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VINDICIAS

D E L A SAGRADA BIBLIA
CONTRA LOS T IRO #

1 )E LA IN C R E D U L ID A D ,
y su itcfen sa y fustificacion de toda
nota de contrariedad con la humana
razón i ios monumentos de ¡u historia,
ciencias y artes ; la fu ic a , la geo¿o£tu,
la cronología, la geografía , la
astronomía

o»!*A ESCRITA S K r B AWC/a


por M . el Ab. Da-CU*, Cura y Arcipreste
que fue de la Diócesis de Ginebra.

TRADUCIDA AL ESPAÑOL
por un Dr. PrcibiJrro, coa las najara! ¿ifyg
tt da cutnta tn la adverttttáa i¡ti Tuiduotme

TOM O V il.

co* iic k k c ja : m a d im d
r ip ie n t a que ru s m fu in ten ebrí I
1826.
Ic íiim o iiij t o j tr td ib ilia fa a a »*i bíum'i.
P*. 39.
CONTINUAN

i os

CUATRO EVANGELIOS
N O T A XV III.

Sobre el vers. 9 del cap, rt de tan


Mateo.
$. H IT .

Nteiat invictivji coníra la orocion dominical.

H ablando en geueni de la oracion,


llénenla los incrédulos por injurio» i
Dios. Parece que tienen empello en aire»
b itar á los hombres todos los medios de
uii sanio desahogo coa su Criador , y en
dejarlos hecho» unos juguetes miserables
de sus amarguras é infortunios. " Este
» g ra n S e r, dicen, que todo lo sabe » no
it necesita de uucstros ruego» para co-
nuocer nuestras necesidades y lo que nos
»»conviene. Presentarle nuestros deseos, es
n mostrarle desconfiaouy disgusto. Cuan*
>• do le pedimos que nos libre de los ma-
•1 les de Míe mundo , exigimos de él que
4 .
»* coa milagros mude el curso de la natu-
»> ralcia. jCórrib podrá ¿1 oir á dos houi-
w>broa ó i dos iucIoucj que le hacen ora-
»> cioacs coutrariasí Si le suplicamos que
«i uos cur«: de nuestros vicios y que nos dé
m las virtudes ée <]úe parecemos, queremos
m que h i g i lo qu.c j J ^ e .s c r obra nuestra,
r>pues de uuboiros depende evitar el mal
•>y praciicar el b k n ." ¡L i impiedad y el
pelagianisino tienen íu pumo de co u n u u !
S.'gtiu este isUo racíuciuiü , todo hom­
bre que erce en Dios y le invoca, es un
iuscusato y ademas uu blasfemo. £ 1 ma­
yor beneficio que puede estt gran Str dis-
p .u iii n o í, es preiervahio* de la falsa sa­
biduría de loi incrédulos. Si Dios nos
manda qoe le espongámos nuestras nete*
siiUdeá , no C3 para, que le insiruvamos de
ella* , * 'il° <lue ^ profesemos nues­
tra. dependencia, nuestra sumisinu r nues­
tra caurtaaita., y recouoxeimoí titrtbien su
soberano dom inio. * Quien se ha figu'ídu \
jamas que un niúo- haoc Injuria, á su padre '
cuando le pide a u a lo que este sabe’que
necesita? >Se dirá qus las gracias que
le pedidos á D io s , no merecen-'ser po­
didas!
; S in hacer milagros puede preservarnos
Dios <* librarnos de las calamidades de la
buoraleza. El curso del universo no es
el juego necesario y puramente niccímca
de |a s caucas ó tica»; I>¡o* le couscíva por
5
cu acción Inm elialá , sin la cual todo se
yol ven* á sa autiguo caos. N i conocemos
todas las causas fi&icas oí todos sus efec­
tos} { cómo, pues i podremus diiccroir lo
'que es ó deja de ser el rem itido del puro
mecanismof Eu l& horrenda iacertidumbre
de loa acontecimientos m ím ales j<)u¿ cota
Di mas digna dej supremo S er',. ni mas
consoladora pira si., .puede hacer el hom­
bre , que dirigirle sus gcihidos i implorar
sus piedades < E » c a d a de recunoclinicn-
10 y de sentimiento tillal }oo está muy ea
el ordea establecido cutre la c tu iu ia y
el C riador, con el cual uo puede je r con­
tradictorio el diden de U n a tu ia lc u , cu j o
autor es c i i
Cuando Dios dos inspira pensamientos
de uuesi.ro bien ej^ iriiu il ó tem poral, uo
ea este u.i milagro, sino el plan ordina­
rio de bondad y sabiduría, suguu el cual
gobierna habitualmeme los espíritus. H i­
los pensamientos dos hacen tomar precau­
cione» y aplicar remedios, consultar á loa
que tienen mas luces, evitar las.d esg ra­
cias &c. Los insensatos atribuyen estos
sucesos i la catuaiidad, otas todo hombre
sensato se reconoce por deudor á Dios.
Las súplicas, que aparecen entre sí
contrarias, como sou las que iusiuaaa los
incrédulos, oo siempre lo son en la rea­
lidad. La omnipotencia y la bondad de
6
Dios tiene infinitos recursos (¿quién podrá
conocerlos?) para satisfacer á dos hom­
bre* ó i dos ilaciones que p a re c í u pedir­
le cosas contrarias. M ira Dios al fundo
del coraron, sabe que pide el bien; y no
le es düicil proporcionarle por diferentes
medios, que no son 4 vccc» los que se
preüjau ios que le o ran, pero que no por
era Los dejan menos satisfechos y recono­
cidos.
A dquirir y practicar las virtudes y
corregir los vicios es ciertamente obra de
fiMjiro « d iu iljd , mas no lo es eUa sata,
pues necesitamos para ello del auxilio so­
brenatural de ia gracia \ y de Dios depen­
de da/uo* gracias mas 0 menos abundan­
tes. ¿ 1 se ba dignado prometerlas i ia
oracion, y nosotros hacemos muy bien en
recurrir á ella con reconocimiento. Par*
un corazon que ama á su C riador, á su
p ad re, i su bienhechor, la oracion es un
egcrcicio dulce y de gran consuelo; él nos
templa el sentimiento de los males ¡ rea­
nima la espcrania y el esfuerxo ¡ tranqui­
liza el espíritu y calma las pasiones; toca
al corazon de los pecadores, y sostiene ¿
los justos. Esta esperieocia, atestiguada
por todas las personas de v lilu d , Importa
ñ a s y es de mucho mayor peso que todas
las ¿ Is a s reflexione» de los incrédulos,
que se complacen en su orgullo de vivir
cnagenados de D ios, y tener cortado todo
7
comercio coa aquella fuente riquísima de
to d o bien.
También han trabajado coo empello en
hallar que reprender en la oracion que
J. C. ba euseaado con «a propia boca á
aus discípulos. Unos han dicho que WJ . C.
w no e¿ su primer au to r, y que ames de
n ¿1 usaban ya de esta fórmula loa judíos.”
Cuan falsa sea esta aserción lo conven'
ce la falca de pruebas positivas que la de-
muestren, pues los incrédulos no nos ias
bao dado. ¿Cómo podría ignorarse esta
anécdota durante los trea primeros siglos í
¿Como cabia que se obstinasen los hom­
bres cu atribuir & J. C. la institución de
uua fórmula que entic los judíos era de
uso diario i
Otros han aosceoido que ,r diciendo i
t» D ios: m noi dejes <otr (a o a o a induscas)
¡tenia tentación, nacemos injuria i su bou-
,, dad soberana, como si Dios fuese capaz
•i de llevarnos al m al, y de ser causa del
i» pecado. ”
Estos temerarios censores dan un falso
aentido 1 la palabra tentación. En la san­
ta Escritura temar significa hacer prueba
ó probar la fidelidad, la obediencia, y la*
▼inud de alguno 4 y no cabe duda que se
la puede probar por medios q u e oo dos
incliaeu al mal , ccino son, mandarle una
cosa difícil, enviándole adicciones &c.
Xa etie sentido Dios tentó i Abrabam, y
8
U ceguera de Tobías y las desgracias de-
Job se Jliman uaa itiua-ion. C u u d o D ios
dice ( DeuL 6. v. 16.): no ttttíardt al Stñor
tu Dito i d o significa coa esto: no ¡nciina-
r<íi i Utvarát d mai á tu Señor, gina que
no harás prueba de su poder y de su bon­
dad , esperando de el sin necesidad uu
milagro. Y asi la petición de la oracion
JdininicdJ iig a ilic i: no fagáis de uiM roi
una pnubxi ¡upttior tí nim lrai fu cru u , mas
dadnos los auxilios necesarios para sobre­
pujarlas.

NOTA X IX .

Sobre los vers. 6 y 7 del cap. V1U de


san Mateo.

§. XXV.

Sobre si on parailtim piud* padfCf r groada


dolores.

U a centurión se llegó i Jesús y le biso


CStl súplica: Señor, un criado mía está p<M-
•*rj do tn mi casa, paralitico, y puto* mu*
difcnno. Sobre esto preguutau los incrédu­
los R ¿cómo puede ua paralitico padecer
» grandes dolores ? ’*
La paraíitú ( Dice, de M edicina) C6
una privicioo de muviinlcoto y sentimian-
9
t o , ó d t tnovunicnto salo , ó de senti-
n ieuio *olo, a i ana ó eo muchas panes
del cuerpo; es perfecta cuando Ja priva*
«ion d«l movimiento se ju o u cou la del
Molimiento ; c im perfecta, cuando aboli­
da uua de clla6, permanece la otra.
Todo» ios médicos asi antiguos como
modernos han reconocido esta* dos clases
de poralhis ( Véase á C elco, lib. i. c. 17.
edic. de Laugerac. = Scnnen , Praetic.
lib. i. p. i i . c. 27-= :F i a i e r , D t las U-
sioatt dt las /une. c. a . = M. de Senac,
Trat. del corjipn, to o . ¡i. Hisi. de ia Acad.
de las Cicuc. del año de 1743, pág. • 58
y sig.

NOTA XX.

Sobre loa vv. 16 j sig. del cap. v m


de san Maleo.

Retpoadut i ra riji objecimes di ¡oí incré­


dulos sobre ios energúmenos curados por J. C.
y ioi»r« la tempestad qiu hño calmar.

Los demouios, al salir de los energú­


meno* , ceclanubau que Jesús era el C ris­
to , el Hijo de Dios-; Jesús les imponía
¿Ucucio y los amenazaba.
10
Sobre esto dice el historiador critico:
r si Jesús quería que su cualidad de Hijo
•> de Dios fuese desconocida del demonio;
n luego este es m aj poderoso y hábil que
« é l, pues lo sabe y publica. Por la ma-
*1 licia del dcmuuio se vé obligado Dios i
m entregar á su hijo á la muerte sia po-
11 der destruir aun cou o t e sacrificio el
11 poder de su euemigo. Asi el crísiiauis-
» m o ea un verdadero mauiqueismo. O Dios
n quiso que el detooaio revelase este mis­
il terio ó oo lo quiso; si lo quiso , eo « -
*» no se opuso Jesús; si do lo quiso , lue-
n g o el aemonio puede obrar contra ia
>» voluntad divina. Jesús ocultó coa cui-
» dado su cualidad, cuyo coaocimieuto
» era el que úaicaineute podia obrar U
» salvación; y el deoionio la publica con-
m ira su propio ínteres. Si Jesús no que-
»» ría realmente que el demonio ls descu-
« briese jpur que solo le itnponia silencio
•«después de haber h abladol"
Aun cuando no podamos dar razón de
los designios de Dios ; no por eao dejarán
de ser muy ciertos los becbos del Sal­
vador.
No queria J . C. tener en su favor el
testimonio del espíritu iufurual , porque
«abia que de ahi tomariau pie loa judíos
para acusarle de estar en coiusiou cou él.
Luego era necesario que este icíiinwnio
fuese reprim ido, y efectivamente lo fué.
<i
Dios lo tenia asi ordenado, J . C. lo quiso,
y el demonio se rindió. Ku esta conducta
Di bay nm terio ni contradicción. El criti­
co , obligado á convenir en e llo , abade
ue ciia coofesioo en la boca del enemigo
Jc la salud era muy impórtame ( ibuL ).
De este mismo modo todos los enemigos
de J . C. le tu a dado testimonio i su pesar.
Sin duda podía Dio6 absolutamente im­
pedir al demonio el que pusiese ningan
obstáculo á la redenciou del mundo ; po­
dría también estorbar que los impios blas­
fema»!] y sedujesen á ios hombres; pero
al demonio ie ha. permitido obrar, y per­
mite á los impíos que disparaten , porque
conviene que la fe de los creyeates sea
combatida y tentada para acrecentar sus
merecimieuui». No ba permitido que la
malioia del demonio estorbase la egecucion
del misterio de la redención , al tampoco
permitirá que los ¡opios consigan el con­
tener sus prodigiosos y saludables efectos.
Los esfuerzos de todos los enemigos de
J. C. solo sirven para hacer brillar mas
el divino poder, la divinidad de La re­
ligión y la rectitud y el santo valor de
lúa que la profesan.
Añade el mismo historiador crítico:
* Jesús , haciéndose pasar al otro lado del
n lago de G caczaret, se duerme en la nave;
*>sobreviene una tem pestad; los dijclpu-
*1 ios le -despiertan y le hacen presente el
«peligra. Esta acción leí acarrea tina re-
*» prciuiou por su poca fe , y con ella se
3i dió (ai v tz tiempo i ia tempestad para
n que calmara. Entonces Jesús , coa luuo
jn de Se&or, manda al mar que se aquiete,
i» y al momento se egecuta su órden. A sl-
moístoo Ja tem pestad, de la cual hace el
»• Evangelio una descripción pomposa, fue
w* solo uu golpe de viento que de
Msuyo calmó. ”
Los ‘discípulo* de J. C . , pescadores
de profesión , estaban harto acostumbrados
i la navegaciou, y por lo mismo &ibiau día.
linguir entre ira golpe de vieuto y una tem­
pestad. Este tai v n repetido por nuestro
critico, Tiene al ña á significac en bucuas
r scucillas palabras: tal vez esto fue un mi-
Í agro. Y ai io es »en qué vcudráo á parar
sus blasfemia* ¡ No basta sospechar que
tal v tz un hecho no es m ilagroso, cuiudo
por otra parte le atestiguan escritores
dignos de f e : es necesaria demostrar que
efectivamente no lo es.
Cuando desembarcó Je 6us en las tierras
de los genezarenos , dos energúmenos fu­
riosos corrieron para u lirlc al encuentro,
y se postraron delante de él clamando:
j qué tunes que ver con nosotras , J a u s , hijo
de Dios i £J Salvador preguntó al espíritu
inmundo por su. nombre , y este respondió
yue se llauuba Legión j y la multitud de
infernales espíritus Je rogaroa.que.no los
Í3‘
obligase á Ir i los abisoaos, mas le s p e r -
o itie se entrarse ea una piara de dos inll
cerdos que pacian por aquella cercanía.
Jesús se lo permitió , y luego que hable*
rou entrado , la piara se precipitó en las-
aguas.
Los incrédulos (H is t. crit. c- 7. = C a a v
dro de los eanios, tora. t . = Vooleton , {
di se.) pretenden que en esta narración,
n poi otra parto ridicula , se encuentran
» errores capitales y clara* setales de íal-
nsedad. Sau Maceo dice que eran dos los
MCuCrgúmenos: san M ateo y sao' Lucas,
nque uno. Los diablos condenados írJp s
» eternos tormentos ¿cómo han de salir de
>1 ellos para ©tupir i los que habitan etv la
»> tierra i Asombra ver com« el diablo-di*
» rige sus súplicas s i Hijo de Dios ( lue­
n g o habia recibido una.'gracia sóbreitaui-
«ir.il de oracicn. Un MÜkgto , por e lc u a l
«i Jesús hace beneficio i dos endemoniad es,
»» á costa de los duefita de los dos mil cer-
» d o s , no es confonneti las reglas da la
«equidad. i Có.no loa ju d ie s , que por su
»*ley miraban cou horror esos animales,
podían apacentar piaras de ellos f Es asl-
»>mirioQ una indecencia .que el Hijo de
nD ios entre en composición con los diablos:
« u n a ridiculez , eíque estos entren en los
n cerdos : y una injusticia , por el dallo
n q u e o asinnau & sus-dueftos. Los gr.ieaa-
w xan>s, testigos de e su supuesto milagro,
14
» do creen eo Tcsus , rneginle que se vaya
«de a l l í ; y los moradores de Decipolis
»» ac lleuau de admiración coa la simple
» oarración de coato fue cu n d o el eaer-
» gúmeno.
n Según oíros críticos, « t e hambre
m que se creía poseso de una legión de
si demonios , no era sitio uu loco. Jesús
*i por condescendencia le habla bajo el mis­
il mo touo ó según su manía , y le conce-
t» de lo que pide. Los que guardaban las
n piaras , espantados de ver al demouiaco,
n escapan , espanta ose los cerdos , Luyen
» por otro lado y se precipitan : el im a-
t» gioario poseso se vé libre de su locura:
i) aquí no hay milagro. ”
Como este milagro confunde á t u mis­
mo tiempo á los judíos saducéos , y i los
m aterialistas que no creen los espíritus ; &
los paganos que les rinden la adoracioa
que solamente se debe al Ser supremo; y
i los Alójofos incrédulos que niegau la
realidad de las pojsiw w r; no es de estra­
gar que en el furor de su inquietud , se
agoten i si mismos los últimos en racioci­
nios y cuestiones para destruir su verdad»
si les fuese posible»
Emharaianse los incrédulos en que no
podía haber en Judca lanta multitud de
cerdos como los demonios precipitaron e a
el mar. Pero esto sucedió á la otra parte
del J o rd á n , eo el territorio de Gera&a ó
<5
G íd a r a , q ue, como las otras ciudades de
Decipolis , estaban pobladas jumamente
de judíos y de gentiles : esubaa situadas
sobre el antiguo B asan, tan célebre eu la
Escritura por las dehesas de encinas que
eirven para el pasto de aquellos animales.
Pero i por qué permitió que los demo­
nios con difio de sus dueños , precipita­
sen en 4I mar á tantos de ellos i H iu lo
para convencer al mundo de que los incré­
dulos uo saben lo que dicen, cuando de*
fienden que los energúmenos uo son mas
que unos melancólicos agitados de convul­
siones. Los propietarios merecían sufrir
este daño j pues como los cerdos eran las
mas comunes victimas de los gentiles , es­
tíbales prohibido ¿ los judíos no solo el
couktIos sinu um bicn el criarlos y bacer
comercio con ellos. Y si los dueños c r ia
gentiles , no fueron meaos criminales en
criar lo que luego les servia para taa enor­
me abuso y sacrilegio. A demas, si los
amos eran judíos , quebrantaban la ley , y
J. C como profeu y Mesías tenia derecho
para castigarlos i y si paganos , egercien-
do el Salvador sobre los demonios un im­
perio absoluto , demostraba cuan absurdo
é impío era el culto que les datan. E u a
asombrosa lección debia desengañar i los
genetarenos , haciéndoles cooocer que es­
tos pretendidos dioses estaban siempre dis­
puestos i hacci daño a u a ¿ sus adoradores.
16
N ú hay , pues , injusticia ep este mi­
lagro , ni iimpocn es indecente ni rid i­
culo : prueba ¿I la existencia de los malos
c&píritus , cJ poder de que « u b i revesti­
do el Salvador para destruir 6u imperio»
cuín absurda era la acusaclou de magia
que se le hacia 4 la ceguedad de los gen­
tile s ; la preocupación de loa judio*; la
obstinarían de los incrédulos. ¿S«n-poco
importantes caos objeto j i
Por otra parte es imposible que un fre-
neii ó locura natural dé á un hombre u n ­
ta Tuerza que pueda quebrantar las cade­
nas , como sucedió eu este caso. El furio­
so energúmeno, de quien nos habla el
E vangelio, no solo quebrantaba las que le
tenia a atado , sluo que no queria sufrir
ningún v estido, se retiraba á los Jugare*
desiertos y ¿ lo» sepulcros , ahuliaba , se
golpeaba con piedras {Lúe. 4. vv. 'J7 y
«iguieotes ) m altrataba á lo* que cücüütra­
ba , y llenaba de terror toda la comarca.
Aílom um , que un simple espanto 6 terror
baga precipitar ea las agua* A dos mil
animales , es un naturali&uao bieu absurdo,
desmentido por la espeiicucia.
K Pero san. Marcos y san Lucas solo
n lublau de uno, cuando san M ateo u -
n presa dos.u
Esto depende de que los dos primeros
Evangelistas especifican al mas furioso sin
decir palabra del o u a Uua om láon de lo
que do se ba querido decir do es una con­
tradicción. Adcinas cuando el incrédulo
cuenta que el diablo habia dicho que se
llamaba Legión , uo debiera haber supri­
mido lo que cu lau Marcos se dice : porfM
íonwi muchnt.
Nlnguuo ha dicho jamas que los de­
monios pueden salir del iufierno para ator­
mentar á los que viven co U tierra , sin
un particular permiso de Dios. Pero ¿ por
que lo permite < pregunta el critico. Por­
que quiere hacer brillar el divino poder
del M enas ; y ciertamente no hay cosa que
ñus interese á los houibres que el recono­
cerle por lo que él es , y asegurarse de
su divina miaioa por estos y otros icsilmo*
uios que la convencen.
No hay duda en que ec necesita de una
gracia para orar á Dios de ua modo meri­
torio y útil á la salud ; pero no es oece«
saria para pedir sin mérito un bien tem­
poral ó la libertad de un torm ento, i
quien nos lo puede conceder. Los demonios
por consiguiente uo necesitaban de gracias
para hacer semejante pedeioa i J. C.
Los genetarenos le rogaron que saliese
de su país , por el espanto que les causó
aquel suceso y porque sentían la pérdida
que acababan de padecer. Eso no prueba
que ellos hayan dudado de la verdad del
niJagro que acababan de ver. Uaa cosa es
ver un m ilagro, reconocerle, y sentirse
Tomo V IL '2
conmovidos con él * y otra r.'nunciar i (os
hábito* y errores eu que estamos iuibul-
dus. J. S. Rousseau ba llegado á decir que
110 creerla , aunque viese milagros. Cuan­
do les que los lian visto bao quedado
persuadidos, dicen los incrédulos que eran
gentrt muy disputa ai u crrrr, ó que con fa­
cilidad lian cit’idOi Cuando han hecho rc-
j¡ 6teacia , dicen-que ti milagro Us futirá
pareado falto. ¿Como hemos de couciliar
semejantes raciocinios ?

NOTA XXL

Sobre los capítulos 9 de san Mateo,


a de san M arcos, 5 de san Lucas.
$. n v u .

Curación dil pjraiJlico bajado por ti tteho i


terrado de la tasa.

Eslaba Jesús cascñaudo al pueblo en


CabrnauDi , y entre sus oyentes habia al-
unos fariseos y doctores de la ley que
6 abian acudido de la Galilea , la Judea y
aun de Jciusalem. Se le llevó uu parali­
tico para que le curase : cuatro hombres,
que le llevaban , no pudiendo penetrar has­
ta donde estaba J e s ú s , por U inudia gen­
te , lu subierou al techo ó (errado de la
cata , y por una abertura le bajaron i la
19
habitación donde se hallaba el M aestro
divino. M ovido de la coufiaoza , que coa
este hecho mostraban , dijo al eulerinoi
Jiijo, p e rd o n a d a te ton tul p eca d * i. .Dije roa
en su corazon los cscrilua : este hombre
blasfema : ¡quiéa puede perdonar los pe*
cado* sino solo Dio» i (Jouocicudo Jesús
sus pensamientos , les habió estas pala­
bras : i Q ué t i imji dijícíJ, d e c ir a l p a r a li­
tic o : p e r ¡fañados te ío o tu i p ecadot , ó de*
t i r í i : IcuiiU lt y v t u t P ues pa ra que te p a it
tqiu el hija del hom bre tiene sobre la tie rra el
p a d¿r d t p ir d i u itr ¡oí f t c j d o t (dijo al pa*
raliilco ) : k v d n tJ le , toma la c a m illa y v u e t-
v e l t í tu cjia. Levantóse el enfermo , to­
mo su camilla y se volvio bendiciendo i
¡Dios.
**Los doctores (dicen los Incrédulos,
L Hlsi. crlt. c. 7.= V oolítüU , t y 4 dls-
n curso ) do se courluicrou ; luego media*
»» roa circunstancias que les hicieron sos-
» pechoso el milagro. San M ateo dice
« simplemente que se 1c presentó i. Jesús
» un paralitico , sin h ib lar de la circuiu*
» tancia del techo descubierto. Semejante
»> operacion supone que los conductores d d
» enfermo pudieron atravesar por medio
» del gentío cou el al techo , hacer allí
»>um abertura* iodo esto es imposible.
»»Entre los oricutalcs no se u;an tejados
i> como entre nosotros t sino terrados. Lua«
» go es de presumir que este era un nc*
so
» godo concertado de antemano : bar ¡ase
m bajar por una trampa al supuesto para*
n litico , instruido ya del p*pd que había
»» de hacer : los doctores , aunque lo co-
»* nocieron , no se atreverían i contrares-
»i tar á una muchedumbre fanática é imbe-
•i cii , m is sin creer por eso d milagro.”
E l historiador critico ha dicho mas de
una vez que Jesús no se atrevía i hacur
sus milagros cu presencia de píriorwii iiui-
tmdas : ahora ya tenemos á los doctores
que según él no son de la muchedumbre
fa n ltic j c imbicil. Veamos , pues, si las
congeturas ó virotimilitwUt que alega , pue­
den destruir la verdad de la narración
avangelica.
fin l.° lugar : j dónde se dice que los
doctores no creyeron el milagro 1 Por el
coutrailo dice el testo que todos ios espec­
tadores se llenaron de admiración y glo­
rificaron i D ios, y á nadie exceptúa.
Es verdad que san M ateo no cs-
presa el modo como el paralitico fue pre­
sentado á Jesús i pero ¿ dice la menor
cosa ea contrario? ra s a r cu síleucíu una
circuostaucla , jamas se ha creido que sea
negarla. Si todos los £vaugdlstas hubie­
sen referido unos misino? hecbos sin nin­
guna variedad i dirían los incrédulos que
se habían copiado unos á otros , y que el
testimonio de los cuatro equivalía á solo
luio.
31
í . ° } Ignorailio "san Lucas y sau
p i t r e o s cómo estaban hechos los techos ó
Cubiertas de las casas de los judíos i j ba­
tían um narración que i todo el mundo
•Inbia de parecer absurda 4 la primera, lec-
fura i E l mismo Evaugclio dos da á cnten-
«1er que estas cubiertas estaban de modo
que sobre ella» podía reunirse la gente,
pues J . C. decia á sus discípulos : .ló que
«r digi en m-ref* , predicadlo jobrr J«s Urra-
4ot ( M auh. <0. v. '27.). Todavía co nues­
tros días están del mismo modo. T ie n ta
Una escalera interior coa su trampa 6 es­
cotillón arriba para s u b ir; y á veces taoi-,
bien tieaeu otra escalera, esteriar ¿ la par­
le opuesta ¿ la puena de la entrada. Los
Ónduciorei del paralitico au pudleodo pe­
netrar por la gente , se fueron pór la es*
s i e n c ite rio r, llevaren al enfermo al tpr-
j r a d o y por la trampa y escalera interior
|c bajaron, i Hay en esto alguna impo-
0 b ¡M id i
^ " P e r o san Lucas dice que le bajaron
$ por entre las tejas.”
' Los censores ignoran sin duda que la
palabra griega Kiramoí signi&ca no aola-
'fticntc Jas tc ja ¡ , sino también ¡adrSUi, mor-
ftroi y aue los terrados de lo» oí ¡cútales
9 on bectios de ladrillos y de argamasa
MVéase i Hesiquio, verb. Jfóramoi.). Nin->’
£ un Evangelista espresa que se hiciese una.
23
a b o tura 6 brecha ea Is cuhiccti de la
casa.
4.® Para preparar un engaño, se nece­
sitaba de un complot entre Jesús, el pa­
ralitico y los conductores, y los amos de
ia casi. Sabíase cu C alarniuin si aquel
hombre hábil estado ó no paralitico hasta
aotóuces: era del mismo pueblo, pues se
llevó la camilla i su casa. Luego seria
necesario que todo el puebla fuese cómpli­
ce en la impostura. Juzgad, lectores, si
puadea llamarse sólidas y Tuertes las prue­
ba» que lo* sofistas oponen á los milagros
del Salvador.

NOTA XXII.

Sobre los cap. 9 de san S fatco, r de


san Marcos y v m de san Lucas.

$. XXVIII.

R tia r r tc t io n d e h h ija d e / o í r 0. R aciocinios


absurjos d* los ¿astas.
Uno de los principe* de la sinagoga,
llamado J a iro , vino i Jesús, y arrojándo­
se á sus pies, le dijo: mi bija esrt enfer-
m í v e o el últim o ap u ro ; veo, imponte
la mano-y vivirá. M ientras qne Jeaui ibi
21
a l l i | uno de los criados de Jalro Tino 4
decirle que su hija hábil m uerto, y asi
que no molestase al Mae&iro divino. N q
tíinjj , dijo Jesús , crtt sohmcnie y u rá
¡alva. Al entrar en la casi encontré una
multitud de gentes cubiertas de lu tu , y les
dijo : no ly que ilorjr ; la muchacha no filii
•ntarta , inat ilutniu. Burlarousc de él por-
ue sabían que realmente había espirado,
Í ornóla Jesús la mano, y esclamó; niña,
¡rvántau. Resucitó la oiua al momento y
Inaadó el Salvador que la d iu c a de comer.
Oigamos sobre este hecho i Voolstoo,
5 di s e ., y al critica historiador que le co­
pia , c. vn. " Etia niña ? seguu san M ateo,
«testaba muerta j pero según s in Marcos
£ y san Ljcas solo estaba muy cuferuii.
i» El mUino Jesús sostiene que no csuba
h siuo dorm ida: constinos cuati espuestas
>) están tas jóvenes á los síncopes. Según
•) parccc , Jesús sabia por el padre y la
p madre el estado de la n iñ a , y estaba
>i bien seguro de hacerla volver cu si , si
solo padecía un dcsfallcciuiietuo que la
¿i había dejado sin sentido. M as si la hu-
>' biese encontrado moerra, es muy de creer
« que se hubiera contentado coa decir que
» se le había llamado muy la rd e : Jesús
” desvia ¿ la gente, y no quiere otros tes*
» tigos que al p a d re , i la madre y á sus
* »rt« discípulos; luego temía oue le vb-
n 6ervi.seu muy de cerca. Al padre yr i la
3+
i» uudrc les prohíbe publicar lo que habla
» pasado prueba de que el misino tenia
>1 e&ie milagro por muy sospechoso i j aun
n parece que se infiere ilc el que había to-
» uiado cu Egipto alguna tintara de me*
» dicina."
San Marcos y san Lucas refieren , que
cuando Jesús acompafiado de Jairo iba i
la casa de este, vinieron criados de ella
ara darle la noticia de haber muerto su
Í ¡ja, y así que no molestase ya al maes­
tro. Por consiguiente convienen con san
M ateo en la real y verdadera muerte de
ella. Los tres igualmente están conformes
en las palabras: no «>l¿ m urta h ruña, mas
duermt t y en que por ello los concurren­
tes al luto se burlaron de Jesús , pues es­
taban bien persuadidos, dicc san Lucas,
de que había muerto en realidad. La d i- (
ferencia entre un sincope, y el eitado de
un enfermo que desfallece, y poco á poco
pierde el v ig o r, y se halla luego en la
agonía., y al fin muere , es muy notoria y
palpable para poder ser equivocada.
" Poco sólida* , replican los deístas,
n son esas razones. Ea u u i resurrección
t>hay dos hechas sucesivos, la. muerte de
t» la persona., y luego su vida 4 de la se*
«>guada pucJo asegurarme , mas cata mis-
» ma seguridad me hace desconfiar del tes-
»»timónio que me han dado mis seutidoa
n «obre la verdad de la muerte preceden-
st
i» te que yo no puedo d ar ya por segura.
«•Cuando un cu ferino cae ea uua sincope
» y aparece tuuenu, ¿1 misino vuelve i la
i* v id a ; y esie segundo hecho demuestra
» que «u muerte había sido apáreme y uo
n r e a l : otro lauto diremos, pues, de la.
n vida recobrada por una resurrección : ea
i* ambos casos debimos discurrir del mismo
» modo.
Pero cuaudo la muerte consta por las
señales y pruebas ordinarias ¡qul¿a ao vé
que es un absurdo dudar de ella y des­
confiar del testimonio de los sentidos?
i Que médico de instrucción j d i profun­
do conocimiento ea su facultad no se bur­
lará del que cou estas quisquillas quiera
disputarle la realidad de la muerte de una
persona, á quien él ha dado por verda­
deramente muerta} Hay casos de sincopes
muy escriños ; pero los sabios facultativos
saben discernir muy bien entre esios y la
muerte real y verdadera; y no hay uoo
que atendidos los progresos que tuvo la
de esta n iñ a, í saber, enfeim a, desfalle­
c id a , poco á poco desvigorizada, agoni­
zante y m uerta; o© decida terminante­
mente que relím ente murió. ¿A qué vienen,
pues, tantos delirios de los incrédulos t
iQ uerráa establecer uu escepticismo rid i­
culo hasta sobre las cosai inas pal|»ablcaí
Pero para que conozcamos la ridiculez
de sus d u das, apliquemos las á un fenó-
36
me no natural. E l renacimiento de las ca­
ben » ¿e ios caracoles parecería increíble
y contrario al curso «le la naturaleza, «I
la espeiicncia no hubiese cou v en d ió <u
posibilidad. Cuando los filósofos lis vie­
ron renacer en la ves primera jqué de­
recho tenían para d u d ar, »» realmente se
les iubria cortado la calata , pues j c les
presen la ba oír a de uuevo , bajo el prct ca­
de que no podían justificar la realidad de
la amputación? jH abrá hombre sensato que
apruebe semejantes dudas?
Luego cu el ca.10 de una resurrección,
cuando la muerte está probada por el tes­
timonio de los sentidos, es un absurdo
dudar de ella , bsjo el protesto de que no
ede verificarse ya de nuevo el ¿echo,
C única ra tó n , en que ios iacrcdulus
fundan su duda 6 desconfianza, es <juc el
resum ir la vida por la re«urrcccioo es
uo hecho sobrenatural ¿ pero esta d istin ­
guida cualidad euya en nada influye ni <ck
bre los sentidos ni sobre la fidelidad de
•u testimonio. Luego la desconfiaoxa en es­
te punto no se fundí en ninguna ratón,
sino únicamente en la repugnancia que tie ­
ne el incrédulo á creer un milagro.
En el caso de un sincope, la vida que
despucs de ¿1 se recobra es uua prueba
cierta de las apariencias de muerte que
hablan precedido, por dos razones: 1.a Por
que cutónccs es evidente que no ha sobre-
27
v«oi<lo ninguna causa sobrenatural. "Muy
al contrario «ucede cuando uo hombre,
que se presenta co.no enfado (ir D m s, obra
una rcsürrecciuu para probar su caricier.
9.a Porque no hiy egeutplo de una sinco­
pe que luya reunido absolutamente todas
las señales y simonías de una muerte reaL
Si esto hubiese sucedido alguna v e t , no
□os aueveriamos i enterrar uluguu muer­
to antes de la corrupción del cadáver.
Luego cuando una muerte estí probada por
todas las seniles que puedeu ca rac ieiiu r-
l a , ei un ateurdo andar en dudas de si
no ha sido mas que un slocope.
T asi debe distinguirse cuidadosa*
mente la descoulianu prudente y racional
del testimonio de los s a l i d o s , de la es-
cesiva y atin a d a que proviene de alguua
pasiun de capricho, cbstinacion, imÜRni*
d a d , orgullo flte. Esta no licne ll:nite«,
antes crece i proporción de la Tuerza de
las pruebas que te le oponen. M is los
que nacen gala. de sos dudas en tnareria
de religión, se aveiunm ariau de ellas en
cualquiera otra materia ó caso. Cuando
nn Incrédulo vé que á su padre ó i su es-
posa ó á un Amigo se lo llevan 4 enter­
ra r, no obsum e la vivacidad de sui sen­
timientos , no se atreve á dudar si sn muer­
te es bien cierta, ul i argumentar para
persuadir que no ha sido mas que un sin­
cope. Volvamos i la hija de Jairo.
311
Es falso que Jesús «e informase de su
padre y de su madre. Exigió de Jairo fe
6 confianza en su p oder, y no mas: ro­
deábale una muliitud de Reme y de cu­
riosos testigo#. Si Jesús hubiese trau d o de
cuga&ar, hubiera puuderado el estado fa­
tal dé Ja oifu c insistido en su positivo
fallecimiento, léjos de dccir, como dijo :
uta nirij no i i t i m urria, mar vive.
Según el historiador critico do quiso
J . C. que este milagro se publicase para,
no esciur mas y mas Ia indignación do
Jos judíos de Jcrusalcm. Cualquiera que
haya sido el motivo del silencio del Sal­
vador , el milagro no por eso ha sido ni
menos evidente, ai menos constante. Una
n ifii enferma, reducida por sus pasos haj-
u el estado de agonía y que espira i la
vista, de muchos testigo»; no puede rea­
nimarse ea un mometuo, levantarse, an ­
d a r , y ponerse en disposición de comer.
El critico supone eu otra parte (c. 3.)
que el viape de Jesús á Egipto era una
/Jimia fingida por san M ateo (véase núes*
tra nota iv sobre los cuatro Evangelios).
Ahora se sirve de él para impugaar este
milagro. Hemos visto ya que jesús volvió
de Egipto ea su primera infancia. Pero
aun cuaudo supusiésemos que Jesús haBia
aprendido ia medicina >cuándo se ha vis­
to , ni auo al facultativo mas hábil ea
en e a r te , hacer paaar ea un momento i
nn enfermo del estado de agonía á ana
perfecta «alud!

N O T A X X III.

Sobre el cap. ix de san Mateo.

$. XXIX.

De la mugir htmorroita. Si i< cur¿ M r U


futría d* Ij ÍNugiiueMA. Curación m no
ndemoniojo nado.

C uindo Jesus rodeado de tanta gente


se dirigía i la casa de J a iro , una rouger,
que doce a&os tubla eitaba padeciendo ua
flujo de sangre, se acercó á el con la fir­
me creencia de que coa solo tocarle la
orla del vestido quedaría s a n i ; y apenas
así lo hizo, quedó Libre de su enfermedad.
Emóncc» dice el Evangelio que J. C. peí*
cibló baber salido de su peisoua uua mi*
iagrosa virtud.
b l historiador critico ha escogido esta,
«presión para ridiculizar este miJagro,
y se chulea sobre esta divina traotpira*
cion que curaba a todos los que 6e halla*
bin en su atmósfera. \ aáade: ^ re ro sl-
11 miiinente los cspcct&dures do estaban mas
ob len iufonaados de la curación que de la
i> enfermedad."
Es verdad que no se hito indagados
30
alguna para comprobar si la enfermedad
lab ia ducado doce años ¡ «i habiau «ido
inútiles iodo* los ictnedios &c. Médicos
muy ¡lu crad o s, como M ercurialis, Adcr,
B artolin, K rciud, H arle, Fienus , jutgau
«obre lo que dice san Lucas, 411c la caler*
m edid era incurable. Cou mucha oías ra-
zon tendremos pot imposible su curación
con el sulo lucauiteuto del vesUdo del Sal*
vador ( V^ase la Apolo¿. de los unilag. de
J. C put el obispo de san David , totn. I.
«. í->
"Pomponaeio y Voolsion ( Voolst. 2
m disc.) quieren que esta rauger se curó
n por la fuerza de la imaginación.” Pero
les diremos «{ue nueuros médicos son bar»
10 ignórame*, si teniendo para sm cura*
dones un medio lan poderoso, no traba­
ja;) por acalorar la imagiuacJoti de sus do­
lientes.
n Jesús, anadeo los incrédulos, solo
»>curaba & los que tenían fe.'* M is entre
tener fe y confia 112a eu el poder de Jesús,
y poseer una iinaglnacioo exaltada hasta
el grado en que la suponen, hay una gran
diferencia.
Pasamos a llora por alto otras curacio*
nes m ilagrosas, contra las c u a l» uo obje*
tan los in cid id o s cosí alguna de couside*
ración; y Jiacemoa únicamente mención del
endemoniado mudo, dei cual arrojó J. <J.
al demonio, y el mudo se puso a hablar
(M atch, c. 9. v. 32.). A v in a de este
n milagro , te asombro el pueblo, como lo
n teaia de costumbre: loa fariseos y doc-
»» cores acusaron á Jesús de que conjuraba
n cii nombre del demonio, y arrojaba el
i» diablo por el diablo. Esta era una coo-
i» tradicciou j pero ito prueba la divinidad
•i de J. C ., siao solamente que los judíos
»» eran capaces de disparatar y cumrade-
n c i i s e , cuino lo baecu todos los dias los
» hombres supersticiosos y crédulos.”
¡Cou que por credulidad, y por una
credulidad que les era de costumbre , atri-
buiau la» judíos á los demonios las cu­
raciones cuya realidad uo podiau n e g a r!
£ 1 historiador critico ba actuado varias
vece» á J . C de que tecnia la presencia
de testigos muy perspicaces. M as ahora
los perspicaces, que ea su opinion eran
los doctore», ya no son sino j upe r tac rom
y crédulo!. De manera que cuando J. C.
obraba sus portentos delauie de solo el
pueblo sin la preseucia de sus doctores y
fariseos, era porque lemia la vista de los
iiombrcs agudos ú inteligentes que podían
disputarle sus obras y desengañar á los
ignorantes. Mas si estos mismos fariseos
y doctores las presencian y se ven forza»
dos i reconocer que en ellas interviene un
poder sobrenatural, por el mismo caso
pierden su perspicacia y se convienen en
crédulos y necios. T al es la consecuencia
coa que discurren y adoctrinan los nuevo*
maestros de la humanidad.
"Añade el mismo critico que los enfer-
n mos curados eran gcutes concertadas ya
»> para el interno.”
Pues } por qué los doctores , tan inte*
Tesados en ellos, no descubrieron estoa
fraudes de que se valia J. C. t M ila­
gros tan multiplicados y asombrosos de­
mostraban del modo mas patente á sus tes­
tigos y espectadores que aquel que Jos obra­
ba era eJ Enviado de D io t, el M ttíat. N in­
guno de los antiguos profetas los habia
hecho semejantes. SI en ellos intervino rna-
rafia é impostura * por qué los doctores y
principales de la nación no ia desenga­
ñaron í N i loa Evangelios, ni ios escritos
de los judíos, ni los obras de los au tl-
giios enetuip'.oB del cristianiaaio cus pre­
sentan el mas mínimo documento ni aun
indicio de que hicieran alguna tentativa
6 diceeu alguii paso para procurarle tal
desengaño. Así es que aunque su contra-
dicción, como dice el critico, no pruebe
la divinidad de J. C . ; mas pruebaula loa
milagros que obró para cooveucerla, y que
jamas pudieron ser desmentidos por ellos,
aunque les iuereaaba tanto j y tenian en
su mano tomar las medidas para demos­
tra r su faltedad , si adolecieran de ella;
y se Jes ofrecía juntamente con eJlo el
camino mas brere y decisivo para destruir
los efectos d e c ir m isión.*Estas reflexiones
DO llénen réplica} y nuestros enemigos
discurriendo como azotados de uno en
otro argum ento, no tratan de fijarse bien
ea ellas para destruirlas, sino que van
como revoloteando sio propósito ni cordu­
r a , y oponiéndonos refleaiones indirectas
ea las que cumuiimeme se envuelven ea
una miserable piticion dt principio.
wj Dirán tai vet que los ductores no
m dejarian de proporcionar aquel deseuga-
» Eo al pueblo; peto que loa Evangelistas
n lo callaran ? ”
Pero los Evangelistas bao referido sin
uiuguu tenor u>das W acuaacioncs hecha»
por los judíos contra Jesús. C elso, que se
sirve del Icoguage -de ellos y. que nada
disimuló ni contra el Salvador oi contra
sus discípulos, ae couteotó con la acusa*,
cioa de magia y de cwaercJo con. el d e­
monio. ¡Sé hubiera conteoiado con ella,
si hubiese podido acrioiinarles la fiodort
de los eorermos curados y de loa muertos
restituidos í la vida. &c.? iP a ra qué re­
currir á la magia para e s p ita r unos « rv
lifidos eu los cuales oo hsbia otra cosa
que un poco'de astucia y una parte de
colusloni
" Según el mismo historiador crítico
» los habitantes de Jem salem maé Ilustra­
n d o ! y menos crédulos que los de la cam-
n pa&a, mostraron un endurecimiento iu»
Tomo V i l i
« creíble: i pesar de los m ilagree de Je -
w sus no pensaron sino cu los medios de
» castigarle couio un ju g lar, uo charlatan,
*• un impostor peligroso ( c. 8. ).” M as Je­
sús tuvo partidarios y prosélitos en Jeru-
Mlcm como entre la gente de la cainpafia
y de loe pifeblos Interiores : eu aquella ca-
p i n l hizo loe mas brillantes milagros , la
curación del paralitico de treinta y ocho
anua y la del ciego de nacimiento cu Be*
tania ; á las puertas mismas de JcrusaJeoi
y i vista de muchos habitantes de esta,
obró la resurrección de Lázaro. Los gefes
de la nación resolvieron castigarle como
un falso p ro feta, un falso M esías, un
blasfemo que se atribula la divinidad, mas
no como un juglar , un impoilcr , «« char­
latán; jim as le han echado eu cara seme­
jante crimen. El censor mismo conviene en
ello. " Le reprendieron , dice , el que vio-
» lab* la ley : esta violaciou la miraban
*> como una prueba de heregia : jamas se
» figuraron que uu Diospkjdia sobreponer-
n s e á las reglas o rd in arias, j pisar lo
« q u e estaban acostumbrados á mirar como
si sagrado y agradable i Dio*." He aquí,
iucs > la verdadera causa de La iucredu-
Í idad de los judíos , reconocida por el mis­
mo auior que querria fingir una otra. T
esta misma se 1«b abultaba mas a u n , cuan­
do preocupado)» con la falsa espciaru» de
v a conquistador poderoso á lo terrcuoi
cual se figuraron había de ser el M esías,
por la au la ¡indigencia que sus propias
pasiones les hacían dar -A lis Escrituras,
solo reian en J . C. el osudo, de pobre»
y hum ildad, sin entrever la verdadera,
conquista del m undo, que se iba preparan­
do con su IminiLlaciou y con su aauta doc­
trin a , y que había de consuma* luego con
su sacrificio.

NOTA XXIV.

Sobre los v e n . % y sig. del cap. r de


san Juan.

§• “ *•
De la piscina prábática ó de lai n tja i. Cu­
ración d*l paralítico dt treinta j ocho año;.

Cerca del templo de Jerusalcm habia


una piscina 6 estanque de agua , que pro-
'bablemeate servia para lavar las entrañas
de las victimas. San Juau nos dice que de
'tiem po en tiempo bajaba allí un ángel del
Sefior y hada moverse á las ag u a s, y que
el primer cufcrmo que se arrojaba á ellas
después de su movimiento , quedaba sauo
de su enfermedad , cualquiera que.clla lúe*
se: y añade que como J. C. hubiese encou-
, trade allí na hombre que había ya treinta
36
y ocho anos que estaba paralítico, le curó
coa sola una palabra. Oigamos lo que so­
bre c6io nos dicen loa incrédulos.
DI c o i , pues., ( H I j l crític. c. 8. =
V oolston, 2 y 3 di6c. = Rcflex. impon. )
que " este Evangelista. es el úuico que ha
n hablado de eaia balsa, de agua y de su
>i milagrosa virtud i luego es uua fábula.
»»EI supuesto paralitico curado por Jesús
»»era tai vt% un miserable i la inaucra de
» esos míudigüs que fingen males que no
n ticncu , el cual por una bagatela se min-
♦» líó curado después de haberse fingido
n enfermo. M as catre los judies no se traas-
n portaban muebles en dia de sábado, y
i» asi se escandalizaron cuando el parali-
v tico de ótdcu de Jesús cogió su camilla
t> y se fue. Y asi forunroa al instante el
nüetiguio de quitar la vida al Cristo,
i» como violador del sábado. Siu embargo,
» no fue esta la verdadera causa del furor
» d e los judíos. No es de creer que nega-
» seu sus cuidados & loa enfermos en el
itd ia de sábado; y es inas probable que
» mirarían los milagros del Salvador cotno
»» uuos prestigios, im posturas, juegos de
n miaos , y A él misino como na embuste»
u r o que podía mover alguu albo:oto.”
Aun cuando conviniéramos.en que saa
Juan es el úuico que hablo de aquella pis-
ciua y d t su milagrosa virtud ■, y supusié­
ramos adeuus que c» u era uua creencia
37
popular infundada; y que jan Joan la re­
feria titt darte por fiador dt ella; lodu esto
nos seria indiferente. La úuica cuestión
que nos interesa , es saber si el paralitico
fue verdaderamente cu rad o , y cual ha s i­
do la verdadera causa de la ludignacloo
de los judíos.
Decimos en primer lugar que Josefa (<í<
belL judaie. lib. 3. c. 13.) probablemente
quiso designar esta misma pisciaa cou el
lioinbre de fúcina dt Saiomon. Alguno» sa­
bios opinan que probatura púcin.i es aquella
cuyas aguas pasan & otra , derivando esta
palabra del verbo griego probuinoo, y que
esta es la misma á quien llama h ala s p ii-
riiu ntpfrior (I«. c. 36. v. tt.) la cual habla
sido hecha por el rey EzequLas (4. Rcg. 20.
v. 20.) . La piscina inferior es La de
Siíoe, que según la fu e rn de su palabra
▼lene de otra parte, omitida ó murado de
alli.
3 .Q En cuanto i la virtud milagrosa
de sus aguas { qué razón pudo tener san
Juan para inventarla , coa perjuicio de la
le de iodo su evangelio, si tra unJ fábula i
Esta sola circunstancia le hubiera desacre­
ditado para coa todos loa que tenían co­
nocimiento de la ciudad de Jerusalem t%y
nadie le hubiera creído.
J .° "S eria ta l vez un miserable men-
» d ig o , aüade el critico , ganado por uua
m bagatela.” Peco un méndigo- acostum-
sa
brido treinta y ocho años á la haragane­
ría y i la limosna j dejarla iao fácilmen­
te un oficio u n lucrativo y cómodo por
una vjgaula # } Tau bobos habiao de ser
los judíos que .tuvieran por paralitico de
tantos a 6oS , á quien jamas había tenido
semejante dulcncii? ¿ó cabía en él tan in-
coucebiole paciencia que poi recibir limos­
na se condonase a tan lu g o y tan intole­
rable ñngjralcuio?
4.v l)iccn los incrédulos que los ju­
díos se ofendieron de que J- C hubiese
curado al paralitico en dia de ¿abado. Pero
si babia.ii sospecuado uua colusion ó frau­
de j uo hubierau hccho de ella ua crimen
muedo m is enorme al Salvador i
í.° La violacion del sábado no fue la
única causa de la indiguacion de los ju ­
díos : buscaban , dice san J u a n , ▼. i ti , cAma
quitarle la vida , no joto porque violaba el sá­
bado , lino porque decía que m padre tra
D ios, haciéndate i%twi á Dios.
6.9 No hay duda ea que los judias no
negaban su atención y cuidado ¿ los en­
fermos en dia de sábado, pues cuidaban
hasta de los auimalcs , y con esta conduc­
ta misma les argüyó el Salvador para con»
▼¿pccrles de cuan absurdas eran las acu­
saciones que le hacían Peco no por eso
dejaron! d e tener la necia dclicadeia de
creer que .no era permitido en aquel dia
transportar la camilla dondd y a c ía el eofer*
39
mo , co n o <1 debiera abso d o ta rla espues-
u . á que se la robasen.
7.° " P e r o j u i g a u los incrédulos que
n J. C. satlsRto muy m il con su discurso
»»enigm ático, y su sermón les parece iru o -
» c a d o , contradictorio , blasfemo y se es*
n candalltaron con ¿ 1. ” 7
Lo» que no conotcan este discurso , si-
no por el e s tra a o itvfld que nos Ua dado
el historiador critico , podrán haber for­
mado semejante ju ic io ; pero no es asi,
como lo refiere san Ju an . E tia es su subs­
tancia.
M i Padre IXos nunca cao de obrar ( n!
aun en el d i i del sábado interrumpe el go­
bierno del mundo ) ¿ ja Hija dtbt imitarle,
y eso ii lo que hago yo. S i os mostrará en
mi persona Aras aun mas admirables. l o rr -
tueitaré los m ufrtoi, como él los resucita , y
juzgaré d los lumibret , for^us mi ha dado
este poder. NZdti hago yo por mi propia vo­
luntad , lino por la suya. . . Juan Bautista os
dio testimonio de m í, y vosotras aptnas pu­
sisteis <n 11 vuestra atrnñon. Las obras que
yo Jugo en nombre de mi Padre son un tes­
timonio todavía nwii fuerte : tni Padre mismo
€i el que me le da. . . Conrullad vuestra i Es­
crituras y en ellas vtreis a te mismo testimo­
nio. Na stri yo quien oí acure dtlantc dt mi
Padre , sino Moists : él ha dado uitiwonio
dt mt en su* escritos j mas vosotros m cruis
á sus palabras ni i ios «»iof.
40
Para juzgar (i J. C. era reprensible,
debían los judío# ver «i sus milagros w n
divinos y sobrenaturales, como lo decía
el S alvador; cía embargo nada, opusieron
contra ellos : jama* «legaron que fuesen
impostura^ 6 artiinafiaB. Si se indignaron
por sus discursos tachándolo» de Miu/emoi;
no Tac porque les parecicrou falsos sus mi­
lagros , en cuya realidad convenían, cuan­
do Jéjos de negarlos, los atribuían á In­
tervención del demonio.
8.° "Añaden los incrédulos que Jesús
n impugnó la misioa de Moiscs , diciendo:
»»voíotrgs jarnai habas tido la mn. de «"*
i» Poda. ”
} Pues qué i Loa judíos , á quienes ha­
blaba J . C , estuvieron presentes cuando
Dios en el Si nal dió su ley i Moiscs i Y
i será verdad que impugua á cite legisla­
do! el que lautas veces apela en su favor
á su testimonio , como poco la te s le he­
mos visto a pelar i
"9.* Dicen filialmente que Jesue no es­
típ tic a cuo claridad su filiación. Pero
tan claramente la esplicó , que los judio»
la entendieron pcjfccumentp y concluye­
ron qufc u hacia igual á Dios y biasftnulM
<Joann. i . v. 18 = 10. v. 33.).
41
NOTA XXV.

Sobre los vv. 34 del cap. 10 de ta n


Mateo , y 4 9 y * 1 del c. 1a de
san Lucas.

5. XXXI.

Toman» m eontideraciim varias reflexiona


de tos incriduias relativas á l u «fiimioiMS
producidas por id ¿«círiin del Evangelio.
i . ( fiitiu , legun-cJlai , entraban ea el pida
de J. C. , y entraban de necesidad; j asi
■o dtbió predicarle.

R Jejus vino para desgracia de los bwn-


» bres , diccu ios iucráiiulos , pues ¿1 uti*»
i>mo dijo á sus discípulos : no he venido'd
1* traer la pa% á la tierra, sino la espada 4 A
i» separar al hijo de tu padre , á la hija de
» su madre \fc. Los enemigo1 del ftombre se-
n rJn sus dominicos. Ha venida á traer juego
*> sobre la tierra , ; y qué quiero lino que ar«
» J j i 1 Se ha de mirar como á enviado de
n Dios uu hombre venido con el designio
»»Je poucr ca combustión el universo, y que
n lo ha logrado tan perfectamente como lo
» demuestran las guerras, las sediciones,
n las disputas , las m ortandades , la car-
•> nicerla que el Evangelio ha producido
» en la tierra hace y i m il ochocientos altos **'
42
( Munimtn fidei. z r O roblo = Encidop. ar-
tic. 20 , añadido. = Hisi. ciit. )
Convenimos tn que ia diversidad de
creeucii ba causado alguna vez una etpe-
cic de guerra doméstica j pero {ba de ser
el Evangelio el responsable de e lla ? Basta
leerle para que nos convenzamos de que na­
da hay mas opuesto á su espíritu y máxi­
mas. J . C. dice á. cus discípulos : Hi aqiti
yo ai envío como ovejas en medio dt lobos:
sertis aborrecidos , perseguidos, entregados i
¡a muerte por cauta de mi : con vuriira pa-
ciencij posttreis en pan vutstrat olmas, l o oí
digo que na reiitlaú al mol que os hagan. Si
alguno os hiere en una megilla presentadle
h otra : cuando en ana ciudad ot persiguie­
ren , huid i otra : lot qut con etpada hieren,
con elia ptrtccn. Si alguna quiere ser mi dis­
cípulo , ¡leve cada día iu crin y ligante. ¿Ba­
jo qué carácter se representó á sí mismo el
Salvador? bajo el de la humildad y pa­
ciencia : aprended dt mi que soy maruo y
humilde de corazon.
Todos su» pasos no han respirado rea*
que sumisión y pai. jQ aiere el pueblo
pioclamarle rey í se retira huyendo al Jus­
tante al deiierto. ¿ 1 reprime el telo de
uno de sus discípulos que quiere baccr
b ijir fuego del cielo sobre una ciudad ¿
quien no hablan hecho impresión sus bri-
liantes milagros. Otro discípulo quiere de­
fenderle contra uno de los satélites que
43
habían ido i p renderle, mas él contiene
y condena su resistencia. Asimismo se
compara con un cordero'á quien llevan al
matadero sin quejarse. Estos procedimien­
tos y en&eóanus ¿habrán podido scm brii
el trastorno, la divisiou y la guerra i N o
hay por consiguiente acusación mas injus­
ta que la que sobre este punto haccn los
incrédulos al Salvador , ui es posible to ­
mar en peor sentido sus palabras que co­
mo ellos las toman.
El Salvador ea las palabras , de que
abusan los incrédulos atribuyendo A pían
suyo premeditado el estado de conrulsloa
que quería establecer en conccpto de los
mismos | anunció ó. profetizó no lo qnf l i ­
dia dejig<iio dt hacrr , sino- lo que no podia
dejar de sobrevenir y que sobrevino efecti­
vamente No es sa doctrina la que divide á
los hombres, pues en ella no se enuncia
mas que la pai i sino las pasiones, el or­
gullo , la n u la em ulación, «I espíritu da
independencia , la obstinación en los erro­
res que albagan , la aversión & las verda­
des que molestan y humillan. Aunque ja­
mas fue la intención del Salvador d iv id ir
& los hombres; preveía sin embargo que
por la malicia é incredulidad de muchos,
seria entre ellos una causa accidental , 6
otas blea una o casio a, uu objeto de divi­
sión j y advertía á sus Apóstoles los obs­
táculos que tendriaa que vencer p ira esta-
44
bleoerU. E a el mismo sentido ve dijo de
¿1 que estaba pa&fko para ruitu y resarrtccion
dt muchos eu Iir a tf{ Luc. v. 3 4 .): que el
Evangelio y *us ministros son p a n unos
un olor mortal que los mata , y para ouos
uii olor de vida que los reanima ( 2. Cor. 2 .
v. 16.).
"P e ro , dicen los incrédulos, no debía •
n J . C. predicar su doctrina , ya que pre-
» reía, las disensiones que había de causar
» en el muutio. M
Seguiriase de este principio que desde
que los hombres se han sumergido ea el
error y en los vicios , ya no se les debe
predicar ni la verdad ni la v irtu d , no sea
que esto los divida y cache entre ellos
odios y disputas \ como realmente son cou-
siguientes siem pre, abracando unos el buen
p a rtid o , y obstinándose los demás en el
n ulo. Por otra parte ¡porque no observan
los iucrédulos esta moral? Kl ateísmo y U.
irreligión que predican ¿no ponen en con*
tradiccioo á los que quieren una religión
coa los que quieren otra , 6 no quicreo
absolutamente uinguna í
. Uua prueba siu replica de que las máxi­
mas de J. C. á nadie autoritan para usar
de violcacia bajo el preicslo de religión,
es que jamas sus Apóstoles y discípulos la
han egerciiado con nadie, antes bien bao
dado las mismas lecciones ■y egemplos de
paciencia que su maestro. Los enemigos

del cristianismo a tl antiguos como moder­
nos se hallan ea la imposibilidad de c i u r
un solo hecho, una solo circuottancia, en
la cual los primeros predicadores del Evan­
gelio hayan desmentido por su conducta
Jas máximas de paz , de caridad y de pa­
ciencia que á los demas coseñaban.

§. X IX ll.

9.a Espíritu Je intolerancia Je algunas niifcí-


mas dt J. C. Resppndest á esta rtfitxion.
M ajvr (i la intolerancia i* los impits,
y tvidtnUmrntt rtprensibU.

Com iauan los incrédulo* , diciendo : w Si


n ea el Evangelio hay máximas que rcco-
i»uticuden la dalzura y la paciencia á los
n ministros de la re lig ió n , las hay tam -
»> bien en gran número que bao dado mo­
jí tw o para Inferir la necesidad de la t a ­
is tolerancia y de la persecución. J . C. re­
tí prueba i los que no quieren escachar y
»i seguir su dociríoa: exige en favor d e
i t e 6ta una* escltuiva p rc íc rc acia, ¿¡cica -
» d o : el que no está por m i , ei contra flrf
i» ( M auh. 12. v. 30.). Si fliguno, dice tara*
ii bien , vitat i n i t y no aborrece ó n p a-
¡i d re, á m madre, y á sm cip o íd , y á m
i> hijoj , ti- iui lurmanoi y hermanos , y asín i
ji tu propia v i¿ j y na pwjfe ter mi dhcipulo
•* ( Luc. <4. ▼. 26.). Semejantes máximas
n han hccho siempre mas impresión ea las
n-geaies que los preceptos de caridad:
»>ellas han sido las únicas que se han se-
» guido en la práctica. De aquí las guerras
>• de religión , las cruzadas contra infieles
>i y hereges , las órdenes militares insti-
sttuidas para convertir los hombres á la
ii te cristiana con la espada ea la mano.
*i Esta misma máxima de conversión Cs
n iutompaiiblc con la toleraucia. w
Podemos darles las gracias á nnestros
contrarios, porque multiplicando sus acu­
saciones y argumentos nos han puesto en
estado de ilustrar mochos pumos impor­
tantes, y de asegurar coa Ja esposicioit
de Ja*pura verdad á los espíritus que pu­
dieran balancear por falta de couocimicnto.
1.° Atueoaiar á los rebeldes é incré­
dulos con la reprobarían eu la vida futu­
r a , no es declarar que se les haya de ha*
cer la guerra en este mundo. J . C. dice
que desconocerá y negará delante de su
Padre al que le desconozca y niegue de­
lante de los hombres (M a tth . 10. v. 33 )j
pero léjos de mostrar contra ellos sentí*
miento alguno de odio ó de venganza,
ha pedido gracia y misericordia cu su fa­
vor estando en la eras. {Qué tienen , pues,
que decir ios ¡^crédulos contra la amena­
za que les hacq para ea lo futuro i ¿ Qucr-
r í a que á los ojos de Dios sea Igual el
bien ó el mal obrar, la conducía inocen­
te ó la criminal ?
y.° £1 Salvador quiere que í todas Jas
cosas ae prefiera la verdad conocida. Mas
{ i quita se persuadirá que la increduli­
dad ^voluntarla, el odio y el furor contra
los enviados de D io s, que dan pruebas
claras de serlo , y la resistencia obstina­
da á la lu í no sean uuos crímenes abo­
minables! jN o nos están repitiendo de
continuo los incrédulos que Ja verdsd ja*
mas puede d añ a r, y que él errorao puede
ser útil i los hombres ? ¿ No se creen lo­
camente autorizados para arrostrar contra
las leyes y la autoridad pública para pre­
dicar lo que ellos llaman verdad sin serio?
Luego eu esta parte piensan como J . C .
que el amor de U verdad debe sobrepujar
i toda humana consideración y á cuantos
inconvenientes puedan ocurrir. Hay sin
embargo esta gran diferencia entre ello*
y los ministros del Evaugelio; que ello*
csiin bien léjosde dejarse perseguir» ator­
mentar y m atar como estos, y de condu­
c i r é eu medio de ello con espíritu de ca­
ridad para cou »us mismos perseguidores,
para defender sus dogmas y sistemas.
S.• También adoptan, aunque con c:ro
espíritu y m inera, los incrédulos la má­
xima de J . C .: el qut «i» eitii por tai, ei
«oitfra m i; puesto que á los que no píen-
san como ello s, loa rep ru en u n como a l­
mas viles que no tienen valor para sacu­
dir el yugo de las preocupaciones, 6 cuido
hombres execrable» que predican el error
y ie mantiene» por su ínteres. Luego no
los tienta par jayo<, fino contra ti i utas con
un ¿«pítitu de cucoqo y furor que J. C.
jamas ba perm itido, antes bien le tieuc
espresAmentc condenado: amad á vutitrot
enemigos t hscui bien á los gu« ot aborrecen:
seas condescendiente con tu adversario.
4.° Aborrecer padre, madre Síc. no pue-(
de ciertamente significar mas de lo que
significa el aborrecer la propia oída. J. C .
quiere que el criuiano esté dispuesto í
sacrificar sil v id a, si es neccsariu, mas
bien que hacer injuria á su religiou, de
cuya, verdad y divinidad cscá Intimamen­
te persuadido : que la anuncie á costa de
eu propia v id a , cuando Dios se lo manda
y le aa misión para hacerlo. Luego con
mucha, mayor raioa deberá abandonar á
sus parientes y á su fam ilia, cuando Dios
le envia 1 predicar en otra p a n e , ó cuan­
do sus parientes te coujuran para distraer­
le de ello ó hacerle apostatar.
Notemos también que la palabra ebor-
recer eu la E scritura, significa frecuente-
mente amar menoí una cota que otr a , te*
ñcrlauicnos apego. Asi en el Génesis, c. 29,
v. 3 1 , según el hebreo se dicc de Lia quo
era aborredda ( Smiáh ) de J ac o b , es decir»
49
inenOj amada, como csprtsamertte lo dice
el versículo anterior (V ^ase el cap. i4l.
▼. 16. da los Jueces. — El libro 3 de loi
R eyes, c. 19. v\r. Í . 6 . — EI c. 13. v. 34.
de los Proverbios. = £1 c. 1. vv. í. JJ. de
M a liq u lu y Por iodos estos testos se vé
que cu todo el Salvador dijo que el que
viene á ¿ 1 , el no aborrece i su padre
m adre, no puede ser su discípulo ; no pidió
un verdadero aborrccitnicuio de los parien­
tes , sino solo que « Ua ame ta in o s que á él;
de manera que áo 'baya dificultad en de­
jarlos siempre que haya necesidad de ello
para obedecerle. Por esta ratón san M a­
teo , desnudando la sentencia del Salvados
del hebraísmo que ptreseota ca tan Lúeas,
¿a espresado perfectamente su sentido•, d i­
ciendo (c. lO. v. 37. ) : e í que ama 6 ju
f é d r v ó ti j a fti k d r t t*tfi-gue d m i ; no
digna de ntf.
*.* SI <1 leló por HüitVar 4 los hom­
bres y coaducifloá al' ¿oDocimicnto de iá
verdad t i Incompatible cou la tolerancia;
como tantas veces lo repiten esos nue­
vos maestros dél m undo; es evidente qué
ellos mismos soa lOs 'mas- intolerantes de
lodos los hombres. ^ Q u iéá los hfa‘ empe­
ñado eu que cítrndiw cn ’por toda E uto-
pa esa multitud enorme de libfos "contra
el cristianismo,; *ioo'el espíritu d'é”phJsé-
litledao que los «nraia4 P tro ¡eu4nt*li'élt<
fercncia entre su itlo y el que inspira la
Tomo V il. 4
Sfl
religión I C onvenir lo» hombres con egCQi*
píos , y lecciones de toda» Us virtudes,
coó ,1a sinceridad y fu c m de las,pruebas,
coa uaa paciencia iarenclble ea las per­
secuciones , por el solo m oiivo de- ilustrar
y edificar á Jos que se estravlan, procu»
ráadoles una felicidad soberana.; he aqut
lo que el cristianismo iujpU i y io q u e t|á
lev a d o á efecto. Seducir i bus semejan*
tes ¿ou sofismas , m entiras, cglyinuias,
invectivas > lecciones de libeciinage é in-
¿epenJcacia , hacer 1 Íes hombre* mas
viciosos y c ritn im lci, precipitarlas c a u ru
¿terna desgracia » he a.qui loque.obra 1a
incredulidad y si triste; resultado de la,
falsa filosofía de los iumoraJes, ilustradoras
de ui^estros tiempos.
Coucluyainoj, pues, que aun cuando
Cuete verdad que ci Eyaogciio contenga
m áximas, de las cuales pudiera hacerse
abuso por la. malilla de los hom­
bres } los incrédulos 110 podría^ cypibatixle
sin pronunciar su propia condeuacioo. M as
el egtmplo de estos demuestra bien cla­
ramente que cuando se quiere abusar do
las luáximas mas.pru4cmes y mas sabias,
no se! h^n de en el Evaugelio las
causas de e»i$ abi^so* siua que en su pro­
pio co ú z g ii, en 5us p a s ió n ^ , en el des-
ord*|#do amor de fl^aÚEuu) y ei* su des­
mesurada vanidad las «flpc.uiraiá el hoqnbre.
(i

£. u x iii.

3.a Gutrrai di rtiigiam. J w t f l i c o n ia ta c io o tt


á cjm rtflixio*.

Aunque no c u ra en nuestro plaa de*


fendcr al crisiiaoitiqo de las acusaciones
que le han hecho fiecuemeuicuu: los incié-
d d o t cou motivo de la* guerras de reli­
gión, de Jas cruzadas, y de Ja*, órdenes
militare» & c ., no uos escusarcmos sip em­
bargo de tomarlas ca consideración cji este
lugar. Según ellos el uistianism o es la
única religioa que ba armado ¿ los hom­
bres unos contra otros) y ¿1 solo ha he­
cho derramar mas cangre humaua que tor
das la» oirá» rdjgiuucs juntas, I^ar,a des­
truir una calumnia tan grusera oes cónico-
táranos coa demostrar ca pocas palabras:
1 .* , que ú reJigloa no es responsable en
general de las guerras que afligen i la
hum auidad; mas debe imputárselas al or­
gullo nacional, á la ambiciónt á losaelos:
tres causas que desde el principio del mun­
do no han cesado de anuar ios pueblos
unos cwatra oíros: Jí.®, que ea verdad casi
todos los pueblos conocidos hau i^uido
guerras de religión: 3.°, que eutre lo s á is *
lianos ñau sido muchas meuos de la s q u e
suponen Jos incrédulos: 4.a , que atip do
estas no ba sido ia religión ci priu d p al
m otivo: 5.*» que o laguna c rotada ha te*
nido por objeto estender el cristianismo ul
convertir un pueblo, sino solamente repe­
ler los ataques de los mahometano», de loa
paganos, o de los h e re je s , y ponerlos en
estado de ao perturbar la tranquilidad de
la Eufbpa : 4 .° , finalmente que no ha sido
o trosiho este el objeto de las órdenes m i­
litares. Entremos en materia.
i.* E» indudable que debe reputarse
la gtáérra por una de las mayores cala­
midades de la humanidad. La religión la
ha m irado siempre cómo un objeto de su
dolor y gemidos, y como uu azote con aue
D ios amcnaia 4 lo* pueblos en su indig­
nación. (L e v it. 2 t. vv 24. ‘2 S.— Deut. 29.
v . ♦ ftsrjc re m . S. *. i? .). A pesar de esto
los Incrédulos modernos ai-usan í lo» mi­
nistros de la religión de que no levanta a
el grito para apartar de ella & los pue­
b lo s:1 que enconan cánticos de acción de
g ra d as cuando se ha derramado mocha
sangre: que bendicen las banderas , insig­
nias de carnicería. M as otros toman un
rumbo opuesto, y dicen que el cristianismo
rohlbe á los que le siguen h profesion
Í s las armas- A estos últimos hemos con­
testado ya en nuestra nota xvi sobre los
cuat+o Evangelios.
No tememos prónuuciar anticipada-
tacmb que si los predicadores evangélicos
asintiesen á los conjejos de los 'soberanos.
$3
opinarían constantemente por la p^ t ; m u
ellos hablan i l pueblo , y este no es el
que manda, la gut-rra. U a arador cristiano
que declamara contra este azote funesto,
cuando todo está en paz , serla tenido por
un imcusota, y si lo hiciera cuando los
egércitos están ea cam paüa, tra u rla n le
de «cdiciojo. Luego le es preciso vc&irse á
csplicar ias máziinas de equidad , de j u e
ticia , de mansedumbre y de caridad que
enseña el Evangelio. Constituido cu sitúa*
d o n de baber de aconsejar i aquellos, ¿
quienes incumba d e c id ir, d irá sobre la
guerra todo lo conveniente para h^cer re­
conocer su justicia 6 iujustlcla , ponderará
todas iüg cousecucncias comparándolas coa
su necesidad , prescribirá cuanto U equi­
dad c ristián a le sugiriere, nada om itirá
de lo que pueda hacer preferir la p a i ; y
eo caso de urgencia por la guerra, , sabrá
inspirar las disposiciones cristianas que
deben acompañarla y la santa dependencia
que su bueno 6 mal éxito tiene de la or­
denación de Dios t cuyo favor deberá liq-
plora<sc, y cuyo enojo será preciso ^placar.
Cuando se dan gracias á Dios por una
victoria , no 6c le bcudice por U sangre
derramada. Mas como la guerra, por des*
g ra c ia , no se concluye sino por las bata­
llas , es harto natural desear que la veo-
taja esté de nuestra pane mas bien que de
parte de nuestro» enemigos, y mirar Jacte-
54
torU co m un \ñt* (¡ut pmtdt etmJmeinms á ta
fa z . En estos c iim jamas canta la Iglesia
d Te Dedm lid acompañarle coa rogaii-
•vas por la pat. No es por consiguiente uo
crimen el pedir i Dioe que la victoria siga
i nuestras banderas mas bien que á las
enemigas. Tal es el espíritu con que estas
se bcadiceu por los ministros del santua­
rio , siendo al mismo tiempo esta bendi­
ción una profeiion pública, por la cual
reconocemos i Dios por dador de la vic»
toria y de la pat.
Si la religión no ha podido estorbar
todas las guerras , i lo menos no puede
negarte que ha coatribuido mucho i hacer­
las menos frecuentes, y tneuos atroces y
d estru c tiv a s; como con mucha raxon lo
ha observado Montesquieu.
2.* ‘Casi todos Jos pueblos conocidos
h in tenido sus guerras de relig ió n , y no
puede darse aserción mas falsa que la de
los' Incrédulos que se han arrojado á decir
qúc, los ptieblos antiguos eran toicravtes;
u e ’ bo te servían de leyes penales, ni
3 c persecuciones ni guerras para hacer
¿dopiar ó mantener su religión : y que en
esto han vencido 1 los cristianos en ratón
y humanidad.
Echemos una ojeada .«obre la historia:
veremos un rey de Babilonia que manda
dcsrrkiir las estatuas ó Ídolos de Egipto
(Ezeq.‘ c. 30. v. J J . ). Nabucodonosor
H
h itó ‘a tro ja r en úft horno encendido i
tres jóvenes in ra e lita s , porque ñor t]uisié?
ro a ado ra r la e sta tu a de uro que h ab í»
le vantad o ( D a n ie l, c. 3 .) . E n Tiempo de
D a r lo , el m e d o , echaron i D a n ie l en el la g o
de los Ic o n e s, porque habla hcctío a r a d o #
í su D ios como lo acostum braba ( I b . c. 6.
v. i 6 ). N abucodonosor m andó cjlcrcb ln ar
¿ todos los dioses de las naciones y cor*
el fin de h acerte a d o ra r i s i mllttnó to m o
único D ios de todos sus vasalíofc ( J u d U b .
c. 3. v. <3 ).
ZonJSfW© para estab lecer sú re lig ió n
re corrió la P e rsia j la I h d l a , -derram ó
á to rrentes la s a n g r e \ é in sp iró i su s sec­
tario* este « a n g u tn arib fanatism o: C am ba­
ses y ’ D ario-O co , que ta la ro n e l .E g ip to ,
destruyero n los tem plos y io d o 5 Jllo j m o ­
num entos , p o r te lo d e la re lig ió n de Zd-:
roastro. M an d e una t e s re co rriero n los'
persas el ¿ « la m e n o r y la G r c tlá , ’ iibra?
saroti los tem plos ¿ hicieron pedazos las
estim a s de los dioses. Loa grieg o s d e ja ­
ron subsistir estas ru in a s p ara esc ita r en
sus descendientes el resen tim ien to cooira
los persas. A lejan d ro no le h ab ia o lv id a d o ,
cuando á su vez d e stru y ó los tem plos tin
fuego de la P e r s ia , y p e rsig u ió á los nfa-
p o j. Los Antiorot esterm ióaron m illares d e
judid» p ara o b lig arlo s á m u d a r de re­
ligión. j "
Loa romanos p e rsig u lcro u y d e stru y e -
i;on el druidismo en las G iliis . Empicaron
l a . espada, y el fuego cooira el crúsi<iaismo.
E a uetnpo de Tiberio los judio6 fue roa
¿ e s tria d o s de Italia , condenados ¿ aban*
donar su religión ó ser reducidos ¿ servi­
dumbre. £u el de Hcracllo , Cosroas 2 .°t
rey de P ersia, juró perseguirá lo6 romanos
h i s u ob,ligirlej á ^enunciar i J. C. y
aderar. <1 aul. { Quién uegiiá que cuando
los mahometanos recorrieron Ips tres pac­
tas del muadoepn U espada ea uoa mano
y el Alcorán en otra, no lo haciau ani-
uiadqs por el fanatismo de religión u n to
como, gpr tu ambician { Pueden rerse las
pruebas ¡le todos estos hechos en. mu­
chas obras modernas ( H ú u de la Acad.
de las Iupgrjpc. t. 16 en 12.* pág. 2 0 2 .=
Carias de algunos jud. &c. á V a lí .^ T r a ­
tado histórico y dogmático de la verdade­
ra rcljglou, toro. 4 y 10 ). Véase a&Lnie-
mq nucstia uoia xi sobre el lüpo de los
Números. q
Si los Incrédulos hubiesen comparado
esta serie de mortandades con las que im­
putan al cristianism o, se hubieran abste­
nido de escribir ( 2.* Cari, á bufia. ) que
* niogua pueblo* esccptos los cristiano*!
ssju derramado una gota «Le sangre por
0 argumentos teológicos ; y que ios *acer-
t>.dotes cristianos ,folof bza derramado mas
n saugre que Los de todas las falsasreli-?
m glones. "
57
3.a Entre los cristianos bao ildo las
guerras de religiou muchas meaos de laa
que supooeu los incrédulos; y para pro­
barlo ca dos palabras decimos que á es*
cepciou de lis cruzadas , desafiamos ¿
lo» enemigos del crisiiauismo i que uos
citen uua espediciun m ilitar emprendida
or las naciouca crlaiiaoas para ir á cita-
E leccr su religiou «obre laa ruinas de
otra. Por Jo demas , muy Juego probare­
mos que las cruiadas no tuvieron por ob­
jeto la «tensión del cristianismo y la con­
versión de los puebJos > *¡uo solamente re­
chazar los ataques de los mahometanos,
de los'paganos y de los bcreges armado»,
y ponerlos en estado de oo poder per­
turbar el reposo de la Europa.
4.* becimos que el prlocipal motivo
de todas las guerras , llamadas de religión
entre los cristianos , oo ha sido en la rea­
lidad la misma religión ni nioguu Interes
suyo. Para dem ostrarlo, pedimos que no
se nos crea sobre nuestra p alabra, sino
sobre lo que han peusado muchos escrito­
res que no son sospechosos sobre este pun­
to. Una sola palabra diremos sobre las
antiguas heregias. N adie ignora que el
motivo que armó á los arríanos contra los
católicos, fue la ambición de invadir las
ig lesias, las renta; y la autoridad del
clero, y hacerse dueños de ellas, j Qué pa­
sión animó ¿ Jos douatistaj y circuoctlio-
rwi? La dt «tü&lrter, dcclao , la igualdad
m r r (01 k o m b r e ipero eutrc tin io robaban
por provisión. Los que perseguían á loa
priscilianistas en Espada., abasaban de la
ambición d d tlta.-io M áximo, que habla
condenado í muerte á estos hereges , para
pojMloiMrjc de jui bitnts. Los obispos tico-
muir«ron á sus perseguidores.
borgoócsea, lus godos , los vánda­
los , infectos del arrianigmo , pusieron á
sangre y á fuego la Europa y las costaa de
Africa ; pero fue para seguir s j pasión al
pilla ge y i la carnicería que les habla
obligado á salir de entre sus bosques.
Si en el siglo X I1 se toman las annaa
contra los albigetises , obligaron á ello sus
traiciones, perfidias y perjurios. El autor
de las cuestionen sobre la Enciclopedia
( Art. Aviñon) dicc que el motivo de la
cruzada coutra los albigenscs fu: la codi­
cia de ocupar los despojos de Raymundo,
conde de Tolnsa , aunque bajo el prctcsto
de su hercgla y la de sus súbditos.
En los escritos mismos de Lutcro se vé
la verdadera causa de las guerras de los
anabaptistas , luteranos y sacramentados,
la cual nada tiene que ver coa los intere­
ses de la religión.
El mismo Vollaire nos ba indicado ea
los E njjjoj «obre Ja hiitona general la ver*
dadera causa y origen de las turbuleocias
de U Francia. J . S. Rousseau lo coufir-
59
m a: w Examinad (dice é l , Coriai d M .d e
n Beaumont) todas vuestras guerra* ante-
>» riores , llamadas gucrrot Jt rtligion , y
» hallareis que qo ha habido una que no
»* haya tenido su causa en la corte y en loa
»> intereses de los grandes. Las intrigas de
ngabiuete embrollaban los negocios, y lue-
•> go los gefes conmovían los pueblos en
«nombre de Dios.” (V éase 4 B ayle, A vi­
so á h i rtfugiadot.) David Hume nos ba
demostrado la causa de los asesínalos de
Inglaterra , Escocia é Irlanda ¿ y el autor
del Cuadro ó pintura de ¡os Sanlot, la de los
furores de todos los gefes de sectas. Asi es
que nuestros mismos enemigos nos han vin­
dicado de sus propias acusaciones.
El autor de los Anales políticos acaba
de probar á la faz de todos los filfaofos
(tomo 3. mSm. 18.} que el clero de F ran­
cia no tuvo parce alponaeu la mortandad
del dia de san Bartolomé ; y esto e& muv
verdadero. Pero es falsísimo que ea esie
siglo un eclesiástico baya hecho el pane*
glrico de aquella execrable egecucion(Ciirf.
á M. de Beaumoat).
Cuando los enemigos de la religión han
dicho (Cum , :obrt ¡a Encicl. «ecc. 4. ) que
¿ doce m illones de americanos se los ase­
sinó con rl crucifijo en la mano, no ¡gao*
raban que esta es una grosera impostura.
No es de este lugar dar ana razoa exactá
de todo lo ocurrido en aquella empresa.
60
Poro los que la sabe a coa fundamento no
dudan de que motivos huma nos , y no los
de U religión, fucroa los principales agea-
les de lo que 2111 hubo.
N i tieuen mejor apoyo I06 incrédulos
cuando uos alegan los cismas por la sede
rom ana, las guerras de los papa-s contra
los papas, de los obispos contra los obis­
pos, y los defectos de algunos pontífices
que no bao sabido preservarse de la cor­
rupción de su siglo. } Qué parte puede te-
ner ea ello el zelo dc-U religión, que po­
sitivamente lo condena I
De manera que despues de tantas exa­
geraciones como han hecho los impíos so­
bre las guerras dt rriigún, no nos resulta
siuo un derecho el mas constante para ase­
gurar que 110 hay una siquiera en la cual
podamos reconocer á la reiigiou por su
principal motivo.

$. XZX1V.

D t la Tiquijicioa.

Sin entrar en cuestión sobre la natura­


leza de este tribunal, no podremos menos
de tomar en eousideracion las imposturas
imaginada» por los enemigos de la Iglesia
católica, para ver hasta qué punto hay
falsedad ó verdad en lo que nos dicen.
' Sobre los años 1200 estableció este tri­
bunal Inocencio III para proceder contra
los albigenses , hercges pérfidos que d J u -
minaban sus errores y profanaban los ta*
crainentos que no crcian. Iaocencio IV ie
esteadió por toda I ta lia , escepto N ipo-
les. introdujose en España co 1449 y en
P ortugal en i *17. Los españoles le intro­
duje'un en América y los portugueses ea
las ludias.
La Inquisición do se estableció en nin­
gún rey d o cristiano sino por consentimien­
to y aun á petición d e los soberanos. Los
declamadores que tanto ban escrito contra
este tribuna I , y que han dado i entender
con cierta afectación que solos loa papas
le establecieron de so autoridad contra el
derecho de Jas r t y u , no debieran haber d i­
simulado este hecho esencial, pues es cons­
tan te que la Inquisición jamas ba renido
eu egercicio sino baja Ja autoridad de tos
reytt.
Cu 12 S* el papa Alejandro IT1 esta­
bleció la Inquisición en Francia coa el
consentimiento de san Luis. Esta nueva
jurisdicción desagradó al clero y A los ma­
gistrados igualmente. Bien pronto sublevó
los ánimos, y finalmente fue suprimida de
nu ev o , restableciéndose las cosa» ea el
estado que habían iutea tenido.
Los incrédulas han pintado coa los mas
negros colores los suplicios mandados por
la Inquisición que ae conocen con el nom-
hre de autos de fe. " U n sacerdote , dicen,
it coa sobrepelliz, un fray le consagrado i
u la caridad y mansedumbre, c* el que
m hace aplicar los hombres á los loruicn-
n ios eu calibo¿us anchos y profundos. Le-
m yántase luego uu teatro eu la placa pú-
11 blica , adoude llevan i lus sentenciados
»,para la hoguera, seguidos de una pro-
»»cesiou de frayles y cofrades. Los reyes,
ti cuya sola presencia basta para indultar á
11 un crim inal, asisten á este espectáculo ea
n asiento isas bajo que el del inquisidor,
n y yen espirar entre las llamas á sus súb-
n J ilo s & c.n
Por lo prooto bay insigne mala fe en
Insinuar que lodos los criminales seuteti-
c^ados por la Inquisición pereccu en ias
Llamas, cuando no se baa c a s ti g a d o coa
eL4a6 sino los crímenes que ea otras nació­
nos es^áa sujetos 4 la misma pena, como
el sacrilegio , la profanación , ia aposta-
¿tac mas loe otros crímenes uienos odiosos,
se espían coa circcl perpetua , encierro eu
uu monasterio , penitencias &.c.
Si el autor del Espíritu de las k je t (ü b .2 í.
c. 13.) muestra talento en su repeesenta-
cioD 6 invectiva 4 los inquisidores de
Portugal i uo por eso se fuuda ea la ver­
dad sino en m u gran faltedad. Supone que
la Inquisición castiga de muerte á los ju­
díos por su rviigfon y porque oo son cris-
«s
u b le que no castiga sino á los que h a
profesado ó á los que han aparentado pro­
fesar el criitiauisiuu, y lus trata corno
o p iita ta t ó p rofanadores de nuestra reli­
gión. L a bucoa te exigía que el autor lo
diese í entender a s i ; y I» apología, que
hace de la constancia y adhesión de los
ju d ío s á su religión , eu uiuguua manera

Itrueba que ellos teugan ratou en profesar


a uuestra esterloruieme y por hipocresía.
Eutre ludas las uadouc* cristianas loa
reos sentenciados al suplicio ion asistido*
de uu sacerdote que lus exhorta á l i pa­
ciencia, y acouipaúado* cu muchas partea
de loa penitentes o cofrades de la cruz, loa
cualus oran á Dios por el paciente y dan
sepultura á su cadáver. ¿Quién se atre v e ­
rá ¿ decir que por parle de ellos este es ua
rasgo de crueldad i N
Filialm ente, lat sestead.» dt m u rtt ion
raras ati tn España como en Portugal i y de
ninguna hay egcuiplu eu Roma. Por lo de*
xius , cuaudo á los españole* ec les acusa
de los rigores de Ja iuquiticiiMi f respon­
den que este tribunal lia. hecho derramar
mucha menos sangre en .1?» cuatro partas
del mundo, que las guerras ¿¡viles , oca­
sionadas por las turbulencia» de religión,
hicieron derramar en solo,*;) rey 119 de Frau-
cl»f y que ella los tu,pueí*io .a cubierto de
los estrago» producido^.po?, J# Increjuii^
<4
dad , que tiene desolados u n to s ©tros
p aitej.

§. xxxv.

Cruzada} y órdtnts militant.

Los modernos filósofo» y todo» los ene­


migos de la Iglesia católica han censura­
do muy agriamente las cru u d as. Han re»
presentado estas esped ¡clones como urus
empresas absurdas, injustas, desgracia­
das , sugeridas por la ambición de los pa­
pas ó por uu fanatismo insensato: han aña*
dido que l’ueron u n funestas á la reli­
gión como i los intereses civiles y p olíti­
cos de la Europa &e.
Ks claro que muchos m otivos, diversos
anos de otros , hicieron emprender las
cruzadas. f.° La. relación que Pedro el
faermitaSo y otros peregriuos hicieron de
los males que de parte de los turcos y
sarracenos sufrían los cristianos de P í ­
le n la s , espcclalricote los que esta nación
bárbara, reducía á esclavitud. ? .° La ne­
cesidad de contener el curso de las con­
quistas de los sarracenos y de debilitar
una dom inación' que amenizaba á coda
la Europa: no había pira ello medio mas
eficaz que ir á Atacarlos en su propio
país. 3.* El deseo de eiceader el comer-
61
cío y de hacerle inmediatamente sin Ja
intervención de los estrangeros. 4.° La pii-
seria de tos pueblos que gemisn baja el
gobierno feudal y que se Jisoogcaban de
encontrar una suerte menos desgraciada
fuera de su patria. S.° La eipcraaza de
facilitar la peregrinación i tierra tanta.
Estos postreros mo:ivus sou Jos que arras*
traron á los viages de Ultramar esa mu­
chedumbre tic gentes de la. het del pueblo
que fueron ¿ perecer a llí } pera los reyes,
principes y militares ' fueran ciertamente
coaducidos por los primeros motivos.
En vano se dirá que estas «ped ic io ­
nes tueron emprendidas por supersticioa
y por un lelo fauático de religión. Si este
motivo Influyó sobre el pueblo , hubo otros
mas poderosos que hicieron obrar i jos
granjee. Muchos escritores, aun de Jo*
poco favorables i la religión , han con­
venido en que lis crutadas fueron m^hoi
un resultado del telo de la religión , que
del i me res del comercio de los europeos
ea Levante. Esto ba demostrado entre ¿{tos
un sabio académico ea una discrtacioq so­
bre este objeto (M ein, de la Acad. d e h a
Inscripc. tom. 6 8 , en 1 Ü.9 , pág. 439.).
Prueba que en efecto estas empresas contri­
buyeron muellísimo no solamente al progreso
del comercio marítimo y á las espedido^
oes que le -mu consiguientes , sino tam­
bién al restablecimiento de Jas clenclas'oq
Tomo V IL J
66
Occideme , particularmente en Francia.
«V eto era una injusticia, dicea aque-
n líos filósofo» , ir 4 atacar una nación,
■•por ser infiel-”
Las cruzadas jamas tuvieron por objeto
atacar i los mahometano» para eastigaríis
tu infiitiidai: trataba se únicamente de con­
tente su ambición , su rapacidad , tus la­
trocinio» i quitarles el ansia de eaivndci
sus conquistas 4 Italia y F ran c ia, é impe­
d ir que te estableciesen allí , como lo
habiau hecho en Córcega , Cerdefia y Es­
paña. jT cn d ria ic ahora por injusto Ir i
atacar ios corsarios de Berbería para obli-
garles á abstenerse de sus piraterías f
Las órdenes militares han nacido de
las cruzadas y con las mlsinas intencione*.
E l objeto de su establecimiento era loable.
M uchas ea su origen fueron hospitalarias,
1 solo la necesidad las hizo m ilitares: tu­
das en un principio hicieron grande» ser­
vicios : muchas degeneraron ¡ mas esta es
la. coudlclon de las instituciones Humanas.
F a b iic io , autor protéstame , conviene en
que las que hoy día subsisten , se institu­
yeron para honrar el mérito m ilitar. (5d/ur.
lux Emngrlii \ffc. c. 31 . ). No disim ula-
temos que eate autor y otros protestare»
no han aprobado ni las cruzmUu ni las ¿r-
d tna tuifódrrj. Han dicho que los único*
medios de propagar el cristianismo suu
los que usaron los Aptaiolcs , 4 sabor, U
instrucción, loe egemplos de virtud j la
paciencia. Se irritan de que la Te cristia-
na se haya predicado en el Norte coo es­
pada ea uu.no y por los caballero* teucóf
nicos. * Estas violencias , dicen , son m u
«i propiit para irritar á los bárbaros que
»i para convertirlos: deshonran nuestra re-
n ligion y son directamente contraria» al
»i espíritu de caridad que J. C. quiso ins-
«1 pirar i todos los hombres.” A estas de­
clamaciones han dado un nuevo encareci­
miento los incrédulos.
Mas unos y oíros confunden dos cosas
entenm em e distintas, el objeto é inten­
ción y conducta de los caballeros, y la de
los misioneros. Suponen que las cni*ada$
Í «pediciones militares de los cabillero»
an tenido por principal objeto la conver­
sión de los infieles- Ya hefúós probado que
esta es una falsedad. No era sino defen­
der á los cristianos de los ataques, insul­
tos 7 violencia de los infieles, prevenir
sus irrupciones, reprimir sus latrocinios;
La religión cristiina , lo misino que l í
ley natural, prohíben las violencias dé
particular i particular, pues .esian prote­
gido» por la* leyes ; pero no prohíben i
las naciones que opongan la fuerza á U
fu e rta , la guerra i la guerra , las reprc¿
salías i Us hostilidades, pues no hay otrS
medio para ponerse en seguridad.
La verdadera religión nos eosefia tana-
68
b ien , apoyándolo el buen scutldo, -que
cuando los hereges 6 los incrédulo* ó tus
táñeles, que ««bailan eutie nosotros, son
pacíficos y sumisos á las leyes, bien lejos
de inquinarlo* 6 perseguirlos , debemos
tolerarlo!, cc npodtctrlos , i injrruirioi coa
mansedumbre y caridad. Pero. 6Í coa per­
turbadores del órden establecido, ambicio-
so* , (urbulcm os, revoltosos, se los d<b$
reprimir y ca stig a r, porque la religión
y tolerancia no deben ser nocivas ni a la
justicia ni ¿ la pública tranquilidad.
Loa caballeros teutónicos ca Alemania
ni ningunos otros uunes se han erigido ea
predicadores, ni se ban armado jamas loa
misioneros. Loa bárbaros cían hombres fe­
roces á quienes se debia reprim ir por Ja
fu e rw , a ules de pensar en hacerlos cris­
tianos. La primera de estas diligencias
pertenecía á los caballeros j á los misio­
neros se reservaba la ¿cgunda.
''P ero este m edio, diccn, servia mas
n para irrita r á los bárbaros que ¡« ia con-
» vertirlos.n= Pero lo contrario ba demos­
trado el suceso y la espcricncia , pues al
fia se han convertido y todo el norte se
l)a hecho cristiano. Han quitado la vida
¿ cien misioneros y estos te han dejado
degollar cumo lo* Apostóles, mas su san*
gre ha brotado convertidos.
<rJ C . , añaden finaliueute, no ba per*
31 m iijdo á tu* Apóstoles usar de violen-
69
n d a p a n conrcrtir á a a d íe tá n te s bien
n les ha mandado <1 sufrimiento.”
Los Apóstoles han predicado el Eran*
ge lio ea paites doade había leyes, poli­
cía , soberauo*, j gobierno bueno ó nuloí
nu* si los hubieran colocado ea las fron­
teras de pueblos b irb u u s ó fcrocci ¿se
creerá que habrían mandado á los fieles de­
jarse m atar sin resistencia I lo s hubieran
tna« bien animado & defenderse; y cuando
estos enemigos del estado hubieran sido
domados y to m etid o s/lo s Apóstoles hkT~
bieran ido en pos de los egércitos ¿ plahV
tar la crux en el país de ewos infieles- Una
cosa C3 sufrir coa paciencia la persecución
de los m igistraJoA, de los ministros! del
principe y aun del principó inisiÁo, y o tra
dejarse degollar por enemigo» bárbaros q*e
contra el derecho de gentes egerceiT sa*
feroces correrlas. ’ '
70

N O T A XXVL

Sobre el o. io- c. h i t d e sa n M a te o :
v. i r . c. i r d e sa n M a r c o s : v . 10 .
c. V in d e san L u ca s: v. y s'tg.
c. s u de s a n J u a n .

$ . XZZVI.

Acrinúnadonts di ios iocridulos contra J. C.


por futber jido piedra de escándalo , y ha­
blado en parábolas,

: "Lqs. discursos de J . C. (d ic e el a n to r
* d e . la H ¡«. crit. & c .) Jéjoa de poder
» instruir ¿ los judíos , solo servían para
j u g a r l o s : la mayor pane ton uuus «lig­
ninas miuieligiblc» , uuos ¡ogogri/os co lo*
licúales uada podían comprender sus oyen*
»> tes. Parece que Dios uo envió i «u Hijo
s) á los hombres sino para engañarlos. El
*> mismo Jesús declara que ha venido para
♦i ser una piedra d* escándalo, uu lazo icn-
tt dido 1 los judíos. Lejos de querer ha-
» cerse recouocer por M esías, ha hecho
i* precisameuic iodo lo que era menester
«•para que no le conociesen... Léjus de
n servirse de sus propias parábolas para
n ser mejur encendido de ios judío», ba
» declarado positivamente que usaba de
7t
w ellas con el fin de que los judíos no le
i» entendiesen: esto es formal en el testo
ttd e los cuatro Evangelistas.'*
Uoa prueba de que los discursos de
. C. eran muy inteligibles es que los ju-
Í ios los bao entendido bien, y que fre­
cuentemente k irritaban por ellos. Otra
prueba es que los incrédulos , pac» obscu­
recerlos, ca han visto precisados á alterar­
los y i falsificar el testo : de ello hemos
preientado muchos egemplos , y otros pre­
sentaremos aun.
| Por qué ha sido J. C. ««* piedra A*
«srinifoJ»! Parque la malicia y obstinación
de los judíos en desechar la lut que J . C.
les ofrecía, los hacían culpables, como
aun ahora áucedeá los incrédulos de nues­
tros dias. Si ninguu judío hubiese creído
en J . C. Jil durante su vida ni después de
Sil muerrey tal vez se podría tener razón
para decir que el Salvador no había queri­
do darse i conocer. Pero {quiénes fueron
los que1 compusieron la iglesia de Jerusa-
letu , 'tfao les judíos convencidos de la mi­
sión y divinidad de J. C. ? jS e dirá que
estos tuvieroft menos ratón para creer, que
los otros para no c r e e r f
Vengamos ahora i las parábolas de!
Salvador , víamos lo que dicen los castro
Evangelistas y comparémoslos. Según san
M ateo (c. i 3. v. 10. ) " llegrfnioff loi dit-
(Ipaht dijtron al S alvadort {por qu¿'AUt
72
hablas en porJbohs 1 y respondióla diciendo:
porque á «oiolroj ha tido dada-conocer ti
tfifjterio Atl reyno dt Ict ciclo i j jf J tUoi na
ha sidp dado.... T asi en parábola iei hablo
fiara qui vitado no cejn , y oytndo no ofg.in
ni enii:ndan. T te cuiupit en («Jai iq pro/«cra
d eltp ú ts, qut dice : aymdo oirtit y-no ea-
tíyikrfis , y vitado wreu y m lo conowrciu
■S¿ Jta engratado el eorazoa dt tile putiiíe, y
á petar luyo oytfi y cerrar0* IW ojoj, para
no per con tur ojoj ni air ron sos oídos ni «o-
Undtr tn tu corutón , y fura no convtrtirt*
y que yo ios tañe. Luego c¿ claro «|Uc ea
los judíos y no cu el Salvador estaba 1»
crusa por qué oo eyicudian sus discursos.
Les fublnba en parábolas para llamarles
4» atcucitxi y Ia curiosidad, y a l í n d e
escitarlos i que, ¿e: preguutasea, . qapo lo
hacían sus discípulos. M u e^ve, endure­
cidos iío lo haciau: pa rccc qup tañían en­
tenderle y ver a n e ciara Ja, ^erdaij,; de
donde concluyó J - C que á su» d in ip u -
]o^ les,era cuucedidp conocer l»f
del reyuo de D io i, pues p r^ q ia h fo m*-
truirse en ello s, mas no les :^ a <fto con-
«J£jíidgl 4, Jos judjio^,- pi¿cs jyt(il«jintan. £ 1
que ilo lo entienda «Q este s a l i d o , ciego
está como ellos. > ,
LK,I mismo modo de hablar usan san
>íarcos ( x 4. v. i i. ) y san L u c i l l o í*
T. 10.). El d ec ir: '" jo d o SC les propone
n (n f aráboLts & estas geutes, con ri /¡nJU
73
«q u e mi re a y no vean &c.” es traducir
muy uwl uuos testos que nada de esto sig­
nifican, tiuo solamente ; te les había cm
réMití , de manera que viendo no veit t y v
( Véaasc ios retftuttat criticas á raudus
4
cuestiones de los incrédulo* , tooio , y la
4
H ist. uuiv. urni. S , nota S . ) Ficaimen-,
te., cuando se examina ea si inl#m 1» ¡*a«
rábola en cuestión, se vé claro que ni o*
obicura , oi c a p c ió n , ai hccba para, en­
gañar , y que Uista una mediaua atención
par* cpnoccr su eeutidu.. B w «-vmo « i ,
una reprensión de pirte de ,J. C . 4 los ju->
dios por .Jai ena lis disposiciones coa que
escuchaban su palabra;f.no .trataron estos
obstinados de pedirle uaa espiicacion mas
cla ia , como {os Apóstoles lo bicierou.
El misnyj ttiiiido.iienc le <¿uc dice sao
J u m (Joar.n. 12. y. Í 7 . '8 í ¿ , j : Auvq\* ha-
l’ia hetho laitti: mitagfOtLJetas delante d t
e lio i, sin fmlwigo iio írci.jD en é l: d t matu­
ra que ( mas nu coo «l fia.de que) je venia
ú cuiMpJ/r lo que dijo Isaiai: Señor j quién
creerá,lo q-t* a** oigd í...- Por dio M> porfía*
eliot crter , pmtf Jijo . teiniría» Ito la t: ce¿¿
los-ojos de eUoí y endureció sut corazones,
no tea vijm coa tus ffjot y MiieodaA d i
corasop j se capviertan y l o t ¡m e.
Es e rid e u te» I.* , que los milagros de
J . C. ere a por si roay c a p ae s de iluajrar.
y conmover i los judíos y no de cegarlos,
y ^adqreoetJos ¡ 2.3 y que las p a la ta u no
74
fodiam c rttr, se dicen en el m im o sentido
en que nosotros decimos de un obstinado:
tile hombre no putd t r u o h tr it i hacer tal
casa, significando con ello que no quiere
6 que nene gran repugnancia á hacerlo:
3.° ya hicimos ver en nuestra nota x so­
bre el Exodo que las palabras cegar, tn-
durtcer , tolo {.¡guiñean que Dios deja que
ac endurezcan aquellos que lo quieren , lo
perm ite, no lo impide ; y que estos mis­
mos modo» de hablar los tenemos en uso
ea nuestra lengua, como los tenían en la
suya los judíos.

NOTA XXVII.

So b re los ners. » f y ú g . d el cap. XTP


d e sa n M a te ó ; y 3 y tig. d el cap. v is
d e sa n J u a n .

$. XXXVII.

J. C. comína robre ¡at aguas. Aauadon


de mentira contra tí.

La ecpllcacion dada por M . Eck ( pá­


gina «76) del milagro que obró J. C . ca­
minando sobre las a g u is, no es digna ni
de un filósofo, ni de un hombre de buena
fe. Pretende que su ha traducido mal el
tesco griego, y que la e¿p res loa epi tres
7S
l U i i i i n puede significar i ¡a vista del mar
y junto al mar. Pero ademas de que el sen-
tid o de la preposición epl, i saber, joórt,
«ncittttf d t, M baila am ontado por los buc-
noi autores griegos; los sabios inteligen­
tes en esta lengua desafian A M . Eck í
que cite un solo escritor que se baya ser­
vido de la espresiou griega ptripatoan cpl
ta s thaliíítis, para siguificar editúnjoda io*
bri la orilla del mar. El mismo a u to r, obli­
gado luego ea su CBplicacion á renunciar
¿ esta Inteligencia, del testo , la cual solo
puede deslumbrar i los que no la tengan
en la lengua o rig in al, conviene en que los
Apóstoles engañados se figuraron que su
maestro caminaba sobre las aguas, y pre-
teude que á esta persuasión pudo dar lu­
gar el crepúsculo de la mañana y la nie­
bla. Pero basta leer el tcsio de los Evan­
gelios para convencernos de lo contrario.
San M ateo (c. 14. v. 3 4 .) dice que h «w
vttiiia rn rittdio dtl mar litaba combatida por
¡ai olai. jC óm o, pues, los Apóstoles des­
de el medio del m ar'podían representar se
caminando sobre las aguis á .1- C. que no
estaba sino en la ribera! fü w io no los
desengañó la voi de J . C. que les hablaba t
Hay id&s: san Pedro rogó i J . C. que le
permitiese ir sobre las aguas \ concedióse-
lo el S alvador, y cu efecto anduvo sobre
ellas el Apfotol. Mas como era redo el
viento tem ió, y como comentase i huu-
7d
d ir s e , « a c l a m ó Siñor , liív jn if. Jcsus lé
■largó la m ano, dieicndolc: hombr* d t p w j
fe , 2 P°r ttm tt i E ntrarun entonces
en la navecilla , calmA el v ien to , y loa
que estaban ea e lla te postraron d e b u ­
te de J. C.
No se rinde M . E ck á estas observa­
ciones ia□ exactas , y dice ** que la uave-
n cilla que san M ateo nos pone eu medio
** del u ia r, se había acercado á la ribera,
» pues san J u a a dice que babia ella cam i-
m nado veiute y cinco ó trein ta estadios,
w y el m ar no tiene mas de cuareuta.” =
N o entráronos en discusión sobre lo a n ­
cho de este uiar i pues ademas de que no
es uno raióiua por todas p an es , ten d ría­
mos que averiguar cuál habia sido la d i­
rección de la uavccilla. Pero aun supo­
niendo con M r. Ecft que esta se babia
aproximado & la otra o rilla , resultaría que
J. C. se hallaba en la ribera opuesta ¿ ia
en que debía estar , pues se lo habían de­
jado en la de allá ¡de donde panleruu ; lue­
go debería haber dado vuelta á todo el
uñar para llegar á aquel punto, lo cual es
imposible por falcarle el tiempo necesario,
como que ia navecilla caminaba en dere­
chura , y la vuelta por tierra era d e mu­
cha consideración. Y s i, como se pretende*
la navecilla estaba tan cerca, de tierra,
jcóaio se ba de entender el que san Pedro
quisiese caminar sobre las aguas! pues el
77
Evangelio espresaoente dice qne caminó
■obre ella* Ikc. Concluyamos, pues , que el
íistem a de loa Incrédulo* manifiestos ea
menos insensato que el de M . Eck.
Otros iucrédulos han tenido la temeri­
dad de acusar de mentira i J . C El dia
¿mes de la fiesta de los tabernáculos , loa
parí cu tes de Jesús le instaron á que se
uiocirase y diese á conocer en él. Id vos­
otros d tjtt día ftttivo , puei yo no voy á
tstt dio dt fiesta y porque mi iwmpo aun no t t
cumplido i j dicho esto se «lonluvo en Gallito^
é idas sút hermanos ( ó parientes) fu i él á
¡a fiesta, no manifiestamtntt lino como cu je-
creio.
Si J . C . hubiese dicho: yo no iré , ha­
bría tal vet uias fundamento para poderle
acusar; mas diciendo oo voy ; eseluye úni-
cameute el racneiuo y tiempo de entónces,
en el cual cicrtaiucmc no fue siuo luego
despuef. £ n esta y otras fiestas de los ju­
díos que duraban algunos d ía s , el prime­
ro era mas solemue y festivo, y se dis-
tiugnia notableineute de los siguientes, es*
cepio el últim o; y, C. dijo bien claro
que no subia á aquel ¿ia /curvo y de tanta
solemnidad , sla insinuar la. menor esclu-
fion de los otros qae fueron en los que se
presentó en Jrrusalcm como en secreto. No
cometió por consiguiente ni mentira , ai
equivoco , ni restricción m o ral, ni sombra
de falsedad.
NOTA X X V IIL

Sobre ios ver*. 3 y sig. del cap, m i


de san Juan.
$. XXXVIII.

D i h mugcr adúltera.

l o s incrédulos se escandalizan de que


J. C. no quiso condenar la muger adúlte­
ra pero si la hubictc condenado, estos
misinos censores apasiouados hubieran Ic-
v aaudo el grito cvnua ¿I. Decimos, pues,
i . 9 que el S alrador no era juez ni magis­
trado : se negó á hacer las funcione* de tal,
cuando dos hermanos que diiputaban sobre
«u herencia , se lo pidieron (Luc. i'J.
r . 14.). 2.* Tampoco lo eran ios escribís
7 fariseos i acusadores de esta m uger, ni el
xelo por el cumplimiento de la ley era el
que les hacia obrar, sino el ansia de ten­
der uu laso al Salvador. Cuaudo vieroa
que se les hacia patente su hipocresía, te
retiraron llenos de confusión. 3 .a Usando
de indulgencia con Ja acusada, uo quita*
ba i los magistrados el derecho de casti­
garla , si realmente era culpable, y á él
so le pertenecía instar por íu condenación.
4.° Diciendo á loe acusadores: el que d t
voiolro! t u i tin ¿tsad», arrojt la primera
19
fitd ra , no trató de decidir que para ju t-
gar i un crimiual debiera estar su juex iia
ftcado i pues a l l í , lo repelimos , no se
hallaba juei alguoo , y U muger no estaba
n i convencida ni condenada. Si lal hubie­
se sido el sentido de su respuesta , lus es»
cribas y fariseos qu hubiesen callado ; mas
cou ella les tnosuó J. C. que conocía los
motivos y el designio que ios animaban;
y esto los cubrió de confusion , y los obli­
gó á retirarse uno despues de otio.

NOTA XXIX.

Sobre varios otros testos de los


Evangelios.

$. x x x tx .

Rttfondcit á algunat obifcioois y :ubtt*fu-


E'di dt Joj incréiiaiot toitri variot pum oj.
•itfrftocion gtntrai á la acusación de coiajiv-
tttt ««ira / . C. y ¿quillas en quienes
tueia los mriagroj.

Reuniremos en esta nota las respuestas


á varias objeciones de los incrédulos, de
las cuales algunas son tan fútiles , que hu-
biera sido mejor pasarlas cu silencio , cou-
teoiáodouos con despreciarlas i utas para,
que <k se nos acuse de que las hemos tu*
prim ido, y para que se juzgue de cusa
poco sólido» son los titulo» ea que se fun­
dan los enemigos de la revelacioa, hare­
mos nada m u que una insinuación sobre
su falsedad y estravagautia co pocas pa­
labras.
•* J. C . , dicen los incrédulos , asegu-
n i i á sus discípulos (Juann. I* v. S i.)
n que veráu i Jo» ángeles del Señor subir
» y bajar sobre el hijo del hombre. £ n ulu-
)i ¿u'ia pártese lee el cumplimiento de esta
>i profecía.”
En primer lugar decimos que muchos
de los prodigios de J . C. no bau sido es*
critos ; y ea seguudo lugar que esta pro­
fecía se cumplió en la Ascensión del Sal­
vador , cuando los Apóstoles vieron á loa
¿ugelcs que bajaron del cielo , y les anuo*
ciaron la última venida del Hijo de Dios,
eu Ja cual asimismo la profecía tendrá ua
cumplimiento mas cabal y búllam e.
a Fero no ba6ia , añaden , lo ocurrido
i* después de la Ascensión para que pueda
» decirse cumplida , pues los ¿ngeles eo-
n lonccs uo descendieron sobrt é i , y solo
» aparecieron cuando ya no se vela al Sal-
*> vador. ” = Mas es de observar que la
preposición g-’iega tpi uo solamcoie signi­
fica jobre, sino también por causa de, como
lo adviene sao Gerónimo : Jos áugeles
verdaderamente descendieron pur eaiua de
J . C. , para mostrar su gloria. Aun ea la
81
ra tin a Vulgata tenemos traducida dicha
preposición por sapee, uo pudiéndose du­
d ar , que cu el lugar donde se bal ¿a, sig­
nifica claramente por cauta d t , como es de
ver en san Lucas (c . 1 $. v. 7 ) donde se
dice que habrá ea el cielo mayor alegría
juptruiw prccntor», por cau&a de ua peca­
d o r, que haga penitencia, que suprr nonu-
ginlu tiocctw, por causa de noventa y nueve
que no necesitan de ella. Del mismo modo
leemos: uo llorcis tuptr m t , por mi causa.
Relie ten los Evangelistas ( M at. 8. =
M arc. 1 . = Luc. 7. ) que J. C. curó á uu
leproso, al cual dijo : i nadie lo digjs , nui
aada y antttíraie ¿ los sactrdoUs Wc. Sobre
lo cual observan lo* iucrédulos ( Hisi.
crlu c. t i . ) que " c o n cata diferencia
•iquíso J. C . ganarse 1 Jos sacerdotes: que
« e l haber prohibido publicar sus milagro*
nprueba ó que los hizo sin testigos, ó
n que absolutamente uo los hito. ” = Mas
lo que prueba es todo lo contrario: jno
seria uu absurdo prevenir que se callase
lo que uo había hecho ? Erna prohibición
del Salvador prueba únicamente que no
hacia los milagros por ostentación, sino
por caridad , y que no quería agriar A sus
enemigos que se habían conjurado ya para
perderle ¿atoa y otros muy racional» mo­
tivos y el de edificar í los hombres que
tanto alarde hacen de sus pequeñas cotas,
cuando la hum ildad, la llaneza , la cou-
7ome V il. 6
fealon de auestra propia inutilidad debiere
acompañarnos aun en loa mas grande* he­
chos i fueron loa que eo esta y otras mu­
chas ocasiones le bicicron, digimoslo así,
cucargar el secreto. Por lo cual se vé uo
•ola La equivocación can que procede <1
historiador critic o , ai no también J . S.
Rousseau cuaudo cou todo el aparato de
su delicado y elocuente estilo compuso ua
escrito particular, fundado en estas mis­
mas prohibiciones, y eu el n a tu ra l, llano
y sencillo modo como el Salvador» seguu
el E vangelio, obraba sus milagros , para
probar que jataat f u t » inunción proponerlos
ramo argumentar de la verdad y pruebas de
iu divina, misión. Al leer este y otros es­
critos del filósofo ginebrino se siente con­
movido el áuiuio por la compasión de un
ÍQgejio bello y sublime tan inconcebiblemen­
te estraviadn. ¡Tristes resultados del orgu­
llo del hombre ! = El haber enviado J. C.
el lepioso á lo» taccrduics no fue por una
adulación , siuo porque asi lo mandaba la
ley.
* E l mismo historiador critico nota que
»»san Lucas es el único que refiere la re­
tí surrección del hijo de ia viuda de Naim:
tique si este milagro fue»cc¡cno, podrí*-
m mos sospechar que la madre deacunsola-
m da se había concertado con el tauinatur-
w go: que cate milagro á nadie convirtió. **
Ningún EraugclU ta lia dado palabra
83
de referir todos los milagros de J . C.
¡ Cómo se ha atrevido el crliicu i asegurar
que este á nadtt ccmvirtió, puesto que ludo*
los que estuvieron prescutes i el clamaron
A una voi(Luc. 7. v. 16. ): un gran pro/rta
i* fu levantado cntn nojoiroi, y Dim ha vi-
ritodo <1 iu ¡ttublo i
En cuanto 4 la sospecha de coiuiion
entre Jesús y la viuda , oo k nos da uu
fundamento ni indicio de ella ; pero como
ios incrédulos echan frecuéntenteme por esa
salid* y otras no menos absurdas para elu­
dir las consecuencias de los milagros de
J . C. i oos lomaremos el trabajo de res­
ponder una t c z por ioda.s ea general i es­
tas declamaciones.
Decimos, pues, ea primer lu g a r, qae
Jesús léjosde haber dado jamas alguna te-
ñ a ld e impostura: ha reunido ea su perjoua
todos los caracteres de uu enviado de Dio*:
ha prohibido severamente á sus discípulos
toda especie de m entira, fraude ó impoj-
tu ta : los judio» jamas le han hecho acri­
minación alguua sobre este pu n o , aunque
públicamente los desaGú 1 ello ( Joanu. 8.
v. 4tf.)
2 .® Erale imposible i Jesut asalariar
la multitud de enfermos que curó «n va­
rias panes dé la J u d e a , pues nada po-
acia , y su pobreza era incontestable. Los
enfermos asalariados y apostados ¿ 4 cuán­
tos riesgos se espoaian de pane de los ju-
dios? No hubieran faltado entre ellos quie­
nes descubriesen la impostura , y por ello
hubieran cido premiados. Era asimismo tal
la calidad de las enfermedades» que no ad­
m itía fingimiento : una timbo teca ; para/í-
trcoi, entre los cuales habla uno de trein­
ta y ocho aáos, cuyo m il había comea la ­
do cuando aun no ft&bla nacido el Salva­
dor ¡ ciego; dt aacimiint» públicamente re­
conocidos ; energúmeno; que llenaban de
terror i ua* counrea &c. No son estas
enfermedades en las cuales podamos reco­
nocer una ficción , ó cuya curación pudie­
ra ser figurada hasta el grado de engañar
al público.
3.a Los milagros de J. C. enrn de un
carácter , de ua brillo y de una publici­
dad que no podían dejar la menor duda í
les testigos mas iacrcdulos. Para conven­
cer & los mas obstinados obró el Salvador
milagros de toda especie, ea grandísimo
número , de todas m aneras, ya por im
simple mandamiento para mostrarse seGor
de toda la naturaieia ; yá iuvucando el
auxilio de Dios su Padre , para probar que
lo hacia todo ea su nombre , y no por la
iaterceocion de lus espíritus maligno» ; ya
se serbia de medios que naturalmente na
podiaa tener los efectos que resultabais,
como cuando con un pouo de baño y sali­
va curó á un cicgo, para, hacer notorio
que todo podía couyeuir para la egecuclon

de sus designios ( ó ñ u s bien que podía
obrar 6¡n iuíiruincm o: la imposición de
oíanos , tocar aolainente, uua aimple pa­
labra le bastaba. Veces hubo que escando
ausente curó á los enfermos sin verlos a i
acercarse á ellos , concediendo estas g ra­
cias i los que las solicitaban para sus pa­
líenles ó para sus criados. No se le tras­
lucía ei menor indicia de oitcnuciou de
su podert no buscaba las ocasiones de ha­
cer m ilagros, mas Jos obraba según que
Ja ocasión se ofrecía : ni escogía ni dife­
ria ci tiempo de hacerlos. No miraba á su
propia utilidad y gloria , siuo al bien y
cúQvcrsion de ios botnbies : oada de pre­
parativos ni aparatos : donde quiera que
hallaba enfermos , en las ciudades, eu la
campafia , al m ediodía, cutre la m ultitud,
Cueca de e l l a , les restituía la salud i uo apli­
caba remedios, no usaba de uioviinicuios
violentos, ni ceremonias capaces de obrar
en Ja imaginación. Sus curaciones etau sú­
bitas , producidas en ua moneólo^ á vista
de sus enemigos xeloao» y cuearoixado* que
lfi observaban. Los enfermos recobraban to­
d as sus fu e ru s , sio pasar por la conva­
lecencia ni quedarles reliquias. Este modo
de obrar e» natural , nada soipechosoi
iqué necesidad lepemos ó de ser módicos-
ó de e i u t p roí undemente iaxiuidos en la
fislca-, para ju ig ar de é l!
86
Recurrir con los judíos i la ¡aterrea*
ciou dei demonio, es confesar que ea es-
(32 abras iiucrveiiia cusa sobrenatuial ; y
era imposible que Dios permitiese que el
erior se hiciera necesario é inevitable. Ks
verdad que los judio* pca&iluu que ua
ü is o pruteta podía luccr milagros 4 mas
este es ua error y uua inconsecuencia , pues
todavía cieuu hoy dia que el M esías, ¿
quien esperau, ha de obrar milagros p ira
pruoir su misión (G alatin. dt a rea nú ca-
thoiic* ceritatit , lib. 8 . ce. i. ícc.).
4 4 Por lo dem as, para destruir toda
idea de complot y de coiu/ion , basta recor­
dar la traición y el arrepentí míenlo de J u ­
das. Este discípulo hace traición i Jesús,
pciu uo puede descubrir á los judíos cosa
alguna que amancille su ministerio ó dá
muestras de alguna impostura : nada les
luauiücata oue pueda perjudicar ¿ su santa
conducta 4 antes por el contrario la deses­
peración y la vergüenta siguió ai momen­
to á su m id o n . Devuelve á los judíos el
odioso precio de su crim en, y esclauiat
Ju ptcaJo Judiada traición i una Mugre rio»
cmtc ( ÍVlatth. '27 v. 4.). Abó case al Ins«
taute para eximirse de la pena que le cau­
saban sus propios remordimientos. Este es
un hecho indudable. ** El campo comprado
n e o a este minino precio para sepultura de
» los csirangeros , t i un monumeoto que
87
>t sirve & todo el ainado de medio para
» cerciorarse de la verdad del caso , ” di*
ce Pluebc.
Jesús sufrió la traición cuando vlviaj
pero ya muerto , y cuando ya uu babia
porqué tem erle, nadie le es traidor. Judas
acaba consigo mismo por haberla cometido;
y millares de crlstlauos sufren que se aca-
be con e llo s , por no serle traidores.
(.* Añadiremos en fin que ai los roila*
gros de J . C. hubicsca sido falsos 4 tan­
tos malos crUiiauoc que desde el tiempo
de los Apóstoles pertuibaroa la Iglesia coa
sus hereglas , los judananus, los nicolaitdi,
los ccrintijnot , los gnonicox , los raicnli*
ntaaót , los íxuitidianoi j otros , contra los
cuales los Apóstoles y sus sucesores se le­
vantaron con canu fuerza y vigor , todos
estos enemigos secretos , ó i lo menos al­
guno de ellos, hubiesen descubierto el frau­
de y La impostura.
£1 historiador critic o , para debilitar
Jo qne acabamos de d e c ir, y renovar su
ordinaria acusación , observa ( c. i I.) que
habiendo pedido loa escribas y fariseos £
J . C. ( M atth. iS , w . 38 8rc. ) un pro­
digio en el cielo ; eludió su petición , re­
mitiéndolos al profeta Jonás; y añade el
critico : n Jesús 00 hacia milagros sin pre­
st paraclon, ni en presencia de per&ouat
••capaces de juzgar : un prodigio en el
» aire era toas dificil de obrar que en la
»9
n tierra : esta negativa soya debió hacer
»» mas incrédulos ¿ los judíos. ”
No se negó J . C. á ab rir este milagro
en los aire s, porque no le fuete posible el
hacerlo. El ciclo se abrió sobre ¿I co el
bautismo , y descendió sobre él el Espíri­
tu Sim o : voces del cielo , oue le eran
gim iólas y daban testimonio a au misión,
oyeron no iolamcme sus discípulos, sino
um bica otros judíos y aun loe gentiles
(Ju a n a. 12 . v. ;18 ) : calman i su imperio
las tempestades : el 6ol se eclipsa en la
h o n de su muerte : jo o son estos unos
odigios ea el ciclo muy visibles , y ca
K » que ao podia haber- lugar á complot ni
co/hsio» ? Sin embargo no por eso han he­
cho mas impresión ni cu los judíos ni ea
los ihcrédulos , que los demás milagros.
Ellos acusan á J . C. por los milagros que
h i t o , y por los que dejó de hacer. Q uie­
ren cegarse, mas no instruirse.
O tra acusación. Unos y otros se han
escandalizado de que Ion discípulos de Je ­
sús cogicroq unas espigas en dia de sábado,
las comieron (M ittb . 12. = Marc-V. =
I uc. 6. ). Dijeron i Jesús los primeros
que esto uo era permitido eu aquel dia fes­
tiv o : los segundos lo reputan corno un robo
iuescusable, y que defendiéndole Jesús,
dió una unía lección.
Veamos primero el segun ia ley de
Moisés era este un robo ( Deuier. 23.
*9
TV. 94. 9 $ .) : Si entrarti en ¡a viña de I»
p r ó jim o , comecuanta* u n » quisieres^ mas
no le lleves mngnnas. Si entras «n iu stmbra-
dó , podrás cortar espigas y desgranarías con
¡a mano, mas fio echar en ellas la hoz. Lue­
go según la ley de lus judíos no puede
acriminarse como un robo la acción de los
Apóstoles.
Kn cuanto i la. violación del sábado,
no hay m » que copiar la respuesta mis­
ma coa que J- C. vindicó á sus Apóstoles :
jnoAíibm leído, dijo i los judíos, (o qaa
hrto David y sus g n u s cuando tuvieron ham­
bre i Hholes comcr ios panes de propoiiáon,
los cuales d nadie tra permitido comer sino
solamente á los sacerdotes En ti dia de sába­
do tos sacerdotes desempeña» jhi funciones en
el templo sin quebrantarle &c- De este modo
probó J C. i los judíos,' por uu hecho
ordioarlo y frecuente, que ía necesidad ca­
rece de ¡ey, y que toda ley positiva sufre
sus escepcionca.
Otra objecloo: " E n ra n o , dicen los
»» incrédulos, aplicó san M ateo 1 Jesos
westa profecía (M atth. IV. v. 1 9 .): no
w disputará, no (rrifard, su voz no serioida
u n las calles. Muclias veces Ja desmintió
» cou sos disputas continuas coa los doc-
» tores, con Ja rambra que movió en el
■•templo, ea las calles de Jerusalem y en
i» las siuagogas de las cercanías.'1
Jesús no ha buscado la»disputas; cuan­
90
do «us enemigos iban i hacerle preguntas
capciosas, le era preciso defenderse. No
se ice que luya disputado en las calles.
Y* hcinos vino en otra parte que cuau-
do arrojó del templo i los vendedores,
hizo lo que tenia derecho de hacer. El
carácter cuyo de mansedumbre y humildad
de corazon, que se anuncia ea aquella pro­
fecía, jamas ie desmintió , y nuestros ene»
migo* w bao visto obligadas á confesarlo.
O ua de nuevo: "Hay muchos granos
u mas pequeños que el de mostaza , como
» son los de adorm idera, salvia, álbaba-
»ca &c. T asi uo debió decir J . C. que esta
n era la mas pequeña de todas Us semi-
» Has” (M atth. 13. v. 3 3.).
Debe suplirse la palabra una en las
palabras del S alv ad o r, pues frecuente­
mente 6c la sobreentiende en los libro*
del antiguo y nuevo Testamento. Y asi
J . C. solo quiso dar i entender que la mos­
taza es w u de Us oías pequeñas semillas.
P ara persuadirnos de la solidez de esta
respuesta, léanse el v. 4. c- t i i i del Gé­
nesis: tmftr m onta, por nnum momias»? el
r . a S , c. i , lib. 3 de los R eyes: ia i « i( iit,
por intin» exceisormn i el v. 32 , c. xxi de Job:
ad sepulcra, por ad ■aoin tepulcroram flte.
A mas de que entre todas las semillas que
sean capaces de crecer en arbustos, pro*
biblcmeme no se hallará otra menor que
la mostaza.
O t r t : VJ . C ., continúan lo* mismos,
i> sienta tambieu una falsedad en el v. 5J5
»*del cap u u de tan M ateo: la zizafia
n no se siem bra, mas resulta de los gra-
» nos de trigo que se desnaturalizan en
»»la tierra,”
Si los temerarios críticos de los libros
sagrados tuviesen mas instrucción, esen-
sarian proponer objeciones tan miserables,
y que prueban su mueba precipitación ó
ignora ocia. Sepan, pues, que hay dos es­
pecies de zicaña, una que efectivamente
se forma de los granos de trigo desnatu­
ralizados ea la tierra , y otra qua es una
semilla particular que después por su piet
hoja y fruto es muy distinta de la otra.
Vease i Flinio (lib. i t . c. 1 7.), i Teo-
frasto ( Hist. de las plant, c. ti. )• Aaibas
especies se conocen con ci nombre de &ta­
ña , porque el pan de una y otra causa
una especie de vértigos y aun la embria­
guez. La srguuda de ellas tt lúm bra, y
de esta habla el Salvador en su parábola.
Otra también : "Refiriendo san Marcos
m las Instrucciones que daba J . C. í sus
« Apóstoles (c. 6 .) dice que les permitió
n llevar na feuion; y en san Lucas (c. 9.)
« se lo probibe expresamente. Aquí hay,
» dicen los incrédulos, una manifiesta coa*
*» indicción.”
Jesu Cristo prohibió á sus Apóstoles usar
de palos ó bauonts como de armas para
92
defenderse , mas permitió llevarlos cdroo
lo acostumbras ¡os pobrtt que hacen comino,
p a n que les sirvan de apoyo y cansarse
menos. T asi no hay contradicción entre
loe dos Evangelistas.
Aun añaden otra objecion los incrédu­
los. El Sabio, dicen, encarga que se ten­
ga cuidado de la íhena reputación, del
buen nombre (Ecc. 41. v. 15.); mas J. C.
es dama. (Luc. 6 .) : i ay de vosotros , cuando
d t vosotros hjbiartn bian loi hombres! ¿ Pue­
den darse dos máximas nías opuestas? ~
Pero es claro que exhortandouos el Sabio
á velar sobre nuestra reputación, no pre­
tende obliga rnos á que uoa procuremos la
aprobación dt loe perversos c ónftti core
una débil condescendencia en sus errores
y desconciertos; y cuando el Salvador mal­
dice ¿ aquellos de quienes hablan bien los
hombres, este anatema no recae sobre loa
que merecen las alabanzas y el aprecio de
lot hombre* de feim. T asi las dos insi­
nuadas máximas tienen dos diferentes ob­
jetos: la primera habla de la reputación
que se adquiere coa ta virtud , y esut debe­
mos procurárnosla; y la otra de la que se
adquiere con el vicio, y de ella debemos
huir. La una merece aprobación, la otra
censura y maldición. '
Todavía echan mano los incrédulos del
testo de san M ateo (c. 27. r. 9. ) : eniónrcj
se cumptió lo qus dijo Jtrm ia t pro/itu: re-
o q u e se cree inspirado, pues semejante
n tesio no se halla en Jcrcmias sino ea Za-
n ca rias (c. 11. v. l J .) .n
No nos serviremos de la respuesta de
Jos que dicen que sfci M ateo se habia.
equivocado por falta, de raraí o lia 6 aten­
ció n , citando i un profeta por o tro ; ni
de la opinión de los que han creido que
este ba sido un error de los copiantes,
aunque no deja de ser fondada y racional.
Decimos, pues, ó que este testo se ha*
liaría en algún escrito de Jeremías que
existía ea tiempo de san M ateo y no ha
llegado A nosotros i ó mas bien que anti­
guamente se acostumbraba citar los escri­
tos de <01 pro/cto menores con el nombre
de Jirtm íat, porque se los solía juntar
con la profecía de este# Del mismo modo
J . C. citaba indiferentemente todos los
libros del antiguo Testamento y aun los
de los profetas con el aombre de la leyr
como cuando decía: <»crito t j f i tn la ley,
y citaba luego palabras que no están ea
e lla , sino tomadas de otros libros del an­
tiguo Testamento.
NOTA XXX.

Sobre los oo. 17 y sig. del cap. 14*


y el v. 34 del cap. iS de san Mateoi
y sobre ios 00. 9 y sig. d d cap. 6
de san Juan.
$. KU

D t la multiplicación dt (01 patei. Su aplica­


ción por M ..... Eck.

Los incrédulos antiguos y moderno* se


han empellado ea anonadir 6 á lo tncnos
disminuir el brillo é iinportaucia del mi­
lagro de la multiplicación de los panes.
A Celso le estrechaba u n to esta historia,
que para eludir su resultado y consecuen­
cias cttablecló que J. C. era un verda­
dero mago. Compara e itit dos diferentes
com idas; ea que el Salvador cou un poco
de paa y unos pocos pccccillos alimentó
muchos millares de personas, con los ban­
quetes mágicos de los encantadores egip­
cios, que presentaban i sus convidados
guisados ilusorios que no tenían sustancia
ni realidad j Jo cual supondría, como es
claro, que una multitud harapienta y des­
fallecida pudo quedar satisfecha y harta
cou solas quim eras, y fortalecerse y repa-
9$
rarse coa apariencias y sombras. CeJso
▼da bien que estos milagros los babia pre­
senciado mucho número de testigos, de
modo que ie fuera imposible contra res­
ta r i tan to s; y que afianzándose la lama
de ellos ca el testimonio de tsu tis gentes,
ya no le quedaba, para desacreditarlos,
otro recurso que atribuirlos ¿ magia. M as
esta respuesta suya ni eludía ni debilita­
ba su certeza y esplendor: saciar ¿ cinco
mil hombres sin ninguu alimento, hubie­
ra sido un hecho iau prodigioso, como
hacer eso mismo por Ja multiplicación de
cinco panes y dos peces. Scmejinte ilusión,
6 oca resultado, no podia menos de ser
obra de la divina om nipotcacia, la cual
k egerce por el bien que dispensa , y no
por el miserable prestigio de un encanta­
miento.
Añádese á esto que las dos muchedum­
bres de gentes alimentadas en el ¿¿sierro
no pudieron ni siquiera dudar de la reali­
dad de estos hechos, en los cuales fueron
ellos testigos y objetos. T cu efecto no se
txata aqui de dos ó tres personas, i las
cuales se pueda decir que se las engañó,
sustituyendo coa artificio una buena perdón
de alimento eu lugar de otra pequeña ; mas
trátase de muchos millares de hombres,
muge ten y niños alimentados concsie pro­
digio, los cuales vieron y experimentaron
eu si la milagrosa reproducción de los pa-
oes. No dudamoa asegurar que fuera flsi-
cámenle imposible el haberse engañado ¿ y
por consiguiente que la esplicacion de
M . Eck (4 quien n a to ha embarazado
este portento) contradice formalmente al
tcsco sagrado. Supone que aun les queda­
ban á esta multitud alimentos tu sus bolsi­
llos, de modo que loa que los tenian los
partian con los ilro n s , y asi se liartarou
tqdoa. M as si tal hubiese sido la manera
como sucedió esie hecho, la multitud de
los que se hubieran alimentado i costa de
los otros ¡hubiera creído que uu milagro
había sido el medio de su b añ a ra? Los
hombres ñus groseros sabían distinguir coa
toda certeza ¿ los que les habian dado
el pan.
Cuando dos 6 tres aEos des pues publi­
caban los Apóstoles « io s hechos ea la Ju -
dea, Y luego las escribían y esteudia-o por
toda la tierra, existían aun casi todos los
testigos oculares de estos milagros, j Po­
drían prometerse los predicadores evangé­
licos hacer creer i u n ta s gentes que ha­
bian ellas mismas visio y experimentado en
al un milagro que les era absuluumeute\
dcscouocidot | se hubierau atrevido á es-
poaerse á que los desmintieran formalmen­
te los habitantes dcB eisaida, que cou u n ­
ta facilidad podían hacerlo? y si bu cstra-
vaganeia hubiese llegado á tal osadía >no
los hubiera confundido al momeuio el g ri­
97
to unánime de todo aquel pata? jE s con­
cebible que los gefes de la sinagoga , los
cuales después de haber crucificado al
nuestro perseguían con furor á los discí­
pulos, oo se aprovecharían de la ventaja,
que les ofrecía uaa impostura tan grosera
y tan ficil de probar? Sobre un m ilagro
tan público los Apóstoles ni pudieran tn -
goñarse ni ingañar. Serla cosa absurda su­
poner en d io s ó ilusión ó fraude i y el
silencio de codos los interesados ea con-i
tradccirle, y los miserables subterfugios
de que se bao servido los enemigos del
cristianism o, tales como C dso y los omh
dernos incrédulos que no han .r a c io c in a
mejor que M. E c k , como lo veremos prpn>
to , son otras u rnas confesiones que aca­
ban de confirmar sus test loioa i os. No te-
m enos, pues , decir que este milagro ppr
s i solo forma una demostración, de la mi­
sión divina de J. C.
£1 Evangelio observa que se distribuí
yeron cinco panes y dos peces cutre p n c t
mil hombres, sin contar m ugues qi iii£o*i
que wJw comieron de ellos hasta saciarse*
y que de los pedazos que quedaron s¿
cogieron docc canastas 6 cesto oes, es jd»i
ci r , mucho isa# de lo que había ea uo
prloc*pio '*a(¿s que se pudiesen á comer.
Esta postrera circunstancia merece atcpi
d o n , pues demuestra que el objeto de
fue hacer mas sensible..é„ indudable eT,<uiú
Tomo V IL 7
98
lagro de la multiplicación de los panes,
no solo con alim entar con ellos i esta mul<
titu d hambrienta hasta saciarse, siuo l i o -
bien presentando á la vista de toda ella
un reiidao tan abuadaute de este pan m i­
lagroso para poderle aun com er, y que le
viese y tocase i su satisfacción, y con el
teMimouio repetido de sus sentidos no le
quedase duda ni dificultad alguna sobre el
hecho, de manera que ya no fuese posible
tenerla sobre la verdad y realidad del
prodigio.
Los incrédulos m odernos, menos lns~
trnidos aunque m » temerarios que los au-
tiguos euemigos del cristianism o, han d i.
cbo que i » duda babia J. C. enviado á
sus discl pillos i la cuesta ó demanda por
aquellos alrededores, y hablan venido car­
gados de víveres, los cuales hizo distribuir}
y que asi no hay cosa alguna en el caso,
í&ñaden que los Evangelistas no estau acor­
des cu las circunstancias : que lz m ultitud
sin duda no era en tanto número. F in a l­
m ente, imposibilitados de poder contrares-
U i estos dos m ilagros, han dicto que me­
jo r hubiera sido impedir que aquel grao
número de hombres tuviese ham bre, ó con­
venirlos i todos sin milagro,
'P ero basia contornar í los Evangelis­
tas fu f a ver qtie la narracioit de los sa­
grados autores liftffe la w at perfecta con"
foffuidad ) unos tetaron uu» cfrcuiisuacia.
« ro s otra > pero sin contradecirse en nada.
Los Apóstoles uo usaban hacer cuestas A
dem anda*, ni pro*li¡ouas: h a b ita d a pro­
hibido J. C. t m is aun cuando vélale di#«
cipulos hubiesen venido cargados de víve­
res , } podrían haber proporcionado los
bastantes p a n lam ss personas! La. misma
E scritura prcvicuc esta objeción ó lospe*
cha dlciéiiduuos que Jos discípulos de Je*
«os le bícierou presente que era Imponible
encontrar víveres bj&Autes par* saciar
U ntas gentes, de Us cuales la mayor par­
te había ya tres dias que ettabaa sin co­
mer. £1 número no pudo fcef exagerado»
pues se lak hito sentar por corapaóUs d*
cincuenta y de tiento. ■
Cuaodo los críticos haa dicho que hu­
biera sido mejor impedir que todas cstaa
gentes tuvieran hambre» ó convertirías ái
todas ain m ilagro, no bau reparado ea
que disputando contra dot m ilagros, sui*-
l itu u n otros dos en lugar de ello s, s ú l
mas diferencia que el uno no hubiera s id a
de u a to brillo y esplendor como el de U>
multiplicación de los panes, y el segundo,
sería un milagro absurdo. Dios n o ico a v
vierte i los hombres sin rato» 6 por uní
entusiasmo súbito que dejaría, sin ejercicio
k la rellc&iou y 1 la (¡birlad*
100
NOTA XXKL

Sobre los capítulos 17 de san Mateo,


9 de tan Marcos, y 9 de tan Lucas.
J . XLt.

D t la transfiguración d*l Salvador.

Pata poner en dada el milagro de fo


transfiguración del Salvador dicc» los jacté*
dulas (H is t.'c rít. c. 13.) que " lo s discl-
» puloa P edro, Santiago y Juan dormían,
» como «apresamente lo dice san L ac as, y
i*que por consiguiente aquello íue ua
« sueño.”
. Debieran esloe críticos habernos dicho
cómo i los tres discípulos habia dado J . C.
úa «üefio tan uniforme. jLca viuo acaso
por el anuncio que les babia hecho de «u
pasiuo, muerte y resurrección, del cual se
acordasen elloa muy bien, y cuya idea se
lea reprodujo eu esta ocasioul ¿listarían
dormíaos cuando vieron y oyeron hablar
á Moisés y á filias ? j cuando oyeron la
voz del cielo y se postraron, y cuando
m n Pedro dirigió au palabra i J e s ú s , y
Jesn j |ps reanimó y les hablo luego al
bajar del monte i {Por que , en fin , les
prohibió el Sefior publicar por uuiójices lo
que habían visto? Toilaí c¿U 9 circunstan­
cias deam cm & a la realidad del mi la-
<01
pro , á las cuales puede a&adirtc que
sin Pedro en sus cartas ( J’ . Pctr. í .
v r. 16 & c.) habla de ¿1 no como de na
imtIo, s í q o como de un hccbo real que tenia
muy presente ca su memoria. S in Lucas
dice positivamente no aue vieron esto ca
sueños, sino que habiendo despertado vie­
ron aquella grau vlsiou. Por este prodigio
quiso J. C. no engañar i sus discípulo»,
sino convencerlos plenamente de sum isión,
y pertrecharlos contra el escándalo de su
pasloo y muerte.

NOTA XXXI I.

Sobre el cap. 9 de san Juan.


$. XIII.

Curación verdaderamente milagrosa del ciego


d$ oacjmwní». información hecha robre «sr«
milagro.

Muchas veces nos dicen los incrédulos


que no nos serla posible presentar un mi­
lagro de J. C. , el cual pudiese sujetarse
á pruebas que mereciesen ser adm itidas en
todos los tribunales. T como auiera que la
publicidad de innumerables milagros suyos,
y la calidad d&sus testigos, y la manera
como fueron obrados &c. & c ., persuaden
clarlsbaameme que apenas hay hechos hu­
manos quo pndleran sufrir mejor la prueba,
•j el criterio de los tribunales mas ilustra*
do* y severos que los milagros del Salva­
d o r; pero todavía podemos remitirlos a l
cap. 9 ilcl Evangelio de san J u a n , sobra
«I cual vamos á hacer algunas reflexiones.
1.a No puede darse sospecha alguna de
complot 6 convenio ó pieincdiucion en
el milagro de que se lubia allí. J. C. vé
de paso un ciego que pedia limosna. So»
discípulos se informan de las gentes del
▼ecindado de quien era aquel hom bre, y
«aben que es un ciego de nacimiento. Con c«o
preguntan á su Maestro divino: ¿Q u rárs
ti que ha pecado, si sa padre ó su madre,
para que ette Anmbrc aaciest cicgai Esta pre­
g unta, nacida del encuentro del ciego y
Uc la curiosidad de los discípulos, da oca­
sión al milagro. N ada estaba previsto: la
ceguera del meadigo csiá ya atestiguad*
por los de U vecindad.
3.a El ciego curado vuelve á su vecin­
dad i y cutftnces de los que le habían co­
nocido , unos dicen que era el que im es
«siaba c¡cgu , y otros Iq niegan diciendo
que era unq que ie It parreia i oías aun es­
tos postreras con semejante espresion y*
reconocían que el que teuian delaute era
de U estatura , facciones, y figura del cie­
go , lo cual en gran parte y» eauivalia á
«ecouocerlc por <¿l m ism o, y «oía les de­
tiene el verle con ojos de que h u t a ea -
IOJ
tónces habla carecido. M u bien proo­
to le reconocen plena y eoteraineoic. La
afirmación del ciego que les asegura k t
el miaino que tantos tiempos habían visto
sia ojos i el tono de su voz que les serla,
pcrfcaamcoie conocida , pues le hablan
oído pedir limosna; sus m aueras, sus ges­
to* , su vestido , el modo de esprcsarsc(
la sorpresa que muestra ua ciego de naci­
miento que recibe v ista , cuiudo par pri»
mera vea se le presentía los objetos, todo
esto hito desaparecer de coñudo la duda,
que alguoos tenían sobre su persona ; y
asi es que vemos reunirse todos sos veci­
nos para llevar este hombre á los fariseos.
Estos le preguntaron por su parte ¡cómo
era que veía i y les refiere cou naturali­
dad , como lo había hecho con sus veci-
nos , la manera cómo le habla curado J e ­
sús. Al oirle se divideu los pareceres de
los fariseos; u.ios diccn : ti t ftombr* quf.
no obiirvs ti lábjdv , no viene <1* Dior ; otros;
I eámo us pt c a i t , dicea , puede obrar st-
mejante m la g r ti Y asi preguucan de nue­
vo al ciego jqué juicio fonnibi del qu^
le había abierto los ojos? Y ¿ lie s respon­
de : es ua profeta. A consecuencia de esta
oo quieren creer que hubiese estado ciego,
ni recibido la v is ta , hasta que hicieron
venir i sus p ad res, los cuales les asegura­
ron que ea realidad era. liijo suyo y que
t u b u lucido ciego. Botóoccs convencidos
por la evidencia, reconocieron los fari­
seos la verdad de ia curación , y pública­
mente Jo confiesan ctuodo preguuian al
ciego ¿cuál juicio formaba del que le ha­
bía curado i y no pudiendo ya contestar la
realidad del prodigio , uabajarou por ins­
pirar al ciego uua idea nada favorable del
que le había obrado. Dlccnle que es un pe­
cador, nías respóndeles él : D ioj no oye i
los pecadores. Hiriéronle volver otra ves
lo6 judíos y le dijeron • da ¿loria d Dios i
lo cual entre Jo* judíos es un requerimien­
to que equivale A ua juramento. £1 cie­
go repite lo que en la primera vez tenia
diebo. Confundido» los judíos lo arrojaroa
fuera , dando con esta violencia ana nue­
va prueba de cuan Imposible les era negar
ti obscurecer la verdad del milagro.
Examinemos con atención la fuerza del
testimonio dido por este ciego, i.® ¿ I no
éolameate es testigo , siuo también sugeco
en quien se obró el milagro. V.° Es un po­
bre que presentándose á una jum a de per­
donas del mas alto crédito en la nación y
enemigos personales de J. C. , debía inti­
midarse coa su presencia. 3.° Ademas de
|uc la religión le obligaba i no atribuir
5 aUamente un milagro á J. C. , tenia que
femer d e parte de los ju d ío s , los cuales
habian decretado que el que le reconocie­
s e 'p o r el M ótate ó por el C rin o , sería
arrojad»'de la sinagoga ó escomaIgado. E a
JOf
tales circunstancias j quién puedepdudar
de U verdad de su jeposicioo) natt»-
ral al hombre decir um faltedad úmca-
mencc para hacerse infcLú ea esta vida y
ca la otra ?
La. ceguera de csw hombre no fue ua
hecho pasagero , ó de algunos momentos,
dotado por pocas personas ; Bino un esta*
do habitual de quince años á lo menos de
duración , pues no se le puede supouer me­
nos edad al ciego cuando fae curado. T o ­
do el pueblo era testigo de su situación^
ni es esta una de Us euferaiedadei que ae
fingea, como que habiéndola tenido desde
su aacimiento es un absurdo que niHo des­
de la cuni fuese capar de uu tal fingi­
miento , y que luego mis crecido le conti­
nuase con tal perseverancia que cúgifiase
á todos.
Su curación la examinaron personas
ilustradas y del mayor crédito y opinion,
á quienes La nteion miraba como á sus
doctores y maestros : que tenían la auto­
ridad de escomulgar, que odiaban perso­
nalmente á Jesús, y poco ántes habían
querido apedrearle. Ellos por dos reces su*
leían al ciego á un interrogatorio, para
ver si se cortará ó contradecirá en sus res­
puestas. Sujetan igualmente á lo mismo i
su pidrc y á su madre separadamente para
sacarles algún indicio de rospecba sobre
impostura. Están t u e u a ro lw d o s contra
m
Jesu sq n * «un cuando lea f» conocida la
verdad del m ilagro, d o le quieren atribuir
i P ie s , sino al demonio.
Hay mas : este milagro no solamente
era incontestable , sino también de pública
notoriedad ¿ pues euando Jesús poco tiem­
po después enseñando en el tem plo, los
judíos se dividieron ea opiniones con res-
pecto i él (Joann. c. 1 0 .) ; y unos de­
cían : ejtá tndtmoniado y ¡oto ; y otros : *i«*
modo de hablar na es dt un etidtmaniaiai
ipcaso el demonio pntde abrir Jai ojos dt lo$
eitgoti
Cuando el Salvador se presentó al se­
pulcro de L íu r o , donde se habían reu-
nldo¡ muchos judíos , dijeron algunos : t itt
que abrió iw ojos dt tm titgo dt nacimiento
l no pu diera haber hecho que no muí test este I
En todos los tribunales bista la depo­
sición de testigos para condenar á muerte
¿ un hombre. Aqui presentamos ua nú­
mero muy grande de testigos de vista , es
d e c ir, lodos los vecinos y cuantos pasa­
ban todos los dias por donde estaba pi­
diendo limosna este cieno , los cnales de-
poueu que le ban visto desde au nacimien­
to en aquel miserable estado, y que le ven
con perfecta vista en el día mismo en que
ic habiau visto ciego. ) Puede ua hecho
probarse mejor en juicio ?
R Pero Espinosa , replican los incré-
w du lo s, asegura que el ciego de uael-
107
w miento fue naturalmente carado por la
i* saliva que J « u s le aplicó á los ojos; y
n el famoso oculista Geudron , para curar
*» las enfermedades de ojot > no mandaba
*> ordinariamente sino lavatorios 6 baños
r de agua común. n
Necesario es tener , como E spinosa, un
alma capat de devorar los absurdos mas
m onstruosos, para pensar asi. Y en cuanto
A Gendron couveuimos eu que para las in­
flamaciones de ojos no prescrlbia mas que
agua fresca > ¿pero trató alguna ve* de cu»
rar con semejante receta ¿ un ciego de
nacimiento í

NOTA XXXIII.

Sobre el cap. 11 de san Juan.


§. *m h.

D t la rtjurvteeion d* Láxaro. Cireunttanetes


fue la prccerlíii. Serie Jt tite milagro. Obje­
ción»/ y ropuritíij. Partieularti objtcionu
dt /Poolstoo. Si eitt milagro k fingió
san Juan,

El mas brillante entre Jo» milagro» de


J . C. es la resurrección «le I-áxaro. Wools-
ton , J. S . Rousseau , el historiador cri­
tic o , se han servido de toda su sagacidad
para disfrazarle y hacerle sospechoso. Pa*
108
ra impugnar tu realidad han supuesto ó
que Lázaro no estaba m uerto, 6 que Ja his­
toria de U resurrección es uaa fábula in­
ventada por san Juan. Examinemos estas
dos hipótesit y demostraremos que ni el
fraude ó impostura , ni el error ó casua­
lidad , ban podido tener parte alguna ea
esic hecho.
I. Liza.ro era un hombre rico y de con­
sideración entre ios judios. Prueba de esto
la tenemos en el mucho precio del ungüen­
to que M a r ía , hermana de L átaro , derramó
sobre el Salvador ( valia trescientos dena-
rios rom anos, cerca de seiscientos reales
v elló n ), ca el modo como le embalsamaron
después de m uerto, en las atenciones d is­
pensadas por los principales judíos de Je-
rusalem que viuieron i consolar & M arta
y i M aría por la muerte de su herma­
no &c. Las personaste distinción no acos­
tumbran tomar parte en una Impostura; pero
en la que sea de la especie de esta que
•uponen los incrédulos , nadie es capaz de
tomarla. Porque ¿quién se h alla rá , sea el
que fuere, que sufrí que le coticrren, ata­
do de pies y manos, y cubierto su ros­
tro coa un lie n to , el cual desde el primer
dia le dejará ahogado! ¿que le metan en
uua gruta cavada en tierra ó en una pe-
fia y le encierren allí por cuatro dias , sin
otro objrto <|uc favorecer á un impostor
que quiere pasar por un obrador de tnila-
109
groa ? Ademas, Lázaro y sus hermana*
crcian que Jesús era el Mesías -j M arta
hito de cJlo noa profesion pública. Si Je»
sus á personas, que le tenian ea esta opi­
nión , hubiese propuesto tomar parte ea
una im postura, ¿no las hubiera por esta
mismo hecho desengañado de su buen con­
cepto , de manera que ya no le teudrian sino
por uu seductor ? Ademas , Lázaro y sus
hermanas ¿que podi&u prometerse de uno.
impostura tan increíble I j Cuánto no te­
nían que temer por ella? N i bastaban ellos
•oíos para tal ca so , íuas deberiau haber
entrado en el sus domésticos y otras mu­
chas personas : y sin esto , j cómo podría
Jjnglrec uua enfermedad , uua muerte, uuos
funerales , y el embalsamamiento de una
Í ersona de dinincion , á media legua do
erutaletu , sin peligro de que se descu­
briese tgdo este artificio i El temor solo
del resentimiento de los judios ¡ no de­
berla desconcertar á Jos cómplicrs i Aque­
llos habían publicado uno ejeomunion con­
tra los que i Jesús reconociesen por M e­
sías : hablan ya intentado prenderle mas
de una vez. Pretender eu tales circuns­
tancias armar un engaño ¡ no seria apre-
turar la ruiua de Jesús con la de los que
le acompañasen en él í
J. 8. Rousseau toma un otro camino
para Impugnar este milagro. Pretende que
cu esta ecurreocia codo lia sido muy na­
tural. **Lázaro (d ic e é l , C an. de la.
t» mont. cari. 3. ) no babia m uerto; ma*
ti había caido en ua sincope : lo adivinó
o Jesús , le hizo retornar de su desfalle­
c im ie n to y esto se iota ó por uua resur­
tí reccion. ”
Pero para disfratarnos este suceso i
lo natural, ha suprimido Rousseau la¿ cir­
cunstancias decisivas. ¡T a i ea la buena
fe de los Incrédulo» I
El Evangelista, uus muestra cuanto era
lo que aniabaa i Lázaro sus hermanas; y
su dolor despucs de la muerie de un her«
mano tan querido se nos presenta coa to ­
das las señales posibles de sinceridad.
Los judios , que babiau Ido de Jerusalemi
crccu que M irla , cuando salió ¿ presen­
tarse i Jesús , iba á llorar al sepulcro dé
su bermauo : lo que ellas , la uua primero
y luego ia o t r a , dJccu 1 Je s ú s , las )¿*
grimas que derrama M a r ía , las que el
mismo Jesús derrama , la respuesta que
da A las dos herm anas, la admiración de
los asísteme# que esdamau : rsu qat curó
al CÚgO dt nocimitnio j no paditra haber im­
pedido iu n>ucri< dt su amigo ‘ todo esto es­
tá anunciando sinceridad y buuua íc.
Una esencial circunstancia es que Je»
sus no en a b i en Bctania cuando L ita ra
enfermó y fue enterrado , sino á la otra
parte del Jordán A mas de doce leguas
de distaucia. Le enviaron un piopio que
te lo « v isite > pasaron por lo menos cinco
dias desde que pan 16 el propio hasta que
llegó Jesús , el cual no quiso apresurarse.
Sí , pues, Lázaro solo hubiera caído en ua
sincope ó leurgo j como Jesús , no siendo
mas que un hombre ordinario ( como le
suponen nuc&lrus enemigos ) podría saber
que aquel hombre , que «n e¡ conctpfv dt
todos ataba m uirlo, ao tenia otra cosa que
no letargo profundo ; y cduio pudo adl-
vinar que biea pronto había de cesar su
desfallecimiento f Y ademas ; se ha visto
que cuando uu largo sincope es precedido
de una enferm edad, se recobren al mo­
mento y repentinamente las fuerzas ? Láza­
ro , pues , apenas sale de su pretendido
desfallecimiento , comienza á andar t co­
n o cuando tenia perfecta salud. Finalmen­
te , aquel cuerpo arrojaba ya de a i, cuando
Jesús le tornó í la v id a , el hedor propio
de nna putrefacción comenzada , y por con­
fesión de todos los médicos presentaba una
prueba la mas indudable de la muerte*
Luego cicnlsiiaamcnte se hallaba muer»
to Lázaro cuando Jesús llegó á Betauia.
Este Dios Salvador pasó á su sepulcro
acompañado de un grao número de judio»
que cocí m alignidad observaban sus proce­
dimientos : hizo qoc levantasen la piedra
que cerraba el sepulcro para que rieseis
¿ Lázaro sepultado y percibiesen el hedor
qu« cabalaba su cuerpo ; tozuda al muerto
i 13
que salga del sepulcro: al momento sale
L á u r o , i pesar de u-ocr a ta d » sus pier-
uas y aseguradas la u u cou la o tra: apa­
rece cerrados los ojos: los judíos misinos
Ó le desatau 6 le veu desatar : no les que-
da recurso para poner en duda su resurrec­
ción , y asi es que iiuludableaieuie ia creen.
Y asi coumuvidos y aterrados cou este
p ortéalo, U mayor parte de ellos crees
ea J . C.
" Mas no ereyerou to d o s, replican los
wincrédulo* , áotes bien alguhos fueroa i
w couiar á los fariseos lo que Jesús aca*
» baba, de hacer. ”
fes v e rd a d : pero j qué les dijeroo ?
) Denuuciarua alguna muestra ó indicio
de ira ude ó impostura ea lo que acababa
de ocurrir ? ¿Les aseguraron que eu ello
uo habían Dotado cosa que no fucw na­
tu ral? {que Lizaru Había caído en uu de-
iiquioó desfallecimiento, y que babia vuel­
to en si en el momeuio que le dio el aire {
M ida de esto d¡_jcrou¿ anees por el con­
trario hablaron de la resurrección de Lá­
u r o como de uo m ilagro verdadero, pues­
to que habiéndolos «ido ioi principa ¡U iot
sactrdotií y los fárticos, reunulo coneiíi« , J i­
jar*»: j huremui i puíj *¡lt hombre hite»
mufhos im'iigroi} y si U dijawos, todos cree­
rá* en éi tvv. 47. 48.).
Refleuoneaios un momento sobre el.
pcccediaiicato del concilio. So. electo , 6
<13
L ita ra hábil resucitado d e 'v e rd a d , * su
rcsurreccioa oo fue uias que una impos­
tura. Uno y otro caso crau muy g u r d
para que los magistrados los núrascu coa
indiferencia ó cerrasen ios ojos: * .te* bicu
debieron no oaiiiir diligencia alguna pal*
verificar si el milagro era verdadero, pira
dai gloria i la verdad; ó si e n uu en­
g a to , para castigar á sus autores. Esta
fuera la mejor ocasión para de*iiacm e de
J. C. , objeto de fu odio i y L a u ro me-
recia tiu duda acompasarle ea el suplicio,
si se bsbia pregado i figurar una resur­
rección. Sin embaí g o , instruido el convi-
lio de las voccí que ctirriaa, no se torna
el cuidado de hacer una diligente infor­
mación de lo que eilas anuncian. La ver­
dad qae ea un principio quiere quitar la
vida i Li*a/o con J . C .; pero peco des­
pués muda de parecer; deja que la co¿4
se v a ja desvaneciendo; a i siquiera pre­
gunta á Lázaro ni i sus hermanas; y en
ci proceso que pocos dias después intentó
contra el S alvador, no babla una palabra
de este hecho. Coa solo suponer dudoso
este m ilagro, uua tal conducu es incon­
cebible. M as supongámosle verdadero, y
desde el momeoto aparece llana y muy
natural. N o bailando un medio par donde
coutrarestar este gtaode hecho, el concilio
se vio en la necesidad de oo emprender
un exámen jurídico sobre é l , pues cuu.cs-
I W V il. t
<14
ia diligencia hubiera aumentado su certe­
za y publicidad, quitándoseles tal vea
con ello para siempre codo recu'ao para
perder i ua hombre que resucitaba los
muertos.
He aqui todavía nuevos testimonios.
Sobre unos quince dias después de la re*
surrección de Lázaro fue Jesús de Betania
á Jernsalem : la gente que estuvo preseate
cuando resucitó á Laiaro, le acompasaba y
daba testimonio i este misino prodigio. Los
ju d ío s, que hnbian ido á Jerusalcm para
la fiesta de la Pascua, noticiosos de que le
había obrado , le salieron al encuentro con
ramos y palm as, gritando: bendito ei que
viene (o el nombre del Señor. Oyendo los Tari*
seos estas aclamaciones , se dijeroo anos í
otros : ¡ oo reís que de nada no* jirtw cuanto
ftuictmoj ? Ht aqui que torio el mundo o j en por
dt é¡. Luego he uaul , por confesión de los
fariseos, convencidas todas las gentes de
la resurrección de L l u r o por habérsela
oído A los testigos de v i s ta : htlat toJju
que van en pos de Jesús y le miran cuino
4 enriado de Dios , movidas de este mi*
lagru.
w Pero, continúa R ousseau, un muerto
» purde no estarlo. Véase el libro de M.
n Bruhier. L iu r o estaba ya enterrado. )Scrá
n el primer hombre A quien han enterrado
n vivo ? Lo estaba ya dt cuatro dias. j Quién
n los contó i Jesús ao , puc» c«taba ausen-
lis
*) te. H tdb ya. {Qué sabe* tú ? lo dice su
*• hermana: he aquí toda la prueba. El
» terror , el scaiiiuieato habicia. becbo de-
w cir oiro tamo á cualquiera otra inuger,
r aun cuando uo fuc&c verdad. Jetut no hace
u mas que llamarle , y tale. Cuidado , no
n aca que raciocines mal. Se traía de una
•>imposibilidad física } y no la h a y .”
No dudamos que á veces se han en*
terrado percouas v iv a s , teniéndolas por
m uertas} uias defeudanos que L ixiro itrla
ia primera , si las demás hubiesen sido en­
terradas como él. Coa tal mudo de enter­
rar era imposible que uo hombre viviese,
no diremos c u a u o , mas ni auo uu día eu.
tero. Los judios embalsamaban los cuerpos.
Un filósofo muderuu ( Livestigacioiies filo­
sófica» sobre lo6 americanos, t. 2 , S. part.,
tcct. 2. ) ha probado que los judíos habían
variado poco del modo como los egipcios
enterraban. Despues de ungir y polvorear
cou aromas los miembros del d ifu n to , se
los fajaban coa cimas embebidas también
y caladas de cllu s: envolvían asimismo y
cubrían la cabeza con un eudaiio. T al era
ci modo como habia sido euterrado Lázaro.
A dviértelo el Evaugelisla , haciendo men­
ción de las ciutas con que estaban fajados
sus pies y m anos, y del sudario de su
cabcxa.
Los días que Lázaro estaba ya enter­
rado , icuianlo* domados y sabidos lo*
116
tabicantes de Betania. ¡Se ha visto que
en uoa aldea se entierre algún psdre d«
familia , algua hombre un poco distinguí*
d o , siu que lo emienda a todos los habi­
tante*?
Si el terror y el sentimiento hicieron decir
á M arta , que su berma no ya ludia i luego
no estaba coucertada ai lunia lucho com­
plot coa Jesús , coaio aos lo ha dicho el
filósofo ginebrino. Pero M an a hablaba
delante de uu gran número de judíos que
podiaa convencerse por al mismos de la
verdad del ca so : y j pudieron dudar de
e llo , cuando levaataroo la piedra que cor­
laba el sepulcro ?
Y ¿no es fhicamentc impasible que un
m úerto, enterrado ha ya cuatro dias , fa­
jado de pies y manos y todo' envuelto,
salga por t í del sepulcro en virtud de tres
palabras las mas sencillas? (Qué es lo que
pretende Rousseau «nst fiarnos de nuevo en
materia de física que sea contrario i esu
notoria ¡mpodbitíJad f
E l historiador critic o , tantas veces el­
u d o , dice (c. 14.) que "los judíos bailaron
n caracteres tan palpables de la impostura
» e n este m ilagro, que léjos de convenir-
» s e , tomaron la resolución de deshacerse
n de Jesús , el cual se vió eu la precisioo
•>de retirarse.”
M as } por qué el critico no nos indica
estos caracteres i N ow itos por al contra-
ÍI7
f i o , hallamos que le» fue tan notoria la
verdad del hecho , que á los mismos que
no se convirtieron los llenó de turbación,
y de cornado clamaron coa una confesion
ia mas ingénua , aunque forzada: i qué ts
¡o que hacemos ? f utí ate hombre hace mu-
choj milagros. v Pero no je convirtieron.11
Y jquicu le ha dicho al critico historia­
d o r, que entre c) milagro y la cooverslou
haya uua coucxioo necesaria al aun ordi­
naria ? j Cuántos objetos pueden interpo­
nerse que la impidan i j En cuántas per­
íocas estos mismos objetos haccn uua im­
presión mas fuerte que la de los milagros t
Cabalmente no cscusó el Evangelista de­
cirlos las palabras en que loa judíos no
convertidos prorum pkron; y eu ellas te­
nemos tratadas parte de lis causas que los
retrajeron de convertirse. iQ u i hacemos t
dccian , pues este hombre hace machos mila-
grot i y ¿(Ladeo; ti le dejamos ojJ , todos
creerán ro é l, y vendráo ¡os romanos y ar­
ruinarán lUMitra ciudad y nado». He aquf
uu mal temor humano , que obraado fuer­
temente en aquellas almas carnales é in­
teresadas- estorbó su conversión. M as no
la estorbó en to d o s, antes bieu muchos de
los testigos creyeron, dice el Evangelis­
t a , en J. C. ; y qo espresa que los que
fueron A dar cucnta del caso A los fari­
seos , se mantuviesen en su incredulidad.
<r Este hecho le costó á Jesús (ibid.)
1(8
r»una proscripción general. Lázaro» des-
« pues de su rcjurrccciuu, ya uo partee ca
tt ia e(eeoa.M
Todo e«to t t muy falto. En lugar
de una proscripción ¿tnerai , el número de
los discípulos de Jesut iba ca aumento:
toda el mundo, dicen loa fariseos, va en
poi dt it. £u el convite que 4 Jesús se le
biso en casa de Simón , L d w o rra uno dt
fo/ confuid¡foi. Machos vinieren de interno
i Betania para ter i Lá*art> ie«uci(ado.
T i L is jr o , dicen los incrédulos , ya no
f trece ea ¡a «iccrw?
Des pues d¿ haber falsificado la histo­
ria , para poder argumentar contra ua mi­
lagro tan evidente , el hiaioriador critico
nos remite ¿ W oolslon, el cual no e*il
m:no* ridiculo que su citador. I .° " ¿ P o r
« q u é , d ice , litró Jesús 4 L ázaro, ya que
« ib a i resucitarle! *’= Lloróle para acom­
pañar con sus lágritna* las de dos perso­
nas afligidas; para, llorar la ceguedad
obstiuada de los Incrédulos que se le re­
presentaba vivimcnte trazada en aquel di*
iuiuo que iudia ; para provocar mas etican-
meute la bondad de Dios su padre. -
2.w " T jpor qué llamó á L áu ro 000
n u il grito i **= Para quitar i ios judíos el
prctesto de decir que Je habia resucitado
con {tatabras mágicas.
3.** w Y i por qué Lázaro resucitado no
o dijo, cosa alguna d d otro mundo í ” =
119
Porque la revelación nos ba enseñado bas-
tauie lo que necesitamos saber} y L ita ra
con sa resurrección daba un testimonio el
mas clásico y patente á lo que de ello te-
uia revelado J. C.
4.® w j Por qué no biio J . C. que le
» quitasen á Lázaro el sudario del rostro,
•tánica de resucitarle i Lo6 presentes hu-
»>bicran visto inejur si estaba verdadera-
» mente muerto, y 1c hubicrao visto pasar
» como por grados de la muerte á 1a vida.'*
Loa presentes no necesitaban de ver á
L ázaro, pues sabían que estaba muerto y
sepultado cuatro dias habla. Por lo demás,
los Incrédulos critican y censuran todas las
acciones dei S alvador, cualquiera que sea
el modo como las cgecuta. Si se sirve de
dos operaciones (M a rc. 8 .) para curar i
un ciego, y por grados le restituye la vida;
claman al instante , y dicen que Jesús co
es omnipotente , pues no cura á este hom­
bre en un momento. Si en un momento,
con salas tres palabras ( L i u r o , tai futra)
resucita á un muerto de cuatro d ía s , cen­
suran el que no le naya vuelto gradualmtn•
Ir la vida. Y {quién no vé que con la re­
surrección gradual hubiera sido menos bri­
llante el m ilagro! Al verle pasar por gra­
dos de la muerte á la v id a , ng hubieran
dejado de decir que desde que «e le des*
cubrió el rostro y le di6 el aire libre, ha­
bla cesado su deliquio ó sincope, y que
Í20 .
la oatnralcsa tomando vigor le hábil dado
por grudoi la vida.
5." " Pues se dice que algunos de los
»> testigos fueron i decir á loa fariseos lo
„ qm ¿ibia hicho Jijbj ¡ esto aiguifiea que
n i nerón i descubrir el fraude."
Antes bien signiáca lo conuario , pues*
to que los fariseos miemos, de lo que se
les d ice , infieien qoeftacr rnuíftai milagros,
y que si se le deja continuar , todo tim an­
do irttrá en H. \ Por cictto que argumen­
tan desgraciadamente nuestros críticos!
"S i c»c uiilagio fuera indudable,
»>no es posible que la rabia de los judíos
m llegase basta el punto de intentar con-
i»tra U vida de L iu r o y de Jesús. Es mas
n n a tu ril creer que á ambos lus tuvieron
»> por reos de impostura.”
Tal es el encjpi icbunicnto de los in­
crédulos. Quieren mas bien pensar que J e ­
s ú s, sus discípulos, L ázaro, sus te rm i­
n a s , sus domésticos, sus am igos, sus ve­
dao s hau sido de mancomún impostores é
insensatos , que seducían con peligro de
sus vidas , j sin motivo alguno ¡ que con­
fesar haber sido ios judíos unos hombres
furiosos y arrebatados. Peí o ¡ no nos los
ha representado asi el mismo Josvfó, sa
historUdoH Basta leer lo que wgan él hi­
cieron durante el üliimo sitio de Jerusa-
lem Mas fqúées loque decimosí >Su pos­
teridad oo aparece cou este mismo caxác-
*21
ler en los dles y ocho ligios que han trans­
currido desde eoióuceei l A h ! La ub«ti a l ­
ción misma. de los iucrédulos de nuestro®
tiempo» C6 una prueba bien clara de adon­
de pudo llegar la de los judio», y de lo
que obra uua paiiou en los to m o n es que
se abandonan i ella. Muchu mas cuaudo
se le aiiiau los temores de vene perdidos
por uua nación csuaña , comu íuccdló ea
ene caso, y dios mÍMnos lo decian
II. Oiro6 incrédulos, viendo que la
narración del Evangelio no podía ser im­
pugnada en sí uiisina , han tomado el par­
tido de sosiener que era una fcbula.
** Sai» Ju a u , d icen, la ha forjado ea
w un tiempo eu que no había ya testigos
«•oculares y contemporáneos que pudiesen
» contradecirla. Los otro» ires Evaugelis-
» ta s no bau hablado de ella. E» eviden-
•»te que en cuauLo á las resurrecciones lus
m Evangelistas han ido aumentando; los dos
» primeros solo hablarou de la de la hija de
it Jairo que acababa de espirar. San Lucas
»> añadió la del hijo de la viuda de NaJui,
n á quien ya llevaban al sepulcro. Saa
ti J u a n , por amplificar , cuenta la resui-
n reccion de Liaaro cuatro d lis muerto J
»*que hedía ya. Esta progresión de lo ma-
» ravilloso huele á fábula y i deseo de cu*
•» gafiar. Ningún escritor judio ha hablado
n d c este milagro &c.”
No insistiremos en el carácter personal
isa
de san J o a n , en su venerable edad, en el
tono de candor que rey na en todos sua es­
critos , y ea la inutilidad de esa preten­
dida fábula para establecer el Evangelio.
M as }cóuio un anciauo de cien años , un
cscilLor ju d io , á quien los incrédulos le
disputarían el menor grado de talento,
pudo forjar una narración tan natural y
tan circunstanciada , donde todo está acor­
d e , todo contribuye á persuadir; ei uo es
por haber sido testigo ocular d d hecho y
del modo como ba pasado! Con la critica
mas sutil y maligna no han podido descu­
brir aquí los incrédulos la menor ad ia ld e
impostura.
Es asimismo falto que no había en-
tónccs testigos oculares. C uadrato, discí­
pulo de los Apóstoles , testifica ( Euseb.
iib. 4-. c. 3. ) que muchas personas curadas
ó resucitadas por J . C. babian vivido h as­
ta su tiempo , en el de Adriano bicia los
años 1 20, y por consiguiente el tiempo
bastante para haber sobrevivido mucho á
la muerte de san Juan. Luego este Evan­
gelista estaba rodeado, ya de testigos ocu­
lares y coutcmporáneos , ya de gentes que
pudieroa saber la verdad por U narración
de otros muchos que lo habían sido.
La resurrección de Lázaro no fue un
hecho obscuro que san Juaa pudiera Rugir
sin ninguna consecuencia. E l mismo a d ­
vierte el mucho ruido que en la Judea ba-
m
bia metido Cite ca so : que por una parte
aumentó el numero de Jos que siguieron ¿
Jesú s, y ix)r otea exacerbo i rus enemigos
y les uizo lomar la rc&oluciou de acabar
con su vida. Luego no era posible publi­
carle faltamente sin exponerse A ser des­
m entido, y esta imprudencia hubiera sido
tanto m is grosera cuanto era cieno que
los otros Evangelistas no hibian hablado
de este suceso. Luego siempre deberíamos
suponer que sin Juan aaúia sido un im­
postor de mucho acierto, capai de fingir
una narración que por st sola pudiese im­
poner ; pero jumamente tan desacertado é
imprudente que no vió el peligro í que se
esponia de dañar ¿ su ca u sa, traiaudo de
favorece'la.
También aseguramos ser falso el que
san Juan haya pretendido dar «umrnio y
(impiifiración i Jo marauiiioio de los mila­
gros de J. C. ; pues pasó en silencio ao
solamente las dos primeras resurrecciones
referidas por los otros Evangelistas, sino
también la transfiguración de J . C ., de la
cuil babia sida testigo ocular. T este pro­
digio era por lo menos taa capaz de csci>
tar la admiración como la resurrección de
L iiaro . Leyendo su Evangelio se nota que
su principal objeto fue referir los discur­
sos y acciones de J C. , de que no habían
hecho mención los otros Evangelistas: y
jumamente es uoiorio que eatoa mismos no
i2 \
•e propusieron formar una historia com­
pleta cíel Salvador.
En el Stfhtr thohdath Je iu , confiesan
los judíos que ]■ C. había nsucitado n u r -
101. Y estaconfesion de d ios ¡no debe bas­
tarnos í }Se q uerrá, que para haceisc iu-
eac usables y cubrirse de ignom inia, de­
bían haber dcscrlpto circunstanciadamen­
te y por menor estos milagros y rcauriec-
doaes )
Es visto i pues , que ha sido un arro­
jo tem erario, destituido de todo funda­
mento de parte de los iucréduloa, el ha­
ber atribuido á san Juan la ficción de la
resurrección de L ix aro ; mientras iodo con­
viene eu dar testimonio i su buena fe , y
á asegurarnos que no le era posible seme­
jante ficción, siu destruir la santa causa,
en cuyo favor escribía. La temeridad y las
imaginarias suposiciones de los impíos,
destituidas de toda sombra de apoyo, ja­
mas merecerán otra cosa que el desprecio
de los sensatos y de los que teugan ua co-
<25
NOTA XXXIV.

Sobre el ven. 17 del cap. XVIU de


tan Mateo.
$ . U IT .

Swtido Je Ias palabras: Al que no escuchare


i la Iglesia , lento por gentil
y publicano.

Las palabras de J. C . : ai que «o íjcu-


chan á la Iglesia , ttiaio por gtniU y publi-
cdiw, creemos que ticucu e6ie señuelo, i
sab e r, que el infiel que conoce la Iglesia y
rousa em rar en ella , y todo el que criado
en su seno se separa de ella por la herc-
gia 6 el clim a , están fuira ael camino Je
h salud, se hsccn reos de uua obstinación
que los hace dignos de condeaacioo. J . C.
uo ha prometido la vida eterna sino i las
ovejas que escuchen su voz: lasque huyan
de su redil serán presa de las bestias vo­
races (Joann. c. 10.).
Para hacer odiosa esta mlxiina supo-
neo los incrédulos y los enemigos de la
Iglesia católica, que segnn nuestro modo
de p ensar, son los que están en el cisma
ó en la huregla por desgracia de su naci-
miento , por uua ignorancia invencible, y
sin culpa suya esiin escluidot de la sal­
vación.
i 26
M » esta es uoa falsa acusación. "T o -
n dos los que uo participan por su rolun-
u n d y coa conocimiento de causa ,. eu el
tt cisma ó heregla , constituyen pane de
«i la verdadera Iglesia , n dice Nicol. Trau
de la unidad de la Iglesia, lib- i , c. 3 .
Asi lo eoseEu.ii keii Agustín ( dt umt. Eccles.
c. a*. n> 73>=>it). i • dt bapt. contra dona-
l ú i . c . 4 . n. f . = .ib. 4 . c. 1 . tt 1 6. a . 2 3 . ) ,
aao Fulgencio (d i fide ad Petrum, c. 3 9 .) ,
Salvianu (Je gulxio. D ei, iib. j. c. 3.). SÍ
algunos teólogas se han producido de utra
m anera, suopinion particular nada prue­
ba. Nosotros uo citaremos m asque ua pa­
sase de sao Agustín (Episl. 4 3 . ad Glor.):
" dice sau Pablo: ai htrtgt despuci dt ana
»> ó das corrección» t vítale, sabiendo que it-
ii iiujanlc hombrt lítá corrompido, que prca,
u y qut por su propio juicio Biti candituda.
n En cuanto i los que defienden uua doc-
u triaa falsa y mala sin niaguaa obstina-
iic io n , especialmente sino la han inveu-
11 tado ellos por una presunción osada,
•* sino que la han recibido de los suyos
n seducidos y caídos en el error 4 y si bus-
•« can cou cuidado la verd ad , prontos ¿
•» corregirse ca el moineuio en que la ha-
•1 Uen , uo debemos contarlos cutre los
n hereges.”
137

NOTA XXXV.

Sobre el vers. ia del cap. x iz de san


Mateo.
$. X IV .

D t la virginidad j del celibato. Confírmate


la doctrina tv/mgilka iabrt estot punroj. £ j-
pontiut y se rtfutan las objeeiontt dt Jas
incrédulos.

La virginidad se ha mirado s ie m p r e
coa recomendación cutre loa cristianos.
Desde el siglo II se gloriaba la Iglesia de
tcucr muchas personas de uno y ouo sexo
que profesaban com iueucia, y loa apolo­
gistas del cristianismo se la hadan notar
á Jos gentiles. MEntre nosotros, decía san
n JuHino (Apol. 1. n. 15.) un gran número
n de personas de ambos sexos , de edad de
« sesenta y de setenta ano», que desde su
i* inliocia fueron in stru y as cu la dociri-
i* na de j . C . , perseveran en la castidad;
n y y o me obligo ¿ seiularoslas e n todas
»> las condiciones de la sociedad. ” Los
fíeles de sesenta años de edad en tíimpo
de san Justino, y criados desde la infan­
cia e n el cristianism o, d o pudieron me­
nos de haber sido iustruidos ó por los
Apóstoles ó por sus inmediatos discípulos;
128
y este mismo padre entiende que estos
fíeles se determinaron á guardar cuuii-
nencia cu viriud de las palabras de J. C.:
hity tpucnti sr Akirron «unaeor por el rtyno
dt íoi cielos "N osotros, añade, 6 uos ca-
»i samo» ÚQUimcüic con el fia de tener hi-
»ijos, 6 «i cscusamos el uutiim onio vi-
*>vimos eu continencia perpetua.’*
Atenágora* , que escribió por el mismo
tiem po, ce espresa del mismo moda (Legas.
pro christian. n. 3.) como también 11er-
m is que es mas antiguo (Patt. lib. a. mdi»*
Hat. 4. & 4 ). Podríamos hacer ver que U
doctrina de san Pablo es sobre este punto
exactamente conforme con la de J . C .;
pero como nos hemos impuesto la ley de
no tratar niugun punto de controversia,
uos remitimos i los teólogos que han de­
mostrado la ctceleocia de la virginidad,
de la continencia y del celibato eclesiás­
tico, es d ec ir, del estado dc^aquellos que
por motivo de religión han renunciado al
matrimonio i y en ellos podrá veise la re­
futación de todus los errores qne se hau
enseñado eu estos últimos siglos contra la
doctrina y práctica de la Iglesia católica
sobre el particular. Véanse, entre otros,
los articulo* ctlibuio y virginidad del D ic­
cionario teológico de M . B urgicr, y la
apología del celibato cristiano pur el Ab.
de V illiccs, París 1761. Nos ce6iremos,
pues, í responder a las declamaciones da
los incrédulo* contra el celibato eclesiás­
tic o , y ú. examinar si ia mudanza de d¡«-
cipllua sobre este punto produciría efec­
tos tan ventajosas como ellos pretenden.
Lo* modelaos tremores del celíbatd
cristiano y eclesiástico no pueden negar
que todos los pueblos antiguos, han apro­
piado al estado de continencia una idea de
perfección, y juzgado que este estado con­
venía con especialidad ¿ lus hombres cou*
sagrados al culto de la D ivinidad. Judios,
egipcios, persas, ¡odios, griegos, tracios,
rom anos, galos, peruvianos, los discípu­
los de Pitágoras y de P latón, Cicerón y
Sócrates, todos csiáu acordes sobre este
punto. ¡Q uién ignora el csl-cso de pre-
rogatipas dispensadas por los romanos á
la 6 Vestales 1 No es, pues, de adm irar que
los fundadores del cristianismo hayan rec­
tificado y consagrado esta misma idea. A
pesar de la sublime sabiduría , de qus se
jactan nuestros filósofos y políticos mo­
deraos, les será. harto difícil persuadir que
su opinioo esté mas bien fundada que la
do todos los sabios antiguos. Para con­
fundirlos y cubrirlos de rubor aos conten­
taremos con repetir aquí lo que Ciceroa
dijo ea un diálogo de su Hortensio ( jp.
Aug. lib. 4. contra/iwwn. pcJjgian. n. 73.^.
" 1 Cómo, decía aquel filósofo geniil , se
n puede amar ci placer de los sentidos, al
n cual el grave Platón mira justamente
Tomo V il. 9
130
n corno una. seducción y como el ma □i n ­
ri i la L do todos los males! |N o es ¿1 el
*1 que arruiua la salud, desfigura el cuer-
» p o , destruye bu hermosura, avergüenza
i> y confunde l i hum anidad, y merece que
v se le mire como ti mayor enemigo de h fi­
fí hsofia, piprque cuaiuo mas violento, tanto
»» ñ us encadcna la reflexión que ea la p ar-
jf te mas nuble del pensamiento i X cu cíec-
» t o jh ay hombre meaos A propósito para
n í a s reflexiones sabias, para loa sóJidos
r> raciocinio», para los sublimes pensamlen-
n tos de la filosofía que el que gime bajo
» la servidumbre del placer i " ¡ Cuán di>
ferentes y cuáuto mas racionales y sóiidus
soo cuos pensamientos de un autor gentil,
sin conocimiento alguno de la revelacioa,
ue los libres discursos de nuestros preten­
3 idos sabios modernos I
Para cargarnos con la odiosidad de sua
llceociosos priucipius , en vano se empc*
fia o ei: acusar ai cristianismo de que ba
envilecido el m atrim onio, y enagenado
de el á los hombres , como si la escelea-
cia de Ja virgiaidad y del celibato cris*
ti ano disminuyese en alguu mudo el ho­
nor debido al estado conyugal. Bien lejos
de e so , J . C fue el que Je restableció en
su primer origen, el que le restituyó su
sautidad y dignidad p rim itiv a , y el que
abolió los varios desórdenes que la corrup­
ción del humano liuage habla, introducido
*3*
ea él. Suj Apóstoles se levantaron contra
loa hereges que le miraban como un esta­
do impuro i y ai nos represemaron ia con­
tinencia como un estado u u i perfecto , j a ­
ma* miraron como Impuro y crim inal el
estado del matriuiouio.
Se ba publicado en 1781 una obra
intitulada : los inconvenientes dtl celibato 4it
loj Eclcsiáiticoj, Impresa en Ginebra. £1
autor de este folleto ha reunido todos los
sofismas, acriminaciones 6 imposturas de
los euemigos de la Iglesia sobre csie par*
tic u la r: no ha a&adido otra cosa sino unos
pasages falsificados, otros fingidos de au­
tores que nadie conoce, y algunas frases
impúdicas copiadas de nuestros filósofos
epicúreos. No noa detendremos mucho en
esta obra absurda , cujas objeciones por la
mayor parte peueaecca ¿ los controver-*
•istas.
Pretende ( part. I. c. 2.) que " e l celi-
»* bato puede dañar ¿ la salud , acortar
n la vida. ” Exagera en estremo la difi*
cuitad de guardar continencia. Si esta
▼irtud es tan penosa y mortífera , serí
preciso permitir por hum anidad el adulte*
rio á las personas casadas que por mucho
tiempo se hallan separadas de sus consor*
tes p ó i aquellas de las cuales una ha cai-
do en estado de flaqutza. que le hace im­
posible la vid* conyugal. Luego será pte-
132
ciso permitir la fornicación á l is que no
tienen medios para casarse , á pesar del
deseo que de ello ticneu.
Según este amor el celibato es una se-
fu i cieña de la decadencia de las costum­
bres. Y nosotros catamos acordes cgu él
si se trata del celibato voluptuoso y li­
bertino i pero ( podrá demostrar que las
costumbres son mat puras ea las países
doude el clero oo observa el celibato?
Cuaudu dice : R m ultiplicad los nutrim o;
» nlos y las costumbres se mejorarán , " de­
bía trocar la frase y d e c ir: “ mejorad las
«a costumbres y se m ultiplicarán los m atri-
n mooios. ” 4
Defiende, dice , dwpuri dt tantos otras
que las palabras de Dios & nuestros pri­
meros padres : cread y multiplicaos y Urrud
¡a titira , contienen uua Uy. Sin embargo
el testo depone que esta fu: una bendición
y no una ley. Y auu cuando lo fuera para los
primeros hombres j no tiene ya lugar des»
pues de h*bcr6C poblado la tierra, j Quién
se atreverá á deíendei que peca todo el
que nu se casa i Añaden que si el celibato
se generalizara , se acataría , el mundo;
pero podrá contestárseles que si el m atri­
monio se hiciera geuerai, la tierra no po­
dría alim entar á todos sus habitantes.
Pero ni el celibato se generalizará de modo
que la tierra quede , aln hombres , a l .se
n i
hará tan universal t i matrimonio «ve lle­
gue á dejarlo» m orir de hambre. La per­
fección no es de todos ; pero no por «so¡
deja de ser de algunos.
w Hay , coniioúa el mismo censor , vo­
ri toa ilegítimos , y los hay temerarios,
i* Nuestra voluntad es muy Inconstante ? a r* '
ii someterse á unas cadenas eleruas. ”
Muy poco valen los argumentos , sean
loa que fueren, contra los hechos; y he­
mos visto y a 'io s que san Justino nos ha-
Keferido de sus tiempos » y podríamos aquí
producir los de los nuestros , que aunque
ofretcan algunos egwnplares de disolución*
demasiadamente exagerados por los incré­
dulos , en los que profesan continencia
(jq ü lé n sabe si por fao haberlos animado-
las debidas miras cu sta vocación , 6 p6r:
la iofidelidád con que han correspondido
¿ las gracias de esta?) pOseaia*' éf(enf-
pías' innumerables de'personas Castísimas,
«Si d4 uno como d e ; otro sexo , t]ue coir
profesión y sin ella se han mantenido fie-'
les y puras dexde sus mas bel loa y peli-'
grosos años hasta sú ancianidad ?. D e e s to
podrá deponer el testimonio de los que
publicamente los obssrvao, y mucho mas el
testimonio secreto de'ios que obiervindo>’
les mas adentro, sabemos hasta donde a l ­
canzan sus mas recónditos sentimientos.
Pero podemoB responder al censor mas
directam ente, que-'también hay «mpafioff
m
({«¿femar, y aun mas im itarías que loque
atipoiveo ea los de los v o to s, los cuales
no.dejan tic ser indisolubles desde que se
los reconoce como no Mitas « y los eutpcfios
temerarios pueden ser conmutados, y auo á
veces admiten dispensa , cuando no se
opone i «Ha el bien de la sociedad.
Según otros Incrédulos , elegir el ce*
llbata y.renunciar al m atrim onio, y suje­
tarse á ello por voto ó por promesa > es
atentar coutra los derechos de D io s , pii-,
yáodonos de la libertad natural que 61 noar
l u dado. Pero ¿quién osari decir que «I,
hombre ba uacido coa una libenad natu­
ra l ilim itada i } Acaso uua ley , sea la que<
fuere , atenta contra este don de la natu-r
r a le u ?. Por otra p arte, si la libertad es
un doo precioso . dejese ¿ c ad a cual la li­
bertad de. elegir el estado y género de vi­
da que tupre de su agrado.
, .rfUn gran número (d ic e s tam bién) d*
» lo s que profesan el celibato crútiauo y
» eclesiástico , se arrepienten luego de ha»
n¿gr, tou\n4o semejante p artido.”
De aquí solo se infiere que hay bou**
brea naiuraimente iufsoasuutts , que ca
otro cualquiera estada rHo serian mas feli­
ces. i Cuántos de (asaque abrazan el del
matrimonio f , vienen á • arrepentirse tam­
bién? De i^ u i bau coocluido los filósofos
de uuestro siglo que^debia ser permitido
el 'divorcio ; aunque . cienUimámenle uo
ÍS*
coaviene al Interes de la sociedad favore­
cer la inconstancia humana , pues en este
caso nada habria sAlido y estable en la
vida civiL Véase nuestra nota xvi sobre
los cuatro Evangelios.
El autor del articulo Celibato en el D ic­
cionario de Jurisprudencia ha copiado la<
diatribas del Ab. de S. Pierrc , puestas
en la antigua Enciclopedia , añadiendo lo
que se lee en la de Yverdun. Nos conten­
taremos con hacer patentes algunas con­
tradicciones de este aulculo.
Después de haber sostenido que el ce*
libato estaba proscrito entre los judios en
virtud de la pretendida le y , cread y mut-
tipíicáoi , ae dos asegura que Elias , E lí­
seo , Daniel y los otros tres compañeros
auyos vivieron en continencia. Aquí teñe!
m oa, p u es, profetas , ámigos de Dios que
habrán violado públicamente su sauta ley.
Se oos ponderan las leyes hechas por los
griegos t romanos contra el telibato , y la
especie de infamia con que le notaban &c. j
y sin embargo se nos hace obtervar que
todot loi pucMoi han apropiado una ¡dea de
santidad y perfección i la continencia
observada por motivo de religión. Por una
parte se dos dice que no bav hombres á
quienes oo sea difícil observar el celibato»
y que los celibatarios deben de vivir tris ­
tes y melancólicos j y por otra se nos cita
una areoga de M ételo Num idico, dirigí-
136
¿ a al pueblo romano , ea la cual confiesa
ser uua desgracia no poder pasar sin Ua
mugeres , y no poder vivir con felicidad con
tUas i?c.
El autor de las investigaciones Glosó*
ficas cobre el celibato, caclama: "V ed loa
»»citados protestantes i hormiguean cu
n brazos, y el catolicismo ea desiertos.*1
En Suiza el mas poblado de los cao*
Iones es Soleure, el coal es católico Si
la Sicilia está llena de ruinas depende
del gobierno fe u d al, el mas destructor de
lodos. Los Palies Bajos católicos , las ricas
repúblicas do Italia }estaban despobladas
ea los siglos XV y X V Ii >Estaban en
menos prosperidad que la Holanda i La
P rusia ¿se halla mas poblada que el P a-
latin ad o , ó Ja Suecia que la Lom bardiai
En el diario tndclopáAic* de i 9 de mar.
»o 1786 se faa puesto una cana de Enéas
S ilvio, que despues fue Papa cou el nom­
bre de Pió II* en la cual se pretende que
d a n » ¿1 contra el celibato de los ecle­
siásticos; pero en el año literario de aquel
mismo a ü o , u.® 15, ha defendido i|n sabio
á este Pontífice , y descubierto la infideli­
dad del diarista.
V o h airc, aunque obstinado ea decía*
mar oonua el cristianismo y contra loa
que hacen una p r o f e s ió n particular de prac­
ticar sus cousejos; en un momento de ra-
aon de, los que U eran poco ordinarios,
137
no pudo menos de adm irar la caridad y
el valor de las Señera] hoipitaiarias: " r a l
»> vex (dice ea el Knsayo sobre la H lst.
n gen. tomo 4. en 8.° e. l J i.) no hay cosa
*1 mas grande sobre la tierra que el sacri-
>i ficio que hace ua sexo delicado, de la
«* hermosura, de la juvenil edad y frccuen-
» temente del distinguido lucim iento y de
n la fortuna para aliviar en los hospltar
» les ¿ ese conjunto de todas las miserias
» hum anas, cuya vista tanto humilla el
«•orgullo humano, y tanto revuelve á nuc6-
» tra delicadeza. Los pueblos eeparadoa
«•da la comuuion rom ana, no han im ita-
m do sino imperfectamente uaa caridad tan
m generosa.” Kste mismo filósofo ha. reco­
nocido y retratado (Jbid. = Caest. sobre
la Bnciclop. art. Bunss d i ia Iglttu &c.)
las absurdas sátiras que tantas veces ha
lanzado contra el estado religioso, y que
tantos otros escritores han copiado, ala
embargo no por eso se han abjteuldo de
renovar continuamente los miemos clamo-,
res. P reguntan: }Dt qué sirven las eomanAfej
dada de mugtrtsi Sirveu de a&llot á l f
virtud y de buenos cgemplos habituales
para sostener la piedad. }P«r qué st ios
nelauitra ? Para ponerlas á cubierto de los
insultos de Jos Jiberliaos, y su reputación
al abrigo de las calumnias de Job malos.
} Para qué tos votoi? Para fijar la inconstan­
cia natural de la hun&aidad y para acre-
<38
tentar el mérito de las baenas obras. T «■
éilikatt perpetúe >paro qué1. Porque las que
píen tan establecerse en el inundo tienen
oí roe fcuidados distintos de sacrificarse &
la caridad y utilidad pública. Se ba re­
conocido tan claramente que el uno de es­
tos designios es inconciliable con el otro,
que por ua decreto se prescribía el celi­
bato á ios provisores y censores de los
Lycéos, y ¿ ios principales y regentes y
iuai-«ro6 de estudios de los colegios aa
toda la F rauda.
Sin em bargo, se continúa clamando y
repitiendo que las religiosas soa uooc
súbditos robados i la sociedad c iv il, y mu-
gereí muertas para la patria. Pero no ve­
mos que se dirijan las invectiva8 contra
las que en el mundo viven ea uo celibato
ó voluntario A feriado. Sin embargo estas,
si son ricas, pasan de ordinario su vida
en un circulo de entretenimientos pueriles,
y mueicii sin haber hecho servicio alguuo
ú la sociedad; y si son pobres carecen
de todo recurso y están espucstas á morir
dls miseria.
£□ concepto de los reformadores polí­
ticos, la mayor pane de las muge re a con­
s a g ra d » al celibito religioso tienen una
vocación forrída. Esta impostura grocera
h i sido tnil veces reducida i polvo, jun­
tamente con los odiosos dichos coa que
ellos la acompañan, á s a b e r, qne son uius
1)9
victima* de l& vanidad , de I* ambición
y de U crueldad de sus pacientes. No hay
por qué deteneros* en edo. N adie ignor»
que la Iglesia tiene tom adis todas las pre­
cauciones posibles contra las profesiones
forradas. Desde que se reconoce que algu­
na lo ba sido, se la declara nula. Vor
otra parte los padics que son bárbaros €
impíos hasta el punto de forzar i su hija
á que tome el velo ¿no seria capaces de
retenerlas imperiosamente en sus casas en
« a celibato prolongado hasta la m uerte?
Luego el inconveniente serla el mismo aun
cuando oo hubiese comunidades religiosas.
Una prueba evidente de la libertad coa
que estas peraonaa se consagran al celiba­
to cristiano, es que cu las comunidades
donde bolo Se hacen votos simples y tem­
porales , rara vez se las vé salir para vol­
verse a l siglo.
Finalmente nuestros filósofos dicen que
la educación de las niñas en las comuni­
dades no vale nada. Mas nosotros defen­
demos que es preferible i casi todas la*
educaciones domésticas. La perversidad de
las costumbres públicas, el lujo, la mo­
licie, la vida disipada de las m adres, los
peligros de parte de los domésticos, la
Inepcia de los padres faltos de educación
ellos mismos, su loca ternura & c., serán
siempre unos obstáculos invencibles para
la buena educación. F ia altn er.c , en gene-
140
ta l conviene que los niños tengan uu a li­
ra cuto teocillo y frugal, mucho ejercicio
y morí miento y regocijo, que esten en u u
igualdad perfecta con los de su e d a d ; que
unos á otros se corrijan, reprendan y es­
timulen &C.
Por Jo deinas, para no salir de nues­
tro plan, dejaremos á otros escritores el
cuidado de defender con mas estension los
votos monásticos, las comunidades de re ­
ligiosas , y concluiremos esta noca con
algunas observaciones sobreda mudanza de
disciplina que pretenden nuestros filósofos
políticos que deberla Introducirse con res­
pecto al celibato cristiano y eclesiástico,
exagerando las ventajas que resultarían de
ello i la (ociedad.
Eu lo6 anales políticos de 4782, n. 2 í ,
ha demostrado el autor de una carta por
mediu del tálculo que la supresión'dd ce­
libato cristiano y eclesiástico seria una fa l­
sa política, indigna de la aiencioa de un
gran legislador , y una novedad sin fruto
para la pobladon.
He aq u í, según el a u to r, el resultado
de lus censos mas exactos.
Sobre mas de d iei millones (son en la
realidad doce y m edio) de habitantes,
cuenta Ja Rspafta dentó aesdnta .mil céli­
bes eclesiásticos ( cuando el amor de la
carta escribia., no llegaban i este número,
y ea el de M . D u -C lo t, apenas serian
14 !
d en mil, de ambos an os) y uua tercera
p an e de ellos forma el clero secular. B a
Italia hay catorce millones y medio de ia*
dividuo», y cutre ellos doscientos ochen­
ta mil eclesiásticos; de m aim a que vie­
nen á ser dos por cien;o de la totalidad de
habitantes. Los últimos cálculos formados
ea tiempo del ministerio de M. Necker
hacían subir la poblacion de Francia á
veinte y ciuco inillcues y medio; y supo­
niendo alli doscientos mil célibes eclesláj-
4icos, según los qne m is los exagerau , re­
sultan á meaos de uuo por ciento de U
nación.
Hay mas. Sobre el total de mas de seis
millones y doscientas mil mugeres casade­
ras , hay un millón y cuarenta mil que no
están casadas ¡ pero de religiosas lo mas
que hay son setenta m il, es decir, I9 déci­
ma quinta parte de las célibes. Sobre el
lotal de ios hombres debemos coutar á lo
menos un millón que podrian casarse y no
lo hau hecho; mas de este millón solosoa
célibes por motivo de religión uuos cíen­
lo treinta m i l , que vieuc á ser sobre una
novena parte.
iM as aun cuando todos los célibes poc
religión tuviesen libertad para casarse, no
todos tendrían ó facultades 6 inclinación,
6 bienes de foriuua para verificarlo. Los
ancianos, los enfermos, los que prefieren
la libertad y desumbaraw del estado c£U-
149
be al yugo del m atrim onio, deben rebu­
ja.r«c , y por cierto que subirían i l aúne*
r o , por lo meao¿ , de la mitad. Luego de
un millou de hombres , que pudiendo ca­
sarse uu lo h ice u , vendrían A resultarnos
unos setenta m il, objetos de ios ansiosos
tiros de nuestros políticos i y aun estos no
estaban cscusados de pagar su tributo i U
pobreza, á. la miseria y i la muerte. Hft
a q u í, puca , á lo que se reducen las caba­
llerescas visiones de estos declamadores.
Solo París eucierra mayor número de
criado», que tiene toda la Francia de per­
sonas consagradas al celibato por motivo
de religión. El número de aquellos escla­
vos del lujo, en toda la estension de esta
uacion, es una duodécima parte de su po­
blación total. Estos por lo general no se
c a sa n , por reputarse el matrimonio con­
trario á los Intereses de sus am os: ade­
m as, en las uiageres vemos tolerado el li-
bertinage , y no promoverse en las que asi
viven la fecundidad legitima. El celibato
fo nado de todos aquellos sirvientes es un
foco de desórdenes. Al de los eclesiástico*
sirven de freno contra las malas iacliua-
cioues ia misma santidad de su instituto,
el temor de verse avergonzados , y el ho­
nor del cuerpo. Un sacerdote vicioso tie­
ne á su vista diez egemplos de virtnd por
uno de depravación.
Existen ea Fr&ucia por lo menos das
141
u n to s mas de mugerea abandonad** que
de señoras consagradas al celibato. ¿ C uá­
les , cutre ellas , son utas funestas i la po-
blaciuu! Desde el año 1766 hasta | 77S el
número de espositos había subido eu Parla
un tercio uus. Tales cou los frutos del li-
beniuage permitido.
No ignoramos que alguno* por defen­
der cstrcuudamcnte sus preocupaciones, no
se han detcuido eu preuuuciar que lo* ecle­
siásticos barian mejore* casados que los
otros padres de fam ilia, asi por hallarse
m ar iusiruidos cu las obligaciones de Ja
reiigiou, cuino por ser mas laboriosos; mas
virtuosos, mas moderados, mas aplicados
ai cumplimiento de su» deberes. Pero CS*
tos celosos reformadores j ignoran que t »
das estas virtudes , que se encuentran en
ua graa número de eclesiásticos, no son
mas que uua consecuencia del celibato
cristiano que profesa» i ¿que cuanto mejor
le cum plen, u n to mas brillan en ellos cs-
tas preciosas cualidades? { y ijuc ya uo las
admiraríamos desde el uiomeuto en que
corno los demas te viesen obligados á ocu­
parse del cuidado de sus familias? D ivi­
didos caire los negocios eclesiásticos y los
domésticos, apenas les quedaría tiempo
para aplicarse al estudio , tan necesario
para conocer las importantes fuuciooes de
su m inisterio, y rcgularmcuic se descui­
darían de sus iglesias. Los bienes detli*
144
nados para, los pobre» de i a g re y , los ap i!•
carian ¿ las necesidades de sus Camillas)
y ei tantas veces se les ba acriminado i
algunos el haber enriquecido 4 tus lejanos
parientes con los bienes eclesiásticos ¡ qué
no sucedería con los que tan de cerca les
pencneccriant

NOTA X X X VL

Sobre las vers. a 3 y sig. del cap. x x il


de jan Mateo.
$. x tv t.

Dt ¡a rtíurrtctnn dt lot muertos. Si» poilbi-


lidad. Objtcioaa.

Loa incrédulos de lodos tiempos h id


hecho varias objeciones contra la resurrec­
ción de los muertos. " E s o , dicen prime­
ram ente, ¿cómo ba de ser posible?”
{Cómo? {Y nos toca á nosotros pedir
á Dios razón de sus m aravillas y compren*
der los prodigios de su omnipotencia 1
j Por ventura, el que supo sacar el mun­
do de la n ad a, y todos los años bace aue
la tierra reproduzca de su propio seoo las
semillas para hacerlas fructificar á su tiem­
po , no sabrá hacer que sean reproducidos
los cuerpos, cuyo depósito le lia confiada i
I Qué! el que supo formar nuestros cuei-
pos ea el seno de nuestras madres ¡no po­
drá formarlos y reanimarlos de nuevo) El
que ea l i n a c u n lc » cgccuta todos los dias
la i resurrecciones mas asombrosas y luce
suceder el dia i la noche y la lu í á la» ti-
uicblas, y en cida primavera resucita las
yerbas y las dores, y las tace salir de la
tierra doude c n a b u sepultadas, $110 podrá
resucitar al mondo entero? Si lo que tolo
se hito para nosotros revive de esia ma­
nera y resucita en cierto modo } no hemos
de resucitar nosotros para qulcues iodo eso
ac h ito !
Pero los incrédulos nos hacen todavía
otras do»objeciones. 1.a "L os mismos áto-
n mos de m ateria, dieeu , pueden perce-
»»necer ¿ muchos cuerpos distintos. Los
n caníbales, que se alimentan de carne bu-
stma^a , convierten en propia sustancia
n suya la de los cuerpos que comen. E a
tila resurrección ¡ í quiénes pertenecerán
n las partes que han sido comunes á dos ó
tim as cuerpos< 2.* Por las observaciones
n que se hau hecho acerca de la economía
« a n im a l, se ha averiguado que el cuerpo
« humano tiene una emuinua inudauza y
n pierde un f»raa uúmeru de las partes de
tt materia que le componen, y adquiere
11otras: al cibo de siete a&os se halla re ­
tí novado enteramente. De este modo, ha-
» blindo cou propiedad, un cuerpo no es
m hoy del todo lo que era ayer. l)c todos
146
n tstos diferentes cuerpos que ba tenido
n un hombre durauic su vida' ¿cuál es el
nq u e resucitará?”
De c s u objecion resulta, que ua caníbal,
que se come uo hombre, no se alimenta de
las partes qje á esie hutnbre consiítuycrou
siele años antes ¿ y cuando el mismo caní­
bal m uere, j a no conserva alaguna de las
Í artes del cuerpo que tlcic años ántcs se
abia couiiJú. Luego uu es verdad que Its
mismas partes hau pertenecido á dos diic-
reatcs iiidividuos considerados en la 10-
talidad de su vida , y es muy iiiditercnte
el que un hombre resucite coa laj panes
de materia que le componían al tiempo de
ser devorado, ó coa las que tenia ticte
a&os antes.
Lus filósofos mas instruidos, como son
LeipnitZj C larckc, Níeuvemit &c. han
observado que no es necesario para que ua
cucrpo resucicado sea el misma, que recobre
exactamente todas h a panes de nuieria
de que estuvo compuesto cu otro úc.npy.
E l ccgido, dicen, y el molde original,
que rccibc por la nutrición las materias es-
traoas, i quienes da la forma, e s , ha­
blando con propiedad, el ion do y lo esen­
cial del cucrpo humano, el cual no muda
por adquirir o perder e#U6 panes de m a­
teria accesoria. De aquí vlcuc, l.° , que la
figura y fisonomía de uu hombre no se
muda escudaünente diacurolviéndose y
147
creciendo i 3 ." que el cuerpo humano no
puede pasar de cierta medida ó inaguitud
por masque kc 1c alim one i 3.° qu¿ ei im­
posible reparar por la nuil icion-uu iniem-
bro mutilado. A»i i la edad de treinta
afios te reputa lunt-r el hombre el mismo
cuerpo que tenia 1 los quince, porque el
molde iuicrior y la coutuiinacioo oigioica
uo bau variada esencialmente: cada cuer­
po livflc s.u molde propio que no pertenece
i ulro ninguno.
l’or otra parce la idealidad personal
de uu hombre cousUte principa Uneme ea
el sentimiento iiitcrior que le atestigua ser
el mismo ¡udiviiuo que era Su cuerpo se
renovará, si se quiere, veinte veces; pero
i los sesenta y mas años teuiirá por ua
recouociinleuto indudable que es la perso­
na misma que fue ft los quince, y ia per*
soua es quieu recibe ó los premios 6 los
castigos: bástale por consiguiente resuci­
tar con un cuerpo t a i , que habiéndole per­
tenecido y sido suyo propio, pueda ha­
cerle conservar la memoria y la conciencia
de tu i acciones, para por este medio re­
conocer ai es digna de castigo ó recom­
pensa.
D eien tcn d áo io ao s por consig u ien te de
todas lai cuestiones frivolas que de uada
sirven para el tondo del dogm a, el cual
con&Use únicamente eu ctecr que para la
149
mas perfecta felicidad de les santos , y
para mas riguroso castigo de los repro­
bos, reuuirá l)ios un dia sus almas coa
uuos cuerpos que sean venaderam ente las
su ye t, con Jos cuales conocerán que sou lo*
luismos individuos que babiau sido en el
m undo, y se d a ría i ai mismos testimonio
de las virtudes que practicaron y de los
crimcucs que cometieron.

NOTA XXXVIL

Sobre las w . 13y sig. del cap. x i de


ton Marcos.
$. U V II.

La higutro in fru c tu o ia , maldita y sita


fo r J . C.

La maldición qne pronunció J. C. con­


tra la higuera infructuosa , ba servido á Jos
incrédulos de materia para su malignidad.
v Los críticos (dícc Volt. Bibl. cspllc.) se
» irritan rioleuiamentc por el m ilagro, que
» obró Jesús, secando la higuera que no
nd ab a frutos Cuera de la estación en que
xdebia darlos.”
Llamamos f ilación Je un fru to aquella
en que está ya maduro , y por consiguiente
1*9
en la que ya se le debe coger. El milagro
referido por san Marcos se obró pocos dias
im ei de la pascua á oiro día de la solem­
ne entrada del Salvador ca Jerusalen,
como el Evangelista lo dicc positivamente;
tjiüj no t r a t u a lauon de higos, afiade el ica-
to , es decir, no era el tiempo eu que se
los debia coger y ea que pudiera dej pojarse
de ellos al árbol que ios babia producido: era
el tiempo eu que las higueras producen
brtvat. Si la que J . C. maldijo oo fuera
estéril, las teodria uiiuo las demás i pues
a i la Judea comieuzau las brevas al prin­
cipio de la primavera. E i invierno ha pato­
j o , dice la esposa en los Cautares.... L a
higutra arrojó ya » f brcvjs. Luego jesús
se presentó i ella ca tiempo ea que aquel
fruto debia ya mostrarse. Efia objecioa,
can enfadosamente repetida, no licac la
uienoc sombra de fundamento.
N O T A X X X V IIL

Sobre los vv. » 4 y d e l e, z i i d e


san Ju a n .

$. x r .y iu .

D tl gran o d i irigo qa« mu»rf en fú rrd . Si


J . C. Ati W Ao mffugroj que ningan otro hho.

J . C . d ijo á i u í A p ó sto le s: Si t i |(raM


dt trigo no m arre de 1 fu ti de haberlo sembrado
en I* turra , quédau tolo ; mui ti m utn , da
mucho fruta.
" EJ grano de trigo , dicen lo* lncré-
»* duloe ( Volt. ibid. ) no muere co la
»»tierra. . . . ¿No es ana cosa ridicula
11 asegurar que el grji-.o de trigo muere en
11 U tierra? " dice Tindal. El autor de las
Cucsi. soürL la ünciclop. irt. Agricultura,
sosticue también que el grano de uigo
sembrado uo se pudre.
A este último icipoudemos con la au­
toridad de >1. Grevr , el cual ha pasado
su vida en examinar La natura le u de las
plantas. Ensena este sabiu en su tratado
de la Aaatouila de las plantas ( c I. ) que
el trigo verdaderamente se corrompí en la
tierra áates de b ro ta r: que su ciscara,
su a riña y todo ¿I se hace podredumbre,
deteni'olvióudose únicamente el germen.
Y añade que no conoce tnaa que u tu ac-
Í1I
milla «ola que conviene en esto con el tri­
g o , y que en todas las dcinas no se per­
cibe ni podredumbre ni corrupción.
C uindo morímos , arrójase nuoMro cuer­
po i la tierra y allí se corrompe ; otro
tanto sucede con el trigo cuimlo le siem­
bran. Rita conformidad batía para que en
estilo figurado pueda dcclitc que el trigo
sembrado se halla eu estado de muerte,
que muir* en la tierra. Todus los dina de­
cimos que nudtroi alimento* le con turnen , y
t t destruyen , cuando nos alimentan : que
un gusano tt d estruye, cuando se convier­
te en mariposa ; y pira dar un cgemplo
que tenga una cabal correspondencia con
nuestro objeto , á las aguas estancadas en
balsas , lagos y pantanos las llamamos
aguas tniurioi, porque, i la manera de los
cutrpos muertos , están sin su ‘ordinario
movimiento.
Los censores de la sagrada "Escritura
preguutan: ** 5 cómo lu podido decir J. C.
n que ha hecho obrar , crto es , m iú g r si
Hque ningún otro hiio ántes de ¿ 1 , uo
n siendo ¿I solo el que h i resucitado muer-
•> tos , que es lo que se tiene par el uiayor
n m ilagro?”
J. C. hizo machos milagros que nin­
gún otro había hecho ¿mes de ¿1 , como
fue alimentar cinco mil hombrea una vea,
y otra cuatro mil con unos pocos panes}
el caminar sobre las aguas del mar j
K3
hiccr que caminase también uno de su»
i
discípulo* convertir e l agua eu viuoj
cdr&r un cicgu de nacimieuto iíc.
Reconocemos que muchos sanios perso­
nases i como Moisés , .Ellas , Gliseo
han hecho uiiligros semejantes á los do
J . C ., y oíros grandes prodigios áoles da
el. P ero, 1.a , nloguuo de clics los obró
en su propio nombre y para probar eu d i­
vinidad como J . C. 2.® Ninguno de ellos»
sin esceptuar A M oisés, ha hecho tantos
como el Salvador que hablaba y obraba
en to d o , .como ducúo de la naturaleza,
hauindole hablar y n u u d jr i los vien­
tos , al m a r, á las tempestades, á las do­
lencias y á la muerte , para *er obedecido.
3 .° j . C. hizo un milagro que nluguu oír?
hizo ánics de é l , ni otro alguno después
de él lo hatá , \ fue el haber declarado
qtu «o mtiririd irno por tu valanittd, y qut rc-
sucitana fo r j u propia virtud. Solo un Dios
tiene derecho para decir una cosa como
esia , y paro ejecutarla y cumplirla. Lqego
ha hecho pbras que otro ninguno habla
hecho Antes de ¿1.
15»
NOTA X X X IX .

Sobre el o. 41 del e. aS de san Maleo.


$. XJ.IX.

Eternidad d t fot pinas del infierno. E tit dog­


ma it «I principio de ¡os tr n r e s filosóficos , y
<U¡ odio de l u incrédulos contra ¡a religión. ■

£ 1 dogma de la eternidad de la» penas


del infierno ha sido muchos tiempos hace
el grao priucipio de iodos los errores fi­
losóficos , y especialmeutc del odio que loa
incrédulos han jurado i la religión. Bor­
rad de la fe católica csi» desesperado»
eternidad , y todos los sabios del siglo so
reunirán ¿ nosotros. Los misterios de la
religión podiñu todavía humillar sus in­
genios ; perb menos iüteresndos en Impug­
narlo» , convendrán sin dificultad en que
uu Ser iúdoliu puede ser y es cu realidad
superior ¿ nuestra inteligencia y exigir el
houieuage de nuestra Te t y nuenra moral
llegará á cr.osarles una profunda admira­
ción. Pero el dogma im enaitolor de yo in­
fierno les hace desechar al Dios santo del
Evangelio , porque una santidad infinita
supone un odio iufinito á todo m al, y por­
que ua Dios muerto en uua cruz anuncia
por el rigor egercido ea la inocencia mis­
ma el espacioso suplicio que am e n a» al
m
pecador endurecido. De»pues de haber sa­
cudido el yugo evangélico, ya uo les
queda mai recurso que su ra zo a; i esta
invoca o , no porque íes sirva para descu­
brir la verd ad , sino porque les suminis­
tra argumentos y armas aunque débiles
contra uiu verdad que teineu y detestan.
Su nzu u , preocupada por las pasiones,
llama ea su auxilio lo» sofismas. Pnra lm-
puguir el infierno , es menester hacerle im­
posible. Este dogma supone que el alma
sobrevive ¿ ia muerte , y el iucrédulo coa
toda especie de argumentos hará guerra i
tu iumoftaLidad. La muerre que destruye
la materia , podrá en buen hora no destruir
el espíritu j pero el iucrédulo peleará para
establecer el materialismo. No pnede for­
marse idea de la libertad tino en una sus-
taucla espiritual j mas ¿1 dirigirá sus tiros
contra la espiritualidad del alma. F in a l­
m ente, si la Idea de Dios nos aouncía
esencia luiente una sustancia que es puro
espíritu ; hasta l& idea misma de Dios
hará el incrádulo por trastornarla. Se ar­
mará contra su Iglesia , contra sus santos,
contra sus Apóstoles , contra sus sucesores.
Herege, incrédulo, m aterialista, fatalista,
at¿o , y coemip.o decidido contra toda reli­
gión , llegará al colino del error y dir la im­
piedad , del fanatismo y del delirio liloiófl-
co. Subimos al origen de iodos estos horro­
re s , y le encontraremos ea Us pasiones
1(1
del ioipio, y en la ImposibUidid de con><
ciliar el imperio de ella* con la creencia
de ua infierno dundero por toda la ete r­
nidad. Mas ¡que locura, cenarse los ojos
para no ver los abismos , y negar su exis­
tencia para precipituse en ellos mas cie­
gamente ! Una prueba de ello es que el sa­
crificio que debe haccr de sus pasiones»
es.el que produce en el incrédulo el odio
contra un Dios vengador, mientras que el
verdadero cristiano rio reclama ni recalci­
tra contra el dogma del infierno: el libcrii-
no , el injusto, el oíalo, son los que querrían
en tu coraion que no existiese ni Dios n t
castigos. Pero } de qué les servirán tus ar-
gumsnios y raciocinios i ¿Harán que no'
exista el infierno ? i Preservarán de <1 á
los que le alegan para abandonarse uus li­
bremente á ícj vicios y t Ion pecados que
se han de M itigar en ¿l i jSc apagarán
«n$ fuegos para Jos que ufas los merecen,
añidiendo a lo» desordenes de su coraxoa
la incredulidad y la rebellón del espíritu i
Escuchemos sin embargo los sofismas
de la raaon , y de las psiotie? de que ios
incrédulos echan mano para musirar la iu-
justicia de nna eternidad de suplicios , y
pondérenos sus argumentos.
El que les ha parecido siempre mas
victorioso se reduce i decirnos que no bay
justicia cuando cintre el delito y la pena
uo se encuentra praporclon. Pero esta fa l-
m
ta de proporción $cómo la probaría? d i-
ciéadcnos que el pecado del hombre es
obra de un insum e , y que todos los cri-
meaes de la mas larg t vida sou u ad i
en comparación de los suplicios de una
eternidad.
No cabc duda que en el tribunal de
Dios , fuente y modelo de toda justicia,
debe haber proporcion entre la pena y el
delito } pero j nu es una cosa biea absur­
da juzgar de la del crimen por
el tiempo que se gasta ea consumarlo,
cuando le le debe eiam ioar en si mismo,
eu iu malicia , en su fealdad , en su per­
versidad , y en todos los demás respectos
que constituyen la ofensa, el ultrage , la
maldad 2
Y 7 quién ha seguido jam asen causa
propia suya. Ja inconsecuente regla que el
impío se atreve á prescribir ¿ la D iv in i­
dad i Cuando un hombre lia sido menos­
preciado , ultrajado , insultado , herido en
sus bienes, honor, reputación ó autori­
dad f se lia medido la pena únicamente
con proporcion al tiempo que se ha gas­
tado en su ofenda í >Quién ignora que
basta uu sulo momento al hombre mas m al­
vado para concebir, resolver y consumar
el crimen mat horroroso t ¿que en ua solo
instante prepara el traidor el tósigo , me­
te el paña) í El legislado: y el magistra­
do ¿uo coadecúa í largos años de cscla-

▼Itud espantosa , oí cautiverio por toda la.
■vida y auu á la muerte u n io s hombres £
quieues uu solo momento hizo criminales?
{Sírvele de c*cusa al asesino el do haber
ocupado m u que uo instante eu acabar con
la vida de un ciudadano? ¿á un pérlido,
i ua rebelde, á ua cobarde el ahandooo
moineutáiico de íu rey y de su patria i ¿Le
librará ejt© de que su memoria sea infama­
da para siempre ?
Otras proporciones mas justas debemos
establecer entre el crimen y la pena. ¿Cuá­
les ion estas? Póngase cicrimen á uu Jado
cun toda su malicia y h orror, y la eter­
nidad coa toda su duración á otro , y
cotonees hallircmos en Ana y ofra pane
el infinito j cutóncei s e conoccrá lo o la ma­
yor claridad que cuando la malicia del
crlmcu no tiene térm ino, y ci ultrage es
infinito, tampoco ba de tener término la
pena , y por consiguiente ha de ser rnfiniia.
En vauo nos prcguuia el implo jcóaio,
no siendo el hombre mas que un giuauo,
si se le compara con Dios , puede hacerse
infinitamente reo para contra éi i Pues esa.
uibina pequeBcz del hombre comparado coa
Dios es la que hace enorme é ¡oGuiio su
ultrage , cuando se atreve i detobedfcccr-
l e , á resistir sus órdenes, á preferirse á
61, á ofenderle , ultrajarle , arrostrarle,
y ea fin rebelarse l e , y si le fuese posibla
ME
y en c u n to está de su p a r te , destruir el
imperio de la Divinidad.
Y pues los incrédulos nos obligan i
cousuhar la razo o sobre objetos , cu los
cuales tila tola no p u td t fijar nuestra opinion 4 i
ella siquiera escucueuius , y nos dirá que el
crimen se agrava esencialmente á propor­
ción de lúa d¿recbos que se bau violado con
61, y de la uugeaiad ac aquei á quien se ha
ultrajado. Si la ofensa va siempre creciendo
desde ci hombre que ofende á su igual,
al que ofende al magistrado público , al
que ultraja á su jobeiauo, {que di remos del
que se lev»ata cuntra Dios í ¿No será eu
es le caso tn/imea por su cObruiidad i Pero
( el h o w k t , dicen, es u n v u — ! Por eeu
mismu debia respetar al unas perfecto de
lodos los seres. | Si Jan débil I Luego debia
mantenerse sumiso al Ü-nuipoicnic. S j re-
bel iou contra Dios, á la cual .te da el L u m ­
bre de fa lta de un momento, ca el crimen
de una criatura Ingrata, que resiste al au­
tor mítico de su existencia, á uu Dios á
uiso es deudora de cuanta es y llene y
J is fn u a , y basta de la facultad misma de
disfrutarlo; á un Dios benéfico, sufrido,
nmericoidioso 5 a ua Dios que tiene dere­
cho á iodo el amor del hombre, y á un
homenage cim as universal. Estas j'uitas de
uo s e r, ¿ quien caracterizan du tan débil,
coa sin embatgo «luienes de ua ser que
1(9
tiene la osadía de resistir á D ios, de ha­
cer fieme al soberano legislador, de dis­
putarle el dcrccho de ordenar nuestras ac­
ciones y de dirigirlas todas i la virtud.
Estas faltas d t un u r flaca soa otros tamo*
crímenes voluntarios, deliberados, come­
tidos con reflexión, coa conocimiento de
la ley que decreta su-casiigo, y cou liber­
tad de observarla. Son crímenes de un es­
clavo que pretiere seguir y satisfacer su
gusto, á la obediencia debida al Dios del
universo. Son por consiguiente crímenes de
elecciou y piclereucix, y no hay fealdad,
perversidad (i ingratitud y rebelión que no
se encierre cu ellos.
$ Qué importa que el ínteres ó el pla­
cer del crimen ciegue al incrédulo en este
mundo, y que haga pur aturdirse y por
ocultar á si misino su propia criminalidad {
No por eso será uil-hos cierto que el que
es fiel en to d jt sus pai. il>r«, y ju n o <n lojjs
juj acciones { Ps. 144. v. 13.) sabrá to­
mar por si ini&uto anidado de los intere­
ses de su honor: que couvenccri en el
dia postrero i todas sus criaturas de que
nada ha preso ipto que sea contrario á su
bondad y á su cierna justicia; y que sien­
do verrf», cutuo lo es, s t jusiijicJrA en to­
das sus paiabrai, y saldrá victorioso de los
juicios iuieuos y temerarios de los hom­
bres (Rom . 3. v. 4 .). Todos los racioci­
nios de ia filosofía aparecerán Inútiles,
166
casado Dio» ec dejará ver de ellos.
"Pero la buudad de Dios es infinita,
n anadea los incrédulos.”
T nosotros les decimos qae precisa­
mente porque lo es, debe reputarse por
ínfim a mente mata el que 1 c niega su amor
y le ultraja. ¿H i de ser su bondad un ti­
tulo para uuestra infidelidad, ingratitud
y rebelión í Y por ser Dios lau bueno ¿será
menos justo ? Su justicia ; no es tan infi­
nita cuno su miseiicurdia J Dios «j iranio,
nías ¡ vóuio lo serla si uo odiase lufiul-
tainenie la maldad , ni tuesc uu eterno ven­
gador de ella? No te inclinará mi ojo en tu
fa v o r , ni ttn d ri cowj'Jtion: joí»rr li jtn to r i
lux camino; y «n mcJío de tí prrmaneceiáa
tai úbominúciwet 5 5 tabreit que yú ¡o j el
Stnur (B rueh. 7 . v. 4 ). Si Otas w bumo,
es uinbieu veraz cu »u» palabras. jN o es
úni blasfemia desmentir su rerdad que es
eterna, inmudable, infalible como él mis­
m o, para hacer alarde de los fueros de
bu buudid*
Consideremos asimismo que el fin prin­
cipal de las ameoaias de Dios no es cas­
tigar i sus criaturas, ántes por el contra­
rio ponerla» eu estado de que 00 le obli­
guen & ello. Amenaza Dios á los pecado­
res para que no lo sean y eviten el cas­
tiga. Si uu igstante basta para haccr cri­
minal al hombre y abrirle los abismos, un
iustaiuc de am or, de vcrdadeio arrepeo-
<61
ilonlento, de sincera penitencia puede
abrirle los cielos aiientras respira. O uaa
suprema felicidad, ó una desgiacia »in ña:
la elección está en laa «ñauo* del 'hombre
mientras vive ea el muiido. t De quién pue-
de quejarse, «luo de sí mismo, si elige
inal < Su jucx inexorable eu los infiernos,
es el mejor de los padres ea la tierra. Una
lágrima le rinde, y borra eu su presencia
toda especie de desórdenes. Si el hombre
se endurece, si muere en el crim en, ¿ por
qué alega su flaqucaa, cuando el iufierno
no ha de castigar siuo los crímenes de
elección, los que se h iu cometido teniendo
todos loa medios de re&istirlos 1 ¿Qué po­
drá semejante escusa i los ojos de Dios,
el cual ofrece al pecador iodo qu poder,
la plenitud de su fuerxa y de sus gracia* I
i De qué s e rv irá , cuando el hombre ha
repelido la mauo que estaba pronta á for­
talecerle í t i que ha tcniJo /u in d par*
resistir al Om nipotente, arrostrar sus le­
yes, sus amenazas y el mismo infierno con
su tremenda eternidad (qué escusa podrí
preiesiar en su fla q u n a , para la cual lau -
toaauxlllot tim e ea el inagotable tesoto do
D ios)
Í62

§• *•
Fflimt iwJxinw d t los in crédula. Retallad*
de i» doctrina. Injusta y temeraria imputación
á ¡ot sacerdotet.

Los incrédulo», «a lugar de rendirte


i rizones tan convincentes, pronuncian
coa tono de oráculos la máxima siguiente;
Si t i podtr taprtm o x junta con ti infinito
sabir tu un te r m iitao, este ya no easliga,
tino aue ¿ ptrfeeeioa» 6 destruye. ^Hsta ver-
» d a d es tan evidente como un axioma de
wmatemática” (Cod. d é la natar. part. 3.).
Antes bien nos parece todo lo contra­
rio y que e s u es una máxima evidente­
mente falsa. Ella supone que Dios jamas
puede castigar , ni aun témporaImcote,
puesto que un poder infinito jum o á una
infinita sabiduría puede perfeccionar i las
criaturas por oíros medios que no sean
castigos. Este axioma por consiguiente no
es mas que uno de los falsos relumbrones
de ingenio, con que hoy dia se dejan se­
ducir y alucinar machos miserables» con­
trariando 4 l^s mas sencillas verdades.
Otros han dicho (T in d a l, c. 4 .): crNo
npnede tener Dios J ltccIio para hacer á
»> sus criaturas mis mal , que bien les dis-
» peasa; y uua eternidad desventurada es
” mayor mal que toda» los bienes de que
163
« h a sido colmada una criatura : luego
Dios no la puede condenar á. un suplicio
»i eterno.”
Otro sofisma. De el resultaría que nin­
guna sociedad puede condenar jamas á
muerte i un criiuiual, por mucho que lo
sea, pues la muerte es mal mayor que to­
dos los bienes que puede diapensar la so­
ciedad á un particular. Prupiamonte ha­
blando d o es Dios quieu ccndciu, ii /10
que el hombre oe sumerge de su voiuu-
tad y libremente ca ua» eternidad de ma­
le s , pues todo lo que Dios hace se en­
camina i preservarle de ellos. Luego es
ua absurdo comparar la condenación coa
los bienes que Dios nos dispensa: tudo
bien es obra suya, y el mal nos viene so*
lamente de uosotros.
Luego oo puede darse inodo de hablar
mas falso que <1 que usan los Incrédulos
para ridiculizar el dogma de la conde­
nación de los malos. " D io s, dicen blas-
n femando, cria uu gran número de al-
» mas con el designio de condenarlas.”
Todo Jo contrario de esta execrable
blasfemia nos eusc&a la sama Escritura,
la cual nos dice (Sap. I I . v. 2 Í . ) que
Dios lungonj coid formó 6 hizo por odio qut
la tuviese: que quiere que todos ios kawbrts
se s üi'ofii V rfng«n al conotiminto de i» ver­
dad ( ( . Tlmoc. 2* v. 4 .): que es el Sal­
vador di todos ¡os hombres, tiptcialmtaU dt
164
Im fitles (ibtf. 4. ¿ io .). E l concilio 3.*
de Orange proaunció contra todo el que
dijese que Dios habla predestinado í algu­
no para el unal (can. S í. ) j y el de Trem o
ha repelido lo miaño (ses. 6 . dt juaifie.
cau. 17.)
Dios á la verdad da el ser á muchas
almas previendo que se condenarán por cul-
dc ellas mismus y porque se resistiría
r los medios de salud que les ha propor­
cionado; pero prever y qu<rer no es Jo
mismo. Úl designio de Dios es salvar 4
todas las criaturas dotadas de inteligencia
y libertad. Este designio y voluntad uos
le demuestran, ademas de eu palabra que
lo asegura , Jas gracias y medios de sa­
lud que dispensa i todos los hombres. M as
por el contrario el absurdo designio, que
Jos incrédulos le atribuyan, no lo futidaa
sino en el efecto ó resultado; pero este na
viene sioo del hombre ingrato y rebelde
(como que es un castigo de su rebeldía ó
in g ra titu d ) y en ninguna manera de
Dios.
Una demostración mas fuerte qne lodos
los sofismas de los incrédulos, y á la cual
jamas responderán, es que la doctrini es­
tablecida por ellos sota puede servir para
hacer mas atrevidos á todos los malvados
del universo, y para sugerirles esperan­
zas de impunidad. T cu efecto, si la creen­
cia de uu iulicmo que no ha de tener fin,
íii
■o acaba de reprimir su malicia 4 liao obs-
lam e esta terrible amenaza , hay todavía.
Uuios vicio» y maldades, ¿qué seria del
hombre, «i tantos im púdicos, tantos ava­
ro s, tamo* ambiciosos, tantos perversas
de toda especie, solo temieran un suplicio
paeagero ó temporal í E u e mundo seria
inhabitable, 6Ín freno, solo capaz de ins­
pirar horror, donde la mayor parte de los
nombres se cuidarían inuy poco de evitar
los crím enes, ántes bien cometerían los
mayores y mas horrendos caccsos.
S i el impío nos pregusta ahora icórno
h s almas siendo espirituales, ha» de po­
der arder en un fuego m aterial, ó cómo
los cuerpos podrán sentir continuamente
su vivacidad y fu e ru siu llegar ¿ consu­
mirse jamas 3 Nosotros les preguntaremos
por nuestra parte ¿cómo nuestra alma esti
fjje ta á la acción de los sentidos ea esta
vida i Esta sujeción de nuestro espíritu A
la impresión del fuego en el cuerpo á quien
ahora vivifica je s tneuos asombrosa mara­
villa , que el haber de ser atormentado este
. mismo espíritu con las llamas , cuando ca­
u r i separado del cucrpoi Les pregunta­
remos también ¿si el Dios que pudo esta­
blecer esta dependencia entre el alma y el
cuerpo, uo podrá someter igualmente al
dolor á esta misma alma cuando esté des­
pojada de esta materia que la cubre í Les
preguntaremos eu 6 u ¿cuándo ó cómo, núes-
i 66
tras limitadas ideas hsn puesto limite* al
supremo poder de la D ivinidad!
Kiualiueutc, lia llegado la osadía. de los
incrédulos i pronunciar que el iattrei de
lot sacerdotes es el que ba. invernado el
iulicruo. Pero la calumnia es demasiado
grosera y jamas lu rá impresión niño en
hombres que á ia ignorancia juntan una
preocupación injusta. Son harto conocidos
los profetas que muchos siglos ánies de
nosotros c Limaron á les pecadores: } auién
de roíolroi podrá habitar tu el fuego divo-
radar i ¡quién matar m los ardores sempi­
ternos i ( 1*. 33. v. 14.) Cuando los sacer­
dotes hacen resonar estos oráculos y el de
J . C .: id malJiuu al fuego eterno ;qu¿ in-
»irci puede moverlos á esto t j Qué pueden
esperar ellos de seducir ¿ loa hombres,
dictándoles i el qne no ama & Dios su c ria ­
dor y bienhechor; el que no ama á sil
prógimo; el que se entrega á la avaricia,
i la ambición, i la venganza, i la torpe­
z a ; arderá en el infierno sin esperanza de
verdón? $ Quiénes son entre los sacerdote»
los que con mas ze lo , m is calor y p er-'
sim ion pronuncian estas ameaata 6 i ¡Son
acaso los viciosos, á quienes la te anun­
cia que esce infierno les es debido con es­
pecialidad; y no mas bien los virtuosos
pastores, respetados liatia de sus mismos
enemigos, cuyp caridad y demás virtudes
b k ü conocidas no uos dejan Ll tncoor sos-
• 167
pecha de Interes personal I ] Ah! ti los sa­
cerdote* buscasen sus intereses en sus dog­
mas religiosos, tratarían de lisoojear las
pasiones, y coa tai que les diesen dine­
ro , prometerían i los hombres cerrarles el
mismo Infierno. Entonces hallarían u i vex
el medio verdadero para resucitar el zelo
y amor del pueblo coa respecto al altar;
entónces basta los perversos harían por en>
grasar á quien les adulase coa las prome­
sas de acortar sus supücios. Luego es evi­
dente que los sacerdotes predicando el in ­
fierno, oo pueden tener otro interés que
preservar de él á sus hermanos, i quienes
quieren espantar con verdades terribles,
pero saludables, mas bien que engañarlos
y seducirlos como nuestros sofistas con los
consuelos de esperarnos mentirosas. Estos
respetables ministros del Altísimo se pre­
sentan á los hombres con el sagrado códi­
go sancionado, donde se contienen sus jus-
tos deberes, y las promesas que seguirán
i su fiel cumplimiento y las amenaias con
que sus quebrantamientos serio castigados.
De la verdad y divinidad de ene código,
dan pruebas las mas palpables y que están
i los alcances de todos. Hacen ver cuanto
ha condescendida Dios con ellos , no obll-
gindoles ¿ que le crean sin los competen­
tes documentos y credenciales de su ver­
dad. Y si en este código ha puesto Dios,
que es su autor, una sanción tan tremen­
Í6S
da cootra los quebrantadores Inicuos de su
ley j por qué se ha culpar d iuicres de los
sacerdotes cumo fautor o inventor de ellai
{Qué valdrán iodos los demas argumen­
tos imagiuables contra la veracidad , jü í-
liv.ii.y equidad de D iosl ÜJ lo d ijo , él
lo ptescribió, él lo sancionó. Este es ua
hecno demostrado indudablemente. Combá­
tanle luc incrédulos. Mas si sus esfuerzos
para combatirle soa Barcos 6 inútiles, como
lo vatnus demostrando por todo el discur-
60 de esta obra, (d e qué podrán servirles
millares de raciociuias s u tilts , contra uoas
verdades oue son cousecueuoas de aquel
mismo hecho, y muy superiores por olía
parre á cuautu puede con su feble ratón
aicaazar el hombreé Véngannos , pues,
ahora con sus osados y*ccluinbfantes fo­
líelos , y cou el infUrno destruido; pues de
verdad todos ellos y sus producciones se
estrellan y destruyen a>u esta invencible
demostración.
*69
NOTA XL.

Scihre la pasión y muerte de 7, C.,


según las cuatro Evangelistas: Afat.
ce. x x r t , XXV11 ; Mure. X¡F t
lo e . x x u , x x u iiJ u a n t X Fiiit xix.

§•
Gloria i t J. C. e» w mitma faúon. Poden
corno un Diw.

C elso, el emperador J u lia n o , Porfirio


y otro» filósofos gentiles hin echado en
cara, á loa cristianos, como uní prueba de
au locura , el haber atribuido la Diviuidad
i un ju d io , castigado coo el último «u-
plicio. En los dies y ocho siglo* que han
transcurrido , cuc sarcasmo le vemos repro­
ducido continuamente por lo» iucróduloo.
Mas á iodos les reapoodeuioa que la
ignominia del Silvador lia sido plenamen­
te reparada por su resurrección, por su
ascensión gloriosa , por el culto que se le
d a por todo el universo i que sut sufri­
mientos erau necesarios para confirmar las
denas señales de au m isión; que este D i­
vino legislador había de probar coa sa
egcmplo la santidad y sabiduría de laa
bodones de paciencia, de humildad , de
170
sumisión £ Dios y de fortaleza, que había
d ado; que sai discípulos dectluados al
martirio teman necesidad de ua modelo,
el cual era también necesario á todo el hu-
mano liú ag e; y que después de haber en­
sebado á los hombres cómo deben vivir,
todavía le restaba ensenarles el modo cómo
debea morir. J. C. lo ha hecho a s i , y j a ­
mas ha parecido u n grande como en el
tiempo de su pasión.
La historia de esta había sido profeti-
cada , y circunstanciadamente descripia
muchos siglos lotes de cumplirse , como
lo (caemos dem ostrado ea nuestras «¿serra-
ciones preliminares sobre las profecías ; don­
de igualmente hicimos ver que ¿I mismo
la había prcdícho muchas veces y desig­
nado hasta ei momento en que había de ser.
Había también declarado smictpadauieaie
las circunstancias y el género' de uiueite
que había de s u frir; y quiso ademas re­
presentarla por una ceremonia augusta, y
conservar su memoria por medio de un sa­
crificio que contuviese juntamente su ima­
gen y realidad. Bien pudiera haber esca­
pado del furor de sus enemigos; y aun­
que podía hicer ilusorios sus internos, Jos
espera. Despues de haber meditado sobre
los uJtrages y tormentos que se le prepa­
raban , se somete á su P a d re , se dirige
con paso firme hiela los soldados destina­
dos i prenderle, se da i conocer de ellos,
puede.
Presentado £ sus jaeces les responde
modeitameuic, pero con firm e n : les decla­
ra que tí es ti CrJjfo, el Hijo dt Dios: c s it
fue la dnici causa de su condenación. En­
tregado i los toldados sufre cou silencio,
sin debilidad y sin ostentación, sus Insul­
tos y ultragcs; no pronuudi una palabra
con que doblar en su favor al magistrado
romano que había de decidir su suene)
nada hace p ira contentar la curiosidad de
•un rey vicioso y de uní corte impla. C a­
nillando al calvario anuncia el tremendo
castigo de sus enemigos cotí espresioties las
mas compasivas; llegado al lugar del au*
plicio coseule con clavos á una c i u i , y en­
tre dolores los mas agudos acaba su vida:
Padre , eeclamó, perdónalos, que no saben
lo que se hacen. Nada pudo agotar su ce­
lestial bondad, ui hacerle olvidar su dig­
nidad y grandeza i no responde una pala­
bra ni ¿ los judíos que le insultan, ni al
ladrón que hace burla de ¿ I , mas promete
el ciclo al otro malhechor que le invoca.
Después de trea horas de padecimientos
crueles, con fucile y robusta voz, que asom­
bra i los que estiban presentes, esclanuti
Todo tttd acabutk; recomienda al discípu­
lo amado su propia m adre, y su alma á
173
su *oberilio Padre , y con esto espira.
Tal es la narración que no« han deja­
do cuatro de sus discípulos, á quienes los
incrédulos nos piutau como unos ignoran*
tes. Si ella no es fiel y « a c t a , ¿ quién les
ba sugerido uua tan sublime descripción
de la muerte de un Dio», que se entrega
¿ ella por la salud de sus criaturas?

$• Ll1'
R a it 01 de malignidad y faltedades dt los in-
créauior ¡obre tita admirable historia. Abtur-
da esplicasian de Ja fnilifucion de la Euca­
ristía. Si J. C. mojfró debilidad en el huerto.
Su conducta con ioi ¿aliado* *y can ei Sumo
Sactrdotr. Manifestación de su Divinidad.
Por qu¿ no presentó abofeteado la otra
megilla.

Para disminuir la justa Impresión qae


debe hacer esta narración eu ludo hombre
sensato , han procurado los incrédulos dis­
frazar algunas circuu«taiic¡as y buscar su­
puestas contradicciones entre las narracio­
nes de los escritores sagrados. Asimismo
para baccr ridiculo y despreciable al Sal­
vador , le ha sido forzoso al historiador
critico de su vida armarse de aquella ra­
bia maligna que se apoderó de los judíos
que le crucificaron. Alterar unos hechos,
suprimir otros, enfurecerse, couiradecirse,
<73
U n tar chanzas sacrilegas, esto forma la
obra maestra, de la im piedad, de la cual
no nos ofrece la antigüedad cgcinplo al-

* Este meatido historiador babia teaido


varias tc c a la osadía de acusar i J . C .
de medroso y pusilánime , y de haber hni-
do y ocuüadose al menor peligro. Pero
{ser& una prueba deau futHanimidad el ha­
berse presentado por si mismo i sus ene­
migos í Ya betnos observado como tenia en
su mano el ocultarse. Sabia el designio de
los judíos ; se lo había echado en cara en
el tem plo; habiaselo prevenido á sus d is­
cípulos (M atih. 2 1 .~ M arc. l ‘J .= L uc. 20 .).
La S im aría, donde muchos habiau creído
en ¿1 , hubiera podido servirle de a s ilo :
sin ningún peligro hubiera estado en Ja
Galilea , cuyo rey Herodes ansiaba por
verle: y en Jos confines de la Fenicia,
donde habia obrado un milagro , hubiera
podido hallar seguridad.
Dice el crítico (c. I+. ) : " Que des-
si pues del dia de la solemne entrada cu
i* Jcrusalem , uo vemos que volviese a lli,
i» sino para snrrir su scntcocla "= P ero esta
aserción es muy falaa. San Juan dice
(c. 12 . w . 1. 12 . ) qne teii dias dntet déla
Mifua fue Jesús i B etanla, y que A otro
dia hizo su entrada solemne. Por des Teces
repite san Lucas que J. C. iba todos Jos
¿iaj al templo á eusefiar ( c. 19. v. 47. r :
174
V i. v. 37) y que por la noche se retiraba
a l moatc de los oliv o s, acudiendo luego
por la mañana el pueblo al templo á oírle.
Cuentan los Evangelistas lo que en estol
ceís días ocurrió , la maldición de la hi­
guera , el haber echado del templo i los
ue vendiau , sus disputas con los sacer-
J otcs y doctorea, los latos que le arma-
roo , las prcguutas de los saduceos, las
profecías sobre la destrucción de la ciu­
dad y del templo, el concilio que dos dial
inte* de la fiesta tuvieron lo» ju d ío s , el
aouucio hecho por Jesús á sus discípulos
de que dentro de dos dias serla entregado
á los judíos para ser crucificado. Y { son
estas muestras de temor & c.t
Abusaríamos de la paciencia de nues­
tro» lec to rei, si Jes presentáramos todas
la» blasfemias y disfraces que la mala fe
mas iosigue , escltada por tudas las fu­
rias del infierno, ba sugerido al crítico
historiador. He aquí como habla de la
instltucioa de la Eucaristía. "Como Judas
» (d ic c e l , c. 14. ) era el tesorero de cua*
u d r i l l a , y por consiguiente encargado de
» hacer el gasto de la com ida, Jesús se-
nguu parece quiso dar á entender que eti
» aquel momento se estaban regalaodo á
m costa de su vida y de su sangre. Tomad,
n Jes dijo de uu modo euigmático , porque
n tite es mi cuerpo. Diólc» luego el cáliz
>t diciendo que aquello era iu sangre qtu
<75
rt ib» í « r derramada por eU»r. Judas eii-
»tendtó al momento el sentido drfl enigma:
» se levantó de U meca y se fue sin dete»
rtncrse. Los demás Apóstoles nada abso-
*> latamente entendieron- Sin embargo so*
» bre este emblema han levantado después
» algunos doctores el famoso dogma de ia
» transustanciacioa. ** Añade el autor en
una n o ta, que los protestantes hacen inuy
mal ea no creerla > puesto que creen que
un Dios ha podido eucarnaisc. " S i el
n dogma de la transustanciaclon, dice,
•» es una locura f es locura muy antigua en
n i a Ig lesia , la cual solo prueba la prodi-
ngiosa* credulidad de los primeros fieles.
n S aa Pablo , san Ignacio m ártir , san Ire-
n uco &c. hablan de este absurdo misterio
n como los católicos ruínanos. ”
P ara respouder á este esiravagantc in­
térprete nos comentaremos con algunas re­
flexiones. 1 .* Judas seguu el Evaugclio era
uo ladrón f gustaba del d inero, vendió
por avaricia á tu maestro, * No es cosa
ridicula suponer que este traidor había de
ptgar los gastos de la comida de aquella
misma cantidad que él se procuró con tan
horrendo ctimen i 2 .» Judas devolvió á los
judias la cantidad que babia recibido por
precio de su traición , y de allí fue á
ahorcarse desesperado. ; Cómo, pues, regaló
¿ Jos Apóstoles cou c) -precio d* ¡a vida y
de la Jdngrc de J. C. ? ¿ I no se hallaba
Í7 6
presente, tos 6 se talló al momeoto de ha­
ber recibido «i pedazo de pau mojado que
le dió Jesos ( Joan. 13. v. 30 ). Por con­
siguiente oo estuvo cu el caso de entender
el enigma. 3.* Dice J e sú s: Esta tt mi u o -
gre (¡t una nurcj alÍMM , sangre que por
vosotros y por muchos será derramada en
remitían de i os picoJoi. ¡ Ea qué sentido
pudo el dinero recibido por Judas fu q dar
ana nueva alianta y perdonar los pecados i
4 .1 Jesús atudió diciendo á sus Apóstoles:
haced esta n itsemaria de id . Y ¿ nos dice
el critico que ellos nada entendieron, sino
solo el traidor ? Habíales diebo ya áuics
Jeras ( Joau. 6 . ) : El pao que yo os daU et
mi carne por la vida dei mando. Mi carne et
verdadera comida y mi sangre es verdadera
bebida. Entendiéronlo, pues, bisa los Apos­
tóles , asi como lo entendió san Vdblo,
pues ha hablado cama las católicos romjnoj.
í.» San Juan , sao P ablo, siu lguacio
m ártir , sao Juitino , san lrcueo &c. , lo»
cuales han hablado tambleo de Ja Eucaristía
como ¡os católico* ronuitiot, j serán Jos docto­
res que levantaron de¡pues el dogma de la
transusiaaciacion , y que bao sido tan m -
ertdidos coino los Apóstoles y los primeros
fieles? | Hasta dónde llega el delirio de
los incrédulo? I Todo presuweu sabérmelo:
y ai la sinceridad de nuestros doctores,
ni la ilustración > de que ñau dado prue­
bas tan Indudables, oi la pureza, cou quo
177
entre n a macos c o n ia la doctiiua del
Salvador, han bastado para librarla* de
las •lurnandaí notas coa que Les han que­
rido tachar huinbres tan separados de
aquellos tiem pos, cu cuyos escritos la.
malignidad ocupa el lugar de la ilustra*
ciou juiciosa , y que podrán tener Ingenio,
pero destituido de toda siuceildad y del
amor puro de la. verdad. = Y auuque no
entra en nuestro plan el eximen del dog­
ma de la presencia, real de J . C. en la
Eucaristía, y d é la ttaosuetauciaoioa} nu
dejaremos de observar que este knpio,
que ha sobrepujado en impiedad, i los de­
más. incrédulos , cooveucido de los indu­
dables documentos de la antigüedad que
ha viito acumulados por nuestros docto-
íes cobre esta m ateria , no ba podido m e­
nos de couíesar' que desde lus primitivos
tiempos se ha hablado como hablan los cató­
licos romanot, y que el misterio de la tran-
sustanciados no «* rrvu tncrtibU fos el de un
Dtot «canudo. No despreciemos c ita coa-
f u ion.
lía el huerto de los olivos cayó sobre
Jcjug uua m otul trls tc u y agowA; -rogó
i su Padre que pasase de el el cilix de sp
pasión, y sudó como gotas de sangre q ue
chorreaban hasta eL sucio. rr£ l hombr^Dina
n fd icc o los incrédulos) mostró ctrcanb i
**la muerte una debilidad que gran ndme-
» ro de hombres animoso* tendrían t o -
Tomo V IL i ‘J
n giienia de moatrar en «enejante ocaiion.”
(CrJi. a¡>. Oríg. 2. 11. o. ‘J 3.z=Matúmtu
fiJei, 2 pan. c. 24. = Hist. crit. c. 14.)
iÍBPrjiiíciÓJfl el alma de Jesús hasta la
m u ir» : tniri <n agonía: einok im sudor como
dt gotas dt sangre. Esto et lo que uos d i­
cen las £vaugelistas. Pero ia naturaleza,
inocente no repugna, menos los dolores que
la aatuialcxa corrompida. £1 temor de pro­
barlos no es el que hace criminal al hom­
b re , sino el querer evitarlos haciendo trai­
ción á nuestro deber. Una viva sensibilidad,
léjos de degradar al que los esperimenta,
le sublima y engrandece, si los sobrepuja,
mostrando mejor su perfecta adhesión á la
v irtu d , por lo cual se hace digno de elo-
admiracion.
el carácter del Salvador ¿ hay cosa
mas asombrosa y magnánima que aquella
suave sabiduría 6uya, tan hum ana, u n
modesta, y que le aleja u n to de la oslen,
tac ion como de la r íg id a y dureza! No se
nos presenta en él un filósofo vanidoso y
soberbio, que dice que él se batía ¿ si
mismos ¿nics por «1 coutrario desea no
verse tolo, y pide i. tres de sos discípulo»
que orea y velen con 61. No cb uii estrtl-
co que con jactancia asegura que el do­
lar uo es un m al, sino el Verbo encar­
nado , sujeto A las miserias del hoaibre,
por.quien viene á ol'recer uní satisfacción
cumplida. Es un Redeomc lleuo de ter-
uura que significa ¿ sus amigos sus grau-
des angustias j y pidiendo á su Padre que
le libre de clla6 , lo hace con 4al suavi­
dad y resignación, que es imposible deje
de w raucar lágrimas de ternura á iodo el
nc sepa lencr sentimiento de lo grande y
3 c lo bello.
Representémonos esta, terrible escena ea
que el Salvador coa su presencia conoció
claramente todo io que iba á sufrir. " H e
ita q u i, se dice i si mismo, be aquí 11c-
i> gado el terrible dia que ha de preieudac
j* mi suplicio: ántcs que el sol aparc&ca, el
«i misera ble Judas me habrá entregado ya
•*al poder de mis enemigos implacables:
n por tai sangre clamará Jeruaalem i vos
n a g rito , y ua ju et débil se la concede*
w r l : axoudo, insultado, m aldecido, ea»
t> cupido, coronado de espinas, seré cía-
» vado y levantado en uo infame madero,
a donde perderé toda mi sangre y mi vi»
«i da.” Como que oia los furibundos cla­
morea de un populacho que g rita : n utra,
nuera; crucificóle, crucificad. En este esta­
do de desolación, de que jamas se ha vis­
to nn cgeiuplo, K dirige (y este acto jo o
es bien digno de un raroti lleno de virtud
y de generosidad i ) á Dios su Padre , y
pidiéndole que aleje de él aquel u n amar­
go c á l i i , no lo haca absolutamente sioo
con una coodicion noble y valienrcmeme
resignada: Si tt (Oiibk , Pa d n , altja dt mt
180
a t t <Sl¡t; p<r» no mi voluntad, riña la tuja,
tea campüdo.
No trataremos de esplicir los profun­
dos misterios que encierra la agonía de
J . C. eu el huerto de las olivos. £1 Hijo
de Dios quiso easeñaruos que la repugnan­
cia natural al padecer y morir uo es uo
crimen cuaodo la acompaña una perfecta
sumlsiou á ia voluntad divina. Quiso lam-
fciea instruir á los mártires eu que la
muerte debe esperarse , mas oo se la debe
provocar.
Uu filósofo, uada sospechoso en nues­
tro tkvor, ha llegado á recu noce t que es
posible caminar coa gran valor i la muer­
te sin dejar de temerla. Sobre este punto
nos ha dejado hecha la apología del Sal­
vador. " Si e l , dice, maestra temer la muer,
« te i si la angustia que espetimentó fue
»> u a estrema que le resulto un sudor obci-
» dado de aaugre, que es el alniouu mas
» violento y mas ra ro ; ha sido porque se
n dignó descender 4 toda la bajeza del
» cuerpo hum ano, de que se babia reves-
n tid p . Su cuerpo temblaba ■, pero su alma
n estaba iuespugoable: uos enseñaba que la
«• verdadera fu e rtai la verdadera grande-
n u coosisteu en sufrir los males , bajo
♦» cuyo aspecto sucumbe nuestra naturaleza.
** Hay un gran valoreen correr á la muer-
n te tem iéndola.w (T ra t. de U T o k r.
c. 14.)
<81
El autor mismo de la blstorlaxrltica se
ha victo precisado i confesar que J- C. des­
pués de la oraciyu ya no mostró tittudn j y
afiade que * sintiendo la imposibilidad de
»»escapar , hizo de la necesidad v irtu d , y
« como cobarde rtvohoto se presentó otkda-
» mente á la comitiva. ” M as donde es->
taba ua imposibilidad de tscapar , uaa hora
áutes i Después de haber repreudido Jesús
i sus discípulos su pesadet en el sueño,
lea dijo ; levantaos , «j i r o ; ; rl qut me ha d»
tHtrtgar utá ctrea Si entóoces se hubiese
ido del huerto , Judas y su escolta no hu­
bieran sabido donde buscarle. M as el Sal­
vador , k quien los incrédulos representan
lleno de espanto y temblando con sus Após­
toles , apenas vé á judas que se presente
con sus satélites , recobra to d i sú prime*
ra grandeza, y se mantiene ea elJa cuanto
le duró la vida. Estando lib re , espeii-
m entó, porque qniae, «iertas Baquetas ino*
ceníes y aun edlficaotcs del hijo del* hom>
bre ; pera preso , sentenciado , sactiHcado,
ya no se presenta sino como Hijo de Dios.
Vé que llega el discípulo apóstela con su
comitiva i y léjos de huir t se les presen­
ta y les dice con dignidad : ; á qtttfeku-
caii i Y para hacerles conocer cuanta fue­
ra lá debilidad de sus enemigo» couua di,
« I quisiera hacer alarde de bu poder.; los
llena de tal espanto Jjiie dan contra el suelo
postrados. Y luego que te lerautaa , &cér­
i 82
case Judas y le besa» indicando con esto
á su gente que aquel era á quien debían
prender. Y ¿ícele Jesús (nueva mueeira de
generoso v a lo r) : «migo , \á out v m isu l
i con btso hoct$ traición al Jiij• atl hombrt 1
Iudignado san Pedro de ver que se tra­
taba de prender á su M ae stro , toma, la cs-
ada i hiere con ella á uno de los criados
S el Pontífice, córtale La oreja derecha;
mas Jesús se acerca al herida j se.la cura:
y dice al discípulo que se contenga , pues
todo el que hiera con espada r merecerá
perecer ¿ su filo. * f Acaso , añ a d e, plen-
■n sas que no puedo yo llamar i mi Padre
*» en n i socorro , j me dará multitud de
n ángeles qae me defiendan i j No he de
«beber, el cáliz que me ha dado mi Pa-
» dre i ” Dígasenos } si este es el lengua-
ge de un cobardt rtvohoto í Después de
esto se entrega el Salvador sin la menor
resistencia á los que vienen á prenderle,
sin oirá estipulación que la libertad de
«us discípulos.
** Acusad aun los censores del Kvange*
•i lio de haber hablado con poco respeto al
»» sumo sacerdote : de oo haber manifestado
n claramente su divinidad : y no haber
11 presentado , herido en ana megilla , ia
n otra , conforme lo tenia ihandado. w
Basta leer el testo de los Evangelistas
para vfer que su rélpuesta á Anás fue tan
respetuosa como sabia. Pregúntale sobre
189
ras discípulos y sobre su doctrioa ; con­
testando i este último cstrcm o, esií dada
la respuesta al primero ; y sobre ene dica
k jq publicamcute he eostfndo en el lem-
n pío : pregunta á los que me han oido y
i» ellos te darán razou de mi doctrina. **
Un supuesto reo que sabe que no le han
de creer sobre su palabra , atendida la
preocupación que nota contra s i , j cómo ha
de contestar sino refiriéndose á los testi­
gos que le han oido ea público r sin ha­
cer escepcion de amigos ni cnemigoal
Quien así contesta jn o procede con la fir­
me aeguridad de que bastaría esta indaga­
ción para que constase su inocencia , mien­
tras defendiéndose el mismo no babia de
aer creído i Al criado que le dió una bo­
fetada , reprendiéndole injustamente de
haber hablado coa poco respeto ¿1 pontífi­
ce Anás , le contesto con un reflexivo di­
lema que le hizo enmudecer , v contra el
cual los incrédulos oo han tenido réplica,
con que lidiar. Una prueba de la sabidu­
ría de la reapuesta del Salvador , la tene­
mos en la contradicción y discordancia de
los testigos que se presentaron contra él
en casa de Caifá* ; pues con ser asi que
no atestiguaban sino sobre su doctrina,
nada pudo probarse con ellos contra au
inocencia. T >cuin claramente hubo de ha­
ber hablado Jesús alli sobre su d iv ia ila d ,
pues La coafeiiao que hiio de esta fue el
m
único crimen , por el' cual , & falía de
o tro s, Caifas y su consejo pronunciaron
que era digno áe muerte ? Y } nos dicen
loa incrédulas despues de esto que no la
rnaniftító claramente t ■El Pontífice le pre­
gunta , si tra ti Hijo de Dio» y y Jesús no
colo lo conficsA diciendo : tá ¡o diets , sino
que - ademas descubre ci gran carácter de
sn divinidad como juez de los hombres,
p a n que no pueda, qnedar ia menor som­
bra de duda en sn contestación: y yo u
declaro , añade, i h vrrtú ai qur ahora se
o» prcienta hijo del hombre , y de quien no
qnercis creer otra cosa mas alta ni sn di­
vina dignidad , tunado A la ¿erecta del
fodtr tic Dios y vm lr en las nubes del cielo.
-Estcrayo de luz ccgó i sus enemigos , y
por é l solo le condenaran como á un blas­
fem a Tal fue la claridad con que cono-
cicron que hablaba de su divinidad.
E a cuauto ¿ no haber presentado 4u
otra me g Lila , cnando le abofetearon , de­
cimos que no «staba en el caso en que se­
gún su doctrina debia ' hacerlo. Coando
aouncib á sus discípulos las persecuciones
¡que contra ellos se habían de le ra n ta r, Jes
aconsejó que «ufrieicxi mas bien un segun­
do u ltra je , que p edir en justicia la repa-
racien del primero. M as "Jesús en este ca­
so 1 efe requerido y tratado jurídicamente
y delante de ua P auti 6ce ; y asi debía
1justificarse , y no provocar, presentando!!
185
otra m egilla, la brutalidad de un t í I cria­
d o , autorizado coa la presencia de su se-
fior. |P o r qué no te han de tomar loa im­
píos el pequeño trabajo de examinar el Too*
do de laa cosas , ¿otes de argumentar cie­
gamente sobre ellas ? | Cuántas objeciones
escusarian por esLe m edio, qne hacen mny
poco honor á las luces , de que se jactau!

§. xiu.

Si is eauctbibU la conducta ¿t Filatct. Si


J. C. w quejó malamente dtl otandono dt jo
Padrr. Hora de su muarte. Sobre los dos
ladrones.

Los mismos críticos a&aden : ** No se


r>concibe cómo Dios permitió que Pílalos,
*• que queria libertar á Jesús , haya sido
n tan débil que le condenase, aunque
*1 inocente. ”
Tampoco te concibe cAcno los incrédu­
los se mantienen y confirman en la irreli­
gión , aunque con ello se ekponen i los
niAs espantosos de todos los m ales, por
razone* y reflexiones tan absurdas como
las que proponen ; y sin embargo el hecho
es visible.
M as si esto no concebimos , entende*
d o s p o r el contrario muy bien que un
jucr , aunque enemigo del crimen , puede
set uu d éb il, temer las sediciones y el
186
tumulto , y las ínfleles relaciones que de
«u couducta pueden dirigirse á ia corle.
Enteudanos asimismo que Pi lato* , aunque
repugnase derramar la sangre inocente,
repugnaría no meaos el esponerse ¿ algua
peligro por salvarla : no nos asombra el
ue se llenira de terror con la idea silo,
3 e incurrir en las sospechas del sombrío
T iberio, y que por cmi sacrificase lo justo i
su política. Emendemos finalmente que Dios
permitió este crimen , como permite todoa
Jos demas que se cometen en el mundo.
Pretenden también los iucrédulos que
J . C. eu La cruz se quejó malamente de que
su Padre le habia abaldonado. Cal vino
iuvo la osadía de decir que las primeras
palabras del salmo 21 que J. C. proounció
entonces , eran U espresion de la deses­
peración. P¿ro el sentido de cetas pala­
bras , traducidas á Ja le tra , es : Dior mió,
Dios mió , j ú qtii mt Itat iiejado ? ejto es,
j i cuántas penas mt has mi regodo? La pre­
posición Limcd , qoe en este lugar se ha
traducido por panícula causal, es una
preposición de dativo. ; Hay en esto la
menor señal de impaciencia? Pero aun
tomada por partícula causal, at quid, ó
como dice el griego , ¿im t i , no espresa otra
cosa , aino una llamada de uuejtra aten­
ción i la cautal final de sus grandes pade­
cimientos , tan digna de nuestra conside­
ración i pues el salmo 2 i que J . C . aplicó
<87
entónces i si miaño , y qne de verdad es
literalmente propio suyo, habla de sus
sufrimientos " y ocl objeto y fin de ellos,
que era la formación de su grande Igletia
y el llamamiento de ¡as gtntet i ser sn
pueblo juntamente con los que entre ios
judio» quisieran aprovecharse del ministe­
rio de su redención. Asi es , que cuando
ya se cumplieron todas las circunstancias
de su pasión, csclamó el Salvador: ya toda
t i t í acabada ; bccha está toda la obra , ya
no hay mas que esperar sus frutos y «u fin.
Pretenden igualmente cu a tro s contra­
rios haber contradicción entre los Evange­
listas , pues " J esús, según san Juan , fue
«1 condenado á la hora de s esta, y según
« s a n Marcos fue crucificado i Ja hora de
» tercia” ( Y o liairc, Bibl. csplic. — Hi»r.
crlt. c. l í . ) .
Muchos antiguos manuscritos de sao
Juan , entre otros el de Cambrlgia , ex­
presan que Jesús fue condenado jobrt la
hora de tercia. Se lee también en la cróni­
ca de Alejandría : (ira t t la Iteeiou de lat
egtmplares mas corrtctoj y dtl original con*
ttrvada tn Bftto. Asi opiuan los críticos
mas hábiles y C alm et, los cuales citan ¿
Eusebio, á san Pedro alejandrino & a Por
consiguiente escusaremos referir otros me­
dios de conciliar i los sagrados autores,
de que se han servido los sabios intérpre­
tes. ( Véase á Bergier , Dicc. tnlogie.
isa
V. Hora, Cruafixiam, Pasma. = T r a t . de la
verd Aclig. tomo 4. = Á Bullet , Resp.
crlt. tomo I t.).
O tra contradicción, que suponen lo* in-
crédulos. "Según san M aleo y sa'n M ar-
w cus insultaban á Jesús los das ladrean
»ique estaban crucificados en cu compañía^
n mí s según san Lucas uno joto fue el que
*» Ic insultó.”
lisio únicamente prueba que la narra-
d o n de aau Lucas es mas circunstanciada
que la de los dos primeros Evangelistas.
£ l refiere la conversión del buen ladrón,
de Ja cual estos uo hablaron j y si baa
usado el plural poi el sin g u la r, se han
cérvido de un modo de h a b la r, que es co­
mún i los amores profanos y á lus sagra*
.dos ( Vcase i B ullet, Aesp. crlt. tomo 1 .).
N o es tampoco imposible que el bueti la­
drea en un principio Indultase con cu com­
pañero al Salvador , liana que admirando
eu su invencible paciencia y ca d peidoa
de sus enemigos un claro testimonia de su
k iuoceucla , y alumbrado con la lúa interior
de ia fe , que el mismo Sc&or se dignó co­
m unicarle, entró en si mismo luego y se
convirtió.
Sobre la* tinieblas y el terremoto que
ocurrieron al tiempo de morir J. C ., véa­
se lo que dejamo» dicho en nuestras obser-
w e io w frekminarti sobre el Duevo T es­
tamento.
189
§. w .

Algunas ntras rutiles objecioise¡ de ios m -


eréduiot.

Dicen lambicn los incrédulos ** que **-


i> ría cnlrjrio i ¡a justicia que un rey des*
i» cinase á la muerte 9U hijo único per la
» salud de au pueblo. D io s, añaden, ha*
i* cléudolo asi coa su Uoigéuito , (rila ría
•> i los culpables como inocentes, y al ino*
itcence como culpable."
P ero , I.* , etu. comparación no puede
pasa r, puesto que el mejor de los reyes,
que deitinaac á. au hijo único á la muene
por la ¿alud de su pueblo , no podría re*
compensarle cou la resurrección para ha­
cerle ocupar la derecha de tu truuo.
Adeouu, ü .u , las consecuencias que
sacan los iucíódulos de su comparación,
son inapliciblc» á J. C ., el cual por tm
efecto de su caridad incomprensible se ofre-
ció á si mismo i Dios su P ad re, para es­
piar ouesuos pecados. Mi Padre ttm ama,
decia este Redentor divioo (Je jan. 10.
W . 17. 18. ) , poique yo doy «ni o ida , mar
la recobraré dt s u n . Nadie puede quitér*
meta , jim que y» voluAtariaiMiin la doy , y
talgo fxxbr dt darla , y también le tenga d*
volverla á (Otncr. Este mandamiento ttcibl de
«ni Padre. Y asi bien lejos de que el Padre
tratase A su inoetnti Hijo como calpul.',
consta claramente lo contrario por lo que
ea este testo leemos, y también por su
resurrección gloriosísima y por su eleva*
ciun sobre todas las cosas.
Del mismo modo, 3.a , la espresioa de
saa Pedio ( I. P eu. 3. v. 18.) vmrii tí
futto por los in ju to i, tomada ea su sentido
lite r a l, está tan Jejos de ofrecer á ia sana
razón uiuguua idea absurda ó contradic­
toria , que ántes bien oo se hubiera obra*
do nuestra redención si J . C. hubiera sido
«Mrtoj justo.
Otras objeciones. £1 autor de la Reli­
gión euncial ( i > Cari. introduce.) dice:
“ Es difícil entender , cómo pueda conce-
m b ine que haya ea Dios alguna cosa que
u s e oponga 4 la salud del bombre : esto
«i implica contradicción. Pues no se duda
n que la salud del hombre sea una ennsc-
u cuencia de haberla querido Dios. Decir,
m pues , que Dios qoúre la talud del hom-
n b re, y al mismo tiempo defender que hay
n r» Diat un principio dt justicia, 6 que se
n llama a s i, el cual se opoue á ella > es
m sentar que Dios quiere y no quúr»,
»» Por otra parte ¿ no c* verdad que si
n una justicia que está fuera del hombre,
n pudiese serle imputada , para suplir por
« l a que no tienen la justicia de J . C ,,
n cuyo oiérito es iafiuiio, sería paciente
n por Jo m as, como por le menos i y que
m no siendo i a Guita la dJsuncU que hay
m
11 de un hombre pecador i un hambre coa*
*i v en id a , ua mérito infinito debía ataor-
d verlo todo?”
He aquí una buena g e rig o u u ; pala­
bras; y uada oías. Pcio seguu puede tras­
lucirse , el auior de estos raciocinios ha.
sudado para ver como eucootrar comra-
d ied o u , doude absolutamente no la liayj
y porque se lia persuadido que nada debe
haber que le sea incomprensión, se ha creí­
do cou derecho para desechar como con­
tradictorio todo cuanto su cnicudimicuio uo
pueda alcalizar.
La primera contradicción de que se tra ­
ta eu su ptiuier raciocinio, solo se filuda
en un equivoco. Si la talud del hombre fue­
ra un efecto de aquella omnipotente vo­
luntad de Dios , por la cual dijo : tea ¡a
lin , y ¡a ¡ai J'iu i el hombre seria salvo poc
necesidad, mas cu este caso uo serla libre.
Pero ciertamente lo es 4 y no es menos
c ia to que Dios quiere la salud de los hom­
bres j mas su voluntad es relativa i la to­
talidad o complexo de sus perfecciones, y
¿ las facultades iuielectuales y Ubres de
que le plugo d o u r al hombre.
Su bondad, que es el atributo coa que
ce ha cootpladdo mas de darse ¿ conocer
i los hombres, le hizo prometer á nues­
tros primeros padres un redentor ¿ la ¿poca
en que te habla de cumplir esu promesa,
sus profetas la señalaron anticipadamente;
IS3
y J . C. vino cabalmente ea el tiempo anun­
ciado por estos, y se ofreció á eu P adre
ea sacrificio por ia espiicioa de los peca­
do*. He aquí verdaderamente ua» benevo­
lencia infinita. de pane de Dios á favor de
la idJuJ de los hombres. Es iucoutescable
que Dio» la quiere , por ser , coato es, in-
ünitaincntc ln*no. M as como lo» crió libres
y les proveyó de lodos los medias necesa­
rios para adquirir la salud ; es igualmen­
te cierto que castigará i los malos que cou
todos estos socorros se obstinan 6in em­
bargo en hacer un mal uso de su libertad;
como lo e» el que este soberano Ser es ia-
finitamente ju l» . T por lo que toca ¿ los
que de verdad se arrepienten, es tan po­
sitivo que Dios les hará gracia ea consi­
deración de los merecimiento» de J . C .,
como lo es el que este mismo Ser sobera­
namente perfecto es in/!ni(ainnur mi¡ tricot-
diato.
La segunda controdiccisn, que nos alega,
contieae una petición de principios muy
clara. Parque una justificación de infinito
p recio, oo borra necesariamente todos los
pecados. Sirviéndose Dios de este remedio,
ba sido libre ea restringir su eficacia coa
condiciones determinadas por el concierto
y am onta profunda que tieue su bondad
coa su santidad y can su justicia. j Qué
contradicción hay ea que Dios haya que­
rido salvar á los hombres coa la ccndicioa
m
de que le arrepientan y te conviertan!
E l sacrificio de J . C. es siu duda ua me­
dio inBaiiim esie poderoso para obrar m e
tfecto j pero ni la salvación de Jos peca­
dores que mueren obstinados, comu con­
traria i la jantúhd y ¿ Ja justicia de Dios,
les ha. de venir de esta riquísima fuente
á cuyas corriente* upouen el dique de su
dureza , ni de ella les ba de venir á los
que mueren justos su coiuJenueioa; siendo
asi la uut como la otra realmente incon­
ciliables con las diviuas perfecciones, y
cou las positivas declaraciones de las di­
vinas Escrituras. Y bajo este respecto es
infinita la distancia que bay entre el hom­
bre convenido y el pecador impenitente;
pues el uno es el objeto delsacriticiode J- C.
que se Je aplica , y el otro uo , por cuanto
le desestima y desecha. Asi nos ha reve­
lado Dios su voiuutad : la sana rasgo
se tranquilina con ella , y juntamente nos
hace conocer cuan absurdos y temerarios
son los raciocinio» de la impiedad.
w Pero fuera mejor , a&adcti los Incré-
« dulos | que Dios hubiese perdouado el
n pecado de Adán , y no haber tratado de
n castigarle de un modo tan terrible ca la
w persona de so propio H ijo.”
Aunque es un misterio incomprensible
á toda is butmiia rasoo , el que ei Verbo
ue tra «n ti principio , t itabo en Dios y er'a
Í h»i desde la eternidad , y que le Tiño'
Tomo V il. 13
194
carae en la plenitud d t ios tic m p a t , haya su­
frido dolores y m uerte, no ea su divina
naturaleza incapaz de cllus , sino cu la
humana que iotn6 y unió á a i , mu embar­
go cjaudo el hombre considera que por ¿I
el Hijo de JL»ius m urió, y que ba vencido y
triunfado para restablecerle ea lus dere*
cíws de la inm ortalidad, y para reparar
La gloria de l>ios su Padre i cutóucea co­
noce que ha ttJo h uitjur el qu.* Dioj pur
ene g n u uicdiu baya castigado el pcc¿do
del primer bombie j cou el Cu de dar á
suc descendientes uaa idea de su ju jiic b ,
Inspirarles horror al pecado , y picscr-
▼aries de él. Y ca cTccto j qué hoincuage
mas digno de la magestad del supremo Ser
que el anonadamiento & que por su glu-
ü a 6c redujo su propio H ijof Entrando
ea «1 muado se consagró i la ubedieucia:
conoció que la justicia de Divs quería uua
satisfacción proporcionada i la ofensa , es
decir , de uu valor infiuito, y que tal sa­
tisfacción cía imposible que la úi^seu luí
bou)bres i que Dios , como D to t, uo podía
satisfacer, pero que reuniendo la uatura*
lexa buma.ia y la divina uii uua sola per-
sana podría padecer como hombrt, y dar
como Dior un valor infinito á sus sufrí*
m iem os, coo lo cual satislaria pleaameoie
y ma sobreabuadamememe á la justicia
de su Padre- . ..
. “ Pero ¿ uo pp&Á Ojo? » pregunta san
m
» Francisco de Salee (Scrm. I.° del vier»
n uu» S am o) dar á lus hombres para su
>i salud un oiro reusdio que uo lucse Ja
»• tudciie «le su Hijo í Podia sin duda al-
» g u u a peí donarle por uua autoridad ab-
» soluta , por un efecto de su tr.iserkor*
» d i a , sia nacer Intervenir ea ello su jus-
m icM , sin h ucdiacioti de niugu.u cria--
n tu ra : y si lo hiciera ¿ «julón (cudria de-
*» recho pira rcpugnái»clo, siendo, como
99el e s , el supremo monarca y el criador
n de codos , que puede cuanto quiere ? Su
» voluuud ca u;i medio sufieiciue. Pero
» uo se uos baria u u patente el amor que
imiob tiene, «mío su uos ua hecho coa Ja
» m uirte «le su Hijo. Y para darnos uua
»> prueba de cuanto nos a n a , ba muerto
oeste Houibre-Díos, y cou una muerte la
i' iu jí dura é ignominiosa que pudiera liua-
i> guiarse. ”
Por lo.dem ás, todas las objeciones Je
los incródutixi 00 podrán jamas obscureces
los rasgos de di trinidad que ha moscrado
J. C. eu su pasiuu y m uerte, ui la brl»
llame claridad cou que ha cumplido las
profecías, ni t-l triunfo de su resurrección
gloriosa , ai el milagro de la convcisioo
del inundu por el Evangelio de un Dios
crucificado. Este milagro lleva ya dlex T
ocho siglos de subsistencia á pesar de los
esfuertos délos iucrcdulos , y estamos pcrr
tatam ente seguros de que lubyUii:^ Uuio
196
como el universo. J . C. había dicho : cuando
yo ita levantado dt lj tu r r a , atraeré ioii«u
las comí ú mt. Cumplió su palabra , y cum­
plirá igualmente la que ha d a d o de csLar
cou su Iglesia basta la coaiumacion de
los siglos.
"B aste esta contestación dada á lo* im­
píos acerca d e una T e r c ia d , cuyos prime­
ros elementos apenas pueden ellos gustar,
por la exorbitante sensualidad de sus co­
razones , y por lo materializadas que tie­
nen (digámoslo a s i) sus almas coa las im­
puras afecciones de los sentidos no cor­
regidas por las saludables impresiones de
la fe. Lo que les decimos no tieue réplica;
y con esto tolo les demostramos cuaa racio­
nal o el obieqaio que hacemos d e nuestros
entendimientos á la verdad eterna. Pero
si i ellos les fuese dado peueirar ua poco
ca el misterio de un Dioi crucificado por
los hombres; ea el admirable comercio á
ue por ¿I han sido admitidos'estos con la
3 lvln id a d ; eu el dichosísimo restableci­
m iento que este gran misterio obia en uucs*
Ira n atu ra leia, cuya degradación oo pode­
mos desconocer entre mil rasgos Induda­
b les de su grandeza ; cu las relaciones ín­
timas que por su virtud ha establecido el
Salvador entre si y nosotros para hacernos
Vivir de su espíritu y de su eficacia ; en
las prodigiosas cousecucucias que estas
í 91
nuestras almas ; en los respetos que de ahí
nos vienen de pane del cielo y de lo» que
participio ya de una eternidad bienaven­
turada; si les fuese dado, repetimos, en­
tra r ea todo este m isterio, y con la loe
sabrosa y edificante de I» fe gustar sus lu ­
minosas delicias, estamos bien segurosquo
la coafusion cubrlria sus rostros, y que
confesando la lgiio*Tiinia de sus preceden­
tes ignorancias, se verían precisados á es-
d araar, como escla¡n6 sau A gjsw n, com­
pañero de ellos algún tiempo cu la Incre­
dulidad y convertido luego al reyno de la>
lozt ¡ó herma¡ara antigua y siempre tm v a l
¡cuán tarde le conocí! El cristianismo ha
poseído en todos tiempos hombres de los
mas ¡lustrados que ha conocido el mundo,
los cuales, instruidos como los que mas,
segiín lis luces propias de cada siglo, han
jmundo la sabiduría del misterio de la
crui con los ñus profundos conocimientos
de las ciencias hwnsm s. Tenérnoslos en
este mismo siglo que nuestros contrarios
(«ábense ellos por qué) llaman i t ls$ ¡ueés.
Y «8 indudable que- festos grandes hombres
han hillado y gustado en aquel misterio
gaa sabiduría, digamos también, una ra­
tó n , una conveniencia, una b ellcta, una
dignidad , una luminosísima luz que han
estimado por infinitamente superior, y mas
precio» y satisfactoria que todos los de­
más conocimientos humanos SUJOS,' ea que
198
tanto has brillado y brillan aun ea nues-
tros días. El cestitaoaio de esto» hombres,
que CSU(t en m ^iio de los du¿ rey uos (per*
mitaseaos u ^ r de cita ¿¿presión) el de la
razón y el de la fe , y que por consiguien­
te puede.i cerciorarse de la a rm o n ía , ó (si
la hu¡/*U ) de la discordancia de las ver­
d a d » que «c reconocen en ello s; ea infini­
tamente preferible al de los otros, que
moradores únicamente del reyuo de su exa­
gerada rato», de cuyos « ira vio» uos pre­
sentan ellos mismos millares de egeiuplot,
no se hallan eu estado de pronunciar coit
él debido conocimiento de causa , como
obstinados en no visitar siquiera coa sin­
ceridad y cuu auior de la verdad el reyuo
de 1« r*Pfbcion,” £>. T .

5. tv ,

Vtriad dt la miuru de / . C. <n la cruz.

A n ta de pasar á la demostración de la
resurrección del S alvador, debemos hacer
ver fríe sn muerte en la cruz ha sido c im a
¿ Indudable.
C. no murió sobre la croa (d k «
ñ e l M«toriador critico de su v i d a ) i tíft
n hombre vigoroso y en la flor de su edad
»»puede resistir fácilmente tres horas un
n suplicio en que no sufren da lio lak par­
tí íes nobles. T entón» la prueba de d in
ÍS9
•ten los dos ladrones que fueron crocifi-
» cados con e l , á quienes fue necesario
n romper Ij.» piernas parí haccMos morir:
n convéncelo también la admiración que
» mostró Pllatos cuando .losé de Aiimaica
« l e dijo que había espirado Jesús. Por
n consiguiente Jesús Mw> el muerto p a n
«que no se le quebrasen iaj piernas como
n i los ladrones, y á fin de que Sil* dis-
sicipulos Josó 7 Nicodemo, que e n n hoto*
ubres de crédito, alcanzasen de Fílalos el
i) permiso de quitarle de lá cruz. Pusiéronle
« ellos en el sepulcro, le cubrieron de aro-
11 mas para disimular mejor íu ficción , j
tí luego por la noche lo llevaron , pues
r el sepulcro ni fue sellado ni tuvo guar-
r>diaa hasta otro d ia , como lo nota espre*
i» símente san Mateo. Teniendo ya Jn*c y
i* NicoJemocn su poder á J :sus, le cuida-
»* ron cum io les Fue posible, j con buenos
» remedios le curaron. Reunidos una <ar*
n d e los Apóstoles en alguu aposento de
n la casa de José 6 de NicodeuM, 6 de al*
» gun oiro discípulo, entró J c j u s eo él
» por una puerta secreta, les habló , les
n mostré sus llagas que auu no estaban
n cerradas, bebió y comió con ellos, y con
n cíio llenó lanío las cabezas de a q u e lla
» buenos hombres de la idea de haber re>
« s u c in d o , que fueron á publicarlo por
n toda la tierra coa riesgo de sus vidas,"
Tál es el romanee que el locxédulo, i
200
quien refutamos, ba Imaginado para im­
pugnar La verdad de la historia de la re­
surrección de J . C. Pero cu primer lu g tr
(lio es una. cosa bien em ana qu; al ca bo
de diei y ocho siglos se trate de dudar de
un hivho que si» la menor dificultad h ia
creidj tu n a nosotros cuautvs hombres haa
exijiiilodc toda religión, cristianos, judíos
gentiles í Tácito , tan prevenido contra
L t cristianos, hace mención de ¿1 (Jnn. 2.
15. c. 4+.)- Todas los enemigos del cristia­
nismo en los ptlateros siglos aos objetaban
el que presenubamos al m uiido, como objeto
de su adoracioa, i uu hombre trueno coa
el mas ignominioso suplicio. A loa judíos,
tan interesados en destruir el milagro de
la resurrección de J . C. , jno les era mas
fácil hacer creer que un hombre había es-
tado en una crut sin m orir, que persuadir
que uuos hiHiibres tímido*, que oo se aire-
vliu i presentarse cu público, habían ido
por entre una compañía de guardias i lle­
varse un cuerpo que esuba en uua caver­
na , cerrado con uua gran piedra y sellado, i
2 .° No uegimos que un hombre puede
estar por tres h o ru d iv id o ea una cruz
eiu m orir; pero si se atiende á la dura-
d o n y gravedad de loa tormentos que se
hicieron suLcir á J. C. , á la agonía y
sudor de sangre que padeció en el huerto
de los olivos; 4 los golpes y malos tra­
tamientos padecidos en casa ae Caiíás ; á
301
lo* acotes 'que le di ¿ron eo casa de P i­
tacos; al desfallecimiento que se advirtió
cu ¿1 al llevar la crux, el cual obligó i
que alquiLasen á Simón Cirineo pira que
la llevase en pos de é lj á la sangre que
derramó cuando le clavaron, será inas de
adm irar el que pudiese llegar á vivir trea
horas en la cruz.
3.° Hasta <|ue espiró el Salvador esta­
ba alli el pueblo mirándole, y los gefes
de la nación, los principales de los sa­
cerdotes , los escribís y los ancianos l u ­
ciendo burla de ¿I- Los soldados, lo» mis­
mos ladrones que tenia crucificado» i íus
lados, le insultaban del mismo modo. To­
dos estos le creyeron muerto. T fserá
posible que un hombre pueda engiBar á
toda una m ultitud que con furor ha pedi-
do su inuene, y eu presencia de los prin­
cipales y sabios de una. nacían, cocarpi-
aad«>í pira perderle? Pero concedamos por
ua mouienio v|uc Jesús hubiera podido h a­
cer ilusión á esta muchedumbre de ene­
migos suyos ; jn o huhkra I Jo minoa dado
alguna señal de v id a , cuaudo el soldado
le hiiíó cou uua lauza el costado basta
abrirle el perica rd io y herirle el c o n io n l
¡Que! ) no se le «caparía un suspiro ni un
movimiento de alguna pane de su cuerpo?
Esto no_ lo persuadirán á nadie todos los
solistas del mundo. Añadamos en 11a, que
aun cuaiido J . C liubiv¿e hecho hasia.eo-
202
tóncee el n u e r to , desde aquel móntenlo
debió quedarlo de verdad , pues el golpe que
recibió, por confesión de lodoi los faculta­
tiv o s, et murtal. Mas aun admitiendo que
ni tampoco cou esto murió (jq u ién no v¿
que esta suposiciou es una paradoja l ) ; cómo
p o d u continuar par inuchis baratean vid*,
sum ergido, digámoslo asi, en cien libras
de aromas, encerrado y cubierto por (odas
partes coa el sudario y lo: lienzos que le
envolvían, y dentro de un sepulcro don­
de apenas podría haber comunicación algu­
na con el aire libre?
4.* Júntase con esto que la única cau­
sa por qu¿ Jos soldados no le quebraron las
piernas como á los dos ladrones, fue por»
que le hallaron muerto. Es por consiguiente
un hecho que aunque un crucificado pueda
vivir tres ó mas horas, J . C. ya no vivía
cu-indo aquelios fueron i reconocerle.
!.♦ Es verdad que Pilj'.os se admiró
de que su muerte se hubiese verificado tan
pronto, y por eso quiso asegurirse del
ftteho; de manera que aunque era muy
respetable el i testimonio de José de Ari-
n u te a , por ser persona de gran crsJilo y
consideración, no qu'so aquel j u í z fiirse
de su dicho, inas hizo ir á un Centurión
sc certificó por su medio de que jesus
L j¡a trtierto de verdad; y cuando ya le
coostó la cosa por el C enturión, consintió
en Jó que José le pidU .
90$
6.* Ya hemos notado que «un los mis­
mos judíos jama* han dudado de que J . C.
murió en la crux. T cu efecto pidieron á
P ilatos guardias para custodiar el sepul­
cro y reliaron su entrada, publicaron des­
pués que los Apfotolei habían robado el
cuerpo mientras los guardias dorm ían; pero
eu ningún modo ro§pecharon que después
de aquel momento haya vivido el Salvador.
£3 particularidad bien notable que lo*
guardias colocado» jamo al sepa Icio para
guardarle, 00 eran romano* sino judíos.'
¿os primeros, en caso de que (os discipu»
los hubieran auerido llevarse el cuerpo de
su maestro, hubieran podido tal ve* de*
jarse sobornar , pues no tomaba!) Inte-*
res alguno en esta disputa. M as nada
de esto podía temerle de los soldados
ju d io s, que eran cabalmente los que se r­
vían para la guarda del templo coi» de­
pendencia d« loe pontífice* , y por lo
mismo hombrea que no' podfan menos de
preferir los intereses y aun los caprichos
de estos i los de cualesquiera o ros. Aun­
que lo» romanos no permitían i los judios
mantener un pie de cgérciiO} el Sumo Pon­
tífice conservaba un cucrpo mas ó*meaos
numeroso para su guirdla (Consúltenle loe
eap. n . v. 3 y 7. v '32. de san Juan. =
E l 26. v. 47. de san M fttco.=:Bl 4. v. 1.
de ios Hecho» de los Apóstoles).
Toda» estas circunstancias, tomadas de
304
la historia evaogéllca, son hoy día Irre­
cusable*, pues oo w la» recusó en el tiem ­
po en que podía haber lugar para ello.
Lo acordes que vemos entonces á los ju ­
díos coa los Apóstoles sobie el hcchu y
•obre ellas mismas , es una pruebi demos­
trativa de su verdad. El incrédulo, que
quiere ahora formar ó levaatar dudas so­
bre la verdad de la muerte del Salvador
ea la cruz, vea corno nos citará’, si pue-
d e , alguna caire todas las historias que
haya sido toas positiva y solemnemente
atestiguada.
" E n vano, añ ade, fue colocado Jesús
♦» ea ua sepulcro nuevo de donde sus di#«
«tdpulos tuvieron tal vex cuidado de sa-
»>carlc á tiempo.'*
Mas ;qu6 es lo que con esto quiere de*
cirnos? ¡Será mas fácil de traspasar y de
te* asaltado un sepulcro nuevo que uno
viejo ó antiguo 1 Si e<t ¿I hubiera habido
otros muertos enterrados áotes de J. C . ,
tal vex se hubiera dicho que no é l , sino
algún otro había sido el resucitado. Por
eso, pues, conviao que fuese nuevo} y asi
lo dispuso D ios, que trataba de robuste­
cer por todos medios la verdad del mila­
gro de la resurrección de su Hijo.
Todavía dice "que pudo el sepulcro
n:tener sus salidas, secretas y diferentes
•>de la entrada que habían sellado.”
Esta eojpccha la previene el IJvangc-
905
lio adviniendo que estaba abitrta n u u
ftHa. Todavía subsiste este buceo al cabo
de die* y ocitoj^iglos, ducaute los cuales
no se le ha'nofado la ao&ada salida. M .
Huet (D raonir. c * .is |. prop. 9 . c. 144 .
n. 4 .) prueba cca el icsüinouio de san Ge-
lónitno y de los viageros antiguos y mo­
d e rn o s, que aquel sepulcro está coitado ó
abierto en piedra v iv a, ni tiene otra sa*
lida ni entrada que la que estuvo cubier­
ta con la piedra. Cuando se publicó la re­
surrección j será creíble que uingun judio
incrédulo tuviese la curiusldad de visitar
y examinar el sepulcro, atetido asi que
estaba ea sitio que nadie podia ignorar,
y público, cual era un jardlu cercauo i
la ciudad y al calvario, propio de uu hom­
bre rico y de distinción f Con haberles sido
tan fácil á las judios cerciorarse de lodo
cv;i sus propios ojos, jamas ta n acusado
A los Apostóles de haberse introducido
por aberturas secretas, sino únicamente
de la improbable gestión de haberse apro­
vechado del sueño de Jos guardias.
"Pero pudo suceder, continúa el crl-
n tico, que el cadáver no fuera deposlia-
n do ea ci sepulcro.*'
Veamos cuales precauciones tomaron
los principes de los sacerdotes y ios fari­
seos. Dijeron á Pilatos (Matlh. t f ti a 8. ):
flor Afilias acordado qut isti ¿«doctor, citan­
206
do vivía, iijoi al cabo dt tres Has resu­
citaré. A ijada, pues, que hatta et ttrctr
dia te guarde el j?puJc>o, no na qut ioi
íiucipulot suyos vengan y te róbtn, y digan
ai pueblo que ha raudiado, en cuyo cato ti
p h tro » tirar seria peor que *1 prtuura. Res-
fondiólti Pítalas: uuu guardia teñen i id y
guardadle coma miívij. Fueron dios ai sepul­
cro , cerráronle bi«n (ti.umerunl , ó según Ji
fue ría del o rig in a l, It aseguraron) sellando
ia piedra y colocaron guardias. Pregunta­
mos, pu es, ahora j*i u les gem es, tan
preveuidas , que auduvieion lauiu sobre d
caso, descuidarían ia precaución u m fá­
c il, la que primero se ofrece al pensa­
miento, i saber, inliar ti el cuerpo, de Je»
sus estaba aun en el sepulcro < Sin esta
recauciou todas lis demás luerau iuútiles.
f erque si el sepulcro estaba vacio y el
c u e r p o d e l Salvador no e6taba ya a l l í , j Je
que le* servían ni el cello ni los guardias t
pues era claro 6 que los discípulos se lo
habían llevado y a , 6 que Jesús era uu
impostor que los había engaitado y ellos
lubiau sido unos teutos. Luego oo puede
dudarse que el cuerpo cuaba en el sepul­
cro cuando Jos judíos le sellaron.
RMas , dice eu 6u el iucredulo , Bisi-
tt lides y Cerinto con sus sectarios , con-
r>teiuporáut.-os de los Apostóles, defendían
«que Jesús no había sido crucificado ni
307
••muerto: dccían unos que en su lugar ba­
tí bia sido crodi'cado Simón C iríaco, y
» otros que Judas.”
Aquello iicrcgcs convenían en que Je­
sús había {-ido crucificado, y había muer­
to y resucitado, no en la realidad, sioo
solo en apar uñeta: que los judio*, loi
soldados, Ion Apóstoles y cuantos hablan
smmíiIo, habtan crsido wrrlr filtrar en la
crui. Ei l<<ti>nunio dt ioi icntidot es el que
ellos dcscclubau eu este hecho. Nuestros
sofistas jadm itirán setocjauic principio i
fu n d id o s , pues, tn é l , aunque dispara­
tando euurmeiucnce, pasaron luego A la. sus­
titución de personas, cu lo cual el error de
/os u n tid u uo fueia tacúes grosero é inad­
misible, que en la preteudida aparitncia de
la ciucifíxiun y de ia muerte del Salvador.
Concluyamos, pues, que si la historia
de la muerte de J. C. eu ia cruz fuera fal­
sa , los Evangelistas hubieran sido los m at
diestros romanceros y los impudores mas
astutos y de mayor, previsión que se Jtau
conocido jamas. Ami cuando hubksru ellos
adivinado todas las dadas y sospecbis que
á los incrédulos se les babian de ofrecer
en la sucesión de los siglos, no pudriau
haberlas prevenido mejor.
Vamos á demostrar ahora con igual
certeza y couveocunieuio qne Jesús api re­
d ó vivo tres dia» después de su muerte,
y que poi consiguiente resucitó.
so s

NOTA XLL

Sobre la resurrección de J. C se­


gún los cuatro Evüugetista*. ( Matlh,
c. xx r m . = JHarc. c. x v i . ~ L u c .
c. xxiv. — Joann. cc. xx. xxr.

$. LTU

La rMttnreccion de J. C. et el uHo de f a
devuí milagros tuyot. Su historia. Se loma
tu considerarían Jo qw contra ella opusieron
Jos jwJlw y sos w r u t ^nliomi. Comimu á
examinarse ti feto y valor del ttiumoiuo
de t u ¿fáltales.

Entre lodo* la* hechos que sirven de.


pruebi y de base 4 U religión cristiana,
el de la resurrección de J. C. ocupa el
primer lugar. Desde que «e la pruebi y es­
tablece cou solidez y firmeza, icueuios ea
elli una demostración convincente de cuan­
to i eJJs iu precedido, y de todo Jo qao
le siguió después. J. C. habla anunciado
coa anticipiiJuii esta maravilla (Joann. 10.
V7. 17. 18 alibi). Y en efecto, e u imposi­
ble que vi que tam as pruetta» había datlo
de su divinidad durante bu v id a , oo hi­
ciese suceder 1 las humllUdoues de su
muerte una resurrección gloriosa» y no
209>
pertrechase este asombroso milagro cwjl
toda* li* pruebas capaces de rendir 4 todo,
hombre que no csie decidido- á ccirar lo*,
ojos á la lu¿- Y asi enuc iodo* loo hechos,
que los hombres caUjwau de ,iudyd.ablfcS»i
no hay uno tiquiera que pueda cpoipa-
tattele <n cuanto i *u.cqíh;m. . it ,
lAquí couiicnia á lcvayiar .«1 grjl9. 1*.
incredulidad, y nos objcia qu? "uu.bpcjiDi
>ino puede teucree.por indtúloblt^ «uaaiiOi
ii L- cüuiradicea los comeuporiuea* ínter
i) resadoi en s.vi cooqcipHe.au}^ y . ¿a ( q i i í i
i> recciou .de. J . C- ba s.idft-tep.iigiipd9 por,
»» I«* jujlw» que acababan de: criicitkprte.
w y que teuiaa el «iM^qcfigure». en a*eg)j-,
n rirs c de su verdad.” , . , ...
j En bueu hora! Per<* pfcra ju ig ar por.
pane de quiea está i*ver4ad,:C*a<iiiao---
moa ioparcialm cute lo qijue jiaf» dicha J^s;
ditcipuiae.de J . C.» y . i * . ^ sus wc*»-i
gos Uu judios bao opuesto i «¡acuuáoa.
id*aquello?, (^menccnu>8í:pof^estf. . : ¿i.
[ D iapw siqv* e>piíátj 4^ co l a - e n »
U .viernes. , aquella mjFCM A»-fd*¡le p>usita
v b ñ en cljs^pulcrp. A otra^'dU jpor ú
p a n a los p;H)cipc»..de los (Qccrdotes y IflA
M arisa» ,#J: pHKO^ar<Kfcílí,il3«9tJ .«i fflUJí.
fias. «tvariiA .para.poiwhguardiajcji aqpeJ*
logar. jt,.4Kga(irle cqb .vWl •6cll«i<mei.R«ff
| skroa. «qt>K \U piedrtw AViotro ¿¡Ac* <»*
d w ú ttg p , .«puy,¡4< n p ) » ,
ata n . W b lo r de yp áugd;,t<yl«ta
Tamo VIL 14
310
del ciclo deparó la piedra que cubría el
sepulcro y *c scaió sobre ella. A tu vista,
que era espantosa, aterrado* los guardias,
se quedaron como muertos. A poco tiempo
llegaron unas mugercs de las que hablan
ido en «cgultnlcuio de Jesús cuando vivía,
y el ángel Us dijo que el que buscaba^
no eftaba ya ca el sepulcro, sioo que ha­
bía resucitado conforme lo habla predi-
cbo , y le* mostró el lugar donde habla
tido puesto. En fl ínterin volviéronse 1 la
ciudad algunos de los g u ard ia s, y dieron
cuenta á los principes de los sacerdotes
de lo ocurrido. Estos juntaron ¿ ios an­
cianos , y se deeidló dar uaa gruesa suma
de diuero i los soldados para que csicn-
dierafi la voz de que miémias estaban dur­
miendo , hablan ido los discípulos y ro­
bado el cuerpo de su maestro. Y aoadie-
rou que si el gobernador ronauo llegaba:
X tener noticia de esta mauiobra , queda­
ba á cargo de ello* satisfacerle y asegu­
rarlos. L oí guarilias rccibiefoa el dinero,
hicieron lo que les habla encargado , y
la fama1 de haber sido robado el- cuerpo
de jesús era todavía corriente enere los
judíos 'cuando el' EvaugelttU escribía : y
tk ta c o ja , d¡ce,S /¿ drwuigó « w rs '-ti» judiót
hMtta ti día Ik hoy. Tal es la historia de
ttftc »uCc*o ,' á la ^ u a l ce añadenotros va*
rio» heertoa coñlfrMfctoruu de la v e rd a d , y
loé: «t¡sítanos d<é tAtontes y d e l o J liem-
911
pos sucesivos constantemente bao profe­
sado creerla sin la meuor sombra de dada
( M atth. 27. 2 8 .).
Por su p an e los jodio* han publicado,
atestiguado y certificado que el cuerpo de
J. C. lúe verdaderamente robado, m ién.
iras dormían lo» guardias. Nosotros pro­
bamos que esta es la únrea respuesta que
ellos han dado contra el tcstimoolo de los
Apóstales : i .u porque san M a te o , refi­
riéndola , dicc posiiivameute que ella era
corriente entre los judíos cuando él-escri­
bía (c . 28. v. H . y. Este Evangelista es­
cribía pocos años después del suceso, eu-
irc los mismos judíos y para ellos : $ cómo,
p ues, se atreviera ¿I á decirles que esta­
ban en la persuasión de lo que realmente
uo creían? ¿no se hubiera espuesto á la
risa y menosprecio de todos? 2 .° Consta
de sao Justino ( díalag. euro Tryiifc. «. 108.)
que los judíos de Jeraialcm enviaron emi­
sarios por todas parres para bacas correr
la voz del robo del cuerpo de J. C. i.* En
los siglos siguieutes vemos por una parte
1 loa enemigos del cristianismo Celso,
Porfirio y Juliano repetir la objeción del
robo del cuerpo, ain esponcr otros hechos^
y por otra á los padres y apologistas
ocupados únicamente en refutar esta aser­
ción i amigos y enemigos coacuerdan so­
bre este punto con lo que refiere san M a­
teo-. Luego es cieno que este robo es el
único hecho que lo* judios opualeron al
tcstiinouio de los Apóstoles sobre la resur­
rección de su M aturo .
Mas aunque sobre el hecho principal
»cau opuesta* entre si las rclaciunes «le los
Apóstoles y de los ju d ío s , convienen sin
embargo eu muchos puntos y circunstan­
cias i por doude es visto que estas clrcuns-
rancias sou verdaderas , pues solo la ver»
dad claramente conocida podía reunir dos
partidos u u « m ilanos entre si. Sobre es­
tas dos relaciones examiuaremos loque de*
be creerse con respecto al hecho sobre ci
cual se contradicen, y lo q u e se infiero
«le los hechos ó clrcuastaucias eu que es*
tfin acordes.
Es cie rto , como lo hemos probado ea
la nota ao te rio r, que J . C. murió verda­
deramente en la c ru a , por confesion de
judíos y de cristianos. Los dos mismos par»
tidos están iguilmeate acordes en que es*
tando J. C. en ci sepulcro se pusieron
guardias a l l í , y que lo que di ó motivo i
esta diligencia fue Jo miuno que refiere
san M ateo, a sab e r, el recelo de aue se
robise el cuerpo de J . C. y se publicase
luego que liabia resucitado conforme lo ha*
bia pictliibu.
lulicresc asimismo de la relación así
de 'os judíos como de los Apóstoles que el
cuerpo de J . C. estaba ea el sepulcro el
«Abado por ia mañaua , y que no lo esta­
313
ba ya ca la m iúaaa del domingo. La pre-
caución tomada por loa judio* en ei taba-
do de pouer ua sello y guardia» al sepul­
cro lucra ridicula , como ya lo he mol ad»
-vertido en ia misma nota , lino Ies hubie­
se constado que el cuerpo estaba allí* La
▼ox que cstcudleron eu el dom ingo, no
fuera menos absurda , si en la realidad
estuviera el cuerpo allí todavía. Luego ea
el intervalo que hay desde el (ibado por
la mañana hasta la mañana del douiiugo,
fue cuando desapareció el cuerpo del S al­
vador. Toda la cuesiiou , pu es, se reducá
1 saber , qué es lo que debe creerse , ti
ia rcsurrccciou referida por los Apóstoles,
ó el robo que publicaron los guardias. Y
pues ios enemigos de J. C. no opusieron
cuióuces i U relación de los Aposiolea
otra cosa sino la hiitoria del robé come­
tido por ellos > es claro que esta y no otra
puede ser la objecion que se haga boy día-
Toda nueva fábula 6 invención que se lian­
te de imaginar abora , queda anticipada­
mente refutada por el tcitim oaio de los
que estiban al alcance del hccho y eu pro*
porcion ilc dar testimonio de ¿I. A s i, cuan­
do ptx-o ha nos decía el historiador crlii-,
co que toi v a hibru una taUJa tte rttj en tí
sepulcro par donde te jacan ti el cuerpo i re­
conocemos por evidentemente absurda se-
mejauie suposición. La prueba de oo ha­
ber existid© u l talida lícrifo «6 que les fue
314
desconocida á 1m judíos ; y la pruebs de
•que le» fue desconocida la tenemos ea que
no hablarou de ella.
Dos medio* tenemos, p u es, para de­
mostrar la verdad de la resurrección.. £ 1
primero es hacer ver que el testimonio de
los Apóstoles reúne iodos los caracteres
que pueden imprimirle cerceta. £1 segundo
mostrar que la narración de los judios es
una Cábula absurda.

§. rv n .

IniuiabU vtrdad dtf tntimomio de Uu Apis-


tato. 1.* EMoi no Aon podido padecer toga-
ño tn lo que m j han n ftrid a sobrt l» re­
surrección di J. C. llártrou «t« paute.
Oytit á tos incrédulos.

L a verdad del testimonio de los Após­


toles es incontestable. Ua testimonio es
cieno , cuando estamos seguros de que el
que le da no ha podido engañarse, ni ha
querido eagafiar. T rá tase, pues , de saber
s i sobre el becbo de la resurrección los
Apóstoles se han cugaSado ó han engaúa-
. do al inundo.
Para probar que los Apóstoles no pa­
decieron cngjfio , daremos principio par
algunas observaciones. 1 .a Los Apóstoles
no tenían su ratoa ensgenada j ao eran
in sensatos, no unos locos. Sus escritos y
«a buen suceso lo demucitraa claramente
( véante nuestras oburvacwntt ¡¡rtiiminart»
«obre el nuevo Testamento > 2 .* Conocían
perfectamente i J . C ., habían pasado tres
afios ca su compañía * eu este tiempo no la
abandonaron, ñ us le trataron con intim a
fim iliarldad. Luego era imposible que se
engañasen con respecto i su persona ó le
confundiesen con otro. 3.* Si se quiere que
los Apóstoles hayan padecido engaño , por
Jo mismo e» preciso mirarlos como hombres
•luceros: suponiéndolos engañadas t e» ne­
cesario creer de buena fe en ellos. Luego
debe creerselos en Jas cosas en que oo pudo
caber engaño. Examiuemos , pues , i con*
secuencia de lo que nos dicen, si le han
padecido con respecto al hecho de la ve-
surrección.
Si uos dijesen que uno de cUai había
visto á J . C. vivo después de su resurrec­
ción, podríamos pensar que este testigo
único habla padecido alguna ilusión y to>
toado un hombre por otro. Mas nos dicen
que todoi le han v is to , y aua que se apa­
reció á mas de fuiaúnfaj discipuioi dt una
« * • i Cómo era posible que tan u s perso­
nas 6e engañasen todas ju u u s y de ua
mismo nudo í >qac catre tanta gente uo se
hallase uno siquiera que descubriese el
error y deaeug&üase ¿ los demas?
T si dijesen que hablan visto á J . C.
• M ío lí w i j dtsdt léjojt rdpdmtntt y de
pus», se entiende bien qtie pudieron cal
v ía equivocarse ó engañarse > mas nos rc-
tiercuque^). C. se mostró ya á uuos, ya i
4>Utos: ¿ la'M ag d alen a, A otras mugeres,
4 sau P edro, á San-tiago , á dos discípu­
lo s j A ios once Apóstoles: uotobraa los
sillos donde verificaron estas apari­
ciones , el huerto donde listaba el sepul­
cro , el camino de Eounaiú , el cenáculo,
Ja ribera del lago de G enew ret, uu aton­
te de Galilea. Aiesiiguau que se les apa*
rcéió frecuentemente por capado de cua­
renta dias seguidos , y que fiualineute Je
'▼ieron subir al cJelo. N o c» posible que
todos se hayan hecho iJiuion á si mismos
■con tantas apariciones repetidas en tan
-largo tiempo.
Asimismo t¡ nos dijesen que en estas
frecuentes apariciones no habían hecho mas
t|ue oer i J . C. ; sería ya una cosa increí­
b le el que ioJm y con tanta frecuencia se
eugañasen. Pero afiaden que habían con­
versada cou ¿ 1 , y oos refieren 1 lo que se
habla hablado y muchas de las respuestas
que Je d lcro u : que con ¿1 habían también
comido y bebido: que le habiaO' toeáda Ta­
fi a s veces: que les había hecho poner sus
dedos en las cicatrices de sus litigas &c-
jS e dirá que todos se Imaginaron ver lo
que no veian , oir lo que no oían , tocar
lo que no tocaban &c. f Defender Seme­
jante proposición jn o es desuuir enere los
3J7
hombres hasta. Ia certidumbre fisíéa , la
cual com íate ea el testimonio uoáoimc de
lo* sentidos i Y j qué seiá de toda la so­
ciedad cutera, si -i consecuencia de una
supoftlcion tan ridicula., se desecha la de­
posición de quiuicutu» testigos oculares í
Por otra pane si los testigos de-la re-
aurrccciou de J. C. han sido eugiñtdvs,
au error habrá c a u til ido ó eu creer que
han visto , oído y tocado i J. C. sin ha­
berle ni visto , ni tocado , ni oido t ó ea
haber visto, oidu y tocado una otra per­
sona distinta , y figuiádoae ellos que era.
«I Salvador j 6 en haber visto-, oido y ta ­
cado , uu una persona, sino uua fantasma
^ue te parecia á é l , pero que en. realidad
oo lo era , ó verdaderainetitc era nada.
fC uál de estos absurdos quieren defeuder
ios Incrédulos?
]D1i4d que los testigos de la 1 resurrec-
cioo uo tenían delante de sí objeto-a Igano,
cuando sus sentidos Jes represeuutüh á
J . C f Esto es lo mlcmo que decir que to­
llos los sentidos de un gran número de per­
donas podían i la vci no solo hacerles to­
mar un objeto por otro , en lo cual jamas
convendrá ningún hombre sensato, sino
también atribuir existencia i lo que no la
tien e, y consistencia á lo que es uada.
' ; Dirán que tomaron por J. C- á otro
-qne le era semejaete ? ¿Quien s e ria , pues,
-Me' hombre, á quien nadie había visto án-
3<9
tes de U muerte de J. C ., ni le ha visto
despues de su ascensión? Ademas, los dis­
cursos de J. C. despucs de su resurrección,
seferidos por loa Evangelistas , tienen re­
lación cou los que les había hecho ¿ate»
de 6u muerte. Luego fuera necesario que el
impostor que engañó 4 los Apósioles, hu­
biese estado liabitualmcnte en su compa­
ñía 4 y en este caso ¡cómo no le habrían
conocido áotesi ¿cómo no le disliuguiriaa
después í
¿ D ir á n , en fin , que los Apóstoles y
denias testigos tomaron pox J . C. á ua
fantasma { Pera para la existencia de este
ser fantástico , debemos suponer un mila­
gro , cuyo objeto serla engañar al géaero
banano. Es verdad que el primer pensa­
miento de los Apóstoles fue , si serla un
fauusma lo que veian por primera ves en
el cenáculo. Mas el desengaño tan paten­
te que les dió J. C. se couvicrte en una
nueva coufinnacion de la verdad: v td , les
d ic e , mú mano* y mis pies, y conoced ^as
My yo uaiiiM ; pjipad y v td , púa un fantas­
ma m tiene canse ni fciKJSi como veis que los
ttmga yo (Luc. 24. v. Sí».).
Los incrédulos , insistiendo en que loa
Apóstoles pudieron engañarse sobre el he­
cho de la resurrección, no han tenido otras
razones que darnos, sino " q u e ellos eran
n ignonutes , groseros , preocupados coa
» la idea de que su .M aestro había de xc-
319
>»in c ita r; y ea fin, crédulo* por estre-
»»mo. ” Sin embargo , según nuestros ad ­
versario» m i n o s , estos xgnormui han lido
los impostores mas asim os que «c haii co­
nocido jamas. Ellos se han representado á
si misutos como uuos incrédulos obstina­
dos y dignos de las reprcuslooes de su
M aestro, mientra» que nuestros contrarios
los suponen créduiot por trtrtmo. Consti­
tuidos nuestros sofistas ea el caso mismo
de ello s, fuera imposible que se most raran
n i mas escrupulosos para c re e r, ni mas
indecisos , ni mas contumaces , hasta que
la evidencia de los hechos les obligó ¿
rendirie. Ellos han acabado con atraer al
mundo á su predicación .y hacerle abrazar
la nueva religión que anunciaban , mien­
tras aparecían como unos hombres senci­
llos £ ignorarais. Este fenómeno es bien es-
traordiaario y muy digno de la serla re*
flexión de un filósofo sensato y que bus­
que sinceramente la verdad. M a s : estos
hombres han sabido trazar una historia,
/ iibu<010 en concepto de nuestros enemigos,
pero adornada de tal carácter y de tales
rasgos de ingenuidad y candor, y escrita
de tal manera., que para encontrar en ella
ó falsedades ó contradicciones, es preciso
ó alterar su testo , 6 pervertir el sentido,
ó desfigurar ios hcclios y se rv irse de cuan­
tos malos a rb itrio s sugiere la mala fe,
como lo han hecho todos sua enemigos de
930
todo* lo* sig lo s, y aplicándote (que f l
circunstancia muy notable ) coa el mayor
tesón á ello Los ingenios u m grandes y
sutiles que ha podido U impiedad atraer
¿ su partido. SI j cuos ignorantti han sa­
bido por fin anunciar y establecer una re­
ligión mata pura y mas sabia que los sabiot
de lodas las uaciones y de todos los tiem­
pos : ellos han lenldo ya por discípulos,
ya por contrarios , á graadas filósofos ; y
sin embargo han triunfado de sus prodi­
giosos ingeuloa y sabiduría , y han logra­
do pasar por hombrea iuspirados. O tro graa
f e n ó m e n o , capet de arrebatar la admi­
ración de todo el mundo j de rendir á
loe ma6 obstinados, si por algunos mo­
mentos el caadoi y la sinceridad ocupan
sos almas.
En cuanto i la prsocupdcfon que se Ic j
¿mpuia , dlgáscnoa j cuáudo se han visto
ea el mundo preocupaciones de esta especie
y coa taa estraáos resultados! Ella les
hizo ver á todos , i un mismo tiempo , de
.un mismo modo, vivo y presente , y ha­
blando , y alguna vea comiendo , i j . C .,
que según los incrédulos permanecía muer­
to y lejos de ellos. (Se dirá que todos te­
nían preocupada su alma de lodas las c ir­
cunstancias que nos refieren": que estaban
iodos priocupadot de la idea de que á
unos se les aparecía eu ua lugar y de una
cie ru m anera, y i otros ea otro y de
231
una manera distinta ftc. ? P or loque ellos
mismo* no* d icen, parece que el escándalo
de la e n » babia desvanecido el resto de
esperaau que tcu iin de la resurrección
de »u M aestro, y borrado de *u memoria
el anuncio que de ella le* babia hecho
aaticipadameute. Por basiaote tiempo los
teiiim oaioi ma* cabales y exacto* no h i­
cieron eo ellos la mayor impresión. Su
conducta eu aquellos primeros momentos
es un prodigio de iucredulidad y de in ­
sensibilidad. La lentitud con que vinieron
á c re e r, las pruebas que para ello necesi­
taron | muestrau coa evidencia que lejos
de estar persuadidos de la Tutuia resur­
rección del Salvador , apenas conservaban
memoria de ella. T (después de esto se
los acusa de credulidad i £ n verdad que
no puede tratarse de créduiot i uuos hom­
bres que no se resuelven ¿ creer siuo en
virtud de las precaucioues toas nimias y
de la* e v id e n c ia s mas palpables. Los Após*
toles , como lo tenemos insinuado, mere­
cieron y sufrieron de parte de J. C . una
y otra v » rep ren sió n poc su resistencia
i creer, y por su culpable lentitud en su­
jetarse á lo que sobre este punto tenían
•nuuclado los profetas ( Loe. 24. v. 2S.).
T ¡ se loa acrimina boy de ertduks por
«itrsmo I
222
$. rvm.
2 ." Lot Apóstoks no mu lia■ engañado tn lo
qut han dicho atcrca di la rtturrtccian dt tu
M aeitn. Convincrorej nfltxionts ubrt u t t
particular.
Si lo t d isc íp u lo s y A póstoles no h an
podido padecer engano sobre el hecho de
la resurruccion de J . C . , ao es meaos cier­
vo que no han engafiado al mundo , ni se
le» puede con raion acusar de haberlo
pretendido ó querido. P o rq u e «i contra, su
propia conciencia hubiesen asegurado la re-
aurreccion del S a lv a d o r , seria necesario
suponerles un proyecto no menos absurdo
que perverso , y crter que todos hablan eu-
u ad o cu esta conspiración; pues uno solo
que por un resto de probidad ó de pudor y
buen sentido hubiese remado tomar parte
en ella , hubiera descubierto la impostura y
detenido desde el primer paso tddo su «rec­
to. S e ila por Consiguiente necesario en esta
suposición 6 que todos los que formabaa
«I colegio a p o s tó lic o , con mas de quinien­
tos discípulos á cuyo testimonio se refiere
san Pablo , fnesea poseídos repentinamen­
te de un valor frenético, 6 que este va­
l e rs e lo inspirase alguno de ello s, por
egem plo, sa n -P ed ro , que les hubiese ha­
blado en los términos siguientes :
a Hombres , mis herm anos , d espués d e
n e n g a lla d o s p o r n u estro n u e stro , y d e
S2i
n haber esperado vanamente su resurrec-
ncioQ , el camino nu» prudente que pode*
nonos lomar , es no hacer ya n u i mcucioD
i* de é l , sujetarnos al parecer de nuestros
w doctores, y pedir perdón al S^nhedrln
n a l cual hallaremos tanto mas propeuso
11 i hacernos gracia , cuanto nos verá re­
tí conocidos de nuestra culpa ítc.
h S íq embargo , aunque Ignorante j '
» pobre , confieso que querría yo esponer-
»i me á Los mas terribles peligros , mas
u bico que dar un paso de tanta hucnilla-
*i cion. M i proyecto i si os acomoda en-
i) tra r en é l , es hacer precisamente iodo
» Jo coatrarlo. Pretendo hacer pasar por
i* M esías & ese mismo J t t u i, á quien he­
ñíaos llamado nuestro m aestro, sostener
nq u e le hemos visto m ucitado, que hcinos
>t conversado coo él cuarenta días , y que
m luego ae ha subldoial ciclo viéudolocon
i* nuestros propios. ojos; y con el fin de
v» que «fetos ficciones sean mas fácilmente
*>creídas , aparentaremos haber recibido
tt dones sobrenaturales y el talento de lia-
o blar lenguas diversas.
«E ste proyecto os parece tal vci im-
n posible de egecutar * pero me obligo yo
n i allanar todas las dificultades y con-
1» venceros de que es tan practicable como
►rhertico y glorioso.
' n Por de cornada 'm e d iré» que seme-
**jante empresa nos espone al odie de los
32+
ujudio» y gentiles , ¿ lodo» lo* maje» t t -
ii paces de baccr temblar á la naturaleaa,
» á acabar n u c irá vida entre suplidos lo»
» n u s c rucies : que gosicnicado etU motit
« •tira, qaüa tenemos que esperar de ellu
o q u e víclo el mudo cruel como lia «ido
n iraiado nuestro. maestro , no tenemos que
>iesperarle mas benigno, UaciéodopQ»,»o~
m da vía mas elimínales que e l , con\o -que
u acusaiuus de deicídio á los p tiocipaltt de
l ila aacioo. Pero esa uiisma «s cabijinduie
n la causa por que jo deseo cou tanta an-
m sia JUevar al vatio oii proyecto, ; No. es-
*1 una. cosa qiie c o c io u , el arrostrar, l^u-
m tos cacamos y peligros i M e objciarci*
u u tn b lc u , que iotUiicndo ea que 4 «*Maip»
n e l talento de hablar inudM-s le n g u a , .,,»e-
ii descubrirá muy pronto nuestra lwpo*iu-;
u ra . Pero j quién nos csioiUirá »o*4riÍ££
n que nos adornan cato* talento** auoqut»
nu ad ie los couozca y perfcibvf ?..1 : ..
» Añadiréis también quiiá. qucjoo solo
V no* atraeremos eL odio idel rnupdpi, mo*
n también el de Dio* íq u e es an %^remo
•i de locura hacemos infelices e a este jpíijv*.
n do y en el o tro , siu esperan»»; ni .fruto.
» Esta idea tiene siif duda al&o.^de
« to sa para Jas alma* comunes ;. pe;o U
«•mía es de nn temple que 6C . lp b a l i t a r
n criticar todo por el placer de $n&áfic
n a l género humano. Por lo defiaa, vistá-
n monos de uu interior de piedad,» #06?
23*
» ténganlo» osadamente que (caemos loa
n dones que nos atribuimos > y bien prou»
» to tcudrcinus convencido á lodo el muudoi
i» Queda todavía un peligró ¿ y ¿on-
» viene que os lo advierta. Pnooiblcinentcv
ncuaodo estemos á gran distancia unos
» d « oíros (porque la naturaleza de núes*
i> ira empresa exige de suyo la scparacJuq)
i> los tormentos obligarás á alguno* denos*
n oiroc A coufesar la impostura , lo cuai
w destruirá lodo el fruto de nuestros ua*
» bajos. La débil conducta que lodos hc-
» mos observado de poco tiempo á esta
••parte, y yo en particular, nos da harto
n motivo para temer no sea que entre nor-
ii otros se baile un Judas. Pero yo pre-
n sumo que vosotros os mantendréis mas
>ifirmes eu lo sucesivo, y que por niuguo
n uiutivo o* liareis infieles k uu proyecto*
» al cual debemos estar prontos i sacrifi»
••car todo cuanto mas amamos en el tietn*
n po y en la eternidad.
n No me resta, otra cosa que daros uo
» cono uúrnero de avisos.
1 .° n Las gentes de nuestra esfera se
ti cnsoberuecca de ordiaario con los auec-
nsos de menor consideración, y se aba*
n ten coa los menores reveses. Debemos
*i obrar d£ un modo euteramente opuesto,
ti Nuestra alegría debe mantrarsc cuaudo
n esperimentemos desprecios y malos' iva*
» tamieutos, ..y debemos mostrarnos fcupiil*
Zbmo V il. i$
326
m de* cuando los hombres se postrarán i
» nuestros pies para booraroos como enría*
*• dos de la Divinidad.
3 ,v n Los hambre* acostumbran á vol-
n ver mal por mal , iojuiia por injuria}
n mas nosotros aparentaremos la paciencia,
w mansedumbre y caridad mas asombrosas
»♦ para con loa mas crueles enem igos, y
n en medio de los (orinemos que nos ba­
tí rán pasar, dirigiremos nuestras oracio-
n oes al cielo en favor suyo.
3.a n Cuando escribiereis la historia de
m aq u e l, á quien hunos reconocido por
a nuestro m aestro, no tratareis de agra-
m var lo que contra él han hocho los ju-
w dios , ni de desahogarnos en quejas sobre
» la injusta semencia del S anhcdrin, so-
w bre la debilidad de P íla lo s, ni eobre la
» crueldad de los soldados romanos. Os
» prohíbo basta las menores invectivas,
n como absolutameuie inconciliables con 1a
nsum a scueillei que os encargo en ia nar-
n ración de los hechos, los cuales debeo
n referirse sin ninguna otra afección que
» l a qae pueda mover la compasión de
n nuestros mas crueles enemigos &e. &c.”
Terminamos aqüi esta im iglnaria aren­
ga , que por sí sola basta para demos­
tra r que solamente uua incredalidsd la mas
inseusata. podría supoucr que doce pobres
artesanos iea a capaces tle haber concerta­
do y puesto luego ea egecudon un com*
327
pío* ti o infame, u n d ifícil, u a peligro*
30 , y del cual ni es siquiera posible tor­
narnos idea. Nos couteutarcuios cuu afia.-
d ir á todas estas raxooc» aiguuas rcíicxio-
ocs particulares.
1.* Si los Apóstoles quisieron engañar,
claro es que estuvieron bieo persuadido*
de que su Maestro no babia resucitado.
M as en e s u suposicioa ¿ en qué a f l a m a ­
b a n ellos su etp e ta o u de hacer creer' á
todo el muado su (uentiiia resurrección {
Todas las probabilidades obraban contrit
ellos: la ruuuraleta del hecho difícil de
creer: i a -preocupación que lo general de
los judios tenia contra J . C. : la opinion
vulgarmente estendida de que su cuerpo
babia sido robado: la autoridad del San»
hedrin y la coaña o ía que en él tenia toda
la nación. ¿ P e qué medias podían cchar
mano para hacer creer, á pesar de taotos
obstáculos,, uo hecho.que fuera ialso en
la realidad ?
2.* Y {qué motivo podían tener para
publicarla f Que durante la vida de Je­
sús , se hubiesen adherido i é l ; esto es
muy dable y sencillo. Le miraban . como
el Metías que aegun sus ideas debia ser
un monarca de mucho poder y gloria* Kf-
pera bao de él: destinos ventajosos en su
futuro rey no. Hasta se los habían pedido
ya. Pero coudcnado ya su nuestro» m uer­
to y sepultado., «tu haberse cumplido. *u
228
resurrección, {qué podían a p e ra r ya de él ?
E n ene caso ¡ uo quedaba a ya fallidas
todas sus esperaos»! {
3.* C iando los Apóstoles vieron á so
M aestro preso pur sus enemigos! todavía
pudieron esperar que sabría libertarse de
sus manos. Mas desde que- le* fue indu­
dable su m uerte, y se les desvaneció toda
esperanza de volverle i ver v iv o , j no de-
bieroa quedar enteramente coavencidos de
q a e e ra ua impostor ¿ el cual habla abu­
sado dtf-su s e n c i l l e z N o debieron desde
entónces perderle todo el cariño que le
hablan ten id o , y mira* coa tanto horror
•u m enoría, cuanto habia sido el amor
que le habían profesado* ;Q u é l Jos Após­
toles abandonaroná su maestro vivo, cuan­
do le vieron ea poder de los* soldados, j
huyeron y se escondieron, 5 y se le mues­
tra n tan fieles después de muerto) | se le
estrcchancoataoia afición, cuando vea que
los ha engañado 1
■ 4.* Las -circunstancias que i su narra­
ción añaden Jos discípulos de jesús nó
podian ignorarlas aquellos á quienes las
rel'erian: tales fueron los milagros que
acompaáaron su m uerte, las tinieblas que
-se derramaron en aquel mouteuto, el tem­
blor de tierra, el haberse rasgado el velo
del tem plo, ablcrtosc-los sepulcros, reau-
cUado.m uchos muertos, -fu e ra imposible
que-los j u d i o » q u ie n e s se v ttuabaa.se-
SÍ9
mojantes hechos, dejasen de conocer posi­
tivamente tu verdad ó falsedad. Son tan
extraordinarios y asombrosos, que tiendo
verdaderos debían cúnmow^r i todos lo l
habitantes de Jcrusalcm. A lo a. clpciwatft,
ü i u deipuea dé haber s u c e d id a >y<«p R e ­
séñela de codo* lo* que debieron 'haberlos
presenciado y sabido , loa anunciaban los
Ap&etoles. Si estos hechos fueran, falsos
r cómo o«áran recordárselos i los judio*4
E a caso de semejante atrevimiento j no loa
hubieran desmentido cuantos judios acu­
dieron á la «olcúmidod de la ftesu? >hui
bierau. logrado ui . siquiera la couvef*ioil
d e ,u n o I • ■ ;
E s , .pües,: evidente qne los icsügaf
«lA. la rcsurrecciqn d el S a lv a d o r r.flo
¿ido, n ao s im p o sto res, mas han estado,.trt-.
lú n ao ieu te p ersu a d id o s del g ra n tn ila g to
q«c p u b lic ire u . H em os jdeuioM Oidoí-^niM
que eo e^lo>- n o p u d « cab er e l .taabe*- ;$i.do
eoga&ados. L u ág c es-in d u d ih ls-q u e n j íqe-t
ro n « d u c to re s* !» sed u cid o s j j‘_.p©i«c<jaaU
g u íe n te su n a tra títo o produce ,;p«v. lascutf*
1ida des que se le r e n n e n , una c « rte ta atfr
so lu ta., sin que sobre esta v e rd a d ,fu n d a-
■picnul pueda q u e d a r la m enor d a d » á to d a
-persona d e razón.
330
$. inr.
L d opatteion' nm iM de Un nriimoj trumigoi
dr b N iirM W M »! y él /itdJdiM nt» en qué
■Mí apoyam, u tm í mirw» prueba do n i
■ '■ : verdad.

A 1 cata primera, demostración aáa di re­


mo* otra tegUnda. No la tomamos ya del
testimonio de ;los Apóstoles, sino de la
oposición de sus adversarios; y decimos
que lo qae han objetado los judíos, « «na
nueva prueba ran robusta , como pudiera
serlo uaa formal confesioa par su parte»
Y ea efecto , si al testimonio de los Após­
toles oo M n opuesto oías que un Solo fae^
cho, increíble, inverosím il, y ademas del
t«do imposible ; resuda de ello con 4* * *•
yo»- 'claridad que la nartácion de lo* Apía*
turfes «S'Vferáa.dera.’U ' fábula, >puesi del
ntbd del tvetjh >dr'fyC. , que es ( como ya
lo'bctnói observado-)* Jo fcwco que lM j u ­
dió*'y'lew'enem igos antiguos del c iin ia -
rfttaid* 1tan o n u m o a l h echo de la re íttf -
ré é b io lt, r*Uii« las dos* im p a sib ilid a d e s } IA
ftsica y>ía m oral. E s moraimektt imp»iib¡e
que los A póstoles le ¡m entaM n. E t ftrieé-
metir* empatióle que lo llev aren i efecto.
Ya hemos hecho e n tr e r e r cuan ab su rd o
es Im putar u n a acción tan o sada á unos
hombres que ta n tím id o s te J u b la n m o m a -
2J1
d o h asta en tó n ces. P e ro supongam o* por
uu momento to d o lo c o n tr a r io , y vesm os
qué de ¡mpoitbilidaéis se ju n ta b a a occesa>-
riam ente p a ra fru s tra r d hecbo aun c a s a ­
do los A póstoles tu v ie ra n la o s a d ia d e
ta te m a rlo .
I . ” E l núm ero m ism o d e los cóm plices
d e sem ejante e m p re sa , ofrece ya de suyo una
imposibilidad- E n efecto , cu este mi m ero d e ­
ben ser com prendidos no solam ente los cge-
cutores del ro b o , slu o tam bién to d o s cuan*
tos d ec lararo n b ab ci viaio á J . C .- re s u c i­
ta d o , a si hom bres como n u g e re s . T o d o s dé*
bie ro o necesariam ente e n tra r en este com ­
p lo t. M a s i cuándo le form aron* f A nut
¿ tira b a ! P e ro d esde q ue se1e n ta u ó a l ¡Sal­
v a d o r h asta el m om ento en que se enooav
aró va cio el sep u lcro 4 hubo b a a ia n te -t ¡em­
p o p a r a q u e te o o n c c ttira n m as d e qul^ilen*
ta s p erso n as? ^Sería detpuei -del roba? P e to
an tes de c g ecu tar u o ‘hech o ta n arriesgadlo
¿ n o ea preciso iim b ero c a s e g u ra d a ya bien
d e todas la s p ersonas q ue deb eu ten ec par*
te en el secreto} l i n o s o lo , i q u ien tao se
pu d ie ra g a n a r, ó q u e se hu b iera a rre p e n tid o ,
n u b le n hecho fru s tra r la em presa y a d e r
mas se v ie ra n por su d e c laració n e n tre g a ­
dos los a u to res y cóm plices i lo * m as: Iflit
gOVOSOa suplicios. . ^
D icen los a d v e rs a ria s que onfeixjrM
d o rm ían los g u a c d la s.se r e a litó el supues­
to robo. |M a s q u é l ¡ n o 6e.o p o n e a l m u í -
9S3
inonio d « ' lo* A p á e to le s , aino el i* unos
hombres dftrnaidoii » E b qué trib u n a l b t r i o
J e sem ejante» hombre»? p ío es fiiietm tatt
im posible que e a aq u el estad o v ie se n ni lo
que : se h i t o n i por q u ie n se hizo ? ¿ C re e ­
ría n los nuestro s enem igos á esto* m ismos
te s tlg o i si les hubieran. ilic b o q u e m ien­
tr a s e stab an dormidos había, re su c ita d o J e -
•OS, conform e lo liabia p ic d ic h o , y que 0 0
le í ca b ía la m en o r d u d a de e U o t Si p a ra
e s ta seg u n d a m an ifestació n no se h a r ía e l
n tto o r caso , toas, se m ic a rla con el m ay o r
dás precio é in d ig n a c ió n i unas hombre^ d#r-
n U o sté ¿p o r a u ¿ ta n to a p re c io d e e lla rp a ra .
la prim era.! Á w o tr a p a rte loa egecutorep
<Ui ¿ q ueU a i a te n lo n a . n o p a d ie r á a • a r a »
ira n ia sin h aberse - ase g u ra d o d e q u e loa
g u i r d i i s noi Solam ente e stab an todot darmi-
d o ik f sia o ta n p rofundam ente d o ra u d o s ,
qué Mogona to W a d * derftrtar- dunuuic la
J a r g a y costosa opccaoion que. iba ai-1 em­
p re n d e r, como e r a q u e b r a n t a r , el s e llo f re-
1 m o ra r a n a p ie d ra ¿enorme que c e r r a b a e l
«ep u lce o fi'ja c a r ¿ o a g ia ñ c u id ad o un cuer-
po drfuí»nv,- .rodo lo a i a l p e d ia {¡tra p a y
oó p o d iü e g ccu tarsc s in 'r u tilo . H em os ob-
«•(w adfr y a en la u o ia preced en te q ue los
jíu lÍM ( y no P ila io p v ' fueron los q u e esco­
g ie ro n la g u a rd ia que se poso en el sepul-
c tb U 'f < e sta precaución la lom aron p re c i­
sam en te cou el fin •lie tf» h a r que lo s : d is c í­
pu lo s M lle v a se n e l c u e rp o , como lam ían.
211
j N o debem o s, p u e s , pre su m ir q ue escoge*
r i t a los so ld ad o s de su m ayor co ofiania,
]o i roa* a d h e rid o s i su p a rtid o t lo s m as
¿ propósito p a ra im p e d ir el frau d e?
que cualesq u iera que fuesen Jes h a m o las
prevenciones roas e stre c h a s, les o b lig a r ja n
á la m ayor v ig ilan cia & c. 8tc. ? Su encar*
go y m isión era de poco tie m p o , pues no
d e b ia d u ra r mas que l u t t a e l tercero d ia ;
ea una p alab ra , no te n ia n que g u ir d a r el
sepulcro sin o el sábado y la noche d e l
dom ingo . D u ra n te esla noche es cuando
h a b la de ser m ayor su so lic itu d y. vig ilan *
ci*. Y v e la r una sola noche ;e s cosa tan
in so p o rta b le á lo s s o ld a d o s , que to d o s -tu­
v iero n q n e ced er i la fu erza d e l suefio?
H ab la n d o con to d o e l rig o r y co n descen­
d ie n d o estretn ad am en te con nuestro s e n e ­
m igos jn o . b astab a q u e tuto de «llos^é la
vex « tu v ie s e de cen tin cU p a ra que se les
h iciera m eaos ó n a d a p esad a aq u ella n o ­
che ? >Y s in em bargo se p reten d e que todos
sin escepcion se du rm iero n , y todo» t f e
p ro fu ndam en te, que no- b astó p ara des per*
tarlos el g ra n ru id o que hubiero n d e h a c e r
los ladronea u n cerca de ello s i SI estas
respuestas y soluciones les d iéram os los
bijos de la re lig ió n , jc;'>uio las to m a ría n
n uestros enem iposí ; c u án to la s s i l v i r i a n í
{coa qué alg a z a ra cele b ra ría n su tr íu u f o l
2 .* L a m anera como se p re te n d e que
h a n e g e c u u d o loa A p ó sto les su r o b o , s u ­
23*
pone en e llo s d o s c o s ii co n trad icto ria* :
u n a asom brosa d e streza para a rre b a ta r s ú ­
bitam ente el cu e rp o , y una muy m ala ha»
b ilid a il en tom ar la s m ed id as. Se q u iere
qne ellos h a y a u -p e rd id o la noche d e l v ie r ­
nes a l sá b a d o , c uando a u n nu h ab ía g u a r ­
d ia s ea el se p u lc ro , y que fu eran a llá en
la noche s ig u ie n te cu an d u el sepulcro es»
ta b a cercado de g u a rd ia s. E a m enester
adem as d e e i r que después d e c g c cu tar el
r o b o , en Ju g ar d e r e tira rs e aJ m om ento', se
e n tre tu v ie ro n en q u ita rle los lienzo* que le
cu b ría n y d e jarlo s a l l í bieu co lo c a d o s, pues
a s i se los encontró.
O tro s m uchos ab su rd o s d eben t r a .
g a rs e p a ra defen d er Ja fáb u la d e este robo.
S i este fue*e un hecho v e rd a d e ro , los ju ­
d ío s te n ía n dos especies d e cr¡ui¡u ales co n .
t r a quien es no p o d ría n menos de pro ced er
y c a s tig a r lo s , los g u a rd ia s y los A pó sto les.
Los g u a r d ia s , co n v in ie n d o en que por
su d e scu id o hubiese sid o lle v a d o el r a e r .
| $ , quedabau convencidos p o r su p ro p ia
confesión d e una fa lta muy c u lp ab le y muy
d ig n a d e c a stig o . Se sab e cu a n ta ea la se .
v e rid a d d e las penas c o n tra los m ilita re s
que fa lta n á su deber. M u y poco tiem po
ilespues de este caso vemos q u e H e ro d e s en*
r i ó al su p lic iu á los s o ld id o s que e s ta ­
ban encarg ad o s de c u sto d ia r á 6>u P e d ro
( apachthnai ) A cl. i2 , v. ií>, a unque este
A póftol b a b ia sid o lib e rta d o m ila g ro sa r
235
mente. E l robo d e Je s ú s era d e m ucho m i -
y o r consecuencia ; el d e lito de los g u a r ­
d ia s m ucbo m as g r a v e ; y el S a n licd rin d e ­
b iera e s ta r m ucho m as I rrita d o c o n tra
e llos. E n 6U mano ten ia é ste el h acerles
im poner el ca stig o que te n ía n m erecido.
S in em bargo nada se h ic e y q u ed an im ­
punes , n i siquiera se les re p re n d e . E ato
es inconcebible.
T o d a v ía eran mas c rim in a le s los A p ó s­
toles } p era tam poco se les d ic e uua p a la ­
bra , no se los busca , no los ju e g a n , no
los c a stig a n . ¿ Q u ié n ba Im pedido e l que
se procediese c o n tra ellos sobre un crim e a
ta n c a p ita l y ta n in teresan te para el con­
sejo y trib u n a l suprem o d e la nación i E n
v e rd a d es im posible se ñ a la r o tra causa de
c ita conducta que la c e n c ía y convenci­
m iento eo que e l S a u h c d rin estaba d e la
false d ad d e la voz q ue é! mismo b a b ia h e ­
cho correr , y la persu asió n d e q ue to d a
averig u a c ió n que lu te n ia se , se h a b ía de
co u v ertlr c o n tra é l.
H ay mas. A lg u n as sem anas despues
predicaro n los A póstoles i voz en g rito en
Jeru tale ra la resurrección d e su M ae stro :
hicieron num erosas c o n v e rs io n e s : e sp án ­
ta se el S an b ed riu d e ta n p ro d ig io so éx ito
como ten ia esta p red icació n , y se re su e l­
v e á e u v la r á llam ar á los A póstoles.
{ Q u ié n no d iría que se les iba á hacer
cargo d e l robo d e l c u erp o de Je sú s i E l
336
h o nor m itm o 'd q l «uprem o couicjoifle la n a ­
ción , a c u sa d o .d e u u d e ic id lo , hace b id is-
peu»able una ¡uCuruuclou ju ríd ic a . C o u «o-
Jo convcaccr de este beclio á los A pósto-
le e , va por el suelo to d a su p re d ic a c ió n ,
se pone á J a lr o el honor d e a q u e lla corpo­
rac ió n ta n resp etab le , y i« d a u o d esen ­
g a ñ o c lásico á cu an to s hab ían sid o sed u ­
cid o s M a s do : oo se d ic c n ls iq u ic r a una
p a la b ra d el uipueEilo crim en : d é ja se le cor­
re r por las len g u as d e l v u lg o , in cap az d e
a v e rig u a r su ía lsc d a d ó v erd ad ; pero uo
»e tr a ia .d e é l en el trib u n a l que te n ia e l
d erecho y los m edios y uo g n u Ínteres e a
h a cerle constar. Jís ia c o n d u ciá e s in a p e a ­
b le , irre g u la r , c s ira o rd io a ria , capaz p o r
s i de d em ostrar el v e rd a d e ro fondo d e l
h ecbo al que p roceda de b u e a a fe . y h u ­
m anam ente-
P ero no la debemos e s tra u a r. E l £at>be>
drii) 110 creia la rábula que ¿ l mismo h a ­
b ía hecho d iv u lg a r. E ste miento consejo
d e lib e ra til o tra ocas ion sobre hacer d a r
la m uerte á lo s A p óstoles. E l fa rise o G a -
lo a lie l , hom bre d e mucho c r é d it o , 6e op o ­
n e i ello cou esta r e llc x io o , A ct. 5 ; varo­
nes israciitaí , cuidado con (o qu« hacéis rts~
pccio á titos Iwinbrti- . . . Si su propicio ú
obr.» es di h i hombres , ella st dcivantnri ^
rúas si t i dt D i o t, no podrás dettnuría, no
tea qne parezca aue os rtsistit á Diot. £ tt c
parecer a d o p tó el oom ejo. S i los A póstoles
737
fu eran ea la re a lid a d culpables d el robo
d e l cucrpo d e J e sú s {atrevieras® G a m a -
l i d á a b rir los labios p ara d a r sem ejante
r e c e r , n i se rla can i usen? ato el S a n h e -
K In que le sig u iese i E ste hecho es una
entera y cab al ju siiH c a c io it> llen a ¿ I r r e ­
cusable.
C uan d o los ju d ío s ap ed re a ro n á san E s-
te b t n , h icieron puncr preso á san P e d ro ,
y d a r la m uerte i los san to s Sim cou y S an ­
tia g o , y acusaron ¿ «an P ab lo en el t r i ­
bunal d e los roin-inos ; no in te rp u sie ro n
acusación alg u n a sobre la im postura en e l
hecho d e la re su rre c c ió n , n i sobre el r o to
d e l cuerpo de Jesú s. Com o hecho p s lp « -
ble , y cu e l que ta n to p o d ían h a cer v a le r
el testim onio d e los g u a rd ia s ; como h e ­
d ió 10u d e c isiv o y de ta m a consecu en cia;
com a hecho en que su honor y su in te g r i­
d a d estab an in teresad o s ; deb iera ser e l
objeto p r in c ip a l, y el único en que d e ­
bieran lijarse. El silen cio q u e en e stas c ir­
cunstancias g u a rd a n sobre é l , es prodigio»,
■o 6 inexplicable.
Se qus o b jetará ta l vea q ue n o sabe­
mos ca a l fue la c o n d u cta d el S sn h e d rin
con los A póstoles , sin o por lo que estos
m ism os nos han dich o d e e lla . P ero c u a n ­
d o san Lucas escrib e este beclto , v iv ía n
aun muchos miem bros de aquel consejo.
? H ubtórase 'atrev id o á esc rib ir p ú b licd -
atente & v ista üc ellos a a hecho falso que
238
le s concernía t y en el caso d e a tre v e ría
¿ no se lo h u b ie ra n desm eu tid o ? y r ié n d o ­
le desm en tid o } no lo b u b ic ra u p e rp etu ad o
y tra n sm il ¡du a la p o ste rid a d lofi esc r i lores
de los sig lo s sucesivos , enem igos d e l cris»
tianlsm o l j Será p e rm itid o a l cabo de diex
y oclio sig lo s v en ir á n eg ar lo que en aquel
tiem po crey ero n c u an to s c rau in teresad o s
a i í en sostenerlo como en im p u g u arlo i
L u ego lo que ios ju d ío s dijero n sobre
e l robo del cuerpo d e J . C . es u n e v id e n ­
tem ente falso , como e l testim ouio d e los
A póstoles es evidentejnente v erd a d e ro .
R eunam os sus pruebas en pocas p a la b ra s.
L os te stig o s de la resu rrecció n a i b a a
s id o v isio n ario s n i im postores. N o b ao ba*
b lado e a v i n u d de rum ores que c o rría n i
lo que h an a n u n c ia d o lo v ieron , Jo oye*
r o n , lo p alp aro n , y no una. vea sola sino
m uchas d u ra n te c u a rc u ta d ia s c o n secu ti-
vos. H a n p u b licad o la resurrección en el
tiem po y en e l lu g a r en que se h ab ía ve*
ri fita d o , en m edio de una ra a ltim d n u ­
merosa. , á la faz d e a q u ello s i quien es p ú ­
blicam ente acu saban de d e i c id i o , in te re ­
sados eu c a stig a rlo s y con m edios p ara ha­
cerlo. Es im posible que uo ta n g ra u núm e­
ro de gentes se con certaran p ara una m eu-
t i r a , eu Ja c u tí uu i« u ia u n in g ú n In te re s;
m as im posible a u n , el q ue d isp erso s por
diferentes países no se h a y a u jam as a ta ja ­
do n i co n tra d ic h o unos á o u o s sobre ua
239
hecho falso 6 sobre sus c irc u n sta n c ia s;
im posible cu sumo g ra d o el que t o d o s , sin
esce p d o n , h a y a n so sten id o cu nstaaicm co-
le u aa im postura en m edio de c o n tra d ic ­
c io n e s , t r a b a jo s , persecu eio u cs, h u m illa ­
ciones , torm entos. ¿ (¿uc es lo que se b a
opuesto á su testim o n io 4 uua lá o u la m al
te g id a , cuyos testigos h an co nfesado que
estaban dormidot. Por poco su m id o que tu ­
v ie ra n los A p o sto le s , jam as h ubiera a p ea-
s id o en in te n ta r e l crim en de que se l o |
acusa ¡ jam as se h u b ieran a tre v id o a ¿ 1 j y
auu cuando h u b ie ra a tc a id o la u e s tra v a -
g a n te te m e rid a d , ja m a s hubiesen p o d id o
efectuarla. Sus jucccs , que e ra n sus ene­
migos d eclarad o s , ja a ia s se h a n a tre v id o
i c a stig a rle s por sem ejante crim en , a i á
sus soldad o s por h ab erle d ejado com eter.
N i siq u ie ra h an tra ta d o jim a s d e hacerles
acusación p o r é l. {H a y ea la h is to ria u a
hecho que ju n te ta n ta s m otivos de certeaa
y verdad ? ¿ H ay ano siq u iera , cuya e v i­
dencia p u eda ser c o m p arad a con ia de la
icsuirecciu o I
240

$• “ •

Confirman ¡a verdad de la "su rrecció n por


Ja convenio* de ocho mil judiar p o r la predi»
«ación de sau Pedro i por el titemeio dt loe
oo co nscrridoi; por el modo tomo ¡a
impugnó Celso.

C onfirm ase tam bién la resu rrecció n de


J . C . po r la persu asió n d e ocho m il hom ­
bres que se c o u v irtie ro n c in c u c iiu d ia s
dcip u c s co a du s se no unes de sau P e d ro .
E llo e estaban en la c iu d a d d o n d e esta r e ­
surrecció n se h a b ía r e a li z a d o , p u d ie ro a
p re g u n ta r ¿ los ju d ío s y á los g u a rd ia s ,
v is ita r d s e p u lc r o , c o n su lta r la n o to rie ­
d a d p ú b lic a , c o n fro u tar los testim onios d e
los A póstoles con io s d e lo s euem igos d e
J e s ú s , y to m ar to d a s U s precauciones p o ­
sible* p ir a uu se r en g a ñ a d o s. K a d lc pud o
hacerse c ris tia n o sin crcer e s ta re s u rre c ­
ció n . E ste ha sid o siem p re el p u n to fu n ­
d a m e n ta l de la pred icació n a p o stó lica y
d e la d o c trin a c ris tia n a . E s in d isp u ta b le
que ititncdiataiiicuie d es pues d e la v e n id a
d e l i¿sp lritu Santo hubo ya una num erosa
Ig le sia en J e r u s a le m , y que ba su b sistid o
po r inucdos sig lo s * y esta en un p rin c ip io
fue com puesta de los testig o s o culares de
todos lu í necbos que c o n cu crian á probac
la resurrecció n de J . C.
741
Se confirma igualm en te este hecho uo
to lo con el silen cio de lo s jud ío s que j a ­
mas han acusado á los A póstoles de im ­
po stu ra sobre este punto , sin o cambien por
cu confesión formal. Si» h a b la r del célebre
pasage «le J o s c fu i e a lot vidas dt Jesut,
COüipue&us por los rabinos , d ic e a ellos
que el cuerpo d i J c íu s m u erta fue m oitra*
d o al pueblo por uu ta l Zun-Cuma. Y c a ­
balm ente Tan-Cuma significa i la le tra
miiagro-rtiumccion ( v é a s e Ja H isto ria del
establecim ien to d e l c ris tia n is m o , sa cad a d e
los ju d io s y p a g a n o » , pág. 8 2 .).
F in a lm e n te , la m anera como C elso ,
de consuno cou los ju d lo a , ha im p u g n ad o
la resurrección del S a lv a d o r , es e q u iv a­
le n te á una confcsioa form al. D ic e que loa
A p éstele s ó fueron en g a ñ a d o s p o r un fon-
taimo , ó que h an eag afiad o . Q u ed a y a de­
m ostrado cuan a b su rd a es esta, salid a. U a
finioimo a o produce uua ilu sió n p o r c u a ­
renta d ia s á hom bres que e stán d e sp ie rto s,
n i se la o y e c o n v e rsa r, n i se la vé beber
y co m e r, n i tam poco se d eja p a lp a r , o « m
lo ha hcclto J e sú s d espués d e su re s u r­
rección.

Ton» ni. 16
242

5* “ >•
Tohmiim ca coruitUracim tu r iai objtáanti di
tos incriiivhi- I.* N adu vió salir <t Jnut dil
ttpuJcro. v.* Stbrt iot palabras : d espués
de tre s d ia a y u e s noches.

i.* O bjetan en prim er lu g a r , r q ue u a -


n d i c v io á Je sú s s a lir d el sepulcro. L as
» m ugerci y los A póstoles oo lu e ro a a i j í
» h a sta después d e l tiem po en que *c d ice
n haber é l re su citad o . Tam poco le viero n
» los g u a rd ia s .”
Si los g u a rd ia s le viero n ó n o , el
E v a n g e lio n a d a dice i m as a u u cu au d o bu
biera habido m illa re s de te s tig o s , h u b ie­
sen qued a d o ta u lleuos d e espauto como
loa g u ard ias. U n tem blor de t i e r r a , una
geau p ie d ra a rre b a ta d a d e au l u g a r , un
án g e l 6eutado sobre e lla con aspecto te r -
■f l b l e , un m uerto que sa le d el sep u lcro ,
6 o son objetos que pueden m i raí se á sau-
g r e fría . J . C . no q u e ría esp a u ta r á los
te stig o s de s u rc&urrecciou. E a «sie caso
ae hubiera d ich o q ue e l te rro r les h abía
hecho c re e r que h a b ían v isto lo que n o era.
Q u is o , p u e s, por e l co n tra rio d ejar un l i ­
b re acceso a l se p u lc ro , i ia» sa n ta s muge-
re s y i los A póstoles- N in g ú n d isc íp u lo se
hubiera a tre v id o á ll e g a r s e , si 1c h ubiera
Visto cercado d e tro p a i lueg o fue ncccsa*
343
rio Im prim ir te rro r i los to ld a d o s para
obligarlo s á sep ararse de a l l í . P ur lo de*
mas {qué ¡iU|K>ria que « a d ié b ay a victo
sa lir á J . C. d el sep u lcro , c o a t i l q ue k
v ie s e n , oyesen y tocasen después d e haber
u l i d o i t i resu ltad o siem p re será que ha
estado v iv o después de m uerto.
íí.» D icen u iiio u 'n ( H ls l. c rlt. c. ió. )
** que J e ta s había prom etido re su citar tbs-
v pues iU trn diat y tttt i y cu lu g a r
n J e c h o resucitó a l tercero d í a , m ao te-
n niéndose m uerto uua su la uoche. A quí «e
ti vé uua m aulficsta con trad icció n eptre las
n profecías y su c u m p lin ú e tu u '*
Estas e s p r o io u e s , dtsyius d* t u i diat
y trtt noches, dtipuet d* I r n dias, al uret­
ra día , eran «¡uóuim as e a e l lengua ge
o rd in a rio de los ju d ío s. Jo sé au u o ció
(G ¿ii. <VÚ. ) que el restablecim iento d el co»
pero m ayor y la u iueiic del gefe de los pa­
nad e ro s suced erían dtiputi dt i r r i dios ; y
lo uno y io otro sucedió en cJ d h w rciro.
E u el D c u te ro n o m io (c . 31. v. IU .) m anda
el Señor que dtspucs J t rittt añot , en el año
sab itico se lea cu la iiesta d e los T a b e r­
náculos la ley á todo e l pueblo d e Israel.
Y el ano sabático estaba in c lu id o en los
siete años. N i á nuestra leofrua es eairaGo
este modo de h ib la r . Si un hombre acome­
tid o de una v io len ta enferm edad esp ira al
ttrctró día, decim os que m urió f r « diat dtt-
fu ts del ataque.
1W
A nu n c ia n d o J . C . su fu tu ra resu rrec­
ció n , se s ir v ió y a d e u na e sp re slo n , ya d e
o tia . F.n sa n M a te o (c . 13. ▼. 4 0 . ) dicc
que co n o Jo n á s estuvo en e l v ie u u c d el
p e í tres d;*s y (res n o c h e s , asi tam bién el
hijo del hombre e s ta rá $rti diat y tres m -
ehti en d seno de la tie rra . E n san M a r .
cus ( c. & v. 3 1 .) an u n c ia que resu c ita rá
detfatt de i m d ía s. E a o tro s mochos lu ­
gares predice que su resurrección será a l
ffreero dia ( M a u h . 16. v . 2 1 . = 17.
t v . S I. V 2.r:y(>. v. l 9 . = M a rc . 9. v. JO.—
dO. v. 3 4 .= L u c . 9 . ▼. 1Í2. = 1B. v. 3 i .) .
E n cale s e n tid o lo « H e n d iero n los ju d io s ,
pues p id ie ro n í P ila to s que hiciese g u a r­
d a r el sepulcro b a sta el tercero dia. Si
J . C . no hubiese re su c ita d o h a sta el c a lp
de tr e j dias y trti noehet. los ju d ío s y los
Incrédulos fo rm arían una objecion m as fuer­
te. Como los g u a rd ia s no d ebian e sta r en
e l sepulcro m as que h a sta el tercero d í a , «i
h u b iera resu citad o despucs de la se p a ra ­
ción de d l u s , enióuccs hu b ieran hecho v a­
le r b ic a la fábula del robo de eu cuerpo.
J . C h» con fu n d id o las p recauciones,
la m ilic ia y los su b ietfu g io s d e sus ene­
m igos. R esucitó a l m e tr o dia , conforme
Jo hab iau e n ten d id o lo s ju d ío s ¡ al s a lir el
• o l , y pvr c o n sig u ien te de dia , p a ra que
Do hubiese d ific u lta d en h acer co n sta r este
im portan te b ccho t n o espero la urde ni
la en tra d a de la n o c h e , para q ue n o *
34?
sospechase que se babia. tra m a d o a lg u n a
sapercheria con e l fa v o r de la o b sc u rid a d ;
salió del sepulcro cuando to d a v ía estab a
a lli la g u a rd ia , para que no quedase á los
ju d ío s pretcsio alg u n o p ara o eg ar el m i­
lagro.

J . L U I.

S.» Contradicciones qut ¡as incrédulos suponen


en la narración de los Evangelistas* Muevas
raxotes y argurttentoi tuyos.

3.» A lu d e n Im in c réd u lo s corno muy


n o u b lc e n tre sus objecio n es, " que la n a r -
<• ración de los E v a n g elistas está c a rg a d a
» de circunstancias difíciles de co n c ilia r.
n Las hay tam bién refe rid a s por un E v a n ­
g e l i s t a que d e stru y e » la s que. « íro k -
»ifiere.’>
N o lu y dificultades n i co n tra d ic c io ­
nes , cuando no se t r a ta ■d e p ad ecías,
cuando n a d i se le a ñ a d e al te s to , y cuan­
d o se confronta, e n tre s i á lo s E v a n g e lis­
tas. E sto lo barcinos v er uiuy p alp ab le
dentro d e un momento con el ex im e n p a r­
tic u la r de cada u n a d e e stas co ntradicción
oes. M as los incréd u lo s no ad m iten con­
ciliación alg u n a i so lo..q u ieren d is p u ta r y
cegarse. C u an d o un E v a n g e lista refiere
u n b e e h o 6.1102 « ¡rcn astau cia que .otro om i­
te , ¿ sta d ife re n c ia ia U am aaxtralraifafiioiii
34*
corno si el silen cio fuese u n a negación po-
s itiv a . K n n uestro concepto la diferen cia
que se a d v ie rte en sus n arra c io n e s es u o s
prüebx ti-- su v e rd a d . SI ellos las hubie­
ran fiu fid o , 6 con ven! d o te entre bi p a ra
a r r c g a r l u , U¿ hubieran d ad o tnas c la ri­
d a d y u n » u n ifo rm id a d : nos h u b ieran
r e p r ^ m a d o i Je sú s arro jan d o rayo» de
glo ria a l sal Ir d e l sepulcro 4 en lu g ar de
u a ángel , hubieran supuesto a l m iítno
. C sen tad o sobre la p iedra , fijando sobre
Í 9! g u a rd ia s su am eaaxadora v ista hubie­
ra n dich o : allí ettdbamot nojolrto y can
•Mitro» propios ojoi le erm os: y esia inca-
tir a no les hubiera co stado mas que l i s
otra s ,i y p o r c ierto seria mo» im pórtam e.
M a s si c ad a cual hubiera fin g id o por si y
sin couveniu co a las demás una Falsa n ar­
ración , se ria im posible que no se enco n ­
trasen ea ella c iic u n s ia n d a s p alp ib lcm co -
te cotüradi'ctoriag 6 luconclH ables. Pero
n a d a 'd e esto hay , como lo vatnos i -ver.
Tam poco fce ha empefiado n inguno de
los E v a n g e lista s en re fe rir to d a s las apa-
Hthnrs 1 como ni to d a s las accione» del Sal*
vftdor ni codos sus discursos , ni á espre­
s a rla s ' según e l d rd en con qüe han «üc*-
d id o t »! según t o d i í sus circunstancias.
San M a te o solo c ita d o s : san M arco s haca
mencforv de c u atro : d e cinco san Locas:
d e c u a u o - s » u J u a « ;< y adem as ninguno
d e «Uo*- 6j* <«■ núm ero. H a b la n de e lln
347
«orno d e hechos tn-.iT conocidos en los c u a ­
les na d ie poul* d u d a . N o pensaban en que
a l cabo d« muchos sig lo s ios incréd u lo s
hablan de hacer u a e sc ru tin io m ilic io so
de to d a s sus p a la b r a s , y buscar en e lla s
c o n tra d ic c io n e s, y a rg u m en tar sobre la
brevedad de sus n a rra c io n e s , y re d a r­
g ü iría s de poco exactas &c. N o hay h i s ­
to ria tan c lara n i ta n p re c isa que pueda
prevenir lo d as las objeciones d e los obs­
tin ad o s y caprichosos.
4.a " S i l o s d is c íp u lo s , co c n iu ú ia los
n incrédulos ( H ist. c rtt. c. 1 7 .) s ib ia a
n q u e Jesú s había de re su c ita r a l cabo d e
m te a d ia s ; si públicam ente lo lu b la p re -
n dicho i si los mismos ju d ío s e s ta b iu iu -
i» formado* de e llo , j de qué serv ia em bal-
w sam ar su cu e rp o l A dem as los E vangclis»
n í a s están en c o n trad icció n cu cu a n to i
■testo. Si'gun aun J u a n J C . fue sep u l­
ta tado y em balsam ado por J o sé d e A riin a-
n tc a y N icodeino. P o r o tra p arte dicen
ti san M a te o , san M arco s y sao L ucas
n q u e el e n h alsam ain lcaio se hizo en p re-
n s e n d a d e M a ría M a g d alen a j de M i*
•» r í a , m adre d e Jesú s. Si o em bargo san
•» M arcos y san Lucas hacen v o lv er 4 es-
o t a s am in as m ugeres i o tro d ia d e l s i ­
l b a d o p ara em balsam ar el cuerpo. L u c -
»♦ go á estos dos E v a n g e lista s les ba f a l­
lí ta d o la m em o ria.”
£ s v e rd a d que Jesú s predijo m uchas
348
veces su resurrección ; mas a l re fe rir loa
escritores sa g ra d o s estas p ro fe c li» , obser­
v a n que los A postoles ou Lis b ab iao e n -
t e a d id o ( L u c . 14. ▼. 3 4 . ) ; y «ao J u a n
( UO. v. 9 . ) d ice que au u después de au
resurrecció n los A póstoles oo e a te a d ia a
a u a la £ sc c itu ra , según la cual e l C risto
h á b il de re su c ita r. N o es de a d m ira r que
trasp asa d o s de sentim iento y esp an tad o s
con el su p lic io de su d iv in o M a e s tro , per»
díe scu la m em oria de las palab ras que no
hab ían enten d id o . L os ¡taccrdoic* y d o cto ­
res , m íe Inteligente» que e l l o s , y e sc ita ­
dos por su o if u iv odio , las reco rd aro n
p a ra tra b a ja r ea im ped ir su efecto. Por
este m otiv o h id e r o o g u a rd a r e l sepulcro.
P a ra dos cosas sirv ió el em balsam a­
m iento del cuerpo de J . C . : l . ° p a ra que
constase su m uerte co n tra las d u d a s que
en lo ^sucesivo ic p o d ría n fo rm a r: J . ° para
d e stru ir a n tic ip a d a m e n te la objeción de
que los discíp u lo s del S a lv a d o r estaban
p rev en id o s y. a l u d n ados coa la id e a de
su resurrección.
Los in c ré d u lo s , p a ra b a ila r co n trad ic-
d o n en tre los E v a n g e lis ta s , confunden
deis croas d is tin ta s : «I entierro que cu va
p rin c ip io b iso José de A rim atea s in Ni>
coderaa , y el em balsam am iento que luego
h izo con ¿ 1 , c uando éste llev ó ya los aro*
ñ u s . San M a te o , sao M a rc o s y h o Lucas
solo lu c e u m cucion d e l « n m rrp , y ¿ este se
349
h a lla ro n presentes las m ugeres i »an J u a n ,
que es e l único que habla de los aro m as lle ­
vad o s p o r N icodem o j d e l euibalaatna-
m léa lo que entonces se h i z o , n o Í n tic a *
p a la b ra de h ab er e r a d o a ll í las m ugeres
en cata segunda acción. D e m anera q u e
e lla s sab ían d ó n d e se h& llaln sepultado
je s ú s , mas ignoraban que hubiese sido e n *
b alsam ado. P o r lu d e m á s, cu la. n a rració n
d e sau M a te o uo se h abla de M a r i a , m d r t
de Jtau , sin o d e M a r í a , madre dt Jui*
( M a u h . 3 7. v v . Stf. < 1. ).
n£ i u i m u g e re s , p rosiguen lo s la c lé *
» dulos , que teroian e l o bstáculo d e la
»> p ie d ra , ¡ n o tem iau el d é l a g u a rd ia q u e
•* según san M ateo estaba p uesta i la e o -
t» tra d a d e l sepulcro i ”
E so no es de a d m ir a r ; la s san tas mu-
Reres tenían menos uocicLa aun de la g u a r­
dia puesta por los j u d io s , que d el em balsa­
mam iento hecho por Jo ré y N 'icodem a H e .
lira d a s después d e hab er p iu ic n c ia d o la
sepultura de su m a e stro , n ad a h a b la n o id o
d e la colocacion d e las g u a id ia s i y cuan­
do fueron a l s e p u lc ro , estos, h ab ía n e sca­
pad o ya a te rrad o s.
" L a s precauciones d e io s ju d ío s se fnn-
n daban en e l te n o r d e q ue Jo* diieifulas
o om inen y se llevasen cí tutrfú. V em os airj
» em baigo que asi los d isc ip u lo 6 como la s
n m ugeres a ndatr-p erp etu am en te ro n d an d o
f> en red ed o r d el s e p u lc ro , v an y vienen
210
■ lib re m e n te , y te p re se n ta n p a ra em baí-
n u r o i r d o s veces el m ism o cad á v e r. De*
n bemoa c o n v en ir c a q ue esto sobrepuja
n ouesiro conocim iento.*'
D esd e que Je s ú s fue d ep o sitad o y lu e ­
go em balsam ado por Jo sé y N ic o d e m o , es
f a llo que los discíp u los y las m ugeres ro n ­
d asen ya ea re d ed o r d e l s e p u lc r o , ni se
acercasen a llá i n i e t del d om ingo por la
m a ñ a n a , es d e c ir , ánies de la resurrección.
E l E v an g e lio d ice form alm ente (L u c . 23.
▼. Stf. ) q ue las santa» m ugeres te m aniu-
vitroa qui«wj fiU iisrant) d u ra u te e l sá b a d o ,
según lu m audado por la ley ¡ los d is c i-
ulos co nsternados h icieron lo m i s m o ; dcs-
S e la ta rd e de este d ía y la noche siguien»
te el sepulcro fue c u sto d iad o p o r los so l­
dados. A unque esto últim o lo igno rab an
los discíp u lo s y U s sa n ta s m u g e re s , n in ­
g u n o d e « lies lo ic n tó acercarse a l se p u l­
cro. Los m ismos ju d ío s d ie ro n testim onio
d e e llo , cu an d o dijeron que por la nocbt
y cuando iarmu* ioi guardias, h a b ían id o
io s d isc íp u lo s á ro b ar eL c u e rp o ; no les
acusan d e haber id o d u ra n te el d í a , ni de
baber estado rond-m do en red ed o r d e l se ­
pulcro. Los iucródulo* sig u en siem pre su
m archa pérfida de falsificar el E v a n g e lio
p a ra buscarle dificu ltad es.
" S a n M a te o , afladen e llo s , refiere q ae
*>solam ente fu ero n a l sep u lcro M a r ia M a g -
» d a le a a y a n a o tr a M a c la . S an M arco s
J ll
» dice q ne fuero n tre s . San L ucas cuenta.
>• que fu eron to d as las m u je re s que d e G a -
n lile s h ib la n seg u id o 1 J . C. Según san
m Ju a n fue so la M a r ía M a g d a le n a .”
E s falso q ue los E v a n g e liz a » d ig a n
que solamente las m ugeres que n om bran,
fuerou a l tepulcro. D icen que u to j
t t t fueron a l l¿ , y eso e« muy d i mí oto. C a d *
E v an g e lista nom bra a lg u n a s d e Isa m uge»
res: ninguno las nombra to d a s. L a p ruebe
de esto la tenem os eu san J o a n , que hace
m ención de M a ría M a g d a le n a , pero io sU
nóa que no estaba s o la ; pues h abiendo id o
ella á de c ir i san P e d ro que se habían lle ­
vad o el cuerpo d e s a M a e s tr o , a ñ a d e : f
notoirat n» tabtmot Jo tule it han puerto. L a
p alab ra noioiras supone que eran m uchas.
í.* H e aq u í o tra supuesta c o n tra d ic ­
c ió n : " s a n J u a n d ice que c uando la M a g -
v dalena fue al sepulcro* era a u a d e r o ­
n c h e ; pero *an M a r c o s , q ue el sol hab la
««salido ya i y san L u c a s , que la s unge*
»» res fueron allá muy d e m afian a."
N ad a mas fácil d e c o n ciliar. Sao M ar»
eos refiere qne las s a n ta s m ugeres com ­
praron sos arom as p asad a el d ia d el s á ­
b a d o , es d e c ir , en la noebe d e l cábado a l
do m in g o ; se p rep araro n y p usieron en m o-
▼imiemu inte* del d i a , para ir a l se p u l­
cro , mas ántc6 d e haberse ella s re u n id o y
prep a ra d o las co*as y de lle g a r a l l i , am a­
neció. S a ¿ J u a n h ab la d e l m om ento en que
2Í?
ella s com enzaron i p re p ararse p a ra i r , y.
los otros dos d el m omento cu que lleg aro n .
6.» " O b je ta n tam bién que sa o M aleo y
»*san M arco s solo h ab lan de uu á n g e l , á
n q uien este p o strero da el c a rácw r de un
» jo rra . Según s¿u M a te o esta b a «ciliado
» «obre la p ie d ra que se q u itó del sep u lcro ;
» según aan M a rc o s , en lo In te rio r. San
« Lucas y san J u a n aseguran positlv am en -
*j te que babia dos á n g eles.”
San M a te o refiere q u e el án g el estab a
sentado cu la p ie d ra cu au d o a te rró con su
m irad a á los so ld a d o s: san M arco s le pone
en lo in te rio r d e l sepulcro c uando lle g a ­
ra n las m u g e re s: eaios son dos d iferen tes
tiem pos y dos d istin ta s ocasiones. ¿ D ónde
e s tá , p u e s , la co n trad icció n i
Según p a re c e , los ángeles y a ise m os­
tra b a n , ya se h acían in v is ib le ! , ya se p re-
sc m a b iu bajo uua fo ru ia , ya bajo de o tra .
C uando el á o g el a p areció á los s o ld a d o s,
su aspecto era te rrib le según s a a M aleo ;
cuando se dejó ver. de las sa u ta s mugeres,-
f u e , según san M a rc o s, bajo la figura de
un joven con uua v estid u ra blanca.. San
P e d ro y ta n J u a u n o v ieron íu g c lc s, E n
fin , es p osible .que se presentasen ya d o s,
y a uno.
7.a "S a n M a rc o s d ic e que J . C . pro*
m h ib ió A la M a g d a le n a el que le m ease,
**mas san M ateo refiere q ue e lla y la o tra
■ J jla ría le b e s a fa ftlo i pies y 1c a d o ra ro n .”
753
E l tc g n n d o v ersícu lo d e l ca p ítu lo i » i
de sao M arco s contiene dos ¿pocas ó tiem ­
p o s : la prim era se espresa por las palabra*
vaU* m an«, muy de m a ñ a n a ; y la seg u n ­
da por las o tra s orto jam sol*, sa lid o e l
s o l , ó después d e haber a m a n e c id o , ó sica-
do de d ía. E sta s dos ¿pocas son re lativ a*
i dos d is tin to s viages , ó i dos estad o s d e
un misino v iag e. £.1 p rim ero : M a rta M a g ­
d alena , M a r í a , m adre d e S a n tia g o , y
Salomé couieiuaron i I r , pero sola M ag ­
dalena lle g ó a llá como mas anim osa y re ­
sucita. E l segundo t'ue c oncluido p o r las
o tras dos m ugeres. E sta su p o sic ió n , cuyas
p a rte s e « á n fu n d ad as lo d as en el sag rad o
testo , lo concilla io d o . L as com pañeras de
M a r ía M a g d a le n a In tim id ad as no se atre*
v ea i lle g a r a l sepuicro u n tem prano i y
en electo san M ateo y aan M arco s nos las
representan tem blando d e m iedo p o r todo;
pero la M a g d alen a se vá sola y las deja
y llega basta el se p u lcro : que es lo qne su.
pone cabalm ente san M arco s cuau d o d ice
que tila fu c ¡a prim era «f quiin st apareció
ti Stfíor ( v. 9 . ) . Y así J . C . no te dejó
tocar d e ella en e sta p rim era a p a ric ió n ,
despues de lá cual 13 M a g d a le n a fue á
partic ip á rse la á u n P e d ro y á san J u a u ;
ni estaba oon las ©irss m ug erej cuando
adoraron i J. C . y le besaron los pies.
San M arees no p revino que Is M a g d a le ­
na se hallaba entonce» a u s e n te , porque lo
2H
d e ja b a s u fic ie n te m e n te In s in u a d o co e l
v . S> , qu e d e n e c e s id a d Ja au p eiie s e p a r a d a
d e la s o tr a s do» u a m b ia d a s a i p r in c ip io
d e l c a p it u lo , y q u e o o e s ta b a ya co n e lla * .
J . C . u o q u iso q u e M a g d a le n a Je to c a s e ,
e sto et , le d e tu v ie s e j y la ra z o u e s : par»
que aun oo «ato á m( f l d r e , q u e r í a n l o co n
e llo d a r la á e n te n d e r q u e te u d r ia tiem po
p a ra v o lv e r i v e rle , f il m o tiv o q u e le o b il-
g o k no d e te n e rs e c o a c lia fue ia p r is a d e
u o t t i i r i c & la* o tra s m u g eres q u e e sta b a n
eti el ca m iu o d e v u e lta p a ra J e ru s a lc io ,
y q u e ría d e ja rse v e r ü e e lla s , iu ie s que
lle g a se n a llá , p a ra q ue p u d ie ra n p re v e n ir
á los A póstoles.
tt.4 * S an M a te o y m u L ucas d ic e n q ue
n la s m ugeres íu c ro a á c o u ia r ¿ los A p o i-
w toles lo q ue h a b lan v isto . S an M arco s
a» p o r el e o u u a r io d ic e q ue e sp a n ta d a s pur
»> el á n g e l , h u y e ro n y u o b a b l u u n ccn
i> n a d ie ."
L a s s a n ta s m ugerea , e s p a n ta d a s con la
a p a ric io a d e l á u g e l , huyerou. cu ua p rin ­
c ip io , y a unque encontrasen personas co ­
n o c id a s su y as , n a d a les dijero n «ubre lo
que, acab ab an d e y e r ; m as cuan d o luego
c o n tin u a n d o el cam ino v iero n á J . C . y
1c conocieron , v u c lia i en si y recobradas
de su e s p a .ito , y re c ib id a adein.is la Orden
que les d io ; entonces fu cto u i ver i los
A póstoles y le« d iero n la n o tic ia d e Ja ic-
surrección.
asi
9 .» “ Según n a M a te o , J . C . e n v ió á
ti d ec ir i lo* Aposiole* por m edio de la*
» m ugeres que se 1c* p re s e n tiría e n G a li-
«t lea , y que se v e ría n allá . Según sao
» Ju a n , les m ia d o á d e c ir por 1* M a g -
n da len a que se tu b ia á su P a d re . **
N o hay c o n trad icció n a lg u n a entre e s ­
tos duB a v iso s del S a lv a d o r , sucesivam ente
d ados á su s d itc ip jlo s . D icieu d u : tubo i
yni Padrt , no decJaia que lo va á vcriticar
cu el mismo momento. E s te es uo modo
d e h ablar a d m itid o por todo el m undo y
eu uingun a inauera im p r o p io , para d ecir
que vamos i una p arte , a u n cu an d o no lo
hayam os de hacer d e coutado.
10. Q ué p ru e b iu , « o niinúan los in -
»»d u lo s , uo as ap aricio n es , en ias cuales
» desde un p rin c ip io oo se reconoce ¿
n J . L . í M a g d a le n a le touia por el h o r-
n tclauo , y los discíp u lo s de Éuimaús ca­
li m inan coa ¿1 s in cu .jacerle.”
N o c* d e e s ira ó a i que M a g d a le n a coa-
tu ih ad a p o r la ap&ricioo del á n g e l, y p re ­
ocupada coa e l pensam iento de que h a b ían
lobado a l S e ñ o r , no le conociera en e l in s­
u m e de «u vu elta. Q u ita tam poco le m iró
a l rustro. M as este erro r m om entáneo 6C
disip ó muy pronto cuando Jesú s la llam ó
coa su propio numbre.
Por lo que respecta á lo* discíp u lo s de ■
E oim aús, la intención del S a lv a d o r era io s -
u u iilo s áu ies de dárseles á conocer j y
3M
m o strarles p o r la s E s c ritu ra s q ue h a b ía
d e re s u c ita r , in te » de h acerlos te stig o s d e
su resurrección.
II. R S au M arco s d ic e p o sitiv a « e n te
n que la ap a ric io u en q ue J . C . s : m o stió
«> A todos sus A p ó sto le s, fue ia ú ltim a c a
tiq u e le viero n . P ero sa o L u c a s , sa o J u a n
» y >an P a b la lu c e n m eucion d e o tra s mu»
nctaas. S au M a te o d ice que esta ú ltim a
n ap aricio u fue en un m onte d e G a lile a ,
n San M arcos y aaa L ucas la suponen e a
** J e ru á a lc in , y d icea que in m ed iatam en te
n despuep l'ue J . C . tra n sp o rta d o a l c ie -
m lo. Sin em bargo cate mismo san L ucas
h ( Ac(. 1. ) d ice que Jesú s co n i¡u u 6 m os-
n tráu d o se á sus d isc íp u lo s por c u aren ta
n día* Sau M a te o y sa u M a rc u t d icen que
o m andó d a r ord en á su s discíp u lo s p a ra
*» que fuesen ¿ un m aulé de G a lile a 4 sin.
11 Lucas por el c o n tra rio dice que les p ro -
m hib ió s a lir d e J e r u 6aleo). ”
E s falso que u in g u u E v a n g e lista h aya
d ich o qac la p rimtra a p a ric ió n eo que el
S alvado r se dejó v e r d e todos su» iliicifn -
loi jum oi fu t la última. E s v erd ad que ea
g e n era l los escritores sagrad»» oo diatiu»
guen sus d iferen tes a p iric io u c n : q u e reú­
nen cosas que d ijo eu ocasiones d iscin tas.
N o « em peñan ni eu re fe rir iodos los he»
c h o s , o i en csprcsailo s por el o rd e n en que
bao o cu rrid o . T am bién es v erd ad que san
M areo s d ic e : ¿líimtimrnw ( noviaimt ) 11
357
o fjr tM á loi ornee j p t r o h a b la d e l a iitiw u
oparirwn su y a cu aq u e l dom ingo prim ero
«leí cual c«i& h ab lan d o ; pues h a b ien d o lia.»
bU do a » ta s d o s a p a ric io n e s h c c a a s e a
aquel d ía , u n a á la M a g d a le n a y oirá. á
los disc íp u lo s d e B tnm sii*, d ic e que últi­
mamente se in o u ró á lo s once d isc íp u lo s
que e s u b a u a U m esa. ( O r n a s b i e n , sa n
M arco* tracau d o d e re fe rir con la breve»
d a d que te hab ía propuesto cu todo ¿a
¡E v an g e lio , oo m as que alg u n a s d e Jas apa*
riciooes del S a lv a d o r ; ««presadas ya d o s,
d ice óMíudminir tt apareció ti iot phí« , que
es la tercera a p a ric ió n de que <e propuso
hablar sin h acer m euciou de a ia g u u a s o tra s ,
así d e la s re fe rid a s p o r lus o tro s t v a n g e -
líetas , como de la s que dejaro n d e refe­
r ir , y de las c u ile s soJo dijero n c a g en e­
ra l que por c u jrfitia dita je t o atuso apa»
ncitn lio y JiaW.inJo dtí rtyno dt Diot. Esta.
tercera a p a ric ió n á ¡oí once no fu e en el
prim er d o m ingo , siuo cu e l s e g u id o como
les de ver en san J u a u , c. 310, vv. 2 6 & c.
|U . T .) Sao M a c o lu c e p a rtic u la r m cnciou
d e la ap a ric ió n en el niom c d e G a lile a .
San M arcos y S3U L u c a s de la del cen á­
culo i mas u inguuo J e ellos d ice que las
que refiere hayan s id o /a i muícuj. Según loa
in c ré d u lo s , itc s £ v io g c L ¡m s solo liablao
d e uoa ap a ric ió n : lueg o e s l i a et¿ c a u ir a -
diccion con el c u a rto . A un cu an d o s u a se r­
ción fuese v erd a d e ra e a cuanto á lo p r i-
Tomo V IL 17
21B
m ero ¡ se rla este un ra c io c in io d ig n o de
hombres filósofo* ?
L a órd eo d a d a ¿ los A póstoles de ju n ­
ta rse en G a li l e a , fue d e l d ía d e la resur*
re c c io a ; la d e do sa lir d e J c r u s a lc tn , fue
d e l d e la ascensión , es d ecir , c u aren ta
d ia s despues. E l objeto de la p rim era fue
que J . C. q u ería dejarse v e r a lii de los
A póicolea ; el de la segu n d a , ten erlo s re u ­
nid o s p a ta en v ia rle s el E s p íritu Santo. La
prim era se cu m plim entó Antes de haberse
d a d o la seg u n d a.
12. " D icen los E v a n g e lis ta s que la
t i ap a ric ió n de la ta rd e d el d ía de la re­
vi surrecció n se hiao tu ando ia i patrias ctr-
r> rada i : luego J . C - leu ia uu cuerpo iu -
» corporal ó in m a te ria l (H ist. cric, c- 16.).
s» E spliquesenoa lo que esto es. Sin em bar-
» go esie e s p íritu era palp ab le , leu ia 11a-
t i g a s , toiuaba a lin e ó te . L u ego oo pudo
i* ser mas que un ente f a n tá s tic o , ú ilu sio -
>» oes d e Jos sentidos su s a p a ric io n e s ."
P ero aea&o ¿ no tien e D io s po d er para
hacer pasar un c u e rp o , a tra v e sa n d o á o lio s,
d e uno 4 otro lu g a r ? P a ra e sp licar este
p r o d ig io no hay necesid ad d e re c u rrir i la
absu rd a idea de uu cuerpo ró eorporJ. La
om nipotencia de D io s , he a q u í la única
y v e rd ad e ra razón de un hecho m ilagroso.
Y a hemos dem o strad o que lo que los A pós­
toles v ie r o n , no fue un fantasma , y que si
ea u a p rin c ip io tom aron á J . C . por un
y bebió coa ellos.
li " L a s a p a ricio n es de que hab la m u
n Pablu (H is i. crlt. ib. ) no l a t b ab ia t í s -
n tü el m is m o , n i Jas sab ia sino por o i-
n das ; a»l es que habla d e ellaa con poca
» exactitu d . Uicc , por cg ctn p lo , que J . C .
» s c uw siró á los doce , c uando despues
n de la m u e n e de J u d ia ya do babia mas
» que once A póstoles. A lum bran esta s in -
n c aa c tu u d e s en un a u to r in sp ira d o ; ella s
» pueden d a rn o s sospechas de lo que afia-
n de sobre la a p a ric ió n de Je sú s <i ¿01 <¡ui-
n mientas hermuaor. P o r lo q ue loca á e l,
11jamas viú á su m aestro sin o ea una v i-
n sion. G iro ta m o podremos ta l vea d e c ir d e
n los oíros A póstoles y discíp u lo s. E llo s eran
n ju d ío s , en tu sia sta s , p ro fe ta s, y p o rc o n -
» siguien te esp u rsto s i so ñ ar d e s p ie rto s ."
Kl que iu eña es el c ritic o h is to ria d o r,
que groseram ente se cou trad ice. H a q u e ri­
do persu ad irn o s que los A póstoles robaro n
(I cuerpo d e J e s ú s , y forjado luego la Cá­
bula de su resurrecclou. S i a s i fue ¿ cómo
han pod id o toñar dtspuriot , que le v e la n ,
le tocaban , hablaban co a é l í Según este
sofista, los A póstoles ya son nnos «wixu-
teros, ya íZíapúrrox jwafun , y a tai vez not
engañan , ya tai vt% han tido ongañaJoi.
T a l es el re su lta d a de su s objeciones.
' S an Pab lo sabA hts ap a ric io n e s d e J e -
360
sus por e l testim o n io de los o tro s A pój.
toles y d isc íp u lo s que h a b la n sid o tc s tig u
d e v ista. D ice p o sitiv am en te que Je sú s «
m ostró á Ctfat y luego 1 i « o n ct, m is ng
i 1oí doet (1 . C or. 15. v. $.). * Q u ien a
el «mbusttro ? C u a n d o esie g ra n d e Apóstol
vió á J . C . en el cam ino d e D a m a sc o , y
le h a b ló , ib a en c o m p iü ia de o íro s que a
q u edaro u a te rra d o s , asi como ¿1 se quedi
ciego (A cc. 9. 7. 8.). ¿ Fu é este el m i l
ó d e lirio que el c ritic o les atrib u y e i
S eria n asim ism o juffioi b ieu s in g u la ra
los que i 4a v e z , eu e l m ism o m om cuto, «i
e l mismo lu g a r , de una mism a m au en ,
te n d r ía n ya u n a , y a d o s , ya o n c e , ya mu
d e q u in ie n ta s personas. L a su posición de
ta n to s sueños ó d e lirio s u n ifo rm e s, }no ti
v a v erd a d e ro ¡utfto y d e lirio ? Lo lastimo­
so es que mieuira.* ios p rim eros b an obra
do la sa lu d d e l muudo y una poneiKuH
transform ació n e a las ideas y costum b.u
d e ios hombres i los se g u n d o s.... Dejemo*
lo á la pro fu u d a reflexión d e los infelica
soñadores y d e lira n te s que ta n poco apre­
cio hacen d e s i m ism os, y ta n tem eraria­
m ente arro s tra n el espam oso caos d e um
e te rn id a d m iserable y desv en tu rad a.
Sin em bargo coucluye el ciático auio«
" e s im posible a d m itir u a hecho ta n lucró
w b lc y m ira vi lioso como la re6urreccic>
t» d e J . C . en v irtu d de pru cb i* ta n deli
» l c » , d e o arra c ig a c s f i n c o u tr a d ic io r ij
361
»>de testim o n io s ta u sospechosos c o n o lo»
nquc dos su m in istran io s E v a n g e lis ta s .”
Sin d u d a e t uu hecho tnaramiUto la re ­
surrección de J . C . , mas no p o r eso es
ucrtiblt. Dio» pudo o b r a r le ; luego es po­
sible y adem as muy conforme con e l p la n
de la P ro v id e n c ia , u cccsario p ir a dem os­
trar la m isión de J . C. , predJcho por los
profetas y por el m ism o S a lv a d o r , p r e ­
visto y tem ido por lo t ju d í o s , p re p a ra d o
por los m ilagros a n terio res y confirm ado
pyt lus de los A póstoles. ¡ Q u é o tra c o ta
se u c ce siti p ara h acerlos erxibiti ? Y u n a
prueba bien c la ra de que lo son , es q u e b atí
¿ido c re íd o » , y do lo h a n s id o siu g r a n ­
des prueba» p ara serlo.
* M as esta s pruebas no h an s id o g r a n ­
des sino muy dtb'üts." P e ro ¡ se conoceu
otras m as robustas que el testim o n io d e
los testig o s o c u la ie s , a d o p ta d o p o r otro s
que pod ían c c rc lo rirs c d e los hechos alIL
misuio d o n d e su c e d ie ro n , confirm ado co a
ltc m ismas acusaciuucs d e los ju d ío s ., se­
llado coa la sa u g re d e los que lo a te s ti­
guaron i | P ru é b a m e d e o tro m odo loa h e -
ih u s i ^H a h ab id o jam as alg u n o ea iodo el
m undo, cuya v e rd a d esté dem ostrada, cou
caracteres mas lum inosos y persuasivos q ue
lut que heutos p resen tad o cu la re su rrec­
ción de J . C .
i L a s relaciones de los testigos, e stán iu u i
lijos d e ser contriuliatoriqt, q u e los lu c ró -
262
«lulos, i p esar de sus g ran d es y repetidos
e sfu erz o s, au n no han p o d id o eocontrar
en e llas u n a co n tra d ic c ió n . P o r o tra pane
ja jja» se h a rá ver que los te stig o s e ra n ioj-
pechotos sino su poniéndolos interesado» en
a rro stra r e l odio de los j u d ío s , en sufrir
la m u e rte , en hacer tra ic ió n i su concien­
cia por ia g lo ria d e un m aestro que luí
h a aia en g añado. A n in g ú n hombre sensaiu
se le p e rs u a d ir! eslo jam as.
14.a " S a n Pab lo es un m e n tiro so , se-
n gun Jos in c ré d u lo » , c u an d o d ic e ( I. Cor.
» l f . v. 6.) que J . C . d espues d e su resur-
n reccion se ap areció á un tiem po i m u
r) de q u in ic a ta s personas! San P e d ro ast-
» g u ra ( A c t. 10. v. 4 1 . ) que n o se apare-
n c i6 á todo ti putbfo, sin o i los testigM
n elegid o s por D io s , i nosotros que hemos
ji com ido y bebido con é l d espues de ti
»i resurrecció n.*1
Sau P ed ro no afirm a que J . C . solo »
h a b ía a p arecid o á los A póstoles , pue»u
que ¿I misino nos enseña haber sab id o li
resurrecció n d e l S a lv a d o r p o r las santn
m ugeres. E a la ju n ta que se celebró jíara
la elección de san M a t í a s , d ice eapresi-
m ente que hab ía d iscíp u lo s del S alvada
d istin to s de lus A p o stó le s, q u e h ablan ¡di
cu su seguim iento ha s u su ascensión , J
que por co nsiguiente le h a b ían v is to resuci­
ta d o . P o r a o n ie se v¿ que el iq u ú a
é l escluye d e l p riv ile g io d e h aber *lsia
363
K sucitad o a l S a lv a d o r , es el putbJo ju d io ,
al cual este Seáor do se m ostró j p ero d e l
pueblo fie l, de sus d iscipulo6 sc dejó v e r
ra su ú ltim a a p a ric ió n «obie u a m onte d e
G a lile a , en don d e lee m andó i d e c ir q ue
te rcuuicGCu.
" P e r o , re p lic a n los in c r é d u lo s , a u n
j» cuando J . C . se hubiese m ostrado á todos
» sus d is c íp u lo s , no por eso p o d ría escu-
n sarse á sau Pablo d e m e n tir a , pues los
» discípu lo s del S a lv a d o r uo eran q u in íe n -
r>tus sino c ie n to r e ú n e (A c t. 1. v. I $.).**
E l núm ero de los discíp u lo s de J . C .
no se ha de tom ar de l i ju n ta celeb rad a p a ra
la elección de san M a l la s , pues como e sta
se tuvo en J c r u s ile in , no asistie ro n m as
que los fieles que v iv ía n en aq u ella c iu ­
dad. D el núm ero d e ellos hemos d e ju z g a r
por los que se reun iero n en el uionic de
G alilea , a d o n d e loa discíp u lo » c o n cu r­
rieron de tu d a s las p a n e s de la Ju d e a y
de la G a lile a . Sau Pablo babia sa b id o por
los A p ó sto le s, que h ib ia n estado p re se n ­
te s, que se h ab ía n ju m a d o a llf m a s d e q u i­
nientos herm an o s, y lo pu b lica s in lejnor
de ser d e s m e n tid o , pues nmc/uw dt estos,
d ic e , viv** <n»n-
i 5.» " N o es probable que los p rin c ip e s
« d e los sacerd o tes y iodo el S an h ed x in ,
>i8Í ee hu b ieran convencido del m ilagro
» de la re su rrecció n , -uo sc h ubiesen con-
» vertido.
Í64
** Suponiendo que la p e rv e rs id a d de
»e» te suprem o concejo hubiese lleg ad o has-
n ta el estrem o d e o b r a r ía n c o u ira su con-
n c ie n c ia , no t i creíb le que fuese ta n necio
« q u e «e im a g in a ra que los so ld ad o s h i -
u b ia n de g u a rd a r tile u c io .
w T am poco es creíble que loa to ld a d o s ,
st tan e sp a n ta d o s , corno se d ic e , d e la apa-
« cicioo de un l u ^ e l , c o n sin tie ra n en re-
n c í b i r d in e ro para p ro p a la r u ua me m ira.
>> Si ea «fícelo hu b ieran v isto un á n g e l, tc -
»»m ié n o lc uiaa que al S ao h e d iin &c.
" H e aqui lo que probablem ente b a b ri
n sucedid o . L o t d isc ípu lo s habráu id o por
»>la coche y e sp a n ta d o á loa g u a r d ia s ; y
>>e sto s, p o r escusar su p ro p ia d e b ilid a d ,
» habráu rec u rrid o á la (¿bula d ei á n g e l.”
M u y común es v er á los h o m b res, cons­
titu id o s ea iru un ín teres tem poral y ln voz
d e su c o n c ie n c ia , p re fe rir el p rim ero .i to­
do lo d e m á s, cftpccialafente cu an d o el de
Ja conciencia o b lig i ñ g ran d es sacrificios.
N o n o s a d g iíre , p u r i / l a . o b stinación de
loa p rin c ip e s, de los sacerd o tes y de los
d e u u miembro* del S a tih ed rin . Confesan­
d o ;;4l loe la resurrección d e l S a lv a d o r , te
reconocían i si m iónos culp ab les d e una
e n e ra » :,liguktlela*,' cual era la in jc /tc del
Md&afi.' 'É s ta tainsa*: d e stin a c ió n t í i b i i l
m ostrado con respeeto i los otro s m ilagros
hechos-4 su misma Vi«ta ^ y de-Km ediles
est a b an e te itam en ie convencidos. j-Qilé efec-
Si55
te produ jo en d io s la resurrección d e L a ­
u r o i E l de t r a ta r d e aca b a r c o a é l y
con J . C .
Entendem os tam bién fácilm ente que ios
g u a rd ia s han tem id o m as la in d ig u a d o n
d e los ju d ío s y d e l gobern ad o r que la d e l
ángel. £1 ángel ya h ib ia d esa p a re c id o ;
pero el S a n h e d rln estaba d elan te d e ellos.
E l cA»tipo d e p a rte del á J g e l era iu d c r io ,
y en la re a lid a d uo les tnl>la ücchu dafio
alg u n o . Les p areció a m cómodo le c ib ir e l
d ia e ro y e v ita r el su p licio , que eupoocrse
a l que. ta n d e ccn ri les am enazaba.
61 S a u h ed rin deb ió u a tu ra lio e o te erre*
qu e los sold ad o s que recibían el d ia e ro ,
le g u a rd a ría n secreto. H a b ía . el ju m a ­
do los m olidos que m is iu c liu a n á los hom­
bres a l m a l; por a n a p a n e la recom pensa
y por o tra g ran d es casiigu*} y u l p o d ia
o c i a r a seg u rad am en te con ellos.
N o es menos fundado el suponer que
los A póstoles robaron ci cuerpo d e su
M a e stro á pitra / t u r a y rcustitndoio tas
guardia* ,>que p reten d er el que 1c hubieaen
ro b a d o s u til y ca lla d a m e n ie duroaiehdotes­
to s. b a ta .e s uua sa lid * ab su rd a .tó m e te la
po r d o n d e q u iera. Vor p a n e de losrA pós»
t o l e s , su tim id e z , e l c a s tig o que n a tu ­
ralm e n te les hubiera a c arread o uu crim en
ta n grav e-á lo s ojos de los ju d ias , un c r i ­
m en ta n f íe il de p ro b a r , un crim en cuyo*
ja ec es hstbiao d e se r su s.d ec la ra d o s, ene­
166
migo* 4 oo p erm iten creer q u e tu v ie se n un
atrevim ien to ta n e s ira v ig a u tc . P o r p a n e
del S an h ed rin j no h ubiera cate c actig ad o
severam ente ua a te a ta d o u n enorm e í j Q ué
es io que les b a ria f a lla , e l in terés , ó el
d e s e o , ó el p o d e r t P o r p a rte de los sol»
dados (n o se hubieran hecho mas culpa*
bJcs confesando que te h a b ía n do rm id o ,
contra su consigna , que d ec la ra n d o lisb er
sid o forzados por una g ra o p orcion de
gciues ¿ r e tir a r s e , h abiéndoles sid o im po­
sible re s is tirla i F in a lm e n te , d e p arte de
los moderno* iucréd u lo s , v iene muy t a r ­
de su nueva, in v e n c ió n ; pues corno ya lo
lcaem os o b se rv a d o , t i fuese re a l y p o s iti­
va , la h u b ieran s a b id a y h échoia v a le r
los ju d io s en aquel tiem po.
16.* ** J e sú s hab ía p re d ic h o en público
» su resurrección ; luego d eb ia h ab erla ve-
» rificado c a público , y m ostrarse ! los s a -
j * c e rd o ie t , á los doctores de la ley , 4 los
» fariseos , a i S a n h e d riu d e Jc ru ta le m . E l
n.testim o n io de ccias personas hubiera sid o
n d e muy o tro peso que el de un pufiado
•> de d iscíp u lo s seducidos , im béciles , i n ­
ri capaces d e ra c io c in a r , ap asio n ad o s á lo
*• m a ra v illo so , y muy c o n o s p a ra pod er
n e v ita r los lazos que se te n d ía n á su sim -
• ip lic id a d . U n gobernador ro m a n o , u n te -
i> tea re a , un sumo sacerd o te j u d ío , con ver­
tí tidos por la ap a ric ió n de J . C . h u b ieran
•> hecho m as Im presión sobre un h am bre d e
367
»> b aca s e n tid o , q u e esc populacho ig n o -
>» ran te , a l c u a l se supone p ersu ad id o por
it la p red icació n d e san P ed ro .
»» M o strán d o se públicam ente i to d a la
»»ju4< tt j i todos los que le h ab la n visto
i» m orir , hub iera J . C . lle n a d o su o b je to ;
i> m ostrándose aolam eiue i uu pequeño n ú -
>1 m ero de discíp u lo s , lo ech6 i p erder a b -
*» so lu ta ra tn ie . U n a resurrección pú b lica bu-
i» bicra im puesto sile n c io i cu antos se la
» c o n trad ije se n , y h u b iera o b lig ad o i lo d o
n el m undo i creer. E l objeto e ra hacer
« q u e creyesen los que no cre ía n ; luego á
i> ellos p rin c ip a lm e n te d eb ía m an ifestarse,
n y no solam ente i ios que c r o a n ya. E l
»i pueblo ju d io tu v o razou p ara m antenerse
m cii su in c r e d u lid a d , pues no se hizo lo
n que tan n ecesario y ta n fácil era p a ra
i» ta c a rle d e e lla . T o d o s e ra n m otivos que
ito b lig a b a u 6 J . C . á re su c ita r pA blica-
i> mente. j Q j ¿ razón puede d arse á fav o r
ti de una resurrección secreta { E n uua p a -
i» labra , rc su c iia u d o en público hub iera
n acabado con la iu c re d u lid a d d e los j u -
n dios , y la conversió n de estos h u b iera
a rra stra d o consigo la de los in c réd u lo s,
•i Pero j q u ién se ha de hacer c r is tia n o ao-
» bre la fe de un suceso que oo pudo co u -
•» v ertir i a q u e llo s , ea m edio d e lo s cu a­
ti les se p reteu d e que ha su ced id o i ”
H e a q u í por cierto co a to d a su fuere»
la g ra n d e objccioo , la objeción v ic io tio s a
368
d e los in créd u lo s. A n tig u o s y m oderno*,
ju d ío s y pag an o s , to d o s la h a n cacaread o .
M a s p o r n u e s tra p a rte defendem os:
f . ° , que esta objeción está fu n d a d a sobre
un falso p r in c ip io ; '2.'* , q ue ella supone
como seg u ras do s co sas m uy in c ie n s a j la
p r im e ra , que setocjsute a p a ric ió n hubiera,
co n v ertid o a l S a n h e d riu y á todo el p ue­
blo ju d io -, y U segunda. que á U con ve r-
siou de estu s hubiera sid o c o n sig u ie n te la
de ios inudcruos incrédulos.
' I .* L a objeción se fuu d a sobre este
/• ti» principio, á s a b e r , que D io« debe h a ­
cer a b so lu tam en te to d o cu an to puede para
a tra e r á los hom bres á la v e rd a d y á la
▼irtud. T a l v e t no se e n c o n tra rá u n r a ­
cio cin io m as ab su rd o que e s te : Dior pa*
dría dar pruebas mas robustas dt tal y ÍJÍ
verdad j futro lat que ha dado son irunficMn
Us. ! D e que D ios puede ¿hem os de
in fe rir que e stá o b lig ad o ? P o rq u e tic u c el
po d e r d e d a rn o s la persu asió n y e l con­
v e ncim ien to de su r e lig ió n , s in au x ilio s
e ste rto re s , con so la su in s p ira c ió n , j s e p re ­
te n d e rá q ue debe bacerlo ? «se l u u d e d e ­
sestim ar la s p ruebas co nvincentes y d e c isi­
vas bajo e l prctcsto d e q u e D io s p o d ia
d a r la s m as fu ertes 1 E s to cu la r e a lid a d
f n o es o p o n er u n m uro d e re sisten cia á
to d a cla«o d e p r u e b a s , puesto que D io s
pu ed e auineütarlaB h a s ta lo lu fiu ito ? {n o
es que re rse a u to r iia r p a ra n e g arse a ie tn -
269
p re á cuanta* ce d ig n e s u m in is tra rn o s , con
d e c ir que pudiera, a u n d a rla » «na6 c o n v in ­
centes i
E xam inem os la fuerza d el racio cin io
q ue nos oponen. J . C. despues de su m uer­
te no se m ostró en público i luego no r e ­
sucitó. N o le v iero n los ju d io s ; lueg o tam ­
poco tu s d iscíp u lo s. E s d e c ir: tal hecho no
se ha p ro b ld o por iaiet y determ inados t t m -
g w ; luego carece absolutam ente de prueba.
A m es de los incréd u lo s {quiéu hab ía pen-
6ado jam as en d u d a r d e uua v erd ad ío lo
porque c arccia d e la c l is e 'A g ra d o d e
pruebas que se h ab ia él fig u rad o ? Fácil
cota le fuera , d ic e n , á f . C. dar á tu re-
lorríccion tnayor pttWicidj*/; y couvcuim os
en ello. Hcctu en p¿j*ico la resurrecciou, ifui-
daria mat abundantemente probada -f tam poco
se lo negam os. M a s , se ria por eso uias
c ie r ta , cuando to d a s las pruebas que a c -
tualm entc tenem os d e e lla le d an uua ccr-
t e u coHjp/fíuinu y eseluven absolutam ente
tu d a d u d a ? E u ire todos los hechos que
los hom bres s e u sa io s, y a u n los m ism us
incrédulo s tien en por c ie r to s , uo hay uno
mas com pletam ente probado que e l de la
resurrección.
Es uo p rin c ip io in c o n te sta b le , q ue U
sa b id u ría divina, se sirv e d e los m edios
mas convenientes para lo g ra r su fin. Pero
i se d ir á q ue está o b lig a d a 4 a p lic a r la to ­
ta lid a d de m edios que pueden lle n a r s j ;
270
m iras? } ó que debe a p lic a r mas de los que
son necc&arios p a ra p ro d u c ir este efecto 1
Ksto debieran p robar n uestros c o n tra lto s,
pero uo lo p ro b a iá u jam as. {T en d rem o s
por falto de sab id u ría i un hombre que no
ap lic a diez g ra d o s d e f u c r u á lo que solo
requiere cinco i L a cuestión por eoiibi-
gu ic u te c o n siitc en s a b e r , no si la n ía r-
rcccion ffidia tener un número rrwjor de pruc-
bat, y motives mas podem os de credibilidad,
sino in si ha tenido loi suficientes p a ra rriere-
ctr nuestra creencia.
H acien d o J . C. ta n p ública su re su r­
re c c ió n , com o p u d ie ra s e r lo , hubiera llena­
do ju objeto: esto tam bién es c la ro j mas
□o hacié n d o la ta a p ública echó á perder su
o b iclo , 1c f r u itr ó : esto es fallísim o . C on
ta l que los te stig o s de su re su rre c c ió n , por
su n ú m e ro , por su c a lid a d , por la s c ir ­
cu n stancias de sus n a rra c io n e s , hay an reu­
n id o cuanto es n ecesario p a ra im p rim ir cu
su testim o n io el ca rá c te r de ¡a certeza , d e ­
bemos creerlos á p e s ir de que hubieran
p o dido ser mas num erosos.
" M a s la resurrección fue secreta.”
¡ Secreta I j C on que será u n hecho sf«
crclo el que h an v isto m as d e q u in ie n ta s
personas? L a resu rrecció n ha te n id o todo
el g ra d o de publicidad que d a u á ua suce­
so quin ie n to s testigos oculares. Vor consi­
gu ien te la cu estió n de los in c réd u lo s se
reduce i p e d ir ( p o r qmí no b a te n id o u n a
271
publicidad tn^yor ? y coa esto abrea cami­
no i pedir mas y m as, y podrán hacer
entrar en su pedida todos los pueblos
de la tierr» , todos los hombrea, todos
los sigloe..... j A dónde nos conducirían
tan absurdas peticiones ? J . C. cumplió su
promesa en toda su csienaiou. No había
prometido resucitarían en público como pu­
diera , ni como se lee antoja á los incré­
dulos. No babia empeñado su palabra de
mostrarse al Sanhedrin y á todos los judíos.
Prometió re¿tiritar y lo ha verificado, cons­
tándonos de este grande hccho mas clási­
ca y patentemente que de uinguno de cuan­
tos hechos humanos se dan por cienos y
reconocidos. Mas ios judíos se han resis­
tido á toda prueba y k todo ten ¡inocuo:
al de los guardias, al de los Apóstoles,
confirmado por 6us muchos y uotorlos mi­
lagros, al egeuiplo de ocho mil judios con­
vertidos por san Pedro y de los demas que
de dia en dia se convertiao aun de los
mismos sacerdotes , á la impresión que de­
bieran causarles Las virtudes de los prime*
ros cristianos, y i los terribles castigos
que les enrió Dios por la muerte dada al
M esias, el cual sc los tenia una y muchat
rece* anunciados, j Todavía querrán pe«
dirnos mas los incrédulos! {querrán qu<
Dios obrase uua crecucia forzada?
2 .® La objecion de los incrédulos su<
pone que una aparición pública del Salvadoi
272
hubiera convenido t i Sauhcdrin y á toda
la nación. Fcro ¿ cou qu¿ fundamento pre­
tenden que los ge l es de ia uacion se hu­
bieran rendido ai milagro de ia resurrec­
ción vi»to cou s j s propios ojos, cuando
líos consta como se resistieron por ircs
afios cousctuiivus i iodos los demás mila­
gros que J . C. obraba tau de coutiauo ?
Ya ics tenia dadas prueba* victoriosas de
eu celestial m isión, mas ellos se desenten­
dieran cousiautcincnte; ui entraron siquie­
ra ea cuestión de que un hombre que los
desacreditaba y descubría su hipocresía,
pudiese ser el enviado de Dios.
Dominábalos la pasión hasta t i l punto
que les liizo olvidar no solamente lo que
debían á la justicia, siuo también el res­
peto que se debían á si mismo». Habién­
doles «idoentregado Jesús por Ju d as, ellos
misinos cuublau su interrogatorio, le con­
denan, y antes de ratificar Plisios su seu-
tcn c ia, hacen por si el oficio vil de ver-
dugus, le escupen en el rostro, le entre­
gan á ia brutalidad de los soldados que
le abofetean &c.
Para calmar el furor de estos no bas­
tó el haber arrancado, corno arrancaron,
J e P ilatoi el decreto de su muerte, ni el
haberle hecho condenar al suplicio mas
lento, u m iuíame y c ru e l, sino qus apa­
centaron sus ojos con el bárbaro espectá­
culo de sus sufrimientos , le contemplaron
clavado en la cruz, vieron correr gota á
gota eu sangre | y leyeron en stf tantísimo
rostro la i amargura» destroudoras que
lo llevaban al sepulcro..... jQué mas! En
esto* espantosos momentos eu que los hom­
bres malvados diucvcii i compasion; sus
entradas de Jüerro uo se conmueven, mas
le ultrajan y burlan, é in»uluu á su es­
pirante victima. Pondérense estas circuus-
taacias y se ju ig a rl si una aparicioa de
J. C. resucitado bastaría por si para cu­
rar unas alonas u n horriblemente preocu­
padas. Ello m tt mat qut un fantasma , hu­
bieran esdamado al verle: tt n ttptetro
producido por el demonio poro tagañamos- Y
en el caso de dejarse J. C. tocar y palpar
para quitarles esta-salida, hubieran dicho
que era algún impostor que se parecía al
que habían ajusticiado y que se habia he­
cho imprimir las señales de las llagas para
coger el Truco de la trama urdida por J . C .
para apoderarse del cetro prometido al
Mcsíi». f Qui¿n asegurará que no bubie*
ran ¡m enudo también hacerle morir de
nuevo t Si es de verdad el Hijo dé Dio»
(hubieran dicho) este Dios que le ba- re­
sucitado , sabrá reanimarle de nuevo: pon.
dremos en su sepulcro, no guuidias capa­
ces de error ó de fraudé > sino que nos pon­
dremos nosotros mismos, y si con esto sale
victorioso, seremos los primeros en ren­
dirla homenage. « O taria decir los incrí-
Tomo V il. 18
874
dulos que J . C. para dar gusto i estos
hombres, ó sea para procurarles á su grade
la con versión, debería haberse «ni regado
de nuevo i oirá pasión y i recibir des*
pues de ella oirá uueva vida i
** M as el objeto, añaden, de la resur­
tí reccion era hacer crccr ea J . C. i los
i>que no creían. Luego i ellos principal*
m meóte debió manifestarse. ” _
Si esta consecuencia fuese justa , seria
preciso adm itirla ea su totalidad. La re*
surrección del Salvador no se habia de
creer solamente ea Jerusalem , mas se ha­
bla de predicar y crccr en iodo el mundo,
i T por qué se había de obligar á las de­
más naciones por el testimonio de ios prin­
cipales de los judíos í l Por qué se babia de
obligar ¿ lus habitantes de Roma , los
cuales por el solo caso de ser testificado
pur u le s persona» un becbo de tanta con-
sideración, recelarían tal vez que trata­
ban coa ello de sugerirles ua pretesto para
sacudir el yugo que les tenian puestoI
\ No tenia J. C. en su mano el haber
muerto ó en Houia , ó en P ekio, ó en Pa«
ris &c. y haber allí resucitado y mani-
ícfltadosc á todo el uiuudo { j Por qué no
lo hizo á favor de los que cu taotas par­
tes no crtian en ¿l ( El milagro hubiera si­
do coa esto mas auténtico y convincente,
y los hombres de buen sentido hubieran
creído por el testimonio de sus propios ojos.
375
Decimos, p u es, que J . C. no debió ha*
cer lo que los incrédulos exigen de ¿ 1 ;
ni aun cuando lo hubiera, hecho, estarían
mejor dispuestos A creer en él ni sn resur­
rección.
Muchos de ellos establecen por princi­
pio que una resurrección es impoiibU, y que
uo hay pruebas que basten a aseguramos
de e lla : o tro s, que es ua bccho imertibit, y
que aun cuando vicien con sus propios ojos
i. un muerto resucitado, no lo creerlao.
Luego ea un absurdo, una pura burla de
sn pane el exigir pruebas , á las cuales
anticipadamente están resueltos á no dar
crédito. Otro* dicen que uo becho m ila­
groso puede ser creído , cuando m as, de
solos ios que le ven , y que ningna testi­
monio puede darnos ccrtcix de él. Luego
por muy pública que hubiese sido la resur­
rección , 110 la creerían , puesto que para
ello no tendrían mas que ias relaciones
de los testigos.
Por consiguiente aun cuando los prin­
cipales judíos y el Sanbedrin hubiese creí­
do la resurreccioa de Jesús, su testimonio
no hubiera hecho impresión alguna ni en
las romanos antiguos, ni eu los incrédulos
modernos. Los romanos dijeran , y los in ­
crédulos bao repelido , que ios judíos eran
unos dtlirm tti , nteiot, fa n á tú u apaiiona-
dos á b vtaraviUoto f incapaces de discernir
lo verdadero de lo falso, el milagro del
376
prestigio. Según el principio de los incré*
dulos , ni aun los ju d io s, que se hallalaa
en Grecia ó ea R om *, estaban obligados
á fiarse del testimonie de los de Judea
sobre uu hecbo tan m aravilloso, tan m a n -
ble y «uu impojfMt ( pues todo esto supo-
n e o ) cual es la resurrección de Jesús.
Mucho meaos obligados estabau los paga»
nos. Todos podiao d e c ir: } hay ratón para
que creamos sobre la palabra de otro un
hecho, del cual eu todo caso pudiera con­
vencernos Dios con nuestros mismos ojos?
" P u o los testigos de la resurrección,
w conünóan , eran los discípulos y amigos
i» de J . C ., ¿ los cuales no había necesi-
v dad de que sc mostrase. ”
Podríamos observar que la fe de los
discípulos estaba muy debilitada por la
ignominiosa muerte de su M aestro, y que
por consiguiente no fue inútil el que los
reanimase con la vista de su resurrección.
Vero leuemos uua mas tuerte ratón que
d a r , y es que J . C. no se les apareció
para bieu de ellos solos, sino de todo el
mundo y de todas las generaciones. J . C.
quiso formarse unos testigos que anuncia­
sen su resurrección y sc la hicicteu creer
al mundo. En la objecioa solo se atiende
al convencimiento de los discípulos, y
no sc le tiene por occcm iíq, pues se les
supone ya convencidos i mas debiera aten*
derse á que ae trata del convencimiento
377
no solo de unoi discípulos , sino *tfc unn
Aoóttoitt tiesunadoi d cnnvencer al mundo.
El principal punto de La cuestión consiste
cu saber si caías discípulos han sido uriai
fuligo* tuficúntet para bicer cierto el he­
cho que bao anunciado. Si lo fueron, co­
mo lo hemos demostrado , no es verdade­
ra decir que los judius debían perseverar
ea su inertduJidad} pues por el hecho mis­
mo de haberse manifestado J . C- á un
gran número de discípulos, testigos iuf¡-
titnui de su resurrecciou (como queda pro­
bado) habia hecho cuanto era de hacer,
para que los judíos saliesen de ella.
Si se obstinan los incrédulos en pre­
guntarnos las razones, por las cuales J . C.
no ba dado mayor publicidad i su resur­
rección ¡ solo tenemos una que d arle s: por­
que ■» ha querido. ¿ Acaso no puede Dloa
tener e n 's u sabiduría' ratones nue nos
sean desconocidas? j Lc liemos de pedir
nosotros cuenta de isus motivos? Sus pen­
samientos son incomprensibles y sos ca­
minos impenetrables ; pero unos y otras
muy ju sto s, y todos llenos de peso , me­
dida y número.
T después de todo quiénes se pre­
tende que debiera manifestarse J . C. con
tanta evidencia? j al cobarde gobernador
que le había entregado i la raum e contra
los sentimientos de su propia conciencia C
\ al escandaloso Herodcs que habia hecho
378
burla de el ? 5 á los sacerdote* y fariseos
que uo cesaroo de calumniarle y perse­
guirle hasta, su última respiración , y que
u o voluntariamente se hablan cegado con­
tra el clarísimo brillo de sus lncoutesia>
bles milagros I ¿ i los judios furiosos que
colmados de sus beneficio» habían pedido
á gritos su m uerte, é imprecado que sobre
ellos y sobre sus hijos cayese su sangre!
) T no es una cosa muy irracional preten­
der que J . C. estaba obligado i /orear U
resistencia de semejantes arrebatados ? {que
debia derramar mas abundantemente sus
gracias sobre d io s á proporcion que las
desm erecían, y m ultiplicar las pruebas
de su m isión, seguu que le resistían con
mas obstlaacion y malicia f
n J. C. d eb ie ra, dicen en fin los in-
m crédulos, forrar la creencia universal
n de los hombres."
M as esto es lo que cabalmente no qui­
so. Su intención fue que se creyese su re>
surrección , pero voluntatiamtatt. Quiso
que estuviésemos obligados i creerla, nui
no fonados. Nos impuso obligación subr<
ello , y al mismo tiempo nos proveyó de
pruebas no solo suficientes , sino tainbiea
sobreabundantes que la convcncieseq. Qui­
so que nuestra fe fuese juntamente motiva»
da y m eritoria. En eu infinita sabiduría
conoce el grado de luz necesario para im-
ponernos ¡a obOgacim de. creer, y el grado
conveniente para que la fe tenga coa que
hacer m mérito. Y en ¿1 es una tniserícor-
dla digna de nuestro reconocimiento , el
habernos hecho de la /* una virtud & la
cual recompensa , cuando por otra p an e
nos la ha facilitado tanto por medio de laa
demostraciones qae la rodean.

NOTA X L 1 I.

Sobre la ascensión de /. C. ( Marc. 1 6 .


v , 1 9 . = Z u c . 24 . v. S i .z= .A ct. 1 .
vv. 9 & c .)

$. U I ll .

Safutitat contradicciones J ¡1 t u Evangelistas


en la historia de lo « tn rio n . Eiprsiion Hi*
pcrbilica dt san Joan. La apotfHosis
dt Rómulo.

F uertes objeciones han hecho los Incré­


dulos coaita la ascensión del Salvador.
Según el historiador critico " lo s Evange-
n listas 00 estin acordes sobre el tiempo
m y lugar en que J . C. subió ¿ los cielos.
m San Marcos y tan Lucas no6 dicen que
n el C risto , despues de haberse mostrado
» A loa doce, estando ellos á la mesa , se
t» subió al d é l a San Lucas a 6 ade sin era-
280
» barga que se ios llevó fuera de Jcrnia-
i» lera hasta B cian ia, y que a llí los ben-
wdijo y fue trasladado al cielo. S in M ar-
« CO« conixadicc á san Lucas y hace subir
n i J . C. al ciclo en Galilea. Sao M ateo
» y saa Ju aa uo hablaa de esta ascensión,
tt y aun el primero asegura haber dicha
t> Jesús á sus discípulos que se mantendría
n con ellos hasta el fin, d? las siglos. San
n Lucas nos dice que Jesús subió al ciclo
n e n la tarde misma de au resurrección;
«9 y ea los Hcchos de los Apóstoles le hace
» permanecer con sus discípulos después
si de su resurrección cuarenta dias. San
*>Juan termina el romanee platónico que
» ha bccho de su M aestro, diciendo que
»> si se hubieran de referir todos los he*
«i chos de J . C. , no podrían caber en el
v inundo los libros que sobre ellos se es-
»> cribirian.”
l .° Bt /dije que , «eguo san Marcos y
s iu Lucas, J . C. se subiese al ciclo inme­
diatamente despnes de haber hablado A los
discípulos que cataban.i la mesa. Bebió y
comi6 . ra rias veces con ellos despues-de
su resurrección. Dicieudo que se subí 6 al
cielo después de haberles hablado á la
mesa , no j* determino ti tiemfo m el logar
d i U ajatauon. El lii¿*ar le determina san
Lucas (c . í * . v. 50. > i sab e r, Betania,
ea cl.inouie O lívele; «a ki$ Hechos de los
S tl
Apóstoles espresa él mismo el tiem po, a
decir, cu*rema d iat después de la resur-
lección.
2-• También es falso que san Marcos
haya hecho subir á Jcsns al ciclo en Ga­
lilea: este Evangelista no habla oi del lu­
gar ni del tiempo. Dicc que Jesús «ubi6 á
ios cielos deipwr de haber hablado á sus lili*
rfpuJu, mas na designa cuánto tiempo des-
futt. Si hubiéramos de juntar esto» dos he*
chos , coma los ha jum ado el incrédulo,
diríamos necesariamente que J. C. subió í
los ciclos en el mismo lugar doode sus
discípulos estaban comiendo , á saber , ea
Jcruaalem , mas no en la Galilea, como ¿ i
mismo dice. ,
3.° Según sao M ateo, Jesús dijo í sus
discípulos : con voroirtu ejtojr hasta Ja con-
twiuehn dtl siglo..J. C. con estas palabras
ha prometido no abandonar jamas i su
Igles!» i y esta promesa no se hiao i solos
los Apóstoles , los cuiles no habían de es­
tar en el mando h i s u sa consumación,
mas habían de morir como los demas hom.
brea , sino también á.sus sucesores que se
habían de perpetuar hasta el fin de los
siglos.
4\° En ninguna parte ha dicho san Lu­
cís que J. C subió á los cielos «n la tarde
niim rJel día dt sa nturreccioa. En loe H t-
chos uo contradice lo que tenia dicho en
282
su Evangelio , ántes bien lo recuerda.
5.° La espieslon de sin Ju an e s indu­
dablemente una hipérbole , m is no em e-
toada , como lo insinúa el critic o , sino
muy llan a, especialmente si atendemos al
uso que ea esta parce era común y ordina­
rio taire los orientales. N i por la palabra
*uundo debe entenderse el globo de la tie r­
ra , sino <01 hombns , que es como en sus
cscritos ia toma este Evangelista. Asi es
que ¿1 mismo dice qae J . C . borra los peca­
dos del mundo: que oo vino á juzgar ai m n -
J o , s iu o i salvar ai mundo Ufe. Este modo de
ta b la r le usamos también nosotros: todo tt
mundo, decimos, tobt, i todo ti tnmudo com¿>
ta i todo ti mundo hact hurta y st rit d tfu la .
t u > dejad qut el inunda Juibk cumio quina.
El verbo charto, de que se 6¡rve el
orig in al, lo mismo que el latino c*pio de
la Vulgata , no solamente significan cúnfe-
ntr , sino también , concebir, tnttndtrf ima-
gtnor. De manera que uo hay la menor d i­
ficultad eu que «atendamos el sentido del
Apóstol Evangelista y le espllquemos en
estos térm inos: wSi una por una se huble-
*>ian de escribir todas las cosas que hizo
n Jesú s, creo qne los hombres no podrian
i» entender ó figurarse los libros , ó cuán-
» to número de libras se habían de escrl-
•i bir para ello.” Esta no es una paráfra­
sis del testo evangélico, sino una traduc-
983
cion muy literal. | T qué tiene de repren­
sible 6 eecesívo esta hipérbole, que ape­
nas merece llam arte tal* ¡Q uién e s ta ñ a ­
ría ó se incomodarla de que alguno muy
instruido en la h isto ria, dijese: " q u e si
** se tratara de poner por escrito uno por
n u p o todos los hechos de Julio C ésar, 6
t> de Luis X I V , no es posible que cnten-
»i damos ó nos figuremos la multitud de
ti volúmenes que para ello eran nece-
» sarios ?”
En cuanto á la afotheotis de Rótnulo,
según la historia Romana ( véase á T ito
l iv lo ) un jalo Jiombrr fue el que dijo que
este principe se le habla a p a r e c id o a s e ­
gurándole su traslacioo al cielo. A nin­
gún peligro se esponia el inventor de esta
fábula. Doce Apóstoles y una m ultitud de
discípulos han asegurado que han visto á
. C. resucitado subirse á los cielos , y
Í an derramado su sangre para sellar la
verdad de 6us testimonios. La apotheotis de
Rówulo ni fue imprevista ni anunciada: fue
una Bcclon dirigida á evitar la sospecha de
uu regicidio cometido por los senadores.
Mas la resurrección y ascensión de J . C.
habían sido anunciadas por los profetas y
por él mismo. La fábula de Rómulo podría
creerse ó dejarse de creer sin ninguna con­
secuencia. Pero nadie podía ser cristiano
sin creer la resurrección y ascensión del
384
S alv ad o r, y por el hecho mi un o de ser
cristiano sc espoaia al odio de judios y de
gentiles. Eu fia, nadie tuvo interés endis-
utar ¿ Rómulo su apothcoiu r pero los ju ­
Í los tenían el mayor interés.; un imeres
de las mayores consecuencia* en demos­
trar la falsedad de la narración de los
Apóstoles; tenlao para ello los medios en
su mano. Sin embargo 110 lo hicieron.
LOS H E C 1 ÍO S

DE LOS APÓSTOLES.

NOTA P R IM E R A .

$. PRIM ERO.

Dt los milagros de los ApóUolts. Son indu­


dable. Son /rulos dt la anida dtl Espíritu
Santo. Esta míimi venida et tt primer mila­
gro. F j I sjm espiicjcian dt tila , impugnada.
iWiiagroj de las primeros fiel tt.

Jcsu-C rlsto tenia anunciado que los


que creyesen en ¿1 obrarían m ilagros, como
él los babia obrado. Su* A póstoles, subi­
do él al cielo , abrieron la carrera de bu
predicación , anunciando que habían reci­
bido del Salvador este poder. Esta decla­
ración la cousiguaroo ea los E vangelios, y
publiciudola generalmente , contrajeron de
antemano la obligad uu formal de hacer
igualadm e milagros. E«u obllgaclon los
tenia empeñados i la fui de sur miamos
enemigos , tan eucaruiiado* contra eil09
y tan poderosos para castigarlos. Cou solo
2M
este empeño dieron á lo 6 judios y gentiles
u a medio cieno y jumamente Úcil para
reconocer si eran verdaderos enviados de
Dios. Con haber prometido milagros,
atraían para si los ojoB y la atención de
todo el mundo. Bastaban los ojos para cer­
tificarse de si con sola la imposición de ias
manos curaban los enfermos i y los oídos,
iara asegurarse de si hablaban todas las
Í enguifr. Muy cienos , pues, hablan de es­
ta r de su poder para auunciarle coa tanta
publicidad. Ya hemos probado que serla
el mayor de los absurdos el que ellos hu­
biesen tratado de eugafur contando los
milagros de su Maestro ; pero que sc hu­
biesen figurado alucinar y seducir i todo
el mundo con sus propios milagros , con
uaos milagros am icipidam ente anunciados,
y examinados con toda severidad , hubie­
ra sido una extravagancia , de la cual no
hay egempio. Tales s o u , pues, los mons­
truosos absurdos que los incrédulos adm i­
ten en lugar de los prodigios del Evan­
gelio, y divulgan con énfasis catre sus cré­
dulos sectarios.
Veamos ahora si los Apóstoles han sos­
tenido su promesa , y dado cumplimiento
i la profecía de su Maestro.
El primer milagro obrado despues de
la ascensión de J. C. es la venida del Es­
píritu Santo sobre ios Apóstoles. Si este
milagro pasóca el ceaéculo, ea presencia
de u u » cierno veinte personas, j no en pú­
blico ^ lo que ¿ él se siguió inmediatamen­
te lo vieron todos los judíos reunidos en
Jerusalcm con ocasioa de la fiesta de Pen­
tecostés. Estos hechos tan públicos sou : el
haber salido ios Apóstoles del cenáculo
anunciando i voi en grito , y con gran
confianu y v alo r, la resurrección de J. C. 9
el dou de hablar todas las lenguas , que
taaio asombro cansó á los que de vacias
rtes del inuudo los estaba u alli oyeado
C blar en ellas ; el portentoso succso de
los dos primeras sermones de san Pedro;
b repentina curaciou de un paralitico coa
la palabra sola del santo A póstol, y el
ánimo con que los Apóstoles, pocos dias
iuLes medrosos y fugitivos, respondieroa
i los principes de los sacerdotes , y 4 los
magistrados.
El autor de na libro intitulado : Adi­
ción d un manual dtl u n o T a ta m n tt , >m-
reso en Hainburgo en 1805, ba querido
S ecir que esta vcuida, del Espíritu Santo
no fue utas que un t rol no ó rayo ( e&te es el
graa caballo de batalla de los ouevos in­
térpretes filósofos) el cual hito creer á
los crúliaoos que la Diviuidad C6taba pre­
lente cq medio de ellos. Este autor debie­
ra habernos dicho , por qué causa los cris­
tianos dieron tanta importaucia ti eite lrui­
no , mas bien que i u ntos otros. M as ya que
esto no dice, á lo menos el doa de leu-
288
guas le espllca de manera que ca un as*m-
tro. Según él <rno fueron loa Apóstoles los
fique hábil roa d iv ertís leuguas , aiuo toda
«> ia junta de Jos cristiane/ , cu Ia cual se
)* hallaban laucaos titrjngsToi. n Hasta este-
autor , todo el uiuodu lubia ignorado que
el cristianismo cu aquella época tenia sec­
tarios entre tantas naciones. Sin embargo
estos «itraneeroi fueron los que habiéudo-
se contentado hasta cotóaccs de ser meros
oyentes de los Apóstoles y de estar pre­
sentes i sus funciones ( que las cgeician
en hebreo ) se arriesgarou eu fia á hablar,
en sus lenguas nativas &c- A toda persona
de buen sentido le rogaremos que nos diga
ai este comcutario é interpretación se pa­
rece ea algo á lo que sau Lucas dice
( Act. 3. vv. 7. B .) : todo*, Uenot d t ajom .
bro y admiración, decían : ¡puer no ion gaíi-
Itot todot estat qut hablan i j puts cómo cada
lino Je mojo trot oye la lengua en que fumo/
cocido?
M as dejemos estas imaginaciones rid i­
culas , y volvamos á los incrédulos ma­
nifiestos. Estos no tienen por qué decirnos
que los hechos de los A póstoles, don do
tan por menor se espresan las maravillas
de la venida del Espíritu Santo y los mi.
lagros obrados por estos discípulos de J. C.
son u a falta historia.
Antes de demostrar lo contrario, adver­
tiremos que pur la ley de Muises (JLxod. ¡13.
789
▼. 17.) todos los judio» estaban pbl¡gados
á presentarse en Jcrusalejn ( no teniendo
impedimento) por la P asca s, Pepéeoste»
y nesta de los Tabernáculos. Josefa (Atuig.
jud. Jib. I4-. c. I7. = lib. 20. c. ♦.) trae
dos decretos del Senado roituuu que con­
ceden á los judíos libertad de coniim uc
tus juntas. En el libro 4-, c. 8 , había dicho
que CAia lcy sc observaba aun en au tiem­
po. Cuando citas junta^ 6 coucuricncia»
generales sc celebraban, los romanos re­
doblaban la guarnición de Jerusáletn p ari
impedir todo oiotin. Refiere que en uos
Pascua celebrada ea tiempo de Ncrou , se
caiuaron mas de dos millones de judíos ; y
que fue también prodigioso ci número dV
ios que te reuuieroa ea la úUiuiá , cuaOf
do ia ciudad fue sillada y tomada Áte.
Esto supuesto , decimos.: 1 .° que lól ffll*
ligros de los Apóstoles cuutenldbs ‘e ú 'n
libro da loi Htckoi de ellos , sou iudufU^
blemenie verdaderos : !¿.° que lian sido fru­
tos de la venida del Uaplritti Sanio. *
Eu primer lu g a rc u a d H o sau Lucái
escribió tblob bembos, loicriitianas uúáni-
memente ios creían ¿ lu e g o los A póiipín
lo» debieron publicar c a lo s tipnpos Iam¿-
diaitu^á aqueUos ea que sucedictOjl. ' ^
liubieiap^airerldo deUme de tan gra u ’ui*-
mero de testigos oculares á ^tcnderuófíp
hechos taa públicos, deiaota coasideraCjijp
;é iinjiytfuela a j ^ ^ é o ' * ',»•»»
'Tam o W / . ........................ 1 "Í9
350
cuando ic hubiesen atrevido á ello ¡ bu.
bicran eucontrado quien los creyese ? j No
hubieran mas bien desacreditado desde ua
priucipio su misioa y su piedicaciou ? ¿Co­
mo hubieran hecho recibir su falsedad? Si
hubiesen tenido la Inepcia de intentarlo ¿Ja
lódiguacion y el desprecio no hubieran es-
citado una redauuciuo general i Una so*
la circunstancia couvencida de falsa ¡ no
hubiera impedido 4 todos el hacerse cris*
tiauoe * Para sostener que la ca rraduu de
estos hechos milagrosos es una fábula, es
necesario suponer que los Apostoies y to­
dos sus asociados han sido unos locos pu-
.biicándulus : que todos los primeros cris­
tianos han sido uuot imbéciles creyéndo­
los : que todos los habitaates de J e ru w -
lem unos bobos no contradiciéndolas. Ea
firih paJabia , es menester suponer que ua-
«iones enteias bao sido euvucltas en la
«educción piodui-ida acerca de uuos hechos
sucedido» i vista de uu millón ó de un
miJJon y uicdlp du persona*.
En segupuo lugar , decimos que estos
■uravillusos hechos lian s id o , sin poder
dejar dé ser , efectos de Ja venida del Es­
p íritu Santo. San Pedro lo declara asi for-
aaltacqtc i iodo el pueblo jadió que esta­
r á asuiobradu de las cosas estraordraarias
b ue veía. Después de referir la profecía
dc juyl que'autíAciika este grande aconte-
' cimle'ato* (Afit. S.'*'W. 17 &<;■), dice que
este es el cunipliiuiemo de ella , y de ia
promesa hecha par J . C. (v . 33.) O esta
ucrcloo de u n Pedro es verdadera, 6 los
hecho* que veía el pueblo á quien habla-
tu , deben atribuirse 4 uua causa oaiural:
no hay medio. M as ( qué causa natural
pudo lan de repente transformar A los Apos­
tóles ea otros bomiaesí j dar súbitamente i
unos pobres peleadores, recogidos de las
riberas del lago de G m e ta re t, sin letras
ni iusirucciou, de un espíritu hasta cn-
tóoccs de lo* mas «cacillo* , mas crasos y
lim itados, esta t'uem de palabras que des­
plega sau Pedro eo sus primeros sermoaes,
y que convirtió tanto número de judio* í
} futría dt palabras, las cuaies vio ellas
desde Jerusalem i publicar por las ciuda­
des mas célebres, i los sabios mas ins­
truidos ea un siglo Ilustrado , y coa. ua
portentoso frutoí {Qué causa natural pud?
eu mi momento hacer de unos hombres ántes
u a tímidos , unos héroes intrépidos, qué
responden con valor y lin n eu á los mismos
que hicieron morir á su Maestro t y que
estaban revestidos del poder de hacer otro
tim o con ellos, couscfvaudo este místqp
esfuerzo dclaute de todos los tribunales y
hasta en los cadalsos donde habían de es^-
pírar ? Sí se uíega el milagro de la veni­
da del Espíritu Sauto , semejante mudan»
z i es Incomprensible, asi como los demas
succtos- de los Apóstoles! c?. las naciones y
fuéta dé Ib Judea. Mas reconociendo lj
verdad de lo que n o Lucas refiere-en Joi
Hechos de los Apfotolcs, u>do esto es llano
y ndda liepe de incoucebible. Reunidos eo
Jerasaleen rn el dia de Peulccostés ios ju .
dtos de todos los países, hechos testigos
de los decios dé U venida de aquel Espl-
tiiu Divino , de los m ilig n » de sao Pedro»
de la ctnversloo de loe judíos que h ablan
crucificado al S alvador, abrierou, al vol*
verse i sus países, el camino al Evange­
lio. Cuando los Apóstoles llegaron á las
ciudades de E gipto, del Asia menor, de
ia Grecia y de I ta lia , encontraron eu ella
testigos que estaban ya sabedores, y podían
d ar testimonio á una parte de los hechos
tbcedidos en Jerusaleai.
* - Los demás prodigios referidos por san
Lo¿**, los dones maravillosos jamas vistos
«n e'1 mundo de hablar de repente toda ea*
pccie de lenguas sin haberlas jamas apren­
d id o , la curación de nn paralitico json
acaso tatnbicn jdones naturales; ¿N o es
¿muy claro que estas m aravillas son el cum*
ltmleiitó de las promesas hechas por J . C.
Í 'ios que creyesen en él ? ; Qué mas sc ne­
cesita para demostrar la verdad de la ve­
nida 'del Espirito Simo?
Veamos también si los demás miligros
de los Apostoles están igualm ente1bien
probados. "
• 1.°- Teuemos: aba prueba general de
que los Apóstoles (ua* obrado realintiUQ
milagros tn Ut variat igluiat que-estable-
cicroa: Q Je « io s curiados de J . C- Us
luyan fundado ea todas lis partea donde
predicaron, es un hecho tao incontestable
y tan claramente atestiguada por las auto*
rea asi criuiaaos coibo geuiiles, que ni loa
mismos Incrédulos lo dudau. l?tro les pre­
guntamos; ¡cómo pudieran haberse esta­
blecido sin rniJdgroi estas Iglesias{ jComo
bubieraa podido los Apóstoles haber con­
quistado la creencia de tantos pueblos , y
hacerles recibir una doctrina incomprensi­
ble y practicar una moral lan au stera, re­
nunciando ¿ la idolatría y i los errores
vicios que le son consiguientes, sino
Í ubicrau dado pruebas de U divinidad de
su misión} Ademas en el Evangelio, que
anunciaban, estaba fornjahnente profetiza­
do que hartan milagros. Si los hacían, esta
profecía confirmaba su misión ; si no los
b ician , ella misma la contrariaba j debí»
inutilizar sus efectos. Pasemos inas adelan­
te: en todas las iglesias fundadas por Iqp
Apóstoles se creía como cosa indudable
que ellos habían hecho wiur&os milagrot.
Mas ; cómo pudiera haberse persuadido
á un miamo liemp» á tantos pueblos diver­
sos, tan distantes uuus de otros , tan d,í*
feremes<en idiom as, que sus padres.habiao
visto unos m ilagros, jamas conocidos por
ellos, 6 de lo» cuales jam as hubiesen U r
294
blado? Esta fe unánime de tantas iglesia»
forma una prueba cúmplela de los milagros
de sus fundadores, especialmente si la jun­
tamos con li imposibilidad de que estas
iglesias se formasen de otro modo que por
medio de milagros.
El libro mi uno d« los Htchot dt los Após­
toles es ana prueba de los milagros que se
refieren en el. Ademas de los obrados ea
el dia de Pentecostés, aos da cuenta sau
Lucas de oíros muchos: el súbito castigo
de Auantas y Saiira; las curaciones de to­
d a clase de enfermedades con soJo ponerte
á la sombra de san P edro; los Apóstoles
librados de la carecí por Jos ¿tiReles ; los
milagros de san Felipe ea SamariA ; la coa*
versión de san Pablo y oíros infinitos La
•eitciilcz coa que son referidos todos estos
hechos , las circunstancias de que esiau
acompañados, las conversiones que á ellos
se siguieron, bastan p ira probar su ver.
dad. £1 autor añade á la narración de es­
tos milagros la indicación de loa tugar»
donde ac obraron , y muchas veces de las
personas coa quienes se hicieron. Con esto
daba medios sencillos y fáciles para veri­
ficar y comprobar los hechos. Si se aos di­
jese que en París ó ea Roma sucedió dici,
uiuce, veiute, treinta años hace uu hecho
J c grande i Hieres para uosoiros, un hecha
al mismo tiempo de la mas alta, im ponía-
cia y muy estraordinarlo , muy público,
¡9 5
nuy xsombroso, (no haríamos por asegu-
rimo» ilc su verdad por medio de aquellos
que no podían menos de estar bien cercio­
rados de él i Si se pretende que san Lucas
no nos ha contado mas que fábulas, es me­
nester tenerle por el uias necio y ju n ta­
mente por el mas feliz de los impostores.
Por el mat mtcio, como que suministra por
si mismo los medios para descubrir su im­
postura i y el mat jcJi*, pues á pesar de
tan Cflorme descuido, logró hacer creer
cuanto dice á sus contemporáneos jr á las
generaciones que se siguieron.
He aqui un otro testigo del mayor peso,
á saber, el Apóstol san Pablo. Había na­
cido ju d io , se había educado en la escue­
la de los fariseos, muy encaprichado ea
Jts opiniones de su secta, y ¿I mismo con­
fien iiaber sido uno de ios uns ardientes
perseguidores del cristianismo. Cuaudo iba.
de Jerusalcm á Damasco, bien acompaña­
do, para prender, encarcelar y castigar á
los cristianos que encontrase a l l í , se le
apareció J . C. en el cam ino, le habló, le
derribó por tie rra , le cegó. Llevado de la
mano á Damasco, se hizo instruir y bau­
tizar , y quedó hecho ApóstoL Los incré­
dulos nada ha a omitido para hacer sos­
pechosa su coarcrsion. En una nota p arti­
cular refutaremos cuanto han dicho sobre
este punto. No queremos hacer aquí men­
ción sino de loa milagros que él mismo
296
atestigua haber obrado, y coya memoria
teprodujo i lot que habían «¡do testigo» de
ellos. Ñuíilrii prtdicocion tv¡mg¿tica ( dice
en su 1.a ta rta i Ijs de Tesa Iónica, c. I.
v. t.) con nfpecio á votoirot no hu liJo 10-
Ijutntt de palabra tina también con wilaeroi
en el Efpiriiu Samo y can grande abundan.
cía. Lo mismo dice i los de Corliuu en
1* !.*■ carta, c. U, vv. 4 , S , presentando
como pruebas de su apostolado sus prodi-
n u , miliigroi Ve. De la misma manera
habla á los romanos (c. (S. v. 19.).
Preguntamos, pues, ;si cabia en el ta­
lento de san Pablo decir ¿ todos estos di­
ferentes pueblos que había obrado wwíagrat
entre ellos, si en cfecro no había obrado
hin«;uiio? Una declaración tau iuseosm
{qué efecto hubiera producido? {Cómo se
m ira ría & un escritor que se atreviese i uien-
tírd e un modo tan denvcrgontado, tan visi­
blemente manifiesto á todos, desde el mo­
mento mismo en que tuviese la temetídad de
hacerlo< No solamente sc le miraría como
un impostor que no merece fe alguna, sino
también como ua loco. Pero las canas de
este Apóstol, donde refiere los milagros que
h iz o en estos pueblos, venios que estos l«i
recibían con gran veneración y las leían en
sus juntas como unos escritos inspirados.
H ay mas aun. Grande absurdo serla supo­
ner que sin Pablo había persuadido i juj
discípulos, como ¿echo* detauie de ellos,
onoAiaOdgraf que jamas habían visto; pero
terlalu mucho mas el que hubiera podido
hacerles creer, no siendo a s t , que tenia»
ellos mismos .el poder de hacerlos, y que
realmeute lot hacían todos los dias. Sin
embargo este absurdo ha de defender el
que no quiere coa ven Ir en que uo solo los
A páñeles, sino también los mismos fíeles,
obraban milagros. Porque cu efecto san Pa­
blo habla de ellos en sus epUiolis como de
üuacosa pública que nadie Ignoraba (I. Cor.
cc. 13. 14.). No tiata alU de establecer la
verdad de esiu* milagros ; suponela como
un hecho constante y que no necesita de
pruebas. Cuanto dice á los fieles de Coria-
to serla una ioscusatei si cuue ellos no fue­
sen tan notorios y existentes los dones mi­
lagrosos de que les habla, si nlnguuo de
ellos curase las enfermedades eu el nombre
de J. C. , si ninguno tuviese el don de
lenguas que le eran desconocidis.
Esios dones milagroso» re comunicaban
con igual abundancia á las demás iglesias
nacientes. Las vivas y severas reprensio­
nes que san Hablo da i los de G a la d a
(c. 3. vv. 1. í .1! son nna palpable prueba
de que estos dones eran entre ellos im co­
munes como públicos y notorios, j P odría­
mos en efecto, sin renunciar i la razón,
atribuir á san Pablo el ridiculo designio
de engafiar á los cri'iiauas y hacerles creer
que hablan recibido un don que jamas les
398
había, sido dispénsalo! jque harían m ila­
gro» asombrosos y ea grao número cuando
todo lo que ea ello» le veía no pasaba del
órden natural y común? Pues lo» eternos
de este Apóstol fueron recibidos por aque­
lla» mismas iglesias cou uu profundo res­
p eto, es evidente que los dones milagrosos
que sau Pablo supone en medio de ella»,
bao sido muy reales , muy públicos y muy
comuues.
Una última prueba de los milagro» de
los Apóstoles y discípulos de J. C. es que
los santos padres los hau presentado ea
prueba de la religión, sin que los hayan
contestado los judíos ni los gentiles, sin
embargo de su mucho ínteres en negarlos,
y de haberles sido muy fácil demostrar
su falsedad.
Por de coatado los apologistas de la
religión han atestiguado cuos mila^rot , y
no solamente los que habían obrado los
Apósiulcs y los primero» fíeles, sino tam­
bién Jos que se obraban aun en su tiempo;
pues l u dones milagrosos continuaron ea
la Iglesia gor muchos siglos. De ellos
bablarou los sabios cristianos que vivían
entonces mismo, presentándolos como un
poderoso motivo para creer en J . C .: baa
invitado á Jos gentiles para que te p re­
sentasen 1 verlos; los lu n desafiado i que
pusiesen en su presencia un energúmeuo,
con Ja seguridad de que cualquiera c riu la -
299
no le libertaria del poder del espíritu ma­
ligno: también les recordaban el conoci­
miento que ellos mismos tenían de estas
m aravillas. Léase lo que sobre esto decían
en el siglo U san Justino (Apol. a.* e. 6 .=
Dialog. cum Triph. ce. 30. 76. 8 1 .)» u n
Ireoóo (ado. h er . iib. a. e. 31. n. 3. =
c. 3a. 11. 4 . ) , Tertuliano ( Afol. c. t i . =
a i Scapui. c. * .) j ea el siglo l l l Oríge­
nes ( contra CW10 , lib. 1. n. 46. n. 67. =
lib. 8. A. 8 .= in Joann. Hom. so. n. 28.),
san Cipriano ( Epist mi Dnn«tr. dt id»lor.
vawt . ) , Minucio Félix (Octav. e. 1 7 .),
Laclando (D ivin. insiii. lib. e. aa.)» eo
el siglo IV san Gerónimo (odv. vigiiónt.),
y aun «1 el V san C irilo alejandrino
(contr. Jutian. lib 6 .) . Con esio 6e ve«á
cuan ciertos eran los miligro» de que ha •
cen mención , y cuau poco lemUn ser des.
mciuldos. No daríamos fin i esta materia
si quisiésemos referir todos los prodigios
<ie estos primeros siglos, cuyos ó testigos
ó historiadores han sido los hombrea mas
sabios y mas ▼crace6.
Por otra pane los enemigos del cris­
tianismo jamas han uegado estos hecho*,
pues ni se halla de ello el menor ves­
tig io , ni advertimos que los apologistas
de Ia religión se hayan visto precisados
á responder ¿ esta n egativa; ámes por el
contrario loa vemos confirmados por los
judíos y por los gentiles en el hccbo mis­
300
mo de atribuirlo* al demonio. Vimos y*
ue Porfirio lo* atribula, á la magia. lu -
7iaoo (Opsr. Juliano, lifc. 6 . fag . 19. C^-
lon. i6 » 8 .= Cirii. contra Celio , tib. 6 tt 10.)
reconocía que después de la muerte de
J. C. los Apóstoles había a i&mbien obra*
do tnciintjmi«nroi; convenía en Ion m ila­
gros de siu P ed ro , y miraba í san Pablo
como el mas díeitro obrador, de pruligiof.
Celso había sido ya de la misma opioioa
(*p. Orig. contra C tlio , tib. 1. n. 6.) A tri­
buir á encantamientos y magia un hecho, es
convenir formalmente ea la realidad del
hecha

$. .L

Responden i alguiur objeciones dt lot


incrédulo!.

En nuestras observaciones preliminares


«obre el nuevo Testamento hemos respon­
dido á todas las dificultades de los incré­
dulos contra los milagros de J. C. y de
los Apóstoles. Puede vene también la
nota m i «obre el Exodo, donde hemos tra*
lado de los milagros en general. Solo nos
resta satisfacer i algunas objeciones con­
tra' la realidad de los milagros de Jos
Apóstole», que beatos reservado para el
fin de esta nota.-1.” Los incrédulos pre­
tenden que estos milagros en un principio
301
no fueron creídos sino por el vil popula*
cho, crédulo é incapaz de todo exámeu.
Aunque ya hemos mostrado en nuestra*
óbitrvaáones prtUmiaaret que los milagro*
de J. C. y de sus Apiiiules hau sidu creí­
dos por una multitud de hombres grandes,
sabios , filúBcfu*, que vivían en un siglo
de mucha ilusuaciun, eo que las artes y
iss ciencias estabau ea «u m is alio periodu¡
no dejaremos de volver á C6ia misma cues*
tio o , y de refutar mas directatneiue la ob-
jccioa que loa incrédulos repiten coa tam a
frecuencia.
Cuando vivía J. C. se contaban enue
sus discípulos muchas personas de coasl-
dcracioa: Afcodciuo, príncipe de los judíos
(Joaou. i . v. I.) > J0,é ArimMtá, hombre
tico y noble decurión (MattIL 37. M a n. 11.)¡
eJ ccui«rion, cuyo criado curó eu Cafar»
im itn ( M attb. #. ) i allí' mismo un señor
de Ij c e ttt, i cuyo hijo le dió Ja salud
( Joaun. 4. ) ¿ muchos de los principales de
la nación que por el temor de los judíos
no se dcclarabau ( ib. c. 1Ü.). Luego no ea
verdad que su doctrina tn un principio solo
fuese abraaada por la baja fUb$t crédula
é tacap** dt txántttt.
No sabemos cual era el estado de las ocho
rail personas que se co:ivinieron por ios
dos primeros acrinones de.san Pedro i pero
las posesiones que vendieron p»ra dar sa
precio 1 los pobres , muestran que cnuc
302
ellas habii personas qne do eran de la
bija clase «Id pueblo ( Act. c. 2 ). Antes «le
ser auuuuiado el Evangelio A los gentiles,
una m ultitud de tactrdottt , es d e c ir, de
los hwnbies mas ilustrados entre loe ju­
díos , habían ab rau d o la te ( Act. c. 6.).
Cuando los Apostóles fueron á predi»
car el Evangelio íuera de la J u d e a , se
dirigieron i las ciudades mas célebres y
populosas , donde ee hallaban laa personas
mas distinguidas por sus talentos 6 ilus­
tración. Sabemos el resultado de su telo
y de sus tareas. En d camino de Gaza
bailamos al £unoco dt la rtjna de Etiopía,
hutnbre pude roso y superintendente de la
tesorería ( Act. 8. ) ; ca Cesaré* i Cornelia,
el ccuiuriou de una cohorte (c . 10. ) j ea
Pafos á Sergio Paulo , procónsul romano
(c . 13. ) ; cu Atenas á Dionúio, miembro
del Areopago (c . 17. ) ; en Efcso d Apolo,
hombre elocuente y poderoso (A c u c. 18);
en Corlnto á Bratto, tesorero de la ciudad
( Rom. c. 16. ) ; en Roma mucAor jontoi dt
fa casa del Céior ( Plutípp. c. 4. ). Todos
estos persoaages ¿eran por T ernura del
bajo pueblo ? Y ¡01 judio/ de Berta y lot muí
wttles de Teialónica , tan initi uidoa en las
E scrituras, } creerían sin examen f Y Ioj
firlts dt Eftta , dados ea otro tiempo al
estudio de las curiosidades de 1a uatura-
Icra , los cuales después de su conversión
quemaron sus frivolos y perniciosos libros
303
que valían cincuenta mil denarios (A ct. 19.)
2 serian hombres sin coucci miem os} Y
¡serian ignoraines aquellos nuevo» cris­
tianos de C oloias, á quienes previno u a
Pablo que no te dejueu engañar de una
▼aua y tal», filosofía ( CcUus. 3 . ) ' Y ¡ per­
tenecerían al grosero populacho aquella»
ntugtrtj, á quienes los Apóstoles prohibie­
ron los adoruo» de la cabeza , el o ro , las
piedras preciosas , I06 magnifico» vestidos
( 1. Tin», c. }. = l. Pcir. c. 3. ) í f podráu
defender loa incrédulos que eran hombres
sin laleaios ai instrucción un Cimenta, m
Ignacio, nn Potícarfo , formados por los
Apóstoles i No acabaríamos , si quisiera»
mos continuar el catálogo de los nombres,
muy superiores al vulgo, convenido* á
J. C. después del tiempo en que predica­
ron los Aposioles- S i, pues, san Pablo ( 1.
Cor. c. 'J. ) dije que no había entre los
fieles un gran número de sabios según la
óarne , de ricos y nobles , con eso mismo,
l . v, reconocía que habia algunos : il.° mos­
traba que cmAuccs , como ha sido y será
siempre, eran mas los cristianos de la clase
plebeya que los otros, por la sencilla ra­
tón de que esta ha sido en todos tiempos
y lugares la mas numerosa y mas consi­
derable.
304
$. UL

Sobre tt intuiiaimo religioso.

■ 3.* Según los incrédulos el amor de


ios hombres y su pasión á lo maravilloso
lo» ha induuuo i error con ic*pccio á los
milagros del criiiÍRu:&tnu, n El pueblo,
tt d iceu, no gusta de d u d a r, quiere mas
tt bien creer, y cuauio mas extraordinaria
ti c8 uua cosa, taniu uias fácilmente la
*» cree. (¿uliá no ha habido desde el prin*
j> cipio dei mundo uiogun impostor , que
•» baya anunciado maravillas con cicriq
i> aire de obrarlas, que uo luya encomia­
n d o cu su favor muchos embaucados y se*
nducidos. Y en materia de religión es
moas- tic ü el engaño de ias ge me*. Uñ
n bocnbrc que piofcsa uua religión , puede
u s e r un entusiasta ¿asía el giado de ügu>
» raisc que vé lo que realmente no vé.
«i Taw bku es posible que cou las uiejo*
r> res intenciones cuente lo que sabe ser
» falto. Los que le escuchan ó no ten d ría
»i bastante juicio para pesar la verdad de
s> lo que dicci 6 si le tienen , le renuncian
licuando se nata, de pbjciys u a sublimes.
11 Todas lis religiones poudcrau »u» qúr
I» lagros &c.
n Para luodar en milagros una religión,
n se deberían examinar los milagros que
JOS
wpccscntan lis demás religióoea f pero.para
•tía mayor paite de.los hombres es im -
» posible cale eximen. Y a , pues., que los
•ibuiubrcs se eugaí&a eon u o ta fn-cuen-
ii cia cou las Elisia relaciours de milagros,
11 debemos juzgar que cuactos te ocs ale-
» g a n e u piueba de alguna re lig ió n , son
» una prueba Je fraude, y por lo uiiarno
n sin otro C)U¡n£a debe desochane iodo
i> milagro. ”
He aquí eu lo que cousisle esta ohje-
cioo un tas veces repetida. Se han contado
falsos milagros i luego oo se debe dar fe á
lúugun milagro.
Todas las reí ig ¡cues ponderan los su­
yos i luego no hay ninguno verdadero.
El eutusiasiou hace ctecr cou mucha
facilidad lus milagros de la religión que
auo profesa i luego también cuantos se ha-
g iu para establecer una nueva religión.
Bl eximen de las m lbgros de todas las
religioucs «» Imposible á Ja mayor • p ane
oc los hombres 4 luego todos los hombres
deben desechar sia eximen iodos lus mi­
lagros de todas las religiones.
Hagámonos cargo de estas diversas pro­
posiciones, y tagarnos ver cuan ildtcalaa
son y cuan absurdas.
J.° Lo maravUtajij , que alucina :y se­
duce £ los pueblos, es lo que lisonjea sue
güitos y pensamiento*. Todos lus imposto­
res que cncucainu quien lo* crea., prome-
Twno V il. 20
306
tea cosas agradable*: el uno, la piedra fi­
losofal : el o lio , veceros de aguas : la m>
or p a rte , salud y larga vida. Pero jse
Í an visto jama» quienes hayan hecho par­
tidarios , como los Apóstoles, exigiendo
grandes sacrificio* , hasta «ponerse á los
mayores peligro*, á los tormeaios, A la
muerte t
i Qué es i pues , lo qne beaios de 'infe­
rir del amor del pueblo á lo maravilloso?
L i suma circunspección coa que hemos de
proceder para creer los milagros. E a esta
parte sucede con Jos hechos milagrosos lo
mismo que coa lo» naturales. Porque hay
un gran número de historias falsas ¡ hemos
de negar nuestra fe i todas las historias i
2.* " E l entusiasmo religioso « e ra rla el
juicio. w= í í o hay duda en que el trUauni-
mo puede efectivamente hacer creer á ua
hombre que v i lo que tn rtattdad no v i , si
está distante del objeto, sino Jo mira con
la debida atención , si el fraude está dis­
puesto cua mucho artificio. Mas no es eso
de lo que tratam os, sino de saber si una
imagiu ación exaltada puede trastornar Lau­
to al hombre, que crea ver cerca, de si,
como lo vieron lus Apóstoles, lo que no
vé j oir lo que no oye ; tocar lo que uo
toca : y todo esto creerlo sin alagan fun­
damento , y no uaa ves sino m uchas, cou-
tiuuaineote, por largo tiempo. Trátase de
saber ei una multitud de pcrw aa*« todas
S07
sanas de n to o y de buen «entido, bán po­
dido padecer ana am ina llutlon , de ua
miimo m odo, y inanteuerse en ella por
mocil os tiempos.
Convenimos ea qae el tntuiiajiM de una
religión, aI que tsti persuadido de m v«r-
¿od, podrá hacerle cieer coa mucha ligere-
ta ios milagro* que se aleguen ea 6U fa­
vor. Pero es un absurdo pretender que el
fntuiidimo baga adm itir iguálateme m ila­
gros en favor de una religión nueva que
aun oo se cree. Que vengau á anunciar en­
tre nosotros un milagro á favor del mabo-
tnciismo: uu tal milagro j se creerá lige­
ramente y sin ningún eximen? Conocemos
que el «Mujioimo podrá *cr efecto de la
persuasión de los milagros , u u s no su
causa.
3.° " Un hombre puede asegurar fabos
*» milagros cou. buenas iniencioaei. ” = Po­
sible es que la inconsecuencia de un hom­
bre llegue hasta el pauto de concillar se­
mejante impostura con los sentimientos de
religión que se le suponen ; pero esta iner­
cia de virtud y de crimen ; se hallará ja ­
mas en una m ultitud de hombres que ten­
gan tana su ratón? jQ uién se persuadirá
que muchos hombres, los «¿ualcs profesan
una religión que coudeoa la mentira , j
creen en un Dios «Jue ca silg a , inventen y
¿uucugau aun eu medio de los to»tnemos
una im postura, sin volver jamas a tiis , por
308
mas buenas intenciones que ae les supon*
gañ í {Puede presentirse una idea uus in­
verosímil?
Según los Incrédulos, loe que oyen
á los <ntiui.Ml<ii, ó uo tienen bastaute ju i­
cio para apreciar la verdad de los hechos
que aquellos quieren persuadir, ó renun­
cian & su juicio desde el momento en que
«e trata de oujcios ti» sublimes. = M j s Ja
primera aserciou podrii sur verdadera, el
se tratara de un impostor que eligiera á su
gusto loe oyentes. Pero cuando un hecho
se auuncia públicamente, como ae anun­
ciaron loa milagros de loa Apóstoles, ba
de haber por precisión co la multiíud mu­
chas personas capaces de examinar Jas co­
tas , que tengan Interes en e llo , y se tomen
el trabajo de hacerlo- La segunda propo-
eicloa esabsdutam eute falsa. ¡Qué! (Unos
houabrfs, que &e suponen juiciosos , han de
reusar todos eiam iuar las pruebas de una
religión que se les aujncia como divina,
cuno probada por incontestables prodi­
gios , y contra la cual no tienen' aun nin­
guna racional preocupación ?
S.° Dicen los incrédulos * que el exá-
r>o c a de , todos Jos milagros de todas las
» religiones es imposible ¿ la mayor parte
n de loa hombres.'1 . .
Mas i por qué sc ha de suponer que
este cKímeu les sea necesario? Si para es­
tar cienos de uua verdad facía necesario
309
refutar todas las cbjeciooe* que te le opo­
nen § no habría u na, de la cual h mayor
f i n t dt h t hémbru pudiesen c a u r persua­
didos. La cuestión de los milagros es del
miaaio carácter que otras muchas. N o se
necesii-a gran capacidad para conocer que
lus del cristianismo estau u n perfecta­
mente demostrados como pueden estarlo.
El coman de los hombres no necesita ver
mas. (Son necesaria* grandes luces para
conocer la diferencia qué hay entre los
milagros de los Apóstoles y los de las
otras religiooes? Una- persona. ligeramente
instruida se halla en disposición de ju z ­
gar que los unos han sido anuuciados coa
anticipación y los otros no; y-que aque­
llos han sido públicamente obrados, ates­
tiguados uniaim e y consúmenteme por
muchas testigos oculares é irreprensibles,
á quienes todos los interese; humanos de­
berían mover. ¿ guardar silencio sobre
ellos, y confesados por los que tenían i n-
teres en negarlos; caras circunstancias es­
tán bien léjos de brillar en los segundos.
Por lo dem as, puede consultarse nues­
tra nota ztii sobre el Exodo, y lat.Ob*tr-
cmímkj preliminar» sobre el nuevo Testa*
mentó , doude hemos examinado los falso!
milagros coa que nos arguyen Jos incré­
dulos. ‘
6 .a "D e haberse padecido, engafio al-
* guoas veces coa Jos CsUas miiagros , ia-
310
» ficrcrt lo» incrédulos que debe desecharse
n todo m ilagro sin eaccpcioa y sin exim en.”
N osotros por d contrario decimos , y lo
décimo» coa mucba r a tó n , que cuando se
dos presenta un hecho m ilagroso en prue­
ba de una re lig ió n , se le debe exam inar
coa el mayor cuid a d o , fu i por ser enton­
te s mas im portante tu cxiuieu , como por­
que co este caso ea cuando le miramos
como posible. Y ea eFecto, concebimos «in
dificultad que Dios puede y que es muy
digno de su providencia y de su aabidu>
ría el que para nuestra ¡nstrucciom y tdifi-
Mcioa se sirva trastornar el órdeu de la
naturalcra i cuaudo por el contrario ua
m ilagro sin motivo es á la verdad una cosa
increíble.
7." Según ios mismos incrédulos " n o
t> sc ven m ilagros sino entre los pueblos
p ignorantes , groseros y supersticiosos;
*) ahora que los hombres sou mas J lus tra-
« d o s , y a-n o se habla de m ilagros. Sia
m embargo- la violencia con que sc impug-
» n a Ja re lig ió n , los requería mas que
■n nunca.”
En ios lugares arriba indicados hemos
hecho ver que el siglo de los Apóstolc*
fue uii siglo el mas ilustrado, el siglo de
la« letras y de la filosofía por escelencia.
Y á la verdad , los griegos y los roma»
a o s, á quienes fueron auuuciados los mi­
lagros, y catre loe cuales fueren tantos
los que los creyeron, no eran ignorante i ni
groaros. Los mismos judío* , i petar de lo
que digan los incrédulos, no eran un pue>
blo ignorante, como que cada judio esta­
ba obligado i saber y copiar por si mis»
mo Ja le y : babia también entre ellos mu­
chas personas moy sabias, como lo fueron
Josefo y Filón.
Si ahora son raros los m ilagros, que
fueron tan comunes en Ja Iglesia prim i­
tiva , es porque ya no son necesarios. San
Pablo en su primera carta i lo» de Co­
tí ato (c . 13. ▼. &•) ya manifiesta que
no babian de ser perpetuos en la Iglesia
estos do nes, como que Jubia de cesar la
causa porqué convino que fueran u n co­
munes. Ames que el mundo creyese, dice
«an Agustín (dt Ci*. Des, iib. as. t. 8. n. i.)
erau necesarios para' que el mundo cre­
yese. Pero ya que el mundo se .convirtió,
quedó cumplido su objeto y les llegó su
fin. No está en el órden de la sabiduría
suprema m ultiplicar sin necesidad loa pro­
digios. Sise hicieran comunes y perpetuos,
perderían su fuerza. jQ u é raxon bay para
que Dios los renueve i ¿Los necesitamos
nosotros como los primeros creyentes}
u Sí, responden los incrédulos: joo los
»» exige la violencia con que se impugna la
m religión ?’•=: j Pues qué ? ¿ no bastan para
su defensa las pruebas demostrativas que
ella presenta de su verdad ? j Esti Dios obli­
SIS
gado á multiplicarla» i proporcion que se
las resiste ? Él ba querido que la» m ultipli­
cadas pruebas que nos persuaden la verdad
de los m ilagros, hiciesen racional nuestra
creencia , y que el haber ya cesado estos
la hiciese meritoria. -No poique su poder
se haya disminuido , pues uo nos -escasca
auu ahora los testimonios neceiarius. Pa$
cstp , daadó con san Agustín 'la s latones
por las cáalea se han hecho mas raros lot
m ilagros, estamos con ¿1 muy distantes
de-confesar que. ya lio los baya.-DiOS'tók
d a r la te digna hacerlos ¡ asi ¡para.' naolv
festaci la santidad d e s e siervos, tomo
para confundir Us sectas heréticas, y por
ctcos-tauti*os dignos de su «terna aabídu*
Ha. Y es constante que el: eximen que1se
liace de ellos es u n escrupuloso, aeompa»
Hado" de' tanta luz en-las cienciasfliricas
pasáf M eoDfuadJrlos.oDOü^os efectos na fil­
iales. , y tómáudosé- ta n ta s .; tan decreto,
rías medida# , que e tia á u i seguros que el
in úndalo mas nimin* nada' teudsia que opo*
pea de racional y justo.
313
N O T A II.

Sobre e l -vers. 3 d el cap. . v de -los


Hechos d e los J j natales.

§• ” ,
T k\ nwirgo de Anatdas .j Safira.

n Una «Imple mentira , dicen Iob Incré-


n doloi ,■ no era un crimen can grave que
ii mereciese la pena de muerte. San Pedro
**obra-en esta ocasion, según ellos , coa
»vuna crueldad poco digna de un Apóstol. ”
SI este raciocinio fuese justo , los )n«
crédulos debieran quejarse, uo de san.Pe*
d r o , sino de Dios : la palabra del Após­
tol no tenia de suvo> fiuona para matar á
n ad ie ; luogo Dios fuu quien quitó la vida
i Ananias y'S afira porque miutleion. M as
estas dos personas hicieron mas que «<n«
«ir rimpltmtm*. C ouiolo* fieles de Jeruaa»
lera habían puesto en coman sus bieiwti
nadie tenia derecho i subsistir á cosía, de
esta comunidad , sino ios que reaitnente.se
hablan despojado de sus ^posesiones. Ana-
nías y Safira , detpues de haber vendido
un campo , entregaron parte de su precio,
reservándose lo donas. Este era nn fraude:
uo egempta de severidad debia preveoii
semejante» abusos.
3Í4
N O T A III.

Sobre el v. 49 del mismo capítulo.


S *•
EipJicacion y deftusa de Ja máxims : 1* dcbt
abtdcctr i Dio t con preferencia á J«i
hombri}.

Los incrédulos bao clamado i compe­


tencia contra cita respuesta de lot A pin­
tóles : m Jfbt okdtcir á Dios cao frtfe m cia
á ¡ot hombrti. ** Hila solo s i r r e , d ic e n , para
n trastornar el órden público, y pcriurbsr
» la sociedad. Armado con cete escudo, se
i> cree todo fanático como uu ¡aspirado de
n Dios 7 con derecho á hacer frente á la
» autoridad legitima. Obtdtc<r d D io t, ja-
11 otas ha sido en el fondo otra cota que
n obedecer i Jos sacerdotes que se dan á si
«1 mismos por órgaoos i intérprete* de la
*» voluntad divina. Por este principio to-
f> das las sectas haa justificado su resisten*
n e is á las leyes civiles-”
á.° Esta máxima, que tanto escanda­
liza á los incrédulos, ha sido adoptada
por los filósofos mas célebres. Sócrates,
Platón , Epictcto la han enseñado ( Véase
el Fedon de P la to a, y ia vida de Epiciclo).
Celso, aunque acrimina á loa cristianos de
inobedientes á la a leyes civiles que a mor i-
31$
xabao la. Idolatría, cree sin embargo ( ap.
Orig. cootr. Ctís. ¡ib. (. n. 8. ) que ao »c
debe hacer traiciou á la verdad por te­
mor de loa (orinemos. Si te maula ( dice
é l , ap. tu ad. ¡ib. 8. n. 66.) ¿ un adorador
dt Dios dteir uua impitdad i tgtcutar algu­
na mala acáon i jamas dtbe obtatetr tito su­
frir mas bit» los torromJiw y ¡a rmtrtt.
3 .° Lo* Apóstoles, resistiéndole ¿obe­
decer al Sanhedrio , na feguwn ti pare­
a r dt iot sactrdous, pue» este consejo se
componía principalmente de ello*. Sin salir
de csie ptsage queda confundida la cálura-
niota aserción de los impioi.
3.* Los Apóstoles probaban su divina
misión coa los milagros que obraban.
] Dónde están los impostores ó fanáticos
que den tales pruebas de su divina inspi­
ración i Cuando una falsa rstigwo se halla
establecida por la» leyes ea un p a ís j ó M
ha de defender que Dios no puede enviar
á nadie para que deseuga&e á sjb infeli­
ces moradores, ó es preciso oonveair en
que sus enviados tienen derecho para des­
obedecer á la pública autoridad en lo con­
cerniente á este pum o, y en resistirla por
los medios cristianos que los Apóstoles nos
enseñaron con su egempio.
El am or de los Peiuamitutos filosóficos
«e ha engafiado par consiguiente mucho,
diciendo.: "C uando se aa u atia al pueblo
rt ud dogma qué contradice 4 la religión
n demias ote , á olguu hecho contrario á
tt la tranquilidad pública ; aunque el que
n lo Hace justifique con milagros su misiou;
n el gobierno tiene derecho para castigir-
» l e , y el pueblo para clamar : crurifor.
n i C uín peligroso do seria abandonar las
n gentes i Ua seducciones de uu Jmpos-
jvior ó á los del iritis de uu visionario?”
(Como si los impostor" 6 cúiMariot pudie­
sen hacer milagros en prueba de su mi­
sión I El sofista debiera citar ios que los
hayan hecho en algon tiempo. M as le era
imposible.
Decimos en consecuencia de lo espaes-
t o , que cuando ios pueblas , á quienes las
leyes prohíben el egercicio de su religión,
6e creeu cou derecho de desobedecerlas y
de autorizarse con la máxima : te -dtbt obe-
iu e r ó Díoj W c.; deben comentar proban­
do que Dios les manda esta desobediencia,
asi como los Apóstoles probaron que Dios
los habia mandado predicar , ¿ pesar de
todas las potestades ¿ e la tierra. Obser­
varemos ademas que ios primeros criBtia-
Bot aunqoe bien convencido* dé la divi­
nidad de sn religión , jamar- se empella­
ron eu lograr pos violencia su egercicio
público.
/ Los mismos incrédulos , qne tantas ve*
ctd^han violado tías leyes que prohibían
317
hablar y hiccr invectiva* y escribir con-»
ira U religión del estad o , y que oo haa
alegado órdea aJguna de Dios , en quien
do creen, no han dejado de pretextar que
el derecho natura.1 los autoriaiba. M ac
los euTlados de Dios , los Apóstol» y
sus sucesores } uo tienen el dtrecho nuiu-
ral de predicar su creencia , aun cuaodo
uo tuviesen por otra, pane ua dirtcha di­
vino t í a perfectamente probado? De este
modo loa enemigos de la religión se ble»
rea á si mismos con sus propios úroi.

NOTA IV .

Sobre los caps, tx y siguientes de los


Hechos de los Apóstoles.

$• y»-

Vtriad dfl milagro dt Ja coHVtrihn d i ¡4*


Piibio. Circuinuneiu i*l hecho. Rtfútast U
tjpiüacioa de M . ...tek.

Ya hemos indicado en la nota I-1 que


los incrédulos nada bao omitido para ha­
cer sospechosa la convcrsion de san P a­
blo : 1c lia a supuesto motivos poco b o a.
rusas: b&u negado el milagro que la oca­
sionó : han denigrado loda la conducta
ds este grande Apóstol ¿ puesto dilw ulu-
des á sus m ilagros; disfrazado sa doctri­
na &c. Vamos á bacer la apología de su
persona y escritos.
Littelton , célebre deísta inglés , coa*
vertido al cristianism o, ba compuesto una
obra con el preciso objeto de demostrar
la verdad del milagro de la conversión de
san Pablo ( La Religión eriüiona demostrada
tor la conversión y aptutoiado de toa Pablo).
Después de esponer el modo sencillo y
llano coa que este Apóstol da cuenta de
este suceso , prueba que san Pablo ai pudo
engañarse , ni engañar á los dem ás, ni
teaer ua motivo para forjar una uieutira.
Si tal co u hiciera , no habiendo estado
so lo , sus compañeros de viage descubrie­
ran la impusiura. ¿ Cómo hubiera citado
él los testigos , si hubiese inventado uoa
fíb u la ? Los judíos de D amasco, contra
los cuales se declaró públicameutc y con
firmeza , }no le hubieran convencido de
mentiroso? Su conversión no la refiere so­
lamente en una asamblea de judíos , dan-
do cuenta del milagro que la produjo , si­
no también delante del Rey Agripa t en
presencia de F c s to , y asegura que C6to
no sucedió en secreto (A ct. 22. t t 26. )•
No era sao Pablo un hombre de un
talento v u lg ar, ni un visionario, ni un
entusiasta. j Qué hombre conduce su entu­
siasmo hasta creer falsamente que ba es­
tado ciego tres dias ; que ha sido preciso
319
que le llevaren de la o u o o ; que tus com­
pañeros de viage bao oído una. voz que
le hablaba ; que uo discípulo de Jesús»
llamado Anamiat, se le presentó, le bautizó,
le restituyó la vista t ¡ Son estas circuos-
taoclas tales que se las pueda soñar ó fin­
gir impunemente t
£1 calor de la imaginación bien podrá
representar á ua hambre visiones coa for­
mes i sus facilitaciones, i sus intereses,
á sus proyecios ; «1 deseo violento que se
tiene de una cosa puede ayudar á creer
su re alid ad : pero la aparición de J. C.
i saa Pablo eu el camino de Damasco
era contrario á los ¡m eatos, i las pa­
siones que animaban á este perseguidos
de los cristiaoos. j Se le acusará de in­
credulidad i M as él había resistido hasta
entónccs á los milagros de J . C. que no
podía ig n o rar, i los de los Apóstoles que
eran públicos, y recientes, y al martirio
de san Esteban que babia ¿1 mismo pre­
senciado. i Se pretenderá hacerte pasar
por ignorante ? Sus escritos, sus discur*
so s, su conducta prueban lo contrario;
sus miunos calumniadores no se atreven á
negirle el ingenio, el estudio y los talen­
tos ; tómese el partido que se quiera, es
forzoso reconocer en ¿I una mudanxa mi­
lagrosa. Ea efecto, 6 ha intervenido cosa
sobrenatural en iu-convcrtIon; ó los mo­
tivos que le «tribuyen loa incrédulos han
S20
producido en ¿I o u metamorfosis incoa»
ccbible. Pablo convtrtida, Pablo A fó ito l, ya
DO e s ua jmJio eu sus preocupaciones , cu
«u caiácter , ea sia conducta ¿ Juego en ¿1
•e ha obrado uii milagro.
* Nada de u u , dice IVL ...cck p. 109.)
Mesplicundo á su uiodo ordiuario la con-
» versión de saa Pablo i este Apóstol sc
n trastornó por la. caída de un rayo jauto
i> i él cuando iba do jerusalcm á Damasco,
i> es decir , que el rayo cayó tan. cerca
» de él y de sus compañeros qae queda-
n ro a derribado* co tierra y perdieron el
m sentido. Este accidente trocó del todo
» las Ideas de saa Pablo. Fue la impresión
n tan faerte que sc quedó como detorgani-
tizado. Cuantas ideas le ocupabau cmonces
n sc di/igian á la destrucción de los cris*
n pianos. De repente se figuró que aquel
ttrayo babia sido uo aviso de J. C . para
» qne dejase e¿te designio. J ifia ¡da fue
»> equivalente i una vai del. cielo. Se lc-
«ivanió muy resucito i renunciar á suj
n proyectos i y corno este accidente hubiese
n debilitado tanto su vista , que ya uo
0 podía ver , tuvieron que coaducirlo i
ii Daauseu Stc. ”
. Observemos ante todas cosas que M.
...cck a lte n la narraciou de aaa Lucas y
la .del mismo san .Pablo. Este santo A p ósr
lol fue el que cayó a» tierra ,.m as no sus
cuUipaúcrua, ootno lo asegura el incrédulo}
521
lo cual no deja de ser muy «traG o , ha.
biendo caído tan cerca de ellos el supuesto
rayo. Adema», ti el raye hubiera caído d i­
rectamente sobre san P ab lo , ó hubiese
m uerto, 6 quedado gravemente he i ido;
mas ni lo uno ni lo'otro sucedió, sino
que quedó conmovida y ciego ¿-mas .se 1c
restableció Ja v is n &los tres dia's sin o iia
diligencia qué habérsele presentado el cu-
vi ido de D io», y se le cayeron ¿orto uoaa
escamas. Para lodo este efecto era receta­
rio que san Pablo fu¿te uu hombre muy pu­
silánime ó muy delicado de n e rv io s .'M u
la Escritura roa le- representa coirto un jo­
ven vigoroso, activo y lleno de fuego. Aun'
■ia «Mo son tan frecuente» lot rayos en los
países cálido* qoejtto causan íania ¡apre­
stan. F liialaiem e, si este suceso sólo-se re­
dujo i t* caída - da m rayo jp o r qué no lo
«presaran san Ludas y saii Pabldí j P ro ­
duce . por vciUiiU- rbjo el diálogo que
uno y otro eaptwao fetbtf'm ediado ea c u a
ocaáion, y .el srfttffatnleoto de persona que
i aa.il-Pablo habla do- instruir en lo que
teúla que hacer! | Produce tembkftfla na*
HÍfem don de^J-. C, á-A caulas; la contes­
tad o * d e en e dlcclptifti Ta seguridad que
le da1el Salvado* < Luego M . ...ecfc ha aLl-
M d tv todas las circunstancia* *dc la uar-
n e í u f y »¡ Jt<tbo«;de seguir Jo que la E s -
criiura-dicey que es la que él pretende es-
piitmr , iio puede -dhrde Un* espllcacian
Tomo V IL 31
322
mas violenta que la tuya. Esic incrédulo
novador i cada paso tuce violencia al sa­
grado testo , tuerce sus espresiones, muti­
la lo* pasages, y todo su sisicua sc redu­
ce i representarnos á ios fundadores del
cristianismo como unos fanáticos imbéci­
les , y como unos impostores mas imbéciles
aun, puesto que sus imposturas les condu­
cen evidentemente ¿ su perdición.
Nosotros discurrimos sobre principios
mas sólidos. Decimos: pata mudar de re-
ligiuu es necesario algún motivo. .M as ¡qué
motivo humano pudo obligar á san Pablo
á declararse discípulo de J. C. en las cir­
cunstancias en que se hallaba! ¿ acaso el
ínteres ? Pero el cristianismo era cutóaces
perseguido: el mismo Pablo era un ejecu­
tor de las órdenes del sumo-sacerdote con­
tra los cristianos. Según rodas las apa­
riencias y congauras hum anas, la religión
del Cristo iba á ser «term inada muy pron­
to : mas tenia que ganar maateuiéndose ju­
dio, que haciéndose eriftioM. |Q u é crédito,
autoridad ó reputación podia esperar san
Pablo ea uua secta, cuyo gefe babia sido
crucificado, cuyos discípulos eran perse­
guidos & m uerte, cuyos dogmas irritaban
i los judios y A los gentiles >. y a u n .. los
mas iucrgdulos creen que. do .. los abra»
xaba sino J# bei del pueblo? {A cuánto*
peligros no « espouia,veste. Apóstol mu­
dando de partido I Los judios despuca da
?n conversioo trataron de matarle , y csu>
le obligó & huir á la Arabia (Act. 9. v. SfJ.).
¿Seria por ventura la ambición{ Mas
ti tal pasión le dom inira, m u bien se be­
biera hecho gefe de una secta particular;
hubiera predicado uoa doctrina diferente
de la de lot Apóstoles. Es verdad que e6io
se lo atribuyen ios incrédulos: inis prouio
desharemos esta calumnia.
i Seria descontento ó resentimiento con­
tra lo* judíos? Pero estos le estaban hou-
rando coa comisiones de tanta consecuen­
cia como la. qae le conducía i Damasco:
jimas sc ha quejado de ellos; aun cuaudo
le perseguían de muerte, lot compadecía,
los escusaba, nó trataba de indignar con­
tra ellos á ios magistrados romanos',' de­
seaba ardientemente su salvación, espera­
ba que algún dia ae conviniesen.
Tampoco lo es el espíritu de indepen»
dencia. N adie ha encargado mas estrecha­
mente que él la sumisión y obediencia i
lodas las potestades establecidas por Dios:
lot incrédulos mismos le acriminan e«t«
dogma de su moral. Dice que es el postre^
10 de los A póstoles, que no merece este
nombre por haber perseguido la Iglesia de
Dios &c.
(Se dirá que admirado de la gublimU
dad de la moral cristiana, ha creído serle
licito fingir un falso milagro para hacerla,
valeri Mas él declara que si es falsa I b
334
resurrección de J. C ., la fe de lo» cristia­
nas es vaua, j que loi Apóstoles y ¿I mis­
ino son uno» blasfemos y falsos testigos.
Tampoco aprueba niuguna especie de mea*
tú * ai aun i favor de la moral. Pronnncia
genera lineóte que no tk b t hactrte lo malo dua
con ti fin dt qut proóuxca algún bita.

§. vn.
Supuesto complot cntrt tan Pablo y íot dtm át
Apóstola , Contradieáonii tu la hiuoria i t tu
a m vtn io ñ . S i qiMJ07ucir.fi g t f t de un p a r ­
tí Jo : variai rtjiexiotut to b n t t te p unto: ¡a
conducta d t tan Pablo en contradicción
........................ contigo miiiiu).
. Pretendco los incrédulos que san Pablo
hiwj. ua complot con los otras A póuoles.=
M is {cómo se fiaría*-esKJí de un hombre
que loa babia perseguido* E u e tte caso no
babia necesidad de fingir uu m ilagro: los
Apóstoles tenían el derecho de tomar . có~
iegak soyoB cu el m inisterio, catno lo ha­
bían liecüo ya coa san M atías. Bastábales
el decir que Pablo, «o virtud de nn e»ta-
dio profundo de las H scrituras, había re-
ebuocido :á Jesús por el Mesías t y que poc
lo aiscuu se había reunido cou los Após­
toles ^ a/* predicar esta verdad. Suponlcn*
do un ftlso milagro , se esponia él á ser
confundido por loB judíos y despreciado
por las gentiles. ,
12 í
" P e ro h ay , añaden, coatraálccioass
i» en la narración de san Pablo sobre su
n conversivo. En tina parte dice qac eos
i» compañeros de viage oyeron la voz que
i? le hablaba. En otra que no la oyeron.
n E a lot Htthot dice que despues de su
n convertían ae volvió de D i masco A Je-
11 rusalcm; y ea la Carla á lot dt G racia,
«que saliendo de Damasco *c fue á Ara»
iib ia , y no fue á Jerusalem hasta tres
n años despues. En esta misma caria afia-
*>de que no vi6 mas que á Pedro y San-
ii llago ; y en lot Hechos se lee que vivió
» ea Jernsalein con los Apóstoles.”
No hay contradicción ea esu s aarra­
cionas. En lot Htcbot (c. 9 . v. 7. ) sc dice
que los que acompañaban ¿sa n Pablo, fun­
daron alambrada, oytndo la vos , ¡pírt im
w r á nadie. Ea el c. ^ , v. 9 , dice este-
Apóstol: (os qut estaban conmigo, vieron la
lai , mas «o oyeron la eo t del que im habla*
ha. Vieron ana luí- y oyeron una vob , mas.
no Oyeron ¿ percibieron lo que decia esta
vos , ni quién era l a persona que babia-:
b a, por hallarse algo distantes de Pablo.
Sao Lucas ( Act. 9. v. ’J 6. ) despues de
haber hablado de la eslauda de san Pablo
en Damasco , ¡hace mención de su vlage í
Jerusalem ¡ pero siu indicar en mantera qIr
fluaa <jue hubiese sido, en derechura dc;
Damasco allá. Omite el vis^e que habla
hecho intes t A rabia, mas oo lu,'contra*
326
dice. De este v iig e hecho directamente
desde D innsco i A rabia, despac» de su
conversión, habla t#n Pablo en 6U carta i
loe gilatas (c . i. v. 1 7 .) doade uua-
bicu nos eu sd u que desde Arabia se vol­
vió á Damasco y al cabo de tres años á
Jcrusalcm. Suprimir loque entre esta» dos
salidas de D.v.nasco p asó , no es negarlo.
Añade allí misino el A póstol, que ea
Jcrusalem no vió oíros Apóstoles sino i
Pedro y á S an-tiago, hermano del Se&or.
Y asi cuando san Lucas dice (A ct. 9.
v. 2 7 .) que Pablo fue llevado & los Abastó­
les por Bernabé , debemos entenderlo de
los dos Apóstoles qne se encontraban allí
entóaces.
Los felices sucesos del Apostolado de
san Pablo son ua crimen irremisible i los
ojos de los incrédulos. No podiendo dis­
putarle sus luces y sus laicatos, han hecho
todus los esfuerzos para deuigrar su con*
ducta. La historia critica de J. C. — El Cua­
dro de lot Santos. = El Ettámen critico de la
vida y obras de san Pablo. — El Diccionario
Filosófico , art. Pablo. r=E< £x¿mrn impor­
tante de Milord Bvliñgbnke. = Las Cuestio-
ne¡ sobre la Enciclopedia, arf. .Iglesia , son
otros tantos libros iafamaiorioK contra el
Apóstol de ¡as gentes. E stos escritores im­
píos tomaron su» raigas sufricos y sus ca­
lumnias de ios autórea judíos y tnaniqueoi,
de Porfirio , Juliano, Tblamdkfc.
" É l quiso, dicen primeramente, hacer-
i* se ge fe de partido: dividió el cristia-
» nistno en dos sectas. N i J- C. ni los
» Apóstoles pensaron en destruir el judals*
n m o , sino solo en reformarlo. Y asi Jos
n primeros cristianos juntaron con la fe
•ide J . C. la práctica de las leyes de M oi-
»» sei. Esta parcce haber &ido la inicucioa
« d e J . C ., pues declaró que habii veni-
n do á cumplir la ley y no í aboliría: del
» mismo modo lo entendían lodos los Após-
n toles. Mas u n Vablo no tardó en pre-
» dicar una doctrina diferente; quiso des-
« trulr el judaism o, abolir Us leyes de
>* M oisés, y lo logró. Sus partidarios Ua-
n marón ebiomtas y n n ttr io t i los que es-
ntaban por el judaismo. Los otros disel-
«• palos de los primeros Apóstoles tenían.
tt un evangelio diferente del de tan Pablo;
t» mirábanle como un herege y apóstata.
» A J. C. le consideraban como puro hom-
»>b re, hijo de José y de M a ría , al cual
i* se daba el nombre de hijo Je Diot solo
n eo atención 4 sus virtudes; Pablo es el
ttque le detjCcó. Y asi el cristianismo , tal
« como le tenemos, es la religión de Pablo
tty no la de J . C ."
1 i° Ei falroque la inteodon de J. C.
haya sido hacér observar i ‘ los c riítia -
nos las ceremonias de la ley m oittc*. Di -
jol«e h ia Samárltaoa (Joan- 4- v -
críeme: llegada t t la hora tn qut til ¿« «fe
338
moni# «i m Jertuakf* «doraren al Padrt.
Ijos judío» raíamos cooficial! que su culto
pendía esencialmente de Jerusalcin. Decide
también (Aíjh/i. v . 1 .4. ) que lo <¡ih fu ­
tra por M faca no maikAa ai hombre, cou
las cuales palabras queipa abolida la dis­
tinción <ie los manjares. E l mismo se ilania
dutáo dii tajado ( Mftlih. v, 8. ) y lo* ju ­
dia* no -se lo tu u disimulado. 4 * S ie n -
mentó de »u cuerpo ▼sangre llamalc «uim
a lu n a ¿ luego 110 d eb u ¿ubsisilr la auii-
g u x Por otea parte d o ha contrariado
J . C. á lo» pi<¿fct4s gve .anunciaron la ce»
«ación de. la ley judia en el rey do del
M esías, ni las demás pruebas muy termí­
name* coa que hemos demostrado en otra
parte que esta ley debía ¿quedar ufccsaria-»
meute abpjid.i. I.u q u e^ l Salvador llagaba
r ty m de Jos cirios 6 t t y jo d* D«oj , n a c*
el rcynodc la ley de sino el culto
universal del ver»iad^w.;D¡os.
buj Juap (dice ec* su .evangelio (c. i-
y . 17. ).<jue (¡i ley fu e d a fa p q f M qím i.í «ía»
la gracfii y . la verdad obrada ¡par C. Bau-
títin d o sao Pedro 1 Cutueiip y i su fa­
m ilia , quf^ertm flcuiiles, no les mandó
que le circunciJa.cn. En el coucilio de Jc-
rusilcin. ^lamo,4 J a leyi;qiq4 « a , un jug*
fue ni p o u fro s f j, juf;lr.oí .fcj^cí hanat
áido m y m . i yjw l no •quiere,9ue sc carg«í
cou él i.lo.» gfcpjiU» cpqippriidt>s..Dcl inin^
tno modo pjijná’ SfánMiagoj ello» y «l#Wi
339
Pablo dictaron la decisión conciliar. San
Pedro ea tu 2 .* c i m (c. 3. v. 1 S.) alaba
la sabiduría y escritos de Pablo tu muy
amado htrmano. San Bernabé en su caria
( a . 2 .) enseña que J. C inuiiUzó la ley
judaica. San Clemente, discípulo de san
Pedro ( tpitf. ad magutthnot, n. 8 . ugg. )
y san Ignacio, discípulo de san Juan (ad
fhiiadtlfh. n. ó, ) tienen la misma doctri­
na. Luego no i m oposicion alguna entre
la de san Pablo y los deuias Apóstoles.
2 .° B t falto que el nombre tie naxurtas
ó fbionildi se hsya aplicado á los discípu­
los de los demás Apóstoles para distin­
guirlos de los de san Pablo. E n e nombre
designaba á los discípulos obstinados que
á pesar de .la nnánhnt detisitn de los Apói»-
tola se manteaiaa tercos en defender la
necesidad de. la ley judáica para todo» los
que creyesen cu J. C . , y ninguno Je eliot
miró jjmoi «i J . C. coma puro hombre, hijo
dt Joí¿ y dt Maria. San Pedio y san Juan
no Kan hablad? de la divinidad de J . C.
meaos for pálm ente que san Pablo. Ju lia ­
no tenia i sao Juaa por el autor de esto
dogu»a.
3.* ¿Cómo bíbian de prevalecer san
Pablo y. sus discípulos sobre los otros
Ap¿itolcs i Dispersos por el Asia menor,
por la G recia, lia lia Jkc. ¿podrían tener
autoridad sobarle# orisiianos que estaban
derramados poc Ja .J u d e a , :el E g ip to , la
330
P ffii» , la Armenia y por las costas de
Africa? S in Juan vivió mas de treinta
años despues de la muerte de u n Pablo.
San Pedro escribió á los fieles del Ponto,
del Asia menor y de Bitiuia. Ni uno ni
otro Apóstol han contrariado i san Pablo
ni ea un rolo dogma.
4.° M ientras que un incrédulo (EW ia.
etit. de la vúla y abras dt tan Pablo ) de­
fiende que esie Apóstol ha introducido un
nuevo cristianism o; un deista inglés (M or­
g a n , Moral floi. ) pretende que su parti­
do perdió el p leito, habiendo prevalecido
los ju d aitan tes, los cuales , d ice, intro­
dujeron en la Iglesia el espíritu judáico,
la gerarauU , las ceremonias supersticio­
sas fitc. Este es el modo con que se con­
cillan los incrédulos, cuando están acu­
sando 4 los Apóstoles de no estar acordes
entre si.
5.° El mismo san Pablo nos asegura
( a i Gülat. 2 . w . a. 9 . ) oue comparó su
evangelio y doctrina con la de los Após­
toles que estaban en Jerusaletn, p ira no
trabtjar en vano; y que se convinieron
en que él predicaría particularmente á los
gentiles , mientras ellos iustrnlrian i los
judíos. L ijas de quertr hacer secta uparte,
reprendió i los corintios que decian : y•
toy i t Pablo, y y» de Apolo , y ya de Cefo t,
y yo dt Crtjto. } Por tunluro tt ha diviii-
.ía Críffot les decia arguye ndóloa. jjfaiio
33 i
PaW# ha tilo crucificado por vosotros 1 ¿ i
habeii tido bautizado/ en su nombre ?
6.° * Mas la conducta de san Pablo,
n dicen los iucrédulos, está ea manifiesta
h couiradicciou consigo mi una Despues
m de haber predicado cvutrx ia ley de
» Moice» y reprendido i sin Pedro que
n judaizaba , judaiza el mÍ6mo ninbien
*> para reconciliarse coo los judios: cuui-
* pie el voto de ndcorttfo : hace dreunci-
i» dar i su discípulo Tim oteo, que era
♦* hijo de gentil i ya eosefia que la circun-
h cisión ao sirve de Dada, ya ane apro-
n Techa, si se cumple la ley. D ict que
itcon ios judios ba vivido como judio,
ii para ganarlos á J . C ., y lleva á mal
» que haga lo mismo san Pedro. Todo
«> esto es inconciliable. ”
Sao Pablo uo predicó contra la ley de
M oisés: ensebó que de nada servia i lot
gentil» ttm m id o s , pues se justificaban por
la fe de J . C. según l i decisión del coa-
cilio de Jeru saln n : de su inutilidad con
nspeeto i lot judíos jamas dijo una palabra;
ántes bien pronuncie) su utilidad con reía»
cion & ecto* , si observaban la ley (Rom. 2.
v. 2 5 .). ¡H ay ea esto sombra de cou-
tradiccion?
La conducta de san Pablo estuvo u m -
bien muy acorde con su doctrina. Nació
judio y continuó practicando las ceremonia*
judias | cspecialmento en Jernsalem , p a n
332
na escandalizar i sus-hermanos. Pero á *
m is quito aujeur á ellas i lo» gentiles
que se convertían. Entre estos vivía , co­
mo vivían estos, pues na debía haber se­
pa radon entre lo» judíos y gentiles desde
que estos creyeron « i J . C.
He aqui lo que quiso que hiciese san
Pedro ó Cefas en Aniloqula , y en ello
tenia ratón. E s te , después de haber fra­
ternizado en un principio con los gentiles
coa vertidos , 6C separó de ellos para no
disgustar á algunos judíos que llegaban
de Jerusalem ( ad Gaiáu Jf. v. 13. ). Esto
era , como adviene san Pablo , M igar i
los gentiles i judahar , y autorizar á los
judio» obstiuados á despreciar la decisión
del concilio de Jerusaletn.
Si sau Pablo hito circuncidar á su dis­
cípulo Tim oteo, fue porque era hijo de ma­
dre judia y debía trabajar en la conver­
sión de los judíos, los cuales jamas hubie­
ran querido escuchar & un predicador in­
circunciso ( Act. 16. v. 3. > Eíta condes­
cendencia para con -los ju d ío s, que toda­
vía no eran crútianoi ai instruidos , no
podía producir en Llstra el mismo cfccio,
que la .conducta de san Pedro ea Antlo-
quía.
Por fo demás, los Apóstoles juagaban
que la ley ceremonial era aun ó necesaria
ó .tail á-los judíos , no para (a. safoaems,
pues judíos y gentiles se justificaban por
333
la fe ea. J . C . , «¡uo para la policía «jterür,
pues las leyes morales y las civiles y ce­
remonia lea tenían entre, si una rclaciou In­
tima co la república judia. Mas los Após­
toles bsbian aprendido de J. C. que á es­
ta policía le llegaría inuy pronto su fin
por Ja destrucción de Jerim lcin , del tem­
plo y de La república. Luego en la con­
ducta de los Apóstoles no lia habido ai
e r ro r, ai inconsecuencia , ai iuconsunclaj
y mucho menos ha habido c u re ellos d i­
visión alguna.

$. VJJU

Acutañnei dt mentira, -orgailo y turbulen­


cia contra ta» Pablo. D t sui tniiagroj.

7.° Otra acusación muy grave es que


* Mu Pablo actuado por los judio» sc dc-
tiende ton mentiras- Abofeteado de Ardea
n d e l «uino sacerdote , uu presenta la otra
»»uiegilla Kguii el consejo de J . C. , ántes
wbieo ultraja al pontífice llamándole parid
nbiowpeada. Reprendido por esio, se ac»>
» sa diciendo que ignoraba fuete el sumo
n sacerdgte. >Coioo es pasible q u e l o ig -
n uoraM ( Añadió , que 1c acusaban pos
« s e r fariseo y porque predicaba la resur-
i* lección de lo» muertos, lo cual era fsl-
>» s o , pues la acusación que se le hapia,
n era de predicar contra ia ley. N i era
334
»*fariseo, sino cristiano, Juego hacia trai-
n cion á su icllglou i se hacia reo de mala
n f c , de vi le u , de apostasía. ”
La defensa de san Pablo es sencillísi­
ma. El consejo de J . C. de presentar la
otra megilla cuando nos hieren en una,
uo debe tener Jugar ea uu tribunal de
justicia ni en piecencia de los inagistra-
dosi al acusado se le lleva allá no para
que sufra violencia , sino para que se le
condene ó se le declare inocente. Asi cou-
testa san Agustín á Jos maniqneos (Mr. aa.
coalr. Fjuii. c . 79.).
Bien pudo suceder que saa Pablo no
conociese al Pontífice. Desde su conver­
sión-, babia ya veinte años , solas dos
veces había euado en Jerusalem y muy
poco tiempo en cada una de ellas. D uran­
te este tiempo Jos pontífices habían sido
mudados siete n ocho veces por lo me­
nos. Consta esto por Josefa, lib. 9 0 , c. 8,
y lib. 17, c. 8. Eran instituidos ó destitui­
dos á voluntad de los ruínanos. Fuera
del templo no se distinguían coa alguus
insignia de su voluntad. Donde se celebraba
el Sanbedrín habría regularmente ua sitio
destinado para el sumo-saccrdote, mas no
«sí en la casa del tribuno , donde se ce­
lebró el consejo de que se trata aqúi. N i
el trage ni el lugar dlstlugulan en aque­
lla’jam a al suuoo-saeerdote. Luego no es
estrano que san Pablo no 1c conociese.
335
Y hemos dicho que este coosejo se tuvo
Id la cata del tribuno, pues este asistió á
él» y no pudiera hacerlo, siendo gentil, si
se hubiese celebrado ea el templo , que e n
el lugar ordinario donde se jum aba el
Sauhedriu.
Saa Pablo, haciéndose crútiano , no tu -
bia dejado de ser fariseo 6 de profesar los
dogmas que distiugulaa & estos de los ta-
duceot. Tí a ii no mintió asegurando que era
/oriito de naciiniemo y creencia.
" M as oo se m ia b a de e s t o d i c e n
los incrédulos.
Antes bien es muy cieno que eso era
de lo que se trataba. Y para couvcncernos
de ello , basta leer (A ct. 24 y 25. ) la
apología que hizo sao Pablo de cu creen­
cia y conducta en presencia de Félix y de
Festo , que es la m iran que quiso hacer
delante del coosejo de ios judíos , ia cual
oo pudo oírse por el tumulto que «elevan*
tó eu aquella junta. En sustancia fue la
que sigue; w Yo be nacido judio y de la
i> secu de ios fariseos: como t a l , he crei-
»» do siempre la vida futura y la resurreo
»cioo de los muertos ; por consiguiente
i> creo que Jesús ba resucitado, pues tt me
n 0pdrrcí¿ y mt habló n> «I canario dt Da-
n mateo i asimismo creo que es el Cristo ó
*» ei M esías , pues los prs/ctdf han amneia-
. . W
.M . , .• . !----- -----|
3 36
» porque las creo. Por lo dem ás, en tuda
*> üe pecado ni contra mi nación, -ni contra
n U ley de Moisés.” } Ks equivoca Ó Cíli
fuera de propósito cata apología?
8.° También atribuyen i san Pablo loa
enemigos del cristianismo un carácter or­
gulloso, a ltiro , arrobatadu , turbulento.
" É l se ja c ta , dicen, de sos trabajos, de
n sus fclices sucesos , de la precmliieacia
» dc su Apostolado, No puede sufrir que
» s e ie contradiga: entrega á Satanás ios
« que se le resisten : a a eu a ta , truena , y
n declara que no perdonará & los que han
n pecado, ul d Jai otn». Sc sirve también
o de la violencia. Si ciega al mago Eli»
n mas , fue siu duda á fuerza de golpes,
«i Continuamente- babia del derecho que tie-
» n e de vivir d«l E vangelio'y'de-exigir i
*• los fieles su subsistencia &c. >T asi no
n hiio mas que chocar con Jos judíos; cau-
n s ó tumultos en machas ciudades j y cOn
» su imprudencia dióm ot i v o lara , los rna-
n loa tratamientos que se le hicieron.1*
¡Qué de « catira» y disfrases) San P a­
blo., impugnado por Jos falsor Apóstoles
que queriau desacreditar au doctrina y d e­
primían su Apostolado, se vi6 tu la pre­
cisión de probar la autenticidad d« sa mi­
sión , y para, esto no alegó -sino hechos
que el Asia m enor, la Greciat j la Mace-*
donia habisn visto y podían atestiguar;
Nc y » , tino Jagracia d t Dtoi tn m i t t ia q tu
337
h» htcho todo u to ...... Soy ti mimar de tai
Apóstales , indi roa de eiU nom bre , pwj hl
firuguido ¡a Iglesia dt Diat j asi «e «p lica
ea su primera caria ^ . los de C oriato,
c. 15, v*. 9 y 10. Cuando se antepone á
los grandes Apóstoles , á los Apocóles por
cscelencia , d a rameóte luauifieaiu que por
tales entiende á ¡os falsos Apóttoits, opera­
rios artificiosos que se transfiguran m após­
teles di Cristo, asi como Satanás ¡e transfi­
gura «n Jneri ik luz ( U. Cor. c. á á.
v». 13. 14. ). Después de hacer mención
de sus trabajos p i n hacer respetable «a
Apostolado , no escota hablar de sus. ten-
taciooc» y flaquezas para ino*ir¡»r que no
trataba de envanecerse por las gracias que
Dios le habla dispensado (ibid. c,. 1J y Itf.).
Entregar uo prcoJor. i Satanás, ea sepa­
rarle de la sociedad de los. fieles; )r san
Pablo declara que «1. objeto de csteaeto ea
p a n hacer morir la .c irn e en él.y que ae
salve su a luía ( | . Cor. 5. ▼. 5. = I* T i n . í -
v. 3 0.). Teme que entre, los curiutioj en­
contrará disputas y .«ediciones,, y hombrea
que no. bayau hecho peoiieofcU.dkiSuá.lor-
pcaas: y asi declara que. no se ii ¿odulgen*
te ni con ios unos ni ¿oni Ut <Heoí>^e* de*
cir , ai coa los sedicMtsos, ai gbq-Ius in->
penitente*; mas no qpúaie dar éLcuendcc
que los penitentes. íguilmootci q||é:los>oul-!
pables serán eiiigctuÜLoa de su. §n«Ía>.^>d4
toda conaideración. - .t :■. h
Tomo V IL 22
338-
Cuando saa Pablo dejó ciego al txxagd
E lima 9 por una palabra ea fa lo s ¿se hu­
biera convenido al ver este milagro el pro*
cónsul Sergio Paulo , si el Apóstol ú fuer­
za de palos le hubiera causado .este m alí
¿ sc lo hubiera tolerado y dejádole impune i
Defendiendo el Apóstol también que ua
ministro evangélico debe recibir de los fie-
les & lo menos lo necesario para fu alU
m entó, declaia jumamente que jamas ha
usado él de este derecho, para 110 hacer­
se gravoso á nadie aua reprende i los
de Coriuio por U facilidad con que se de­
jaron despojar y engaitar de los filaos
Apostóles.
- Ha chocado con lot jadío*. M as }cómo ?
Trabajando ea el bien de los gentiles , ¿
qniencs loi judíos esduiau de las gracias
del §vfior ,3airibuy6udolas á ii íuIoi. Pur
esta causa los reprende aliainenic cn su
carta^á-lós romanos, y los mismos iuevé-
dulos: les> acriminan por ello : y. ¡ahora
iaculpaa wl Apóbtol el haberles c^ reg id o
semejante preocupación ■orgullo*» !
Komi»«pueblo-ligero , curioso ,< dispu­
tado* y^oíaJi» erauJnsi griegos , era impon
•iW equ# el Rra.ugclio llegase i csiatrJe-
cersc sSii «Iguu roída y coutestaciua. Este
carniMr-'d± aquella'R eates ; babia . cuabro-
liado wltlguamoaw 'las escuelis de sus fi-
Utoofuci'f&í «I tiúnpnUel ctistianismo .pro*
dujo ncreglas ¡ mas de todo esto ni sao
319
Pablo a i los otros Apóstoles tuvieron la
culpa.
Añadamos también u u palabra sobre
los milagros de csio grande Apóstol. Hilos
bau sido u u públicos , u n c vi Jemes , y
tantos en número , que uo admiten la sos­
pecha ó de ilüiion ó.de imposcura. No los
vbtó ¿ ü v o r de gentes ya prevenidas,
ui delante de Lu que estaban dispuestas
i dejarse engañar , ^iuo de los judíos y
;eutllcs eu cuya con versión irabijabb , ui
! os liizo bajo la protección de uu partido
ya poderoso y determiuado á favorecer la
impostura , circunMaucias ueceurias para
acreditar y tuccr correr los falsos mila­
gros. (Ja rasgo que de repeine qu¿dó cie­
go coa uaa. aula palabra del Ajm sioI, ea
presencia de un Protóusul roroauo cL cual
cou esto se couviriió j úajóveo i que.caí­
do de lo alio de un «dificio murió , re­
sucitada ea Troadc r. tui tojo de uacimicAr
tu curado ea L lura á vista de ludo un
pueblo, que toma. át Pablo por ua Drósj
▼arios prisioneros cuyas caxlcoas se .rom­
pen cu F ilip o s , 6in que uiuguao trate de
eicapir ; enfermos curados ea BfeM.cosi so­
lo tocar sus pañuelos ó ceñidores ¿ mordido
¿I tulsino por una v i r a n ao sufre .oin-
guu d añ o , y cura á cuantas cu ferinas se
le presenúu cu la ¿isla de M alta ó Aftlit
I r V c . En todo esto ai tu y preparativos*
iú.cálfwlou con ovros, al ia fucria de ia
340
imaginación ea capas de producir (ale*
efectos.
(Qué es lo que i esto liau opuesto los
incrédulos, y particularmente el autor del
Ejuimen cínico dt ia vid* de i<in PubJol
N ada de positivo , siuo una «imple preo­
cupación " S i cjtos milagros , dicen , fue-
n rair verdaderos > san Pablo hubiera con-
a venido á todo el mundo ; sin embargo
w uo veiDus que los judias creyesen , ni qje
»» i los gentiles les causiscu mucha ¡m-
opresión. Muchas veces estos supuestos
M milagros no produciau uias efectos que
n tumultos y sediciones , y la clrcel 6 p»-
tt los o destierro & este Taumatutgo. ”
Esta preocupación podría tal vee hicer
alguna im presión, si los misinos iucré-
duloá. uo aos diesen la raioa de ella. Tic
neu declarado, á lo menos la m ayor par­
te , que aun cuando viesen milagros, tía frei­
r ía n -( véase la nota xiu sobre el finodo);
y esto coa el pretesto de que citan ui»
seguros de su juicio que de sus ojos jSe-
ría de estrafiar que entre los judios y gen­
tiles se ballaseu obstinados que pensasen
como ellos <
Ya hemos advertido que una cosa ct
crccr la realidad de un m ilagro, y otra
tenunciar i los erroies , prácticas y hibl*
tos contraídos desde la infancia. Los ju­
dios estabau en que un falso profeta podit
hacer milagros , y los gemiles eu que- po-
341
dian obrarlos los magos, y que los obra,
ban cu realidad.
Por lu dem ás, es falso que los de san
Pablo no b iy io producido iufinitaa con­
versiones. San Lucas , que nos da razón
de ellas corno testigo ocular, ea ningu­
na parte hubiera merecido Le , si hubie­
se referido milagros ó falsos ó dudoso*.
Este historiador nos inuruye de los efec­
tos que ellos obraron, de las Iglesias que
san Pablo fundó en las ciudades uiisna*
donde se le había lucho resistencia. Las
cartas que el mismo sanio ApAstol escribía
i estas iglesia* numerosas , sou una prue­
ba demostrativa de la* maravillas qiip ha­
bla obrado allí , como ya lo hemoa ad ­
vertido.
Finalm ente, nada han omitido lo* in­
crédulos para desfigurar loa escritos del
Aposto! de las gente*. San Pedro lubia
dicho ya ^ 11. Par. c. 3. v. 16.) que en
los escrito* de san Pablo hay cosas difí­
ciles de entender, y se quejaba de que
hombres ignorantes y ligeros abusaban de
cllus como de las demas Escritura.*. Otro
tanto sucede ca nuestras dias ¿ la mayor
pane de los que los censuran, jamas lo*
han leido ; pocos se hallan en estado de
entenderlos. Su estilo e*t4 mezclado de
hebraísmos y helenismos, que entendían
perfectamente aquellos á quienes escribía
can Pablo. Abandonamos á los teólogos 6
S43
intérpretes l i esplicacion de Iba muchos
pasages de u n Pablo , de que los enemi­
gos de todos tiempo» han abusado i y no*
limitaremos á ¡lu c ra rlo s que dos han ob­
jetada los incrédulos , que será con lo qoe
daremos fin i nuestras notas»

N O TA V.

Sobre el vers. »9 del cap. x x u de los


Hechos de los Apastóles.
5- u .

Sa» Pab!» fue vtrdaieromenn un etadadawe


romano.

El autor del Eximen importante, que se


Imprimió con el nombre de M ilord Bo-
linflbrokc, sc esprcaa así sobre este ver­
sículo.
R 1 Quién e s , pues , este Pablo que
n hace aun tanto ruido i escitado todos los
r> días á diestro y siniestro? ¿ I dice que
» era un ciudadano romano : yo me atrevo
r i afirmar que miente impudentemente.
n Ningún judio fue ciudadana romano has*
n ía los tiempos de Dcclo y de Jos Fili-
*1 pos.... Si era de Tarsi* , c s u no fue co­
sí lonía rom ana, ciudad rom ana, han a
>i 111.19 de cicn a (ios des pies de Pablo. Si
r era de Glsc&la , como lo dice ‘Ger6nl-
343
« mo , esta era una aldea de Galilea , y
n los galileas jamas tuvieron seguramente
n el honor de ser ciudadanos romanos. **
Al verdadero autor del Exim ia impor-
tsatt , que tanto se precia, de erudito y
naiversal , no le escusa ronos el que á Tar-
i o , de doode era este A póstol, le conlun-
da coa Tunii. Este error tiene consecuen­
cias muy interesante» en la historia de
las naciones , y en loa honores y gloria*
que ellas se dispucan. Mas hice poco al
caso eu la materia que tratamos ahora , y
basta haberle indicado.
Está probado por monumentos loa na»
auténticos, y por los decretos de las ciu­
dades y de los procónsules , <jue había ju­
díos que eran ya ciaJjiLmoi romanos ea
el tiempo de César.
Se lee en Josefa ( Ant. jttd. lib. 14.
c. 10. ) : ** Lucio L^otulo , tóntuJ, ha dicho:
«* yo he eximido i los ju d ío s« ciudadanos
n rom anu, que habitan eu Efeso y prac-
m ican allí su religión > de servir eu el
n eg é rcito , i causa de su religión. ”
Léese también un decreto de los de Dé­
los , concebido ea esto» términos : <f En el
» arcontado de Boyoto, i los veinte del
»» mes T argelion, rescripto de los Pretores»
n Cuando Marco Pisoo , 'diputado , es-
m taba en nuestra ciudad , encargado de
n las levas de tropa., nos reunió coa otros
n muchos ciudadanos para mandarnos que
344
» si habia algunos judíos ciuiaiam t romam
» m t no se les ¡aquietase, coa motivo de
«i la milicia.
n Lucio Antonio (Josefo, ibid.) hijo de
»» Marco , procuuior y propretor , A los
*• magistrados de S a id is , al senado y al
» poeblo, salud. Los judíos nuislroi duda*
11 ¡lañot se inc ban presentado y espucs-
n to &c.... He creído que debía maoicncr-
»» los eti estos privilegios.
n Marco Publio , hijo de E spurio; Mar*
r>co , hijo de M arco; y L ucio, hijo de
»♦ Publio , dijeron : hemos Idu á ver al
» procónsul Lentulo , para instruirle eo
» las cosas, de que Dcsiico de Alcjaadfla,
m hijo de Cleopairida , solicita so digne
» exim ir, á causa de su religíou , á lot
ciudodanot romanos , que observan
*» las ceremonias prescritas por su ley ; y
j» <c lo iu otorgado 8te. ”
No solamente hubo judíos i quienes los
romanos concedieron el derecho de ciudad,
mas los hubo también á quienes colocaron
eu el segundo órdeJ del estado y los crea­
ron eabjUtros ( Josefo , de bell. jud. ¡ib. a .)
cap. s t . ).
Alejandro el grande había concedido
ya ci dcrccho de ciudad á los judios en
Alejandría. Finalmente , de este derecho
gozaban en la misma Roma , en tiempo de
Augusto. Véase & F ilo u , ea su legación
A Cayo.
345

CARTAS DE S. PABLO.

NOTA PRIM ERA.

Sobre los ou. 18 y siguientes del c. t


déla caria á las romanos.

§. m u ñ o .
Si sau Pabia ha condenado con mcíjhm rigor
á k» antiguos filó tojos , y ha desacreditada
i ia misma filosofía. Paralelo de loi filóso­
f a antiguos y modernas. Sobre si la r e g i ó n
es para Jas almas eréduijs y bajas. Rtf.tuion
dt tTAlimbert.

L o s incrédulos moderno» prftcnden que


* 3.1U Pablo lia condenado coj deum iado
*» rigor á les aiuigno* filosofas. ”
Conven¡»no* ea que es severíslüio el
decreto qu; ba proouucia<lo contra ellos:
Descúbrete h ira dt Dfas qut descargará sobt e
toda h impiedad Cinjnilicij dt aquellas hom­
bres que tienen aprisionada injustamente la
verdad de D m ; punto que han conocido cla­
ramente lo qae se puede conocer dt Dios , por-
*j"< Dios se lo ha manifestado. En efecto , las
ptrftccUuus dt D iat, aun tu eítrno poder y
346
su divimtJad, fe han hrc/io vitiH« díjpw i dt
sa creación dt¡ mundo por el conochüento que
de ellas nos dan tus criaturas ; y asi tales
hombres no túnen disculpa ) pues habiendo co­
nocido 4 Dios t no le glorificaron como á Dios
ni le dieron gracias , sitio devane«ron en sus
discursos , y quedó lleno di tiniibidf m inien-
sato cordion ; y petándote dt sabios pararon
tn ser unos ntdos , hasta llegar d dar el
honor, qae se debe solamcnlt á Dios incor­
ruptible, i ua simulacro con fa n ra dt ham­
bre corruptible, y i las figuras dt avet y dt
bestias cuadrúpedas y de serpientes. Por lo
cual los abandonó Dras á los deseos de su co­
raron , d los vicios dt Ja im p am a, en Mato
grado que ¿tshonraron ellos mismos tus propios
ampos..». Se kan atestado de Ioda especie dt
iniquidad, dt malicia , de fornicación, dt ava­
ricia , dt perversidad, Uihos di envidio, ho­
micidas , prntJfncifroc , fraudulentos, mzUr­
nas , cÁijmóioi , infamadores, enemigas de
2>¿oi, ultrajadores, soberbios , altaneras, in­
ventores de vicios , desobedientes i sus padres,
irracionales , desgorraitos, desamorados , des­
leales , desapiadados Uc.
Seríanos fácil probar por el testimonio
mismo de los autores pro/jm t que esta, pin­
tura es uiuy fiel. Los filósofos tuvieron
binantes luces para conocer á Dios con­
siderando la& ubras de la naturaleia ; pero
han desfigurado los auibutos de la d ivi-
Didad , supouicado coatra ioda cvldcqcia
347
que Dios no loma pane ni se cuida de las
cosas de este m undo, habiéndolas dejado,
deciao , al cuidado de los espíritus iufe-
riorcs , á los cuales por cousiguiente de«
bla darse culto y no i él. Primer crimcn.
Tampoco hicieron Los filósofos conocer
al pueblo al verdadero D io s, ántcs b ú a
confirmaron con su voto y cgemplo el er*
ror público. Segundo crlmca.
El dcsórdcu de cas costumbres ei in-
cootenable. C icerón, Q uiutiliano, Lucia­
n o , Aulo Gelio & c. nos dan icstimouib
de ello. ¿ D ó u d ccsiá, pues, la injusticia
de la criuNfj de sau Pablo í
"M as eu e Apóstol, dicen loa incrédn-
« los, ha desacreditado Ja fUotofi* misma;
n Jlámxia saludarla de est t manido, y pre-
n leude que Dios la ha rcprubido.”
La que san Pablo liana tabidurla dt
u t f mando uo es ia verdadera fiioiofia, sino
el abuso que Iob filósofos lian hecho de
ella. Dicléudonos que el o iu d io de la
naturaleza ha bcchu conocer los atributos
de Dios , claro es que no la condena: y
pues trata de ¿miéntalos i los filósofos, es
visto que oo los hubiera reprendido si hu­
biesen sido verdaderamente jnuutoi y j j -
biot. Mas él veta, que pecando contra la
verdadera sabiduría, habían de cerrar los
ojos á las verdades del Evangelio y levan»
tarse contra ella* Tercer crimen.
Desde el origen del cristianismo se
348
dividieron «obre él lo» filósofos, como lo
lu ciso ea todas materia*. Admirados uuos
de su divinidad , de las virtudes que por
su influjo se p ractieatan, de los prodi­
gios en que estaba fundado, le abraiaron
sinceramente y fuerou zelosos defensores
suyos: tales fueron san J u stin o , Tacia-
b o , H crm ias, Atenagoras, sao Teofilo de
A m ioquia, C uadraio, A rU ddes, M eliioa
Sardense, Apolinar hierapoliiauo, M il»
elades, Apolonlo, cenador romano, Pan-
tén o , san Clemcate alejandrino b e . Otros
mecos sinceros y animosos solo sc convir­
tieron i medias. Reconocieron la escc-
lencia del cristisnism o, pero quisieron en­
tenderle i su modo y hacerle cuadrar con
sus opiniones filosóficas; de este modo
produjeron las primeras heregi.is. Tales
fueran C erin to , M en.indro, Saturnino,
M arcion, Basilides fitc.
Otrus muchos aun mas perversos pre­
firieron los errores y corrupción del gen­
tilismo i las luces de la revelación, de­
cía rarouse sus enemigos, y la impugnaron
no solamente con sus escritos, como Celso,
Luciano, Porfirio , Juliano , H icrodes,
mas inflamaron el odio de los persegui­
dores.
O tro s, en fin, sc sirvieron de la astu­
cia y perfidia para di5.tr m is eficaimente
al cristianism o: aproximaron sus opinio­
nes á nuestros dogmas, rectificaron pane
349
de ellas, purifica roa cu gentilismo y pre­
tendieron coadliarlc con la doctrina de
J . C. T al fue el artificio de los eclécti­
cos ó nuevas platónicos.:^ A consecuencia
de esta sencilla esposicion preguatamos
j «i se cugiñó n a Pablo coodcuaudo á loa
antiguos lilósofcs ?
En cuanto á los filósofos modernos de­
cimos que son ciertamente tuas culpables
Í ue los antiguos pretendidos sabios de
tiiente y de la G reda. No solamente
h in podido con ocer á Dios por la lus na­
tural que tam os progresos ba hecho ea
estos últimos siglos, mas han sido alum­
brados desde su niñez con la luz de la
reeelaciou. Ellos por su voluntad bao cer­
rado los ojos i lodo cuanto pudiera co­
municarles Int. Ea otros tiempos los que
no creían que hubiese D io s, respetaban
i lo mcuo» la reJi¿ion¡ pública { mas los
atéos deshora querrían d esreiu r del mun­
do lods idea de Dios. ¿CuAnios de c sio b
filósofos de ouetiros d ías, no se han afren­
tado de d ar á las relígioues mas lalsas Ja
preferencia sobre el cristianismo* Lea he­
mos visto- hacer sucesivamente la apología
de la religión de Zoroastro, de la de los
indios» y airtí la oiabomutatu (véanse nues­
tras prilneras observaciones preliminares
i esia obrap Cuitado se nos vendían por
i th to t, fceníesaban que el cris;iinlsm o era
la isas sania-? mejor de lodis las religio-
«so
oes i y cátodo y* ae bao convertido en
alcas y ia han declarado por Ja peor de
todas. Despues de lubcr aparentado rea-
dir keuicuage i la sabiduría, á laa r i r -
tudes de J. C. , han venido á vomitas
contra £1 torccmea de blasfemias*
D ioj, dice san P ablo, abandonó ¿ lot
antiguo* filósojw n castigo d t » infidelidad
á Jas pasiones w rg o iu iiu i impar ai- Estas
misma* pasiones. euau multiplicando, eolie
uoaoiros muchísimos entre loa iocrédulos.
Eu medio dcli lujo, de lus placeres , d* Ja
corrupciou de las grandes ciudades, le
han mostrado inaa descubierta» la preicn-
dlda filoso6a , y á.su consecuencia la in­
credulidad. l a inayur parte de estos sabios
del siglo han contaminado sus plumas coa
escritos tan licenciosos, que. sou capaces
de sofocar todo' rubor y vergüenza entre
los hombres desarreglados.
. Seguu el mismo Ap&aiol, aqucilw a*r
tizuoj .fiUioftt euu^aníitnot de taviJia, ma-
iignidady engaño file.. Los jlc.oiicsiry» dias
no -h a n . ceaado d eclam ar comM lí» bie­
n e s , Jtouort* y privilegios.del cUcu, bas­
ta- que han.logrado imponer, O n u in ú in
denigrándole coa» iüv.tfctiya^^bd^Uft.jap-
g iicu tas, calumnias <ú. lodo género, ¿H ay
cuuBKeiles uu» siquier» .que t u » esciú*
pulo de m e n t i r ,y g a n a r par* eu«
aÍ6tanas4;Todo feedi?, V&..4 k íujero,
les .paccca le g i t i w ; 4)iii0r^a|jUUM «. Ur
JSi
broa supuestos, c iu s de pasages truncados
ó alterados, traducciones infieles, iciiim o-
Dios de auiorc» jucamente desacreditado*,
calumnias cieu vecu* refutadas &c.
{C uli ha sido el vicio (¿cueral de to»
dos estos t! losofos asi auiiguus como «o*
deruosi Sau Pablo le indica: el orgullo.
Son unos Jiombres stAitrbios, vanot , hin»
cüados de su pretendido «¿rito. Ellos se
venden por m aturos, óuohe-
ehortt, mfornadons i* ios naáotus, cuyo
azote y oprobio son e n . realidad. Ellos
quieren distinguirte ú sultaudo al cielo,
salir de la obscuridad y adquirirse reuom-
bre conculcando todo lo que el univerjo ba
mirado con respeto hasta sus tiempos: ha
llegado su osadía hasta pronunciar que la
religión es el pairiuiouio de las almas, eré»
duios y hajat. Pera tantos sabios verdade­
ro s, iiigciúon profundos t lumbres einiucn-
tes por la. superioridad ido: sus Jqcca, los
O rígenes, los Ambrosios los Agustinos,
los Lcooes, los Gregorios , ios Basilios»
los C lisóstoaos Jfcc. fcc. entre los auliguus;
y eoire ios modernos un Bacon, un Des­
earles , un L cipnitz, un N cw iou, un Pas­
c a l, un Bossuct &c. & c ., eclipsarán siem­
pre & esos pigmeos ridiculos, á esos cen­
suradores y conjurados, los cuales en su
impotente furor arrojan contra la religión
uo miserable polvo que-uo la empece ni
d a fo , & pesar de que con tono d ; triuufo

nos estío repitiendo las Implas 6 impura*
chantos de V olttire y los sofismas de
Bay le.
Concluiremos estos paralelos entre lo*
antiguos y modernos filósofus con una re­
flexión de d’Alainbert ( lomo 3. pág. 39.).
Este a u to r, que no será sospechoso á núes»
tros filósofos, dice: ,ri.» lista tic ios hotn»
n brea grandes, que han mirado la re li-
n gion cuino obra de D io s, es capas de
«conm over, aun ántes de todo c u r a c a , 6
» los mejores ingenios: ella á lo átenos es
n suficiente para imponer silencio á una
»* m ultitud de conjurado», enemigos impo-
nterues de algunas verdades ncccsarias A
n los hombres , defendidas por P ascal,
n crcidas por N ew ioa, respetadas por Des*
« c a n e s .1' Hste testimonio « de gcan peso
consideración, asi por la pluma que le
Í a d ictad o , como por la fuerza de la.
verdad que se Jo lia , digamos a s i , arran­
cad o y que en ¿1 está perfectamente expre­
sada.
3»?
NOTA IL

*• “ •
D t a/guiMi pdt<»g*i d i Jos cap. v n y jk d t
tu carta ¡i Km romanos & c. :

K La doctrina de aán Pablo , dicen


» los . incrédulo», se contradice. Él dice
7 .) que tiene en al «1 hombre m -
u p iiiiu a l y al hombre carnal j a l hombre
n ju tio y a í hombre d e pecado i y en otra
« p a rte aiegua. (G al. * .) que-está Ubre
wde la ley del picado. Ya ensefia que el
*» hombre se justifica p">r las o bras, ja que
» por la fe fin la* vbra» Ategura que Dios
i< quiete salvar 4 iodo» ios hombrea, y al
>i misino tiempo.afirma que los que no han
«i ndo eso#ido* , haa sido bechoa ciego*,
si y que Dio* tiene misericordia de quieu
)*Lquirr«., y endurece á quien le pitee.”
Si .solo Re aiieade i . l t t c o r t e u de las
palabra*, sia tutear su verdadero senildu,
cuyo trabajo eacuata comunmente nuestros
enemigos superficiales^ parecerá . sia dudt
que «an Pablo te contradice en aua eaae-
fiam a s.P e io ae vé daram ente que no es
a s i , cuando 3i 11ceramcu.t5 .ae busca la ver­
dad. Enseña can Pablo que por naturaleza,
j>or oac¡miento y «uto hijo di Adán, c» él
mi hombrt d i picado, baja ta Uy de fapwio,
Tomo V il. 21
3S4
bajo el yugo de ona concupiscencia impe­
riosa que Je arrastra al p r i a d o pero que
por la gracia del Redentor ha sido lucha
iibrt de esta ley de pecado, y que J. C.
v iv t en él: que lo mismo sucede á lut que
han sido bautizados y reengendrados ea
J . C. y no viven según la carue (Kom. 7.
vv. 24. 2 > .= r8 . vv. i. 2. )• Aquí Jéjos
de haber contradiccícn hay una sublime ea-
scíunaa sobre lo que tiene el hombre del
antiguo Adán prevaricador, y del nuevo
Adán J. C ., á loe cuales dos<rc refiere se-
guu saa Agustiu toda la doctrina de la
religión. Coa ello se ao* descubre uu vas*
Cl&imo campo de grandes é importantísi­
mos cauoclmientos, coa que se rcetificau
nuestras ideas con respecto á lo que somos
nosotros y A lo que en nosotros obra para
nuestra rectifícaclou la bondad misericor­
diosa de D ios, y con respecto á uuesira
m o ral; con lo cual evliamos los monstruo-
eos errores y las lastimosas incertiduot*
bres en que vivieron los aabios de los tiem ­
pos antiguos, y otras mucho mas lasti­
mosa» en que se han envuelto y se van
euvolvieudo los pretendidos sabios de Jos
nuestros.
San Pablo (Rom . 2. v. 1 3 .) dice que
los justos delante de Dios no son los que
oyen la ley sino los que Ja cumplcii. En
ene lugar se trata de la ley mordí, puee el
Apóstol habla de Jos gentil t i que o»tural-

mente la conocen y tienen grabados sus
precepto* en el coratou- P or el contrario
dicc ( t . 3. v. SIB) femamos que el hombre
se justifica por la fe tía las «Ürai de la.ley.
Estas obres dt ia ley son las de la ley cere-
ynonioJ de Iqs judíos ( pues está hablando
de la justificación de Ábraham, que pre­
cedió mucho ticuipo i la publicación de
los estatutos cctcmoniaies de aquel puelilo.
Es claro que este Apóstol par la f t Je
Abraham (c. 4.) euticude ao solamente Ja
creencia de este patriarca, sio© también su
contiauxa en las promesas de Dios y su
fidelidad en cumplir stu órdenes, Ja cual
encierra Ja obediencia á ¡j ley moral y por
cvuMguienie las abras, Esta doclriua está
lléoa de. cousecucucia siu sombra de con­
tradicción.
No so la meóte dice sau Pablo (1 . Tim.
'2. ▼. 4.) que Dior quiere -que Muios los hom­
bree sean salvos, mas lo prueba también poc
el hecho, mismo de haberse J . C. entrega­
do p árl la redcnciuu de toJot ; y así es
que encarga que se pida 1 Dios por loJut
sin escepciou. El misterio de la predesti-
uacian no es contrario 1 ceta verdad, al
hay por qué entrar aquí eu estas cucstio*
ne« ojL cu tratar su conciliación; Véase lo
que sobre e¡¡o Cbpusiuw» uu uuestra no­
ta »r:v sobre el Géueais.
Cuando el Apóstol afiade (R om . 41,
▼. 7.) qi)C algunos de los judio» fueron
3Í6
acogidoi y otro* m &iri<ro« ciegot, solo sig•
ulfica que cato* úliimo* «c cegaron por m
protía voluntad y culpa, p u tsio que en el
v. 33 asegura oue los que no p erm anecie­
ren en bu incredulidad aeran d e nuevo in-
gtriadot en el árbol qas los tenia ántcs ea
s i ; y añade eu el v. i'J que asi i los
gentiles en un principio , corno ¿ lo; judios
despues, los dejó el S eñor ea la incredu­
lidad para m o stra r j« mititieordia con todot.
Luego no es Dios quien quiso cegarlos, ni
endurecerlos, ni reprobarlos. T baste so ­
b re este puQto sola esta coniestaciou gene*
r a l, asi por no pertenecer & uuestro objeto
la iuTCStígaclon profuuda de estas cues*
t ion es, propia de loa téologos> como por­
que beatos dicho ya lo bastante asi en la
b o u c ita d a como en u u a s p a ite s.

N OTA III.

Sobre el o. a i del cap. i déla i .* carta


á lot Corintios.

5. 111.

Sabn rl S. Pablo condenó ia tabidmrla y la


roaon pora cantonar ti eatu$:jsoo 3 ia locurai

San Pablo dlfce á lo* fieles: por cuanto tt


mundo cu la tair/durU de Dios (que resplaa-
357
dece en fus obras) «io comm» i Dios por media
dt íj sabiduría (ó discurso humano) p.'ugoí*
A DJoi salvar á Joi que enyeten 10 Ü p«r
medio Je fa locura dt la predicación. D e este
pj*»gc y otros semejantes bao tomado oca-
bioo los iacréduios antiguos y moderaos
para decir que saa Pablo ha condenado l*
sabiduría y la raioa para Canouiiar el en­
tusiasmo y la locura.
Todos los siglos del cristianism o, co>
m a m a d o desde el prim ero, nos presentan
varones cristianos muy cmiueutc6 ea las
ciencias humanas y de la ra tó n ; y léjos
de haberlas renunciado para hacerse heles,
vemos, I.* , que han hecho de d ía s un uso
muy ventajoso á favor del cristianismo y
de la dociriua de la fe; 2.° que han ade­
lantado en las mismas tanto y aun mas
que los que carecían de este don celestial.
Luego jamas han dado & las palabras del
Apóstol el odioso seutido que las atribuyen
los incrédulos. X ¿ quiénes le habrin caten*
dido mcjoi i los que le reconocen y veucraa
como á nuestro suyo, y admiran su profun­
da sabiduría , ó los que apenas bao pasado
ligeramente la vista sobre sus escritos, no
para profundizarlos sitio para encontrar ea
ellos tropicios y materia de perdición i
Los filósofos paganos , con todas su»
luces, no supieron couteihplar.cn U es­
tructura y curso del uuiveroo i un Dios
criador, atento A ordenar y dirigic tu
3f8
obra, y arreglar la marcha de todos loa
acontecimientos. Uní» lo atribuyen iodo al
acasot otros á la jtiaiíJjd 6 destino. T o ­
dos habían divlufcado las partee del mun­
do, íupouléudolis animada; por espíritus
inferiores, á quienes dirigían el culto que
solamente se debía al Supremo Ser. No
contentos con autorltar la idolatría y io­
dos los abusas que la acAinpaúaban ; sc
opusieron á la predicación del Evangelio,
que anunciaba uu solo D lus, como lo tene­
mos ya observado en nuestra nota i sobre
las cartas de san Pablo. Luego su preten­
dida sabiduría solo sirvió para eeiraviar*
los , y ciertamente era indigna de este
nombre.
D ios, para confundir á estos faltos sa-
bios, hace anunciar el misterio deán Dios
hecho hombre y crucificado por la reden­
ción det mundo. Esta doctrina les pareció
uua (atura; pero esta locura alumbró y con­
virtió el mundo; aun entre los filósofos la
abrazarou muchos y sc hicieron sus defen­
sores. De aquí infiere san Pablo que loque
viene de Dios , y parece i primera -vista
una fofura, es en el fondo y en la reali­
dad mas sabio que todos los discursos de
los hornees. Esta ju ila consecuencia la
vemos harto confirmada por los estiavios
de los modernos filósofos.
3Í9

NOTA IV.

Sobre el. yfrs. 6 del capitulo 7 de la


misma carta.
§. ir.

Sabré h máxima: una poci levadura


corrompe toda la masa.

"Asegura san Pablo que « i poco de Ir-


»*va Jura corrompe toda la masa. ¡Qué ig -
•n oeraocla ! dice uu Incrédulo. Lejos de
» corromperla, la bonifica, y da al pan.
v gusto y sabor que aumenta iu cuali-
n dad &c."
£1 original ó testo griego no babU
de corrupción, inss dice: mbeit qur una
foca levadura IcaJa (6 fennenat) toda la
tnatai Las versiones siriaca, árabe y etió­
pica están conforme* coii el' original grie­
go. ¡ Qu¿ ignorancia atribuir á sau Pablo Jo
que ■« dijo! " M a s dicelo la Vulgata.”
E n buen hora ; mas no por eso merece ia
jc c n iu n de los incrédulos que la toman ea
sentido diferente del que se propuso el tra­
ductor. San Gerónimo , llamando corrupción
i la alteración que causa U levadura ea
la ma«a , se rspresa del mismo modo que
lo biso P lutarco, el cual (TYul. ie lot
$60
CikiI. román. Cuttt. 109. ) dice: " ¿Porqué
tt uo es peiauúdo á lus sacerdotes de Ju-
r> piter locar la levadura 1 l ’oique la 1c-
« vadura te forma de «orrup Hl- , y ujki-
n ciándola cod la maaa la pa>-8
n ía ferimuuteton y la p u n tfju ia n ,sou Ucl
i) todo semejantes. ”

NOTA V.

'*• v.
Sobre varita trjtoi di tan Pab.’o. Sobri »i la
rttighn tolo ú rvt pata íniriwcccrtiiM y ¡u*
ctrnés mitrrablti. Diot quiere m uluA dt todot
ioi horubrti.

Uaa de h a objeciones mas comuues que


hacen loa incrédulo» contra el criiiiauisiuo
ea : n que sus dogma* , bu moral t sus
n prácticas pareccu diiigidfl* para que »i-
m vam os-tristes y prohibimos toda especie
n d e alegarla y de placeres: que la piedad
»> ó la devocion no es en el fondo mas
>i que un acceso de m elancolía: que un
ttctisiiano regulir debe 6ec el mas misc-
h rabie de 'los hombres. "
No paede darse objecion mas opuesta
al leagvage de las Escrituras que eat3 la*,
juata preocupación. Ellas exhortan de con­
tinuo por la boca del rey profeta á los
adoradores del verdadero Dios á que se
regocijen y K entreguen i Tos mar suave*
enagenauucotos de la a le g ría : invitan é
todcs ios hombres á que ¿urna y pruebeu
cuanta ti b tu m JW del Señor. San Pablo
exboda también á los fieles i que se ale»
gren ¿n el áchor, como puede verlo por si
todo el que quiera consultarle (c. 3. v. 1 .
ad Pfaty*. ~ c. ^ s. 19 . ud Eplus = c. 5.
«. 16 . ad Cofas*. Wc. Vtc. ). Es verdad que
en su carta, i los romanos ( c. 14. ▼. 17.)
dice que *1 n y o dt Din» no cansóte en la
comida y bebida O placeres sensuales , lino
q¡u es juttici* y m i y g n o tu el Espíritu
Jumo. M as {quieu osará pronunciar que
esta gran máxima nos comlutca i la tris»
teza y melancolía., cu iü io rectifica y or*
dena al homhre según la verdad de su
dignidad y grandeza , que es lo que de
suyo debe producirle satisfacción y ale»
gría. j Por esta causa ea eJ c. 13, vv. 13,14,
encargaba á lo» mUinos que .uo pasaseu.su
vida 1 * comiionuj y borraduras , ni en de1»
honestidad" y disoiuñoncs , m en contiendas
y envidias , mat se reviitiueu ie nuestro Señor
J. C. lin buscar eó*no satisft^tr ios antojos dt
lo sensualidad. Solo uu áuiino bestial podrá
decir que esta doctrina tan importante y
sim a , sea capaz de contristar al botnbre.
t i mismo Apóstol protesta que en medio de
los trabajo»y penas del Apostolado sobre­
abundaba en goto y alegría (2.Cor. 7. r . 4.).
Esto mismo han repetido ea todos los
362
aiglos los verdaderos hombrea de bien, que
son los siervos de Dios según el Evauge-
lio. Sa testimonio es u n to mas indudable
cuanto no era de recelarse en ellos el dolo y
la m entira, los cuales están ea contradicción
de su misiiu. conducía. Aun los que ames se
habian abandonadoi los placeres del mundo,
han atestiguado despues de sa conversión
que disfriítabiu una suerte mas folia , y po-
seian un placer mas 6uave y puro t que cuan­
tos comentaban sus desordenadas pasiones.
Los dogmas fundamentales del cristia­
nismo no son ciertamente tales que deban
llenarnos de espanto y tristeza , sino que
mas bien debeu Inspirarnos consuelo y re­
gocijo. i Hay cosa mas consoladora que la
consideración de un Dios que por salvar­
nos nos ha dado su propio H ijo) ; deque
nuestro juez es el mismo Dios que se dig­
nó haccrsc nuestro herm ano, para sernos
misericordioso i { que las mismas pcaas,
i que ha aido condenada, la humana na-
tu rale ia , pueden servirnos de raénto p a n
coiueguir uua eternidad de dicha y de
felicidad!
Es verdad que para establecer el cris­
tianismo tuvieron que sufrir las mas ter­
ribles pruebas , y aun esponer la vida
entre los tormentos , los Apóstoles y los
primeros cristianos; y estos son los moti­
vos de triitizd y de lágrimas que el Salva­
dos les habia anunciado * pero predljoles
363
al mismo i lempo que xu trísteu se convcr-
ü ria en alegría (Joaon. 46. v. 20.).
Ua filósofo gentil que uo era uo entu­
sia sta , al ua insensato, al un alma débil,
Plutarco , Insiste en probar contra los epi­
cúreos , que es imposible que el hombre
sea feliz siguiendo la doctrina de Kpicu-
ro , y que es umi locura privarse de loa
consuelos que da la religión a6t durante
la vida * como para despuea de la muer­
te &c.
” San Pablo , dicen finalmente los In-
n crédulos , ensefia que Diaj tpátrt m e lo-
« J n íoj hambre t se rota» y vrugfln al cono-
vi címúnio dt la verdad ( 1. Tim . 2. v. 4. >
tt Sin embargo , Dios nu da ningún medio
ai de salud á la mayor pane de los h on-
n brea, como por cgewplo í los paganos i
» quienes deja en las tinieblas de la ido-
m la tría , á los nl&os que mueren slu bau-
m tismo &c.”
San Pablo dice que Dios quiere salvar
& todos los hombrts , y niuguno esceptua
ó enagena de esta su piadosa voluntad.
Dejando en toda su fueita y mérito h a
varias maneras como sobre este punto ae
esplican loa santos padres y doctorea ; con.
respecto á los enemigos que nos hacen esta
objecion , bastará hacerles advertir que
asegurándonos el Apóstol de que esta es
la voluntad de D ios, no noa dice cáwo
quiere salvarlos, ui qui mtdiot de salud
Stfl
les proporciona para este fio , según U»
varias circunstancias en que pueden ha­
llarse. Debemos crccr lo que ¿1 nos dice,
pues uos tiene dadas credenciales que nos
ccrtificau indudablemente de que nos ha
hablado con v erdad; mas no nos es per­
mitido escudriñar curiosamente aquello que
ha dejado de decirnos. Conocemos los me­
dios de salud que á nosotros nos tiene su­
ministrados , y asi no podemos dudar de
que quiere la nuestra , y esto basta para
anim ar nuestra. confíaosa- Nos sou deseo*
nocidos los medios asi próximos como re­
motos que para ia so ja tiene sm muU ui*
dos í loa paganos, i quienes deja en la
Idolatría , y i los aillos que mucrcu sin el
bautismo. Si esto da egercicio á nuestra
fe ; nuesira ignorancia coa respecto 4 los
medios j que i unos y otros proporciona el
Scfior , no ha de ser uu titulo que nos au*
torixe para no creer que Diot quien tahar-
io t, pues una verdad claramente conocida
uo puede ser destruida por un objeto que
nos es descooocido enteiamente. Asi dia*
cu n e el P. Griffet ( Aüo C rist. Diciembre ).
Véanse nuestras notas s u y x u v sobre el
Génesis
365
CONCLUSION.

Aquí damos fia í nuestras notas ' f res­


puestas á las dificultades de lus impíos
couira la sagrada Jtibtia. No pretendemos
haber refutado lodas las objeciones que los
incrédulos de nuestros d i » bao copiado
dv los ami¿tios escritores judios y gentí-
Jes, enemigos dei crWiiauismo, ó Us que
han i.mugiaido de nuevo contra íot libros
sagrados. Pero erem os haber contestado á
todas las que pudieran hacer alguna luí»
presión. En cuanto á otras objeciones mi-
nucios*» é impertinentes, cuya nulidad' se
presenta á lus ojos de todo el m undo, des­
de el - primer momento hemos cieido de­
bíamos excusar á nuestros lectores ia mo­
lestia y el ningua tatures de su discusión.
Sobre todo nos ha parecido indigno de la
sagrada causa que Hemos procurado defen­
d e r, el cuueceiiernos en rechazar las bur­
las i iujurias coa que los enemigos de la
religión iizouao cou frecuencia sus blas­
femias. Nos hemos contentado con despre­
ciarlas y dejar que vengan ¿ caer de suyo
en el cstre:no del menosprecio y desesti­
mación que se merecen.
^ d rrim rM t miU iniqui fa b u la tio n ti , u J
non n( k x tua. Ps. 118. v. 81.

F IN D EL TO M O V II Y DE TODA
LA OBRA.
366
ADV ERTENCIA.

EdeJ romo 1.° debt corrtgint io tiguiemt*:

Pig. 8 9 , lin. 10 , dice: de verano, podrá


representar i icait: de invierno, p ú a
empreuder tu a<ceo«ion al de verano,
pudrí repreieular.
Ib. lia. ( 2 , d í a : ¿cómo la Cabra ( Bootei,
constelación septentrional ) podiia figu­
rar j léase: ¿cómo Capricornio podria fi­
gurar.
Ib. lío. 14, Jice; hácia el solsiici? «le ia*
vierao , cuando el animal 4 liase; hácia
el jolsúcio de iuvieruo, retrocediendo
y bajando deide el de verano, caaudo
el auiutal.
Ib. lío. 2 9 , dice: Estaba aun lejos de to­
car en el j lia u : Nu lubia llegado auu al.
161
TABLA

DE LAS UA.TEMAS CONTENIDAS


BK EL TOMO S ÍPT IM O .

C O N T IN U A N

LOS

CUATRO EVANGELIOS.
NOTA XVIII. Sobre d veri. 9 dtl
cap. vi dt sm Mano. . . i ............. 3
$. xxiv. Ncttas invectivas- ccntra ia ora-
don dominical. .................................... ¡bid.
NO TA XIX. Soirre ¡os w í . 6 y 7 dtl
cap. v jji Je son Matto ....................... 8
J. xxv. Soür» si un paralitico pwdc pa-
rlírtr g rjn Jfj deiortt........................... ¿l»d.
NOTA XX. Sobr* Jor vtrt. 16 jr j¿¿.
de/ cap. viii Je jan Maito................ 9
§. xxvi. RcspomUít i tu iÍ J i o Ijííím íi
de fot inctéduks Jobrf ío; crurgáme-
mi caradoj por / . C. jf »ofcre la lim-
rilad qu* hito calm ar......................itíd.
S TA XXL Sobrt los cap. ix dt san
Mateo , 11 de jji» Marco*, v de san
L ú a s .................................................... <8
Jtf* %
§. xxvu. Cu-oeion d d par ¿Utico bajado
por ti tecii/» ó lírr.i.Ju di ki casa. . . ¡lid.
NÓTA XXII. Sibre la» cap. ixjfej.ro
Afilio , v dt mn Mjrcot y i dt tan
Lucas.-. . ............... i . . 22
£. xxvm. RijwiTíicion de la hija dt
Jaira. Radociniot absurdos dt lo¡
dtistas................................................... iiú!.
NOTA X X lil. Sobre ti cap. n dt tan
M atto ............................................................... 89
§ xx [x. De la f»P*fr htinorroisa. Si st
curri por b f u tr ía de ¡a nnuginjcioii.
Curación d¿ un «ii<íctnoruaJt> mudp. .
NOTA XXIV. Sibre ¡ot vtrs. i y sig.
del cap. ▼di san Juan........................ 35
$. xxx. De ¡a púcinj prob.iticd ó dt Uu
ovejas. Curación del paralitico di trein­
ta y ocho años. .... ........................ ibiJ.
NOTA XXV. Sobre íot vetj. 54 ¿ti
cap. x de tan Mateo , y 49 y $ 1 Ael
cap. xii dt san.Lúeas ........................ 41
§. xxxi. TTjmanjj ca coiuideriwioii t»i*n.v
rtflt*¡OMi dt ¡01 incráiuior, relativas
d las disensiones producidas por ta doc­
trina del Evanetlio. i.* hitas , s i ­
gua dío>, cntr<¿an ta ti pian de J C.,
y entraban dz necesidad $ y atina de­
bió predicarla. . . . ..................... ... . ibid.
XXXII- 2 .1 EjpJiít» dt inlOÍCraOCM de
alpinas tmísiwat de J. C . Respóndete
& uta reflexión. Mayor es la intoíc-.
rancia dt los uncios j svidtntcmtnte
TiprtntíbU............................... ... 4(
$. xxxin. 3.« Guerras de religión. Ja i-
tai contestaciones á tita nr/I»ion. . . fi
(1 m u . De la Inquiricion 60
fc x x x v . C 'rutttd j; y drJcnri r a ü iu r/ í. ¿4
Ñ U TA XXVI. Subre el vtrs. 10 del
cap. x iíi de 100 Mateo , ven. 1 1 ,
Cap. iv di tan Marcos ; vea, 10 ,
cap. viii Je jan Lucas 4 vtrs. 37 y
sig. , cap. m i de jan Juan................. 70
5 . « u n . Acriminaciones ie ios incridfs-
Jos contra J. C ., por haber sido pie*
d n de escíndalo » ^ huWodo tu p j-
riihoias.................................................. ibid.
N O TA XXVII. ¿ o ta Jo/ « o . 3* y
sig, dtl cap. xiw (ie sau Maleo i J 3
y sig. dei cap. vir d* ¡an Juan. . . 7 4
$, xxxru. J. C. camina sobre las aguas.
Acusación dt mentira contra <f. . . . ibuL
N O T A X X V lll. Saí>r< Ioj c r n . i y
irg. d íf í*ip. v i i i de san Juan. . . . 78
§. xxxvm Dt la mugtr adáittra. : . . ¡bid.
MOTA XXIX. Sobre varios otror ttt-
tot de los Evanirelios.............. 79
$. xxxix. Respóndese d algunas objtcso-
1us y subterfugios ie los incrédulos
stisrt variai punió». ConlMldcion ge-
neral d id acutacioo de coluúonu *»-
ir» J. C. y aquellos e» quienes hacia
los miJiifrvoj. ¡ . W*
N O T A X X X . Sobre los vsrs. 17 y tig.
dtl cap. x i v , y el vtrs. 34 dtl ta -
370
pit. i j ic tan Maten, 3 sobre loi
ven. 9 y sig. del cap. vi de tan
Ju*" ...................................................... 94
5 . x l . D t la multiplicación délos panes.
Su aplicación por M. ...eck. . . ibid.
NOTA XXXI. Sobre lo, cap. xvn de
tan Mateo , IX de tan Marcos y i» dt
san Lúeas.............................................. 100
§. x u . De la transfiguración del Salva-
dor.........................................................iimJ.
NOTA XXXII. Sobre ti cap. ix de
san Juan................................................ io i
J. u u . Curación verdaderamente miL-
grosa del ciego de aamuirato. Infor­
mación hecho icüre este milagro. . . . ibid.
N O T A X X X III Sobre el cap. 11 de
tan J u a n .................... ......................... 107
$. xLin. De la resurrección de Lázaro.
Circuasi jacios que la preceden. Sirie
de este milagro. Objeciones y rrjpim -
1 as. Particulares ebjecionet de /f
ton. Si este milagro le fingió san Juan. ibid.
N O T A XXXIV. ¿’ubrí ¿I vtrs. 17 del
- cap. xviii de san Mateo......................i i (
S- XII*'. Sentido de las palabras : al que
no csc u c b irc i U ig le s ia , tenia
por guntil y publicanu.....................ibid.
N O T A XXXV. Soto el vert. t t del
cap. «X de san Mateo...................... l >7
$ x lv . De la oirginitidii y dtl celiba­
to- Confírmate ia doctrina evangélica
sobre tsiot puniot. M/pontnsc j t t re­
371
futan Ioj cbinimui 3» los incrédulas, ibid.
NOTA XXXVL Sobrt los ven a j j
sig. díl cap. x x u dt san Jiw n. . « 1 4 4
§. x lv i. Dt la resurrección de lot inser­
tos. Su pcsilxitidad. Objcceionn. . . . ibid.
NO TA XXX V il. Sobre tos vtrs. 1 J ?
xi dt san Marcos. . . . 14 B
S- xt.vil. La higuera infructuosa maldi­
ta y u ta por J. C..............................
MOTA XXXVIIL Sobre lot vtrt. 34
y a ; del cap. xi 1 J t sa» Juan............1 (o
J. x l v i i i . Del ¿rano dt trigo t¡ue mue­
re rw tierra. Si J. C. ha htcho mi-
lagrat dut ningún otro fttu>...............ibid.
NOTA XXXIX. Sobrt el vtrt. x l i ik l
cap. xxv de san Moteo....................... ($3
§. XLIX. Ettruijad de las penas Jet ifl-
fitn o . Estt J agina es el princfpia de
ios ttroret fHotificas, y ¡U¡ odio de los
intritluloi contra la rtligion............... ibid.
§. l . Fjijat miximdi de los ¿ncriidufoi.
Resultada de m ¿K triiu. Injusta y
temeraria imputación á Í01 jaeírdoUi. l 5»
NOTA X L Sobre Ja (Miion y muerte
de J . C, según los cuatro Evangelis­
tas. M a t. ee. *6 . *7. Hfjrc. 14.
Lucas 1 1 . a ] . Juan 18 . 19 .............. 169
5 . l i . Gloria dt J. C. en su misma pa­
itan. Padece como ua Dios..................ibid.
$. Lili Rasgas dt milignidod y falseda­
des de los sucrádulos sobre esta admi­
rable historia. Absurda esplicocion dt
173
la institución ib la C acaristia. Si J. C.
mostró debilidad tn «t hutrto. Su nm-
dutta con los ¡oUadot, y con ti jumo
sacerdote. Manija tjcion dt tu Divi­
nidad. Por qa¿ no fresealó abofettado
la oirj mejilla..................................... 17 »
§. l u í . Si tí concebible lo conducta de
P'iUtot. Si J, C. te quejó malamente
del abandono dt ju Paire. /Jora Je iu
muerte. Sobrt lo1 dot ¡adronu. . . . t 8 f
§. u r . Algunas otras ¡útiles objecio­
nes de lot incriduiot............................ 189
$. iv . Verdad dt Ia muerte de J. C.
en la cruz.............................................. 1 98
NOTA XLI. Sobre la resurrección de
J. C. ugitn lo 1 euatrn Evangelistas.
Aíat. c. 38. M are. c. 16. I n c . r. 34.
Juan cc. ac. ...................................... ao8
$. lvi. L j reitirreccfon rfe /. C. cj ti
julo di los demás müjgrot tuyos. Sti
historia, Se tonu ta consideración Jo
que contra ella opusieron los judíos, y
tut varios gestiones Caraieou á exa­
minarte ti ptso y valor del tettimonio
de lor Apóstoles. . '....................................¡bid,
£ lvii. Indudable verdad del testimonio
- H¿ ln¡ Apórtoltt. f.u Elfo» na hm po­
dido padecer engaño en lo que not han
tt forillo tobit la resurrección de J. C.
J'.íiir.n e este punía. Oyese á ¡os in ­
crédulos................• .................................... _ * I 4
(. tv h r. 3. • Los Apóstoles tío noi han
engañado en lo que ha» dicho acerca Je
la resurrección de tu Maturo Convin­
centes reflexiones infrie ene particular. 33a
J . tix . La oposidon ntssvus de Jos ene-
«igor dt la resurrección, y ti funda­
mento cu ¡pti tt apoyan, tt uno »uepa
prueba dt tu VtrdáiJ............................330
$. ix* Cimfirmase (a vtrdad Jt la n -
tutrtceion por Ja conversión dt ocho
mil judíos por la predicación Je san
Pedro ■, por ti silencio dt lot na íoii-
vertidot; por el modo como la impug­
nó Cebo................................................ 340
§. LUI. Tomante en consideración varias
objeciones dt lor incrédulos. I.1 N a­
die vi¿ salir A Jesús dtl sepulcro.
2.* Sobrt lot palabras: después de
tres diai y tres n o c h e s .......................... *4»
§. u n . 3.a Contradicciones que ¡ot incré­
dulos jiijmntn en la narración dt lot
J¡VJH£t¡ntai. N'Jtvat ratones y argu­
mentos mynj......................................... 345
NOTA XL1L Sobre ¡a ateenth» de
J . C- (A f.ire . 16 . v . 19. = L uc. 34.
v. n i .— Act. 1 . ov. 9 V e.). . . • *79
§. lviii. Supuestas cantradrccionu dt lot
Emngtlisias en la historia de Ja os-
cention. Es presión hiperbólica de san
Juan. La apoteosis da Rómulo. . . . il/id.
m

LOS HECHOS D E LOS APÓSTOLES.

N O T A I ...................................................
§. i. D* lot milogroi il* loi Apastóles.
Son htdtidablet. Son frutos da la ve-
nida del Espíritu Santo. Bt ta mi una
venida es ti primor milagro. FaJia « -
pwcacion de til», impugnada. Mila­
gros dt los primeras ji/lf»................... ibid.
J. 11. Rrjpondftf á algunas objeciones dt
los incrédulos................................................ 300
$. 111. Sobre el tntutújmo utigio». . . 304
N O TA 1L Sobre «l veri. 3 deí csf. r •
de tos Hechos de los Jpistoles............313
§. tv. Del castigo de Aaanias y Safira. ibid.
N O T A III. 5obr« el cers. 99 del mis­
mo cap.................................................. 314
$. v. Esplicjcion y d’frnsa dt la mi>
xíimu : se debe obedecer á D ioa con
urcfcrcncii á los hombres.................ibid.
N O T A IV. Sobre ios cap. re y sig. de
los tachos dt ¡os Apóstoles.................. 3 1 7
$ . VI. Verdad Ael milagro de la conver­
sión de saa Pablo. Circunstancias del
hecho. Refútase la tsplicacio» de
Ai. .. . e c k . ...................... : .....................ftiJ .
$. vii. Aplasto rompioi entre san Pablo
y los demos Apóllales. Cantrj¿¡c¿iones
en la historia d t tu conversión. Sé
quiso hiccrse gefe dt un partido: va­
rias reflexiones tabre es ti punto. La
37*
conducía de u n PuWo en cortrafrcioa
contigo misma........................................3*4
§. Vili. Aeutaáaiui dt mentiro, orgullo
y turkJentta contra jan Pabb. De
iuj milagro»....................................... • 333
N O TA V. Solrrc el ven. 99 dtl ea-
pit. xxit de los hechos dt t u Apis-
.............................................................. 34»
$. IX. San Púbto fue verdaderamente un
ciudadano romano................................. ibid.

CARTAS D E SAN PABLO.

N O T A l. Sobre los vers. 18 y iig. del


cap. 1 dt la carta 4 lot romonot. . . 345
$. 1. Si jan Pablo ha canjeando con n -
ctsivo rigor d lot antiguos filóiofos,
y ha desacreditado á la mitma fUoi0-
fia. Paral/lo dt lot /iIÓjo/oj antiguo*
y modelaos. Sobre ti la rctigion ex
para (ai attoai créiWtii y bojji. Re­
flexión dt <l'AlMdnn...........................ibid.
N O T A I L ............................................. 35 $
$. 11. De «lignitos fatales dt lot cj-
pil. vn y ix Je la c « i a i los roma­
nos t ? c . ..................................................ibid.
N O T A 111. Sobre el vers. a i dtl ca-
pil. I dt la 1.a carta i lot corintios. 357
$. 111. Sobrt si tan Pablo condenó la iu-
bidarid y lo ratón para cantonar ti
enlmiatmo -y la locura..........................¡bid.
N O T A IV . Sobrt ti vtrt. t dtl cap. v
37tf
dt la « í i m carta................................¡ jp
§. iv. Soort ¡a máxima: una poca le­
vadura corrompe toda la masa. . . ibid.
NO TA V ................................................. 360
(. v. Sobre variot latot dt jm Pabia.
Sobre si ¡a rtligion tolo ¡ti ve pjro
tnltUtcetrn»] y h jc tin o t nii\erubks.
Dioi quitrt Ja talud dt todos ios
Iwábrts..................................................ibid.