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El Carácter de Clase de la URSS

Sam Marcy [1]

1977

Índice
Introducción a la Segunda Edición.
1. El Carácter de Clase de la URSS.
2. Algunos Errores del Partido Comunista Chino.
3. Una Respuesta a las Teorías de la Desesperación.

INTRODUCCIÓN A LA SEGUNDA EDICIÓN

Este panfleto fue escrito a principios de 1976. No han pasado muchos años desde
entonces, pero el mundo ha cambiado tanto en este breve período que se hace
necesaria una ulterior explicación, aunque sólo sea para recordarle al lector el
contexto social y político de aquella fecha ahora distante. La tarea principal de los
escritores progresistas consistía en demostrar que la Unión Soviética era realmente
un país socialista y no un estado "social-imperialista", como estaba siendo
caracterizada por el PC Chino y por sus partidarios en los Estados Unidos y en otros
países. Y, en segundo lugar, era necesario clarificar qué había provocado esta
situación y explicar de alguna forma cómo y por qué los chinos, y en particular un
líder revolucionario como Mao Tse-tung, habían podido llegar a una posición
semejante.

Pero, desde que el panfleto fuera escrito por primera vez, Mao ha muerto; sus
colaboradores más cercanos han sido detenidos y encarcelados; sus opositores más
duros dentro del Partido Comunista Chino se han apoderado del partido y del
aparato del estado; y han protagonizado un giro radical a la derecha y un
acercamiento político al imperialismo de los Estados Unidos, acercamiento que está
dirigido casi abiertamente contra la URSS en una alianza militar de facto.

Hoy también es necesario demostrar que la China Popular es todavía, pese al giro
derechista de sus dirigentes, un país socialista. A pesar de su alianza con el
imperialismo estadounidense, la República Popular no se ha convertido ella misma
en un país imperialista. Ni tampoco la peligrosa política anticomunista del liderazgo
de Deng-Hua ha provocado aún una contrarrevolución real en las relaciones de
producción, con la restauración de la explotación capitalista y de sus miserias
concomitantes para las masas.

Sam Marcy, desde que escribiera la parte principal del presente panfleto, ha tratado
ya esta cuestión. A partir del 18 de octubre de 1976, inmediatamente después de la
detención de la llamada "Cuadrilla de los Cuatro", escribió una serie de artículos en
el periódico Workers World explicando el giro derechista de los dirigentes chinos
mientras éste aún se estaba produciendo. Esta serie fue publicada más tarde en
forma de libro con el título La Supresión de la Izquierda en China (World View
Publishers, 1977).

Antes de que Deng Hsiao-Ping fuera rehabilitado (¡por segunda vez!), pero
mientras la campaña contra los cuatro líderes supervivientes de la Revolución
Cultural se hallaba en la cúspide, Marcy escribió:

"Los rasgos reaccionarios de la política exterior de la ideología maoísta, sobre todo


en los dos últimos años, con los ataques completamente injustificados a Angola y a
Cuba por no mencionar a la URSS, han oscurecido los monumentales logros
revolucionarios internos de la Revolución Cultural.

"Ahora que ha comenzado la reescritura de la historia por el nuevo régimen de Hua,


como puede apreciarse en la difamación de los partidarios más próximos de Mao,
es más necesario que nunca tener en cuenta que aunque la reacción haya triunfado
es estrictamente termidoriana en su carácter, que se encuentra dentro del marco y
sobre los fundamentos sociales del nuevo poder de clase, en este caso de un estado
obrero. Tanto un renacimiento revolucionario como una ulterior regresión son
posibles" (Artículo del 26 de octubre de 1976, en La Supresión de la Izquierda).

La Supresión de la Izquierda de Sam Marcy explica la importancia de la caída de los


"Cuatro" y perfila el subsiguiente giro derechista del PC Chino en la política exterior
e interior.

El presente trabajo, escrito antes de la muerte de Mao y de la caída de los "Cuatro",


tiene como objetivo defender a la Unión Soviética de lo que entonces fue
esencialmente un ataque de extrema izquierda contra la URSS --a la que Mao
caracterizó como un país capitalista-imperialista debido a la política de los
dirigentes soviéticos. Por muy negativas que fuesen estas políticas en aquel
entonces, nunca se han acercado a las de Deng Hsiao-ping y sus colaboradores en
el PC Chino actual. ¡Es una de las ironías más crueles de la historia que los mismos
falsos criterios utilizados por los dirigentes chinos para condenar a los líderes
soviéticos sean ahora utilizados contra los chinos por una variopinta y extraña
colección de intelectuales izquierdistas occidentales desilusionados! (Debido a
inconsistencias mutuas o a prejuicios nacionales a priori, algunos miembros de esta
pequeña nobleza lanzan su condena fulminante sólo contra los soviéticos y no
contra los chinos, mientras que otros invierten alegremente el procedimiento).

Los acontecimientos se han sucedido tan rápidamente que puede llegar a olvidarse
que Mao Tse-tung fue el iniciador de la Revolución Cultural, una tentativa heroica
de rebajar el papel preponderante de los burócratas e intelectuales, y de levantar a
las masas para convertirlas en participantes activos en la resolución de su propio
destino. Puede llegar a olvidarse que, durante un período considerable de tiempo,
Mao estuvo a la izquierda de los dirigentes soviéticos (en el escenario internacional
desde 1961 hasta 1968, y en el escenario doméstico hasta después de 1968).
Incluso el error imperdonable de Mao acerca del carácter de clase de la URSS
parecía provenir de la impaciencia de extrema izquierda, antes que de la
conciliación con el imperialismo ahora puesta de relieve por sus sucesores-
opositores.
Pero hasta la anterior proposición --es decir, la responsabilidad personal de Mao por
la falsa teoría del "social-irnperialismo soviético"-- está abierta a discusión, como se
explica en la segunda parte de este panfleto.

¡De hecho, como Marcy explica claramente en el Capítulo 11 de su libro, la


dirección del PC Chino, que por entonces debía incluir a Mao, aceptó la revisión que
Jruschev hizo de Stalin --¡y de Lenin!-- en 1956, en el momento del famoso
"discurso secreto", calificando a la línea de Jruschev como "la esencia misma del
comunismo"... Sólo varios años más tarde el PCCh decidió --en retrospectiva-- que
Jruschev era un revisionista. El PCCh necesitó un período todavía más largo para
llegar a la conclusión antimarxista de que el revisionismo político iniciado en 1956
(!) se había convertido en un sistema social-capitalista, y el capitalismo en
imperialismo (y todo ello mediante una serie de epítetos y de transmutaciones
verbales, y no mediante una tesis elaborada que explicase cómo podía haber
habido una contrarrevolución social dentro de la URSS).

Desde el ascenso de Deng al poder, resulta claro que estos extraños bandazos en la
estimación del PCCh hacia la URSS fueron debidos tanto a las presiones de
facciones opuestas dentro de la jefatura china como a la historia de las relaciones
de los líderes soviéticos con el partido chino. Sin embargo, esta historia sigue
siendo esencial para una comprensión de, al menos, las primeras etapas del
antisovietismo de los líderes chinos. En el primer período --digamos hasta 1963 o
incluso algo más tarde-- los líderes soviéticos tuvieron la mayor parte de la
responsabilidad por los antagonismos. No siempre se comportaban como unos
auténticos comunistas debían haberse comportado hacia un partido hermano y un
estado hermano. Sin embargo, considerando la actual alianza EEUU-China, tan
claramente dirigida contra la URSS, nuestra tarea más importante consiste en
acentuar el carácter de clase obrera de la Unión Soviética. Nuestra tarea más
importante es explicarlo teóricamente; y defenderlo políticamente. Si fracasamos
en esto, podríamos ser barridos por nueva una ola de frenesí imperialista
estadounidense; podríamos ser aplastados bajo una oleada de ataques contra la
Unión Soviética que reforzarían sobremanera a nuestros propios amos
imperialistas. Únicamente adoptando una posición firme acerca de la Unión
Soviética y su ya clásica revolución, podremos entender asimismo el carácter de
clase del estado chino. Sólo así podremos estar preparados para el inevitable
resurgimiento de las masas chinas y de la izquierda del Partido Comunista Chino
contra los actuales usurpadores. Sólo así podremos estar también preparados en el
futuro para defender a la China Popular contra su antagonista de clase fundamental
y, por lo tanto, su enemigo real más peligroso: el imperialismo estadounidense.

V. COPELAND
Enero de 1979

*****

1. EL CARÁCTER DE CLASE DE LA URSS


Sam Marcy
24 de mayo de 1976
La actual controversia existente en la izquierda respecto a Angola, China y la URSS,
que aparece reflejada en la discusión sobre estos asuntos promovida por el diario
The Guardian, debe necesariamente ir más allá de un debate sobre la política
exterior de China para abarcar la cuestión del carácter de clase de la URSS.

Primeramente, sin embargo, lo más importante para nuestro partido es declarar su


propia posición programática, independientemente de las opiniones expresadas por
otros en la discusión.

Manifiesto del WWP (Workers' World Party) sobre la liberación nacional

Apenas necesito recalcar que, en lo que respecta a Angola, nuestro partido ha


apoyado enérgica e incondicionalmente al MPLA. Nuestro apoyo al MPLA y a la
República Popular de Angola deriva de nuestra postura programática general --que
consiste en dar un apoyo firme, vigoroso e incondicional a todos los pueblos
oprimidos que luchan contra el imperialismo y en pro de su liberación. Además,
desde luego apostamos por el apoyo incondicional a todos los países socialistas,
incluida la URSS así como China, en la lucha contra la agresión imperialista y la
reacción burguesa interior. (Nuestro apoyo a los países socialistas debe distinguirse
del que el CPUSA da a la URSS, ratificando totalmente toda la política de la
burocracia soviética. Tampoco nosotros deberíamos identificarnos de ninguna
manera con la clase de "apoyo" que el Socialist Wokers' Party [Partido Socialista de
los Trabajadores] todavía dice prestar aquí a los países socialistas. Su apoyo queda
excepcionalmente bien ilustrado por el modo en que han aclamado a gente como
Solzhenitsyn, Sajarov, Amalrik, y otros que claramente y sin lugar a dudas son los
campeones de la reacción burguesa.

(A propósito, The Militant, órgano del SWP, ha declarado su intención de entrar en


el debate sobre China y Angola, aunque no haya apoyado al MPLA y prácticamente
lo haya colocado en la misma balanza que el FNLA y UNITA, caracterizando a los
tres como grupos burgueses nacionalistas colaboradores del imperialismo. En su
artículo inicial no aparece ni una sola palabra que revele la caracterización de clase
que el SWP hace de la URSS, pero ¿acaso necesitamos que el SWP manifieste
explícitamente su postura? Nominalmente dicen que la URSS es un estado obrero.
En la práctica lo tratan como a un país imperialista).

El manifiesto de nuestro partido sobre el apoyo a las luchas contra el imperialismo


es muy claro, comenzando por acontecimientos concretos como la primera
manifestación en EEUU contra la guerra de Vietnam (1962), que quizás pasara
desapercibida para muchos izquierdistas --aunque no para Ho Chi Minh, quien
expresamente agradeció el apoyo de los Jóvenes Contra la Guerra y el Fascismo en
una entrevista concedida a Wilfred Burchett y publicada en The Guardian (16 de
mayo de 1963).

Nuestra impresionante manifestación en defensa del pueblo angoleño celebrada el


17 de enero, y nuestro trabajo en las manifestaciones antiimperialistas y
antiapartheid de Uno de Mayo junto con la Organización Panafricana de Estudiantes
en las Américas y muchas otras organizaciones, son los ejemplos más recientes de
la capacidad de nuestro partido y de su buena voluntad para emprender las
iniciativas necesarias. Un estudio de la historia de nuestro partido revela la
oposición militante y constante a los ataques imperialistas contra los pueblos
oprimidos y los países socialistas, con un esfuerzo excepcional en asuntos tales
como el Oriente Medio, Indonesia, Cuba y Corea.

Más allá de Angola, ¿cuál es la verdadera cuestión?

Desde luego Angola, que ha generado una fuerte controversia en el movimiento


anticapitalista mundial, no es la cuestión clave. Se trata simplemente de una
manifestación superficial de un conflicto mucho más profundo. La verdadera
cuestión es el carácter de clase de la URSS. Negar esto, con el fin de evadir el
problema, únicamente conducirá a la mayor confusión, frustración y
desmoralización.

El carácter de clase de la Unión Soviética ha estado en el fondo de las controversias


políticas más acaloradas dentro del movimiento anticapitalista, prácticamente
desde el nacimiento de la República Socialista Soviética. Es, al menos en parte, el
eje fundamental de la lucha política mundial hoy en día, y es imposible construir un
programa revolucionario marxista-leninista en cualquier país sin pronunciarse sobre
el carácter de clase de la URSS.

Desde luego, nosotros no creemos ni que haya una nueva clase de explotación en
la Unión Soviética, ni que se haya producido un regreso de la burguesía al poder
bajo el manto de la fraseología marxista-leninista. Nos adherimos firmemente a la
postura de que la URSS es un estado socialista y obrero, aunque haya sufrido un
importante perjuicio, deterioro y erosión de los principios revolucionarios, y además
se halle encabezada por una burocracia privilegiada y conservadora que limita,
distorsiona y en muchas ocasiones ha puesto en peligro la existencia misma de las
formas socialistas de organización en la URSS. Esta burocracia surgió en las
condiciones desesperadas que el estado obrero recién creado tuvo que afrontar
durante sus primeros años, pero fue sometida a un fuerte control durante la era de
Lenin. Tras su muerte, sin embargo, comenzó a asumir dimensiones cada vez más
ominosas.

Dirigentes soviéticos --incluyendo a Brezhnev y Kosygin-- en el Kremlin (1967).


Pese a todo, el sistema social subyacente de la URSS es infinitamente superior al
del más desarrollado, el más glorioso y el más democrático de los estados
imperialistas. Independientemente de los retrocesos acaecidos en la Unión
Soviética, independientemente de sus pruebas y tribulaciones, independientemente
de las políticas erróneas impuestas a la URSS por sus dirigentes, no obstante ésta
ha sido capaz de alcanzar un enorme progreso social, cultural y material para las
masas, que posiblemente ningún estado capitalista podría haber logrado dadas las
circunstancias en las que la URSS fue inicialmente fundada y desarrollada.

Ciertamente, la URSS se basa en un sistema social superior al sistema capitalista.


Es nuestra posición política fundamental que, independientemente de la burocracia
soviética, la URSS contiene una nueva formación social basada en un modo de
producción históricamente superior, y es progresista en relación con el capitalismo
monopolista, de la misma manera que el capitalismo era un sistema superior en
relación con el feudalismo, y que el feudalismo era realmente un sistema social más
avanzado que la esclavitud.

Dos campos de clase antagonistas

La contradicción principal en la actual política mundial no es en absoluto la que


señalan los exponentes de la nueva política de China (que en cualquier caso ha
sufrido variaciones en el curso de la lucha contra el revisionismo de la URSS). La
contradicción principal, el antagonismo principal y fundamental, se encuentra entre
el imperialismo por una parte, es decir, los EEUU y todos los restantes estados
imperialistas, incluyendo al Japón, y por otra parte todos los países socialistas
--China, la URSS, Cuba, etc.- - junto con todos los pueblos oprimidos y el
proletariado mundial.

Éstos son realmente los dos grandes campos de clase de la época contemporánea
actual. El hecho de que exista lucha en el campo de la clase obrera, que de vez en
cuando incluso puede estallar en lucha armada, no modifica el antagonismo de
clase fundamental entre los dos campos de clase irreconciliables, los dos sistemas
sociales antagonistas basados en dos clases diferentes.

La URSS es un fenómeno social contradictorio, sobre cuya cúspide se asienta una


pesada burocracia que presenta un carácter dual. Lo anterior queda
sorprendentemente demostrado por su capacidad para desempeñar tanto un papel
progresista como un papel reaccionario en la política exterior e interior. Es
completamente imposible entender la Unión Soviética a no ser que se tenga en
cuenta esta característica del estrato dirigente soviético.

Los líderes soviéticos desempeñan un papel contradictorio

Lo anterior explica por qué todos los que adoptaron inmediatamente como un
dogma de fe la caracterización china de la URSS como un estado capitalista o
social-imperialista, no saben cómo explicar el papel realmente progresista que ha
desempeñado en Angola la Unión Soviética. La pregunta que deben hacerse es:
¿cómo es posible que la China revolucionaria apoyara a los grupos títeres
reaccionarios del FNLA y UNITA, mientras los "social- imperialistas" apoyaban la
causa revolucionaria del pueblo angoleño? ¿Cómo puede explicarse esto?

Concediendo que en ocasiones una potencia imperialista pueda prestar apoyo


material a una causa revolucionaria, ¿qué potencia imperialista ha prestado apoyo
tanto material como político a un régimen revolucionario, en completa hostilidad
con todas las restantes potencias imperialistas? ¿Y es Angola realmente una
situación excepcional, la excepción única? ¿Qué ocurre con Cuba? ¿Y con Vietnam?

¿Es preciso enumerar todas las situaciones en que la burocracia soviética ha


desempeñado un papel progresista en el escenario internacional?

La ayuda de la Unión Soviética a Angola es simplemente una continuación de la que


prestase a Cuba. Incluso cuando la URSS envió misiles a Cuba en 1962, ¿fue
calificada entonces como social-imperialista por los dirigentes chinos? En absoluto,
aunque éstos criticaran la introducción de los misiles como aventurerista y la
marcha atrás de Khrushchev bajo presión estadounidense como capitulacionista y
apaciguadora, al mismo tiempo que apoyaban a Cuba frente a EEUU. Pero
independientemente de la validez de estas duras críticas, iban dirigidas contra la
política de los dirigentes y no eran ataques contra el sistema soviético - como en el
caso de la ayuda soviética a Angola. Así pues, ¿qué es lo que ha cambiado desde
entonces?

El hecho es que apenas habría habido ninguna controversia acerca de Angola, de no


ser por la división entre China y la URSS. Y evidentemente no podría haber habido
una división entre China y la URSS si el estado obrero soviético no se hubiera
encontrado bajo la dirección de una burocracia.

Los líderes de China cruzan las fronteras de clase

Sin embargo, independientemente del origen de la lucha entre los dirigentes de


China y de la URSS sobre cuestiones políticas de principio, y sobre asuntos
referidos a las relaciones entre los estados, la caracterización china de la URSS
como una potencia imperialista significó el abandono y la renuncia a los criterios de
clase en la lucha contra el revisionismo.

Una cosa es atacar a los dirigentes soviéticos como revisionistas, renegados,


oportunistas, etc. Pero es cualitativamente diferente y un cruce de las fronteras de
clase atacar a la propia Unión Soviética y al sistema social prevaleciente en ella.

¡El aspecto más desafortunado de esta lucha es que gran parte de la izquierda
anticapitalista de aquí (y también del extranjero) ha adoptado la generalización
precipitada de China sobre la URSS como un dogma de fe, sin someter a la menor
discusión a esta nueva y peligrosa desviación del método analítico marxista!
Deberíamos recordar que cuando la generalización sobre el "imperialismo" soviético
se abrió paso en el mundo entero, impulsada por los dirigentes chinos, la gente
anticapitalista de aquí, en particular los más jóvenes, se hallaba tan entusiasmada
con la Revolución Cultural que encontró sumamente difícil criticar a China por ser
incapaz de iniciar en primer lugar una discusión en la propia China, y
posteriormente por propagar su nueva postura entre un imprudente movimiento
mundial de partidarios de la Revolución china.

Nuestro partido ha apoyado sin reservas la Revolución Cultural y considera que sus
logros son de singular relevancia, pero ni por un segundo hemos compartido la
postura de quines llegaron a abandonar completamente la metodología Marxista en
lo que respecta a la cuestión de la URSS.

Al evaluar la URSS en términos de una formación social hostil, como han hecho los
líderes chinos, se llega al cruce del Rubicón en una cuestión de clase fundamental.

Efectos desastrosos para el movimiento obrero mundial

Desde luego, los líderes de un estado obrero pueden cambiar rápidamente de


postura sobre cualquier conjunto de cuestiones fundamentales y, en virtud del
hecho de que detentan el poder estatal, seguir permaneciendo en su sitio (con qué
perjuicios para la política interior, sólo el futuro puede decirlo). Pero para los
movimientos de clase obrera que no detentan el poder estatal no es nada fácil
enfrentarse, del modo en que el mando chino ha enfrontado a sus seguidores en el
extranjero, con cuestiones como las de Angola --y anteriormente Chile,
Bangladesh, etc. Para que el movimiento obrero se aferre a posiciones que se
hallan en evidente contradicción con creencias arraigadas, como en el caso de
Angola, es necesario convertir a ese movimiento en un grupo completamente
irreflexivo, dogmático e insensible de seguidores que, en los momentos de gran
crisis social, sólo pueden convertirse en un terrible lastre para los elementos más
avanzados del movimiento obrero.

¿Qué podemos pensar tras la lectura del artículo de William Hinton publicado en
The Guardian el 5 de mayo? Se trata poco menos que de una llamada a convertirse
en sargentos de reclutamiento al servicio de la máquina de guerra imperialista
estadounidense, en contra de la Unión Soviética. ¿Cómo puede cualquier
comunista, cómo puede alguien con una auténtica conciencia de clase pensar que la
anterior pueda ser una política correcta para un movimiento obrero, aquí o en
cualquier parte?

Imponer dicha estrategia al movimiento obrero es un acto de locura. Peor aún,


resulta suicida para quienes sigan dicha estrategia dentro del movimiento obrero.

Los exponentes teóricos de la teoría de la restauración capitalista y del social-


imperialismo han recibido dos grandes golpes por su falsa generalización. Angola,
desde luego, es el más evidente y en cierto modo la prueba de fuego en lo que
respecta al apoyo a la lucha de los pueblos oprimidos. Otro golpe a su teoría es
igualmente gravosol desde una perspectiva completamente diferente.
El ciclo económico capitalista y la URSS

Los dos últimos años de la crisis económica capitalista mundial, cada vez más
profunda desde el colapso de 1929, han refutado la teoría de la restauración
capitalista en la URSS. Una crisis económica tan profundamente arraigada y dañina
no podría dejar de ser igualmente generalizada en la URSS, si ésta fuera realmente
un estado capitalista, si de hecho una nueva burguesía o, en términos del profesor
Charles Bettelheim, una "burguesía estatal", hubiera llegado al poder.

Sea cual sea la denominación que se le aplique, dicha teoría implica que la
economía soviética ha estado sometida a las mismas fuerzas motrices que impulsan
al sistema capitalista y que han provocado una crisis económica devastadora,
desempleo masivo y, en última instancia, guerras imperialistas.

Ahora bien, debemos mantener la objetividad al observar la evolución de la URSS,


y no cerrar los ojos ante cualquier transformación posible del sistema social de un
estado obrero --con una economía planificada y la propiedad de los medios de
producción en manos de los trabajadores-- en un estado capitalista.

Pero si estos dos elementos fundamentales de un estado obrero, junto con el


monopolio del comercio exterior, tuvieran en realidad una importancia meramente
técnica, y de hecho se hubiera desarrollado una economía de mercado hasta tal
punto que anulase lo que Engels llamó los criterios estrictos para el inicio de un
estado obrero, entonces deberíamos encontrar en la URSS un desempleo masivo
que ningún gobierno podría obviamente ocultar. Sin embargo, es precisamente esto
lo que no ha ocurrido en estos dos años cruciales de crisis económica en el mundo
imperialista.

Es cierto que existe una cierta tasa de desempleo, que algunos teóricos pro-chinos
señalan como la prueba indudable de que el capitalismo ha sido efectivamente
restaurado. Pero ésta es la clase de exageración imperdonable que ningún
economista capitalista serio, por mucho odio que tenga hacia la Unión Soviética, ha
sido capaz de hace aún. El "paro" que existe en la URSS es un resultado de las
transformaciones tecnológicos y de la ineficiencia de la burocracia para crear
nuevos empleos, pero la realidad de la situación es que hay escasez de trabajo en
la Unión Soviética, justo lo contrario de lo que estos teóricos tratan de demostrar.
La crisis económica capitalista mundial, desde luego, ha afectado a todos los países
socialistas, incluyendo a China. Pero estas tensiones son los resultados de
influencias externas del mercado mundial capitalista, y no provienen de la dinámica
interna de la construcción socialista.

Déficits del comercio exterior

La semana pasada (22 de mayo), un editorial del New York Times intentaba
demostrar que el enorme déficit del comercio exterior de la URSS demostraba que
la economía centralizada y el monopolio del comercio exterior era inexistente o
ineficaz para enfrentarse a los problemas económicos, y que la URSS se encontraba
por tanto al mismo nivel o sufría los mismos problemas que los países capitalistas.
Este informe no mencionaba a China, por cortesía hacia su posible "nuevo aliado
estratégico". Pero posteriormente se reveló que China también sufría un déficit
comercial.

Lo que los déficits comerciales muestran realmente es que ambos países, la URSS y
China, todavía tienen una importante necesidad de tecnología occidental y
japonesa, y principalmente que existe todavía un bloqueo económico imperialista
mundial --de carácter parcial-- contra los países socialistas. Éstos no son libres de
comprar y vender en el mercado mundial capitalista, debido a las condiciones
políticas rigurosas impuestas por las potencias imperialistas y sus satélites.

Los problemas de la colectivización agrícola

El déficit comercial la URSS se explica por sus enormes compras de cereales en el


mercado mundial, sobre todo de EEUU, que reflejan no sólo las malas condiciones
climáticas que han prevalecido en la URSS durante los últimos años, sino también
la mala gestión y la ineficiencia de la política de colectivización agrícola. Ha habido
un enorme crecimiento de las parcelas privadas, e igualmente una enorme
hipertrofia de la codiciosa y adquisitiva aristocracia de los koljoses. Y las crecientes
diferencias sociales van de la mano con un crecimiento notable de los privilegios
entre los estratos superiores de la sociedad soviética.

Sin embargo, ya es algo que la URSS posea el dinero suficiente para comprar
ingentes cantidades de cereales y asegurar así que toda la población esté bien
alimentada. En tiempos de Stalin, el déficit en la producción de cereales no habría
podido enmendarse por medio de compras en el mercado mundial, y las
necesidades del pueblo no habrían sido plenamente satisfechas.

Granja colectiva de Kiev (1960).

Finalmente, en cuanto a los déficits del comercio exterior de los países socialistas,
es importante señalar que ello no demuestra en absoluto lo que afirman los
imperialistas y sus aduladores --sino justo lo contrario. Hasta bien entrados los
años 1890, e incluso mucho después, los EEUU fueron una nación deudora de los
viejos países capitalistas. Sin embargo, resultaba claro como la luz del día que los
EEUU eran un país capitalista en crecimiento y desarrollo, mientras que las
potencias capitalistas europeas se hallaban realmente en declive pese a que EEUU
estaba en deuda con ellas.

El hecho de que la URSS y China se vean obligadas a comprar o, para expresarlo en


términos más correctos, estén planeando comprar más de lo que pueden vender,
simplemente indica su necesidad urgente de un ulterior desarrollo industrial. Lo
anterior es un índice de que la tendencia básica de sus economías es a crecer, al
contrario del declive imperialista. Si las clases dirigentes capitalistas permitieran a
todos los países socialistas comprar y vender sin restricciones políticas y sin las
ataduras imperialistas más onerosas, el déficit comercial de los países socialistas
sería mucho menor. En general, los déficits del comercio exterior (que, en cualquier
caso, los países socialistas podrían eliminar mediante la planificación, si así lo
deseasen) indican simplemente que el modo de producción burgués sigue siendo la
forma predominante a escala mundial, aunque sea completamente anárquico y
económicamente desfasado.

Sólo la lucha constante e implacable del proletariado mundial y de los pueblos


oprimidos por la revolución socialista puede terminar con esto.

Entrar en la actual controversia política sin tener en cuenta en primer lugar lo que
se ha dicho hasta aquí, sin dar una respuesta clara a la cuestión central --el
carácter de clase de la URSS-- sería simplemente entrar en cuestiones políticas
secundarias. Por muy importantes que éstas puedan ser, no pueden debatirse ni
comprenderse plenamente si se consideran separadamente del carácter de clase de
la URSS y sus relaciones recíprocas con China.

*****

2. ALGUNOS ERRORES DEL PARTIDO COMUNISTA CHINO


Sam Marcy
2 de junio de 1976

El próximo viernes, 4 de junio, se cumple el vigésimo aniversario del informe de


Jruschev en el que éste denunció a Stalin. En realidad, el informe fue presentado a
finales del febrero de 1956 en el XX Congreso del PC Soviético, pero entonces era
secreto. En una operación calculada para asestar un duro golpe a la URSS y
perjudicar gravemente al movimiento comunista internacional, la CIA, que se había
hecho con el informe, lo presentó ante el mundo el 4 de junio. Así fue como el
movimiento comunista mundial tuvo noticia de él.

Es difícil recordar un acontecimiento comparable que haya provocado tanta


confusión, tanta desmoralización y tantas deserciones como las que originó el
informe de Jruschev. Los miembros más enérgicos, fieles y leales de los Partidos
Comunistas, sobre todo en Occidente, no sólo no querían creer el contenido del
informe, sino ni siquiera que el informe hubiera sido presentado alguna vez o
adoptado unánimemente por el Comité Central del PCUS.
El informe de Jruschev situaba a Stalin ante el tribunal de la historia como un
asesino de masas, como alguien que había exterminado a cientos de miles de
comunistas leales, a los principales cuadros del partido y del ejército, y que había
recurrido, por medio de sus agentes, a la tortura física, a deportaciones de masas y
a la destrucción de la democracia interna del partido, entre otros muchos crímenes.

¿Cuál fue la reacción de China?

Es una falsa idea popular que los dirigentes chinos lanzaran inmediatamente una
ofensiva contra el revisionismo de Jruschev, o que denunciaran su informe al XX
Congreso. Es cierto que, en el momento de la presentación pública del informe por
parte de la CIA, la enorme confusión creada en el movimiento comunista hizo que
muchos se volvieran hacia aquellos miembros del movimiento comunista
internacional que habían adquirido una posición preeminente y un gran prestigio
gracias a su lucha revolucionaria. Invariablemente, quienes comprendieron que el
informe de Jruschev no era simplemente un esfuerzo para situar a Stalin en su
justo lugar en la historia, sino que se trataba en realidad de un esfuerzo de gran
alcance para dar un giro a la derecha, se volvieron en busca de explicaciones hacia
los dirigentes chinos, que más que ningún otro parecían tener la capacidad de
desafiar a Jruschev.

Desde luego mucho, si no la mayoría, de lo que Jruschev había escrito en su


informe eran acusaciones y rumores bien conocidos en Occidente y seguramente en
la Unión Soviética. Pero el XX Congreso ofreció la oportunidad de reconsiderar toda
la época histórica anterior del movimiento comunista internacional, y de la URSS
en particular, que había estado bajo el dominio político y la dirección de Stalin tras
la muerte de Lenin.

Los líderes del PC Chino tenían tres opciones. Podían evitar completamente el
asunto y no pronunciarse sobre el mismo, lo que, desde luego, ya hubiera dicho
mucho de por sí. Podían dar su aprobación al informe sobre Stalin presentado al XX
Congreso. O podían iniciar una polémica realmente clásica, revolucionaria y
marxista-leninista contra el revisionismo de Jruschev, y al mismo tiempo
aprovechar la oportunidad de reconsiderar toda la era de Stalin desde la posición
ventajosa de los principios leninistas.

Lo anterior no habría sido una intromisión en los asuntos internos de la URSS.


Obviamente la cuestión de Stalin era, y todavía es, una cuestión internacional que
afecta a toda la clase obrera y a los partidos marxistas-leninistas. Los dirigentes del
PC Chino, sin iniciar un asalto brusco, podían haber pedido el establecimiento de
una comisión de partidos fraternales con el fin de investigar, no sólo la validez del
informe, su contenido y su evidencia fáctica, sino también su importancia para el
movimiento comunista internacional. (¿No había establecido la Comintern una
comisión similar para investigar la derrota de la Revolución China a finales de los
años 1920?)

¿Qué hizo de hecho la dirección del PC chino, en el gran momento histórico de


1956? Dar su aprobación al informe del XX Congreso.
Se trata de un hecho registrado y no puede negarse. Durante el mes de junio, tras
la publicación por la CIA del informe, prácticamente todos los principales Partidos
Comunistas del mundo estaban completamente confundidos, obligados a adoptar
una actitud en un sentido u otro. Los franceses, los italianos, los EEUU y otros así lo
hicieron, lo mismo que China.

El PCCh aprobó el informe de Jruschev

El órgano del Comité Central del Partido Comunista Chino, Jen Min Jih Pao, en un
editorial titulado "Sobre la Experiencia Histórica de la Dictadura del Proletariado",
afirmó lo siguiente:

"El PCUS, siguiendo la línea establecida por Lenin, se ha ocupado seriamente de


algunos errores graves cometidos por Stalin en la dirección de la construcción
socialista, y de las consecuencias que tales errores han provocado. A causa de la
gravedad de dichas consecuencias, el Partido Comunista de la Unión Soviética,
admitiendo los grandes servicios prestados por J.V. Stalin, se enfrenta a la
necesidad de revelar en toda crudeza la esencia de los errores cometidos por
Stalin.... Los comunistas de China creen profundamente que, tras la aguda crítica
desarrollada en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, todos
los factores activos que fueron severamente refrenados en el pasado a causa de
ciertos errores políticos serán indudablemente puestos en movimiento en todas
partes, que el Partido Comunista de la Unión Soviética y el pueblo soviético estarán
más unidos que nunca en la lucha por la edificación de una gran sociedad
comunista jamás vista anteriormente en la historia, en la lucha por conseguir una
paz estable en el mundo entero".

Como puede ver cualquiera, el PCCh no sólo dio su aprobación al informe, sino que
también hizo el pronóstico de que el PCUS y el pueblo soviético estarían "más
unidos que nunca en la lucha por la edificación de una gran sociedad comunista",
pronóstico que resultó ser completamente falso. En vez de desafiar a Jruschev, la
aprobación de los dirigentes chinos reforzó el poder de Jruschev y dio alas al
revisionismo en el momento en que el revisionismo más lo necesitaba.

La evaluación de Togliatti

El impacto del informe de Jruschev empujó a todos los Partidos Comunistas del
mundo a dar un giro a la derecha, en particular a los de Europa Occidental y EEUU,
y sobre todo al importante PC Italiano, que entonces se hallaba bajo la dirección de
Togliatti. Debemos señalar que el 6 de julio, cuando los periódicos de Pekín
recogieron la resolución del PCUS del 30 de junio sobre el XX Congreso, que
ampliaba el informe de Jruschev, también reprodujeron una extensa evaluación del
XX Congreso y de la cuestión de Stalin llevada a cabo por Togliatti.

El artículo de Togliatti (recogido en una recopilación) resulta importante debido a


las inferencias que extrajo del XX Congreso. El partido de Togliatti, aunque llevaba
mucho tiempo transitando la senda del reformismo, daba ahora un salto brusco en
esta misma dirección. Asimismo, Togliatti extrajo la conclusión de que no eran
simplemente los errores de Stalin y sus represiones lo que estaba implicado en el
asunto, sino el sistema soviético en su totalidad. En las conclusiones de Togliatti se
hallaba implícita la idea de que la propia naturaleza de clase del estado soviético
era dudosa.

La evolución de la URSS bajo Stalin seguramente podría aportar algunas razones


para cuestionar el carácter de clase de la URSS, pero dicho paso debería sostenerse
mediante el análisis marxista y datos reales. Lo que hizo Togliatti, en cambio, fue
extraer la inferencia, a la que se prestaba claramente el informe de Jruschev, de
que el estado soviético sufría una degeneración burguesa. ¿Qué conclusión última
extrajo Togliatti de lo anterior? ¡Puesto que la Unión Soviética sufría una
degeneración burguesa, y de hecho podría ser un estado burgués, era preferible
una democracia imperialista burguesa! La llamada "vía italiana" al socialismo
comenzó a cobrar nuevo ímpetu. El abandono de la lucha de clases y la renuncia a
la perspectiva de la revolución proletaria estaba a la orden del día.

Cuando los dirigentes chinos decidieron finalmente iniciar la ofensiva contra el


revisionismo de Jruschev, el momento histórico para un cambio gigantesco en una
dirección revolucionaria, alejada del revisionismo de Khrushchev, se había
evaporado de hecho.

De este modo, las brillantes polémicas revolucionarias de la dirección del PC Chino,


como "Las Diferencias Entre el Camarada Togliatti y Nosotros", etc., sólo influyeron
en una pequeña corriente del movimiento comunista.

Sin embargo, no sólo los dirigentes chinos dejaron pasar el momento histórico
representado por el período en que el informe de Khrushchev recibió la atención
mundial y convulsionó al movimiento comunista internacional.

Asimismo, tuvieron lugar dos acontecimientos muy importantes que los dirigentes
del PCCh tampoco supieron aprovechar ni llevar al nivel de una polémica pública.

El 'Grupo Antipartido'

El primero de tales acontecimientos fue la expulsión de Molotov, Kaganovich y


Malenkov del Comité Central del PC soviético, cuando fueron procesados
políticamente con acusaciones tales como la de "conspirar contra las teorías de la
coexistencia pacífica" de Jruschev y toda una serie de otras acusaciones que, con
independencia de su validez, indudablemente merecieron la atención del gran
público, sobre todo a la luz de la demagogia ostentosa e hipócrita de Khrushchev
acerca del liderazgo colectivo y la renovación de la democracia interna del partido.

Asimismo, dos de los tres líderes del llamado "Grupo Antipartido" eran los últimos
miembros de la Vieja Guardia del Partido Bolchevique. Aparte del hecho de que
pudieran haberse corrompido junto con los restantes líderes, su procesamiento bajo
la acusación de que haber conspirado contra la teoría de la coexistencia pacífica se
convirtió en un asunto internacional. Los dirigentes del PCCh, sin embargo,
evadieron el asunto. En cambio, la prensa china se limitó a reimprimir la acusación
de Pravda, que fue reproducida con el fin de indicar la plena aprobación del PCCh.

Finalmente, en 1957 Jruschev se embarcó en un peligroso curso económico con un


proyecto enorme y complejo de descentralización económica, que tenía
implicaciones peligrosas para el destino de la economía planificada y socializada de
la URSS, uno de los pilares fundamentales de un estado obrero. Pese a su
peligrosidad, el inicial empuje aventurerista de Jruschev para la total reorganización
de la economía soviética no llegó a ser fatal, como actualmente sostienen los
economistas maoístas aprovechándose de nuestros modernos conocimientos. Por
toda una serie de motivos políticos y económicos, en la práctica Jruschev tuvo que
dar marcha atrás en un grado considerable. La importancia concedida al plan de
descentralización de Jruschev por los que ahora promueven la teoría de que tuvo
lugar una restauración capitalista en la Unión Soviética no está en absoluto
demostrada, como bien pronto comprendieron --para su disgusto-- los economistas
burgueses.

Ninguna alusión a la restauración burguesa

Sin embargo, el aspecto importante acerca del plan de descentralización es que los
dirigentes del PC Chino no lo criticaron. De hecho, si hubiera ocurrido en la URSS
una transición desde una economía planificada y centralizada a la restauración
burguesa, el punto focal o el supuesto cambio cualitativo debería haber estado en
algún punto entre 1956 y 1958. Uno de los defensores de la teoría de la
restauración capitalista, Martin Nicolaus, sitúa la fecha de la transición en aquel
período. Pero ciertamente los dirigentes chinos no hicieron la menor alusión a este
asunto por aquel entonces, ni tampoco la supuesta contrarrevolución atrajo la
atención de los marxistas-leninistas revolucionarios del movimiento comunista
internacional, en un grado suficiente como para convertirla en un problema político
o teórico. En realidad Mao Tse-tung, en un discurso pronunciado ante el Sexto
Pleno del Octavo Comité Central, el 19 de diciembre de 1958, dijo: "El plan de siete
años propuesto por Jruschev es la preparación para entrar en el comunismo".

Dando en primer lugar su aprobación al informe de Jruschev, encubriendo más


tarde la expulsión del llamado 'Grupo Antipartido' encabezado por Malenkov,
Kaganovich y Molotov, y cerrando los ojos ante el peligro de descentralización y
desmantelamiento de la economía planificada inherente a la aventura de Jruschev
en el campo de la economía, los dirigentes chinos adoptaron una posición
revisionista y reforzaron el revisionismo a escala internacional.

El PCCh inició una polémica revolucionaria contra la dirección de la URSS bastante


más tarde, pero esta polémica acabó degenerando en una lucha internacional que
asumió cada vez más el carácter de una rivalidad nacionalista. De lo contrario,
¿cómo explicar el apoyo incondicional de la URSS al régimen capitalista de la India
(entre otros) y el apoyo igualmente incondicional de China a Paquistán? El apoyo al
régimen de Gandhi o al régimen de Bhutto por cualquiera de los dos grandes países
socialistas estaría justificado sólo si dicho apoyo estuviera orientado a ayudar a
estos regímenes en la lucha contra el imperialismo, ayudando a los trabajadores de
estos países contra los propietarios y capitalistas. Tal ayuda estaría calculada para
no impedir la lucha por la revolución proletaria en estos países.
Angola a la luz de los errores anteriores

La posición de los líderes chinos sobre Angola y sobre la definición de clase de la


URSS debe verse a la luz de las posiciones previas de China durante los primeros
días del ascenso al poder de Jruschev, que no fueron en absoluto las mismas de
ahora. Si resulta obvio que los dirigentes chinos se equivocaron entonces, es más
fácil entender sus errores en un período en que se hallan envueltos en una lucha
internacional contra la URSS, una lucha que ha degenerado por completo en falsas
polémicas, de las que la de Angola es sólo una muestra.

Defensa de clase y crítica política

Sin embargo, lo anterior no significa que la Unión Soviética o China hayan dejado
de ser estados obreros y socialistas. Todo lo contrario. En cierto sentido estos dos
grandes países socialistas han logrado un enorme progreso en la construcción
socialista y en la mejora del bienestar del conjunto de los trabajadores y de las
masas populares en general. Es importante reconocer que mientras más necesario
se haga continuar una lucha clara e inequívoca contra el revisionismo de la
burocracia soviética, así como contra el revisionismo de los dirigentes chinos, es
igualmente importante afirmar el carácter de clase progresista tanto de China como
de la URSS como estados socialistas y obreros.

Tanto la lucha contra el revisionismo como la lucha por la defensa de China y de la


URSS son dos verdades de clase que no se hallan en contradicción la una con la
otra, sino que se derivan biológicamente del carácter social dual y contradictorio
tanto de China como de la URSS --que nacieron ambas en contextos mundiales
sumamente hostiles, pero que sin embargo conforman sistemas sociales
progresistas infinitamente superiores a cualquier país capitalista, no importa cuán
"democrático" pueda ser.

La tarea de defender a todos los países socialistas y a todos los pueblos oprimidos
en la lucha contra el imperialismo, y en particular contra la agresión imperialista, es
un deber supremo que ninguna organización revolucionaria del proletariado puede
abandonar.

*****

3. UNA RESPUESTA A LAS TEORÍAS DE LA DESESPERACIÓN


Sam Marcy
21 de junio de 1976

Una clase dirigente --como la antigua clase poseedora de esclavos, la clase feudal o
la burguesía moderna-- no puede surgir o ganar ascendencia sobre la sociedad
simplemente como consecuencia de la conspiración política, la manipulación artera,
el engaño o la opresión despiadada. Una nueva clase dirigente sólo puede surgir
como consecuencia de cambios profundos en los procesos de producción.
Este principio básico del materialismo histórico debería hacer, por sí solo, que los
marxistas se abstuvieran de adoptar la falsa teoría que proclama que una nueva
clase dirigente se ha hecho con el control de la URSS.

Clases dirigentes y evolución social

El comunismo primitivo dio paso al sistema esclavista porque éste era un modo
superior de producción, aunque estuviera acompañado por la opresión y la
explotación más feroces. De la misma manera, el sistema feudal cobró forma y se
desarrolló, no porque los señores feudales fueran más amables y generosos con los
campesinos, ni porque la pequeña nobleza terrateniente estuviera dotada de
cualidades morales e intelectuales superiores. El modo de producción esclavista fue
desarraigado y destruido, no como una concesión al humanitarismo, sino como una
respuesta a la necesidad de desarrollo de las fuerzas productivas que se hallaban
constreñidas por relaciones sociales desfasadas.

En una vena similar, el sistema feudal dio paso al modo capitalista de producción,
no porque la burguesía fuera menos represiva o más humanitaria, ni porque
extrajera una menor cantidad del producto excedente fabricado por los
productores. Al contrario, bajo el sistema de explotación capitalista, la nueva clase
de amos extrajo una mayor cantidad del producto excedente en forma de plusvalía
del trabajo de los productores, en una proporción superior a todos los anteriores
modos de producción juntos.

Ninguna de las clases básicas de la historia que emergieron como clases dirigentes
lo hizo sin una previa lucha política a vida o muerte, sin el empleo de la
conspiración, sin la manipulación artera, y sin la utilización del fraude y el engaño
de las clases conquistadas. Ciertamente todo esto desempeñó un papel importante
en el resultado final de la lucha, en el ascendiente final y en la supremacía política
de una clase sobre otra y sobre la sociedad en general. Pero, a la larga, cada una
de las clases históricas que asumieron el control de la sociedad fue capaz de
hacerlo porque tenía una misión histórica que desempeñar antes de dejar paso a
una clase más progresista.

Cada clase hizo avanzar las fuerzas productivas a un nivel más elevado del
predominante en el modo de producción anterior. Ello cambió el carácter de las
relaciones de producción, precisamente porque las viejas relaciones de producción
se habían hecho incompatibles y habían obstaculizado el crecimiento de las fuerzas
productivas.

El papel del proletariado hoy en día

En los tiempos modernos, el proletariado es la única clase que puede tener éxito a
escala mundial y tomar las riendas de la sociedad de manos de la burguesía
decadente, la cual obstaculiza el desarrollo armonioso de las fuerzas productivas al
mantener las relaciones sociales desfasadas y severamente opresivas basadas en la
explotación imperialista.
El proletariado es la única clase que tiene realmente la misión histórica de llevar a
cabo lo que ninguna clase precedente ha podido lograr y que la burguesía es
completamente incapaz de conseguir. Debe organizar, o más bien reorganizar, la
sociedad sobre una base racional, liberarla de las crisis económicas increíblemente
destructivas surgidas de la anarquía de la producción capitalista, e iniciar la
reorganización de la producción para satisfacer las necesidades humanas y no para
el beneficio privado de una minoría. El proletariado es la única clase capaz de
acabar con las guerras imperialistas catastróficas y con los colapsos económicos
destructivos. Es la única clase capaz de satisfacer las necesidades de toda la
humanidad y asegurar su ulterior existencia y desarrollo. Y es capaz de hacerlo
precisamente porque puede liberar las fuerzas productivas de la sociedad de las
usurpaciones y restricciones de la propiedad capitalista privada, y asegurar su
desarrollo ilimitado en pro del bienestar de la humanidad y no de los mezquinos
intereses privados y la explotación.

Ninguna otra clase es tan compatible con las necesidades del resto de la humanidad
como lo es el proletariado. Otras clases y grupos sociales pueden desempeñar un
papel revolucionario en la sociedad únicamente adoptando el punto de vista del
proletariado, y haciendo sus intereses idénticos a los intereses de clase del
proletariado.

El marxismo nuevamente desafiado

Todo lo anterior, que es un conjunto de postulados fundamentales de la teoría


marxista del desarrollo social, nuevamente está siendo puesto en duda, igual que
ha ocurrido durante los períodos de crisis social y siempre que ha habido reveses
para la causa de la clase obrera y de los oprimidos.

El desencanto extendido y la desilusión de ciertos estratos de la población, en


particular de la pequeña burguesía radical, con los acontecimientos negativos
acaecidos en la URSS, tanto en la política interior como exterior, han hecho que
esos estratos hayan dado marcha atrás precipitadamente en la dirección de la
apologética burguesa y de la renuncia a la doctrina marxista básica. Lo anterior
aparece reflejado en una "novedosa" apreciación de la URSS como un estado
gobernado por una nueva clase explotadora o por la vieja burguesía restaurada con
un nuevo disfraz. En uno y otro caso, el análisis se basa en el abandono del
marxismo como doctrina de la evolución social, y supone efectivamente un
retroceso a la teoría burguesa de que es el azar y no la necesidad histórica lo que
gobierna el desarrollo social.

Muchos de los teóricos que sostienen el punto de vista de que la URSS es un estado
burgués, aunque de nuevo cuño, han explicado el desarrollo sobre la base de la
conspiración, el fraude, el engaño, las tácticas maquiavélicas y las mentiras. Otros,
basándose en una teoría algo menos superficial, han intentado explicar su teoría de
la transformación de la URSS en un estado capitalista en base a los escasos datos
disponibles acerca de las reformas económicas introducidas en la URSS bajo
Jruschev y en parte bajo Brezhnev.

En uno y otro caso, aunque las reformas comenzaron en una dirección peligrosa,
simplemente mostraron y ofrecieron la posibilidad de una restauración burguesa.
Estas tendencias, sin embargo, se detuvieron. Las conquistas básicas de la
Revolución Proletaria de Octubre --el carácter planificado de la economía soviética y
la titularidad estatal de los medios de producción-- en ningún caso han sido
erosionados y en algunos aspectos se han reforzado, aunque haya habido un
incremento contradictorio de la desigualdad social y de la acumulación de
antagonismos políticos.

Los economistas burgueses más serios y la burguesía mundial en su conjunto no


han abandonado ni por un momento su concepción de la URSS como una sociedad
"centralmente planificada", ni mucho menos su antagonismo mortal e irreconciliable
hacia ella.

Doctrina del azar vs. la necesidad histórica

En la construcción de su concepción de la URSS como una nueva formación de clase


hostil, los "nuevos" teóricos han roto con el marxismo como doctrina de la
evolución social y han introducido el reinado de lo arbitrario en el dominio de la
evolución social. Pues, según ellos, los líderes políticos pueden cambiar los sistemas
sociales a su voluntad, derrocar a las nuevas clases, y traer de vuelta a las viejas
clases sin el conocimiento, por no hablar de la participación, de las masas. De
hecho, éste es un retroceso a las concepciones pre-modernas de la historia. Cuando
estos teóricos intentan ofrecer una supuesta base material para sus afirmaciones,
no puede resistir la confrontación con los hechos. Sencillamente resulta derrocada
por la realidad.

Cuando la burguesía era joven y estaba llena de entusiasmo, sus sectores más
cultos defendieron la teoría de la evolución no sólo en la naturaleza, sino también
en cierta medida en el desarrollo social. Debemos señalar que la Crítica de la
Economía Política de Marx y El Origen de las Especies de Darwin se publicaron casi
simultáneamente en el año 1859. El avance de la humanidad desde las etapas
inferiores a las más elevadas del desarrollo social recibió una amplia aceptación, y
ello fue porque la intelectualidad burguesa veía a la clase capitalista como la
portadora del progreso social, político y científico. El capitalismo se encontraba
todavía en la escala ascendente de la historia.

Actualmente la burguesía, de más está decirlo, se halla privada de toda validez


histórica. Se encuentra en declive en todas partes. Hace mucho tiempo que ha
agotado su misión histórica, y su existencia ulterior sólo puede suponer una
catástrofe tras otra para la humanidad. Está desconcertada y confundida por su
absoluta incapacidad no sólo para controlar las fuerzas productivas que ha traído a
la existencia, sino tan siquiera para conservarlas ante las agitaciones
revolucionarias.

Su filosofía le ha llevado, durante un período de tiempo considerable, a renunciar a


la teoría de la evolución en sus formulaciones más radicales y en particular a la
teoría marxista del desarrollo social, que no sólo muestra que la lucha de clases es
la fuerza motriz de la historia, sino que la lucha de clases del proletariado conduce
inevitablemente a la dictadura del proletariado. Sin embargo, la ideología de la
burguesía impregna todas las secciones de la sociedad con su mensaje de
decadencia.

Monod y Nicolaus

Sólo en los últimos años la burguesía ha comenzado a propagar en los círculos


intelectuales la teoría de Jacques Monod sobre el "Azar y la Necesidad". Según
Monod, no es la evolución social, el desarrollo desde las formas inferiores de
sociedad hasta las más evolucionadas, basado en la aparición de nuevos modos de
producción, lo que gobierna la sociedad; por el contrario, en la sociedad es todo
puro azar. El azar lo determina todo.

¿En qué puede apoyarse realmente la burguesía?

En su juventud la burguesía creyó en la evolución. Ahora, cuando se encuentra en


bancarrota, sólo puede creer en el azar, en las circunstancias fortuitas y en las
coyunturas históricas. ¿No es curioso que precisamente tales formulaciones teóricas
influyan de una u otra manera en los teóricos que han proclamado que la URSS es
un estado burgués? La Restauración del Capitalismo de Martin Nicolaus, si se lee
con cuidado, conduce a la conclusión última de que fue la conspiración lo que
determinó el destino de Stalin así como el de Jruschev, y que Brezhnev y Kosygin
se mantuvieron en el poder a consecuencia del puro azar. En su concepción de los
acontecimientos que condujeron a la restauración del capitalismo, los tipos malos
derrocaron a los tipos buenos mientras las masas estaban dormidas.

Apenas es concebible una aplicación más vulgar del pragmatismo americano


contemporáneo a los grandes fenómenos históricos. El hecho de que pueda haber
desacuerdos básicos, entre otras cosas, respecto a quiénes eran los "tipos buenos"
y quiénes eran los "malos", ni siquiera se plantea como problema.

Su análisis de las reformas durante los períodos de Jrushchev y Brezhnev no puede


resistir la confrontación con los hechos, porque no tienen en cuenta la realidad
básica del sistema soviético --que el carácter planificado de la economía soviética y
la titularidad estatal de los medios de producción han permanecido básicamente
intactos pese a las incursiones merodeadoras de la burocracia soviética. ¿Cómo
pueden explicar asimismo que la crisis económica capitalista mundial no haya
alcanzado a la URSS, un hecho tan claro que sólo los políticamente ciegos, los que
no quieren ver, pueden ignorar?

Bettelheim y Sweezy

Otra versión de la teoría de la restauración del capitalismo es la de Charles


Bettelheim, que lamentablemente ha sido aceptada por algunas personas que a
nuestro parecer deberían mostrar un mejor sentido, como Paul Sweezy. En opinión
de Bettelheim, la causa básica de la degeneración, o más bien de la transformación,
de la URSS en un estado capitalista gobernado por una "nueva" burguesía estatal
reside en el error teórico supuestamente cometido por Stalin --y todavía más por
Trotsky-- de poner el énfasis en el desarrollo de las fuerzas productivas antes que
en el cambio de las relaciones sociales. Resulta difícil tomarse esta tesis en serio, y
debemos preguntarnos cómo es posible que personas serias que han dedicado la
mayor parte de su vida a la lucha por el socialismo puedan aceptar una teoría que
desafía la base misma de la concepción marxista de la historia, y que hace tanta
violencia a los hechos reales de la URSS.

Bettelheim, y también Sweezy, se sienten confortados y reforzados en su nueva


teoría por la creencia de que es igualmente la concepción del Presidente Mao --una
proposición dudosa que los acontecimientos de China, sobre todo tal como se están
revelando actualmente, seguramente descalifican. ¿Por qué Bettelheim y Sweezy
han dado este nuevo rodeo para explicar el desarrollo social de la URSS?

Ante todo está la fuerte influencia de China --pero la victoria del pueblo angoleño,
junto con la política exterior reaccionaria de Pekín, seguramente crearán segundos
pensamientos entre muchos de los seguidores de China.

Pero hay otra razón, asimismo, aparte de la desilusión y el desencanto que


siguieron a los reveses sucesivos ocurrido en la URSS y que seguramente
desacreditarán a los dirigentes soviéticos para muchos, muchos años.

Si Stalin y Trotsky pensaron que el énfasis principal debía centrase en las fuerzas
productivas con el fin de desarrollar un estado obrero en un país atrasado, tuvieron
razón --su concepción no era errónea. Ahí no se encuentra la dificultad fundamental
afrontada por la nueva formación social, por la nueva sociedad surgida de la
Revolución de Octubre. El problema fue el olvido de las relaciones sociales. Este
planteamiento evita abordar la verdadera cuestión.

Para expresarlo correctamente, fue el crecimiento de la burocracia soviética, que


Stalin no fue capaz de detener a pesar sus purgas, lo que pervirtió las relaciones
sociales surgidas de la Revolución de Octubre. Dicha perversión fue posible porque
la sociedad soviética se caracterizaba por una contradicción fundamental que la
burocracia era incapaz de resolver mediante sus métodos. La contradicción residía
en que las fuerzas productivas eran demasiado pobres e inadecuadas para dar a las
nuevas relaciones sociales de la URSS un carácter plenamente socialista.

Mientras que en todos los antiguos modos de producción las fuerzas productivas
sobrepasaron en primer lugar a las relaciones sociales y luego se rebelaron contra
ellas, en la nueva sociedad soviética las fuerzas productivas eran inadecuadas para
asegurar un desarrollo plenamente socialista. Incapaz de seguir una política
revolucionaria en el interior ni en el exterior, la burocracia adquirió el carácter de
una fuerza coactiva que comenzó a construir el socialismo en una vía que fue
minando las ventajas políticos de la clase obrera, pero que conservó las conquistas
sociales fundamentales necesarias para asegurar la existencia de un estado obrero,
aunque no de una sociedad plenamente socialista.

De manera que lo que tenemos no es una nueva clase dirigente, no es una nueva
burguesía estatal, sino el mismo fenómeno familiar de una burocracia que en parte
ha expropiado políticamente al proletariado mientras ella misma --la burocracia--
gobierna en nombre del proletariado. Al actuar así, naturalmente se apropia en su
propio interés de muchos privilegios y emolumentos que acompañan al ejercicio del
gobierno, pero esto no anula el hecho de que el proletariado, en un sentido
histórico y sociológico, sigue siendo la clase dirigente, aun cuando se vea
obstaculizado por un estrato burocrático superior.

¿Es éste un fenómeno nuevo en la historia mundial? No del todo. Si nos fijamos en
otras clases, como por ejemplo las burguesías británica y alemana, éstas no fueron
capaces de gobernar directamente en su propio nombre hasta que hubieron pasado
muchas, muchas décadas. En Alemania le tocó a Bismarck, un aristócrata
feudalista, y a su grupo de burócratas, unificar a la burguesía en un estado nacional
y ejercer el dominio sobre la misma.

Una enorme diferencia entre 'burocracia' y 'clase'

Hay una diferencia enorme entre caracterizar al grupo dirigente de la URSS como
una burocracia o como una clase social históricamente equivalente a otras clases
poseedoras. Las clases dirigentes anteriores han tenido su propia burocracia, y en
la sociedad burguesa contemporánea el movimiento obrero ha sido dirigido y
victimizado por una burocracia obrera. Aunque la burocracia logra una
independencia relativa respecto a la clase a la que representa, y asimismo se
apropia de una parte del ingreso social para sus propios intereses egoístas, sin
embargo sigue estando arraigada en la clase social a la que representa.

En este sentido, la burocracia soviética no se diferencia fundamentalmente de la


burocracia existente en épocas previas. La burocracia soviética tiene sus raíces en
la propiedad nacionalizada, en la titularidad estatal de los medios de producción y
en la planificación centralizada. No puede deshacer estos logros sociales
progresistas sin disolverse a sí misma. Ello no significa que no exista una facción
neo-restauracionista de la burocracia --cuya intención, ciertamente, es desmantelar
la economía planificada, restaurar el capitalismo y convertirse ella misma en clase
burguesa--, pero en ningún caso podemos decir que dicha facción haya logrado aún
sus objetivos.

Una 'nueva clase' debe tener una misión histórica

Al atribuir un nuevo carácter sociológico a la URSS, estos teóricos, sin ser


conscientes de ello, han coronado a la burocracia soviética con una nueva gran
misión histórica. Si la URSS está gobernada por una nueva clase, entonces la
evidencia de todas las sociedades clasistas anteriores nos obliga a concluir que
dicha clase sólo ha podido surgir por necesidad histórica y, como corolario de esto,
que tiene una misión histórica que ningún esfuerzo por parte del proletariado podrá
anular satisfactoriamente hasta que dicha misión quede agotada.

¿Por qué fueron vencidas las revoluciones proletarias de 1848 y 1871, cuando todo
parecía estar a punto, cuando todos los errores políticos, las políticas falsas, las
maquinaciones y las conspiraciones de la burguesía, etc., etc., habían sido
desenmascaradas por las organizaciones obreras? ¿Acaso no fue porque la
burguesía aún no había agotado su misión histórica? El capitalismo todavía tenía
mucho espacio para desarrollarse. Tuvieron que pasar algunas décadas antes de
que el capitalismo competitivo se convirtiera en el capitalismo monopolista: el
imperialismo.

La conclusión que se sigue de las teorías de la restauración capitalista es que la


revolución proletaria en la URSS, la toma del poder por el proletariado, fue
prematura. Por lo tanto, las políticas de los líderes revolucionarios y de sus
sucesores no sólo eran erróneas sino también utópicas. El marxismo, aun en las
manos de un genio como Lenin, sencillamente sirvió como un disfraz ideológico,
como una cobertura para preparar el terreno objetivamente y para allanar el
camino de la burguesía. En otras palabras, el marxismo como doctrina es
comparable de hecho a las enseñanzas de los pensadores de la Ilustración en el
período precedente a la Revolución francesa. La Ilustración sirvió para unir las
masas, y en última instancia les dio lemas como 'Libertad, Igualdad, Fraternidad',
pero al final resultó ser una cobertura ideológica para una nueva clase dirigente.

¿Han estudiado los teóricos de la 'nueva clase dirigente' de la URSS todo estos
asuntos, de manera detenida y hasta llegar a su necesaria conclusión final?

Los orígenes pragmáticos de su tesis

Al contrario, no es el pensamiento objetivo lo que ha impulsado a estos teóricos a


moverse en esta dirección. No es el pensamiento objetivo e independiente lo que
ha dado origen a esta teoría que tan favorable resulta para la burguesía
imperialista. La teoría de la restauración del capitalismo en la URSS ha surgido de
corrientes subjetivistas y políticamente tendenciosas de la política contemporánea.
Esta teoría comenzó a ponerse de moda no cuando tuvo lugar la supuesta
transformación, sino en 1968 y 1969, tras los acontecimientos de Checoslovaquia.
Y lo que empujó a sus defensores a adoptar dicha postura fue el hecho de que se
volvieran hacia los dirigentes chinos que bruscamente proclamaron la teoría del
social-imperialismo --sin entrar en detalles--, y que dejaron que los teóricos e
intelectuales extranjeros teorizasen sobre lo que de hecho no era más que una
descalificación política lanzada por una facción del movimiento internacional
comunista en contra de otra facción.

Aunque fuera importante la intervención checoslovaca, en ningún caso podía ser el


punto de partida para una nueva apreciación sociológica de la URSS. Si la
intervención checoslovaca fue una acción tan enormemente regresiva, ¿qué decir
de la de Hungría? ¿Y acaso Georgia no fue enérgicamente sovietizada bajo Lenin?
De hecho, ninguna de estas intervenciones podría servir posiblemente como punto
de partida para una nueva evaluación del carácter de clase de la URSS. Resulta
interesante que ninguno de estos teóricos se viera impulsado a lanzar un anatema
sobre el carácter de clase de la URSS en el caso de las intervenciones anteriores.

Ninguna de las intervenciones soviéticas se derivó de una transformación en las


relaciones de propiedad soviéticas. (En Georgia la intervención fue, desde luego,
totalmente progresista.) La intervención soviética en Checoslovaquia (así como la
de Hungría, que fue apoyada y animada por Mao) se produjo con el fin de frenar la
contrarrevolución burguesa, que en parte había sido el resultado de la política
revisionista y reaccionaria emprendida por los líderes soviéticos y aprobada por los
líderes chinos.
Si estas contrarrevoluciones hubieran tenido éxito, si la Unión Soviética no las
hubiera aplastado, entonces podrían haber sido el punto de partida no sólo para
una reevaluación teórica del carácter de clase de la URSS, sino asimismo para un
impulso poderoso hacia la verdadera restauración burguesa en ese país.

Lo que los mencionados teóricos han hecho aquí es confundir la reacción política
con la restauración burguesa --que, desde luego, podría ocurrir, sobre todo cuando
el nuevo estado obrero y el nuevo sistema social se alzan todavía sobre un
fundamento inestable.

Ascenso político de fuerzas reaccionarias

La reacción política se ha producido en prácticamente todos los países donde las


grandes revoluciones burguesas tuvieron lugar. Pero la restauración del feudalismo
no se ha producido en ninguna parte donde la burguesía haya triunfado.

La reacción política puede durar mucho tiempo. En la URSS se puso en marcha una
reacción política tras la muerte de Lenin. Dicha reacción se hizo fuerte, junto con el
crecimiento de la desigualdad social, pero los aspectos socialistas de la economía
soviética y el nivel de vida de las masas también aumentaron. Confundir la reacción
política con la restauración burguesa tiene bastante más que una importancia
terminológica. Que exista una nueva burguesía o simplemente una burocracia tiene
una enorme importancia estratégica y táctica para el proletariado mundial y para
los oprimidos.

Si la URSS es un estado burgués o "social-imperialista", el proletariado tiene el


deber de seguir respecto a la URSS los mismos criterios políticos que contra
cualquier otro estado imperialista. Si, por el contrario, la URSS es un estado obrero
y socialista dirigido por una burocracia, es necesario aplicar un conjunto totalmente
distinto de criterios. Para luchar contra el carácter regresivo de la burocracia
soviética, sin embargo, resulta imprescindible defender a la URSS contra la
agresión imperialista y contra la reacción burguesa interior, así como apoyar a la
Unión Soviética siempre que ésta adopte medidas progresistas en los asuntos
exteriores y domésticos.

La comprensión de estos criterios ayuda a explicar la facilidad con que los


dirigentes chinos caracterizaron apresuradamente a la URSS como una formación
hostil, no mejor que un estado imperialista. Su formulación del carácter de clase de
la URSS presenta la dudosa ventaja de que les exime de cualquier necesidad de
defender lo que es progresista en la URSS, tanto en la política exterior como en la
interior, o de seguir una política proletaria en relación con un estado socialista
hermano. Por otra parte, al caracterizar a la URSS como imperialista, los dirigentes
chinos son libres de actuar sin ninguna limitación respecto a la URSS. De esta
manera pueden formar un bloque con los auténticos imperialistas en contra de la
URSS, y seguir sosteniendo que defienden una tesis marxista-leninista. Su postura
aprueba la colaboración con los verdaderos imperialistas, mientras que si se
limitaran a tratar a la URSS como ésta es en realidad, necesariamente deberían
proseguir la labor que comenzaron a principios de los años 1960 --a saber, la
polémica con la burocracia soviética por colaborar con el imperialismo-- en vez de
aliarse ellos mismos con el imperialismo.

La diferencia entre las dos apreciaciones de clase divergentes sobre la naturaleza


social de la URSS resulta fundamental para la causa de la clase obrera. Con la
formulación china del problema, uno necesariamente se ve obligado a abrazar una
perspectiva estratégica mundial en la misma barricada que el imperialismo. Con la
otra perspectiva nos encontramos en la barricada de clase del proletariado mundial,
de todos los pueblos oprimidos y de todos los elementos progresistas de la URSS,
un país que, igual que China, sigue siendo una fortaleza de la revolución proletaria
mundial a pesar de la burocracia soviética.

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