amplios que los sujetos activos definidos en la Ley de
Tránsito en relación con los que contemplaba la Ley de Alcoho-

32
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

les. En efecto, el ordenamiento vigente preceptúa: “la conduc-


ción de cualquier vehículo o medio de transporte, la operación
de cualquier tipo de maquinaria o el desempeño de las funciones
de guardafrenos, cambiadores o controladores de tránsito...”.
Vinculado a la conducción, el sujeto, por lo tanto, debe
tener la calidad de tal, la que está definida en la Ley de Trán-
sito Nº 18.290, que entrega un concepto de conductor en su
art. 2º: “a saber, conductor: toda persona que conduce, mane-
ja o tiene control físico de un vehículo motorizado en la vía
pública; que controla o maneja un vehículo remolcado por
otro; o que dirige, maniobra o está a cargo del manejo directo
de cualquier otro vehículo, de un animal de silla, de tiro o de
arreo de animales”.

4. Esta normativa nos da una definición amplia de conductor,


la que estaría en armonía con el art. 115. En primer lugar, con-
ductor es la persona que conduce, maneja o tiene el control
físico del vehículo motorizado, también lo es el que controla
o maneja un vehículo remolcado por otro, o asimismo el que
dirige, maniobra o está a cargo del manejo directo de cualquier
otro vehículo.

5. Sin perjuicio de lo anterior, hay que considerar que el legisla-


dor, en el art. 115 de la Ley de Tránsito, no sólo emplea el voca-
blo “conducir”, sino que también la palabra “desempeñarse”. En
general, desempeñarse significa el cumplimiento de una obliga-
ción o el ejercicio de una función específica; en otras palabras,
realizar lo que una persona está obligada a efectuar o hacer.

6. El Diccionario de la Lengua Española, en una de las acepcio-


nes de esta palabra, consigna: “Cumplir las obligaciones inheren-
tes a una profesión, cargo u oficio; ejercerlos”.

7. Para los efectos de la Ley de España sobre Tráfico, Circulación


de Vehículos a Motor y Seguridad Vial, y sus disposiciones com-
plementarias, se entiende por conductor a la “persona que, con
las excepciones del párrafo II, del apartado 2 de este artículo,
maneja el mecanismo de dirección o va al mando de un vehículo,
o a cuyo cargo está un animal o animales. En vehículos que circu-

33
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

len en función de aprendizaje de la conducción, es conductor la


persona que está a cargo de los mandos adicionales”.

8. Cobo del Rosal y otros, analizando la figura delictiva, con res-


pecto a sus elementos integrantes, manifiestan:
“Concepto de conducción
En primer término, el delito se comete conduciendo; esto es,
manejando los mecanismos de la dirección de un vehículo de
motor para hacerlo ir de un sitio a otro (vid., en este sentido, el
apartado 1 del anexo de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Ve-
hículos a Motor y Seguridad Vial). Ello supone necesariamente
que la acción de conducir ha de tener una cierta duración temporal
y traducirse en el recorrido de un espacio (así, la sentencia de 30 de
mayo de 1966, Ar. 2.749).
Por otra parte, el Tribunal Supremo ha declarado que es
preciso, para que exista conducción, que se ponga en marcha el motor
y que el desplazamiento se efectúe a sus impulsos (sentencia de 15 de
octubre de 1986, Ar. 4.294, entre otras). Esta exigencia, plausi-
ble en general, no está exenta de reparos, pues, como ha advertido
Córdoba, si bien sería incorrecto considerar que ha conducido
un vehículo quien se ha limitado a empujarlo, con utilización
del volante, para aparcarlo, no lo sería menos estimar que no
lo ha hecho el que deja deslizar un automóvil por una carretera
en pendiente, durante un buen trecho, manejando la dirección.
En este caso, el sujeto habría conducido, al dirigir la trayectoria
del vehículo mediante la utilización de los mecanismos al efecto,
pudiendo entrañar esta maniobra idénticos riesgos, si no supe-
riores, a los originados, en iguales condiciones, con el motor en
funcionamiento”.2

9. Aplicando las normas de hermenéutica legal, como ya lo expli-


camos recientemente, y al no estar definido en el Código Penal
lo que debe entenderse como conductor de vehículos motoriza-
dos, necesariamente nos remitimos a los vocablos técnicos que
están descritos en la Ley de Tránsito, específicamente en su art.
2
COBO DEL ROSAL, M.; BOIX REIG, J.; ORTS BERENGUER, E.; CARBO-
NELL MATEU, J. C.; VIVES ANTON, T. S., Derecho penal, parte especial, Tirant lo
Blanch, Valencia, 1990, p. 314.

34
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

2º, sin temor a incurrir en errores. No solo es conductor el que


efectivamente maneja el vehículo físicamente o tiene el control
del mismo, sino también quien ejerce cualquiera de las funcio-
nes que allí se describen y, por lo tanto, es conductor quien di-
rige, maniobra o está a cargo del manejo directo o controla un
vehículo remolcado por otro. El vocablo conductor está tomado
en un sentido amplio.

10. Los autores Ferreira y otros, analizando los tipos penales


del art. 121 de la Ley de Alcoholes hoy derogado, y particular-
mente los vocablos desempeño, conducción y manejo, lo que
es válido igualmente a la fecha, expresan: “En primer lugar,
cabe anotar que la Ley de Alcoholes emplea el término desem-
peñarse en estado de ebriedad, término que a nuestro juicio
no resulta del todo propio para una clara comprensión de las
figuras penales”.3

11. Los mismos autores, revisando los diccionarios y las normas


de tránsito, y el propio art. 121 derogado, concluyen: “Para ello y
frente al delito en referencia, diremos que por “manejar” enten-
demos el acto por el cual una persona, estando habilitada para
ello o no, guía, dirige, gobierna o tiene el control de un vehículo
en la vía pública, y/o que controla un vehículo remolcado por
otro”.4

12. Otro punto importante dice relación con que toda persona
para conducir un vehículo motorizado, que es lo que nos intere-
sa, debe cumplir obligatoriamente con ciertos requisitos que la
habilitan para ello, como lo es poseer una licencia expedida por
el Director del Departamento de Tránsito y Transporte Público
Municipal, o tener los documentos que indica también, taxati-
vamente, el art. 5º, o contar con la licencia no profesional del
art. 13, Nº 1, ambas disposiciones de la Ley Nº 18.290.

3
RONNIE FERREIRA, EDMUNDO LEMA y RAMÓN SOTO, El procedimiento
del delito de manejar en estado de ebriedad. Ley de Alcoholes. Ediciones Encina, Santiago
de Chile, 1974, p. 18.
4
FERREIRA y otros, ob. cit., p. 19.

35
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

13. Dicho art. 5º de la Ley Nº 18.290 reza:


“Ninguna persona podrá conducir un vehículo motorizado o a
tracción animal sin poseer una licencia expedida por el Director
del Departamento de Tránsito y Transporte Público Municipal de
una municipalidad autorizada al efecto; o un permiso provisional
que los tribunales podrán otorgar sólo a los conductores que
tengan su licencia retenida por proceso pendiente; o una boleta
de citación al juzgado, dada por los funcionarios a que se refiere
el art. 4º en reemplazo de la licencia o del permiso referido; o
una licencia o permiso internacional vigente para conducir ve-
hículos motorizados, otorgado al amparo de tratados o acuerdos
internacionales en que Chile sea parte.
Los nacionales de otros países que permanezcan en calidad
de turistas en Chile, podrán conducir un vehículo motorizado
durante el plazo de la respectiva autorización de turismo, por-
tando la licencia vigente de conductor, otorgada según las leyes
de su país, que sea equivalente a la licencia no profesional clase
B contemplada en el art. 12.
En uso de sus atribuciones, el tribunal competente podrá
exigir la presentación de una traducción oficial de la licencia
del extranjero.
Los documentos antes indicados otorgados en el país, son
instrumentos públicos.
Se exceptúan de la exigencia establecida en el inciso prime-
ro de este artículo los alumnos en práctica de las escuelas de
conductores que, acompañados de un instructor habilitado, lo
hagan en vehículos de la escuela”.
El art. 13 sobre las licencias consigna: “Los postulantes a
licencia de conductor deberán reunir los siguientes requisitos
generales:
1. Acreditar idoneidad moral, física y psíquica;
2. Acreditar conocimientos teóricos y prácticos de conduc-
ción, así como de las disposiciones legales y reglamentarias que
rigen al tránsito público;
3. Poseer cédula nacional de identidad o de extranjería vi-
gente, con letras o dígitos verificadores;
4. Acreditar, mediante declaración jurada, que no es consu-
midor de drogas, estupefacientes o sustancias sicotrópicas pro-
hibidas que alteren o modifiquen la plenitud de las capacidades

36
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

físicas o síquicas, conforme a las disposiciones contenidas en la


ley”.
La fiscalización del cumplimiento de esta disposición se hará
de acuerdo con los arts. 189 y 190 de esta ley. Esta normativa, que
se analizará más adelante, se refiere al test de prueba respiratoria
y al de alcoholemia.

14. También hemos manifestado que este conductor que realice,


según los criterios, manejar, conducir, desempeñarse, etc., tiene
que hacerlo con el medio mecánico que es el vehículo motoriza-
do u otro como lo prescribe el art. 115 de la Ley de Tránsito. El
art. 2º de la Ley de Tránsito define el vehículo en general, pero
no se refiere a lo que es un vehículo motorizado, con respecto
al vehículo, que es el “medio con el cual, sobre el cual o por el
cual toda persona u objeto puede ser transportado por una vía”.
También define lo que es el vehículo de emergencia: “El perte-
neciente a Carabineros de Chile e Investigaciones, al Cuerpo
de Bomberos y las ambulancias de las instituciones fiscales o
de los establecimientos particulares que tengan el respectivo
permiso otorgado por la autoridad competente”. El vehículo de
locomoción colectiva es el “vehículo motorizado destinado al
uso público, para el transporte remunerado de personas, excep-
tuados los taxis que no efectúen servicio colectivo”; y vehículo
para el transporte escolar es el “vehículo motorizado construido
para transportar más de siete pasajeros sentados y destinado al
transporte de escolares desde o hacia el colegio o relacionado
con cualquier otra actividad”.

15. El profesor Alfredo Etcheberry, en su obra de Derecho Penal,


señala que vehículo “es todo medio inanimado de transporte de
personas o cosas que se mueve por fuerza mecánica (motorizado
o animal)”.5

16. Por su parte, la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos


a Motor y Seguridad Vial, de España, en su anexo Nº 4, dice que
vehículo es un “artefacto o aparato apto para circular por las vías

5
ALFREDO ETCHEBERRY, Derecho penal, t. IV, parte general, Editora Nacio-
nal Gabriela Mistral, Santiago de Chile, 1976, p. 277.

37
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

o terrenos a que se refiere el art. 2º”. Que vehículo de motor,


Nº 9, es un “vehículo provisto de motor para su propulsión”. Se
excluyen de esta definición los ciclomotores. En el Nº 19 define
automóvil como “vehículo de motor que sirve normalmente para
el transporte de personas o de cosas, o de ambas a la vez, o para
la tracción de otros vehículos con aquel fin”. Se excluyen de esta
definición los vehículos especiales. En el glosario que se conoce
en comercio exterior se anota que “vehículo es cualquier medio
de transporte de carga o de personas”.

17. El MEE lo puede cometer, según la ley, todo conductor de


vehículos motorizados o a tracción animal o de cualquier tipo
o naturaleza, según la nomenclatura amplia que se utiliza en la
actualidad en la Ley de Tránsito, ya que expresa la operación de
cualquier tipo de maquinaria.
En cuanto al tipo de conductor, como se ha resuelto, puede
ser tanto un conductor profesional como no profesional o parti-
cular, y no tiene relevancia el tiempo o la fecha que tiene dicha
licencia o su clase.

18. Antonio Vodanovic H., en su obra Derecho y Jurisprudencia del


Tránsito y de los Vehículos Motorizados, considera que el conductor
debe ser tomado en forma amplia, criterio que compartimos más
aún con la legislación vigente al respecto, haciendo presente que
“por conductor de vehículo motorizado no sólo ha de enten-
derse la persona que maneja los dispositivos de movimiento del
mismo, sino también aquella que, por su colocación, su función
o por la importancia determinante de su desempeño, tiene o
asume un rol directivo en la marcha del carruaje (C. Suprema,
25 julio 1951.
En la especie, un tranvía hubo de retroceder en su línea, por
hallarse ésta obstaculizada. Con la parte trasera del acoplado,
que era la que iba adelante, al llegar a un cruce de una calle,
derribó mortalmente a una persona. Los sentenciadores conclu-
yeron que el personal del tranvía, al retroceder, no tomó las pre-
cauciones para evitar posibles perjuicios a terceros. Se consideró
que la falta de diligencia afectaba principalmente al cobrador
del acoplado, pues no miró, como debió hacerlo, todo el sector
de donde podía venir un peatón a atravesar la línea. Se limitó

38
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

a mirar hacia el lado derecho y el atropellado fue tomado justo


por el lado izquierdo. El cobrador tampoco adoptó, por medio
de señales adecuadas, las precauciones que en ese momento
exigía la modalidad anormal de la circulación. Ante la prueba de
esos hechos, no cabía poner en duda la imprudencia con que el
encausado cumplió su tarea, esto es, la de dirigir la maniobra del
retroceso del tranvía cuando se produjo el accidente. Tal falta de
diligencia constituía al mismo tiempo infracción reglamentaria,
como quiera que la Ordenanza del Tránsito vigente a la sazón
disponía en su art. 45 que cada vez que un vehículo retroceda,
‘antes de iniciar la maniobra, el conductor deberá cerciorarse de
que ella no redundará en perjuicio de terceros’. En consecuen-
cia, la Corte Suprema estimó que la sentencia que condenó al
cobrador del tranvía como autor de cuasidelito de homicidio en
la persona del transeúnte, no infringió el inciso 1º del art. 492
del Código Penal. Y, como se vio, calificó de conductor a dicho
cobrador.
Hoy en Chile los tranvías son románticos fantasmas del
pasado; pero la concepción amplia de conductor es digna de
retenerse. Los grandes buses interprovinciales llevan asistentes
y, en condiciones semejantes a las del cobrador de la especie,
suelen, en los caminos, dirigir iguales o análogas maniobras en
casos dados”.6

19. Varias sentencias están por la misma línea al resolver que, para
los efectos del MEE no sólo sería conductor el que se encuentra
conduciendo o manejando un vehículo, sino que también el que
se halle en actitud o función de hacerlo, o que acaba de hacerlo.
Esto significa que se puede procesar a un sujeto cuando no está
materialmente conduciendo el vehículo motorizado en estado de
embriaguez, o si se quiere, puede iniciarse la acción judicial en su
contra cuando no esté conduciendo tal unidad.

20. Un fallo importante de la Corte Suprema, publicado en la


Revista de Ciencias Penales, al declarar sin lugar un recurso de
casación en el fondo interpuesto contra un fallo de la Corte de

6
ANTONIO VODANOVIC H., Derecho y jurisprudencia del tránsito y de los vehícu-
los motorizados, Editorial Jurídica Conosur, Santiago de Chile, 1994, p. 104.

39
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Apelaciones de Valparaíso, resolvió que “El art. 112 (se refería a


la Ley de Alcoholes, hoy derogada) no exige que el infractor, en
el momento de ser sorprendido, esté manejando o conduciendo
su vehículo.
El concepto ‘desempeñarse en estado de ebriedad’ significa
hallarse en actitud o en función de ejercer el manejo de auto-
móvil, o ejecutar o cumplir cualquier acto encaminado a dar
movimiento al vehículo”.7

21. Otro aspecto que nos preocupa, según lo expuesto, es qué


sucedería en la práctica si una persona en estado de embriaguez,
que no tiene la licencia para conducir, comete el MEE, ya que,
como se ha señalado, la Ley de Tránsito indica que toda persona
para poder manejar un vehículo motorizado, y en otros casos,
necesita tal documento o instrumentos similares que lo faculten
para ello. Esto es relevante, ya que si se estima que sólo pueden
ser castigados los conductores que tengan los documentos com-
petentes, los que no los posean no podrán ser procesados por
tal figura delictiva, y la pregunta es cuál sería el ilícito que ellos
habrían cometido.

22. Nosotros creemos que cualquiera de las hipótesis tipificadas


en el art. 115 de la Ley de Tránsito puede también ser perpetrada
por sujetos que tengan cierta dosis de alcohol en la sangre, que
se desempeñen en la conducción de un vehículo motorizado,
aunque no gocen de la licencia para conducir, o esté vencida.

23. La acción típica es conducir y a su vez es el verbo rector de este


delito, como asimismo bajo la influencia del alcohol y drogas.

II. SUJETO PASIVO

1. El sujeto pasivo, como sabemos, que también se llama víctima


u ofendido por el delito, es el que resulta directa e inmediata-
mente perjudicado por el injusto o que soporta las consecuencias
del mismo.

7
Revista de Ciencias Penales, año 1950, t. XII, p. 252.

40
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

2. El MEE se califica como un delito de peligro y no de resultado,


esto es, para que sea sancionado no se requiere que efectivamen-
te se haya producido un perjuicio, detrimento o daño a algún
bien jurídico; por lo tanto, para que sea castigado basta que
ponga en riesgo o peligro el bien jurídico tutelado por la ley. Si
nos detenemos en el artículo 115 de la Ley de Tránsito, el he-
cho de MEE se castiga aunque “no cause daño alguno”, y esto es
calificado por un importante sector doctrinario como delito de
peligro abstracto. Se castiga la acción típica por sí misma, vale de-
cir, por el solo conducir en estado de embriaguez, aunque no se
produzca ningún cambio en el mundo externo ni se alteren bie-
nes jurídicos. En todo caso, y como estamos analizando, en este
delito, dentro de los accidentes de tránsito o de infracciones al
tráfico o circulación de vehículos, el sujeto pasivo es la sociedad
toda, todos y cada uno de sus habitantes, ya que la conducción
de un vehículo motorizado en estado de ebriedad los afecta a
todos en su seguridad, en el tránsito y tanto en el desplazamiento
vehicular como el peatonal y el de pasajeros.

3. Si vemos las otras figuras delictivas del MEE donde pueden


causarse daños, lesiones o la muerte de un sujeto, efectivamente
estamos frente a un delito material, porque se producen cambios
en el mundo externo y afecta, como luego lo expondremos,
varios bienes tutelados por la ley, esto es, la vida, la integridad
física, psíquica, la salud, la propiedad y la seguridad pública,
pero en todo caso también podemos afirmar que la sociedad en
general sería la víctima de este delito.

III. BIEN JURÍDICO TUTELADO POR LA LEY

1. Recordemos que el derecho penal es considerado esencial-


mente como una parte del derecho que protege o tutela en
forma enérgica los bienes jurídicos fundamentales de la persona
humana, es la ultima ratio. Cuando estos valores, bienes jurídicos,
tengan una significación social de importancia, debe ser garanti-
zado su ejercicio por el derecho punitivo, y frente a transgresio-
nes o violaciones, deben aplicarse las sanciones o penas corres-
pondientes. El bien jurídico no existe en forma aislada, difusa,

41
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

y tiene en cada caso un titular o beneficiario que es la persona


humana, el sujeto pasivo de la acción, que es la víctima.

2. Tanto en la doctrina nacional como en la extranjera no hay


una opinión unánime sobre cuál es el bien jurídico que se estaría
violando o lesionando cuando se configura el MEE, pero hay con-
senso en que se estarían afectando varios bienes jurídicos, vale
decir, sería un delito pluriofensivo. En esta última situación no
hay solo un bien jurídico atacado, sino varios: la seguridad en el
tránsito, la seguridad pública, la vida, la propiedad, la integridad
física, la incolumidad individual y colectiva, etc.

3. Recordemos que en el inciso 5º del art. 121 de la Ley de


Alcoholes (hoy derogado) cuando trataba la reincidencia, en
su parte final anotaba: “ofrece peligro para el tránsito o la seguridad
públicos”.

4. Los autores Ferreira y otros anotan, por los argumentos que


copiaremos a continuación, apoyados en la historia de la Ley
de Alcoholes y la tipificación del MEE, que el bien jurídico es la
seguridad en el tránsito público, expresando que “muchas son
las razones que nos llevan a concluir que ‘la seguridad en el
tránsito público’ es el bien jurídico protegido en el art. 121 de
la Ley Nº 17.105”.
En primer lugar, diremos que el Código Penal chileno no
contemplaba entre sus disposiciones los tipos delictivos men-
cionados, aun cuando en su art. 330 castigaba al “maquinista,
conductor o guardafrenos de ferrocarril que se embriagare
durante su servicio”. Cabe anotar que “conductor”, en térmi-
nos de carrera funcionaria en ferrocarriles, es un empleado
administrativo que lleva a su cargo o bajo su mando el tren,
y no es, como pudiera pensarse, quien conduce de manera
efectiva y práctica el mismo, lo que hace el maquinista y que es
lo que nosotros entendemos por conducir para los efectos de
este trabajo.
Este delito estaba contenido en el Título VI, Libro II del
Código Penal, que dice “De los crímenes y simples delitos
contra el orden y la seguridad públicos cometidos por par-
ticulares”, en cuyo párrafo 16 expresa: “Crímenes y simples

42
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

delitos relativos a los ferrocarriles, telégrafos y conductores de


correspondencia”.8

5. Recordemos lo que señalaban más adelante estos autores:


“Posteriormente, la Ley Nº 17.105 (hoy derogada, esto es nues-
tro) sancionó las figuras en comento y se señalaron penas que las
hacen aparecer como un delito de suma gravedad. No obstante
ello, el legislador incluyó estas figuras en la Ley de Alcoholes, en
la que la generalidad de sus disposiciones tiene el carácter de in-
fraccional, contravencional o de policía, como se les denomina.
Coincidiendo con ello, esta ley, imbuida en ese carácter, entregó
la denuncia de este delito en exclusividad a Carabineros e Inves-
tigaciones, lo que nos permite concluir que se trata de un delito
que nunca ha estado desvinculado en sus peculiaridades del
espíritu de las normas que rigen y protegen el tránsito público
infraccional y que, muy por el contrario, ahí tuvo su origen”.9

6. Ferreira y otros añaden que “Por último, diremos que la pro-


pia Ley de Alcoholes Nº 17.105, en su art. 121, inciso 5º(hoy
derogada, esto es nuestro), hace mención a ese bien jurídico
protegido cuando expresa: ‘En caso de reincidencia, los plazos
máximos señalados en este inciso se elevarán al doble, debiendo
el juez decretar el retiro definitivo del permiso cuando estime
que el manejo de vehículos por el culpable ofrece peligro para
el tránsito o la seguridad públicos’.
Finalmente, y para complementar esta materia, nos referi-
remos a la seguridad como concepto integrado del bien jurídico
protegido.
Seguridad, diremos que representa una suerte de garantía de
que vamos a realizar algo en buena forma.
Esa garantía radica en las propias condiciones personales del
ser humano y frente a ella la ley determina procedimientos para
su vigencia. De esta forma, todo conductor debe rendir exáme-
nes para demostrar su eficiencia síquica, física y conocimiento
de las normas del tránsito. Del mismo modo, exige el examen de
alcoholemia a los conductores para velar por la integridad de esa

8
FERREIRA y otros, ob. cit., pp. 12 y 13.
9
FERREIRA y otros, ob. cit., p. 13.

43
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

garantía. Por otra parte, la ley regula el tránsito público tratando


de aproximarse a un máximo de seguridad que constituya una
verdadera garantía para el bien jurídico que protege. Pero no
debemos olvidar que estas normas que señala la ley descansan en
esa ‘garantía’ que significa la persona humana, para su respeto
y cumplimiento”.10

7. Concluyen tales autores que “La ley parte de la base que quien
conduce en condiciones normales entrega un porcentaje de ga-
rantía y otorga una seguridad sobre ese mismo porcentaje. Ahora
bien, si la garantía depende finalmente del hombre, ésta queda
circunscrita a las condiciones tanto físicas como síquicas del
conductor, en cuanto ellas sean aptas para la conducción y sus
facultades se encuentren en óptimo estado de funcionamiento.
Un conductor que haya ingerido el alcohol suficiente para
configurar el delito en comento, experimenta un serio compro-
miso síquico-neurológico que merma por consiguiente la nor-
malidad de sus facultades, elevando su peligrosidad y haciéndole
perder toda garantía que pudiera ofrecer de una conducción
normal y segura. Desaparecida esa seguridad de conducción
en el tránsito público, es la ley la llamada a impedir su lesión o
puesta en peligro y por ello sanciona su ausencia en el art. 121
de la Ley de Alcoholes”.11

8. Ganzenmüller, con relación a la cuestión que comentamos,


precisa: “El bien jurídico protegido es la seguridad en el tráfico
rodado de las vías públicas. Bien jurídico que equivale a la garan-
tía efectiva de la correcta conducción de todos los conductores
por las vías públicas, sin que puedan ser interceptados o incomo-
dados o perjudicados por otros, que no se hallen en condiciones
adecuadas para circular y cuya conducta puede poner en peligro
la seguridad del resto de los usuarios; siendo extensible lógica-
mente que en un momento dado forma parte de los elementos
materiales del tráfico la protección de los derechos cuyo que-
branto trata de evitar, como la vida e integridad física, propiedad,
etc., que se convierten de este modo en los objetos de protección

10
FERREIRA y otros, ob. cit., pp. 16 y 17.
11
FERREIRA y otros, ob. cit., p. 17.

44
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

mediata de los mencionados preceptos penales. En este sentido,


el nuevo CP regula estos delitos en el capítulo IV, denominado
‘De los delitos contra la seguridad del tráfico’, que se incardina dentro
del Título XVII, dedicado a los ‘Delitos contra la seguridad colectiva’.
Sin embargo, no faltan autores, como Quintano, que siempre
consideraron que esta transgresión era una mera infracción ad-
ministrativa, elevada a la categoría de delito. En realidad coexiste
un sistema mixto que posibilita la regulación normativa punitiva
con la de carácter administrativo sin intromisión concreta en el
derecho penal, si bien la tendencia hacia la criminalización de
estas conductas es cada vez más acentuada. En este sentido, de
acreditarse una tasa de alcohol normativamente determinada y
por ese solo efecto, nos encontraríamos ya ante una infracción
administrativa; si a esa tasa añadimos la prueba de influencia
del alcohol o drogas en la conducción, nos hallaríamos ante la
figura delictiva”.12

9. Si bien es cierto el MEE se comete en las vías públicas, también


creemos, y así han ocurrido casos, que éste puede presentarse
en las vías o caminos privados; por ejemplo, en la conducción
dentro de los caminos internos de un predio rural, o también
en los estacionamientos o recintos privados o no; por lo tanto,
no sólo el manejo en estado de ebriedad o de otro ilícito similar
que se cometa en las rutas o caminos que se denominan públi-
cos, ya que de otro modo se estaría limitando el lugar donde
puede cometerse, espíritu este que es ajeno al legislador, por lo
que sostenemos que debe castigarse, sin importar el lugar donde
físicamente suceda.

10. En nuestro concepto, estamos frente a un delito pluriofensi-


vo y no puede indicarse como violentado un solo bien jurídico,
como lo postulan los autores Ferreira y otros. En efecto, se trata
de una figura penal que ofende una pluralidad de bienes jurídi-
cos, sin lugar a dudas, como son la vida, la integridad física y psí-

12
CARLOS GANZENMÜLLER ROIG, JOSÉ FRANCISCO ESCUDERO MO-
RATALLA y JOAQUÍN FRIGOLA VALLINA, Negativa a someterse a las pruebas de al-
coholemia y conducción bajo influencia de drogas y bebidas alcohólicas, Ediciones Revista
General de Derecho, Valencia, 1998, pp. 135 y 136.

45
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

quica, la salud, la seguridad en el tránsito, la seguridad pública,


la propiedad, etc. Algunos comentaristas agregan la seguridad
colectiva de las personas, la seguridad de la circulación rodada
en sí misma, la seguridad en las vías, particularmente las públi-
cas, etc. La jurisprudencia nacional ha dictaminado en varios
fallos que en el MEE se tutela la seguridad de la comunidad, sin
perjuicio que exista el riesgo que sea lesionado otro bien jurídico
protegido por la ley, como lo sería la integridad corporal. Ver,
entre otras sentencias, RDJ, tomo LXXXVIII, año 1991, sec. 4ª,
p. 341.

11. En un interesante trabajo, elaborado por Patricia Canales,


del Departamento de Estudios y Extensión de la Biblioteca del
Congreso Nacional de Chile, sobre El delito de conducción bajo la
influencia de bebidas alcohólicas en la legislación comparada, en la
parte que se refiere a la legislación española, anota: “La mayo-
ría de la doctrina y de la jurisprudencia coinciden en afirmar
que el bien jurídico tutelado en estas infracciones penales es la
seguridad del tráfico y para algunos lo es además la seguridad
en las vías públicas. De esta manera, se afirma que si los tipos
demandan la puesta en riesgo de la seguridad del tráfico deberá
exigirse que el lugar en el que la conducción se produzca lo sea
de ‘tráfico’.
Un sector doctrinal matiza, sin embargo, las aseveraciones
anteriores afirmando que no se tutela solamente la seguridad
del tráfico en las vías públicas, sino además la seguridad de las
personas, que puede verse comprometida a resultas de la circu-
lación de vehículos por vías públicas o no. En consecuencia, el
bien jurídico protegido en estas hipótesis lo fijan en ‘la seguridad
del tráfico, del tránsito de gentes y vehículos’, en el que entran en jue-
go bienes del máximo valor, y la seguridad de éstos frente a los
peligros derivados de la circulación de vehículos de motor.
Por lo tanto, niegan que el bien jurídico protegido exija,
por su contenido, que la conducción bajo la influencia de be-
bidas alcohólicas o drogas haya de realizarse en vías públicas,
deduciendo que lo que se castiga es conducir un vehículo en la
forma citada, siempre que se creen riesgos para el tráfico, por
los bienes en él implicados, o para éstos como consecuencia de
una conducción alocada.

46
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Otros autores aluden a la vida humana como el bien de ma-


yor relevancia de entre los que se tutela en el mencionado art.
340 bis a), entroncando con esta hipótesis en la corriente de
opinión que orienta el bien jurídico protegido de los delitos de
omisión y de peligro hacia aquél, que se dañaría en caso de pro-
ducirse el resultado lesivo. Dentro de esta misma línea algunos
aceptan que la seguridad del tráfico es el bien jurídico lesionado,
pero sólo si se le toma en sentido material, no por ella misma, sino porque
su descuido incrementa las probabilidades de que resulten dañados bienes
del máximo valor que se hallan comprometidos en el tráfico rodado”.13

12. Cobo del Rosal y otros añaden: “Hay acuerdo generalizado


en la doctrina y en la jurisprudencia en que el objeto de la pro-
tección penal es la seguridad del tráfico en las vías públicas (Be-
ristain, Muñoz Conde, Córdoba, Lorenzo Salgado; sentencias de
23 de abril de 1974, Ar. 1.868, y de 11 de diciembre de 1982, Ar.
7.404, entre otras). Esta concreción tiene su más sólido aval en la
rúbrica de la sección –‘delitos contra la seguridad del tráfico’– y
en una interpretación teleológica de sus preceptos, que también
aportan algún argumento.
Que la seguridad del tráfico es el bien jurídico lesionado
por estas infracciones es perfectamente asumible, pero sólo si se
la toma en sentido material, no por ella misma, sino porque su
descuido incrementa las probabilidades de que resulten daña-
dos bienes del máximo valor que se hallan comprometidos en
el tráfico rodado: la vida y la integridad de las personas, que es
lo que se pretende resguardar primero que todo, como revela el
examen detenido de las conductas penadas. De ahí que quizá sea
preferible afirmar directamente que es la vida humana el bien
más valioso de los tutelados, seguido de la integridad personal,
en lugar de aludir a la seguridad. Junto a estos bienes, también se
descubren otros, como es el tránsito de personas y vehículos, en
tanto que es pieza importante en las relaciones socioeconómicas
y culturales de un país.

13
PATRICIA CANALES, El delito de conducción bajo la influencia de bebidas al-
cohólicas en la legislación comparada, Departamento de Estudios y Extensión de la
Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, DEPESEX/BCN, Serie Estudios, año
V, Nº 109, Santiago de Chile, 1995.

47
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Cabría pensar que, por ser la vida y la integridad de las per-


sonas objetos de tutela en otras figuras legales, su designación
como bien jurídico en éstas no es suficientemente especificati-
va y hasta las hace superfluas; empero, semejante reproche es
inconsistente por diferentes razones, entre otras, porque los
bienes jurídicos no son privativos de una única norma penal y
su protección puede estar encomendada a varias, y que la singu-
laridad, en este caso, viene de la mano del ámbito o actividad en
que aquéllos son puestos en peligro y de la misma naturaleza de
los delitos estudiados”.14

13. En el derecho comparado este delito, por vía de ejemplo, en


el Código Penal cubano (arts. 177 y ss.), aparece tipificado entre
los delitos contra la seguridad del tránsito, y particularmente
como los cometidos en ocasión de conducir vehículos por las
vías públicas. En el Código Penal del Perú, entre los delitos con-
tra la seguridad pública (arts. 274 y ss.). En el Código Penal de
Guatemala (arts. 157 y ss.), como delito contra la seguridad del
tránsito. En el último Código Penal de España (art. 379), el bien
jurídico infringido es la seguridad del tráfico, como asimismo en
el moderno Código Penal de Alemania (art. 315).

IV. SEGÚN SU FORMA DE APARICIÓN O FORMA DE COMISIÓN

1. El art. 1º del Código Penal señala que es delito toda acción


u omision voluntaria penadas por la ley. La doctrina penal nos
enseña que los delitos en general se pueden cometer mediante
acción u omisión. La acción o conducta es el comportamiento
humano dirigido a un fin, a un hacer voluntario final, y la regla
general es que los delitos se ejecutan a través de ella por los
autores o por los copartícipes. Por su parte, la omisión, que es
una forma de comportamiento, consiste en no hacer algo y que
produce consecuencias jurídicas.

2. Conforme a la descripción literal del art. 115, que hemos venido


repitiendo, la actividad que realiza de conducir, desempeñarse,

14
COBO DEL ROSAL y otros, ob. cit., p. 313.

48
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

manejar u otras similares, se califica en virtud de ello como un


delito de acción; si no se conduce, si hay una conducta omisiva.
Tiene que existir lo que se llama en el iter criminis, actos o
principio de ejecución o positivos y directos tendientes a mate-
rializar algunas de las figuras o hipótesis del MEE.

V. EN CUANTO A SU GRAVEDAD

En el Código Penal, en su art. 3º, los delitos, atendida su grave-


dad, se dividen en crímenes, simples delitos y faltas, y se califican
de tales según la pena que les está asignada en la escala general
del art. 21.
De acuerdo con las penas se trataría el MEE y bajo la influen-
cia del alcohol de un simple delito.
Se distingue el delito de conducir en estado de ebriedad,
se penaliza la sola conducción. La conducción en estado de
ebriedad, bajo la influencia del alcohol o sustancias sicotrópicas
u ocasionando muerte o lesiones del art. 397, Nº 1, del Código
Penal, con lesiones graves o menos graves, sin lesiones, ni daños
o con daños materiales o lesiones leves.

VI. ACCIÓN PENAL O SU PERSEGUIBILIDAD PROCESAL

1. La mayoría de los delitos son de acción pública, esto es, que


la acción misma puede ser deducida por cualquiera persona
que tenga capacidad para comparecer en juicio, y se ejerce en
nombre de la sociedad. Los delitos de acción privada son aque-
llos en que la acción sólo puede ser deducida por las personas
interesadas o afectadas, e indicadas por la ley.

2. La diferencia fundamental entre ambas acciones penales radi-


ca en que la acción pública se ejercita a nombre de la sociedad,
por cualquiera persona que sea capaz y que no tenga prohibición
de ejercitarla. Por su parte, la acción penal privada sólo puede
ejercitarse por las personas indicadas en la ley, y que tienen el
carácter de agraviadas, o por sus representantes legales u otras
personas taxativamente en ella indicadas.

49
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

3. El Código Procesal Penal en materia de acciones y en la parte


que nos interesa prescribe:
“Art. 53. Clasificación de la acción penal. La acción penal es
pública o privada.
La acción penal pública para la persecución de todo delito
que no esté sometido a regla especial deberá ser ejercida de ofi-
cio por el ministerio público. Podrá ser ejercida, además, por las
personas que determine la ley, con arreglo a las disposiciones de
este Código. Se concede siempre acción penal pública para la
persecución de los delitos cometidos contra menores de edad.
La acción penal privada sólo podrá ser ejercida por la víc-
tima.
Excepcionalmente, la persecución de algunos delitos de ac-
ción penal pública requiere la denuncia previa de la víctima”.
“Art. 54. Delitos de acción pública previa instancia particular.
En los delitos de acción pública previa instancia particular no
podrá procederse de oficio sin que, a lo menos, el ofendido por
el delito hubiere denunciado el hecho a la justicia, al ministerio
público o a la policía.”
“Art. 55. Delitos de acción privada. No podrán ser ejercidas por
otra persona que la víctima”.
“Art. 58. Responsabilidad penal. La acción penal, fuere pública
o privada, no puede entablarse sino contra las personas respon-
sables del delito.
La responsabilidad penal sólo puede hacerse efectiva en las
personas naturales. Por las personas jurídicas responden los que
hubieren intervenido en el acto punible, sin perjuicio de la res-
ponsabilidad civil que las afectare”.

4. El MEE es un delito de acción pública, la investigación se debe


iniciar de oficio por el ministerio público, o por denuncia, lo que
no impide la interposición de la querella respectiva por la víctima o
las personas legitimadas para ello, la que se presenta al juez de ga-
rantía y si es declarada admisible se remite al ministerio público.
Cuando se trata de un manejo en estado de embriaguez o
bajo influencia del alcohol, que son las infracciones más comu-
nes, el procedimiento que se emplea es el simplicado; asimismo
cuando se presentan en la víctima lesiones graves o menos gra-
ves. Si se trata de una falta, tenemos el procedimiento monitorio.

50
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Si la pena que se aplicará en definitiva por alguno de estos ilicitos


es menos de 5 años de privación de libertad, opera el procedi-
miento abreviado (pena concreta). Si se produce la muerte de
una persona o varias, se va a juicio oral.
En el capítulo VI, en el que se trata la jurisprudencia de la
reforma procesal penal, volveremos a los procedimientos penales
en caso de MEE, bajo la influencia del alcohol, etc.

VII. EN CUANTO A SU RESULTADO, DELITOS MATERIALES


Y DE PELIGRO

1. En esta parte hay que hacer presente que no todos los doc-
trinadores están de acuerdo en la distinción o división de los
llamados delitos materiales y formales o de mera actividad, que
también se conocen como de resultado externo y de simple o
mera actividad, y los delitos calificados o materiales como de
lesión o daño, y por otra parte, los delitos de peligro.

2. Los delitos materiales son los que para su consumación re-


quieren un resultado externo, la producción del detrimento o
perjuicio al bien jurídico y producen un cambio en el mundo
exterior o fenomenológico.

3. Por su parte, los delitos formales o de simple actividad son los


que se consuman por la pura acción u omisión, aunque no se
produzca un daño material o cambio en el mundo externo.

4. En cuanto a la nomenclatura de delitos de lesión o daños,


se produce efectivamente un detrimento o perjuicio en el bien
jurídico de que se trate. Los delitos de peligro están en contra-
posición a los de lesión o daño, ellos, como su nombre lo indica,
para su consumación requieren sólo que el bien jurídico prote-
gido haya sufrido un riesgo o peligro. Según otros, estos delitos
se concretan y perfeccionan con la sola posibilidad de la lesión
a un bien jurídico o su puesta en peligro.

5. Según los autores, la diferencia fundamental entre los delitos


de daño y los de peligro radica en que en los primeros los bienes
jurídicos protegidos por la ley sufren concretamente una lesión

51
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

total o parcial, deterioro, menoscabo o un perjuicio; en cambio,


en los delitos de peligro hay una amenaza o se pone en peligro
el bien jurídico protegido por la ley, o existe la probabilidad de
que el bien jurídico pueda resultar dañado potencialmente por
la conducta. En pocas palabras, en los de lesión hay un ataque
inmediato, real y efectivo al bien jurídico, y en los de peligro, un
riesgo próximo de lesión a un bien jurídico.

6. La doctrina imperante, tanto en el derecho nacional como


en el extranjero, sobre los delitos de peligro sostiene que me-
diante estos se protegen los intereses sociales o colectivos y que
el legislador, para su castigo, considera que no es necesario que
se produzca una destrucción o lesión al bien jurídico, siendo
suficiente el riesgo corrido.

7. También la doctrina clasifica los delitos de peligro en delitos de


peligro concreto y en delitos de peligro abstracto. Resumiendo, los
primeros son aquellos en que para la configuración del respectivo
tipo penal exigen la causación efectiva y cierta de un peligro, pero
no deterioro de un bien jurídico, ya que de otro modo no serían
de peligro, sino que materiales. Los delitos de peligro abstracto
son aquellos que para su tipificación no se requiere la causación
de un daño y tampoco la causación efectiva y cierta de un peligro.
Esta clasificación no es aceptada por todos, y para no complicar las
cosas sólo diremos que para algunos se habla de un peligro efecti-
vo y delitos de peligro presunto o presuntivo, ya que todo peligro
para que sea calificado como tal tiene que ser concreto.

8. Nos hemos permitido hacer un estudio, si bien es cierto no


detallado, para poder comprender que el delito de MEE es uno de
aquellos calificados como delito de peligro, con el agregado de
peligro abstracto. Al respecto, el art. 197 C de la Ley de Tránsito
señala varios tipos penales del MEE y sanciona al conductor que se
desempeñe en estado de ebriedad, aunque no cause daño alguno.
En esta situación el delito puede ser calificado de peligro abstrac-
to, y basta, por lo tanto, que se ponga en peligro el bien jurídico
protegido por la ley, como lo sería la seguridad en el tránsito, la
seguridad pública y el derecho a la vida, a la integridad física, etc.,
como ya lo hemos relatado. En efecto, y ampliando esta idea, el

52
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

conductor de un vehículo motorizado que se desempeña en esta-


do de embriaguez causa un riesgo o peligro a los bienes jurídicos
colectivos. Por el solo hecho de la conducción se consuma el ilícito
aunque no provoque daños, lesiones ni muerte, toda vez que cual-
quier persona puede ser atropellada o impactada, o ese vehículo
puede impactar a otro. Se ha resuelto que en los delitos de peligro
abstracto no se requiere la intención dolosa ni de resultados anti-
jurídicos, ya que la protección de la ley no recae inmediatamente
sobre la integridad de las personas o cosas, puesto que el bien
jurídico protegido es la seguridad pública, colectiva o común. Ver
Revista de Jurisprudencia de AEPJ, Nº 2, 1983, pág. 36.

9. En cuanto a las demás figuras delictivas del art. 197, como son
el producir daños, lesiones o la muerte de una o varias personas,
no podrán calificarse de peligro abstracto, ya que el legislador
para castigar tales delitos requiere precisamente que se produzca
un resultado externo, como son los daños, las lesiones graves,
menos graves, la muerte, etc., lo que naturalmente se deberá
probar en el juicio penal correspondiente.

10. Existen fallos que estiman que el delito del art. 121 de la Ley
de Alcoholes (hoy derogado, pero es válido, ya que las conductas
se repiten en el nuevo ordenamiento legal) es de peligro abstrac-
to, dictaminando que “siguiendo el mismo orden de ideas, es útil
añadir al respecto que se ha considerado este delito como un
delito de peligro abstracto, de acuerdo a la forma en que está tipi-
ficado, cuya acción trae consigo usualmente la específica puesta
en peligro del bien jurídico protegido, y en el cual no se requiere
la demostración efectiva del peligro. De ahí que, como delito
de peligro abstracto, el dolo no estaría referido a un resultado
peligroso, sino agotado en la actividad. Por ello corresponde en
estos hechos determinar si ha existido la condición esencial de
encontrarse el sujeto en estado de ebriedad mientras manejaba
el camión en el cual se produjo la muerte del ofendido por caída
al pavimento, sin que sea procedente analizar previamente si la
muerte del ofendido se debió a imprudencia temeraria del con-
ductor o a su mera imprudencia o negligencia culpable con infrac-
ción del reglamento del tránsito, y separar los mismos hechos en
dos diversos, condenando por una parte y absolviendo por otra.

53
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Lo correcto es analizar si los antecedentes reunidos configuran el


delito de manejar en estado de ebriedad causando la muerte, o si
por el contrario logran establecer otro diverso”.

11. En la doctrina extranjera vinculada al delito de manejar en


estado de embriaguez o bajo la influencia del alcohol y drogas se
sostiene que es uno de los típicos de peligro abstracto, aunque
existen algunas opiniones minoritarias en contrario.

12. Ganzenmüller y otros, en relación con el art. 379 del Código


Penal español, que tipifica la conducción bajo la influencia de
drogas y bebidas alcohólicas, sostiene: “De todas las considera-
ciones efectuadas hasta el presente momento, podemos extraer
las siguientes conclusiones:
1º. Los delitos de peligro abstracto han de ser expresión de
un peligro cierto para los bienes jurídicos, lo que se traduce en la
exigencia de la efectiva peligrosidad ex ante de la conducta como
atributo de la acción, considerándose irrelevante la aparición o
no posterior del peligro concreto.
2º. Los denominados ‘delitos con bien jurídico intermedio
con función representativa’ protegen bienes jurídicos suprain-
dividuales de carácter inmaterial o institucionalizado, esenciales
para la expansión de la vida social, institucional o económica,
cuya lesión o concreta puesta en peligro es difícilmente tipifica-
ble, pues la lesión se produce, más que por cada acto individual,
por la reiteración generalizada de conductas que no conside-
ran ni respetan las reglas básicas que aseguran el sistema y su
funcionamiento. Por ello, el recurso a la técnica de los delitos
de peligro abstracto es la vía idónea para su protección, que
aparece legitimada por la importancia de los bienes en juego.
En esos delitos es legítimo el castigo de toda realización con el
bien inmaterial que mediatamente se protege, pues formalmente
estamos ante delitos de lesión de ese bien interpuesto ‘con fun-
ción representativa’. Sólo los ataques mínimos determinarán la
atipicidad de la conducta, en virtud del principio de insignifican-
cia. En cuanto a las exigencias del tipo subjetivo, esa estructura
objetiva determina la irrelevancia de la referencia subjetiva al
bien jurídico mediatamente protegido. El dolo o la imprudencia
han de referirse sólo a los elementos del tipo legal, sin necesidad
de corrección alguna.

54
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

3º. En cuanto a los delitos que protegen bienes individuali-


zables o determinables (conducción bajo influencia de drogas,
bebidas alcohólicas, etc.), ha de poder insinuarse y definirse una
relación más o menos inmediata con esos bienes que protegen.
En los delitos de peligro abstracto se ha de comprobar la efectiva
peligrosidad de la conducta, que puede reconducirse a la exi-
gencia de infracción del deber objetivo de cuidado, en relación
con la eventual lesión de esos bienes jurídicos (imprudencia),
respondiendo a la misma constitución que los delitos de peligro
concreto: adelantamiento de las barreras de protección a supues-
tos de imprudencia sin resultado lesivo.
4º. La exigencia de peligrosidad o infracción del deber de
cuidado se incorpora expresa o tácitamente al tipo y requiere im-
putación subjetiva. El riesgo ha de ser comprendido por el dolo
en la medida en que está incluido en el tipo. Basta con que sea
consciente de los factores de riesgo que su conducta ocasiona.
Exigencia deducible de la expresión ‘bajo influencia’, que debe
interpretarse en el sentido que el alcohol o las drogas influyan
efectivamente en la conducción, perjudicando la capacidad
del sujeto para hacerlo con seguridad, haciendo la conducción
peligrosa y potencialmente lesiva para la vida o la integridad de
las personas. Ahora bien, las peculiaridades de este delito, la fre-
cuencia y gravedad de los supuestos de comisión imprudente, y
el hecho de que la conciencia o no conciencia del sujeto se vea
mediatizada precisamente por la influencia del alcohol o las dro-
gas, justifica la equiparación de los supuestos de comisión dolosa
e imprudente que, tácitamente, realiza el Código Penal”.15

13. Patricia Canales, sobre la naturaleza jurídica del delito del art.
340 bis a) del Código Penal español (hoy modificado), expresa:
“Es conocida la distinción doctrinal que atiende a la incidencia de
la conducta típica en el bien jurídico protegido, entre los delitos
de lesión y delitos de peligro, según se conculque o sólo se ponga
en peligro el bien. Los últimos, a su vez, se dividen en delitos de
peligro concreto y delitos de peligro abstracto. En los primeros,
el peligro forma parte del tipo, siendo necesaria, en cada caso, la
demostración de la efectiva puesta en peligro del bien correspon-

15
GANZENMÜLLER y otros, ob. cit., pp. 133 y 134.

55
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

diente. En los segundos, el peligro no pertenece a las característi-


cas del tipo; únicamente existe una presunción de que la situación
es peligrosa por sí misma, sin que ello sea preciso concretarlo en
el caso específico. Reclaman una abstracción empírica por parte
del legislador, que incrimina la conducta no por su peligrosidad
definida para un específico bien, sino por la valoración general-
mente estadística, que demuestra que en la mayoría de los casos
en que esa conducta se ha producido ha resultado ser peligrosa.
Existe, en definitiva, una simple presunción de peligro.
El empleo por parte del legislador de los delitos de peligro
no ha dejado de ser polémico y va desde los que lo estiman una
auténtica necesidad y advierten que ‘esta materia se ha convertido
en el hijo predilecto del legislador’ hasta los que rechazan con vigor
su presencia. Focos de especial atención de este último enten-
dimiento son los delitos de peligro abstracto, a los que se les
niega su configuración técnica, alegando que el tipo de injusto
no admite más que delitos de peligro concreto, o se les presenta
como incompatibles con el principio de legalidad, o se muestran
sus dificultades con la culpabilidad.
Sin embargo, para la mayoría de los autores se trataría de un
delito de peligro abstracto, en que se presume por el legislador
para el bien jurídico por el solo hecho de llevar a cabo una activi-
dad que aumenta los riesgos del comportamiento en el tráfico”.16

14. En la legislación extranjera, en algunos Códigos, como


ocurre por vía de ejemplo en el de Perú, este ilícito está con-
templado como delito de peligro común; en el Código Penal de
Alemania, como de peligro, etc.

VIII. EN CUANTO AL ELEMENTO SUBJETIVO O CULPABILIDAD

1. Reafirmando, y desde el elemento subjetivo culpabilidad, para


nosotros el MEE es un delito de comisión dolosa, sea dolo genéri-
co, directo, específico, o dolo condicionado o eventual. Deben,
por lo tanto, concurrir los elementos integrantes de todo tipo de
dolo penal, su aspecto volitivo y el cognoscitivo. Esto es, al tomar
bebidas alcohólicas el sujeto lo hace en forma totalmente volun-

16
PATRICIA CANALES, ob. cit., pp. 3 y 4.

56
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

taria, conoce los efectos del etanol en su organismo y no obstante


conduce en tales condiciones. De consiguiente, el conductor de
un vehículo motorizado, o de aquellos señalados en la Ley de
Tránsito, que ingirió alcohol sabe las alteraciones que produce
este tóxico en su organismo, su distribución en el mismo y los
problemas que acarrea en la conducción, aunque no tenga la
intención de manejar un vehículo o de producir un AT.

2. Pensamos también que pueden darse casos de culpabilidad


con dolo eventual. Este tipo de dolo se está abriendo paso desde
hace varios años, tanto en la doctrina como en el derecho com-
parado. En nuestro país, si bien es cierto no aparece conceptuali-
zado en la ley penal, aunque en ciertos delitos es reconocido por
la jurisprudencia, en el MEE puede concurrir este dolo eventual.
En este caso, el dolo eventual consistiría en que no obstante ha-
ber consumido alcohol y soportar las alteraciones conductuales,
de conciencia, de atención, etc., maneja un vehículo motorizado
pensando que no se va a producir un accidente de tránsito o que
si éste se llegara a producir aceptaría sus consecuencias, pero lo
ve como probable más que como algo que sucederá.

3. Resumiendo, hay una conducta voluntaria y consciente en la


ingesta alcohólica, en la conducción vehicular, en el resultado o
efectos del alcohol, y no obstante ello igualmente conduce.

4. Podría estimarse que el MEE es un delito de una construcción


dogmática muy especial, pues para su punibilidad basta que al su-
jeto se le encuentre o se le compruebe, por los medios probatorios
legales, la dosis de alcohol prohibida y conduciendo un vehículo
motorizado para que el delito se estime legalmente consumado.

5. Sobre el MEE desde un punto de vista de la culpa, o que en la


acción del conductor mediase la culpa (que consiste en la falta de
previsibilidad de lo que es previsible, sea negligente o imprudente,
o el no prever las consecuencias previsibles del hecho), algunos
fallos nacionales estiman que se trataría de un cuasidelito. La ma-
yoría de los autores nacionales y extranjeros están de acuerdo en
que se trataría de un ilícito doloso, y una minoría acepta la cons-
trucción culposa, basándose en que el agente estimaría en forma
errónea o por un descuido que cierta dosis de alcohol no le impe-

57
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

diría el manejo de un vehículo motorizado, o por no conocer, lo


que es más discutible, los efectos del alcohol en su conducta.

6. Sobre la culpabilidad, Cobo del Rosal y otros anotan: “En orden a


la culpabilidad, la doctrina anda dividida, pues mientras para unos
autores el delito únicamente se compagina con la comisión dolosa
(Rodríguez Devesa, Córdoba), para otros cabe también la culposa
(Muñoz Conde). Esta segunda posición es la que nos sentimos
inclinados a compartir al no encontrar ningún estorbo que la
obstaculice. Con todo, la singularidad de la proposición relatada
en el art. 340 bis a) 1º, incita a formular alguna reflexión sobre
esta faceta culpabilista del delito. En efecto, si dolo es conciencia y
voluntad de realización del injusto típico, no podemos por menos
de indagar si esa conciencia y esa voluntad confluyen en aquel del
que, por haber ingerido una cantidad suficiente de algún licor, se
puede decir que está bajo la influencia de bebidas alcohólicas, para
acto seguido interrogarnos de nuevo sobre si quien tiene aquella
conciencia y voluntad plenas se encuentra efectivamente bajo la
referida influencia; y todavía sería verosímil, a partir de estas dos
preguntas, hacer muchas más vinculadas a las heterogéneas hipó-
tesis imaginables.
Pero aquí, por el momento, solamente corresponde señalar
que el delito surgirá en versión dolosa cuando el agente decida
conducir un vehículo de motor con conciencia de hallarse bajo
la influencia del alcohol o de una droga; en tanto que la forma
culposa podría aparecer en las ocasiones en las que el sujeto reali-
ce el hecho típico de conducir en el estado prohibido a causa de
haber infringido el deber de cuidado que le era exigible”.17

IX. LA DOSIFICACIÓN DE ALCOHOL O ALCOHOLEMIA COMO


ELEMENTO FUNDAMENTAL PARA TIPIFICAR EL DELITO DE MEE Y
SUS DIFERENTES HIPÓTESIS PENALES

1. Generalidades

Para que se configure el ilícito, en cualquiera de sus formas, del


tantas veces citado MEE, el conductor del vehículo tiene que ha-
17
COBO DEL ROSAL y otros, ob. cit., p. 317.

58
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

ber ingerido alcohol, o en otras palabras, que su alcoholemia in-


dique un cierto grado de intoxicación etílica, y que compromete
el manejo de los vehículos en su acepción amplia. Que exista una
concentración de alcohol en el torrente sanguíneo o en su orga-
nismo que lo inhabilite para conducir. Tiene que probarse por
métodos científicos la impregnación de alcohol en el conductor
y la influencia que este tiene en la conducción, elemento etanol
que puede encontrarse en la sangre, como recién anotamos, en
la saliva, aliento, orina, etc.

1.1. De consiguiente, lo básico para que en nuestra legislación se


tipifique este delito en sus diversos tipos, consiste en establecer si
el sujeto activo que participó en el hecho punible se encontraba
o no “en estado de intoxicación alcohólica” con la dosificación
o concentración que hoy nos señala en forma expresa la Ley de
Tránsito, al momento de ocurrir el accidente de tránsito, cuando
se aprestaba a conducir o acababa de hacerlo, como se desarro-
llará más adelante.

1.2. Para determinar si una persona es responsable y puede ser


condenada en definitiva por el delito de MEE, debe estar pro-
bada por los medios legales de prueba la ebriedad, la que en
Chile, como en otros países, se determina mediante un examen
de “alcoholemia” que sirve para fijar cuál es la dosificación de
alcohol en la sangre, cuando ha cometido alguna de las hipótesis
penales. Asimismo, se puede determinar el alcohol mediante la
prueba respiratoria que se denomina alcotest, la cromatografía
de gas. Lo importante es buscar el método más exacto, confiable,
fiel y científico para determinar la concentración de alcohol en
la sangre, ya que el dosaje es un elemento del tipo penal del MEE
o bajo la influencia del alcohol.

1.3. En efecto, la ebriedad desde el punto de vista médico-legal


y aunque está relacionada con la dosificación de alcohol, para
el MEE es algo distinto, ya que en las legislaciones en que se
contempla en forma exacta la cifra de alcohol, sea 0,50 o 0,80
gramo de alcohol por un litro de sangre, no significa que el
conductor esté ebrio, puesto para llegar el sujeto a este estado
requiere un gramaje superior. En el MEE la cantidad de etanol

59
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

está vinculada con la incapacidad o inhabilidad para conducir ve-


hículos motorizados o de otra naturaleza, por las consecuencias
negativas que produce en el sistema nervioso, en la conciencia,
en los sentidos, en la atención, en los reflejos, etc., más que a la
ebriedad misma.

1.4. El actual art. 190 de la Ley de Tránsito se refiere a los exáme-


nes para determinar el grado de alcohol y preceptúa: “Cuando
fuere necesario someter a una persona a un examen científico
para determinar la dosificación de alcohol en la sangre o en el
organismo, los exámenes podrán practicarse en cualquier esta-
blecimiento de salud habilitado por el Servicio Médico Legal,
de conformidad a las instrucciones generales que imparta dicho
servicio. El responsable del establecimiento arbitrará todas las
medidas necesarias para que dichos exámenes se efectúen en
forma expedita y para que los funcionarios de Carabineros em-
pleen el menor tiempo posible en la custodia de los imputados
que requieran la práctica de los mismos.
Sin perjuicio de lo dispuesto en el artículo anterior, el con-
ductor y el peatón que hayan tenido participación en un acciden-
te de tránsito del que resulten lesiones o muerte serán sometidos
a una prueba respiratoria o de otra naturaleza destinada a esta-
blecer la presencia de alcohol o de sustancias estupefacientes o
sicotrópicas en sus cuerpos. En esos casos, los funcionarios de
Carabineros deberán practicar al conductor y peatón las pruebas
respectivas y, de carecer en el lugar de los elementos técnicos
necesarios para ello, o de proceder la práctica de la alcoholemia,
los llevarán de inmediato al establecimiento de salud más próxi-
mo. Se aplicarán al efecto las reglas del inciso precedente.
La negativa injustificada a someterse a las pruebas o exáme-
nes a que se refieren este artículo y el art. 189, o la circunstancia
de huir del lugar donde se hubiere ejecutado la conducta delicti-
va, en su caso, serán apreciadas por el juez como un antecedente
calificado, al que podrá dar valor suficiente para establecer el
estado de ebriedad o de influencia de sustancias estupefacientes
o sicotrópicas en que se encontraba el imputado”.

1.5. En relación con los accidentes de tránsito y el MEE, la ebrie-


dad tiene una importancia relevante, toda vez que la ingestión

60
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

de alcohol, el que se difunde por todo el organismo, en especial


en la sangre y en el cerebro, hace disminuir la capacidad de
concentración del individuo, sus reacciones, provoca dificulta-
des visuales, trastornos motores, sensoriales y psíquicos. Entre
otros, la incoordinación en la marcha y falta de equilibrio, de
los reflejos, particularmente su lentificación, trastornos percep-
tivos, alucinatorios, confusión, obnubilación o anulación de las
funciones mentales superiores, dificultades para hablar, actos
agresivos, euforia, hálito característico, ojos enrojecidos, rostro
congestionado, etc.

1.6. El ex médico legista Bonnet define la ebriedad como “Un


estado de intoxicación aguda, producido por causas de diverso
origen, que determinan un cuadro clínico caracterizado por
ataxia parcial o total, motriz, sensorial y psíquica”.18

1.7. De consiguiente, para ese autor la ebriedad tiene una etiolo-


gía variable, o diversos antecedentes, y no sólo es producida por
el alcohol, como comúnmente se piensa. En efecto, una serie de
drogas, entre ellas la marihuana, producen un cuadro similar al
de la embriaguez alcohólica y no es fácil a veces poder determi-
nar su origen. Esto es corroborado en varios textos consultados,
los que tratan de la ebriedad de la marihuana o borrachera de
la misma.

1.8. Bonnet se refiere más adelante a la ebriedad alcohólica pro-


piamente tal: “partiendo del patrón general enunciado, diremos
que es una forma particular de intoxicación aguda producida
por el alcohol, cuyo umbral de comienzo varía según los indivi-
duos y que se traduce en un cuadro clínico constituido por ataxia
parcial o total, motriz, sensorial y psíquica”.19

1.9. Según Buenaventura Pellise Prats, en su artículo “La embria-


guez”, publicado en la Nueva Enciclopedia Jurídica, atinente a las
nociones criminológicas, apunta: “El estado de embriaguez, tan-

18
E. F. P. BONNET, Medicina legal. t. II, segunda edición, López Libreros Edi-
tores, Buenos Aires, 1980, p. 1606.
19
BONNET, ob. cit., t. II, p. 1607.

61
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

to por sus características reales y naturales, tan relativas y vagas,


como por su valoración moral y jurídica, es uno de los tópicos
de más amplio y difícil tratamiento sistemático. Como en todas
las materias, afectando a la imputabilidad, que es el presupuesto
subjetivo somático de la culpabilidad, la prioridad lógica corres-
ponde a lo causal explicativo, esto es, a lo criminológico en am-
plio sentido, ya que la valoración jurídico-penal y aun ética de la
embriaguez ha de operar y decidir el juicio de reproche sobre la
realidad natural y graduación clínica de dicho estado, añadien-
do a ese fenómeno naturalístico las consideraciones axiológicas
decisivas en lo penal.
Criminológicamente considerado el asunto y en vista de los
datos aportados por la medicina legal, la clasificación básica de
la embriaguez es la que, atendiendo a su genética y morfología,
distingue entre la normal y la patológica. En la primera el sujeto
es sano y normal, en el sentido clínico de la palabra, actuando
la ingestión de bebidas alcohólicas sobre su personalidad en un
plano de voluntariedad inicial que no excluye síndromes y secue-
las patológicas ulteriores, pero que generalmente se traduce en
un regreso más o menos inmediato a la normalidad fisiológica
anterior. Es, por lo tanto, esta embriaguez normal la que más
frecuentemente se observa en las situaciones que trascienden
al derecho y en la que el médico legista apenas si tiene otra in-
tervención que la de constatar su realidad y eventualmente su
grado”.20

1.10. El colombiano Roberto Serpa Flórez, en su Tratado de


siquiatría forense, consigna que “El alcohol es un depresor del
sistema nervioso y solamente es excitante en pequeñas dosis en
las primeras etapas de la embriaguez. Inhibe las funciones de la
corteza cerebral y va liberando simultáneamente centros cere-
brales inferiores hasta llegar a producir fenómenos de intoxica-
ción alcohólica con trastorno funcional del bulbo raquídeo. El
grado de intoxicación alcohólica se mide por determinaciones

20
Según apuntes de clases de HERNÁN SILVA SILVA, sobre “Legislación de
tránsito y policía local” (en adelante, Apuntes de clases SILVA), sin publicar, to-
mado de la obra Nueva Enciclopedia Jurídica, Buenaventura Pellise Prats, t. VIII,
p. 291.

62
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

del alcohol en la sangre. Con niveles inferiores a 50 mg por 100


cc no hay embriaguez; por encima de los 50 mg y hasta los 100
mg por 100 cc, la embriaguez es más o menos segura, aunque
debe relacionarse con los resultados del examen clínico; por
encima de los 150 mg por 100 cc, la embriaguez es segura. Este
nivel de 150 mg por 100 cc se obtiene con seis onzas (180 cc) de
whisky o seis botellas de cerveza. Con los 350 mg por 100 cc se
llega a la intoxicación y con los 450 mg la intoxicación es grave
(HIMMWICH)”.21

1.11. Añade: “La intoxicación crónica alcohólica, ya lo hemos


dicho, es el efecto de la acción sostenida y prolongada del uso
del alcohol, que es un tóxico y que produce cambios sicológicos
y fisiológicos en los estados de intoxicación crónica. El cerebro,
el hígado, el sistema nervioso periférico y central, y en general
todo el organismo, son afectados por el alcohol, no solo por
acción directa, sino porque a la ingestión continua de alcohol le
acompañan defectos de alimentación con carencia de proteínas
y de algunas vitaminas como la tiamina y otros componentes del
complejo vitamínico B. En cuanto al siquismo y la personalidad,
la intoxicación crónica causa una serie de síndromes psiquiátri-
cos, tanto los llamados síndromes cerebrales crónicos (demencia
alcohólica) como los síndromes cerebrales agudos (sicosis alco-
hólicas agudas, delirios alcohólicos, delírium trémens) y también
produce trastorno inducido de la personalidad, cambios de per-
sonalidad (deterioro afectivo, decadencia moral, degradación
ética, alteración de la voluntad, abulia y apatía)”.22

2. El ingreso del alcohol, efectos, absorción,


metabolismo y eliminación

2.1. En los siguientes párrafos nos referiremos al proceso propia-


mente tal que sigue el alcohol en el organismo del ser humano,
desde el momento de su ingreso hasta el período de desintoxi-

21
ROBERTO SERPA FLÓREZ, Tratado de siquiatría forense, Editorial Temis
Librería, Bogotá, Colombia, 1979, pp. 44 y 45.
22
SERPA, ob. cit., p. 45.

63
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

cación o eliminación. Veremos los efectos mismos del alcohol, su


absorción, distribución y su metabolismo, etapas estas que hacen
variar, según el instante en que se tome la muestra de sangre, la
tasa de concentración alcohólica en el organismo humano.

2.2. Estos puntos tienen importancia en el MEE, ya que las dife-


rentes fases van a influir notoriamente en el comportamiento de
los conductores de vehículos motorizados o similares, toda vez
que cada una de sus etapas tiene una sintomatología distinta.
Esto último también sirve, según el examen de alcoholemia, para
poder establecer en forma científica cuál era la dosificación de
alcohol en la sangre frente a un accidente de tránsito, y poder
hacer una verdadera curva retrospectiva, ya que la toma de la
muestra no se hace en forma inmediata, sino que posteriormente
y, a veces, pasan horas desde que ocurre el siniestro.

2.3. La forma habitual del ingreso del alcohol, reconocida por


todos los autores, es por la vía oral, pudiendo también hacerse
por medio de la respiración y por la piel. En todo caso, y frente
a la ingesta bucal, los autores están de acuerdo en distinguir los
períodos de la absorción, la difusión y eliminación. Otros pun-
tualizan el proceso del metabolismo y la tolerancia del alcohol.

2.4. Ponsold, tocante al “Ingreso y eliminación del alcohol”,


expone:
“A) Absorción
El intestino delgado es la región donde principalmente tiene
lugar la absorción del alcohol. En el estómago se reabsorbe
solamente el 20%, mientras que por el intestino delgado se re-
absorbe el 80% restante. Sin embargo, si el estómago está vacío
(después de tres a cuatro horas de la ingestión de los alimentos),
puede reabsorberse por él la mayor parte.
En los casos en que la reabsorción se realiza masivamente (o
sea cuando todo el alcohol ingerido es reabsorbido) en la por-
ción terminal del intestino delgado –en el caso ideal– ya no se
encontrará alcohol, pero eso rara vez se observa en la práctica.
Durante la primera media hora, y suponiendo el estómago
semilleno, es reabsorbida la mitad del alcohol; en la segunda

64
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

media hora se reabsorbe la mitad del que quedaba, de modo


que tras la primera media hora son reabsorbidas las tres cuartas
partes del alcohol. Por consiguiente, la reabsorción del alcohol
inmediatamente después de la ingestión se efectúa rápidamente
y con tanta mayor celeridad cuanto mayor sea su concentración.
Después disminuye la velocidad de reabsorción a consecuencia
del retardo de la circulación en el intestino, provocado por el
propio alcohol al penetrar en la sangre.
Es posible comprobar la presencia de alcohol en la sangre
aun cuando no se haya ingerido alcohol, pero siempre en canti-
dades muy reducidas. Este alcohol sanguíneo fisiológico se origi-
na por la descomposición microbiana de los hidratos de carbono
en el tubo digestivo. Puede alcanzar hasta el 0,03%”.23

2.5. Manuel Repetto G., en el capítulo 11, sobre “Toxicología


del alcohol etílico”, en el párrafo Toxicocinética del alcohol,
apunta: “Por su estructura química, el alcohol etílico es más hi-
dro que liposoluble (coeficiente de partición octanol/agua de
0,70795) (Hansch y Leo, 1979), de donde su absorción a través
de las membranas biológicas y difusión por la sangre se realiza
rápidamente, con tropismo hacia el sistema nervioso. Se absorbe
fácilmente por vía intestinal y la inhalatoria”.24

2.6. Ponsold, atinente a la B), “Difusión del alcohol de la san-


gre a los tejidos”, consigna: “El plazo transcurrido desde el
ingreso del alcohol a la sangre hasta alcanzar el equilibrio de
difusión se denomina período de reabsorción. Corresponde
aproximadamente a la primera hora después de la ingestión
del alcohol.
El ingreso del alcohol en la sangre y el paso desde ésta a los
tejidos no van a la par. Mediante la determinación del alcohol
efectuada en el período de reabsorción no se podría comprobar
la verdadera concentración, puesto que todavía está en curso su
difusión en el organismo.
23
ALBERT PONSOLD, Manual de medicina legal, traducida y anotada por Mi-
guel Sales Vázquez, con 169 ilustraciones, Editorial Científico Médica, Barcelona,
Madrid, Valencia, 1955, pp. 428 y 429.
24
MANUEL REPETTO, capítulo 11, “Toxicología del alcohol etílico”, en Toxi-
cología avanzada, Ediciones Díaz de Santos, S.A., Madrid, España, 1995, p. 428.

65
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

En el agua es donde el alcohol se disuelve más fácilmente.


Por ello se encuentra más alcohol en el suero sanguíneo (aparte
del que pueda encontrarse en el líquido cerebral).
De ahí que el porcentaje de alcohol en los órganos dependa
del tanto por ciento de sangre que cada órgano contiene, y por
tal motivo es menor la cantidad de alcohol que encontramos
en el tejido adiposo, ya que en estos tejidos el flujo de sangre es
muy reducido.
En el tejido cerebral, en cambio, se encuentra frecuente-
mente más alcohol del que pudiera esperarse según la teoría de
la difusión, lo cual no depende, por ejemplo, de la solubilidad
del alcohol en los lipoides, sino de la gran vascularización del
tejido cerebral. El variable riego sanguíneo es el responsable de
las variaciones que se observan en la concentración del alcohol
en el cerebro”.25

2.7. Repetto: “Una vez el alcohol en la sangre, se difunde


rápidamente por todos los tejidos del organismo, a los que
impregna en proporción a su contenido en agua; las menores
concentraciones se encuentran en el esqueleto, por su menor
proporción de sangre, y en el tejido adiposo, porque el coefi-
ciente de reparto del alcohol entre agua/lípido (suero/grasa)
favorece su retención por la sangre. Según las determinaciones
efectuadas en cadáveres por Briglia et al. (1992), las concentra-
ciones de alcohol crecen en el orden cerebro<sangre<humor
vítreo<LCR<fluido pericárdico, excluyéndose el contenido es-
tomacal, que no tiene ninguna significación. La cantidad total
de agua en el cuerpo influye en la concentración del alcohol
en la sangre, lo que explica las diferencias que aparecen con
la edad y entre el hombre y la mujer, ya que ésta posee mayor
proporción de grasa.
Durante el período de distribución, hasta alcanzar el equili-
brio, la concentración de alcohol es más alta en la sangre arterial
que en la venosa, lo que favorece la difusión pasiva y la rápida
llegada al cerebro, a causa de la gran irrigación de éste, lo que
puede dar una sensación de afectación o mareo precoz. Sigue un
período de redistribución con paso del alcohol desde los com-

25
PONSOLD, ob. cit., p. 429.

66
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

partimientos periféricos al central; entonces la concentración en


sangre venosa puede ser mayor que en la arterial. Posteriormen-
te se establece un equilibrio dinámico de concentraciones; todas
estas fases se aceleran con el ejercicio muscular y se enlentecen
con bajas temperaturas ambientales.
Lógicamente, el efecto fisiopatológico agudo del etanol será
función directa del grado de impregnación del sistema nervioso
central, y éste de la concentración en la sangre”.26

2.8. Calabrese y otro anotan, vinculado a estos fenómenos:


“Absorción, destino y eliminación del alcohol
Un 20% de la cantidad de alcohol ingerida se absorbe a través de
la pared gástrica. La celeridad del proceso explica la respuesta
rápida del sujeto a su acción, provocando a veces hechos delic-
tuosos o casos de comas inmediatos. A los 5 minutos comienza la
absorción antedicha, que se prolonga durante 90 minutos o más,
según la vacuidad o plenitud gástrica y el tipo de alimentos inge-
ridos. Las grasas, sobre todo, retardan la absorción, las proteínas
tienen acción menor y los hidratos de carbono menor aún. El
80% del alcohol restante se absorbe a través del yeyuno-íleon.
La difusión del alcohol se hace fácilmente en el medio acuo-
so y se reparte casi uniformemente en los tejidos, dependiendo
del tenor de éstos en agua. Este hecho permite conocer la can-
tidad total del alcohol ingerido, partiendo de la alcoholemia
(cantidad de alcohol en sangre).
El alcohol se reparte según un factor R, igual a 0,66, expre-
sión de la cantidad que se distribuye en 2/3 del peso total del
cuerpo. El 1/3 restante corresponde al tejido seco, huesos, car-
tílagos y piel, que casi no contienen alcohol. Multiplicando la
cantidad de alcohol encontrado en 1 litro de sangre por 2/3 del
peso del cuerpo, se obtendrá el peso de alcohol ingerido, dato
de gran importancia médico-legal.
La eliminación del alcohol sólo importa una cifra menor
del 10% de lo ingerido, pues el resto se oxida en el organismo.
La eliminación se efectúa principalmente por la orina y el aire
expirado. En la saliva y el sudor hay poca cantidad. Con ayuda

26
REPETTO, ob. cit., pp. 429 y 430.

67
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

de simples aparatos se aplica el conocimiento de que la cantidad


de alcohol existente en dos litros de aire espirado equivale a la
de 1 cm3 de sangre, y así se puede calcular la alcoholemia en
forma aproximada, dato de valor para los policías de tránsito al
proceder al arresto de conductores alcoholizados”.27

2.9. Agregan:
“Metabolismo del alcohol
La oxidación del alcohol se produce en el hígado, a través de un
sistema enzimático. También se realiza en muy pequeñas canti-
dades en músculo, cerebro y riñón.
La dehidrogenasa alcohólica (ADH) convierte el alcohol en
aldehído. Como coenzima (aceptor de hidrógeno) interviene
el difosfopiridinnucleótido (DPN). Luego, el aldehído acétido,
bajo la acción de la dehidrogenasa aldehídica y en presencia del
DPN se convierte en ácido acético. La velocidad de la oxidación
depende principalmente de la cantidad de enzima del hígado,
de la cantidad disponible de la coenzima DPN y de la de acep-
tores de hidrógeno como el ácido pirúvico, explicándose así la
estrecha relación entre el metabolismo del alcohol y el de los
hidratos de carbono.
Según Widmark, la cantidad de alcohol oxidado es de 2,5 mg
por kilo de peso y por minuto, de lo que resulta un total de 8 a
12 gramos de alcohol por hora en un sujeto adulto. Esta cantidad
es aproximadamente constante, lo que permite seguir el curso de
la oxidación del alcohol a través de la alcoholemia, que descien-
de 0,15 g por mil y por hora. Este conocimiento tiene gran valor
clínico para predecir el tiempo en que estará el intoxicado bajo
la influencia del alcohol, y además calcular, retrospectivamente,
la cifra de alcohol en sangre del autor de un delito cometido
horas antes”.28

27
ALBERTO I. CALABRESE y EMILIO A. ASTOLFI, Toxicología, Editorial Ka-
pelusz, Buenos Aires, Argentina, 1969, p. 83.
28
CALABRESE y otro, ob. cit., pp. 83 y 84.

68
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

2.10. Bonnet, en el apartado de “Fisiopatología del Alcohol en


el Organismo”, expone:
“1. Absorción
Está demostrado que son las vías digestivas las que absorben la
totalidad del alcohol. En cifras progresivamente decrecientes se
tiene: el duodeno absorbe el 42%, el yeyuno el 20%, el estómago
el 20% y el íleon el 18%.
Hecho significativamente importante es que, en oposición a
lo que se creía en un tiempo, las paredes de la vejiga no absor-
ben el alcohol.
2. Fijación
No todos los tejidos muestran igual afinidad por el alcohol; al-
gunos lo hacen con particular elección, otros, en cambio, tienen
escasa capacidad de fijación.
Para comprender esta curva de afinidad fijadora, es preciso
hacer de la sangre la unidad de medida, con lo que se tendrá el
ordenamiento visceral siguiente, en orden decreciente (Harger-
Lamb-Hulpieu):
1) Cerebro: 1,37. 1,06 (Fabre y Kahane).
2) Riñón: 1,26.
3) Corazón: 1,25. 1,112 (Linde).
4) Bazo: 1,24. 1,19 (Neymark y Widmark).
5) Saliva: 1,15 a 1,20.
6) Testículo: 1,05.
7) Sangre: 1.
8) Hígado y músculo: 0,90.
9) Líquido cefalorraquídeo: 0,79.
10) Orina: 0,75.
Estas comprobaciones fueron ratificadas por Van Hecke,
Handovsky y Thomas en 1951, utilizando el método gravimétrico
de Widmark.
3. Difusión
El conocimiento de este detalle reviste especial interés a los
efectos de los futuros planteos de una determinada situación
médico-legal.
La máxima difusión alcohólica después de la ingestión se tie-
ne a la media hora de ocurrida ésta. La cifra se mantiene estable
durante una hora más, para luego comenzar la eliminación, que

69
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

tiene lugar de este modo: a) el primer 50 por ciento, dentro de


las seis primeras horas de ocurrida la ingestión; b) el segundo 50
por ciento, casi por completo a las doce horas; c) la eliminación
es total siempre a las veinticuatro horas”.

DIFUSIÓN Y ELIMINACIÓN DEL ALCOHOL EN EL ORGANISMO


(Curva de Widmark)
Nivel de mantenimiento (“plateau” de Grehant, según Caron)

100% –

75% – Curva de eliminación

50% –
Curva de difusión o absorción
25% –

%
0 1/2 11/2 2 3 4 5 6 8 10 12 14 16 18 20 22 24

Horas transcurridas desde el momento de la ingestión del alcohol.

4. Eliminación
La mayor parte se cumple mediante un trabajo de transforma-
ción celular, es decir, de metabolización o, si se quiere ajustar
aún más, de oxidación. Bajo la acción de las diastasas, el alcohol
se convierte sucesivamente en aldehído, luego en ácido acético
y finalmente en anhídrido carbónico y agua.
Es interesante consignar que la oxidación es constante e
independiente de la concentración del alcohol en sangre; re-
presenta el 87% del total, y esto se halla en íntima relación con
la forma como el organismo se defiende de la acción tóxica del
alcohol. El 13% restante se descompone: el 7% para la orina, el
3% para el aire espirado y el 3% para el sudor”.29

29
BONNET, ob. cit., t. II, pp. 1607 y 1608.

70
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

2.11. Los doctores María Dolores Sánchez Prada y Ricardo Mora


Izquierdo, en su artículo “Actualización del dictamen médico
forense por embriaguez”, con relación a los períodos del proceso
en estudio, precisan:
“Absorción
El alcohol, como sustancia altamente soluble, puede ingresar
en el organismo humano por diversas vías, puesto que atraviesa
fácilmente cualquier tejido orgánico y no requiere de un meca-
nismo específico de absorción, sino que penetra por simple di-
fusión, según lo postulado hace tiempo por Niclaux. Las vías de
penetración más conocidas para el alcohol son la oral (bebidas
alcohólicas), la pulmonar (inhalación de vapores alcohólicos),
la percutánea (a través de la piel) y la parenteral (por inyección
hipodérmica). La forma tradicional y socialmente aceptada de
usar o abusar del alcohol es la vía oral, y la absorción por el trac-
to digestivo es la que estudiaremos a continuación.
El fenómeno de la absorción de alcohol se inicia en la muco-
sa oral y termina en la mucosa rectal, pero las partes del tracto
digestivo que intervienen más activamente en la absorción del
alcohol hacia la sangre son el estómago y el intestino delgado.
La mucosa gástrica absorbe precozmente del 15 al 20% del al-
cohol ingerido y así se empiezan a elevar los niveles de alcohol
en sangre y cerebro produciendo los primeros síntomas de la
embriaguez. Ese porcentaje de absorción se puede influir por
diversos factores, tales como el contenido gástrico, la motilidad
gastrointestinal, la calidad y composición del licor, la ingestión
simultánea de medicamentos, comidas, etc.
La presencia de alimentos en el estómago, especialmente
grasas y carbohidratos, disminuye la velocidad de absorción del
alcohol, por lo cual la sintomatología de la embriaguez también
se retarda en hacer su aparición, pero es preciso resaltar que una
vez que el alcohol ha llegado a la sangre, ya ningún alimento es
capaz de disminuir o eliminar estas cifras, o sea, que una vez ab-
sorbido el alcohol, indefectiblemente ocasionará la intoxicación.
La presencia de algunas enfermedades sistemáticas o localizadas
puede modificar también la velocidad de absorción; por ejemplo,
la gastritis o la malnutrición tienden a lentificar la absorción esto-
macal. Los medicamentos que actúan a nivel del esfínter pilórico

71
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

o sobre la velocidad de evacuación gástrica pueden también ser


capaces de modificar esta absorción.
El resto del alcohol ingerido (80%) se absorbe a nivel del
intestino delgado, principalmente en yeyuno e íleon, regiones
anatómicas en donde se realiza una absorción casi total del alco-
hol. La mezcla de diversas bebidas alcohólicas puede estimular
centros olfatorios y gustatorios que aceleran la energía gástrica
y puede incrementar la velocidad de absorción. Los niveles
máximos de alcohol en sangre se pueden alcanzar generalmente
entre los 30 y 60 minutos después de la ingestión de una dosis
simple en un estómago vacío”.30

2.12. Los mismos autores citados, vinculado a la fase de la distribu-


ción, exponen: “Una vez que el alcohol es absorbido a través de la
mucosa gástrica e intestinal, viaja por vía sanguínea siguiendo la
vena porta al hígado y por vía pulmonar al corazón, de donde es
distribuido a todas las regiones anatómicas corporales. La distribu-
ción del alcohol en tejidos y órganos se efectúa dependiendo del
contenido hídrico y de la irrigación sanguínea que tengan estos
tejidos. Por ejemplo, los órganos con abundante circulación, como
el cerebro, hígado y riñones, reciben inicialmente mayor cantidad
de alcohol que otros órganos con flujo sanguíneo relativamente
más pobre; pero después de cierto tiempo, se logra un equilibrio
en la concentración orgánica del alcohol.
Cuando la ingesta de alcohol ha sido abundante, se puede
afirmar que no hay tejido alguno en el cuerpo humano que no
se haya impregnado de esta sustancia, debido al mecanismo de
difusión mencionado antes. El alcohol tiene especial afinidad
por el tejido nervioso, de ahí que los principales efectos de la
intoxicación alcohólica sean de tipo neurológico y psicológico,
pero se puede afirmar que la cantidad de alcohol presente en la
sangre es proporcional a la concentración que se encuentra en
cerebro y aun en médula ósea, lo cual permite examinar estos
tejidos, como muestras alternativas para averiguar niveles de

30
MARÍA DOLORES SÁNCHEZ PRADA y RICARDO MORA IZQUIERDO,
Actualización del dictamen médico forense por embriaguez, trabajo presentado en las IX
Jornadas Internacionales de Derecho Penal, Universidad Externado de Colombia,
Bogotá, 1987, pp. 168 y 169.

72
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

etanol en cadáveres en los que no ha sido posible hacer la deter-


minación en sangre”.31

2.13. En la fase eliminación nos señalan que “Una vez que el


alcohol se ha absorbido y distribuido por el organismo, se co-
mienza a eliminar, por procesos de excreción y de metabolismo.
La cantidad de alcohol eliminada por la excreción es muy peque-
ña, tan sólo el 2% del alcohol absorbido sale de esta manera, o
sea, sin sufrir modificación ninguna, excretándose por todos los
fluidos orgánicos: orina, lágrimas, sudor y especialmente con el
aire espirado. A nivel del alvéolo pulmonar, con el intercambio
gaseoso, el alcohol volátil sale con la espiración, ocasionando
uno de los signos de la embriaguez etílica: el aliento alcohólico,
llamado vulgarmente ‘tufo’. La excreción de alcohol a nivel
pulmonar es proporcional y constante a las concentraciones de
alcohol en sangre, siendo este un dato de utilidad para poder
comprender posteriormente el funcionamiento de los vafóme-
tros o borrachómetros.
La excreción a través de cualquiera de estos mecanismos es
tan pequeña que el intento de aumentarla con medidas extraor-
dinarias resulta inútil y poco significativo.
Hacer ejercicio para aumentar la transpiración y la ventila-
ción pulmonar, utilizar medicamentos para aumentar la diuresis,
ingerir alimentos, café u otras drogas no logra eliminar más rá-
pidamente el alcohol del organismo, pues un ligero incremento
en la excreción, que como ya vimos es del 2%, resulta realmente
insignificante si se compara con el 90 al 98% de alcohol restante,
que se elimina por el metabolismo hepático.
La célula hepática es la responsable de realizar la transfor-
mación enzimática de la molécula de etanol (C2H5OH), hasta
llevarla a formas más elementales de bióxido de carbono (CO2),
agua (H2O) y calorías. La velocidad de oxidación puede llegar a
ser diferente de una a otra persona.
La velocidad a la cual el alcohol se elimina del cuerpo es el
resultado del proceso de excreción y oxidación. Para un adulto de
70 kilos de peso, es de aproximadamente entre 7 y 10 gramos por
hora. Esta rata de eliminación se mantiene constante y en térmi-

31
SÁNCHEZ y otro, ob. cit., p. 169.

73
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

nos prácticos se puede afirmar que la concentración de alcohol en


sangre se disminuye en 18 miligramos por ciento por cada hora,
con variaciones de más o menos 3 miligramos por ciento.
No obstante lo anterior, para poder establecer el tiempo que
necesita un adulto para eliminar el alcohol ingerido, se deberán
conocer otras variables, tales como la superficie corporal del
sujeto, la hora de la primera y la última copa, el intervalo entre
cada trago, etc., pues el tiempo de eliminación aumenta propor-
cionalmente a la cantidad de bebida ingerida”.32

2.14. Los doctores Sánchez y Mora, puntualizan: “Cuando se es-


tudian los efectos del alcohol en el organismo, es indispensable
tener presente el fenómeno llamado tolerancia, definido como
‘aquella capacidad del organismo para asimilar cada vez una
mayor cantidad del fármaco, experimentando los mismos efec-
tos’. Esto significa que adultos habituados al uso del alcohol sólo
presentan signos clínicos de embriaguez cuando han ingerido
cantidades importantes de licor, mientras que los sujetos no acos-
tumbrados a beber, cuando lo hacen, presentan la sintomatología
de la embriaguez alcohólica con dosis bastante más pequeñas que
las usadas por los individuos tolerantes.
En cuestiones médico-legales, esta tolerancia orgánica al
etanol tiene implicaciones importantes, pues es precisamente
por este fenómeno que la correlación entre los signos clínicos
de la intoxicación etílica y los niveles de alcohol en la sangre
(alcoholemia) no es siempre constante, pues se ve modificada
de acuerdo con la susceptibilidad personal del sujeto.
Vale la pena extendernos un poco más en esta explicación:
adultos normales, o sea, bebedores ocasionales, al contacto con
el alcohol presentan una serie de manifestaciones, cuya intensi-
dad es directamente proporcional a la cantidad de licor ingerido.
Con base en lo anterior se han adelantado estudios científicos
que clasifican los estadios o grados de la embriaguez teniendo
en cuenta los niveles de alcoholemia. Autores como Ladd y
Gibson trabajaron extensamente en la intoxicación alcohólica
y elaboraron una tabla alcoholimétrica que lleva su nombre,
la cual fue utilizada como base para dosificar la sanción en las

32
SÁNCHEZ y otro, ob. cit., pp. 169 y 170.

74
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

contravenciones de tránsito hasta enero de 1986, cuando la Ley


33 de ese año la abolió.
Actualmente la clasificación de la embriaguez se hace tenien-
do en cuenta la intensidad de las manifestaciones clínicas que se
puedan correlacionar con determinadas cifras de alcoholemia, y
es así como tenemos los cuatro estadios de la intoxicación:
a) Embriaguez leve, denominada de primer grado, en la cual
se encuentran niveles de alcoholemia entre 50 y 149 miligramos
por ciento.
b) Embriaguez moderada o de segundo grado, con cifras de alco-
holemia entre 150 y 299 miligramos por ciento.
c) Embriaguez severa o de tercer grado, que reporta cifras de 300
a 399 miligramos por ciento, y
d) Embriaguez grave o de cuarto grado, con cifras superiores a los
400 miligramos por ciento. Niveles de alcoholemia superiores a
los 500-600 miligramos por ciento son letales para el organismo
humano.
Gracias al fenómeno de la tolerancia se ha podido com-
probar que dos sujetos con iguales cifras de alcoholemia; por
ejemplo, 80 miligramos por ciento, no siempre presentan el
mismo grado de embriaguez. Los bebedores ocasionales, que
no han desarrollado aún tolerancia, presentarían con estas cifras
de alcoholemia mayor cantidad de signos de embriaguez que
aquellos bebedores habituales (tolerantes), quienes escasamente
presentarán algunos signos leves, o inclusive puede darse el caso
que no presenten signos clínicos de la embriaguez.
Además de lo anterior, tal como se postuló al comienzo del
artículo, el individuo puede embriagarse con un variado número
de sustancias diferentes al alcohol. Como es obvio, en estos casos
los niveles de alcoholemia serán negativos.
Por todo lo anterior se recomienda que la valoración pericial
para dictaminar embriaguez se realice mediante un cuidadoso
examen físico, registrando los signos clínicos del examinado y
únicamente en casos específicos, a criterio del perito, se deben
tomar muestras de sangre para determinar alcoholemia.
Este criterio evita serios problemas en la interpretación de los
resultados de las muestras de sangre enviadas indiscriminadamen-
te al laboratorio, puesto que los signos clínicos que presenta una
persona tolerante, es decir, el estado de embriaguez que tiene, es

75
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

diferente al que puede presentar una persona no tolerante, aun-


que las cifras de alcoholemia sean bastante similares en los dos.
En general, puede aceptarse que niveles de alcoholemia entre
50 y 100 miligramos permitan sospechar la presencia de embria-
guez. Cifras mayores de 100 miligramos por ciento de alcohole-
mia, son conclusivas de embriaguez. Lo anterior, debido al hecho
de que por más tolerante que sea un individuo es imposible que
pueda asimilar, sin presentar signos clínicos, cifras superiores a los
100 miligramos por ciento de alcohol en sangre”.33

2.15. Santiago Delgado, en el capítulo 41, “Psicopatología de los


conductores: accidentes de tráfico y sus implicaciones legales”,
nos señala en las Tablas 5 y 6 la correspondencia entre efectos
Tabla 5

Alcoholemia (gr/%) Efectos tóxicos

Hasta 0,1 gr/% Estado subclínico.

0,1 – 0,5 gr/% Efectos dudosos: se han encontrado valores


comprendidos entre estas cifras en sujetos
abstemios, por lo que no pueden considerarse
plenamente demostrativas de que haya habido
ingestión de alcohol.

0,5 – 0,8 gr/% Efectos clínicos escasos, pero empiezan a


hacerse aparentes: tiempos de reacción más
lentos, estado de media euforia, las inhibiciones
normales son deficientes, reacciones motrices
perturbadas y leve temblor de manos.

0,8 – 1,5 gr/% Embriaguez ligera, pero ya aparente, que se


acentúa cada vez más en las cifras superiores, y
se hace general a todos los sujetos. Los reflejos
están cada vez más perturbados, hay vértigos,
soliloquios con palabra titubeante y confusa,
cierto grado de ataxia y somnolencia.

33
SÁNCHEZ y otro, ob. cit., pp. 171 y 172.

76
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

tóxicos y tasa de alcoholemia, que estimamos de interés insertar


en este volumen.34
(Continuación)
Alcoholemia (gr/%) Efectos tóxicos

1,5 – 3 gr/% Embriaguez neta: motórica deficiente, con esta-


bilidad disminuida tanto parado como en marcha
y gran afectación de los tests de ejecución. Irrita-
bilidad. Gritos inmotivados y agresividad. Exalta-
ción de la libido. Con las cifras más altas se es-
tablece un estado estuporoso, con somnolencia
y vómitos. La palabra se hace incomprensible.
Ausencia de crítica de su propio estado.

3 – 4 gr/% Estupor permanente: Acentuado retardo de la


respuesta a los estímulos, incoordinación mus-
cular, parálisis inicial.

4 – 5 gr/% Coma: Pérdida completa de la conciencia, ate-


nuación fuerte de los reflejos, anestesia, adina-
mia circulatoria y trastornos de la frecuencia y
amplitud respiratoria.

Más de 5 gr/% Cifras consideradas incompatibles con la so-


brevivencia.

Tabla 6
TASAS DE LA FISCALÍA DEL TRIBUNAL SUPREMO
MEMORIA 1973

De 0,37 a 1,12 grs/% Sin intoxicación aparente.


De 1,12 a 1,50 grs/% Primer período de embriaguez.
De 1,50 a 3 grs/% Segundo período de embriaguez
(franca borrachera).
De 3 a 3,75 grs/% Estado de coma.
De 3,76 a 4 grs/% Dosis mortal.

34
SANTIAGO DELGADO BUENO, FRANCISCO RODRÍGUEZ PULIDO y
JOSÉ CABRERA FORNEIRO. “Psicopatología de los conductores: accidentes de
tráfico y sus implicaciones legales”, capítulo 41 de Psiquiatría legal y forense, Edito-
rial Colex, España, 1994, pp. 1228 y 1229.

77
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

3. La alcoholemia según los arts. 189 y 190 de la Ley de Tránsito

3.1. Hemos manifestado anteriormente que el art. 190 de la Ley


de Tránsito se refiere a la alcoholemia como una prueba desti-
nada exclusivamente a determinar la presencia de alcohol en la
sangre o en el organismo, a la que debe ser sometida toda per-
sona que conduzca o se apreste o acaba de conducir un vehículo
motorizado en un lugar público. Sobre esta misma cuestión, el
art. 189 reza: “Carabineros podrá someter a cualquier conductor
a una prueba respiratoria o de otra naturaleza destinada a detec-
tar la presencia del alcohol en el organismo o acreditar el hecho
de conducir bajo la influencia de estupefacientes o sustancias
sicotrópicas. Carabineros, asimismo, podrá practicar estos exá-
menes a toda persona respecto de la cual tema fundadamente
que se apresta a conducir un vehículo en lugar público y que pre-
sente signos externos de no estar en plenitud de facultades para
ello. Si la prueba resulta positiva, Carabineros deberá prohibirle
la conducción del vehículo por un plazo no superior a 3 horas,
en caso de encontrarse bajo la influencia del alcohol, ni de 12
horas, en caso de encontrarse en estado de ebriedad o bajo la
influencia de sustancias estupefacientes o sicotrópicas. Durante
el período de tiempo que fije Carabineros, el afectado podrá ser
conducido a la unidad policial respectiva, a menos que se alla-
ne a inmovilizar el vehículo por el tiempo que fije Carabineros
o señale a otra persona que, haciéndose responsable, se haga
cargo de la conducción durante dicho plazo. Esta disposición se
aplicará sin perjuicio de las demás medidas o sanciones previstas
en las leyes.
En el caso de que la persona se apreste a conducir bajo la
influencia del alcohol, en estado de ebriedad o bajo la influencia
de sustancias estupefacientes o sicotrópicas, el juez aplicará la
sanción indicada en el art. 196 B o 196 E, disminuida o en grado
de tentativa, según corresponda”.

3.2. En nuestro país el método aceptado y autorizado para la


alcoholemia es el de Widmark, que consiste, a grandes rasgos,
en extraer del conductor o posible infractor –que puede ser
un peatón o un pasajero– una muestra de sangre, bastando
algunas gotas o aproximadamente 5 centímetros cúbicos, pu-

78
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

diendo ser tomada de la piel, algunas gotas de un dedo o del


lóbulo de la oreja, muestra que es sometida posteriormente
a una técnica microquímica de análisis y destilación. En vir-
tud de la alcoholemia, y como lo reconocen los autores que
hemos revisado, se demuestra de manera científica y cierta el
porcentaje de alcohol en la sangre, su dosificación y el que
además se presenta en los tejidos musculares, óseos, masa ce-
rebral, en el hígado, en los riñones, etc., pudiendo afirmarse
que todas las partes del organismo sufren una impregnación
alcohólica.

3.3. La alcoholemia es un informe pericial médico-legal que


determina la dosificación de alcohol en la sangre, y es uno de
los métodos o sistemas aplicados en prácticamente todos los or-
denamientos legales cuando ocurre un accidente de tránsito y
en la conducción en estado de embriaguez o bajo la influencia
del alcohol. Sin perjuicio de existir otros exámenes, como trata-
remos en párrafos siguientes, se estima a la fecha que la alcoho-
lemia es el que mejor determina la impregnación del porcentaje
de alcohol en la sangre, ya que la cifra de alcohol en la sangre
corresponde a un examen científico, selectivo y específico, al que
se le atribuye mayor confiabilidad y certeza.

3.4. En una serie de países se aplica el examen de Widmark, con


algunas modificaciones, y otros tests para verificar el promedio
de alcohol en la sangre de una persona, sin descartarse, por vía
de ejemplo, el llamado “método cromatográfico gaseoso”, el
“enzimático”, el “espectrofotométrico”, entre otros. También es
menester recalcar que para la determinación de la dosificación
de alcohol en una persona pueden efectuarse los exámenes en
líquidos biológicos, tales como orina, saliva, líquido cefalorraquí-
deo, como asimismo por medio de la prueba respiratoria o de
alcotest (Breath test), etc.

3.5. En lo atingente al delito mismo de MEE existe una abundan-


te jurisprudencia sobre el particular. Para un sector importante
de penalistas, psiquiatras y médicos legistas, la sola prueba de
alcoholemia, cuando arroja desde 1 por 1.000 de alcohol en la
sangre, se estima que serviría para determinar cuándo el sujeto

79
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

conduce en estado de embriaguez. En el fondo, se le da pleno


valor probatorio o de plena prueba legal, a la escala del 1 por
1.000 de alcohol en la sangre como ocurría por interpretación
de los tribunales de justicia desde hace algunos años, conside-
rando los informes médico-legales y hoy por disposición expresa
de la ley.

3.6. En cambio, otro grupo de penalistas y fallos reiterados consi-


deran que la alcoholemia, aunque señale el promedio más arriba
expresado, por sí sola es insuficiente para ser considerada como
elemento exclusivo y excluyente del MEE. Finalizan expresando
que deben practicarse otras pruebas, que también atenderemos,
tales como pruebas físicas, de destreza, de coordinación, equili-
brio, ambulación, aspecto físico del rostro del sujeto, ojos, modo
de hablar, etc.

3.7. En la parte final de esta obra, en los documentos, agregare-


mos la colaboración del Servicio Médico Legal de Concepción,
consistente en un instrumento donde se indica el proceso que
se emplea en la actualidad para este informe de alcoholemia,
que es el de Widmark, autorizado por dicho organismo sólo para
incorporarlo a este texto.

4. De la alcoholemia propiamente tal

4.1. A continuación nos detendremos en el estudio pormenori-


zado de la alcoholemia. Para esto es necesario recordar que el
etanol, como líquido, tiene como vía fundamental para llegar
al cuerpo u organismo la ingesta oral o bucal. No se descarta,
desde el punto de vista médico-legal, la existencia de otras vías,
como lo son la respiración, por medio de la piel y en algunas
oportunidades, en menor escala, la aplicación de una inyección
de alcohol directamente a la vena.

4.2. El alcohol, desde su ingreso y en pequeñas cantidades, pro-


duce efectos hasta la etapa final de esta intoxicación, denomina-
da egreso o eliminación, y da origen a una serie de fenómenos

80
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

no solo fisiológicos, sino también psíquicos, metabólicos, debi-


damente demarcados, con diversas consecuencias y con distintos
tiempos de duración. A su vez, el consumo exagerado o habitual
no producirá un estado de embriaguez, que es temporal o pasa-
jero, sino que una toxicofilia con graves repercusiones, que tiene
el carácter de patología mental o psiquiátrica.

4.3. Los textos consultados sobre el particular distinguen varias


fases o etapas en el proceso de la impregnación etílica, como
son la absorción, su velocidad, el metabolismo, difusión y la
eliminación. A grandes rasgos, recordemos que el alcohol no
requiere de una digestión propiamente tal, como otros líquidos
o alimentos. Al llegar, obviamente, a la cavidad bucal, llevará con-
sigo hasta el estómago la saliva con sus componentes, donde es
absorbido rápidamente en un porcentaje del 20%. La absorción
empieza en el mismo instante que allí se aloja o permanece. El
otro 80% es conducido hasta el intestino delgado, difundiéndose
y llegando en un corto lapso de tiempo al torrente sanguíneo y
desde allí es repartido circulando por todo el organismo, tejidos,
líquidos en general, glándulas, saliva, cerebro, orina, hígado,
corazón, bazo, líquido cefalorraquídeo, testículos, pulmones,
piel, huesos, etc.

4.4. En el hígado es donde se producen los fenómenos más im-


portantes del metabolismo del alcohol, en virtud del llamado
proceso de “oxidación”, por el cual se produce un desdobla-
miento de este líquido y aquel órgano trata por todos los me-
dios de eliminar el tóxico, que está relacionado con la cantidad
de alcohol ingerido, la graduación alcohólica y el tiempo de la
ingesta.

4.5. La concentración o alcoholemia empieza como a la media


hora desde su ingreso y el nivel más alto se obtiene a una hora
aproximadamente, esto es, una tasa de alcohol en la sangre con
graves compromisos, el que se mantiene por igual tiempo, empe-
zando después el período de eliminación de 0,10 gramo de alco-
hol por cada hora. Algunos tratadistas indican que estos tiempos
pueden fluctuar según una serie de factores que veremos en su
oportunidad, varios de ellos inherentes a la persona.

81
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

4.6. En seguida, y por ser una materia estrictamente de la medi-


cina legal, transcribiremos algunas opiniones al respecto.
4.6.1. Bonnet hace una serie de distinciones con respecto a
los períodos de la ebriedad, los niveles alcohólicos y los aspectos
clínicos, la forma como efectuar los exámenes y la influencia de
cada uno de ellos en la circulación vehicular, indicando:
“Primer período de ebriedad
Tanto en éste como en los siguientes períodos, y siempre que
ello sea posible, analizaremos sucesivamente los niveles alcohó-
licos y los aspectos clínicos: electroencefalográfico, psicotécnico
o testístico y el vinculado con el tránsito”.35

CORRELACIÓN CLÍNICO-QUÍMICA DE LOS ESTADOS DE EBRIEDAD


SEGÚN DIVERSOS AUTORES

Tenor de alcohol Medida Autor Año Caracteres psicotécnicos


en sangre o vísceras o clínicos
%

0,50 g Du Pan, Lambercier, Naville, 1948 Ausencia de manifestaciones salvo


Herman, Achard en sujetos hipersensibles al alcohol.

Inferior a 0,50 g Truffert 1941 No es posible hablar de ebriedad.

Inferior a 0,60 g Simonín 1957 No se observan signos evidentes de


intoxicación, pero casi todos los indi-
viduos presentan fallas psicotécnicas
en el comportamiento.

0,50-1 g Du Pan, Lambercier, Naville, 1948 Comportamiento aparentemente


Herman, Achard normal, pero las respuestas a test de
precisión ponen de manifiesto signos
clínicos de ebriedad.

0,50-2 g Truffert 1941 Es posible la existencia de trastornos


de conducta.

35
BONNET, ob. cit., t. II, pp. 1623 y 1624.

82
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

(Continuación)
Tenor de alcohol en Medida Autor Año Caracteres psicotécnicos
sangre o vísceras o clínicos
%

1-1,25 g Simonín 1957 El 66% de los individuos muestran


signos manifiestos de intoxicación.

1-1,50 g Du Pan, Lambercier, Naville, 1948 El 80% a 90% de los individuos pre-
Herman, Achard sentan signos clínicos perceptibles
de ebriedad.

1-2 cm3 Nicloux 1900 No alcanza a ser estado de ebriedad.

1,50-2 g Du Pan, Lambercier, Naville, 1948 El 95% de los individuos presenta sig-
Herman, Achard nos clínicos perceptibles de ebriedad.

Superior a 2 g Truffert 1941 Las alteraciones de la conducta


son tales que todo otro examen es
superfluo.

2-2,50 g Du Pan, Lambercier, Naville, 1948 Es posible hablar de ebriedad evidente


Herman, Achard en la totalidad de los casos.

2-3 cm3 Rojas 1936 Ebriedad superficial que puede ser


afirmada en individuos no habituados
al alcohol.

Superior a 2,50 g Du Pan, Lambercier, Naville, 1948 Ostensible evidencia de los síntomas
Herman, Achard de ebriedad.

2,50-3 g Simonín 1957 El 95% de los individuos muestra sig-


nos manifiestos de intoxicación.

3 cm3 Nicloux 1900 Ebriedad ligera.


3
cm Balthazard, Lambert 1921 Ebriedad definida.

Superior a 3 cm3 Rojas 1936 Se puede afirmar la ebriedad.

g Simonín 1951 El 100% de los individuos presenta


signos manifiestos de intoxicación.

4 cm3 Rojas 1936 Ebriedad completa.

Superior a 4 cm3 Balthazard y Lambert 1921 Ebriedad completa.

5 cm3 Rojas 1936 No existe duda sobre la ebriedad.

83
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

4.6.2. Este mismo autor agrega:


“Valores mínimos y máximos de alcoholemia delimitativos de la etapa.
Los establecemos entre 0,10 y 1 g por mil, o 0,1300 a 1,322 cm3,
igualmente por mil.
Aspecto clínico
Lo esencial aquí es que si bien existen modificaciones de las
funciones psicosensoriales, ellas son de orden cuantitativo y no
cualitativo. En otros términos, el juicio crítico se distorsiona de
manera progresivamente creciente, aunque no de manera abso-
lutamente proporcional y paralela al tenor del alcohol ingerido,
pero sin llegar a la obnubilación del mismo, o sea, aquí no se
puede hablar de la existencia de un trastorno de conciencia.
En consecuencia, durante este período existe lucidez, lo que
significa capacidad para comprender y mantener un diálogo;
para orientarse en tiempo y lugar; para comprender la crimi-
nalidad de un acto y dirigir las acciones, o sea, procesalmente
hablando, capacidad para delinquir.
A propósito de la lucidez nos parece conveniente mencionar
que Bleuler (1924) la definió como ‘significativa de ausencia de
todo desorden de conciencia y consiguientemente del pensar,
del sentir y de la orientación’, y que Jaspers manifestó otro juicio
no menos valioso: ‘para todos los trastornos de conciencia existe
una serie de síntomas objetivos, en más o en menos según la
magnitud de aquéllos, constituidos por: a) desinterés respecto
del mundo exterior; b) desorientación (ligada al factor anterior)
temporoespacial; c) incoherencia e ininteligibilidad de la con-
ducta; d) dificultad o imposibilidad en la capacidad de fijación
y conservación de imágenes psicosensoriales (hipoamnesia, am-
nesia); e) dificultad o falta de reflexión (discernimiento, juicio,
raciocinio); f) amnesia o hipoamnesia de lo ocurrido durante el
episodio, una vez finalizado el mismo’.
Los caracteres clínicos más destacables en este período son
los que siguen: distorsión psicosensorial, con retardo de respues-
ta a los estímulos visuales y auditivos; tendencia a la euforia o a la
depresión; proclividad a la verborrea en el primer caso y al mu-
tismo en el segundo; exaltación del nivel normal de impulsividad
y agresividad, proyectándose hacia el ambiente o hacia el propio
sujeto. Es de señalar que estos últimos caracteres en este período

84
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

se mantienen, casi siempre, en el plano de las amenazas y de la


belicosidad más que de la acción propiamente dicha”.36

4.6.3. Bonnet más adelante señala:


“Segundo período de ebriedad
Valores mínimos y máximos de alcoholemia delimitativos de la etapa
Los establecemos entre 1,01 y 1,49 g por mil, o 1,33 a 1,99 cm3,
igualmente por mil.
Seguiremos aquí un desarrollo similar al período anterior.
Aspecto clínico
La característica esencial está constituida por la instalación y
progresiva marcha de un estado crepuscular de conciencia. Esto
significa, de acuerdo con lo expresado por Bleuler, que existe
un trastorno de conciencia, caracterizado en este caso por una
obnubilación de la misma, la que por lo demás será paulatina-
mente creciente a medida que la dosis de alcohol también vaya
aumentando.
Este estado crepuscular de conciencia no es un estado de
alienación mental. En otros términos, no es un trastorno mental
transitorio completo, sino solamente un trastorno mental tran-
sitorio incompleto.
La conciencia no está total y absolutamente suprimida, lo
que significa que existen resabios de lucidez. Claro que no es la
lucidez completa, absoluta, del primer período, sino una luci-
dez deficiente, lo que significa: 1) conservación de un relativo
interés por el mundo exterior; 2) mantenimiento de una relativa
orientación temporoespacial; 3) mantenimiento de una relativa
coherencia en los actos; 4) mantenimiento relativo del juicio crí-
tico, que hace que los actos no pasen de una manera ponderada
y equilibrada por la criba del raciocinio. Por esta razón, los actos
tienden cada vez más a ser impulsivos y cada vez menos actos
reflexionados.
En consecuencia, de todo ello se deduce claramente que
la conciencia no está abolida, sino sólo disminuida, y como co-
rolario, que en este período hay lucidez aunque reducida, que
permite no obstante al sujeto comprender la criminalidad de un

36
BONNET. ob. cit., t. II, pp. 1625 y 1626.

85
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

acto, pero su juicio deficitario le impide valorar la proyección


del mismo.
El sujeto que se encuentra en este estado segundo de ebrie-
dad tiene conciencia, aunque precaria, que mata, que hiere o
que conduce de modo irregular, pero su juicio crítico disminui-
do, aunque no abolido, no le permite discernir con absoluta
equidad ni el hecho en sí ni su trascendencia, tanto para la víc-
tima como para él como autor.
Por eso –como ya lo expresamos anteriormente– el acto con
gran frecuencia es una reacción impulsiva y no un acto plenamen-
te deliberado y planeado. Pero este impulso no ha dejado de ir
acompañado de un resto de conciencia: conciencia crepuscular,
pero conciencia al fin. De ahí que el acto sea punible, porque ha
existido capacidad para comprender y actuar. Llegado el momen-
to de la sentencia, corresponderá al magistrado analizar todas las
actuaciones del caso en sí y muy especialmente las circunstancias
del antes, durante y después del hecho, para deducir si resultan
evidentes factores de mayor o menor peligrosidad”.37
4.6.4. Continúa Bonnet:
“Tercer período de ebriedad
Es por lo general el que presenta mayores dificultades periciales
y aquí, más que nunca, el perito deberá antes de alcanzar las
conclusiones de su informe, analizar la totalidad de las pruebas,
informes y testimonios acumulados en el expediente.
Valores mínimos y máximos de alcoholemia delimitativos de la etapa.
Los establecemos entre 1,50 y 3 g por mil, o 2 a 3,97 cm3, igual-
mente por mil.
Aspecto clínico
Como se ha podido apreciar, se trata de un período de transi-
ción, dentro del cual y por razones propias del individuo o de la
bebida, el sujeto tan pronto puede hallarse dentro de la concien-
cia crepuscular, es decir, en el período segundo, como dentro del
estado de inconsciencia, o sea, el cuarto y último período.
Por eso cada caso debe ser analizado y valorado en particular
en relación con su verdadera y definida capacidad para delinquir

37
BONNET, ob. cit., t. II, pp. 1627 y 1628.

86
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

en el momento del hecho. Sólo y como detalle indicativo, lo


que no es lo mismo que detalle afirmativo, podemos decir que
cifras de alcohol en sangre por mil oscilantes entre 1,50 g y 2,24
g por mil de alcohol en líquidos o tejidos orgánicos es posible
correspondan a un estado crepuscular acentuado, pero todavía
estado crepuscular, mientras que cifras de alcohol por mil, en-
tre 2,25 g y 3 g es muy posible que correspondan al comienzo
de un estado de inconsciencia, pero ya positivamente estado de
inconsciencia.
Es de señalar que Perrín consideró el monto de alcohol por
mil en sangre que tiene como límites extremos mínimo y máxi-
mo 1,50 g y 2,00 g el ‘período médico-legal’ por excelencia, lo
que abona en cierto modo lo acabado de manifestar, pues la gran
mayoría de los delitos contra las personas son cumplidos por
sujetos en estado crepuscular de conciencia.
En el terreno neurológico se ha comprobado lo siguien-
te: 1) con 1,50 g (2 cm3), apraxia, ataxia, asinergia y agradia;
2) con 1,60 g (2,11 cm3) la marcha se hace titubeante y defini-
damente ‘ebriosa’; 3) con 2,50 g (3,30 cm3) aparece el signo de
Romberg (Laves); 4) con 3 g (3,97 cm3), la anartria es definida
(Laves)”.38
4.6.5. Por último, Bonnet apunta:
“Cuarto período de ebriedad
Valores mínimos y máximos de alcoholemia delimitativos de la etapa
Los establecemos entre 3,01 y 6 g por mil o más, o 4,01 a 7,97
cm3 o más, igualmente por mil.
Aspecto clínico
La inconsciencia, sea como síndrome confusional simple o con-
fuso-onírico, delirio agudo o automatismo psicomotor, se halla
presente casi sin excepción; porque este ‘casi’ representa muy
posiblemente menos del uno por ciento de las observaciones,
ya que en cuestión de ebriedad no es posible descartar de modo
absoluto y terminante la excepción a la regla. De ahí la necesi-
dad de estudiar cada caso en particular, agotando todas las ins-
tancias: testimonial, psicogenética (antes, durante y después del

38
BONNET, ob. cit., t. II, pp. 1628 y 1629.

87
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

delito), clínica y de exámenes complementarios. La prueba de


la ebriedad provocada –siempre que el procesado y sus letrados
acepten su realización– no dejará de ser un elemento valioso
llegado el caso de producirse, pero también aquí es de recordar
que la prueba no reeditará el estado anímico y las vivencias que
el sujeto experimentó en el momento del hecho.
Clínicamente, en esta etapa es posible señalar que: 1) con
3,01 g a 4 g (4,01-5,28 cm3) se constata: a) bradipnea, hipotermia
y colapso periférico; b) anartria completa y marcha sumamente
dificultosa o bien totalmente imposible; c) instalación de un esta-
do de somnolencia cada vez mayor; 2) con 4,01 g a 6 g (6,29-7,97
cm3), ocurre un estado estuporoso anunciador del coma, el que
termina en la mayor parte de los casos con la muerte del sujeto
si no media un severo y eficiente tratamiento antitóxico”.39
4.6.6. El psiquiatra argentino y profesor de Medicina Legal Vi-
cente Cabello hace un estudio de los gramos que determina una
alcoholemia y sus efectos:
“Correlación entre la alcoholemia y los efectos clínicos en los estados de
preebriedad
El estudio de los tiempos de reacción muestra que hasta 0,30 g
de alcoholemia no aparecen efectos clínicos mensurables. Es
decir, que la generalidad de las personas podrían ingerir 300 g
de vino a 60 g de whisky, sin que se altere su fisiología.
Dejemos anotado que el tiempo de reacción normal a los
estímulos luminosos es de 0,29 avos de segundo y los acústicos
de 0,19 avos de segundo, de manera que se responde más rápi-
damente ante una señal acústica que a una luminosa.
La palabra hablada asumiendo el tono de apelación cons-
tituye el mejor y más eficaz impulso accionante, como son las
órdenes de mando, el pedido de auxilio, etc. Entre la señal de
un semáforo y el silbato de un agente de tránsito, éste impacta
más que aquella.
Acercándonos a 0,50 centigramos de alcoholimetría, ya se
advierte un alargamiento del tiempo de reacción o equivocacio-
nes situacionales; alteración de la “capacidad de elegir”. De 0,50
a 1 g por mil, el alargamiento del tiempo de reacción acústica

39
BONNET, ob. cit., t. II, pp. 1629 y 1630.

88
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

es de 0,38%. El campo visual periférico sufre perturbaciones a


partir de 0,73 g por mil de alcohol en sangre, dificultando la
percepción simultánea de dos o más objetos, que de esta ma-
nera no se distinguen ni entran por consiguiente en el juicio
de prevención, impidiendo la ejecución de maniobras conve-
nientes para conjurar situaciones de peligro; por ejemplo, girar,
frenar, avanzar, sortear obstáculos, etc. Lo mismo sucede por
fallas perceptivas que dificultan la medida de las distancias y la
noción del tiempo. La integridad funcional del binomio distan-
cia-tiempo es fundamental en la conducción automovilística, y
esto es lo que justamente está comprometido en los estados de
preebriedad”.40
4.6.7. Este autor puntualiza la diferencia entre los estados de
ebriedad y preebriedad. “En la preebriedad los signos clínicos
pasan inadvertidos; se detectan valiéndose de las pruebas psicoló-
gicas y otros procedimientos destinados a captar perturbaciones
neuropsíquicas que, aunque mínimas, influyen en el manejo
del automotor, investigaciones que sólo pueden realizarse en
gabinetes especializados, por cuya causa resultan de hecho im-
practicables.
Sin muchas vacilaciones, podemos afirmar que el estado de
preebriedad es asintomático, contrariamente al de la ebriedad,
cuyas manifestaciones no escapan aun al menos avezado. Por eso
decimos que la preebriedad hay que demostrarla, mientras que
la ebriedad se demuestra sola”.41
4.6.8. El español Gisbert, en el capítulo referente a los exámenes
para determinar si una persona ha consumido alcohol en forma
reciente, anota:
“1. Tests que prueban si una persona ha consumido alcohol recientemente
El único test de aplicación rápida y valor práctico a este respecto
es el olor a líquidos alcohólicos en el aliento y en las materias
vomitadas (en su caso). Con las siguientes salvedades: que la in-
tensidad del olor varía con la naturaleza del líquido consumido
y el tiempo transcurrido desde la consumición; que algunas sus-

40
VICENTE CABELLO P., Psiquiatría forense en el derecho penal. Doctrina, juris-
prudencia, pericias, t. II-A, Editorial Hammurabi, Argentina, 1981, p. 174.
41
CABELLO, ob. cit., t. II, p. 175.

89
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

tancias pueden desfigurar, atenuar o intensificar dicho olor; que


esta percepción depende de la sensibilidad olfatoria de quien lo
explora.
No obstante estas salvedades, si no hay olor a líquido alco-
hólico en el aliento de un sujeto reconocido dentro de un plazo
razonable después de su arresto, es improbable que haya consu-
mido alcohol recientemente.
2. Tests para determinar la pérdida del control de las facultades
No existe ningún test aislado que, tomado en sí mismo, permi-
ta decidir al médico que la cantidad de alcohol consumida ha
originado la pérdida del control de sus facultades en la persona
examinada. Una conclusión correcta sólo puede lograrse consi-
derando una combinación de varias pruebas y observaciones, ta-
les como las siguientes: lengua seca, saburral o, alternativamente,
salivación excesiva.
a) Conducta general: irregularidades tales como insolencia,
lenguaje injurioso, locuacidad, excitación o indiferencia.
b) Estado de los vestidos: especialmente desorden y suciedad
de los mismos, en contraste con las costumbres y estado social
del examinado.
c) Apariencia de la conjuntiva: irritación y sufusión conjun-
tival.
d) Estado de las pupilas y reactividad de las mismas: las pu-
pilas pueden variar desde la más extensa dilatación a la máxima
contracción y asimismo pueden ser iguales o desiguales; es ex-
cepcional, en cambio, que se mantengan normales. Además, en
opinión de la mayor parte de los médicos de la Policía, cuando
se ha ingerido alcohol en cantidad tóxica está ausente el reflejo
pupilar a la luz ordinaria, pero es capaz aun de contraerse ante
una luz muy fuerte, permaneciendo contraída un tiempo anor-
malmente largo.
e) Carácter de la palabra: voz vacilante y ronca con articula-
ción dificultada.
f) Memoria: pérdida o confusión de la memoria, especial-
mente de los hechos recientes, interesándose sobre todo la
apreciación del tiempo.
g) Forma de andar, de girar sobre sí mismo, sentarse y levan-
tarse, o recoger un lápiz o moneda del suelo.

90
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

h) Temblor, así como errores de la coordinación y orienta-


ción.
i) Caracteres de la respiración y especialmente presencia de
hipo.
En cambio, en las siguientes pruebas puede tenerse poca
confianza para decidir si un sujeto está o no bajo la influencia
del alcohol:
j) Presencia de taquicardia.
k) Repetición de series de palabras o frases.
l) Caracteres de la escritura a mano.
m) Deambulación a lo largo de una línea recta.
n) Falta de convergencia de los ojos”.42
4.6.9. Achaval, sobre la alcoholemia y otros aspectos de la embria-
guez, señala: “C. Márquez (‘Revisión y nuevos conceptos acerca
del alcoholismo’, en Temas de psiquiatría) cita como normal 0,1
a 0,3 g/l, patológica 0,5 g/l, embriaguez 1 g/l, embriaguez pro-
funda 1,5 a 2 g/l y concentración mortal 4 a 6 g/l. Considero
que una alcoholemia de 0,1 g/l para no conducir con peligro es
exageradamente baja, como se verá después.
La alcoholemia y su correlación clínica comienza con 0,2 g a
0,5 g por mil: exaltación discreta y sin llamar la atención como
comportamiento anormal. Fallas psicotécnicas de funciones
cerebrales discriminativas, motoras y reflejas. R. N. Harger y H.
R. Hulpieu (en Alcoholismo, G. N. Thompson, Thomas) sobre
un total examinado de 5.850 alcoholizados pudieron dictami-
nar embriaguez con esta concentración tan sólo en un 10%.
Fourneau, según Derobert y Duchene, incluye en este grupo las
tasas de alcoholemia de 0,06 a 0,10 g por mil como carentes de
efectos aparentes; por arriba de 0,15 g por mil hay efectos en
tests especializados e incremento en los accidentes de tránsito. P.
Miani y G. Vidoni (‘Ricerche sperimentali sulla funzione acustica
dell’uomo in rapporto a vari gradi di alcoolemia’, Miner. Med.
Leg.) consideran que el umbral de los tonos extremos se eleva,
y presentan la teoría de la participación de elementos distintos
a la alcoholemia o grado de ebriedad, tales como el poder cen-

42
JUAN ANTONIO GISBERT CALABUIG, Medicina legal y práctica forense,
Editorial Saber, Valencia, España, 1957, pp. 397 y 398.

91
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

tral de atención y de concentración en relación a los receptores


periféricos.
0,50 g a 1 g por mil: ‘alcoholizado’ en el 25% de los casos;
sin embargo Harger y Hulpieu hicieron el diagnóstico de em-
briaguez en 34% de sus examinados. Se describen con euforia,
desinhibición, confianza en sí, inestabilidad emocional, retardo
de reflejos, dificultades en la adaptación visual y en especial en la
oscuridad, desadaptación en la capacidad de previsión. Algunos
autores llaman ‘preclínico’ a este estado que surge de evaluar al-
coholemia-signos clínicos. Fourneau considera que con 0,6 g por
mil hay disminución del control motor, y Carlson considera que
uno de cada catorce individuos ya tienen incoordinación motora
y pérdida de control. Fourneau con 0,8 a 1 g por mil encuentra
30% de individuos clínicamente ebrios.
1 g a 2 g por mil: ‘alcoholizado’ en el 50% de los casos. Har-
ger y Hulpieu diagnostican embriaguez en 64% de los alcoholiza-
dos con alcoholemias entre 1,01 g y 1,50 g por mil. El comité téc-
nico asesor creado en la Subsecretaría de Medicina Sanitaria por
disposición 80/1977, consideró que el 75% de los sujetos estaban
intoxicados. Forneau también encuentra 50% de ebrios con 1,50
g por mil. Para las zonas de alcoholemias de la U. S. National
Safety Committee, 1,50 g por mil o más está definitivamente
bajo influencia y no necesita examen médico. En igual sentido se
pronunció la British Medical Association en 1959. Un alcohólico
crónico, en el mejor de los casos, se presenta soberbio, mientras
que jóvenes abstemios y sanos con esa concentración se han
intoxicado y muerto por depresión del sistema nervioso central.
Con alcoholemia de 1,51 g a 2,00 g por mil hacen el diagnóstico
de embriaguez en el 86% de los casos. Hay trastornos de memo-
ria y comprensión deficiente, incoordinación, confusiones, inca-
pacidad de juicios críticos, marcha insegura, tiempo de reacción
alargado, nistagmus. No se discute la ebriedad, pero puede ser
moderada para algunos individuos. Completando el estudio con
exámenes psicológicos y test, P. Moureau (‘Les nouvelles disposi-
tions legislatives belges, en matière d’intoxication alcoolique des
conducteurs des véhicules’, Minerv. Med. Leg. 81) en un trabajo
conjunto con su discípulo Levaux, demuestran que con una tasa
de 1,50 de alcohol por mil en sangre ‘todos los individuos están
netamente bajo la influencia del tóxico’.

92
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

2 g a 2,50 g por mil: ‘alcoholizado’ en el 100% de los casos.


Harger y Hulpieu obtienen el diagnóstico de embriaguez en el
96% de sus examinados. Para el diagnóstico encuentran mala
respuesta motora, dificultad en percibir color (semáforos, bille-
tes, vehículos, etc.), forma, movimientos y dimensiones, pérdida
de todas las inhibiciones, pendenciero, sentimental, irrazonable,
disartria, automatismo, agrafia y apraxia. El Comité al que hice
referencia, creado por disposición Nº 80/1977, consideró que la
intoxicación era ‘seria’. Fourneau encuentra 100% de ebrios con
alcoholemias de 2 a 3 g por mil.
2,50 g a 3,00 g por mil: marcha tambaleante, diplopía, len-
guaje escandido, perturbado, náuseas, vómitos, ataxia, temblor
y, en muchos casos, ya la marcha está imposibilitada. Harger y
Hulpieu tienen diagnóstico de embriaguez en un 99%.
3 a 4 g por mil: inercia, midriasis, amnesia, anestesia, taqui-
cardia y taquipnea, hipotermia de 4 a 6 grados C, pérdida de
la capacidad de expresión verbal y aun mímica. La adrenalina
aumenta en las cuatro primeras horas y las catecolaminas urina-
rias en la primera hora tienen dos veces más adrenalina y tres
veces más noradrenalina. A partir de 3,50 g por mil el riesgo
de muerte se instala, y en ese valor comienza, en general, el
coma alcohólico. A partir del coma, la velocidad de absorción
disminuye.
Concentraciones de 5,50 g por mil generalmente son morta-
les. Sin embargo, hay casos de sobrevida con 6,00 y 7,00 g por mil
citados por varios autores. Habitualmente se dice que es mortal
la dosis de 6 g por kilo de peso (para 70 kg de peso serían 420
ml de alcohol etílico 100 grados).
Huitric encuentra distintos niveles de ebriedad en indi-
viduos con más de 4 g por mil, y en cuanto a la alcoholemia
mortal, encuentra valores diferentes: personas que mueren con
8 g por mil y otros con 12 y aun 15 g por mil. La alcoholemia
mortal para la infancia debe reducirse aproximadamente a 3
g por mil”.43

43
ALFREDO ACHAVAL, Alcoholización, imputabilidad, estudio médico legal, estu-
dio psiquiátrico-forense, Abeledo Perrot, Buenos Aires, 1994, pp. 20 a 23.

93
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

4.6.10. Más adelante agrega: “Por todo ello, un examen clínico


completo debe contemplar:
– Hora del examen. Fecha del examen. Hora de ingreso al lu-
gar donde ocurrió el hecho. Tiempo conocido transcurrido desde
el comienzo de la ingesta y desde el fin de la ingesta (cálculo de la
pérdida de alcoholemia horaria).
– Comportamiento general. Posición clínica activa o pasiva.
Posición obligada u optativa.
– Estado de los vestidos.
– Aspecto de las conjuntivas oculares.
– Pupilas (en general en miosis).
– Reflejos pupilares.
– Nistagmus espontáneo o no (nistagmus horizontal en de-
cúbito lateral). Nistagmus provocado.
– Estado de la lengua.
– Repetición de palabras de articulación difícil.
– Olor del aliento.
– Tipo respiratorio.
– Presencia o no de hipo.
– Carácter del habla.
– Manera de pararse (inicialmente con aumento del polígo-
no de sustentación, luego bamboleante y finalmente imposible),
de andar (imposible manteniendo una línea recta, una tabla en
el piso o una unión de baldosas), imposibilidad de girar brusca-
mente sin caerse. Con ojos abiertos y con ojos cerrados.
– Maniobra de sentarse en el piso y levantarse a posición de
pie.
– Recoger un objeto del suelo (lápiz, moneda, goma).
– Relato de lo ocurrido, de las horas previas y cálculo de sus
lapsos.
– Estado de conciencia.
Métodos complementarios clínicos: prueba índice-índice
con ojos cerrados y sobre la cabeza; prueba índice-nariz con ojos
cerrados; prueba índice-oreja con ojos cerrados; prueba con el
disco de Golbery colocando en un disco de cartón, en su lado
inferior, un dedal pegado en el centro, y en la cara superior de-
linear círculos con 1 cm de diferencia de radio que permitirá,
colocando el índice derecho o izquierdo en el dedal, con los
ojos cerrados, ubicar el planeo dismétrico del otro índice sobre

94
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

el disco; prueba de Romberg simple o sensibilizado, es decir,


juntando los pies mantener el equilibrio con ojos abiertos y
cerrados, respectivamente; prueba giratoria vestibular que para
el caso no necesita de sillón especial, pudiendo usarse un sillón
giratorio común, pues bastan cinco o seis vueltas de asiento para
provocar el nistagmo horizontal.
Métodos psicotécnicos de escritorio: tachado de vocales de
un texto, errores de escritura a máquina de quien sabe usar la
máquina de escribir, respuestas absurdas a un cuestionario mo-
tivado. Variaciones de potencial evocado visual: disminución de
la amplitud y aumento de la latencia”.44

4.6.11. Vinculado a la interpretación de la alcoholemia, el autor


Vargas expresa:
“Interpretación de la alcoholemia
Menos de 50 mg por 100 cc de sangre: prueba prima facie de que
no se está bajo la influencia del alcohol.
50 a 150 mg %: prueba para ser evaluada con signos clínicos.
Estos signos pueden demostrarse mediante pruebas psicotécni-
cas, como la de Bourdon, que consiste en tachar vocales de un texto
corto en un breve período. La persona bajo la influencia no alcan-
zará a corregir todas las palabras o cometerá algunos errores.
Una prueba neurológica es la de “dedo a dedo” de Goldberg,
que consiste en colgar sobre el índice izquierdo un disco de
cartón con círculos concéntricos, como los de tiro al blanco. En
el índice derecho se le coloca un dedal con una punta aguzada.
Con los ojos vendados, la persona examinada debe reunir los
dedos, marcando el blanco con la punta de la aguja. El área de
dispersión indica la magnitud de su incoordinación.
Otra prueba es la del nistagmo postural. Se examina, ha-
ciendo fijar la mirada en el índice del observador colocado a
25 cm de distancia de los ojos de la persona examinada, luego
de haberla hecho girar de pie 5 veces en 10 segundos. Tiene la
importancia de que no es regulado por la voluntad, y que se pro-
ducirá por influencias vasomotoras sobre el equilibrio en centros
vestibulares. Aparece con alcoholemia de 60 mg%.

44
ACHAVAL, ob. cit., pp. 52 y 53.

95
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Más de 150 mg %: prueba prima facie de que se está bajo la


influencia del alcohol.
Más de 200 mg %: en un peatón es prueba prima facie de que
no estaba en capacidad de reaccionar ante un peligro inminente,
y actuaba en forma automática sin conciencia de sus actos.
Más de 250 mg %: francamente intoxicado.
Más de 400 mg %: estado comatoso que puede llevar a la
muerte”.45
4.6.12. Gisbert, catedrático de Medicina Legal vinculado al “Diag-
nóstico bioquímico de la embriaguez”, señala:
“Consiste concretamente en la dosificación del alcohol en la
sangre, orina, saliva o en la respiración, de lo que se deduce la
impregnación alcohólica del organismo. Es mucho más impor-
tante y decisivo llevar a cabo la dosificación sobre la sangre.
Cuando se consume alcohol, una vez absorbido se difunde
por todo el organismo de forma prácticamente uniforme y sen-
siblemente proporcional a la riqueza en agua de los tejidos. La
máxima concentración de alcohol en la sangre se alcanza dentro
de media a una hora de la ingestión; este nivel se mantiene du-
rante otra hora y a continuación va descendiendo con regulari-
dad, dependiendo la rapidez de este descenso de la capacidad
de los tejidos para oxidar el alcohol.
La forma en que fue ingerido el alcohol tiene influencia
sobre el alcohol sanguíneo, produciendo una mayor alcohole-
mia las bebidas alcohólicas concentradas que las diluidas. Tiene
también influencia el estado de vacuidad o repleción alimenticia
del estómago en el momento de la ingestión y, en el último caso,
la naturaleza de los alimentos presentes.
Pero, aun teniendo en cuenta todas estas posibles causas de mo-
dificación de la absorción y difusión del alcohol, hoy existe acuerdo
en las conclusiones admitidas sobre las relaciones existentes entre el
grado de alcoholemia y el cuadro clínico. Dichas conclusiones son:
a) Una alcoholemia de 0,60 g de alcohol por 1.000 de sangre,
como máximo, debe ser aceptada como índice de que el sujeto
está sobrio.
45
EDUARDO VARGAS ALVARADO, Medicina legal, segunda edición, Com-
pendio de ciencias forenses para médicos y abogados, Lehmann Editores, San José, Costa
Rica, 1980, pp. 337 y 338.

96
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

b) Entre los 0,60 y 1,20 g de alcohol por 1.000 de sangre, las


posibilidades de que haya intoxicación van aumentando, pero
no puede obtenerse de esto ninguna deducción.
c) Una alcoholemia comprendida entre 1 y 2 g por 1.000 de
sangre se corresponde con la primera fase de la intoxicación
(ebriedad) y para ser valorada jurídicamente debe ir acompaña-
da de los correspondientes signos clínicos de intoxicación.
d) Con valores entre 2 y 4 g de alcohol por 1.000 de sangre
debe aceptarse el diagnóstico de embriaguez aun en ausencia
de datos clínicos.
e) Cifras alcoholémicas de 4 a 5 g por 1.000 de sangre se en-
cuentran constantemente durante el estado de coma alcohólico.
f) Finalmente la mayor parte de los autores coincide en acep-
tar que valores alcoholémicos superiores al 5 por 1.000 de sangre
demostrados en el cadáver justifican el diagnóstico de muerte
por alcoholismo agudo”.46

4.6.13. El Doctor en Derecho y Magistrado español Miguel


López-Muñiz Goñi, en el capítulo de la “Sintomatología de la
alcoholemia”, anota:
“Aunque en todos los accidentes creemos procedente que
se haga la prueba de alcoholemia, hay supuestos en los que de
forma ineludible debe realizarse, y son aquellos en los que el
conductor o la víctima ofrezcan ciertos síntomas propios de su-
frir intoxicación alcohólica, por leve que sea. Algunos de estos
síntomas son:
1. Trastornos psíquicos
La primera influencia del alcohol sobre el organismo se mani-
fiesta en los trastornos de carácter psíquico. La verborrea, el afán
de hablar, la supervaloración de la propia capacidad y el deseo
de manifestarla. Junto a estos caracteres, existe disminución de
la inhibición, apareciendo las cualidades negativas, tales como la
grosería, las faltas de respeto, etc. Elbel dice que los conductores
bajo la influencia del alcohol en pequeñas dosis, se vuelven más
desenfrenados y descuidados, y si la dosis aumenta, más peligro-
sos y desconsiderados.

46
GISBERT, ob. cit., p. 400.

97
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Si la dosis del alcohol aumenta, el lenguaje se altera, pro-


duciéndose disminución en la velocidad de pronunciación y
defectos de articulación. Laves dice que hay falta de claridad en
el lenguaje, arrastramiento de sílabas, entonaciones irregulares,
manía de hablar ‘en secreto’ y, eventualmente, gritos.
2. Trastornos físicos
Según los grados de alcoholemia, pueden distinguirse distintos
cuadros de trastornos físicos, que pueden ir desde la ligera falta
de coordinación muscular y la ausencia de respuesta a los estí-
mulos, que se producen en el primer grado de embriaguez, a la
disminución de la sensibilidad al dolor, los vómitos, inseguridad
en la pisada, incoordinación muscular, etc.
Hay varias pruebas para comprobar alcoholemia por falta de
equilibrio y coordinación. Algunas de ellas son:
1. La Prueba de Romberg: situado el individuo en estudio
con los pies juntos, las manos extendidas hacia delante y cerra-
dos los ojos, tiende a caer. La vacilación en las personas normales
es leve, aumentando con la presencia del alcohol.
2. Sobre una línea trazada en el suelo, andar con los ojos
vendados y los brazos en alto, poniendo un pie justo delante del
otro.
3. Juntar los dedos índices de cada mano, estando con los
ojos cerrados y partiendo de los brazos extendidos hacia abajo.
4. Juntar el dedo índice de una mano con la nariz, estando
con los ojos cerrados”.47

4.6.14. Más adelante, este autor manifiesta: “Es interesante la


observación que hace Timmenga diciendo que para la determina-
ción de la tasa alcohólica se emplea el método de Widmark. Una pequeña
cantidad de sangre destilada se pone en solución con el agua conteniendo
ciertas sustancias químicas. El alcohol se fija sobre estas sustancias. Y
se puede, en fin, para ciertas dosis, determinar la tasa de alcohol en la
muestra. Pero en ciertas condiciones este análisis puede no ser decisivo
porque no solamente el alcohol, sino todas las materias volátiles (por
tanto, el alcohol), se fijan sobre el cuerpo químico en la solución acuosa,

47
MIGUEL LÓPEZ-MUÑIZ GOÑI, Accidentes de tráfico. Problemática e investiga-
ción. segunda edición, Editorial Colex, 1995, pp. 343 y 344.

98
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

y otras sustancias volátiles, en particular la acetona, son medidas con


él. Se puede encontrar este cuerpo en la sangre de pacientes que sufren
diabetes y otras enfermedades menos comunes. Para prevenir estos posibles
errores debe tomarse también una muestra de orina. Su análisis permite
averiguar inmediatamente si la persona examinada sufre diabetes y la
existencia en la sangre de otras materias volátiles”.48

4.6.15. Referente a los “Elementos de cada individuo”, López-


Muñiz señala:
“Son elementos influyentes el peso corporal, el hábito, la
edad, enfermedades de distintos tipos, el trabajo corporal realiza-
do después de las libaciones y ciertos factores de tipo individual
específicos.
En este sentido podría decirse que la alcoholemia es igual al
peso en gramos de alcohol puro ingerido dividido por el peso de
la persona en kilos, multiplicado por el valor de la constante de
reducción, que es 0,69 para hombres y 0,55 para mujeres.
Esta diferencia entre los sexos se produce, según Widmark,
en base a la diferente constitución anatómica, ya que la mujer
tiene menos músculo y más tejido adiposo, con más afinidad al
alcohol”.49

4.6.16. Por último, con respecto a la “Valoración médico-legal de


la alcoholemia”, este autor acota:
“El primer aspecto de interés en la alcoholemia es la valora-
ción de su intensidad en relación con la actuación del individuo.
Existen varios cuadros-tipo con los caracteres más sintomá-
ticos, según el porcentaje de alcohol. Así, Bosen y Muehlberger
ofrecen el siguiente:
A) 1 por 1.000 produce el estado subclínico o embriaguez
inicial, con leves mutaciones externas, pero son alteraciones
psíquicas poco aparentes.
B) 1,5 por 1.000 da lugar al llamado estado de inestabilidad
emotiva, con la inhibición disminuida, ligera ausencia de co-
ordinación muscular y debilitamiento de la reacción ante los
estímulos.

48
LÓPEZ-MUÑIZ, ob. cit., p. 347.
49
LÓPEZ-MUÑIZ, ob. cit., p. 352.

99
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

C) 2 por 1.000 entra ya en el campo de la confusión con al-


teración de la sensación, disminución de la sensibilidad al dolor,
vacilación al caminar y dificultad al hablar.
D) 3 por 1.000 puede considerarse como fase de estupor, con
fuerte disminución de los estímulos, grave falta de coordinación
muscular e iniciación de fenómenos de parálisis.
E) 4 por 1.000 da lugar al estado de coma, inconsciencia,
disminución de reflejos, temperatura subnormal, reducción de
la circulación, etc.
F) 4,5 por 1.000 se considera como dosis mortal”.50

5. Forma en que se practica el examen de alcoholemia

Este examen de alcoholemia se verifica en dos etapas: la pri-


mera, denominada médico-administrativa, y la segunda, química
o de laboratorio, las que son totalmente separadas y con opera-
ciones distintas, aunque en el fondo tienen un mismo objetivo,
el precisar la dosificación de alcohol en la sangre del cuerpo
humano, en un momento determinado.

5.1. Etapa médico-administrativa

5.1.1. Se inicia cuando el conductor, peatón o pasajero es llevado


por miembros de Carabineros, por regla general, a la asistencia
pública, o a las postas, o a los hospitales, o servicios similares, o
a los autorizados para efectuarla.

5.1.2. El sujeto está en una camilla, se le desinfecta la parte co-


rrespondiente del brazo –comúnmente se hacía con algodón
que contenía alcohol (lo que constituía una mala práctica, ya
que puede hacer variar en última instancia el porcentaje de con-
centración alcohólica), hoy se hace con una solución jabonosa,
u otras sustancias– donde se le va a extraer la muestra de sangre
con la jeringa, por el médico de turno o la persona autorizada,
la que es depositada en un frasco sellado. En la práctica, cuando
50
LÓPEZ-MUÑIZ, ob. cit., pp. 353 y 354.

100
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

la persona es conducida a un establecimiento hospitalario o a la


Asistencia Pública, la enfermera es la que procede a realizar la
toma de la muestra, tratando de conservarla en la mejor forma
posible en dicho frasco, el que contiene medicamentos anticoa-
gulantes. La cantidad de muestra varía, pero la acostumbrada
es más o menos de unos cinco centímetros cúbicos. Hecha la
extracción, el médico de turno procede a llenar la hoja de alco-
holemia con la individualización de la persona, el diagnóstico,
las observaciones, constancia de la placa policial, fecha de extrac-
ción de la sangre, la hora, etc. Existe otro espacio para indicar el
resultado químico y el grupo sanguíneo, lo que puede hacerse
posteriormente.

5.1.3. Sellado con tela adhesiva y engomado (algunos médicos


indican que es más práctico lacrarlo), al frasco que contiene
tal muestra se le coloca un número, que corresponde al ano-
tado en la ficha o acta de alcoholemia, y son introducidos, el
primero, esto es, el frasco, en una cavidad de una caja también
sellada que se encuentra en la Sala de Médicos de la Asisten-
cia Pública, en la que existe un molinillo que rota en un solo
sentido, y la segunda, la ficha de alcoholemia, en el mismo de-
pósito, por una ranura. De consiguiente, la muestra de sangre
no puede ser sacada del depósito, y conforme a la construcción
de la caja, quedan totalmente separados. Es importante que en
la ficha de alcoholemia se indiquen la hora y la fecha en que
se practicó la extracción de sangre, el nombre del médico de
turno y la firma.

5.1.4. Posteriormente, nos indican Ferreira y otros, en su obra ya


citada: “Esta urna es abierta por la enfermera jefe en dos oportu-
nidades cada día y saca la totalidad de los frascos que contienen
muestras de sangre. Esta enfermera jefe, una vez abierta la urna y
retirados los frascos, procede a desprender de cada uno de ellos
la ficha que viene adherida y les coloca números correlativos
al frasco y a la ficha respectiva. Posteriormente las fichas y los
frascos son enviados al Instituto Médico Legal para su corres-
pondiente análisis, con lo que queda totalmente en secreto la
identidad de la persona a quien pertenece la muestra, quedando
ésta cubierta de posibles influencias para cambiar el resultado

101
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

del examen, dándole de esta manera toda la responsabilidad y


seriedad que debe tener”.51

5.2. Etapa química o de laboratorio

5.2.1. Esta segunda fase es realizada por los químicos farmacéuti-


cos del Instituto Médico Legal, y por medio de ésta se establecerá
en forma científica y específica la alcoholemia propiamente tal.

5.2.2. Siguiendo a Ferreira y otros, tenemos que “Empieza el exa-


men cuando se abre el frasco que contiene la muestra y se vierte
en un matraz de destilación, hirviéndose la cantidad de sangre.
Este matraz es, a su vez, introducido en otro más grande, el que
contiene una determinada cantidad de bicromato de potasio.
Se cierra herméticamente este segundo matraz y se coloca en
baño María, por un tiempo que fluctúa entre cuatro y seis ho-
ras. Transcurrido este tiempo se retira el matraz más pequeño,
y como consecuencia del baño María el alcohol ha reducido
el bicromato. Para saber la cantidad de alcohol contenida en
la muestra de sangre se realizan una serie de procedimientos
deductivos, que por tratarse de una materia que corresponde a
la química, no importa mayor interés detallarlos en este estudio.
El resultado de este examen se consigna en una guía interna
del servicio, que se confecciona en dos ejemplares. Una copia
queda en poder del laboratorio y la otra es remitida al tribunal
que corresponda”.52

6. Comentarios

6.1. En virtud del examen de alcoholemia, se verifica la tasa de


alcohol en la sangre (TAS), el número de gramos de alcohol por
litro de sangre, como lo hemos ya expuesto. El método de Wid-
mark es el más usado y se aplica desde hace varios años en Chile.
Según algunos, no es completamente seguro y pueden haber

51
FERREIRA y otros, ob. cit., pp. 83 y 84.
52
FERREIRA y otros, ob. cit., p. 84.

102
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

márgenes de error, pero éstos no son de mayor significación,


pudiendo sostenerse que desde el punto de vista médico-legal
es uno de los más confiables. Se estima más efectivo, pues un
gran porcentaje de alcohol pasa a la sangre y queda allí durante
varias horas.

6.2. La alcoholemia depende de la absorción del alcohol y de


una serie de factores personales del sujeto, que examinamos en
los parágrafos de la alcoholemia, como son su peso, sexo, contex-
tura, costumbre de beber, sensibilidad al alcohol, enfermedades,
etc. La concentración disminuye en forma lenta y se elimina de
la manera que ya se ha mencionado. En todo caso, la persona
que ha ingerido una considerable cantidad de alcohol, sea en
vino o licores fuertes (tales como pisco, whisky, coñac, etc.), debe
esperar entre tres a seis u ocho horas para manejar. Por lo menos
una hora por cada cerveza o por una copa de whisky.

6.3. Sobre el punto señalado precedentemente, el fallecido profe-


sor de Medicina Legal Francisco Behn K., y médico legista, en una
de sus charlas sobre “alcohol y tránsito”, realizada en Concepción,
en el mes de junio del año 1963, explicaba: “Dificulta además el
cálculo el hecho de que no todas las personas eliminan el alcohol
con igual rapidez. Habitualmente, la alcoholemia baja en 0,15 g%
por hora. Pero esto es variable, no sólo de una persona a otra, sino
también según la actividad que realiza el intoxicado después de
haberse embriagado. El ebrio que sale del bar de un hotel, sube
a su dormitorio y se acuesta a ‘dormir la mona’, no va a eliminar
más de un 0,10 g% por hora y en la mañana siguiente todavía
amanece con un resto de alcohol en la sangre, y si antes de salir se
le ocurre ‘componer el cuerpo’, sobre esta alcoholemia residual
se injerta un alza mayor a la prevista. En cambio, otra persona que
estando en el mismo bar y tomando la misma cantidad, va a pie a
su casa haciendo movimientos musculares y continuados, combus-
tionará gran parte del alcohol ingerido y eliminará quizás 0,25 o
hasta 0,30 g% o más por hora, de manera que su curva volverá al
cero más rápidamente”.

6.4. Referente a la alcoholemia por el método de Widmark,


existe un gráfico en el que se establece el porcentaje de difusión

103
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

alcohólica en el organismo, las horas transcurridas desde la


ingestión del alcohol, las curvas correspondientes a la difusión
o absorción y la curva de eliminación, el que hemos copiado y
analizado en los parágrafos sobre esta materia.

6.5. Por consiguiente, es preponderante, para establecer los


niveles de alcohol en la sangre, no sólo el momento en que fue
extraída la muestra de tal líquido, sino la hora en la cual se in-
girió el alcohol. En todo caso, según los datos, puede llegarse a
reconstituir, mediante la curva de Widmark, una tasa de alcohol
más o menos cierta que pudo haber existido en un accidente del
tránsito o, al menos, en forma aproximada, como se ha fallado
en reiteradas oportunidades por nuestros Tribunales de Justicia,
e indicándose que se elimina un porcentaje entre 0,10 a 0,15
gramo de alcohol por hora.

6.6. En mi concepto, y lo mismo sostienen los médicos en general,


particularmente los médicos legistas y los químicos farmacéuticos,
debe ejercerse especial cuidado en la toma de muestras de sangre
para el examen de alcoholemia, en el sentido de que no se limpie
con alcohol la sección del brazo u otra parte del cuerpo de donde
se extraiga, ni que la aguja sea limpiada con tal líquido, pues hace
variar el porcentaje de alcohol en la sangre, aunque sea en mínima
cantidad. Según la literatura consultada y opiniones documenta-
das de técnicos, una gota de alcohol antes de la extracción venosa
aumentaría la alcoholemia en un 0,001. Se recomienda que la
jeringa y la aguja que van a emplearse estén previamente esterili-
zadas y no debe desinfectarse la piel, sino que ésta debe ser lavada
con agua jabonosa o detergente suave. También el frasco donde se
guarda la sangre debe estar en perfectas condiciones de higiene,
ya que si es uno de los que contenía penicilina u otras materias, y
quedan restos, hace variar el resultado de la alcoholemia.

6.7. No debe guardarse la sangre, por ningún motivo, en frascos


que contengan restos de alcohol, porque obviamente aumentará
falsamente la tasa de concentración alcohólica. Asimismo, deben
tomarse precauciones en el uso de los corchos que llevan los fras-
cos, ya que éstos están hervidos con desinfectantes, y también es
preferible el sistema de los frascos con tapa de goma.

104
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

7. Factores que influyen en la dosificación de la alcoholemia

7.1. Los factores que pueden influir o influyen en la dosificación


del alcohol en el organismo son el peso corporal, edad, consti-
tución física, sexo, si se había ingerido o no alimentos, las altera-
ciones producidas por medicamentos, enfermedad, condiciones
ambientales, etc., los que trataremos brevemente.
7.2. Espinazo señala: “La tolerancia del organismo humano
en relación con la cantidad de bebidas alcohólicas ingeridas
varía en función de la riqueza alcohólica del líquido, de la
constitución somática del sujeto y de las circunstancias en que
se realiza la ingestión. No siempre resulta fácil de diagnosticar
la embriaguez, pues junto al caso claro, existe la subembria-
guez, cuya importancia como causa de accidentes de tráfico es
grande, llegándose a la conclusión de que las dosis pequeñas
de ingestión de bebidas alcohólicas son muy nefastas, no por-
que disminuyen el dominio del volante, sino porque merman
la capacidad de raciocinio respecto a las situaciones en que
se presentan”.53
7.3. Dice Espinazo que “La alcoholemia depende de factores
personales y de la absorción. La corpulencia del sujeto, ya que
al sumergir la cantidad de alcohol en un cuerpo que tenga ma-
yor contextura que otro, la cantidad de alcohol contenida será
menor.
La sensibilidad al alcohol es mayor en los niños, mujeres,
alcohólicos desintoxicados, epilépticos, desequilibrados […]
que en personas normales. La fatiga, la emotividad, el ayuno, el
embarazo, la menstruación […] aumentan la sensibilidad. La
cantidad y el grado de concentración, así como el momento y el
ritmo de la absorción influyen también en la persona”.54

53
JUAN ESPINAZO GARCÍA, La droga, problema de vigencia universal. Perspecti-
va criminológica, Colección de Criminología y Derecho Penal dirigida por el prof.
Dr. Manuel Cobo del Rosal, Publicaciones del Instituto de Criminología de la
Universidad Complutense de Madrid, Madrid, España, 1980, pp. 204 y 205.
54
ESPINAZO, ob. cit., pp. 220 y 221.

105
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

8. La ausencia de presunciones de embriaguez en la


Ley de Tránsito
8.1. Vale la pena recordar que la Ley de Alcoholes contemplaba
presunciones de embriaguez con respecto al conductor que huye
del lugar en que se hubiese cometido el delito y cuando se niega
a practicarse el examen de alcoholemia; también con respecto
a los que encontrándose ebrios sean sorprendidos en circuns-
tancias que se apresten a actuar en ese estado o que acaban de
hacerlo. Asimismo existían en la Ley de Tránsito, en el art. 190,
en relación con el 189, con respecto a la negativa injustificada de
esta prueba, o cuando huye del lugar donde hubiese ocurrido el
accidente, y en estos casos se presume legalmente el estado de
ebriedad.

8.2. La parte primera del art. 122 de la Ley de Alcoholes pre-


ceptuaba: “La circunstancia de huir del lugar donde se hubiere
cometido alguno de los delitos a que se refiere el artículo pre-
cedente (el artículo precedente es el 121 y en él se tipifican tres
delitos derivados de la conducción en estado de ebriedad, como
ya analizamos), será apreciada por el juez como una presunción
que podrá ser suficiente para establecer la culpabilidad del im-
putado”.

8.3. El inciso 3º de este mismo art. 122 agregaba: “La circunstan-


cia de negarse el detenido a dicho examen será apreciada por el
juez como una presunción, a la que podrá dar valor suficiente
para establecer la embriaguez del acusado”.

8.4. Tales presunciones eran simplemente legales, esto es, admi-


ten prueba en contrario, o sea, que el conductor puede probar
por los medios legales que no se aprestaba a manejar cuando
estaba ebrio, o que no huyó del lugar del accidente o se opuso al
examen de alcoholemia por razones o causas justificadas.

8.5. En la práctica se ha observado en los centros hospitalarios


y en la Asistencia Pública del país que una serie de conductores
no aceptan la extracción de sangre, cuando se efectúa por inter-
medio de jeringa, por temor a contraer el síndrome de inmuno-

106
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

deficiencia adquirida (SIDA). Otras veces, la negativa obedece a


traumas psíquicos producidos por la reiteración de inyecciones a
que ha sido sometida la persona, por enfermedades, por alergia,
por miedo a la extracción de sangre (hematofobia), o por otras
causas, las que deben obviamente probarse en el proceso.
8.6. En el presente no existen en la Ley de Tránsito tales presun-
ciones del estado de embriaguez para el MEE y para el manejo
bajo la influencia del alcohol y ello obedece a que se siguen
observando las modificaciones que se han introducido por la Re-
forma Procesal Penal, en virtud del establecimiento del Código
Procesal Penal, y por ende del sistema acusatorio actualmente
vigente en Chile, donde se destierran las presunciones de res-
ponsabilidad, y el sentenciador aprecia la prueba en forma libre
y considerando el principio de la convicción.
8.7. El art. 190 dice: ”La negativa injustificada a someterse a las
pruebas o exámenes a que se refieren este artículo y el art. 189,
o la circunstancia de huir del lugar donde se hubiere ejecutado
la conducta delictiva, en su caso, serán apreciadas por el juez
como un antecedente calificado, al que podrá dar valor sufi-
ciente para establecer el estado de ebriedad o de influencia de
sustancias estupefacientes o sicotrópicas en que se encontraba
el imputado”.
8.8. En tal virtud no existen las presunciones que contemplaba
la Ley de Alcoholes, y aunque los hechos son los mismos, el valor
probatorio es facultativo para el tribunal y serán apreciadas por
el juez como un antecedente calificado, al que podrá dar valor
suficiente para establecer el estado de ebriedad o de influencia
de sustancias estupefacientes o sicotrópicas en que se encontraba
el imputado.

9. Negativa a someterse a la prueba de alcoholemia

9.1. Como hemos visto en la legislación nacional, la práctica del


test o muestra de sangre para determinar la dosificación de alco-
hol es obligatoria y así se señala en la Ley de Tránsito Nº 18.290;
su negativa constituye un antecedente calificado y se le podrá

107
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

dar incluso, según los casos, el valor de plena prueba. En otros


países, tales como Canadá, también constituye una infracción la
negativa a la alcoholemia y a la toma de otras muestras, cuando
se conduce un vehículo motorizado y hay dudas si lo hace bajo
la influencia del alcohol o drogas.
9.2. Desde hace algunos años en el Código Penal español se con-
templa una figura específica y autónoma, dentro de la gama de
los delitos contra la seguridad del tráfico, que es precisamente
la negativa a someterse a las pruebas de alcoholemia, y se castiga
como autor de un delito de desobediencia grave, como tendre-
mos oportunidad de explicarlo.
9.3. Posiblemente la ubicación de este nuevo delito no es la más
apropiada, ya que el Título XVII se refiere en general a los deli-
tos contra la seguridad colectiva, y el Capítulo IV, particularmen-
te a los delitos contra la seguridad del tráfico, y esta repugnancia
a someterse a una prueba médica no se refiere directamente, ni
ataca el bien jurídico seguridad del tráfico o seguridad colectiva.
Por tanto, la negativa a que se tome una prueba que la legis-
lación hace obligatoria debiera ser incorporada en los delitos
pertinentes del Código Penal.
9.4. Antes de la modificación legal, la negativa a esta prueba
sólo se sancionaba desde el punto de vista administrativo, y
al igual que en otras legislaciones, era una presunción que la
persona conducía bajo la influencia de bebidas alcohólicas. El
art. 380 anota a la letra: “El conductor que es requerido por
el agente de la Autoridad, se negare a someterse a las pruebas
legalmente establecidas para la comprobación de los hechos
descritos en el artículo anterior, será castigado como autor de
un delito de desobediencia grave, previsto en el art. 556 de este
Código”.
9.5. Ganzenmüller y otros, expresan: “El artículo precedente ha
tipificado un precepto neotérico, sin precedentes en las anterio-
res ediciones del texto punitivo. De esta forma, ya con anteriori-
dad la práctica de dicha prueba había sido declarada adecuada a
la Constitución española al interpretar el Tribunal Constitucional
(en ejercicio de su función ‘nomofiláctica’, es decir, cuidadora
de la salud de las normas) que no se infringe aquí el derecho a

108
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

no declarar contra uno mismo (STC 100/1985, de 3 de octubre;


107/1985, de 7 de octubre, entre otras). Sin embargo, hay que
tener en cuenta que la remisión al art. 556 CP y la consideración
de la negativa como delito penal de desobediencia grave no
elimina la exigencia de comprobar que realmente se dan las cir-
cunstancias para la calificación de la desobediencia. Se trata, por
tanto, de la tipificación expresa de una forma de desobediencia
que el Código presupone y estima en todo caso delito, excluyén-
dose por tanto la posibilidad de su incriminación con arreglo a
la falta prevista en el art. 634 CP (desobediencia leve a agentes
de la Autoridad). En nuestra opinión, la incriminación de esta
conducta es, desde luego, sincrónica y compatible con la simultá-
nea comisión del delito del art. 379 CP, pues una y otro atienden
a la protección de bienes jurídicos diversos (la Autoridad en un
caso, la seguridad del tráfico, en el otro).55

10. Otros exámenes

Seguidamente nos detendremos en otros exámenes que también


determinan el porcentaje de alcohol en el organismo del ser
humano, además de la alcoholemia, como son el de orina y el de
saliva. En todo caso, reiteramos que en casi todos los países del
mundo el examen relevante es la alcoholemia, pues fija la dosifi-
cación de alcohol en la sangre, y se sostiene que es más científico
y más confiable que el de orina y el de saliva.
Es de interés considerar el denominado método de ADH o de
hidrogenasa alcohólica, el que es empleado en varios países de
Europa y otros con un margen mínimo.

10.1. Examen de orina

10.1.1. Otro de los métodos que se emplean para determinar el


gramaje de alcohol en el cuerpo humano es el examen de orina,
el que se hace prácticamente en un laboratorio, previa la toma de
muestra con elementos especiales, y puede efectuarse al final del
55
GANZENMÜLLER Y OTROS, ob. cit., p. 26.

109
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

proceso de distribución y metabolismo del alcohol, como lo es en


la fase de eliminación. Los autores discuten la precisión de este sis-
tema, ya que se sostiene que no es un análisis confiable ni certero,
insistiendo que sólo son confiables la alcoholemia y la prueba del
aliento o aire espirado, por existir entre ambos una relación, o si
se quiere, es fácil determinar las curvas comparativas del porcen-
taje de alcohol en la sangre y en el aire que se respira.
10.1.2. En varios países europeos y en los Estados Unidos de Nor-
teamérica se emplea en ciertos casos el examen de orina. En Chi-
le no es usado para determinar el alcohol, sino que se hace para
establecer los tipos de drogas que puede haber ingerido o se ha
inyectado una persona. En un proyecto de ley que modificaba la
de Alcoholes, se indicaba que en los casos de accidentes de trán-
sito también se puede tomar la muestra de orina para determinar
la presencia de drogas en la sangre, lo que no prosperó.
10.1.3. Repetto manifiesta: “Por su parte, la curva de alcohol en
orina transcurre muy retrasada con respecto a la de la sangre (2
horas entre los respectivos máximos). Diversos autores han tra-
tado de encontrar coeficientes que permitieran transformar los
valores de alcohol/orina en alcohol/sangre, pero las discrepan-
cias entre los coeficientes propuestos (que van de 1,14 a 1,35)
evidencian su inexactitud.
Debe tenerse presente que la orina de una micción ha sido
recogida en la vejiga durante un tiempo en el que la alcoho-
lemia ha podido evolucionar grandemente, mientras que la
alcoholuria en un momento dado es la concentración media
de todo aquel tiempo. Además, Budd (1982) ha encontrado en
cadáveres que el coeficiente varía según sea la alcoholuria; para
valores de ésta próximos a 5 g/l el coeficiente es 1.13, mientras
para alcoholurias de 1 a 2,3 g/l, la relación fue de 1,73. Con-
sidera dos causas principales de la variación: a) el alcohol se
sigue acumulando en orina después de que el individuo cesa de
beber, incluso durante la noche; b) que la toma de muestra o la
muerte ocurra antes de que la distribución del alcohol alcance
el equilibrio.
Ruiz et al., 1986, del equipo de M. Valcarce en la Universidad
de Córdoba, han efectuado una revisión crítica de los trabajos
publicados sobre métodos analíticos y correlación de las con-

110
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

centraciones alcohólicas en sangre, orina, aliento y saliva, a cuyo


estudio remitimos al lector interesado.
Los estudios experimentales han demostrado la gran varia-
bilidad de la correlación de alcohol en orina/sangre, ya que la
alcoholuria depende de muchos factores, entre los que destaca-
remos los siguientes:
a) La diuresis, ya sea por retención urinaria fisiológica o pa-
tológica (edad, insuficiencia renal, etc.) o por el efecto diurético
propio del etanol.
b) Estado de hidratación del sujeto, dieta y función renal,
que influyen en la densidad de la orina.
c) Momento de la toma de la muestra, ya que la alcoholuria
es inferior a la alcoholemia hasta el máximo de ésta; a partir de
ahí se invierten los términos.
d) La valoración de alcohol en la orina presenta, por tanto,
una serie de inconvenientes que deben ser considerados a priori;
en primer lugar, es obvio que al llegar el alcohol a la vejiga se
diluirá en la orina almacenada en ésta, por lo que la concentra-
ción en ella será inferior a la de la sangre. Sólo después de una
micción se aproximan alcoholemia y alcoholuria, aunque pasado
el tiempo esta última pueda superar a aquella.
Para subsanar la primera fuente de error es recomendable
que el individuo a analizar evacue su vejiga y después de 30 mi-
nutos pedirle que vuelva a orinar para recoger la última parte
de la micción. Aun así, los resultados son contradictorios; apli-
cando la expresión Y = 0,6582X – 0,608, siendo Y la alcoholuria
y X la alcoholemia, Froentges encontró un error de +2,8%. Por
su parte, Paine halló posiblemente en las fases tardías que la
alcoholuria es, por término medio, 1,33 veces superior a la al-
coholemia, y Morgan llegó a la conclusión de que el cálculo de
ésta a partir de la concentración de alcohol en orina produce
graves errores.
En consecuencia, a pesar de la sencillez de obtención de la
muestra, y de la mejor conservación de la misma, incluso en ca-
dáveres recientes, no parece que la determinación de alcohol en
orina sea un procedimiento recomendable a efecto de aplicación
de la legislación sobre seguridad de la circulación, sino más bien
para otros fines, como control de la bebida en el trabajo o en
programas de rehabilitación, etc.

111
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Distintos autores han propuesto los siguientes factores de


correlación de las concentraciones de alcohol entre dos fluidos,
indicándose entre paréntesis los valores medios calculados por
Budd en cadáveres:
Orina/sangre: 1,2 1,4 (1,5)
Humor vítreo/sangre: 1,1 (1,3)
Líquido cerebro-espinal/sangre: 1,18 (0,9)
Bilis/sangre: 1,0 1,2 (1,1)”.

4.4.4. La relación entre el alcohol y la orina no es precisa ni con-


fiable como lo es la de alcohol y sangre, y la orina es una de las
formas de eliminación del mismo por las funciones que realiza
el riñón.56

10.2. El examen de alcohol en la saliva

10.2.1. Otro de los líquidos corporales que se impregnan con el


etanol es la saliva, y al respecto Laves anota: “Lo mismo que en el
aire espirado, el alcohol se presenta con gran rapidez en la saliva.
La realización sistemática de pruebas alcohólicas en la saliva y en la
sangre proporciona resultados paralelos, que pueden ser explica-
dos por la difusión. La relación entre el contenido alcohólico de la
sangre y de la saliva corresponde a 1:1,19, según Neymark y E.M.P.
Widmark; según Linde, a 1:1,12, y según Fabre y Kahane, a 1:1,06.
Como acentúa con razón Elbel, se trata de una buena coinciden-
cia entre el alcohol de la saliva y el alcohol teórico del plasma. En
la práctica no debe olvidarse que las pruebas de saliva deben ser
tomadas aproximadamente a la media hora de la ingestión del
alcohol, ya que de no ser así existe la posibilidad de error a causa
de la presencia de restos alcohólicos en la cavidad bucal”.57

10.2.2. Por último, el autor López-Muñiz considera al respecto que


“al igual que en el aire espirado, la saliva contiene residuos del
56
REPETTO, ob. cit., pp. 437 y 438.
57
WOLFGANG LAVES, Los accidentes de la circulación. Causas técnicas de su pro-
ducción; estudio médico forense y consecuencias legislativas, versión española del Dr.
J. Díaz Vázquez, revisión del Dr. Manuel Zalba Modet, Editorial Paz Montalvo,
Madrid, España, 1959, p. 161.

112
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

alcohol ingerido. Diversos autores sostienen que la relación entre


alcohol en saliva y en sangre viene a oscilar entre 1:1,06 y 1:1,19.
La comprobación del alcohol en saliva ha de realizarse, según
sostiene Argente Cantero, como mínimo media hora después de
haber ingerido el alcohol, pues si no, puede resultar falseada la
comprobación, ya que la saliva retiene durante este tiempo restos
alcohólicos”.58

10.3. Método de ADH (dehidrogenasa alcohólica)

Regularmente este es el método más utilizado. A través de una


solución líquida el alcohol es oxidado y el fermento ADH trans-
forma el alcohol en aldehído acético.
El hidrógeno liberado en este proceso pasa a formar parte
del fermento de NAD (nicotinamida-adenina-dinucleotida). El
resultado de esta unión es NADH. El NADH formado, a diferencia
del NAD, arroja una banda de absorción bajo la luz ultravioleta
(el máximo está en 340 nm). La cantidad de NDH se puede me-
dir de manera fotométricamente (principio de test óptico de O.
Warburg).
El cambio de NHD a NDH es proporcional; en la curva calibra-
da se puede medir la intensidad de la absorción de luz, con lo
cual se puede calcular la concentración de alcohol en la sangre.
Esta prueba se refiere al etanol específico, pero además se pue-
den utilizar otros tipos de alcohol; como por ejemplo propanol,
lo cual carece de sentido práctico. En la medición práctica de la
concentración de alcohol se puede utilizar suero sanguíneo.
Reglas del Ministerio de Salud disponen que la diferencia
de resultados que arroja la práctica de estas dos pruebas a través
de diferentes métodos, no puede presentar un margen de error
superior al 10% del promedio de estas dos pruebas. Durante el
juicio, el tribunal sólo toma en cuenta el promedio entre estos
dos valores. Por razones de seguridad y para evitar errores es que
se han dictado reglamentos que controlan la calidad, precisión y
la rigurosidad en la aplicación de estas pruebas.
Las pruebas de sangre se deben guardar por orden del Mi-

58
LÓPEZ-MUÑIZ, ob. cit., p. 346.

113
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

nisterio de Salud durante el plazo de un año. Tratándose de


pruebas de sangre que permanecen por más tiempo en los con-
geladores, puede ocurrir que la concentración del alcohol en
la sangre varíe a la obtenida en el tiempo de la realización del
test. Esto se produce debido a la acción de bacterias, gérmenes
suspendidos en el aire, que entran al momento de la apertura
de la jeringa. La diferencia de resultados puede ser grande y casi
siempre se reducen los niveles de alcohol en la sangre. Cuando
la jeringa no ha sido abierta y no transcurren muchos días, pocas
veces cambia la concentración de alcohol.59

59
SCHWERD Y OTROS, ob. cit., p. 111.

114
CAPÍTULO II

CONDUCCIÓN DE UN VEHÍCULO MOTORIZADO


BAJO LA INFLUENCIA DEL ALCOHOL, DROGAS
O ESTUPEFACIENTES

INTRODUCCIÓN

1. Nos ocuparemos de otro ilícito en materia de tránsito –tratado


en el art. 115 de la Ley Nº 18.290–, como lo es la conducción de
un vehículo bajo la influencia del alcohol y el que se refiere a la
conducción bajo la influencia de drogas o estupefacientes.

2. Al igual que en varios países, el nuestro describe y penaliza


la infracción de conducir un vehículo motorizado, y otros que
señala la ley, bajo la influencia del alcohol y drogas, pero no se
indica en el tipo penal qué drogas se consideran para ello, cuál
es el concepto de droga, si podría ser el mismo y la clase de
drogas que se indican en la normativa sobre el tráfico de drogas
y estupefacientes, ni qué debe entenderse por conducir bajo la
influencia del alcohol y drogas.

3. Hay que recordar que existe un sinnúmero de drogas, medica-


mentos y fármacos que son recetados para fines terapéuticos por
facultativos autorizados, y otros simplemente empleados por los
consumidores sin distingo alguno, sea por padecer de alguna en-
fermedad o por ser toxicómanos. También existe desde el punto
de vista médico y farmacológico una serie de clasificaciones sobre
las drogas, algunas llamadas lícitas, otras ilícitas, duras, blandas,
permitidas, prohibidas, etc., que producen adicción o no.

4. Desde un ángulo dogmático penal y específicamente consi-


derando el principio constitucional de legalidad o de reserva

115
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

legal, la figura delictiva tiene que ser lo más completa posible y


cerrada. Sólo deben castigarse las conductas típicas, esto es, las
contempladas en la ley, y las demás son atípicas o no punibles, o
si se quiere, conductas lícitas. Sostenemos que en Chile, al igual
que en diversos países, por ejemplo, España y Alemania, por no
indicarse categóricamente el tipo de drogas, cuál es la influencia
objetiva de ellas en la conducción, e igualmente respecto del
alcohol, estaríamos en presencia de una tipicidad abierta o am-
plia, lo que no es aconsejable, de acuerdo con los fundamentos
expuestos ut supra.

5. Esta cuestión se agrava frente a la conducción bajo la influen-


cia de drogas o sustancias estupefacientes, por no existir nor-
mativa alguna al respecto, ni la forma de precisar, reiteramos,
tal influencia, no obstante que está preceptuada en la Ley de
Tránsito hace varios años. Recientemente y por indicaciones de
la Comisión Nacional de Educación de Tránsito y del Ministerio
de Transportes, para establecer la presencia de clorhidrato de
cocaína y de otras sustancias derivadas de ellas en el organismo
de los conductores, se está aplicando el narcotest.

6. Dentro de estos lineamientos y sin entrar al campo complejo


de la toxicología, diremos que droga es toda sustancia de cual-
quier naturaleza que introducida en el organismo vivo puede
modificar una o varias de sus funciones. Este sería un concepto
amplio de droga, comprendiendo las sustancias naturales, las
sintéticas o químicas y de cualquier naturaleza, tales como el
alcohol, marihuana, cocaína, opio, morfina, heroína, LSD, anfe-
taminas, barbitúricos, estupefacientes, narcóticos, tabaco, café,
etc. Algunos estiman que el concepto de droga, si bien es cierto
incluye cualquier tipo de sustancia que produzca alteraciones en
el organismo, además tiene que traer como consecuencia, para
ser encasillada como tal, problemas de adicción, síndrome de
abstinencia o llegar a constituir una toxicomanía.

7. En todo caso, para los efectos de este delito se requiere que


el conductor esté bajo los efectos de las drogas, esto es, las haya
consumido, las esté consumiendo, o sea un fármaco-depen-
diente. También puede tratarse, en virtud de lo anterior, de un

116
CONDUCCIÓN DE UN VEHÍCULO MOTORIZADO BAJO LA INFLUENCIA DEL ALCOHOL...

consumo, aislado, temporal o continuo. La autora Gómez, en su


obra citada sobre esta materia, menciona el informe técnico de
la Organización Mundial de la Salud, que establece una termino-
logía referente a los usuarios, haciendo los siguientes distingos:
a) Consumo experimental. Probar una o varias drogas, una o
varias veces, con fines exploratorios, sin continuar luego.
b) Consumo ocasional. Realizado de forma intermitente, sin
llegar a la dependencia física o psíquica.
c) Consumo esporádico. El que se hace con ocasión de una
fiesta o reunión que puede durar una o varias horas.
d) Consumo sistemático. Es lo propio del fármaco-depen-
diente o toxicómano.1

8. Luego, para el manejo bajo la influencia de drogas o estupefa-


cientes tendrá el tribunal, en su oportunidad, que establecer la
clase de sustancia y cómo ésta ha influido en la conducción. No
se trata, por lo tanto, del solo consumo, ingesta o aplicación de
drogas, ya que esto podrá ser penalizado por la Ley Nº 20.000,
sobre tráfico de drogas, materia que es ajena a nuestro trabajo.
La ingesta o consumo de drogas tiene que haber influido en el
manejo vehicular.

9. Por influencia, debemos entender la disminución de aptitu-


des de una persona, en este caso como efecto de las drogas, o
en otras palabras, una incapacidad o inhabilidad para conducir,
ocasionando problemas en la conciencia, en los sentidos, en la
atención, en la concentración, en la coordinación muscular, en
sus reflejos, en la toma de decisiones, etc.

10. Este también es un delito de peligro abstracto, y asimismo, el


bien jurídico tutelado sería la seguridad en el tránsito, la confian-
za de los usuarios en las vías, la vida, la integridad física, etc. Con
respecto a este punto y para evitar repeticiones, nos remitimos
al capítulo del MEE.

1
PILAR GÓMEZ PAVÓN, El delito de conducción bajo la influencia de bebidas
alcohólicas, drogas tóxicas o estupefacientes, Bosch, Casa Editorial, S.A., Barcelona, Es-
paña, 1985, p. 69.

117
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

CONDUCCIÓN DE UN VEHÍCULO BAJO LA INFLUENCIA


DEL ALCOHOL, DROGAS O ESTUPEFACIENTES

1. El art. 115 B de la Ley de Tránsito Nº 18.290 dispone: “Para la


determinación del estado de ebriedad del imputado o del hecho
de encontrarse bajo la influencia del alcohol, el tribunal podrá
considerar todos los medios de prueba, evaluando especialmente
el estado general del imputado en relación con el control de sus
sentidos, como también el nivel de alcohol presente en el flujo
sanguíneo, que conste en el informe de alcoholemia o en el
resultado de la prueba respiratoria que hubiera sido practicada
por Carabineros.
Sin perjuicio de lo anterior, se entenderá que hay desem-
peño en estado de ebriedad cuando el informe o prueba arroje
una dosificación igual o superior a 1,0 g por mil de alcohol en
la sangre o en el organismo. Se entenderá que hay desempeño
bajo la influencia del alcohol cuando el informe o prueba arro-
je una dosificación superior a 0,5 e inferior a 1,0 g por mil de
alcohol en la sangre. Si la dosificación fuere menor, se estará a
lo establecido en el artículo precedente y en el Nº 1 del art. 198,
si correspondiere”.

2. Este precepto es sumamente importante, ya que ha legislado


sobre un tipo especial de delitos, que hoy son contravenciones
distintas a las del manejo en estado de ebriedad, como lo es con-
ducir bajo la influencia del alcohol, drogas o estupefacientes.
En cuanto a la conducción bajo la influencia del alcohol al igual
que en el MEE ahora existe una dosificación o límite preciso legal
de menos de 1 g por mil de alcohol en la sangre pero superior
a 0,5 g.

3. Entre las drogas más usadas o fármacos podemos señalar las


anfetaminas, alucinógenos, barbitúricos, hipnóticos, tranquili-
zantes, inhalantes, derivados de la cocaína, etc. Específicamente,
los conductores actúan bajo la influencia de las anfetaminas,
cocaína, LSD, heroína, morfina, metadona, meprobamato, dia-
zepán, etc.

118
CONDUCCIÓN DE UN VEHÍCULO MOTORIZADO BAJO LA INFLUENCIA DEL ALCOHOL...

LA PENALIDAD DEL DELITO DE MEE Y BAJO LA


INFLUENCIA DEL ALCOHOL Y DROGAS

1. El art. 196 C señala que “El que infringiendo la prohibición


establecida en el inciso segundo del art. 115 A, conduzca, opere
o desempeñe las funciones bajo la influencia del alcohol, ya sea
que no se ocasione daño alguno ni lesiones, o que con ello se
causen daños materiales o lesiones leves, será sancionado con
multa de una a cinco unidades tributarias mensuales y la suspen-
sión de la licencia de conducir por un mes.
Si, a consecuencia de esa conducción, operación o desem-
peño, se causaren lesiones menos graves, se impondrá la pena de
prisión en su grado mínimo o multa de cuatro a diez unidades
tributarias mensuales y la suspensión de la licencia de conducir
de dos a cuatro meses.
Si se causaren lesiones graves, la pena asignada será aquella
señalada en el art. 490, Nº 2, del Código Penal y la suspensión de
la licencia de conducir de cuatro a ocho meses.
Si se causaren algunas de las lesiones indicadas en el art.
397, Nº 1, del Código Penal o la muerte, se impondrá la pena de
reclusión menor en su grado máximo, multa de ocho a quince
unidades tributarias mensuales y la suspensión de la licencia para
conducir por el plazo que determine el juez, el que no podrá ser
inferior a doce ni superior a veinticuatro meses.
Los jueces podrán siempre, aunque no medie condena por
concurrir alguna circunstancia eximente de responsabilidad pe-
nal, decretar la inhabilidad temporal o perpetua para conducir
vehículos motorizados, si las condiciones psíquicas y morales del
autor lo aconsejan.
En caso de reincidencia, el infractor sufrirá, además de
la pena que le corresponda, la suspensión de la licencia para
conducir por el tiempo que estime el juez, el que no podrá ser
inferior a veinticuatro ni superior a cuarenta y ocho meses.

2. La normativa transcrita trata tanto las sanciones al MEE como


al manejo bajo influencia del alcohol y drogas, refiriéndose o au-
mentando la punibilidad, según sean las lesiones que se causen o la
muerte de la persona, y aunque no se causen daños y en todos los
casos la pena accesoria de suspensión de la licencia para conducir.

119
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

3. Ferreira y otros, sobre las diferencias entre el MEE y conducir


bajo la influencia del alcohol, y desde el punto de vista médico
clínico, dejan constancia de que “encontrarse bajo la influencia
del alcohol significaría que las alteraciones síquicas están en su
estado inicial y el compromiso neurológico es escaso. Corres-
pondería a lo que los facultativos llaman ebriedad inaparente o
subclínica, en donde la peligrosidad es menor.
Encontrarse en estado de ebriedad significa que existe un per-
manente compromiso síquico-neurológico y del sistema nervioso,
que se traduce en una mayor peligrosidad del conductor, que a
veces alcanza a una incapacidad manifiesta para conducir”.2
Más adelante, desde el punto de vista de los signos que presenta
el conductor, expresan que “el hálito alcohólico, la inestabilidad
al caminar, el rostro congestionado, la incoherencia al hablar y los
ojos vidriosos son comúnmente los signos cuya concurrencia copu-
lativa lleva a los funcionarios policiales a determinar previa y subje-
tivamente que un individuo se encontraría en estado de ebriedad,
las que como apreciaciones subjetivas están sujetas a error.
Ahora bien, la presencia de alguno o algunos de estos signos,
como por ejemplo, el hálito alcohólico en un individuo, llevará
al funcionario a determinar que se encuentra bajo la influencia
del alcohol sin estar ebrio, pues no concurrirían todos los signos
señalados anteriormente para así calificarlo.
Conducir en estado de ebriedad se traduce en la comisión
de un delito que, como tal, tiene asignada una pena fundamen-
talmente restrictiva de libertad, cuya gravedad varía según los
resultados de la acción.
Conducir bajo la influencia del alcohol se traduce en una
falta contravencional o de policía, en donde la sanción consiste
fundamentalmente en una multa (esto hay que relacionarlo con
la actual legislación)”.3

4. La Ley de Tránsito Nº 18.290, sobre la penalización del manejo


bajo la influencia del alcohol y drogas, preceptúa:
“Art. 197. Son infracciones o contravenciones gravísimas las
siguientes:

2
FERREIRA Y OTROS, ob. cit., p. 35.
3
FERREIRA Y OTROS, ob. cit., pp. 35 y 36.

120
CONDUCCIÓN DE UN VEHÍCULO MOTORIZADO BAJO LA INFLUENCIA DEL ALCOHOL...

1. Conducir un vehículo bajo la influencia del alcohol, estu-


pefacientes o sustancias sicotrópicas”.
“Art. 198. Son infracciones o contravenciones graves las si-
guientes:
1. Conducir un vehículo en condiciones físicas o psíquicas
deficientes”.

CONCLUSIONES

1. Como ya se ha dicho y de acuerdo con la legislación vigente,


en especial la tantas veces citada Ley Nº 18.290, sobre Tránsito,
conducir bajo la influencia de alcohol y drogas es una contraven-
ción grave, al igual que el MEE. Antes era distinto, ya que el MEE
era un delito que se conocía por la justicia ordinaria y el manejo
bajo la influencia del alcohol una falta que era conocida por los
juzgados de policía local.

2. Que en cuanto a la determinación del manejo bajo la influen-


cia del alcohol, la normativa actual indica un rango de alcohole-
mia desde 0,5 hasta 0,99 gramo por mil, y bajo esta dosificación
el conductor lo estaría haciendo en condiciones físicas o psíqui-
cas deficientes.

3. Para la detección del alcohol están las pruebas de alcohole-


mia, de aliento, de saliva, de orina y del líquido cefalorraquídeo.
En Chile, a la fecha, para poder comprobar el uso o abuso de
cualquier tipo de drogas en conductores de vehículos, no exis-
ten métodos, salvo el narcotest, de reciente aplicación, para la
cocaína y ciertos derivados de ella, de acuerdo con los datos que
hemos obtenido de Carabineros de Chile y de la Secretaría de la
Comisión Nacional de Tránsito de Santiago.

4. Uno de los problemas que existen, desde el punto de vista


médico legal, farmacológico y químico forense, es que práctica-
mente para cada tipo de droga, o para ciertas drogas, si se quie-
re, deben emplearse sistemas específicos que lamentablemente
no fueron indicados en la nueva legislación de tránsito.

121
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

5. Que las drogas en general, tanto las que son recetadas por
médicos como las que los sujetos ingieren en forma voluntaria,
producen una serie de alteraciones en la conducción, lo que
constituye un problema serio, desde el punto de vista de la
seguridad en el tránsito, y son causa de accidentes de tránsito,
particularmente en la locomoción colectiva y en el transporte de
mercaderías que se hace por medio de camiones, además de la
conducción de vehículos por particulares.

6. En “Noticias de Seguridad”, al tratar el Programa de exámenes en


la industria para detectar el consumo de drogas, de Jeffrey W. Vincoll,
en los métodos utilizados para los exámenes indica a la letra:
“La industria dispone actualmente de una amplia variedad de
métodos y procedimientos. La confiabilidad médica de los exáme-
nes varía de acuerdo con una cantidad de factores, incluso con la
clase de examen empleado. El menos preferible de los métodos
aceptados es el denominado Thin Layer Chromatography (TLC) (cro-
matografía de capa fina). A pesar de que el TLC es fácil de realizar,
está sujeto a errores y problemas interpretativos. También posee
una mala sensibilidad, especialmente a niveles bajos.
Un método usado ampliamente es el denominado Enzyme
Multiplied Immunoassay Technique (EMIT) (técnica de inmunoensa-
yo por multiplicación enzimática). El EMIT es recomendable para
exámenes iniciales, especialmente en situaciones de volúmenes
elevados. Detecta las drogas por clase y detecta los metabolitos.
La confirmación de todos los positivos debe ser realizada por
otro método más específico.
El método denominado Radio Immunoassay (RIA) (radio in-
munoensayo) emplea un vestigio de iodo radiactivo de los meta-
bolitos. Es muy preciso, específico y tiene una buena sensibilidad.
Da respuestas positivas o negativas. También es recomendable
para exámenes iniciales, especialmente en situaciones de volú-
menes elevados. Al igual que otras técnicas de inmunoensayo, el
RIA detecta las drogas por clase y detecta los metabolitos.
Nota: Las técnicas de inmunoensayo fueron criticadas en el
pasado por falta de confiabilidad debido a demasiados positivos
falsos. Este es el motivo por el cual el procedimiento debe exigir
confirmación mediante un método de detección más preciso y,
por consiguiente, más costoso.

122
CONDUCCIÓN DE UN VEHÍCULO MOTORIZADO BAJO LA INFLUENCIA DEL ALCOHOL...

La técnica denominada Gas Liquid Chromatography (GLC) (cro-


matografía por gas líquido) o simplemente Gas Chromotography
(GC) (cromatografía gaseosa) es uno de los métodos establecidos
más antiguos y, por consiguiente, el más probado de los métodos
disponibles. Es impráctico para exámenes iniciales, debido a que
requiere un trabajo intenso y frecuentemente derivación. Si bien
es técnicamente exigente, la técnica es precisa y muy sensible.
Es también costosa para manejarla, y debido a su costo, con fre-
cuencia es usada para confirmar los resultados positivos.
Hay otro método, el denominado High Performance Liquid
Chromatography (HPLC) (cromatografía líquida de alto rendi-
miento). Este método es muy sensible y preciso, como también
específico y flexible. Es una tecnología relativamente nueva y
con el “Microbore” el HPLC es considerado por muchos usuarios
como la tecnología más moderna y mejor de la que se dispone,
de acuerdo con el costo. Debido a que es relativamente lento
para realizarlo no es práctico para exámenes iniciales, especial-
mente en situaciones de volúmenes elevados. El método de HPLC
es técnicamente menos exigente que el de GC y, por lo tanto,
menos costoso para realizarlo. Se considera que los resultados
son tan precisos como el método de GC y, cuando se lo usa con
el “Microbore”, en la mayoría de los casos es más preciso.
El método denominado Mass Spectrometry (MS) (espectrome-
tría de masa), combinado con el de HPLC o más comúnmente
con el de DGC, constituye la herramienta de confirmación final.
El método de GC/MS es reconocido como el más sensible, espe-
cífico, preciso y confiable de los que se usan para confirmar la
presencia de drogas en las muestras biológicas. Es muy costoso,
lento y técnicamente muy tedioso y exigente para realizarse. Mu-
chos laboratorios emplean el MS como un método de referencia
solamente (cuando los exámenes iniciales dan resultados positi-
vos y los métodos confirmatorios dan resultados negativos)”.

EL EXAMEN O PRUEBA DEL NARCOTEST

Hace algunos años se ha implementado en nuestro país un


artefacto para detectar la presencia de ciertas drogas en los con-
ductores de vehículos motorizados de la locomoción particular

123
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

y colectiva, el que es empleado por Carabineros de Chile, acorde


a la normativa vigente de tránsito. Mediante este instrumento se
determina únicamente si el sujeto que maneja, se encuentra in-
toxicado con cocaína o con pasta base y con su uso se ha venido
a llenar un vacío que existía en la legislación de tránsito.
En efecto, para poder precisar si un conductor maneja en
estado de embriaguez o bajo la influencia del alcohol, se cono-
cen dos métodos establecidos por la ley y latamente analizados
en capítulos anteriores: 1º. La alcoholemia, que determina la
dosificación o cifra de alcohol en la sangre o en el organismo
humano, y 2º. El alcotest o alcoholímetro, que es una prueba res-
piratoria que también indica el porcentaje de alcohol que se ha
consumido y que se mantiene en los pulmones. Si bien es cierto
la legislación de tránsito, Ley Nº 18.290, faculta expresamente a
Carabineros para someter a cualquier conductor o peatón a una
prueba respiratoria o de otra naturaleza destinada a detectar la
presencia de alcohol en el organismo o acreditar el hecho de
conducir bajo la influencia de estupefacientes o sustancias sico-
trópicas, no existía el elemento o método para establecer su uso,
el que hoy día se puede determinar por el test específico, deno-
minado drugwipe, que cuenta con la aprobación de la Comisión
Nacional de Seguridad de Tránsito.
El narcotest sirve para probar la presencia de cocaína o pasta
base, se consigue por el drugwipe aplicándolo en la transpiración
o sudor del individuo, sea en su muñeca, brazo, antebrazo o in-
cluso en la nuca, ya que este fluido corporal registra la existencia
de dicha droga.
Desde el punto de vista toxicológico, la cocaína y la pasta
base producen graves alteraciones en el comportamiento del
conductor, constituyen obviamente factores de riesgo o de pe-
ligro en la conducción y pueden provocar fatales accidentes de
tránsito. Los síntomas generales de la cocaína que influyen en la
acción de los choferes son convulsiones, taquicardia, excitación,
vértigo, temblores, hipertensión, lentificación de los reflejos, di-
ficultades para frenar, alteraciones sicosensoriales, especialmente
de la visión y de la audición, insomnio, hiperactividad, etc.
Conforme a la reglamentación de tránsito, si la prueba del
narcotest es positiva, esto es, indica que la persona se encuentra
bajo la influencia de estupefacientes o sustancias sicotrópicas,

124
CONDUCCIÓN DE UN VEHÍCULO MOTORIZADO BAJO LA INFLUENCIA DEL ALCOHOL...

hoy cocaína o pasta base, Carabineros podrá prohibir la conduc-


ción por el tiempo que estime necesario para su recuperación,
el cual no podrá exceder de tres horas a partir de la hora en que
se ha practicado el examen.
A futuro sería necesario que también se adquiriesen por los
organismos pertinentes drugwipes para detectar el empleo de la
marihuana, tranquilizantes, anfetaminas, sedantes, barbitúricos,
estimulantes, ya que una serie de conductores manejan bajo su
influencia, algunos con fines terapéuticos (drogas médicas) o
recetados por médicos y otros lo hacen por propia iniciativa.
Esta medida del narcotest es de vital importancia, conside-
rando que un número relevante de conductores, especialmente
jóvenes entre 18 a 24 años lo hacen, lamentablemente, bajo una
intoxicación cocaínica, y comúnmente los fines de semana, expe-
rimentándose un incremento de accidentes de tránsito. Por otra
parte, con este instrumento es posible determinar desde el punto
de vista legal si el conductor estaba bajo la influencia de tóxicos
y es un elemento probatorio que tiene el valor de un informe
de peritos. El juez en definitiva será el que deberá apreciar la
prueba con entera libertad, según el art. 297 del Codigo Procesal
Penal para la penalización de esta infracción gravísima, tipificada
en el número 1 del art. 197 de la Ley Nº 18.290.

125
CAPÍTULO III

LA PRUEBA RESPIRATORIA

INTRODUCCIÓN

1. La alcoholemia ha sido definida como uno de los métodos


científicos más confiables y seguros, según la medicina legal, es-
pecíficamente la llamada medicina legal del tránsito, para fijar el
promedio de alcohol en la sangre en un momento determinado
en el ser humano, la que no es sólo privativa en el MEE, sino que
se emplea en los diversos accidentes de tránsito e infracciones re-
glamentarias. Sin embargo, existen otros métodos para la misma
investigación que detectan el promedio de alcohol; entre éstos
está la denominada prueba respiratoria (Test Breath), ya que
este líquido queda alojado en los pulmones, siendo expulsado
por el aire.

2. El examen de alcoholemia data de los años 1920 en adelante.


En un comienzo hubo reticencia de las personas para que se les
tomase una muestra de sangre, ya que se estimaba que la persona
humana, en este aspecto, era totalmente inviolable y que no se le
podía sacar sangre. Por esta razón, se pensó en otro análisis para
poder averiguar la cantidad de alcohol que había en el aire espi-
rado de la persona, y en los años 1925 a 1930, aproximadamente,
se crearon el denominado drunkmeter y el intoximeter. Asimismo,
se practicaban las pruebas de orina y del líquido cefalorraquídeo,
para el mismo fin.

3. Conviene recordar aunque sea brevemente para entender esta


prueba o test respiratorio, que el alcohol por medio del proceso

127
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

de la “difusión” llega a todo el cuerpo humano, a los tejidos,


órganos, glándulas, líquidos, piel, huesos, sangre y para el caso
que nos ocupa, hay presencia importante de él en el aparato o
tubo respiratorio, siendo posible, por lo tanto, por medio del
aliento obtener la cifra de alcohol mediante el examen denomi-
nado alcotest. Éste señala el volumen de alcohol en el aire que
espira una persona, que naturalmente ha ingerido bebidas con
contenido alcohólico.

4. Se sostiene que el alcotest es una prueba o examen que se


practica mediante aparatos o equipos de comprobada eficacia,
de fácil manejo y en un menor tiempo y que indica la cantidad
de alcohol en el aire que se espira. En cambio el análisis de alco-
holemia, que también es una prueba ya estudiada anteriormente,
se hace en los laboratorios, por personal especializado, en la
mayoría de los casos por químicos farmacéuticos, empleando
procesos químicos y el uso de sustancias especiales.

5. Tabasso, en su obra, en el capítulo “Del elemento humano en


la circulación”, en el parágrafo “El alcohol en el estrado judicial.
Prueba de la alcoholización incapacitante”, relata: “Por último, la
prueba de la alcoholización puede provenir de la observación clíni-
ca directa del indagado por un profesional médico, lo cual significa
el reconocimiento preciso de los síntomas subjetivos típicos que
afectan el equilibrio, la marcha, la visión, la coordinación, la mo-
tricidad y la expresión (disartria, dismetría, diplopía, aumento
de la base de sustentación, inseguridad postural y en la marcha,
trastornos del equilibrio y torpeza motriz, especialmente de la
motricidad fina). Ello debe ser descrito pormenorizadamente,
consignándolo en un protocolo formal de intervención. La des-
ventaja de este sistema es que no permite cuantificar exactamen-
te la alcoholemia, ni la ebriedad subclínica, si bien establece de
modo claro la inidoneidad sobreviniente y su grado aproximado
cuando aquélla presenta síntomas expresos.
Es inaceptable como prueba, en sentido jurídico propio,
cualquier otro procedimiento de diagnóstico –especialmente el
olfato–, así como la mera constancia de alcoholización sin otro
elemento clínico que la respalde, aun cuando provenga de un
médico. Siempre será preferible dejar escapar a un culpable que

128
LA PRUEBA RESPIRATORIA

condenar a un inocente, y si ello puede resultar aberrante, no lo es


menos que se gasten sumas siderales en publicidad para disuadir
al conductor de la ingesta, y no se dote a los gabinetes forenses
oficiales de elementos técnicos modernos de detección, y a la
policía del tránsito, del mundial alcotest.
Una vez establecido clínicamente el grado de alcoholización
del sujeto, dado que en el derecho nacional la ingesta –disca-
pacitante o no– de ninguna manera constituye una presunción
simple o absoluta de causación o culpabilidad desde el punto
de vista procesal, es menester efectuar el análisis del papel causal
que ello tuvo –o no tuvo– en el hecho sub lite. La omisión de hacerlo
constituiría una franca ilicitud y una arbitrariedad.
En tal sentido, la conducta alterada pudo haber sido la cau-
sa eficiente única del siniestro, una causa concurrente con otras en
distintos grados de participación en la producción o resultado
final del hecho –que habrá que determinar–, o un factor presen-
te pero totalmente irrelevante respecto de la causación, como,
p. ej., cuando el individuo intoxicado fue embestido sobre la
zona reservada de la acera o cruzando con la luz del semáforo
en fase verde.
Ello no obsta a que la conducción alterada constituya una in-
fracción administrativa autónoma y en su caso penal, que genera
sus propias consecuencias en el plano sancionatorio”.1

6. El alcotest es empleado desde hace varios años en Chile. Se


contemplaba esta prueba en el art. 122 de la derogada Ley de
Alcoholes y en su reglamento que data del año 1976; hoy se
preceptúa en la actual Ley de Tránsito, y es practicado exclusiva-
mente por Carabineros de Chile.

7. Según Vargas, sobre la determinación de alcohol en el aire


espirado: “El deseo de obtener resultados por medios menos
cruentos, ha originado la aparición de instrumentos que deter-
minan el contenido de alcohol en el aire espirado”.

1
CARLOS TABASSO, Fundamentos del tránsito, jurídicos, técnicos, accidentoló-
gicos, vol.1, Editorial B. de F., Julio César Faira, Editor, Buenos Aires, Argentina,
1995, p. 127.

129
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Entre los más conocidos pueden citarse el Breathalyzer, el


Drunkometer, el Intoximeter y el Alcometer. Todos se basan en las
investigaciones de Harger, en 1950, sobre la partición de alcohol
entre agua, sangre, orina y aire. La concentración del alcohol
en el aire es independiente del volumen de la solución, pero, en
cambio, es influenciada por la temperatura y la concentración de
sales. Para el alcohol, el grado de partición entre sangre y aire, a
37ºC, es de 2.100 a 1. Es decir, 2.100 cc de aire alveolar contienen
el mismo peso de alcohol que un mililitro de sangre.
En este método de análisis hay tres fases: la recolección de
una muestra de volumen y composición adecuados, la reacción
del alcohol en esta muestra con reactivos como la solución de
dicromato en ácido sulfúrico y la medida del cambio de color de
dicha solución.
La confiabilidad de estos aparatos sigue discutiéndose. Au-
tores como Mason y Dubowski abogan porque se abandonen y
expresan que los resultados más confiables se obtienen con el
análisis de la sangre capilar. Jones ha señalado que los resultados
con poco margen de error que pueden obtenerse bajo condicio-
nes de laboratorio están alterados por las condiciones variables
en que deben manejar estos aparatos los oficiales de policía.
Una precaución elemental es tomar la muestra de aire por
lo menos quince minutos después de la ingestión de bebidas al-
cohólicas. Antes de dicho período, los resultados están falseados
por el alcohol que aún humedece la boca”.2

8. Repetto, dice: “La aparición de alcohol en el aliento o aire


espirado es inmediata y alcanza rápidamente un máximo; trans-
curridos los primeros 20 minutos la curva del aliento se hace
paralela a la de la sangre. Aunque al pasar el tiempo los valores
son inferiores a la alcoholemia, la discordancia inicial se debe
a la persistencia de restos de alcohol en la boca en el momento
de la determinación y al rápido paso a los pulmones del alco-
hol absorbido por la mucosa bucal, vía vena cava superior y
acceso directo al corazón. En consecuencia, sólo son fiables las
valoraciones efectuadas después de 20 minutos de la libación
y tras enjuagado de la boca con agua; sin embargo, cuando la

2
VARGAS, ob. cit., p. 338.

130
LA PRUEBA RESPIRATORIA

técnica analítica aplicada al aliento está basada en procesos


de oxidación-reducción, no debe desestimarse la aparición de
errores por exceso a consecuencia de la presencia de vapores
reductores (otros alcoholes, aldehídos, cetonas, ésteres, aro-
mas, monóxido de carbono, etc.) en el aire espirado. Por ello,
los valores de impregnación deducidos del análisis del aliento
pueden adolecer de errores que limitan grandemente la fiabi-
lidad del método, en oposición a la comodidad de obtención
de la muestra”.3

LA PRUEBA RESPIRATORIA EN LA LEGISLACIÓN


NACIONAL Y EXTRANJERA, COMO UNA MEDIDA
PREVENTIVA EN LOS ACCIDENTES DEL TRÁNSITO
CAUSADOS POR EL ALCOHOL

1. En nuestra legislación, dentro de la misma Ley de Tránsito,


se señalan los casos en que Carabineros puede someter a una
persona a la prueba respiratoria del aliento, aire espirado o
alveolar. El art. 189 reza: “Carabineros podrá someter a cual-
quier conductor a una prueba respiratoria o de otra naturaleza
destinada a detectar la presencia de alcohol en el organismo o
acreditar el hecho de conducir bajo la influencia de estupefa-
cientes o sustancias sicotrópicas. Carabineros, asimismo, podrá
practicar estos exámenes a toda persona respecto de la cual tema
fundadamente que se apresta a conducir un vehículo en lugar
público y que presente signos externos de no estar en plenitud
de facultades para ello.

2. Por consiguiente, esta disposición legal entrega a Carabineros


la facultad para someter a esta prueba respiratoria, la que puede
o no detectar la presencia de alcohol en la sangre o en el orga-
nismo, a todos los conductores que se encuentren conduciendo
un vehículo o se apresten a hacerlo.

3. La detección del alcohol por medio del alcotest es una prueba


ampliamente empleada en varios países de América Latina, Euro-

3
REPETTO, ob. cit., pp. 434 y 435.

131
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

pa y los Estados Unidos. Pilar Gómez Pavón explica que “El apa-
rato destinado a la prueba consiste en una bolsita de plástico, un
tubo conteniendo sales de bicromato y un ácido y una pequeña
boquilla. La forma de utilización es muy sencilla; consiste en se-
parar la boquilla y romper ambos extremos del tubo. Se vuelve a
colocar la boquilla y el extremo libre del tubo se acopla a la bolsa
de medición. Se sopla de una sola vez hasta llenar la bolsa, en no
más de 20 segundos. Dependiendo de la cantidad de alcohol, el
reactivo adoptará diversas coloraciones; según las indicaciones
suministradas para su utilización, si el reactivo adquiere un color
verde, la concentración no sobrepasa a 0,3 gramo por 1.000; si
la coloración es amarilla, es próxima a 0,7 gramo por 1.000 y no
se debe beber más; si es roja, la concentración es superior a 0,8
gramo por 1.000 y no se puede conducir. Los tubos, una vez uti-
lizados, deben guardarse, protegidos de la luz. Se deben tener en
cuenta una serie de precauciones antes de utilizar estas pruebas.
El resultado no es seguro si se realiza inmediatamente después
de beber; es conveniente esperar unos quince minutos. Tampoco
debe fumarse antes de realizar la prueba; conviene esperar unos
cinco minutos”.4

4. Atinente a la evaluación del alcotest, Bonnet añade, en


forma muy pormenorizada: “El procedimiento mencionado
indicará la cantidad de alcohol contenido en la sangre del
sujeto examinado y en el instante en que fue sometido a la
prueba, pero no permitirá extraer conclusiones respecto de
la posible cantidad de alcohol en la sangre antes o después de
la prueba.
La interpretación de los resultados en cada caso, según sea la
coloración del granulado amarillo del tubo, es la siguiente:
1) Si el granulado amarillo del tubo no presenta coloración
verdosa, significa que el aire espirado por la persona, en el mo-
mento de ser sometida a la prueba, no contiene alcohol, o su
cantidad es ínfima, y siempre por debajo de 0,30 por mil.
2) Si el granulado amarillo del tubo presenta una coloración
verdosa, más o menos definida y más o menos extendida a todo
aquél, quiere decir que el aire espirado por el sujeto, en el mo-

4
GÓMEZ PAVÓN, ob. cit., pp. 66 y 67.

132
LA PRUEBA RESPIRATORIA

mento de ser sometido a la prueba, contiene alcohol, pudiendo


ocurrir las siguientes posibilidades, o sea, que haya:
a) Color verdoso ligero en la mitad superior del granulado,
manteniéndose muy por arriba de la línea de demarcación. La
cantidad de alcohol en la sangre, en este caso, es ligeramente
superior a 0,30 por mil.
b) Color verdoso acentuado, localizado en la mitad superior
del granulado, pero sin alcanzar la línea de demarcación. La
cantidad de alcohol en la sangre, en este caso, es menor de 0,70
por mil, oscilando por lo general alrededor de 0,50 por mil.
c) Color verdoso muy intenso, que llega hasta la línea de de-
marcación o la sobrepasa apenas. La cantidad de alcohol en la
sangre, en este caso, es aproximadamente de 0,70 por mil.
d) Color verde muy intenso, que ocupa la totalidad de la par-
te del tubo que contiene el granulado amarillo y, por consiguien-
te, rebasa ampliamente la línea de demarcación. La cantidad de
alcohol en la sangre, en este caso, es superior a 0,80 por mil.
3) Es de interés hacer notar que la evaluación cuantitativa
del contenido alcohólico en la sangre es casi exacta mientras la
tonalidad verde no llegue a la línea de demarcación (casos a y
b). Cuando la tonalidad verdosa casi limita con esta última o la
rebasa, no es posible valorar con más precisión la cantidad de
alcohol en la sangre, que lo indicado en los casos c y d. Cuando
el tono verde cubre todo el granulado primitivamente amarillo,
lo repetimos, la cifra de alcohol en la sangre, en el instante del
examen, es superior a 0,80 por mil”.5

5. Este diagnóstico del alcohol en el aire espirado de una perso-


na es rápido, no más allá de cinco minutos, y no requiere, según
lo expuesto, un análisis en laboratorio. Está basado en principios
físicos y químicos. Simonín explica que “Los métodos respi-
ratorios de evaluación del estado de impregnación alcohólica
derivan de la ley de Henry sobre los intercambios entre un gas,
vapor (alcohol) y un líquido (sangre). Hay, pues, una relación
constante entre la cantidad de alcohol que se encuentra en el
mismo volumen de aire alveolar y de la sangre; esta relación es
de 1/2.000; asimismo, 1 cc de sangre contiene tanto alcohol

5
BONNET, ob. cit., t. II, pp. 1611 a 1613.

133
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

como 2.000 cc de aire alveolar. Además, como 2 litros de aire


alveolar contienen 0,190 g de gas carbónico a 37º (Liliestrand
y Linde), dosificando simultáneamente en el aire espirado el
alcohol y el anhídrido carbónico, se puede calcular la cantidad
de alcohol correspondiente a 0,190 de CO2, es decir, a 2.000 cc
alveolar o a 1 cc de sangre.
Aplicando estos datos, Harger ha construido el Drunkome-
ter, adoptado por la policía de un gran número de Estados, en
EE.UU., para descubrir a los automovilistas embriagados; la do-
sificación se efectúa en 5 minutos.
El alcohómetro del laboratorio de Fisiología Aplicada de
Yale (EE.UU.) da automática e instantáneamente el porcentaje
alcohólico en sangre”.6

6. No cabe la menor duda de que este método es importante


para determinar la cantidad de alcohol que tiene en el organis-
mo un conductor de vehículos motorizados o un peatón, pero
el examen que denota una precisión mayor, entre otros, es el de
Widmark, que se usa en Francia, Alemania, España, Argentina,
Chile, entre otros países. El examen de la prueba respiratoria
no es exclusivo ni excluyente, pudiendo usarse simultáneamen-
te los dos. En otro apartado nos referiremos a la problemática
que puede existir, pues entre la prueba respiratoria y la de
alcoholemia, en ciertos casos hay una gran diferencia, la que
no se compadece con los principios científicos específicos de
ambas pruebas.

REGLAMENTO DE LA PRUEBA RESPIRATORIA


EN LA LEGISLACIÓN NACIONAL

El Decreto Nº 430, de 27 de febrero de 1976, publicado en el


D.O. de 21 de abril del mismo año, reglamenta el uso de la prue-
ba respiratoria a que se refiere el art. 120 de la Ley Nº 17.105.
Dicho decreto dispone:

6
SIMONIN, C., Medicina legal judicial, tercera edición, reimpresión, Editorial
JIMS, Barcelona, España, 1980, pp. 581 y 582.

134
LA PRUEBA RESPIRATORIA

Art. 1º. Autorízase el uso de la prueba respiratoria a que se


refiere el art. 120 de la Ley Nº 17.105, a fin de determinar si quie-
nes conducen o se aprestan a conducir un vehículo en un lugar
de uso público se encuentran en posible estado de ebriedad, bajo
la influencia del alcohol o en normal estado de temperancia.
Art. 2º. La supervisión de los aspectos técnicos del método
corresponderá al Servicio Médico Legal y su aplicación a Cara-
bineros de Chile.
Art. 3º. Carabineros de Chile efectuará las operaciones pro-
pias del método en presencia del examinado, ajustándose a los
procedimientos técnicos que recomiende el Servicio Médico
Legal y adoptando todas las medidas pertinentes para asegurar
la seriedad de la prueba.
Art. 4º. Si el resultado de la prueba denotare en el conductor
un posible estado de ebriedad, o si éste se negare a someterse a
ella, se le practicará el examen de alcoholemia que prescribe el
art. 122 de la Ley Nº 17.105.
En el primer caso, se dejará constancia del resultado preciso
de la prueba respiratoria, individualizándose debidamente al
examinado, por medio de su cédula de identidad o por otros
antecedentes si no se dispusiere de dicho documento.
Art. 5º. Si la prueba respiratoria demostrare que el conductor
se encuentra bajo la influencia del alcohol, se procederá en la
forma establecida en el art. 120 de la Ley Nº 17.105, a menos de
haber incurrido en infracciones o contravenciones, sin causar
lesiones, en cuyo caso se obrará en la forma indicada en el inciso
final del artículo anterior.
Art. 6º. Sin perjuicio de lo dispuesto por los arts. 122 de la
Ley Nº 17.105; 67 de la Ley Nº 15.231, y 275 de la Ordenanza
General del Tránsito, podrá practicarse también la prueba respi-
ratoria a los conductores que han intervenido en accidentes de
tránsito, siguiéndose las normas establecidas en el art. 4º.
Art. 7º. La negativa a someterse a la prueba respiratoria a que
se refiere el presente decreto, será estimada como una oposición
al procedimiento policial, en conformidad a lo establecido en el
art. 312 del Decreto con Fuerza de Ley Nº 3.068, de 1964.

135
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

EL USO EN CHILE DEL INTOXILYZER 400


EN LA PRUEBA RESPIRATORIA

1. Según la normativa transcrita ut supra, art. 189 de la Ley de


Tránsito y el Decreto 430, que reglamenta y autoriza el uso de
la prueba respiratoria, la que, como hemos venido sosteniendo,
es efectuada exclusivamente por Carabineros de Chile a las per-
sonas que conducen o se aprestan a conducir un vehículo en
un lugar público, y a los que han intervenido en un accidente
de tránsito, y que estén en posible estado de ebriedad, bajo la
influencia del alcohol o en normal estado de temperancia.

2. En la actualidad, Carabineros de Chile, previamente autoriza-


dos por las autoridades pertinentes, está usando el equipo por-
tátil conocido como Intoxilyzer 400 para medir la intoxicación
alcohólica en una persona; es fabricado por la empresa norte-
americana CMI, Inc., de Owensboro, Kentucky, y de acuerdo
con la literatura que hemos tenido ocasión de recibir se trata
de una compañía altamente especializada en las tecnologías
más modernas para la detección del nivel de alcohol. Entre
sus especificaciones técnicas, el peso aproximado es de medio
kilo y se estima como suficientemente exacto para detectar la
evidencia de alcohol en el aliento, especialmente en materia de
tráfico y también en el uso industrial; está controlado por un
microprocesador y, por lo tanto, es muy fácil su operatibilidad
desde el punto de vista manual. Las funciones analíticas, inclu-
yendo la muestra del aliento, se toman en forma automática y
no pueden ser influenciadas por la persona a la cual se le hace
la prueba respiratoria, ni por la persona que está operando
dicho instrumento.

3. En cuanto al método de funcionamiento, el Intoxilyzer 400


utiliza una célula sensora de combustible electroquímica que
contiene dos electrodos de platino para detectar y medir la
concentración de alcohol en el aliento espirado. Cuando el
aliento entra en esta célula de combustible a través del sistema
de muestra por aspiración, una pequeña descarga eléctrica es
generada, la cual es directamente proporcional en magnitud a
la concentración de alcohol en el aliento del donante.

136
LA PRUEBA RESPIRATORIA

Esta descarga eléctrica es enviada a un amplificador electró-


nico y es exhibida en la pantalla digital. Esto es calibrado direc-
tamente en unidades de concentración alcohólica en el aliento
o en el sistema sanguíneo.
El sistema de muestra opera bajo el control del microcontro-
lador central del instrumento y por el sensor del flujo del aliento.
Estos dos dispositivos aseguran que sólo el flujo de aliento de los
pulmones es tomado como muestra para el análisis. Esto garan-
tiza la medida verdadera que refleja la concentración alcohólica
del donante.
Si la temperatura ambiental es baja, la célula sensora de
combustible es automáticamente calentada. Esto una vez más
garantiza que la medida de alcohol en el aliento es la precisa.

4. En los detalles técnicos: “Le toma a la célula de combustible


alrededor de 20-30 segundos, después de cada examen, para
recuperar su voltaje. Y el nivel más alto es el verdadero nivel
de alcohol del donante. Mientras que el voltaje de la célula de
combustible está incrementando, la luz Analyzing permanece
prendida. Espere hasta que la luz se apague antes de tomar la
lectura final del nivel de alcohol. Si no hay alcohol en la muestra,
el indicador de la célula no se moverá de su posición normal cero.
En estas circunstancias, la luz Analyzing se apagará rápidamente
una vez que la muestra sea tomada.
La célula de combustible ofrece un número de ventajas (par-
ticularmente sobre semiconductores), como detectores analíticos
del alcohol en el aliento”.

5. Con respecto al sistema de prueba de aliento: “Cuando el


donante sopla a través de la pieza oral desechable, la velocidad
de flujo está precisamente controlada a través del detector de
presión de flujo. Esta producción, contra tiempo, es utilizada por
el microcontrolador para calcular el volumen preciso de flujo
que ha sido espirado.
El detector de presión utilizado en este instrumento es una
pieza sólida escogida especialmente por su precisión en la medi-
da, seguridad y estabilidad bajo condiciones de operación.
El donante tiene que soplar a una velocidad por encima de
la mínima velocidad de flujo, lo cual causa que la luz Flow se

137
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

prenda durante suficiente tiempo para alcanzar el preestablecido


volumen requerido.
Una vez que el donante ha satisfecho las mínimas condicio-
nes preestablecidas de la muestra, el microprocesador del ins-
trumento activa el motor en el sistema de la muestra. Esto tiene
el efecto de atraer un pequeño volumen fijado de flujo desde la
pieza oral, pasándolo directamente a la célula de combustible.
El instrumento también puede ser configurado de forma
que solo acepte una muestra de flujo al final de la espiración del
aliento, asumiendo que las condiciones mínimas preestablecidas
han sido alcanzadas.
Esto garantiza que el resultado indicado refleje únicamente
el contenido de alcohol en el flujo de aliento pulmonar.
Sin embargo, el instrumento ha sido programado de forma
que el donante debe seguir soplando hasta que la luz Analyzing
(y un doble ‘beep’) aparezcan. Esta luz aparece una vez que la
muestra ha alcanzado la célula de combustible para ser analiza-
da.
Las condiciones mínimas de la muestra han sido preestable-
cidas y están grabadas en la memoria del computador del instru-
mento. Éstas sólo pueden ser modificadas por un ingeniero con
acceso al necesario programa”.

6. Por último, la pieza oral desechable: “La pieza oral del Intoxi-
lyzer 400 ha sido cuidadosamente diseñada para uso junto con
el detector de flujo utilizado en este instrumento.
Ofrece resistencia mínima al flujo de aliento, pero al mismo
tiempo permite la generación de una presión positiva en el
acceso de muestra mientras que el donante está soplando. Esta
presión es leída por el detector de presión del instrumento e
interpretada por el microcontrolador en términos de la veloci-
dad de flujo a través de la pieza oral. A través del control contra
tiempo de la velocidad de este flujo, el volumen actual de aire
desechado por el donante puede ser determinado”.
Los autores Henry Ey y otros, relativo al diagnóstico bioquímico
del alcoholismo agudo, en el apartado Métodos Indirectos, expre-
san: “El ‘alcotest’ de Draeger. Los métodos indirectos se basan en
el hecho de que 100 ml de aire espirado a 33º C contienen tanto
alcohol como 1 ml de sangre. Para el control sistemático (‘seguri-

138
LA PRUEBA RESPIRATORIA

dad en carretera’) se utilizan unos aparatos simplificados, como el


alcoholtest de Draeger: el individuo sopla en una bolsa de plástico
a través de un tubo que contiene granos de bicromato potásico,
gel de sílice y ácido sulfúrico; el alcohol reduce la sal de cromo
que adquiere un color que varía desde el amarillo al verde según
la proporción. La intensidad viene medida por la longitud de la
columna coloreada de verde y un anillo señala un límite que al ser
sobrepasado traduce una alcoholemia mínima de 0,8 g/l (tasa legal
límite en Francia). Sin embargo, se utilizan además otros dispositi-
vos de ‘control’ (resolución del 1º de agosto de 1966)”.7
Ganzenmüller y otros manifiestan al respecto: “La ‘autoriza-
ción oficial’ de los alcoholímetros a que hacía referencia el Códi-
go de Circulación, y sigue haciendo la Ley de Seguridad Vial y su
Reglamento, viene regulada en la Orden de 27 de julio de 1994,
por la que se establece el control metrológico del Estado para los
instrumentos destinados a medir la concentración de alcohol en
el aire espirado. Hasta esta fecha, se adoptaron dos tipos de alco-
holímetros destinados, respectivamente, para la primera prueba
o de evaluación simple y la prueba cuantitativa; a saber:
A) Alcotest Drager. Se trataba de un conjunto de aparatos
combinados que sólo podía determinar si la alcoholemia era
superior o inferior al 0,8, pero no cuantificaban el grado de
alcoholemia.
B) Alcolmeter Bench. Era un aparato compacto que determina
directamente el alcohol presente en un centímetro cúbico de
aire alveolar. La determinación consta de tres fases, reguladas
por otros tantos botones (preparación, muestra y lectura), en
las que se invierten unos tres minutos. Los resultados tienen un
error de análisis de más/menos 5%. La exactitud del aparato
se vigila mediante una calibración periódica, a través de una
solución alcohólica, y su fuente de alimentación son dos peque-
ñas pilas de 9 voltios. En caso que una primera prueba resulte
positiva, se esperan diez minutos y se realiza otra nueva prueba,
pudiendo acontecer:
1º. Que en la segunda prueba se desprenda que todavía ex-
iste un grado superior de alcohol en la sangre, lo que indicaría

7
HENRY EY, PAUL BERNARD y CHARLES BRISSET, Tratado de psiquiatría,
8ª edición castellana, 3ª reimpresión, Masson S.A., México, D.F., 1980, p. 721.

139
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

que en el intervalo de diez minutos el proceso de absorción ha


continuado, y que por lo tanto la última ingesta ocurrió entre 30
y 60 minutos antes de la primera prueba.
2º. Que en la segunda prueba refleje idénticos valores que en
la primera, lo que implica que hay un equilibrio entre el alcohol
eliminado y el absorbido; por tanto, hay una absorción y una
última ingesta reciente.
3º. Que la segunda prueba señale menos que la primera,
situación más frecuente y que significa que la velocidad de
eliminación del alcohol es superior a la absorción. Teniendo
en cuenta que la velocidad de destrucción del alcohol por el
organismo viene a ser de 0,1 y 0,3 gramo por litro y hora, si la
prueba la hacemos a los veinte minutos lo normal es que haya
disminuido entre 0,03 y 0,1 g/l.
El RGC dispone en su art. 21 que todos los conductores de
vehículos quedan obligados a someterse a las pruebas que se
establezcan para la detección de las posibles intoxicaciones
por alcohol; añadiendo su art. 22 (en la redacción dada por el
RD 1333/1994, de 20 de junio) que dichas pruebas consistirán
normalmente en la verificación del aire espirado mediante eti-
lómetros que, oficialmente autorizados, determinarán en forma
cuantitativa el grado de impregnación alcohólica de los interesa-
dos. De lo anterior se desprende la necesidad que fundamentó la
promulgación de esta norma metrológica, con el fin de estable-
cer los requisitos que deben cumplir los instrumentos destinados
a medir, con la precisión adecuada, la concentración del alcohol
en el aire espirado. Por otra parte, las especiales circunstancias
de orden técnico que concurren en estos instrumentos de me-
dida, su uso por los agentes de la autoridad para la imposición
de sanciones, la movilidad geográfica inherente a la función de
vigilancia del tráfico vial, abundan en la necesidad de establecer
prescripciones metrológicas de obligado cumplimiento para los
instrumentos destinados a medir la concentración de alcohol en
el aire espirado. De este modo, deben ser utilizados únicamente
los etilómetros autorizados oficialmente. Como hemos señalado,
conforme a la Orden de 27 de julio de 1994 se establece el con-
trol metrológico del Estado para los instrumentos destinados a
medir la concentración de alcohol en el aire espirado, y se regu-
lan los aspectos siguientes:

140
LA PRUEBA RESPIRATORIA

a) Campo de aplicación, comercialización y libre circulación.


Se denominan etilómetros los instrumentos destinados a medir la
concentración de alcohol en el aire espirado y que se utilicen
como medio para la imposición de sanciones, para la realización
de pruebas judiciales o para la aplicación de normas o regla-
mentaciones que exijan su uso para medir la concentración
alcohólica.
b) Fases de control metrológico.
c) Comercialización y puesta en servicio y libre circulación
de los etilómetros procedentes de otros Estados miembros de la
Comunidad Europea que cumplan los requisitos técnicos.
d) Aprobación del modelo.
e) Verificación primitiva de los etilómetros.
f) Verificación de reparación o modificación.
g) Verificaciones periódicas.
h) En cuanto a los etilómetros en servicio, se señala que po-
drán ser utilizados los que se encuentren en servicio siempre que
hayan superado satisfactoriamente la fase de control metrológico
expresada.
La jurisprudencia del Tribunal Constitucional y del Tribunal
Supremo se muestra especialmente exigente con el cumplimien-
to de todos los requisitos legalmente expuestos”.8
El autor Gisbert Calabuig, anota sobre los métodos incruen-
tos: “Tienen por objeto eliminar las objeciones que se han plan-
teado a la extracción de sangre, en especial si se realiza de modo
coactivo, sin el consentimiento del implicado. Estos métodos
recaen en la orina, la saliva y en el aire espirado. Únicamente
nos ocuparemos del último tipo, ya que es el método oficial en
nuestro país.
La determinación del alcohol en el aire espirado se basa en los
siguientes principios: partir de 15 minutos después de haber
ingerido una bebida alcohólica, la concentración de alcohol en
el aire espirado refleja la concentración alcohólica de la sangre
circulante a través de los pulmones. Dos litros de aire alveolar,
con una concentración de anhídrido carbónico igual a 190 mi-
ligramos, contienen exactamente la misma cantidad de alcohol
que un centímetro cúbico de sangre. Se determina la cantidad

8
GANZENMÜLLER y otros, ob. cit., pp. 175 a 179.

141
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

de alcohol que existe en un volumen medido de aire (o que co-


rresponde a una cantidad determinada de anhídrido carbónico),
con lo cual se puede calcular la concentración alcohólica de la
sangre.
En nuestro país se han adoptado dos tipos de alcohómetros
destinados, respectivamente, para la primera prueba o de evalua-
ción simple y para la prueba cuantitativa, previstas en la Orden
de 29 de julio de 1981.

1. ALCOTEST “DRAGER”

Todo el material necesario está contenido en envases (habitual-


mente para 10 determinaciones) y consta:
De una bolsa de material plástico transparente que, al ser
llenada con el aliento del explorado, garantiza que el volumen
de aire espirado es el necesario para la evaluación correcta de
la alcoholemia;
De los tubitos de cristal con el reactivo, que aparece en for-
ma de cristales impregnados con una solución sulfocrómica y
que están mantenidos en posición gracias a unas finas rejillas
metálicas;
Finalmente, de tantas boquillas como tubitos de cristal, a
través de los cuales ha de soplar el sujeto, para un solo uso. En
el momento de realizar la prueba se cierran los extremos del
tubito de cristal con el reactivo; uno de sus extremos se conecta
a la bolsa de plástico y el otro a la correspondiente boquilla; una
flecha grabada indica la colocación correcta.
Debe asegurarse que el sujeto no ha ingerido alcohol ni
bebidas aromáticas en los 15 minutos que han antecedido a la
prueba; si no ha sido así, se demorará la prueba este tiempo, du-
rante el cual el sujeto no debe fumar, ni beber, ni comer, tan sólo
enjuagarse la boca con agua corriente. Se hace soplar al sujeto
por la boquilla hasta que la bolsa de plástico esté completamente
hinchada; se dejan pasar tres minutos y se observa si ha habido
cambio de coloración en el reactivo contenido en el tubito. Si
el color del reactivo pasa de amarillo a verde claro en su mitad
distal, la prueba es positiva, indicando que la alcoholemia del
sujeto es, al menos, de 0,8 gramo por 1.000.

142
LA PRUEBA RESPIRATORIA

2. ALCOLMETER “BENCH”

Es un aparato compacto, pero liviano (1 kg de peso), que deter-


mina directamente el alcohol presente en un centímetro cúbico
de aire alveolar, oxidándolo en una célula de combustión o célula
fuel. El calor desprendido en la combustión es transformado en
una señal eléctrica que, amplificada, actúa sobre la aguja de un
dial, graduado directamente en gramos por mil de alcohol (re-
feridos a la sangre). La determinación consta de tres fases, regu-
ladas por otros tantos botones (preparación, muestra y lectura),
en las que se invierten unos tres minutos. Los resultados tienen
un error de análisis de + 5%.
La exactitud del aparato se vigila mediante una calibración
periódica, para lo que se utiliza una solución alcohólica patrón a
través de la cual pasa una corriente de aire que arrastra vapores
de alcohol con concentración fija. El aparato puede ser trans-
portado, ya que su fuente de alimentación son dos pequeñas
baterías de 9 voltios.
La célula de combustión está diseñada de modo que sólo rea-
liza la oxidación del alcohol etílico, y no es afectada por acetona
ni por otros vapores aromáticos que puedan existir en el aliento.
Las cifras registradas por el aparato se anotan en el atestado,
constituyendo un valor legal, salvo que el implicado se muestre
disconforme y solicite que se lleve a cabo una determinación
directa de la alcoholemia”.9

DIFERENCIAS MANIFIESTAS ENTRE LA CONCENTRACIÓN


DE ETANOL QUE INDICA LA PRUEBA DE ALCOHOLEMIA
Y LA DEL ALCOTEST

Se ha presentado recientemente, según hemos tenido conoci-


miento, en varios procesos seguidos ante los Juzgados del Crimen
de Concepción, y en otros, una problemática que ha preocupa-
do a los jueces, a los procesados y a los abogados, ya que existe
una diferencia notable, según los exámenes de alcoholemia
practicados por el Instituto Médico Legal de Concepción, y el

9
GISBERT, ob. cit., pp. 147 y 148.

143
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

alcotest, por Carabineros de Chile, a conductores de vehículos


motorizados, pues la dosificación de alcohol en un momento
determinado no coincide con los rangos normales y habituales
entre el alcotest y la alcoholemia.
Una serie de autores consultados expresan que ambos mé-
todos son confiables en el análisis que realizan, el primero en el
aire existente en el aliento, pulmones o espirado, y el segundo,
en la sangre, para verificar la concentración de alcohol. Si bien
es cierto se estima en los textos revisados que las cifras no son
iguales, puede darse una aproximación en ambas pruebas, que
hoy día tienen pleno valor legal.
A continuación nos detendremos particularmente en un jui-
cio en que se ventiló precisamente esta divergencia en la muestra
de aliento y en la de sangre, de un conductor que manejaba con
signos de embriaguez. En el fallo del 1º de abril de 1998, del
Tercer Juzgado del Crimen de Concepción, se indicó que:
“El examen de muestra respiratoria, por el Intoxilizer, dio un
resultado de 1,85 gramo por litro”.
“La alcoholemia, según comprobante de la Unidad de Emer-
gencia del Hospital Clínico Regional de Concepción, dio un
diagnóstico de grado 1, esto es, con signos con respecto al con-
ductor, el que se hizo a las 02:57 horas del día del accidente”.
“Más adelante, corre agregado el Informe de alcoholemia
en que da un porcentaje de 0,72 gramo de alcohol por litro
de sangre, según muestra tomada a las 04:07 horas del día del
accidente”.
El sentenciador señala que “los hechos descritos y como el
procesado presentaba todos los signos de la embriaguez, cons-
tituyen el delito de conducir vehículo motorizado en estado de
embriaguez, toda vez que un sujeto que se encontraba ebrio
procedió a conducir un automóvil en la vía pública sin causar
daños, lesiones o muerte”.
La magistrada, en el considerando 3º parte segunda, tex-
tualmente registró: “El Tribunal tiene en consideración para
concluir en la existencia del ilícito penal, muy especialmente la
circunstancia de diferencia de horas entre la práctica del examen
de alcotest y la toma de muestra de sangre para examen de alco-
holemia, habiendo transcurrido entre ambos hechos algo más
de una hora, de manera que el resultado del examen de alcoho-

144
LA PRUEBA RESPIRATORIA

lemia no pudo reflejar la verdadera dosificación alcohólica que


tenía el denunciado al momento de ser detenido conduciendo
el automóvil”.
En virtud de lo anterior, se condenó al inculpado a las penas
correspondientes, además de las multas y la suspensión de licen-
cia, como autor del delito de conducir un vehículo motorizado
en estado de embriaguez, fallo que fue apelado ante la I. Corte
de Apelaciones de Concepción.
La defensa del condenado solicitó un informe al Servicio
Médico Legal de Concepción, a fin de que se comunicasen al
Tribunal las razones médicas de las diferencias entre los tests a
los que nos hemos venido refiriendo, el que fue contestado el 4
de septiembre del año 1998 por doña MARIELA VALENZUELA
Q.F.L., el que reza a la letra:
“En respuesta al antecedente anteriormente citado en causa
rol Nº 4.574-R, en el cual se consulta si es posible que en el lapso
de 1 hora exista una diferencia entre 1,85 gramo por mil como
resultado del CMI Intoxilizer 400 y 0,72 gramo por mil de la al-
coholemia Nº 7.404/97, puedo informar a US. lo siguiente:
La curva de concentración del alcohol en aliento y sangre
es distinta. Luego de la ingestión, la aparición del alcohol en
el aire espirado es inmediata y luego de aproximadamente 20
minutos se hace paralela a la de la sangre. Esta discordancia se
debe a la persistencia de restos de alcohol en la boca y al rápido
paso a los pulmones del alcohol absorbido por la mucosa bucal.
Debido a esto, se pueden obtener valores altos en detecciones
por alcoholímetros que no corresponden al nivel de alcoholemia
que tiene el individuo.
En consecuencia, fisiológicamente es imposible que en
1 hora la concentración de alcohol que posee un individuo
varíe en 1,13 gramo por mil, esta diferencia se podría explicar
si se considera lo expuesto anteriormente”.
Con fecha 25 de enero de 1999, la Corte de Apelaciones de
Concepción revocó el fallo y resolvió que se declaraba absuelto
al procesado, dándole primacía al examen de alcoholemia sobre
el del alcotest. El primero dio 0,72 gramo por litro de sangre y
el segundo 1,85 gramo de alcohol por litro de aire espirado, es-
timando, por las razones que en la sentencia se consideran, los
errores de este último, en relación con la alcoholemia.

145
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Transcribiremos a continuación las partes correspondientes


del fallo, ya que por los antecedentes proporcionados por la
Secretaría de la I. Corte de Apelaciones, es el primero que dilu-
cida la controversia de dos análisis o métodos probatorios para
regular la dosificación alcohólica del conductor.
“Que, según consta del parte policial de fs. 4, don NN (esto
es nuestro) fue detenido a las 2,57 horas del día 19 de diciembre
de 1997, por habérsele sorprendido conduciendo un vehículo
motorizado en estado de ebriedad, lo que constó por su fuerte
hálito alcohólico, rostro congestionado, incoherencia al hablar
e inestabilidad al caminar, arrojando el examen practicado con
alcoholímetro 1,85 gramo de alcohol por litro de aire espirado.
Las firmas de los funcionarios aprehensores que figuran en
el parte policial como testigos aparecen autorizadas por el jefe
de la unidad policial.
Que en su declaración indagatoria de fs. 5, ratificada en el
comparendo de fs. 11, el inculpado negó los cargos de la denun-
cia, reconociendo sólo que antes de su detención había bebido
un vaso normal de cerveza, por lo que no conducía su automóvil
en estado de ebriedad.
3) Que el examen de alcoholemia, practicado sobre una
muestra de sangre extraída a las 4,07 horas del 19 de diciembre
de 1997, arrojó una dosificación de 0,72 gramo de alcohol por
litro de sangre, según se comprueba con el informe pertinente
que rola a fs.18 de estos autos.
4) Que de la exposición de antecedentes aparece manifiesta,
entonces, la disparidad de los resultados que arrojó el alcoholí-
metro y el examen de alcoholemia, aun agregando a este último
el porcentaje de alcohol que el organismo del inculpado eliminó
entre el momento de su detención y la toma de la muestra de
sangre, lapso que alcanzó a una hora y cincuenta minutos, por lo
que habría que sumarle 0,20 gramo por litro, dado que el orga-
nismo libera cada hora a partir de la ingestión aproximadamen-
te 0,10 gramo por litro (Osvaldo Romo Pizarro, Medicina legal.
Elementos de ciencias forenses, Editorial Jurídica de Chile, Santiago
de Chile, 1992, p. 449).
5) Que según lo informado a fs. 36 por el Servicio Médico Le-
gal de Concepción, la bibliografía en cuanto al uso de alcoholíme-
tros (que mide la cantidad de alcohol presente en el aire espirado)

146
LA PRUEBA RESPIRATORIA

indica que la determinación de niveles de alcohol es válida cuando


se trate de instrumentos homologados, se sigan las instrucciones
de uso y mantenimiento evitando exponerlos a altas temperaturas,
deben someterse a calibraciones periódicas (cada 10 o 12 utiliza-
ciones) y revisiones por expertos cada dos veces al año.
Se agrega que en esas condiciones la determinación del nivel
de alcohol es bastante fiable, pero como siempre tiene algún
margen de error, en caso de un resultado positivo es conveniente
su confirmación por medio del análisis de sangre.
De lo anterior se colige que el método científicamente co-
rrecto para medir el nivel de alcohol en el organismo humano
es aquel que se basa en el análisis de sangre, pues el que emana
del alcoholímetro puede estar influido por muchas variables, e
incluso es importante el momento en que se practique el exa-
men, ya que, como el mismo informe lo señala, tras la ingesta
la aparición de alcohol en el aire espirado es inmediata, lo que
se debe a la persistencia de restos de él en la boca y a su rápido
paso a los pulmones absorbido por la mucosa bucal, lo que hace
que se puedan obtener valores altos que no correspondan al
nivel de alcoholemia del individuo, agregándose que pasados
aproximadamente 20 minutos, de la libación, la curva del aliento
se iguala a la de la sangre, aunque al pasar el tiempo los valores
son inferiores a la alcoholemia.
6) Que examinando la papeleta de fs. 3, que contiene el
resultado dado por el alcoholímetro, se advierte que a la fecha
de su aplicación al inculpado se habían realizado 28 exámenes,
lo que viene a significar que se había sobrepasado el número
de exámenes en más del doble al límite en que era necesaria su
calibración para mantener su fiabilidad.
Por otra parte, no existe antecedente sobre la hora en que el
inculpado ingirió por última vez bebida alcohólica, por lo que
existe una alta probabilidad de que entre ese hecho y su deten-
ción haya mediado un lapso inferior a 20 minutos, lo que puede
ser también un elemento que explique el elevadísimo resultado
que arrojo el alcoholímetro.
7) Que, ahora bien, frente al resultado de la alcoholemia, es
imposible que el inculpado hubiese presentado al momento de
su detención los síntomas de embriaguez que indica el parte de
Carabineros, y aunque el art. 178, inciso 7º de la Ley Nº 17.105

147
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

establece que se tendrán como declaraciones juradas las aseve-


raciones contenidas en la denuncia, siempre que las firmas de
los testigos de cargo aparezcan autorizadas por el Comisario
respectivo, la norma no dice que tales declaraciones constituyan
plena prueba de la ebriedad, de modo que el Tribunal apreciará
su mérito probatorio en concordancia con los demás medios de
prueba reunidos en el proceso.
En este análisis es evidente que el informe de alcoholemia
tiene un valor muy superior a aquellas aseveraciones rutinarias y
no vinculantes contenidas en el parte policial, en que los funcio-
narios simplemente se limitan a corroborar lo que allí se escribió,
tal vez por un deber de lealtad y espíritu de cuerpo, pero sin que
ello corresponda verdaderamente a la realidad, como en el caso
que se juzga.
Por otra parte, el art. 122 de la Ley Nº 17.105 estatuye que el
examen de alcoholemia tiene mérito suficiente para establecer
la dosificación de alcohol en la sangre o en el organismo, prueba
que no ha sido desvirtuada por ninguna otra de mayor valor.
8) Que como el examen de alcoholemia del inculpado arrojó
una dosificación de 0,72 gramo por litro, y como a este valor debe
agregarse el de 0,20 gramo por litro, según se indicó en el motivo
cuarto de este fallo, la sumatoria da un resultado de 0,92 gramo
por litro, que es inferior al límite que se considera como inicio de
la ebriedad, que es de un gramo de alcohol por litro de sangre.
9) Que de lo que se lleva dicho se llega necesariamente a la
conclusión de que el inculpado de autos debe ser absuelto de los
cargos de la denuncia.
Por estas consideraciones y disposiciones legales citadas, se
revoca la sentencia apelada de fecha uno de abril de mil nove-
cientos noventa y ocho, escrita a fs. 15 y siguientes de estos autos,
que condenó a NN, como autor del delito de conducir vehículo
motorizado en estado de ebriedad, y se declara que queda ab-
suelto de dicho cargo”.

COMENTARIOS

1. Estimamos que el fallo de la I. Corte de Apelaciones de Con-


cepción ha considerado de mayor valor la prueba de sangre

148
LA PRUEBA RESPIRATORIA

medida por la alcoholemia, sobre la misma, tomada mediante el


alcotest por el instrumento conocido como Intoxilizer 400.

2. Conforme a las opiniones y abundante jurisprudencia, la


alcoholemia es el único medio probatorio que determina la
dosificación de alcohol en la sangre, y que, como sabemos, es
un elemento tipificante del delito de manejar en estado de em-
briaguez.

3. Por otra parte, no cabe la menor duda de que en el caso pre-


sente existieron una serie de errores manifiestos en la toma de
la muestra del aire en los pulmones del inculpado, ya que es im-
posible que se haya dado esta divergencia entre 0,72 gramo por
mil en la alcoholemia y 1,85 gramo por mil del Intoxilizer, pues
tal como lo indica el Instituto Médico Legal, es fisiológicamente
imposible que en una hora la concentración de alcohol varíe en
1,13 gramo por mil.

4. Luego, el Intoxilizer deberá ser continuamente revisado por


expertos, calibrado periódicamente, no hacer uso de él sin la
revisión cada cierto número de exámenes, o hacerse a lo menos
dos alcotest, verificar su funcionamiento correcto, sus circuitos,
etc., según el manual al respecto.

149
CAPÍTULO IV

LA PERSONALIDAD DEL CONDUCTOR

I. INTRODUCCIÓN

En este capítulo nos remitiremos, a grandes rasgos, al estudio


de la personalidad del conductor, que es el agente dinámico por
excelencia en materia de tránsito, sus diversas clasificaciones o
tipos, su comportamiento en los AT, específicamente las impli-
cancias del consumo de alcohol y de las drogas. En apartados
anteriores hemos repasado lo referente al alcohol y la alcohole-
mia, pero en esta parte, reiteramos, sólo nos detendremos en el
examen de la conducta en la ruta o en el rodado, de las personas
que manejan vehículos motorizados, y cómo el manejo defensivo
puede colaborar en estos casos.
Hay que considerar que la dosificación o impregnación de
alcohol en la sangre no sólo es elemento tipificante para el ilícito
del MEE sino que el conductor que lo hace en tales condiciones,
esto es, con ciertos grados de alcoholemia y que naturalmente
influyen en su accionar, puede cometer otra serie de infracciones
a los reglamentos del tránsito, ya que cuando ingiere bebidas
alcohólicas y/o drogas, no actúa de la misma forma que lo hace
un conductor no embriagado ni drogado.
Sin perjuicio de lo anterior, indicaremos a continuación
ciertas clases de conductores, una breve explicación sobre la
personalidad de éstos y su influencia en los AT, considerando
ciertos principios de psicología de tránsito y sin que su enume-
ración sea taxativa.

151
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

II. LA PERSONALIDAD DEL CONDUCTOR Y LOS ACCIDENTES DE


TRÁNSITO

En la trilogía del tránsito intervienen tres factores, vinculados


a los AT y a la circulación vehicular. Los sujetos activos, que son
los seres humanos, en la calidad de conductores, peatones o pa-
sajeros. Los especialistas en tránsito están contestes en que “El
hombre se halla siempre en el centro del fenómeno circulatorio
y como sujeto activo único”. Otro factor o elemento es la ruta,
camino o vía, y el tercero, el vehículo, unidad, móvil o motor.
De estos tres, el ser humano es el elemento dinámico, que
está estrechamente ligado a los otros dos, que son denominados
pasivos o estáticos. La persona humana es la que pone en mo-
vimiento a los otros dos en la circulación o tránsito vehicular,
siendo ella la causa sine qua non.
Nos referiremos al conductor, quien tiene el manejo, control
y dominio del vehículo, y que conjuntamente con el peatón son
los mayores causantes de accidentes de tránsito, totalizando más
del 95% y atribuibles a error o falla humana. Los psicólogos de
tránsito explican que el conductor vierte en el manejo “su per-
sonalidad”, “su yo”, y es la que corresponde a todos los procesos
y elementos mentales del individuo. Se incluye su apariencia
exterior y el ser verdadero interno. Es la estructura misma del
sujeto, la que es propia de cada ser y, por lo tanto, existen dife-
rentes tipos de personalidades y éstas influyen evidentemente
en la conducción.
Cuando el sujeto controla un automóvil experimenta diversos
cambios psicológicos notorios, los cuales, a su vez, tienen directa
relación en general con la seguridad vial, pues ellos suelen cons-
tituirse en factores constantes de riesgo y peligro. Los psiquiatras
norteamericanos Tillman y Hobbs, entre otros, apuntan que “se
conduce como se vive”.
El conductor debe estar siempre consciente, diligente y
atento en lo que está haciendo y éste sería catalogado como el
ideal, que lamentablemente no corresponde a la realidad, ya que
existen sujetos inestables emocionalmente, con stress, estados
de depresiones, problemas personales, familiares, económicos,
enfermedades mentales, psicosis, etc., los que influyen en su
comportamiento vial.

152
LA PERSONALIDAD DEL CONDUCTOR

Entre la tipología de los conductores con alteraciones psi-


cológicas se conocen, y sin que su enumeración sea taxativa, los
siguientes:
1. El conductor agresivo y explosivo. Éstos tienen un grado de
constantes acciones violentas contra personas u objetos. Condu-
cen en forma desatenta, rápida y en estados tensionales fuertes,
y siempre tratan de adelantar a los otros vehículos y no respetan
la reglamentación vigente ni las señales de tránsito, pasan con
luz roja. Son el polo opuesto de los prudentes, defensivos y di-
ligentes. Se identifican con la máquina, existiendo una íntima
relación entre hombre y máquina. Se produce la asunción de
tamaño, mientras más grande es el vehículo o mayor potencia
tiene, mayor va a ser su carácter explosivo y violento. Entre este
tipo de conductores están los de camiones, buses, autos depor-
tivos, etc.
2. El conductor inseguro. Su acción es indecisa, dudan, vacilan
y presentan inestabilidad de carácter. Están proclives a cometer
accidentes de tránsito. Hay un manifiesto sentimiento de des-
confianza en sus capacidades y valores. Se ha demostrado que los
que han tenido accidentes de tránsito no han podido recuperar-
se de los efectos psicológicos del mismo y pueden nuevamente
verse involucrados en un accidente de tránsito. Estos conducto-
res constituyen un factor de alto riesgo.
3. El conductor egoísta. Aquí hay una sobre o súper valoración
del yo. Son conductores “que muestran un profundo desdén por
los demás, son agresivos, impacientes y exigentes, no comparten
el camino, piensan que la pista es de ellos, ven las cosas como ellos
quieren verlas y no como en realidad son. Infringen constan-
temente las normativas del tránsito, en algunos casos en forma
voluntaria para demostrar su comportamiento”.
4. El conductor depresivo. Los que padecen de este estado psí-
quico presentan un desánimo, un autodesprecio, baja iniciativa
y pensamientos negativos, lo que obviamente influye en una con-
ducción insegura y están propensos a un accidente de tránsito
por las alteraciones que manifiestan. El que tiene una depresión
debiera abstenerse de manejar, ya que constituye un factor im-
portante de riesgo en el tránsito.
5. El conductor neurótico. La neurosis es un trastorno común
cuyos aspectos más sobresalientes son la ansiedad y la angustia.

153
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Hay ciertos estados de ella en que se produce un miedo intenso,


una fobia. Estos conductores están propensos a los accidentes de
tránsito, no conducen en forma atenta y están desconcentrados
y nerviosos.
6. El conductor fatalista. Son inseguros y piensan que pueden
chocar o ser impactados en cualquier momento por terceros.
No toman ninguna precaución, porque según ellos “lo que ha
ocurrido ha de ocurrir no más”, y cometen reiteradas infraccio-
nes de tránsito.
7. El conductor con complejo de superioridad y amante de la notorie-
dad. Ellos se sienten superiores a los demás y les agrada ser con-
siderados por todos. Tienen conflictos de valores y el vehículo les
sirve como medio de demostrar sentimientos de superioridad. La
conducción en sí misma es una salida que les permite superar la
duda íntima que los consume. Son imprudentes en el manejo y
reinciden en accidentes automovilísticos.
8. El conductor soñador y fantasioso. Es una derivación de lo an-
terior y la conducción lo abstrae de la realidad. Maneja en forma
desatenta, desconcentrado y puede chocar o ser impactado.
9. El conductor audaz y ambicioso. Es prepotente en su intimi-
dad, se identifica con la máquina, la que se transforma en un
instrumento de expresión, de poder y de dominio. Infringe la
normativa de tránsito constantemente.
10. El conductor resentido y vengativo. Éstos han tenido en la
mayoría de los casos problemas familiares en la infancia y pos-
teriormente proyectan su resentimiento hacia terceros. No les
agrada obedecer los reglamentos de tránsito. Son conductores
peligrosos, autores de graves infracciones de tránsito.
11. El conductor psicopático. Hay varios tipos de psicópatas, los
desalmados, explosivos, epileptoides, paranoicos, entre otros.
Son egocéntricos, fríos, sobrevalorados, indiferentes, insensibles
e impulsivos. Este es un caso típico de trastorno de la personali-
dad o de la conducta y el sujeto está en continuo divorcio con la
sociedad y con las normas legales, entre éstas las del tránsito, las
que son violadas de una u otra forma.
La actual legislación de tránsito, Ley Nº 18.290, exige a todas
las personas que deseen obtener una licencia para conducir una
idoneidad moral, física y psíquica. A pesar del examen psicotéc-
nico que se practica por la Dirección de Tránsito, en nuestro con-

154
LA PERSONALIDAD DEL CONDUCTOR

cepto es muy difícil poder establecer el perfil psicológico de cada


conductor y si éstos efectivamente están o no capacitados para
ello; en pocas palabras, su idoneidad psíquica. Algunas personas
manifiestan verdaderas patologías psiquiátricas o enfermedades
con compromisos mentales, y si éstas no son manifiestas es prác-
ticamente imposible poder detectarlas en tal examen y además
requiriéndose la intervención de psiquiatras especializados en
materias de tránsito, como ocurre en otros países tales como
Francia, Alemania o Estados Unidos, lo que no se contempla en
nuestro país.
Sobre la personalidad del conductor en la ruta, el autor
Vicente Cabello, en su obra Psiquiatría forense en el derecho penal,
párrafo 208, indica en el apartado “Represión del alcoholismo al
volante”, que “Cuando los reglamentos o la legislación fijan una
tasa legal de alcoholemia, el conductor que sobrepasa esa cifra
comete una infracción.
Las sanciones establecidas en los diferentes países van desde
la simple multa pecuniaria o el retiro de la licencia, hasta el
secuestro del automotor o la prisión; ejemplo: en la carretera
norteamericana Nueva York-Thruwam, se prohibió en forma
terminante llevar alcohol en el vehículo siempre que la botella
o el recipiente no posean el cierre original, no adulterado del
envase. La ley dictada es tan severa que no sólo castiga al con-
ductor en estado de ebriedad o preebriedad, sino que todos los
acompañantes se hacen posibles de ser juzgados en caso de com-
probarse tales irregularidades. En el estado de Massachusetts, el
alcohol fue el causante del 77% de los accidentes mortales, y en
Delaware del 55%”.1
Relativo a las “Características psicológicas del delincuente
rutero”, en el párrafo 210, este mismo autor anota que “Todo
automovilista, aun sobrio, lleva latente una exaltación psicológica
provocada por el hecho de tener a su disposición un excedente
de vitalidad; el hombre no es el mismo cuando está detrás de un
volante que cuando transita por la calle como peatón.
Es una observación corriente que la conducción de un au-
tomóvil proporciona un goce particular, proveniente de la satis-
facción del instinto mejor enraizada en la naturaleza humana:

1
CABELLO, ob. cit., t. II-A, pp. 179 y 180.

155
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

‘el instinto de poder’. Tener bajo su pie, a su entera disposición,


una potencia mecánica, de muchas docenas de caballos de
fuerza. El desencadenamiento demasiado fácil de este instinto
rompe las barreras de la educación y cultura, suspende los sen-
timientos gregarios, provocando el retorno a comportamientos
infantiles”.2
Wolfgang Laves señala lo siguiente: “Sintomatología de las accio-
nes del alcohol. La sinopsis siguiente sirve de orientación sobre las
acciones más importantes del alcohol sobre el cerebro:

A. Corteza cerebral (umbral de la concentración alcohólica


sanguínea: aproximadamente, 0,8-1,2 por 1.000).
1. Cesación de las inhibiciones psíquicas.
2. Pérdida del autocontrol.
3. Disminución de la resistencia contra influencias psíquicas
ambientales.
4. Euforia.
5. Engreimiento.
6. Capacidad exagerada de entusiasmo.
7. Autoconfianza creciente.
8. Necesidad de expansiones.
9. Generosidad.
10. Disminución de la capacidad de enjuiciamiento.
11. Deseo de camaradería.
12. Necesidad de hablar en exceso (logorrea).
13. Disminución de la atención.

B. Pensamiento y sensaciones (umbral de la concentración alco-


hólica sanguínea: aproximadamente, 1,5 por 1.000).
1. Amortiguación de las sensaciones.
2. Formas de expresión ordinarias (depravación moral).

C. Campo psicomotor (umbral de la concentración alcohólica


sanguínea: aprox. 1,5 por 1.000).
1. Apraxia.
2. Agrafia.
3. Ataxia.

2
CABELLO, ob. cit., t. II-A, p. 181.

156
LA PERSONALIDAD DEL CONDUCTOR

D. Lóbulos posteriores (umbral de la concentración alcohólica


sanguínea: aprox. de 0,8 a 1,2 por 1.000).
1. Trastornos de la visión estereoscópica (de apreciación de
las distancias, reconocimiento de las formas, etc.).
2. Diplopía.

E. Tronco cerebral (umbral de la concentración alcohólica san-


guínea: aprox. desde 2,5 a 4 por 1.000).
1. Apatía.
2. Inactividad.
3. Temblor.
4. Vómitos.
5. Sudoración, pérdida del tono.
6. Dilatación de los capilares periféricos.
7. Narcosis.
8. Coma.

F. Cerebelo (umbral de la concentración alcohólica sanguínea:


aprox. 0,8 por 1.000).
1. Alteraciones del equilibrio.
2. Nistagmo.

G. Médula (umbral de la concentración alcohólica sanguínea:


aprox. a partir del 4 por 1.000).
1. Enlentecimiento respiratorio.
2. Colapso periférico.
3. Descenso de la temperatura corporal.
4. Muerte”.3
En otro punto, Laves continúa con las “Acciones del alcohol
sobre el psiquismo”: “El alcohol es un mal narcótico, pero por lo
prolongado de su acción y la excitación que produce, ya a peque-
ñas dosis es una sustancia placentera. Como la mayor parte de los
delitos de tráfico afectan a personas bajo influencia alcohólica
de tipos ligero o medio, raramente bajo dosis narcóticas de al-
cohol, la fase de cesación de las inhibiciones psíquicas exige un
interés especial. Estados consecutivos a la ingestión de alcohol,
de observación corriente, son: parlanchinería con disminución

3
LAVES, ob. cit., pp. 205 y 206.

157
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

de la autocrítica, relajación de la personalidad. La ‘lengua se


suelta’ (in vino veritas) y se supervalora la propia capacidad. A
esto se añade la tendencia a demostrar esta gran autocapacidad,
con rendimientos exagerados, por ejemplo, de conducir el vehí-
culo a gran velocidad. Sin embargo, de todas las investigaciones
practicadas se desprende que bajo la influencia del alcohol no se
observa jamás un aumento de la capacidad de rendimiento.
Desde el punto de vista de la psicología moderna, lo que de-
termina el comportamiento del hombre, en todos los estados, es
la personalidad profunda. Por consiguiente, del enjuiciamiento
de los fenómenos indicados puede desprenderse que el alcohol
provoca una parálisis de las inhibiciones, desencadenando un
primitivismo de la personalidad. Precisamente esta consecuencia
de los efectos del alcohol es el origen principal del comporta-
miento falso frente a las exigencias del tráfico motorizado. En
general, los conductores aducen que bajo la influencia de una
dosis ligera de alcohol conducen ‘más ligero, más libres, con
mayor desenvolvimiento’, a lo que se podría responder con
mayor exactitud: ‘más desenfrenados, descuidados, y si la dosis
aumenta, más peligrosos, más desconsiderados’”.4
En otro párrafo señala, al tratar “Alcohol y voluntad”, que
“En su Psicopatología general, Karl Jaspers nos habla de las diversas
formas de la voluntad: ‘Independientemente de los impulsos y su
contenido, la constitución de la voluntad es diferente en los indi-
viduos: los débiles de voluntad difícilmente realizan un esfuerzo
volitivo, lo dejan pasar todo. El comportamiento de estos indi-
viduos obedece a los impulsos a todo aquello que emprende no
solamente una fuerza excepcional, sino también constancia...’.
La constitución volitiva de cada individuo está repartida de
un modo tan polifacético como pueda estarlo el temperamento
y la predisposición constitucional. Ello desempeña un papel im-
portantísimo en el alcoholismo. Si bien el alcoholismo provoca
en general una desinhibición, ésta actúa realmente como factor
predisponente a los accidentes, cuando está abolido el punto de
vista subjetivo y con él el reconocimiento de la necesaria com-
pensación de la falta de inhibición por la voluntad. En el caso
que nos ocupa, la compensación más importante de la acción

4
LAVES, ob. cit., p. 206.

158
LA PERSONALIDAD DEL CONDUCTOR

del alcohol sería el abstenerse de conducir el vehículo o el viajar


lentamente.
El umbral crítico del autocontrol bajo la influencia del al-
cohol depende, sin duda alguna, en extensión considerable, de
la constitución. Su magnitud suele estar comprendida entre las
concentraciones alcohólicas sanguíneas de 0,8 y 3,0 por 1.000
como máximo”.5
Atingente a la materia “Alcohol y atención”, este mismo autor
manifiesta: “Entre las cualidades psíquicas que resultan afectadas
negativamente por el alcohol, la atención presenta una impor-
tancia especial.
Ya Kraepelin había estudiado la acción del alcohol sobre la
atención, pero le faltaban las posibilidades de determinación
simultánea de las concentraciones sanguíneas de alcohol. K.
Marbe, W. Moede, W. Herwig y otros autores se han ocupado de
la importancia de la atención para el tráfico motorizado.
El concepto atención es complejo. Marbe indica la importan-
cia de la atención concentrativa para la conducción de un vehículo
a motor, que debe ir unida a una capacidad distributiva de la
atención para las diferentes acciones a ejecutar. Existe, además, la
tenacidad o capacidad de sostener la atención dirigida a un objeto
determinado durante largo tiempo, y la vigilancia o capacidad de
dirigir la atención a un suceso nuevo (un estímulo procedente del
exterior). Se habla también de atención rígida y fluctuante. En el
tráfico motorizado la más importante es la vigilancia.
Para la prueba práctica de la atención puede servirnos un
procedimiento tan sencillo como la tarea de subrayar, en un
texto determinado, todas las letras iguales, durante un tiempo
determinado (cada vez cuatro minutos), en el que se controla
la longitud del texto repasado. Si al mismo tiempo el individuo
está sometido a distintos estímulos ópticos y acústicos, a los que
tiene que responder con movimientos de manos y pies, se consi-
gue un dispositivo capaz de someter a exigencias considerables
las diferentes cualidades de la atención de la persona en expe-
rimentación.
En general, las personas jóvenes presentan una disminución
considerable, bajo los efectos del alcohol, durante la fase de ad-

5
LAVES, ob. cit., p. 211.

159
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

misión. Resulta interesante comprobar que existen diferencias


constitucionales. Kretschmer indicó que ‘la viscosidad de los pro-
cesos anímicos en el temperamento atlético’ se manifiesta, entre
otras, por la tenacidad de la atención, mientras que los pícnicos
poseen una mayor ‘capacidad simultánea’, para la cual se exige
una forma de atención más fluctuante y distributiva. O. Grüner
encontró ‘una disminución de la atención de más del 50 por 100,
con una concentración sanguínea de 1 por 1.000’”.6
Por último, Wolfgang Laves, relacionando el alcohol, equili-
brio y coordinación, precisa: “El alcohol influencia negativamen-
te la sensación de equilibrio y la capacidad de coordinación. Esta
desregulación tóxica ejerce un efecto peligroso en los ciclistas
y motoristas, así como en los conductores de triciclos, a una
velocidad relativamente baja. En los conductores de coches y
camiones solamente actúan favoreciendo los accidentes cuando
se viaja a una velocidad mayor. No solamente se aprecia mal la
influencia de la fuerza centrífuga al entrar en las curvas, sino
que está afectada adicionalmente la capacidad de maniobra de
volante y frenos para contrarrestar sus efectos. La consecuencia
es un accidente por desplazamiento del vehículo fuera de la
carretera”.
La comprobación de las alteraciones del equilibrio, es decir,
la ataxia estática y locomotriz, es una de las tareas más importan-
tes de la investigación en los influenciados por el alcohol.
Se comprueba:
1. La marcha. Comprobándose la seguridad de la pisada, la
amplitud del paso, la intensidad de cada uno de los movimien-
tos, la velocidad y regularidad. La marcha de los embriagados
corresponde a la “marcha cerebral”, es decir, a una ataxia cere-
belosa que, según R. Brun, tiene su origen en una acción tóxica
sobre las fibras de Purkinje de la corteza cerebelosa, a nivel del
vermis.
2. El signo de Romberg (vacilación y tendencia a la caída
cuando se juntan los pies con los ojos cerrados y las manos ten-
didas hacia delante).
Para enjuiciar la vacilación en la prueba de Romberg, hay
que tener en cuenta que aun los sanos no son capaces de estar

6
LAVES, ob. cit., pp. 214 y 215.

160
LA PERSONALIDAD DEL CONDUCTOR

quietos, sino que también oscilan, aunque en menor grado. La


talla y la repetición de la prueba no ejercen influencia sobre la
oscilación fisiológica, que tiene lugar en todas direcciones y se
refuerza en las personas miedosas.
Repetidas veces se ha realizado el registro gráfico de la prue-
ba de Romberg. Nosotros empleamos un dispositivo “Philips”
con registro electrocardiográfico (por ejemplo, cardiostato de
“Siemens”).
3. La marcha con los ojos vendados y los brazos levantados
horizontalmente sobre una línea recta trazada en el suelo, colo-
cando los pies de tal modo que la punta del posterior toque el
tacón del anterior. En los alcoholizados se producen frecuente-
mente grandes desviaciones (súbita caída lateral) o tendencia a
dirigirse hacia la derecha o la izquierda.
Al comprobar la coordinación locomotriz hay que prestar
atención a la exactitud con que se cumple el objetivo de cada
movimiento. Se realizan las siguientes pruebas:
a) Dedo contra dedo, con los ojos cerrados. Los índices de
cada mano deben ponerse en contacto describiendo un arco,
lo más grande posible, y partiendo de la posición de brazos caí-
dos.
b) Dedo-nariz. Con los ojos cerrados se hace llevar el dedo
índice de una mano hasta la nariz, describiendo un arco lo más
grande posible.
c) Levantamiento de pequeños objetos desde el suelo, aga-
chándose rápidamente. Los trastornos de la coordinación provo-
can inseguridad con respecto a la exactitud de los movimientos
que no conducen al objetivo, por realización demasiado corta
(dismetría, hipometría) o por frenar el movimiento antes de
llegar al objetivo (braditeleoquinesia tóxica).
Los trastornos del tono de la musculatura esquelética sólo
se observan a concentraciones alcohólicas elevadas de más de 3
por 1.000.
Según Sherrington, bajo el concepto de “tono de la muscu-
latura de extensión” se entiende un estado contractural reflejo,
de tipo continuado, que afecta casi exclusivamente a los múscu-
los destinados a mantener la posición erecta. Esta tonalidad se
desencadena por vía refleja, ya a consecuencia del estiramiento
del 1 por 100 de un músculo extensor, pasando sobre los husos

161
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

musculares y los propioceptores tendinosos. Se le designa con el


nombre de reflejo miostático.
Los músculos extensores más sobrecargados son los de la
nuca, del dorso, de la cadera, del muslo y de la pierna. Cuando
los músculos extensores se encuentran completamente relajados,
el cuerpo se encoge. Este estado extremo sólo se produce en la
embriaguez completa, en la cual el alcohol provoca una verda-
dera narcosis, no desempeñando prácticamente ningún papel
en la producción de accidentes de tráfico.
Además de la influenciación del tono general de la actitud
corporal, tiene también importancia el reparto normal del tono
entre los distintos grupos musculares, cuya fina regulación tiene
lugar en los planos superiores de integración del sistema ner-
vioso central. La demostración de esta regulación se consiguió
por el descubrimiento de la rigidez de descerebración de She-
rrington en 1908. Como la influencia del alcohol se extiende a
estos centros y a una concentración sanguínea de 1 por 1.000,
la comprobación de las reacciones transmitidas por el tronco
cerebral que afectan a la musculatura esquelética y su coordina-
ción, permite observar desviaciones de los reflejos de actitud y
posición.
“Reacciones locales estáticas” son aquellas que afectan a
extremidades aisladamente; entre ellas, la reacción de defensa
positiva y negativa. El estímulo adecuado está representado por
roces o sobrecarga de la planta del pie. Por medio de estas re-
acciones se fijan las articulaciones de la extremidad inferior en
posición rígida para sostener el peso del individuo. La reacción
de defensa negativa se desencadena por medio de la flexión de
las articulaciones distales y consiste en la inhibición de la actitud
de extensión.
“Las reacciones estáticas segmentarias” son aquellas en las
cuales la acción de una excitación en una de las extremidades
provoca una reacción contralateral. Entre ellas tenemos, por
ejemplo, el “reflejo del balanceo”, que consiste en la rigidez
de una extremidad, en posición de extensión, cuando el peso
corporal, que descansaba sobre la otra extremidad, se desplaza
hacia ésta.
Entre “las reacciones estáticas generales” citemos los reflejos
tónicos del laberinto. Con ellas se prueba la acción de la posición

162
LA PERSONALIDAD DEL CONDUCTOR

(en el espacio) de la cabeza y del laberinto sobre la tensión o


tono de flexión de las extremidades y la posición y movimientos
del globo ocular.
Los reflejos estatoquinéticos son provocados por un movi-
miento del cuerpo o de alguna de sus partes. Tienen su origen
en los conductos semicirculares y desencadenan un grupo de
reacciones que afectan a la musculatura esquelética y del ojo.
Durante el reconocimiento de conductores influenciados por
el alcohol, la prueba de los giros pasivos de la cabeza, llamada
también “prueba fundamental”, da por resultado ocasionalmente
manifestaciones de alteración de la coordinación (la prueba se
realiza con los ojos cerrados). Normalmente el brazo colocado
en la dirección hacia la que ha girado la barbilla (los brazos están
elevados en posición horizontal) se eleva, mientras que descien-
de el contrario. Todavía al finalizar la prueba el brazo hacia el
que está dirigida la barbilla se coloca más alto que el contrario.
Los resultados de esta prueba están reforzados en los estados de
embriaguez; en ocasiones se observa la reacción paradójica.
Ninguna de estas pruebas ofrece desviaciones características
de la normalidad en los grados ligeros de intoxicación alcohó-
lica. Por consiguiente, la prueba más importante para la com-
probación del estado de coordinación estática sigue siendo la
de Romberg.7
Desde un ángulo del manejo defensivo, y considerando que
el alcohol está íntimamente relacionado con los AT y el MEE y
que un número importante de muertos en la ruta –sean conduc-
tores, peatones o pasajeros– se produce como consecuencia de
la ingesta alcohólica, se concluye que está totalmente reñida la
conducción de un vehículo motorizado con el alcohol, aunque
éste sea consumido en mínimas cantidades, pues en todo caso
el sujeto va a experimentar inhabilidades en el desempeño del
manejo vehicular.
Según estadísticas, en los AT ocurridos en los últimos años,
en Estados Unidos de Norteamérica, de 49.000 muertos, un 50%
son atribuibles al alcohol.
Hay que recordar, aunque sea brevemente, que el alcohol es
un depresor del sistema nervioso, una droga y anestésico y dis-

7
LAVES, ob. cit., pp. 215 a 217.

163
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

minuye fundamentalmente las funciones del cerebro y de la mé-


dula espinal, las que alteran el comportamiento del conductor
de un vehículo motorizado. Se piensa que moderadas dosis de
alcohol aparentemente no surten efectos graves en la conducta,
lo que no es efectivo, ya que incluso la pílsener, que se conoce
como la más inofensiva de las bebidas, que tiene menor grado
o porcentaje de alcohol, trae consecuencias en la conducción,
en especial la lentificación de los reflejos y modificaciones en el
equilibrio y en la atención.
Laves, atinente a las pruebas físicas a que pueden ser someti-
dos los conductores de vehículos motorizados, ha confeccionado
una tabla, que nos permitimos transcribir por estimarlo de im-
portancia para nuestra obra.

Métodos Carácter de la prueba Objetivo

1. Calle circulante Conducción de una ma- Modo de conducir, capaci-


queta a la vista de una ca- dad de reacción. Constan-
lle “circulante”, con registro cia del rendimiento. Facili-
eléctrico de las faltas. dad para alterarse. Tiempo
de reacción. Percepción y
sus trastornos, por ejem-
plo, por el alcohol.

2. Tests-contacto Dispositivos en los cuales Capacidad de concentra-


deben ser conducidos a ción. Habilidad. Facilidad
mano objetos sobre una para alterarse. Percepción,
ranura de prueba de forma etc.
ondulante. En la parte infe-
rior del objeto a conducir se
encuentra un contacto que
ocasiona interrupciones
de la corriente al tocar los
bordes de la ranura.
Se registran el tiempo y las
faltas.

164
LA PERSONALIDAD DEL CONDUCTOR

(Continuación)
Métodos Carácter de la prueba Objetivo

3. Pruebas ópticas: Hay que responder a ciertas Tiempo de reacción visual.


a) Test sencillo excitaciones visuales por
o de elección. movimientos de las manos
y de los pies, que provocan
contactos.
b) Test colorimétrico. Registro del tiempo de reac- Tiempo de reacción visual.
ción y de las faltas. Alteraciones de la visión de
los colores.

4. Tests acústicos: Hay que contestar a las ex- Tiempo de reacción acús-
a) Test sencillo o citaciones auditivas, como tica.
de elección. en 3.

b) Audiómetro. Dispositivo para la producción


de vibraciones de frecuencia y Trastornos de la audición.
tono determinados.

Ventaja de los métodos: mediciones definidas físicamente.


Desventajas: valor de los aparatos de registro.8
Sobre los estados de intoxicación alcohólica, Schwerd y otros
anotan:
– 0 hasta 0,5%. La mayor parte de las veces no se observa
ningún cambio, pero desde 0,3% se puede comprobar con pro-
cedimientos psicotécnicos.
– 0,5 hasta 1,5%. Una suave embriaguez, cuyos síntomas son:
euforia, carencia de espíritu crítico, pérdida de la capacidad de
atención, capacidad de concentración reducida, carencia de ca-
pacidad para comprender, pérdida de habilidades lógicas, pérdi-
da de destreza, locuacidad, leve pérdida del equilibrio, molestias
para ver, lenta reacción de las pupilas y nistagmo.
– 1,5 hasta 2,5%. Embriaguez media, se observan todos los
efectos anteriormente señalados pero de un modo más severo;
además de éstos se observa dificultad al hablar y caminar, aumen-
tan los niveles de confianza para con terceros y terquedad.
– 2,5 hasta 3%. Embriaguez severa, síntomas: graves dificul-
tades para caminar y hablar, problemas de orientación y pérdida
de la memoria.

8
LAVES, ob. cit., p. 208.

165
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

– Sobre 3,5%. Embriaguez total, inminente riesgo vital, pér-


dida de la conciencia parcial hasta pérdida de conciencia total,
pérdida de los reflejos, peligro de aspiración de vómito y asfixia,
muerte por enfriamiento o muerte por parálisis del aparato
respiratorio.9

III. ALCOHOL Y SEGURIDAD DE TRÁNSITO

Para la determinación del delito de manejo en estado de ebrie-


dad, existen dos posibilidades.
1. Sobrepasar el límite máximo permitido por la ley, o
2. Una sentencia del Tribunal, que declare que una persona
es relativamente incapaz para conducir.
Incapacidad absoluta para conducir:
Se observa cuando al momento de la comisión del hecho la
concentración de alcohol en la sangre es superior al 1,1%.
Incapacidad relativa para conducir:
Se observa cuando se presenta un nivel de concentración de
alcohol en la sangre de 0,3% hasta 1,1%, además de otros medios
de prueba, que permiten concluir que el alcohol ingerido tiene
por efecto la incapacidad relativa para conducir. Estos medios
de prueba adicionales los proporcionan testigos que han obser-
vado los efectos del alcohol en el conductor antes y después del
choque. La mayoría de las veces la incapacidad para conducir se
deduce por la forma en que se conduce. En la jurisprudencia se
ha desarrollado la expresión “manera típica de conducir bajo los
efectos del alcohol”; se entiende por eso la conducción en forma
serpenteante y el salirse de la calle sin motivo. La capacidad de
rendimiento disminuye bajo la influencia del alcohol; se condu-
ce de manera insegura y permite aclarar accidentes de tránsito
que a primera vista parecen inexplicables.
El alcohol tiene influencia en todas las áreas de la capacidad
mental de una persona.

9
WOLFANG, SCHWERD, Rechtsmedizin. Deutscher Arzte, Verlang Köln,
1992, p. 121.

166
LA PERSONALIDAD DEL CONDUCTOR

El alcohol produce debilidad mental que aumenta junto con


la cantidad de alcohol ingerida, llegándose a estados de total
idiotez. Antes de la pérdida de conciencia, la capacidad mental
presenta grandes deficiencias; el que ha bebido tiene la vista
perdida en el horizonte y balbucea.
A través de la disminución de la capacidad de autocrítica,
el conductor no está capacitado para conocer pérdida de ren-
dimiento. Para los conductores de vehículos motorizados son,
además de los síntomas ya señalados anteriormente, las lagunas
mentales y errores de visión especialmente peligrosos: todo se ve
más difuso ( bajo 1%), se reduce el campo visual y se presentan
defectos para mirar en profundidad, fuerte encandilamiento y
ceguera nocturna (“el que se encuentra bajo la influencia del
alcohol puede ver el día iluminado, como una persona sobria
mira el atardecer con lentes de sol”, Goldberg), hasta una falsa
apreciación de la distancia y errores para medir las distancias
laterales. Especialmente en lenguaje coloquial se utiliza la pala-
bra “nublado” y esta niebla no solamente cierra los ojos sino que
también la vista mental.
Bajo la influencia del alcohol no solo la capacidad de rendi-
miento, sino también diferentes funciones se ven afectadas, pu-
diendo el conductor caer rápidamente en situaciones peligrosas,
por ejemplo cuando un obstáculo en el tránsito se cruza repen-
tinamente, por la baja de la capacidad de atención y defectos
visuales el conductor reconoce estos factores mentalmente tarde
y además se reacciona erróneamente debido a la falta de capaci-
dad de crítica. Es común observar bajas repentinas de atención
en personas que se encuentran bajo la influencia del alcohol,
provocando que se duerman por cortos períodos de tiempo al
volante. Esto explica accidentes en calles rectas, lo cual sucede
no pocas veces.
El alcohol es en sí un narcótico, de manera que se suman la
influencia del alcohol y sus efectos como somnífero. A partir de
las 20 horas aproximadamente baja la capacidad de rendimien-
to, la que encuentra su mínimo a las 3 de la mañana. La baja en
la capacidad de rendimiento después de una noche sin dormir
equivale a la concentración que tiene una persona que se en-
cuentra bajo la influencia del alcohol. Además de la oscuridad,

167
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

la monotonía y el calor (calefacción del automóvil encendida)


suben los niveles de somnolencia ( Prokop); por el contrario, el
frío actúa como un fuerte inhibidor del sueño.
Después de cometido un delito de tránsito el conductor
probará hacer todo lo posible para descartar sospechas de la
influencia del alcohol.
La atenuante de encontrarse bajo una grave influencia del
alcohol al tiempo de ocurrir el hecho no ha sido aun aprobada.
Muchos conductores argumentan que han ingerido alcohol casi
directamente antes de cometer el ilícito y que por lo tanto no
se encontraban aun bajo la influencia del alcohol; lo anterior
para el tribunal no tiene ningún valor (no exime de responsabi-
lidad). Como se explicó anteriormente, los efectos del alcohol al
momento que asciende el nivel de alcohol en la sangre son más
fuertes; un fenómeno que ha experimentado la mayoría de las
personas que han consumido alcohol con el estómago vacío.
A través de exámenes científicos se ha demostrado que dos
son los componentes importantes al momento de determinar la
influencia del alcohol:
a) Cantidad de alcohol en la sangre.
b) La velocidad de ascenso de la concentración de alcohol
en la sangre. La velocidad de ascenso es muy importante, pues
mientras más rápido sube, mayores son los efectos del alcohol
en la sangre.
Al momento de dictarse sentencia, constituye una prueba
más para determinar la incapacidad para conducir el caso en
que un conductor toma una gran cantidad de alcohol en forma
rápida y directamente antes de conducir (a modo de despedida);
esto sucede también cuando el nivel de alcohol en la sangre es
inferior a 1,1%.10

IV. PROCEDIMIENTO PARA LOS DELITOS DE MEE Y BAJO LA


INFLUENCIA DEL ALCOHOL Y DROGAS

La Ley de Tránsito señala los tribunales que son competentes


para el conocimiento y fallo de los delitos que en ella se contem-

10
HERNÁN SILVA SILVA, apuntes de clase.

168
LA PERSONALIDAD DEL CONDUCTOR

plan, con la normativa del Código Procesal Penal. En los casos de


faltas se aplica el procedimiento monitorio; para el caso de MEE
se aplica por regla general la normativa del juicio simplificado, y
en otros casos el procedimiento ordinario, que es conocido por
el Tribunal de Juicio Oral en lo Penal, y con las penas accesorias,
cautelares y demás.
Teniendo presente que el análisis de los procedimientos
es un tanto extenso sólo indicaremos lo que nos expresa la ley
aludida, considerando además que en este volumen nos estamos
refiriendo al MEE desde un ángulo sustantivo y no desde el punto
de vista adjetivo o procedimental.
“Art. 196 F. Para el juzgamiento de los delitos previstos en
esta ley se aplicarán, según corresponda, los procedimientos es-
tablecidos en el Código Procesal Penal, con las siguientes reglas
especiales:
Tratándose de procedimientos por faltas, el fiscal podrá soli-
citar la aplicación del procedimiento monitorio establecido en el
art. 392 del Código Procesal Penal, cualquiera fuere la pena cuya
aplicación requiriere. Si el juez de garantía resuelve proceder en
conformidad con esta norma, reducirá las penas aplicables en la
proporción señalada en la letra c) del mismo artículo.
Para los efectos de la aplicación del art. 395 del Código Pro-
cesal Penal, el juez deberá informar al imputado todas las penas
copulativas y accesorias que de acuerdo a la ley pudieren impo-
nérsele, cualquiera sea su naturaleza.
En el caso de los delitos de conducción, operación o desem-
peño en estado de ebriedad o bajo la influencia de sustancias
estupefacientes o sicotrópicas, el juez de garantía podrá decre-
tar, de conformidad a las reglas del Código Procesal Penal, la
medida cautelar de retención del carné, permiso o licencia de
conducir del imputado, por un plazo que no podrá ser superior
a seis meses.
Asimismo, en los procedimientos por estos delitos, el fiscal
podrá solicitar al juez de garantía la suspensión del procedimien-
to, reuniéndose los requisitos establecidos en el art. 237 del Có-
digo Procesal Penal. En tal caso, el juez podrá imponer, además
de cualquiera de las condiciones contempladas en el art. 238 de
dicho Código, la suspensión de la licencia para conducir por un
plazo no menor de seis meses ni superior a un año.

169
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Tratándose del procedimiento simplificado, la suspensión


condicional del procedimiento podrá solicitarse en la audiencia
que se llevare a efecto de acuerdo con el art. 394 del Código
Procesal Penal.
Si el conductor se encuentra bajo la influencia del alcohol,
se procederá a cursar la denuncia correspondiente del art. 1º,
Nº 85, por la falta sancionada en el art. 196 C.
Si del resultado de la prueba se desprende que se ha incurri-
do en la conducción en estado de ebriedad o bajo la influencia
de sustancias estupefacientes o sicotrópicas castigadas en el art.
196 E, el conductor será citado a comparecer ante la autoridad
correspondiente. En los demás casos previstos en el mismo ar-
tículo, también podrá citarse al imputado si no fuera posible
conducirlo inmediatamente ante el juez, y el oficial a cargo del
recinto policial considerara que existen suficientes garantías de
su oportuna comparecencia.
Lo establecido en el inciso anterior procederá siempre que
el imputado tuviere control sobre sus actos, o lo recuperare, y
se asegure que no continuará conduciendo. Para ello, la policía
adoptará las medidas necesarias para informar a la familia del
imputado o a las personas que él indique acerca del lugar en el
que se encuentra, o bien le otorgará las facilidades para que se
comunique telefónicamente con alguna de ellas, a fin de que
sea conducido a su domicilio bajo su responsabilidad. Podrá
emplearse en estos casos el procedimiento señalado en el inciso
final del art. 7º, en lo que resultare aplicable.
Si no concurrieren las circunstancias establecidas en los dos
incisos precedentes, se mantendrá detenido al imputado para po-
nerlo a disposición del Tribunal, el que podrá decretar la prisión
preventiva cuando procediere, de acuerdo con las reglas gene-
rales. Sin perjuicio de la citación al imputado, o de su detención
cuando corresponda, aquél será conducido a un establecimiento
hospitalario para la práctica de los exámenes a que se refiere el
artículo siguiente”.

170
CAPÍTULO V

JURISPRUDENCIA

INTRODUCCIÓN

A continuación indicaremos en forma clasificada y en orden al-


fabético los distintos fallos que estimamos destacados, vinculados
a la materia de esta obra, principalmente las sentencias sobre el
MEE, la alcoholemia, su apreciación, su valor probatorio, prueba
respiratoria, negativa a la alcoholemia, las presunciones de ne-
gativa y fuga, etc.
En alguno de los capítulos precedentes de este texto, también
hemos hecho mención a otra jurisprudencia no incluida en esta
parte, con los debidos comentarios, complementándose, por lo
tanto, la doctrina y jurisprudencia sobre el MEE y toda su problemá-
tica, tanto médico-legal como penal propiamente tal. Las sentencias
que se resumen más adelante son anteriores a la reforma procesal
penal, pero igualmente tienen vigencia en los procesos que no se
han fallado.

Pauta para ubicación de los fallos, según las publicaciones


del caso, en la forma que se indica a continuación en las pági-
nas respectivas de este capítulo, en las cuales se utilizan sólo las
abreviaturas:
1. F.M. : Fallos del Mes
2. R.D.J. : Revista de Derecho y Jurisprudencia
3. G.J. : Gaceta Jurídica
4. Ediar : Asociación Nacional de Empleados del
Poder Judicial. Jurisprudencia
5. Fallos : Sin publicar.

171
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

I. SENTENCIAS QUE CONSIDERAN QUE LA ALCOHOLEMIA


POR SÍ SOLA NO TIENE EL VALOR DE PLENA PRUEBA, EN ESPECIAL
PARA TIPIFICAR EL DELITO DE MEE

1. F.M.
1.1. Nº 124, p. 24, sentencia 44.
“El tanto por mil de alcohol en la sangre de un individuo no es un
índice seguro, cierto y absoluto, probatorio del estado de ebriedad
del afectado. No es una verdad científica que un determinado tanto
por mil de alcohol en la sangre demuestre que la persona a quien
se haya hecho ese examen se encuentra o no ebrio. Los efectos
del alcohol no son idénticos e iguales en todos los individuos: hay
personas que pueden ingerir una gran dosis de alcohol sin embria-
garse, y también las hay que, después de absorber una cantidad
pequeña de bebidas alcohólicas, resultan en manifiesto estado de
ebriedad. Ello depende, más que del alcohol ingerido, de factores
personales o subjetivos del sujeto, de su resistencia y tolerancia ordi-
narias, de su actual estado de salud, de su habitualidad o abstinen-
cia en el consumo de bebidas alcohólicas, etc. Por otra parte, no es
dable precisar, como norma general y científicamente establecida,
cuál es el tanto por mil de alcohol en la sangre indicativo del estado
de ebriedad. Es algo arbitrario y conjetural estimar que cualquier
cifra superior a un uno por mil o a otra cantidad cualquiera, com-
prueben el estado de ebriedad. En este terreno solo caben hipótesis
y no pueden formularse conclusiones definitivas y ciertas.”
1.2. Nº 204, p. 253, sentencia 2.
“Es obvio que el juez, al condenar al inculpado como autor de
la infracción del art. 121 de la Ley de Alcoholes, con el solo
informe de un examen de alcoholemia que dio como resultado
2,34 gramos por mil –que es el único antecedente que hay en
el proceso– cometió una falta que la Corte de Apelaciones que
confirmó el fallo hizo suya y que la Corte Suprema está en el
deber de corregir por la vía disciplinaria.”
1.3. Nº 284, p. 268, sentencia 5.
“El solo informe de alcoholemia no basta para establecer la
ebriedad de una persona cuando ese informe no coincide con
ningún otro antecedente del proceso.”

172
JURISPRUDENCIA

1.4. Nº 284, p. 268, sentencia 49.


“En consecuencia, sostener que el solo informe de alcoho-
lemia basta para establecer la ebriedad de un sujeto cuando
no coincide con ningún otro antecedente del proceso, sería
como entregar una decisión judicial a un organismo ajeno a la
administración de justicia, lo que en concepto del disidente no
es posible, dado que son los Tribunales los únicos que pueden
establecer la culpabilidad de una persona imputada de un deli-
to, siempre que ellos hayan adquirido la convicción respectiva
conforme lo establece el art. 456 del Código de Procedimiento
Penal, convicción que, en el caso sublite, el disidente no ha al-
canzado.”
1.5. Nº 306, p. 209, sentencia 8.
“Circunstancia en que no obstante los dichos de los funciona-
rios aprehensores, se consideró que el examen de alcoholemia
de 0,63, unido a otros antecedentes, no permiten dar por esta-
blecido el delito del art. 121 de la Ley de Alcoholes y Bebidas
Alcohólicas.”
1.6. Nº 394, p. 454, sentencia 2.
“El examen de alcoholemia que da cuenta de un porcentaje de
1,26 gramo de alcohol por cada mil de sangre, carece de mérito
por sí solo para determinar el estado de embriaguez, cuando el
parte denuncia no hace referencia al supuesto estado de ebrie-
dad, el médico de turno del servicio hospitalario señaló en el
rubro ebriedad “sobrio” y los aprehensores ratificaron el parte
extendido en las condiciones señaladas. Lo anterior unido a la
testimonial analizada en conjunto no permiten concluir el estado
de ebriedad que constituye la infracción material del proceso.”

2. R.D.J.
2.1. Tomo XLVIII, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1951,
p. 179.
“Que la simple lectura de los textos preinsertos basta para deses-
timar la tesis del recurso. No dicen ellos que el único medio de
probar la alcoholemia sea el examen de la sangre, ni emplean
expresiones que restrinjan o limiten la prueba de la ebriedad;
sólo ordenan que se practicará este examen inmediatamente,

173
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

esto es, antes que la eliminación natural que el organismo hace


de los tóxicos que llegan a la sangre haga inútil la diligencia o
atenúe su eficacia.
Que la existencia de una prueba especialmente calificada
para verificar un hecho no es, por cierto, motivo suficiente para
prescindir de las demás, menos aún si puede ocurrir, como en la
especie, que la falta en una localidad de medios materiales o téc-
nicos apropiados para practicar la alcoholemia, haga esta prueba
imposible y produzca con ello la impunidad de la infracción.”
2.2. Tomo LVIII, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1961,
p. 355.
“Para determinar el estado de ebriedad de un individuo normal,
basándose en un porcentaje determinado de alcoholemia, es
necesario considerar su contextura física, estado de su sistema
nervioso, edad, hálito, hora de ingestión de alcohol, etc.
De lo dicho fluye que la alcoholemia es de un valor relativo,
ya que para apreciar la ebriedad de un individuo éste debe ser
sometido, previamente, a un examen psicosomático detallado,
a lo cual se agregará el examen de alcoholemia, ambos lo más
próximo posible al momento del accidente o delito, y sólo estas
circunstancias pueden en forma responsable calificar un estado
de ebriedad.”
2.3. Tomo LXXX, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1983,
p. 134.
“Procede absolver al reo de la acusación de conducir en estado
de ebriedad causando la muerte de una persona, no obstante
el informe de alcoholemia que arroja un índice de 1,72 g por
mil, si el resto de los antecedentes del proceso, tales como el
parte que denuncia los hechos, los dichos del propio aprehen-
sor, de acompañantes del conductor, informe de SIAT, personal
del Departamento de Aseo de la Municipalidad propietaria del
vehículo, ninguna referencia hacen a la posible intoxicación
etílica que hubiere podido padecer el encausado a la época de
los hechos.”

2.4. Tomo LXXXIV, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1987,


p. 46.
Corte de Apelaciones de Temuco, 7 de abril de 1987.

174
JURISPRUDENCIA

“El examen de alcoholemia, por sí solo, no demuestra ebriedad.


Este es un estado complejo, que no depende exclusivamente
de la cantidad de alcohol en la sangre, sino también de otros
factores, como la contextura del sujeto, su edad, salud y mayor o
menor permeabilidad fisiológica a los efectos del alcohol.
En consecuencia, no puede decirse que el reo haya conduci-
do el vehículo motorizado de que se trata en estado de ebriedad
–no obstante el examen o alcoholemia que arrojó un coeficiente
de alcohol de 1,22 g ‰– si el resto de los antecedentes reunidos
en el proceso señalan que sólo condujo el automóvil en estado
bebido.
Acordada contra el voto de la señora ministra Margarita He-
rreros Martínez, quien fue de parecer de confirmar el referido
fallo en mérito de sus propios fundamentos.”
2.5. Tomo LXXXVIII, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1991,
p. 105.
Corte Suprema, 10 de septiembre de 1991.
Recurso de queja (conducir vehículo motorizado en estado de
ebriedad).
“No obstante señalar el informe de alcoholemia practicado
al conductor un porcentaje de 1,26 g de alcohol por cada mil de
sangre, no puede darse por establecido su estado de embriaguez,
si la denuncia respectiva no hace referencia a tal estado y el mé-
dico de turno del servicio hospitalario que atendió al procesado,
en el rubro ebriedad, señaló sobrio; todo lo cual testimoniaron
en la causa los aprehensores y el mencionado médico.
Incurre en falta o abuso, en consecuencia, la sentencia que
hace descansar la condena por el delito de conducir un vehículo
motorizado en estado de ebriedad –art. 121, inciso 1º de la Ley
Nº 17.105– en el solo informe de alcoholemia prescindiendo del
resto de la prueba producida en la causa.
Acordada contra el voto del ministro Sr. Dávila, quien fue
de parecer de negar lugar al recurso de queja porque a su juicio
los recurridos no incurrieron en falta ni abuso al decidir en la
forma relacionada.”
2.6. Tomo LXXIV, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1977,
p. 341.

175
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

“El informe de alcoholemia constituye una afirmación singular


de la dosificación de alcohol en la sangre del reo y no obstante
aparecer de un valor de 2,03 g por mil debe concluirse que no
se encontraba en estado de ebriedad, sino solo bajo la influen-
cia del alcohol, dado el resto de las probanzas allegadas a los
autos.”

3. G.J.
3.1. Nº 47, mayo 1984.
“Que si bien el examen de alcoholemia que corre a fs. 14 de
autos arroja una medida de cero coma sesenta y tres (0,63 gra-
mo) no es suficiente por sí solo para determinar si existe o no
estado de ebriedad, su resultado puede ser desvirtuado por otros
antecedentes, como sucede en la especie con las declaraciones
concordantes de los tres funcionarios que procedieron a su de-
tención la noche que ocurrieron los hechos, esto es, a las 01,40
horas del día 22 de agosto de 1983.”
3.2. Nº 65, 1985.
“Que en opinión de esta Corte en las circunstancias anotadas no
se ha logrado acreditar un desempeño como conductor de un
vehículo motorizado en estado de ebriedad, sino solamente una
conducción después de haber ingerido una cantidad de alcohol
que no logró constituir el delito de peligro descrito en el art. 121
de la Ley de Alcoholes.
En efecto, el parte de Carabineros de fs. 1 deja constancia que
Contreras conducía en normal estado de temperancia, lo que co-
rrobora el testigo Rosamel del Carmen Rojas Peña a fs. 39.
El examen de alcoholemia según el inciso 4º del art. 122 de
la Ley de Alcoholes tiene mérito probatorio suficiente para esta-
blecer la dosificación de alcohol en la sangre o en el organismo,
pero no es prueba bastante para demostrar por sí sola la ebrie-
dad del conductor, siendo indispensable que éste concuerde
con el mérito probatorio de otras probanzas, lo que no sucede
en la especie, ya que no existe inculpación de ebriedad sino a lo
más apreciaciones de que el inculpado se habría servido bebidas
alcohólicas, lo que se desvirtúa con el solo hecho de que guió el
vehículo después del choque hasta la Posta, según se desprende
del dicho de Luis Mora Marambio de fs. 39 vta.”

176
JURISPRUDENCIA

4. Ediar
4.1. Revista Nº 2, p. 36.
Delito de manejo en estado de ebriedad. Naturaleza del delito.
Bien jurídico. Peligro abstracto. Elementos. Alcoholemia posi-
tiva. Ebriedad. Exámenes. Compromiso neurosíquico. Peritaje.
Voto en contra.
“La alcoholemia no constituye nada más que la medición
instrumental de una situación fisiológica, como es el porcen-
taje de alcohol existente en la sangre. La ebriedad, en cambio,
constituye un estado síquico. No se ha de confundir, entonces,
“alcoholemia positiva”, frecuentemente estimada en un gramo
por mil, con estado de ebriedad.
A fin de diagnosticar la ebriedad se requieren dos exámenes;
uno clínico, para determinar el compromiso neurosíquico y sen-
sorial del conductor, y otro para establecer la dosis de alcohol
en la sangre. Resulta inadmisible, pues, sostener que la alcoho-
lemia basta para establecer la ebriedad. La dosis de un gramo
por mil de alcohol en la sangre, considerada en general como
constitutiva de ebriedad, ha de aceptarse nada más que como
una generalización estadística.
Si la alcoholemia constituye una afirmación singular que se
desmerece con los otros elementos de juicio que obran en el
proceso, particularmente testimonios policiales con los requisitos
del art. 459 del Código de Procedimiento Penal, el Tribunal con-
sidera que no está probado el estado de ebriedad del inculpado
(C. de Antofagasta, 9-8-83, Rol 43.565).”
4.2. Revista Nº 13, p. 152.
Conducción de vehículo motorizado en estado de ebriedad.
Antecedentes probatorios insuficientes. Informe de alcoholemia
erróneo. Queja acogida.
Santiago, 20 de agosto de 1984.
“La Excma. Corte Suprema, acogiendo la queja y haciendo suyas
las razones de la sentencia de primer grado, absolvió a M.S.H.
del delito en cuestión.
El único elemento probatorio que lleva a establecer el estado
de ebriedad es el informe de alcoholemia, el que por su natu-
raleza tiene el carácter de prueba pericial, lo que de acuerdo al

177
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

art. 473 del Código de Procedimiento Penal puede dar base a


una presunción judicial más o menos calificada según el valor
que se le asigna en relación con los demás antecedentes proba-
torios que, en este caso, son totalmente contradictorios con él”
(C. Suprema, 20-8-84, Rol 20.8.84, acoge recurso de queja contra
sentencia. C. Concepción, 28.5.84, Rol Nº 58-84).

5. Fallos
Concepción, veintidós de julio de mil novecientos noventa y
ocho.
En cuanto al fondo:
“3. Que en orden a establecer la existencia de los hechos
pesquisados, se han reunido los siguientes antecedentes:
a) Parte de Carabineros de fs. 5 que da cuenta de la deten-
ción de …* y …, porque el día 28 de julio de 1996 en circuns-
tancias que el primero de ellos conducía la camioneta patente
LX 8089 colisionó con el segundo, quien conducía el automóvil
patente EF 3343 en la Avenida Pedro de Valdivia a la altura de
la calle Gewsswein. Como consecuencia de este hecho resultó
con lesiones menos graves … y los vehículos con daños de con-
sideración, así como un semáforo del sector. Se le practicó el
examen de alcotest a ambos conductores, que resultó sin signos,
y se constató que … conducía bajo los efectos del alcohol sin
estar ebrio.
b) Preinforme de alcoholemia a Carabineros del Servicio de
Urgencia del Hospital Higueras de fs. 1 y 2, en que los detenidos
aparecen ambos señalados como ‘sin signos’.
c) Declaraciones de … de fs. 10, quien dice que el día señala-
do cerca de las 4.30 de la madrugada, viajaba como acompañante
del conductor Contreras en la camioneta que este dirigía, por
calle Gewsswein y al llegar a la intersección con calle Pedro de
Valdivia su hermano se detuvo ante el semáforo que le dio luz
roja y luego reinició la marcha con luz verde; cuando iban llegan-
do a la mitad de la calzada, sorpresivamente fueron impactados
en el costado izquierdo por un automóvil que transitaba por

* Los nombres en los fallos respectivos han sido omitidos. (N. del E.)

178
JURISPRUDENCIA

la citada Avenida, como consecuencia de lo cual los ocupantes


del automóvil resultaron con lesiones y él con unos cortes en la
mano, el conductor de la camioneta lo hacía en normal estado
de temperancia.
d) Querella de fs. 22 entablada por doña …, por los daños
que sufriera su camioneta patente LX 8089, acompaña fotos y
presupuestos.
e) Informe de alcoholemia de fs. 27, de …, que compro-
bó una dosificación alcohólica de 1,92 ‰ de alcohol en la
sangre.
f) Informe de alcoholemia de fs. 28, de …, que compro-
bó una dosificación alcohólica de 1,11 ‰ de alcohol en la
sangre.
g) Informe médico legal de … de fs. 30, quien presenta al
examen excoriación antebrazo izquierdo, lesiones explicables
por accidente de tránsito de carácter leve, sanaron salvo compli-
caciones en 6-8 días con igual tiempo de incapacidad.
h) Declaraciones de … de fs. 38, y … de fs. 38 vta., quienes
señalan que participaron en la detención de los inculpados de
autos, quienes protagonizaron una colisión en el sector de Pe-
dro de Valdivia, practicándoseles a ambos conductores examen
de alcoholemia, resultando uno de ellos con signos, …, quien
presentaba demostraciones de ebriedad con hálito alcohólico,
rostro congestionado, incoherencia al hablar e inestabilidad al
caminar.
i) Oficio del Director del Tránsito y Transporte Público de la
I. Municipalidad de Concepción, de fs. 40, que señala que la calle
Gewsswein tiene tránsito en doble sentido, pero que presenta un
sentido único de 22.00 a 07.00 horas, que es sólo de ingreso, vale
decir que los automovilistas no podrán circular desde Gewsswein
a Avenida Pedro de Valdivia. Se acompaña croquis explicativo
de fs. 41.
j) Certificados de atención de urgencia del Hospital Clínico
Regional de fs. 48 y 49, que da cuenta de las atenciones recibidas
por los encausados … y … en ese centro asistencial.
k) Testimonio de …, de fs. 51, quien señala que la madruga-
da de los hechos iba como pasajero en la camioneta conducida
por …, la que circulaba por Pedro de Valdivia. Virando hacia
la derecha tomó por calle Bahamondes, donde unos metros

179
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

más adelante se bajó siguiendo Contreras por la misma calle;


momentos después sintió un fuerte impacto que provenía de
calle Pedro de Valdivia; al acercarse vio que la camioneta se
encontraba cruzada por Pedro de Valdivia mientras que otro
automóvil se encontraba aproximadamente a 70 metros de la
camioneta volcado en la pista hacia Chiguayante, que consultó
a … por lo que había pasado, éste le contó que el automóvil
pasó por la Avenida sin respetar la luz roja, no se percató que
… estuviere bebido.
l) Declaraciones de … de fs. 56, quien señala que la madru-
gada del día de los hechos, conducía su automóvil particular
por Avda. Pedro de Valdivia hacia el centro de Concepción, y a
la altura de la calle Gewsswein observó que había una camioneta
marca Chevrolet Luv chocada en su parte delantera lado izquier-
do obstaculizando el tránsito y al lado izquierdo de la calzada
había un automóvil rojo totalmente destrozado, reconociendo
el automóvil como de propiedad de un compañero de curso de
nombre …, estacionó su vehículo y comprobó que éste no se
encontraba en el lugar, por lo que procedió a consultar entre las
personas que se habían allí reunido, quienes le manifestaron que
la camioneta trató de virar en U hacia Chiguayante cuando fue
impactada por el otro vehículo; cuando estuvo momentos antes
con Latsague no se percató que estuviera bajo la influencia del
alcohol.
m) Peritaje mecánico judicial de fs. 58 practicado a la ca-
mioneta LX 8089, que señala que este vehículo impactó con
su costado izquierdo, que el impacto inicial lo tiene ubicado
en el tapabarro delantero y puerta de la camioneta, al mo-
mento de la colisión se encontraba en buen estado de funcio-
namiento, y sus daños son de consideración, se acompañan
fotografías.
n) Informe mecánico judicial del automóvil patente EF 3343,
que señala que el vehículo impactó con su costado derecho, que
el impacto inicial lo tiene ubicado en su tapabarro delantero,
que al momento del impacto se encontraba en buen estado de
funcionamiento y sus daños son de consideración.
ñ) Informe técnico del SIAT de fs. 66, ratificado a fs. 71 por
Humberto Marcelo Riffo Gutiérrez, que concluye que la cau-
sa basal del accidente se debe a que uno de los participantes

180
JURISPRUDENCIA

ingresa al cruce sin respetar la luz roja del semáforo, sin de-
terminar cuál de ellos infringió, colisionando ambos móviles,
señala que la conclusión mencionada tiene como fundamento
exclusivamente los antecedentes puestos a disposición de esa
Unidad.
4. Que los elementos de juicio enunciados, constituyen un
conjunto de presunciones judiciales que, por reunir las exigen-
cias del art. 488 del Código de Procedimiento Penal, permiten
tener por acreditados los siguientes hechos:
– Que el 28 de julio de 1996, en circunstancias que … con-
ducía la camioneta patente LX 8089 por calle Gewsswein contra
el tránsito al cruzar la avenida Pedro de Valdivia impactó con el
automóvil patente EF 3343, conducido por esta última arteria
por …, a consecuencia de lo cual resultaron ambos vehículos con
daños de consideración, un semáforo destruido y el conductor
Latsague con heridas de mediana gravedad.
5. Que a fs. 1 rola preinforme de alcoholemia de … y … que
diagnosticó ‘sin signos’ y a fs. 27 y 28 el examen de alcoholemia
practicado a los procesados, inmediatamente de ocurridos los
hechos según el parte de fs. 5 y en el que se señala que pre-
sentaron una dosificación alcohólica de 1,90 y 1,11 gr. ‰ de
alcohol en la sangre respectivamente.
6. Que la ebriedad declarada tiene una sintomatología clínica
bien establecida, es de fácil diagnóstico médico y sus manifesta-
ciones exteriores son tan conocidas que cualquier persona puede
informar al Tribunal de su existencia, tales como alteración en
la marcha, dificultad para expresarse, congestión en el rostro y
hálito alcohólico.
7. Que los elementos de juicio señalados en el fundamento
tercero no permiten, en concepto del sentenciador, adquirir
legalmente la convicción de que realmente se ha cometido el de-
lito denunciado y que en él ha correspondido a los denunciados
una participación culpable y penada por la ley.
En efecto, el procesado …, en su declaración indagatoria de
fs. 6 nada dice de su probable ingesta alcohólica, ni fue interro-
gado acerca de ella, ya que en el preinforme de fs. 2 aparece ‘sin
signos’ y en el parte policial no se hace mención a esta particular
circunstancia.

181
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Su acompañante … en fs. 10 dice expresamente que el cho-


fer de la camioneta en la cual viajaba conducía en normal estado
de temperancia. En el mismo tenor declara … de fs. 51.
8. Que de los antecedentes mencionados en el considerando
tercero el único cargo que obra en contra de los denunciados es
el informe de sus alcoholemias de fs. 27 y 28 cuyo resultado es
superior a 1,00, lo que, a juicio del sentenciador, resulta insufi-
ciente para demostrar que los procesados conducían ebrios en
la ocasión de que se trata.
9. Que en lo referente al procesado … en su declaración de
fs. 7 dice que había bebido sólo “una piscola” y que conducía en
normal estado de temperancia, y no estaba ebrio, y de los antece-
dentes que se han analizado, especialmente de las declaraciones
de … quien en fs. 56 dice haber estado anteriormente con el
inculpado … sin percatarse que estuviera bajo la influencia del
alcohol, al mismo tenor declara … en fs. 122 cuando señala que
la noche de los hechos … estuvo en su casa estudiando para un
certamen y que en esa reunión nada se bebió, cuando salió de
su casa estaba sobrio. … en fs. 122 vta. agrega que la noche de
los hechos venía saliendo de un Pub de la zona del accidente y
se acercó reconociendo a su compañero de Universidad …, dice
que lo vio en normal estado de temperancia, sólo algo afectado
por el golpe, pero que se expresaba en forma coherente. Por
último … en fs. 129 declara que al momento de producirse el
accidente acompañaba como copiloto a …, quien conducía en
normal estado de temperancia, que en ningún momento se per-
cató de algo anormal en su comportamiento, ya que para el caso
de así haber ocurrido se habría ofrecido a conducir el móvil, lo
que no fue necesario.
Al respecto, las declaraciones de los policías aprehensores
… en fs. 38 y … en fs. 38 vta. resultan totalmente contradictorias
con las especificaciones técnicas del informe de fs. 1 en que el
médico de turno de la Unidad de Urgencia del Hospital Regional
de Concepción, señala que éste no presentaba signos exteriores
de embriaguez al momento de tomársele la muestra de sangre.
Asimismo el Parte Policial de fs. 1, señala que los aprehensores
les tomaron un alcotest a los detenidos, resultando sin signos,
y en el mismo parte se consigna que … sólo conducía bajo los

182
JURISPRUDENCIA

efectos del alcohol sin estar ebrio, circunstancias todas que les
constó al personal aprehensor y de guardia, por lo que sus decla-
raciones no pueden ser tomadas en cuenta, ya que de atenerse
a la versión que éstos dan en el Tribunal, tales características
habrían sido notorias y fácilmente observadas por el médico de
turno y personal de guardia de la Primera Comisaría, que firma
el parte policial de fs. 5.
10. Que en estas condiciones, deberá absolvérseles a los
procesados, teniendo presente que nadie puede ser conde-
nado por delito sino cuando el Tribunal que lo juzgue haya
adquirido por los medios de prueba legal, la convicción de
que realmente se ha cometido un hecho punible y que en él
ha correspondido a los encausados una participación culpable
y penada por la ley.
11. Por estas consideraciones y de conformidad con lo dis-
puesto en el art. 456 bis del Código de Procedimiento Penal y
art. 180 de la Ley sobre Alcoholes, Bebidas Alcohólicas y Vina-
gres, se declara:
Que se acoge la tacha interpuesta a fs. 115, Primer Otrosí.
Que se rechaza la objeción opuesta a fs. 115, Quinto Otrosí.
Que habiéndose acogido la petición principal de la defensa
de los encausados, el Tribunal no emite pronunciamiento sobre
las peticiones hechas en forma subsidiaria.
Que se absuelve a los procesados … y …, de la acusación que
se les formulara como autores del delito de manejar en estado de
ebriedad causando daños a la camioneta LX 8089, de propiedad
de Rebeca Sepúlveda Correa, al automóvil patente EF 3343 y da-
ños a un semáforo de propiedad de Asitec Ltda. respectivamente,
formulada a fs. 105.
Regístrese, notifíquese y archívese”.

183
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

II. SENTENCIAS QUE CONSIDERAN QUE LA ALCOHOLEMIA POR


SÍ SOLA TIENE EL VALOR DE PLENA PRUEBA, EN ESPECIAL PARA
TIPIFICAR EL DELITO DE MEE

1. F.M.
1.1. Nº 320, p. 457, sentencia 3.
“Aunque en el parte de Carabineros se exprese que el inculpado
estaba bajo la influencia del alcohol sin estar ebrio, dicho parte
no puede primar sobre el resultado de la alcoholemia.
No incurrieron en falta ni abuso los falladores.”

2. R.D.J.
2.1. Tomo LX, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1962, p. 32.
“Que si bien es verdad que el informe de alcoholemia no es una
diligencia probatoria de preponderancia única, para establecer
el estado de temperancia en que se desempeña el conductor
de un vehículo, tampoco lo es menos que ella es la señalada
por excelencia en la ley –art. 111, inc. 2º de la Ley de Alcoholes
vigente– con tal objeto, y que, siendo así, debe estimarse proce-
salmente como una presunción fundada, de enorme fuerza con-
victoria, cuyo mérito deberá desvirtuarse por prueba contraria
muy completa.”

3. G.J.
3.1. Nº 50, agosto 1984.
“Consideraciones del Tribunal:
Pues bien, esta Corte, para concluir que Martín Sáez Herrera es
autor del delito de conducir vehículo motorizado en estado de
ebriedad, no sólo ha considerado el informe del resultado de
alcoholemia, el que arroja 1,20 gramo por mil de alcohol en la
sangre del procesado, sino el hecho de que también dicho infor-
me aparece corroborado con el Certificado de la Unidad de Emer-
gencia del Hospital Clínico Regional, de fs. 2, en que el procesado
aparece CON SIGNOS; el Parte de Carabineros, de fojas 3, en que
se señala que a juicio del personal aprehensor el detenido Sáez
se encontraba bajo LA INFLUENCIA DE ALCOHOL SIN ESTAR EBRIO; y
finalmente, la naturaleza del accidente producido.

184
JURISPRUDENCIA

Sobre este último punto podemos señalar que el estado de


ebriedad es una lógica explicación del accidente ocurrido y
ello se extrae de las propias declaraciones del procesado Sáez,
las cuales aparecen señaladas en la primera parte de este in-
forme.
El conductor no tuvo ningún control de su máquina al
llegar a la intersección de las calles Los Carrera con Lientur.
Sáez manifiesta (a fs. 4 vta.) que había un disco Ceda el Paso
a fs. 16, que había dos discos Ceda el Paso; que al llegar a la
intersección con calle Lientur existe un disco Ceda el Paso,
por lo que se detuvo en la esquina por unos segundos, ya
que se percató que en sentido contrario venía un taxibús del
recorrido Rengo-Lientur. Pero éste se desplazaba por la calle
perpendicular.”
3.2. Nº 134, agosto 1991.
“El informe de alcoholemia, no obstante constituir intrínse-
camente una prueba por peritos, no se rige, en cuanto a su
mérito de convicción, por las normas propias de dicho medio
probatorio, consagradas en los arts. 472 y 473 del Código de
Procedimiento Penal, sino que posee el carácter de ‘plena
prueba’ para establecer el dosaje de alcohol en la sangre de
la persona que ha sido sometida al examen correspondiente
(consid. 6º).”

4. Ediar
4.1. Sentencia Nº 14, p. 67.
Manejo en estado de ebriedad. Valor probatorio de informe de
alcoholemia.
“El valor probatorio que debe asignársele al informe de al-
coholemia es el que señala el inciso cuarto del art. 122 de la Ley
de Alcoholes: presunción de carácter legal. En concordancia con
otros elementos de juicio le otorgan el mérito suficiente para dar
por acreditada la ebriedad del conductor.
C. Suprema, 16 de junio de 1987. Casación de fondo.
Rol 25.626”.

185
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

III. SENTENCIAS QUE SE REFIEREN AL CONCURSO DE DELITOS

2. R.D.J.
2.1. Tomo LXXXVI, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1989,
pp. 131 y 132.
“El cuasidelito debe entenderse configurado con el resultado
previsible producido y que debe ser causado con culpa.
Si como consecuencia de la conducción negligente de un
vehículo motorizado, y con infracción de los reglamentos del
tránsito el reo causó lesiones a tres personas –no obstante ser la
acción natural del encausado una sola– incurre en tres delitos
distintos, desde que debió prever que con su comportamiento
imprudente podía causar lesiones a más de una víctima.
Siendo la acción punible múltiple, su ocurrencia debe encua-
drarse en el art. 74 del Código Penal al tratarse de un concurso
material de delitos, sancionándose al reo conforme al art. 509
del Código de Procedimiento Penal al serle más beneficioso el
uso de tal sistema que el propio del recién señalado.”
Voto de prevención de la Ministro señora Munizaga:
“1º. Que los hechos que han sido establecidos en la sentencia
configuran, en concepto de la disidente, una sola acción que
satisface el contenido de un solo tipo penal, el de cuasidelito de
lesiones.
En la especie, en efecto, el reo realizó una conducta que
originó una pluralidad de resultados y esa conducta consistió en
haber aplicado un cuidado insuficiente, en haber infringido el
ordenamiento jurídico que le imponía un deber de cuidado y
en que debe, necesariamente, sancionársele por ese actuar, por
un solo delito culposo, ya que el juicio de reprochabilidad ético-
social de la conducta no puede pronunciarse sino una vez.
El elemento desde el cual debe determinarse el injusto y la
culpabilidad en los delitos culposos es la acción que debe ser re-
conocida en su totalidad, como una unidad objetiva y subjetiva.
Así, entonces, debe concluirse que hay un delito culposo
cuando no se ha observado el cuidado objetivo requerido en el
ámbito de relación, el cuidado exigido por la norma que con-
tiene la acción deseada socialmente prohibiendo toda aquella
conducta que no cumple con su contenido.

186
JURISPRUDENCIA

En el ámbito subjetivo, por otra parte, al hechor le es per-


sonalmente exigible, dadas sus condiciones en el momento del
actuar, el cumplimiento de esa obligación y el incumplimiento
es el que fundamenta el reproche culpabilístico;
2º. El resultado en esta clase de delitos es de suyo importante,
pero si éste, cualquiera que sea, se encuentra dentro del campo
de la acción descuidada, de suerte que de no existir ella todos
los resultados lesivos se hubieren evitado, debe atribuirse nece-
sariamente a que esa sola acción no puede dar origen a más de
un delito;
3º. Que no puede considerarse en la especie, que concurra
un concurso material de delitos, pues ello significa poner el
asiento por completo en el desvalor del resultado y concluir
que ha habido culpa del hechor frente a cada resultado inde-
pendientemente considerado, siendo que la única acción san-
cionable es la infracción al deber de cuidado y tampoco puede
estimarse que exista un concurso ideal de delitos, porque, en
razón de las consideraciones antes anotadas, no existe más que
un solo delito culposo que sancionar y no se da la hipótesis de
la existencia de ‘dos o más delitos’ a que se refiere el art. 75 del
Código Penal.”

IV. SENTENCIAS SOBRE PRESUNCIÓN DE RESPONSABILIDAD EN MEE

A. Sentencias sobre fuga del lugar del hecho

A.1. F.M.
A.1.1. Nº 417, p. 628, sentencia 2.
“El hecho de que el conductor de un vehículo que ocasiona un
accidente se retire del lugar de los hechos y sólo al día siguiente
se presente a Carabineros debe considerarse como una presun-
ción que puede ser suficientemente grave para establecer la
culpabilidad del imputado. Rechazado el recurso de casación
en el fondo por defecto en su interposición, la Corte invalida de
oficio la sentencia de segunda y condena al reo como autor del
delito de manejar un vehículo motorizado en estado de ebriedad
causando muerte.”

187
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

A.2. R.D.J.
A.2.1. Tomo LXXXIV, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1987,
p. 46.
Corte de Apelaciones de Temuco, 7 de abril de 1987.
“Es inaplicable el art. 122 de la Ley sobre Alcoholes y Bebidas
Alcohólicas que contempla una presunción de culpabilidad si
el encausado –volcado que fuera el vehículo que conducía– se
dirigió al Hospital de la ciudad –(donde fuera detenido)–, por
cuanto no puede afirmarse que tal circunstancia haya importado
‘huir del lugar donde se hubiere cometido’ el delito.
Procede, en consecuencia, absolver al encartado de la autoría
de infracción del inc. 1º del art. 121 de la Ley citada, que le ha
sido atribuida”.
Acordada contra el voto de la señora Ministra Margarita He-
rreros Martínez, “quien fue de parecer de confirmar el referido
fallo en mérito de sus propios fundamentos”.

A.3. Ediar
A.3.1. Sentencia Nº 81, p. 333.
Embriaguez de conductor de vehículo. Presunción de la misma.
“Encontrándose acreditado que el conductor del vehículo
huyó del lugar donde se produjeron los hechos, lo que impidió
practicarle la alcoholemia, procede, de acuerdo con la ley, pre-
sumir la embriaguez.
C. de Valparaíso, 19 de julio de 1988, consid. 9º, Rol 15.916-87.
C. Suprema declaró sin lugar recurso de queja con fecha 9
de noviembre de 1988, Rol 8.161.”

B. Negativa a la alcoholemia

B.1. F.M.
B.1.1. Nº 438, p. 507, sentencia 9.
“La ebriedad del conductor debe tenerse por acreditada con la
presunción derivada de su negativa de proporcionar la muestra
sanguínea contemplada en el art. 122, inc. 4º, de la Ley de Alco-
holes y además por lo expuesto en el parte policial ratificado.”

188
JURISPRUDENCIA

B.2. R.D.J.
B.2.1. Tomo LXXXIV, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1987,
p. 105.
Corte de Apelaciones de Santiago, 23 de julio de 1987.
Conducción de vehículo motorizado en estado de ebriedad (con-
ductor que se niega a que se le practique alcoholemia).
“De acuerdo a lo previsto en el art. 123 de la Ley sobre Al-
coholes, Nº 17.105, si el reo se negó a que se le practicara la
alcoholemia respectiva, debe presumirse la embriaguez en la
oportunidad en que causó la muerte a un menor y lesiones gra-
ves a otras tres personas, conduciendo el automóvil de propiedad
de su madre.”
B.2.2. Tomo LXXXV, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1988,
p. 194.
Corte de Apelaciones de San Miguel, 9 de diciembre de 1988.
Conducir en estado de ebriedad. Embriaguez (ausencia de
prueba).
“La circunstancia, por sí sola, de que el encausado no se deje
practicar una alcoholemia no es motivo suficiente para dar por
establecida su embriaguez. Importa sólo una presunción en su
contra susceptible de ser destruida con prueba en contrario. Si
el reo afirmó haberse negado a tal alcoholemia por no existir
en el establecimiento jeringas desechables, debe ser aceptada su
excusa si no se desmintió su afirmación.
Si lo expuesto en la denuncia de Carabineros en el sentido
de que el encausado iba en manifiesto estado de ebriedad apa-
rece desmentido por diferentes testigos, dicha embriaguez no
puede tenerse por acreditada.
Procede en consecuencia revocar la sentencia condenatoria
de primer grado.”
Acordada contra el voto del abogado integrante señor Pérez
Zañartu, “quien fue de parecer de confirmar la sentencia apelada
en todas sus partes, en mérito de sus propias consideraciones y,
además, por los fundamentos que se señalan a continuación:
1) Que el antecedente consignado en el fundamento segundo
del voto de mayoría, en el sentido de que los funcionarios apre-
hensores cuando llegaron al lugar del accidente observaron que el

189
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

conductor y sus acompañantes habían sido trasladados al hospital


de Peñaflor, si bien constituye una contradicción con lo estableci-
do en el parte de fojas 2, ella no es de magnitud tal que desvirtúe
el contenido esencial de dicho parte, esto es, que el conductor
tenía ‘fuerte hálito alcohólico, rostro congestionado, inestabilidad
al caminar e incoherencia al hablar’, lo que comprobaron en el
hospital de Talagante y Cuartel de Carabineros y se encuentra
ratificado por los mismos aprehensores a fs. 47, al declarar Delga-
do Cisternas que ‘estaba en completo estado de ebriedad’ y Lara
Espinoza, que ‘estaba en estado de ebriedad’, para concluir que
el estado de ebriedad del conductor ‘era manifiesto’.
2) Que, por otra parte, el médico del hospital señor César
Rigoberto Cabezón Delgado declara categóricamente que el
conductor –fuera de negarse a que se le practicara la alcohole-
mia, sin indicar que hubiese dado la excusa esgrimida durante
el curso del juicio– ‘se encontraba en estado de ebriedad ma-
nifiesta’, lo que le constó observando su comportamiento: ‘La
halitosis etílica, su forma de conversar, su marcha tambaleante,
las incoherencias, todo lo que habla de por sí de la evidencia del
estado de ebriedad en que se encontraba el individuo a quien
tuvo que atender en la Posta de Urgencia’.
3) Que, a su vez, tanto los aprehensores como el médico
del hospital recientemente señalados, declaran que el estado
de los acompañantes del inculpado Campos Araya también era
deficiente.
Así, Delgado Cisternas, a fojas 45, declara que ‘también sus
acompañantes’ se encontraban en estado de ebriedad evidente,
y Lara Espinoza, en la misma foja, asevera que ‘los acompañantes
lo estaban menos’. A su vez, el doctor Cabezón Delgado a fojas
44 declara que ‘fueron varios los que llegaron, pero estaban en
un menor estado de ebriedad’, refiriéndose a los acompañantes
de Campos Araya.
4) Que, en consecuencia, no se trata de que los dichos de
Orlando Jorquera Opazo y Eric Antonio Otto Stappung desvir-
túen las declaraciones del parte de fojas 2, sino que se trata de
efectuar una comparación del mérito probatorio de los dichos
de unos y otros.
5) Que el disidente prefiere, no obstante ser menor en núme-
ro, el testimonio de los aprehensores y del médico del hospital,

190
JURISPRUDENCIA

por estar mejor instruidos de los hechos, por su profesionalismo,


por ser de mejor fama, más imparciales y verídicos, ya que debe
considerarse, además, como se ha declarado en el proceso, que
los testigos de descargo Jorquera Opazo, Otto Stappung y Abarca
Echeverría, fuera de ser compañeros de trabajo del inculpado, se
encontraban en estado de intemperancia, lo que le constó a los
aprehensores y médico declarantes, y los otros testigos también
eran compañeros de trabajo y habían participado en la misma
reunión de camaradería.
6) Que por los antecedentes expuestos y principios legales
contenidos en los arts. 481 del Código de Procedimiento Penal,
384 regla tercera del Código de Procedimiento Civil y 122 de la
Ley de Alcoholes, el disidente se ha formado convicción de que
el inculpado Campos Araya conducía un vehículo en estado de
ebriedad y debe ser sancionado como lo hizo la sentencia de
primera instancia”.

C. Que se apresta a hacerlo o acaba de hacerlo

C.1. F.M.
C.1.1. Nº 344, p. 442, sentencia 11.
“Las probanzas ponderadas en el fallo de primera instancia esta-
blecen que el denunciado no conducía el vehículo motorizado
de su propiedad ni se aprestaba a hacerlo, como le fue imputado
por sus aprehensores, por lo que debe absolvérsele de la acusa-
ción.”

C.2. R.D.J.

C.2.1. Tomo LXXXVII, Segunda Parte, Sección Cuarta, año


1990, p. 16.
Corte de Apelaciones de Santiago, 27 de marzo de 1990.
Conducir en estado de ebriedad (acabar de hacerlo o aprestarse
a ello).
“Establecido que el encausado cuya alcoholemia arrojó el
resultado de 1,79 gramo por mil se encontraba con su cuerpo
arrodillado dentro del automóvil, cuyo motor estaba detenido,

191
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

sus luces apagadas y retirando algunas especies de valor con el


propósito de mantener y continuar la tertulia que desarrollaba
con unos amigos en el interior de un negocio de restaurante, no
puede decirse del procesado que al ser detenido se encontraba
conduciendo en estado de ebriedad, se aprestara a actuar en
dicho estado o acabara de hacerlo. Debe, en consecuencia, ser
absuelto de los cargos de autoría del delito descrito en el art. 121
de la Ley de Alcoholes al encontrarse desvirtuada la presunción
del inc. cuarto de la misma disposición legal.”

C.3. Ediar
C.3.1. Revista Nº 23, p. 99.
Manejar vehículo motorizado causando muerte y lesiones.
Negativa del detenido a someterse al examen de alcoholemia.
Ingerencia de alcohol en una dosis que no ha significado com-
promiso neurosíquico y sensorial. Inexistencia del cuerpo del
delito materia de la acusación. Conducta imprudente. Existencia
de cuasidelitos.
“La circunstancia de haberse negado el detenido a someterse
al examen científico, tendiente a determinar la dosificación de
alcohol en la sangre o en el organismo, que dispone el inc. 2º del
art. 122 de la Ley Nº 17.105, sobre alcoholes, no puede ser aprecia-
da como una presunción y darle el valor suficiente para establecer
la embriaguez del acusado, de acuerdo a lo estatuido en el inc. 3º
de la citada disposición legal, pues el propio médico agrega que
‘ninguna de las personas que atendió se veía ebria, pero sí todos
tenían hálito alcohólico’. De modo que no aparece fehaciente-
mente demostrado que el procesado hubiere actuado en estado de
ebriedad cuando ocurrió el hecho investigado, sino que solo había
ingerido alcohol en una dosis que no le significó ningún compro-
miso neurosíquico y sensorial en su calidad de conductor.
Que de los medios probatorios analizados se encuentra com-
pletamente comprobado que el encausado adelantó en una curva,
sin reducir su velocidad, al vehículo que circulaba en el mismo
sentido y volvió a tomar su pista derecha sin que tuviera distancia
suficiente y segura delante del vehículo que acababa de adelantar,
y a una velocidad mayor que la razonable y prudente bajo las con-
diciones señaladas” (C. Talca, 29-5-85, Rol 172.979).

192
JURISPRUDENCIA

V. DELITO DE MEE DE ACCIÓN PÚBLICA

1. Fallos
“El simple desempeño en estado de ebriedad del conductor de un
vehículo o el desempeño en ese estado que trae como consecuen-
cia la producción de daños o lesiones leves, son delitos respecto de
los cuales no hay prohibición alguna para entablar querellas. Una
situación distinta se presenta cuando por el estado de ebriedad
del conductor se causan lesiones graves, o lesiones menos graves,
o la muerte, pues entonces sólo el ofendido y el perjudicado por
este delito pueden querellarse (Ley de Alcoholes, art. 181, IV).
Dicha restricción significa que únicamente el ofendido y el perju-
dicado pueden ser partes en el proceso en contra del querellado,
pero no quiere decir que el uso de las otras maneras de iniciar
el proceso penal en los crímenes o simples delitos perseguibles
de oficio (denuncia, requisición del ministerio público, pesquisa
judicial) queda impedido. La norma restrictiva en cuanto a los su-
jetos legitimados para entablar la querella no transforma al delito
señalado en delito de acción privada, porque libres quedan las
otras maneras de poner en movimiento la acción penal pública.”
Corte Suprema, 18 de enero de 1980, Recurso de queja, Rojas,
considerando 3 (tomado de Vodanovic, párrafo 382, p. 174).

VI. DOSIFICACIÓN DE ALCOHOL

1. F.M.
1.1. Nº 430, p. 637, sentencia 10.
“Una persona se encuentra bajo la influencia del alcohol cuando
la cifra de alcoholemia que la afecta oscila entre 0,50 y 0,99 gramo
por mil, y el estado de ebriedad comienza con 1 gramo por mil.
El examen de alcoholemia practicado al inculpado arrojó una
dosificación de alcohol en la sangre de 1,73 gramo por mil, prueba
suficiente e inequívoca de su estado de ebriedad, circunstancia que
no aparece desvirtuada por los demás antecedentes de los autos.
Los ministros recurridos al confirmar la sentencia que lo
condena por conducir bajo la influencia del alcohol, sin estar
ebrio, cometieron falta.

193
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Se acogió el recurso de queja. Se le condenó por conducir en


estado de ebriedad y se le remitió condicionalmente la pena por
cumplirse los requisitos del art. 3º de la Ley Nº 18.216.”

2. R.D.J.
2.1. Tomo LXXVIII, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1981,
p. 21.
“Que el informe de alcoholemia mencionado señala una dosifica-
ción precisa, no discutible, del alcohol en la sangre del reo Fuen-
tes y la interpretación de los exámenes de alcoholemia señalada
en el Informe del Servicio Médico Legal y en la jurisprudencia de
nuestros tribunales, permiten concluir que con una dosis superior
a 1,00 gramo por mil que emane de un informe de alcoholemia se
presume que el conductor maneja en estado de ebriedad.
Que en esta virtud el informe de alcoholemia del reo Fuentes
permite concluir que con la dosis de 1,51 gramo por mil conducía
su vehículo en estado de ebriedad, sin que la prueba examinada
en el fundamento 1º pueda desvirtuar su fuerza probatoria”.
2.2. Tomo LXXVIII, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1981,
p. 145.
“Que ahora bien, el grado preciso de intoxicación alcohólica que
afectaba al conductor Oyarzún aparece determinado en el infor-
me de fs. 3 que dio un resultado, según se ha dicho, de 1,34 gra-
mo por mil, suficiente para estimarlo en estado de ebriedad de
conformidad con las conclusiones contenidas en oficio Circular
Nº 3.857 de diciembre de 1968 del Consejo Técnico del Servicio
Médico Legal, e informe Nº 2.472, de 28 de octubre de 1976, del
Director del mismo Servicio, en los que manifiesta que el estado
de ebriedad comienza con 1 gramo por mil de alcoholemia.”
2.3. Tomo LXXX, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1983,
p. 86.
“El estado de ebriedad es un concepto científico, que se esta-
blece por medio de una prueba también científica: el informe
de alcoholemia; el que para tal efecto, por sí solo, es suficiente
cuando detecta una cifra superior a un gramo por mil de alcohol
en la sangre.
Deben desestimarse, en consecuencia, tanto el parte de Ca-

194
JURISPRUDENCIA

rabineros cuanto la prueba alcohométrica, como asimismo los


testimonios de quienes afirman que el reo sólo se encontraba
bajo la influencia del alcohol, si la alcoholemia arroja una cifra
superior a la indicada.”

3. Fallos
Corte Suprema, veintiséis de junio de mil novecientos noventa
y seis.
Recurso de Queja, Rol 1.994-96, Manejo en estado de ebriedad.
“Afirma el recurrente que el informe de alcoholemia que rola
en causa Rol Nº 36-95 del 15º Juzgado del Crimen, seguido en su
contra por manejo en estado de ebriedad, al indicar un resultado
de cero coma noventa y tres gramo por mil, tomó en cuenta el
tiempo transcurrido entre su detención y la toma de la muestra
de sangre. De lo anterior concluye que hemos cometido un abu-
so al confirmar el fallo de primera instancia que considera que,
por haber transcurrido una hora entre la toma de la muestra y
la detención, debe estimarse que en ese lapso se eliminó 0,10
gramo de alcohol, con lo cual la alcoholemia del recurrente sube
a más de un gramo por mil.
Al respecto podemos decir que el informe que rola a fojas
8 de los autos aludidos, no menciona en absoluto la circunstan-
cia que alega el quejoso y se limita a señalar la hora en que fue
tomada la muestra y el resultado que arroja una vez sometida al
examen pertinente. Ello, unido a los testimonios de los policías
de que da cuenta el parte de fojas 1, rendido conforme a la Ley
de Alcoholes, nos llevó a confirmar el fallo en cuestión.”
“Santiago, veintiséis de junio de mil novecientos noventa y seis.
Vistos:
Que del mérito de los antecedentes no se desprende que los
Magistrados recurridos cometieran falta o abuso grave y de
conformidad a lo dispuesto en el art. 549 del Código Orgánico
de Tribunales, se rechaza el recurso de queja de lo principal de
fs. 3, con costas.
Regístrese, comuníquese y archívese.
Rol Nº 1.994-96”.

195
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

VII. TESTIGOS Y ALCOHOLEMIA

1. F.M.
1.1. Nº 241, p. 399, sentencia 1.
“Circunstancias en las que con un resultado de examen de alco-
holemia de 2,44% se dio por establecido el cuerpo del delito de
conducir vehículo motorizado en estado de ebriedad, no obstan-
te otra prueba testimonial en contrario.”

2. R.D.J.
2.1. Tomo LXXXVI, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1989,
p. 123.
Corte Suprema, 6 de diciembre de 1989.
Conducir en estado de ebriedad (delito no acreditado).
“No puede decirse de conducción de vehículo motoriza-
do en estado de ebriedad –art. 121 de la Ley Nº 17.105 sobre
alcoholes y bebidas alcohólicas– si el examen de alcoholemia
practicado al encausado y que arrojó 1,10 gramo por mil, se
encuentra contradicho por las declaraciones de tres testigos y
con la aseveración del parte de Carabineros que sólo denuncia
la infracción de conducir bajo la influencia del alcohol y de no
detenerse ante un signo ‘Pare’, debidamente ratificada en el
proceso.”
Acordada contra el voto de los abogados integrantes señores
Cousiño y Parada, “quienes estuvieron por desechar el recurso
de queja por no existir falta o abuso que corregir por esta vía, ya
que siendo un hecho que el procesado tiene una alcoholemia
superior a un gramo por mil no puede discutirse su estado de
ebriedad, por lo que la sentencia en contra de la cual se recurre
está ajustada a derecho”.

3. Ediar
3.1. Sentencia Nº 135, p. 579.
Delito de manejar en estado de ebriedad (prueba insuficiente).
Se acoge recurso de queja.
“El examen de alcoholemia practicado al inculpado arrojó
un resultado de 1,10 gramo por mil, pero aparece contradicho

196
JURISPRUDENCIA

por prueba testifical y aseveraciones contenidas en el parte de


Carabineros.
Se acoge el recurso de queja y se condena al reo como autor
de la infracción de conducir bajo la influencia del alcohol sin
causar lesiones.
C. Suprema, 6 de diciembre de 1989, Rol 9.034.”

VIII. LIBERTAD PROVISIONAL

1. F.M.
1.1. Nº 299, p. 611, sentencia 10.
“Circunstancias en que la Corte de Apelaciones dando aplicación
al art. 363, inc. 1º, letra c) del Código de Procedimiento Penal
revocó una resolución del juez a quo y negó la excarcelación a
procesado por conducir vehículo motorizado en estado de ebrie-
dad causando la muerte a dos peatones.
Se rechazó el recurso de queja formulado contra la Corte que
dictó la referida resolución.”

IX. MANEJO BAJO INFLUENCIA DEL ALCOHOL

1. F.M.
1.1. Nº 286, p. 390, sentencia 4.
“Para hacer jugar las presunciones legales a que se refiere el
recurrente, resulta obvio que deben primeramente sentarse los
hechos que han de constituir las premisas en que se apoya la
ley, a objeto de consignar luego la conclusión que constituye el
cuerpo de la presunción legal. En el caso, aquéllas tendrían que
ser por ejemplo: que el conductor efectivamente manejaba en
forma no razonable y prudente; que no disminuyó la velocidad
al llegar al cruce de caminos; que efectivamente su dosificación
alcohólica era tal que aparecería probado que conducía bajo la
influencia del alcohol. Estos son hechos concretos que deben
aparecer probados en la causa para hacer operar esas presuncio-
nes. Si sucede que los sentenciadores en uso de sus facultades
desvanecen tales hechos con los antecedentes que anotan en sus

197
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

consideraciones, resulta que si no se han atacado esos elementos


probatorios como inidóneos para establecerlos, cabe tener aque-
llos hechos como inamovibles. Así resulta efectivamente cuando
los sentenciadores apuntan a las malas condiciones en que se
encontraban las vías donde se produjo el accidente; el ripio o
material suelto que había en el lugar; las pruebas que se hicieron
en la inspección del tribunal, etc. Tales hechos al aparecer pro-
bados, son inamovibles y tienden indudablemente a desvanecer
la correspondiente presunción.
El fallo no infringió el art. 64 de la Ley Nº 15.231, en su texto
actual refundido por el Decreto de Justicia Nº 307 de 3 de marzo
de 1978, por cuanto los jueces dieron por sentado un hecho no
censurado en el recurso y es el que se refiere a la relatividad de
la influencia que tiene la dosificación alcohólica en las conductas
y reacciones del sujeto según sea la constitución física de éste,
como lo afirman las normas científicas sobre la materia partien-
do del supuesto de que el conductor de que se trata presenta
según certificado del Servicio Nacional de Salud, una contextura
recia, mide un metro con ochenta y dos centímetros de estatura
y tiene un peso de 82 kilogramos”.
1.2. Nº 364, p. 57, sentencia 1.
“En el caso no existió el delito de conducir vehículo motorizado
en estado de ebriedad. El parte de Carabineros señala que el
detenido se encontraba bajo la influencia del alcohol sin estar
ebrio, lo que fue ratificado por los funcionarios de Carabineros,
atestados que concuerdan con el resultado de alcoholemia de
0,96 gramo por mil.
Por lo tanto, el recurrente de queja en esas circunstancias no
ha podido cometer el delito del art. 121 de la Ley de Alcoholes.
Se acogió el recurso de queja, se revocó el fallo apelado y se
absolvió al inculpado”.
1.3. Nº 429, p. 493, sentencia 6.
“La Corte Suprema acogiendo un recurso de queja resolvió
que al autor de cuasidelito de homicidio de dos personas, en
circunstancias que aquél conducía un vehículo motorizado bajo
la influencia del alcohol, como le favorecen dos circunstancias
minorantes de responsabilidad, rebajó en un grado la pena que
le corresponde como autor de los ilícitos investigados.”

198
JURISPRUDENCIA

2. R.D.J.
2.1. Tomo LXXXI, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1984,
p. 178.
Cuasidelito de homicidio (tránsito).
“Si no obstante arrojar el examen de alcoholemia un coefi-
ciente de 1,06 gramo por mil, la posible conducción del vehículo
motorizado en estado de embriaguez no se encuentra corroborada
por prueba alguna, ni de los aprehensores ni de terceras personas,
negando el reo su intemperancia alcohólica al momento de atro-
pellar a la víctima, no puede sancionársele como autor del delito
de conducir en estado de ebriedad causando la muerte de una
persona. La circunstancia de señalar el reo haber bebido horas
antes café con aguardiente, unido a la alcoholemia señalada, im-
porta conducir bajo la influencia del alcohol, lo que constituye la
presunción legal de culpabilidad del conductor –art. 64 de la Ley
Nº 15.231–, la que al no encontrarse desvanecida por ningún otro
elemento probatorio, es plenamente eficaz contra el reo.
En consecuencia, establecida la imprudencia del reo y la
infracción de las disposiciones reglamentarias contenidas en
los arts. 233 y 236 Nº 3 de la Ordenanza General del Tránsito, la
muerte de la víctima debe ser sancionada a título culposo y no
como la consecuencia de conducir en estado de ebriedad.”
2.2. Tomo LXXXIII, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1986,
p. 144.
Corte de Apelaciones de Santiago, 4 de junio de 1986.
Cuasidelito de homicidio (accidente de tránsito).
“Establecido que el conductor de la bicicleta se desplazaba
contra el sentido de la circulación del tránsito y bajo la influencia
del alcohol (0,58 gramo por mil), impactando al vehículo que
era conducido reglamentariamente por la reo, procede absolver
a ésta de la acusación de autoría de cuasidelito de homicidio que
se dirigiera en su contra; y asimismo, de la demanda civil que se
dedujera a su respecto.”
2.3. Tomo LXXXVI, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1989,
p. 13.
Corte Suprema, 16 de marzo de 1989.
Recurso de queja (conducir en estado de ebriedad).

199
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

“Procede acoger el recurso de queja deducido respecto de


la sentencia definitiva de segunda instancia que confirmó la de
primera por medio de la cual se condenó al encausado como
autor del delito descrito en el art. 121 de la Ley de Alcoholes
–conducir un vehículo motorizado en estado de ebriedad– si el
parte de Carabineros señala que al momento de su detención el
inculpado se encontraba bajo la influencia del alcohol sin estar
ebrio, hecho ratificado por los funcionarios respectivos y acorde
tanto con la prueba de alcoholemia –0,96 gramo por mil– cuan-
to con la testimonial de descargo del procesado. Procede, en
consecuencia, dejar sin efecto la sentencia recurrida y revocar la
de primera instancia absolviendo de los cargos reprochados al
conductor de que se trata.”
Acordada contra el voto del ministro señor Zúñiga y abogado
integrante señor Stoehrel, “quienes estuvieron por rechazar el
recurso de queja de que se trata por estimar que no existe falta
ni abuso que deba ser enmendado por esta vía”.

3. G.J.
3.1. Nº 157, p. 114.
“De acuerdo con los reiterados informes del Instituto Médico
Legal, una persona se encuentra bajo la influencia del alcohol
cuando la cifra de la alcoholemia oscila entre 0,50 y 0,99 gramo
por mil, comenzando el estado de ebriedad con un gramo por
mil de alcohol en la sangre. En consecuencia, si la alcoholemia
practicada al inculpado de la especie es de 1,73 gramo por mil,
debe concluirse que él se desempeñaba en estado de ebriedad
en la conducción de vehículo motorizado.”

4. Ediar
4.1. Revista Nº 1, p. 31.
Conducción bajo la influencia del alcohol. Alcoholemia. Ebrie-
dad, causa necesaria del accidente.
“La dosis de 72 mg de alcohol en la sangre, que en general
no constituye ebriedad, no ha influido, en este caso, en la forma
de conducir el vehículo con riesgo para las personas y bienes,
haciendo desaparecer o aminorar los reflejos del conductor, que
enfrentado sorpresivamente a la presencia del peatón, desvió su

200
JURISPRUDENCIA

automóvil con la finalidad de evitar el atropello, maniobra que


al haber estado el reo influido por el alcohol en grado de no
reaccionar rápidamente, no habría hecho jamás.
La dosis de alcohol referida, en consecuencia, no fue causa
necesaria del accidente, pues cualquier persona sin dosis alguna
de alcohol en la sangre no habría podido evitarlo, por la apari-
ción sorpresiva del peatón en una carretera rural” (C. Suprema,
31-8-83, Rol 23.060).
4.2. Revista Nº 22, p. 101.
“De los antecedentes analizados se desprende que el inculpado
no se encontraba en estado de ebriedad cuando conducía el ve-
hículo señalado, pues, si así hubiere sido, los signos de ebriedad
habrían sido notorios y fácilmente observados, en especial por
los funcionarios de Carabineros aprehensores, en el caso de que
la dosificación de alcohol en su organismo hubiere sido de 2,46
g/m que consigna el informe respectivo” (C. Talca, 24-6-85, Rol
179.453).”

5. Fallos
Corte Suprema, 4 de julio de 1996.
Recurso de Queja, Rol 1.998-96. Manejo en estado de ebriedad.
“La Sra. Directora Abogada del Departamento de Defensa
de la Ley de Alcoholes del Consejo de Defensa del Estado, doña
Silvia Arancibia Calderón, ha recurrido en contra nuestra y de
la Ministra Titular doña Margarita Herreros Martínez, impután-
donos haber incurrido en faltas o abusos graves en la dictación
de la sentencia de segunda instancia recaída en los autos Rol
Nº 27 del Segundo Juzgado de Letras de San Bernardo que por
delito de manejar vehículo motorizado en estado de ebriedad,
se instruyó en contra de Delfín Antonio Lázaro Román Olguín, y
por la que procedimos a revocar la de primer grado y declarar en
cambio que sólo se le sancionaba por la infracción al Nº 1 del art.
197 de la Ley Nº 18.290, por estimar que la ebriedad atribuida al
denunciado no se encontraba debida y legalmente probada.
En efecto, S.S. Excma., procedimos de la forma que se señala
en el recurso, y para ello tuvimos en consideración la contradic-
ción o la falta de coherencia entre el resultado de la alcoholemia

201
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

practicada al conductor y lo afirmado por los aprehensores, en


el parte policial de fs. 1.
El porcentaje de 1,32 gramo por mil de alcohol en la sangre,
no se compadece con la afirmación de los funcionarios de Ca-
rabineros que procedieron a la detención del inculpado el día
27 de septiembre de 1994, a las 8 horas, en que expresan que la
infracción denunciada es la de conducir bajo la influencia del
alcohol, sin estar ebrio, y al que, por la misma circunstancia,
dejaron posteriormente en libertad, previa comprobación de su
domicilio.
Es decir, para los funcionarios de Carabineros –que normal y
generalmente tienen amplia experiencia para detectar los signos
de embriaguez de los detenidos– no hubo dudas respecto de la
circunstancia de que el detenido no estaba ebrio.
Por otra parte, sabido es que si los aprehensores adquieren la
convicción de la ebriedad del denunciado, no se limitan a llenar
un formulario de denuncia por infracción a las leyes del tránsito,
sino que, por el contrario, proceden a confeccionar un parte po-
licial completo, detallando los síntomas de ebriedad advertidos
en el conductor y procediendo a firmar dichas declaraciones
que, además, son refrendadas por el superior jerárquico de los
mismos.”
“Santiago, uno de agosto de mil novecientos noventa y seis.
Vistos:
Con lo informado por los jueces recurridos y en mérito de
los antecedentes, y por no existir falta ni abuso grave, se declara
sin lugar el recurso de fojas 4.
Sin perjuicio de lo anterior, y teniendo presente que el in-
forme de alcoholemia de fojas 14, que arroja un porcentaje de
alcohol en la sangre de 1,32 gramo, tiene mayor valor probatorio
que la denuncia de fojas 1, se invalida de oficio el fallo de trece
de mayo último, escrito a fojas 32 de los autos tenidos a la vista, y
se declara que se confirma la sentencia de primera instancia de
veintiséis de junio del año pasado, escrita a fojas 22.
Acordada contra el voto del Ministro señor Navas, quien
estuvo por no proceder de oficio, y acoger el recurso de queja,
por el mismo fundamento dado.

202
JURISPRUDENCIA

Acordada, asimismo, con el voto en contra del abogado inte-


grante señor Verdugo, quien estuvo por rechazar el recurso.
Regístrese, devuélvase el expediente traído a la vista agregán-
dosele copia de esta resolución y archívese.”

X. IRREGULARIDADES EN EL INFORME DE ALCOHOLEMIA

1. F.M.
1.1. Nº 333, p. 551, sentencia 5.
“El parte de Carabineros con el cargo de haberse sorprendido
al recurrente conduciendo una camioneta en manifiesto estado
de ebriedad está firmado por los funcionarios aprehensores y
autorizado por el Comisario correspondiente.
El fallo que motiva el recurso considera que dicho parte tiene
el valor probatorio que le asigna el art. 178 de la Ley de Alcoho-
les, prueba que no ha sido desvirtuada por el reo.
Ciertas irregularidades en el informe de alcoholemia no fue-
ron óbice para aceptar la validez de él.
No incurrieron en falta ni abuso los falladores.”

1.2. Nº 309, p. 420, sentencia 7.


“En orden a establecer la existencia del delito de conducir vehí-
culo motorizado en estado de ebriedad, aparece que el resultado
del peritaje de alcoholemia da un porcentaje de 1,20 gramo por
mil de alcohol en la sangre.
El único elemento probatorio que lleva a establecer el estado
de ebriedad es el referido informe de alcoholemia, el que, por su
naturaleza, tiene el carácter de prueba pericial, que de acuerdo
al art. 473 del Código de Procedimiento Penal, puede dar base
a una presunción judicial más o menos calificada, según el valor
que se le asigna en relación con los demás antecedentes proba-
torios que, en este caso, son totalmente contradictorios con él.
Los antecedentes referidos llevan a la conclusión de que en
la especie ha habido un error en el examen de alcoholemia y que
no se encuentra establecida la existencia del delito investigado,
por lo que procede absolver al inculpado.”

203
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

XI. MODIFICACIÓN DEL DELITO

1. F.M.
1.1. Nº 376, p. 61, sentencia 5.
Manejo de vehículo motorizado en estado de ebriedad (modifi-
cación de calificación del delito).
“El reo recurrente de queja fue condenado como autor del
delito de conducir vehículo motorizado en estado de ebriedad.
El examen de alcoholemia del inculpado, que dio resultado
1,10 gramo por mil, está contradicho por las declaraciones de
tres testigos, que expresan que no se hallaba ebrio, y con la ase-
veración contenida en el parte de Carabineros en que se denun-
cian las infracciones de conducir bajo la influencia del alcohol y
no detenerse ante un signo ‘Pare’.
En tales condiciones, el fallo que acoge el recurso de queja
determina que la infracción que se encuentra establecida en
autos es la de conducir vehículo motorizado bajo la influencia
del alcohol incurriendo en contravención sin causar lesiones,
sancionada en los arts. 62 de la Ley Nº 15.231 y 197 Nº 1º de la
Ley Nº 18.290, en calidad de autor.
Voto en contra fundado de dos miembros de la Sala.”

XII. MANEJO EN ESTADO DE EBRIEDAD

1. F.M.
1.1. Nº 294, p. 213, sentencia 6.
“Atendiendo a la correspondencia que debe aceptarse entre los
incisos 2º y 3º del art. 121 de la Ley de Alcoholes, se requiere que
precisamente la embriaguez sea causa del accidente que ocasione
lesiones graves o menos graves (inc. 2º) o el resultado muerte de
una o más personas (inc. 3º).
En el caso no existe un pronunciamiento explícito en este
último sentido, pero se asienta el siguiente hecho: el paso de la
pista de circulación en que iba el furgón del reo a la otra pista
contraria en que venía en su moto el que resultó muerto, que no
tiene otra explicación razonable que la ebriedad con que aquél
manejaba, vale decir que, como lo exige la ley, la colisión causan-

204
JURISPRUDENCIA

te de la muerte fue indudablemente consecuencia de ese estado


de embriaguez, como lo da a entender el fallo, de suerte que en
este caso se dan todos los elementos del delito encuadrado en el
art. 121, inc. 3º de la Ley de Alcoholes.”
1.2. Nº 343, p. 331, sentencia 6.
“Habiendo quedado establecido como un hecho de la causa,
que el reo en el momento del accidente conducía su vehículo
motorizado en estado de ebriedad, su conducta ilícita debe ser
encuadrada en la figura delictiva que señala el inc. 5º del art. 121
de la Ley de Alcoholes.”

2. R.D.J.

2.1. Tomo LXXX, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1983,


p. 10.
Conducción en estado de ebriedad.
“Doctrina. El delito de conducir en estado de ebriedad un ve-
hículo motorizado o de tracción animal, es un delito especial, que
en cuanto a su prueba goza también de normas especiales distintas
a las ordinarias contempladas en el Código de Procedimiento
Penal. El art. 122 de la Ley de Alcoholes al reglar el ‘examen de
alcoholemia’ ha alterado las normas generales contempladas en
los arts. 472 y 473 del aludido Código, en lo que respecta a la pro-
banza pericial, dando el carácter de plena prueba a dicho examen
para establecer la ebriedad cuando la dosificación de alcohol en
la sangre excede el margen 1,0 gramo por mil, como señala la
información técnica solicitada al Servicio Médico Legal.
En consecuencia, debe sancionarse como autor del delito
mencionado al encausado cuyo examen de alcoholemia acusó
un índice positivo de 1,41 gramo por mil, no obstante afirmarse
en el parte de Carabineros –y ratificarse testimonialmente por el
aprehensor– que el inculpado sólo conducía bajo la influencia
del alcohol, sin encontrarse ebrio.”
2.2. Tomo LXXX, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1983,
p. 132.
Conducción en estado de ebriedad.
“Sólo debe ser sancionado el encausado como autor del de-
lito de manejar en estado de ebriedad que reprime el art. 121

205
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

de la Ley de Alcoholes, si las lesiones sufridas por su ocasional


acompañante fueron consecuencia de la colisión entre los ve-
hículos de que se trata, producida debido a que el segundo de
los conductores no asumió debidamente la obligación que le
imponía el doble disco ‘Pare’ que ostentaba la calle por la cual
se disponía a efectuar el cruce.
Procede, asimismo, revocar la sentencia en cuanto acoge la
acción civil dirigida por la acompañante contra el conductor del
vehículo en el cual viajaba, si sus lesiones no tuvieron relación de
causa a efecto con el manejo llevado a cabo por el demandado.”

2.3. Tomo LXXXIV, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1987,


p. 47.
Corte de Apelaciones de Temuco, 21 de abril de 1987.
Conducción de vehículo motorizado en estado de ebriedad
(concepto típico).
“La figura punible de conducir un vehículo motorizado
en estado de ebriedad constituye, a la vez, un delito específico
formal y de peligro común, que se genera y tipifica por el mero
desempeño en tales condiciones, aun cuando no ocasione daño
alguno o sólo provoque daños materiales o lesiones leves. La
conducta aludida siempre está creando el riesgo de causarlos.
Incurre en quebrantamiento de condena el reo que ha sido
anteriormente sancionado como autor de manejo en estado de
ebriedad de un vehículo motorizado, entre otras penas, a la de
sesenta y un días de presidio menor en su grado mínimo y a la
suspensión del carné, permiso o autorización para manejar vehí-
culo motorizado por el plazo de un año, si dentro de éste incurre
en el segundo delito de gobernar un vehículo motorizado y, ade-
más, nuevamente, en estado de ebriedad. De ese modo procede
no sólo considerar concurrente la agravante de responsabilidad
penal contemplada en el Nº 14 del art. 12 del Código Penal, sino
también la de incurrir en una acción delictual específica que
deberá substanciarse y juzgarse en otro juicio con sujeción a lo
dispuesto en los arts. 90, Nº 8 del referido Código y 507 del de
Procedimiento Penal.
Carece de relevancia para el enjuiciamiento de la conducta
del reo una supuesta infracción de la víctima de transitar por una

206
JURISPRUDENCIA

berma que no era la que le correspondía, ya que tal circunstancia


–aun de ser efectiva– es ajena al tipo penal concurrente.
Carece de todo valor probatorio una pericia mecánica agre-
gada al proceso si no ha sido decretada por el juez y si el perito
sólo entrega una apreciación personal de los hechos sin señalar
fuente de información ni los antecedentes que pudieron servirle
de fundamento.”

3. G.J.
3.1. Nº 53, año IX, 1984.
“c) Informe de alcoholemia de fs. 23 que señala que Clemente
Corvalán V. tenía una dosificación alcohólica de dos coma treinta
y dos gramos por mil.
d) Informe médico legal de fs. 14, boletín de informaciones
de fs. 15 y epicrisis de fs. 20, según los cuales José Martínez Qui-
roz resultó con fracturas costales múltiples derechas, hemotórax
derecho y contusión pulmonar derecha.
4º. Que los elementos de convicción reseñados en la mo-
tivación precedente, constitutivos de parte de Carabineros,
declaraciones de testigos, informe médico legal y documentos
expedidos por entidades públicas, apreciados conforme al valor
probatorio que la ley les asigna a cada uno de ellos, acreditan
que en la noche del 29 de octubre de 1978, el conductor del taxi-
bús patente LJG-13 de San Bernardo, manejaba dicho vehículo
en manifiesto estado de ebriedad, a consecuencia de lo cual re-
sultó con lesiones graves José Martínez Quiroz, lo que configura
el ilícito penal contemplado en el inciso segundo del art. 121 de
la Ley de Alcoholes.”

4. Ediar
4.1. Sentencia Nº 39, p. 165.
Conducción en estado de ebriedad de vehículo motorizado (al-
coholemia negativa).
“Procede condenar al reo como autor del delito de conducir
en estado de ebriedad vehículo motorizado, por cuanto si bien
es cierto que el examen de alcoholemia no arrojó resultados
positivos, existen abundantes probanzas para dar por acreditado
el hecho incriminado.

207
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

C. de Copiapó, 25 de enero de 1988, consid. 3º, Rol 23.180.


Suprema declaró sin lugar recurso de queja con fecha 4 de
abril de 1988, Rol 7.036.”

5. Fallos
Corte Suprema, trece de julio de mil novecientos noventa y dos.
Recurso de Queja, Rol 8.058. Manejo de vehículo motorizado en
estado de ebriedad
“Valparaíso, siete de julio de mil novecientos noventa y dos
1º) Que el art. 121 de la Ley de Alcoholes, Bebidas Alcohó-
licas y Vinagres, en su concepción integral se preocupa celosa-
mente de sancionar la conducción de vehículos motorizados bajo
intemperancia alcohólica y, relacionándolo con los arts. 120, 122
y 181 de su mismo contexto que el “estado de ebriedad” es un
concepto científico reglado por su especialidad, que se establece
con una prueba también científica: el respectivo informe de alco-
holemia, el que, para tal efecto, es por sí solo suficiente cuando
detecta una cifra superior a un gramo por mil de alcoholemia;
2º) Que, de consiguiente, carecen de relevancia los dichos de
Gabriela Berta Jesús Mujica García, Bartolomé Marcelo Sanhueza
Hortara y Octavio Letelier Pino, de fs. 14 y 15, en cuanto se pre-
tende, bajo ciertos pretextos, que el infractor no se encontraba
bebido;
3º) Que la defensa del infractor Aldo Barberis Román solicitó
en esta instancia que se le practicara un examen pericial neu-
ropsíquico para poder determinar si la cifra que ha dado como
porcentaje de alcohol en la sangre ha podido alterar sus faculta-
des mentales, o para determinar si estaba o no bajo un estado de
“embriaguez”, o si sus facultades eran normales;
4º) Que practicado el examen antes referido por el Servicio
Médico Legal de Santiago, rolante a fs. 40, concluye que el in-
fractor Barberis no presenta alteraciones psicopatológicas clíni-
camente demostrables al examen, de relevancia médico-legal, y
que la alcoholemia encontrada, 1,23 g/m (uno coma veintitrés
gramo por mil), corresponde a un estado de ebriedad sin evi-
dencia de alcoholismo;
5º) Que a fs. 46 se amplía el informe anterior señalándose
que la alcoholemia de 1,23 g/m encontrada define un estado de

208
JURISPRUDENCIA

ebriedad sin evidencia de alcoholismo u otra patología psiquiá-


trica que pudiera modificar su imputabilidad;
6º) Que también debe tenerse presente que la ebriedad al-
cohólica es el conjunto de alteraciones tóxicas que se producen
en el organismo como consecuencia de la ingestión de bebidas
alcohólicas, y en el común de los casos una alcoholemia alta será
indicativa de un estado de ebriedad.”

XIII. REMISIÓN CONDICIONAL DE LA PENA

1. F.M.
1.1. Nº 330, p. 266, sentencia 12.
“Circunstancia en que falladores no incurrieron en falta ni
abuso al negar el beneficio de remisión condicional de la pena
al condenado a veinte días de prisión en su grado mínimo por
conducir vehículo motorizado bajo la influencia del alcohol sin
estar ebrio.”

2. R.D.J.
2.1. Tomo LXXX, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1983,
p. 2.
Conducción en estado de ebriedad.
“Procede acoger el recurso de queja deducido respecto de la
sentencia de segunda instancia y reducir a sesenta y un días de
presidio menor en su grado mínimo la pena privativa de libertad
que se aplica al reo por conducir vehículo motorizado en estado
de ebriedad.
Asimismo y no obstante que el art. 1º de la Ley Nº 7.821 so-
bre remisión condicional de la pena señala entre sus requisitos
‘que el reo no haya sido condenado anteriormente por crimen
o simple delito’, tal norma debe interpretarse acorde con los
preceptos de los arts. 93 Nº 7 y 104 del Código Penal, relativas a
la extinción de la responsabilidad penal por la prescripción de
la pena, la primera, ya que las circunstancias agravantes de los
números 15 y 16 del art. 12 del Código Penal no se consideran
tratándose de simples delitos después de cinco años a contar de
la fecha en que tuvo lugar el hecho.

209
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

En consecuencia, considerando el tiempo transcurrido des-


de que el reo delinquiera anteriormente y las circunstancias del
asunto en cuestión, procede remitir condicionalmente la pena
de sesenta y un días de presidio menor en su grado mínimo que
le ha sido aplicada al reo.”

XIV. COMPETENCIA DEL TRIBUNAL

1. F.M.
1.1. Nº 344, p. 416, sentencia 5.
“Se puso a disposición del Juzgado del Crimen a una persona
por haber sido sorprendida conduciendo vehículo motorizado
en estado de ebriedad y con su licencia vencida.
Se trabó contienda de competencia entre dicho Juzgado
y el de Policía Local de la misma ciudad, por declinatoria de
ambos.
La sola circunstancia de sorprender en un mismo acto la
comisión de los referidos delito e infracción sin que aparezca
conexión alguna para su perpetración impide considerarlos re-
lacionados y comprenderlos en un solo sumario.
El conocimiento de la infracción denunciada corresponde al
Juzgado de Policía Local.”

XV. PERSEGUIBLES DE OFICIO

1. F.M.
1.1. Nº 254, p. 522, sentencia 4.
“En los delitos por desempeño en estado de ebriedad causan-
do lesiones menos graves o la muerte, el art. 181 de la Ley de
Alcoholes y Bebidas Alcohólicas permitió querellarse sólo al
ofendido y al perjudicado con el delito, lo que significa que sólo
éstos pueden ser parte en el proceso, pero nada impide el uso
de las otras maneras de iniciar el proceso penal en los crímenes
o simples delitos perseguidos de oficio, porque dicho mandato
no lo transforma en delito de acción privada, pues deja libre las
otras maneras de iniciar el proceso.”

210
JURISPRUDENCIA

XVI. AUSENCIA DE ALCOHOLEMIA

1. F.M.
1.1. Nº 444, p. 1704, sentencia 6.
“La muestra de sangre para la prueba de alcoholemia no llegó
al Instituto Médico Legal y por ende, por razón no imputable
al enjuiciado no se pudo contar con esa prueba de que éste se
encontraba o no en manifiesto estado de ebriedad. En tales con-
diciones, dicha prueba no puede ser suplida por declaraciones
de Carabineros que no dan mayor razón de sus dichos ni por la
constancia en el hospital, donde se extrajo la muestra de sangre,
en la que se indica como diagnóstico un estado de ebriedad.”

2. R.D.J.
2.1. Tomo LX, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1963,
p. 290.
“Que el informe de alcoholemia no es un requisito sine qua non
para resolver en definitiva si un sujeto responsable de un hecho
de esta especie estaba o no ebrio. Baste recordar que la misma Ley
sobre Alcoholes y Bebidas Alcohólicas en su art. 111 se pone en el
caso de que el detenido se niegue a someterse a la extracción de
sangre y ante esta contingencia se conforma con preceptuar que
se tendrá esta resistencia como una presunción de embriaguez...
En esta ciudad, menos en Padre Las Casas, no hay instalación ni
personal disponibles en forma especial para practicar los análisis de
alcoholemia de que se ocupa el art. 111 de la Ley de Alcoholes, por
lo cual no fue posible obtenerlo en el caso de autos, lo cual no im-
pide que el Tribunal, en uso de sus atribuciones, dé por establecida
la embriaguez por otros medios autorizados por el legislador.”

XVII. CIRCULAR DEL INSTITUTO MÉDICO LEGAL DE LA


INFLUENCIA DEL ALCOHOL EN LOS CONDUCTORES

2. R.D.J.
2.1. Tomo LXXVIII, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1981,
p. 35.

211
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

“Que no es óbice para establecer el estado de ebriedad en que guia-


ba su vehículo el conductor Juan Cariqueo el hecho de que los testi-
gos ...(3)..., así como los aprehensores ...(2)..., coincidan en sostener
que Cariqueo no presentaba síntomas de haber ingerido alcohol,
por cuanto no aparecía mareado, no tenía el rostro congestionado
y caminaba en forma normal, ya que no siempre las alteraciones de
la personalidad del sujeto provocadas por su etilismo son sostenibles
o manifiestas. En cambio, lo cierto es que en los informes técnicos
efectuados por servicios especializados, acerca del estudio de la
acción del alcohol en los conductores de vehículos motorizados,
se ha concluido que “el estado de ebriedad comienza con 1 g por
mil de alcoholemia” y que todas las cifras superiores a la indicada
determinan alteraciones que implican peligrosidad en el manejo
de vehículos motorizados, puesto que, con o sin ebriedad clínica
evidente, existe un permanente compromiso psíquico y neurológico
del conductor que circula con índices de alcohol que excedan a la
señalada unidad. (Oficio Circular Nº 3.857 de diciembre de 1968
del Consejo Técnico del Servicio Médico Legal e informe Nº 2.472,
de 28 de octubre de 1976, del Director del mismo Servicio).”

XVIII. ATENUANTE DE REPARAR CON CELO EL MAL CAUSADO,


ART. 11, Nº 7 C.P.

1. F.M.
1.1. Nº 452, p. 1433, sentencia 3.
“La sentencia de la Corte de Apelaciones que confirma el fallo
condenatorio por el delito de manejo de vehículo en estado de
ebriedad causando muerte y lesiones da por configurada res-
pecto del hechor la minorante contemplada en el Nº 7 del art.
11 del Código Penal, sin explicar en qué forma el avenimiento
celebrado con un querellante y el pago de la indemnización pe-
cuniaria efectuada por el procesado a la compañía aseguradora
del vehículo, pudo comprender también la celosa reparación del
mal causado al grupo familiar de la víctima fatal del delito.
El fallo de la Corte Suprema expresa también que si bien el
Tribunal en forma reiterada ha declarado que determinar si ha
existido o no celo del culpable en la reparación del mal causado

212
JURISPRUDENCIA

representa una facultad soberana de los jueces del fondo, y que


por lo mismo no puede ser revisada a través de la casación, ello
supone necesariamente que en el expediente exista un ante-
cedente objetivo que revele que el procesado haya procurado
reparar con celo el mal causado o impedir las ulteriores conse-
cuencias del delito, cuyo no es el caso de autos.
En esta circunstancia, debe concluirse que el fallo analizado
no fue extendido conforme a derecho infringiéndose los Nos 4 y
5 del art. 500 del Código de Procedimiento Penal, incurriéndo-
se en la causal de casación en la forma del Nº 9 del art. 541 del
mismo, que hace procedente su invalidación de oficio.
En la sentencia de reemplazo se resuelve que no se configuró
a favor del procesado la minorante del Nº 7 del art. 11 del Códi-
go Penal y en atención a que la conducta ilícita del agente tuvo
como resultado dos acontecimientos delictuales, la muerte de
una persona y las lesiones graves de otra, corresponde sancionar
de acuerdo con la normativa indicada en el inciso final del art.
121 de la Ley Nº 17.105.”

2. R.D.J.
2.1. Tomo LXXXIV, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1987,
p. 119.
Corte de Apelaciones de Concepción, 29 de agosto de 1987.
Conducir vehículo motorizado en estado de embriaguez, causando
muerte y lesiones (reo que afirma no haber ingerido alcohol).
“Debe considerarse que concurre la atenuante del número
7º del art. 11 del Código Penal –procurar con celo reparar el mal
causado– si el dinero que el reo entregó a los padres de la vícti-
ma lo obtuvo de la venta de un automóvil de su propiedad.”

XIX. RECURSO DE CASACIÓN EN LA FORMA (SENTENCIA DICTADA


CONTRA OTRA BASADA EN AUTORIDAD DE COSA JUZGADA)

2. R.D.J.
2.1. Tomo LXXXIII, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1986,
p. 24.

213
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Corte de Apelaciones Presidente Aguirre Cerda, 31 de enero de


1986.
“Incurre en la causal de casación de forma contemplada en el
Nº 11 del art. 541 del Código de Procedimiento Penal –haber
sido dictada contra otra pasada en autoridad de cosa juzgada– la
sentencia que condena por conducir en estado de ebriedad a
quien, ante el mismo Tribunal y en proceso diferente, había sido
absuelto por sentencia ejecutoriada de la acusación por aquel
mismo hecho, en que se le imputaba el conducir en estado de
ebriedad causando lesiones.”

XX. MANEJO EN ESTADO DE EMBRIAGUEZ, OTRAS CIRCUNSTANCIAS


Y ENFERMEDADES MENTALES

2. R.D.J.
2.1. Tomo LXXXIV, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1987,
p. 119.
Corte de Apelaciones de Concepción, 29 de agosto de 1987.
Conducir vehículo motorizado en estado de embriaguez, causando
muerte y lesiones (reo que afirma no haber ingerido alcohol).
“No aparece veraz el reo –procesado por conducir un ve-
hículo motorizado en estado de ebriedad, causando la muerte
de una persona y lesiones menos graves a otra– que afirma
no haber ingerido alcohol con antelación al atropellamiento
en circunstancias que múltiples testimonios, a más de la alco-
holemia de dos y medio gramos por mil que se le practicara,
demuestran procesalmente lo contrario.
Tampoco puede ser creído en cuanto señala haber perdido
el conocimiento inmediatamente antes del accidente debido a
la diabetes que padece –(el cual sólo habría recuperado al ser
detenido por Carabineros)– si entre uno y otro lugar median
seis kilómetros de distancia. Cobra mayor vigor en este caso la
presunción de culpabilidad contemplada en el inciso primero
del art. 122 de la Ley Nº 17.105 respecto de quien huye del sitio
en que tal hecho se produjo.
El art. 10, Nº 1 del Código Penal contempla dos casos dife-
rentes: uno, que concierne a la enajenación mental, y el otro a

214
JURISPRUDENCIA

la privación transitoria de la razón. La primera parte del pre-


cepto se refiere a quienes padecen una grave alteración mental
de carácter permanente y de índole morbosa que les impide la
adaptación al ambiente social corriente. Son enfermos con gra-
ves fallas del juicio, con alteración de la autocrítica y de la hete-
rocrítica que los hace ajenos a la realidad. En lo que respecta a
la privación transitoria de la razón, ésta ha de provenir de causas
diferentes de una enfermedad mental.
Dentro de las primeras deben ser comprendidas las psicosis
y la oligofrenia, que por regla general origina inimputabilidad
salvo los casos de debilidad mental en que ésta está disminuida.
Si el reo no padece ninguna de las anomalías mencionadas,
no puede quedar comprendido dentro de esta primera parte de
exención de responsabilidad criminal.
La etiología de la privación total y transitoria de la razón
puede descansar en fenómenos fisiológicos normales, como el
sueño; o suscitados por substancias u operaciones especiales,
como la narcosis o hipnosis; o por patologías primordialmente
somáticas, desmayo, fiebres de origen infeccioso, etc.
Incurre en error la defensa del reo al afirmar respecto de éste
que padeció una ‘enajenación mental suficiente para carecer
absolutamente de voluntad’, ya que una de las características de
estas alteraciones mentales es que son de carácter permanente,
lo que no ocurre en la especie.
Establecido que el reo padece diabetes insulinodependien-
te, cirrosis hepática tipo Learnec y encefalopatía frontal, no
puede sin embargo ser oída su defensa en cuanto pretende
que a la época del atropellamiento se encontraba en estado
de precoma diabético o precoma hepático que le causara un
desmayo que motivara el accidente. El desmayo generalmente
conlleva inmovilidad, pérdida del sentido y conocimiento, lo
que hace imposible conducir un automóvil como ocurriera en
la especie durante un prolongado lapso de tiempo y por cerca
de seis kilómetros de distancia. Por lo demás, en el supuesto
de que el reo se encontrara en un estado de precoma diabético
cuando condujo el automóvil, tampoco operaría en su favor la
eximente de privación total de razón, puesto que voluntaria-
mente se negó a recibir medicamentos e inyectarse insulina
antes de la conducción.

215
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Asimismo, debe rechazarse la defensa del reo en cuanto


éste señala que ‘intervino sin que se involucrara su concien-
cia, es decir, como mero instrumento, como cuerpo físico’,
por lo que carecería de responsabilidad penal, si no aparece
del mérito del proceso que pueda considerarse concurrente
la fuerza irresistible que entraña la argumentación a que se
hace referencia.
Si las enfermedades padecidas por el encausado en nada
influyeron en su estado de embriaguez, deben desestimarse las
alegaciones que pretenden explicar el alto grado de alcohol en
su sangre en dicha patología.
Las afirmaciones de los aprehensores que señalan que el
reo conducía bajo la influencia del alcohol deben estimarse
insuficientes para desvanecer la abundante prueba testimonial
y pericial que conduce a estimar acreditada la embriaguez.”

XXI. EMBRIAGUEZ ANTERIOR IMPIDE ATENUANTE DE LA


IRREPROCHABLE CONDUCTA ANTERIOR

2. R.D.J.
2.1. Tomo LXXXIV, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1987,
p. 119.
Corte de Apelaciones de Concepción, 29 de agosto de 1987.
“Conducir vehículo motorizado en estado de embriaguez,
causando muerte y lesiones (reo que afirma no haber ingerido
alcohol).
Si ha sido demostrado que el reo ingiere alcohol en forma
desmedida desde hace varios años, tal afición obsta a considerar
que ha tenido una conducta anterior intachable, sin mácula y
exenta de reproches, por lo que no puede acogerse la atenuante
contemplada en el Nº 6 del art. 11 del Código Penal.”

216
JURISPRUDENCIA

XXII. DISMINUCIÓN DE LA TASA DE ALCOHOLEMIA POR


TRANSCURSO DEL TIEMPO O LA CONSIDERACIÓN PARA SU
CÁLCULO EN LA ALCOHOLEMIA

3. G.J.
3.1. Nº 59, año X, 1985.
“3º. Que, desde luego, el informe de alcoholemia Nº 15.187-76,
de fs. 6, que señala que el conductor del Fiat 125 presentaba
aproximadamente media hora después de la colisión una con-
centración de alcohol en la sangre de 1,05 g por mil, conjunta-
mente con el Acta de pruebas alcohométricas de fs. 61 que se
incluye a fs. 8 del informe técnico Nº 1.278-76 de la Comisaría
de Investigaciones del Tránsito, en que consta que, más de dos
horas después del accidente el mismo conductor se encontraba
bajo la influencia del alcohol, sin estar ebrio; y la estimación de
ebriedad, de fs. 198 y siguientes, practicada por la Unidad de
Alcoholemia del Servicio Médico Legal a petición de esta Corte,
que expresa que, para conocer el valor aproximado de alcohole-
mia que tenía el sujeto en el momento del accidente es necesario
determinar el tiempo transcurrido desde éste hasta la hora de
la toma de la muestra y, por cada hora, agregar 0,10 g por mil
al resultado de la alcoholemia (1,05 gramo por mil), cifra de
metabolización del alcohol, aceptado como valor médico legal,
complementada con la Circular Nº 337, del mismo Tribunal.”

5. Fallos
5.1. Causa Rol 380-92.
“Santiago, veintinueve de octubre de mil novecientos noventa
y dos.
Vistos:
2) Que en torno al hecho delictuoso denunciado, obran en la
causa los elementos de prueba siguientes: parte policial de fs. 1,
ya resumido en lo expositivo en el que se consigna la versión del
teniente de Carabineros aprehensor Jaime Espinoza Barrios que
el detenido Hughes presentaba estado de intemperancia al ser
detenido, autorizando la firma del teniente el Comisario respec-
tivo; e informe de alcoholemia de fs. 12, en el que se determinó

217
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

dosificación alcohólica de 1,71 gramo por mil en la sangre del


denunciado;
3) Que Hughes ha negado haber conducido el automóvil en
estado de ebriedad, aunque reconoce haber ingerido tres combi-
nados de pisco con coca-cola tres horas antes de su detención.
Esta negativa recibe el apoyo de Enrique Palavecino Schwartz-
mann, quien dice que, antes del choque que protagonizó Hughes,
estuvo con éste en una reunión social de la que se retiró como a
las 3:00 horas, por lo que le consta que Hughes presentaba buen
estado de temperancia al retirarse de la reunión.
Por su parte, María Cecilia Boetsch Fernández dice que lle-
gó a la Clínica Las Condes momentos después del choque para
saber del estado de salud del denunciado; que lo vio mal herido
pero en buen estado de temperancia y sin hálito alcohólico.
Por último, el mismo Eduardo Acuña Bravo, partícipe del
choque, rectificando anterior apreciación dice que ayudó a sacar
del automóvil a Hughes, a quien vio bajo los efectos de un golpe
en la cabeza, esto es, choqueado, pero en ningún caso ebrio pues
tampoco le notó hálito alcohólico;
4) Que de lo anterior fluyen serias dudas acerca del verda-
dero estado de Hughes al ser detenido, pues si bien el informe
de alcoholemia es un antecedente con base científica altamente
confiable, deviene en mera presunción legal que ponen en duda
las declaraciones testimoniales transcritas, con lo que la ebriedad
del conductor Hughes viene a ser un hecho controvertido, no
probado de autos en grado de certeza, lo que impone absolver
al denunciado.
Y visto lo dispuesto en los arts. 121 y 181 de la Ley Nº 17.105,
se declara:
Que no se hace lugar a la objeción del documento de fs. 12.
Que se absuelve a Francisco Hughes González-Pagliere de la
denuncia de autos.”

“Santiago, veintinueve de abril de mil novecientos noventa


y tres.
Vistos:
1º. Que consta en autos que el parte policial de fs. 1 apa-
rece suscrito por el oficial de guardia Ángelo Javier Sánchez

218
JURISPRUDENCIA

Valenzuela y por el testigo teniente Jaime Espinoza Barrios, y


que dichas firmas se encuentran autorizadas por el Comisario
Héctor Henríquez Sthandier y que en él se da cuenta que Fran-
cisco Hughes González-Pagliere conducía el día 13 de junio de
1992, su vehículo patente FZ-9242 por calle Augusto Leguía al
sur, en manifiesto estado de ebriedad y que dicha intemperancia
alcohólica les constó al personal y aprehensor debido a su fuerte
hálito alcohólico, rostro congestionado, incoherencia al hablar
e inestabilidad al caminar;
2º. Que las aseveraciones contenidas en dicho parte, al tenor
de lo que dispone el art. 181 de la Ley de Alcoholes, se deben
tener como declaraciones juradas prestadas por el personal
policial para los efectos probatorios del estado de embriaguez,
si el documento aparece firmado por los testigos y sus firmas
autorizadas por el Jefe Policial respectivo, como ha ocurrido en
la especie;
3º. Que para comprobar el estado de ebriedad del menciona-
do Hughes existe en autos, además del documento revisado, el
informe de alcoholemia que rola a fs. doce que arroja un índice
de 1,71 gramo por mil de alcohol en la sangre.
La muestra respectiva le fue tomada al conductor a las
6,30 hrs. del día 13, habiendo ocurrido el accidente a las 4,50
hrs., y por lo tanto, calculándose el valor mínimo de pérdida
de alcohol en el organismo de 0,10 g por hora, conforme lo
señala el informe de fs. 108, debe estimarse que el alcohol que
éste tenía en la sangre llegó a 1,88 g por mil, al momento de
los hechos;
4º. Que, por otra parte, sobre la aludida ebriedad de Hughes
se pronuncia a fs. 5 Eduardo Enrique Acuña Bravo, el conduc-
tor con quien éste chocó, el que señala que él iba en manifiesto
estado de ebriedad, no pudiéndose dar crédito a su retractación
de que su condición se debía a las lesiones que experimentó,
puesto que la confusión del caso debió haberla explicado en
su primera declaración, habiendo sido categórico en el otro
sentido;
5º. Que el propio Hughes reconoció, además, a fs. 3, que mo-
mentos antes del accidente bebió tres combinados de pisco con
coca-cola, lo que unido a los antecedentes anteriores y a lo que
sostiene la ciencia jurídica y tecnológica que se debe considerar

219
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

ebrio a una persona cuya alcoholemia refleja un porcentaje su-


perior al 1,00 ‰ de alcohol en la sangre, hace concluir a este
Tribunal que el conductor Hughes se encontraba en manifiesto
estado de ebriedad al momento de ser detenido el día 13 de
junio pasado;
6º. Que no destruyen las conclusiones precedentes las de-
claraciones de los testigos Enrique Palavecino Schwartzmann,
puesto que éste dice haberse retirado de la reunión social en que
estuvo con el encausado una hora y media antes del accidente y
la de María Cecilia Boetsch Fernández, quien dice haberlo visto
en la clínica después del accidente, dos o tres horas más tarde,
y que no le consta si antes de ello había bebido, ya que no son
suficientes al efecto, por no haber estado en condiciones de ha-
ber podido apreciar si al momento de los hechos el conductor
Hughes se encontraba o no ebrio.”

XXIII. PRESUNCIÓN NEGATIVA Y FUGA

3. G.J.

3.1. Nº 135, septiembre 1991.


El informe de alcoholemia carece de valor absoluto para acredi-
tar estado de ebriedad del conductor y puede, por lo tanto, ser
desvirtuado por otros medios probatorios (consid. 3º).
“Santiago, cinco de abril de mil novecientos ochenta y dos.
Vistos:
2º) Que, por otra parte, cumple advertir que no siempre la
embriaguez se manifiesta con rasgos uniformes de singularidad
absoluta y, salvo que se trate de una intoxicación alcohólica que
ha alcanzado límites extremos, el conjunto de sus síntomas no
se aprecia de inmediato y, a veces, requiere de un examen más o
menos detenido del sujeto (prueba alcohométrica).
Además, el reo bien pudo embriagarse o sufrir los efectos de
la embriaguez, una vez que abandonó a sus amigos y parientes,
hoy testigos de su descargo;
4º) Que en estrados se hizo mayúsculo alarde sobre el
verdadero alcance que tendría la presunción legal del art.

220
JURISPRUDENCIA

122, inciso primero de la Ley de Alcoholes, cuyo tenor es


como sigue:
‘La circunstancia de huir del lugar donde se hubiere cometi-
do alguno de los delitos a que se refiere el artículo precedente,
será apreciada por el juez como una presunción que podrá ser
suficiente para establecer la culpabilidad del imputado’.
5º) Que, en primer término, cabe recordar que una presun-
ción de igual tenor se establece, en forma expresa, en cuanto a
cuasidelito se refiere, en el inc. 6º del art. 492 del Código Penal;
en el art. 66, inc. 2º, de la Ley Orgánica de los Juzgados de Poli-
cía Local (Nº 15.231), y en el Nº 18, parte final, del art. 236 de la
Ordenanza General del Tránsito.
De ello fluye que, a menos que se impute al legislador torpe
redundancia, el precepto antes transcrito no puede referirse
sino a los delitos que tipifica el art. 121 de la citada Ley de Alco-
holes.
Así también aparece del tenor literal de aquel precepto, que
se remite a ‘los delitos a que se refiere el artículo precedente’
(121) y no al cuasidelito de homicidio de lesiones;
6º) Que, como lo dijo el defensor del reo, en el derecho
penal moderno no hay pena sin culpabilidad, mas ello no obsta
a que en ciertos casos la ley la presuma (v. gr., arts. 492, inc. 2º y
4º del Código Penal).
Tal culpabilidad es un juicio de reproche de un resultado
típicamente antijurídico, con el delincuente, y trae, como con-
secuencia, la responsabilidad, que es la obligación del individuo
imputado y culpable de sufrir la sanción impuesta al delito de
que se trata;
7º) Que, por todo lo que precede, se ha resuelto –con cierta
uniformidad– que:
‘La negativa a practicarse el examen de alcoholemia puede
ser razón suficiente para que el juez, de acuerdo con el inc. 2º
del art. 122 de la Ley de Alcoholes, tenga por probada la embria-
guez del actor’.
En cambio, la circunstancia de huir del lugar del suceso
(hecho muchísimo más grave que el anterior) determina,
según el inciso 1º de ese mismo artículo, que el juez pueda
estimarla como prueba bastante de la ‘culpabilidad’ del im-
putado.

221
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Correlacionando ambos incisos dentro de un marco de orde-


namiento lógico y dado que dicho artículo se remite al artículo
anterior (Nº 121) que trata de los diferentes tipos de delitos que
comete un conductor que se desempeña en estado de embria-
guez, cumple derivar que la ley al decir ‘podrá ser suficiente para
establecer la culpabilidad del imputado’ está indicando que la
fuga del conductor puede ser, por sí sola, motivo eficaz para dar
por acreditado que el conductor en cuestión estaba ebrio y que
su embriaguez fue determinante en la muerte y en las lesiones
producidas, lo que es lo mismo para dar por probada la existen-
cia del delito y la responsabilidad (culpabilidad) de aquél.”

XXIV. NATURALEZA DEL DELITO Y BIEN JURÍDICO

2. R.D.J.
2.1. Tomo LXXIV, Segunda Parte, año 1977, Sección Cuarta,
p. 341.
“El delito de manejar en estado de ebriedad lo es de peligro
abstracto, en que el dolo no está referido al resultado, sino que
se agota en la mera actividad del agente. De ahí que deba deter-
minarse si el conductor manejaba en estado de ebriedad al pro-
ducirse la muerte de la víctima temeraria o mera imprudencia o
negligencia culpable de aquél.”

4. Ediar
4.1. Revista Nº 2, p. 36.
Delito de manejo en estado de ebriedad. Naturaleza del delito.
Bien jurídico. Peligro abstracto. Elementos. Alcoholemia posi-
tiva. Ebriedad. Exámenes. Compromiso neurosíquico. Peritaje.
Voto en contra.
“El delito de manejar en estado de ebriedad pertenece a la
categoría de los llamados delitos de peligro abstracto, y para su
configuración no se requiere ni intención dolosa ni resultados
antijurídicos. El bien jurídico protegido es la seguridad pública,
común o colectiva.”

222
JURISPRUDENCIA

XXV. ALCOHOLEMIA, FACTORES PROPIOS

4. Ediar
4.1. Revista Nº 21, p. 117.
Manejo en estado de ebriedad. Alcoholemia. Factores propios
del individuo.
“En el común de los casos una alcoholemia alta será indicativa
de un estado de ebriedad, pero de ello no es lícito, desde el punto
de vista científico, derivar una relación matemática indefectible,
desde que en la producción del desorden psicológico inherente a
la ebriedad, intervienen diversos factores, extraños o propios del
individuo, potencialmente idóneos para interferir aquella con-
gruencia; lo que explica la normalidad psicológica que exhiben
algunas personas, no obstante las elevadas dosis de ingesta de vino
o licor, y, a la inversa, al menoscabo que, en las mismas facultades,
acusan otros sujetos luego de libaciones de pequeñas cantidades
de alcohol.” (C. Punta Arenas, 31-1-85, Rol 35.805).

XXVI. MANEJO EN ESTADO DE EMBRIAGUEZ Y REINCIDENCIA

5. Fallos
“Santiago, veintiocho de agosto de mil novecientos noventa y
siete.
Vistos:
“Por sentencia de catorce de agosto de mil novecientos no-
venta y seis, dictada en la causa Rol Nº 28.254, del Tercer Juzga-
do del Crimen de Antofagasta, se condenó a Erich Lothar Petri
Clark, como autor del delito de conducir en estado de ebriedad
causando daños, a las penas de trescientos diez días de presidio
menor en su grado mínimo y multa de dos sueldos vitales, más
los recargos legales, accesorias de suspensión de cargo u oficio
público durante el tiempo de la condena y suspensión del carné
o licencia para conducir por el lapso de un año y al pago de las
costas del proceso, concediéndosele el beneficio de la reclusión
nocturna.
Apelada por el procesado, dicha sentencia fue confirmada
por la Corte de Apelaciones de esa ciudad, Tribunal que disintió

223
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

de la opinión del fiscal que estimó que no perjudicaba al acusado


la agravante del art. 12, Nº 16 del Código Penal.
Contra este fallo el sentenciado ha deducido recurso de ca-
sación en el fondo, por la causal del art. 546, Nº 1 del Código de
Procedimiento Penal.
Se trajeron los autos en relación.
Considerando:
1º) Que el recurso de casación en el fondo interpuesto por
la defensa del imputado, se fundamenta en la causal Nº 1 del art.
546 antes citado, conforme al cual es anulable una sentencia que
imponga una pena más grave que la designada en la ley, come-
tiendo error de derecho al calificar los hechos que constituyen
circunstancias agravantes. Expone que en el caso sublite se le
consideró reincidente, agravándose la pena a aplicar, no obstan-
te que la condena anterior no fue cumplida efectivamente por
haber sido beneficiado con la remisión condicional de la pena,
lo que de acuerdo con la cita de autores y jurisprudencia que
indica no puede fundar la agravante;
2º) Que al respecto, la sentencia establece como hechos que
el reo fue condenado anteriormente por delito de manejo en
estado de ebriedad a la pena de sesenta y un días de presidio me-
nor en su grado mínimo, pena que fue remitida y cumplida, lo
que tiene por acreditado con el mérito del extracto de filiación
de fojas 55, informe de fojas 57 y certificado de fojas 62;
3º) Que no es dudoso, por la referencia a la prueba que hace
el fallo, que el cumplimiento de la pena a que se refiere obede-
ce al cumplimiento de los controles por parte del reo, en tanto
beneficiario de la remisión condicional acordada en su favor en
la causa rol Nº 2.283 del Cuarto Juzgado del Crimen de Antofa-
gasta, lo que hace necesario dilucidar si el cumplimiento de las
penas impuestas durante el período de observancia, transcurrido
éste, produce o no el efecto de constituirlo en reincidente por la
comisión del nuevo delito;
4º) Que en primer término, cabe tener en cuenta que las for-
mas de reincidencia a que se refieren los Nos 15 y 16 del art. 12
del Código Penal –y que parte de la doctrina llama reincidencia
propia o verdadera– requieren del cumplimiento efectivo de la
pena, lo que se desprende del fundamento mismo de la agravan-

224
JURISPRUDENCIA

te en cuestión, como del uso de la voz ‘castigado’ presente tanto


en el número 15 recién aludido, como en el art. 92, Nos 1 y 2 del
mismo cuerpo legal. En efecto, el art. 92 comienza diciendo ‘Si
el nuevo delito se cometiere después de haber cumplido una
condena, habrá que distinguir tres casos’; y en su inciso final,
expresa que en los dos primeros casos el hecho se considera re-
vestido de circunstancia agravante, atendido a lo que disponen
los números 14 y 15 del art. 12 (referencia que debe entenderse
hecha a los números 15 y 16). En cuanto al fundamento de la
reincidencia, la escuela clásica plantea que el nuevo delinqui-
miento, pese al castigo sufrido, demuestra que la sanción no era
suficientemente severa como para disuadir al agente de cometer
otros delitos, y aunque para los positivistas lo verdaderamente
importante es la peligrosidad que ha de procurarse contener o
evitar, y no la reincidencia misma, es lo cierto que este punto de
vista parte de la base de que la pena se haya cumplido en el caso
del reincidente.
5º) Que, por su parte, el beneficio de la remisión condicional
de la sanción, contemplado actualmente en la Ley Nº 18.216,
no es una forma de cumplimiento de la pena, sino lo estatuye
su art. 3º, ‘…consiste en la suspensión de su cumplimiento…’,
esto es, equivale al perdón de la pena. Tal es el alcance que tuvo
en la derogada Ley Nº 7.821, cuyos orígenes se conectan con
la facultad otorgada al juez en el art. 564 del Código Procesal
Penal, en el procedimiento sobre faltas, para dejar en suspenso
la pena impuesta ‘contra quien nunca se hubiere pronunciado
condenación’, si aparecieren ‘antecedentes favorables’. En este
contexto, la disposición del art. 28 de la Ley Nº 18.216, en que se
funda el fallo de segunda instancia, no tiene el sentido de ‘expe-
riencia de la pena’ que es menester para que exista reincidencia
con efecto agravatorio de la responsabilidad. Corolario de lo
expuesto, resulta el art. 27 de dicha ley, según el cual el tiempo
de vigilancia de la remisión no se abona al tiempo de duración
de la condena;
6º) Que, en estas condiciones, cabe concluir que al aplicarse
al reo la norma del art. 12, Nº 16 del Código Penal, considerando
que ha operado en la especie la reincidencia específica, fundada
en el cumplimiento de los controles a que sujeta la medida de
remisión condicional, la sentencia incurrió en error de derecho

225
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

por uno de los motivos de la causal 1ª del art. 546 del Código de
Enjuiciamiento Criminal, imponiendo una sanción más grave
que la que correspondía, con lo que ha infringido los arts. 12,
Nº 16 y 67, inc. 2º, del Código Penal, en relación con el art. 121,
inc. 1º, de la Ley Nº 17.105, lo que conduce a aceptar el presente
recurso.
Por estas consideraciones y lo dispuesto en los arts. 181 de
la Ley Nº 17.105, 533, 546 y 547 del Código de Procedimiento
Penal y 767 y 772 del de Procedimiento Civil, se acoge el recurso
de casación en el fondo interpuesto a fojas 82 en contra de la
sentencia de diecinueve de junio último, escrita a fojas 79, la que
se invalida y se reemplaza por la que a continuación y en forma
separada se dicta.”
“Acordada con el voto en contra de los Ministros señores
Correa y Navas, quienes estuvieron por rechazar el aludido recur-
so, porque en su concepto la sentencia impugnada no contiene
error de derecho al haber aplicado la agravante del art. 12, Nº 16
del Código Penal respecto del imputado, pues el art. 28 de la
Ley Nº 18.216 previene que ‘transcurrido el tiempo de cumpli-
miento de alguna de las medidas alternativas que establece esta
ley, sin que ella haya sido revocada, se tendrá por cumplida la
pena privativa o restrictiva de libertad inicialmente impuesta’, de
donde ha de inferirse que el requisito de encontrarse cumplida
la pena para el caso de reincidencia, por disposición de la ley se
verificó con relación al nuevo delito.”
“Santiago, veintiocho de agosto de mil novecientos noventa
y siete.
Dando cumplimiento a lo dispuesto en los arts. 535 del Códi-
go de Procedimiento Penal y 785 del Código de Procedimiento
Civil, se dicta la siguiente sentencia de reemplazo:
Vistos:
Reproduciendo la sentencia en alzada, con excepción de sus
considerandos séptimo y octavo, que se eliminan, como asimismo
de la cita del art. 12, Nº 14 del Código Penal;
Y teniendo además presente,
1º) Que, por los fundamentos del fallo de casación que ante-
cede, este Tribunal comparte la opinión del señor fiscal, emitida

226
JURISPRUDENCIA

en su dictamen de fojas 78, en el sentido de que no concurre a


agravar la responsabilidad del procesado la circunstancia de la
reincidencia específica;
2º) Que no obrando respecto del reo circunstancias atenuan-
tes ni agravantes, y siendo la pena señalada al delito un grado
de una divisible, la de presidio menor en su grado mínimo, esta
Corte puede recorrer toda su extensión al aplicarla.
Y de conformidad con lo prevenido en los arts. 514 y 527 del
Código de Procedimiento Penal, se confirma la sentencia de pri-
mera instancia de catorce de agosto del año pasado, escrita a fojas
69, con declaración de que se reduce a cien días la pena de presidio
menor en su grado mínimo por ella impuesta al sentenciado.”
“Acordada con el voto en contra de los Ministros señores Co-
rrea y Navas, quienes fueron de opinión de confirmar sin modifi-
caciones la expresada sentencia, en atención a los fundamentos
expuestos en el voto disidente del fallo de casación dictado con
esta misma fecha en estos autos.”

XXVII. BIEN JURÍDICO PROTEGIDO EN EL MEE

2. R.D.J.
2.1. Tomo LXXIV, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1977,
p. 341.
“El bien jurídico tutelado en los cuasidelitos es la vida o integri-
dad corporal del ser humano; en el delito de manejar en estado
de ebriedad, en la seguridad de la comunidad, aun cuando pue-
de ser pluriofensivo, como en el caso de lesión o muerte.”

XXVIII. CALIFICACIÓN JURÍDICA DEL MEE ES DELITO O


CUASIDELITO

2. R.D.J.
2.1. Tomo LXXXVIII, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1991,
p. 176.
“El delito de conducir vehículo motorizado en estado de ebrie-
dad, causando la muerte de una persona y lesiones a otras dos,

227
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

contemplado en el art. 121 de la Ley Nº 17.105, no obstante su


gravedad y severas consecuencias, es un delito de imprudencia,
una conducta lesiva originada en la falta de cuidado, de atención
y de diligencia. Aun cuando se le denomine delito, el hecho de
manejar en estado bebido es un hecho propiamente cuasidelic-
tual, ya que su faz subjetiva está integrada por la culpa, por la
contravención al deber de cuidado requerido en el ámbito de
relación. Tratándose de esta clase de hechos no puede hablarse
de móviles determinantes, puesto que no hay una voluntad diri-
gida a lesionar un bien jurídico, característica propia del hecho
doloso.”

XXIX. CONDUCCIÓN BAJO LA INFLUENCIA DEL ALCOHOL


(INFRACCIÓN GRAVÍSIMA)

2. R.D.J.
2.1. Tomo XCV, Segunda Parte, Sección Cuarta, año 1998,
p. 148.
“No concurre la circunstancia agravante del Nº 16 del art. 12
del Código Penal (reincidencia específica), si la privativa de
libertad impuesta anteriormente al sentenciado le fue remitida
condicionalmente, toda vez que de acuerdo al art. 3º de la Ley
Nº 18.216, esta medida alternativa consiste en la suspensión del
cumplimiento de la sanción, por lo que falta el requisito esencial
de la reincidencia, cual es la ejecución material de la pena prece-
dente. Se confirma la sentencia apelada, con declaración de que
se reduce la pena impuesta al inculpado a sesenta y un días de
presidio menor en su grado mínimo y se reduce al mismo lapso
la reclusión nocturna otorgada.”

228
CAPÍTULO VI

JURISPRUDENCIA DE LA REFORMA
PROCESAL PENAL

A continuación veremos algunos fallos de reciente data vincula-


dos a la reforma procesal penal, los que se refieren a las materias
más relevantes del MEE, tanto de los Tribunales de Garantía y de
los Tribunales de Juicio Oral en lo penal, como de las Cortes de
Apelaciones y de la Corte Suprema. Asimismo, varias sentencias
no incorporadas en el texto anterior que se refieren a la Ley de
Alcoholes de los últimos años.

1. ALCANCE DEL ART. 395 DEL CÓDIGO PROCESAL PENAL.


INTERPRETACIÓN RELATIVA AL ART. 196 F DE LA LEY Nº 18.290,
DE TRÁNSITO (EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)

Corte de Apelaciones de La Serena


Rol 48-2005
28 de marzo de 2003
El art. 395 del Código Procesal Penal limita las facultades juris-
diccionales del juez a la aplicación únicamente de la pena de
multa, sustituyendo la penalidad original de la figura típica por
otra más benigna, excluyendo toda otra sanción, sin distinción
entre penas principales y accesorias. Interpretarlo de otro modo
contrariaría el mandato imperativo de unicidad que establece
el precepto legal. En efecto, el adverbio únicamente significa,
según el diccionario de la Real Academia Española, sola o preci-
samente, de modo que cualquier agregado que se haga a la pena
de multa, necesariamente va a infringir la limitación legal. No

229
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

debe confundirse esta situación especial, que sólo tiene lugar


en el procedimiento simplificado, con la que puede producirse
en otro procedimiento en que la sanción aplicable al delito de
manejo en estado de ebriedad sea la penalidad original estable-
cida en el art. 196 E de la Ley Nº 18.290, la que sí conlleva penas
accesorias. Lo razonado precedentemente no significa tornar
superflua la disposición del inciso tercero del art. 196 F de la
citada Ley Nº 18.290, en cuanto establece que para los efectos
de la aplicación del art. 395 del Código Procesal Penal, el juez
deberá informar al imputado todas las penas copulativas y acce-
sorias que de acuerdo a la ley pudieren imponérsele, cualquiera
sea su naturaleza, porque resultará plenamente aplicable cuando
el juez, por concurrir antecedentes calificados que justifiquen
la imposición de una pena de prisión, decida imponer ésta en
lugar de la de multa, situación para la cual no rige la limitación
del adverbio únicamente, la que sólo obliga al juez cuando aplica
la pena de multa, y ello porque el uso de la frase “a menos” que
contiene el inciso segundo del citado art. 395 desvincula total-
mente la proposición que la sigue de la limitante “únicamente”.
El hecho de que la actual redacción de los arts. 196 E y F de la
Ley Nº 18.290 sea posterior a la vigencia del art. 395 del Código
Procesal Penal, no altera las conclusiones que anteceden, del
mismo modo como no podría considerarse que cualquier modi-
ficación de la pena asignada a alguno de los simples delitos sus-
ceptibles de someterse al procedimiento simplificado, importaría
la derogación tácita de la penalidad especial que contempla el
inciso segundo del citado art. 395.

2. ALCOHOLEMIA. IDONEIDAD PROBATORIA (JURISPRUDENCIA/


GACETA JURÍDICA)

Rol Nº 12.632-2002, Gaceta Nº 294, 22/09/2004, p. 178.


Doctrina:
El examen de alcoholemia, no obstante producir mérito proba-
torio suficiente para establecer una dosis de alcohol en la sangre,
no es prueba bastante para demostrar por sí sola la ebriedad del
conductor, resultando fundamental que la antes descrita prueba

230
JURISPRUDENCIA DE LA REFORMA PROCESAL PENAL

concuerde con el mérito probatorio de los demás elementos de


convicción allegados al proceso (consid. 2º).

3. APLICACIÓN DE PENA ACCESORIA. SUSPENSIÓN CONDICIONAL


DEL PROCEDIMIENTO. MANEJO EN ESTADO DE EBRIEDAD
(EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)

Corte de Apelaciones de Santiago


Rol 409-2005
28 de octubre de 2005
La pena accesoria de suspensión de la licencia, inserta en la Ley
de Tránsito, es especial, fue dictada con posterioridad al Códi-
go Procesal Penal, teniendo preferencia su aplicación. De esta
manera, si en el procedimiento simplificado, que implica un
juzgamiento, no se permite suspender la pena accesoria, con ma-
yor razón esta prohibición rige en el caso de la suspensión con-
dicional del procedimiento en que, a iniciativa de la Fiscalía, se
fijan las condiciones incluyéndose, por cierto, la pena accesoria
indicada, la que, por lo demás, se encuentra en todas las figuras
delictivas e infracciones de la Ley Nº 18.290, relacionadas con la
ingesta de alcohol por conductores de vehículos motorizados.

4. EL ART. 196, LETRA E DE LA LEY DE TRÁNSITO SE APLICA CON


PREFERENCIA A LOS ARTS. 395 Y 398 DEL CÓDIGO PROCESAL
PENAL (EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)

Corte de Apelaciones de La Serena


Rol 189-2005
28 de julio de 2005
Por expreso mandato del art. 196 E de la Ley Nº 18.290, de
acuerdo con la modificación legal dispuesta por la Ley Nº 19.925,
publicada en el Diario Oficial del 19 de enero de 2004, el legisla-
dor manifestó claramente su voluntad de aplicar siempre y a todo
evento, en esta clase de delitos (manejo en estado de ebriedad),
en el carácter de pena accesoria especial, la suspensión de la
licencia, disponiendo, incluso, que ella no podía dejar de aplicar-

231
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

se, ni aun cuando el juez hiciere uso de la facultad contemplada


en el art. 398 del Código Procesal Penal. Por ello es necesario
concluir que tratándose de una norma especial que se refiere al
ilícito de la conducción en estado de ebriedad, y además por ser
una ley posterior a la entrada en vigencia del art. 398 del Código
Procesal Penal, debe aplicarse con preferencia lo señalado en el
art. 196, letra E. Conforme a lo expresado, el juez de garantía al
sancionar al acusado además con la pena accesoria de suspen-
sión de licencia para conducir por el término de seis meses ha
hecho una correcta aplicación del derecho, habiéndose dictado
conforme a la ley, no incurriendo en el vicio contemplado en el
art. 373, letra b) del Código Procesal Penal, motivo por el cual el
recurso de nulidad deberá ser en definitiva rechazado.

5. CONDUCCIÓN EN ESTADO DE EBRIEDAD COMO TIPO PENAL


AUTÓNOMO DE ROBO EN LUGAR NO HABITADO
(EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)

Corte de Apelaciones de Punta Arenas


Rol 211-2005
2 de febrero de 2006
Del examen de estos antecedentes, y en la sentencia dictada
en el fallo que se tiene a la vista, seguida en procedimiento
simplificado con respecto del mismo imputado, por delito de
robo en lugar no habitado, se desprende que en esta última
causa se le sentenció como autor del señalado ilícito, sin que
se tuviera como hecho establecido y sancionado el de haberse
encontrado en estado de ebriedad y que es una conducta dis-
tinta y posterior a la apropiación de cosa mueble ajena sin la
voluntad de su dueño, el haber conducido el vehículo sustraído
por las calles de la ciudad en estado de ebriedad. No siendo el
segundo hecho ilícito, conducción del vehículo motorizado en
estado de ebriedad el medio necesario para cometer el otro
delito, no estar esta circunstancia expresada al describirlo y
penarlo, corresponde sancionarlo con la pena asignada por la
ley para tal ilícito.

232
JURISPRUDENCIA DE LA REFORMA PROCESAL PENAL

6. CONDUCCIÓN EN ESTADO DE EBRIEDAD. ALCANCE DEL VERBO


“DESEMPEÑAR” UTILIZADO POR EL TIPO PENAL
(EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)
Corte de Apelaciones de Concepción
Rol 412-2005
25 de septiembre de 2006
El art. 121 de la Ley de Alcoholes contiene varios tipos penales,
entre ellos, la figura base en el inciso 1º, que sanciona al conduc-
tor de un vehículo motorizado que se desempeña en estado de
ebriedad, aunque no cause daño alguno, en que el verbo rector
del tipo no es “conducir o manejar” sino “desempeñar” que sig-
nifica “hacer aquello a que uno está obligado”, “cumplir las obli-
gaciones inherentes a una profesión, cargo u oficio; ejercerlos”,
es decir, cumplir con lo que uno debe hacer o jugar un papel
cualquiera en relación con un vehículo motorizado.

7. CONDUCCIÓN EN ESTADO DE EBRIEDAD. NOMBRE ERRÓNEO EN


BOLETA DE ALCOHOLEMIA. DECLARACIÓN DE ENCAUSADO QUE
PRODUCE PLENA PRUEBA (EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)

Corte de Apelaciones de Santiago


Rol 9413-2005
6 de septiembre de 2006
Esta sentencia trata dos temas: 1) Nombre erróneo en boleta de
toma de muestra de alcoholemia no permite absolver a infractor;
2) Declaración de encausado produce plena prueba en acredi-
tación de ilícito.

8. CONDUCCIÓN EN ESTADO DE EBRIEDAD. NO SE CONFIGURA


TIPO PENAL SI NO HAY CONDUCCIÓN PROPIAMENTE TAL. ALCANCE
DE REFORMA DE LEY Nº 19.925 (EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)

Corte de Apelaciones de Santiago


Rol 26.024-2003
12 de septiembre de 2005
El encausado, al momento de ser aprehendido, no se encontraba
conduciendo, por el contrario, el móvil estaba detenido al interior

233
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

del estacionamiento de un supermercado con el motor apagado,


portando aquél las llaves en su bolsillo, las que exhibió al ser re-
querido por Carabineros. En tales condiciones, y acorde con lo
preceptuado por los arts. 115 A y 196 E de la Ley Nº 19.925, que
modificó la Ley de Alcoholes, en concordancia con lo dispuesto
en el art. 18 del Código Penal, al no haberse acreditado la conduc-
ción invocada cabe eximir al inculpado del delito en cuestión, toda
vez que dicha reforma legal eliminó como conducta punible el he-
cho de entender que existe desempeño en estado de ebriedad por
ser sorprendido en circunstancias que se presume se aprestaba a
conducir en dicho estado, como ocurre en la especie.

9. CONDUCCIÓN DE VEHÍCULO MOTORIZADO EN ESTADO DE


EBRIEDAD (NEGATIVA A PRACTICARSE EXAMEN DE ALCOHOLEMIA)
(GACETA JURÍDICA, AÑO 2004/ Nº 291)

Corte de Apelaciones de Santiago


22 de septiembre de 2004
Si bien el denunciado se negó a la práctica del examen de alco-
holemia, lo que conduciría a presumir su estado de ebriedad,
ello solamente tiene lugar siempre que el procedimiento médico
administrativo se hubiere cumplido a cabalidad, conforme a las
respectivas instrucciones del Servicio Médico Legal, lo cual en la
especie no se ha cumplido, lo que impide tener por acreditado
el hecho punible.

10. CONDUCCIÓN EN ESTADO DE EBRIEDAD. DELITO SE


CONFIGURA SI HECHOS OCURREN EN ESTACIONAMIENTO DE
CENTRO COMERCIAL (EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)

Corte de Apelaciones de Santiago


Rol 686-2008
07 de mayo de 2008

La juzgadora prescindió o dejó de aplicar una norma jurídica


(artículo 1 de la Ley del Tránsito), cuando resultaba evidente-
mente pertinente su aplicación, toda vez que la naturaleza del

234
JURISPRUDENCIA DE LA REFORMA PROCESAL PENAL

delito de que se trata se adecua plenamente a la protección que


pretende el legislador, incurriendo así en una falsa aplicación de
la ley, toda vez que, con arreglo al artículo 1 de la Ley del Tránsi-
to, antes transcrito, el estacionamiento del mall, resulta cubierto
por lo dispuesto por el artículo 196 letra E en relación al 115
letra A del mismo texto legal, desde que además de tratarse de
un edificio de estacionamientos, es un lugar de acceso al público,
no siendo posible soslayar el ámbito de aplicación que la propia
ley define, bajo el pretexto de una interpretación sistemática de
las normas que la ley contiene.

11. DEBE AUMENTARSE SUSPENSIÓN DE LICENCIA SI CONDUCCIÓN


EN ESTADO DE EBRIEDAD OCASIONA LESIONES GRAVÍSIMAS
(EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)

Corte de Apelaciones de Rancagua


Rol 255-2008
25 de julio de 2008
La regla de aumento de la pena de suspensión de permiso para
conducir, contenida en el inciso final del artículo 196 C de la Ley
de Tránsito, se aplica sólo a la situación del inciso cuarto de la
misma norma; esto es, al caso en que se produzcan, como con-
secuencia del desempeño en condiciones deficientes, lesiones
gravísimas, o muerte de alguna persona. Luego, al concluir tal
cosa, la juez a quo no ha cometido error de derecho alguno.

12. DELITO DE PELIGRO ABSTRACTO. ES ILÍCITO CONDUCIR UN


VEHÍCULO SIN TIPO DE LICENCIA REQUERIDA
(EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)

Corte de Apelaciones de Antofagasta


Rol 166-2006
27 de octubre de 2006

Al constituir los delitos de peligro abstracto un peligro es-


pecífico de los bienes jurídicos protegidos, la consecuencia

235
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

penal no depende en el caso concreto de la demostración de


la situación de peligro. Por peligro abstracto se entiende un
peligro estadísticamente demostrado, dado en una mayoría
de casos, aunque falte en el supuesto concreto, siendo en los
delitos cometidos en la conducción de vehículos donde se con-
figuran con más frecuencia. Estamos en presencia de un delito
de tales características, desde que el presupuesto objetivo del
tipo penal lo constituye el hecho que para la conducción de
un vehículo que reviste el carácter de un taxi colectivo se re-
quiere de licencia profesional, evitando el riesgo del peligro
de conducir con otro tipo de licencia, sin que obste para la
configuración del mismo que no se ocupare como tal, por
tramos no definidos y sin el pago de una remuneración, pues
basta que el solo manejo se efectúe sin contarse con el tipo de
licencia señalado.

13. DELITO BASE DE MANEJO EN ESTADO DE EBRIEDAD EN


RELACIÓN A LESIONES (EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)

Corte de Apelaciones de Rancagua


Rol 264-2006
5 de septiembre de 2006

El Sr. juez a quo yerra en su análisis, sea o no que se entienda


probada la relación causal entre el acto de conducir ebria,
indudablemente atribuible a la acusada, y el resultado de le-
siones.
Yerra, decimos, porque siendo el delito base el de manejar
vehículo motorizado en estado de ebriedad, cuya gravedad se
califica por el resultado, la infracción es necesariamente única,
y por ende resulta procesalmente inadmisible condenar por el
manejo simple y absolver por el manejo causando lesiones.
A todo evento el fallador si entendió que no constaba
el nexo que unía al manejo ilícito con las lesiones, hubo de
condenar por el delito base, haciendo sólo razonamientos res-
pecto de por qué no extendía la sanción al resultado atribuido
provisoriamente en la acusación, o recalificando el ilícito, en

236
JURISPRUDENCIA DE LA REFORMA PROCESAL PENAL

cuanto a su correcta descripción, como quiso hacer en el mo-


tivo tercero que ahora se ha eliminado, pero desde luego sin
absolver respecto de la conducción en estado de ebriedad cau-
sando lesiones, como se hizo en lo resolutivo de primer grado,
pues ello no sólo es erróneo, sino que es contradictorio con la
condena que luego aplica.
Así pues, si el ilícito es siempre sólo uno, lo que cabía de-
terminar era el alcance de la pena, sin que nada autorizara a
desdoblar el primero en dos.

14. DÍAS DE SUSPENSIÓN DE LICENCIA DE CONDUCIR SE IMPUTAN


A CUMPLIMIENTO DE PENA ACCESORIA DEFINITIVA
(EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)

Corte de Apelaciones de Rancagua


Rol 251-2006
4 de octubre de 2006

No cabe duda alguna de que, en el hecho, el encartado se vio


privado de su licencia de conducir por un término igual o
superior a seis meses, como consecuencia del cumplimiento
de una de las condiciones fijadas por el juez para decretar la
suspensión del procedimiento correspondiente, suspensión que
en definitiva no prosperó, por lo que, concordando esta Corte
en este punto con el sentenciador recurrido, razones de justicia
material aconsejan abonar este tiempo a la sanción accesoria
del inc. 5º, art. 196, letra E de la Ley de Tránsito. Adoptar esta
postura en el caso que nos ocupa equivale a aplicar la misma
solución de equidad que establece el legislador en el inc. 2º
del art. 348 en relación con el literal A) del art. 155, ambos del
Código Procesal Penal, esto es, que la sentencia condenatoria
deberá perentoriamente descontar de la sanción corporal que
imponga, los días que el acusado haya permanecido privado de
su libertad en razón de haber quedado sujeto a alguna medida
cautelar de las que se indican en la última de las disposiciones
mencionadas.

237
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

15. MANEJO EN ESTADO DE EBRIEDAD. OMISIÓN DE BENEFICIOS DE


LEY Nº 18.216. UNIFICACIÓN DE PENAS
(EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)
Corte de Apelaciones de Iquique
Rol 91-2006
24 de julio de 2006
Esta sentencia abarca dos temas: 1) No constituye falta esen-
cial la omisión de referirse la sentencia a beneficios de Ley
Nº 18.216. Nulidad rechazada; 2) Unificación de penas no
procede si en una de las causas no se dictó sentencia conde-
natoria.

16. MANEJO EN ESTADO DE EBRIEDAD CAUSANDO LESIONES


Y DAÑOS ES UN DELITO DE PELIGRO. NO PROCEDE APROBAR
ACUERDO REPARATORIO
(EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)

Corte de Apelaciones de Antofagasta


Rol 102-2006
5 de julio de 2006

El manejo en estado de ebriedad causando lesiones y daños


investigado, constituye un ilícito de peligro en que es irrele-
vante para su castigo que éste se manifieste en forma concreta
traducido en daños o lesiones, desde que también es punible la
conducción en estado de ebriedad sin causar lesiones, de forma
tal que el hecho no dice relación con el patrimonio sino que ha
permitido la resolución de un conflicto que ha puesto en peli-
gro un bien jurídico en que se encuentra involucrado el interés
de la sociedad toda, por lo que no resulta procedente acoger el
acuerdo reparatorio por no darse los presupuestos establecidos
en el art. 241 del Código Procesal Penal.

238
JURISPRUDENCIA DE LA REFORMA PROCESAL PENAL

17. MANEJO DE VEHÍCULO MOTORIZADO EN ESTADO DE EBRIEDAD.


EFICACIA RELATIVA DE INFORME DE ALCOHOLEMIA (ÁGUILA,
ULLOA & CÍA., ABOGADOS EN PUERTO MONTT, CHILE)

Rol Nº 19.789-01
Corte de Apelaciones de Santiago
5 de julio de 2004

En consecuencia, los antecedentes probatorios relativos al pre-


ciso estado de temperancia en que se hallaba el sentenciado
cuando fue sorprendido conduciendo un automóvil, son con-
tradictorios entre sí;
Que aunque el informe de alcoholemia, que es una afirma-
ción singular de la dosificación de alcohol en la sangre, exprese
que en la del reo aparece un valor de 1,38 gramo por mil, no
puede sostenerse que estaba ebrio si los demás antecedentes
del proceso no lo corroboran así y sólo demuestran que había
una ingestión alcohólica. No puede, pues, hablarse de ebriedad,
estado complejo que no depende de la cantidad de alcohol en
la sangre, sino también de otros factores como la contextura del
sujeto, edad, salud y mayor o menor permeabilidad fisiológica a
los efectos del alcohol.

18. MANEJO EN ESTADO DE EBRIEDAD CON MÚLTIPLES PRUEBAS


(ÁGUILA, ULLOA & CÍA., ABOGADOS EN PUERTO MONTT,
CHILE)

Corte de Apelaciones de Santiago


30 de mayo de 2006
Para decidir la suerte del recurso, el asunto a dilucidar se limita a
estimar la existencia o no del elemento esencial de la discusión,
esto es, si se encuentra acreditado en el caso de autos la ebriedad
del conductor Escudero Ferreira, conforme al examen de alco-
holemia de fojas 15, que según el art. 122 de la Ley de Alcoholes,
tiene mérito probatorio suficiente para establecer la dosificación
de alcohol en la sangre o en el organismo.

239
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

19. MANEJO EN ESTADO DE EBRIEDAD (ÁGUILA, ULLOA & CÍA.,


ABOGADOS EN PUERTO MONTT, CHILE)

Corte de Apelaciones de Santiago


Rol Nº 4.870-04
27 de enero de 2005

Que del de segundo a cuarto estudio de los autos que se han


tenido a la vista para la resolución del presente recurso, es
posible dar por establecidos los siguientes hechos: a) el encau-
sado, el día de los hechos, el 27 de marzo de 2002, a las 06:41
horas, conducía un vehículo motorizado por Av. Vitacura a la
altura del Nº 6.300 hacia el poniente; b) que, en las circuns-
tancias antes descritas, el recurrente de queja fue fiscalizado
por Carabineros de Chile, quienes le practicaron un examen
denominado intoxilyser y, posteriormente, un examen de
alcoholemia en la Posta del Hospital El Salvador; c) Sergio
Cadenasso Rubio, el día y hora de los hechos, regresaba de un
restaurante donde había comido y bebido una cerveza de 350
centímetros cúbicos y tres copas de vino blanco; TERCERO:
Que, además, según el parte policial allegado a los autos, el
cual como se dice en el fallo de primera instancia cumple con
los requisitos del art. 181 de la Ley Nº 17.105, Carabineros
constató que el quejoso conducía un vehículo motorizado y
que tenía fuerte hálito alcohólico, presentaba el rostro con-
gestionado, incoherencia al hablar e inestabilidad al caminar.
Consta, asimismo, que el examen de intoxilyser detectó en el
encartado 1,07 gramo de alcohol por litro de sangre al mo-
mento de su detención, esto es, a las 06:41 horas. Por último,
el informe de alcoholemia practicado a Cadenasso Rubio, el
día de los hechos, a las 06:15 horas, arrojó como resultado 1,09
gramo de alcohol por mil en la sangre; CUARTO: Que, los he-
chos asentados por los jueces del fondo, el mérito del informe
de alcoholemia, debidamente ponderado de conformidad con
lo dispuesto por el art. 122 de la Ley Nº 17.705, corroborado
por los antecedentes apuntados en el motivo precedente, y la
propia declaración del sentenciado, permite establecer que
Sergio Aldo Cadenasso Rubio, el día 27 de marzo de 2002,

240
JURISPRUDENCIA DE LA REFORMA PROCESAL PENAL

a las 06:41 horas, conducía un vehículo motorizado con una


dosificación de alcohol en su sangre equivalente a 1,09 gramo
por mil, hecho que constituye claramente el delito de ma-
nejo de vehículo motorizado en estado de ebriedad, acorde
con lo dispuesto por el inciso primero del art. 121 de la Ley
Nº 17.105, sobre Alcoholes, Bebidas Alcohólicas y Vinagres, y
no bajo la influencia del alcohol como concluyeron los jueces
recurridos haciendo suya la calificación errónea de primer gra-
do; QUINTO: Que, como ha sostenido esta Corte, los efectos
del alcohol en el organismo tienen una importancia relevante
en aquellos casos en que las conductas de las personas tienen
su campo de acción en actividades que dicen relación con
la seguridad de los demás. Una de ellas es, a no dudarlo, el
campo de las normas del tránsito donde siempre se han dado
regulaciones que tratan de asegurar a todos los individuos una
seguridad máxima en todos los momentos en que se encuen-
tre en lugares públicos donde el tránsito de vehículos pueda
hacer peligrar su integridad física. Es esta la razón que movió
al legislador a señalar un examen científico como prueba de
la dosificación de alcohol en la sangre o en el organismo de
todo detenido de los delitos de manejar en estado de ebrie-
dad en el art. 122 de la Ley Nº 17.105, lo que asegura en su
inciso tercero al señalar que tendrá valor probatorio suficiente
para establecer la dosificación de alcohol en la sangre o en
el organismo; SEXTO: Que esta probanza, así debidamente
ponderada, no aparece contradicha ni desvirtuada con otra u
otras de la misma importancia y calidad, sino por el contrario
resulta corroborada por los demás antecedentes allegados a la
causa y que se han reseñado en el motivo tercero de este fallo,
y debió llevar, necesariamente, a los jueces del grado a la con-
vicción de que el encausado incurrió en el ilícito de conducir
en estado de ebriedad e imponerle las penas asignadas por la
ley a tal delito; al no haber decidido de esta manera, los minis-
tros recurridos han cometido una falta grave que es necesario
enmendar por esta vía.

241
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

20. MANEJO EN ESTADO DE EBRIEDAD. EFICACIA RELATIVA


DE INFORME DE ALCOHOLEMIA (JURISPRUDENCIA / GACETA
JURÍDICA)

ROL Nº AH24-2001,
Gaceta Nº 281,
19/11/2003, p. 206
Es responsable del delito de conducir vehículo motorizado en
estado de ebriedad el inculpado cuyo informe de alcoholemia
daba cuenta de haber sido sorprendido manejando con una do-
sificación de 1.16 gramo por mil de alcohol en la sangre.
Voto disidente: El examen de alcoholemia carece de mérito
suficiente y autónomo para acreditar fehacientemente el grave
compromiso de las funciones intelectivas que supone la ebriedad
(consid. 6º).

21. MANEJO EN ESTADO DE EBRIEDAD. DISPOSICIÓN PROCESAL


RIGE “IN ACTUM”. RECURSO DE NULIDAD DECLARADO ADMISIBLE
(JURISPRUDENCIA / GACETA JURÍDICA)

Rol 629-06
Gaceta Nº 309, 01/10/2006, p. 219
I. El imputado, conforme lo dispone el art. 395 del Código Pro-
cesal Penal, al ser consultado al respecto, previas advertencias
legales y con el acuerdo de su abogada, reconoce su responsa-
bilidad en los hechos contenidos en el requerimiento referido,
circunstancia que sumada a los antecedentes expuestos como
fundamento de la imputación, permiten tener por acreditados
los hechos expuestos en el considerando primero (manejo en
estado de ebriedad).
No obstante la petición de la defensa del imputado, se ha
resuelto en audiencia que debe aplicarse el actual tenor del art.
395 del Código Procesal Penal, por cuanto si bien al momento
de los hechos la redacción del artículo citado era distinta del
actual y permitía un procedimiento distinto del que en definitiva
se ha seguido, no es menos cierto que la norma anterior y actual
contenida en el art. 395 del Código Procesal Penal, es una dispo-

242
JURISPRUDENCIA DE LA REFORMA PROCESAL PENAL

sición procesal que rige “in actum” como lo previene el art. 24


de la Ley de Efecto Retroactivo de las Leyes, y por lo mismo no
cabe hacer aplicación en este caso de lo dispuesto en los arts. 18
del Código Penal, 11 del Código Procesal Penal y 19, Nº 3, inc. 7º
de la Constitución Política, debiendo dejarse constancia de que
la penalidad aplicable a este tipo de delitos se encuentra en el
art. 196–E de la Ley de Tránsito, norma que ha sido modificada
desde mucho antes de la comisión del delito materia de este re-
querimiento (considerandos 3º y 4º del Tribunal de Garantía).

II. El escrito que se plantea en el recurso no cumple los


requisitos del inciso primero del art. 378 del Código Procesal
Penal, en particular en cuanto a las peticiones concretas que se
someten al fallo del tribunal, puesto que solicita la nulidad del
juicio y la sentencia, pero no plantea petición alguna posible de
juzgar para el caso de accederse a las anteriores; por lo que, al
carecer el escrito de los requisitos exigidos en la citada norma
legal, corresponde declarar su inadmisibilidad (considerando 3º
del fallo de la Corte Suprema).

22. MANEJO EN ESTADO DE EMBRIAGUEZ. ILICITUD DE LA PRUEBA


Y CONDUCCIÓN EN CAMINO PRIVADO

8º) Según hemos expuesto, alegó la inexistencia del hecho pu-


nible, sobre la base de una estrategia compuesta de dos líneas
argumentales: 1) la ilicitud de la prueba consistente en la alco-
holemia e intoxilyser; 2) que la conducción se habría producido
en un camino privado de propiedad de una sociedad de la que
es miembro el imputado, puntos que pasaremos analizar:
1. La ilicitud de la prueba consistente en la alcoholemia e
intoxilyser.
Básicamente sostiene la defensa que no es lícita una prueba
obtenida del propio imputado, como la consistente en el intoxi-
lyser y en la alcoholemia.
Para resolver este punto es bueno tener presente que la
alcoholemia es un examen que supone la extracción de sangre
del imputado, constituyendo por tanto una diligencia de investi-
gación que perturba el ejercicio de sus derechos constitucional-

243
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

mente asegurados, de lo que se deriva que para su realización re-


quiere de autorización judicial previa en el caso de su negativa.
El artículo 197 del Código Procesal Penal, que regula esta
diligencia intrusiva, señala las condiciones para su procedencia:
que sea necesaria para constatar circunstancias relevantes para la
investigación y que no fuere de temer menoscabo para la salud
o dignidad del interesado.
Este examen corporal es legalmente procedente si se cuenta
con el consentimiento del imputado o, de lo contrario, con au-
torización judicial previa.
En el caso nadie ha puesto en discusión que el consentimien-
to para practicar la extracción de sangre fue dado libremente por
el imputado, lo que ha validado perfectamente su realización y
naturalmente el consecuente resultado de la pericia efectuada.
Yerra el defensor al sostener lisa y llanamente que esta prue-
ba es ilícita por provenir del imputado mismo, pues esta prueba
está perfectamente permitida en la nueva normativa procesal
penal y en su realización no hubo inobservancia alguna de ga-
rantías fundamentales que pudiera sostener su exclusión en los
términos del artículo 276 del Código Procesal Penal.
Doctrinariamente y en las legislaciones comparadas, por lo
demás, el punto que levanta la defensa ha sido generalmente
resuelto de idéntica forma. Sostiene A. Binder: “Pero todavía
quedan algunas cuestiones sin resolver. La primera consiste en el
tratamiento que se les debe dar a aquellas situaciones en las cuales
no se le pide al imputado que brinde información directamente
sino que, para que el otro medio de prueba adquiera efectividad,
es necesario que el imputado preste algún tipo de asistencia. Por
ejemplo, no se le pide al imputado que se declare autor del hecho,
pero se le pide que pase delante de un testigo presencial para que
lo reconozca o, con otro ejemplo, no se le pide que admita que
conducía alcoholizado sino que permita que se le efectúe un do-
saje de alcohol u otro tipo de examen pericial. El problema reside,
obviamente, en aquellos casos en los cuales el imputado no presta
su consentimiento”. Frente a este problema el autor sostiene que
ubicaría este tipo de diligencias en aquel nivel de protección que
se supera con una autorización judicial, ya que de lo contrario, “el
Estado se hallaría sin ninguna forma de suplir esa información y
anularía la eficacia de otras pruebas, no relacionadas directamente

244
JURISPRUDENCIA DE LA REFORMA PROCESAL PENAL

con el imputado (v. gr., la eficacia del testimonio presencial o la


eficacia de algunas pericias)”. A. Binder, El relato del hecho y la regu-
laridad del proceso. Justicia Penal y Estado de Derecho. Ad-Hoc, Buenos
Aires, págs. 29 y 30.
En lo referente al intoxilyser valgan las mismas consideracio-
nes, sin perjuicio de aclarar que dicha prueba no fue incorpora-
da al juicio, sino que sólo tenemos conocimiento de sus resulta-
dos a través de las declaraciones de los testigos de la fiscalía.
2. Que la conducción se habría producido en un camino
privado de propiedad de una sociedad de la que es miembro el
imputado.
Esta alegación presenta un aspecto de derecho y uno de he-
cho al que es necesario referirse.
En cuanto al punto de derecho se advierte una interpretación
jurídica del artículo 121 de la ley de alcoholes que hace exigente
al tipo penal que la conducta allí descrita se ejecute en un cami-
no público, resultando, por tanto, lícita la conducta si se ejecuta
en un predio o lugar de carácter privado. Esta interpretación del
artículo 121 de la ley de alcoholes no tiene sustento alguno, en
tanto basta la sola lectura de la norma para constatar que ningu-
na referencia se hace a las características del lugar en que se lleva
a cabo el “desempeño en estado de ebriedad”. Por lo demás, ha
sido acreditado en el juicio por las declaraciones de los testigos y
del propio imputado que en el sector, precisamente al fondo del
mismo camino, existe un caserío en el cual viven varias personas.
Se observa, con mayor razón aún, que el bien jurídico que este
delito de peligro pretende proteger sigue expuesto y, por tanto,
vigente la normativa contenida en el artículo 121 de la ley de
alcoholes que prevé y sanciona esta conducta.
En lo concerniente al punto de hecho contenido en la alega-
ción, salta a la vista que esta alegación no podría prosperar aun
en caso de compartir este tribunal la interpretación que se hace
de la norma, en tanto ninguna prueba se ha rendido en orden a
acreditar los presupuestos fácticos contenidos en ella. En efecto,
ningún medio apto para producir fe ha incorporado la defensa
en apoyo de su afirmación, resultando insuficiente lo sostenido
por el propio imputado al respecto, máxime si lo afirmado –que
el lugar donde condujo en estado de ebriedad es un camino
privado de propiedad de la familia del propio imputado– es de

245
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

sencillísima acreditación. Contrariamente a lo dicho por el de-


fensor, los dos Carabineros declararon precisamente en sentido
contrario, sosteniendo que se había fiscalizado al conductor en
un camino público y lo califican de este modo por cuanto no
había portón de acceso a recinto privado, no había letrero algu-
no que indicara privacidad y que dicho camino era el único que
conducía hacia los caseríos del fondo.
Por lo demás, según el mismo imputado señaló, se dirigía
hacia su casa, la cual queda ubicada a corta distancia de estos
predios, pero fuera de ellos, “a la orilla de la plaza pública”,
requiriendo de cualquier forma, según admitió, pasar por el
camino público para arribar a la misma. Sabemos que la nor-
mativa respecto de la conducción en estado de ebriedad es de
tal exigencia que aun sanciona como desempeño en estado de
ebriedad al que, encontrándose ebrio, fuera sorprendido en
circunstancias que hagan presumir que se aprestan a actuar en
ese estado o que acaban de hacerlo.

9º) Hizo, además la defensa, recaer sus objeciones sobre el in-


forme de alcoholemia en relación con: 1) su inadmisibilidad como
documento sin la presencia del perito evacuador, y 2) el hecho de
aparecer suscrito por un químico farmacéutico y no por un médi-
co según exige la ley, puntos que se analizan a continuación.
1. Sobre la admisibilidad y mérito probatorio del informe
de alcoholemia como documento y sin la presencia del perito
evacuador.
La defensa sostiene que se opone y objeta el informe de al-
coholemia incorporado al juicio como documento, por cuanto
la prueba es pericial, lo que exige a la fiscalía traer a estrados al
experto dictaminante, permitiendo con ello su contrainterro-
gatorio. Argumenta que sin la declaración del perito no puede
nadie saber la forma en que se realizó la pericia ni si se siguieron
los procedimientos adecuados. Sostiene que con la modalidad
aceptada por el tribunal se lesiona el derecho de defensa.
De esta alegación es bueno distinguir sus dos aspectos prin-
cipales:
Una de ellas –resuelta en el curso de la misma audiencia– se
refiere a la admisibilidad del informe de alcoholemia como do-
cumento.

246
JURISPRUDENCIA DE LA REFORMA PROCESAL PENAL

Se dijo y se reitera que se admite válidamente el informe de


alcoholemia como documento en tanto la conclusión que contie-
ne es alcanzada a través de un procedimiento técnico específico,
científicamente establecido, particularmente mecánico, en el
cual la injerencia del perito no es personal. Es decir, la conclu-
sión no se ve en grado alguno influida por la persona del perito.
Esto es tan así que de concurrir el experto a estrados le oiríamos
repetir en todas y cada una de las audiencias la descripción de
un mismo procedimiento científico-mecánico en el cual su inci-
dencia personal carece de toda relevancia.
Esta tesis es sostenida por la doctrina, según podemos cons-
tatar en Andrés Baytelman y Mauricio Duce, Litigación Penal en
Juicios Orales, Textos de Docencia Universitaria, Universidad
Diego Portales, pág. 182, donde se sostiene que los documentos
deben ser acreditados, pero que, “sin duda el elemento más
relevante para realizar exigencias de acreditación de los do-
cumentos tiene que ver con la intención de la contraparte de
controvertir la autenticidad del mismo; probablemente también
a medida que se trate de un documento más estandarizado e
institucional –certificado de nacimiento, alcoholemia, extracto
de filiación– o que ofrezca mayores garantías de no haber sido
adulterado –escrituras públicas, por ejemplo– las exigencias de
acreditación podrán disminuir hasta ninguna si es que producto
de todo ello la contraparte no tiene intenciones de cuestionar
la autenticidad”.
Si bien estos autores se refieren a la mayor o menor nece-
sidad de acreditación del documento en razón de su carácter
institucionalizado y/u origen institucional se puede advertir
que incluyen dentro de los documentos derechamente a las
alcoholemias.
Esta postura que puede ser aceptada incluso en un juicio
oral ante un Tribunal Oral en lo Penal, naturalmente se aviene
particularmente con el juicio simplificado, en el que las reglas
del procedimiento ordinario se aplican, según se adecuen a su
brevedad y simpleza.
Un segundo aspecto y que tiene que ver con el valor probato-
rio que se le puede dar a este documento para acreditar la ebrie-
dad, se resuelve en la misma línea, en tanto no puede dudarse de
su capacidad para dar fe acerca de lo que concluye, al provenir

247
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

de un procedimiento estandarizado, mecánico y objetivo y de un


organismo institucional serio e imparcial.
2. Sobre el hecho de aparecer faccionado por un químico
farmacéutico y no por un médico según exige la ley.
La defensa impugna el documento en tanto aparece faccio-
nado por doña Magdalena Lolas Saba, químico farmacéutico y
no por un médico, según exige la ley.
Para partir haciéndonos cargo de esta alegación diremos que
lo que exige la ley es que el examen se verifique en los laborato-
rios dependientes del Servicio Médico Legal u otros que señala,
bajo su supervigilancia. Además hace referencia “al funcionario
que lo practique” al señalar la obligación de llevar una firma y
agrega que indicará el nombre del médico que se encontrare de
turno al momento de efectuarse, exigencias que han sido cum-
plidas todas en la alcoholemia que se ataca.
Seguiremos señalando que esta objeción que, desde luego
apunta a restarle valor probatorio a la conclusión que contiene
el informe es de corte estrictamente formal. Sabemos que en la
doctrina moderna las formas se explican por su fin de traducir,
resguardar o contener principios y en esta medida, su quebran-
tamiento significa a su vez una luz de aviso del quebrantamien-
to de un principio. En definitiva, la forma es propiamente la
garantía del principio. Una forma que reviste este carácter trae
aparejada, tras su quebrantamiento, la privación de efectos del
acto.
Claramente lo alegado por el defensor no reviste esta catego-
ría, pues en el procedimiento se cumplió a cabalidad la norma-
tiva señalada por la ley.

10º) En definitiva, las meras afirmaciones del defensor, acer-


ca de la naturaleza del camino en que fue fiscalizado el imputado
o las suposiciones de posibles errores en el procedimiento no
pueden ser oídas en un sistema procesal que pretende que cada
parte ajuste sus dichos a demostraciones. En el caso el defensor
no presenta una teoría según la cual se haya violado u omitido
tal parte esencial del procedimiento de determinación de la
dosificación de alcohol en la sangre del imputado, por lo que
ni aún la presencia del perito en estrados hubiera conducido a
buen término su alegación.

248
JURISPRUDENCIA DE LA REFORMA PROCESAL PENAL

No está de más enfatizar que la diferencia entre una simple


duda y una de carácter razonable está dada por la seriedad de
la propuesta más el material probatorio en que se sostienen sus
presupuestos fácticos, sin perjuicio, desde luego, de las alegacio-
nes propiamente de derecho.

11º) Así las cosas, se desestimará la tesis de exculpación plan-


teada por la defensa, tomando en consideración que se ha acre-
ditado la existencia del hecho punible, esto es, la conducción en
estado de ebriedad, sobre la base de las declaraciones de los dos
testigos presenciales que describieron suficientemente las carac-
terísticas que presentaba el imputado, como hálito alcohólico,
incoherencia al hablar, rostro congestionado y andar inseguro y
tambaleante, las que evidencian, según la experiencia lo indica,
su estado de ebriedad. Se toma también en consideración la
referencia hecha por los Carabineros al examen de intoxilyser
practicado al imputado que, según expusieron ambos, arrojó un
resultado de 2,54 gramos de alcohol en la sangre.
El estado de ebriedad, ya suficientemente acreditado por
las declaraciones anteriores, se ve corroborado aún más por el
informe de alcoholemia que señala que el examen científico de
la muestra tomada al inculpado dio un resultado de 1,94 gramos
de alcohol en la sangre.

12º) De cuanto se lleva expuesto se concluye que el día 11 de


septiembre de 2001 el imputado condujo su vehículo en mani-
fiesto estado de ebriedad.
De esta manera el imputado participó en calidad de autor
en un hecho que constituye el delito de conducir en estado de
ebriedad, previsto y sancionado en el artículo 121 de la Ley de
Alcoholes.

13º) Que el inculpado prestó declaración como medio de


defensa señalando que no niega haber sido detenido conducien-
do en estado de ebriedad, puesto que en el día anterior había
bebido y ese día en la mañana se había tomado una cerveza,
pero que el lugar donde fue fiscalizado y detenido es un camino
perteneciente a su predio, éste es un camino entre el Fundo El
Chañar y San Mateo que pertenece a la Sucesión Fuentes.

249
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Señala que ese día venía desde el Fundo de San Mateo, don-
de había estado trabajando y se dirigía hacia su casa que está en
El Varillar con su cuñada. Agrega que para llegar hasta su casa
tenía que pasar por la plaza pública.

R U C: 0100050096-4
R U I: 391- 2001
Condujo la audiencia doña María Francisca Zapata García,
Juez Titular del Juzgado de Garantía de Vicuña.

23. MÉRITO PROBATORIO DE INFORME DE ALCOHOLEMIA


(EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)

Corte de Apelaciones de Santiago.


Rol 11.356-2002
Rol 30.255-2003
8 de septiembre de 2004

Si bien en el parte de fojas 1 se ha dejado constancia de que debi-


do al aliento alcohólico que mantenía el detenido se le practicó
el examen Intoxilyzer, arrojando como resultado 0,81 gramo de
alcohol en la sangre, el informe de atención de urgencia, rolante
a fojas 8, da cuenta que el examen de alcoholemia, donde aparece
una dosificación de 1,03 gramo por mil en la sangre del inculpado,
fue tomado tres horas post accidente. De acuerdo a determinados
criterios médico legales, una dosificación superior a un gramo de
alcohol por mil en la sangre de un individuo permite presumir su
ebriedad, en la especie, la circunstancia de que la muestra médica
para emitir el informe haya sido tomada después de haber transcu-
rrido tres horas de ocurrido el choque, lleva a esta Corte a presu-
mir, fundadamente, que al momento de la colisión la graduación
alcohólica del infractor era incluso superior a la que consigna el
informe referido en el motivo anterior. El mérito probatorio del
informe de alcoholemia del sentenciado, con una dosis de alco-
hol de 1,03 gramo por mil, practicado con una muestra de sangre
tomada, como se ha expresado en el razonamiento primero, tres
horas después del hecho incriminado, permite tener por fehacien-
temente acreditado el delito que se investiga.

250
JURISPRUDENCIA DE LA REFORMA PROCESAL PENAL

24. MÉRITO PROBATORIO DE INFORME DE ALCOHOLEMIA


(EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)

Corte de San Miguel


Rol 1.237-2006
12 de mayo de 2006
La jurisprudencia de la Excma. Corte Suprema ha establecido, a
través de numerosos fallos, que el informe de alcoholemia es un
medio de prueba importante para establecer el hecho punible
consistente en conducir un vehículo en estado de ebriedad, pero
no es el único que determina tal conclusión, de manera que pue-
de ser desvirtuado a través de otras pruebas. Asimismo, el Alto
Tribunal ha declarado que si bien el examen de alcoholemia
tiene mérito probatorio suficiente para establecer la dosificación
de alcohol en la sangre o en el organismo, este elemento debe
guardar armonía con los demás antecedentes probatorios reco-
gidos, de manera que el tribunal se forme la plena convicción de
culpabilidad exigida por la ley.

25. NORMAS DE LEY DE TRÁNSITO PRIMAN SOBRE CÓDIGO


PROCESAL PENAL RESPECTO DE MANEJO EN ESTADO DE EBRIEDAD
(EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)

Corte de Apelaciones de La Serena


Rol 184-2005
15 de julio de 2005
El artículo 196 E de la Ley del Tránsito goza de aplicación espe-
cial en relación a la norma general del artículo 395 del Código
Procesal Penal, atendidos los términos imperativos y absolutos de
su texto, la especificidad de las materias que aquélla regula, así
como de su redacción posterior al Código. El legislador, con la
dictación de ley 19.806 modificó los efectos que ordinariamente
producía la aplicación del artículo 395 del Código Procesal Pe-
nal, el cual, respecto de cualquier otro ilícito juzgado de acuerdo
al procedimiento en que esta norma se inserta, conllevaría para
el incriminado en caso de no existir antecedentes calificados, ex-
clusivamente la imposición de la pena de multa, de manera que

251
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

la resolución impugnada no ha hecho otra cosa que dar estricta


y correcta aplicación a lo prescrito en los artículos 50 y 76 del
Código Penal, con sujeción al principio de legalidad en materia
de derecho penal que consagra el artículo 19 Nº 3 inciso 7º de
nuestra Carta Fundamental. De lo reflexionado en los conside-
randos precedentes debe concluirse que el legislador en lo que
concierne a la penalidad aplicable a los imputados por el delito
de manejo de vehículo motorizado en estado de ebriedad hizo
obligatoria la suspensión de la licencia para conducir vehículos
motorizados en los términos que señala en el artículo 196 E de
la Ley del Tránsito, cualquiera sea el procedimiento que se siga
para su juzgamiento, conclusión de la que se sigue que la sen-
tencia impugnada ha sido dictada de conformidad a la ley y no
ha incurrido en la infracción de derecho que se le atribuye por
la defensa del sentenciado.

26. NO ES POSIBLE APLICACIÓN DE ATENUANTE DEL ART. 11


Nº 9 DEL CÓDIGO PENAL EN DELITO DE MANEJO EN ESTADO DE
EBRIEDAD CAUSANDO LESIONES. COLABORACIÓN SUSTANCIAL
(EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)

Corte de Apelaciones de Santiago,


Rol Nº 401-2005 28
de octubre de 2005
No es posible aplicar en la especie la atenuante del art. 11 Nº 9
del Código Penal, esto es, la acción de haber colaborado sustan-
cialmente al esclarecimiento de los hechos, atendido a que el
concepto indiciario de la norma “sustancial” está referido según
el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española en el
sentido de lo esencial y más importante de una cosa. Por lo tanto,
la participación del imputado, atendida la naturaleza del hecho
punible indagado, no puede ponderarse como sustancial, en
atención a que el ilícito en cuestión es esencialmente un delito
de peligro que sólo requiere para su configuración de un estado
etílico en los términos prescritos por la ley y donde el legislador
previó, aun en el evento de negativa del imputado a colaborar,
en la materialización de la alcoholemia aceptando la toma de

252
JURISPRUDENCIA DE LA REFORMA PROCESAL PENAL

muestra de sangre, o como en negativa a declarar en el proceso,


en criterio de esta Corte, sólo pueden calificarse como cargas
impuestas a todo ciudadano que pudiere verse involucrado en la
indagación de un delito de conducción en estado de ebriedad.

27. PROCEDE LA SUSPENSIÓN CONDICIONAL DEL PROCEDIMIENTO


RESPECTO DE DELITO DE CONDUCCIÓN EN ESTADO DE EBRIEDAD
CAUSANDO DAÑOS (EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)

Corte de Apelaciones de Santiago


Rol 187-2005
27 de septiembre de 2005
La suspensión provisional del procedimiento, de acuerdo al
Mensaje del Código Procesal Penal, busca anticiparse a una so-
lución en un caso de concurrencia de alguna de las alternativas
de cumplimiento de pena de la Ley Nº 18.216, y se sustenta en
el principio de oportunidad, que al posibilitar una decisión tem-
prana con formas de control de baja intensidad, evita los efectos
estigmatizantes de una eventual prisión preventiva en un impu-
tado que goce de buena conducta pretérita, en una hipótesis de
sanción en el rango menor mínimo. Es así como el art. 237 del
Código Procesal Penal posibilita la suspensión del procedimien-
to si la pena que pudiere corresponder al imputado no excede
de tres años de privación de libertad y siempre que sobre él no
hubiese recaído condena anterior por crimen o simple delito,
exigencias que concurren en su favor.

28. PERMANECER EN ESTADO DE EBRIEDAD EN VEHÍCULO


DETENIDO NO CONFIGURA DELITO DE MANEJO EN ESTADO DE
EBRIEDAD. ERRÓNEA APLICACIÓN DEL DERECHO
(EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)

Corte de Apelaciones de Concepción


Rol 301-2005
17 de junio de 2005
Se ha incurrido en la causal de nulidad consagrada en el
art. 373 b) del Código Procesal Penal, ya que una errónea apli-

253
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

cación del derecho ha influido en la parte decisoria del fallo,


porque el hecho de sorprender a un hombre en un estaciona-
miento al interior de su auto, en la parte delantera, en estado
de ebriedad, no configura delito de conducción de vehículo
motorizado en estado de ebriedad.

29. PLAZO DE SUSPENSIÓN DE LICENCIA DE CONDUCIR NO PUEDE


SER REBAJADO DE MÍNIMO LEGAL ESTABLECIDO. MANEJO EN
ESTADO DE EMBRIAGUEZ
(EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)

Corte de Apelaciones de La Serena


Rol 178-2008
6 de agosto de 2008
Tal como lo sostiene la sentenciadora de primer grado, no existe
una norma que habilite rebajar el plazo de suspensión de la licen-
cia de conducir y por ello aplicó el principio de equidad. Resolver
de esta forma es improcedente considerando el principio de legali-
dad que exige ley previa para que un hecho sea punible y para que
una pena pueda serle aplicable; así, el inciso primero del artículo
18 del Código Penal dispone: ningún delito se castigará con otra
pena que la que le señale una ley promulgada con anterioridad a
su perpetración y la norma aplicable en este juicio, artículo 196-E,
expresamente dispone un plazo de seis meses a un año de suspen-
sión. Por otra parte, del texto del artículo 67 del Código Penal se
infiere que la rebaja de pena solo procede aplicarla respecto de
penas privativas de libertad en que se han establecido escalas gra-
duales, situación que no concurre en estos autos.

30. PROCEDIMIENTO SIMPLIFICADO DE RESOLUCIÓN INMEDIATA.


ELEMENTOS DEL TIPO PENAL MANEJO EN ESTADO DE EBRIEDAD
(EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)

Corte de Apelaciones de Concepción


Rol 301-205
17 de junio de 2005
La aceptación de responsabilidad en los hechos investigados,
prestado por el requerido en la audiencia, no es vinculante para

254
JURISPRUDENCIA DE LA REFORMA PROCESAL PENAL

el juez cuando el delito que es objeto del requerimiento no se


encuentra debidamente establecido. Entender que dicha admi-
sión de responsabilidad obliga al magistrado a dictar una sen-
tencia condenatoria importaría impedir el examen ponderado
de los elementos que componen el caso y atentar contra la inde-
pendencia judicial. El ilícito de conducir en estado de ebriedad
descansa sobre dos elementos copulativos: a) la ebriedad de un
sujeto, y b) el desempeño en la conducción de un vehículo mo-
torizado por él mismo, si bien la ebriedad del sujeto se encuentra
acreditada, no sucede lo mismo con la conducción del vehículo,
aun cuando no aparece comprobado el hecho de que el impu-
tado se aprestara a manejar en estado de ebriedad, cabe señalar
que la presunción en ese aspecto se encuentra derogada.

31. RECLUSIÓN NOCTURNA. EXISTENCIA DE CONDENAS


ANTERIORES POR DELITOS DE IGUAL NATURALEZA NO IMPIDE SU
APLICACIÓN
(EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)

Corte de Apelaciones de Antofagasta


Rol 123-2008
5 de julio de 2008
La ley (letras a) y b) del artículo 8° de la Ley N° 18.216) no esta-
blece la improcedencia del beneficio (de reclusión nocturna) en
caso de que haya habido dos condenas anteriores por delitos de
igual naturaleza, como parece entenderlo el juez a quo, que debió
razonar en forma precisa, lógica y con respeto a las máximas de
experiencia acerca de los antecedentes personales del imputado,
su conducta anterior y posterior al hecho punible y la naturaleza,
modalidades y móviles determinantes del delito, para resolver si la
reclusión nocturna podrá disuadirlo de cometer nuevos delitos y, si
bien los ilícitos cometidos son de peligro, resultan ser consecuen-
cia de la imprudencia de conducir esporádicamente en estado de
intemperancia alcohólica, por lo que más que privarlo de libertad
cabe impedirle la conducción de vehículos motorizados, ya que
internarlo en la cárcel resulta un castigo desproporcionado para
él y para su familia, que en caso alguno tiende a su resocialización,
que es lo que se debe promover en este caso.

255
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

32. SENTARSE EN VEHÍCULO CON EL MOTOR EN MARCHA EN


ESTADO ETÍLICO CONSTITUYE DELITO DE MANEJO EN ESTADO DE
EBRIEDAD (EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)

Corte de Apelaciones de Santiago


Rol 2.083-2004
5 de octubre de 2005
La conducta del imputado debe entenderse dentro de las que
describe el inciso primero del art. 121 de la Ley de Alcoholes,
puesto que dicha norma prohíbe el desempeño en estado de
ebriedad de todo conductor de vehículo motorizado, circuns-
tancias comprobadas en la especie con los atestados de los fun-
cionarios aprehensores, en concordancia con el parte policial,
donde se infiere de forma categórica que fue sorprendido en
el vehículo motorizado al volante y con el motor en marcha. El
legislador estableció que el tipo penal del art. 121 de la Ley de
Alcoholes requería para tipificar el delito en cuestión, la conduc-
ción del vehículo motorizado en estado de ebriedad, hecho que
en criterio de estos sentenciadores concurre en la especie, más
aún considerando que el encausado se negó de manera injusti-
ficada a efectuarse la alcoholemia, constando su estado etílico
del parte policial, de las constancias de primeras atenciones y la
deposición de los funcionarios aprehensores, circunstancias que
acreditan el hecho punible investigado y la participación que al
encausado cupo en dicho ilícito.

33. SI IMPUTADO SE ENTREGA VOLUNTARIAMENTE A CARABINEROS


CONFIGURA ATENUANTE DE COLABORACIÓN SUSTANCIAL
(EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)
Corte de Apelaciones de Coyhaique
Rol 9-208
29 de febrero de 2008
Se le reconoce al imputado la circunstancia atenuante del artículo
11 Nº 9 del Código Penal, esto es, haber colaborado sustancial-
mente a esclarecer los hechos, porque como lo dice el apelante
en su recurso, el imputado se presentó voluntariamente a Cara-

256
JURISPRUDENCIA DE LA REFORMA PROCESAL PENAL

bineros, declara reconociendo ser el autor del hecho, da volun-


tariamente una muestra sanguínea para la alcoholemia de rigor,
facilita el acceso a su casa para que sea registrada por la policía e
individualiza a testigos que pueden refrendar sus dichos, siendo el
broche de oro de su colaboración, cuando da su consentimiento al
procedimiento abreviado; por todo lo cual se acogerá en su favor
esta segunda circunstancia atenuante, al momento de aplicarle
la pena.

34. SUSPENSIÓN DE LICENCIA DE CONDUCIR. REINCIDENCIA


(EDITORIAL PUNTO LEX S.A.)
Corte de Apelaciones de Valparaíso
Rol 1.175-2005
28 de noviembre de 2005

La disposición especial del art. 196 E, inc. 5º de la Ley


Nº 18.290, dispone que “en caso de reincidencia, los plazos
máximos de suspensión, como pena accesoria se elevarán al
doble, debiendo el juez decretar la cancelación de la licencia
cuando estime que la conducción de vehículos por parte del
infractor ofrece peligro para el tránsito o para la seguridad
pública, lo que fundará en las anotaciones que registre la hoja
de vida del conductor”. Como se ve, las discusiones doctrinarias
sobre si la reincidencia requiere que se haya cumplido efecti-
vamente la pena o no, carece de relevancia tratándose del sim-
ple delito de conducción en estado de ebriedad, pues en este
caso dicha circunstancia no está considerada como agravante,
sino como mero marco de referencia para el precepto especial
que dicho artículo contiene. Conforme a esta norma prevale-
ciente de la Ley de Tránsito, la cancelación de la licencia para
conducir debe siempre decretarse cuando el juez estime que
la conducción por el infractor recalcitrante resulta peligrosa.
Para decretarla, el sentenciador sólo necesita recurrir a su
personal estimación sobre la referida peligrosidad, sin ningún
otro requisito legal, cuyo sentido y alcance deba someter a in-
terpretación.

257
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

35. TENTATIVA DEL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Concepción


28 de septiembre de 2007

Que el día 4 de agosto de 2005, alrededor de las 21.45 horas


el acusado José Adán Ruiz Silva fue sorprendido por personal
de Carabineros en calle Julio Montt, frente al número 28 de la
comuna de Hualqui, prendiendo el motor y tratando de hacer
partir la camioneta patente EV-7232 en manifiesto estado de
ebriedad, lo que constó por su fuerte hálito alcohólico, rostro
congestionado, incoherencia al hablar e inestabilidad al cami-
nar.
Que debe concluirse que los hechos acreditados en juicio tipi-
fican el delito de Manejar Vehículo Motorizado en Estado de
Ebriedad, sólo en grado de tentativa, previsto y descrito en el
artículo 189 inciso 3° de la Ley de Tránsito N° 18.290, toda vez
que de los antecedentes consta que el acusado dio principio de
ejecución al ilícito, mas le faltaron varios elementos para que el
delito se complementara.
RUC Nº 0600355582-6
RIT Nº 165-2007

36. VALOR PROBATORIO DE ALCOHOLEMIA EN RELACIÓN CON


INSUFICIENCIA DE PRUEBAS DE CONDUCCIÓN DEL IMPUTADO DE
UN VEHÍCULO MOTORIZADO. DUDA RAZONABLE

Juzgado de Garantía de Ovalle


7 de diciembre de 2001
Que en tal sentido el señor fiscal adjunto, si bien ha presentado
como medios de prueba el mérito del parte policial Nº 94 de la
Subcomisaría de Monte Patria, el dato detención de urgencia
Nº 145 del imputado en el Hospital de Ovalle, el informe de al-
coholemia Nº 1.302-01, correspondiente a G.W.A.A., practicado
el 19 de mayo de 2001, a las 15.15 hrs., el cual arroja una dosifica-
ción de 3,31 gramos por mil de alcohol en su sangre y dichos del
propio imputado, ante la fiscalía; los cuales acreditan el estado
de ebriedad en que se encontraba éste el día y hora señalados;

258
JURISPRUDENCIA DE LA REFORMA PROCESAL PENAL

sin embargo, ninguna prueba se ha rendido en relación a que el


imputado efectivamente haya conducido un vehículo motorizado
en dicho estado, acabara de hacerlo o bien se aprestara a realizar
la misma conducta; por lo que de conformidad a lo dispuesto en
los arts. 297 y 340 del Código Procesal Penal, al tribunal le asiste
una duda razonable en el sentido de que el imputado efectiva-
mente haya conducido, se aprestara a conducir o bien acabara
de hacerlo, en estado de ebriedad, el día y la hora señalados; por
lo tanto, deberá dictarse sentencia absolutoria en su favor.

259
CONCLUSIONES

TENDENCIA ACTUAL Y COMENTARIOS FINALES


EN EL DERECHO EXTRANJERO SOBRE LA
REGULACIÓN DE LA ALCOHOLEMIA, PRUEBA
RESPIRATORIA, TOMA DE MUESTRA DE SANGRE,
DOSIFICACIÓN DE ALCOHOL EN LA SANGRE,
PENALIDAD Y OTRAS MATERIAS AFINES

1. La tendencia actual, en la mayoría de los países, es fijar me-


diante una ley u otro tipo de reglamentación, en forma precisa,
la dosificación de alcohol en la sangre que incapacitaría a un
conductor para manejar vehículos motorizados u otros que se
indican en cada normativa, y no dejar la regulación de ella al
criterio de los jueces o a los informes periciales. Ello en relación
con el principio de la tipicidad objetiva, el de legalidad y de
la reserva legal que, como sabemos, se refiere a que la figura
delictiva debe ser lo más precisa posible, expresa, en lo posible
completa y no amplia, abierta, o de caucho o goma según otros.
Recordemos que la determinación del dosaje de alcohol en la
sangre es un elemento del tipo penal del delito de MEE o, si se
quiere, elemento integrante de la figura delictiva.

2. También una serie de legislaciones extranjeras, además de


regular o determinar el porcentaje de la alcoholemia o de las
pruebas respiratorias, a la fecha y desde hace varios años están
tratando de bajar, para la penalización de los delitos o infraccio-
nes, la tasa o concentración de alcohol o de impregnación tóxica
alcohólica en el organismo, considerando que 1 gramo por mil
es alta e importa un riesgo o peligro evidente a la conducción.
Se estima por otros que 0,8 gramo de alcohol por litro de sangre,
inhabilita para conducir, como se ha expresado por una serie
de autores y penalistas europeos. Desde el punto de vista médi-
co-legal y del Derecho de Tránsito, y de la Medicina Legal del
Tránsito, se sostiene que a mayor dosificación de alcoholemia y
según los cuadros y estadísticas que indicamos en el capítulo “Al-

261
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

cohol y Alcoholemia”, la posibilidad de un accidente de tránsito


aumenta considerablemente,

3. Varias leyes han descrito que para el MEE la tasa de alcohol


sería del 0,8 gramo de alcohol por cada litro de sangre y con
esta cifra o sobre ella, o menor graduación, el conductor de-
biera abstenerse de manejar, según las tasas que aparecen en el
cuadro que se inserta en la parte “Documentos” de este texto.
Recordemos la normativa especial copiada más arriba, de los
reglamentos vigentes en España, la que es muy particular, ya
que se indican, incluso, los tipos de vehículos que los sujetos no
podrían conducir.

4. La Organización Mundial de la Salud, desde hace algún tiem-


po, frente a la intoxicación etílica ha indicado como límite de to-
lerancia 0,8 gramo por cada litro de sangre y sobre tal porcentaje
existiría prácticamente un fuerte compromiso de las acciones, de
los sentidos y de la conciencia del ser humano.

5. Por su parte, el Consejo de Europa, por resolución B(73)26


del 18 de abril del año 1973, la que ha sido considerada por
varios países, incluso latinoamericanos, fija una tasa de alcohole-
mia, al igual que en el caso anterior, de 0,8 gramo por mil.

6. Específicamente, sobre la disminución de la concentración


de alcohol en la sangre, y por vía de ejemplo, en Australia hasta
hace unos pocos años lo permitido estaba determinado entre 0,8
y 1,5 gramo por cada litro de sangre. Hoy rige una tasa que va
desde 0,2 a 0,5 gramo por mil.

7. En Gran Bretaña se mantiene la tasa de 0,8 gramo por mil,


como límite legal, y en los Países Bajos la dosificación legal es de
0,5 gramo por mil. Donde se observa una disminución evidente
es en la legislación sueca, que es uno de los países que siempre
ha ido, y desde hace años, a la vanguardia en esta materia. En
un comienzo, se castigaba la tasa de 0,5 gramo por mil y hoy el
límite legal es 0,2 por mil, que es señalado como uno de los más
bajos en Europa y prácticamente a nivel mundial.

262
JURISPRUDENCIA DE LA REFORMA PROCESAL PENAL

8. Para Juan Espinazo, “la totalidad de países han determinado


los niveles de intoxicación que se pueden tolerar sin peligro.
Estos niveles se expresan según la cantidad de alcohol en la san-
gre y la cifra más generalizada como comienzo de peligrosidad
suele ser la de un grado de alcohol por mil de sangre, aunque se
tienda a rebajar dicha cantidad, ya que a partir del medio gramo
(por mil) se observarán más accidentes que en las personas que
no beben. Debe tenerse en cuenta que el más peligroso para el
accidente no es precisamente el totalmente embriagado, que
será incapaz de sentarse al volante, sino el que ha ingerido una
cantidad que le hace sentirse un as del volante supervalorando
su propia capacidad, que, por otra parte, habrá disminuido.
En estudios realizados en diversos países, entre las causas de
accidente de tráfico imputados al factor humano, bien al con-
ductor, bien al peatón, figura la embriaguez como una de las
más importantes en sus distintos grados, dando como índice un
40 por ciento. Varnosi, en Bratislava, comprobó que los sábados
por la noche un 50 por ciento de los conductores daban en un
test respiratorio resultados positivos, mientras que el resto de los
días de la semana no llegaban al 12 por ciento.
Perrín y Simón han estudiado el comportamiento de un
grupo de conductores con niveles bajos de alcohol en la sangre:
0,0, 0,2, 0,35, 0,65... por mil, comprobando que al aumentar la
alcoholemia, aumentan los errores y que no existe ningún grado
de impregnación que pueda considerarse como un aumento del
rendimiento, según se ha afirmado. Se han realizado pruebas
con conductores a los que se les han administrado pequeñas
cantidades de whisky, comprobando que se conserva la destreza,
pero que se retarda el enjuiciamiento global de las situaciones
creadas.
Según ciertos autores, con un 0,35 por mil ya se presentan
dificultades en la conducción. No se han establecido de un
modo formal y universal las cifras de alcoholemia desde las que
realmente se puede considerar totalmente impedido a un sujeto
para llevar el volante”.1

1
ESPINAZO, P.C., ob. cit., pp. 208 y 209.

263
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

MANEJO O CONDUCCIÓN EN ESTADO DE EMBRIAGUEZ


EN EL DERECHO COMPARADO

En este capítulo nos referiremos brevemente a la legislación com-


parada sobre MEE y otras figuras relacionadas con la conducción
vehicular y a la normativa sobre la prueba de alcohol en la sangre
sea en códigos penales o en leyes especiales, complementando
lo anteriormente expuesto.

CÓDIGO PENAL DE CUBA

Delitos cometidos en ocasión de conducir vehículos por las vías


públicas

Art. 179. 1. El conductor de un vehículo que, infringiendo


las leyes o reglamentos del tránsito, cause daños a bienes de aje-
na pertenencia, incurre en sanción de multa hasta cien cuotas.
2. Si el daño causado es de valor considerable, o si, a cau-
sa del mismo, se produce un perjuicio grave, la sanción es de
privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a
trescientas cuotas.
3. En los casos previstos en este artículo sólo se procede si
media denuncia del perjudicado. No obstante, si el perjudicado
desiste de su denuncia, por escrito y en forma expresa antes del
juicio o verbalmente y dejando constancia en acta durante su
celebración, se archivarán las actuaciones.
b) permita que otra persona en estado de embriaguez al-
cohólica, o bajo los efectos de la ingestión de drogas tóxicas o
sustancias alucinógenas, hipnóticas, estupefacientes u otras de
efectos similares, conduzca un vehículo de su propiedad o del
que esté encargado por cualquier concepto.
2. Se sanciona con privación de libertad de uno a tres meses
o multa hasta cien cuotas o ambas, al que:
a) conduzca un vehículo habiendo ingerido bebidas alcohó-
licas en cantidad suficiente para afectar su capacidad de conduc-
ción, aunque sin llegar al estado de embriaguez;
b) permita que otro conduzca un vehículo de su propiedad
o del que esté encargado por cualquier concepto, a sabiendas de

264
JURISPRUDENCIA DE LA REFORMA PROCESAL PENAL

que ha ingerido bebidas alcohólicas que, sin llegar al estado de


embriaguez, le han afectado su capacidad de conducción.
3. Si el delito se comete por un conductor de vehículo de
carga o de transporte colectivo de pasajeros, o un conductor
profesional que actúe como tal, la sanción es de:
a) privación de libertad de seis meses a dos años o multa
de doscientas a quinientas cuotas o ambas, en el caso del apar-
tado 1;
b) privación de libertad de tres meses a un año o multa de
cien a trescientas cuotas o ambas, en el caso del apartado 2.
4. Las sanciones previstas en los apartados anteriores se im-
ponen con independencia de las que correspondan con motivo
del resultado que eventualmente se produzca.
Art. 182. 1. La sanción accesoria de suspensión de la licencia
de conducción puede imponerse, según los casos, si el sanciona-
do ha incurrido en alguno de los delitos contra la seguridad del
tránsito previstos en este Código.
2. El término de dicha sanción accesoria será equivalente al
de la más grave sanción de privación de libertad impuesta y se
contará desde el día en que el sancionado comienza a disfrutar
de libertad, aunque sea condicional.
3. Si la sanción impuesta es de multa, el término de la acceso-
ria se computa a razón de un día por cuota, y se cuenta desde el
día en que el sancionado la haya satisfecho o haya comenzado a
disfrutar de libertad después de haber sufrido apremio personal
en defecto de pago.
4. No obstante lo dispuesto en los apartados anteriores, la
sanción accesoria de suspensión de la licencia de conducción no
se impondrá por término inferior a un mes ni superior a cinco
años.
5. A los que reinciden en la infracción del apartado 1, inciso
a) del art. 181, se les puede imponer, como sanción accesoria,
la suspensión de la licencia de conducción por un período no
menor de un año ni mayor de diez.
6. Para el cumplimiento de la sanción accesoria de suspen-
sión de la licencia de conducción, los tribunales ocuparán al san-
cionado la licencia de conducción o cualquier otro documento
que autorice legalmente para conducir vehículos de motor, si los

265
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

tiene, y notificarán la imposición de la sanción al órgano faculta-


do para expedir esas licencias o autorizaciones, o sus duplicados,
previniéndoles de que no las expidan a favor del sancionado
hasta que expire el término de la suspensión.

Art. 183. Para la adecuación de las sanciones establecidas en el


presente los tribunales tienen en cuenta:
a) la mayor o menor gravedad de la infracción que produjo
el evento dañoso, según su calificación por las leyes o reglamen-
tos del tránsito. Cuando se trate de infracciones cuya mayor o
menor gravedad no haya sido determinada expresamente por
dichas leyes o reglamentos, la determinación la harán los tribu-
nales en sus sentencias, teniendo en cuenta la mayor o menor
probabilidad de que se produzcan accidentes al incurrirse en
ellas;
b) si el culpable ha sido con anterioridad ejecutoriamente
sancionado por la comisión de algún delito contra la seguridad
del tránsito y, especialmente, el número y la entidad de las infrac-
ciones cometidas por el mismo durante el año natural anterior a
la fecha de la comisión del delito.

LEY Nº 16.587, SOBRE PREVENCIÓN DE ACCIDENTES DE TRÁNSITO


DE URUGUAY

De la prueba de alcohol en la sangre

Art. 24. Se considerará que se encuentra inhabilitado para con-


ducir vehículos de cualquier tipo que se desplacen por la vía
pública, cuando la concentración de alcohol en la sangre al mo-
mento de conducir el vehículo sea superior a ocho decigramos
de alcohol por litro de sangre o su equivalente en términos de
espirometría.

Art. 25. A partir de la vigencia de la presente ley los funcionarios


del Ministerio del Interior, especialmente habilitados después
de ser debidamente capacitados, podrán investigar en cualquier
persona que conduzca un vehículo en zonas urbanas, suburbanas
o rurales del territorio nacional la eventual presencia y concen-

266
JURISPRUDENCIA DE LA REFORMA PROCESAL PENAL

tración de alcohol y otras drogas en su organismo a través de


procedimientos de espirometría. Al conductor que fuere hallado
conduciendo en trasgresión de los límites indicados en el art. 24
se le retendrá la libreta de conductor y se le aplicará, en caso
de tratarse de una primera infracción, una suspensión de dicha
habilitación para conducir entre seis meses y un año y, en caso
de reincidencia, se extenderá dicha sanción hasta el término de
dos años. En caso de nueva reincidencia, podrá cancelarse la
libreta de conductor.
Al conductor que se rehusare a los exámenes antes referidos
se le retendrá la libreta de conductor y se le advertirá:
a) Que la negativa supone presunción de culpabilidad;
b) Que la autoridad competente podrá aplicar oportuna-
mente una sanción que implicará la inhabilitación para conducir
entre seis meses y un año de constituida la primera infracción y,
en el supuesto caso de reincidencia, la misma podrá extenderse
hasta un máximo de dos años.
La inspección a que refiere este artículo sólo podrá efectuar-
se en las áreas y dentro de los horarios en que el Ministerio de
Salud Pública garantice poder realizar el análisis a que refiere el
art. 30 de la presente ley.

Art. 26. El conductor de un vehículo destinado al transporte


colectivo de pasajeros que sea sometido a los exámenes pre-
cedentemente establecidos incurrirá en transgresión si de los
mismos surge la presencia de alcohol en la sangre en cualquier
proporción por mínima que ella fuere.

Art. 27. Cuando ocurran accidentes de tránsito con víctimas


–accidentados o fallecidos– se someterá a los conductores de los
vehículos involucrados a los exámenes que permitan determinar
el grado de eventual embriaguez alcohólica de los mismos.
A tales efectos podrá recurrirse, de ser posible, a la prueba de
espirometría y en su defecto a la de sangre y orina.

Art. 28. Cuando un conductor deba someterse, en conformi-


dad con la disposición anterior, a un análisis de sangre para
determinar la concentración de alcohol en su organismo, la
correspondiente extracción sólo podrá realizarse por médico,

267
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

enfermero u otro técnico habilitado y en condiciones sanitarias


acordes con las pautas establecidas por el Ministerio de Salud
Pública.

Art. 29. A solicitud del conductor de un vehículo que ha sido so-


metido a los exámenes aludidos en las disposiciones precedentes
el funcionario actuante deberá extenderle un recaudo en el cual
deberá constar fecha, hora y lugar en que se realiza la prueba y
sus resultados claramente consignados.

Art. 30. La persona que sea sometida a exámenes de espirome-


tría, sangre u orina, en los términos establecidos precedente-
mente, podrá solicitar inmediatamente de las autoridades com-
petentes del Ministerio de Salud Pública que uno de los técnicos
habilitados a esos efectos efectúe otros exámenes que permitan
revisar los resultados de aquellos.

Art. 31. Los resultados de las pruebas efectuadas en los términos


indicados en las disposiciones precedentes constituirán pruebas
idóneas en juicios de carácter civil o penal.
En los casos en que la persona afectada por la ejecución de
los exámenes a que refiere el presente Título considere que se
han violado sus derechos y garantías podrá ocurrir ante la sede
jurisdiccional competente para que resuelva si el procedimiento
realizado ha sido o no ajustado a derecho.

LEY DE TRÁNSITO Y TRANSPORTE TERRESTRE DE ECUADOR

Art. 90. Serán sancionados con prisión de treinta a ciento ochen-


ta días y multa de cinco a diez salarios mínimos vitales generales,
quienes incurrieren en contravención grave, sin perjuicio de
su detención inmediata para ser puestos a órdenes del juez de
tránsito respectivo, en los siguientes casos:
a) Quien condujera en estado de embriaguez o de intoxica-
ción bajo los efectos de bebidas alcohólicas, drogas o sustancias
estupefacientes.

268
JURISPRUDENCIA DE LA REFORMA PROCESAL PENAL

LEY DE VEHÍCULOS Y TRÁNSITO DE PUERTO RICO, AÑO 2000.


CONDUCCIÓN DE VEHÍCULOS DE MOTOR BAJO LOS EFECTOS DE
BEBIDAS EMBRIAGANTES, DROGAS O SUSTANCIAS CONTROLADAS

Art. 7.02. Manejo de vehículos de motor bajo los efectos de be-


bidas embriagantes.
En cualquier proceso criminal por infracción a las disposiciones
del art. 7.01 de esta ley, el nivel o concentración de alcohol exis-
tente en la sangre del conductor al tiempo en que se cometiera la
alegada infracción, según surja tal nivel o concentración del análi-
sis químico o físico de su sangre o aliento o cualquier sustancia de
su cuerpo, menos la orina, constituirá base para lo siguiente:
a) Será ilegal per se que cualquier persona conduzca o haga
funcionar un vehículo de motor, cuando su contenido de alcohol
en su sangre sea de ocho (8) centésimas del uno (1) por ciento
(.08%), o más, según surja tal nivel o concentración del análisis
químico o físico de su sangre o aliento.
b) En el caso de conductores de camiones, ómnibus escola-
res, vehículos pesados de servicio público y vehículos pesados de
motor, la disposición anterior se aplicará cuando el contenido
de alcohol en la sangre del conductor sea de dos (2) centésimas
del uno (1) por ciento (.02%) o más.
Las disposiciones de los anteriores incisos a) y b) que prece-
den no deberán interpretarse en el sentido de que las mismas
limitan la presentación de cualquier otra evidencia competente
sobre si el conductor estaba o no bajo los efectos de bebidas em-
briagantes al tiempo de cometerse la alegada infracción.

Art. 7.03. Manejo de vehículos de motor bajo los efectos de dro-


gas o sustancias controladas.
Será ilegal que cualquier persona que esté bajo los efectos
de cualquier droga narcótica, marihuana, sustancia estimulante
o deprimente, o cualquier sustancia química o sustancia con-
trolada, al grado que lo incapacite para conducir un vehículo
con seguridad, conduzca o tenga el control físico y real de un
vehículo de motor por las vías públicas. El hecho de que una per-
sona acusada de violar las disposiciones de este artículo tuviere
o haya tenido derecho a usar dicha droga narcótica, marihuana,
sustancia estimulante o deprimente, o sustancia química o sus-

269
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

tancia controlada de acuerdo con las leyes de Puerto Rico, no


constituirá defensa contra la imputación de haber violado este
artículo.

CÓDIGO PENAL DE PERÚ

Art. 274. El que conduce vehículo motorizado en estado de


ebriedad o drogadicción será reprimido con prestación de ser-
vicio comunitario no mayor de veinte jornadas e inhabilitación
conforme al art. 36, inc. 7º, hasta por seis meses.

CÓDIGO PENAL DE ESPAÑA.


DE LOS DELITOS CONTRA LA SEGURIDAD DEL TRÁFICO

Art. 379. El que condujere un vehículo a motor o un ciclomotor


bajo la influencia de drogas tóxicas, estupefacientes, sustancias
psicotrópicas o de bebidas alcohólicas será castigado con la pena
de prisión de tres a seis meses o multa de seis a 12 meses y, en
su caso, trabajos en beneficio de la comunidad de 31 a 90 días y,
en cualquier caso, privación del derecho a conducir vehículos a
motor y ciclomotores por tiempo superior a uno y hasta cuatro
años.

Art. 380. El conductor que, requerido por el agente de la autori-


dad, se negare a someterse a las pruebas legalmente establecidas
para la comprobación de los hechos descritos en el artículo an-
terior, será castigado como autor de un delito de desobediencia
grave, previsto en el art. 556 de este Código.

Art. 381. El que condujere un vehículo a motor o un ciclomotor


con temeridad manifiesta y pusiera en concreto peligro la vida
o la integridad de las personas, será castigado con las penas de
prisión de seis meses a dos años y privación del derecho a con-
ducir vehículos a motor y ciclomotores por tiempo superior a
uno y hasta seis años.
En todo caso, se considerará que existe temeridad manifiesta
y concreto peligro para la vida o la integridad de las personas en

270
JURISPRUDENCIA DE LA REFORMA PROCESAL PENAL

los casos de conducción bajo los efectos de bebidas alcohólicas


con altas tasas de alcohol en sangre y con un exceso despropor-
cionado de velocidad respecto de los límites establecidos.

Art. 382. Será castigado con la pena de prisión de seis meses a


dos años o multa de 12 a 24 meses el que origine un grave riesgo
para la circulación de alguna de las siguientes formas:
Alterando la seguridad del tráfico mediante la colocación en
la vía de obstáculos imprevisibles, derramamiento de sustancias
deslizantes o inflamables, mutación o daño de la señalización, o
por cualquier otro medio.
No restableciendo la seguridad de la vía, cuando haya obli-
gación de hacerlo.

Art. 383. Cuando con los actos sancionados en los arts. 379, 381
y 382 se ocasionara, además del riesgo prevenido, un resultado
lesivo, cualquiera que sea su gravedad, los jueces y tribunales
apreciarán tan sólo la infracción más gravemente penada, con-
denando en todo caso al resarcimiento de la responsabilidad civil
que se haya originado.
En la aplicación de las penas establecidas en los citados ar-
tículos, procederán los jueces y tribunales según su prudente
arbitrio, sin sujetarse a las reglas prescritas en el art. 66.

Art. 384. Será castigado con las penas de prisión de uno a cuatro
años, multa de seis a doce meses y privación del derecho a con-
ducir vehículos a motor y ciclomotores por tiempo superior a seis
y hasta diez años, el que, con consciente desprecio por la vida de
los demás, incurra en la conducta descrita en el art. 381.
Cuando no se haya puesto en concreto peligro la vida o la
integridad de las personas, la pena de prisión será de uno a dos
años, manteniéndose el resto de las penas.

Art. 385. El vehículo a motor o el ciclomotor utilizado en los he-


chos previstos en el artículo anterior, se considerará instrumento
del delito a los efectos del art. 127 de este Código.

271
documEntos

siendo de interés, por haber sido citado por diversos autores


en varios pasajes de esta obra, en fallos y por su constante apli-
cación por los tribunales de justicia del país, transcribiremos a
continuación el texto del informe nº 2.472, del servicio médico
legal, del 28 de octubre de 1976. si bien es cierto, y como se
anotó anteriormente, a la fecha hay una normativa que regula
expresamente la dosiicación o concentración de alcohol en el
organismo, esta tiene vigencia por los efectos que va señalando
conforme los tipos de embriaguez y la cantidad de alcohol en
la sangre, desde un ángulo médico legal.
la comunicación citada fue dirigida originariamente a la
corte de apelaciones de santiago y la Excma. corte suprema de
justicia, a su vez, la reiteró a las cortes respectivas, a los juzgados
del crimen y de policía local, a petición expresa del director
abogado, en esa época, del departamento de la ley de alcoholes
y mediante oicio nº 1.347.
“dE : director del servicio médico legal.
a : señor presidente ilustrísima corte de apelaciones.
En contestación al oicio nº 746 de esa iltma. corte de
apelaciones, en que se solicita ‘se informe sobre el límite que
debe existir entre encontrarse bajo la inluencia del alcohol
y estado de ebriedad en relación con los resultados de los in-
formes de alcoholemia’, me permito informar a us. iltma. lo
siguiente:
la relación existente entre alcoholemia y los efectos del alco-
hol en el organismo tiene especial relevancia cuando se trata de

273
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

la problemática del tránsito y, para ello, es conveniente precisar


algunos conceptos cientíicos que paso a exponer en forma so-
mera y sintética.
la ebriedad alcohólica es el conjunto de alteraciones tóxicas
que se producen en el organismo como consecuencia de la in-
gestión de bebidas alcohólicas.
la sintomatología es progresiva y en su evolución existen dos
etapas sucesivas, que son: la ebriedad inaparente o subclínica y
la ebriedad clínica propiamente tal.

a. Ebriedad inaparente o subclínica


la ebriedad inaparente se produce con la ingestión de las prime-
ras dosis de alcohol y se caracteriza por los siguientes síntomas
principales:
a) desinhibición de las funciones psíquicas superiores;
b) alteraciones sensoriales discretas, en especial del oído y
de la vista;
c) disminución de la concentración psíquica;
d) alteración de la asociación de ideas;
e) lentiicación de las reacciones psicomotoras.
Estas alteraciones pueden presentarse total o aisladamente
y producen condiciones negativas en el tránsito, como cierto
grado de euforia, falsa conianza en sí mismo, exceso de teme-
ridad, reacciones psicológicas desproporcionadas, comprensión
inadecuada para valorar una situación imprevista, conducción
a velocidades altas, poca valorización de las señalizaciones y
control del tránsito, adelantamiento injustiicado del vehículo,
falta de habilidad para sortear obstáculos, falsa apreciación
de distancias, recuperación lenta al encandilamiento, acomo-
dación y agudeza visual disminuidas, percepciones auditivas
distorsionadas, etc.
debe hacerse presente que la mayoría de las infracciones y
accidentes del tránsito se producen por conductores que se en-
cuentran en esta fase preclínica de la ebriedad.

b. Ebriedad clínica propiamente tal


Es la etapa corriente de la ebriedad, cuyos síntomas son eviden-
tes, fáciles de comprobar y que van deteriorando al individuo

274
documEntos

en forma progresiva hasta sumirlo en una fase tóxica depresiva


y anestésica.
los síntomas más evidentes son los siguientes:
a) desinhibición franca de las funciones psíquicas superiores,
con grave compromiso de la autocrítica;
b) compromiso notorio de las facultades intelectuales, como
el juicio, la atención, la comprensión y memoria;
c) trastornos motores que producen progresivamente
limitación de la fuerza muscular, incoordinación de los movi-
mientos, temblor, marcha oscilante, alteraciones del lenguaje,
etc.;
d) alteraciones sensoriales profundas que distorsionan las
percepciones visuales y auditivas, principalmente;
e) disminución de la sensibilidad;
f) trastornos cerebeloso-laberínticos (vértigo), y
g) confusión, estupor, inconsciencia, anestesia y coma en los
estados más avanzados.
clínicamente, estos síntomas se agrupan en cuatro grados de
ebriedad, asignándoseles el grado 1 al inicial y el 4 a la ebriedad
comatosa.
El diagnóstico de la ebriedad debe comprender un examen
clínico, con estudio especial del compromiso neuropsíquico y
sensorial del conductor, y el análisis del alcohol en el organismo.
la alcoholemia es el mejor método de laboratorio para esta-
blecer la ebriedad, por cuanto existe una relación de equivalen-
cia entre los diferentes grados de su dosiicación y las reacciones
propias del organismo.
Existen diferentes factores individuales y circunstanciales
capaces de dar reacciones propias en cada individuo, como es
posible, también, que determinado sujeto tenga una mayor re-
sistencia física y psíquica frente al alcohol; pero estas variables
individuales son ponderadas debidamente cuando se interpreta
una cifra de alcoholemia.
En general, se debe tener presente que estos factores, como
constitución física, estado de salud, personalidad, hábito de
beber, clima, temperatura, actividad física, grado de repleción
gástrica, concentración alcohólica de la bebida, uso de psicoes-
timulantes, medicación sedante, etc., inluyen en las fases de la
absorción y metabolismo del alcohol.

275
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

a manera de ejemplo, la mayor resistencia individual frente


al alcohol no consiste en la tolerancia a elevadas dosis de alco-
hol en la sangre, sino que la persona que llega a cierto grado de
alcoholemia sufre necesariamente sus consecuencias y, por lo
tanto, su resistencia consiste en que metaboliza o elimina una
cantidad mayor que una persona no acostumbrada, con lo cual
el ascenso del alcohol en la sangre es menor.
por otra parte, la interpretación de una alcoholemia lleva
implícita la consideración de todos los factores posibles que pue-
den producir alguna inluencia en las reacciones del individuo
y éstos se ponderan en un porcentaje que es tomado en cuenta
en favor del inculpado.
por ejemplo, desde un punto de vista cientíico experimen-
tal puro, se sabe que con dosis mínimas de alcoholemia, que
luctúan entre 0,30 y 0,50 g por mil, se producen los primeros
síntomas de la ebriedad inaparente; pero como la cifra es para
referirla a una población amplia, para su interpretación mé-
dico-legal se toma en cuenta el grupo de factores que pueda
afectarla y se parte de la cifra máxima desechando los pequeños
valores.
de igual manera, se estima que desde 0,80 g por mil en adelan-
te, el sujeto se encuentra en el período de ebriedad propiamente
tal; criterio que es compartido por los países que marchan a la
vanguardia en esta materia y que cuentan con todos los medios
de examen aplicables en situaciones cuestionadas. pero como esta
situación aún no se da plenamente en nuestro medio, preferimos
utilizar la cifra de 1 g por mil de alcoholemia como límite del co-
mienzo del estado de ebriedad, para no incurrir en apreciaciones
injustas.
de lo anterior, se deduce que cuando interpretamos una
cifra de alcoholemia, estamos dando una información de
conjunto que incluye la realidad cientíica más sus posibles
variables y, por lo tanto, nos referimos a cifras sobre las cua-
les ya no cabe duda del grado de compromiso alcohólico del
examinado y sin consideración a la cantidad de alcohol que
hubiese ingerido.
En consecuencia, precisando la pregunta formulada me per-
mito informar a us. iltma. que para los efectos de la problemá-
tica del tránsito, estimamos que una persona se encuentra bajo

276
documEntos

la inluencia del alcohol cuando la cifra de alcoholemia oscila


entre 0,50 y 0,99 g por mil y que el estado de ebriedad comienza
con 1 g por mil de alcoholemia.

saluda atte. a us. iltma.

dr. alfredo Vargas baeza, director.”

lo que se transcribe a us. iltma. para su conocimiento y


ines pertinentes.
dios guarde a us. iltma.
Fdos.: josé m. Eyzaguirre, presidente
rené pica u., secretario.

277
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

república de chile oicio n° 826-99


ministerio de justicia ant: carta de ud. del 22.04.99.
servicio médico legal mat: Entrega información solicitada.
concepción.
concepción, 22 de abril de 1999.

dE: Q.F.l. mariela Valenzuela guajardo


jefe laboratorio regional
servicio médico legal, concepción.
a: abogado sr. hernán silva silva
concepción.

según lo solicitado en su carta citada en el antecedente, envío


el presente oicio con el in de hacer llegar a ud. la información
solicitada en cuanto al procedimiento que se realiza a la fecha
en este laboratorio regional del servicio médico legal de con-
cepción en la unidad de alcoholemia.
Esta documentación se entrega sólo para ser utilizada en la
publicación del libro sobre “manEjo En Estado dE EmbriaguEZ.
aspectos médico-legales y penales, jurisprudencia y derecho
comparado”; según lo especiicado en su carta, se solicita en
forma expresa que dicho documento no se utilice con ines
judiciales.
Esperando sea de utilidad nuestra cooperación, saludan
atentamente a ud.

dra. hEidi schuFFEnEgEr s. mariEla ValEnZuEla g.


Jefe regional Jefa laboratorio regional
S.M.L. Concepción. S.M.L. Concepción.

278
documEntos

sErVicio médico lEgal dE concEpción


laboratorio rEgional.

conocimiEntos gEnEralEs dEl anÁlisis


dE alcoholEmia

introducción

la implementación del laboratorio regional del servicio médi-


co legal de concepción fue iniciada en noviembre de 1995, con
anterioridad, las pericias requeridas por los tribunales de justicia
eran solicitadas al laboratorio central del servicio médico legal
de santiago, con excepción de los análisis de alcoholemia que se
realizaban en los hospitales provinciales del ministerio de salud,
como el herminda martin de chillán, Víctor ríos ruiz de los
Ángeles y guillermo grant benavente de concepción.
En la actualidad se realizan las muestras de alcoholemia de
los 5 servicios de salud que componen la octava región: bío-bío,
ñuble, concepción, arauco y talcahuano, los cuales comprenden
28 hospitales, con un promedio total mensual de 1.000 muestras.
El art. 122 de la ley nº 17.105 correspondiente a la ley de
alcoholes, faculta al servicio médico legal para realizar los
análisis de alcoholemia e impartir las instrucciones que estime
adecuadas, las que serán cumplidas por los servicios competen-
tes, aun cuando estos servicios no dependan del servicio médico
legal. Es así como se ha establecido una normativa nacional que
rige la toma, almacenamiento y envío de las muestras de alcoho-
lemia al laboratorio de este servicio.

toma dE muEstra dE alcoholEmia

la extracción de la muestra se realiza en las unidades de Emer-


gencia de los establecimientos hospitalarios del sistema público
y en aquellas clínicas privadas que hayan sido previamente auto-
rizadas por el servicio médico legal.
la extracción debe ser efectuada por un médico cirujano,
quien es el responsable de la toma de la muestra y el procedi-

279
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

miento debe realizarse en presencia de un funcionario policial,


el que actúa como ministro de fe.
En la toma de la muestra hay que poner especial precau-
ción en la desinfección de la piel, la cual no puede hacerse con
soluciones alcohólicas, ya que existe la posibilidad de alterar la
muestra; por lo tanto, se pueden usar otros desinfectantes como
lugol.
los frascos para la toma de la muestra los proporciona este
laboratorio con 0,20 gramo de luoruro de sodio como anticoa-
gulante y preservante de la muestra, ya que impide la generación
de alcohol en la muestra por polución bacteriana. El frasco debe
quedar completamente lleno, homogeneizado, herméticamente
sellado, convenientemente etiquetado y documentado.
En forma simultánea, se llena una boleta de atención donde
se indica: establecimiento asistencial, identiicación del frasco,
nombre del examinado, rut del examinado, fecha, hora, apre-
ciación clínica del estado de intemperancia, nombre del médico,
rut del médico, irma y placa del funcionario policial que estuvo
presente en el procedimiento (anexo 1).
luego de completar los datos que se solicitan en la boleta, el
frasco se envuelve en el original (la copia queda en el estableci-
miento hospitalario como certiicación del procedimiento) y se
deposita en una caja fuerte que tiene cerradura con llave y disco
de clave; la llave y los códigos de la clave se encuentran sólo a dis-
posición del jefe del laboratorio regional del servicio médico
legal de concepción (anexo 2).

EnVío dE muEstras para su anÁlisis

El envío de las muestras es responsabilidad del médico jefe de


la unidad de Emergencia y en éste se debe incluir: la caja fuerte
correspondiente, una lista con la descripción y el número de
muestras que contiene la caja (nómina).
si el establecimiento de salud que envía las muestras se en-
cuentra en la misma localidad que el laboratorio de recepción,
este transporte deberá ser realizado por un funcionario idóneo
designado por el jefe de la unidad de Emergencia. por otro
lado, si el establecimiento emisor se encuentra en una localidad

280
documEntos

distinta de la capital regional, el envío de la caja de seguridad y


los documentos anexos en sobre cerrado se hará a través de en-
comienda por correo certiicado, o por otro medio que asegure
su transporte y entrega.

rEcEpción dE muEstras En El laboratorio

un funcionario responsable del laboratorio del servicio médico


legal abrirá la caja con la clave y llave correspondiente en pre-
sencia del funcionario del hospital que la transporta, o en caso
de ser recepcionada por encomienda, de otro funcionario del
servicio médico legal.
En el interior se encontrarán los frascos envueltos en sus
respectivas boletas, cada muestra será extraída y desenvuelta
cuidadosamente, tras lo cual se veriicará para cada una que la
boleta contenga todos los datos requeridos y que el número de
identiicación del frasco sea el mismo que igura en la boleta. si
alguna muestra no cumple con los requisitos anteriores, se deja
constancia de los errores y se informa al hospital en cuestión,
con el in de que se completen los datos o se aclare la consulta.
habiendo registrado todas las observaciones, irman la nómina
los presentes. cuando se reciben las muestras por encomienda,
se remite la caja por correo certiicado o algún otro medio que
garantice su transporte. En esa devolución de la caja se agrega
igual número de frascos vacíos, con el in de reponer los usados
en las muestras recepcionadas.
los funcionarios encargados de la recepción de las muestras
asignan un número de ingreso a cada una de ellas, colocándolo
sucesivamente en el frasco y boleta de alcoholemia que corres-
ponda a ese frasco; a este número se le denomina número de
informe de alcoholemia.
concluidos estos procedimientos, los funcionarios de re-
cepción de muestras las entregarán de inmediato al profesio-
nal jefe del laboratorio de alcoholemia, con sus respectivos
números de ingreso; estas muestras se mantienen en el labo-
ratorio, debidamente numeradas y ordenadas en bandejas de
acero inoxidable en refrigeración (4 a 6º c), hasta su posterior
análisis.

281
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

los datos registrados en la boleta (del examinado y toma de


muestra) son ingresados simultáneamente a la base de datos de
alcoholemia.

FundamEnto tEórico dEl método

El micrométodo de Widmarck constituye uno de los métodos


químicos más antiguos desarrollados para la determinación de
alcohol, fue diseñado y lleva el nombre del químico alemán que
lo desarrolló, quien a través de éste, ya en el año 1932, clariicó
la cinética del alcohol en voluntarios sanos y determinó los pa-
rámetros farmacocinéticos que describen los procesos de absor-
ción, distribución y eliminación, a partir de tablas y gráicos de
concentración v/s tiempo.
El método se fundamenta en dos propiedades principales del
alcohol etílico, a saber:
a) su volatilidad (solvente orgánico microdestilable puro
desde la matriz sangre), y
b) el carácter reductor del alcohol.
principio del método: las reacciones óxido-reducción se desa-
rrollan cuantitativamente entre el oxidante (dicromato de potasio
ácido, solución patrón) y el reductor (alcohol etílico). El método
es en esencia una retrotitulación yodométrica y se desarrolla de
esta manera para favorecer la visualización del punto inal durante
la titulación (yodo: café; sulfato de cromo: celeste).
la estequeometría de las reacciones químicas que dan cuenta
del principio y fundamentan el método, se describen a través de
las siguientes ecuaciones químicas ajustadas:

i. reacción del alcohol microdestilado desde la muestra con


la solución patrón de dicromato de potasio (2 horas a 70ºc)
3 ch3ch2oh + K2cr2o7 +4 h2so4 =3 ch3cho + cr2(so4)3
+7 h2o + K2so4
ii. reacción del alcohol provocada en el matraz Widmarck
por la adición de 1 ml de yoduro de potasio al 100%:
K2cr2o7 + 7 h2so4 + 6Ki = cr2(so4)3 + 7 h2o +4 K2so4 +3
i2

282
documEntos

iii. reacción provocada durante la titulación con solución


valorada de tiosulfato de sodio:
2 na2s2o3 +i2=2 nal + na2s4o6

método analítico

El perito forense, luego de veriicar la correcta calibración de su


micropipeta capilar de 200 um y de revisar el orden e identiica-
ción de los frascos, procede a cargar las muestras en duplicado,
prolija y ordenadamente de acuerdo a lo determinado, introdu-
ciendo un volumen exacto de 200 ul de la muestra dentro del
dispositivo del correspondiente matraz Widmarck, el cual tiene
en su interior 1 ml de solución estándar de dicromato de pota-
sio p.a. en ácido sulfúrico p.a, cuidando que no se produzcan
burbujas de aire dentro del capilar y evitando que se produzcan
derrames de la muestra en las paredes exteriores del bulbo o en
el borde del oriicio, al momento de cargar.
cada matraz posee un tapón de goma el cual se procede a
presionar girándolo hacia la derecha 1/4 de vuelta con el in de
que el dispositivo quede en el interior de este herméticamente.
luego de veriicar que el baño maría ha alcanzado 70ºc,
las gradillas con los matraces se introducen ordenadamente
para que el alcohol que se encuentre presente en la muestra sea
microdestilado. se programa el reloj de alarma para que luego
de transcurridas 2 horas se retiren del baño y se dejen a tempe-
ratura ambiente. una vez que los matraces han tomado la tem-
peratura ambiental, se procede a retirar el dispositivo, ya que el
alcohol presente en la muestra ya ha reaccionado con la solución
estándar de dicromato de potasio, generando una reacción de
óxido-reducción.
luego se adiciona al matraz 1 ml de solución de yoduro de
potasio al 100% y se titula hasta el punto inal cada uno de los
matraces en estricto orden con solución de tiosulfato de sodio ya
valorada como patrón secundario. se obtiene la concentración
de la muestra en una tabla de gasto v/s concentración en gramos
por mil g%, previamente realizada por medio de una curva de
calibración determinada con soluciones estándar de etanol p.a.
en agua destilada.

283
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

como todo el procedimiento se ha realizado en duplicado,


idealmente por dos profesionales peritos en forma cruzada, para
cada una de las muestras se obtiene el valor promedio de los
obtenidos en cada una de las titulaciones, los cuales no deberán
diferir entre sí en más de 0,20 gramo por mil especíicamente
en los resultados positivos; si no es así, se hacen las repeticiones
que sean necesarias con el in de obtener un resultado certero
en el peritaje.
posteriormente, el perito químico forense con una clave
exclusiva ingresa los resultados obtenidos al sistema computa-
cional basándose en el folio de ingreso al laboratorio o número
de informe.

Emisión y dEspacho dE los inFormEs

El sistema computacional una vez que tiene los datos de la toma


de muestra, ingresados por número de informe, y el resultado,
ingresado por el perito bajo este mismo folio, es capaz de unir la
información ingresada por usuarios distintos y generar un infor-
me médico legal, el cual es impreso en un tipo de papel especial,
con logos, timbres y irmas de los funcionarios responsables del
servicio médico legal.
los informes sólo se emiten contra orden judicial previa-
mente recepcionada en este laboratorio, en la cual se indica el
tribunal al que debe ser despachado y número de causa en la
que participa el informe.

nota: se extiende el presente documento, según solicitud del abogado


sr. hernán silva silva, con el in de entregar la información necesaria para una
publicación en la materia.

284
documEntos

MODELO DEL SISTEMA PARA MICRODESTILACIÓN DE MUESTRA


DE ALCOHOLEMIA

Dispositivo Widmarck

Tapón de goma

Matraz Widmarck

Bulbo del dispositivo


con la muestra de
sangre

Reactivo dicromato
de potasio

285
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

Anexo Nº 1

286
documEntos

Anexo N° 2
CAJA DE SEGURIDAD PARA MUESTRAS DE ALCOHOLEMIA1

Perilla que hace Cilindro abierto


girar el cilindro en un lado

Placas que se cierran


para no poder sacar
250 los frascos

200 150

Para candado de
soporte a la pared

1
modelo sugerido por el servicio médico legal. El que se visualiza fue pro-
puesto por bash, plan n° 9511017-3.

287
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

servicio médico legal


dirección nacional

instruccionEs y normatiVa técnica sobrE


EXÁmEnEs dE alcoholEmia

(resolución)
núm. 1.070 exenta.– santiago, 4 de octubre de 2000. – Vistos:
la facultad establecida en el art. 122 de la ley nº 17.105, “sobre
alcoholes, bebidas alcohólicas y Vinagres”; el art. 190 de la ley
nº 18.290, “sobre tránsito”; las facultades que me conieren los
arts. 3, letra a, 12, letra b y 22 del dFl nº 196 de 1960 que ija el
texto de la ley orgánica del servicio médico legal; la resolución
nº 520 de la contraloría general de la república de 1996, y
considerando:
1.– Que el art. 122, inc. 2º de la ley nº 17.105 faculta al servicio
médico legal para supervigilar la práctica de los exámenes de
alcoholemia, pudiendo impartir las instrucciones que estime
adecuadas, las que deberán ser cumplidas por los servicios com-
petentes, aun cuando ellos no dependan del servicio médico
legal.
2.– Que el art. 190, inc. 2º de la ley nº 18.290 establece que
los servicios de asistencia pública, hospitales o postas de pri-
meros auxilios de los servicios de salud tomarán las muestras
sanguíneas para la realización de los exámenes de alcoholemia,
a quienes sean conducidos hasta ahí por funcionarios de cara-
bineros o aquellos que voluntariamente soliciten la aplicación
de dicho examen, sin que la norma citada establezca el procedi-
miento técnico y administrativo para la obtención de la muestra
de sangre.
3.– Que se hace necesario ijar los procedimientos de ob-
tención de muestras sanguíneas para practicar exámenes de
alcoholemia, establecer los procedimientos administrativos
consustanciales a éste, velar por la seguridad, conservación e
invulnerabilidad de las muestras que serán derivadas al servicio
médico legal para su procesamiento, regular los procedimientos
analíticos de las mismas, observar las normas que constituyan

288
documEntos

la cadena de custodia y sigilo correspondientes a todo examen


médico legal y el despacho oportuno y reservado de los mismos a
los tribunales de justicia, ministerio público u otros organismos
competentes que los soliciten.
resuelvo:
1.– apruébase la siguiente normativa para la realización de
exámenes de alcoholemia, para que se aplique a los servicios
de asistencia pública, hospitales, postas de primeros auxilios
de los servicios de salud, clínicas privadas y al propio servicio
médico legal.

normatiVa técnica para la rEaliZación dE EXÁmEnEs dE


alcoholEmia

El procedimiento para determinar la dosis de alcohol en sangre


constará de las siguientes etapas:
a. Extracción de la muestra de sangre.
b. Envío de la muestra de sangre al laboratorio de análisis.
c. recepción de la muestra de sangre en el laboratorio de
análisis.
d. análisis de la muestra.
E. Emisión y despacho del informe de alcoholemia a los
tribunales de justicia u otros organismos competentes que lo
soliciten.
las dos primeras etapas quedan bajo la responsabilidad de
los servicios de urgencia, públicos y privados, y se rigen por las
siguientes normas:

a. Extracción de la muestra

la extracción de la muestra se realizará en las unidades de emer-


gencia de los establecimientos hospitalarios o de atención ambu-
latoria de salud públicos o privados, que hayan sido autorizados
expresamente por el servicio médico legal.
la extracción será ejecutada en estos establecimientos a so-
licitud de funcionarios de carabineros de chile o de la policía

289
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

de investigaciones, o de particulares, en caso de exámenes de


alcoholemia voluntarios.
la extracción debe ser efectuada por un médico cirujano,
quien será responsable de comprobar la identidad de la persona
con su respectiva cédula de identidad en presencia del funcio-
nario policial.
Quedará a criterio del profesional delegar el acto mismo de
la extracción en personal caliicado de su dependencia, mante-
niendo su responsabilidad respecto de todo el procedimiento, en
especial de la identidad del examinado y del cumplimiento de las
normas técnicas que se imparten en el presente instructivo.
para proceder a la toma de la muestra, el médico deberá
ceñirse a los siguientes procedimientos:
a1. se deben usar jeringas desechables.
a2. se debe utilizar un algodón con jabón desinfectante de
triclosán 1% solución de oxicianuro de mercurio, o solución de
lugol, para desinfección de la piel.
no usar nunca alcohol, solución alcohólica de yodo, ni des-
infectantes que contengan alcohol.
a3. recibir la sangre en frascos especiales, que proporcionará
el laboratorio de análisis del servicio médico legal, en paquetes
de a diez. Estos frascos deben ser de vidrio, con tapón de goma
(similares a los envases usados para antibióticos) de 5 ml, a los
que se ha agregado como agente preservante y anticoagulante
50 mg de luoruro de sodio en estado sólido.
los frascos vacíos para las muestras deberán ser guardados
con llave en los servicios de urgencia y la cantidad deberá ser
controlada periódicamente.
a4. la cantidad de sangre debe llenar completamente el enva-
se, para evitar la volatilización del alcohol que pudiese contener.
a5. junto con extraer la muestra, se extenderá una boleta de
atención en la unidad de Emergencia en duplicado. Esta boleta
debe contener los siguientes datos:
• nombre del establecimiento de salud.
• identiicación del frasco (véase a6).
• Fecha y hora de toma de la muestra.
• nombre completo de la persona a la que pertenece la
muestra de sangre, edad y sexo, escrito, al menos, con letra de
molde.

290
documEntos

• cédula de identidad de la persona a la que pertenece la


muestra.
• condición de ésta: peatón, conductor u otro.
En caso de personas no identiicadas, o que no porten cédula
de identidad, debe agregarse a la boleta la icha dactiloscópica.
para tal efecto, el médico o el funcionario del establecimiento
en quien éste delegue la responsabilidad, debe tomar las huellas
dactilares de los diez (10) dedos del paciente, en los formularios
de icha dactiloscópica que proporciona el servicio de registro
civil e identiicación. con este objeto, el responsable del esta-
blecimiento de salud deberá tomar contacto con la oicina del
servicio de registro civil e identiicación de la circunscripción
donde se encuentra el establecimiento, donde le serán entrega-
dos estos formularios y se le brindará la asesoría necesaria para
llenarlos.
• apreciación clínica del estado de ebriedad, según juicio
del médico, con base en anamnesis de ingesta alcohólica (si es
posible) y detección de síntomas y signos de la misma en el exa-
men físico. El resumen de esta apreciación clínica será expresa-
do mediante la siguiente escala de grados de ebriedad, con sus
correspondientes códigos:

Grado de Ebriedad Código


sobrio o sin signos de ingesta alcohólica 0
con signos de ingesta alcohólica o con hálito
alcohólico 1
Ebriedad maniiesta 2
Estado de coma 3
• observaciones clínicas acerca de la presencia de traumatis-
mo cráneo-encefálico o de síntomas y/o signos del consumo de
otras drogas por el examinado, u otras que serán relevantes para
la determinación del estado de ebriedad y para la interpretación
de su resultado.
• nombre completo del médico que efectuó la extracción de
la muestra, escrito al menos con letra de molde, rut y su irma.
• impresión dactilar del pulgar derecho del examinado.
• número de placa y irma del funcionario policial que soli-
citó la toma de la muestra.

291
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

• número del parte de carabineros mediante el cual se dio


cuenta de los hechos que motivaron la toma de muestra.
• comisaría u otra unidad policial emisora del parte.
• juzgado al que se envía el parte de carabineros.
El formato tipo y las dimensiones corresponden al documen-
to que proporcionará el servicio médico legal denominado
“boleta de alcoholemia”.
a6. una vez completado el registro de datos en la boleta de
alcoholemia, el frasco se envuelve en el original de la boleta,
mientras la copia se reserva para la elaboración de la nómina
que se detalla más adelante (ver letra b).
El frasco rotulado y envuelto en el original de su boleta, debe
ser depositado por el médico en la caja de seguridad.
El frasco se depositará a través del oriicio de la caja, en presen-
cia del funcionario policial que condujo al afectado y del afectado
mismo. la caja de seguridad debe ubicarse en un lugar visible en
la sala de extracción de muestras, para que presencien la coloca-
ción en su interior del frasco y de la boleta correspondiente, tanto
el afectado como el funcionario policial que lo acompaña.
se reitera no dejar el frasco con muestra fuera de la caja de
seguridad, depositarlo de inmediato dentro de la misma, de ma-
nera de asegurar la integridad de la muestra.
Esta caja de seguridad deberá mantenerse resguardada en
esa sala, sujeta mediante candado a la pared. la llave de este
candado deberá estar a cargo de un funcionario que designe el
jefe de la unidad de Emergencia y será empleada sólo para cam-
biar la caja por otra vacía, cuando se transporten las muestras al
laboratorio de análisis.
El modelo de las cajas de seguridad es proporcionado por el
servicio médico legal, debiendo cada establecimiento de salud
encargarse de su adquisición. la parte removible no deberá
marcarse ni llevar ningún tipo de identiicación, aceptándose
la numeración del inventario del establecimiento. la llave y
clave de la caja de seguridad estará sólo en poder de la persona
encargada de la recepción de las muestras en el laboratorio del
servicio médico legal.
En cada unidad de Emergencia deberán existir al menos dos
o más cajas de seguridad para reemplazar la que se retire en el
momento del envío de las muestras al laboratorio.

292
documEntos

a7. En caso que el detenido se niegue a la extracción de la


muestra, se confeccionará igualmente la boleta de alcoholemia,
con todos sus datos y muy especialmente con el registro de la
apreciación clínica, efectuada por el médico, y que según su
análisis, presentaba el inculpado. En el espacio dispuesto para
registrar OTRAS OBSERVACIONES, el médico dejará constancia de
la negativa, anotando “rechaza toma de muestra”, o “se niega a
la toma de muestra”. con esta boleta debe envolverse el frasco
vacío que se iba a utilizar en la toma de muestra, el cual debe
identiicarse con las mismas reglas descritas para una muestra
que sí se haya tomado.

b. Envío de las muestras para su análisis


El envío de las muestras es de responsabilidad del médico jefe
de la unidad de Emergencia o del profesional en quien éste
delegue esta función.
para remitir las muestras al laboratorio de análisis del ser-
vicio médico legal, el remitente deberá ceñirse a los siguientes
procedimientos:
b1. El laboratorio de análisis donde serán enviadas las mues-
tras será el del servicio médico legal.
b2. con las copias de las boletas correspondientes a las mues-
tras depositadas en la caja de seguridad, deberá confeccionar
una nómina de envío en duplicado, la que será remitida conjun-
tamente con esa caja de seguridad.
la nómina deberá contener el nombre del establecimiento,
indicar la fecha de remisión y se registrarán en orden cronológi-
co para cada muestra los siguientes datos:
– número de frasco de acuerdo a orden interno asignado por
cada unidad de Emergencia.
– nombre y apellidos de la persona a la que pertenece la
muestra.
– número de la cédula de identidad de la persona a la que
pertenece la muestra.
– Fecha y hora de toma de muestra.
– apreciación clínica registrada en la boleta, mediante su
código.

293
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

– nombre y rut del médico.


El ordenamiento de estos datos en la nómina igura en el
documento denominado “nómina de muestras de alcoholemia
remitida”, cuyo formato se proporcionará a los servicios de salud
por parte del servicio médico legal.
las copias de las boletas de alcoholemia serán archivadas en
el establecimiento de salud por cinco años.
b3. la nómina ya elaborada en duplicado, será irmada por
el profesional responsable en original y copia y será colocada en
sobre cerrado, junto con las ichas dactiloscópicas que se hayan
tomado a los detenidos o interesados de quienes provengan esas
muestras, cuando corresponda.
b4. la caja de seguridad, en conjunto con el sobre cerrado
conteniendo la nómina antes mencionada y las ichas dactilos-
cópicas, serán remitidas al laboratorio de análisis del servicio
médico legal regional más cercano.
si el establecimiento de salud que envía las muestras se halla
ubicado en la misma localidad que el laboratorio de análisis del
servicio médico legal, el transporte de la caja de seguridad y del
sobre deberá ser realizado por un funcionario idóneo, designado
por el jefe de la unidad de Emergencia. Este funcionario será res-
ponsable de cualquier pérdida o destrucción de muestras que se
produzca en el lapso del traslado de los elementos antedichos.
El jefe de la unidad de Emergencia controlará la hora de
salida de este funcionario desde su servicio de unidad con ines
de llevar la caja de seguridad y sus anexos al servicio médico
legal regional. En este servicio se registrará asimismo la hora
de su llegada.
b5. si el establecimiento de salud remisor de las muestras se
ubica en una localidad distinta de la capital regional, el envío de
la caja de seguridad y de sus documentos anexos en sobre cerra-
do, se hará a través de encomienda, correo certiicado o por otro
medio que asegure su correcto transporte y entrega.

c. Recepción de muestras en el laboratorio de análisis

El laboratorio del servicio médico legal contará con una de-


pendencia destinada a la recepción de muestras, a cargo de

294
documEntos

funcionarios responsables de su cuidado y derivación para el


análisis.
las muestras llegarán en caja de seguridad cerrada. los pro-
cedimientos de recepción serán los siguientes:
c1. El funcionario responsable abrirá la caja con llave y clave
correspondiente en presencia de otro funcionario del servicio
médico legal y del funcionario de la unidad de Emergencia que
la transporta.
En el interior se encontrarán los frascos, envueltos en sus
respectivas boletas.
c2. cada frasco será extraído y desenvuelto cuidadosamente,
tras lo cual se veriicará, para cada uno de ellos:
Que la boleta contenga todos los datos requeridos y muy
especialmente la identiicación del detenido o interesado y su
huella dactilar, además de igurar la irma del médico, su rut, el
número de placa del funcionario policial y su irma, el número
de parte y el juzgado a que corresponda.
si el frasco se acompaña de icha dactiloscópica cuando pro-
ceda y si ésta está completa, conforme lo señala el apartado a5.
si el número de identiicación que igura en la boleta sea el
mismo de la nómina.
si alguna muestra no cumple con los requisitos anteriores se
dejará constancia de los errores y se enviará un oicio al servicio
de salud correspondiente solicitando la aclaración respectiva, para
luego con esta aclaración proceder a la corrección pertinente. Estas
irregularidades incluyen frascos con muestra insuiciente (probable
resultado inconcluyente) o vacíos que no indiquen observación
de rechazo del procedimiento de toma de muestra por parte del
paciente. En estos dos últimos casos luego de su aclaración serán
comunicados mediante oicio al tribunal correspondiente.
si las muestras son recibidas por medio de una encomienda,
se seguirán los mismos procedimientos, abriéndose la caja de
seguridad en presencia del jefe del laboratorio de análisis o del
funcionario del servicio médico legal en quien éste delegue esta
responsabilidad.
c3. Firmarán la nómina todos los presentes, indicando la
fecha y la hora.
c4. se entregará al funcionario de la unidad de Emergencia
otra caja de seguridad cerrada y la copia de la nómina de mues-

295
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

tras de alcoholemias remitidas en sobre cerrado, habiendo re-


gistrado en ella las observaciones que correspondan o ninguna,
cuando no se hayan encontrado discrepancias entre los registros
de los frascos, de las boletas y de la propia nómina.
antes de cerrar el sobre, se comprobará que el formulario
de la nómina contiene toda la información adicional que se
requiera registrar.
En caso de ser recibidas las muestras mediante encomienda,
se remitirá por correo certiicado, o por otro medio idóneo que
garantice la seguridad de su transporte y entrega, una encomien-
da de canje, conteniendo una caja de seguridad vacía, la nómina
en sobre cerrado y una caja con frascos vacíos, según lo que se
detalla en el apartado c5.
c5. En caja o paquete separado a la caja de seguridad, se en-
tregarán al funcionario de la unidad de Emergencia los frascos
con anticoagulante y agente preservante, en números múltiplos
de diez cercanos a las muestras recibidas, o en cantidad suiciente
de acuerdo a las necesidades de cada uno, dejando constancia del
número de los mismos en el espacio destinado a registrar observa-
ciones en la nómina de muestras de alcoholemias remitidas.
En caso de haber sido recibidas las muestras mediante en-
comienda, se incluirá también una caja o paquete separado con
frascos con anticoagulante en la encomienda de canje (mencio-
nada en el apartado c4, párrafo tercero).
c6. los funcionarios encargados de la recepción de muestras
asignarán un número de ingreso a cada una de ellas, colocándolo
sucesivamente en el frasco, en la boleta de alcoholemia que co-
rresponda a ese frasco y en la nómina de muestras de alcoholemia
remitidas. Este número se denominará número de informe de al-
coholemia. Este número es correlativo y comienza cada año desde
el nº 01 en adelante.
c7. concluidos estos procedimientos, los funcionarios de re-
cepción de muestras las entregarán de inmediato al profesional
jefe del laboratorio de alcoholemia, con sus respectivos números
de alcoholemia, mediante un libro que detalle el envío de mues-
tras al laboratorio de análisis.
c8. los datos registrados en la nómina: fecha, hora de re-
cepción de las muestras, nombre y rut del médico responsable
de la extracción, serán ingresados simultáneamente a la base de
datos de alcoholemias.

296
documEntos

En los establecimientos del servicio médico legal que aún


carecen de conexión a la red informática, el registro se realizará
en un libro especialmente destinado a esta inalidad, foliado y
tipo índice.

d. Análisis de la muestra

d1. Ejecutado el procedimiento químico de determinación de


la cantidad de alcohol, el profesional anotará los resultados del
análisis en el reverso de cada boleta así como el promedio inal,
ambos con lápiz de tinta indeleble, e ingresará los resultados de
su análisis a la base de datos de las alcoholemias. para el caso de
aquellos servicios que no cuenten con red computacional, se
prohíbe la mantención de otros documentos de registro, como
libros, cuadernos u otros por la posibilidad de que puedan ser
consultados por personas no autorizadas al efecto; por ello se de-
berán conservar las boletas ordenadas y debidamente protegido
el acceso a éstas del personal no autorizado. Frente a cualquier
duda que surja posteriormente, se recurrirá a la boleta para la
conirmación del resultado del examen al no existir otra fuente
de consulta iable dada la eliminación de la muestra, posterior
a su examinación. asimismo deberán realizarse controles alea-
torios, comparando los resultados impresos en el informe con
aquellos registrados en el reverso de la boleta por parte del
perito respectivo.
d2. las boletas con los resultados de análisis quedarán guar-
dadas bajo llave por un plazo mínimo de cinco años y ordenadas
de forma que sea fácil la ubicación de alguna de ser necesario.
tendrán el control de acceso a dicho depósito sólo el jefe de la
unidad de alcoholemias y la (el) encargada(o) administrativa(o)
de la misma unidad.

E. Recepción de órdenes judiciales y despacho del examen

E1. cuando se reciban oicios (órdenes judiciales) de los tribu-


nales o del ministerio público solicitando los informes de alcoho-
lemia, los funcionarios responsables de la conservación y gestión

297
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

de éstos buscarán el número de alcoholemia que corresponda a


la persona mencionada en la orden judicial o de investigación;
para ello, digitarán el nombre de ésta en la base de datos, res-
catando el número de alcoholemia. posteriormente, éste será
registrado manualmente en la misma orden judicial para facilitar
la búsqueda del informe respectivo. simultáneamente ingresarán
a la base de datos la identiicación del tribunal y el número de la
causa o nombre del iscal requirente.
tratándose de oicios que reiteren una solicitud de alcoho-
lemia y habiéndose despachado el informe original, los datos de
identiicación del tribunal y el número de causa se ingresarán en
los campos correspondientes a la emisión de copias de informe.
lo mismo se hará en el caso que los datos de la nueva solicitud
no coincidan con los originales.
si el oicio recibido desde el tribunal se reiere a una muestra
de una persona cuyo nombre o datos generales, que permitan
establecer su identidad, no igura en la base de datos, se emitirá
un oicio respuesta, comunicando al tribunal que no se halla
registrada la muestra de la persona según los antecedentes
enviados. El oicio será irmado por el jefe del departamento
laboratorio.
si el oicio recibido desde el tribunal se reiere a un examen
procedente de un peritaje tanatológico o de sexología forense, o
de cualquier otro peritaje clínico realizado en un establecimien-
to del servicio médico legal, se realizarán las acciones necesarias
a in de enviar al tribunal el resultado del examen, procurando
que a la brevedad éste reciba respuesta a la solicitud realizada al
servicio. será responsabilidad del servicio el entregar respuestas
diligentes a los tribunales de justicia, sin perjuicio de la natu-
raleza de las muestras a que se reieran las solicitudes de estos
órganos jurisdiccionales.
El servicio deberá también responder mediante copia las
solicitudes de informes de alcoholemia que efectúe un iscal
que instruya un sumario administrativo. previo a ello se de-
berá solicitar a dicho iscal la acreditación de su condición
por medio de los actos administrativos dictados por autoridad
competente. Esta norma sólo será aplicable a la instrucción de
sumarios administrativos y no se extiende a las investigaciones
sumarias.

298
documEntos

E2. los informes de alcoholemia serán impresos en papel


continuo y seriado con isotipo del servicio una vez concluido el
proceso analítico y serán archivados en orden correlativo a la
espera de la orden judicial que los solicite.
El resultado del examen será estampado adicionalmente
sobre el formulario del informe, ya impreso, con máquina
protectora de cheques. En el caso de las regiones se tipeará ma-
nualmente cada informe y se estampará en forma manuscrita el
resultado, mientras no cuenten con la referida máquina.
los informes no podrán presentar enmiendas de ninguna
naturaleza, y frente a cualquier error en su preparación deberán
ser reemplazados por un nuevo documento.
E3. El informe de alcoholemia impreso será entregado al
químico que efectuó el análisis, para su irma. Este revisará los
datos del informe para que constate la coincidencia de todos
los antecedentes que aparecen en el registro de que dispone y
lo devolverá irmado al funcionario responsable de la gestión y
conservación de los informes.
E4. El funcionario responsable de la gestión y conserva-
ción de los informes recabará la firma de revisión y visación
del documento al funcionario que ha sido expresamente
facultado para la firma de estas pericias, conforme a lo esta-
blecido por los actos delegatorios vigentes dictados a ese res-
pecto. sin perjuicio de lo anterior, se firmarán los informes de
acuerdo al siguiente orden: a la derecha lo firmará el perito
responsable del examen; a la izquierda, el superior jerárqui-
co en quien se haya delegado la facultad de firma respectiva;
debajo de las dos firmas anteriores deberá ir la del encargado
administrativo.
una vez irmados los informes se procederá a timbrarlos y
se consignará la fecha de despacho en él y en la orden judicial,
fecha que posteriormente será ingresada en la base de datos de
alcoholemia.
las órdenes judiciales deben ser archivadas por numeración
correlativa, respecto del informe que corresponda.
E5. los informes de alcoholemia ya visados serán despacha-
dos por correo certiicado a los tribunales solicitantes, o bien por
estafeta o por medio de los funcionarios de procuraduría en caso
de ser necesario. se despacharán en sobre individual y cerrado o

299
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

conforme al procedimiento de presentación de escritos en tribu-


nales, en caso que la entrega la efectúe la procuraduría.
E6. la fecha de despacho de cada informe será consignada
en la base de datos de alcoholemias o en los libros a falta de
ésta.
2. ordénase la publicación de la presente resolución en el
diario oicial.
anótese, comuníquese y publíquese.– dr. jorge rodríguez
díaz, director nacional.

diario oFicial 28/10/00

dElEga atribucionEs y FacultadEs para suscribir


EXÁmEnEs dE alcoholEmia a Funcionarios QuE
indica

núm. 1.139 exenta.– santiago, 23 de octubre de 2000.– Vistos: la


resolución nº 1.180, del 2 de noviembre de 1998; las facultades
que me conieren el d.F.l. nº 196, de 1960 y d.s. nº 427, de
1943, ley y reglamento orgánico del servicio médico legal; y
lo previsto en la resolución nº 55 de la contraloría general de
la república, y
teniendo presente:
1.– Que el artículo 122º inciso 4º de la ley de alcoholes, al
prescribir las exigencias formales del examen de alcoholemia,
dispone que el informe contendrá la irma de la persona que lo
haya efectuado y, en todo caso, deberá visarlo el jefe del respec-
tivo establecimiento.
2.– Que el artículo 190º de la ley de tránsito en su inciso terce-
ro al referirse a la misma materia, establece que dicho informe ade-
más de contener la irma del funcionario que efectuó el examen,
deberá ser revisado por el jefe del respectivo establecimiento.
3.– Que en la realidad actual, practicándose informes de
alcoholemia en el departamento de laboratorios que funciona
en santiago y en doce de las principales ciudades del país que
van desde iquique a punta arenas, hacen imposible que estos
informes puedan ser visados y irmados por el director nacional,
atendiendo la extensión geográica y el gran cúmulo de docu-

300
documEntos

mentos y materias que deben ser conocidos y resueltos por el jefe


superior del establecimiento.
4.– Que para dar solución a este problema se hace necesario
acudir a la institución de la delegación de atribuciones y faculta-
des que contempla la ley nº 18.575 orgánica constitucional de
bases generales de la administración del Estado, en la norma
contenida en su artículo 43º, aplicable en este caso a la delega-
ción, por parte del director nacional del sml, de la facultad de
irmar los informes de alcoholemia.
5.– Que es necesario actualizar la resolución nº 1.180, de
1998 de este servicio, dado que se han producido cambios en la
titularidad de la jefatura regional en la Vi región, así como se ha
integrado una perito al laboratorio de la ciudad de antofagasta,
con lo que el jefe regional respectivo no realizará análisis de al-
coholemia en forma regular como ocurría hasta hoy.
resuelvo:
1º.– deléguese la facultad y atribución de otorgar el visto
bueno y irmar los exámenes de alcoholemia, de la manera y
condiciones que a continuación se señalan:
a.– los exámenes de alcoholemia realizados en el departa-
mento de laboratorios del servicio médico legal de la región
metropolitana, llevarán el visto bueno y la irma de la químico
farmacéutico legista y jefe del departamento de laboratorios,
sra. ana toyos díaz o de la químico farmacéutico legista sara
gatica inostroza, indistintamente.
b.– los exámenes de alcoholemia realizados en los labora-
torios de los servicios médico legales regionales, llevarán el
visto bueno y la irma del jefe regional respectivo, de acuerdo al
siguiente listado:
• i región, iquique: dr. pedro iriondo correa;
• ii región, antofagasta: Q.F.l. Francisco de la Fuente
Vásquez;
• iii región, copiapó: dr. carlos silva lazo;
• iV región, la serena: dra. Katia cabrera briceño;
• V región, Valparaíso: dra. rosa ruiz ríos;
• Vi región, rancagua: dr. héctor labbé saffa;
• Vii región, talca: dr. josé ibieta muñoz;
• Viii región, concepción: dra. heidi schuffeneger
salas;

301
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

• iX región, temuco: dra. Viera barrientos orloff;


• X región, puerto montt: dr. germán Quappe de la
maza;
• Xi región, coyhaique: dr. jaime ceballos Vergara;
• Xii región, punta arenas: dr. juan santana oyarzo.

c. En caso de ausencia o impedimento de un jefe regional,


la irma de los respectivos informes se realizará conforme a la
siguiente distribución:

Región Titular 1 Titular 2


• primera dr. pedro iriondo c. QFl Francisco de la Fuente V.
• segunda QFl Francisco de la Fuente dr. pedro iriondo c.
• tercera dr. carlos silva l. dra. Katia cabrera b.
• cuarta dra. Katia cabrera b. dr. carlos silva l.
• Quinta dra. rosa ruiz r. QFl ana toyos d. o QFl
sara gatica i.
• sexta dr. héctor labbé s. QFl ana toyos d. o QFl sara
gatica i.
• séptima dr. josé ibieta m. dra. heidi schuffeneger s.
• octava dra. heidi schuffeneger s. dr. josé ibieta m.
• novena dra. Viera barrientos o. dra. heidi schuffeneger s.
• décima dr. germán Quappe de la m. dra. Viera barrientos o.
• undécima dr. jaime ceballos V. dr. germán Quappe de la m.
• duodécima dr. juan santana oyarzo dr. jaime ceballos V.
d.– los exámenes de alcoholemia realizados en la ii región
de antofagasta, en caso de que sean ejecutados por el jefe re-
gional, por ser éste químico farmacéutico, deberán ser visados
por el dr. pedro iriondo c., jefe regional de la i región, en
quien, también, se ha delegado esta facultad.
E.– En caso de no poderse aplicar la norma precedente, los
exámenes de alcoholemia deberán enviarse al departamento
de laboratorios de la región metropolitana y a su suscripción
y visto bueno se estará a la norma contenida en la letra a de la
presente resolución.
2º.– conforme lo prescribe la letra “c’’ del artículo 43 de la
loc de bases generales de la administración del Estado, pro-
cédase a la publicación del presente acto administrativo en la
edición del diario oicial más próxima.

302
documEntos

anótese, comuníquese, publíquese y en su oportunidad ar-


chívense estos antecedentes.– dr. jorge rodríguez díaz, director
nacional.

diario oFicial 06/11/00

servicio médico legal


dirección nacional

dElEga atribucionEs y FacultadEs dE otorgar


autoriZación para EXtracción dE órganos y
tEjidos con FinEs tErapéuticos dE cadÁVErEs
ingrEsados al sErVicio médico lEgal

(resolución)
núm. 1.345 exenta.– santiago, 4 de diciembre de 2000.– Vistos:
disposiciones del libro noveno del código sanitario y decreto
nº 240 del ministerio de salud, reglamento del libro noveno
del código sanitario, disposiciones de la ley 19.451, ley de
trasplante y donación de órganos, decreto supremo nº 656 de
salud de fecha 05.07.96 que aprueba el reglamento de la ley
19.451, resolución nº 1.063 del director nacional del servicio
médico legal, del 24 de septiembre de 1998, artículo 43 de la
ley 18.575, ley orgánica constitucional de bases generales de
la administración del Estado, y en virtud de las facultades que
me coniere el dFl nº 196 de 1960 y ds nº 427 de 1943, ley y
reglamento orgánico del servicio médico legal; y lo previsto
en la resolución nº 520 de la contraloría general de la repú-
blica; y
teniendo presente:
1.– Que los avances tecnológicos en materia de extracción
y trasplante de órganos y de extracción e injerto de tejidos re-
presentan una posibilidad cierta de entregar salud a eventuales
personas que lo necesiten.
2.– Que, atendido el carácter de institución pública del ser-
vicio médico legal, es preocupación de este último el facilitar la
obtención de órganos y de tejidos de personas fallecidas título

303
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

gratuito para su posterior uso en quienes requieran de un tras-


plante o de un injerto, para ines terapéuticos.
3.– Que el código de procedimiento penal que rige en nues-
tro país desde el 1 de marzo de 1907 expresa en libro ii, prime-
ra parte, título iii, artículo 121 que “cuando se sospeche que la
muerte de una persona es el resultado de un delito, se procederá
antes de la inhumación del cadáver, o inmediatamente después
de exhumado, a efectuar la descripción ordenada en el artículo
112, a practicar el reconocimiento y autopsia del cadáver y a
identiicar la persona del difunto’’.
4.– Que, el nuevo código de procedimiento penal, publicado
en el diario oicial con fecha 12 de octubre de 2000, al referirse
al hallazgo de un cadáver, en su artículo 201 señala que “cuando
hubiere motivo para sospechar que la muerte de una persona fuere
el resultado de un hecho punible, el iscal procederá, antes de la
inhumación del cadáver, o inmediatamente después de su exhuma-
ción, a practicar el reconocimiento e identiicación del difunto y a
ordenar la autopsia’’, norma que deroga tácitamente el artículo 121
del código de procedimiento penal, otorgando un nuevo concepto
legal de muerte médico legal, en el sentido no sólo de sospechar,
sino que debe existir una motivación previa que sustente la sospe-
cha. Este nuevo cuerpo legal, a medida de que adquiera vigencia de
acuerdo a los artículos 483 y siguientes del mismo cuerpo normati-
vo, se aplicará gradualmente en las regiones del país.
5.– Que, de conformidad a lo dispuesto en el artículo 12 de
la ley 19.451, y artículo 24 inciso 2º del reglamento de la ley pre-
citada, cuando una persona hubiere fallecido en alguno de los
casos indicados en el artículo 121 del código de procedimiento
penal, o cuando su muerte hubiere dado lugar a un proceso
penal, será necesaria la autorización del director del servicio
médico legal o del médico en quien éste haya delegado esta
atribución, para destinar el cadáver a las inalidades previstas en
la ley sobre trasplantes y donación de órganos.
6.– Que, conforme a lo establecido en el artículo 151 del libro
noveno del código sanitario, cuando una persona hubiere falleci-
do en alguno de los casos indicados en el artículo 121 del código
de procedimiento penal, o cuando su muerte hubiere dado lugar
a un proceso penal, será necesaria la autorización del director del
servicio médico legal o del médico cirujano en quien éste haya

304
documEntos

delegado esta atribución para destinar el cadáver a las inalidades


previstas en el libro noveno del código sanitario.
7.– Que, de acuerdo a la realidad actual de nuestro país, en
el que se realizan autopsias en todas las dependencias regionales
del servicio médico legal, y la circunstancia de ser requeridos
por los establecimientos de salud, órganos y tejidos para su tras-
plante e injerto respectivo, se hace recomendable entregar las
atribuciones de autorizar la extracción y destinación de órganos
y tejidos de cadáveres para ines terapéuticos en un médico
cirujano correspondiente al servicio médico legal regional
respectivo.
8.– Que para dar solución a este problema se hace necesario
acudir a la institución de la delegación de atribuciones y facul-
tades que contempla la ley nº 18.575, orgánica constitucional
de bases generales de la administración del Estado, en la norma
contenida en su artículo 43º, aplicable en este caso a la delega-
ción, por parte del director nacional del sml, de la facultad de
irmar las autorizaciones para la extracción de órganos y tejidos
de cadáveres ingresados al servicio, con ines terapéuticos,
resuelvo:
1º.– deléguese la facultad y atribución de otorgar la autori-
zación para extraer y disponer con ines terapéuticos órganos
y tejidos (incluyendo tejido corneal), de cadáveres que se en-
cuentren en el servicio médico legal por tratarse de casos del
artículo nº 121 del código de procedimiento penal de 1894, o
casos del artículo nº 201 del nuevo código de procedimiento
penal de 2000, según corresponda, en deinitiva, por tratarse
de casos médico legales, según lo dispuesto en los artículos 12
de ley nº 19.451, 24 inciso segundo del reglamento de la ley
19.451, artículo 151 del libro noveno del código sanitario, en
las siguientes personas:
• i región, iquique, dr. pedro iriondo correa
• ii región, antofagasta, dr. juan cabanne gonzález
• iii región, copiapó, dr. carlos silva lazo
• iV región, la serena, dra. Katia cabrera briceño
• V región, Valparaíso, dra. rosa ruiz ríos
• Vi región, rancagua, dr. héctor labbé saffa
• Vii región, talca, dr. josé ibieta muñoz
• Viii región, concepción, dra. heidi schuffeneger salas

305
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

• iX región, temuco, dra. Viera barrientos orloff


• X región, puerto montt, dr. germán Quappe de la
maza
• Xi región, coyhaique, dr. jaime ceballos Vergara
• Xii región, punta arenas, dr. juan santana oyarzo
• región metropolitana, dra. maría Viviana san martín
herrera.
las delegaciones antes descritas se efectúan en los profesio-
nales indicados con una cobertura que abarca la totalidad del
medio jurisdiccional correspondiente a su respectiva región.
En caso de ausencia o impedimento transitorio para realizar
las referidas autorizaciones por parte de los profesionales indi-
cados, cubrirán dicha necesidad en horas hábiles (8:30 a 17:00
hrs.) los jefes de departamento de tanatología o sus subrogantes
legales, o bien los tanatólogos de turno designados por las mis-
mas jefaturas regionales.
En las horas y días inhábiles que se requiera por ausencia o
impedimento transitorio de los delegados titulares, la autoriza-
ción podrá otorgarse por los tanatólogos de turno del servicio
médico legal de la región respectiva.
2º.– será responsabilidad del jefe del servicio médico legal
regional respectivo, el mantener informados a los jefes de los
servicios de salud regionales y directores de hospitales acerca
de las personas a las cuales el director nacional del servicio mé-
dico legal haya delegado la facultad objeto de esta resolución,
o de quienes les subrogan en dicha atribución, como asimismo
de los tanatólogos que realicen dichas autorizaciones.
3º.– conforme lo prescribe la letra “c’’ del artículo 43 de la
ley orgánica constitucional de bases generales de la adminis-
tración del Estado, procédase a la publicación del presente acto
administrativo en la edición del diario oicial más próxima.
anótese, comuníquese, publíquese y en su oportunidad ar-
chívense estos antecedentes.– dra. américa gonzález Figueroa,
directora nacional (s).

306
documEntos

límitEs mundialEs rEspEcto a concEntración dE


alcohol En la sangrE

intErnational cEntEr For alcohol policiEs, icap.


rEportE 11, mayo 2002.

(El artículo original está escrito en inglés)

En resumen. mientras el establecimiento de un nivel cas


máximo permisible para los conductores ebrios ha sido un
método extensamente adoptado para controlar a los conduc-
tores ebrios en muchos países, existe una falta de acuerdo
sobre en cuánto se puede fijar ese nivel. además, el uso de
límites para manejar y consumir es quizás más efectivo como
el aspecto de solución más comprensiva (mann et al., 2001),
que incluye un incremento en la educación pública sobre los
riesgos asociados con manejar y consumir bebidas alcohólicas,
ejercer las leyes relacionadas e implementar medidas que
prevengan manejar en estado de ebriedad. tales medidas
también incluyen entrenar equipos en los locales de venta
autorizados, para reconocer la intoxicación con patrones
individuales, y la disponibilidad de alternativas para manejar,
tales como servicio gratuito de taxi. las medidas enfocadas
a aquellos conductores cuyos patrones de consumo pueden
resultar en conductas imprudentes, son una medida efectiva
para reducir el daño.
El reporte intenta servir como guía de los niveles de concen-
trados de alcohol en sangre, o cas 1 (bac en inglés), permitido
para los que manejan vehículos.
también explorará la historia reciente y racional para es-
tablecer estos límites, y los sistemas de ejecución de las leyes y
sanciones que los apoyan.

antEcEdEntEs

las bebidas alcohólicas son disfrutadas ampliamente en todo


el mundo, en diferentes lugares y por muchas y variadas
personas. son bien conocidos los patrones irresponsables
de consumo, que unidos a ciertas acciones como manejar,

307
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

pueden tener como resultado un gran número de daños


(grant & litvak, 1998). por esto, muchos países han estado
de acuerdo en la necesidad de establecer reglamentos que
prohíban manejar a conductores ebrios, especialmente si se
aplica a manejar automóviles en caminos públicos. la regu-
lación del máximo permitido de niveles cas (concentración
de alcohol en sangre), es un instrumento para reforzar y
para prevenir.
cas representa la cantidad de etanol en una cierta cantidad
de sangre, y se conoce como “peso por volumen”. las medidas
más utilizadas generalmente son gramos de etanol por mililitro
de sangre (g/ml), utilizado en Estados unidos, y miligramos de
etanol por mililitro de sangre (mg/ml), utilizado en la mayor
parte de Europa. por ejemplo, .005 g/ml=50 mg/ml. En este
documento se utiliza la expresión “mg/ml”. El delito de manejar
con un cas por arriba del límite legal se conoce de varias formas,
como: “manejar ebrio” (mi), “manejar bajo inluencia alcohóli-
ca” (mbia), “beber y conducir”, o “manejar ebrio”, entre otras
expresiones similares. sin embargo, es importante hacer notar
que pueden ser utilizados indistintamente. de hecho, ciertas
jurisdicciones aplican estos términos u otros, selectivamente ba-
sados en una conducta especíica por manejar ebrio o un delito
cometido por ebriedad.
por ejemplo, en japón un cargo por sakeyoi unten (literal-
mente “manejar ebrio”), puede ser solamente una llamada de
atención de un oicial de la policía, mientras syukiobi unten
(“manejando bajo inluencia alcohólica”) se aplica a una per-
sona cuyo cas ha cruzado el umbral del límite de 0.5 mg/ml
(deshapriya & iwase, 1996). En suecia, un cargo por manejar
ebrio se aplica a un conductor al que se ha encontrado un nivel
de alcohol en sangre que ha cruzado el umbral de 0.2 mg/ml,
mientras que un conductor borracho “grave” se reserva para
aquellos cuyo cas ha superado el límite máximo de 1.0 mg/ml
(borschos, 2000). además, algunas jurisdicciones han estable-
cido diferentes cargos para describir esas situaciones como un
cas excesivamente elevado o un accidente por manejar ebrio,
que causa heridas a las personas o la muerte, y reservan cargos
separados y más serios para castigar estos delitos.

308
documEntos

En principio, el tema de beber y conducir empezó a llamar


la atención conforme las poblaciones y los dueños de vehículos
se incrementaban en la última parte del siglo 19 y en los prime-
ros años del siglo 20 (moskowitz et al., 2000; jones, 1990). las
primeras leyes dirigidas contra conducir ebrio relejan el estado
primario de los vehículos de transporte utilizados, caballos y
ganado y máquinas a vapor. después fueron modiicadas para
incluir los vehículos a motor, conforme estos se hicieron más
comunes (institute for alcohol studies, 2002).
cuando se intensiicó la preocupación del gobierno y del
público por este tema, y cuando la evaluación subjetiva de los
síntomas físicos de ebriedad demostraron ser inadecuados
para el uso jurídico, primero la medida del etanol en los lí-
quidos del cuerpo fue investigada como una medida coniable
sobre la incapacidad (jones, 1990). El alcohol se absorbe por
la corriente sanguínea en proporciones distintas por diferen-
tes individuos, dependiendo del contenido total de agua en
el cuerpo (thomasson, 2000), y por las diferencias de sexo
y edad (Kalanant, 2000). las características genéticas (icap,
2001) y el consumo de alimentos anterior o mientras se con-
sume (gentry, 2000), pueden también afectar la absorción y
el metabolismo.
El método más común para determinar el cas es midiendo el
alcohol en una muestra exhalada de aliento. Esta cifra es después
convertida en una representación del cas. En respuesta a que los
niveles de alcohol en el aliento no relejan coniablemente los
niveles de alcohol en sangre, ciertos países incluyendo austria,
Francia, noruega, singapur, suecia y el reino unido, han legis-
lado especíicamente un “contenido de alcohol en aliento”, o
caa –brac en inglés– (jones, 1990), además de un cas. la ventaja
principal sobre el método de prueba del aliento es la facilidad
para hacerla, que permite una lectura inmediata de cas.
otras pruebas involucran la medida de los luidos del
cuerpo, y por lo general son llevadas a cabo en instalaciones
clínicas. la precisión técnica de las muestras de orina sufre
de la misma necesidad de un factor de conversión, como las
pruebas de aliento. además, desde un punto de vista de impo-
sición, ambas muestras, la de orina y sangre, pueden ser menos
prácticas que una prueba inmediata de aliento, ya que el cas en

309
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

un individuo puede cambiar durante el tiempo necesario para


tener una prueba apropiada para la muestra. un método evolu-
cionado recientemente para determinar el cas se desarrolla uti-
lizando el sudor del cuerpo, midiendo el contenido de etanol
y añadiendo todo esto al cas. sin embargo, la coniabilidad de
este método también se encuentra en discusión (swift, 2000).

niVElEs mundialEs dE cas

mientras muchos países han legislado el máximo permisible de


niveles de cas, el punto inicial en que cada país ijó su límite
varía considerablemente. la tabla 1 representa la actual legisla-
ción del cas en países seleccionados, reunidos y compilados de
varias fuentes.
como se demuestra en la tabla 1, el inicio del máximo per-
mitido de cas para los que conducen es de 1.0 mg/ml hasta un
nivel de tolerancia cero (0.0 mg/ml).
los Estados unidos tienen el nivel más alto permitido de
cas, con algunas jurisdicciones que mantienen el de 1.0 mg/ml
conforme el umbral de cas sea permitido para los que conducen.
nueve países han ijado su nivel de cas en 0.8 mg/ml, mientras
27 utilizan 0.5 mg/ml como su cas legal. solamente lituania ha
designado 0.4 mg/ml, mientras tres países (georgia, moldavia,
turkmenistan), lo han designado en 0.3 mg/ml. ambos, norue-
ga y suecia, han ijado 0.2 mg/ml y en albania es solo de 0.1 mg/
ml. ocho países no permiten ningún rastro de alcohol en sangre
de algún conductor, mientras rusia deine su estándar solamente
con el término “borrachera”. Es importante notar que la tabla 1
no incluye a todos los países, y que cierto número de países no
tiene ninguna legislación por manejar en estado de ebriedad, o
simplemente no han ijado un nivel máximo de cas.
además del límite estándar de cas que se aplica a los con-
ductores adultos, algunos países tienen un límite más restrin-
gido para los jóvenes o conductores menos experimentados.
australia, austria, canadá, croacia, italia, macedonia, nueva
Zelanda, Eslovenia, España y los Estados unidos están dentro
de este límite, ya sea con una edad ija deinida o períodos
probatorios, inmediatamente después de obtener una licencia

310
documEntos

(a cualquier edad), en la que se aplica un nivel más bajo de cas


(stewart, 2000). mientras estos límites más bajos tienden a una
tolerancia cero para esos conductores, en la práctica son ijados
a menudo en 0.2 mg/ml (deshapriya & iwase, 1996) a in de
reducir la posibilidad de que otras variables puedan confundir
la lectura de cas.
no solamente los conductores son requeridos a ajustarse
a ciertas restricciones cas. los operadores de transportes de
recreación, tales como bicicletas, autos para nieve y aviones
particulares pueden tener que ajustarse a estándares similares.
En muchas jurisdicciones donde se aplica un nivel permisible
para conducir y beber, sin tomar en cuenta el tipo de vehículo
motorizado (rehn et al., 2001). algunas veces las prohibiciones
son vagas, tales como en el reino unido, donde simplemente
el lenguaje impide que las personas anden en bicicleta bajo in-
luencia alcohólica (department of transport, Environment and
the regions, 2002).
las restricciones del cas no se limitan a vehículos persona-
les o de recreación. En algunos países, australia, austria, por-
tugal, España y los Estados unidos tiene un límite cas igual o
más restrictivo, para los conductores de cierto tipo de vehículos
comerciales. Estos pueden incluir camiones arriba de límites
de cierto peso, aquellos que transporten artículos peligrosos o
vehículos de pasajeros que transporten más de cierto número
de gente, tales como camiones, taxis y ambulancias.

311
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

límitEs EstÁndar dE cas

país cas estándar país cas estándar


en mg/ml en mg/ml
albania 0.1 lituania 0.4
argentina 0.5 luxemburgo 0.8
armenia 0 malta 0.8
australia 0.5 moldavia 0.3>
austria 0.5 países bajos 0.5
azerbaiján 0.5 nueva Zelanda 0.8
belarus 0 noruega 0.2
bélgica 0.5 perú 0.5
bosnia y
herzegovina 0.5 polonia 0.5
bulgaria 0.5 portugal 0.5
canadá 0.5 rumania 0
república
croata 0.5 rusia “embriaguez”
república
checa 0.58 singapur 0.8
dinamarca 0 república Eslovaca 0
Estonia 0.5 Eslovenia 0.5
Finlandia 0 sur África 0.5
Francia 0.5 sur corea 0.5
georgia 0.5 España 0.5
alemania 0.5 suecia 0.2
grecia 0.3 tailandia 0.8
hungría 0 turquía 0.5
islandia 0 turkmenistán 0.3
irlanda 0.5 reino unido 0.8
israel 0.8 Estados unidos* 0.8/1.0
italia 0.5 Zimbaue 0.8
Kirgizstán 0.5
letonia 0

*El cas permisible actualmente se ija por cada uno de los


Estados. todos deberán ajustarse a un estándar de 0.8 antes de

312
documEntos

octubre 1º de 2003, o correr el riesgo de perder los fondos Fede-


rales. En los Estados unidos la violación de un conductor comer-
cial que pase de un límite de 0.4 mg/ml es causa suiciente para
suspenderlo(a) del servicio por 24 horas (stewart, 2000). Existen
también límites para los conductores comerciales de vehículos que
no son a motor. por ejemplo, en el reino unido el nivel de cas de
0.8 mg/ml se aplica a los trabajadores de ferrocarril y metro, así
como también a la tripulación de barcos comerciales (department
of transport, Environment, and the regions, 2002).

política dEl cas

Fijando niveles de cas


los países de la tabla 1 fueron seleccionados para destacar el
amplio rango que tiene el cas y que ha sido juzgado aceptable
para los conductores por sus respectivos gobiernos. para ser
establecidos estos límites, se fundamentan en investigaciones
clínicas que muestran incapacidad para conducir relacionada
con habilidades en ciertos niveles de cas (moskowitz & Fioren-
tino, 2000; moskowitz et al., 2000). los simuladores de manejo
también han sido utilizados para determinar apropiados límites
cas, pero no pueden representar adecuadamente la experiencia
de una conducta real de manejo. sin embargo, ijar un límite
cas se basa en un determinado número de factores (Kenkel,
1998; rehn et al., 2001; mann et al., 2001), incluyendo evidencia
histórica importante y la percepción de riesgo en contra de la
conveniencia pública y aceptación cultural de tales restricciones
de la conducta individual.
por estudios realizados en varios países se encontró que en-
tre los conductores que beben, la mayoría tiene un cas debajo
del límite legal en su jurisdicción (odero & Zwi, 1997; penttila
et al., 2000; gledec, 2000). como resultado, reducir el límite
legal en esa situación, puede ser percibido como un cambio in-
deseable en la política, infringiendo la conducta ya establecida
de consumo de bebidas alcohólicas por gran cantidad de gente
establecida. además, el incremento resultante en el número de
posibles infractores por conducir ebrios, redundará en un gasto
importante de recursos, para la ejecución legal del proceso.

313
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

desde que se inició el concepto de máximo permisible


cas, ha habido una tendencia general a hacer más estrictos los
niveles. sin embargo, al examinar la investigación del efecto
especíico de la reducción de cas en varias jurisdicciones del
mundo éste no es concluyente. la evidencia ha demostrado
en austria, dinamarca, alemania, suecia, los Estados unidos
y donde quiera que se han reducido los niveles cas, también se
ha reducido el número de informes sobre viajar con conducto-
res ebrios y lesiones o accidentes fatales (bartl & Esberg, 2000;
borschos, 2000; Vollrath & Kreuger, 2000). otra investigación
no ha podido encontrar resultados por las reducciones (Foss
et al., 2001), y en algunos casos se ha reportado un incremen-
to en la proporción de accidentes fatales involucrados con el
alcohol (bernhoft, 2000). se ha sugerido que otros factores
tales como incremento de patrullas, la ejecución legal de cas
y el aumento en el conocimiento público de los temas sobre
conducir ebrio, es en gran medida responsable de reduccio-
nes en las infracciones por manejar en estado de ebriedad,
consecuentes con la reducción legal de cas (mann et al., 2001;
apsler et al., 1999; Vollrath & Kreuger, 2001; bartl & Ewsber-
ger, 2000).
también es posible que los llamados conductores “eviden-
temente” ebrios y los reincidentes, sean indiferentes a la im-
plantación de límites cas. los estudios que se llevaron a cabo
en los Estados unidos y canadá (simpson et al., mayhew et al.,
1998) encontraron que el 65% de todos los accidentes fatales
por conducir ebrio y 72% de todas las pruebas de lesiones fa-
tales de personas ebrias, tenían un cas superior a 1.5 mg/ml.
Esto es más del doble del nivel establecido en la mayor parte de
canadá y los Estados unidos, que sugiere que esos individuos
pueden haber prestado poca atención a la severidad adicio-
nal del nivel. además, más del 20% de todos los infractores
convictos por conducir ebrios han cometido anteriormente
infracciones por manejar en estado de ebriedad. no tomar en
cuenta estos límites establecidos hace dudar de la eicacia de
cambios menores a los niveles de cas, por lo menos para estos
grupos de personas.

314
documEntos

prEVEnción y EjEcución lEgal

El umbral legal de intoxicación para manejar un vehículo a mo-


tor no solamente se reieres al cas, que además no cuenta con
un consenso internacional. la prevención, ejecución de la ley,
castigo, tratamiento y procesamiento a los ofensores, también
varían en gran forma.
como arriba se indica, establecer el cas sirve como un um-
bral legal para los infractores por conducir ebrios, y como un
recordatorio para los individuos acerca de la ilegalidad de beber
y conducir. sin embargo, aunque beber y conducir es conocido
como una conducta de peligro potencial, existe evidencia de
que algunas personas ni siquiera están conscientes del límite
legal que se les aplica, ni de cuánto alcohol pueden consumir
antes de alcanzar el límite (the century council, 1998). las
campañas para educar a la gente incrementan el conocimiento
general de los límites locales de cas, que ha llegado a conocerse
ampliamente como un medio efectivo de reducir esa conducta
y los daños inherentes (scheinberg & stouffer, 1999; bloomber,
1992; Worden et al., 1989). Esas campañas han sido implementa-
das mundialmente en varios países por las agencias gubernamen-
tales, los grupos de la industria y los de apoyo como el mothers
against drunk driving (madd).
además de incrementar el conocimiento, la continua im-
plantación de leyes sobre beber y conducir y los límites bac han
demostrado ser un factor público persuasivo (trafic injury re-
search Foundation, 1998). Esa implantación ha tenido la forma
de pruebas de aliento casuales, puntos de control de sobriedad,
amplio patrullaje policial y entrenamiento de oiciales para
permitir mayor identiicación de conductores ebrios (stewart
& sweedler, 1997; british medical association, 1996; Karlovsek
& Zlender, 1996). Frecuentemente se ha mencionado a austra-
lia como ejemplo de la eicacia de la introducción vigorosa de
pruebas de aliento casual, así como su ejecución para reducir
la conducta de beber y conducir y los graves riesgos inherentes
(homel, 1993). sin embargo, ciertos países o jurisdicciones no
permiten pruebas de aliento casuales (rehn et al., 2001).
las jurisdicciones diferentes a caminos públicos, también
pueden beneiciarse por el incremento de una vigilancia legal.

315
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

Varios estudios de las salas de emergencia de los hospitales han


demostrado que solamente un pequeño porcentaje de los con-
ductores admitieron haber estado en accidentes relacionados
con el alcohol, quienes son arrestados después de la atención
médica, aunque exista una clara evidencia de laboratorio acerca
de que su nivel cas excede el límite legal (cydulka et al., 1998;
goldman et al., 1998). la inconsistencia entre los oiciales de la
policía y los tribunales en la prosecución de conductores ebrios
(jonah et al., 1999; mccartt et al., 1998), puede también llevar a
una sobrevaluación de la severidad del tema.
los castigos impuestos a los conductores ebrios son muy dife-
rentes en estilo y severidad. las multas monetarias son comunes
y a menudo surgen por múltiples convicciones o conforme el
nivel de cas se incrementa. En algunos lugares, incluyendo Fin-
landia y suecia, la cantidad de una multa puede estar basada en
parte del ingreso del conductor (stewart, 2000). En otros, una
suspensión de la licencia para conducir puede ejecutarse por la
primera infracción, inmediatamente después de haber fallado o
rehusado una prueba cas. El tipo de suspensión es frecuente en
una acción administrativa inmediata, en lugar de una judicial,
y se intenta tener una respuesta rápida y efectiva en el daño
público (apsler et al., 1999). la suspensión de la licencia y el
encarcelamiento son muy frecuentes, especialmente en los ca-
sos que involucran reincidencias repetitivas de los conductores,
principalmente si tienen un alto cas. En los casos que involucran
accidentes con lesiones o muerte, esas sanciones pueden incluir
una revocación permanente de la licencia o muchos años de
cárcel (rehn et al., 2001).
En otros casos, castigos más instructivos han sido aplicados a
conductores ebrios convictos, con la esperanza de que la expe-
riencia les dará una perspectiva sobre el daño que sus acciones
podrían haber causado. En los Estados unidos, estos castigos han
incluido visitas a la morgue o al hospital para ver a las víctimas y
discusiones forzosas con las víctimas de accidentes por manejar
en estado de ebriedad o sus parientes. tales medidas han tenido
resultados mixtos en términos de cambio de actitudes y conduc-
tas futuras (Kingsworth, 1991; Fors & rojek, 1999). la educación
sobre alcohol y el tratamiento obligatorio han sido problemáticos
cuando se han utilizado como un castigo de rehabilitación para

316
documEntos

los conductores ebrios. El argumento ha sido presentado por al-


cohólicos anónimos y otros grupos similares y puede ser efectivo
para cambiar la conducta de ciertas personas, pero inapropiado
para otras. además, mucha gente convicta por manejar ebria de
ninguna manera es candidata apropiada para tales programas
(o’callaghan, 1990; Fillmore & Kelso, 1987). otra sanción es el
uso de unidades de traba para el alcohol, que requieren que sea
hecha una prueba de aliento antes de poner en marcha la uni-
dad. Este instrumento se intenta para prevenir la conducción y
el consumo, ya que solamente monitorea o previene la conducta
para aquellos a los que ha sido asignada (marques, 1999).

traducción al español: sra. beatriz ramírez.

317
proyEcto dE lEy

cÁmara dE diputados

proyecto de ley que modiica la ubicación sistemática del delito


de manejo en estado de ebriedad incorporando nuevo título al
código penal y aumenta la penalidad en hipótesis que indica.
bolEtín nº 4413-07

h. cámara:
1. Historia legislativa y derecho comparado. En la regulación actual
del delito que en la legislación y doctrina comparada, especíi-
camente en la alemana, se conoce como “puesta en peligro en
el tráico vial”, comprendido dentro de los “hechos de peligro
público”,1 existían hasta hace poco a lo menos dos ámbitos nor-
mativos en la legislación chilena, en primer lugar, en el art. 121
de la derogada ley nº 17.105, se tipiican varias hipótesis del
delito de manejo en estado de ebriedad, y en segundo lugar, en
el art. 115 de la ley nº 18.290, sobre tránsito terrestre, se tipiica
el delito de conducción de un vehículo bajo la inluencia del
alcohol, drogas o estupefacientes. con las reformas introducidas
por la ley nº 19.495 (nueva ley de alcoholes), y la nº 20.068,
modiicativa de la ley de tránsito que incorpora el art. 196 c,
que se propone enmendar por la presente iniciativa.
1
Versión del código penal alemán traducida por la profesora claudia lópez
díaz, es publicada bajo el título Strafgesetzbuch, 32ª edición, Deutscher taschenbuch
Verlag, c. h. beck, munich, 1998.

319
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

2. Problemática relacionada con estos delitos. El problema sustancial


consiste en determinar en el caso fáctico particular, cuándo una
persona se encuentra manejando en estado de ebriedad y cuán-
do se encuentra manejando bajo la inluencia del alcohol, drogas
o estupefacientes. Esto ha quedado entregado exclusivamente al
criterio del tribunal y la jurisprudencia imperante, ya que como
la ley no ha especiicado qué porcentaje de alcohol en la sangre
signiica ebriedad, y cuál, sin estar ebrio, sería conducir bajo la
inluencia del alcohol.
Frente a este caos legislativo, el criterio de los tribunales a
la fecha es hacer suya las pautas que ha dado sobre el particular
la Excelentísima corte suprema, que determinó que bajo un
gramo por mil de alcohol en la sangre conigura la conducta de
manejar bajo la inluencia del alcohol. sin perjuicio de lo ante-
rior, la medicina legal, en algunos casos, estima que se maneja
en estado de ebriedad cuando el conductor registra 1.5 gramo
por cada mil de alcohol en la sangre, y menos de este porcentaje
sería bajo la inluencia de bebidas alcohólicas. 2
a modo de aclaración y sin perjuicio de los matices que se
puedan esbozar sobre este complejo tema, podemos destacar dos
grandes corrientes jurisprudenciales opuestas:
a) por una parte, se han pronunciado sentencias que consi-
deran que la alcoholemia por sí sola no tiene el valor de plena
prueba, aduciendo el argumento que “el tanto por 1.000 del al-
cohol en la sangre de un individuo no es un índice seguro, cierto
y absoluto, probatorio del estado de ebriedad del imputado. no
es una verdad cientíica que un determinado tanto por mil de
alcohol en la sangre demuestre que la persona se encuentre o no
ebria. los efectos del alcohol no son idénticos e iguales en todos
los individuos: hay personas que pueden ingerir una gran dosis
de alcohol sin embriagarse, y también las hay que después de
absorber una cantidad pequeña de bebidas alcohólicas resultan
en maniiesto estado de ebriedad. Ello depende, más que del
alcohol ingerido, de factores personales o subjetivos del sujeto,
de su resistencia y tolerancia ordinarias, de su actual estado de

2
silVa silVa, hernán, El delito de manejar en estado de ebriedad. Aspectos pena-
les, criminológicos y médico-legales. Doctrina, jurisprudencia y derecho comparado, Edito-
rial jurídica de chile, 2000, pp. 159 y ss.

320
documEntos

salud, de su habitualidad o abstinencia en el consumo de bebidas


alcohólicas, etc. por otra parte, no es dable precisar como norma
general y cientíicamente establecida, cuál es el tanto por mil de
alcohol en la sangre indicativo del estado de ebriedad. Es algo
arbitrario y conjetural estimar que cualquier cifra superior a 1
por 1.000 o a otra cantidad cualquiera compruebe el estado de
ebriedad. En este terreno solo caben hipótesis y no pueden com-
probarse soluciones deinitivas y ciertas” (Fallos del mes, nº 124,
p. 24, sentencia 44).3
b) por otra parte, en la jurisprudencia nacional se han
dictado sentencias que consideran que la alcoholemia por sí
sola tiene el valor de plena prueba, esgrimiendo el argumento
de que “si bien es verdad que el informe de alcoholemia no
es una diligencia probatoria de preponderancia única para
establecer el estado de temperancia en que se desempeña el
conductor de un vehículo, tampoco lo es menos que ella, la
señalada por excelencia en la ley –art. 111, inciso segundo de
la ley de alcoholes vigente– con tal objeto y que, siendo así,
debe estimarse procesalmente como una presunción fundada
de enorme fuerza convictoria, cuyo mérito deberá desvirtuarse
por prueba contraria muy completa” (revista de derecho y
jurisprudencia, tomo lX, segunda parte, sección cuarta, año
1962, p. 32).4

3º. ahora bien, adscribiendo a la tesis esbozada en la letra a),


por la absurda distinción que realizan las leyes nos 18.290 y
17.105, entre manejo bajo la inluencia del alcohol y conduc-
ción en estado de ebriedad respectivamente, por las funestas
consecuencias que trae al intérprete la aplicación de algunas
de estas hipótesis al caso concreto y fundamentalmente por la
intensa afectación que esta actividad peligrosa importa para la
salud y vida de las personas (sobre este punto nos referiremos
en el siguiente numeral) es que venimos a proponer la siguiente
iniciativa legislativa.

3
silVa silVa, hernán, op. cit., pp. 159 y ss.
4
silVa silVa, hernán, op. cit., pp. 172 y ss.

321
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

4º. un estudio relativo al “siniestro de tránsito y víctimas por


causas, año 2005”, elaborado el año 2005 por la comisión na-
cional de seguridad de tránsito, tomando como fuente datos
proporcionados por carabineros de chile, señaló que ese año,
2005, hubo un total de 46.328 siniestros de tránsito, equivalentes
al 100%, de este universo, 2.927 accidentes de tránsito tuvieron
como causa el alcohol en el conductor, como consecuencia de
ésta, fallecieron 209 personas y 4.062 personas sufrieron lesiones
por esta causa. Es por esto que resulta evidente que corresponde
a la esencia del derecho, entendido como orden próspero de
convivencia humana y proteger la conservación de las bases de
la subsistencia de la humanidad con los medios más enérgicos
que él posee, es decir, los del derecho penal.5
pero además de la protección penal es necesario que esta
regulación sea unitaria, sistemática y orgánica, esto por la impor-
tancia de los bienes que se pretende tutelar.

3. Ideas matrices. con las modiicaciones introducidas por la


ley nº 20.068, al establecer una rebaja de la penalidad en el
art. 196 c de la ley de tránsito, ha llevado a que en la práctica
el ministerio público pueda hacer uso de las facultades que le
franquea la ley –especialmente aplicación del principio de opor-
tunidad, suspensión condicional del procedimiento, acuerdo
reparatorio, etc.– para no perseverar en la persecución penal de
este delito.
por lo tanto, el objeto de este proyecto de ley, con la creación
de un nuevo título del código penal, “de los delitos de peligro
común”, en el cual se regula en forma exclusiva en el código pu-
nitivo –y terminando con la distinción absurda entre conducción
en estado de ebriedad y manejo bajo la inluencia del alcohol– el
delito de puesta en peligro en el tráico vial por ingerir bebidas
alcohólicas u otros medios embriagantes aumentando las penas
en estas hipótesis delictivas; se pretende terminar con la desidia
del ministerio público en cuanto a la persecución penal de este

5
schünEmann, bErnd, en su artículo “sobre la dogmática y política cri-
minal de derecho penal del medio ambiente”, en Temas Actuales y permanentes del
derecho penal después del milenio, traducción de teresa rodríguez montañés, Edito-
rial tecnos, 2002, pp. 203 y ss.

322
documEntos

delito y castigar en forma enérgica la conducción en estado de


ebriedad, como hipótesis de puesta en peligro de la vida y la
integridad física de las personas.

Es por eso que los diputados que suscriben vienen en some-


ter a la consideración de este congreso nacional el siguiente:

proyecto de ley

art. 1º. agréguese en el código penal el siguiente título Xi “de


los delitos de peligro común”, párrafo i “conducción en estado
de embriaguez”:

título Xi
“de los delitos de peligro común”

Párrafo I
“conducción en estado de embriaguez”

artículo 493-a. “El que conduzca un vehículo motorizado en


el tráico, y no esté en condiciones de conducir el vehículo con
seguridad a causa de ingerir bebidas alcohólicas u otros medios
embriagantes, será castigado con la pena de presidio menor en
su grado mínimo y con multa de cinco a diez utm. El juez de-
berá, además, suspender la licencia de conducir por el lapso de
tres meses.
si la licencia de conducir es necesaria para el desarrollo o
ejercicio del empleo del imputado o procesado, el juez deberá
sustituir la pena de suspensión de ésta por trabajos comunitarios,
siempre que sean voluntarios”.

artículo 493-b. “El que conduzca un vehículo motorizado en el


tráico, y a causa de ingerir bebidas alcohólicas u otros medios
embriagantes, y produzca lesiones de las contempladas en el
artículo 397 nº 1 de este código a una o más personas, se apli-
cará la pena de presidio menor en su grado medio a máximo y
suspensión de seis a 24 meses de su licencia de conducir.

323
El dElito dE manEjar En Estado dE EbriEdad

si como consecuencia de la conducta descrita en el inciso


anterior se produzcan lesiones del artículo 397 nº 2 de este
código, se castigará con la pena de presidio menor en su grado
mínimo a medio y suspensión de tres a seis meses de su licencia
de conducir”.

artículo 493-c. “El que conduzca un vehículo motorizado en


el tráico, y a causa de ingerir bebidas alcohólicas u otros medios
embriagantes, produzca la muerte de una o más personas, la
pena será de presidio mayor en su grado mínimo y suspensión
perpetua de su licencia de conducir”.

art. 2º. deróguese el art. 196 c.


juan bustos jorgE burgos
Diputado de la República Diputado de la República

“anteproyecto de código penal chileno de 2005, elaborado


por la comisión Foro penal”.

§ 8. delitos relativos a la seguridad de los medios de


transporte

art. 215. todo maquinista, conductor, capitán, patrón, piloto,


comandante o encargado de hecho de la conducción, operación,
gobierno o vuelo de un medio de transporte que se desempeñe en
estado de ebriedad o de tal manera bajo la inluencia de sustancias
estupefacientes o psicotrópicas que su estado sea equivalente al
del ebrio, será sancionado con la pena de reclusión menor en su
grado mínimo a medio y multa de dos a diez unidades tributarias
mensuales, ya sea que no se ocasione daño alguno, o que con ello
se causen daños materiales o lesiones del artículo 85.

art. 216. todo maquinista, conductor, capitán, patrón, piloto,


comandante o encargado de hecho de la conducción, operación
gobierno o vuelo de un medio de transporte, que abandone su
puesto durante su servicio o se desempeñe bajo la inluencia del
alcohol o de sustancias estupefacientes o psicotrópicas, será san-

324
documEntos

cionado con multa de una a cinco unidades tributarias mensua-


les e inhabilitación especial en su grado mínimo para el ejercicio
de su profesión o para conducir vehículos de tracción mecánica
o animal, según sea el caso.

art. 217. se impondrá el grado máximo o el máximum de las


penas señaladas en los dos artículos anteriores, según corres-
ponda, cuando el infractor sea maquinista, conductor, capitán,
patrón, piloto, comandante o encargado por cualquier título de
la conducción, gobierno o vuelo de un medio de transporte pú-
blico o de carga. tratándose de penas pecuniarias, se impondrá
su mitad superior.

art. 218. las mismas penas y en los mismos casos señalados en los
tres artículos anteriores se aplicarán a los guardafrenos, al perso-
nal aeronáutico y demás personas que ejerzan funciones relativas
a la seguridad del tráico ferroviario, terrestre, marítimo o aéreo
que se desempeñen en estado de ebriedad, bajo la inluencia
del alcohol, de alguna sustancia estupefaciente o psicotrópica, o
abandonen su puesto durante su servicio.

art. 219. En los delitos previstos en los cuatro artículos anteriores


se aplicarán como penas accesorias las de inhabilitación para
conducir vehículos motorizados o de tracción animal o la de
inhabilitación especial para ejercer la profesión, cargo u oicio
en su grado mínimo; en su grado medio, si se producen lesiones
menos graves o graves; y en su grado máximo, si resultare la
muerte.
las medidas indicadas en el inciso precedente no podrán
ser suspendidas, ni aun cuando el juez hiciere uso de la facultad
contemplada en el artículo 54 de este código.

325
GLOSARIO1

Abstinencia: 1. (Síndrome de) o estado de necesidad. Conjunto de síntomas


que aparecen al suspender la bebida tras un prolongado período de in-
tensa ingesta.
Es una constelación sintomatológica cuyos elementos más tiránicos son
los contrarios a los que produce el alcohol y cuya angustia y desespera-
ción no se pueden frenar si no es con la administración de una nueva
dosis.
Se ha definido como un hambre tiránica hacia el alcohol.2
2. Fenómenos producidos por la cesación más o menos brusca de un
excitante habitual: alcohol, morfina, etc.3
Abuso: Uso excesivo, persistente o esporádico incompatible con la práctica
médica aceptable (OMS). Puede ser agudo o crónico, según sea de lar-
ga o corta duración. Desde el punto de vista cualitativo tiene realidad
cuando se administra una droga con una finalidad distinta a las normas
terapéuticas, éticas o legales, siendo inaceptable más que la cantidad su-
ministrada, el fin equívoco.4
Acción: Efecto que produce una droga en un individuo.5

1
Términos médicos sobre el alcohol y drogas en relación con el manejo en
estado de embriaguez, drogas y estupefacientes, etc.
2
MARIO ALFONSO SANJUÁN, Doctor en Medicina, y PILAR IBÁÑEZ LÓ-
PEZ, Doctora en Pedagogía y Psicología (en adelante SANJUÁN Y OTRO), Todo
sobre las drogas legales e ilegales (incluidos alcohol y tabaco), Editorial Dykinson S.L.,
Madrid, 1992, pp. 251 a 261.
3
Diccionario terminológico de ciencias médicas (en adelante Dicc. T. de Cs. Ms,
Salvat), duodécima edición, Salvat Editores S.A., España, 1984, p. 5.
4
JUAN ESPINAZO GARCÍA. La droga: problema de vigencia universal (perspectiva
psicopatológica). Publicaciones del Instituto de Criminología de la Universidad Com-
plutense de Madrid, EDERSA Editoriales de Derecho Reunidas S.A., Madrid, 1988,
p. 227.
5
ESPINAZO, ob. cit., p. 227.

327
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Acetaldehismo: En ciertos ambientes científicos se prefiere este término al de


alcoholismo, ya que se cree que es el acetaldehído la sustancia que produce
el daño sobre cerebro e hígado.
Se cree que el acetaldehído se combina con metabolitos de la dopami-
na para formar tetrahidropapaverolina, sustancia que en las plantas es
precursora de numerosos alcaloides, incluidas sustancias del tipo de los
morfínicos, lo que justificaría la dependencia física al alcohol. El acetal-
dehído también se combina con la adrenalina y noradrenalina en forma
de tetrahidroisoquinolina, alcaloide de similar estructura a los alcaloides
que crean dependencia.6
Acostumbramiento: 1. Facultad del organismo de poder soportar dosis eleva-
das de una droga que en situaciones normales produciría una intoxicación
aguda e incluso la muerte. Estado que produce el uso repetido de una
droga caracterizado por:
a) Cierta tendencia a perseverar en el uso de un determinado producto
debido a la sensación de bienestar que produce;
b) Leve o nula tendencia a aumentar la dosis;
c) Cierto grado de dependencia psíquica (no física) en ausencia del sín-
drome de abstinencia;
d) Efectos nocivos para el individuo que usa la droga.
Todas las drogas al perseverar en su consumo producen habituación.
Mientras que unas sólo originan hábito, otras además engendran toleran-
cias que culminan con la dependencia física.
Entre toxicomanía y habituación sólo existe una diferencia más cuantita-
tiva que cualitativa, ya que perdurando en el hábito se llega a la drogadic-
ción o dependencia.
La dependencia, bien sea emocional o física, está en relación directa con
la cantidad de sustancia utilizada, del tiempo de consumo y del tropismo
de la droga sobre el sistema nervioso del individuo.
En caso del cese total del fármaco no existe el efecto de carencia, de
destete que excita al intoxicado a volver a encontrar su droga a cualquier
precio, como sucede en la toxicomanía. Comporta la acción de una nece-
sidad psicológica.
El Dr. Himmelsbach define el hábito o la habituación como un fenóme-
no psíquico de adaptación y de condicionamiento mental a los efectos
repetidos de una sustancia determinada.7
2. Facultad que tiene el organismo, a través del tiempo, de poder
soportar dosis elevadas del alcohol, que en situaciones normales le
produciría una intoxicación aguda y aun la muerte.8
Adicto: Persona que tiene necesidad de consumir estupefacientes o sustan-
cias psicotrópicas por haber establecido una dependencia somática o
emocional.

6
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 252.
7
ESPINAZO, ob. cit., pp. 227 y 228.
8
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 251.

328
GLOSARIO

Según el tipo de droga que consuma se denomina alcohólico, cocainóma-


no, morfinómano, opiómano, opiófago, coquero, grifota, anfeta, barbitu-
rómano, etc.
Addictum venía a designar al hombre que para saldar una deuda se con-
vertía en esclavo. Individuo que se esclaviza a una droga de la que no
puede o le resulta muy difícil prescindir.9
Adicción: 1. Uso permanente y compulsivo de la droga, determinado por
modificaciones en el organismo que son el hábito, el acostumbramiento,
la dependencia y que siempre se acompaña de un deterioro orgánico y
psíquico y un componente de perjuicio social.
Estado de intoxicación con la compulsión de continuar tomando una
droga de un modo constante, con tendencia a aumentar la dosis, con
dependencia física y psíquica y con peligro para el individuo y la sociedad
por esta ingestión prolongada.10
2. Es el estado en el que un sujeto pierde su poder de dominio con
referencia a una droga y abusa de la misma al punto de dañar su persona
o a la sociedad. Según la Organización Mundial de la Salud, se acepta que
la adicción a drogas se caracteriza por:
a) Compulsión a seguir tomando la droga y obtenerla por cualquier me-
dio.
b) Tendencia a aumentar la dosis.
c) Dependencia psíquica y generalmente física, a los efectos de la dro-
ga.11
3. Dependencia fisiológica y emocional de un hábito considerado
pernicioso, sobre todo en ciertas drogas y cuyo rasgo más sobresaliente es
la pérdida de control.12
Alcaloide: Sustancia orgánica y altamente venenosa que, además de reunir
propiedades alcalinas, posee nitrógeno. Con el mismo nombre se desig-
nan algunos compuestos básicos nitrogenados derivados de plantas y ani-
males y usados como drogas, como cafeína, codeína, morfina, cocaína,
nicotina, quinina y estricnina.13

9
ESPINAZO, ob. cit., p. 232.
10
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 251.
11
Manual policial de la toxicomanía (en adelante, Manual policial), Comisión re-
dactora, presidente: comisario inspector Rubén Fernando Morillas; vocales: comi-
sario Vicente Luis Alberto Brizuela; comisario químico, Dr. Eduardo José Gobbi;
principal químico, Dr. Rodolfo Óscar Costa; auxiliar superior de 1º (J.), Dr. Dardo
Echazú, Editorial Policial, Policía Federal Argentina, Buenos Aires, 1979, p. 45.
12
C. GENOVARD ROSSELLÓ, catedrático de Psicología y Director del De-
partamento de Psicología Evolutiva y Educacional de la Universidad Autónoma de
Barcelona, Diccionario de psicología, Editorial Jims, España, 1980, p. 11.
13
Enciclopedia familiar de la medicina y la salud (en adelante Encicl. familiar),
dirigida por Morris Fishbein, M.D., ts. I y II, edición exclusiva para la Enciclopedia
Barsa, H.S. Stuttman Co, Inc. Editores, New York, 1964, t. I, p. 40.

329
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Alcohol: 1. De los muchos alcoholes, el etílico es el mejor tolerado por el


organismo humano y, por tanto, el que ha alcanzado mayor difusión y
consumo. En pequeñas cantidades estimula el sistema nervioso central,
y como luego desinhibe, es muy usado en la actividad sexual. En mayor
cantidad perturba o imposibilita el buen desempeño varonil, causan-
do hasta completa impotencia. Todavía en mayor cantidad embota y
anestesia los sentidos. Los hombres recurren frecuentemente a él para
disminuir la presión autocrítica sobre sus actos. Freud subrayó que el
alcohol “disuelve la represión” y Abraham hizo notar que en los varones
aumenta el sentimiento de hombría. Por estas razones habría figurado
en las mitologías –recuérdense las grecorromanas– y en la Biblia, y con-
tinúa figurando en los rituales de unión entre seres humanos. El color
rojo le agrega a una de sus variedades, el llamado vino tinto, el simbolis-
mo mágico “de sangre”, que refuerza lazos familiares y sociales y alcanza
altísimo valor religioso.
En otras formas, aparte del vino, han sabido descubrirlo y preparar-
lo la mayoría de las culturas, destilando el alcohol de granos o frutas
fermentadas. Con él, las gentes se transportan temporalmente fuera
de este mundo de problemas angustiantes o, en el descontrol mental
que produce, los individuos expresan pensamientos que de otra mane-
ra nunca serían expresados. Hay regiones, algunas del campo chileno,
por ejemplo, donde dos hombres no se sienten amigos definitivos hasta
que no se han conocido uno al otro profundamente embriagados y sin
máscara alguna: exigencias viriles nacidas de lo mucho que el varón ha
de ocultar su verdadera personalidad para sobrevivir en una sociedad
antisexual.14
2. Refiriéndonos al etílico podemos definirlo como un líquido
claro e incoloro apto para el consumo humano en forma diluida. Es
inflamable y posee olor y sabor característicos. Se obtiene por destilación
de soluciones fermentadas de azúcar, cereales o sustancias almidonosas,
y también artificialmente. Entre las bebidas alcohólicas comunes figuran
el vino, coñac, cerveza, ginebra, whisky y ron.15
3. Aplicado en el interior en las enfermedades debilitantes como
estimulante cardíaco. Se emplea en el exterior localmente como
antiséptico y astringente y se usa también en la conservación de ejemplares
anatómicos y biológicos.16
Alcohol Absoluto: El que no contiene más de 1 por 100 de agua.17
Alcohol Desnaturalizado: Alcohol que contiene ciertas sustancias (metanol,
alcohol amílico, gasolina, esopropanol, benceno, aceite de castor, aceto-

14
OSVALDO A. QUIJADA, Diccionario integrado de sexología (en adelante Dicc.
integrado), primera edición, Editorial Alhambra S.A., España, 1983, p. 13.
15
Encicl. familiar, ob. cit., t. I, p. 40.
16
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 252.
17
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 252.

330
GLOSARIO

na, keroseno), que lo hacen impropio para la bebida o para usos médi-
cos, pero no para usos industriales. El desnaturalizante legal en España es
una mezcla de alcohol metílico, acetona y bencina.18
Alcohol Metílico: Sustancia sumamente tóxica con la que se han adulterado
en ciertos casos las bebidas, produce ceguera y muerte.19
Alcoholaturo: Medicamento que resulta de la acción disolvente del alcohol
sobre las plantas frescas. Sólo difiere de las tinturas por esto último.20
Alcoholemia: 1. Alcohol en sangre.21
2. Presencia de alcohol en la sangre.22
Alcohólico: 1. Aquel individuo al que el alcohol le produce daño en su salud
y en su comportamiento individual y social.
a) Persona a la que el beber causa un continuo y creciente problema en
algún aspecto de su vida.
b) Quien muestra los signos de adicción al alcohol.
c) Persona que pierde el control sobre el mantenimiento de la completa
abstinencia o pierde el control de parar de beber una vez que empezó.
d) Excesivo bebedor cuya dependencia al alcohol ha llegado a un grado
que se manifiesta en una notable alteración mental o una interferencia
con su salud mental o física, con sus relaciones interpersonales y su me-
dio (OMS).
e) Quien abusa del alcohol produciendo detrimento de él mismo o de
otros.23
2. Perteneciente al alcohol o que lo contiene. Persona adicta al
alcohol.24
Alcoholímetro-alcoholómetro De Greenberg-alcoholtest: Artefacto que con-
tiene cristales de bicromato potásico y ácido sulfúrico que en contacto
con el alcohol cambia de color.25
Alcoholismo: 1. Es el más generalizado de los vicios o vías de fuga tanto en las
sociedades atrasadas como en las avanzadas. Es enfermedad cuando al su-
jeto le es necesario y compulsivo consumir alcohol. Tal dependencia está
relacionada con la sexualidad, por su origen y/o por sus consecuencias.
Desde luego, al ser llamado “enfermo”, el alcohólico tiene, para sí mismo
más que para los demás, una excusa para no afrontar responsabilidades
existenciales que lo sobrepasan o le son muy angustiosas. Por esto existen

18
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 252.
19
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 252.
20
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 253.
21
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 252.
22
Dicc. T. de Cs. Ms. Salvat, ob. cit., p. 37.
23
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 253.
24
Diccionario de Ciencias Médicas Dorland, (en adelante DORLAND), tercera edi-
ción, tomos I y II, Librería El Ateneo Editorial, Argentina, 1974, t. I, pág. 65.
25
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 253.

331
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

el alcoholismo crónico y su forma muy parecida, el alcoholismo recidi-


vante. Si se acude a femineidad y masculinidad, se comprenderá por qué
afecta de modo diferente a un sexo y a otro.26
2. Enfermedad crónica y generalmente progresiva, o síntoma de un
reiterado desorden psicológico o físico, caracterizado por dependencia
al alcohol, con pérdida de control al beber. Es una enfermedad crónica
manifestada como una reiterada implicación como causa de daño a la
salud y/o a su nivel social y económico.
a) Un incontrolable comportamiento consistente en la repetición (aun-
que no necesariamente constante y regular) de ingestión de bebidas alco-
hólicas.
b) El uso de una bebida alcohólica que causa daño al individuo, a la socie-
dad o a ambos.
c) Intermitente o continua ingestión de alcohol que conduce a una de-
pendencia o daño.
d) Desviación del estado de salud física y psíquica con repercusión en la
persona, familia y sociedad.27
3. El alcoholismo es una enfermedad caracterizada por la presencia
regular de dependencia física hacia el alcohol, pudiendo estar presente
también la motivación sociocultural y/o sicopatológica, que se manifiesta
por la incapacidad de detenerse o abstenerse de ingerir alcohol después
de haber bebido cierta dosis minutos u horas antes.28
4. Estado patológico, principalmente de los sistemas nervioso
y gastrointestinal, producido por el consumo excesivo de alcohol:
a) agudo, estado producido por la ingestión excesiva de bebidas
alcohólicas, también denominado embriaguez e intoxicación; b)
crónico, adicción al alcohol, acompañada a menudo de daño a la salud
del individuo.29
5. Efectos de la intoxicación por alcohol. La intoxicación alcohólica
es mucho más frecuente de lo pensable en el niño. Las ocasiones de recibir
alcohol desde la más tierna infancia se refieren sobre todo a la lactancia,
pues el alcohol se difunde muy rápidamente en la leche materna después
de su absorción.30

26
Dicc. integrado, ob. cit., p. 14.
27
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 253.
28
MARÍA TERESA DOBERT VERSIN, BETTY GÓMEZ MALDONADO Y
EDUARDO MEDINA CÁRDENAS, Alcohol y alcoholismo. Editorial Galdoc, Santia-
go, Chile, 1979, p. 61.
29
DOX MELLONI EISNER, Diccionario médico ilustrado de Melloni, Editorial
Reverté S.A., Barcelona, Bogotá, Buenos Aires, Caracas, México, Río de Janeiro,
1983, p. 15.
30
ALBERTO L. MERANI, Diccionario de psicología y psiquiatría infantil, Edicio-
nes Grijalbo S.A., Barcelona, Buenos Aires, México D.F., 1983, p. 19.

332
GLOSARIO

6. Término general para indicar las consecuencias del hábito de


ingerir cantidades excesivas de bebidas alcohólicas. Puede ser agudo o
crónico: el alcoholismo agudo es la borrachera, que puede ser ocasional
o esporádica; el alcoholismo crónico es un estado de intoxicación
continuada y sus efectos son más temibles que los del agudo.31
7. Es un síndrome psicoorgánico deficitario adquirido, resultante de
la ingestión crónica de alcohol.32
8. Abuso de las bebidas alcohólicas. Enfermedad, ordinariamente
crónica, que proviene del exceso de ingestión de alcohol. Puede originar
la pérdida de la patria potestad. El alcoholismo constituye una plaga de la
humanidad, de funestas consecuencias individuales –vida acortada y sin
salud– y por la tragedia de la herencia fisiológica, ya que los hijos de los
alcohólicos nacen con vitalidad muy disminuida.33
Alcoholismo Intermitente: 1. El individuo llega a ser alcohólico intermitente
después de algunos años de ingestión excesiva con ritmo discontinuo,
con embriagueces los fines de semana. En forma creciente aparece la
incapacidad de detener la ingestión una vez iniciada ésta.34
2. Es aquel que tiene incapacidad para detener la ingestión.35
Alcoholismo Inveterado: 1. El individuo llega a ser un alcohólico inveterado
después de años de ingestión como bebedor excesivo continuo. Ingiere
alcohol en pequeñas dosis repetidas durante el día, completando dos o
tres litros de vino. El comienzo de la enfermedad lo señala un leve sín-
drome de privación (angustia, temblor fino, etc.) al distanciar más allá
de 4 a 6 horas una de las dosis habituales de alcohol; paulatinamente se
instala en su organismo la incapacidad de abstenerse, incluso el sueño
nocturno se interrumpe para ingerir una dosis adicional que le permita
dormir normalmente.
En esta forma de alcoholismo no necesariamente se agrega embriaguez
profunda, habitualmente se manifiesta con embriaguez en las tardes, en
las noches o durante el fin de semana.36
2. Se caracteriza por la incapacidad de abstenerse. Son enfermos que
para desempeñar sus labores habituales requieren beber una pequeña
cantidad de alcohol.37

31
ALBERTO L. MERANI, Diccionario de psicología, cuarta edición, Ediciones
Grijalbo S.A., Barcelona, Buenos Aires, México D.F., 1984, p. 8.
32
E.F.P. BONNET, Medicina legal, segunda edición, López Libreros Editores,
Buenos Aires, 1980, p. 1570.
33
GUILLERMO CABANELLAS, Diccionario enciclopédico de derecho usual, t. I
(A-B), decimoquinta edición, revisada, actualizada y ampliada por Luis Alcalá-Za-
mora y Castillo, Editorial Heliastra S.R.L., 1981, p. 242.
34
DOBERT Y OTROS, ob. cit., p. 64.
35
LUIS GOMBEROFF Y PATRICIO OLIVOS, Manual de psiquiatría, Publica-
ciones Técnicas Mediterráneo Ltda., Santiago de Chile, 1986, p. 189.
36
DOBERT Y OTROS, ob. cit., p. 65.
37
GOMBEROFF Y OTROS, ob. cit., p. 189.

333
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Alcoholismo Mixto: Forma poco frecuente. Hay una ingestión continua con in-
capacidad de abstenerse, pero además hay incapacidad de detenerse cuando
se sobrepasan dosis umbrales.38
Alcoholización: 1. Tratamiento por la aplicación o inyección de alcohol, es-
pecialmente en el tratamiento de las neuralgias.
2. Beber grandes cantidades durante mucho tiempo, con subclínicas
o clínicas manifestaciones.39
Alcoholizado: Alcohólico, como enfermo de embriaguez.40
Alcoholofilia o Alcoholomanía: Apetito morboso por las bebidas alcohóli-
cas.41
Alcoholomanía: Urgencia por beber bebidas alcohólicas.42
Alcoholoto: Cualquier medicamento líquido que resulta de la destilación del
alcohol con una o varias sustancias aromáticas vegetales o animales.43
Alucinación: Error mental en la percepción de los sentidos no fundado en
una realidad objetiva. Percepción imaginaria sin causa exterior.44
Alucinosis: Psicosis caracterizada por alucinaciones.45
Anfetaminas: Polvo inodoro cristalino, blanco, de ligero sabor amargo, que
actúa como estimulante del sistema nervioso central.46
Ataxia: Incoordinación de la marcha, de los gestos de manos y brazos.47
Barbitúricos: 1. Cada uno de los medicamentos derivados del ácido barbitú-
rico o malonilurea. Tienen propiedades sedantes, hipnóticas, anestésicas
y anticonvulsivantes.48
2. Psicofármaco de efectos depresivos, utilizado como sedativo en
el tratamiento del insomnio, la presión y la epilepsia. Suele ingerirse o
inyectarse y provoca dependencia física y psíquica. Administrado en dosis
excesivas ocasiona la muerte. El estado que produce puede conducir a la
comisión de delitos.49

38
Ibídem.
39
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 254.
40
CABANELLAS, ob. cit., p. 242.
41
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 254.
42
GENOVARD, ob. cit., p. 20.
43
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 254.
44
Ibídem.
45
Ibídem.
46
DORLAND, ob. cit., p. 97.
47
ESPINAZO, ob. cit., p. 234.
48
Dicc. T. de Cs. Ms. Salvat, ob. cit., p. 146.
49
RAÚL GOLDSTEIN, Diccionario de derecho penal y criminología, segunda edi-
ción actualizada y ampliada, Editorial Astrea, Buenos Aires, 1978, p. 82.

334
GLOSARIO

3. Constituye el prototipo de las drogas psicotrópicas depresoras o


depretóxicas. Los barbitúricos o barbituratos son fármacos sintéticos,
derivados del ácido barbitúrico o malonilurea, por sustitución de uno o
dos de sus hidrógenos por radicales diversos. Estos radicales tendrían el
efecto hipnógeno, mientras el ácido barbitúrico será el núcleo orientador
y fijador.50
4. Constituyen el principal grupo de medicamentos hipnóticos,
tanto por la constancia y eficacia de sus efectos como por la relativamente
escasa toxicidad que poseen. Todos ellos derivan del ácido barbitúrico o
malonilurea compuesto formado por la unión de una molécula de urea
con otra de ácido malónico.51
Bebedor: 1. Igual que alcohólico. Existen numerosos grupos y subgrupos con
varias denominaciones en esta definición. Como bebedor pesado (sinó-
nimo de fuerte, intenso), bebedor social, pesado bebedor social, bebe-
dor problema, bebedor de fin de semana, bebedor de fiestas, borracho,
borracho habitual, excesivo bebedor, alcohol abusador, alcohol adicto,
alcohol dependiente, etc.
2. Se denomina bebedor excesivo al que consume de 800 a 1.500 c.c.
de vino en un día.
3. Bebedor moderado el que consume de 100 a 800 c.c. al día.
4. Es bebedor sospechoso de alcoholismo el que ingiere más de 1.500
c.c. día referido al vino.52
Compulsión: 1. Impulso irresistible a ejercitar un acto contrario al juicio o vo-
luntad del que lo ejecuta. Necesidad de seguir suministrándose la droga y
de obtenerla por todos los medios a su alcance.53
2. Impulso irresistible a ejecutar un acto contrario al juicio o voluntad
del que lo ejecuta. Necesidad de seguir suministrándose la droga y de
obtenerla por todos los medios a su alcance. Irrefrenable tendencia a
continuar o a actuar en contra de nuestros deseos y/o superior juicio.54
Delirio: 1. Trastorno mental grave en que la víctima se siente confundida y
perturbada por ilusiones y alucinaciones.55

50
EDUARDO VARGAS ALVARADO, Medicina legal. Compendio de ciencias foren-
ses para médicos y abogados. Lehmann Editores, San José, Costa Rica, 1980, p. 368.
51
Enciclopedia Salvat de Ciencias Médicas, dirigida por J. Valero-Ribas, tomos
I A-CLA; II CLE-F; III G-NET; IV NEU-R; V R-Z (en adelante, Encicl. Salvat de Cs.
Ms.), Salvat Editores S.A., Barcelona, Madrid, Buenos Aires, México, Caracas, Río
de Janeiro, 1955, p. 501.
52
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 254.
53
ANDRÉ DURANTEAU, Diccionario de medicina, Ediciones Grijalbo S.A.,
Barcelona, 1987, p. 100.
54
ENRIQUE CÁRDENAS DE LA PEÑA, Terminología médica, segunda edición,
Nueva Editorial Interamericana S. A., de C.V., México, España, Brasil, Colombia,
Venezuela, Ecuador, Uruguay, México D.F., 1984, p. 207.
55
Encicl. familiar, ob. cit., t. I, p. 201.

335
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

2. Confusión o desorden de las facultades mentales, con errores de


percepción, perturbación de las creencias, emisión de ideas falsas que no
concuerdan con la realidad.56
3. Creencia del individuo o convicción de un hecho que no se ajusta
a las premisas escuetas de la realidad.57
Delírium Trémens: 1. Trastorno agudo de la mente y el cuerpo originado por
el alcoholismo. La abstinencia después de una prolongada adicción pue-
de producir alucinaciones visuales y auditivas, así como los síntomas físi-
cos del delírium trémens, que también puede presentarse en cualquier
momento de un largo período de exceso.58
2. Delirio con temblor y excitación intensa acompañada de
ansiedad, trastornos mentales, alucinaciones terroríficas de animales
principalmente, sudor y dolor precordial que se observa en forma
de accesos o en ocasión de una enfermedad aguda o traumatismo en
individuos alcohólicos crónicos y algunas veces también en los opiómanos
y otros toxicómanos.59
Dependencia: 1. Consiste en el enganche; es decir, que el individuo que ha
quedado en dependencia de la droga ya no la puede dejar porque siente
dentro de él un ansia que lo lleva imperiosamente a volver a tomarla. Esa
dependencia es de una doble naturaleza: es psíquica y es física. Lo psicoló-
gico implica sólo un deseo fuerte y nada más; con todo, esa dependencia
psicológica implica un ansia lo suficientemente fuerte como para que el
drogadicto se vea impulsado a todos los sacrificios para proveerla y satisfa-
cerla, pero todo está en el ámbito de lo psíquico y nada más. La dependen-
cia física, en cambio, implica que la droga es sentida como una necesidad
física como el hambre, la sed o el sueño; las cosas se dan, como si la droga
hubiera mezclado sus acciones con los mecanismos neurohumorales del
organismo, y su supresión es como si se suprimiera una hormona o algún
principio interno indispensable para la vida. Si el adicto deja la administra-
ción de la droga, puede enfermar gravemente con el ya conocido síndrome
abstinente, que inclusive puede, en algunos casos, llevarlo a la muerte.60
2. Estado originado por la absorción periódica o continuamente
repetida de una determinada droga (OMS). Sujeción del individuo a la
droga.61

56
Dicc.T. de Cs. Ms. Salvat, ob. cit., p. 303.
57
Manual policial, ob. cit., p. 133.
58
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 255.
59
ALBERTO TEKE SCHLICHT, Medicina legal, Facultad de Medicina, Uni-
versidad de Chile, Santiago, 1987, p. 313.
60
VARGAS, ob. cit., p. 356.
61
JAIME MARCO RIBE; JOSÉ LUIS MARTI TUSQUETS Y RICARDO PONS
BARTRAN, Psiquiatría forense, Salvat Editores S. A., Barcelona, Buenos Aires, Bo-
gotá, Caracas, Lima, México, Quito, Río de Janeiro, San Juan de Puerto Rico,
Santiago de Chile, 1990, p. 450.

336
GLOSARIO

3. Necesidad de repetir la dosis de una droga para lograr reproducir sus


efectos agradables o para evitar la aparición de síntomas indeseables.62
4. Puede ser psíquica o psicofísica. Se reconoce por el síndrome de
abstinencia o estado de necesidad que aparece al suprimir la droga.63
5. Es el estado psíquico o también físico determinado en el organismo
por la administración continuada de la droga, caracterizado por la
tendencia compulsiva a su consumo periódico. La dependencia puede
ser psíquica o física.64
6. Ha sido definida como un estado de subordinación física o psíquica,
o de ambos a la vez, establecido en una persona como consecuencia
de la administración o uso periódico o continuo de una determinada
droga. Casi sin excepción, todas las drogas determinan el fenómeno de
dependencia.65
Dependencia al alcohol: 1. Una imperiosa necesidad de ingerir grandes can-
tidades de bebidas alcohólicas con un marcado menoscabo del control
sobre el beber. Polarizado a obtener una gratificación de la intoxicación
o para escapar de tensiones físicas o psíquicas por medio de la autoalco-
holización.
2. Un estado psíquico y a veces también físico, resultante de la toma
de alcohol, caracterizado por una forma de comportamiento y otras
respuestas que siempre incluyen una compulsión para tomar el alcohol
de forma periódica o continua en orden a experimentar sus efectos
psíquicos y a veces a evitar los síntomas de su ausencia. La tolerancia
puede estar o no presente.
3. Una impetuosa necesidad de ingerir grandes cantidades de
alcohol, con una pérdida o disminución del control sobre el beber.66
Dependencia emocional o psíquica: En cierto modo se puede decir que so-
mos psicológicamente dependientes de cuanto amamos o nos gusta y en
este sentido una cierta medida de dependencia es un estado psicológico
generalizado y normal.
Junto a las dependencias psíquicas normales se dan las patológicas carac-
terizadas por una compulsión emocional hacia el consumo continuado
con el fin de experimentar placer o de evitar situaciones dolorosas o mo-
lestas.
La dependencia psicológica es un estado de atracción mental o afectiva
que induce al individuo a tomar una droga y que se manifiesta en forma
de anhelo de perseverar en su consumo.
Aunque suele ser más poderosa que la física cuando se trata de impedir al
individuo o perseverar en el consumo de una droga, siendo la mayor parte

62
BONNET, ob. cit., t. II, p. 1576.
63
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 255.
64
ESPINAZO, ob. cit., p. 235.
65
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 255.
66
ESPINAZO, ob. cit., p. 236.

337
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

de las marchas debidas a esta dependencia, cuando la persona psicológica-


mente dependiente no logra satisfacer sus deseos, sufre únicamente moles-
tias emocionales sin que su organismo experimente los trastornos del esta-
do carencial propios de la dependencia física al no recuperar su equilibrio
biológico. Produce una especie de dependencia emocional o psíquica.
La capacidad para este tipo de dependencia reside más que en la droga
en la estructura psíquica del individuo.67
Dependencia física: 1. Se caracteriza por los intensos trastornos físicos que sur-
gen cuando se suspende la administración de la droga o se suministra una
contradroga específica. Estos trastornos, causa y efecto del mantenimiento
de la dependencia, constituyen el síndrome de abstinencia específica, que
puede ser para una droga concreta o para drogas afines.
Es la necesidad del uso de la droga para impedir la aparición de los sínto-
mas y signos somáticos más o menos graves que constituyen el síndrome
de abstinencia.
Los síntomas de la dependencia física se alivian por la administración de
la droga específica u otra de análoga acción farmacológica.
Estado de adaptación que se manifiesta por desórdenes físicos intensos
cuando se suspende la administración de la droga.
Estos desórdenes, es decir, los síndromes de abstinencia o supresión están
constituidos por un conjunto de síntomas y signos específicos de natura-
leza física y psíquica característicos de cada tipo de droga.68
2. Tras la tolerancia y conforme crece ésta se originará en el organismo
del adicto una profunda alteración de su metabolismo en forma tal que
para el normal desarrollo de éste precisará ir recibiendo periódicamente
la dosis acostumbrada, resultando una sumisión orgánica a la droga
causante de este tipo de dependencia en forma tal que si se interrumpiera
bruscamente su consumo o recibiera dosis menores de las necesarias se
produciría en el organismo de la persona una grave alteración orgánica
denominada síndrome abstinencial.
En un estado de intoxicación crónica o jurídica producida por el consu-
mo repetido de una droga natural o sintética, caracterizado por el afán de
tomar droga para mantener el equilibrio biológico roto por el fármaco.
Pone de manifiesto un estado de adaptación fisiopatológica a nivel de la
célula nerviosa, producido por la repetida administración de un produc-
to a lo largo de un período más o menos largo.
Se exterioriza cuando se interrumpe la administración del tóxico en for-
ma brusca o tras una notable disminución de las dosis habituales, sien-
do precisamente la sintomatología somática del síndrome de privación
quien revela la existencia de dependencia física.
Es una expresión de la íntima relación bioquímica que existe entre la
droga y el metabolismo individual.

67
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 256.
68
Ibídem.

338
GLOSARIO

Su gravedad varía en razón directa con el grado de concentración del


producto tóxico en la sangre y en los tejidos.69
Dependencia psicofísica: Además de la dependencia psíquica se suma el factor
físico consistente en la incorporación al organismo de la sustancia tóxica
que produce la toxicomanía. Esta incorporación se hace necesaria e im-
prescindible para el funcionamiento y desenvolvimiento de ese concreto
metabolismo, siendo imposible prescindir de este tóxico concreto.70
Dependencia psíquica: Subordinación psíquica del individuo a la droga que
la necesita para todas sus actividades. Acostumbramiento al empleo de
la droga, cuya supresión provoca trastornos emocionales de deseo de la
misma. La droga produce un sentimiento de satisfacción y un impulso
psíquico que lleva a tomarla de modo continuo o periódico para experi-
mentar placer o evitar un malestar.
Impulso a tomar periódica o continuamente la droga para procurarse un
placer o disipar un estado de malestar.
Situación en la que existe un sentimiento de satisfacción y un impulso psí-
quico que exigen la administración regular o continua de la droga para
producir placer o evitar malestar. Este estado mental es el más importante
de todos los factores implicados en la intoxicación crónica. En algunos
casos es el único existente.
Estado originado por la absorción periódica o continuadamente repetida
de una determinada droga.71
Dipsomanía (gr. dipsa = sed): 1. Impulso morboso e irresistible por las bebi-
das alcohólicas fuertes, que se manifiesta en forma de accesos separados
por intervalos libres de la obsesión, carácter que distingue a los dipsóma-
nos del borracho ordinario.
Es imperiosa, generalmente pasajera, y de carácter paroxístico por acce-
sos que obliga a beber al enfermo.
A veces se presenta con una fase prodrómica de tristeza, irritabilidad,
anorexia y cansancio del trabajo habitual. Existe una lucha interna contra
esta tendencia, a la que quiere vencer. Es seguida de una fase de disgusto
y arrepentimiento. Esto es lo que lo separa del alcohólico, en el que no
aparecen estos sentimientos.72
2. Variedad clínica del alcoholismo crónico en la que hay compulsión
a beber alcohol durante etapas intermitentes de duración variable.73

69
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 257.
70
CÁRDENAS, ob. cit., p. 208.
71
FRIEDRICH DORSCH, Diccionario de psicología, quinta edición castellana
totalmente refundida y ampliada, Editorial Herder, Barcelona, España, 1985,
p. 216.
72
Dicc. integrado, ob. cit., p. 114.
73
JUAN ANTONIO VALLEJO-NÁGERA, Introducción a la psiquiatría, cuarta
edición, Editorial Científica-Médica, Barcelona, Madrid, Lisboa, Río de Janeiro,
1969, p. 282.

339
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

3. Abuso periódico del alcohol, que se observa en psicópatas,


epilépticos y maníaco-depresivos; el término se aplica, por extensión, a
los borrachos reincidentes.74
4. Irresistible necesidad de beber repetidamente, que puede coincidir
o no con el alcoholismo, aunque generalmente se dice dipsómano por un
alcohólico. Si no coincide puede ser síntoma de una psicopatía.75
5. Es un síndrome complejo en el que destacan episodios
accesionales de ingestión de alcohol en individuos que, en realidad,
no son alcohólicos o que al menos lo son de un modo completamente
distinto a todos los demás. Es relativamente frecuente, y en los casos más
típicos reviste estas características: se trata de sujetos aparentemente
normales, en la edad media de la vida, muchos de ellos valiosos y que
desempeñan profesiones intelectuales. Pueden haber bebido en su
juventud y haberse embriagado de vez en vez, pero sin haber tenido
nunca un auténtico alcoholismo ni sentir habitualmente la menor
apetencia por el alcohol.76
6. La historia de la dipsomanía ha sido hecha por Perelman
(Encéphale, 1919). A partir de esta fecha las numerosas concepciones del
alcoholismo no han hecho más que desplazar el síndrome dipsomaníaco
en las diferentes clasificaciones.
La dipsomanía se manifiesta por accesos paroxísticos intermitentes, perió-
dicos, raramente regulares, precedidos de signos premonitorios durante
unos días o unas semanas: lasitud, tristeza, disgusto de vivir, insomnio,
inapetencia, excitación sexual, etc.
Se puede encontrar como punto de partida un choque emotivo. En-
tonces aparece la necesidad y no el deseo de beber. Se trata de una ne-
cesidad imperiosa, absoluta, irresistible, que ahuyenta de la conciencia
prácticamente cualquier otra representación. Toda tentativa de resisten-
cia parece vana.
Al comienzo de la crisis propiamente dicha, el enfermo huye del lugar en
que se encuentra y se precipita en un local de bebidas. Tras el primer vaso
el enfermo es incapaz de detenerse. Bebe sin freno hasta una embriaguez
amnésica.
Con frecuencia el acceso se acompaña de automatismo ambulatorio en el
curso del cual el individuo puede comportarse de un modo bastante ex-
traño, totalmente en contraste con su personalidad normal: fugas, pensa-
mientos y fantasmas criminales, comportamiento sexual anormal, accio-
nes delictivas o criminales e incluso suicidio. Existe una pérdida completa
de control: “Yo no quiero beber y, sin embargo, tengo que beber”. Pero
habitualmente, terminado el acceso, el enfermo, completamente obnu-

74
HENRY EY, PAUL BERNARD Y CHARLES BRISSET, Tratado de psiquiatría,
octava edición castellana, tercera reimpresión, Masson S.A., México D.F., 1980,
p. 372.
75
ESPINAZO, ob. cit., p. 236.
76
ESPINAZO, ob. cit., pp. 236 y 237.

340
GLOSARIO

bilado, es encontrado en cualquier refugio, tras haber bebido y andado


errante durante varios días. Entonces experimenta remordimientos, dis-
gusto, y tras la salida de su confusión y de su sopor presenta un estado de
matiz melancólico más o menos pronunciado.
Entre los accesos, el sujeto puede permanecer, con frecuencia, totalmen-
te abstemio.
Esta forma de alcoholismo intermitente tiene causas muy mal conocidas.
Se trata de un alcoholismo pseudoperiódico, del que los autores anglo-
sajones han descrito varias especies: el alcoholismo épsilon (Jellinek), el
alcoholismo explosivo, el alcoholismo del fin de semana, la fiesta drin-
king y más particularmente el hang over (Karpman, 1957). La descripción
que de él hace este autor se caracteriza por un estado físico y psíquico que
sobreviene como consecuencia del uso abusivo del alcohol en los sujetos
neuróticos: sed extrema, sudores, temblores, sentimientos de inseguri-
dad, de culpabilidad, etc. El autor admite que no sólo los alcohólicos pue-
den tener hang over sin uso del alcohol, sino también que los neuróticos
no alcohólicos pueden presentar este síndrome.77
Disolución: Proceso metabólico de centralización y eliminación de la droga
fuera del organismo. La droga suele metabolizarse en productos menos
activos y más fáciles de eliminar. La acción no suele terminar en el mo-
mento de la excreción, ya que los efectos de ciertas drogas se prolongan
bastante después de la desaparición de los metabolitos en el organismo.
La absorción, distribución y acción de las drogas son influidos por facto-
res psicológicos.78
Dosis: Cantidad de droga que se toma cada vez. Las drogas que presentan to-
lerancia obligan a dosis cada vez mayores para lograr los mismos efectos.
Existe una relación dosis-efecto al influir en la intensidad y carácter de
la reacción a una droga. Dos dosis diferentes pueden producir efectos
contrarios: estimulante o sedante, según la cantidad. Es el parámetro más
peligroso.79
Dosis terapéutica: Es la cantidad de fármaco que realiza acción terapéutica.80
Dosis Tóxica: Es la cantidad de fármaco que sobrepasa la máxima. Puede ser
mortal.81
Droga: 1. Es toda sustancia que, consumida por un organismo viviente, pue-
de modificar una o más de sus funciones.
Es toda sustancia química que tiene actividad biológica selectiva sobre las
estructuras celulares, pudiendo producir resultados nocivos al individuo,

77
ESPINAZO, ob. cit., p. 237.
78
Ibídem.
79
ESPINAZO, ob cit., pp. 237 y 238.
80
HERNÁN SILVA S., Apuntes de clase.
81
DORSCH, ob. cit., p. 230.

341
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

alterar el ánimo, la percepción, el pensamiento, el comportamiento o la


función motora.
Desde el punto de vista farmacológico son sustancias que actúan sobre el
SNC a nivel periférico, capaces de estimular o inhibir sus funciones con
posibilidad de originar tolerancia, dependencia física o psíquica.
El término droga carece de precisión al no conseguir la claridad y unifor-
midad terminológica ni la necesaria unidad conceptual.
Es un concepto vago y equívoco que incluye sustancias muy heteroformes
que no se pueden reunir bajo una sola etiqueta a la vez que incluye inde-
bidamente otras.
Pueden ser muy variadas: unas producen tolerancia y dependencia física
o psíquica, mientras que otras no llegan a producir estos efectos.
Reciben distintos nombres: duras o fuertes (por originar graves trastor-
nos en el individuo), blandas o suaves (no los confinan), lícitas (si son
utilizadas bajo control médico), ilícitas (cuando su consumo es clandesti-
no), psicoactivas (las que originan modificaciones cuantitativas y cualitati-
vas del tono nervioso aumentándolo, disminuyéndolo o perturbándolo),
toxicomanígenas (las que originan adicción).82
2. La Organización Mundial de la Salud define como drogas “toda
sustancia que introducida en un organismo vivo puede modificar una o
varias funciones de éste”.83
3. Sustancia de origen natural, vegetal o animal, que se utiliza con fines
medicinales o técnicos. El término inglés drug es sinónimo de sustancia
medicinal. También se da la denominación de droga a los estupefacientes,
especialmente a los psicofármacos (alucinógenos). Hábito vicioso.84
4. Sustancia medicamentosa en general. Proviene de la palabra
holandesa droog (seco) que era como venían las plantas medicinales de
América a Europa.
Primera materia de los medicamentos oficinales o magistrales.
Medicamento simple.
En el lenguaje es sinónimo de sustancia que crea dependencia. El alcohol
es una droga.85
Drogadicción: Estado de periódica o crónica intoxicación producida por el
repetido consumo de una droga (natural o sintética). Incluyendo un im-
parable deseo o necesidad de continuar tomando la sustancia y de obte-
nerla por todos los caminos. Tendencia a aumentar la dosis. Una física y a
veces psicológica dependencia a los efectos de la droga. Efectos detrimen-
tes para él y la sociedad.86

82
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 257.
83
Ibídem.
84
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 29.
85
GOLDSTEIN, ob. cit., p. 273.
86
Dicc. Integrado, ob. cit., pág. 118.

342
GLOSARIO

Drogadicto: 1. Persona que usa las drogas o las precisa para evitar el síndro-
me de abstinencia. El que consume drogas para conseguir una autosatis-
facción, no pudiendo resistir la tendencia a seguir consumiéndolas.87
2. Apócope de “droga” y “adicto”. Utilizado para indicar la persona
aficionada a los alcaloides, que ha adquirido la propensión viciosa hacia
su utilización, en cualquiera de las múltiples formas como se conoce
clínicamente.88
3. Personas que no pueden librarse de la necesidad absoluta de
determinados compuestos químicos para lograr un mínimo bienestar
temporal; por ello debería llamárseles “esclavizados a tal o cual compuesto”
o drogodependientes. Por acostumbramiento, pasaron de una simple
toxicofilia a una toxicomanía, a la pérdida completa del control consciente
y racional de la conducta, porque la exigencia psicoorgánica de la droga
es más intensa.89
Ebriedad: 1. Sinónimo de embriaguez, donde se analizan los aspectos jurídi-
cos principales de la excesiva bebida alcohólica y de la habitualidad en la
materia.90
2. Embriaguez, intoxicación alcohólica.91
Ebrio: 1. Significa haber perdido parcialmente el control mental y locomo-
triz por intoxicación aguda, generalmente alcohólica, y ser ebrio, que se
está habituado a dicha condición.92
2. Bebido, embriagado, borracho. Se dice de aquel que, por haber
ingerido bebidas alcohólicas o algún líquido nocivo, sufre ciertas
alteraciones mentales.93
Embriaguez: 1. Intoxicación aguda producida por alguna sustancia tóxica.94
Embriaguez patológica: 1. Episodios sicóticos agudos inducidos por cantida-
des de alcohol relativamente pequeñas. Se les considera como idiosincra-
sia individual ante el alcohol y por lo tanto no debida al consumo excesi-
vo. No hay signos neurológicos notables de intoxicación.95

87
GOLDSTEIN, ob. cit., pág 277.
88
CABANELLAS, ob. cit., t. III (D-E), p. 349.
89
Dicc. T. de Cs. Ms. Salvat, ob. cit., p. 341.
90
Dicc. integrado, ob. cit., p. 121.
91
CABANELLAS, ob. cit., t. III (D-E), p. 349.
92
ESPINAZO, ob. cit., p. 239.
93
OSVALDO LÓPEZ L., Tratado de derecho procesal penal chileno, t. segundo,
Ediciones Encina Ltda., Santiago de Chile, 1975, p. 186.
94
CÉSAR AUGUSTO GIRALDO G., Medicina forense, Estudio biológico de
ciencias forenses para uso de médicos, juristas y estudiantes, actualizada y con-
cordada con el nuevo Código de Procedimiento Penal, séptima edición, Señal
Editora, Medellín, Bogotá, 1992, p. 430.
95
VALLEJO-NÁGERA, ob. cit., p. 280.

343
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

2. Diversos estados de intoxicación etílica aguda, caracterizados


por la cantidad mínima de alcohol necesaria para provocarlos, la
desproporcionada intensidad o duración o las características anómalas
del episodio de embriaguez.96
Embriaguez patológica cualitativa: Tiene síntomas distintos a los de la em-
briaguez aguda “normal”. Se caracteriza por alteraciones muy intensas
del estado de ánimo, con crisis terribles de irritabilidad y agresión. Agi-
tación psicomotriz y una cierta obnubilación. Se trata de verdaderos
estados crepusculares alcohólicos y se dan casi exclusivamente en epi-
lépticos.97
Envenenamiento: Puede ser definido como el conjunto de fenómenos o ma-
nifestaciones a que da lugar un veneno, cuando es introducido en el or-
ganismo.98
Estado de privación: Alteración del estado fisiológico por la ingestión repe-
tida de drogas que producen un auténtico daño biológico en la célula
nerviosa y en su metabolismo. En esas condiciones el organismo llega a
adaptarse a la intoxicación crónica y ya no puede prescindir de la droga,
sufriendo una serie de trastornos fisiopatológicos específicos de cada tipo
de sustancia cuando ésta no es administrada. Su evolución es de una limi-
tada duración y su intensidad depende del grado de dependencia física,
poniendo en ocasiones en peligro la vida del drogadicto.
La adaptación del organismo a la droga viene acompañada por un estado
de necesidad, es decir, por una avidez tiránica del tóxico.
La crisis que supone el estado de necesidad creado por el tóxico, tiene
una base fisiológica: la costumbre tóxica se ha convertido en un elemento
indispensable del metabolismo vital. El veneno, a manera de engranaje
psicofisiológico, después de atraer por el placer retiene por el dolor. El
estado carencial, manifestación psicobiológica, no es más que una etapa
en el desarrollo farmacológico de la drogadicción y equivale a una señal
de alarma precursora de los accidentes de privación.
En el organismo del adicto, al suprimir las dosis acostumbradas del fárma-
co, se produce una alteración orgánica, producida por una exacerbación
de los mecanismos de defensa contra el tóxico, la cual sólo puede ser
frenada por la presencia de ésta al convertir al tóxico en un elemento
imprescindible del metabolismo. Esta constelación sintomatológica pro-
duce una angustia y desesperación que sólo se calma administrando el
tóxico para vencer el hambre tiránica de droga.99

96
VALLEJO-NÁGERA, ob. cit., p. 281.
97
GUILLERMO URIBE CUALLA Y CAMILO URIBE GONZÁLEZ, Medicina
legal, toxicología y siquiatría forense, undécima edición. Editorial Temis Librería, Bo-
gotá, Colombia, 1981, p. 870.
98
ESPINAZO, ob. cit., pp. 239 y 240.
99
GOLDSTEIN, ob. cit., p. 318.

344
GLOSARIO

Estupefaciente: 1. Sustancia narcótica que ocasiona a quien la ingiere graves


trastornos de orden psicofisiológico. El comercio de estas sustancias es
lícito cuando se las destina al tratamiento médico o a la investigación
científica.100
2. Este vocablo, en relación a “alcaloide”, “narcótico”, “droga”, se
sitúa como un “género” frente a las especies, o sea, que las incluye en razón
de su ámbito de mayor generalidad. De ahí que una definición corriente
resulte ser “droga productora de estupor”, entendiéndose por esto último
la inhibición completa de la actividad motora con mantenimiento de la
actividad mental, por lo general, puntiformemente concentrada en una
determinada vivencia.101
Etanol: Alcohol etílico.102
Etilismo: 1. Intoxicación por alcohol.103
2. (etílico + –ismo). Intoxicación provocada por alcohol etílico.104
3. Intoxicación por el alcohol etílico; alcoholismo.105
Euforia: Sensación animada de bienestar producida por las drogas tóxico-
manígenas. Es un estado transitorio fundamental en el principio del pro-
ceso de intoxicación, comparable al placer sexual. El sujeto suele vibrar a
las impresiones agradables. Siente una sensación de felicidad en el repo-
so y una excitación imaginativa o sueño de imágenes fáciles y agradables
con ropaje poético y erótico.106
Intolerancia alcohólica: Consiste en episodios de embriaguez, del mismo
tipo común, pero desencadenados por cantidades mínimas de alcohol
perfectamente toleradas por individuos normales. Puede ser primitiva
o adquirida en el curso de un alcoholismo crónico. En este último
caso suele ser debida a la insuficiencia hepática producida por el al-
cohol.107
Grado alcohólico: Cantidad de alcohol por 100 cc. de bebida. El vino de 10 a
35º. Los aguardientes de 35 a 80º. Un coñac de 43º no tiene 430 gramos de
etanol, ya que su densidad de 0,8 tiene 430 x 0,8 = 344 gramos de etanol
por litro de coñac y un vino de 10º contiene 80 gramos de etanol/litro de
vino.108
Hábito: 1. Adaptación del organismo a una droga por lo que en el transcurso
del tiempo la misma dosis va produciendo menor efecto, lo que implica

100
BONNET, ob. cit., t. II, pp. 1575 y 1576.
101
Dicc. T. de Cs. Ms. Salvat, ob. cit., p. 427.
102
DURANTEAU, ob. cit., p. 160.
103
DORLAND, ob. cit., p. 519.
104
Dicc. T. de Cs. Ms. Salvat, ob. cit., p. 428.
105
ESPINAZO, ob. cit., pp. 240 y 241.
106
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 257.
107
VALLEJO-NÁGERA, ob. cit., p. 281.
108
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 258.

345
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

que para obtener el mismo nivel de respuesta se deberá incrementar pro-


gresivamente la cantidad.109
2. Adaptación del organismo a la droga, que obliga a aumentar la
dosis para obtener el mismo efecto.110
Habituación: 1. Estado creado por la administración repetida de una droga,
con las siguientes características:
a) Un deseo, no una compulsión, de seguir tomando la droga por el bien-
estar que produce.
b) Una tendencia escasa o nula a aumentar la dosis, en una palabra, pro-
ducción de poca tolerancia.
c) Existencia de dependencia psíquica.
d) Ausencia de dependencia física y, por lo tanto, del síndrome de absti-
nencia.
e) Algunos efectos nocivos para el individuo, consecuencia de los efectos
adversos del fármaco.
f) Ausencia de efectos nocivos para la sociedad.
Como ejemplos de habituación pueden citarse los casos de la cafeína –be-
bida cafeica– y la nicotina –tabaco.
Deseo, por repetido consumo de una sustancia, pero no compulsión, de
seguir tomando la droga por la sensación de aumento de bienestar que
engendra, con escasa o nula tendencia a aumentar la dosis, con cierto
grado de dependencia psíquica respecto a los efectos de la droga, pero
ausencia de dependencia física y, por lo tanto, del síndrome de absti-
nencia. Con efecto pernicioso, si lo hay, únicamente para el individuo
(OMS).111
2. Es la incorporación de la droga y su uso, a la par con las necesidades
más elementales de la vida; por la habituación, el drogadicto no concibe que
se pueda vivir sin la droga; el tóxico es para él como el aire o las necesidades
más comunes; si lo internaron en un sanatorio y en un momento reflexiona
que está ya viviendo sin peligro, sin su droga, el solo pensar en que habrá de
reintegrarse al mundo, a vivir como los demás mortales, lo llena de terror y
huye del sanatorio en busca de la droga que necesita.
La habituación es lo que hace muy difícil el tratamiento del drogadicto,
ya que como dicen los especialistas, el drogadicto “se ha casado” con la
droga.112
3. Adaptación gradual a un estímulo al medio.113

109
Manual policial, ob. cit., p. 136.
110
DORLAND, ob. cit., p. 647.
111
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 258.
112
URIBE Y OTRO, ob. cit., p. 870.
113
Encicl. familiar, ob. cit., t. II, p. 421.

346
GLOSARIO

Ilusión: Interpretación falsa de una imagen sensorial.114


Intoxicación: 1. Acción de introducirse en el organismo sustancias tóxicas,
o de reabsorberse las destinadas a ser excretadas. Estado morboso que
resulta de esta acción.115
2. Es un estado morboso accidental, que resulta de la acción especial
que ejercen sobre la economía sustancias minerales u orgánicas deletéreas,
y que pueden hasta ocasionar la muerte.116
3. Cualquier sustancia que es capaz de producir un efecto maligno
o mortal puede ser considerada un veneno. Para la mayoría de tales
sustancias existen una dosis inocua y una dosis ponzoñosa; la severidad
de los efectos depende de la cantidad tomada y de la edad y condiciones
físicas de la persona afectada.117
Intoxicación alcohólica crónica: Beber antes de la total metabolización del
alcohol anteriormente bebido o inmediatamente después. O la máxima
ingesta de alcohol necesaria para producir la mayor intoxicación compa-
tible con la posibilidad de andar.118
Medicamento: Toda sustancia obtenida del reino animal, vegetal y mineral
destinada al tratamiento de enfermedades.119
Mitridatismo: Término más toxicológico que farmacológico. Es la progresiva
habituación a una sustancia sin producir lesión al organismo hasta llegar
a dosis que administradas a personas sin esta preparación les producirían
la muerte. Es un concepto afín al hábito o acostumbramiento.120
Narcótico: El término deriva del griego “narkos” o “narké” y, según Orfila,
es empleado para designar un gran número de venenos que actúan pri-
mitivamente sobre el sistema nervioso en general y sobre el cerebro en
particular, ocasionando adormecimiento.121
Psicotrópico: Se califica así al conjunto de sustancias químicas de origen na-
tural o sintético que poseen un tropismo psicológico, o sea, que son ca-
paces de modificar la actividad mental, sin prejuzgar sobre el tipo de esta
modificación.122
Proof: Es un arbitrario término americano para determinar la concentración
de las bebidas. Es dos veces el porcentaje, por volumen, de alcohol. La
bebida de 40º de alcohol por volumen es 80 proof.123

114
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 258.
115
DORLAND, ob. cit., p. 852.
116
TEKE, ob. cit., p. 141.
117
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 259.
118
BONNET, ob. cit., t. II, pp. 1574 y 1575.
119
BONNET, ob. cit., t. II, p. 1575.
120
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 259.
121
Ibídem.
122
Ibídem.
123
GIRALDO, ob. cit., p. 429.

347
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Psicodisléptica (droga): Sustancias que producen una perturbación mental


consistente en alterar las percepciones, provocando una distorsión de-
lirante de la apreciación de la realidad. Son llamadas, con poco rigor,
sustancias alucinógenas.124
Psicodisléptico: El efecto psicodisléptico o psicoléptico se caracteriza por la
producción de una psicosis experimental transitoria, cuya sintomatolo-
gía varía según los sujetos y comprende trastornos del YO del tipo de la
despersonalización, de las ideas delirantes, de las ilusiones, de las aluci-
naciones.125
Resaca: Estado de postintoxicación.126
Sicosis alcohólicas: Estados sicóticos orgánicos debidos principalmente a
la excesiva ingestión del alcohol, aunque se piensa que los defectos
de la nutrición desempeñan un papel importante. En algunos de di-
chos estados la supresión del alcohol puede tener significación etio-
lógica.127
Sicosis alcohólica de Korsakov: Un síndrome con reducción notable y du-
radera de la amplitud de la memoria, en especial una pérdida notoria
de la memoria reciente, confabulación y desordenada apreciación del
tiempo, que aparece en los alcohólicos como secuela de una sicosis
alcohólica aguda (especialmente del delírium trémens) o más rara-
mente en el curso del alcoholismo crónico. En general, se acompaña
con neuritis periférica y podría estar asociada con la encefalopatía de
Wernicke.128
Síndrome de abstinencia: 1. Aparece cuando cesa el empleo de sustancias
psicótropas (alcohol, psicofármacos, morfina, etc.) cuya utilización pro-
longada produce dependencia corporal o psíquica. Los síntomas son
insomnio, inquietud psicomotora, excitación neurovegetativa, situacio-
nes depresivas. Puede desembocar en delirio de deshabituación. Como
remedio terapéutico se usa hoy con preferencia la distraneurina. Una
distinción neta entre dependencia corporal y psíquica se considera ac-
tualmente problemática.129
2. Es el trastorno psicofísico, a menudo grave, que, en los casos de
drogodependencia física y debido a los mecanismos bioquímicos que se
han producido en el organismo, aparece tras la supresión de la droga.130

124
Ibídem.
125
DORSCH, ob. cit., p. 743.
126
MARCO Y OTROS, ob. cit., p. 451.
127
BONNET, ob. cit., t. II, p. 1576.
128
GIRALDO, ob. cit., p. 448.
129
DOBERT Y OTROS, ob. cit., p. 66.
130
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 260.

348
GLOSARIO

3. Es la respuesta del organismo que clama por la droga, cuando ésta


es suprimida bruscamente o se trata de neutralizar sus efectos mediante
el suministro de otro producto antagónico. Alcanza la máxima intensidad
entre las veinticuatro y las cuarenta y ocho horas de abstinencia y cede
espontáneamente en un período de ocho a diez días.131
Síndrome de dependencia del alcohol: Un estado síquico y generalmente
también físico, resultante de la ingestión de alcohol, caracterizado por
respuestas del comportamiento y otras que siempre incluyen la compul-
sión a beber alcohol de manera continua o periódica para experimentar
sus efectos síquicos y algunas veces para evitar el malestar de la abstinen-
cia; puede haber tolerancia, aunque esta podría no estar presente. Una
persona puede ser dependiente del alcohol y de otras drogas; si es así,
codifique también con la subcategoría pertinente de 304. Si la dependen-
cia está asociada con sicosis alcohólica o con complicaciones somáticas, se
deben codificar estas afecciones y la dependencia.132
Síndrome de privación o abstinencia alcohólica: a) Síndrome de privación leve.
Aparece después de 3 a 12 horas de haber suspendido una ingestión, cuya
cantidad no ha sido masiva. Puede durar 3 a 7 días.
El individuo presenta angustia, intranquilidad motora con expectación
ansiosa, inquietud, disconfort, miedo indefinido, temblor fino de las ma-
nos, sudoración, insomnio y deseo impetuoso de ingerir alcohol.
Al beberlo, aunque sea en pequeñas dosis, se calman los síntomas duran-
te 3 ó 4 horas.
Este síndrome caracteriza al alcohólico inveterado, o sea, con incapaci-
dad de abstenerse.
b) Síndrome de privación mediano. Requiere haber pasado por el
grado anterior y se instala a continuación de él, 12 a 48 horas después de
suspender la ingestión de alcohol. La cantidad ingerida generalmente ha
sido abundante. Puede durar de 2 a 5 días.
Además de los signos y síntomas del grado leve, el sujeto presenta náuseas
y vómitos preferentemente matinales, diarreas, congestión de la cara, su-
doración profunda, exageración del temblor y del insomnio, angustia más
intensa con franca intranquilidad motora y deshidratación marcada.
c) Síndrome de privación grave. Requiere el paso por las dos etapas
anteriores, instalándose 48 a 72 horas después de suspender la ingestión de
la droga, que generalmente ha sido masiva. Dura no más de 3 a 5 días.133
Taquifilaxia: Ciertos medicamentos presentan como característica que la re-
petida administración hace que su efecto, a la misma dosis, disminuya.
Si la primera dosis actuó como 100, la segunda lo hace como 80 y así de
manera decreciente hasta que su efecto desaparece.

131
GENOVARD, ob. cit., pág. 275.
132
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 260.
133
MARCO Y OTROS, ob. cit., p. 450.

349
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

Ocurre con las anfetaminas, serotonina, atropina, renina, efedrina, tiro-


nina, entre otras.134
Tolerancia: 1. Capacidad de soportar determinadas condiciones nocivas sin
que se produzcan efectos dañinos notables, por ej., la tolerancia a una
droga.135
2. Estado de adaptación caracterizado por disminución de la
respuesta a la misma cantidad de una droga determinada.
Disminución del efecto que desencadena una droga previamente admi-
nistrada. Necesidad de cada vez mayores cantidades de alcohol para obte-
ner el mismo efecto que en un principio se conseguía con poca cantidad
de alcohol. Resistencia a los efectos del alcohol.136
3. Este término significa que se requieren cantidades progresivamente
incrementadas de la droga para lograr el efecto deseado y que hay un
efecto notablemente disminuido tras el consumo regular de la misma
dosis.137
4. Es un estado orgánico, caracterizado por la necesidad física de
aumentar la dosis de una droga para lograr el mismo efecto inicial; así,
el acostumbramiento o adecuación del organismo requiere incrementos
considerables de una determinada droga para alcanzar un estado que
permita atenuar los trastornos generados por la abstinencia. En algunos
casos, como ocurre con la morfina, el adicto puede tolerar dosis que en
un no iniciado producirían la muerte.138
5. Con mayor precisión, diremos que es un síndrome clínico de
adaptación orgánica a los efectos de una droga, lo que hace que ésta,
en las dosis habituales, no surta efecto y en consecuencia para volver a
obtenerlos sea necesaria la administración de una dosis mayor. Cuanta
mayor tolerancia, mayor cantidad de droga es necesaria, pero los efectos
no guardan relación, sino que resultan cada vez más débiles, por lo que
el individuo llega a administrarse dosis excepcionales que resultarían
tóxicas o incluso mortales para un individuo normal.139
Tolerancia al alcohol: 1. La constitucional capacidad de un organismo a resis-
tir los efectos del alcohol, medido por las concentraciones de alcohol en
la sangre, generalmente referida a nocivos efectos.140

134
ALEJANDRO A. BASILE Y DAVID WAISMAN, Medicina legal y deontología,
t. I y II, Editorial Ábaco de Rodolfo Depalma, Buenos Aires, Argentina, 1986, t. II,
p. 715.
135
BONNET, ob. cit., t. II, p. 1576.
136
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 260.
137
DORSCH, ob. cit., p. 846.
138
JUAN ANTONIO GISBERT CALABUIG, Medicina legal y toxicología, obra
galardonada con el premio “Lecha-Marzo”, 1979, de la Fundación Frontela de
Medicina Legal y Ciencias Afines, tercera edición, Publicaciones Médicas y Cientí-
ficas, Valencia, España, 1985, p. 59.
139
DORLAND, ob. cit., p. 1457.
140
GISBERT, ob. cit., p. 57.

350
GLOSARIO

2. Después de una primera etapa con una concentración de alcohol


en la sangre de 0,5-1,5 por mil, en una segunda de aproximadamente 1-2
por mil se inicia una somnolencia que se transforma en narcosis entre
el 2 y 3 por mil. Con una cantidad superior al 3 por mil, da comienzo
una parálisis que, al llegar al 4-5 por mil, concluye con la muerte, tras
la paralización del centro respiratorio. La tolerancia individual depende
de factores constitucionales; influyen sobre ella enfermedades, dolencias
y medicamentos, y también la fatiga, la excitación, la concentración
de alcohol y el estado de repleción del estómago. Primeras etapas del
alcoholismo: aumento de la tolerancia; etapas posteriores: disminución
de la tolerancia.141
Tóxico: 1. Todo agente químico que, ingresado en el organismo, altera ele-
mentos bioquímicos fundamentales para la vida.142
2. Cualquier sustancia que ingerida, inhalada o absorbida, aplicada,
inyectada o desarrollada dentro del cuerpo, es capaz, por sus propiedades
químicas o físicas, de provocar alteraciones orgánico funcionales o aun la
muerte.143
Toxicologia: 1. Toxicología (del gr. toxikón, arco, flecha) es la ciencia que
estudia los tóxicos y las intoxicaciones.144
2. (del gr. toxikón, veneno, y lógos, tratado). Estudio científico de
los venenos o tóxicos, especialmente de la acción e investigación de los
mismos en el organismo, y tratamiento del estado causado por ellos.145
Toxicología forense: Diagnóstico y tratamiento de un envenenamiento acci-
dental o intencionado y las implicaciones legales consiguientes.146
Toxicomanía: 1. La adicción o toxicomanía es un estado de intoxicación pe-
riódica o crónica producida por el consumo repetido de una droga, cuyas
características son:
a) Una invencible necesidad, o sea una compulsión, a seguir tomando la
droga y obtenerla por todos los medios.
b) Una tendencia a aumentar las dosis, es decir, una tolerancia a la droga
con el fin de obtener los mismos efectos.
c) Una dependencia psíquica, o sea el acostumbramiento al empleo de
la droga, cuya supresión provoca trastornos emocionales, de deseo por la
misma.
d) Una dependencia física por lo general –no siempre, o sea, la necesi-
dad del uso de la droga, para impedir la aparición de síntomas somáticos

141
Dicc. T. de Cs. Ms. Salvat, ob. cit., p. 1114.
142
MELLONI, ob. cit., p. 546.
143
Ibídem.
144
SANJUÁN Y OTRO, ob. cit., p. 261.
145
Manual policial, ob. cit., p. 45.
146
DORLAND, ob. cit, p. 1458.

351
EL DELITO DE MANEJAR EN ESTADO DE EBRIEDAD

de hiperexcitabilidad más o menos serios, que constituyen el síndrome


de abstinencia.
e) Un efecto nocivo para el individuo que puede ser indirecto –derivado
de la preocupación por obtener la droga, que lleva al abandono personal
y la desnutrición– y/o directo –consecuencia de las reacciones del fárma-
co, como trastornos mentales, físicos, ataxia, anorexia, etc.
f) Un efecto nocivo para la sociedad, que proviene de la preocupación
ya citada capaz de llevar a perjuicios económicos, delitos contra la propie-
dad y un comportamiento antisocial.
2. La toxicomanía (según la OMS), es un estado de intoxicación
periódica o crónica, que afecta al individuo y a la sociedad originada por
el consumo repetido de una droga natural o sintética.
Sus características son:
a) Efecto pernicioso para el sujeto y la sociedad.
b) Un deseo invencible o una necesidad de continuar consumiendo la
droga y de procurársela por todos los medios.
c) Una tendencia a aumentar la dosis.
d) Una dependencia de origen psíquico y a veces físico, a consecuencia
de los efectos de la droga.
Es un recurrir a las drogas para obtener un estado de olvido, euforia,
optimismo o diversión superior al normal, existiendo en todo ello el sen-
timiento más profundo de evasión de la realidad.
Dependencia psíquica y física al alcohol o medicamento. El individuo
hace todo lo posible e imposible para obtener su droga, saltando todas las
barreras y frenos humanos, sociales y morales. Tiende a ir aumentando la
dosis produciéndose un daño a sí mismo y a la sociedad. Generalmente
tiende a la inhibición del mundo que le rodea con disminución del ren-
dimiento en el trabajo, llegando a la desnutrición física, psíquica o moral
de la persona.147
3. Etimológicamente se halla compuesto por dos raíces: una griega
y otra latina; la primera “toxico”, deriva de “toxikon”, que en griego
significaría “veneno”, y “manía”, del latín “manía” y que algunos filólogos
dicen proviene del griego y sería “especie de locura caracterizada por
delirio general y agitación”.
También se la traduce como “locura parcial en la obsede a la imaginación
con una idea fija”.
Tendríamos entonces, desde un aproximado enfoque etimológico, que
“toxicomanía” sería “obsesión por consumir tóxicos”.
Los órganos internacionales han coincidido en la siguiente definición:
“toxicomanía es un estado de intoxicación periódico o crónico provoca-
do por el consumo de tóxicos”.
Toxicómano: Que padece toxicomanía.148

147
Ibídem, p. 1458.
148
Dicc. T. de Cs. Ms. Salvat, ob. cit., p. 1130.

352