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EL TERMIDOR DE JRUSCHEV

Una contribución al análisis crítico del retorno de la URSS al capitalismo [1]

Uvaldo Buttafava
(Organización para la Construcción del Partido Comunista del Proletariado de Italia)

Lenin: “El objetivo de una revolución victoriosa consiste en hacer todo lo


posible en un país para alimentar, apoyar y despertar la revolución en
todos los países”.

El retorno del capitalismo a la URSS, un problema muy real, enorme y acuciante, se


encuentra abierto a distintas interpretaciones por parte de las diversas clases,
partidos políticos e ideologías, que lo analizan según sus intereses y concepciones.
Es importante para los comunistas y progresistas entender este fenómeno
regresivo, de cara a futuras experiencias revolucionarias que se produzcan en un
estadio más avanzado.

Pasaremos por alto en este estudio el análisis del Jruschevismo llevado a cabo por
los elementos burgueses y reaccionarios, así como el análisis realizado en los
decenios siguientes a Jruschev por los pequeñoburgueses agrícolas y urbanos
'revolucionarios' --todos ellos enemigos del progreso social y de la ideología del
proletariado, y acérrimos detractores de las luchas heroicas de la clase trabajadora,
luchas que eventualmente conducirán al comunismo. No intentaremos una
reconstrucción histórica del Jruschevismo ni una negación detallada de sus teorías,
puestas en práctica más adelante de manera patética por Gorbachov, teorías y
prácticas que llevaron a la conclusión de que el comunismo es una utopía.

Empezaremos con un hecho concreto, el más decisivo de todos: la burguesía ha


detentado el poder en la URSS durante los últimos decenios. El Movimiento
Comunista Internacional ha intentado, en los últimos cuarenta años, explicar por
qué tuvo lugar el Termidor de Kruschev, pero, como ha demostrado el derrumbe
del socialismo en China y Albania, tales explicaciones no han sido suficientes. Sobre
la base de estas experiencias negativas hemos intentado realizar un examen más
detallado de los debates teóricos y de la lucha política (de clases) existentes en la
URSS de la época. Nuestra conclusión es la siguiente: la lucha de la clase burguesa
contra la dictadura del proletariado alcanza su forma más sofisticada en el nivel
teórico. Éste es el auténtico 'talón de Aquiles' del socialismo como fase de
transición. Se ha dicho con propiedad que el burocratismo es un factor coadyuvante
de la restauración capitalista, pero el burocratismo es sólo un producto de la
degeneración burguesa. La división entre el trabajo manual y la actividad
intelectual, así como la difusión de la ideología burguesa entre las masas, pueden
conducir en ciertos casos a una involución. Es una de las tareas del socialismo
resolver estos problemas. Los peligros del imperialismo han sido enfatizados a
menudo, pero a pesar de ello las presiones imperialistas han resultado finalmente
victoriosas.
Sabemos que una de las tareas primordiales de la dictadura del proletariado es la
eliminación de la base económica de la burguesía --la base sobre la que ésta
pervive--: la propiedad privada de los medios de producción.

Las tareas, no obstante, que el socialismo se impone a sí mismo no constituyen la


totalidad del problema.

¿Dónde está la burguesía? ¿Por qué continúa existiendo incluso cuando ya no


cuenta con su base económica? ¿En qué radica su fuerza y su peligro potencial?
¿Cómo se las arregla para obtener poder en el mismo corazón del partido
comunista? Una cosa es cierta: los más célebres representantes de la ideología
anti-socialista (Trotsky y Bujarin) no eran burócratas y ellos mismos se
consideraban comunistas. Igual que Jruschev y Brezhnev, etc.

Leyendo el Informe de Malenkov presentado en el XIX Congreso del Partido


Comunista Soviético (1952), y teniendo en mente la Gran Revolución Cultural y el
proceso revolucionario de Albania, encontramos que la cuestión central radica en el
mismo problema: la lucha contra el peligro de restauración capitalista. La pregunta
que se repite una y otra vez es: ¿dónde está la burguesía? ¿Dónde y cómo actúa?

El hecho es que la burguesía, con su ideología basada en la propiedad privada de


los medios de producción, ha mantenido su influencia durante generaciones en el
campo teórico y especialmente en la filosofía.

Lenin siempre subrayó la importancia de la lucha contra la ideología pequeño-


burguesa y contra el revisionismo moderno como producto del imperialismo
internacional. Nosotros creemos, en esta línea, que debe concederse una
importancia central a la eliminación de la ideología burguesa.

Desde su mismo origen, el Partido Socialdemócrata Obrero Ruso contó con una
facción (los mencheviques) que sostuvo que sólo podría existir una fase socialista
en Rusia después de que el capitalismo se hubiera desarrollado plenamente. ¿Qué
era esto sino un intento de la burguesía para afianzar su poder? Esta teoría era
defendida por Bogdanov, Trotsky y Bujarin, y fue la base de las políticas
económicas de Yaroshenko y Jruschev y de sus seguidores. Naturalmente, cada uno
de ellos tenía motivaciones políticas diferentes, pero todos estaban convencidos de
ser marxistas, aunque la historia se encargara posteriormente de desmentirles.
¿Qué se hallaba en la raíz de sus desviaciones? Su base teórica. Habían abrazado
aparentemente la ideología comunista, pero eran 'portadores' de la ideología de la
vieja era de la explotación.

¿Cuándo se produjo la primera señal de debilidad del Partido Comunista Soviético


frente a la ofensiva burguesa? Como es bien sabido, en el Pleno del Comité Central
del Partido Soviético de 1937, Stalin perfiló una serie de teorías sobre la
restauración del capitalismo. Socialismo e imperialismo son fenómenos
interdependientes que se condicionan de manera recíproca --el imperialismo no es
meramente un factor externo. La lucha de clases contra la burguesía continúa en la
fase socialista, y de forma más aguda en el terreno teórico y político --el socialismo
puede crear nuevas formas políticas y sociales, pero éstas pueden llegar a vaciarse
de su contenido de clase.

Empirismo, idealismo, metafísica, etc.: cada una de estas concepciones actúa en


circunstancias diferentes, pero todas ellas conducen al capitalismo. Quienes
defienden esas posturas son, consciente o inconscientemente, agentes de la
burguesía, e incapaces como tales de hacer suyas las teorías del proletariado, es
decir, el materialismo dialéctico e histórico.

La historia nos enseña que la revolución proletaria resulta victoriosa cuando la clase
trabajadora afirma su hegemonía en el frente teórico, y en cambio pierde su poder
cuando pierde su hegemonía teórica en el Partido. Véase la diferencia entre Lenin y
Stalin, por un lado, y los Jruschevistas, por el otro: la revolución coincide con un
período de alta tensión teórica que genera sus propios teóricos, sus líderes. No fue
una coincidencia que la pequeña burguesía y los enemigos de clase centrasen sus
ataques en estos líderes.

Como veremos más adelante, la crítica del 'culto a la personalidad' de Stalin tenía
como objetivo un ataque directo contra su teoría del socialismo. Es interesante
preguntarnos por qué la burguesía defiende con fuerza su postura en lo que
concierne a la teoría: su concepción del mundo, la sociedad, el pensamiento y la
filosofía. La respuesta es que la burguesía es muy consciente de que la pérdida de
su primacía teórica conduciría a su derrumbe final. Es consciente de que la
metafísica y el idealismo le proporcionan formas de pensamiento, leyes y
definiciones que cuando se aplican a la política y la economía pueden impedir la
revolución y conducir realmente a una restauración del capitalismo en los
regímenes socialistas. La historia de las clases en declive muestra cómo éstas
defienden con uñas y dientes sus ideales.

El pensamiento es una forma de sustancia que puede convertirse en una fuerza


política enorme, algo tangible que puede cambiar el estado de las cosas. La
burguesía es muy consciente de que una transformación contrarrevolucionaria de la
superestructura puede conducir a una alteración de la base económica.

Una amarga lucha teórica se halla implicada en el principio del carácter agudo de la
lucha de clases bajo el socialismo. La oposición cobra fuerza y las teorías son
ocultadas y manipuladas. J. Stalin fue tan lejos como para declarar durante la SGM:

“Sé que tras mi muerte habrá muchos retrocesos, pero el viento de la Historia los
barrerá tarde o temprano sin misericordia. Yo no creo, sin embargo, que esto vaya
a suceder pronto: es muy probable que, en un futuro cercano, fervientes anti-
comunistas se hagan con el poder en este país”. (Molotov, Memorias).

La ideología burguesa no queda relegada a una categoría de mero interés


académico. Es activamente utilizada en la lucha de clases, dentro del campo de
batalla fundamental de la economía.
¿Por qué la ideología burguesa es tan influyente en la economía y no en la física, en
la biología y en otras ciencias? Porque la burguesía entiende que es en el frente
económico y político donde sus ideas pueden actuar como estorbos y como
elementos desviacionistas.

La burguesía se apoya en el imperialismo y se aprovecha de las limitaciones del


socialismo, se alía con los tecnócratas y con el aparato del estado en que ha
sobrevenido la burocratización. La burguesía rusa nunca cejó en su lucha contra la
dictadura del proletariado -- se opuso al asalto del Palacio de Invierno (Kamenev y
Zinoviev), se opuso a la teoría leninista del socialismo en un solo país (Trotsky),
dudó de la posibilidad de edificar una sociedad socialista y de la derrota del
fascismo nazi (Bujarin, Radek), y prosiguió su labor de oposición al socialismo
incluso tras la derrota de estas ideas y de sus agentes.

Las purgas de 1936-38, la victoria sobre el nazifascismo, la creación del bloque


socialista y las grandes victorias del socialismo en la URSS no interrumpieron la
labor de zapa de la burguesía, sino que sencillamente la llevaron a cambiar de
táctica y de formas. Derrotada por las políticas de Stalin, la burguesía se disfrazó
de leninista y actuó en el terreno de la teoría, en el mismo centro neurálgico de la
dictadura del proletariado, con el fin de recobrar el poder. Un cuidadoso análisis de
los debates teóricos y políticos inmediatamente posteriores a la SGM, en los años
1946-55 y siguientes, muestra la existencia de dos tendencias separadas dentro del
Partido Comunista Soviético. La de Stalin, que ponía el énfasis en la lucha de
clases, y otra línea que daba gran importancia a la unidad política, ideológica y
moral de la URSS. Estas tensiones internas evidenciaban las presiones ideológicas
ejercidas por el imperialismo, la existencia de una burocracia desarrollada, y unos
intentos muy serios de socavar la democracia proletaria. La tendencia más reciente
se oponía al hecho de que la lucha de clases fuera la condición central para la
construcción del comunismo. Las teorías de Stalin fueron ocultadas gradualmente
tras una pantalla de humo: personas que se decían 'estalinistas' enfatizaban la
necesidad de que el partido permaneciera vigilante, el papel de la crítica y la
naturaleza fundamental de la ideología, pero no mencionaban jamás el asunto de la
lucha de clases. Estas figuras incluían a académicos como F.V. Konstantinov, K.V.
Ostrovityanov, M.M. Rozenthal (entre otros) y a economistas como N. U.
Voznesensky y L.D. Yaroshenko.

En su informe al XIX Congreso del Partido Soviético, G.M. Malenkov escribe:

“El trabajo ideológico es un deber prioritario del Partido, y subestimar su


importancia puede causar un deterioro irreparable a los intereses del Partido y del
estado. Debemos recordar siempre que, si la influencia de la ideología socialista se
debilita, el efecto será el fortalecimiento de la influencia de la ideología burguesa”.

“No hay fundamento de clase, no puede haber fundamento de clase para la


dominación de la ideología burguesa en nuestra sociedad soviética. Es la ideología
socialista la que domina en nuestro país, y el Marxismo-Leninismo constituye su
fundamento indestructible. Pero todavía existen vestigios de la ideología burguesa,
reliquias de la mentalidad de la propiedad privada. Estas reliquias se resisten a
desaparecer; son muy tenaces y pueden fortalecer su posición, por lo que se
necesita una lucha decidida contra ellas... elementos extranjeros, los restos de
grupos anti-leninistas disueltos por el Partido, intentarán... propagar todo tipo de
'opiniones' y 'concepciones' no marxistas”. (G. Malenkov: Informe al 19 Congreso
del PCUS, Moscu, 1952, pp. 126-127.)

Tres meses después de la muerte de Stalin, un extenso artículo apareció en el No.


8 (mayo de 1953) del periódico teórico Kommunist, lleno de referencias a Lenin y
Stalin y contrario a las 'teorías reaccionarias' que ponen el énfasis en las
'personalidades' y en su papel decisivo en el curso de la historia. El artículo se
declaraba por principio en contra del 'culto a la personalidad' --un principio
encomiable que había sido siempre el punto de vista de Marx, Engels, Lenin y
Stalin.

Pero debemos preguntarnos cuál era el objetivo del artículo: ¿era poner fin al culto
de la burocracia que se ocultaba tras la figura de Stalin, o era otro? ¡Naturalmente,
era otro! El artículo continúa diciendo:

“En el estado actual de nuestra sociedad, en el que no hay enemigos de clase y en


el que existe una completa unidad moral y política, no hay base social para las
desviaciones dentro del Partido”.

¡Aquí está la esencia de las críticas a Stalin! Cientos de otros artículos en la misma
línea concluyen con el Informe secreto de Jruschov al XX Congreso, dirigido contra
Stalin. La traición al socialismo y al Marxismo-Leninismo tuvo lugar con la adopción
de las teorías del estado y del partido de todo el pueblo, así como de la transición
pacífica al socialismo.

De nuevo, en Fundamentos de Filosofia Marxista, escrita por los 'ex-estalinistas'


Konstantinov y Rozenthal, la conclusion es: “Estas diferencias radicales (entre la
fase primera del socialismo y una segunda fase caracterizada por la unidad social,
política e ideológica) fueron ignoradas por la teoría de Stalin, según la cual la lucha
de clases se intensificaba a medida que las fuerzas del socialismo crecían. Esta
teoría, inconsistente y contraria al marxismo (sigue diciendo el libro) deteriora
gravemente el edificio del socialismo... En el país ya no hay más base para la lucha
de clases...”

La línea divisoria entre la perspectiva de Stalin y la de sus sucesores es meridiana.


Unos pocos meses antes de morir, Stalin escribía:

“No es cierto... que la producción, i.e., las relaciones económicas pierdan su rol
independiente bajo el socialismo. El marxismo considera la producción social como
un todo integral que presenta dos aspectos inseparables: las fuerzas productivas de
la sociedad... y las relaciones de producción...” (J. Stalin, Problemas Económicos
del Socialismo en la USSR, Peking, 1976, p.64.)

“El camarada Yaroshenko se equivoca cuando afirma que no hay contradicción


entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas de la sociedad bajo el
socialismo... Ciertamente, hay y habrá contradicciones. Dada una política correcta
por parte de los grupos dirigentes, estas contradicciones no podrán convertirse en
antagonismos, y no habrá posibilidad de que se produzca un conflicto entre las
relaciones y las fuerzas productivas de la sociedad. Sería un asunto diferente si
defendiéramos una conducta política equivocada, tal como la que el camarada
Yaroshenko recomienda. En este caso el conflicto sería inevitable, y nuestras
relaciones de producción podrían convertirse en un serio freno para el ulterior
desarrollo de las fuerzas productivas' (Ibid., p. 69).

“...Sería una ceguera imperdonable no ver, al mismo tiempo, que estos factores ya
están empezando a lastrar el poderoso desarrollo de nuestras fuerzas
productivas...” (Ibid., p. 70).

Puede considerarse que la obra maestra de Stalin es su contribución fundamental al


desarrollo futuro de la teoría y la práctica revolucionarias.

Stalin era muy consciente de que los enemigos de clase eran activos en la
manipulación de la superestructura. Claramente señaló la continuidad de
pensamiento entre Bogdanov, Bujarin y Yaroshenko.

Las críticas que nuestro movimiento ha lanzado contra el revisionismo moderno se


han centrado en las ideas de los sucesores de Stalin. No ha habido una utilización
eficaz de la teoría estalinista, y donde ésta tenía lugar --en Albania y en China-- era
más bien superficial o bien degeneraba en tendencias nacionalistas, anárquicas y/o
subjetivas.

Es por estos motivos que a los comunistas se nos culpa del fracaso: fuimos
incapaces de hacer un análisis adecuado de lo que estaba ocurriendo, y no pudimos
responder a la acusación de que el socialismo en un país era imposible ni de que el
derrumbe final era debido al modelo estalinista. Por esta razón, se afirma que la
teoría no fue capaz de resistir a las presiones del imperialismo.

Jruschev utilizó el ataque y la calumnia contra Stalin para impedir el retorno a sus
teorías -- los críticos actuales de Stalin se sirven de la crítica de Jruschev para
atacar directamente al Marxismo-Leninismo. Verdaderamente, aquí nos hallamos
con una dificultad para llevar a cabo una aplicación rigurosa del materialismo
histórico y dialéctico. A este respecto, las memorias de L. Kaganovich y V. Molotov
resultan particularmente interesantes. Cuatro decenios de revisionismo han creado
graves confusiones y retrasos en el desarrollo de la teoría económica y filosófica,
que han conducido a nuestra derrota.

El Movimiento Comunista es todavía joven, históricamente hablando, y nuestra


tarea principal es promover una revolución en el pensamiento con el fin de demoler
la primacía cultural burguesa. Tal vez hayamos sobrestimado los cambios que
conducen a la creación del Hombre Socialista --estos cambios son mucho más
lentos que los cambios en la estructura económica. Además, los componentes
nacionalistas que se unieron a los movimientos comunistas en las grandes
revoluciones contaban con una fuerte presencia de tendencias revolucionarias
pequeñoburguesas. En ocasiones, estas ideas derrotaron finalmente a las ideas
proletarias (marxistas-leninistas).

Es importante apuntar que varios de los principales compañeros de armas de Lenin


y Stalin se convirtieron en los promotores principales de la restauración de
Jruschev. Con este último en el poder, entre el XX y XXII Congresos, el Partido
Comunista Soviético expulsó a más de un millón y medio de militantes del partido.

Los límites objetivos de una revolución (v.g., la presencia de una masa considerable
de pequeños propietarios agrícolas, una pequeña burguesía urbana, la ideología de
la superioridad del trabajo mental sobre el trabajo físico, la ideología de la
explotación heredada de las sociedades anteriores, y la actividad feroz de la
contrarrevolución) constituyen serios obstáculos en el camino hacia el socialismo y
el comunismo. El factor decisivo es la presencia de un Partido que sea capaz de
conducir a la clase trabajadora a través de un terreno inexplorado hacia la
revolución; un Partido que sea capaz no sólo de derribar las relaciones de
propiedad burguesas, sino también de superar el vasto bagaje teórico de la
ideología burguesa. El potencial de regeneración de la burguesía sigue existiendo
en la sociedad socialista, y es por esta razón que Stalin siempre enfatizó la
importancia de la lucha de clases como componente fundamental en la lucha por el
socialismo --en el frente económico e ideológico. La contrarrevolución comenzó
desde arriba con la continuación del punto de vista de Bogdanov y Bujarin en la
teoría, la ideología y la política. La nueva burguesía se hizo con el control de la base
económica gracias a la política de planificación y gestión de los medios de
producción y distribución llevada a cabo por Jruschev.

Las teorías de Bogdanov, Trotsky, Bujarin, Yaroshenko y Jruschev --positivistas,


idealistas y anti-dialécticas-- condujeron al caos, el estancamiento y la restauración
del capitalismo. Dogmas tales como que la lucha de clases había finalizado, o que la
propiedad estatal equivalía al Socialismo, llevaron en el caso de la URSS a la
conclusión de que no podían existir relaciones de propiedad burguesas. La forma se
percibía como el contenido, y no se decía nada sobre las relaciones económicas
reales que constituyen la esencia de un régimen político socialista.

Y de este modo la burguesía reconquistó el poder. Esto fue lo que dijo Bujarin
durante su juicio:

“Si hubiera que sintetizar mi 'programa', sería el siguiente: capitalismo de estado,


reducción de los koljoses, concesiones a los extranjeros, abandono del monopolio
sobre el comercio extranjero: en otras palabras, la restauración del capitalismo en
nuestro país... Nuestro programa era --muy clara y llanamente-- el preludio de la
democracia liberal burguesa”.

La conclusión es que una serie de causas objetivas hacen que el revisionismo sea
posible en una sociedad socialista, siendo la presencia de factores subjetivos lo que
convierte esta posibilidad en realidad.
Los factores subjetivos están determinados por la capacidad del partido y de sus
dirigentes para identificar las desviaciones revisionistas y reaccionar ante ellas --en
otras palabras, por su habilidad para detentar la primacía ideológica.

Todas las experiencias revolucionarias del siglo XX se han caracterizado por una
mayor o menor presencia de la ideología pequeñoburguesa como contrapunto al
leninismo. El caso mas reciente es el de la ideología burguesa que ha precipitado
finalmente el derrumbe de la URSS.

El proletariado se ha encontrado en tiempos pretéritos --y siempre se encontrará--


rodeado por la producción a pequeña escala que da lugar al capitalismo y a la
burguesía. Siempre se enfrentará con el peligro de que la pequeña burguesía y la
aristocracia obrera se hagan con el control de la lucha de los trabajadores. Es por
esta razón que el proletariado debe demoler todas las relaciones sociales que
correspondan a tales formas de producción de tipo capitalista... “así como a
subvertir todas las ideas que broten de esas relaciones sociales”. (K. Marx - La
Guerra Civil en Francia).

Con Lenin y Stalin el proletariado salió victorioso. Con el titismo, el Jruschevismo,


etc. nuestro movimiento fue derrotado --éstos son los hechos. Hemos mencionado
ya cómo la burguesía centra su ataque especialmente en el terreno de la teoría
económica, y cómo la obra de Stalin nos proporciona una guía fundamental para
entender el modo en que la burguesía actúa para bloquear la dialéctica
revolucionaria y paralizar el proceso revolucionario. La burguesía reintroduce la
metafísica para reforzar el idealismo y el subjetivismo en la política.

En este punto, es interesante examinar el debate que rodeó a la publicación del


Manual de Economía Política. Éste no fue solamente un debate académico, sino un
debate crucial para el futuro del socialismo en la URSS. En cualquier análisis
debemos tomar como referencia el punto de vista de Engels, quien consideraba que
la estructura económica es la base, el fundamento de toda sociedad, pero que la
superestructura desempeña un importante papel en los procesos históricos.

La burguesía, el gran enemigo del socialismo, impidió la construcción del


comunismo en la URSS, un proceso que debió haberse completado desde 1941 en
adelante en un máximo de 15 años. La burguesía actuaba dentro el Partido,
enfatizando el hecho de que ya no había ninguna necesidad de la revolución, que el
socialismo daría paso de forma espontánea al comunismo gracias exclusivamente al
crecimiento de las fuerzas productivas. La 'teoría de las fuerzas productivas' seguía
el oportunismo idealista de la Segunda Internacional, avanzadilla del positivismo
burgués.

El positivismo niega la dialéctica y las contradicciones sociales, y de esta


forma rechaza la existencia de las leyes de la transformación revolucionaria.
Trotsky y Bujarin son dos ejemplos clásicos de pensamiento positivista. Esta
corriente del pensamiento burgués no examina en su totalidad los procesos reales
--véase la teoría de Trotsky de la revolución mundial, que considera que la voluntad
es capaz de imponerse sobre la realidad, así como la teoría de Bujarin, según la
cual la política económica del socialismo había llegado a su culminación y ninguna
política podía dar lugar ya a deterioro alguno en la construcción del socialismo y el
comunismo. Durante su juicio, Bujarin admitiría las consecuencias de tales puntos
de vista.

Sus teorías fueron transmitidas por otros y alcanzaron su efecto máximo con
Jruschev. Jruschev sería acusado por sus camaradas y conciudadanos de ser el
exclusivo responsable del caos económico y político que acabaría sepultando a la
URSS.

Como había señalado Stalin, los partidarios de Bujarin no sólo negaban las leyes de
una economía socialista, sino que al hacerlo aceptaban categorías y teorías
económicas burguesas, mientras al mismo tiempo afirmaban que éstas darían paso
gradualmente a nuevas leyes económicas socialistas y, en consecuencia, al
comunismo.

¡Este es el problema real! De esta base deriva sus ideas el Jruschevismo. Las
tácticas burguesas eran sencillas: esconderse tras la máscara de etéreos ideales de
ultra-izquierda y de este modo no ser identificados como oportunistas burgueses,
para poder actuar libremente dentro del partido.

El amplio debate que tuvo lugar en la URSS antes y después del XIX Congreso del
Partido Soviético se centró en la obra de Stalin Problemas Económicos del
Socialismo en la URSS. La ofensiva leninista cubrió todos los frentes: filosofía,
economía política, ley, historia etc., pero desde el comienzo la vitalidad de la
ideología burguesa fue evidente. La muerte de Stalin y la debilidad en la jefatura
del partido llevaron a la emergencia de los principales defectos de la revolución
bolchevique. Treinta y cinco años de conflicto externo e interno y los esfuerzos
sobrehumanos para crear la base material y cultural del socialismo, a través de la
lucha política, no consiguieron que el Marxismo-Leninismo tuviera un arraigo firme
y suficiente. En el momento crucial --en el que el empujón final hacia comunismo
era una posibilidad--, la burguesía lanzó otra ofensiva, como Stalin había
pronosticado.

Podemos afirmar que el defecto principal de la dirección del Partido Comunista


Soviético consistió en creer que las desviaciones políticas y teóricas serían
derrotadas gracias al desarrollo de la sociedad soviética. Las desviaciones eran
vistas como una amenaza seria y en consecuencia criticadas, pero no se preveía
que tales desviaciones llegaran a ser una fuerza política capaz de retomar el poder.
Aunque no existía ningún precedente histórico, las advertencias de Stalin eran
claras. El núcleo duro de los 'estalinistas' siguió estando, sin embargo, en minoría.
Las tendencias anti-leninistas eran una realidad en la década de 1930. Bujarin
intentó debilitar las posiciones de Lenin y Stalin dentro del Partido.

La revolución socialista, por lo tanto, se enfrenta a un enemigo real: las ideas de la


vieja sociedad. Esto es especialmente cierto en una nación como la URSS, donde el
feudalismo era una experiencia reciente y donde la intelligentsia se hallaba en una
situación de debilidad y atraso.
Con el idealismo lo que es objetivo se transforma en subjetivo (y viceversa), y así
se da la vuelta al principio materialista. En las diversas ciencias, las leyes objetivas
se consideraban derivadas de la conciencia. Muchos tenían dificultades en discernir
la apariencia de la realidad, y de este modo se creyó que durante la fase socialista
la burguesía no podía actuar. De estas ideas surge el punto de vista de que las
leyes y las categorías pueden ser cambiadas por la mera voluntad, un formalismo
extremo que hace que las características reales de la sociedad en desarrollo no
sean examinadas. Stalin demostró que lo viejo conserva su forma y se sirve de lo
nuevo para camuflarse, como había demostrado ya en la economía política:

“Las nuevas relaciones productivas son los factores decisivos para el ulterior
desarrollo de las fuerzas productivas. Éste es uno de los elementos principales del
materialismo dialéctico marxista” (Stalin).

Diversos errores y una interpretación hecha a la ligera de las indicaciones de Lenin


condujeron al aventurerismo económico de figuras tales como L.D. Yaroshenko y,
como Stalin señala, a “la primacía de la ideología burguesa sobre la ideología
marxista”. Verdaderamente el idealismo subjetivo, confundiendo lo objetivo con lo
espontáneo, llevó a la identificación del capitalismo con el socialismo, que a su vez
condujo al deterioro perpetuo de la causa revolucionaria. Con Jruschev esta
tendencia alcanzó su grado máximo y el resultado fue el caos teórico. La
investigación y el estudio filosófico se fosilizaron. En la economía política la
separación de la filosofía y la economía condujo a la metafísica --a la idea de que
hay una correspondencia directa entre las fuerzas productivas y las relaciones
productivas; ¡a la teoría según la cual la economía mercantil y la ley del valor
determinan la producción y la utilización de la mano de obra! A las teorías de que el
trabajo es una mercancía (Merzenev y Mikalenko), de que el capital tiene su lugar
en una economía socialista (Yakovlev), de que la tasa de beneficio existe, etc.

La presencia de estas teorías, especialmente durante el período 1945-1952, fue


criticada (en particular durante 1952-53), pero se creyó de manera generalizada
que no podía existir ninguna oposición o resistencia eficaz frente al socialismo; éste
fue el mayor error estratégico.

La ofensiva ideológica burguesa se extendió a otras ciencias --derecho (Polianski y


Strogovich), historia (con Pokrovski), arqueología (Marra) etc.

Nuestros enemigos, especialmente los trotskistas, se equivocan cuando concluyen


que el socialismo fue derrotado y que no se alcanzó el comunismo porque no se
siguió al pie de la letra un modelo preconcebido. Un modelo que Marx, Engels y
Lenin nunca soñaron en aplicar --porque un modo similar de pensamiento se sitúa
en el reino del socialismo utópico.

“En Marx no hay un intento de crear utopías para adivinar lo que es imposible de
comprender”. (Lenin - Obras, vol. 25.)

Volviendo a la economía, el debate, especialmente durante los años de guerra (un


debate ansiosamente seguido por la prensa especializada de los USA) se centraba
en la teoría burguesa del 'socialismo de mercado', teoría que está actualmente en
boga en China. El Manual de Economía Política publicado en 1954 ignoraba los
principios básicos de Stalin --la teoría de las relaciones de producción y el principio
de la introducción gradual del intercambio de productos en lugar del intercambio de
mercancías. En los meses transcurridos entre la muerte de Stalin y el mes de
agosto de 1954, la teoría de Yaroshenko (que era la de Bujarin y Preobrazhensky,
1925-26) ganó la partida a la de Stalin. Es decir, que el valor, el intercambio de
mercancías, el crédito, el dinero, etc. cambiaban fundamentalmente su naturaleza
en una economía socialista y, por lo tanto, podían ser utilizados con total libertad
sin que se deteriorase la base socialista. En mayo de 1953 se extendió la
circulación del dinero y, en abril del mismo año, el papel de la planificación central
(Gosplan) fue reducido drásticamente, concediéndose más poderes a los ministerios
económicos. En el pleno del Comité Central de Septiembre de 1953, los bienes
suministrados por los koljoses al estado aumentaron de precio, el número total de
bienes que iban a ser producidos se redujo, y en general los koljoses
desempeñaron un papel muy reducido en la planificación central.

Las presiones de la ideología burguesa en la teoría económica, ya presentes


durante toda la vida de Stalin, aumentaron tras su muerte. En mayo de 1953 se
decidió expandir el 'comercio soviético', se aumentaron los poderes de los gerentes
de empresa, y su papel e influencia sobre la economía y la fuerza de trabajo volvió
a ser predominante. Tras la eliminación de los últimos núcleos de resistencia
--Molotov, Kaganovich y Saburov--, en julio de 1957 la maquinaria agrícola fue
vendida a los koljoses, y en septiembre de 1957 se introdujo el principio por el cual
las empresas del estado estaban obligadas a obtener beneficios.

La esencia de la ofensiva burguesa se apoya en la teoría del valor --es aquí donde
las leyes burguesas encuentran su base. El valor es el principio cardinal de la
producción de mercancías: al situarlo en el centro de la política económica, el
estado soviético dio un paso atrás en el progreso hacia el comunismo.

Cambiar la forma no significa necesariamente cambiar el contenido: la burguesía


prolongaba su control sobre la economía y las ciencias sociales. Con Stalin el
proletariado había llegado a dominar las leyes objetivas que operan en la fase de
transición --el socialismo--; con Jruschev la utilización de las viejas leyes
reconstruyó la base económica para la burguesía. La expansión de la producción de
mercancías llevó a la reintroducción del trabajo asalariado y del capital. El
programa de Jruschev (1961) condujo en primer lugar a un capitalismo de estado,
y en última instancia al retorno del capitalismo clásico.

En conclusión, ¿qué queda ahora de las ideas de Stalin en un eventual regreso del
comunismo a la URSS?

El partido debe crear una relación nueva entre el trabajo y las masas, dado que el
Socialismo se desarrolla directamente a partir del capitalismo (Lenin); el partido
debe trabajar en pro de la eliminación de las clases y del contraste entre el trabajo
intelectual y el manual.

Stalin subrayó muchas veces que la transición al comunismo es compleja y difícil, y


previno contra el intento de alcanzar apresuradamente los objetivos finales sin una
debida consideración de las realidades concretas. Es importante educar a las
masas, ya que el comunismo es el resultado final de los esfuerzos creativos de las
masas guiadas por un partido plenamente consciente de las leyes económicas que
dictan el desarrollo del socialismo.

Stalin señala tres condiciones para que el comunismo pueda alcanzarse: (1) un
crecimiento ininterrumpido de la producción, especialmente de los medios de
producción; (2) el reemplazo gradual del intercambio de mercancías por el
intercambio de productos; (3) el pleno desarrollo físico y mental de cada miembro
de la sociedad --lo que se logra reduciendo el tiempo de trabajo, e introduciendo la
libertad de elección en lo que al trabajo respecta.

El objetivo del socialismo, en orden a la transición hacia el comunismo, debe ser la


satisfacción máxima de toda necesidad cultural y material. Ello presupone una alta
productividad con el fin de asegurar la disponibilidad gratuita de bienes para los
consumidores. Esta disponibilidad gratuita conducirá a la desaparición de las teorías
capitalistas y, en alianza con el estudio científico y cultural, abrirá nuevas puertas a
la humanidad.

Stalin señaló que el estado desaparecería en la URSS únicamente después de que


el socialismo hubiera triunfado. Sostenía que el principio del intercambio de
productos era el embrión a partir del cual se desarrollaría el comunismo. (Daba por
supuesto que los medios de producción serían propiedad colectiva de la sociedad).

Para superar el contraste entre el trabajo intelectual y el manual, Stalin señaló la


necesidad de una mayor educación para todos --así como para permitir a cada
ciudadano la posibilidad de elegir su trabajo. Para conseguir dicho objetivo, la
jornada laboral debía ser reducida a 5 horas. La productividad laboral incrementada
y una creciente reserva de bienes conducirían a la disminución de los precios y al
aumento de los salarios reales.

Nuestro movimiento tiene hoy en día nuevos objetivos muy importantes. La I


Guerra Mundial condujo a la creación del primer gran Estado Socialista; la II Guerra
Mundial llevó a la formación del bloque socialista. La próxima crisis del imperialismo
capitalista podría conducir a su derrumbamiento. Las palabras de Stalin resultan
muy pertinentes en este punto. Hoy en día podemos hablar de la existencia de
condiciones para la revolución en la totalidad del sistema capitalista mundial, dado
que es una totalidad... como sistema ya se encuentra listo para la revolución.

¡Adelante entonces hacia un futuro comunista guiado por el Marxismo-Leninismo!

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