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Kierkegaard ganz1912

Süren
Soren
Diario íntimo

lntroduc·d6n dr
José Luis L. ArnnJ:unn
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Diario íntimo
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219

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ganz 912
Soren Kierkegaard

DIARIO INTIMO

Introducción de
.JOSÉ LUIS L. ARANGUREN
catedrático de la Universidad de Madrid

Traducción y notas de
MARÍA ANGÉLICA BOSCO

CLÁSICOS UNIVERSALES PLANETA

Director literario:
GABRIEL OLIVER
ciatcdráüco de la Universidad de Barcelona
Ulrt•t·tor editorial:
l<Al•'AEI, BORRÁS BETRIU

A1w�or:
e 'AIU.O S PlJJOI. Planeta
ganz1912

SUMARIO

Págs.

INTRODUCCIÓN . •
IX
Influencia de su padre . IX
Su deformidad . X
Regina O !sen . . . XI
Los estadios en el camino de su vida XIII
El cristianismo de Kierke gaard . XN
Cristianismo y Cristiandad . . XVI
Kierkegaard, Ja teología y la filosofía XVIII
Obispos y reyes . . . . . . XIX
Dinamarca y Alemania, referencias a España . XX
Cronología XX
Bibliografía . XXXI
Nota a Ja edición XXXIII

DIARIO fNTIMO

1834 3
1835 9
1836 27
18 7 32
1838 41
18 9 . .
. 47
©por la traduccíón, Maria Angélica Bosco, 1993
1817-1839. (Papeles sueltos). 56
©Editorial Planeta, S. A., 1993
1 de julio-10 de agosto de 1840 62
C6rcega, 273-279, 08008 Barcelona (España)
Diseño colección y cubierta de Hans Romberg 1 !l'1 1-20 de noviembre de J 842 67
Ilustración cubierta: retrato de S. Kierkegaard (1838) 1840-1842. (Papeles sueltos) . . . 84
Primera edición en esta colección: marzo de 1993 10 de noviembre de 1842-marzo de 1844 . 87
l}cpósiLo Legal: B. 5.321-1993 1\1111110-djciembre de 1844 106
l�l'lN 84-08-00239·2 llM•I. (Hojas sueltas) . , J J4
'0111posici6n: Fort, S. A. (Aster, 9,5/10,5)
l lf\ k111bre de 1844-diciembre de 1845. 118
Papel: Olf�cl Rotoform, de Clariana, S. A.
1 11( r<, diciembre de 1846. . . . 125
Ji 11p1 l'�1(111: Ouplcx, S. A., Ciudad de Asunción, 26, int., O, 08030 Barcelona
7 dt �l'f)ticrnbre de 1846-24 de enero de 1 847 144
I'llllllldcr n,1c i(m: Encuadernaciones Maro, S. A.
l'r irlll'd 111 �pai11. Impreso en España
11( 17 162
VIII SUMARJO

1845-1847. (Hojas sueltas) . . 166


INTRODUCCIÓN
. .

24 de enero de 1847-15 de mayo de 1848 168


1847-1848. (Papeles sueltos) . . .. .
208
Del 15 de mavo de 1848 al 2 de enero de 1849 210
Del 2 de enero al 7 de septiembre de 1849 . . 246
7 de septiembre de 1849 al 18 de abril de 1850 290
15 de abril de 1850 al 22 de enero de 1851 .
22 de enero de 1851 a1 30 de agosto de 1852
311
328 ; e óMO era, quién fue Soren Kierkegaard? Una perso­
Enero de 1852 . . . . . . . . . 341 � na, yo dirfa mejor un personaje, que vivió suce­
30 de agosto al 2 de noviembre de 1852 . 355 siva y simultáneamente los estadios de la vida que él nos
1853 . . . . . . . . . . . . 358 ha dejado descritos, el estadio estético, el estadio ético, el
1 de marzo a octubre de 1854 . 392
. . estadio religioso. Más aún: fue el conjunto de sus pseudóni­
Octubre de 1854 a septiembre de 1855 432
mos, cuya multiplicidad sólo parcialmente llegamos a en­
1853-1855. (Hojas sueltas) . 447
. . .
tender: Vigilius Haufmizuri, Johannes Climacus, Constan­
tino Constantius, Johannes de Silentio, William Ashan,
«Un hombre casado», Frater Taciturnus, Viktor Eremita,
Anticlimax... fue, como él mismo dijo de Jesús, de Job, y de
otros, «el incomprendido», el «condenado a vivir entre gen­
tes que no le comprenden». Vida La suya que él mismo tardó
mucho en comprender, que pasaba fácilmente de la «sensa­
ción» de felicidad a sentirse arrojado <<en los abismos de la
desesperación», víctima del «temor y temblor» pero tam­
bién, otras veces, egoístamente encerrado en s{, «como un
abeto solitario», melancólico, hipocondríaco y con frecuen­
cia sumido en La «acedía », pecado característico de los
hombres claustrales de antaño y que el catecismo ha susti­
tuido puerilmente por la «pereza». Y a la vez, consciente de
su valía, de que nadie ha expuesto antes que él -después sí,
pero siguéndole- Las categorfas del ámbito existencial, or­
J!,ttlloso de su soledad y de su superioridad espiritual.

1 NFLUENCIA DE SU PADRE

Ouizá para entender cómo fue Kierkegaard conviene seguir


mra vía, la del cómo se hiZo, qué influencias decisivas su­
/1 ió en los primeros años de su vida. Yo diría que tres: la de
'"padre y, de la mano de éste, la de Martín Lutero, la de su
¡11opia deformidad física y la de Regina Olsen. E. xaminé-
111oslas por separado.
X SÓREN KIERKEGAARD INTRODUCCIÓN XI

La estrecha relación con el padre y la experiencia religio­ ¡Qué melancolía! Hasta ese asunto de mis panta­
sa de éste fueron decisivas para Kierkegaard. Relación po­ lones, que tanta bulla ha armado, tiene una triste
sitiva y, a la vez, sobre todo en los últimos años del padre, (¡casi simbólica!) conexión con la melancolía de mi
negativa, desoladora, la de un anciano que convirtió al vida. No es que tuviera nada de raro o que yo tuvie­
hijo en cristiano a.congojado y antes le impidió la niñez y se la intención de atraer Jas miradas sobre mi mane­
ra de vestir. Es muy sencillo. Si uno repara en la
hasta la juventud. (Véase a este propósito en este mismo
manera de vestir de las gentes, se verá que los viejos
libro el cuento titula.do «La desesperación silenciosa», ex­
generalmente usan pantalones más cortos, en tanto
presión muy de Kierkegaard.) Fue en las landas de Jutlan­
que los jóvenes se preocupan más por andar atilda­
dia, siendo todavía joven y pastor de ganado, donde el pa­ dos, especialmente de llevar pantalones elegantes.
dre, descorazona.do por el sufrimiento y el hambre que Los viejos piensan en la comodidad y no en el aspec­
padecía, trepó un día a una colina y, desde ella, «maldijo a to de las ropas. Mi padre era un anciano: siempre lo
Dios». Y esa maldición pesó durante toda su vida sobre el conocí así. La desdicha fundamental de mi vida es
padre y no menos sobre el hijo. La parábola del hijo pródi­ decir, la que desde niño se me tomara por un vi�jo,
go que aquí relata a su modo Kierkegaard, en directa refe­ era visible también en mi modo de vestir.
rencia biográ{ico-(amiliar, muestra una ulterior complica­ Es verdad que en una ocasión llega a decir que
ción al ser aplicada a su hermano Pedro que se hizo «me burlo de mis gráciles piernas» -no pasa de
convencional pastor y llegó hasta obispo. ahí- y «me comprometo a escribir un artículo so­
bre mí mismo y sobre mis piernas, más chistoso que
el de Goldschmidt» en El Corsario, el periódico
cuyas burlas tanto le dolieron.
Su DEFORMIDAD

Kierkegaard era débil, enclenque, contrahecho, jorobado y


1{1 <.INA ÜLSEN
con una pierna más corta que la otra. De ello han hablado
ampliamente. P. A. Heiberg, Tritthof Brandt, Ricard Mag­
nussen, y Theodor Haecker escribió un libro, traducido al 1'' co11cepción trágica del cristianismo, heredada de su pa­
español y titulado La joroba de Kierkegaard. Y sin embar­ ,¡,,. \'radicalizada por él hasta el punto de vivir una religio-
go Kierkegaard nunca, ni siquiera en este diario de su inti­ 1rlflll incompatible -«o lo uno o Lo otro»- con cualquier
midad, habló directamente de ello y, o bien acude a una "'"' dC'dicación, se comprende que hubo de hacer anom1a­
generalidad, la de contarnos que visitó al médico para con­ /, ' '""'"el rompimiento, las relaciones amorosas con Re­
sultarle si la desproporción entre su cuerpo y su psique po­ • 11111 < )/.;c•11, a quien conoció cuando ella era casi una niña
'' '" < /fil' están dedicadas, volviendo sobre ello una y otr�
día ser superada, o la reduce a un «ataque de la plebe... a
mis pantalones». Sí, por increíble que parezca, Kierke­ ' 111111wmsas páginas de este libro.
gaard, en la intimidad de su diario, mantiene que toda la llt1/J/a "" el la llamándola simplemente así, ccella», o bien
pesada burla que de su físico se hacía públicamente prove­ 11 , ''111/(/11 perso11a del singular, «LÚ»: <<Regina, que reinas
11 1111 nna:.ó11. . . que estás en mitad del camino, entre el
nía exclusivamente de su descuido en el vestir. Me permito
traer a este prólogo un par de pasajes sacados del Diario de 'lo \ "' 111/h•mo. » El asunto concluyó al romper él, muy
l 8.J9. !lelos aqu f. I"""'"· \ 1111 tlatera '1-nente, el compromiso matrimonial, a
XII SÓREN KJERKEGAARD INTRODUCCIÓN XII/

causa de su idea totalmente absorbente de la relación con


Dios, que le había sido inculcada por su padre. La fábula
de Inés y el Tritón, hombre a los ojos de ella, pero que a Los ESTADIOS EN EL CAMINO DE su VIDA
cierta hora se convertfa en el monstruo (religioso) que en
realidad era (Tritón), le hizo comprender su imposibilidad ¿Hasta qué punto los «estadios en el camino de la vida» lo
de casarse. EL «Diario del seductor» intentó persuadirla de fueron en el de su vida? De su estadio estético no nos dice
otra manera, haciéndole creer a ella que era lo que de nin­ mucho aqu( directamente, pero es evidente que su amor
guna manera era. También con esta intención, quizá, idea­ por Regina fue, en principio, romántico, un goce de la vida.
lizó la figura de Comelia, la hennana de Regina. En una Su pasión de escritor, que sucede y a la vez acompaña a su
ocasión en la que se encontraron, cuando Regina, más amor, pertenece también al estadio estético. Su gusto por la
tranquila ya, le preguntó «SÍ no pensaba en casarse alguna «retórica» (entendida la palabra en su mejor sentido) es
vez», él le respondió: «Sí, dentro de unos diez años, cuando extremo, y as( dice: «En lo referente a la puntuación y sus
me haya cansado de caprichos, elegiré una jovencita para pausas no me inclino ante nadie y hasta dudo de que exista
rejuvenecerme.» Cuando abandonó a Regina, nos dice, eli­ olro escritor danés que pueda competir conmigo.» Distin­
gió la muerte. ¿Es verdad? Sí y no: «Los poquísimos días µ.11e entre la retórica propiamente dicha y el sobrio y preciso
en que me he senrido dichoso, humanamente hablando, no <'\/ ilo de un buen artículo cient(fico; y a más de retórico
he dejado de sentir una indescriptible nostalgia de ella.» c¡11iso ser y fue, a su modo, poeta. Pero agrega: ccSi me he
Pero la melancolía, al no poder compartir felicidad, de ella '011vertido en escritor se lo debo esencialmente a "ella" a
le aparró. Fue aquél «¿Culpable no culpable?». La pregun­ 111i melancoUa y a mi dinero» (heredado del padre, que, t as ;
ta, que él siguió haciéndose a lo largo de su vida, deseaba '"s pobres comienzos, llegó a lograr una cierta fortuna).
que ella se la respondiese afirmativamente: «La idea de que sr. puede afirmarse que del subestadio estético -e ini­
t w/111e11te ético, por su propósito y compromiso de con­
yo era un canalla o por los menos alguien que quería con­
vertirse en una celebridad mundana es y seria la piedra l1t1t•r matrimonio- pasó al subestadio de escritor, escritor
fundamental de su matrimonio» ulterior con Sch/egel. Se­ ¡w1seguido», como debe serlo todo el que escribe con sen­
gún quería creer Kierkegaard, ella deseaba brillar en el tulu etico. Renunció a casarse en principio para consa-
mundo, era vanidosa, en tanto que él necesitaba abrazarse 1"" w a la Iglesia como pastor. Luego también a esto últi­
al «padecer afectivo y cristiano». «La causa del cristianis­ "'" dijo que no, pues no es lo mismo ser auténticamente
mo requiere un hombre célibe, pero ella no tiene la menor l11111t!11c de Dios que ccfuncionario de la Iglesia del Estado».
idea de mi religiosidad específica.» \111n de seguir adelante abramos un breve paréntesis
En eslO, como en todo, Kierkegaard era La personifica­ , .,, , ,, /111cl'r 11otar que en diversos pasajes de este Diario se
ción de la contradicción: «Humanamente hablando ella 1.¡1, 11• al «detective», al buen «policía», porque <<Ser fun­
• 11•1101111 policial me parecía una tarea adecuada
posee y debe poseer el lugar de prioridad en mi vida; pero para mi
e11 1111 sentido absoluto es Dios quien tiene ese puesto.» '"' 1111· '"'º""'e e intrigante». Y, de hecho, astuto policía

Y. <1 la vez, hablando en general, piensa que la mujer es f/11 /''"" e11te11der a su padre y, como hemos visto, para
111<•111iw.... a y consiste en «egoísmo personificado». El es­ f, • "" '""'''e de su prometida. St, La mente de Kierkegaard
, , l11t1111 '0111plicada. Sigámosla en lo que podamos.
''""" c•,11!Jico. el estadio ético y el estadio religioso se in-
11·1¡11•111•/1<111 v co11fimden en sus desdichadas relaciones ' 111 ,, ,,., !'"''º"· nos cuenta, para reparar la culpa: pas-
( IJI/ N<'�i11a.
1111 ,J, • '""f"11u1, identificado con el pequeño círculo de
XIV SóREN KJERKEGAARD
INTRODUCCIÓN XV

unas gentes sencillas, en un ambiente idílico. Evidente­ habría llegado a ser Lutero. ¿Lo siguió siendo? N�.. «Todos
mente, esto no iba con su modo de ser: ¡pastor como y don­ los cristianos deben -deberían- permanecer celibes. La
de su padre, pero no de rebaños animales, sino de seres distinción entre clero y fieles es anticristiana... pero no
humanos! Y además, tarde o temprano, ser pastor se con­ para sacar en consecuencia la conclusión cont:aria: ergo
vierte en pastorear funcionaria/mente el rebaño humano que también los sacerdotes deben casarse.» Kier:kegaard;
que, según veremos que piensa, es malamente denominado .
por el contrario, da gracias a Dios «porque nmgun ser hu­
cristiano. mano me debe la existencia».
En suma, los entreverados estadios de la vida de Kier­ Todavía peor y sobre ello volveremos en seguida: L� te:o
kegaard fueron el goce de la vida, con el «agregado ético» puso el cristianismo al servicio del pueblo: «�utero, ¡tu tie­
de la promesa matrimonial, la dedicación estético-religiosa nes una responsabilidad enorme! Has abatido al Papa...
de escritor y, por encima de todo, el dolor, el remordimien­ para poner en el trono al Público!»
to, la «actitud religiosa de convertirse en menos que nada .
Kierkegaard no se limita, como Lutero, a rechazar la filo-.
en este mundo». sofía recibida. Inventa en su lugar otra nueva q�e él �t
siquiera llega a denominar tal: la filosofía de la ex1st�nc1a
EL CRISTIANISMO DE KIERKEGAARD
es una invención suya, aunque habían de ser otros quienes
desarrollarían su experiencia. Privado absolutamente del
ímpetu vital de su maestro, sacó fuerzas .de su misn;z� fla­
Lutero, ya lo hemos dicho, fue el maestro de Kierkegaard. queza y vivió la angustia como la irrupción del espmtu, Y
Pero no hay exageración en afirmar que él ha sido más la desesperación, <<enfermedad hasta la muerte», como re­
radical y consecuentemente más luterano que el propio Lu­ velación de la miseria del hombre frente a Dios.
tero. Es verdad que él fue, nos dice en este libro, «con el El cristianismo es experiencia y comunicación de exis­
catolicismo como con la Tierra Copérnico: descubrió que tencia, y no doctrina o dogma. El cristiano se sien�e, ha �e
Roma no es el centro alrededor del cual todo gira, sino un sentirse solo , único frente a Dios. La categoría existencial
punto periférico. Y él estaba tan persuadido como Lutero de la interiorización del ser en oposición a su extraverswn
.,

de la imposibilidad de cumplir la Ley, los Mandamientos, en la compañía de la «gente» es su heideggerismo avant la


restituyendo así al pecado, es decir, a la conciencia del pe­ lettre. La presente versión traduce por «el ente» la referen­
cado, su lugar central. En cuanto a la justificación por la cia a esa solitariedad del ser, pero el vocablo soporta una
sola fe, Kierkegaard es discrepante: no hay nunca justifica­ carga de filosofía clásica y esencialista que lo con��erte en
ción posible ante Dios y, por otra parte, la caridad o amor, totalmente inadecuado. Y a más de eso, la locucwn «ese
ya lo vimos, es inseparable de la fe («la fe y la esperanza sin ente», empleada en su idioma por Kierkegaard, posee en el
la caridad son como címbalo que retiñe»), hasta el punto
lenguaje coloquial español la significación de «es u :z ent�»
de que, según él, el único mandamiento es <<amar a Dios, como «mero ente» (procedente tal vez de la expresión tec­
odiarse a sí mismo». nica «ente de razón»), totalmente opuesta a la grandeza
La fe de Lutero era cómoda: pecca fortiter sed crede for­
categorial kierkegaardiana. Así pues, mejor es traduc�rla
Li us. Kierkegaard se veda absolutamente la entrega al peca­
por el «existente»: existencia, la humana, frente a la vida
do, pero al ser éste inevitable, su religiosidad es desespera­ .
meramente animal. Cristianismo por tanto, el de Kierke­
da, patética. gaard rigurosamente existencial: el hombre, cada hombre
Lutero se casó. De haber estado previamente casado no está s�lo en el mundo entero, en presencia de Dios.
XVI SÓREN KIERKEGAARD
INTRODUCCIÓN XVII

¿Cabe hablar, como se ha hecho, de una aproximación Nadie ha causado más daño a un hombre que
del Kierkegaard último al catolicismo? Yo no lo creo. Y no aquel que educa a un niño en el concepto más ideal
tanto por este carácter existencial de su cristianismo, pues de la vida y de la manera más severa, y luego le
al final de mi libro Catolicismo y Protestantismo como envía al mundo provisto de estas impresiones eter­
formas de existencia mostró, incluso con ejemplos, la po­ namente inolvidables.
sibilidad de una fe católico-existencial. Mas renegar del Aquel que empuja a un niño al juego y a las trave­
protestantismo establecido no significa acercarse al catoli­ suras no le causa, humanamente hablando, tanto
cismo, al cual aquél se estarla pareciendo cada vez más, daño, pues por esto nadie es perseguido. Pero aquel
según Kierkegaard. El celibato y el claustro benedictino le que ha sido tan severamente educado como si el
parecían, ciertamente, bien. Pero el primer Lutero le pare­ hombre fuera semejante a los dioses; enviado luego
cía, sin la menor duda, mejor. Y si es verdad que frente a la en medio de esa raza de animales que son los hom­
fe sola mantuvo la caridad como amor de Dios y a Dios, no bres, ciertamente que ha de sufrir. Angustiado y
la vivió, en cambio, suficientemente, como amor al próji­ preocupado por sí mismo, por la salvación de su
alma, comprenderá que su deber es esforzarse más
mo. Kierkegaard no era compatible con ninguna religión
aún y con humildad mayor implorar gracia y per­
propiamente dicha, es decir, comunitaria. Su fe era la del
dón. Y cuando vuelva la mirada a lo exterior, verá
existente a solas con su Dios.
que en cierto sentido humano ha progresado con
respecto a los demás, precisamente porque le toca
ser escarnecido y perseguido. Bastaría con que -a
CRISTIANISMO Y CRISTIANDAD semejanza de otros campeones de esa raza animal­
quisiera desentenderse de Dios y contentarse con el
juicio de la Ciudad, para que también él fuera esti­
Cristianismo es, pues, relación directa -y, como hemos mado, amado y bien recibido.
visto, angustiosa, desesperada, patética- del existente
«Único», «solo», «solitario», con Dios. Kierkegaard no so­ Todos Los ideales recibidos como '<cristianos» son debe­
lamente está a mil leguas de todo panteísmo sino que re­ lados por Kierkegaard como pertenecientes a la « Cristian­
chaza enérgicamente la idea de «iglesia», «asamblea» o dad». Así la Iglesia es la heredera del Teatro pagano; el
''comunidad». Pero esta idea, procedente del catolicismo, Claustro, abolido por la Reforma, ha dejado como rastro
se ha impuesto también en el protestantismo, que así las ,,gentes quietas», «migajas de cristianismo» en nues­
ha dejado de ser Cristianismo para convertirse en Cris­ tros tiempos. La Nochebuena es consuelo y la Navidad
tiandad
(testa de los niños. El martirio consiste en la ilusión de
La categoría Pueblo, que ha sido tan importante en la
estar en la verdad con la finalidad de eludir la prueba en
historia de la Modernidad, en tanto que derrocadora de Im­ que la verdad y la realidad consisten. Y el misticismo no es
perios y Reinados, ahora, para «volver cristianos a los cris­ sino la (alta de paciencia para esperar la Revelación de
tianos», es ella la que debe ser ''abatida». Dios. En cuanto a la Modernidad, se obstina en la nega­
Naturalmente Kierkegaard conocía por experiencia, ex­ ción de la muerte porque rechaza Lo absurdo y contradic­
periencia de su educación, la dureza atroz de esta concep­ torio en que la vida consiste.
ción existencial. Véase a este propósito el siguiente pasaje El Pueblo, sujeto de la Cristiandad y negador del Cristia­
del presente libro: nismo, se manifiesta como Público y se expresa en tanto
INTRODUCCIÓN XIX
XVIII SÓREN KJERKEGAARD

que Opinión pública. Y lo que opina el Público es lo que En cambio por Schelling -el Schelling tardío, que vino
prevalece. a reemplazar desde Berlín el influjo de Hegel, muerto ya­
siente gran simpatla, una simpatía que, curiosamente, es
asociada con «ella». {Véanse en este Diario, años 1941-
1942.) Una simpatía semejante siente por Trendelenburg,
KJERKEGAARD, LA TEOLOGÍA Y LA FILOSOFÍA otro discrepante de Hegel. Y Schopenhauer es, sin. duda,
quien más le interesa... y le intriga: predica el ascetismo
Kierkegaard no quiso ser ni teólogo ni filósofo y, sin em­ hindú, pero no tiene nada de asceta. Kierkegaard suscribe
bargo, fue lo uno y lo otro, aunque no, claro está, a la ma­ su distinción entre la auténtica filosofía y la (<filosofía de
nera esLablecida. !.A renovación de la teología a partir del profesores», que viven de ella; sí pero, a la vez, «suspira
primer Karl Barth, y su teología dialéctica, proceden de él. detrás de la fama» (Diario, 1854).
Entre sus discípulos más eminentes figura Miguel de Una­
muno, que estudió danés para poder leerlo directamente. Y
la filosofía de la existencia, ya lo hemos dicho, encontró en ÜBJSPOS Y REYES
él su precursor. Categorías como la del« instante» y la ((re­
pelición» a él se las debemos. Se suele hablar de Marx, Mynster, pastor religioso de su padre, al que profesó, de
Nietzsche y Freud como los (<maestros de la sospecha» del muy joven, admiración, fue visto después como represen­
siglo xx en el siglo XIX, sospecha frente a las seguridades de tante del «orden establecido», que solamente se preocupa
la Modernidad; pero habría que agregar a esa relación un del gobierno, por lo que, confiesa, «me da paz su discrepan­
cuarto maestro que fue precisamente Soren Kierkegaard. cia conmigo». Pero con ocasión. de su muerte, en 1854, se
Y sus refiexiones, que aquí pueden encontrarse, sobre los desdice y ya no le parece hombre de gobierno sino simple
principios de identidad y de contradicción se sitúan justa­ poseedor de un «hechizo visual, un periodista, el señuelo
mente en esta dirección. del público».
En su época la seguridad y la actualidad filosóficas esta­ !.A decena de páginas dedicadas a las audiencias que le
ban representadas por Hegel y su racionalismo, por lo que {ueron concedidas por el rey de Dinamarca Cristián VIII
se comprende que se dirijan a él las principales críticas fi­ nos desconcierta un tanto por el tono, tan diferente al habi­
losóficas, así las siguientes: tual en su Diario, así como por el elogio, casi sin reservas,
que hace del soberano, sobre todo tratándose de un escrito
El lado peligroso de la obra de Hegel consiste en de ningún modo destinado a ser conocido, por lo menos en
haber desnaturalizado el cristianismo, poniéndolo vida del autor.
de acuerdo con su filosofía. Cuando fue recibido por primera vez por el rey, tras ha­
El Ser-en-sí y para-sí ha sido sustituido por la ra­ ber sentido, casi como anle Dios, «Lemor y Lemblor», y no
zón, escrito con minúscula y aplicada calculada­ saber si entraría en la estancia real ((caminando sobre mis
mente.
pies o de cabeza» se afirmó en él un sentimiento a. la vez de
El supuesto «Estado ético» de Hegel es un mal, no
respeto y de reserva. Hablar con él, nos dice, era excitante,
un bien, el egoísmo humano en sus grandes dimen­
pues sentía voluptuosidad por la cultura y poseía. una inte­
siones.
ligencia tan excesiva que podía extraviarle. Su deseo era
Su pensamiento está reconciliado completamente
con el mundo. «proporcionar placer y hacer felices» a sus súbditos. Era
XX SóREN KIERKEGAARD INTRODUCCIÓN XXI

amable e interesado por «lo interesante». Y además «sentía 1797 Segundo matrimonio del padre, viudo en primeras
inclinación por mí». nupcias y sin hijos, con la criada.
1813 5 de mayo: nacimiento de Soren Aabye K. en la
DINAMARCA Y ALEMANIA, Y REFERENCIAS A ESPAÑA casa paterna de Copenhague, en el Mercado Nuevo
(Nytorv) n.º 2, actualmente 27; séptimo y último
Se diría que Kierkegaard sintió mucha mayor simpatía por hijo.
el rey de Dinamarca que por Dinamarca, lo que, hasta cier­ 3 de junio: bautizo en la Iglesia del Espíritu
to punto se comprende, pues el rey le expresó su estima y el Santo.
pafs más bien, se la negó. Desprecia su «nacionalismo», lo 1823 23 de enero: nacimiento de Regina Olsen.
que es congruente con su modo general de pensar, y en el 1828 20 de abril: S. K. recibe la confirmación en la Igle­
conflicto político-militar con Alemania, o lo que había de sia Parroquial de Nuestra Señora, de manos del pri­
ser el Imperio alemán, parece sentirse menos lejos de los mer capellán, J. P. Mynster.
extranjeros que de sus compatriotas. Hay en este libro dos 1830 30 de octubre: K. se inscribe en la universidad.
referencias a lo español. La primera y más importante es a 1 de noviembre: K. se inscribe en el regimiento de la
El Quijote. Considera que en la obra se comete un error al Guardia Real, 7. ª compañía.
hacerle recobrar el juicio para morir: loco -loco como sus 4 de noviembre: es rechazado para el servicio mi­
compatriotas consideraban al propio Kierkegaard, según litar.
él- era mejor. Y «excelente idea» la de, para final, dejarle 1833 4 de abril y 24 de mayo: K. recibe la Comunión en
ser ((pastor de ovejas». Cervantes no fue bastante románti­ compañía de sus padres.
co: don Quijote nunca debería concluir por ser ((infinita­ 1834 26 de julio: viaje a Gillelei para reponerse de un
mente perfectible». agotamiento.
Y hablando de sí mismo cita al río Guadalquivir, que 3 1 de julio: retorno de Gillelei y muerte de su madre
confunde con el Guacliana: ((Quiero durante un año, por después de cinco semanas de enfermedad.
una legua del camino del tiempo, desaparecer bajo la tierra 1836 18 de abril: conversación con Joergen Joergen­
como el Guadalquivir: ¡ya sabré cómo resurgir!» sen.
Y, en efecto, supo. Ahí está, presente ante nosotros. Inol­ 1837 mayo (entre el 8 y el 16): primer encuentro con Re­
vidable, ((existente», imperecedero. gina Olsen en la casa de Los Roerdam en Frederiks­
berg.
JOSÉ LUIS L. ARANGUREN 1837 Fines de agosto: el hermano mayor, Peter, escribe
en su ((Diario»: «Soren está más agobiado que
nunca por negras ideas acerca de su salud física
que le hacen ser infeliz, incapaz de todo, lindando
CRONOLOGÍA casi con la locura.»
1 de septiembre: a partir de esta fecha, K. empieza a
percibir de su padre una renta anual de 500 táleros
1756 Nacimiento de Michael Petersen K. en Saeding, e inicia su vida independiente; se aloja primero en
Jutlandia. Loevstralde 1 y luego en Kultorv (mercado del car­
1768 Nacimiento de la madre de K. bón).
){)([/ SOREN KJERKEGAA RD INTRODUCCIÓN XXIII

1837-1838 Durante el. invierno, K enseña latín en la l/.º 16 de julio: la Facultad de Filosofía de la Universi­
clase de un liceo de Copenhague. dad acepta la tesis Del concepto de la ironía, con
1838 febrero: su hermano Peter escribe: «Soren, en estos la cual se gradúa de «Magíster artium».
últimos tiempos se vuelve cada vez más irritable, 11 de agosto: K. devuelve el anillo a Regina.
descontento y descorazanado. Mis conversaciones 29 de septiembre: defensa de la tesis (editada el 16
con él -y es preciso que yo mismo vaya en su bus­ de septiembre por P. G. Philippsen).
ca- no le producen efecto alguno». 11 de octubre: K. rompe definitivamente con Regi­
13 de marzo: muerte del poeta Paul Martín Moeller, na Olsen.
profesor e íntimo amigo. 25 de octubre: viaje a Berlín.
19 de mayo: la experiencia del «gozo indescripti­ 1841-1842 (desde el 15 de noviembre hasta el 4 de febre­
ble... » (a las diez y media de la mañana). ro): asiste al curso de Schelling en la Universidad
30 de julio: va a Frederiksberg. de Berlín, al principio con gran entusiasmo y luego
Noche del 8 al 9 de agosto: muerte del padre tras aburriéndose «terriblemente», hasta que acaba por
breve enfermedad. El hermano escribe que el 6 de abandonar. Escribe la l. P. de Enten-Eller («O lo
agosto el anciano se sentía en plena posesión de sus uno o lo otro»).
fuerzas y que había pasado la larde en compañía de 1842 6 de marzo: regresa a Copenhague.
sus dos hijos dando muestras de buen humor, J 843 8 de mayo: partida para Berlín, donde se ocupa en
«aunque durante el día regañara a SOren y le rehu­ escribir La repetición (Gjentagelsen).
sara algo». julio: se entera del noviazgo de Regina Olsen con
1839 2 de febrero: «Tú, Regina de mi corazón ... » Fritz Schlegel. Serie vertiginosa de publicaciones.
29 de agosto: K. hace un cómputo de sus finanzas 1844 16 de octubre: se muda de Noerregade 230 a la casa
que suman en total alrededor de 31 000 táleros, for­ heredada de su padre en el Mercado Nuevo, 2, don­
tuna que en esos tiempos representaba para un sol­ de vivirá hasta 1848.
tero una relativa holgura. 20 de noviembre: último de los paseos en coche del
20 de diciembre-4 de julio de 1840: paréntesis para año, unos cuarenta en total, por la campiña, que
la preparación del examen de teología: ce El más lar­ ocupaban íntegramente sus días. Esos paseos
go paréntesis que haya yo vivido.» continuaron siendo frecuentes en los años pos­
1840 2-3 de julio: examen de teología; es aprobado con la teriores.
mención laudabilis. 1845 9 de febrero: escucha el sermón del obispo Mynster
19 de julio-6 de agosto: viaje a Jutlandia. en la Iglesia del Castillo Real.
10 de septiembre: noviazgo con Regina Olsen. 25 de diciembre: K envía a P. L. Moeller, del Corsa­
8 de octubre: aparece el primer número del Corsa­ rio, una negativa con respecto a La colaboración en
rio, editado por M. A. Goldschmidt. Gaea, anuario estético para 1846. El 27 y el 29, ata­
16 de noviembre: confesión de su incapacidad para que de K. a P. L. Moeller en Faedrelandet y respues­
poseer alguna cosa real y de la vivacidad de su fan­ ta de éste.
tasía. 1846 2 de enero: el Corsario inicia los ataques contra
18..JI 12 de enero: K. pronuncia su primera disertación K. acompañados por caricaturas.
religiosa en la Holmeskirke de Copenhague. 7 de febrero: K. piensa en hacerse pastor rural
INTRODUCCIÓN XXV
XXIV SÓREN KIERKEGAARD

24 de abril: 11.ª Fiesta de Pascuas: «No, mi herme­


27 de febrero: prosiguen los ataques del Corsario
tismo no se deja vencer, al menos por ahora»...
contrael «gran filósofo», con caricaturas. En el
mayo: reflexiones sobre la «remisión de los peca­
número del 26 de mayo se publica la «de los panta­
dos»: «Es extraño cómo el amor de Dios me domi­
lones».
na ... : ahora ha despertado en mi alma la esperanza
2-3 de mayo: se traslada a Berlín, de donde regresa
de que Dios podría querer quitar de mi naturaleza
el 16 de mayo.
su miseria fundamental.»
27 de junio: se representa en el Teatro Real la come­
15 mayo-junio: esbozo para el N.0 /.ºde los Ejerci­
dia estudiantil Los de enfrente, de Hostrup, donde
cios del Cristianismo.
aparece un teólogo llamado «Soren Kirk».
24-27 de junio: artículo en el periódico Faedrelan­
7 de junio: gran Informe en su Diario.
det: La crisis y momentos críticos en la vida de
2 de octubre: Goldschmidt abandona la redacción
una actriz, que aparece con el seudónimo de lnter
del Corsario y el 7 parte en viaje para Alemania e
et lntcr.
Italia.
1 de septiembre: K. predica en la Frue Kirke (Iglesia
1847 20 de febrero: K. lee las dos disertaciones sobre las
de Nuestra Señora) sobre el tema: «Desde lo alto
Categorías, de Adolfo Trendelenburg.
atraeré a todos hacia mí.»
mano; visita al rey Cristián VIJl.
noviembre: da fin a: Punto de vista en mi activi­
5 de mayo: reflexiones acerca de la diferencia entre
dad como escritor.
pecado y escrúpulo.
1849 9 de marzo: K visita al obispo Mynster y deja «caer
14 julio: proyecta un viaje a Berlín, hace una visita
una palabra» a fin de obtener un puesto en el Semi­
al rey.
nario pastoral.
1 5 de agosto: conversaciones con J. Joergensen
abril: se aplaca un tanto su preocupación por deter­
acerca del matrimonio de conciencia de Hamann.
minar la relación entre Cristo como «Modelo» y
2 7 de agosto: prédica en la Frue Kirke sobre la Con­
Cristo como «Salvador». Da fin a las Disertacio­
fesión previa a la Comunión del Viernes.
nes edificantes, sobre Lirios y pájaros, y a la Nota:
30 de agosto: a raíz de una discusión con el editor
El Cómputo; extracto concentrado del Punto de
Philippsen, a propósito de los pagos que considera
vista en mi actividad como escritor, pero «para
demasiado exiguos, le niega su permiso para una
no ser publicada».
nueva edición de O lo uno o lo otro.
25 de abril: K comprueba que, con respecto al más
octubre: visita al rey.
alto ideal cristiano, es decir, el de convertirse en
3 de noviembre: matrimonio de Regina O/sen y
«testimonio de la verdad», debe contentarse con ser
Fritz Schlegel.
«el amante infortunado» («el poeta»).
4 de noviembre: visita al Obispo Mynster.
4 de mayo: resuelve publicar, del Ciclo de Diserta­
1 de diciembre: termina el Libro de Adler.
ciones ético-religiosas, la lII y la VI, precisamen­
23 de diciembre: aparece el primer número de la re­
te: ¿Le está acaso permitido a un hombre dejarse
vista, Norte y Sur, de Goldschmidt.
matar por la verdad? y De la dfferencia entre un
1848 20 de enero: muerte del rey Cristián VI/ l.
genio y un apóstol.
19 de abril: experiencia pascual: «Mi naturaleza ha
5 de mayo: «El porvenir se presenta oscuro y yo me
cambiado por completo» ...
XXVI SÓREN KIERKEGAARD INTRODUCCIÓN XXVII

siento tan tranquilo. Este cumpleaños será inolvi­ 30 de julio: aparece La enfermedad mortal de An­
dable para mí.» ticlimacus, editor S. K.
14 de mayo; aparece la segunda edición de O lo uno agosto: K. comienza la lectura de la Dogmática de
o lo otro y se publican las tres Disertaciones sobre Martensen y estampa en el Diario sus impresiones.
Los lirios del campo y los pájaros del cielo. 24 de agosto: fecha de la explicación definitiva
15 de mayo: K recibe un billete de la publicista sue­ acerca de su noviazgo: «Mi relación con ella.»
ca Federica Bremer, amiga de Martensen, pidiéndo­ 26 de agosto: fecha de las «Explicaciones acerca de
le una entrevista para el día de la Ascensión (17 de ella.»
mayo}, al cual contesta con una seca negativa: 15 de octubre: se anuncia un ensayo de R. Nielsen
(«¡No, gracias, no sé bailar!») sobre «Johannes Climacus» del Mag. Kierkegaard
19 de mayo: aparecen las Dos disertaciones ético­ y la «Dogmática» del Dr. H. Martensen. Aparece el
religiosas, de H. H. Piensa que, para la prédica de 1 de noviembre.
la verdad, es más conveniente el exponerse al sufri­ 29 de octubre: K entrega a la imprenta las tres di­
miento que el escribir. sertaciones edificantes: El sumo sacerdote, El pu­
22 de junio: visita al obispo Mynster, muy breve. blicano, La pecadora.
Visita también al ministro del culto Madvig; pero 30 de octubre: el hermano de K., Peter, habla en la
sin ningún resultado. convención de pastores de Roskilde sobre las Dos
25-26 de junio: muere durante la noche el padre disertaciones éticorreligiosas y confronta a Mar­
de Regina, el Consejero de Estado. K abandona tensen con S. Kierkegaard como representantes res­
nuevamente la idea de publicar su Punto de vista pectivos de la «reflexión» y del «éxtasis».
en mi actividad como escritor; se decide por La 13 de noviembre: aparecen las tres disertaciones
enfermedad mortal y entra en tratos con la im­ edificantes.
prenta. 1850 11 de marzo: Theophilus Nicolaus (seudónimo del
27-28 de junio: K pasa una noche de insomnio, teólogo Magnus Eiriksson) publica el estudio: ¿Es
inquieto, hablando consigo mismo y examinando acaso la fe una paradoja?, y En virtud del absur­
las razanes en pro y en contra. Entrega a la impren­ do. Se suscita una cuestión a causa de Temor y
ta La enfermedad mortal, luego de decidir que fi­ Temblor de Ioharmes de Silentio.
gurará como autor con el seudónimo de Anticlima­ 6 de abril: Rasmus Nielsen publica sus lecciones en
cus y que su nombre sólo aparecerá como editor. la universidad: Fe evangélica y Teología
Siente escrúpulos por haberse adulado algunas ve­ 11 de abril: mantiene una conversación con R. Niel­
ces en el Diario y pide por ello perdón a Dios. sen.
1 de julio (domingo): asiste en la Iglesia del Espíri­ 18 de abril: K. recibe una carta de R. Nielsen en la
tu Santo a la Misa mayor y se encuentra con Regi­ cual éste «renuncia a pasear conmigo el jueves». Se
na «y toda la familia». A la salida, ella trata de pro­ muda a Noerregade 43.
vocar un encuentro, pero K. la esquiva y baja los 30 de abril: K. mantiene una conversación con
ojos. R. Nielsen y en el curso de ella le declara «que desea
19 de julio: Aparece la Dogmática Cristiana del para sus mutuas relaciones una mayor libertad».
Dr. H. Martensen. 5 de mayo: asiste a los oficios de la tarde en la lgle-
XXVlll SÓREN KIERKEGAARD INTRODUCCIÓN XXJX

sia del Salvador. Proyecto para el escrito: Para el 10 de septiembre: «Hoy se cumplen doce años de mi
examen de Sí mismo. noviai,go. »
1 9 de mayo: Mynster predica en la misa mayor de 1853 13 de febrero: «Mi tarea.»
la Iglesia del Castillo Real. 25 de mano: «Lo que he querido.»
14 de junio: aparecen las Dilucidaciones dogmáti­ 27 de mayo: «La operación de mi vida considerada
cas (Dogmatiske Oplysninger), «Escrito de oca­ en conjunto, tal como la comprendo o como posi­
sión», de H. Martensen. blemente llegaré a comprenderla.»
agosto: entrega a la imprenta el manuscrito de El 1 3 de octubre: «De mí mismo.»
ejercicio del Cristianismo. 2 de noviembre: «Mi balance. »
27 de septiembre: aparece El ejercicio del Cristia­ 1854 30 de enero: muerte del obispo Myn.ster.
nismo de Anticlimacus, ed. S. K. 15 de abril: Martensen es designado obispo.
22 de octubre: conversación con el obispo Mynster 27 de mayo: aparece el en.sayo: <<De la verdad per­
después de haber leído éste El ejercicio del Cristia­ sonal y de la personalidad verdadera » de R. Niel­
nismo. sen.
18 de diciembre: aparece «Clara Raphael» de Matil­ 5 de junio: ordenación episcopal de Mar/en.sen.
de Fibiger, edit. l. L. Heiberg. 1 8 de diciembre: K. inicia la batalla contra la Igle­
20 de diciembre: aparece Un discurso edificante sia oficial de Dinamarca con la publicación del ar­
de s. K. tículo contra Martensen: « Era el obispo Mynster
1851 31 de enero: aparece un artículo de K. en Faedre­ un "testimonio de la verdad"; uno de los verdaderos
landet, «a raíz de un comentario con respecto a mí testimonios de la verdad; ¿acaso tales palabras son
del Dr. Rudenbalch ». verdad?» (Faedrelandet, N.º 295).
13 de marz.o: aparece el ensayo de Myn.ster: « Ulte­ 28 de diciembre: respuesta de Martens (Berlingske
rior contribución a las discusiones acerca de la si­ Tidende, N. º 302).
tuación de la iglesia en Dinamarca.» 30 de diciembre: réplica de K. (Faedrelandet,
22 de mayo: conversación con el obispo Mynster. N.º 304).
5 de mayo: para celebrar su cumpleaños, K. realiza 1855 9 de enero: aparece en el Berlingske Tidende la cri­
un paseo a Hirscholm. tica al artículo del pastor l. Paludan-Müller: «El
18 de mayo: K. pronuncia una prédica sobre la In­ ataque del Dr. S. Kierkegaard a la memoria del
mutabilidad de Dios en la Iglesia de la Ciudadela. obispo Myn.ster» (N.º 7).
7 de agosto: aparecen los escritos de K.: Relativo a JO de enero: R. Nielsen escribe en defensa de K.,
mis actividades de escritor y Dos discursos para pero ignorándolo éste, el artículo « Una buena ac­
la Comunión del viernes. ción» (Faedrelandet, N.º 8).
9 de agosto: conversación con el obispo Mynster a 12 de enero: K. publica el artículo: « Un.a invitación
su regreso de la visita pastoral. personal del pastor l. Paludan-Müller>> (Faedrelan­
1 O de septiembre: aparece el escrito: Para el exa­ det, N.0 13).
men de Sí mismo de S. K. 16 de enero: R. Nielsen publica el artículo: «A su
1852 mayo: informe: «De ella.» Excelencia Ilustrísima el obispo Martens: una pre­
19 de junio: informe: «De mí mismo.» gunta» (Faedrelandet, N.º 13).
INTRODUCCIÓN XXXI
XXX SÓREN KIERKEGAARD

det, N. 0 120). Aparece el primer cuaderno de El mo­


29 de enero: K publica dos artículos polémicos
mento.
contra Martensen (Faedrelandet, N.º 24).
6 de junio: aparece el Il.0 cuaderno de El momento.
20 de marzo: artículo de K: «En ocasión de
16 de junio: aparece el opúsculo de K. (con el sello
la muerte del obispo Mynster» (Faedrelandet '
de la Ed. Reitzel): «El juicio de Cristo sobre el Cris­
N.º 67).
tianismo oficial. »
21 de marza: artículo de K: «¿Es éste un culto cris­
28 de junio: aparece el III. u cuaderno de El mo­
tiano o más bien una mofa de Dios?» (Faedrelan­
mento.
det, N. 0 68).
julio: aparecen los cuadernos IV.º y V.º de El mo­
22 de marzo: artículo de K: «Aquello que deba ha­
mento (9 y 30 de julio, respectivamente).
cerse será hecho o por mí ahora o por algún otro»
agosto: aparecen los cuadernos VI.º y VII.º de El
(Faedrelandet, N.º 69).
momento (2 y 31 de agosto, respectivamente).
26 de marzo: artículo de K.: «La situación religio­
3 de septiembre: aparece el discurso de K.: La in­
sa» (Faedrelandet, N. º 72).
mutabilidad de Dios.
28 de marzo: artículo de K.: « Una tesis, tan sólo septiembre: aparecen los cuadernos VIII.º y IX.º de
una tesis» (Faedrelandet, N.º 74).
El momento (14 y 25 de septiembre, respectiva­
31 de marzo: artículo de K.: «¿Qué deseo yo?» (Fae­
mente).
drelandet, N. 0 77).
25 de septiembre: K escribe el último texto en su Dia­
3 de abril: aparece en Faedrelandet el artículo anó­ rio: <<Destino de esta vida según el Cristianismo.»
nimo de N. N.: «Propuesta al Dr. S. Kierkegaard»
2 de octubre: es recogido en la vía pública, sin sen­
(Faedrelandet, N.º 79).
tido, e internado en el Frederiks-Hospital, donde la
7 de abril: K responde al artículo anónimo (Fae­
jefa de enfermeras, señorita Fibiger, lo cuida solíci­
drelandet, N.º 81).
tamente y donde recibe la visita de su amigo de la
11 de abril: artículo de K.: «Cristianismo con in­
infancia, Emil Boesen.
vestidura gubernamental y Cristianismo sin inves­
1 1 de noviembre: muerte de S. K
tidura gubernamental» (Faedrelandet, N.º 83).
18 de noviembre: solemnes funerales en la Frue­
27 de abril: artículo de K.: «¡Qué cruel castigo!»
Kirke y exequias en el Assistenz-kierkegaard (ce­
(Faedrelandet, N.0 97).
menterio público).
10 de mayo: artículo de K.: «Con respecto a la con­
du�ta de necio encono observada en lo que a mí se
refiere y a la concepción del Cristianismo por mí
esclarecida» (Faedrelandet, N. 0 1 1 1).
16 de mayo: K publica: «Para la nueva edición BIBLIOGR.AFÍA
del Ejercicio del Cristianismo» (Faedrelandet,
N.º 1 12).
26 de mayo: K. publica un artículo polémico contra 1:·11 la lengua española
Martensen: «El silencio del obispo Martensen es
Th. 1 Iaecker, La joroba de Kierkegaard, Madrid, 2 .ª ed., 1956.
cristianamente inexcusable, ridículo, necio y des­
J. Collins, El pensamiento de Kierkegaard, México, 1 958.
preciable en muchos de sus aspectos» (Faedrelan-
XXXII SÓREN KJERKEGAARD
INTRODUCCIÓN XXXIII
H. Ross, S. Kierkegaard y el catolicismo, Madrid, 1959.
J. A. Collado, Kierkegaard y Unamuno, Madrid, 1962.
R. Jolivet, Introducción a Kierkegaard, Madrid, 4.ª ed., 1962.
L. Farré, Unamuno, William James, Kierkegaard y otros en­
sayos, Salamanca, 1967.
L. Fabriel, La filosofía de la existencia. Kierkegaard, Heideg­ NOTA A LA EDICIÓN
ger, Jaspers, Sartre, Madrid, 1974.
R. Jolivet, Las doctrinas existencialistas (desde Kierkegaard a
J. P. Sartre), Madrid, 5.ª ed., 1 976.
La selección y traducción del «Diario» ha sido efectuada
N. Viallaneix, Kierkegaard, el único ante Dios, Barcelona
de una versión italiana de Camelio Fabro (3 tomos, Edito­
,

1977.
J. P. Sartre y otros, Kierkegaard vivo, Madrid, reed., 1 980.
rial Morcelliana-Brescia, 1948-1951), la más amplia e im­
M. Maceiras, Schopenhauer y Kierkegaard. Sentimiento y pa­ ¡iortante de las publicadas hasta ahora, con excepción de
sión, Madrid, 1985. la edición danesa, iniciada a petición de Pedro, el hermano
M. Holmes Hartshorne, Kierkegaard, el divino burlador, Ma­ de Soren Kierkegaard, mientras aún vivía Regina, por el
drid, 1992. pastor H. P. Barford, quien se hizo cargo de los cuatro pri-
111eros volúmenes y continuada luego en cinco volúmenes
111ás a cargo de H. Gottsched, apasionado estudioso del
En otras lenguas
pensamiento kierkegaardiano, con J. T. Beck. El pastor
Harford, quizá por consideración a los sobrevivientes no
H. Barth, Kierkegaard der Denker, Munich, 1926.
\Ó/o interceptó textos y omitió otros, sino que hizo desapa­
A. Gilg, Soren Kierkegaard, Munich, 1926.
F. Lombardi, Kierkegaard, Florencia, 1937. recer también algunas hojas. El manuscrito muestra hoy la
W. Lowrie, Kierkegaard, Oxford, 1 938. '1n'ial de hojas arrancadas que a menudo interrumpen el
P. Mesnard, Le vrai visage de Kierkegaard, París, 1 948. texto en los pasajes más delicados. Las lagunas y los defec­
J. Wahl, Études kierkegaardiennes, París, 1 949. tos comprensibles de la primera edición de los Papeles, así
P. Mesnard, Kierkegaard, sa vie, son reuvre, París, 1954. < omo el interés creciente que la figura del autor despertaba,
W. Anz, Kierkegaard und der deutsche Idealismus, Tubinga, 1c!clamaban una edición más completa que fue comenzada
1 956. c•11 1 909 y concluida en 1 938 y que abarca diecinueve volú-
C. Fabro y otros, Studi kierkegaardiani, Brescia, 1957.
N. Grimault, Kíerkegaard par lui-meme, París, 1962.
111enes. Como el traductor italiano lo hiciera notar en su

C. Jorgensen , Soren Kierkegaard, Copenhague, 1 964.


i11teresante Prólogo -uno de los estudios más profundos
E. Tielsch, Kierkegaard's Glaube, Gottinga, 1 966. 'obre Soren Kierkegaard- el idioma danés emplea de pre­
G. Malantschuck, Dialektik og Ecsistens hos Soren Kierke­ fi•rencia la construcción indirecta, comienza los párrafos
gaard, Copenhague, 1 968. <'On at (que) y multiplica las proposiciones circunstancia­
N. Van Thuyen, Foi et existence selon Kierkegaard, París, les. Se ha procurado respetar en lo posible el estilo muy
197 1 . ¡1ersonal del autor que toma a veces su frase oscura y de
J . Thornpson, Kierkegaard, Nueva York, 1973. difícil lectura. En cuanto a la puntuación, a la cual Kier­
G. Malantschuck, Fra Individ til En.kelte, Copenhague, 1978. kegaard dedica un texto especial en su Diario, es conven­
H. Hannay, Kierkegaard, Londres, 1982. cional, y el traductor italiano declara haberse visto obliga­
do a muchos cambios y retoques. Las citas entre paréntesis
t!e textos bíblicos pertenecen en su mayor parte a la versión
xxxrv SÓREN KJERKEGAARD

italiana, así como las notas señaladas entre paréntesis DIARIO ÍNTIMO
(N. del t. i.); y las señaladas con (N. del t. f) pertenecen a la
versión francesa de Knud Ferlov y J. J. Gateau (2 tomos,
Gallimard, París, 1 942, esta última utilizada como texto de
consulta para la presente traducción). Las notas indicadas
con un asterisco son del autor.

M. A. B .
1 834

TEMPRE
S
es necesaria una luz para distinguir otra luz.
Cuando un punto luminoso surge en medio de las
ti nieblas, es ab�olutamente imposible discernir el origen
de la luz, porque la oscuridad no permite determinar re­
l;,ición alguna en el espacio. Sólo otra luz podrá precisar
la posición del primer punto con respecto al segundo.
15 de abril de 1834

Una doctrina rigurosa de la predestinación atribuye a


Dios el origen del mal, sin que por eso se llegue a la lógi­
ca de los maniqueos, pues su sistema establece dos seres
(pri mordiales), en tanto que el segundo reúne en un solo
ser a los dos principios opuestos.
15 de abril de 1834

Puesto que el pecado no puede provenir únicamente


del hombre, así como la criatura no puede nacer de un
solo sexo, la doctrina cristiana de la tentación satánica
es justa. Representa el otro factor del que deriva la dife­
rencia específica entre el pecado del hombre y el pecado
del diablo (pecado original - conversión posible). Una te­
sis contraria se opondría a la analogía.
1 9 de agosto de 1834

El concepto de «predestinación» ha de ser, pues, con­


siderado como un aborto; sin duda fue creado a fin de
conciliar la libertad con la omnipotencia divina y resuel­
ve el enigma por la negación de uno de los dos concep­
tos, con lo cual nada queda explicado.
1 9 de agosto de 1834
4 SÓREN KIERKEGAARD DIARIO INTIMO 5

miento de los detalles reconstruyéndolos análogamente


La razón por la cual nunca lograré gustar de la na­ a la naturaleza.

turaleza reside en el hecho de que mis reflexiones no 11 de setiembre de 1834


alcanzan para aclarar mis gustos. Puedo concebir una
obra de arte; puedo, en este caso, encontrar, por decir­ O, según las profundas palabras de la historia de la
lo así, el punto de Arquímedes y , una vez hallado, todo conversión de san Pablo (Act. 9, 8): «Y con los ojos abier-
se vuelve fácilmente comprensible para mí. Entonces tos nada veía.»
puedo seguir las evoluciones de un pensamiento gran­ Nota del 26 de enero de 1837
de y descubrir cómo confluyen los detalles para escla­
recerlo. Concibo, digamos, la total individualidad del Creo que la dificultad para admitir la teoría de la pre­
Autor como el mar que todo lo refleja. El espíritu del destinación quedaría suficientemente aclarada con la si­
Autor se vuelve familiar para mí, quizá me sobrepase, guiente experiencia psicológica: imaginemos a un hom­
pero está tan limitado como yo mismo lo estoy. En bre a quien se le ha predicho que algún día se convertirá
cambio, las obras de Dios son demasiado grandes para l'n un ilustre sabio. Si coincide con sus deseos, se dirá al
mi espíritu y me pierdo en los detalles. Cuando el vul­ instante: «Sí, me dedicaré afanosamente al estudio. » En
go contempla la naturaleza, sus exclamaciones al esti­ caso contrario, dirá: «No, no abriré un libro.» Ambos
lo de « ¡grandioso, magnífico ! » resultan insulsas y an­ propósitos serían igualmente erróneos, pues en ambos
tropomórficas porque se detienen en lo exterior sin casos se convertirá exactamente en lo que deberá ser. Y
expresar el sentido arcano y profundo. Con respecto a -.in contar con que olvida que, si todo obedece a la pre­
esto mismo, creo importante seña lar que los grandes destinación, aun sus mismos propósitos serían predeter­
genios de la poesía (Osián, Homero) han sido represen­ minados y acabarían sumiéndolo en una atroz autocon-
tados como ciegos. En mi opinión, carece de importan­ 1 radicción.
cia que lo hayan sido realmente o no. Lo esencial estri­ 26 de setiembre de 1834
ba en que los hombres los imaginaran ciegos, pues me
parece que de tal manera han querido indicar que su Si, por el contrario, pensamos que la organización di­
visión, cuando cantaban las bellezas de la naturaleza, vina del mundo está fundada sobre la providencia de
no les era revelada por los ojos corporales sino por in­ Dios, quien deja así a los hombres una libertad real, el
tuición interior. ¡Cuán notable es que uno de los mejo­ problema presenta distintos aspectos; supongamos que
res escritores sobre las abejas, 1 si no el mejor, sea cie­ -.e otorgue a un hombre la facultad de ver el porvenir y
go desde la infancia! Este ejemplo, en el que la que en tal caso sepa que ha de convertirse en un crimi­
observación exterior se diría de tanta importancia, nal; la consecuencia podría ser, quizá, que dicho hombre
casi parece indicarnos que el autor ha de haber encon­ , · en mendase. Nada habría que objetar a Dios entonces,

trado aquel punto y que, partiendo de él, por medio de puesto que conforme a su providencia debe conocer tam­
la pura actividad del espíritu ha llegado al conoci- bién que el hombre se enmendará.
20 de octubre de 1834
1. Kierkegaard alude a Franc;ois Huber ( 1750-1831), ciego desde los
cinco años de edad. Su obra principal, Nouvelles observations sur les Sólo podemos concebir una inspiración de dos mane­
abeilles, es de 1792. (N. de la t.) ' · ": o limitada a la actividad de los apóstoles cuando
6 SÓREN KJERKEGAARD DIARIO ÍNTIMO 7

redactaban el Nuevo Testamento, o abarcando toda su animales acuden a él y a cada uno impone su propio
existencia. En el primer caso el Nuevo Testamento no nombre.
ofrece base alguna donde asentar la teoría; por el contra­ 22 de noviembre de 1834
rio, la comunicación con el Espíritu Santo que perma­
nentemente alega, debería abarcar toda su existencia (es El colmo de lo trágico consiste sin duda alguna en ser
característico del Nuevo Testamento el incesante pla­ incomprendido. Por esto la vida de Cristo, incomprendi­
near del Espíritu Santo sobre ellos). En cuanto a la ins­ do por el pueblo, por los fariseos, por sus mismos discí­
piración en el sentido más estricto de la palabra, nos ve­ pulos, y muy pronto por cada uno de nosotros, a pesar de
mos obligados a extenderla a toda su existencia. Pero, si que su mensaje haya sido el más sublime de todos, cons­
resulta imposible suponer a los propios elegidos y discí­ l i tu ye la suprema tragedia . He ahí también lo trágico de
pulos de Cristo la capacidad de comprender debidamen­ la vida de Job, quien sufre en medio de un círculo de
te el cristianismo, significa que esa inspiración los pre­ amigos que no lo comprenden, junto a una mujer que se
serva del error, en tanto que la siguiente generación y las burla de él. He ahí lo doloroso de la situación de la mu­
generaciones sucesivas estarían condenadas a una inter­ jer en La familia Riquebourg:2 su amor por el propio so­
pretación errónea; a menos que admitamos igualmente brino del marido la obliga al disimulo bajo la apariencia
la infalibilidad inspirada para ellas y que afirmemos así de una fingida frialdad. He ahí la trágica autenticidad
la incompatibilidad del cristianismo con l a vida huma­ de La escena V, 1 de Egmont de Goethe, en la que Clara
na, pues tal inspiración las sustrae precisamente a la co­ :l.caba siendo totalmente incomprendida por sus conciu­
mún condición de la humanidad. Aun la misma teoría dadanos. He ahí probablemente la razón que convierte
católica sobre la infalibilidad del Papa sería insuficien­ <.:n trágicos a ciertos personajes cómicos de Holberg (por
te, pues en su caso especial la verdadera doctrina sólo ejemplo, El hombre ocupado, aplastado por una suma
tendría la persistencia de una reliquia que, apenas enun­ l'JIOrme de asuntos, en tanto que el mundo se mofa de él
ciada, sería mal interpretada. No basta entonces ex­ y no ve nada). Y he ahí también el rasgo típico de la vida
tender l a infalibilidad a los jefes, porque así su verda­ del hipocondríaco, así como de la del hombre impulsado
dera actividad como tales no tendría utilidad alguna, por un ideal, pero que se halla condenado a vivir entre
y nos vemos obligados a suponer la infalibilidad para gentes que no lo comprenden.
cada uno de nosotros. Siendo así, ¿acaso es necesario 22 de noviembre de 1834
un jefe?
20 de octubre de 1834 Para juzgar a un gran hombre, ¿es preciso aplicar
principios distintos de los que utilizamos para juzgarnos
Pocas ciencias procuran al hombre un sentido de paz y " nosotros mismos? La respuesta frecuente es que sí. Yo
de quietud como las ciencias naturales. Con ellas el sa­ respondo: « ¡ No!» Es propio de la grandeza del hombre
bio penetra en la naturaleza y todo lo conoce. Por decirlo 'er el instrumento de elección en las manos de Dios.
así, ha hablado primero con las plantas y con los anima­ Pern, si el hombre se precia de ser autor de sus actos, si
les, y no sólo descubre la utilidad que el hombre puede pretende poseer la capacidad de escrutar el porvenir y
extraer de ellos (conocimiento que posee un matiz de su­ just ificar de este modo por el fin los medios, su grandeza
bordinación), sino que· incorpora su significado en el
conjunto del universo. Como ocurrió con Adán, todos los 2. Drama en un acto de Scribe. (N. de la t.)
8 SÓREN KIERKEGAARD

cesará al instante. La justicia y el deber son iguales para


todos, y su violación es bien poco excusable, ya se trate
de un gran hombre o de un Estado, aun en el supuesto
de que la política autorice la injusticia. Es verdad tam­
bién que a veces la injusticia ha tenido buenas conse­
cuencias, pero en un caso semejante no debemos estar
1835
agradecidos a un hombre o a un Estado determinados,
sino a la Providencia misma.
23 de diciembre de 1834 ON
C
el concepto de «Ortodoxia» sucede como con el
de «Consecuencia»; muchos piensan que consiste en
Como contribución a la definición del concepto de hacer siempre lo mismo, y, puesto que llevan paraguas
«fe» es preciso hacer notar que, cuando e l terror a la cuando llueve, pretenden, quizá, que sea necesario usar­
muerte domina a un enfermo, se dice que «Cree» que lo cuando hace buen tiempo.
debe morir. Falta, en consecuencia, el acto de voluntad. 28 de enero de 1835
Otro tanto ocurre con el terror a los espectros. Por otra
parte, se podría decir: «Quiero creer pero no puedo.» Así Para los cristianos de hoy, el judaísmo representa, en
el momento de l a voluntad parece hacerse presente. verdad, un pasaje; pero ¿quién nos asegura que no puede
31 de diciembre de 1834 decirse otro tanto del cristianismo? Admito que la Ley
fuera dada para impedir las «transgresiones» y que, por
lo mismo, no haya sido sino una «pedagogía» (Gál. 3,
2 1 -23); en ese caso, ¿cómo se explica, entonces, que pro­
meta, verdaderamente, la bienaventuranza al hombre
por su observancia? Me explico muy bien que acarree el
castigo para las transgresiones; pero ¿no debió Dios
(como lo hace hoy el cristiano) reparar en la imposibili­
dad de observarla? ¿Por qué, pues, prometer la biena­
venturanza, si es precisa una condición que Él mismo ha
reconocido como imposible?
2 de mayo de 1835

Adquiero conciencia de que existo (K.), 1 no de que he


existido ni de qué modo.
Lógico desarrollo. Introducción al símbolo de los
apóstoles.

l . En la versión italiana, Comelio Fabro, traduce la inicial «K.»,


entre paréntesis en el texto original, como «la Iglesia» y añade en una
nota que, a su parecer, «K.» puede interpretarse como inicial de Kirke,
«Iglesia» en danés. He preferido conservar el texto original. (N. de la t.)
10 SOREN KIERKEGAARD DIARIO INTIMO JI

Entr e las gentes de los alrededores (Gillelei) ber si el hombre será capaz, empleando otra imagen del
encontré
a una persona verdaderamente notable, mundo de las flores, de segregar por sus propios recur­
Jens Andersen
de Fjellenstrup. No sólo poseía un gran cono sos, como el laurel rosado, una gota que ha de subsistir
cimiento de
la Bibl ia, sino que también había leído como el fruto de su vida. Ante todo, la primera condición
libros de histo­
ria, como por ejemplo Saxo, Snorre y las ha de ser la de crecer en un suelo que sea realmente el
sagas islande­
sas (que el pastor le había prestado), se expre nuestro, cosa no tan fácil de hallar. Existen al respecto
saba ade­
más en un tono muy sensato, casi diría con naturalezas tan felices que captan a primera vista el
unción, pero,
por desgracia, era adicto a la bebida, y rumbo que deben emprender y avanzan tranquilamente
debo confesar
que en aquellos momentos sus discursos por el camino señalado sin que jamás las perturbe la
me resultaban
deJ todo abominables, precisamente porq idea de que tal vez hubieran podido elegir otro diferente.
_ ue decía las
mism as cosas que cuando se hallaba sobrio. Otras naturalezas se dejan regir hasta tal punto por el
29 de julio de 1835 medio ambiente, que nunca alcanzan a comprender del
todo cuál era su verdadera aspiración. Así como las pri­
meras extraen su imperativo categórico de lo íntimo, las
COPENHAGUE, 1 DE JUNlO DE 1839 2 segundas parecen resignarse a recibirlo del mundo ex­
terior. Pero, por pocos que sean los que pertenecen a la
Usted sabe con qué fervor le he escuchado hablar en primera clase, no quisiera contarme entre los de la se­
otros tiempos, cómo me entusiasmaba entonces la des­ gunda. Más numerosos son aquellos a quienes la vida
cripción d e su estancia en el Brasil, y no precisamente reserva la experiencia del significado profundo de la dia­
por el co�junto de observaciones singulares con que ha léctica hegeliana. Por otra parte, ¿no es acaso normal
.
cnnquec1do usted su saber científico, ni por usted mis­ que el vino fermente antes de clarificarse? Bien desagra­
mo; lo que así me exaltaba era la impresión recibida en dable es a veces tal estado; aunque a fin de cuentas
su primer contacto con aquella maravillosa naturaleza ofrezca sus atractivos, pues a pesar de estar encuadrado
su felicidad, su gozo paradisíaco. Un estado de ánim � en la duda universal logra ciertos resultados relativos.
semejante influir� siempre simpáticamente sobre quien Especialmente cobra importancia para el hombre que,
no esté desprovisto de sentimientos y de entusiasmo, al adentrarse en él, alcanza por fin a ver claro en su des­
aun cuando crea hallar su posición y su actividad en una tino, no sólo por cuanto de ello deriva una paz que con­
esfera distinta; y sobre todo en el joven que sólo sabe trasta con la tempestad precedente, sino porque enton­
soñar con su porvenir. Nuestra primera juventud es ces uno posee la vida en un sentido totalmente opuesto al
como una flor matutina en cuya corola luce una hermo­ anterior. Tal es el elemento fáustico que señala en mayor
sa gota de rocío donde se refleja con hermosa melancolía o menor grado todo desarrollo intelectual, y por lo mis­
la naturaleza circundante. Pero ya el sol aparece en el mo siempre ha creído que se debía dar un sentido uni­
horizonte y el rocío se evapora; con él se desvanecen los versal a la idea de Fausto. Así como nuestros antepa­
ensueños de la vida y llega la hora en que es preciso sa- sados tenían una diosa de la nostalgia, Fausto, en mi
opinión, es la duda person ificada. Ni más ni menos.
2. Proyecto de carla o simplemente nota escrita pensando en P. w.
Y constituye un pecado contra la razón el que Goethe lo
l.und (1801-1880), hermano del cuñado de Kicrkegaard y naturalista haya hecho convertirse, como también que Mériméc haga
tlané'>. (N. del t. i.) convertirse a Don Juan. Que no me objeten que Fausto
12 SÓREN KIERKEGAARD DIARIO fNTIMO 13

da un paso positivo al dirigirse al diablo, porque este astrónomo que calcula la velocidad de los astros y pare­
punto me parece representar uno de los aspectos más ce detener su curso para escrutarlos mejor, hasta el bió­

pro nd�s de la leyenda de Fausto. Se entregó a él para logo que describe la fisiología de tal o cual animal; desde
ser ilummado. En consecuencia, no lo era antes; precisa­ el geógrafo que en lo alto de los montes contempla la
mente por su abandono en brazos del diablo, aumenta superficie terrestre, hasta el geólogo que desciende a la
su duda (como nota el enfermo que cae en manos de un sima de los abismos; desde el embriólogo que persigue
charJat án cuando su mal se agrava). En vano las gafas la formación del cuerpo humano a través de sus innume­
.
de Mefistófcles le � uestran el interior de los hombres y ra bles matices, al entomólogo que observa los gusanos
los arcanos de la tierra; no por eso Fausto desconfía me­ de nuestras entrañas), descubro naturalmente que, aquí
nos del diablo, quien nunca ha podido ofrecerle la solu­ como en todas partes {pero sobre todo aquí), existen mu­
?
ci n de los verdaderos enigmas del intelecto. Dirigirse a chos ejemplos de gentes que han alcanzado renombre
�1os le está vedado por su idea misma; porque, si lo hi­ científico gracias a su inmensa paciencia de coleccionjs­
ciera, debería admitir inmediatamente que en Él se en­ tas. Conocen una infinidad de detalles, han hallado otros
cuentra la verdadera luz, y al instante renegaría de su nuevos; y eso es todo. Sólo han suministrado un sustrato
naturaleza de incrédulo. para la reflexión y el trabajo ajenos. Tales seres que se
Una duda semejante puede manifestarse en otras es­ regocijan por haber acumulado esas migajas, me recuer­
feras. Aunque el hombre haya logrado la certeza en algu­ dan al campesino rico del Evangelio; aunque mucho
no d� estos puntos capitales, la vida le propone otras hayan atesorado; la ciencia puede decirles: «Esta misma
.
cuestiones importantes. Todo hombre, naturalmente, noche te pedirán el alma» (Le. 12, 20); por cuanto ella
desea actuar en este mundo según sus dotes; surge en­ asigna a cada detalle su importancia en el conjunto. Si
tonces el deseo de plasmarlas en determinada dirección l a sabiduría de esos hombres se ha visto animada por
en aquella que mejor convenga a su individualidad. Per � una vida inconsciente, podremos decir que la ciencia ha
¿cuál? Heme aquí sumido en una duda. Como Hércules o rbido su vida; sin este requisito su actividad recuerda
....
vacilo en mi camino. No se trata de una alternativa sin� al cadáver que, al convertirse en polvo, contribuye al
de una encrucijada de sendas que se abren en tod�s los abono de la tierra.
sentidos. Por esto mismo es tan difícil acertar con la Muy diferente, como era de esperar, es lo que ocurre
exacta. Quizá la desgracia de mi existencia consista en con otros ilustres, con los naturalistas que encuentran o
que m � intere�o por demasiadas cosas sin llegar a ningu­ que buscan el «punto de Arquímedes», el cual no es de
.
na dec1s1ón; ninguno de mis intereses espirituales se su­ 1:-. 1c mundo; desde allf podrán abarcar el conjunto y ver
bordina a otro, todos se dan la mano. lo· detalles a la luz de la verdad. No niego que hombres
Trataré de demostrar dónde me encuentro. .1!-.í me han causado siempre un efecto bienhechor. La
paz, la armonía, el goce que de ellos se desprenden son
Ciencias naturales. Si dedico una ojeada de conjunto 1 1 1 u y difíciles de hallar en otra parte. Tenemos en Cope-
a este campo (incluyendo a todos los que tratan de com­ 1 1 hague tres personalidades eminentes: un Oersted, cuyo
prender y descifrar las runas 3 de la naturaleza, desde el 1 o:-.tro me ha parecido siempre una armónica a la cual la
naturaleza arranca los más raros y ajustados acordes;
3. Runas: _caracte1·es de la escritura de los antiguos escandinavos a 1111 Schouw, modelo adecuado para un pintor que se pro­
los que �e atnbufa poder mágico. (N. de la t.) pu....icra pintar a Adán en el momento de dar nombre a
14 SÓREN KlERKEGAARD DIARIO INTIMO 15

los animales de la creación; y por fin un Horneman, tan e han refundido en forma tal que es difícil desentrañar­
familiarizado con las plantas que parece un patriarca de los. Sin duda podría estar de acuerdo con muchos de sus
la naturaleza.4 En este sentido también recuerdo con puntos, pero a condición de considerarlos como las se­
alegría la impresión que me produjo usted de ser el di­ millas que germinan en las hendiduras de las rocas. Ade­
putado de una grandiosa naturaleza, digna de tener su más, podría también descubrir la flaqueza de varios de
vocero en el Parlamento. sus dogmas, pero en cuanto al armazón general me vería
He sido y soy un entusiasta de las ciencias naturales, forzado a tolerarlo durante algún tiempo, in dubio.5 Des­
pero no creo que las convierta en el objeto principal de de el instante en que ella cambia, el conjunto adquiriría,
mis estudios. Lo que más me ha interesado en la vida es como es lógico, un aspecto diferente; esto hace que mi
el juego de la inteligencia y de la libertad, cuyos enigmas atención se vea atraída por otro fenómeno, el racionalis­
he deseado sin cesar explicarme y resolver. Los cuarenta mo, el cual en resumen me parece representar un triste
años en el desierto, antes de alcanzar la «tierra prometi­ papel. Puesto que, en tanto que la razón desarrolle su
da» de las ciencias, me parecen demasiado preciosos, propia lógica y que - a fin de desentrañar las relaciones
por cuanto creo que la naturaleza puede considerarse l'ntre Dios y el mundo- considere al hombre en su rela­
desde un ángulo que no requiere iniciación en los secre­ ción más profunda y más íntima con Dios, y que con tal
tos de la ciencia; sea que por un detalle de la floración fin, aun desde su propio punto de vista, vea al cristianis­
descubra yo al universo entero, o sea que aceche los sig­ mo como a un movimiento que ha satisfecho durante si­
nos que la naturaleza prodiga para explicar la vida hu­ glos enteros las más íntimas necesidades del hombre, en
mana; sea que admire los libres diseños que una mano tanto que se detenga ahí, nada tengo que objetar. Pero
audaz ha trazado en el firmamento, o que los exóticos ¿puede decirse lo mismo acerca del racionalismo? ¿Aca­
cantos escuchados en Ceilán me remonten hasta el plano "º no copia éste su colorido del cristianismo? Por consi­
espiritual de la música; o sea que la partida de las aves guiente, el racionalismo es cosa aparte y no constituye
migratorias suscite en mi corazón una humana y profun­ un sistema, sino un arca de Noé (para usar la expresión
da nostalgia. empleada en otra ocasión por Heiberg) donde los anima­
les puros se codean con los impuros. Frente al hegelia­
Teolog{a. Aparentemente es mi campo preferido, nismo, uno siente aproximadamente la misma impre­
pero aquí también tropiezo con grandes dificultades; el '>ión que debió de producir nuestra guardia territorial en
propio cristianismo me revela sus contrastes; tales y tan­ presencia de la Guardia de Potsdam. Además, con el fin
tos son, que impiden una mirada libre. He sido educado de acercarse al cristianismo, se sirve de las Escrituras
en un medio ortodoxo, bien puedo decirlo, pero desde como base para sus especulaciones y utiliza para cada
que comencé a reflexionar por mi cuenta, el inmenso co­ uno de sus problemas una legión de versículos cuyo sen-
loso empezó a tambalearse. Digo « inmenso coloso» in­ 1 ido no ha penetrado. Me recuerda a Cambiscs, quien
tencionadamente, porque su conjunto rebosa verdadera durante la campaña de Egipto se protegía con una van­
lógica y porque con el correr de los siglos sus elementos guardia de gatos y pollos sagrados; nuestros racionalis-
1 as se hallan tan dispuestos como el cónsul romano a
lanzar por la borda los pollos sagrados que rehúsen el
4. llans Christian Oersted (1777-1851) descubrió el elcctromagne-
1 i-;mo. J . F. Schouw (1789-1852) y J. W. Homeman eran botánicos.
(N. <le la t.) 5. •En la duda.•
16 SÓREN KIERKEGAARD
DIARIO fNTlMO 17

alimento. Su error consiste, pues, en que cuando con­ 1 1 nos a los otros, gritan, chillan, se mofan recíprocamen­
cuerdan con las Escrituras se basan en ellas y, en el caso ll', lat igan a las cabalgaduras, vuelcan, se hacen arrollar,
contrario, las dejan de lado ..., y así andan en dos direc­ y ruando por fin, polvorientos y sin aliento, llegan a la
ciones opuestas. l l o rcst a . . ., se limitan a mirarse las caras y a regresar a
"I 1:- respectivos hogares.
1�11 cuanto a su retorno, sería infantil de mi parte soli-
«NONNULLA DESUNT» 6
1 l l a r que lo apresure, tan pueril como los esfuerzos de la

En cuanto a los inconvenientes menores, me limitaré a 1 1 1t1drc de Aquiles por esconderlo a fin de evitarle la

decir que estoy preparando mi examen de teología, ocu­ 1 1 1 1 1crte súbita y gloriosa. ¡Buena suerte!

pación carente de interés y que por lo mismo no progre­


Como anteriormente he tratado de demostrar, ése era
1•1 l'Stado real de las cosas. Pero ahora, si trato de ver
sa muy rápidamente. Siempre he preferido los estudios

, l o ro en mi propia vida, aparecen de una manera dife­


libres, tal vez por esta condición un poco vagos, al co­
dearse en las mesas de posada donde uno conoce de an­
H'11lc; así como el niño necesita tiempo para diferenciar­
temano a los comensales y las minutas semanales. Pero
"' de los demás objetos, y durante un largo período, por­
qm·
como dicho examen es necesario, dado que no le permi­
se destaca muy poco del mundo circundante, dirá,
pnr ejemplo, poniendo de relieve el aspecto pasivo: «YO,
ten a uno el acceso al reservado recinto de la ciencia si

1 1 l �1 ballo pega», así también ocurre con nosotros en la


no está provisto de un seJlo de fábrica, y como, por otra
parte, lo considero útil en mi actual estado de ánimo y sé
1 .,kra superior del espíritu. Creía, además, que alcan-
que le daré un gran placer a m i padre (quien cree que la
. 1 1·f n una mayor tranquilidad lanzándome a otros estu-
verdadera tierra de Canaán se halla del otro lado del
1l1u:-. encaminando mis fuerzas hacia otro fin. Durante
1 1 1 1 1 icmpo, sin duda alguna, habría logrado así liberar­
examen de teología, pero al mismo tiempo asciende
como Moisés al monte Tabor para anunciar que jamás
• l ll' de mi inquietud en parte, pero ésta retornaría luego
entraré allí -espero que esta vez la predicción no se rea­
t w 1 mayor intensidad corno retorna la fiebre luego de
lice-), es por eso preciso que me ponga a la obra. ¡Di­
l i 1 1 b ·r bebido un vaso de agua fría. Lo que en el fondo me
1 1 1 1 1 :.i, es ver claro en mí mismo, saber «lo que he de ha­
choso usted, que ha encontrado en el Brasil un campo
iJimitado para sus investigaciones, donde nuevas mara­
' t'• 11 (Acl. 9, 6), * y no lo que he de conocer, salvo en la

1 1 11.·dida que el conocimiento deba preceder a la acción.


villas se le ofrecen a cada paso y donde los gritos de la

· t · 1 rnta de comprender mi destino, de descubrir aquello


república de los eruditos no perturban su tranquilidad!

Este sabihondo mundo de teólogos me recuerda a la
q 1 tl' en el fondo Dios reclama de mí, de hallar una ver-
multitud que Jos domingos de verano se encamina a la
1 l., d que sea tal «para mí»,** de encontrar «la idea por la
floresta de Dyrehaven; 7 sólo piensan en dejarse atrás los
1Cm\ntas veces, cuando creemos haberlo aferrado, nos damos cuen-
6. «Faltan algunas cosas.» 1 11 d1: que sólo estrechamos una nube de Juno! [Alusión a Ixión, que
7. Existe una extraña ironía en estos paseos de los habitantes de 1 1111'0 abrazar a Hera y a quien Los dioses engañaron con una nube.
Copenhague a Dyrehaven: tratan de sacudirse el polvo filisteo de la ciu­ (f\ 1h• la t.)]
dad, de escapar a sí mismos..., para volverse semejantes a las fieras del • Sólo entonces el hombre realiza una experiencia interior. Pero
bosque. 11111 u 1 1 1uchos las diferentes impresiones vitales son como los dibujos
Bosque en los alrededores de Copenhague, meta común de los pa­
, 1 111· d mar traza sobre la playa para bmTa.rlos en seguida, sin dejar
seantes dominicales de la capital. (N. del t. i.) 1 1'.I f(IS.
18 SOREN KIERKEGAARD DIARIO INTIMO 19

cual deseo vivir y morir». ¿Qué provecho podría sacar 1 ia organizada de la vida de los ladrones, sondear sus
de las llamadas verdades objetivas aunque descubriera -.umbras (también existe aquí un cierto espíritu de aso­
alguna de ellas, aunque me engolfara en los sistemas ' iación muy singular). Por la misma razón se me ocu-
filosóficos y, llegado el caso, fuera capaz de reseñarlos 1 1 ió luego convertirme en actor, a fin de obtener, bajo
todos? ¿El de poder mostrar sus incoherencias en cada una apariencia ajena, un sucedáneo de mi propia exis­
uno de sus problemas? ¿Cuál sería mi ventaja particu­ h:ncia, y a fin de hallar, en los cambios exteriores, una
lar, aunque desarrollara una teoría del Estado y con la 1 ·lativa distracción. Sentía la carencia de la posibili­
suma de detalles, obtenidos aquí y allá, construyera d,td «de una vida plenamente humana» y no limitada
un mundo, si tampoco lograría vivir en él y tendría 1 . 1 1 1 sólo al «conocimiento», que me permitiera fundar
que limitarme a enseñarlo a los demás? ¿Cuál el pro­ 1 1 i i pensamiento sobre alguna cosa ... ¡Oh, sí: sobre algo
vecho, aunque desarrollara l a importancia del cristia­ objetivo, algo que, a pesar de no ser cosa mía, nazca
nismo y explicara muchas de sus particularidades, si de las profundas raíces de mi vida,* que me arraigue,
esta capacidad no adquiere un significado profundo por decirlo así, a lo divino y que me sostenga aun
para mf y para m i vida? A medida que triunfase y que ' uando el mundo entero se derrumbe! Esto «me falta»
viera cómo los otros asimilan los frutos de mi pensa­ } a eso «aspiro». Y por esa razón siento tanto placer y
miento, aumentaría la tristeza de mi posición, como 1.11 1 íntimo consuelo en contemplar a los grandes hom­
sucede con los padres indigentes, obligados a entregar hrl's, quienes, habiendo encontrado una perla semejan­
sus hijos al mundo, abandonándolos a merced del pró­ lv, dan por ella todo lo demás (Mt. 1 3, 42), hasta l a
jimo. ¿Qué ventaja significaría una verdad que se ir­ 1 11 opia vida;** sea que los vea enérgicamente aferra­
guiera, desnuda y fría e indiferente a mi reconocimien­ dos a la vida y avanzando sin ningún tropiezo por tal
to, engendradora mejor de un estremecimiento de o cual sendero, sea que los descubra apartados de los
angustia que de un abandono confiado? Es verdad que ' .1 minos del vulgo y entregados a sí mismos y a su ta-
admito aún el « imperativo del conocimiento», en vir­ 1 ''ª con un fin sublime. Venero aun sus mismas abe-

tud del cual podría ejercer una acción sobre los hom­ 1 1 .iciones, fácilmente explicables. Porque en verdad
bres, pero «es preciso que lo absorba vitalmente»; he t 11c:nta la acción íntima del hombre, su lado divino, y
aquí lo esencial para mí. Mi alma sufre su sed como 110. en cambio, Ja suma de sus conocimientos; éstos se
Jos desiertos africanos padecen la sed de agua. Eso me tk-.prenderán, entonces, uno tras otro, sin dar la im­
falta, y por lo mismo me veo como al hombre que ha pH:sión de agregados fortuitos o de una serie de deta­
reunido muebles y alquilado una vivienda sin encon­ lh;., apilados y desprovistos de sistema alguno, sin un
trar previamente a su amada, a la compañera de las
vicisitudes de su vida. De nada sirve que me lance al ¿No corre el hombre, a pesar de todo su saber, e l continuo riesgo de
1 1 locu.-a? ¿Qué otra cosa significa sacrificar la vida por una idea? A fin
d1 n 1cntas, todo debe basarse sobre un postulado: pero tan pronto
mundo, en pos de l a idea o con el propósito de encon­
trarme a mí mismo. Así procedía antes. Por ello juzgué • rn110 éste pierde su carácter exterior para constituirse en la propia vida
conveniente dedicarme a l estudio del Derecho, que ha­ ol1 1 hombre, cesa de ser un postulado (dialéctica · discusión).
bría de agudizar m i sagacidad para las múltiples com­ Será fácil, una vez que hayamos recibido de Ariadna (el amor) el
l 1 t lt 1 conductor, recorrer los recodos del laberinto (la vida) y matar al
plejidades de la vida. Hubiera dispuesto, en tal caso,
11u111.,truo. Pero ¡cuántos se arrojan a la vida (el laberinto), sin haber
de un cúmulo de detalles donde extraviarme; hubiera 11l 1'crvado dicha precaución (jóvenes y doncellas sacrificados todos los
pod ido, t a l vez, elaborar con ellos un todo, una histo- 11•<•' al Minotauro)!
20 SÓREN KIERKEGAARD DIARIO ÍNTIMO 21

foco adonde todos los rayos converjan. Yo mismo he sagradable y funesto compañero de viaje (esa «ironía de
buscado ese foco. Tanto en los mares sin fondo del pla­ la vida»,* que revela el mundo del conocimiento y que
cer como en los abismos del conocimiento, traté de impone al verdadero conocimiento un comenzar por el
arrojar el ancla. También yo he experimentado la casi «no conocer» socrático),** exactamente como Dios creó
irresistible fuerza con que a veces un placer nos arras­ al mundo de la nada. Pero en las aguas tranquilas de la
tra hacia otro, la especie de entusiasmo ficticio que moralidad es donde encuentran su verdadero campo de
provoca, el tedio y el hastío que se siguen. También yo acción aquellos que no han entrado en la zona de los
he gustado los frutos del árbol de la ciencia y ¡cuántas alisios de la virtud. Entonces la ironía maltrata al hom­
veces me he regocijado con su sabor! Pero dicho goce bre de un modo horrible; a veces le concede la sensación
sólo existía en el instante del conocer y no dejaba en de felicidad y el acicate de avanzar por el buen camino;
mí huella profunda. No me parece que haya bebido en otras lo arroja en los abismos de la desesperación. A me­
la copa del saber, sino que haya caído dentro. Me he nudo lo adormece con la idea de que «no puede ser de
esforzado por hallar el principio de mi vida en la re­ otro modo», para despertarlo súbitamente y someterlo
al más implacable interrogatorio. Con frecuencia extien­
�ignación, creyendo que, pues todo obedece a leyes
inescrutables, «no podría ser de otro modo», calmando de un manto de olvido sobre el pasado y luego hace que
d e esta manera mi ambición y las antenas de mi espí­ cada detalle refulja bajo una cruda luz. Y cuando el
. hombre lucha por encontrar el buen camino y se alegra
ntu. Puesto que no lograba someterlo todo a mi arbi­
trio, me he retraído, con la conciencia de mi capaci­ de haber superado la fuerza de las tentaciones, en el mis­
dad, como el pastor jubilado se retira con una pensión. mo instante, quizá, que sucede a la más completa de las
Pero ¿qué he encontrado entonces? No mi «yo»; por­ victorias, sobreviene una circunstancia exterior, insigni­
que para encontrarlo recorrí esos caminos (imaginaba íicante en apariencia, que lo precipita desde las alturas
a mi alma, para ser sincero, como una caja de sorpre­ del risco como a Sísifo. Frecuentemente, apenas el hom­
sa cuyo resorte hubieran apretado circunstancias exte­ bre ha concentrado todas sus energías en un punto, cho­
riores). Lo primero que debía decidir, pues, era la bús­ ca contra un pequeño accidente exterior que destruye
queda y el descubrimiento del reino de los cielos. Así por completo sus esfuerzos (tal es el caso del hombre
como el cuerpo celeste, considerado en el momento de hastiado de la vida que, a punto de arrojarse al Támesis,
su formación, no empieza por determinar cuál ha de fue detenido en el momento decisivo por la picadura de
ser su superficie, ni hacia qué cuerpos ha de dirigir su un mosquito). Frecuentemente también, por la misma
faz iluminada, ni hacia qué otros la faz en sombras
sino que, ante todo, permitiendo a las fuerzas centrífu� * Es verdad que entonces persiste en cierto sentido, pero el hombre
l.!> capaz de soportar esas borrascas de la vida, porque cuando el hom·
gas y centrípetas su libre ejercicio, aguarda tranquila­ hre vive para una idea le interesa cada vez menos servir de espectáculo
mente el futuro, de la misma manera no aprovecha al al mundo. A menudo, también, cuando mejor creía haberse comprendi­
hombre el querer decidir acerca de las cosas exteriores do a sf mismo, una extraña inquietud lo invade al pensar que sólo ha
antes de fijar su principio interior. Es preciso empezar .1prcndido de memoria una vida ajena.
Dice el proverbio que •niños y locos dicen la verdad•. No se trata
por conocerse a sí mismo en primer lugar (yvwfü oeau­ **

dt: la verdad adquirida en virtud de premisas y de conclusiones, pero


i:óv). Sólo cuando el hombre se comprende íntimamen­ ,wántas veces hemos presenciado el caso en que las palabras de un
te y descubre su propio camino, la vida se sosiega y 111no o de un loco abaten como un rayo aJ hombre contra el cual toda
cobra sentido, sólo entonces se ve uno libre del de- dbquisición se había estrellado antes?
22 SÓREN KJERKEGAARD DIARIO ÍNTIMO 23

causa, el hombre cree, como el tuberculoso, que ha expe­ apatía con respecto a los móviles espirituales e íntimos
rimentado una mejoría, cuando en realidad ha empeora­ del hombre, me distanciaron todavía más. Tampoco mis
do. En vano se empeña en resistir, las fuerzas le faltan y :imigos habituales, salvo raras excepciones, han ejercido
de nada Je sirve haber pasado tantas otras veces por el gran influencia sobre mí. Una vida que no logra com­
mismo estado; la experiencia adquirida no le aprovecha prenderse a sí misma, a la fuerza tiene que mostrar una
ya. Así como el mejor nadador del mundo no podría -.u perficie rugosa; por consiguiente, los demás se detie-
mantenerse a flote durante una tempestad si lo abando­ 11cn ante los hechos aislados y ante su aparente disonan­
na la íntima convicción y la experiencia de ser más livia­ l ia, pues para intentar reunirlos en una armonía supe­
no que el agua, así también el hombre que carece de un ' ior o para comprender su razón no se interesaban
centro de gravedad interior tampoco logrará mantener­ -.uficientemente por mi vida. Y su mismo juicio, a mi
se a flote durante las tempestades de la vida. Sólo cuan­ 1 cspecto, se ha fundado siempre sobre un solo lado; a mi
do el hombre se haya comprendido a sí mismo de ese vez, yo he concedido demasiada o demasiado poca im­
modo, sólo entonces será capaz de llevar una existencia ptwtancia a sus juicios. Incluso a esa influencia y a los
independiente y evitará el extravío del propio «YO». desvíos que habría podido provocar en el complejo de
¡Cuántas veces nos hemos encontrado con gentes que, mi vida me he sustraído ahora. Y heme aquí llegado al
por pereza espiritual, se contentan con las migajas de las punto en que he de recomenzar de una manera diferente.
mesas ajenas, o que, impulsadas por motivos egoístas, rrataré ahora de fijar mi mirada tranquila sobre mí
remedan la vida de su prójimo para concluir como el rnismo y empezaré por actuar partiendo desde lo íntimo;
embustero que, a fuerza de repetir sus invenciones, aca­ porque sólo así, semejante al ruño que en el primer des­
ba por darles crédito! Aunque muy lejos estoy de esa ín­ pertar de su conciencia empieza a llamarse «YO», me será
tima comprensión de mí mismo, he tratado, con todo e l posible aplicarme el «yo» con un criterio más profundo.
respeto que me merece su importancia, de salvaguardar Para ello necesito tenacidad; además, no es posible re­
mi individualidad. He adorado a un « Dios desconocido» coger en seguida lo sembrado. Recordemos el método de
(Act. 17, 23). Con intempestiva inquietud he procurado aquel filósofo 8 que imponía a sus alumnos un período
evitar un contacto demasiado estrecho con aquellos fe­ de silencio de tres años, con la promesa de que luego todo
nómenos cuya atracción se ejerce, quizá, demasiado in­ �al.dría bien. Así como no se inicia una fiesta al amane-
tensamente sobre mí. He procurado apropiarme de mu­ cr sino en el ocaso, así también en el mundo del espíritu
chos de sus aspectos, estudiado la importancia de su 1.·s necesario trabajar durante algún tiempo antes de que
personalidad para la existencia, cuidando siempre de no t·l sol luzca de veras para nosotros y de que se nos mues­
acercarme demasiado, como la mariposa a la luz. La fre­ ' n; en todo su esplendor. Es verdad que se ha dicho que
cuentación del hombre común, poco me ha dejado en Dios hace brillar el sol sobre buenos y malos, sobre jus­
calidad de ganancias o pérdidas. En primer lugar, sus tos e injustos (Mt. 5, 45), pero en el mundo espiritual no
ocupaciones, eso que llaman «la vida práctica» , * no me .1caece lo mismo. «La suerte está echada» , paso mi Rubi-
interesan en absoluto. Además, su frialdad, su completa

h.qo el Támesis (utilidad o provecho). Los mismos niños. antes de tener


• Esa vida práctica tan difundida en nuestros tiempos se manifiesta 1wmpo suficiente para admirar la belleza de una planta o de un animal,
también en las grandes obras. En tanto que antes se llevaban a cabo p1q�untan: «¿Para qué sirve?»
obras que asombraban al espectador, se habla hoy de construir un túnel 8. Pitágoras. (N. de la t.)
DIARIO {NTIMO 25
24 SÓREN KJERKEGAARD

eón. Este camino me conducirá a la lucha, pero no me 11idad de las almas, como el hielo invernal, al persistir
apartaré. No me aflige lo pasado, pues ¿de qué sirve que­ d11rante algún tiempo, traza sobre los cristales figuras
jarse? Con todas mis energías iré al encuentro del futuro que el cálido sol borra.

sin perder tiempo en lamentos, como el hombre que 14 de setiembre de 1835


hundido en una ciénaga se ocupara primero en calcular
su profundidad y no considerara que, mientras malgasta Sucede con el cristianismo o con el hacerse cristiano
así el tiempo, se va sumergiendo cada vez más. Quiero lo mismo que con las curas radicales que uno posterga

correr por la ruta elegida, gritando a los que me salgan durante el mayor tiempo posible.
al paso que no se vuelvan para mirar atrás como la mu­ 9 de octubre de 1835
jer de Lot (Gén. 19, 26), y que recuerden en cambio que
estamos ascendiendo por una pendiente. ¡Qué extraña es la alianza que ha acabado por estable­
< ·rse entre el protestantismo y la política moderna! Am­
1 de agosto de 1835 (Gillelei)
i ms partes luchan por la misma cosa, por la soberanía
Surge de ello la explicación de un fenómeno muy fre­ d ·I pueblo; y es interesante ver cómo los auténticos rea­
cuente, cierta pobreza de ideas.* Precisamente porque la lts1 as (que no quieren tener un concepto dentro de uno
vida no es sana y predomina el conocer, las ideas no se d\.' los campos y otro esencialmente diferente dentro del
conciben como flores naturales del árbol de la vida ni t•I ro, pues ambos deben fundarse sobre los mismos prin­
conservan tal condición, la única que les asi-gna impor­ c· 1pios para cada individuo) se acercan al catolicismo.
tancia, sino que, por el contrario, brotan como relámpa­ 13 de octubre de 1835
gos aislados, como si la riqueza de la vida dependiera de
una lluvia de ideas proveniente, por decirlo así, del ex­ uando observo la vida de muchos cristianos, tengo la
terior (sit venia verbo, 9 como aforismo). Olvidan que las 1111presión de que el cristianismo, en lugar de infundirles
ideas, como el martillo de Tor, vuelven al punto de parti­ 1 u ·rza... 1 0 Más bien tales individuos, al ser confrontados
da, pero modificadas en su forma. 1 <111 1.os paganos, parecen haber sido esterilizados por el
20 de setiembre de 1835 1 ristianismo y me producen el mismo efecto que el caba­

l lo astrado comparado con el semental.


El más allá de los cristianos está poblado de castigos,
La adversidad no sólo impulsa a los hombres a estre­
1 lc:slrucción y ruinas, suplicios y tormentos eternos; a
char filas, sino que también produce esa hermosa comu-
111 ·dida que su fantasía desborda y desvaría al imaginar
* Un fenómeno semejante es el de la falsa concepción de la naturale­

za del conocimiento y de sus resultados, por cuanto se hace referencia a 1•.;h.: mundo, se torna pobre para describir la beatitud de
los resultados objetivos, sin pensar que el verdadero filósofo es sub­ los creyentes y de los elegidos a quienes representan
jetivo en grado máximo. Basta con nombrar a Fichte. Pe igual manera < rnno rígidas figuras, con ojos mortecinos y fijos, la pu­
es tratada la espiritualidad, no considerándola como a una Minerva,
pila .inmóvil y la mirada tan húmeda que estorba la libre
indispensablemente surgida de la total individualidad y del ambiente
del autor y, por lo tanto, con cierto carácter lírico (por eso el rubor visión. Nada hace pensar en una intensa vida espiritual,
acompaña a la espiritualidad y revela su espontaneidad y su frescura de ( ' 1 1 l a contemplación directa de Dios, en la comprensión
manantial), sino como a las flores que se cuelgan en las calles para uso •.i1pcrior opuesta a la estrecha perspectiva de esta tierra
común (el nomeolvides modesto y secreto es hermoso en los prados,

1 0. El texto se intemunpe con los puntos suspensivos. (N. de la t.)


pero pierde su belleza en los jardines).
9. «Hablando con respeto.» (N. de la t.)
26 SÓREN KJERKEGAARD

con sus visiones especulares y sus oscuros discursos. Mu­


cho no les ha preocupado el tema, y me parece que lo
han tratado como ciertas novelas tratan el amor. Al cabo
de cruenta lucha contra dragones y bestias feroces, el
amante cae en brazos de su bella dama y al mismo tiem­
po baja el telón sobre el prosaísmo de un matrimonio 1836
trivial, cuando, en cambio, sería ésa la hora de que se

L
avivara el amor y la íntima y mutua contemplación de

E
los amantes. Personalmente me ha resultado más benéfi­ sentimentalismo es, con respecto a l sentimiento
ca la siguiente idea: quisiera reunir a todos los genios verdadero y auténtico, como el gorrión con respecto
que han impulsado la rueda de la historia de la humani­ 1 1 In golondrina, a quien deja construir su nido para lue­
dad; me he entusiasmado con la formación de una aca­ ¡•o a lojar allí a sus crías. (No estoy seguro de que se trate
demia de ese tipo, de una república de las letras donde (a 1 k golondrinas y gorriones, pero por lo menos sé que se

pesar de las eternas contradicciones) nuestro conoci­ d:i ·slc caso entre dos clases de pájaros.)
miento se acrecentara sin cesar, donde surgieran a plena Enero de 1836
luz los efectos y las causas del pasado, con suma frecuen­
cia escondidos o poco conocidos. Pero los cristianos te­ Ton poco me comprenden las gentes, que ni siquiera
merán siempre a estos hombres, cuya admisión les obli­ 1•1 11 1 1 prenden mis lamentos por no ser comprendido.
garía a alternar con ellos; quieren escuchar un único Febrero de 1836
acorde en las asambleas y sentarse en un cenáculo chi­
no, felices y contentos ¡de haber levantado una infran­ La vida humana puede concebirse como una gran elo-
queable muralla contra los bárbaros! No digo esto con 1 ul'ión donde los diferentes hombres representan las dis-
ánimo de censurarlos, sino para mostrar el contraste re­ 1 l n t as partes de la oración (otro tanto se puede decir de
conocido de facto en la vida cristiana, para disuadir a 111" Est ados en sus relaciones recíprocas). ¡Cuántos hom­
aquel cuyos pulmones no oprima aún semejante cota de l 11 ts son puramente adjetivos, interjecciones, conjuncio-
hierro espiritual, de aventurarse i mprudentemente por 11t•s, y qué pocos son sustantivos, verbos activos, etc.!
el cristianismo, para inmunizarlo contra esas ideas tísi­ 1< uán t os son cópula!
cas y asmáticas. Por cierto que es duro vivir en un país Con las mutuas relaciones de los hombres ocurre
sobre cuyo horizonte jamás se alza el sol, pero tampoco 1 1 11110 con los verbos irregulares en muchas lenguas: casi
es agradable un cuchitril donde el sol cae a plomo sobre iodos lo son.
el cráneo y no permite, ni a nosotros ni a cuanto nos Marzo de 1836
rodea, l a proyección de una sombra.
1 lc aquí verdaderamente demostrado el contraste en­
t 1 t• 1a época romántica y nuestra época intelectualista.
I 11 1 anto que aquélla acariciaba principalmente la idea

1 lt· 11 n árbol que trepara hasta el cielo (para unir cielo y


1 l1:rra), la nuestra trata de desplegar el panorama de las
1 o�as, una tras otra. En tanto que aquella época trataba
28 SóREN KIERKEGAARD DIARIO ÍNTIMO 29

de concentrar en un solo individuo a la humanidad ente­ \ ida, debe sucumbir a veces y otras logra elevarse por
ra, la nuestra trata de aparear las naciones (el llamado 1·11cima de ella y sonreír (cuando, por ejemplo, Fausto
«Sistema cosmopolita»). Que no me objeten que también 110 comprende al mundo pero sonríe del mundo que no
el punto de vista romántico era cosmopolita porque la 1 omprende).
diferencia estriba en que la época romántica insistía Abril de 1836
mayormente en la idea de lo grande y lo sublime, etc., y
la nuestra, en cambio, insiste en la idea de lo múltiple, Conversaciones con J. Joergensen, 1 18 de abril de 1836.
de lo heterogéneo que se funde en una sola unidad. Por
eso, mientras que en aquella época en lo particular se Estaba ebrio; lo notaba, entre otras cosas, al observar
mantenía la nacionalidad y, por decirlo así, cada naciona­ "' labios. Pensaba que en el fondo la poesía es una cosa
lidad se resumía en sus representantes, la nuestra insiste 1•t u ndaria, una excrecencia, e hizo el elogio de la filoso­

más bien en el pensamiento de individuos múltiples que l 1.1. de la memoria; envidió mi juventud, habló de la
se funden en un solo Estado con sus múltiples intereses 1 . rda de las hojas, del silbido del viento, del cierzo. «La

concurrentes, y de ahí su multiplicidad. 1 1 1 1 1 a d de la vida está destinada a vivir, la otra a deplo­


Marzo de 1836 ' 111 : yo entro precipitadamente en la segunda . . . » «En la
l 11ventud uno puede causar mucho daño y repararlo lue­
Lo trágico, que consiste en la imposibilidad de hacerse •'" » «He tenido una vida agitada, he conocido a todos
comprender, ha sido graciosamente expresado en el Gé­ li '" que hoy ocupan los primeros puestos, me tuteo con
nesis (2, 19) cuando Adán impone un nombre a cada ani­ 1 1... clebridades; preguntadme ahora lo que pienso de
mal, pero no acierta a encontrar uno para sí mismo. t l l.1-.. »
Las tres grandes ideas (Don Juan, Fausto y el Judío 1 k aquí por qué está escrito que debemos trabajar por
Errante) representan, digámoslo así, l a vida fuera de la 111 11.·-.tra salvación «con temor y temblor» (Flp. 2, 12):
religión en su triple dirección. Solamente cuando se ge­ 1 1111 que no se trata de un asunto concluido, sino de algo
neralizan y abarcan a los tipos comunes, surge la mora­ ¡11 1·1. :1rio. Esta inquietud ciertamente empuja a muchos
lidad y la religión. Por eso mi concepción de estas tres 1 hu\car celosamente el martirio, a fin de abreviar la
ideas se relaciona con mi punto de vista dogmático. 111 11eba y de concentrarla en un momento de suma inten-
Marzo de 1836 td.1d, siempre más fácilmente soportable que una larga
1 1 1 1 1l'ba.
E l humor en contraste con la ironía; por eso ambos
pueden muy bien hallarse reunidos en un solo individuo. I·-. peligroso aislarse demasiado, sustraerse demasía­
Ambos dependen de la carencia de familiaridad con el ' 1,, .1 los vínculos de l a sociedad.
mundo. Pero en el primer caso dicha falta de familiari­
dad está modificada y permite la despreocupación; en el 1 .1 ironía, la ignorancia inicial de Sócrates, el mundo
segundo, trata de influir sobre el mundo y, precisamente ' 1 1 .ido de la nada. La Virgen pura de la que nace Cristo.
por ello, da motivo a las befas. Son los dos puntos ex­
tremos de un columpio (movimiento ondulante), puesto 1 hmc:ionario policial y de la justicia criminal. Kierkegaard, que
1 1l11 111h.1 a pocos pasos del Palacio de Justicia, se encontraba frecuente­
que el humorista siente su importancia cuando el mun­
• 1111 '°" él en el Mercado Nuevo. Sus ideas y hábitos interesaban a
do se burla, en tanto que el irónico, en su lucha contra la J ti 1l• 1.,wrd, curioso por descubrir el enigma humano. (N. del t. i.)
DIARIO INTIMO 31
30 SÓREN KIERKEGAARD

Es curioso que las gentes ataquen a los jesuitas. Todo Me impresiona el extraño modo en que un lejano re­
' 1 1rrclo puede surgir de improviso en La conciencia; por
aquel que se entusiasma por una idea y piensa sólo en
realizarla es en cierto modo un jesuita. • 11·inplo, el recuerdo de una falta de la que casi no nos
i l 1 1 1 1os cuenta en el momento de cometerla; relámpagos
17 de junio de 1836
p1 l't.:ursores de un fuerte huracán. No se trata de una
l111ple comparecencia, sino de una irrupción que opri-
¿A qué se debe que prefiramos leer las comedias en
1 1 w con inmensa fuerza y que exige que se le escuche. En
1 i1 "cnl ído, más o menos, ha de entenderse el texto del
compañía y las tragedias a solas?

1 \ 1 11 1 gcJ io que dice que, en el Juicio Final, el hombre de­


1 9 de junio de 1836

lw1 a rendir cuentas de todas las palabras indebidas que


¿No falta acaso, en el Fausto que Goethe concibe, ese li.•\ :i pronunciado (Mt. 1 2-37).
entusiasmo por el conocimiento que es una de sus carac­ 8 de octubre de 1836
terísticas? Como he observado anteriormente, es cierto
que Fausto implica a Don Juan; pero sus aventuras, su M i i ronía se asemeja tal vez a lo que Los griegos llama­
sensualidad nunca podrán ser las de Don Juan. Lo eróti­ ' ' '" Némesis ...
co en él es producto de la reflexión, se entrega al erotis­ 27 de octubre de 1836
mo impulsado por la desesperación.
25 de agosto de 1836 1 CJué hermoso modelo de encaminamiento hacia el
1 1-.tia nismo da el judaísmo con la Leyenda del Judío
La ironía pertenece solamente al estadio intermedio 1 1 1 .111tc. de quien se cuenta que al final de su vida servía
(en el cual el individuo no es consciente de su individua­ • 1 11110 guía a los peregrinos cristianos que iban a Tierra
lidad), y al estado dialéctico; en tanto que en e] tercer . 1 1 1 ( �I!
estadio (el del carácter) la reacción ante el mundo no 4 de diciembre de 1836
adquiere la forma de ironía. Porque entonces el indivi­
duo ha desarrollado ya una resignación que, a pesar de 1· l cuadrado es La parodia del círculo; toda vida, todo
ser ilimitada e infinita, consiste en la conciencia de los JI• ""�1r, etc., es círculo; pero la fosilización de la vida
límites de toda aspiración, necesaria para subsistir de 1 1 '1 ... 1� continuamente nuevas formas de cristalización
algún modo. La ironía y l a resignación son dos polos 1111 .1paces de transformarse en círculo. Es curioso que
opuestos, las direcciones contrarias de un mismo mo­ 111 t l 1 i nos, para quienes todo ha cristalizado ya, crean en
vimiento. 111 1 u:H.lratura de la tierra, de la cual su imperio consti-
13 de setiembre de 1836 1 1 1 \1' 1.'I cuadrado central; ¡muy oportuno para las cabe-
,,., t uadradas!
Guardémonos bien de penetrar demasiado pronto
dentro de los sagrados lazos de l a cultura, pues es bueno
vivir durante un cierto tiempo sin vínculo alguno, aun­
que no conviene morir célibe.
8 de octubre de 1836
DIARJO INTIMO 33

p1c1.o a hablar, me parece que la gente me toma por otro;


1 011 razón podría hacerme la misma pregunta que el li­
l n l:ro Soldin hacía a su mujer: « Rebeca, ¿soy yo quien
l1.1bla?»

1837 Aborrezco a esos bergantes de cultura mediana. ¡Cuán


1 lllcnudo en mis conversaciones he buscado, a fin de
• ' 1 1arlos, la proximidad de alguna solterona que dedi­
UCHOS �e la vida una i�ea se­ su vida a relatar las noticias familiares! Y con la
M
hombres se forman ' l "l'
mejante a la de los colegiales, que enganan al 11 1.1yor seriedad he escuchado todo lo que me enjaretaba.
maestro copiando sus ejercicios del libro de aritmética y
no hacen las operaciones. Prefiero hablar con las viejas señoras que cuentan
El hecho de que el cristianismo no haya superado el 1 l 1 1 ... 111cs domésticos; luego con los locos; en último lu-
principio de contradicción muestra precisamente su ca­ 1'•" , con la gente sensata.2
rác ter romántico. ¿Qué ha querido aclarar Goethe por
medio del Fausto, sino este principio? < on los niños no es necesario mostrarse sentimentales.
22 de enero de 183 7 11 1\ que evitar las sempiternas afirmaciones : «Sois feli­
'• ., pero cuando crezcáis, sufriréis», etc. Tales declara­
Es extraño que Cristo haya vivido treinta y tres años, ' 111lll''> son nocivas, porque si se arraigan en el niño le
exactamente la edad que los cálculos corrientes asignan 1 ' • 1 1duccn una extraña angustia: «¿Quién sabe hasta
como término de vida para cada generación, de manera 11 111do eguiré siendo dichoso?»; y de este modo empie­
que existe también en ello algo normal; todo lo que so­ '" .1 ...cntirse desdichados.
brepase de ese número es casualidad.' l•111 onces, ¿no se les debe contar nada? Sí, la mitolo-
22 de enero de 1837 ' 1 l.1bulas buenas; eso es lo que el niño necesita. O, me-
1'" .11in, que ellos las lean y las relaten y luego, socrática­
Lo malo es que, apenas uno desarrolla mentalmente " " t1ll'. se les lleva a realizar la crítica (poco a poco, va-
una idea, cae en la cuenta de que la vive; te participaba 111 1 1du-.c de preguntas). de modo que el niño, en vez de
el otro día una idea para componer un Fausto y sólo aho­ · • t rn regido por el maestro, tenga la sensación de ser él
ra comprendo que me describía a mí mismo; apenas leo pdt 11 critica -quien sabe conducir a los niños no teme­
o escucho una información sobre cualquier enfermedad, ' 1 fllll' l'ste procedimiento degenere en orgullo. Pero, ante
siento que la padezco. 1 1 0 111, practicad la improvisación sin hora fija ni lugar;
Cuando quiero decir algo, otro está presente y dice lo J , . 111110� deben aprender desde temprano que la alegría
mismo, simultáneamente. Como si fuéramos dos los que 1 111.1 rnnstclación feliz y que es preciso saber disfrutar­
pensáramos y m i sosia se me adelantara; o, cuando cm- l 1 w1 .1dccidos, como también saber interrumpirla a
ti\ l t t p 1 1
.••

1. Kierkegaard, víctima de su melancolfa, estaba firmemente


convencido de que habría de morir a la edad de treinta y tres años. 1 1 "' p.1sajes que siguen son una larga nota escrita a propósito de
(N. del t. i.) l1 •p111 11111 1cJ<1d de contar cuentos a los niños. (N. de la t.)
34 SOREN KIERKEGAARD
DIARIO INTIMO 35

·Cuántas gentes la emprenden tan pronto con niños


Los múltiples fenómenos debidos a l a doctrina del pe­
ta � pequeños, que más de uno de éstos debe de pensar lado contra el Espíritu Santo.
como el recién nacido de qujen cuenta Abraham de
Todo pecado empieza por el miedo (el temor a con­
Saint-Claire que, al descubrir la miseria del mundo, vol­
' raer una enfermedad predispone a ella: El simbolismo
vió al claustro materno! ¿Es éste el modo de fortalecer a
dl" Schubert);3 sin embargo, nuestros primeros padres
los niños para la vida? ¿No se les enerva acaso para
110 comenzaron así: el pecado original aún no existía.
siempre si se les priva del perpetuum mobile del entu­
siasmo?
Todo amor verdadero consiste en amarse el uno al
111 rn en una tercera persona; desde el nivel más bajo, por
Un cierto presentimiento* precede con frecuencia a
1·wmplo, una pareja se ama en una tercera persona, has­
los acontecimientos inminentes; pero, así como no
t.1 la doctrina del cristianismo, que ordena a los herma­
puede apartarnos, actúa también a la manera de t nta­
� "º' amarse mutuamente en Jesucristo.
ción cuando surge en nosotros la idea de ser, en cierta
forma, predestinados; nos sentimos arrastrados por
Cuando falta una individualidad superior que sirva de
algo, por una cadena lógica de consecuencias que no po­
11poyo a cada uno y como intermediario para
demos dominar. Por eso es preciso ser cautos con los la recipro­
' 1d.1d espiritual, el individuo corre el mismo
niños· nunca creer en lo peor, no concebir una sospecha riesgo que
1 11 1 nlicos y protestantes, quienes a fuerza de disput
inte m'pestiva ni dejar escapar una observación (t izón in­ ar
1 1 111t luían por volverse protestantes los católicos y cató-
fernal que enciende la mecha existente en toda alma);
111 t .-. los protestantes.
jamás provocar esa conciencia ansiosa que impulsa a la
_
desesperación a las almas inocentes y a dar el pnmer
llna tesis: los grandes genios no pueden leer libro al-
paso hacia el fin anunciado por el presentimiento a ­
� 111110 porque al leerlo piensan más en su propio desen­
gustioso, o esa palabra que utiliza el mal para e uctr

? u 1l v1 miento que en entender lo escrito.
a los débiles a una especie de impotencia espmtual.
l lq•cl, fecundado por el cristianismo, trató de aislar el
También con respecto a este punto, puede decirse:
11 1 1 1l"n Lo humorístico contenido en él y, por lo mismo
«¡Ay de aquel hombre por qujen viniere el escándalo!» , se
t t 1 011t:ilió completamente con el mundo. Esto lo condu
(Mt. 18, 7). jo
d q 1 1 1clismo. Otro tanto ocurre con el Fausto de Goethe
Esto se relaciona con la sugestión que a menudo pro­ ,y
ti • ' ' ' año que la segunda parte haya sido publicada tan-
duce la lectura de historias de enfermos. Sin embargo,
'" t •l·1npo después. Era fácil preparar la prime
no es más que un factor, porque a fin de cuentas el virus ra parte;
f11 1 1 1 t<:ómo habría logrado calma r la tempestad una
está ya en el miedo - no es fácil decir cuál provoca a vez
1, 1 11t adcnada? La segunda parte ofrece, por eso, un as­
cuál - , dotado de una cierta receptividad tan vívida que
, .. 1 1u mucho más sugestivo; casi con el objetivo de cal-
casi es productiva.
111 11 '.\'
a sí mismo , Goethe hace esa profesión de fe.
.
También, por ejemplo, el efecto producido .
por las eje-
cuciones capitales.
-. 1 corno en la vida familiar existen cierta clase de
11• 1 1 1 1 1 11 Lº'- a quienes se les llama, muy acertadamente,
co-
• La importancia de la •lipología• para una teoría de los prcsen·
timicntos.
/11• S1111/10/ik des Traumes, Baenberg, 1831. (N. de la t.)
36 SOREN KIERKEGAARD DIARIO INTIMO 37

rreveidiles de los chismes famil iares, así también hay c·ulpa mía entre todo inocente corazón de doncella y yo
un hato de gentes que en el problema del acuerdo entre mismo. ¡Pero Tú te reuniste conmigo! ¡Gracias, Dios
filosofía y religión sólo llevan y traen chismes. Pues, mío, por no haberme precipitado en la demencia Uamás
sin poseer un adecuado conocimiento de ninguna de he sentido tanto miedo); gracias por haberme prestado
ambas, sino uno de segunda o de tercera mano, han �1yuda una vez más!
llegado a aprender algo del gran Magister, quien en su Otra vez hoy la misma escena; sin embargo, fui a ver a
viaje al extranjero tomó el té con la celebridad tal o los Roerdam. ¡ Dios mfo!, ¿por qué habría de despertar
cual, etc.4 l'Sla inclinación precisamente ahora? ¡Qué solo me sien-
10! ¡Maldita sea mi orgullosa satisfacción de bastarme a
Fausto debería ser confrontado con Sócrates. Así como 1 1 1 í mismo! Todos me despreciarán ahora ... Pero Tú, oh
éste expresa la separación del individuo del Estado, Dios mío, no me abandones; ¡déjame vivir y haz que sea
aquél representa al individuo sustraído a la guía de la mejor!
Iglesia y abandonado a sí mismo. En esto reside su vin­
culación con la Reforma que se desligó de la Iglesia y, en Cuando se pierde de vista la relación entre filosofía
cierto sentido, expresa una parodia de la Reforma, des­ (el modo puramente humano de considerar el punto
tacando unilateralmente su aspecto negativo. cll· vista humano) y cristianismo y, sin haber reali-
1ado profundas búsquedas en esta materia, uno co­
La filosofía es el ama seca de la vida. Vigila nuestros in icnza a especular con el dogma, pueden obtener­
pasos, pero no nos amamanta. "l' fácilmente resultados copiosos y felices. Pero puede
"uceder también como con el abono (cuando se lo
Quiero apartarme de los que están permanentemente dc-;parrama al azar sobre un terreno sin haber exami-
al acecho para pillar a alguien en falta; quiero dirigirme 11<1do antes ni la naturaleza del estiércol ni la de la tie-
a Aquel que se regocija más con la conversión de un solo 1 1 a a la cual se lo destina): uno obtiene una rica vege-
pecador que con noventa y nueve justos que no han me­ 1.1ción durante algunos años, pero luego la tierra se
nester de arrepentimiento (Le. 15-17). ·•rota.

¡D ios mío, qué fácilmente se olvidan los propios pro­


Que el panteísmo constituya un momento superado
pósitos! He aquí que vuelvo al mundo para reinar allí
cll·11tro de la religión es ahora una verdad reconocida, al
durante cierto tiempo aunque destronado de lo íntimo
parecer. Demuestra también el error de la definición de
de mí mismo! ¡Oh!, de qué sirve ganarlo todo y perder el
'°l<:h lciermacher acerca de la religión ligada al panteís-
alma? También hoy (8 de mayo) he tratado de olvidar,
1110; por cuanto hace del momento del caos entre lo uni­
no engolfándome en el bulJicio -sucedáneo sin valor
wrsal y lo fi nito (del momento fuera de los tiempos) una
para mí-, sino haciendo una visita a los Roerdam para
1 t·ligión.
hablar con la señorita Bolette y tratando, eso sí, de que
no me acompañara el demonio de mi gracejo, ese ángel
provisto de una espada llameante que se entromete por l�I humor tampoco faltó en la Edad Media; pero (ence-
1 1 ,u.Jo dentro de un todo, en parte volcado hacia el mun­
4. Alusión al viaje de Martensen a Alemania. (N. de la t.) do v en parte replegado dentro de sí mismo) carecía de la
38 SÓREN KJERKEGAARD
DIARIO ÍNTIMO 39

morbosidad propia del concepto del humor. Por esto al­


gunos humoristas modernos se han hecho católicos:
Todo cristiano ha tenido su mesías terrenal.
para encontrar de nuevo una comunidad, una actitud
que, en sí mismos, no lograban hallar. ¡Extraño hallazgo hace uno cuando inicia el aprendi-
1 J de julio de 1837 1,1 jc de la teoría del indicativo y del subjuntivo! Por pri-
1 1 u : ra vez uno repara que todo depende de «Cómo» se
En general no existe el «prójimo», porque «yo» signifi­ 1 11l·nsa y que el pensamiento, dentro de su redondez, sus-
ca uno mismo y nuestro prójimo, como lo expresa el pro­ 1 1 1 u ye a una realidad aparente.
verbio que dice: ccLa caridad bien entendida empieza 4 de setiembre de 1837
por casa.»5
Mi vida se ha acostumbrado demasiado al subjuntivo.
7 de octubre de 1837
1 1 1.11., oh Dios mío, que posea una fuerza indicativa!
1 de octubre de 1837
Por esto el humorista no será nunca un espíritu siste­
mático: los sistemas, en efecto, le parecerán tentativas 1Cuardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros
para hacer saltar el mundo en pedazos, como dice Bli­ \1 -.1 i<los de lobos, pero por dentro son ovejas! : los fraseó-
cher,6 con uno solo de sus silogismos. El humor, en cam­ 11 11•0\ ...7
bio, les ha abierto los ojos sobre lo inconmensurable que 1 O de octubre de 1837
el filósofo jamás captará con sus cálculos y que, por la
misma razón, sólo podrá desdeñar. Vive en la plenitud y, porque son, en efecto, lobos sistemáticos.
por ende, siente todo lo inexpresado que la vida en­ � ' prefiero tanto más el otoño a la primavera, es por­
cierra, aun cuando su humor logre la mejor forma de • 1111· l"ll otoño uno mira al cielo; en primavera, a la tierra.

expresión (por esto le repugna escribir). El sistemático 29 de octubre de 1837


cree que puede decirlo todo y que lo incomprensible es
N.1<la es más peligroso ni más paralizador para un
algo falso y secundario.
l11111 1hre que el aislam iento profundo dentro de sí mismo.
1 1 1 1 011ccs, la historia del mundo, la vida delos hombres,
¡Qué imagen tan perfecta de la historia del corazón 1 • t1 l icdad,
todo se desvanece y uno concluye (como los
humano es el punto de vista de los judíos, que, cuando 1 lf t' I uA.01puxhm) dentro de un círculo egoísta, contem
-
las cosas se tuercen, desnaturalizan la esperanza en el
1 1l 1 1 1dose el propio ombligo. ¡Qué consolador es pensar
Redentor y caen en el mesianismo terrestre! Recuerda .,. ,, < ' • isto ha soportado sobre sus hombros el «pecado
esto los sueños de fortuna que deben curar y tranqui­ ti. 1 111u ndo»! Sf, Él solo; no simplemente porque nadie
lizar, los de un matrimonio feliz o los de estudiar una 11 1\ ,, querido o podido comprender, sino porque además
carrera segura, cte. 1 • p • l·ciso que tomara sobre Sí toda la culpa que el ente
31 de agosto de 1837 1111111.111 0 lleva como miembro de la comunidad humana
, 11 , 1 �rado que le atañe.

s.
Nota agregada a una larga disquisición sobre los burgueses, del 3 de noviembre de 1837
19de julio de 1837. (N. de la t.)
6. Poeta y cuentista danés del Romanticismo ( 1782-1848). (N. de la t.) 7 l11H""1un irónica de Mt. 7, 15. (N. de la t.)
40 SóREN KJERKEGAARD

¡Cuántas veces me asalta la duda de que al agradecer


algo a Dios no sea el temor de perderlo lo que me impul­
sa a la oración, en vez de hacerlo animado por esa reli­ 1838
giosa certeza que ha vencido al mundo!

Creo que, si un día me hago cristiano de veras, deberé N11//a dies sine linea. 1
ante todo avergonzarme por no haberme convertido an­
tes y por haber intentado además todas las escapatorias. h1 i l
8 de diciembre de 1837
Orro largo período sin que acertara a recogerme en
,1h-.oluto. Trataré ahora de recobrar el ritmo.
Paul Moeller ha muerto. 1 3 de marzo de 1838.
¡Qué equivocados están algunos con respecto a la ta­
' P:1 que les aguarda dentro del movimiento de su época!
1 o mismo acaece durante el cántico en la iglesia, cuando
d¡•uien olvida el órgano y al resto de los fieles para ad-
1 1 1 1 1 ar su propia voz de bajo profundo; como, si en vez
1 l,·I coro de voces, fuera la nuestra la que así llena la
11,1\ l'.

1 >o!i direcciones debe seguir el pensamiento en la edad


¡ 1 1 w n i l ; en la Edad Media ambas se ofrecían a la refle-
11111 con inconsciente contemporaneidad: caballería y
1 .� olástica.

4 de abril de 1838

1.. ,iste un «goce indescriptible» que nos inflama total-


1 1 H 111c y que irrumpe de pronto como el grito del Após­
'' '' u Alegraos siempre en el Señor; de nuevo os digo, ale­
• " .u1'»> (Flp. 4, 4). No tal o cual alegría particular, sino el
t' ' ' ' º desbordante del alma: «Con la lengua, la boca y del
l 1 1 1 1 d o del corazón, me regocijo de mi gozo, por, en, acer­
' 1 de, a causa y con mi gozo.»2 Estribillo celestial que de

Que no pase ni un solo día sin escribir.•


P.1labras del oficio de vísperas de Copenhague. (N. de la t.)
42 SÓREN Kl ERKEGAARD DIARIO INTIMO 43

improviso interrumpe todo otro canto; alegría que cual qt•l' Dios ve sus iniquidades; en tanto que el verdade�o
suave brisa apacigua y refresca, soplo del alisio que 1 1 ... 1 iano se sabe conocido por Dios y reconoce su propia
desde la encina de Mambré se eleva hacia las eternas l 1 .1i• i lidad con una lucidez que únicamente puede procu-
moradas. 1 " la participación del Espíritu que «escudriña el cora-
1 9 de mayo de 1838 1111 y los riñones» (Sal. 7, J 1 ).

Las ideas fijas son como los calambres de los pies; el


mejor remedio es ignorarlas.
t

¡Cuánto te agradezco, oh Padre celestial, que me hayas M i padre murió en la noche del miércoles (8 de agos-
conservado para un tiempo como el presente, en el que 111), alas dos de la madrugada. ¡Había deseado tanto que
tanta falta puede hacerme, a mi padre en la tierra, quien \ I \ iese unos años más aún! Considero su muerte corno el
con tu ayuda sentirá (así lo espero) mayor gozo en ser mi 1 1 1 1 1 1110 sacrificio de amor que haya hecho por mí, pues
padre por segunda vez que cuanto haya sentido la pri­ 1111 me abandona con su muerte sino que «ha muerto por
mera! 1 1 1 1 .. . a fin de que pueda hacer algo con mi vida, si eso es
9 de julio de 1838 p m i ble. Todo lo que de él he heredado, su recuerdo, su
l11 1.1gen transfigurada (y no por las visiones de la fanta-
Me ocupo en intensificar mis relaciones con el cristia­ 1.1 -su recuerdo no lo necesita-, sino por numerosos
nismo. Porque hasta ahora he luchado por su verdad 1 '"l!ºS que ahora comienzo a descubrir), constituye mi
casi manteniéndome fuera, en cierto modo; he llevado la 111qor tesoro, el que ocultaré con más celo que toda otra
1 '"'ª en el mundo. Siento que en estos momentos sólo
cruz de Cristo de una manera exterior, como Simón de
Cirene (le. 23, 26). 1 1 11 1 una persona (E. Boesen}3 puedo verdaderamente ha­
9 de julio de 1838 l1l11r de él. Ha sido un «amigo probado» .
1 J de agosto de 1838
Quizá logre, también yo, hallar placer en las condicio­
nes de vida dentro de mi patria. Como leí una vez que i:,traño contraste: el paganismo imponía tributos al
acaeció con aquel hombre que, aburrido de su propio 1,, l l1bato; el cristianismo lo recomendó.
hogar, monta a caballo para alejarse; pero, apenas ha 1 1 de agosto de 1838
andado un trecho, el caballo tropieza y da en tierra con
su jinete. AJ levantarse nuestro hombre, posa sus ojos E l cumplimiento del plan griego para el desarrollo
sobre el mirador de su casa y lo encuentra hermoso. En­ dv l a historia universal, la absorción del infinito por lo
tonces, inmediatamente, monta a caballo otra vez y des­
1 11·1 1.•ccdero, se repite en el cristianismo oriental, por­
anda el camino a fin de regresar al hogar. Todo depende ' l "l' la cruz griega (T) limita, por así decir, la aspiración
de dar con la perspectiva justa. 11.H ia el cielo, en tanto que la cruz latina (t) aspira a lo
1O de julio de 1838 1 1 l l 1 1 1 i lo.

Los miopes no creen que los demás puedan ver a gran


1 Amigo de la infancia de Kierkegaard, quien lo acompañó durante
distancia. Y así el pecador es un miope que no piensa en •11 uh una cnfennedad. (N. de la t.)
44 SÓREN KIERKEGAARD DIARIO INTIMO 45

Una de las más conmovedoras expresiones de la fe de


Cristo son sus palabras a Judas: «Lo que has de hacer,
hazlo pronto» (Jn. 13, 27); Jesús con su presciencia, sa­ ( )RACIÓN
bía que había de traicionarlo (según se advierte en el
relato precedente, v . 2 1 ). Pero su inquietud humana, sus 1 1'.idre celestial! A Ti se vuelve nuestro pensamiento; a
titubeos ante la inminencia del momento crucial, se ma­ 1'1 busca de nuevo en esta hora, no con el paso incierto
nifiestan también en ese pasaje y serán un consuelo para dl'I peregrino extraviado, sino con el vuelo seguro del
muchos, cuando los recuerden en la hora de la tribu­ p.í jaro que conoce su nido. No permitas, Dios mío, que
lación. 11ul:Slra confianza en Ti se esfume como idea fugaz,
1 1 1mo hallazgo momentáneo, como falaz certidumbre de

1'1'le corazón carnal. Haz que en nosotros la nostalgia de


Los verdaderos genios ven a veces la realidad como
1 1 1 reino y nuestras esperanzas de Tu esplendor no sean
aquel que mientras duerme oye voces de alarma por un dolores infecundos ni semejantes a nubes sin lluvia.
incendio y cree que sigue soñando sin advertir la reali­ 11 laz que sean rocío que abreva, que humedezcan nues-
dad del fuego. Existe aquf una analogía significativa con 1 1 os labios y que, como el maná celeste, nos sacien para
la relación entre poesía y realidad (las situaciones pue­ ''l·mpre!
den trocarse, a veces); como cuando uno dice: «No sé si 30 de octubre de 1838
lo he visto o lo he soñado. »
1 9 de setiembre de 1838 Con el catolicismo ocurre como con la Tierra: sobre­
\ ' 1 1 1 0 un Copérnico (Lutero), que descubrió que Roma no
l'S el centro alrededor del cual todo gira, sino un punto
El período más interesante del amor es aquel en el
periférico.
que, pasado el hechizo del primer golpe de la varita má­
gica, después de cada encuentro, después de una mirada
2 de noviembre de 1838
(¡qué pronto el alma sabe cómo ocultarse detrás de la
Los griegos no tenían milagros, como tampoco su arte
pupila!), uno lleva, de regreso a su hogar, algún nuevo
lograba representar ideales de una «grandeza sobrehu-
aporte. Como el pájaro presuroso lleva a su nido una
1 1 1a na »
sola brizna a la vez, pero se siente desbordante de íntima
.

e inmensa riqueza.
22 de noviembre de 1838
1 1 de octubre de 1838
¿Has experimentado acaso el verdadero sentido de
\ onsuelo inherente a la idea de que « Dios no tienta a

Cristo, que alimentó al pueblo con cinco panes y cinco 11.Jdie»? (Sant. 1 , 1 3.) ¿Has sentido la fuerza superior, la
peces (In. 6, 1 1), se servía de las circunstancias exterio­ -.obrenatural grandeza que te otorga, frente al pecado,
res más insignificantes para expresar las más profundas l . 1 idea de que es tu propia carne, tu sangre o las tenta-
consecuencias de su doctrina. ¡Sátira de nuestras pom­ 1 iones del pecado las que han sido vencidas de una vez
posas preparaciones, del presuntuoso boato que nos ca­ por todas? (Dios, sin duda nos somete a la prueba para
racteriza! lortificarnos y purificarnos : las tentaciones han sido he­
30 de octubre de 1838 \ has para quebramos, porque se supone que así sucum-
46 SÓREN KIERKEGAARD

biremos.) Pero ¿no te has sentido humillado al pensar


que Dios tampoco es tentado por nadie? ¿Por qué, enton­
ces, elevar tu voz provocadora y tan agresiva hacia el
cielo? ¿Por qué atacarlo con tus pensamientos? ¿O crees
acaso tan grande tu desdicha, tan justas tus quejas, tan
desgarradores tus suspiros que puedan tentar a Dios?4 1839
Noche de Navidad, 1 1 horas

El Señor vendrá aunque debamos esperarlo; vendrá N la vida de todo cristiano se repite el milagro que
aunque debamos envejecer como Ana, encanecer como
Simeón (el segundo Noé), pero debemos esperarlo en su
E asombró a los invitados a las bodas de Caná: «To­
dos sirven primero el vino bueno y, cuando están ya be­
casa (Le. 2, 25 ss.). hi<los, el peor; pero tú has guardado hasta ahora el vino
3 1 de diciembre de 1838 111cjor>> (Jn. 2, 1 O). Lo dirá especialmente aquel que haya
1·xperimentado cómo el mundo sirve primero el vino
4. El texto completo del versículo dice así; «Nadie en la tentación hucno y luego el malo.
diga: "Soy tentado por Dios." Porque Dios ni puede ser tentado al maJ ni
(N. de la t.)
1 de enero de 1839
tienta a nadie...

¡ Padre celestial! Cuando Tu pensamiento despierte en


11ul·stra alma, haz que no sea como el revoloteo de un
p.1jarillo aturdido, sino como el niño que despierta con
1 1 1 ia sonrisa celestial.
6 de enero de 1839

La vida de cada ser humano tiene su Génesis, y luego


1 1 /� odo (su salida del mundo), su Levítico (cuando el
111 rna se vuelve hacia las cosas del cielo), sus Números
(1 mrndo se empiezan a contar los años) y su Deuterono-
111/().

6 de enero de 1839

N ucstra confusión reside en que somos a la vez el fari­


"'º ' el publicano.
7 de enero de 1839

I· 1 cristiano puede verse envuelto en las agitaciones de


• Nlc mundo y ocasionarlas; pero es preciso que reserve
p111 .1 sí su vida religiosa, como los judíos utilizaban para
11 l omercio monedas romanas con la efigie de los empe-
48 SÓREN K1ERKEGAARD DIARIO INTIMO 49

radores, pero dentro del templo sólo admitían su propia


moneda.
Lo interesante en mi vida es que mis estados de ánimo 1( ) 1 A ORDEN ES PASAR DE LARGO?
proceden siempre de acuerdo con dos declinaciones, en
las cuales no sólo varían las desinencias, sino incluso la 1 l\h.· has precedido, ¡oh nostalgia!, y me sañalas, trans­
l tl'ur3da, el sendero hacia otros mundos? ¡Ah, cómo de-
palabra entera.
1 7 de enero de 1839 1 o arrojarlo todo para volverme tan liviano que pueda
1 l'llirte!
1 de febrero de 1839
Hegel es un Juan Clímaco que no toma al cielo por 2
asalto trepando monte tras monte, sino que lo ccescala» a
fuerza de silogismos. , Dónde hallar en el mundo esa profunda simpatía?

20 de enero de 1839 No es nuestro Pontífice tal que no pueda compadecer­


l d nuestras flaquezas», Heb. 4, 15.) Tal simpatía vale
·

Tú, « Regina» , que reinas en mi corazón oculta en lo 111.1-. que todo puntillo.
profundo y más secreto de mi pecho, raíz y plenitud de 12 de febrero de 1839
mis pensamientos que estás en mitad del camino entre el
Ouc el pensamiento y el ser son la misma cosa se pue­
cielo y el infierno -¡oh divinidad aún desconocida!-,
ojalá pudiera pensar como los poetas, quienes al ver por ' h .1preciar en las gentes que sufren de ideas fijas, prue­
li.1 lambién de la eternidad del infierno; la más perfecta
vez primera al objeto amado creen conocerlo desde
• 1stcncia debe ser concebida como inmune a las dis­
tiempo atrás, que el amor es siempre un «recuerdo» con
t 1 11� ·iones de cualquier género, a las impresiones mo-
sus profecías propias para cada ser humano, sus tipos,
111l 1Háneas y pasajeras, que impiden sentir la identidad
sus mitos y su Antiguo Testamento. En cada rostro de
doncella descubro rasgos de tu belleza; pero me parece 1 1 1 1 rt· el ser y el pensar, sin decir, por supuesto, que ha de
• l 1 1n inarse todo cuanto dependa de las características
que debería poseerlos todos para poder extraer de ellos
tu extraña hermosura; debería recorrer el mundo entero • \ ualcs así como el desarrollo de la historia que tenga
' 11 dlas su punto de partida y que deberemos en este
a fin de hallar el continente que me falta y que la brújula
del arcano misterioso de mi «yo» me señala como a su 1•111110 ·er semejantes a los ángeles, quienes ni se casan ni
polo; y un instante después, tan cerca estás de mí, tan ' dan en casamiento.2 Pero la caída de los ángeles -así

presente, de tal manera colmas mi espíritu, que me sien­ l. 1 ,·11-;cñan los Padres de la Iglesia- es irrevocable, pues

to transfigurado por completo, y experimento entonces


1 1 1 ...obrevenido en forma de «tiempo verdadero».3
«Cuán bueno es para mí quedarme aquí» (Mt. 17, 4). 12 de febrero de 1839
Y tú, ¡oh, dios vendado del amor!, tú que ves nuestros
l l·mor y temblor (Flp.2, 1 2) no son el primus motor de
más recónditos repliegues, ¿me «la» revelarás luego?
la1 ' ida cristiana porque no son amor; son como la agita-
¿Hallaré allí aquello que busco? ¿Viviré la conclusión de
• 1 1 1 1 del péndulo: la inquietud de la vida cristiana.
todas las premisas excéntricas de mi vida? ¿Podré estre­
charte entre mis brazos? .l \11. 22, 30.
Como consecuencia de la obstinación de los demonios y del alto
1. Ermitaño y teólogo griego, cuyo nombre proviene del título de su 11111 lk la espiritualidad de su naturaleza•, según palabras de Tomás.
1

obra: Escala al parafso. (N. del t. L) f .!1 fu I )


50 SóREN KlERKEGAARD DIARIO INTIMO 51

Es mi desdicha que toda mi vida sea una interjección; d1·-.perdiciado el vigor y el coraje de nuestra juventud en
nada está fijo (todo se mueve, nada se mantiene estable). l,1 1 l·belión contra Él; porque luego, exhaustos y derrota­
Mi tristeza es una desesperación quejumbrosa, mi ale­ ''"' · debemos comenzar la retirada a través de países
gría es un brinco exuberante del lirismo. 1h·-.r ruidos, de comarcas asoladas. rodeados por todas
13 de marw de 1839 p.11 tcs por el horror de la devastación, de las ciudades
l11l cndiadas. de las ruinas humeantes, de esperanzas
Hay ocasiones en las que uno siente particularmente 1 11 1 didas, de opulencia pisoteada, de grandeza abatida;
la dureza de estar solos en el mundo. Hace poco vi a una 11 1 1 1 a retirada como un año de desdichas, larga como la
joven pobre encaminándose solitaria hacia la iglesia • 11·1 11idad, monótonamente entrecortada por un suspiro
para recibir la confi rmación; y a un viejo, a quien se le 11• 1 u.:tido sin cesar: « ¡ Qué días de tedio!»
había muerto toda la familia, llevando en brazos el fére­ 12 de mayo de 1839
tro de su nietecito, su último consuelo; poco después lo
vi en el cementerio, plantado como una cruz sobre la , Cómo no he de creer que sea la voluntad de Dios la
tumba familiar. t¡lll' me prepare para el examen y que le sea grato que lo
28 de abril de 1839 l1ul'a en lugar de alcanzar, por la dedicación a otros estu­
o ltn-., un conocimiento más lúcido? Porque la obediencia
Cuenta Cornelio Nepote que un general, encerrado t• ••, más grata que la grasa de los carneros.
dentro de una fortaleza con un nutrido contingente de 13 de mayo de 1839
caballería, para impedir que los caballos enfermaran
por falta de ejercicio, los hacía azotar a diario. Así vivo 1 a desgracia de los filósofos estriba en que se sirven

yo, como sitiado en mi propio cuarto; no tengo deseos de d1 1 rnapamundi para estudiar el cristianismo, cuando en
ver a nadie y temo el asalto del enemigo a cada instante, 1 1 1 1 1 hio sería preciso que util izaran mapas especiales.
es decir, una visita. No deseo salir de casa, pero, para no r• 1 1 . 1 ellos el dogma es sólo un destilado más concreto de
enfermar de inercia, me agoto llorando. 1 • 1 onciencia humana universal.
10 de mayo de 1839 22 de mayo de 1839

La existencia entera me angustia, desde el más peque­ 1 .1 teología católica hace del pecado original una doc-
ño moscardón hasta los misterios de la Encarnación; 1 1 111.1 en el fondo tan ajena al individuo que uno no pue­
todo se me hace inexplicable, por encima de todo, yo .1, 1 1 1\.·nos que compararla con el título falso que aparece
mismo; l a vida entera es una peste, y yo más que nada. 1 1 1·1 libro encuadernado; por tal razón, la justitia origi­
Vasto es mi dolor sin límites; nadie lo conoce aparte del '' '" mantiene escasa conexión con el hombre y podría
Dios del cielo, y Él no quiere consolarme; nadie lo cono­ • ' l omparada con una espléndida encuadernación pero

ce sino el Dios del cielo, y Él no quiere apiadarse de mí. 111 1 vlación alguna con el libro.
Joven amigo, tú que das tus primeros pasos por el cami­ 2 7 de mayo de 1839
no que conduce hacia la meta, si te has extraviado, retor­
na, vuelve a Dios y en su escuela adquirirás juventud y 1 'i ....tc una visión de la vida lograda a fuerza de lágri­
reforzarás tu vigor para tu tarea de hombre. Nunca ha­ ........ . rnás fuerte que el hierro, corno la camisa legenda­
brás de sentir cuánto es preciso padecer cuando se ha ' 1' Wenn sie ihn unter Thranen spirmt, mil Thranen
52 SóREN KJERKEGAARD DIARIO ÍNTIMO 53

bleicht, eine Hemde draus unter Thriinen niiht, schützt tl.111; porque el Génesis dice que el hombre y la mujer
mich dies besser als alles Bisen, es ist undurchdringlich.4 \l011drán a ser los dos una sola carne» (Gén. 2, 24).
Pero la camisa a la que me refiero sólo protege al que la 7 de julio de 1839
ha fabricado con sus propias manos y no al resto de los
hombres. (;c neralmente los demás escritores sienten menor
Quien se atiene al punto de vista humano general es­ d1·c10 hacia sus primeras obras. Mi desgracia, por el
cribe con mano insegura y temblorosa; el cristiano escri­ ' 111 1 t rario, es que las prefiero a todo lo que ahora escribo.
be en tanto que otro sostiene su mano:* da un testimonio 1 4 de julio de 1839
de la exactitud (en sentido subjetivo), pero no l a produ­
ce. Por esto es profundo el significado de la palabra «tes­ 1 o que nosotros designamos aproximadamente con el
timonios» para el cristianismo; ellos no son los invento­ 11111nbre de spleen y que los místicos denominan « mo­
res de la fe ni sus reformadores, son los testimonios, sea '"l'lllos de entorpecimiento», ya era conocido en la Edad
porque el cristianismo es un acto objetivo que se lleva a Mrdia como «acedia» (áxr¡füa, apatía). San Gregorio,
cabo en el mundo, sea porque lo absorben en sí mismos. \fw olia in Job, XDI: virum solitarium ubique comitatur
1 1 de junio de 1839 ,,, f'rlia. . . ut animi remissio, mentis enervatio, neglectus

11 ltJ.,!iosae exercitationis, odium professionis, laudatrix re-


La caza del gracejo tan característica de nuestros 111111 saecularium. * No sin experiencia personal san Gre-
tiempos ha acabado por infectar las cosas más santas, y 1·• •1 10 insiste en lo de virum solitarium, pues se trata de
la oración se ha transformado poco a poco en una con­ 1111.1 t•nfermedad típica del hombre que ha alcanzado el
versación espiritosa, en un desahogo para una enervante ,., .• do supremo del aislamiento (el humor), y describe
reflexión. No es de temer, por cierto, que nuestros rezos 1 1111ravillosamente el mal. Muy justo es que señale el
se prolonguen como los de los fariseos. Por el contrario, 11d11111l professionis y tomando este último síntoma con
una enfermiza reflexión parece hallar temas cada vez 1111 )o,cntido más general: no con el de la confesión de los
más incisivos para nuestras súplicas; por decirlo así, nos p1•1 ados (lo cual nos obligaría a considerar como solita­

avergonzamos de nuestra existencia terrestre como si ''"' a todo miembro de la Iglesia que permaneciera
ella no proviniera de Dios. Todo debe ser tan espiritual, 111.1ct ivo), sino con el de un pronunciarse; los ejemplos
tan volatilizado, que contrasta típicamente con el can­ 1111 .1cabarían nunca.
dor de la canción de mayo, en otros tiempos muy po­ 20 de julio de 1839
pular.
14 de junio de 1839 Y no es sin un profundo conocimiento de la naturaleza
l 1 1 1 1 1 1ana por lo que los viejos moralistas incluían la tris­
El matrimonio representa la unidad en el aspecto de ff/10 L'ntre los siete pecados capitales. Así lo hace Isidoro
la sensibilidad, no la unidad en el espíritu ni en la ver- d1· S ·villa.

4. «.Cuando la hilan lágrimas y lágrimas la blanquean y tejida está < ·011stituye una característica del desarrollo de la lite-
con lágrimas, mejor que una coraza me protege mi camisa; nada puede 1 11l1 1 ra moderna ese continuo adquirir conciencia del
traspasarla.,. (N. de la t.)
11 11·d io: método que, según imagino, debe conducir a la
* Porque lo que el hombre hace con sus propias manos no será nunca

hojarasca.
M1 padre lo llamaba «desesperación silenciosa».
DIARIO ÍNTIMO 55
54 SOREN KIERKEGAARD

locura; como si cada vez que contemplamos el sol y las


estrellas necesitáramos tener conciencia de Jos movi­ l .os filósofos tratan el dogma, los versículos sagrados
mientos de la Tierra. tl1 In Biblia y la conciencia religiosa como Apio Pulcro
20 de julio de 1839 1 t .11aba a las aves sagradas. Recurren a ellos y cuando
o
11h11cncn malos presagios se comportan como el famos

Quiero durante un año, por una legua del camino del 11lll11ar : «Si las aves no quieren comer, han de beber
tiempo, desaparecer bajo la tierra como el Guadalqui­ ' l.1s arrojan al mar.
vir; ¡ya sabré cómo resurgir! 7 de agosto de 1839

M i conciencia oscila actualmente como la tumba


El amor de Ja mujer es un eterno «SÍ, sí». El del hom­ de
1,1homa, entre dos polos, sin haber hallado su equili
bre, charla pura. La conciencia femenina es mucho más -
universal, o en todo caso menos subjetiva y, por lo mis­ 1 1 1 10 hasta ahora; ambos tratan de atraerla hacia sí.
mo, con mayor conciencia de rebaño (un amén). Natu­ 30 de agosto de 1839
ralmente, no hablo del amor de las damiselas de sangre
ardiente. i: .... toy hecho para recibir secretos; los olvido, en efecto,
.

qw11as me los cuentan.


Se ve que el amor ha vencido al mundo por el hecho de
que devuelve bien por mal.

Pues las lágrimas son como la lluvia, llanto del cielo;


lluvia torrencial que se precipita desde las oscuras y
gruesas nubes de la desesperación cuando los diques del
cielo y del alma se abren de par en par; o llovizna prima­
veral; ni nguna lluvia tendrá tanta fecundidad como las
lágrimas.

Si mi vida avanza hoy con paso vacilante, se debe a


que, en m i primera juventud, mis pies anteriores (las es­
peranzas) se esforzaron demasiado.
22 de julio de 1839

Hallo tan poca satisfacción en el vivir porque todo


pensamiento brota de mi mente con tanta energía y do­
tado de proporciones tan sobrehumanas, que me agobia;
esta anticipación del ideal, en lugar de transfigurar mi
existencia, me vuelve incapaz de hallar su correspon­
diente en l a vida, me deja agitado y con los nervios de­
masiado sacudidos para encontrar reposo.
25 de julio de 1839
DIARIO INTIMO 57

1, ,,,1 o vencer en cualquier discusión, el fantasma de mi


111 opia imaginación cae en mis brazos sin que ningún
11 ,.u mento baste para liberarme de él.

Como un abeto solitario, egoístamente encerrado den-


1837 - 1839
1 1 1 1 de mí mismo y creciendo sólo hacia lo alto, me yergo
111 dar sombra, y únicamente la tórtola hace su nido en
(PAPELES SUELTOS)
1111., ramas.
Domingo 9 de julio, en los jardines de Frederiksberg,

LGO después de una visita a los Roerdam


A
nos deja realmente abatidos si de pronto surge
la sospecha de que, cuando todo marcha a pedir de
boca, estamos en el error, si adquirimos conciencia 1 .111 imposible para el mundo es existir sin Dios que, si
de haber obrado mal. Debe, pues, depender de la fami­ 1111 1.., pudiera olvidarlo, concluiría al instante.
lia, y es entonces cuando se demuestra la fuerza devora­
dora del pecado original, capaz de conducirnos a la des­ 1 .1 luna es la conciencia de la tierra.
esperación ylograr un efecto mucho peor que la
confirmación de nuestra sospecha. Ésta es la tragedia de �11 uación: un hombre quiere escribir una novela, uno
Hamlet . . . 1. , uyos personajes ha de enloquecer, pero el autor
11luq ucce a su vez y la novela acaba en primera per-
Cristo es, en todo momento, Dios y hombre; como el . '"·'
reflejo del ciclo en el mar tiene l a profundidad de la bó­
veda celeste.
No 1cngo ningún deseo. Caminar no me atrae porque
1111 l.11 iga; no quiero descansar porque debería pasarme
Sí, creo que me entregaría al mismo diablo a cambio
1 u l"'s horas recostado, cosa poco conveniente, o levan-
de que pudiera mostrarme toda abominación, todo pe­
" 1 1 1l' l.!n seguida, lo cual tampoco me resulta agradable;
cado, en la más horrible de sus formas: la atracción y el
l••• c ¡1 1 icro cabalgar, pues es un ejercicio demasiado duro
gusto por el secreto del pecado.
,, 1 1 . 1 mi apatía. Sólo hallo placer en pascar en coche,
11111\ lkmente acunado por las ondulaciones uniformes,
El pecado se comete a hurtadillas; pero, apenas lo
1111 1·u.,la deslizarme entre una multitud de cosas, que­
comprendemos, comienza, aunque muy débilmente, ese
ll 11 ll ll' de brazos cruzados ante cualquier rincón her-
rumor y se enciende esa hoguera que restringe cada vez
11111.11 nada más que para sentir así mi flaqueza. Las
más el campo de acción al diablo, como ocurre con los
, ¡, 1"' y los sueños tienen para mí la erótica impotencia
anima les feroces.
1. 1 1 . 1 s l rado; en vano voy en busca de algo que pueda
1 1 1 l 1 11.1rme y ni siquiera el lenguaje medular del medioe­
Yo precisamente ataco a los demás porque en lugar de
" pndría vencer este vacío que reina en mi interior.
servirse de las fuentes para sus estudios utilizan los com­
\111 1 1 , 1 comprendo verdaderamente el mensaje de Cristo
pendios; ¿y qué es mi vida sino un compendio? Cuando
1 1 111do dijo: «Las palabras que yo os he hablado son
58 SÓREN KlERKEGAARD DIARIO INTIMO 59

espíritu y son �i ? a » (Jn. 6, 63). 1 En resumen: no tengo 1 11 cambio, como compensación, exige la libertad de pa­
deseos de escribir esto que escribo ni tampoco de bo­ l.1bra.
rrarlo.
l�xiste una reservatio menta/is absolutamente necesa-
Las flores de mi corazón se convierten en flores de es­ 1 1,1 para pronunciar una sentencia justa.
carcha.
La paradoja es el verdadero páthos de la vida intelec-

Con mis ideas y sus realizaciones ocurre lo mismo que 111,1 l. Y como sólo las almas grandes son pasionales, úni­
' .1mcnte los grandes pensadores están expuestos a eso
con los pc:es durante ciertos meses: muerden en falso; el
lfl ll' o llamo paradojas y que no son más que pensa-
bocado existe, pero los peces no lo atrapan.
111 it·ntos grandiosos e incompletos.

Sin embargo, el humor es también la alegría que ha


l .os l iberales poseen, según dice la fábula, una lengua
vencido al mundo.
qm· golpea dentro de una cabeza vacía, como el badajo
d1· la campana.
Cristo no se inquietaba por escribir. Sólo escribió so­
bre l a arena. (Jn. 8, 6.)
El paganismo es sensualidad, pleno desarrollo de la
\ida sensual. Su castigo, lo vemos con el ejemplo de
En el fondo, Hegel comenzó simplemente como acabó
1 '1 011 1cteo, consiste en que el hígado continuamente de­
Carlos V, en un claustro componiendo relojes.
\ 1 11 .ido por el buitre se regenere sin cesar; el clamor
1 despierta de continuo y siempre insatisfecho. El cris-
La ironía es un desarrollo anormal que, como el híga­
11.111i ·mo es lo «cerebra l » ; por eso Gólgota significa «lu­
do de las ocas de Estrasburgo, acaba por matar al indi­
t 11 de la calavera» .
viduo.
1 de enero de 1838
1 1 \NUA
El humorista, como la fiera, anda siempre solo.
Halb Kinderspiele
La afición que los judíos tienen por lo abstracto viene O Halb Gott in Hersen 2 (Goethe).
demostrada también por su predilección por el dinero;
no por las propiedades, que, sin embargo, tienen un va­
lor monetario; porque el dinero es abstracción pura. '''' 1 N ruo

ivkndigar ... ¡no es cosa nueslra!


El hombre no hace uso casi nunca de sus verdaderas
1 . 1 juventud, en el camino de la vida, se apodera del
libertades, por ejemplo de la libertad de pensamiento;
11•.rn o con fuerza (Chr. Winthcr).

1. El versículo entero dice así: «El espíri1u es el que da vida; la car­ A medias en los juegos de la infancia, / a medias con Dios en el
ne no aprovecha para nada. Las palabras que yo o he hablado son 111 1 n11• (Fausto). Tema para el boceto de Margarita en la primera par-
espíri tu v �on vida.• (N. de la t.) 1 1, 1 > 111 11110 o lo otro. (N. del t. i.)
60 SóREN KIERKEGAARD DIARIO ÍNTIMO 61

do on el duro deber de confortarnos con el consuelo de


111 1·c ligión, de darnos el viático a fin de que ante nosotros
A LOS 25 AÑOS .1· ti briera un mundo mejor, aunque debiéramos perder­
lo todo en éste, aunque nos golpeara la desdicha que los
...so we'll Live t 1 1 c . Hos sempiternamente auguraban a sus enemigos: la
And pray and sing, and tell old tales and laugh 1ula1 desaparición de nuestro recuerdo y de toda huella
At gilded butterfl.ies, and hear poor rogues , I�· nuestro paso.
Talk of court news; and we'll talk whith them too,
Who loses and who wins; who's in, who's out; C'on el alma desgarrada, sin ninguna posibilidad de
And take upon 's the mistery of things, llrvar una vida feliz en este mundo, es decir, una vida
As ifwe were God's spies; and we'll wear out; 1 1 1 1 ga y feliz sobre esta tierra (Éx. 20, 1 2),4 sin ninguna
In a wall'd prison, packs and sets ofgreat ones 1 •I >L-ranza de un porvenir dichoso y confortable, por el
Tha t ebb and flow by the moon . 111 m:cdimiento más natural y en la continuidad histórica
(Shakespeare, King Lear, V, III)3 ,¡, la vida doméstica familiar; ¿es acaso asombroso que,
I " �·...a de extremada desesperación, me haya aferrado
Entonces acaeció el gran terremoto, el terrible trastor­ 1111kamente al aspecto intelectual del hombre, que le
no que me impuso, de improviso, un nuevo principio in­ 11 1 u dedicado todas mis fuerzas y que así la idea de mis
falible para la interpretación de todo fenómeno. Enton­ d11tl'S intelectuales haya sido mi único consuelo, el pen-
ces concebí la sospecha de que la avanzada edad de mi 1 1 1 1icnto haya constituido mi única alegría y los hom-
padre era, más que una bendición divina, una maldición 111 ,•.., sean merecedores de mi indiferencia?
y que las brillantes dotes de inteligencia concedidas a mi
familia nos habían sido otorgadas para que se neutrali­ El versículo en cuestión dice así: «Honra a tu padre y a tu ma­

zaran mutuamente. Entonces sentí crecer a mi alrede­ h· p11ra que vivas largos años en la tierra que Yavé, tu Dios, te da.»
,¡,. la f.)
dor el silencio de la muerte; mi padre fue para mí como
un condenado a sobrevivimos a todos nosotros, como
una fúnebre cruz sobre la tumba de sus propias esperan­
zas. Sobre la familia entera debía de pesar una culpa, un
castigo que Dios suspendía sobre nuestras cabezas; tenía
que desaparecer, aniquilada por la divina omnipotencia,
ser borrada como un intento fracasado. Rara vez hallaba
un poco de alivio al pensar que mi padre había cumplí-

3. «Y así la vida pasará, rezando, / cantando, historias rancias refi­


riendo, / gozando al ver doradas mariposas. / Y gentes infelices, de la
corte / noticias nos darán, y les diremos / quién pierde o gana, quién
desciende o sube. / Explicando el misterio de las cosas I cual si los dioses
nos lo hubieran dicho. / Y olvidemos, entre aquellos muros, / de lo!>
grandes las cábalas e intrigas I que crecen y decrecen con la luna.» (Tra­
ducción de Guillermo Macpherson.)
DIARJO INTIMO 63

1 os de la undécima hora (MI. 20, 6). 1

1 "1.:i'ior y Dios nuestro! Tú conoces nuestro dolor mejor


,pw nosotros mismos. Tú sabes cómo el alma, asustadi-
4 DE JULIO - 1 0 DE AGOSTO DE 1 840 ' 1 1 1cu1Te en preocupaciones intempestivas e imagina-
1 1 '"' · Te rogamos que nos ilum ines a fin de descubrir la
t 1 1 1 1 portunidad y el orgullo y despreciar así las penas que

E
L misticismo carece de paciencia para esperar la re­ """ r ranjeamos con nuestras obras; pero, en cuanto al
velación de Dios. hdu1 que Tú mismo nos impones, concédenos la gracia
11 de julio de 1840 .i, 1 t'·ibirlo humildemente de tu mano y la fuerza para
11prn 1ado.

Bien está hablar de experiencia en lugar de conoci­ ' l 1 branos de pensar que la tristeza tiene mayor méri­
' 1 lfltl' la alegría, el automartirio ...
miento a priori; pero por loable que fuese el método de
aquel concienzudo juez que quería experimentar cada
una de las penas antes de aplicarlas, a fin de proceder �h acusan de hacer uso excesivo del paréntesis: mi
con mayor justicia, ¡su sistema no lo llevó hasta el ex­ 1 1 1 p.1 ración para el examen de teología es el paréntesis
tremo de someterse a la pena de muerte! 11 1 l.1rgo que yo haya vivido.

1 1 dL"sdicha estriba en que tengo una cabeza demasia-


1 .. l1111:na para no sentir los dolores del conocimiento y
NOTAS DEL VlAJE A JUTLANDIA
h 111.i... iado mala para experimentar su felicidad. El co­
" ' 1 1 1 11cnto que conduce a la felicidad, así como la felici­
19 de julio - 6 de agosto de 1840 t •ti que conduce al conocimiento de la verdad, hasta
1 1 1 1 1 1 , 1 "'ºº un misterio para mí.
¡Buenos días, rústica belleza, muchacha que te aso­
mas curiosa a tu ventana! No temas que turbe tu paz; 1 1 l 1L·cho de que la filosofía deba comenzar por una
mírame bien tan sólo, para que no pueda olvidartl' , •• 1 1 posición no ha de ser considerado como un defecto,
del todo. "' ' 1 orno una « bendición»; por esto, ese an sich 2 per-
1• 1111·, l' como una maldición de la que es imposible libe­
¡ Buenos días, alado habitante de los cielos que raudo ' 11 • 1 amás. Y tal discordia entre la conciencia, como

te elevas hasta el lugar que tantos esfuerzos nos cuesta 1 11 1 1 i . 1 vacía, como imagen retenida del objeto fugaz, se
alcanzar! 1 1 1 t . 1 también en el problema de la libertad: seme-

1 \ ,,,l icndo cerca de la hora undécima, encontró a otros que esta-


La característica del viaje es deslizarse sobre las co­

11 1111 \ k-. dijo: "¿Cómo estáis aquí sin hacer labor en todo el día?",.
sas; por esto se suele decir que el post illón, cuando sopla I /, t I
el cuerno, sopla la grasa del caldo. • ''• 11 -.1 mismo.» (N. de La t.)
64 SOREN KIERKEGAARD DIARIO ÍNTIMO 65

jan te al arbitrium 3 sin contenido (que, a modo de balan­


za, nada tiene que ver con el contenido pero que, como la M i desgracia es, en el fondo, que cuando me he sentido
infinita elasticidad abstracta, se mantiene victorioso e plv 1órico de ideas he permanecido hipnotizado por el
indiferente por toda la eternidad), así ocurre con la li­ dt•al; por ello sólo doy a luz abortos y, en consecuencia,
bertad positiva. Es otra presuposición, pues en el fondo l.1 realidad no corresponde, en lo que a mí se refiere, a
el liberum arbitrium 4 nunca se encuentra, pero la misma 1 1 1 1 :-, ardientes deseos. ¡Dios mío, haz que no suceda otro
existencia del mundo lo expresa. 1 11 1 1 1 0 con el amor, porque también en su caso me asalta
h 1 í 1 1 t ima angustia de haber trocado el ideal por la reali­
¡Qué tremendo martirio es esta total impotencia espi­ d td! ¡ Dios no lo permita! Aún no se trata de esto.
ritual que padezco actualmente! Pues está unida a una
devorante nostalgia, a un ardiente fervor del espíritu, 1 P<..:ro esta angustia que me impulsa a desear tanto la
tan vago e informe, sin embargo, que no sé siquiera qué 1 1 v1.:lación de] futuro a pesar de todos mis temores . . . !
es lo que me falta.
l l a bía pensado pronunciar mi primer sermón en la
Así como la conciencia del pecado no debe desvane­ 1 ll·sia de Saeding 7 el domingo próximo. Me ha sorpren­
dido bastante ver que el texto es de Marcos 8, 1 - 1 0 (la
cerse en una fácil consideración del commune naufra­
1 1 11 1 l t i p l icación de los panes), y las palabras «¿Y cómo
gium,5 así tampoco es preciso exasperarla con l a deses­
1111drfa saciárseles de pan, aquí en el desierto?», me im-
perada obsesión de la culpa cometida ni que degenere en
automartirio como si ambas cosas ofrecieran una forma 1 " 1·.... ionaron porque debo hablar en la parroquia más po­
l 11 �· de J utlandia, en plena landa.
de compensación. Pues el alma debe estar absolutamen­
te dispuesta a soportar los golpes de la Providencia, aun
1\ I m ístico se le oye como se perciben ciertos gritos de
cuando aparezcan como la consecuencia de nuestros pe­
Jl••i·1ros, sólo en el silencio de la noche; por eso, con
cados, y al mismo tiempo debemos poseer la certidum­
1 1 1 1 1 a frecuencia, un místico no adquiere importancia en
bre de que se nos dará la fuerza necesaria para soportar­
11wdio del bullicio de su ambiente, sino mucho tiempo
los. Pero ¿cómo convencer al individuo de que no le han
il1 hpués, en el silencio de l a historia, para las almas afi-
de faltar fuerzas para sobrellevar ese peso, cuando él
111 ., .1 la suya y que le escuchan.
mismo se lo impone y está obligado así a combatir pro­
prio Marte?6
1 k·ine aquí solitario (lo he estado más de una vez, pero
1 1 1 lcncr tan viva conciencia de mi soledad) mientras
No es l a falta d e algo l o que despierta la verdadera 1 l l \ • 1 1 1 0 las horas y espero con impaciencia el momento
nostalgia ideal, sino la sobreabundancia; porque la falta ' ' ' q 1 1 c veré Saeding. No puedo recordar cambio alguno
encierra en sí misma un anhelo terrenal. 1 11 1 1 1 i padre y ahora me apresto para ver esos lugares
r l 1 1 1 1 e k é l , pobre pastorcillo, cuidaba de los rebaños, los

3. «Albedrío.» 1 1 1 .. 1 1 1os que tanta nostalgia despertaron siempre en mí


4. «Libre albed1io.» • 1 1 1 1 1 1do me los describía. ¿Y si ahora cayera enfermo y
S. «La ruina común.»
6. «Al mismo Marte » (es decir, al mismo dios de la guen-a).
7 l'ucblo natal del padre de Kierkegaard. (N. de la t.)
66 SóREN KJERKEGAARD

fuera sepultado en el cementerio de Saeding? ¡ Extraña


idea! He satisfecho su último deseo, pero ¿ha de limitar­
se sólo a ello mi cometido en esta vida? ¡Oh Dios! Mi
obligación de contentarlo sería en verdad muy poca cosa
en comparación con todo lo que le debo. Porque de él he
aprendido el sentido del amor paternal que me ha inspi­ 1841 - 20 DE NOVIEMBRE DE 1 842
rado luego la idea del paternal amor de Dios, lo único
inquebrantable, verdadero punto de Arquímedes.
o único que me consolaría sería poder entregarme a
Como se dice generalmente: nulla dies sine linea,8 po­ L la muerte y en mi última hora confesar este amor
dría yo decir de este viaje: nulla dies sine lacryma.9 q1 rl· no osaré nunca confesar mientras viva y que me
'11vlvc dichoso y desdichado al mismo tiempo.
La landa parece hecha a propósito para desarrollar
caracteres vigorosos. Aquí todo es tierra pelada, nada se 1:-. propio del momento del placer sentir que progresi­
esconde a la mirada de Dios, la turba de las distraccio­ \ . 1 1 1 1l·nte la existencia se desvanece alrededor de uno.
nes está ausente, no existen rincones ni escondrijos don­ \ 1, l:n Don Juan, lo que da a la escena del festín su
de la conciencia pueda ocultarse y donde la seriedad se 111.1\or interés es el despojo total del hombre, la pérdi­
fatiga a menudo reuniendo las ideas dispersas. Aquí es tl 1 misma de su rica vivienda, de la que sólo le resta
preciso que la conciencia se encierre en sí misma, neta y 1 1 1 1 l Uartucho apartado. En efecto, el goce del hipocon­
estricta. « ¿Adónde huir de tu presencia?» (Sal. 139, 7), Ll1 1.1l o consiste en reunir cada vez más y, en virtud
puede decirse en verdad de estas landas. d1 ,.,l: anonadamiento, las potencias de la fantasía que-
l 1 1 1 ·n libertad; el placer del hipocondríaco es una
8. •Ni un solo día sin escribir una línea.• 111dt·li 11i<la mezcla de goce real y fantástico. Pero este
9. •Ni un solo día sin verter una lágrima.•
1 1 1 1 1 1 1 10 atisface mejor, y yo no creo que un don Juan
• 11 1 .1 el peligro de fatigarse tan rápidamente como un
1111 l.1 11cólico.

1 ' ... abido que existen insectos que mueren en el ins­


' 111ll' mismo de la fecundación. Otro tanto ocurre con
1i..l.1 alegría; el momento dcJ goce más intenso y más
11 '.ido de la vida tiene por compañera a Ja muerte.

1 k'pués de experimentar la satisfacción de despojar­


• 111 1h· lodo, de no poseer nada en este mundo, ni siquiera
1 ' '" · " ínfimo, y de arrojarme al agua, me gustaría, so­
' ' ' lodo, poder expresarme en una lengua extranjera,
1 11 1 1.ilmcnte en una lengua viva, para convertirme así
11 1 1 1 1 n t raño para mí mismo.
68 SóREN KIERKEGAARD DIARIO INTIMO 69

Me gustaría fundar una orden del Silencio como la or­ 1�11 general la imperfección de todo lo humano estriba
den de la Trapa, no con fines religiosos, sino estéticos; 1 11 <ruc el deseo jamás alcanza su objetivo sino a través

para acabar de una vez por todas con estas habladurías. il1 1 t ontraste. No me detendré en la variedad de confor-
111.wiones que podrían dar mucho quehacer a los psicólo-
Mi duda es horrenda. Nada puede detenerme, mi ' '" (el melancólico es el que está mejor dotado de sen-
hambre es infernal: razonamientos, comprobaciones, 111 In ('Ómico; el voluptuoso, a menudo, posee sentido idí­
certidumbre, lodo puedo devorarlo; corro a una veloci­ l h 1 1 , el libertino, sentido moral; el dubitativo, sentido
dad de diez mil leguas por segundo, arrollando cual­ 1 1 l 1 1'ioso), pero sólo a través del pecado se descubre la
quier obstáculo. 1111 11<1vcnturanza. Por consiguiente, la imperfección no
d1 l ll'tt<.lc tanto del contraste cuanto de nuestra incapaci-
Los Estados Unidos de América tienen una estructura l 1 1 1 para considerarlos simultáneamente: para ver al
política que es la antítesis de la de los Estados europeos. 1111-.1110 tiempo el contraste y lo demás.
Se desarrollan en latitud y en longitud (los descontentos
conquistan o compran nuevas tierras y se establecen l\tw:hos sienten gran temor de la eternidad, pero
allí), en tanto que en Europa el Estado crece en altura y 11 111C.lo se logre hacer frente al tiempo será posible so-
en profundidad, verdadera forma de organización. 1 11 l'· " l a . Tan cierto es que el juramento que se hacen los
11 1111orados de amarse por toda la eternidad es un
Constituye un punto de partida positivo para la filoso­ 1 u u p 1 tlín menos grave que un compromiso para el tiem-
1 •• pt cscnte; pues aquel que promete para la eterni­
fía el de Aristóteles 1 cuando dice que la filosofía comien­
l 1d, puede responder en todo caso: « ¡ Dispénsame por
za con el asombro y no, como en nuestros tiempos, con la
duda. En general el mundo debe aprender aún que no d11 1 1 . t ! ... »
aprovecha comenzar por lo negativo, y si hasta ahora el
método no ha fracasado se debe a que no se ha encarado
lo absolutamente negativo, y de este modo, tampoco se 1 ' lamentas de que muchas de tus esperanzas se

ha lJevado a cabo en forma seria lo que se pretendía ha­ lt '' .111 visto frustradas, de que ninguno de tus ardientes
cer. Su duda es pura coquetería. 1 1 º' ·e haya realizado. Tan pobre eres que has perdí­
'" 11.l'ta la voluntad y el coraje de esperar; tal vez
Para los paganos el teatro tenía el mismo valor que dt·ha a que todos tenemos muchos necios espejismos,
tiene para nosotros la iglesia; lo demuestra el hecho d(.• d 'l' / ::i que el Señor nos enseña a esperar que no todo
que el teatro fuera gratuito y que jamás se les ocurriera a "" 'l't'ét concedido. Pero existe una esperanza que no
los paganos que debieran abonar ninguna cantidad para 1111i•dl' verse defraudada: porque esperas la resurrec-

ir al teatro, como tampoco nosotros pensamos en pagar 11111 dl' la carne, que para ti representa la nostalgia de
la entrada a la iglesia. Partiendo de esta consideración 1 1 1 1 1 1 1 le con tus seres queridos, la nostalgia que te
del teatro se podría desarrollar una concepción del pa­ 1 1 11 1 ,·,pcrar que algún día verás tu vida transfigurada
ganismo. 11 1 >111-.; confías en que Dios quiera lo mejor, porque tu
\ l 1 1 10 ha terminado aún y tú no sabes «ni el día ni la

1. En su libro Metafísica. 11111 • • ( MI. 25, 1 3).


70 SÓREN KJERKEGAARD DIARIO INTIMO 71

¡Y cuánto la he amado! R.,2 ligera como un pájaro, Dice el poeta pagano3 que el dolor cabalga en la grupa
atrevida como una idea; la dejaba volar cada vez más d1 raballo; para el cristiano el gozo está más allá, olvi­
alto. Erguida sobre mi mano como sobre un pedestal, ,1,111clo así lo que queda atrás.
batía las alas y me gritaba a mí, que permanecía abajo:
« ¡ Esto es magnífico! » No advirtió que era yo el autor de l lace falta valor para casarse, y no se debe cantar el
su ligereza, que yo le había otorgado esa audacia de pen­ I ' 1 1 1\.'gírico de la virginidad; pues la misma Diana per-
samiento, que su fe en mí le permitía caminar sobre las 1111111cció virgen, no porque apreciara la grandeza de tal
aguas; yo la aplaudía y ella aceptaba mis aplausos. 1.1do, sino porque temía los dolores del parto. ¿Acaso
Otras veces se arrojaba a mis plantas y sólo quería ad­ 1111 dice Eurípides4 que preferiría volver a guerrear tres
m i rarme, olvidando todo lo demás. • 1 l'" antes que dar a luz una sola?

¡Mi niña! En latín se dice de un asiduo oyente: pender l>1lcs « ¡ lo que he perdido! », o más exactamente
ex ore alicujus, refiriéndose especialmente al oído que
1 .1qu1.: llo de que me he despojado!» Pero, ¡ay de mí!,
capta y retiene dentro de sus fibras más íntimas aquello 1 11 1 1 prenderías acaso lo que he perdido yo? Cuando se
que ha percibido. Nosotros expresamos lo mismo de un lt d1l.1 de ello, más valdría que cal laras. ¿Quién puede
modo distinto; pues ¿cómo no estar pendiente siempre d1l 1 lo mejor que yo? ¿No había trazado acaso, con las
de tu boca? ¿No soy acaso tu asiduo? Asiduo oyente, en • 1 1 1 ' iones infinitas de mi alma, el cuadro más exquisito
verdad, porque aunque no se cruce entre nosotros pala­
1 · 11 1hlc, por su profundidad -sirviéndome hasta de mis
bra alguna, no por eso dejo de sentir los latidos de tu 1i1 1 ...ombrías ideas- , de la melancolía de mis sueños,
corazón. h 1 1 ... plcndor de mis esperanzas y, sobre todo, de mis
"' 1111l'l udes y de mi inconstancia, mezclando este fulgor
Quien funda su existencia en los dones del azar se en­
1 1 profundidad? ¿Y cuándo he sentido el vértigo?
trega a una vida de pil laje, cualesquiera que sean esoi1
1 1 1 111<.lo mi mirada penetraba el infinito de su abando­
dones: belleza, fortuna, nacimiento, ciencia, arte; en n.•­
' • p1 1l·�10 que nada puede compararse con lo infinito
sumen, todo lo que constituye la herencia común dd 1 1 , 1 1 11or? ¿O cuando sus sentim ientos, sin caer en el
hombre. Y aunque obtuviera el triunfo ... Supongamos
.i.1 11w, danzaban en el borde mismo la danza ligera del
que entonces un joven se dirigiera a ti con toda la fe y d
derecho propio de la juventud, derecho que no puedl'!I
objetarle, a fin de preguntarte cuáles son los fundamen
IJ11v he perdido? Mi único amor. ¿Qué he perdido a
tos de tu vida; ¿no te sentirías lleno de vergüenza? Por
1 1 1 1 ¡ 1 ,... de los hombres? Mi palabra de honor. ¿Qué he
que ¿te atreverías acaso a iniciar a ese joven en tus secn.·
' d 1 do? Precisamente aquello que representa y repre-
tas artes de astucia y de hipocresía?
1 1 1 1 1 1 ,1 s iempre para mí, sin que el golpe me aterre, mi
El punto capital en la vida de un individuo consiste l'll 1 •111 1 1 . 1 1 1 i alegría y mi orgu llo; mi promesa de serle fiel.
salvar todo lo posible dentro de las categorías humamt!l In l.1 1 1lo, el tormento de mi alma iguala al de mi
de orden general .
1 ¡,,, 11 m. (N. de la t.)
2. La inicial de Regina Olsen figura así en el original. (N. de la t.) t.,¡,.,, . \ . 249. (N. de la t.)
72 SOREN KIERKEGAARD DIARIO INTIMO 73

cuerpo; escribo estas líneas en un camarote de barco,


mientras oigo la trepidación de las máquinas.5 l�lla no amaba la elegante línea de mi nariz ni la belle­
• ' de mis ojos, n i mis pies pequeños, ni siquiera mi inte­

¡Cuán duro es para mí, en estos momentos en que qui­ l1�·l·ncia; no, sólo me amaba a mí... ¡Y sin embargo, no
siera tanto lanzarme a la acción, verme reducido a la 1m· ha comprendido!
actividad que de ordinario se reserva a las mujeres y a
los niños: la plegaria! l )iccn que el amor obceca. Más aún, nos vuelve sordos,
111 1-. paraliza. Cuando padecemos e) mal de amor, somos
No sólo yo, sino R. y cualquier otro Espíritu del Anillo, • 1 1 1 n o la sensitiva, cuyas flores se cierran, sin que ningu-
sin olvidar que esos diferentes Espíritus significan para 11.1 t!.anzúa logre abrirlas, con tanta más fuerza cuanto
mf la diversidad de servidores dispuestos a obedecerme 111i1vor sea la violencia que se pretenda ejercer.
en mi fuero interno a la más pequeña señal; uno por
cada deseo tuyo y, si fuera posible, aun diez; todos Sl' (No crees acaso que deseo darle esta prueba de mi
incorporan para formar dentro de mí un Espíritu único, 1 1 1 1or para pagar la humillación que ha de haber sentido
diferente del de Aladino, porque no los une a ti el azar de 1 1 1 1 c la pena de sus parientes y amigos (Dios sabe que no
un vínculo exterior, sino la nostalgia de un alma; pues 1t ' sido por mi culpa que las cosas sucedieran así);7 mos-
¿acaso no te he entregado yo mismo el anillo que me 1 1 1 1 1 1 1 c una vez más, probar que no era el deber ni el

gobierna? '' 1 1 1or a no sé qué comentarios lo que me mantenía a su


Dicho con otras palabras: ¡el Espíritu del Anillo nos ha l 11 10 , sino que, por el contrario, yo, el más inconstante de
reunido otra vez! 6 111, hombres, he vuelto a ella? ¡Cómo los confundiría!
ll Jl 1l· golpe para sus charlatanerías desdentadas que es­
Tú dices: «Era muy hermosa.» ¿Qué sabes? ¡Yo sí que "" 1cron a punto de hacer perder la cabeza a una joven a
sé cuántas lágrimas me ha costado su belleza! Iba en 111ll'll un día, como hombre de honor, prometí hacer
persona a comprarle flores para adornarla. Hubiera 1111.i! Y si verdaderamente no aborreciera el suicidio, si

querido engalanarla con todas las joyas del mundo "'' -.intiera que todas esas virtudes sólo son espléndidos
-claro está que siempre que sirvieran para realzar sus h 1os, volvería a ella, para luego quitarme la vida,
gracias-, y cuando ella hubo alcanzado el supremo en· p111yccto que desdichadamente he acariciado durante
canto, debí alejarme. Cuando su mirada, rebosante de 1i 1 1 iasiado tiempo para que la separación no le resulte
vida y de alegría de vivir se cruzaba con la mía, me vi 1111 l'u doblemente penosa. Pues, a fin de cuentas, ¿quién
obligado a partir. Y me marché llorando de amargurn, 1111:1 mejor que un moribundo? Así me he considerado
ula vez que me abandonaba a «ella». Vivir con ella, en
1 wntido plenamente tranquilo y confiado de la pala-
S. Kierkegaard, Juego de romper su compromiso con Regina Olst·n,
panió para Berlfn el 25 de octubre, a bordo de un barco sueco. Fue é'IC'
111,1, jamás lo he soñado. Por cierto que es como para
su primer viaje a Berlín. (Nota de los traductores franceses Knud Fer/01• v d1 -1·sperar. Mi único deseo era el de permanecer a su
lean J. Cateau.)
6. Esle lcxto ha sido tomado de La traducción francesa, que en 110111
precisa: «El Espíritu del Anillo que habla en el Aladino de Oehlensd1 1 La nota marginal indicada en el tcxlo fue suprimida más tarde
laege1· Kierkegaa1·d juega con la palabra "anillo" y dibuja uno en 1·1 ( •t ' 1 mismo Kierkegaard, pues no se han encontrado señales de ella y
manuscrito en torno a la inicial de Regina.» (N. de Ja t.) 1 111 11 gen había sido arrancado. (N. de los t. {.)
74 SÓREN KJERKEGAARD DIARIO INTIMO 75

lado; pero apenas hube comprendido que las cosas to­ l un ella pueden considerarse verdaderamente un amor
maban mal cariz, ¡ay de mí, demasiado pronto!, tomé la desdichado; la amo -ella es mía-, su único deseo es
resolución de darle a entender que no la amaba; y ahora que permanezca junto a ella -la familia me suplica-,
heme aqu(, odiado por todos a causa de mi infidelidad, 1·s mi suprema aspiración ... ¡y debo decir no! Para facili­
causa aparente de su desdicha, en tanto que le soy tan IM las cosas, trataré de darle a entender que he sido un
fiel como siempre. ¡Si por lo menos pudiera verla feliz \.t1lgar impostor, un hombre frívolo, a fin de que le sea
junto a otro hombre! Por dolorosa que sea tal solución posible odiarme. Pues supongo que la sospecha de que
para mi orgullo masculino, me alegraría lo mismo. Aho­ todo se debe a mi melancolía le resultaría más penosa.
ra ella se consume de dolor pensando que habría podido 1 t uánto se asemejan la melancolía y la frivolidad!
hacerla dichosa pero que no he querido. Y en verdad que
lo hubiera logrado si no fuera porque... , etc. Se dice que el amor terrenal nos vuelve elocuentes.
Y aunque no sea prudente para mi tranquilidad, no ll uánto más elocuentes debería volvernos Tu amor, oh
puedo menos que figurarme el indescriptible instante de 1 > 1os, que con Tus manos modelaste la boca del hombre
mi retorno a ella. A pesar de que me considero resisten­ p.1ra que pudiera hablar!
te, lo bastante como para sufrir lo que me corresponde
como un castigo de Dios, este sufrimiento se vuelve de­ Y cuando me siento tan desdichado, mi único consuelo
masiado pesado, a veces. Además, me parece haber co­ 1 '• que «ella» no sufra conmigo. Es duro saber que l a
metido un error al ocultarle mis sufrimientos. Cuando 1 1 1 1ada nos ha sido infiel, pero este sufrimiento cotidia-
pienso en mis palabras de entonces («el mundo de las 1111 Y si permaneciera con ella, sería preciso mostrarme

letras perderá conmigo a uno de sus fieles»), siento su , 1111tcnto. ¿Y si, aun así, ella me viera sufrir? Mi alegría
falsedad, puesto que, por haberla abandonado, las letras 1 l'mpaña siempre con el dolor de que ella no pueda ser
han perdido para mí todo lo que es posible perder; sólo 1 '•11 t ícipe.
en ella pienso y estoy seguro que ella no sufre tanto
como yo. ¡Quiera Dios que mis sufrimientos le reporten No logro liberarme de este amor: no puedo soñarlo a
algún beneficio! l 1 1 1rnncra de un poeta, porque, cuando estoy a punto de
, 111 1 1.:garme a la poesía, la angustia y la impaciencia por
Debes saber que cifras tu dicha en haberla amado úni­ 1 1 11l ión se apoderan inmediatamente de mí.
camente a ella y que pones tu honor en no amar a ningu­
na otra mujer. 1 \'
l'Sla ho1Tible inquietud, este deseo de querer con-
' 11l lTme en todo instante de Ja posibilidad de volver a
¡Cuánta grandeza en el abandono de la mujer! Pero la 1 1111 . 1 pesar de todo! ¡Si me atreviera, Dios mío! ¡Qué
maldición que pesa sobre mí es la de no atreverme a per­ (!111 n l'S! Había depositado en ella mi última esperanza
mitir que ningún ser se me apegue íntimamente. Dios. 1 1 1.i vida y debo renunciar. Extraña situación: en el fon-
desde el cielo, sabe cuánto sufría cada vez que escogía 111, ¡ . 1 1 1 1 ás pensé en casarme, pero que el asunto se desa-
con alegría infantil algún medio para hacerla feliz; 1 1 ul l. 1 1 a así, dejando en mí una herida tan profunda, he
cómo debía cuidar que esta alegría no me delatara, sino d 1 1 .ilgo que jamás hubiera creído. Siempre me he mofa-
esperar hasta que la razón y la prudencia me lo prohi­ 111 ill· lo:-; que hablaban del poder de la mujer, y todavía
bieran por temor a atraerla demasiado. Mis relacione:-. 1 l1.1ro; ¡pero una hermosa joven, con un alma exquisi-
76 SóREN KlERKEGAARD DIARJO INTIMO 77

ta, que nos ama de todo corazón y con todos sus pensa­
mientos, con absoluto abandono, que nos suplica ... ! ¡Qué Y luego, cuando el sol entorne su ojo escrutador, cuan­
poco faltó, a veces, para que atizara su amor hasta el do la historia haya acabado, no sólo me envolveré en mi
incendio sin caer por ello en un amor pecaminoso! Bas­ , ,1pa, sino que me echaré la noche encima como un velo
taba con decirle que la amaba para provocar la explo­ ,. iré a buscarte -al acecho, como un salvaje- , no para
sión y acabar luego con mi joven vida. Pero comprendí ,•,piar tus pasos, sino para escuchar los latidos de tu co-
que así la habría perjudicado, que habría desencadena­ 1 .1zón.
do un huracán en su cabeza, puesto que ella se atribuiría
la culpa de mi muerte. ¡Preferí actuar como lo he hecho! ¡Qué humillación para mi vanidad es ésta de no poder
Había conservado suficiente elasticidad en nuestras re­ 'q.?,rcsar a su lado! Había puesto mi orgullo en serle fiel
laciones para poder reservarme la capacidad de inter­ v, "in embargo, no me atrevo. No estoy habituado a po-
pretarlas a mi manera. Les di, pues, el sentido de ser yo 11t·r mi honor en la traición, siempre lo he puesto en la
un impostor. Humanamente hablando, era la única for­ l i d ·lidad; pero es preciso que ante sus ojos pase por un
ma de salvarla, de dar un impulso a su alma. Mi culpa i 1 1 1 postor, porque no dispongo de otro medio para repa-
ha consistido en carecer de fe, de esa fe que todo lo cree 1 1 1 r el mal que pueda haber causado. Con horrenda certi­
posible para Dios, pero ¿cuál es la diferencia entre creer rl u in bre, a pesar de los más fervientes deseos de mi fuero
y tentar a Dios? No puedo reprocharme no haberla ama­ 11lcrno -puesto que no hago caso de los escrúpulos pro­
do. Por cierto que si ella no se hubiera entregado de ese H'11ientes de lo exterior, de parte de aquellos que tratan
modo, si no hubiera puesto en mí toda su confianza has­ rk atacarme- , me he mantenido firme. Pero aún me
ta el extremo de dejar de vivir su vida para vivir por mí, 111ormenta una angustia. Admitamos que «ella» se con­
todo me habría resultado fácil, a fin de cuentas; reírme \l'11za de que soy un impostor, admitamos que se com-
del mundo entero no me habría costado mucho, ¡pero 111 <Jineta con algún otro -debería desearlo por muchas
engañar a una jovencita ... ! ¡Ah, si tuviera el valor de vol­ 1 .1 1ones-; admitamos que entonces se entere imprevis-
ver a ella, a ella que, sin considerarme un mentiroso, 1 1 mcnte de que la he amado realmente y, que, por amor
estaba convencida de que, una vez libre, no volvería so­ 11 l'l la, he procedido así, por íntima convicción de que
bre mis pasos! ¡Cálmate, alma mía! Actuaré con firmeza lodo terminaría mal, o que, en todo caso, habría de-
y decisión, según considero justo hacerlo. Vigilaré hasta 1 .1<lo, con la mayor alegría del mundo y dando gra-
mis cartas. Conozco mi punto débil. Pero cuando escribo • 1.1s a Dios, compartir con ella mi gozo, pero nunca mi
una carta no puedo, como cuando hablo, deshacer de un 111l'lancolía. ¡Ay de mí, tal solución sería peor aún que
golpe la impresión causada, si noto que produce un efec­ 1 11 ol ra!
to demasiado grande.
No siento ninguna alegría; ya no me abandono con el
En las cercanías de la casa donde habitaba, había una l 1 1 1 pl'lu de otros tiempos, rehúso sentirme contento
iglesia; puedo aún recordar claramente el sordo tañer de H 1 1t· 1 1 t ras ella esté triste.
las campanas. A una hora señalada, en medio de las
charlas de salón, resonaba l a señal anunciadora del co­ 1 loy he vuelto a sorprenderme en un intento de hacer-
mienzo de los murmullos vespertinos. Una campana de 11 1 legar alguna noticia de mi parte, de hacerle sospe­
iglesia indicaba la hora. l li.1 r que todavía la amo. Mi mente es bastante ingeniosa
78 SÓREN KIERKEGAARD DIARIO ÍNTIMO 79

y, además, uno experimenta satisfacción cuando cree l 1 1 <:cordara alguna vez. De sobra sabe que basta que la
que ha hallado un recurso hábil. Quería escribir una car­ 1 1 l ucrde para que se desencadene el infierno. De todos
ta a su familia destinada a ser impresa. Llevaría como 1111idos, igual lo habría hecho aunque no me lo hubiera
encabezamiento: «Mi R.» Hubiera sido muy significati­ 111 dido.
vo para ella. La carta abundaría en alusiones sutiles.
Pero es preciso que renuncie a ello; me humillo bajo la Me siento contento de haber asistido a la segunda lec­
mano poderosa de Dios ( 1 Pe. 5, 6). Cada vez que me ' ion de Schelling, inexplicablemente contento. Hacía
asalta tal· pensamiento -y, en general, acaece varias ve­ 11111l ho tiempo que lo anhelaba con todas mis fuerzas.
ces por día- lo convierto en oración por «ella», pidien­ \pl·nas él, hablando de la relación entre filosofía y reali­
do de veras que todo redunde en su provecho. d11d, pronunció la palabra « realidad», el fruto de mi
111 nsamiento se estremeció de gozo, como el seno de lsa-
Hoy he visto a una graciosa damisela ... , pero ya no me 111 1 ( /,c. l , 44). Recuerdo su disertación palabra por pala-
atraen, no quiero saber nada con ellas. Ningún marido 111 , , desde aquel momento. De aquí puede surgir un poco
puede ser más fiel a su mujer de lo que yo lo soy con tl1• l u z . Esa sola palabra trajo a mi mente mis sufrimien-
respecto a «ella». Por otra parte, mejor que así sea; esos 111, y mis pesares filosóficos. Y para que ella pudiera par-
amoríos me trastornaban completamente. 1 li 1 par de mi alegría, ¡con qué afán regresaría a su lado,
• flt110 quisiera poder persuadirme de que ésa es la mejor

Si hubiera sido «ella» quien rompió el compromiso, . . 111ción! ¡Pobre de mí! ¡Ojalá pudiera hacerlo! Ahora he

entonces, a pesar de que la amara mucho, me hubiera 1h positado todas mis esperanzas en Schelling; pero, si
sido fácil olvidarla; habría sido capaz de correr todos 11pH:ra que puedo hacerla feliz todavía, partiría esta
mis velos sobre el asunto y olvidar, me atrevería a soñar 1111,1na noche. Es bien duro ser la causa del infortunio de
con ella como un poeta; pero ahora no puedo hacerlo. 1111 ''-'r humano; es duro también pensar que haberla he-
Evoco frecuentemente su recuerdo, y a menudo su 1111 d e dichada es casi la única esperanza que tengo de
recuerdo me asalta sin que sea necesario evocarlo. Mi . 1 l: t dichosa.
alma gana en seriedad. Quiera Dios, ¡ay de mí!, que sea
para mi bien. l'1cnso a menudo que, si me echara atrás, «ella» tal vez
• 1 un vencería de que he sido un impostor. Supongamos
Mi pensamiento se balancea sin cesar, entre dos imá­ •1111 h.,·nga poder para triturarme con una mirada (la ino­
genes de «ella»: una, joven, exuberante de vida, rebosan­ ' 11t ia ofendida bien puede hacerlo); tal idea me provo-

te de gozo, transparente; en suma: como jamás la he vis­ ' c''t rcmecimientos, me hiela de espanto; no tanto por
to quizá; la otra, pálida, encerrada en sí misma, a la 11 1wr que soportarlo -sería perfectamente capaz si su-
espera de las horas de soledad para desahogar su llanto; 1 ' 1 1 n que es para su bien-, como porque lo terrible del
en resumen: como tampoco la he visto quizá. 1111•po de La vida es esto de arrastrar a una criatura hu-
1111u 1:1 hasta donde uno se ha propuesto.
¡Afortunadamente, este asunto ya está zanjado! Y, sin
embargo, no logro darlo por terminado; no sé cuál es V\·1 daderamente existe en el sufrimiento una comuni­
este abogado del que ella dispone en mi fuero interno. l 111 u rn Dios, un pacto de lágrimas que es, en sí y por sí,
¡Qué hábil ha sido! Cuando nos separamos me rogó que .lt••• rnuy hermoso.
80 SÓREN KIERKEGAARD DIARIO INTIMO 81

Tú que dices: «Muy bien, siervo bueno y fiel, has sido


11
fiel en lo poco» (Mt. 25, 2 1 ).8 Pero a mí no se me ha 11 1 lli\ClÓN
otorgado nada con que actuar, pues el don que recibí
no era una palanca sino un peso, un fardo que cayó so· 1111 -.cductor que tiene ya sobre la conciencia el amor de
bre mis hombros. Por cierto que pocas veces es posi· " " · '' cuantas damiselas se enamora de una joven a quien
ble hablar así sin mentir. Pero si soportaras tu destino 1 1 1 1 . 1 hasta el extremo de faltarle el valor para seducirla,
con humildad, si perdieras el mundo entero sin per· I" 1 1 1 Lampoco puede unirse a ella definitivamente. Por
der tu alma (Mt. 16, 26), si amaras a Dios, si tu misma 1-.11alidad se encuentra con otra joven notablemente
vida, sembrada de preocupaciones, se transformara 1 1 1 l'l'ida a la primera; y seduce a ésta para gozar de la

a veces en una acción de gracias, si creyeras en Dios,
1 • 1 l 1 1 1 l-ra a través de su amor.
en su inagotable riqueza, sabiduría y ciencia (Rom. 1 l ,
33) 9 y si te faltara el coraje de elevar a Dios tus manos
sin mancha ( 1 Tim. 2, 8); si este fardo, como una penu l l n a cierta señorita Hedevig Schulze, cantante de Vie-
1• 1 1 l·presenta aquí en Berlín el papel de Elvira. Es bas­
merecida, pesara más duramente sobre ti y aun te humi·
' utll' hermosa y de porte resuelto; en su actitud, por su
l laras bajo la poderosa mano de Dios ( 1 Pe. 5, 6) sin
un lamento, sin seguir el sabio consejo de olvido que lallura, por su atavío (vestido escotado de seda y guan-
te da el mundo, sin cometer l a osadía de preguntar si
1. blancos), se parece extrañamente a una cierta conoci­
12
t 1 1 1 1 1a. ¡Muy curioso! Hube de hacerme violencia para
tus sufrimientos concluirán alguna vez, si amaras a
1 111 1 ,1rme de esa impresión.
Dios, en fin, en tu propio dolor, ¿no serías, acaso, «fid
en lo poco»?
1 1 11 1 sl il uye un verdadero problema conocer el signifi-
11111 de pueblo elegido que se da a los judíos; no fueron
En el fondo, la pasión es lo esencial, el verdadero dina· 1 pm·hlo más feliz, sino más bien la víctima de un sacri-
mómetro del hombre. Nuestro tiempo mueve a compa ' ' 111 nigido por la humanidad entera. Debieron sufrir el
sión por eso mismo, porque carece de pasión. Si el bueno 1 1 l• 11 de la ley y del pecado como ningún otro pueblo.
de Jonás Olsen 1 0 l legara a odiarme como nadie ha logra· 1 , , 11 pueblo elegido en la medida en que lo son a veces
do odiar jamás, según dice en su memorable esquela, me . po\·las, por ser los más infortunados.
consideraría dichoso de ser su contemporáneo, feliz de
ser el objeto de tal odio: ¡por lo menos existiría la lucha! tI l nto de la traducción francesa. He prcíerido incluirlo por
1 , 1 1ttl' muy significativo en relación con la anotación siguiente.
I '" I )
1 1 \ 1dcnte alusión a Regina. En una carta a E. Boesen del 14 de
8. El versículo entero dice así: .,y su amo le dice: "Muy bien, siervo 1 111111 \' de 1841, Kierkegaard repite la alusión y trata de despistar a
bueno y fiel; has sido fiel en lo poco, te constituiré sobre lo mucho."• 11111,.11 de la infancia (E. Bocscn estaba de acuerdo con él en aparen­
(N. de la t.) q111 l.1 1 uptura con Regina Olscn se debía a inconstancia por parte
9. El pasaje aludido es el siguiente: • iOh profundidad de la riquc/i1, 1 1 h 1 IH·paard), pues posiblemente desconfiaba de la candidez de éste
de la sabiduría y de la ciencia de Dios!•(N. de la t.) 1 11 11 1 1¡uc lo delatara. Así, en su carta intenta demostrar un interés
1 O. Hermano de Regina Olsen. (N. de la t.) l pu1 l.1 Jctriz y en un postscriptum le recomienda que guarde silen­
(N / In t.)
, ,
82 SÓREN KJERKECAARD DIARIO INTIMO 83

\ 1d.1 una de las múltiples conjeturas de la vida y, una


Siempre puede ser útil el testimonio de tu alegría. Di­ \11 / que ha preguntado, inclina Su oído hacia ti para es­
rás: « ¿Cómo ha de ser? Nadie tiene idea de cuánto sufro ' 1 1 1 lmr ... , y tú no quieres responderle.

ni de cuánto he sufrido, el sendero de mi dolor es solita­


rio y apartado y rara vez transita por él algún viandan­ I �-.. importante, sin embargo, no dejar que las aparien­
te.» A esto responderé: «¿Tanto te interesa que alguien \ l.i-.. exteriores nos desorienten jamás. Cuando, para con-
conozca al dedillo tus sufrimientos? ¿Crees acaso que tu 11 .ttk·cir el principio de una moral absoluta, se insiste en
importancia depende de haber padecido todas las penas 1 .-.. <. ontradicciones existentes en las costumbres popula­
posibles, de modo que si hubieras hallado la paz en el " ' · cuando se sacan a relucir ejemplos que claman al
mundo todo se habría solucionado? ¿No puedes confor­ • h lo, como el de los salvajes que matan a sus padres

marte con el destino común a todos los hombres y cum­ 111l ianos, significa que nos hemos dejado impresionar
plirlo? ¿Consideras imposible que te comprendan si tus p111 los hechos exteriores. Si pudiéramos afirmar que los
sufrimientos permanecen ignorados?» ¡Oh, cuán cierto dvajes odian de veras a sus padres, sería diferente.
es que el ojo del hombre que sufre es de una muy singu­ 1'1 1 u los salvajes, como nosotros, consideran que se les
lar estructura! Semejante al oído del amante que sólo d1 h<.· amar y su único error consiste en la manera de
está hecho, en el fondo, para oír la voz de la amada aun­ d1 111ostrarles tal amor. Es evidente que los salvajes no
que sienta los demás rumores del mundo, así el oído del • • l'l'll causar daño alguno a sus padres sino, por
el con-
doliente percibe las voces de consuelo y reconoce cuál es 1 1 .11 io, beneficiarlos.
la verdadera. Así como, según las Escrituras, la fe y la
esperanza sin la caridad son «Como bronce que suena o ( uanto mayor es el desarrollo orgánico de un cuerpo,
címbalo que retiñe» ( 1 Cor. 1 3, 1 ss.), así también la all·­ 1 111to más horrorosa es su putrefacción. La hierba, al
gría exteriorizada sin mencionar el dolor es simplemen­ 111.1rchitarse, exhala perfume. El animal que se pudre,
te bronce que suena o retiñir de címbalo que pasa veloz, l i 1l·de. La corrupción de un hombre es horrenda, más ho-
sin ser escuchado por los que sufren; es voz que retiñe en 1 1 1·11da que la de la mujer. ¿Sería ésta, aca o, la prueba
el oído sin resonar en el corazón, que roza sin dejar ras­ d1 que el hombre es superior a la mujer?
tro. Pero la voz que cuando anuncia alegrías se estreme­
ce de dolor, e abre camino a través del oído y llega
hasta el corazón, donde se graba. 1 1

Aquel que tiene oídos para oír tiene capacidad par.i


preguntar. Otro tanto sucede con Dios. Pregunta con
mayor insistencia que ningún otro. É l pregunta; ¿qué e:-.
la conciencia, en efecto, sino una pregunta? Pregunta en

13. Kicrkcgaard une a propósito el primero y el último de losversícu


los del capítulo citado, que dicen así: e Si, hablando lenguas de hombn."
y de ángeles, no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo qm·
retiñe.• cAhora permanecen estas tres cosas: la fe. la esperanza, la can
dad; pero la má!> C\CClcntc de ellas es la caridad.• (N. del t. i.)
DIARIO ÍNTIMO 85

1 l ace falta valor para llorar, pero para conservar la


dicha es preciso un valor religioso.

La relación de negatividad polémica -que el paganis-


1 840-1 842 1110 introducía entre la vida futura y la existencia presen­
k - se hace patente también en la obligación impuesta a
l 1-; almas que debían beber en las aguas del Leteo antes
(PAPELES SUELTOS)
dl · entrar en los Campos Elíseos. El cristianismo, por el

T ooo es nuevo en Cristo (2 Cor. 5, 17). 1 ontrario, enseña que habremos de rendir cuentas por
1 .ida palabra ociosa (Mt. 1 2, 3); esto significa, entre otras
Éste será mi punto de vista para una especulación ex­ l o....as, la presencia total de nuestro pasado, aunque otro
positiva del conocimiento cri:stiano. 1 l'tco deba quitarnos su lacerante dolor.
(Nuevo, no solamente como algo diferente, sino tam­
bién como todo lo que ha sido renovado, rejuveneci­ ¿Cómo actúa la remisión de los pecados para obrar
do, en comparación con lo que ha envejecido y se de­ 1 111a redintegratio in statum pristinum, 1 aunque se trate de
rrumba.) p1'1.:ados actuales? Este punto adquiere una importancia
Mi punto de vista será a la vez polémico e irónico. De­ 111i1xima para la concepción cristiana de la realidad.
mostrará, además, que el cristianismo no es restricción , Cuál es la relación que existe entre el penitente perdo-
en torno a un objeto único, a una simple psique normal 1r:1do y el castigo que la misma realidad puede contener?
(no como remiendo de paño no abatanado puesto a vesti­ , Debe seguir considerándola como un castigo? ¿O acaso
.1· ha producido un cambio en su alma que le permita
do viejo (Mt. 9, 1 6), sino como pócima que devuelve la
1 onccbirla como destino?
juventud).
Hasta ahora el punto de vista comparativo para deter­ l�xisten ciertos animales tan extrañamente astutos
minar la relación del cristianismo con el pasado ha sido: p.i ra procurarse el bocado, que dejan de comer apenas
«No hay nada nuevo bajo el sol.» 11110 los mira. De esta manera me comporto yo con res­
Conducta negativa que mata la vida a causa de la mo­ pl'rlo a mis emociones, saciándome a hurtadillas sin que
notonía abstracta que lleva en sí, en tanto que el otro 11.id ic lo sospeche y fingiendo desprecio.
punto de vista es fecundo.

Al pagano forte fortunas . . se opone el aforismo cristia­


.
1 \ Ii paraguas, mi gran amigo!
no: « Dios es poderoso en los débiles.» Uno nota al ins­
tante que el primero es el punto de vista de lo inmediato, l . 1 n 1ás me abandona, sólo una vez me ha traicionado.
pues la dicha refleja simplemente, en ese caso, la genia­ '.oplaba un viento terrible y yo estaba a solas en Kogens
lidad inmediata que se ha producido en el individuo (la N\ lorv; ni un alma andaba por las calles, cuando, de
clásica «armonía preestablecida»), mientras el segundo 1 1 1 1proviso, se me volvió del revés. No sabía si abando-
es de categoría refleja y sólo otorga la felicidad a cambio 11.11 lo a su suerte por su infidelidad y volverme misántro-
del aniquilamiento del individuo.
« Retorno al estado primitivo.»
86 SOREN K!ERKEGAARD

po. Tanto afecto le he cobrado que lo llevo conmigo, llue­


va o brille el sol. Y para demostrarle que no lo aprecio
por puro interés, a veces me paseo por mi cuarto con él
como si estuviera en la calle, me apoyo en él, poso mi
barbilla sobre su mango, lo acerco a mis labios, etcétera.
30 D E NOVIEMBRE DE 1842 - MARZO DE 1 844
M i cabeza está vacía como una sala de teatro después
del espectáculo.
AS palabras de Solón, que dicen que es posible
L
no
¿Qué es el pecado sino un pacto de la mala conciencia
preciarse de ser feliz mientras se vive, encierran un
con el diablo? ¿Acaso existe algo más persistente en el
p1 ufundo dolor de vivir.
recuerdo que una mala conciencia?
Significan que sólo se es feliz en el instante mismo
¡Cuántas veces se ha expuesto la naturaleza del peca­ d\· sentirse dichoso; en cierta forma, esto es ser desdi-
do original! Y a pesar de ello se ha echado en olvido una 1 liado, pues uno reconoce así que la propia felicidad ha

categoría principal: la «angustia», que tal es el término ¡m-;ado.


verdadero. La angustia, en efecto, es el deseo de lo que se
teme, una antipatía simpática; una fuerza extraña que El Amor se despidió de Psique diciéndole así: «Si ca-
se apodera del individuo sin que éste pueda ni quiera 11,,,, tendrás un niño que será hijo de los dioses; pero si
liberarse, pues uno teme y, sin embargo, desea aquello h11blas será simplemente un hombre.» Aquellos que sa­
que teme. La angustia vuelve impotente al individuo, y l1v11 callar se convierten en hijos de los dioses, pues sólo
el primer pecado se produce siempre en ese estado de 1 1 1 1 1 el silencio nace en nosotros la conciencia del origen
impotencia; se diría que uno carece de responsabilidad, .1 \i no; aquel que habla se convierte en un hombre.
y en esta falta de responsabilidad consiste la seducción. , ( 11ántos saben callar? ¿Cuántos comprenden tan sólo el
l¡'l1i ficado de guardar silencio?
La mujer siente la angustia más que el hombre; por
eso la serpiente puso en ella sus miras a fin de lanzar el El hombre, hablando en un sentido humano, se siente
ataque; su propia angustia la traicionó. t 11110 más inclinado a atraer hacia sí a la persona amada
1 11.111to mayor conciencia tiene de su superioridad; pero,
Si una vez, una sola vez, nos hemos visto frente al
• 1 1 un sentido divino, se inclina a descender hasta ella.
más severo de los tribunales, aunque luego nos volva­
1 .1a es la dialéctica del amor. Resulta bastante curioso
mos mejores, jamás podremos olvidarlo.
•¡l tl' no lo hayamos comprendido del mismo modo con
1 1•,¡ >t.:cto al cristianismo, pues siempre se habla de la en­
El escéptico ' 111 1 1ación de Cristo como de un acto de compasión o de
111·1 1..·sidad.
Así como el seductor debería darnos la imagen refleja dl·
la aspiración incompleta que busca realizarse en la t i juicio sobre O lo uno o lo otro:
«mujer», el escéptico, frente al hombre, intenta arreba l labía una vez un joven lleno de dotes, como Alcibía­
társelo todo. t li·� Pero se extravió en el mundo; en medio de sus des-
88 SÓREN KIERKEGAARD
DIARIO fNTIMO 89

11 ... . y eJ adulto, en cambio, no acierta a comprender las


venturas se lanzó en busca de un Sócrates, al que en
vano buscó entre sus contemporáneos. Entonces rogó a
1 1 1 . 1-.. simples.
los dioses que lo transformaran en Sócrates. Y helo aquí,
�e 1lamente es posible dar al principio de identidad un
orgulloso siempre de ser un Alcibíades, sufriendo confu­
l ¡ • n i lkado de anulación del principio de contradicción,
sión y humillaciones infinitas por las gracias que los dio­
ses le otorgaron, hasta el extremo de que, cuando por fin
1 , 11110 hizo Pitágoras, pues para él el Uno no era un nú-
obtuvo algo de que enorgullecerse, acabó por sentirse el
11w1 o; el Uno precede a la separación y sólo con la sepa­
más mísero de todos.
' 11 16n comienza el número. La unidad precede a la con-
1 t .Hl icción y únicamente con la contradicción comienza
Si otra cosa no he demostrado al escribir O lo uno o lo l 1 1·\istencia.
otro, mi ejemplo muestra por l o menos que entre noso­
tros es posible escribir un libro y trabajar sin los emplas­ ¡ rrcmenda situación la de una conciencia que ha debi-
tos calientes de la simpatía ni los estímulos de la expec­ 1h 1 ...oportar desde su infancia tal compresión que toda la
tativa; trabajar aun contra corriente, aplicarse sin 1 111"1 icidad del alma, toda la energía de la libertad no
ostentación, concentrarse en el silencio mientras el últi­ d1 . 1 nza rán jamás a suprimirla! Naturalmente que los
mo de los estudiantes se permite el calificativo de holga­ 1h111cs de la vida pueden oprimir luego la conciencia,
1 11 1 0
zán para referirse a uno. Aunque mi libro careciera de cuando se presentan a una edad más avanzada les
sentido, su génesis es el epigrama más incisivo que yo 1 d 1 . 1 tiempo para revestirse de esa forma casi congénita;
haya escrito sobre estos caducos filósofos. , t onvierten en un simple momento histórico, pero no
, 11 .dgo que domina la conciencia misma. En cambio,
Dicen que la experiencia vuelve sabio al hombre. , 11.11 1do uno desde su más temprana edad se ha visto
¡Error garrafal! Si no existiera algo más allá, nos enlo­ 1 1 11 1 1 primido de esa manera, es como el niño arran-
quecería lentamente. u lu del seno materno por medio de instrumentos, que

1 1 11 N-rvará siempre el recuerdo de los dolores de la ma-


La conciencia se presupone a sí mism a, y es ocioso 1111 No es posible liberarse de un peso semejante,
investigar su origen; una pregunta harto capciosa como 1 11 1 o Lampoco es preciso desesperar; uno puede sopor-
la que se hacían los antiguos: « ¿Existió primero el árbol 1 11 lo humildemente. Constituye, sin duda, una de las
o la semilla? Sin la semilla, ¿de dónde habría brotado el 1 1 1 1·,1s más difíciles porque resulta penoso incluirla en la
primer árbol? Sin el árbol, ¿de dónde surgió la primera 1lq!,oría de culpa. En un tiempo, por temor a la so-
semilla?» 1 11 1 h 1 a a causa de mis sufrimientos, me aplacaba con
1 I , 1 \ i uma de que en el fondo todos los hombres sufren
11111 igual. Pero así caía en una especie de estoicismo
Cuando uno incuba una idea, es preciso ocultarla de
""'" e n virtud de su abstracción, elimina la idea más
toda mirada profana, de toda injerencia extraña. El pá­
""'reta de una Providencia. En su resumen, Pontop-
jaro no sigue incubando si alguien toca su nido.
1 n d . 1 1 1 dice que sólo algunos hombres son probados por
1 1 1 1 dio de sufrimientos excepcionales, pero que esto
El desarrollo de la vida es una extraña regresión. El 1. -.érá de provecho algún día. Una solución mucho
niño se rompe la cabeza por comprender las cosas difíci- 11111-.. hermosa.
90 SOREN KJERKEGAARD DIARIO INTIMO 91

1\ udado un genio benigno a fin de que así guarde el se-


1 1 1.·10?
BOCETO 1111 sol trouve toujours un plus sor qui /'admire (Boi-
11 .1u}.2
Un hombre, en su primera juventud, en un momento 1 a moral es el punto en el que flaquean los escépticos.
de exaltación, se deja arrastrar hacia una mujer públi­ 1 k-.dc Descartes, todos están de acuerdo en admitir que
ca. Luego lo olvida. Piensa en casarse. Entonces des­ 11.rndo practicaban la duda no podían expresar nada
pierta su angustia. La idea de que tal vez sea padre, de d1 l inido en el campo del conocimiento; pero, en cambio,
que exista en algún lugar del mundo una criatura que 1 111dían actuar, porque en este campo uno puede conten­
le deba la vida lo tortura de día y de noche. No puede t 1 1 -.1..: con lo probable. ¡ Enorme contradicción! ¡Cómo si
confiarse a nadie y tampoco él posee la absoluta certe­ 1111 lucra mucho más terrible realizar algo de lo cual se
za de que así sea. Es preciso que la cosa haya sucedido rl11da (pues en este caso uno asume una responsabilidad)
con una mujer pública, y en la loca despreocupación t ¡ t ll' d ar una definición! ¿Será acaso porque Ja ética en-
de la juventud; si se hubiera tratado de un gran amor h·1 ra en sí misma la certeza? ¿Existe entonces un punto
o de una verdadera seducción, no es posible suponer •llll' l a duda no puede alcanzar?
que lo ignorara ahora; pero esa ignorancia consti tuyc < risto oculta algo a sus discípulos, porque ellos no

precisamente la causa de su agitación atormentadora. 1t 1h1 ían podido soportarlo (Jn. 16, 12). Pacto de amor
Por otra parte, la duda, debido a la liviandad del amo­ ""' Su parte; pero ¿es esto moral? He aquí una de las
río, sólo se ejerce en el momento en que él se enamora l11d.1-; más difíciles en el campo de la ética. Si callo, evi­
de veras. 1 ''' ,, otra persona un dolor; pero ¿me está permitido ha­
. 1 lo> ¿No constituye una injerencia en su existencia
l111111.1na?
BOCETO 1 "'ª es la paradoja de mi vida: con respecto a Dios,
1o 1 1 1prc estoy en el error; pero ¿es un delito hacia los
Un hombre que ha vivido largo tiempo ocultando un se­ li 1111brcs?
creto, enloquece. Uno supone entonces que su secreto ha
de ser revelado. ¡Nada de eso! A pesar de su locura, su 1 1 ,1-,unto de mi amor es de una naturaleza particu-
1 11 < ;l'neralmente los diplomados en teología siguen la
alma guarda celosamente la simulación y sus familiares
se persuaden mejor aún de que la mentira con la que los 1 • 1 11. :1 de comenzar como maestros, luego actúan un
ha engañado es la verdad. Sana de su locura, se le infor­ 1'11' ti c.·omo padres espirituales con sus predilectos, y
• 1h. 1 1 1 por transformarse en enamorados y en maridos.
ma de todo y comprende que no ha revelado nada. ¿En­
cuentra entonces en ello un motivo de alegría? ¿Habrfa • • 1 v 1 1 c.:ambio, comencé como enamorado y he acabado
deseado, acaso, desembarazarse de su secreto durante su 111111 padre espiritual. De todos modos, mi procedí­
locura? Parecería que el destino lo obligara a mantener ,, 1 1110 es mejor; no he envilecido las cosas santas al
el secreto. ¿Habrá sido una circunstancia feliz, lo habrá 1 \ ll iu de mi amor; en mi intento de doblegar a los de-

1. Este texto parece tener un sentido autobiográfico. Kierkegaard. 1 1 11 necio encuentra siempre a otro más necio que lo admira.•
en Etapas en el camino de la vida, insiste en el mismo tema. (N. de la t.) I /,, t J
92 SOREN KJERKEGAARD DIARIO fNTIMO 93

más ante la religión, comienzo por doblegarme 11 p11csto a arrastrar a la gente por la nariz. Eso no sirve
mismo. 11 1 1 1 i caso. Prefiero mandarlo todo a paseo. Escribo
·0110 me place y como se me antoja; ¡aquí mando yo!
La vida del hombre que mejor logra olvidar está rn 1 1 • 11 l·da n los otros como mejor les parezca; lo mismo da

sujeta a metamorfosis que las otras; la del que logra 1•11 dl!jen de comprar libros o de leerlos o de hacer la
cordar adquiere un carácter mucho más divino. • l l ll a.

Después de mi muerte no se encontrará entre mis pa 1' 011 qué singular severidad he sido educado, en cierta
peles (éste es mi consuel o), una sola explicación de 1 1 11111o1! De vez en cuando caigo en una tenebrosa cárcel
que en realidad ha colmado mi vida. No se hallará ent f 01111.: me revuelvo agobiado por tormentos y dolores,
los repliegues de mi alma el texto que todo lo explica 111 1·1 11 1-ever ninguna salida. De improviso surge en mi
que a menudo convierte en acontecimientos de eno . 1111.1 un pensamiento tan vívido como nunca lo con­
importancia lo que para el mundo son simples bagatel i l 111·1 a, aunque no me resulte absolutamente deseo­
y que yo mismo considero fútiles si les quito la nota ' 11 Ido; hasta entonces le había entregado m i mano iz-
creta que es su clave. pd• 1 da y ahora le entrego la derecha. Cuando dicho
·• 1 1 h11niento arraiga en mí, me siento acunado entre sus
Mi misión parece consistir en ir exponiendo la ve ' ''º"' yo, encogido como un saltamontes, crezco otra
dad a medida que la descubro, pero de tal manera que 1 .rno, vigoroso, contento. Mi sangre vuelve a circular
mismo tiempo vaya yo destruyendo mi posible autorl d d11 me siento flexible como un recién nacido. Lue­
dad. Cuando me he despojado de toda autoridad y con , , 1 1 1 1 peño mi palabra, pues es preciso que me compro-

vertido ante los ojos de los hombres en la última person •11 1,, a seguir este pensamiento hasta desarrollarlo por
en quien sea posible confiar, anuncio la verdad y los e 1 1 1 1 •o: empeño mi vida y me veo así uncido al carrn.
loco en una situación contradictoria de donde nadie p< " puedo detenerme y mis fuerzas resisten. Pero
· 1 1 tl' aquí llegado al final y debo recomenzar desde el
drá arrancarlos si ellos mismos no se deciden a asimiJ·
la verdad por su propia cuenta. Sólo logra una persona , 1 1111 1pio.
lidad aquel que se apropia de la verdad, sea quien fue
su pregonero: el asno de Balaam (Núm. 22, 22), un aleg1 1 h· ..,obra sé que en este momento soy el más fuerte en
bromista, un apóstol o un ángel. 1111 l tgl·ncia entre todos los jóvenes, pero sé también que
1 • l t terza puede serme arrebatada mañana mismo, aun
El oficio de escritor se ha convertido en el más adoc "''' . de concluir este período. Otro hombre, si descu­
nado de todos. En general, con él sólo se persigue pone ' • 1 1 1 .1 en sí una inteligencia superior, creería estar a sal­
se en evidencia como un aprendiz de jardinero en u • p 1 1 a Loda su vida. Yo no pienso así: no puedo basar­
anuncio ilustrado del Diario de Avisos Económicos, som '" 1 11 lo perecedero.

brero en mano, todo reverencias y zalemas, ofreciéndo.


a base de buenas referencias. ¡Qué tontería! Quien escri 1 1 p1 imer día de Pascuas, en los oficios de la ta rde de
be ha de comprender el tema propuesto mejor que su ll'k-.ia de Nuestra Señora (durante el sermón de
futuros lectores. O si no, que no escriba. 11 ·ll-r), «ella» me hizo un signo con la cabeza, no sé · i
O de lo contrario trate de convertirse en un picapleit< 1 1 p l ica o de perdón, en todo caso con mucho cntm;ias-
94 SóREN KJERKEGAARD DIARIO fNTIMO 95

mo. Me descubrió a pesar de que yo estaba en un lugar En Straslsund creí enloquecer al escuchar a una joven
apartado. ¡Quisiera el cielo que no lo hubiera hecho! Un que tocaba al piano el último vals de Weber, el mismo
año y medio de sufrimientos y de enormes esfuerzos des­ qlll' me acogió cuando llegué a Berlín la vez anterior,
perdiciados: ¡ella no me considera un impostor, pues! 1 wcutado entonces por un arpista ciego.

¿Por cuáles pruebas no ha de pasar, entonces? La próxi· rodo parece concertarse para evocar el recuerdo. Mi
ma etapa le ofrecerá la figura de un hipócrita. La situa­ l.11 macéutico, un solterón recalcitrante, se ha casado.
ción se hará cada vez más terrible a medida que pase el �k dio un sinfín de explicaciones al respecto: «Sólo vivi-
tiempo. ¡Que un hombre de una vida interior y una reli­ 1110:-. una vez ... Necesitamos, sin embargo, tener a al­
giosidad como las mias haya podido proceder de ese ••111l·n con quien sea posible entendernos.» ¡Cuánta sabi­
modo! Sin embargo, no puedo continuar viviendo tan d111 ía encierran estas reflexiones, sobre todo si se las
sólo para ella, exponiéndome al desprecio de los hom­ 1 ' pone sin pretensión alguna!

bres y a la pérdida de mi honor: ¿qué otra cosa he he· Mi cuarto en el Hotel Saxen da sobre el río, cerca de
cho? Llevar la locura hasta el extremo de convertirme en 1111 atracadero de barcas. ¡ Dios santo! Todo esto me re­
un bribón sólo para que ella lo creyera. ¿Con qué fin? ' 1H:rda tanto el pasado ... Detrás hay una iglesia, y el ta­
¡Pensaría que antes no lo era! n1do de las campanas que dan la hora me penetra las
Hoy, lunes, me encuentro con ella entre las 9 y las 1 0 1 1 1 1 rañas.

de la mañana. No he dado el menor paso para provocar 1 7 de mayo


este encuentro. Conoce las calles por donde suelo pasar,
yo sé por cuál... (una hoja arrancada); todo lo dispuse a �¡ hubiera tenido fe no me habría separado de Regina:
fin de que no sospeche que la culpa es suya en parte, tl1ora lo comprendo. Demos gracias a Dios. Estaba a
a fin de cuentas. Una joven debería mostrarse reserva­ p11 1 1to de perder el juicio, en estos últimos tiempos. Hu-
da y humilde; en cambio, su actitud era petulante y 111.1namente hablando, me he portado con ella de modo
hube de enseñarle la humildad humil lándome. Pero en­ 1 i11onable. Tal vez no debf haberme comprometido ja-
tonces interpretó vanamente mi tristeza y creyó que me 111.1-.. ; pero a partir de este momento he actuado frente a
mostraba humilde debido a su condición de criatura • lla con perfecta honestidad. Desde un punto de vista

incomparable. Así me provocó a la lucha. ¡ Dios la 1 ll'lico y caballeresco la he amado mucho más de lo que

perdone! Despertó m i orgullo, ésa es mi culpa. La con­ ' ll.1 me ha amado; de lo contrario no se hubiera mostra­
fundí y bien lo merecía; mi intención fue sincera, aun­ rlo r>etulante conmigo, ni me habría angustiado con sus
que no puedo decir otro tanto de lo que sucedió luego. ' ltdlidos. De esta forma he comenzado ahora a escribir
Mi tristeza se avivó entonces; a medida que trataba de 11 1 1 relato titulado « ¿Culpable o no culpable?»3 que, na-
atraerme con mayor vehemencia, sentía que mi respon­ 1 1 1 1 : t i mente, ha de contener cosas capaces de maravillar
sabilidad nunca había sido más grave por el hecho de d i nundo, pues en un año y medio he vivido en mi inte-
que existiera ese combate. Y entonces el vínculo quedó 1 tor tanta poesía como pueda caber en todas las novelas
roto. qm· se hayan escrito. Pero no puedo ni quiero que nues-
Berlín, 1O de mayo de 184.l 1 1 .1 historia se esfume en poesía; su realidad es muy dife-
1 1 111c. A fin de cuentas, no se ha convertido en una prin-
Al día siguiente de mi llegada me sentí muy mal; estu­
ve a punto de perder el sentido. 1 Incluido en Etapas en el camino de la vida. (N. de la. t.)
96 SÓREN K1ERKEGAARD DIARIO INTIMO 97

cesa de la escena,* y, si ello fuera posible, quizá se con­ t 1 l 1 1 1onios ocultan asuntillos enojosos! No quise; porque
vierta algún día en mi mujer. ¡ Dios mío! Ése era mi úni­ .,1 "IC hubiera transformado en mi concubina y entonces
co deseo y, sin embargo, he debido renunciar a él. En li •• hría preferido matarla. Pero, si hubiera sido necesaria
esto, hablando humanamente, me ha asistido toda la ra­ t1H.1 explicación, habría debido ponerla al corriente de
zón; me he portado con ella como un perfecto caballero • • •"l.1� terribles como mis relaciones con mi padre, su me­
l 11 tt. ulía, la eterna noche que lo envolvía, mi extravío,
y le he evitado la sospecha de mi dolor. Si uno mira las
cosas simplemente del lado exterior, he actuado con no­ 111 i"I deseos y mis excesos ... , que tal vez no son una ofensa
bleza; puedo preciarme de haber llevado a cabo algo que 11 .1vc ante los ojos de Dios porque ha sido la angustia la
muy pocos hubieran realizado en rni lugar; puesto que, 1 11 1 1sa de mis descarríos; ¿dónde podía buscar un apoyo
si no hubiera pensado tanto en su bien, habría podido 1 'iabfa y sospechaba que el único hombre a quien había
hacerla mía, accediendo a sus propias súplicas (no debió 1d1nirado por su fuerza y su firmeza, vacilaba?
hacerlo; fue mala táctica) y cuando su padre me rogaba; 1 a fe espera también en esta vida, pero - uno lo nota
le habría dado un placer al mismo tiempo que cumplía 11111v bien- en virtud del absurdo y no de la razón hu-
con mi deseo. Y si más tarde se cansaba le habría podido 111 111a; de otra manera es simplemente cordura de vivir,
echar en cara que fue ella quien lo quiso. No lo hice, Dios 1 ICI fe.
es testigo de que ése era mi único deseo: Dios es testigo
de cuánto he debido vigilarme para que ningún olvido l 1 �taré de deshacerme de las ideas sombrías y de las
borrara su recuerdo; creo que desde entonces no he ha­ 11 < u ras pasiones que aún subsistan en mí, por medio de
blado con ninguna muchacha. Aunque esperaba que 1111 art ículo que se titulará «Consideraciones de un lepro-
cualquier tuno enamorado viera en mí a un hombre a 1 1 .,obre sí mismo ».4
l l 1 b rá una escena entre dos leprosos: uno, simpático,
medias, a un canalla, he servido a m i época, pues en ver­ ,

dad era ciertamente.. . (hoja arrancada). 1 \'.,conde de los hombres para no inquietarlos; el otro,
...eso habría sucedido, sin lugar a dudas. Pero un ma­ 1 h "l'O�o de venganza, trata de inspirar angustias. Uno de
• 1111 1... 1 iene hermanos y sólo después descubre que su
trimonio no es lo mismo que una subasta pública, donde
todo se vende, tal cual, bajo el martillo del rematador; 111·1 tc es común; toda la familia está atacada de lepra.
un poco de probidad se impone dw·ante el tiempo que 1 k pensado en volver a ocuparme de Inés y el Tritón5

precede. Con respecto a eso, mi lealtad es evidente. Si no 1 l1 .,de un punto de vista hasta ahora desconocido para
la hubiera honrado más que a mí mismo, como a mi fu­ 1, ,.., puclas. El Tritón es un seductor, pero al conquistar el
tura esposa, si no me hubiera sentido más celoso de su 11111w de Inés se siente tan conmovido que quiere perte-
honor que del mío, habría callado y, dando cumplimien­ 111 1 vrlc por entero. No puede hacerlo, pues debería ini­
to a mis deseos, me habría casado con ella: ¡tantos ma- ' h 1 1 la en el misterio de su existencia y decirle que a una
lt01 " determinada se convierte en monstruo; por lo tan­
' ' ' • -.us nupcias no pueden ser bendecidas por la Iglesia.
* ¿Quién hubiera sospechado que una joven como ella pudiese tener

semejantes ideas? Hay en ello bastante aturdimiento y nada más que 1 1 pubrecillo se desespera y se arroja al mar para no
vanidad, como luego me ha dado pruebas; porque si hubiera tenido
tino, mi manera de romper el noviazgo debió resultarle absolutamentl' luduido en «¿Culpable o no culpable?» de Etapas en el ca111i110 de
definitiva. Mi método trataba exactamente de darle ese impulso. Pero ' 1d11. (N. de la t.)
¡así era mi niña!; al principio altanera, llena de presunción y de arru· l�n efecto, Kierkegaard trata el tema de Inés y el Tritón en Temor
gancia; luego ... ¡abatida por completo! r�t11•111ccimie11to. (N. de la t.)
98 SóREN KJERKEGAARD DIARIO INTIMO 99

volver a surgir. Da a suponer a Inés que la ha engañado. 111 11d ición nupcial, por Lo tanto nada puedo ocultarle.
¡Esto sí que es poesía, y no esos chismes ridículos y \1 ll·más, hay ciertas cosas que nunca podré manifestar,
mezquinos que son pura farsa y necedad! • 1 '11' jamás podré decirle: la intervención divina en el
Un nudo de esta clase sólo puede deshacerse con 111 111.tl rimomo ha sido mi ruina. Si no me caso con ella,
ayuda de la religión («religión» significa que deshara 1t1y dispuesto a reanudar las relaciones mañana mis-
todo hechizo). Si el Tritón pudiera creer, tal vez su lo 11111 Me lo ha suplicado y eso basta. Puede confiar en mí
podría transformarlo en hombre. ol1 11na manera absoluta, pero sería una existencia des­
Es preciso tener fe en Dios en las cosas pequeñas; de lo .fil hada. Me hallo al borde de un volcán y es necesario
contrario nuestras relaciones con Él no son verdaderas. q11v ella se reúna conmigo para bailar juntos mientras
Si decimos de alguien: «Sé que es mi amigo y que su· 1111 1..· . Por lo mismo, demuestro más humildad cuan­
ceda lo que suceda seguirá siendo mi amigo», y luego .111 callo. Demasiado bien sé La humillación que repre­
ocurre que por cualquier futilidad nuestros puntos de.• ' 111 a .8
vista se oponen diametralmente, no obstante lo cual aún l lc: aquí un buen personaje para una comedia: un
lo consideramos como a un amigo, ¿no representaría es· l111111bre dotado de un profundo sentido del humor se
to una flaqueza? ¿No existiría, en el fondo, una forma <le l111l 1..' modista y utiliza dinero e influencias para ridiculi-
exaltación? Pues igualmente es necesario que Dios partí· 11 a las mujeres, en tanto que con ellas adopta maneras
cipe de la realidad práctica del mundo, de la cual, por 111... 111uantes y las colma de halagos y de elogios; no por­
cierto, no está ausente. Pablo, a bordo de la nave a punto • l l l l' aspire a sus favores (es demasiado intelectual para
de naufragar, no rogaba tan sólo por su salvación eterna, • 1111). sino con el fin de hacerlas vestir de modo más ri­

sino también por su salvación corporal. Tal vez debió lfl 1110 posible; así satisface su desprecio por la mujer,
resignarse y decir: «Todo ha acabado para mí... Quiero . .tm: todo cuando una de las damitas conoce a un hom-

pensar únicamente en salvar mi alma.» Sin embargo, 111 �· tan necio como ella. Para castigarlo, uno podría deri-
¡Pablo era un apóstol del Señor! 11 la trama hasta tal punto que las gentes tomaran
N. B. Periissem nisi periissem. 6 111110 muestras de buen gusto las modas maliciosamente
l 111n1das, de modo que fuera él el único que se divirtiera,
Quisiera escribir una réplica del Diario de un seduc­ 11111\ legítimamente, por otra parte; pero entonces se
tor. 7 Se trataría de una figura femenina: Diario de una ' 11,11nora de una jovencita. Quiere hacer una excepción
hetaira. Valdría la pena bosquejar una figura semejante. 1 1 111 •lla, pues no puede tolerar que lleve los ridículos
La continuación del Diario de un seductor debería ser ,..,, idos que ha creado para prostituir al sexo. Con todo,
de género picaresco; por ejemplo, sus relaciones con una 1111 logra convencerla y se ve obligado a soportar que su
mujer casada. 1111.1<la vista como las demás.
·

(Dos hojas arrancadas) ...ella: ¡si supiese todo lo que he ( rn1vence a las mujeres de que con sus atavíos maní-
sufrido durante este último año! Ella jamás hubiese des­ 111 "'l'n los matices políticos que separan a sus maridos;
cubierto njngún indicio. Pero, de improviso, mi punto de 1 ' idea conquista el favor de los hombres y la prostitu­
vista se modifica. Debo pronunciar un juramento en la • h 111 se generaliza.

6. «Me habría muerto sí no hubiese estado muerto.» Los textos sobre el modista contenidos en los párrafos siguientes
7. Publicado en la primera parte de O lo uno o lo otro. (N. de la t.) 11'" \IU<J tomados de la traducción francesa de Ferlov-Gateau. (N. de la t.)
/{)() SóREN KJERKEGAARD
DIARIO ÍNTIMO
101

11ianera! ¡En materia de diferencias, me parece, sin em­


Por ejemplo, inventa un nuevo vestido pa ra la iglesia,
. bargo, que bien puedo hacerle frente!
con el fin de prostituir, incluso allí, a sus clientes.
1.a tragedia de mi infancia, la
horrenda clave de esa
?
Réplica de mi personaje: «En la vi � todo es cuestió� 1 ,•I igiosidad que temerosas sosp
echas destilaban en m i
_ 1111c rior y que mi imaginación
de modas: la religión, el amor, los mirmaqu �s Y los. am­ forj aba e n mi alma, es-
1 .11 1dal izándom
llos que los salvajes llevan en la nariz. Me d�ferencio de e de la religión, podría tal vez
. plasmar­
los demás simplemente porque lo he perc1b1do Y por la l.1s e n una novela que se titu
lara La familia enigmática.
< oincnzaría simplem
ayuda incondicional que presto a esa diosa subl ime, has­ ente por un idil io patriarcal,
y así
.
ta estallar de risa ante ese animal, el más cómico de to­ 11.1d ic sospecharía, hasta el mom
ento en que, en medio
d,·I espanto genera l, estallar
dos, que es el hombre; he aquí que se acerca la barones� a de pronto esta palabra que
de ¿Me-has-visto?, sin duda para comprar una nueva li­ 111 nplica todo.
brea de demente.»
1 J n maniático ocupaba sus
paseos en observar atenta-
11w1 11 c a los niños, porque
suponía haber dejado encinta
Mis notas relativas a mis relaciones con Regina invier­ • 1111a muchacha
cuya suerte ignoraba; y en ese
ten extrañamente la sucesión cronológica de los hechos, momen-
1 1 1 k dominaba la preocupac
ión de encontrar al niño, si
puesto que lo acaecido en primer lugar resu lta siempre lt11 1 .1 posible. Nadie podía
explicarse la simpatía indes­
anotado en último término, prec isamente por9ue no �ra l t l pl ihle con que
miraba a las criaturas.
de temer que lo olvidase, dada la profunda impresión
causada en mí. Así pues, no he anotado aún uno de los l • I método de comenzar por
la duda para fundar la
puntos decisivos, cuando ella me repetí� que, si yo hu­ 11 11 1-.ofía parece tan ade
cuado para sus fines corno pre
biese podido persuadida de que era un impostor, o ha­� 11 11cltT que los soldados se -
cuadren cuando se les obliga a
bría soportado todo. Por otra parte, ahor� que l� pienso, 1111 l 1 1 1arse.
esas palabras no eran más que una marufestación de su

orgullo; ¡como si poseyera ta firm�za moral! N o debf
prestarles tanto crédito. La vida, sm embargo, es más
profunda. Confié en ella, creí en la grandeza de carácter
que a ella le complacía demostrarme; d�bo, pues, actuar 1 11 l1om bre de carácter humoris
ta se encuentra con una
en consecuencia; y al final será ella qwen lleve la peor 1 •\ • 11 que, poco tiempo antes,

parte. ¡Uno puede ver cuán desdi� ado es para un � m�­ 111111 1 1 1:1 si la abandonab
Je había asegurado que
a; la halla hermosa y compro
chacha carecer de educación religiosa! ¡Cuando pienso ­
' '' 1 ld:i en matrimonio
con otro. Con una reverencia
que fue necesario cierto tiempo antes de que la imprc· le
. 1 • • • ¿Puedo agradecerle a uste
d el beneficio que me ha
sionaran mis lecturas semanales de las prédicas do 11 • 1111) Permítame, en este
caso, que le demuestre mi
Mynster! ¡Es extraño que una joven pueda sentirse tan ' 1 1 1 1 1 1 d . » (Saca de su cartera
una cierta cantidad de di-
importante que sólo por haberme hecho el hono � de su 1• • • • \ se lo ofrece. Muda de
desdén, ella no hace ademán
cariño, o, mejor aún, por haberse comprometido l'n 1 111.11 cha rse y trata de
dominarlo con la mirada.) En­
matrimonio conmigo, suponga que me inquietará de esa '" • • d prosigue así: «
¡ Nada de agradecimientos! Es
102 SÓREN KJERKEGAARD DIARIO INTIMO 103

una minucia para su ajuar de novia; y el día de la boda, 11 , 1 .c Ente» ;9 pues si permanezco en el pecado conside­
cuando haya logrado sus buenos propósitos, me compro· , •1 l 1 1 ·omo condición general estoy simplemente en la
meto por lo más sagrado", por el amor de Dios y por su 1 111 l tción n.º 2.

salvación eterna, a mandarle otro tanto.» 1 ,,. , , , puede compararse con las categorías de Aristó-
En lugar de la intriga bosquejada para La repetición, ' 1j Jt,

podría imaginar otra. Un joven dotado de imaginación y


de mucho talento, aunque mal empleado hasta entonces, 1 1 .1 'x p1-esión ética de la vida consiste en transformar
se enamora de una muchacha honesta; servirse de una 1 lid •11lo en vocación! El problema es aquí mucho más
coqueta experta en tales lides no ofrecería gran interéll 1 1 1 ¡ ¡ 1 1 , rues se trata de saber hasta qué punto puede un
psicológico, salvo desde otro punto de vista. Dicha jo­ 1 1 1 d l v l d u o hacer abstracción del problema religioso en
ven, a pesar de se;r pura e inocente, posee una gran ca· lf 1•lu ·ción. Mi vida es un ejemplo de ,ello. Si hubiera
pacidad imaginativa, sobre todo en materia amorosa, 1 1 1 1c.lo mi vocación y elegido la carrera para la cual
Al paso que él se atiene a sus muy simples ideas, ella ' 1 1 11 un notable talento, la policial, habría sido mucho
las desarrolla. Y precisamente cuando él le proporcio· ''' ' kl iz, aunque ahora sea mejor que todo haya sucedi-
na verdaderas satisfacciones comprende que no puedo 1 . . 1 lt- esta otra manera. Mi sagacidad se habría exterio­
permanecer a su lado. Su capricho aventurero por la ' 1 1tlo. La religión se habría convertido en interioridad,
variedad se ha despertado y lo fuerza a apartarse da 1 1 m> la hubiera escrutado profundamente aunque vol­
ella. Ha sido la muchacha quien lo ha convertido en '' 1 1 ella con frecuencia; al engolfarme en el problema

un seductor, pero limitado por la imposibilidad de se· 1 1 1 r loso como verdadera misión propia, he vuelto a mi
<lucirla. Sería interesante que más tarde, cuando �l IJ'll«idad contra mí mismo. Si la llamada «realidad»
alcanzara el pleno dominio de sus fuerzas, enriquecido l 111 1 11 el fin supremo, debí haber hecho una elección dife­
por la experiencia, tratara de seducirla porque «le debíu " 1 1 11•. ¡He aquí una nueva dificultad!

mucho».
1 11 1u ndo uno escribe acerca de los acontecimientos de
¿No es acaso un defecto de la personalidad entregarsu 1 1 p t op ia vida, es norma de delicadeza no decir nunca la
a otro ser hasta el extremo de no conservar el propio yo� • 1 1 l11d. sino reservarla para sí y permitir sólo que se re-
Una personalidad auténtica y madura permanece fiel a 1 1 , li' desde diversos ángulos.
sí misma como la paloma viajera a su palomar. Vended·
la cuantas veces queráis: siempre regresará. 1i., verdad lo que dicen los filósofos: «La vida sólo se
11111prcnde hacia atrás.» Pero es necesario recordar el
E l concepto de «repetición» se generaliza: 1 ) Cuando 11111 principio: «Se vive hacia adelante . » Cuanto más
debo actuar mi acción ha preexistido en mi conciencia 1 1 1 1 1 1 desmenuza esta fórmula, tanto mejor concluye que
en forma de representación o de idea; de lo contrari<J
actúo sin pensar, lo cuaJ no es actuar. 2) Desde el mo· 1 K icrkegaard emplea la palabra Enkelte, que el traductor italiano
mento que debo actuar me presupongo en un estado ori· 1 "lm L' por i/ Singo/o y los traductores franceses por l'Isolé. Con el la se
111 "' ,ti i ndividuo, a la persona a islada de la masa y «frente a Dios».
ginal íntegro. Y llegamos al problema del pecado; otra t 11 1 l\.1akcgaard representa la razón de la existencia humana, el íin de
repetición, puesto que es preciso retornar a mí mismo. l 1 • t li 11, del que ningún hombre se ve excluido. Es la base de su ataque
3) Por fin la verdadera paradoja, por la cual me convierto 111111 11 e l hegelianismo y la filosofía materialista. (N. de la t.)
104 SOREN KlERKECAARD DIARIO INTIMO 105

es imposible comprender del todo la vida en su tempora­ ta a su padre. Como no puede verse satisfecha, cae enfer­
lidad, porque ninguno de sus momentos proporciona, en ma y muere. « ¡Cuando haya muerto, será demasiado tar­
efecto, esa calma indispensable para adoptar la actitud de!» ¡Probablemente nuestra época cree que pone a Dios
de «mirar hacia atrás». L'n una situación embarazosa!
/,¡

Hasta que nuestra época no haya padecido sacudidas Es preciso que algún día utilice a Abelardo. Pero ha­
mucho más profundas, no habrá nada que hacer. La épo­ brá que modernizarlo completamente. Sus conflictos es­
ca contemporánea puede dividirse en dos categorías: los pirituales no serán entre la autoridad del Papa y de la
que escriben representan la desesperación, y los que leen Iglesia y su propio saber, sino entre su impatía, que se
desaprueban, por supuesto, a los primeros, jactándose 111clina hacia el orden establecido, y Eloísa.
de poseer una sabiduría mayor; pero si sL pieran escribir
cometerían las mismas tonterías que aquéllos. En el fon­ Pues el tiempo es quizá el más peligro o de los adver­
do, todos han alcanzado iguaJ grado de desesperación, "arios; como los partos, hiere cuando huye; acaso no
pero si no les brinda la oportunidad de volverse impor­ -;un los peores ataques los que nos sorprenden por la es­
tantes no vale la pena ni desesperar ni demostrarlo. palda?
¿Puede decirse acaso que hayan superado la duda, que la
hayan vencido? U n último análisis podría dar como ¿Qué es la fel icidad? Un espectro que perdura después
lema de nuestra época el que encontré en la Teología teu­ de haber existido. ¿Y la esperanza? Un inoportuno en-
tona •0 (tal vez las palabras alemanas no hayan tenido 1 1·ometido del que no podemos zafarnos; un hábil impos­
para el autor el mismo sentido, tal vez no haya sospecha­ tor más permanente que la honestidad; un amigo pen­
do esa desesperación extrema): «Cuando hemos dejado denciero que no quiere perder sus derechos aunque
de ser ricos de espíritu, olvidamos a Dios y nos gloria­ César haya perdido los suyos. ¿Y el recuerdo? Un incó­
mos de nuestra perdición» (c. 1 O, p. 4 1 ) Nuestra época,
.
modo lenitivo, un traidor que nos hiere por la espalda,
por decirlo así, quiere mostrar a Jos ojos de Dios una ¡11na sombra imposible de vender aunque salga un com­
vanagloria semejante. Y de este modo la desesperación prador! ¿Qué es la bienaventuranza? U n augurio que
actual prueba que no es posible prescindir de Dios, pues­ 11no deja para quien lo recoja. ¿Y la fe? Una cuerda de la
to que el estímulo de tal desesperación es justamente el 1 11al permanecemos suspendidos a menos que nos sirva-
pensamiento de Su existencia. 1 1 1os de ella para ahorcarnos. ¿Qué es la verdad? Un se-
1 1 l'lo que los hombres se llevan a la tumba. ¿Y la amis­
Cuando una muchacha no consigue obtener de su t.1d? Un tormento más. ¿Y la espera? Una flecha
amado el fin que se ha propuesto, finge que está enamo­ d1:-.parada sujeta al arco. ¿Y la realización? Una fle­
rada de otro y prueba así que la llama de su amor es ' Ita que sobrepasa el blanco.
debida al primer novio; de este modo también la tempo­
ralidad pretende darse importancia a los ojos de Dios.
Lo trata como Emelina (en el Primer amor de Scr�be) tra-

10. Die deutsche Theologie, reedición de la Teologfa de Lutero, con


notas del pastor Fr. C. Kruger (Lemgo, 1882). (N. del t. i.)
DIARIO ÍNTIMO 107

p.1drcs cristianos serían cristianos desde el momento de


11 nacimiento. Pero no, la conciencia del pecado es y será
.1c mpre la conditio sine qua non del cristianismo; si uno
pudiera verse exento de ella ya no podría convertirse en
' 1 istiano. La prueba de que es la más elevada de las reli­
MARZO - DICIEMBRE DE 1 844 J'lones la tenemos en el hecho de que ninguna otra ha
t ' p resado con igual profundidad y elevación el significa­
d1 1 que para el hombre tiene el saberse sujeto al pecado.
RE� •, 1 , precisamente esta conciencia falta en el paganismo.
T
so� simplemente las posiciones entre la fe y la
c1enc1a:
l ) San Pablo: «Sé a quién me he confiado» (2 Tim. 1 , 1 2). Platón ya admite (cosa que debe desconcertar a los
2) Credo ut intelligam. 1 q 11c, como Feuerbach,3 tanto se afanan en hacer resaltar
3) La fe y lo inmediato. 111 i m portancia de la diferenciación sexual, cuando me­
En las tres eJ saber sucede a la fe. lrw sería que sobre este asunto se refirieran al paganis-
11w) que, en el fondo, el estado de perfección humano es
Nací en 1 8 1 3, en aquel año de desastres financieros en 1 1 de la indiferenciación sexual. Piensa él que al princi­
que entraron en circulación tantos bil Jetes de banco. Mi Jl o sólo existió el sexo masculino (sin sexo femenino,
existencia podría compararse con uno de ellos. Hay en 1 vidcntemente una sexualidad indiferenciada) y que el
mí indicios de cierta grandeza, pero debido a desdicha­ no femenino apareció como consecuencia de la depra-
das coyunturas tengo escaso valor. Un billete similar ha 1.1t ión y degeneración. Supone que los hombres perver­
sido, a veces, la causa de la desventura de una fami lia. ' ' " ) disolutos fueron transformados en mujeres después
dt· -.u muerte, conservando, a pesar de ello, la esperanza
El cumplimiento de los deberes maternales se nos 111· reintegrarse al sexo masculino. Piensa que en una
brinda bajo su luz más favorable cuando se halla en con­ 1tb perfecta ocurrirá lo mismo que en el origen y sólo
flicto con las formas de rigor. Hace poco vi a una gran ' , 10.,lirá el sexo masculino; por consiguiente, habrá un
dama con su hijo en brazos; probablemente el niño se 1110 exo, el indiferenciado. Así dice Platón, a pesar de
había fatigado o no quería seguir andando; sea como q11t• ->u teoría del Estado representa la culm inación de su
fuere, se trataba de algo imprevisto, pues de lo contrario ll lo-;ofía. ¿Qué debería decirse entonces de los cristianos
la madre habría llevado consigo a una criada. Iba por • ik sus ideas acerca de una vida futura?
Oestergade2 de esta forma, sin demostrar ni enojo ni
confusión ni fastidio, contemplando feliz a su pequeño. ' l 'a mbién Aristóteles sostiene que los animales, como
¡Hermoso espectáculo! 111"' 1 1 1 uj eres , son formas mal logradas e incompletas.

Si el cristianismo pudiera naturalizarse no seria nece­ �l· di ría que el lenguaje ha sido dado a los hombres, no
sario el bautismo de los niños, puesto que por nacer de 11111 .t ocultar sus pensamientos (según afirma Talleyrand

1. «Creo para entender.» 1 nas Wesen des Christenturns, leipzig, 184 l . Kierkegaard había
2. Calle principal del viejo Copenhaguc. (N. de la t.) p111p1.1du el libro el 20 de marzo de 1844. (N. de los t. {)
/()8 SOREN KIERK.ECAARD DIARIO INTIMO 109

y según afirmó ya Young en las Noches),4 sino para ocul­ l11l· muchacho, estás incubando una desesperación silen-
tar la falta de pensamientos. 1 lnsa! » No le hizo preguntas. ¿Cómo podía interrogarlo

.1 también él era víctima de una desesperación semejan­


La tarea no consiste, como cree Ja humana estupidez, ll' � Jamás cambiaron otra palabra acerca de este asunto.
en justificar el cristianismo ante los hombres, sino en P1·1 o tanto uno como otro se convirtieron en los seres
justificarse a sí mismo ante el cristianismo. 111as melancólicos que la memoria humana recuerde en­
IH' las criaturas de esta Lierra.5
Otro motivo de risa (un buen tema para el ironista)
seda decir, por ejemplo, que un rey ha «introducido» el Éste es el origen de Ja expresión <<desesperación silen­
cristianismo en su reino, como si se tratara de la más ' 10<.;a»; hasta entonces ninguno de ellos la había emplea­
preciada raza ovina. Por desgracia, el cristianismo es lo do, y generalmente se le da otra acepción. Cuando el hijo
único que no permite ser introducido. pwnunciaba a solas esas palabras se echaba a llorar, ya
por la inexplicable emoción que lo dominaba o por el
El principio de Descartes « Pienso, luego existo» es, a 1 n uerdo de la voz emocionada del padre, lacónica como
la luz de la lógica, un juego de palabras, puesto que ese l.1 melancolía, pero provista también de su fuerza .
«existo», lógicamente, sólo significa «soy un ser pensan­ �I padre se creía culpable de la melancolía del hijo y
te» o bien, «pienso». 1 1 hijo de la del padre; la angustia les impidió siempre
1 1 1cerarse mutuamente. Pues aquella exclamación del
p. 1 dre era el desahogo de su propia melancolía y más l a
LA DESESPERACIÓN SlLENCIOSA profirió para s í mismo que dirigiéndose a su hijo.

Cuento La gran diferencia con respecto a la remisión de los


1wcados consiste en que, cuando perdonarnos una falta
El inglés Swift construyó en su juventud un manicomfo 1d prójimo, estamos convencido de que Dios también se
donde fue internado en su veje7.. Se cuenta que a menu­ 111 perdonará; pero cuando se trata de nosotros, el asunto
do se miraba al espejo, repitiendo estas palabras: « ¡ Po­ v.1 -;e vuelve más difícil. La filosofía, que con toda su chá­
bre viejo mío ! » ' liara nada explica, se limita a « pasar de largo». ¡La pri-
1 1 1l-ra condición para «pasar de largo» es sentirse tan
Había una vez u n padre y u n hijo, dotados am bos de 1 1 1 lpables que no podamos hallar perdón aunque lo dc-
grandes cual idades espirituales, ambos perspicaces, es­ 111.1� lo logren! Estamos dispuestos a creer que existen
pecialmente el padre. Los que frecuentaban su casa ha­ 1 1 1 1 1<.:has cosas que pueden servir de justificación: ¡pero
llaban en ella gran distracción. Generalmente se enta­ p.1ra los demás, no para nosotros! En todo esto no existe
b.laban discusiones entre los dos, y más parecía un trato 11.1da anormal, se trata de una hipertrofia de la subjetivi-
entre dos intel igencias que entre padre e hijo. En una
� Como ilustración de este texto es interesante dar a conocer un
ocasión, al observar a su hijo y vedo preocupado, el pa­
lt w111énto de una cana del padre de Kicrkegaard escrita Jos meses
dre, cJespué de contemplarlo largamente, le dijo: « ¡ Po- "'"'' de su muerte (27 de junio de 1838) y dirigida a su hermana, que
.111 1 .1�í: «Sin estar enfermo, me sfonto muy débil de cuerpo y de alma, y
4. Más e'U.lctamente en love o{Fame. (N. de la t.) 111111 lanlo debo decir de mis dos hijos.» (N. del t. i.)
110 SóREN KJERKEGAARD DIARIO ÍNTIMO 111

dad necesaria para evitar que la existencia entera se des­


componga en bagatelas a propósito de la primera frusle­
ría que ocurra, por ejemplo Persia, China, etcétera. N. B.

Antaño los hombres derivaban su importancia del na­ l'odos comprenden que e l principio de identidad domine
cimiento, de la fortuna, etc.; ahora somos menos humil­ vn cierto sentido al principio de contradicción y hasta le
des, hay más «historia universa l » , y toda la importancia � i 1-va de base. Pero éste es, simplemente, el límite del
proviene de haber nacido en el siglo XIX. ¡Viva el mila­ ¡k·nsamiento humano como las montañas azules del ho­
groso siglo xrx! ¡Vaya suerte envidiable! 'i 1.onte, como esa línea que los dibuj antes llaman de fon­
do, en tanto que la figura será siempre lo principal.
El más severo escrúpulo es y será siempre ignorar si la M i entras viva en el tiempo, el principio de identidad es
razón del sufrimiento está en el pecado o en la demencia. .1bst racción pura. Nada más fácil, por lo tanto, que enso­
La libertad, habitualmente empleada como medio de lu­ berbecerse e inducir a los demás a pensar en la .identi­
cha, se convierte dialécticamente en este caso en su más dnd total dejando de lado las diferencias. Pero podría-
horrendo adversario. 111os preguntar a uno de estos escamoteadores cómo
nt· túa en l a vida, pues en la identidad se opera fuera del
l •l'inpo. Así, el suicidio sería la única consecuencia mo­
Me hallo con mis sentimientos en la misma condición
' . 1 1 del principio de identidad si se Lo quiere mantener en
que aquel inglés poseedor de un billete de cien libras
esterlinas y que no encontró a nadie que pudiese cam­
1•1 t iempo. La confusión resulta, por consiguiente, del he-

biárselo.6
1 hu de vivir en una categoría distinta a l a del pensa-
1 1 1 icnto que nos inspira cuando escribimos algún libro.
1< )h miserias del oficio de escriba!
En el fondo sólo existe una cualidad: la individuali­
Mientras viva permaneceré en la contradicción, por­
dad. Es el eje de toda cosa; así, la comprensión de la
qut l a vida misma es contradicción. De una parte tengo
propia personalidad es cualitativa, en tanto que la que
11 l a verdad eterna; de la otra L a muJtiplicidad de la ex is-
poseemos acerca de los demás es cuantitativa. He aquí
1 1• 1 1c.: ia que el hombre, como tal, no puede penetrar, pues
l a obra de l a individualidad; pero ¿quién la desea ya?
1 ld)cr(a ser omnisciente.
Por esto mismo el agente de enlace es la fe.
Por extraño que resulte, una joven, cuanto más pura
es, más pronto conoce su naturaleza pecaminosa. Tal
descubrimiento me ha procurado gran placer; pues, en
el fondo, ése es el punto que me ha causado mayores djfi­ N B.
cultades para pensar en el pecado y subordinarle todo lo
demás. Para nosotros, pecadores, no existe dificultad al­ Dios sólo puede manifestarse al hombre en e l milagro;
guna en entenderlo. t". decir, que verlo significa ya presenciar un milagro. El
l11 1 r 1 1 bre no puede ver el milagro por sí mismo, pues el
6. Citado también en «¿Culpable o no culpable?», de Etapas en el 1 1 1 t lagro consiste en su propio aniquilamiento. Los ju­
camino de la vida. (N. de la c.) dtm. expresaban esto mismo al decir: «Ver a Dios y mo-
112 SóREN KIERKEGAARD
DIARIO fNTlMO 113

rir» (Éx. 33, 20).7 Más exacto sería decir que la visión de 1 icne un concepto claro de las propias categorías; se
ha­
Dios o del milagro ocurre en virtud del absurdo, puesto bla del bien, se lo elogia e incluso se llega a dar un ejem­
que toda razón queda de hecho descartada. plo; pero se trata si mplemente de una definición que no
'ªle de la esfera de lo inmediato (por ej. : «un buen cora-
Lo cómico estriba siempre en la contradicción. El que 1.6n », «Lo que se llama un hombre de bien»). O de lo con­
un hombre pida autorización para abrir un estableci­ t r·ario se habla de la duda total, y si alguien se arriesga a
miento de venta de cerveza y se le niegue el permiso, no l'SCribi r sobre Hamlet, los demás se persignan de espan­
tiene nada de cómico. Por el contrario, el que una mu­ t o declaran que eso es enfermedad de reflexió n. ¡Y de­
chacha solicite permiso para hacer una vida deshonesta < i r que Hamlet no llegó hasta
el extremo de dudar de
y obtenga una negativa, como a veces sucede, eso sí que ludo!
es cómico; y, como hay aquí más de una contradicción,
el efecto es mayor.

A propósito de mi Lectura de Rotschcr (Die Kunsl der


Dramaticher Darstellung, Berlín, 1 84 t , pp. 394 ss.) sobre
el acento ético, puedo decir que también yo lo he usado
corrientemente en mi vida personal, como poeta y como
declamador; cuando, en la época de mis relaciones con
Regina y de la ruptura del noviazgo, ella decía que iba a
morir, seguramente yo anuncié: «Ella elige los chillidos
y yo el dolor.» Ahora puedo decir: «Ella ha elegido los
chillidos y yo el dolor.»

N . B.

Hablar de una unidad superior que deba unificar las


contradicciones absolutas es un atentado metafísico
contra la ética. Lo mismo que todos esos discursos sobre
Lo «positivo», esas afirmaciones de que los demás son
espíritus negativos, en tanto que él, el que discurre, es un
espíritu positivo, cte. ¡Cuántas necedades! La positivi­
dad se posee en igual medida que la negatividad. Nues­
tro libre albedrío no olvida jamás ese origen dialéctico
de la libertad. Se dicen tantas necedades porque no se

7. «Mi faz no podrás verla, porque no puede verla el hombre y vi


vir.» (N. de la t.)
\

DIARJO ÍNTIMO 115

El objeto de los cinco discursos de «In vino vcritas»,


que son otras tantas caricaturas, es sacar a luz la esencia
l1:menina, pero falseándola.
El joven sólo contempla el sexo. Constantino Constan­
1 844 tius encara el hecho psicológico que es la infidelidad; es

decir, su futilidad; Víctor Eremita examina en el sexo

HOJAS SUELTAS
débil su psique y su importancia para el hombre y acaba
1 wgándola. El Modista trata el factor sensual apartado

ELACIONES entre u n padre y hijo; e l hijo descu­


lil' lo erótico propiamente dicho, como vanidad (por lo
un 1,1nto, en las relaciones mutuas entre mujeres, puesto
R bre involuntariamente las entretelas, pero no se q11c, como ha dicho un autor, las mujeres se adornan por
atreve a profundizar ese secreto. El padre es un hombre l l't:Íproca rivalidad y no para el hombre). Juan el Seduc­
apreciado, piadoso, austero; sólo una vez, en estado de tor se atiene al puro factor sensual con respecto a l ero-
embriaguez, se l e escapan algunas palabras que dejan l isrno.
entrever algo horrendo. El hijo no ]ogra enterarse por 27 de agosto de 1844
otro conducto y tampoco se atreve a preguntárselo a su
padre ni a ninguna otra persona. í f ará aproximadamente tres años que concebí la idea
1 k hacerme escritor. Lo recuerdo muy bien. Fue un do-

INFORME
1 1 1 ingo; no, vayamos por partes ... Sí, sí, exactamente un
d 1 1 1 1 1 i ngo después del almuerzo. Estaba, como de cos­
l 1 1 1 1 1 bre, en el café del parque de Frederiksberg fu mando
«In vino veritas»1 no quiere progresar. No hago más que 1 1 1 1 puro. Había salido de casa sin ninguna ruta prefij ada
escribir algunos pasajes, que no acaban de satisfacerme. \ 1 n i s pasos me llevaron, como habitualmente, a ese pa-
Creo que he reflexionado demasiado y, por lo mis mo, 1 ,1 1 c donde me encuentro tan bien como en mi propio
esterilizado mis emociones. Imposible escribir aquí en 1111¡!.ur, donde todo predispone a cierta elevación melan­
la ciudad, sería necesario viajar. Pero quizá no valga la ' ol ica por encima de este mundo y de sus cosas, donde la
pena concluir lo comenzado. La idea de com.icidad en el 1 11vidi ada gloria de l a d.ignidad real es simplemente el
erotismo ha sido bosquejada ya en Del concepto de la an­ H't uerdo que una reina guarda de su difunto señor. Para
gustia. E l Modista es una figura bien lograda, pero se 1 1 1 1 viejo habitante de Copenhague, el jardín de Frede-
trata de saber si esto no acabará por desviarme de cosas 1 lksberg adquiere fácilmente un matiz melancólico des­
más importantes. De todos modos, es preciso terminarlo ,¡, la muerte del anciano rey;2 su sucesor, al no habitar
de una vez. Si no sobreviene un rapto de inspiración, lo • 11 l' sl a residencia de verano, ha permitido a sus súbditos

abandono del todo. Últimamente mi productividad dis­ ill·plorar convenientemente la pérdida del viejo monar-
minuye o me sugiere consideraciones que no quiero
transcribir.
Federico VI, el más popular entre los soberanos del antiguo régi­
[111·11 d a nés , cuya muerte, ocurrida en 1839, fue muy lamentada en Dina-
1. Primera parlt! dt! E
tapas en el ca111i110 de la vida. {N. de la t.) 111111' "· (N. de la t.)
116 SóREN KJERKEGAARD DIARIO ÍNTIMO 117

ca, como un buen súbdito llora la ausencia de un prínci que.; el recuerdo; y el mejor de los súbditos no vale hoy
pe; porque un ser enfermizo ni aprecia a los vivos en su l.111to como un niño. Pues el mejor de los súbditos conoce
justo valor ni sabe tampoco llorar dignamente a los 1il1orn los sufrimientos de la dignidad real que, por lo
muertos. 1.111to, ha perdjdo para él sus atractivos; el niño, en cam-
Pero ¿acaso existe algo que pueda sustituir la inolvi­ 1110, ve al rey como al único ser dichoso; ¡ay, qué error el
dable impresión de la infancia: el rey es el rey y Federi­ 11yo! ¡El único ser dkhoso es él, el niño!
co VI es el rey? ¡ Ú nico caso en que un nombre común es El rey ya no está. Dejemos a nuestra espalda la vida
nombre propio y en que el nombre propio es nombn· h11lliciosa, el niño no acude ahora a las alegres atraccio­
común! ¿Acaso existe otra edad como la infancia, igno­ lll'S de Vesterbro; simplemente ha ido a Frederiksberg.
rante e inexperta en cuestiones de cambios de reinado y 1 1 1 conlrasle aument a el silencio. Llt:gamos al -parque
que in concreto no sabe nada, capaz de embellecer así la r lo1 1<le se reúne un pequeño grupo; tampoco la fuente

idea del rey convirtiéndolo en un ser sobrehumano? Sin p•.tá tan concurrida como en otros tiempos; a pesar de su
envidia de ninguna clase, sin sospecha alguna de los su­ 1 ordialidad y de su belleza, se asemeja al culto de una
frimientos que la dignidad real entraña, sin crítica nin­ .1·t·t a tolerada. La frondosa vegetación y el oscuro reflejo
guna de los presuntos lados buenos o de sus flaquezas, dvl agua convierten el parque en un refugio para parejas
ya sea un buen príncipe o un príncipe prudente, el rey dl· enamorados que se dedican al placer de vivir y para
representa para todo niño una figura indispensable y, lllH>S pocos desdichados, dispuestos a entregarse a sus
sin haber leído los decretos males, el niño cumple espon­ q111brías ideas. Seguía yo con la mirada a una pareja de
táneamente sus órdenes y tributa a Su Majestad las cor­ 11ovios que se adentraban en el sendero en busca de los
tesías más inimaginables. Ese rey, por supuesto, habita 1 tncones más apartados del jardín, lejos del ruido, a fin

en un castillo de marfil con balcones ... dl· encontrarse a sí mismos; descubría entonces nuevas
Y he aquí que Federico VI se presenta los domingos a p 1 rejas que como veleros distantes acudían desde lejos
bordo de un barco cuyo timón gobierna, con los remeros p.11 a perderse en medio de la multitúd.
vistiendo su librea y rodeado de cisnes y de toda esa rea­ En el café del parque se da cita un grupo de personas.
lidad que el niño conoce a través de sus juguetes de Nu­ 1 )11 icn busca allí retiro como en una fortaleza, se siente
rcmbcrg y de sus propias invenciones; había visto ya tll·jado de la rumorosa alegría de la vida cotidiana; tal
todo aquello: el rey y la reina bogando en una barca con d1,1ancia manifiesta una diferencia que se traduce en
el cortejo de los cisnes en pos de ellos. ¡Con cuánta fide­ 1111:i mezcla de sentimientos; por una parte, una pequeña
lidad la imagen se ha precisado! Pues lo que la h.terza no dn,is de buen tono deseoso de mantener la separación;
logra obtener del hombre, el niño lo obtiene con su fan­ t 11>1 otra, algo de melancólica nostalgia afanosa de elimi-
tasía; y aquello que en la plenitud de nuestra vida somos 11.11 aquélla para abandonarse a la sana sencillez de la
incapaces de extraer de la realidad, mana espontánea y 1dn popular, que no debe desperdiciar el momento y
copiosamente en la infancia. 1 1 11c, con traje de fiesta, ha de aprovechar el domingo, su
¡Ah, sí: Federico VI, en sus paseos dominicales por el df.1 de libertad.
jardín de Frederiksberg, empuñando el timón y acompa
ñado por sus remeros de librea y por el cortejo de los
cisnes .. ., un mundo del pasado! Sólo quedaba el arom<i
de las O.ores a la entrada del parque, no permanecía más
DIARIO INTIMO 119

Otro piensa: «La semilla es mía; ¿por qué he de sem­


l11.1rla?» Y la vende.
Otro, por fin, la esparce, pero con mano escasa, como
1 -,e tratara de un tesoro.
f�stos son simples croquis de apunte , porque la uni­
DICIEMBRE D E 1844 - DICIEMBRE DE 1 845 d.id de la idea no está mantenida; pero podrían ulilizar­
,,. El hallazgo es baslante bueno y podría servir, espe­
' 1.ilmente como conclusión para un sermón o como
UANDO mi padre murió, Sibbern me dijo: «Segura· 1 11 1 1 1cipio para evitar errores.
C mente que ahora no pasarás tu examen de teolo· l l na individualidad ligera y vana concibe invariable-
gfa.» Y fue entonces cuando me diplomé; si mi padre
111t·11te una idea extraordinaria acerca de la distinción de
hubiera vivido aún, no habría pasado jamás el examen.
1 1 1 1 apóstol; ve al apóstol bajo la etiqueta de la felicidad,
Después de la ruptura del noviazgo, Pedro me dijo:
<<¡Ahora sf que estás perdido del todo! » En cambio, es
.11· la magnificencia. Un alma humilde y profun ª· en ? .
• , 1mbio, tiene un claro concepto acerca de los sufnm1en-
evidente que, si algo he llegado a ser, ha sido gracias a
111' de un apóstol.
aquel paso.
N . B.: Sería preciso inlroducir una nueva ciencia: la
Con el título de Privadísima y con los lrazos más deli­
, , túrica cristiana, a modo de la Retórica de Aristóteles.
cados que fuera posible, me gustaría relralar a un alma
1 ,, <.logmálica entera es u u malentendido, especialmente
femenina, cuya grandeza estaría compuesla de lierna
1111\ día.
aceptación, modesta y púdica (por ejemplo, una Cornc·
lia Olsen 1 algo idealizada, la figura de mujer más nota­ Ese burgués tan decente, cada vez que daba una pe­
ble que he conocido y la única que ha provocado mi i ¡ m·ña limosna (carecía de medios para más), se descu-
entusiasta admiración). Mi personaje debería asislir al 111 1:1 con tanta humildad que parecía estar saludando a
casamiento de su hermana con el hombre a quien ama· 1111 -;uperior. Y lo hacía con tanta gracia, que se hubiera
ba. Conflicto de la resignación. 111 lto que saludaba a su mejor amigo.

¡:, verdad que de nadie puede uno aprender tanto


Una contrarréplica de la parábola del sembrador • 111110 de los niños, pero es cierto también que un padre
• 1 11 1 e el riesgo de echarse a perde1· con semejante apren­
(Mt. 13, 3-9) trataría de los predicadores.
El propietario de una casa de labranza da a cada uno . 1 1 1 . 1 je. Tener a nuestro lado
� un ser similar, con �l .cual
de sus siervos una canlidad igual de la buena semilla 11111.i �1Lrevemos a desahogarnos y, sin embargo, exigir de
que posee. • 1 110 sólo obediencia sino también amor; poseer junto a
Pero uno de ellos esconde su parte en un rincón húmc· 111 1-.111 ros a una criatura pequeña a cuyos ojos siempre
do, la semilla fermenta y germina demasiado pronto. 11 , 1harnos por tener razón: ¡qué peligro!
Otro la mezcla con grano de calidad inferior.
1 1 v11Le al matrimonio soy como Diana ante las partu-
1. Hermana de Regina, quien siempre tuvo a Kierkegaard en gran
cslima. (N. de la t.)
1 " 111as; su misma virginidad les servía de ayuda.
\ SÓREN KIERKEGAARD DIARIO INTIMO /2I

h•ncia. No es capaz de conclusiones; aunque su seriedad

Definición de la ironía 11· permite vencer cualquier estadio estético, no está en


1 1 111diciones de competir en espiritualidad con los es­

¿Qué es la ironía? La unidad de pasión ética, que infi­ fl•t as.


1) El momento religioso nace de una aproximación
nitamente afianza en interioridad al propio «YO», y de la
educación, la cual en su exterior (el comercio con los tl1·1 noníaca. Quidam de la experiencia: el humor es algo
1•.1 como su fondo original y su incógnito (Frater Taci-
hombres) hace infiniLamente una abstracción de es<.·
1 1 1 1 nus).
mismo «yo». Esta abstracción oculta a los ojos de los
demás la primera unidad, y en esto consiste el arte, en la
verdadera infinitización de la interioridad. '>cría preciso escribir dos nuevos libros.

Relación entre O lo uno o lo otro y Confesiones de un poeta


Etapas en el camino de la vida
S11 martirio consiste en querer ser un carácter religio-
u, pero se equivoca siempre y se convierte en poeta; por
En O lo uno o lo otro el estetismo era un presente en
lucha contra la ética; el momento ético era la «elección• • 111 1-;iguiente, un amante infortunado de Dios (su pasión
• • dialéctica en el sentido de que constituye una especie
por medio de la cual uno se aparta de lo estético. Por
1 ll• l'ngaño hacia Dios).
esto sólo existían dos caminos en la vida, y la victoria del
Asesor era absoluta aunque el libro concluya con un ser­
món y con la siguiente observación: «Sólo l a verdad qul' Secreto de un corazón (v. Privadísima)
edifica es verdad para mí» (la interioridad, punto dl• 'ier simplemente vecino de la desdicha y, sin embargo,
partida de mis disertaciones edificantes). el más desdichado
En Etapas en el camino de la vida existen dos caminos
Frecuencia de tales situaciones en la vida, donde
y la situación es diferente:
'l1d1:n está al margen y, por tanto, fuera, es quien más
1) El momento sensual estético es rechazado como
algo perteneciente al pasado (un « recuerdo», por lo tan­
1 1 l i L". Sofía Beaumarchais (Clavijo).
to), pues no es posible suprimirlo.
El Joven (melancolía del espíritu); Constantino Cons­ r.il vez sería justo reanudar Ja experiencia psicológica
tantius {endurecimiento intelectual); Víctor Eremita, 1 1 11 1 otro dilema; por ejemplo, un aspirante a pastor que
que no puede ser ya editor (ironía simpatizante); el Mo­ i. 1nu serlo (a causa de una culpa ... Escena: se esconde en
dista (desesperación demoníaca); Juan el Seductor (per­ 1 1 1 1 lugar apartado, no se atreve a hacerlo en su propia
dición, una individualidad «deshonrada »), que acaba ' ""·' por temor a que lo sorprendan, para leer derecho
1 1 1 101 1ico y conocer así qué pecados prohíbe la Iglesia. El
por decir que la mujer sólo es «el momento». Y entonces
interviene el Asesor, según el cual la belleza de la mujer ¡ 11 1 1 1cipio: de occultis non judicat Ecclesia 2). No obstante,
11 1 1 1 1ico deseo es ser pastor, pues le parece que así podrá
aumenta con los años, puesto que su realidad consisk
11 1•.1rar en parte su culpa. El conflicto dialéctico se plan-
precisamente en la duración.
2) El momento ético como lucha. El Asesor no se picr

�La Iglesia no juzga los secretos.,.
de en lecciones sentimentales, sino que lucha con la exis
122 SÓREN KJERKEGAARD DIAIHO ÍNTIMO

tea en los siguientes términos: ¿es útil para Jos demás l e correría mayor peligro de quebrársela y la inminencia
que calle su falta o valdría más confesarlo todo? De oc­ del hecho le parecería ya una falta. Supongamos que no
cullis non judicat Ecclesia, podría ser el título. haya podido sobreponerse a esta primera impresión. En­
Poner en sus labios esta réplica: « ¡Quisiera Dios que la tonces, por amor a sus padres, para que no los aflija la
Iglesia no juzgara las cosas ocultas! ¡Quisiera Dios qul' 1 ncursión en esta culpa, tratará de mantenerse firme to­
asf fuera! El consuelo de tantos es para mí causa de su­ do el tiempo que le sea posible. Como cuando se ata un
frimientos infinitos. ¿Debo denunciarme? Sería cerrar­ caballo a una carga demasiado pesada y el animal tira
me el acceso al ministerio sagrado. Pero ¿osaré hacerlo? �un todas sus fuerzas hasta que acaba por caer exhausto.
Réplica: por encima de todas las cosas me falta el púl­ Tal vez, un «desvío» similar se da, a veces, respecto
pito, me siento como el enfermo que yace en su lecho de dd pecado, por causa precisamente de los que nos quie­
muerte o en el hospital. ren bien. Como el padre que, habiendo malgastado su
vida en la disolución, a fin de apartar de ella a su hijo,
He comprado una nueva edición del Derecho Canóni­ rnnsidere el instinto sexual como pecado y olvide la dife-
co para reanudar los estudios y saber así si podré o no 1 ·ncia existente entre él y e1 niño, el cual, en su incons­
ser pastor. El simple hecho de comprarlo me hizo estre­ ' it-ncia, naturalmente lo interpretará mal... ¡Qué desdi-
mecer, pensando que el librero podía leer en mi cara el 1 ha cuando desde la infancia uno se ha visto uncido a
propósito doloroso para el cual ha de servirme. l�dcs penas para toda la vida!
Aunque el sistema 3 tuviera la cortesía de asignarme
un cuarto de amigo bajo su techo para no dejarme a la e podría imaginar a alguien capaz de vivir toda la
intemperie, preferiré siempre ser un pensador como un \ ida con la preocupación constante de carecer de fe y a
pájaro en l a rama. quien se dijese: « Querido amigo, ¡tú has tenido fe! ¡Tu
p1 cocupación fue tan sólo el dolor de la interioridad!»
Etapas en el camino de la vida no tendrá tantos lectores
como O lo uno o lo otro; casi no despierta atención. ¡Muy
bien! Así me veré libre de esa canalla bobalicona qul' f(l· PUCA
siempre quiere estar presente donde hay aglomeración.
¿Acaso no lo habfa previsto en el postscriptum de Culpa­ h1 un gran barril de arenques, siempre una de las capas
ble o no culpable? 1 ... 16
apretada y desmenuzada; en los cajones de frutas,
lns que están colocadas a los lados se maceran y se pier­
El otoño, a pesar de que nos recuerda el ocaso, será clrn ... Y así, en cada generación, los hombres que están
siempre para mí la estación preferida. Cuando l legue el 111 margen, víctimas del embalaje, tienen la misión de
momento de mi ocaso, quisiera que alguien me amas�· p1 otcger a los demás.
como yo he amado al otoño.
La reflexión ética es el punto decisivo en la vida. Ella
Si se le dijera a un niño que quebrarse una pierna es
1 1 1 1 1 inistra la autorización y Ja medida de la existencia
pecado, el pobrecillo viviría en la angustia. Posiblemen
l 1 1 1 1 1 1 ana. Las demás diferencias no cuentan, por otra
3. Expresi ón con·iente de Kierkegaard para designar al hcgcl iani� p.11 lc. No hay diferencia entre un comerciante al por
mo, y en particular a la teología racionalista. (N. de los t. {.) 11 1.1yor que mide millones de palmos de tela por año y
12.J SóREN KJERKEGAARD

una pobre viuda que sólo mide algunos centenares. La


diferencia estriba en el «Cómo», es decir, en que ambos
se sirvan del patrón legal para medir.

¡Qué extraño! Una fruslería que los l lamados astutos


acaban por descuidar y aun despreciar, se venga a me­ ENERO - DICIEMBRE DE 1 846
nudo, pues cuando alguien enloquece, el motivo es casi
siempre alguna fruslería.
l wtado conclusivo 1
Gracias a Dios, figuro entre los benjamines de la fortu­
na o entre los muy admirados; y aunque me sienta dis­ l�I manuscrito fue entregado a la imprenta a mediados
puesto a alegrarme de ello y a incl inarme ante los afor­ tk diciembre o poco después. Comprendía también un
tunados, no deseo serlo porque una existencia semejan­ 11 pl!ndice: « U na expl icación primera y última», pero lo
te se opone a lo «genera l » 4 y priva de consuelo a los in­ < onservé en mi poder para retocarlo y por último lo en­

felices. vié para que la obra no envejeciera en la imprenta. No


quise incluir la nota referente a un texto que se ocupa de
Existe un pájaro (el quebrantahuesos) que es llamado lo-; seudónimos porque ha sido escrita durante la imprc­
precursor de l a lluvia. Así soy yo. Cuando el temporal \1Ón. Las mentiras, las habladurías y los chistes plebeyos
comienza a formarse sobre una generación, aparecen las q11c me rodean vuelven ya la situación lo bastante crítica
individualidades como la mía. ' .. lgudizan, tal vez demasiado, mi ansiedad por tener la
HT<lad de mi parte hasta en los más ínfimos matices.
4. T�rmino técnico usado por Kierkegaard para indicar lo que me· 1 De qué me sirve?

tafísicamente constituye la naturaleza común a todos lo:. indi' iduo .


(N. del t. i.)
Debido a los engorros con El Corsario y a todo el fasti­
cl 10 de l a ciudad, he pensado i no sería mejor suprimir
l.1 página del tratado donde me adjudico la paternidad
1k mis seudónimos, y dejar constancia en la impresión
1kíinitiva, con indicación de fechas, de que la obra ente-
1 . 1 1.:ra anterior a este jaleo. ¡Pero no! La verdad exige que
110 Lenga en cuenta esas cosas, como lo había decidido, y
qm� deje en manos de Dios las consecuencias; recibién­
dolo todo de su mano como buena dádiva y don perfecto
dl' Su bondad (Sanl. 1 , 17) y desdeñando actuar según la
pr udencia humana, en la confianza de que Él me otorga­
' " L'Spíritu de firmeza y de certidumbre.

Tratado acientífico conclusivo sobre las «Grageftas» filosóficas, cn-


1.1do por Kierkegaard a la imprenta el 30 de diciembre de 1 845, según
lu· 1 �gistros del tipógrafo Bianco Luno. (N. del t. i.)
126 SÓREN KJERKEGAARD DIARIO fNTJMO 127

Por ahora mi proyecto es hacerme pastor. Hace meses 1 lasta ahora he estado al servicio de mis seudónimos
que suplico a Dios que me ayude y hace tiempo que veo 1111 n ayudarles a convertirse en escritores; pero en lo fu-
1
que debo dejar de escribir, pues o me convierto en un 11110 me decidiré por la escasa productividad que puedo
escritor completo o no lo soy del todo. Mientras me dedi­ 1 1 1d.1vía permitirme; la realizaré en forma de reseñas a
co a la corrección de las pruebas no he emprendido nada p1 opósito de tales o cuales artículos ajenos y expondré
nuevo, excepto el pequeño «Intercambio de observacio­ 1111' pensamientos así, como si formaran parte de l a obra
nes de dos épocas», que, a su modo, es una especie de , 1 11rn.:otada. ¿Evitaré acaso, de esta manera, aparecer
punto final. 1 1 11110 autor?
7 de febrero de 1846 I de febrero de 1846

¡Horrendo! Aquel hombre, cuando aún era un niño y <


:.da vez que me hallo frente a un nuevo periódico
cuidaba los rebaños en las landas de Jutlandia, descora­ p.1ra hacer reír)) pienso melancóHcamente: « ¡ Dios mío,
zonado por el sufrimiento y por el hambre que padecía, IH nquí a otro que ha intentado arrojarse al agua pero
trepó un día a una colina y maldijo a Dios: ¡Y ese hom­ i¡11l' primero ha querido jugar su última carta, tratando
bre no podía olvidarlo a los ochenta y dos años! 2 d1 ronvertirse en un periodista gracioso y satírico!»

l�I nuevo desarrollo que está adquiriendo nuestra épo­


• 11 110 puede seguir la dirección de la política, pues la
De occultis non judicat Ecclesia 1 u 1l11ica es una dialéctica entre las generaciones y el in­
dh 1duo, una relación que hace del individuo un « repre-
¿Seré capaz de callar la culpa? Pero ¿cómo me atreveré ' 11tante». En la época actual los individuos demuestran
a confesarla? Dios puede hacerla pública si así lo qukre; 1 demasiado reflexivos para conformarse con el papel

¿no seria acaso mi denuncia una arrogación de los fines .11 -.¡i mples «representantes».
de la Providencia?
Hoy un recuerdo acusador cruzó por mi mente. ¿Y si F. n mi opinión, vencer no debe significar que yo he
la acusación llegara a conocimiento de todos? Podría 1 11<.:ido, sino que la idea ha vencido gracias a mí, aun­
irme lejos, vivir en tierra extraña, lejos del recuerdo y qtll' vo tenga que ser sacrificado.
de todo peligro de publicidad. Podría vivir oculto . .. No,
debo permanecer en mi puesto sin alterar mi conducta Huscar el aplauso del « momento» es lo mismo que co-
en absoluto, sin ninguna medida de prudencia, enco­ 1 1 �·1 tras de su propia sombra. Ésta huye de quien la per-
mendándome a Dios para todo. 1111c. Recuerdo, a propósito de eso, una ilustración de
¡Es tremendo que una actitud de firmeza semejante no 1111 devocionario: un niño corre detrás de su sombra y la
sirva de impulso para un hombre y que, en cambio, lo 1 1 1 1 1bra corre junto con él.
detenga la simple posibilidad!
1 in de cuentas creo que todo ha sido tergiversado. Ya
2. Episodio de la vida del padre de Kierkegaard, citado también por 1 11 1 escribe para que los demás aprendan algo. ¡ Por
'l.'.
su hermano Pedro. (N. de la t.} t 1 1 1dad! Representaría una falta de tacto. Los lectores
128 SÓREN KJERKEGAARD DIARIO ÍNTIMO 129

todo lo saben ya. No es el lector quien necesita del escri 1h•I �scritor) interviene el factor pecuniario (pago o esti-
tor como el enfermo del médico, ¡sino el escritor qukn 1 11 n d io, etc.), es preciso que quien mantiene dicha exis­
tiene necesidad del lector! En resumen, el escritor es un lt 1 11.: ia espiri tua l sostenga y asuma la gestión del propio
pobre diablo sumido en la miseria que se dedica enton· • lado pecurúario, no como un medio para procurarse
ces a escribir como si se sometiera a un examen para ser 111.1 ores ganancias, sino para que la situación conserve,
juzgado por los omniscientes lectores. El escritor que no 1 IK'Sar de todo, un carácter más pudoroso. Si el asunto
gana el dinero a montones no es tal. Por esto no son con• 1• ·onvierte en oficio ajeno, pronto acabará en la impu-

siderados como escritores los que insertan anuncios CO• .1 lt'ia. No faltan los ejemplos de impudicia con respecto
merciales en los periódicos ... , ¡pues ellos son los que pa· 1 l os editores; en este caso, su pretensión de considerar
gan! 1 1 1 reservas el fruto d el espíritu como una mercadería . A
1 1 vez, el público tiene en sus manos al editor por medio
«Y les dará mozos por príncipes » , dice uno de los pro­ .lt 1 <linero, y el editor, en razón del negocio, conserva al
fetas del Antiguo Testamento (Is. 3, 4), anunciando el 111fnr en su poder; con frecuencia ocurre así que el escri
-

castigo más duro ·para el. desobediente Israel. Muy apro• 1. 11 (q ue debería poseer, en materia de dinero, la casti­
piado para nuestra época, en que los muchachos escri• d11d y la celosa modestia de una jovencita virtuosa) está
ben en periódicos, etc. También Sócrates lo dice en 111 1 11¡ 1 igado a sonrojarse ante la ofensa, pero carece de re-
República de Platón: al final los padres temerán a loll 1 1 1 1 sos para hacerse valer.
hijos y, por temor a el los, deberán hacer bulla y divertir Su pongamos que se adopte la siguiente costumbre: un
los, sometidos por completo a los hijos. p 1•.tor emplea a un gerente para la administración del
. l l 1 1L·ro, diezmos y ofrendas; no hay nada que objetar,
Un ironista que cuenta con la mayoría es eo ipso un l'"''"' el gerente está a] servicio del pastor. Pero suponga-
ironista mediocre. Pues contar con l a «mayoría» es la 11111.., que el primero goce de una situación independ ien-
aspiración de lo « inmediato».3 La ironía es sospechosa 1 . , que compre al segundo los derechos de los ingresos
tanto para la izquierda como para l a derecha. Por lo tan• 1 1 1•. 1 1 1ral es y los utilice con fines especulativos. Por inte­
to, un irónico de verdad nunca arrastra a la mayoría; l'I , , .. 1 1 1onetario deseará entonces que el pastor se manten­
bufón, sí. ' 1 l'll buenos términos con sus feligreses. ¿Cuál será la
• • 1 1..,l:cuencia? Los sábados por las noches el pastor irá a
Ninguna escuela de la contrición promueve a l a etcr· 1111J..,Lrar sus disertaciones al gerente y tal vez éste le
nidad. 1 1,., 1 :«Si Vuestra Reverencia habla así, ni los perros
�' a la iglesia y, ¡demonios!, eso no conviene a los
1 1 d i rán
Que existan editores, es decir, hombres cuya existen· 1 1 1 l r l cses de la cuestación. De e se modo no podré liqui­
'

cia entera confirma que los l ibros son una mercancía y d l 1 1 k· una suma anual, cosa que a usted también le inte -

autor un mercader, indica una situación absolutamenl� " 11. Es preciso que halague un poco a sus feligreses, y
inmoral. Cuando en una existencia espiritual (como la n h· explicaré cómo ha de hacerlo. No es que pretenda
1l1l'r cómo se compone un sermón in forrnis, pero co­
'" 11t l
o a dedillo la época y las exigencias de los fieles.»
3. Kie1-kegaard indica con este término al hombre espontáneo q111•
no conoce la dialéctica de la vida y de los valores espirituales, cualidml l11L·11so que el pastor se sonrojaría avergonzado y que
propia del ironista y del humorista. (N. del r. i.) 1 1 1 1 : « ¿Acaso es mi misión de maestro la de halagar a
.
130 SÓREN KIERKEGAARD DIARIO fNTIMO 131

los fieles o la de reunir dinero?» El gerente replicaría ' 1 plan entero, según mis deseos. Actualmente, vista a la
entonces: « Eso que usted dice es producto de la exalta­ 1111 de la idea, mi posición dentro de la literatura es la
ción o de algo por el estilo; poco me importan tales pre­ '" · '� correcta posible, situada de tal manera que ser es-
tensiones: cada uno atiende a su oficio y el mío consiste 1 1 1or se convierte en una proeza. Ha sido la más feliz de
en mantener a Vuestra Reverencia a la altura de las cir­ 1 ,., ocurrencias que, en el preciso momento en que esta­
cunstancias.» l 1.1 ,, punto de dar fin a mi actividad como escritor y que
Tal sería el caso del pastor y de su gerente. ¡Es inde­ '"t 1 1 1 1 iendo todos los seudónimos corría el riesgo de con­
cente que el dinero tirano meta la nariz en los sermones \1 1 1 irme en una especie de autoridad, haya sobrevenido
y que éstos hayan de ser juzgados tomando el lucro por 1 1 querella con El Corsario, impidiéndome todo acerca-
medida! Nuestro gerente carece de los apoyos de un edi­ 1111l·nto directo.
tor, cuya filosofía del dinero halla un sostén en todos los l\lk preocupan especialmente dos cosas: 1 ) que intelec-
asalariados de la imprenta. 1 1 1.il mcnte, en el sentido griego, permanezco fiel a mi
Pero el pudor es indispensable para todo verdadero lill·a, cueste lo que cueste; 2) que, en el aspecto religioso,
estado espiritual. ¿De qué podrá servir al público el que • 110 me causa u n efecto altamente ennoblecedor. Ruego
sienta tal vez un autor, si debe abrirse paso a través del 1 Dios por esto último. Siempre he estado solo y ahora
ambiente del descaro: dinero, dinero, dinero -exigen­ I • 11dré de nuevo, verdaderamente, la oportunidad de
-··-
cias de la época- , dinero, dinero? • 11 rcitarme. Mi solitario secreto no me da pesares, sino
Con la mayoría de los filósofos sistemáticos y sus siste­ l 1 1 1plcmente la convicción de que poseo la fuerza nece-
mas ocurre lo mismo que con aquel que, después de 1 1 ia para transformar el elemento hostil en útil para m i
construirse un castillo, habita en un pajar. Ellos no vi­ 111 opósito, sin que eso se adivine. Por cierto que una vida
ven dentro de sus enormes edificios sistemáticos. En d 1 111cjante conforta, pero ¡qué tremendamente difícil es!
campo del espíritu, esto constituye una objeción capital. , IJ11é aspecto doloroso de la vida humana se nos ahorra?
Las ideas de un hombre deben ser su propia morada; de! l 1 1ste resulta comprobar que lo que con el tiempo será
lo contrario, peor para ellas. 111ut 1vo de admiración deba er siempre mal interpreta­
il11 por los contemporáneos! Pero la religiosidad es, una
1 / rnás, el elemento salvador; en ella encontramos la
1NFORME 4 111 1putía hacia todos, no la simpatía que consiste en
' 11.11 l a r con los amigos del partido y con los propios se-
9 de marzo de 1846 1 1 1,1('CS, sino la simpatía infinita hacia todo el mundo:
f1 11 :-. ilencio!
El Tratado a.científico conclusivo ha aparecido; los seu­ 1\sí están las cosas; cuando haya muerto, algún día
dónimos han sido asumidos; un día de éstos se empezará 1h1 irán los ojos y admirarán aquello que he querido. Y
la impresión de La repetición. Todo está en orden . Debo .1 mismo tiempo se comportarán de una manera seme-
solamente guardar la calma y estar callado, confiando 1 11111..· con algún contemporáneo, que tal vez sea el único
en que El Corsario apoye ciertamente de modo negativo 1111· me comprenda. ¡ Dios mío! Si no existiera algo más
1 1 1 1 1 1110 para el hombre, algo que le permita olvidar todo
4. Del extenso informe de Kierkegaard a propósito de su polémint ' 111, olvidarlo por completo en su unión contigo, ¿quién
con El Corsario se han extraído estos párrafos. (N. de la t.) p11d1 ía soportado?
132 SÓREN KIERKEGAARD DIARIO ÍNTIMO 133

Pero mi actividad como escritor ha concluido ahora, � 1 1 1 raté indirectamente de apoyarlo en forma negativa;
gracias a Dios. Me ha sido concedido (doy gracias de ello p111 mi parte puedo elogiar su seguridad para hallar la
al Señor) como segundo don, luego de haber publicado p111pia posición. Creo que ha obtenido lo que deseaba.
O lo uno o lo otro, el poder ponerle fin por mí mismo, el 1 .pl·raba que eligiera el camino del honor para hacerse
comprender que había llegado el momento de concluir. 1 1 1 1 11ombre; hoy me apena sinceramente que, como cdi-
¡Ni siquiera esto verán los hombres, pues a ellos no les 1111 del Corsario, persista en el camino del deshonor. Mi
parecerá así, aunque dos palabras mías bastarían para d1 'l'O fue salvar, en lo posible, a un hombre que estaba
demostrarles la vc1·dad del caso con hechos evidentes! il111.1do aún de buenas condiciones, de que se convirtiera
Demasiado bien lo sé, y lo acato como sucedido dentro 1 1 1 instrumento de la plebe; pero, a la verdad, no fue mi

del orden de las cosas. Me ha dolido bastante. Hubiera d1 °'l'O er vergonzosamente pagado con verme inmorta­
querido proclamar a gritos mi descubrimiento, pero dc­ l11.1do en un periódico en virtud del deshonor que no de-
jémoslo todo como está. 111•1 ía existir y con el que sólo yo puedo desear ser inju­
Sólo deseo vencerme a mí mismo y lograr convertirme ' .ido. Para mi existencia como escritor, «Conviene» la
en un pastor. En la campaña, en medio de una tranquila 11lj11ria; yo mismo la he deseado y buscado apenas me
actividad, ocupando mis horas l ibres en escribir cosas inil ié como escritor; porque cuando escribí Frater Taci-
de poca importancia, quiero respirar con más suavidad, 1111 1111<;, Johannes Climacus 6 ya había sido entregado a la
aunque la vida actual también me da ciertas satisfaccio­ 1111prcnta poco días antes. Con este paso esperaba, a la
nes. \ 1 1, a udar a lo demás, pero ellos no lo quieren así; y
Pero nada de escribir; ni una sola palabra me está per­ tl1ora continúo buscando que se me insulte, porque con-
mitida; no me atrevo. El lector me reconocería al menor 11·11c a mi plan y para acar alguna utilidad del hecho
signo y esto originaría confusión. En estos últimos tiem­ 1lt que exista un periódico semejante.
pos se me han ocurrido diversas cosas que no están mal,
pero las destinaré a otras circunstancias. Lo último que Ml' interesaba exponer las diversas etapas de la exis-
había proyectado sería algo as(: 11 11cia, a ser posible, en una sola obra; así considero toda
1111 producción seudónima. Para tal fin importaba man­
'' 1u:rlas todas en un plano de inalterable igualdad; por
CLARO Y EXPEDITIVO , wmplo, que la religiosidad no se manifcslase solamente
1 11.indo el estilo, debido a mi avanzada edad, hubiese
Para mí, un editor es responsable, desde el punto de vis­ 1w1 dido algo de la exuberancia imaginativa propia de la
ta literario, de que no existan escritores. Es editor del , ,,l�I ica. No quiero decir con esto que la religio idad de-
Corsario el señor estudiante Goldschmidt; mente despl'· 11.1 poseer esa exuberancia, sino que el escritor debe ser
jada, carente de ideas y de cultura, desprovisto de unu 1 ,1paz de producirla y, de este modo, demostrar eviden-
concepción de la vida y de dominio de sí mismo, pero no 11·11icnte que falta en la obra por una razón accidental, o
sin cierto talento y con una fuerza estética de desespera· ,,.,,, porque eJ escritor no es ya muy joven.
do. En determinado momento crítico se dirigió a mf 5 y
" Respectivamente los cudónimo� de ¿Culpable o 110 culpable?
S. El mismo Goldschmidt confirma el hecho en su auLObiograffa Liw ( t l'i ) y de Artículos para los lectores de «Etapas e11 el camino de la vida»,
rin drigerog Resultater (Rccuerdos y resultados de una vida). (N. del l. i.) \ .i. 1 Tratado aciewí{ico co11c/11sivo (1846). (N. del t. i.)
134 SÓREN KJERKE.GAARD DIARTO INTIMO 135

¿Creen acaso que cuando escribo lo hago al correr de l l H l , comparada con mi fntimo afán , todo esto se ha ma­
la pluma? ¡Pobres! Estoy persuadido de que no existe logrado ahora. La plebe, los aprendices, los matarifes,
ningún escritor danés que cuide tanto la elección de la los colegiales, toda esa calaña de gentes han sido azuza­
más insignificante palabra. Redacto dos veces todo lo das en m i contra. No quiero exhibirme ante u n público
que escribo, y ciertos pasajes hasta tres o cuatro; luego tk: tal estofa; nada tengo que ver con ellos, carecen de la
-cosa que generalmente no se tiene en cuenta- están preparación necesaria para poner de relieve mi ironía y
también mis meditaciones durante mis paseos; digo mis para encuadrarla dentro de un significado ideal. Sobre
pensamientos en voz alta, repetidas veces, antes de es­ lodo, yo me dirigía a los hombres cuya cultura les per-

cribirlos. ¡Y a esto lo llaman escri bir al correr de la plu­ 1 1 i i t icra comprender y medir, de cualquier modo que

ma! ¿Y por qué? Por la razón de que nada saben, porque hiera, mi profundidad; mi ironía esperaba satisfacerse

son escritores durante unas horas, como máximo, cuan­ 111 ver cuán ventajosamente m e juzgaban. Pero la clase
do se encierran en sus aposentos para escribir, y el resto uhsolutamente inculta, Jos colegiales, los matarifes, toda
del día no se ocupan de sus propias ideas. Los escritores 1 • gente de esa ralea no tiene ningún tipo de prepara-
de esta talla, cuando regresan a sus casas, necesitan 1 1 1 1 1 1 , son u n terreno refractario donde la ironía no pene­
tiempo para ponerse a trabajar, en tanto que yo vuelvo a l rn . Da pena, en verdad, ver que se imprimen diarios

mi hogar con el páITafo ya listo en mi mente, basta el p:1ra colegiales y que desde su más tierna edad éstos se
extremo de que puedo recitarlo de memoria en forma \1·1 1 impulsados a la confusión del equívoco. Quiero refe-

estilizada. Cuando la gente lee un par de páginas mías se 1 1 nne, de paso, a una simple escena que es bastante ca-
admira de mi estilo. Pero ¿cómo podría ser posible un 1 .1rl crística: m i encuentro con Bradt, el teniente y asis-

libraco así? Ergo: ¡debe haber sido escrito al correr de la 11·111c de húsares. Iba acompañado por su hijo. El padre

pluma! ¡Ah, no, queridos míos! Es preciso querer algo, 111r saludó con su habitual y exagerada cortesía; se hizo

desearlo por encima de todo sacrificio y de todo esfuer­ • u n lado para cederme el paso. S i el niño no hubiera
zo, y entonces será posible. 11hido quién era yo, debía de haber tenido la impresión
En cierto sentido la existencia debería asquearmc, .11 que se trataba de alguna persona extraordinaria;
pues yo, que sólo amo un pensamiento (¡Dios mío!, ¿qu� pt•1·0 el chiquillo me conocía muy bien: ¡leía el Corsario! 7
no podrá ser un hombre si de veras lo desea?), realizo un En lo que a «ella» se refiere, no puedo decidirme a
epigrama a propósito d·e los hombres; puesto que el jui­ 11101ar nada. Desconfío del papel, pues temo que caiga
cio que de mí se forman y el hecho de que no alcancen a 1 1 1 1 1 1 anos indiscretas y que «la» pueda confundir, ahora

comprender mi coherencia es una triste prueba que de­ • P it· todo, por lo menos hasta cierto punto, marcha muy
muestra las categorías y la mediocridad de sus vidas. 1111·11. Espero que Dios se acuerde de todo y que lo haga
1 1 1 ordar, aun a mí mismo; desde aquella mañana no ha
Para mi alma y m i observación irónica era, sin embar· p11-.ado día en que yo no meditara sobre el particular, a

go, una satisfacción este vagabundear por las calles anó· 111d.1s horas. La última súplica que me dirigió fue que
nimamente, mientras las ideas hervían en mi interior;
que me confundieran con un holgazán a mí, el más tenai
El pequeño Bradt. sin embargo. declaró, siendo ya hombre, a
entre los hombre jóvenes para el trabajo; que me consi 1 " 111 !\l' Brandes que nunca había leído el Corsario en su juventud y que,
deraran frívolo y desprovisto de seriedad en tanto que la 11 • .1mbio, sentía una viva admiración hacia el escritor que su padre
seriedad de los otros bien podía ser juzgada como bro 1 111 1 101 a blemente honraba. (N. del t. i.)
136 SóREN KIERKEGAARD DIARIO INTIMO 137

« l a » recordara de vez en cuando; por cierto que no era "" vidas y las ajenas, todos ellos hallarán en mf al hom-
necesario que me lo suplicara. A su peligrosa pregunta 111 i: hecho a la medida para sus propósitos. Tomad al
de si no pensaba en casarme alguna vez, contesté con I'' qucño Goldschmidt: se le ha puesto en la cabeza que
una ingeniosa salida. Era una situación tremenda y hu­ 1• d llamado por Dios para convertirse en el azote de

biera debido ofrecerle algún pequeño consuelo. Dios sa­ 1111wtros, los pobres diablos; helo aquí en la alternativa
be que de buena gana lo habría hecho. Dios sabe cuánto d1 vituperar lo mismo que antes inmortalizara.8 Lo ha
anhelaba mitigar la situación. Pero fue bueno que mi 1,,. ho. No había en él nada verdadero; sólo había hipo-
coherencia venciera. Le respondí: «Sí, dentro de unos 1 • t·..,ía en su ira divina, porque de lo contrario habría

diez años, cuando me haya curado de caprichos, elegiré p1 1111anecido fiel a la verdad y perseguido la maldad y
a una jovencita para rejuvenecerme.» Fue una crueldad, 1 11 1 .ti mismo a quien admira, en caso de que éste se nie­
lo confieso, pero resultó terriblemente duro tener que '111.· a admirarlo.
hacerlo. Si no hubiera procedido de esta manera, ¿acaso
ella se habría comprometido con otro? Seguro que no. Si M i existencia era la expresión de un principio griego y
le hubiera manifestado solemnemente el verdadero pro­ d111ra se ha echado a perder. ¿Qué es lo que la ha echado
pósito de mi corazón: «¡No tomaré a nadie por mujer ' Pl'1·der? ¡El abuso de la prensa! Su destino es destruir
excepto a ti!», ella se hubiera atenido a mis palabras. 1 ' personalidad; por medio de el.la un insignificante
Ante una propuesta de boda habría permanecido indeci­ 111 ll.1co puede escribir desde la sombra saciando la
sa; y, en caso de acceder, lo habría hecho con el alma 111 1osidad de millares de lectores. Ante ella debe ren-
dividida; en cambio, ahora se ha comprometido en ma­ 11 "'e cualquier conducta, cualquier poder personal. Me
trimonio con toda su alma, porque yo le he dado el im­ 111h·1 esaría sumamente poder discutir este tema con
pulso. ..,, 1 ates.
La idea que he expresado existiendo, a fin de apoyar la
productividad de los seudónimos, era la mi ma produc­ Mi-; contemporáneos no comprenden en absoluto mi
tividad elevada a su extrema coherencia. Si con esta u 1 1 \ 1dad como escritor: que O lo uno o lo otro, se di vida
enorme productividad hubiera vivido apartado y oculto, 11 t uatro partes o quizá en seis, y que cada una de ellas
mostrándome rara vez y con el ceño fruncido que se atri­ • publique por separado, por consiguiente, en seis años,
buye a un pensador, a un avinagrado profesor, ¡por to­ • 1 1 1 pase. Pero que cada tratado de O lo uno o lo olro sea
dos los demonios que entonces cualquier criadita chis­ 1 1 1 1 1 1 parte de un todo, eso es cosa de enloquecer, al decir

mosa y cualquier estudiantillo habrían notado que era 1111 11ucstros filisteos.
yo un hombre profundo! Hubiera significado una enor­
me incoherencia con respecto a mi producción; pero No obstante, sería posible que yo - a pesar de mi pe-
¿qué les importa a los necios la coherencia? ¿Cuántos 111
1 m'1. frente a Dios, sumido en la humillación personal
sabios existen en cada generación?
Si me viera obligado a decir mi última palabra (sé qm· 11 1 u1:go de la publicación de O lo uno o lo otro, Goldschmidt ensal­
' 1 V1l t1.w Eremita y hasta le propuso un convenio literario que Eremi-
me asiste la verdad) sería ésta: todo aque.I que «de veras
1 , ,., lt:i1.ó. fiel a su nombre, a pesar de la secreta aspiración de Kier-
desee» algo hallará en mí a un admirador y, si fuera m�­ 1 1 1 d por ser admitido en el ..CírcuJo distinguido.. de Heiberg,
nester, una ayuda. Pero esta masa de imbéciles, esta ba l1t1 11 11 del Teatro Real y árbitro, entonces, de las letras en Dinamarca.
1.1 1 t.)

bel de hombres y mujeres que sólo piensan en estropear


138 SÓREN KJERKEGAARD DIARIO INTIMO 139

que mis pecados personales provocan- fuese para mi l111..1mente contrario a revelar a lo demás mis secretos
pueblo un «don de Dios». ¡ Dios sabe lo mal que me han 1 11 '""onales, considero como deber de un hombre no de-
tratado! Él sabe que me han maltratado como hacen los 1 1 1 de lado esa instancia que es la consulta con otro hom-
niños con sus preciosos regalos. 1111.:; con tal de que no se trate de una confidencia de
l1111n bre frívolo, sino de una comunicación seria y oficial.
Es así como he comprendido mi actividad como escritor: 1'111 lo tanto, pregunté a mi médico si creía que esa des­
Soy, en el más profundo de los sentidos, una indivi­ pioporción de mi naturaleza, entre cuerpo y psique, po­
dualidad infeliz. Desde los primeros años he permaneci­ dr.1 'icr superada hasta el extremo de permitirme reali­
do enclavado en una forma de sufrimiento que lindaba 'I 11 aquello que constituye el deber ético «gcnera l »9 de
con la locura, la cual debe de tener su más profunda ra­ 111" hombres. Lo puso en duda. Le pregunté entonces si
zón en la desproporción entre mi alma y mi cuerpo; por­ 1 1• 11-;aba que el espíritu estuviese capacitado para con-
que (y esto es lo más extraño y a la vez mi infinito con­ 1111 111ar o reformar, a fuerza de voluntad, esa despropor­
suelo), éste no guarda relación con m i espíritu, y así, ' 11111 fundamental; volvió a dudar; ni siquiera quiso
debido tal vez a la tensión entre cuerpo y alma, se produ­ 11 u11scj arme que pusiera mi voluntad, cuya fuerza cono-
ce una elasticidad que rara vez se encuentra. ' ' perfect amente, pues de tal modo podría echarlo todo
Un anciano, ext raord inariamente melancólico tam­ 1 pl'rder.
bién él (no quiero describir la manera), tiene un hijo que l k de ese momento hice mi elección. Aquella dolorosa
recibe como herencia toda esa melancolía, pero que pe. 1 h "l wopo1·ción y sus sufrimientos (que indudablernente
see al mismo tiempo una elasticidad de espíritu que le li 1 h1 ían impulsado al suicidio a la mayoría de los que
permite ocultarla. Precisamente porque su espíritu, en pt1'>1.:veran espíritu suficiente para comprender la mise-
un sentido eminente y esencial, es sano, su melancolía 1 1,1 del tormento) yo la he considerado como «mi aguijón
no puede tener poder alguno sobre él; por otra parte, el 1 11 la carne», mi límite, mi cruz. Pensé que tal vez éste
espíritu es incapaz de eliminar dicha melancolía. A lo , 1 , el precio que Dios me había cobrado por mi fuerza
d1• espíritu, sin par entre mis contemporáneos. Esto me
,

sumo logra hacerla soportable.


Una joven (que con juvenil audacia deja entrever una , 111 1rgullecc, «pues estoy destruido» ; mi deseo se ha con-
enorme fuerza y me permite suponer un camino de sali­ ' 1 1 ido para mí en amargo dolor y en cotidiana humilla-
da para aquello que había comenzado por un equívoco ' 11111.
doloroso, el camino de salida, l a ruptura del noviazgo; a nada simi-
'-1111 atreverme a apelar a revelaciones ni
puesto que al principio ella me hizo sospechar váyase a l 1 1 , me he comprendido a mí mismo e n mi misión de
saber cuáles fuerzas, como si no le importara, en efecto), q1 1t·rcr acentuar, de valorizar, en una época echada a
en el momento más solemne, arroja sobre mi conciencia 1 11 1dcr y desmoralizada, lo «general», de volverlo ama­
un homicidio, y un padre afligido repite solemnementl' lil1·y accesible para todos los que fueran capaces de rea­
la certidumbre de que aquello seria la muerte para Ju ll1.1rlo, pero que al mismo tiempo hayan sido desviados
muchacha. No me interesa que tales palabras fueran ¡irn la persecución de lo singular, de lo extraord i n a rio.
pura charlatanería.

•1 Alusión al matrimonio, a hacerse pastor, a buscar un cm p leo o a


Desde ese momento dedico mi vida, con todas mis
energías, bien pobres por cierto, al servicio de una idea. 11 ilq11icra otra situación accesible para la mayorfa de los hombr• y que
Aunque ajeno a las confidencias, aun cuando sea abso- 11 1 tan al individuo dentro de la sociedad. (N. del t. i.)
140 SóREN KJERKEGAARD DIARIO INTIMO 141

Semejante a aquel que, en lo que a él respecta, se hace 1 ,, cosas más estupeúdas, con tal de que me sintiera se-
desdichado y que, en caso de sentir amor por los hom­ 1 1 1 o de llevarlas a cabo. Mi miseria reside en este segun­
bres, decide precisamente ayudar a los demás a fin de ,¡., l'SLado de cosas, en la primera convicción mi sentido
que puedan ser felices; así he comprendido también yo .11 l uerza casi sobrenatural. La mayoría de los hombres
mi tarea. , h3llan en una situación inversa: temen la oposición
Pero, en tanto que mi tarea representaba para mí una 1 ll·rior e ignoran la tremenda tortura de la resistencia

piadosa búsqueda de una obra de bien cualquiera, hu­ t11 1t·rior. Yo, en cambio, no siento temor a ninguna resis-
mildemente llevada a cabo, como expiación de mis pe­ 1 1 11lia exterior; pero hay en mí una resistencia interior
cados, he procurado en particular que mi aspiración no l 11ando Dios quiere hacerme sentir ese aguijón- y

estuviera puesta a l servicio de la vanidad, he procurado 1 .11· e mi sufrimiento.


sobre todo que no sirviera a la idea y a la verdad de
modo tal que me reportara ventajas temporales y ten-cnas. Parece mi destino ser incomprendido en los momentos
Por ello tengo la certidumbre de haber actuado con ver­ 1h•1 1sivos de mi vida. Nadie imaginaría cuál ha �ido para
dadera resignación. E n medio de mi labor he creído sin 1 1 1 1 e l verdadero punto determinante. En cierto sentido
cesar también que interpretaba cada vez mejor la volun­ lmv una tortura en la incomprensión total, cuando se
tad de Dios, hasta soportar el tormento que él me ha im­ 111 va a cabo una vida de esfuerzos como la mía.
puesto, y así cumplo con una obra extraordinaria. Cuando rompí con «ella», ¿cuál fue la causa? Apuesto
Mi mérito li terario será siempre el de haber expuesto 1 que nadie podría sospecharla.
las categorías decisivas del ámbito existencial con una �1 ahora dejo de escribir, todos pretenderán saber de
agudeza dialéctica y una originalidad que no se encuen­ .dio a rabo la razón: ¡ porque me he asustado y porque
tran en ninguna obra literaria, por lo menos que yo sepa; 1111 podía seguir soportando esos chismes! No, queridos
tampoco me he inspirado en obras ajenas. Además están ullo!), se trata de otra cosa. Antes de que la algazara co-
el arte de mi exposición, su forma, la ejecución lógica; 1111•11zase, decidí darle fin con el Tratado conclusivo (eran
pero pasará tiempo antes de que alguien goce de la tran­ 1111 1l'has las razones que me movían a ello, incluso algu-
quilidad necesaria para leer y estudiar como es debido. 11 '" de carácter económico), quise tener la satisfacción
En este sentido, mi productividad será, quién sabe hast<a ,¡, ser un escritor que podía trabajar enormemente y
cuándo, despreciada, como el plato delicado que se sirvt.• l 1 1l·go detenerse de pronto, sin haber cambiado con na-
a los campesinos. 1lh· unas pocas palabras acerca de mis propósitos. Luego
Si pudiese describir más ampliamente la íntima com­ , 1 1 1 pcz6 la algarabía y comprendí, al vuelo, que iban a
prensión de mi vida por esta obra extraordinaria, surgi­ 11 l : icionarla con mi previa disposición. Es verdad que
ría un volumen infolio que sólo muy pocos poseerían la 10 me mortificó. Si me atreviese a actuar según mi ca-
fuerza y la capacidad de comprender. Pero no tengo 1 1 1 who, continuaría escribiendo impertérrito durante al-
tiempo suficiente para una labor semejante. 111 1 1 1 1 iempo. Pero precisamente porque asf están las co­
La verdad es que mantengo mi fuerza como Flaqueza y
0
'" · 1 1 0 me atrevo a abandonar mi resolución, de lo
debilidad. No se me ocurriría jamás, por ejemplo, qu l' ' 1 1 1 1 1 rado sería un cobarde. ¿Habrá acaso un solo hom­
una joven no me quisiera, con tal de que me sintiera se lot• que lo comprenda aparte de mf mismo?
guro de poder, en conciencia, atreverme a cualquier cosa 1 < uán doloroso es, no obstante, tener que enfrentarse
para conquistarla; ni podría pensar que no soy capaz tk 1 1 1 1 l'Sta gentuza (quienes, por lo demás, pueden tam-
142 SÓREN KIERKEGAARD DIARIO fNTIMO 143

bién ser personas honestas y amables, siempre que no so L'll,ildad; también hay melancolía en la voz del que ha­
propongan lanzar sentencias acerca de los pensamientos lil,1.» Sí, es cierto que hay melancolía y así debe ser; por­
o de un pensador), incapaces de formular un par de qt 1l' un discw·so sobre la vida del hombre en este mundo
ideas y hábiles solamente para concebir bajezas y mi· q111.· 110 tenga una vena de melancolía, resulta afónico y
serias! d1·..,1.· 11tonado. Sí, es cierto que hay melancolía, porque
1.1111bién quien así habla ha soñado su leyenda de juven-
1 1 1d. esa vieja historia que todos conocen, la que se cuen­
ANOTACIONES DE BERLlN ''' J los niños durante las veladas: (( y allí, en el fondo del
tu ,-.que, divisó un viejo castillo donde vivía una prince-
5-12 de mayo de 1846 " ... Y por cierto que así no encontró el mundo, pero
1.1mpoco encontró la igualdad en la leyenda.
La «Providencia» no es más comprensible que la «Re­
dención». Sólo es posible creer en ambas. · i observas cómo se habla de la muerte en nuestra
Providencia y Redención son categorías de la desespe­ 1 poca, notarás un gran cambio en comparación con épo-
ración. 1 .. .., pasadas, y en cualquier parte oirás que una muerte

Es decir, que yo habría debido desesperar si no hubie­ ll'pcntina es Ltna cosa deseable. ¿Qué significa eso? Sig-
ra podido, mejor aún, si no hubiera debido creer. De mo­ 11il ica que queremos liberarnos de la idea de la muerte,
do, pues, que no son ellas lo que hace desesperar, sino lo 111 rojándola, en lo posible, fuera de la vida. Se desea vi­
que aleja la desesperación. \ 1r como si la muerte no existiera; y cuando deba llegar,
que se presente en forma rápida y repentina, como si no
Líbrame de convertirme en un necio que no acepta Tu r..,luviera allí. ¡ Extraña prudencia del vivir humano!
corrección, en un necio que se muestra recalcitrantt.• 1 ómo sabes tú engañar astutamente a la muerte
-y qué
ante Tu corrección, en un necio que se niega a aceptarla t remendo es que no sepas engañarte a ti mismo-, por­
como una bendición, en un obstinado que la convertirá que la eternidad no es ni rápida ni repentina! En las an-
en su perdición. 1 iguas oraciones de la iglesia -que por otra parte toda­
\ ía son de pre cepto- el feligrés, cuando pedía a Dios
Por el hecho de que Dios dé a uno muchas alegrías en que lo preservara de todo mal, le suplicaba también que
la vida y lo enmudezca y a otro le niegue muchas ale­ lo librara de una muerte imprevista. A quien debe em­
grías y lo vuelva elocuente, ¿no hay acaso igualdad? Ved prender un largo camino más le vale escapar a una
a uno a quien Dios hace grande en el mundo y envidiado, muerte repentina . Claro que para aquel que concluye en
y a otro humilde y bendito; ¿no hay acaso igualdad? un momento, quizá represente, a veces, un bien cerrar
Dios concede a uno la mujer amada, pero ésta perturba los ojos y dar el salto. Pero a quien le corresponde la
su idea; a otro le niega el amor, y en cambio le deja la iniciación de lo más largo. de la eternidad, para éste la
idea; ¿no hay acaso igualdad? A uno, Dios le concedt' astucia del salto no es sólo locura, sino el más tremendo
honores en el mundo y ese hombre se los apropia; a otro l'ngaño que se hace a sí mismo.
lo hace despreciado por el mundo y éste, el despreciado,
rinde honores a Dios; ¿no hay acaso igualdad? Alguien
dirá tal vez: «No es verdad esto que dices acerca de la
DIARIO ÍNTIMO 145

1 ,
, i ngenuidad estriba precisamente (y en cierto sentido
1 ,10 es lo bueno) en la incapacidad de concebir una du­
p l 1 t idad dialéctica. Del eminente, los ingenuos piensan:
• h. eminente; nadie, pues, debe hablar mal de 61.» ¡Si
11110 es un filósofo eminente, nadie debe escarnecerlo!
7 DE SEPTIEMBRE DE 1 846 - 24 DE ENERO DE 1 847 1'1 , o como los ingenuos no están capacitados para juz-
1,,, quién es un filósofo eminente, cuando alguien escri-
11 ...obre él de aquel modo, se inclinan a pensar en con­
7 de setiembre de 1846
' 111-;ión: « ¡ Ése no es un gran filósofo!»
La baje:ta de la abyección literaria se logra cuando es-
INFORME. RESULTADO
1 1 1 tores que podían alcanzar cierta fama aun en puestos
1 , undarios, con el fin de vengarse, de causar daño, de
1 l t l'.tr confusión y de ensuciar, soliviantan a la plebe.

Lo trivial de la abyección literaria, tal como sucede en­


tre nosotros, no consiste tanto en lo que se escribe 2
como en « para quién» se escribe. Si uno pudiera estar
l la sido una justa ironía de mi parte, vagabundear por
seguro de que un periodicucho como El Corsario sólo se­
ría leído por los más inteligentes entre los lectores dane­ 111-. c.:alles y callejones en tanto me disponía a escribir
ses, no habría daño alguno. Y aun para poder ironizar """ obras con seudónimos. La ironía consistía precisa-
sobre el hombre eminente es preciso que quien lo haga 1111·11tc en el hecho de que, a pesar de pertenecer a otra
esté, al mismo tiempo y sobre todo, formado intelectual­ , kra en mi calidad de escritor, paseara por las calles y
mente, a fin de que sea capaz de apreciar y tenga ese 11111 el mercado. Era una ironía contra los personajes de
poco de empuje necesario para poder entusiasmar; sólo 1 , '-''travagancia y de la intelectualidad hegeliana, tal
así se convierte en ironía la burla acerca de un caso par­ � 11.d se comporta o se comportaba entre nosotros. Pero
ticular, sobre la figura de un escritor, etc. Pero cuando 1p�·11as la otra parte, la abyección literaria, intenta hacer
algo por el estilo está escrito para la clase ínfima, para , , n·r que en verdad tengo por domicilio la calle, la iro-
mozos, muchachos, domésticos y mujeres chismosas, 11111 ,e desvanece al instante y yo abandono la calle. Si
entonces, eo ipso, es brutalidad y rebelión de esclavos. p111 lo menos Goldschmidt lo hubiera comprendido y
Los hombres de esta calaña están a mil millas de distan­ lt11hicra encontrado la burla por sí solo, ya sería algo.
cia de poder juzgar y comprender el hecho. Para ellos la 1'1 , o debí invitarlo yo mismo, y así lo hice en cuanto
existencia de un escritor es como la de un hombre cual­ l111 lK· terminado de escribir. Si P. L. Moeller hubiera pu­
quiera, una existencia puramente animal, y su admira­ l•ltt ado su artículo un mes antes, no le habría dado res­
ción nace de considerar si es fuerte, si puede asestar un p11e'\l a alguna. En aquel momento no habría hecho otra
buen puñetazo, etcétera. , ""· \ que ignorar la situación, ni tampoco hubiera podi-
Será igualmente brutalidad que algo similar se escri­ 1111, en los tiempos en que debía mantenerme esencial-
ba para aquella clase social, respetable y decente, pero 1111 11le productivo, exponerme a las molestias que tal vez
demasiado ingenua y desprovi la de verdadera cultura. 11 1hrían derivado de aquella barahúnda.
146 SÓREN KIERKEGAARD DIARJO INTIMO 147

l ido por sus contemporáneos; luego su verdadero admi-


1 .idor es despreciado por los suyos, por esa segunda ge­
3 m·ración, la que a su vez admira al difunto eminente.
(. . . . . . . . ) 11\twidus vult decipi! 1 Y el mundo siempre será ridículo,
.obre todo cuando admira. Porque para poder admirar a
4 11lguien, debe primero éste ser quitado de en medio y
.olo después se le admirará, despreciando al mismo
¿De qué proviene, pues, el disgusto
que me ha ocasiona­ 1 11.:mpo a aquel que «en verdad» admire las más egregias
do esta cuestión? Naturalmente,
no de «lo» que se ha 1 1 1alidades del difunto.
comentado (yo mismo he dicho
a menudo cosas así refi­
rié�dome a mí y en tono de bur
quienes» se ha comentado, de

la), sino de aquell s «a
que me hayan arrojado a UEL «LIBRO DE ADLER»2
los pies a la plebe, con la que nad
a en común puedo te­
ner. . . Con dependientes judíos,
con mercaderes con mu­ I•,, increíble la confusión producida por la filosofía hege­
jeres de vida alegre, con colegial
i
es y con carn ceros no l 1!1 na en la vida privada; triste consecuencia del hecho
puedo reír de veras de Jas mismas
cosas que puedo per
tamente festejar en compañía, · fec­ , k que un filósofo se dé aires de héroe cuando en la vida
por ejemplo, de Carlos p1 ivada sólo es un filisteo y un pedante. Algo se le ha
Weiss. Cuando con él me burlo
de mis gráciles piernas es 1·, apado siempre a Hegel: qué es vivir; sólo sabe «dar»
porque ambos tenemos la misma
formación intelectual. l.1 vida (en este aspecto es maestro, y también, por cierto,
Pero si riera on la plebe de lo
. � mis mo, significaría que l.1 más estridente antítesis de un mayéutico).3
admito tener igual mentalidad
que ellos. Y precisamente Pero esta condenada manía de querer concebirlo todo
porque así están las cosas, sucede
que el únko entre noso­ 1 orno un momento se ha convertido en idea fija. El pun­
t �os a�az de tratar con espíritu
� e ironfa tales problemas l t 1 de vista de la ética, «aspirar», y el de Ja metafísica,
dialecticos se ve excluido de hac
erlo, pues una actitud •concebir como u n momento», combaten a muerte.
semejante estaría por debajo de
su dignidad; y ese único
« E l mundo quiere st:r engañado.» (N. de la t.)
ser soy yo. Me comprometo a escr
ibir un artfculo sobre mi 1.
mismo y sobre mis piernas,
más chistoso que el de 2. Adler, teólogo hegeliano que, víctima de una profunda crisis inte-
Goldschmidt; pero entonces la pleb
e no podrá entenderlo. 111w en 1843, se sobrepuso imaginándose haber recibido una revelación
itltccla de Jesucristo. Las obras que publicó l e costaron su cargo de
¡1.1 ..tor. Kierkegaard intervino en la polémica imparcialmente, escri­
El mundo será siempre igual.
Cuando un hombre es hkndo en t 847 el Libro de Adler, donde a6rma el criterio divino de la
incomprendido, escarnecido, pers H'•
eguido, vilipendiado, dad como «testimonio de la verdad». El manuscrito no fue nunca
envilecido por sus contemporáne publicado. Posiblemente Kierkegaard no quiso afrontar otra polémica
os porque ha luchado
por la verdad, la generación sigu ¡ 111blica, dolorido aún por los ataques de El Corsario. Del Libro de Adler
iente hace el descubri­
� ent� d su grandeza ... ¡y lo adm
� ira! Si en esta genera­
,. , 1 r::1jo «Dos pequeños tratados ético-religiosos», publicados en 1848.
IN de la l.)
c1on s1gu1ente hay alguien que
de veras comprenda al 3. Mayéutica: método positivo de Sócrates. Se apoya en el principio
difunto tan bien que le sea posible
imitarlo, el entusiasta dl· que la ciencia no se comunica, no pasa de un espíritu a olro, sino que
.
será a su vez perseguido, vilip , .ida cual la descubre en sí mismo a condición de que la busque metód1-
endiado, envilecido, etc.
Por consiguiente, el hombre emi ' .11ncnte. Sócrates se consideraba ducho en dirigir esta investigación
nente es primero envile- por medio de preguntas hábilmente graduadas. (N. de la t.)
DIARIO fNTIMO 149
148 SóRE.N KIERKECAARD

Todo hombre que no sea del todo irreflexivo o distraído


uno
debe escoger. Pero si elige la metafísica comete un suici­ ¿De qué sirve, en el fondo, tener mucho espíritu si
impor ta el espíritu a los
dio espiritual. posee un cuerpo débil? ¿Qué
re natu-
Soy, ciertamente, un aristócrata (y aristocrático es o hombres? La mayoría de ellos son y serán siemp
se vuelve todo aquel que a sabiendas quiere el bien, pues 1 a lezas absolutamente animales; en el fondo sólo respe­
tales personas son siempre raras); pero yo quiero salir a tan a un pobre diablo que sabe batirse, blasfe
mar y decir
la calle, andar entre los hombres, allí donde esté el peli­ vil lanías. Confunden esa forma del pudor y de la timidez
En
gro y la oposición. Me da náuseas la cobardía y la moli­ que va siempre unida al espfritu, con una ridiculez.
está
cie (de Heiberg, Martensen y el resto de la camarilla), 1 ralidad, tienen la vaga sospecha de que aquel que
estruc tura más fina; y les
una vida pasada en el distanciamiento de la superiori­ dotado de espíritu posee una
entes de su
dad, en círculos distinguidos, bajo la coraza de Ja ilusión l'' casi un motivo de gozo el volverse consci
de que la turba sólo los ve de vez en cuando y que, por lo luerza bruta frente a aquella debilidad.
tanto, imagina que son alguien. Pues el mundo se deja
engañar, y piensa así que cuando un hombre se muestra
raramente es que es alguien; no quiero engañar, no quie­ 'l de noviembre de 1846
ro valerme de ilusiones. A tal expediente no ha recurri­
do ninguno de los nobles espíritus que de veras han bus­ 1 .d vez - no digo más, pues bien sé cuán difícil resulta
de
cado el bien de l a humanidad; éstos no han llevado 1·111itir un juicio abstracto sobre sí mismo, si se ha
habría dado mejor re-
una vida retirada y muelle, apartados en círculos aristo­ 1 11zgar con justicia - , tal vez me
cráticos. 1,ul tado interrumpir mi activid ad de escritor y concen-
1 1 arme en encontrar un empico si todo hubiera ido
,
Navidad es, en realidad, Ja fiesta de los niños. Todo 1 rnno debiera ser, es decir, si hubiera sido
evidente que
ese mariposeo alrededor de las ventajas de la infancia •.ulu era mi libertad quien tomaba la decisión. En cam­
para abrazar el cristianismo, tiene su refugio en esta h10, esto no puede realizarse. Existe para mí una gran
tal
fiesta, en esa fal a emoción y sentimentalismo. Es preci­ d i ficultad en hacerme pastor: la de que, si asumiera
so tener presente que la fiesta de Navidad fue introduci­ , l·-.ponsabilidad, correría seguramente el riesgo de tro­
?ª en. el siglo vr y que los cristianos primitivos jamás la Pl'Zar, como ya sucedió una vez con mi noviazgo. Por
lo
reco­
imaginaron, pues para ellos la concepción de la vida 1k·más, vivir en el campo, por ejemp lo, en sosega do
i ánimo
culminaba con la consideración de la muerte como un l"miento, me result a penoso ahora porque m
nacimiento a la vida. , -.1;\ un poco amargado; y así, necesito
del encanto de mi

Pero, como dije en el Tratado, este sentimentalismo m I ividad literaria para olvidar las mezquinas pequeñe­
«Ortodoxo» ha falseado todo el cristianismo. ' l''> de la vida.
'ada vez veo con mayor claridad que estoy hecho de
La mutación consiste en lo siguiente: el cristianismo, 1.d manera que no logro realizar mis ideales, en tanto
en lugar de volverse consciente de su combatividad, se qt 11.· en otro sentido -humanamente hablando- sobre­
on
arrellana en la comodidad, se las compone cómodamen­ !'• ''º mi ideal. Los ideales de la mayoría de la gente
io
te con l a existencia. Así, Navidad se ha convertido en la ill· grandeza: convertirse en un ser tan extraordinar
, 111110 jamás lograrán serlo. Yo soy demas iado melan có-
«fiesta más bella».
150 SOREN K.1ERKEGAARD DIARIO INTIMO 151

la búsqueda
lico para tener ideales similares. En general, los hom­ htl·ra aplicar dos tercios de sus energías en
bres se echarian a reír al conocer estos ideales míos. 1k -.u cometido. Por esto el niño posee
tanta fuerza: por­
Muy cierto es que mi ideal fue el de casarme y llevar una tarea y él sólo tiene que obede-
qiu: el padre le impone su
perfecta vida conyugal. Y ahora que desespero de lograr­ 1 t't . En el fondo, lo que enerva a un
hombre es la dialéc-
lo, me hago escritor, tal vez escritor de categoría. Mi úl­ 111 a de la tarea.
timo ideal es el de hacerme pastor de campaña, el de
a el pensar
vivir en medio de la quietud campesina, identificándo­ Sin embargo, es algo que exalt a y edific
me con el pequeño círculo que habría de formar mi am­ 1 111111 impotentes son los contempor
áneos; ¡cuántos, en el
.
guen Y c�-
biente; pero, puesto que dudo, puede que aún realice lu11do, sólo trabajan contra sí mismos! Persi
mas
algo más grande. 1 11 ·11 de escarnio al hombre eminente; pero cuanto
perse guido es ya
Cuando el obispo Mynster me aconseja que me haga 111 hacen, más inmortal será éste. Ser
ntes puede?
pastor de campaña, evidentemente no me comprende. ""ª distinción; hombres del todo insignifica
los contempora-
Claro que lo deseo, pero nuestras premisas son del todo ,,, hacerse inmortales, con tal de que
distintas. Él supone que de un modo o de otro quiero 111·os los hayan perseguido canal lcsca ment !
e . Una répl ca
perseguido
avanzar por ese camino, que quiero, sea como sea, hacer 11 u11ica y patética sería la de un eminente
algo; y, sin embargo, la verdad e que yo deseaba justa­ 11111..· dijera a sus contemporáneos:
«Debo agradecéroslo�
mente llegar al menor grado posible; tal es la idea de mi 11 n1usa de vuestro escarnio mi nomb re se mantendra
que seáis
melancolía. Por eso mismo he experimentado satisfac­ 111mortal una generación más; por eso os ruego
ces absolu-
ción cuando me tomaban por un medio loco, pero esto h11 ·nos y me maté is; ¡mi nombre será enton
representa sólo una forma negativa de ser alguien ex­ t.11nente inmorta l ! »
traordinario. Y bien puede que así sea, en el fondo, la for­
ma de mi ex istencia, de modo que jamás alcance la bella,
tranquila y pacífica existencia de una pequeñez total. 1 11110 la dedicatoria: «Ese Ente»
Esto que he sentido siempre en mi fuero interno y por
un pastor. Si
lo cual nunca he hablado con nadie de mis verdaderos menudo me he imaginado en el lugar de
s de la igle-
asuntos, lo he vuelto a experimentar en mis conversacio­ l.1 1 u rba se agolpa para escuchar, si las nave
debe
nes con el obispo Mynster. De nada sirve, puesto que, no 1 . 1 no pueden contener al nume roso públi co, � ue
ces s1: loor Y
pudiendo ni atreviéndome a hablar de lo que tan total, 1w1 manecer afuera para escuchar, enton
esencial e íntimamente constituye mi existencia, La con­ 1.ioria a aquel que tiene el don de conm
over, e� habla r
versación se convierte, en lo que a mí respecta, casi en 1 011 entusiasmo y de
entusiasmarse con la vida de la
es� ar la ver­
un engaño. Con un hombre como Mynster lo siento de 1111111 itud, porque donde ésta se halle debe
que siempre ha
veras, porque lo venero mucho. il.id: estoy entusiasmado con la idea de
son muchos,
d1· quedar un poco para algunos, pues
d p� ra
EL y l.'SOS muchos que poseen un poco d ': verda
HOMBRE
sena, 1m-
esto
, .ida uno de ellos, son la verdad; para m1
El romano lo tomó de la tierra (homo), pero el griego lo p11-.ible.
tiempo fuera
elevó ( 0.v{}Qú>JtO�). Pero si fuera una tarde dom inica l; si el
inver nal hubiera va-
Todo hombre podría ser infinitamente fuerte si no de- 1 1 1 icstro y opresivo; si la tormenta
152 SÓREN KIERKEGAARD DIARIO INTIMO 153

ciado las calles y todo el que poseyera una habitación 111 . porque a menudo los hombres creen que la multitud
bien caldeada hiciera esperar a Dios en la iglesia hasta 1 ... 1�1 en el error, pero basta con que ella quiera aceptar

que el tiempo mejorara; si en la iglesia desierta sólo hu­ 11-. opiniones para que todo esté bien) confiesa ser débil
biera algunas pobres mujeres que no tienen siquiera una 1 1 1 1 1 potente; ¡cómo podría un Ente defenderse frente a

habitación caldeada que, por consiguiente, pueden so­ '""' muchos seres que tienen el poder! No podría, por
portar el frío de la iglesia, con mi voz podría reconfortar­ • h-r10, desear tener de su parte a la multitud, pues esto

las a e1las y a mi mismo. A menudo me he imaginado • q11ivaldría a engañarse a sí mismo; pero si este último

junto a una tumba. Si todo lo que en la tierra hay de.· 1 1 1 1 1 1 1 0 de vista, por ser una confesión de la propia dcbi­
excelente y de magnífico se reuniera en el cortejo fúne­ lldud y de la impotencia, parece poco estimulante, tic­
bre; si aleteara un aire de fiesta sobre la numerosa asam­ "'" <..·n cambio, la ventaja de ser imparcial, de no ofen­
blea, entonces sí: loor y gloria a aquel que poseyera el ""' a nadie, de no hacer distinción alguna. La multi­
don de dar realce a La fiesta, interpretando con emoción t 11d está formada por los individuos, de modo que cada
el sentimiento de la multitud, convirtiéndose en la ex­ 11110 está capacitado para convertirse en lo que reaJ­
presión del dolor verdadero; ¡pero yo no sería capaz! En tlll'tllc es: un Ente. De ser un Ente nadie está excluido
cambio, si el sepelio fuera el de un miserable sin cortejo 1110 aquel que se excluye al transformarse en «muchos».
alguno; si sólo una pobre mujer siguiese al coche fúne­ 1 011ve11:irse en multitud, reunir en torno a sí a Ja mul­
bre, la viuda del difunto, que por primera vez saliese de l i t ud, esto es lo que constituye la diversidad de la vida;
su casa sin la compañia del marido, palabra de honor 11111 el mejor intencionado de los hombres que hable
que si me lo pidiera pronunciaría un discurso fúnebre, t ll· eso, puede fácilmente ofender a un Ente. Además,

pese a quien pese. l 1 multitud tiene poder, influjo, consideración y do-


A menudo me he imaginado en el trance de la muerte. 1 1 1 1 1 1io: he aquí otra diversidad de la vida, es decir,
Si afuera reinara la alarma y muchos vinieran a verml' ' l lll.'. quien tiene poder desprecia al Ente por ser débil
para pedir noticias, creo que no podría morir, y que mi 1 i 1 1 1 potente.

vieja combatividad se despertaría aun entonces para sa­


l i r una vez más a luchar contra los hombres. Pero si estu­
viera solo y separado de todos, confío en Dios en que I" dialéctica de lo inmediato y del sentimiento elevado
moriría tranquilo y contento. 11 "' máxima potencia en relación con la ciencia
Pero hay una cierta concepción de la vida según la
cual donde está la multitud está también la verdad, que l•, 1 1 la época actual los naturalistas son peligrosos por
es una necesidad de la misma verdad la de procurarse la 1 1 1 c i m a de Lodo. La fisiología acabará por asumir tales
multitud para sí. Hay otra concepción de la vida; ésta p1 oporciones que liqujdará la moral. Uno descubre ya
considera que donde está la multitud está la falsedad, dl' i 1 1dicios notables de la nueva aspiración: se trata a la
modo que aunque cada uno de los entes, para sí y en ' 11ca del mismo modo que a la física y, por consiguiente,
silencio, poseyeran la verdad, si a pesar de ello se reuni­ l.1 l'lica se convierte en una ilusión; la ética de la huma­
ran en multitud (pero de tal manera que la multitud tu­ nidad es tratada sobre l a base del término medio de las
viera un significado decisivo: votante, tonante, sonante), 1 "'ldd ísticas, calculada como se calculan las oscilaciones

la falsedad se manifestaría al momento. Pero aquel qul' dr las leyes naturales.


adopta esta última concepción (muy raramente expues- l l 1 1 fisiólogo se empeña en explicar al hombre total. En
154 SÓREN KJERKEGAARD DIARIO INTIMO 155

primer lugar, para ello ha de contar el principiis obsta.4 ¡ I maginemos al mayor delincuente que haya existido
Pero ¿y a mf qué? ¿Qué me importa la corriente centrífu­ f 1 1:'.Ís, imaginemos que la fisiología de su época se pu-
l l
ga o centrípeta de los nervios y de la circulación de la 11'1 u un nuevo par de gafas aún más magníficas que las
sangre, y el estado del hombre visto con microscopio en el 1111 · riores, de tal modo que pudiera «explicar» al delin­
seno de la madre? «La ética es suficiente para mí.» ¿Acaso ' 111·11te y demostrar que todo se debe a una necesidad
necesito saber cómo se hace la digestión para digerir? ¿O 11 11ural, que su cerebro era demasiado pequeño, etc.!
cómo se produce el movimiento del sistema nervioso • 1i.Jnto horror encierra esta absolución de toda acu-

para creer en Dios y amar a los hombres? Y si alguien me 11 1611 ulterior, si se la confronta con el juicio que
dijera entonces: «Sí, es cierto que para eso no son necesa­ d1 ,.¡ hace el cristianismo: «Si no se convierte, irá al in­
rios», volvería a preguntar: « Pero si me convierto en un l 11·1 110.»
naturalista, ¿no debilitará la ciencia mi pasión ética?» 1 a mayoría de las publicaciones que pululan hoy con
¡Quién sabe si con este múltiple conocimiento de analo­ 1 1 11umbre de ciencia (especialmente Jas ciencias natu-
gías y monstruosidades, de tal o cual fenómeno, no perde­ 1 i ll·,) no son ciencia sino curiosidad. «Al final la ruina
ré cada vez más la impresión de la ley moral, del «tú de­ 11hn.:vendrá por las ciencias naturales.» Muchos admi-
bes», del imperativo «se trata de ti» ! No has de mezclarte 1 11 lorcs (un sol trouve toujours un plus sol qui l'admire) 5
con hombre alguno aunque el cielo y la tierra se derrum­ 1 \'L'n que cuando se ha implantado la búsqueda con un
ben: «tú debes». ¿No será acaso un precaverse con un 1111< roscopio posee, sin más ni más, seriedad científica.
montón de subterfugios y de falaces excusas, un apartar ¡t 111 necia superstición deJ microscopio! Más bien, la
la mirada de lo importante, esto de hacer que comience ..ti-.crvación microscópica vuelve aún más cómica la
con la fisiología en lugar de mandar a paseo a la fisiología • 111 1osidad. Es natural que un hombre, con perfecta

entera y de decirme simplemente: « ¡ Comienza ahora!»? 1111\·no fe y también con profundidad, diga: «No puedo
Tomemos el problema de la libertad y de la necesidad. • r con mis ojos, sin nada más, cómo se crea la con­
Que empiece, pues, el fisiólogo a explicar cómo la circu­ ' • 11cia.» Pero que un hombre se ponga al microscopio

lación de la sangre influye de tal o de cual manera, y la d,111oso de ver y de descubrir y no vea nada, esto es
presión de los nervios, así y así, etc.; su tesis no podrá 111nico y particularmente ridículo, cualquiera que sea
probar jamás que la libertad sea pura imaginación. 11 ..criedad. Considerar el descubrimiento del micros-
Cuando haya escrito cuatro volúmenes infolio, repletos 1 1 1p10 como un pequeño recreo, como una ligera pérdi­
de números y de maravillas, deberá confesarse: «Ante tl11 de tiempo, bueno; pero considerarlo como cosa seria
"esto último", mi maravilla se detiene.» ¿Para qué sirve, ' de necios. También eJ arte de la imprenta es casi un
entonces, todo ese saber? ¿No es ésa una manera de em­ 11 dl::tzgo satírico: pues, ¡Dios mío! ¿no ha demostrado
baucar a los hombres, de quitarles poco a poco el entu­ 1 i l 1cicntemente cuán pocos son aquellos que verdade­
siasmo, de mantenerlos ilusionados con la creencia de ' 1 1 1 1cnte tienen algo que comunicar? Y así este enorme
que algún día, por medio de un microscopio aún mayor, .i. ,...l' ubrimiento ha favorecido la difusión de todos estos
se les podrá explicar que la l ibertad es una ilusión y qu(• 1 l1hmorreos, que de otro modo habrían muerto al
todo se reduce a funciones naturales? lhll l'I'.

4. Principiis obsta: uAtájalo al principio»; sentencia de Ovidio e� Texto de Boileau, citado anteriormente en el Diario de 1842.
prcsada en sus Remedia amoris. (N. de la t.) ,¡, la t.)
156 SÓREN KJERKEGAARD DIAIUO INTIMO 157

¡Si Dios empezara a dar vueltas, bastón en mano, ya 1 1 scgundo»,6 pero al final la rel.ación se invierte y el
sobre el
veríais cómo buscaría a esos obse1vadores tan engalJa• 1111 1sciente ejerce en parte un inílujo formativo
se vuelve estéti-
dos con sus microscopios! Con su bastón desbandaría 11 1consciente. Entonces la fisiología
Dios toda hipocresía de ellos y de los naturalistas. La 1 o "cntim ental; habla de expres
ión noble, de la fisono-
culta.
hipocresía consiste, en efecto, en decir que las ciencia 1111a, de la conducta, etc., de una personalidad
esto? Un poco de mise1 ia
conducen a Dios. Sí, de una forma «Superior», pero ésta 1 1 > 1us mío!, ¿qué significa todo �
Aeusse re ist
es precisamente la impertinencia. Uno puede convencer· , . a lo sumo, un poco de paganismo (das
tlll\ /nnere). 7 San Pablo no habla de «volverse hermo
se fácilmente de que un naturalista es un hipócrita. Por· ­
que si uno quisiera decirle que, a fin de cuentas, todo .nn con la oración n i la predic
ación, sino que advierte
pe,
hombre tiene bastante con su conciencia y con el peque· qm· «mientras nuestro hombre cxlerior se corrom
ño catecismo <le Lutero, el naturalista frunciría el ceño. 11m·stro hombre interior se renueva de día en día» (2 Cor.
Quiere - ¡ como hombre superior que es!- hacer de Dios 1, 16).
una bellei.a excelsa. un artífice grandioso que no todos l.a fisiología materialista es cómica ( ¡creer que matan­
están capacitados para comprender. ¡Alto ahí! No: la do se puede hallar el espírilu que vivifica!); la fisiología
es
exigencia religiosa es humana, y nadie, absolutamen· 1 1 1odema, a pesar de ser la más dotada de espíritu,
te nadie, puede comprender a Dios; el más sabio debe .ol ística. Admite que el milagro no puede expl icarse y,
i-
humi ldemente atenerse a «lo mismo» que cJ ingenuo. 1 1 1 embargo, quiere existir, se vuelve más y más volum
He aquí la profundidad de la ignorancia socrática: re· de lo mism o, de las much as
"""ª· y cada volumen trata

nunciar con toda la fuerza de la pasión a toda sabiduría , rnuy admir ables cosas que no pueden explicar el mi-
curiosa, para ser simplemente ignorante con respecto l.1¡.!.rO.
llave
a Dios; renunciar a esa apariencia (que establecería /\demás, la filosofía sofística nos enseña que « la
del alma está
siempre una diferencia entre un hombre y otro) de po­ p.ira el conocimiento de la vida consciente
der hacer observaciones por medio del microscopio. , 1 1 el inconsciente» (Ca.rus).
Pero si no puede explicar el
ica
Goethe, en cambio, que no era un espíritu religioso, se p.1-.ajc del inconsciente a la conciencia, ¿qué signif
e, es un «sallo » (al
aferró vilmente a ese saber que habría de crear difc· , ,,, «llave »? El pasaje, precisament
llave pue­
rencias. 1 1 1id corresponde la «mara villa») que ninguna
Tal cientifismo se vuelve peligroso y funesto, especial· il1· abrir.
mente si uno lo quiere llevar hasta la esfera del espíritu. Los naturalistas emplean el microscopio como los pe­
Que así se trate a las plantas, las estrellas y las piedra�. t 1 1 1 1etres el monóculo; sólo que el microscopio lo em­
pero hacer lo mismo con el espíritu humano es una bias· pkan contra Dios.
femia buena tan sólo para debilitar l a pasión de la ética
y de la religiosidad. Comer es más razonable que especu­
Principio bá�ico del célebre ensayo de C. G. Carus
sobre antropo­
11
lar con el microscopio sobre l a digestión. Y el rogar a l11p w íilosófica: Psique. Carus O 789-1869) se inclinaba por un pantcís-

Dios no puede ser considerado como el comer, una cosa 11111 c<>télico. (N. del t. i.)
interior», con-
inferior a las observaciones científicas, pues es absoluta­ El conocido principio hegeliano •lo exterior es lo
obra literari a, desde la
'' , d cual Kicrkeg aard polemi za en toda su
mente lo más elevado. y
111 11 1ación del Diario (teoría de la predestinación) desde el prefacio de
Luego nos enteramos, gracias a la fisiología, que «el \ h 1or Eremita en O lo uno o lo otro. donde dicho princip io está citado.
inconsciente constituye el primer estadio y el conscientl' / ..... i/1•/ 1. i.)
158 SÓRE.N KIERKE.CAARD DIARJO INTIMO 159

Si con las búsquedas científicas se pudiera alcanzar Para un pensador no puede existir tormento más ho-
algún resultado en la esfera del espíritu, sería el primero 1 1 1·11do que el verse obligado a vivir en esa tensión, pues
en tomar un microscopio y quizá llegaría más lejos que 111k11 tras se amontonan los detalles se tiene la impresión
nadie. Pero, como por medio de la dialéctica cualitativa t. que la idea, la conclusión, quedan postergadas para
fácilmente entiendo que, desde el punto de vista de la """' adelante. Si el naturalista no siente esa tensión,
calidad, el mundo dentro de cien mil años no habrá 1111 11.:rc decir que no es un pensador. ¡Éste es el tremendo
avanzado un solo paso, entonces, por el contrario, no 1 1 1 1 t alismo de la intelectualidad! U n pensador sufre las
desperdiciaré un solo segundo de mi vida en ninguna p1•m1s del infierno hasta que no haya hallado la certi-
curiosidad. Por cierto, que puedo comprender que Dios 1h1 rnbre del espíritu: Hic, Rhodus, hic salta. 8 En la esfera
ha dado al hombre esa cla e de perspicacia que le ha 111 la fe es cuestión (aunque el mundo entero se incendie
hecho descubrir nuevos instrumentos y cosas simi lares. M' fundan los elementos) de «tú debes creer». Sin espe­

Pero como también Dios le ha ciado al hombre la razón, ' 1 1 novedades del correo ni noticias de los navegantes.
por la cual éste, en la dialéctica cualitativa, debería 1 t.1 sabiduría del espíritu, la más humilde de todas, la
comprender Ja contradicción que existe en ese «más o 11111..., mortificante para el ánimo vanidoso (¡ pues es algo
menos» cuantilalivo y aproximativo, entonces el hom­ 1 111 aristocrático eso de observar al microscopio!), es la
bre humilde y pío debería renunciar a la curiosidad y a 1111tu\ certeza.
esa clase de tranquilidad de ánimo necesaria para los
descubrimientos microscópicos y remontarse hasta Él 1 k' nuevo siento en estos tiempos algo que he experi-
solamente a través de la ética. 111 111 ado a menudo: ¡lo difícil que me resulta compren­
¡, 1 " los demás! Con furiosa pas.ión me arrojo sobre un
l tlu o; pero cuando lo leo me parece que sólo hallo cosas
No tiene utilidad alguna consagrarse a las ciencias na­
turales. Uno permanece inerme sin poder comprobar 1 ' onocidas, o cuando lo cierro siento otra vez que ver-
nada. El científico comienza al instante a distraer a las 1 ukramente algo se me ha escapado. Por otra parte, me
gentes perdiéndose en detalles: ahora es preciso ir a Aus­ 1 · 1 1 �·u.· también que he encontrado pensamientos que
tralia, ahora remontarse hasta la luna, ahora descender 111111<.:a tuve, pero no se me graban y no logro recordarlos.
a una caverna subterránea, ahora ir a casa del diablo ... 1 11 rambio, cuando me propongo reflexionar sobre esto
• 11qudlo, estoy seguro de resolverlo lo haya leído o no.
para encontrar un parásito intestinal; ahora es preciso
usar el telescopio, ahora el microscopio ... ¡Quién puedl· e omo se comportan los otros, no lo sé. Quizá el anhelo

soportar tantas diabluras! 11 1 cinocerse a sí mismos no es tan grande en ellos, y por


Bromas aparte, hablemos en serio. La confusión estri­ 111 han de tener quizá más facilidad para aprender de
ba en la dificultad de distinguir dialécticamcnte ambos 1111 1 1 1oria.
aspectos del problema, el estado de la cuestión y cómo l l 1 1t·se a esto mi gran disposición para Ja poesía, que
la filosofía ha de servirse de la ciencia de la naturaleza. lt 11 ,. que escribir sea para mf Ja satisfacción más in-

El todo se reduce a un lenguaje imaginario e ingenioso ,, 11".I.


(por lo mismo nada se perdería con ignorarlo): ¿no es 1< 11<\nto desearía leer!; me parece que eso sería una
más que un ejemplo?, ¿una analogía? ¿O por el contra­
rio es de tal importancia que se puede la teoría basar " F.,lo es Rodas, salta aquí,., proverbio que se usaba en el sentido
en él? i •1 ,1 ,1 e:. la cuestión».
160 SÓREN K1ERKEGAARD DIARIO ÍNTIMO 161

escapatoria. Estoy convencido aún de que progresaré \'l:dad del ataque; precisamente cuando tiene miedo,
mejor por medio de la paciencia, por el camino más lar· 1 1 1cga el ataque. Cuando está seguro de ser el más fuerte,
go de la autorreflexión. • 111onces comenta: «Es una canallada.» En cambio,
1 1 1ando se siente débil razona así: « No es nada.» Es de-
Uno puede muy bien comer la ensalada antes de que 1 1 r, que se aparta.

se forme el cogollo; pero su delicioso enrizamiento es


algo muy diferente a las hojas. Otro tanto acaece en el
mundo del espíritu. La despreocupación hace que muy
rara vez una individualidad logre «formar el cogollo», y
por otra parte el poeta, el hombre religioso, el pensador
que de veras ha formado el suyo, nunca será popular; no
porque le sea difícil lograrlo, sino porque tiene necesi·
dad de reflexiones silenciosas y prolongadas, de intimi·
dad consigo mismo y de soledad. Aun cuando yo, profi·
riendo gritos, pudiera decir algo agradable para todos:
si se tratara de materia religiosa, no lo diría, porquo
constituye una especie de indecencia para con la religión
que se deba conceder importancia a los chillidos, en lu·
gar de hablar consigo mismo, a media voz, como la reli·
giosidad quiere que se haga. ¡Ay de mí! ¡Las cosas andan
al revés! E n tanto que a la religiosidad le importa quo
cada Ente ande solo o que penetre en su celda para ha·
blar en voz baja consigo mismo, algunos creen que la
importancia estriba en desgañitarse gritando.
En mi juventud, cuando veía que atacaban a un hom•
bre y al mismo tiempo a otros muchos que acudían 1
defenderlo, pensaba: « ¡Caramba! ¡ Debe de ser un ataqua
peligroso! » Ahora que he envejecido un tanto, cuando
presencio un ataque contra algún hombre y al mismo
tierno veo a muchos que acuden a defenderlo, me digot
« ¡Caramba! ¡Debe de ser un ataque peligroso, puesto
que tantos están dispuestos a defenderlo!» Cuando en mi
juventud oía a un hombre atacado decir: « Este ataque e•
una infamia, una cobardía», yo pensaba: « ¡ Esperemoa
que el hombre aguante!»; pero si el atacado decía: «No
es nada», entonces yo me decía, en mi juventud: « ¡ Do
modo que no hay peligro!» Ahora pienso todo lo contra
rio. Sólo un hombre que se siente seguro admite la gra•
DIARIO INTIMO 163

lo.., antecedentes de mi vida; permanezco tan libre de


, inculos que puedo a cada instante, si Dios así lo quiere,
...er derribado sin la más mínima consecuencia para nin-
1•110 otro.
Oe que como escritor pueda, en virtud de una rigurosa
1 847 .1utodisciplina ética, hacer mucho bien en una época
lomo la nuestra, no hay duda alguna. Naturalmente, eso
110 indica que deba vencer, sino que, por el contrario,
20 de enero de 1847 ... 1gnifica más bien que debo contar con la derrota. Bas-
1.1 nte claro aparece que me tocará sucumbir. Los aristó-
Me ha complacido siempre, desde el fondo de mi alma, 1 r:llas continuarán guardando un silencio tranquilo y
el deseo de convertirme algún día en un pastor de carn· 1·11vidioso, permitirán que me arroje a la refriega y que
paña. Me complacía como deseo idílico, en contraste con 1 .1iga víctima de la plebe, a fin de disfrutar de todas las
mi esforzada existencia, y también, desde el punto da , l'll Lajas de la situación. Es decir que, humanamente ha­
vista religioso, como penitencia, a fin de hallar el tiempo blando, mi labor no será recompensada. No deseo otra
y la paz para arrepentirme verdaderamente de los peca• 1 º"ª· Nada significa que me deje dominar por algún
dos cometidos. Pensaba entonces que como escritor esta• 111 rebato de impaciencia; porque en todo momento bue-
ba a punto de hacer fortuna y que, por lo mismo, bit:n 110 estaré dispuesto a sacrificarlo todo y espero, por con­
estaría concluir de aquella manera. Entretanto, parece ..aguiente, que Dios me concederá las fuerzas necesarias
bastante evidente que «nuestra situación se vuelve cada p.1ra soportarlo.
vez más confusa» . Ahora, dado que -me atrevería a sos•
i no idolatro como hace Mynster el «orden estableci­
do»' (ésa es la herejía de Mynstcr) y si no confundo el
tenerlo en presencia de Dios, juez supremo- la situa·
ción literaria, social y pol ítica reclama a un Extraordi· , do de la ética con el espíritu burgués; si no quiero abo­
nario, se trata de saber si existe alguien dentro del reino l 1 r por completo la categoría de lo «Extraordinario» y,
que sea adecuado para esa misión, aparte de mí mismo. de nuevo a la manera de Mynster, me conformo con sa­
Renunciando a «ella», he renunciado a todo deseo de pa· hl:r simplemente que tales personajes han existido y a
sarlo bien en esta vida; por mis culpas per onales me ho 1 omprenderlos tan sólo en consecuencia, solamente en
calificado como acreedor a todo tipo de sacrificios. Do 1·-.l.' caso no podré rechazar la tarea que se me ha enco-
modo que, en mi caso, existe un presupuesto ético. Acle· 111endado.
más, ingresando como preceptor de religión en un detcr l lumanamente hablando es preciso decir que de ahora
minado empleo público, me obligo en el fondo a ser algo 1·11 adelante no sólo voy al encuentro de lo incierto, sino
diferente a lo que soy. Una culpa que llevo conmigo me quc afronto un fin certero, con fe en Dios de que en esto
expone a cada instante a un ataque sobre este particular. , unsista la victoria. Así comprendí mi existencia a los
Una vez pastor, la confusión se haría dolorosa, puesto
que habría callado algo antes de entrar en ese estado. 1 T�nnjno técnico: Det Bestaaende, que Kierkegaard profundizará
Como escritor, en cambio, mi posición es distinta. No '"·" tarde y criticará directamente como a la categoría de la política •

contraigo relaciones personales con ningún hombre qm• I"" l·onsiguiente, de la lglesia del Estado, llamada precisamente «lgle-
1 1 1 l·,tablecida», en tanto que a la verdadera Iglesia conviene el «devc­

'"' que es la categoría del ser espiritual. (N. del t. i.)


pueda tener pretensiones acerca de mi ejemplo y sobr,• ,.
164 SOREN KJERKEGAARD DIARIO INTIMO 165

diez años; ésa es la causa de la enorme lucha que sostie­


ne mi alma. Así la comprendí a los veinticinco y así la
comprendo ahora que tengo treinta y cuatro. Por eso >.¡ de enero de 1847
Paul Moeller me llamó « uno de los hombres más sumi­
dos en la lucha» . 1 Dios sea loado por los ataques que han llovido sobre mí
Sólo cuando m e pongo a escribir m e siento bien. En­ e le parte de la plebe! Me han dado la oportunidad de ins-
tonces se me desvanecen los disgustos de Ja vida y los 1 1 uirme en la escuela de la interioridad y de convencer-
sufrimientos; me encuentro con mi pensamiento y me 1ne que a fin de cuentas era una idea melancólica la de
siento feliz. Basta que me interrumpa durante un par de querer hacerme pastor de campaña, la de entregarme a
días para que en seguida me sienta mal, lleno de moles­ l.t penitencia en una vida retirada y olvidada. Permane­
tias y de achaques. con la cabeza pesada y oprimida. Se­ ' aé en mi puesto ahora más que nunca. Sin ese diluvio
mejante ímpetu, tan rico, inagotable, mantenido a dia­ de escarnios mi idea melancólica hubiera seguido persi­
rio durante cinco o seis años y que fluye con tanta guiéndome, porque una cierta holgura favorece las ideas
abundancia, un ímpetu así no puede dejar de ser una 1nclancólicas. Si no hubiera tenido nada de fortuna, no
vocación divina. Si esta abundancia de pensamientos ll:::i bría caído, a pesar de mis disposiciones naturales, en
que aún se agitan en mi alma debiera ser reprimida, re­ l'"ºs excesos de melancolía a los que he estado sujeto
presentaría para m í un martirio y un tormento y ya no 111ás de una vez.
sería capaz de nada. ¿Y por qué habría de reprimirla?
Por haberme llenado la cabeza con la idea de aplicarme
como un penitente a algo para lo cual, según mi enten­
der, no estoy destinado. ¡No! Líbreme Dios de ello, y
Dios tal vez permitirá que aparezca alguna señal exte­
rior. Es duro y deprimente tener que invertir dinero
para obtener el permiso de trabajar con mayor empeño
y esfuerzo que cualquier otro ciudadano. Es duro y de­
primente, con semejante trabajo, obtener solamente que
lo arrojen a uno como pasto de la ruin envidia de los
aristócratas y como escarnio de la plebe. Es duro y de­
primente tener ante sí la siguiente perspectiva: cuanto
más trabaje, peor me irá. Pero todo lo soportaré alegre y
paciente, con tal de adquirir la íntima certidumbre de
que no es mi deber imponerme libremente un martirio
al pasar a una situación que en cierto sentido podría de­
sear, pero a la cual no podría atender verdaderamente.·
ni sentirme en ella verdaderamente fel iz. No he elegido
yo la carrera de escritor; al contrario, es una consecuen­
cia de mi individualidad entera y de mi aspiración más
profunda.
DIARIO ÍNTIMO 167

-.uicida, pocos instantes antes de saltarse la tapa de los


'l'SOS:

-¡Con este disparo mato al tiempo!

Que se le pueda ocurrir a un hombre, en calidad de


1845 - 1 847 poeta idílico, identificarse a sí mismo o su condición hu-
111ana con la vida de los animales (¡ese idilio en el que
palos, ocas y vacas representan la vida perfecta y bendi-
(HOJAS SUELTAS)
1 .t!) es incomprensible para mí. Constituye una gran sa-

L sentimiento de tranquila elevación, cuando uno 1 1 .... facción observar de cerca a los animales de un modo

E sale de paseo en carruaje al caer la tarde, se produ­


humorístico; uno puede pasarse días enteros mirándo­
los. El humorismo justamente crece en proporción di­
ce con la aparición de la primera estrella. A medida que •t'<.:la a la estupidez de los animales, por ejemplo, con los
la oscuridad se hace más densa, las estrellas se multipli­ patos, las ocas, los cerdos y las vacas.
can en el cielo; eran visibles también antes, pero la luz
las ocultaba. ¡ Hasta que el ejército luminoso triunfa en Cuando el campesino trae al mercado sus mercancías
los cielos y uno puede contar, una a una, todas las es­ h1cn dispuestas y acomodadas, es horrendo ver que los
p1 imeros en acudir corriendo no son los compradores
trellas!
que tratan los productos con sumo cuidado, sino unos
Cuando el rico pasea en su carroza, rodeado de antor­ 1 1 uhanes que todo lo arrebatan y ajan. Así sucede con los
chas en medio de la noche, ve un trecho de camino 1·-.critores y sus lectores: los primeros en lanzarse sobre
mayor que el que ve el pobre que camina en la más ne­ 111.... libros son los bribones de los críticos.
gra oscuridad; pero no ve a las estrellas, ya que se lo
impiden las mismas antorchas. Lo mismo ocurre con la
prudencia humana: con ella se ve bien de cerca, pero
priva la visión de lo infinito.

No olvidemos jamás que no todos los que hayan perdi­


do la razón pueden, por eso mismo, probar de manera
irrefutable que la tienen.

Que el tiempo (ese sucederse de Jos momentos uno tras


otro) sea o pueda ser el peor enemigo del hombre, lo in­
dica el lenguaje -cosa muy expresiva- por medio dl·
significativas frases, como « matar el tiempo», o vicever­
sa, «el tiempo se me hace tan largo que estoy muerto dl'
aburrimiento » .
Podría ser una réplica psicológicamente justa l a de un
DIAIUO INTIMO 169

1ws sobre la doctrina de las categorías, que he leído con


l·I mayor interés.
¡ Y pensar que cuando por primera vez fui a Berlín,
pH .:cisamente al único a quien no escuché fue a Trende­
ll·11burg, porque, según decían, era un kantiano! ¡Y casi
24 DE ENERO DE 1847 - 1 5 DE MAYO DE 1 848 111iraba de arriba abajo al joven sueco, compañero de
' 1,1jc, que quería estudiar únicamente con Trendclen­

RETENDEN dar a entender que las objeciones contra el


hurg! ¡Estúpido prejuicio del que también yo era es­

P cristianismo provienen de la duda. Es un error. Las


< lavo!

objeciones contra el cristianismo provienen de la in­ La turba es verdaderamente el blanco de mis ataques.
subordinación, de la mala disposición a la obediencia, l u he aprendido de Sócrates . Quiero atraer la atención
de la rebelión frente a la autoridad. Por eso hasta hoy 1k los hombres para que no desperdicien sus vidas en
se han dado simplemente palos en el aire contra las llll'gos y disipaciones. Los aristócratas piensan que exis­
objeciones, pues sólo se ha combatido a la duda des­ ll· siempre una masa de hombres que se pierden por
de el punto de vista de la inteligencia, cuando debía ha­ ' ompleto. Pero lo callan, viven agazapados y se compor-
bérsela combatido en el campo de la ética contra la re­ 1.irl como si e a gran multitud de hombres realmente no
belión. n istiese. La impiedad de la superiotidad de los aristó­
' 1 atas consiste precisamente en que, con tal de pasarlo
Me acusan de impulsar a Jos jóvenes a repantigarse en l 11l·n, no se toman ninguna molestia en advertir a los
la propia subjetividad. Tal vez. Pero ¿cómo sería posibk• 1kmás.
suprimir esas ilusiones de la objetividad, por ejemplo, la Yo no quiero eso. Quiero, en cambio, advertir a la tur­
del «públic o», etc., sin hacer resallar la categoría del En­ ba sobre su propia ruina. Si no lo quieren a las buenas,
te? Con el pretexto de la objetividad se ha pretendido l1J..., obligaré a las malas. Me comprendan o no. Mi inten-
sacrificar por completo la individualidad. 1 ion no e golpearlos (¡ay de mí!, uno solo no puede gol­
pear a la turba): quiero obligarlos a que me golpeen.
Ningún filósofo moderno ha influido tanto en mí como P01·que una vez que me hayan golpeado, seguramente
Trendelenburg.' Cuando escribí La repetición no había prestarán atención, y si me golpean a muerte, prestarán
leído aún nada suyo, pero ahora que lo he leído ¡cuán .1bsoluta atención y yo habré vencido por entero.
claro y potente se vuelve todo! Me relaciono con él de un Los hombres no están perdidos hasta el extremo de
modo extraño. Uno de los puntos que me ha interesado querer el mal en última instancia, pero están ciegos y no
desde el comienzo es la doctrina de las categorías (los -..tben lo que quieren. Por eso mismo es preciso tenderles
problemas sobre esta materia se encuentran en mis no 1 1 1 1a mano e impulsarlos a que tomen una decisión. Un
tas antiguas y en los cartapacios señalados con el númc 111110 puede, durante mucho tiempo, mostrarse rebelde
ro 4). Trendelenburg ha publicado ahora dos disertacio ' on su padre. Pero si el padre procede de tal modo que lo
1 1bliga a cometer un atentado, el niño estará más cerca
1. Federico Adolfo Trendelenburg ( 1802-1872), filósofo que se opu:.11 1 k su salvación. La victoria de la turba se debe a que uno
a Hegel y, en especial, a su método dialéctico. (N. de la 1.) l.1 esquiva de tal manera que ella no adquiere jamás con-
DIARIO fNTIMO 171
170 SÓREN KIERKEGAARD

ciencia de sus actos . La turba no tiene reflexión alguna e los de valía es quizá
•11 ,l· cualquier escritor danés entr
esencial; si llega hasta el extremo de matar a un hombre, "'• '"' esmerado que yo.
nte a el la no
eo ipso se detiene, piensa y reflexiona. l 'l:ro otra cosa es la puntuación; en lo toca
Aquel que, como generalmente se dice, en calidad dt' "'l' i nclin o ante nadie, y hasta
dudo de que exista otro
i -
reformador lucha contra un poderoso (el Papa, el empe­ , 1 ritor danés que
pueda competir conmigo. Mi esti;- �
especial para la reto n-
rador, en suma: contra un solo hombre) debe tratar de 1111,1 de dialéctico, con un sentido
mis pen�amientos Y el
abatir al poderoso; pero aquel que, con más justicia, '· 111is conversaciones interiores,
es� o tiene absolu �a-
hace frente a la turba, de la que proviene toda perdición, • ¡1·rcicio de leer en voz alta , todo
_
cialista en la matcna.
debe tratar de que sea él el abatido. 11u·n te que convertirme en un espe _
ia en mi puntuación.
Por lo tanto, hago una diferenc
leo en un artículo
Mi melancolía se ha esforzado durante muchos años 1 1 1-.. 1 inta es la puntuación que emp
retórico. Esto solo ya
en impedir que yo pudiera tratarme de «tú» en el sentido , 11·nt ífico de la que util izo en uno
conoce una
más profundo. Entre mi melancolía y mi ((tuteo» existía 1• 1 1 a demasiado para la mayoría que sólo
puedo de ning una n:a-
un mundo de fantasía; este mundo fantástico que ahora I" .11ná tica . En consecuencia, no
ejemplo para c�leg1a­
he extraído en parte de mí mismo con mis seudónimos. 111 1 1 proponer mis artículos como
Así también un
..

Así como aquel que no posee un hogar feliz, vagabundea ¡. .., para hombres todavía inmaduros.
enseñar a sus alum nos
todo lo posible y de buena gana prescindiría de su casa, l111cn latinista no se preocupa por
ua, los múl tiple s, pe­
así mi melancolía me ha alejado de mí mi mo, en tanto 111.., matice más sutiles de la leng
subjuntivo; pero por su
que yo, con mi vida y mis hallazgos poéticos, recorría un •tm•uos y graciosos misterios del _
conozco, además, a run­
mundo de fantasía. Como aquel que ha recibido un con­ , 11l·11t a escribe de ese modo. No
la puntuación e� sen­
siderable patrimonio en tierras y que no acaba jamás de .,11n escritor danés que se ocupe de
conocerlo por entero, de este modo, bajo la presión de la tido ideal; los escritores de hoy
se limi tan a segutr las
melancolía, me he amoldado a mis limitaciones. 1111rmas gramaticales.
distinta para los tro-
1i puntuación es especialmente
Sí y no, o los dos hermanos (Mt. 2 1 , 28 ss.). º" de retórica, pues es
muy avanzada. De u� modo. es­
cto dialéctico-arqu1tect6�1�0:
¿Cuál de los dos hermanos era el perdido? ¿El que dijo l •�Tia l me preocupa el aspe
itmi a de las propos1c10-
que no e hizo la voluntad del padre, o el que respon­ qm· a primera vist a surja esa eur
, constituye el ritmo
dió que sí pero no hizo la voluntad del padre y quizá 111..., que, cuando uno lee en voz alta
que lea en voz alta ). Po;
también se jactó de estar siempre dispuesto a . . . decir ( v o imagino siem pre a un lector
as. As1,
que sí? • ..,0 soy muchas
veces parco en el uso de las com
e punto y com a, no
, 11.indo quiero una subdivisión entr
ejemplo: «LO que uno
d¡vid o esas proposiciones; por
Algo acerca de mi puntuación 1khc a otro o lo que uno debe a
sí mismo.» A este respec­
'º vivo en con tinu a luch a
con los correctores de impren-
En lo que a ortografía se refiere, me inclino incondicio­ 1.1. quienes con muy buena inte
nción ponen comas por
o.
nalmente ante la autoridad (Molbech); ni se me ocurre 111da s partes y así perturban mi ritm . .
oría de los estilistas dan�scs
pretender justificarme, pues sé que con respecto a este 1�11 mi opinión, la may
completamente cqu1vo-
punto me faltan conocimientos y de buena gana admito 11.,.a1 1 el punto de una manera
172
SÓREN KIERKECAARD DIARIO INTIMO 173

cada Descomponen su
: discurso en numerosos
seguidos; de ahí se sigu e puntOI
que la lógica no sea suficie Andersen puede contar el cuento de «las calzas de la
temente respetada, pues n•
así las proposiciones sub lurtuna», pero yo puedo contar el de los zapatos que
nadas -siendo cada una ord i·
de ellas un punto seguido- 11prietan. Mejor dicho, podría contarlo; pero como no
se
vuelven coordinadas.
quiero hacerlo, prefiero guardar un profu ndo silencio,
Ante todo debo repetir que
imagino a lectores que lean por eso mismo puedo contar muchas otras cosas.
en voz alta y que, por lo tan
. to, estén ejercitados en recorrer
la �ecuenc1a del pensam
iento hasta en sus menor Mientras existan numerosos pozos de donde extraer
l�c1ones y en reproducirlo es osci·
con la voz.* Con toda tranqu .1nua, no se siente la angustia de que pueda faltarnos.
hdad me someto al experim i·
ento. Invitad a un actor 0 l\:ro íCuando só]o hay uno . . . ! Así también, cuando el
un orador (que sean práctic a
os en modular) a leer, a títu 1 1 istianismo
se convierte para alguien en el pozo único,
de ensayo, un trozo de mis lo
discursos. Estoy convencid .olo entonces comienzan los escrúpulos. El escrúpulo es
de que habrán de admitir o
que muchas cosas que de l.1 expresión del alma concentrada en el cristianismo
modo estarían a merced otr o
de su libre interpretació 1 orno en su único objeto. Por eso mismo la mayoría está
chas que deberían ser acl n, mu·
aradas con notas del aut libre de escrupulos.
hal l�:án explicadas en virt or las
t�ac10n gramatical abstra
ud de la puntuación. La
un·�
cta n o basta en retórica; La existencia más ingrata es y será siempre la del es­
esp

c1a lmente cuan o se me
zcla una pizca de ironía,
c.
de epi· '1 itor que escribe para escritores. Los escritores pueden
grama, de as�ucra y de ma
licia, es decir, algo que, dividirse en dos clases: los que escriben para los lectores
terreno de la idea, tenga en el
un cierto sabor a malicia. y los que escriben para escritores. A estos últimos el pú­
blico no puede entenderlos, los considera locos y se mofa
¡Qué sátira tan tremenda
de los tiempos modernos 1k· ellos. Entretanto, los escritores de la segunda catego-
el ver �ue la única aplica e�
ción que se da a la soleda 1 1a saquean sus obras, hacen furor con la mercadería sa­
:n calidad de castigo: la prisión! ¡Qu d sea
é diferente de las c¡ucada y menoscabada y generalmente se convierten en
epocas en que, aunque la
vida terrenal fuera munda los peores enemigos de los escritores de la primera cate-
se creía en la soledad del na
lo más elevado, como a
claustro y se Ja honraba
la determinación de lo ete
com t ; 1·oría; porque es de suma importancia para ellos que na­
rno ! d 1c se entere de la verdad.
Ahora se la aborrece, se
la execra y se la emplea tan
como pena para los delinc sólo
uentes. ¡Qué cambio! Cada vez que la historia del mundo debe dar un paso
.1dclante y superar un punto difícil, avanza al instante
Nuestro tiempo necesita
educación. Por eso Dios '"'ª formación de verdaderos caballos de tiro: los céli­
Sl'
a�oderó de uno que, com
o los demás, necesitaba ht·s, los solitarios, los que viven tan sólo para una idea.
c16n Y lo educó «privadís educa
imamente», para que a su lohannes von Müller dice que dos fuerzas guían al mun­
.
pudiera enseñar. vez
do: las ideas y las mujeres, pero cuando se debe dar la
h.1talla decisiva es preciso dejar que gobiernen las ideas.
* P11!cisam�nte �n estos días
me entero de que el viejo Ficht
co�1-espondenc1a epistolar con Schiller, se lam
e en MI
enta a propósito de MI E.s penoso el error de Cervantes al concluir Don Quijo­
estilo que la gente no logra de
clamar. ,,. de manera que el héroe recobre el juicio, y que muera
175
174 SóREN KJERKEGAARD DIARIO INTIMO

icio conti-
luego. ¡Pensar que había tenido la excelente idea de ha· ol.1u n irles; por el contrario, sólo existe el sacrif
lo sumo una
cerio convertir en pastor de ovejas! Debió terminar en· 11110. En tal caso, un amigo representará a
tonces. Don Quijote no debe «Concluir»; debe ser repre­ 1 1 mora, y por consiguiente es preciso
ser cautos.
sentado en pleno impulso, de modo que permita
d, es duro
descubrir una serie sin fin de nuevas ideas fij as. Don Más que el no comprender nosotros la verda
Quijote es infinitamente perfectible en su locura, pero lo 1111 ,cr comprendidos por la persona
amada.
único imposible para él es precisamente que recobre Ja
adicción
razón. Me parece que Cervantes no era lo bastante dia­ l�n realid ad, todo arte consiste en una contr
e ser pinta­
léctico para dar a l a obra la conclusión romántica, que .11.déclica. Lo verdaderamente eterno no pued
itu.
no es conclusión. .111, ni dibujado, ni esculpido en piedra porque es espír
do ni dibuj ado
l'1•1 o tampoco lo temporal puede ser pinta
rlo así, se lo
Un hombre peca primero quizá por «debilidad» y su­ 111 esculpido en piedra; porque, al representa
sólo fija un
cumbe a la debilidad (porque es su debilidad justamente ,, presenta eternamente, pues una imagen
lleván dose la cu­
la fuerza de la inclinación, de la pasión, el anhelo del 1i¡omento. Cuando pinto a un hombre
izo; el hom-
pecado); pero luego se siente tan desesperado que tal vez ' h11 ra a la boca o sonándose la nariz, lo etern
peca de nuevo por «desesperación».2 111 · seguirá sonándose la nariz mien
tras dure la imagen.
Nuestros liberales son unos bellacos que sólo saben
con­
charlar. Critican los actos del gobierno y cuando se les Nuestro tiempo necesita páthos (como legumbres
de perfora­
echa en cara que no actúen, responden que ellos no son " .1 d escorbuto); pero, en verdad, la labor
e ser más comp licada
el gobierno. Cuando se les pregunta luego por qué no ' 1un de pozos artesianos no pued
las p�-
dirigen por lo menos sus armas contra la degeneración 11111· mi cálculo dialéctico sobre lo cómico, sobre
, a ser pos1-
del público, en la cual están implicados como periodis­ ic111cs y sobre lo patético donde procurarse
aire patét ico. La desgracia
tas, entonces responden: «No es culpa nuestra si el pú­ l1ll·, una benéfica corriente de
la reflex ión. Ningún
blico va de mal en peor; no es asunto que nos' concier­ .11· nuestra época es la prudencia y
porque la re­
na.>) Summa summarum, 3 puras bagatelas: no hay entre , 11l usiasta inmediato podrá ayudarme ya,
necesario uno
ellos un solo hombre de carácter. lll'x ión de la época lo devora. Por eso fue
ión, de echar a volar
q1 1l· fuera capaz, mediante la reflex
Uno se lamenta a menudo de no hallar un amigo. La l 1-. reflexiones, un hombre de genio que,
dentro de su
ido del
culpa es verdaderamente nuestra. Depende de lo que el 111l 1onalismo y su insensibilidad, en lo desapercib
ba un entus iasmo de prime-
hombre quiera en el mundo: si sólo tiende a un fin in­ 1 .l .1rnio y de la mofa, oculta
defen der
mediato, cualquiera que sea, hallará siempre alguien 1 . 1 calid ad. Y en nuestra época, en la que, para
degenera­
que acabe por reunirse con él. Pero si el hombre quiere el d matrimonio, es necesario encantar al gusto
de un seduc tor;4 y así con
más alto idealismo, con todos los sacrificios, no hallará do tic los tiempos con un Diario
amigo alguno, porque no existe interés común que pue- tudo lo demás.

afirmar que con sus


2. El núcleo de este texto será desarrollado, profunda y patética­ 1 Los kierkegaardianos están de acuerdo en
encarar las distintas posibilida-
mente, en La enfennedad mortal ( 1 849). (N. del t. i.) ,¡,. ,,., seudónimas Kierkegaard quiso
3. •En resurrudas cuentas.• 1 , tll· :.u existencia. (N. de la t.)
176 SÓREN KIERKEGAARD DIARIO INTIMO 177

.11· mi vida. He aquí una situación completamente regu-


Ser pisoteado por las ocas representa una muerte len­ 1.11 : «ella» es mujer y yo soy un ironista. Y la razón es
ta, pero también es una muerte lenta verse lacerado por n in más profunda. En efecto, lo que me impulsó a aban­
la envidia. Mientras la plebe me insulta (pues l o publica· donarla (mi profundo infortunio) adquirió para mí una
do en un periódico no tendría mucha importancia si no l 1 1 1 portancia distinta cuando por su causa habría debido
significara para la plebe la orden de escarnecerme, de li.1ccrla desdichada y cargar sobre mi conéiencia un ho-
insultarme a diario por las calles; y si no fueran los cole­ 11m:idio. Desde ese momento, por lo mismo, aquella mi­
giales, los estudiantes, los dependientes de tienda y toda ·t·ria mía se enseñoreó de mi persona: no podía ser de
l a ralea plebeya que la literatura plebeya remueve de su 111 ro modo. Para defender mi conducta hacia «ella» debo
fondo fangoso, quienes me insultan), la envidia de los ll·ncr siempre presente mi desgracia fundamental. Ésa
aristócratas observa satisfecha y asiente: « ¡ Se lo mere· , , la pura verdad.
.

ce!» ¡Figuraos si da placer y ganas de vivir en semejante


situación! No, pero yo me doy por satisfecho al saber ¡ Parece extraño que haya cumplido treinta y cuatro
que he «actuado». Por lo demás, la insistencia de una 1111os! Me resu lta del todo incomprensible; estaba tan se­
actitud semejante es una de las cosas más penosas; todo ¡•uro de que moriría antes de este cumpleaños o el mis-
lo demás tiene un final, pero esto no cesa jamás. ¡ Estar 1110 día, que me sentida inclinado en verdad a suponer
en la iglesia y ver que dos haraganes tienen el descaro de que el día de mi nacimiento ha sido mal registrado y que
ponerse a vuestro lado para clavar Ja vista en vuestros 111uriré al cumplir los treinta y cuatro años.
pantalones y mofarse cambiando frases en voz alta, de
modo que es imposible dejar de oír cada una de sus pala­ U na cosa es que el pueblo, la turba, la oposición, lu-
bras! Pero a estas cosas he acabado ya por habituarme. 1 hcn contra el rey, contra el gobierno (lo que llamamos
El hecho de que la desvergüenza tenga su punto de política), y otra que estén sometidos al Estado, como
apoyo en un periódico hace que los descarados se consi­ 1 1 1ando los inquilinos de una casa se amotinan -no con­
deren en su pleno derecho, como ejecutores de la opi­ tra el patrón sino contra ellos mismos-, se produce
nión pública. Es comprensible. Me he equivocado en una lucha entre los distintos pisos, desde el sótano has-
cierta forma con respecto a Dinamarca. No creía que la 1,1 la buhardilla, pero de los unos contra los otros».
plebe representara a la opinión pública en Dinamarca;
la
pero será un placer para mí atestiguar que (cosa fácil, Yacer paralítico durante treinta años esperando
por lo demás) la situación es así. y ver cómo siempre otro se nos adelan ta
1 1 1 ración

(111. s. 5 ss.).
Si muriera «ahora», el mundo creería que he muerto
de pena por la persecución; y esto conviene al mundo; en 1 rumanamente hablando, debo decir que habría podi­
cierto sentido, se puede decir que no ha contribuido real­ do hacer mi vida mucho más fácil y ser amado y, por
mente a prolongar mi vida. Por otra parte, la verdad so 1·110, mucho más apreciado. Pero ¿me está permitido,
bre mi vida es otra. Cuando la abandoné a «ella», elegl 11111 respecto a Dios? Con Dios es con quien tengo mayor
la muerte y. por lo mismo, pude trabajar enormementl'. l.11n iliaridad; nadie piensa en esto. ¡Ay de mí! Por eso mi
Ella hizo la parodia de exclamar: «Me muero», en tanto , 1<la es tan tensa. Apenas Dios se aparta un poco de mí,
que yo pretendí que sólo entonces comenzaba la alegría ,a no me queda ningún otro confidente; además, resue-
178 DIARIO ÍNTIMO 179
SÓRE.N KJERKEGAARD

na continuamente la acusación de que lo que hago, Ju 1 1 1011 de la costumbre, no se hubiera


n cegado con la
hago justamente porque Dios es para mí lo más impor· 1. , ele que el tirano es un hombre
,
solo, se podría aún
tante. Quien tenga idea de lo que significa estar funda· 1 •i·• .ir que vieran fácilmente que el ser perseguido por l a
mentalmente con Dios, ése me comprenderá . 1 1 i,,, es l o más penoso d e todo; porque ésta es la suma
De haber vivido en la Edad Media, probablemente ha· 1, los Entes, de modo que cada Ente aporta a ella su
bría concluido en un convento entregado a penitencia. 1 • q 1 1cña parte; en tanto que el Ente
no piensa cuán
Hoy comprendo de una manera diferente esta necesidad , 111uc será la suma total cuando todos los Entes
proce-
mía. Todo automartirio en un convento sólo nos conduce 1 1 1 1 así.
a una ilusión; por eso elegí otra cosa. He elegido servir a , Nu nos ha enseñado suficientemente Ja filosofía que
la verdad allí donde la labor es más ingrata. Es bastante 1 111undo ha entrado en la reflexión? Esto es verdad; por
evidente que mi obra será útil, y estoy convencido de que llu, nu nca más un Ente (rey , papa, etc.) podrá hacerse
será más evidente aún, especialmente después de mi 1 1 1 .1110. La tiranía se convert irá forzosamente en una re­
muerte . Porque forma parte de mi idea de penitencia y l 1 1 l l > 1 1 de reflexiones. Henos aquí otra vez ante l a catego-
de trabajo el pensamiento de que mi tarea sólo puede ser 1 1 1 tk la turba, opinión pública .
comprendida después de mi muerte, y esto coincide con i..;ot:rates es y será para mí el único reformador que
mi idea de penitencia. , , , 0110zco. Los otros, en mi opinión, pudieron estar en-
1 1 1·.i�1smados y guiados por buenas intenciones, pero a l
Vuelve particularmente difícil mi posición en la vida 11t l •. 1110 tiempo eran notablemente limitados .
pública el que los hombres no puedan comprender con­
tra qué combato en realidad . Ponerse contra la turba es 1 . 1 desgracia de nuestra época es justamente la de vivir
siempre, para la mayoría, una cosa sin sentido; ¡porqm.· 1 .. 11 completo en el «mome nto».
Apenas un hombre logra
la turba, la pluralidad y el público son precisamente las 1 11 1L·cbir una idea, quiere que se la reconozcan inmedia-
fuerzas de la salvación, esa unión de los amantes de la 1 1 1 1 1cnte. ¡Cómo no! ¡Mis felicitaciones! Si otro hubiera
libertad de la que debe surgir la salvación contra los 11 dlndo la idea del Ente, le habría procurado un montón
reyes, los papas y los funcjonarios que pretenden tirani­ 11 ..,ctuaces y todo se hubiera echado a perder; habría
zamos! ¡Ay de mí! O mejor: ¡pobres de nosotros! Ésta es 11q!ido una caterva de secuaces, pero no la verdadera
la consecuencia de haber combatido durante siglos con­ 1ili·.1 del «Ente». Pero como dialéctico soy un poco más
tra papas y reyes poderosos y de haber considerado a Ja 111�1 ruido. En este momento no hay ni nguna salida de
turba como a cosa sagrada. Nadie sospecha que las cate­ 111110, ni una brizna de paja; quiero suponer que no habrá
gorías de la historia se han invertido y que la turba se ha 1111 1µ.una hasta Ja muerte, para que sea bien visible cuál
convertido en el único tirano y en la perdición funda­ 1 , ,, la idea del «Ente», a cuyo servicio estaba yo absolut

mental. qJt'nle solo, más aún, observa do por todos. Eso está bien.
No, la antigüedad comprendió mejor la cuestión, es \ltvir solo en un lugar apartado con Ja idea del «Ente» , no
decir, que la « turba» es el peligro número uno. La histo­ l ¡1 t 1 i lica coherencia ni es la expresión más precisa de l a
ria retorna ahora a las formaciones de la antigüedad. l1ka. Pero estar solo y tenerlos a todos e n contra e s en
Europa no sufrirá guerras, sino una continua revolución 1 • 1 H ido dialéctico tenerlos a todos consigo, porque el he-
interna (plebeyos-patricios). • lt11 de tenerlos a todos en contra ayuda
a hacer evidente
Si los hombres, en el curso de varios siglos y con la q1 1t· se está solo; eso es ser d ialéctico y eso es vencer.
180 SOREN KlERKEGAARD DIARJO INTIMO 181

Los hombres se afanan siempre por procurarse al 1 u� libros son leídos por unos pocos, los periódicos
nos discípulos, y es de gran importancia para ellos q 1 .. u iodos. Como si a bordo de una
nave hubiese un solo
esto suceda pronto. Se afanan por recurrir a cualqui 1111 t•flfono del cual se hubiera apoderado el mozo de co-
medio y por rechazar a todo aquel que no lo acepte. Di 111:1 con el consentimiento general. Entonces, todo lo
gana a sus secuaces por medio de la longanimidad. 11w d pinche tendría que decir («pon mante
ca a las espi-
los gana en última instancia. Por eso, en última inst 11 u Lis», « hoy hace buen tiempo» o «quién sabe si algo no
cia, los secuaces de un hombre desmayan y los de Di •1tdd mal por allí») sería comunicado por el megáf
ono;
resisten. ,1 tanto que el capitá n debe dar sus órden es a viva voz,
' "'l''- lo que el capitán tenga que decir no es tan impor -
En todo campo, para cualquier fin, etc., son siemp 1 11111:. ¡Al final, el capitán habrá de solicit
ar l a ayuda del
las minorías, los pocos, los escasísimos, los Entes, aqu 1111110 de cocina para lograr que le oigan, supon iendo que
llos que saben; la turba es ignorante. Esto es claro co 1q11d se digne transm itir sus órdenes, las cuales al pasar
el sol, porque, si fuese de otro modo, cada hombre , 1 1 .1vés del mozo de cocina y de su megáfono serán com­
sabría todo. Y precisamente porque no acaece así ho ¡tll•1amente alteradas; en vano el capitán alzará su pobre
cada hombre tiene o debería tener un fin, pequeño 111; el otro con su megáfono le llevará ventaja.
Al final,
grande, complicado, difícil o menos difícil, acerca d 1 pinche, porque posee el megáfono, se hace con el man-
cual conozca algo, de manera que él sea el maestro y 1 11 1 1k la nave. ¡Pre diis inmortalibus!
demás (la turba, la pluralidad) quienes aprendan, y
todos, en esto o en aquello, tendrán su propio fin. Pe El gobierno no puede prohibir la fuerza natural �e un
¿qué hacen hoy los periódicos? Informan acerca de t lu111 1bre, pero puede prohibir la posesión de un fusil
por
(el tema es indiferente: política, crítica, etc.) como si fuoa , , ·xcesivo, y además sobrehumano. Tampoco puede el
se la turba, la pluralidad quien lo supiese. Por esto lot p11hierno prohibir la palabra, don de Dios; pero podría
periódicos son el sofisma más funesto que haya aparccl p111hib ir los diarios por ser un medfo de información de-
do. Se lamentan porque a veces aparece una artículo fal 111,.._iado enorme. En los periódicos se podría permi
tir la
so. ¡Ay de mí! ¡Qué inepcia! No, lo falso es la forma total 1111prcsión de avisos de publicidad, pero de ningu na ma-
de tal información en su esencia misma. En la antigüe 111·1 a las críticas y las argumentaciones.
dad se halagaba a la turba de una manera puramento
material por medio del dinero y panern et circenses; pero M ¡ vida ha sido dispuesta con un «aguijón en la
carne»
la prensa ha adulado espiritualmente a la clase medin. I"" a que alcance aquello con lo que nunca habrí
a soña­
Tenemos necesidad del silencio pitagórico. Para la socit.• do Pero la pregunta que antes me plaJ?teaba, y que
aun
dad son más necesarias Jas leyes prohibicionistas contra d1�>ra debo hacerme a veces, es si no me corresponde
los diarios que contra las bebidas alcohólicas. Lo ridícu l t H 1ccntrar la atención sobre la posibilidad
de arrancar-
lo está en que el periódico Faedrelandet pretenda S('r 1111: esa espina de la carne. Si lo lograra, en sentid o finito
aristocrático y ser al mismo tiempo un periódico. No, Ml 1 , 'ª más dichoso, pero me
habría perdido en sentid o
los editores quieren ser aristocráticos, deben supri 111l111ito. ¿Me estaría permitido, pues, aun cuando fuera
mir los diarios. Ser aristocrático en medio de los periu pu-.ible, cosa que dudo? En mi juventud hice a gunas �
distas es como ser aristocrático entre truhanes. 11 11tativas en ese sentido. Por eso soy tan enemigo de
DIARIO ÍNTIMO 183
182 SóREN KJERKEGAARD

mporaneidad.
arriesgarme con ideas grandiosas a fin de convertirm 1 ,, , ,·que ya no tiene el aguijón de la conte
en alguien entre los .grandes. ¡Ay, la espina en la ca 1 1 objeción contra la vida de un espíritu ético se trans-
te
me ha destrozado, en sentido finito, para siempre!; pe 1.11 111ará en elogio después de su muerte. Si cede duran
11 \ ida, en el primer momento complacerá al mund o;
en sentido infinito salto con mayor agilidad. ¿Acaso
una
.
es Justo? ¿Podría Dios preferir a un hombre que aguan I" 1 0 al poco tiempo el mismo mundo dirá: «Ha sido
ll 1queza .» De coherencia ética el mund o algo entien de.
la espina sin ser ni ayudado ni curado en sentido i ·
111 1 o si no quiere ceder, el mundo se enfurece; sin embar -
Lo? Existe una forma de pietismo que es un triste asceti
mo del espírit u : la de creer que la espina en la carne 1 11, cuando muera, los mismos dirán : « ¡ Vaya, y tenía
ha sido dada a un hombre sólo para que lloriquee y • 11on! »
contemple la espina, y no para que pueda saltar más ah
gracias a ella. Pues, aunque parezca extraño, así es; yo, c '-11 se pone a un pez en agua a la que se ha agregado
la espina en el pie salto más alto que otro con el pie san 111.1 '>UStancia nociva, el pez no puede respirar; así vivo
-
, , �·11 cierto modo. Me han infectado el aire a mi alrede
de
El artista, el poeta, el científico, pueden vivir rodead 1111 Necesitaba, para descansar de m i melancolía y
o de la turba. Desesp ero
de admiración toda su vida; sólo por casualidad algu 1111 enorme labor, estar aislad
no de ellos se ve perseguido y escarnecido. Cada uno 11 lograrlo. La curiosidad me rodea por todas partes.
''• t 01To cinco millas para llegar a mi amado bosqu
e, en
ellos se relaciona con lo humano -genera l - como «di
1111..,ta de la soledad lejos de los homb res; ¡ay de mí, por
ferencia», y sus respectivas vocaciones no afectan a 11
11111.1� partes curiosidad! Esos incómodos homb res son
existencia de una manera esencial, puesto que son pr<>•
pías del medio de la fantasía. Pero aquel que profesa la 111110 los insectos que viven a costa de los otros.
ética tiene que ser perseguido, pues de lo contrario es un l k sobra sé que, para Heiberg y su camarilla, mi ma-
espíritu mediocre. Un carácter ético se remite a la hu· 111 1 .1 de andar por las calles sólo es vanidad desde el
manidad en general (por consiguiente a todos los hom· " " 1 1 1 0 de vista cristiano. ¡Que lo hago para captar la
bres por igual y no como diferencia) y se remite a la exi11• 111 11ción! Pero ¿acaso es para lucirme por lo que paseo
,
tencia en calidad de exigencia. En cuanto observe que so , posiblemente mucho más- por las calles de Berlín
le quiere admirar (cosa que conviene al poeta, al artista, .h1mk no hay alma viviente que me conozca?
etc., pues en este caso se trata de una diferencia), debo
1 1 1 otros tiempos, mi único deseo era ser funcio
nario
comprender que eso es engaño y falsedad. Los hombrcll
no han de admirar a un carácter ético, sino que han de 1.. 1l1Lial: me parecía una tarea adecuada para mi mente
sentirse impulsados por él hacia la ética. En vez de exi· 111 11mne e intrigante. Suponía que entre los crimin ales
gir de los hombres admiración, exige de ellos la existen· li d11.1 gentes con quienes uno podría luchar, muchachos
que
cia. Entonces los hombres montan en cólera. Quisieran 1111t·ligentes, fuertes, astutos. Más tarde comprend í
:
1 11 1 1 1cjor no haberlo llevado a cabo, pues la mayor parte
de buena gana admirarlo para liberarse de él, es decir,
¡I, lo-; asuntos policiales se reducen a cosas mezquinas
y
de ese aguijón clavado en su existencia; pero lo humano
os.
que hay en él cuando dice: «Cualquier hombre puede ha 111 1wras; nada de crímenes y de delincuentes fichad
cer tanto bien como yo», excita el odio, y los hombrt'!i ,, l rata de unas pocas monedas y de pobre s diablo s.
1 11cgo sentí el deseo de hacerme pastor; pero ¿no
ocu-
quieren qui társelo de encima.
en
Y así se explica que a su muerte lo cubran de honores; 1 1 1 .-caso lo mismo? ¡Qué pocos son los hombres que
184 SóREN KIERKEGAARD DIARIO ÍNTIMO 185

el fondo experimentan un verdadero anhelo religioso! 1 1 l i do en lo que ahora soy. Me habría visto «Obligado»
Las preocupaciones y las miserias de la mayoría de 101 • 1111a de estas dos salidas: a caer en la locura o a remon-
hombres son puramente terrenales. «Procurémonos 1 1 1 l.1. He podido dar un sallo morlale 5 sumergiéndome
necesario, procurémonos dinero, procurémonos una 11 l.1 existencia puramente espiritual. Pero así me con­
prebenda, etc.», tales son las preocupaciones, tales lUll h 1 1 0 en alguien completamente diferente del hombre
consuelos que Los hombres buscan. "111ún. Me falta, en el fondo, el cuerpo y los atributos
En este sentido, los hombres carecen de toda orienta• '" porales.
ción, y en sustancia se debería comenzar por el prind•
pío: desarrollando la necesidad de la religión, si fuera 1 idea de Sócrates de «amar lo feo» es, en sustancia,
.1

posible. Pero esto también es difícil, pues la mayoría no 1 1 idea cristiana de amar al prójimo. Porque lo feo es el
se siente ni siquiera impulsada a desarrollar la necl'• 11111.·to reflejo, ético, pues; en tanto que «lo bello» es lo
sidad. 11111wdiato que todos sentimos placer en amar. En tal
, 1 1 1 ido, el «prójimo» es «lo feo».
Mi existencia como escritor es la más desdichada y
miserable que quepa imaginar. Claro que se puede decir mor y matrimonio son, en el fondo, un corroborante
que la merezco y que en este sentido expío mi culpa, con• 1 1 111s profundo del amor propio; uno se vuelve doblemen­
forme a la voluntad de Dios. Al mismo tiemp,o m i exis• •• t•1wísta; por esto los esposos se sienten tan contentos,
tencia es la más interesante que escritor alguno haya lle· 1 11 1 prósperos para la vida vegetativa, porque el puro
vado en Dinamarca. Justamente por tal razón seré leído 11nor no está hecho para la existencia terrenal corno el
y estudiado el día de mañana. Europa entera se encaml• • poísmo. El soJtero carece de egoísmo, y los esposos di­
na hacia una desmoralización, pero en Copenhague la11 •'" de él: «Es un egoísta», porque los esposos parten del
condiciones son tan restringidas que mis cálculos y ob· 1 1 1 1 1 1cipio de que el matrimonio es amor.
servaciones pueden dominarla por completo. Esto seré
muy interesante. Soy como el médico frente a una pl'l' ( 'an Pablo era un funcionario? No. ¿Tenía alguna
paración perfecta, pero no tan grande que no pueda do­ 1 1 1 c·hcnda? No. ¿Ganaba mucho dinero? No. ¿Era casado
minarla con la mirada. rnn h_ijos? No. ¡ Pues entonces san Pablo no era una
1•1 • ·sona formal!

9 de junio l�I <linero es el numerador, la misericordia el denomi-


1111dor. Pero el denominador es lo más importante.
En cierto sentido, el origen de mi desdicha es éste: si nu
hubiera poseído un patrimonio, no me habría sido posi l lc leído en Abraharn de S. Chiara una distinción muy
ble salvar el horrendo misterio de la melancolía. ( ¡ Dio!I wuda: cuando uno haya vuelto la espalda al mundo (en
misericordioso! ¡Cuánto daño me ha hecho mi padre co11 1 11L i<lo exterior). si no está en comunicación con Dios y.

su melancolía: un anciano que descarga su profunda ¡ 11 11 consiguiente, conserva el mundo en sus pensamien­
melancolía sobre un pobre niño, por no hablar de aqm· '' ''· no está solo; será un solitario, pero no está solo.
llo mucho más tremendo aún! ¡Y, sin embargo, era l'I
mejor de los padres!) Pero entonces no me habría co11 4i En italiano en el texto dant\s. (N. de la t.)
186 SóREN KJERKEGAARD
DIARIO INTIMO 187

1 ld sta ahora mi costumbre era actuar cuando se trata-


Como motivo para una aut
odefensa, se 1 1 1 d · tomar una decisión necesaria, arriesgarme mejor
podrían usar estas palabr
as: fttl' no arriesgarme. Por lo mismo, esta vez m e resulta
1 111 difícil tomar una resolución negativa.7 Una resolu-
«Acogednos en vuestros
corazones : a nadie he 11111 negativa es lo más dificil cuando se es complela-
agraviado, a nadje hemos
perjudicado, a nadie hem 1111·1Hc libre, porque en todo momento será posible hacer
plotado» (2 Cor. 7, 2). os
111 rontrario. Una vez que he subido al coche o al barco,
" l''>tá: representa una especie de decisión. La decisión
Encuentro una observaci
ón bastante buena (¡c 11q�ativa es mucho más difícil .
mu y ext aña !) en un Diario
: anterior, de 1 839, 6 que di Por desgracia estoy muy poco hecho para las cosas
-n o esta expresado de una
manera ni muy feliz ni m
completa- que «el matrim 1 .1ct icas, me parece evidente. Mi idealismo sufre inde­
11
onio, en el fondo, no es ' 1htcmente con estas superficialidades, incertidumbres
daderamente amor, y ve
que por lo mismo los , 1 hadas en las que consiste el secreto de la vida prácti-
ges han de convertirse en cóny
"una sola carne" (Me. 10, 1 11 U n hombre que no acuda a la hora fijada, que haga
º? en un solo spíritu, porque es imp 8
. � osible que dos d�·o en contra de las prescripciones dadas o que me
p1n tus se conv1ertan en
uno solo». Esta observaci
bría podido ser uti lizada ón h 11.wa perder tiempo, todo esto representa un verdadero
con buen éxito en Accion 1111 mento para mL Mejor sería ocuparme en cualquier
amor. es
1 11 �a. aun Ja más aburrida, como la de copiar, etc., con
11il de que me dejaran solo, para que pudiera ejecutarla
Como una mujer que no
es dichosa en su hogar se 1 1 111 exactitud y diligencia. Pero esa abominable impreci-
ma a menudo a la ventan aso.
a, así el alma de un mclan 11111 me causa horror .
co busca las distraccione cóU
s a su alrededor. Otra for
melancolía es la de cerrar ma dt
los ojos para siempre, par rengo ahora un deseo de retomar a m í mismo en un
que todo lo que nos circund a
a sea oscuridad. 1·111i do más profundo, para acercarme más a Dios en
t.1 comprensión de m í mismo. Debo permanecer en mi
El hombre se vuelve cada
vez más semejante a las b<. p11csto y renovarme «interiormen te». Es preciso que
t1. s; ¡ya no se habla de la •s.
� fuerza de mil hombres, sin ,n11tlce a fondo mi melancolía. Hasta ahora ha reposado
mi l caballos! o do
1·11 to más profundo, y el enorme esfueno espiritual pudo
Esa �pira ión de valers 11 1antenerla allí. No hay duda de que mi labor ha sido
� e de las lenguas vivas (el

todo 1spers1v es, ni má
? s
mt'·
ni menos, regresivo) es una
111 ti en cierto modo, de que Dios la ha aprobado y m e ha
, 1 , udado en todo momento. No dejo de agradecer a Dios
regresión. Sabido es que
América es la tierra donde
lenguas exis�en , porque má11 1 1 que haya hecho infinitamente más de cuanto hubiera
. cada estirpe habla la suy 1....perado. Es un consuelo para mí comprobar (aunque,
.
esto no s1g mfica perfecció a. Per o
n. Una sola lengua científ , 1crtamente, ningún hombre tenga mérito alguno ante
sería lo ideal. ica
l > ios) que Él ha mirado con complacencia mi esfuerzo,
6. Correspondiente a la fech
a 7 de ju l io de 1839. (N. de
fa t.) 7. Alusión a un proyecto de viaje a Berl!n. (N. del t. i.)
188 DIARIO INTIMO 189
SÓREN KlEl�KEGAARD

animales);
que yo, en medio del terrible sufrimiento, he podido n.• 1,q.... al mundo, puede educarlos (como los
es un don muy raro. Tal vez
sistir gracias a Su ayuda hasta el final. 1 .. 1 1 1 l.'clucar a los hombres
confusió� de nues­
Pero ahora Dios quiere otra cosa. Se agita en mi inlc• 11 1 1 1 11gún otro campo ni dirección la
o en matena de edu-
rior algo que señala una metamorfosis. Por esto no mo , , , ,poca se vuelva tan risible com
atreví a ir a Berlín; hubiera sido hacer abortar el fruto. 11 ion. ¡Dentro de una
generación los mismos padres es-
Ahora debo mantenerme tranquilo y trabajar sin esfucr· 1 1 1 . 1 1 1 quizá tan descalabrado
s, que ellos, que debe: an �
zos excesivos; casi sin esfuerzo; sin comenzar ningún Ji. , 1 1r de ayuda al maestro en la educ

ación e los hiJOS'.
bro nuevo, sino tratando de regresar a mí mismo «preci­ ,, 11clrá n necesidad de ser
educados! Especialmente si
o método de ense­
samente para sumergirme en los pensamientos de mi 1 , 1 1 111dtv ig9 logra introducir el nuev
la lengua matem� .
melancolía, junto a Dios, sin moverme». Así es como he " 1111a : proverbios, Saxo y Snorre,
podna
de vencer mi melancolía y «yo debo aproximarme más a r muerto para entonces en tanto que
,
1 1 .pero esta
a esa époc a!
la realidad cristiana». Hasta ahora me he defendido con­ .111'urar a Grundtvig que vivirá hast
tra mi melancolía únicamente con el trabajo intelectual.
La igualdad entre los hom-
Ahora debo tratar (creyendo que Dios, al otorgarme d t Oué es la humanidad?
perdón, ha olvidado la culpa) de olvidarla también yo: 1 . , ,., La desigualdad es lo inhu
mano.
pero sin distraerme ni apartarme, permaneciendo en
ia de Asia. Los
Dios. Con m i pensamiento puesto en Dios, que pueda yu 1 .1 categoría de «permanecer» es prop .
vo; la India perma­
pensar que Él ha olvidado mi culpa, y aprender así a 1iulros se detuvieron; China se detu
.
olvidar por la fe en el perdón. rn l i(>. En Europa,
en cambio, la categoría es «decaer»
1111111a decayó. Grecia decayó.
¡Qué extraño! Ayer hablé con Joergen Joergensen, que
ópilas resistió y cayó
ahora se ha convertido en un apasionado lector de Ha· /\qucl que en el paso de las Term
que la mía en el paso
mano. Ha descubierto en sus obras que Hamann no esta· , tuvo en una situación más dificil
es la ca�egoría del
ba casado con su mujer, sino que vivía con ella sin ben­ prn ese estrecho desfiladero que .
scurnr el tiempo; por­
dición matrimonial; por consiguiente, en concubinato. l• ntc» a través de la cual debe tran
po, recorran esa sen-
Y yo, que busqué el texto con tanto entusiasmo, no pudl• qul· cuando, pasando sobre mi cuer
le cupo tal suerte.
hallarlo. En su época habría sido de suma importancia 11.1, yo habré vencido. A Leónidas no
para mí. No me hubiera servido, pero el caso habría ad­
men, como si l a si­
quirido un cariz diferente, de haber sabido entonces qUl' 1.a cristiandad actual vive, en resu
Hamann osó hacer algo semejante. Naturalmente, yo t 1 1 , 1ción pudiera considerarse
así: Cristo es un gran héroe
concebí la posibilidad, pero no sabía que Hamann lo hu­ \ benefactor, el cual -de
una vez por todas- nos ha
ra podemos conten­
biera realizado. Claro que en su debido momento juzgur "l'l:�urado la bienaventuranza. Aho
ente s placeres de la
que de ese modo era imposible realizarlo.8 t 1 1 1 11os y satisfacernos con los inoc
a Él. Pero Cristo es
De buena gana admitimos que aquel que puede traer \ida terrestre y encomendar el resto
1 -.1.· 11cia lmente el mod
elo, y así nosotros debemos aseme-

8. Véase el texto que se refiere a Ja ruptura con Regína Olsen, '


los que mencionan el encuentro posterior ) las reacciones de el1:1 11 N. J. f. Grundtvig (1783-1 872), gran escrit
or y refomiador social
(N. de la t.) t 111lll":..
190 SÓREN KJERKEGAARD DIARIO INTIMO 191

jarnos a Él y no simplemente disfrutar de sus bendi ¡•l·ncia, por eso mismo debo estar en guardia para preca­
ciones. '1·rme de tener seguidores.

Todos los hombres desean ser o convertir


se en con.tem· En la intimidad de cada hombre siempre existe a an- �
poráneos de las grandes figuras, de los gran
des aconteci.. 1 uslia de estar solo en el mundo, olvidado y desc�1dado
mientos, etc.; váyase a saber cuántos en realid
ad logran 11111 . Dios' en este inmenso reino de millones y millones
ser contemporáneos de sí mismos. «Ser conte 1h· seres. Uno ahoga esa angustia con · ·ón de tantos
· l a v1s1
mporáneos
de sí mismos» (por lo tanto, no del futur n or l a
o que se teme o ¡111mbres como nos rodean, vinculados a �sotros p
se espera, ni del pasado) se materializa en
paz interior, y 111i1 uraleza 0 por amistad; pero la angust1� persiste, �
eso sólo es posible por medio de la relación
con Dios; 1 1 1 10 00 se atreve a pensar en lo que expenmentaría s1
mejor dicho, en ello consiste la relación
con Dios. Indo eso le fuera arrebatado.
Si el pescador quiere hacer una buena pesca
debe ir
Es innegable que Lutero tenía razón en c� sarse para
adonde está el pez; pero el pez nada siemp
re contra la
corriente; por Jo tanto, allí es adonde debe dirig
irse.
poner de relieve que la temporalidad y la vida ��rr nal �
1 1 �rn �
gratas a Dios, en contraste con la a stracc1�n an-
,
¡Cómo se estremece uno al leer que Cristo, 111..,t ica; así también en estos t iempos podna ser ut �l �ara
el maestro
del amor, fue traicionado ... con u n beso i l ¡• u ic n el no casarse, a fin de expresar que lo esp1ntual
! (Mt. 26, 49).
;
1 le ic tanta razón de ser que puede bastar para ocupar
1111a vida. Porque hoy en día las gentes se han vuelto tan
Una palabra acerca de mí mismo 11111ndanas, que uno debe al mismo tiempo apr�nder a
¡iigar a las cartas, casarse, hacer cosa� por el estilo �ara
Soy el últim o estadio de una escuela de ll'IH.:r en qué ocupar el tiempo. Esta tirana mundarudad
poetas que aspi
ran a convertirse en una especie de refor quiere que todos los hombres sean iguales Y se e rece �
madores en mi·
niatura. Mi fantasía es superior a la de un 1 0 1 1 t ra aquel que se ruega a casarse. Parece un �p1grama
hombre co­
rriente; por otra parte, poseo menos fuerza
natural de la
, \IO de no estar casado, no frecuentar la soc1e ad, no �
que es necesaria para afianzarse. Por med
io de mi fanta­ hw nr a las cartas, no mezclarse con los croas ... En �
sía (la cual -fijaos bien - no precede 1111cslros tiempos, para hacer carrera, es preciso estar �a-
en realidad a la
dialé ctica , de modo, que no es inme diata 11do; de otro modo, los hombres sospechan de todo m-
sino que sucr
de a la dialéctica) puedo esclarecer todas 1 1 1110 de vida esforzada.
las categorías
cristianas de la forma más precisa y más vivaz
. Esto <.·s
lo que necesita nuestra época. Hay cosas
I <i<' noviembre
que hay qul'
recordar continuamente, o de lo contrario
el criterio Sl'
pierde. Como el vuelo de los pájaros silvestres
011uv hice una breve visita al obispo Mynster. Me dijo que
compara·
do con el de los pájaros domésticos, es
el recuerdo dl·
estas categorías de la vida cristiana que ' t .iba
1i muy ocupado, y, por consiguiente, me marché en
exigen el esfuer­
1 g111·da Se mostró muy frío conmigo. Estaba u n poco
zo supremo. Pero precisamente porque soy •

u n poeta dl· •1 por mi u, lti·mo libro'º por lo menos ésa es m1 1m-


• •

esta talla , cuya tarea consiste e n alzar 1 1 1 , 1uo •

el precio y posi
blemente en sugerir a cada uno cuál podr
ía ser la ex i 10 El que lleva por título Acciones del amor. (N. de la t.)
192 SÓIUJN KJERKEGAARD
DIARIO ÍNTIMO 193

presión. Quizá me equivoque. Pero no me equivoc


o al
decir que este incidente me ha dado una paz
que anlt't ¡ M i tarea está al servicio de la verdad, su forma es
nunca había sentido. Siempre he experimentado
cie11• , 1·11cialmente la obediencia! No se trata de presentar
reticencia al escribir algo que pudiera herirlo, enojar
lo d¡•o nuevo, sino de ajustar debidamente los resortes
casi. Así ha sucedido hoy; otras veces acaeció lo
mismo, 11.11 a que las cosas viejas se renueven. Mjentras viva o
pero él no se irritó. Bueno, lo que en otro mome �
nto me 1 1 , ogcré, humanamente hablando, más que penas e m:
ha afligido me proporciona ahora vida y placer
. Nada
11 1111 i l udes; pero mi aspiración subsistirá después de m1
hice para buscar su aprobación ni su consentimie
nto, 111i tt·rtc, pese a todo. Mientras viva no podré ser reco-
pero habría sentido un indescriptible placer al
saber qut 11•K. ido, porque sólo muy pocos serán capaces de com-
estaba de acuerdo conmigo, aunque fuera en benefi
cio 1 u l·n<lcrme; y si comienzan a querer reconocerme, de-
suyo. Pues de sobra sé que quien tiene razón soy
yo. ¡He 111·1 é impedirlo con todas mis fuerzas y con nuevas
oído sus sermones!
•l l•ucias.
Nunca he tenido confidentes. Como escritor me he 1.,1 único hombre de mis tiempos a quien haya presta-
ser•
vido, en cierta forma , del público como confidente. do atención es Mynster. Pero sólo se preocupa del go­
Pero.
en lo relativo al público, he de encontrarlo en l11l·1 no, convencido de estar en posesión de la verdad; de
la posterl•
dad. A esos hombres que participan en el escarn 111 wr<lad poco se ocupa, aunque se la maltrate ante sus
io, no t..
fácil convertirlos en confidentes. 11j11-;. Sólo puede comprender que la verdad tiene el dere­
' ho y el deber de gobernar; pero que ella por fuerza deba
La ética entera se ha transformado en estética. 11lrir, e to es superior a su razón.
El as•
pecto ético de la vida se ve en el teatro y lk muchas maneras Mynster ha sido el inventor de la
es objeto do
admi ración como fantasía, pero en la vida 1 1111 fusión entre cristianismo y urbanidad. Pero en otro
ya no se en·
cuentra; sería ridículo querer llevarlo a la prácti 1 11ti do le ha prestado un servicio extraordinario, al ha­
ca. Otro
tanto sucede con la religiosidad: la vida hl·• conservado una profunda huella de su formación ju­
cristiana es
transferida al medio de la fantasía; ¡concederle H·11il. Si no se llega a una batalla entre el cristianismo y
impor·
tancia como a una realidad en la vida, sería ridícu l1 mundo, si no es preciso enarbolar las enseñas de gue-
lo!
1 1 . 1 , si subsiste eso que se llama paz, entonces es una
111.111 cosa que poseamos una figura como Mynster: ha
Réplica de una individualidad 1 1 1111p lido una misión muy difícil. Pero si uno se propo?e
111iriar la discusión poniendo en duda el concepto m1s-
Así como el anima l en cautividad recorre a diario
la jau 11111 de «Iglesia de Estado», la posición de Myn ter es pre­
la para desentumecer sus patas o mide la longit
ud de lu ' .11 ia; si se admite ese concepto, Mynster es entonce el
cadena, así mido yo la longitud de la mía, remon
tándo 111.1cstro. Y debemos recordar que, cuando se juzga a un
me imaginariamente hasta la muerte, para 1
dcsentuml' lu 11 1 1bre, es una injusticia que clama al cielo pretender la
cer mis miembros y hacer más llevadera la vida.
1holición de los presupuestos en cuyo marco este hom-
111 i.' precisamente debe ser juzgado.
Interesante lo que he leído acerca de las cigüefi
a..,:
cuando el agua está baja, para poder beber
, le arrojan La «autoridad» no consiste en ser rey, emperador, ge-
piedras hasta elevar suficientemente su nivel.
11l·• a 1, en poseer armas, ser obispo, agente de policía,
194 SÓREN KJERKECAARD DJARJO INTIMO 195

etcétera,* sino en una resolución firme y reconocida de 1111 1 1 'ió, sino que se ha casado y es feliz. 1 3 Se lo dije el
querer sacrificarlo Lodo, hasta la propia vida, por una 1111,1110 día de nuestra separación, hace seis años, y se me
causa, de querer defender esa causa de modo que uno no 1 1 .11<'> como al más infame de todos los infames canallas.
se traicione a sí mismo, de que no sienta miedo ni necesi· j\.1\a, vaya!
dad alguna. Esta ausencia de miramientos de la infin¡.
tud es «autoridad » . La verdadera y propia autoridad
consiste en que su causa sea la de la verdad. Por eso las I'' colisión más terrible
palabras de los fadseos carecían de «autoridad», aunque
fueran ellos los maestros autorizados; porque todas sus l 1 1 1.1ginemos a un pajarillo: por ejemplo, una golondrina
palabras y toda su vida estaban contenjdas dentro del 1 11.1morada de una jovencita. La golondrina podría, «por

poder finito de diecisiete miramientos. 111 t�1nto», conocer a la muchacha (por ser diferente a to­
Por eso la posesión de la autoridad me remite a la con­ d,.., las demás), pero la joven no podría distinguir a la
ciencia y no a la intel igencia o a la sutileza y a la profun· ¡•nlondrina entre cien mil. Imaginad su tormento cuan­
didad, al hombre y no al profesor. do, a su retorno en primavera, ella dijera: «Soy yo», y la
jll\cn le respondiera: «No puedo reconocerte.»
Mi ideal era hacerme pastor. Cuando comencé a escri· l�n efecto, la golondrina carece de individualidad. De
bir O lo uno o lo otro, después de una desdichada rela­ 1d11 se deduce que Ja inilividualidad es el presupuesto
ción con cierta persona, 1 1 el mal y el tormento funda­ 11 ..,ico para amar, la diferencia de la distinción. De ahí

mentales de mi vida se habían renovado y redoblado 1 deduce también que la mayoría no puede amar de ve­

otra vez; pero eso mismo comprendí que mi existencia, ' " "· porque la diferencia de sus propias individual idades
humanamente hablando, había encallado definitiva­ 1' demasiado insignificante.
mente. Y así fue como me hice escritor. 'uanto mayor es la diferencia, mayor es la individua­
lidad, mayores son los caracteres distintivos y mayores
El tiempo gris tiene un no sé qué de más piadoso quc
111, rasgos reconocibles.
el buen tiempo; como si representara un desarrollo del
En este profundo sentido se comprende el significado
tema de que aun la cosa más insignificante, aun la más
dd hebreo: «Conocer a su mujer», refiriéndose a la unión
estropeada, puede convertirse en algo de valor. El tiem­
1 1 i a t rimorual; pero cobra un sentido más profündo en lo
po gris, cuanto más uno lo mfra, más hermoso se vuelve.
qul' se refiere al alma, al carácter distintivo de la indivi­
Con extraña masonería puedo adoptar este verso del d11al idad.
poeta como motivo de una parte de los dolores de mi
La más tremenda de las contrailicciones se produjo
vida; Infandum, regina, jubes renovare dolorem. 12
, 1 1ando el pueblo gritó: « ¡ S uéltanos a Barrabás! » (Le. 23,
1 8). Tan lejos estaba Cristo de la razón imperante en el
Aquella jovencita me ha ocasionado verdaderos que­
braderos de cabeza durante bastante tiempo. Pero no 111u ndo. Analogías no faltan. Preferentemente se pone de
1 l'I icve la analogía s.igwente: « ¡Crucificadle! » Sin em­
* !:.ste es el concepto de la autoridad inmanente, no el
de la autoridad h.1rgo, algún día yo pondré de relieve esta otra: « ¡ Suélta-
como paradoja. ' " " a Barrabás!»
1 1. Regina Olsen. (N. de la t.)
12. Kierkegaard escribe aquí y en otras partes: " lnfandum me ;ube,\, 1 1. Regina Olsen se casó con J. Frcderick Schlcgcl el 3 de noviembre
Regina, renovare dolorem•. (N. del t. i.) .lt· 1847. (N. dela t.)
196 SOREN KJERKEGAARD DIARJO ÍNTIMO 197

, ht ianismo, después que la evolución del mundo ha al-


1 1 1 1.ado el grado actual de reflexión. Sin esa categoría,
EL ENTE
1 panteísmo ha vencido por completo. Otros vendrán
1m· -.abrán exponer dialécticamente esta categoría de un
Un apunte 14
11111do distinto (no habrán tenido el trabajo de buscarla):
1 .. 1 0 el «Ente» es y será el ancla que ha de detener la
El «En te» es la categoría a través
de la cua l deben pasar 1111lusión panteísta, es y será el peso con que se la puede
desde el punto de vista religioso-
-:- el tiempo, la histo­ 1 1 1 n primir; pero quienes trabajan con esta categoría de-
na, la humanidad. Aquel que no cedi
ó y sucumbió en las 111 1 1 -;cr más y más dialécticos a medida que la confusión
Termópilas no estaba tan firme com
o yo 1.o estoy en esto 1 1 1 1 1 1cnte. A cada hombre que pueda yo atraer a la catc-
paso: el «En te». En efecto, él debí
a imp edir a las hordas 1•111 1a del «Ente», me empeño en hacerlo cristiano; o, me-
que atravesaran el desfiladero;
si penetraban, habría 1••• d i cho, como uno no puede hacer esto con otro, le ase­
perdido. Mi tarea es, por lo menos
a primera vista, mu· ¡1 1 1 0 que lo será. Como «Ente» está solo; solo en el
cho más fácil; me expone menos
al peligro de ser piso· 1 1 1 1 1 1 1do entero, solo en presencia de Dios, y por cierto
teado, pues es la de un humilde
servidor que trata en qltl' entonces no le costará la obediencia. A fin de cuen­
lo posible de ayudar a la turba para
que atraviese este , ,,.,, toda duda tiene su punto de inserción en la ilusión
d�sfilade o del «En te». Sin emb
� . argo , si hubiera de pe· d1 la temporalidad, en la de ser el conventículo, la ente­
dir un epitafio para mi tumba, sólo
pediría el de: «Ese ' 1 humanidad que al final podrá impresionar a Dios
Ente» , aunque por ahora Ja categorí
. a no sea compren· (t 111110 los «súbditos» impresionan al Rey, y el «pueblo»
dida. Más tarde lo será. Con la
categoría del « Ente», 1 los consejeros de Estado), que impresionan a Dios fi-
cuando todo aquí se reducía a amo
ntonar sistemas, yo 11 tl inente para convertirse ellos en Cristo. El panteísmo
apunté polémicamente al sistema
y ya no se habla 1 , 1 1 n a ilusión óptica, un espejismo producido por las
de ell . A esta categoría e tá ligada
. � . � por completo mi po· 111t·blas de l a temporalidad, o creado por su reflejo, un
s1ble importancia histó .
rica. Tal vez mis obras litera­ , .pcjismo que pretende erigirse en eternidad. Pero en
rias caigan pronto en olvido, com
o las de muchos otros 1, .11 idad esta categoría no es cosa de docentes; servirse
escritores.
rl1· l·lla es arte, tarea ética; un arte cuyo ejercicio resulta
Pero si esta categoría era justa y
acertada, si di en el h mpre peligroso y que a veces puede costar la vida a
blanco, si c mprendí bien que ésta
� era mi tarea -por lllllCn lo profesa. Porque lo que en sentido divino haya de
.
ciert o que m alegre, ni cómoda, ni estim
ulan te-, si eso 111<ls elevado, la humanidad intolerante para toda disci­
me es concedido aun a costa de inen
arrables sufrimien­ pl 1 1 1 a y la grey de los atolondrados lo considerarán como
tos íntimos, aun a costa de indecible
s sacrificios exterio­ d1·l1to de lesa majestad contra la «humanidad», la «tur-
res, entonces yo permaneceré y mis
obras li terarias con­ 1111 » , el « pueblo», etc.
migo.
lll « Ente»: esta categoría ha sido usada hasta ahora
El «En te»: en tal categoría reside
e incide la causa del rl1.décticamente de una manera decisiva sólo una vez,
11111 Sócrates, para disolver el paganismo. En la cristian­
1 4. Texto muy célebre que
Kierkegaard convirtió, luego de haberlo cl.1d deberá ser usada, justamente en sentido contrario,
.
corregido, en una de las Dos notas concemie111
es a mi actividad como p11r segunda vez, para volver cristianos a los cristia-
escritor. (N. del t. i.)
110!-. No es la categoría del misionero con respecto a los
199
198 SÓREN KJERKEGAARD DIARJO INTIMO

paganos a quienes predica el cristianismo, sino la cate


goría del misionero en la cristiandad misma, a fin
que interioricen al ser y se hagan cristianos. El misi •11 tle enero de 1848
nero, cuando surja, se servirá de esta categoría. Pu
mudo» (Le. 1 1 , . 1.4).
si la época espera a un héroe, lo esperará en vano. Ha 1 -.tab a expulsando a un demonio .
sabes lo que significa
de venir más bien uno que con divina flaqueza enseña 1 las enmudecido alguna vez o
ar, no sent ir deseos
rá a los hombres la obediencia . Por lo cual ellos, 1: mudo? Se puede ir de paseo y call .
Pero ¿te has sent1do tan
beldemente impíos, lo asesinarán a él, al que obedc� .¡, hablar- no se trata de eso.
r haya ejercido su po­
a Dios. 1udccible�ente triste que el dolo
como una fuerza natu-
h 1 <,obre toda tu existencia, casi
1 ,d > Entonces has experimenta

do lo que sig fica ser
estuviera en JUe�o tu
El juicio más severo del mundo 11111d o: la imposibilidad, aunque
baba tu cor�zon, l�
Ida, de expresar la pena que incu
s h­
Nadie ha causado más daño a un hombre que aquel que , 11 ti, celosa, te volv
ía mudo a fin de que no pudiera
ese infinito dolo r: vue l-
educa a un niño en el concepto más ideal de la vida y do lu , arte. Porque así es de egoísta
la forma más severa, y luego lo envía al mundo provisto 1 1nudo al hombre
para mantenerlo en su poder.
de estas impresiones eternamente inolvidables.
infame, abominable.
Aquel que empuja a un niño al juego y a las travesuras Me han tratado de una manera
no Je causa, humanamente hablando, tanto daño, puca t nnm igo se ha cometido un crim

en nac onal, l a traici n ?
.
ha sido de mdescnp-
por esto nadie es perseguido. Pero el que ha sido tan se­ cl1· una generación entera. Pero me
veramente educado como si el hombre fuera semejante a 111>1 , provecho. Era melancólic
o, infinitamente melanc ?-
ltado útil . Pues en med10
los dioses, enviado luego en medio de esa raza de anima­ 111 o, y esta algazara me ha resu
do: ahora me he des­
les que son los hombres, ciertamente que ha de sufrir. 1h· mi melancolía amaba al mun
Aunque sólo sea por tener que soportar a diario el tre­ pt cndido de él. Con la ayu
da de Dios ya veréis cómo
mendo estrabismo de que, cuando vuelva la mirada a lo l 1 1 unfaré.
íntimo y compare su vida con las exigencias del ideal,
de deseos, de esperan-
verá cuán infinitamente lejos está de haber logrado lo Una individualidad exuberante
más mínimo. Angustiado y preocupado por sí mismo, 1,1-;, de aspiraciones, no podrá
r�
jamás ser i nica . .La iro-
de una ex1stenc1a ente-
por la salvación de su alma, comprenderá que su debér 111a (tomada como lo constitutivo
sentir dolor cuando los
es esforzarse más aún y con mayor humildad implorar 1 , 1 ) consiste precisamente en
de no poder poseer a la
gracia y perdón. Y, cuando vuelva la mirada a lo exll.' demás sienten deseo. E l hecho
Pero poderla poseer aún
rior, verá que en cierto sentido humano ha progresado 1111a da no tiene nada de ironía.
e que
con respecto a los demás, precisamente porque le toca ; 011 demasiada faci
lida d. que ella ruegue Y supliqu
erla, esto es iron ía. En
�er escarnecido y perseguido. Bastaría con que -a seme­ 1.1 hagáis vuestra y no poder pose
el dominio del mundo no
janza de otros campeones de esa raza animal- quisiern , 1 hecho de no poder lograr
logra rlo de una man �­
desentenderse de Dios y contentarse con el juicio de la hay ironía. Pero que sea posible , .
temporaneos, cas1 s.uph ­
ciudadanía, para que también él fuera estimado, amado ' •1 desmesurada, que los con
1erno
y bien recibido. c �rnd o, lo empuje
n a uno hacia el poder y el gob
200 SOREN KJERKEGAARD DIARJO INTIMO 201

y que uno no pueda aceptar, esto sí que es ironía. Para 1 11 lucha recíproca; al final sospecharán que uno es pro-
una formación así, las individualidades deben poseer un 1k111án si no usa cierto modelo de sombrero, cte. Por
secreto, un secreto melancólico, un secreto de sabiduría '''"' parte, la revolución comunista; todo el que posea
�elancólica. Por ello un ironista no puede ser compren­ il1•0 será señalado con el dedo, perseguido por la prensa.
dido por una individualidad desbordante de deseos, rnl es la desdicha de Dinamarca, mejor dicho, el casti-
puesto que ésta piensa: «¡Oh, si pudiera saciar mis de­ 1•11 de Dinamarca, de un pueblo sin verdadero temor a
seos!» 1 lms, de un pueblo que se pierde en fruslerías de con-
La ironía es una forma de hipertensión, de la cual, 1 u: 1 1c ia nacional, de un pueblo que idolatra la nulidad,
16
como es sabido, se puede hasta morir. dl· un pueblo donde los mozos son príncipes (ls. 3 , 4),
1h· un pueblo donde quienes deberían obedecer son inso­
h 111cs, donde a diario se puede hallar una nueva prueba
Texto para una bendición nupcial 1h: que no hay moralidad pública en el país, de un pue­
lilo, en fin, que deberá ser salvado por un tirano o por un
«El que ama a su mujer, a sí mismo se ama» (Ef. 5, 28). p.ir de mártires.
Esto es egoísmo en el buen sentido.
E l mal de la historia universal se abate sobre nosotros.
El miedo a Alemania es imaginación, juego, un nuevo "l' ha vuelto a establecer el concepto de la turba (este
.
rntento de halagar la vanidad nacional. 15 Un millón dt• , 011cepto ahora tendrá, como consecuencia del apogeo
hombres que honestamente admitieran que forman un 1k la cultura y con la ayuda de la prensa, un poder mu-
pequeño pueblo y que decidieran, cada uno de ellos per­ 1 lio más nefasto que en la antigüedad). La turba es la
sonalmente ante Dios, ser lo que son, representarían una 1 1 1... tancia, la turba es Dios, Ja turba es la verdad, Ja turba
enorme potencia capaz de afrontar cualquier peligro. • ., el poder y el honor. Ahora sólo se piensa en jugar con
.

No, la desgracia es diferente. La desgracia consiste en , .,,3 turba. Como se juega con el dinero, así la turba lo es
este pueblo pequeño y degenerado, dividido, roído por 111du; se trata únicamente de apoderarse de ella y de te­
abominables envidias, hombre contra hombre, rebeldt• mTla de su parte. Frente a esa fuerza, todo se inclina.

contra to o poder, mezquino con todo aquel que signifi­ Además, que no se pueda prestar atención a mi doctri-
que algo, msolente y desenfrenado, fango que la tiranía 11.1 del «Ente» - y justamente porque así están las co-
del pueblo revuelve. Todo esto da mala conciencia; por •..1-;-, es asombroso que no se le pueda prestar atención.

eso se teme a los alemanes. Pero nadie tiene coraje para De ahora en adelante, todo testimonio de la verdad
decir dónde está el mal, y de este modo fomentan esas lt.1brá de dirigirse contra la turba, todo «verdadero»
malsanas pasiones y se vuelven importantes entre sí 111ártir caerá víctima de la turba. Y proponerse, precisa-
mismos por el hecho de combatir contra los alemanes. 1 1 1cnte, estar solo en nombre de Dios, para testimoniar
Un período horrendo amenaza a Dinamarca. El espíri q11c existe un Dios -como le echarán en cara-. sin re­
tu de provincialismo y la irritabilidad de la mezquindad ' 1�11nar la ayuda de nadie, ésa será su tarea.
llasta ahora, en el desarrollo del género humano, el
1 s. IGerkegaard se �cfiere a la hoslilidad creciente entre
Alemania , pueblo» ha representado el momento dialéctico; algo
_

Oinama a, que culminó en 1848 con el estaJlido


�c de la guerra dl'I
Schlesw1g-Holstem, _
en que Alemania apoyó hasta 1850 a los dos duca
dos. (N. de La t.} 1 o. Versícu lo citado anteriormente en el Diariu de 1846. (N. de la t.)
DIARIO INTIMO 203
202 SOREN KIERKEGAARD

do en su cuarto, está prepa-


�sí corno el depósito de un establecimiento, la grande o 1111 bue n abuelo que, encerra
niet o a quien ha invitado a
inagotable reserva de Ja cual nace el (<Ente» o much01 1 1 1 1do una sorpresa para su
sentado un poco antes; ha
«Entes». Si se pierde una enorme cantidad, no debemoa 11 1 1 a hora. El niño se ha pre
El chiquillo sabía que al-
atribuirlo a la Providencia, la cual ha dispuesto quo tl11m ado y no le han abierto.
Los gol-
1 111cn esta ba en el cua
rto, puesto que había luz .
c�da uno pueda convertirse en un «Ente», y por esto de·
ha abierto. Entonces se ha
c1mos que una enorme cantidad se pierde. 111 , �e han oído, pero nadie le
teza. Pero ¿por qué no le
El pueblo, (< ímpetu» de l a historia. El « pueblo» es la 1pnderado de él una gran tris
los preparativos de la fies-
fuer¿a que ha derrocado a reyes y emperadores; luego 111111 abierto la puerta? Porque
los reyes � los emperadores se sirvieron del << pueblo• 1 1 .iun no estaban listos.
para abatir a la nobleza y al clero. El clero se sirvió del
igualdad se discute en Eu­
«pueblo» para abatir a la nobleza, y la nobleza se sirvió 1\hora que la cuestión de la
del «pueblo» para abatir al clero. Siempre el «pueblo•. ' , 1pa hay que considerarla perdida.
comunistas luchan por los
Henos aquí llegados a la última fase : el concepto mis· l�ntrc nosotros también los
o
eno! Yo hago lo mismo. Per
mo de « pueblo» se está volviendo dialéctico. Ahora es d rk1 cchos del hombre. ¡Bu
nía del te-
1 1 1 1 1 1 bato con toda
s mis fuerzas contra la tira
«pueblo» quien debe ser abatido. ¿Cómo? Aquí intervie­
ne la categoría : el «Ente». 111rn· humano.
xim o la tiranía del temor
El proceso de educación del género humano es un pro­ El comunismo impulsa al má
i mientos actuales en Fran-
ceso de individualización. Por eso la humanidad debt.• 11111n ano (obsérvese los sufr
el cristia-
1
1 1a): 7 allí es pre
cisamente donde empieza
ser dividida primero en tres sectores (nobleza, clero,
burguesía); es preciso despedazar esa enorme abstrac­ 111,mo.
unismo hace tanto albo-
ción del «pueblo» con el «Ente». l�I principio con el cual el com
bres son iguales ante Dios
Todo el que esté capacitado para pensar puede enten­ 1 olu, el de que todos los hom
iguales), el cristianismo lo
der!�. Pero la mayoría no pueden pensar; para aceptar (por lo tanto, esencialmente
. Pero el cristianismo se
una idea de�en �e unirse en camarillas que confirmen y 11pone como cosa muy normal
. comunista de reemplazar
apmeben la JUSt1c1a de sus pensamientos, de lo contrario l u n roriza ante el progra ma
, por el
.1 Dios por el tem
or a la masa, por la mayoría
no se atreverían a tenerlos. Estando así las cosas es im­
posible concebir al «Ente»; porque es imposible �ensar­ pu eblo .

lo «en masa», por la simple razón de que ha sido creado


ionalismo se desencade­
e imaginado justamente para dispersar a la masa. Fuera todo es agitación; el nac
ar su vid a y
"ª por todas par
tes; todos hablan de sacrific
so
hacerlo, pero con el podero
Pasará tiempo antes de que la historia del mundo lle­ 1.il vez están dispuestos a
. Yo vivo apa rtad o en e� :c
gue a poseer de veras el concepto del «Ente». Antes será .q1oyo de l a opinión pública
n tam b1en
l uarto sile ncioso
(¡dentro de poco me acusará
preciso deshacer a los Estados; cuanto mayor sea el
nacional!), y sólo conozco
progreso, más pequeño será el Estado. Si todos deben de indiferencia por la causa
-
Pero de eso nadie se preocu
participar en el Gobierno, el Estado habrá de ser muy 11n peligro: la religiosidad.
pequeño.
17. Kierkcgaard alude a la revolución de la Comuna de París de
«A quien lla �a se le abrirá» (Mt. 7, 8). Pero, aunque
_ 1 X48. (N. de la t.)
Dios no abra inmediatamente, ¡consuélate! Imagina a
"

205
DIARIO INTIMO
204 SÓREN KIERKEGAARD
ha acreccnta-
esa relación sólo
p , nadie sos echa mi aclual estado de ánimo. Ésa es mi
� � , illv. el haber iniciado mento tre­
ndo. U n suple

1 1 penas de un modo treme
vi a : ¡eterna incomprensión! No comprenden mis sufri•
9 1• • 1 � 1
r se lo debo esen-
Si me he convertido en escnto
••I• 11Jo! a,
m1entos y me pagan con odio. a m i dine o· Ahor
:
m i melancolía y
La República Francesa 18 es un regalo del destino. Est• 1 1\i ncnte a ell a, a e en �í m ism o: c;co
debo convertirm
fund da sobre una falsedad, y debe comenzar con esa
� 1111 �ivuda de Dios, m1 melan coha Y
vencer
ahora Cristo me ayudará a
mentira; convencerse los unos a los otros de que esto era 111,.
.
lo que querían, la verdadera meta, aunque nada querían li wi:rme «pastor». amado al mundo, sin
melanc olía he
y no hubo meta alguna. 1 n medio de esta � :U� � h
� lía. Tod
pues
go , he am ado m i melanc
111\ mr o.
. ción de m 1 mm �
para
io ha ce r más tensa Ja situa del
¡No, educación, educación: esto es lo que el mundo , 1 vic escam 10�
los
ella, mi esfuerzo,
nece ila! Ha sido el tema continuo de mis trabajos li­
� 111 padecimientos de ayuda de D1os-:-
contribuido -con
la
t ranos, d argumento de mis conversaciones con Cris·
� pnhlico, todo ha en el futuro, pa1
a
obligado a pensar
t1án Vlll; ¡y ahora pasa por lo más superíluo del mundo! 11m1 a que me veo
asarla. . .
pntlcr por fin trasp ,
dec1d1do hablar,
coinci dencia ; cuando hab1a
(· ,1 raña dije nad , porqu
� e ha­
médico . Pero no le
Miércoles Santo, 1 9 de abril • presen tó el c1ón de hablar
repentino. La resolu
IH 1,1 sido demasiado
111 1 111anece firme.
,
N. B. verdaderos d1as
Viernes Santos fueron
l'.I Jueves y el
Todo mi ser ha cambiado. Mi reserva y mi mutismo se 1h· licsta para mí.
han roto; puedo hablar:

;Dios Santo, concédeme de la gracia! N B . NB .

de abril
� i padre decía, sin embargo: «No harás nada bueno I 1111c•<; de Pascua, 24
?1 1c�tra� tengas dinero ... » ¡Verdaderamente tuvo una arse, al menos por
o no puede quebr
mspirac1ón Creía que me entregaría a la bebi­
profética! No, no; mi mutism acaba rá por preo-
.
a La idea de pretender romperlo . _
?ªY � la vida alegre. ¡Eso sí que no! No, pero con toda mi ull r .
lo ire acrecen-
a cada momento
o

1 1 1par me tanto, que


mteligen i , mi melancolía y mi holgura, ¡qué ocasión
��
tan propicia para intensificar los tormentos del auto­ 1.i n<lo. de h. aber habl ado
embargo, el hecho
martirio de mi corazón! Me consuela, sin demasiado orgull?
so
médico . Sentía miedo de ser
¡Ay de mf! «Ella» no pudo quebrar el mutismo de mi , 011 cJ el pasado, as1 lo
en
alguien . Como hice .
melancolía. Que yo la amaba, nada es más cierto; así mi p.ira hablar con médico? Nada.
Pero
puede decir el .
hu.:c ahora. ¿Qué _ hu-
ncia
m lanco ía tuvo algo para meditar. Y aun así ella no ha­
: � ado la insta
tante haber respet
bna podido ser mía. Era y soy una individualidad peni- para m{ era impor
111a na . plena mente Y hace
tual me satisface
La ll República surgida de la revolución de 1848, que concluyó
Mi labor espiri tal de poder atender
con alegría , con
18.
con el golpe de cs1ado del príncipe Luis Napoleón. (N. de la 1.) 11uc lo soporte todo
DIARIO INTIMO 207
206 SOREN KIERKEGAARD

· ,¡
, quizá, más
a mi trabajo. Así he llegado a comprender mi vida: qui lic de romper mi silencio, ello sucederá
me abra un camino
mi misión sea la de anunciar a los otros consuelos y gOI 1 11 1 1 porque Dios de alguna forma
1• 1 1 11 encontrar empleo, y ento
zos, en tanto que yo me siento ligado a un dolor para al nces me ayudará a con-
Pero cuando pre­
que no hallo consuelo, salvo en l a labor espiritual. Hn 1 1 1 iarme por entero en esa situación.
•· 1 1do acabar con mi herm
ese aspecto nada tengo que objetar a mi destino. Por ol etismo, pensando continua­
' ' º 1 11c en él, obtengo exactame
contrario, cada día doy gracias a Dios por haberme con• nte el efecto contrario.

cedido siempre más de cuanto habría podido esperar,


Todos los días Le ruego que me conceda la osadía <lo
estarle agradecido; Él lo sabe. N l 1 NB.
Pero se trata de lo siguiente. Mi porvenir se volvcr6
cada vez más difícil para mis posibilidades económicas. I tle mayo de 1848
Si no tuviera la traba de este mutismo mío, podría bus·
infancia y una
car un empleo. Pero ahora es difícil. Hace largo rato que t 111 naturalezas excepcionales tienen una
pues del hecho de que sean
medito si será posible volcarme. Y puesto que hasta aho­ 111v1.·ntud muy desdichadas,
edad (que natural-
ra he obrado sobre todo evitando, olvidando, a menudo 1•11cia lmente reflexivas en aquella
la más profun­
he pensado que era mi deber, especialmente por cuanto 1111•11l c vive dentro de lo inmediato) nace
n reco mpensadas,
este mutismo puede convertirse para mí en ocasión de l 1 de las melancolías. Pero se verá
n a ser espíritus.
pecado, intentar una ofensiva contra mí mismo. 11111·s la mayoría de los hombres no llega
l 1 H lus esos años felices de su inme
diación representan
Si no lo hubiera hecho, tendría que reprochármelo
tortuga; por esta ra-
siempre. Pero, ahora qll!e lo hice, me comprendo mejor 1, 1rn el espíritu un andar a paso de
cia y la juventud
que antes, precisamente gracias a ello. •111 no l legan al espíritu. Pero la infan
pcionales se trans-
Espero que Dios, de un modo u otro, quiera acudir en lt ,cJ ichadas de las naturalezas exce
mi ayuda para mi actividad de escritor, o que, proveyen· lo11 111an en espíritu.
do de otra manera a mi sustento, me permita continuar
escribiendo.
Creo en la remisión de los pecados; pero la concibo dl·
tal manera (como hasta ahora lo he hecho) que a l a vez
he de llevar mi castigo toda mi vida, encerrado en esta
dolorosa cárcel de mi mutismo, alejado del más íntimo
comercio con los hombres, pero tranquilizado con la
idea de que Dios me ha perdonado. A esas alturas de la fr
no puedo llegar aún, no puedo tener semejante franque­
za de adhesión hasta que sea capaz de cancelar el dolo­
roso recuerdo. Pero creyendo me defiendo de la desespe­
ración; arrastro la pena y el dolor de mi silencio, pero
me siento indescriptiblemente feliz con la actividad del
espíritu que Dios me ha concedido con tanta abundancia
y gracia.
DIARIO INTIMO 209

1 1 1 1 lk cuentas (en la peor de las hipótesis), es infinita­


''''' mejor, aunque se mate a la infancia y a la juven­
f "1 t·.n general la educación cristiana se hace a la ligera,
11l onces todo se echa a perder. Pero es siempre mejor
111 1 que soportar esas penas en la infancia y en la ju-
1 1 1 1 1 d . tensos como en un potro de tortura dentro de la
1 847 - 1 848
111 l'ºría del «espíri tu», que aún no ha sido alcanzada;
i il•l , soportado todas esas penas que hacen de la infan­
(PAPELES SUELTOS)
' 1 1111a continua desdicha; y luego, desbordantes de fcli-
1 l u l , poder por fin comprender: «Bueno, ahora puedo
111plvarlo , ahora el cri tianismo existe para mí Y. lo e�
Algo sobre la remisión de los pecados m
, 11111 , Esto es mejor que la insulsez de no haber sido
1 , 11110 ni l.o otro.
He sido educado muy severamente en el cristianismo
por un anciano; por eso mi vida se vio profundamentt
perturbada y he debido soportar conflictos que nadlf
imagina y de lo que menos aún se habla. Sólo ahora, 1
los treinta y cinco años, quizá como consecuencia de mi
sufrimientos y de la amargura del arrepentimiento, ha
aprendido a apartarme tanto del mundo que puedo pcn
sar en hallar mi dicha en la fe del perdón de los pecado!,
Pero a la verdad que, aunque espiritualmente me sienta
fuerte como nunca, estoy demasiado viejo para enamu
rarme de una mujer, cte.
Es preciso estar decrépito para sentir verdaderamenh•
la necesidad del cristianismo. Si nos lo imponen a la
fuerza antes de este momento, acaba por hacernos en
loquecer. En el niño y en el joven hay cosas que les perh•
necen tan naturalmente que uno debe decir: «¡ Dios lo hu
querido así!» La esencia de la infancia y de la juventutl
es el culto de la vida natural; el cristianismo, en cambio,
es «espíritu». Concebir sin más ni más a la infancia de11
tro de l a categoría del «espíritu» es una crueldad, equi
vale a matarla, cosa que no ha sido la intención del crb
tianismo.
Por esto el cristianismo, en la mayor parte de la cri!-.
tiandad, se ha convertido en palabrería, por el hecho d,·
que así nos educan. Pues es raro, muy raro, que un niño
tenga una educación religiosa realmente severa ; lo cual.
DIARIO ÍNTIMO 211

, ,1 mi mos) han sido formulados adrede con excesivo


1 lt•or, más o menos como cuando adelantamos media
11111 d el despertador para evitar que nos despertemos de­
'" ,...1ado tarde por las mañanas.

DEL 1 5 D E MAYO DE 1 848 AL 2 DE ENER O DE 1 849


N. B.

L «balotaje» 1 (pues en esto consiste fundamental


E mente el principio vital de la democracia moderna: \ 111:lvo otra vez a los puntos más importantes en lo rela­
'''º a las relaciones con Dios.
en el número) representa el fin de todo lo noble; de toda
Dios es espíritu. Con un espíritu sólo se pueden mante-
cosa santa y amable y, en primer Jugar, del cristianismo:
111·1 relaciones espirituales; pero toda relación espiritual
una idolatría de lo mundano, un inflamarse por las cu•
, , eo ipso dialéctica. ¿Cómo sabe entonces un apóstol
sas de este mundo. Por consigu iente, para el cristiano,
1p1e es llamado? ¿Por medio de una revelación o por me­
la verdad está en la minoría; para el «balotaje», en 111
dl1¡ de una dialéctica semejante? Esto no lo comprendo,
mayoría. ¡Bien!
¡wro puede creerse.
l .a relación de un hombre común con Dios y con Cristo
Es una verdadera crueldad que el cristiano tenga qur
l.1 umcibo, en cambio, de una manera socrática. Sócra­
vivir en un mundo que de todos modo quiere obligarlo
h ... (¡ese bribón!) no sabía, en realidad, con certeza si
a hacer lo opuesto a aquello que Dios, con temor y tem
, \lstía o no la inmortalidad (Apol 40 ss.): pues sabía que
blor, le ordena en su fuero interno. ¡ Sería una crueldad
111 inmortalidad es una categoría del espíritu, y eo ipso
de parte de los padres que, amenazándole con castigm1
dialéctica y que está más allá de toda certidumbre in-
severos, ordenaran al niño: «¡Mira que has de portarll'
1m·diata; por lo tanto, ignoraba si era inmortal, cosa que
así y así!», y luego lo pusieran en compañía de rapact•11
111uchos jmbéciles saben al dedillo. ¡ Pero Sócrates sabía
que lo obligasen de todas maneras a hacer lo contrario!
111 que decía! Porque su vida expresa la existencia de la
111 mortalidad, él es inmortal. El asunto de la inmortali­
¡Qué extraño! Sócrates hablaba siempre de aquello
d:1d, dice él, me preocupa tanto que todo lo arriesgo por
que había aprendido gracias a una mujer (Platón, /:/
1'"1 ' «Si».
banquete, 201 ss.). También yo puedo decir que lo mejor
de mí mismo se lo debo a una jovencita; no lo aprendí dl•
¡ Oh, sí! La pena mayor es la de ser espíritu y tener que
ella, sino a causa de ella.
, 1vir entre los hombres.

En el fondo, muchos hombres piensan que los princi


Una forma de locura que nos conmueve es la de Otelo
pios cristianos (por ejemplo, el de amar aJ prójimo como
1 uando dice a Desdémona, antes de matarla: «¿Ha dicho
lksdémona su plegaria nocturna?» No la tutea, se ex­
1. Kierkegaard utiliza este término en sentido despectivo para presa con el lenguaje que se emplea con los niños: «¿Ha
reh­
rirse al sufragio popular. Traduzco literalmente la palabra ballorazio111 hecho Guillermo tal o tal cosa?»
empicada por el 1rnduc10r i taJ iano. (N. de la t.)
Es una escena magistral.
212 SóREN KJERK.EGAARD DIARIO ÍNTIMO 213

.
No he elegido esta vida, que he considerado sicmpn · 11hora, como castigo, Dios te midiera con su mirada de
como mi misión, porque me creyese más perfecto que los pies a cabeza? » Tal es y será mi infortunio: humana-
demás, sino porque me sentía más miserable y el mayor 1111.'nte hablando, he hecho demasiado por los hombres.
pecador. t• \teriormente me he comportado como si los mirara de
Por ello he vivido hasta ahora en una rigurosa renun 1 1 1 iba abajo... , precisamente porque me avergonzaba
cia de toda recompensa terrenal, y así necesariamenh• 1kmostrar1es cuánto los amaba; para que no me toma-
(dentro del espíritu deJ cristianismo) he acabado por Sl'I' 1 M l , sin más ni más, por un loco.
mal visto, escarnecido, aborrecido, arrojado como pasto ¡Sólo por haber olvidado dar los «buenos días» a una
a cualquier brutalidad, en tanto que los aristócratas lo • 1 iada he sufrido como si se tratara de un delito y he

celebran, movidos por una secreta envidia. 1t mido que Dios fuera a abandonarme! ¡Y luego atri­
Decir a cualquiera estas cosas ya no sirve de nada. li1 1ycn las persecuciones de que soy objeto a mi orgullo!
Existe un «tiempo de silencio» (Prv. 3, 7),2 como lo de F.n todo he visto una relación de deber, y Dios siempre
muestra el modelo más elevado: « Pero Él no respondía a li.1 estado presente para mí. Pero nadie parece tener <le-
nada.» (Ml. 27, 1 4). Pero yo lo he aprendido de un modc 11 ·res con respecto a mí.
lo más hwnildc, de Sócrates, quien, como Cristo, tenía d
poder de salvar su vida ... ¡halagando al pueblo! El mismo Cristo dice que no ha venido a traer la paz
1110 la discordia (Le. 1 2 , 51). ¡Ése es el punto capital! El
Periissem nisi periissem es y será el lema de mi vida. 1 1 1 1stianismo representa la discordia con el mundo, pero

Por esto mismo he podido soportar todo aquello qur 1 1 rristiano halla la paz de Cristo.

hace tiempo hubiera acabado matando a cualquicna


que no estuviera ya muerto. Siento un deseo de mayor perfección. Confiado y en-
1 1 q�ado a Dios, con la fe en la remisión de los pecados,
No reprocho nada a nadie. 1 'pero también estar maduro para algún cometido más
No existe nadie a quien yo haga reproche alguno; son 1 kvado. Pero, si aún me quedara un resto de vida, aun­

los hombres quienes no me han comprendido. N i en esh• que sólo fuera una hora, lo consagraría con todas mis
momento puedo desprenderme de m i primer pensa lm-rzas a l cometido al que hasta ahora las he consagra­
miento; es decir, de que ningún hombre piensa en Dio11 do: a atacar el refugio del mal. .. La turba, el impío parlo-
en lo recóndito de su corazón. Jamás he medido a nadir 11·0 entre los hombres, el sacrílego desprecio por el Ente.
con una mirada de pies a cabeza, ni siquiera al sirvienh•
o a la criada más humilde: porque aquel que está «�·n 1 le sido desdichado en amor, pero es imposible pensar
presencia de Dios» debe, en lo más profundo de su aJ11111, q11c pueda ser feliz, porque habría de convertirme en
horrorizarse en el instante mismo pensando así: « ¿ Y �I ,01 ro hombre. Sin embargo, mi desdicha ha sido mi fcli-
1 1 dad . Humanamente hablando he sido salvado por un
2. El proverbio citado dice así: e No te tengas por sabio. teme a l>u• dilunto, ¡por él, mi padre! Me es imposible imaginar que
y evita el mal.» (N. de la t.)
1 1 1 1 vivo hubiera podido salvarme. Me convertí entonces
3. «Hubiera perecido si no hubiera perecido•, citado anteriornw111t
c11 él Diario de 1 843, señalado con el signo NB. Es también el lema 11•
, 1 1 escritor, según las posibilidades de mi naturaleza;

«¿Culpable o no culpable?», ensayo autobiográfico en Etapas en el cm111 p�·ro, de no haber sido perseguido, no habría dado la
110 de la vida. (N. de la l.) • ,.1cla medida de mí mismo. En la vida existe siempre
214 SÓREN KlERKEGAARD DlARJO ÍNT/MO 215

una melancolía, y al mismo tiempo una indescriptible


felicidad. A esto, además de a la gracia y a la indescripti· Pero la muerte de mi padre fue para mí un golpe tan
ble ayuda de Dios, debo el haberme convertido en yo 1 1 l'mendo que jamás he hablado de ello con nadie. El
mismo. Casi me sentiría tentado a decir «con Su predi· p1 oscenio de mi vida está sumido en la más tétrica me­
lección», si ello para mí no representara menos que la l.111 olía y en las nieblas de esa miseria difusa en las pro­
bienaventuranza en la que creo y que me da una paz l 1 1 1 1didades de m i alma que no causa asombro por ser yo
llena de felicidad: el pensamiento de que Él tiene para q11 icn fui. Pero éste será siempre mi secreto. En otros,
cada hombre un amor de predilección. Mi vida con DiO!I q111zá esto no habría producido una impresión tan pro­
ha sido la de un hijo con su padre. l t 1 11da: pero piénsese en mi fantasía y especialmente al
1 1 1 1 1 1 ienzo, cuando no hallaba objeto alguno donde vol­
Poder reconciliarme con «ella» sería mi único deseo y ' '" se. Esta melancolía congénita, esta inmensa dote de
me daría una íntima alegría. Pero su matrimonio está en 1 l11 l or esta situación tan profundamente dolorosa como
,

mis manos. Si ella llegara a poseer la certeza de cuánto l,1 e le haber sido educado desde la infancia por un ancia-
la he amado y de cuánto la amaré, se arrepentiría de su 1111 1 1 1clancólico ... , en tanto que uno posee la innata habi­
casamiento. La sostiene el pensamiento de que, pese 1 ltd.id de engañar a cualquiera mostrándose lleno de brío
las dotes que me reconocía, no obstante la admiración y de alegría; ¡y que luego Dios, desde el cielo, me haya
el amor que me profesaba, yo me he comportado con ella 1\ 11clado de esa manera!
de una manera innoble. Ella no ha tenido la religiosidad
suficiente para vivir con un amor desdichado: ¡me ha "c..: demuestra cierto lo que mi padre decía: « Existen
causado tanta pena la idea de que no me haya atrevido • 11·1 1os pecados de los que un hombre no puede ser salva­
jamás a ayudarla directamente! .tu 'ino por una extraordinaria ayuda divina.» A mi pa­
. 1 1 t•, humanamente hablando, yo se lo debo todo. Me ha
• 1111vcrtido en todos sentidos en el más desdichado de los
Si no me hubiera sentido feliz en medio de mi melan
colía, no me habría sido posible vivir sin «ella>). Le• • ,
,...., , al hacer que mi juventud fuera un padecimiento
poquísimos días en que me he sentido dichoso, huma 1 1 1 igual y que en mi fuero interno me haya sentido a
namente hablando, no he dejado de sentir una indescrip 111111to de escandalizarme del cristianismo. Mejor dicho,
tibie nostalgia de «ella», de «ella», a quien tanto hahla 111 �·ué a sentirme escandalizado; aunque por respeto de-
amado y que tanto me había conmovido con su súplka 1111 110 decir palabra a nadie y, por amor hacia mí pa­
Pero mi melancolía y los padecimientos de mi alma m• • l t ,•, me empeñé en exponer el cristianismo de la manera
han hecho, humanamente hablando, siempre desdich1t 11111' verdadera, contrastando así con toda esa palabrería
do, de tal modo que no he poseído felicidad alguna pa11 •1111· (en la cristiandad) se hace pasar por cristianismo. Y,
compartir con ella. No me atrevo aún a hacerle la 111'11 11 1 1 ¡·1 nbargo, mi padre era el más cariñoso de los padres;
leve observación : mientras viva, yo seré el responsahl• • 1 1 1 ia y siento una íntima añoranza de él, de tal manera
de su porvenir. 111i ningún día he dejado de recordarlo por la mañana y
'"º la noche.
A mi padre se lo debo todo desde un comienzo. Fut· t'I '-tolo ahora he llegado a ese punto en que todo se vuel-
quien, melancólico como era, al verme triste me supliu\ • 1 l . 1 ro para mf. Como la mujer que al sentirse embara­
un día: « ¡ Trata de amar de veras a Jesucristo!» ul.1 ...,e vuelve silenciosa y seria, concentrada por entero
216 SOREN KJERKEGAARD DIARIO INTIMO 217

en el pensamiento de su niño, también yo he visto ya 111 1-; relaciones con los que sufren y con todo aquel que
bastante en el mundo. Mi cometido lo percibo claramen· 1·.1 inferior a mi. ¡Váyase a saber cómo luego me acusan
te; tanto si debo vivir una sola hora como cien años, mi .r,. orgullo y de egoísmo!
cometido me satisface igualmente. Pero el hallarse de ese modo frente a Dios, aunque
1 1•presente una verdadera felicidad, exige un enorme
No se trata tanto de hacer una revisión del cristianis• , .t uerzo. Por eso me he sentido y me siento tan desdicha­
mo cuanto de borrar 1 800 años como si no hubieran .In. comparado con los otros hombres. Ser sano y
existido. Tengo la certeza de lograrlo: todo es para mi l1 1nte, poder tomar parte en todo, estar dotado de fuer-
claro como el sol. Siento, sin embargo, mi responsabili· ,,.., físicas y sin pensamientos: ¡cuántas veces lo he de-
dad, porque basta la menor impaciencia y terquedad : 1 .ido! ¡ Los padecimientos de mi juventud han sido tre­
entonces no aguanto más, mis ideas se confunden. t11l·11dos!
Por la mañana, apenas me levanto, doy gracias a Dios¡
luego comienzo a trabajar. A una determinada hora do Existe algo de verdad en la concepción de los griegos
la noche dejo el trabajo, doy gracias a Dios y me retiro 1 t ' l':tsc, por ejemplo, .Plutarco), que hacen del héroe un
descansar. Ésa es mi vida. Aunque a veces no se vea 1· 1'11 e ro especial, distinto del género humano. Como la
exenta de ataques de melancolía, mi vida transcurre co­ , 1 1cgoría cristiana del «espíritu». Pero lo humano con­
tidianamente en medio de un beatífico encantamiento, .1 .... 1c en lo siguiente: que a todo hombre le ha sido conce-
¡Ay de mí! Así vivo en Copenhague: el único individuo 1lido poder ser espíritu, espíritu que no es el coto privado
que no es formal, que no gana dinero, que no realiza d1· una cofradía de cerebros privilegiados, pues es ver­
nada, ¡un pobre diablo medio loco! Así me juzga la tur d,1d que a menudo un hombre del pueblo está capacita­
ba: y aun los pocos que ven con algo más de profun<ll do para realizar dicha categoría, en tanto que un profe-
dad, no se lamentan de que éste sea el juicio que de mí Sl' 1 1 1 difícilmente l a alcanza.
forman.
El crimen máximo ante los ojos de los hombres, aquel
Quien de niño no ha recibido ninguna impresión dd q11t.· castigan más cruelmente, es el de «no ser como los
cristianismo, pero la recibe más tarde, debería sentirNt il1 1 11ás». Eso prueba su naturaleza animalística; porque
destrozado por la angustia y por el temor de sí mismo 'º" pájaros tienen razón de perseguir a picotazos al pája-
Yo, en cambio, me siento muy sereno, porque sólo ahora, 1 1 1 que no es como los otros, puesto que la especie es su-
entre estas cosas familiares, me hallo como en mi hoga 1 . 111 1 io r a los individuos. Los pájaros son animales, ni más
111 menos. E n cambio, el destino de los hombres es el de
Mi desgracia, humanamente hablando, está en halll'I 1111 " 'r «como los demás», sino el de poseer cada uno su
poseído demasiado poca corporeidad. Mi inferioridad (y p 1 1 1pia peculiaridad.
ésa es mi relación con Dios, ante el cual con temor y 1 os hombres perdonan cualquier crimen menos éste,
temblor me siento siempre como un cero, por no hablm q11l· juzgan inhumano: ¡el delito de ser hombre!
del dolor y del arrepentimiento de mis pecados) se est, ,.
mece casi por la menor fruslería que emprendo, aJ pt.·11 Me apena, en medio de mi vida de esfuerzos, el hecho
sar así: « ¡ Quién sabe si Dios no se irritará contra mr y d1 que no siempre logre poseer, como quisiera, la inte-
me abandonará ! » Por eso me siento tan angustiado l'll 1 1111 id ad de dolerme de mí mismo, esa interioridad que
218 SOREN KJERKEGAARD DIARIO INTIMO 219

poseía una vez, cuando todos me juzgaban feliz y con­ Así, la calumnia, cuando se tiñe de escarnio, de grace­
tento. ¡u, de vanidad, ofrece el aspecto de una cornucopia llena
¡Cuán fácil es, en un conflicto similar con el ambiente, de bombones ... Pero, por detrás . . . ¡Qué abominación,
olvidarse de uno mismo, de nuestra íntima relación con llius mío! ¡La corrupción de la juventud, el desvío de los
Dios, algo que en cierto sentido parece tan poca cosa Incautos y además los que fueron llevados a l a tumba!
con respecto a lo mucho! Y , si no todo esto, las mujeres que soportan el dolor. . .
Quien vive en quietud y apartamiento puede hallar Es extraño que ninguna otra acción m e haya propor­
tiempo para dolerse del menor pecado. l 1011ado tanta dicha corno este paso mío; en mi fuero in­
Espero, sin embargo, que Dios me conceda el don d� il'rno no puedo dejar de pensar que en la hora de mi
no convertirme en importante ante mis propios ojos; yo 111uerte contará por lo menos un acto bueno, un acto del
me abandono a Él en la más completa obediencia. 1· 1 1 a l tendré que regocijarme toda la eternidad ...
Todo hombre posee una realidad infinita, y es sober­
bia y ambición negarse a honrar en cada hombre a su P1..:<lro 4 sabe que el estado de 111is finanzas es alarman­
propio prójimo. ¡Oh, si pudiera hablar con cada hombre "" sabe que mi salud está muy quebrantada, conoce y se
por separado, estoy seguro de que los conmovería a to­ 1 l'presenta mis esfuerzos por permanecer aquí, sortean-
dos! Pero es un paralogismo pensar que mil hombres va­ 1 1 , , hábilmente el ataque de los necios y el escarnio co­
len más que uno, pues significa reducir a los hombres a t id iano. Sin embargo, desde entonces no he tenido
una categoría animal. La sal de la condición humana l.1 -;atisfacción de recibir una sola palabra suya. Proba­
está en que la unidad representa lo más elevado: mil l!lcmente es presa de un gran susto y, como buen pusilá-
hombres valen menos que uno. 111rne que es, probablemente estará rumiando el proso-
¡Pobre de mí! ¡ Quién sabe cuándo lograré que a los 1 1opéyico pensamiento de que esto podría ser un castigo
hombres les quepa en la cabeza esta dialéctica! 1 1 t l l i g ido por Dios. ¡ E l muy cobarde y, por añadidura,
� :11 üdoso, siempre dispuesto a aceptar cualquier demos­
t 1 1· 1ción de estima de parte de esos grundtvigianos! 5 ¡Oh,
Lo que digo acerca de mí mismo 1" ulgo «amoroso, amoroso de veras»! 6
U na actitud semejante yo no la entiendo. Si uno com-
Una palabra para mis contemporáneos
•I Pedro, el hermano mayor de Kierkegaard, único sobreviviente
Tal vez sea oportuno que también yo diga una palabrn 1 <Jll él de toda la familia. Fue pastor y luego obispo de Aalberg. Kie1-­
acerca de eso de lo cual todos hablan ahora (por ser d l11(11:.ird alude otras veces en su Diario a las diferencias espirituales
¡1l1111Lcadas entre ambos hermanos y a sus respectivas relaciones con
único que no ha hablado de ello o que apenas si ha hecho
1 p.1t.lre. Véase, por ejemplo, «La parábola de los dos hermanos» , en el
algún comentario en privado), es decir, del ataque de la ll/rtiio del 24 de enero de 1947 al 1 S de mayo de 1848. No obstante, fue
plebe... ¡ a mis pantalones! l111d1·0 quien se hizo cargo de los papeles de Kierkegaard a la muerte de
Cuando una mujer de vida alegre se adorna y embellc 1 11•, por haber renunciado a dicha responsabilidad Regina Olsen. a

ce, presenta un aspecto exuberante de vida, de juventud 111111·11 el autor había nombrado heredera. (N. de la t.)
11. Los que seguían la tendencia del obispo y sociólogo Grundtvig, par­
de la t.)
y de dicha. Pero ¡ cuán tremendo horror esconde ese ros
pd,11 iu de una Iglesia del Estado, racionalista y nacionalista. (N.
tro envejecido! Porque los rasgos del pecado son los ra:> '' Evidente ironía imitando el lenguaje de los gnmdtvigianos.
gos de la vejez. (N del L. i.)
220 SOREN KJERKEGAARD DIARIO ÍNTIMO 221

prende que las cosas andan mal para otro, creo que 1011
miramientos deberían desaparecer. Cuando hace alglln Ninguna vida produce un efecto tan grande como la de
tiempo se halló en dificultades con Mynster, me apresu 1111 mártir: porque el mártir tan sólo comienza a actuar
ré a escribirle, y más de una vez. Pero estos «Ortodoxos• '" .,pués de su muerte. Y de este modo la humanidad o se
que no tienen un ápice de franqueza filial con respecto a 111.1nliene unida a él o permanece aprisionada dentro de
Dios y lo consideran más como a un tirano a quien hay r 111isma.
que halagar que como a un padre a quien hay que tratar
con amor, experimentan una cierta voluptuosidad cuan· • Él [Pedro] negó delante de todos» (Mt. 26, 70). ¿Qué
do creen que Dios está maltratando a alguien. 1 111l·dc importarme? Si Pedro obra bien, entonces Pedro
Basta de esto. Mis sentimientos hacia mi hermano son , Pedro. Si Pedro obra mal, no tengo nada que ver con
inmutables. El destino que Dios asigna al extraordinario L I, puesto que no es esto lo que de él debo aprender.
es el de ser siempre el incomprendido, especialmentt•
por sus amigos y parientes. Pedro se ha considerado todu Réplica: ¡Cuán penoso es sentirse tan viejos como nos
su vida como mejor que yo y me ha juzgado un poco \ 11t:lvc lo eterno; en tanto que uno es aún un hombre, un

como «al hijo pródigo». En eso ha tenido razón: él hn l 1n111bre sobre todo, y cuando aún la existencia se dirige
sido siempre más honesto que yo. Su conducta con mi 11 1 10sotros con el lenguaje de la juventud! Hubo una niña

padre, por ejemplo, era La del hijo honesto, mientras qu� 11 quien yo amaba, graciosa y tan joven (¡cuán atrayente
la mía frecuentemente ha sido criticable. Pero Pedro no lt,1 e.le ser sentirse tan joven!), como persuasiva y seduc-
quiso a papá como lo he querido yo. Pedro no le dio dis· 111..a. ¡Qué pena tan tremenda ... : yo era para ella viejo
gustos como yo le di. Sin embargo, hace mucho tiempo 1 wno la eternidad!

ya que Pedro ha olvidado a mi padre, en tanto que todo!!


los días -desde aquel 9 de agosto de 1 838-7 yo pienso La Edad Media culmina con Rafael en su representa­
en él y pensaré siempre hasta que nos reunamos beatffi. ' 11111 de la Virgen. El protestantismo culminará con la
camente en el más allá. Y así en todas mis relaciones ... l111:1gen de Cristo; pero ésta será la flor del más perfecto
Luego pasó un tiempo. Cuando en el fondo yo era consi· de!)cnvolvimiento dialéctico.
derado como un cabeza dura a punto de perderse, Pedro
era siempre el honesto. Después me convertí en un cana Lo mejor de la vida consiste en el hallazgo. A veces
lla; como deben de haberlo supuesto los demás. Pedro, quien busca, halla; otras veces uno halla algo sin haber-
en verdad, es el honesto; a la luz del contraste se convicr 111 buscado. Quien encuentra una perla sin buscarla, la
te en el amoroso. Entonces me yergo sobre mis pies. Tal 11.1 hallado a pesar de todo; pero si alguien lo abandona
vez Pedro no pueda comprenderme: cuanto más ml' lodo por su posesión (Mt. 1 3 , 45) expresa a la inversa que
mira y me observa, más se asusta de mí. De todos modos, l.1 buscaba; pues conquistar de ese modo la posesión,
espera que yo Le haga confidencias. Y eso es justamentl' ' l11l:go de haber logrado encontrarla, es «en sentido inver­
•.o», lo mismo que buscar.
lo que no puedo hacer. Se sintió l igeramente ofendido.
¿Cómo no iban a tomar mal cariz las cosas?
La mejor prueba de la inmortalidad del alma, de la
l'\istencia de Dios, etc., se reduce en el fondo a la impre­
7. El padre de Kierkegaard murió en la madrugada de ese dlu
(N. del t. i.) .,,ón recibida en la infancia. Por consiguiente, la prueba,
222 SORE.N K!ERKEGAARD
DIARIO INTIMO 223

a diferencia de lo que acaece con tantas otras pruebas h11.·n utiliza espías. Con tal fin no se busca precisamente
doctas y solemnes, podría expresarse en los siguientes ,, hombres de vida intachable, sino a delincuentes, auda-
términos: «Es muy cierto, porque m i padre me lo dijo.• 1 n astutos, porque la policia necesita de su audacia y
¡Es bastante extraño! Durante una de mis primeras .d mismo tiempo los impulsa por la conciencia de su
conversaciones con «ella», cuando me hallaba más pro­ ' u.la anteacta. Y de este modo se sirve Dios de los peca­
fundamente agitado y alterado, le dije que en cada gene­ dores. Pero l a policía no piensa en mejorar a sus espías;
ración había siempre algún hombre destinado a ser sa­ 1 n cambio, Dios lo hace: cuando misericordiosamente
crificado por los demás. Probablemente ella no lo com· 111-. utiliza, a la vez los educa los vuelve mejores. Mas
prendió y quizá ni yo mismo me comprendí por entero 1.11 nbién en este caso la obediencia incondicional produ-
(en todo caso, se trataba sólo de m i íntimo sufrimiento): 1 1· la conciencia de la vida anteacta; pues un pecador
y menos que nada que ella comenzara a lle�ar las de h 1 1 111ilde y contrito debe confesarse que, aunque otro
perder. Pero justamente la juvenil espontaneidad de su pt1dría exigir algo de Dios, él no puede exigir absoluta-
dicha comparada con m i tremenda melancolía, y en ta· 11wn1e nada, sino que por el conlrario ha de estar dis­
les proporciones además, debió enseñarme a conocerme pm:slo a todo e incluso, cuando es castigado, darle gra­
a mí mismo; pues antes no había sospechado cuán me· ' l:1s como de un favor recibido.
l�n la antigüedad se amaba a la sabiduría (q.>LA.ooocpm);
lancólico era yo ni había tenido la menor idea de cuán
fel iz puede ser un hombre . . . l111v se ama el nombre de filósofo.
¡Con cuánta benevolencia m e ha guiado Dios a través
1 os hombres viven como cabezas huecas, como frívo-
de los obstáculos! He aqui que ahora me encuentro en d 1 ..... mujercitas. Por esto no tienen la menor idea de lo que
punto preciso en que la situación exterior tambié� de· 1 ¡ • 1 1 i fica el que a Dios Je plazca mantenerse in incognito.
muestra la verdad del principio según el cual «existen !'ornemos u n ejemplo menor: Sócrates. Qué pocos son
hombres destinados a ser sacrificados por los demás». 111.., que tienen una idea de la significación del hecho de
q11l· para él la ironía sea expresión del carácter y que,
Son «suyas» estas palabras proféticas con respecto u
prn lo tanto, no le importara mucho ser comprendido,
mí: « ¡ Acabarás por hacerte jesuit a ! » Para el romanticis·
1110 precisamente mantenerse fiel a su carácter; en con­
mo de una fantasía juvenil, el jesuitismo es precisamen
• l ucncia, ser incomprendido. Quiere ser incomprendi­
dn porque quiere conservar el incógnito. La suya no era
te una aspiración cuyo T.f).o((,8 sobrepasa por completo lu
inteligencia de esta juventud.
1 1 1 1.1 astucia del Rey Mago que busca dar placer a Jos pa­
t kntes y a los nietecitos. Vivió así, día tras día, durante
Pero acerca de mis relaciones con ella, no puedo escn
1 1 1 1 w h ísimos años.
bir nada. Soporto la responsabilidad del resto de su exi1i
tencia, y por eso mismo toda comunicación directa po
, Se puede ser cruel de muchos modos. Un tirano pue­
dría acarrear una confusión sin límites.
, ¡,. maltratar a un hombre. Pero se puede ser cruel de

Es verdad eso que he dicho de mí mismo: « Soy co11111 1 1 1 1 modo distinto de como lo han sido conmigo. Con
un espía al servicio de lo más elevado.» La policía ta111 l.11• 1 imas en los ojos, postrada ante mí, ella me rogó
11111 amor a Dios que hiciera algo que yo no podia ha-
8. Término griego que significa 'realización', 'objetivo final', 1:1111 1 1 1 ¡Oh! ¡Fue demasiado cruel y no he podido reco­
bién con motivo de la iniciación en los misterios. (N. de la t.)
l•• . 1 1 me! ¿Qué es más cruel: ser nosotros los crueles o
224 SÓREN KIERKEGAARD DIARIO ÍNTIMO 225

descargar sobre los demás La responsabilidad de ser


tan crueles? ¡Ay de mí! Acaecerá conmigo y mis contemporáneos lo
111 ismo que acaeció con mi pade y conmigo. Le ocasioné
Toda esa concepción de la « posibilidad del escándalo• 1m1chos padecimientos, después él murió y yo re cibí su
es algo que me complace imaginar en determinados mo­ lhH rimonio. El tiempo hace Lodo lo posible para ator-
mentos en los que antes no había pensado; algo por com· 1ncntarme, exprime mis mejores esfuerzos; luego moriré
pleto ajeno a mi ser que se opone a lo que debo llamar la ' cobrará mi herencia. Llegará un tiempo en que un da-
sal de mi posición de servidor con respecto al cristianis­ 11� se sentirá orgulloso de mí como escritor; por consi­
mo. Una vez más he de proclamar categóricamente que ••uiente, orgulloso al fin y al cabo por el hecho de que me
los años no me han cambiado en absoluto, sino que des· li.l an maltratado.
de el primer momento he procurado servir sinceramente
al cristianismo. En general, dos son las desv iaciones fundamentales
Sin embargo, ahora que me propongo iniciar un desa· 1 on respecto al cristianismo:
rrollo más rígido y decisivo del cristianismo, no me atrc· 1 ) El cristianismo no es una doctrina sino una comuni-
vo ya -ni probablemente tendré tiempo ni deseos- a 1 tit:ión de existencia. (Luego sobrevinieron las exagera-
1 iones de la ortodoxia con discusiones a propós ito de tal o
desarmllar un tema estético.9
Lo peor con respecto a ello es que he acabado por em· 1,d cosa, mientras que la existencia permaneció comple-
brollar el asunto con tales y tantas reflexiones que a Vl'· 1.1 mente inmutada, y así es como se discute acerca del
ces no sabía qué camino escoger. Y por lo mismo, aun· l 1 i tianismo lo mismo que acerca de la esencia de la filo­
que no existiera razón, era necesario actuar. Nada me .,olía platónica etc.) Por esto, cada generación debe co-
,

agota tanto como las decisiones negativas; sentirml' 111cnzar por el principo: esa erudición sobre las genera-
1. oi nes pasadas es esencialmente superflua, pero no
dispuesto a llevar a cabo algo, por haberlo considerado
justo y deseable, etc., y luego verme arrollado por un d1.·-;preciable si sólo comprende a sí misma dentro de sus
turbión de reílexiones. Eso no sirve. ¡Algo que en si p1 upios límites, y mucho más peligrosa si así no lo hace.
mismo es una bagatela y que ha sido bien ponderado, 2) En consecuencia (puesto que el cristianismo no es
corre el riesgo de convertirse de improviso en una tn·· 1111a doctrina), con respecto al cristianismo no es indife-
menda realidad! ¿Significa esto que l a reflexión se ha 1 ente la persona que lo expone (como en las otras doctri-
vuelto enfermiza? En tal caso es preciso actuar pam 11,1s), como si bastase exponerlo con exactitud objet iva.
salvar la vida. La indolencia segui rá entonces pretcn· No: Cristo no ha instituido docentes sino imitadores. Si
diendo daros a entender que aferrarse a lo negativo ha t•I cristianismo (precisamente porque no es una doctri­
bría sido de todos modos la mejor solución. ¡Puras mcn na) no se reproduce en quien lo expone, éste no expone al
tiras! Lo único justo es encomendarse a Dios y luego t ri s,ti anismo; pues el cristianismo es una comunicación
actuar. dv existencia y sólo puede ser expuesto con el existir .

1·: \istir en él es expresarlo existiendo: esto es, redupli-


9. Kierkegaard alude en este texto a sus dudas acerca de la open 1 �1rlo.
10
tunidad de publicar La reperición, obra que, por su carácter estéliw,
consideraba inconveniente para su posición definitiv::i de escritor C�l'll 10. Reduplicación: 'redoblamiento, dualidad', expresión que em­
ci::ilmente religioso. La
repetición apareció, por fin, en julio de 18411 pll'a Kierkegaard para designar a la relación objetiva producida por la
publicada en los números de Faedre/andet del 188 al 1 9 1 . (N. de la t.) , , ne,ión. (N. de la t.)
226 SOREN KJERKEGAARD DIARIO INTIMO 227

Es así como, en lo que a mí se refiere, tengo un aguijón 111 a la cristiandad, con la ventaja de saber de qué e
en la carne desde los primeros años. Si no lo hubiera 1 1 .11a. Es preciso suponer que la mayoría de los hombres
tenido, tal vez me habría engolfado en las cosas del mun­ 110 han recibido ninguna impresión de lo que el cristia-
do; pero no puedo hacerlo, pues de lo contrario de buena 111 ... 1110 es, y que por lo tanto nj siquiera han advertido la
gana lo habría hecho. Por lo tanto, no tengo mérito algu­ pu.... ibilidad del escándalo. Confieso sinceramente que en
no; pues ¿cuál es el mérito del que camina rectamcnH.' 1 llo no tengo mérito alguno, pues lo debo, en el fondo, a
porque tiene andador o del caballo que sigue el camino l.1 educación que mi padre me dio.
trazado porque tasca un freno? J\quí es preciso citar otra vez a algunos hombres céli­
lw-;. Lutero pudo muy bien tener razón en casarse; pero,
La idea de que podría morir ahora, la idea de l a muer­ dl' haber estado casado, ya no se habría convertido en
te en la que he reposado, me produce ahora perturba­ l 1 1 1 "ro. Especialmente en estos tiempos se precisan
ción a causa de la publicación de ese pequeño artículo l11 1mbres solteros, porque el mal contra el que hay que
1
estético, 1 me perturba el pensamiento de que ese artícu­ 1 ombatir está en la « turba», en la prudencia, en el respe-

lo quede como mi (iltima publicación. 1 1 1 humano. ¿Y es posible imaginar a una esposa capaz
Pero, por otra parte, este pensamiento de la mucrtl' dv resignarse con la idea de que su marido se sacrificaría
inminente podría ser tan sólo melancólico fantasear, l1 1d1ando contra un poderoso, por ejemplo, un rey o un
precisamente ahora que acabo de publicar el artículo. 1inperador? Varum? 1 2 Por la razón de que así se le antoja
Y esa melancolía sería con justeza examinada; para lo 1 .... u fantasía. Pero exponerse a los comentarios de los
cual tal vez sirviera la publicación del artículo. ltom bres, ser burlado y escarnecido, esto es algo que
La cristiandad tenía verdadera y suma necesidad dt· lt.11.:c estremecer a una mujer, debido a su naturaleza.
una per ona célibe que tomara en sus manos la causa del 1 )11izá tendría ella coraje suficiente para imaginarlo de­
cristianismo. No es que tenga nada que objetar contra d • ,1pi tado por el gobierno, pero maltratado o burlado o

matrimonio, pero ha cobrado demasiada importancia. 1 ·l.arnecido por la turba, no, no, esto no podría soportar-
A fin de cuenta , el casamiento se ha convertido en la 111 Una mujer rogaría y suplicaría a l hombre que no se
única y suprema necesidad. Pero el cristianismo no lo 1 ' r nasiera, por el amor de Dios, a una cosa semejante;
entiende así. Tienes permiso para casarte y el cristianis 1 011 1.ágrimas en los ojos confesaría que no puede tolerar
mo bendice tu matrimonio, pero no olvides que has dl· \ ,·rlo maltratado de ese modo; rogaría para que sus ni-
dejar lugar a las existencias religiosas más decisivas. Dl· 110.... no sufrieran el suplicio de ver a su padre tratado de
otra manera se podría reprochar a San Pablo que no es 1 .1 manera, ni el de ser hijos de tal padre.
tuviera casado ( 1 Cor. 7, 7). ¡Y dónde mejor que en la prensa tiene su asilo este
Al respecto convendría examinar aquí las excepciones 1 1 1. d ? Y eso que casi todos los periodistas on solteros;
que se hacen en las prédicas: « Esto era válido para aqul' ¡ l 11l'go no quieren reconocer la necesidad de ser solte­
llos tiempos, para aquellas circunstancias», etc. ªº" · para servir al bien!

Lejos de mi pretender que soy un cristiano eminenll' l�.\iste un aspecto de la vida, el de las pequeñeces coti-
entre los auténticos cristianos; pero, sin embargo, resp1..· 1li.1nas (por ejemplo, que deba ir yo a tal o cual lugar,

1 1. ú1 repetición, a la que he aludido anteriormente. (N. de la t.) 12 ·¿Por qué?' En alemán en el original. (N. de la L.)
228 SóREN KIERKEGAARD DIARIO INTIMO 229

ponerme un sobretodo pesado o ligero, etc.), que muy mundana, es y será la piedra fundamental de su matri-
difícilmente puede resultar conmesurable con las rela­ 1 1 1onio.
ciones con Dios. Tampoco Dios lo quiere así. Por eso Él
ha creado al hombre y a la mujer, y les dice: «Casaos.•
Tales cosas existen más bien para que los hombres se Sd/Jado, 26 de agosto
ayuden los unos a los otros. Es algo semejante a las rela­
ciones entre un padre y su niño: «No tengo ganas de pa­ Fui a Fredensborg. Me impulsaba un vago presentimien-
sar el día jugando contigo; búscate un compañero para 10; me sentía muy contento y estaba casi seguro de que
eso.» Es muy peligroso que el padre deba ser al mismo 111c encontraría con la familia [de Regina] y de que, por
tiempo compañero de juegos del niño y que el niño sólo lo t an to, valía la pena intentarlo. No me encontré con
frecuente la compañía de su padre. Otro tanto sucede en 11:i<lic. Entonces, después del paseo acostumbrado, pre-
la relación con Dios. Pero, cuando se trata de un niño 1·un1é a un marinero si al consejero de Estado, Olsen, 1 3 se
enfermo, por supuesto que el padre lo hace. Y, cuando Sl' le veía con frecuencia este año. «No -repuso - ; este año
trata de un hombre que fue desdichado hasta el extremo 11na sola vez, el primer domingo de Pascua.»
de renunciar por deber a la felicidad conyugal, muy le­ Fui a descansar a l a casa de los Kold. Estaba comien­
jos de interpretar s u renuncia como algo grandioso, tal do cuando vi pasar a un hombre frente a mi ventana: era
vez porque, al sobreestimar el matrimonio, más profun· l'I consejero Olsen.
<lamente sufría el propio infortunio, entonces Dios s� Él es el único con quien me atrevería, con toda seguri­
arroga el derecho de ayudarlo hasta en las cosas peqm.· dad, a reconciliarme, porque en ello no existe peligro al­
ñas de la vida. Para un hombre semejante, aun muchai. guno para la muchacha. Sigo sus pasos y por fortuna lo
pequeñeces pueden volverse, de un modo conmovedo1 , ulcanzo. Me aproximo y le digo: «Buenas tardes, señor
conmensurables en relación con Dios. Olscn, ¿no quisiera charlar un rato conmigo?» Se quitó
d sombrero para saludar, pero hizo ademán de recha-
El mío es un martirio de reflexión, o bien un martirio 1�1rme y me dijo: «Con usted no quiero hablar.» ¡Ay! Las
como sólo puede manifestarse en el mundo luego que la l�tgrimas asomaban a sus ojos ; ¡con cuánto dolor repri-
reflexión haya sustituido a l a pasión inmediata. La pcnu 111ido pronunció estas palabras! Traté de acercarme,
para mí consiste en no hallar justamente ningún páthm pero él echó a correr tan rápido que no habría podido
(ni siquiera en los malos tratos). « ¡ Es una necedad, una ulc:anzarlo, aunque me lo hubiera propuesto. Entonces
fruslería !», dicen ellos. Y, sin embargo, no cabe duda dt• grité con todas mis fuerzas, y estoy seguro de que me
que ése es el martirio ante el cual más se estremecen lo� ovó: «¡La responsabilidad es completamente suya, pues-
hombres. 10 que no ha querido escucharme!»
Por el momento no es posible hacer más.
Por «ella» nada puede hacerse. Dios sabe que de muv
buena gana lo haría, y también por mí si ella lo deseara La diferencia entre el fariseo y el publicano (Le. 1 8,
Por cierto que ella sería capaz de perder otra w1 9 14) .
la paciencia si se enterara de cómo han ido en realicl:ul 1 ) El publicano estaba en un rincón, «apartado».
las cosas. La idea de que yo soy un canalla, o por lo nu·
nos alguien que quería convertirse en una celebridacl 1 3. El pad1·e de Rcgina. (N. de la 1.)
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ble, y para ella el gesto más conciliador, pues fácilmente
El fariseo había elegido el primer puesto, donde S(.' podía verse que la causa era la melancolía. Hice todo lo
mantenía «apartado» de aquél. posible para evitarle la menor humillación y así man­
2) El fariseo habla consigo mismo. lcndría mi superioridad, etc. En esto reside toda su
El publicano habla con Dios. wlpa, la única; porque lo mucho que ha sufrido inocen­
Porque, sin duda alguna, el fariseo se imagina que está ll!mente por lo demás, nadie lo sabe mejor que yo, que
hablando con Dios, pero se ve fácilmente que se trata dt.• precisamente he debido sufrir sabiéndome yo la causa.
pura imaginación. Pero ésta es su culpa y en el fondo se debe a su amor
Esto constituye una gran diferencia. propio. Ella consideró vana mi melancolía esperando
3) El publicano baja los ojos. .1ngustiarrne hasta la muerte para obligarme a capitu­
El fariseo posiblemente los mantiene en alto, con ex­ lar; luego, imaginativa como era, por cierto que no en un
presión orgullosa. -;cntido esencial pero impulsada por la exaltación, me
4) El fariseo da gracias a Dios, y en el fondo se buda .1seguró que, si yo hubiera podido convencerla de que
de Él. era un canalla, ella habría podido soportarlo todo: prue­
E.I publicano se acusa a sí mismo . . ruega y honra a
.
ba de que tenía una idea de mi melancolía. Por lo tanto,
Dios. debió ceder, soportar su padecimiento y aceptar esa apa­
Aun suponiendo que el fariseo se habfa presentado jus­ t:i ble solución, la de separarse de mí porque yo era un
tificado, su manera de entrar en la casa de Dios consti­ melancólico. En cambio, ella sobrepasó los límites de
tuyó una culpa que llevó consigo de vuelta a su hogar. toda humana relación y me angustió terriblemente. No
Posiblemente esto se le escapó por completo, es decir, se dio cuenta de que mi melancolía ocultaba una elasti­
que su culpa consistió en haber entrado en la casa de cidad tan fuerte como ella, y ésta estalló. Ella misma
Dios cede aquella forma». De haberse quedado en casa, me provocó para que empleara las medidas que he em­
contaría con un pecado menos. pleado.
Mi desgracia ha consistido en haberla visto tan orgu­
Aunque quiero hacerlo todo por «ella», por su bien y el llosa por el hecho de ser mi prometida. En lo que a esto
mío, sin embargo no es posible; no me atrevo, temo su se refiere, podría amainar un poco ahora y hacer que su
apasionamiento que no repara en nada cuando tiene el matrimonio fuera bello. Dios sabe que de buena gana lo
menor apoyo. Al final yo soy el garante de su matrimo­ haría y cuán penoso me ha resultado verla humillada
nio y Dios sabe el enorme esfuerzo que ello me cuesta. por mi causa, a pesar de que tengo conciencia de haber
¿Qué es lo que no me ha tocado soportar? Lo comprendo hecho todo lo posible para evitarlo. Pero mi culpa per­
mejor, gracias a una señal incLirecta, al hecho de que sólo manece siempre, y es tan grande que anula la suya con
ahora, después de siete años, me atrevo a confiar al pa­ respecto a mí.
pel algo sobre este asunto. 14 Después de mi muerte (que no me parece tan lejana)
El paso dado a su debido tiempo para romper el no­ ella, naturalmente, entrará en posesión de sus derechos.
viazgo, representó para mí la mayor humillación posi -
Con respecto a esto, todo está dispuesto ya. Su nombre
debe pertenecer a mi actividad literaria: su memoria
14. Kicrkegaard estaba escribiendo entonces «Mi relación con ci ta•, quedará ligada a la mía. Pero mientras viva, si en el ínte­
publicado por prmera vez en 1908 que en los Papeles está fechado el
i
rin no ha cambiado mucho, es un tema peligroso.
24 de agosto de 1849. (N. del t. i.)
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Mi actitud me ha procurado un alivio indescripUblc, 1 1oridad debería conmover hasta a las mismas piedras y
1 uvas distintas partes no temen la comparación con
nin-
pues, aunque la realidad no me haya pesado jamás, ha
sido algo tremendo mantenerla en vilo dentro de lo posi­ 1•1111 escritor contemporáneo (sin mencionar en absoluto
ble. Pero tal es la condición de su matrimonio. ti conjunto), es considerada una especie de manía ad
111odum de ir de pesca u otros esparcimientos semejan­
Hay que ver de cerca para creer que ciertas personas tr�. Los que podrían hacer algo en mi favor, revientan de
aun «valerosas» y decentes, apenas se convierten en 1 11vidia y permanecen mudos como piedras ... ; los otros
«turba», se transforman en otros seres muy distintos. Es 110 comprenden ni pizca, y así carezco del apoyo de una

preciso observar de cerca esa falta de carácter con la que 1 1 1 iscrable reseña literaria o algo por el estilo. Pequeños
algunas gentes, por lo demás honestas, exclaman: «¡Es profetas me plagian en conferencias sin pies ni cabeza,
una vergüenza, es indignante hacer o decir cosas seme­ 1·11 convenciones de pastores y en reuniones de ese tipo:
jantes ! » , y luego contribuyen con su grano de arena a pl'l'O nombrarme ... , ¡vaya, por Dios!, ¡eso sí que no es
envolver la ciudad y el país en un polvillo de charlas y de 1 1t't'csario!
Tal manía es considerada ahora como una diversión, y
chismes. Esa dureza de corazón con que actúa hasta la
llamada gente de buenos sentimientos cuando se viste
1·1 solaz consistiría a fin de cuentas en lograr que enlo­
queciera o en sacarme de mjs casillas. ¡Bonito recreo!
de «público», porque el participar o el no participar les
parece simplemente una inepcia, ¡una inepcia que, sin Detrás de estas maqwnaciones se oculta la convicción
embargo, gracias al concurso de muchos, se convierte en cit.· mi grandeza, de la misión extraordillaria que me ha
una inmensidad! ¡Ver que ningún otro ataque es tan te­ •.ido confiada. Pero la envidia mezquina de Ja chusma
mido como el del ridículo, hasta el extremo de que el i,.d.>0rea deliciosamente el placer de pensar que la po­
h?mbre cuyo coraje lo hace capaz de arriesgar la propia "l".;ión de semejante ventaja resultará posiblemente
vida por un extraño, se siente a punto de traicionar a su p.1ra mí un tormento mayor que si fuera el más misera­
padre y a su madre para no ser ridiculizado! Porque nin­ hll' de todos, ¡y que todo dependerá del capricho de la
gún otro ataque aísla tanto, ni nos deja tan enteramenk 1 husma!
privados de] sostén de la simpatía ajena; en tanto que lo!'i
Una perspectiva más agradable sería la siguiente: yo
curiosos y los sensuales sueltan la carcajada, y que
'>l'ría un genio, pero un genio tan interiorizado que no
logro ni ver ni sentir nada. Esta diversión a mi costa es
los cobardes temblarían como hojas sólo de pensarlo, to­
1 1 1 1 placer reservado a la chusma (la aristocracia junto
dos gritan sin cesar: « ¡ No es nada ! » ¡Tremendos bellacos
corruptos y con buen semblante que sólo piensan en de­ 1 on la clase media, y además los ganapanes del arroyo);
por consiguiente, ¡no es nada!
fenderse de un ataque semejante y que luego dicen: « ¡ No
es nada!» Y aun los mismos a quienes disgusta, dicen:
«¡No es nada!» El panteísmo es una ilusión acústica que confunde la
110.x populi con la vox Dei, como cuando gritaron: « ¡Cru­
¡Así es como me tratan en Copenhague! Me toman por ' i l'ícale, crucifícaJe! » : ¡era vox populi!
una especie de inglés, por un original medio loco con el
El único cristianismo que posee la cristiandad se redu-
que « todos nosotros, desde los personajes hasta los gana­
1 l'
al final a judaísmo. Pues así es: un cristianismo tran­
panes, tenemos derecho - ¡ demonios ! - a divertirnos».
qui lamente planeado (como un orden «establecido») es
Mi actividad l i teraria, esa enorme producción cuya intc-
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judaísmo. El verdadero cristianismo está en importancia


continuo lu11na na. Otra vez nos hallamos frente a la
movimiento. l género
d1·1 hecho de que Dios se relaciona con todo � .
No me siento aún capaz de afrontar el marti socia bilida d) es
rio por el lu1 rnano. La categoría del género (de la
cristianjsmo, porque no me atrevo a llama el Ente.
rme cristiano , 11tonces una categoría intermedia entre Dios Y
en un grado tan e.levado. AJ final soy un genio Pero dond e haya de pre-
que podría Este es el movimiento inver so.
tal vez convertirse en mártfr de la verdad, de ser alzad o,
es decir, por dirar e el despertar, donde el precio haya
exponer verdaderamente qué es el cristianism en lo
e
o. dl1 ·e debe hacer valer al Ente. Esto es habitualm �
Por lo mismo, muy justamente en Punto de es viven
vista en mi 1 1 1:is necesario, porque por lo general los homb�
actividad como escritor se habla siempre de d, en camb io, repre-
«estar bajo 1•11 relajación y pereza . La sociabilida
el efecto de la educación», porque yo debo o que el hom-
aún ser edu· 1·111a u n consuelo. Está escrito: « N o es buen
cado de una manera muy diferente. Probableme r c?mo
nte �• 111 l' esté solo» (Gén. 2, 18), y le fue dada la muje
mi melancolía la que me engaña con la idea estar «solo s con D10s»,
de Ja muerte l ompañera. Pero aquf se trata de
próxima. re capaz de
1.111 solos literalmente que casi no existe homb
endo que
.,0portarlo; lo cual exige un esfuerzo tan trem
La fe consiste en « mantener firme la posi ita comp añía.
bilida d•. por to mismo el hombre neces
Esto era lo que tanto complacía a Cristo en
el enfermo
quien, después de haber padecido durante
creía siempre con la misma espontaneidad
largos años '. Sí, es verdad, humanamente habla
ndo; existe una