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ST PAUL’S SCHOOL

VIÑA DEL MAR

CURSO : CUARTO MEDIO LENGUAJE Y COMUNICACIÓN

Origen y Definición

El vocablo “literatura” procede etimológicamente de la


expresión latina litterae, cuyo significado apunta a las
competencias comunicativas, es decir, a la capacidad para
leer y escribir correctamente. En este sentido se relaciona
con la grammatikee griega. En su significado original,
litterae se asociaba a la gramática, la retórica y la poética,
entendida esta última como el conocimiento teórico sobre
las obras literarias.

Asimismo, “literatura” deriva de “littera” (letra), por


lo que asocia la literatura a la palabra escrita, aun
cuando la creación literaria se manifiesta mucho antes de la invención de la
escritura y la literatura oral ha estado presente a lo largo de toda la historia
de la humanidad.
En un sentido estricto, lo que actualmente entendemos por literatura se vincula más
directamente con la Poēsis, término latino de origen griego, que significa creación
y del que deriva la palabra poesía.

Por su sentido original, así como por extensión de su significado, el término literatura
se aplica también a otros ámbitos del discurso escrito, no necesariamente
relacionados con el arte literario.

En el diccionario de la RAE, literatura se define como:


1. Arte que emplea como medio de expresión una lengua.
2. Conjunto de las producciones literarias de una nación, de una época o de un
género: La literatura griega. La literatura del siglo XVI.
3. Conjunto de obras que versan sobre un arte o una ciencia. Literatura médica.
Literatura jurídica.
4. Conjunto de conocimientos sobre literatura. Sabe mucha literatura.
5. Tratado en que se exponen estos conocimientos.

6. Teoría de las composiciones literarias

¿Qué es la literatura?
Los esfuerzos por establecer qué es la literatura provienen de los mismos escritores,
de la poética o teoría literaria y de la teoría de la comunicación. El problema puede
enfrentarse desde la naturaleza de la obra literaria, es decir, las características que
hacen de un texto, una creación literaria o desde la recepción, esto es, lo que el
público considera como literario.

En un sentido muy general , se puede afirmar que la literatura es un arte y la


materia con que trabaja es el lenguaje. Pero el lenguaje es, al mismo tiempo, un
instrumento al servicio de múltiples propósitos comunicativos – interacción cotidiana,
comunicación científica, etc.- por lo que la pregunta ¿Qué es la literatura? no resulta
simple de responder.
Existen múltiples definiciones de literatura que abordan este fenómeno desde distintas
perspectivas. En términos genéricos, todas ellas ponen el acento en:
← La naturaleza ficcional de la literatura, es decir, su carácter ficticio.

← El carácter estético del mensaje literario, que se expresa en el énfasis


puesto en la función poética del lenguaje.

Lo ficcional en la literatura Una de las primeras obras que


intenta explicar la naturaleza de las obras literarias es la
Poética de Aristóteles. En ella, este filósofo griego aborda el
tema de la “poesía” a partir del análisis de la tragedia, género en
el que la literatura de la Grecia clásica alcanza su máxima
expresión.

En la Poética, Aristóteles expresa, refiriéndose a la tragedia,


que la poesía es la imitación de la realidad por medio del
lenguaje. Esta definición pone el énfasis en el carácter
mimético de la literatura, esto es, la imitación o simulación.

Imitar, en el sentido en que Aristóteles emplea este término, no es copiar o reproducir


objetivamente lo real. Lo que se imita es el comportamiento de los seres humanos: sus
experiencias, su conducta, sus pasiones.

Aun cuando los personajes de una obra literaria no sean físicamente humanos – marcianos,
monstruos, duendes, animales, objetos- su comportamiento, su vida interior, su visión del
mundo serán siempre humanos.

Por otra parte, aunque los personajes estén basados en seres humanos de carne y hueso y la
historia que se relata se funde en eventos históricos, y tanto estos últimos como quienes los
protagonizan sean reconocidos como reales por el receptor, lo que la obra nos entrega es
una recreación de la realidad; de hecho, lo que se presenta es la construcción de un
personaje literario, a partir del modelo real.

En la medida que lo que se muestra en la “poesía” es, entonces, una invención o recreación
de situaciones, su condición de <literatura> proviene de su naturaleza ficticia.

Los mensajes literarios no se refieren a una realidad externa a ellos. La literatura


crea realidades, mundos posibles, autónomos.

Según Umberto Eco, un personaje literario es un nombre al que se le cuelgan un


conjunto de características. Esta definición pone de relieve la naturaleza ficticia del
personaje, que no es, en definitiva, más que una construcción lingüística.

La dimensión estética del lenguaje literario


Para Jakobson, lo literario en un texto es aquello que hace de un mensaje verbal
una obra de arte y esto es, la función poética del lenguaje, su dimensión estética.

Es posible, entonces, identificar en el lenguaje una dimensión instrumental y una


dimensión estética. Cuando esta última prevalece, estaríamos en presencia de lo
literario.

Al comparar los signos icónicos y digitales, además de referirse a otra cosa, tienen un
valor en sí mismos como imágenes; en cambio, los signos digitales, entre los que se
encuentran los signos lingüísticos carecen de valor en sí, son transparentes y el
receptor pasa a través de ellos hacia las ideas que transmiten. En otras palabras, no
nos detenemos en el significante, sino que atendemos a su significado. Estas

afirmaciones solo son válidas cuando privilegiamos la función instrumental del


lenguaje. En el lenguaje literario, en cambio, el significante adquiere relevancia. No se
trata solo de lo que queremos decir, sino de cómo lo decimos.

En efecto, en la literatura y especialmente en la poesía, las palabras que se


seleccionan, su ordenamiento al interior de las oraciones, la eufonía, el ritmo, etc,
ponen en primer plano al lenguaje mismo que deja de ser transparente y se
transforma por sí mismo en un “espectáculo”, que se disfruta.

Desde la perspectiva asumida por Jakobson, lo que determina que un texto verbal se
transforme en literario es que este no sea principalmente un vehículo para trasmitir
un contenido, sino que su lenguaje capture nuestra atención.

Un buen ejemplo de las dimensiones instrumental y estética del lenguaje es su


comparación con lo que nos ocurre frente a una ventana corriente y frente a un vitral.

El ventanal de la izquierda deja pasar libremente la luz, de modo que la realidad


exterior se percibe en forma nítida. El espectador casi no repara en la ventana; la
emplea como herramienta para mirar hacia fuera.

El vitral de la derecha, en cambio, no puede dejar de percibirse. El espectador se


detiene ante él y lo “contempla”; es en sí mismo un objeto estético y además, incide en
el modo como se percibe la realidad que se muestra a través de él. Algo semejante
ocurre con el lenguaje literario.

Una característica de los textos literarios, estrechamente vinculada con el énfasis en la


función poética del lenguaje, y que adquiere su máxima expresión en la poesía, es la unión
indisoluble de forma y significado. Lo que se dice en el texto, no puede decirse de otra
forma. El discurso no es intercambiable por otro.

La literatura trasciende el valor denotativo del lenguaje y pone de relieve su valor


connotativo:

Asimismo, el carácter polisémico de los signos lingüísticos adquiere especial relevancia


en la creación literaria.

El lenguaje literario no se agota en su significado literal. Una obra literaria admite una
multiplicidad de niveles de interpretación posibles y es, en esencia, metafórica.

EL PÁJARO Y un pájaro cantó, delgada flecha.


Un silencio de aire, luz y cielo. Pecho de plata herido vibró el cielo,
En el silencio transparente
se movieron las hojas,
el día reposaba:
la transparencia del espacio las yerbas despertaron...
era la transparencia del silencio. Y sentí que la muerte era una flecha
La inmóvil luz del cielo sosegaba
que no se sabe quién dispara
el crecimiento de las yerbas.
Los bichos de la tierra, entre las piedras, y en un abrir los ojos nos morimos.
(Octavio Paz)
bajo la luz idéntica, eran piedras.
El tiempo en el minuto se saciaba.
En la quietud absorta
se consumaba el mediodía.

En este texto poético, el súbito canto del pájaro que rompe la quietud de la
naturaleza evoca en el hablante, la irrupción repentina de la muerte que nos
hiere cuando menos lo esperamos.

Los elementos que aparecen en el poema, la flecha, el pájaro… tienen un valor


connotativo y metafórico. Su significado literal se enriquece con una
multiplicidad de sentidos posibles. El canto del pájaro que despierta a una
naturaleza inmóvil y adormecida puede asociarse a la conciencia de la muerte
que de pronto nos remece. La flecha es el canto, pero a la vez, es la muerte.
Aunque el poema describe la naturaleza, la presencia de esta no se agota en su
mera descripción, se vincula a la vida desprevenida, asaltada de pronto por la
muerte. El canto del pájaro que, en el imaginario colectivo, se asocia a la
alegría y la vitalidad, aquí representa el grito agudo de la conciencia….

Lo universal en la literatura
El conocimiento científico o filosófico se funda en modelos abstractos de la realidad.
Cuando la ciencia o la filosofía hablan del hombre prescinden de las características
de los distintos tipos étnicos y obviamente no consideran las singularidades de cada
ser humano individual. Es más, cuando lo observan es para buscar en él
regularidades que se repiten en toda la especie. La historia, por su parte, se ocupa de
los grandes eventos y las mujeres y los hombres aparecen en ella solo en la medida
en que protagonizaron dichos eventos.

A diferencia de la ciencia que accede a lo general, mediante la abstracción, la


literatura no se aparta de lo individual, pero es capaz de mostrar lo universal desde lo
particular.

Lo que nos muestran las obras literarias es el desenvolvimiento de los proyectos de


vida de personajes concretos y a través de ellos, el significado de la experiencia
humana en el mundo, más allá de la mera relación de hechos.

Es por ello que Aristóteles afirmaba que <la poesía es más filosófica (verdadera) que
la historia>.

Producción y recepción de textos literarios


La literatura es una forma de comunicación que se enmarca en el contexto de una cultura,
es decir, su naturaleza y características varían en distintos momentos históricos y lugares
geográficos. De igual forma, el que un texto sea considerado una obra literaria depende del
macrocódigo cultural en que este se produce o se recibe. El concepto de literatura es,
por lo tanto, histórico.
Entonces, para comprender una obra, hay que situarla en el conjunto de la
producción literaria de la época y espacio geográfico en que se gestó, es decir,
reconstruir su contexto histórico cultural y la función que cumplían los textos literarios
en dicho contexto, así como sus condiciones originales de producción, recepción y
circulación.

En las sociedades orales, por ejemplo, que no conocen la escritura, la literatura desempeña,
entre otras funciones, el rol de depositaria de la memoria colectiva, que se traspasa de
generación en generación bajo la forma de textos poéticos: Asimismo, contribuye a la
cohesión social, acompaña el trabajo, constituye una herramienta educativa, convoca a los
miembros del grupo y proporciona esparcimiento. En ese contexto, la producción y
circulación de la literatura se hace mediante la palabra hablada, los gestos, el lenguaje
corporal. La situación comunicativa generada por el acto de transmisión del texto es
inmediata. Su recepción es habitualmente colectiva y los receptores pueden intervenir el
texto. No existe conciencia de propiedad intelectual. Los cuentos, los acertijos, las
canciones pertenecen a todos.

Con el advenimiento de la escritura, las condiciones de producción, circulación y recepción


cambian drásticamente. Las obras son el resultado de la creación individual, su circulación
se hace mediante un escrito que amplía el alcance espacial y temporal de la palabra hablada
y su recepción es, por lo común, individual y solitaria. La situación comunicativa que se
establece a partir del proceso de lectura es mediata. Asimismo, la permanencia de la letra
escrita tiende a fijar el texto en una versión única.

Como lectores, podemos acceder a textos contemporáneos o de épocas pasadas. Nuestro


proceso de recepción de una obra se realiza desde el horizonte histórico cultural en que
estamos insertos y en él intervienen, al mismo tiempo, nuestros conocimientos, trayectoria
de vida, valores, experiencia literaria y otros factores de orden afectivo. Eso explica, por
ejemplo, que la valoración de una misma obra cambie de una época a otra y que nuestra
apreciación de un relato o un poema no sea la misma en distintas épocas de la vida.

El siguiente cuadro muestra la interacción entre los distintos elementos que intervienen en
el proceso de producción y recepción de un texto:

Función de la literatura

La función que cumplen los textos literarios en una sociedad determinada está
estrechamente ligada al concepto de literatura que esta sustenta. La respuesta a la
pregunta ¿Qué es literatura? al interior de una cultura en un momento histórico impacta la
creación literaria , así como las expectativas del público lector.

Por otra parte, los propios poetas, narradores, dramaturgos, pueden proponer nuevas
formas y funciones, las que, a su vez, incidirán tarde o temprano en la naturaleza de los
textos calificados como literarios.

De este modo, las obras literarias reflejan las características de la sociedad de una
época, sus formas de organización, los estratos sociales, sus tipos humanos,
costumbres, valores, en suma, su visión del mundo. Asimismo, los hombres de
letras nos proporcionan, a menudo, una mirada crítica de su época y suelen
anticiparse a ella, prefigurando futuros posibles.

Las distintas funciones de la literatura no son necesariamente excluyentes, pero a lo


largo de la historia se advierte el privilegio de unas funciones por sobre otras, lo que
también se relaciona con los géneros que se priorizan en cada contexto cultural.
Entre las principales funciones que han cumplido los textos literarios a lo largo de la
historia, se cuentan:

Función recreativa Para el poeta latino Horacio son elementos esenciales de la


obra de arte, el “prodesse”, es decir, instruir, ser de provecho para el lector y el
“delectare” - deleitar- entendiendo el deleite como goce estético y como
entretención.

De todos modos, cualquiera sea la función predominante en una obra, la capacidad


de seducir al lector es un elemento relevante en la comunicación literaria.
En este sentido, la función recreativa privilegia la entretención como objeto de una obra
literaria. Esta función suele predominar en los relatos de aventuras.
La búsqueda de entretención constituye una de las motivaciones centrales de la masa
lectora.

Función didáctica
La función didáctico moralizante es característica de la
literatura medieval, en que el rol asignado a la obra literaria es

La función didáctica pone el acento en el “prodesse”. Se privilegia el rol educativo de la


literatura.

En este contexto, el propósito central del texto es instruir. Cuando la instrucción es moral, se
habla de función didáctico – moralizante.

el de enseñar – entreteniendo, lo que implica atender a las funciones didáctica y


recreativa, de modo que esta última se subordina a la primera.

La función didáctica también suele predominar en una parte importante de la literatura oral
y en la llamada <literatura infantil>.

La fábula es un ejemplo prototípico de literatura didáctica. También cumplen esta función


las parábolas bíblicas y los proverbios, refranes o consejas que forman parte del folclore
literario de todos los pueblos.

Ejemplo
El trabajar es la ley, Muchas cosas pierde el hombre
Porque es preciso alquirir; Que a veces las vuelve a hallar;
No se espongan a sufrir Pero les debo enseñar,
Una triste situación: Y es bueno que lo recuerden:
Sangra mucho el corazón Si la vergüenza se pierde
Del que tiene que pedir. Jamás se vuelve a encontrar

Debe trabajar el hombre Procuren de no perder


Para ganarse su pan; Ni el tiempo ni la vergüenza-
Pues la miseria, en su afán Como todo hombre que piensa
De perseguir de mil modos, Proceder siempre con juicio-
Llama en la puerta de todos Y sepan que ningún vicio
Y entra en la del haragán. Acaba donde comienza

(Miguel Hernández Martín Fierro)

En estas estrofas, extraídas de Martín Fierro, poema gauchesco del escritor argentino
Miguel Hernández, se advierte una clara intención didáctica. De hecho, cada una de
las estrofas que se reproducen tiene una estructura semejante a un proverbio.

Función social
Está presente en las comedias satíricas que critican vicios y costumbres, en la obra de
Charles Dickens, que muestra las lacras sociales de la Inglaterra de su época, en la narrativa
de Mark Twain, que despliega una fina ironía para satirizar la rigidez puritana de los

Enfatiza el rol de la literatura como herramienta al servicio de la crítica o denuncia


social. En su sentido más amplio, dado que el artista generalmente opera como
conciencia crítica de la sociedad, la función social es transversal a la literatura de
todos los tiempos.
pueblerinos norteamericanos, en las obras de Alberto Blest Gana, que entrega una
radiografía crítica de la vanidad de la aristocracia y el arribismo del medio pelo, por
nombrar solo algunos ejemplos.

Sin embargo, en su expresión más radical, exige del escritor un compromiso militante con
la realidad de su tiempo y a menudo, con una determinada visión de la sociedad. El poeta
es visto como agente de cambio social o político.

Una buena parte de la literatura hispanoamericana del siglo XX muestra predominio de la


función social. Algunos ejemplos son: Sub – Terra de Baldomero Lillo, Huasipungo, de
Jorge Icaza, Llampo de Sangre, de Oscar Castro.

Ejemplo

Después de algunos minutos de silenciosa espera, el empleado hizo una seña a los
obreros para que se acercasen, y les dijo:

-Son ustedes carreteros de la Alta, ¿no es así?

-Sí, señor -respondieron los interpelados.

-Siento decirles que se quedan sin trabajo. Tengo orden de disminuir el personal de esa
veta. Los obreros no contestaron y hubo por un instante un profundo silencio. Por fin el
de más edad dijo:
-¿Pero se nos ocupará en otra parte?
El individuo cerró el libro con fuerza y echándose atrás en el asiento con tono
serio contestó:
-Lo veo difícil, tenemos gente de sobra en todas las faenas.
El obrero insistió:
-Aceptamos el trabajo que se nos dé, seremos torneros, apuntaladores, lo que
Ud. quiera.
El capataz movía la cabeza negativamente.
-Ya lo he dicho, hay gente de sobre y si los pedidos de carbón no aumentan,
habrá que disminuir también la explotación en algunas otras vetas.
Una amarga e irónica sonrisa contrajo los labios del minero, y exclamó:
-Sea usted franco, don Pedro, y díganos de una vez que quiere obligarnos a
que vayamos a trabajar al Chiflón del Diablo.

El empleado se irguió en la silla y protestó indignado:


-Aquí no se obliga a nadie. Así como Uds. son libres de rechazar el trabajo que
no les agrade, la Compañía, por su parte, está en su derecho para tomar las
medidas que más convengan a sus intereses.
Durante aquella filípica, los obreros con los ojos bajos escuchaban en silencio y
al ver su humilde continente la voz del capataz se dulcificó.
-Pero, aunque las órdenes que tengo son terminantes -agregó-, quiero
ayudarles a salir del paso. Hay en el Chiflón Nuevo o del Diablo, como Uds. lo
llaman, dos vacantes de barreteros, pueden ocuparlas ahora mismo, pues
mañana sería tarde.
Una mirada de inteligencia se cruzó entre los obreros. Conocían la táctica y
sabían de antemano el resultado de aquella escaramuza: Por lo demás estaban
ya resueltos a seguir su destino. No había medio de evadirse. Entre morir de
hambre o morir aplastado por un derrumbe, era preferible lo último: tenía la
ventaja de la rapidez. ¿Y dónde ir? El invierno, el implacable enemigo de los
desamparados, como un acreedor que cae sobre los haberes del insolvente sin
darle tregua ni esperas, había despojado a la naturaleza de todas sus galas. El
rayo tibio del sol, el esmaltado verdor de los campos, las alboradas de rosa y
oro, el manto azul de los cielos, todo había sido arrebatado por aquel Shylock
inexorable que, llevando en la diestra su inmensa talega, iba recogiendo en ella
los tesoros de color y luz que encontraba al paso sobre la faz de la tierra.

Sub Terra es una de las obras clásicas de la literatura chilena de denuncia


social. El Chiflón del Diablo es uno de los cuentos más conocidos de esa
colección. En él se critica la inequidad social de que son víctimas los mineros,
de cuya pobreza se vale la compañía para obligarlos a trabajar en una mina
que presenta un alto nivel de riesgo.

Función estética

A fines del siglo XIX y comienzos del XX surgen movimientos literarios que proclaman
lo estético como valor central de la obra literaria, la que se considera un objeto

Al igual que la función recreativa, la función estética se asocia al “delectare” de


Horacio. La función estética adquiere relevancia desde mediados del siglo XVIII,
cuando empieza a concebirse la búsqueda de lo bello como propósito central de la
literatura. De este modo, lo didáctico pasa a segundo plano.
autónomo al que no debe exigírsele que dé cuenta de la realidad inmediata. Se trata
de las vanguardias artísticas, entre las que se encuentran el creacionismo y el
ultraísmo.

La función estética se privilegia en buena parte de la literatura del siglo XX y se


disputa la preeminencia con la función social, al menos en las primeras cinco o seis
décadas del siglo pasado.

En estrecha vinculación con la prevalencia de la función estética, se pone en primer


plano la lengua; Relevan el rol del artista como creador y se caracterizan por la
exploración e innovación de formas y procedimientos estilísticos.

Ejemplo
¿No os parece, hermanos, Hagamos nuestro Génesis.
que hemos vivido muchos años en el Con los tablones rotos,
sábado? con los mismos ladrillos,
Descansábamos con las derruidas piedras,
porque Dios nos lo daba todo hecho. levantemos de nuevo nuestros mundos.
Y no hacíamos nada, porque el mundo
mejor que Dios lo hizo... La página está en blanco:
«En el principio era...»
Hermanos, superemos la pereza. (Gerardo Diego – Creacionismo)
Modelemos, creemos nuestro lunes,
nuestro martes y miércoles,
nuestro jueves y viernes...

Este poema es un manifiesto y una arenga. El poeta no debe limitarse a cantar la


realidad, conformarse con el mundo “hecho por dios”. El poeta debe crear una nueva
realidad, por lo que su obra se asemeja a la de Dios. El verso final del poema
reproduce las palabras iniciales de la Biblia.