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Desarrollo de Habilidades Comunicativas.

SALUD MENTAL EN CHILE:


“La insuficiente inversión económica”

Javiera Fernández Olave.


Francisca Figueroa Federeci.
Psicología.
La Serena, 18 de Mayo, 2016
Contenido
Introducción. ...............................................................................................................................................1
Desarrollo. ..................................................................................................................................................2
La salud mental en Chile. .....................................................................................................................2
Enfermedades mentales más recurrentes en Chile ......................................................................4
Plan nacional de salud mental y psiquiatría. ..................................................................................5
Problemas sociales y trastornos mentales: un círculo vicioso. .......................................................6
Fundamentos teóricos. .........................................................................................................................7
Planteamientos orientados a la solución del problema. ...................................................................8
Conclusión. ...............................................................................................................................................10
Bibliografía................................................................................................................................................11

Introducción.

El siguiente informe expondrá una problemática de suma importancia en nuestro país:


“La insuficiente inversión monetaria de la salud mental en Chile”, siendo esta una
situación a la que no se le ha tomado el peso, que afecta directamente a la población
chilena y cuya solución recae principalmente en autoridades que no han tomado las
suficientes cartas en el asunto.

Los objetivos de esta investigación están enfocados primordialmente en:

 Analizar la situación de la salud mental en nuestro país, tanto a nivel público como
privado, tomando como referencia a países modelos en este ámbito, para luego
comparar y contrastar las diferentes soluciones orientadas a solucionar el
problema.

 Identificar la principal problemática que afecta al buen funcionamiento de los


programas desarrollados para mejorar la salud mental en Chile.

 Criticar de manera objetiva los proyectos desarrollados por el estado, a su


inversión y funcionamiento.
 Formular y desarrollar alguna solución o estrategias que apunten a la mejora de la
problemática ya expuesta.

Se expondrán los temas relacionados con la salud mental en Chile, las enfermedades
más frecuentes en el país, el plan nacional de salud mental y psiquiatría y la interrelación
entre los problemas sociales y los trastornos mentales.

Para realizar este informe se analizaron variados textos de investigación, estadísticas,


tablas comparativas, noticias y artículos relacionados con la salud mental y todos los
aspectos que intervienen, tanto negativa como positivamente, los cuales ayudaran a
comprender de manera holística el tema.

En síntesis este informe nos ayudara a comprender la situación de la salud mental en


Chile, y a tomar conciencia sobre los factores principales que la afectan, puesto que es
un tema muy descuidado en el país que de resolverse mejoraría de manera significativa
muchos otros aspectos del bienestar de la comunidad.

Desarrollo.
La salud mental en Chile.

La salud mental es un aspecto fundamental en el bienestar y el buen funcionamiento


de un individuo y una comunidad, además de estar determinada por muchos factores de
interacción social, psicológica y biológica. Es por esto que la sanidad mental, sus
aspectos y problemas se han convertido en un tema de suma importancia a nivel mundial.

En la actualidad aproximadamente 450 millones de personas sufren de trastornos


mentales, y el impacto de estas, recae tanto en la persona afectada como en sus
familiares y por consiguiente en la sociedad en general. Las consecuencias pueden ser
tanto emocionales como financieras, y aunque las autoridades encargadas han
reconocido los efectos que arrastran los problemas mentales, el financiamiento para esta
área no ha aumentado según los objetivos propuestos.
A pesar de que los chilenos sufren cada vez más problemas como la depresión, la
ansiedad, la agorafobia, el estrés, trastornos afectivos y otras variadas enfermedades, la
reforma de salud chilena solamente ha incorporado tres: Esquizofrenia, Depresión y
Consumo Perjudicial y Dependencia al Alcohol y Drogas.

En un inicio los proyectos desarrollados por el estado para mejorar la salud mental,
estaban orientados casi de manera exclusiva a la salud pública, ya que en la década de
los 90’, las inversiones se concentraron en los sectores de escasos recursos, y aun así
aunque los trastornos mentales constituían el 15% del total de las enfermedades, la
inversión pública en Chile seguía siendo mínima, ya que alcanzaba tan sólo el 1% del
presupuesto total asignado al sector de la salud mental. En cambio en la actualidad, los
proyectos e inversiones favorecen principalmente a la salud privada y a los que pueden
optar a ella.

Según la OCDE, en Chile una de cada tres personas sufre problemas de salud mental
en algún momento de su vida, siendo Santiago la ciudad que encabeza las capitales con
mayor número de trastornos ansiosos y depresivos en el mundo. Además,

Chile es el país de la OCDE donde más ha aumentado la tasa de suicidio, siendo


durante la última década el suicidio una de las diez primeras causas de muerte en
hombres chilenos, concentrando 19,1 por ciento de la mortalidad masculina en 2010,
superando anualmente a las muertes en hombres a consecuencia del SIDA y las
enfermedades cardiovasculares.

Chile no es tan sólo el país que menos inversión estatal destina a la salud, sino que
también es uno de los que tiene mayor gasto privado en ella. Por lo mencionado
anteriormente, se puede concluir que nuestro país a lo largo de la historia ha distribuido
sus recursos humanos con una marcada desigualdad e inequidad.
En 2010, el gasto
económico total de
Chile en salud como
porcentaje de PIB fue
de 8%, el segundo
país más bajo de la
OCDE, solo después
de México, y de este
8% de gasto total, sólo
un 47% es aportado
por el gasto público, a
pesar de que ello se encuentra muy por de debajo del promedio del gasto público en
salud que destinan los países “desarrollados” pertenecientes a la OCDE (72%). El gran
problema de este modelo de financiamiento es que el gasto privado impacta
principalmente a las familias de escasos recursos, puesto que son ellas quienes deben
destinar mayor capital de su presupuesto a la salud, por lo tanto con ello se contribuye a
perpetuar la pobreza y la desigualdad, transformando a este proceso en un círculo
vicioso. En el fondo, nuestro país fomenta una buena salud para ricos y otra muy
paupérrima para pobres y ni tan pobres, como lo es la “clase media”. De ahí que toda
estrategia de salud que el estado desarrolle debe estar orientada fundamentalmente a
corregir estas inequidades.

Enfermedades mentales más recurrentes en Chile

En Chile, los trastornos mentales que más predominan son: la agorafobia (11,1%), la
depresión mayor (9,0%), la distimia (8,0%) y la dependencia del alcohol (6,4%). El
Estudio Chileno de Prevalencia de Patología Psiquiátrica indicó que un 36% de la
población mayor de 15 años, había tenido algún desorden mental a lo largo de su vida,
mientras que un 22,6% había presentado algún trastorno en los últimos 6 meses.
Las principales causas de enfermedades mentales recaen en el abuso de sustancias,
la violencia, los abusos a mujeres y niños y los problemas de salud, y justamente son
estos los que tienen mayor prevalencia y son más difíciles de afrontar, aún más cuando
existen altos niveles de desempleo, bajos ingresos, precariedad en la educación,
condiciones estresantes de trabajo, discriminación de género, estilo de vida no saludable
y violaciones a los derechos humanos.

Plan nacional de salud mental y psiquiatría.

Gracias a la contribución de miles de usuarios, familiares de los pacientes, técnicos y


profesionales a lo largo de todo el país, se crea el “plan nacional de salud mental y
psiquiatría” en el año 2000, puesto que a inicios de la década de 1990, con la
recuperación de la democracia y los precursores servicios modernos de salud mental,
surgió con fuerza el movimiento de familiares de pacientes con trastornos mentales
graves.

En la actualidad, esta enorme contribución se ha visto limitada por la insuficiente


conciencia social en materia de salud mental por parte de la población chilena y por sobre
todo, por parte de las autoridades estatales.

El objetivo principal de este plan es ayudar a que las personas, las familias y las
comunidades alcancen el bienestar, el uso óptimo de sus potencialidades y mejoras en
las relaciones sociales, además de potenciar los tratamientos, la rehabilitación de
pacientes y actividades orientadas a la promoción y prevención de la salud.

En los últimos años, los recursos disponibles para el Plan Nacional de Salud Mental y
Psiquiatría, asignados por el Ministerio de Salud, han sido inferiores a lo propuesto
inicialmente, siendo solo las enfermedades de esquizofrenia, depresión y la dependencia
del alcohol y de las drogas, las que son financiadas por estar entre las 80 enfermedades
del programa de Acceso Universal con Garantías Explícitas (AUGE).

En 1990 la inversión pública de la salud mental en Chile era solo de 1% del


presupuesto asignado al sector de la salud, sin embargo con el paso de los años éste ha
aumentado hasta llegar a 2,4% del presupuesto asignado en el año 2003. A pesar de la
leve mejora de este modelo, su consolidación y desarrollo aún están limitados por la falta
de respaldo legal y de recursos.

Problemas sociales y trastornos mentales: un círculo vicioso.

La salud mental abarca y se relaciona con un sinnúmero de aspectos primordiales


para lograr bienestar social. Uno de estos aspectos es el rendimiento laboral, ya que las
enfermedades mentales y el abuso de sustancias son una de la mayores causas de
pérdida de productividad y ausentismo, el cual fluctúa aproximadamente entre 35 y 40
por ciento, siendo esto un costo directo para el empleador e indirecto para el país.

Además estos amenazan directamente a las condiciones de salud físicas. Un ejemplo


de esto son las personas que sufren de depresión, ya que estas triplican su riesgo de
morir por una enfermedad cardiaca, puesto que tienen mayores dificultades a la hora del
autocuidado y por lo tanto son más reacios a seguir tratamientos de enfermedades
crónicas o de larga duración.

La pobreza, el desempleo, la baja escolaridad o analfabetismo y la carencia de


vivienda constituyen las principales causas de los problemas mentales, justamente
aspectos que tienen elevados índices en nuestro país. Por lo tanto, al haber ausencia de
inversiones que realmente ayuden y estén dirigidas a mejorar la salud mental, el círculo
vicioso de la pobreza y de los trastornos psicológicos se mantendrá infinitamente.

Todo lo señalado anteriormente demuestra la gran importancia y urgencia en la mejora


del sistema de salud, ya que si se perfecciona este sistema también lo harán la mayoría
de los aspectos que constituyen el bienestar social, por lo tanto progresaría
significativamente la calidad y expectativa de vida de toda la población chilena.

Si es que las autoridades e instituciones no toman cartas en el asunto y no desarrollan


políticas públicas o proyectos a la altura de las necesidades sanitarias, limitando los
recursos destinados a este sistema, inevitablemente se generará desconformidad en la
población, haciendo que tal como sucede con la masiva demanda por más y mejor
educación, los ciudadanos comiencen a movilizarse, pero esta vez, por una salud de
calidad y por la legitimización del problema de este modelo, incrementando de este modo
el desorden, el peligro social y el gasto público.

Fundamentos teóricos.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Ministerio de Salud de Chile,


el año 2007 el sector público destinó 2,14% de los fondos totales estimados a todas las
áreas de la salud a la salud mental, cifra que en 2012, aumentó al 2,16%, muy debajo de
5% que había propuesto inicialmente como meta el Plan Nacional de Salud Mental y
Psiquiatría del Minsal. (Valdés & Errázuriz, 2012). Sin embargo, a pesar de la creación
de este plan y los años que han transcurrido desde la implementación de éste, se puede
ver que no se han realizado mejoras significativas en el sistema de salud chilena, es decir
este plan no ha cumplido con ninguno de los objetivos propuestos.

Como se ha nombrado anteriormente en este informe chile es uno de los países


perteneciente a la OCDE, con la mayor cantidad de personas que sufren de trastornos
mentales. Según la Encuesta Nacional de Salud realizada el año 2010, un 20% de los
chilenos tiene sintomatología depresiva significativa identificada, tanto así que “no hay
ningún país en el mundo que le compita a ese número”, además de que “en la práctica
el 80 por ciento de los casos reales no son pesquisados”. (Vöhringer, 2016). Este 80%
se debe a que la salud pública, en la que la mayoría de la población chilena se atiende,
prioriza el rendimiento y la cantidad de prestaciones por psicólogos por día, además de
que estos tienen solamente de 5 a 7 minutos para lograr entrevistar y diagnosticar a un
paciente, siendo imposible detectar la patología. Según lo señalado un 60% de los
chilenos presenta trastornos mentales no diagnosticados.

Sufrir de un trastorno mental no diagnosticado puede tener consecuencias tremendas,


como por ejemplo, una persona con depresión no diagnosticada, tiene un amplio
porcentaje de ausentismo laboral, además de tener más uso y “abuso” del sistema de
salud, ya que normalmente se realizan consulta múltiples, se ocupa distintos tratamientos
sin resultados, horas de médicos y medicamentos. Puesto que la mayoría de las
depresiones aparentan producir consecuencias físicas, como cuadros de dolor y quejas
somáticas, transformando esta situación en una disminución de productividad del
individuo y el sistema, el empeoramiento de la calidad de vida y un excesivo gasto de
recurso, los cuales no retornan.

Como expone (Valdés & Errázuriz, 2012) la diferencia existente entre los tratamientos
de enfermedades físicas y las mentales es inmensa, siendo estas últimas la que han
tenido históricamente una menor cobertura por parte de las distintas instituciones y
profesionales, sean públicos o privados. Esta discriminación en contra de quienes
padecen enfermedades mentales genera grandes costos para las familias de los
pacientes y, por extensión, para el país.

Estas significativas diferencias son injustificadas, ya que como se expuso al inicio del
informe, la salud mental está interrelacionada de manera directa con la salud física,
puesto que la primera puede determinar y generar a la segunda y viceversa. Además el
hecho de que este problema sea histórico, deja a la vista nuevamente la insuficiente toma
de conciencia tanto por parte de la población como de las instituciones encargadas.

Planteamientos orientados a la solución del problema.

En Chile se han desarrollado un sinnúmero de estudios y análisis sobre los trastornos


mentales y su prevalencia en nuestro país, pero la mayoría de ellos se han basado
principalmente en grupos de población específicos y heterogéneos entre sí, lo que no
permite la comparación de los respectivos resultados. Por lo tanto la solución más
adecuada a este planteamiento es realizar investigaciones y estudios, a grupos
homogéneos entre sí o con características específicas que permitan posteriormente la
comparación de estos y de esta manera obtener mayor información específica y por lo
tanto facilidad para crear planes de acción.

En el país se cubren aproximadamente sólo de dos a seis consultas anuales en salud


mental, muy por debajo de lo necesario, es por esto que múltiples estudiosos proponen
seguir el ejemplo de EE.UU, que en el año 2008 hizo la “Ley de Paridad”, la cual señala
que la totalidad de los seguros privados de salud deben cubrir por igual las enfermedades
ya sean mentales o corporales. Es decir, si se cubre el 80% una enfermedad física como
lo es la neumonía, se debía cubrir la misma cantidad en un tratamiento de una patología
menta, como lo es la depresión. Esta ley se desarrolló, ya que al igual que en Chile las
patologías mentales eran menos cubiertas que las patologías corporales y/o físicas.

En Chile, La implementación de una ley como la desarrollada en Estados Unidos se


ve como una posibilidad muy lejana, puesto que es un tema “descuidado” por los políticos,
autoridades, instituciones y medios de comunicación, por lo consiguiente este problema
sigue siendo injustamente no considerado como tal.

Otro problema de gran importancia es la insuficiente formación en salud mental que


reciben los profesionales de áreas primarias de la salud, lo que se ve reflejado en la malla
curricular de estos, puesto que en medicina solo el 2% de las asignaturas están
dedicadas a la salud mental, en Enfermería estas aumentan al 5% y en los centros de
formación de técnicos paramédicos se alcanza solo un 3%. Se recomienda redoblar los
esfuerzos para lograr la promulgación en Chile de leyes que respalden las nuevas redes
de salud mental y la plena inserción social de las personas con enfermedades mentales.
Conclusión.

Según lo expuesto en este informe de investigación, se plantean las siguientes


propuestas:

 Mejora de la atención de problemas y trastornos de salud mental en atención


privada y mayormente en la pública, además del aumento de la capacidad
resolutiva de ésta, aumentando los tiempos de tratamiento y entrevista, priorizando
la calidad y no la cantidad.

 Aumento de la inversión monetaria para realizar los diagnósticos, los tratamientos


y las actividades con motivo de reinserción.

 Aumento de la oferta de servicios, a través de la creación de Hospitales, Hogares


Protegidos, Talleres Laborales, Centros de terapia individual y grupal, entre otros.

 Fortalecimiento del proceso de inserción luego de hospitalización.

 El refuerzo de la participación de familiares y usuarios.

 Promoción de la salud mental mediante actividades principalmente sociopolíticas


e intersectoriales.

 Mejoras en la atención prenatal.

 Aumento de intervenciones dirigidas a individuos de alto riesgo con síntomas


mínimos pero detectables.

 El empoderamiento, mediante el cual los grupos minoritarios y en desventaja de


una comunidad.
Bibliografía.

Valdés, C., & Errázuriz, P. (13 de Agosto de 2012). http://www.politicaspublicas.udp.cl. Recuperado el 16


de Mayo de 2016, de http://www.politicaspublicas.udp.cl:
http://www.politicaspublicas.udp.cl/media/publicaciones/archivos/350/Salud_Mental_en_Chile
_El_Pariente_Pobre_del_Sistema_de_Salud.pdf

Vöhringer, P. (10 de Mayo de 2016). Experto de la U. de Chile: 80% de chilenos con enfermedades
psiquiátricas no está diagnosticado. (E. Mostrador, Entrevistador) www.elmostrador.cl. Santiago.
Recuperado el 16 de Mayo de 2016, de
http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2016/05/10/experto-de-la-u-de-chile-80-de-chilenos-
con-enfermedades-psiquiatricas-no-esta-diagnosticado/